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LA REVOLUCION FRANCESA

El escenario social y económico previo a la revolución

Son múltiples las interpretaciones sobre la Revolución francesa que buscan explicar las
razones que la generaron. Están aquellos autores que sostienen que fue una revolución
producto del hambre y la miseria, otros que señalan lo contrario que quienes fueron los que
la impulsaron fueron los sectores prósperos. La historiografía republicana la exaltó por ser
el modelo de las republicanas democráticas que se afianzan como nuevo horizonte político.
Quienes adscriben al marxismo, la han visto como esa revolución social producto de una
lucha de clases entre una aristocracia decadente y la burguesía ascendente que promueve el
fin del feudalismo y el ingreso de Francia a la sociedad capitalista. Dentro de esa misma
corriente marxista están aquellas interpretaciones que rescatan esa historia “desde abajo”
recuperando las acciones de los campesinos y los sectores populares urbanos. La
historiografía que adscribe al conservadurismo la presenta como el peor error de la historia
del pueblo francés que rompió con su pasado, su historia, su tradición católica y
monárquica. Los liberales han destacado una de sus etapas, la girondina moderada como la
que plasma las garantías de libertad e igualdad ante la ley y una monarquía limitada,
programa político al que adscribirá a lo largo del siglo XIX. La historiografía revisionista
de los años setenta del siglo XX, la interpretó –cuestionando la interpretación a la que
llamo “vulgata marxista”- como una revolución estrictamente política producto de
enfrentamientos entras las elites, dejando de lado todo contenido social y económico. En el
fondo esta interpretación lo que cuestiona es la idea de que la revolución social es el motor
de la historia al promover el cambio. Según los revisionistas, Francia no necesitaba de una
revolución de ese carácter porque indefectiblemente su sociedad y su economía iba rumbo
al advenimiento del capitalismo y a la centralización estatal. Y, finalmente -como
desprendimiento de esta interpretación- encontramos los análisis de la “cultura política”,
según Lynn Hunt, de papel de los símbolos, imaginarios, lenguajes, prácticas culturales que
dan cuenta de la desacralización de la figura del rey y del surgimiento de una tradición
republicana y democrática.1
Más allá de esas controversias, sabemos que Francia, previo a los años de la revolución,
atravesó por una crisis económica y financiera. Una serie de malas cosechas colocaron a la
mayoría de la población campesina y de los sectores populares urbanos al borde de la
inanición. A esto se le sumaba la crisis financiera desatada, en parte, por la participación de
Francia en la guerra de independencia de Estados Unidos, sumada a las dificultades del
fisco en cobrar los impuestos. La negativa del clero y la nobleza a pagar impuestos, la
necesidad del estado de hacerse de ellos y la presión consiguiente sobre los integrantes del
tercer estado (burgueses y sectores populares urbanos y campesinos en sus diversas
manifestaciones), para que mantuvieran con su aporte al erario público, profundizó el
malestar social precipitando la crisis revolucionaria. Los privilegios honoríficos, como el
ingreso a los cargos públicos y la imposibilidad para los miembros del tercer estado de
sobrepasar el cargo de oficiales del ejército, confirmaba que la discriminación social no se
correspondía con el nivel de ingresos. La guerra de los siete años y el apoyo a la
independencia de las Trece Colonias de América del Norte habían dejado al Estado francés

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Lynn Hunt, “Prólogo” a Mona Ozouf, Festivals amd French Revoution. Trad. Alan Sheridan (Cambridge,
Mass, 1988), pp, IX-X.
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al borde de la bancarrota. El déficit era crónico, la intervención en América se había


financiado con préstamos.
En 1789 la deuda acumulada era de 325 millones de libras, más del 50% de los ingresos
previstos por el Estado, una situación que duraba décadas. Los intentos de los ministros de
finanzas de repartir la carga impositiva haciendo tributar a los estamentos privilegiados,
chocaron con la oposición de los estamentos privilegiados, pero teniendo en cuenta el
aumento del coste de la vida, era imposible sobrecargar al tercer estado con más impuestos.
La nobleza representaba el 1.5% de la población, unas 350.000 personas. Desde comienzos
del siglo XVIII estaba en decadencia, no dejaba de empobrecerse. Sus recursos dependían
de percibir derechos feudales que estaban obligados a pagar los campesinos. Si eran
percibidos en dinero, en base a tarifas establecidas hacía siglos, perdían valor debido al
aumento de los precios y el coste de la vida, constantes desde el siglo XVII. La aristocracia
provinciana vegetaba en sus tierras, mientras que la nobleza de Corte se arruinaba en
Versalles. La reacción de la nobleza fue violenta, ponían en vigor antiguos derechos caídos
en desuso y se apropiaban de tierras comunales, mientras acaparaban cargos en el ejército y
la administración. En esta carrera competía con la burguesía. Por otro lado, no formaba un
cuerpo homogéneo consciente de sus intereses colectivos.
La baja nobleza y la nobleza provincial, empobrecidos, atacaban el absolutismo que les
excluía de los puestos de la Corte, añorando el retorno a viejos tiempos. La nobleza de
Corte, pedía reformas, así como algunos grandes señores liberales.
Por su parte, el otro orden de los privilegiados, el clero estaba compuesto por unas 120.000
personas. La propiedad del clero representaba aproximadamente un 10% del total. El
diezmo era universal y gravaba las tierras de la nobleza, las propiedades personales de los
clérigos y las tierras de los campesinos. Su valor se duplicó a lo largo del siglo XVIII Esto
se añadía a las rentas obtenidas por la tierra. Se ha calculado que el total de las rentas
percibidas por la Iglesia era de unos 250 millones de libras anuales. Su contribución al
Estado, el don anual, era de unos 3.5 millones de libras que, durante el siglo había caído en
descrédito por la desvalorización de la moneda. Las rentas del clero regular iban a parar a
abades ausentes, de origen laico nombrados por el rey. El alto clero se reclutaba entre la
aristocracia, mientras que el bajo clero procedía del tercer estado. En sus filas se oponían
nobles y campesinos, aristocracia y burguesía, alto y bajo clero. El bajo clero estaba más
cercano al pueblo y conocía sus dificultades. Como se ha dicho, en la clase anterior, así
comola Ilustración no fue una cruzad intelectual unificada que socavara por sí sola los
supuestos fundamentales del Antiguo Régimen, tampoco la Iglesia católica fue un monolito
que sustentara siempre el poder de la monarquía. Algunos de los prelados fueron filósofos
prominentes como Mably, Condillac, Turgot, entre otros.

Finalmente, el tercer estado comprendía a las clases populares rurales y urbanas (estos
últimos conocidos como sans culottes). Campesinos, artesanos y burgueses, estaban unidos
por su oposición a los privilegios. La burguesía era la clase predominante dentro del tercer
estado. También estaba segmentada pero que, a lo largo del siglo XVIII, aumentó de unos
700.00 en 1700 a aproximadamente 2,3 millones en 1780. La burguesía estaba constituida
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por rentistas, que vivían de sus capitales o de las rentas de la tierra, el grupo de la media
burguesía: funcionarios, profesiones liberales, los artesanos y comerciantes; por último, la
alta burguesía, grandes financieros, manufactureros y comerciantes, empresarios en el
sentido dado por Adam Smith. Fue entre la media burguesía donde el tercer estado encontró
a sus principales intérpretes, principalmente entre los hombres de leyes, artífices de la
revolución en primera instancia. Las condiciones de existencia de las clases populares
urbanas (16% del total) se agravaron durante el siglo XVIII. La subida de precios era
desproporcionada en relación con el aumento de los salarios. Labrousse atribuye al gasto en
pan como mínimo la mitad de la renta popular, pero el coste de la vida aumentó un 45%
entre 1785-89 y un 62% entre 1785-89. El salario real disminuyó un 25% entre 1726 y
1789. El hambre movilizó a los sans culottes. Por su parte, el campesinado eran unos 20
millones sobre un total de 25 millones de pobladores en Francia. Poseía tierras, un 35% del
total, pero la propiedad que correspondía a cada campesino solía ser insuficiente fuera en
propiedad o arrendada. Frecuentemente los campesinos necesitaban buscar trabajos
asalariados para complementar sus recursos. La mayoría eran libres, si bien los siervos
seguían siendo numerosos (un millón en el Franco-Condado) y estaban sometidos a la
mano muerta, el pago de derechos si querían heredar las tierras paternas. Los jornaleros
eran un proletariado rural cada vez mayor sometidos a las mismas dificultades que las
masas urbanas. La explotación tradicional del suelo permitía compensar la falta de tierras.
Los derechos colectivos tales como la explotación de pastos comunales solo eran
rechazados por los campesinos ricos y los rentistas burgueses. Los campesinos cargaban
con el peso de todos los impuestos: los impuestos reales sobre la tierra (tributo real,
capitación y vigésimo), las prestaciones personales para conservación de caminos y milicia,
y los impuestos indirectos (gabelas y aduanas interiores) se sumaban al diezmo y a los
impuestos señoriales. Por su heterogeneidad, estaba dividido y enfrentado en su interior,
pero era unánime en su oposición a los privilegios del clero y la nobleza.

El proceso político de la Revolución Francesa:

La rebelión de la nobleza (1787-1788)


Lo primero a saber es que la revolución tuvo su punto de inicio con el levantamiento de los
notables, un episodio no tan ajeno a lo que había sido la historia de la consolidación del
poder monárquico en Francia en el siglo XVII.
La crisis económica y financiera por a que atravesó Francia a mediados del siglo XVIII,
producto del apoyo económico y militar a las Colonias de América Latina en su guerra
contra la metrópoli británica, y la crisis agraria, llevó a que Luis XVI designara como
ministro de hacienda a un economista burgués, Necker. La solución que encontró el nuevo
ministro para sanear ese déficit financiero de las arcas del Estado, fue la de ampliar la
percepción de los impuestos. Sabía que, en medio de la crisis agraria y el aumento de
precios, no podía aumentar los impuestos al tercer estado –de modo muy particular, a los
campesinos-. Su salida fue promover como solución definitiva que la nobleza y el clero
también debían tributar. Aquella medida fue percibida como el último golpe de esa
monarquía absoluta en contra los privilegios que históricamente había tenido el primer y el
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segundo estado. La respuesta de los privilegiados no se hizo esperar, exigieron al rey la


inmediata renuncia del ministro. La respuesta de Luis XVI, fue la de designar a un nuevo
ministro, Calonne, que presentó un plan ante una Asamblea de Notables en 1787,
retomando la propuesta de Nécker- con el que pretendía crear un impuesto progresivo y
proporcional a las propiedades territoriales, incluyendo las de la nobleza y el clero. Su plan
incluía medidas para estimular la producción, como eliminar las aduanas interiores. La
oposición de ambos estamentos precipitó también la caída de Calonne. El nuevo ministro,
Brienne, avanzó con la disolución de la Asamblea de Notables y convocó al Parlamento de
París, chocando con la misma oposición pues estaba dominado por la nobleza. Finalmente
recurrió al pedido de un préstamo, pero necesitaba la aprobación del Parlamento, que solo
cedió ante la promesa de convocar Estados Generales (la reunión de los tres estados) el 1°
de mayo de 1789, convocatoria que no se realizaba desde el reinado de Enrique IV. La
reforma finalmente se impuso mediante edicto de Luis XVI, pero llegaba demasiado tarde,
ante las agitaciones de la nobleza y el clero, Brienne dimitió. El rey llamó de nuevo a
Necker y se mantuvo la convocatoria de los Estados Generales.

