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Cine Mondo

Carlos Jorik

© Carlos Jorik
© edición digital:
novalibro.com,2001

Diseño de cubiertas e interiores:


Maria Campuzano.
Felicia Riaza.
Foto portada: J.D. Álvarez

ISBN: 84-8492-047-X

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Cine Mondo
Carlos Jorik
Sumario
I. INTRODUCCIÓN

II. ANTECEDENTES
1. Un invento del demonio.
2. El mondo en el documental clásico.
a) Cine de qualité.
b) Cine de explotación.

III. MONDO CANE, LA SEMILLA DEL DIABLO


1. Este perro mundo.
2. Perro ladrador... Mondo Cane 2.
3. Características del cine mondo.

IV. EXPANSIÓN DEL CINE MONDO


1. La mordedura se contagia.
2. Adiós África.
3. Mondo años 70.
4. Hombres salvajes, cineastas salvajes.
5. Últimos arañazos.

V. EL NACIMIENTO DE LA SHOCK-MOVIE
1. Las caras de la muerte.
2. Características de la shock-movie.
3. Mondo años 80.

VI. LOS 90, AÑOS DE SANGRE Y VÍSCERAS


1. Escenas de muerte
2. La peor cara de la muerte
3. Rastros de muerte

VII. MONDO MISCELÁNEO


1. Mondo vampiro
2. Mondo que no es mondo
3. Falso mondo
4. Mondo ficción

VIII. EL MONDO EN INTERNET


1. La red violenta
2. Un paseo por el infierno

FILMOGRAFÍA Y VIDEOGRAFÍA ESENCIAL / BIBLIOGRAFÍA


I. INTRODUCCIÓN

Parece claro que la violencia es, junto con el sexo, el método más

eficaz para captar la atención de los espectadores. Es indudable la

fascinación que, en mayor o menor medida, todos sentimos por la

violencia. Aunque no es el lugar ni el momento para detenerse en las

causas de dicha atracción, éstas pueden ser muchas: la excitación por lo

que tiene de prohibido, el acercamiento a un mundo primitivo que hace

sentirse al espectador más vivo, una posible satisfacción escopófila cercana

a la sexual, un intenso grado de sadismo satisfecho de forma vicaria como

medio de dar rienda suelta a las más oscuras fantasías de poder y dominio,

la posibilidad de liberar impulsos y deseos agresivos como eficaz purgante

psicológico que nos limpia de esa crueldad reprimida. Sea como fuere, el

hecho es que desde siempre --basta recordar los espectáculos en el circo

romano o las concurridas ejecuciones públicas--, la visión de la violencia ha

fascinado y estimulado a los espectadores. Y el cine, como uno de los más

populares espectáculos de masas, lo ha explotado hasta la saciedad.

Pero este trabajo no habla sobre la violencia en el cine sino sobre un

tipo de cine que hace de la violencia real su objetivo preferente. El público

distingue perfectamente entre la atrocidad ficcionada y la atrocidad real.


Muchos de los espectadores que acuden en masa a presenciar las brutales

matanzas de personajes como Jason o Freddy Krueger jamás pagarían una

peseta por ver un suicidio en directo o un documental sobre el macabro

ritual de las autopsias. De la agonía real, de la sangre que brota sin

necesidad de efectos especiales, tratan las siguientes páginas.

Pero... ¿qué es una película mondo? ¿por qué se les llama así? Un

filme mondo se puede definir como la exposición sensacionalista de

imágenes violentas, reales y falsas, con fines comerciales. Estas películas

ofrecen un perturbador espectáculo cinematográfico que suscita la

curiosidad morbosa del mirón, al contemplar, cómodamente instalado en la

butaca del cine o en la intimidad del hogar, la muerte y la agonía, en un

principio, reales. A pesar de que la explotación de imágenes cruentas se ha

dado desde los comienzos del cinematógrafo, no fue hasta 1962, año del

estreno del documental italiano “Mondo Cane”, cuando empezó a

denominarse de esa manera. El éxito de la cinta, acompañada de cierto

prestigio crítico, provocó innumerables imitaciones confeccionándose de

este modo un subgénero a medio camino entre el género documental y la

exploitation movie. Estas películas eran recorridos a lo largo y ancho del

mundo (mondo) captando lo más erótico, extraño y cruel del mismo.

¿Por qué perder el tiempo escribiendo sobre un género que, salvo

muy contadas excepciones, no es más que un vehículo para alimentar los

instintos sádicos y morbosos del espectador? A pesar de su carácter


marginal, siempre en las cloacas de la industria, es irrefutable el hecho de

que los filmes mondo son los que más éxito popular han tenido dentro de

un género de tan complicada distribución comercial como es el documental.

A pesar de su éxito y del gran número de filmes que lo componen, el

documental mondo ha sido constantemente olvidado y/o pretendidamente

marginado en la mayoría de los trabajos que se han escrito sobre la historia

del documental. Algo que, en aras de un mínimo rigor histórico, es

claramente imperdonable.

Ante la inexistente bibliografía en castellano sobre el mondo,

condenado a aparecer de manera superficial en multitud de volúmenes

sobre gore y demás cine de charcutería, el presente volumen pretende

acercar al novato este desconocido género, y ofrecer al adicto a este tipo

de experiencias visuales extremas, un complemento y un reclamo para

futuras mondosesiones, además de una ayuda sobre lo último o lo más

desconocido en imágenes violentas. A él está especialmente dedicado el

último capítulo sobre el mondo en Internet.

El libro avanza de forma cronológica. Partimos de los orígenes de la

explotación del documento violento, llegamos al estreno de “Mondo Cane” y

al posterior desarrollo del cine mondo, analizamos su desgaste al mismo

tiempo que asistimos a su resurrección en forma de shockumentary y

acabamos el viaje analizando la influencia del género en el terreno de la


ficción, el mondo falso y, por último, el prometido capítulo dedicado a las

más emponzoñadas aguas de Internet.

En una serie de anexos finales incluiremos una bibliografía y

filmografía esenciales, así como, cuando ha sido posible, la videografía

disponible, para aquellos que no puedan reprimir su curiosidad ante tanta

palabrería sobre un tema en el que las imágenes hablan por sí solas.

II. ANTECEDENTES
1. Un invento del demonio.

La semilla cinematográfica de tan vilipendiado género hay que buscarla

en los primeros tiempos del cinematógrafo. Ya en 1893, Thomas Edison

ofrecía en sus kinetoscopios dos películas cuyos títulos son lo

suficientemente explicativos: “Una ejecución por ahorcamiento” y

“Electrocución de un elefante”. El mayor reclamo de las dos películas era la

captación por una cámara de la muerte real.

También es de gran importancia el documental científico de carácter

médico surgido en la Francia de finales del siglo XIX. Será allí donde, a

partir de 1898, el francés Doyen empezará a utilizar el nuevo invento de

sus compatriotas los Lumière como herramienta didáctica en el marco de la

enseñanza quirúrgica. Estas grabaciones de operaciones en el quirófano,

normalmente no muy explícitas, encuadradas en plano general, donde lo


que importaba era la coreografía de los cirujanos, no tardaron en ser

pirateadas, vendidas de forma fraudulenta y exhibidas fuera del contexto

académico. De esta forma se satisfacía el sádico voyeurismo de los

espectadores más “atrevidos” consiguiendo, dado su carácter clandestino,

un buen dinero a cambio. En esta época, y durante muchos años, la

búsqueda de la emoción violenta a través de las imágenes convivirá en los

ilegales márgenes de la incipiente industria cinematográfica, con la

pornografía sexual.

Por otra parte, el carácter (pseudo)etnográfico de las películas

mondo, con su predilección por retratar las “extravagantes” costumbres y

ritos de etnias y culturas diferentes de la occidental, tiene su origen en el

cine etnográfico de raíz colonialista que se practicó en Europa a principios

de siglo. Pioneros poco escrupulosos como Spencer, con sus grabaciones de

las ceremonias más rudas y atávicas de los “salvajes”; Pöch, defensor y

explotador de la espectacularidad de las danzas aborígenes más

pintorescas; o el “simpático” matrimonio Johnson, especialistas en

aprovecharse de la inocencia de los indígenas para burlarse y humillarles

delante de la cámara, son una representativa muestra del cine

“antropológico” que se practicaba a principios de siglo. La mezcla de ciencia

y espectáculo de estas filmaciones, junto con su carácter

indisimuladamente racista, es otro de los antecedentes más claros de la

actividad cinematográfica de los directores de películas mondo.


2. El mondo en el documental clásico.

Pasados estos primeros años, las películas que anteceden a las

mondo-movies se suceden de forma intermitente hasta 1962, año de

producción de la fundacional “Mondo Cane”. A pesar de la generalización de

la censura en todos los países productores de películas, los cineastas se las

apañarán para continuar explotando la imagen violenta. Hasta la década de

los 60 se pueden rastrear ejemplos de imágenes reales de violencia a

través del género documental, tanto en el serio, de prestigio, como en el

documental de explotación.

a) Cine de qualité.

Los ejemplos son numerosos. Está la célebre “Nanook, el esquimal”

(1921), del padre del documental, Robert Flaherty, donde se filmaba una

cruenta cacería de focas. De 1930 es el polémico anarco-documental de

Luis Buñuel, “Las Hurdes, tierra sin pan”, que incluía escenas como la

salvaje decapitación de varios gallos a manos de unos mozos como parte

de las fiestas del pueblo. Del mismo año es “Ingagi” (William Campbell)

documental de mucha menos calidad y pretensiones pero con un espíritu

muy semejante al del posterior cine mondo. El filme narra en clave de

documental una expedición al Congo cuyo momento cumbre es la escena

en la que una tribu de mujeres desnudas ofrecen un sacrificio humano al


gorila que da título al filme. Posteriormente se supo que todo había sido un

fraude: el Congo era en realidad California, las mujeres eran bailarinas de

cabaret y el gorila un tipo con un buen disfraz. Esta costumbre de dar gato

por liebre será algo (demasiado) frecuente en los documentales mondo.

También hay que hacer referencia a títulos como “La parada de los

monstruos” (“Freaks”, 1932), del sin par Tod Browning, en el que, a pesar

de ser un filme de ficción, los “monstruos” que protagonizan la película son

de carne y hueso; la deformidad humana impúdicamente expuesta.

Por otro lado, las frecuentes contiendas bélicas que van desde 1936,

con la de guerra de España filmada por el reputado documentalista Joris

Ivens, hasta los efectos de la bomba de Hiroshima, expuestos como

escalofriantes insertos documentales en “Hiroshima mon amour” (Alain

Resnais, 1959), son un excelente caldo de cultivo para la captación y

exhibición de imágenes violentas. A pesar de la censura (dichas imágenes

podían minar la moral de la población civil) han quedado un buen número

de documentos fílmicos que plasman con toda crudeza la barbarie de la

guerra, entre las que destacan sobre todo las matanzas de chinos a manos

de los japoneses y todo el horror del holocausto judío. “Noche y niebla”

(1955), del francés Alain Resnais, es un buen ejemplo de cómo reflexionar

sobre el horror y cómo exhibir, sin caer en el sensacionalismo, las brutales

imágenes sobre las atrocidades que los nazis cometieron con el pueblo

judío.
Otro ejemplo de documental de prestigio que por sus características -

-por el realismo y violencia de sus imágenes-- se puede considerar

antecedente del documental mondo es “La sangre de las bestias” (1949),

de Georges Franju, explícito documental rodado en los mataderos de París

que parece anunciar uno de los lugares preferidos por los realizadores de

documentales violentos: los mataderos y, más adelante, las morgues y las

salas de autopsias.

Por último, en el terreno del documental de carácter antropológico,

nos encontramos el polémico filme “Los sacerdotes locos” (1955), del

reputado documentalista Jean Rouch. El director francés muestra una

ceremonia religiosa centrada en un ritual donde, como secuencia más

llamativa, los aborígenes, en estado de trance, echando espuma por la

boca, dan muerte a un perro y lo devoran. Por esta secuencia el realizador

francés fue acusado de mantener una postura colonialista, asumiendo una

posición de superioridad con respecto a la comunidad que retrataba.

b) Cine de explotación.

Detrás de esos documentales, todos ellos hitos de la historia del cine,

se encuentran los verdaderos precursores de los filmes mondo. Estamos

entrando en las enfangadas aguas de las exploitation movies. Películas

perpetradas al margen de la industria oficial, batallando contra la censura y

llegando, o intentando llegar, a donde los grandes estudios no se atrevían.


Apelando a los bajos instintos del espectador, ofreciendo temas polémicos y

prohibidos, el objetivo de estos filmes era la rápida amortización del escaso

capital invertido. Sobre todo funcionaron y crearon escuela las de temática

sexual, las sexploitation movies, aunque la explotación de imágenes

violentas también dio suculentos beneficios.

Los ejemplos son muchos. Películas como “Voodo” (1932) y “Savage

Africa” (1956), con su predilección por el exotismo y los conflictos del

Tercer Mundo, anticipaban una de las característica básicas de las mondo-

movies. El hecho de centrarse en las lejanas y exóticas junglas

sudamericanas y africanas era la coartada perfecta para torear la censura y

mostrar a las “inocentes” indígenas con sus “salvajes” cuerpos desnudos

corriendo felices por la selva. También estaban las llamadas hygiene

pictures, didácticas y moralizantes películas de educación sexual destinadas

a la enseñanza de los jóvenes. La más famosa, de gran éxito fuera de lo s

circuitos a los que estaba inicialmente destinada, fue la norteamericana

“Mom and Dad” (William Beaudine, 1948), donde se registraba con inusual

detallismo un parto real. Esta película, que viajó por los pueblos de

Norteamérica desde la fecha de su estreno hasta los años 60, recaudó más

de 100 millones de dólares, convirtiéndose, de forma sorprendente, en una

de las películas más taquilleras de la década de los cuarenta. Durante

mucho tiempo esas películas fueron las únicas en las que se podían ver

imágenes de órganos genitales masculinos y femeninos.


Otro tipo de películas, esta vez de raíz italiana y, por tanto,

antecedente directo del incipiente mondo, son los llamados documentales

sexy, reportajes de espíritu pornográfico sobre la agitada vida nocturna en

las más importantes ciudades del mundo. El famoso productor y director

Alessandro Blasetti, promotor de casi todos los (sub)géneros de éxito de la

época, impulsa “Europa di notte” (1959) y “Mondo di notte” (1960), dos

exitosos pistoletazos de salida para numerosos reportajes que acercaban al

italiano medio la “sensual, peligrosa y depravada” vida nocturna de las

distintas ciudades del globo. Al tiempo que veían la miseria y perversión de

los habitantes de la noche se frotaban las manos (y otras cosas) mientras

disfrutaban entusiasmados de los picantes números de music hall que

amenizaban ese recorrido noctámbulo.

