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Indice.

2.- Introducción.
4.- Una infancia sencilla.
6.- Su paso por el Seminario.
8.- El Vaticano le abre sus puertas.
10.- Fundador y colaborador de revistas y diarios.
34.- Obras destacadas de Urbano.
42.- Qué se dijo de él?.
48.- Breve reflexión.
51.- Referencias bibliográficas.

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Introducción.

Corría el año 1845, en pleno reinado de Isabel


II y pasado ya el tránsito hacia el moderantismo,
coincidiendo con la Constitución de éste mismo
año, nace el día 30 de Septiembre D.Urbano
Ferreiroa Millán, bajo el primer mandato de
Narvaez. En este año se acometió una ambiciosa
reforma de la enseñanza, basada en el criterio de
la rígida centralización; la reforma fue
promulgada mediante Real Decreto y en él se
limitaba la libertad de enseñanza, que quedaba
condicionada por las exigencias del bien público.
La Iglesia en esta época también logró garantías
suficientes por parte del estado español para
ejercer la libertad de jurisdicción sin ninguna
traba ni obstáculo y por otro lado consiguió una
seguridad gracias a la declaración en la que el
Estado se comprometió a atender el
mantenimiento del culto y del clero, como
compensación al despojo sufrido en las
desamortizaciones anteriores.
Estos son los ingredientes que formaban parte
de aquella España que vio nacer a este ilustre y
tan brillante eclesiástico.

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El nacimiento de D.Urbano Ferreiroa en esta
pequeña aldea de San Fiz, forjaría en él un
espíritu sencillo, cercano y no dado a las
palmadas en el hombro ni al levantamiento de
estatuas. Prueba de su sencillez y su amor a esta
tierra que le vio nacer, lo vemos en un artículo
que escribió en la revista regional “Galicia” en
Abril de 1893, que finaliza así su columna
redactada en Valencia: "Pero nada de esto habla
al alma como los sombríos pinares de mi tierra,
las umbrosas arboledas, los caminos hondos, los
senderos floridos entre hierbas y zarzales, las
azuladas rías, las montañas que parecen
recortadas por arquitectos, el río que serpentea
entre misteriosas honduras, una naturaleza en
que Dios ha puesto el sello de la melancolía, de la
gravedad, de la suavidad, de la dulzura de las
tierras y grandes emociones poéticas”.
No es difícil adivinar a Urbano de niño
correteando por los alrededores de su casa,
subido al palomar, bajando el monte de “As
candorcas” escuchando el murmullo de las aguas
del regato que desciende cerca de su casa o
soñando su futuro con la mirada perdida en el
monte de “ O barazal”. Aquí en el verdadero
“balcón do Ribeiro” comienza su vida.

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Una infancia sencilla.

Al igual que su vida literaria tan variada y


polifacética, la biografía de Urbano transpira
sencillez, aventura y creación. Poco se sabe de su
vida en esta pequeña aldea, en el seno de una
familia acomodada, pero se deducen las ansias
del niño por acaparar conocimientos y así escapar
de la vida ruda del campo, que ofrece una aldea
relativamente pobre dedicada sobre todo al
cultivo de la vid. Esta infancia en el pueblo lo
marcó para siempre, infundiéndole un carácter
sencillo y humilde que portaría como estandarte,
tanto desde el púlpito como en su creación
literaria. Acude diariamente a la escuela en donde
comienza a impregnarse de conocimientos que
crearían una firme base para el futuro.
Tenemos la certeza de que Urbano aprovechó
aquellos años para destacar en la escuela y
ganarse a pulso una plaza para irse a estudiar a la
capital. Los límites territoriales del pueblo se la
quedan pequeños, en su cabeza rondan
horizontes más amplios y para ello ha de irse a
otros colegios con miras más altas. Años después
cursa estudios medios en el Instituto de Ourense,
donde muestra grandes dotes para la creación
literaria y la oratoria.

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En medio de este devenir de acontecimientos,
en su cabeza todavía adolescente,entran y salen
un montón de interrogantes que en un principio
no sabe descifrar pero que poco a poco consigue
ordenar con el apoyo de su familia, toda ella, de
fuertes principios religiosos y por ese camino
comienza a guiar su vida .
Termina el Bachillerato con buenas notas y el
firme propósito de ingresar en un centro religioso
que encauce su camino futuro, el cual es del
agrado de su familia, pues en aquella época y
sobre todo en familias pudientes, era muy bien
visto tener un vástago que tomara los hábitos y
siguiera la vida sacerdotal, cabe decir que Urbano
mostraba los conocimientos y las formas que
requería tal elección.
Todo lo que rodeaba a Urbano, desde su familia
acomodada, pasando por los apellidos que
llevaba, de gran influencia por entonces,
acabando por su particular empeño en ingresar
en una orden religiosa, hicieron que al final se
matriculara en el Seminario de San Fernando de
Orense. Un paso acertado y definitivo en el
devenir de su vida, una elección que la Iglesia
agradecería con el tiempo, y a él le traería
grandes satisfacciones personales, pero sin salirse
jamás de la sencillez que enarbolaba por bandera.

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Su paso por el Seminario.

Ingresa Urbano en el Seminario de San


Fernando de Orense y allí encuentra la respuesta
a sus preguntas. Entre libros y oraciones descubre
su vocación de sacerdote que le consagraría para
toda su vida. En el Seminario refuerza sus
creencias y allí pasa su recién estrenada juventud,
acompañado de sus queridos libros, cerca del
púlpito desde donde comienza a preparar
discursos y homilías.
Pasan los años entre clases, ejercicios
espirituales y vacaciones, que pasa en su pueblo
natal, reforzando la lectura entre sombríos
pinares que luego recordará en sus escritos.
Completa su preparación en el Seminario Mayor
en donde cursa estudios de Filosofía y Teología y
se le reconoce como un alumno aventajado, en
este mismo centro es ordenado sacerdote y aquí
jura voto de castidad. Entre estas paredes se forja
ese espíritu de investigador que más adelante
veremos admiran otros compañeros, aquí ya
resalta también, esa virtud de brillante orador que
demuestra cada vez que sube al púlpito.
Asiduo visitante de la biblioteca en la cual se
adoctrina sobre Filosofía, Ontología, Etica,
Teología Dogmática, Moral, etc.

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Los valores y virtudes adquiridas en el
Seminario son para Urbano un pasaporte que le
abrirá horizontes desconocidos. La disciplina, el
orden, el compañerismo son matices inseparables
de todo seminarista, que ni el paso de los años, ni
el devenir de modernas costumbres, logrará
borrar de su conducta.
Cabe destacar que son años turbulentos para
el propio Seminario, éste tiene una vida insegura
y precaria en estos años marcados por reformas,
guerras y desamortizaciones, pero a pesar de
todo Urbano aprovecha el tiempo. Ya como
sacerdote se instala en Ourense en la Plaza del
Progreso, esquinando con la calle de San Pedro
Mártir, desde ese pequeño rincón de su casa
comienza a mostrar sus dotes de erudito, en esa
época forja su vertiente periodística, prueba de
éllo es que el conocido columnista de la revista
“Galicia”, Xan das Silveiras, escribe sobre nuestro
ilustre sacerdote, en una columna llamada: “El
despacho de Ferreiroa”.
Urbano sabe que llegó la hora de plasmar
sobre el papel, sus conocimientos, sus opiniones,
y así lo hace, con gran maestría y veracidad, a
pesar de que a algunos no les guste. También es
el momento para la oratoria y desde el púlpito,
muestra un gran poder de convicción pero con la
sencillez de palabra que lo caracteriza.

