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PERRY STONE

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La cabra de Judas por Perry Stone


Publicado por Casa Creación
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Reina-Valera 95® © Sociedades Bíblicas Unidas, 1995. Usada con permiso.

Traducido por: Ernesto J. Giménez


Director de diseño: Bill Johnson

Originally published in the U.S.A. under the title: The Judas Goat Published by Charisma
House, A Charisma M edia Company
Copyright © 2013 Perry Stone
All rights reserved

Visite la página web del autor: www.voe.org

Copyright © 2013 Casa Creación


Todos los derechos reservados

Library of Congress Control Number: 2013945757


ISBN: 978-1-62136-424-5
E-book ISBN: 978-1-62136-436-8
Nota de la editorial: Aunque el autor hizo todo lo posible por proveer teléfonos y páginas de
internet correctas al momento de la publicación de este libro, ni la editorial ni el autor se
responsabilizan por errores o cambios que puedan surgir luego de haberse publicado.
Quiero dedicar este libro a la mujer más
maravillosa que he conocido, mi amada
compañera Pam. Quienes no conozcan su vida
no se imaginan las difíciles circunstancias
por las que tuvo que atravesar de adolescente,
incluyendo el divorcio de sus padres, y cómo
una familia cristiana la rescató y la llevó
junto con sus dos hermanas a vivir con
ellos, tratándola como su propia hijas. Su
padre biológico no asistió a su boda ni la
llevó al altar, pero ella nunca dejó que las
circunstancias de su pasado determinarán su
futuro. Desde los diecisiete años maduró y
se convirtió en una mujer de fe, sin duda la
mujer virtuosa de Proverbios 31 de mi vida.
La amo muchísimo. A través de su ejemplo,
ella ha enseñado a otros cómo superar las
heridas, las traiciones y las desilusiones
del pasado, y a vivir en justicia y en paz;
una paz que nadie puede quitarle. Ella
se merece un gran reconocimiento como
una mujer de Dios para esta generación.

Siempre te amaré, Pam,

Perry
Contenido

Introducción
1 Dormir con una cabra en la cama

2 La traicionera estrategia de la cabra de Judas


3 Cuando los creyentes pecan contra otros creyentes

4 ¿Quién está sentado en su tercera silla?


5 Escuché lo que dijiste en tu tienda
6 Es lo que ve, pero no es lo que piensa
7 Cuando Satanás fue echado del cielo, cayó en mi coro

8 Creyentes atormentados por demonios


9 La restauración de ministros y miembros de iglesia que han
caído
10 Herido en casa de mis amigos
11 La hermandad en la sangre

12 El poder de la vida y la muerte está en su boca


13 Las etapas de la vida de una oveja

14 El alivio que produce la confesión


15 Las cruces que caen
Notas
Introducción

JAM ÁS VOY A olvidar aquella triste llamada telefónica en febrero de 1990.


Nuestro hijo tendría unos dos meses de nacido, y mi esposa Pam y yo
estábamos quedándonos en casa de un pastor en Deland, Florida, ya que
se estaba llevando a cabo una campaña de avivamiento. La voz al otro lado
de la línea nos informó sobre una tragedia que había ocurrido en Alabama.
Tracy, la mejor amiga de Pam, una encantadora chica italiana apenas en sus
veintes años, había muerto instantáneamente en un accidente
automovilístico. De más está decir que la noticia nos dejó conmocionados.
Inmediatamente llamamos a la familia para informarnos mejor, nos fuimos de
la campaña, e hicimos planes para asistir a un servicio especial que se
celebraría en su honor, cerca de Sumiton, Alabama. Perder a un mejor
amigo a esa edad es algo que se supone no debería ocurrir. Tracy le había
contado a Pam que se mudaría a Cleveland para estar más cerca de ella, y
para comenzar a formar parte de la vida de nuestro Jonathan como su
“niñera”. Aunque Pam tenía muchas amigas en Alabama, semanas después
del funeral era notorio el vacío que había dejado la muerte de Tracy. Mi
esposa es mucho más dada a tener amistades que yo, así que comencé a
pedirle al Señor que enviara a alguien que pudiera hacerse tan amiga de ella
como lo había sido Tracy.
Pasó el tiempo, y se mudó al pueblo otra joven que fue bien recibida
como amiga por Pam y mi pequeño hijo Jonathan. Durante varios meses las
cosas marcharon bien, y comencé a sentirme satisfecho porque Pam había
encontrado una amiga con quien juntarse, compartir sus cosas, y de vez en
cuando salir un rato a divertirse. Sin embargo, con el paso de los meses, la
experiencia con esta persona demostró que debemos ser cautelosos a la
hora de escoger a las personas que dejamos entrar al círculo íntimo de
nuestras amistades. Como humanos, a menudo llenamos los vacíos de
amistad invitando a personas de la primera silla a sentarse en nuestra
tercera silla (este concepto lo entenderá al leer el capítulo 4: “¿Quién está
sentado en su tercera silla?”).
La amistad terminó abruptamente en lo que a mi juicio fue una traición.
Aunque podría decir que estoy acostumbrado a tratar con personas que se
voltean en mi contra y continuar con mi vida, pues he lidiado con actitudes
negativas desde que tenía dieciocho años; este caso particular me afectó
mucho porque mi amada esposa salió herida emocionalmente a causa de las
palabras y acciones de esta persona (no voy a entrar en detalles). Los
siguientes meses, Pam erigió una pared de desconfianza a su alrededor. Ella
continuó siendo una esposa y madre maravillosa, pero con excepción de
unas pocas personas para el equipo, no buscó nuevas amistades. El tiempo
pasó, y hoy ya no quedan indicios de resentimiento, y ha sido borrada
cualquier ofensa. Ella es ahora una madre espiritual para una generación de
jóvenes, y tiene más amigos sinceros de los que puede manejar. Aprendió
que hay que “perdonar y seguir adelante”.
Cuando una persona traiciona a otra, yo identifico ese acto con lo que
llamo la cabra de Judas. Si yo dijera: “Él (o ella) es una cabra de Judas”,
¿pensaría usted en alguien en particular? Gracias al Nuevo Testamento, los
cristianos sabemos que Judas fue un apóstol del círculo íntimo de Jesús que
lo traicionó entregándolo a los líderes religiosos judíos. ¿Alguien de la iglesia
lo ha herido recientemente?
Como ministro de cuarta generación, creo que en la mayoría de las
iglesias podríamos etiquetar a los diferentes miembros como la extraña
grey. A la iglesia se la llama metafóricamente “la grey de Dios” (1 Pedro
5:2–3). En esta grey, las ovejas simbolizan a los miembros y el pastor a los
pastores (Juan 10:11–14). Somos una extraña grey compuesta de ovejas,
cabras, unos cuantos perros que ladran, y hasta uno que otro puerco
descarriado. En esta metáfora con animales, las ovejas son los creyentes
que siguen fielmente al pastor, y que disfrutan reuniéndose en la grey con
otras ovejas, paciendo en verdes pastizales, y bebiendo del “agua viva” del
Espíritu Santo (Juan 4:10). Las cabras también forman parte de cualquier
grey, y es común verlas en Israel entremezcladas en el mismo pastizal con
las ovejas. Sin embargo, las ovejas y las cabras tienen diferentes
personalidades, y las cabras suelen pacer en sus propios grupos, pues
tienden a ser caprichosas. Ya en un lado más negativo, los perros
representan a aquellos cuyo acto de apartarse de Cristo es una metáfora del
perro que regresa a su propio vómito (2 Pedro 2:22). En el Nuevo
Testamento, los cerdos son aquellos que tienden más hacia la apostasía
espiritual. Cristo dijo:

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante


de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os
despedacen”.
—MATEO 7:6

A pesar de tener una herencia de cuatro generaciones en el ministerio y


de ser hijo de pastor, el concepto de las cabras espirituales en la iglesia
siempre me intrigó. Cuando mi papá se encontraba con algún miembro de
iglesia malhumorado y testarudo, a menudo los niños lo llamábamos “cabra
vieja”, no de manera irrespetuosa o por su edad, sino por ser de esa clase
de personas que siempre andaban dándose cabezazos con los demás y
metiéndose en situaciones que no eran de su incumbencia. Opinaban sobre
lo que nadie les había preguntado, y buscaban llamar la atención para no
sentirse abandonados. Muchas veces ellos mismos eran los culpables de su
sensación de abandono, pues a nadie en la grey le gustaba estar con alguien
con una lengua tan negativa y obstinada.
En cada congregación suele haber siempre una cabra de Judas. Pocos
cristianos tienen la necesidad de leer el curriculum de Judas Iscariote, uno
de los apóstoles escogidos personalmente por Jesús, y que por voluntad
propia decidió traicionar al Salvador. Judas era el tesorero del equipo
ministerial, y si le tocaba decidir entre que una mujer alabara a Cristo o que
esta vendiera su botella de alabastro para obtener dinero, escogía vender la
botella (Mateo 26:7–13). De hecho, Juan llama a Judas “ladrón” (Juan
12:6). La palabra griega traducida como ladrón es kleptes, un término
usado en el Nuevo Testamento para identificar a alguien que roba de los
demás (Juan 10:1; 1 Tesalonicenses 5:2, 4). Este interés manifiesto en el
dinero y en la manera en que este se gastaba quedó evidenciado cuando
Judas pidió treinta piezas de plata para traicionar a Cristo, entregándolo en
las manos de sus enemigos religiosos (Mateo 26:15). Judas entró a la grey
como oveja, pero la agenda de su corazón lo expuso como cabra.
La cabra de Judas es el nombre que se le da a una cabra real que es
especialmente entrenada para ser usada en el matadero.1 El proceso es el
siguiente: En el caso de las ovejas, la cabra es entrenada para que se acople
y se familiaricen con ellas, comiendo con ellas, durmiendo con ellas, y
ganándose su confianza. Después de muchos meses llega el momento de
llevar a las ovejas al matadero. Cuando se abren las compuertas del corral,
las ovejas siguen inocentemente a la cabra de Judas hacia unos rediles
marcados, o hacia camiones, y en algunos casos al mismo matadero. El
destino de la cabra es diferente al de las ovejas. Como esta es la que dirige
a todo el rebaño al matadero, se ha dispuesto de una puerta especial por
donde solo se deja salir a la cabra, permitiendo que esta escape de la
puerta final que lleva a las demás a la muerte. La cabra sale y regresa al
corral, donde comienza nuevamente su engaño con un nuevo grupo de
ovejas.
Es de esperarse que nuestros enemigos nos traicionen, pero que nos
traicionen nuestros amigos o nuestra familia es verdaderamente
desalentador. La traición siembra una semilla de odio, que si no es tratada,
madura y se convierte en un fruto de rebelión y resistencia. Si esta semilla
no es desarraigada de nuestra mente y espíritu, podemos terminar con una
indisposición al perdón, lo que nos llevará a tener una vida estéril, y sin
fruto.
Yo he sido traicionado algunas veces en mi vida por personas que se
identificaban como “mis mejores amigos” o como “socios del círculo íntimo”
de nuestro ministerio. Después de haber experimentado personalmente
desengaños, traiciones, hipocresía, y un desencanto general con los
denominados amigos, he aprendido mucho a lo largo de mi ministerio sobre
la manera en que debemos manejar las traiciones, desilusiones, el desánimo
y la indisposición al perdón que nos pueden producir otros cristianos. Estoy
convencido de que el pecado de la indisposición al perdón restringe más el
potencial y las bendiciones espirituales que puede alcanzar un creyente que
cualquier otra arma del enemigo.
En este libro trataré los temas prácticos mencionados, y también el plan
de Dios revelado en la Biblia para que usted tenga salud, integridad y
libertad de las ofensas que haya experimentado o que experimente en el
futuro por parte de cualquier cabra de Judas.
QUE DIOS LO BENDIGA,
PERRY STONE
Capítulo 1

DORMIR CON UNA CABRA EN LA CAMA

HAY CREYENTES DE ambos sexos que aman verdaderamente a Dios, pero


que se acuestan a dormir cada noche con una cabra. Para entender lo que
acabo de decir, y el peligro de dormir con una cabra, debemos entender el
uso y el propósito que se les daba a las cabras en el Antiguo Testamento.
En la Torá (los cinco libros de Moisés) se menciona por primera vez la
palabra cabra cuando Dios hizo un pacto con Abraham y el patriarca de la
fe ofrece “una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero
de tres años, una tórtola también, y un palomino” (Génesis 15:9).
Antiguamente, las cabras eran más valiosas que los machos cabríos, ya que
estas proveían leche, y producían cabritos.
Pero quizá el indicador más significativo del significado simbólico de las
cabras podemos encontrarlo en la narrativa de la vida de Jacob. Cuando
Isaac yacía en su lecho de muerte, casi ciego, su hijo Jacob cubrió sus
manos con pieles de cabritos para engañar a su padre, haciéndolo creer que
era su hermano Esaú, que era un hombre velludo (Génesis 27:15–29). De
esa manera, Isaac fue engañado con piel de cabra. Muchos años después,
Jacob fue engañado cuando sus once hijos regresaron del campo con la
túnica rota de José, que habían manchado con la sangre de un cabrito
(Génesis 37:30–33). El hombre que engañó a su anciano padre usando piel
de cabra, fue engañado por sus propios hijos usando la túnica de su hijo
menor, la cual se piensa que estaba hecha también de piel de cabra teñida
de diferentes colores.
Jacob, quien más tarde pasó a llamarse Israel (Génesis 32:28), fue
engañado con sangre de cabra, y su padre engañado con piel de cabra. Se
cree que estas dos narrativas están ligadas al hecho de que el sumo
sacerdote seleccionaba dos machos cabríos para la ofrenda del Yom Kipur,
o Día de la Expiación.

“Después tomará los dos machos cabríos y los presentará


delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y
echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte
por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el
macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo
ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío sobre el cual cayere
la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para
hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al
desierto”.
—LEVÍTICO 16:7–10

El Día de la Expiación se seleccionaban dos machos cabríos idénticos


para que fueran usados por el sacerdote. Uno era marcado “por Jehová” y
sacrificado en el altar de bronce, y el otro era el macho cabrío expiatorio. El
sumo sacerdote imponía sus manos sobre la cabeza de este último, y le
transfería los pecados de Israel. Luego este macho cabrío era llevado al
desierto por otros sacerdotes, donde lo empujaban por un acantilado a
doce millas (veinte kilómetros) de Jerusalén, conocido como “monte de
Azazel”. Se dice que este nombre significa “fuerte y poderoso”, en
referencia al acantilado desde donde era empujado el macho cabrío para
que muriera. También se consideraba que Azazel era el nombre del
demonio que llevaba de regreso a Satanás el pecado de Israel, un concepto
que aparece en el antiguo Libro de Enoc, en Enoc 8:1.1 Se usaban dos
machos cabríos porque el primero expiaba los pecados del pueblo en el
altar, y el segundo era enviado para eliminar los pecados de la presencia del
pueblo. La sangre del primer macho cabrío traía perdón, mientras que el
segundo traía limpieza y justificación.2
El Talmud judío indica que los dos machos cabríos debían ser idénticos
tanto en tamaño como en apariencia.3 La razón dada es que simbolizaban a
los hermanos gemelos Jacob y Esaú. También se indica que Isaac, el padre
de Jacob y Esaú, le pidió a Esaú que saliera a cazar y que le cocinara su
plato favorito. Pero Rebeca le pidió a Jacob, el menor, que fuera al ganado
y trajera de allí “dos buenos cabritos de las cabras”, para que Isaac pudiera
comer y bendecirlo antes de que muriera (Génesis 27:1–10).
También hay un juego de palabras interesante en la narrativa de Génesis.
En Génesis 27:11 se dice que Esaú era un “hombre velloso”. La palabra
hebrea para velloso es sair. La palabra que se usa para cabra es sa’iyr, que
se refiere a un macho cabrío. Es decir, Esaú era velloso como un macho
cabrío, y por eso Jacob usó piel de cabritos. Isaac fue engañado al sentir
los pelos en las manos de Jacob. Es por esto que la cabra en los tiempos
bíblicos era asociada con el engaño.
Bajo el antiguo pacto, cuando el macho cabrío expiatorio era empujado
por el acantilado del monte de Azazel, cayendo a una muerte segura, los
pecados del pueblo eran perdonados y eliminados. En Israel se desarrolló
una tradición en la que el sumo sacerdote amarraba un hilo de lana carmesí
de unas dieciocho pulgadas (45 cm.) en el cuello del macho cabrío que se
sacrificaba en el altar, y otro hilo rojo entre los cuernos del macho cabrío
expiatorio.4 Se cree que antiguamente el macho cabrío expiatorio era
simplemente liberado después de que el sacerdote transfería los pecados a
la cabeza del animal. El problema es que si este vivía, podía seguir
merodeando por cualquier aldea o ciudad de Israel, llevando con él los
antiguos pecados del pueblo. La cabra debía morir en el desierto. Dios
insistió en que el macho cabrío que llevaba el pecado no podía quedar libre
vagando de una aldea a otra, trayendo nuevamente consigo las iniquidades
de las que ya habían sido liberados.

VIVIR CON UNA CABRA EN LA CASA


¿Qué tiene que ver la enseñanza de estos animales con vivir con una cabra
en su propia casa? En el Nuevo Testamento, Cristo enseñó a sus
discípulos la importancia de perdonar a las personas que los ofendían.
Cuándo le preguntaron cuántas veces debía alguien perdonar a un hermano
que lo ofenda, Cristo respondió: “Hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22),
lo que implica que todas las veces que la persona pida perdón debemos
estar dispuestos a perdonarla.
Después de la resurrección de Cristo, este dijo a los discípulos algo muy
interesante:

“Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu


Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a
quienes se los retuviereis, les son retenidos”.
—JUAN 20:22–23

La Nueva Traducción Viviente de la Biblia, dice:

“Entonces sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban al Espíritu Santo.


Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son
perdonados; si ustedes no los perdonan, esos pecados no son
perdonados’”.
—JUAN 20:23; NTV

Esto no quiere decir que un creyente puede andar por ahí perdonando
pecados como lo hizo Cristo cuando estuvo en la tierra. Solo Cristo es
nuestro Sumo Sacerdote y puede expiar los pecados de la humanidad. Solo
él tiene el poder de perdonar y de limpiar al pecador. Aquí se está hablando
de cuando un individuo peca contra nosotros o nos ofende. Cuando un
creyente le pide perdón por alguna ofensa y usted lo perdona, el perdón se
da de inmediato. Sin embargo, si rechazamos perdonar, estaremos
reteniendo el pecado y este no será perdonado. El pecado que estamos
rechazando perdonar hace que entremos en el ámbito de la indisposición al
perdón, algo que el Nuevo Testamento define como pecado, con sus
respectivas consecuencias espirituales.
La palabra griega traducida como remisión es afiemi, que significa
“dejar ir o abandonar”. En el Nuevo testamento, la palabra remisión se usa
en diez pasajes, de los cuales nueve se refieren al perdón de pecados
(Mateo 26:28; Marcos 1:4; Lucas 1:77; 3:3; 24:47; Hechos 2:38; 10:43;
Hebreos 9:22; 10:18). Si usted viviera en la época del tabernáculo de
Moisés, o del primer templo o el segundo templo de Jerusalén, la remisión
de pecados en una persona habría estado perfectamente ilustrada en los
rituales del Día de la Expiación (Yom Kipur), cuando los pecados de toda
la nación eran traspasados al macho cabrío expiatorio al poner el sacerdote
su mano sobre la cabeza del animal. ¡Perdonar se equipara a “dejar ir” o
“abandonar” el pecado!
Cuando un creyente se muestra indispuesto a perdonar, y rechaza remitir
las ofensas de otros, está simbólicamente metiendo a su casa al macho
cabrío que lleva la transgresión, ¡y viviendo con él! Como dijimos antes, los
israelitas terminaron estableciendo la tradición de empujar al macho cabrío
por un acantilado, ya que los pecados que habían sido remitidos a través
del animal no podían regresar nuevamente, sino ser eliminados para siempre
de en medio de Israel. Dios declaró: “Yo soy el que borro tus rebeliones
por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).
Si Dios perdona y olvida, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?
Pensemos en dos miembros de iglesia que están en total desacuerdo con
algo, y que entablan una discusión que termina afectando su amistad. Sus
opiniones opuestas han cortado el cordón que los unía, y han dejado de
hablarse, evitando cualquier forma de comunión. Ambos han estado en
secreto buscando meter a otros en el problema para que los apoyen en sus
puntos de vista. Estas personas están metiendo a una cabra en su vida,
pues su actitud las hará terminar indispuestas a perdonarse. Cada día al
regresar de trabajar, están metiendo a la cabra con el pecado en su casa.
Cuando cenan, la cabra está ahí sentada con ellos, trayendo los aromas del
pasado. Cuando se acuestan a dormir en la noche, la vieja y fea cabra de la
indisposición al perdón está revolcándose al lado de la cama. ¡La única
manera de salir de la cabra es liberando la ofensa!

LA CABRA DE JUDAS EN SU IGLESIA


El apóstol Judas fue seleccionado para que fuera el tesorero del ministerio
evangelístico itinerante de Cristo. Él era una cabra en medio de las ovejas.
Es común ver a la cabra de Judas calentando la primera banca durante los
servicios, cruzando los brazos en señal de indisciplina en la primera fila del
coro, ¡y hasta formando parte de la junta de ancianos! La cabra de Judas
es experta irrumpiendo abruptamente en todo tipo de situaciones y usando
sus cuernos para abrirse paso y entrar y salir de la grey, especialmente
cuando hay que tomar decisiones importantes. Los cuernos en la Biblia
representan la autoridad política o espiritual de un rey o de un reino (A
Pedro 13:1–2), o de un líder religioso, como el futuro falso profeta, el
cordero con dos cuernos (v. 11). Tanto las ovejas como las cabras tienen
cuernos, pero los carneros tienen cuernos en forma de espiral, y solo ciertas
clases de ovejas tienen cuernos. Dado el temperamento de las cabras, a las
personas que poseen cabras se les sugiere que les corten los cuernos. A
pesar de que son unos animales hermosos, las cabras aprenden a usar sus
cuernos como herramientas ofensivas, corneando a otros animales e incluso
a los humanos. Una cabra puede estar jugando, y aun así herir a una
persona inconscientemente con sus cuernos.5
El paralelismo espiritual con los cuernos de la cabra es que en las
congregaciones suele haber individuos que quieren ejercer su “autoridad”
generando alguna forma de discordia entre los demás, causando daño y
dolor espiritual mediante palabras hirientes. A una cabra de Judas no le
preocupa que la iglesia pierda sus miembros o sus asistentes, con tal de que
su control territorial no esté amenazado.
Durante su ministerio, mi padre pastoreó a algunos de los cristianos más
notables que he conocido; individuos cuyas vidas reflejan a Cristo y las
Escrituras. Sin embargo, en cada congregación siempre encontró de una a
tres cabras de Judas. Recuerdo una ocasión en la que papá estaba
predicando contra el racismo, y fue abordado por dos miembros de la
iglesia que pidieron hablar con él en privado. Cuando los tres salieron de la
iglesia, uno de ellos lo amenazó: “Pastor, si usted quiere lo mejor para
usted, no vuelva a mencionar la palabra racismo en esta iglesia”.
Mi padre les recordó a esos hombres que él era el pastor y que él
predicaría lo que el Espíritu del Señor pusiera en su corazón. El segundo
hombre sacó su cartera de su bolsillo, y extrajo una tarjeta que lo
identificaba como el director del Ku Klux Klan en ese condado. Sin
inmutarse, papá le dijo:
—Si yo fuera usted, me iría a mi casa y quemaría esa tarjeta. El mayor
de los hombres le respondió:
—Pastor, si usted no nos hace caso, ¡quien va a encontrar quemada su
casa es usted!
Estos dos hombres no solo eran cabras de Judas, sino prácticamente
cerdos espirituales (ver 2 Pedro 2:20–22).
El domingo siguiente en la mañana, uno de los hombres llevó un arma a la
iglesia escondida en su saco. Para ese entonces, era ilegal en ese estado
llevar armas a la iglesia. Cuando le informaron a papá, entró a la oficina
pastoral, llamó a la policía, y dijo que un hombre tenía un arma en la iglesia.
Pero añadió: “Si es posible, envíen a los dos agentes negros más altos y
fornidos que tengan”. Cuando la operadora le preguntó por qué, papá le
dijo: “Cuando lleguen lo entenderán”. A los pocos minutos, dos agentes
negros, altos y fuertes se asomaron en la puerta de la iglesia. Papá los guió
hasta la banca de atrás, y señaló a la cabra de Judas. El hombre entró en
cólera, y los oficiales lo sacaron mientras gritaba e insultaba como loco.
Papá se dirigió al púlpito y continuó con el servicio. De más está decir que
papá no permaneció mucho tiempo en esa iglesia. Descubrió que esa
congregación en particular era más un criadero de cabras que un pastizal de
ovejas.

SAQUE LA CABRA DE SU VIDA


Después de que el sumo sacerdote transfería los pecados de Israel a la
cabeza del macho cabrío, ataba una cuerda al cuello del animal, y un
sacerdote cruzaba con él un puente que unía la Puerta Oriental con el
Monte de los Olivos, en dirección al desierto de Judea, lejos del templo
sagrado en Jerusalén (ver Levítico 16). A lo largo del camino, había una
serie de estaciones dispuestas que consistían en diez tiendas equidistantes
que servían para asegurar que la misión fuera llevada a término. En ellas se
ofrecía agua y comida, pero el sacerdote que llevaba el macho cabrío no las
aceptaba. Toda la nación dedicaba ese día al ayuno.6 Si el macho cabrío no
era sacado de la presencia de Dios en dirección al desierto seco y estéril,
los pecados de Israel permanecían simbólicamente mientras el animal
viviera.
Perdonar es un mandato, pero es también una decisión. Yo no perdono
por sentir de repente el fervor o la emoción de hacerlo. Perdono porque
decido hacerlo. Arrepentirse de sus pecados es un mandato, pues está
escrito: “Dios [ . . . ] manda a todos los hombres en todo lugar, que se
arrepientan” (Hechos 17:30); pero también es una decisión, pues está
escrito: “Elige hoy mismo a quién servirás” (Josué 24:15, NTV).
Hay muchas razones por las que muchos se niegan a liberar a quienes los
han ofendido.
1. Pensamos que nosotros tenemos la razón y que los demás
están equivocados; y esperamos que la otra persona se dé
cuenta de su error, se humille ante nosotros, y confiese que
estaba equivocada. Si esperamos por la otra persona, muy
probablemente bajaremos frustrados al sepulcro.
2. La segunda razón por la que no podemos liberar a la persona
es porque creemos que está tan equivocada, que Dios la juzgará
por lo que hizo. La abandonamos con la esperanza de que Dios
la aniquile de alguna manera, le enseñe una lección y la haga
regresar de rodillas para decirnos “lo siento”.
3. La tercera razón es que no entendemos la importancia del
perdón. No entendemos que no se trata solo de liberar a la
persona, sino que al perdonarla nos beneficiamos nosotros,
porque estamos evitando que nuestras bendiciones se vean
interrumpidas debido a nuestra indisposición al perdón.
4. La cuarta razón es una palabra de siete letras: ¡O-r-g-u-l-l-o! Nuestro
amor propio y nuestro ego es más fuerte que nuestro sentido común y que
nuestra motivación espiritual. Si la Palabra me manda a actuar de cierta
manera, entonces debo estar de acuerdo con ella y cumplir el mandato para
liberar la bendición del pacto.

CÓMO PERDONAR HECHOS GRAVES


Hay situaciones en las que se hace difícil perdonar. Un hombre que asesina
a un niño, un abusador infantil, la violación de una mujer, o un pariente que
ha abusado sexualmente por un familiar cercano, son transgresiones que
dejan agujeros en el alma y cicatrices emocionales profundas. Las
emociones son los lazos más fuertes para unir o los cuchillos más fuertes
para cortar y separar con los que contamos los seres humanos. Estas
emociones son tan fuertes, que la Biblia dice:

“Un amigo ofendido es más difícil de recuperar que una ciudad


fortificada. Las disputas separan a los amigos como un portón
cerrado con rejas”.
—PROVERBIOS 18:19, NTV

Una de las razones por las que perdonar este tipo de acciones es tan
difícil, es por la falsa impresión que tiene el ofendido de que al perdonar al
ofensor lo libera del juicio por las cosas terribles que hizo. Queremos ver a
la persona pagar con cárcel o que sea castigada por su crimen. Deseamos
que Dios juzgue al cristiano responsable de la atrocidad. Pero el perdón no
tiene el propósito de justificar al ofensor, pues la Biblia dice: “¡Ay de aquel
hombre por quien viene el tropiezo!” (Mateo 18:7). La indisposición al
perdón obstaculiza sus bendiciones espirituales. Es decir, el perdón es para
su propio beneficio, pues libera las barreras espirituales que impiden que
fluyan sus bendiciones.
CUARENTA AÑOS PREOCUPADO
A veces fallamos en darnos cuenta de que las divisiones producto de
desacuerdos, y las actitudes equivocadas afectan también al ofensor como
al ofendido. Cuando hemos sido ofendidos o heridos emocionalmente, a
veces pensamos que la persona que nos hizo el daño continua su vida sin
ninguna repercusión emocional o espiritual.
Mi padre contó una vez un incidente que ocurrió a finales de la década
de 1940, en el que dos hombres, uno un recién convertido y el otro un
pecador empedernido, entablaron una discusión en la iglesia. El recién
convertido terminó apartándose de la fe cristiana y de la iglesia durante
cuarenta años. Después de todo ese tiempo, los dos hombres se
encontraron accidentalmente en un pequeño café en un paraje de las
montañas. El que había iniciado el conflicto, ahora mayor de sesenta años,
reconoció al otro, se acercó a él y comenzó a hablarle. Le dijo:
“¿Recuerdas aquel incidente en la iglesia hace cuarenta años, cuando yo era
un infiel y fui a la iglesia a amenazar a las personas? Me enteré de que tú
abandonaste la iglesia y no regresaste jamás. Después de eso me sentí muy
avergonzado y me fui del pueblo”.
El ofensor había recibido a Cristo después de aquello, y le confesó al
ofendido algo que lo había perseguido durante todos esos años. Le dijo:
“¡Durante todos estos años me he preguntado si estabas vivo, o si habías
muerto sin el Señor! Muchas veces me sentí atormentado por el recuerdo
de mi estúpida actitud de joven rebelde, y he vivido con la condena de no
saber si habías regresado al Señor, o si algún día tendría que rendirle
cuentas a Dios por tu alma el día del juicio”.
Papá dijo: “El cristiano que se había apartado cargó con la ofensa
durante cuarenta años, ¡pero el ofensor cargó una condena durante todo
ese tiempo!”. El ofendido no tenía idea del dolor espiritual y personal que
sufrió el ofensor a causa de sus palabras y acciones. La vida había
continuado para ambos, pero el ofensor no había tenido paz hasta ese día
que le pidió perdón a la persona a quien había herido décadas atrás.
Cuando alguien ha afectado la vida, el hogar o el matrimonio de otra
persona, solemos pensar que el ofensor sigue viviendo como si nada, y que
borra de su mente los recuerdos de lo que hizo, sin sufrir ninguna clase de
angustia emocional, espiritual o mental. Imagine un instante a alguien que
abusó de una niña de su propia familia, y que años después este se la
consigue, ya casada y con hijos, sabiendo que ella está consciente de lo que
él le hizo. O a una madre que abusó de sus hijos, y que después de muchos
años ve a sus nietos y se arrepiente de la manera en que trató a sus niños,
consciente de que no puede deshacer el pasado. Las cosas que hicimos
cuando éramos jóvenes en algún momento producirán en nuestra vejez
momentos de alegría, reflexión, y a veces de remordimiento. Jamás será un
error perdonar a nuestros enemigos o a los que nos han ofendido.
Uno de los ejemplos de perdón más poderosos fue el que dio el papa
Juan Pablo II, quien recibió cuatro balazos en la plaza de San Pedro el 13
de mayo de 1981, por parte de un terrorista turco. Ese día, el papa perdió
seis pintas de sangre (unos tres litros) y casi muere.7 En una acción sin
precedentes, el papa perdonó años después a su frustrado asesino, de
nombre Mehmet Ali Agca; y en junio de 2000, a pedido del papa, Agca fue
perdonado por el presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi, para luego ser
extraditado a Turquía, donde fue encarcelado por otro crimen cometido en
la década de 1970.8 Tal vez Juan Pablo sintió lo mismo que sintió Cristo
cuando colgaba de la cruz víctima de los soldados romanos, o lo que sintió
Esteban cuando moría apedreado por judíos radicales.
Es imposible predicar el perdón sin practicarlo. ¡Saque la cabra de su
casa, de su cama y de su vida, liberando el poder del perdón hacia aquellos
que lo han ofendido!
Capítulo 2

LA TRAICIONERA ESTRATEGIA
DE LA CABRA DE JUDAS

CRISTO USÓ LA figura de un pastor que separa sus ovejas de los cabritos
en la parábola en la que él separa las naciones de los buenos y de los
malos. Las ovejas fueron puestas a la derecha y los cabritos a la izquierda,
mientras que estos últimos fueron excluidos del reino (Mateo 25:32–46). En
la parábola, las naciones buenas son las naciones de las ovejas. Bajo una
perspectiva bíblica, desde el tiempo del Éxodo, el cordero fue el símbolo
del Mesías (ver Éxodo 12). El profeta Isaías usó la metáfora de un cordero
yendo al matadero para ilustrar el sufrimiento del Mesías. Escribió:

“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue


llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores,
enmudeció, y no abrió su boca”.
—ISAÍAS 53:7

Cuando una oveja es llevada al matadero, ignora completamente lo que


está a punto de ocurrir. Cuando una oveja es esquilada por su lana, o
matada por su carne, el animal permanece en silencio. Cuando Cristo el
Mesías estaba siendo interrogado por Herodes, rechazó responder sus
preguntas, cumpliendo así la profecía de Isaías de no abrir su boca (Lucas
23:7–9).
La cabra de Judas simboliza a aquellas personas que entran en el círculo
íntimo de una familia, iglesia, o ministerio; y que lucen bien, actúan bien,
adoran bien, y dedican parte de su tiempo y sus ofrendas. Ilustra
perfectamente a alguien que aunque se ve y actúa un poco diferente, es
visto como un buen miembro del rebaño. Estas personas terminan
ganándose la amistad de los líderes, y van adquiriendo reconocimiento y
confianza. Pueden formar parte activa de la congregación durante muchos
años. Pero cuando llega el momento de decidir entre ser leales al ministerio
(o al ministro), o escoger lo mejor para ellos, siempre escogen el camino
que los beneficia, sin importarles en lo más mínimo las pequeñas ovejas y
corderos que puedan salir afectados por su decisión. Atraviesan su propia
puerta de escape hacia pastos más verdes, dejando perplejas a las ovejas,
que se preguntan: “¿Cómo pudo ocurrir esto?”. ¿Cómo pudieron hacernos
esto?”.
Las cabras de Judas han hecho más para ahuyentar a la gente de la
Iglesia que cualquier otro grupo o situación. Distinto es cuando los
creyentes identifican a un hipócrita, que es llamado así por su doble cara o
su doble estilo de vida. La palabra griega para hipócrita es hupokrites, que
describe a un actor de teatro que habla detrás de una máscara con un
mecanismo que aumenta el volumen de su voz para la audiencia.1 Cristo usó
esta palabra quince veces en Mateo, especialmente cuando expuso a los
fariseos por no practicar sus propias enseñanzas, que sí les exigían seguir a
los demás. Una cabra de Judas, por el contrario, suele ser difícil de
identificar hasta el día en que aparecen los problemas en la iglesia y las
ovejas están siendo esquiladas y al mismo tiempo abusadas con propósitos
egoístas.
A lo largo de mi vida tuvimos nuestras propias cabras de Judas en las
iglesias en las que mi papá fue pastor. Mi padre, Fred Stone, comenzó su
ministerio como evangelista, pero asumió luego el cargo de pastor cuando
llegamos los niños. Recuerdo claramente a mi papá realizando sus
actividades como pastor en las comunidades rurales de Big Stone Gap,
Virginia; Alexandria, Virginia; y Salem, un pueblo del valle Roanoke, en
Virginia. Fueron cerca de diecinueve años de servicio pastoral durante mi
niñez y adolescencia. En cada iglesia había miembros excelentes,
consagrados, y fervorosos de los que cualquier pastor habría estado
orgulloso de llamar sus ovejas. Sin embargo, especialmente en el norte de
Virginia, habían unos pocos hombres que con sus actitudes y opiniones
agresivas parecían más cabras que ovejas. Durante esos años de ministerio,
hubo muchas ocasiones en las que los miembros de la iglesia traicionaron
sus promesas y compromisos verbales, causando mucho daño al marcharse
de la iglesia. Apoyaban la iglesia solo cuando podían hacer lo que querían y
mientras tenían autoridad, pero cuando sus cuernos les eran recortados,
comenzaban a darse cabezazos contra las ovejas, dejándolas aturdidas,
mientras ellos se iban en busca de otros pastos.

¿P OR QUÉ LA GENTE SE TRAICIONA?


En la versión King James del Nuevo Testamento en inglés de 1611, se
menciona diecisiete veces la palabra traición. Dieciséis de esas diecisiete
veces se lo usa para referirse a Judas Iscariote, el discípulo que traicionó a
Cristo. La palabra griega traducida como “traición” es la misma en los
diecisiete pasajes: paradidomi, que significa “rendir, ceder, o transmitir”.
Traicionar la confianza es revelar información sobre una situación o una
persona, a un tercero. Traicionar una amistad es abandonar a un amigo o
separarse de alguien con quien usted ha construido una relación. Traicionar
un matrimonio es romper los votos que tomaron el esposo y la esposa. Es
muy difícil superar una traición, ya que esta acaba con la confianza que une
a las relaciones.
A menudo escuchamos la palabra confianza en las frases: “Tienes que
confiar en lo que te digo”, “Puedes confiar en mí”, “Confía en ese
producto”, etcétera. Hay varias palabras hebreas traducidas como
confianza en la Biblia.
1. En el Salmo 7:1 el salmista dice: “Jehová Dios mío, en ti he
confiado; sálvame [ . . . ]”. Aquí la palabra “confiado” es yasha’,
que significa “ser abierto, amplio, o libre”. Medite en su
significado, y reflexione en el hecho de que una persona debe
abrirle su corazón y su espíritu a otra cuando confía en ella.
2. El salmista escribió en el Salmo 11:1: “En Jehová he confiado;
¿cómo decís a mi alma, que escape al monte cual ave?”. La
palabra hebrea traducida aquí como “confiado” es chacah, cuyo
significado es “buscar protección en un sentido de
confidencialidad”. Esta es la clase de confianza en la que
confiamos en Dios como nuestro refugio en los momentos de
dificultad. Cuando depositamos nuestra confianza en amigos, les
confiamos también la protección de nuestra integridad y
reputación al confiarles información tanto pública como privada.

Una persona es traicionada cuando el traidor ha liberado información


que la persona le confió al abrirle los secretos de su corazón durante la
amistad. Si un enemigo actuara contra nosotros, nos importaría poco lo que
ese enemigo diga. En realidad “no se pierde nada”, porque jamás hubo una
relación de amistad con esa persona. Durante su vida, David experimentó la
daga de la traición después de que varios de sus amigos más cercanos se
volvieron en su contra. Él escribió:

“Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni


se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera
ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y
mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos,
y andábamos en amistad en la casa de Dios”.
—SALMO 55:12–14

¿Por qué el cristianismo, siendo una religión basada en el amor mutuo, el


honor y el respeto, suele carecer precisamente de esos tres elementos entre
sus adeptos? La respuesta a este enigma la encontramos en una predicción
que Jesús hizo en la que advertía a los discípulos de acontecimientos que
ocurrirían antes de su regreso:

“Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos


á otros, y unos á otros se aborrecerán”.
—MATEO 24:10, RVA

La palabra griega traducida como “escandalizados” es skandalizo, que


significa “preparar una trampa para atrapar algo”. Un escándalo ocurre
cuando una o varias personas traicionan la confianza de otros mediante
palabras o acciones. Algunos de los escándalos más sonados en Estados
Unidos han sido el caso “Watergate” bajo el gobierno del presidente Nixon,
el escándalo moral del presidente Bill Clinton, y el incidente que fue
considerado por muchos como un encubrimiento de lo que ocurrió cuando
varios estadounidenses fueron asesinados en Libia en el año 2012. Cuanto
más hablaba la prensa de estos escándalos, más ofensa generaban,
especialmente entre quienes no eran o no son partidarios de los presidentes
Nixon, Clinton y Obama.
Cuando usted se siente ofendido—a menos que reconozca su actitud,
perdone y siga adelante—, comienza un proceso de traición. De repente,
ese mejor amigo se convierte en su peor enemigo, sus mejores recuerdos
son voluntariamente borrados del disco duro de su memoria, y los secretos
que se confiaron mutuamente son ahora discutidos abiertamente con otros.
La que antes era información secreta, se convierte ahora en un arma para
justificar la razón por la que usted continúa ofendido.
Esto ocurre con frecuencia en la vida ministerial, especialmente cuando el
ministro o el ministerio es conocido a nivel mundial. Hace unos años, tres
telepredicadores se enfrascaron en una discusión pública, y los periodistas
seculares abordaron el asunto como leones sanguinarios, buscando a quién
devorar con su “información exclusiva”. Este duelo entre telepredicadores
recibió todos los nombres imaginables, entre ellos el de la “guerra santa”.
Durante un programa periodístico llamado Nightline, moderado por Ted
Koppel, fueron reunidos en un salón un grupo de ministros para discutir la
situación. Uno de los ministros argumentó que los medios de comunicación
estaban confabulados para destruir a estos ministerios, y que si dejaran
darle difusión al asunto, la historia se olvidaría. Recuerdo a Koppel mirando
a todos estos ministros, y decirles: “Nosotros estamos recibiendo toda esta
información de ustedes mismos los ministros”.2 En pocas palabras, la carne
que recibían estas hienas salvajes del periodismo estaba siendo cortada y
entregada personalmente a través de artículos y entrevistas públicas de los
propios ministros involucrados.
¿Cuál es la diferencia entre una persona dispuesta a traicionar y
abandonar a un amigo cuando ocurre una ofensa, y otra que decide
quedarse y salvar la relación? La respuesta es sencilla: el amor o afecto
genuino que la persona tiene por quien la ofendió, o en algunos casos, por
quien falló moralmente. Una vez fui testigo de esto luego de que un
reconocido pastor fue descubierto dos veces en una indiscreción de
carácter moral, y después reapareció en el púlpito nuevamente predicando.
Un hombre que lo vio me dijo:
—No entiendo cómo aún puede haber gente que siga a este hombre. Ya
ha caído dos veces, y a pesar de eso sigue predicando como si nada
hubiera pasado.
—Lo hacen—le dije—, porque cuando su ministerio era fuerte él influyó
positivamente en sus vidas, y esos cristianos desean verlo restaurado. Lo
siguen amando a pesar de sus fallas.
El verdadero amor evita que las ofensas se conviertan en traiciones.
Piense en su propia familia. Usted aguanta mucho más de sus hijos que lo
que aguantaría de otras personas; y sin embargo, resiste voluntariamente la
tentación de abandonar a sus hijos cuando estos lo desobedecen o si
cometen alguna falla. Seguramente los disciplinará, pero no los
abandonará (así como Dios no abandona a sus hijos) porque el amor que
siente por ellos es mayor que sus fallas o su desobediencia. La disciplina no
es una señal de rechazo, sino de corrección. Leemos:

“Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes


cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama,
disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”.
—HEBREOS 12:5–6

Siempre habrá un momento en el que una pareja de esposos estará en


desacuerdo con algo y discutirán, e incluso en el que los ánimos se caldeen,
pero eso no quiere decir que van a hablar de divorcio o que van a
separarse por un desacuerdo. Su jefe puede causarle estrés, e incluso habrá
momentos en los que usted desearía cambiar de trabajo, pero el sentido
común le dice que debe permanecer tranquilo, cumplir con su deber, y
sentirse agradecido porque su trabajo le provee un ingreso. Como
hermanos y hermanas en Cristo, debemos tratarnos con la misma paciencia
y amor que mostramos hacia aquellos que tienen nuestra misma sangre,
pues todos los creyentes somos la familia de Dios. El amor borrará el daño
emocional a medida que va cosiendo las heridas y derramando en ellas
aceite y vino.
Jesús fue claro en esto: “¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es
necesario que vengan tropiezos, pero, ¡ay de aquel hombre por quien viene
el tropiezo!” (Mateo 18:7). Según la perspectiva griega del mundo, la
ofensa o skandalon (el término griego) es el señuelo que hace que el animal
caiga inadvertidamente en la trampa. El propósito del señuelo es atraer al
animal (o a la persona) hacia la trampa. En el caso de una ofensa verbal en
la que se han usado palabras para traicionar y desacreditar, la reacción de
la persona hacia esas palabras es lo que la liberará o la atraerá hacia la
trampa.
La manera en que sus palabras son recibidas por quien las escucha es
fascinante y reveladora. Si a una persona le encanta un orador, este jamás
dirá nada equivocado, y el oyente lo defenderá incluso si lo que está
diciendo es cuestionable. Si al oyente le gusta un orador, le dará el
beneficio de la duda cuando lo que está diciendo es controversial o
cuestionable. Si al oyente no le gusta para nada el que habla, nada de lo
que este diga o haga durante el servicio o su mensaje será recibido o
aceptado, sino criticado. Este proceso de aceptación o de rechazo se basa
en la percepción. El acto de percibir se basa en la manera en que usted
interpreta mentalmente o emocionalmente las palabras o acciones de
alguien.
Por ejemplo, el director de una corporación puede darle una palmadita
en el hombro a alguien del sexo opuesto y decirle: “Muy buen trabajo”. Si la
persona tiene una amistad cercana con su jefe, lo percibirá como un halago
sincero por un trabajo bien hecho, y agradecerá el gesto, pues trabajó
arduamente para que el proyecto fuera un éxito. Si tiene solo una relación o
amistad ocasional con su jefe, entonces podría percibir la palmadita en el
hombro como un gesto de aprecio inesperado pero bienvenido que rara vez
recibe por su trabajo. Si la persona, sin embargo, no soporta a su jefe y
quisiera no trabajar allí, entonces podría inmediatamente decir: “¿Te diste
cuenta de que me tocó? ¡Me parece que se acercó para acosarme!”. La
diferencia entre estas tres percepciones es la forma positiva o negativa en
que es percibida la intención del jefe.
Las intenciones de una persona son la motivación para producir cierto
resultado. El propósito es el razonamiento que está detrás de la acción. Por
ejemplo: podría darse el caso de que yo necesite afrontar cierta situación
con alguien de mi equipo. Mi propósito es corregir una situación que podría
generar un conflicto con otros miembros del grupo. Cuando me acerco a la
persona del problema, lo hago con la intención de buscar soluciones, y no
de causar más conflicto. Si esa persona se imagina que voy a amonestarla,
todo lo que diga será filtrado en su mente como un ataque verbal contra su
persona. La percepción correcta sería que el trabajador valorara mi
preocupación y se mostrara agradecido de que mi único interés es resolver
el problema. La percepción incorrecta sería sentirse amenazado y creer que
alguien tiene algo en su contra.
La Biblia misma habla de dos clases de homicida: el que premedita y
planifica asesinar a alguien, y el que mata a otro ser humano
accidentalmente. El que asesinaba con premeditación enfrentaba la pena de
muerte, pero el que mataba a alguien sin intención o por accidente podía
huir hacia una ciudad de refugio, donde permanecía a salvo hasta que se le
hacía un juicio en el que el pueblo escuchaba toda la evidencia (Números
35:6–12). Es como cuando alguien mata a otro en un accidente
automovilístico, que puede ser condenado por homicidio intencional o no
intencional, dependiendo de la circunstancia, la evidencia y la intención.
Después de haber lidiado con personal, voluntarios y público en general
durante años, he descubierto que la mayoría de los conflictos surgen de
malentendidos o de una falta de comunicación. La gente también
malinterpreta el lenguaje corporal. Si yo hago una “V” con dos dedos, ¿qué
significa? Piense un momento. Son dos dedos. Dependería totalmente del
contexto y del lugar. En Francia significaría paz. En Alemania se convirtió en
un símbolo de victoria después de la guerra. En un juego de béisbol de
Grandes Ligas podría significar que usted está pidiendo dos perros calientes
o dos refrescos. En una tienda podría significar que algo cuesta dos dólares.
Si lo hace detrás de la cabeza de alguien al tomarse una foto, serían unas
orejas de conejo a modo de broma para quien sale con usted en la foto.
Ahora, en algunas naciones, como en el Reino Unido, esa V hecha con dos
dedos es una señal muy ofensiva. ¡Tal vez usted no se imaginaba que
levantar dos dedos tenía tantos significados según el contexto cultural!
Las palabras que le estoy dirigiendo a usted podrían tener cierta
intención desde mi corazón. Sin embargo, su percepción podría no
percibir la verdadera intención, produciéndose entonces un malentendido.
“Entender” es percibir la conversación correctamente, e interpretar su
significado adecuadamente. El prefijo mal en “malentendido”, significa
equivocado, desacertado, incorrecto. Un malentendido es entonces
percibir de manera incorrecta las intenciones o la conversación de una
persona.
Esto ocurre mucho en el matrimonio. A las mujeres les gusta hablar, y los
hombres pueden ser malos para escuchar. Fíjese que no dije que los
hombres oímos mal, porque nosotros oímos, pero hay una diferencia entre
oír con nuestros oídos y escuchar el contenido de una conversación y lo
que se está diciendo en ella. Mi esposa muchas veces me dice: “Tú me
estás oyendo, pero no estás escuchando lo que te estoy diciendo”.