La reunión de los Estados Generales (1788-junio 1789)


La convocatoria fue acogida con entusiasmo por el tercer estado. Hasta entonces había
seguido a la aristocracia en su rebelión contra el absolutismo, pero la convocatoria de los
Estados Generales movilizó a la burguesía, que organizó la propaganda en torno al Partido
Patriota. Comenzó a desplegarse una nueva cultura política en torno a la circulación de
panfletos, la prensa y las asambleas con el fin de extender sus peticiones al Rey que se
centraron en exigir un número proporcional de representantes –en función de que eran una
mayoría en aquella sociedad- En la práctica, eso implicaba conseguir imponer el voto por
cabeza y no por orden, puesto que implicaba que la nobleza y el clero votarían juntos y no
prosperaría a reforma tributaria que se promovía. Obviamente los privilegiados se
opusieron.
La preparación para la reunión de los Estados Generales se produjo en un clima de crisis
social provocado por las malas cosechas. El paro y el precio de los granos aumentaban lo
que llevaba a que los motines y disturbios se multiplicaron, sobre todo en la ciudad done
los sectores populares (conocidos como los sans culottes por usar pantalones largos)
exigían que se fijase el precio del grano.
El reglamento electoral favorecía a la burguesía, puesto que los representantes del tercer
estado eran elegidos por sufragio indirecto, con dos votaciones en el campo y tres en las
ciudades. Además solo podían votar los varones mayores de edad y con títulos de
propiedad. Las peticiones de los campesinos y de los sans-culottes se recogían en los
llamados Cuadernos de Quejas, un recurso al que había apelado la Monarquía para
supuestamente ejercer justicia, otorgando concesiones a esas peticiones. Cuando se lee
detenidamente esas peticiones se advierte que hay dos lenguajes políticos que se
superponen, uno que hace referencia al buen Rey, a su justicia como soberano y, otro, que
expresan sobre todo los burgueses letrados que hacen referencia a términos como nación,
opinión pública, ciudadanos. En realidad, fueron estos sectores sobre todo los que
protagonizaron los debates siendo elegidos como representantes, arrastrando el voto de
campesinos y artesanos.
Los cuadernos de quejas son una fuente de primer orden para conocer la situación del
antiguo régimen. Los tres estamentos estaban en contra del absolutismo, reclamaban una
Constitución que limitase los poderes del rey, hiciera las leyes y votase los impuestos, pero
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los estamentos privilegiados defienden su posición, mientras que los del tercer estado
reclaman la igualdad civil íntegra, el fin de los derechos feudales y de los diezmos.
Entre mayo y junio de 1789, se reunieron los Estados Generales. La nobleza y el clero
aparecían divididos, incapaces de formar un bloque unitario capaz de defender en bloque
los privilegios. El tercer estado, por el contrario, estaba representado por una burguesía con
un programa definido.
Sin embargo, pese a que el rey había accedido a duplicar los representantes del tercer
estado, la votación se iba a realizar por estamentos. La duplicación no significaba nada si se
mantenía el voto por estamentos, de manera que tras dos días de reuniones los diputados del
tercer estado rehusaron el voto por estamentos e hicieron un llamamiento a la nobleza y el
clero a sumarse a la constitución de una asamblea. Algunos párrocos se sumaron a esta
desde el 10 de junio de 1789. El 17 de junio se constituyó la Asamblea Nacional, pero el
rey Luis XVI decidió anular las decisiones de la Asamblea y cerraba la sala de los Estados
Generales. Los diputados del tercer estado se reunieron en la sala del Juego de Pelota,
donde todos se comprometieron a no separarse hasta haber establecido una Constitución. El
rey ordenó a los representantes del tercer estado ocupar sus cámaras, pero estos se negaron,
apoyados por algunos representantes del clero. El rey ordenó a su guardia disolver a los
diputados, pero no encontró el apoyo de la nobleza disgustada con sus decisiones. El rey
tuvo que claudicar y aceptó una serie de concesión: la aprobación de los impuestos y el
reconocimiento de libertades individuales, incluida la de prensa. La nobleza y el clero
debieron sumarse a la Asamblea Nacional.

Primera Etapa: Los tres escenarios de la Revolución de 1789 a 1791

a) La revolución popular (julio 1789)


El 9 de julio de 1789 se proclamaba la Asamblea Nacional Constituyente. Aparentemente
se había conseguido sin violencia una revolución a nivel jurídico gracias a la suma de
fuerzas de los diputados del tercer estado, el bajo clero y la facción liberal de la nobleza.
Ante la inminente reunión de la Asamblea Constituyente, el rey llevó 20.000 soldados a las
afueras de París con la intención de disolver la Asamblea. El ambiente estaba caldeado por
la subida de precios y el paro. Corrió el rumor de una conspiración de la nobleza para subir
los precios del pan. La decisión del rey de destituir a Necker, para ser sustituido por un
reaccionario declarado precipitó la rebelión. Se formó una milicia burguesa en París y
grupos de sans culottes amotinados recorrieron la ciudad buscando armas. El 14 de julio
estalló la insurrección popular. Las noticias de la destitución de Necker llegaron a París
en la tarde del domingo 12 de julio. Los parisinos supusieron, en general, que la destitución
marcaba el inicio de un golpe de Estado por parte de los elementos más conservadores de
la Corte. Los liberales temieron que la concentración de tropas reales llevadas a Versalles,
provenientes de las guarniciones fronterizas, intentarían clausurar la Asamblea Nacional
Constituyente (que se reunía en Versalles). Las masas se arremolinaron por todo París,
llegando a juntarse 10 000 personas en torno al Palais Royal. Camille Desmoulins,
conocido francmasón de la logia de las Nueve Hermanas, concentró a una gran
muchedumbre, subido a una mesa y con una pistola en la mano, al grito de:
¡Ciudadanos, no hay tiempo que perder; el cese de Necker es la señal de la Noche de San
Bartolomé para los patriotas! ¡Esta noche, batallones de suizos y alemanes tomarán el
Campo de Marte para masacrarnos; sólo queda una solución: tomar las armas!
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En Hôtel de los Inválidos, la muchedumbre se hizo con 32000 fusiles y asaltaron la Bastilla
La importancia de la toma de la Bastilla se debe a su valor simbólico representando el
derrumbamiento del poder absolutista de la monarquía francesa, pero no fue un acto tan
relevante política y estratégicamente como se suele presentar por la historiografía
romántica. La Bastille había sido durante años la cárcel de muchas víctimas de la
arbitrariedad monárquica. Allí se encarcelaba sin juicio a los señalados por el Rey con una
simple lettre de cachet. Era una fortaleza medieval en pleno París, cuyo uso militar ya no se
justificaba. En los Cuadernos de quejas de la ciudad de París ya se pedía su destrucción, y
el ministro Necker pensaba destruirla desde 1784 por su alto coste de mantenimiento. En
1788 se había decidido su cierre, lo que explica que tuviera pocos presos en 1789. En el
momento de su caída, solo acogía a cuatro falsificadores: a un enfermo mental, a un noble
condenado por incesto y a un cómplice de Robert François Damiens, autor de una tentativa
de asesinato sobre Luis XV. La imagen revolucionaria ampliamente difundida del mito de
una prisión donde se pudrían las víctimas de la monarquía no corresponde por lo tanto con
el uso de la fortaleza en el momento de su toma, dado que la fortaleza había perdido en
parte su función de prisión de Estado. Pero refleja una realidad que sí había existido desde
el siglo XVII, cuando el Cardenal Richelieu empezó a utilizarla como cárcel de Estado
La guarnición de la Bastilla fue apresada y llevada al Ayuntamiento de París. En el camino,
Bernard-René de Launay, el alcaide de la Bastilla, fue apuñalado, su cabeza aserrada y
clavada en una pica para ser exhibida por las calles. Tres oficiales de la guarnición
permanente de la fortaleza también fueron asesinados por la muchedumbre durante el
trayecto. Estos y dos guardias suizos fueron los únicos militares fallecidos, ya que el resto
de la guarnición fue protegida por la Guardia Francesa para que más tarde o más temprano
fueran liberados y pudieran volver a sus regimientos. En el Ayuntamiento, la muchedumbre
acusó a Jacques de Flesselles (maestro artesano que, en una de las tantas asambleas
reunidas en la ciudad para discutir lo que se exigiría en las reuniones de los Estados
Generales se había manifestado en contra del aumento de los salarios de los oficiales
artesanos) de traición. Se improvisó un juicio aparente en el Palais Royal y fue también
ejecutado.
La guardia burguesa adoptó el nombre de Guardia Nacional. Aquella jornada se convertiría
en la fecha emblemática de la Revolución Francesa La revolución se extendió durante un
mes por Francia, surgieron asambleas municipales, los intendentes fueron suprimidos. Se
suspendió el cobro de impuestos indirectos.

b) El levantamiento del campo: El Gran Pánico. (Finales julio 1789)

Durante toda la primavera habían sucedido levantamientos en el campo en distintos lugares.


La toma de la Bastilla fue decisiva. Los campesinos se lanzaron a la revolución en 4
regiones. Pretendían abolir los derechos feudales y el medio más seguro era incendiar los
castillos con sus archivos. La revolución en el campo fue esencialmente antinobiliaria. Los
rumores aumentados procedentes de París movilizaron a los campesinos que atacaron los
castillos nobiliarios. Los campesinos organizaron comités armados, haciéndose con los
poderes locales.
Pronto surgió un antagonismo entre los burgueses y los campesinos. Los rentistas eran
propietarios de señoríos y la rebelión campesina iba en contra de sus intereses. La represión
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fue sangrienta, ante la amenaza de la revolución social se reforzó la alianza de la burguesía


y la nobleza contra los campesinos. En todo caso, el régimen feudal no sobrevivió a la
rebelión campesina de julio de 1789.

