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CLASE OBRERA E INDUSTRIALIZACIÓN ~~

Historia social de la revolución industrial británica,


1750-1850
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Traducción castellana de
ELENA GRAU

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EDITORIAL CRÍTICA
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1. EL NIVEL DE VIDA
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Al exponer su rosición opuesta a la opinión de Robert Southey,
contraria al «sistema fabril », lord Macaulay declaraba en 1830: «En/
el viejo mund o, d ebemos d eclararnos incapaces de dar constancia!
satisfactoria de ninguna gran nación, pasada o presente, en la qud
las clases trabajadoras hayan estado en situación más confortab!d
que en Inglat erra durante los últimos treinta aiios». 1

Southey sc lo había rueslo f:íci l al gran propagundista. Al pre-


sentar su crítica en forma de diálogo con el espectro del hombre de
estado de los Tudo~. sir Thomas More, le permitió a Macaulay ha-
cer duras comparaciones entre la condición del campesinado en el
reinado de Enrique Ylll y la de la poblaci<in trabajadora inglesa en
1830, y eludir comparaciones más difíciles con los años de media-
dos del siglo xvrn. Macaulay presentaba como hechos ciertos, decla-
raciones sobre salud, longevidad y bienestar material general. La
gente vivía más tiempo; un a prolongaci ón gradual del período de
vida a lo largo de varias generaciones era «algo tan cierto como
cualquier hecho que apareciese en las es tadís ticas: podríamos soste-
ner con cierta verosimilitud que la gente vive más tiempo debido a
que se alimenta mejor, y se la atiende mejor cuando está enferma, y
gue estas mejoras se deben al aumento de la riqueza nacional gue ha
producido el sistcmn de fábrica ». 1
Al poner en relación el desarrollo cJc una población mayor y
m:h pr<ispcra con el descenso de la mortalidad, presentaba una vi-
sión que era bastante popular en su época y que, p or supuesto,
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desde
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entonces han suscrito muchos historiadores de la demografía.
1

l. T . 13. Mncaulay, «Southcy's colloquic~». Critica/ and Historicol Essays, 11,


Evcrymnn, 1907, pp. 197, 2 19.

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46 C LASE OORERA E I NDUSTRIALI Z AC IÓN EL N IVEL DE V(l)A 47 ¡:
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Sin embargo, recientemente los grandes avances en las técnicas de blación, o! quizá, teniendo presente el caso irla ndés,pa evitación de .. .j
¡ 1
medición y reconstrucción <le la población han demostrado que fu e las catástrofes demográficas, en este caso, teniendo en cuenta el he- · '
·1
más importante el aumento de la fertilidad, debido sobre todo a la cho de que la industrialización di o lugar a una población más
1
disminución de la edad de las mujeres en el momento efe! matrimo- gra!1de y más densa y también la mantuvo, su posición sería d ifícil !
nio. Se ha indicado que, mom entáneamente, a fina les del siglo xv1 11 , de discutir. No sería más fácil discutir qu e, en relación a la experien-
la caída de los in gresos reales amenazó con un retorno al viejo mo- cia tic las pob"taciones trabajadoras de la mayoría de los países, la del
delo demográfico <le ma trimonio tard ío y nupcialidad redu cida, pueblo inglés fu e claramente favorable. Lo que, en cambio, no se
pero la industrialización revitalizó el empl eo de tal modo que desde puede aceptar sin fuertes restricciones es el argumento «optimista» .'
los primeros años del siglo x1x tanto la población como los ingresos que defiende la existencia de un a mejora importante en el nivel de'. ·
crecieron juntamente hasta un punto insospechado.! vida en general (exceptuando sólo unas pocas «víctimas»), como· i
Las razo nes que daba Macaulay para la disminución sustancial :, acompañamiento de la revolución industrial. Esta posición es tan 1 ¡
de la mortalidad apenas se sustentaban, en cualquier caso, en facto-¡, insostenible como la extremadamente «pesimista» que afirma Ja 1
res que se pueden atribuir al desarrollo del «sistema de fábrica» . Su-; existencia de un empobrecimiento extendido y creciente. Este ca-)
brayaba el declive de las grandes epidemias, en particular de la peste:' pítulo se centrará, pues, no en los contrastes extremados y simples
bubónica, que con anterioridad habían. «eliminado por multitudes» ',·. entre la Inglaterra «preindustrial» - término de precisión dudosa-
a La población europea. La in oculación y la vacunación hahfon redu- ! y Ja Inglaterra industrial, sino en el debate que antes hemos men-
cido cicrtamL:nle el impado lk la viru<.:la; y larnhién es derto qul.! d ' cionado . ·
doctor Razzdl con!'il.!rl.! una consL:cuenciu c.lemognífica crucial a eslc . . / \ :
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hecho. Sin embargo, en general, la desaparición de las grandes epi- . El debate moderno sobre el nivel de vida se inició en (!_?2~. \
demias que habían visitado el mundo preindustrial con resultados\ ! cuando sir John Clapham empuñó las armas contra una crítica üela : . !
tan devastadores no parece ten@r mucha relación con el aumento ¡; industrialización que se extendía desde Arnold Toynbee, a través de'.\ ,¡
del consumo de pan de trigo y la mayor disponibilidad de prendas¡: los Wcbb, hasta los Hammond, y que había presentado una visión: I
de algodón. El profesor Chambers ha demostrado con claridad, in- 1 pesimista del impacto de aquélla sobre las clases trabajadoras. Clap] 1(.J r"" . . .'i.
cluso para la sociedad preindustrial , la capacidad de la enfermedad \ ham,.que era un antibolchcvique·y un acérrimo abanderado dITos · .-:
para refrenar el crecimiento de población, independientemente de: · varüf·es <:Q!!.~~d.mcs y del libre mercado, /intentó defender la revo- 1 \ 1:1,

los niveles de nutrición.~ lución industrial y 5U naturaleza capitalista· frente a «la leyenda» de l
A quienes subrayan el efecto benéfico en general de la revolu-\ que para ~l obrero, «todo había empeorado» a partir de alguna «fe- \
ción industrial sobre los niveles tic vida de la población se les califica\ cha no precisada, entre la red acción de la Carta del Pueblo y la: ¡'
habitualmente de «optimistas». Y si afirmaran solamente que el fac- ·:. Gran Exposición». Desde el momento en que se produjo esta inter-'. . ¡.
tór crítico fue el mantenimiento de un asombroso aumen to de po- '. vención, empezó a tomar cuerpo la designaGión, que todavía hoy: i!l
\ pcrs ist ~. d~ dos gru pos en disputa: los «optimistas» y los «pesimis-j · ;1
2. E. A. Wrigky y R. S. Schofit:ld, TJ11: l'o¡ml111io11 /l is1ory of E1J~/1111d 1541-
1871: a reco11s1ruc1i cm, ELlward Arnold, 198 1. Algu nos estudiosos pucckn encon-
tas>>. Vcrd adcramcnlc, los primeros «pesimistas» hicieron afirma-! : ¡\:¡
trar difícil esta obra; para acercar~e a l tem a se podría ker la reseña e.le la mism;1 he- ciones hnstantc extremas para provocar a cualquiera que pensase; . ¡' !
cha por el profesor M. W. Fiinn en L::co110111ic History Ueviell', XXXV, 3, 1982, pp. que algo se podía <lccir en favor de la economía de mercado y la
443 -4)7; y el artículo e.le! l>r. Wrigley, «The growth o!' populution in cigh tcc111b- forma de produ cción capitalista. Toynbee había escrito acerca de un :. '¡!·lJ
ccntury England: a conundrum n:solvcc.l» , f'tW a111/ l'rese111, 98 , 1983 , pp. 121 - 150. período ;crnás catastrófico y terrible que ningún otro que jamás haya . ¡1 •
3. P. F.. Raz1cll. «l'np ulatinn chani,:c in cightcrn th -c.:nt ury England: a rcin -
vivido nación algun•P>; dramático juicio teniendo en cuenta que no ¡' ~-1·
terprctation» , 1-:c01ro111ic 1-fotory Ue1·h·w . XV III , 196'.i. pp. J 12-.132; J . D. C'h arn-
hi.:r~, l 'o1111f1//i1111 , J:'n1110111y 1111tf S11ci<'ty i11 l're-Jl/(l11.11rial 1'.'11Mlt11ttf, (hford, 1117?., podía saber de an1 1:mano los momentos peores que se prod ucirían · ,!
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Clip. 4. 1:11 d siglo xx. punto con un grnn aunh.:1.to de la riqueza y:~~ !a !Jro- · \1 .
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48 CLASE OBRERA E INDUSTRIALIZAC IÓN EL N IVEL DE VIDA