En la realización de la exitosa “Europa di notte”, cuarta película más

taquillera en 1959 en Italia, colaboró un antiguo y curtido corresponsal de

guerra del diario “Il Corriere della Sera”, el creador del mondo: Gualtiero

Jacopetti.

III. MONDO CANE, LA SEMILLA DEL DIABLO.


1. Este perro mundo

En 1962, Gualtiero Jacopetti, junto a Paolo Cavara y Franco Prosperi,

creó el documental titulado “Mondo Cane”, traducido en España como “Este

perro mundo”. Gracias a su éxito y relativo prestigio se abrió la veda del


documental violento cuyo objetivo último, salvo pocas excepciones, es

explotar de forma sensacionalista la crueldad y la miseria humana. La

película se presentó en el Festival de Cannes de ese año y obtuvo el

aplauso de cierto sector de la crítica. Además, ganó el David de Donatello

(los Oscar italianos) a la mejor película de ese año y el tema principal de la

banda sonora, la canción “More”, fue nominada a los Oscar de 1964.

“Mondo Cane”, fruto de los continuos viajes que por su trabajo

realizaba Jacopetti, sienta las bases del subgénero mondo convirtiéndose

en un ejemplo a seguir para la posterior avalancha de imitadores. Durante

los siguientes años se creará una auténtica escuela italiana especializada en

dicho subgénero

El filme se abre con esta significativa proclama: “Todas las escenas

de esta película son verdaderas y han sido tomadas de la realidad. Si

algunas veces son escenas amargas es porque hay muchas cosas amargas

en este mundo. Sin embargo, el deber del cronista no consiste en atenuar

la verdad sino en referirla objetivamente”. Al fondo, las imágenes de un

perro rabioso conducido a la perrera entre los ladridos amenazantes de los

demás perros. Bajo esta (débil) coartada, Jacopetti recopila una serie de

escenas caracterizadas por su rareza, exotismo y violencia, todas

supuestamente reales (algo que es falso, ya que muchas de ellas son

reconstrucciones basadas en hechos reales), combinadas de tal forma que

parezcan conformar una poderosa sátira sobre la condición humana.


La película mezcla hábilmente imágenes más o menos divertidas y

simpáticas con otras desagradables y perturbadoras. Y lo hace utilizando

una táctica de shock. A una escena donde se ven los pechos de una modelo

le sigue la imagen de una mujer africana amamantando a un pequeño

cerdo, de un cementerio de perros en Estados Unidos se pasa a un

restaurante coreano donde se sirve este animal como especialidad de la

casa... A través de este “montaje de atracciones”, que persigue el efecto

psicológico en el espectador, está estructurado todo el filme. La escena

tiene valor en sí misma, pero se enriquece en combinación con la anterior y

la subsiguiente.

Todas las imágenes están acompañadas por la voz omnisciente del

propio Jacopetti. Sus comentarios se caracterizan por una absoluta falta de

rigor científico, primando la interpretación subjetiva de las imágenes. Las

explicaciones completan la imagen y, en muchas ocasiones, desvirtúan su

contenido incidiendo directamente sobre ellas. Vemos a la vez que oímos

cómo otro ve. Así, muchas imágenes se convierten en satíricas, dramáticas

o simplemente racistas a causa del comentario del narrador. En la

explicación de Jacopetti predominan el tono irónico, cáustico, el apunte

machista y racista, la proclama denunciadora, el arrebato misántropo o el

discurso lacrimógeno.

También ayuda sobremanera la música que acompaña a las

imágenes. La manipulación en ese sentido también es una constante.


Basten dos significativos ejemplos: a las imágenes de unos patéticos

alcohólicos de Hamburgo, en pleno éxtasis etílico, le acompaña una música

cómico-festiva que subvierte, junto al comentario, la primigenia entidad de

esa imagen; el agónico periplo de una tortuga, que ha perdido el poder de

la orientación, hacia una muerte segura, es acompañado por un subrayado

musical de ecos fúnebres.

Por medio de escenas como la brutal matanza de cerdos en Nueva

Guinea o las sangrientas flagelaciones que se autoinfligen los penitentes de

un pueblo del sur de Italia, Jacopetti pretende (y en ocasiones lo consigue)

dar una imagen ácida y profundamente pesimista del mundo. De todas

maneras, aun teniendo en cuenta el año del estreno y lo poco

acostumbrados que estaban los espectadores a este tipo de imágenes,

éstas no se caracterizan por una excesiva y explícita violencia. Jacopetti,

más que intentar maltratar el estómago del espectador con brutales y

repulsivas escenas parece intentar sacudir el ánimo del espectador,

conmocio narle emocionalmente más que visualmente, objetivo éste que se

perderá en sucesivos mondos, apuntando más hacia la patada en el vientre

que al impacto psicológico.

La mirada de Jacopetti sobre el mundo es la propia de un periodista

que ha visto y vivido demasiado. Pero ello no le impide (quizá lo favorece)

aprovecharse de su situación para mostrar lo peor del ser humano de una

forma sensacionalista y poco ética. Su visión de las culturas extrañas a la


occidental está a años luz de la de un antropólogo. Por mucho que él lo

niegue, es una visión colonialista y profundamente racista. Exhibe de forma

impúdica, sin detenerse a explicarlos, los “bárbaros” rituales de las tribus

africanas o se ríe impunemente de las ceremonias más extrañas de los

aborígenes australianos. También denuncia, con morbosa deleitación, las

tradiciones más oscuras y salvajes de occidente (con preferencia por las

relacionadas con la Semana Santa), y con notable mordacidad, la frivolidad

y estupidez del occidental ocioso y adinerado, y sus extravagantes

costumbres. También deja lugar para otras imágenes: los apuntes

macabros (imágenes del proceso de maquillaje de un muerto), las escenas

de contenido erótico (aprovecha la condición de película documental para

mostrar algo más de lo que estaba permitido) o la exhibición de lo

desagradable (sobre todo con las diferentes y bizarras costumbres

culinarias).

Es preciso detenerse en la importancia que tiene la figura del perro

en “Mondo Cane”. Su inclusión en el título no es casual. Dicho animal actúa

como símbolo de la denuncia de la brutalidad intrínseca del hombre. Éste,

con su comportamiento, es comparado de forma despectiva con un perro.

Aparte, este animal es protagonista de muchas de las barbaridades que se

cometen en la cinta, es blanco de la brutalidad de los hombres en muchas

escenas. También actúa como símbolo racista al ser presentado como

bárbara forma de alimentarse en muchas culturas asiáticas. Otra escena de


la película, la del cementerio de perros, le sirve a Jacopetti para denunciar

la frivolidad y excentricidad del Primer Mundo.

La mayoría de las víctimas de esta primera entrega de “Mondo Cane”

son animales. Hasta su secuela, “Mondo Cane 2” (1963), no llegará la

muerte humana a este tipo de películas.

2. Perro ladrador... Mondo Cane 2

Después del éxito de este primer “Mondo Cane”, el estreno de su

segunda parte no se hizo esperar. En 1963 Jacopetti presentó la secuela,

compuesta por imágenes que se quedaron fuera del primer montaje,

descartes que el director no dudó en incluir en esta segunda parte. La

película es una repetición de las constantes que dominaban el primer filme

pero, tanto la inclusión de esas imágenes descartadas como la premura

para aprovechar una coyuntura favorable, hace que el resultado final se

resienta de forma considerable. Esta vez, el hábil montaje basado en la

asociación de ideas que dominaba “Mondo Cane” ha sido prácticamente

abandonado. El comentario ha dejado de ser incisivo para convertirse en

monótono y torpe. Además, la falta de imágenes válidas y suficientemente

impactantes para este nuevo filme obliga a Jacopetti a reconstruir muchas

de ellas. Ante este hecho Jacopetti se defiende amparándose en su derecho

a reconstruir una escena basándose en un hecho real como medio legítimo

de exponer una tesis. Como en “Las Hurdes” (1933), de Buñuel, o en


“Lousiana Story” (1948), de Flaherty no cuenta tanto el registro verdadero

de la imagen, que sólo es cuestión de suerte, como su significado.

Pero hay un aspecto por el cual esta segunda parte es digna de ser

reseñada. Por primera vez, aunque se trate de una hábil reconstrucción,

aparece un muerto en el género. La escena en cuestión muestra la

inmolación de un monje budista en plena calle. Esta secuencia se

reconstruyó a partir de las fotografías de un suicidio real ocurrido en Asia

en junio de 1963. Un monje budista impregnó su cuerpo de gasolina y se

prendió fuego como protesta por el trato que recibía su comunidad por

parte de los católicos. Las fotografías fueron rápidamente difundidas por

todo el mundo dando la idea a Jacopetti para su posterior reconstrucción.

Más que la secuencia en sí lo verdaderamente importante es que con dicha

escena, y en sólo un año, se había pasado del maltrato y la muerte de

animales a la exhibición de la muerte humana. Aún tendrían que pasar

quince años para que, con la polémica “Faces of Death” (“Rostros de

muerte”, 1979), la muerte real se convirtiera en la protagonista absoluta de

las mondo-movies.

3. Características del cine mondo.

Llegados a este punto es preciso detenerse en las características de

una película mondo. Como ya dijimos, la repercusión de “Mondo Cane” creó

todo un subgénero dedicado a explotar la idea que con tanto éxito había
puesto en práctica Jacopetti. Los bajos costes y la rápida amortización

disparará durante esos años la producción de este tipo de películas.

El éxito de las dos películas sentó las bases narrativas y formales del

posterior documental mondo desarrollado con profusión durante las

décadas de los 60 y 70.

Un filme mondo se compone de los siguientes elementos:

a) Mensaje introductorio.

Como ya vimos a propósito de “Mondo Cane”, todo filme mondo suele

comenzar con una especie de declaración de intenciones o aviso al

espectador sobre lo que va a presenciar durante la próxima hora y media.

Este texto se caracteriza por un llamamiento a la reflexión sobre la crueldad

y la brutalidad humana y por la promesa, a través de una retórica

sensacionalista, de que todo lo que se va a ofrecer a continuación es

rigurosamente real. Como ya hemos visto, esta afirmación no suele ser

cierta.

b) Tipos de escenas:

Escenas documentales reales. Pueden ser filmadas por el propio equipo

de la película o, como suele ser habitual, adquiridas de material filmado

anteriormente por otros. Son documentos recogidos directamente de la

realidad.
Reconstrucciones de hechos reales. Hechos que, si bien han ocurrido en

la realidad, no han podido ser recogidos por una cámara de cine o lo ha

hecho de forma deficiente. Para este tipo de reconstrucciones es habitual

apoyarse en fotografías que sí captaron ese suceso. También puede ser una

reconstrucción basada en las declaraciones de los testigos o los implicados

en dicho suceso.

Invenciones. Son escenas creadas por los cineastas. Son documentales

ficticios, escenas rodadas con una estética y una técnica documental cuyo

objetivo es hacerlas pasar como reales. Suelen ser las escenas más

brutales, las que con más detallismo captan sucesos de gran impacto visual

y emocional, pero también las más inverosímiles.

¿Reconstrucciones reales? Es sólo una sospecha, pero ha habido varios

casos de denuncias contra realizadores de películas mondo que,

supuestamente, podrían haber intervenido en algunas escenas (sobre todo

en ejecuciones o maltrato a indígenas y animales) con el objetivo de

captarlas mejor, de forma más espectacular y cruenta, o simplemente

provocándolas para incluirlas posteriormente en el filme.


a) Narrador.

Todo filme mondo tiene en la figura del narrador uno de sus más

importantes elementos. Los diferentes episodios que componen la película,

la mayoría de las veces sin continuidad temporal o espacial, adquieren

cierta coherencia interna a través de la voz over del narrador-presentador.

Muchas veces esta figura está encarnada por los propios directores, así

mismo creadores de los guiones de los comentarios. Otras veces esta labor

la llevan a cabo personalidades del mundo del cine venidos a menos.

Ejemplos paradigmáticos son los de Vincent Price, narrador de varios

mondos, entre ellos “Taboos of the world” (Romolo Marcellini, 1963), James

Mason, Boris Karloff u Orson Welles, que dio prestigio a algunos de ellos.

Incluso él mismo creo su propio documental falso, la excelente “F for Fake”

(1975), nada que ver con el mondo. En estos casos también actuaban

como presentadores, apareciendo de forma intercalada entre secuencia y

secuencia.

Los comentarios que acompañan a las imágenes de un filme mondo se

caracterizan por un inconfundible tono grave y moralista, en ocasiones

abiertamente racista, y una predilección por el sarcasmo y la ironía. El

narrador intenta (des)informar al espectador sobre las escenas que está

presenciando, acentuando las ya de por sí truculentas y perturbadoras

imágenes. Otro de sus cometidos es establecer una continuidad entre los

diferentes, y muchas veces inconexos, episodios que conforman el filme.


b) Montaje.

El montaje suele ser muy acelerado, sin dejar apenas tiempo al

espectador para reflexionar sobre lo que está presenciando. Es como si se

temiera hacer demasiado evidente el inconsistente discurso o la encubierta

falsedad de las imágenes reconstruidas, algo que se suele confesar con

letra pequeña en los créditos finales. Por el contrario, en las escenas reales

se suele utilizar con profusión el recurso de la cámara lenta, deleitándose

de manera morbosa en los detalles más truculentos. Como ya vimos a

propósito de “Mondo Cane”, es muy común el juego con las yuxtaposiciones

inesperadas. A una imagen curiosa o agradable le corresponde a

continuación otra repulsiva y perturbadora. Este recurso facilita, por

asociación de ideas, el choque emocional. El director prepara el terreno

para, acto seguido, violentar al desprevenido espectador mediante un

rápido corte. Todo ello acompañado con un brusco movimiento de zoom y

una música grave y tremendista

e) Temas:

El principal objetivo de los documentales mondo es conmocionar al

espectador a través de la exhibición de imágenes caracterizadas por su

violencia y capacidad de impacto. Para ello es muy común retratar las

prácticas y costumbres de culturas extrañas a occidente. De esta manera el


realizador mondo es capaz de unir en una misma película: exotismo

(normalmente culturas africanas o amazónicas), erotismo (la censura

permitía la desnudez de los indígenas) y violencia. Un explosivo cóctel para

la época.

Estos son los temas que con más asiduidad se repiten en el documental

mondo:

Maltrato de animales. Es muy común el castigo a animales de todo

tipo. Se llevan la palma, por su poder para perturbar el ánimo del

espectador, los mamíferos. Éstos son cazados, muchas veces furtivamente,

maltratados y sacrificados con la excusa de una oscura fiesta tribal.

Películas que destacan por su poco amor a los animales son casi todas las

mondo, pero habría que destacar por su obsesiva reiteración “Hombres

salvajes, bestias salvajes”, realizada en 1975 por el habitual director de

fotografía de Jacopetti, Antonio Climati. La película es un compendio de

escalofriantes escenas de cazadores, tanto hombres como animales, y sus

víctimas, tanto animales como hombres.

