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ORGANIZACIÓN E INSERCIÓN PRIMERMUNDISTAS DEL FLUJO

PROLETARIO

Tamer Sarkis Fernández

PREMISAS DE PARTIDA

Las recolocaciones poblacionales producidas por el desarrollo de la Economía Política y su

generalización correlativa de la opresión y de la escasez a lo largo y ancho del Mundo

proletario, significan también una recolocación política y de control que se hace

insatisfactoriamente inteligible desde viejas nociones como “aculturación”, “invalidación de

identidades” o “asimilación”. Quizás ya el acto mismo de pensar a “un Otro” en “manos

políticas” forme parte consciente o inconsciente de la política real en curso. Pues ésta última va

en el sentido de poner a orbitar auto-calificaciones y auto-asunciones alrededor del globo de la

“alteridad”, que esa misma política se ocupa en hinchar a través de las definiciones portadas por

la mediación antropológica “intercultural” en barrios. O incorporadas por la etnografía al

servicio de políticas sociales institucionales. O aplicadas por la intervención asistencial, de

animación participativa y de recolecta dialógica de “las voces otras”, etc.

La ideología dominante puede así acometer su labor de desviar las precariedades de

existencia de los proletarios deportados al Primer Mundo, tanto como las prácticas de oposición

consecuentes. Las desvía a través del carril señalado por una supuesta cuestión pendiente de

“reconocimiento institucional” y de “dotación de infraestructuras” para las “autonomizaciones

culturales de funcionamiento localizado” y “sus necesidades específicas de atención”. Este

entramado institucional y para-institucional, estatal y civil, militante y cívico, de prácticas

discursivas, ha acabado por concretarse en el nuevo paradigma de “inter-integración”, que jubila


a la rancia y ya hiper-exprimida “integración” de connotaciones unilaterales. Ello mientras el

entramado y su ideología, la ideología y su entramado, ponen a desfilar, ante un proletariado

restante previamente separado de aquellas dinámicas de respuesta por su misma

“culturalización” mediática, un conjunto de imágenes que inhiben la visión de la diversidad de

circunstancias como multiplicidad que obedece al fin y al cabo a una condición social común. Y

por eso multiplicidad de carencias (particulares o no), de alienaciones, de adulteraciones vitales

y de privilegios deshumanizadores, superables únicamente en el encuentro de una perspectiva

común.

LA “INICIATIVA” DE ESCLAVITUD

A primera vista, puede pensarse en aplicar a la relación Antropología-Política un esquema

fundamentado en la instrumentalización, colonización, corrupción y falsificación política de ese

particular modo de conocer. En realidad, su sujeto productivo mismo pertenece a la política. De

este modo, los cambios morfológicos, funcionales, presenciales, etc., experimentados por la

Antropología, son el correlato de desafíos políticos mutantes. Las sociedades cuyos Estados se

hallaban volcados hacia el Otro más o menos silenciosamente, y que manifestaban indiferencia

o curiosidad, han pasado a ser sociedades receptoras del ruido incesante que sobre el Otro

arman, pensando en ellas, las estancias emisoras de imagen.

No carece de importancia en este encerrar con palabras a la sociedad entera en la cuestión

de el Otro1, el hecho de que esas gentes, lejos de continuar siendo solamente una figura externa

a dominar, a vender, a explotar, a contraponer a la Virtud moral o social “propia”, a emplear

militarmente, deben ahora ser también la materia con que dominar, en el interior –social y de

cada sujeto-, la vivencia de los procesos sociales primermundistas hoy en curso. Dominación al

1
Sociedad que antes quedaba fuera de su perímetro y má s o menos impermeable a éste, salvo por el cruce de
alguna que otra cró nica y por la imaginació n que le proyectaba a aquel exotismo.
nivel de la representación y de la experiencia subjetiva de la realidad social; pero que está

cargada de efectos objetivos porque incide sobre las tolerancias, sobre las relaciones, sobre las

prácticas, que los sujetos afirman imprimiéndolas en esos procesos reales mismos. Por tanto, la

creación de falsa consciencia es creación de principios defensivos de los procesos tal y como

son encauzados por los aparatos políticos de la burguesía monopolista. Y es también

disuasión/canalización rentable de la intervención colectiva en estos.

