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Trastornos alimenticios en adolescentes

OBJETIVO GENERAL:

Impulsar el desarrollo personal, familiar y social de las adolescentes, así como


lograr un auto concepto positivo y elevar la autoestima para el óptimo desarrollo
de sus potencialidades.

Población: Adolescentes, principalmente mujeres, de 13 a 16 años con


problemas de bulimia o anorexia.

Integrantes: 5 niñas con anorexia y 5 con bulimia

La adolescencia es un continuo crecimiento de la existencia de los jóvenes, en


donde se realiza la transición entre el infante o niño de edad escolar y el adulto.
Esta transición de cuerpo y mente, proviene no solamente de sí mismo, sino que
se conjuga con su entorno, el cual es trascendental para que los grandes cambios
psicológicos que se produce en el individuo lo hagan llegar a la edad adulta. La
adolescencia es un fenómeno biológico, cultural y social, por lo tanto sus límites
no se asocian solamente a características físicas.

A diferencia de la pubertad, que comienza a una edad determinada a los doce o


trece debido a cambios hormonales, la adolescencia puede variar mucho en edad
y en duración en cada individuo pues está relacionada no solamente con la
maduración de la psiquis del individuo sino que depende de factores
psicosociales más amplios y complejos, originados principalmente en el seno
familiar

Aunque no existe un consenso sobre en que edad termina la adolescencia,


algunos psicólogos como Erik Erickson consideran que la adolescencia abarca de
entre los doce o trece años hasta los veinte o veintiún años. Según Erickson este
período de los 13 a los 21 años es la búsqueda de la identidad y define al
individuo para toda su vida adulta, quedando plenamente consolidada la
personalidad a partir de los 21 años. Ya que el término de la adolescencia
depende de la madurez psicológica la edad exacta en que termina no es
homogénea y dependerá de cada individuo.

Una persona joven que vive el paso de la escuela primaria a la secundaria en el


momento de la pubertad o justo después de ella, tiene mayor riesgo de padecer
depresión. Como las niñas inician su pubertad más temprano, presentan más
posibilidades que los muchachos de experimentar estos 2 eventos de manera
simultánea.
Otro factor importante en la adolescencia es la preocupación por su aspecto
físico. Las niñas adolescentes tienden a sentirse más infelices por su apariencia
que los niños, quizá debido a que hay un mayor énfasis cultural en los atributos
físicos de las mujeres, además, los hombres tienen medios mas eficaces para
afrontar un estado de ánimo depresivo: por lo general se distraen hasta que
superan su humor, mientras que las mujeres tienden a buscar las razones de su
depresión. Estos patrones pueden comenzar en la adolescencia.

Anorexia y bulimia nerviosa

Algunos jóvenes sienten un enorme temor de convertirse en personas obesas, y


la lucha por no volverse obesos puede conducir a problemas mucho más graves
que la obesidad misma. Por la presión, la salud y la belleza, algunos
adolescentes, especialmente las niñas, encausan su vida en una batalla para
reducir de peso, que en algunos casos, se convierte en patológica.
Con la pubertad, las niñas muestran un aumento normal en la grasa corporal y
esto puede llevar a una preocupación excesiva por la imagen del cuerpo y el
control del peso. En un estudio con niña desde 5º hasta 8º grado, el 31% dijo que
estaba a dieta, el 9% en ocasiones no comía, el 5% se había inducido el vómito.

Los desórdenes de la alimentación son muy comunes entre las niñas que buscan
la excelencia en la natación, el ballet, patinaje artístico y gimnasia.
Las relaciones con padres y compañeros pueden ser un factor en el desarrollo de
desórdenes en la alimentación. En un estudio, a 240 niños de los grados de 5º a
9º se les pidió que respondieran cuestionarios a cerca de la cantidad de tiempo
que pasaban con cada uno de sus padres y la cercanía y amistad de esa relación.
Las niñas que tenían relaciones positivas con sus padres tenían menos peso y
menos preocupaciones con respecto a la alimentación. Sin embargo, no resulta
claro que las relaciones negativas con los padres causen desórdenes en la
alimentación, es posible que la tensión por manejar un desorden de este tipo
pueda socavar la relación padres-hijos.