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1 ducción material,· argumentaba, se ha producido, como-resultado de\~ rápida y constante, al ~rc:c1m1ento de población ha dado por su-~ . ·! ·. . j

la libre compe tencia, un empobrecim iento creciente, una rápida¡: puesta una tasa de crec1m1ento demasiado rápida} Dadas la natura- 1 ll
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alie nación de las clases y «la degradació n de grandes grupos de rro- ·: lcza del ma terial empírico y la falta de datos concluyen tes, es poco . . . ! l
ductores». Los Webb argu mentaban que si en 1837 un carlista hu- probable q ue el debale pueda alcanzar una resolución clara en favor ~} ; !

de cualquiera de los dos lados. 5 .' 1


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biese mirado cincuenta años a trás, hubiese detectado un «descenso ,

real del nivel de vida de amplias capas de la población». Todavía Claphan; impulsó un acercamiento riguroso al tema, abriéndose !
más influyente en la formación de las ideas populares acerca de la paso a traves de los sentimientos med ian te las estadísticas. A los · i1
revolución industria\ fue la trilogía d e volúmenes sobre la condición H ammo nd, «literarios» y rom ánticos, se les podía h undir con unos
del obrero, q ue entre los a ños 19 11y 19 19 escribieron J. L. y Bar- pocos enérgic~~ golp~s ~e índice del coste de la vida. Después de !
bara Harnrnond .. Su prosa, enérgica y persuasiva, con numerosas poner en relac1on ~n indice de precios para los años que van desde
i 1

citas ue· fucnl~s contemporáneas, popularizó una crítica de la indivi- , 1779 l~asta 1850, ideado por N. J. Silbcrling, con datos salariales, i
'.:
dualista socied ad industrial. Su ve redicto era inequívoco: la revolu-1: declaro. qu~ e n tr~ 1?95 ~ 1824 «esta figura más bien vaga del ·1
1

ción industrial había producido «una gran expansión del pode( ma- i. ?brero mgles medio (mclu1do el galés) parecía haber aumentado sus 1
terial y de las oportunidades que dicho poder otorga, sin embargol mgrcsos totales de un 15 a un 20 por 100». Enfrentados a esa n ueva
su resultado final fue deplorable» .4 següridad cuantitat iva, los Hammond se batieron demasiado prema-
El debate entre los historiadores, al igual que había ocurrido con: turamente en retirada hacia las posibilidades no cuantificables del
el debate con temporáneo, se ha inspirado mucho en tendencias: tema, y a~irmaron ~ue el deterioro más evidente se había producido .
ideológicas. Hoy en día, sin embargo, son más bien los re presen tan-;: en lu «cahc.lac..1 de v1~a» y no en el «nivel» de vic..la, más restringido y \ l
tes de los «optimistas» quienes hacen osadas afirmaciones sobre el; mensurable .. i::-n. realtqad, Clapham empuñaba una espada de papel. .
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impacto de la revolución industrial: por ejemplo, la afirmación, por , D~ ~ancra 1 ro~1ca, fue el profesor R. S. Ashton, que desde 1949jse ;
parte de R. M. Hartwell, de «un inequívoco» aumento del nivel de , e'.1g10 en paladin de los «optimistas», quien destruyó el apoyOCsén- .. ·:
vida de los obreros; o la d el profesor Gash según el cual este au- cial de su ~rgu~cnto. Ncgo burlonamcnte el valor de los índices baj\
mento se ha visto «sustancialmente confirmado por la investigación sados en S1lberl rng que, aunque eran útiles como índices de las ten 1
reciente». La errónea presunción de estas afirmaciones no debe ría ciencias. ?e los p:eci.os de ven ta al mayor, no lo eran para la 1
decepcionar al estudiante serio más que la otra incli nación de los confccc1o n de los md1ccs de precios de venta al por menor. Se omi-¡ " ¡1
«optimistas» a presentarse como objetivos y libres de sesgos, deplo- tían las rent.as por complet_o,. y la «cesta de la compra» se trataba de
1
rando al mismo tiempo las motivaciones ahistóricas e ideológicas de forma tan d iferente a los hab1tos de consumo del siglo xvm que Ash-
los «pesimistas». El debate está lejos de concluir gracias a las últi- ton apuntaba q ue «el hombre de Silberling» debió de ser un d iabé- ·' i
mas investigaciones. Por el contrario, las nuevas. valoraciones de la , tico: «El inglés medio del siglo xvm se hubiese sentido confuso con 1
1
tasa de crecimiento económico anterior a 1830 indican que la p re- /··. él». Apenas era menos escéptico con respecto al valor de otra
sunción optimista de un producto nacional que sobrepasa, de forma 1 1 fuente ?e datos 9ue se utilizaba con profusión, los í~d..i_ces de precios
y salanos del siglo xvm confeccionados por 1Gilboy. Esta auto ra¡
4. El resumen más úti l del debate snbrc el nivel de vid a es el ¡m:fado a la edi -
tuvo muy poco e n cuenta las variaciones regionales de la dieta y sus
ción. Panthcr (1972) escrito por 13. lnglis, l'overty ancl tire l11dustrial Revolr1ticm, da tos se basaban en los precios de conti-atós pagados por las institu-
q ue también apareció como artículo en E11co11nter, septiembre <le 1971. También es ciones: «Los albañiles <le la señora Gilboy, vestidos como los alum- ·
valiosa la introducción a la obra compilada por Arthur J. Taylor, T/1e Standard o/ nos de las escuelas de caridad, difícilmente hubiesen sido reconocí-
Living in Britain in tire Industrial Revol111ion, Mcthuen, 1975. Las citas textuales
q ue se reproducen en los primeros párrafos e~tán tomadas de esos dos resúmenes.
Par11 detalles de tipo bibliográfico ace rca dc las contribuciones m ás importantes a 1.a ~. Citado en lnglis, p. 21; N. Gash, «Thc state of thc debate», en The Long De- ,.
polémica, véase la bibliografía. bate 011 Poverty, l nstitutc of Econom ic Affairs, reimpresión, 1974, pp. XXIll-XXIV;

