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VALIDACIÓN


NAOMI FEIL

Un método para ayudar


a las personas mayores desorientadas

En colaboración con VICKI DE KLERK-RUBIN

Traducción:
LIBRADA PIÑERO y CARLES ANDREU

Herder
Versión castellana de LI BRADA PtÑERO y CARLES ANDREU
de la obra de NAOMI FEIL
Validation.The Feil Method. How to Help Disoriented Old-0/dlA
Edward Feil Productions, Cleveland, Ohio, 1992

Diseño de la cubie1·ta: CLAUDIO BADO y MÓNICA BAZÁN

© 1982, 1992, Naomi Feil ACSW

© 2002, Empresa Editorial Herder. S.A., Barcelona

La reproducción total o parcial de esta obra sin el consenti m i ento expreso


de los titulares del Copyrig/11 está prohibida al amparo de la legislación vigente.

Imprenta: REINBOOK
Depósito Legal: B-43.363-2002
Printed in Spain

ISBN: 84-254-2258-2 Herder Código catálogo: GER2258

Provenza, 388. 08025 Barcelona - Teléfono 93 476 26 26 - Fax 93 207 34 48


e-mail: editorialherder@herder-sa.com - http:// www.herder-sa.com
A Ed Feil cuyas películas valen mds que un millón
de palabras.

Mi mds cordial agradecimiento a Piet de Klerk por


poner su visión y su pericia al servicio de la revisión
de este libro.
PREFACIO

¡Por una vejez más sabia!

Este libro está dirigido a todas aquellas personas que se ocupan y se


preocupan por los muy mayores desorientados.

El método de validación contribuye a hacer que quienes ayudan


a los ancianos desorientados se sientan más cómodos en su trato
con ellos.

El método de validación acepta a las personas tal corno son.

El método de validación explica los motivos que hay tras los sen-
t1rn1entos.
• •

El método de validación ayuda a las personas muy mayores que están


desorientadas a conseguir sus objetivos, no los nuestros .
BIOGRAFÍA

Naomi Feil creció en el Hogar Montefiore para Ancianos de


Cleveland, Ohio, donde sus padres trabajaban como pioneros de la
rehabilitación. Feil se licenció en 1956 en la Escuela de Educación
Social de Nueva York, de la Universidad de Columbia, y se espe­
cializó en los trabajos en grupo con ancianos. Dirigió los servicios de
trabajo en grupo del Hospital Bird S. Coler de la Isla de Welfare y
del Centro Social W. Hodson, ambos de Nueva York. En 1963 regre­
só al Hogar Montefiore para continuar con la investigación y las prác­
ticas con personas muy mayores desorientadas que su padre había
realizado hasta 1947. Naomi Feil desarrolló el método de validación
entre 1963 y 1980, cuando era educadora de grupo en el Hogar
Montefiore e instructora adjunta del Colegio de Ciencias Sociales
Aplicadas de la Case Western Reserve University de Cleveland, Ohio.
En la actualidad practica el método de validación con residentes en
centros de día, en hospitales de veteranos y como asesora de hogares
de ancianos y de familias. También organiza talleres en Europa,
Australia y Norteamérica.

Naomi Feil es miembro de la Academia de Educadores Sociales


Diplomados y aparece citada en <<Profesionales destacados de Servicios
Humanos>>, <<Quién es quién de la mujeres americanas>> y <<Quién es
quién de las mujeres del mundo>>. Además de Validación. Un méto­
do para ayudar a las personas mayores desorientadas, ha publicado
artículos relacionados con el envejecimiento en publicaciones, libros
y revistas de gerontología, así como la <<Guía para un programa inter­
generacional>> para el Consejo Nacional sobre el Envejecimiento. Feil
también ha escrito nueve guiones cinematográficos sobre el envejeci­
miento para Edward Feil Productions, con los que ha ganado varios
galardones. Como ex actriz de teatro en la escena del offBroadway,
Naomi Feil utiliza sus habilidades escénicas para transmitir empatía
a las personas muy mayores que están desorientadas.
ÍNDICE

PRIMERA PARTE: ¿ QUÉ ES EL MÉTODO DE VALIDACIÓN?


. ..
Los tntctos . . . ...................... . .. . . . . . . . . . . . 15
. .
Prtnctptos .
. ba.szcos
, .................... . .... . . ... . . . . 17
Qué es el método de validación . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . 18
Objetivos del método de validación .......... . . . . . . 18
. . ,

Pr1nc1p1os teor1cos ... .. . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . .. . . .


18
. .

La teoría de Erik Erikson sobre etapas y tareas vitales ..... . . . 20


La resolución Feilfrente la etapa vegetativa . ............. . 28
Los motivos de la desorientación . . ........... . . . . .. . . . . 29
Pérdidas físicas ............................... . 29
Pérdidas sociales . . . . . . . . . . . . .. . .. . . . . .. . . . . . . . .
34
La sabiduría de la desorientación ...................... 35
¿Quienes son los muy mayores desorientados? ..... . ........ 39
. . .
D1agnost1co:
, Demenc1a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
42
. .
D1agnost1co: Al zh e1mer
. . . . . . . . . . . .. .. . . . . . . . ... . .
43
'

Educadores del método de validación ...... . . . . . . . . .... . . 47


El educador de validación no es un analista . ...... . .. . 5 1
Profesionales quemados y sensación de fracaso . . . . . . . . 5 1
Resultados de los estudios de investigación . . . . . . . . . . . . . .. . . 53
Cómo prevenir la propia desorientación .................. 57
El método de validación en pocas palabras . . . . . . . ... . . . . .. 62

SEGUNDA PARTE: LAS CUATRO ETAPAS DE lA DESORIENTACIÓN

Símbolos: billetes alpasado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66


Símbolos universales y su posible significado . . . . . . . . . . 67
Primera fase: Despiste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Segundafase: Confusión temporal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72
Tercera fase: Movimientos repetitivos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
Cuarta fase: Vegetación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
TERCERA PARTE: APLICAR lA VALIDACIÓN INDIVIDUAL

Tres pasos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Técnicas para la primera fase: Despiste . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
Técnicas para la segunda fase: Confusión temporal . . . . . . . . 94
Técnicas para la tercera fase: Movimientos repetitivos . . . . . . 98
Técnicas para la cuarta fase: Vegetación . . . . . . . . . . . . . . . . 1 O3
Errores y reacciones típicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 04

CUARTA PARTE: GRUPOS DE VALIDACIÓN

Siete pasos . . . . . . . . . . . . . . . · . . . . . . . . . . . . . . . .
.

.. . . . . . . 1 17
Ejemplo de grupo de validación . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . 1 25
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . 1 27
Los grupos de validación comparados con otros grupos . . . . . . . 1 28
Poner en práctica Úl validación en un centro . . . . . . .. . . . . . . 131

ESQUEMAS, FORMUlARIOS Y CUESTIONARIOS

Diferencias de comportamiento entre poblaciones


con demencia de aparición temprana .
rnariczon ,,.arid'
y de ªr · · 'za . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+ 1 37
Claves del comportamiento observable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 38
Más allá de Úl integridad:
Úl resolución Feilfrente Úl fase vegetativa . . . . . . . . . . . . . . . 1 44
Púin individual de tratamiento mediante validación . . . . . . . . 1 46
Historial y conducta básica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 48
Selección de miembros para los grupos de validación . . . . . . . . 14 9
FormuÚlrio de evaluación de progresos . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 50
Resumen del grupo de validación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
Evaluación Úls propias habilidades de validación . . . . . . . . . . . 1 53
Ejercicios de validación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 55

BIBLIOGRAFÍA ADICIONAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 57
PRIMERA PARTE:
¿QUÉ ES EL MÉTODO DE VALIDACIÓN?

Los INICIOS

En 1963, tras siete años trabajando con ancianos sanos y orien­


tados en centros sociales, comencé a trabajar con muy mayores (es
decir, personas de más de ochenta años) desorientados en el Hogar
Montefiore para Ancianos de Cleveland, Ohio.1 Mi objetivo inicial
era ayudar a los muy mayores que sufrieran una desorientación gra­
ve a enfrentarse a la realidad y a relacionarse entre ellos en un gru­
po. En 1966 llegué a la conclusión de que ayudarles a enfrentarse a
la realidad era un objetivo poco realista: cada una de aquellas perso­
nas estaba atrapada en un mundo de fantasía.2 Explorar los sentimien­
tos y recordar animaba a los miembros de un grupo a reaccionar
los unos ante los otros. La música estimulaba la cohesión del grupo
y la sensación de bienestar. Decidí renunciar a mi objetivo cuando
comprobé que cad� vez que intentaba orientar a los miembros de un
grupo ha.cia una realidad presente intolerable, muchos de ellos se
retraían o desarrollaban una hostilidad creciente.
Una mujer muy mayor y muy desorient.ada solía cantar: <<Dicen
que estoy loca, la gente no me entiende>>, y a continuación explica­
ba los motivos de su <<demencia>>: <<Es mejor estar loca; así lo que haces
no importa>> .

Otra mujer de un grupo de ancianos desorientados se levantó un


día dispuesta a marcharse y dijo: <<Tengo que irme a casa a dar de
comer a los niños>> . <<Señora Kessler, no puede irse a casa>> , le dije yo.

1. Naomi Feil, «Group Therapy in a Home for the Aged>>, The Gerontologist
7, número 3, parte I; septiembre de 1 967, páginas 1 92-195.
2. Edward Feil, The Tuesday Grottp, película; Cleveland, Ohio, Edward Feil
Productions, 1972.

15
<<Sus hijos ya no están allí. Ahora usted vive en una residencia para
ancianos, el Hogar Montefiore.>> <<Ya lo sé; ¡no sea estúpida!>> , res­
pondió ella. <<Por eso tengo que irme de aquí ahora mismo. ¡Tengo
que irme a casa a dar de comer a los niños!>> A pesar de mis intentos
por devolverla al momento presente, no logré convencer a la señora
Kessler; se sentía inútil en una clínica y quería regresar a su casa y
recuperar su antiguo papel como madre de sus tres hijos para sen­
tirse útil. Se alejó de mí murmurando para sí misma: <<¿Y ella (seña­
lándome a mí) qué sabe? ¡¿Quién se ha creído que es?!>>

El señor Rose acusaba al administrador de la residencia de


haberlo castrado en el ático. Me pasé cinco años intentando orientar
al señor Rose hacia la realidad. Cuando el administrador se reti­
ró, el señor Rose me dijo: <<Tiene usted razón: no me hizo nada.
No sirvo para nada; nunca he servido para nada>> .
Aquéllas fueron las últimas palabras que me dirigió. Renunció al
bastón y nunca más volvió a caminar. Se pasaba el día repiqueteando
con los dedos en el brazo de la silla de ruedas y murmurando: <<Buckeye
y la 105>>, una y otra vez. Buckeye y la 105 era la esquina donde había
estado ubicado su bufete de abogado. Se golpeaba una y otra vez la
rodilla, que le dolía a causa de la enfermedad de Paget, repitiendo
incesantemente: <<Maldito juez... maldito juez... maldito juez... >> .
Hacía muchos años, su padre le había dicho: <<Nunca conseguirás
nada porque no sirves para nada>> . Su hermana me dijo que nunca
había conseguido gran cosa. Como un buen chico, había ido alma­
cenando la ira, el dolor y la culpa. Había escuchado a su padre, que
le había castrado con sus palabras.
Ahora, convertido ya en una persona muy mayor, solo en su silla
de ruedas, luchaba por resolver la ira y la culpa que sentía. Yo no le
hice caso mientras lo oía culpar a las figuras paternas por haberle heri­
do; lo único que quería el señor Rose era que yo validara su ira. Culpaba
al juez, al administrador, a los médicos y a Dios (sus figuras pater­
nas) de haberle arruinado la vida. Su padre le había castigado en el
ático y ahora el hijo regresaba al pasado para decirle lo que sentía, para
recuperar el amor de su padre, para justificar su propia presencia en el
mundo. Pero nadie le validó; tuvo que luchar solo y sus movimien-
16
tos corporales se fueron debilitando cada vez más. �ntamente fue per­
diendo el sentido de la vida y vegetó hasta la muerte. Pasó de la Primera
fase, despiste, a la Cuarta, vegetación, sin que nadie le validara. 3
El señor Rose y cientos de personas como él me llevaron a renun­
ciar a la orientación hacia la realidad de los muy mayores desorien­
tados. He aprendido el método de validación de las personas con
quienes he trabajado; he aprendido que poseen la sabiduría necesa­
ria para sobrevivir regresando al pasado .

PRINCIPIOS BÁSICOS

Validar es reconocer los sentimientos de una persona. Validar


es decirle que sus sentimientos son ciertos. Al negar los sentimien­
tos se invalida al individuo. El método de validación utiliza la empa­
tía para sintonizar con la realidad interna de los muy mayores
desorientados. La empatía, saberse poner en el lugar de otro, fomen­
ta la confianza, la confianza potencia la seguridad, la seguridad apor­
ta fuerza, la fuerza renueva los sentimientos de sentirse válido, y sen­
tirse válido reduce el estrés.Con empatía, las personas que ponen
en práctica la validación recogen las claves de los ancianos y les
ayudan a expresar con palabras sus sensaciones, cosa que las valida
y les devuelve la dignidad.
Al sentirse fuertes, queridos y válidos en el presente, algunos
muy mayores desorientados ya no necesitan regresar al pasado;
otros, en cambio, prefieren permanecer en él. Así pues, no existe
una única fórmula universal aplicable en todos los casos. Ahora
bien, lo que sí es cierto es que todos los ancianos se sienten felices
cuando se les valida.4

3. «History of Isadore Rose», historial no publicado, Hogar Montefiore;


Cleveland, Ohio, 1963-1971; disponible por cortesía de la autora.
4. Naomi Feil, <<A New Approach to Group Therapy>>. Artículo sin publicar
presentado en el XXV Congreso Anual de la Sociedad Gerontológica en San Juan,
Puerto Rico, en diciembre de 1972.
17
Qué es el método de validación

- una teoría de desarrollo para personas muy mayores despistadas


y desorientadas;
- un método para clasificar su comportamiento;
- una serie de técnicas específicas para ayudar a los muy mayores
despistados y desorientados a recuperar la dignidad a través de
la validación individual y de los grupos de validación.

Objetivos de la validación

- restituir el amor propio,


- reducir el estrés,
- justificar la vida,
- trabajar para resolver los conflictos inconclusos del pasado,
- reducir la necesidad de restricciones químicas y físicas,
- aumentar la comunicación verbal y la no-verbal,
- evitar la espiral de abandono que conduce a la vegetación,
- mejorar el aspecto y el biene,star físico.

Principios teóricos

Los principios teóricos de la validación se sostienen sobre prin­


cipios básicos desarrollados por escuelas psicológicas conductistas,
analíticas y humanistas:

A. Aceptar al paciente sin juzgarlo. (Carl Rogers)


B. El terapeuta no puede aportar nuevas perspectivas o cambiar el
comportamiento del paciente si éste no está preparado para cam­
biar o no posee la capacidad cognitiva necesaria para aceptar una
nueva perspectiva. (Sigmund Freud)
C. Tratar al paciente como un individuo único. (Abraham Maslow)
.

D. Los sentimientos que primero se expresan y luego son reconoci-


dos y validados por un interlocutor de confianza perderán inten- ·

18
sidad. Cuando se ignoran o se niegan, los sentimientos cobran
fuerza. <<Un gato ignorado se convierte en un tigre.>> (Carl Jung)
E. En cada etapa vital existe una tarea concreta que debemos afron­
tar en un momento determinado del transcurso de la vida huma­
na. Debemos luchar por realizar esa tarea y una vez conseguida
pasar a la siguiente. (Erik Erikson)
F. Si ignoramos una tarea, ésta exigirá nuestra atención en una etapa
posterior. (Erik Erikson)
G. El ser humano lucha por conseguir el equilibrio (homeostasis) .
(S. Zuckerman)
H. Cuando la memoria reciente (memoria a corto plazo) falla, los
seres humanos más ancianos recuperan el equilibrio recuperando
recuerdos tempranos. Cuando la vista falla, recurren al ojo de la
mente para poder ver. Cuando el oído se va, escuchan los soni­
dos del pasado. (Wilder Penfield)
I. Los recuerdos tempranos y mejor asentados sobreviven hasta la
vejez más tardía. (F.G. Schettler y G.S. Boyd)
J. El cerebro no es el único regulador del comportamiento de los
muy mayores; la conducta es una combinación de cambios físi­
cos, sociales e intrafísicos que se producen a lo largo de la vida.
(Adrian Verwoerdt)
K. Las autopsias muestran que un número considerable de perso­
nas muy ancianas sobreviven a daños cerebrales importantes y se
mantienen relativamente orientadas. (Charles Wells)
L. Tras la conducta de los muy mayores desorientados hay un
motivo. (Naomi Feil)
M. Todos los seres humanos son valiosos, independientemente de
lo desorientados que estén. (Naomi Feil)

19
LA TEORfA DE ERIK ERIKSON
SOBRE LAS ETAPAS Y LAS TAREAS VITALES 5

El famoso psicólogo Erik Erikson formuló la teoría de Etapas y


tareas vitales de desarrollo, basadas en la interrdación de nuestras capa­
cidades y tendencias biológicas, mentales y sociales. Esas tareas van
cambiando a medida que envejecemos y el éxito que obtenemos al lle­
varlas a cabo en una edad determinada dependerá de lo bien que haya­
mos resuelto las tareas propias de edades anteriores. Siempre estamos
luchando por cumplir con nuestras tareas. Desde que nacemos hasta
que morimos.

ETAPA TAREA FRACASO AL CUMPLIR


LA TAREA

1. Infancia Aprender a confiar Falta de confianza, nadie


me qu1ere

2. Niñez Aprender a seguir las normas, Vergüenza y culpabilidad


control

3. Adolescencia Descubrir la propia identidad; Inseguridad, rol poco


separarse de los padres definido; sin alguien que
me quiera no soy nadie

4. Edad Adulta Desarrollar la intimidad; ser Aislamiento, dependencia


responsable de los propios
sentimientos, éxitos y fracasos.

Generar nuevas actividades a Estancamiento; aferrarse


5. Mediana Edad medida que los antiguos roles a roles agotados
se van consumiendo

6. Vejez Aferrarse a la vida; encontrar la Desesperación; podria


fuerza interior y la integridad morirme y no pasaria nada

5. Erik Erikson, lnsigl1t and Responsibility, Nueva York: W.W. Norton & Co.,
1964.

20
El bebé, caliente y cómodamente instalado sobre el pecho de la
madre, se ve abandonado cuando suena el teléfono. De repente el
bebé tiene frío, hambre, miedo y rabia. En la infancia debemos
aprender a confiar en que la madre va a volver; en que sobrevivire­
mos al frío, a las punzadas de hambre, a la ira y al miedo. La madre
nos demuestra una y otra vez que somos dignos de ser amados. Pode­
mos sobrevivir a los tiempos difíciles; ella nos ama y nosotros po­
demos amarnos porque somos dignos de ser amados.
Pero si el bebé no puede estar seguro de que la madre vaya a regre­
sar, nunca aprenderá a confiar y entrará en la infancia cargado de
recelo. En la guardería el niño corre, tropieza, se cae y acusa al com­
pañero de clase más cercano. <<¡Me has empujado a posta!>> Cuando
era un bebé no pudo contar con el amor de su madre y no apren­
dió que era digno de ser amado. Como niño no se ama y, por lo tan­
to, tampoco puede confiar en sí mismo. Ahora él es la víctima que
busca de un destructor: niega su responsabilidad en las cosas malas
que suceden y el niño se convierte en un acusica. En lugar de con­
fiar en sus posibilidades de supervivencia, los acusicas creen que la
sociedad va a por ellos. Cuando ese niño se convierta en un anciano
y caiga porque sus rodillas artríticas ya no puedan sostenerle, acu­
sará a la mujer de la limpieza por encerar el suelo con el propósito
de hacerle caer.Cuando a ese anciano se le nuble la vista acusará a
los encargados de mantenimiento de instalar bombillas defectuosas.
Los miedos que no fueron abordados durante la infancia rea­
parecen disfrazados en la vejez, y los miedos de hoy desencadenan
los recuerdos de miedos pasados. La niña que vio cómo un her­
mano mayor la encerraba en un cuarto oscuro durante un instante
aterrador se �onvierte en la anciana que chilla cuando sus ojos dejan
de ver, o cuando se encuentra sola en la oscuridad: una pérdida físi­
ca en la vejez despierta los recuerdos de un sentimiento de pérdida
anterior. Los sentimientos similares se atraen como imanes; vuelan
a través del tiempo.

En la niñez aprendemos a controlarnos, seguimos normas, apren-


.

demos que podemos equivocarnos y continuar controlando nuestro


mundo. Descubrimos que podemos llegar tarde al orinal una o dos

21
veces y nos siguen queriendo; nos sentimos orgullosos cuando apren­
demos a ir al lavabo. <<¡Mira! ¡He hecho lo que tenía que hacer don­
de y cuando tenía que hacerlo!>> Nos caemos al suelo las primeras
veinte veces que intentamos ir en bicicleta, pero aun así lo volvemos
a intentar. El bebé que aprendió a confiar se convierte en un niño
capaz de arriesgarse a ir <<sin manos>> . Puede que el niño se caiga, pero
nunca se rendirá.
En cambio, si nuestros padres nos repitieron una y otra vez: <<¡No
molestes!>> , si aprendimos que el amor requiere perfección, no ensu­
ciar nunca, no derramar nunca nada, no caerse, no llorar, no olvidar­
se de nada, etcétera, añadiremos más bultos a nuestro equipaje. Nos
llevaremos con nosotros a la vejez la urgente necesidad de mantener
un control estricto sobre las cosas, de no mostrar nunca nuestros sen­
timientos, de no permitirnos ninguna equivocación patinazo. Si
queremos que nos amen, debemos pagar un precio, y por eso nos
aferramos con todas nuestras fuerzas al manillar para no caernos de
la bicicleta y no nos arriesgamos a cometer errores. En la vejez, cuan­
do no podemos evitar cometer errores, cuando el control se nos esca­
pa de las manos, nos convertimos en acaparadores: nos aferramos a
nuestras posesiones y queremos poner cada cosa en su lugar. El an­
ciano que teme perder su virilidad se aferra al bastón, la navaja, las
llaves y la cartera; si se olvida de las cosas o las pierde, culpa a sus hi­
jos, a los vecinos o al personal de la clínica de robarle sus pertenen­
cias, nunca se ha enfrentado a las carencias que conlleva la vejez, ni
ha aprendido a confiar en sí mismo para superar los tiempos difíciles.
La anciana que siempre ha necesitado tener el control y que de
pronto sufre incontinencia, grita enfurecida: <<¡Hay una gotera en el
techo de mi habitación! Cada vez que llueve se me moja la cama, y
nadie viene a arreglarla>> . Lo cierto es que nadie puede arreglar las
carencias de la vejez, de modo que la anciana culpa a los demás de sus
propias deficiencias. Tiene miedo de cometer errores, ya que enton­
ces nadie la querrá. Lleva el bolso lleno de cosas: bolígrafos para ase­
gurarse d� que nunca olvidará su perfecta caligrafía, clips y agujas,
papeles, pañuelos, comida, todo para sobrevivir a los tiempos difíci­
les y no hundirse. Cuanto más va perdiendo el control sobre su mun­
do, más necesidad tiene de acaparar cosas.