Ejecuciones. Son muy frecuentes. Destacan las acontecidas en países

del Tercer Mundo. El África de la descolonización era un excelente lugar

para captar imágenes de las ejecuciones más atroces. La película más

importante referida a este tema es la durísima cinta inglesa “Executions”


(David Herman, Arun Kumar y David Monoghan, 1995), que a pesar de sus

explícitas imágenes no se puede considerar una cinta mondo. En su defecto

podría valer “Adiós, África” (Jacopetti, 1966), donde además se sospecha

de la intervención de los propios miembros del equipo en las escenas de

fusilamientos.

Operaciones quirúrgicas. Tema muy recurrente. Como pasaba a

principios de siglo con los filmes médicos del francés Doyen, la exhibición

detallada del trabajo del cirujano era muy bien recibida por los aficionados

al mondo. Su exhibición, desde las más comunes a las más repulsivas, se

hace cada vez de forma más explícita y morbosa. Un buen ejemplo es la

saga “Faces of Death”, donde se nos dan unas instructivas clases sobre el

noble y repulsivo arte del escalpelo. Aunque si de operaciones quirúrgicas

hablamos, todos los capítulos del ya célebre programa de Antena 3 “En

buenas manos”, dirigido por el siniestro Dr. Beltrán, están a la altura de la

shock-movie más salvaje.

Sexo. Hasta la definitiva legalización de la pornografía durante la

década de los 70, la imbricación del sexo con la violencia será muy

frecuente en las películas mondo. Se empezó con la ya mencionada

desnudez de las diferentes tribus africanas o amazónicas. Más tarde, en los

años 70, eran frecuentes las escenas de partos reales, operaciones


quirúrgicas de cambio de sexo o circuncisiones tribales, así como los falsos

reportajes sobre diversas perversiones o “desviaciones” sexuales, que

proliferarán durante los primeros años 80. Un ejemplo señero es la serie

“Libidomania”, de la que se hablará con más detenimiento, y en general,

todo el cine del disoluto director italiano Bruno Mattei.

África. En cuanto al exotismo de las escenas que llenan el metraje de

los documentales mondo son numerosísimas las localizadas en el África

subsahariana. Su número es tan abundante que casi se puede hablar de un

subgénero. Títulos emblemáticos del mondo como la ya citada “Adiós,

África”, “África Ama” (Castiglioni, 1972) u “Hombres salvajes, bestias

salvajes” (1975) utilizan el continente negro y sus “misterios” para

construir un discurso abiertamente racista sobre las costumbres y prácticas

más extrañas de las tribus indígenas. Estos rituales son frecuentemente

mostrados fuera de su contexto original, lo que, ayudado por el poco

riguroso comentario del narrador, tergiversa la escena dando una imagen

no demasiado buena de la tribu retratada. De hecho, muchos gobiernos

africanos hicieron públicas sus quejas con respecto a la imagen que estas

películas daban de sus países. Los años 60 y 70 constituyen un periodo de

gran actividad bélica en los países del África negra. Los documentalistas

mondo aprovechan la circunstancia para reflejar la brutalidad de la que


hacen gala los combatientes de las diferentes guerras que asolan diversos

países africanos.

El tabú del canibalismo constituye una verdadera obsesión para estos

realizadores. Muchas de estas películas contienen imágenes claramente

falseadas donde se exhiben actos de antropofagia. Esta fascinación por la

dieta caníbal llegaría hasta finales de los 70, donde se dio la célebre

“Holocausto Caníbal” (Ruggero Deodato, 1979), falso documental que si

bien no puede considerarse un filme mondo, está muy cercano a él tanto en

temática como en espíritu.

f) Música.

Tanto la música como el sonido tienen una gran importancia en el

documental mondo. El éxito de la canción “More”, que sonaba en “Mondo

Cane” y que luego será habitualmente interpretada... ¡en las bodas!,

provocó una avalancha de imitadores. Las películas mondo se llenaron de

insufribles baladas como forma de acentuar la visión pesimista del mundo

que se estaba retratando. El carácter triste y melancólico de esas canciones

desempeñaba la función de leitmotiv sonoro y actuaban como contrapunto

a las violentas imágenes que el espectador estaba contemplando. Hasta los

años 80 la música de estos filmes continuaría por estos derroteros,

intentando afligir lo más posible el ánimo del sufrido espectador.


Por otro lado, la banda de sonido solía ser constantemente

manipulada de forma efectista para acentuar aún más la dureza y ferocidad

de las imágenes. Se utilizaban las habituales mezclas de sonido con

ladridos de perro y gritos humanos como elementos más frecuentes y

efectivos. La mezcla de imágenes violentas junto a sonidos perturbadores,

contrapunteado de vez en cuando con suaves y depresivas melodías,

demostró ser un método infalible para zarandear el ánimo del espectador.

Sin este acompañamiento auditivo descendía mucho la fuerza de las

imágenes. También en ocasiones los efectos de sonido servían para

distanciar al espectador, para provocarle la risa ante lo que estaba

contemplando, aunque en el fondo no tuviera nada de gracioso.

IV. EXPANSIÓN DEL CINE MONDO

1. La mordedura se contagia.

Como ya dijimos, el éxito de las dos “Mondo Cane” precipitó una

avalancha de títulos que prometían satisfacer la demanda creada alrededor

de este tipo de películas. En un principio la mayoría eran de origen italiano.

Por una parte, se continuaba la estela marcada por Blasetti y sus

eróticos recorridos nocturnos por las ciudades del mundo. A su sombra

proliferaron multitud de títulos llenos de números de music hall y chicas de


cabaret. Valgan algunos ejemplos de relativo éxito y consideración: “Sexy

Magico” (Mino Loy, Luigi Scattini, 1963), “Notti e donne proibite” (Mino Loy,

1963), “Sexy Proibitissimo” (Marcello Martinelli, 1964) y un largo (y

tedioso) etcétera. Películas que engrosan la infinita categoría de las

sexploitation, con derivaciones varias durante los 60 y 70, hasta la

definitiva legalización del porno hardcore.

Cercanas al espíritu mondo están las ya comentadas hygiene

pictures, con ese auténtico boom que supuso la película “Helga, el milagro

de la vida” (Erich F. Bender, 1967), de impresionante éxito en la España

franquista. Toda una lección de sexología rancia cuyo momento álgido era

el primerísimo plano del alumbramiento de la protagonista.

Otro género de (s)explotación cinematográfica durante esos años

fueron las películas naturistas. De origen alemán, eran documentales que

ofrecían escenas en campings y comunidades donde se practicaba el

nudismo. Desprovistas de erotismo, películas de desnudos castos y

gimnásticos donde siempre había algo o alguien que tapaba las partes

pudendas de los sanos y muy rubios protagonistas.

Dentro ya del terreno de la ficción están las llamadas nudies.

Películas cuyo argumento era un simple pretexto para enseñar chicas

ligeras de ropa y de las que Russ Meyer es el mayor, o por lo menos más

reconocido, autor. Otras tendencias nudies como las gholies, roughies y

kinkies, con su mezcla cada vez más enfermiza de sangre y sexo,


sobreviven hasta la llegada del softcore (o blandiporno) y, sobre todo, el

legalizado hardcore (o porno duro).

2. Adiós África
Pero si hablamos específicamente de cine mondo hay que detenerse

en 1966, año de producción de la salvaje “Africa Addio” (“Adiós, África”), de

los incombustibles Jacopetti y Prosperi. Estos dos conocedores del

continente africano crearon el más brutal documental sobre África y sus

contiendas bélicas. El filme es un recorrido por la cara más dura del África

negra. Matanzas, ejecuciones, torturas... Jacopetti y Prosperi se

aprovechan del clima bélico en el que estaban inmersos los diversos países

africanos, la mayoría en plena conquista de su independencia, para exponer

y explotar la brutalidad de la guerra. Como es habitual en estos dos

realizadores se da una mezcla entre denuncia, exposición crítica de unos

hechos, y un tratamiento morboso y sensacionalista de lo que allí está

sucediendo. Todo ello, da igual que lo nieguen, con un inconfundible tono

racista en sus comentarios. Jacopetti, principal responsable del filme, tuvo

innumerables problemas con este nuevo hito en la historia del cine mondo.

Primero con la justicia. Fue acusado de participar (o por lo menos alentar a

los protagonistas) en algunas secuencias del filme. Se le acusó de animar a

los soldados para que realizaran sus atroces acciones de la manera más

cinematográfica posible, como mejor sirviera a la película. Ya que lo iban a


hacer, pensarían los directores, que lo hicieran de la manera como mejor se

pudiera grabar. También recibieron airadas críticas desde muchos

gobiernos de países africanos molestos por la imagen tergiversada,

humillante y fuertemente racista que de ellos se estaba dando al mundo

occidental. En su propio país, Italia, recibió fuertes críticas desde el Partido

Comunista, por lo que consideraban un filme degradante cuyo único

objetivo era alimentar los sádicos instintos de una serie de espectadores.

Los directores se defendieron declarando que lo que realmente preocupaba

al PCI era ver lo que sus camaradas habían hecho en muchos lugares de

África.

A pesar de la polémica, que tanto suele ayudar en la carrera

comercial de las películas, “Africa Addio” fue un absoluto fracaso. Tuvo

muchos problemas de exhibición y muchas de las salas europeas donde se

estrenaba recibieron amenazas de bomba. En 1970, pasada ya la

controversia, se estrenó en Estados Unidos una versión mucho más amable

y correcta. De los 138 minutos del original se pasaron a 83. Se estrenó

bajo el título de “Africa Blood and Guts”, y funcionó mucho mejor en

taquilla. Como suele pasar en estos casos, la versión original de “Adiós,

África” es hoy en día una auténtica cult-movie para los mondo-adictos. Con

todo, y por paradójico que pueda parecer, la película fue muy bien acogida

por cierto sector de la crítica, ganando incluso el David de Donatello a la

mejor película de ese año.


¿Qué es lo que convierte a “Africa Addio” en un filme tan

espeluznante para la época? La respuesta es: la muerte humana. En la

versión americana las escenas de muertes se han eliminado. Sin ellas

“Africa Blood and Guts” se convierte en una típica mondo-movie de mitad

de los 60, cuyas secuencias más impactantes son las matanzas de

animales: escenas protagonizadas por cazadores furtivos, los clásicos ritos

con matanzas animales de por medio (hay que destacar un impresionante

sacrificio de una familia de hipopótamos), y poco más. Sin embargo, la

versión completa incluye escenas de una violencia real nunca vistas en una

pantalla. Las imágenes de la revuelta contra los portugueses en Angola, las

del genocidio de los Watusi en Ruanda o el ataque de unos mercenarios a

un puesto militar en el Congo son sólo algunos ejemplos de todo un

catálogo de ejecuciones y torturas que nos ofrece la película. Todo ello

acompañado por una banda sonora cuyo objetivo, a través de distintos

efectos de sonido, es incrementar aún más la severidad de las escenas que

estamos presenciando. A pesar de todo, muchas de las secuencias, como

es habitual, son reconstrucciones. Algo que, en la mayoría de las ocasiones,

no impide a sus creadores zarandear el ánimo del espectador ante la

carnicería que, real o no, está contemplando.

A Paolo Cavara, colaborador en “Mondo Cane” de Jacopetti y

Prosperi, no le gustó nada la visión superficial y tremendista que sus otrora

compañeros daban del continente africano. A pesar de haber participado


activamente en la realización de “Mondo Cane”, el director italiano pensaba

que la película de sus colegas desfiguraba la realidad con objeto de excitar

la curiosidad más morbosa, jugando de forma cínica con el subdesarrollo y

la miseria humana. En 1967, un año después de la filmación de “Adiós,

África”, Cavara filmaría el documental “El ojo salvaje” (“L’occhio

selvaggio”), respuesta crítica y contundente contra el trabajo de Jacopetti,

con el que no volvería a trabajar. El documental es un intento honesto de

retratar objetivamente la realidad del África de los años sesenta,

apartándose lo más posible del efectismo característico de los mondos.

3. Mondo años 70.

Hasta los años setenta poco hay digno de mención. Continuaban

haciéndose productos de lo más convencional, siguiendo caminos

transitados (ya casi trillados) por Jacopetti y sus colaboradores. A destacar

como curiosidad el nombre del norteamericano Robert L. Frost, quien junto

a Bob Cresse perpetró éxitos de la calaña de “Mondo Bizarro” y “Mondo

Freudo”, las dos de 1966, y que a pesar de ser norteamericanas se hicieron

pasar por italianas. Son dos mondos típicos y tópicos: conjunto de

secuencias en torno a extraños ritos religiosos, brutales ceremonias de

iniciación neonazi, misas negras... Otro curioso fenómeno, también de

origen norteamericano, son los mondo centrados en el entonces emergente

movimiento hippy. La mezcla de amor libre, drogas y, tras los asesinatos


de Charles Manson, ceremonias satánicas era un filón demasiado goloso

como para no ser explotado. Películas con títulos como “Mondo Teeno” o

“The world of Acid”, las dos de 1967, son un compendio de happenings,

conciertos de rock, protestas contra la guerra de Vietnam, secuencias de

body painting y continuas referencias al ácido. Todo convenientemente

sacado de contexto para alarma y deleite de los espectadores más opuestos

a dicho movimiento.

Los asesinatos cometidos por la familia Manson en 1969 sacudieron a

la opinión pública americana. La influencia en el cine del célebre

psychokiller no se haría esperar. Tanto en la ficción, con ejemplos como

“Snuff” (1971) o “Last house on Dead End Street” (1977), como en el

terreno del mondo, las fechorías de Manson dieron mucho juego en lo más

bajo del abecedario cinematográfico, la serie b y, sobre todo, la z. Así, el

prolífico Robert L. Frost volvería a la carga con “Witchcraft ‘70” (1969),

donde asistimos a una supuesta filmación secreta de un ritual satánico

llevado a cabo por un grupo de hippies bien servidos de sustancias

psicotrópicas. Dicha referencia a los sucesos que acabaron con la vida de la

actriz Sharon Tate, mujer de Roman Polansky, será constante en muchos

de los mondo producidos en EEUU.

La década de los 70 empieza en Italia con una presencia cada vez

más fuerte del continente africano en los mondo films. También marca el
declive de Jacopetti con la repetitiva “Adiós, tío Tom” (1970) y la

emancipación de su director de fotografía, Antonio Climati, responsable de

la brutal “Hombres salvajes, bestias salvajes”, de la que enseguida

hablaremos.

También en esta década surgen con fuerza los hermanos Castiglioni.