Podríamos decir que revolución se desplegaba en tres escenarios que tenían cierto grado de
autonomía en sus acciones, aunque claramente iban marcando el rumbo de las medidas que
se tomaban en la Asamblea reunida en París: a) el escenario institucional de la Asamblea
Constituyente, b) la revolución de la muchedumbre en las ciudades; c) el gran pánico o gran
miedo, producto del levantamiento de los campesinos.

c) Las repuestas institucionales: el programa de la burguesía liberal en la Asamblea


Constituyente (1789-1791):

El 4 de agosto de 1789 la Asamblea, dándose cuenta de los peligros de la política de


represión, cedió en las reivindicaciones campesinas. Nobleza y clero abjuraron de los
privilegios. (El clero luego retrocedió y siguió cobrando el diezmo hasta 1790). Se avanzó
hacia la abolición del régimen feudal al suprimirse por decreto los privilegios y el régimen
feudal en Francia, pero en la práctica estos decretos definitivos tuvieron fuerte limitaciones:
Los campesinos quedaron liberados de la servidumbre, pero no sus tierras, por las que
seguían tributando.
No se exigía a los señores pruebas sobre la posesión de la tierra.
Las tierras de los campesinos debían ser amortizadas, lo cual era imposible en el caso de
los campesinos pobres.
El sistema feudal quedaba abolido en teoría, en la práctica no sería abolido por completo
hasta la Asamblea legislativa y la Convención.
Las diferencias, los privilegios y los particularismos quedaban abolidos.
El territorio francés quedaba unificado y todos los franceses tenían los mismos derechos y
deberes, acceso a los mismos empleos y pagando los mismos impuestos.

Una conquista en términos de derechos fue la que se consiguió el 26 de agosto de 1789 con
la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Los asambleístas se inspiraban
en los filósofos ilustrados, a lo largo de 17 artículos exponen los fundamentos de unos
derechos universales en los que se expresa la ideología de la burguesía y se sientan las
bases de un orden social nuevo aplicable no solo a Francia, sino a la humanidad entera.
La declaración de los derechos se puede resumir en los siguientes aspectos:
El Estado tiene como objeto garantizar el cumplimiento de los derechos naturales. Estos
son: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
La igualdad solo puede ser jurídica, se supedita a la libertad.
La soberanía es nacional.
Los poderes deben estar separados.
La ley es expresión de la voluntad popular.
Libertad de opinión, incluso religiosa.
La propiedad es un derecho, inviolable y sagrado.
En septiembre, los nobles partidarios del antiguo régimen protagonizaron un nuevo intento
de resistencia. El rey se negó a sancionar los Decretos del 5 al 11 de agosto y la declaración
de derechos. La revolución estaba de nuevo en peligro, pero de nuevo las masas
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presionaron. Una provocación en un banquete de guardias de corps fue lo que provocó la


insurrección popular de las jornadas de octubre. El rey fue sacado de Versalles y llevado a
la Asamblea, que le declaró inseparable de esta. La insurrección popular garantizó el
triunfo de la burguesía y provocó una nueva oleada de emigrados que preparaban la
contrarrevolución.
Desde octubre la labor de la Asamblea se centró en tres líneas de actuación:
Gobernar el país. Fue dividido en 83 departamentos. Descentralización.
Destruir las instituciones del Antiguo Régimen.
Redactar una Constitución.

Producto de esa labor se tomaron una serie de medidas económicas de corte liberal, pese a
que las clases populares manifestaban una opinión claramente antiliberal. Así las
propiedades de las tierras fueron declaradas libres, pero los campesinos debían amortizar
las suyas a los señores, mientras que estos no tenían necesidad de presentar títulos
justificando posesión durante 20 años. Solo redimieron sus tierras los campesinos ricos y
los burgueses, ya que no se previó ningún sistema de crédito. Ante las agitaciones
campesinas, la Asamblea dejó los derechos comunales como estaban, y estos sobrevivieron
durante buena parte del siglo XIX. Se sancionó la libertad de producción, suprimiendo las
corporaciones y los monopolios. La libertad de trabajo prohibiéndose las asociaciones y las
corporaciones. La ley Le Chapellier prohibía la asociación y la huelga en 1791. La libertad
de comercio, se unificó el mercado interior y se suprimieron las gabelas y los consumos,
pero el alza de precios fue imparable. Sin embargo, mantuvieron el sistema de monopolio
mercantilista en las colonias y los aranceles para los productos extranjeros. Se abolieron
los monopolios de las compañías comerciales, terminando con los últimos bastiones del
mercantilismo comercial.

Se promovió una racionalización de la administración y las instituciones se crearon 83


departamentos del mismo tamaño divididos en 36 comunas. Los ciudadanos elegían cada 2
años a sus representantes (notables). Los municipios eligen por sufragio directo, los
representantes del departamento por sufragio en dos grados.Se abolieron las innumerables
jurisdicciones del Antiguo Régimen y se creó una nueva jerarquía de juzgados. Los jueces
eran elegidos en cada departamento entre abogados. Por encima de la jurisdicción
departamental se situaban el tribunal nacional supremo y el tribunal de casación.
Se avanzó con la Reforma Civil del Clero, promoviendo que las propiedades de la Iglesia se
pusieron a disposición de la nación convirtiéndose en bienes nacionales. A cambio el estado
francés se hacía cargo de proveer el culto y una pensión de 1200 libras al año para los
párrocos (en el AR recibían 600). El clero regular fue suprimido en febrero de 1790. La
Constitución Civil del Clero reorganizó el clero regular. Un obispado por departamento,
obispos y sacerdotes eran elegidos en sus circunscripciones e investidos por superiores
franceses y no por el Papa. El Papa la condenó por impía, y solo 8 obispos la juraron. Los
sacerdotes juraron aproximadamente la mitad, pero concentrados en la región sudeste de
Francia. Los reaccionarios se concentraban al oeste.
Se creó una nueva contribución territorial después de abolir los impuestos feudales. Sin
embargo el sistema, aunque coherente, tardó en funcionar, lo que impulsó a tomar dos
nuevas medidas revolucionarias: la amortización de los bienes del clero y la creación del
asignado. Los bienes del clero, convertidos en bienes nacionales, se subastaron a través de
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un papel moneda recién creado, el asignado. El pequeño campesino quedó defraudado, la


venta de los bienes de la Iglesia reforzó la situación existente más que repartir la tierra entre
los campesinos. Sin embargo, la Asamblea pretendía atraerse el apoyo de una base
campesina, por lo que permitió el pago en 12 anualidades con un interés del 5%. En algunas
regiones los campesinos se agruparon para comprar las tierras, y en otras como Cambresis,
Laons o Lyon, los campesinos compraron más tierras que la burguesía. En algunos lugares
se apaleó a los especuladores para expulsarlos.
Raramente adquirieron tierras los campesinos pobres o los jornaleros. El problema agrario
continuó.

Finalmente se sancionó la Constitución de 1791, la primera constitución escrita de la


historia francesa, fue promulgada por la Asamblea Nacional Constituyente el 3 de
septiembre de 1789 y aceptada por Luis XVI. Contenía la reforma del Estado francés,
quedando Francia configurada como una monarquía constitucional. La Constitución
estableció que la soberanía reside en la nación y ya no en el rey, que se titula "rey de los
franceses". Proclama la libertad de pensamiento y de prensa, y la libertad religiosa.
Suprime la nobleza y las distinciones hereditarias, las órdenes de caballería, las
corporaciones y gremios, y establece el libre acceso a los oficios y funciones que hasta
ahora se reservaban a la nobleza o se heredaban. El mantenimiento de los lugares de culto
pasa a depender del Estado que remunerará a los religiosos. Garantiza la inviolabilidad de
la propiedad privada. Crea un servicio de instrucción pública para proveer a los ciudadanos
con una educación básica libre y gratuita. Crea también un establecimiento público de
beneficencia para encargarse de los niños huérfanos y cuidar de las personas con
discapacidad. Se instaura la división de los poderes ejecutivos, legislativos y jurídicos.

 La elaboración de las leyes correspondía a una Asamblea Nacional Legislativa


(Francia). Votaba las leyes, los impuestos y declaraba la guerra, con aprobación del rey.
 El poder ejecutivo quedaba en manos de la monarquía, el rey tiene el poder de
nombrar y destituir a los ministros.
 El poder judicial se otorgaba a unos tribunales independientes.
Se declara la igualdad de los ciudadanos ante los impuestos, que serán proporcionales a las
propiedades e ingresos. El sistema fiscal también fue modificado: se eliminaron
los impuestos indirectos y se implantaron impuestos directos, cuya cantidad dependía de
la riqueza que se poseyera (ya fueran tierras, propiedades urbanas o negocios industriales o
comerciales). El sistema de elección de los diputados de la Asamblea Legislativa era el
siguiente: se clasificaba a los varones franceses (las mujeres quedaron excluidas de
la ciudadanía) en "ciudadanos activos" (los que pagaban impuestos directos equivalentes a
3 días de trabajo, tuviesen más de 25 años y residieran desde hacía más de un año en su
comarca) y "ciudadanos pasivos" (quienes no pagasen impuestos). Solo los "ciudadanos
activos" elegían a los electores de su departamento. Dichos electores eran quienes escogían
a los diputados provinciales para la asamblea. En 1791, Francia contaba con 4. 298. 360
ciudadanos activos que representaban 61 % de los hombres y 15 % de la población total. A
este tipo de elección se le llama censitaria (sólo pueden votar los más ricos) e indirecta,
puesto que los diputados no son votados directamente por todos los que tienen derecho al
voto, sino a través de sus representantes.
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La contrarrevolución y el impulso popular.

La oposición contrarrevolucionaria se concentraba en las fronteras y reunía las fuerzas de


los emigrados, los aristócratas y el clero refractario (el que no había jurado la Constitución).
Los emigrados intrigaban para lograr una intervención extranjera, los aristócratas
protagonizaron las agitaciones en el interior, junto al clero refractario que continuaba
celebrando el culto y lanzando a sus feligreses a las filas de la contrarrevolución. Mientras
tanto, los escritores anticlericales pedían la supresión del presupuesto del clero y el partido
democrático aumentaba sus simpatizantes con la multiplicación de clubs populares.
En la primavera de 1791 la agitación volvió a los campos y en las ciudades. Los demócratas
denunciaban el nuevo feudalismo de empresarios.
Luís XVI suplicaba en secreto a los reyes europeos su intervención a través de agentes
emigrados. Los reyes de Rusia, Prusia, Suecia y Cerdeña estaban dispuestos a intervenir. El
Papa se enfrentaba a Francia por Avignon, pero el Emperador y Gran Bretaña eran reacios a
intervenir. La huida del rey el 21 de junio de 1791 y su posterior captura en Varennes
supuso el entierro de la monarquía. En su proclama redactada antes de su huida y dirigida a
los franceses declaraba sus intenciones de unirse al ejército de emigrados y Austria y
marchar sobre París para disolver la Asamblea y restaurar su poder absoluto.
En París se asistió a la agitación de los sectores populares. El 17 de julio de 1791 una
concentración de la sans culloterie y del llamado club de los Cordeleros (burgueses más
radicales) que hacían una petición republicana fue tiroteada por la Guardia nacional sin
previo aviso en el campo de Marte. La represión posterior fue brutal: arrestos, cierre de
clubs (Cordeleros). El partido se escindió en dos grupos enemigos:
Constitucionales: (Cistercienses). Dispuestos a comprometerse con el rey y los
contrarrevolucionarios para salvaguardar lo conseguido y mantener la primacía de la alta
burguesía. Entre ellos líderes como Lafayette, Brissot.
En el exterior, las potencias europeas no intervinieron, tranquilos por la política de los
cistercienses. El rey finalmente firmó la Constitución.