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• 50 CLASE OBRERA E IN DUSTRI ALIZACIÓN

dos como hermanos por los poceros de North umberland o los


EL N I VEL DE VIDA 51
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frescó y lo continuó al investigar el impacto de la industrialización
tejedores del Lancashire o Somerset».h desde un puntn de vista más am plio. Este renovado interés por el
:! Ashton no subrayó la inferencia obvia: que si el índice de Silber·- \ \
!I marco más va:;to de la experiencia ha devuelto las obras de los
Jing tenía poco valor, lo mismo ocurría con el ai:.gumento de Clap- '· ~ Hammond a la palestra como_µlgo más que «Aunt Sallies».* En sus
ham que se había fundamentado en aquél. Pero el argumen to de j ¡
1
1: demandas de mejora, \Ashlon\ fue más prudente que algunos de
sus seguidores. A veces cs'cribí~ co mo si se sintiera abrnmado por la
•I
Clapham tiene otras debilidades. Afirmaba que hacia 1824 la me-¡;
jora era evidente; sin embargo las investigaciones más recientes pa- ¡ complejidad de los hechos y las deficiencias de los datos: «Debemos
recen estar de acuerdo en que_ cualquier aum~nto_de los salarie~~ rea-¡ '. limita r nuestras ambiciones, ser conscientes de las limi taciones de
les de los primeros años del siglo x1x se deb1a mas a la deflac1on de nuestro oficio y abstenernos de hacer generalizaciones. No podemos¡:
los precios que al crccim ie nti> d e los ingresos, y que ha cia 1820 casi· _ medir los cam bios en los salari os reales mediante un índice de pre-;:
sólo había empezado. Los estu dios subsigu ien tes no sólo han criti- cios tic venta al mayor o de precios institucionales».K Sin embargo,":
cado las fuentes de Clapham, sino que también han puesto en cues- avanzó resueltamente la conclusión de que hacia 1830 la revolución \'.
tión su da tación. Las fechas que Ashton prefería para situar la revo- ¡1 industrial había beneficiado materialmente a más población que la '.
lución industrial eranae17'60 a 1830, y por tanto sus conclusiones ;¡ que había perjudicado. Los «optimistas» han conseguido refuta r las' ;
«optimistas» también se han visto debilitadas por el creciente con- t \ afirmaciones de empobrecimiento extremo y de un absoluto y ex- :_
senso de los historiadores del desarrollo económico (que normal-!\ tenso deterioro en los niveles de vida. Sin embargo, los modernos ,.
ment~ se consideran «aliados naturales» de los optimistas) acerca del -~ «pesimistas» no subrayan por lo general la existencia de un declive :
que el progreso real sólo empezó hacia el final de ese período. Ash- material absoluto, sino m~s. ~)ien la de uno .relati~o durante_ u~ \
ton ha bía expresado una vez su sorpresa al encontrar, en la d~cada período en el que la wnd1c1on de las clases traln1Jadoras mejoro . ¡
de 1950, estudiantes que todavía creían en el pesimismo de los como mucho. de forma marginal, mientras que la renta pcr cápita a •
Ha mmond. Este profesor de universidad del presente se sorprende nivel nacional aumentaba de forma impresionante. También subra-
al encontrar a tantos estudiantes bajo la impresión de que el yan el largo lapso de tiempo antes de que el aumento de la produc-
«sólido)> tratamiento empírico de Clapham y Ashton ha refutado ción material proporcionase recompensas significativas y continua- .
efectivamen te el impresionismo confuso y romántico de los Ham- das a la poblaci ón general. Es más, sostienen que los costes de·l \
mond. Clapham fue un buen historiador económico y su contribu- dislocación social y los efectos del deterioro medioambiental sobre.!
ción inmensa, pero en el contexto del debate acerca del nivel de la salud y la calidad de vida de las clases trabajadoras pesan grave- :, \
vida hoy se diría que sófo tiene un interés historiográfico. 7 mente en el balance, contra una mejora material marginal y selec- ' '
En la atmósft!ra de guerra fría de los ai1os que siguieron a la Se- tiva. Como ha señalado Tho1npson , el hecho es irrelevante: «Más ·
gunda Guerra Mundial, Ashton dominaba lo que, habiendo empe- patatas, unas pocas prendas de vestir de algodón para su familia, ja-
zado como un correctivo importante, se convirtió en una nueva or- bón y velas, un poco de té y azúcar y muchísimos artículos en la
todoxia. En el lado pesimista, unos pocos estudiosos, en particular Eco11omic f-/ istory Review».'i
el profesor 1-lobsbawm, luchaban por mantener vivo el debate hasta No es asombroso que haya surgido un grupo de inrerprctacion es !.
que un posterior aumento del int erés por la historia social lo re- moderadas en torno al consenso creciente de que no hubo un des:: 1

• Juego .:11 e l que se intenta romper la pipa situada en la boca de una figura
6. Citado en lnglis, p. D; T. S. Ashrnn, «The standard of lifc of th e workers q11e re presen ta u11 a cabeza d i! mujer. ti rando palos d esde u na ciert a distanciíl. (N. efe
in E r.gland, 1790- l!UO», n:cditado en Taylor , cd., pp. 4 7-50. lci l. )
7. Véase !'. H. Lindert y J. C. William~on, «English W,irkers' living stan- 8. Ashton , «Stan<lartl of lifc», Taylor, c<l., p. 52.
1 dards during thc Industrial Rcvolution: a ncw look», Eco11omic Hi~IOry Revittw (se- 9. E. P. Thompson, Tire Making of che English Working Ciass , Penguin,
l rie segunda), XXXVI, l, fchrcrn de l CJ!U , pp. l -25. 1%1-1 . p..151.

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EL NIVEL DE VIDA 53 "' ..·
52 CLASE OURERA E INDU STRIALI ZACI ÓN

l" censo a «niveles asiáticos», sino que sólo se produjo una mejora cional, es perfectamen te posible que los ingresos de los obreros au-I\
' menten de forma absol uta y, a la vez, disminuyan relativamente
i modesta y desigual. El profesor Mathias sugiere que la misma con ti-
nuación del debate indica que no se produjo cambio acusado al- :espccto ele la situación de ~os ingresos de las clases media y alta. Un
1~ c.re~ento de la renta nacwnal podría recompensar de m anera sig-
guno en ninguno de los dos sentidos, y que no hubo ningún movi-
\ miento general hacia el deterioro aunque, entre los años 1795 y mf1catlva a algunos grupos, beneficiar de forma marginal a otros y ;
1815, la escasez y la inflación del tiempo de guerra tendiesen a ir. en deteriorar los niveles de un tercero.
esa dirección. La profesora Dcane no consideraba que hubiese Está ampliamente aceptado que las necesidades de inversión del¡
«prueba sólida alguna» de una mejora de conjunto entre los años la revolución industrial inglesa, dado el temprano estadio de d csa- .
1780 y 1820, con una tende ncia ele los ingresos, pcnsúndolo bien, rrollo tecnológico, eran históricamente bajas. El 10-15 por 100 del 1
más propensa a caer que a a ume ntar. Entre los años 1820 y 1840, la PNB, que el profesor R?stow postulaba como necesario para el
misma autora piensa que el balance del material empírico se decanta «despegue», no se alcanzo hasta la era del ferrocarril. Sin embargo,
~un p~~iendo e~ los comienzos d e niveles cercanos al 5 por 100, la
:1 hacia el lado «optimista>>. Fuese del lado que fuese, el cambio neto
1r:ver~10~ alcanzo alrededor d el 10 por 100 hacia 1840, lo que toda-
fue débil. Más recientemente, el doctor Hunt ha argumentado que, :
a pesar de las «afirmaciones osadas y contradictorias», no hubo nin- : via s1gmfica un descenso relativo del porcentaje de re nta nacional
gún cambio acusado hacia uno u otro lad o en la evolución de los sa- '. disponible para el consumo, que habría aumentado el efecto de
cualquier tendencia hacia una distribución de la cuota de consumo
!arios reales. Una conclusión como esta, apunta, es aceptable para 1
«la mayoría de personas razonables», y la investigación más recien te \. más desigual.I Sin embargo, se debe admitir que la tasa de creci-
no ofrece consuelo ni a los «marxistas lóbregos» ni a los «optimistas .! miento económico fue bastante rápida y las necesidades de inver-
álegres». 111 ·.
sión de la primitiva economía industrial bastante bajas para que la
idea de una mejora en el nivel de vida constituya una hipótesis teóri-
camente razonable, y para sugerir que la visión de la industrializa-
E L PROBLEMA ción según una simple versión del «sacrificio de la primera genera-
i
1 1
ción» sería menos cierta aplicada a la experiencia británica que
,..1 ! , Ambos lados tienden a empezar partiendo d e perspectivas ma- aplicada a industrializaciones más tardías que partieron de unos ni-
1
Í croeconómicas particulares. Los optimistas argumentan que, dado. veles de ingreso inferiores y tuvieron unas necesidades de inversión
i
! un incremento de la renta nacional per cápita, es lógico dar por su-'. · mayores. El profesor Hobsbawm ha argumentado que la gran parte
í puesta una mejora del nivel de vida medio, a menos que se dcmues-'. d e fondos invertibles que poseían los grandes terratenientes y finan-
1 \ tre que hay una redistribución del ingreso que excluye a las clasesi. ·,_
l i cieros supuso que el capital no encontrara con facilidad su canaliza-
trabajadoras. E n el otro lado, algunos pesimistas afirman que la na- ' ción hacia fines industriales, y que por tanto los industriales se vie-
! 1 turaleza de una revolu.ción industrial, con su acento en el capital ~ ran obligados a presionar más duramente a sus obreros y a utilizar el