Las niñas que han comenzado una relación con un muchacho, en particular si es
íntima o si han comenzado a menstruar poco tiempo antes, tienden a
preocuparse más por la dieta y son más susceptibles a los desórdenes
alimenticios. Las relaciones con los chicos ponen a las niñas bajo presión para ser
“sexies” y esta presión puede ser mayor en las jovencitas que poco antes han
comenzado su actividad sexual o que han ganado peso debido a los cambios de
la pubertad.

Los trastornos alimenticios más comunes son: la bulimia nerviosa y la anorexia


nerviosa.
En la bulimia nerviosa, los episodios alimentarios desenfrenados o comilonas, van
seguidos de vómito auto inducido, consumo excesivo de laxantes u otras
tentativas de purga, para eliminar el alimento ingerido.
En la anorexia nerviosa, la persona no ingiere más que cantidades mínimas de
alimento, de modo que su peso corporal se reduce a veces con ciertos riesgos. La
característica principal de estos trastornos afines es un impulso abrumador por
estar delgados.

Lo que más atrae la atención sobre los trastornos alimenticios, es que son
específicos de la cultura. Hasta hace poco, no se hallaban trastornos alimenticios
en los países en desarrollo, en donde el acceso al alimento necesario es a
menudo una lucha cotidiana, solo en Occidente, donde suele haber abundancia
de alimento, se han vuelto endémicos.
Más del 90% de los casos graves comprenden a mujeres jóvenes, sobre todo de
familias de nivel socioeconómico alto, que viven en un ambiente socialmente
competitivo.

Bulimia nerviosa

La característica distintiva de la bulimia nerviosa es la ingestión de una gran


cantidad de alimento, por lo común, más comida chatarra que frutas y verduras,
que la mayoría no se permitiría en circunstancias similares. Los pacientes con
bulimia se identifican fácilmente con esta descripción, aunque la ingestión
calórica real de las comilonas varía significativamente de una persona a otra.
El individuo trata de compensar la comilona y el potencial aumento de peso, casi
siempre por medio de técnicas de purga. Entre éstas se cuentan el vómito auto
inducido inmediatamente después de comer.
Los sujetos bulímicos que practican purgas manifiestan una psicopatología más
grave que las personas bulímicas que no se purgan, y ello comprende episodios
más frecuentes de comilonas, una mayor prevalencia de vida del trastorno de
depresión mayor y del pánico y calificaciones más elevadas en las mediciones de
actitudes y conductas alimentaria perturbadoras.

Trastornos psicológicos asociados

Una persona bulímica suele presentar trastornos psicológicos adicionales, en


particular de ansiedad y del estado de ánimo. Se compararon a 20 pacientes con
bulimia nerviosa con 20 que sufrían trastorno de pánico y a ortos 20 con fobia
social, el resultado fue que por lo menos 75% de los pacientes con bulimia
presentaban también algún trastorno de ansiedad, como fobia social o ansiedad
generalizada, los pacientes con trastorno de ansiedad, por otra parte, no exhibían
necesariamente una elevada tasa de trastornos alimentarios. Los trastornos del
estado de ánimo, en particular depresión, coinciden también en forma común con
los trastornos alimenticios. Por varios años, una teoría sostuvo que los trastornos
alimenticios solo eran una forma de expresar la depresión. Sin embargo, casi
todas las pruebas indican que la depresión sigue a la bulimia y tal vez sea una
reacción a esta. Por ultimo, el abuso de sustancias suele acompañar a la bulimia
nerviosa.
La bulimia suele tener una relación estrecha con los trastornos de ansiedad y un
poco menos con los del estado de ánimo y de consumo de sustancias.

Anorexia nerviosa

En comparación, las personas con anorexia nerviosa difieren en un sentido


importante de as que sufren bulimia. Consiguen bajar de peso en forma tan
eficaz que ponen su vida en gran peligro.
Tanto la anorexia como la bulimia se caracterizan por un temor morboso a subir
de peso y perder control en la forma de comer. La principal diferencia parece
hallarse en si la persona logra bajar de peso.
La bulimia nerviosa es más común que la anorexia, pero ambas se traslapan en
gran medida. Por ejemplo, muchas personas con bulimia cuentan con un historial
de anorexia, lo cual significa que en alguna ocasión recurrieron al ayuno para
reducir su peso corporal a niveles deseables.
Aunque la disminución de peso corporal en la característica más notable de la
anorexia nerviosa, no es el punto central del trastorno. Muchas personas pierden
peso por un problema de salud, pero las que sufren anorexia tienen un intenso
temor a la obesidad y buscan de manera incansable estar delgadas. Lo más
común es que el trastorno comience en una adolescente que está realmente
excedida de peso o que así se percibe. La afectada inicia entonces una dieta que
crece y se convierte en una preocupación obsesiva por estar delgada.