La Asamblea Nacional Legislativa (1791-1792): la pugna entre los clubes políticos de


la burguesía

Se reunió por primera vez el 1 de octubre de 1791. Sus 745 diputados eran nuevos (no eran
los anteriores constituyentes), jóvenes en su mayor parte. En ese ámbito se libró la disputa
entre cuatro grupos políticos:
-Los Girondinos: burguesía propietaria procedente del departamento de la Gironda.
-Los Cistercienses: (nobleza liberal): 264 diputados. Agrupados en dos tendencias:
Seguidores de La Fayette y seguidores de Port Lameth. Partidarios de una monarquía
limitada. Representaban a la nobleza liberal y la burguesía liberal. El rey llama a gobernar a
ministros de estas tendencias.
Los Jacobinos: 164 diputado (Brissot y Condorcet encabezaban un grupo compuesto por
nacidos en la burguesía media). Algunos más extremos partidarios del sufragio universal
como: Carnot, Robespierre, Danton, Marat.2
2
En abril-mayo de 1789, un grupo de representantes del Tercer Estado en la asamblea de los Estados
Generales de 1789 empezaron a reunirse en lo que sería conocido como el "Club Bretón", un foro de debate y
reflexión en torno a los Cuadernos de quejas (Cahiers de Doléances), y a la preparación de los debates en la
asamblea. Su nombre se debe a que los primeros miembros del club eran diputados de la provincia de
11

El centro: 345 diputados independientes.

La Asamblea se enfrentó a varios problemas como la oposición del rey y las provocaciones
de los nobles emigrados en las fronteras. La agitación del clero refractario y los
levantamientos en el campo en contra del programa político que venía llevando la
Asamblea. La respuesta fue una sangrienta represión en el campo y el acercamiento de la
burguesía rica a la aristocracia. Los decretos sobre emigrados y refractarios intentaban
poner coto a su actuación.
La guerra fue finalmente provocada. Por un lado, era querida por el propio rey confinado en
las Tullerías, que esperaba que la guerra le restaurase en el trono absoluto, por otro, los
brissotistas esperaban que la guerra desenmascarase a los traidores. Solo una pequeña
minoría se oponía a la guerra, encabezados por Robespierre. Finalmente, con una figura
real totalmente desgastada se presentó una propuesta de declaración de guerra al rey de
Austria y Hungría (no al Imperio) y la Asamblea votó a favor. Comenzaban así 25 años de
guerras ininterrumpidas. La guerra mostró la insuficiencia de ejército. La mitad de los
oficiales había emigrado y el ejército, dividido entre tropas voluntarias y profesionales, solo
contaba con 150.000 hombres. El gobierno se descompuso ante la derrota, La Fayette,
derrotado se pasó a los austriacos.
La situación ante la guerra promovió una nueva insurrección el 10 de agosto de 1792 en
París y se extendió por el país. Se formó un directorio secreto en París dirigido por
Robespierre, que tomó la dirección de los jacobinos. El directorio representaba a una
federación de representantes nacionales. Finalmente, los desarrapados de París, los sans
culottes, dirigidos por los jacobinos tomaron al asalto las Tullerías y capturaron al monarca.
Luis XVI fue depuesto y se convocó una Convención elegida por sufragio universal
(votaban los varones mayores de 21 años, ya no se imponía la condición de que fueran
propietarios). Se hizo un llamamiento a los sectores populares para integrarse en la guardia
nacional, hasta entonces un cuerpo exclusivamente burgués. Con la entrada en escena de
los “desarrapados” y el sufragio universal, autores como Abert Soboul hablan de una
segunda revolución en la que se sientan las bases de una república democrática y popular.
En los días posteriores a agosto y hasta la reunión de la Convención, el poder se dividió en
tres autoridades que pugnaban por usurpárselo: La Comuna (gobierno municipal Parisino a
cargo de Danton), La Asamblea y el Consejo ejecutivo. Se impuso el gobierno de
excepción, la vigilancia y persecución de los sospechosos de simpatizar con los
contrarrevolucionarios. En septiembre se establecieron tribunales populares. La
reorganización del ejército y los llamamientos a la defensa de la patria dieron sus frutos en
la batalla de Valmy el 20 de septiembre de 1792, el ejército prusiano, el más prestigioso del
continente, era frenado por los desarrapados. El mismo día se reunía por primera vez la
Convención.

Bretaña, reunidos en torno a Isaac Le Chapelier y a Jean-Denis Lanjuinais. Pronto se les unieron miembros
del clero y diputados de otras regiones. Una vez constituida la Asamblea Constituyente, cambiaron su nombre
por el de "Société des Amis de la Constitution" (Sociedad de los Amigos de la Constitución) y se instalaron
en octubre del mismo año en el Convento de los Jacobinos, un antiguo convento de dominicos situado en la
calle Saint-Honoré de París. A partir de ese momento, sus oponentes políticos los llamaron jacobinos, en un
principio para ridiculizarlos, finalmente el grupo quedó fuertemente dirigido por tres influyentes miembros:
Danton que dominaba el escenario de la Comuna de París; Marat el más popular, periodista que agitaba a la
opinión pública. Y, Robespierre, que se movía en el ámbito de la Asamblea como gran orador.
12

Segunda etapa: la Convención Republicana 1792-1795: entre la república democrática


y el terror

1. La Convención girondina (sept 1792-jun 1793)

La Convención era una nueva asamblea constituyente elegida por sufragio universal, solo
ella representaba a la nación, detentando los tres poderes. Las tendencias políticas de los
diputados no deben ser confundidas con verdaderos partidos. Se distinguen tres:
La Gironda, que agrupaba a la alta burguesía, conservaba la mayoría con apoyo del centro
frente a la Montaña.
La Montaña, jacobinos representantes de la burguesía media y las clases populares (se los
apodaba así porque se sentaban en los escanios superiores de la Convención).
La Llanura o los Pantanos: el centro (se los llamaba así porque se sentaban debajo de la
Convención).

Fue esta Convención la que debió asumir el proceso a el rey que enfrentó a los girondinos
(partidarios de dar largas al proceso) y los jacobinos (partidarios de tomar una medida de
salud pública) en la persona del rey. El descubrimiento del armario de hierro en el que se
escondía la correspondencia secreta de Luís XVI precipitó su acusación. Fue declarado
culpable por voto unánime y condenado a muerte por 384 votos afirmativos frente a 334
negativos. Su ejecución se produjo el 21 de enero de 1793. Los girondinos intentaron salvar
al rey, creyendo que eso evitaría la intervención europea pero no pudieron lograrlo. Ante la
ejecución, las potencias europeas se lanzaron contra los regicidas.

Así comenzó la guerra y que llevó a la primera coalición de potencias europeas (desde
septiembre 1792 a marzo 1793). A las pocas semanas del triunfo de Valmy, los ejércitos
franceses ocupaban la orilla izquierda del Rhin, Saboya y Niza. Estos pidieron su anexión a
Francia, pero la política de la Convención iba dirigida a crear un cinturón de repúblicas. La
guerra fue declarada a Inglaterra y Holanda. La revolución tomaba un carácter ofensivo que
llevó a Gran Bretaña a promover la Primera Coalición (1793): Inglaterra, Austria, Prusia,
Piamonte, España. Agrupó en sucesivas alianzas a Gran Bretaña con todos los beligerantes
por medio de una serie de tratados. Se preparaba una lucha por la supremacía en Europa
entre Francia e Inglaterra que trascendía la ejecución del rey.
La crisis financiera continuó con la emisión de nuevos asignados, la crisis de subsistencia
se agravó con la subida del pan. Pese a que la cosecha había sido excelente, los campesinos
guardaban grano en vez de venderlo por papel moneda devaluado.
Los motines se agudizaron en París, donde los trabajadores exigían la tasa del precio del
grano. Desde marzo se agravó la crisis. El ejército había sido reforzado con una leva de
300.000 hombres, y los voluntarios asimilados al ejército regular por la ley de la amalgama.
Se impuso un préstamo forzoso a los ricos de 5 millones para sufragar el gasto, pero el plan
ofensivo no se concretó. Al fracaso en la ocupación de Holanda sobrevino la pérdida de
Bélgica y la orilla izquierda del Rhin.
Si este era el escenario bélico con el exterior en el interior el gobierno de la Convención
tuve que enfrentarse a la sublevación contrarevolucionaria de La Vendee, donde los
campesinos, animados por el clero refractario, se amotinaron. La Vendee supuso una de las
13

mayores amenazas para la nueva república. La guerra civil se sumaba a la guerra en el


exterior.

Ante la derrota exterior y la insurrección en el interior, se creó un tribunal de excepción en


marzo. Se endurecieron las leyes contra emigrados; se estableció un depósito departamental
de granos y se decretó el curso forzoso del asignado.

2. La Convención jacobina (junio-diciembre 1793): entre la república democrática y el


terror

La Montaña lanzó la ofensiva contra los girondinos, pero necesitaba el apoyo de los
sectores populares, por lo que desarrollaron un programa de ayudas sociales y defensa
revolucionaria: Exclusión de los jefes de la Gironda, creación de un ejército revolucionario,
arrestos y depuraciones de los sospechosos, tasación del precio del pan y socorros públicos.
La Convención fue rodeada por los 80.000 hombres de la guardia nacional dirigidos por
los jacobinos el 2 de junio de 1793.
Para la Montaña el bienestar público era la ley suprema, con el apoyo de los sectores
populares parisinos subían al poder.
La Montaña había triunfado gracias a los sans culottes, pero no estaba dispuesta a ceder a
su presión. Los jacobinos mantuvieron un peligroso equilibrio entre los aterrorizados
grandes propietarios y los sectores populares, intentando defender la propiedad al tiempo
que satisfacían algunas reivindicaciones de las masas.
Se vendieron las tierras de los emigrados en pequeñas parcelas pagaderas en diez años, lo
que permitió formar una base social de campesinos propietarios pobres.
Se abolieron sin indemnización todos los derechos feudales.
Se sancionó la Constitución de 1793: en su declaración de derechos incluye el derecho al
trabajo y a la asistencia y enseñanza públicas; a la insurrección y la libertad económica. La
Asamblea Legislativa, unicameral, sería elegida por sufragio universal directo. Esta elige el
Consejo ejecutivo de 24 miembros entre candidatos nombrados en los departamentos por
sufragio universal.
Comenzó a diagramarse la estrategia de la Dictadura revolucionaria y la política del Terror
en contra del complot aristocrático. La autoridad suprema fue asumida por un Comité de
Salud Pública como poder ejecutivo compuesto por 9 miembros. Tras el asesinato del
popular Marat, el comité se renovó: Saint Just, Couton, Robespierre, Hebert. Fue
Robespierre el que consiguió imponer la autoridad del Comité a la convención y a los
jacobinos, pero necesitaba el apoyo popular, para lo que instituyó una serie de medidas
revolucionarias para ello implementó:
La leva en masa. El llamamiento de todos los franceses varones en condiciones de
combatir entre los 16 y los 50 años.
Aplicación del máximum sobre los precios de las mercancías y los salarios.
Represión y depuración de los sospechosos de contrarrevolución. El terror se puso en
marcha desde octubre de 1793.
Se avanzó sobre la separación Iglesia-Estado y la descristianización. Los orígenes de la
descristianización podemos encontrarlos en 1790 y en algunos rasgos de la mentalidad
popular. El clero refractario se había agrupado junto a la aristocracia, y desde 1792 también
era sospechoso el clero constitucional. Se adoptó un nuevo calendario revolucionario que
14