CÓMO PERDONAR CUANDO HEMOS SIDO ESTAFADOS


Durante mis viajes en el ministerio, he descubierto que uno de los desafíos
del creyente es el de perdonar a alguien que nos ha estafado, bien sea a
través de un mal negocio, un dinero robado, o algún esquema piramidal. El
primer impulso es buscar un abogado y llevar a la persona a juicio. Sin
embargo, un caso en tribunales podría costar mucho dinero, y de paso
perderlo. ¿Qué debe hacer un creyente cuando un negocio sale mal debido
al abuso o las acciones ilegales de otros?
Desde una perspectiva netamente práctica, el creyente debe determinar
si el culpable también afirma ser un creyente, o si no tiene relación con la fe
cristiana y el nuevo pacto. Esto determinará la manera en que se debe
afrontar el problema. En el caso de dos creyentes, deberíamos ser capaces
de arreglar el asunto cara a cara, convencidos de que como cristianos
somos hermanos y que debemos seguir los principios bíblicos de ética y
conducta, y reflejar un buen juicio. Si el creyente se niega a escuchar,
entonces se debe acudir a un nivel de liderazgo espiritual más alto, como el
pastor o los pastores de las iglesias de las personas involucradas (si asisten
a iglesias diferentes). Este o estos deberán mediar en el asunto para tratar
de buscar una solución en paz. Todo basado en el principio e instrucción de
Cristo:

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando


tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te
oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o
tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la
iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.
—MATEO 18:15–17

Si ambos son creyentes verdaderos, cualquier asunto de dinero debería


poder ser arreglado a través de mediadores consagrados, sin necesidad de
ir a un litigio legal. Pablo aconseja a los creyentes a no presentarse en las
cortes de los hombres (a demandar), pues esto deja mal parado el nombre
de Cristo ante los ojos de los incrédulos. Cuando un creyente se pelea con
otro creyente, el incrédulo dice: “¿Dónde queda el perdón cristiano?
Pensaba que los cristianos se amaban los unos a los otros”. Otros dicen:
“Son iguales a nosotros”. Pablo llamó la atención sobre este hecho:

“¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a


juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no
sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha
de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy
pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?
¿Cuánto más las cosas de esta vida? Si, pues, tenéis juicios
sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de
menor estima en la iglesia?”.
—1 CORINTIOS 6:1–4

Bíblicamente, las querellas deben resolverse en la iglesia. Serán los


líderes espirituales quienes determinarán el curso de acción adecuado o la
disciplina necesaria. Un cristiano verdadero se someterá a lo que dice la
Palabra de Dios y a la autoridad espiritual para corregir los errores y
solucionar cualquier conflicto. Si por otra parte la persona no es creyente,
hay otra opción además de la acción legal que no es enseñada y que suele
ser pasada por alto. Es una acción que requiere fe y obediencia. En una
ocasión la puse en práctica en mi propio ministerio.

CUANDO A MÍ ME ESTAFARON
Hace unos años le estuve dando asesoría a un comerciante con su negocio.
Yo decidí no tomar el pago para mí, así que acordé con él que le pagara
cierta cantidad de dinero al ministerio por mi trabajo. Cuando llegó el
momento de pagar, este señor se excusó y se negó a pagar lo que debía.
Después de una serie de conversaciones sin resultado, le dije que me
reuniría con la junta directiva y que lo demandaríamos, ya que ese dinero no
era para mí, pero sí era muy necesitado en el ministerio. La junta no estaba
de acuerdo con demandarlo, pero acordaron apoyarme si ese era mi deseo.
Recuerdo que estaba frente al espejo rasurándome cuando el Espíritu
Santo puso en mi corazón la convicción de que no debía demandarlo. Las
palabras del apóstol Pablo en 1 Corintios 6 siempre llegan a mi mente. El
Espíritu Santo me instó a hacer algo más bien extraño, y que jamás había
escuchado a alguien hacer. Me pidió que le perdonara la deuda a este
hombre, y que le dejara ese dinero como si el ministerio se lo hubiera
donado. El Señor puso en mi mente la convicción de que si perdonaba la
deuda de este hombre y le donaba el dinero, Dios le daría al ministerio el
doble de la cantidad que él le debía. Tanto Dios como yo sabíamos que
este hombre estaba actuando mal y fuera de los principios bíblicos, y que si
yo lo llevaba a juicio obviamente lo ganaría, pero el mundo espiritual opera
bajo leyes diferentes a las del mundo natural.
Inmediatamente, oré en voz alta: “Señor, le perdono a este hombre la
deuda que tiene con el ministerio, y en el nombre de Jesucristo le siembro
nuevamente ese dinero”. No hubo fuegos artificiales ni se escuchó una voz
desde el cielo. Simplemente seguí afeitándome, y ya. No fue fácil liberar
más de doce mil dólares que en verdad necesitábamos, pero sentí un alivio
en mi espíritu y sentí que estaba siendo obediente a la Palabra del Señor.
No tenía claro de qué manera Dios devolvería el doble, ya que nuestras
ofrendas e ingresos estaban demasiado . . . cómo diría . . . “limitadas” en
ese momento. Al mismo tiempo, Dios puso en mi mente un versículo que
confirmó lo que el Espíritu había puesto en mi corazón:

“Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y


fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere
hallado, pagará el doble”.
—ÉXODO 22:7

En mi caso, liberé a un hombre que voluntariamente rechazó pagar lo que


debía, y a cambio esperaba que el Señor diera el doble. Yo naturalmente
sabía que esto era imposible, ya que nuestros ingresos en esos días
provenían de pequeñas congregaciones rurales. Varias veces nos vimos
impedidos de pagar los recibos a fin de mes porque no habíamos obtenido
lo suficiente. El doble eran veinticuatro mil dólares, lo que normalmente
tardaríamos tres meses en recibir. Meses después, viajé a Leeds, Alabama,
donde unos servicios de avivamiento de una semana habían sido mudados
de una iglesia a una gran carpa en la que continuaron durante cuatro
semanas más. La multitud se extendía hasta afuera de la carpa, y cada
noche muchos se convertían y eran bautizados en el Espíritu. Después de
veintiocho servicios, cuando se entregó la ofrenda para el ministerio VOE
(Voice of Evangelism), varios empresarios dieron una ofrenda especial para
ayudarnos a comprar varios duplicadores de casetes que necesitábamos.
Cuando vi el cheque, este tenía exactamente el doble del monto de lo que
aquel hombre le había quitado al ministerio. Cuando perdoné al culpable,
Dios liberó una bendición sobrenatural por haber actuado correctamente.
Yo tengo un amigo que trabaja por contrato. En tiempos de crisis, a
veces se les hace difícil a los que trabajan de esta manera cobrar el dinero
de los trabajos que han hecho. En el caso de mi amigo, le debían tres mil
dólares y no había manera de que se los pagaran. La situación era
desesperada, y mi amigo me dijo:
—No sé si podré cobrar ese dinero, y no hay mucho que pueda hacer.
—Escríbele una carta a la persona que te debe—le dije—, y dile que si
él puede vivir con esa deuda en su consciencia por el resto de su vida, tú
también puedes vivir sin el dinero que él te debe. De esa manera, le liberas
el caso a Dios.
Mi amigo lo hizo y dejó la situación en las manos de Dios. Pasaron
meses sin ninguna respuesta, hasta que un día el deudor le envió el dinero y
una carta en la que le decía que después de haber leído su carta, no pudo
dormir más en las noches. ¡Se sentía culpable y quería enmendar las cosas!
Si usted tiene un negocio con el que se gana la vida, habrá momentos de
desacuerdos, contratos incumplidos, malos trabajos, y estafas con las que
como creyente que tendrá lidiar. Si alguien lo ha estafado, la respuesta
natural es buscar revancha y amenazar al deudor o transgresor. Sin
embargo, la mejor respuesta es seguir los principios espirituales y usar el
sistema legal solo como un último recurso para solucionar asuntos legales
específicos. Habrá veces en las que bajo ciertas circunstancias no quedará
otra opción, especialmente si es usted el que está siendo acusado o
atacado.
Hay diarios y periodistas seculares muy infames a los que les gusta atacar
la integridad de los ministros, publicando rumores e historias infundadas de
supuestas “fuentes internas”. Muchos tabloides sensacionalistas cuentan con
grandes sumas de dinero dedicadas especialmente a cubrir las demandas
legales. De esa manera, publican la información sin preocuparse si es
verdadera, y sin importarles que los demanden. Recuerdo que en una
ocasión un periódico publicó una foto de un ministro que conozco, y que
lucía comprometedora. Inmediatamente, el Cuerpo de Cristo se horrorizó.
Lo que la iglesia no sabía era que a una persona del ministerio le habían
pagado una fortuna por la foto y que el tabloide había usado Photoshop
para modificarla y hacerla lucir como algo que no era. Para defenderse de
la afrenta a su integridad por parte de este tabloide perverso y mentiroso,
mi amigo contrató varios abogados y ganó la demanda en solo treinta días,
cuando el tabloide admitió que había manipulado la información. A veces,
cuando toca defenderse de mentiras que ponen en tela de juicio la
integridad, el único lenguaje que algunos conocen en el mundo secular es el
de la ley. Recuerde que los incrédulos no son sus hermanos en Cristo y, por
lo tanto, no entran en las instrucciones de Pablo, quien habla de dos
hermanos en Cristo.
En los tiempos del apóstol Pablo, los creyentes hebreos estaban siendo
hostigados por su conversión a Cristo. Eran perseguidos, y a veces hasta
despojados de sus bienes. Pablo les aconsejó:

“Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo


de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en
vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”.
—HEBREOS 10:34

Sus posesiones estaban en la tierra, pero sus tesoros estaban en el cielo


(Mateo 6:20). Continuamente se me recuerda que todo lo que poseemos en
la tierra se quedará aquí cuando partamos al cielo. Los creyentes deben
recordar siempre que las cosas que obtenemos en la tierra son temporales,
y las que no vemos son celestiales y eternas.

LAS CABRAS Y LAS OVEJAS OYEN DIFERENTE


Cuando una oveja ve una manada de ovejas, ve seguridad. Una cabra, por
el contrario, puede ver una oportunidad de tomar el control. Cuando una
oveja ve al pastor, ve liderazgo; pero cuando una cabra ve al pastor, puede
ver un desafío para su propia autoridad. Una de las diferencias interesantes
entre las ovejas y las cabras es que al entrar al redil, las ovejas tienden a
quedarse solas o con sus corderitos, y se conforman con recibir comida y
agua. Si usted entra a un redil de cabras, estas usualmente lo rodearán
como si estuvieran compitiendo por su atención. Igualmente, si usted le
ofrece comida a una cabra, todas correrán hacia el alimento en una muestra
de individualismo. Cuando un pastor vacuna a una oveja, esta se retuerce
con el pinchazo, e inmediatamente se va. La cabra se quedará chillando, y
luego querrá que la abracen y recibir atención. ¡Las cabras pueden llegar a
ser muy ruidosas cuando no les gusta algo! Los cuidadores de cabras dicen
que estas pueden llegar a ser irritables y traviesas, y siempre se meten en
problemas.3
Esto de que las cabras chillan cuando las vacunan es gracioso, por lo
siguiente. Si usted le lanza un palo a un grupo de perros para separarlos, y
uno de los perros chilla, es porque lo golpeó con el palo. Cuando una cabra
espiritual comienza a hacer ruido y comentarios negativos, es porque
seguramente se predicó algo que le dio directamente a esa persona, y no es
capaz de aceptar la verdad.
En el Oriente Medio es común ver a jóvenes pastores guiando tanto a
ovejas como a cabras. Ambos forman parte de un rebaño normal, a pesar
de que los dos animales tienen hábitos, rutinas, y formas de relacionarse
diferentes. En la iglesia, donde hay ovejas, también hay cabras. Y si usted
anda buscando pastar en un campo perfecto (o encontrar una iglesia
perfecta), estará en una búsqueda sin fin, ya que cuando usted atraviese la
puerta de la iglesia con sus defectos espirituales, opiniones y tradiciones, el
campo perfecto que ha encontrado quedará arruinado por su propia
humanidad. Hasta las mejores ovejas dejan sus desechos por todas partes,
y si usted camina por el lugar debe tener cuidado de dónde pisa para evitar
un desastre. Dondequiera que haya ovejas y cabras, habrá lugares que será
mejor evitar pisar; y dondequiera que haya cristianos, habrá personas que
será mejor evitar, por al desastre que causan con sus palabras y acciones.
En la congregación hay cabras normales que se entremezclan con las
ovejas, y está la cabra de Judas—individual o en grupo—, que actúa en los
conflictos, las contiendas y las divisiones. Desea controlar las decisiones, la
música, y la dadivosidad de los hermanos; y manipula tratando de intimidar
y dominar. A veces lo hace creando rupturas y divisiones doctrinales entre
la congregación. Pablo habla duramente contra esta clase de individuos:

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan


divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros
habéis aprendido, y que os apartéis de ellos”.
—ROMANOS 16:17

Aquellos que generan divisiones deben ser identificados por los


miembros de la iglesia. La palabra griega utilizada aquí es skopeo, que
significa “apuntar hacia algo, u observar figurativamente algo con atención”.
De esta palabra proviene la palabra inglesa scope [mira], como las miras
que se usan en las armas para señalar un blanco. Los que generan divisiones
a menudo buscan separar el rebaño con el único propósito de ganar sus
propios seguidores. Si un individuo genera problemas al punto de dividir la
iglesia, este debe ser advertido por los ancianos. Si la cabra continúa con su
agresión, Pablo aconseja: “No participéis en las obras infructuosas de las
tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:11).
Lidiar con creyentes individuales en una situación conflictiva puede
requerir de mucho discernimiento. Los conflictos normales deben resolverse
con sabiduría y conocimiento en resolución de conflictos. Los creyentes en
una congregación pueden tener ideas diferentes a nivel escatológico, como
por ejemplo cuándo regresará Cristo, o los acontecimientos del tiempo del
fin. El hecho de que alguien no esté de acuerdo con una opinión profética
no significa que es un enemigo o una cabra. Necesitamos unidad en el
rebaño. Una oveja normal no beberá agua a menos que el riachuelo esté en
calma, fluyendo suavemente, y con el agua limpia. Las ovejas tampoco
digieren la comida cuando están inquietas o molestas.
Una cabra agresiva es como la cizaña en un sembradío de trigo. En la
parábola del trigo y la cizaña, el trigo representa a los hijos del Reino, y la
cizaña a los hijos del mundo dominados por el pensamiento de Satanás
(Mateo 13:24–30). Cristo aconsejó dejarlas crecer juntas, no sea que al
arrancar la cizaña, se dañe la raíz del buen trigo que rodea a la cizaña (v.
30). De la misma manera, las cabras deben permanecer en la grey, y será el
Señor mismo quien las apartará en el tiempo del fin. Las ovejas deben ser
amadas, atendidas y alimentadas con alegría; y las cabras vigiladas
atentamente y atadas si es necesario. El deber del pastor y de aquellos con
autoridad espiritual en la iglesia es el de coger a la cabra por los cuernos, y
tomar el control de cualquier situación que se esté suscitando o que esté
siendo instigada por las actitudes negativas y los espíritus controladores de
las cabras de la iglesia.
Capítulo 3

CUANDO LOS CREYENTES PECAN


CONTRA OTROS CREYENTES

¿QUE DE BUENO puede tener ganar una discusión pero perder el Reino?
Hace muchos años, Morgan Ball, un medio hermano de mi padre, se
convirtió a Cristo durante lo que se conoció como el “avivamiento de la
mina de carbón”, en la década de 1940. Morgan invitó a su hermano Fred
a asistir. Esa noche, Fred respondió al llamado del altar y comenzó su
recorrido con Dios, que terminó el 10 de marzo de 2011 cuando partió
hacia el cielo. Poco después de su conversión, él y Morgan estaban en el
altar orando, cuando de repente entró a la iglesia el hijo del pastor,
borracho y amenazando con un cuchillo. Cuando el hijo del pastor se
acercó, Morgan permaneció en medio de los asistentes y le pidió que
dejara de hablar así y que se saliera. El hijo del pastor mantuvo arriba el
cuchillo y comenzó a insultar a Morgan. De repente, el hijo del pastor se
abalanzó sobre Morgan, pero Morgan pudo dominarlo. En vez de
recriminar a su hijo borracho, el pastor tomó a Morgan, le pidió que se
fuera y que dejara a su hijo en paz. Se presentó una discusión en la que
Morgan quedó tan frustrado, que se fue de la iglesia lanzando improperios.
Durante muchos años se negó a asistir a cualquier servicio religioso. El hijo
borracho pudo haber ganado su discusión, pero Morgan casi pierde el
Reino. Cuarenta años después, Morgan se arrepintió, y antes de morir
asistió al funeral de mi papá y confesó que estaba siguiendo a Cristo.
Miles de miembros de iglesia pueden estar pecando contra otros
creyentes, poniendo en peligro sus bendiciones futuras y su posición en el
Reino de Dios. Muchos creyentes cumplen con su rutina en la iglesia al pie
de la letra, pero ignoran sus propias actitudes. Si no se arrepienten de su
actitud pecaminosa, su adoración podría convertirse en mero ruido, sus
oraciones verse entorpecidas, y su predicación ser inútil. Cristo pronunció
importantes palabras en este sentido:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los


cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces
les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad”.
—MATEO 7:21–23

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno,


para que también vuestro Padre que está en los cielos os
perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no
perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os
perdonará vuestras ofensas”.
—MARCOS 11:25–26

SACRIFICIOS CON CONTIENDAS


En Proverbios leemos:

“Mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de contiendas


llena de provisiones”.
—PROVERBIOS 17:1

Este pasaje fue escrito por Salomón, y aparece en el libro de Proverbios,


el cual ha sido calificado por los eruditos como un libro sapiencial. En
Proverbios, Salomón escribió extensivamente sobre el tema de la lengua y
de cómo las palabras tienen poder para vida o para muerte (Proverbios
18:21). El pasaje anterior puede aplicarse a la iglesia de la siguiente manera.
¡Es preferible sentarse callado en un servicio de iglesia aburrido, que
experimentar una iglesia que adore con el “sacrificio de alabanza” (Hebreos
13:15) pero en la que el corazón de la gente esté lleno de contiendas!
Este concepto era bien entendido en el Antiguo Testamento, cuando se
establecieron diversos sacrificios y ofrendas de animales bajo la ley, los
cuales se practicaban diariamente, semanalmente durante las fiestas, en las
lunas nuevas y en los festivales. Dios demandaba que el creyente
seleccionara los mejores corderos del rebaño, sin ninguno tipo de defecto
(Levítico 1:3, 10; 3:1, 6; 4:3, 23, 28, 32). Sin defecto significaba sin
mancha alguna, sano y puro. Sin embargo, cuando los rituales se
convirtieron en rutina, y la rutina en aburrimiento, el proceso de adoración
se hizo más importante que la presencia de Aquel a quien estaban adorado.
Durante los tiempos del profeta Malaquías, ni el sacerdote ni el pueblo
entendían la instrucción divina o el verdadero propósito de los sacrificios.
Leemos:

“En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué
te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es
despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio,
¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo,
¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará
de ti, o le serás acepto?, dice Jehová de los ejércitos”.
—MALAQUÍAS 1:7–8

El pueblo estaba dispuesto a ofrecer sacrificio creyendo que Dios no se


daría cuenta de la corrupción y de la enfermedad de su ofrenda. Le estaban
ofreciendo al Señor algo que no solo Él no quería, sino que no recibiría. Lo
que a los hombres les parecía bien, para Dios estaba mal. Lo que para los
hombres era consagrado, para Dios era despreciable. Hoy ya no
ofrecemos la sangre de corderos, carneros, bueyes y aves; pero nuestros
sacrificios son las palabras de adoración, nuestra dadivosidad, y el ministrar
a los demás. ¿Cómo podemos esperar que el Señor acepte nuestros
himnos, esas fabulosas composiciones musicales que llenan la atmósfera, así
como la resonante adoración, si nuestros labios profieren insultos y nuestros
corazones albergan contiendas?
Santiago resume los riesgos de las disputas entre los creyentes de este
manera: “Porque donde hay envidias y rivalidades, también hay confusión y
toda clase de acciones malvadas” (Santiago 3:16, NVI). La palabra griega
traducida como “confusión”, significa “inestabilidad y desorden”. En una
ocasión, los discípulos entablaron una discusión que terminó en una
rivalidad sobre quién sería el mayor en el Reino (Lucas 22:24). La palabra
griega usada para describir la rivalidad que se presentó en esta ocasión no
es la misma de Santiago 3:16. En Lucas 22:24 se usa filoneikia, que
significa “una disputa o discusión”. En cualquier situación, los altercados
producen “confusión y toda clase de acciones malvadas”.
El Nuevo Testamento registra varios altercados o rivalidades incluso
entre el liderazgo de la iglesia primitiva. Pablo y Pedro tuvieron un espinoso
desacuerdo sobre la necesidad de la circuncisión para los gentiles (Gálatas
2:9–13). Bernabé se separó de Pablo por el trato que este le dio a un joven
ministro llamado Juan Marcos (Hechos 15:39). En otro momento de su
vida, ya cercano a su muerte, Pablo solicitó ver a Juan Marcos, y deseó
que este pudiera ser llevado a Roma, porque le era “útil para el ministerio”
(2 Timoteo 4:11). Aparentemente, el altercado del pasado había sido tan
serio, que Pablo deseaba recomponer su comunión con Marcos antes de su
partida al cielo.
Salomón enseñó que una persona rencillosa es como carbón en brasas
(Proverbios 26:21). También escribió que mejor es morar en tierra desierta
(¡De nuevo el famoso desierto!) que con una mujer rencillosa e iracunda
(Proverbios 21:19). Dado que Dios no es un Dios de confusión (el original
griego significa “desorden e inestabilidad”, 1 Corintios 14:33), sino de paz;
y de que las contiendas producen confusión, entonces las contiendas jamás
provendrán del Señor.
Aquí en Cleveland, Tennessee, tenemos un ministerio llamado “El
Extremo” en el Centro Internacional Omega. Es una mezcla de jóvenes y
adultos que se reúnen a adorar, escuchar la Palabra de Dios, y tener
comunión. Está integrado por varios cientos de personas, incluyendo un
consejo de doce líderes jóvenes a quienes mi esposa Pam y yo amamos y
apreciamos. Sin embargo, como padre del ministerio, les he comunicado
que no tengo tiempo para lidiar con divisiones, contiendas o dramas. Les
dije: “Si a ustedes les gusta el drama, están en el lugar equivocado. Pueden
unirse al grupo dramático de la Universidad Lee, pero aquí no quiero
problemas ni dramas emocionales”.
La generación más joven debería ser como los niños que nacieron en el
desierto durante el tiempo de Moisés. Estos bebés del desierto escucharon
a sus padres quejándose, lo que finalmente hizo que Dios les prohibiera
entrar a la tierra prometida. Sus hijos, sin embargo, conquistaron treinta y
un ciudades con Josué como comandante, ¡y ni una sola vez hicieron una
reunión para quejarse! Josué tenía más de ochenta años cuando la nación
cruzó el Jordán, y sabía que no tendría cuarenta años más para seguir
dando vueltas en el desierto. ¡No quería una repetición de lo que había
pasado, y estaba preparado para creer en Dios y poseer la tierra!
Cuando conquistaron Jericó, los israelitas fueron derrotados en Hai, una
pequeña ciudad. Josué no sabía que uno de sus hombres había pecado en
secreto tomando artículos prohibidos y escondiéndolos. Básicamente, Dios
le reveló el pecado oculto a Josué y le dijo que se levantara y se hiciera
cargo del problema de iniquidad, y que solo así su ejército ganaría la guerra
(ver Josué 7).
A aquellos miembros expertos en iniciar problemas en la iglesia,
prendiendo la mecha de los rumores y los chismes, les aconsejo que se
arrepientan, que se callen, se levanten, y que simplemente amen a Dios y a
la gente, y que hagan la obra. Pablo atendió el problema de las contiendas
en la iglesia en Corinto, y les recordó que si no se amaban mutuamente,
todos sus dones espirituales y sus obras serían como “como metal que
resuena, o címbalo que retiñe” (1 Corintios 13:1).

UNA HISTORIA DE DOS MINISTROS


Hace unos años, había dos evangelistas que tenían dos ministerios
televisivos muy exitosos. Uno era dueño de una gran cadena de televisión
cristiana, y el otro tenía un programa diario que era transmitido en todo el
mundo. El evangelista tenía un espacio pagado en la cadena del primero,
¡pero durante sus predicaciones, solía hacer comentarios negativos y
virulentos contra la cadena por la que estaba saliendo! Finalmente, después
de varias advertencias al evangelista, el dueño de la cadena cristiana retiró
el programa de su programación, que para ese momento llegaba a unos
quince millones de hogares.
Tiempo después, el evangelista confesó por televisión haber tenido una
relación inapropiada, y la información apareció en los noticieros seculares.
En esos días, un famoso evangelista fue entrevistado por un canal de
televisión secular, y le preguntaron sobre el escándalo moral de su colega
telepredicador. Recuerdo bien la manera en que este evangelista miró a la
cámara, y sin pestañear, calificó al ministro caído como “un cáncer en el
Cuerpo de Cristo”. En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda, y le
dije a mi esposa: “Este hombre no debió decir eso. Verás que le va a pasar
lo mismo, porque está anunciando su propio juicio sobre un hombre que ya
se ha arrepentido”.
Años después, este ministro fue descubierto en un terrible pecado moral
que también fue expuesto ante el mundo en las mayores cadenas de
televisión, así como en las principales revistas. Ambos hombres se
arrepintieron públicamente ante el Cuerpo de Cristo y ante sus amigos por
sus pecados; y le pidieron perdón a Dios y al pueblo, como era lo correcto.
Sin embargo, siempre me pregunté si el evangelista le habría pedido perdón
al otro ministro por haberlo llamado “cáncer en el Cuerpo de Cristo”
mientras él también estaba practicando el mismo pecado en secreto.
Más de veinticinco años después, me reuní con el ministro que había sido
llamado “cáncer”. Este había sido restaurado, y estaba reconstruyendo
sobre una base sólida, ministrando a las personas y aconsejando a las
nuevas generaciones. Sin sacar a colación su falla, le pregunté:
—¿Alguna vez le pidió perdón el ministro que lo llamó “cáncer”
públicamente?
—No, y la verdad, tampoco espero que lo haga—dijo el hombre
sonriendo—. Simplemente no está en la personalidad de algunas personas
pedir perdón.
—Se trata solo de orgullo—le respondí, cambiando inmediatamente la
conversación hacia otros tópicos espirituales más edificantes.
Pero usando este caso de ejemplo, uno de los pecados del ministro
acusador fue sacar a relucir un pecado que ya había sido confesado por
este hombre y por el que ya se había arrepentido. El otro aspecto es juzgar
a otros cuando se está batallando secretamente con el mismo pecado que
se está criticando en los demás. En la iglesia primitiva, los apóstoles y los
primeros profetas estaban comprometidos a enseñar que cada maestro
debe vivir lo que enseña. En el Didaché (escrito alrededor del año 120 d.
C.), hay una cita que dice:

“Todo profeta que enseña la verdad, pero que no hace lo que


enseña, es un falso profeta”.1
Solemos pensar en un falso profeta como alguien que enseña falsas
doctrinas o enseñanzas contrarias a la Biblia. Sin embargo, cuando un
maestro comienza a enseñarles a otros a vivir de cierta manera, pero él
mismo no vive así, también cae dentro de la clasificación de falso maestro o
falso profeta. Si yo enseñara que debemos orar, pero jamás orara; si
esperara que ustedes diezmaran, pero jamás diera los diezmos; y enseñara
con la Biblia que usted no debe dejar de asistir a la casa de Dios, pero yo
nunca me aparezco en ella, entonces yo soy un falso profeta. Cristo enseñó
que no debemos tratar de sacar la mota en el ojo de nuestro hermano, si
tenemos un poste de madera en el nuestro. Santiago 3:10-11 también
enseña que de una misma boca procede bendición y maldición, y que eso
no debe ser así.

LO QUE DICE LA B IBLIA SOBRE LA DESOBEDIENCIA


Bíblicamente, hay cuatro palabras importantes ligadas a los conceptos de
desobediencia a Dios y el pecado. Solemos meter todas estas palabras en
un mismo saco, pero cada una es única y tiene su propia definición. Estas
cuatro palabras, con sus significados en griego, son las siguientes:
1. Pecado. La palabra griega para “pecado” es amartia, que en
general suele entenderse como “errar el tiro”. Un arquero apunta
al blanco y dispara la flecha, solo para descubrir que falló
totalmente el tiro. Significa salirse del curso y apartarse de la
dirección correcta.
2. Ofensa. La palabra griega traducida como “ofensa” es
paraptoma, que describe a alguien que ha pasado más allá de
donde le corresponde. Es como entrar donde hay un aviso que
dice “no pase”.
3. Transgresión. La palabra griega traducida como
“transgresión” es parabasis, que no se refiere solo a cruzar la
línea, sino a decidir hacer lo que es prohibido.
4. Iniquidad. La palabra griega traducida como “iniquidad” es
anomia, que alude a romper la ley voluntariamente. Es saber que
algo no se debe hacer, y sin embargo, decidir hacerlo sin miedo a
las consecuencias. No es caer en pecado, sino hacer del pecado
un estilo de vida.

Todo pecado tiene una raíz espiritual. En Levítico 4, Moisés habla de


pecados cometidos en ignorancia. La raíz de este pecado es la ignorancia
de las Escrituras. Es común que un recién convertido le pida a Cristo que
entre en su vida, y sin embargo, actúe de una manera contraria a lo que la
Biblia enseña. He sabido de parejas que no provienen de familias cristianas
y que no tienen una base bíblica, que han conocido a Cristo y han seguido
viviendo juntas hasta que se les informa que deben vivir separados o
casarse. Ellos no se imaginaban que lo que estaban haciendo estaba mal.
En 1 Timoteo 6:9, Pablo habla de caer en pecado y de ser vencidos por
la tentación, la cual es la fuerza motora que presiona a la persona a pecar.
Pablo habla en Hebreos 10:26 de pecar voluntariamente; es decir, de
entregar de manera intencional nuestra mente, cuerpo y espíritu a
pensamientos tentadores. A menudo la motivación primordial de aquellos
que pecan voluntariamente es el orgullo. David habla del pecado de
soberbia en el Salmo 19:13. Se le pidió a Israel que no fuera a la batalla,
pero los israelitas lo hicieron a pesar de las instrucciones divinas, y fueron
derrotados. Aquí hubo soberbia de su parte, y la fuerza primordial detrás
del pecado de la soberbia es la rebelión.
La mayoría de las predicaciones sobre el perdón y el arrepentimiento se
enfocan en hacer que la gente le pida a Dios que le perdone sus pecados,
transgresiones e iniquidades. Sin embargo, se habla mucho en el Nuevo
Testamento de cómo los creyentes deberían tratar a los otros creyentes, y
de los pecados en contra de los creyentes. Basado en mis setenta y cinco
mil horas de investigación y estudio bíblico, he podido concluir que:
1. Debemos pedirle a Dios que nos limpie y nos perdone de
pecado para poder entrar en el Reino de los cielos.
2. Debemos pedir a las personas que perdonen nuestras
transgresiones, para poder recibir respuesta a nuestras oraciones,
bendiciones financieras y crecimiento.
3. Debemos perdonarnos a nosotros mismos para poder estar
espiritual y emocionalmente libres de condena y de culpa.

El mayor pecado en el Cuerpo de Cristo es la manera en que hablamos y


usamos palabras negativas contra aquellos que llamamos hermanos y
hermanas en Cristo. Permítame explicar por qué Satanás disfruta utilizando
a algunos cristianos para que ataquen verbalmente a otros creyentes.
A Satanás se lo conoce como “el acusador de los hermanos”. Los
creyentes que están sólidos en su pacto con Dios, y bíblicamente
familiarizados con su archienemigo Satanás, pueden detectar cuando el
adversario ha puesto sus ojos en contra de un líder. Esto ocurre
especialmente en los casos en los que un medio secular comienza a informar
sobre algún conflicto en un ministerio conocido, o en una iglesia específica.
Yo tuve la oportunidad de leer un artículo, incluso con fotografías, que
presentaba una imagen negativa de cierto ministro. Yo conocía a ese
ministro, y tenía detalles de la situación, y puedo decir que lo que decía el
artículo era completamente incorrecto, y estaba lleno de suposiciones y de
informaciones falsas. Quien haya leído el artículo, podía perder
completamente la confianza en este ministro si creía todo lo que allí se
decía.
Con el paso de los años, los cristianos estadounidenses han podido darse
cuenta de que en términos generales, los medios de comunicación seculares
son anticristianos, y están empeñados en desacreditar a cualquiera que
tenga autoridad para hablarle a la nación. Cuando un periodista secular
ofrece un reportaje, la mayoría de los cristianos dicen: “Este periodista es
liberal y está parcializado, y no confío en lo que está diciendo”. Sin
embargo, la percepción cambia si el periodista cita información negativa
proveniente de extrabajadores del equipo de la iglesia, o de personas que
formaban parte de la iglesia o del ministerio.
La voz de un miembro de iglesia o de un creyente, añadiendo su propia
“versión de los hechos” a la colección de alegatos, puede aumentar más la
credibilidad de un reportaje que si se tratara de la opinión de alguien ajeno
a la iglesia. En el mundo del periodismo es común proteger a la fuente de la
información con frases como “Según una fuente que desea permanecer
anónima”. A pesar de que la fuente no es nombrada, la gente acepta como
un hecho lo que se dice, aunque podría tratarse de una completa mentira. Si
un individuo está dispuesto a revelar información interna, pero no quiere que
se mencione su nombre, queda claro que esa persona es capaz de hacer
daño con tal de que su nombre no salga a relucir. La gente en la internet
publica comentarios críticos bajo seudónimos, o envía cartas de reproche
sin colocar su nombre. Yo tengo un lindo cesto de la basura en donde
terminan todos esos correos electrónicos y cartas anónimas. Si usted no es
capaz de respaldar sus palabras con su nombre, entonces yo no tengo
tiempo de leer lo que usted escribe. Cuando un cristiano condena a otro
cristiano, está destruyendo la integridad y reputación de otra persona.
Hace un tiempo, nuestro ministerio organizó un movimiento de reforma al
que asistieron más de ochocientas personas, la mayoría jóvenes. Una
ministro que pastorea una pequeña congregación en Arkansas vino con un
grupo de ocho jovencitos. Estos jóvenes provenían de un ambiente bautista,
y el Señor los bautizó en el Espíritu Santo durante la reunión. Después del
servicio, ella dijo: “Casi me pierdo de recibir esta bendición este fin de
semana. Escuché a un pastor en la radio que estaba predicando contra
ustedes, llamándolos ‘herejes’. Dijo cosas que no me parecieron correctas,
porque yo los he visto en la televisión. Me pareció que este hombre estaba
envidioso o que sentía rabia, así que medité y decidí traer a los chicos, ¡y
miren lo que el Señor hizo!”.
Si el hombre que estaba hablando mal de nosotros hubiera sido un ateo
que odia la Biblia, ningún cristiano en su sano juicio habría escuchado la
basura que vomitaba de su boca. Sin embargo, el hecho de que este
hombre tuviera años en el ministerio y un buen número de seguidores, le
daba credibilidad al ataque. Afortunadamente, el Espíritu Santo puede
discernir las intenciones del corazón y exponer este tipo de desatinos
cometidos en el nombre de Cristo. Cuando este mismo pastor es criticado
por lo que dice y por sus comentarios negativos, se pone a la defensiva y
suele cortar a las personas. Es gracioso cómo estas cabras saben criticar,
pero no aguantan las críticas.
Las cabras en el rebaño quedarán fácilmente al descubierto por sus
propias palabras. Está el intimidador, que se acerca al pastor y le dice:
“No estoy de acuerdo con lo que usted está enseñando, y si no para, mi
familia y yo vamos a dejar de apoyar esta iglesia”. El manipulador viene y
se muestra despectivo hacia el tipo de música que se está utilizando, y le
recuerda al director de canto que es mejor que regrese a los himnos
tradicionales, porque si no lo hace un buen número de personas va a
abandonar el coro. La cabra dominadora es ese señor ya mayor que ha
estado en la iglesia más que cualquiera y cree que por eso tiene ciertos
privilegios que los demás no tienen. Él domina las conversaciones,
recordándoles a los demás que él es el miembro más antiguo de la iglesia, y
que ha visto muchos pastores ir y venir, así que él estará a cargo sin
importar lo que los demás piensen. La cabra instigadora es la persona que
detesta al pastor y su familia, y que conspira como Coré contra Moisés en
Números 16, recordándoles a los líderes que ellos son los que tienen la
autoridad. Un ministro debe conocer su llamado, y levantarse contra toda
forma de manipulación e intimidación.

EL PECADO DE LOS MINISTROS QUE ATACAN A OTROS


MINISTROS
En el Cuerpo de Cristo hay diferencias doctrinales y opiniones encontradas
sobre el tipo de música o de adoración apropiada, que suelen identificar a
cada denominación. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que solo
podemos estar en desacuerdo en aquellos temas que no son determinantes
en cuanto a la salvación, la justificación, y el destino eterno. La Palabra de
Dios no debe ser usada jamás como un arma contra otros hombres de
Dios. He sabido de hombres que usan el mensaje de la cruz para atacar a
otros seguidores de Cristo y exaltar su propio ministerio, aduciendo que
ellos son los únicos que enseñan el evangelio “debidamente”. Pablo predicó
que la cruz trae salvación y liberación y que jamás debe ser usada como
una vara para partir la cabeza de otros creyentes. Pablo predicó a Cristo
crucificado y habló de su propia carne crucificada, pero jamás colgó a sus
compañeros ministros en una cruz. El fariseo puede causar daño a otros,
pero el cristiano verdadero buscará al maltrecho y derramará en él el
bálsamo sanador.
La Palabra de Dios es una espada, pero esta jamás debe ser apuntada
hacia un hermano o hermana en Cristo. La Palabra es una roca, pero esta
jamás debe ser usada para apedrear a alguien que ha caído. La palabra es
también un martillo, pero no tiene como propósito servir como herramienta
para crucificar a otros creyentes en nuestra cruz de opiniones doctrinales.
La Palabra es agua que sirve para refrescar, y jamás debe ser usada para
ahogar la voz de alguien con quien usted no esté de acuerdo. La Palabra es
un fuego que Dios mismo usa para eliminar la iniquidad, pero ningún
cristiano piromaniaco puede pretender usarla para carbonizar la vida de
otra persona citando versículos con odio.

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es


mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto,
¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros
tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame
también a su hermano”.
—1 JUAN 4:20–21

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,


vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si
tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia,
y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y
no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para
dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser
quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.
—1 CORINTIOS 13:1–3

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno,


para que también vuestro Padre que está en los cielos os
perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no
perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os
perdonará vuestras ofensas”.
—MARCOS 11:25–26

Es posible que usted no siempre recuerde las palabras negativas o las


malas actitudes que ha expresado durante un altercado, o las divisiones
causadas por sus acciones, pero cuando esté en la presencia de Dios, el
Espíritu Santo muchas veces le recordará sus pensamientos, palabras y
acciones (lo convencerá de su culpa). De esta forma, la presencia de Dios
le expondrá sus acciones y usted deberá, o tomar la decisión de ignorar el
impulso del Espíritu Santo, o enmendar su camino y comenzar a actuar
correctamente. Liberar a otros por medio del perdón no es una opción, sino
una instrucción divina. Perdonar no solo es beneficioso en esta vida, sino
que es el camino correcto que conduce a la paz eterna.
Creo que la peor manera de morir que existe es partir de este mundo sin
haber sido perdonados por no haber perdonado. Contaré una experiencia
para ilustrar este asunto. Hace unos años, me estaba preparando para una
reunión de negocios con la directiva de una compañía secular que trataba
con personas ancianas y cercanas a la muerte. Mi anfitriona ese día era una
mujer cristiana que conocía mi ministerio, y hablamos sobre la gran cantidad
de personas con las que ella había estado en el momento en que partían de
esta vida. Me contó que la mayoría de los ancianos eran creyentes que
morían en paz, en un ambiente tranquilo y con los miembros de su familia
rodeándolos. Sin embargo, hubo una muerte que ella jamás olvidó.
Me dijo: “Fue una mujer que trajeron e internaron en una habitación. Se
trata de una de las personas más difíciles y abusivas verbalmente que he
conocido en mi vida. En dos ocasiones sentí la necesidad de hablar con ella
sobre su relación personal con Dios, pero comenzó a insultar y desafiar a
Dios, diciendo que ella no quería tener nada que ver con Él. Estaba llena de
rabia y resentimiento. Yo estaba verdaderamente preocupada por ella, pero
no podía traspasar la barrera de odio que había en su corazón. En este día
en particular estaba al borde de la muerte y así ocurrió”.
Cuando le pregunté qué fue lo que sucedió, me dijo: “La mujer comenzó
de repente a gritar tan fuerte, que los gritos inquietaron a los demás
pacientes en sus habitaciones. Comenzó a decir que sus pies se estaban
quemando, y que el fuego estaba subiéndole por las piernas. Las
enfermeras corrieron a cerrar las puertas del pasillo, tratando de evitar que
los demás la escucharan. La vi morir gritando con los ojos abiertos como en
una especie de tormento. Espero no volver a ver algo así jamás”.
Si la indisposición al perdón puede hacer que sus oraciones no sean
escuchadas, que las bendiciones financieras sean retenidas, y que sus
propios pecados no le sean perdonados (Mateo 6:12–15; Marcos 11:25–
26), ¡entonces debería comenzar a cambiar antes de llegar a su lecho de
muerte! Trátese de un pastor (un ministro), una oveja (un creyente
individual), o una cabra (alguien que solo busca su propio beneficio),
ninguna persona viva o muerta merece que usted abandone este mundo sin
haberla perdonado, poniendo en riesgo su propio destino eterno. Recuerde
que el perdón solo puede darse de este lado del sepulcro, y no del otro.
Capítulo 4

¿QUIÉN ESTÁ SENTADO EN SU TERCERA


SILLA?

EN VARIAS OCASIONES he usado la siguiente ilustración. Pido tres sillas,


todas del mismo color, forma y tamaño, y las coloco una al lado de la otra
en una sola fila. De izquierda a derecha, las identifico como la primera silla,
la segunda silla y la tercera silla. Las tres representan los tres
compartimientos del tabernáculo y del templo judío. La primera silla es el
atrio exterior, la segunda silla el lugar santo, y la tercera silla representa el
lugar santísimo. Con las tres sillas doy una explicación de por qué tantos
hombres y mujeres son perjudicados por otras personas. Están permitiendo
que la persona incorrecta se siente en la silla equivocada.

TRES TIPOS DE PERSONAS


Estas tres sillas también sirven para ilustrar los tres niveles de personas que
usted encontrará en la vida; entre sus obreros, sus asociaciones, en el
personal, etcétera. La Biblia los identifica en tres categorías: los
asalariados, los siervos, y los amigos. Tres versículos se relacionan con
estos tres términos.

Los asalariados

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.
Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias
las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo
arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye,
porque es asalariado, y no le importan las ovejas”.
—JUAN 10:11–13

El término griego traducido aquí como “asalariado” es misthotos, que


describe a alguien “que se gana un salario”. El asalariado era una persona
ajena a la familia que era contratada para ayudar al granjero o agricultor por
una cantidad de dinero acordada. El peligro es que los asalariados solo
trabajan por dinero, y no por amor o preocupación por las ovejas. El
asalariado puede estar hoy con usted y la semana que viene irse con otro
agricultor. Cuando un asalariado ve venir al lobo, corre por su vida en vez
de proteger a las ovejas a quienes se le asignó proteger.
Desde un punto de vista práctico, el asalariado es aquel que va de iglesia
en iglesia, permaneciendo en cada una por una razón específica, hasta que
encuentra una mejor oportunidad para “usar sus dones” y “liberar su
unción”. Su estadía en cada congregación o ministerio suele ser corta, y su
verdadera personalidad es disimulada como descontento, especialmente
cuando surgen problemas en su presencia. El asalariado siempre quiere
saber primero cómo va a quedar él, y no lo que él puede hacer por el
Reino. Yo he visto esta clase de actitud entre los músicos y cantantes de la
iglesia. El lema del asalariado es: “Si me pagas, yo toco”. A veces un
asalariado puede ser necesario temporalmente, hasta que un verdadero
individuo que atienda el llamado llegue al ministerio.

Los siervos
Cristo dijo:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor


sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le
halle haciendo así”.
—MATEO 24:45–46

La palabra griega traducida generalmente en la Biblia como “siervo” es


doulos, que describe a un esclavo o un siervo que sirve a un señor
involuntariamente (porque le pertenece) o voluntariamente (por elección
propia). Nosotros crecimos en la casa de un ministro, y no teníamos otra
opción que asistir a la iglesia tres veces a la semana (dos veces los
domingos y una los miércoles), y todos los días durante las prolongadas
semanas de servicios de avivamiento. Todas nuestras quejas, las excusas de
que teníamos tareas pendientes, y los “mamá, me siento mal” no impidieron
que tuviéramos que vestirnos para acompañar a nuestros padres a la iglesia.
Estábamos obligados a obedecer. Sin embargo, de adolescente tuve una
experiencia espiritual transformadora con Dios, y mi postura pasó de “tengo
que ir a la iglesia” a “no veo la hora de ir a la iglesia”. Se trataba ahora de
una acción voluntaria sin resistencia alguna.
Hoy ya no hablamos de siervos, porque en Estados Unidos esa palabra
nos recuerda la época de la esclavitud. Hablamos de ayudantes,
servidores, obreros y voluntarios. Sin embargo, estos cuatro términos
parecieran tener una cosa en común: se refieren a individuos que están
dispuestos a servir y trabajar en la iglesia o ministerio sin ninguna clase de
remuneración financiera a cambio. Ningún ministerio puede cumplir con su
misión sin la ayuda de individuos preocupados que ofrezcan parte de su
tiempo como voluntarios por amor a Cristo y por el ministerio (o iglesia), y
por su deseo de ser una bendición para otros. Estos son los verdaderos
siervos del Señor. En nuestro propio ministerio hay más de veinticinco
individuos a quienes Pam y yo hemos conocido durante años y en quienes
confiamos. Ellos nos ayudan durante el año a duplicar Discos Compactos y
DVD de las conferencias, a supervisar las mesas de materiales, y a servir
como guardias de seguridad, ujieres, y otras posiciones necesarias. La
mayoría de estas personas serviciales se costean sus propios gastos, y
sirven de manera profesional, como si les estuviéramos pagando.
¿En qué silla colocaría usted a cada clase de persona? Los asalariados
deberían permanecer en la primera silla, y los siervos sentarse en la segunda
silla. Asociando esto con el antiguo templo judío, al israelita común solo se
le permitía permanecer en el atrio (simbolizado por la primera silla). A los
levitas se les permitía estar tanto en el atrio, como en el lugar santo (la
segunda silla), pero solo al sumo sacerdote se le permitía entrar al lugar
santísimo (la tercera silla). El atrio era donde la gente común se reunía para
cumplir con el lavado ceremonial y ofrecer sus sacrificios a Dios. Un
asalariado puede en cualquier momento volverse inestable y causar
dificultades en el ministerio o la iglesia, ya que cuando las cosas no van
como él desea, suele buscar sus propios seguidores y abandonar el
ministerio; o irse repentinamente sin dar explicaciones. Lo único que le
importa es él mismo, y no el amor a las ovejas y la atención a las
necesidades del rebaño.
Sin embargo, en el lugar santo es donde tiene lugar la verdadera
comunión con el Padre. La palabra griega para “comunión” es koinonía,
que significa “participación mutua en una actividad”, o “aquellos que forman
parte de una sociedad”. En el lugar santo está la mesa de los panes de la
proposición, en la que partimos juntos el pan de la Palabra bajo la luz de la
menorá de oro, que en al antiguo templo representaba las manifestaciones e
iluminación del Espíritu Santo. Juntos estamos en el altar de oro
intercediendo mientras derramamos el incienso de nuestras oraciones
delante de Dios. Es aquí cuando los siervos del Señor se reúnen en el lugar
santo de la casa de Dios, en comunión con el Padre.
Según Cristo, solo hay una desventaja en ser siervos.

“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no


os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su
señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí
de mi Padre, os las he dado a conocer”.
—JUAN 15:14–15

El asalariado anda en busca de ganancias y de su propio beneficio


personal. El siervo, por el contrario, tiene la disposición de servir por amor
a las ovejas y el pastor. Cristo reveló que el siervo no sabe lo que hace su
señor, lo que quiere decir que el siervo no está involucrado con el círculo
íntimo de decisiones del señor. A los siervos no siempre se les confían los
secretos que solo conocen los miembros cercanos a la familia. Así como el
asalariado muchas veces huye a la primera señal de problemas en la iglesia
o en el ministerio, algunas personas que sirven pueden sentirse ofendidas
con la directiva del ministerio si no se les permite participar en las
conversaciones o reuniones de la junta. Cuando no se los invita a una cena,
a las reuniones especiales de comunión, o a las actividades u ocasiones
especiales, pueden sentirse ofendidos, al punto de que se ponen en contra
de la directiva y terminan marchándose ofendidos, en vez de sonreír y
continuar realizando la labor que se les ha asignado.

Los amigos
Después de varios años compartiendo día y noche con sus discípulos,
Cristo les informó que los había elevado de la categoría de siervos, a
amigos. Como decimos actualmente, “los estaba ascendiendo”. La palabra
griega traducida en esta ocasión como amigos es filos, que se traduce
comúnmente como “amor”, y que describe a alguien que es muy amado. Un
amigo en este contexto no es un simple conocido, como cuando decimos
“este es mi amigo”, sino que se trata de un amor más afectivo. Incluye el
concepto de lealtad a los amigos, a la familia y a la comunidad. La palabra
griega filia describe el tipo de amor que se tienen los miembros de una
familia.
Los siervos que son leales son personas de la segunda silla, o del lugar
santo. Sin embargo, hay algunos siervos cuya amistad madura y se
convierte en un lazo más sólido, cercano y familiar, pasando de la segunda a
la tercera silla. La tercera silla es para los amigos más cercanos, y
representa al compartimiento más importante del templo judío: el lugar
santísimo. Solo el sumo sacerdote tenía permitido entrar a este lugar una vez
al año, cuando Dios mismo descendía del cielo durante el Día de la
Expiación. El sumo sacerdote hacía expiación por él mismo, por los
sacerdotes, y por el pueblo. Era el compartimiento más íntimo de los tres, y
solo una persona asignada podía entrar a este recinto sagrado. Este tercer
compartimiento, el lugar santísimo, estaba reservado exclusivamente para
llevar a cabo encuentros cara a cara y directos entre el sumo sacerdote y
Dios.
La metáfora de la tercera silla es importante, porque no debería
permitírsele a todo el mundo sentarse en la tercera silla de las
relaciones personales. Uno de los motivos por los que muchos creyentes
experimentan dolor, decepciones y traiciones, es porque permiten que
personas de la primera silla avancen y se sienten en la tercera silla,
enterándose así de información delicada o escuchando conversaciones
personales. Un asalariado en la tercera silla es una persona demasiado
inmadura como para manejar lo que ve o escucha en la primera silla, y
termina causándose daño él mismo y daño a otros, al traicionar su
confianza. Un asalariado cuya agenda oculta es hacerse íntimo de alguien
para satisfacer sus propios intereses, puede decepcionarse y causar mucha
angustia. ¿Le ha pasado a usted que ha hecho una amistad, y con el tiempo
comienza a confiar en la persona y a compartir con ella información
confidencial, pero la persona termina traicionándolo, y comienza a usar su
información privada como un arma que lo mantiene a usted secuestrado
emocionalmente? La Palabra de Dios es llamada metafóricamente la
“espada del Espíritu” (Efesios 6:17). Pero la espada de la Palabra jamás
debe ser usada como un arma para traspasar y herir a otros creyentes.
En diversas oportunidades he estado reunido con un grupo de amigos del
ministerio y hemos comenzado a discutir algún asunto importante, pero
privado. A veces le pido a la mayoría del grupo que nos disculpen durante
un momento. Los asalariados inmediatamente se quejan tras mis espaldas,
diciendo: “Al parecer no creen que soy lo suficientemente bueno como para
sentarme en esa sala con ellos”. Los siervos dicen: “Me pregunto por qué
nos pidió que saliéramos. Bueno, no es un asunto de mi incumbencia”. Los
amigos, sin embargo, acompañarán al grupo hacia afuera, y dirán:
“Vayamos a almorzar mientras ellos hablan, de manera que podamos
regresar más tarde a seguir trabajando”.
En relación a la obra del ministerio, muchos tienen una idea preconcebida
sobre lo que es esta clase de trabajo. Tal vez esto suene gracioso, pero hay
quienes creen que cuando yo llego a la oficina, me siento a orar todo el día
en el Espíritu, recibiendo revelaciones e inspiración. Esto ocurre porque
solo me han visto sobre un púlpito o dando conferencias. A veces vienen
personas a trabajar para nosotros con esto en mente, solo para descubrir
que durante ocho horas deben atender llamadas, tomar órdenes telefónicas,
orar por necesidades individuales, lidiar con algunas personas con actitud
de cabra por el teléfono, y de hecho, ¡trabajar! Cuando estos trabajadores
se muestran flojos o ineficientes, se les pide que se reúnan con Pam, quien
está encargada de las reuniones de negocios, y con los jefes del
departamento de personal de Voice of Evangelism y el Omega Center
International (VOE y OCI, por sus respectivas siglas en inglés). Yo le
delegué esa responsabilidad a Pam, después de darme cuenta de que ella
era más paciente y comprensiva a la hora de lidiar con las “cabras” en el
personal.
Todo el mundo necesita tener amigos verdaderos, pero no todos los
amigos son apropiados para ser sus amigos cercanos. Fíjese en lo que dice
Proverbios 18:24:

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay


más unido que un hermano”.