Alfredo y Angelo son los responsables junto a Guido Guerrasio y Oreste

Pellini de “Africa Ama” (1972), posiblemente unos de los mondo que más se

acerca a un documental convencional. A pesar de estar incluido en el

enfangado terreno de los filmes de explotación “Africa Ama” es unos de los

mondo menos sensacionalistas y más creíbles de toda la historia del

género. De hecho parece que sólo una de las secuencias fue fabricada. El

filme aparenta poseer un cierto rigor científico y una cierta dosis de ética

periodística, evitando casi siempre caer en el morbo fácil a pesar del

potencial sensacionalista de los temas que trata. Incluso, siendo muy

benevolentes, se podría decir que se acerca al cine documental de carácter

antropológico. Sin embargo, este quedarse en tierra de nadie, el no

inclinarse de manera clara hacia una u otra parte, hizo de este estimable

filme uno de los mondo menos visto y que menos ha resistido el paso del

tiempo.
4. Hombres salvajes, cineastas salvajes.

En 1975 se rueda otro clásico del cine mondo. Colaborador habitual

de Jacopetti, Antonio Climati se lanza a la dirección ayudado por su colega

Mario Morra. Juntos crean la impresionante “Hombres salvajes, bestias

salvajes”. Muy lejos quedan ya los “tiernos” años 60. Climati, mucho menos

escrupuloso que su maestro Jacopetti, rueda uno de los más atroces,

deprimentes y brutales mondos de la historia del género. A pesar del salto

dentro de la historia del mondo el filme mantiene el espíritu de las películas

de los sesenta que él contribuyó a desarrollar. Los animales continúan

siendo los principales objetivos de la cámara. Hay gran variedad de escenas

de hombres cazando, torturando y, a través de los más variados rituales,

devorando cruda a gran parte de la fauna africana.

Pero la gran novedad de este filme no está en las imágenes, sino en

la forma en que se presentan esas imágenes. Hablamos de escritura

cinematográfica. Un recurso que hará furor en este tipo de filmes y en

posteriores programas de televisión será la utilización, constante, casi

obsesiva, de la cámara lenta. Climati la utiliza con profusión como método

infalible para detenerse y regodearse, con morbosa delectación, en las

imágenes más crueles e impactantes. Hasta ahora los filmes mondo se

dedicaban a abrir heridas para después suturarlas (o al menos

desinfectarlas) a través del humor o de escenas más o menos agradables.


Climati no sólo agrede visualmente al espectador sino que escarba en la

herida manipulándola con saña durante un buen rato.

El tema de la película es la caza, animal y humana. No apto para

ecologistas impresio nables, el filme, según sus propios creadores, es una

exploración de la interacción del hombre con la naturaleza y viceversa.

Igual siguen a unos cazadores furtivos durante una dura jornada de trabajo

persiguiendo especies protegidas, que nos muestran la famosa secuencia

donde un turista holandés es devorado ante las cámaras por un grupo de

leones mientras disfruta de un safari. Aunque dicha secuencia es

probablemente falsa su gran realismo y capacidad de impacto hizo que

diera la vuelta al mundo. Otra escena difícil de olvidar es aquélla en la que

se detalla el asalto de un grupo de mercenarios a una aldea en la India.

Este grupo de paramilitares torturan y dan muerte a sus habitantes, siendo

uno de ellos abierto por el estómago y obligado a comerse sus propios

intestinos, para acabar siendo decapitado. A pesar de que probablemente

esas escenas sean reconstrucciones basadas en hechos reales su poder de

impacto continúa intacto. El filme de Climati y Morra ostenta el dudoso

honor de haber sido la película elegida por el parlamento británico como

ejemplo para apoyar la tesis de la necesidad de tener un control censor

sobre el cine.
Este hito del cine mondo será el primero de una decepcionante

trilogía. Esta pareja tan bien avenida repetirá tres años después con

“Sabana violenta” (1978) y, en 1983 con “Mondo dulce y cruel”. La primera

de ellas, vendida como una segunda parte aún más atroz que “Hombres

salvajes, bestias salvajes”, es una repetitiva, tediosa y hasta ingenua

película que, como pasó con la secuela de “Mondo Cane”, parece un

compendio de descartes de otros filmes. Desaliñado, desequilibrado y

toscamente narrado, el filme se queda en un simple e impresionista

cuaderno de viajes visual sin nada interesante que ofrecer al espectador.

“Mondo dulce y cruel” cierra la trilogía. El filme, rodado en pleno

auge de la shock-movie yanqui, no tiene ningún pudor en usar escenas de

las dos anteriores películas como si fueran nuevas. En ocasiones incluso

cambian la información que dan sobre una escena ya vista en otro de sus

filmes sin molestarse en cambiar de imágenes. Lo que en una película era

un grupo de bailarinas perteneciente a una tribu llamada Lori, en otra las

mismas danzarinas son de la tribu de los... Mashoni.

5. Últimos arañazos.

En 1975, los Castiglioni en solitario volvieron a la carga con “Mondo

Magic”, película que, según se dijo, escandalizó al mismísimo John Waters.

También se comentó que dicho filme bordeaba el snuff. Después de la

contención y el consiguiente fracaso de “Africa Ama” las sutilezas se habían


acabado para estos dos hermanos. El filme es una excursión a través de las

más extrañas prácticas y los más insólitos rituales primitivos. Las más

sorprendentes y violentas ceremonias de remotas tribus africanas y los

ritos religiosos más brutales de la sociedad occidental se daban cita en esta

perturbadora cinta, plena de escenas de gran impacto.

Tres años después, estos angelicales hermanos volverían con “Addio

Ultimo Uomo” (1978). Mucho más explícito que la anterior, este importante

ejemplo de cine mondo destaca por su elevado contenido sexual, siendo

esto posible por las fechas en las que se rodó. La película contiene escenas

sexuales (cópulas entre nativos) y escenas sexualmente desagradables

(mujeres dilatando sus vaginas con rudos dildos). Como una reacción a su

anterior mondo, “Addio Ultimo Uomo” contiene muchas de las más

perturbadoras escenas nunca antes contempladas en celuloide. De entre

todas es preciso destacar una atroz secuencia que haría las delicias de las

feministas más radicales. En ella asistimos a la castración de un hombre

por parte de los miembros de su tribu como castigo por haber violado a una

mujer. Pura náusea. En su favor cabría decir que con esta película los

hermanos Castiglioni fueron los primeros en universalizar la brutalidad y el

salvajismo en el género mondo. Evitan el habitual discurso racista

equiparando actos violentos en distintas culturas y distintos mundos, ya

sea el primero o el tercero.


Durante esos años, finales de los setenta y principios de los ochenta,

el género mondo empezaba a dar sus últimos coletazos. Aparte del

bombazo que supuso ese falso mondo titulado “Holocausto Caníbal”, del

que más tarde hablaremos, el género mondo específicamente italiano

empezaba a dar signos de cansancio, malviviendo entre las sangrientas

aguas de la shock-movie.

Por una parte, seguían haciéndose mondos de temática sexual. De

1977 es “Mondo Erótico”, del especialista en estos menesteres Bruno

Mattei. Un instructivo recorrido a través de varios night clubs, acompañado

de todo un catálogo de perversiones, fetiches, y distintas especialidades

sexuales ofertadas en dichos locales. Un año más tarde, el apóstol del

blandiporno transalpino y artífice de las correrías de la negra Emmanuelle,

Joe D’Amato, dirigiría su prescindible segunda parte.

El mismo Mattei realizó en 1978 “Libidomania”, una de las cimas de

esta vertiente erótica del mondo. Todo un costroso catálogo sobre las

prácticas sexuales más extremas y enfermizas del ser humano. El filme

está chapuceramente disfrazado de estudio psicológico sobre las distintas

patologías sexuales que se dan en el hombre. Lindezas como: personas

acostumbradas a copular con estatuas en los cementerios, burbujeante

orina de mujer ofrecida como suculento caldo a su pareja, voyeurs

espiando a mujeres en el baño para luego recoger los restos de sus heces y

utilizarlas como crema capilar, necrófilos profanadores de tumbas... todo un


inventario de perversiones sexuales condimentadas con unos risibles

comentarios supuestamente científicos. Como es obvio, la mayoría de las

escenas son reconstrucciones, algo que en este caso, salvo por lo de la

necrofilia, no resta un ápice a su valor como aberrante sexploitation. En

1980 se haría una segunda parte, “Libidomania 2”, realizado por el

desconocido George Smith.

En cuanto al mondo más violento su canto del cisne lo dieron dos

películas muy diferentes entre sí. Por un lado “Shocking Africa”, realizada

en 1982 por los incombustibles Castiglioni, y “Dimensione Violenza” (1984)

del también reincidente Mario Morra.

Lo primero que destaca de la película de los Castiglioni es su título.

Como veremos cuando analicemos el fenómeno de las shock-movies, el

término mondo empieza a dar signos de cansancio y en su lugar se

empiezan a utilizar vocablos anglosajones como este significativo

“shocking”. Otro importante dato es que este filme fue escrito y

supervisado por Gugliemo Guariglia, en esos años director del Instituto de

Etnología de Milán. Su presencia se nota en muchas escenas. Secuencias de

un irresistible potencial sensacionalista no son exprimidas lo suficiente para

lo que es habitual en un filme mondo. Un ejemplo clarificador es la escena

final de la ablación de un clítoris. Esta terrible y difundida práctica es

tratada fuera de campo por los realizadores. Sólo asistimos a los


preparativos. Justo antes de comenzar la salvaje operación la voz del

narrador nos avisa, para decepción de los mondo-adictos, de que esas

escenas no serán filmadas ni por tanto exhibidas como forma de evitar caer

en el sensacionalismo. Por lo demás no deja de ser otro ejemplo más de

mondo-movie, un recorrido con ciertas pretensiones antropológicas por

tierras africanas. Lo cierto es que a pesar de sus aspiraciones ha sido

consumida como una película mondo más.

“Dimensione violenza”, también conocida como “Savage Zone”, es un

ejemplo perfecto para explicar la decadencia del género específicamente

italiano. El filme es una mezcla descolorida de los mondos centrados en

Africa, las shock-movies que se estaban realizando durante esos años

ochenta y ciertos apuntes de sexualidad desviada. Un batiburrillo de temas

e imágenes, algunas pertenecientes a otros filmes, que marca el ocaso del

género mondo propiamente dicho.

Coletazos sin sentido como “Nudo e Crudele” (Albert Thomas, 1984)

o la tercera y cuarta entrega de “Mondo Cane”, de 1986 y 1988

respectivamente, ya totalmente desligada de Jacopetti y Prosperi, son la

prueba evidente de que el género, tal y como se concebía, estaba muerto,

pero resucitado con su cara más terrible en forma de shockumentary.


V. EL NACIMIENTO DE LA SHOCK-MOVIE

1. Las caras de la muerte.

En 1979, la aparición de la polémica película “Faces of Death”

marcaría un antes y un después en el subgénero mondo. Hasta ese

momento nadie había llegado tan lejos en la exhibición de la muerte. La

película viene firmada por un tal Conan Le Cilaire y lleva ya cuatro secuelas

rodadas y dos más realizadas en Alemania. La cantidad de seudónimos que

forman el equipo técnico y artístico nos da una idea de su carácter

semiclandestino, como si de un filme porno se tratara.

Si la mayor parte de los filmes mondo de los años 60 y 70 venían

preferentemente de Italia, con esporádicas colaboraciones alemanas, la

serie “Faces of Death”, editada en España como “Rostros de muerte”, tiene

su origen en los Estados Unidos. A pesar de ello, las primeras partes de la

serie eran películas cuya explotación iba destinada al mercado japonés,

algo que no es de extrañar. Los nipones, muy aficionados a la violencia

cinematográfica, son grandes consumidores de este tipo de filmes. No hay

más que recordar que la mítica “Holocausto Caníbal” hacía furor ese mismo

año en el país del Sol Naciente, convirtiéndose en la película más taquillera

de la historia del cine en Japón hasta la llegada del “E.T.” de Spielberg. De

hecho, hay una serie de detalles que evidencian el destino final de la

producción. El más evidente son los desenfocados electrónicos que

censuran los genitales de, en este caso, los cadáveres que yacen en una
morgue. Método éste que continua hoy en día llevándose a cabo en toda

producción japonesa.

La película empieza de forma contundente, dejando claro qué es lo

que nos espera en las casi dos horas de metraje. La primera escena nos

traslada a una sala de operaciones donde vemos a unos cirujanos

trabajando. En primer plano vemos el corazón del enfermo latiendo en su

pecho abierto. Al contrario que en “Mondo Cane”, en esta película ya no

hay nada de metafórico en las imágenes que abren el filme. Es más, son un

aviso, una advertencia para los más desprevenidos sobre lo que a

continuación vamos a presenciar. Algo así como: si es esto lo primero que

vemos... ¡qué vendrá después!

Continuamos escuchando los latidos del corazón hasta que llega un

momento en el que dejan de oírse. Paro cardiaco. La muerte. La imagen

funde en rojo y, acompañado por una música estridente y macabra, como

si de una película de terror se tratara, salen los títulos de crédito. Éstos van

apareciendo de forma intercalada con imágenes que nos muestran, con

morboso detallismo, las habilidades del médico forense.

De repente uno de los forenses abandona la sala. Se dirige a la cámara

presentándose como el doctor Gross, un patólogo aficionado a los viajes

con apariencia de mad doctor. En realidad es un simple actor que interpreta

el papel de narrador/presentador. Con una voz grave y poderosa, nos


explica su obsesión como científico por la muerte. Nos cuenta lo mucho que

ha aprendido en sus viajes y lo que ahora se dispone a enseñarnos. Su

discurso es muy enfático. Como un feriante ante su cámara de los horrores

reta al espectador a realizar con él este viaje a través de la muerte.

Después de una sonrojante dramatización de una pesadilla del doctor,

comienza el viaje acompañado por una música, cómo no, de ecos fúnebres.

El recorrido empieza en plan suave, turístico. A través de una cámara

subjetiva (se acabó la poca objetividad que quedaba en los mondo) vemos

las impresionantes momias de Guanajuato. El director continúa utilizando

recursos básicos del cine de terror. En este caso la ya comentada cámara

subjetiva a ras de suelo y el uso de una lente deformante, de ojo de pez,

como forma de acentuar el carácter macabro de las imágenes.

La película continúa de forma convencional, acercándose al terreno

del mondo más clásico. Ahora son los animales las víctimas. Corridas de

toros y peleas de perros en Méjico, jíbaros cazando monos en el Amazonas,

escenas de caza entre animales... todo acompañado por una música lo

suficientemente cómica como para distanciar al espectador de las

desagradables imágenes que está presenciando. Ahora el viaje nos lleva a

África. Allí contemplamos una serie de cacerías y ceremonias extrañas a los

ojos del espectador occidental. Lógicamente, lejos de explicarte en qué

consisten, se quedan en el detalle sensacionalista. Volvemos a occidente y

a sus mataderos. En una granja asistimos a la decapitación de un gallo y


cómo éste da saltos sin cabeza durante unos minutos antes de morir. Los

espasmos del animal están amenizados por entrañables canciones de

carácter festivo y popular. De vuelta al matadero asistimos, con todo lujo

de detalles, al proceso por el cual se sacrifican los animales. El comentario

del doctor nos tranquiliza asegurando que él es vegetariano. Matanza de

focas, cacerías furtivas, extrañas costumbres culinarias... toda una sucesión

de las tópicas escenas mondo mil veces vistas.