instituía la Era Republicana a partir del 22 de septiembre de 1792. El año quedaba dividido
en 12 meses de 30 días divididos en décadas, a los que se sumaban 5 o 6 días denominados
sains culottides. Los meses adoptaban nuevos nombres (vendimiario, brumario, frimario,
nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, prairial, mesidor, termidor, fructidor).
La tentativa descristianizadora instituía nuevas fiestas cívicas junto a otras medidas como el
culto a los mártires de la libertad y a la Razón en las iglesias. Culto al Ser Supremo.
En los aspectos sociales se suprimieron los antiguos derechos feudales SIN indemnización.
Se aprobó una Ley de Venta de los bienes de los emigrados. Se procedió la división de los
bienes comunales y políticamente se sancionó la Constitución de 1793 que no llegó a
aplicarse y en la que se pretendía democratizar la vida política: por medio de la
implantación del sufragio general masculino.
La práctica del Terror llegó un momento que, frente a los triunfos conseguidos frente a la
coalición europea y los contrarevolucionarios internos ya parecía no tener sentido. ¿El
terror era una defensa revolucionaria o paranoia? Lo concreto es que Roberspierre se fue
aislando de sus aliados jacobinos y de las bases sans culottes. Incluso llegó a amenazar a
sus aliados y se le sumó la impopularidad de las medidas que promovían una apertura
económica, con lo que perdieron la adhesión de las masas cuando más iban a necesitarlas.
El Comité de Salud Pública se quedó sin apoyos. Robespierre, Saint Just, Couthon y sus
seguidores fueron arrestados el 9 de termidor de 1794. El día 10 más de ochenta jacobinos
fueron guillotinados. Aquello era el golpe de la reacción termidoriana.

La tercera etapa: La Reacción Termidoriana


El golpe de termidor supuso el triunfo de la burguesía propietaria y conservadora. El
gobierno revolucionario fue desmantelado, los comités depuestos y los jacobinos y
desarrapados perseguidos desde octubre de 1794. En la Convención, los montañeses
perdieron su influencia. Las medidas de control de la economía fueron abolidas. La
supresión del máximum provocó una crisis: alza vertiginosa de precios y especulación
sobre mercancías de primera necesidad. Esto provocó nuevos levantamientos populares
ante la crisis de subsistencia durante el germinal en París se saldó con la derrota de las
clases populares ante la burguesía armada por la Convención. Esta situación permitió la
declaración del estado de sitio.

1. El Directorio 1795-1799

Terminado ese primer proceso de depuración de las políticas jacobinas se sancionó una
nueva Constitución del Año II de la República (1795) por el cual se conformó un poder
ejecutivo: El Directorio compuesto por cinco miembros. Respecto a la declaración de
derechos supuso un retroceso respecto a la de 1793. Se abandona el artículo 1: Los hombres
nacen libres e iguales en sus derechos. La igualdad es civil, la ley es la misma para todos.
El derecho a la propiedad aparece reforzado, y la representación limitada por el sufragio
censatario, aunque el censo era más amplio que en 1791. Eran ciudadanos activos los
varones, mayores de 21 años que pagasen una contribución. Estos nombran a los electores
(mayores de 25 años con una renta mínima de 200 jornadas de trabajo). Eran 30.000 en
todo el país y elegían el Cuerpo legislativo.
El Legislativo recae en dos consejos:
El Consejo de los Ancianos: 250 miembros mayores de 40 años, casados o viudos.
Cámara alta.
15

El Consejo de los 500. Mayores de 30 años. Cámara baja.


El poder Ejecutivo recae en un Directorio de cinco miembros nombrados por los ancianos
de una lista presentada por los 500.
La aplicación de las políticas económicas liberales trajo la carestía y la crisis económica. El
asignado fue sustituido por otro nuevo papel moneda que sufrió una vertiginosa
depreciación en dos meses. La oposición jacobina reclamaba el máximum.
En aquel contexto se produjo el levantamiento de Babeuf y la revuelta de los iguales en
1795-96 que propuso por primera vez la supresión de la propiedad privada en su Manifiesto
de los Plebeyos. Fue el primer intento de hacer que el comunismo entrase en la realidad. La
Conjura agrupaba a antiguos jacobinos que formaban una minoría dirigente, vanguardia de
la revolución, por debajo estaban los simpatizantes y después las masas que debían ser
entrenadas. Babeuf y sus seguidores fueron denunciados, detenidos y ejecutados.
En aquel contexto se avanzó con la guerra de conquista. (1796-1797). El ilustre general
Bonaparte entra en la escena militar como protagonista. La coalición se reducía a Inglaterra
y Austria tras los tratados de 1795. En 1796 Napoleón Bonaparte fue nombrado
comandante en jefe de los ejércitos de Italia. El plan era conquistar Piamonte y Lombardía
y marchar hacia Viena, pero tras tomar Lombardía, Napoleón marchó sobre Parma,
Modena y Bolonia. Obligando al Papa a aceptar una convención. El tratado de
Campoformio de 1797 señalaba el triunfo de Bonaparte en Italia. Austria reconocía el
nuevo mapa italiano: la República Cisalpina, la independencia de Bélgica y la orilla
izquierda del Rhin.

Las elecciones de germinal del año V dejaron unos Consejos divididos entre monárquicos y
republicanos. El Directorio respondió recurriendo al ejército. El golpe del 18 de fructidor
llevó a la ocupación de París y la detención de 12 diputados. Otros 177 diputados fueron
eliminados y volvieron a entrar en vigor las medidas contra emigrados, realistas y
refractarios que habían sido derogadas semanas antes. El golpe diezmó a la derecha, pero
sentaba las bases de la intervención militar en la política republicana. La organización del
poder por el segundo directorio se basó en una política de represión policial más que
terrorista. La censura, las detenciones y registros se sumaron a la vigilancia de los
emigrados y sacerdotes. Se instituyó la deportación a la Guayana (guillotina seca) para el
clero refractario.
En 1797 el directorio creó un ejército para Inglaterra dirigido por Bonaparte. La guerra tuvo
un carácter de bloqueo naval, con capturas de barcos británicos y acciones del corso
francés. Sin embargo, Inglaterra mantenía cierto control de los mares. El proyecto de
desembarco en Inglaterra tuvo que ser abandonado. Comenzaba a prepararse la expedición
a Egipto. Francia aparecía rodeada por un cinturón de repúblicas aliadas: La República
Batava, la República Helbética en Suiza, la Cisalpina y la Romana en Italia. Bélgica y la
orilla izquierda del Rhin quedaban también en manos francesas. La expedición a Egipto se
preparó en secreto y con rapidez. Pero tras la conquista de El Cairo, Alejandría y Malta, la
flota francesa fue destruida. De un golpe Inglaterra era dueña del Mediterráneo y
Bonaparte. La intervención en Egipto precipitó la formación de la Segunda Coalición
(1798-99). Rusia y Turquía se unieron a Inglaterra, también Suecia y Nápoles, aunque esta
vez no participó Austria. En el año 99 los ejércitos franceses retrocedían, aunque las
fronteras permanecían intactas. En esa situación de derrotas en el frente externo se
endurecieron las críticas y la crisis del Directorio. Sumergido en denuncias de corrupción y
de su inoperancia política, la prensa y la opinión pública se encaminaba a engrandecer la
16

figura de Bonaparte y la posible salida de esa crisis con el revalorizado papel del militar
como salida política. Amparado en el consenso en torno a su figura Napoleón Bonaparte
volvió a Francia para participar del golpe en el 18 de brumario, poniendo el cierre a ese
proceso revolucionario.

Como sostiene el autor británico Peter McPhee, en un balance sobre la trascendencia de la


Revolución, Francia en 1799 era un país distinto al escenario de 1789. Los cambios
administrativos, políticos, ideológicos, económicos y culturales dan cuenta de que
efectivamente es hora de reivindicar la dimensión de la revolución Francesa. Más allá de
las controversias, en nuestros días esos enfoque pueden coincidir en algunos puntos como
fue la idea de la Revolución Francesa como proceso, iniciado en 1789 y que culminaría en
los días de la III República Francesa (1871) y el advenimiento de una cultura democrática.
Como nos dice McPhee, “los cambios sociales que acarreó la revolución perduraron porque
correspondían a algunas de las más profundas reivindicaciones de la burguesía y del
campesinado en sus cuadernos: la soberanía popular (aun sin alcanzar la plena democracia),
la igualdad civil, las profesiones abiertas al ‘talento’ y la abolición del sistema de señorío.
A pesar del resentimiento popular manifestado en relación a las guerras, al reclutamiento y
a la reforma de la Iglesia en muchas regiones, especialmente en 1795-1799, nunca hubo la
menor posibilidad de que las masas apoyasen un retorno al antiguo régimen. Al mismo
tiempo, las frustradas aspiraciones de los sectores populares en 1795, y la potencia de la
tradición revolucionaria que han creado, hicieron que el nuevo régimen no se instalara sin
oposición, como muestran las revoluciones de 1830, 1848, y 1870-1871”3.

Algunas aproximaciones a los aspectos culturales de la Revolución Francesa.