Pongamos un ejemplo: respecto de un proceso social dramático como es la migración

masiva forzosa porque el capitalismo no es capaz de asegurar la subsistencia a gran parte de la

población mundial ni siquiera en el plano elemental biológico, la ideología dominante basa su

ofensiva en pintar el proceso como si se tratara del “ejercicio de un derecho a buscar una vida

mejor”2; bello ejercicio democrático “que debemos reivindicar, defender, practicar, celebrar que

otros puedan practicar”. La ideología dominante disfraza así la verdad del proceso, que estriba

en ser necesidad sin más para millones de personas.

Esta tergiversación idealista que representa a la migración como una opción, o como una

decisión de búsqueda de utilidades comparativamente mayores, es, en su éxito sobre la

consciencia de la (llamémosla así) “clase obrera” imperialista, una colosal apología asumida a

propósito de las condiciones de existencia del ciudadano tanto como de las

condiciones/posibilidades “en el Mundo” o “de todo el mundo en general”. Porque así a las

poblaciones imperialistas su vida se les aparece como una cuestión alegre y

desacomplejadamente valorable (y valorada). Sólo haría falta derribar controles e incrementar la

liberalidad de los flujos demográficos para dar feliz circulación a un “derecho” a “realizarse” en

unas “magníficas posibilidades”, eso sí, “mal distribuidas” (que el primermundista, con toda

frescura, presume como “su derecho”). Pero en realidad el migrante usa la única puerta de salida

que tiene o que cree tener frente a la encerrona segura que constata, directamente para él o para

los seres vinculados a él, desde la lógica de la necesidad de supervivencia, mucho más

2
“A prosperar, a aproximarse a una sociedad de mayores oportunidades, a elegir a voluntad el lugar de vida, a
<<ver mundo>>, a <<una existencia nó mada>>, etc.”.
básicamente a ensoñar lógica alguna de “calidad de vida” 3. El concepto de “libertad y derechos”

permite al grueso demográfico primermundista, explotador de esas condiciones de alteridad,

seguir explotando aquí condiciones humanas que ya explotaban diferidamente. Proletariado con

necesidad inmediata de ser empleado, mientras la sociedad empleadora se representa el hecho

como mano tendida al subdesarrollo.

Los aparatos burgueses se permiten estas frivolités –y hablo especialmente de cierta lírica

en torno a la dicha “existencia nómada”, extrapolada a tutti- porque apenas han de explicitarlas

discursivamente; ejercicio que desvelaría la banalidad de los enunciados. Pueden ahorrárselo, no

teniendo más que proyectar bien alto sus insinuaciones a través del extraordinario trampolín que

les resulta nuestra propia conciencia colectiva cosmopolita, aplaudidora de un individualismo

versátil y adaptativo, y acorde a grandes rasgos con el aforismo de los cínicos: Sentirse en la

tierra de uno allá donde se esté a placer.

Estas ideas (como deseo) son legítimas e interesantes sin duda, pero funcionan aquí como

mistificación: no sirven para designar el proceso vivido por millones de personas cuyo

desarraigo del entorno próximo de cotidianeidad les reporta una “pequeña muerte”. Y ese

sentimiento no está separado de sus condiciones materiales de vida: no pueden seguir siendo

con integridad tratándose de sujetos muy tenuemente individualizados, y quienes solamente

llegan a ser a partir del vínculo en que se insieren, y que tiene lugar en la región. Hablo del

vínculo de parentesco y su polifuncionalidad para la reproducción social;