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El Vaticano le abre sus puertas.
Una vez que se doctora en otros centros
educativos, se gradúa en Roma en donde hace
acopio de datos para posteriores investigaciones.
A estas alturas Urbano ya domina el latín, griego,
italiano, francés e inglés, lo que le vale para
entrar en la Biblioteca Apostólica del Vaticano
como archivero, y a su vez para acrecentar el
estudio de grandes obras que allí tiene la
posibilidad de admirar. Es una de las bibliotecas
más antiguas del mundo, en estas salas consultó
y se empapó con uno de los manuscritos más
importante de la Biblia: “El Codex Vaticanus”, por
sus manos pasaron un sin fín de incunables,
impresos y fragmentos que en ninguna otra
biblioteca se podían consultar, los cuales dejarían
huella en su creación literaria.
De su paso por la biblioteca, aún hoy se
conservan los libros más importantes que escribió
Urbano, así como algún que otro número de la
revista religiosa que él fundó.
Urbano formó parte de la Academia Filosófica
de Santo Tommaso de Bologna así como también
de la Academia Filosófica degli Arcadi de Roma.
Todo ello lo supo captar el sabio Pontífice que por
entonces regía la cristiandad el gran León XIII,

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éste era conocedor de las aptitudes de Urbano, al
cual, más adelante, lo ha ido utilizando en el
servicio de la Iglesia, destinándole a dónde eran
necesarios sus servicios o su cooperación .
Prueba del aprecio que se le tenía en Roma es
que el mismo Cardenal Rampolla, Secretario de
Estado de León XIII, envía una carta a Urbano,
que en aquellos momentos era Chantre de la
catedral de Valencia, en la que le anima a seguir
trabajando con ahínco para concluir pronto su
obra, que no era otra que el libro “La historia
apologética de los Papas” de la que le había
enviado a Rampolla los cuatro primeros tomos
que luego llegarían a ser diez tomos .
Urbano no se lo pensaba dos veces cuando
era requerido para desempeñar las funciones que
el Papa le pedía, lo movía por el tablero
eclesiástico a su antojo pero siempre con la
aprobación del sacerdote, pues las miras de éste
no acababan en una sencilla catedral como
chantre.

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Fundador y colaborador de revistas
y diarios.

En 1870 vuelve a Ourense y funda junto con


Celedonio Osorio de la Fuente y Venancio Moreno
Pablos el trisemanal “La Nacionalidad” de carácter
católico y carlista, incluía notas y artículos de
opinión sobre la división del poder y la monarquía
y la necesidad de que la Iglesia también
participara en la política, por su tendencia carlista
tuvo varios desencuentros y polémicas con el
semanario “El Eco del Liceo” de carácter liberal.
Dirige también la revista “Soluciones Católicas”en
Valencia, en defensa de la Iglesia y a la que
consagra su actividad, sus energías y su vocación.
Es redactor en “El siglo futuro”, de “El fuerista” de
San Sebastián, columnista en “La Ilustración
Católica”; publica un artículo muy interesante en
“La Unión Gallega” de Montevideo titulado: Un
rincón de Galicia. Escribe así mismo en “La
Ilustración gallega y asturiana” en donde redacta
el discurso completo pronunciado por él en Roma
en el palacio de Atemps.
En Mayo de 1871 escribe en la revista
hispanoamericana “Altar y Trono” un artículo
titulado: El poder de la Iglesia. En Octubre de
1875 redacta una crónica religiosa en “El
Semanario Católico”.

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También redacta una columna en Mayo de
1889, bajo el título: Las grandezas del pontificado
y bienes que trajo al mundo en el diario “El
Alicantino”, en Diciembre de 1891 lo hace en la
revista literaria semanal “El Archivo”.
Aquí en su tierra, dejó profundas huellas en
varias revistas y diarios; sirva de ejemplo la
revista regional “Galicia” en la que hace un fuerte
alegato en defensa de la tierra que lo vio nacer,
en esa descripción poética cargada de sentimiento
muestra el cariño que siente y se deja ver en las
últimas palabras de su artículo: “...Aquí en la
morisca Valencia, donde escribo ¡qué cielo tan
brillante ! ¡qué atmósfera tan suave! ¡que
naturaleza risueña, encantadora, llena de luz y
alegría, siempre vestida de fiesta! ¡qué huerta
preciosa, con sus bosques de palmeras y naranjos
y los pueblos que le adornan, como ricos collares
de perlas! ¡y qué mar tan terso y tan azul, que
parece traer en sus murmullos los cantos ítalos y
los helenos!. Pero nada de esto habla al alma
como los sombríos pinares de mi tierra...”.
Urbano hasta se atreve a opinar sobre los
acuerdos tomados por las potencias europeas en
el tratado de Berlín en 1878 y así comenta las
decisiones que allí se tomaron: “En el congreso
que empezó en Berlín tal vez resulte algo que
haga a los comerciantes de la City frotarse las
manos de satisfacción
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¿Y la paz? No;no saldrá la paz de él...” Es lo que
escribe el publicista en "El Imparcial” al referirse
al foro de Berlín en el cual se despedazaron las
tierras búlgaras liberadas como resultado de la
guerra.
Denuncia también la ignominia y el desprecio
arrojado sobre Galicia por las demás provincias
españolas. Encuentra ofensas en textos de Florián
de Ocampo, Ambrosio de Morales, Tirso,Cervantes
y la novela Estebanillo González. Se adentra del
mismo modo en la Real Academia y arremete
contra los señores de la Academia de la lengua al
integrar éstos en la última edición un refrán que
para Urbano los gallegos somos puestos como
ejemplo de importunios y molestos, el refrán dice:
“A gallego pedidor, castellano tenedor”. Así dice
Urbano: no debe maravillarnos el que algunos
escritores extranjeros hayan recogido injurias
contra nosotros. El inglés Ford en su libro
“Handbook for travellers in spain” dice que en
España y Portugal la palabra gallego es sinónimo
de “villano”, que la buena tierra es escasa en
Galicia, que las mujeres gallegas conservan poco
tiempo sus encantos... Se refiere también al
italiano Varvaro Pojero que visitó Galicia, no hace
mucho, y dice en su obra “A traverso la Spagna”
“¡Pobres gallegos!”... Todos creen lícito ponernos
en ridículo y calumniarnos.

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Sabido es que la lengua gallega nació y se
perfeccionó antes que la castellana, bien
conocidas son las palabras de Alfonso VI al llorar
la muerte de su hijo en la batalla de Uclés, las
cantigas de Alfonso el Sabio y las observaciones
del Marqués de Santillana acerca de la poesía
gallega”.
Hasta nombra al Padre Sarmiento diciendo que
éste opina que la carabela que montaba Colón en
su viaje, la cual según Oviedo, se llamó “La
gallega”, salió de los astilleros de Pontevedra. El
licenciado Molina allá por el año 1550 habla de lo
mucho que se saca de Galicia: pan para Castilla,
cada vez que allá hay necesidad y muchos vinos y
alaba en especial los afamados vinos de
Ribadavia, que se estima son los mejores del
mundo. De estos vinos, citados muchas veces por
los clásicos, dice Lucio Marineo, que eran
buscados como los superiores en todos los
mercados. Molina habla también de mucho aceite,
que se cosechaba en la provincia de Orense y de
la mucha seda y buena y criada y labrada en
Monforte. D.Urbano Ferreiroa busca entre estos
enmerañados hilos de los errores humanos, entre
las enemistades de los señores feudales con los
castellanos y la separación que sufre Galicia de
Castilla por diferencias de raza, de lengua y de
tradiciones y además físicamente por escabrosas

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montañas y falta de comunicación y llega a la
conclusión de que estas son las causas del
desprecio que sufre su querida tierra y sus
queridas gentes.
El dolor que sufre el alma de Urbano se hace
notar en la siguiente declaración que es un
levántate y anda hacia Galicia: “Portugal se
levanta lleno de brío, majestad y grandeza
cantando en su propia lengua, que era también la
nuestra, y asombrando al mundo con sus
descubrimientos marítimos, porque es
independiente. Galicia, encadenada a los pies de
Castilla, sólo sabe gemir y llorar. Ahora después
de tantos siglos de decadencia y de ruina, vuelve
otra vez a la arena del combate y ya ha logrado
disipar algo de la triste niebla, en que la tenían
envuelta el odio y la ignorancia. Y cómo se ha
conseguido esto? Dando a conocer a Galicia,
escribiendo su historia, resucitando su lengua, en
la prensa, en los libros en las escuelas, en los
congresos, en la política, en las letras, en todos
los campos de la actividad humana. Puede decirse
que estamos al principio de la jornada; pero el
triunfo es seguro si continuamos en la lucha, si
estamos siempre en la brecha, si no nos vence el
desaliento. Está de nuestra parte la razón y ésta
se abre siempre paso a través de todas las nubes
y de todas las nieblas y todas las sombras”.