22
En la adolescencia, nuestra tarea es cortar el cordón umbilical,
rebelarnos. Cuando tenemos quince años, nuestra madre puede
convertirse en una bruja malvada y nuestro padre en un terrible
dragón que lanza llamaradas de odiosa autoridad, pero rechazamos
sus reglas y les desafiamos; debemos encontrar nuestros propios
valores, establecer nuestras propias reglas. Luchamos por descubrir
quiénes somos, por separarnos de quienes nos aman. En la infan­
cia aprendimos que nuestros padres nos quieren incluso cuando
nos peleamos con ellos, de modo que podemos asumir el riesgo de
rebelarnos.
En cambio, si no sentimos y disfrutamos el amor incondicional
de nuestros padres, la rebelión es arriesgada. Si luchamos con ellos y
les desobedecemos, mamá y papá pueden dejar de querernos para
siempre; pueden abandonarnos y entonces estaremos solos. Por ese
motivo capitulamos, somos buenos y hacemos siempre lo que mamá
y papá quieren que hagamos, de modo que nunca descubrimos quién
somos en tanto que seres independientes de nuestros padres, lejos de
la autoridad. Somos el alumno obediente del maestro, el servil tra­
bajador del jefe. Tomamos nuestra identidad del mundo exterior
porque nunca hemos descubierto la nuestra propia. No cortamos
el cordón umbilical, ni aprendemos a <<ser>> , sin la familia, sin el hogar,
sin piernas, en una silla de ruedas, solos. Siempre tenemos que ser
algo en relación a alguien. Una mujer de ese tipo se aferra a sus hijos,
a sus vecinos, al personal de la clínica; se convierte en una mártir que
se queja de sus achaques y dolores, y ofrece un <<recital de órganos>>
al mundo: <<Me duele la cabeza, me duele el estómago, me duele la
espalda>> , etcétera. Lloriquea. <<Una madre puede criar a diez hijos,
pero diez hijos no bastan para cuidar a una madre.>>

En la edad adulta nuestra tarea consiste en acercarnos a otro


ser humano. Si como adolescentes logramos conquistar un sen­
timiento de identidad, podremos permitirnos decir: <<Te quiero>>,
o <<Te odio>> , sin miedo al rechazo. Nuestra capacidad de amar no
dependerá de que nos amen, de modo que si nos rechazan; sobre­
viviremos. Tenemos nuestra propia identidad, independiente de la
del ser amado, y podemos correr el riesgo de que nos hieran. En

23
cambio, si no logramos cumplir con las tareas de las etapas ante­
riores de la vida, no buscaremos la intimidad. Si no teníamos la
confianza suficiente en nosotros mismos para soltar el manillar
cuando éramos niños, ¿cómo vamos a confiar en sobrevivir a los
batacazos propios de la vida adulta? Obsesionados por los terro­
res del abandono durante la infancia, por la vergüenza agonizante
de una niñez llena de fracasos y por el miedo al rechazo durante la
adolescencia, nos vamos alejando de los demás. Nos aislamos y aña­
dimos otro bulto más a la carga que habremos de soportar cuando
lleguemos a la vejez. Nos convertimos en personas solitarias; en
la clínica nos sentamos solos. Sin estímulos del mundo exterior,
con una visión y un oído menguantes, nos vamos encerrando en
nosotros mismos de forma progresiva.

Llegada la mediana edad, nuestra quinta tarea vital consiste en


aprender a esquivar los golpes. Observamos que las arrugas se van
haciendo más profundas, que nos clarea el pelo, que la piel arrugada
no encaja en los huesos, que las ojeras no desaparecen. Nos miramos
en el espejo y todo parece estar igual que hace cinco años, pero lo
cierto es que todo cuelga un poco más. Algunos sufrimos violentas
embestidas, una avalancha de pérdidas: perdemos un marido, un
pecho, un riñón, un trabajo... etcétera. Hacemos frente a nuestras
pérdidas, las lloramos, nos miramos en el espejo y aceptamos el hecho
de que envejecemos y de que no vamos a vivir eternamente. En la
mediana.edad aprendemos a seguir adelante, a expandir nuestro reper­
torio vital, a añadir nuevas teclas al piano de nuestras vidas. Muere
una esposa y encontramos a un buen amigo; perdemos un trabajo
y nos hacemos voluntarios.
Ahora bien, si hemos crecido creyendo que teníamos que ser perfec­
tos y que no podíamos perder el control, no podemos acudir a explicarle
nuestros sentimientos ni nuestras penas a nadie. Pero entonces, ¿cómo
podemos afrontar las heridas propias de la mediana edad? Sin nuestra
mujer no somos nadie; sin nuestro trabajo no somos nada. Sin pechos
nos volvemos asexuadas. Entonces, para sobrevivir, negamos el impac­
to de las pérdidas. No podemos arriesgarnos a aprender a tocar nue­
vas teclas, de modo que seguimos aporreando la misma de siempre y

24
nos aferramos a roles agotados. Un viudo se niega a iniciar una nue­
va relación: no hay nadie lo bastante bueno; un amante de la música
se niega a comprar un audífono: es demasiado caro; un ejecutivo ridi­
culiza un trabajo voluntario: su tiempo vale dinero. Quedamos atra­
pados y nos aferramos a conductas caducas. En la Tercera fase de deso­
rientación (confusión temporal), la silla de ruedas se convierte en un
archivador para que el ejecutivo pueda seguir trabajando; una mano
se convierte en un bebé para la mujer que debe seguir siendo una madre;
un paquete de medicinas es el tractor que un granjero utiliza para arar
sus campos. Se trata de personas muy ancianas que deben aferrarse a
sus trabajos, ya que no tienen nada más que hacer: están atrapados por­
que sólo saben tocar una tecla.

De acuerdo con Erikson, la última tarea consiste en revisar la


propia vida. Se trata del momento en el que hay que mirar hacia
atrás y determinar lo que fuimos. Debemos revisar el pasado para
ser capaces de prever el futuro. Una mujer dice: <<¿Que qué fui? Fui
una madre que cometió muchos errores; pero aprendí de esos erro­
res y también hice muchas cosas buenas>> . Revisar el pasado para
determinar en qué punto nos encontramos. Otra mujer asegura:
<<Ahora soy vieja y mi marido ya no está, pero puedo compartir mis
sentimientos con mis amigas>> . Revisar el pasado para pensar en
lo que podríamos haber sido. Una tercera mujer declara: <<Me encan­
taría haber sido una gran actriz, pero no lo fui. En lugar de eso,
utilicé mis habilidades escénicas para ser una buena maestra. Me
gusta cómo soy. A pesar de los sueños no cumplidos, de los erro­
res cometidos, a pesar de lo que he perdido, me alegro de haber
nacido; me respeto a mí misma, soy íntegra, puedo comprometer­
me, puedo aceptar lo que soy, lo que fui y lo que no he sido. Me
gusto. Vale la pena vivir. Aunque ahora estoy en una silla de rue­
das, me las voy arreglando>> . Esos muy mayores han sabido abor­
dar cada tarea en su momento y ahora son capaces de recordar
voluntariamente, aceptando sus propias elecciones y aceptándose
a sí mismos tal como son.
En la vejez, la integridad consiste en reconocer los propios puntos
fuertes en lugar de las debilidades. Según Erikson, <<la integridad es

25
la fusión del ser real y el ser idealizado>>.6 Con integridad, el anciano
cuenta con un profundo amor propio que le ayudará a sanar las ine­
vitables máculas que produce la edad. Con integridad se puede arries­
gar a probar un nuevo estilo de vida cuando los patrones antiguos
dejan de funcionar.
En cambio, si cuando comience a perder la energía física, se le
nuble la vista, le claree el pelo, la memoria reciente se desvanezca y
se jubile no puede confiar en el amor de nadie, la vida se convertirá
en un charco de barro y quedará atrapado en él. En ese caso, puede
pensar: <<A nadie le importa si vivo o si muero. Ojalá me muriera>>.
Sin una aceptación sincera de uno mismo que compense la sensa­
ción de fracaso, sólo queda lugar para la desesperación.
Y si se ignora, la desesperación se desarrolla y se convierte en de­
presión. La depresión es una rabieta interna del temperamento: rabia,
rebelión, vergüenza, culpa, amor... las emociones que hemos logrado
contener durante toda la vida han ido cobrando fuerza mientras esta­
ban encerradas. Avanzamos hasta la vejez arrastrando un equipaje que
al final resulta insoportable. Los humanos vivimos cada vez más y los
muy mayores se han convertido en una nueva raza. La neumonía ya no
es <<la cura de la vejez a los sesenta y cinco años>>; las estadísticas mues­
tran que la mayoría de nosotros llegaremos a una edad muy avanzada.

Cada etapa vital tiene su propia tarea. lgnórela y la tarea se


presentará por segunda vez en una etapa posterior. Eso significa que
siempre tenemos una segunda y una tercera oportunidad para cum­
plir nuestras tareas vitales. De hecho, lo cierto es que pocas veces las
cumplimos la primera vez que se nos presentan y que nunca pode­
mos decir que una tarea vital está completamente terminada. Todo
el mundo debería continuar afrontando sus sentimientos y siendo
honesto consigo mismo a lo largo de toda la vida.7 Si a los sesenta

6. Erik Erikson, Childhood and Society, Nueva York, W.W. Norton & Co.,
1 950, 1 963.
7. Erik H. y Joan M. Erikson, «lntroduccion: Reflections On Aging», en Stuart
Spicker, Kathleen Woodward y David Van Tassel (eds), Aging and the Elderly,
Atlantic Highlands, Nueva Jersey, Humanities Press, 1 978.

26
y dos años no logra encontrar una calle en una ciudad que no cono­
ce y comienza a echarle la culpa a lo poco claros que son los indica­
tivos callejeros, deberá enfrentarse al hecho de que es un acusica.
Puede expresarle a un buen amigo el miedo a quedarse ciego; puede
buscar métodos alternativos de visión. Si algo se interpone entre usted
y sus amigos, afronte su miedo a la intimidad y las punzadas que pro­
voca el rechazo. Lo cierto es que usted puede cambiar, que no tie­
ne por qué aferrarse a patrones de comportamiento obsoletos. Los
seres humanos tenemos billones de células en el cerebro que pode­
mos reagrupar y a las que podemos añadir nuevas conexiones.
Nuestros cerebros son <<plásticos>> : caliente el plástico y observará
cómo cambia de forma.
A lo largo de la vida no dejamos de luchar.8 En muy pocas oca­
siones logramos cumplir totalmente una tarea vital antes de que la
siguiente salga a escena, de manera que siempre hemos de regresar
para recoger las piezas extraviadas. Las tareas inacabadas nos aguijo­
nean y nos persiguen hasta avanzada la vejez. Si continuamos negando
su existencia y evitamos el momento de afrontarla, la tarea aguarda
hasta que nuestra capacidad de control se debilita. Y un día olvida­
mos cuándo debemos decir nuestra línea, olvidamos nuestro papel;
hemos esperado demasiado tiempo, ya es demasiado tarde, de modo
que perdemos el deseo y la capacidad de cambiar. La perspicacia, el
control intelectual de los sentimientos, la capacidad de exclamar
<<¡pues claro!>>, ya son lo bastante difíciles de conseguir cuando esta­
mos físicamente intactos. Hacer frente a los sentimientos nos hace
vulnerables, es algo aterrador que nos puede hacer perder el �quili­
brio. En la vejez, cada día supone una nueva pérdida física. Cuando
uno tiene ochenta y tres años, no quiere arriesgarse a sufrir un ata­
que al corazón por afrontar sentimientos contenidos que le aterran.
Si hemos ignorado sentimientos importantes, éstos aparecerán cuan­
do seamos ancianos, cuando hayamos perdido el control sobre nues­
tra vida y estemos a merced de nuestros cuidadores. Tras toda una
vida enterrados, los sentimientos terminarán emergiendo.

8. Gail Sheehy, Passages, Nueva York; E.P. Dutton & Co., 1974.

27
LA RESOLUCIÓN FEIL FRENTE 1A FASE VEGETATIVA:
MÁS ALLÁ DE lA INTEGRIDAD

ETAPA TAREA FRACASO AL CUMPLIR


LA TAREA

7. Edad muy Resolver el pasado Vegetación


anc1ana

En 1963, cuando regresé para trabajar en la residencia en la


que había crecido, descubrí que la mayoría de los ciento setenta resi­
dentes eran seres humanos orientados e integrados que habían apren­
dido a comprometerse, a evitar los envites de la vejez y a disfrutar de
la vida, a pesar de sus deficiencias físicas e intelectuales. Sólo vein­
titrés residentes habían sucumbido a la confusión o a la desorienta­
ción. Sus edades oscilaban entre los ochenta y los ciento un años y
nadie les quería. Eran los acusicas, los mártires, los llorones, erran­
tes y chillones, que se pasaban el día yendo de un lugar para otro, los
que daban golpes en la mesa. Yo aún no lo sabía, pero cada uno de
ellos llevaba más de siete décadas acumulando en su equipaje senti­
mientos amargados. Se trata de los ancianos con quienes trabajé en
el Ala de Servicios Especiales, donde vivían separados de los resi­
dentes orientados, que se quejaban de su comportamiento <<de chi­
flados>>. El personal también era reacio a relacionarse con aquellas
personas tan ancianas que no podían o no querían controlar sus sen­
timientos para acomodarse a lo que la sociedad esperaba de ellos. En
la década de los sesenta, aquellas veintitrés personas habrían muer­
to de neumonía o de una insuficiencia cardiaca, pero la medicina
moderna los mantenía con vida; habían sobrevivido a sus cuerpos.
Poco a poco, aquellas personas me enseñaron que cuando uno
se convierte en alguien muy mayor aún queda una tarea por cumplir;
yo lo llamo tarea final, la que se encuentra más allá de la integridad:
la resolución frente a la vegetación. Las personas muy ancianas que se

28
ven atrapadas por sentimientos que desde etapas vitales anteriores están
pendientes de resolución, suelen regresar al pasado para resolverlos.
Preparan el equipaje para el viaje definitivo; ordenan los manteles
sucios acumulados en el desván del pasado. Están muy ocupados, se
sienten irresistiblemente atraídos por la necesidad de atar los cabos
sueltos. No se trata de un viaje consciente al pasado, como la sexta
(y última) etapa de Erikson, sino de una profunda necesidad huma­
na: morir en paz. Aquellas personas que logran la integridad a una
edad muy avanzada no penetran en la etapa de la resolución. Sin embar­
go, puesto que los humanos somos cada vez más longevos, cada vez
serán más las personas mayores que deberán abordar la etapa de la
resolución y entonces necesitarán que alguien las escuche y valide
sus sentimientos. Si no encuentran a esa persona, se irán inhibiendo
hasta llegar al estado de vegetación. Sin estímulos del mundo exterior,
se convertirán en un muerto viviente más de las residencias de ancia­
nos. El educador que practica la validación escucha, consciente de que
no logrará una resolución completa porque ya es demasiado tarde para
un cambio de perspectiva. Los sentimientos se vierten y quedan pen­
dientes de resolución hasta el momento de la muerte. Sin embargo, a
medida que los diversos sentimientos son reconocidos y validados,
se van disipando. Los muy mayores continúan resolviendo sus preo­
cupaciones y se preparan para morir en una casa limpia.

Los MOTIVOS DE 1A DESORIENTACIÓN:


LA NEGACIÓN DE LAS PÉRDIDAS FÍSICAS Y SOCIALES

Pérdidasfisicas9

El envejecimiento físico supone una pérdida gradual de tejido


útil en todo el cuerpo. La vida humana puede llegar hasta los ciento
veinte años. Sin embargo, las personas que se aferran a roles juve-

9. Sue V. Saxon y Mary Jean Etten, Physical Change andAging, Nueva York:
Tiresias Press, 1978.

29
niles y caducos niegan los signos propios del envejecimiento. La nega­
ción comienza en la madurez, cuando aparecen las arrugas, la piel
comienza a colgar sobre unos huesos que se van encogiendo, el pel�
clarea, conducir por la noche se hace cada vez más difícil y algunas
personas desarrollan tumores en el pecho, cataratas, y sufren peque­
ñas apoplejías y problemas cardiacos y de próstata. El tejido graso se
acumula y el cerebro y el corazón trabajan con más dificultad. Las
personas que no tienen recursos para enfrentarse a las pérdidas se
bloquean, pero eso no detiene el envejecimiento. La negación de esas
pequeñas <<muertes>> físicas en la mediana edad y en la tercera edad
suele conducir a un retiro final a un mundo de fantasía cuando se
llega a la edad muy anciana. 10 De hecho, el deterioro físico ayuda a
las personas muy ancianas que tienen tareas vitales por terminar a
cumplir la tarea final: recuperar el pasado para resolverlo.
La pérdida del oído lleva a muchas personas a escuchar con el oído
interno. El niño que se veía constantemente ridiculizado en la guar­
dería porque no era capaz de controlar la función urinaria se convierte
en el anciano sordo que escucha con el oído interno: en lugar del
<<¿quieres coger un bombón?>> de un compañero, el anciano oye <<tie­
nes mojado el pantalón>> . La vergüenza de perder el oído a la edad
adulta es como un imán que atrae la vergüenza que sintió cuando era
niño y sus amigos se burlaban de él: <<¡Sammy tiene el pantalón moja­
do! ¡Sammy tiene el pantalón mojado!>>. El viejo Sam agita el puño
y se aleja de allí: acaba de perder a su único amigo. La pérdida del
oído despierta las inseguridades del pasado. Para las personas que
no pueden enfrentarse al fracaso, la única autodefensa posible es la
negación. Se sienten inseguras y comienzan a sospechar de los demás,
como si éstos quisieran ponerlas en ridículo. Eso las lleva a retraerse
y a encerrarse en sí mismas cada vez más. El antiguo amigo llama
<<paranoico>> a Sam. Cuando los sonidos del mundo exterior nos lle­
gan apagados, resulta sencillo oír los sonidos del pasado: para paliar
su sufrimiento, el anciano oye la voz de su madre.

1 0. James J . Barrell y Donald D. Price, <<Two Experimental Orientations


Toward a Stressful Situation and Their Somatic and Visceral Responses>>,
Psychophysiology 1 4 (1 977), páginas 5 17-521.

30
Si de adulto hubiera superado el sentimiento de vergüenza que le
producía mojar los pantalones, tal vez al llegar a anciano habría podido
aceptar la pérdida del oído y no se habría encerrado en sí mismo, y
así no tendría la necesidad de resolver sentimientos incompletos en
la vejez. Si hubiera luchado por realizar esa tarea vital en una etapa
más temprana, no habría tenido que pasar por la etapa de resolución.
Los ojos cambian y cuando el mundo exterior se vuelve borro­
so, el mundo interior puede aclararse. En la vejez, el nervio óptico
sufre daños y el cristalino adquiere una tonalidad amarillenta. U n
anciano con la retina dañada puede ver con el ojo de la mente. Las
imágenes vívidas (eidéticas) recuperan a los seres amados del pasa­
do. Schettler y Boyd escribieron: <<Cuanto antes se ha fijado una ima­
gen en la memoria, más tiempo se retiene>).11 Wilder Penfield des­
cubrió que <<el paciente, él mismo, puede activar la memoria desde
dentro [ . ] sin utilizar los órganos sensoriales>>. 12 Los reflejos de la luz
. .

del sol se convierten en una verja para una mujer de ochenta y ocho
años a quien su padre dijo que vigilara que los caballos no salieran
de la verja. Atada en una silla, viéndolo todo con su visión interna,
oyendo la voz de su padre con el oído de la mente, oliendo el pasa­
do, exclama: <<¡Papá, los caballos no hacían caso y se han escapado!
¡Yo no quería! ¡Ayúdame, papá!>>. Esa anciana resucita a su padre para
hacer las paces con él; está resolviendo antiguos sentimientos de cul-·
pa. Su familia no podía permitirse perder los caballos y ella, de for­
ma creativa y poética, cambia el presente por el pasado en su última
lucha vital por obtener la aprobación de su padre.
A medida que envejecemos el cerebro cambia. El cuerpo dispo­
ne cada vez de menos glucosa y menos oxígeno para el metabolismo
cerebral; el sistema nervioso quinesiológico está dañado y la perso­
na muy mayor comienza a perder el control sobre los músculos y
glándulas, y las funciones del intestino y la vejiga se complican. El
cerebro humano posee billones de células nerviosas. Al cumplir vein�

1 2. Wilder Penfield, The Cerebral Cortex and the Mind of Man>), en: Peter
«

Laslett (ed.), The Physical Basis ofMind, Nueva York, Macmillan Co., 1 950.
1 1 . F.G. Schettler y G.S. Boyd, Atherosclerosis, Amsterdam; North-Holland
Publishing Co./ Biomedical Press, 1 969.

31
te años hemos perdido unos cuantos miles de ellas, pero al llegar a
los noventa algunas personas han sufrido daños cerebrales conside­
rables. Cada persona envejece de forma distinta, en función de sus
condicionantes genéticos y de su entorno. Las pequeñas apoplejías
y las células nerviosas dañadas (placas seniles y nudos neurofibrila­
res en el cerebro) pueden provocar la pérdida de la memoria inme­
diata. Algunas personas muy ancianas pierden la capacidad del pen­
samiento intelectual, que consiste en saber agrupar por categorías
objetos similares. Cuando nuestros cerebros están completos sabe­
mos reunir fácilmente sillas, mesas y pupitres en la categoría <<mobi­
liario>>. Somos capaces de pasar el siguiente test de inteligencia: <<Una
silla es a una mesa lo que una manzana es a Las personas muy
... >>.

ancianas que tienen el pensamiento lógico dañado son incapaces


de responder <<naranja>> o <<plátano>>; ya no pueden pensar de forma
cognitiva, no saben disponer minutos, horas, días, semanas, meses y
años en orden cronológico. Las personas muy ancianas se rigen por
recuerdos; eso, y no los minutos, es lo que marca el paso de sus vidas.
Presente y pasado se mezclan, y la hora que marca el reloj desapa­
rece. Una mujer anciana, incapaz de abandonar su única razón de
vivir, exclama: <<¡Quiero dar de comer a mis hijos! ¡Están hambrien­
tos!>>. Sin embargo, lo que le responden es: <<Acabas de tomarte el
desayuno. Tus hijos ya son adultos>>. La mujer grita con más fuer­
za, ha olvidado que ya ha desayunado, no quiere comer en aquel cen­

tro aséptico. La anciana no recuerda que sus hijos son adultos y quie­
re darles <<huevos al plato y varitas de pescado>>.
Nuestro sistema quinesiológico puede sufrir daños. Las células
sensoriales, situadas por todo el cuerpo, ya no informan al cerebro
de la posición del cuerpo y se difumina la percepción del ser.13 El
doctor Smith ya no se reconoce a sí mismo en el espejo después de
afeitarse; se encuentra <<más allá de sí mismo>>. Su cerebro ya no le
informa de dónde está ni de quién es. A lo largo de su vida, el doctor
Smith ha controlado sus instintos sexuales, pero ahora éstos se reve­
lan; con un destello perverso en la mirada y expresión de regocijo,

13. N. Feil y J. Flynn, <<Meaning Behind Movements of the Disoriented Old-


Old>>, Somatics IV, número 2, primavera/verano de 1 983.

32
acaricia los pechos de la enfermera que le está afeitando. Yo le pre­
gunto: <<Doctor Smith, ¿sabe que está haciendo que Sally se sienta
incómoda?>>, pero él me hace callar y me dice: <<Yo no soy el doctor
Smith; el doctor Smith está en su consulta, trabajando. Y ahora déje­
me en paz, tengo trabajo>>. Con la conciencia quinesiológica daña­
da, utiliza el oj o de la mente para ver al doctor Smith trabajando
tranquilamente en el laboratorio o ejerciendo la medicina tal como
hizo durante décadas. Mientras tanto, el hombre al que están afei­
tando está muy ocupado completando sus senti mientos sexuales
no res.ueltos antes de que llegue la muerte.

Cuando el cerebro desconoce la situación del cuerpo en la rea­


lidad actual, los movimientos pueden llevar a las personas muy ancia­
nas de vuelta al trabajo. Si la huella de ese trabajo se imprime en la
mente a una edad temprana y se ve reforzada por el paso de los años,
la memoria muscular no se desvanece, de modo que un ligero movi­
miento de muñeca puede llevar a un anciano de vuelta a su trabajo
de carpintero, y ese movimiento puede desencadenar emociones. La
señora Kulp, en la actualidad prácticamente ciega, se lleva la mano
a los labios, la acaricia, le canturrea y la mece; es su <<mano-bebé>>.
Sus movimientos desencadenan visualizaciones: la mano, suave como
su bebé, se convierte en ese bebé y le devuelve su identidad de madre.
El señor Rose, un ex abogado, se golpea la rodilla, que le duele
a causa de la enfermedad de Paget. Con los ojos fijos en la rodilla,
exclama: <<Maldito j uez, maldito j uez>>. Sus dedos suben y bajan
por el brazo de la silla de ruedas: se trata de sus <<pies>> que andan
de un lado para otro, sin detenerse ni un momento, regresando a la
calle donde ejerció la abogacía. La rodilla le causa el mismo dolor
que le provocó el juez cuando perdió su caso más importante. Ahora,
a la edad de 86, el señor Rose culpa al juez y revisa su caso, utilizando
movimientos familiares para recuperar el pasado. Está limpiando la
casa antes de morir. Acariciar, canturrear, mecer, cruzarse de brazos,
chasquear, tamborilear con los dedos o golpear la mesa con los puños
son movimientos físicos que tienen un significado único para cada
anciano desorientado; los movimientos corporales familiares sirven
para revivir el pasado.