3
Como analistas –y ya como sujetos sociales- debemos manifestar insumisió n a ese “juego” perverso que nos
chantajea a “posicionarnos” y definir nuestro punto de partida epistemoló gico desde la dicotomía “a favor/en
contra”; asumir esa base de pensamiento es ponerse uno a deslizarse sobre la superficie fantasmagó rica que
las interpretaciones morales de los acontecimientos son en relació n al conocimiento radical de estos. Los
actuales procesos migratorios, no son ningú n “derecho que celebrar”, sino un síntoma de alta informatividad.
Un indicador excelente de la contraposició n esencial entre capitalismo y subsistencia, y que nos revela la
verdad tendencial de nuestros propios supuestos “oasis de Bienestar y acogida”. Al revés de la prospectiva
marxiana respecto de que los países llamados “centrales” serían el espejo donde el resto podría contemplar
reflejado su propio futuro, la verdad es que, aquello que la ideología dominante llama “subdesarrollo”, marca
bajo el capitalismo el sentido real y ú nico posible del desarrollo socio-econó mico planetario, incluido el del
conjunto territorial “desarrollado”.
Del vínculo de economía marcadamente local en lo que se refiere a las líneas de

cooperación y mecanismos de distribución establecidos –lo que no significa economía exenta de

determinación por procesos internacionales;

Del vínculo de alianza como uno de los momentos centrales y en cualquier caso subyacente

al “enfoque existencial” que hacen los sujetos cuando preparan o recorren otros muchos

momentos y actividades;

Del vínculo de valoración respecto a la actividad y prácticas compartidas, que se enuncia

mediante la ritualización de las formas, las pausaciones de tiempo, la preponderancia de la

calidad del proceso sobre la pragmática de su finalidad, siendo éste un vínculo que queda

pulverizado por las nuevas condiciones de existencia de los sujetos en el país “de destino”; etc.

No se trata de idealizar nada o de sustraerlo a su propia crítica, sino sencillamente de

intentar investigar y transmitir lo que es. Y, por supuesto, eso que pueden creer que “ven”, en

las migraciones, nuestras subjetividades muy escasamente territorializadas, asociativas más que

comunitarias, funcionales más que identificativas, regidas por el principio del contrato más que

por el del contacto con lo inmediato 4, no es correspondiente a la realidad de disrupción

devastadora entre los sujetos migrantes y su ser social de origen 5.

4
Cuya importancia queda por lo demás muy desplazada en un mundo de ubicuidades instantá neas e
intercambiabilidad a la carta del estar.

5
El subrayado se debe a que justamente ésta me parece la cuestió n nuclear a fin de romper la ideología que se
monta tomando a los procesos migratorios como resorte: no es solamente que las migraciones nada tengan
que ver con una inclinació n a lo “cualitativo-mejor” o “cualitativo-menos malo”, sino que es todo lo contrario: a
pesar de que el plano de lo cualitativo está del lado de la existencia que se abandona, la Dictadura de la
cantidad que la producció n capitalista es, determina a la mayor parte del Planeta en unas cantidades
insuficientes para esa base de lo demá s –de lo cualitativo vital, de lo realmente importante- que es la
subsistencia y la auto-reproducció n. Insuficiencia cuantitativa que, claro, no viene dada por la escasez de
producto, sino, al contrario, por su sobreproducció n, a escala de humanidad, contradictoria a un
abastecimiento humano alienado en la propiedad privada.
REPRESENTAR LA LUCHA DE CLASES COMO RECLAMACIÓN EXTREMA

DE HOMOLOGACIÓN SOCIAL

Una segunda muestra de la reciente puesta espectacular de el Otro en consumo y

conversación públicos:

Cuando, más o menos acompañados por el lumpen, núcleos remanentes de proletariado se

rebelan en el extrarradio primermundista, a los medios les es relativamente fácil mistificar a la

“opinión pública” enumerando –o exhibiendo con imágenes- un conjunto de características

fenoménicas seleccionadas como materia prima de fabricación informativa: “negros”, “faltos de

integración”, “lumpen”, “lumpenizados”, “víctimas del racismo institucional o social”,

“excluidos de oportunidades”, “desempleados”, etc. Como si el fondo genético del proceso

social notificado y “debatido” por radio y televisión tuviera que ver sin más con una condición

“particular” de ciertos sujetos sociales, en lugar de corresponder a la necesidad de una clase

internacional, también presente en el Mundo burgués.