Hay que decir que la película está repleta de escenas tan impactantes

como falsas. En una de esas escenas reconstruidas asistimos a un extraño

banquete en un país árabe cuyo menú consiste en cerebro fresco de mono.

Pero para disfrutar de tan suculento manjar antes hay que matar al mono.

Cuatro comensales occidentales, provistos de una maza cada uno,

machacan la cabeza del pobre mono que se encuentra aprisionado en el

centro de la mesa. Una vez muerto, se abre con cuidado el cráneo del

primate y se sacan los sesos listos para degustar. En otra escena, también

falsa, asistimos, supuestamente en directo y por casualidad, a la cacería de

un caimán que está perturbando la tranquilidad de un pequeño pueblo

australiano. El cazador es sorprendido por el animal cayendo al agua y

siendo inmediatamente atacado por éste. La conmoción es total. Al final

acaban sacando al desafortunado cazador herido y con varios miembros

amputados. La reacción poco natural del cámara, grabando desde

demasiados ángulos, nos da la pista para considerarla una no muy


conseguida reconstrucción. Una tercera escena, la entrevista a un asesino a

sueldo, también levanta bastantes sospechas sobre su credibilidad.

Poco a poco, mientras avanzamos en nuestro viaje por las caras de la

muerte, vamos entrando en el terreno de la shock-movie. Empiezan las

inconfundibles escenas de acciones llevadas a cabo por la policía. La trágica

y contundente intervención en un secuestro o la detención de un par de

asesinos toxicómanos son dos buenos ejemplos de este tipo de escenas tan

frecuentes ahora mismo en cualquier programa de noticias en los Estados

Unidos.

Por fin llegamos a la morgue, uno de los sitios preferidos por lo s

realizadores de shock-movies. En este apacible lugar asistimos a una de las

secuencias más fuertes y perturbadoras de la película. Estamos en un

depósito de cadáveres adonde van todos los que han fallecido de forma

violenta. Presenciamos estupefactos una siniestra fila de cadáveres en un

estado a cuál más lamentable. Víctimas de accidentes, asesinados, suicidas,

quemados... todo ello exhibido a través de unos nauseabundos primerísmos

planos capaces de dejarnos con el estómago del revés. Asistimos, sin

ahorro en detalles, a las autopsias que les están siendo practicadas. Toda

una orgía de jugosas y humeantes vísceras, cráneos abiertos dejando

asomar la masa cerebral, rostros despellejados como si de una careta se

tratara, cuerpos destrozados con un acusado rigor mortis... en fin, gore

verité puro y (muy) duro. Para destrozar aún más el maltratado ánimo del
espectador la música que acompaña dichas imágenes está compuesta por

una sombría melodía de piano, cuyo efecto junto a las imágenes es

realmente escalofriante.

Una vez cogida carrerilla nos acercamos al no por frecuentado menos

atroz mundo de las ejecuciones. Cámara de gas, silla eléctrica

(posiblemente las dos son meras reconstrucciones), decapitaciones

mostradas a cámara lenta, cadáveres de comunistas guillotinados en la

guerra de Indochina, y fusilamientos, también usando la cámara lenta, en

la guerra civil de Liberia.

Por fin el director nos da un respiro. Nos obsequia con una recreación

absurda y casposa de una misa negra, sacrificio humano incluido. La

reconstrucción es tan penosa que sólo mueve a la hilaridad. La posterior

orgía, mezcla de erotismo salvaje y canibalismo desbocado, es la única

concesión al sexo en toda la película. De nuevo, la influencia de los

asesinatos de la tristemente célebre familia Manson son palpables en esta

divertida, por ridícula, escena.

La película continúa con temas suaves que nos hacen esperar lo

peor. Se dan varios apuntes (pseudo)ecológicos sobre el uso de la piel de

los animales en la industria textil o los experimentos científicos con

primates. Una vana excusa para otra ración de desagradables escenas a

costa de los pobres animales.


Entramos en el tema de la religión y su relación con la muerte. Con

dicho pretexto asistimos a unas durísimas imágenes sobre las víctimas del

fanatismo religioso en el Irán de Jomeini, incluida una visita a sus

mugrientos depósitos de cadáveres, toda una bajada a los infiernos de la

sordidez. También salen escenas del eterno conflicto entre palestinos e

israelíes. En concreto de un brutal atentado terrorista y sus dolorosas

consecuencias. Uno a uno van pasando ante la cámara los restos de las

víctimas del salvaje atentado. Lo poco que queda de ellos nos es mostrado

sin pudor alguno.

Después de encajar tanto golpe bajo, lo siguiente nos deja un poco fríos. La

vuelta a las cuestiones culinarias, al maltrato de animales o a la cacería

indiscriminada de especies protegidas, como las ballenas, resulta

demasiado repetitivo y huele mucho a relleno.

Por fin llegamos al final. Para acabar este ilustrativo viaje el director

nos obsequia con dos jugosas secuencias más. Es lo que nos faltaba para

acabar de vaciar nuestro maltratado estómago o insensibilizar

definitivamente nuestras retinas. Empezamos con un didáctico y repulsivo

catálogo de enfermedades mortales. El punto de partida es la lepra, “la

enfermedad de los muertos vivientes”, y sus devastadores efectos, y

acabamos con el cáncer, asistiendo a una operación donde presenciamos la

extirpación de un paquete intestinal totalmente devorado por el cáncer. La

visión de esa larga masa de víscera ennegrecida es una llamada al vómito


más violento. Aún recuperándonos de la repugnante imagen anterior

pasamos a las últimas escenas de la película, compuestas por una buena

ración de suicidios, accidentes y catástrofes aéreas. El espectador asiste

perplejo a todo un desfile de miembros amputados, cráneos destrozados y

restos sanguinolentos desperdigados como consecuencia de terribles

accidentes aéreos y de tráfico.

Se acabó. El bueno del doctor Gross se despide hasta la próxima

entrega de F.O.D., siglas con las se suele identificar la serie entre los

aficionados. Siglas que confundieron a “El Periódico de Catalunya”

calificándolas como las de una “misteriosa sociedad que distribuye cintas de

muertes reales”. Noticia recogida por un desinformado Román Gubern en

su magnífico libro “La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas”.

2. Características de la shock-movie.

a) Definición.

Una shock-movie es un viaje documental a través de la muerte. Desde

la ya comentada “Faces of Death”, que pretende ser una investigación seria

sobre la muerte cuando en realidad sólo es un simple freak-show

exploitation que mezcla atrocidades reales con otras fabricadas, se fue

pasando, poco a poco, a una abierta y sincera explotación de la violencia

sin ningún tipo de moralina o disfraz intelectual. A diferencia del


documental mondo, el shockumentary se centra única y exclusivamente en

la violencia y la muerte. La generalización del porno hardcore tuvo como

consecuencia la definitiva escisión entre violencia y sexo en la

cinematografía mondo.

En esencia un shockumentary no se diferencia mucho de un filme mondo.

Al igual que los filmes de los 60 y 70, las shock-movies se componen de

una mezcla de escenas reales con otras falsas fabricadas por los propios

realizadores. Las primeras suelen ser de origen televisivo. Desastres y

accidentes de todo tipo, atentados terroristas, suicidios en directo,

autopsias... todo lo que captan los telediarios y que, por norma general, no

solemos ver en su totalidad. Las escenas reconstruidas, cada vez menos

numerosas, suelen ser normalmente ejecuciones o rituales satánicos.

b) Adiós, Italia.

El cambio de nacionalidad, de Italia a Estados Unidos (en sintonía con

Japón y a veces Alemania), trajo consigo el desgaste del término italiano

mondo. A pesar de lo exitoso del vocablo décadas atrás, empezó a

utilizarse más frecuentemente la denominación anglosajona shock-movies o

shockumentary. En la actualidad se suelen asociar dichos términos con

documentales televisivos, de corte urbano, muy en la línea de un reality

show: redadas, persecuciones y detenciones llevadas a cabo por la policía,

accidentes de todo tipo, suicidios en directo... El término mondo ha


quedado como algo más relacionado con el exotismo, con lo bizarro, con la

cultura basura. No en vano la biblia en castellano sobre la trash culture, el

imprescindible “Mondo Bulldog” de Jordi Costa, acoge de forma significativa

dicho término, así como el popular fanzine madrileño, “Mondo Bruto”,

manual de referencia para los interesados en la actualidad bizarra más

popera.

c) Mondo doméstico.

Otro cambio significativo se produjo en cuanto al rodaje y a la posterior

difusión de las películas. A pesar de que la primera parte de “Faces of

Death” se estrenó en salas de cine, siendo un rotundo fracaso en todas

partes menos en Japón, las posteriores shock-movies se beneficiaron de la

aparición del vídeo como formato y como mercado de explotación. En

realidad, salvo en Japón, el fenómeno de la shock-movie es carne de

(oscuro) videoclub. Dado el desgaste del género, provocado por el

incremento de los televisivos reality shows, los shockumentaries se

benefician del auge del mercado videográfico para dar salida a unos

productos que de otra manera tendrían muchísima menos repercusión.

Como también pasó con el cine pornográfico, género al que le unen no

pocas similitudes, su destino final sería el mercado del vídeo. Un destino

inevitable y pleno de sentido. La generalización del vídeo como formato no


sólo de exhibición sino de grabación permitía reducir costes de forma

considerable.

Una consecuencia de la reestructuración del mercado, al igual que pasó

con el porno, es la pérdida de calidad, tanto artística como técnica, en las

películas mondo. Ahora ya no hay apenas coartadas intelectuales, morales

o artísticas. Estas nuevas películas son simples colecciones de atrocidades

sin ningún tipo de aspiración más que la de satisfacer los bajos instintos del

espectador a través de escenas cada vez más impactantes y violentas.

d) Clandestinidad.

Otra consecuencia es la valoración social y artística de estos

documentales. Todo el prestigio que pudieran tener cintas míticas como las

de Jacopetti, ha sido dilapidado a lo largo de los años y de muchos vídeos.

Ahora mismo el mondo o la shock-movie sobreviven en las cloacas de la

industria junto a todo tipo de tumores videográficos. Subgéneros de la

calaña del ultragore alemán, con el pretencioso auteur Jorg Buttgereit y su

saga “Necromantik” como hitos fundamentales; el snuff falso, películas de

look casero donde se simula de forma hiperrealista lo que sería una

grabación snuff, teniendo a la buscadísima serie nipona “Guinea Pig” como

hito fundamental (tan real que confundió a un enfarlopado Charlie Sheen,

denunciándola como una snuff real); o el porno bizarre, películas


sadomasoquistas de extrema dureza, plagadas de horripilantes escenas de

tortura consentida y disfrutada por los “actores” de la cinta.

e) Snuff.

Si en el filme mondo el gran tabú, la gran obsesión de los cineastas, era

el canibalismo, en el shockumentary su lugar lo ocupará el mito urbano del

snuff. De hecho, sagas como “Faces of Death” (sobre todo en sus últimas y

brutales entregas) y “Traces of Death” (Brain Damage, 1993) pueden

considerarse como lo más cercano a un filme snuff dentro de los límites

legales establecidos.

f) Narrador.

Una importante diferencia entre el cine mondo de los años 60 y 70 y la

shock-movie de los 80 y 90 se refiere a la utilización del comentario. En el

mondo los comentarios del narrador, a veces sarcásticos, a veces graves, la

mayoría desinformativos y poco rigurosos, daban coherencia interna a todo

el deslavazado conjunto. Su discurso, a pesar de todo, tenía ciertas

pretensiones de objetividad. En las shock-movies el comentario, de

marcado carácter irónico cuando no abiertamente humorístico, es uno de

los elementos que más distingue a estas películas. Éste actúa como un

efecto balsámico en el espectador, como píldora digestiva para asimilar tan

perturbadora colección de imágenes.


Desde que en “Faces of Death” apareciera como narrador un falso

científico, el “simpático” Dr. Gross, proliferarán todo tipo de actores

encarnando a supuestos expertos en medicina forense, siniestros patólogos

con pinta de científico loco. A partir sobre todo de los años 90, estos

doctores se caracterizarán por su absoluta falta de humanidad. Sus

sarcásticos comentarios, aderezados con una música cómico-festiva y unos

efectos sonoros onomatopéyicos, se contraponen de forma frívola y burlona

a las brutales imágenes que el espectador está presenciando. Se da una

explícita burla de la desgracia ajena, de las víctimas de accidentes,

suicidios, atentados terroristas... De hecho, la burla a costa de las víctimas

de un accidente ocurrido a una orquesta tras el derrumbe del escenario

donde actuaban, recogida en “Faces of Death IV” (1990), le trajo serios

problemas con las autoridades al director Conan Le Cilaire, siendo la

película prohibida en diversos países europeos.

g) Música.

Es el otro elemento distanciador. De la banda sonora se van eliminando

poco a poco las melancólicas baladas que contrapunteaban las películas

mondo y se van decantando por el uso de la música como potenciador de

las imágenes proyectadas o como forma de crear distancia por medio de un

tono burlesco y festivo. Mucho más adelante se incorporarán a la banda de


sonido grupos de death metal como ajustado acompañamiento de la

shock-movie más cañera.

3. Mondo años 80.

Los años 80 son momentos de decadencia para el documental de

explotación. La gente ya no se sorprende tanto al ver escenas violentas o

extrañas. La televisión, y su capacidad cada vez mayor de registrar todo lo

que ocurre en el mundo, somete al espectador a un constante bombardeo

de imágenes, muchas de ellas de contenido violento, que terminan por

insensibilizarlo o al menos por rebajar su capacidad de asombro con

respecto al espectador de los años 60. El éxito de los reality shows, el auge

de las cámaras de vídeo caseras (y los correspondientes programas que se

encargan de difundir dichas grabaciones), los noticiarios plagados de

escenas violentas, acabaron con la rentabilidad de las películas mondo en

las salas comerciales. Sólo quedaban dos caminos para salir del bache:

ofrecer lo que la televisión no podía emitir y adaptarse al formato

videográfico como medio de explotación.

Un ejemplo paradigmático de este cambio es el fracaso, salvo en Japón,

donde continúan estrenándose filmes de estas características en salas de

cine, de la mítica “Faces of Death”. Pasados unos meses la vida comercial

de la película resucitó a raíz de ser lanzada en vídeo. Su éxito en los


circuitos de aficionados al cine de terror más gore y extremo fue enorme.

Este fenómeno fue rápidamente aprovechado, al igual que pasó a raíz del

éxito de “Mondo Cane”, por muchos atentos productores dispuestos a

abarrotar las secciones de terror de los videoclubes con cintas de cada vez

mayor realismo y contundencia.

