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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - UNICEN

Parcial domiciliario
Historia Americana III
Romina Constantin
Profesores: Dra. Andrea Reguera y Dr. Leonardo Canciani
CONSIGNAS
1ª Consigna (3,5 puntos) Explique cuáles fueron los fundamentos que se
invocaron y cuáles las contradicciones políticas y sociales que se generaron en las
colonias hispanoamericanas para decidir la separación política de su metrópolis
europea.
2ª Consigna (3 puntos) Analice cuáles fueron los alcances y las limitaciones –en el
orden político, económico y social– del liberalismo en Brasil.
3ª Consigna (3,5 puntos) Exponga las razones por las cuales Cuba permaneció
como colonia española durante todo el siglo XIX y el tema central alrededor del
cual giró el proceso de independencia cubana
1) La coyuntura propicia para la independencia fue 1808-1810, cuando la invasión
napoleónica junto a la caída de los borbones y el aislamiento de las colonias con
respecto a la península crearon una crisis de gobierno que se convirtió en una
Guerra de Independencia. Ya desde 1796 la situación de España era peligrosa y
fue cuando perdió el control económico de América. La guerra con Gran Bretaña,
un bloqueo naval, una protesta de productores coloniales, un desafío de las leyes
del comercio por parte de colonos y funcionarios y una dependencia de otras
naciones para el transporte forzaron a España a desviar el comercio hacia
compañías neutrales o tolerar el comercio con el enemigo. El imperio americano
entró en el comercio mundial como una economía independiente, aunque
sabiendo que en un contexto favorable, España reestablecería el monopolio. Este
no era el único motivo que inquietaba a los criollos: el crecimiento de la
inestabilidad social y racial era otro. (Lynch, 2001: 169)
Las guerras de independencia comenzaron como una rebelión de criollos
contra peninsulares; persiguiendo el autogobierno –excluyendo la mayoría negra,
india y mestiza-. Se encontraban en condiciones de dar ese paso por la
politización a la que habían asistido que les permitía estar a cargo de las
instituciones. Defendían sus intereses en el marco de un mercado interno que los
beneficiaba –en tanto comerciantes- así como las cotas de poder que habían
alcanzado sus familias décadas anteriores –ejemplo, burocracia imperial- y que los
investía de cierta capacidad de acción que vio la luz cuando las monarquías
ibéricas se debilitaron. ¿Qué reclamaban los criollos? Poder político, libertad
económica y orden social; que no podrían haber sido otorgados únicamente con
reformas desde la Corona debido a una identidad criolla que llevaba tres siglos.
De todos modos, una limitación eran las diferencias entre los propios americanos
–muchas veces las colonias rivalizaron entre sí al tiempo que el sentimiento
nacional de los pardos, negros, indios y criollos no tenía puntos de encuentro-.
Dijimos que la situación en la península no se agrava abruptamente con la
invasión napoleónica; en ese sentido hay algunas cuestiones a considerar. La
expansión demográfica, minera y comercial de América en el S.XVIII se vio
acompañada de un incremento en la presión impositiva imperial a la que se
opusieron los criollos. Junto a las reformas borbónicas (S.XVIII) que implicaron
una presión al clero, la expulsión de los jesuitas, entre otros cambios que iban
contra los avances que los criollos habían obtenido –como dije, ocupaban
posiciones estratégicas sustituidas ahora por la nueva política imperial; al tiempo
que esos cargos se concedían ahora a peninsulares-. Vemos cómo la situación no
hacía más que sumar factores de descontento a las élites criollas.
Los cambios introducidos en el comercio –libre sólo para España-
conllevaron a un incremento en la circulación atlántica; lo cual podría dar cuenta
de un período de crecimiento y prosperidad. Tesis que se relativiza al contraponer
la realidad de los campesinos, por citar un grupo, que vieron mermados sus
ingresos por la invasión de sus tierras o la inflación. De todos modos, a fines del
S.XVIII el contrabando perjudicó la producción local –que pone en entredicho
nuevamente la tesis de bonanza. Es claro que depende de la óptica desde la cual
observemos-.
Los ejércitos americanos se componían de oficiales criollos y como la
extensión del Imperio excedía la capacidad de administración de la Corona, se
necesitó de las milicias –que contaba con criollos y mestizos- para la defensa
imperial y la seguridad interna. La presencia de criollos y de las élites significaba
una amenaza para el control que pretendía ejercer la Corona –tuvieron que echar
mano del ejército regular para ese fin- a la vez que los criollos no estaban
conformes con el ingreso de los mestizos a las milicias.
La movilidad social permitida a los peninsulares también molestaba a los
criollos. Por otro lado, las rebeliones populares –bandidaje social, por ejemplo-
que asolaron Hispanoamérica se relacionaban con tensiones sociales que no eran
nuevas y con la reivindicación de un pasado considerado mejor –no eran
independentistas-.
Finalmente, la invasión napoleónica de Portugal y España (1807-1808) fue
significativa porque fue realizada por Francia, aliado político de España; de modo
que fue una traición que le valió el rechazo de los españoles provocando el
conocido vacío de poder –matizado por la instalación de las Cortes en Río de
Janeiro-. La soberanía recayó en la sociedad: en América se juró fidelidad al rey
prisionero y se intentaron juntas –a cargo de las élites y el pueblo urbano- en
representación de éste. Carecían de legalidad y por tanto, eran revolucionarias,
fundadas en la insurrección popular y en ruptura con la práctica absolutista de
poder (Guerra, 2003: 127) El hundimiento del absolutismo trajo consigo la
multiplicación de las formas de sociabilidad modernas y de impresos con fines
patrióticos, producto de la desaparición de la censura.