Los enfoques culturales de la Revolución Francesa remiten a una presentación que atiende
aspectos como la crisis de la autoridad de la figura real desde un punto de vista intelectual y
cultural. Mucho antes de 1789, los textos filosóficos y la literatura de libelo expresaba lo
que se ha presentado como la “desacralización simbólica” de la figura del rey. El inquieto
mundo intelectual y el distanciamiento popular hacia la figura real eran parte de un proceso
anterior a 1789. Los términos “ciudadano”, “nación”, “contrato social” y “voluntad
general” ya circulaban en la sociedad francesa en un claro enfrentamiento con la sociedad
de “ordenes”, de “propiedades” y “corporaciones”. Como se ha dicho, la verdadera
importancia de la Ilustración, fue la de haber sido un síntoma de una crisis de autoridad y
parte de un discurso político más amplio.4 En gran medida esa ruptura con el pasado y la
censura real no evitaba que circularan textos filosóficos, libelos y representaciones icónicas
que ridiculizaban a la figura real, a su familia y a la “hidra aristocrática” de ese Antiguo
Régimen. Un desencanto simbólico que se materializaba en la configuración de una nueva
“esfera pública de razón crítica” y en el tipo de consumos culturales de la sociedad en su
conjunto.
De modo que, al analizar el proceso de la Revolución Francesa se debe atender a ese
proceso cultural anterior y no solo a la transformación política y jurídica de envergadura.
Como sostiene Reichardt,5 se asistió a un proceso donde la dimensión social residió en el
plano de las mentalidades colectivas y de la cultura, antes que en lo material. De hecho la
3
Peter McPHEE, La Revolución Francesa, 1789-1799. Editorial Crítica, Barcelona, 2002, p.240.
4
Peter McPhee, La Revolución Francesa, 1789-1799. Editorial Crítica, Barcelona, 2002, p.42.
17

revolución francesa mostró su carácter de totalidad porque alcanzó a todos los ámbitos de la
cultura: religión, enseñanza, lengua y literatura, ciencia y bibliotecas, ópera, teatro y
pinturas. Todo fue politizado en un sentido revolucionario, generándose una nueva cultura
política que fue al mismo tiempo impulsora de la Revolución.
Un elemento novedoso que se planteó en este contexto, es que la revolución propició un
movimiento político y social de las mujeres como parte integrante de la misma. Más allá
del movimiento concreto y los levantamientos en los que las mujeres fueron protagonistas,
no fueron pocas las que (tanto en provincias como en París), desarrollaron una conciencia
emancipadora propia.
De la mano de algunos esfuerzos primordiales surgidos del ámbito de los salones literarios
femeninos de la elite, mujeres comprometidas ideológicamente comenzaron a reclamar
igualdad jurídica con los hombres, si bien en un comienzo fue de manera publicística y
teórica.
Pero en el contexto de las jornadas revolucionarias y a partir del protagonismo que
adquirieron las mujeres en ellas, sobre todo en julio y octubre de 1789, tomaron mayor
conciencia de su fuerza política y pasaron de las quejas a los pedidos más concretos. Las
exigencias de igualdad de derechos alcanzaron su punto culminante con los escritos de
Olympes de Gouges (considerada una de las referentes fundantes para el movimiento
feminista de fines del siglo XIX).
Si bien en lo inmediato, estas reivindicaciones no parecen haber arrojado resultados
concretos, hay algunos aspectos en los que esta toma de conciencia fue trascendental en la
nueva cultura política que se inauguró con la Revolución:
1-importancia de la politización de las mujeres en el ámbito de los clubes femeninos
revolucionarios, que surgieron en todo el país sobre todo entre 1789 y 1793. Este fenómeno
representó la politización de una minoría significativa, pero que tuvo como contraparte ser
un fenómeno más de provincia que de París. Surgieron sobre todo en los centros urbanos
del sudeste y sudoeste de Francia, mientras que solo de manera vacilante lograron arraigar
en la capital.
2-compromiso patriótico de las mujeres que se ubicaba más allá de los clubes: expandieron
los esfuerzos de emancipación aquellas que contaron con formación a una corriente de base
cercana a los sans culottes.
A pesar de este impacto moderado, el movimiento femenino despertó ciertas suspicacias
entre los revolucionario varones, y en octubre de 1793 se proscribieron todos los clubes
femeninos. Claro que lo que no pudo el gobierno revolucionario fue quebrar el compromiso
político de las ciudadanas.
Es corriente decir que la revolución francesa fundó una cultura democrática, y por regla
general esta opinión se une a la idea de que las elecciones adquirieron una función
legitimadora fundamental del poder político.
Sin embargo, una preocupación fundamental de los revolucionarios consistía en acabar con
las posiciones políticas de poder basadas en el derecho hereditario, los privilegios
estamentales y la compra de cargos, y sustituirlas por cargos que fuesen accesibles a todos.
Sin embargo, y si bien se celebraron una gran cantidad de elecciones para someter a la ley y
a la soberanía popular la elección de cargos, no votaron todos los que deberían haber estado
en posición de hacerlo, pues:
1-las listas de votantes se confeccionaron con errores.
5
Rolf E.Reichardt, La Revolución Francesa y la cultura democrática: la sangre de la libertad. Siglo XXI,
Madrid, 2002.
18

2-los procedimientos electorales se tornaron engorrosos en su afán de garantizar la primacía


de la voluntad general.
En las listas de votantes, no se tuvo en cuenta a los criados y a los sirvientes, lo que habla
de los límites de la democratización en un contexto donde para la mayoría era natural que
estos excluidos lo siguieran siendo. La condición de poseer ciertas propiedades, como
garantía de formación e independencia de criterio a favor del bien común, generó una
naturalidad en dejar afuera a los dependientes, entre ellos a las mujeres.
Pero además, y como señala Reichardt, lo que más relativizó el efecto democratizador de la
revolución francesa fue el procedimiento electoral implementado que con el fin de evitar
fenómenos colectivos, propios de la vieja sociedad de corporaciones, hizo sumamente
engorrosa su puesta en práctica.
La idea última era hacer que las decisiones electorales se basaran exclusivamente en la
razón, con lo cual, la democratización tuvo por efecto tres limitaciones:
1-los candidatos no podían perfilarse personalmente ni desarrollar públicamente programas
políticos. Las asambleas primarias tenían que elegir sin debate entre candidatos no
declarados. Esto respondía a un ideal: para cargos públicos uno no podía presentarse a sí
mismo sino dejar que le presentaran.
2-carácter de segundo grado de todas las elecciones (a excepción de consejos comunales y
jueces de paz) y traslado de elecciones primarias a los cantones creados artificialmente en
1790. Allí debían trasladarse quienes debían elegir.
3-lentitud y complicación del procedimiento electoral. Dado que faltaba la discusión previa,
los procedimientos eran centrales y en ellos había fuertes discusiones. Pero se establecían
tres votaciones para tener un candidato con mayoría clara, lo que implicaba tiempo y
costos. Los procedimientos se prolongaban durante días, y muchos debían retirarse antes
del fin del proceso, lo que desalentó la participación electoral.
En síntesis, el procedimiento electoral se revalorizó en lo fundamental pero se aplicó con
tantas restricciones normativas que tuvo efectos paradójicos.
a revolución francesa es también una historia de los medios de comunicación social.
Cumplieron con la función fundamental de hacer público “un nuevo saber”, en un contexto
favorecido por la etapa previa de auge de la ilustración y la expansión de la esfera pública
de la mano de los salones aristocráticos y la circulación de ideas, saberes, autores e ideas.
En el marco de la radicalización revolucionaria, el nivel de publicaciones se multiplicó y el
predominio del movimiento de los sans culottes trajo consigo el despliegue de una
publicística revolucionaria radical de carácter más popular, a base de textos, imágenes y
canciones.
La revolución produjo una gran cantidad de impresos. La libertad de prensa significaba
para una opinión pública política más amplia y democrática el hundimiento del viejo
sistema de privilegios en la producción editorial, por ende la quiebra de las empresas
tradicionales. En su lugar apareció una multiplicidad de pequeños productores, constituida
por maestros impresores con ideas políticas y por oficiales de imprenta independizados. En
vez de libros caros para las elites culturales se imprimían pliegos de pocas páginas, escritas
por autores también sencillos: artesanos y activistas locales de clubes políticos, indicadores
de la toma plebeya de la palabra, lo cual implicó toda una novedad.
Por un lado, se usaron formas de adoctrinamiento religioso y de la liturgia católica tan
conocida, a la que transformaron con fines políticos. Los panfletos trataron de acercarse al
pueblo utilizando el lenguaje de los mercados y las ferias. Igual que las liturgias políticas,
se sirvieron de estas formas conocidas para difundir entre la gente con mayor facilidad las
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nuevas ideas y opiniones. Esa difusión tuvo como lugar también los espacios propios de los
plebeyos: las tabernas y bodegas.
Se destacaron dos textos muy eficaces:
1-los discursos que a través de la letra impresa llegaron a un público mayor que el de la
Asamblea Nacional y los clubes.
2-los carteles que daban a conocer públicamente las decisiones y las proclamaciones más
importantes de los poderes públicos locales y departamentales. Los carteles pegados en las
paredes, estimularon una sociabilidad espontanea de las calles y la comunicación verbal y
visual.
Entre 1789 y 1792, creció la prensa de manera explosiva. Y no era solo debido a la cantidad
de periódicos, sino al cambio en el carácter de las publicaciones. Eran semanales y no
mensuales, más políticas, el periodismo de opinión pasó a ser la regla y no la excepción.
Las tiradas aumentaron, bajaron de precio y se podían comprar en la calle y no solo por
suscripción. Además, el efecto de la prensa se relacionaba con una nueva situación: una
nueva sociabilidad democrática, que emanaba de la práctica de la lectura colectiva y en
público.
En este sentido, ha referido Chartier (1995) que la revolución francesa fue en cierto sentido
producto de transformaciones previas entre las cuales los cambios en tales prácticas de
lectura, además de la multiplicación de las posibilidades de leer distintos materiales, es de
destacarse. El autor habla de lectores que se multiplicaron, que tuvo que ver no tanto con el
hecho del aumento numérico de quienes podían leer, sino de que los impresos estaban
disponibles para una cantidad de público ampliado en diferentes lugares y a menores
costos.
Además, había una avidez por la lectura que alimentó la aparición de nuevos espacios (o su
multiplicación) como los salones y círculos de lectura que permitió a muchos lectores leer
sin comprar, o discutir los temas que circulaban dinamizando la esfera pública que se había
constituido con anterioridad a la Revolución Francesa.
Si a esto sumamos que los textos que circulaban habían abandonado en gran medida su
contenido religioso a favor de los de orden filosófico, la literatura satírica hacia las
autoridades monárquicas y aquellos que denunciaban la corrupción de los poderosos, los
lectores tenían a su alcance una cantidad de material que cambió su carácter y su manera de
relacionarse con lo impreso y su imagen de los gobernantes.
La revolución de la prensa fue acompañada de una similar en la publicación de imágenes
que muestra la misma tendencia a la actualización, politización y democratización.
La venta callejera se convirtió en la principal forma de distribución, antes que la venta en
establecimientos. Las imágenes se dirigieron a la gente sencilla, aquellos que apenas podían
o no sabían leer y escribir, pero se transformaron en un medio didáctico para las masas, que
los revolucionarios utilizaron con plena conciencia para movilizar seguidores, como
aquellas imágenes que trataban de manera peyorativa a la aristocracia o al clero, poniendo
de manifiesto su pérdida de poder. Una mezcla de curas, nobles, ricos y magistrados
aparecen dibujados como el tipo ideal de los enemigos de la revolución y del pueblo.
También tuvieron un papel importante las canciones en la opinión pública plebeya. A
diferencia de las canciones del antiguo régimen no se trataba de canciones sociales y
transmitidas de manera oral sino, sumamente políticas de gran actualidad, impresas y
cantadas en público por activistas de los clubes. Basadas en la tradición de la canción
callejera y en el gusto por la parodia, la canción se transformó en un medio ideal para
interiorizar a la población general en los nuevos valores de la revolución. Como medio
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impreso, los himnos revolucionarios y las canciones callejeras estaban próximos a los
panfletos.
Los revolucionarios estaban convencidos de que a la revolución de la constitución y del
derecho había que completarla con la revolución moral-cultural, y fue allí donde pusieron
muchos esfuerzos, al ser conscientes del poder de los símbolos y las palabras. En torno al
cambio de año 1791-92, entendían que una forma de superar los abusos del antiguo
régimen era dando un nuevo sentido a las palabras, que había que insistir en eso para dejar
de lado sentidos equivocados que la vieja aristocracia había dado a las mismas. De allí el
auge de la publicación de diccionarios en forma de panfletos que buscaban junto a los
catecismos revolucionarios, definir los conceptos claves para la revolución. Mientras
términos tradicionalmente neutrales como aristocracia se cargaron de sentido político, otras
palabras perdieron su función legitimadora. Conceptos como pueblo, nación, libertad, etc.,
se identifican con la revolución, con los nuevos tiempos.
Además, los revolucionarios tenían una amplia conciencia simbólica, y entendían la
centralidad del lenguaje sígnico como elemento de didáctica de las masas. El lenguaje de
las imágenes y de las palabras era parte integrante de una semiótica general: un lenguaje
sígnico lleno de símbolos cuyos elementos, se unieron para desarrollar una didáctica de las
masas. Como forma especial de cambio de valores lingüísticos, cabe señalar la
nomenclatura revolucionaria, el nombre de calles y lugares, el reemplazo de nombres de
santos católicos por otros secularizados o de la naturaleza, cambio de nombres de pila, y los
meses del calendario.
Se trata de una toma de conciencia de la simbología y su importancia al tiempo que de la
politización que se puso en marcha.
La publicística y la simbología en la revolución francesa fueron muy notables por su
abundancia y por su cercanía al pueblo. Pero, más allá de su abundancia y de la función que
cumplieron en formar la conciencia y la opinión, lo consiguieron de manera conjunta en
sus varias combinaciones. Así, por último las fiestas adquieren importancia al ser
acontecimientos de la cultura revolucionaria que tenían varias facetas.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que en la etapa del Directorio se impusieron una
serie de fiestas y conmemoraciones desde arriba que se anquilosaron y convirtieron en
ejercicios obligatorios y fueron perdiendo contacto con la población en general. En cambio,
las fiestas de los años 1790 a 1793-1794 se caracterizaron por una mayor espontaneidad y
popularidad. Si bien es muy difícil describir o tener en cuenta todas las fiestas a lo largo del
país, conmemoraciones, banquetes, etc., es importante señalar que estas fiestas estaban
cargadas del lenguaje sígnico.
Por ejemplo, establecer ya no por orden real sino por decisión parlamentaria quienes han de
ser los grandes hombres de la nación, enterrar sus restos mortales, sustituir las pompas
fúnebres, con lo cual se buscaba expresamente superar la pompa de la vieja monarquía,
tomó todo un sentido político nuevo.
Un ritual importante fue el del traslado al panteón de los restos de Voltaire el 11 de julio de
1791. En esta ocasión ya se prescindió por completo del ceremonial cristiano, pero además,
era una reparación del entierro vergonzoso que se había hecho de Voltaire y sus restos en
1788: los revolucionarios querían presentarse como herederos del filósofo y presentar la
revolución como el cumplimiento de la promesa de la Ilustración. El séquito de la entrada
del cadáver en París en julio de 1791, son una contra escenificación de las entradas reales
del Antiguo Régimen.
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Hacia fines de la década de 1790, estudiado el ritual de las distintas festividades, se