Mientras este cambio se estaba produciendo, todavía a principios de los

ochenta hay varios títulos que vale la pena reseñar. Por un lado está la

producción germano-hongkongesa “Shocking Asia”, realizada en 1980 por

Emerson Fox, seudónimo del zetoso todoterreno Rolf Olsen. Al igual que

pasaba con “Shocking Africa”, el vocablo anglosajón se empieza a imponer

como efectivo reclamo para captar espectadores. La película es un mondo

cuyo aspecto más destacado se refiere al comentario, esta vez repartido

entre dos narradores. El tono burlesco del que hacen gala, sobre todo uno

de ellos, es uno de los rasgos que caracterizarán a muchas de las futuras

shock-movies. Por lo demás, la película es una colección de souvenirs

asiáticos, donde el erotismo más bizarro y enfermizo tiene un papel

destacado. Operaciones de cambio de sexo, bestiales piercings genitales,

usos alternativos de la vagina... acompañados por otras escenas como el

apacible vaivén de restos humanos navegando por el Ganges o la exhibición

de horripilantes freaks, “fenómenos de la naturaleza” pertenecientes a una

clínica de China. La película tuvo una continuación en 1985, “Shocking Asia


2”, dirigida por el mismo Olsen, que carece de la capacidad de shock del

primer título. Incluso existe una tercera parte que nada tiene que ver con

las dos primeras. Fue realizada en 1995 por Kentaro Uchida, director de

Hong Kong siempre inmerso en producciones relacionadas de una u otra

manera con los documentales violentos. Dicho director también es el

creador de la producción japonesa “The Shocks”, fechada a finales de los

80. La cinta es un shockumentary brutal y excesivo, un recorrido por la

muerte sólo apto para estómagos muy curtidos o para japoneses. La

película incluye escenas de todo tipo, a cuál más salvaje, y la mayoría

totalmente reales. Dado su incierto origen, es uno de los mondo más

buscados y más difíciles de encontrar.

Japón se convirtió en estos difíciles años en la tabla de salvación para

muchas películas de este género maldito. Se dice incluso que la primera

parte de “Faces of Death” superó en espectadores a la mítica “Star Wars”.

La gran aceptación de este tipo de productos hizo posible la brutal secuela

de “Faces of Death”, conocida en Japón con el nombre de “Junk”. Fue de

nuevo dirigida por Le Cilaire en 1981. La diferencia más importante

respecto a la primera es que todo lo que aparece es cierto, es real. Por eso

es una de las favoritas de los mondoadictos, que la prefieren a la primera,

con demasiadas escenas reconstruidas. Es necesario aclarar que la mayoría

de las copias que circulan en la actualidad son una mezcla de las dos
partes, una selección con las imágenes más impactantes de las dos cintas.

Es por ello que muchas escenas descritas a propósito de “Faces of Death”,

según las fuentes consultadas, pueden pertenecer a la segunda parte. De

hecho las autopsias a víctimas del cáncer, los fusilamientos en Liberia, el

atentado en Palestina o las escenas con víctimas de la guillotina

seguramente pertenecen a esta segunda parte.

Durante esos años siguieron produciéndose secuelas de las dos joyas de

la corona mondo: “Faces of Death” y la resucitada, sin Jacopetti de por

medio, “Mondo Cane”. En 1985 llegaba la tercera parte de F.O.D. Otra vez

Le Cilaire estaba detrás de esta nueva secuela, posiblemente la más

anoréxica de todas. Plagado de reconstrucciones, el filme destaca por su

obsesiva referencia al snuff, leyenda urbana que alimentará las fantasías de

todos los goreadictos de los años ochenta y noventa y auténtica obsesión

para muchos realizadores mondo. Tras este decepcionante trabajo habría

que esperar cinco años para que Le Cilaire tuviera suficiente material para

perpetrar la, está vez sí, brutal cuarta parte.

Por otro lado está la resurrección de la saga “Mondo Cane”. Ésta vino de

la mano del italiano Max Steel, seudónimo anglosajón (los tiempos habían

cambiado) de Stelvio Massi. “Mondo Cane 3”, realizada en 1986, es

también conocida por su título original “Mondo Cane Oggi: L’Orrore

Continua”. La película empieza con una secuencia donde pelean unos


perros mientras salen los títulos de crédito, claro homenaje a la primigenia

“Mondo Cane”. Al igual que sus predecesoras el filme de Massi es un

compendio de imágenes que mezcla momentos divertidos y eróticos, como

la secuencia en una colonia nudista, con otros ciertamente repugnantes, las

escenas de explícitas autopsias a camellos que transportaban heroína en su

interior y que han muerto a causa de la rotura del recipiente donde la

llevaban. De todas formas, esta tercera parte no ofrece nada nuevo ni

realmente impactante.

Dos años después, en 1988, Gabrielle Crisanti presenta “Mondo Cane

2000: L’Incredibile”, más conocida como “Mondo Cane 4”. La hasta el

momento última secuela de la serie comienza con una bucólica escena

sobre la vida de las culturas primitivas para acto seguido enseñarnos la

peor cara de una gran ciudad. Sobre este prodigio de metáfora se

construye todo el filme, con imágenes muy parecidas a las exhibidas por su

predecesora. Las operaciones quirúrgicas o las autopsias relacionadas con

el trafico de drogas son de nuevo las escenas más recurrentes e

impactantes.

El último filme reseñable de la década lleva el revelador título de “True

Gore” (1987), realizada directamente para el mercado videográfico por M.

Dixon Causey. A pesar de aparecer el teórico del movimiento industrio -

cultural Monte Gazazza como asesor del episodio dedicado al arte de


vanguardia, la película no deja de ser por ello un shockumentary en toda

regla. Dividida en cuatro partes, la primera de ellas está dedicada a la

muerte. Para ilustrar este primer tema el director se sirve de películas de

educación médica que, sacadas de su contexto original, doblan su poder de

impacto. En ellas vemos, por ejemplo, a un instructor desvelándonos los

secretos de la putrefacción humana. Con clínico detallismo asistimos a una

clase magistral sobre las distintas fases de la descomposición de un

cadáver. Entre los cuerpos mostrados tenemos el privilegio de contemplar

el de una mujer encontrada muerta en su apartamento y devorada

parcialmente por sus mascotas, o el de otra mujer encontrada con el

cráneo como un queso gruyère excavado por las ratas.

En la segunda parte, la tortura y los ritos que implican violencia física

son los temas más destacados. Presenciamos todo un compendio de

brutales imágenes donde se incluyen rituales satánicos, torturas a

prisioneros o experimentación con animales.

La relación entre el arte y la muerte es el motivo central de la tercera

parte. Aquí la presencia de Cazazza es destacada, siendo sus extremas

performances parte fundamental de este episodio.

El filme concluye con el capítulo titulado “El triunfo de la ciencia”, que

incluye escenas documentales sobre el holocausto judío, los efectos de la

bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki o escenas del clásico documental

nazi “El triunfo de la voluntad”, de la gran realizadora germana Leni


Riefenstahl. Desde nuestro cómodo sofá viajamos por la cara más fea del

siglo XX, con todos sus horrores y los avances científicos que han

contribuido a ellos.

La película acaba con varias escenas en un cementerio. A pesar de

que pueda parecer un filme alejado de la típica exploit movie, no es así. El

filme no deja de ser un F.O.D. maquillado de forma tan pretenciosa como

hipócrita.

VI. LOS 90, AÑOS DE SANGRE Y VÍSCERAS.

Los noventa son la década del asentamiento de la shock-movie en el

mercado videográfico. Las películas compiten en una sangrienta carrera

para ver quién es más salvaje, quien es capaz de ofrecer las imágenes más

violentas y brutales. Son películas consumidas de forma especial por

adolescentes adictos al cine más oscuro y extremo. Filmes analizados en

mugrientos fanzines, consumidos en chapuceras copias de vídeo y muchas

veces conseguidos a través del contacto directo con las propias

productoras. En muchos países estas cintas son ilegales por lo que se

mueven en la clandestinidad, distribuyendo el material a través el correo o

por Internet.

El vocablo “death” en el título de un shockumentary empezó a tener

la misma consideración que tenía en los sesenta y setenta la palabra

mondo. La referencia esta clara: “Faces of Death”. Multitud de títulos


aprovecharon el éxito de la serie para crear infinidad de viajes por la

muerte. Aparte de las exitosas sagas “Death Scenes” y “Traces of Death”,

los años noventa se alimentan de clones más o menos afortunados como

“World of Death” (199?), “Images of Death” (1990) o “Death Faces”

(1992).

1. Escenas de muerte.

La década se puede considerar abierta un año antes con “Death

Scenes” (1989), de Nick Bougas. El documental se diferencia de la shock-

movie al uso por estar casi totalmente constituido por instantáneas

pertenecientes a una colección de fotos tomadas por un oficial de la policía

de Los Ángeles durante veinte años de servicio, concretamente entre 1920

y 1940. El antiguo fotógrafo criminalista y fundador de la Iglesia de Satán

en San Francisco, Anton Szandor LaVey, nos explica todas y cada una de

las fotografías que van apareciendo. A pesar de estar en blanco y negro

mantienen su poder de fascinación por el rostro sin vida, sea éste morboso

o simplemente estético. Imágenes captadas in situ, cuyos protagonistas

son víctimas de suicidios, de asesinatos de todo tipo, de horribles

accidentes o muertos en extrañas circunstancias. Todo lo que un fotógrafo

de la policía de una ciudad como Los Ángeles puede captar en veinte años

de trabajo. La fragilidad de la vida, lo vulnerable de la carne, de la forma


humana, quedan impresionadas en estas subyugantes a la vez que

perturbadoras instantáneas. ¿Catálogo de atrocidades con fines

exhibicionistas o reflexión sobre el misterio de la muerte?

“Death Scenes 2” (1992) y “Death Scenes 3” (1993) se acercan

mucho más al shockumentary que su predecesora. Aquí ya no son

fotografías como en la primera parte (aunque ésta también incluía varios

clips, algo que desvirtuaba el conjunto), sino el tradicional viaje por la

muerte. Las películas mantienen una unidad cronológica que se agradece.

El recorrido de la segunda parte empieza con imágenes de las atrocidades

perpetradas durante la Segunda Guerra Mundial y termina en nuestros

días, con las imágenes del famoso suicidio en directo de R. Budd Dwyer.

Entre medias imágenes de la Guerra de Corea, los asesinatos de Kennedy y

Oswald, la Guerra de Vietnam... Pero el punto fuerte de la cinta es la

inclusión de escenas sobre cadáveres célebres. Destacan las imágenes

nunca antes vistas de las víctimas de la familia Manson: Sharon Tate, Jay

Sebring, los hermanos LaBianca... sus cuerpos mutilados nos recuerdan la

carnicería que conmocionó Hollywood en los años 60. Siguiendo con las

celebridades hay que destacar las imágenes de la muerte del actor Vic

Morrow, además de dos niños, fallecidos en pleno rodaje de la producción

de Spielberg, “En los limites de la realidad” (John Landis, 1982). Su

decapitación es mostrada con morbosa delectación. Otro aspecto curioso es

la inclusión de escenas pertenecientes a documentales de educación vial


para adolescentes. “Signal 30” es la cinta elegida por sus tremendas

imágenes destinadas a causar en los teenagers un efecto de terapia de

choque, nunca mejor dicho. Estos ejemplos de reutilización de escenas

sacadas de contexto, fenómeno muy común en el shockumentary, se

explicarán con más detenimiento en los próximos capítulos.

2. La peor cara de la muerte.

En 1990 vuelve Conan Le Cilaire a enseñarnos su nuevo repertorio de

rostros de la muerte. “Faces of Death IV” acusa una gran influencia

japonesa. Los títulos de crédito están plagados de nombres nipones, lo que

evidencia lo rentable que resultan estos productos en el país del manga.

El filme empieza con una imagen que muestra de manera explícita la

cremación de un cuerpo. Un tal Dr. Louis Flellis nos informa de que el

cuerpo incinerado es el del Dr. Gross, narrador de las tres primeras partes

de F.O.D. El nuevo cirujano se define como discípulo y sucesor del difunto

patólogo, igual de obsesionado por la muerte y sus misterios. Este cambio

es significativo. El nuevo narrador tiene más acentuado el sentido del

humor, muy negro y macabro, ideal para la burla a costa de las desgracias

ajenas.

El filme es un shockumentary en toda regla, una mezcla, más

equilibrada de lo usual, entre escenas falsas colocadas como reales y


escenas recogidas directamente de la realidad. Este recomendable menú

para todo buen degustador de mondos incluye: la tortura y asesinato de

una enfermera por los internos de una clínica mental, imágenes de víctimas

de terribles accidentes agonizando delante de la cámara, gente electrificada

por cables de alta tensión, suicidios, víctimas de sangrientos asesinatos,

accidentes de avión y un largo y cruento etcétera. Hay que destacar dos

secuencias realmente impactantes. La primera nos muestra a un hombre

horriblemente mutilado, víctima de su propio artefacto explosivo detonado

accidentalmente, agonizando en plena calle ante la mirada de multitud de

curiosos. La segunda es la ya mencionada grabación de un trágico

accidente ocurrido al derrumbarse la tarima donde tocaba una orquesta. La

considerable altura a la que se encontraba provocó un gran número de

muertos y heridos cuyos restos eran transportados delante de la cámara.

Dichas imágenes fueron emitidas por televisión reservándose las escenas

más fuertes por respeto a los damnificados o simplemente porque no les

dejaron exhibirlas. La película aprovecha para incluir las horripilantes

escenas cortadas donde se ve la auténtica carnicería que supuso el

accidente. Debido al tono bufo con el que se trataban estas imágenes las

autoridades alemanas acusaron a la película de glorificar la violencia siendo

prohibida en todo el país. Las imágenes de este accidente se aprovecharon

para componer una canción que se convertiría en el tema principal de la


saga “Faces of Death” y que viene reproducida en el libro de referencia

“Killing for Culture”. Su pegadizo estribillo dice así:

“I believe in children (death) / Creo en los niños (muerte)

I believe in life (death )/ Creo en la vida (muerte)

But I’d have to be deaf, dumb and blind / Pero habría que ser sordo, mudo

y ciego

Not to see the strife./ para no ver el conflicto,

Chorus: Face of death, face of death / Rostros de muerte, rostros de

muerte,

Faces of death all around me” / rostros de muerte a mi alrededor

Como ya vimos a propósito de “Faces of Death 3”, la referencia al

snuff es continua. No sólo por las escenas (falsas) donde asistimos a

rituales satánicos donde se descuartiza y asesina a las víctimas, sino sobre

todo por la sensación, cada vez más acusada, de estar presenciando un

snuff legal. En Estados Unidos existen redes de contactos dedicadas al

trapicheo de grabaciones caseras de muertes reales. La pregunta que

muchos se hacen es: ¿quién asegura que esa muerte grabada

“accidentalmente” no ha sido en realidad preparada con fines comerciales?