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Termina la alocución a su tierra con la brillantez
de un gran poeta cantando a su amada: “¡Oh
dulce y hermosa Galicia! ¿Quién, que te haya
visto, negará la hermosura de tus valles risueños
de tus bosques de castaños y nogales, de tus
frescas hondonadas, de los cristalinos arroyos que
se precipitan de tus altos montes, de los mil
caprichos y accidentes de tierra tan abrupta, tan
variada, tan pintoresca?”.
Con motivo del 550 aniversario de la
proclamación de Alfonso de Borja como papa, con
el nombre de Calixto III, sacado del Archivo
Colegial, destaca el discurso pronunciado por el
doctor Urbano Ferreiroa, dignidad de Chantre de
la Santa Basílica Metropolitana de Valencia en el
acto del descubrimiento de la estatua de Calixto
III en la ciudad de Játiva el día 24 de Octubre de
1896. En su lectura debemos tener en cuenta los
géneros literarios de la época; pero resulta
interesante, por eso lo incluyo: “Mucho se ha
abusado en estos últimos tiempos del acto de
levantar estatuas; y en España y fuera de ella las
tienen hombres de los cuales quizás lo mejor que
pueda decirse es: nom regiam di lor... Y sólo
quiero recordar aquí la estatua de Jordan Bruno.
Ciertamente la estatuomanía es muy ridícula;
pues no por tener estatua vale más un hombre, ni
se levanta el que es moralmente pigmeo.

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Pero así como es ridículo que se levanten
estatuas a los que no son dignos de ellas, merece
aprobación y aun encomio que se dispense tan
señalada honra a los santos que han llegado a la
cumbre de las virtudes, a los genios que han
iluminado el mundo con rayos de luz y de gloria, a
los hombres eminentes que han prestado a sus
conciudadanos servicios insignes.
Por eso ha sido obra meritoria elevar esta
estatua a Calixto III, honra de Játiva, de Valencia
y de España entera, gran Papa, ilustre
jurisconsulto, expertísimo diplomático, varón
integérrimo. Nos recuerda su memoria tiempos
prósperos de aquella coronilla de Aragón que ha
llenado el mundo con su fama y con sus hechos;
que en plena Edad Media surcaba con naves
propias todos los mares conocidos; que eclipsó
muchas veces el comercio y la marina de las
repúblicas más florecientes de Italia; que
conquistó las Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia,
e hizo el terrible desperta ferro de los
Almogávares en las lejanas costas de Oriente, en
aquella famosa expedición que parece un canto
del gran poema del Tasso, en el cual, valencianos,
catalanes, y aragoneses emularon las glorias
fabulosas de los argonautas y renovaron en la
homérica Grecia las azañas de Maratón, las
Termópilas y Salamina.

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Ningún dolor más grande que recordar las
dichas pasadas en los momentos de desventura,
dice el poeta; más esto no rige para las naciones
que conviene recuerden los hechos gloriosos de
su historia, los que demuestran su virilidad y su
pujanza, los que las encumbran y enaltecen, para
que sirvan de ejemplo y de acicate a las presentes
generaciones y no les hagan olvidar que deben
mostrarse dignas de las que las precedieron.
Nuestras glorias de ayer son también de hoy:
constituyen la sagrada herencia que debemos
trasmitir incólume a nuestros sucesores y no
podemos desdeñar ni desechar sin hacer traición
a la madre patria, que no consiste sólo en la tierra
en que nacemos y en el cielo bajo el que vivimos,
sino también en nuestras afecciones más santas,
en nuestros recuerdos, en nuestras glorias, en
nuestras tradiciones, en el sentimiento religioso
heredado de nuestros mayores, en todo lo que
constituye el conjunto y la trama de nuestra
historia .
¿Qué español no se siente más grande al recordar
la guerra épica de la reconquista, el
descubrimiento de un nuevo mundo, las victorias
de nuestros tercios, ni pronuncia sin entusiasmo
los nombres de Santa Teresa, San Juan de la
Cruz, Fray Luis de León y tantos otros gloriosos?

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¿Ni que valenciano deja de sentir respeto y
veneración por los santos nacidos en esta bendita
tierra, como San Pedro Pascual, San Vicente
Ferrer y San Luis Bertrán, ni deja de amar y
celebrar a sus poetas, como Ausias March y Gil
Polo; a sus pintores como Juan de Juanes y
Ribera, hijo de Játiva; a sus historiadores, como
Beuter y Escolano?
Entre tan preclaros nombres debe ocupar lugar
eminente Calixto III, que nació en las cercanías
de esta ciudad y recibió el agua regeneradora del
bautismo en esa iglesia colegial de Santa María,
como él mismo se complació en recordar al
dirigirse al Cabildo de Játiva cuando ocupaba la
silla de San Pedro. No he de referiros aquí
minuciosamente la vida de este gran hombre;
más es justo mencionar que prestó incalculables
servicios a la Iglesia y a la patria; fue de
intachables costumbres en un siglo corrompido;
sobresalió por su piedad, por su rectitud y por su
ciencia y en el breve período de su pontificado dio
gallardas muestras de eximio gobernante . Muy
joven todavía nuestro Papa, que entonces se
llamaba Alfonso de Borja, fue profesor de la
Universidad de Lérida, en la que había estudiado y
canónigo de aquella ciudad, ofreciendo ya en
aquellos juveniles años esa precoz madurez,
patrimonio de las almas privilegiadas.

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Luego vemos resplandecer su nombre como
estrella de paz en aquel malhadado cisma de
Occidente, que hubiera despedazado para siempre
las entrañas de la Iglesia si ésta no fuera
inmortal; pues al morir en el islote de Peñíscola el
obstinado Benedicto XII, dos humildes familiares
suyos, que se creían Cardenales, eligieron Papa a
Gil Sánchez Muñoz, canónigo de Valencia, que
tomó el nombre de Clemente VIII y Don Alfonso
de Borja fue quien principalmente con sus
consejos, advertencias y exhortaciones movió a
renunciar el título de Papa al mal aconsejado
canónigo. En Agosto de 1429, vemos ya a nuestro
Papa, Obispo de Valencia y allí celebró un Sínodo
notable, en que mandó cantar los sábados en las
iglesias los Gaudes a la Virgen, que aún se
conservan. También fue rector de San Nicolás de
Valencia, siendo de notar su modestia y rectitud
en tiempos en que existía el abuso de tener
muchos beneficios en encomienda, pues no quiso
aceptar ninguno de éstos; decía que le bastaba
con una sola iglesia y ésta Virgen.
El sabio Eneas Silvio, más tarde Papa con el
nombre de Pío II, le llamaba eminentísimo en
Derecho, y era, en efecto, considerado como el
primer jurisconsulto de su tiempo; y por eso el
rey de Aragón y de las Dos Sicilias, Alfonso V, le
llamó a Nápoles para que le aconsejase y le
esclareciese.