Trastornos psicológicos asociados

Como en el caso del a bulimia nerviosa, a menudo en las personas con anorexia
están presentes trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. Lo que es
interesante es que uno de los que parece coincidir de manera frecuente es el
trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). En la anorexia nerviosa, los pensamientos
desagradables se concentran en el aumento de peso y la persona incurre en
diversas conductas, algunas de naturaleza ritual, para liberarse de tales
pensamientos. El abuso de sustancias también es común en las personas con
anorexia nerviosa.

Después de la pubertad, las jóvenes aumentan de peso principalmente en el


tejido graso, en tanto que los varones desarrollan músculo y tejido magro. Como
la apariencia ideal es ser alto y musculoso para los hombres y delgada y
prepúber para las mujeres, el desarrollo físico aproxima a los chicos al ideal y
aleja a las chicas.
En ocasiones, los trastornos alimenticios, en particular la anorexia nerviosa, se
dan en los niños menores de 11 años. En esos casos raros de niños con anorexia,
es muy probable que limiten su ingestión de líquidos, así como los alimentos
sólidos, tal vez sin entender la diferencia.
Las preocupaciones por el peso son menos comunes en niños de corta edad, pero
muchos han experimentado tensión grave, como la ocurrida por la muerte de un
ser querido, el divorcio de los padres o el nacimiento de un hermano.
Tanto la anorexia como la bulimia tienen lugar también en años posteriores, en
particular luego de los 55.

Dimensiones sociales

Para muchas mujeres occidentales jóvenes, verse bien es más importante que
estar sanas. De hecho, para las jóvenes de ambientes competitivos de clase
media a alta, la valía personal, la felicidad y el éxito están determinados en gran
medida por las medidas corporales y el porcentaje de grasa en el cuerpo,
factores que a la larga tienen poca o ninguna relación con la felicidad y el éxito
personales. El imperativo cultural de delgadez da por resultado directamente la
dieta, el primer paso peligroso en la resbaladiza pendiente hacia la anorexia y
bulimia.
Puesto que los hombres con sobrepeso son de 2 a 5 veces más comunes como
personajes de televisión que las mujeres excedidas de peso, el mensaje de los
medios sobre la esbeltez está dirigida con claridad a ellas.
En un estudio, se comprobó que las jóvenes que veían 8 horas o más la televisión
por semana informaron una insatisfacción con su cuerpo significativamente
mayor que las que veían menos televisión.
El problema con los estándares actuales es que son cada vez más difíciles de
alcanzar, puesto que el tamaño y peso de la mujer promedio ha aumentado al
paso de los años con el mejoramiento de la alimentación: asimismo, hay un
aumento general de estatura a lo largo dela historia. Sea cual fuere la causa, el
choque entre nuestra cultura y nuestra fisiología ha tenido algunos efectos muy
negativos, uno de los cuales es que las mujeres ya no se sienten satisfechas con
su cuerpo. Un segundo efecto claro es el aumento radical, en particular entre las
mujeres, de la adopción de dietas y ejercicios para alcanzar lo que puede ser en
realidad una meta imposible.
En la adolescencia, los estándares culturales se experimentan a menudo como
presión de los compañeros y son de mucho mayor influencia que razones y
hechos. El gran número de homosexuales entre el número relativamente
pequeño de varones con trastornos alimentarios, también de ha atribuido a loas
presiones de la cultura gay por tener un físico esbelto.