observa una evolución: un distanciamiento paulatino de las fuerzas plebeyas de la
revolución con
1-creciente presencia y puesta en escena de los militares.
2-retirada de los temas de política interior a favor de los referentes a la política exterior.
Estos desplazamientos son una característica que se observan no solo en las fiestas de la
revolución, sino también en la cultura revolucionaria de Francia en general.

Representación pictórica del asesinato de Marat

La obra de Delacroix “La República”: figura simbólica de la mujer

El REGIMEN NAPOLEONICO (1799-1815)


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Ante la crisis del Directorio termidoriano parecía asistirse a un nuevo impulso jacobino en
el Directorio. Ante ese peligroso enemigo, los propietarios burgueses promovieron el golpe
y la salida con un nuevo gobierno. El Directorio fue suprimido por medio de un golpe de
Estado y se fundó un nuevo régimen político: El Consulado, organizado con la mayoría de
los Ancianos y una minoría de los Quinientos. Se creó una comisión Consular ejecutiva
compuesta por Bonaparte, Sieyés y Ducos, investidos de poder dictatorial.

CONSULADO
El golpe de Napoléon puede situarse en la línea del golpe de termidor y del 89: la
consolidación de los cambios, la primacía de la burguesía propietaria. Pero el régimen
autoritario pronto fue cambiado en beneficio del poder de Bonaparte. La república de
notables se transformaba en una dictadura militar y finalmente evolucionó hacia formas de
despotismo monárquico. Entre otros autores, Soboul ha considerado que el advenimiento
del Consulado pone fin a la revolución francesa y da comienzo a una nueva época que
merece, por derecho propio, llamarse napoleónica.
El nuevo régimen pretendía instituir el gobierno de los notables y evitar el riesgo de una
dictadura personal. Lo cierto es que evolucionó hacia un régimen unipersonal.
Constitución del año VIII (1799): La soberanía es nacional Y la representación se realiza
por medio del sufragio universal.
El Ejecutivo: Estaba en manos de los tres cónsules, pero Bonaparte era el primer cónsul,
con más poder que Sieyés y Ducos. Los cónsules eran nombrados por el Senado por 10
años y reelegibles. El primer cónsul es el único con poder de decisión, los otros dos
cónsules solo tienen voz consultiva. Es irresponsable, nombra y depone ministros y
funcionarios.
El Legislativo: Quedó aniquilado al dividirse en tres asambleas. La iniciativa de las leyes
pertenece al primer cónsul. Su Consejo de Estado prepara el proyecto, que se discute en un
Tribunado. Las vota un Cuerpo de Legislativo, finalmente el primer cónsul promulga la ley
o la devuelve al Senado. Tribunos y Legisladores son nombrados por el Senado.
La separación de poderes no existe. El sufragio universal es falseado, ya que los
representantes no tienen poder efectivo.
Constitución del año X. (1801). Aumentaba los poderes del primer cónsul, dándole
autoridad para nombrar cónsules, senadores y sucesor, así como la iniciativa legislativa que
permitió convertir la República en Imperio.
El nuevo régimen reclutó a su personal entre antiguos monárquicos, moderados y jacobinos
arrepentidos. El objetivo era dar cierta imagen de moderación y reconciliación nacional,
mientras tanto, la oposición era anulada.
La ley de cultos y la amnistía a los emigrados (1802) profundizaba en esa línea.
Evolución hacia la monarquía: En 1802 Napoleón propuso un plebiscito: ¿Debería ser
Napoleón cónsul vitalicio? Obtenido el reconocimiento popular por 3.5 millones de votos
afirmativos frente a 8700 de votos negativos, Napoleón fue proclamado cónsul vitalicio por
el Senado el 14 de termidor del año X.
El 30 de abril de 1804 Napoleón fue nombrado Emperador. La nueva Constitución del año
XII proclamaba que el gobierno de la República se confiaba a un Emperador, y era
hereditario en su familia. Se realizó un plebiscito que volvió a ganar por 3.5 millones de
votos afirmativos frente a 2500 negativos. La nueva legitimidad quedaba restaurada con un
último acto simbólico de autocoronación en Notre Dame. El derecho divino quedaba de
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nuevo restaurado. Según el artículo 140 de la Constitución, Napoleón era el emperador de


los franceses por la gracia de Dios y las Constituciones de la República. A lo largo de esta
trayectoria, Napoleón consolidó algunas de las bases de la revolución y reconstruyó el
Estado francés, dotándolo de una sólida administración centralizada.
Reforma administrativa: Por ley de 1800. Se mantuvieron las circunscripciones
departamentales, pero se centralizó el poder. Los gobernadores eran nombrados
directamente por el cónsul. Se eliminó la autonomía y la elección. Los representantes del
poder central son funcionarios (prefectos) que acumulan todos los poderes.
La policía: Se organizó como una institución centralizada. El régimen afirmó desde el
principio su carácter policial. Los delatores, las detenciones arbitrarias eran moneda
corriente.
Reforma judicial. Los jueces dejaron de ser electivos para convertirse en funcionarios
nombrados por Bonaparte. Los códigos civil (1801), penal (1810) sistematizaron la
legislación francesa.
Reforma financiera: La recaudación se centralizaba y quedaba en manos del Estado. El
sistema fiscal napoleónico daba primacía a los impuestos indirectos sobre los directos, con
lo que la carga recaía sobre las clases populares. En 1800 fue creado el Banco de Francia.
Reforma de la enseñanza: El objetivo fue lograr un monopolio estatal de la enseñanza,
hasta entonces en manos de la Iglesia. Se organizó en tres niveles. Primaria, secundaria y
superior. La universidad imperial supervisaba la enseñanza y educación públicas en el
Imperio, los centros privados continuaban, pero bajo vigilancia estatal.
El Código Civil 1801: Constituye la aplicación práctica de los derechos del hombre y del
ciudadano. Consagró la desaparición de los privilegios y proclamó los principios de 1789:
igualdad ante la ley, libertad de conciencia, laicidad del Estado y libertad de trabajo. Fue
considerado un símbolo de la revolución y aplicado en distintos lugares del Imperio,
contribuyendo a establecer los rasgos básicos de la sociedad contemporánea.
La propiedad es una de las preocupaciones del código civil, y se define como el, derecho
de gozar y disponer de las cosas de la manera más absoluta, con tal de que no se las utilice
de una forma prohibida por las leyes. Se ha dicho que definió la propiedad en el sentido
romano del término, lo cierto es que va más allá de lo que los romanos entendían por
propiedad privada. El objetivo era tranquilizar a los propietarios, burgueses y campesinos
que sostenían el régimen, especialmente los compradores de bienes nacionales.
Según Soboul, el objetivo del código civil era instituir la paz burguesa, imponiendo a todos
los ciudadanos las reglas del juego de la sociedad burguesa. Establece definitivamente la
primacía burguesa basada en la propiedad. De hecho, recoge las restricciones de la ley Le
Chapelier sobre los derechos de reunión y huelga de los trabajadores.