Aquí se usan dos palabras hebreas diferentes para “amigo” y “amigos”.


La palabra traducida como “amigos” es rea’, que significa “compañía
cercana o asociado”, más o menos como un compañero de trabajo o un
vecino. La palabra traducida como “amigo” es una palabra diferente: ‘ahab.
Esta es una palabra más íntima, que se refiere a un amigo al que se le tiene
gran aprecio. Esta misma palabra ‘ahab se usa en 2 Crónicas 20:7, donde
se dice que Abraham era “amigo” de Dios, y en Isaías 41:8, donde
Abraham es llamado “amigo” de Dios. La primera palabra se refiere
entonces a un asociado, un colega, o un amigo cercano que es compañero
de trabajo; pero la segunda se refiere más a un socio de pacto, alguien en
quien se puede confiar y que se preocupa realmente por usted. El proverbio
indica que si usted es una persona amigable, tendrá amigos. Sin embargo,
de todos los amigos de su vida, solo unos pocos serán amigos de pacto que
lo defenderán y no dejarán que nadie hable mal de usted. Estos son los
amigos en quienes se puede confiar.

DE CARA A CARA, DE HOMBRO A HOMBRO Y DE ESPALDA


A ESPALDA

Así como hay tres sillas que ilustran los tres compartimientos del
tabernáculo y el templo judío, hay tres tipos de amistades que podemos
experimentar en cualquier ministerio o iglesia. Las tres pueden definirse
como amistades de cara a cara, de hombro a hombro y de espalda a
espalda. Las amistades de cara a cara son las personas de la primera silla,
que son sus amigos del atrio. A los amigos de hombro a hombro les gusta la
segunda silla, es decir, una relación más personal. Son las personas del lugar
santo. Las relaciones de espalda a espalda son nuestros amigos de la
tercera silla, que son nuestras relaciones íntimas o del lugar santísimo.

Las amistades de cara a cara


Las amistades de cara a cara son aquellas relaciones ocasionales que
usted mantiene en cualquier iglesia. Cuando asistimos al templo cada
domingo en la mañana, vemos los rostros de los miembros de la iglesia y los
reconocemos. “Allí está fulano, y la hermana tal”. Asociamos sus rostros
con sus nombres. Sabemos algunas cosas de ellos, como dónde trabajan,
cuáles son sus necesidades personales, o los problemas que padecen. Nos
encontramos cara a cara con ellos en la entrada de la iglesia, les damos la
mano y les decimos: “Dios te bendiga” o “Qué gusto verte”. Cuando
salimos de la iglesia, les damos la mano y les decimos “nos vemos”, y
generalmente no los volvemos a ver sino hasta el domingo siguiente. Estas
amistades de cara a cara pocas veces se convierten en amistades
personales, pues cada uno respeta la privacidad del otro. Cada domingo
adoramos junto a personas con quienes jamás iniciaríamos una
conversación o una relación más íntima o personal. Alegamos que estamos
demasiado ocupados con nuestras vidas como para lidiar con los
problemas de otros.

Las amistades de hombro a hombro


El segundo tipo de amistad es la amistad de hombro a hombro. Cuando
hablamos de estar “hombro a hombro” con otra persona, podemos
imaginar a dos personas que sobrellevan una carga juntos. Cuando otros se
unen a mí en la obra del ministerio, trabajamos hombro a hombro para
poder llevar las cargas y el peso de la obra de Dios. Jesús envió siempre a
sus discípulos en parejas (Lucas 10:1). La razón para esto, es que dos
personas trabajando juntas se animan mutuamente:

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su


trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero;
pero, ¡ay del solo!, que cuando cayere, no habrá segundo que lo
levante”.
—ECLESIASTÉS 4:9–10

Salomón nos dio otra razón para trabajar en parejas, al revelar que dos
personas forman una protección contra los ataques:

“Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón


de tres dobleces no se rompe pronto”.
—ECLESIASTÉS 4:12

Dos serán siempre mejor que uno. Cuando Dios formó a Adán, dijo:
“No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). En el original
hebreo, la palabra “solo” es la palabra malo. Estar solo significa estar
separado, o por su propia cuenta. Cosas “malas” pueden ocurrir cuando
usted vive como un solitario, sin nadie que lo anime, porque cuando uno
está solo es mayor la lucha mental. Fue en la soledad que Jacob “luchó”
con un hombre al rayar el alba (Génesis 32:24). Cuando Elías estaba solo,
luchó contra la depresión y le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes
19:4, 9–10). Dios lo creó a usted para que fuera amigable y tuviera
compañía, y no para que se aislara y llevara sus propias cargas. Debemos
sobrellevar “las cargas de los otros” (Gálatas 6:2) y orar “unos por otros”
(Santiago 5:16). Cuando mis hombros están cansados, necesito amigos
fieles y socios en el ministerio que me ayuden a sobrellevar la carga. Estas
personas que ayudan a sobrellevar la carga son los siervos de la segunda
silla que están dispuestos a permanecer en la brecha con usted y terminar la
tarea.

Las amistades de espalda a espalda


El tercer tipo de amistad, importantísima durante el tiempo de batalla, es
la amistad de espalda a espalda. Seguramente usted ha visto en las
películas cómo los gladiadores romanos se organizaban en parejas para
luchar contra una multitud de hombres armados en el terreno. Todo soldado
puede ver al enemigo directamente frente a él, pero nadie tiene ojos en la
espalda. Lo que hacían era colocarse de espalda a espalda, tomando la
mano o la muñeca de su compañero de batalla. Mientras el soldado sentía
la mano de su socio de batalla, o su espalda contra la suya, sabía que tenía
la espalda resguardada, y podía concentrarse en el enemigo frente a él.

UNA HISTORIA TRISTE, PERO CIERTA


La siguiente historia me la contó un amigo del ministerio donde ocurrió.
Durante cuarenta años, un ministro había prestado servicio como pastor en
pequeñas congregaciones rurales en un estado del sur. Con todo el gusto él
servía como voluntario en las reuniones regionales del estado, estacionando
vehículos, barriendo, y entregando folletos durante las convenciones de la
iglesia. Dada su larga trayectoria en el estado, era considerado por todos
como una persona noble y honesta.
Cuando el ministro entró a su sexta década de vida, su amada esposa
tuvo un colapso nervioso, y tuvo que ser hospitalizada. Los ajetreos de la
vida, la presión de una enfermedad y las muchas responsabilidades con la
iglesia lo afectaron mental y emocionalmente. Tres veces a la semana
bañaba a su esposa, mientras ella balbuceaba palabras incoherentes.
Cuando era adolescente y no se había convertido, él luchó para dejar el
cigarrillo, y no pudo lograrlo sino hasta los veintiún años. Una noche
abandonó el hospital a las tres de la mañana totalmente desanimado. Se
detuvo en una tienda de una estación de servicio, y compró una cajetilla de
cigarrillos por primera vez en cuarenta años. Un miembro de la iglesia pasó
por el lugar y lo vio salir de la tienda con la cajetilla en la mano, pero en vez
de acercársele y preguntarle si estaba bien, esta persona fue a contarle lo
ocurrido a un pastor.
En vez de seguir el protocolo bíblico y reunirse personalmente con este
hermano en el Señor (Mateo 18:15–17), este pastor (que en el fondo
quería ser el pastor de la iglesia que dirigía este hombre), se disfrazó de
cazador de venados y se escondió en un bosque cercano a la casa del
predicador con una cámara, hasta que logró atraparlo fumando afuera de
la casa. Luego, el “espía” condujo hasta las oficinas centrales de esa iglesia
denominacional y le mostró la grabación al obispo estatal. ¿El resultado?
Los líderes denominacionales echaron a este hombre inmediatamente de su
iglesia y lo separaron del ministerio, sin considerar la situación emocional y
espiritual de su esposa y la de él mismo; y le dieron la iglesia al pastor espía.
Luego de cuarenta años y una falla carnal, este hombre fue desechado
como agua sucia.
¿Por qué es importante tener un amigo cercano que cuide sus espaldas?
¡Porque hasta la gente buena pueda fallar! Noé estuvo alrededor de cien
años construyendo el arca, y después del diluvio lo encontramos borracho y
desnudo en su tienda. Lot era considerado “justo” (2 Pedro 2:7–8), pero
después de abandonar Sodoma, sus hijas lo emborracharon, se acostaron
con él y dieron a luz dos hijos. A Moisés se le pidió que le hablara a la roca,
pero él lo que hizo fue golpearla, impidiendo así su entrada a la tierra
prometida. Gedeón dirigió trescientos hombre a la guerra, derrotó a los
madianitas, y luego uso una ofrenda de oro para crear un efod que convirtió
en un ídolo. Sansón sacó las puertas de la ciudad y quemó los campos de
los filisteos usando trescientas zorras y antorchas, pero una mujer pudo
hacer más que un león rugiente y mil filisteos. David era un hombre cuyo
corazón buscaba a Dios constantemente, y aun así, su corazón fue seducido
por una mujer casada. Su relación prohibida produjo un embarazo y el
asesinato de un hombre. Dios se le apareció a Salomón dos veces, y el rey
construyó el mayor templo de la historia, solo para casarse con una mujer
extraña y alejarse de Dios.
La reacción de los hijos de Noé ante la embriaguez de su padre ilustra
las reacciones de los amigos de cara a cara y de espalda a espalda.
Cuando Noé estaba borracho en su carpa, Cam vio la desnudez de su
padre y corrió a decirles a sus hermanos Sem y Jafet. Los dos hijos se
negaron a ver a su padre en esa débil condición, y tomaron ropa y lo
cubrieron. Cam estuvo dispuesto a exponer ante los demás que había visto
de cara a cara. Los asalariados y las personas del atrio no tienen motivos
para salvar el alma de un hermano, y cubrir “multitud de pecados” (Santiago
5:20). Las relaciones solo pueden construirse sobre el común acuerdo, o en
una combinación de común acuerdo y el amor que se tiene por la persona,
creando una amistad de la relación. Un amigo de la tercera silla jamás
justificará el mal o la desobediencia, pero tampoco usará lo que sabe para
traicionar o producir más dolor en una alma que ya está herida.

¿A QUIÉN AMA USTED MÁS?

Después de muchos años en el ministerio, he aprendido que hay una


diferencia entre el amor que la gente tiene por el ministerio, y el amor que
tienen por el ministro y su familia. Los que aman al ministro y su familia
suelen ser individuos o familias que se convirtieron a Cristo o cuyas vidas
fueron transformadas por las predicaciones y enseñanzas del ministerio de
un hombre o mujer de Dios. Por ejemplo: mis socios más fuertes y leales
son aquellos que se convirtieron a Cristo, fueron bautizados en el Espíritu
Santo, o tuvieron un despertar espiritual definitivo mediante el ministerio de
la Palabra. Hay también quienes se aferran a un ministerio con la esperanza
de ser vistos o reconocidos por los demás, o de alcanzar una posición de
autoridad. Hace muchos años aprendí esto con varios individuos que
entraron a nuestro ministerio como voluntarios. Ocurrió que comencé a
perder poco a poco a personas buenas que ya no querían seguir sirviendo
en el ministerio. Descubrí que uno de estos voluntarios estaba ahuyentando
a todo el mundo con su actitud y comentarios negativos.
Si usted realmente ama más al ministerio que al ministro y su familia,
entonces es posible que se ofenda cuando haya cambios en los métodos
que se usan, o en el personal. Si cambia el personal del ministerio y los
métodos son modificados, o si cambia el estilo de música o la manera de
ministrar en el altar, entonces usted se sentirá frustrado porque están
cambiando las cosas que a usted le gustan del ministerio. Pero si usted ama
al ministro y confía en sus decisiones, por más que no le gusten los cambios,
usted permanecerá en la tercera silla como un amigo del ministerio. Bien lo
dice Proverbios 17:17: “En todo tiempo ama el amigo”.

JESÚS TENÍA TRES GRUPOS EN SU MINISTERIO


Podemos dividir los grupos misioneros de Cristo en tres grupos. Él tenía
setenta hombres a quienes enviaba de dos en dos (Lucas 10:1). Sin
embargo, contaba con doce discípulos seleccionados personalmente por él,
que lo acompañaban a tiempo completo como parte de su equipo de
evangelización itinerante. Entre estos doce hombres había también un
círculo cercano integrado por tres de ellos: Pedro, Santiago y Juan.
Durante los momentos más importantes de la vida de Cristo, estos hombres
fueron separados de los otros nueve e invitados a sentarse en la tercera
silla de sus amistades íntimas. Pedro, Santiago y Juan estuvieron durante la
transfiguración (Mateo 17:1–5) y cerca de Jesús en el Jardín de Getsemaní,
cuando sudó sangre (Marcos 14:32–33). Los tres experimentaron la gloria
de la transfiguración, y la crudeza de la agonía de Cristo al sudar sangre.
A menudo me pregunto por qué estos tres discípulos fueron elegidos por
sobre los demás. La respuesta está en la preparación para sus futuros
ministerios. Después del Pentecostés, Pedro se convirtió en el apóstol de
los incircuncisos, Santiago en el líder de la iglesia en Jerusalén, y la historia
de la iglesia revela que Juan dirigió la iglesia después de la muerte del
apóstol, y escribió la visión del Apocalipsis estando en la isla de Patmos.
Usted debe poner en práctica el discernimiento a la hora de permitir
que una persona pase del circulo exterior de amigos a su círculo íntimo.
Aquellos con una naturaleza de asalariado que pasan del atrio al lugar
santísimo son los que tienden a traicionar la confianza, usando lo que saben
para alimentar su ego y hacerse importantes ante sus propios ojos y los ojos
de otros, quienes se mostrarán sorprendidos con la información exclusiva
que poseen. Recuerde también que los asalariados no son personas que
permanecen de manera estable en una iglesia o ministerio, ya que
precisamente dos de sus características son la inestabilidad y la
individualidad, que los mantiene pasando de un lugar a otro, buscando gente
que los apoye y los mantenga.

LÁZARO: CÓMO EVITAR EL HEDOR


Todas las historias bíblicas tienen una lectura literal, pero entre sus líneas se
esconden principios espirituales prácticos que se aplican a las circunstancias
de hoy. En Juan 11 Lázaro ha muerto, y Cristo se ha demorado cuatro días
antes de viajar al lugar donde había sido sepultado. En la época de Cristo
los cuerpos no eran embalsamados, sino sepultados el mismo día de la
muerte. Después de haber envuelto el cadáver en lino, este era colocado en
una cueva que sellaban con una gran piedra redonda. A este tipo de tumbas
se las conocía como “sepulcros” (Mateo 23:27). La ilustración espiritual se
relaciona con la manera en que los creyentes mantenemos cubierto y
escondido nuestro maloliente pasado y presente. La piedra cubriendo el
sepulcro no servía para mantener a Lázaro asegurado, porque los muertos
no se pueden levantar, sino para evitar que alguien entrara.
Cuando Jesús llegó, pidió que quitaran la piedra. La preocupación de los
religiosos que estaban presentes era el hedor que se sentiría una vez que
aquello que cubría al difunto fuera retirado. ¿Estaba Jesús buscando
“desatar una hediondez” al pedir que quitaran la piedra? Todo el mal olor
estaba concentrado adentro del sepulcro, mientras que afuera no olía a
nada. Básicamente, la gente decía: “Preferiríamos tener a este hombre fuera
de vista antes de tener que lidiar con su olorosa situación”.
En ocasiones, ministros prominentes que dirigen congregaciones vivas y
vibrantes, y algunos ministerios pujantes, son heridos repentinamente por
dardos de inspiración satánica que los llevan casi al punto de la muerte
espiritual. Pierden sus iglesias, sus ministerios, su influencia y sus amigos.
Terminan como Lázaro, envueltos en trapos de muerte y apartados del
ministerio por personas que se hacen llamar religiosas, quienes les ponen
una piedra encima y los abandonan, dejando que se descompongan,
mientras su familia y sus amigos permanecen a un lado presenciando todo y
llorando.
¡Pero Jesús no le tiene miedo a su pestilencia! Es posible que haya algo
en su vida, como un terrible secreto familiar, que sea demasiado doloroso
para usted. Usted lo ha tirado y lo ha cubierto, pero todos los días pasa por
el “sepulcro” y lo recuerda, como los padres de un niño que ha muerto en
un accidente automovilístico, y que dos veces al día, para ir y para regresar
del trabajo, atraviesan la intersección donde su hijo murió. El dolor los
embarga cada vez que ven ese lugar. Sepultar a Lázaro no elimina el
recuerdo de Lázaro. ¿“Huele” el dolor que lo agobia a incesto, maltrato, a
una atadura personal, o a alguien que abusó de usted cuando era niño?

LA RETIRADA DE LA PIEDRA
Lázaro necesitaba una nueva vida, y la gran piedra redonda le evitaba salir y
experimentar la libertad. La retirada de la piedra no tenía la intención de
dejar salir el desagradable olor de la muerte, sino de que Lázaro se
levantara, dejara atrás su pasado y soltara los trapos de esclavitud que lo
ataban. En el caso de Lázaro, ellos conocían sus circunstancias y su
pasado. Estaba enfermo, había muerto, estaba envuelto en trapos de
muerte, y ya hedía.
Pero ahora viene la parte curiosa de la historia. Una vez que la piedra fue
retirada y Lázaro salió liberado de sus ataduras de lino, ¡nadie menciona
nada sobre el hedor! Esto siempre me intrigó, hasta que comprendí que
cuando Cristo trae a alguien de la muerte a la vida, ¡elimina su pestilente
pasado para siempre! El pasado quedó atrás cuando el poder de la
resurrección de Cristo fue liberado en ese cuerpo. ¡Cristo lo levantó y lo
sacó!

LÁZARO ES RESTAURADO EN EL MINISTERIO


La historia de Lázaro es también una historia de restauración. Después de
haber sido levantado de los muertos, ¡un grupo de personas religiosas lo
amenazó secretamente con matarlo! Yo he visto ministerios que han caído
en pecado y terminan pestilentes como Lázaro. Se apartan, y son
restaurados, pero luego un pequeño grupo de ministros farisaicos
comienzan a criticar el proceso de restauración y a hablar de la
podredumbre pasada, en vez de la resurrección presente. Hay también
“creyentes de bufé” que van escogiendo versos bíblicos que se ajustan a sus
opiniones teológicas personales, y que usan la Biblia como una piedra para
lanzársela a los hermanos más débiles. Esto ocurre mucho en la manera en
que algunos ministros presentan el mensaje de la cruz. Este mensaje no
debería ser usado jamás como una herramienta para azotar a otros
creyentes con quien el ministro esté en desacuerdo. El verdadero mensaje
de la cruz es el del perdón, la reconciliación, y la restauración. Pablo
escribió:

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros


que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley
de Cristo”.
—GÁLATAS 6:1–2

La palabra griega traducida aquí como “sorprendido” es prolambano,


que significa “tomar algo anticipadamente”. Literalmente, “comer antes que
los menos favorecidos en una cena social”. Figurativamente, significa
anticiparse o ser sorprendido por algo. En este caso, significa ser
sorprendido repentinamente o tomado fuera de guardia por el pecado. El
filósofo, historiador y geógrafo griego Estrabón usó esta palabra cuando se
refirió a un rinoceronte que repentinamente le clavó su cuerno en la barriga
de un elefante, previniendo que el elefante usara su trompa para detener el
asalto. El término se usaba también en la antigua Grecia para describir un
navío que era agitado por el oleaje, y que de repente era golpeado contra
las rocas. Pablo habla aquí de cuando un creyente es sorprendido por el
pecado y cae en la tentación. Todos los hombres y mujeres experimentarán
tentaciones, pero hay una diferencia entre caer en una tentación, y pecar
premeditadamente después de un largo período de tentación.
Pablo dice que los hermanos deben “restaurar” a aquellos que han sido
sorprendidos por el pecado. La palabra griega traducida como restaurar se
utiliza como una metáfora en la que un médico experimentado endereza un
miembro dislocado.1 Si un hombre se ha fracturado una pierna, el médico
no le dirá: “Solo envuélvala en un trapo y acuéstese durante unas semanas”.
Si el hueso partido no es movido a su lugar, en el peor de los casos la
persona terminará perdiendo la pierna, y en el mejor de los casos cojeará
durante el resto de su vida. En ambos casos, la pérdida del miembro puede
ser prevenida con la atención precisa. Así como un hueso roto tarda en
recuperar su fortaleza, cuando un creyente cae en pecado y necesita
restauración requiere de tiempo para curarse tanto emocional como
espiritualmente.
Yo crecí en una denominación muy tradicionalista y conservadora.
Recuerdo momentos de mi juventud en los que algún pastor caía en un
pecado grave, o en alguna clase de inmoralidad. Si la investigación lo
encontraba culpable, inmediatamente la credencial del pastor era cancelada,
lo separaban de los púlpitos durante uno o más años, y era apartado de
cualquier clase de ministerio hasta que pasara por un proceso de
restauración. En algunos casos, se trataba de ministros que habían sido
fieles toda su vida, y esa sola falla era su única marca negativa. En otros
casos ocurría lo contrario: quedaba revelado que el problema no era nuevo,
sino que formaba parte de un estilo de vida. Sin embargo, ambos eran
disciplinados por igual, a pesar de que en el primer caso el ministro pudo
haber sido sorprendido por el pecado, mientras que el otro estaba
practicando un estilo de vida inapropiado. Cuando terminaba su castigo,
me daba cuenta de que algunos ministros seguían castigando a aquellos que
ya estaban en el momento más bajo de sus vidas, desanimados, vencidos y
desesperanzados.
Lo que en aquellos días de muchos movimientos evangélicos se conocía
como restauración, a veces tenía muy poco de restauración en el
proceso. El culpable era marginado junto con su familia, tratado como
leproso, y no deseado en las convenciones denominacionales. La gente
murmuraba cuando él o su familia entraban a algún lugar. La restauración de
ninguna manera aprueba el acto de desobediencia o suaviza la acción, pero
se nos ha pedido que tratemos a los creyentes que han caído con
mansedumbre, no sea que nosotros también seamos sorprendidos por el
mismo pecado.

LA PÉRDIDA DE LA CONFIANZA
La confianza debe construirse en base al amor y el respeto mutuo. Cuando
una relación florece, comenzamos a apreciar las fortaleza de la persona y a
conocer sus debilidades. Ocurre a menudo en el ministerio, que la gente
comienza a ver alguna debilidad carnal o de actitud en alguien, y por eso le
pierden el respeto y comienzan a asociar esa debilidad con hipocresía.
Algunos de los más grandes hombres y mujeres de Dios han tenido
problemas de temperamento. Alguien puede airarse y aun así no pecar
(Efesios 4:26). Cristo se airó al ver las mesas de los mercaderes en el
templo, consciente de que la intención original del templo era ser una “casa
de oración” (Mateo 21:13). En este caso, su ira estaba justificada, pues un
lugar sagrado estaba siendo corrompido para obtener ganancias personales.
Como un ejemplo opuesto, tenemos al rey Uzías, quien se atrevió a usurpar
el lugar del sumo sacerdote en el templo para quemar incienso en el altar.
Solo el sacerdote seleccionado podía llevar a cabo esa tarea. La Biblia
dice: “Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina;
porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová
para quemar incienso en el altar del incienso” (2 Crónicas 26:16). En vez de
arrepentirse, leemos:
“Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer
incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra
le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de
Jehová, junto al altar del incienso. Y le miró el sumo sacerdote
Azarías, y todos los sacerdotes, y he aquí la lepra estaba en su
frente; y le hicieron salir apresuradamente de aquel lugar; y él
también se dio prisa a salir, porque Jehová lo había herido”.
—2 CRÓNICAS 26:19–20

Uzías quiso hacer algo bueno de la manera equivocada. Para que las
oraciones del pueblo ascendieran al cielo, se requería que se quemara
incienso (Éxodo 30:7–8; Salmo 141:2). Como consecuencia de su
accionar, Uzías se volvió leproso. Fue depuesto como rey, y vivió en una
“casa apartada” hasta el día de su muerte (2 Crónicas 26:21).
El problema con la ira es que cuando esta se manifiesta, tiene un efecto
separador y aislante. Cuando a Moisés se le pidió que le hablara a la
roca, pero en medio de su frustración con el pueblo se airó y la golpeó,
perdió en ese momento su herencia al prohibirle Dios entrar a la tierra
prometida (Números 20:8–12). Cuando Caín mató a Abel por envidia, fue
enviado al a tierra de Nod, una palabra que significa errante (Génesis 4:16).
La razón por la que la ira, especialmente un temperamento desenfrenado, es
tan destructiva, es porque nadie quiere estar alrededor de alguien que esté
todo el tiempo molesto.
Se ha descubierto que cuando una persona se molesta demasiado, no
solo aumenta su pulso cardíaco, su presión arterial y su respiración, sino
que su sistema inmunológico puede neutralizarse durante un período de
cerca de seis horas.2 Sé de adultos que fueron criados por un padre o una
madre con temperamento violento, y que los acosaban verbalmente, que
hasta el sol de hoy no han podido sacar esas imágenes de su mente.
Salomón dice:

“No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el


hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes
lazo para tu alma”.
—PROVERBIOS 22:24–25

Se toman más decisiones equivocadas cuando se hacen con ira. Israel


estaba persiguiendo a los filisteos, cuando el rey Saúl dijo en medio de la
batalla: “Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya
tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había
probado pan” (1 Samuel 14:24). Cuando los soldados están bajo la presión
de la guerra deben comer para mantenerse fuertes, y esta decisión fue
tomada porque había confusión entre los israelitas y los hombres estaban
“en apuros” (1 Samuel 14:19, 24). La Biblia dice que el pueblo
“desfallecía” (v. 28). Cuando finalizó la batalla, los hombres estaban tan
hambrientos que degollaron animales en el terreno y se los comieron con
sangre, algo que era prohibido por la ley de Moisés (Levítico 7:26; 1
Samuel 14:33). Las decisiones equivocadas que usted tome, afectarán
siempre a los que están cerca de usted. Así como las insensatas palabras de
Saúl hicieron que el pueblo terminara comiendo algo indebido, sus palabras
negativas pronunciadas con ira causarán que las bocas de otros produzcan
sangre, no por la muerte de animales, sino por las palabras cortantes como
cuchillos que harán sangrar a otros en sus mentes y corazones.
Uno de los golpes más duros a la confianza ocurre cuando uno de los
cónyuges le es infiel al otro a través del adulterio. Esta es la peor forma de
traición y es sumamente difícil restablecer la confianza cuando ocurre. El
perdón es el único camino hacia la restauración. He sabido de parejas
en las que uno ha sido infiel, y la pareja inocente decide no perdonar y
divorciarse, pero años después confiesa: “Actué movido por la rabia, y
cometí un error al no perdonar y permitir la sanación”. Otros deciden recibir
consejería y perdonan, y en muchos casos terminan teniendo una relación
más fuerte, salvando a su familia en el proceso. El perdón es la clave para
restaurar la confianza, pero el perdón es una elección.

¿QUIÉNES SON SUS AMIGOS DE LA TERCERA SILLA?


El temor al fracaso es una de las mayores trabas para dar un paso adelante
en la fe. La segunda es simplemente miedo. La palabra griega más común
en el Nuevo Testamento para miedo es fobos, cuyo significado original es
“huir a causa de un susto o de sentir temor”. Da a entender que el miedo es
algo que nos hace huir, y produce sensaciones de ansiedad y terror.3
Cuando se habla de “temer a Dios” la palabra griega que se usa es
eulabeia, que significa precaución o santa reverencia. Nuestra relación con
Dios no debe basarse en un temor del tipo fobos, sino en la reverencia
hacia su grandeza, pues es una relación basada en el amor mutuo.
Si usted permite que un asalariado de la primera silla se siente en su
tercera silla íntima, y como resultado ocurre una traición, desarrollará temor
de los fracasos en las amistades y creará una resistencia a los nuevos
amigos, convirtiéndose en un recluso social, en un esfuerzo por proteger sus
emociones de más heridas. En su mente, es preferible no tener amigos
cercanos que tener experiencias amargas con ellos, o experimentar el hecho
de que un amigo cercano se convierta en una cabra de Judas y termine
traicionando su confianza. Imagine que después de su resurrección, Cristo
hubiera tenido una reunión íntima con sus discípulos y les hubiera dicho:
“Nuestro tesorero Judas me traicionó y se suicidó. Pedro me negó y
comenzó a maldecir. Tomás dudó de que yo estuviera vivo. Todos ustedes
corrieron como cobardes durante mi crucifixión, y solo Juan se mantuvo fiel.
Ustedes son los peores amigos que cualquier hombre podría tener. Después
de estar cuarenta y dos meses con ustedes, me doy cuenta de que perdí mi
tiempo; así que me voy para el cielo. ¡Arréglensela como puedan, que yo
me voy de aquí!”.
Cristo escogió a doce hombres comunes con personalidades opuestas, y
a pesar de sus fallas, errores e inestabilidades, invirtió cuarenta y dos meses
en sus futuros, consciente de que el Espíritu Santo los facultaría para que
completaran exitosamente su tarea. Él no buscaba perfección espiritual, sino
obediencia personal. ¿Qué está buscando usted en sus amigos de la tercera
silla? ¿Perfección, o amistad? Yo creo que Dios coloca personas
específicas en su vida en momentos determinados con un propósito. El
secreto está en poder discernir el motivo que lo conecta a usted con los
demás, y conocer a las personas a quienes les permitirá entrar en su círculo
íntimo. Este discernimiento se agudiza por medio de la oración.
Hace unos años, un hombre fue invitado a una iglesia para que diera su
“testimonio”. Este hermano contó que había servido en la Guerra de
Vietnam, y que su experiencia de protección y de conversión era más bien
sobrenatural, muy a lo Saulo de Tarso. La historia era tan intensa e
impresionante, que las iglesias comenzaron a invitarlo para que diera
charlas. Finalmente, la noticia de esta asombrosa historia de conversión
llegó hasta los líderes en la sede denominacional. Tenían que invitarlo a
hablar en la Asamblea General, ante miles de personas. Sin embargo, un
ministro consagrado tuvo la sensación de que algo no estaba bien, y
comenzó a investigar la historia. Después de examinar los hechos, descubrió
que este hombre jamás había hecho el servicio militar, y que había creado
toda la historia para jugar con las emociones de la gente. Este asalariado
estaba tratando de ganar acceso a la tercera silla para conferirle credibilidad
a su increíble historia, y así comerciar el evangelio para su beneficio
personal.
Cuando yo tenía dieciocho años, me impresionó el testimonio de un
hombre que decía haber formado parte de la directiva de la Iglesia de
Satanás y que se había convertido milagrosamente. Después de su decisión,
supuestas amenazas de muerte colgaban sobre él como una nube oscura.
Sus palabras eran tan convincentes, que se convirtió en un orador popular
en las asambleas de jóvenes y en convenciones especiales de la iglesia en
las que advertía a los jóvenes sobre los peligros del ocultismo. Cada casete
que estuviera a disposición con sus mensajes yo lo adquiría, y repetía su
testimonio a otros, incluyendo detalles que dejaban boquiabiertos a los que
me escuchaban. Mi sabio padre me dijo que no se sentía cómodo con este
sujeto, y que había algo en él que no lo terminaba de convencer. Después
de un poco de investigación, se descubrió que todo era un teatro y que el
tipo era un falso creyente, y que usaba el evangelio para su beneficio
personal. Esta cabra se fue abriendo camino desde el atrio hasta el sagrado
púlpito del ministerio, pero afortunadamente fue expuesto por pastores
observadores.
Hace años era difícil, si no imposible, que un falso cristiano engañara a
los santos de Dios. Ellos no miraban la manifestación, sino en el fruto; no las
palabras inflamadas, sino si sus palabras “daban testimonio” de que el
Espíritu Santo estaba en él. La expresión “dar testimonio” aparece en la
Biblia en Juan 5:32; 8:18; Romanos 8:16; y 1 Juan 5:6, y significa
“colaborar con evidencia o testificar a favor”. El Espíritu Santo, a través de
la oración, lo ayudará con esto de los tres tipos de amistades, y le revelará
en quién puede confiar, quiénes deben permanecer en el atrio de su vida, y
a quiénes debe permitirles un acceso más cercano. Después de todo, el
Espíritu Santo puede ver y escuchar acciones y palabras que son realizadas
y dichas en privado.
Capítulo 5

ESCUCH É LO QUE DIJISTE EN TU TIENDA

LA M ANERA M ÁS rápida de perder un amigo, perder el favor de Dios, y


de terminar durmiendo solo en el sofá, es abriendo la boca en el momento
equivocado, en el lugar equivocado, y diciendo las palabras equivocadas.
¡Usted jamás tendrá que disculparse por lo que no ha dicho, o de
arrepentirse de lo que no hizo, o confesar lo que nunca ocurrió! Sin
embargo, los seres humanos solemos encerrarnos en pequeñas habitaciones
a “discutir” asuntos privados como si nadie, sino solo nuestro círculo
cercano, estuviera oyendo. Así deben haberse sentido los israelitas en sus
tiendas.

“Sin embargo, no quisisteis subir, antes fuisteis rebeldes al


mandato de Jehová vuestro Dios; y murmurasteis en vuestras
tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado
de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para
destruirnos”.
—DEUTERONOMIO 1:26–27

La noche de la Pascua, el ángel de la muerte perdonó la vida de todos


los recién nacidos hebreos (ver Éxodo 12). Israel comenzó un éxodo
organizado hacia el desierto, un gigantesco puente de arena, polvo y piedras
que conectaba Egipto con la tierra prometida. Eran esclavos que acababan
de ser liberados, y que tenían mentalidad de esclavos cuando erigieron sus
carpas en el desierto. Durante décadas habían vivido en casas dadas por el
gobierno egipcio, y el gobierno los alimentaba. No tenían vida propia, sino
que dependían de Egipto. En Egipto jamás tuvieron que usar su fe por
alguna provisión o en espera de algún milagro. Todo era una rutina, pero al
menos el gobierno los alimentaba y les proveía techo. Así era hasta que
comenzaron su viaje y se dieron cuenta de que estaban en un lugar seco.
Pronto comenzaron a filtrarse las quejas por todo el campamento:

“Y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por


mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a
las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues
nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda
esta multitud”.
—ÉXODO 16:3

“Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo


deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron:
¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado
que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones,
los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca;
pues nada sino este maná ven nuestros ojos”.
—NÚMEROS 11:4–6

“Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos


hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues
no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan
liviano”.
—NÚMEROS 21:5

Su principal problema eran sus bocas. Querían la comida de Egipto en


sus bocas, agua fresca en sus bocas, carne en vez de maná en sus bocas, ¡y
usaban sus bocas para quejarse continuamente! No entendían el plan y el
proceso de Dios, y la manera en que Él los estaba, de hecho, protegiendo
del peligro. Cuando los israelitas salieron de Egipto, el faraón los persiguió
porque había perdido la fuerza de trabajo esclava que construía las grandes
obras para su imperio. Persiguió a Israel con la intención de presionarlos
con la guerra, de manera que cambiaran de opinión y regresaran a Egipto
(Éxodo 13:17). El tiempo normal del viaje a través de áreas costeras entre
Egipto y la tierra prometida, cerca de Gaza, era de dos semanas. Pero Dios
sabía que los filisteos, que eran enemigos de Israel, tenían armas de hierro,
y que habitaban las áreas costeras. El Señor dirigiría a Israel a través de la
tierra de los débiles hijos de Amón, a través de Jordania hacia la región de
los Altos del Golán.
Cuando el pueblo se retiraba a sus tiendas en las noches, comenzaban las
murmuraciones. El verbo murmurar aparece diez veces en el Antiguo
Testamento, ocho de ellas refiriéndose a las palabras negativas de Israel en
el desierto (Éxodo 15:24; 16:2; 17:3; Números 14:2, 29 NVI; 16:41;
Deuteronomio 1:27; Salmo 106:25). Pero hay dos palabras hebreas
diferentes traducidas como murmurar en estos diez pasajes. Una de ellas
es lun, que etimológicamente significa “detenerse o pasar la noche (en un
sentido malo)”. Se refiere a enfrascarse en una mala actitud sobre un lugar o
cosa. En el siguiente pasaje se usa una palabra diferente:

“Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová


nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para
entregarnos en manos del amorreo para destruirnos”.
—DEUTERONOMIO 1:27

Esta murmuración en hebreo es ragán, que significa “quejarse, en el


sentido de rebelión”. La murmuración o las quejas comienzan siempre con
algunas palabras negativas. Sin embargo, al poco tiempo nos encontramos
enfrascados en el asunto, sacándolo a relucir a cada momento. Como le
ocurrió a Israel, el mayor peligro es la queja continua, que ocasiona rebeldía
e indisposición.
Un creyente puede hablar en secreto contra otro creyente, pero la Biblia
dice: “Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó”
(Deuteronomio 1:34). Cuando María se quejó de la esposa de Moisés, el
Señor la castigó con lepra, y pasó siete días aislada. Solo sanó cuando
Moisés oró (Números 12:1–16).
Las quejas del pueblo provocaron a Dios, y Dios respondió enviando
varias plagas y juicios para llevar a la gente al arrepentimiento.
Me gustaría sugerirle que si usted asiste a una iglesia con sus hijos, y hay
algo del ministerio con lo que no esté de acuerdo, ¡por favor no fría vivo al
ministro, al personal, o a cualquier otro cuando esté cenando en su casa el
sábado o el domingo en la noche! Nosotros no somos caníbales
espirituales, pero si usted tritura a alguien y después lo escupe frente a las
tiernas mentes de sus hijos, estará sembrando semillas de desconfianza
sobre el liderazgo de su iglesia. Cuando sus hijos se conviertan en
adolescentes, esas semillas serán como una grabación en sus mentes que
repetirá sus conversaciones, dándoles una excusa para evitar la iglesia.
Cuenta Moisés que cuando Dios oyó a Israel, no solo oyó las “palabras”
que decían en sus tiendas, sino también “la voz de las palabras” del pueblo
(Deuteronomio 1:34; 5:28). Cuando analizaba la frase “la voz de las
palabras”, me di cuenta de que la palabra hebrea traducida aquí como
“voz” es col, que significa “a viva voz, reclamo, proclamación, trueno,
grito”. “La voz de las palabras” parece indicar que Dios no solo oye sus
palabras, sino que se fija en el tono en que son dichas. Muy temprano en
mi ministerio descubrí que lo importante no siempre era lo que decía, sino el
espíritu en el que lo decía o, a veces, el tono en el que me expresaba.
¿Alguna vez de niño le dijeron: “No me hables en ese tono”?
Muchas veces, los niños hacen que los padres se enojen. La mayoría de
los padres les dicen primero a sus hijos: “No hagas eso”. Si el niño persiste,
el tono de los padres cambia a: “Te dije que no hicieras eso”. Si el niño
continúa ignorando las palabras de los padres, lo más seguro es que
escuche su nombre completo, como me pasaba a mí: “Perry Fred Stone,
¡dije que no hicieras eso, y estoy hablando en serio!”. Cuando me llamaban
por mi nombre completo, era porque había problemas, y muchas veces
entraba a escena la correa negra de cuero de papá. ¡La voz de las palabras
de mis padres, reflejadas en el tono, era un indicativo de si habría paz o
problemas en futuro inmediato!
Pero en el desierto, las expresiones no solo eran: “Este va a ser un viaje
largo, y espero no cansarme de este maná”, o “Un churrasco me caería bien
en este momento”. No. El tono de los exesclavos convertidos en viajeros
era de rabia, enojo, y falta de respeto hacia las provisiones de Dios. Su
tono y sus palabras negativas hicieron que Dios los pusiera a dar vueltas en
el árido desierto durante cuarenta años. Al igual que el Israel antiguo,
cuando nos vemos envueltos en un conflicto, nuestra temperatura y nuestra
presión sanguínea se elevan, y pronto las palabras suaves se convierten en
una batalla de gritos en la que las voces se interrumpen unas a otras, y la
voz de las palabras se convierte en una espada que divide las opiniones en
el lugar. Salomón, un hombre que tenía mucho que decir sobre la boca y las
palabras, escribió: “La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera
hace subir el furor” (Proverbios 15:1).
El tono de sus palabras está motivado por el espíritu detrás de sus
palabras. La respuesta blanda refleja un espíritu de paz. El silencio refleja
disciplina emocional y un espíritu calmo. Una respuesta repentina y
precipitada, incluso antes de que sea hecha la pregunta, deja entrever
muchas veces un espíritu de impaciencia. La ira muchas veces está ligada a
cierta forma de orgullo. Cristo habló y dijo: “El espíritu es el que da vida, la
carne para nada aprovecha, las palabras que yo os he hablado son espíritu
y son vida” (Juan 6:63). Las palabras de la Biblia contienen autoridad
espiritual que llevan de la oscuridad a la luz, y de la muerte a la vida.
En la Biblia, el rey Uzías usurpó el lugar del sacerdote y entró al lugar
santísimo para quemar su propio incienso en el altar del incienso. De
repente, los sacerdotes lo rodearon y le recriminaron su acción, pues
entendían el peligro espiritual que eso representaba. El rey se llenó de ira
con el incensario en la mano, e inmediatamente se convirtió en leproso (2
Crónicas 26:19–20).
Al entrar en la presencia de Dios, todo adorador debe hacerlo con
humildad. Uzías reinó como rey de Judá durante cincuenta y dos años,
durante los cuales se afianzó cómodamente como la única autoridad
política. Después de haber seguido al Señor fielmente durante su vida, en
sus últimos años se había vuelto muy autosuficiente, y aparentemente creía
que estaba por encima de las leyes que aplicaban para todos. Cuando el
incienso era colocado sobre el altar de oro del templo, representaba el
ascenso de las oraciones de miles de judíos hacia Dios. Uzías demostró que
cuando el poder espiritual cae en las manos equivocadas, se puede abusar
de él, utilizarlo de manera errónea, y ser manipulado en detrimento del
pueblo y del ministro.
La segunda observación tiene que ver con la arrogancia en el liderazgo
en algunas situaciones espirituales. Durante su reinado, la fama y el poder
del rey Uzías crecieron (2 Crónicas 26:15). Sin embargo, leemos: “Mas
cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se
rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de Jehová para
quemar incienso en el altar del incienso” (v. 16). Uzías se sintió calificado
para usurpar una posición para la que no estaba autorizado. Su prosperidad
le infló el orgullo, y el orgullo lo llevó a la perdición. El Dios de Israel
separaba a los reyes de los sacerdotes, pero en algunas naciones como
Egipto, el rey (el faraón) era también el líder espiritual del pueblo. Es
posible que Uzías haya sentido que merecía el control total, tanto político
como espiritual. En ocasiones, algunos ministros y líderes espirituales
piensan que están por encima de lo que enseñan, y que se merecen algunos
beneficios especiales por su liderazgo.
Después de haber conquistado, construido, gobernado y dominado,
¿qué aventura podía quedar por hacer? Su ambición por algo nuevo lo
llevó a cruzar límites no permitidos. Algunas veces la gente muy próspera se
aburre de la rutina, y lo nuevo se convierte en viejo y lo viejo en aburrido.
De esta manera, buscan cosas nuevas, experiencias, drogas, y hasta una
nueva esposa o esposo para satisfacer el vacío de emociones.
Fíjese dónde apareció la lepra en el rey rebelde. No fue en su mano, sino
en su frente (2 Crónicas 26:19). La lepra es una enfermedad que se
extiende y va comiendo partes del cuerpo, haciendo que la persona termine
aislada. La desobediencia que había en la mente del rey quedó expuesta
para que todos la vieran, y fue forzado a renunciar como rey, y a vivir
alejado de su familia y sus amigos. Sería un leproso hasta su muerte. Esto
demuestra la manera en que los pensamientos se convierten en acciones, y
las acciones se realizan a través de la obediencia o la desobediencia.
La manipulación espiritual en el ministerio es tan peligrosa como un
pecado flagrante. Algunas veces las ovejas están en las bancas y las cabras
en el púlpito. Esto se ve en las diferentes formas de manipulación espiritual
que a veces ocurren, especialmente con los diezmos, las ofrendas y la
dadivosidad. Hay hombres que le augurarán una bendición especial por una
cantidad específica de dinero. Cuanto más grande sea la ofrenda, mayor
será la “palabra del Señor”. Estas cabras esquilan a las ovejas para
quedarse con su lana, y de paso las fríen durante la cena. Ezequiel advirtió
sobre estos pastores negligentes cuando escribió:

“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre,


profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los
pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de
Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los
pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana;
la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No
fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la
perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis
la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y
con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa
de todas las fieras del campo, y se han dispersado”.
—EZEQUIEL 34:1–5

LA VISIÓN DE LA OVEJA DÉBIL


Hace años, un amigo misionero recibió una perturbadora visión (no un
sueño, sino una visión) sobre la condición de las ovejas en su iglesia. Él
estaba parado junto a un inmenso campo, desde donde observaba cientos
de miles de ovejas pastando. En una frondosa colina junto al campo,
comenzaron a aparecer líderes espirituales del pasado, ya todos fallecidos,
quienes observaban la grey. Estas ovejas estaban muy bien, pues habían
sido criadas y alimentadas por líderes consagrados y espirituales. Las
ovejas lucían fuertes, vibrantes, y poseían una gruesa y blanca capa de lana.
Mientras estos hombres hablaban, la grey se unía y paraba para escuchar
sus instrucciones. De repente, notó que los rostros de los hombres de las
generaciones pasadas comenzaron a encenderse y apagarse. El Señor puso
en su corazón que en tiempos pasados, la iglesia estaba protegida y
sostenida por hombres que amaban a las ovejas y las protegían con sus
vidas.
Seguidamente, comenzaron a aparecer rostros nuevos, pero esta vez
podía verse codicia en la mirada de varios de los pastores cuando estos
fijaban su mirada en la grey, y se alistaban para usar a las ovejas para su
ganancia personal y su propio placer. Sin embargo, eran contenidos por lo
que el misionero escuchó eran miles de oraciones ascendiendo hasta Dios.
El tiempo pasó y más pastores y rostros fueron apareciendo delante de él,
quienes ignoraban el campo. Vio grandes edificios y deudas que
comenzaron a incrementarse, así como la necesidad de más y más dinero.
Las intenciones eran buenas, pero las ovejas sufrían cuando estos hombres
comenzaron a construir sus propios sistemas usando a las ovejas para hacer
ganancias. Las ovejas estaban siendo esquiladas y dejadas sin su lana,
tiritando y confundidas. Comenzaron a debilitarse y a deambular por el
campo sin dirección alguna. Vio a hombres que comenzaron a discutir sobre
el control y las ganancias, haciendo que más ovejas se dispersaran, se
desanimaran y se disgustaran. Las ovejas se debilitaron tanto, que eran
incapaces de levantar sus cabezas. Se sentían inseguras y desprotegidas de
los peligros que las rodeaban.
En ese momento, escuchó la voz de varios ministros conocidos que
comenzaron a pedir ayuda. Otros hombres de Dios llegaron y comenzaron
a decir en alta voz: “Estos son los últimos días. En verdad lo son”. De
repente, las cientos de miles de ovejas se convirtieron en millones, y fijaron
su atención en una nueva montaña con nuevos ministros cuyo amor por las
ovejas las uniría nuevamente para la última acción del Espíritu de Dios sobre
la tierra.
El estado de muchas ovejas me recuerda las palabras de Jeremías:

“¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi


rebaño! dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de
Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros
dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis
cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras,
dice Jehová”.
—JEREMÍAS 23:1–2

En Estados Unidos hay decenas de miles de buenos ministros, ¡pero


también tenemos a algunas cabras en los púlpitos! Me recuerdan a los
fariseos en el tiempo de Cristo, que tomaron “la llave de la ciencia” para
controlar a las masas (Lucas 11:52), exaltaron sus tradiciones por sobre la
Palabra de Dios (Marcos 7:9–13) y escogieron las formas y los rituales en
vez del verdadero poder de Dios (Marcos 12:24). Previo al retorno de
Cristo, el trigo y la cizaña estarán en el mismo campo (Mateo 13:30), las
ovejas y las cabras en el mismo rebaño (Mateo 25:32), y los peces buenos
y los malos en la misma red (Mateo 13:48). Habrá un momento en el futuro
en el que serán separadas las cabras de las ovejas, el trigo de la cizaña, y
los peces buenos de los malos. Así como el Señor expondrá a las cabras
del rebaño ante el pastor, debemos dejar que Dios exponga a las cabras
que pastorean ante el liderazgo de la iglesia. Mi abuelo decía: “Si un hombre
piensa que tiene la razón, pero está equivocado; solo denle tiempo y
suficiente cuerda, y él se colgará solo”.
Cristo dejó claro en el Nuevo Testamento que “nada hay oculto, que no
haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de
salir a luz” (Lucas 8:17). También advirtió: “Mas yo os digo que de toda
palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del
juicio” (Mateo 12:36). Las palabras ociosas son palabras improductivas,
inútiles y sin propósito. Son palabras sin fruto que causan esterilidad. Si
usted no puede decir algo positivo de los demás, es preferible que
permanezca callado y no diga nada. Recuerde que todo aquel que habla
mal de otros, también lo hará de usted cuando su nombre salga a relucir en
alguna conversación. La Biblia nos exhorta a edificarnos (o cimentarnos)
unos a otros en la fe, en vez de hacer caer a los demás en la incredulidad.
Cuando sus pensamientos no armonizan con lo que hay en su corazón, o
cuando su corazón no está sincronizado espiritualmente con los que hay en
su mente, sus ojos para discernir y sus pensamientos se nublan, y terminan
afectando sus relaciones.
Capítulo 6

ES LO QUE VE, PERO NO ES LO QUE PIENSA

EN UN INTERESANTE versículo, Cristo dice que “la lámpara del cuerpo es


el ojo” (Mateo 6:22). Hace años, aprendí que esta no es una simple
metáfora. Mi esposa y yo estábamos en el salón de belleza de una mujer
cristiana, cuando esta comenzó a discutir el hecho de que el ojo humano
puede revelar lo que ocurre adentro del cuerpo. Dijo: “¿Recuerdan que los
médicos de antes le alumbraban a uno los ojos durante la consulta?”. Si
usted tiene un problema en alguno de los órganos de su cuerpo, aparece un
pequeño punto en la pupila del ojo. La pupila es como un reloj con los
números del uno al doce, y cada punto revela un problema en el cuerpo”.
Escéptico, le pedí que mirara en los ojos de Pam. Al hacerlo, le dijo:
“Usted tiene problemas en la espalda”. ¡Ella no sabía que Pam había sido
operada de la espalda cuando tenía diecinueve años! También examinó mis
ojos, y vio un problema físico con el que yo había estado lidiando. En
verdad que estaba sorprendido. Nos dijo: “Esto de los ojos se remonta al
tiempo de los egipcios, y Cristo, como nuestro Creador, sabía que los ojos
revelan lo que ocurre adentro del cuerpo”.
El ojo ve imágenes que ya están registradas con la mente, y esta busca la
información almacenada relacionada con lo que están viendo los ojos. Así,
la mente comienza a procesar y juzgar lo que ha recibido, qué significa, la
manera en que afecta al observador, y muchos otros detalles. El cerebro es
una creación asombrosa. Miles de millones de bits de información lo
bombardean cada segundo, y los filtros del cerebro evitan que se
sobrecargue. Unos dos mil bits de información por segundo entran al
cerebro.1 Señales provenientes del cerebro liberan químicos, algunos con
efectos positivos en el cuerpo, y otros que producen efectos negativos en
los órganos del cuerpo.

