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La revista de expresión creativa en la cultura decadente
Dirección y maquetación: José Manuel Sanrodri Subdirección y maquetación: Manuel Valero Gómez
Consejo de redacción: Pere Vicente Agulló, Antonio Zapata Pérez, Miguel Salinas, Josep E. Rico Sogorb y Eva María Palenzuela Martínez.

Presentación
MIGUEL SALINAS La verdad es que no sé cómo empezar el preámbulo para este quinto número, ni siquiera me han venido a la mente (como otras veces) miles de malas ideas. Ahora mismo sostengo en mi mano derecha un vaso preñado con dos cubitos y Jack Daniel's y en la izquierda un cigarro, mientras pienso en qué es para mí la poesía observo embriagado la danza que mantiene el humo con el oxígeno aún virgen y me pregunto acerca de los poemas que han llegado a nosotros. ¿Cuál es el motivo de intentar reunir a estos malditos hijos del anonimato bajo el amparo de un mismo sueño, un sueño común y mercenario a partes iguales? Pero no aparece la respuesta, tan sólo me atacan los versos que leo en este bar mal iluminado mientras recuerdo la sombría desnudez de la muerte. Ha sido tan duro y tan largo por parte de la revista caminar por el angosto camino de la cultura, que tan menospreciada como siempre amanece sólo a las mentes preparadas para recibirla, que aún me pregunto si vale la pena lo andado y si dejase contestar a mi cinismo la negativa sería más que evidente. Pero aquí estamos, como cada vez que nos dejan, para hacer llegar un poco de luz a este bar, un poco de amor donde se requiera, consuelo donde la desesperanza campa a sus anchas y toda esta amalgama de actos heroicos; tan sólo armados con versos, párrafos y trazos a carboncillo que hacen la lucha desigual pero apasionante.
JOSEP MANEL SÁNCHEZ

Diseño de la Portada: Luis Martínez Tortosa. Escritores: Rosa Regàs Pagés Carlos Chaouen Antonio Zapata Pérez Juan Carlos Céspedes Acosta Javier Perales Valdes Francisco Lezcano Lezcano Ma. Josepa Ribera Vallès Manuel Valero Gómez José Manuel Sanrodri Miguel Salinas Eva María Palenzuela Martínez Aurora Pintado Jaime Rodrigo Villanueva Donoso Pere Vicente Agulló Dimas Pardo López Saray Pavón Márquez Juan Antonio Guzmán Pérez Jenn Díaz Ruiz Jaime Vicente Morera Balaguer Alicia Cora Fernández Soledad Cruz Raúl Allaín Daniela Edith Gallardo Zderich Karina García Albadiz Everardo A. Torres González Francisco J. Gómez R. Jose Esteve Rico Sogorb Ana Esmeralda Piña R Ángela Daniela Díaz Rivera Nekane Perianes Jesús Martínez Martínez Walther Espinal Ilustradores: Josep Manel Sánchez Marylina Torres Ottado Silvia Orozco Torres (Irilien) Ana Beatriz Reina Rojas Marilen Pont Font Rocio D. Limón Daniela Edith Gallardo Zderich Roger Pereira María T. Valenzuela Escalona Gloria Mariño Rosana Demichelis Lucena Rodrigo Javier Medrano Mari Paz García Córdoba Eva Vazquez Victoriano Izquierdo Ramirez Isabel Zapata Iborra Gregorio Sánchez José Ramón Lorente Saez Jesús Martínez Martínez ISSN: 1887-973X

Patrocinio del Institut Municipal de Cultura:

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ROSA REGÀS PAGÉS

El Talento, la voz y el compromiso

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Cuando conocí a Paco Rabal, a finales de los años sesen- rado mero doblaje, esa veracidad indefinible que reconota, ya era un personaje famoso que provocaba admira- cemos en un concierto en directo aunque hayamos oído ción cuando se lo reconocía en las calles o en cualquier la canción o la música cien veces en disco, radio y teleotro lugar público. Recuerdo que los de la editorial Seix visión. Y así fue a partir de entonces, nunca se modificó Barral habíamos ido a Madrid a presentar un libro o un esa voz desgarrada y musical a un tiempo, que nadie autor o tal vez el programa de lanzamientos de aquel lograría imitar, original y personal y con el mérito añaaño. Y tras el acto y la cena con los críticos, que se cele- dido de adecuarse a los cambios que el tiempo iría impribró como casi siempre en el Hotel Suecia, alguien nos miendo en su figura, en su rostro, en su manera de decir llevó a un club de jazz, muy en boga por aquellos años. y de hablar. Íbamos en un grupo cinco o seis personas aunque yo Desde aquel lejano encuentro he visto muchas veces a sólo recuerdo a Juan García Hortelano y a Pepe Paco y lo he seguido en casi todas las películas que su Caballero Bonald. Nos sentamos a una mesa y pedimos extrema vitalidad fue acumulando en un curriculum que copas y de pronto lo vi, a Paco, en otra mesa con varios sorprende por la constancia, el compromiso, la calidad y amigos. Tenía los ojos muy oscuros, nada original por- la belleza. Sin olvidar la variedad de registros que utilique así se los había visto también en todas las películas zó para interpretar personajes tan dispares. Nunca su voz y en el teatro, pero en aquella penumbra el brillo de aza- chirrió como tampoco lo hizo la mirada de sus ojos diabache se destacaba más sobre la luz opaca del local en mantinos que se abrían paso en un rostro cambiante con aquella hora tardía. Mirada fina y aguda con que tomaba la fuerza que da el coraje de querer decir en cada nota de los que allí estábamos, mirada acerada y tierna al momento lo que con la expresión se anticipa, y con la mismo tiempo, cuando se voluntad del actor que levantó para saludar a Pepe y a escudriña y responde al otros de nuestro grupo que le que tiene enfrente, sea hicieron un lugar. Pero antes de hombre o paisaje, desentarse se acercó a saludarme seo, conflicto, descalay yo, magnetizada por tener tan bro o traición. cerca a un actor admirado pero Se puede defender que sobre todo a un hombre tan el talento se tiene o no atractivo, me permití sonrojarse tiene, pero cuando, me aprovechando que la escasa como en el caso de luz no tendría en cuenta la Paco Rabal, se ha sabiintensidad del rubor. Aún así do desarrollar esa chisno le pasó inadvertida mi turbapa inicial que nada es ción, y sonrió. Me dio la mano sin el esfuerzo, el tesón o me besó, no lo recuerdo, pory la inteligencia, y adeque lo que ha permanecido más se acomoda ese inalterable en la memoria talento y la propia vida borrando todo lo que ocurrió en al compromiso político aquel instante fue la voz con la con la valentía de andar que tal vez quiso romper mi MARÍA TERESA VALENZUELA ESCALONA con él de la mano y azoramiento, o preguntarme defender las ideas por quién era yo o más probablemente permitirse una broma las que uno cree que hay que vivir, entonces sabemos que no entendí, desbordada mi atención por el tono de que nos encontramos frente a un hombre que ha dado a esa melodía que se movía en los registros mágicos de un la sociedad lo mejor de sí mismo, que esté donde esté, barítono para acabar quebrándose despiadada e irónica aunque sólo lo guardemos en la memoria, ocupa ya un con el temple de un bebedor de cazalla. lugar en la historia de su profesión y de su mundo que Pensando luego en aquel encuentro que acabó de madru- tendrá siempre el reconocimiento de expertos, amigos y gada comiendo conejo asado en una alquería donde nos público, y lo que es mejor aún, que nos ha dejado a todos llevó Paco, seguía oyendo aquella voz como si nunca la los que de una forma u otra conocimos -y conocerán- su hubiera oído antes, como si ese timbre insólito llevara voz, su talento y su palabra, el impagable regalo de su impresa una veracidad que en el cine se me habría figu- vida entera. ROSA REGÀS (PREMIO NADAL 1994 Y PREMIO PLANETA 2001)

Quédate ríos
CARLOS CHAOUEN

Memoria contra el olvido
JUAN CARLOS CÉSPEDES ACOSTA

Quédate ríos y que cesen los papagayos en sus tertulias, el cielo cambia y cambia, la mentirosa televisión. El tiempo lineal, erróneo, absurdo. Quédate árboles. El tiempo circular, cíclico, oriental. La adicción como salvación frente al condicionamiento masivo. Y el terror del nacimiento y de la muerte. Coloretes para las míseras caras de la palabra, los eufemismos, los buenos modales. El tecnócrata esclavo, el ateísmo como creencia, la fe sin rito, los gimnasios como salas de tortura. Los espejos del ego. Quédate aire. Los rayos del sol, con su natural retardo. Agua cuando llueve, silencio de luz en tu ventana, yo soy eva comiendo manzanas y un bosque de setas si te vienes. Quédate polvo.
CARLOS CHAOUEN ES CANTAUTOR Y POETA.

A Víctor Jara, una voz que no cesa. Sé que tus manos se hicieron pájaros antes de la muerte. No supo el verdugo lo imposible que fue matarte. Los asesinos no saben que los cantores no necesitan la voz cuando el pueblo los canta. Dicen que en el estadio de Santiago por las noches se escucha tu voz cantando "Te recuerdo Amanda" y una bandada de aplausos cruza la noche oscura buscando el alma.

ROGER PEREIRA

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ANTONIO ZAPATA PÉREZ

Amar a una Lamia

Era tan blanca cuando se desnudaba, que al vestirse, se apagaba la luz. Sólo sus ojos inmarcesibles y ácratas ya endulzaban mi paladar licántropo; y cuando la besaba, ¡oh satán!, sentía por mis labios un hormigueo de mariquitas rojas. Esa era la mujer, o súcubo, que nunca pude hacer amiga de mi sombra, aunque la paseara por los parques y orinásemos juntos, contemplando románticos crepúsculos entre dorados ramajes que fulguraban hechizos. Recuerdo, mucho más atrás, mi primer encuentro, eran días otoñales, y yo, convertido en muñeco de papel perseguía adolescencias, antes de mi transformación, entonces, ya era terrible su mirada y su anatomía imponente, que variaba con las fases de la luna, ambos, habíamos habitado las entrañas de la tierra durante negros siglos, tal vez por haber compartido un origen me enamoré de su singular belleza. Ahora amo a todas las mujeres como a una sola; y a mi paso omnipotente de pelvis se desploman palomas ensangrentadas sobre mis hombros. No tengo corazón, soy una bestia que puebla las leyendas más sórdidas de la literatura. La claridad recorta un escorzo zoomorfo que vaga errante por los parques sin alba, inmerso en cacerías ciegas. Pasea por un lago y el agua salpica su pelaje. Busca un claro de luna. El blanco haz que lo hizo enamorarse de una lamia. Desde que la perdió está a oscuras, aullando en la penumbra de su plenilunio.