l 1 :
1
1
l
\ fij o, aumenta la cuota de inversión en relación a la d e consumo. El
modelo es simple: las necesidades de inversión de la industrializa~
\ ción se cubren a expensas del consumo. Abstracciones como I~
l:Í
trabajo más barato de mujeres y niños. Sin duda, los primeros patro·
nos de las fábricas y los propietarios de las minas obtenían a bajo
precio el trabajo de aquéllos. Quizás esto se debía a la tendencia,
\ 1
~\renta per cápita no nos dicen nada acerca de la realidad de la distrii provocada por el aumento de población, a una sobreoferta de tra·
1 -- 1· • \ bución de los ingresos. En momentos de crecimiento de la renta na ~ ) bajo que ayudaba a mantener los salarios a un nivel cerC:ano al de
1
subsistencia, hasta que se absorbió el exceso de oferta de trabajo. 11
1 10. P. Mathias, T/i( First Industrial Nation , Mcthucn, 1%9, p. 222; P.
Ocane, Tli e First Industrial Revolution, Cambridge Univcrsity Pn:ss, 1965 , pp .. 11. F. Crouzet, ed., Introducción a Capital .formation in the In dustrial Revo-
l. 268-269; E. H. Hunt, British Labour History 1815-1914, Wcidcnfcld and Nicol~­
lution , Methuen, 1972, p. 63.
son. 198 1, pp. 58-60, 6J.

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: . .. ·-· ·54 CLASE OURERA E 1NDUSTR1ALIZACIÓN EL NIVEL DE VIDA 55
. ..

Tenemos conocimientos demasiados escasos sobre la distribu- iniciales y finales. Entre los «optimistas», Clapham escogió 1794- ¡
ción real de la renta para esperar resultados concluyentes desde las I 824, Ashton l 790-1830, y Hartwell 1800-1850. Entre los «pesi-I
\ perspectivas macroeconómicas. Mientras no tengamos datos fiables, mistas» , Hobsbawm escogió 1790-1830, mientras que el profesoj
no deberíamos dar por supuesto con facilidad que, ya que los estu- Taylor, en su reconsideración del debate, escogió los años 1780 ·
dios posteriores a 1860 indican un reparto constante de la renta na- 1850.'-' Está claro que ningún análisis de tendencias debería empe-
cional en favor de los salarios, éstos crecieron necesariamente en zar o acabar con un año anómalo. E l profesor Flinn señalaba que .
proporción a la renta naci onal después d e 1860; o que puesto que aunque 1800 pudiese marcar el inicio del siglo, es «una elección de '
los economistas del desarrollo han asociado los aumentos de la lo más imprudente» como fecha ini cial, porque fue el más excepcio- ·
renta nacional a una distribución más igualitaria, esto fue necesaria- nal en la historia de los precios de la centuria que transcurre entre !
mente lo que ocurrió en el cw;o histórico concreto de Gran Bretaña los años 1750 y 1850. Fue un año que condujo a gran parte de las;;
antes de 1850. Ciertamente, hay razones para suponer que esta úl- clases m(ls bajas muy cerca del hambre, debido a la ex~rema escasez'!
tima asociación no es generalmente cierta para los primeros años de de Jos alimentos y a los masivos aumentos en los precios. Al fecha( i
Ja industrialización pero se con vierte en verdadera con su desarrollo. sus alegatos en favor de una mejora de l~s salarios re~les a lo largo\
En el caso concreto de Gran Bretaña, el profesor Perkin ha argu- , del período que va de 1800 a 1850 a partir de aquel ano, el profesot1 \
mentado, a parcir de un análisis de la recaudación de los impuestos! i Hartwell incurre en una doble distorsión. Empieza a partí~ ,de. un: \
~obre Ja renta desde 1801, comparados con las estimaciones proce-! 1 año terriblemente pobre y, al argumentar, lo pone en relac1on con\';
dentes de fuentes oficiales para los años 1848 y 1867, que huho un: 1 otro bastante mejor. Al prolongar el período hasta 1850 en vez de/ Í
giro considerable a lo largo del siglo XI'.' en favor de los ricos y la; 1 1830, que era el año escogido por los primeros <«?ptimistas», oculta1 \
gente acomodada. 1~ el hecho sacado a la luz por las i.íltimas investigaciones de que la mel
Es difícil aislar un promedio en una situación de experiencias jora se redujo en su mayor parte al período posterior a 1820. El
variadas ... También es difícil identificar tendencias a lo largo de un profesor Perkin ha contrastado varias distintas fechas iniciales y fi-
período marcado p or fluctuaciones extremas de precios. Tales in- nales con los índices que se utilizan habitualmente y sus resultados
tentos podnan incluso resultar engañosos si es tableciesen un prome- son sorprendentes. Las fechas de Hartwell darían un aumento del\!
dio al cual se aproximasen pocos obreros o una «constante » que ja- 85 por l 00 de los salarios reales, mientras que si tomásemos el año)'.
más se mantuviese como buena para más de un año o dos a la vez. 1790, que fue más normal, y lo pusiésemos en relación con 1840,¡ \
p e está de acuerdo, por lo general, en que los movimientos de l'os ¡. que fue un año bastante malo, la mejora quedaría reducida a un au-\ \
.salarios reales en este período estaban más determinados por los\'. mento del 17 al 24 por 100. La comparació n de dos años normales, i ·
cambios. en el nivel de precio.s que por los eaml.1ios ~n los salarios i · como son 1790 y 1845, da un aumento del 33 al 50 por 100. 1-1
1\ monetanosJ Esto presenta senos problemas. Vanos anos dentro dt:l : E l profesor Flinn intentó realizar· un análisis más sistemático ba-
período mostraban un aumento espectacular en los precios de los sándose en una amplia muestra de índices y procurando nivelar los
alimentos en relación a los del año anterior, e iban seguidos de años puntos más altos de los precios. Con respecto al valor de los índices
en los que los precios de los alimentos caían. Destacan los años de de precios disponibles, se mostró menos despreciativo que algunos,
motines de subsistencia como 179 5- 1796, 1800- 180 1, 18 12 y 184 7. y observó un «grado de acuerdo bastante notable» entre ellos por lo
El profesor Flinn hn intentad o con denuedo nivelar esos años dis- que se réfiere a las tendencias que reflejaban. Y creyó que era posi-
crepantes utilizando medianas móviles para crear tendencias, pero
todavía nos queda el engorroso asunto de la selección de las fechas
tJ . !'ara las diversas fochas, véase Taylor, cd., Introducción, pp. XX-XXII;
Eco11omic History !lei•iew (serie
tvl. W. Flinn. «Trcnds in real wagcrs, 17 50. l 850»,
12. H. Pcrkin, Tlie Origi11s uf Mvt/em En.~lüh Socicty 1780-1880, Rmu lcdgc segunda), XXVII, 3, 1974, pp. 395-413.
and Kcgan P•rnl. 1969. pp. 1Y\.! :\(1. 14. Pcrkin, Origi11s, pp. 137-138.