De este modo, los intentos de respuesta que se sucedan son explicables únicamente

asumiendo la Variable condición de clase. En estos casos, la hipocresía burguesa clama contra

las acciones y recuerda sus consecuencias a los espectadores, mientras se frota las manos

pensando en las rentabilidades que ingresa con su continuidad –rentabilidades represivas, de

reforma jurídica para un control poblacional más estrecho, de nihilismo y desorientación de

clase respecto de sus propias posibilidades de ser portadora de alternativa socio-económica, etc. 6
6
La burguesía bombardeará a la sociedad primermundista sermoneá ndole con la mistificació n de que las
capas en acció n son racaille, gamberros, ociosos, incivilizados “atrasados” e incívicos “subdesarrollados”,
resentidos de la prosperidad ajena que ellos no saben ganarse, incrementará las dosis de racismo que
acostumbra a inyectar… Y alternará esas ideologías de estigmatizació n, con ideologías aparentemente
“opuestas” de victimizació n, de alerta sobre los descuidos asistenciales y urbanísticos, de alerta sobre la
abstinencia “pú blica” en el despliegue de un entramado de “educació n y cultura” para esos jó venes “en el
vacío”, etc. En definitiva, ante la sociedad burguesa, la burguesía definirá a la clase en acció n ante todo como
como particularidad separada de la realidad abrumadora planetaria. Al tiempo, ante los combatientes de clase,
subrayará los efectos ideoló gicos que esa misma separació n produce, para decirles –vehiculá ndose a través de
cierto postmodernismo intelectual “participativo” en asambleas y en situaciones de acció n colectiva, productor
de etnografía dialó gica…- que nada pueden esperar de los líderes ni de los nú cleos minoritarios proletarios
Pues son las relaciones entre las clases aquello que produce una multitud de situaciones “de

grupo”, “específicas” o “particulares”, así como agudiza su contraste y antagonismo material a

medida que se extiende y se acentúa la escasez nuclear intrínseca a la Economía Política

estructurando el Mundo en clases de mundos.

Esconder esta realidad substancial detrás del discurso que consiste en citar “un Otro y sus

déficits de encaje, de comprensión, de atención, de asistencia social, de libertad para la

afirmación cultural, de sociabilidad en el barrio e ideación de soluciones locales y participativas

a escaseces y conflictos, etc.”, presenta para la clase dominante también la rentabilidad

funcional de inducir, entre los trabajadores no proletarios, “simpatías”, “antipatías”,

“aversiones”, e incluso “apoyos” ante un supuesto panorama por conseguir “otras condiciones

de existencia, de respeto o de participación”. Con esa operación mediática –en la que los

antropólogos del campo burgués hablan en primera línea-, la burguesía monopolista mete de

lleno a esas luchas en el callejón sin salida de “el rumbo propio” por “conquistar derechos y

dignidad” en el entorno inmediato y como supuesta parte de dicho entorno, divorciando a los

núcleos proletarios primermundistas, fragmentarios y dispersos, respecto de la adquisición de

perspectiva internacional. Así, los destacamentos de clase aislados en movimiento, carentes de

perspectiva mundial de conjunto (es decir, de enlazar su propia condición de clase con su

Mundo de clase y con los procesos allí en curso), son incapaces de tender en su praxis hacia la

realización de una alternativa socio-económica integral a la totalidad socio-económica que

define su existencia de minoría en “su” ámbito geográfico.