“Faces of Death 5” (1992) y “Faces of Death 6” (1995), últimas

secuelas hasta ahora de tan rentable saga, no hacen más que confirmar
esta tendencia. Cada vez más desligadas de Conan Le Cilaire, a pesar de

que las firme, estas dos nuevas entregas apenas aportan novedades.

Además de aumentar el look casero de las escenas, las dos películas son

meras compilaciones de imágenes, sin un hilo narrativo coherente,

caracterizadas por su salvajismo y por ser recicladas de otras películas. Hay

que señalar que la producción es de origen germánico, curiosamente el país

donde con más ímpetu se prohibió la cuarta entrega. Los alemanes son

junto a los japoneses y, en menor medida, los estadounidenses, los más

glotones consumidores de tan sangrientos platos.

En 1999 apareció “Faces of Death: fact or fiction?”. En esta cinta

Conan Le Cilaire descubre los secretos de la mítica saga, desmenuzando

sus escenas más famosas. Toda una joya para coleccionistas, amantes del

mondo y freaks en general.

3. “Rastros de muerte”

Auténtica película de referencia en la shock-movie de los noventa.

Fue realizada en 1993 por un director escondido bajo un seudónimo tan

significativo como Brain Damage. Este “lesión cerebral” también hace las

veces de presentador bajo un satánico disfraz. La importancia de esta

película para el futuro del mondo radica en varios aspectos. Es una


producción absolutamente casera, doméstica, hasta tal punto que se puede

haber creado a partir de la utilización de dos aparatos de vídeo, uno para

reproducir y el otro para grabar. Así de modesta es esta producción. Para

conseguir el material de la película los que están detrás de ese “lesión

cerebral” pusieron un anuncio en la revista de cine “Variety” solicitando

imágenes chocantes e impactantes. Pagaban por grabaciones de

accidentes, muertes en directo, torturas, imágenes de conflictos bélicos,

autopsias... en fin, todo el repertorio básico que debe llevar un buen

shockumentary. Con las imágenes que recibieron, más las que sacaron de

la televisión o de otras películas mondo, crearon este primer “rastro de

muerte”. Dado lo chapucero de la producción es fácil comprobar el origen

de muchas de sus imágenes. Un buen número de ellas están grabadas

directamente de la emisión televisiva, como lo demuestra una sospechosa

banda negra colocada en la parte inferior del plano tapando el logotipo de

la cadena de televisión. Esto da una idea de las características de dicha

película.

A poco que circularan dichas cintas el éxito estaba asegurado. No

parecía difícil amortizar una inversión tan pequeña. Además, sabían muy

bien a qué público dirigirse. Esa es precisamente otra de las características

que hacen singular esta película. “Traces of Death” esta hecha por y para

adolescentes. Toda una legión de freaks deformados por el acné,

goreadictos en busca de la imagen impactante, satánicos adoradores de


Manson y amantes del cine extremo estaban a la espera de un producto

así. Se acabaron las coartadas, la película estaba dirigida, como reza un

aviso al principio de la cinta, a “entusiastas de la muerte real”. “Traces of

Death” nacía de forma modesta pero con pretensiones de suceder a “Faces

of Death” en el trono de las shock-movies.

Las impactantes imágenes de esta saga están acompañadas por una

banda sonora repleta de death metal. Grupos como Unleashed, Morgoth,

Core, Meshuggah, Repulsión, Gorefest, Macabre o Brutality acarician los

oídos de los adolescentes mientras ven, por ejemplo, como un tipo se vuela

la tapa de los sesos. La tercera parte de la serie, subtitulada “Dead and

Buried”, incluye unas palabras del propio Manson pertenecientes a un

concierto de Judas Priest.

Otra novedad que introducen estos avispados adolescentes es hacer

de estas películas una religión, conseguir un buen número de seguidores y

aprovechar su fidelidad para vender un modesto stock de merchandising.

Desde “Traces of Death 2” (1994) se incluye al final de la película una nota

informando del catálogo T.O.D., donde poder adquirir todo tipo de

productos relacionados con “tus películas favoritas”. En estos momentos

también ofertan sus productos, incluidas las películas, en su página web:

www.deadalive.com, nombre que recibe la productora y distribuidora de la

serie, también dedicada al cine de ficción con legañosas cintas adscritas al


género de terror más gore y casposo. También, como práctica curiosidad,

distribuye el recomendable y polémico documental “Executions” (1995).

En cuanto a las películas en sí no hay demasiado que contar. Lo más

reseñable es la intención, casi obsesión, de que todo lo que aparezca en la

película sea real, nada de reconstrucciones tipo “Faces of Death”. De hecho

la película se jacta de ser el “primer shockumentary verdadero”. Está todo

lo que puede esperar un aficionado a este tipo de películas: autopsias,

operaciones de cambio de sexo, desagradables extirpaciones de tumores

cancerígenos, accidentes... Es una mezcla de imágenes pirateadas de los

telediarios y escenas de archivos médicos convenientemente sacadas de

contexto. El comentario viene a cargo de un tal Damon Fox (seguramente

el mismo que se esconde tras Brain Damage), que destaca por llevar

bastante lejos la ironía, el humor macabro y la broma pesada.

“Traces of Death 2” (Brain Damage, 1994) está repleta de las más

impactantes escenas reutilizadas de clásicos del mondo italiano como

“Addio Ultimo Uomo” (1978), “Dimensione Violenza” (1984) o “Mundo dulce

y cruel” (1983). Eso sí, todas reales, ninguna escena claramente

reconstruida está incluida en la recopilación. Además, esta segunda parte

destaca por sus escenas sobre accidentes ocurridos en las espectaculares

competiciones de Monster Truck.

Las demás secuelas siguen la misma tónica. Mezcla de escenas

recuperadas de otras películas, sobre todo de viejos mondos italianos con


temática africana, e imágenes capturadas de cualquier telediario. En

“Traces of Death 3” (1995), empiezan a aparecer imágenes que nos

resultan tan familiares como las de la guerra de los Balcanes.

Por su parte, “Traces of Death 4” (1997) mantiene intacta la

estructura y el nivel de repugnancia demandados por los numerosos fans

de la serie. Después de esta cuarta entrega parece que la saga continúa, ya

que está a punto de salir la quinta parte.

A la espera de más secuelas de F.O.D. y T.O.D. lo último destacable

en el mundo de las shock-movies son títulos como por ejemplo “El último

Edén”. Documental de origen germánico que retrata la vida diaria de un

medico forense, incluyendo explícitas y repulsivas imágenes de autopsias

hasta ahora nunca vistas.

VII. MONDO MISCELÁNEO

1. Mondo vampiro.

Una de las características del documental mondo (o de la shock-

movie) es su absoluta falta de escrúpulos a la hora de incluir de forma

encubierta imágenes pertenecientes a otros documentales o películas de

ficción. Como ya dijimos que pasaba con las filmaciones médicas de Doyen

a finales del XIX, a través de la historia del mondo se pueden rastrear

multitud de imágenes pertenecientes a otros filmes que son despojadas de


su significación original para ser reutilizadas en razón de su apetitosa carga

de violencia y crueldad. Imágenes de las atrocidades nazis durante la 2ª

Guerra Mundial, de las víctimas de la bomba atómica en Nagasaki e

Hiroshima, escenas de películas destinadas a la educación médica y sexual,

reportajes sobre desastres o accidentes emitidos en televisión, escenas de

“arte extremo” y performances, son algunos de este reciclaje de celuloide.

Un caso muy curioso es el de las imágenes pertenecientes a las

películas de educación vial. De origen estadounidense, estas películas

incluyen explícitas imágenes de horribles accidentes como forma de

aleccionar a los futuros conductores sobre los peligros de una conducción

temeraria. Dichas imágenes son una tentación demasiado fuerte para los

realizadores mondo por lo que son rápidamente devoradas y vomitadas en

sus crueles compilaciones. Un caso significativo es el filme “Signal 30”,

perteneciente al departamento de tráfico del estado de Ohio, cuyas

imágenes están incluidas en multitud de documentales violentos. Uno de

los más famoso, como ya dijimos, es la segunda parte de “Death Scenes”

(1992).

Rizando aún más el rizo, se dan casos de reutilización de imágenes

pertenecientes a filmes de ficción que son incluidos en el documental como

si de escenas reales se tratara. El filme “Confessions of a blue movie star”,

de Andrzej Kostenko, es un buen ejemplo de esto. El director no tiene

ningún tipo de pudor a la hora de incorporar a su película escenas del filme


de ficción “La última casa a la izquierda”, primera película de Wes Craven,

padre de Freddy Krueger, como si de una escena real de violación y

asesinato se tratara.

Muy unido al desgaste del género aparece la extendida práctica de la

reutilización de escenas de antiguas películas mondo de los años 60 y 70

haciéndolas pasar como nuevas en filmes de los 80 y 90. Como ya vimos,

de esto saben mucho Climati y Morra en su trilogía sobre el continente

africano. Un ejemplo reciente son las secuelas germanas, quinta y sexta, de

“Faces of Death”, donde aparecen imágenes pertenecientes a las anteriores

películas de la serie.

2. Mondo que no es mondo.

El término mondo se hizo demasiado extenso, engullendo en su

agusanado seno películas cuyas intenciones estaban muy alejadas de las

de este subgénero. Existen películas que por su dura temática o por la

inclusión de escenas de elevada carga violenta se englobaron en el cine

mondo, consumiéndose como tal. En realidad no lo son. Películas como la

ya mencionada “Executions”(1995), cuyo propósito es denunciar la práctica

de la pena capital en el mundo a través de la exposición de explícitas

imágenes de ejecuciones reales, fue incluida en el subgénero de la shock-

movie por cierta prensa conservadora británica. Esta estimable película

documental es considerada por ciertos sectores como lo más cercano a una


película snuff. “Deadalive”, la productora de la serie “Traces of Death”,

distribuye una oscura segunda parte que poco tiene que ver con las

intenciones del primer filme, siendo, este sí, un shockumentary en toda

regla.

“The Act of Seeing with One’s Own Eyes”, o lo que es lo mismo,

“Autopsia”, es un espeluznante documental dirigido en 1971 por Stan

Brakhage. En él penetramos en un depósito de cadáveres donde asistimos,

con profusión de explícitos primeros planos, al macabro ritual de la

autopsia. A pesar de lo que en un principio pudiera parecer, dicho

documental es una interesante y poco sensacionalista reflexión sobre el

cuerpo humano sin vida, aunque su visión deformada hace las delicias de

los más sádicos voyeurs.

Existen otros ejemplos más ambiguos como la ya comentada

“Shocking Africa” (1982) y la francesa “Of the Dead” (Ferbus, J. P., Garny,

D. y Zeno, T., 1972), recorrido antropológico sobre cómo es vivido el acto

de la muerte por las diferentes culturas del planeta, que han sufrido la

misma ¿injusta? catalogación. También es preciso hablar de otra película

consumida como mondo cuando no lo es. Se trata de “Killing of America”.

Película dirigida en 1981 por Sheldon Renan y producida por Leonard

Schrader, hermano del imprescindible guionista y brillante director Paul

Schrader. En pleno boom de estilo “Faces of Death”, el filme de Renan

denuncia la ley que permite la libre posesión de armas en Estados Unidos.


Para ello muestra, a través de unas escalofriantes estadísticas y unas no

menos impactantes imágenes, las consecuencias de tal cantidad de armas.

Desde magnicidios tan famosos como el de Kennedy o el asesinato de

Martin Luther King hasta las imágenes cotidianas de los tiroteos en plena

calle. Todo de forma muy sobria y poco dada al efectismo. La película fue

todo un éxito en, cómo no, Japón.

3. Falso Mondo.

Otra práctica frecuente fue la del falso mondo o, en la actualidad, el

falso snuff. Seguramente el mondo falso más famoso sea la mítica

“Holocausto caníbal”, auténtica obra de referencia para los aficionados al

gore. Su director, el antiguo ayudante de Rossellini, Ruggero Deodato,

tiene el mérito de haber conseguido, por medio de los procedimientos del

cinema verité, hacer pasar por real lo que era absolutamente falso, pura

ficción. La indudable habilidad del director al rodar el filme provocó que la

última parte, la de las supuestas grabaciones encontradas en la selva, se

publicitara como si de un documento real se tratara. Incluso la revista

española “Interviú” sacó un reportaje asegurando que las grabaciones

exhibidas en la película eran ciertas. Lo que sí es totalmente real son varias

escenas de sacrificios de animales que le traerían más de un problema al

director italiano. En concreto hay dos que destacan por su crueldad. Una, la

escena en que uno de los actores abre en canal a un pequeño marsupial,


mientras la cámara lo recoge en primer plano. Dos, la repulsiva secuencia

donde los protagonistas descuartizan una tortuga de grandes dimensiones.

Todo real y gratuito, cometido a propósito para la película. Algo así como

un snuff con animales.

Pero el filme tiene más lecturas. Los protagonistas son lo más

parecido a unos documentalistas mondo, introduciéndose en el Amazonas

en busca de tribus caníbales. Cuando seguimos sus peripecias por la jungla

todo buen aficionado al género se da cuenta de lo que hay detrás de esas

imágenes. El director describe el rodaje de un filme mondo de los sesenta y

setenta. Nos enseña, con conocimiento de causa, cómo a pesar de

disfrazarse de antropólogos o documentalistas serios, lo que buscan los

realizadores es la imagen impactante, chocante, que provoque el asombro

y la repugnancia en el espectador. Deodato denuncia de forma sutil para

los no iniciados, pero muy obvia para los más curtidos aficionados, los

métodos de trabajo y la ética profesional de estos cineastas capaces de las

mayores barbaridades con tal de filmarlas y crear así un polémico éxito.

Las películas sobre canibalismo, un subgénero dentro del spaghetti

splatter, de gran e inexplicable éxito en su momento y digno de un estudio

aparte, fueron un sucedáneo de las películas mondo. Mantenían su espíritu

y su obsesión: el canibalismo, las tribus remotas que practicaban la

antropofagia. El subgénero produjo multitud de títulos, con hitos como la

nauseabunda “Cannibal ferox” (1981) del especialista Umberto Lenzi, capaz


de reunir 24 escenas gore en los escasos 90 minutos que dura el filme, y

“¡Mundo caníbal, mundo salvaje!” (1977), del mismo Deodato. Filme muy

cercano al espíritu mondo setentero y anticipadora de la imprescindible

“Holocausto Caníbal”. Escenas de muerte real, como la del cocodrilo que es

rajado desde la cabeza hasta la cola o la de la castración de un miembro de

la tribu, dan buena cuenta de lo cerca que está el filme de la temática y las

escenas favoritas de cualquier película mondo.