ISABEL ZAPATA IVORRA
ANTONIO ZAPATA (FINALISTA DEL PREMIO NACIONAL DE POESÍA “MIGUEL HERNÁNDEZ” 1988)

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FRANCISCO GÓMEZ RODRÍGUEZ

Declive

Al tiempo que se va y nosotros con él ("Miré los muros de la patria mía// si un tiempo fuertes, ya desmoronados") Veo cómo muchas personas amadas de mi entorno más cercano están siendo invadidas por las arrugas del tiempo, la enfermedad y la vejez. Uno mismo tiene como huésped incómodo al dolor en su casa, invitado periódico de mi morada. El médico lo ha sentenciado. A partir de ahora sólo queda seguir la ruta trazada. Es lo que hay. ("De la carrera de la edad cansados// por quien caduca ya su valentía") Mi buen padre, a quien amo, se está haciendo mayor. Sus pasos son más vacilantes, su cuerpo se ha encorvado y le tiembla el pulso pero no deja ni por una apuesta su tabaquito. Mi tía Fili, a la que adoro, lleva con tesón y toda su dignidad la enfermedad que le ataca su vitalidad mas nunca mermará su bondad de mujer que bendice la tierra que pisa. Mi tía Clarita, mi queridísima tía que tanto me quiere y siempre me anima, muestra síntomas de agotamiento óseo. Y me llena de pesar, ella que es toda entrega y ternura. Mi buena tía Segunda también aguanta los reveses de la enfermedad que soporta con entereza, ella que es todo corazón y servicio. Todas ellas mujeres excelsas, maravillosas, que demuestran con hechos el enorme amor que atesoran en sus jóvenes corazones. ("…Entré en mi casa, vi que amancillada// de anciana habitación era despojos// mi báculo más corvo y menos fuerte") Mi tío Cristino se ha jubilado después de dedicar su vida a su pasión por el volante y la enseñanza. Mi tío Juan Antonio ha dejado los viveros y también se ha retirado. Mi tío José en el mítico pueblo manchego acaba de apagarse hace poco, igual que sus puros que derramaba sobre su solapa como hacía el admirado profesor "Manchado", mientras recuerdaba tardes gloriosas de toros y viajes. Mi tío Paco cada día llora más cuando se despide de mi tío Jesús en el universo que Cervantes creara para el Caballero de la Triste Figura. ("Vencida de la edad sentí mi espada// no hallé cosa en que poner los ojos"…) Ya nunca podré hacer el camino interior de Santiago para escuchar al hombre que siempre va conmigo. No podré acompañar a mi Señora desde el Tamarit hasta las Puertas Coloradas. Aguantará la vela como pueda. ("Polvo seré mas polvo enamorado") Esto es lo que hay y así habrá que asumirlo. El amor y el dolor, dos caras de la misma moneda de uso, que es nuestra vida, la más apasionante aventura tras la vivida por Alonso Quijano y sus molinos de viento.
VICTORIANO IZQUIERDO RAMIREZ

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ANA ESMERALDA PIÑA RECUENCO

Utopía

Quizás el vaso vacío hoy se llene de repente con la sutileza insurgente de quien calla mas otorga; un nuevo silencio que cobija una utopía, un te quiero… Quizás la tibieza del ayer hoy sea pira, en la que no tenga cabida otra espera… Tal vez, en el angosto sendero del devenir sea tu alma quien alce su estela… Dime vida mía, ¿cuándo nos llegará la primavera? En la esbeltez hiriente de tu ausencia, giraré de nuevo este reloj de arena. Son mis lágrimas caricias de un exilio que se alza cual feroz condena. Dime, vida mía, si no estás, ¿qué me queda?...

MARILYNA TORRES OTTADO

¡Ey!,¿ya te vas?
DIMAS PARDO LÓPEZ No hay musas pasajeras pero está bien poder abrirle la ventana cuando quieren irse te sientes más humilde y la ves brillar y volar en un tembloroso zigzag y sonar a campana dejando detrás esquirlas en llamas todo eso cuando se hacen cada vez más pequeñita desde la ventana. ¡Ey! Ya no centellearan más para mí tus alas ni dejaras la habitación perdida de purpurina no más limpiar palabras doradas no más clases de baile a horas que desconocía no más vigilar que pierdas tu sonrisa. Tengo organizar esta habitación de nuevo ordenar los papeles, igualar los cuadros barrer un poco y preparar café sentarme en el taller vacío y sentirme aún más vacío intentar reconstruirme en el sofá y no pensar en los buenos tiempos, ni en lo que nos hicimos pasar. Pronto vendrá el frío así que mejor cerrar la ventana si vuelves, aparta la escarcha y llama si, bueno, estoy lo suficientemente destruido y desapareceré esperando el más mínimo ruido pero aún puedo levantarme si reconozco tras el cristal tu brillo.

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MARÍ PAZ GARCÍA CÓRDOBA

JAVIER PERALES VALDES

Romance
Nadie sabe lo que pasó, cómo y porqué la luz se fue haciendo penumbra y después sombra, pero sin remedio llegó el tiempo en el que se distanciaron el uno del otro. En definitiva no hay que darle demasiadas vueltas, tan sólo, pensar en que ambos eran de carne y hueso. La ruptura se resolvió como una maldición para ambos, como si por algún motivo el pecado les hubiera condenado a ser expulsados del paraíso, pero, ¿qué pecado? Cuentan que desde entonces cada uno de ellos vaga eternamente en solitario, cada uno en su órbita igual que dos satélites incapaces de coincidir jamás. El gira sobre sí mismo, embrujado por cantos de sirena flotando en océanos de ego, ella da vueltas alrededor de otros astros con el alma ahogada en llanto. Hay momentos en los que pasan tan cerca uno del otro que alcanzan a verse, ella le mira con los ojos de una amante despechada, él entre nebulosas ignora su presencia y la de todos los demás, incluso ha olvidado su nombre. Esta es una historia más de amantes y condena, impregnada de leyenda y folclore… …ella de nombre Modestia, él de nombre Artista.