ANTROPOLOGÍAS MODULADORAS Y SU “TENGAMOS EL ENCUENTRO EN

PAZ”

establecidos en el Primer Mundo, y que nadarían ajenos a ellos tanto subjetivamente como por sus condiciones
personales tan distintas de existencia material… Como si la toma de partido fuera determinada por el dato
socio-econó mico de origen y no fuera posible (en relació n a una minoría de casos) tomar partido contra el
propio Mundo de clase de origen.
A la vez, las sociedades primermundistas son penetradas por el Otro en una índole que

llama a gestionar los riesgos comportados para la convivencia intercultural por las nuevas

condiciones generadas. En este contexto, “el debate” da voz antes inédita a una Antropología

que acuña identidades para los venidos. Estas identidades “halladas” serían supuestamente la

clave orientadora para la intervención estatal y la clave explicativa de las reacciones de los

venidos a un medio que no sabría integrarlos respetando su especificidad. La Variable

“intercultural” entra en escena de este modo. Sus funciones en la gestión de conflictos son

claras: desplaza en dirección a cuestiones culturales, la consciencia en relación a las condiciones

materiales en que viven millones de sujetos. Con ello es velada la impotencia real de las

instituciones para tratar con “las problemáticas” derivadas de un abanico de miserias. De

insalubridades. De consciencia fatalista en relación al propio “porvenir en sociedad” –porque el

sujeto se sabe desprovisto de margen de incertidumbre. De ausencia de libertad para actividad

alguna porque no se posee la gestión de recurso material alguno. Así como de aislamientos y de

déficits en la socialidad, en los vínculos humanos, en la empatía intersubjetiva; todos ellos

componentes intrínsecos a la existencia atomizada y utilitaria que sobrevivir en el capitalismo

exige7.

Estas características están determinadas a serlo entre el proletariado, clase cuyo ser social

concentra la alienación de toda humanidad en la existencia concreta 8. Mediante una operación

7
Así, puede el Estado auto-presentarse como entidad digna de confianza, preparada para corregir esas
“problemá ticas” y carencias sociales que él mismo ha definido como déficits de encaje intercultural, a base de
proyectos, de políticas socio-culturales, de fomento de “la tolerancia”, de campañ as “por el respeto”, de
animació n de barrios, de festivales y teatrillos folkló ricos varios, de penalizació n del lenguaje políticamente
incorrecto (porque lo importante parece no ser aquello que ocurre realmente, sino el hecho de no reflejar en el
lenguaje las discriminaciones reales).

8
Anomia por impracticabilidad del universo normativo de origen y disfuncionalidad o no-lugar, en el contexto
grupal concreto, del “nuevo” universo normativo dominante; desarraigo y ruptura de solidaridades prá cticas
que vinculaban al grupo de parentesco en los lugares de procedencia, grupo que ha resultado fragmentado
durante el proceso migratorio y la dispersió n parenteral de asentamiento; desempleo; fenotipo, dicció n,
estética, como marcadores de estereotipos negativos; déficits en el espacio de cohabitació n, o insuficiencias de
espacio mismo; etc.
de estafa que reemplaza, al ser social de clase, por la característica, lo circunstancial, el

accidente…, el discurso social de la burguesía monopolista tilda a esos procesos característicos

mismos de responsables sobre los comportamientos, las abstinencias, las desvinculaciones, las

autodestrucciones, las desutilidades, los ilegalismos, que se plantea liquidar, paliar, regular,

contender o rentabilizar. Por ende, tilda a aquellos procesos característicos de ser el terreno

objetivable y susceptible para la intervención, figurándose que, encauzados o compensados

según la fórmula mágica etnológica, de trabajo social, asistencial, sociológica, urbanística,

psicosocial, de cooperación, lúdico-infantil, pedagógica, físico-educativa, por hallar, será capaz

de regenerar un tejido social nacido ya amenazante o de nulo provecho.