2)   El liberalismo brasileño era un movimiento a favor del federalismo provincial.


Algunos liberales incluso propusieron dividir al Imperio en dos o tres países
independientes y la mayoría de ellos apoyaba la esclavitud. Halperin Donghi
consideraba que representaba a las aristocracias regionales (la azucarera del
norte o las ganaderas del centro y del extremo sur) y se oponía al
conservadorismo urbano que era la expresión de los pequeños y medianos
comerciantes portugueses de los puertos y de funcionarios que habían heredado
la mentalidad del antiguo régimen. Esto es interesante porque en esos dos ejes es
que se van a situar las tensiones y reivindicaciones en el período estudiado
producto de las diferentes situaciones en que vivían y diferentes objetivos.
El sentido de las ideas liberales varió según los grupos que hicieron uso de
ellas. Las tesis liberales encontraron lugar en Brasil cuando el sistema colonial
tradicional fue criticado por no dar respuesta a las nuevas exigencias –coincide
con la crisis del absolutismo, del mercantilismo y la emergencia de nuevos grupos
burgueses-: los viejos monopolios eran obstáculos para quienes querían
intensificar la producción.
El liberalismo brasileño estuvo lejos de ser una copia del europeo: los
portadores de las ideas liberales fueron los personajes rurales y su clientela y no
los burgueses –como ocurrió en Europa-. Asimismo, el liberalismo brasileño
estuvo estrechamente relacionado a la Iglesia.
El liberalismo se plasmó en la Constitución que vio la luz en 1824.
Garantizaba libertades individuales e igualdad ante la ley aunque la mayoría de la
población era y siguió siendo esclava. Aseguraba libertad de pensamiento,
seguridad individual e independencia de la justicia –en la práctica fue administrada
por los grandes propietarios-. También abolía la tortura –lo cual no implica que
haya dejado de existir-.
En relación a los alcances del liberalismo y también sus limitaciones, Viotti
plantea diferentes tipos de liberalismo brasileño; entendiendo que fue un
instrumento de lucha contra la metrópoli, los privilegios aristocráticos, los
monopolios y las restricciones de los peninsulares. Asimismo, se trató de un
movimiento liderado por los propietarios –rurales-, ligado a la economía de
exportación –con lo cual, carecerá de carácter popular-.
>Liberalismo heroico –soberanía del pueblo, libertad, igualdad-. Sucede que
se confunden las reivindicaciones del pueblo urbano miserable (artesanado) y los
esclavos con las de las élites rurales bajo el disfraz de una utopía universal donde
los objetivos de las élites aparecían como objetivos comunes –claramente nunca
tendrían los mismos propósitos-.
>Liberalismo antidemocrático: la intención de los diputados de la
constituyente va a ser limitar ese liberalismo. Entonces se trata de liberales,
antidemócratas y antirrevolucionarios, temerosos de levantamientos esclavos.
Esclavos, mulatos, mujeres, algunos religiosos y libertos seguirán marginados del
carácter de ciudadano –contradicción con lo que pregona el liberalismo-.
>Liberalismo moderado: monarquía constitucional, considera que el poder
monárquico es el poder aglutinador por excelencia y el único capaz de salvar la
unidad nacional. Pretenden abolir el carácter medieval de la justicia y evitar el
entrometimiento estatal en la vida económica. Pocos cambios sociales.
>Liberalismo radical: combate los privilegios aristocráticos, plantea una
especie de reforma agraria, considera la esclavitud y la discriminación racial. Su
forma ideal de gobierno es la federación democrática.
>En Brasil triunfa un liberalismo regresista, porque las aspiraciones de las
élites rurales son las que terminan primando y si bien se produce algún cambio en
lo político, social o económico, la estructura de la sociedad se mantendrá igual.
Lo que está claro es que la principal limitación del liberalismo se debe a que
un sector quiere conservar la esclavitud al tiempo que ésta ya había dejado de ser
rentable, transformándose en una mano de obra costosa. Este marco se
contradice con el liberalismo como doctrina, donde la igualdad y libertad son sus
ideas centrales –aunque está claro que, como dijimos antes, cada sector echa
mano y construye un liberalismo acorde a sus necesidades y objetivos-.