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56 CLASE OBRERA E INDUSTRIALIZACIÓN EL NIVEL DE VIDA .. 57 ·~ :.'. ;: i
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ble algún grado de generalización utilizándolos junto con las series cual. los salarios se mantuvieron al mismo nivel que Jos hinch~dos . ¡·':·.:
salariales de Bowlcy y Wood y <le Gilboy. En vez <le seleccionar un precios durante los años de guerra es menos que sólida. El doctor .· :-:
período, decidió trabajar con los cie.n años que van de 1750 a 1850 . Gourvish no está tan convencido del valor de los índices basados en ' .· ·
y subdividirlos en períodos caracterizados por una tendencia, ha- los ~romcdios que no tienen en cuenta las variaciones regionales: ·
ciendo mediciones entre quinquenios situados en puntos críticos se- «Lejos de aventurar una opinión categórica sobre la experiencia del
leccionados. Los quinquenios escogidos fueron: 1750-1754, 1788- . salario real, haría hincapié en las variaciones regionales y laborales
1792, 1809-1815, 1820-1826 y 1846-1850. Para nivelar el efecto ; durante el período crucial, junto con un saludable escepticismo
distorsionador del año 1813, que fue un punto álgido tanto coyun-; a.cerc.a de la mejora del salario real ... una amplia variedad de expe-
turalmente como a largo plazo, sustituyó los promedios de los años l ncnc1a de la clase obrera, contrapuesta a un telón de fondo de pesi-
1812 y 1813 por los <le 1809-1811 y 1814-1815. Sus hallazgos fue-~. mismo general, para el período que va desde 1790 a 1830». 's : .
ron que hasta 1788-1792, 4 de los 6 índices mostraban una mejora : u.na medic.i~n .más reciente (de 1983), llevada a cabo por dos('
en los salarios reales que se movía entre el 13 y el 21 por 100. ;· estudiosos fom1!Janzados con la teoría macrocconómica y los méto- ·
Desde 1788-1792 hasta 1810-·1814, 9 de los 12 índices disponibles ; dos de la ~conometría, confir~rn la opinión de ~acerca de que,,
mostraban un descenso del 50 al 100 por 100 (6 de ellos se situaban!; de cualquier modo, t~c produjo un cambio poco significativo en los

¡
entre un 65 y un 86 por 100). Aparte de dos series que se mante- ·: salarios reales antes del período 1810-1814, pero no coincide e11
nían niveladas desde 1810-1814 hasta 1820-1824, las otras deseen-~ que la mejora del salario real empezase con el punto crítico de deJ . -
<lían hasta un 35 por 100 (de 13, 1o menos de un 20 por 100 y 8 \ flación del aiio 1813. En cambio, se indica la existencia de un de-1
menos de un 12 por 100). Pasados los primeros años de la déca<la ' clive entre los años 1815 y 1819 con una concentración de la mejo-
·de 1820, los salarios monetarios parecen haber cambiado poco, ex- ra real entre 1820 y 1850, que supuso casi la duplicación de los sa-
cepto en el caso de grupos desventurados como el de los tejedores larios realesJEste argumento se apoya en el supuesto de que los sala-
manuales, y se detectan pocos ·c ambios a partir de los índices de : rios reales de los hombres adultos que trabajaban jamada completa , ,
1820-1824 u 1846-1850, siendo su franja tk oscibción dt: +5 ;i -5 ' son los indicmlori..:s m:ís adt:cumlos. M:ís ndclanti..: veremos que este ·
por 1OO. En general, para la mayoría de los grupos, una tasa de de- no es un supuesto incuestionable.Ir' '
flación de los prcci.o s más lenta no erosionó, en el segundo cuarto Francis Place escribió que cuando la gente hablaba a propósito ·
del siglo x1x, lo que se había ganado en la década posterior a 1815" de las clases trabajadoras, «los encontraremos todos mezclados y
puesto que los salarios no descendieron demasiado y en algunos ca-·. considerados como las "clases bajas", los más cualificados y los más
sos incluso aumentaron. 1 Sin embargo, en el segun<lo cuarto del prudentes de los obreros, junto con los peones y los pobres más ig-
mismo siglo los aumentos fueron del orden de menos del 1 por l 00 : norantes e impruJcntes, aunque la diferencia es verdaderamente
..
' anual, comparados con el más rápido 2-3 por l 00 en el corto grande, y ciertamente en muchos apenas admitiría comparación». 17 1 ~• •

período que va de 1813 a 1825. Las conclusiones sacadas por Flinn, Es bien sabido que, junto con los comportamientos sociales, las ex-
según el cual durante los años de guerra con Francia los ganadores periencias relativas al nivel de vida de diferentes. grupos dentro de :. ··:'.., .
marginales se equilibraron con los perdedores marginales, y la me- las clases trabajadoras variaba considerablemente{ Ashton distinguía~~ ·<.'..':'. .
jora verdaderamente significativa se concentró en la década de la
posguerra, no han sido aceptadas por completo. Se ha señalado que 15. Flinn, «Trcn<l.~ in real wagc,»; T. R. dourvish, «Flinn and thc real wagc .
si se utilizasen diferentes promedios de cinco años dentro de las mis- lrcn<ls in Britain, 17 50-1850», Econumic Hiswry Review (serie segunda), XXIX, 1, ·
1976, pp. 141-142.
mas fechas, se obtendrían aumentos de precios de un 1O a un 15 por
16. Un<lcrt y Williarnson, «Wurkcrs· living stan<lards»; véase también O. N . .
100 superiores durante los años de la guerra con Francia, seguidos \ton Tunzclmann, «Trcnds in real wagcs, 1750-1850, rcvisitcch, Economic History .
de una caída superior en un 5 por 100 hacia mediados de la década Re1•if!w,XXXll, l, l979,p.41.
~- ¡. de 1820. Ateniéndonos a esos datos, la afirmación de Flinn según la 17. Citado en Thompson, Making. p. 212.
·.. :;:

--··--- -- -- ---------
58 CLASE OBRERA E INDU STR IALIZACIÓN EL N IVEL DE VIDA 59

dos grupos cuyas experiencias divergentes dan cuenta de por qué las \ cJe Lond res empicado· con regularidad» para realizar sus compras
1
opiniones contemporáneas diferían. Su «suposición » era que el 1 tradicionales. 1'' Pero, ¿<le qué artesanos se trata? La difusión del
grupo que se benefició era mayor que el que no lo hizo. La idea de «sistema <le reventadero», particularmente en la industria del ves-
<los grupos es una simplificación excesiva. Ashton· describía un .¡ tido, constituía una parte de la economía capitalista del siglo xrx,
grupo en situación desventajosa «cuyos ingresos se dedicaban casi 1: tanto como el sistema de fábrica. Con la extensión de este sistema,
por completo a pagar los mínimos artículos ele primera necesidad»; I! la brecha entre las ramas «honrosa» (por encargo) y «deshonrosa»
estaba compuesto por «masas de obreros no cualificados o poco[!
cualificados; en particular, obreros agrícolas con empico estacional]\
. ( cJe confección) del oficio, que ya existía a finales del siglo xvm, se
ensanchó hasta convertirse en un abismo. La parte «honrosa» del
y tejedores de telares manuales». 18 Dejando ele lado la cuestión del : 1
1
oficio sólo daba trahajo hahitualmente a un o ele cada siete sastres de
nivd de cualificación de los tejedores manuales, es serirnnentc cnga- ; \ Londres en 1849. Y es demasiado evidente, segú n lo que se des-
ñoso dar por supues to que los perdedores fueron fundament;llmente ; '. prende de las investigaciones de Mayhew y otros, que aunque la
los poco, o nada, cualificados. Entre los que estaban mal pagados parte reventada del oficio, que abastecía los almacenes con sus pro-
no sólo había obreros agrícolas cualificados -en el sur los carreteros ductos, empleaba trabajo femenino y no cuali ficado en cantidades
y los pastores, aunque más acomodados que los braceros, estaban crecientes, un gran número de trabajadores cualificados se vieron
mal remun erados, mientras que los mozos de labranza del norte no también arrastrados a él. Como Mathias ha señalado, para muchos
lo estaban-, sino que había grupos <le obreros cualificados, como de los artesanos de Londres, los míseros treinta precedieron a los
Íos estampadores de indianas, que sufrieron de forma muy conside- míseros cuarenta. En aquel tiempo, el empleo eventual sustituyó al
rable Ja competencia con las máquinas, mientras otros, corno los empleo regular y los precios del trabajo a dcsq1jo, siempre en des-
sastres, la sufrían de los (<reventaderos» ele obreros manuah:s no censo, reemplazaron a los saiarios estables que se pagaban según el
cualificados. Como ha subrayado sir John Hicks, efectivamente las . tiempo de trabajo. ~orno ha señalado E. P. Thompson, si sólo nos i
máquinas sústituyen muy a menudo el trahajo cualificado y precisa- ·~ ocupásemos del «grupo de hom bres» cualificados que tenían un
mente por esta razón se defendía su uso. La maquinaria de fabrica- ;f empico regular, la controversia relativa a los niveles de vida de los \
ción de aparejos introducida en el astillero de Portsmouth en 180 l f¡ artesanos se hubiese resuelto hace mucho tiempo en favor de los \
permitía que 1O obreros no cualificados realizasen el trabajo de 11 O : ' «optimistas» . Pero no podemos tener unas preocupaciones tan re- l
cualificados. La historia económica confirma que no existe ningún ducidas, puesto que la mayor p arte de los artesanos cualificados no 1
proceso rápido y no doloroso por medio del cual la mano de obra tenían empleos tan regulares ni estaban tan bien pagados como han ¡t
d esplazada se pueda trasladar hacia sectores de la cconom ía en ex- sugerido Clapham, Ashton .y Chaloncr. Un índice que se base en la 1
pansión. Los problemas <le movilidad geográfica, la transferencia dt: suposición de un empico estable remunerado con un salario «hon- '
1
la cualificación y la adecuación física son inmensos. ¡Sin embargo, roso» tiene sólo una aplicación parcial. 20
puedo anticipar que algún «optimista» escribirá un artículo que
achacará todos los problemas de la mano d e obra desplazada y cles- 19. Para ejemplos de maquinaria que permitía ahorrar trabajo en los astille-
cualificada durante la revolución industrial al hecho de que la bici- ros. v.:ase J . Hicks. A Theory of Economic History, Oxford Univcrsity Press, 1969,
p. 149; l'. Lincbaugh, «Labour history without the lnbour process: a note on John
cleta no se inventase antes! La dificultad de dar por supuesto que la Ga~t and his times», Social Hiswry, 7, 3, pp. 322-331; R. S. Tuckcr, «Real wagcs
cualificación era una protección contrn el descenso del nivel ele vida of art isa ns in Lomlllíl, 1729-1935" ( 19 36 ), rccdi ta do en Taylor, cd. , p. ?. 7. En ln tc-
se puede ilustrar a partir de las experiencias dt: los artesanos de si~ in.:dita dd clt>ctor l.. D. Schwatz se sugiere que en el este de Londres hubo una
Londres. En 1936, Tuckcr fundamentó un índice, que se ha utili- variación insigniíicanlc en d nivel de vidu, entre los años 1770 y l820 . ( Conditicms
zado· con profusión, en la capacidad de «un artesano característico 11/ lije anrl work in Lo11do11 c. J 770- J820, wii11 speci11/ reference /O East Lo11t/Of! ,
Oxfonl, 1967, lntmducci<ín.)
20. Muthias, Fin·t Jm/11strial Na1io11, p. 221; Thompson, M11ki11g, p. 268 ; A.
18. Ashton, «Stnndard of li f..:,,, en Taylor, ed .. p. 57. Mussun, Britüh Trae/e U11ion~. J800-J ~'i75, Mucmillan, 1972, p. 18.
60 CLASE OllRERA E INDU STRIA LIZA CIÓN EL NIVEL DE VIDA 61
\.
¡1 Se argumenta a veces que no se puede considerar ~_los. tejedo.res ·. de la clase ubrera. Pcrkin ha intentado hacer un análisis. Los que 1
1 '

manuales propiamente como «víctim~s>) . de la rcv<~luc1011 mdustnal: __ obtuvieron mayores mejoras en cuanto al nivel de vida no fueron los 1
1

más bien salieron perjudicados porque permanecieron fuera de la obreros varones aduilos que trabajaban en las fábricas y que no p·ar- i
¡ · · fábrica. Los tejedores y los calceteros formaban el grupo laboral 1rnís t ían tic un niyel bastan te elevado en la escala salarial para conseguir
! ! numeroso, después de los braceros agrícolas, wn los tejedores ma- un amplio sobrante por encima tic la compra de los productos de l
l\ ¡ nuales de algodón que constituían el mayor g:upo de obreros de. un primera necesidad, sino el gru po que· más adelante se conocería\
l ; : oficio, en la industria de la década de 1820. Sm embargo, su destino como «aristocracia úl'I trabajo». La mayor parte de ellos eran arte-
\ 1) después de la aparición del tejido m ecanizado no se p~1~d~ consi~e- sanos: impresores, ensambladores, ebanistas, cuchilleros, herreros,\
\ J rar de otro modo que como un resultado:de la revol u~1-on mdustnal. ¡ ruederos, artesanos d e la construcción y otros oficios parecidos. J
\ El hecho de que existiesen en tan grah numero se deb10 a que se ha-! . Desde la misma categoría que los mencionados, se vinieron abajo ·I
\ bían multiplicado como consecuencia de. la temprana mecanización\\ art esanos como los cardadores, los estampadores de indianas y los1
del hilado. El hilo producido en las rúbricas dio lugar a que aumen- ¡ ¡ tunc..lidores, que se vicron desplazados por razones tecnológicas t1J
tasen su número y les proporcionó un período de prosperidad antes l; posiciones anteriormente ventajosas, y todos aquellos artesanos qu~ ¡
• 1
de que una inherente saturación en el oficio iniciase un lento declive j ! se deslizaron hacia la rama «deshonrosa» de su oficio. A la eatego-·¡
de los niveles de vida que la aparición de la maquinaria preci~ \ 1 ría de aquéllos accedieron los nuevos trabajadores cualificados: los 1 1