Solían pasear juntos de la mano, por las avenidas de una antigua ciudad, de esas capitales con historia en cada piedra y en cada esquina. Conversaban animadamente entre miradas de complicidad, besos y caricias a plena luz del día y al relente de la noche. También, como no, eran amigos de momentos más íntimos de alcoba y puerta cerrada, secretos de dormitorio. Lo compartían todo incluso con los demás; hemorragias de felicidad y marejadas de plenitud de las que hacían partícipe a todos aquellos a los que se acercaban. Eran el complemento perfecto uno del otro; ella una belleza natural, cristalina, capaz de llenar con su figura los relieves y matices del retrato más exigente, parecía la reencarnación de una dama blanca, una diosa de la mitología celta. Esta armonía se reflejaba de igual manera en los caracteres de su personalidad cargada de virtudes y destellos a ensalzar. Él era un virtuoso, un genio de la sofisticación dotado con las manos de un creador, capaz de hacer realidad el milagro del pan y los peces, de dar vida a un ídolo de barro o de animar con hipnóticas melodías las paredes inertes de cualquier estancia.

Siempre pensé en marcharme...
MIGUEL SALINAS

Siempre pensé en marcharme con una gran despedida, pero me quedé solo, sin conffeti, sin gorros de papel charol ni gritos, adios a la gran despedida, adios, todos me dieron la espalda menos mi sombra, aquella que jamás miró mi rostro. Acabé por desmontar los toldos pero la luz había expirado tiempo atrás.

RODRIGO JAVIER MEDRANO

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Sobredosis de Espejismos
JOSÉ MANUEL SANRODRI

La noche se desploma como un ácido en los ojos; mis pies se resbalan sobre la arena, se sienten torpes como si les hubiesen colocado una prótesis de polietileno; no percibo el gruñido del mar que a veces farfulla improperios desde el fondo de su garganta; ahora mi piel se fusiona con cada átomo de arenilla y entre la penumbra, un rótulo tétrico estrangula al viento para que no pueda sentir su brisa. En toda la extensión de la playa se avista una exigua luz como si fuese una pulverizada mancha en mitad de la oscuridad; ilumina una caja de color marrón semienterrada y de plateado picaporte. Me acerco a ella y la observo detenidamente, me agacho, la abro, en su interior hay unas fotografías, las cojo todas y para mi desconcierto veo que muestran secuencias que pertenecen a unos segmentos de mi vida, también hay unas hojas escritas en bolígrafo añil, y en ellas, se podían leer todos mis deseos inconfesables, mis sueños futuros y mis frustradas ilusiones… Nunca había visto aquellas fotografías salvo en los fragmentos de mis recuerdos que de vez en cuando salen de mi cerebro, y nunca había visto aquellas cartas escritas. Me inclino y hundo mis rodillas sobre la arena, cierro la caja con todo el contenido que había extraído anteriormente y con mis manos realizo un hoyo para enterrar la caja, la dejo en el agujero, la miro por última vez, empujo el montón de arena que había junto a mis rodillas, con mis brazos y mis manos tapándola íntegramente. Me tumbo sobre la sepultura de mis recuerdos y me quedo dormida. Una penetrante luz franquea mis ojos y me despierta. Esta luz ha perforado el cristal de la ventana en la habitación donde me encuentro tendida en una alfombra de friezé, hubiese creído que me había dormido en la playa, el olor 9 a mar era tan real que me sorprendía no encontrarme allí, nadie ha deshe-

cho las sábanas de la cama. Tardo unos segundo en incorporarme y al mismo tiempo escucho como alguien encaja una llave en la cerradura y abre la puerta de la habitación, miro atentamente la puerta, estoy enajenada y lo veo todo turbio, una sombra enorme se precipita hasta mí y me sacude un potente puñetazo en mi cara que me deja inconsciente, pero el desfallecimiento no dura mucho pues el agua fría de la ducha me despierta del tran-

ANA BEATRIZ REINA ROJAS

ce abducido de sueño, mi cuerpo desnudo se humedece, de mi cara un hilo de sangre se desliza por mi piel hasta el sumidero, una voz de hombre irrumpe en el baño, me pregunta cuantas dosis de heroína me he metido esta vez… Cierro los ojos, no le contesto, no recordaba lo difícil que era prestar mi cuerpo por unos cientos de euros, quizás la droga me haga olvidar que aquella habitación es mi casa y no la de un hotel de carretera, que tiene su cuota de alquiler establecida conmigo, hasta que los primeros pliegues en mi piel desechen mi alma, soy como esa pieza

de joyería que con el tiempo se deslucirá perdiendo todo el valor mercantil. No recordaba haberme desnudado para meterme en la ducha, pero el agua hacía de aislante a los gritos de un hombre de enormes brazos, de sus labios oigo una mezcla de idiomas, algunas palabras no llego a entenderlas, me abstraigo y pienso con todo detalle lo que me ocurrió anoche. Abro los ojos y junto a mí veo otra caja de color marrón, es de un marrón más claro a la otra de la playa, la observo, el agua nos moja a ambas, a medida que pasan los segundos va cambiando de color hasta hacerse del mismo color que la bañera, un blanco perla, parece que con el cambio de color se haya hecho invisible pero realmente está junto a mis pies, me agacho y me pongo de rodillas junto a ella, la abro muy despacio y vuelvo a encontrar fotografías que nunca había visto, distintas a las que había visto en la caja imaginaria de la playa, también habían cartas con deseos distintos a los de la otra, a pesar de que el agua nos caía a ambas, sólo me mojaba a mí, las fotografías y las cartas estaban totalmente secas. Pongo el tapón de la bañera y espero a que se llene de agua para que sumerja entre sus profundidades la caja, me levanto y salgo de la bañera, mientras seco mi cuerpo con una toalla miro como el agua ha cubierto la caja haciéndola desaparecer. Al salir del baño para aparecer en la habitación me espera otro hombre, más pequeño que el anterior, de brazos recios, éste, incluso está calvo y es más viejo, se encuentra semidesnudo esperándome junto a la cama, donde las sábanas siguen plisadas, miro para la bañera a la que he dejado el grifo abierto y veo como el agua la desborda, entonces pienso, ojalá pudiese yo también desaparecer como las cajas de mis recuerdos. Cierro los ojos para no ver el aire.