OÍDOS QUE OYEN, PERO MENTES QUE NO ENTIENDEN


A veces asombra la manera en que algunas personas religiosas escuchan lo
que quieren, y todo lo oyen retorcido. Cristo estaba hablando de la cena de
comunión cuando dijo que los creyentes debían comer su carne y beber su
sangre para poder tener vida (Juan 6:54). Este mensaje hizo que todos,
excepto los discípulos de Cristo, salieran corriendo de la sinagoga creyendo
que Cristo estaba rompiendo la ley, ya que Moisés prohibía expresamente
cualquier clase de consumo de sangre. Cristo usó la analogía de su sangre,
y profetizó que ellos destruirían el templo (su cuerpo físico) y en tres días él
lo levantaría nuevamente (Juan 2:19). Los judíos malinterpretaron sus
palabras y salieron a decir que Cristo había dicho que destruiría el templo
de la ciudad.
En una ocasión en la que conversó con una prostituta samaritana junto a
un pozo, Jesús habló de que el agua que él proveía satisfaría a cualquier
persona, y que quien la tomara jamás volvería a tener sed. La mujer
comenzó a preguntarle a Cristo dónde estaba su cubeta para que le diera
de esa agua. Él estaba hablando espiritualmente, y ella pensando
materialmente (Juan 4:6–15). Incluso cuando Cristo sanaba a los enfermos
en sábado, en vez de regocijarse por el milagro, los fariseos comenzaban a
quejarse de que Cristo había sanado a un hombre en el día de reposo
(Mateo 12:10–12).
Estas declaraciones y otras hicieron de Jesús un personaje controversial
para aquellos que malinterpretaban sus intenciones. Pero las controversias
no surgían porque Cristo era controversial, sino porque sus palabras no
eran entendidas por aquellos que no tenían discernimiento espiritual. Jesús
identificó el problema de esta manera:

“Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los


oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no
vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón
entiendan, y se conviertan, y yo los sane”.
—MATEO 13:15

Los ojos físicos pueden ver los elementos naturales, pero los ojos
espirituales tienen la capacidad de discernir propiamente las acciones. Los
oídos oyen los sonidos naturales, pero también son una puerta de entrada a
la mente y la consciencia. Los oídos espirituales perciben las palabras y las
ordenan correctamente. A lo largo de mi ministerio he investigado y
enseñado cosas que no siempre son conocidas o entendidas por los que me
oyen. A mediados de la década de 1980, divulgué un mensaje profético
llamado: “Las cenizas de la vaca roja”, relacionado con la futura
reconstrucción del templo judío. Este fue uno de mis mensajes más
interesantes, pero también uno de los más criticados, pues mucha gente
jamás había escuchado hablar del tema, y su contenido era diferente a la
palabra profética acostumbrada.
En esa misma época, comencé a enseñar sobre el significado del pueblo
judío en sus pactos con Dios, y comenzaron a correr rumores de que yo
estaba enseñando “teología del pacto dual”. A finales de la década de
1980, comencé a hacer énfasis en las raíces hebreas del cristianismo,
incluyendo las festividades judías, y la manera en que Cristo cumple los
simbolismos y misterios ocultos en la ley. Algunos cristianos mesiánicos
comenzaron a asistir a los servicios usando talits; y de vez en cuando
algunos estandartes, tamborines y shofares pudieron verse en las reuniones.
Entonces, comenzaron a acusarme de judaizante, y de que estaba
empujando a los cristianos a la ley. Cuando comencé a ministrar fuera
del ámbito denominacional en el que me formé, ¡algunos líderes insinuaron
que los pastores no deberían permitirme predicar en sus púlpitos, porque yo
no era un hombre del sistema! Sus actitudes eran producto de la
ignorancia, del secuestro del sentido común, y en algunos casos, pura crítica
a ultranza.

ES LO QUE VE, PERO NO LO QUE PIENSA


Muchos cantamos esta canción cuando éramos niños: “Cuidado mis ojitos
al mirar”. Yo ahora le añadiría: “Cuidado mis ojitos con lo que creen que
ven”. Sus ojos no mienten. Lo que usted ve, es lo que es, ¿verdad? Pero la
percepción de lo que vio, no es siempre lo que usted cree que vio. Hace
años, después de que mi papá se casó, una de sus hermanas estuvo
internada en el hospital. En esos días, mi papá llevó a su hermana menor al
hospital para que la visitara. Estaba lloviendo, y después de estacionar,
papá abrió el paraguas, lo sostuvo sobre su hermana, y ambos corrieron
abrazados para entrar al hospital.
Papá estaba dirigiendo una campaña de avivamiento en una iglesia del
área, y le estaba yendo bastante bien. Esa noche, sin embargo, no hubo
respuesta de la congregación, y la atmósfera fue completamente diferente.
Durante dos noches ocurrió lo mismo. Finalmente, mi papá le preguntó al
pastor qué estaba pasando, ¡y este le confesó que alguien lo había visto
abrazado con una mujer corriendo para que nadie los viera! Esa noche
mi papá invitó a dos de sus hermanas a la iglesia, incluyendo la menor.
Antes de predicar, las presentó, y contó que una estaba en el hospital y que
él había llevado a la menor al hospital a visitarla. Mi papá miró a la “cabra”
que había iniciado el rumor, y que estaba sentado en una de las bancas. El
hombre se puso rojo, y bajó la cabeza. Si mi papá no hubiera enfrentado y
corregido ese rumor, se habría propagado y dañado su buena reputación.
Los ojos de aquel hombre vieron lo que vieron, pero la interpretación de su
mente fue equivocada, pues llegó a una conclusión sin saber lo que en
realidad ocurría. Una percepción sin conocimiento es la raíz de muchos
falsos rumores.
Hace años, mi esposa y yo le vendimos nuestra casa a un misionero por
lo que más o menos habíamos invertido en ella, sin ganancia alguna, pues el
Espíritu Santo había puesto en nuestro corazón hacer eso. Yo le dije a mi
esposa que el Señor nos bendeciría por ayudar a esta familia. Unas
semanas después, un empresario me llamó y me preguntó si yo recibiría un
automóvil que quería donarme. Yo estaba necesitando un vehículo personal,
así que le dije que sí. Se trataba de una camioneta Hummer negra, que en
ese momento no me imaginaba que literalmente necesitaría en el futuro para
movilizarme adentro del rancho de los jóvenes, un lugar lleno de zanjas y
pendientes.
Un día, mi esposa conducía la Hummer en Cleveland, el pueblo en el que
vivimos. Más tarde ese día, ella se acerca y me dice: “No vas a creer lo que
alguien puso en la internet”. Seguidamente, leí el comentario de alguien que
había visto a Pam conduciendo la Hummer. Esta persona decía: “Acabo de
ver a Pam Stone conduciendo una costosa Hummer nueva, muy oronda.
¡Me imagino que usó el dinero de las donaciones de las viudas y de los
pobres que los apoyan!”. ¡Muchos obviamente iban a creerse la historia de
que nosotros habíamos utilizando el dinero del ministerio para comprar un
vehículo tan costoso!
Mi primera reacción carnal fue la de invitar a un motociclista
exdrogadicto tatuado que forma parte de nuestro equipo a averiguar quién
estaba hablando así de mi amada esposa y publicando ese tipo de mentiras,
para que lo pusiera en su lugar. Sin embargo, prevaleció la calma.
Fíjese en lo siguiente: el que la criticó no tenía pruebas de lo que dijo. Él
creó todo en su mente y escribió sus hechos imaginarios como si se trataran
de hechos reales. Ignoraba la realidad de que Dios nos había bendecido
por haber ayudado a un misionero, que el automóvil había sido un regalo y
que no había ni un dólar implicado en el asunto. Ignoraba también que en mi
amada esposa Pam no hay una pizca de orgullo. Obviamente no sabía que
VOE es una organización de tipo “501”, sin fines de lucro, y que nosotros
no podemos tomar dinero de la cuenta del ministerio y comprar un
automóvil para nosotros. De hecho, yo no puedo usar un vehículo del
ministerio para cosas personales, sino solo para asuntos del ministerio, a
menos que pague de mi dinero para usarlo. Si este preciado empresario no
nos hubiera donado ese automóvil, yo hubiera tenido que comprar un
vehículo propio para poder transportarnos hacia nuestra oficina, ya que el
Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos es muy estricto con las
organizaciones sin fines de lucro.
Lo mismo ocurre con los libros que escribo, los discos compactos, los
videos, y todos los materiales producidos y pagados por VOE. Yo he leído
foros de la internet en los que se discute “la fortuna que Perry Stone está
haciendo” a través de las ventas de sus materiales en la televisión. Como mi
padre solía decir, lo repito: “¡Ignorancia supina!”. Legalmente, yo no puedo
recibir, ni recibo, un solo centavo de las ventas de los libros, discos
compactos o videos que se ofrecen en la televisión, en la revista Voice of
Evangelism, o en las mesas de recursos en nuestras conferencias.
Todos los ingresos de lo que he escrito o grabado van íntegros al
ministerio VOE. Dicho sea de paso, los ministerios VOE y OCI no me
pertenecen a mí, ni a Pam, ni a ningún miembro de nuestra familia. Están
bajo el poder de voto de una junta directiva de hombres consagrados, que
son los que deciden los asuntos financieros, incluyendo nuestros salarios y
beneficios, sobre los cuales nosotros no tenemos poder de voto o
influencia. Todos los ingresos recibidos deben usarse para actividades
ministeriales y para los gastos del ministerio, incluyendo los salarios y las
pólizas de seguro de unos veinticinco empleados a tiempo completo y
cuatro empleados a medio tiempo.
Esas personas que expresan sus opiniones como si fueran hechos están
mintiendo y están en peligro espiritual por difundir información que no es
verdadera.
Estoy convencido de que las personas que propagan este tipo de
informaciones falsas no lo hacen con el propósito de informar, sino con el
propósito egoísta de darle voz a la turbia mezcla de animosidad, envidia e
incluso odio que llevan por dentro. Salomón habló de los hombres
malvados que “hablan perversidades” (Proverbios 2:12). La palabra hebrea
traducida como perversidades, puede referirse a algo que es fraudulento o
falso. Son personas que no se muestran de acuerdo con lo que es razonable
porque son obstinadas y contradictorias. Aquellos quienes en su terquedad
y orgullo hacen declaraciones críticas sin conocimiento de la verdad, están
operando con intenciones arrogantes y siniestras. Pablo escribió: “Así que,
no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará
también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los
corazones” (1 Corintios 4:5).
La mente es el disco duro del cuerpo, pero Cristo enseñó que “la
lámpara del cuerpo es el ojo” (Lucas 11:34). El versículo completo dice:

“La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo [la conciencia]


es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando
tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas”.
—LUCAS 11:34, PARÉNTESIS AÑADIDO

Lo que usted ve, entra en su mente, donde en la conciencia se sienta la


parte emocional del cerebro. Si lo que usted ve, discierne o percibe con sus
ojos es entendido correctamente, entonces su mente se llenará de luz y
entendimiento. Si por el contrario, lo que usted ve genera una idea falsa, su
propia interpretación, o una percepción retorcida de lo que ha visto, eso
afectará su mente. La mente controla el resto del cuerpo, incluyendo las
palabras que salen de su boca.
Por ejemplo, imagine que le muestro la foto de alguien que usted nunca
ha visto. Le digo que es un niño de diez años, pero en la foto solo se ve una
barriga muy grande. No ve su cara, ni sus brazos, ni sus piernas, sino solo
una gran barriga. Si le pido que me hable del niño, usted podría decir: “Este
niño como que ha comido demasiado y necesita ponerse a dieta”. Lo más
seguro es que se sienta terrible cuando le muestre la foto completa y se dé
cuenta de que es la barriga inflada de un niño famélico en alguna nación
pobre del mundo. Usted vio una parte, la barriga, sin ver la foto completa,
y juzgó lo que vio sin contar con toda la información. Es literalmente
imposible llegar a una conclusión sin tener todos los hechos. Por eso es
que, cuando un supuesto delincuente es arrestado, es declarado “inocente
hasta que se demuestre lo contrario”. Usted no puede culpabilizar basado
en opiniones, sino únicamente en hechos. Lamentablemente, muchas
opiniones se forman basadas en lo que otros nos dicen y no en nuestra
propia información personal.
A lo largo de nuestro ministerio, muchos amigos y compañeros han
invitado a sus amigos o sus familiares a nuestras series de conferencias o
reuniones de una sola noche, y han recibido como respuesta cosas como:
“¡He escuchado algunas cosas negativas de él!”.
Nuestros amigos les responden: “¿Alguna vez has leído uno de sus libros,
escuchado sus grabaciones, o lo has visto en la televisión?”.
Generalmente la respuesta es “no”, ¡pero la hermana de su mamá tiene
una hija, cuyo padre conoció a alguien que me escuchó predicando! En una
ocasión, Mark Casto, nuestro pastor de jóvenes, estuvo trabajando en el
YMCA de Cleveland. Él y otro amigo estaban hablando sobre el ministerio,
cuando de repente un hombre en el gimnasio abrió la boca y dijo: “¡Perry
Stone es un hereje!”. Este hombre nunca había leído un libro mío, ni había
estado en alguna de nuestras reuniones, o había escuchado una de nuestras
grabaciones, pero estaba convencido de que mis enseñanzas eran heréticas.
En ese momento, Mark recibió palabra de conocimiento, y le dijo a este
hombre: “Tú tienes el mismo espíritu de [cierto ministro de radio y
televisión], y has adoptado ese espíritu malo y negativo porque él no
soporta el ministerio de Perry!”. El hombre se puso rojo y bajó la cabeza.
Admitió que ese telepredicador era su “pastor” (a pesar de que vivía a diez
horas de distancia). Se había formado una opinión escuchando críticas, sin
conocer los hechos.

UNA MENTE CLARA, CON OJOS DÉBILES


Los creyentes deben renovar continuamente su entendimiento mediante el
lavamiento del agua por la Palabra (Efesios 5:26). Pablo le escribió a Tito
sobre el “lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu
Santo” (Tito 3:5, lbla). La palabra griega traducida como regeneración
significa “renovar algo que está viejo”. ¡Cuando uno restaura una casa, le
quita la madera vieja y dañada por los insectos, rellena las ranuras, y pinta
las paredes! Es un enigma cómo un creyente que está claro en sus ideas,
puede terminar viendo cosas indebidas. Una de las tres categorías en las
que cae todo pecado es “el deseo de los ojos”.
El primer ejemplo bíblico de esto ocurrió cuando la serpiente tentó a Eva
para que comiera del árbol del conocimiento del bien y el mal. Eva “vio que
el fruto del árbol era bueno” (Génesis 3:6, NVI). La ironía de todo esto es
que Dios había creado personalmente todos los árboles del jardín, e incluso
había dicho que “todo lo que había hecho [ . . . ] era bueno en gran
manera” (Génesis 1:31). El árbol del conocimiento del bien y del mal era un
árbol prohibido del cual no podían comer, así como hay plantas (incluyendo
algunos hongos) que fueron creadas por Dios que podrían matar a un
humano si este las consume. Dios creó la serpiente de cascabel y la
serpiente cabeza de cobre con un propósito, pero ninguno de nosotros
querría que se atravesara una en nuestro camino.
Eva siempre veía este árbol, pues estaba en medio del jardín y cerca del
árbol de la vida. Sin embargo, nunca se interesó en comer de él hasta que la
serpiente hizo que fijara sus ojos en el fruto, el cual comenzó a desear. Ella
en su mente estaba clara, pues a través de Adán conocía la advertencia de
Dios de que comer de su fruto resultaría en la muerte. Pero en vez de pasar
de largo el árbol como había hecho muchas veces, comenzó a fijarse en lo
prohibido, y entonces ni ella ni Adán fueron capaces de resistir la tentación
de “ser como Dios” (Génesis 3:5).
Aquellos creyentes que están mentalmente claros, pero cuya mirada es
débil, pueden caer en diversas tentaciones y finalmente en pecado. El
factor visual es particularmente peligroso en los hombres en lo que se
refiere al sexo opuesto. Las reacciones químicas que ocurren en el sistema
reproductivo masculino son estimuladas por las imágenes, mientras que las
mujeres son estimuladas por las palabras o las caricias. Por ello es que el
consumo de pornografía es mucho más común entre los hombres. Los
centros nocturnos tienen mujeres bailando y hombres mirando. Los ojos
son la puerta del alma y el espíritu, pues lo que vemos genera emociones
positivas o negativas. Esto explica por qué tantos hombres de Dios que han
ministrado la palabra y han llevado vidas de fe consagradas a menudo caen
en pecados sexuales. En sus mentes guardan la semilla de la Palabra, pero
sus ojos se fueron debilitando, y su visión borrosa alteró su razonamiento.
Tal vez por eso fue que Pedro escribió:
“Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar,
seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la
codicia, y son hijos de maldición”.
—2 PEDRO 2:14

Personajes tan antiguos como Job entendieron la importancia de


proteger la mirada en relación a lo que los ojos ven, lo cual entra al
corazón. Job escribió:

“Hice un pacto con mis ojos, de no mirar con codicia sexual a


ninguna joven”.
—JOB 31:1, NTV

Podemos tener cuidado de lo que vemos y aun así tener pensamientos


incorrectos. También podemos tener la información correcta y la buena
semilla plantada en nuestro corazón, y ser indisciplinados con los ojos,
fijándonos en lo prohibido y causando que nuestra resistencia al pecado se
pierda. Cuando los malos pensamientos se combinan con lo que creemos
que hemos visto, surgen rumores infundados que a veces pueden dañar la
reputación de las personas.

CUANDO UN RUMOR PUEDE COSTAR UNA VIDA


El apóstol Pablo escribió catorce cartas que fueron más tarde incluidas en el
canon del Nuevo Testamento. Pablo fue abusado físicamente, y acusado
verbalmente por enemigos externos hasta los dos años finales de su
ministerio. Después de llegar a Roma, ministró durante dos años en su
propia casa sin impedimentos (Hechos 28:30–31). Luego, en el año 64 d.
C., el emperador Nerón, en respuesta a un conflicto con el senado,
planificó e inició un incendio en Roma que comenzó en el Circo Máximo y
que consumió casi toda la ciudad.2 Para escapar de la ira del senado y del
pueblo, Nerón culpó del fuego a los cristianos, involucrando efectivamente
a Pablo con una rebelión secreta y acusándolo de estar detrás del incendio.
Más tarde, Nerón aplacó a los airados romanos decapitando a Pablo.
Pablo le escribió su última epístola a Timoteo, en la que le dijo:

“Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en


Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes. Tenga el Señor
misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me
confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando
estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló”.
—2 TIMOTEO 1:15–17

Pablo pasó muchos años convirtiendo a miles de personas, estableciendo


iglesias y ministrando por toda Asia. Durante años, estas congregaciones
conformadas por gentiles tuvieron en alta estima a Pablo y oraron por él.
Sin embargo, cuando se comenzó a propagar el rumor de que Pablo había
dirigido una rebelión en Roma y que había tratado de incendiar la ciudad, la
“noticia” se propagó desde los territorios romanos y llegó a oídos de las
iglesias, incluyendo sus amigos y convertidos. Este falso rumor hizo que
“todos los que estaban Asia” se apartaran de Pablo, perdieran confianza en
su ministerio, y se avergonzaran de él, quien ahora estaba en prisión. Al
igual que como ocurrió con José, una acusación falsa hizo que un hombre
inocente cayera tras las rejas. El rumor era falso, la percepción incorrecta, y
la verdad no salió a relucir sino hasta después de que Pablo fue decapitado,
cuando la historia reveló los detalles de la conspiración de Nerón contra
Roma y Pablo. Este apóstol dio su vida, fue golpeado, apedreado y
perseguido por el evangelio (2 Corintios 11:22–28). Cuando Pablo llegó al
final de su vida y de su ministerio, en los últimos siete versículos de su
epístola final, escribió:

“En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos


me desampararon; no les sea tomado en cuenta”.
—2 TIMOTEO 4:16

La fortaleza de Pablo estaba en el Señor, quien lo había liberado de las


fauces del león. Pablo aún creía en este momento de Crisis que Dios podía
liberarlo de los obradores de maldad que conspiraban contra él (ver 2
Timoteo 4:16–18.) Esta historia prueba que un falso rumor no solo puede
acabar con la reputación de una persona, sino también costarle la vida.
Cuando Cristo fue juzgado, sus falsos acusadores no pudieron encontrar
nada ilegal de qué acusarlo. De repente, un falso acusador habló y repitió
una declaración de Cristo en la que dijo que el templo sería destruido en
tres días y que él lo volvería a levantar. El templo era una metáfora del
cuerpo de Cristo (templo del Espíritu Santo, 1 Corintios 3:16) en la que
revelaba que estaría muerto durante tres días y se levantaría al tercer día
(Juan 2:19). Pero esta declaración de Cristo fue retorcida, repetida sin su
intención original, y usada para sentenciarlo a muerte por haber amenazado
el templo (Mateo 26:59–65).
Juan escribió: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo
juicio” (Juan 7:24). También se nos ha dicho que “el hombre mira lo que
está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Yo
he conocido personas que aparentan no tener ni dónde caerse muertas pero
después me he enterado de que son millonarias. He visto a otros vestidos
impecablemente, como salidos de una revista de modas, que parecían
millonarios, pero todo era pura apariencia. He visto hombres cuya
apariencia externa luce intimidante, pero internamente son las personas más
dóciles y compasivas hacia las necesidades de los demás. También he visto
a un hombre tranquilo convertirse en un león salvaje.
Quiero contar algo para ilustrar lo que es juzgar por las apariencias.
Hace años, le pedí a mi esposa que me acompañara en el programa final de
Mannafest (Festival del maná) por televisión. Aunque estaba cansada e
indispuesta, finalmente accedió, y cerramos el programa juntos. Unos días
después, recibimos un correo electrónico de una mujer recriminando a Pam
por no “lucir contenta” durante el programa, e incluso criticando su
apariencia.
Yo le respondí diciéndole que había algo que ella “no sabía”, y que era
que Pam acababa de pasar por un aborto, se sentía enferma, y estaba
bastante triste. Mi esposa tenía motivos para no estar emocionada y
sonriente. Aproveché para reprocharle por juzgar por las apariencias sin
conocer los hechos.
Aunque según las Escrituras el juicio le pertenece solo a Dios, a los
creyentes se les exige discernir la verdad y no dejarse engañar por falsas
doctrinas. También se nos ha pedido que inspeccionemos el fruto espiritual
que está presente o ausente de la vida de los creyentes. Cristo dijo “por sus
frutos los conoceréis”, al enseñar que un buen árbol no puede producir
malos frutos, y que un árbol corrupto no puede producir buenos frutos
(Mateo 7:16–20). Y Pablo resaltó la importancia del amor, al escribir:

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor,


vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si
tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia,
y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y
no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para
dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser
quemado, y no tengo amor, de nada me sirve”.
—1 CORINTIOS 13:1–3

Los frutos espirituales nacen de árboles cuyas raíces están arraigadas en


el amor, y no en un suelo chamuscado por las críticas. A menos que sean
basadas en el amor, nuestras obras serán vanas y nuestras manifestaciones
espirituales inútiles. Y esto incluye nuestra alabanza. Si el amor motiva
nuestra adoración, Dios la recibirá. Si la adoración se convierte en un
espectáculo, los hombres la aceptarán, pero Dios la rechazará, ya que los
verdaderos adoradores adoran “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Da
tristeza decirlo, pero en las iglesias, muchas veces los grupos de adoración,
incluyendo los cantantes y los músicos, caen víctimas del adversario, quien
usa el orgullo, la envidia y la competitividad para afectar la obra del Espíritu
Santo.
Capítulo 7

CUANDO SATANÁS FUE ECHADO


DEL CIELO, CAYÓ EN MI CORO

HACE UNOS AÑOS ministré en el Free Chapel Worship Center en


Gainesville, Georgia, pastoreada por Jentezen Franklin, mi buen amigo de
muchos años. Desde que Jentezen se convirtió en el pastor en Gainesville,
fui uno de sus principales evangelistas todos los años, y he visto a la iglesia
crecer desde que era un pequeño templo con trescientos cincuenta
miembros, hasta su nueva sede a la que asisten más de ocho mil personas
cada domingo. El ministerio de música y adoración de la iglesia es conocido
por toda la región. Sin embargo, en sus inicios hubo un importante cambio
en el liderazgo que creó un serio desafío.
A este tipo de encuentros yo los llamo “el duelo de los directores
musicales”, ¡porque es claro que están compitiendo para ver quién canta,
adora y alaba más fuerte que el otro! Fue allí que Jentezen hizo una graciosa
declaración que estoy seguro de que muchos pastores han pensado más de
una vez: “¡Creo que cuando Satanás fue echado del cielo, cayó en mi
coro!”. Luego preguntó: “¿Por qué pareciera que siempre hay más
problemas en el departamento de música que en cualquier otro
departamento de la iglesia?”.
Pareciera que la gente más talentosa fuera la más sensible
emocionalmente en el ministerio. El sutil ataque del enemigo muchas veces
produce altercados, envidias y divisiones en uno de los aspectos más
importantes del ministerio: el ministerio de la música y la adoración. A un
creyente instruido bíblicamente no debe sorprenderle que el ministerio de
música sea uno de los aspectos que deben ser más protegidos de los
ataques del adversario. En Ezequiel 28 e Isaías 14, los profetas bíblicos nos
revelan que Lucifer (o Satanás) era un querubín protector creado por Dios
con capacidades especiales para producir sonidos y música.
Nuestra segunda observación es que la adoración es la principal
actividad espiritual en el cielo, y jamás se detiene. Los ángeles no tienen
descanso de día ni de noche mientras están delante del trono de Dios,
diciendo: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso”
(Apocalipsis 4:8). Cuando el tiempo terrenal finalmente colisione con la
eternidad y deje de existir, la adoración será llevada a cabo por los ángeles
y los santos resucitados de todas las edades.

LA EMBOSCADA CELESTIAL
En 2 Crónicas 20:21–22, el canto produce una emboscada contra los
enemigos de Israel:

“Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y


alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras
salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque
su misericordia es para siempre. Y cuando comenzaron a entonar
cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de
Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que
venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros”.
El poder de la música puede crear una atmósfera o un estado de ánimo
especial. Uno, por ejemplo, no canta: “Noche de paz” el Día de la
Independencia, pues no tiene que ver nada con la ocasión. Cantar el Himno
Nacional la mañana de Navidad sonaría extraño e incluso fuera de lugar.
Cada temporada tiene sus canciones especiales. ¡Nadie cantaría
“Cumpleaños feliz” en un funeral! La música no solo tiene su momento, sino
que genera emociones. Podemos ver esto cuando la novia entra por las
puertas de la iglesia ataviada de blanco, y el organista comienza a tocar los
acordes de la famosa Marcha Nupcial. La realidad golpea de repente a la
madre, pero especialmente al padre de la novia, quien muchas veces
derrama lágrimas. Cuando veo a nuestras tropas y escucho la clásica “God
Bless America” me llenó de emoción al recordar el sacrificio de los
hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas.
El tercer punto es muy importante, y es que las canciones evocan
recuerdos. Hace unos años, en nuestra conferencia para socios, prediqué
un mensaje llamado “Que alguien me devuelva mi cerebro”, en el que discutí
la manera en que el cerebro se relaciona con las tentaciones y luchas que
enfrentamos en la vida.
El punto específico que comenzó la diatriba fue por qué las personas
mayores tienden a ser tan cerradas con lo que no están acostumbradas.
Generalmente, se ponen a la defensiva, y a veces invierten tiempo valioso
quejándose de cosas que se reducen a meras opiniones, y de las cuales no
vale la pena discutir. Que si la banca es muy dura, que si el aire
acondicionado está muy frío, que si los amplificadores suenan muy fuerte, ¡y
aparte de eso el tema de la música! Hay más opiniones sobre el estilo o los
instrumentos que se usan asociados a la música en la iglesia, que cualquier
otro tema.
Yo he visitado miles de iglesias, y siempre he sopesado el asunto de por
qué hay tanta división y confusión en el tema de la música. A algunos solo
les gustan los himnos, y a otros el himnario de tapa roja. Hay quienes
afirman que a Dios solo le gusta el gospel sureño, mientras que otros creen
que el country es el único camino al cielo. Los jóvenes prefieren sonidos
más contemporáneos, mientras que los de mediana edad disfrutan de la
música de adoración y alabanza que se entona en las convenciones y
reuniones globales.
Cuando somos jóvenes queremos ser mayores. Cuando tenemos seis
años decimos que tenemos casi siete. Cuando tenemos doce, pensamos
que dentro de poco tendremos quince y podremos obtener nuestro permiso
de conducir. A los dieciséis queremos tener dieciocho, y no vemos la hora
en que tengamos veintiuno. Entonces llegamos a los cincuenta. Presumimos
de este hito que hemos alcanzado, pero en realidad sentimos como si
tuviéramos el hito montado en nuestra espalda, porque ya no somos los
jóvenes de antes y las cosas están por cambiar. Es a esta edad que algo a
nivel neurológico ocurre en el cerebro:

“Las técnicas de neuroimagen muestran que con la edad, el


centro de la gravedad cognitiva tiende a desplazarse del
hemisferio imaginativo, que es el derecho, al hemisferio lógico,
que es el izquierdo. Esta tendencia neurológica representa un
serio peligro espiritual. En algún momento, la mayoría de
nosotros deja de vivir de la imaginación [o de visiones, o de
sueños] y comienza a vivir de recuerdos. En vez de vivir por fe,
comienza a vivir por lógica. En vez de seguir los sueños, dejamos
de darle vueltas a Jericó”.1
Este proceso natural es muy revelador. Cuanto más viejos nos ponemos,
más tendemos a regresar a nuestros días de juventud, incluyendo al tipo de
música que escuchábamos. Por eso es que Bill Gaither ha sido tan exitoso
produciendo millones de discos compactos y videos de canciones gospel
tradicionales. Si usted se fija en la audiencia de Bill, se dará cuenta de que
la mayoría son mayores de cincuenta años y fueron criados en iglesias
donde se interpretaban esos temas. Cada canción tiene un recuerdo
específico ligado a ella.
Este es el asombroso vínculo que hay entre la música y los recuerdos. Si
yo le pidiera que recordara un sermón que haya escuchado en un lugar
específico en la década de 1970, tal vez podrá recordar uno o dos, o
ninguno. Sin embargo, si escucha una canción, probablemente recordará el
lugar en el que estaba y a los que estaban con usted.
Recordar es bueno cuando no entorpecemos el futuro viviendo del
pasado. De hecho, cuando el rey David estaba en crisis, a menudo hojeaba
las páginas de la historia de Israel, con el propósito de recordar la bondad y
los milagros del Señor a favor de su pueblo escogido. Sin embargo, cuando
exigimos que “nuestra música” sea la música que se utilice en la iglesia,
estamos perdiendo el verdadero motivo de la existencia de la música en la
iglesia. ¿Deseamos ser entretenidos por alguien que al cantar nos ponga la
piel de gallina y nos haga sentir como si estuviéramos en nuestra vieja iglesia
rural? Sin duda hay momentos para disfrutar de los hermosos recuerdos del
pasado, pero debemos recordar que la adoración no es para nosotros, sino
para Dios.

QUE NO HAYA HIERRO EN LA CASA DE DIOS


En la simbología profética, el hierro era un metal asociado con el antiguo
Imperio Romano (ver Daniel 2). La bestia de Daniel 7 tenía “dientes
grandes de hierro” con los que devoraba y desmenuzaba (v. 7). El hierro
simboliza guerra, lucha, fuerza y violencia. En el antiguo Imperio Romano el
hierro era forjado y convertido en armaduras y armas de guerra. Dios
instruyó a Israel para que construyera altares de piedra sin usar
instrumentos de hierro para cortarla o moldearla:
“Y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no
alzarás sobre ellas instrumento de hierro”.
—DEUTERONOMIO 27:5

Cada piedra que se toma de la tierra es única y característica en tamaño,


peso y color; así como cada creyente que integra el Cuerpo de Cristo y se
allega al altar del arrepentimiento es único en apariencia, fortaleza y
debilidades. Si el hierro simboliza la guerra y el altar debe ser construido sin
el uso de herramientas de hierro, el mensaje es que debemos acercarnos a
Dios sin intenciones malvadas, ni espíritu de contienda entre las “piedras
vivas” que conforman la congregación (1 Pedro 2:5).
Siglos después, cuando Salomón estaba construyendo el templo en
Jerusalén, usó un hermoso tipo de piedra blanca para la casa de Dios. Dice:

“En la construcción del templo sólo se emplearon piedras de


cantera ya labradas, así que durante las obras no se oyó el ruido
de martillos ni de piquetas, ni de ninguna otra herramienta”.
—1 REYES 6:7, NVI

La aplicación espiritual es clara. El templo sería la casa de Dios, sede de


las festividades, las lunas nuevas y de los sábados. Jerusalén, la ciudad del
templo, es llamada en hebreo Yerushalayim, que significa “ciudad de paz”.
El nombre Salomón (quien construyó el primer templo en Jerusalén) es
Sholomo en hebreo, que se relaciona con la palabra hebrea shalóm, que
significa “paz”. De allí el énfasis en que el templo y Jerusalén debían ser
lugares en los que reinara y se manifestara la paz de Dios entre los
adoradores que los visitaran. Así como el hierro y el barro no pueden
mezclarse (Daniel 2:43), la adoración y la guerra no pueden existir en la
misma casa. Salomón extrajo las piedras de una inmensa cantera, y los
trabajadores las trajeron ya labradas en unos grandes carros hasta el monte
Moriah, donde fueron dispuestas de manera apropiada. El confuso ruido de
los martillos y de las piquetas golpeando la piedra caliza fue prohibido en el
monte sagrado.
¿Alguna vez ha pensado en las conversaciones que llegan a los oídos del
Señor cuando él ve a las “piedras vivas” que conforman esa nación santa
conocida como la Iglesia (1 Pedro 2:5) reunida en la casa de Dios? En
medio del sonido de la consola, de las luces, de la temperatura, de las
bancas, y del tipo de música, el hierro comienza a golpear a las piedras,
creando confusión y contiendas. Un pastor me contó que cada domingo en
la mañana después de los servicios, las mismas personas—no más de diez
—, se acercan a él individualmente para quejarse de algo que no les gustó,
o que no disfrutaron del servicio. Me dijo que él entiende por qué Dios se
molestó tanto con los israelitas, al punto de acabar con los adultos que
salieron de Egipto, evitando así que entraran en la Tierra Prometida.
Pero volvamos al coro. No podemos subestimar el poder de la música,
ni siquiera en el ambiente de la iglesia. Estas son mis impresiones después
de todos estos años en el ministerio.
1. La música derriba todas las barreras religiosas, en el sentido
de que hay personas que podrían no disfrutar de una
predicación, pero generalmente a todos les gusta la música. La
música produce además respuestas emocionales, y por eso es
tan usada en las películas seculares.
2. La música, más lo que ocurre alrededor, produce que la gente
llore o que tenga una respuesta emocional, según la actuación, la
escena, y el estilo musical. Es por eso que se gastan millones de
dólares en los arreglos musicales de las grandes películas. Estos
temas musicales incluso pueden convertirse en éxitos
radiofónicos, produciendo un mayor ingreso.
3. La música es también internacional, ya que cada país tiene
estilos de música e instrumentos especiales distintivos de su
religión o su cultura.
4. La música es influyente, como lo han demostrado hombres
como Elvis Presley, quien sigue siendo un artista que produce
millones de dólares aun después de tantos años de su muerte.
Ahora que conocemos el poder de la música, ¿nos sigue extrañando que
el adversario trate de causar división en la iglesia a través de los diferentes
estilos musicales? Siempre les advierto a los creyentes que no se muestren
críticos del coro, de los estilos, o de los tipos de instrumentos que se usan
en el servicio, especialmente cuando el libro de Salmos indica que todos los
instrumentos son aceptables para la adoración si son dedicados al Altísimo.
Después de todos estos años de experiencia, estoy convencido de que
un creyente puede frustrar un logro espiritual solicitado en oración, si
después de orar comienza a decir cosas contrarias a lo que se dijo en la
oración. El mundo espiritual se mueve por las palabras (Daniel 10:12). No
podemos ser inconstantes (Santiago 1:8, NVI) y decir “Dios mío, creo en ti
por esto”, y una semana después decir “No sé qué es lo que Dios está
haciendo. Estoy cansado de que no me escuche”. Recuerde que la
incredulidad cancela la fe (Mateo 13:54–58) y que la verdadera fe aplasta a
la incredulidad (Marcos 9:14–29). Es la fe en su corazón y la confesión de
su boca lo que sella su salvación (Romanos 10:10). Mantener una confesión
positiva en la Palabra de Dios en ocasiones podría contrastar con sus
circunstancias. Sin embargo, aferrarse a su confesión será el ancla que
mantendrá su barco a flote cuando aparezcan tormentas en el océano de su
vida. Estas tormentas algunas veces se manifiestan en la forma de ataques
de tipo moral contra los creyente. ¿Qué debemos hacer cuando un ministro
del evangelio cae en medio de la batalla? Analizaremos esto en el siguiente
capítulo.
Capítulo 8

CREYENTES ATORMENTADOS
POR DEMONIOS

EN MATEO 15, Cristo salió del circuito de su ministerio para dirigirse a


dos ciudades costeñas en el norte: Tiro y Sidón, ubicadas en las cercanías
del Líbano, un área gentil fuertemente pagana. A pesar de ello, se topó con
una mujer cananea que parecía haber escuchado del ministerio de Cristo,
pues lo llamó “hijo de David”, una frase que los judíos devotos asociaban
con el Mesías, quien descendería del linaje de la tribu del rey David. Su
petición no era para ella, sino para su hija, quien estaba siendo
“atormentada por un demonio”.

“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región


clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de
mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”.
—MATEO 15:22

En el Nuevo Testamento se usan tres palabras para identificar la obra del


diablo o de los demonios en las vidas de las personas.
1. El nivel de control más fuerte es la posesión demoníaca, que
proviene de la palabra griega daimonizomai, que significa “ser
poseído o controlado totalmente por un demonio”.
2. La Biblia usa la palabra diablo, la cual proviene del griego
diabolos, que significa “acusador” o “calumniador”. El diablo es
un nombre que le queda perfecto a Satanás (Lucas 4:2–6). Sin
embargo, la misma palabra griega también se usa para identificar
a espíritus malignos e impuros individuales (Mateo 9:32; 12:22;
Lucas 8:29). Hay un diablo, pero también muchos diablos
individuales que actúan bajo la autoridad directa de Satanás.
3. Para los griegos de la antigüedad, un daimon era una deidad
inferior, tanto buena como mala. Algunos sugieren que la palabra
daimon proviene de la raíz da, que significa “genio”.1
Cuando un individuo está “poseído”, pierde el control sobre sí mismo y
es como una marioneta que cumple los pensamientos y deseos del demonio
que lo posee. Una de las descripciones más gráficas de una persona
poseída, es la del gadareno en Marcos 5. Este hombre era atormentado al
punto de que no podía dormir en las noches, y de cortarse a sí mismo, tal
vez inducido por el demonio para que cometiera suicidio. Gritaba en medio
de su tormento. Nadie podía someterlo físicamente, y la comunidad le temía
(Marcos 5:1–9). Estaba poseído por un espíritu llamado “Legión”. Esta
palabra era la que se utilizaba para describir a un escuadrón grande de
soldados romanos que en esa época se dividían en grupos, siendo el mayor
una legión de entre cinco mil y seis mil hombres. La palabra legión viene del
latín legio que significa “reclutamiento”. Durante los primeros tres siglos, el
ejército romano tuvo de veinticinco mil a treinta mil legiones.2 La décima
legión romana fue la que finalmente rodeó y destruyó Jerusalén en el año 70
d. C.
Cuando los espíritus impuros fueron expulsados del hombre, entraron en
una manada de dos mil cerdos, los cuales reaccionaron inmediatamente
lanzándose violentamente al mar y ahogándose. Esto sugiere que el espíritu
de este hombre estaba invadido por dos mil espíritus malignos. Su vida
estaba arruinada, su mente era atormentada, y su cuerpo abusado. Vivía
entre los sepulcros, un lugar de muerte y de recuerdos. ¡Cuando Cristo
pasó por allí, este hombre fue liberado y finalmente pudo salir de su
sepulcro!
La posesión demoníaca es el nivel de dominación más fuerte. La segunda
forma de ataque es la opresión demoníaca. Hechos 10:38 dice: “Cómo
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo
este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo,
porque Dios estaba con él”. La palabra traducida como oprimidos en
griego significa “ejercer poder sobre algo”. Posesión demoníaca es cuando
el espíritu mora en el espíritu humano, mientras que la opresión demoníaca
es también un control del espíritu, pero se trata más de un control de la
mente y los pensamientos. Quienes lo han experimentado lo describen
como tener una banda apretada alrededor de la mente que no deja pensar
claramente, o como una sensación de desesperanza, oscuridad y
desesperación.
En la narrativa de Mateo 15, la hija de la mujer estaba siendo
“gravemente atormentada” por un demonio. En Lucas 6:18, muchos
estaban “atormentados” por espíritus impuros. La palabra traducida aquí
como atormentados es ocleo, que significa “perturbar, angustiar”.3 Este
tormento puede ser espiritual, mental o físico, ya que todo ser humano está
compuesto de cuerpo (físico), alma (su mente) y espíritu (1 Tesalonicenses
5:23). Si es físico, el espíritu impuro puede ser un espíritu de enfermedad,
cuya presencia causa padecimientos en el cuerpo (Lucas 13:11– 13). Si el
ataque es mental, afectará su razonamiento, originando pensamientos
negativos y depresivos. Desde una perspectiva espiritual, a los espíritus se
les ha ordenado mantener a los individuos alejados de la luz y de la verdad
del evangelio.
La razón para revelar las diferentes formas de acoso espiritual, mental o
físico es entender que tanto creyentes como no creyentes pueden estar bajo
los ataques y la opresión de espíritus malignos. Esto es importante,
especialmente cuando tratamos el asunto de la indisposición al perdón en la
vida de un creyente.
En la parábola de Cristo del siervo que no estaba dispuesto a perdonar,
cuando el rey se enteró de que el siervo a quien él le había perdonado una
enorme deuda no le quiso perdonar una pequeña deuda a un compañero, el
rey se enojó y mandó a que lo arrestaran y lo echaran en prisión, no solo
hasta que aprendiera cómo perdonar, sino hasta que perdonara.

“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta


que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial
hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su
hermano sus ofensas”.
—MATEO 18:34–35

La Nueva Versión Internacional de la Biblia dice que el hombre fue


entregado a sus “carceleros” para que lo “torturaran”. En el contexto en que
fue enseñada esta lección, la gente que escuchaba a Cristo habría entendido
el significado de ser entregado a sus “carceleros”. En el sentido más severo,
el carcelero que torturaba era aquel que en la prisión usaba látigos o
cualquier herramienta que fuera necesaria para obtener la verdad de la
persona a quien estaba torturando. Esto lo hacía colocando a la persona en
un armazón o cepo, y golpeándola hasta que confesara el crimen o revelara
la información que se le exigía. La palabra que se usa en esta cita particular
del Nuevo Testamento es basanistes, y solo se usa en Mateo 18.
No olvide el contexto de la historia de Mateo 18. Un siervo que había
sido perdonado por el rey se niega a perdonar a otro siervo igual a él. El
siervo indispuesto a perdonar es entregado para que sea torturado hasta
que pague por el error que ha cometido. Creo que hay una manera en la
que una persona que no está dispuesta a perdonar podría experimentar una
consecuencia similar. Cuando un cristiano creyente en la Biblia se niega a
actuar, sabiendo que debe perdonar, está renunciando a su cerco de
protección espiritual.

LA INDISPOSICIÓN AL PERDÓN ELIMINA SU CERCO


ESPIRITUAL

En el libro de Job se dice que Dios había rodeado a Job, sus propiedades y
sus seres queridos con un “cerco” que prevenía que cualquier tipo de
maldad o de espíritu satánico afectara su salud, su bienestar, y su familia.
Cuando este cerco fue levantado temporalmente, Job perdió sus riquezas,
su salud, y sus seres amados. Dios era un hombre correcto que temía a
Dios y rechazaba el mal, y no había hecho nada malo para merecerse algo
así. Sin embargo, en la historia encontramos lo que hizo que el cerco
protector regresara.
Durante el juicio de Job, tres hombres (y otro que se unió
posteriormente) vinieron a verlo con razonamientos filosóficos y espirituales
para buscar el motivo por el cual él había perdido todo. Finalmente, Dios
mismo intervino y les dijo a los tres amigos de Job que ellos no habían
hablado de Él con rectitud, y que debían traer una ofrenda a donde Job
para que pudieran ser perdonados (Job 42:7–9). El siguiente versículo es
especialmente revelador:

“Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por


sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido
de Job”.
—JOB 42:10

Durante meses, los amigos de Job habían estado emitiendo sus opiniones
personales, observaciones equivocadas e interpretaciones erradas de los
acontecimientos. En vez de tratar de vengarse de ellos, enviarlos a sus casas
o negarse a hablar, Job se sentó en la arena y contrarrestó sus falsas
afirmaciones con hechos. Cuando el Todopoderoso expuso a estos amigos,
Job no abrió la boca para decir: “¡Sabía que yo tenía la razón y ustedes
estaban equivocados! ¿No era que Dios les había hablado?”. No. Job más
bien puso un sacrificio sobre el altar en favor de sus amigos y comenzó a
orar por ellos. ¡El cerco que había sido retirado inmediatamente le fue
restituido!
La Biblia hace mucho hincapié en las palabras y en la manera en que
tratamos a los demás. El mal uso de las palabras y el abuso verbal velado
hacia otros creyentes puede terminar iniciando un ataque satánico debido al
retiro de el cerco protector que usted posee. Así como un árbol no puede
producir dos clases de fruto, y una fuente no puede dar agua dulce y salada,
de una boca no pueden salir bendiciones y maldiciones (Santiago 3:10–14).
A pesar de que este dualismo no debería existir en un creyente, muchos lo
hacen. Algunos miembros de iglesia cantan, lloran y alaban en el coro, y
luego se sientan en un restaurante el domingo en la tarde y comienzan a
quejarse del director de canto, de los músicos, del equipo de adoración, y
del tipo de música que se utiliza. En su epístola, Santiago habla más de la
lengua y las palabras que cualquier otro autor del Nuevo Testamento. Él
aconseja: “Que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en
condenación” (Santiago 5:12).
El motivo por el que las palabras son tan poderosas y a veces tan
peligrosas es que por ellas podemos ser justificados o condenados (Mateo
12:37). Cuando la policía arresta a un sospechoso, se le leen los Derechos
Miranda y se le dice: “Cualquier cosa que diga puede y será usada en su
contra en un tribunal de justicia”. El juicio, determinado por las acciones y
las palabras, justificará y liberará a la persona, o la condenará y la llevará a
prisión. De la misma manera, todas nuestras palabras y acciones son
observadas por nuestro Dios Todopoderoso, el Juez celestial.
David escribió uno de los salmos más importantes sobre la manera en
que las palabras pueden ser usadas como armas de destrucción, refriéndose
a las conspiraciones contra los justos.