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Y estando en Nápoles quiso enviarle el rey al
conciliábulo de Basilea; más no lo consiguió, y en
cambio nuestro Papa logró que hiciesen las paces
el rey y el Pontífice Eugenio, como antes las había
negociado felizmente entre el rey de Aragón y el
de Castilla. Por cierto que Eugenio quería hacerle
entonces Cardenal; pero Calixto se negó, diciendo
que le estaría mal recibir mercedes de una de las
dos partes antes de ser concluido el negocio que
trataba. Al fin, el Papa Eugenio le elevó al
cardenalato y le dio el título de los Santos Cuatro
Colorados; y el 8 de Abril de 1455, a la muerte de
Nicolás V, sin que nadie lo esperase más que el
elegido, ascendió D.Alfonso de Borja a la altísima
dignidad pontificia. Hecho extraordinario éste.
Ningún Cardenal había pensado en la elección de
Alfonso de Borja; la mayoría siempre se mostró
inclinada hacia otros; por un momento pareció
segura la elección del insigne Cardenal Besarión;
y no obstante, el elegido fue nuestro Papa; lo cual
nos mueve a recordar la profecía de San Vicente
Ferrer, según la que Alfonso de Borja sería Papa y
se llamaría Calixto.
Es lo cierto que éste creía en la predicción, y
muchos años antes de ser Papa escribió en un
libro suyo estas palabras: “Yo, Calixto, Papa,
prometo a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, a su
Madre siempre Virgen y a toda la Corte Celestial

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que hasta la efusión de mi sangre trabajaré por
recuperar a Constantinopla. ¡Y que se seque mi
mano derecha si te olvido, oh Jerusalén! “No
debe, pues, maravillarnos que el hecho
culminante del pontificado de Calixto sea la
guerra contra el turco, que llevó a cabo con férrea
tenacidad, con constancia portentosa, con
inflexible tesón. Leed, en el alemán Pastor, uno de
los más modernos historiadores de Calixto, todo
lo que éste hizo, todo lo que luchó, todo lo que
trabajó en este sentido, y fuerza será que
admiréis su grandeza de alma. Envió predicadores
a todas las partes importantes de la cristiandad,
para que con el soplo de la palabra encendiese la
guerra; no se olvidó de expedir legados a reyes y
príncipes cristianos; él mismo hizo construir en un
arsenal de Ripa grande, en el Tiber, una flota
considerable; cosa inaudita, dice Eneas Silvio.
Por desdicha, el siglo XIV no era el siglo XVII y
Calixto halló mucho frío glacial aun en los que
más debieran proteger la empresa, como por
ejemplo el emperador Federico III de Alemania,
que a cada paso se veía amenazado por los
turcos. “Mucha es la mies; pocos los trabajadores”
decía Calixto; el cual no desmayó ni vaciló un
momento en su proyecto, a pesar de todos los
obstáculos y dificultades, y ya en Junio de 1456
logró que zarpase del Tiber, a las órdenes del

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Cardenal Scarampo, una flota compuesta de
veinticinco galeras y en la cual iban mil
marineros, cinco mil soldados y trescientos
cañones. Lo que esto costaba a Calixto puede
calcularse recordando que se vio obligado a
reducir a dinero las joyas y objetos preciosos
dejados por su antecesor, y que hasta se privó de
su servicio de mesa. Cuentan que un día
poniéndose a comer y viendo un salero dorado y
otros objetos de valor, exclamó: “Esto para la
guerra contra los turcos; a mí me basta vajilla de
barro”. Y en un Breve declara Calixto que no le
importa quedarse sólo con una mitra de lino
tratándose de la defensa de la Iglesia y de la fe
ortodoxa .
A esta sencillez unía un valor admirable. “Sólo
los bellacos, acostumbraba decir, temen el
peligro: en el campo de batalla crece la palma de
la gloria “A no dudarlo, el temple de alma de este
gran Papa era netamente español, como
recuerdan con oportunidad muchos historiadores
al narrar el brío con que luchó contra los turcos.
En efecto, poseía Calixto el odio a los fanáticos
sectarios de Mahoma, que se había infiltrado en
nuestra sangre y constituía entonces uno de los
caracteres de nuestra raza. No en vano lucharon
nuestros padres un siglo y otro siglo contra los
moros, sin que nada pudiera quebrantar su gran

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entereza, pues no nacía su heroísmo de humanas
pasiones, de suyo tornadizas y veleidosas, sino de
más altas causas, de más profundas raíces, del
sentimiento cristiano, engendrador de las
verdaderas grandezas. Pero, señores, con esta
guerra al mahometismo hemos prestado los
españoles servicios grandísimos al catolicismo, a
Europa y a la civilización verdadera. Sin la
epopeya de la Reconquista, la epopeya más
grandiosa de que puede gloriarse pueblo alguno
de la tierra: sin Papas como Calixto III, que tan a
raya tuvo el poder de los turcos; sin la batalla de
Lepanto y sin las guerras de Orán, quizás hoy
Europa sería tributaria de la Media Luna y donde
se levantan las ciudades más ricas del mundo,
surgirían sólo míseros aduares árabes.
Historiadores mendaces y enemigos de nuestra
religión y nuestra raza, han elevado hasta las
nubes la cultura arábigo-española y en cambio a
los españoles nos han deprimido y rebajado
deplorablemente. Errores son estos que conviene
destruir. Si los moros han hecho algo bueno en
España, es debido al influjo español; y ni aun las
acequias con que regáis vuestra feraz huerta son
obra suya, a pesar de la opinión arraigada en
contrario. Los que combaten a España debieran
reconocer que ésta, al desangrarse combatiendo a
los árabes, ha sido el gran antemural de la

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barbarie mahometana, así como descubriendo y
civilizando un nuevo mundo, a costa de su
despoblación, ha sido la verdadera madre de las
naciones americanas de las que ha recibido
negras ingratitudes.
¡Y hay quien nos ha llamado no hace mucho
raza inferior!. Porque no somos raza de
mercaderes; porque no hemos sido nunca
explotadores; porque no hemos escatimado jamás
nuestros tesoros ni nuestra sangre en defensa de
las más nobles causas; porque donde quiera que
ha ondeado el pabellón español, han quedado
huellas de nuestra hidalguía y nuestra
generosidad. No, no es raza inferior la de
guerreros como Gonzalo de Córdoba, Hernán
Cortés y el Duque de Alba; la del príncipe de
todos los novelistas del mundo; la de los poetas
dramáticos más geniales de Europa; la de los
grandes teólogos y los grandes místicos; la de
pintores como Velázquez y Murillo, cuyos nombres
bastan; la de tantos insignes jurisconsultos,
humanista y filósofos; la raza potente que ha
paseado por toda la tierra, iluminado por el sol de
las victorias, el escudo del león de Castilla y de
las barras de Aragón.
... Ahora y siempre el argonauta fiero que del mar
arrostrare los furores, al echar el áncora pesada
en las playas antípodas distantes, verá la cruz del
Gólgota plantada y escuchará la lengua de
Cervantes.
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Con generosidad verdaderamente española
continuó Calixto en todo el tiempo de su
pontificado la guerra contra el turco. A él se debía
la batalla eternamente memorable de Belgrado,
que cerró las puertas de Europa al sultán
Mehomet e inmortalizó los nombres del valeroso
capitán Huniades, del Cardenal español Carvajal,
legado del Papa y de Juan Capistrano, que tanta
parte tomaron en aquel hecho gloriosísimo. El
Papa ayudó también a Skanderbeg , caudillo de
los albaneses, y no fue extraño a la victoria que
éste obtuvo sobre los turcos en 1457: el mismo
año tuvo la dicha Calixto de que su flota derrotase
a la turca cerca de Metelino y la tomase
veinticinco galeras.
Oraciones que debían recitar en la misa los
sacerdotes; Padrenuestros y avemarías que
debían rezar los fieles al sonar la campana de
medio día indulgencias, predicaciones,
exhortaciones, nuevas fiestas como la de la
Transfiguración, todo lo empleó nuestro Papa
contra los turcos. Mas no por eso descuidó otros
asuntos importantes de la Iglesia, de cuya
independencia se mostró celosísimo. Gloria suya
es haber canonizado a San Vicente Ferrer, anulado
el injusto proceso de Juana de Arco, combatiendo
enérgicamente las herejías. Se le ha acusado de
ingrato con Alfonso V . No ha hecho Calixto en

25
realidad otra cosa que defender los derechos de la
Iglesia contra su príncipe, que vendía los
obispados, aplicaba el dinero recogido para la
Cruzada a la guerra contra los genoveses,
pretendía para su hijo ilegítimo la investidura del
reino de Nápoles y para sí el Vicariato de la Marca
de Ancona y otras posesiones.
Ciertamente nuestro Papa resistió a las injustas
pretensiones de Alfonso, con lo que demostró una
vez más su energía y su firmeza; pero con esto
no cometió ningún delito. Creía el rey que su
antiguo secretario había de plegarse a todos sus
caprichos, como si Dios no fuese antes que los
hombres. Mal conocía a Calixto, para el que no
existían respetos humanos, atento sólo a la
defensa de la Iglesia y dispuesto a morir por ésta
si fuese necesario.
Estúdiese cuanto se quiera la vida de este
gran Papa: siempre resaltarán en ella su singular
modestia, su odio al lujo y al fausto, su austeridad
de costumbres, su espíritu cristiano, su acendrado
amor a la justicia. No fue un humanista, sino un
jurisconsulto en tiempos en que ya habían
comenzado los albores del Renacimiento y por
esto le trataron mal los humanistas; mas para
mantener el orden social y para la buena
gobernación de los pueblos, el culto del derecho
está por encima del de las letras humanas.