PERE VICENTE AGULLÓ Creo que ahora pienso, luego, tengo derecho, oiga, pregunta trascendente, ¿de dónde vengo? ¿Qué puñetas soy?

El origen del origen
¿Que quién parió a las galaxias y todo eso de allá afuera…? Puede que un Big Bang de polvos cósmicos, estoy segurísimo, oiga. Y que, ¿quién parió a Dios y a los obispos? ¡Uuuf! De tanto esforzarme se me está secando el cerebro, y, oiga, justo ahora que estoy a punto de descubrir la gran respuesta que buscan todos los sabios. Para regar mis esforzadas neuronas pido otra al barman, que escucha mi brillante discurso; él me mira, con ojos cansados, me dice que otra no, que ya bebí suficiente, que deje de decir blasfemias, que es la hora de cerrar. Acto seguido empieza a apagar las luces del local, se oscurecen los focos, se me van apagando las ideas geniales, antorchas que guían por la oscuridad al explorador… Atino a pagar la cuenta a mi espectador e instantes después salgo al relente de la calle. Camino sin rumbo. El olor a cloaca me devuelve de nuevo a mi mundo (al origen del motivo del porqué de esta carga etílica) y un silencio estrellado preside mis pasos inseguros. Cuando consiga saber a dónde ir volveré a investigar de dónde vengo. ROCIO D. LIMÓN

Luego, a ver: yo no estaría aquí, de no haber sido porque ayer mis padres "lo hicieron" "sin protección" ; y no sólo por ellos, también mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos.. Y así sucesivamente, hasta llegar a Adán, que, evidentemente, tampoco tomó sus protecciones. Luego, deduzco, que el origen de crear, o parir, da lo mismo, es el sexo. Luego, estoy, estamos, aquí porque Adán, saboreando las deliciosas manzanas salvajes de Eva, no previó controlar su futura gran familia. Y, ¿quién parió a la Tierra que parió a Adán? ¿Qué carajo fue lo que la creó? Quizá fue fruto de un gran polvo calenturiento del Sol con una bella estrella virgen.

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El que quieras
EVA MARÍA PALENZUELA MARTÍNEZ Eres lengua perversa que contamina cada palabra que nombras, consiguiendo que el aire envuelva mi mirada y se contagie de una ficticia sombra. Eres lobo hambriento que agasajas lentamente mi quietud en noches de irreparable abatimiento localizando la guarida a mi plan de fuga. Y ahora intentas fecundar la sonrisa de mi boca inalterable, impasible, sin advertir la distancia de este cuerpo aletargado por tus manos, y ahora intento recordar, la anatomía de mis ojos abiertos absorbiendo el oxigeno que al mundo le falta en esos días tediosos.

MARILEN PONT FONT

¿Qué le han hecho a esos ojos?
JAIME RODRIGO VILLANUEVA DONOSO
Que no salen del cine, que se quedan ahí frente a la pantalla insomne, frente al movimiento de las criaturas personajes que transitan esas historias que nunca ocurrirán. ¿Qué le han hecho a esos ojos?, que no leen ni los periódicos que sólo se deslumbran con Greta Garbo y otras más. ¿Qué estarán buscando y no encuentran?, ¿pretenderán vivir una vida irreal?, ¿se habrán olvidado para siempre de la realidad? ¿Qué le han hecho a esos ojos? Que lloran tanto. ¿De qué serán esas lágrimas brillantes que se asoman pálidas por la tenue luz? ¿Existirá una música que les interese? ¿Qué le han hecho a esos ojos? Que no se mueven del lugar ni coquetean con nadie, tendría yo que estar en una película para enfrentarlos de verdad, para verlos de frente. ¿Habrán visto ya todas las películas del mundo? ¿Qué le han hecho a esos ojos? Que no me pueden mirar.

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El Pirata
WALTHER ESPINAL El asiento es para dos en esta lluvia vespertina con la ventana astillada en el borde. El viento dilata en el vidrio los reflejos bajo el agua. Y como un pirata sin mar nave oro por mi ciudad trasiego. El oído despierto dictando doliendo. Y el bus como una lancha por donde veo cómo todo pasa. Pirata a blanco y negro fotógrafo para las despedidas de amor en sepia. Las sirenas vuelven en travestis y por calles jabonosas zumban los pegasos hidráulicos. La mesa vacía 4 sillas silentes y la cabeza como un sainete de colores.

Agredolç
MA. JOSEPA RIBERA VALLÈS Gust d'agredolç té la vida i la mort. I el camí que entremig ens apressa. O ens espera. O ens empenta. O ens crida. Agredolç...com el teu somriure glaçat. Com la ganyota, que se t'intueix i es desdibuixa. Agredolç com el jornal curt, o les expectatives breus. Agredolç. Paraula de doble fil. Llengua de doble sentit. Punt i a part, de tota la història.

ANA BEATRIZ REINA ROJAS

Mujer violada
FRANCISCO LEZCANO LEZCANO La noche caía húmeda y pesada sobre el valle y los lapachos. En aquella ciudad que se halla entre cañaverales y naranjos por donde caminábamos admirando sus tarcos comenzaste a contarme tu penuria. Era una manada de países clamando por tu boca. Era ese barco venido por el lado del Caribe a quitarle el algodón al maya tu luna desflorada.