pitó en el desastre. Por tanto, no se les puede considerar. cómoda- ( pudeladores de hierro, los maquinistas, los mecánicos y los ajusta-¡
mente como integrantes, junto con grupos como los fabncantes de \ dores y los que hacían hilados d e algodón de calidad. A esos traba- ; 1
clavos, de un viejo sector preindustrial, sino más bien como «una '. jadorcs se les pagaba de un 50 a un 100 por 100 por encima del ni- 1
auténtica característica del nuevo orden capitalista que ... se puede \ vel de los trabajadores no cualificados. Representab<1n como mucho~
errcontrar donde haya obreros trabajando en fábri cas ímpul~adas ' un 15 por 100 de la fucr7.a de trabajo! y, con un nivel de salario real
por la fuerza del vapor, y mecánicos cuyo nivel de vida les permite que al menos se mantenía, eran ellos quienes «comían carne, verdu-
comer carne. Fue la existencia <le rúbricas que producían el hilo y de ras, frutas y productos lácteos, vivían e n los co1tages mejores y más
fundiciones que producían el alambre para la fabricación de clavos, nuevos, y los llen aban de muebles y chucherías, compraban libros y
la que hizo posible el empleo de trabajadores a domi~ilio». 21 periódicos, daban apoyo a las asociaciones de trabajadores manua-
Si a pesar de todas las dificultades se debe reducir la controver- les y a las sociedades de socorro mutuo, y pagaban grandes cuotas a
sia acerca del nivel de vida a una hoja de balance entre los ganado- las trade unions de sus oficios». 22
res y los perdedores, ¿hasta qué punto es aceptable la «suposiciónn Por debajo de ellos se situaban los obreros varones de las fábri- \ \ 1
de Ashton según la cual los primeros eran más numerosos que los cas. Los obreros del algodón podían ganar de 1,3 a 3 veces el pro- l
segundos? (Dado que la fecha final dada ~or él ~ra la de 1830, su med io de lo que ganaban los braceros agrícolas del Norte: 14 s. 6 d. 1
argumento quedará en realidad reforzado si examinamos el balance (72 1/2 p.) para los obreros que trabajaban en la sala de cardado, y 1
a mediados de siglo puesto que no sólo hay fundadas razones para
creer que la mejora significativa del nivel de vida se concentró en el
tanto corno 33 s. 3 d. ( 1 f. 66 1/ 4 p.) para los hilanderos que hacían
hebras de calidad. Pero debemos recordar que, incluso en su propia\\ ll
segundo cuarto del sigl,o x1x, sino que además grupos de trabajado- industria, esos trabajadores eran una elite minoritaria sobrepasada I\
res como los mecánicos, empleados del ferrocarril e impresores, de de largo por el número de mujeres y niiios obreros. En 1835 sólo¡\
1
quienes se acepta en general que mejoraron, eran 01(1s numerosos en cerca de una cuarta parle <le los obreros del algodón eran varonés \
1850 que veinte años antes.) Es necesario lomar en consideración adultos, y los salarios mucho más bajos de las mujeres y los niños te-
dos aspectos: la actuación de grupos concrttos y su peso en el seno
'22. l'crkin. Origi11I. pp. 143- 149 . Para una críticn, véase Taylor, cd., pp.
2 1. Thompson . Mnki11g. p. 288. XLXV lll-XLIX.

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62 CLASE OllRERA E I NDU S TRIALI ZACIÓN
El NIV EL DE VIDA 63 l1 'I

nían el efecto tic situar el salario mctlio tic todos los obreros de esta .\ paso al empico asalariado; y debido u la pérdida de los beneficios
adicionales que procedían de los menguantes bienes comunales. In- 1
indus tria entre los más bajos de todas las industrias. Los salarios de .1
los hilanderos varones aumentaron fuertemente hasta 1830 y, des- cluso propagandistas <le la revolución agrícola como Arthur Young
pués de un relativo descenso, subieron hacia 1850 hasta triplicar 1 llegaron en algunos casos a reconocer hasta qué punto el vallado de 11
más o menos el nivel que tenían en 1800. Podían permitirse, ex- 1
las tierras comunales había perjudicado a los pobres de las zonas ru- \1
cepto en momentos desfavorables del ciclo fam iliar, una dicta satis- rnk:s. Los profesores Chambers y Mingay han sugerido, en un libro
factoria, prendas de vestir decentes y comprar enseres domésticos. 1 de texto francamente admirable sobre la revolución industrial, que
Si ya constituían una minoría dentro ele sus propias industrias, los·. en 1824 term inó una caída salarial de posguerra, después de la cual
la mayor parte de los braceros ganaban todavía unos salarios en di- !
obreros industriales varont.:s eran una minoría todavía más pequeña ¡1
en relaci ón a la más amplia población obrera. Aun añadiendo gru- nero más el evados que los anteriores a la guerra, y que a pesar de i
pos análogos como los mineros, los trahajadores del transporte y los que los precios no habían descendido a los niveles anteriores a la
guerra y los impuestos eran más elevados, la mayoría de los brace-
·I.i
constructores de barcos de hierro, los que quedaba n por debajo de 1
ell os en la escala salarial todavía les sobrepasaban claramente. Entre ros estaban mejor que en 1790. Durante el cuarto de siglo que si-· 1

guió a l824 no se produjo ningún aumento muy grande en los sala- .1


estos últimos se encontraban los tejedores manuales y los calceteros,
rios monetarios, ni tampoco en los ingresos reales, hasta la caída de
·\,,
quienes de ganar 25 s. ( 1,25 f) o más semanales en la «época do- ·'d
rada» de finales del siglo xvm habían llegado a bajar, en la década los precios en la década de 1840. Pocos historiadores se sentirían i
de 1830, a niveles verdaderamente desesperados de 5 s. (25 p.) o tan satisfechos al afirmar la existencia incluso de una mejora tan li- l

menos. Su número descendió desde una cifra que estaba alrededor mitada para la «mayoría» de los jornaleros. Pues.to que la brecha
de los 250.000 en 183 1, a 23.000 hacia 1856. rucra de las ramas entre el norte mejor pagado y el sur desesperado iba en aumento,
principales del tejido, el número de trabajadores a domicilio no des- las cond iciones en este último (excepto alrededor de Londres) eran 't

cend ió. En la fabricación de clavos y de sillas, en la sastrería y la tales que es más importante preguntarse cómo conseguían vivir los
confección de botas, en la ebanistería y la costura no tiene sentido jornaleros que especular acerca de uno o dos peniques en su nivel
realízar una valoración de los niveles salariales de la gran mayoría. de vida. En el sur de Wiltshire, área que se encontraba en las peores
Luchaban simplemente por existi r junto con los trabajadores even- condiciones, los sueldos de 6-7 s. (30-35 p.) en 1794 se elevaron a
tuales no cualificados, los ve nded ores callejeros y los vagabundos, 8 s. (40 p.) en 1804 para alcanzar los 12 s. (60 p.) hacia 1814. E n
muchos de los cuales apenas si se contaban de algún modo entre la 18 17 habían retrocedido de nuevo a los 7 u 8 s. y h asta 1844 nunca ' 1

población «asalariada». Como revelarían los más recientes estudios estuvil:ron muy por enci ma de los 7 s. En las largas jornadas de ve-
de ~ooth y Rowntrce, hubo un amplio sector de las clases bajas que ra no, los salarios eran mejores y los trabajadores especializados,
no iba a ohtener beneficio alguno de la indu.~tr iali zación hasta el si- como los carreteros y los pastores, podían esperar sueldos de alrede-
glo XX.
El hecho de que el salario medio de los braceros agrícolas au-
dor d1.: 23 s. ( 1, 15 .!:) a la semana, o más. En un lado de la famosa lí-
nea salarial trazada por Caird en 185 1, desde Shropshire hasta el ·I '. 1
mentase, entre 1795 y 1850, desde 8 s. 11 d. hasra 9 s. 6 d. (45 p. a Wash, un bracero del Lincolnshire podía ganar 11 s. (55 p.) a la se-
47 112 p.) - lo que representa un 15 por 100 en términos realcs- mana y uno del Wcst Riding 14 s. (70 p.). En el lado sur, los brace-
se debió a que la condición de los braceros del norte mejoró. En ros del G loucestershirc y de Suffolk se unían al Wiltshire en los sala-
East Anglia y en los condc1dos del sur y el este, los braceros del rios Lle 7 s. (35 p.)
campo y sus familias vivían en una situación de pobreza y miseria El doctor Horne juzga que en la década de 1790 el nivel de vida ~.
in creíbles. Las comparaciones con el siglo xv1 11 son comrlicadas de- había dismi nuido durante treinta a cuarenta años a medida que au · :¡
bido a la claru dcs11paricit'l11 de los sirvk11tcs que vivían t.:11 la explo- men taban los precios de los alimen tos y la población. Se podría
taci ()n agrícola, dond e se les proporcionaba cama y comida, y d rrcscindir dd movi miento de los sa larios en dinero en el sur, donde
64 C~ASE OURERA E INDU STIHAUZACJÓN