En cuanto al snuff, auténtico referente para la shock-movie, también

tiene varios títulos que, dado su grado de verismo, confundieron a más de

uno. Cita obligada y obra de culto donde las haya es la ya mencionada cinta

nipona “Guinea Pig” (Kuramoto, 198-). Compuesta por ocho capítulos, los

que levantaron las sospechas por su posible veracidad fueron dos: “Devil’s

experiment” y, sobre todo, “Flowers of flesh and blood”, dirigidas ambas

por el dibujante de manga Hideshi Hino. Filmes de una sequedad y

minimalismo, además de una extrema crudeza, inhabituales en el género.

Como ya avanzamos, el hiperrealismo de sus imágenes conmocionó al actor

Charlie Sheen que creyó estar viendo una auténtica cinta snuff. Esto

provocó una investigación por parte del FBI que obligó a su realizador a

dirigir un making of aclaratorio de la película. El primer capítulo describe, a

través de técnicas de rodaje documentales, con vídeo casero, la tortura de

una chica secuestrada por los miembros de una banda. La exhibición es


minuciosa, con ritmo cansino y sin apenas elipsis. La cinta nos muestra

como abofetean a la chica continuamente en el mismo lado hasta amoratar

e inflamar una de sus mejillas, como la marean hasta la extenuación en

una silla de ruedas, como arrancan sus uñas, como queman su piel y ponen

larvas vivas sobre las heridas, como la golpean con casquería animal, le

agujerean un ojo con una jeringuilla, machacan su mano a martillazos...

todo mostrado con un realismo y una crudeza absolutamente

sobrecogedoras. La película es una recreación, así deben ser, de una sesión

de verdadero “cine” snuff.

El otro capítulo es aún más fuerte. Continuando con esa

desesperante lentitud narrativa, el director nos muestra a dos personajes:

un asesino, vestido como un samurai, y su víctima, una chica narcotizada

que yace desnuda en una cama. Empieza el exhaustivo y meticuloso ritual.

Poco a poco el samurai va descuartizando a la chica. Primero le amputa las

manos, luego los pies, después le separa los hombros del tronco con una

sierra, le corta las piernas, la destripa, corta su cabeza con un hacha, le

saca un ojo haciendo palanca con una cuchara para acabar comiéndoselo.

Todo a través de unos efectos especiales de un realismo sobrecogedor,

acompañados de unos efectos sonoros igual de realistas. Ver con qué

detallismo corta la carne y los huesos de la víctima es una experiencia sólo

apta para goreadictos encallecidos.


4. Mondo-ficción.

Paulatinamente, el término mondo se fue oscureciendo con películas

de ficción que llevaban dicha palabra en el título pero que nada tenían que

ver con el género. Simplemente se utilizaba como reclamo por ser un

término de moda. La palabra mondo empezó a asociarse con vocablos

como “kitsch”, “trash”, “exploitation”, y demás denominaciones que pululan

por los contenedores de cultura basura. Ejemplos hay muchos. El más

famoso es la película “Mondo Trasho” (1969), del siempre atento a las

modas zinéfilas, John Waters. Otro pope del cine con más subterráneo,

Russ Meyer, puso el título de “Mondo Topless” (1966) a una de sus más

célebres y psicodélicas nudies. El propio Jacopetti, junto a su inseparable

colaborador Franco Prosperi, realizó un film de ficción que no dudó en

titular “Mondo Cándido” (1975). Versión imposible del “Cándido” de

Voltaire, que significó su definitivo adiós al cine. Por último, dos ejemplos

hispanos de pura caspa. Por un lado la coproducción hispanoitaliana “Porco

Mondo” (1977), con una despampanante Bárbara Rey, y “Mondo Cannibale”

(“Sexo Caníbal”, 1981), del prolífico Jesús Franco, acompañado de su

inseparable Lina Romay.

En la época más efervescente del cine mondo se llegó a utilizar dicho

vocablo para denominar toda parte non-fake incluida en un filme de ficción.

Así, el famoso sacrifico de una vaca en “Apocalypse Now” (F. F. Coppola,


1979), el disparo a un ciervo en “Las Hurdes, tierra sin pan” (Luis Buñuel,

1930) o las ya comentadas de “Holocausto Caníbal” y “¡Mundo caníbal,

mundo salvaje!” se podrían considerar escenas mondo.

VIII. EL MONDO EN INTERNET.

1. La red violenta.

La aparición y consolidación de un medio como Internet, cada vez

menos libre pero aún con un maravilloso descontrol, es un sitio inmejorable

para el comercio y la explotación de todo tipo de im ágenes violentas. Por

las más enfangadas aguas de la Red es posible bucear y encontrar una gran

cantidad de material de alto voltaje. Es un medio inmejorable para la

clandestinidad, para satisfacer todo tipo de demandas, por muy extrañas,

repugnantes o inconfesables que sean.

El mondo tiene un hueco importante en Internet. Y además tiene la

suerte de no haberse generalizado aún su censura como ha pasado en el

porno hardcore. Los desnudos están sometidos a un control de edad, el

famoso y fastidioso Adult Check, y a un pago previo. Las más brutales y

salvajes imágenes de carácter extremadamente violento están, por norma

general, al alcance de cualquiera que tenga ganas de pasar un buen/mal

rato.

Pero eso sí, ya no hablamos de cine. Esto es simple y pura

explo tación de imágenes violentas. Las páginas o sites se componen de


archivos de fotos y, a veces, vídeos, caracterizados por su extrema

brutalidad. Se puede hablar de pornografía de la crueldad, de exhibición

impúdica de las más desagradables imágenes. Se acabó el montaje, se

acabó el narrador, ahora son todo categorías como: accidentes,

mutilaciones, enfermedades, autopsias... un menú interactivo donde poner

a prueba la capacidad de aguante ante la visión de lo repugnante o donde

saciar a gusto los más bajos e inconfesables instintos.

2. Un paseo por el infierno

Estas son algunas de las más destacadas páginas dedicadas a la

exhibición de imágenes de alto contenido violento:

http://airdisaster.com/

Interesante web sobre desastres aéreos. Tiene una completa base de datos

que incluye una galería de fotos no demasiado explícitas, vídeos que captan

catástrofes aéreas, noticias relacionadas con el tema, reportajes,

investigaciones sobre las causas de los accidentes y la posibilidad de buscar

por el modelo del aparato y por el nombre de la compañía aérea, para

enterarte de cuál es su tasa de siniestros.


http://www.realtv1.com/

Un reality show en Internet. Muy americano. Persecuciones en directo,

espectaculares accidentes, atropellos, percances domésticos grabados de

forma ¿accidental?, catástrofes naturales, escenas con animales, e incluso

algo de cámara indiscreta de contenido sexual. Incluye un amplio archivo

de videos, destacando uno especial dedicado a las imágenes más fuertes.

http://www.atwa.com/

Una de las mejores web dedicadas al culto de Charles Manson. La página

incluye una galería de fotos del célebre asesino realizadas en distintas

fechas, entrevistas concedidas desde la cárcel donde se encuentra recluido,

discursos y proclamas dirigidas a sus fieles seguidores, artículos e

imágenes relacionadas con su persona, y una completa bibliografía

(aseguran tener una lista con todo lo publicado sobre Manson). Sólo para

muy fans.

http://www.rotten.com/

Uno de los sites de contenido violento más famosos de la red. De su

impresionante catálogo suelen salir la mayoría de las fotos impactantes que

nos llegan al correo electrónico a través de una de esas infinitas cadenas de

mails. Su colección incluye desde las imágenes más repulsivas imaginables


hasta las más sorprendentes por insólitas. Los creadores hacen gala de un

humor muy negro que nos recuerda cierto espíritu de shock-movie.

Imágenes de espeluznantes enfermedades, cadáveres descompuestos,

rostros deformados por terribles accidentes, cuerpos desmembrados...

Destaca una sección dedicada a fotos pertenecientes a archivos policiales.

Dentro del mismo site hay una categoría con url propia:

http://www.celebritymorgue.com/

Dedicada a fotos de cadáveres famosos. Previo paso por el molesto

detector de edad accedemos a una impresionante colección de fotos con

cantidad de muertos célebres que nos recuerda la saga “Death Scenes”. En

esta exquisita morgue virtual podemos contemplar desde el cadáver de

Mussolini hasta el de la Madre Teresa de Calcuta, pasando por los cuerpos

sin vida de Rasputín, Edgar Allan Poe, Marilyn Monroe o el llorado Kurt

Cobain. También podemos ver los supuestos cadáveres de, por ejemplo,

Elvis Presley o Adolf Hitler.

http://www.crrange.com/page50.html

Esta web es un claro ejemplo de descontextualización de un contenido. Esta

página, llamada “United States Holocaust Gallery” esta dedicada “a los que

nunca tendrán la oportunidad de descubrir la belleza de Dios”, o sea, a los

fetos extirpados en los abortos. La página, plagada de explícitas y


repulsivas fotos de restos de abortos, se erige de forma involuntaria en un

monumento a la cultura freak. Lo que pretende ser un espacio en Internet

para denunciar la práctica del aborto en Estados Unidos se convierte en un

referente para los aficionados al mondo más psicotrónico.

http://www.choosedeath.com/

Web compuesta de fotos pertenecientes a archivos forenses. A través de

las distintas galerías accedemos a todo un repertorio fotográfico sobre la

muerte y sus distintas caras. Las imágenes, a todo color, son realmente

fuertes, sólo aptas para estómagos a prueba de bombas visuales. Otra

interesante galería es la dedicada a fotos de víctimas de suicidios.

http://www.deathndementia.com/

Página dedicada a la exhibición y explotación más descarnada de la muerte.

Todas las fotos que contiene tratan sobre el mismo tema. Podemos

encontrar secciones dedicadas a la desfiguración de los rostros, a las

víctimas de espantosos crímenes o a la muerte relacionada con la medicina

(autopsias, enfermedades, operaciones). Existe una sección dedicada a la

sangre y un práctico necrobuscador para todo aquél que se haya quedado

con hambre después de visitar esta apetitosa página.


http://www.stl-online.net/thc/med/

Esta modesta página de pobre diseño está dedicada a la colección de

imágenes médicas y forenses de un tal Tom. Se jacta de tener una página

con el cien por cien del material gráfico original, escaneado por él mismo.

Según dice son imágenes colgadas para “su recreación y para nuestra

educación”. Entre las categorías destacan las dedicadas a los tumores

cancerígenos, a las anormalidades más desagradables, a enfermedades de

todo tipo, destacando las venéreas, a las víctimas de los accidentes más

atroces... Una combinación que no aparece ni en las peores pesadillas de

David Cronenberg.

http://www.crimelife.com

Posiblemente la página más horripilante vista jamás por quien esto escribe.

El macabro site, de austero y desasosegante diseño, está dedicada a la

exhibición de niños muertos. A través de sus enfermizas y siniestras

galerías encontramos las más malsanas colecciones de fotos con infantes

muertos, desfigurados, víctimas de horripilantes enfermedades o con

aterradoras malformaciones en el rostro. Una de las páginas más

enfermizas y deprimentes vistas en las turbias aguas de Internet. Una

infecta mezcla de pedofilia necrófila y fetichismo malsano sólo apta, y el


que avisa no es traidor, para mentes MUY encallecidas. Es de las que deja

secuelas psicológicas.

http://www.blackplague.org/snuff/index.htm

Mezcla gamberra de porno hardcore y violencia igual de dura. En la misma

página te puedes encontrar el primer plano de una viscosa felación junto a

los restos de una cabeza reventada por un disparo. Llena de vídeos

realmente impactantes, la página esta muy cerca del espíritu juguetón de

“Traces of Death”.

http://www.deathscenes.com/

A pesar del nombre nada tiene que ver con la película ya comentada a

propósito de la shock-movie, aunque es de las páginas que más se acerca a

un shockumentary. De hecho, la mayoría de las fotografías que contienen

están clasificadas en categorías tan familiares como Autopsias, Accidentes,

Ejecuciones, Holocausto, Masacres, Atrocidades de guerra, Suicidios...

todos ellos temas que nos suenan y que eran sistemáticamente incluidos en

las shock-movies.

http://www.head-hunter.com/

Curiosísima web dedicada exclusivamente a las imágenes de cabezas cortadas. Tal

obsesión nos hace sospechar que la página estaría dentro de los fetichismos necrófilos.
http://www.ogrish.com/

Esta página no destaca por su originalidad, de hecho es más de lo mismo,

pero la señalo aquí por su impresionante zona multimedia que seguro hará

las delicias de los adictos a este tipo de imágenes.

http://www.rusnecro.com/

Paraíso necrófilo realizado desde el más sincero amor a los muertos.

Además de abundancia de artículos, historias de temática mortuoria,

destaca su especialísimo material gráfico. Seleccionado con mimo y

sensibilidad, muchas de las galerías de fotos son de una gran belleza,

transmitiendo una cierta poética de la muerte. Destaca a este respecto los

archivos dedicados a fotos de cadáveres de mujeres especialmente

atractivas, capaces de hacerte olvidar su condición de cuerpos sin vida.

También es muy curiosa la gótica galería dedicada a cadáveres dentro de

ataúdes, listos para ser velados. También hay secciones más

convencionales dedicadas al cómic y a la fantasía necrófila. Incluso crean

comunidad a través de su chat y distintos foros de debate. Altamente

recomendable para necrófilos de espíritu romántico.


FILMOGRAFÍA Y VIDEOGRAFÍA ESENCIAL

Las películas mondo, salvo las más famosas, son difíciles de

encontrar. La mejor forma es contactar a través de Internet. En los sites

anglosajones es posible conseguir prácticamente todo tipo de películas que

están o han estado editadas en vídeo. Para los bolsillos más modestos

también hay webs españolas que te ofrecen un jugoso surtido de títulos.

Otra posibilidad es contactar con tiendas especializadas en cine, con

preferencia por el más oscuro.

En la siguiente relación se incluye el título original y el traducido en

su distribución española:

AFRICA ADDIO (Adiós, África / Africa Blood And Guts). Gualtiero Jacopetti

y Franco Prosperi. Italia, 1966.

CANNIBAL HOLOCAUST (Holocausto Caníbal). Ruggero Deodato. Italia,

1979. Editada en vídeo por MANGA FILMES

TRACES OF DEATH. Brain Damage. USA, 1993. Editada en vídeo por

Deadalive.

FACES OF DEATH (Rostros de muerte). Conan Le Cilaire. EEUU/Japón,

1978. Editada en vídeo por TOPACIO HOME VIDEO. Las demás partes están

editadas en su versión original por GORGON.


GUINEA PIG. Kazuhito Kuramoto, Japón, 198-. Hasta el momento no

editada en España. La copia que más circula es una llamada “Best of

Guinea Pig”, editada por Madhouse.

MONDO CANE (Este perro mundo / A dog’s life). Gualtiero Jacopetti, junto

a Paolo Carvara y Franco Prosperi. Italia, 1962. Editada en su versión

íntegra por VIDEO DIVERSIÓN.

ULTIMA GRIDA DELLA SABANA. LA GRANDE CACCIA (Hombres

salvajes, bestias salvajes), Antonio Climati, Mario Morra, Italia, 1975.

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