3) El motivo de que la isla demandara tan tardíamente la independencia no


debe buscarse sólo en las estructuras sino también en las coyunturas. No implica
negar la existencia de intentos independistas sino decir que estos fueron acallados
debido a la gran prosperidad económica de la isla. Las razones de esta
prosperidad responden a las reformas borbónicas, al aislamiento del clima
revolucionario continental, a la recepción de emigrados españoles y franceses, al
fantasma de Haití y al refuerzo de defensa de la isla por parte de España.
El tardío camino hacia la independencia está marcado por los avatares de
un movimiento que surge siendo autonomista y reformista pero que sobre la
marcha se vuelve independentista y cuyas demandas también varían.
Como factores centrales, nos situamos en la mitad del S.XIX donde se
observa un aumento de la demanda azucarera que requirió un proceso de
modernización que dividió el trabajo del azúcar en dos momentos –trabajo en el
campo y trabajo industrial-. Consecuentemente, y producto de los nuevos ritmos
impuestos por las máquinas, se puso en discusión la mano de obra esclava –baja
natalidad, alta mortalidad, incapacidad para reproducirse por sí misma producto de
la desigualdad sexual-. Gran Bretaña presionaba para la abolición –lo cual no
implicó el fin del comercio ilegal de esclavos-. A la postre, la esclavitud dejó de ser
rentable producto de las transformaciones del sector productivo.
Hacia 1860 hay un nuevo punto de inflexión: aparece la competencia de la
remolacha azucarera y la incorporación de nuevos espacios productivos al
comercio internacional. La élite económica cubana exige libertad de comercio,
revisión de cargas fiscales, autonomía, participación en la política y abolición
gradual de la esclavitud. Los peninsulares se negaban, considerándolo un paso
hacia la independencia y teniendo, como dijimos antes, presente el fantasma de
Haití.
La situación se complejiza en 1867 con una profunda crisis económica y
una situación política en España desfavorable. Los plantadores de las islas
orientales no pueden pagar el nuevo impuesto propuesto por la Isabel II y no lo
hacen; mientras que la porción occidental sí. Estalla en la parte oriental una
rebelión contra el gobierno y la desigualdad entre ambas partes de la isla a cargo
de Céspedes. Hasta acá se trata de un movimiento autonomista y reformista, no
abolicionista, a pesar de que pretende la independización de los esclavos. La
figura del patrón remplaza a la del amo y entonces la sociedad cubana asiste a
una relativa libertad –comparada con la situación en Brasil-. Lo que queda claro es
que una legislación o un reconocimiento formal no alcanza para cambiar de plano
una realidad tan arraigada como lo es el esclavismo. Para eso el movimiento
tomará otra tónica con nuevos actores como José Martí, Maceo y Gómez –a cargo
del movimiento luego de la muerte de Céspedes-; que abogan por una abolición
de la esclavitud sin compensación económica, justicia e igualdad para todos los
que habiten el suelo cubano así como el pedido de convertirse en una república
económica y políticamente independiente.
Sin detenerme en la Guerra de los Diez Años y entendiendo que su
descripción en esta consigna no hace al sentido de la respuesta, en 1898 se firma
la paz y finaliza el dominio español en Cuba pero Estados Unidos desconoce el
gobierno patriótico por lo que instala un gobierno militar durante tres años. En
1802 se inicia un gobierno liberal y le dan a EEUU la autorización para intervenir
las islas de ser necesario.