Se avanzó a una negociación con la tensa relación que Francia tenía históricamente y que la
revolución había agravado con el Papado. Las negociaciones comenzaron en 1800. Con el
Concordato, Napoleón solucionó el problema de las relaciones con la Iglesia que duraba
desde 1789, aunque tuvo que hacer algunas concesiones.
El Papado: concedió que él catolicismo no fuera reconocida como religión de Estado, la
fórmula de compromiso fue considerarlo religión de la gran mayoría de los franceses, y los
cónsules hacían profesión especial de él.
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Admitía también las nuevas circunscripciones administrativas y el nombramiento de los


obispos a los cónsules. También reconocía la venta de bienes de la iglesia y abandonaba el
apoyo al clero refractario.
El gobierno francés: Aseguraba un trato conveniente a obispos y sacerdotes. Autorizaba
la reconstrucción de los seminarios y el nombramiento de sacerdotes por los obispos y
dejaba el clero regular en manos del Papa.
La tutela del Estado sobre la Iglesia se acentuó con la creación de un Ministerio de Cultos
y unos Artículos orgánicos del culto católico que reglamentaban el ejercicio de una Iglesia
de Estado. La Iglesia Galicana quedó consolidada en época napoleónica, pese a la ruptura
con el Papado en 1809, el Concordato debe ser visto como un triunfo frente al Papado.

IMPERIO 1804-1815.
Guerra a Inglaterra y bloqueo continental.
Las dos primeras coaliciones no habían conseguido frenar la expansión de la Francia
revolucionaria. De hecho, el éxito más notable de la primera coalición fue el reparto de
Polonia en 1793 entre Francia, Rusia y Prusia.
La Primera Coalición (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido, España y el
Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para derrotar al republicanismo. La
coalición fue derrotada por los franceses gracias a una movilización general.
La Segunda Coalición (1798-1801) de Rusia, el Reino Unido, Austria, el Imperio
Otomano, Portugal, Nápoles y los Estados Papales contra Francia fue al principio más
efectiva que la primera, pero una vez bloqueado el ejército francés en el Nilo, los rusos
vieron sus ambiciones mediterráneas coartadas por Inglaterra y se retiraron de Europa
occidental. La aceptación de Austria de la paz de Luneville y de Gran Bretaña en Amiens
(1802), acabó con la segunda coalición.
Los dos años de paz de 1802-1803 fueron aprovechados por Francia para reorganizar el
mapa europeo, pero en 1803 se reanudaban las hostilidades.
La Tercera Coalición (1803-1805) agrupó a Gran Betaña, Rusia y Austria frente a
Francia. Los planes franceses para invadir las islas británicas tuvieron que ser abandonados
tras la derrota de la flota franco española en Trafalgar el 21 de octubre de 1804, lo que
proporcionó la primacía a la armada británica durante un siglo. Días antes, los ejércitos
franceses obtenían la victoria frente a Austria en Ulm, y en diciembre destrozaba a los
ejércitos aliados de Rusia y Austria en Austerlitz.
Tras la Vitoria de Austerlitz, Napoleón se dispuso a rehacer el mapa europeo. El Sacro
Imperio fue disuelto y los estados dependientes alemanes agrupados en la Confederación
del Rhin, de la que Francia se convertía en protector. En Italia, Venecia se incorporaba al
nuevo reino.
Estas intromisiones en la política alemana motivaron la intervención de Prusia, que fue
derrotada en Jena y Aüerstadt, y posteriormente Berlín ocupado.
La Cuarta Coalición (1806-1807) de Prusia, Sajonia y Rusia contra Francia se formó sólo
unos meses después del colapso de la coalición precedente, y no tuvo mejor éxito. Los
territorios Prusianos al oeste del Elba fueron integrados en el nuevo reino de Westfalia, que
integró en la Confederación del Rhin.
La coalición terminó con la firma del Tratado de Tilsit en 1807, por el que Rusia
(Alejandro I) y Francia se convertían en aliados, especialmente contra Gran Bretaña. La
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alianza franco-rusa, junto a la aniquilación de Prusia y la derrota de Austria sentaban las


bases de la paz continental.

El sistema continental y la guerra de España.


Ante la imposibilidad de invadir Inglaterra, Napoleón utilizó la guerra económica.En 1806
publicó el Decreto de Berlín, por el cual prohibía la importación de productos ingleses en
cualquier parte del Imperio, de este modo quedaba establecido el sistema continental.
En 1807 implicó a Rusia y Prusia en el bloqueo, y los daneses, ante el ataque británico, se
sumaron al bloqueo. La invasión de Portugal ante la negativa a incluirse en el bloqueo,
motivó la invasión de España y su integración en el sistema continental.
La ocupación española se realizó con escasa oposición militar, pero el pueblo español se
alzó en armas frente a los invasores franceses, haciendo imposible el control del país. La
española es la primera de una serie de guerras de liberación nacional a las que seguirían
movimientos similares en Alemania, Austria y Rusia. España permaneció en guerra
permanente con Francia desde 1808 hasta 1813.

La Quinta Coalición (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó mientras
el Reino Unido se enfrentaba con Francia en la Guerra de la Independencia Española. En
1809 Austria declaraba la guerra de nuevo, pero rápidamente derrotada en Wagram, tuvo
que firmar una paz en la que perdía territorios.
Los dos años siguientes fueron culminantes para el imperio napoleónico, Napoleón se
casaba con María Luisa de Habsburgo, sellando la paz con Austria e integrándose en la
aristocracia europea. Ahora era, por matrimonio, sobrino de Luís XVI y llamaba al
Emperador de Austria mi padre.
El bloqueo continental fracasó. Fue imposible de cumplir y perjudicó al comercio francés.
Los ingleses controlaban el mar y podían compensar sus pérdidas de mercados en Europa
con el contrabando y el comercio en otras zonas, como América Latina.

La configuración del mapa europeo.


En 1810-11 el poder de Francia se extendía por todo el continente europeo excepto la
península balcánica.
El núcleo era el Estado francés, rodeado de estados dependientes de distintas categorías:
Aliados: Prusia, Austria y Rusia, también Dinamarca y Suecia.
Sometidos: Bélgica, Holanda y orilla izquierda del Rhin, integrados en Francia y la costa
Italiana hasta Roma, incluida. Todos estos territorios estaban gobernados por prefectos.
Dependientes: Federación Suiza, Provincias Ilirias, Gran Ducado de Varsovia,
Confederación del Rhin, España.

Napoleón utilizó a sus hermanos y a generales de confianza para gobernar los territorios
dependientes. José fue rey de Nápoles, luego de España, Jerónimo de Westfalia, Carolina,
casada con Murat se encargó del reino de Nápoles. En el Reino de Italia, el título de Rey
fue entregado a su hijo.
La asimilación de territorios se llevaba a cabo en tres fases. La primera etapa era la
conquista militar, después la instalación de un gobierno satélite nativo que cooperaba en la
redacción de una Constitución, por último, una etapa de transformaciones y reformas
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internas que implicaba la abolición del sistema señorial, normalmente con compensaciones
de los campesinos.
En todos los países del Imperio, fueron abolidos los privilegios eclesiásticos y los bienes de
la Iglesia confiscados.
Se instituyó el libre comercio y las corporaciones gremiales fueron abolidas. Se instaló el
sistema métrico y se modernizó la administración

El fracaso militar:
La resistencia en Alemania se limitó en los primeros años a agitaciones en las
Universidades. En España la resistencia de la población se produjo desde los primeros
momentos con el movimiento juntista que resistía al rey José (hermano de Bonaparte) y en
nombre del rey Fernando VII, prisionero del ejército imperial francés. En 1810 Rusia
decidió abandonar el Sistema Continental y reanudó relaciones comerciales con Gran
Bretaña. Napoleón concentró una fuerza de 700.000 hombres y en 1812 invadió Rusia. El
ejército ruso practicó una táctica de tierra quemada, negando a Napoleón una batalla
decisiva y obligándole a penetrar en territorio ruso. En septiembre llegaba a Moscú, donde
permaneció un mes entre las ruinas de una ciudad incendiada. Alejandro se negó a negociar
y Napoleón tuvo que ordenar el regreso por el mismo camino que había emprendido para la
invasión, pero el invierno, excepcionalmente duro, se le echó encima. De 611.000 hombres
que entraron en Rusia, 400.000 murieron por hambre y frío y 100.000 fueron hechos
prisioneros, el Gran Ejército había sido destruido. Después de este golpe, se unieron las
fuerzas antinapoleónicas: Austria y Prusia dejaron de enviar tropas, en Alemania e Italia
estallaban guerras de liberación. En España, el ejército francés cruzaba los Pirineos en junio
de 1813.

La Sexta Coalición (1812-1814) consistió en la alianza del Reino Unido, Rusia, Prusia,
Suecia, Austria y cierto número de estados alemanes contra Francia.
Tras la derrota en Rusia, Napoleón organizó un nuevo ejército en solo 13 días, y lo enfrentó
a una coalición de fuerzas europeas en la batalla de Leipzig, también conocida como
Batalla de las Naciones. Los aliados hicieron retroceder al ejército francés hasta Francia.
En un primer momento, Metternich comunicó a Napoleón las propuestas de Francfort, en
las que se permitía a Napoleón seguir siendo Emperador de Francia y conservar sus
fronteras hasta el Rhin. Napoleón rechazó la oferta, y Gran Bretaña consiguió agrupar a
Rusia, Prusia y Austria en el Tratado de Chaumont, por el que constituían una Cuádruple
Alianza contra Francia para imponer las condiciones de paz duradera 20 años.
Tres semanas más tarde, los aliados entraban en París y Napoleón abdicó por el tratado de
Fontainebleau. Se decidió restaurar a los Borbones en Francia, en la figura de Luis XVIII,
nieto de Luis XVI.
El 30 de marzo de 1814, los aliados firmaron un Primer Tratado de París que reducía a
Francia a las fronteras de 1792. Se desecharon las reclamaciones de reparaciones o castigo
y Napoleón fue desterrado a la isla de Elba.
Las potencias aliadas se reunieron en Viena en septiembre de 1814 para reorganizar el
mapa europeo después de la caída de Napoleón. Sin embargo, una última jugada del
Emperador obligó a interrumpir el congreso.
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El Imperio de los 100 días.


Napoleón huyó de Elba, desembarcó en Francia y el 1 de marzo de 1815 proclamó de
nuevo el Imperio. Marchó hacia Bélgica, donde fue derrotado de nuevo en Waterloo, frente
a las fuerzas coaligadas mandadas por Wellington.
Napoleón abdicó de nuevo, y fue desterrado a la isla de Santa Elena en el Atlántico.

El Segundo Tratado de París imponía condiciones más duras a Francia, cambios en las
fronteras, una indemnización de 700.000.000 de francos y un ejército de ocupación durante
20 años.