“Escóndeme del consejo secreto de los malignos, de la


conspiración de los que hacen iniquidad, que afilan como espada
su lengua; lanzan cual saeta suya, palabra amarga, para asaetear
a escondidas al íntegro; de repente lo asaetean, y no temen”.
—SALMO 64:2–4

La lengua de los justos es como plata (Proverbios 10:20). Está escrito:


“Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”
(Proverbios 25:11). Por el contrario, la lengua que habla palabras negativas
y cargadas de odio es como una espada y, cuando usted las profiere, son
como flechas. Cuando los creyentes comienzan a formar una opinión
negativa de otros creyentes, pasan a convertirse en jueces, lo que fomenta
un espíritu crítico. Una vez que el creyente pasa de ver a los otros creyentes
como sus hermanos y hermanas en Cristo, y comienza a juzgarlos, se
convierte en “el acusador de nuestros hermanos” (Apocalipsis 12:10). A los
creyentes no se les ha dado el papel de ser los perros guardianes del
Cuerpo de Cristo, para que estén mordiendo a todos aquellos con quienes
no están de acuerdo, ni mucho menos convertirse en sus jueces, jurado y
acusadores.
Fíjese en que la posición presente tanto de Cristo como del Espíritu
Santo es la de abogados defensores y no de acusadores. Cristo es nuestro
“Abogado” para con Dios (1 Juan 2:1). La palabra griega traducida como
abogado es parakletos, o alguien que es llamado para que ayude. Se
trataba de una persona que era asignada por la corte para que aconsejara a
la defensa, o alguien que tomaba el caso de una persona para defenderla.4
Cristo reveló que nos enviaría al Espíritu Santo como “otro Consolador”
(Juan 14:16). La palabra Consolador es mencionada cuatro veces en la
Biblia (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7). La palabra griega traducida como
“otro” no significa que es un Consolador diferente, sino “de la misma
clase”.5 La palabra griega que se usa para “Consolador” es la misma
palabra traducida como “abogado” en 1 Juan 2:1. De esta manera, tenemos
un Ayudador en la tierra y otro en el cielo que permanecen a nuestro lado
para sostenernos en nuestros momentos de pecado, debilidad y aflicción.
La Biblia es clara al afirmar que Cristo no vino a condenar al mundo, sino
a traer salvación (Juan 3:17). ¡Creo que una de las razones por las que
Cristo advirtió a sus seguidores de que no juzgaran a otros fue porque lo
que condenamos en los demás será también hallado en nosotros! Leemos:

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio


con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís,
os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu
hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”.
—MATEO 7:1–3

La medida con la que una persona juzga a los demás será la misma
medida que se usará contra ella. Esto ocurrió cuando David pecó
secretamente contra Betsabé y encubrió su pecado. Dios le reveló el
incidente al profeta Natán, quien visitó a David para contarle la parábola de
un hombre pobre que tenía una corderita y un hombre rico que tenía
muchos animales. Un viajero fue a visitar al hombre rico, y este, en vez de
tomar de sus vastas reservas para prepararle a su visitante, le quitó la oveja
al hombre pobre. Natán tenía la intención de ver la reacción de David,
quien en ningún momento se dio cuenta de que el relato representaba sus
propias acciones.
David se encolerizó y dijo que ese hombre rico debía ser condenado a
muerte, y que al pobre debía compensársele el daño con cuatro ovejas.
Natán le anunció entonces a David que él era ese hombre, y que Dios le
perdonaría la vida, pero que la espada del Señor jamás se apartaría de su
casa. Poco tiempo después de su vaticinio, el hijo que David tuvo con
Betsabé se enfermó y murió. Con el tiempo, David contabilizó un total de
cuatro muertes a consecuencia de su pecado. El asunto es que, al juzgar lo
que pensó era una situación ajena, David estaba decidiendo su propio
juicio. David pidió la muerte del hombre rico y que se le compensara
cuatro veces el daño al pobre, pero la muerte que deseó para otro fue
ejecutada en su propia casa y con sus hijos. La verdadera tragedia aquí es
que cuando alguien ha actuado mal y aparentemente se ha salido con la
suya, comienza a condenar esa misma falta en otros.
Siendo un ministro adolescente en Virginia, recuerdo la manera en que
algunos pastores hablaban negativamente y de manera abierta de algún
colega que caía en pecado y perdía su iglesia. Sin embargo, algunas veces
ocurría que años después esos pastores que se mostraban críticos y que
juzgaban a sus colegas, enfrentaban las mismas tentaciones y caían en los
mismos pecados de aquellos a quienes tanto criticaron. Un individuo de una
iglesia rural grande en las montañas de Virginia era tan estricto, que medía el
largo del cabello y el alto del ruedo del vestido de las damas que cantaban
en el coro. Dedicaba gran parte de su tiempo a predicar sobre la manera en
que debían vestir las mujeres. Era conocido como el predicador más
conservador y estricto de toda la región. Imagine ahora el escándalo que se
formó cuando se escapó con una joven secretaria de su iglesia.
Antes yo me preguntaba: “¿Cómo pueden predicar contra algo y
después caer en lo mismo que atacaban?”. Creo que encontré una posible
respuesta a ese fenómeno. Cuando un hombre está luchando en privado
contra algo, y se para detrás de un púlpito mostrándose elocuente en la
unción del Espíritu, está predicando con la esperanza de liberarse a sí
mismo de aquello que está condenando en otros. Un hombre confesó esto
al decir que cuando experimentaba la unción se sentía libre y predicaba de
manera más determinada, con la esperanza de que la unción rompiera el
yugo en su propia vida. A veces ocurre, y el Espíritu Santo libera a la
persona de una trampa que habría devastado su vida y su ministerio. Sin
embargo, otras veces pareciera que no se da la liberación, especialmente
cuando usan el púlpito con el fin de aplastar a otros para surgir ellos.
Cierto pastor cuyas acciones y pecados llegaron a ser conocidos a nivel
nacional es un ejemplo de esto. Cuando estaba en el apogeo de su
ministerio, su programa de televisión llegaba a muchos pueblos y naciones.
En un momento le comentó a su equipo de ministros que él era “el mayor
predicador desde el apóstol Pablo”, y que él “había sido levantado por el
Señor para alcanzar el mundo”. Uno de sus amigos más cercanos solía
sentarse a comer en la mesa con él y con su familia antes de la terrible
debacle de su ministerio. Este amigo decidió alejarse voluntariamente de la
mesa de este hombre, ya que cada vez que comían, el pastor y su familia
comenzaban a despotricar de cuanto ministro había, poniéndoles
sobrenombres y llamándolos herejes y falsos profetas. Además, se
regodeaban de su ministerio, y decía que era el mejor del mundo. A pesar
de eso, los pecados contra los que predicaba estaban presentes en su
propia vida. Pienso que Dios permitió que el cerco protector fuera retirado
de su vida y que él experimentara las mismas dificultades que juzgaba en los
demás. El ministerio de Cristo y del Espíritu Santo consiste en ser
abogados defensores. Solo Satanás es el acusador de nuestros hermanos
(Apocalipsis 12:10). La parte acusadora tiene el objetivo de atacar al
acusado a fin de obtener de él información que lo recrimine. Cuando le
hacemos el juego a Satanás de acusar a otros creyentes, nos convertimos
en acusadores en busca de un culpable al cual condenar, y eso no forma
parte del ministerio del Espíritu Santo. La obra del Espíritu Santo consiste
en mover a la persona al arrepentimiento para exonerarlo de culpa.
Según el Salmo 64, Dios mismo herirá a aquellos que lanzan como saetas
palabras amargas contra los que están justificados por fe y que viven para
Cristo. En el Salmo, estas personas tropiezan con sus propias lenguas, caen
en su propia trampa, y terminan como Amán y sus hijos en Persia, colgados
en las horcas que tenían preparadas para otros.
Otro ejemplo lo tenemos en Pedro. Cuando leemos el relato de Lucas,
vemos que Pedro fue víctima de una fuerte sacudida por parte del mismo
Satanás.
Había diez apóstoles más que también pudieron haber sido víctimas,
pero en este caso fue Pedro a quien Satanás quiso zarandear como trigo
(Lucas 22:31). Creo que la puerta abierta que permitió el ataque satánico
fue el orgullo con el que estaban cargadas las palabras y las actitudes de
Pedro. Él se había jactado públicamente de que si otros negaban al Señor,
él jamás lo haría, y que de hecho estaba dispuesto a morir con Cristo. Tenía
una actitud de superioridad espiritual, y de ser mejor que otros.

“Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por


tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque
aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy
justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis
nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará
también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de
los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de
Dios”.
—1 CORINTIOS 4:3–5

En una ocasión, un conocido ministro salió por televisión e hizo leña


públicamente de un colega que había caído, pero que se había arrepentido
de su pecado. Después de la entrevista, un abogado le recordó al ministro
acusador que él también tenía secretos vergonzosos. Recuerdo que el
predicador le dijo: “Si tienes algo, ¡sácalo!”. Al parecer, ellos sabían algo.
Hace años, cuando Ronald Reagan era presidente, invitó al primer
ministro de Israel a la Casa Blanca. Reagan tenía numerosas fotografías en
su mesa en el Despacho Oval. El primer ministro señaló una fotografía de un
famoso telepredicador y dijo: “¿Quién es ese hombre?”. Reagan procedió a
decirle al primer ministro que se trataba de un conocido ministro con una
gran cantidad de seguidores que lo había apoyado durante su candidatura.
El primer ministro replicó: “Pues, permítame decirle que él no es lo que
usted cree que es”. Mucho tiempo antes de que cualquiera supiera la
información que luego se hizo pública, fuentes de inteligencia en Israel ya
estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo”.6 Es poco sabio que una
persona que está lidiando con debilidades, tentaciones y otros asuntos, se
muestre arrogante y orgullosa de sí misma, y que de paso condene a otros
por las mismas cosas que permite en su vida.

CUANDO SE PIERDE EL CERCO PROTECTOR


¿Cómo puede perderse el cerco protector? Satanás tuvo que pedirle a Dios
que retirara el cerco protector que tenía alrededor de Job. Sin embargo, lo
hizo basado en una advertencia del Salmo 64:

“Mas Dios los herirá con saeta; de repente serán sus plagas. Sus
propias lenguas los harán caer; se espantarán todos los que los
vean”.
—SALMO 64:7–8

Hace años tuve una visión en la que un ministro que predicaba en un


púlpito estaba rodeado de un cerco protector que evitaba que las saetas del
enemigo alcanzaran su mente y su vida. De repente, este ministro comenzó
a hablar de algunos de sus colegas, y al hacerlo, comenzaron a salir flechas
ardientes de él. Estas flechas, en vez de seguir hacia adelante, daban un giro
y se devolvían hacia el ministro. Las flechas comenzaron a enterrarse en el
cerco protector como si se clavaran en el tronco de un árbol. Cada vez que
hablaba y nombraba a otro ministro para vilipendiarlo, otra flecha iba
derribando su propio cerco protector. Finalmente, el ministro quedó
desprotegido, y una serpiente comenzó a arrastrarse hacia sus pies para
morderlo. Cuando finalizó la visión, recordé dos versículos:

“Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo,


así la maldición nunca vendrá sin causa”.
—PROVERBIOS 26:2

“El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le


morderá la serpiente”.
—ECLESIASTÉS 10:8

Yo creo que todo creyente tiene alguna forma de cerco o barrera


protectora que previene que el adversario invada su vida a su voluntad. En
el caso de Job, Satanás solicitó que el cerco protector fuera retirado para
poder tener acceso a la vida personal de Job, su familia, sus negocios, y su
salud. Job no hizo nada que causara que su cerco protector cayera e
iniciara la crisis. Sin embargo, el salmista revela que cuando proferimos
palabras no justificadas, las saetas (es decir, las palabras) regresan a la
persona que las envió y esta termina sufriendo la maldición que estaba
destinada a otra persona (Salmo 64:1–7). Este es el principio de Amán.
Amán preparó secretamente diez horcas en las que pensaba guindar a los
judíos. Su principal opositora era Ester, una chica judía que se había
convertido en reina y que escuchaba la voz del rey. Ella expuso su plan y,
como mencioné anteriormente, Amán y sus diez hijos fueron colgados con
las mismas sogas que estaban preparadas para ajusticiar a otros (ver el libro
de Ester).
El mundo espiritual opera bajo ciertas leyes tan reales y vigentes como
las leyes que operan en el sistema judicial de nuestra nación. Si usted no
cree que las leyes existen o que son reales, ¡trate de trasgredirlas! Un
hombre “comprobó” que los estadounidenses no estaban obligados a pagar
impuestos porque, según él, la ley que así lo exige fue aprobada durante una
vieja guerra para recolectar fondos y su interpretación ya no era válida. Este
hombre actualmente responde cartas desde la cárcel. Su opinión sobre la
ley no lo eximió de su cumplimiento, ni influyó en su defensa.7
En el mundo espiritual, Dios tiene ciertas leyes del Espíritu que operan
tanto en el Reino de Dios como en el reino de Satanás. Una de esas leyes
es el hecho de que Dios controla la vida y la muerte. Cuando Satanás atacó
a Job, se le permitió afectar su salud, pero no quitarle la vida (Job 2:6).
Satanás no tenía poder para quitarle la vida a Cristo, pero Cristo puede
poner su vida y volverla a tomar (Juan 10:15–18). El adversario hizo varios
intentos de acabar con la vida de Pablo, pero en cada oportunidad Pablo
escapó de sus enemigos, hasta el momento de su partida definitiva. Cristo
reveló en el Apocalipsis que él tiene “las llaves de la muerte y del Hades”
(Apocalipsis 1:18), lo que quiere decir que él tiene el poder sobre la
muerte. Por lo tanto, Satanás no puede quitarle la vida a un creyente que
tenga un pacto con Dios. Sin embargo, debemos estar en el lugar correcto,
con las personas correctas, y en el momento correcto; y no con las
personas equivocadas, en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Hay una cláusula relacionada a la muerte. Salomón escribió que “la
muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21). La
palabra hebrea traducida como “poder” es yad, que describe una mano
abierta contra una mano cerrada. En otras palabras, ¡usted coloca el poder
de la vida y la muerte en su mano con las palabras que brotan de su boca!
Su boca y sus palabras son una puerta que está cerrada mientras usted está
en silencio, pero en el momento en que habla esa puerta se abre. Aunque
Satanás no tiene autoridad directa para quitarle la vida a un creyente, el
creyente puede proferir vida y a veces muerte a su situación personal,
abriéndole así la puerta al enemigo.

CÓMO CERRARLE LA PUERTA A LOS ESPÍRITUS


MALIGNOS

La imagen más común de los espíritus malignos es poseyendo a hombres o


mujeres malvados. Sin embargo, también hay espíritus de enfermedad que
pueden atacar a los creyentes (ver Lucas 13). Ni usted ni yo podemos
subestimar el poder que es liberado en el mundo espiritual desde un punto
de vista legal cuando alguien se muestra verbalmente de acuerdo con un
comentario negativo que recibe sobre otra persona. Satanás es el acusador
de nuestros hermanos ante Dios, y al igual que en una corte terrenal, si
usted está de acuerdo con los cargos contra usted, la evidencia será
entonces usada en su contra. Si a mí me dicen que me voy a morir en seis
meses, y comienzo a repetir: “Bueno, muchachos, esto es todo. Llegó mi
hora. Todos tenemos que partir tarde o temprano”, no tengo autoridad
legal para resistir el poder de la muerte, porque estoy aceptándola. Si, por
el contrario, tengo la certeza de que Dios quiere que viva un poco más,
entonces puedo actuar como el rey Ezequías, quien con una sentencia de
muerte encima oró y Dios le concedió quince años más de vida (2 Reyes
20:1–6).
El mundo espiritual opera en base a las palabras que son pronunciadas
en la tierra. Jesús ordenaba a los espíritus malignos que salieran y ellos
salían, y los discípulos echaban fuera espíritus con sus palabras (Marcos
1:23–26; Lucas 10:17). En Hechos, los apóstoles ejercían dominio sobre el
mundo espiritual ordenándoles abiertamente a los espíritus que salieran de
los adivinadores, los cuales no tenían otra opción que obedecer (Hechos
16:16–18). Debemos entender que cuando estamos en conexión con la
Palabra escrita de Dios, y la proclamamos en voz alta, es como si el Señor
mismo la estuviera proclamando a través de nosotros. De nuestra boca
están saliendo frases que provienen de la boca de Dios.
He visto hombres y mujeres que aceptan el informe negativo de un
médico y que terminan muriendo después de orar. Sin embargo, los que han
sido sanados son siempre aquellos que no niegan los hechos, pero que
están seguros de que esos hechos no son la palabra final, porque las
promesas de sanidad de Dios son superiores a cualquier informe médico.
Una violación de la ley le da a un agente policial el derecho de arrestar a
una persona. De igual manera, violar las leyes espirituales le abre la puerta a
los ataques no deseados de nuestro adversario. Una de las leyes espirituales
que nos protege y que mantiene esa puerta cerrada es confesar la Palabra
de Dios y aceptarla, porque está escrito: “Mantengamos firme, sin fluctuar,
la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos
10:23).
Capítulo 9

LA RESTAURACIÓN DE MINISTROS Y
MIEMBROS DE IGLESIA QUE HAN CAÍDO

ANTES DE ADENTRARNOS en este tema tan importante y a veces


controversial, es necesario un preámbulo. Yo soy un ministro de cuarta
generación. Mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre sirvieron tanto como
evangelistas itinerantes, como pastoreando iglesias. Desde la década de
1930, cuatro generaciones, incluyéndome a mí, hemos estado ligados a la
misma denominación, una organización evangélica reconocida a nivel
mundial con sede en Cleveland, Tennessee. Habiéndome criado en una
denominación en crecimiento y comenzado una carrera evangelística a los
dieciocho años, puedo decir que conozco las ventajas y las desventajas de
estar ligado a una organización particular.
Entre las ventajas están: poder ministrar en iglesias en las que todos los
creyentes comparten las mismas enseñanzas doctrinales; la comunión y el
lazo que existe entre los diferentes ministros; y la estructura en la que los
obispos supervisan las congregaciones locales y estatales, y se hacen cargo
de los conflictos internos, evitando divisiones en el seno de la iglesia.
Entre las desventajas: a algunos ministros denominacionales no les gusta
la idea de que sus predicadores ministren fuera de la denominación, y el
hecho de que las denominaciones a veces tienen la tendencia a creer que
son el grupo que tiene la interpretación correcta de las Escrituras,
rechazando los puntos de vista de los demás. Las denominaciones tienden
también a erigir cercos protectores alrededor de sus ovejas para prevenir
que visiten otros pastizales (iglesias). Sin embargo, un punto importante que
diferencia a algunas organizaciones denominacionales de las no
denominacionales es el relacionado a las reglas y la disciplina que se le
aplica a un ministro que ha caído en pecado.

LOS PECADOS DEL MINISTRO


En mis muchos años de ministerio a tiempo completo, he tenido amigos
personales muy preciados por mi esposa y por mí, que han caído en las
tentaciones o en las trampas del adversario, cediendo a actos prohibidos, y
que han quedado al descubierto. Como resultado, han tenido que apartarse
del ministerio temporalmente. Lamentablemente, algunos se retiraron
temporalmente y jamás regresaron al ministerio público. Entre las
transgresiones hemos visto adulterio; fornicación; conducta inapropiada;
manejo incorrecto o ilegal de las finanzas y, por muy increíble que parezca,
hasta el homicidio de un compañero. Algunos casos son tan sorprendentes
que parecieran sacados de una película de Hollywood, como el de un
pastor cuya iglesia tenía una deuda enorme y decidió ponerse una máscara
y robar un banco para conseguir el dinero que se debía por el proyecto de
construcción de la iglesia.
Un caso que presencié personalmente involucró a un ministro que
siempre parecía estar expandiendo su ministerio en todas direcciones.
Había comprado una unidad móvil para televisión, equipos y una gran
carpa, y utilizaba cuanta herramienta estuviera a su alcance para alcanzar al
mayor número de personas posible. Más tarde se descubrió que parte de
los equipos que había adquirido habían sido comprados con cheques de
gerencia falsos que imprimió en una imprenta que tenía la iglesia. Durante su
juicio, fue descrito por la prensa como “el Robin Hood cristiano” que creía
que sus actos estaban justificados porque usaba el dinero para alcanzar a
las personas, a pesar de que sus métodos de compra eran fraudulentos. Fue
enviado a la cárcel durante un tiempo, pero actualmente está libre. A veces
me acuerdo de él.1 Una historia más grotesca y triste es la de un ministro
que tenía una aventura y quería casarse con la amante, a pesar de que
estaba casado. Este ministro organizó un viaje para su esposa, y mandó a
matarla.
Este último es obviamente un caso extremo y de hecho muy raro. Sin
embargo, cada semana en algún lugar hay pastores, ministros, evangelistas,
misioneros o personal ministerial cuyas transgresiones los alcanzan,
exponiéndolos a un bochorno no planificado junto con su familia y su
ministerio. Es imposible contar la cantidad de miembros que ya no asisten a
las iglesias, y que se han visto afectados emocional y espiritualmente porque
su mentor o héroe espiritual, a quien tanto admiraban, los decepcionó, y es
considerado ahora un hipócrita que no vivía lo que predicaba. Peor ocurre
cuando el ministro es una personalidad conocida y tiene notoriedad a nivel
global. Hasta el sol de hoy, conozco a individuos que dejaron de asistir a la
iglesia y de apoyar económicamente a algún ministerio porque un ministro
reconocido confesó estar incurso en un pecado de carácter moral, incluso
desde la década de 1980. Salomón escribió:

“Un amigo ofendido es más difícil de recuperar que una ciudad


fortificada. Las disputas separan a los amigos como un portón
cerrado con rejas”.
—PROVERBIOS 18:19, NTV

LOS MINISTROS SON HOMBRES Y MUJERES QUE HAN


SIDO LLAMADOS

La gente tiende a olvidar que Dios usa recipientes humanos que tienen
defectos y debilidades. Los ministros son hombres (o mujeres) que han sido
seleccionados, pero que habitan una morada carnal y están sujetos a los
mismos ataques mentales, tentaciones y pruebas que enfrentan todos los
hombres y mujeres. Dos cosas separan a los ministros de las demás
personas: han sido “llamados” por Dios, y están “ungidos” por el Espíritu
Santo. En el libro de Hechos leemos:

“Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo:


Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he
llamado”.
—HECHOS 13:2

La palabra griega traducida como “llamado” significa “recibir un llamado,


convocación o invitación”. Una persona que ha sido llamada al ministerio
es aquella a quien Dios ha apartado desde el vientre de su madre para la
obra del evangelio (Jeremías 1:5; Gálatas 1:15). Quien ha sido
verdaderamente llamado debe mantener un patrón moral y espiritual
elevado y, a través del ejemplo, vivir una vida apartada de los placeres
carnales y terrenales. Pablo escribió:

“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el


Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré”.
—2 CORINTIOS 6:17

La palabra griega traducida como “apartaos” es aforizo, que significa


“establecer un límite, señalar, limitar o dividir”. Esta separación para el
ministerio consiste de dos partes. Primero, Dios aparta a la persona para sí
a través del llamado divino. Segundo, la persona que ha sido llamada debe
separarse voluntariamente hacia un estilo de vida que limita cierto tipo de
actividades (establece límites) que otros que no están en el ministerio
pueden realizar. Por ejemplo: si un ministro busca el cargo de obispo, debe
haberse casado una sola vez, a pesar de que en su iglesia pueda haber
alguien que se haya divorciado varias veces, quien no podría ocupar el
cargo de obispo por su circunstancia (1 Timoteo 3:2). Un obispo debe ser
también una persona que dé buen testimonio a la comunidad, para que no
caiga en descrédito y en lazo del diablo (v. 7). Por esto es que algunas
denominaciones investigan a quienes aspiran al cargo de obispos, de
acuerdo a los lineamientos y las restricciones de la Biblia.
Así como Dios impuso ciertas restricciones sobre los sacerdotes del
Antiguo Testamento que debían ministrar cerca de la presencia divina, él
requiere una separación más rigurosa de los deseos y pensamientos
carnales de aquellos a quienes llama y escoge.
La segunda bendición que acompaña el llamado de Dios es la unción del
Espíritu Santo. A través de las Escrituras, el aceite sagrado fue usado para
ungir a quienes han sido separados para cumplir el servicio para Dios. Los
sumos sacerdotes y los reyes del Antiguo Testamento fueron ungidos con
aceite (Éxodo 28:41; 1 Samuel 9:16). David recibió la unción con aceite
siendo adolescente, cuando el profeta Samuel vino a la casa de Isaí, el
padre de David (ver 1 Samuel 16). Leemos:

“Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus


hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová
vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.
—1 SAMUEL 16:13

El aceite sagrado era un símbolo de que Dios había escogido a esa


persona para el servicio divino. Este aceite debía ser asegurado, pues no
podía ser derramado sobre la carne de un extraño. Tampoco podía ser
duplicado, así que no era posible que algún rebelde tratara de ungir su
propio rey o sacerdote, ni podía usarse para ungir lo que no era santo
(Éxodo 30:31–32). Si Dios apartó el uso de la composición del aceite
sagrado tan celosamente, Él sin duda desea que los ministros aparten la
valiosa unción del Espíritu Santo que les fue impartida con el propósito de
ministrar de manera efectiva y poderosa (1 Juan 2:20, 27).
El hecho de que los ministros del evangelio sean escogidos, llamados, y
ungidos, exige un mayor nivel de compromiso y de relación con Dios que la
persona común. Esta responsabilidad coloca también al ministro en una
nueva luz en la percepción de la gente a quien él o ella le ministra. Nos
guste o no, la gente adentro y afuera de la iglesia espera que los ministros
del evangelio prediquen la palabra y vivan lo que predican. Sin embargo, lo
que los miembros a veces olvidan, es que los ministros eran hombres antes
de ser hombres de Dios, y así como Cristo fue “tentado en todo” los
ministros son también objeto de las mismas tentaciones. Con esto no estoy
queriendo justificar las fallas, pero es algo que debe ser entendido a la luz
de la naturaleza humana y adánica que todos poseemos. La mayoría de los
ministros fallan por una de las siguientes cosas, o por una combinación de
ellas: orgullo, dinero o sexo.

CUANDO UN MINISTRO FALLA


He presenciado, observado y tenido grandes amigos que han caído en
varias tentaciones, y también he sido testigo de la reacción de los cristianos
que forman parte de sus ministerios, y de las personas externas que se
molestan y comienzan a atacarlos. Siempre surgen las siguientes preguntas:
1. “¿Por qué ocurrió?”.
2. “¿Cómo ocurrió?”.
3. “¿Cuándo? ¿Quién? ¿Qué?”.
Cuando un ministro cae en pecado y comienzan a rodar las preguntas, yo
les digo a aquellos que las hacen: “Haga una retrospección de su vida como
cristiano y fíjese en sus propias fallas. Recuerde esos momentos en que ha
fallado. El enemigo tienta la naturaleza carnal de toda persona en su afán
de apartarla de Dios”. La expresión de desencanto más común es: “No
vivía lo que predicaba”.
Antes de analizar esta expresión dicha a la ligera que convierte al que fue
una vez fue un apreciado ministro en un hipócrita, debo decir que hay una
diferencia entre llevar un estilo de vida de pecados ocultos, y caer en la
trampa de una tentación específica lanzada por Satanás. Hay ministros a
quienes se los acusa de tener relaciones ilícitas con alguna mujer de la
iglesia, y que después de irse a otras iglesias, vuelven a hacerlo. La
acusación se va repitiendo de iglesia en iglesia. Si las acusaciones son
reales, este individuo está practicando el pecado y su estilo de vida
terminará alcanzándolo, causando mucho daño.
Sin embargo, he sabido de casos en los que la persona llevaba una vida
íntegra tanto moral como espiritualmente, pero que descuidó la oración
constante y su relación íntima con Dios, terminando en una situación similar
a la de José en la casa de Potifar. Aunque esta persona no resistió a la
tentación y corrió como José, tampoco llevaba un estilo de vida
pecaminoso. Se trató de un solo momento de debilidad.
Si yo menciono al rey David, la gente tiene diferentes percepciones de él:
un adolescente que mató a un gigante, el hombre que huía de Saúl y, como
cualquier estudiante de la Biblia le dirá, el hombre que cayó en adulterio y
asesinó al esposo de su amante. Pero, ¿alguna vez se ha puesto a pensar
usted en todo el bien que David hizo durante su vida, en comparación a sus
momentos de iniquidad? La Biblia recuerda a David de esta manera:

“Por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová,
y de ninguna cosa que le mandase se había apartado en todos los
días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo”.
—1 REYES 15:5

El bien que hizo David durante setenta años tuvo mucho más peso que
sus temporadas de pecado, a pesar de que su vida quedó marcada con un
“salvo en lo tocante a Urías heteo”. Sin embargo, hay muchos que aún
asocian el nombre de David con adulterio más que con su ministerio divino.
La misma discusión se presenta hoy, especialmente cuando ocurre un
desastre moral en la vida de un ministro. A pesar del perdón y la
restauración provista para todo aquel que se arrepiente de corazón, la
mancha oscura queda, recordada con dolor especialmente por aquellos que
fueron afectados por lo ocurrido.
¿QUÉ HACER CON UN MINISTRO QUE HA CAÍDO?
La opinión que me he formado con el paso de los años es que el proceso y
la explicación pública que se utiliza para lidiar con la falla moral de un
ministro puede terminar destruyendo a una iglesia, o salvándola. Existen tres
pasos importantes en cualquier tipo de restauración bíblica:
1. El arrepentimiento del pecado.
2. Una temporada de reflexión y recuperación.
3. La restauración en el llamado y el ministerio.
Arrepentirse va más allá de decir lo siento. Incluye apartarse de la
persona o de aquello que llevó al ministro a pecar. Si un ministro estuvo
involucrado sexualmente con una mujer, debe romper todo lazo que pueda
tener con ella. Si la transgresión está relacionada con malversación de
fondos, el ministro debe apartarse de cualquier responsabilidad relacionada
con las finanzas. Si se trata de un pecado de orgullo, la humildad y la
sumisión a los demás que integran el liderazgo forma parte del proceso de
restauración.
Fíjese, por ejemplo, en la falla de Simón Pedro. Aunque no se trató de
adulterio ni de algún pecado sexual, Pedro se dejó dominar por el orgullo, y
la debilidad le abrió la puerta al ataque de Satanás. ¡Negar al Señor en
frente de otros fue una transgresión grave! Cuando le preguntaron tres
veces afuera de la corte si él era seguidor de Cristo, Pedro mintió tres
veces al negarlo. La tercera vez incluso se enojó porque no le creían, y
maldijo y profirió malas palabras. Sin embargo, inmediatamente se sintió
culpable, se fue y “lloró amargamente” (Mateo 26:69–75). Mientras el
cuerpo de Cristo estuvo en el sepulcro, Pedro tuvo tres días para
reflexionar sobre lo ocurrido. En el momento de la resurrección, el ángel les
dijo a las mujeres que fueron al sepulcro: “Id, decid a sus discípulos, y a
Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo”
(Marcos 16:7). En ese momento había once discípulos, ya que Judas se
había suicidado. Fíjese que el ángel hizo hincapié en que Pedro debía estar
presente en la reunión. Para mí este es un indicativo de que Cristo estaba
interesado en restaurar el ministerio y la credibilidad de Pedro en frente de
los demás, que sabían que Pedro había negado a Cristo.
Más tarde, cuando los discípulos se encontraron con Cristo a orillas del
mar de Galilea, Cristo le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas más que
a estos?”. Pedro le respondió que sí lo amaba. Entonces, Cristo le dijo:
“Apacienta mis corderos [ . . . ]. Pastorea mis ovejas” (Juan 21:15–19).
Creo que al cuestionar tres veces de manera pública el amor de Pedro por
Cristo, este estaba librando a Pedro de la culpa que sentía por las tres
veces que lo negó verbalmente en público. En este ejemplo vemos el
arrepentimiento por parte de Pedro, un período de reflexión y el proceso de
restauración en el que Cristo reafirma el amor de Pedro y su compromiso
con su Maestro.
Una de las diferencias entre una denominación y una congregación
independiente es que en las denominaciones suele haber una junta especial
de ancianos que tiene la función específica de manejar los procesos
disciplinarios cuando surgen acusaciones comprobadas contra los ministros.
En algunas iglesias, cuando el ambiente es más independiente, un ministro
puede ser culpable de alguna acción y seguir adelante, y a los que no están
de acuerdo se les pide simplemente que busquen otra iglesia.
Viniendo de un ambiente denominacional, algunas veces sentí que los
métodos sistémicos para tratar con los ministros que habían caído en
pecado eran un poco fríos e insensibles, más parecidos a un castigo
organizado que a un proceso en el que se buscaba el arrepentimiento y la
restauración. Era común que cuando un ministro era hallado culpable de un
pecado de carácter moral, se le pedía que renunciara y que se apartara del
ministerio durante un período de uno a tres años; pero después de tres
años, algunos hombres simplemente ya no querían regresar al ministerio. Ni
siquiera eran capaces de pararse a testificar, o de enseñar en un grupo
pequeño.
A veces, cuando pienso en la embriaguez de Noé (Génesis 9:21), el
incesto de Lot (Génesis 19:30–36), el fracaso de Sansón (Jueces 14–16),
el adulterio de David (2 Samuel 11), y la debilidad carnal de Salomón (1
Reyes 11:1–8), me pregunto cómo serían juzgados sus pecados y fallas por
una junta de ancianos, y qué restricciones les impondrían. Sin duda se trata
de un proceso doloroso tanto para los ministros como para los miembros
de la iglesia. Sin embargo, el bochorno, la humillación pública, y la angustia
que este causa en la familia, así como el reproche que crea en la iglesia, ya
es suficiente castigo para el culpable. Proverbios habla del adulterio en
estos términos:

“Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento;


corrompe su alma el que tal hace. Heridas y vergüenza hallará, y
su afrenta nunca será borrada”.
—PROVERBIOS 6:32–33

Las consecuencias específicas que quedan del pecado son: heridas,


vergüenza y afrenta. Sin embargo, todos los pecados pueden ser
perdonados, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo (Marcos 3:29).
Todo creyente que caiga en pecado tiene un proceso de recuperación de
tres etapas: la confesión del pecado es la primera, el perdón de todas las
partes involucradas es la segunda, y la restauración es la tercera.

LO QUE LA B IBLIA ENSEÑA SOBRE LA RESTAURACIÓN


Cuando Pablo le escribió a la iglesia en Galacia, los amonestó por haberse
iniciado en el Espíritu y regresado a la carne, o por haber comenzado en el
Espíritu y regresado a la ley. En su epístola, hay un versículo significativo
que a menudo se cita en relación al proceso de restauración. Leemos:

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros


que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.
—GÁLATAS 6:1

En este pasaje el individuo no estaba practicando un estilo de vida


pecaminoso, sino que había sido “sorprendido” por el pecado. La palabra
sorprendido representa aquí una tentación que puede más que la persona.
Tyndale traduce esta frase como: “Si por casualidad un hombre llega a caer
en una falta”, dando a entender que se trata de una tentación súbita, o de
alguien que se ve presionado por el pecado y cae; y no de una persona que
está practicando el pecado de manera continua y deliberada.2
Pensemos en David y Sansón. Sansón se la pasaba merodeando el
territorio de los filisteos, metiéndole el ojo a cuanta mujer atractiva había.
David, por el contrario, se levantó de su cama un día y vio a una mujer en
una azotea contigua, sin estarlo buscando. Sansón tenía un claro problema
con las mujeres, mientras que David se vio tentado por una mujer en una
ocasión. Recordemos, sin embargo, que como resultado de su
desobediencia, Sansón perdió la unción y David su alegría y su paz (Jueces
16:20; Salmo 51:1–12). David perdió también a sus hijos como
consecuencia de su transgresión. Sansón coqueteaba continuamente con el
diablo, y continuó disfrutando de la unción durante un tiempo, hasta que el
Espíritu se apartó de él. David luchaba con sus instintos y se topó con una
mujer casada dispuesta a romper su pacto matrimonial por una noche.
Bajo el nuevo pacto, Pablo instruyó a aquellos que son “espirituales”
sobre la manera en que deben manejar el asunto de la restauración de los
hermanos que caen en pecado. Este es un tema muy importante. Si el
liderazgo de una iglesia permite que hombres carnales y no espirituales den
inicio al proceso de restauración, o que determinen la disciplina a aplicar, las
emociones se impondrán por sobre lo que dicen las Escrituras, y las
opiniones se basarán en las circunstancias y no en los lineamientos bíblicos.
Ocurre, que ancianos no consagrados destituyen a un pastor porque en el
fondo tienen la intención de darle la oportunidad a un amigo para que lo
reemplace. Hay también quienes buscan obtener detalles para dárselos a
otros, como alimentando tiburones. Los hombres verdaderamente
espirituales sabrán discernir cada situación y actuar acorde a la sabiduría de
Dios y las Escrituras.
El versículo afirma que estos hombres espirituales deben restaurar a
quien ha caído. Por supuesto, esta restauración tiene la intención de que el
pecador se arrepienta y se aparte de la persona o de aquello que originó su
caída. Hay tres palabras griegas diferentes que pueden traducirse como
“restaurar”. En este caso, la palabra utilizada es katartizo, que significa
“reparar”. Los eruditos mencionan que en el original griego el tiempo verbal
está en presente continuo, lo que sugiere la necesidad de que los que están
ayudando en el proceso de restauración tengan paciencia mientras el
proceso está en marcha.3 Cuando alguien se parte un hueso, hay que
restablecer el hueso evitando que este tenga algún tipo de actividad, así
como teniendo paciencia para que el proceso de sanación se cumpla y el
hueso vuelva a ser funcional. Es por ello que a los ministros que han caído
en pecado se les pide que se aparten durante un tiempo. Esto no debería
ser considerado como una clase de castigo, pues ya el solo reproche
público es un castigo suficiente. Se trata de un tiempo de arrepentimiento;
de liberación, si es necesaria; y de reparación. Muchas veces debe haber
sanación en el matrimonio o en la familia, lo cual requiere tiempo.
La parte final de este versículo es importante para aquellos involucrados
en el proceso de restauración de otros. Pablo les advierte a los
restauradores que estén pendientes de su actitud durante el proceso y que
recuerden que ellos también son humanos y que pueden caer en el mismo
pecado en el que cayó la persona con la que están lidiando. Durante mi
ministerio he sido testigo del motivo por el que Pablo dio esta advertencia.
En varias ocasiones, las mismas personas que habían sido asignadas para
supervisar el proceso disciplinario de un ministro, terminaron juzgándolo y
hablando abiertamente de su falla. Años después, sin embargo, ellos
mismos experimentaron la misma clase de transgresión en su vida. No
olvide que Cristo dijo:

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio


con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís,
os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu
hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”.
—MATEO 7:1–3

Después de hablar de la restauración de un hermano que ha caído, Pablo


escribe: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2). En
este mismo contexto, Pablo se refiere a la pesada carga de tentación que
algunos enfrentan, y dice que debemos mantenernos unidos (en oración y
exhortación) para ayudar a otros a salir victoriosos de la prueba. Unos
versículos después, Pablo les recuerda a los creyentes que segarán siempre
aquello que siembren, y que el que siembra para su carne, segará
corrupción (vv. 7–8).

¿DEBE REGRESAR UN MINISTRO?


Algunas veces surge esta pregunta: “¿Debe regresar un ministro a su misma
iglesia después de su restauración?”. Esta no es una pregunta fácil de
responder. Yo creo que cada situación demanda una respuesta diferente. Si
el ministro fundó la iglesia o ministerio, tendrá más convertidos y una
conexión más estrecha con la feligresía que un ministro que ha sido asignado
a esa iglesia por un obispo o líder denominacional. Por otra parte, el
período de tiempo que el ministro tuvo en la región o en su iglesia pesa
mucho en el asunto, ya que los ministros son mucho más conocidos en la
comunidad después de años de ministerio.
Ahora, hay quienes dicen: “Todos los pecados son iguales”, pero eso no
es verdad. Pecado es pecado, y en eso estamos de acuerdo, pero hay
pecados hechos en conocimiento y pecados que se comenten en
ignorancia. Un pecado en conocimiento es aquel que se comete teniendo
mucho conocimiento espiritual. El pecado en ignorancia es el que comete
una persona con muy poco conocimiento espiritual. Hay también
pecados contra las personas y pecados contra Dios. Hay pecados que solo
involucran a quien los comete, y pecados que involucran a otras personas.
Una de las razones por las que los pecados sexuales son tan graves es
porque no solo involucran a una persona, sino a dos, y los dos se juntan en
una sola carne. Otra razón es que el pecado sexual cometido por alguien
casado atrapa a toda la familia en la crisis, afectando a más de una persona.
Si el pecado del ministro está relacionado con homosexualidad, actos
sexuales con menores de edad, o pedofilia, afectará a la iglesia y a toda la
comunidad, y hará que el proceso de restauración se extienda durante años,
muchas veces prohibiéndole a la persona cualquier clase de actividad
ministerial, especialmente con los jóvenes. Numerosas aventuras con
mujeres en una iglesia causarán que la confianza se pierda, haciendo
prácticamente imposible que la persona viva en la misma ciudad o que
regrese a la misma iglesia después de su restauración.
Dependiendo de la situación o de la gravedad del pecado, si un ministro
no regresa a la misma iglesia después de la restauración, siempre habrá
miembros que mostrarán un profundo amor por él, y que fueron convertidos
o bendecidos durante su ministerio. Estas personas a veces abandonan la
iglesia, ofendidas por la decisión. Por otra parte, lo mismo puede ocurrir si
el ministro restaurado regresa a la misma iglesia después de la restauración.
Habrá quienes opinarán que un ministro que ha caído no tiene derecho de
estar en el púlpito. Cada situación debe ser determinada en base al
arrepentimiento y la actitud que muestre el ministro, y en las decisiones de la
congregación.

UNA ADVERTENCIA A LOS QUE GUSTAN DE JUZGAR A


OTROS

David nos advirtió a no sentarnos “en silla de escarnecedores” (Salmo 1:1).


Él sin duda experimentó una terrible caída, así como persecuciones,
incluyendo amigos que se pusieron en su contra. Aun así, a David no le
preocupaba mucho la pérdida de amigos, sino que la presencia del Señor
permaneciera en su vida. Él le pidió a Dios que no alejara al Espíritu Santo
de él, y que le devolviera el gozo de la salvación (Salmo 51:11–12). David
advirtió que todos los que pronuncian palabras críticas e injustificadas verán
que Dios les devolverá sus propias palabras contra ellos (ver Salmo 64).
Hace poco, uno de mis trabajadores me contó de una mujer que era muy
crítica de todas las personas de la iglesia, especialmente cuando los hijos de
los demás se mostraban desobedientes. Varios años después, todo lo que
ella les criticaba a los demás los experimentó en sus tres hijos, ¡desde
rebelión y adicciones, hasta el embarazo de una de sus hijas antes de
casarse!
Como ministro de cuarta generación, y habiendo conocido
personalmente a miles de cristianos en todas las denominaciones más
importantes, he sido testigo de cómo creyentes conocedores de la Biblia
erigen una pared de contención contra quienes los han ofendido,
enclaustrándolos en un calabozo mental, indispuestos a perdonar. Lo más
extraño de este enigma, es que aquellos que erigen los calabozos más
fuertes son los que tienen más tiempo en la fe y que se supone deberían
saber mejor cómo actuar. En mis años viajando como ministro, muchas
veces me he sentido confundido sobre el motivo por el cual tantos ancianos
tienden a mostrarse tan críticos, sesgados e indispuestos a perdonar.
La primera respuesta creo que tiene que ver con la educación de la
persona. Yo crecí en una iglesia evangélica conservadora que en ese
entonces le daba mucha importancia al asunto de la imagen personal,
especialmente entre las mujeres. A ellas no se les permitía usar pantalones,
maquillaje o joyas, e incluso era mal visto que se cortaran el cabello.
Cuando una mujer no creyente visitaba la iglesia con pantalones, maquillaje
o joyas, el espíritu crítico se desataba como una represa colapsada que
deja correr toneladas de agua sin control, barriendo con todo a su paso.
Los sermones eran a menudo muy críticos, lo que les daba a los miembros
la libertad de actuar de la misma manera.
Recuerdo a un hombre que era dueño de un negocio y que estaba
batallando contra el alcoholismo, pero finalmente se convirtió y fue
bautizado en el Espíritu Santo. Cuando preguntó si podía unirse a la iglesia,
le dijeron que sí, pero que no sería recibido como miembro hasta que
dejara de usar su anillo de graduación de oro. Como adolescente,
inmediatamente pensé: “Él ha alcanzado justificación en Cristo para tener su
nombre en el Libro de la Vida del Cordero, ¿pero no es lo suficientemente
bueno para unirse a la iglesia? ¡Algo aquí no está bien!”. Recuerdo a
muchos miembros que gustaban de juzgar a los demás por su apariencia
externa, lo que es contrario a la manera en que Dios nos ve. Escrito está:
“Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está
delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).
Tengo una segunda respuesta que explicaría por qué a algunos que han
crecido y permanecido en la iglesia les cuesta tanto perdonar a aquellos que
los han ofendido. En una ocasión en que una mujer se arrodilló a los pies de
Jesús, y comenzó a lavar los pies del Maestro con sus lágrimas y a besarlos,
algunos de los “religiosos” que estaban presentes tuvieron la impresión de
que el estilo de adoración de esta mujer no era apropiado. Cristo les
respondió:

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados,


porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco
ama”.
—LUCAS 7:47

Los que se muestran más dispuestos a perdonar en una congregación son


aquellos que fueron grandes pecadores en el pasado. Pareciera que cuanto
más tiempo ha estado convertida una persona y ha permanecido fiel a una
iglesia, más tiende a olvidar lo que significa haber sido perdonada de sus
pecados, porque le ha sido fiel al Señor desde su infancia.
Moisés nació y creció en Egipto, y habló el idioma de su país durante
cuarenta años. Luego huyó de Egipto y vivió en el desierto otros cuarenta
años más. Cuando Dios le pidió a Moisés que regresara a liberar a su
pueblo, Moisés puso como excusa que no podía hablar bien. Algunos
eruditos piensan que como estuvo tanto tiempo lejos de su país, olvidó
hablar el idioma egipcio correctamente, y que Aarón, que vivía Egipto, se
convirtió en su intérprete. Muchos cristianos que llevan años de convertidos
se apartan tanto del pecado y de los pecadores que llegan a olvidar que
ellos también fueron pecadores en algún momento.
Si usted solo busca el perdón de Dios esporádicamente, el amor que
debería sentir podría ser reemplazado por una actitud crítica. Cuando un
costoso vaso de alabastro de nardo fue quebrado y derramado sobre los
pies de Cristo como unción para su sepultura, Judas, quien era el tesorero
del ministerio de Cristo, criticó la forma de adoración de la mujer, alegando
que el perfume pudo haber sido vendido y la ganancia utilizada para los
pobres. Estos son los puntos de vista de los dos tipos de miembros que uno
puede encontrar en todas las iglesias:
1. Los verdaderos adoradores que derraman todo su ser a los
pies del Maestro.
2. Los críticos que siempre tienen una “mejor” estrategia para
hacer las cosas espirituales, de una manera carnal.

Hay cuatro maneras de caer.

1. Hacia adelante. Es dejarse caer en los brazos de la


misericordia, confesando voluntariamente el pecado y buscando
ayuda antes de que cualquier forma de exposición ocurra.
2. Hacia atrás. La persona se resbala en su pecado, y cae
desesperadamente hacia atrás sin que nadie pueda asirlo. Esta
clase de heridas toman tiempo para recuperarse y ser
restauradas.
3. Hacia los lados. Cuando los pecados de la persona quedan
expuestos.
4. Hay otro tipo de caída que es la más importante y es la
medicina preventiva más efectiva. Es caer de rodillas.

Una vida de oración puede evitar que usted caiga en las primeras tres
direcciones. Es de vital importancia recordar que cuando creemos que
estamos firmes, podemos caer (1 Corintios 10:12). Pero resulta imposible
desequilibrar y hacer caer a un creyente que está de rodillas orando.
Capítulo 10

HERIDO EN CASA DE MIS AMIGOS

EL PROFETA ZACARÍAS vislumbró claramente el ministerio futuro del


Mesías cuando escribió: “En aquel tiempo habrá un manantial abierto para
la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del
pecado y de la inmundicia” (Zacarías 13:1). La palabra hebrea traducida
como “manantial” es maqor, que describe algo excavado, incluyendo una
fuente de agua. Esta palabra era también usada antiguamente como un
eufemismo para el ciclo menstrual de las mujeres. Pero el manantial abierto
de Zacarías se refiere al poder que fluye de la sangre del Mesías y el cual
cubre al pecador y trae redención al mundo, incluyendo a los habitantes de
Jerusalén.
El cumplimiento futuro de esta profecía ocurrirá cuando el Mesías
regrese a gobernar esta tierra, llevando las marcas de la crucifixión en su
cuerpo. La narrativa de la resurrección da fe de esto, cuando Tomás puede
ver y palpar las cicatrices dejadas por los clavos en las manos de Cristo, así
como la cicatriz dejada por la espada en su costado (Juan 20:27–28).
Cristo llevará esas heridas eternamente en su cuerpo, y serán visibles
cuando establezca su reino en Jerusalén, según se indica en este texto: “Y le
preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con
ellas fui herido en casa de mis amigos” (Zacarías 13:6). Las heridas serán la
evidencia del pacto redentor provisto por Él.
Las peores heridas que un creyente puede experimentar son las heridas
sagradas infligidas por las palabras y las acciones de los mismos cristianos.
Estos moretones internos son generados por palabras hirientes, y son más
difíciles de sobrellevar y confusas de explicar. En el pasado existía la
creencia generalizada entre el público secular de que los cristianos confesos
jamás pueden ofender a otra persona y deben estar dispuestos a soportar
cualquier clase de persecución que aparezca en su camino, sin defenderse
de ninguna manera o responder verbalmente. La gente suele ser más
exigente con relación a los creyentes, que lo que serían con ellos mismos. A
los cristianos no se les permite explicar sus conflictos o defender sus
posturas, pero los enemigos de la cruz siempre están dispuestos a usar sus
espadas verbales para destruir la reputación de los creyentes. Provocan
heridas punzantes para incitar una reacción, de manera que puedan
condenar como anticristiana la respuesta de la persona.
Desde un punto de vista político, he visto esta doble moral en acción en
muchos de los comentaristas de ciertas cadenas de noticias. Cuando un
político conservador confiesa alguna falla de tipo moral, las demandas de
los liberales para que renuncie son tan numerosas que parecen una manada
de perros oliendo la carne de un camión repartidor estacionado en la calle.
Comienzan los epítetos, y no dejan de repetir en sus noticieros la exigencia
de la renuncia de este hombre o mujer que ha caído públicamente.
Pero cuando se voltea la tortilla y son los liberales de izquierda los que
quedan expuestos en sobornos, adulterio, y otras formas de iniquidad, los
perros dejan de ladrar y cierran filas con el que ha fallado. Se los escucha
decir cosas como: “Debemos separar la vida pública de una persona de su
vida privada”, o “Lo que una persona hace en privado es su problema”. He
escuchado también: “Este es un ataque meramente político”. Hace unos
años, cuando un expresidente tuvo una relación inapropiada con una
pasante, la esposa de este presidente salió en un programa de entrevistas
matutino diciendo que todo se trataba de una “conspiración de la
derecha”.1 Cuando la derecha comete una falla es inmoral e imperdonable,
pero cuando la izquierda falla se trata de una conspiración de sus enemigos.
Estados Unidos ha caído moral, cultural y espiritualmente al nivel de los
imperios paganos de la antigua Grecia y Roma. Demasiados de sus
habitantes caminan como zombis bajo los efectos de las drogas y el alcohol;
tan drogados, ¡que pareciera que estuviéramos en la Edad de Piedra! Los
cristianos consagrados entienden que el mundo aborrece a Cristo, y que
por consiguiente nos aborrecerán a nosotros por servir a Cristo (Juan 5:18).
Nos preocupamos poco o nada cuando un liberal extremista o un
progresista secular siente la necesidad de alimentar su ego o su curriculum
escribiendo en contra de una megaiglesia, o arremetiendo públicamente
contra un ministro, con el propósito de desacreditar a alguien de quien sabe
muy poco. Nuestro arsenal espiritual descrito en Efesios 6 es más poderoso
que las saetas lanzadas por un perro guardián solitario que le ladra al aire y
persigue su propia cola para llamar la atención del público.
Hay una diferencia abismal entre los comentarios mordaces de un
enemigo y los que provienen de un amigo. David experimentó los ataques
de un amigo, y escribió: “Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el
que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar” (Salmo 41:9). La frase
traducida del hebreo como “el hombre de mi paz”, puede leerse como “la
persona con quien más estaba yo en paz”. David se refería a un amigo de su
círculo íntimo, que de hecho se sentaba en su mesa. Era costumbre en los
reinos de la antigüedad que los reyes invitaran a sus súbditos o amigos
cercanos a comer con ellos en la mesa. La frase “alzó contra mí el calcañar”
ha sido interpretada por algunos eruditos como “me ha aplastado bajo sus
pies”. La imagen es la de un caballo que se vuelve y patea al que lo está
alimentando.2 La integridad de David y su impecable reputación quedaron
en la ruina después de su aventura con Betsabé y de haberse descubierto el
plan para que el marido de ella muriera en la batalla (ver 2 Samuel 12).
Amigos cercanos, incluyendo jefes militares, le dieron la espalda a David
después de que su adulterio y el asesinato del esposo de la mujer salieran a
la luz pública.
El pasaje anterior de Salmos es una declaración relacionada al
implacable juicio en el que David fue traicionado por sus amigos, pero es
también una profecía aplicable a Judas, quien se sentó en la mesa de la
última cena con Cristo, y mojó su pan en la copa con él. Cristo predijo la
traición de Judas y les dijo a los discípulos:

“No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas


para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo,
levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que
suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy”.
—JUAN 13:18–19

Judas el discípulo, el tesorero, y el “hombre de Queriot”, que se cree era


un pueblo de la tribu de Judá, el mismo lugar de procedencia de Cristo; fue
llamado “amigo” por Cristo al momento de su traición en el jardín (Mateo
26:50). Se necesita cierto nivel de confianza para poner a alguien a cargo
de las finanzas de un ministerio; incluyendo a Judas, quien estaba a cargo de
“la bolsa” (Juan 12:6). Judas les dijo a los sacerdotes y los soldados que la
persona a la que él besara sería la que arrestarían. La palabra griega
traducida como “beso” en el relato de la traición (Mateo 26:48; Marcos
14:44; Lucas 22:47) no es la palabra que se usa normalmente para beso en
el Nuevo Testamento. La palabra griega traducida como “beso” en las tres
referencias anteriores es fileo, que significa “tener afecto por”, o “mostrar
apego hacia” y en este contexto se usa para un beso que revela “una señal
de aprecio”. En esa época, al igual que ahora, era costumbre entre los
hombres del Oriente Medio besarse en ambas mejillas como saludo y en
señal de amistad. Esta costumbre se practicaba en la iglesia primitiva y fue
avalada por Pablo como saludo entre los creyentes (Romanos 16:16; 1
Corintios 16:20; 2 Corintios 13:12). Se trataba de un acto hipócrita de
parte de Judas, ya que de la boca para afuera se mostraba en público como
amigo de Jesús, pero en su corazón reinaba la traición. En este caso, las
acciones hablaban más fuerte que los besos, y la boca contradecía al
corazón. Cristo entendía que la boca es controlada por los sentimientos más
profundos del corazón, “porque de la abundancia del corazón habla la
boca” (Mateo 12:34). Satanás ya había entrado en el corazón de Judas en
la cena después de haber mojado su pan en la copa de la comunión (Juan
13:27). El beso fue una simple teatro, pues su corazón ya estaba
corrompido. El beso de amistad fue en realidad el beso de la muerte.
Judas es el mayor ejemplo de traición por parte de un amigo del círculo
íntimo. Judas comía, ministraba y compartía con los discípulos y el equipo
ministerial. Su responsabilidad de supervisar los recursos del ministerio se la
había dado el mismo Jesús. A pesar de ello, ¡había algo en el corazón de
este discípulo que lo transformó de una oveja en la cabra de Judas! Nada
es peor que una cicatriz sagrada, o la herida dejada por un cristiano que era
muy cercano a su corazón, pero que usó su boca como una puerta de
información abierta para atacarlo hasta lo más profundo de su espíritu.