Con esta Antropología, deslizada en el discurso periodístico “comprometido” y verbalizada

por determinados “expertos”, se consigue surcar una discontinuidad en el espacio social, que

separa, a las poblaciones primermundistas, de los identitarizados como “inmigrantes”,

“población de origen inmigrante”, “hijos de inmigrantes”, “población de antiguas colonias”, etc.

Los primeros se convierten así en espectadores –partidarios, comprensivos o reacios- de los

movimientos e insurgencias “de los segundos”. El posible auto-rechazo primermundista de clase

queda así obstruido por una Antropología que se encarga de que el Otro no deje de ser

considerado como tal: metafísicamente divorciado respecto del carácter clasista de los gruesos

sociológicos imperialistas. A la vez, esta Antropología ejerce de mala conciencia crítica

sermoneando a la política y población nacionales sobre la necesidad de comprensión hacia esas

categorías en que ha fijado previamente a las personas.

En una cuestión como la exclusión, gran parte de la gama ideológica dominante vertida

halla su común denominador en presentar la exclusión en dicotomía con la integración. En

realidad, las mismas estancias y grupos políticos, empresariales, financieros, burocráticos, etc.,

que asignan “cuotas de recepción” a las migraciones calculadas por el rasero de la rentabilidad

laboral y productiva, son los mismos actores promotores de racismo y exclusión poblacionales.

Para consumar la única integración concreta real que les es deparada bajo el capitalismo a los

nuevos contingentes grupales incorporados –florituras, Días Oficiales varios decretados por tal
o cual bello cuadro social, y ensoñaciones aparte-, sus importadores económicos y jurídicos

tienen que bloquear en lo posible el afloramiento de lazos de sociabilidad, de empatía, de

comprensión profunda, de compañerismo, con núcleos proletarios autóctonos. Y sabemos que

los modos de conciencia, de identificación recíproca, de incorporación de un Otro que deja de

serlo, dependen del establecimiento de relaciones sociales objetivas.

De lo que se sigue que la burguesía, sus medios periodísticos y sus mediadores científicos

deban completar la dicotomía inventada exclusión/integración asociándola a un marco de “reto

de interculturalidad”, “reto a la capacidad de convivencia”, etc. Así, “transformando” a la

integración concreta que acondiciona -con las exclusiones múltiples que son su asidero y la biga

sobre la que esta integración tiene que sustentarse e impulsarse- en una cuestión de

“consonancia multi o intercultural” (según versiones), los gestores de migraciones lo tienen fácil

para desplazar al terreno de la “clase obrera” primermundista –de “su cultura”, de su

“incultura”, de su “embrutecimiento”, de su “insolidaridad”, etc.- el conjunto de procesos

exclusionistas y de aislamiento en que consiste la particular inmersión funcional pre-asignada a

la población migrante9, con determinados sectores laborales, determinados salarios y

determinadas condiciones de trabajo “correspondientes”.

Si tenemos en cuenta lo dicho, el doble juego de la ideología dominante se desvela claro: la

prensa reparte las sesiones informativas, las imágenes, los artículos alternantes en su calendario.

A ciertas horas, el menú se compone de documentales de sensibilización, galas “por la

tolerancia”, noticias sobre países de origen para el fomento de cierta comprensión y

“fraternidad”, datos intercalados por un constante y machacón goteo “informativo” de

asociaciones entre “población de origen extranjero” y un largo listado de estereotipos negativos;

hecho al que ha dado un fuerte giro de tuerca la conversión de ciertos canales televisivos en

auténticas “páginas de sucesos”. A otras horas la priorización se invierte momentáneamente.