33


Pérdidas sociales

La muerte de los seres queridos, la pérdida de un trabajo o del


rol de trabajador, de madre, de hijo o de amigo, limita la estimula­
ción social de los muy mayores. El contacto físico y visual, el reco­
nocimiento y la validación por parte de los seres queridos son nece­
sidades humanas básicas.14 Si los estímulos que reciben del mundo
exterior son escasos o nulos, las personas vegetan o mueren, ya que
la pérdida de estímulos conduce a la pérdida de la identidad. Desde
la infancia hasta la edad muy anciana, necesitamos interactuar con
otras personas. Sin embargo, atrapadas en sus sillas de ruedas, algu­
nas personas muy mayores pierden el contacto con el mundo exte­
rior, y sin la relación con otras personas, los ancianos no pueden con­
trastar las percepciones internas con lo que realmente ocurre fuera.
Algunas personas llegan a la vejez habiendo negado siempre las
pérdidas sociales que han sufrido. Ante la muerte de un ser amado,
reprimieron el dolor, ya que tomar conciencia de ese dolor les habría
producido una ansiedad intolerable, pánico, se les habría congestio­
nado el rostro, les habrían temblado las manos, habrían empezado
do a llorar, a sudar, se habrían visto incapaces de moverse y habrían
experimentado un aumento del ritmo cardiaco. El dolor puede
provocar trastornos insoportables para un anciano, motivo por el cual
se refugian dentro de sí mismos para sobrevivir al estrés que les produ­
ciría afrontar la realidad en soledad.

1 4. Willard Mittelman, <<Self-Actualization»,]ottrnal ofHttmanistic Psychology


3 1 , invierno de 1 99 1 , páginas 1 1 4- 1 35.

34
LA SABIDURfA DE 1A DESORIENTACIÓN

El mundo exterior se desdibuja, pero en realidad lo que sucede


en el exterior ya no importa. Ahí fuera no hay nadie que se preocu­
pe, nadie a quien amar, nada que hacer. El deterioro físico de la visión,
el oído, la conciencia reflexiva y la movilidad contribuyen a que las
personas se encierren en sí mismas. Los muy mayores no gastan ener­
gías en recordar los nombres de las personas del presente y la memo­
ria reciente se les desvanece .
.

Solos en su apartamento o atrapados en la silla de un geriátri-


co, regresan a la época en la que fueron alguien. Utilizan sus vívidos
recuerdos para recuperar el pasado, cuando eran útiles, productivos,
amados; regresan a la época en la que lo que creían y hacían contaba
realmente; reviven el pasado para recuperar la dignidad. Dejan de
preocuparse por complacer a las personas que les rodean en la actua­
lidad. La realidad no les reporta ninguna satisfacción. Para sobrevi­
vir, los seres humanos necesitan estimulación, y los muy mayores
se estimulan mediante los recuerdos. El pasado reemplaza al presente,
la noche y el día se mezclan y se solapan porque no hay ningún sitio
al que ir, nada que hacer, nadie a quien ver nunca.
Los ancianos vuelven a adoptar las formas anteriores de percibir
el mundo, regresan al pasado en busca de su identidad, con el obje­
to de cerrar su vida. Los muy mayores expresan principalmente tres
necesidades humanas básicas: 1 . Sentirse seguro y amado; 2. Ser útil
y productivo; 3. Expresar emociones puras. Sin embargo, ya no expre­
san esas necesidades en las personas <<del aquí y el ahora>>, sino que
su comunicación se limita a personas y objetos de su pasado. Se vuel­
ven egocéntricos y cierran la puerta a la realidad exterior. Los centros
del habla se deterioran por culpa de la falta de uso y de los daños
orgánicos, y los ancianos ya no son capaces de buscar palabras en el
diccionario, de definir personas, objetos o relaciones, de colocar
<<madre>> en la categoría de <<personas que tienen hijos>>. Por todos
esos motivos, regresan a los recuerdos bien fundamentados de su pro­
pia madre; determinados circuitos cerebrales latentes desde la juven­
tud se despiertan y recobran una conciencia plena. La anciana se

35
mece para traer de vuelta a su madre, el movimiento suscita las emo­
ciones y entonces ella se siente querida. El daño producido al pen­
samiento racional <<libera la expresión no-verbal y permite que ésta
· 6
se amplíe>>. 1 5 1 Cuando el habla lógica y aprendida se pierde, se pro­
duce un regreso a los <<patrones lingüísticos primarios>>.17 Sin embar­
go, no se trata de una segunda infancia; los recuerdos bien apren­
didos persisten a lo largo de toda una vida. Wilder Penfield descubrió
que la estimulación en el presente puede evocar un recuerdo ante­
rior con total claridad. Podemos revivir imágenes, sonidos, olores y
emociones significativos que han quedado almacenados en nuestros
circuitos cerebrales desde el nacimiento. 1 8

Cuando el habla desaparece, las personas desorientadas muy an­


cianas se comunican mediante movimientos aprendidos en etapas
anteriores de su vida. Esos movimientos reemplazan el habla. El psi­
cólogo suizo Piaget descubrió que, en realidad, los movimientos pre­
ceden al habla. 19 Cuando un bebé quiere a su madre ausente, apren­
de a imitar sus movimientos para evocarla mentalmente. Ella le mece
e imitando el movimiento que provoca su madre al mecerle, él sien­
te su presencia. Ese movimiento se convierte en la madre. A los seis
meses el bebé aprende a imitar el movimiento de succión que se pro­
duce al tomar el pecho para así recordar a la madre. Al mover la len­
gua y los labios a la vez, encuentra a su madre y eso lo reconforta. En
el colegio, cuando las estructuras cerebrales ya están completamen­
te formadas, el niño aprende a definir la palabra <<madre>> y empie­
za a saber cómo clasificarla. La madre pertenece a la categoría de

1 5. A. Zaidel, The Concept of Cerebral Oominance in the split Brain>>, en


«

E.W. Busse (ed.), Cerebral Correlates ofConsciottS Experierice, Amsterdam: North­


Holland Publishing Co., páginas 263-284.
1 6. P. Watzlawick, J. Bevin y O.O. Jackson, Pragmatics ofRitman Commi1,­
nication, Nueva York: W.W. Norton & Co., 1 967.
17. Ver nota 1 2.
1 8. Russel Brain, «Speech and Thought>>, y Wilder Penfield, <<The Cerebral
Cortex and the Mind of Man», en Peter Laslett, op. cit.
1 9. Jean Piaget, The Origins oflntelligence in Children, Nueva York: W.W.
Norton & Co., 1 952.

36
todos aquellos que pueden tener descendencia; un perro también
puede tener una madre. La palabra <<madre>> se clasifica y se alma­
cena en la parte izquierda del cerebro. El niño aprende a pensar en
abstracto, usando palabras del diccionario en lugar de palabras inven­
tadas para reemplazar los objetos reales. El movimiento de succión
se almacena en la memoria permanente, se olvida desde el punto
de vista intelectual y el niño se convierte en un animal social.
Cuando se llega a una edad muy avanzada, la persona desorien­
tada que ha perdido esas palabras del diccionario regresan a los movi­
mientos almacenados de forma permanente. Mueven los labios para
combinar sonidos similares y comienzan a rimar las palabras mien­
tras los sonidos se mezclan unos con otros. Como los pintores que
pintan con el dedo, difuminan y unen las vocales y las consonantes
que encajan y armonizan mejor y son más agradables para la lengua,
los dientes y los labios. Los ancianos que ya no pueden hablar recu­
peran frases de la infancia, poemas, plegarias y canciones.
El deterioro posterior de las funciones intelectuales también
supone un incremento de las palabras personales inventadas, que
son una puerta de acceso al pasado. Los recuerdos tempranos regre­
san de forma vívida a la conciencia. La señora Gogolick, contem­
plando una cortina de la residencia, dijo: << That 's symofile contabu­
lation in the Fendall company!>>.2º Al cabo de diez años, y tras
numerosas consultas con un lingüista, descubrí el significado que
se ocultaba tras sus formaciones de palabras inventadas. Mi apelli­
do es <<Feil>> y la señora Gogolick había sido archivera (file clerk 21).
La cortina que en aquel momento había en la empresa <<Feil>> era
similar a la que en el pasado había tenido en su oficina de file clerk.
La mujer difuminó esos sonidos y creó una palabra inventada: symo-
file. La señora Gogolick había llevado los libros de cuentas, los
números, se dedicaba a la contabilidad (tabuÚltion) . Entonces había
<<contado>> (tabulated) su observación sobre la cortina y había crea­
do una nueva palabra: contabulation. La otra palabra, Fendall, es

20. Frase sin sentido construida a partir de la similitud entre diversas palabras
inglesas y mediante palabras inventadas. (N. del T.)
2 1 . File se pronuncia igual que Feil. (N. del T.)

37
una combinación de la frase: Memorable friends from the past
(<<Amigos memorables del pasado>>) . La señora Gogolick se comu­
nica utilizando su vocabulario personal.
Los muy mayores desorientados se mueven por el pasado resol­
viendo relaciones inacabadas, y expresan sus sentimientos incon­
trolables a través de movimientos y de formaciones de palabras
.
inventadas.
La desorientación es regresión, pero un anciano no es un niño.
Los niños pueden cambiar y crecer, quieren aprender cosas nuevas,
nuevas palabras, pueden j ugar utilizando las normas que han esta­
blecido los adultos. Los niños son capaces de desarrollar un razona­
miento cognitivo, pueden aprender a clasificar personas y objetos,
quieren comparar cosas parecidas y cosas distintas. Los niños apren­
den a decir las horas del reloj, toman conciencia de las horas de colegio,
de j uego, de ir a la cama, aprenden a tomar conciencia de sí mismos
y de los demás, pueden aprender a controlar los sentimientos y a
escuchar a los adultos. Los cuidadores deben enseñar a los niños y
ayudarles a echar raíces y crecer.
Los muy mayores desorientados ya han echado raíces y han cre­
cido. Con la sabiduría que proporcionan la experiencia humana y
la intuición cristalizada, regresan al pasado para limpiar la casa y
satisfacer sus necesidades humanas básicas en busca de amor y de
su propia identidad. Puesto que ya no están dispuestos a actuar
según las normas de la sociedad, reviven sus experiencias anterio­
res siguiendo sus propias reglas. Regresar al pasado les permite evi­
tar el doloroso presente y el sentimiento de inutilidad y de soledad
que les i nvade. De hecho, ya no son conscientes del presente: n i
del día, ni de la hora, ni del lugar. ¿Por qué iban a regirse según
t71 orden cronológico de un mundo en el que no tienen cabida? Por
todo ello, no responderán a los esfuerzos de los cuidadores jóvenes
de la residencia que intenten cambiar su comportamiento en fun­
ción de los estándares de una sociedad joven y productiva. Los muy
mayores regresan a sus raíces e ignoran a las personas (o se enfadan
con ellas) que no les escuchan o que discuten con ellos. Evitan la
vegetación recuperando el pasado y así es cómo sobreviven los muy
'

mayores desorientados.

38
¿ QUI:fNES SON LOS MUY MAYORES DESORIENTADOS?

Los muy mayo_res desorientados son personas de edad muy


avanzada que:

- muestran patrones de comportamiento inflexible,


- se aferran a roles caducos,
- deben enfrentarse a sentimientos no resueltos,
- se retiran de la realidad del día presente para sobrevivir,
- sufren un deterioro cognitivo significativo que les incapacita para
actuar intelectualmente y adquirir una nueva percepción sobre
un asunto.

Ésa es la población que se beneficia del método de validación.

Los muy mayores desorientados son personas que han llevado


una vida más o menos útil, productiva y satisfactoria, y que no tie­
nen ningún historial de enfermedades mentales graves. Se trata de
personas que funcionaron bien hasta que se vieron superadas por
enormes pérdidas. Destrozadas por la pérdida de la vista, el oído, la
memoria reciente, los roles sociales, el trabajo, el hogar y la movili­
dad, prefieren replegarse en sí mismas antes que tener que aceptar
tanta pérdida. Superar la adversidad mediante la negación es una téc­
nica que les ha funcionado antes y les ha permitido superar crisis vita­
les. En las personas muy ancianas, cuando a una crisis le sigue otra,
que supone una nueva carga y un nuevo impedimento, la persona
suele alejarse de la realidad. No tiene otra forma de afrontar el pro­
blema. Los muy mayores desorientados, como si fueran personas per­
didas en una tormenta, se retiran al pasado para ponerse a salvo, ya
que éste suaviza el dolor del presente y les devuelve la nostalgia, las
calles familiares, los seres queridos, el trabajo. Cuando se vive en una
silla de ruedas de una residencia de ancianos, la vida ofrece pocas
recompensas. La señora Kessler da la espalda a las educadoras jóve­
nes que pretenden orientarla hacia la realidad actual. Esa anciana

39
explica su regreso al pasado en la película Lookingfor Yesterday 22 : <<Busco
el ayer para desenredar los nudos que hay en los espejos de mi men­
te>>. A esta mujer muy mayor le diagnosticaron <<demencia>>. La pala­
bra <<demencia>> está formada por los elementos latinos <<dis>>, ausen­
cia, y <<mens>>, mente. Se trata, pues, de una persona que ha perdido la
cabeza. Pero sin mente, la señora Kessler, una campesina rusa de ochen­
ta y seis años, no habría podido ser tan poética. Tras haber perdido
la mayor parte del habla y de la lógica, la anciana se desenvolvía en el
ámbito de los sentimientos personales para expresarse, asociando libre­
mente palabras, sonidos y movimientos corporales. Las emociones tan­
to tiempo contenidas estallaron con fuerza. La validación implica
reconocer y respetar el comportamiento de personas muy ancianas
desorientadas que se expresan de forma más poética que lógica.

La validación ayuda a personas:

1. muy ancianas, de ochenta a cien años o más,*


2. que han tenido una vida relativamente feliz y productiva,
3. que han negado crisis graves a lo largo de su vida,
4. que se aferran a los roles con los que están familiarizados,
5. que presentan daños cerebrales, oculares o auditivos permanentes,
6. que han perdido capacidad de movimiento, de controlar los sen­
timientos o de recordar acontecimientos recientes,
7. que satisfacen necesidades humanas como el amor, la identidad
y la expresión de los sentimientos utilizando movimientos cor­
porales e imágenes aprendidos en las primeras etapas de la vida,

22. Edward Feil, Lookingfor Yesterday, película; Cleveland, Ohio, Edward Feil
Productions, 1 978.
* La edad es relativa: todos en vejecemos de forma distinta. U na persona de
noventa años puede comportarse y aparentar corno una de setenta, del mismo modo
que una de sesenta puede actuar corno una de noventa. Por ello, el concepto <<de
ochenta a cien años o más>> es u11a generalización. Existen muchas excepciones a
esta regla. Con la práctica he descubierto que la mayoría de las personas de más de
ochenta años comienzan a experimentar cierto grado de deterioro físico relaciona­
do con el envejecimiento. Asimismo, empiezan a revisar sus vidas y a reunir sus
recuerdos para morir en paz.

40
8. con emociones no resueltas que desean expresar,
9. que eligen un nivel subliminal de conciencia para retirarse y evi­
tar la dolorosa realidad diaria,
10. que se encuentran en la etapa vital de resolución frente a vege­
tación, recurriendo al pasado en una lucha por solucionarlo. Esa
tarea les ocupará hasta la muerte.

Cada persona es un ser único y responde de forma diferente a


los cambios físicos y sociales que sufren los muy mayores. Las
personas difieren más las unas de las otras en la gran vejez que en
cualquier otra etapa de la vida, por lo que encasillar a todos los muy
mayores desorientados en un mismo apartado denominado <<demen­
cia>> o, utilizando el término más popular en la actualidad, <<demen­
cia por Alzheimer>>, suele llevar a la utilización de métodos de ayu­
da poco apropiados o, lo que es lo mismo, métodos que no
funcionan. Algunas personas muy ancianas pueden superar los envi­
tes de la vejez y seguir estando orientadas a pesar de sufrir daños gra­
ves en la estructura cerebral. En cambio, otras con daños cerebrales
similares experimentan una profunda desorientación.23 El estado del
cerebro es sólo un criterio y no proporciona suficiente información
para realizar un diagnóstico preciso.24 La conducta que tenga una
persona al llegar a muy mayor depende de los métodos de superar
las adversidades que haya sido capaz de desarrollar, unidos a la com­
binación de pérdidas físicas y sociales.
Las personas con una amplia variedad de patrones de compor­
tamiento tienen más probabilidades de superar el deterioro físico al
llegar a muy mayor.25 Se trata de personas que no necesitan valida­
ción, ya que se validan a sí mismas en la vida diaria.

23. J.B. Acker, Arthur C. Walsh y J.R. Beam, Mental Capacity, Medica! and
LegalAspects ofAgi1zg, Nueva York, McGraw-Hill Book Co., 1 977.
24. Adrian Verwoerdt, Clinical Geropsycl1iatry, Baltimore, Williams & Wilkins
Co., 1 976.
2 5 . J ulius Weil, <<Special Program for the Senile in Home for the Aged>>,
Geriatrics 21, enero de 1 966, páginas 1 97-202.

41
El método de validación no se ha desarrollado pensando en
personas:

- orientadas,
- con discapacidades mentales,
- con un historial de enfermedades mentales,
- que hayan sufrido un trauma orgánico (por ejemplo, afasia tras
una apoplejía o una caída).

Esas personas son capaces de cambiar su comportamiento. El


objetivo de los educadores es provocar cambios a través de la con­
frontación, la modificación de la conducta o nuevas perspectivas. El
objetivo del método de validación, en cambio, no es proporcionar
una nueva perspectiva ni confrontar ideas, porque los muy mayo­
res desorientados ya no son capaces de desarrollar un pensamiento
cognitivo. Sea como fuere, los principios de la validación (empatía,
calidez, respeto, conocimiento del paciente y comprensión de sus
objetivos) son aplicables a la mayoría de métodos de apoyo, y las téc­
nicas de validación pueden resultar muy útiles.

Diagnóstico: Demencia

El término <<demencia>> fue utilizado por primera vez a principios


del siglo XIX por los investigadores franceses Pinel ( 1 745-1 826) y
Esquirol ( 1 772- 1 840) para describir el deterioro mental y la estupi­
dez provocados por las lesiones cerebrales. La <<demencia senil>> era
considerada un deterioro progresivo del cerebro producido por el
enveJec1m1ento.
• • •

La demencia era lo que la comunidad médica llamaba un <<síndro­


me cerebral orgánico>>. Hasta 1 978, el Manual estadístico y diagrzóstico
de desórdenes mentaks (DSM I y DSM II), publicado por la Asociación
de Psiquiatría norteamericana, describía la demencia como un tipo de
síndrome cerebral orgánico que podía ser reversible (agudo) o irrever­
sible (crónico) . Los síndromes cerebrales orgánicos agudos podían ser
consecuencia, entre otros factores, de un tumor, de una alteración del

42
metabolismo, de un delirio, de una infección renal, de una carencia de
vitamina B 1 2, del consumo de drogas o de una psicosis depresiva.
Por su parte, los síndromes cerebrales orgánicos crónicos se cla­
sificaban como: (a) demencia senil (inicio de la enfermedad a par­
tir de los setenta años), y (b) demencia presenil. Los dos tipos más
comunes de demencia presenil eran la enfermedad de Pick y la enfer­
medad de Alzheimer. Butler y Lewis describen esos tipos de demencia
como <<un grupo de enfermedad�s cerebrales con el mismo aspecto
que la demencia senil observada en personas mayores, pero cuya inci­
dencia se produce en grupos de edad de cuarenta a cincuenta años>>.26
Las personas que sufren un síndrome cerebral orgánico crónico, ya
sea demencia senil o presenil, presentan discapacidades de memoria,
de funcionamiento intelectual, de j uicio, de orientación y afectos
lábiles o poco profundos {emociones incontroladas).
En 1 98 1 , el departamento de nomenclatura y estadística del equi­
po del DSM III revisó las clasificaciones de diagnóstico anteriores de
los síndromes cerebrales orgánicos en el caso de personas con demen­
cia senil o presenil. En las autopsias, los investigadores observaron que
las estructuras cerebrales de los muy mayores eran similares a las de
personas más jóvenes a quienes se había diagnosticado demencia pre­
senil. En consecuencia, determinaron que no había razón alguna para
la diferenciación arbitraria entre demencia senil y demencia presenil
(también llamadas demencia de aparición temprana o tardía), y desde
entonces la comunidad médica no hace distinciones entre ambas.
El término <<síndrome cerebral orgánico>> se utiliza en raras ocasiones.

Diagnóstico: Alzheimer

En 1 906, Alois Alzheimer estaba analizando el cerebro de una


mujer de cincuenta y un años cuando observó que había <<cambios
remarcables en las neurofibras [ ... ] y una sustancia peculiar en el cór­
tex cerebral>>, y concluyó que se encontraba ante algún tipo de pro-

26. R.N. Butler y Miran I. Lewis, Aging and Mental Health, Nueva York, C.V.
Mosby Co., 1 977, páginas 76-83.

43
ceso patológico. El mentor del doctor Alzheimer, Kraepelin, bautizó
al proceso con el nombre de <<enfermedad de Alzheimer>>. El deterioro
provocado por esa enfermedad es rápido y cuando antes aparece, más
implacable es su evolución.27 Butler y Lewis describen así el proceso:
<<En primer lugar se produce una pérdida de conocimiento que va segui­
da de afasia, labilidad emocional, una forma de caminar similar a la
que provoca el Parkinson y ataques convulsivos combinados con una
dificultad creciente para tragar. Finalmente sobreviene la incapacidad
total, con incontinencia y marasmo. El arranque de la enfermedad se
produce a los cuarenta o cincuenta años y el paciente no suele vivir
más de cuatro o cinco años a partir de la aparición>>.28 Así pues, las
personas afectadas por el Alzheimer difícilmente llegaban a los sesenta
y cinco años. Por lo general morían de neumonía o de una enfermedad
cardiaca, ya que la enfermedad afectaba a su sistema inmunológico.
En la clasificación anterior a 1 978, la enfermedad de Alzheimer
era una de las formas más comunes de la demencia presenil. El diag­
nóstico dependía en último lugar de la autopsia; si se encontraban
placas y nudos neurofibrilares en el cerebro, se diagnosticaba Alzheimer.
Los nudos neurofibrilares, descritos por primera vez por Alzheimer
en Munich en 1 906, son fibras pareadas de forma anormal o fila­
mentos enredados en una neurona. Las placas seniles, descubiertas en
1 989 por Redlich, son procesos neurocelulares degenerativos, depó­
sitos laminados de una proteína llamada <<sustancia amiloidea>> que se
encuentra en la membrana superficial de las células cerebrales.
Como ya se ha explicado con anterioridad, en las autopsias se obser­
varon similitudes en las estructuras cerebrales de los grandes ancianos
y de individuos más jóvenes afectados por la enfermedad de Alzheimer
o por la demencia presenil. El doctor Blessed y sus colaboradores29 se

27. Marian Emr, <<Progress Report on Senile Dementia of the Alzheimer's


Type», NIH Publication, número 8 1 -2342 , Rockville, Md., National Institute
on Aging, septiembre de 1 98 1 .
28. R.N. Butler y Miran l. Lewis, op. cit., página 88.
29. G. Blessed, B.E. Tomlinson v M. Roth, «The Association between
;

Quantitative Measures of Dementia and of Senile Change in the Cerebral Grey


Matter of Elderly Subjects», British ]011.rnal ofPshychiatry, número 1 1 4 , 1 968,
páginas 797-8 1 1 .