Suplicio del tanino, del aceite y la zafra buscando el calendario de tu cuerpo y dejándonos un niño más caído en las fronteras del amor al lado de cien mil niños destruidos por el vientre bajo el peso brutal del imperio del hambre. Veo al intruso llegarse por cien ríos dolientes y abrir un surco en tu penumbra para después llevarse el trigo y lo demás. Y lloras porque el día desnuda los abortos de la coca dejándote el amor sin dios. Acaso la misma noche de tu entrega* también mi corazón se desnudaba junto a un país violado como vos.

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La botiga del Povil
JAIME VICENTE MORERA BALAGUER

La botiga del povil estaba muy cerca de mi casa, apenas unas decenas de metros. Bastaba con llegar a la esquina y dar unos pasos más, y ya estábamos allí. Pero, para mí, aquel corto trayecto era un viaje lleno de aventuras. Quizás porque casi siempre íbamos a escondidas pero, sobre todo, porque iba con mi abuelo, auténtico mago capaz de convertir la cosa más trivial en una fascinante experiencia. Pero lo mejor estaba al llegar. Ya antes de entrar por la puerta recuerdo que temblaba de emoción, y casi no tenía paciencia para esperar a que Vicent, el povil, me dijera aquello de "vols veure el cavall ?" Y es que, detrás de la botiga, el povil tenía un corral y, dentro del corral, un caballo (seguramente sería un burro o un asno, pero a mí me parecía un purasangre). Me abría la puerta del corral y yo me quedaba allí petrificado, sin poder sustraerme por un momento a la contemplación de aquella imagen fastuosa. No sé cuánto tiempo pasaría así, lo mismo podían ser cinco minutos que media hora Entre tanto, mi abuelo tomaba una cerveza, o un vinito, en aquel local que servía para todo. Igual te vendían espa-

radrapo que un kilo de arroz, o te servían un vaso de vino con unas olivitas, eso sí, en el mismo vaso que después usarían los dueños en su mesa. Aquel era un local de los de antes, oscuro y sucio, seguramente, pequeño y sin ninguna comodidad, en el que se reunían los vecinos (sólo hombres) a beber, fumar y echar una parrafada. Cuando mi abuelo terminaba con su vino y su tertulia, venía a convencerme para que nos marcháramos, pero todavía quedaba un momento más en la botiga, para contarles a sus amigos, conmigo delante, lo mucho que quería a su nieto porque era el más simpático, el más guapo y el más listo. Después volvíamos para casa, contentos, y aún no entiendo cómo aquel trayecto podía dar para tanto. Algunos días íbamos aún más contentos y, entonces, yo creía notar que a mi abuelo a veces le vacilaban las piernas, y adivinaba que al llegar a casa le esperaba una reprimenda, aunque yo no supiera porqué Y cantábamos aquello de " Con un vaso de chervecha que che chube a la cabecha…"

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DANIELA EDITH GALLARDO ZDERICH

MARILYNA TORRES OTTADO

Pastillas
ALICIA CORA FERNÁNDEZ

Ayer, como siempre y desde hace años, mi garganta atesoró la pastilla azul. Un vaso de agua mineral la ayudó a recorrer el camino escarpado hasta la tolerancia. Es maravillosa y su efecto ayuda a pasar las horas en la oficina, hilvanando sonrisas ante las injusticias más grandes del mundo. Hoy me toca la roja, esa, la que me da coraje, la maestra preclara que me enseñó a amarte, la única que puede mover el espejo del techo testigo. También puede venderme el sueño de tener tu boca. Cuando la bufanda de tantas mentiras está ahogándome, ella te desata y te recrea en caricias y abrazos. Cuando ya no me queda ninguna en el frasco,

corro desesperada hasta la puerta de tu casa, golpeo una y otra vez y por la mirilla chiquita tu mano me da la mísera ración de rojo amor que te pido. Mañana, es el turno de la verde. Me la dio una vieja bruja de mirada torva que se escudaba en las ascuas de fuego de sus ojos. Su boca en un rictus vomitó estas palabras: "esta pastilla verde la debes usar para emprender el viaje de tu muerte no te rebeles, ya estarán jugadas las cartas y te habrá ganado la partida la Reina de Corazones".

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Me amo en tu nombre
SOLEDAD CRUZ Me amo en tu nombre llevo mis manos por donde irían las tuyas me recorro contigo me palpo te siento en mí a todo galope gozo en solitario con los olores que tú desatas viene tu sabor a mi boca y me derramo como cualquier exceso. Me amo en tu nombre para vengarme de la distancia.

Puntilismo
KARINA GARCÍA ALBADIZ Los árboles perforan la tierra círculos vacíos la forma deviene en figura gratuita lejana inútil el mundo de la puntadas sin hilo.

GLORIA MARIÑO

Retrato de una boca
AURORA PINTADO

"Pero, a la primera palabra, o a la primera señal dejarás de hacer lo que estés haciendo para cumplir con tu primera obligación, que es la de entregarte." (Pauline Reage, Historia de O) Abrir la boca. Levemente. Separar los labios para dejar entrar tus dedos, que empujan con una suave presión, la necesaria para que mi lengua los recoja y les dé el húmedo amparo del deseo. Abrir la boca. Atrapar palabras sucias, declaraciones de sumisión que entregar cuando lo que se firma es un armisticio que no pacifica nación alguna. Abrir la boca. Sentir cómo se disuelven debajo de la lengua las convenciones que has coleccionado mientras deseabas algo todavía más sucio, sin saber qué era.