26
Setabenses: en este ilustre compatriota tenéis
un ejemplo que imitar: ascendió por sus virtudes
y sus merecimientos a los más elevados puestos y
mostró al ocuparlos que era digno de ellos. Bien
haya el ilustre patricio a cuya costa ha sido
levantada esta estatua: por lo menos comprendió
que no hay recompensa, por subida que sea, que
no merezca la virtud.
Y vos, Excelentísimo Señor, que presidís este
acto demostrando amor a Játiva y a sus glorias
más puras, permitid que en nombre del pueblo
aquí reunido os de gracias por vuestra asistencia.
Un prelado que sabe asociarse a los dolores y a
las dichas de su grey, con razón es amado y
venerado como vos lo sois. Por lo demás, ¿Qué no
se merece la única ciudad de España que en
breve espacio de tiempo dio dos Papas a la
Iglesia?
Y antes de terminar, no olvido, señores, que
esta ceremonia no se verifica con mayor
solemnidad a causa de las inmensas desdichas
que afligen a nuestra amada patria, convertida
hoy en el Niobe de las naciones . Así, no nos
despidamos sin pedir a Dios que proteja a sus
defensores allá en el remoto Oriente y bajo el sol
abrasador de los trópicos .
¡Que la corona de la victoria ciña pronto las
sienes de nuestros soldados! ¡Que éstos puedan

27
regresar en breve a los hogares, donde reinan
hoy horrible ansiedad y dolorosa incertidumbre!.
He dicho.

Con su pluma recorrió gran número de diarios,


semanarios y revistas; con su palabra, infinidad
de púlpitos, pero siempre sembrando ese cariño
que siente hacia su Galicia y la defensa a
ultranza de la religión. Sus servicios, sus
merecimientos, sus publicaciones constituyen el
atestado de su valer; son la justificación más
notoria de los adelantos obtenidos en su brillante
carrera. He aquí el único procedimiento para
llegar, en la dignidad sacerdotal,a los más altos
puestos. Toda otra tendencia que la gente extraña
trate de imponer, es peligrosa y avasalladora. El
eclesiástico no debe acudir nunca a las mercedes
que prodigan los laicos a título de favores políticos
o personales sin desprestigio de la propia
conciencia.

Otra de sus intervenciones más interesantes


la realizó en un discurso pronunciado en Roma en
el palacio de Atemps. El discurso que a
continuación publico ha sido pronunciado en Roma

28
ante un gran concurso, en solemne ocasión y por
labios gallegos. El Sr Ferreiroa, que es hoy, con
otros jóvenes eclesiásticos de nuestro país, no ya
una esperanza, sino una gran realidad, puede
vanagloriarse de que su voz se haya dejado oir en
la Cuidad Eterna, y que su palabra elocuente
hubiese sido escuchada por los príncipes de la
iglesia con el sin igual cariño que en términos más
prósperos y bajo aquel mismo cielo, se oyó la del
gran Tomás de Lemos, gallego como él, y como él
defensor glorioso de la doctrina tomística, tan alto
levantada por León XIII en su encíclica Aeterni
Patris.
Al reproducir hoy en las columnas de La
Ilustración Gallega y Asturiana el discurso del Sr
Ferreiroa, cumplimos, el para nosotros gradísimo
deber que nos hemos impuesto de dejar en ellas
consignado cuanto bajo el punto de vista
intelectual, sea de honra para el país gallego y
asturiano. He aquí el discurso:

Emmos.Sres Cardenales: Señores: Invitado


por el ilustre Monseñor Tripepi a dirigir la palabra
en español a tan respetable auditorio, debo
comenzar felicitándole por haber acudido una vez
más a esta Roma, hogar común de todos los
católicos, a rendir homenaje al sabio Pontífice
León XIII, restaurador de la filosofía cristiana.

29
Vuestra presencia aquí, tiene significación
altísima, que a ninguno de vosotros puede
ocultarse. Demuestra la estrecha unión de todos
los católicos alrededor de la Cátedra de San
Pedro, y es a la vez un consuelo para el atribulado
Pontífice y una esperanza de triunfo para la
iglesia.
Alemanes, franceses, suizos, ingleses,
belgas, americanos y españoles, olvidando
divisiones de raza, de nación y de lengua, venís
aquí a postraros a los piés del Padre común, y a
decirle: He aquí a vuestros hijos fieles,
procedentes de todas las partes del mundo, pero
unidos por el santo lazo de la fé, y dispuestos a
dejarse guiar solamente de vuestra voz en el
campo de las batallas contemporáneas, en el
periódico, en la revista, en el libro, en las aulas,
donde quiera que sea necesario combatir en
defensa de la verdad y de la justicia.
Ahora bien: un ejército de tal suerte unido
y compacto ¿No tiene ganado mucho terreno para
alcanzar el triunfo?. Tanto más, cuando la
Encíclica Aeterni Patris ha aumentado el vigor de
los combatientes, dándoles por bandera la
doctrina del Angel de las escuelas.
¿Quién igual a éste en viveza de ingenio,
solidez de raciocinio, claridad de expresión, y
profundidad de pensamiento? ¿Quién a subido a
mayores alturas, resuelto problemas difíciles

30
aclarado mayor número de cuestiones intrincadas,
asombrado al mundo con ingenio portentoso?
Dice la Encíclica, que con Santo Tomás de
Aquino fue elevada la razón a la cumbre del
humano saber, de suerte que ni apenas pudo
subir más , ni a la fe es dado recibir de la razón
mayores y más eficaces auxilios.
Con efecto, el Angel de las escuelas no
solamente ligó en un solo haz las doctrinas de
todos los escritores sagrados, sino que las
enriqueció por tan maravillosa manera, que
cuantas dificultades nacieron en los pasados
tiempos y todas las que nazcan en lo futuro
contra la fe, están contestadas, sino formal,
virtualmente en sus obras.
Añadan a esto el acierto en el método, la
firmeza en los principios, el vigor en la
argumentación, la propiedad en los términos, la
disposición de las partes, y podrá formarse idea
del glorioso incomparable monumento levantado
por el genio de Santo Tomás.
No es maravilla que tantos sabios ilustres
hayan bebido la verdadera ciencia en el caudaloso
río de las doctrinas tomísticas, que tantos
romanos Pontífices las hayan recomendado con
sumo empeño , que muchos Concilios hayan ido a
buscar a ellas consejo y razones, y que en todos
los pueblos católicos hayan tenido cátedras,
alumnos y comentadores.