Influencias familiares

Mucho se ha hecho sobre el posible significado de los patrones de interacción


familiar en los casos de trastornos alimenticios. Un gran numero de
investigadores (Attie y Brooks-Gunn, Bruch, Minuchin, Rosman y Baker), han
descubierto que la familia de la persona anoréxica “característica” es exitosa,
esforzada, preocupada por la apariencia externa y ávida de mantener la armonía.
Para alcanzar estas metas, los miembros de la familia a menudo niegan o se
desentienden de los conflictos o sentimientos negativos y suelen atribuir sus
problemas a otras personas, a costa de la comunicación franca entre ellos
mismos.
Pike y Rodin confirmaron las diferencias en las interacciones de las familias de
chicas con trastornos alimenticios, en comparación con familias de control. En
esencia, las madres de las chicas con una alimentación trastornada parecían
actuar como “mensajeras de la sociedad”, pues deseaban que sus hijas
estuvieran delgadas. Era muy probable que ellas mismas estuvieran a dieta y, en
general, eran mas perfeccionistas que las madres del grupo de control respecto a
que estaban menos insatisfechas con su familia y la cohesión familiar.
Cualquiera que sea la relación preexistente, después de la aparición de un
trastorno alimenticio, en particular la anorexia, las relaciones familiares pueden
deteriorarse con rapidez. Padres instruidos, incluidos psicólogos y psiquiatras con
una comprensión cabal del trastorno al que se enfrentaban, han declarado haber
recurrido a la violencia física (golpes o bofetadas) en momentos de frustración
extrema, en un vano intento por hacer que sus hijas se llevaran a la boca algo de
alimento. La sensación de culpa y angustia de los padres a menudo rebasa los
niveles de ansiedad y depresión presentes en los hijos con el trastorno.

Dimensiones biológicas

Como en el caso de la mayor parte de los trastornos psicológicos, los de origen


alimentario se dan en las familias y, por ende, parecen tener un comportamiento
genético. Si bien los estudios terminados son sólo preliminares, sugieren que los
familiares de los pacientes con trastornos alimenticios tienen por si mismos de 4
a 5 veces más probabilidades que la población en general de desarrollar
trastornos alimentarios.
Una persona podría heredar una tendencia a ser emocionalmente sensible a los
sucesos de vida estresantes y, en consecuencia, podría comer de manera
impulsiva en una tentativa por liberarse de su tensión y ansiedad. Esta
vulnerabilidad biológica podría interactuar entonces con factores sociales y
psicológicos y producir un trastorno alimenticio.

Dimensiones psicológicas

Las observaciones clínicas señalan que muchas jóvenes con trastornos


alimenticios tienen una menor sensación de control personal y de confianza sobre
sus capacidades y talentos. A las mujeres con estos trastornos les preocupa
intensamente la forma en que las perciben los demás. También se ven a sí
mismas como unas farsantes, pues consideran como falsa cualquier impresión
que hagan de ser adecuadas, autosuficientes o dignas de consideración. En este
sentido, se sienten impostoras en sus grupos sociales y experimentan niveles de
ansiedad social elevados.
Las distorsiones específicas en la percepción de la forma del cuerpo cambian a
menudo en función de las experiencias cotidianas, así pues, acontecimientos
bastante menores relacionados con la comida pueden activar el temor a
aumentar de peso, mayores distorsiones de la imagen corporal y esquemas
correctivos como la purga.
En el tratamiento de la bulimia, la reducción de la ansiedad asociada con el
hecho de comer, es menos importante que contrarrestar la tendencia a limitar
demasiado la ingestión de alimentos y las actitudes negativas sobre la imagen
corporal que conducen a la comilona y la purga.

Tratamientos psicosociales

Hasta hace poco, los tratamientos psicosociales se orientaban a la baja


autoestima del paciente y a sus dificultades para desarrollar una identidad
individual. Sin embargo, estos tratamientos solos no tenían la eficacia que los
clínicos esperaban. Los tratamientos cognoscitivo-conductuales de corto plazo
toman como objetivo la conducta alimentaria problemática y las actitudes
asociadas acerca de la importancia y el significado preponderantes del peso y la
forma del cuerpo.

Bibliografías

Libros
Artículos

Ximena Palacios Espinosa, “Evolución de las teorías cognoscitivas y del


tratamiento cognoscitivo conductual de la anorexia nerviosa”, Terapia
psicológica, Junio, 2007, vol. 25, no.001. Sociedad Chilena de Psicología Clínica.
Págs. 73-76

Rosalinda Guadarrama Guadarrama, “Anorexia y Bulimia y su relación con la


depresión en adolescentes”, Psicología de la Salud, Enero-Junio, 2008, vol.18,
no.001. Universidad Veracruzana, Xalapa México. Págs. 5-6

SESIONES

Sesión 1

Objetivo: Disminuir la ansiedad, integrar a las adolescentes al grupo, crear un


ambiente de armonía y respeto entre ellas para que se sientan con la libertad de
expresarse y que se den cuenta que ellas no son las únicas con ese problema.