B ESOS DE TRAICIÓN
He compartido con amigos que habría preferido que mostraran sus
desacuerdos cuando hablaban conmigo, o que hubiesen expresado sus
sentimientos directamente, en vez de terminar hablando de mí a mis
espaldas o contando las decisiones internas del ministerio. Rara vez una
persona ajena a nuestro círculo tiene la capacidad de alterar decisiones, y si
alguien involucra a una segunda o tercera persona, generalmente lo hace
para que apoye su postura y sentir que está en lo correcto y los demás
equivocados.
En algunos momentos de mi vida he sido víctima del beso de Judas por
parte de personas que detrás de sus sonrisas escondían un plan siniestro.
Delante de mí me besaban, pero apenas pudieron me dieron una puñalada
por la espalda. El dolor no se siente sino hasta después que uno se entera
de lo que ha dicho la persona, que es cuando se manifiesta la herida.

EL ACEITE Y EL VINO
Lucas 10:30–37 cuenta la historia de un personaje anónimo que partió de
Jerusalén hacia Jericó. Durante su viaje fue atacado por unos ladrones,
quienes lo dejaron seriamente herido. Un samaritano (v. 33), un hombre
cuyo ADN era mitad judío y mitad gentil, encontró al hombre, vendó sus
heridas, y comenzó a curarlo con “aceite y vino”. El vino tiene cierto
contenido ácido que puede matar las bacterias y los gérmenes que el
hombre pudo haber recibido mientras yacía sangrando en el camino. El
aceite es relajante y se sabe que es efectivo en las heridas y los moretones.
El aceite de oliva tiene numerosas propiedades curativas.
Aquí hay una doble aplicación. Una persona que está herida emocional y
espiritualmente, debe tener tanto el aceite como el vino para recuperarse.
El vino se obtiene de exprimir las uvas; y entre los antiguos, la cosecha de la
uva siempre representaba alegría. Cuando usted es víctima de abuso verbal,
traición, o conflictos en una relación, la alegría se va hasta el fondo de su
tanque emocional, y es difícil sacarla de allí. Cristo debe ser nuestro
ejemplo. Leemos esto de cuando Él supo que se acercaba el momento de
su muerte: “El cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz,
menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”
(Hebreos 12:2). Su gozo no estaba en su circunstancia presente, sino en
conocer el resultado de su elección.
El aceite se obtiene de las olivas exprimidas, y siempre ha representado
la unción del Espíritu Santo (1 Samuel 16:13). La unción es la vida de Dios
y la energía del Espíritu Santo, que capacita al creyente a actuar en libertad
y a llevar esa libertad a otros. Cuando ministramos a los que sufren,
necesitamos de la unción del Espíritu para romper yugos, y del gozo del
Señor para liberar las almas.
Fíjese que ambos elementos, las olivas y las uvas, requieren que sean
exprimidas antes de liberar las valiosas sustancias del vino y el aceite.
Cuando sentimos que la gente o las circunstancias nos agobian, podemos
decidir entre quedarnos en la cuneta mientras los demás pasan de largo; o
recibir ayuda, a veces de las personas que menos imaginábamos que podían
hacerlo.
En la historia del buen samaritano, el sacerdote y el levita pasaron y
dejaron en el camino al hombre herido. O no les importó, o estaban
demasiado ocupados con la obra de Dios para ayudar a un pobre hombre.
El sacerdote es una ilustración de la ley, y el levita del ministerio. Ni la ley
de Moisés, ni el ministerio del templo podían sacar a este hombre de su
desgracia. Se necesitaba el aceite y el vino de las manos del samaritano.
Los samaritanos eran una comunidad mixta que vivía en el corazón de
Israel, en una región llamada Samaria. Los judíos devotos despreciaban
literalmente a los samaritanos. Esta animosidad se remontaba hasta el
tiempo en que los judíos regresaron del cautiverio en Babilonia. Varios
sacerdotes se habían casado con mujeres que no eran judías, y Nehemías
les exigió que se separaran de ellas, o que abandonaran el ministerio
(Nehemías 13:23–29). Uno de los nietos del sumo sacerdote se había
casado con la hija de Sanbalat, el gobernador de Samaria. Este gobernador
lideró una conspiración para prevenir que los judíos reconstruyeran
Jerusalén. El sacerdote abandonó Jerusalén junto a otros y se fue a vivir a
Samaria. Según Josefo, los samaritanos construyeron más tarde un templo
en el monte Gerizim en Samaria. Esta era la misma área donde la mujer
samaritana en el Evangelio de Juan le preguntó a Jesús en qué monte estaba
el verdadero lugar de adoración, si en Samaria o en Jerusalén. En resumen,
estos judíos fueron expulsados de Jerusalén, se casaron con mujeres
gentiles, y eran un pueblo mixto.
Se ha sugerido que el motivo por el cual el sacerdote y el levita
rechazaron ofrecer ayuda, era porque el hombre herido posiblemente
también era samaritano. Si esto es correcto, se trató entonces de una forma
de racismo religioso, dado que los samaritanos eran odiados por ser
quienes eran y por el lugar en el que adoraban.
Fíjese que cuando Jesús—que era judío—, viajó a Samaria, a Él no le
interesó el antiguo lío familiar entre los judíos y samaritanos, la
confrontación religiosa, ni los argumentos religiosos de una prostituta
pueblerina que no le daba importancia a su pecado de dormir con cinco
hombres, pero que podía debatir de religión con cualquiera. Cristo fue al
pozo de Jacob, habló con esta mujer, y el resultado de este inesperado
encuentro produjo la primera evangelista entre los samaritanos: una
exprostituta (Juan 4:6–29). El método usado por Cristo debe inspirarnos a
no discutir o debatir asuntos religiosos, sino a permitir que el Espíritu Santo
obre a través de sus dones en aquellos que se sienten rechazados por la
sociedad, incluyendo a nuestros propios samaritanos, las muchas minorías
que viven en nuestro país.

LAS HERIDAS DE CRISTO PRODUCEN SANIDAD


A menos que una persona haya estudiado el propósito del intenso
sufrimiento de Cristo, es difícil entender por qué Él, que estaba armado con
poderes sobrenaturales, permitió semejante humillación, y sufrir abuso y
dolor físico en manos de los soldados romanos. Cuando entendemos que
Cristo fue un sustituto expiatorio, o sea, que tomó nuestro lugar, nos damos
cuenta de que somos beneficiarios de la mayor bendición espiritual,
emocional y física disponible para la humanidad. El profeta Isaías anticipó el
sufrimiento del Mesías y la manera en que Él cargaría con nuestras
debilidades:

“Mas él [el Mesías] herido fue por nuestras rebeliones, molido


por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y
por su llaga fuimos nosotros curados”.
—ISAÍAS 53:5

En este capítulo quiero revelarle detalles del sufrimiento de Cristo, y


cómo ese sufrimiento en realidad estaba relacionado con nosotros. Esta
sección fue inspirada por un amigo cercano, un pastor de la India llamado
Samuel Mohanraj, que habló sobre el tema: “El poder y el propósito de las
heridas de Jesús”. Comenzamos en el juicio, con la corona de espinas
(Mateo 27).

LA CORONA DE ESPINAS
“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una
caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le
escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!”.
—MATEO 27:29

Cuando Adán pecó, Dios maldijo la tierra para que produjera espinos
(Génesis 3:17–18). Adán sudaría trabajando la tierra para producir el pan,
o los alimentos. ¿Cuál fue el significado espiritual del acto de haber
colocado una corona de espinas en la cabeza de Cristo por parte de los
soldados romanos? Los crueles soldados se estaban burlando de Cristo
como Rey de los judíos. Para el Todopoderoso, sin embargo, esta acción
tuvo un propósito específico. El autor de Hebreos escribió un extraño
pasaje:

“Pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está


próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.
—HEBREOS 6:8

Quien produzca espinos será rechazado y ha de ser quemado. Como


Cristo fue acusado de blasfemia, su cadáver debió haber sido retirado de la
cruz, incinerado, y sus cenizas arrojadas al valle de Hinom, un cañón al
oeste de la ciudad en el que se quemaba continuamente la basura de
Jerusalén. En Josué 7:10–26, encontramos un ejemplo de esto. Cuando
Acán pecó en Jericó, él y su familia fueron apedreados, sus cuerpos
quemados, y sus restos colocados bajo piedras en el desierto de Judea.
Cuando Cristo murió, un miembro del Sanedrín judío llamado José de
Arimatea pidió su cuerpo y puso a disposición su propia tumba personal
para sepultarlo (Mateo 27:57–58). Esta acción evitó que el cuerpo de Jesús
fuera quemado o llevado por los soldados romanos a alguna sepultura sin
identificación. Las espinas en la cabeza de Cristo ilustran la manera en que
él cargó con toda la angustia mental que sus futuros seguidores
experimentarían. Las rosas son hermosas, pero florecen en tallos espinosos.
Quien arranca una rosa puede pincharse fácilmente con las espinas. La vida
tiene cosas hermosas y cosas feas. A veces atravesamos por problemas
agudos que nos hieren como espinas y nos producen angustia. Pero Cristo
se convirtió en el Señor de las espinas, al llevar la corona sobre su cabeza.

LA CAÑA EN LA CABEZA
Momentos antes de la crucifixión, los soldados golpearon a Cristo en la
cabeza con una caña:

“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una


caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le
escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole,
tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza”.
—MATEO 27:29–30

La palabra griega traducida como “caña” es kalamos, que describe


normalmente un tipo de caña que crece en las orillas de los ríos. Algunos
sugieren que la misma palabra griega puede traducirse como “vara”, pero
sabemos que una vara no es tan delgada y ligera como una caña. Una vara
es sólida. Haya sido una caña de río o una vara, Jesús fue golpeado
repetidamente en la cabeza con ella, lo que hizo que las espinas se
enterraran profundamente en su carne. Esta clase de golpes continuos en la
cabeza no solo causan heridas y dolor, sino que afectan la memoria de la
persona. Si estos golpes hubieran afectado la memoria de Cristo, Él no
habría sido capaz de pensar o de hablar claramente desde la cruz, de
manera de cumplir varias profecías importantes del Nuevo Testamento.
Por ejemplo, el Salmo 22 contiene numerosas predicciones relacionadas
con el sufrimiento del Señor en la cruz, incluyendo el primer versículo: “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1; Mateo
27:46). Personalmente, creo que el enemigo estaba tratando de afectar la
memoria de Cristo antes de su crucifixión. Si lo hubiera logrado, jamás
habrían sido pronunciadas las siete declaraciones desde la cruz, el ladrón no
se habría convertido, y Cristo no habría gritado: “Consumado es”, ¡que era
la frase final que el sumo sacerdote decía cuando el último cordero de la
Pascua era ofrecido en el templo! Esta declaración en la cruz era importante
para cumplir en detalle todas las profecías del Antiguo Testamento, los tipos
y las sombras del Mesías. El profeta Isaías dijo:

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de


compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo
nunca me olvidaré de ti”.
—ISAÍAS 49:15

Cristo necesitaba estar lúcido y no olvidar que él era el Hijo de Dios, y


que su tarea era redimir a la humanidad. ¿En qué se relaciona este ataque a
la cabeza de Dios con nosotros? El enemigo lanza continuamente sus saetas
encendidas contra nuestra mente. La mente es un campo de batalla
espiritual, y a menudo se ve inundada de misiles satánicos que tienen la
intención de entrar y generar dudas, depresión y desánimo. El adversario
quiere que estos misiles destruyan su fe, haciendo que dude de Dios y que
olvide las promesas de su Padre celestial. A medida que la mente se
debilita, su fe también lo hace. Con cada disparo del enemigo, usted se va
desgastando en el espíritu de su mente.
La amorosa mente de Cristo fue azotada con una caña porque el
enemigo quería que Cristo olvidara quién era y cuál era su misión. Cristo
aguantó los golpes en su cabeza para que nosotros pudiéramos descansar
nuestra mente en Él, y tener la mente de Cristo en nuestro diario vivir (1
Corintios 2:16).

LAS ESCUPIDAS EN LA CARA


Ser escupido es repulsivo y humillante. Sin embargo, Cristo tuvo que
soportar eso, según cuenta Mateo:

“Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y


otros le abofeteaban”.
—MATEO 26:67

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me


mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos”.
—ISAÍAS 50:6

Ser escupido es una de las afrentas físicas más humillantes. En el libro de


Números, María, la hermana de Moisés, se burla de la esposa de Moisés.
Dios permitió que la lepra atacara a María (Números 12:10). Moisés
imploró por su curación, y el Señor le respondió con estas palabras:

“Si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría


por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días,
y después volverá a la congregación”.
—NÚMEROS 12:14
María fue condenada y expulsada de la congregación de Israel por siete
días, en los que estuvo aislada a causa de la lepra, como si su padre hubiera
escupido en su rostro. Después de ese período, Dios le restauró la salud.
El acto de escupir es también mencionado en Levítico 15:8. Si alguien
con flujo escupía a una persona limpia, esta era considerada impura. La
persona debía lavarse y lavar sus vestidos, y quedaba inmundo durante siete
días. La ley también enseñaba que si el hermano de un hombre moría, este
último debía casarse con su cuñada para continuar el nombre de la familia
teniendo hijos con ella. Si el hombre se negaba, la esposa de su hermano
debía llamar a los ancianos y escupirle el rostro por no querer edificar la
casa de su hermano (Deuteronomio 25:9).
Escupir en la cara es un acto de condenación. Estoy seguro de que
algunos de los guardias romanos conocían las leyes judías y escupieron en
el rostro de Cristo para condenarlo. La condenación es un arma poderosa
en manos de nuestros adversarios. Si un hijo de Dios peca y no se
arrepiente, experimentará condenación y culpa por su error. La
condenación es una señal de que debemos arrepentirnos y regresar a Dios.
Sin embargo, a menudo los cristianos se arrepienten y continúan teniendo
sentimientos de culpa y condenación. La Biblia dice:

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en


Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu”.
—ROMANOS 8:1

La imagen de los soldados pecadores escupiendo sobre el Cordero


inmaculado de Dios, ilustra a Cristo asumiendo nuestra deshonra y
condenación. Ya no seremos más condenados por las obras corruptas de la
carne, o por la voz del adversario. Estamos libres de condena porque
Cristo cargó con ella.

LE ARRANCARON LA BARBA
Durante mis años de crecimiento en una iglesia cristiana tradicional, llegué a
escuchar a algunas personas mayores quejarse porque algún ministro tenía
vello facial. Recuerdo que era un tabú que un predicador tuviera bigote,
barba, o chiva. Sin embargo, al ver fotografías de ministros de principios de
siglo, me di cuenta de que casi todos los predicadores de todas las
denominaciones de esa época tenían barba, algunas bastante largas.
Seguramente los predicadores de esa época conocían este pasaje:

“No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba,


ni en su carne harán rasguños”.
—LEVÍTICO 21:5

A los judíos del Antiguo Testamento les era requerido que se dejaran
crecer las puntas de sus barbas. Sabemos que el primer sumo sacerdote
Aarón tenía barba (Salmo 133:2), y que si un sacerdote judío se casaba
con una mujer no judía le arrancaban su cabello (Nehemías 13:25). La
barba era un símbolo de hombría. Antiguamente, cuando un ejército invasor
conquistaba a sus enemigos, rasuraba las cabezas y las barbas de los
vencidos para humillarlos públicamente.
El cabello largo era también una señal del voto nazareo. Ninguna navaja
debía tocar el cabello de un nazareo (Números 6:5). Cuando Dalila rasuró a
Sansón, este rompió su voto con Dios y perdió su unción (Jueces 16:19–
21). Hasta el cabello de una mujer era considerado un símbolo de la gloria
de Dios cubriéndola (1 Corintios 11:15).
Aunque no hay un versículo directo del Nuevo Testamento que mencione
que los soldados le arrancaron la barba a Jesús, hay una profecía en Isaías
50 que sin duda se refiere a la ocasión en que Cristo sería acosado por los
soldados:

“Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que


me arrancaban la barba; ante las burlas y los escupitajos no
escondí mi rostro”.
—ISAÍAS 50:6, NVI

Esta asombrosa profecía menciona los azotes en la espalda, las


bofetadas y las escupidas. También dice que le arrancaron la barba.
Respetuoso de la ley y la tradición, Jesús sin duda usaba barba. Los
soldados pudieron haberle arrancado la barba para degradar a Cristo en su
hombría y humillarlo ante sus semejantes.
El enemigo desea degradar a los hombres. A menudo los niños varones
crecen sin el afecto paterno y de mayores buscan la atención de una figura
masculina. Si esta atención se distorsiona, puede llevar a sentir una
atracción equivocada hacia otros hombres, y finalmente terminar en una
servidumbre pecaminosa. Los esposos y los padres tienen la tarea de ser
los sacerdotes del hogar, guiando a sus hijos por los caminos espirituales y
siendo una luz en el hogar.

LA FLAGELACIÓN
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados,
vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.
—1 PEDRO 2:24

Antes de la crucifixión, Cristo fue llevado al Pretorio romano y flagelado


con un “gato de nueve colas”. Este era pequeño látigo conocido como el
flagrum, que tenía nueve tiras de cuero con pequeñas bolas de hierro y
huesos de oveja dispuestos a intervalos. Los soldados desnudaban a la
víctima, ataban sus manos a un pequeño poste que salía del suelo, y
estiraban al criminal dejando su espalda expuesta. Generalmente dos
soldados participaban en la flagelación. Cuando el hierro y los pedazos de
hueso golpeaban la espalda, generaban fuertes contusiones en la piel y en
los tejidos subcutáneos. Estas heridas marcaban la espalda, las piernas y
los hombros de la víctima. La flagelación era muchas veces el acto
preliminar a la crucifixión de un criminal.
A los romanos se les permitía flagelar a una persona de manera ilimitada.
Los judíos, sin embargo, enseñaban que las flagelaciones debían ser
cuarenta menos una, o treinta y nueve. Esto, porque el latigazo cuarenta
podía causar la muerte de la víctima. Como los sacerdotes judíos
participaron directamente en el juicio, se sospecha que Cristo fue azotado
treinta y nueve veces.
A causa de la pérdida de sangre, y de lo que los médicos llaman choque
hipovolémico, Cristo no fue capaz de cargar la cruz hasta el lugar de la
ejecución.
El profeta Isaías escribió:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros


pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados”.
—ISAÍAS 53:5

¡Cada herida en la espalda de Cristo proveyó curación! Dos hermosas


ilustraciones en el Antiguo Testamento de las heridas de Cristo podemos
hallarlas en el maná que cayó en el desierto y en el pan de la Pascua.
Cuando Dios hizo caer el maná o “pan de ángeles” en el desierto, se lo
llamó “pan del cielo” (Éxodo 16:4). Era de color blanco, y parecido a la
semilla del cilantro (v. 31, NVI). La semilla del cilantro es una semilla
pequeña atravesada por surcos en el exterior de su cáscara. Cristo fue el
maná que vino del cielo, ¡y este maná tiene la resemblanza de una semilla de
cilantro! Al pan de la Pascua judía, llamado matzá, se le hacen hoyitos y
líneas similares a surcos por ambos lados antes de hornearlo.
Jesús fue el “pan del cielo” (Juan 6:31–38). ¡Así como el maná era
molido para transformarlo en comida, el cuerpo de Cristo fue golpeado
para darnos vida! Algunos dicen que Cristo fue golpeado treinta y nueve
veces, y hay treinta y nueve grandes enfermedades de las que se originan
todas las demás enfermedades. Una cosa es clara: ¡Las heridas en la
espalda del Salvador son para nuestra curación! Jesús cargó con nuestras
enfermedades para que nosotros pudiéramos ser curados. Esto queda claro
en Mateo 8:17:

“Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando


dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras
dolencias”.

En el Día de la Expiación que se realizaba en el antiguo templo, el sumo


sacerdote le imponía las manos al macho cabrío expiatorio y hacía una
oración para transferirle los pecados de Israel. Más tarde ese macho cabrío
expiatorio era llevado al desierto y empujado desde un acantilado. ¿Por qué
Cristo habría de ser presentado como el macho cabrío en el Día de la
Expiación? En cierta ocasión, un criador de cabras me dijo que las cabras
podían literalmente tomar las enfermedades de otros animales. Una vez tuvo
una oveja con abscesos, y colocó a la cabra en medio de las ovejas para
que “absorbiera” los abscesos de la oveja. ¡En unas semanas la cabra tenía
tantos abscesos que murió! Un viejo ministro dijo: “Jesús fue hecho pecado
con nuestros pecados y enfermedad con nuestras enfermedades”. Por eso
es que, en el Jardín del Getsemaní, su sudor se convirtió en grandes gotas
de sangre (Lucas 22:44). Cristo estaba sobrellevando en su cuerpo el peso
del pecado de la humanidad, así como también de las enfermedades.
Pablo revela que Cristo, el Cordero sin pecado, fue hecho pecado por
nosotros:

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para


que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
—2 CORINTIOS 5:21

La Nueva Versión Internacional, lo pone de esta manera:

“Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató


como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios”.

La flagelación nos trajo sanación física, espiritual y emocional a través de


las heridas de Cristo.

EL FACTOR RECHAZO
Isaías dijo que el Mesías sufriente sería “despreciado y desechado”. Al leer
las Escrituras, a veces pasamos por alto el poder de esta profecía. Después
del nacimiento de Cristo, una gran cantidad de bebés fueron sacrificados
por Herodes, quien estaba tratando de acabar con el pequeño Rey judío
(Mateo 2). Para algunos, tal vez las muertes de los demás niños fueron
culpa del nacimiento de Jesús. De niño vivió en Nazaret, un pequeño pueblo
del que se decía: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46).
Sus propios coterráneos trataron de lanzarlo por un acantilado en Nazaret
después de haber predicado su primer sermón (Lucas 4). Durante su
ministerio hubo momentos en los que no tuvo un lugar para dormir (Mateo
8:20). Las multitudes del pueblo lo recibían, pero la jerarquía religiosa
buscó entramparlo y posteriormente prenderlo y matarlo. Durante su juicio,
los discípulos huyeron (excepto Juan y Pedro), pero Pedro cedió a la
presión de grupo, y terminó lanzando improperios y maldiciones para
convencerlos de que él no conocía a Cristo. Ni uno solo de las multitudes
que lo seguían se acercó a defenderlo. Más bien, pedían a gritos que este
Nazareno alto y quemado por el sol fuera crucificado. ¡Al parecer, Cristo
experimentó el rechazo de la humanidad desde el momento en que un rey
celoso envió soldados a matarlo, hasta que los soldados romanos lo
colgaron entre cielo y tierra en una colina llamada Gólgota!
El rechazo puede manifestarse en diferentes formas y niveles. Los niños,
sobretodo, van formando su autoestima gracias a sus padres, hermanos y
amigos. Durante su crecimiento, si usan frenillos comienzan a llamarlos
“dientes de alambre”, y a los niños con lentes “cuatro ojos”. A los niños con
sobrepeso se los llama “albóndigas con patas” y a las chicas simplemente
gordas. Los niños delgados y más pequeños son amedrentados, y los que
intentaran ser cristianos a esa temprana edad son presas fáciles de los no
creyentes. Estas palabras hirientes se siembran en el espíritu y con el tiempo
crecen y se convierten en un árbol de rechazo.
A Cristo lo llamaron demonio, y fue acusado de hacer milagros bajo
influencia demoníaca. Cuando usted combina el trato que Cristo recibió con
la oposición religiosa de numerosos judíos y grupos políticos, se da cuenta
de que en verdad soportó mucha oposición verbal. Cristo cargó con
nuestro rechazo para que nosotros pudiéramos liberarnos de su atadura.

DOS CENTAVOS DE AMOR


Si la falta de amor o el abuso que usted soportó de niño ha afectado sus
relaciones actuales con los demás, esta ilustración lo ayudará a librarse del
pasado y a enfrentar exitosamente el futuro.
Tenemos una amiga que es una distinguida mujer de ochenta y cuatro
años. Ella también está involucrada con nuestro ministerio de alcance a los
jóvenes. Ella siempre estuvo inclinada hacia el trabajo con los prisioneros y
los adictos, y todas las personas que no conocen a Cristo. Un día me contó
que su madre era una mujer hermosa, pero que acostumbraba abusar tanto
física como verbalmente de ellos. Ella sentía que no había manera de
satisfacer a su mamá, y siempre recordaba aquellos momentos en los que
falló y no dio la talla con ella. Ella creció, se casó, e hizo su vida como
esposa. Sin embargo, tenía dificultades y tuvo que buscar ayuda
profesional.
Después de escuchar el relato de la falta de amor de la madre, y de la
manera en que esto la afectó, el consejero le dijo:
—¿Aceptaría usted que yo le diera todo el dinero que tengo aquí?
Pensando que se trataba de una ilustración, ella respondió que sí.
El consejero sacó su cartera, y cuando la abrió estaba vacía. Luego tomó
una chequera que tenía en la mesa, y le mostró que la cuenta no tenía
dinero. Después de buscar por toda partes, encontró dos centavos en su
bolsillo, y se los dio. Luego le preguntó:
—¿Estás molesta conmigo?
—¡Por supuesto que no!—respondió ella.
—¿Por qué?—dijo él.
—Porque ese es todo el dinero que usted tiene, y me ha dado todo lo
que podía—dijo ella con seguridad.
Lo ocurrido lo ayudó a ilustrar el mensaje: “Tu madre te dio todo el amor
que pudo en la manera en que sabía darlo. Ella solo tenía dos centavos, y
nada más. ¡No te molestes, pues eso era todo lo que ella tenía, y lo único
que supo dar!”. Esta ilustración trajo libertad a su vida.
El rechazo que usted sufrió durante su infancia fue tal vez alimentado
ignorantemente por miembros de la familia que seguramente tampoco
recibieron amor, o que fueron criados en un hogar en el que el amor, la
atención y el afecto no formaron parte de su niñez. Cuando mi padre y mi
abuelo eran niños, los hombres de la casa podían ser llamados mujercitas o
cobardes si derramaban lágrimas por algún motivo. En esos días los padres
rara vez abrazaban a sus hijos, pues ese era el trabajo de las madres y no
de los padres. Los padres usaban ramas, correas y sus manos para
disciplinar (de hecho era azotar) a sus hijos; a veces usaban palabras duras
mientras lo hacían, y le decían al niño cualquier cantidad de epítetos,
aderezados con malas palabras. Si sus padres crecieron en un ambiente
como este, es posible que ellos no sepan cómo expresar amor en acciones
o palabras aparte de cocinar, limpiar la casa, o lavar la ropa; o en el caso
del padre, trabajar para proveer el sustento. He conocido mujeres ya
pasadas de setenta años que fueron criadas de manera estricta y sin afecto,
que si usted trata de abrazarlas, lo atajan porque se sienten incómodas con
cualquier expresión de afecto.
Es posible que su madre, su padre o sus hermanos solo hayan podido
darle dos centavos de amor. Si ese monto era lo único que ellos tenían y lo
que le dieron, no se moleste. Tome la decisión de amar su vida en Cristo, y
de compartir el amor de Cristo con los demás. ¡El éxito en su vida no
depende de dónde usted viene, sino de hacia dónde va!
Capítulo 11

LA HERMANDAD EN LA SANGRE

SE DICE QUE “la sangre llama”, y en algunas naciones con tradición tribal,
este dicho es aun más pertinente. El peso de la lealtad a la sangre está muy
marcado en la cultura árabe, por ejemplo. En esta cultura está prohibido
desacreditar o deshonrar al padre o un pariente mayor. Hace unos años,
cuando un presidente estadounidense tomó la decisión de sacar del poder a
un despiadado dictador árabe, este fue frenado por un poderoso rey árabe
del golfo que le dijo: “Este hombre es un dictador sanguinario, ¡pero
culturalmente usted no puede deshonrarlo ante el pueblo árabe!”.1 A esto se
le conoce como el honor árabe, que ha dado como resultado, incluso en
Estados Unidos, a lo que se conoce como asesinatos de honor, que es
cuando un padre mata a sus propias hijas por haber deshonrado a la familia.
Una de las fraternidades más poderosas que controló los juegos de
azar, el negocio de las drogas, y la prostitución en Estados Unidos durante
muchos años fue la Mafia. Cuando alguien lograba entrar en sus filas, se
realizaba una ceremonia de iniciación en la que se pronunciaban bendiciones
sobre el iniciado si este mantenía los secretos de la organización, y
maldiciones si los revelaba. Una de las maldiciones era que si por alguna
razón llegaba a revelar información prohibida, moriría de cáncer de
garganta. En la década de 1970, un hombre que logró infiltrarse en la
organización, presentó evidencia contra ella en una corte federal estando
cerca de la muerte, para luego morir de cáncer de garganta.2
Hay un motivo por el cual tantos jóvenes se unen a las pandillas en las
ciudades. En muchas áreas pobres hay una carencia de padres biológicos
que protejan y críen a sus hijos en un ambiente familiar sólido y amoroso.
Cuando un joven es “reclutado” por las pandillas, debe probar su fidelidad
peleando primero con los miembros del grupo, o robándose algo de valor, e
incluso asesinando a alguien, o una combinación de las tres cosas. Después
de cumplir la “misión” es aceptado y se le otorgan los colores de la pandilla,
recibiendo a cambio la protección de todos los miembros de esta. Este es
un ejemplo de confraternidad de sangre en la que cada miembro jura morir
por los otros. Muchas veces los jóvenes se unen a las pandillas en busca de
protección y la promesa de ser defendidos de enemigos externos.
Una de las formas más antiguas de confraternidad es la de un grupo
conocido como los masones, que usan códigos especiales, apretones de
manos secretos y rituales templarios para atraer a otros miembros a sus
logias. Todos estos secretos deben guardarse bajo un voto. Muchas
personas se unen a este grupo por “razones de negocios”. Lo cierto es que
esta antigua orden secreta que opera en Estados Unidos desde hace siglos
es otro ejemplo de confraternidad.
Todas estas formas de confraternidad son naturales, seculares, e incluso
de naturaleza carnal. Sin embargo, la confraternidad más importante del
mundo es la del pacto que Cristo estableció mediante su muerte y
resurrección, formando una familia espiritual para todo aquel que entre en
ese nuevo pacto. Como creyentes, nos llamamos “hermanos” y “hermanas”,
igual que si se tratara de nuestros hermanos físicos. El origen de la palabra
se relaciona con personas que han nacido de un mismo vientre.
Cuando una madre lleva a su hijo en su vientre, el bebé está en un
ambiente líquido. Al momento del parto, fluyen agua y sangre por el canal
de parto. A lo largo de las Escrituras, el agua y la sangre representan un
arma que derrotó al poder de las tinieblas. La sangre del cordero en los
dinteles de las puertas de los israelitas y el cierre de las aguas del mar Rojo
acabaron con el ejército del faraón y pusieron al gobierno egipcio de
rodillas. En el templo de Jerusalén el agua del lavatorio y la sangre del
sacrificio se combinaban para conferirle limpieza espiritual y ceremonial al
adorador. Cuando Cristo murió, brotó agua y sangre de su costado luego
de la estocada de la espada del centurión, sellando así el proceso de
redención de la humanidad. ¡Somos salvos por la sangre del Cordero y
sellados por el agua del bautismo! La sangre es la que nos hace miembros
de una familia biológica, y el agua bautismal es la que nos hace entrar a la
familia del Espíritu, la familia de Dios. Recibir la sangre de Cristo y el agua
del bautismo son señales de que usted ha establecido un pacto con Dios a
través de Cristo.
El pacto más antiguo instituido por Dios es el matrimonio. Cuando una
mujer es virgen y consuma la unión con su esposo durante la luna de miel,
derrama una pequeña cantidad de sangre, que viene a ser la prueba de su
virginidad. Esta manifestación física fue diseñada por Dios como un pacto,
dado que la mujer solo puede establecer este tipo de pacto de sangre con
un hombre. La prueba de virginidad era tan importante bajo la ley de
Moisés, que si había alguna duda sobre la virginidad de la novia, las
sábanas debían ser mostradas para probarla (Deuteronomio 22:13–19). La
finalidad original era que un hombre y una mujer establecieran el pacto del
matrimonio para toda la vida. El divorcio se convirtió en una opción a causa
de la dureza de los corazones de los hombres (Mateo 19:8). El Antiguo
Testamento comienza con un matrimonio en el Edén (Génesis 2), y termina
con la boda entre Dios e Israel (Malaquías 2). El ministerio de Cristo y su
primer milagro comenzaron en una boda (Juan 2), y el Apocalipsis tiene su
momento culminante en el cielo con una cena de bodas (Apocalipsis 19).
Debemos entrar a este pacto individualmente con Cristo, ya que nadie
puede entrar por nosotros o hacerlo a nuestro nombre. Después de que nos
ha sido imputada la justicia de Cristo, mantenemos el pacto públicamente
ante Dios y los hombres mediante la comunión. Beber de la copa que
contiene el jugo de la vid, y comer el pan son ilustraciones de la sangre y el
cuerpo de Cristo, y nos recuerdan su sacrificio redentor.
El asunto es que nosotros, que somos el Cuerpo de Cristo, estamos
vinculados como la familia de Dios a través de la sangre de Cristo y el agua
del bautismo. Fíjese en lo importante que es la sangre en todos los
diferentes tipos de pacto. Cuando Dios creó a Adán, sopló en su nariz
aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser viviente. Dios le impartió a
Adán la sustancia de la sangre, ya que “la vida de la carne en la sangre está”
(Levítico 17:11). Los hebreos debían circuncidar la carne de los prepucios
de cada varón al octavo día de su nacimiento como señal de su pacto con
Dios (Génesis 17:11). Luego de consumado el matrimonio, la novia sella su
pacto con el novio con la sangre como evidencia. Nosotros entramos a la
familia de Dios a través de la sangre de Cristo, que nos limpia de nuestros
pecados.

“Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para


que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el
orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que
busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle,
aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.
Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos
de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje
suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar
que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura
de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo
pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a
todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.
—HECHOS 17:26–30

LA FAMILIA DE DIOS
Muchos se unen a pandillas, órdenes secretas, y organizaciones tribales con
el único propósito de confraternizar, pero los jóvenes y adultos que forman
parte del Cuerpo de Cristo deben entender la hermandad de sangre
sellada a través del pacto de la sangre redentora de Cristo. Ahora, si somos
una hermandad, ¿por qué a veces no actuamos como tal?
Una integrante de mi equipo trabajó en algún momento estrechamente
con las Fuerzas Armadas. Después de observar los lazos de hermandad
dentro de la institución militar, su respeto por la autoridad, y su énfasis en el
honor y la integridad, comentó: “Los hombres que juegan juntos se vuelven
competitivos, pero los hombres que luchan juntos se hacen hermanos”. El
espíritu de competencia puede verse dentro de la comunidad cristiana en
todo pueblo y ciudad de Estados Unidos. Recuerdo hace años haber visto
a una cadena cristiana de televisión satelital competir con otra cadena
cristiana, y me impresionó la manera en que una de las cadenas atacaba a la
otra. En resumen, lo que le preocupaba a cada una era su “territorio” pues
veía a la otra como una intrusa. Las iglesias compiten por atraer miembros,
asistentes y visitas; y especialmente por el dinero, pues no es mucho lo que
está disponible para el ministerio. Muchas congregaciones tienen ese
espíritu, e incluso ven a la iglesia que está del otro lado del pueblo como su
“competencia”. Esto ocurre porque no están luchando en el mismo campo
de batalla. Los soldados que pelean en una misma guerra se necesitan
mutuamente, y requieren de la fuerza de sus hermanos para sostenerse
cuando las balas zumban y la metralla vuela. Nuestro enemigo no es la
iglesia de la otra denominación, el pastor del otro condado, ni los miembros
que se han ido de nuestra iglesia. Nuestro enemigo es Satanás, y nuestro
objetivo debe ser el mismo: ¡Derrotar por medio del evangelio a los
poderes de las tinieblas que oprimen a hombres y mujeres!

Adoptados en la misma familia


Cuatro elementos fundamentales nos hacen ser parte de la familia de
Dios (Efesios 3:15). ¡El primero, es que hemos sido adoptados en la misma
familia! En Romanos 8:15 se dice que hemos recibido el Espíritu de
adopción. En Gálatas 4:5 se dice que hemos sido redimidos para recibir la
adopción de hijos. En Efesios 1:5, Pablo revela que hemos sido
predestinados para ser adoptados como hijos espirituales por medio de
Jesucristo. Un hijo adoptado tiene todos los derechos civiles y legales de un
hijo biológico. Esto significa que todos los creyentes adoptados están en
igualdad de condiciones, y que ninguno es superior a otro. Todos somos
iguales.

El mismo Padre
La segunda verdad es que como hijos adoptados que somos, todos
tenemos el mismo Padre en el cielo. Pablo escribió que tenemos “un Dios y
Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios
4:6). El Todopoderoso es el Padre de esta familia, con hijos en el cielo
(aquellos que ya han muerto y que están en el paraíso celestial), y con hijos
en la tierra (los que están vivos y que esperan el regreso de Cristo).

La misma ciudad
Los hijos adoptados del Altísimo tienen una herencia en la misma ciudad,
llamada la Nueva Jerusalén, o el monte Sión celestial. El escritor de
Hebreos declara:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del


Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos
millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que
están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los
espíritus de los justos hechos perfectos”.
—HEBREOS 12:22–23

¡Si usted tiene planificado vivir en la ciudad celestial y heredar la Nueva


Jerusalén, le aconsejo entonces que vaya aprendiendo a llevársela bien con
sus hermanos y hermanas en Cristo en esta vida! Si una familia tuviera que
enviar a todos sus hijos a otra casa, tal vez por motivos económicos, el
consejo que les darían sería: “Llévensela bien”. ¿Cómo podemos esperar
tener unidad cuando lleguemos al cielo, si no podemos practicarla aquí en la
tierra?

El mismo registro celestial


El cuarto aspecto importante en esta hermandad es que aquellos que
están bajo el pacto de adopción tienen sus nombres registrados en el cielo,
en el “Libro de la vida del Cordero” (Filipenses 4:3; Apocalipsis 3:5; 13:8;
21:27). En el tiempo de los templos judíos, cuando alguien estaba siendo
iniciado en el sacerdocio, ciertos defectos físicos podían inhabilitarlo. Si era
examinado y aprobado, recibía un cordel blanco y su nombre era inscrito en
el registro de sacerdotes del templo.3
Hemos llegado a formar parte de esta familia espiritual a través de un
medio: la sangre de Cristo que nos redimió. Permítame hablar de nuevo de
las palabras: “hermanos y hermanas”. Según el experto en griego Rick
Renner, la palabra hermano se usaba en el tiempo del gran general griego
Alejandro Magno para referirse a algún guerrero que había realizado
grandes hazañas en la batalla. Alejandro lo subía a la plataforma, y decía:
“¡Alejandro Magno se enorgullece en ser hermano de este soldado!”.4 La
palabra hermano, entonces, era usada por los griegos para identificar a una
persona que luchaba con otra en la misma guerra.
Yo lamento en verdad que en la iglesia a veces consideremos enemigos a
nuestros propios hermanos creyentes. He llegado incluso a escuchar cómo
a ministros consagrados se los califica de “enemigos de la cruz” y de
“herejes” por parte de algunos que se han autoproclamado como
guardianes de la cristiandad. Estos guardianes a menudo declaran que solo
ellos tienen la “única verdad”, que son los únicos ungidos en el planeta, y
que han sido escogidos para llevar el evangelio al mundo. Cuando Santiago
y Juan reprendieron a otros por ministrar a los enfermos que no eran de su
grupo, Cristo los regañó, y les reveló que tenía “otras ovejas” que no eran
del redil de los discípulos (Juan 10:16). Cuando Santiago y Juan le pidieron
a Cristo que hiciera descender fuego del cielo para que consumiera Samaria
y acabara con los samaritanos, Cristo los reprendió llamándolos “hijos del
trueno” (Marcos 3:17) y dijo: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois”
(Lucas 9:55). Incluso Pedro tomó una posición condenatoria hacia los
gentiles por no recibir la circuncisión, y Pablo tuvo que resistirlo cara a cara
por su falta de comprensión sobre la relación de los gentiles con el nuevo
pacto y su aparente hipocresía de ministrar a los gentiles y después evitarlos
(Gálatas 2:11).
¿Cómo puede un creyente que trata a otros creyentes como enemigos
esperar pasar la eternidad con ellos y sentarse con ellos en la cena de las
bodas del Cordero? Jesús no enseñó: “Ellos conocerán que son mis
discípulos por la cantidad de dinero que colecten cada año, la cantidad de
estaciones de radio y de televisión en que se escuche su voz, o el número
de edificios que necesiten para operar su ministerio”. Él dijo: “Los
conocerán por el amor que se tienen los unos con los otros, y por los frutos
que produzcan sus acciones” (ver Mateo 6:16; Juan 13:15).

UNA LECCIÓN PARA EL MUNDO


Fue Cristo quien dijo en Lucas 16:8: “Porque los hijos de este siglo son más
sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”. Durante mis
primeros años de ministerio, los avivamientos se extendían de tres a once
semanas. Muchas veces, de cincuenta a seiscientas personas se convertían
a Cristo en cada reunión. Mi mayor satisfacción eran los nuevos
convertidos, y mi gran frustración, el seguimiento que debía dárseles. La
mayoría de las iglesias rurales nunca habían tenido tantos corderitos (recién
convertidos) en su congregación a la vez, así que la reacción era: “Bien, si
en verdad son salvos, irán a la iglesia y vivirán correctamente”. Los santos
más antiguos, siempre cómodos en sus “verdes pastos”, mantenían una
actitud canalla, en vez de una actitud de batalla. Y es que eran incapaces
de esforzarse por la vida y el crecimiento de estos creyentes en pañales.
Por el contrario, los abandonaban a la intemperie y las bestias salvajes, sin
tomarse la molestia de educarlos, instruirlos, y orar por ellos a fin de que
maduraran y se convirtieran en creyentes fuertes.
En el mundo secular, si usted entra a una pandilla, orden secreta o forma
parte de una cultura particular, los miembros de su grupo estarán con usted,
garantizándole protección y asegurándole que sus necesidades y las de
ellos, así como sus bendiciones, sean suyas. Es triste decirlo pero en esto el
mundo supera a la iglesia. Gastamos toda nuestra energía en programas que
tienen la intención de atraer a la gente como las moscas a la miel, o creando
oportunidades para que puedan visitar nuestras instalaciones. Seamos
honestos: jamás podremos competir contra el dinero de Hollywood, la
emoción mundanal que produce un concierto de rock, o los domingos en el
bar simplemente dándoles una palmadita en la espalda, juntando las manos
y cantando “Aleluya”. ¡Los edificios nuevos envejecen, los viejos
programas se vuelven aburridos, los servicios aburridos están llenos de
bancas vacías, y las bancas vacías son una prueba de que los pecadores no
están!
Hay dos cosas que todos los seres humanos necesitan y que se supone
que la iglesia debería proveerles: la primera es amor, y la segunda
relaciones. Sin ellas, las bancas de su iglesia terminarán en un aserradero de
aquí a una generación. La hermandad entre los cristianos no debe depender
de un asunto denominacional, o de la membresía a una iglesia determinada,
sino de la pertenencia a la nación santa (1 Pedro 2:9). El asunto relacional
debe estar por encima de cualquier membresía. La gente del mundo está
acostumbrada a sus “clubs”, en donde todo está relacionado con el club.
Ellos no salieron de un club para entrar en otro. Si hubiera sido así, se
hubieran quedado donde estaban.
En el Omega Center Internacional en Cleveland, Tennessee, cientos de
asistentes nos acompañan cada martes en la noche. Entre ellos hay recién
convertidos, exdrogadictos, exalcohólicos, y muchos otros que andan en
busca de un estilo de vida alternativo. Es común escuchar a los visitantes
comentar sobre la atmósfera de amor y aceptación que se respira en los
servicios, y el énfasis por la comunión y por las relaciones que muestran sus
integrantes. La unción del Espíritu está presente en nuestras adoraciones, y
los sermones son verdaderamente edificantes. En años, jamás he visto un
servicio “aburrido” o “seco”. Sin embargo, no se trata solo de los servicios,
sino de las amistades, de la comunión, y de las relaciones que allí se
construyen y que atraen a los no redimidos a este lugar de reunión. El amor
se expresa en palabras, y el amor se manifiesta en acciones.
Capítulo 12

EL PODER DE LA VIDA Y DE LA
MUERTE ESTÁ EN SU BOCA

INVESTIGACIONES RECIENTES HAN demostrado que las palabras de


Salomón pueden ser tomadas literalmente: “La muerte y la vida están en
poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” (Proverbios
18:21). Esta investigación cubre tres aspectos: un estudio con arroz, un
estudio con agua, y un estudio con plantas.
Hace años, recibí la información de una investigación hecha por Gary
Townsend, quien inició un estudio sobre la manera en que las palabras
pueden afectar algunas sustancias específicas, en este caso, arroz. La
investigación comenzó el primero de abril del año 2008. Gary cocinó una
olla de arroz basmati orgánico, y el arroz fue luego traspasado a dos
recipientes transparentes idénticos en cantidades iguales. Gary se aseguró
de que el proceso fuera el mismo para ambos recipientes, los cuales fueron
finalmente cerrados. Los dos recipientes fueron colocados en el mismo
lugar, uno junto al otro, desde el primero de abril, hasta el día veintidós de
junio (ochenta y un días). Después de ese tiempo, el arroz en uno de los
recipientes sellados permanecía blanco, mientras que en el segundo estaba
mohoso. La única diferencia entre los dos envases estaba en las palabras
escritas en las etiquetas que les colocaron. El arroz que permaneció blanco
tenía escrita la frase “Te amo”, mientras que el arroz mohoso tenía escrito
“Eres un arroz malo. Espero que mueras”.1
Durante una de nuestras conferencias, realizada en Hixon, Tennessee,
mostré fotos de los envases y expliqué los detalles del estudio. A algunos en
la congregación les pareció difícil de creer que unas palabras escritas en un
papel pudieran afectar al arroz, que no tiene oídos para escuchar ni ojos
para ver. Un grupo de jóvenes de una iglesia de Oklahoma decidió realizar
su propio experimento con arroz, colocando palabras positivas en un
envase, y palabras negativas en el otro envase. Después de un muchos días,
se sorprendieron al ver que el envase con las palabras positivas tenía arroz
blanco, y que el otro había cambiado de color.
El doctor David Van Koevering es un buen amigo. Él, quien es
especialista en el poder del sonido y las palabras desde una perspectiva
científica, me envió una investigación suya basada en un segundo
experimento, esta vez con agua.2 Cuando me envió esta información, el
doctor Van Koevering me recordó que todos los seres humanos
provenimos de la tierra, y que estamos compuestos de un cuerpo físico que
regresa al polvo.3 Nuestro cuerpo está constituido por una gran cantidad de
agua.
El cerebro, por ejemplo, es setenta y cinco por ciento agua, y el sesenta
por ciento del peso de una persona es agua. La sangre es noventa y dos
por ciento agua, y los huesos veintidós por ciento agua.4
Con el propósito de demostrar la manera en que las palabras tienen
poder para cambiar la estructura molecular del agua, el doctor Masaru
Emoto, un investigador japonés, hizo un documental sobre el poder de las
palabras sobre el agua. Su teoría era que los pensamientos y los
sentimientos afectan todas las formas de realidad física. Bien se trate de
pensamientos escritos, palabras habladas, o de música, las moléculas del
agua sufren una alteración característica. El doctor Emoto usa un poderoso
microscopio, un cuarto frío, y una cámara fotográfica de alta velocidad para
fotografiar las moléculas y documentar su investigación. El doctor ha
descubierto que el agua de ciertos manantiales contaminados no cristaliza.
La investigación descubrió que la forma de los cristales de agua varía de
acuerdo a ciertas palabras y estilos de música.
En el estudio, varias tazas de agua de manantial fueron colocadas en una
habitación en las que se les pidió a diferentes personas que entraran e
hicieran comentarios tanto positivos como negativos. Una pequeña cantidad
de agua de cada taza fue vertida en varias placas de Petri, y las muestras
congeladas a veinticinco grados centígrados bajo cero durante tres horas.
Las muestras congeladas fueron luego examinadas a través de un poderoso
microscopio que amplía de doscientas a quinientas veces la imagen de los
cristales. Esto se realizó en una habitación con una temperatura de cinco
grados centígrados bajo cero, para evitar que los cristales se
descongelaran. El doctor Emoto descubrió algo asombroso. Los cristales
que habían sido expuestos a las palabras “muchas gracias”, “amor”,
“aprecio”, y otras frases positivas, habían formado cristales hermosos,
similares a los cristales de la nieve. Por otra parte, el agua que fue expuesta
a palabras como “idiota”, “feo”, “no me gustas”, o “te voy a matar”, no
mostraban cristales, sino figuras amorfas.5
Un estudiante de química israelita llamado Tomer Rabiavi asistió a una
conferencia en la que se estaba presentando la investigación del doctor
Emoto. Este alumno se sintió inspirado a llevar a cabo su propia
investigación, pero usando frijoles blancos colocados sobre una base de
algodón en tres diferentes placas de Petri. En la primera usó agua del grifo,
sin pronunciar nada ni pensar nada. A la segunda le profirió maldiciones e
insultos, y a la tercera le leyó algunos párrafos del libro de los Salmos. En
dos semanas, los frijoles con agua del grifo comenzaron a brotar en el
envase. Las semillas que recibieron la maldición seguían en el algodón sin
brotar ni crecer. ¡Las semillas a las que les leyó salmos y bendiciones no
solo habían brotado, sino que tenían varias pulgadas de altura!6
El arroz, el agua, las plantas y los humanos tienen una cosa en común:
todos provienen de un Creador que es Dios. Todos están compuestos de
átomos y moléculas que mantienen las cosas unidas y que son invisibles
para el ojo humano. Los átomos se juntan para formar moléculas, las cuales
a su vez forman los objetos que nos rodean. Los átomos están compuestos
de tres partículas: protones, electrones y neutrones. Los protones tienen una
carga eléctrica positiva y los neutrones una carga eléctrica negativa. Estas
son las fuerzas invisibles que sostienen a todas las formas de vida.
En 1938, los físicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassman dividieron el
átomo, generando una fusión que libera energía. Este proceso finalmente
hizo que la humanidad lograra su descubrimiento más peligroso: la invención
de la bomba nuclear. Ciertos milagros bíblicos como la conversión del agua
en vino requirieron de algún tipo de cambio molecular en las partículas
atómicas. Incluso el haber caminado en el agua desafió la gravedad.
Cuando Cristo hablaba a los enfermos, sus palabras tenían tanto poder y
autoridad que podía revertir las enfermedades e iniciar la curación, o
realizar un milagro creativo. Jesús reveló que sus palabras “son espíritu y
son vida” (Juan 6:63).
Hace muchos años, un destacado evangelista estaba ministrando en
Kentucky, y un amigo era quien lo estaba transportando al lugar donde este
estaba dando sus charlas. Comenzaron a hablar sobre el poder de las
palabras. El evangelista dijo: “Yo nunca cuento esto públicamente, pero mi
esposa tiene muchas plantas en la parte de atrás de la casa. Cuando estas
comienzan a tener problemas con su crecimiento, o cuando los bordes de
las hojas se ponen marrones, ella me pide que hagamos los cultos en ese
lugar, porque se ha dado cuenta de que cuando hacemos culto allí las
plantas se mantienen verdes y hasta crecen más rápido”. Antes de que
alguien considere que esto es imposible, investigaciones recientes han
comprobado que las plantas pueden de hecho responder a los sonidos que
son emitidos en el ambiente en el que se encuentran.
Un estudio citado por la revista británica Nature describe el trabajo de
un conocido investigador indio que fue pionero en la investigación de la vida
de las plantas. Sir Jagdish Chandra Bose, estudió la manera en que las
plantas responden a toda clase de estímulos. Sus estudios indican que las
plantas pueden expresar sensaciones que pueden ser medidas por la
ciencia. Los descubrimientos de Bose fueron publicados en la revista
Nature, y el diario ruso Pravda tituló: “Las plantas hablan. ¡Pueden
gritar!”.7 El doctor T. Samuel Singh, quien era director del Ministerio de
Botánica de la India, escuchó rumores de que la música podía afectar a las
plantas, haciendo que crecieran más rápido y que lucieran más saludables.
El doctor Singh realizó un experimento científico en un laboratorio en el que
tocó tres instrumentos musicales diferentes a distancias específicas de las
plantas. Se dio cuenta de que las plantas producían más semillas y crecían a
un ritmo más rápido. Después de enterarse de sus descubrimientos, se
llevaron a cabo pruebas en sembradíos de arroz utilizando altavoces
durante sesenta minutos al día. Los campos de arroz promedio presentaron
un incremento de veinticinco a sesenta por ciento en la producción de
arroz.8
Antes de que me diga que las plantas o los árboles no están sujetos a
nuestras palabras, recuerde que Cristo y sus discípulos pasaron junto a una
higuera que solo tenía hojas, y Cristo la maldijo:

“Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo


una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella,
sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y
luego se secó la higuera”.
—MATEO 21:18–19
Si el arroz, el agua, las plantas y los árboles pueden verse afectados por
palabras de bendición, ¡cuánto más no afectarán las palabras positivas o
negativas a los seres humanos, que poseen un alma y un espíritu!