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Veintidós años no dan para casi nada
JENN DÍAZ RUÍZ Veintidós años y ya oigo como dicen que todavía soy demasiado joven que me queda tanto por vivir me queda tanto por vivir pero tengo una verdad adentro de mí que me revela el secreto de lo poco que sé no conozco el hambre ni la pena todavía aunque sepa medir la tristeza en los días de verano que no corre el aire me gusta mirar cómo duerme mi hijo hasta que recuerdo que nunca tuve uno voy detrás de mujeres que fueron grandes y tengo como guía un libro y un cuaderno demasiado joven para que pueda disculparme demasiado joven para que mienta de verdad para que sepa qué es lo que quiero pero sé lo que no quiero y es ser siempre demasiado joven para cualquier cosa para que me sienta extraña entre la gente y me miren como si tuviera que lamentar que mi piel todavía sea lisa y suave que sea ingenua unas veces y otras tozuda que la enfermedad del tiempo me pise pero no me ahogue con demasiada fuerza disculparme porque todavía me queda tanto por aprender y que esté dispuesta por creer que sé de dónde vengo aunque no sepa el camino a escoger no voy a decirle nada al mundo que no sepa pero voy a hablar aunque sea sordo para decir que veintidós años son los suficientes para saber que todavía no aprendí a ser demasiado vieja para no darme cuenta.

Tu Cuerpo
NEKANE PERIANES

Descubrí tus ojos y fui descubriendo tu cuerpo. Caí rendida en el azul de tu mirada y en el beso de tu boca. Me deslicé por tu cuello mientras escuchaba tu risa. Descansé sobre tu pecho buscando tu cintura y perdiéndome en besos eternos. Llegué al jardín de mi deseo y me perdí en tu sexo, mientras tus manos jugaban con el mío, y perdida de amor, entre tus piernas, sintiendo el calor y abrasada por la pasión, llegábamos al orgasmo. Fui volviendo suavemente, subiendo y besando hasta llegar de nuevo a tus ojos.

Poemándote
JOSEP ESTEVE RICO SOGORB Ansío escribir versos sobre tu piel dulzona con esas plumas que son mis dedos mojados de mi saliva como lasciva tinta. Deseo poemar todo tu cuerpo rimando tus suaves caderas, creando ripios en tus prietos senos y sonetear tu vientre con líricas apasionadas. Anhelo enversarte entera a lamidas para juguetear con la métrica de tu pubis consumando nuestro poema carnal con la fuerza de mi rúbrica erecta.

SILVIA OROZCO TORRES (IRILIEN)

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Poema d´amor per a la intimitat
MANUEL VALERO GÓMEZ

Hi ha qui persegueix sota la pluja de Nova York gris com si de la seva ànima es tractés. Hi ha qui es deté als bassals grans amb excusa o sense ella tornant la seva vida al raval. Hi ha qui plora, assassina, corre rere els fanals, deambula i capta sota la tartamuda pluja a Nova York. Però un poeta, amor meu, un poeta no es demora en la tíbia matinada ni s'arruga en la pluja. Hi ha qui reté nues els llums en la memòria del camí com una pena aliena al soroll. Hi ha qui acudeix a les mercaderies amb paraigua de cel per davant i els ulls al contrari de pluja. Hi ha qui de febre sanglota vilment fins ensordir-se el carrer i el seu plor. Però un poeta, amor meu, un poeta desatén de la nit els seus desvetllaments encara que la pluja faci entelar la lluna.

Hi ha qui frega dolçament bordells i li sorprèn la pluja a la porta per restaurar de dintre els petons. Hi ha qui desabriga el pas amb sorna fent mullar potser una noia o recollint solitud per temps. Hi ha qui queda a casa violant del banús un violí al costat de la seva pipa d'opi. Hi ha qui persegueix sota la pluja de Nova York antigues llambordes d'un amor desheretat en la nit. Però un poeta, amor meu, un poeta corre desafiant els finestrals de nou dibuixats per a d'amor escriure't un poema perquè et vol i tant que la pluja de Nova York no importa. 20-4-09, Nova York

ROSANA DEMICHELIS LUCENA

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Carretera al pasado
JESÚS MARTÍNEZ MARTÍNEZ

Jacob andaba despreocupado por el arcén de una carretera cualquiera. Ya conocía la protección de los matorrales a su izquierda y decidió cruzarla al ver cierto movimiento al otro lado del arcén. Algo gigante con dos destelleantes luces blancas se acercaba velozmente. Estaba deslumbrado, le entró pavor y se quedó bloqueado. Aquella cosa le esquivó desviando su trayectoria. Le pasó rozando, salió fortuitamente de la carretera y empezó a dar vueltas hasta que se quedó inmovil, deformado y desprendiendo humo. Tras unos instantes, el silencio volvió a reinar. Jacob perdió el miedo y se acercó por curiosidad a aquellas luces. En cambio ahora no encontraba más que una y, dentro de aquella cosa, un joven bípedo peligroso. Estaba inmóvil. Inerte. Al no ver nada más de interés para él entre aquel humo asqueroso y un molesto sonido artificial a intervalos, se alejó en busca de comida. Lo que Jacob no sabía, ni sus largos bigotes y ojos brillantes que atravesaban la oscuridad, era que la cosa bípeda, por dinero y a sangre fría, le había asesinado en su anterior vida. Acababa de pagar por ello.

JESÚS MARTÍNEZ MARTÍNEZ
JESÚS MARTÍNEZ ES ESTUDIANTE DE PERIODISMO DE LA UNIVERSIDAD MIGUEL HERNÁNDEZ D´ELX.