44
dedicaron a contar el número de placas y nudos neurofibrilares seni­
les y, a consecuencia de ello, se abandonó la distinción entre demen­
cia presenil y demencia senil. Al cabo de poco tiempo, ambas cate­
gorías se reunieron bajo el término <<Alzheimer>> . El nombre se
convirtió en un sinónimo de senilidad e inmediatamente pasó a desig­
nar una enfermedad común. En la nueva edición de su libro The
Vanishing Mind, Heston y White30 describen la nueva situación de
la siguiente forma: <<La enfermedad de Alzheimer y la demencia senil
son consideradas hoy una misma enfermedad. Durante los últimos
años, ambos términos han sido descartados en los documentos for­
males, en a favor de los términos ''demencia del tipo Alzheimer'' o
''demencia senil del tipo Alzheimer'' (DSTA) . A la espera de nuevos
descubrimientos que demuestren lo contrario, consideramos que el
proceso básico de la enfermedad es el mismo, independientemente
de la edad de su aparición>>.

En mi opinión, la actitud actual abona la confusión. En primer


lugar, el Alzheimer de aparición temprana es una enfermedad muy
distinta del Alzheimer de aparición tardía. La presencia de placas y
nudos neurofibrilares en el cerebro es bastante normal en los muy
mayores. El Premio Nobel Carlton Gajdusek, que descubrió las pla­
cas y los nudos en Nueva Guinea en 1 960, escribió en 1 987 que esas
placas cerebrales son características de la vejez y que el noventa por
ciento de las personas que superan los noventa años las desarrollan.
El neurólogo Dennis Selkoe apunta en esa misma dirección: <<Al acer­
carnos a los ochenta años, la mayoría de nosotros desarrollaremos al
menos unas cuantas placas y nudos neurofibrilares cerebrales en el
hipocampo y en otras regiones cerebrales importantes para la memo­
ria>>, y añade: <<en la mayoría de los casos, las diferencias entre un
envejecimiento cerebral normal y la enfermedad de Alzheimer no
son tanto cualitativas como cuantitativas>>.31 Cabe señalar que algu-

30. Leonard L. Heston y June A. White, The Vanishing Mind, Nueva York,
W.H. Freeman & Co. , 1 983, 1 99 1 .
3 1 . Dennis J. Selkoe, <<Amyloid Protein and Alzheimer' s Disease>>, Scientific
American, noviembre de 1 99 1 .

45
nas personas cuyas autopsias revelaron placas y nudos en el cerebro
llevaron una vida relativamente normal antes de la muerte. Si bien
es cierto que en muchos casos esas personas tenían problemas de
memoria, es normal que las personas muy ancianas se olviden de las
cosas. Todos comenzamos a perder células cerebrales a los veinte años
y al llegar a los ochenta, pueden producirse pérdidas importantes en
la memoria reciente o a corto plazo. Pero ésa es una parte normal del
envejecimiento, no una enfermedad.
Existe otra razón por la que mezclar el Alzheimer de aparición
temprana y el de aparición tardía produce confusión; las estructuras
anatómicas que provocan cambios en el cerebro y que se aprecian
en las autopsias no son los únicos condicionantes del comportamiento
en la edad muy anciana. El estado cerebral rara vez constituye la res­
puesta al comportamiento de una persona anciana.32 Los científicos
que investigan el cerebro no estudian ancianos vivos, sino cadáveres;
no estudian a una mujer de ochenta y ocho años que, mientras mira
bajo las mesas y las sillas, dice: <<Busco el ayer para desenredar los nudos
en los espejos de mi mente>>; no ven las diferencias que existen entre
el comportamiento provocado por la demencia de aparición tempra­
na y la de aparición tardía. El comportamiento de las personas que
presentan una aparición temprana se ciñe al modelo Alzheimer. En
cambio, las personas que sufren una aparición tardía son las que yo
denomino muy mayores desorientadas. Su comportamiento y su modo
de hablar, de andar y de expresar las necesidades humanas son dis­
tintos. Su respuesta a las técnicas de validación consiste en no retra­
erse, a la vez que experimentan una mejoría en la forma de hablar y
de caminar. (Ver los estudios de investigación en los que se describen
los resultados del método de validación, en la página 53) Se trata de
personas a las que a menudo se puede ayudar sin necesidad de me­
dicación. Los pacientes con una aparición temprana del Alzheimer,
en cambio, continúan el proceso de deterioro hasta la etapa vegetati­
va. El avance de la enfermedad es progresivo, independientemente de
la aplicación del método de validación. El educador que pone en prác­
tica la validación no puede predecir el comportamiento de los pacien-

32. Ver nota 24.

46
tes de Alzheimer de aparición temprana. Es posible que la validación
permita recuperar parte de la interacción social durante un espacio
de tiempo, y que después de ello el paciente presente un comporta­
miento violento, se disperse o se repliegue en su interior por falta de
motivación. A diferencia de la respuesta inmediata de reconocimien­
to que se obtiene de los muy mayores, los ojos de un paciente de
Alzheimer de aparición temprana suelen permanecer desenfocados,
. .

vac1os y miran sin reconocer.


EDUCADORES DEL MÉTODO DE VALIDACIÓN

Este apartado describe las actitudes y las cualidades necesarias


para practicar la validación de forma efectiva. Las técnicas son
secundarias: lo más importante es que el educador del método de
validación acepte que el retraimiento de los ancianos puede ser una
parte normal del envejecimiento y que el regreso al pasado es un
método de supervivencia, un proceso de curación y una forma de
suavizar los golpes propiciados por el envejecimiento. Vejez no sig­
nifica enfermedad; el educador de validación debe aceptar el dete­
rioro físico de los ancianos y ser consciente de que sus objetivos vita­
les difieren de los de las personas jóvenes y sanas.

Objetivos de los individuos jóvenes:


- pensar, producir, utilizar la mente, descubrir cosas,
- comunicarse con claridad, utilizar palabras de diccionario bien
elegidas,
- ser consciente de la hora, evitar ensoñaciones,
- controlar las emociones,
- limitar las ilusiones a las pausas para el café, los sueños y las vaca-
c1ones,

- actuar de acuerdo con las normas de la sociedad,


- convertirse en <<alguien>>, trabajar para lograr el éxito.

47
Objetivos para muy mayores desorientados:
- evadirse de los dolorosos sentimientos actuales de inutilidad,
- revivir placeres pasados,
- mitigar el aburrimiento estimulando la memoria sensorial,
- resolver conflictos inacabados expresando sentimientos.

Los educadores del método de validación (o E/V) deben apren­


der a no juzgar y a aceptar y respetar la sabiduría de los ancianos; los
E/V nunca deben enfrentarse a una persona muy mayor para con­
vencerle del presente, pero tampoco deben actuar de forma pater­
nalista siguiéndole la corriente o fingiendo que tiene razón, sino que
han de estar seguros de su propia realidad para que eso les permita
acompañar a las personas despistadas o desorientadas. Los E/V serán
siempre honestos, ya que los muy mayores desorientados detectan el
fingimiento. Las personas sordas «oirán>> una risita; las personas cie­
gas <<Verán>> una sonrisa burlona; conocen la diferencia entre una pal­
madi ta de compasión y un contacto humano respetuoso y cálido.
A un nivel subliminal de conciencia, los muy mayores saben la ver­
dad, como una persona que mata un mosquito mientras duerme: son
1nconsc1entes y no quieren recuperar esa conc1enc1a.
• • • • •

La misión de los E/V es ayudar a los muy mayores desorienta­


dos a cumplir su tarea vital definitiva: morir en paz. Para ello, los
muy mayores desorientados necesitan ser oídos por alguien de con­
fianza, que respete sus sentimientos y que sepa que todos los senti­
mientos son genuinos. Las emociones reprimidas exigen ser libera­
das en la búsqueda de una solución, ver la luz del día durante esa
última etapa vital. El E/V sabe que cuando se reconocen y se validan
los sentimientos, los muy mayores desorientados se sienten mejor
porque eso mitiga su estrés. Escuchar no <<alimenta la fantasía>>; escu­
char con empatía reduce la ansiedad.
Los muy mayores desorientados no son niños. Los E/V, por su
parte, tampoco son padres, de modo que no utilizan palabras <<pater­
nas>> como <<deberías>>, o <<tienes que>>.33 El E/V no debe castigar, ame-

'
33. Thomas Harris, l'm OK, you re OK, Nueva York: Harper & Row, 1 967.

48
nazar ni actuar con paternalismo, sino regirse por el respeto hacia
la intimidad de los ancianos desorientados, de modo que no le arran­
cará sus sentimientos ni le forzará a que exprese sus emociones. El
E/V debe sintonizar con el paciente, comprender su ritmo, escuchar
las pistas verbales y observar las no-verbales. El E/V debe expresar
los sentimientos con palabras para reafirmarlos y contribuir a la dig­
nidad al anciano. Validar significa respetar a los muy mayores deso­
rientados y reconocer su sabiduría. Los E/V no esperan que todos
los muy mayores desorientados actúen del mismo modo, sino que
respetan todas sus diferencias particulares.
El educador de validación utiliza la empatía. Nadie j uzga a un
niño de tres años a partir de estándares adultos porque todos hemos
tenido tres años y somos capaces de ponernos en su lugar. No lla­
mamos a los adolescentes <<psicóticos>> cuando actúan impulsados por
las emociones, porque todos hemos sido adolescentes y sabemos que
se trata de una etapa de rebelión en la que la persona trata de encon­
trar su identidad.
En cambio, ninguno de nosotros ha pertenecido a la edad muy
anciana. Es mucho más difícil ponerse en el lugar de un hombre de
90 años en silla de ruedas que mueve la mano compulsivamente y
que tiene dificultades para ver, oír, moverse y recordar su nombre
(por no hablar del nuestro); es mucho más difícil adoptar su ritmo
y ver con sus propios ojos. Es un hombre que cuando se mira la mano
lo que ve es un martillo y un clavo, un anciano que fue un experto
carpintero, al igual que su padre y su abuelo antes que él. Aprendió
a clavar clavos de niño y ahora, de anciano, repite ese movimiento
con la mano para recuperar su identidad. El educador de validación
debe tratarlo con empatía. Cualquier persona puede ponerse en el
lugar de alguien muy mayor porque todos hemos sufrido pérdidas.
¿Ha experimentado alguna vez el pánico que se siente al perder
la orientación mientras se conduce de noche en medio de una tor­
menta, sin nadie a quien preguntar por dónde debemos ir? Entonces
conocerá la perplejidad de los muy mayores que de repente se olvi­
dan de dónde están. ¿Ha experimentado alguna vez lo que se siente
cuando a uno se le duerme una pierna, se le enturbia la mirada u oye
mal? ¿Ha experimentado la pérdida de alguien o de algo querido,

49
la ansiedad de perder un empleo, un hogar, una capacidad física? Si
ha sentido miedo, rabia, celos, culpa, pena y amor, entonces puede
compartir sentimientos humanos con un muy mayor desorientado.

El educador de validación es un superadulto que ha logrado alcan­


zar la identidad y la intimidad adultas, que se ha separado de la
autoridad y que es capaz de expresarse sin miedo al rechaw. Los E/V
son personas responsables de sus propios sentimientos incluso cuan­
do éstos les resultan incómodos. Asimismo, son capaces de aceptar
las emociones puras y viscerales de los muy mayores desorientados y
reflejarlas con empatía. Ct1ando una anciana se mece, gritando <<Mamá,
mamá, mamá>>, el E/V aplica las técnicas de validación apropiadas y
reconoce que la anciana necesita a su madre. Debe haber un contac­
to visual auténtico entre el E/V y la anciana, que ya no necesitará recu­
rrir al pasado para encontrar amor, porque lo habrá hallado en el E/V.
Los educadores sociales que no sean capaces de compartir senti- ·

mientas íntimos con los ancianos desorientados que los expresan libre­
mente no deberían trabajar con ellos. Las personas que se comunican
tan sólo a un nivel verbal, intelectual, controlado y lógico serán inca­
paces de aplicar las técnicas de validación con empatía, se sentirán
muy incómodas en su tarea, darán la espalda a los ancianos desorien­
tados o los sedarán. No todo el mundo puede poner en práctica la
validación. Los educadores que sean incapaces de aceptar emocio­
nes y sentimientos fuertes pueden trabajar con personas ancianas orien­
tadas y despistadas que sí sepan controlar sus sentimientos.
Los educadores de validación son superhumanos porque son capa­
ces de tratar con empatía a personas muy ancianas y desorientadas,
de respetar sus sentimientos y considerarlos válidos sin saber el por­
qué de su comportamiento. Los E/V superadultos no esperan que
todo el personal de la residencia practique la validación, sino que res­
petan el hecho de que algunos miembros del personal no sean capa­
ces de dar el salto y ponerse en el lugar de los muy mayores deso­
rientados. Algunos miembros del personal esperan que sean los ancianos
quienes den el salto y tomen conciencia de la realidad. Sin embar­
go, el anciano, si es sabio, ignorará a esas personas y se dirá a sí mis­
mo: <<Espero a que aparezca una persona que no discuta conmigo>>.

50
EL educador de validación no es un analista

El E/V sabe que los ancianos desorientados han perdido la capa­


cidad cognitiva necesaria para la de intuición; ya no pueden remi­
tir sus emociones al intelecto para que éste interprete las razones que
se ocultan tras sus sentimientos y, así, poder cambiar su comporta­
miento. Han perdido la capacidad de exclamar <<¡Pues claro!>>, de caer
súbitamente en la cuenta de algo. Utilizando la empatía, el E/V ve
con los ojos, oye con las orejas y refleja los ritmos corporales de los
ancianos para ayudarles a satisfacer sus necesidades de identidad,
amor y validación de sus emociones viscerales.
El E/V sabe que los muy mayores desorientados nunca resolve­
rán completa1nente sus tareas vitales inacabadas y estarán ocupados
resolviéndolas hasta la muerte. Saben que jamás lograrán la pers­
pectiva necesaria para modificar su comportamiento. Lo que necesitan
es a alguien que les cuide y les valide, que respete sus sentimientos,
les escuche, les reafirme y les acompañe por los caminos del pasado.

Profesionales agotados y sensación de fracaso 34

La sensación de fracaso se da cuando los educadores esperan


que los ancianos desorientados se comporten de acuerdo con los
estándares que ellos mismos establecen: que hablen con claridad,
controlen sus emociones, realicen progresos diarios, obedezcan las
normas, escuchen o se comuniquen con palabras. Si el educador es
capaz de aceptar el deterioro de la persona muy mayor desorienta­
da, rara vez experimentará sentimientos de estar agotado o de fra­
caso. Quienes se agotan son aquellas personas que tienen expec­
tativas poco realistas, los educadores que olvidan que los ancianos
desorientados no pueden recordar ni recordarán nombres, la hora
o el día en que viven. Lo que sí recordarán, en cambio, es un ges-

34. Beth Rubin, <<Burnout: Causation and Measurement». Tesis no publica­


da, Departamento de psicología, Michigan State University; East Lansing,
Michigan, 1 982.

SI
to sincero, un contacto visual cálido o un tono de voz afectuoso;
sus ojos se iluminarán, sonreirán por primera vez en meses y el edu­
cador experimentará el placer que produce ser la inspiración de una
vida. Compartir sinceramente un momento compensa muchas horas
difíciles con los residentes.

Maneras de prevenir el agotamiento:


- tener expectativas realistas,
- plantear objetivos realistas para cada anciano,
- reconocer los propios progresos y llevar un control de ellos,
- obtener todo el apoyo posible: de la familia, del personal del cen-
tro, de los voluntarios, de los compañeros de trabajo . . . ,
- organizar un equipo de validación.

Los cambios se producen siempre muy poco a poco, pero se pro­


ducen. Tres meses de validación constante se traducirán en impor­
tantes mejoras de conducta. 35 Medir los cambios utilizando el
<<Formulario de evaluación de progresos>> de la página 1 50 ayudará
a los educadores a apreciar sus progresos. Las familias también pue­
den participar en la validación asistiendo regularmente a talleres
familiares. Cuando la familia y el personal de la residencia compar­
ten el método de validación, se ofrecen apoyo mutuo y disfrutan del
placer de la sabiduría, la poesía y la intimidad inherentes a la deso­
rientación de la edad muy anciana.
En cualquier centro, la comprensión y la aprobación de los obje­
tivos de la validación por parte del administrador es vital, especial­
mente cuando el E/V comienza a formar un grupo de validación, ya
que se trata de una tarea que requiere el apoyo de todo el personal:
mantenimiento, dietistas, servicios sociales, enfermeras y animado­
res. Si el administrador y el director del centro no apoyan la valida­
ción, tal vez nadie explique a las enfermeras que deben llevar a todos
los miembros de un grupo al lavabo antes de comenzar la reunión,

35. Naomi Feil, <<Group Working with Disoriented Nursing Home Residents»,
Social Work with Groups 5, número 2; Nueva York, Haworth Press, verano de 1 982,
página 57.

52
o quizás no haya ninguna sala de reunión disponible, o los miembros
del personal interrumpan una sesión y se lleven a una persona, rom­
piendo la continuidad. La falta de apoyo por parte del personal pue­
de quemar al E/V que pretenda iniciar un grupo; sin embargo, siem­
pre quedará la posibilidad de practicar la validación individual.
Un equipo de validación puede incluir desde unas pocas per­
sonas hasta el personal del centro al completo. Mediante reunio­
nes regulares, podrá evaluar los progresos, compartir experien­
cias, expresar sus frustraciones y disponer de otros puntos de vista
sobre su forma de proceder; trabajar en equipo supone un gran apo­
yo y mitiga el aislamiento.

RESULTADOS DE LOS ESTUDIOS DE INVESTIGACIÓN

Los muy mayores desorientados responden al método de vali­


dación. Los cambios de comportamiento son lentos y fluctúan de un
día para otro, aunque también se producen cambios permanentes.

He aquí algunos de los resultados calibrables que cabe esperar:


- una postura más erecta al sentarse,
- ojos más abiertos,
- un aumento del control social,
- reducción de los lloros y los movimientos repetitivos,
- reducción de la agresividad,
- reducción de la necesidad de restricciones químicas y físicas,
- aumento de la comunicación verbal,
- aumento de la comunicación no-verbal,
- mejora de la forma de caminar.

He aquí algunos de los resultados no calibrables que cabe esperar:


- resolución de tareas vitales inacabadas,
- reducción de la ansiedad,
- reducción del repliegue del paciente en sí mismo,
- aumento de la sensación de valía personal,

53
- asunción de roles sociales familiares en el grupo de validación,
- conciencia creciente de la realidad,
- recuperación del sentido del humor.

Mi estudio en el Hogar Montefiore para Ancianos de 1 97 1


demostró que tras cinco años de validación, treinta muy mayores
desorientados habían mejorado en muchos aspectos: habían reduci­
do su incontinencia, mostraban un comportamiento menos nega­
tivo (lloros, movimientos repetitivos, golpes) y más positivo (sonri­
sas, conversación, ayuda a los demás) . Los sujetos del estudio eran
cada vez más conscientes de la realidad externa, hablaban fuera de la
reuniones en grupo y se mostraban más alegres. 36
En 1 976, también en el Hogar Montefiore para Ancianos de
Cleveland, comparé las transcripciones de las sesiones realizadas por
dos grupos en cuatro años. Uno era el <<grupo del café Klatch>>, formado
por residentes muy ancianos, orientados y con algún tipo de inca­
pacidad física. El otro era el <<grupo del martes>>, formado por resi­
dentes muy ancianos desorientados de la misma residencia. La com­
paración mostró que la negación es la defensa habitual contra el estrés
que utilizaban de los ancianos desorientados que se retiran al pasado.-17
En 1 980, Stan Alprin, un investigador de Cleveland, adoptó un
enfoque muy distinto para la evaluación de la validación; examinó
su impacto en la actitud y el comportamiento del terapeuta, así como
sus efectos en los pacientes muy ancianos desorientados de las resi­
dencias. Alprin obtuvo datos cuantitativos relativos a los cambios de
comportamiento de los residentes y de los miembros del personal de
dieciséis residencias de los Estados Unidos que utilizaban el método
de validación con los pacientes más ancianos desorientados. En sus
estadísticas incluyó a directores, personal de actividades y educadores
sociales. Su informe destacaba: <<Las evidencias encontradas hasta el
momento sugieren poderosamente que se han producido muchos cam­
bios positivos en el comportamiento de los grupos de residentes que

36. Ver nota 4.


37. Naomi Feil, «A Comparison of Oriented and Disoriented Residents», estu­
dio no publicado, Hogar Montefiore, Cleveland, Ohio, 1 976.

54
siguen el método de validación [ . . ] Los cambios en el personal del
.

centro también apuntaban en una dirección positiva>>.38 Esos cam­


bios incluían una mayor confianza entre los residentes y el personal
de la residencia, un comportamiento menos agresivo por parte de los
residentes y menos cambios de personal.
En 1 982, en su tesis doctoral por la Universidad de Akron, Ohio,
Marlene Peoples comparó los efectos de la validación con los de la
orientación a la realidad en una residencia con doscientas veinti­
cinco camas. Mediante herramientas estadísticas estándar, analizó el
grado de confusión en pequeños grupos y observó <<diferencias cua­
litativas en el comportamiento de siete de los diez sujetos del grupo
de validación al compararlo con tres de los diez sujetos del grupo de
orientación a la realidad. La asistencia al grupo de validación era
mejor; la validación se traducía en una mejoría significativa de la con­
ducta [ ... ] mientras que la orientación a la realidad no se traducía en
diferencias significativas>>. 39 Desde entonces me han llegado a las
manos otros estudios que corroboran ese hallazgo.
En 1 986, Paul A. Fritz, profesor de la Universidad de Toledo, en
Ohio, analizó la eficacia de la validación en los patrones de habla de
residentes muy ancianos y con discapacidades cognitivas de varias resi­
dencias de Toledo. Fritz escribió: <<He descubierto que la validación
supone una mejoría significativa de los patrones del habla de los ancia­
nos. Utilicé un programa informático que calcula el número de ver­
bos, nombres, preposiciones, etcétera, que una persona utiliza en una
conversación grabada; descubrí que en las categorías de despiste y
de confusión temporal se producía un aumento significativo de los
niveles de fluidez y de lucidez>>.4º El despiste y la confusión temporal
son, como veremos, dos de las cuatro etapas de la desorientación.