LA MANERA EN QUE LAS PALABRAS AFECTAN LA SANGRE


La Biblia enseña que la vida de la carne está en la sangre (Levítico 17:11).
Hace muchos años se descubrió que todas las enfermedades en el cuerpo
humano pueden ser detectadas en la sangre. Cada año yo me hago una
revisión para determinar en qué estado está mi cuerpo y mi salud. Lo
primero que hacen en el consultorio es sacarme sangre. Luego, el doctor
examina las tres páginas con los resultados de la prueba y analiza mi sangre
basándose en los diferentes niveles y cantidades que presente, lo que indica
si algo ocurre en mi cuerpo.
Si la vida de la carne está en la sangre, ¿pueden la rabia, el estrés y otras
emociones negativas afectarla? Primero, sabemos que el enojo causa un
aumento inmediato del ritmo cardíaco, así como de la presión arterial. Está
comprobado que el estrés tanto físico como emocional afecta la hormona
cortisol, que es producida en las glándulas suprarrenales. La función del
cortisol en cantidades pequeñas es ayudar como antiinflamatorio, y también
acelerar la reparación de los tejidos. Sin embargo, un aumento en los
niveles de cortisol es perjudicial, porque cuando el estrés aumenta el
cortisol las células inmunológicas desaparecen de la sangre, haciendo que su
sistema inmunológico se desplome. Según un doctor especializado en
cáncer, un ataque de ira repentino puede de hecho apagar el sistema
inmunológico hasta por seis horas. Según algunos investigadores, si una
persona vive bajo un estrés continuo, produciendo niveles perjudiciales de
ciertas hormonas y liberándolas a la sangre, puede estar propensa a sufrir
una enfermedad grave producida por el estrés.9
El apóstol Pablo le dice algo interesante a la iglesia de Corinto en
relación a la condición física de muchos de los miembros de la iglesia. Esta
iglesia era una congregación fuerte y pujante. Sin embargo, estaban
surgiendo divisiones producto de la envidia, conflictos, y desacuerdos entre
los creyentes (1 Corintios 3:3). Pablo tocó el tema de la división y luego los
instruyó en cuanto a recibir la cena del Señor, o la eucaristía. Al parecer,
estos creyentes no estaban tomando en serio el significado y la santidad de
la santa cena. Pablo les dio la siguiente advertencia:

“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta
copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la
sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y
coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe
indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y
bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados
entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos
a nosotros mismos, no seríamos juzgados”.
—1 CORINTIOS 11:27–31

En el pacto redentor, el cuerpo físico de Cristo fue magullado y golpeado


para la redención de nuestros pecados. Cristo soportó una brutal golpiza,
conocida como flagelación, con un látigo romano, lo cual había sido
predicho por el profeta Isaías cuando escribió:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros


pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga
fuimos nosotros curados”.
—ISAÍAS 53:5

Esta flagelación le brinda sanidad física a los creyentes que entran en un


pacto con Cristo. La crucifixión de Cristo cura el espíritu y el alma de la
persona que recibe su obra expiatoria y lo acepta como Señor y Salvador y
como el perdonador de nuestros pecados. Durante la comunión, el pan
representa el cuerpo de Cristo, y el jugo de la vid la preciosa sangre de
Cristo. ¿Cómo puede alguien recibirla indignamente y traer maldición sobre
sí mismo?
El primer ejemplo es el de Judas, uno de los doce apóstoles de Cristo.
Durante la última cena, cuando Cristo estaba partiendo el pan y tomando de
la copa, presentando así el nuevo pacto, Judas mojó su pan en la copa y
participó de la comunión. El problema con Judas, era que Satanás ya había
entrado en su corazón para que traicionara a Cristo (Juan 13:27). Como su
corazón estaba corrompido, él no estaba participando en un rito sagrado,
sino simplemente llevando a cabo una rutina religiosa. Fíjese que poco
después de recibir el dinero, Judas se quitó la vida (Mateo 27:5; Hechos
1:16–19).
Si la mayoría de las enfermedades son detectables en la sangre, entonces
su salud está relacionada con su disposición de perdonar a otros y de
mantener su sangre fuerte.

LA P ALABRA HECHA CARNE


Cristo mismo nació de una virgen sin la necesidad de la semilla natural de un
hombre. Él era la Palabra de Dios (Juan 1:1–14). Cristo se hizo pecado por
nosotros, y “llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”
(Isaías 53:4). Mateo 8:17 cita la profecía de Isaías, correctamente traducida
como: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él
mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”. La sangre
de Cristo ayuda a liberar el poder secreto del perdón, ¡y es que al haber
nacido de una virgen, Él no está manchado por el pecado original de Adán!
Cristo fue golpeado, humillado y crucificado, y cada nervio, músculo y
célula de su cuerpo gritó de dolor. A pesar de ello, tuvo la voluntad de
gritarle a Dios: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas
23:24). Cristo estaba por convertirse en el único Sumo Sacerdote de
nuestra fe. Él no podía morir sin perdonar, y aun así haber mantenido el
sacerdocio. Si no hubiera perdonado, habría perdido su autoridad para
perdonar a otros. El sacrificio de Cristo habría sido nulo si no hubiera
perdonado a los que lo maltrataron. ¡Pero Cristo no moriría sin perdonar,
porque la indisposición a perdonar es pecado! Este es un detalle muy
importante. Yo necesito recibir la sangre de Cristo en mi espíritu por fe para
poder obtener perdón y vida eterna. Ahora, una vez que he recibido su
perdón, debo perdonar a otros. De otra manera, anularía la bendición, el
favor y el perdón de Dios sobre mi propia vida. Fíjese en este versículo:

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará


también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a
los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas”.
—MATEO 6:14–15

Espiritualmente, la sangre es muy importante. Cuando Caín mató a su


hermano Abel, Dios dijo que la voz de la sangre de Abel estaba clamando
desde la tierra (Génesis 4:10). Durante la tribulación, la sangre de los
innumerables mártires clamarán a Dios por venganza (Apocalipsis 6:10).
Recuerde también que durante la muerte de Esteban, este perdonó a
aquellos que lo estaban asesinando. Saulo de Tarso, el mismo que más
tarde se convertiría en el camino a Damasco, presenció la ejecución, como
una muestra de que ningún pecador u organización religiosa es demasiado
difícil de ser alcanzada para el evangelio.
A pesar de los golpes que estaba recibiendo en la cabeza por las piedras
lanzadas por sus críticos, Esteban tuvo una visión en la que vio “a Jesús de
pie a la derecha de Dios” (Hechos 7:55, NVI). El que haya visto a Jesús “de
pie” podría parecer insignificante. Sin embargo, Cristo es actualmente el
Sumo Sacerdote del templo celestial. Según las normas descritas en el
Antiguo Testamento, en el Día de la Expiación no se le permitía al sumo
sacerdote que estuviera de pie, a menos que fuera para llevar a cabo alguna
función relacionada con el ritual de usar la sangre expiatoria para despachar
los pecados del pueblo. Solo después de haber concluido el día y de que el
perdón había sido sellado ante los ojos de Dios, el sumo sacerdote podía
sentarse y descansar de su actividad. Cuando el sumo sacerdote se
levantaba, lo hacía para realizar algún ritual específico relacionado con la
mediación entre Dios y él como sumo sacerdote, los sacerdotes, o los
israelitas.
Según la normativa del templo, cuando el sacerdote se sentaba era
porque ya había finalizado su trabajo, y solo se levantaba para recibir una
ofrenda de sangre por el pecado, por las transgresiones, de agradecimiento,
o festiva. Esteban le pidió a Jesucristo, el Sumo Sacerdote celestial, que
intercediera y perdonara a sus acusadores y sus asesinos. Cristo no solo
estaba de pie para recibir el espíritu de Esteban al morir, sino para perdonar
los abominables actos de los transgresores.
Sin saberlo, Saulo de Tarso fue ordenado por el Señor desde el vientre
de su madre para que predicara el evangelio a los gentiles. Al momento de
contemplar la muerte de Esteban, Saulo era un incrédulo y un fariseo
legalista que creía que estaba haciendo el servicio de Dios erradicando a los
miembros de la secta de los nazarenos. La sangre de Esteban no fue
derramada en vano, ya que su testimonio de perdón se convirtió en otra
llave que abrió la puerta de la conversión de Saulo de Tarso.
Hace muchos años en India un valioso misionero nativo y su esposa
intentaban alcanzar una aldea, cuando un grupo de radicales se les
opusieron y asesinaron al esposo para prevenir que la iglesia cristiana fuera
construida. En vez de buscar venganza o claudicar, la esposa compró el
terreno en el que fue derramada la sangre de su esposo, comenzó a hacer
ladrillos de arcilla, y construyó una pequeña iglesia cristiana.
No es difícil decirles “te amo” a las personas que ya nos aman. Pero
“amar a los enemigos” y orar por aquellos que nos insultan y nos calumnian
es verdaderamente “de Dios” (Mateo 5:11, 44). Nuestro ministerio apoya a
numerosos misioneros, de los cuales muchos viajan a lejanas naciones del
tercer mundo, incluyendo países que aún están bajo control comunista. A
veces, muchos pastores que actúan clandestinamente son arrestados,
golpeados, e incluso torturados por su fe. Algunos misioneros han
regresado y me han contado historias asombrosas, como por ejemplo, que
los guardias que estaban encargados de golpearlos terminaron
convirtiéndose a Cristo gracias a la fe resoluta y la capacidad del creyente
de decirle a su enemigo: “Tu alma es valiosa y estoy orando por ti”.
Cristo derramó su sangre para redimirnos de las ataduras del enemigo
(Efesios 1:7; Col. 1:20) y para establecer una nueva familia celestial (Efesios
3:15). ¡Esta familia es una hermandad de sangre! Todos somos hechos uno
por la sangre de Cristo (1 Juan 1:7).
Capítulo 13

LAS ETAPAS DE LA
VIDA DE UNA OVEJA

SALOM ÓN ESCRIBIÓ: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere


debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1). Las ovejas y las cabras
suelen pastar en los mismos campos. Aunque el propósito principal de este
libro es describir las características de las cabras de Judas y sus conflictos
entre el rebaño, debo señalar que las ovejas de Dios también tienen sus
etapas en la vida y sus propias dificultades internas y externas con las que
tienen que lidiar. El Nuevo Testamento fue escrito en un contexto cultural en
el que la agricultura era el negocio principal, y miles de pastores atendían
sus rebaños a lo largo de las colinas de Judea y de las comunidades de
Galilea. Cuando Cristo hablaba a las multitudes reunidas al aire libre sobre
ovejas, cabras y pastores, sus palabras eran como mensajes ilustrados, ya
que muchas veces los oyentes tenían esas cosas frente a ellos. Los
Evangelios dibujan a Cristo como el buen Pastor, y a los creyentes como las
ovejas en su redil (Juan 10:11–16).
En noviembre de 2007, durante una excursión por la Tierra Santa,
nuestro grupo visitó un lugar en Belén conocido como “Campo de los
pastores”. Se trata de una propiedad amplia y pedregosa ubicada en uno de
los bordes de la ciudad, y que pertenece a la asociación YMCA. El guía del
grupo, un árabe cristiano llamado Bassam, se crío en el área y está muy
familiarizado con la cría de ovejas. Bassam nos dio una charla muy
interesante sobre las diferentes etapas en la vida de las ovejas,
comparándolas con las experiencias de la vida cristiana. Su narración me
pareció muy útil, práctica, y en algunos puntos asombrosa por su gran
paralelismo con la experiencia cristiana.
CINCO COSAS ASOMBROSAS DE LAS OVEJAS
Belén en hebreo significa “la casa del pan”. Esta región era conocida por
sus campos de cebada y de trigo (ver el libro de Rut). Belén es conocida
por ser el hogar del rey David, quien también había sido pastor, y más
conocida por ser el lugar de nacimiento de Cristo. Los corderos que eran
seleccionados para los sacrificios matutinos y vespertinos en el templo de
Jerusalén, ubicado a seis millas de distancia (9,6 kilómetros) nacían y eran
criados en Belén. Belén está llena de cuevas, y los arqueólogos han
descubierto algunas que eran usadas para resguardar a las ovejas durante la
noche.
Aprendimos que las ovejas no se cuidan por sí solas, sino que deben
tener un líder al cual seguir y que cuide de ellas. En el tiempo de los profetas
y de Cristo, el pueblo de Israel varias veces fue comparado con una oveja
sin pastor. Era una nación que vagaba espiritualmente sin un rumbo claro, y
cuyas vidas estaban vacías por falta de liderazgo espiritual, o de pastores.
Toda oveja de cualquier edad requiere de un pastor que la proteja, la dirija
y la instruya, especialmente si consideramos los peligros que las ovejas
enfrentaban en el desierto de Judea. Entre los peligros estaban: caer por
desfiladeros, ser mordidas por serpientes venenosas escondidas bajo las
piedras o entre los arbustos, pisar una roca suelta en una colina empinada y
rodar colina abajo (muchas veces a una muerte segura), consumir cierto
tipo de plantas nocivas, y por supuesto el ataque de fieras devoradoras de
ovejas. Todos estos peligros requerían del ojo vigilante de un pastor
entrenado para vigilar y proteger el rebaño de cualquier peligro tanto interno
como externo.
Las ovejas requieren también de mucha atención diaria, y no solo una
vez a la semana. En Norteamérica, el sábado tradicional, que es el
domingo, es visto como un tiempo de adoración de una o dos horas en el
que todas las ovejas se reúnen en el mismo pastizal para escuchar un
mensaje de su pastor. Sin embargo, hay otros seis días de la semana en los
que la grey de Dios encuentra lobos, serpientes, bestias salvajes, y peligros
que requieren la atención del liderazgo para poder evitar las trampas que les
coloca el enemigo.
Los creyentes necesitan más que la simple asistencia a un servicio de dos
horas en el que se sentarán cómodamente, para luego abandonar la
seguridad de la iglesia y pasar seis días trabajando entre lobos que no tienen
el menor interés en la fe cristiana ni en la espiritualidad. Todos necesitamos
del compañerismo y las relaciones que podemos hacer en la casa de Dios, y
hemos de disfrutar de tiempo de calidad alimentándonos de la verdad que
tenemos en la Palabra. El cuidado del pastor no ha de limitarse a solo dos
horas los domingos. Sus ojos vigilantes y sus oídos atentos deben estar
pendientes del rugido distante del león o de la tormenta que se avecina.
Se nos ha dicho que a veces las ovejas se meten en situaciones
peligrosas porque son “animales tontos” y que se espantan fácilmente,
especialmente cuando sienten peligro. Recuerde que su instinto natural es
escapar del peligro en vez de enfrentarlo, y que dependen de la voz y de
las manos del pastor para su protección. Forma parte de la naturaleza
humana que las ovejas espantadas abandonen la iglesia si esta se encuentra
enredada en alguna clase de problema o de publicidad negativa. Si una
congregación está endeudada y necesita mayores ingresos por concepto de
ofrendas, algunas de sus ovejas tratarán de aplicar una estrategia de escape
al sentir una presión autoinducida que podría requerirles que den ofrendas
adicionales para pagar lo que se le debe al banco. Cuando un pastor
comete una falla de tipo moral y es separado de su cargo, algunas ovejas no
aceptan la nueva “voz” del pastor recién llegado y muchas veces abandonan
la grey. Esto ocurre porque tienen la naturaleza de no involucrarse en
situaciones confusas o problemáticas, y prefieren huir en la dirección
opuesta. Rara vez los conflictos graves unen a los creyentes de una iglesia.
Lo más común es que el grupo se divida. El discernimiento del pastor debe
ser siempre superior al de las ovejas.
¡Las ovejas son también conocidas porque les gusta estirar el cuello
hacia rediles ajenos! Muchas veces andan fisgoneando en campos que
forman parte del dominio de otro pastor, porque la grama posiblemente luce
allí más verde y apetitosa. En Cleveland, Tennessee, la ciudad en la que
vivo, los muchos pastores que convivimos solemos bromear
preguntándonos a cuál de las iglesias están asistiendo los exmiembros de
nuestras iglesias. Nuestro condado, que tiene una población de noventa mil
personas, tiene más de trescientas cuarenta iglesias, y hay tantas iglesias
diferentes como podría haber comida en una mesa en la que se han servido
toda clase de alimentos. Es común en nuestra ciudad que algunas ovejas
circulen entre tres o cuatro iglesias diferentes en un período de cinco años,
buscando encontrar la perfecta combinación entre pastor y ovejas. Las
ovejas tienen la naturaleza de deambular de un campo a otro si no se
demarcan los límites. Alguien dijo una vez: “Tal vez los pastos son más
verdes en el campo contiguo porque hay una filtración en el pozo séptico, y
no porque el pastor los mantiene así”. Mantener su rebaño bien alimentado
e hidratado es clave para que las ovejas se muestren leales a su pastizal.
Las ovejas pueden distraerse fácilmente por lo que las rodea, incluyendo
insectos, moscas, el mal clima, y peligrosas tormentas. Estas distracciones
pueden hacer que las ovejas reaccionen de una manera que ponga en
peligro sus propias vidas. Hace muchos años, una tormenta repentina se
desató en una zona rural de Nueva Zelanda en la que miles de ovejas
pastaban. Comenzaron a caer rayos que hicieron que las ovejas entraran en
pánico. Una gran cantidad de ellas comenzaron a correr, aterrorizando al
resto del grupo. Finalmente, la mayoría de ellas estaban corriendo por todo
el campo. El desenfreno las hizo acercarse hasta un acantilado, desde
donde comenzaron a caer. Miles de ovejas murieron a causa del pánico
colectivo.
Así como las zorras pequeñas son las que echan a perder las viñas
(Cantares 2:15), las moscas y los insectos son pequeñas distracciones que
agobian a las ovejas. A menudo, las distracciones menores son las más
entorpecedoras, y no los grandes problemas. Por ejemplo, algunos
miembros de iglesia gastan energías discutiendo sobre el estilo de música, el
nivel del volumen del sistema de sonido, o por el hecho de no poder
estacionar su vehículo cerca de la entrada de la iglesia, dejando así que las
opiniones se conviertan en los insectos que distraen su atención.

LAS ETAPAS EN LA VIDA DE UNA OVEJA


Cuando Cristo usó la analogía de que sus seguidores eran ovejas, sin duda
conocía bien las etapas naturales en la vida de una oveja y la manera en que
estas etapas se asemejan a las etapas en la vida de los creyentes.

La etapa de los surcos


Primero, está la etapa conocida como de surcos. En Belén, los caminos
dejados por las ovejas (y las cabras) son visibles desde las montañas. Las
ovejas son animales de hábitos, a las que no les gusta que se les cambie su
rutina. Ellas pastan en un área específica, y van moviéndose de un lugar a
otro en la misma área hasta formar surcos que alteran el terreno. Lo mismo
ocurre en nuestras iglesias. Año tras año, la gente deja su vehículo en el
mismo lugar del estacionamiento, se sienta en la misma banca, se saluda con
la misma gente, y canta los mismos himnos. Cuando por alguna razón les
cambian la rutina, se les sale lo carnal y se molestan porque los sacaron del
surco que han formado. Así como los surcos afectan el estado del pasto en
un campo, los surcos y la rutina en la iglesia afectarán la atmósfera y la
actitud de los adoradores.
Los corderos, o la generación más joven de la iglesia, es la generación de
internet, los teléfonos celulares, los Ipods, los Ipads, los mensajes de texto,
las películas, YouTube y Facebook. Ellos nunca están quietos y parecieran
tener un poco de déficit de atención. Se aburren fácilmente y no los
emociona nada la rutina normal. Recuerde esto: ¡Un surco es como un
sepulcro con los extremos abiertos! Si los servicios de la iglesia son vistos
como surcos rutinarios, tendremos un éxodo de corderitos. La solución
para salir del surco es que el pastor inicie nuevos programas y planes de
evangelización que mantengan a la gente motivada y que la saque de las
cuatro paredes de la iglesia. Toda actividad ministerial requiere de visión, y
es la visión del pastor la que hace que la gente siga al ministro. Sin esta
clase de visión, la gente perecerá (Proverbios 29:18).

La etapa de los cabezazos


La segunda etapa que en algún momento ocurre, es aquella en la que las
ovejas se inquietan por el calor del verano y comienzan a golpearse la
cabeza mutuamente. Si este proceso continúa sin que nadie intervenga, a las
ovejas pueden salirles pequeñas heridas en la cabeza que con el tiempo se
infectan. Estas heridas pueden extenderse por todo el rebaño, causando
más incomodidad entre las ovejas. Este comportamiento de “darse
cabezazos” es más común entre los creyentes antiguos y de mayor
experiencia, especialmente entre los miembros de la junta de la iglesia y los
líderes ancianos, quienes tienen sus propias opiniones sobre la manera en
que se deben llevar los ministerios de la iglesia. Los cabezazos representan
los pensamientos carnales de los creyentes, expresados en palabras
negativas y puestos en práctica en las acciones desacertadas del liderazgo.
Cuando un desacuerdo verbal crea un choque de opiniones, el pastor debe
hacer lo que haría cualquier pastor de ovejas en el Oriente Medio: tomar a
la oveja herida, y meter su cabeza en un taque de agua para lavársela y
prevenir una infección. Antes de que la reunión de junta se salga de control,
párela, haga una oración para renovar el entendimiento de los
“cabeceadores”, y lea en las Escrituras pasajes de Proverbios que ayuden a
aclarar los pensamientos de los presentes.
Durante los cálidos meses del verano israelí, uno puede ver diversos
tipos de moscas en el ambiente, lo que puede causar grandes problemas
entre las ovejas. A diferencia de los humanos, las ovejas carecen de manos
y dedos para rascarse. Las moscas pueden poner sus huevos en las
membranas nasales o en la cabeza de una oveja. Cuando las larvas
comienzan a salir del cascarón, la picazón hace que las ovejas comiencen a
rascarse la cabeza con una piedra o con la corteza de un árbol, lo que
provoca graves infecciones. En áreas como Jericó, la temporada de moscas
del verano trae literalmente miles de moscas a la región. Yo he estado en
excursiones en las que cuando las puertas del autobús se abren,
inmediatamente las moscas comienzan a meterse. Recuerdo haber visto
fácilmente de veinte a cincuenta moscas a través de la ventana del autobús,
y volando alrededor de los turistas.
Las ovejas cristianas pueden abrirles las puertas a las moscas, causando
perturbaciones en sus vidas que afectarán su relación con Dios y sus
amistades. El remedio para los huevos de mosca en la cabeza o las
membranas de una oveja se hace mezclando aceite de oliva o de linaza con
una sustancia compuesta de azufre y alquitrán que el pastor unta en la
cabeza de la oveja. Esto mata los huevos, evitando que nazcan las larvas.
Tal vez por esto es que en el hermoso Salmo 23 David señala al Señor
como su pastor, y dice: “Unges mi cabeza con aceite” (v. 5). El aceite
identifica la presencia del Espíritu Santo que se derrama en la mente del
creyente y lo capacita para romper sus yugos y ataduras mentales. Después
de haber ministrado decenas de miles de veces, he descubierto que no hay
una mejor fuente de renovación mental y espiritual que la grata unción del
Espíritu Santo.
Durante el verano en Israel, las ovejas disfrutan de las elevadas colinas y
del cálido sol. Sin embargo, el pastor debe llevarlas al valle, donde fluyen
aguas limpias. Las montañas de Judea son peligrosas por sus terrenos
abruptos. Los trayectos pueden ser resbaladizos y empinados. Movilizarse
desde la parte alta de una colina hasta la parte baja puede considerarse el
“valle de sombra de muerte” (Salmo 23:4). El viaje tiene el peligro de las
serpientes y las bestias salvajes, y la bajada desde la montaña hasta el valle
es riesgosa. En la tradición de nuestra fe, las montañas representan los
momentos espirituales en los que nos encontramos en la cúspide de la luz de
la gloria de Dios y la calidez de su presencia, y hemos sobrepasado
problemas y peligros. Pero no siempre estaremos en las montañas, pues
muchas veces tendremos que bajar al valle, atravesando peligros. Sin
embargo, Cristo ha prometido no desampararnos ni dejarnos a través del
“valle de sombra de muerte” (Hebreos 13:5). En la montaña hay
abundancia de luz, pero el agua solo se encuentra en el valle.
Incluso el cambio de estación puede ocasionar variaciones en las
actitudes de las ovejas. Durante el otoño (que ilustra la cosecha), los
carneros comienzan a pelear por el dominio. Sus enfrentamientos con otros
carneros tienen la finalidad de llamar la atención de las hembras, lo que da
inicio a la temporada de apareamiento. Seguramente usted ha visto este
comportamiento en documentales de televisión, cuando dos carneros se
colocan frente a frente y se abalanzan el uno contra el otro, dando inicio a
un enfrentamiento en el que chocan sus cuernos. Estas batallas pueden de
hecho ser peligrosas, por las heridas que puede sufrir el carnero.
Este comportamiento natural también se refleja en el mundo espiritual, ya
que a veces los líderes de una congregación (especialmente en momentos
de crecimiento o de cosecha) comienzan a darse cabezazos y a enfrentarse
por la manera en que se deben manejar las cosas y quién debería estar a
cargo. Una iglesia en crecimiento puede representar una amenaza para
algunos miembros dominantes que sienten que están perdiendo el control
como ancianos o como miembros de la junta directiva. En toda iglesia hay
siempre un carnero que ejerce el dominio en las reuniones en las que se
discuten asuntos y decisiones importantes. Cuando otros carneros no se
apartan de su camino, exhibe su fuerza, tratando de ejercer el control sobre
los demás, incluyendo conversaciones o actividades. Esto puede generar
conflictos innecesarios. Este tipo de enfrentamientos eran comunes en la
iglesia primitiva cuando el liderazgo debatía asuntos como la enseñanza de
la circuncisión entre los gentiles, la manera en que estos encajaban en el
nuevo pacto, y las leyes que ellos debían obedecer. Fue el apóstol Juan
quien en Hechos 15 aplacó la polémica al citar un pasaje profético y dar
instrucciones que fueron recibidas por los otros apóstoles (Hechos 15:13–
22). Un buen pastor se ubicará en medio de los dos grupos en pugna y
tomará el control de la discusión, antes de que se lesionen.
La cura para estos duros cabezazos es untar una gran cantidad de aceite
en los cuernos de los carneros. Esto actuará como una grasa cuando los
carneros choquen sus cuernos. En la Biblia, el uso del aceite muchas veces
representa la unción del Espíritu Santo. Una mezcla especial de aceite de
oliva era utilizada para ungir a reyes y sacerdotes, y a veces a los profetas
en el antiguo Israel (Levítico 8:12; 1 Samuel 16:13). Es responsabilidad del
pastor proveer el aceite y untar los cuernos de las facciones opuestas.
Conozco ministros que llaman a las dos partes y las exhortan a orar juntas.
¡Es difícil enojarse con alguien por el que usted está orando, e imposible
insultar y bendecir a una persona en la misma oración!

La etapa de “abatimiento”
Una de las etapas más interesantes en la vida de una oveja se encuentra
en el Salmo 42:11, donde David escribió:

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de


mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y
Dios mío”.

El salmista habla de estar “abatido”. Este término es sinónimo de


depresión, tristeza, o de mal ánimo. Pero para un pastor de la antigüedad
que supervisaba un rebaño, el término significaba otra etapa de la vida de
las ovejas. A veces las ovejas pierden el equilibrio y caen sobre su lomo, y
se les hace imposible levantarse por sí solas. Cuando los gases internos
comienzan a circular y a expandirse por los intestinos, la oveja puede llegar
a perder la circulación en sus patas. Esto era lo que se conocía como
“abatimiento”. Para los humanos significa caer y no poder levantarse de
nuevo.
David habló de esta etapa en su propia vida. Su alma estaba abatida, y
su desánimo era tan grande, que se sentía incapaz de levantarse. David
había luchado en su vida contra gigantes; contra el ejército filisteo; e incluso
contra su propio suegro, el rey Saúl. Una serie de batallas que tengan que
ser enfrentadas simultáneamente, terminarán agotando a la persona,
dejándola abatida y aislada. Dos razones por las que una oveja puede caer
abatida son: primero, la gordura, que ocasiona una sensación de pesadez
en su cuerpo; y segundo, el peso de la lana, lo que significa que necesita ser
esquilada.
Cuando la oveja está abatida, es responsabilidad del pastor recogerla y
comenzar a friccionar sus patas para que la circulación se normalice y el
animal recobre nuevamente su movilidad. Muchas veces escuchamos de
personas que están deprimidas, una palabra que significa literalmente “estar
echado”. Una persona deprimida se siente anímicamente tan mal, que no
puede levantarse sin ayuda. Cuando Moisés levantaba sus brazos para
sostener la vara de Dios, Israel prevalecía en la batalla. Cuando bajaba los
brazos, los israelitas comenzaban a tener problemas. Dos hombres, Aarón y
Hur, se colocaron a ambos lados de Moisés y lo ayudaron a mantener sus
brazos arriba para poder asegurar la victoria de la nación hebrea (Éxodo
17:10–12). ¡A veces usted debe contar con personas que permanezcan a
su lado y lo apoyen, acompañándolo a orar, aconsejándolo, y
permaneciendo con usted hasta obtener la victoria!

La etapa de tormentas
Finalmente, tenemos la etapa de las tormentas que aparecen en la vida.
Hay tormentas naturales y espirituales que pueden afectar a su familia. Las
tormentas naturales, como los huracanes, los tornados y los terremotos,
pueden destruir propiedades, casas, vehículos y otros bienes.
Recientemente, un tornado de categoría F4 golpeó nuestra ciudad, dejando
solo las bases de las casas en ciertas áreas. Los hombres pueden predecir
una tormenta, pero no controlarla. Las tormentas espirituales incluyen la
muerte de un ser amado, conflictos matrimoniales, divorcios, hijos adictos a
las drogas, o una enfermedad repentina en usted o en un ser querido. No
siempre es la lluvia la que espanta a las ovejas. El sonido de los truenos y la
presencia de relámpagos—una combinación de lo que ven y lo que oyen—,
puede ocasionar inquietud en sus corazones. De la misma manera, nuestra
fe es sacudida por lo que vemos y oímos.
El mar de Galilea es famoso por sus tormentas repentinas. Algunas
tormentas raras son ocasionadas por terremotos que ocurren
ocasionalmente debajo del agua, ya que el mar está ubicado en la gran falla
sirio-africana del valle del Rift, que fue formada por antiguos volcanes. Es
común que ocurran sismos o terremotos en el mar. La tormentas más
comunes las crean los vientos que circulan entre las altas montañas y que
producen un efecto de remolino en las aguas del lago. Jesús y sus discípulos
quedaron atrapados en ambas clases de tormentas, llamadas tempestad en
el Nuevo Testamento (Mateo 8:24). Durante estas tormentas, quien vaya en
un bote podrá ver las ondas y oír la intensidad de los vientos. En marzo de
1992 una tormenta azotó el área, haciendo que grandes olas del lago
golpearan con fuerza edificios que se encuentran en la orilla. En un momento
el mar puede estar llano como un espejo, y minutos después las olas estar
agitadas a causa de una tormenta repentina.
Si usted viviera en el centro de Tennessee y en la televisión anunciaran
que una tormenta de nieve del oeste se dirige hacia el este, contaría con
suficiente tiempo para ir a la tienda a comprar pan y leche, llenar el tanque
con gasolina, y sacar su ropa de invierno en caso de que algunas ramas
congeladas se caigan y rompan algunos cables. Sin embargo, hay ocasiones
en las que el cielo está claro, y de repente comienza a granizar y un tornado
está a la vuelta de la esquina. En esos casos no hay tiempo de correr y
esconderse. La vida puede traer malas noticias en la forma de una llamada
telefónica, una crisis inesperada, o una tormenta espiritual repentinas. Todo
creyente necesita un pastor, un ministro o alguien especial que esté allí
cuando el trueno retumbe y el relámpago encandile. La confianza que las
ovejas sienten al escuchar la voz del pastor y sentir su presencia, les da
seguridad en medio de las tormentas.

LA NECESIDAD DE BUENOS PASTORES


Aquellos que tienen la gran responsabilidad y la capacidad de lidiar con las
cabras y apacentar las ovejas durante estas etapas son buenos pastores. Al
igual que hacen los ganaderos, todo pastor coloca una marca física en sus
ovejas para identificarlas como suyas. Los creyentes verdaderos tienen un
sello que es el sello de la promesa del Espíritu Santo, el cual permite que
el Espíritu Santo nos marque como hijos de Dios (Efesios 4:30). En los
creyentes llenos del Espíritu, la manifestación de las lenguas del Espíritu es
la expresión física que los marca como separados por el pacto con Cristo y
bautizados por el Espíritu Santo (Hechos 2:4; 10:46; 19:6). De esta
manera, el Espíritu coloca una marca de identificación espiritual sobre
aquellos que pertenecen al buen Pastor.
Todo pastor verdadero tiene la tarea de cuidar y proteger a la grey, y
debe vigilar sus pastos para asegurarse de que las bestias salvajes o los
ladrones no entren a matar o robarse sus preciadas ovejas (Juan 10:10).
Cristo habló de ser el Pastor y de estar dispuesto a poner su vida por sus
ovejas (v. 15). En el antiguo Israel, cuando caí la noche los pastores metían
a las ovejas en cuevas y rodeaban las entradas con ramas gruesas, pilas de
piedras y otros objetos para evitar que estuvieran expuestas a los peligros
nocturnos. El pastor luego se acostaba en la entrada de la cueva. Así, si una
oveja trataba de salir de la seguridad de la cueva, debía pasar sobre el
cuerpo del pastor. Esto ilustra la manera en que el buen pastor está
dispuesto a poner su vida por las ovejas.
Como mencioné anteriormente, el pastizal es la iglesia. Todo pastor
protegerá a sus miembros y asistentes de los asalariados que quieran
aprovecharse de ellas (Juan 10:12–13) y de los lobos en piel de oveja
(“falsos profetas”, Mateo 7:15). También vimos que cuando las ovejas
tienen corderitos, tanto la madre como el cordero deben contar con
alimento de mejor calidad del que normalmente reciben. Nuestras iglesias
no pueden convertirse en “guarderías de adultos”, en las que se mima y se
consiente a un grupo de ovejas inermes y sobrealimentadas que tienden a
sobreestimar su importancia y a subestimar su desempeño espiritual.
Nuestras iglesias deben ministrar efectivamente a los niños y adolescentes
en la congregación. La realidad es que, si no establecemos una conexión
con esta generación, los corderos crecerán y terminarán siendo víctimas de
las bestias salvajes que merodean el campo.
El agua que se les provee a las ovejas debe ser limpia, y estar en reposo.
Antes de escuchar la charla de nuestro guía israelí, no sabía que un agua
caudalosa y agitada hace que las ovejas duden en tomarla y que se pongan
nerviosas. Durante el verano es mejor buscar un área más fresca con
palmeras, o un oasis, en donde haya alguna fuente de agua.

LA DISCIPLINA DE LAS OVEJAS


Una de las actividades importantes del pastor, y de la que pocos hablan, es
la de disciplinar a las ovejas. Las ovejas espirituales tienen la tendencia a
alejarse sin motivo alguno o a deambular lejos del rebaño, arriesgando su
seguridad. Algunos animales tienen un sistema de posicionamiento natural
que les permite encontrar el camino de regreso sin mucho esfuerzo. Las
ovejas, sin embargo, pueden alejarse de manera independiente y perderse,
sin tener luego idea de cómo regresar al grupo. A menudo, este es el estado
en el que se encuentran algunos que han servido a Cristo pero que han
regresado a sus vidas pecaminosas y al mundo. Estos individuos son
considerados “ovejas perdidas”, y han de ser alcanzados por el pastor,
quien según Cristo, debe dejar las noventa y nueve ovejas y salir a buscar la
que está perdida para recuperarla y traerla de vuelta al rebaño.
En mi opinión, la iglesia promedio ha fallado en su responsabilidad de
rescatar a las ovejas perdidas. Alguien me dijo: “Antes de aceptar a Cristo
no podía quitarme de encima a los cristianos diciéndome que me amaban y
que estaban orando por mí. Me convertí a Cristo, pero meses después caí
en pecado. Fue ahí, siendo la oveja perdida, que me pregunté dónde
estaban todos esos cristianos que se interesaban tanto en mí. Parece que
antes de mi conversión yo era el siervo y ellos los cazadores, y que una vez
que me tuvieron como su trofeo de victoria, salieron a buscar otro”.
He sabido de personas que se ausentaron de la iglesia durante semanas y
que jamás recibieron una llamada telefónica preguntándoles si estaban bien.
Es más divertido salir a acampar, asar malvaviscos y contar historias
bíblicas alrededor de una fogata con las noventa y nueve ovejas, que salirse
de la rutina para ponerse buscar en un peligroso desierto a una oveja
solitaria. Un buen pastor amonestará y advertirá del peligro a una oveja
aventurera antes de que esta llegue al lugar donde se separará
completamente del rebaño.
Los pastores de la antigüedad cargaban siempre consigo tres
implementos importantes: una honda, una vara y un cayado. La honda era
usada para lanzarles piedras a animales peligrosos o no deseados que
amenazaban el rebaño. Los antiguos pastores eran expertos usando esta
sencilla arma, como lo demostró David al derrotar a Goliat (ver 1 Samuel
17). El cayado es un palo que mide aproximadamente dos metros de largo,
en el que se apoyaba el pastor y que usaba para mantener el equilibro
cuando estaba en terrenos desiguales. También lo usaba para caminar por
las cornisas de las montañas, y para tocar piedras y determinar si estaban
sólidas o sueltas.
En el desierto de Judea hay víboras y pequeñas serpientes venenosas que
representan un peligro para cualquier oveja. Estas serpientes a menudo se
esconden en árboles o pequeños arbustos en los caminos que suelen
recorrer las ovejas. El pastor que guía a las ovejas debe golpear los
arbustos con su vara para espantar a las serpientes furtivas que puedan
encontrarse en ellos, y matarlas antes de que puedan morder a una de sus
ovejas.
La vara es un palo de madera más pequeño, más o menos del tamaño de
un bate de béisbol, angosto en una de sus puntas y más ancho en la otra,
que sirve como una extensión del brazo del pastor. Algunos pastores les
hacían un hoyo y los amarraban a su cinturones, y otros les colocaban
clavos en una de sus puntas en caso de tener que golpear a un animal
peligroso. El pastor les da a las ovejas la libertad de andar libremente por
todo el campo. Sin embargo, si alguna oveja se salía de rumbo, o seguía su
propio plan, el pastor golpeaba el suelo varias veces como advertencia. Si
la oveja persistía en su actitud rebelde, el pastor usaba la vara (o el cayado)
y le daba un suave golpe en la cabeza para llamar su atención. Si el pastor
veía a una oveja alejándose demasiado del rebaño, le lanzaba la vara,
sorprendiendo al animal, y haciendo que regresara a la seguridad de la grey.
La vara era usada entonces para corregir y a veces como un arma contra
las bestias salvajes.
La vara era también usada para tocar las patas traseras de las ovejas y
llamar su atención. En las noches, antes de que las ovejas entraran a la
cueva o a un área segura, el pastor las pasaba bajo la vara para contarlas
(Ezequiel 20:37).

Esto es lo que todo pastor, cada integrante del equipo y cada futuro
pastor debe saber.
• Las ovejas necesitan una cabeza visible, un líder, o un pastor al
cual seguir.
• Han de ser guiadas, pues han sido creadas para seguir, y no
son líderes por naturaleza.
• Han de ser alimentadas con los verdes pastos de las promesas
de Dios y el agua del Espíritu Santo.
• Han de ser leídas, queriendo decir con esto que el ministro
debe entender su manera de pensar y actuar con antelación, para
prevenir que surjan peligros.
• Necesitan una cama, o un lugar en el cual poder descansar.

Aunque siempre existe la preocupación por la cabra de Judas, la mayoría


de los desafíos para cualquier iglesia o pastor se basan en entender las
etapas de las ovejas. El pastor necesita saber cómo lidiar de manera exitosa
con cada etapa, y ayudar a las ovejas a atravesar cada una con paz,
confianza y gozo.
Las ovejas no podrán descansar a menos que ocurran tres cosas:

1. Que tengan una buena alimentación.


2. Que cuenten con abundante agua fresca.
3. Que se sientan seguras.

Si el ministerio no marcha bien y falla en proveer alguna de estas tres


cosas, las ovejas se pondrán nerviosas y serán incapaces de disfrutar del
descanso.
Mi abuelo y mi padre fueron pastores, y ambos tuvieron buenas ovejas
en sus rebaños. Pero de vez en cuando se manifestaba alguna cabra que
quería abrirse paso arrogándose la autoridad en las reuniones y tratando de
controlar todo, desde el tipo de personas que eran “bienvenidas” en la
iglesia, hasta la manera en que tenían que gastarse los ingresos y el estilo de
música de la adoración. A veces, unas pocas cabras terminaban corriendo a
algunas buenas ovejas de la iglesia cuando estas últimas se cansaban de las
palabras y actitudes de las primeras. Es mejor enfrentar, e incluso “expulsar
del rebaño” a una cabra enojada, que ver cómo las buenas ovejas y sus
pequeños corderos se van de la iglesia para nunca más volver. Cuando
surgen problemas en la iglesia, se requiere un tiempo de arrepentimiento y
confesión para restaurar el orden en la congregación.
Capítulo 14

EL ALIVIO QUE PRODUCE LA CONFESIÓN

CUANDO UN INDIVIDUO es culpable de un crimen y enfrenta su momento


en la corte ante el juez y el jurado, se llama a los abogados defensores para
que prueben que el acusado es inocente, a pesar de que muchas veces la
evidencia señala lo contrario. A menudo, el presunto culpable se niega a
confesar su crimen. Mediante la falta de evidencia, los abogados exponen
sus argumentos para persuadir a los miembros del jurado de que su cliente
no es culpable. Alegan que existen dudas razonables. En las cortes
humanas, un presunto criminal puede abstenerse entonces a declararse
culpable con la esperanza de ser absuelto de los cargos.
La corte celestial es muy diferente, aunque el templo celestial está
dispuesto de una manera similar a las cortes que conocemos. En el libro de
Apocalipsis y otras citas adicionales, vemos a Dios, el Juez de toda la
humanidad, sentado en su trono. Delante del trono hay veinticuatro ancianos
que representan a doce hombres del antiguo pacto, y a doce hombres del
nuevo pacto. Probablemente son los hijos de Jacob, quienes juzgarán a los
hombres y mujeres que vivieron en su tiempo bajo la ley de Moisés; y los
doce apóstoles, que ayudarán a juzgar los que vivieron bajo el nuevo pacto
(ver Apocalipsis 4–5).
Se dice que Cristo es nuestro “Abogado” (1 Juan 2:1) y que ejerce
como Sumo Sacerdote intercediendo por nosotros (Hebreos 7:25),
pesando la evidencia a favor o en contra cuando esta es presentada por el
llamado “acusador de nuestros hermanos”, que es Satanás (Apocalipsis
12:10). Los testigos en la corte celestial son las huestes de ángeles que
rodean el trono del gran Juez.
¡La corte celestial es el único tribunal en el universo en el que alguien
puede levantarse y confesar: “Soy culpable. Soy pecador. He pecado y he
actuado mal”, y después de admitir su culpa, pedir perdón, y recibir el
perdón en vez de una condena! El acto de admitir la culpa y pedir perdón
es un proceso iniciado por algo que la Biblia llama “confesión”. La
confesión no solo es importante, sino necesaria cuando alguien desea entrar
en el pacto redentor. Leemos en Romanos 10:8–10:

“Mas, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu


corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si
confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu
corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque
con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa
para salvación”.
Juan también subraya el poder de la confesión, al escribir:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar


nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que
no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no
está en nosotros”.
—1 JUAN 1:9–10

Juan dice que necesitamos confesar nuestros pecados, y Pablo que


tenemos que confesar a Cristo. Poniéndolo en contexto, las palabras de
Pablo en Romanos se refieren a alguien que ya se ha convertido
inicialmente a Cristo y ha entrado en el nuevo pacto al recibir la sangre del
Cordero y aceptar la obra expiatoria en la cruz. En los días de Pablo los
griegos y los romanos tenían innumerables dioses falsos, y sus seguidores
les ofrecían en los templos incienso, así como ofrendas financieras y de
animales. Ellos hacían juramentos y promesas usando los nombres de sus
dioses. El cristianismo se basa en la muerte y la resurrección de Cristo, y en
su posición como Hijo de Dios y el haberse ofrecido a sí mismo como el
sacrificio perfecto. Para entrar a este pacto ser requiere el arrepentimiento
de los pecados, que significa apartarse de una vida pecaminosa y confesar
que Cristo es el Señor y Salvador. Es posible que un creyente vuelva a
pecar después de haber entrado al pacto, y es allí donde las palabras de
Juan adquieren significado. Juan se dirige a los miembros de la iglesia para
recordarles que mientras caminen en la luz tendrán comunión con Cristo, y
que su sangre los limpiará de todo pecado (1 Juan 1:7). Continúa diciendo
que “si confesamos nuestros pecados” (v. 9), Cristo nos limpiará, y que “si
alguno hubiere pecado” tiene un Abogado para con el Padre (1 Juan 2:1).
De esta forma, el significado de la confesión está en nuestro arrepentimiento
inicial y en nuestra relación progresiva con Dios.
Hay una doctrina muy peligrosa que se ha ido metiendo en el Cuerpo de
Cristo, que afirma que una vez que nos hemos arrepentido, todos nuestros
pecados futuros son automáticamente perdonados, y que no hay necesidad
de arrepentirse de nuevo. Los que enseñan esta doctrina aparentemente no
han entendido completamente la naturaleza pecaminosa del hombre, ni han
leído las advertencias dadas a los creyentes que han pecado, ni las muchas
veces que el Señor les dijo a los creyentes que si pecan deben arrepentirse.
El mejor ejemplo de Cristo pidiéndoles a los creyentes que se
arrepientan lo tenemos cuando se dirige a las siete iglesias en el libro de
Apocalipsis. De estas siete iglesias, solo Esmirna y Filadelfia reciben elogios
de Cristo y son bendecidas por su fidelidad (Apocalipsis 2:8–11; 3:7–11).
Las otras cinco iglesias (Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardis y Laodicea) tenían
graves problemas espirituales, como falsos maestros, falsas doctrinas,
pecado entre los dirigentes y tibieza espiritual. En cuatro lugares específicos
Cristo exhorta a las iglesias o a sus miembros a arrepentirse de sus pecados
o de sus actos pecaminosos, so pena de enfrentar alguna clase de juicio
(Apocalipsis 2:5, 21, 22; 3:3, 19). Si no se arrepentían, Cristo “quitaría su
candelero de su lugar” (ver Apocalipsis 2:5), los “arrojaría en cama y en
gran tribulación” (v. 22), o los “vomitaría de su boca” (Apocalipsis 3:16). Si
los pecados de los integrantes de la iglesia hubieran estado automáticamente
cubiertos, Cristo no los habría exhortado a arrepentirse.
Juan se refiere al tema de un creyente que puede haber pecado, al decir:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si


alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo el justo”.
—1 JUAN 2:1

Juan enseña que los creyentes no deben pecar, es decir, que no deben
practicar un estilo de vida pecaminoso. Cuando dice: “Y si alguno hubiere
pecado” está indicando que es posible pecar. Como creyentes, no estamos
exentos de tentaciones, y podemos caer en pecado frente a la presión y los
ataques del enemigo. Si esto ocurre, tenemos un “Abogado” en el cielo, que
es Cristo. ¿Qué objeto tendría contar con un abogado en el cielo después
de convertirnos en creyentes arrepentidos, si ya no es necesario un
abogado y no tenemos que confesar y arrepentirnos más? El abogado es un
mediador en un caso legal, y Cristo está en el cielo lidiando con Satanás,
que es el acusador (Apocalipsis 12:10).