31
Y aquí, señores, habreis de permitirme un
recuerdo patrio; habreis de permitirme que diga
que ocupa España un puesto de honor entre las
naciones que cultivaron y defendieron las
doctrinas del Aguila de Aquino.
Lo cual explica que España se haya
distinguido extraordinariamente en el cultivo y en
la defensa de las doctrinas del Doctor Angélico.
España mereció con razón el dictado de nación
teológica por excelencia.
Del cual se ha mostrado digna, no solo
por sus teólogos, sino por haber luchado en todos
los terrenos, en defensa de la religión católica, y
por ende en defensa de la ciencia de Dios.
La nación que tuvo Reyes como Isabel la
Católica, Carlos V y Felipe II; poetas como Fray
Luis de León, Lope de Vega y Calderón de la
Barca; pintores como Luis de Vargas, Juan de
Juanes, Murillo y Zurbarán; escultores como
Cano , Hernández, Berruguete y Martínez
Montañés, bien puede ser calificada de nación
teológica.
Estos reyes, estos poetas, y estos artistas
consagraron sus vidas a defender, enaltecer y
glorificar la bandera del Catolicismo.

Y desde el mar de Lusso a la Junquera


hubo un cetro, un altar y una bandera.

32
Si; la bandera a cuya sombra hemos
triunfando en las Navas de Tolosa, Granada, Orán
y Lepanto; la bandera por que hemos vertido
torrentes de sangre en los campos de Flandes y
de Alemania; la bandera que hemos llevado a
través del océano a los bosques vírgenes del
Nuevo Mundo; sacrosanta e inmortal bandera,
iluminada tantos años por España con el
explendente sol de las victorias.
Mucho ha decaído España por desdicha;
pero no tanto que no conserve vivo en parte el
espíritu religioso que en otros tiempos la elevó al
primer puesto entre todas las naciones del
mundo, y hoy todavía puede regenerarla.
Muestra de dicho espíritu son el
entusiasmo con que acogió la Encíclica Aeterni
Patris, y el empeño que pone en restaurar la
filosofía cristiana, de suerte que un docto alemán
pudo escribir: Si queremos saber cuál es en la
actualidad de la filosofía aristotélica-escolástica,
una breve ojeada sobre las diversas naciones de
Europa nos dirá ciertamente que en Bélgica, en
Francia, en Italia, pero sobre todo en España, esa
filosofía ha levado anclas y tendido sus velas para
dejar el puerto y hacerse a la mar, sin temor a
algún peligro, y que en todas pertes sus banderas
vuelvan a ser respetadas y aún saludadas con
alegría.
He dicho.

33
Obras destacadas de Urbano:

* LA TIERRA SANTA. LA CUESTION ORIENTE 1877


Comprende los hechos más culminantes de la
historia de Palestina hasta nuestros tiempos y el
estado actual de los Santos Lugares.

* LEON XIII Y LA SITUACION DEL PONTIFICADO 1878


Describe toda la vida del Papa y hace un extracto
de sus principales documentos públicos y
privados, además resalta la función de
reconciliador entre el Reino de Roma y el
Vaticano, que por esos años vivían una situación
insostenible.

* LA TRANSFORMACIÓN DE LA ROMA PAGANA 1881


Realiza un recorrido por la historia romana y
describe como Roma se olvida del culto pagano y
abraza a la Iglesia Cristiana.

* HISTORIA APOLOGETICA DE LOS PAPAS 1886


En diez tomos describe la defensa que hicieron de
la fe los pontificados que van desde San Pedro
hasta el pontífice reinante .

34
* LA REFORMA PROTESTANTE EN INGLATERRA 1888
Panegírico de cinco mártires ingleses pronunciado
por D.Urbano Ferreira en el solemne triduo
dedicado a dichos mártires por los Padres Jesuitas
del colegio de San José.

* NERON; EL PRIMER PERSEGUIDOR DE LOS


CRISTIANOS 1893
La crueldad que puso bien patente el inhumano
tirano se mostró en toda la época de las
persecuciones aunque en alguna ocasión los
motivos no eran religiosos

Sin duda alguna, merece especial mención la


versión más antigua escrita en gallego del
“Magníficat, se trata de :

* LA VERSION DE URBANO FERREIROA DE 1886


En el año 1887 hubo en el Vaticano una
exposición internacional para homenajear al Papa
León XIII, para dicha celebración, muchas
diócesis, órdenes religiosas, reyes, nobles y
también ciudades y países, rivalizaron para
agasajar a León XIII con los objetos de máximo
valor artístico . Entre los regalos que el Papa
agradeció más fue un “Magnificat in XL linguas
versum et propiis caracteribus” de Lèrins ,uno de

35
los monasterios más antiguos de Europa. Pues
resulta que esa traducción hecha al gallego fue
obra de Urbano. El Magníficat es uno de los
trechos más conocidos de la Biblia, aparece
únicamente en el Evangelio de San Lucas (1,46 –
55), metafóricamente también se le llamó “El
evangelio de la Virgen”. El Magníficat es incluso
una de las banderas de la Teología de la liberación
por su contenido político-social ( ...derriba de su
trono a los poderosos y hace subir a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los
ricos los despide vacíos ...) Más adelante esta
traducción sería objeto de estudios dadas sus
peculiaridades lingüísticas.
También prologó en el año 1889 en su estancia
en Valladolid como chantre de la catedral, el libro
“El colegial de la Compañía de Jesús” que era un
modelo a seguir del joven escolar .
La etapa más prolífica de Urbano como escritor,
es sin duda cuando ejerce de Chantre de la
catedral de Valladolid y posteriormente de
Valencia, aunque durante toda su vida fue un
manantial de artículos, estudios, prólogos, etc. La
biblioteca de Ferreira constituye su capital,
adquirido en fuerza de trabajo y de tiempo. Los
libros, como podemos ver, forman parte
indispensable de su caminar diario.

36
En referencia al libro: la Cuestión de Oriente,
escribe el columnista de una revista: La crítica ha
pronunciado ya su fallo favorable a esta obra, y
no pueden retraerme de didicarle estas líneas ni
los antiguos y profundos casos de amistad que
nos unen al autor, ni el temor de herir su delicada
modestia.
Los que hasta ahora han hablado de este
libro, han convenido en dos cosas; en que está
primorosamente escrito y reune los elementos
necesarios para conocer desde su origen y en sus
fases más importantes el histórico y eterno nudo
de Alejandro llamado Cuestión de Oriente.
Con solas estas dos condiciones y la del
palpitante interés de actualidad que despierta su
estudio en todos los ánimos, se explica fácilmente
que esté para agotarse la primera edición de este
libro.
No es este, sin embargo, lo que ha
llamado mi atención, porque sabía de antiguo que
este Ferreiroa escribe con galanura, corrección y
buen gusto, cosa por cierto bastante difícil a todos
los que nacimos y se educan en este rincón de la
Península, y no era para mi tampoco un problema
que tiene fuerzas y alientos para salir airosos en
cualquier empresa literaria que acometa, lo que
me ha sorprendido, es que ha hecho un libro de
amena y agradable lectura, teniendo por base una
incógnita, y la ha despejado, cosa que parecía

37
a la alta diplomacia, aun a satisfaccción de las
inteligencias menos privilegiadas. Cambiar la
topografía de la ideas y pintar valles y llanuras,
allí donde hay solo riscos pelados y abstiosas
montañas, es tarea tan difícil como traducir al
castellano cualquier libro krensista o introducir
una dosis de buen sentido, en la mollera, siquiera
sea homeopática, de un espiritista y sin embargo
el autor del libro la ha realizado con notable
desembarazo y especial maestría, convirtiendo
este terreno árido e ingrato por donde solo
podrían trepar las inteligencias viriles en
pintoresco valle de fácil acceso a todo el mundo,
en lo cual se revela el inmenso talento periodístico
del autor.
En el plan de la obra no aparece solo el
periodista eminente, el profundo conocedor de las
formas, sino también el observador atento que se
remonta largos siglos para averiguar las causas
generadoras de la crisis que atraviesa el famoso
problema oriental; y enlazar con los
acontecimientos actuales el suceso conocido en la
historia con el nombre de Cisma griego,
demuestra que se conserva entre nosotros algo
de aquella vasta comprensión que inmortalizó a
Bossuet como historiador.
Otro atractivo tiene además el libro de que
tratamos: la novedad. Sin descuidar los variados
objetos que ofrece la cuestión, objeto de las

38
meditaciones del autor, se ha fijado con particular
complacencia en el aspecto religioso, del cual se
olvidaban la mayor parte de las gentes con ser el
más fecundo y trascendental en todos los órdenes
de la economía social.
Es, pues, un libro que honra la literatura
pátria y que los gallegos debemos considerar
especialmente como justo motivo de orgullo.
Renunciamos a hacer su análisis detenido
para dejar íntegro al lector el placer de recorrer
sus sabrosas páginas.
Precede al libro una introducción sobre la
civilización mederna, en que se ponen de relieve
los trascendentales errores que dominan hoy en el
campo científico y se describe la privanza que
ejerce el paganismo en las costumbres.