38. Stan Alprin, <<The Study to Determine the Results of Implementing


Validation Therapy», estudio no publicado, Universidad del Estado de Cleveland,
septiembre de 1 980.
39. Marlene Peoples, «Validation Therapy Versus Reality Orientation As
Treatment for Disoriented lnstitutionalized Elderly>>, tesis doctoral no publica­
da, Colegio de Enfermería, Universidad de Akron, Akron, Ohio, 1 982.
40. Paul Fritz, <<The Language of Resolution Among The Old-Old: The Effect
ofValidation Therapy on Two Levels of Cognitive Confusion», resultados de una

55
En 1 989, James T. Dietch, doctor del lrvine Medica! Center de
California, y otros autores, publicaron el estudio <<Adverse Effects of
Reality Orientation>> [<<Efectos adversos de la orientación a la reali­
dad>>] , en el que se afirma: <<Se observó que el enfoque de valida­
ción era más efectivo que la aplicación de la orientación a la realidad
(OR) [ ... ] . La terapia de validación difiere radicalmente de la OR y
parece ser un enfoque útil con algunos pacientes que sufren demen­
cia [ ... ] El personal también se beneficia de la terapia, ya que evita la
frustración constante que se produce al intentar reorientar a los pacien­
tes en áreas que son incapaces de cambiar. La mayor conciencia del
personal en relación con las necesidades psicológicas y emocionales
individuales de los pacientes con demencia se traducirá en una mejo­
ría de los cuidados terapéuticos>>. 41
En Australia, el doctor Colín Sharp, investigador y experto en
evaluación, comparó dos poblaciones idénticas de dos residencias de
ancianos; en una de ellas se utilizaba la validación y en la otra, no.
En 1 989, observó que tanto el personal como los residentes se
beneficiaban de la validación. Se producía una reducción de la ten­
dencia a encerrarse y una interacción y socialización más positivas.
La eficacia de la validación se manifestaba en la residencia en la
que se practicaba la validación.42 Ian Morton y Christine Bleathman,
enfermeras del Hospital Maudsley de Londres, coinciden con los
descubrimientos de Sharp en su estudio de 1 99 1 .43
En 1 99 1 , el doctor J ean Prentczynski, físico e investigador fran­
cés, realizó un estudio parecido al de Sharp en el Hospital Sebastopol
de Reims, Francia, con resultados similares. «Había una mayor re-

investigación presentados a la Asociación de la Comunicación Hablada en noviem­


bre de 1 986, Chicago, Illinois.
4 1 . James T. Dietch, Linda J. Hewett y Sue Jones, <<Adverse Effects of Reality
Orientation>> , ]ottrnal ofAmerican Geriatric Society 37, 1 989, páginas 974-976.
42. Colin Sharp y Alan Johns, <<Validation Therapy: an Evaluation of a Program
at the South Port Community Nursing Home in Melbourne, Australia». Informe
presentado a la Asociación Australiana de Asociaciones de Cuidadores Voluntarios,
Melbourne, Victoria, Australia, 1 0- 1 3 de noviembre, 1 99 1 .
43. Ian Morton y Christine Bleathman, <<Does lt Matter Whether lt's Tuesday
or Friday?», Ni�rsing Times 84, número 6; Londres, 1 988, páginas 25-27.

56
solución de conflictos y una reducción de la ansiedad, menos sus­
picacias y más confianza entre el personal. >>44
Hasta 1 992, más de setenta mil personas fueron preparadas para
utilizar el método de validación en hogares de ancianos, residencias,
hospitales y comunidades de Norteamérica, Europa y Australia.

CóMO PREVENIR 1A PROPIA DESORIENTACIÓN

Helen Thomas, de 76 años, vive sola. Cuando su marido murió


de cáncer hace tres años, Helen lloró un poco, experimentó una mez­
cla de culpa y pena, superó sus sentimientos y siguió adelante.
Encontró un trabajo voluntario en una biblioteca cercana a su casa
y ahora se dedica a archivar libros, al igual que sus sentimientos.
Nunca ha pedido ayuda a sus hijos; ella nunca necesita ayuda ... o eso
cree. Cuando las dificultades se ceban en ella, contraataca y nunca
se rinde ante sus temores; controla todas sus emociones, y siempre
logra mantenerse íntegra.
Son las cinco de la madrugada. Helen siempre se despierta a las
cinco de la madrugada. Abre los ojos, pero no ve nada: todo está
oscuro. Busca a tientas la lámpara de la mesita y la enciende, pero
no hay luz. ¿ Habrán saltado los fusibles? Helen parpadea, nota
las lágrimas e i ntenta contener la ansiedad. Cuanto más i ntenta
detener la avalancha de miedo, mayor es el pánico que siente. El
corazón le late desaforado; tiene las manos y la cara cubiertas de
sudor; siente náuseas; el terror se apodera de ella. Helen está ciega.
<<¡Socorro! ¡No veo! ¡Socorro ! >>, grita. Los vecinos llaman a una
ambulancia, que la lleva a la sala de urgencias de un hospital cer­
cano. Puesto que continúa gritando, le administran lo último en
tranquilizantes. Dos semanas más tarde, Helen se encuentra en una
residencia, no sabe ni qué día es ni dónde se encuentra, está sen­
tada en una silla de ruedas con la cabeza caída sobre el pecho, los

44. Jean Prentczynski, tesis, Departamento de Medicina, Universidad de Reims,


Francia, 20 de diciembre de 1 99 1 .

57
ojos cerrados, las manos lacias, la boca abierta y respirando apenas;
convertida en un muerto viviente.
¿El diagnóstico? Helen es sometida a las pruebas estándar para
determinar su estado mental. No es capaz de contar de diez hacia
atrás, no recuerda el nombre del presidente de los Estados U nidos,
no puede llevar a cabo tareas sencillas y cotidianas, sus emociones
son lábiles, se desbocan sin control, y el TAC revela la posibilidad
de que pequeñas apoplejías le hayan destruido el tejido cerebral
durante los últimos años. Diagnosis: <<Demencia del tipo Alzheimer».

¿Cómo podría Helen haber evitado su propia desorientación?


Cuando era más joven y tenía un centenar de billones de células cere­
brales y cuatrillones de conexiones posibles, Helen habría podido ver
las cosas de otro modo, podría haber luchado por conocerse mejor,
por ser consciente de su patrón de negación de los sentimientos desa­
gradables. Podría haber desarrollado nuevas formas de afrontar los
tiempos difíciles, pero no lo hizo.
Enfrentarse a los sentimientos desagradables da miedo, por­
que adentrarse en un camino desconocido implica un riesgo; apren­
der a caminar en una dirección que no conocemos puede producir
pánico. Hemos de ser honestos con nosotros mismos por mucho
que nos duela, arriesgarnos a cometer errores, acostumbrarnos a sen­
tir vergüenza y desesperación, y sólo entonces podremos perfeccio­
nar nuestra forma de vida. Cuanto mejor nos conozcamos, menos
probabilidades tendremos de desmoronarnos al llegar a ancianos.
Cuanto mayor sea la conciencia que tengamos de nosotros mismos,
más fácil nos será dejar de lado las formas gastadas y ajadas de enfren­
tarnos al mundo.

Pasos para enfrentarse al envejecimiento:


- saber cuál es su sentido predilecto,*

* En la infancia, nos vemos abrumados por un torrente de información sen­


sorial. Nuestra madre nos da el pecho y sentimos su calidez y su suavidad, notamos
el sabor de su leche dulce, olemos un aroma familiar, vemos sus labios y sus ojos ...
Demasiadas sensaciones para un bebé de dos semanas. Para mantener el equilibrio,

58
.
- prestar atenc1on a su propio cuerpo,
.
'

- encontrar un mecanismo para enfrentarse a las situaciones de


CrlSlS,
• •

- no dejar nunca de resolver las tareas vitales inacabadas,


- aceptar lo que no puede cambiar y respetarse a sí mismo.

He aquí la vida de Helen revisada a la luz de estos principios:


de niña era la visión lo que le proporcionaba la alegría de vivir.
Adoraba pintar y tenía la habitación decorada con telas al óleo. Le
gustaba mezclar los colores entre sí. Cuando Helen tenía unos diez
años hacía vestidos multicolores para sus muñecas de papel. En la
adolescencia, paseaba por el bosque contemplando cómo las hojas
marrones, grises y púrpura jugaban con el viento. Las visitas al Museo
de Arte eran una auténtica delicia y se deleitaba con los colores de
los maestros holandeses. Siendo ya madre, Helen ponía gran esmero
en cómo se vestía y en cómo vestía a sus hijos, combinando los
colores siempre con acierto.
De adulta, consciente de que la vista era su sentido predilecto,
Helen se prepara para envejecer y para posibles pérdidas de visión
perfeccionando los demás sentidos. Podría tomar clases de yoga para
entrar en contacto con su sentido quinesiológico, desarrollar técni­
cas de respiración, aprender más cosas sobre movimientos corpora­
les y enfrentarse al estrés interno y externo. Podría apuntarse a cla­
ses de danza para aprender a moverse con elegancia, estirar los
músculos, andar erguida y alinear el cuerpo. Podría aprender a actuar
en situaciones de estrés y a sobrevivir al pánico momentáneo. De ese
modo, si alguna vez se pierde en plena noche en una ciudad que
no conoce, con su hijo llorando en el asiento trasero y ninguna esta-

dejamos de lado algunos de los sentidos y nos concentramos en uno, que se con�
vertirá en nuestro sentido predilecto. Cuando maduramos, los utilizamos todos,
pero recurrimos al preferido con mucha más frecuencia, lo desarrollamos y lo afi­
namos. Más tarde, confiamos en ese sentido para saber lo que sucede en el mun­
do exterior, para verificar nuestras percepciones, para corregir las ideas erróneas
que podamos formarnos del entorno y, en definitiva, para ajustar nuestra reali­
dad interna con lo que sucede fuera.

59
ción de servicio a la vista, Helen podría superar el terror. No le lle­
varía más de dos minutos seguir los siguientes ...

Pasos para centrarse:45


1 . Concéntrese en un punto de unos cinco centímetros situado más
abajo de la cintura. Ése será su centro de gravedad.
2. Inhale profundamente por la nariz, llenando todo el cuerpo con
el aire.
3. Exhale por la boca.
4. Detenga cualquier tipo de diálogo interno y preste atención sólo
a la respiración.
5. Siga mentalmente la respiración desde que sale del centro hasta
que regresa a la nariz dibujando un arco.
6. Inspire y llene todo el cuerpo con el aire.
7. Acabe la respiración en el centro de gravedad.

A los cincuenta años, Helen tiene que ponerse gafas bifocales y


se prepara para la pérdida de la visión desarrollando los demás sen­
tidos. Torna clases de música, aprende a tocar el piano y asiste a más
conciertos. Refina sus sentidos del gusto y el olfato, estudia enolo­
gía y se convierte. en una gourmet en la cocina.
A los sesenta años, a Helen le cuesta más de lo normal acostum­
brarse a la oscuridad. Se pregunta por qué siempre que se encuentra
de repente en la oscuridad le sudan las manos, se le entornan los ojos
y se le acelera el corazón. Durante la comida del día de Acción de
Gracias, Helen pregunta a su familia si recuerdan algún incidente en
el que ella se quedara encerrada en un lugar oscuro. El hermano de
Helen le dirige una mirada sádica: cuando él tenía cinco años y Helen
cuatro, la encerró en el armario. <<Tus gritos se oían a cinco manza­
nas de distancia.>> Su madre la rescató al cabo de pocos minutos, pero
ella jamás ha olvidado el terror a la oscuridad. Su cuerpo recordaba
cada detalle. Hoy, durante la comida de Acción de Gracias, su estó­
mago se revuelve ante la claridad de los recuerdos. Sensaciones simi-

45. Gay Hendriks y Russell Wills, Tl1e Cetztering Body, Englewood Cliffs,
Nueva Jersey: Prentice Hall, 1 975.

60
lares desfilan a lo largo del tiempo. U na sala de cine oscura hoy des­
pierta los recuerdos de cuando la encerraron en un armario oscuro
hace cincuenta años. Helen le cuenta a su hermano cómo se sintió
entonces y cómo se siente ahora. Al reconocer su terror a la oscuridad,
Helen se deshace de él. Ha logrado adquirir un nuevo punto de
vista y en su cerebro se forma una nueva conexión. Se siente alivia­
da, se enfrenta a sus miedos y los supera.
A los sesenta y tres años, Helen comienza a notar un dolor en
el cuello y en los hombros. Su cuerpo finalmente se rebela y le apor­
ta información sobre sí misma. Gracias a la terapia de grupo descu­
bre que ha sido un mártir toda su vida: fue una niña buena, que nun­
ca se arriesgó a no complacer a sus padres. Como esposa, nunca tuvo

un no para su marido y crió a seis hijos sin rechistar. Helen siem­


pre había querido ir a la universidad, pero tuvo que esperar a que su
hijo menor creciera. Tras años de negar la realidad, ahora Helen cam­
bia conscientemente su forma de responder a los demás y comien­
za a ser honesta consigo misma. Aprende a decir que <<no>> a su mari­

do, a sus hijos y a su madre nonagenaria, sin pinchazos de culpa o


de miedo a que la abandonen. Cuando Helen nota el estómago revuel­
to, que le duele el cuello o un tirón en el hombro, se centra, pone
los músculos en su lugar y se enfrenta a la ira y al miedo.

Para envejecer satisfactoriamente:


1 . Afronte cada tarea vital cuando se presente. Si se salta una tarea,
vuelva atrás y abórdela antes de llegar a la edad muy anciana.
Ponga su vida en orden a medida que la vaya viviendo.
2. Aprenda a tocar muchas teclas en el piano de la vida. Cuando
una se gaste, toque otra. Si comienza a sufrir sordera, desarrolle
la vista, el gusto, el tacto y el olfato. Si pierde el trabajo, hágase
voluntario. Aprenda a sobreponerse a las adversidades. Expanda
sus recursos para enfrentarse a la vida mientras sea joven.

61
EL MÉTODO DE VALIDACIÓN EN POCAS PALABRAS

Los muy mayores desorientados pierden el dominio, la voluntad


de control, las defensas que les permitían negar los sentimientos, y
éstos se desbocan sin control. Cuando llegan a esa edad tan avanza­
da, los ancianos adquieren la sabiduría necesaria para expresar libre­
mente los sentimientos y así resolverlos. El educador que pone en
práctica la validación no debe explorar sentimientos no expresados,
ni analizar los que sí se expresan. A diferencia de lo que sucede con
los pacientes neuróticos o psicóticos más jóvenes, no es posible lograr
que los muy mayores desorientados se enfrenten a sus sentimientos;
por lo tanto, el educador no puede ni <<permitir>> ni <<prohibir>> sen­
timientos. Los muy mayores desorientados, que cuentan con la sabi­
duría intuitiva que proporciona la edad, no escucharán a un educador
más joven que les diga lo que deben hacer; no son niños y tampo­
co aprenderán nuevas fo.rmas de comportarse. Se encuentran en una
etapa de resumen, no de crecimiento, en la que expresan libremen­
te sus sentimientos con el fin de resolverlos. No viven para acomo­
darse a las expectativas que los jóvenes educadores tengan sobre su
comportamiento. El educador puede modificar el comportamiento
de ancianos de la tercera edad y hacerlos regresar a la comunidad,
pero los muy mayores seguirán expresando sus sentimientos
independientemente de lo que haga el educador. Si alguien les escucha
de verdad, esos sentimientos suelen perder intensidad. Así pues, el
anciano debe ser validado por un oyente de confianza, y el educador
nunca debe fingir, forzar los sentimientos ni burlarse de ellos.

Principios de la validación:
I. De conducta
a. Lo que se ha aprendido antes y está mejor fijado en la memo­
ria, permanece. Cuando la memoria reciente se desvanece, sale
a la superficie lo que se ha aprendido antes. (Homeostasis)
b. Un acontecimiento presente puede remitir a un recuerdo tem­
prano. Pasado y presente se convierten en una misma cosa.

62
c. Una pérdida física en el presente puede despertar un recuer­
do intenso de una sensación vivida hace muchos años. Por
ejemplo, la pérdida de la vista a los noventa años puede des­
pertar el terror vivido al ser encerrado en un cuarto oscuro a
los cinco años.

II. De desarrollo
.

a. A cada etapa vital le corresponde una tarea distinta. Los seres


humanos deben afrontar cada tarea y luchar por cumplirla.
Las tareas vitales pocas veces se resuelven por completo, sino
que se trata de algo que nos tendrá ocupados hasta la muerte.
U na tarea ignorada exigirá nuestra atención en una etapa pos­
terior de la vida, ya que las tareas ignoradas quieren <<recupe-
rar su s1t10>>.
• •

b. Las personas que llegan a una edad muy avanzada con un pesa­
do equipaje de tareas ignoradas se enfrentan a una última eta­
pa vital: resolución frente a vegetación. Los muy mayores
luchan por expresar las tareas aún por terminar en un inten­
to de recobrar la paz antes de morir.
c. Las pérdidas físicas (la vista, el oído, la memoria reciente) ayu­
dan a los muy mayores a borrar el presente y recuperar el pasado.

III. Psicológicos
a. Los sentimientos ignorados aguardan agazapados en la oscuridad.
b. Si se exponen a la luz del sol, pierden fuerza.
c. Escuchar utilizando la empatía (validando) mitiga la carga
emocional; una vez reconocido, compartido y validado, un
sentimiento puede llegar a desaparecer.
d. Ignorar las emociones de los ancianos no modifica su com­
portamiento. Si nadie les escucha, su comportamiento empeo­
ra y ellos se repliegan en sí mismos hasta vegetar.

63
SEGUNDA PARTE:
LAS CUATRO FASES DE LA DESORIENTACI ÓN

Los muy mayores despistados y desorientados han entrado en la


última fase de la vida: resolución frente a vegetación. Se trata de per­
sonas que jamás han logrado lo que Erikson denomina la <<integri­
dad>>. Desde mi punto de vista, esas personas pasan por cuatro fases,
que se distinguen por diversas características físicas y psicológicas.
Cada una de ellas supone un paso más hacia la retirada del sujeto de
la realidad, en una lenta regresión física. Sin embargo, no hay que
tomarse literalmente las categorías, ya que hay personas que pueden
pasar de una fase a la siguiente en apenas cinco minutos (si bien lo
normal es que estén la mayor parte del tiempo en una misma fase).
Un hombre puede estar orientado a las ocho de la mañana y a las tres
de la tarde asegurar que debe marcharse a su casa a dar de comer a
los caballos y a ordeñar las vacas.

Primera fase:
Despiste - orientación deficiente ante la realidad
Segunda fase:
Confusión temporal - pérdida de las capacidades
cogn1t1vas
• •

Tercera fase:
Movimientos repetitivos - movimientos repetitivos
que sustituyen al discurso
Cuarta fase:
Vegetación - retraimiento total hacia el interior

Para comprender a los ancianos que se encuentran en estas cua­


tro fases, se ha de entender cómo utilizan los símbolos.

65
SfMBOLOS: BILLETES AL PASADO

Un símbolo es un objeto o una persona del presente que repre­


senta un objeto significativo del pasado.46 Un muñeco de peluche
puede convertirse en el abrazo de la madre, un cigarrillo, en el pezón.
Todos utilizamos símbolos en el arte, la poesía y los sueños. Con
nuestras capacidades cognitivas intactas, estamos preparados para
vincular dos cosas o dos personas y compararlas sin que por ello ier­
dan su identidad. Somos capaces de pensar con metáforas. <<Mí m , o
es un bebé>> es una forma poética de comparar dos cosas: el poeta
sabe que la mano es suave como un bebé y, por lo tanto, la mano se
convierte en un símbolo del bebé. Pues bien, los muy mayores des­
pistados y desorientados también utilizan esos símbolos. Las perso­
nas despistadas utilizan objetos y personas del mundo actual para
despertar y expresar antiguas emociones. Una mujer despistada que
lleve afios reprimiendo la rabia que sentía hacia su madre, puede acu­
sar a su hija, que es quien la cuida en la actualidad. << Estás
desatendiendo a tus hijos. Una madre que quiere a sus hijos no los
deja solos con una niñera.>> La anciana toma a su hija por su madre.
Los muy mayores desorientados han perdido la capacidad cognitiva
de distinguir objetos y personas, han perdido el concepto de <<como
si>>. La mano cuya suavidad la hace parecerse a un bebé, se convierte
en un bebé y la mujer acaricia con ternura su mano-bebé. Los sím­
bolos en ainbos casos se refieren a personas o objetos que fueron rea­
les en el pasado, que existieron.
.
Los símbolos utilizados por los adultos psicó ticos pueden parecerse
a los que utilizan las personas despistadas o desorientadas. De hecho,
a los muy mayores despistados se les suelen diagnosticar alucinaciones
o ilusiones paranoides. U na persona psicótica fabrica símbolos imagi­
narios a partir de miedos internos; sus alucinaciones e ilusiones son
percepciones patológicas e infundadas de la realidad y, por lo tanto,
,
('
.

46. Sigmund Freud, The Basic Writings ofSigmund FreiJ.d, volumen 1 ; The
Psychopathology ofEveryday Life, Nueva York, Random House, 1 938, páginas 35-
1 50.

66
esas personas necesitan ayuda. Los símbolos no están relacionados con
la pérdida de capacidad intelectual, ni tampoco responden a un meca­
nismo de curación que aparezca en la última etapa de la vida.
Cuando el mundo exterior se desdibuja debido a la pérdida de
visión, al deterioro del oído y la pérdida del tacto, resulta fácil y (espe­
cialmente en esta última etapa) natural reemplazar objetos y perso­
nas actuales por otros del pasado. Las personas despistadas suelen
utilizar figuras de autoridad del presente (el administrador de la resi­
dencia, el conductor del autobús, el ordenanza, la enfermera jefe,
etcétera) para expresar la ira que sintieron hacia sus padres. <<El admi­
nistrador nunca me escucha, nunca está aquí, siempre tiene la puer­
ta cerrada. Cuando intento hablar con él, siempre está demasiado
ocupado. Tiene tiempo para todos menos para mÍ.>> El mundo de
una persona desorientada es una mina de símbolos.47 Un pañuelo se
convierte en el mundo. Poco a poco, con esmero y meticulosidad,
una anciana de la segunda fase lo dobla, lo acaricia, cantando, besán­
dolo a cada doblez. Con eso se pone a sí misma donde le corresponde,
en paz con el mundo; siente que pertenece a él, es feliz; su mundo
está en paz. El pañuelo le permite expresar sus ansias de que la amen,
la abracen, sus ansias de calidez y de sentirse y segura.
Tras treinta y cinco años trabajando con personas despistadas y
desorientadas de todo el mundo, he descubierto los siguientes sím­
bolos recurrentes.

Símbolos universales y su posible sigrzificado

Joyas, ropa Valor, identidad


Zapatos Contenedor, útero, macho o hembra, símbolo
sexual
M onedero Sexo femenino, vagina, identidad
Bastón o puño Pene, potencia, poder

47. Jolande Jacobi, Complex/Archetype!Symbol in the Psychology ofC G. jung,


Princeton: Princeton/Bollington Edition, 1 97 1 .

67
Mobiliario duro Padre, Dios
Mobiliario blando Seguridad, madre, hogar
Pañuelo, objeto plano Tierra, pertenencia, vagina, identidad
Comida Amor, madre
Beber de un vaso Poder masculino, potencia
,,,

Cualquier receptáculo U tero


Hurgarse la nariz Placer sexual
Jugar con excrementos Placeres de la infancia temprana

Algunos símbolos personales típicos empleados por muy mayo­


res desorientados:

Una mano Un bebé


Un dedo Un padre, pies para andar, niños con quienes
pasear
Un trapo Papeles importantes, masa para cocinar, ropa de
n1no
· �

El brazo de una silla Una calle


Espacio abierto Un pasillo de casa, paraíso, esperanza
Botón, guijarro Alimento, amor
Chasquidos con la lengua Seguridad, alegría
Movimiento de mecer Madre, maternidad, seguridad, alegría
Líquido Poder masculino
Silla resistente Pene, hombre, marido, sexo
Tenedor, cuchillo Enfado
Asa, mango Pene
Voz grave Persona masculina
Cuchara u objeto curvado Mujer, sexo femenino
Calcetín, zapato Niño, ropa de niño, órgano sexual
Prenda de quita y pon Acto sexual, libertad, desafío
Planta de una residencia Barrio
)
\ Pasillo de la residencia U na calle del barrio
Silla de ruedas Un coche, una bicicleta, un carruaje

68
He descubierto que todos estos símbolos son universales, con inde­
pendencia de la raza, la religión, la cultura o el sexo de las personas.
Los mismos símbolos se utilizan en Australia, Holanda, Francia, Bélgica,
Noruega, Austria, Can�dá, Alemania, Finlandia y los Estados Unidos.