EL SIGNIFICADO DE “CONFESAR” Y DE “CONFESIÓN”


Hay dos palabras griegas que son traducidas como “confesar” en el Nuevo
Testamento:

1. La primera es homologeo, que proviene de dos palabras:


homou, que significa “mismo”; y lego, que significa “hablar”.
“Decir la misma cosa” Esta palabra es usada cuando las
Escrituras nos instruyen a confesar nuestros pecados (1 Juan
1:9).
2. La segunda palabra es exomologeo, usada cuando Pablo
menciona que “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor”
(Filipenses 2:11), y cuando Santiago dice: “Confesaos vuestras
ofensas unos a otros, [ . . . ] para que seáis sanados” (Santiago
5:16). Esta palabra significa “reconocer algo verbalmente”. A
diferencia de homologeo, implica llegar a un acuerdo (verbal)
público con alguien. También tiene la connotación de “ascenso,
acuerdo y convenio, declarar y admitir”.1

Cuando confesamos nuestros pecados, ocurren varias cosas a la vez.


Primero: la confesión de que somos pecadores significa admitir que
reconocemos nuestra culpa. Esto nos permite liberarnos de la condenación
del pecado. Esta confesión consiste de dos partes: admitir nuestro estado, y
pedir la intervención divina. Cuando confesamos nuestros pecados o el
hecho de que somos pecadores, también estamos admitiendo que
necesitamos un Salvador, que es Cristo el Señor. Al confesar nuestros
pecados y la necesidad de un Salvador, estamos actuando en concordancia
con las promesas de Dios. De esta forma, tanto nosotros como Dios
estamos diciendo la misma cosa, y mostrándonos de acuerdo.
Es Santiago el que nos da la mayor luz sobre la necesidad que tienen los
creyentes de confesarse sus ofensas mutuamente con el propósito de ser
sanados. De hecho, la sanidad está sujeta a que el creyente tenga una
relación apropiada con los otros creyentes. Santiago escribió:

“¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de


la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del
Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo
levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.
Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros,
para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede
mucho”.
—SANTIAGO 5:14–16

Este pasaje no está dirigido a los pecadores, sino a los creyentes. Lo


importante aquí es la confesión de “las ofensas”. La palabra griega
traducida como “ofensas” en este pasaje, describe a alguien “que se ha
desviado o ha caído hacia alguna forma de error”. Entre los miembros de
una iglesia, esto representa cualquier forma de contienda, desacuerdo,
conflicto, rencor, indisposición al perdón, o envidia; obras de la carne que a
menudo se asoman en las actitudes de los hombres. Santiago dice que
cuando alguien acude a Dios en busca de sanidad, los ancianos deben ungir
a la persona con aceite, orar en el nombre del Señor y ejercitar la fe. Sin
embargo, la bendición espiritual, y en este caso la sanidad, dependerá de
que su espíritu esté libre de todo tipo de malos pensamientos o de actitudes
negativas hacia los demás.
La confesión genera alivio. Hace años ministré en Carolina del Norte, en
la iglesia del pastor Billy Franklin, el padre de mi buen amigo Jentezen
Franklin. El pastor Franklin era uno de los hombres de Dios más admirables
que cualquiera pudiera conocer, y la familia Franklin era y sigue siendo una
de las más consagradas y devotas. Yo no sabía nada sobre la iglesia, su
pasado o su presente, pues quería tener una mente clara y que el Espíritu
Santo me hablara sin saber nada de antemano o tener ideas preconcebidas.
Recuerdo una concurrida asistencia tanto el domingo en la mañana como
en la noche. Sin embargo, los servicios eran tensos, y había un extraño
ambiente en la congregación. Cuando me levanté el lunes en la noche para
hablar, el Espíritu Santo vino sobre mí y dije: “Esta noche no voy a predicar.
Vamos a tener un servicio de confesión pública, pues siento que esta iglesia
está atravesando por una lucha terrible, y el Espíritu Santo no se moverá ni
bendecirá hasta que algunos de ustedes saquen la basura que tienen
acumulada en sus corazones”.
Luego dije: “Aquí está el micrófono. Yo me voy a sentar. Ustedes
necesitan confesarse sus ofensas y arrepentirse ante los demás y ante Dios”.
Aproximadamente ochenta personas se sentaron y fijaron su mirada en mí,
y yo los miré a ellos. Finalmente, se levantó una joven cuyo padre, que era
pastor, había sido sorprendido en un pecado de tipo moral y había perdido
su ministerio. Ella comenzó a llorar y a hablar de la manera en que la iglesia
había hecho del caso de su padre un chisme, sin siquiera haber tratado de
restaurarlo.
Algunos comenzaron a derramar lágrimas. De repente, los asistentes
empezaron a ponerse de pie y a arrepentirse de sus malos sentimientos y
actitudes. Antes de que terminara el servicio, los feligreses se estaban
abrazando y llorando. La siguiente noche había el doble de asistentes, y sin
ningún esfuerzo la gente comenzó a arrepentirse públicamente y confesar
sus malas acciones, las cuales no solo habían sido una traba para ellos, sino
también para los demás. Al otro día no cabía un alma, y comenzó a
manifestarse un avivamiento. La atmósfera del lugar había cambiado como
resultado de la confesión.
Cuando dos personas están en desacuerdo, solo el orgullo evita que
puedan salir del error de permanecer enojados. Generalmente, ambas
partes sienten que sus emociones y opiniones sobre el otro están
justificadas, y creen que el otro es el instigador del error. Ambos esperan
que el otro tome la iniciativa antes de responder, al igual que dos jugadores
de ajedrez que esperan con atención el movimiento que hará el contrario.
Los creyentes deben recordar que la confesión mutua es requerida por
Dios, no solo para la salvación, sino para que del cielo sigan fluyendo las
bendiciones espirituales. A menudo los cristianos quieren dar la impresión
de estar fuertes en la fe, de ser obedientes a la Palabra, y de que viven una
vida intachable. Pero al confesarse sus faltas, están admitiendo que esto no
es así y que aún no han sido glorificados.
La confesión es el método que Dios nos ha dado para que apartemos los
obstáculos espirituales de nuestro espíritu. La Biblia habla, por ejemplo, de
una “raíz de amargura” que puede brotar y contaminar a la persona
(Hebreos 12:15). En el Antiguo Testamento, la palabra rebelde aparece
catorce veces (en la versión King James de la Biblia inglesa), y esta deriva
de la palabra hebrea marad (Números 14:9), o marah (1 Samuel 12:14).
Ambas tienen la misma raíz, mar, que es traducida como “amargo” en el
Antiguo Testamento (Génesis 27:34; Éxodo 15:23; Salmo 64:3).
Existe, entonces, un vínculo entre rebelión y amargura. Cuando
pensamos en rebelión nos llega la imagen de alguien liderando una revuelta
política, o de un niño que no quiere hacer caso a lo que le dicen sus padres.
Sin embargo, durante mis años de ministerio, me he topado con individuos
amargados que han permanecido en su amargura por su indisposición a
perdonar, o por alguna situación que se niegan a superar.
Es posible que para usted la indisposición a perdonar no luzca como un
acto de rebeldía, y por eso no sea capaz de contemplar sus repercusiones.
Piense un momento en el rey Saúl, el primer rey de Israel. Saúl fue
seleccionado personalmente por Dios de la tribu de Benjamín, y ungido con
el aceite sagrado. Al principio de su reinado él dependía completamente de
Dios, y era “pequeño en [sus] propios ojos” (1 Samuel 15:17). Con el
tiempo, Saúl se enalteció y se llenó de orgullo, y David fue ungido para ser
su sucesor. Esto enardeció a Saúl, quien hizo numerosos intentos de matar a
David, para evitar su ascenso al trono. A Saúl se le advirtió que no se
rebelará contra Dios, ya que si lo hacía, la mano de Dios actuaría en su
contra.
El favor de Dios y del pueblo estaba sobre David, y esto aumentó los
celos de Saúl. Desobedeció al Señor, y “el Espíritu de Jehová se apartó de
Saúl, y lo atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová” (1 Samuel
16:14). La amargura de Saúl tenía su origen en su rebelión contra los
propósitos de Dios, y esa raíz acabó con él, tal como el autor de la Epístola
a los Hebreos advierte que puede ocurrir (Hebreos 12:15). Cuando la raíz
de amargura produjo el fruto de la rebelión, el fruto de la rebelión le abrió la
puerta a un espíritu atormentador que batalló con Saúl hasta el día de su
muerte. Samuel advirtió a Saúl del peligro de la rebelión:

“Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como


ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la
palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas
rey”.
—1 SAMUEL 15:23

Dios no continuará ungiendo y bendiciendo a un individuo que esté en


rebelión contra su autoridad. Salomón también advirtió sobre el poder de la
rebelión cuando escribió:
“El rebelde no busca sino el mal, y mensajero cruel será enviado
contra él”.
—PROVERBIOS 17:11

La palabra hebrea traducida aquí como “mensajero” es mal’ak, que


tiene una amplia variedad de significados. Se usa en referencia a Dios, a un
ángel, a un profeta o sacerdote que tiene un mensaje, o a un maestro. Un
ejemplo de su uso lo tenemos cuando el faraón y los egipcios se rebelaron
contra Dios, y “ángeles destructores” fueron liberados sobre ellos. La Biblia
dice:

“Envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y


angustia, un ejército de ángeles destructores”.
—SALMO 78:49

Yo he visto hombres y mujeres que a pesar de considerarse “cristianos”,


tienen grandes dificultades para llevársela bien con los demás, y que culpan
de todos sus problemas a otros, menos a sí mismos. Las excusas por las
que nadan en un mar de amargura son siempre: “Es culpa de mi mamá (o de
mi papá, o de mi familia, o de cualquier otro)”, “jamás me dieron una
oportunidad”, “fui maltratado cuando era niño”, etcétera.

CUANDO LA UNCIÓN SE APARTÓ DE MÍ


La Biblia dice que los celos del rey Saúl contra el joven guerrero David, y
los diversos intentos de Saúl de hacerle daño entristecieron al Espíritu
Santo, e hicieron que la presencia divina se apartara de él ( Samuel 16:14).
Uno de los pecados que un creyente puede cometer contra el Espíritu
Santo es “entristecerlo” (Efesios 4:30, RV95) con el pecado, la
desobediencia, o con palabras y acciones negativas. La palabra griega
traducida como “entristecer” en Efesios 4:30 es lupéo, que significa “causar
pena o dolor angustiar”.2 El Espíritu Santo mora en los creyentes, y él ve a
través de nuestros ojos, escucha a través de nuestros oídos, habla a través
de nuestra boca, y testifica a través de nuestras acciones personales. De
esta manera, cuando los creyentes conocedores de la Biblia se apartan de
lo que dicen las Escrituras y ponen en práctica su propio razonamiento
carnal, pueden entristecer al Espíritu Santo.
Al principio de mi ministerio, antes de casarme, dirigí un avivamiento que
se extendió durante cinco semanas. Ya casi para terminar las reuniones, y
después de una serie de circunstancias negativas (causadas por las palabras
de la gente), surgió una división en la iglesia que resultó en dos grupos
diferentes atacándose verbalmente. El grupo más grande quería que se
cancelara el avivamiento, el grupo más pequeño expresó sin pelos en la
lengua que querían un cambio de pastores. El veredicto final a la pregunta:
“¿Quién es el responsable de este problema?” recayó en mí, con la
conclusión de que yo era un instigador, o al menos un cómplice del grupo
que deseaba un cambio de liderazgo.
El asunto es que comenzaron a circular muchos rumores infundados y
malintencionados entre las iglesias de la denominación, todos ataques
verbales contra mi persona. Estos rumores negativos y venenosos
aparentemente eran creídos por la mayoría de los ministros que yo
conocía. Esto lo comprobé cuando asistí al consejo bianual de ministros de
esa denominación. Durante cinco días, la mayoría de las personas que
conocía me evitaron como si yo estuviera contaminado de una plaga
contagiosa. Solo una persona, un reconocido pastor, se me acercó y me
dijo: “Perry, el Señor está contigo. Solo tienes que seguir orando y
obedeciéndolo. Él se hará cargo de todo”.
Una cosa es escuchar que ridiculicen a alguien, y otra completamente
diferente que los ataques vengan en la dirección de uno. Después de que
comenzaron los rumores, traté de identificar la fuente de donde provenían,
sin éxito. De repente, sentí la necesidad de defenderme y presentar mi
versión de los hechos. Descubrí que tratar de ubicar la fuente de un rumor
es como correr y tratar de perseguir a un leopardo. Es imposible. Me
obsesioné tanto con proteger mi nombre y mi ministerio, que hablaba del
tema a personas que no tenían nada que ver con ello, por si acaso les
llegaba el rumor, supieran la verdad y no una historia retorcida o la opinión
de un tercero. Para ese entonces yo solo tenía veintiún años, y no estaba al
tanto de que mis acciones y palabras estaban entristeciendo al Espíritu
Santo.
Cuando el Espíritu del Señor está triste, empuja y presiona a la persona a
dejar de actuar como lo está haciendo. La Biblia dice que cuando esto
ocurre, el Espíritu Santo está “contendiendo con el hombre” (Génesis 6:3).
El Espíritu implorará, incitará, empujará y provocará a la persona a
apartarse de sus malos caminos (arrepintiéndose) y retomar el buen rumbo.
También le da “tiempo para que se arrepienta” (Apocalipsis 2:21). En mi
caso, sentía que debía defenderme, ya que nadie más lo haría por mí (así lo
creía). Yo conocía los pasajes “Mía es la venganza, yo pagaré” (Romanos
12:19); “De Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47); y “Jehová peleará por
vosotros” (Éxodo 14:14). Pero sentía que Dios se estaba tardando, y los
rumores seguían diseminándose demasiado rápido. Supuse que Dios
necesitaba mi ayuda para corregir la situación.
Aunque la gente no lo notaba, comencé a sentir que la paz y el gozo del
Espíritu Santo se alejaban, al igual que como se pierde la fragancia de las
flores cuando uno se aleja de un jardín. Yo seguí predicando y poniendo en
práctica el don de la comunicación, el cual el Señor me había dado desde
que era adolescente. Pero había perdido la unción, ese fuego ardiente del
Espíritu. Mis palabras eran vacías, y todo comenzó a convertirse en un
simple ritual. La paz de Dios me abandonó. Yo sabía que la presencia del
Señor me había dejado, y que había entristecido al Espíritu Santo al hablar
negativamente de la situación, del pastor, y de algunos de los líderes de la
iglesia ofensora. Todos mis argumentos defensivos estaban motivados por
una presión emocional, en vez de forzarme a confiar en el Señor. Me
recuerdo marcando literalmente los días en un calendario entre diciembre y
enero, veintiún días en total, durante los cuales prediqué sin la unción e
inspiración del Espíritu Santo. Fue una experiencia sombría, pero en medio
de la batalla aprendí una invaluable lección.

Dios estaba esperando mi arrepentimiento


Yo pensaba que tenía que esperar que Dios viniera ayudarme y librarme
de las lenguas de mis enemigos, cuando en realidad Dios lo que estaba
esperando era que yo pusiera en práctica su Palabra perdonando a
aquellos que sentía que habían iniciado las difamaciones en mi contra. El
que recuperara la unción, la paz y el gozo dependía de mi disposición para
perdonar; lo que de por sí rompería inmediatamente mis propias cadenas
internas. Varias semanas desdichadas pasaron hasta un domingo de enero
de 1992, en Daisy, Tennessee, al comienzo de una semana de avivamiento
en una iglesia de unos ochenta miembros mayores. Era una noche fría y
sombría, y tanto los que estaban sentados en las bancas como yo,
estábamos secos y muertos internamente. Yo lo que quería era terminar la
reunión e irme a dormir. Como era de esperarse, no ocurrió nada durante el
servicio. El siguiente día nevó y el servicio del lunes en la noche fue
cancelado. Recuerdo que como a las seis de la tarde escuché a unos
jóvenes gritando desde el pie de la colina, cerca de la oficina de la iglesia.
Era un grupo de amigos de la Universidad Lee que venían al servicio y los
había sorprendido la nevada. Ellos habían llegado sin problemas, pero
cuando llamaron a la universidad, los encargados de los dormitorios les
recomendaron que no intentaran regresar, y que si era posible se quedaran
en la iglesia.
Eso fue lo mejor que pudo ocurrir. Creo que el Señor envió esa tormenta
a las montañas de Tennessee esa noche por mí.
Cuando los seis adolescentes se reunieron conmigo en la iglesia,
comencé a contarles la misma historia que ya tenía sesenta días contando,
de cómo el enemigo me estaba atacando y mi versión de los hechos.
Cuando terminé, uno de ellos dijo: “¡Tenemos que orar por esto!”. Yo no
tenía ganas de orar, pero lo hice, esperando que Dios “hiciera justicia de mi
adversario” (Lucas 18:3). Jamás olvidaré el momento en que la fragancia
del jardín regresó y el sol apareció entre las oscuras nubes, inundando mi
espíritu con su calor. Estaba caminado de un lado a otro del santuario,
cuando escuché al Espíritu Santo decir estas palabras, que aún recuerdo
bien:

¡Hijo, tienes que dejar de sentir lástima de ti mismo y comenzar a


pensar en lo grande y maravilloso que es tu Dios!

Lo escuché de manera clara y vívida, y las palabras me golpearon en el


área del estómago, doblándome. En cuestión de segundos abrí mi boca y
declaré: “Tú, Dios, eres el Alfa y Omega, el principio y el fin, el primero y el
último, la puerta, la piedra angular, el Príncipe de los pastores, el Padre
eterno, el Príncipe de paz [ . . . ]”, y así continué con la lista de todos los
maravillosos nombres de Dios. Pronunciar estas palabras de alabanza al
Altísimo fue como sumergirme en una piscina en un día caloroso, o como
encontrar una fuente de agua fresca en el desierto. Sentí como se rompía
dentro de mí la frialdad de mi espíritu.
Entonces ocurrió lo inesperado. Sentada en el piano estaba una chica
pelirroja llamada Faith. Ella comenzó a llorar y a hablar en lenguas
espirituales. De repente, un joven del grupo dio la interpretación de lo que
ella estaba diciendo (vea 1 Corintios 12 y 14 para más información sobre
los dones del Espíritu). El Espíritu Santo reveló que había considerado mi
situación y que pelearía mi batalla, y que como señal, ¡en esa iglesia
ocurriría el mayor avivamiento que yo había visto en mi vida!
En esto había enigma: esa iglesia particular no había experimentado un
avivamiento dinámico jamás en su historia. En las campañas de
avivamiento que se habían realizado en el pasado, el promedio máximo de
asistentes era de ciento cincuenta personas. Aunque se me animó a que
aceptara esta palabra del Espíritu, debo confesar que pensé que tal vez el
joven había dado su propia interpretación personal.
Pero en ese momento humillé mi corazón a Dios, me arrepentí tanto de
mis palabras como de mi actitud negativa, y perdoné, rogando que la
unción del Espíritu fuera derramada en mí, pidiéndole al Señor que llevara a
cabo lo que dijo.
La siguiente noche asistieron cien personas. El miércoles habían más de
doscientas. Pero algo inexplicable ocurrió el jueves en la noche. En el
santuario habían más de cuatrocientas cincuenta personas. Desde ese día la
unción regresó, ¡y me sentí como Sansón cuando el Espíritu regresó sobre
él! ¡La semana de avivamiento se extendió durante siete semanas y media,
con multitudes de personas asistiendo cada noche, más de quinientas
entregándose Cristo, y seiscientas bautizadas en el Espíritu! Los frutos de
este avivamiento continúan hasta hoy, ya que varios de los jóvenes se
convirtieron en ministros y actualmente son pastores de importantes
congregaciones por todo el país. Hubo muchos milagros y oraciones
respondidas, y tal como el Espíritu Santo lo reveló, fue el mayor
avivamiento en la historia de esa iglesia. Según una nota de un periódico
local, se trató de uno de los avivamientos más exitosos y concurridos en la
historia de Chattanooga, en el estado de Tennessee.
La lección que aprendí fue que Dios estaba al tanto de la situación,
incluso desde antes que ocurriera, y que no estaba asombrado por los
ataques lanzados contra mi integridad. Él quería que yo pasara por esta
crisis, y someter a prueba mi fe (1 Pedro 1:7) para alejar de mí cualquier
cosa que pudiera convertirse en una trampa en el futuro, incluyendo
cualquier forma de orgullo. Me enseñó que mi propia libertad espiritual y el
nivel de mi unción están sujetos a mi disposición a escuchar y poner en
práctica su Palabra, y a mi disposición a liberar y perdonar a aquellos que
cometan cualquier ofensa contra mí.

LOS MAYORES PELIGROS CONTRA LOS MINISTROS


Basado en mi propia experiencia espiritual, y en los años de observación,
puedo afirmar que uno de los mayores peligros de los que un ministro debe
cuidarse es poner en práctica algún don especial mientras vive una vida
contraria a los principios bíblicos. En la cultura cristiana de hoy, un don
natural o espiritual puede impresionar a los que lo presencian y ser de
bendición para ellos, incluso si la unción no está presente. Por ejemplo: un
músico dotado y un cantante con un talento notable, pueden usar sus
talentos para mover a la gente a deleitarse, a llorar o a cualquier otro tipo
de respuesta emocional.
Sin embargo, hay ministros cuyo carácter no se compagina con los dones
que ponen en práctica. Ha habido hombres y mujeres que ejercen el
ministerio que, como dicen algunos, son “tremendos predicadores”, pero
que una vez que se bajan de la plataforma de la iglesia, abusan del equipo
pastoral, discuten por las ofrendas, y hacen demandas personales absurdas.
Cierta predicadora creó la fama de que no podía llegar a la iglesia a menos
de que fuera en una limosina de un color específico; y se sentaba molesta en
el hotel hasta que se la consiguieran. A veces llegaba a la iglesia dos horas y
media después de que el servicio había comenzado. Mi palabra para ella es
que si el Rey de reyes llegó a Jerusalén sobre un asno, ella debería viajar en
cualquier cosa que la lleve a la iglesia, y alegrarse de que no tiene que
caminar como les toca a muchos en las naciones del tercer mundo.
El engaño del ministerio de los dones en contraposición al ministerio
del carácter consiste en que un ministro viva con un pecado no confesado
o una atadura secreta, y aún así continúe manifestando sus dones. Esto hace
que él (o ella) piense que Dios aprueba su actitud porque las multitudes
están allí, las ofrendas continúan, la membresía está creciendo, y todo el
mundo lo ama. Sansón es una prueba de que la unción del Espíritu puede
permanecer en un individuo durante un tiempo a pesar de que este cometa
pecados carnales y fallas morales. Sin embargo, el Espíritu del Señor
terminó abandonando a Sansón, quien sufrió a causa de su insensatez.
Sansón actuaba en la unción ante los demás, pero jamás permitió que el
Espíritu Santo lo disciplinara, cortando la raíz de su atracción por las
mujeres filisteas.
La unción rompe yugos, y el mismo Espíritu Santo que rompe ataduras
en las personas por las que usted ora puede romper las cadenas que lo que
lo tienen atado a usted física, espiritual y mentalmente. Esto podría explicar
algo que ha intrigado a muchos en el Cuerpo de Cristo. Aparece un ministro
lleno del Espíritu Santo predicando contra cierto pecado, tal vez la
pornografía, e incluso la homosexualidad, y entonces, años después es
descubierto realizando la misma actividad que condenaba. Una vez que ha
sido expuesto, dice: “Cuando predicaba sobre el pecado que yo mismo
estaba batallando, lo hacía convencido, y experimentaba un alivio temporal
en la batalla”. En realidad, su propio sermón producía una renovación
mental en él, pero no pasaba al siguiente nivel de disciplina personal. La
falta de disciplina mental o física evitaba que lograra la libertad de su
atadura, y cuando salía de la presencia de Dios hacia la rutina de la vida, la
batalla regresaba.
La unción de Dios está diseñada para destruir los yugos (ver Isaías
10:27) y las fortalezas del enemigo en la mente y el espíritu de las personas.
Sin embargo, una vez que el enemigo (el espíritu maligno) se ha ido,
intentará regresar (Mateo 12:43–45). Tal vez por eso fue que, cuando
Cristo expulsó el espíritu maligno de un niño, le ordenó al espíritu: “Sal de
él, y no entres más en él” (Marcos 9:25). Cuando Cristo fue tentado por
Satanás durante cuarenta días en el desierto, al final Satanás “se apartó de
él por un tiempo” (Lucas 4:13). Satanás esperó un momento más oportuno
para reaparecer nuevamente en el camino de Cristo, haciendo uso de
personas como los radicales religiosos o el ladrón de la cruz, quien lo atacó
verbalmente por decir que Él era el Hijo de Dios. El momento que Satanás
esperaba se dio en la crucifixión, cuando los que presenciaban la escena le
gritaban que si Él era el Hijo de Dios, se bajara de la cruz (Mateo 27:40–
42). Los dones son de bendición para las personas, pero la unción rompe
yugos (Isaías 10:27). Los ministros deben alimentar tanto sus dones como
la unción, y mantener ambas cosas.
La indisposición al perdón y el uso de palabras negativas entristecen al
Espíritu Santo, haciendo que su presencia se aparte. Usted terminará
tratando de realizar la obra espiritual bajo el poder de la carne, lo que solo
le ocasionará agotamiento y desánimo. El único alivio está en perdonar al
ofensor, orar por sus enemigos, y pedirle a Dios que lo perdone mientras
usted perdona. Yo he vivido ambas situaciones: la indisposición a perdonar,
y el haber perdonado; y créame, solo perdonando se puede vivir en paz.
Capítulo 15

LAS CRUCES QUE CAEN

LA CRUZ ES un símbolo del cristianismo a nivel mundial, y es reconocida


como tal incluso entre otras religiones. Desde los inicios de la fe cristiana, la
cruz romana tradicional ha sido modificada de diversas maneras, incluyendo
la cruz de Jerusalén, la cruz bizantina, la cruz de San Andrés, etc. Cuando la
mayoría de los cristianos ven una cruz, piensan en el sufrimiento de Cristo.
Cuando los musulmanes ven una cruz, piensan en las cruzadas; y cuando los
judíos ven una cruz, pueden hasta ofenderse, pues piensan en el Holocausto
y la manera en que los nazis afirmaban ser cristianos. Hay otra cruz, que es
la cruz que cada cristiano debe cargar.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en


pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.
—MATEO 16:24

Hay diferentes interpretaciones sobre lo que Cristo quiso decir con


“tome su cruz”. En los siguientes versículos él menciona que aquellos que
busquen salvar sus vidas la perderán, y aquellos que busquen perderla la
encontrarán (v. 25). Continúa preguntando: “¿Qué aprovechará al hombre,
si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el
hombre por su alma?” (v. 26). Según el contexto, lo que Cristo está
diciendo es que uno debe escoger entre amar al mundo o amarlo a él, y que
muchas veces nuestro amor por Cristo entrará en conflicto con el mundo.
Cuando usted se niega a sí mismo, generalmente se negará su propio placer
y el placer del mundo por escoger seguir los caminos de Dios.
Sin embargo, hay otras formas en que la gente puede cargar una cruz.
Para algunos, la cruz no es solo un instrumento de madera usado para
ejecutar a una persona, sino la metáfora de una pesada carga que deben
sobrellevar y que afecta la rutina cotidiana. Una madre soltera, por ejemplo,
podría necesitar tener dos trabajos para poder cumplir con sus obligaciones
económicas. Criar a un niño lisiado o autista requiere de tiempo y esfuerzo.
La atención de un compañero postrado en cama requiere de una dedicación
que afecta de una u otra manera la vida del que la da. Así como los
creyentes que viven en naciones en la que se persigue a los cristianos sirven
a Cristo por el amor que le tienen, el cuidador vive bajo la presión de una
carga que representa su cruz diaria. A pesar de ello, la persona cumple con
la tarea, no por deber, sino por amor y compasión.

JESÚS NO PUDO CARGAR SU PROPIA CRUZ


Hay muchos detalles en el relato de la crucifixión que tienen paralelismos
con la vida de un creyente. Cristo fue arrestado, enfrentó un juicio, fue
azotado con un látigo romano de nueve colas, y más tarde llevado a la cima
del Gólgota para ser crucificado. Todos los cuatro Evangelios concuerdan
en el relato de la crucifixión. Sin embargo, los autores narran los hechos
desde su propia óptica.
Aun así, los tres autores de los Evangelios señalan un incidente que
ocurrió cuando Cristo estaba siendo llevado a la colina para ser crucificado.
Cuando salieron de las murallas de la ciudad de Jerusalén hacia el lugar de
la ejecución, Jesús estaba tan débil que no podía cargar más la cruz sobre
sus hombros. Según las Escrituras, un hombre de África llamado Simón,
que había venido a Jerusalén para la Pascua, fue sacado de la multitud y
obligado a cargar la cruz de Cristo (Mateo 27:32; Marcos 15:21; Lucas
23:26). Juan, el autor del cuarto Evangelio, fue también testigo, y describe
el momento en que Cristo tomó la cruz y comenzó a cargarla:

“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y


en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos,
uno a cada lado, y Jesús en medio”.
—JUAN 19:17–18

Al comparar las cuatro narrativas, vemos que Cristo comenzó a cargar la


cruz, pero llegó un momento en que la dejó caer. Fue allí cuando Simón dio
un paso al frente y la recogió, colocando el peso de la cruz sobre sus
hombros.
El dolor, la presión, y la debilidad de su cuerpo era tanto que no le
permitieron a Cristo seguir cargando la cruz colina arriba. Se necesitaba que
alguien lo ayudará a completar su tarea redentora. Hace años, mientras
meditaba sobre la aplicación práctica de esta historia, me hice la pregunta:
“¿Por qué Jesús dejó caer la cruz?”.
Inmediatamente escuché esta respuesta: “¡Porque él sabía que a veces tú
dejarías caer la tuya!”. Me senté en silencio durante unos minutos y
comencé a llorar. Comencé a recordar a varias personas que hace años
comenzaron fuertes en la carrera, pero por culpa del dolor, la presión, y la
debilidad de la carne, dejaron caer sus cruces. Algunos, como Demas,
abandonaron a Cristo porque amaban más al mundo (2 Timoteo 4:10).
Otros, como Simón Pedro, no soportaron la presión de una posible
persecución, y rechazaron ser etiquetados como discípulos de Cristo
(Mateo 26:69–75). Tomás vio las circunstancias que rodearon el
sufrimiento de Cristo, y basado en ello, fue incapaz de creer que Cristo
había resucitado. Tomás dejó caer su cruz de fe cuando la duda entró en su
corazón.
Hay momentos en los que, a pesar del compromiso que usted puede
tener con Cristo y de su fe inquebrantable, tendrá problemas para
sobrellevar sus cargas y sentirá deseos de claudicar. Por eso es que no solo
necesitamos escuderos que ayuden a los ministros a lidiar con los asuntos
del ministerio, sino cargadores de cruces que estén dispuestos a decirles a
otros creyentes: “¡Te voy a ayudar a sobrellevar tu carga, y permaneceré
contigo hasta que termine la batalla!”.
Cuando Israel peleaba en el valle contra Amalec, Moisés permaneció en
lo alto de la montaña. Los israelitas ganaban la batalla mientras Moisés
mantenía su vara elevada en el aire con las dos manos. Sin embargo,
después de varias horas los brazos de Moisés estaban muy cansados, y
dejó caer la vara, haciendo que la situación se revirtiera y que el ejército de
Israel se debilitara. Dos hombres, Aarón y Hur, se colocaron a los lados de
Moisés para mantener sus brazos levantados y evitar que dejara caer la
vara nuevamente. Esta era una imagen de lo que ocurriría con la cruz de
Cristo en el futuro (Éxodo 17:8–13). Cuando la vara permanecía levantada,
la victoria estaba asegurada, así como cuando Cristo fuera “levantado”,
atraería a todos a sí mismo (Juan 3:14; 12:32). Cuando Cristo dejó caer la
cruz, un hombre se inclinó a tomar el madero que había caído de la espalda
de Cristo.

UNA FALLA NO ES EL FINAL


Pedro falló miserablemente, pero se arrepintió de haber negado a Cristo y
se convirtió en la voz del Día de Pentecostés que guió a tres mil almas al
arrepentimiento, convirtiéndose en el apóstol de la circuncisión (Hechos
2:14; Gálatas 2:7). Según El libro de los mártires de Foxe, Tomás terminó
evangelizando en la India, ganando innumerables almas para Cristo y
presenciando milagros extraordinarios. Mientras predicaba en una montaña
en la India, fue atravesado con una espada.1
Simón de Cirene, el hombre que cargó la cruz de Cristo, era padre de
Alejandro y de Rufo (Marcos 15:21). Marcos, el escritor del Evangelio,
conocía obviamente a estos dos hombres Rufo y Alejandro, lo que quiere
decir que eran conocidos entre los primeros creyentes. Cuando Pablo le
escribió a la iglesia en Roma, menciona en el saludo: “Saludad a Rufo,
escogido en el Señor” (Romanos 16:13). ¡Algunos piensan que este Rufo es
el mismo cuyo padre ayudó a Cristo a cargar la cruz! Si esto es así,
entonces la vida de Simón, aquel hombre africano, fue transformada por
aquella experiencia de tener que llevar la cruz de Cristo, al punto de que
influyó en la vida de su propio hijo, quien también se hizo creyente.

YO NO QUIERO SER CRISTIANO


Tal vez la mejor manera de resumir este libro es compartiendo con usted
una historia muy interesante. En marzo de 1991 me encontraba ministrando
en una iglesia en el pueblo de Adamsville, en Alabama. Allí, los servicios del
domingo en la mañana solían estar dirigidos más a los no creyentes que a
los creyentes. Un sábado en la noche terminé de preparar un mensaje
titulado: “Yo no quiero ser cristiano”, que trataba sobre algunos líderes que
habrían aceptado el cristianismo si no hubiera sido por la hipocresía que
vieron entre los cristianos. Cuando prediqué el domingo en la mañana, dije:
“Aquí hay pecadores dispuestos a recibir a Cristo, pero su mayor
impedimento son los mismos cristianos. Hay quienes son ancianos los
domingos, pero el viernes están en el bar diciendo palabrotas, destruyendo
con su estilo de vida la influencia del poder de Cristo para liberar a los
perdidos”.
Yo no estaba al tanto de que ese domingo en la mañana estaba presente
un hombre que participaba en una gran cantidad de actividades, y cuyo
poder económico tenía gran influencia en muchos aspectos del estado de
Alabama. El hombre tenía mucho dinero y era un verdadero “peso pesado”.
Sin saberlo, cubrí en mi sermón cada una de las razones que él le había
dado a su familia para no ser un cristiano, siendo la principal: “¿Para qué
voy a buscar salvación y tratar de hacer el bien, si cuando voy al bar los
viernes en la noche me encuentro con varios miembros de la iglesia?”. El
estilo de vida y las acciones de los miembros de la iglesia cuando estaban
fuera de ella no compaginaba con lo que mostraban públicamente el
domingo en la mañana en el coro. El razonamiento era: “Al menos yo soy
pecador, y todo el mundo lo sabe”. Afortunadamente, el mensaje fue tan
oportuno en contrarrestar sus argumentos, que terminó sometiéndose al
Espíritu Santo, pasó al frente, recibió a Cristo, ¡y se convirtió en una
poderosa herramienta para la ganancia de las almas!
¿Cuántas veces ha escuchado usted decir: “La iglesia está llena de
hipócritas. Todos son falsos. Nadie practica lo que predica, ni viven lo que
aprenden”. Lo cierto es que en Norteamérica muchos creyentes se han
contenido de recibir a Cristo decepcionados por la doble moral de aquellos
que dicen ser cristianos. A pesar de lo que usted ha escuchado o de lo que
piense, los individuos que están espiritualmente perdidos han establecido
expectativas altas en los cristianos, incluso más que en otros grupos
religiosos
El mundo está observando, y algunos están esperando que nos vayamos
de boca para decir: “¡Te lo dije!”. Hay, sin embargo, una manera de lidiar
con las cabras de Judas dentro de la iglesia y mantener la integridad y el
respeto en la comunidad. Jamás fue el plan de Dios que las fallas y los
errores de unos pocos fueran sacados a relucir como ropa sucia en los
noticieros de la televisión, o que se convirtieran en un festín de tiburones
para la prensa sensacionalista. Como creyentes, debemos resguardar
nuestras vidas personales y las vidas de las ovejas, y debemos vivir en
perdón, paz y unidad, como un ejemplo ante el mundo. Muchas veces digo:
“Nunca juzguen a un ministro por culpa de un Judas, ni a una iglesia por
culpa de una cabra. Judas cayó en transgresión, pero los otros once
siguieron adelante”.
Para concluir, quiero contarle que mis abuelos por el lado paterno vivían
en una pequeña comunidad montañosa llamada Davy, en West Virginia.
Justo detrás de su casa pasaba la vía del tren, y cada cierto número de
horas podían escucharse grandes trenes atravesando el pueblo, haciendo
que el suelo temblara como una pequeño sismo. El sonido de las ruedas de
metal sobre los rieles terminaba escuchándose por todo el lugar.
Cierto verano, vi a un pequeño perro blanco moteado echarse a unos
cuatro metros de la vía del tren, como si esperara la entrega de un paquete
de parte del conductor. Cuando se escuchó el silbido del tren, se levantó y
se mostró expectante, con sus ojos fijos en el tren que se acercaba. Cuando
vio la locomotora, comenzó a ladrar como si su vida dependiera de ello. De
repente, comenzó a perseguir al tren, mostrando sus colmillos y casi
mordiendo las rápidas ruedas de los vagones. El perrito persiguió a la bestia
de acero por todo el pueblo. Más tarde, regresó al lugar en el que estaba
con la lengua guindando, y se echó con la cabeza entre sus patas delanteras,
como decepcionado. Cuando pasó el siguiente tren volvió a hacer lo
mismo, ladrando y chillando como si hubiera llegado el fin del mundo. Yo
estaba extrañado, y me preguntaba si en verdad ese pequeño perrito
pensaba que podría frenar el tren o detenerlo.
En ese momento, vi una metáfora. El tren es la iglesia, moviéndose como
una locomotora poderosa y llevando el evangelio de ciudad en ciudad. Los
perros son los habladores en el camino que tratan de cambiar el rumbo de
las cosas, de frenar la iglesia y de obstaculizar su marcha. Sin embargo, al
igual que el tren, la iglesia tiene mucho vapor y fuego en su interior como
para poder ser detenida u obstaculizada en su misión. Entonces me llegó
este pensamiento: “¡Deja que los perros ladren, que el tren seguirá
avanzando!”.
Habiendo crecido en un hogar de pastores, y con un padre que dirigía
tres diferentes iglesias en Virginia, conozco los efectos que un miembro
malintencionado puede ocasionar en la moral de las ovejas, y las
distracciones innecesarias que puede significar para el pastor. Después de
observar durante años la manera en que ciertos miembros solo buscaban
distraer la atención de papá, cuando entré en el ministerio tomé la decisión
de no permitir distracciones humanas, las opiniones de personas
desinformadas, ni los comentarios negativos de algunas cabras que buscan
obstaculizar mi visión o mi impulso. Todos los días recibo correos
electrónicos negativos, y les he pedido a mis secretarias que no me
molesten con los comentarios de personas que lo que buscan es entrar en
diatribas y buscar confrontación. Algunos usan el teléfono y nos llaman para
“descargarse” sobre algún mensaje con el que no están de acuerdo, y
queriendo “enderezarme”. Me envían cartas reprendiéndome por estar
equivocado en mi enseñanza profética.
El tiempo es demasiado valioso como para malgastarlo discutiendo con
otros cristianos y tratando de probar unas opiniones sobre otras. Yo
simplemente predico la Palabra y dejo que los que me escuchan, decidan.
Siempre habrá cabras entre nosotros, incluyendo la “cabra de Judas” que
terminará traicionándolo. Estas se delatarán por sus palabras altisonantes, y
porque tratarán de imponer sus ideas sobre los demás. El evangelio es
como un tren que se dirige a toda marcha hacia una estación, y que no será
detenido por unas cabras, ni como vimos en la metáfora, por un perro que
ladre. Concéntrese en la tarea, ame a Dios, ¡y deje que el tren avance!
NOTAS

INTRODUCCIÓN
1. Wikipedia.org, s.v. “Judas goat”, http://en.wikipedia.org/wiki/Judas_goat (visitada el 3 de
mayo de 2013); UrbanDictionary.com, s.v. “Judas goat”,
http://www.urbandictionary.com/define.php?term=Judas%20Goat (consultado el 3 de mayo de
2013).

CAPÍTULO 1
DORMIR CON UNA CABRA EN LA CAMA
1. JewishRoots.net, “The Day of Atonement”, http://www.jewishroots.net/holidays/day-
of-atonement/yom-kippur.htm# twogoats (consultado el 3 de mayo de 2013).
2. Ibíd.
3. Ibíd.
4. “Yoma 39,” JudaismsAnswer.com, http://www.judaismsanswer.com/Yoma39.htm
(consultado el 3 de mayo de 2013).
5. FiasCoFarm.com, “Horns, Horn Information and How to Disbud (Dehorn) Kids”,
http://www.fiascofarm.com/goats/disbudding.htm (consultado el 3 de mayo de 2013).
6. JewishEncyclopedia.com, s.v. “Azazel”,
http://www.jewishencyclopedia.com/articles/2203-azazel (consultado el 3 de mayo de 2013).
7. Henry Tanner, “Pope Is Shot in Car in Vatican Square; Surgeons Term Condition
‘Guarded’; Turk, an Escaped M urderer, Is Seized”, New York Times, 14 de mayo de 1981,
http://www.nytimes.com/learning/general/onthisday/big/0513.html# article (consultado el 3 de
mayo de 2013).
8. Alessandra Stanley, “Italians Grant Pardon to Turk Who Shot Pope”, New York Times,
14 de junio de 2000, http://www.nytimes.com/2000/06/14/world/italiansgrant-pardon-to-
turkwho-shot-pope.html (consultado el 3 de mayo de 2013).

CAPÍTULO 2
LA TRAICIONERA ES TRATEGIA DE LA CABRA DE JUDAS
1. W. E. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento
(Nashville: Thomas Nelson, 1996), s.v. “hipócrita”.
2. Según el propio recuerdo personal del autor sobre este incidente.
3. Chai Chai, “One Difference Between Goats and Sheep”, Homestead . . . From Scratch
(blog), 25 de mayo de 2011, http://operationhomestead.blogspot.com/search?
q=difference+between+goats+and+sheep (consultado el 3 de mayo de 2013).

CAPÍTULO 3
CUANDO LOS CREYENTES PECAN CONTRA OTROS CREYENTES
1. EarlyChristianWritings.com, “The Didaché”, capítulo 11,
http://www.earlychristianwritings.com/text/didacheroberts.html (consultado el 6 de mayo de
2013).

CAPÍTULO 4
¿QUIÉN ES TÁ S ENTADO EN S U TERCERA S ILLA?
1. Kenneth Samuel Wuest, Word Studies From the Greek New Testament (Grand Rapids,
M I: William B. Eerdman’s Publishing Corintios, 1980), s.v. “restore”.
2. Lorin Shields-M ichel, “Jordan Rubin’s Seven Keys to Greater Health”, Healthy Living
News, abril de 2005,
http://www.crohns.net/M iva/education/articles/Jordan_Rubin_7_Keys_to_Greater_Health.shtml
(consultado el 17 de mayo de 2013).
3. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, s.v.
“miedo”.

CAPÍTULO 6
ES LO QUE VE, PERO NO ES LO QUE PIENS A
1. Judy Willis, “What You Should Know About Your Brain”, Educational Leadership 67,
No 4 (2009), ASCD, http://www.ascd.org/ASCD/pdf/journals/ed_lead/el200912_willis.pdf
(consultado el 24 de mayo de 2013).
2. EyewitnesstoHistory.com, “The Burning of Rome, 64 AD”,
http://www.eyewitnesstohistory.com/rome.htm (visitada el 28 de mayo de 2013). Ver también:
Henry Sienkiewicz, “Burning of Rome Under Nero: Introduction”,
http://historyworld.org/burning_of_rome_under_nero.shtm (consultado el 28 de mayo de
2013).

CAPÍTULO 7
CUANDO SATANÁS FUE ECHADO DEL CIELO, CAYÓ EN MI CORO
1. M ark Batterson, The Circle Maker (Grand Rapids, M I: Zondervan, 2011), Pedro 41.

CAPÍTULO 8
CREYENTES ATORMENTADOS POR DEMONIOS
1. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, s.v.
“demonio”, “demoníaco”, “diablo”, “diabólico”.
2. Samuel van Dorst, “The Roman Army”, The Roman Army Page,
http://members.tripod.com/~S_van_Dorst/legio.html (consultado el 30 de mayo de 2013).
3. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, s.v.
“atormentar”.
4. Ibíd., s.v. “consolador”.
5. Ibíd., s.v. “otro”.
6. Esta información le fue dada al autor por una fuente en Israel que desea permanecer
anónima.
7. ADL.org, “Tax Protest M ovement”. http://archive.adl.org/learn/ext_us/TPM .asp?
xpicked=4&item=21 (consultado el 4 de junio de 2013).

CAPÍTULO 9
LA RES TAURACIÓN DE MINIS TROS Y MIEMBROS DE IGLES IA QUE HAN CAÍDO
1. Los detalles de este incidente fueron reportados y hechos públicos en varios periódicos
locales de la fecha. Para proteger la privacidad de las personas involucradas, el autor y la
editorial han decidido no revelar su identidad.
2. Barnes’ Notes, banco de datos electrónico, derechos reservados © 1997, Biblesoft, s.v.
“Gálatas 6:1”.
3. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, s.v.
“restaurar”.

CAPÍTULO 10
HERIDO EN CAS A DE MIS AMIGOS
1 .David M araniss, “First Lady Launches Counterattack”, Washington Post, 28 de enero de
1998, A01, http://www.washingtonpost.com/wp-
srv/politics/special/clinton/stories/hillary012898.htm (consultado el 31 de mayo de 2013).
4. Barnes’ Notes, s.v. “Salmo 41:9”.

CAPÍTULO 11
LA HERMANDAD EN LA S ANGRE
1. Esta información le fue suministrada al autor en Israel por parte de una fuente árabe con
familia trabajando tanto en Jordania como en Arabia.
2. Esto apareció durante la década de 1970 en el Atlanta Journal.
3. The Temple Institute, “The Priestly Garments”,
http://www.templeinstitute.org/priestly_garments.htm (consultado el 4 de junio de 2013).
4. Rick Renner, Sparkling Gems From the Greek (Tulsa, OK: Harrison House, 2003), 19 de
enero.
CAPÍTULO 12
EL PODER DE LA VIDA Y LA MUERTE ES TÁ EN S U BOCA
1. El autor conoce personalmente a Gary Townsend y tiene fotografías e información de
este estudio particular.
2. El autor conoce personalmente al doctor David Van Koevering y tiene fotografías e
información de este estudio particular.
3. El sitio web del doctor David Van Koevering puede ser visitado en
http://www.davidvankoevering.com/index.html.
4. El Programa de Información del Agua, “Water Facts,”
http://www.waterinfo.org/resources/water-facts (consultado el 3 de junio de 2013).
5. Dean Radin, Gail Hayssen, M asaru Emoto, y Takashige Kizu, “Double-Blind Test of the
Effects of Distant Intention on Water Crystal Formation”, Explore 2, No 5 (septiembre de
2006): 408–411, consultado en http://www.explorejournal.com/article/S1550-8307(06)00327-
2/fulltext (consultado el 3 de junio de 2013).
6. Zamir Cohen, The Coming Revolution: Science Discovers the Truths of the Bible
(Jerusalén: Hidabroot, 2008).
7. Ibíd.
8. Ibíd.
9. Aquifers and Health Institute, “Too M uch Stress Harms the Immune System”,
http://aquifersandhealth.org/stress-and-the-immune-system/ (consultado el 3 de junio de 2013).

CAPÍTULO 14
EL ALIVIO QUE PRODUCE LA CONFES IÓN
1. Vine, Diccionario expositivo Vine de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, s.v.
“confesar”, “confesión”.
2. Ibíd., “afligir”.

CAPÍTULO 15
LAS CRUCES QUE CAEN
1. John Foxe, Foxe’s Book of Martyrs (Alachua, FL: Bridge-Logos, revised edition 2001),
Pedro 6.

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