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Transfiguración
JOSÉ ANTONIO GUZMÁN PÉREZ

¡Dolor!...qué suspiras palideciendo el sueño de Miró, desangrada la entraña de Oleza sobre el abismo gris. Madrugada sin final, para el poeta en vida olvidado, silente muerte que transfiguras más fiel que desdeñada. Acallan su algarabía los "niños del cielo", dejan sus juegos los gorriones en el recreo. ¡Mece pastor de auroras el ensueño ausente!. Nana pobre, hambre de moras blancas, raíces mojadas de lirio malva que agudiza su descalzo amargor, floreciendo el verde limón....¡Miguel, tan lejos y tan cerca!. El penal de pena agoniza, garganta de agua fría que clama.....¡libertad!. "Voz de tierra", sin deslumbrarte miras la infinita frontera, vestido de azul y en la muñeca el reloj de Aleixandre, que más que horas cuenta..."pasiones en la tierra".

Poema Tercero
SARAY PAVÓN MÁRQUEZ

Puedo decir alto y claro: no sé a dónde me dirijo, me pesan los párpados, a veces exploto y, otras, tengo sequía de impulsos; me marean las líneas del metro, estoy harta de las hormonas, los cambios, harta de ser pezón y curva.

EVA VAZQUEZ

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A gripe "A" El foco infeccioso se extiende e implosiona la alerta espectral que alardea esputando sangre virulenta pues recrudece. Tras oscilaciones contaminantes se persigue el cadáver endémico envolviéndose entre las cortinas de humo que nos recubren desde el nivel del mar sobre las olas del viento seduciendo ideologías contemporáneas a siniestra. Excelso morboso muta enfundado en el todo intrínseco de la matriz humanitaria,

RAÚL ALLAÍN

Ilusoria Epidemia
y muere por alguna inspiración. Aunque fenezca, transmutará en obscenas formas atribulantes. El aire de nuestras voces lo comunica, regente y obsesionado por estas redes menospreciadas, intoxicadas que con humo negro, son devoradas su grandilocuencia es espléndida. Ambiciona organismo diestro para sostener situaciones corruptas actuando profuso, endemoniado y al tiempo infectado, antihumano, miserable, vencido tiembla dejando en claro su tenue mentalidad.

Déjá vu
EVERARDO ANTONIO TORRES GONZÁLEZ Si fuera sombra de las alas me posaría en el arco de tus labios, me impulsaría como corriente -esa corriente que deslava tododesgajaría mi canto en el estruendo de tus formas, en la pendiente de tu corazón … en la batea de tu vientre, en la ilusión de recurrentes sueños . Viviría en tu cuerpo un déjà visité ya sin remedio. Y en la sonrisa de la aurora volvería a elevarme para morir en el recuerdo del mañana.

JOSE RAMÓN LORENTE SAEZ

Abril
DANIELA EDITH GALLARDO ZDERICH Mientes mientras cantas en el cuerpo del amor sin alma, me lo dices por sentir sin confundir la verdad, el placer que llevo mío tú lo gastas en la piel, yo te pierdo por tocar cuando pesa el tiempo hermano en la intriga la confianza; perdiste tu rumbo hacia donde siempre te llevaron tus pasos.

JOSEP MANEL SÁNCHEZ

Desde el deseo el ocaso de la pendiente profunda en la máxima extrema. Se puede pedir todo y dar nada a cambio? Se puede dar todo y no pedir algo?

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La tertulia
ÁNGELA DANIELA DÍAZ RIVERA

Rebanando este denso calor cual si fuera pan alrededor de unas mesas que por excusa nos reúnen como familiares a la hora punta de compartir, vamos ejerciendo nuestra libre elección de estar aquí aunque no somos todos los que estamos, ni sentimos lo mismo aun estando entrelazados, nosotros, un grupo heterogéneo de humanos vamos afilando nuestras lenguas un sábado más, jugando, rebuscando una idea original para dejar este sello, personal, inconfundible, expresando las voces de esta variopinta sociedad: mugrienta, milagrosa, sorprendentemente eterna. Somos casi los mismos, pero no los de siempre, y nuestro asunto, en estos días, queda lejos de ser valiente, ¿de qué nos sirve la libertad de declarar nuestra verdad si bien pocos escucharnos quieren? Dejemos que ruede la rueda, mas, no nos callemos jamás. a unos les gusta enseñar el moño, o llevar bufanda, a otros, les agrada lucir sombrero, gorra de marinero, o visera. Con cámaras testigos, entre risas y cervezas, papeles mojados y bolígrafos sus textos almacenan y escapan sin quererlo rodando sentimientos por el asfalto y las sucias aceras, imperfectos, obscenos, humanos encadenados al lastre de unos afónicos corazones cantores, a la grupa de cuerpos cansados, que se niegan a pasar página,
GREGORIO SÁNCHEZ

soportando estoicamente gotero sobre retinas secas de tanto perseguir musas agonizantes de ciudad, mientras nuestra almas buscan el consuelo de abrazarse en anhelos comunes, sin que se note mucho que reaparecemos de nuestros respectivos exilios, de nuestras altas torres, o nuestro celoso e íntimo huerto allí donde sembramos nuestros verbos abocando libremente y sin discriminación los frutos de nuestra mente y nuestro corazón. Somos casi los mismos, pero no los de siempre, y nuestro asunto no subraya la palabra que todos saben, que todos callan, en cada beso, en cada abrazo con la partida y a cada llegada; pues nuestra tertulia nos da la magia que la pasión silenciosa del alma nos serpentea en las miradas… Y nuestro asunto, compañeros, nuestro asunto: es no perder la esperanza aunque hoy no seamos los mismos que mañana.
ROSANA DEMICHELIS LUCENA

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