PRIMERA FASE: DESPISTE

Estas personas se aferran a roles sociales establecidos con una úni­


ca excepción: necesitan expresar conflictos del pasado de forma vela­
da. Para ello, utilizan a las personas del presente como símbolos48 que
representan a personas del pasado. Una anciana, por ejemplo, pue­
de acusar a su compañera de habitación de robarle la ropa interior;
en ese caso, la compañera de habitación simboliza a una hermana de
quien siempre estuvo muy celosa. Asimismo, una mujer que nunca
haya expresado sus deseos sexuales puede asegurar que hay un hombre
escondido bajo su cama.
En esta fase se suele producir una negación de los sentimientos.
El habla, la razón y el pensamiento racional son muy importantes.
Las personas despistadas valoran las opiniones claras y serenas y el
control, y suelen responder negativamente al contacto físico y al
contacto visual demasiado cercano. Son conscientes del paso del
tiempo, reflexionan, ponen cada cosa en su lugar y mantienen un
orden. Se sienten avergonzadas cuando alguien se da cuenta de que
han olvidado algo, cuando repiten frases o historias que ya han expli­
cado, o cuando confunden a una persona con otra. Entonces se
inventan cosas, utilizan experiencias ficticias para ocultar sus lagunas
de memoria y las niegan. Se sienten viejas e inútiles, tanto si están
en una residencia como si están solos en casa, creyendo que se trata
de un ci.stigo por su comportamiento en el pasado, dicen que <<alguien
está envenenando>> su comida. La <.:amida es un símbolo de amor.
Amargadas, solas y sin el amor de nadie, estas personas se quejan de
que <<alguien está robando>> sus posesiones. Se sienten robadas en la

48. Ver nota 47.

69
vejez igual que de niños se sintieron robadas por sus hermanas, her­
manos y padres, que les <<robaban>> la dignidad. Los sentimientos de
naturaleza parecida cruzan el tiempo y se atraen como imanes.
· Para j ustificarse a �í mismos o negar sus poderosos sentimien­
tos del mismo modo que han hecho durante toda la vida, esos ancia­
nos culpan y acusan a los demás. Cuando su pareja muere nunca
sienten pena o culpa, sino que acusan a los médicos. Se ofenden cuan­
do los jubilan, pero en lugar de expresar esa cólera, acusan a su jefe
de tener prejuicios contra las personas mayores que él. Cuando pier­
den el pelo por culpa de la edad, culpan a la esteticista o al peluquero.
Para mantener el control en una guerra contra la pérdida del control,
se dedican a acumular cosas; ante el miedo de sufrir cada vez más
pérdidas, almacenan todo lo que pueden: naranjas, pañuelos, tazas,
paquetes de azúcar, sal, periódicos, cintas ... todo para protegerse con­
tra futuras pérdidas. Y nadie logrará convencerles para que no lo
hagan: la necesidad de justificar el pasado es más fuerte que la <<ver­
dad>>. Sus miedos más profundos se proyectan en otras personas para
mantener el equilibrio; necesitan defenderse, necesitan esas tapade­
ras. No hay que desproveerlos de esos mecanismos de defensa, de su
dignidad. Necesitan adoptar ese comportamiento para sobrevivir, ya
que es así como expresan sus sentimientos sin tener que exponerlos
a la cruda luz de la realidad. Lo que necesitan es una relación de con­
fianza con una autoridad atenta y respetuosa, que no discuta con
ellos, sino que los comprenda y no los juzgue. Lo que necesitan es
validación.

Características físicas de quienes se encuentran en la fase de despiste:


- Mirada clara y enfocada.
- Postura rígida.
- Movimiento en el espacio (aunque sea con silla de ruedas o cami-
nado1:) definido, continuo y preciso.
- Músculos faciales y corporales tensos.
- Mandíbula frecuentemente salida.
- Manos y dedos frecuentemente en posición de señalar. Brazos
a menudo cruzados.
- Labios apretados.

70
- Respiración poco profunda.
- Tono de voz claro, áspero, lloroso o estridente. 49
- Frecuentemente tienen un abrigo, un bastón o un bolso entre las
manos.
- La capacidad cognitiva está relativamente intacta, así que son
capaces de clasificar y son bastante conscientes de la hora.
- Leen, escriben, imaginan. Utilizan palabras de diccionario.
- Las pérdidas de visión, oído, tacto y movilidad son relativamente
pequenas.
-

Características psicológicas de quienes se encuentran en la fase


de despiste
- Necesitan expresar emociones reprimidas
- Se aferran a la realidad actual.
- Quieren comprender y ser comprendidos.
- Participan en juegos con reglas
- Son conscientes de su confusión ocasional.
- Niegan la confusión o inventan historias para cubrir lagunas de
memoria.

- Oyen, ven, hablan y se mueven bastante bien. Escuchan.


- Se resisten al cambio.
- Niegan sentimientos (como la soledad, la rabia, el miedo y los
anhelos sexuales).
- Culpan a los demás cuando las pérdidas comienzan a ser gran­
des.
- No pueden comprender las razones que hay detrás de su
comportamiento.

- Desean la validación de figuras con autoridad: personal, amigos,


familia, médicos, etcétera.
- Se enfurecen con quienes no pueden o no quieren ejercer su auto-
-

control. l.
- Se muestran molestos ante el contacto físico y las situaciones de
intimidad. No quieren que su vulnerabilidad quede descubierta .

49. R. Bandler, J. Grinder and V. Satir, Changing With Families, Palo Alto,
Cal. Science and Behavior Books, 1 976.

71
- Utilizan su <<kinosfera>>, un espacio i nvisible que nos rodea a
todos; las personas despistadas se sienten protegidas por una
esfera infranqueable situada a unos cincuenta centímetros de
su cuerpo.

SEGUNDA FASE: CONFUSIÓN TEMPORAL

Tras un exceso de pérdidas físicas y sociales, siempre hay una


gota que colma el vaso. La pérdida progresiva de la vista, el oído, la
movilidad, el tacto, el olfato, el gusto y la capacidad cognitiva facili­
tan el camino para que las personas que sufren confusión temporal
y ya no pueden seguir negando las pérdidas se retiren del mundo y
de una realidad a la que ya no pueden aferrarse. Abandonan su intento
de seguir el orden cronológico y se repliegan en su interior. En lugar
de guiarse por los minutos, se guían por sus recuerdos; pierden la
noción del tiempo presente y repasan su vida. Un sentimiento
despierta otro y una persona o un objeto de la actualidad se convierte
en un símbolo, en un billete al pasado. El vehículo en el que reali­
zan el viaje es un movimiento familiar; las imágenes vivas (eidéticas)
sustituyen la potencia del motor. Los motivos del viaje son un oído
y una vista poco definidos, además de una escasa memoria recien­
te. La inutilidad y la soledad son un precio muy alto a pagar por
ser conscientes de la realidad.
Los daños cerebrales afectan a los centros de control. Las per­
sonas con confusión temporal pierden los controles adultos, las habili­
dades sociales y de comunicación, dejan de ajustarse a las normas
sociales o de vestir y pierden el estímulo que suponen los demás por­
que a menudo son ignorados o se ven aislados. Sufren incontinen­
cia tanto fís i2a como emocional.
En la fase de confusión temporal, los muy mayores desorien­
tados regresan a sentimientos básicos y universales: amor, odio,
miedo ante la separación y lucha por la identidad. Se trata de emo­
ciones que expresan todas las personas ancianas desorientadas en
cientos de residencias de todo el mundo. Los sentimientos univer-

72
sales son la esencia de los cuentos clásicos populares y de los mitos.50
Por lo tanto, el educador que aplica el método de validación pue­
de identificarse con la ira de todas las bellas durmientes indefensas
que han sufrido el pinchazo de una aguja con calmantes, medica­
mentos o sedantes. El E/V comprende su miedo a la separación, su
búsqueda angustiada de la identidad y sus súplicas de ayuda cuando
deben enfrentarse a lo desconocido. El cuidador reconoce el mie­
do universal a la oscuridad y a la muerte, las ansias de amor, el anhe­
lo de pertenecer a algo, de significar algo, y por eso no rechaza
los gritos de los muy mayores desorientados con un: <<Sólo quiere
llamar la atención>>.

U na persona despistada pasa a sufrir confusión temporal tras


un sinfín de pérdidas. Si mientras estaba despistada hubiera sido
validada tal vez no se habría replegado en su interior, ya que la vali­
dación habría hecho que continuara comunicándose, expresando
y resolviendo cuestiones a pesar de las pérdidas cada vez mayores.
Por ejemplo: un hombre despistado es trasladado a una residen­
cia cuando su hijo ya no puede soportar la actitud acusadora de su
padre. El traslado lleva a una súbita retirada a la fase de confu­
sión temporal. Con validación, el anciano habría podido expresar
sus miedos dentro de los límites del despiste; no habría habido nece­
sidad de encerrarlo en una residencia y, por lo tanto, no habría evo­
lucionado hasta la confusión temporal. Podría haberse quedado en
su casa a pesar de las acusaciones, que habrían disminuido gracias
a la validación.

Características físicas de quienes se encuentran en la fase de con­


fusión temporal:
- Los músc �os están lacios. Movimientos elegantes.
- Mirada clara, pero a menudo desenfocada y perdida en la
distancia.
- Respiración lenta y constante.

50. M. L. von Franz and J� Hillman,]ungs Typology, Zürich: Spring Publica­


tions, 1 975.

73
- El movimiento en el espacio es lento, indirecto y a menudo parece
surgir la pregunta: ¿Hacia dónde?
- El habla es lenta.
- Los gestos de las manos se corresponden a los sentimientos y sue-
len ser interrogativos.
- El tono de voz es bajo y a menudo lastimero o áspero.
- Los hombros tienden a inclinarse hacia delante y el cuello a hun-
dirse. La persona suele arrastrar los pies al andar.

Características psicológicas de quienes se encuentran en la fase


de confusión temporal:
- La realidad está borrosa debido al creciente deterioro del pen­
samiento racional, la vista y el oído.
- Son capaces de expresar emociones, pero no recuerdan hechos.
- Pierden el pensamiento metafórico. No son capaces de poner
personas u objetos en su categoría y, por lo tanto, no pueden
comparar.
- Una vida de experiencias se ha traducido en una sabiduría crisali-
zada; regresan a un conocimiento intuitivo.
- Saben quién es sincero y quién finge.
- Recuerdan sensaciones placenteras de la infancia.
- No escuchan a las personas del presente.
- Olvidan acontecimientos recientes pero tienen una memoria
excelente para acontecimientos del pasado vinculados a senti­
mientos fuertes.
- Centran su energía en resolver los conflictos pasados que están
pendientes de solución, para suscitar sentimientos de utilidad y
de placer.
- Utilizan palabras formadas a partir de recuerdos tempranos, son
poéticosly creativos. Ver el ejemplo de la página 3 7 (<<symofile>>) .
- No pueden j ugar a j uegos que tengan reglas (como el bingo).
- Cuentan el tiempo mediante sentimientos personales, no según
el reloj ; el tiempo se mide por experiencias vitales. Por ejemplo:
una persona ansía recibir amor. Amor Comida. La persona pide
=

comida justo después de comer.

74
- Utilizan pronombres sin referencias explícitas. << Él>> puede refe­
rirse a Dios, al padre, al demonio, a la propia identidad, al mun­
do, a la autoridad, a lo masculino, etcétera.
- Se produce un uso cada vez mayor de símbolos para represen­
tar personas y acontecimientos pasados que se recuerdan. Piensan
en imágenes (eidéticas) más que en palabras.
- Responden al contacto físico cariñoso y al contacto visual con
un estrés cada vez menor.
- A menudo pierden la habilidad de afinar al cantar.
- A menudo conservan la capacidad de leer, pero pierden la de
escribir.
- Su atención tiene un alcance corto.
- Oyen claramente sonidos provenientes del pasado lejano, espe-
cialmente cuando son sordos.
- Pierden el control adulto y a menudo quieren la satisfacción
inmediata de instintos como el sexo, el amor y la comida.

TERCERA FASE: MOVIMIENTOS REPETITIVOS

Los individuos que se encuentran en la segunda fase y que no


son capaces de resolver sus sentimientos compartiéndolos con otra
persona que les valide suelen experimentar una retirada a movimientos
y sonidos básicos anteriores al lenguaje para alimentarse y abordar
conflictos de etapas previas pendientes de resolución. En esta fase de
desorientación, las partes del cuerpo se convierten en símbolos y los
movimientos sustituyen a las palabras. Una persona que se sienta ata­
da, se vestirá y se desnudará repetidas veces para sentirse libre; otra
que se sienta e�ocionalmente hambrienta comerá tiza para aliviar
sus ansias; otra que esté enfadada, golpeará en la mesa hasta que su
rabia disminuya.
Cada persona tiene un concepto distinto de qué sentimientos son
<<malos>> en función de la idea que tuvieran sus padres acerca de qué
era una <<mala>> conducta. En la edad muy anciana, las personas ya dis­
ponen de la sabiduría necesaria para expresar esos sentimientos y, así,

75
resolver el conflicto. La vergüenza, la culpa, el deseo sexual o la ira pue­
den pasarse toda una vida enterrados y totalmente controlados, pero
décadas más tarde, cuando llegue la vejez y la desorientación, emerge­
rán de nuevo. Un hombre que se encuentra en la tercera fase se baja
los pantalones; quiere demostrar su virilidad por primera vez en su
vida; o quizás esté expresando finalmente la rabia hacia sus padres, que
castigaron su sexualidad cuando era un adolescente.
Los sentimientos que han estado toda una vida encerrados, se
desbordan. Es como si sacáramos el tapón de la bañera. La ira por
las normas rígidas, la vergüenza por haber ensuciado mientras apren­
díamos a utilizar el lavabo, la culpa que sentimos por no haber esta­
do en el momento apropiado en el lugar adecuado con la persona
indicada, se expresan en un movimiento agitado antes de que crucen
la línea de llegada.

En la tercera fase, el habla se vuelve no-intelectual y se trans­


forma en una función de placer sensorial: la lengua, los dientes y los
labios producen sonidos. <<Cuando el habla lógica, de aprendizaje
secundario, desaparece, se produce un retorno a los ''patrones lin­
güísticos primarios''>>.5 1 · 52 Solos, aislados, anhelando la presencia de
su madre, los ancianos la rescatan produciendo los sonidos de su pri­
mera niñez que tienen grabados en la memoria: <<Ma ma ma ma>>. El
movimiento de los labios uniéndose y separándose se convierte en la
madre y el anciano deja de estar solo: ha recuperado a su madre tal
como lo hacen los bebés cuando están aprendiendo a hablar.

Los movimientos corporales pueden transportar a una persona


al pasado. Una mujer muy mayor se balancea porque eso suscita el
recuerdo de cuando su madre la acunaba. La enfermera toca cari-
-.

ñosamente a la an�iana y pasa a simbolizar a la madre. Ese gesto se


convierte en el gesto de la madre, que alivia su ansiedad y le devuelve
la seguridad. Con una caricia, la mujer viaja 80 años atrás en el tiem-

5 1 . P.K. Saha en: Edward Fiel, The More We Get Together, película; Cleveland,
Ohio, Edward Feil Productions, 1 988.
52. Ver Nota 13.

76
po. Una mujer que se encuentre en la tercera fase puede utilizar un
calcetín para simbolizar a su hijo porque ella acostumbraba a lavarle
los calcetines. En su imaginación estará regresando a su casa: el cal­
cetín le recuerda a su hijo, se convierte en su hijo.
Gracias a imágenes vívidas, 53 esas personas transforman una resi­
dencia de ancianos en un productivo lugar de trabajo y viajan al
pasado. Una silla de aspecto sólido, como un padre, se convierte en
<<papá>>; la mano de la anciana se convierte en su hijo; personas con
un aspecto o una voz parecidos a los de amigos, familiares o cole­
gas del pasado se convierten en esas personas, independientemente
de su edad o su sexo. Dado que han perdido la conciencia de su cuer­
po en el espacio y que tienen recuerdos vívidos, esas personas <<cami­
nan>> y <<bailan>> sentados en sus sillas de ruedas sin ni siquiera mover
los pies. Realizando movimientos medidos y familiares con las manos,
representan una función en la que con sus recuerdos llenan los vací­
os que dejan objetos o personas ausentes. He descubierto que los
muy mayores desorientados utilizan símbolos y movimientos para
viajar al pasado. En Casper, Wyoming, un hombre utiliza sus dedos
para perforar el suelo en busca de petróleo; en el norte de Minessota
talan árboles; en las zonas rurales ordeñan vacas imaginarias, movien­
do con gran habilidad manos y dedos para recrear el recuerdo. Al lle­
gar a la vejez trabajan igual que trabajaron toda su vida, sólo que aho­
ra lo hacen para sobrevivir a un presente desolador.

La conciencia de la dolorosa realidad provoca una progresiva reti­


rada al pasado, y los medicamentos y los calmantes suelen i ncre­
mentar esa retirada. La validación, que consiste en confirmar y com­
partir los sentimientos en una relación cariñosa, suele bastar para que
una persona no pas� de la segunda a la tercera fase de desorientación.
La validación proporciona momentos de pensamiento racional a las
personas que sufren confusión temporal; además alivia el estrés y la
necesidad de regresar al pasado.

53. Adelaide Bry, Visualization, Nueva York: Barnes and Noble Books, 1 979.

77
Características físicas de quienes se encuentran en la fase de moví-
mientas repet1t1vos
• • •

- Se balancean o bailan.
- Cantan pero no pueden hablar utilizando oraciones.
- Tararean, hacen chasquear la lengua y gimen.
- Los músculos están lacios; se mueven con elegancia, pero no son
conscientes de sus movimientos.
- Sufren incontinencia.
- Suelen tener los ojos cerrados o perdidos.
- Lloran con frecuencia.
- Los dedos y las manos golpean, aporrean, repiquetean, abotonan
y desabotonan.
- Caminan de un lado para otro.
- Repiten un sonido y/o un movimiento una y otra vez.
- Su respiración es constante, rítmica y uniforme.
- Su tono de voz es bajo y melódico.
- Tienen momentos de gran fuerza física cuando agarran a alguien
empujados por su ansia de amor o por la ira.
- Son ambidiestros cuando se liberan de lo que les reprime.
- No son capaces de leer ni de escribir.
- Pueden cantar de principio a fin una canción que aprendieron
en un momento temprano de su vida.

Características psicológicas de quienes se encuentran en la fase


de movimientos repetitivos
- La necesidad de hablar se pierde por la falta de uso.
- El movimiento constante los mantiene vivos, les da placer, con-
trola la ansiedad, mitiga el aburrimiento y conforma la existencia.
- Se pierde la capacidad y el deseo de pensar.
- Los sonidos repetitivos estimulan, calman y ayudan a resolver
sent1m1entos.
• •

- Si encuentran la motivación necesaria, pueden recuperar roles


sociales bien establecidos.
- Sufren una pérdida cada vez mayor de la propia conciencia y
de la conciencia de su cuerpo en el espacio (quinesiológica) .

78
-A menos que reciban alguna motivación, se cierran a los estí­
mulos externos.
- Tienen energía para bailar y cantar, pero mucha menos para
hablar y pensar.
- Su atención tiene un alcance corto; no pueden concentrarse en
más de una persona u objeto a la vez.
- No responden a menos que se les estimule a través de una com­
binación de proximidad física, contacto cariñoso, tono de voz
cálido y contacto visual.
- Se resignan al aislamiento y a la autoestimulación.
- Disponen de la sabiduría necesaria para intentar resolver con-
flictos pendientes mediante el movimiento
- Recuerdan experiencias tempranas.
- Pueden recuperar parte del habla en estado latente y un cierto
nivel de pensamiento racional. Interaccionan con otras personas,
pero sólo si se trata de una relación auténtica basada en el amor
y la validación.
- No pueden participar en juegos con normas; son impacientes y
desean satisfacciones inmediatas a sus necesidades.

CUARTA FASE: VEGETACIÓN

En la fase de vegetación, la persona muy mayor se cierra com­


pletamente al mundo exterior y abandona la lucha por resolver la vida.
La autoestimulación se reduce al mínimo, lo j usto para sobrevivir.
Cuando una persona que se encuentra en la tercera fase es tratada con
tranquilizantes o calmantes, o es orientada a la realidad, suele retirarse
al estado vegetativ:_o. Entonces, la retirada es definitiva.
A lo largo de los años he constatado la evidencia de algunas res­
puestas a la validación por parte de muy mayores desorientados que
se encontraban en estado vegetativo. En 1 973, unos estudiantes de
postgrado constataron varias respuestas no verbales. Una mujer
abrió los ojos y llamó a su hijo después de tres meses de validación
continua.

79
Mientras estén vivas, las personas en estado vegetativo necesitan
contacto físico, reconocimiento y cariño. Si los educadores ayudan
a los ancianos desorientados en las primeras fases de desorientación,
pueden evitar que éstos lleguen a esta fase final.

Características físicas de quienes se encuentran en la fase vegetativa


- Ojos generalmente cerrados, perdidos o mirando al vacío.
- Músculos lacios.
- Se sientan hundidos en la silla o yacen en la cama en posición
fetal.
- Han perdido la conciencia de su cuerpo.
- Movimientos apenas perceptibles.

Características psicológicas de quienes se encuentran en la fase


vegetativa

- No reconocen a sus familiares cercanos.


- Raramente expresan sentimientos de ningún tipo.
- No inician ninguna actividad.
- No hay forma de saber si están resolviendo algún conflicto.

80
TERCERA PARTE
APLICAR LA VALIDACI ÓN INDIVIDUAL

TRES PASOS

Primer paso: Reunir información

Para poner en práctica la validación, los educado res deben


conocer a la persona con la que están trabajando. Eso significa cono­
cer su pasado, su presente y sus expectativas de futuro . Esa valo­
ración también ofrece al educador un conocimiento de referencia
a partir del cual evaluar el progreso que realice el residen te. El
<<Formulario de evaluación de progresos>> que aparece en la pági­
na 1 50 y la tabla de <<Historial y conducta básica>> de la página 148
le ayudarán a registrar la i nformación que precisa para poner en
práctica la validación, así como a evaluar el progreso conseguido
tras las sesiones de validación. Sería interesante que tuviera pre­
sentes los siguientes aspectos:

- Fase de desorientación.
- Tareas vitales inacabadas, sentimientos no expresados.
- Necesidades humanas básicas insatisfechas (ver página 97) .
- Relaciones pasadas, por ejemplo familia, amigos, figuras de auto-
ridad, muertes de personas importantes para el paciente, hijos,
pareja, hermanos.
- Trabajos, aficiones, ambiciones no satisfechas.
- Importancia de la religión.
- Modos de enfrentarse a las crisis.
- ¿Cómo ha afrontado esa persona las pérdidas propias de la vejez?
- Historial médico, pregunte directamente a la persona, lea los
registros médicos. Revise el historial psiquiátrico en busca de
cualquier indicio de enfermedad mental sufrida con anterioridad.

81
Existen tres modos de reunir esta información: configurar un
historial verbal, observar las características físicas y preguntar a: los
familiares. Dado que los muy mayores despistados y desorienta­
dos cambian, a menudo de forma espectacular a lo largo del día,
el educador ha de reunir la información en un período mínimo de
dos semanas, durante las cuales se irá reuniendo con el anciano a
diferentes horas del día.
El proceso de configuración de un historial conduce a una rela­
ción con fundamentos. Cuanto más se sabe sobre una persona, más
fácil resulta utilizar las técnicas de validación. Así pues, se establece
una relación de confianza, lo que provoca un sentimiento de seguri­
dad en el anciano desorientado. Cuando la gente se siente segura gana
en fortaleza: aumentan las interacciones, la gente empieza a hablar,
comparte pensamientos y sentimientos, de modo que crece su auto­
estima y su sentido de la dignidad. Si la persona con la que trabaja es
verbal, cuando configure el historial formúlele tanto preguntas sobre
<<el aquí y el ahora>> como sobre <<el allí y el antes>>. Plantee sus pre­
guntas con cautela para evitar que la persona se inquiete. Las perso­
nas despistadas pueden olvidar fechas importantes, de modo que no
les pregunte nada que tenga que ver con períodos de tiempo específicos.

Preguntas sobre <<el aquí y el ahora>>:


1. ¿Lleva mucho tiempo en esta casa (hospital, centro de día) ? (En
lugar de <<¿Cuánto tiempo lleva en esta casa?>>)
2. ¿Le gusta la comida? ¿El personal? ¿Los cuidados médicos? ¿Su
compañero/a de habitación?
3. ¿Tiene suficientes cosas que hacer aquí?
4. ¿Ha estado enfermo alguna vez desde que llegó?
5. ¿Hay muchas actividades?
6. ¿Cómo son los demás? ¿Son simpáticos?
7. ¿Cómo ha llegado aquí?
8. ¿Alguna vez está solo?
9. ¿Tiene una cama cómoda? ¿Duerme bien por las noches?
1 0. ¿Hace su compañero/a de habitación algún ruido que le moles­
te? ¿Qué hace usted al respecto?