9
Efectivamente: sus condiciones de contrato, el cará cter mismo de sus trabajos…, no es algo en lo que esta
capa del proletariado ingrese a posteriori dadas unas circunstancias econó micas no preparadas, no aptas para
“tanta mano de obra”, que no pueden ofrecerles nada más que eso a las alturas de su llegada…; sino que, en
cambio, es el cá lculo y la planificació n al nivel de la Economía Política aquello que precede y que subyace a su
admisió n jurídica selectiva y categorizació n misma como “inmigrantes”.
Con este penduleo, se alcanza finalmente cierto equilibrio actitudinal en la ciudadanía, de signo

utilitario óptimo para los empleadores de los ideólogos:

1. La “nueva” Fuerza de Trabajo (o “vieja”: de varias generaciones después de la llegada)

recibe distante compadecer, indiferencia, aversión o frontal oposición por parte de amplias

capas de su misma clase, con lo que queda sola frente a la regulación a la baja de sus salarios y

sin poder encender redes sociales amplias de resistencia.

2. El miedo, el recelo o por lo menos el desprecio, dependiendo de si el discurso desplegado

en torno al grupo es más de demonización o más de “barbarización identitaria”, barran la

comunicación y la mera coexistencia física en el espacio, la frecuentación común de lugares de

reunión, de encuentro en el ocio y la diversión, etc. Ese desencuentro garantiza que ni

experiencias y ni lecciones de lucha sean transmitidas desde estos grupos hacia lo que

podríamos llamar “la clase media mundial”, o burguesía asalariada. Paralelamente, entre los

segmentos proletarios autóctonos son bloqueados la toma de consciencia, el aprendizaje táctico,

el balance y la discusión en torno al pasado de consciencia, de enfrentamiento y de

reivindicaciones que el proletariado venido porta consigo como equipaje.

3. El bloqueo de revulsivo a la toma de conciencia y al arranque de procesos de acción

colectiva tiene un funcionamiento bilateral: rota la comunicación de clase, el proletariado

migrante no tendrá más remedio que agarrarse a un clavo ardiendo y arrimarse a los sindicatos

supuestamente “fuertes”. Quienes, contra-prestando la ganancia de cifras de afiliación, re-

presentarán los desfiles multiculti anuales.

4. Los mismos poderes que inventan la ideología racista y la inyectan tienen que neutralizar

la sobredosificación peligrosa a la que inercialmente tienden, por medio de antídotos mediáticos

calculados “en su justa medida” que impidan una reacción exacerbada del mismo cuerpo social

intoxicado. Porque tales espasmos serían obstrucción a una importación sostenida de Fuerza de

Trabajo de que la “competitividad” económica nacional o supranacional –en su pugna con otros

Estados y bloques- depende.


EL LUGAR DEL PROLETARIO EN EL MEDIO SOCIAL EMPLEADOR

“A pesar de todo” –o, mejor dicho, de modo inextricable justamente a estos mecanismos de

signo dual y complementario-, las capas “inmigrantes” quedan integradas “en su lugar”

material real. Y ese lugar queda blindado y tornado opaco, además de por aquellos dispositivos

ideológicos, también y básicamente por mecanismos puramente materiales:

1. Concentración en el espacio urbano segregada de la población autóctona.

2. Concentración por trabajos y por funciones laborales, que los relacionan poco con la

población autóctona.

3. Lógica tendencia a ir en busca de las relaciones ya generadas en el trabajo, en el barrio,

en el parentesco congregado en espacios urbanos próximos, cuando se trata del tiempo llamado

“libre”, de modo que desconocimiento mutuo y fortificación de mitos negativos son polos que

se alimentan recíprocamente en el círculo vicioso de la separación social organizada.

4. En obediencia a ello y por supuesto a la discriminación por origen tanto en la entrada a

espacios de ocio como en el trato recibido, los propios lugares materiales de ocio se distribuyen

segregados ya de entrada.

5. Condición especialmente efímera de los contratos –cuando los hay- y por tanto elevado

Índice de frecuencia de movilidad laboral. Este régimen de trabajo constantemente liquida,

antes de su inicio mismo, la comunicación extensa entre compañeros y el planteamiento de

análisis comúnmente asumidos –esbozos de emergencia de la clase para sí- sobre la propia

condición material compartida –clase en sí-, así como la apertura correlativa de perspectivas de

acción o en la exportación de esa comunicación a contextos de encuentro más amplios.