Del libro: “Historia de los Papas”, se dice


de Ferreiroa que conoce la historia de la antigua
Roma como pocos. Ha estudiado a conciencia
algunas de las grandes figuras del Imperio
romano; en sus paseos por la Ciudad Eterna,
habrá logrado reconstruir fielmente la vieja capital
de los Césares y de los mártires. Todo esto se
advierte en su: “Nerón” del cual dice con razón, el
censor eclesiástico, que más se parece a historia
que a novela.

39
El mismo editor, viene publicando una obra
monumental, pues justo es otrogarle tan elevado
calificativo, en donde el eruditísimo y docto
Canónigo Chantre de Valencia, Dr Urbano
Ferreiroa, desenvuelve, en siete buenos
volúmenes, el maravilloso cuadro de la: “Historia
Apologética del os Papas desde San Pedro al
Pontífice reinante”. Que el Sr Ferreiroa, sacerdote
estudiosísimo y no menos laborioso, digno hijo de
esta hermosa tierra gallega, era persona bien
acreditada en el mundo de la literatura histórica,
ya se había visto, y bien claro, en sus anteriores
libros: “Transformación de la Roma pagana” y
“Nerón”;pero ahora, sube de punto la tarea por él
emprendida, pues en su obra sobre los Papas,
viene a darnos un buen tratado de historia
eclesiástica, con carácter apologético, labor
profunda por sus elevadas miras, obra solidísima
por lo bien documentada, defensa generosa y
noble de la más bella institución que viene
atravesando los siglos; y luego, escrita con
elocuente y dulcísimo estilo, en donde el autor
deja ver las hermosas profundidades del alma
gallega, reflexiva, poética, un tanto melancólica,
como alma que nació en esa tierra de montañas y
arboledas, de nieblas y ríos deliciosos, llenos al
par de misterio, tierra sin igual, que encierra en

40
su seno todas las dulzuras maternales, y en sus
campos y lugares un fondo inagotable de poesía
honda y amante como la de los países del Norte.
En el tomo 1º, del cual doy cuenta hoy,
traza el autor, después de un estudio filosófico y
bibliográfico que le sirve de introducción, un
cuadro admirable que él titula: Discurso
preliminar acerca de los tres primeros siglos del
Cristianismo. Después, vienen ya los siguientes
importantes asuntos: Epoca primera.- San Pedro.-
Personalidad de San Pedro.- San Pedro antes de la
Ascensión.- San Pedro en el ejercicio del
Primado.- San Pedro en Antioquía.- San Pedro en
Roma. Tal es el contenido del tomo I .
Todo esto, como es de suponer, resultará un
verdadero monumento de ciencia cristiana y
servirá para instrucción de muchos, y gloria de la
Igesia, defensa del Pontificado y honor de la
nación española, de esta tierra gallega, madre del
autor y gloria justísima del autor mismo, a quien
envío cariñosa enhorabuena.

41
¿Qué se dijo de él?
Se trata a todas luces de un hombre humilde
así lo describe el columnista de la “Revista
Gallega” Xan das Silveiras en sus artículos que
titula “El despacho de Ferreiroa" y dice de él: “Ha
llegado al puesto que ocupa por propios y no
ajenos merecimientos, así es que no hace
antesalas, ni apetece honores, ni busca
padrinazgos ni solicita posiciones”. “Puede en
rigor de verdad, mirar alto y marchar tranquilo,sin
que los valores le motejen de favoritismo, ni la
gente de levita de ser uno de sus recomendados".
“Nadie puede ufanarse de haberle empujado en
sus ascensos, a nadie es deudor de gracias
indebidas”.
Sigue diciendo: “El despacho del Doctor
Ferreiroa es modesto en el mobiliario pero no en
libros” “Pero la profundidad del estudio, aquel que
se fija más en el fondo que en la forma, ha
menester encerrarse en el gabinete y pasar la
vida entre los libros. Por eso al doctor Ferreiroa se
le ve tan poco en la vía pública pues necesita todo
el tiempo para la labor intelectual”. La humildad
rezuma por todos los artículos que sobre él
vierten escritores y columnistas que le dedican
sus trabajos:

42
“La vivienda del Sr Ferreiroa está convertida en
biblioteca. El confort ha dejado paso libre a la
colocación de los libros y el mobiliario va
retirándose a medida que avanza la estantería.”
Otros autores comentan de él y lo catalogan
de gran orador y le dedican palabras como:
“Publicista desde el presbiterio necesitó gran
número de libros para ir atesorando
conocimientos que la verdadera ciencia reputa
indispensables”. Continuamos encontrando
opiniones al respecto: “Este distinguido escritor
gallego...” “Felicitamos al sabio director de la
revista Soluciones Católicas, por ese merecido
ascenso...”
“Urbano Ferreiroa fue un gran sabio...” “Este
sacerdote orensano, maestro en erudicción,
doctor en ciencias eclesiásticas, historiador del
Pontificado, propagandista de Galicia ...”
El redactor de “La correspondencia de
España” dice: “Urbano es uno de los publicistas
eclesiásticos más sabios de la España
contemporánea”. La mayoría de los periódicos
hacen justicia al saber y a la prudencia del
virtuoso canónigo: “Sus servicios, sus
merecimientos, sus publicaciones, constituyen el
atestado de su valer; son la justificación más
notoria de los adelantos obtenidos en su brillante
carrera . He aquí el único procedimiento para
llegar, en la dignidad sacerdotal, a los más altos

43
puestos. Toda otra tendencia que la gente extraña
trate de imponer, es peligrosa y avasalladora. El
eclesiástico no debe acudir nunca a las mercedes
que prodigan los laicos a título de favores políticos
o personales sin desprestigio de la propia
conciencia”.
Otro columnista del mismo diario universal
añade: “Los trabajos del eminente sacerdote
gallego Sr. Ferreiroa obtienen el aplauso de la
crítica y la felicitación de los oradores”.
Calificativos como: “Elocuente orador sagrado y
celebrado publicista”, “Ilustrado redactor”, “El
notable literato hijo de esta provincia”, etc etc,
nos muestra a las claras la categoría tanto moral
como profesional de este humilde sacerdote que
poco a poco va consiguiendo todas las metas
puestas a su alcance. Ni le da vértigo el Vaticano
en sus primeros años como archivero en Roma, ni
se arredra ante el reto de periodista en Madrid,
asume y eleva a extraordinaria su etapa de
Chantre de las catedrales de Valladolid y Valencia,
cumple a la perfección como abreviador de la
Nunciatura Apostólica de Madrid, florece como
académico de la Real Academia de Madrid,
destaca en las academias Filosóficas de Santo
Tommaso de Bologna y de los Arcades de Roma y
ejerce con mano firme como ministro del Tribunal
de la Rota .