82
1 1 . ¿Le molesta no poder recordar un nombre o una fecha a la pri­
mera? ¿Qué hace cuando eso ocurre?

Las siguientes reacciones son respuestas típicas que en la mayoría


de casos pueden ayudarle a determinar en qué fase se encuentra la
persona.

Normalmente, un anciano orientado, integrado, responderá:


- E/V: ¿Lleva mucho tiempo viviendo_ aquí?
- ANCIANO DE 88 AÑOS ORIENTADO: Más de tres años. Me lle-
vó un tiempo acostumbrarme a este lugar, pero ahora me gus­
ta bastante. No es como mi casa ...

Si la persona está despistada, será consciente del presente pero se


quejará de las circunstancias del día actual y evitará responder pre­
guntas que tengan que ver con los sentimientos:
- E/V: ¿Lleva mucho tiempo viviendo aquí?
- HOMBRE DESPISTADO: Demasiado. Cada minuto se me hace
eterno. Este lugar huele fatal, es muy desagradable. Esta gente
no sabe lo que es el desodorante. Pero, ¿qué se puede hacer con
todos estos ancianos? Es una pena.

Si el anciano es verbal pero padece confusión temporal, no res­


ponderá a preguntas sobre el aquí y el ahora. En lugar de ello, se refe­
rirá a su antigua casa, a sus padres, a sus hermanos o a sus trabajos:
- E/V: ¿Lleva mucho tiempo aquí? ,,.

- ANCIANA DE 85 AÑOS CON CONFUSIÓN TEMPORAL: Esta es mi


casa; vivo aquí. Cuido de mi hermana. Mi madre está fuera.

Las personas que se encuentran en la fase de movimientos repe­


titivos no responderán con palabras de diccionario, sino que mez­
clarán los sonidos para formar palabras inventadas:
- E/V: ¿Lleva mucho tiempo viviendo aquí?
- MUJER DE 92 AÑOS CON MOVIMIENTOS REPETITIVOS: Las sumas
de las somas se sujetan a los sentidos y no consigo que se adap­
ten a las desganancias.

83
Preguntas sobre <<el allí y el antes>>:
1. ¿Ha estado enfermo muchas veces a lo largo de su vida?
2. ¿Qué le trajo a la casa (centro de día, etcétera) ?
3. Antes de venir aquí ¿vivía en su propia casa o con su familia?
4. ¿Nació en este país? ¿Le costó mudarse?
5. Cuando su esposa/marido se puso enferma/o, ¿cómo se las arre-
gló usted? ¿Le ayudaron sus hijos?
6. ¿Tuvo hijos? ¿Hermanos y hermanas?
7. ¿En qué trabajaba su esposa? ¿En qué trabajaba usted?
8. ¿Nació su padre en este país? ¿En qué trabajaba?
9. ¿Trabajaba su madre?
1 0 . ¿Era usted el mayor de los hermanos? ¿El menor? ¿Ayudaba en
el cuidado de su(s) hermano(s) o hermana(s) ?
1 1 . ¿Eran estrictos sus padres?
1 2. ¿ Qué hacía para entretenerse? ¿Le gustaba cocinar? ¿ Bailar?
¿Cantaba en el coro de la iglesia? ¿Salía con frecuencia o prefería
quedarse en casa?
1 3. ¿Viajó a otros países? (Mencione países específicos para darle
varias alternativas.)
1 4. ¿Tuvo un buen matrimonio? ¿Estaba él/ella con usted cuando le
necesitaba?
1 5 . ¿Qué hacía para superar las épocas difíciles?
16. ¿Cuál ha sido la época más difícil de su vida? ¿Y la peor? ¿Y la
mejor?
Las preguntas 4, 5, 1 O, 1 1 , 1 4, 1 5 y 1 6 tienen que ver con méto­
dos para afrontar problemas (cómo una persona hizo frente a deter­
minadas situaciones difíciles a lo largo de su vida) . Las preguntas 1 ,
6, 7, 1 2, 1 3, 1 4 y 16 exploran cuestiones inacabadas de la vida.
A menudo puede darse el caso de que la persona no recuerde el
nombre de un determinado país o el título de una canción. Una pre­
gunta general, del tipo: <<¿Qué canción le gusta cantar?>>, puede hacer
surgir la ansiedad. Cuanto más específica sea una pregunta, más fácil
le resultará al anciano responderla. Una pregunta que contenga la res­
puesta permitirá que el anciano responda conservando la dignidad y
sin provocarle ansiedad, como por ejemplo: <<¿Le gusta cantar bole-

84
ros como Dos gardenias, Angelitos negros o Reloj?>> o <<¿Ha estado en
Francia y en Alemania?>> Formule la pregunta de modo que el ancia­
no pueda extraer la respuesta de ella: si lo hace, demostrará que usted
ha realizado bien su trabajo y que conoce y comprende al anciano; él
podrá confiar en usted, se sentirá seguro y usted le estará confortando.
Si el anciano no recuerda pérdidas recientes y cambia el rumbo de
la conversación hacia las experiencias vividas con sus padres y duran­
te su primera infancia, significará que se encuentra en la segunda o la
tercera fase. Si niega cualquier pérdida, se encuentra en la primera fase.
En la segunda y la tercera fases, la persona tiene imágenes claras y vivas
del pasado lejano con pequeñas referencias al presente, mientras que
las personas que se encuentran en la cuarta fase no dan ninguna res­
puesta ni mantienen el contacto visual con el educador.

Otro modo de reunir información es observar las características


físicas de cada anciano, ya que éstas se convierten en un resumen de
la manera en que han vivido su vida. Las arrugas que tienen graba­
das en la cara indican de qué modo han afrontado las circunstancias
de la vida: puede que una anciana con profundas líneas de expresión
curvadas desde las aletas de la nariz hasta las comisuras de los labios
sonría a menudo para esconder su enfado; las hileras de surcos en
la frente de un anciano pueden ser indicio de una vida llena de preo­
cupaciones; un anciano que levante los hombros hacia las orejas pue­
de estar defendiéndose del mundo exterior; los movimientos rápidos
y espasmó�icos reflejan pánico interno <<¿Qué camino debo tomar?
¿Y ahora qué hago?>>; los movimientos errantes, lentos, ensoñados y
los ojos que no están centrados en nada a menudo significan un reti­
ro al pasado.

Empiece la evaluación no verbal en la parte superior del cuerpo


y vaya analizando minuciosamente cada zona a medida que desciende
hasta los pies. Fíjese en el cabello: si está bien peinado puede ser que
el anciano:

- esté orientado y sea capaz de llevar a cabo actividades cotidianas;


- tenga recursos económicos para permitirse cuidados especiales;

85
- esté despistado y muy preocupado por mantener su apariencia
exterior;

- su familia le visite a menudo y se preocupe por su aspecto.

Si no va peinado, puede significar que:


- sea agresivo y nadie quiera ayudarle;
- tenga unas relaciones familiares pobres;
- no se pueda permitir ayuda especial;
- se alborote el cabello constantemente.

Continúe con la cara. Mírele a los ojos. Los programadores neu­


rolingüísticos han identificado las siguientes características físicas y
sus correspondientes significados. 54

MOVIMIENTO SIGNIFICADO

Ojos que miran arriba y a la derecha La persona está imaginando algo


Ojos que miran al frente La persona está escuchando algo
Ojos que miran abajo La persona está sintiendo algo
Respiración rápida La persona es visual
Respiración constante La persona es auditiva
Respiración profunda La persona es quinesiológica
Tono de voz alto La persona es visual
Tono de voz moderado La persona es auditiva
Tono de voz bajo La persona es quinesiológica

A partir de la infancia vamos desarrollando nuestro sentido pre­


dilecto (ver página 59) ; el que más utilizamos de los cinco que pose-
emos la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto . Cuando
llegamos a la tercera edad nos fiamos de ese sentido para crear nues­
tra percepción del mundo, y si ese sentido resulta dañado a causa del
proceso natural de envejecimiento, sufrimos de una forma especial.
Por ejemplo: una mujer visual que pierda el oído puede superar esa

54. R. Bandler y J . Grinder, Frogs into Princes; Salt Lake City, Utah: Real
People Press, 1 979.

86
pérdida sin que su autoestima se vea resentida; en cambio, si pierde
la vista perderá también su principal conexión con el mundo, ya que
habrá perdido su medio para percibirlo.

Cuando formule las preguntas sobre el aquí y el ahora o sobre el


allí y el antes, fíjese en los movimientos oculares espontáneos del
anciano. Si le acaba de preguntar: <<¿Cuál fue el peor día de su vida?>>
y la persona mira hacia arriba, usted sabrá que probablemente esté
imaginando la escena y que se trata de una persona visual. Así pues,
para conseguir crear una relación de confianza deberá utilizar pala­
bras visuales. Para ello, vea los apartados sobre Técnicas para apli­
caciones específicas del sentido predilecto.
Fíjese en el labio inferior, en las mejillas, en la posición de la bar­
billa, en los cambios de color de la piel, en los hombros, los brazos,
las manos, los dedos, el pecho, las piernas y los pies. Observe los
movimientos de la persona en el espacio, aunque se sirva de un cami­
nador o una silla de ruedas. No debe llegar a ninguna conclusión
todavía, sino recoger las observaciones que vaya realizando durante
el período de dos semanas de recopilación de información.

Segundo paso: Determinar la fase de desorientación

Compare sus observaciones sobre las características físicas y la infor­


mación que haya extraído a partir de la historia verbal con las caracte­
rísticas físicas y psicológicas típicas de las cuatro fases de desorientación,
que se detallan en la Segunda parte. Recuerde que la gente cambia a
lo largo del día: conocer la fase en la que se encuentran le ayudará a es­
coger las técnicas de validación apropiadas que ha de utilizar.

Tercer paso: Reunirse regularmente con la persona,


utilizar las técnicas de validación

Rellene el formulario <<Plan individual de tratamiento median­


te validación>> (página 1 46) . El período de tiempo que se dedica a

87
cada individuo (tiempo de contacto) depende de su capacidad ver­
bal, del alcance de su atención y de la cantidad de tiempo de que dis­
ponga el educador. En el caso de personas despistadas, el tiempo
de contacto debería oscilar entre los cinco y los quince minutos; en
el caso de las personas que se encuentran en la segunda fase, puede
estar entre los dos y los diez minutos; para la tercera y la cuarta fases,
debería ser de uno a diez minutos. Lo que cuenta es la calidad, no la
cantidad. Si el educador tiene tiempo y la persona está receptiva se
puede utilizar más tiempo. Cuando el anciano se encuentre en un
centro de cuidados a largo plazo, las interacciones deberían tener
lugar al menos tres veces por semana; en el caso de que el anciano
esté en un centro de cuidados agudos deberían producirse al menos
tres veces al día. Esas interacciones serán más espaciadas cuando se
trabaje con un paciente externo al que haya de visitar en su casa o en
un centro de día. Independientemente de la frecuencia con la que se
reúnan, siempre deberá visitarlo en la fecha convenida.
Concluya la entrevista/interacción si se percata de cualquiera de
los indicios visibles de reducción de la ansiedad que se apuntan a con­
tinuación. En el caso de una persona que se encuentre en la primera
fase, si la voz es menos áspera, la respiración es constante, el pulso es
normal, las pupilas ya no están dilatadas, el labio inferior está relaja­
do, o la persona sonríe. Cuando el anciano se encuentra en la segunda
fase, si tras conseguir un momento de intimidad, la persona responde
con palabras, el habla y el modo de andar mejoran; o si usted le ha ayu­
dado a interactuar con los demás y ahora él ya no le necesita. Cuando
se trata de una persona en la tercera fase, si el comportamiento repe­
titivo disminuye, es porque se ha llegado a un contacto íntimo, el modo
de actuar negativo se convierte en música, movimiento o alguna otra
forma de expresión que satisfaga sus necesidades. Finalmente, en el
caso de ancianos en cuarta fase, se ha de acabar al cabo de tres minu­
tos, independientemente de la reacción que muestren.
La validación puede darse en cualquier lugar. El ama de llaves
de un hogar de ancianos puede realizar la validación mientras orde­
na la habitación; la ayudante de enfermería, mientras lleva al ancia­
no al baño; la enfermera, mientras administra la medicación; el
electricista, mientras cambia las bombillas; el jardinero, mientras

88
corta el césped; el familiar, mientras visita al anciano. Lo único que
se ha de tener presente en todo momento es la intimidad. Se ha de
establecer una relación de igual a igual basada en la confianza y cre­
ada en un entorno íntimo. Puede tener lugar en una gran sala en la
que haya más personas, pero debe crear un espacio íntimo que se
encuentre a salvo de los comentarios críticos o de la ansiedad que
provocan las intrusiones.

En todos los casos, el educador que pone en práctica la valida­


ción debe:
- estar centrado (ver página 60),
- observar las características físicas (ojos, músculos, barbilla, tono
de voz, movimiento, etcétera) ,
- escuchar activamente,
- no esgrimir como argumento <<la verdad>> de los hechos,
- no 3uzgar,

- tomar conciencia del espacio privado de cada persona, tanto físi-


co como psicológico.

Las técnicas que se presentan a continuación son modos de


comenzar una relación. Puesto que cada persona es diferente, no exis­
te una fórmula única. Cada educador ha de explotar su capacidad de
identificarse con la persona muy mayor. Un educador honesto, sin­
cero y cuidadoso no puede herir a un muy mayor desorientado y el
sabio anciano sabrá perdonarle si comete una equivocación.

TÉCNICAS PARA LA PRIMERA FASE: DESPISTE

1 . Céntrese. (Ver página 60.) A menudo, las personas despistadas son


ofensivas y mezquinas y rechazan a la familia y los amigos. El edu­
cador que pone en práctica la validación reconoce la actitud ofen­
siva, la deja a un lado y sintoniza con el mundo de la persona des­
pistada. Más adelante, puede expresar sus sentimientos en la reunión
del equipo de validación. (Ver página 1 3 1 , sobre los equipos.)

89
2. Utilice preguntas del tipo <<qué, quién, cómo, cuándo, dónde>> para
sondear. Conviértase en un reportero: explore los hechos, evite
los sentimientos, valídelos sólo cuando el anciano los exprese.
No pregunte nunca <<por qué>>, ya que las personas despistadas
no sabrán el porqué, algo que requiere una respuesta intelectual.
3. Parafrasee. Repita los aspectos esenciales de lo que ha dicho la per­
sona utilizando las palabras clave a las que ella ha recurrido, es
decir, las palabras en las que ha puesto más énfasis al hablar median­
te un cambio de tono, lo cual indica un matiz emocional.
4. Utilice el sentido predilecto del anciano. Palabras visuales: fijarse,
imaginar, figurarse, recordar. Palabras auditivas: oír, escuchar,
agudo, sonar como, claro. Palabras y expresiones quinesiológi­
cas: parece como si, sentido, estoy en contacto con, me cautiva,
me choca, me altera, me hiere.
5 . Utilice la polaridad, pregunte los extremos:
- Residente: Me roba la ropa interior.
- Educador: ¿Con qué frecuencia? ¿Cuántas cosas se llevan?
- Residente: Me duele.
- Educador: ¿Mucho? ¿Cuándo le duele más?
6. Ayude a la persona a imaginar quépasaría si lo contrario fuera
verdad.
- Residente: Me envenenan la comida.
- Educador: ¿Alguna vez no se la envenenan?
- Residente: Hay un hombre debajo de mi cama.
- Educador: ¿Hay algún momento en el que no esté ahí?
7. Ayude a recordar. Explorar el pasado puede restablecer métodos fa­
miliares para afrontar la realidad que el anciano puede utilizar para
sobrevivir a las crisis que sufre en la actualidad. Palabras como
<<siempre>> y <<nunca>> pueden desencadenar recuerdos recientes.
- Residente: No consigo dormir por la noche.
- Educador: ¿Le ha pasado siempre? ¿Tenía ese problema cuando
vivía con su esposo?

90
1

Las personas que se encuentran en la primera fase se apartan de


las relaciones íntimas y tienen miedo de los sentimientos. Un apre­
tón de manos o un toque amable en el antebrazo es intimidad sufi­
ciente para una persona despistada; en cambio, los abrazos le resul­
tan a menudo embarazosos y demasiado cercanos como para poder
sentirse cómoda. Sintonice con la necesidad táctil del anciano, no
con la suya propia. Debe ser consciente de su necesidad de defenderse,
si bien, una vez se ha creado una intimidad, algunas personas des­
pistadas querrán que las toquen; cada anciano le guiará.
Antes de marcharse, haga saber a la persona despistada con total
honestidad que se preocupa por ella y dele la mano en señal de res-
peto. Concluya la sesión cuando la ansiedad haya disminuido: res­
piración constante, voz serena, músculos relajados y ojos en calma
(realice entre cinco y quince minutos de validación) . Recuerde que
muchas personas temen ser rechazadas, de modo que especifique
cuándo volverá y sea puntual. Si ha estado trabajando con alguien
en un centro y va a marcharse, pida a un miembro del equipo que le
sustituya. A las personas despistadas les cuesta emprender nuevas
relaciones, de modo que concédales al menos dos semanas para afli­
girse y recordar, y ayúdeles a relacionarse con su sustituto.

Ejemplo de validación de una persona en la primera fase:


Personas implicadas:
- Señor Frank, 96 años, nuevo residente en un hogar de ancianos.
- Educadora, 52 años, enfermera instruida en el método de vali-
dación.
Lugar: enfermería
Hora: 0,30 de la mañana, mejor hora del día en lo que a energía,
capacidad y claridad de pensamiento se refiere.
Objetivo: Lograr una relación de confianza. Ayudar al señor Frank a
sobrevivir a la crisis que le ha supuesto abandonar la comunidad
y trasladarse a vivir a una residencia de ancianos. Ayudarle en su
lucha por expresar la rabia y el dolor contenidos.

91
Reconocimiento médico: El señor Frank sufrió una leve apoplejía hace
diez años. Padece la enfermedad de Paget en la rodilla. Recien­
temente se sometió a una operación de próstata. Tiene una visión
escasa, pero por lo demás goza de una buena condición física. Su
diagnóstico psiquiátrico es: <<DSTA>> (Demencia senil de tipo
Alzheimer) junto con delirios paranoicos.
Social: Su sobrina explica que los padres del señor Frank eran muy
estrictos; él se divorció; no tiene amigos íntimos; su padre le dijo
que <<no servía para nada>>, cuando era niño no le iba bien en el
colegio, se ganaba bien la vida como sastre, su afición es caminar,
tras la operación de próstata culpaba al cirujano de haberle
castrado y parece enfadado con toda autoridad.
Obseroación de /,as característicasfisicas por parte del educador: Se sien­
ta muy erguido, con la mandíbula salida, los ojos entornados, los
músculos de las mejillas y el labio inferior tensos, y la respiración
es profunda. Se aferra al bastón como para protegerse y no deja
que nadie se lo coja, ni siquiera cuando está comiendo. Habla con
tono grave, severo y acusador. Siempre que se le formula una pre­
gunta directa desvía la mirada hacia abajo. Cuando se enfada se
le hinchan las venas del cuello. Sus movimientos espaciales son
rápidos, vigorosos, espasmódicos y directos.
Evaluación: El paciente presenta signos que indican que se encuentra
en la primera fase: negación, desorientación ocasional o culpar a
los demás de todo. Las reiteradas expresiones de rabia ante la
autoridad masculina indican la necesidad de resolver sentimientos
iracundos que han sido reprimidos. El bastón parece representar
su fuerza. Su sentido predilecto es el quinesiológico. Su tarea vital
inacabada es la rebelión. Puesto que nunca ha intimado con nadie
le resultará difícil establecer una relación de confianza. Necesita
una validación estructurada y constante de entre diez y quince
minutos al menos una vez al día.
Interacción de la validación: La educadora no amenaza al señor Frank
con palabras afectadas, sino que utiliza un tono de voz natural y
respetuoso, le da la mano y se mantiene fuera del medio metro

92
de espacio privado del señor Frank. Le mira a los ojos sólo un
momento y no inquiere ni con palabras ni con la mirada. Se diri­
ge al señor Frank por su apellido como muestra de respeto a su
edad y experiencia. Nunca lo mira con desprecio, sino que se
sienta a su lado al mismo nivel. Tampoco discute con él, aunque
a menudo los hechos que él exponga sean <<equivocados>>.

- Sr. Frank: Vaya un maldito farsante, el Herr Doctor. (Escupe


al suelo en señal de desagrado.)
- Educadora: ¿Quién es el Herr Doctor? (Técnica 2)
- Sr. Frank: Ese hijo de puta me odia. Me ha puesto estiércol en
la habitación para que me cayera. Montones de basura por
todos lados. Y después me ha roto las páginas del calendario
y ahora ni siquiera sé qué fiestas están por venir. No lo aguanto
mas.
,

- Educadora: ¿Le está volviendo loco? (Técnica 4, quinesiológica)


- Sr. Frank: Lo hace a propósito.
- Educadora: ¿ Quiere decir que le fastidia deliberadamente?
(Técnica 3)
- Sr. Frank: ¡Exacto!
- Educadora: ¿Y lo hace cada día? (Técnica 5)
- Sr. Frank: No sólo durante el día, sino también por la noche.
Las noches son lo peor: no me deja pegar ojo. Me ha puesto
un compañero que ronca y que no para de tirar de la cadena
del váter.
- Educadora: (técnica 1 - sin reírse) ¿Hay algún momento de
la noche en el que pueda dormir?
- Sr. Frank: Cuando usted está de guardia por la noche, pero eso
sólo sucede una vez al mes.
- Educadora: ¿Le ha pasado siempre lo mismo? (Técnica 7)
- Sr. Frank: Cuando vivía con mi sobrina podía dormir. Usted
me la recuerda mucho. Siempre me leía pasajes de la Biblia
durante unos minutos, y después podía dormirme.
- Educadora: ¿Tiene una Biblia?

93
La educadora ha conseguido una relación de confianza con el
señor Frank porque no se ha enfrentado a él, sino que ha entrado
en su mundo. Le ha ayudado a encontrar su propia solución a los
problemas de insomnio y a expresar su ira ante la autoridad. Al cabo
de seis semanas de validación de persona a persona durante diez
minutos al día se producirá el cambio: la ira irá disminuyendo con­
forme el anciano la vaya expresando. El educador sólo tiene que
escuchar y no juzgar. Si se practica la validación constante, el ancia­
no se mantendrá en la primera fase y no retrocederá hasta la segun­
da fase; sin embargo, nunca dejará de culpar a los demás de todo.
Siempre estará resolviendo sus tareas vitales inacabadas, que per­
manecerán siempre inconclusas. Cuanto más equilibrado se sienta,
menos necesidad tendrá de culpar a la autoridad, puesto que ya
no se sent1ra como una v1ct1ma.
• •
I I

TÉCNICAS PARA LA SEGUNDA FASE: CONFUSIÓN TEMPORAL

1 . Céntrese.
2. Utilice las preguntas <<qué, quién, cómo, cuándo, dónde>>, nunca
<<por que>>.
I

3. Parafrasee.
4. Utilice el sentido predilecto del anciano.
5 . Poúiridad.
6. Tacto. Entre en el espacio vital del anciano, ese círculo invisible
que nos protege a todos. Las personas que se encuentran en la
segunda fase necesitan afecto y un contacto físico estrecho: nece­
sitan el estímulo de otro ser humano para volver a despertar las
células nerviosas latentes. Padecen una pérdida significativa de
la vista y el oído, de modo que han de estar cerca de la otra per­
sona para verla y oírla bien. Acérquese al anciano de frente; si lo
hace por un lado puede sobresaltarle, ya que las personas que

94
se encuentran en la segunda fase por lo general han perdido la
capacidad de ver por el rabillo del ojo (visión periférica).
7. Utilice el contacto visual sincero, directo y prolongado. Toque al
anciano con la mirada. Si la persona va en silla de ruedas agá­
chese o siéntese para poder establecer el contacto visual directo.
8. Utilice un tono de voz cariñoso, cálido, bajo y claro. Una voz seve­
ra provoca retraimiento o ira; los tonos altos, débiles o melo­
diosos pasan desapercibidos debido al daño sufrido en el nervio
auditivo. Utilice el diafragma para proyectar una voz clara y afec­
tuosa. La voz evoca recuerdos de los seres queridos. Mientras
hable, mantenga el contacto visual y toque al anciano, ya que las
personas que se encuentran en la segunda fase necesitan la com­
binación de los estímulos táctiles, visuales y auditivos para reac­
cionar. Así pues, no hable sin tocar al anciano y nunca se dirija
a él desde su espalda, ya que eso podría hacer surgir el miedo a
lo desconocido.
9. Tenga en cuenta /,as emociones. Las personas que se encuentran en
la segunda fase expresan libremente sus sentimientos, pero empie­
zan a ir escasos de palabras. El educador debe saber comunicar­
se desde el punto de vista emocional y no verbal. Tras realizar
una discreta observación de las características físicas del ancia­
no, el educador puede realizar una evaluación objetiva de las emo-
c1ones.

1 O. Corresponda a esa emoción con la cara, el cuerpo, la respiración


y el tono de voz. Puede recordar en su interior ese sentimien­
to pensando en una época de su vida en la que se sintiera del
mismo modo. Existen solamente cuatro emociones humanas
puras y, aunque con diferente intensidad, todos las hemos
experimentado:
amor/placer/gozo/sexo
ira/ rabia/odio/disgusto
miedo/culpa/vergüenza/ansiedad
tristeza/ pena/pesar

95


---

1 1 . Exprese Úls emociones de los ancianos con emoción. Una mujer fre­
nética sale de su habitación diciendo: <<Mi madre me necesi­
ta>>. Mira hacia arriba, evitando al educador. Respira profunda­
mente y con dificultad, frunce el labio inferior, tiene los hombros
encorvados, aprieta los puños y camina hacia la puerta arras­
trando los pies.
- Educadora: <<Está preocupada ... ¿Su madre está sola?>>
1 2 . Ambigüedad Utilice las palabras <<él>>, <<ella>>, <<eso>>, <<ellos>>, <<algo>>,
o <<alguien>>. Cuando los ancianos ya no puedan hablar usando
palabras de diccionario y usted no entienda lo que intentan decir,
recurra a pronombres que no concreten demasiado para sustituir
palabras que no comprenda; así, no será necesario que el ancia­
no conozca el significado de todas y cada una de las palabras.
- Residente: <<Flu Flu no ha venido a casa.>>
- Educador: <<¿Cree que le puede haber pasado algo?>>
1 3. Relacione el comportamiento con la necesidad. Existen tres necesi­
dades humanas básicas:
- sentirse a salvo/seguro/querido,
- sentirse útil/trabajador/activo,
- expresar emociones puras y ser escuchado.
Un hombre que era granjero mira con impaciencia primero por
la ventana y después al reloj, y dice: <<Tengo que irme a casa>>. La
educadora pregunta: <<¿Tiene que ordeñar las vacas?>> De ese modo,
reconoce la necesidad que tiene el anciano de sentirse útil.
1 4. Utilice la música. Las canciones conocidas que se aprendieron
durante la infancia y que se han ido repitiendo a lo largo de toda
la vida quedan grabadas en la memoria para siempre. Cuando el
educador de validación entona una melodía que el anciano recuer­
da bien, esa persona, que sufre una confusión espacio-temporal,
la identificará inmediatamente.

96
Ejemplo de validación de una persona en segunda fase:

Personas implicadas:
- Señora Gate, de 96 años
- Su hija, de 52 años, instruida en validación.
Lugar: Casa de la hija.
Hora: 2 de la madrugada.
- Sra. Gate: (sacando la ropa de los cajones) No está aquí. Tengo
la mollera enredada. En esta tumba no hay espacio.
- Hija: (toca el brazo de su madre, la mira a los ojos y dice en
tono bajo y afectuoso) ¿La mollera? (Técnicas 3, 6, 7 y 8)
- Sra. Gate: Tengo la mollera enredada (se señala la cabeza) .
Llama a Papá. Llama a Papá.
- Hija: ¿Quieres decir que tienes el cerebro confuso? ¿Sientes que
tienes la mollera confusa? (Técnica 1 3)
- Sra. Gate: Sí. Sí (parece aliviada) . Papá puede arreglarme la
mollera.
- Hija: Papá siempre te ponía en orden la mollera. Le echas
mucho de menos. ¿Le estabas buscando (señala hacia el cajón)?
(Técnicas 1 1 y 1 3)
- Sra. Gate: No está aquí, ni en ninguna parte. Se ha largado.
- Hija: ¿Se ha ido? (Técnica 1 2) ¿Y estabas aquí sola?
- Sra. Gate: Sola.
- Hija: (tocándole la nuca con las puntas de los dedos haciendo
un movimiento circular) Cuando Papá estaba contigo, ¿nunca
estabas sola? En cambio ahora sí te sientes sola. (Técnicas 6 y 1 1)
- Sra. Gate: (sonríe a su hija)
- Hija: (Canta Camino verde, una canción que su padre canta-
ba a menudo)
- Sra. Gate: (empieza a cantar también; la recuerda perfectamente)
La señora Gate utiliza imágenes intensas y comparte sus senti­
mientos de amor con su hija, mientras que el cuidado sincero de ésta
desencadena un sentimiento de consuelo en la anciana. Un momen­
to de reloj se convierte en cincuenta años de sentimientos.

97
La hija continúa hablando con su madre mientras la ayuda a
volver a la cama. Nunca le miente diciéndole que <<Papá aún está
vivo>>, ni tampoco la acosa con los hechos diciéndole: <<Papá está
muerto>>. En su momento, su madre eligió olvidar que su marido
había muerto, y necesita resucitarlo para superar la soledad. En lo
más profundo de su ser, en el mismo nivel subliminal en el que una
persona que está durmiendo aparta una mosca, la señora Gate sabe
que su esposo está muerto.55 Si la hija hubiera señalado ese dolo­
roso hecho, la señora Gate se habría retraído o enfadado; en cam­
bio, lo que ha hecho ha sido sustituir al padre en tanto que símbolo
de amor y seguridad.
La hija debería utilizar la validación durante no más de cinco o
diez minutos siempre que la madre sufriera una confusión espacio­
temporal. De ese modo, la relación continuará intacta, la madre con­
tinuará comunicándose con palabras de diccionario y no sufrirá una
regresión que la lleve a movimientos repetitivos.

TÉCNICAS PARA LA TERCERA FASE: MOVIMIENTOS REPETITIVOS

Las Técnicas que van de la 2 a la 5 son verbales y sólo se utili­


zan cuando la persona que se encuentra en tercera fase se relaciona
a nivel verbal.
1 . Céntrese.
2 . Utilice las preguntas <<qué, quién, cómo, cudndo, dónde>>, nunca
<<por que>>.
I

3. Parafrasee.
4. Utilice el sentido predilecto del anciano.

S. Polaridad, pregunte un caso extremo.

S S . Edward Feil, Mrs. Ward, película, Cleveland, Ohio: Edward Feil Pro­
ductions, 1 980.

98
6. Debe empezar tocando. Es importante en qué parte del cuerpo
toque al anciano. Dado que los recuerdos tempranos y con tin­
tes emocionales quedan impresos de forma permanente en los
circuitos del cerebro, el educador de validación puede promover
una relación más plena tocando a las personas que se encuentran
en la tercera fase del mismo modo en que las tocaban sus seres
queridos durante la infancia. Tras treinta años de práctica he des­
cubierto lo siguiente:
- Hacer suaves movimientos circulares en la parte superior de
la mejilla con la palma de la mano estimula la sensación de ser
acariciado por la madre, es decir, una relación materna, un
reflejo de arraigo familiar.
- Hacer suaves movimientos circulares ejerciendo una presión
media en la nuca con las puntas de los dedos estimula la sen­
sación de ser acariciado por el padre, es decir, una relación
paterna, en la que se dan palmaditas en la cabeza del anciano
como si de un niño se tratara.
- Colocar el dorso de las manos sobre la mandíbula, con los meñi­
ques bajo los lóbulos de las orejas, y deslizar las manos hasta la
barbilla estimula la sensación de tener un <<esposo/amante>>,
una relación sexual.
- Poner ambas manos ahuecadas en la nuca realizando un peque­
ño movimiento circular estimula la sensación de relación pater­
. na o materna, de tocar a un niño.
- Colocar las manos sobre los hombros y la parte alta de la espalda,
a la altura de los omoplatos, frotando con presión, estimula
la sensación de fraternidad o de buena amistad, una relación
entre hermanos o hermanas.
- Tocar con la punta de los dedos la parte interior de la pantorrilla
estimula la sensación de estar al cuidado de animales como
caballos o vacas.
7. Utilice el contacto visual sincero, directo y prolongado.
8. Utilice un tono de voz cariñoso, cálido, bajo y claro.
9. Tenga en cuenta las emociones.

99
1 O. Corresponda a esa emoción.
1 1 . Exprese las emociones de los ancianos con emoción.
1 2. Utilice /,a ambigüedad, pronombres que no concreten demasiado.
1 3. Re!A.cione el comportamiento con /,a necesidad. En esta fase, la nece­
sidad de amor se expresa a menudo cruzándose de braws, mecién­
dose o moviendo los labios hasta hacerlos chasquear; la necesi­
dad de sentirse útil se expresa moviendo músculos que se
utilizaban al trabajar; la necesidad de expresar emociones puras
se exterioriza gritando, maldiciendo,. dando puñetazos en la mesa
o llorando. Sírvase consultar la lista de símbolos que aparece en
las páginas 67 y 68, ya que resultan de especial importancia cuan�
do los ancianos actúan más que verbalizan. '

1 4 . Utilice la. música. Cuando los ancianos no utilizan el lenguaje, el


educador de validación puede comunicarse cantando canciones
conocidas, repitiendo oraciones, recitando poemas que el ancia­
no conozca y que aprendiera de pequeño, y canciones infantiles.
1 5 . Reflejar. Copie los movimientos corporales del anciano: respi­
re, mírelo a los ojos, coloque los labios igual que él, reproduzca
el movimiento de sus manos y pies, así como cualquier vocali­
zación. Debe proceder sin realizar j uicios de valor, sin inseguri­
dad ni desdén. No se trata de un juego: las personas que se encuen­
tran en la tercera fase no son niños. Tiene que intentar
comprender los motivos que se esconden tras su comportamiento
para poder así relacionarlo con la necesidad: amor, identidad o
expresión de sentimientos.
Ejempw: un anciano está sentado en una silla de ruedas, dán­
dose puñetazos en la otra mano. La educadora de validación se
acerca a él de frente, se inclina sobre él hasta ponérsele a la altu­
ra de los ojos o más abajo y empieza a darse puñetazos en la otra
mano abierta con idénticos ritmo e intensidad. Copia su modo
de respirar (rápido, profundo o no, etcétera), su mirada, sus ojos.
Al cabo de treinta segundos, el hombre deja de darse puñetazos
y la mira; entonces también ella deja de darse puñetazos. Se pro-

1 00
ducen cinco segundos de contacto visual silencioso. La educa­
dora dice: <<Estás trabajando mucho>>, y el hombre responde:
<<Cuánta razón>>.

El delantal de validación fue desarrollado especialmente para las


personas que se encuentran en la tercera fase por Isabelle Vardon y
el doctor en medicina Everett Smith. Se trata de un delantal en el que
hay varios accesorios sujetos con velero con los que el anciano puede
trabajar a lo largo del día. Cada delantal se crea teniendo en cuenta las
necesidades de la persona que va a llevarlo. Por ejemplo, una ex cama­
rera tendría un bolsillo lleno de servilletas para que las doblara, un
ex banquero tendría una carpeta llena de dinero de mentira para que
lo contara, una ex secretaria tendría una libreta y un bolígrafo.·

Ejemplo de validación de una persona en tercera fase:

Personas implicadas:
- Señora Mint, de 93 años.
- Auxiliar de enfermería geriátrica, de 22 años, cualificada en vali-
dación.
Lugar: El lavabo del hogar de ancianos. La señora Mint camina de
un lado para otro con impaciencia.
Hora: 1 0 de la noche.

- Sra. Mint: (con lágrimas corriéndoles por las mejillas) Fílulas.


Fílulas. (Mira bajo el wc, el lavabo, el armario.)
- EN: (acoplándose a la respiración de la señora Mint, a su tono
de voz, sus movimientos de pies y manos.) ¿Se han ido? ¿No
las encuentras? (Técnicas 9, 1 0, 1 2 y 1 5.)
- Sra. Mint: Se han ido todos. Las fragulé y se findularon. (Llora
aun mas. )
I I

* El delantal de validación de Vardon y Smith se puede conseguir en: North­


wood Care Inc., 26 1 5 Northwood Terrace, Halifax, Nova Scotia, B3K 355 Canada .

101
- EN: (tocando suavemente la nuca de la señora Mint) Lo echas
mucho de menos. (La voz de la educadora refleja la soledad y la
desesperación de la señora Mint.) (Técnicas 6, 1 0, 1 1 , 1 2 y 1 3.)
- Sra. Mint: (deja de moverse y mira a la educadora, afligida)
- EN: (mantiene el contacto visual durante diez segundos, refle-
jando la aflicción de que advierte en los ojos de la señora Mint,
la rodea amablemente con los brazos, frotándole la nuca y los
h·o mbros y empieza a cantar.) <<Mirando al mar, soñé . . . >>

(Técnicas 7, 9, 1 O y 1 5 .)
- Sra. Mint: (canta la canción completa con la educadora. Solloza,
después deja de llorar, sonríe a la educadora y se pasa la mano
por el cabello.) Qué chica tan agradable.

La señora Mint no lloró cuando su tercer hijo murió víctima


de una neumonía. Su hija explica que su madre rara vez expresaba
.· sus emociones. Ahora que es una anciana, la señora Mint se está
sanando al llorar por el hijo que perdió, pero en la tercera fase de
desorientación necesita que alguien la escuche mientras libera su -
aflicción por primera vez.
Resulta difícil dejar que alguien llore cada vez más. No obstan­
te, el educador ha de tener siempre presente que al dejar llorar a la
anciana no le está infligiendo daño alguno. En cambio, lo que sí le
causaría dolor sería continuar reprimiendo sus sentimientos. En este 1

caso, la educadora está ayudando a la señora Mint a hallar la paz. La


expresión y la validación de sentimientos, hará que éstos pierdan
fuerza y, al final, la educadora se convertirá en un sustituto del hijo
que perdió la señora Mint.

1 02
TÉCNICAS PARA LA CUARTA FASE: VEGETACIÓN

1 . Céntrese.
2. Toque al anciano.
3. Puede intentar establecer el contacto visual, aunque le resultará
muy difícil. Si lo consigue, habrá tenido éxito.
4. Utilice un tono de voz honesto y afectuoso.
5 . Utilice la ambigüedad.
6. Relacione el comportamiento con la necesidad.
7. Utilice la música.
Es muy importante que conozca el historial social de la persona
que se encuentra en estado vegetativo, ya que no tiene ningún otro
elemento al que recurrir: el anciano no da afecto emocional alguno
ni hay indicios sobre lo que ocurre en su interior pero, no obstan­
te, tenemos la confianza de que en su interior suceden cosas. Los
objetivos de la validación en la cuarta fase son conseguir:
- contacto visual,
- movimiento facial,
- algún tipo de respuesta emocional: cantar, sonreír, llorar,
- algún tipo de movimiento físico: manos, pies.

Ejemplo de validación de una persona en cuarta fase:

Personas implicadas:
- Señor Simons, de 88 años
- La fisioterapeuta, de 32 años
Lugar: La habitación del señor Simons. Está en la cama y lleva un
tubo de alimentación.
Hora: 1 0,30 de la mañana.
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El señor Simons está postrado en una cama, con los ojos cerra­
dos, y respira lenta y dificultosamente. No realiza movimiento cor­
poral alguno. Parpadea muy de tarde en tarde. La educadora le fro­
ta suavemente las pantorrillas porque sabe que el anciano había sido
ranchero, y le canta Tengo una vaca lechera. El señor Simons par­
padea, aunque no abre los ojos, y curva ligeramente hacia arriba el
labio inferior. La educadora le canta durante un minuto y después
se va. Cuando vuelve tres horas más tarde, repite el proceso de fro­
tarle y cantar, y el señor Simons abre los ojos. La educadora se incli­
na sobre él buscando el contacto visual y se le acerca para que el ancia­
no pueda verla cantar. Después le toca la mejilla amablemente con
la palma de la mano y continúa cantando. El señor Simons man­
tiene los ojos abiertos mientras dura la canción y los cierra cuando
ésta termina, momento en que la educadora sale de la habitación.
Este tipo de validación debería darse seis veces al día durante un
minuto, y es mejor que lo lleve a cabo un equipo de validación.

E RRORES Y REACCIONES TÍPICOS

Los objetivos de esta sección son aclararle que, si siente que se ha


equivocado, el error puede corregirse. Recuerde que los ancianos son
sabios y que le perdonarán.

- Error. Ha creído que una persona que se encuentra en la primera


fase estaba en segunda fase y ha empezado a hablar de aspectos
emocionales con una persona despistada.
- Reacción: <<¿No tiene nada más que hacer?>> El anciano les ignora­
rá tanto a usted como a la pregunta, y puede que se enfade.
- Corrección: Utilice las preguntas <<qué, quién, cómo, cuándo, dón­
de>>. Diga: <<¿Qué cree que debería estar haciendo yo en este momen­
to?» Eso ayudará a cambiar el tema y a recuperar la relación.

- Error. Tocar a alguien que no quiere que lo toquen.


- Reacción: La persona parpadea y da un paso atrás cuando la toca.
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- Corrección: Sea consciente de que está trabajando con una persona
despistada que tiene miedo de la intimidad. Utilice la polaridad
y diga: <<¿Qué es lo que más le molesta de la gente que se entrome­
te en sus asuntos?>>, o verbalice el comportamiento: <<Usted es una
persona independiente, ¿ no es cierto?>>

- Error. No tocar a alguien que necesita que lo toquen.


- Reacción: La persona no responde a su examen verbal.
- Corrección: Tóquela como hay que hacerlo con una persona que se
encuentra en la segunda o tercera fase. Si ya le ha tocado, hágalo

en otra zona del cuerpo: puede ser que no note su contacto por
causa de la mala circulación.

- Error: Utilizar un tono de voz suave, infantil o áspero.


- Reacción: Ninguna, o rechazo.
- Corrección: Piense en alguien a quien quiera para hacer que su
voz se vuelva más afectuosa, adulta y tranquilizadora. Compruebe
que esté hablando lo suficientemente alto como para que el ancia­
no pueda oírle.

- Error: Se ha colocado fuera del campo de visión del anciano.


- Reacción: La persona no reacciona o continúa dando golpes, cami-
nando o llorando.
- Con-ección: Dese cuenta de que el anciano no le ve. Póngase más cer­
ca y justo delante de él. Con frecuencia las personas que se encuen­

tran en la edad muy anciana han perdido la visión periférica.

- Error: Sus movimientos corporales no se corresponden con lo que


está diciendo. Cuando una persona intenta marcharse, usted le pre­
gunta: <<¿Tiene que ir a ver a su madre?>>, al mismo tiempo que le
agarra el brazo en actitud represora.
- Reacción: La persona continúa intentando irse o deshacerse de usted.
- Corrección: Reconozca su propia necesidad de reprimir al anciano
para que se quede. Deje a un lado sus necesidades y sintonice con
las del anciano. Imite su modo de caminar, de respirar, de mirar,
y diga en voz alta el sentimiento que percibe.

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- Error: Ve que una persona se muestra iracunda o apenada y le pre­
gunta: <<Parece enfadado (triste). Vamos a hablar de ello>>.
- Reacción: La persona le ignora.
- Corrección: Deje de comportarse como un terapeuta; el anciano no
quiere que lo analicen. Utilice más sus propios sentimientos y reflé­
jese en él, corresponda sus emociones. Si el anciano no puede hablar,
verbalice las emociones de esa persona mediante una canción que
se corresponda con sus sentimientos.

- Error: Utilizar palabras que no se corresponden con el sentido predi­


lecto del anciano. U na anciana dice: <<Ese hombre se pasa la noche
haciendo ruidos>>, y usted responde: <<¿Qué aspecto tiene?»
- Reacción: <<No lo sé, no le he visto>> . A la persona le cuesta más
responder a sus preguntas.
- Corrección: Diga: <<¿Eran muy fuertes los ruidos? ¿ Qué tipo de
ruidos eran? ¿Eran golpes?>>

- Error: Mostrarse condescendiente con el anciano. Una mujer dice:


<<Tengo que ver a mi madre; está muy enferma>>, y usted respon­
de: <<Ha venido el médico; le están dando su medicación y se pon­
drá bien>>.
- Reacción: <<No, no, no. Tengo que verla ahora mismo. Me nece-
SI ta>>.

- Corrección: Refleje los sentimientos de la anciana y exprese de otro


modo lo que ha dicho utilizando su sentido favorito. <<Está preo­
cupada por su madre. ¿Está muy pálida?>>

- Error: Decir una mentira piadosa. Una anciana dice: <<Veo un hom­
bre debajo de mi cama>>, y usted le responde: <<¿Verdad que es atrac­
tivo?>>
- Reacción: La anciana se retrae. A un nivel muy profundo y subli­
minal, ella sabe que no hay n ingún hombre bajo la cama y que
usted está actuando con condescendencia.
- Corrección: Diga: <<¿Qué aspecto tiene?>> y vaya aplicando otras téc­
nicas de validación verbal.

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- Error: Intentar analizar o hacer comprender algo. El residente dice:
<<La de la cocina me echa veneno en la comida>>, y usted respon­
de: <<¿Le recuerda a su madre?>>, intentando hacer que la persona se
dé cuenta de que está proyectando en el cocinero los sentimientos
que le provocaba su madre. Usted conoce esa información porque
la hija de la anciana se la ha proporcionado.
- Reacción: <<¡Mi madre cocinaba de maravilla! ¡Me hubiera gustado
que probara sus platos>>.
- Corrección: Utilice una técnica verbal diferente. Ejemplo: <<¿A qué
sabe la comida? ¿ Cuál de las comidas es peor, el desayuno o el
almuerzo?>>

- Error: No regresa cuando dijo que lo haría.


- Reacción: El residente dice a otro educador: <<No se puede confiar
en ella: me dijo que vendría a las 3,30 y ya son las 3,50 y no aún
no ha llegado>>.
- Corrección: Cuando regrese, dígale: <<Llegar tarde está muy mal; le
pido perdón por haberme retrasado. ¿Qué ha creído que ocurría
al ver que no llegaba? ¿Se había encontrado antes en esa situación?>>

- Error: Teme descubrir algo horrible que hasta ahora se ha mante­


nido escondido, de modo que ni interroga al anciano ni le toca. Él
está llorando y usted le dice: <<Vamos, todo va a salir bien>>.
- Reacción: El anciano, o bien continúa llorando y no reacciona en
absoluto, o bien deja de expresar sus sentimientos para complacerle.
- Corrección: Diga: <<Ha llorado/Está llorando. ¿Se trata de algo muy
grave?>> Piense que los ancianos se protegen y no le dejarán sacar
a relucir ningún aspecto que no deseen afrontar.

- Error: Ha trabajado mucho tiempo con una persona despistada que


decía que había una gotera en el techo que le mojaba la cama.
Cuando ese comportamiento cesó, usted dejó de visitarla. Al cabo
de un año, después de que la hija de la paciente se trasladara a casi
cincó mil kilómetros de distancia, la anciana vuelve a quejarse de
la gotera del techo. El error que usted cometió fue dejar de visi­
tarla. Aunque no necesitara validación, sí necesitaba la relación que

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había establecido con usted. La marcha de su hija desencadenó un
recuerdo anterior de cuando perdía el control, es decir, de cuando
tenía incontinencia. El temor actual de perder a su hija es el mis­
mo al de perder el control sobre su vejiga. Los hechos son dife­
rentes, pero los miedos son idénticos.
- Corrección: Reanude las visitas a la anciana y comience de nuevo la
validación, pero en esta ocasión no corte el contacto si desaparece
la gotera .

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