44
Fueron muchos los personajes españoles que
loaron sus obras, entre ellos, el Ilustrísimo Sr.
Marcelino Menéndez Pelayo, que a pesar de que
no tenemos la carta que le envió a Urbano, por la
contestación de éste, intuimos de que se trataba;
paso a copiar el original de dicha misiva:
REMITENTE : Urbano Ferreira
DESTINATARIO : Marcelino Menéndez Pelayo
FECHA : 30 de Julio de 1897
LUGAR : San Amaro ( Orense )
Muy Sr. Mío y de mi consideración: En esta rincón de
Galicia, donde me hallo de veraneo, he recibido su
atenta que me ha sorprendido agradablemente,
porque soy uno de sus más sinceros y fervientes
admiradores y le considero a Usted, como la gloria
científica mayor de nuestra Patria en este siglo.
Respecto a mi historia creo que tiene Usted, razón
en lo del título de Apologética. He seguido una moda
romana de la que estoy arrepentido. Tanto más
cuanto de muchos Papas no es justo hacer la
Apología, sobre todo en los siglos X y XI. También he
escrito a veces con demasiado apresuramiento y
con falta de muchos libros modernos. Veremos si
puedo enmendar algo esto con mi traslado a Madrid
como Abreviador de la Nunciatura. Allí ya le visitaré
alguna vez y aun acaso le moleste con alguna
consulta, aunque no dejaré de tener en cuenta sus
grandes ocupaciones. Le doy gracias por su atención
por escribirme y por haberse fijado en mis pobres
trabajos y me ofrezco suyo affmo. amº. s.s y capn .
q.b.s.m.
Urbano Ferreiroa
45
No se salva Urbano de alguna que otra crítica
feroz, aunque en honor a la verdad son pocas: En
un artículo titulado “Los viajeros” en el que se
analiza la cuestión de Oriente y de dice que la
visión que desde Europa hay es que las
comunidades musulmanas son el elemento
ausente de sus discursos, nunca se mencionan y
si se hace el estado califal aparece sin un antes y
un después, incrustado en los manuales de la
Historia. Los viajeros, entre los que se encontraba
Urbano, perfectamente, pero a su vez
extrañamente, coordinados con sus políticos
mantienen esas mismas pautas, continúa diciendo
que el error que cometió el Gobierno Otomano, de
dejar acampar, sin ningún control a las compañías
religiosas europeas especializadas en la
enseñanza, hizo que los alumnos orientales
leyeran en los libros de tan reputados
intelectuales, una visión sobre sí mismo, que sólo
podía provocarles espanto y verdadero deseo de
dejar de ser el bárbaro en el que se veían
reflejados.
Otro escritor E.Jordan carga tintas contra
Urbano, en el estudio de su obra “Historia
Apologética de los Papas”; comienza calificándolo
como un libro de vulgarización, en el cual Urbano
bebió de muchas y muy diversas fuentes y no
sabe a penas distinguir la diferencia, continúa

46
diciendo: uno se da cuenta, desde su
introducción, de los elogios entusiastas que le
concede, sin distinción, a todos los escritores
católicos que consultó. Comprendo que sea
ecléctico pero no hasta el punto de admirar, a la
vez, la solidez de juicio del Abad Darras y los
trabajos de M. de Rossi y el Abad Duchesne.
Sobre la leyenda del bautismo de Constantino por
San Silvestre, muestra el poco valor del
argumento, luego al final del volumen, en un
apéndice, Ferreiroa resume las ideas del Abad
Duchesne sobre la historia de la leyenda y
E.Jordan se pregunta: Dónde está su pensamiento
verdadero? Toma él en cuenta esas ideas? Y
termina: estos dos ejemplos son suficientes para
dar una idea del desfallecimiento de la crítica de
U.Ferreiroa y de sus procedimientos
acostumbrados: arreglar a golpe de tijeras un
mosaico de citas heterogéneo y con frecuentes
contradicciones; enumerar los autores en lugar de
discutir los textos y argumentos. Por último;
cuando nos dice que Valerio Nacario eligió la fiesta
del Patrocinio de María Santísima para la gran
ceremonia de su primera consagración episcopal ,
habrá lector ignorante que creerá que aquel santo
varón fue consagrado obispo varias veces, o por
lo menos dos, en Tuy y en Cuenca. Son lapsus,
fácilmente salvables, pero que también
desmerecen en un trabajo por tantos conceptos
excelente.
47
Breve reflexión.
¿Qué decir de un hombre que reúne tanto
saber, que sus obras traspasan fronteras, que su
legado literario es tan amplio y que sus virtudes
son admiradas por cuantos le rodearon? pienso
que no puede permanecer en el anonimato; que
no podemos permitir que el tiempo esconda para
siempre su obra, que el velo del olvido oculte la
belleza de sus palabras, que el lento caminar de
los días entierren su recuerdo.
Destapemos de una vez por todas el tarro de
las esencias y recordemos sus palabras,
busquemos en sus libros y allí encontraremos un
adelanto de lo que hoy está pasando en Oriente,
puede decirse que fue un visionario de los
enfrentamientos que hoy más preocupan con
relación al mundo musulmán. Hasta allí viajó para
visitar los Santos Lugares en dónde adquirió datos
y fundamento que le sitúan entre los autores más
doctos en la materia.
Urbano fue un adelantado y ya vaticinaba
por entonces los peligros que hoy acechan a la
Iglesia. Recordemos sus palabras: “No en vano
lucharon nuestros padres contra los moros y de
no ser así, en la actualidad, nuestra patria estaría
tributando a los fanáticos sectarios de Mahoma”

48
De esta manera se despiden del Dr. Urbano
Ferreiroa: En la última decena del pasado mes de
Febrero entregó su espíritu al Creador, en su casa
solariega de San Fiz de Navío (Orense), el
Abreviador de la Nunciatura Apostólica en Madrid,
D. Urbano Ferreiroa.
Historiador de vasta erudición y cultura,
orador elocuente, publicista de altos vuelos y
apologista insigne, el Sr. Ferreiroa deja en La
cuestión de Oriente , la Transformación de la
Roma pagana en la Roma cristiana , Tierra Santa,
león XIII y la situación del Pontificado, Nerón,
Historia apologética de los Papas y en otras obras,
fruto de su profundo talento y asídua laboriosidad,
un magnífico pedestal a la perdurable memoria de
su fama. En Roma, en Valladolid, en Valencia y en
la Corte, en donde ha desempeñado altos puestos
eclesiásticos, era apreciadísimo por sus virtudes y
preclaras dotes el sabio y modestísimo sacerdote
gallego.
La muerte de tan benemérito e
ilustradísimo hijo de Galicia, ha sido muy sentida
en todas partes y todos reconocen que ella
significa un duro golpe para las letras patrias y
particularmente para las letras gallegas.
¡Que Dios haya acogido en su santa gloria, el
alma del Sr. Ferreiroa, decidido y esforzado
campeón de la verdad y de la justicia.

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Me gustaría a través de este pequeño estudio,
recuperar la memoria histórica de Urbano que
duerme, olvidada e ignorada, en un buen número
de libros que pacientemente esperan apilados en
una estantería, una mano que los saque del
ostracismo.
Nos unen los sombríos pinares, las umbrosas
arboledas y los senderos floridos, de esta
pequeña aldea que nos vio nacer, además del
sentimiento de seminarista que marcó nuestras
vidas desde los primeros años de nuestra infancia.
Poco queda que añadir a este brillante
curriculum, que presenta Urbano, conseguido con
empeño, trabajo y dedicación. Comienza su corta
vida, 56 años, en la pequeña aldea de San Fiz de
Navío y la finaliza el día 22 de Febrero de 1901 en
el mismo lugar. Yace enterrado justo en la entrada
principal de la Iglesia. Allí descansa para siempre
bajo una fría lápida que lo recuerda como:
“Ilustre sacerdote”.

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Referencias bibliográficas.

• Boletín de la Sociedad Española de Excursiones


Enero-Diciembre 1899.
• Domingo Muelas Alcocer. Episcopologio conquense.
• El Heraldo Gallego. Febrero 1878.
• El Imparcial madrileño.
• El Semanario católico.
• E.Jordan. Sobre “L’histoire apologetique des Papes”.
• Hergenroether. “Historia de la Iglesia”versión castellana.
• La Nacionalidad.
• La Unión gallega de Montevideo.“Un rincón de
Galicia”1881.
• Ortí y Lara. “El Siglo Futuro”Enero 1878.
• Padre Samuel Eiján. “Ribadavia y sus alrededores”.
• Urbano Ferreiroa. “La Tierra Santa” Cuestión de Oriente

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