la falta de industria ofrecía poco empico alternativo. En 1805, en


EL NIVEL DE Vl!)A
65 i1
Herefordshire se decía que los salarios_habían permanecido estanca- 1826-1827, 1830-1831 y 1842-1843 se produjeron drásticos au-'\
dos durante cuarenta años. Hallazgos similares se desprenden de un m.entos momc~táncos del desempleo entre los trabajadores indus-\
estudio reciente acerca de East Anglia y los condados cercanos a tnales, de un tipo que no se encuentra habitualmente en la econo-
Londres. En estas zonas, los salarios masculinos reales, después ue mía preindustrial. En 1842, el descmpleQ. en Bolton era de un 60
aumentar durante treinta añ'os después de 1740, se estabilizaron, por 100 entre los trabajadores fabriles e incluso más elevado entre
pero luego en los años de guerra perdieron todo lo que habían ga- los ob~eros de la construccicín. Hobsbawm ha señalado los elevac.lísi-¡r/
nado y no mostraron ninguna recuperación consistente después de mos niveles de desempleo de aquel año por toda la Gran Bretaña.¡
1825, y la leve mejora que experimentaron desde l 811 a 1825 dio fabril, y co.ncl~ye ~uc ni~guna, discusió.n que «ignore las· masiva~! .¡
paso a otro período de declive. Tan significativo como .el descenso ·-, oleadas de md1gencta que mvad.1?n amplios sectores de la població¿
¡
'
de los salarios después de la guerra fue el recurso creciente al tra- : · obrera pobre, en cada dcpres1on, puede pretender ser rcalista»f . 1
' 1
' .
bajo estacional o al subsidio de las Leyes de pobres, d e modo que · ¿Hasta qué punto podría el desempleo reducir la pretensión de au-
! en el sur y en el este era difícil conseguir una semanada completa a
cualquier nivel. 2 ~
mento real de los salarios por parte de los «opti'mistas»? Hobsbawm
opina que al menos se pueden proyectar dudas sobre las afirmacio-
! Es necesario considerar otros dos asuntos: si los ingresos mone- nes «menos críticas», pero en los actuales niveles de investigación
¡1
tarios de los hombres adultos son una base apropiada para medir las no están bastante confirmadas para establecer una visión alterna-
1

tendencias del nivel de vida, siempre que se puedan tener en cuenta tiva. Los indudables altos niveles de los años de depresión destacan 1
'1
los períodos de desempleo, y si en un momento en que las mujeres y al dar lugar a picos· de corta duración a medida que las dep resiones
los niños trabajaban el movimiento de los ingresos familiares sería iban y venían con una nueva prontitud. En este sentido, ha indicado
una medida mejor. Mathias, se desarrolló una forma de desempleo que era «casi la an- ! 11
títcsis :conómica d el mal crónico del subcmpleo en el campo», aun- 1 i¡
Si tenemos en q,ienta que la industrialización, con su mayor vul- 1 !
1 1
nerabilidad respect6' del ciclo comercial, conllevaba un mayor riesgo que Fltnn ha argumentado que este cambio del trabajo irregular o \ 1:
y una mayor incidencia del desempleo a una mayor proporción de la subcmpleo, inherentes a la agricultura o a la industria doméstica, a l 1

población, entonces es peligroso dar por supuesto que unos ingresos desempleo de corta duración fue beneficioso para el sistema de ¡
fábrica. 24 •
semanales mayores tenían necesariamente como consecuencia una
mejora proporcional en los niveles de vida materiales. Los datos so- Es por lo menos discutible si una situación en la que los proble-
bre desempleo son particularmente escasos. Todo el mu~do reco- mas de mercado de la industria manufacturera, que conducían a una
noce su importancia pero con<~luye que .no hay un.a med~dé~ de. ~u reducción del trabajo que se daba a domicilio, originaba una reduc-
impacto plenamente satisfactona. A medida que la 111dustnaltzac1on \¡ ción de las tarifas de trabajo que los artesanos y otros trabajadores
se desarrollaba, se puede percibir el impacto de un modelo cídi<.:o \: dom ésticos hacían a destajo, no es preferible a otra en la que un sú-
de prosperidad y depresión. En años malos como 1816, 1819, 1\ bito exceso de mano de obra en una ocupación remunerada de
forma razonable reducía los ingresos a cero y abocaba a los obreros ' '
a la bcncficiencia. En 1842, e.Je un 15 a un 20 por 100 de la pobla-
23. Sobre los salarios de los braceros agrícolas, véase J. D. Chamhers y G. E.
cióan2 d,c Lecds tenía un ingreso semanal de menos ele 1 s. por ca-
Mingay, Tlie Agric11f111ruf Rr:vofwion 1750-1880. Bastford, 1966, car. 5. «l'rosrc·
rity and dcprcssion, 1750-1846»; R. W. Malcolmson, 1.ije amf Lubour in J;;nglancl beza. ·~ Ciertamente, la experi encia traumática del desempleo abso- 11
J 700- 1780, Hutchinson, 198 1, pp. 145-146; I'. Horn, "/'h e /foral Wurfd 1780-Ui"SO,
Hutchinson, 1980, pp. 31-35, 46-47 y 242-248; y K. D. M. Snc ll, «Agricultura! 24. E. J. Hobsbawm, «The Uritish stantlartl uf living, 1790- 185Ch (IY57), re-
scasonal uncmploymcnt, !he standard of living, and womcn 's work in th c south and ctlitado en Taylor, cd., pp. 70-75 (hay trad. cast. en Trabajadore.~. Estudios de his-
east: 1690 -1860», Economic Hislory Revieiv (scril· segunda}. XXXIV, 3, 1981, pp:_ toria·1/e la clase obrera, Critica, Barcelona, 1979); Mathias, Firsl Industria( Narion,
407-437. p. 22; Flinn, «Trcntls in real wagcs», pp. 410-411.
25. Hobsbawm, «British standard of living », p. 7 1.

s. - aou.
66 CLASE OBRERA E INDUSTRIALIZACIÓN EL NIVEL DE VlDA 67

luto se debe situar entre las experiencias psicológicas dañinas c¡ue la ti va, y en 1847 los precios altos y la depresión industrial hicieron Jo ! ;\
sociedad industrial trajo consigo. mismo ncgativamente.27
Si bien se le puede atribuir al empico en las fábricas la caracte- , El doctor Snell ha investigado recientemente el desempleo en la
rística d e ser, excepto en las depresiones de corta dur-ación, más re- '. ; agricultura. Su estudio, hasado en las declaraciones hechas a propó-
guiar que los modos de producción artesanales e~ _domést~cos, este¡¡ sito de la fijación de residencia legal en una parroquia dentro del ·
beneficio no alcanzó a la mayor parte de la poblac1on trahaJadora en ro marco de las Leyes de pobres, ha supuesto un grave reto a la visión
el período que nos ocupa. Los artesanos que trabajaban en la rirnnu- \ ! que el profesor Chambers presentó en 1953, según la cual las mejo-
factura, \os ohreros de la construcción y otros, todos seguían su- · ras en Ja agricultura aumentaron más que disminuyeron el empleo
friendo largos períodos de inactividad. Las cifras procedentes de agrícola. Chamhcrs había cuestionado el punto de vista según el
Leeds para L!l año 18'."\9 ilustrnn c.:I nivel <~e. correecicín necesnrio cual se había producido, en términos de Marx, una «expropiación»
para tomarlo en consideración. Entre los of1c1os que en general es- del campesinado, que por medio de los vallados de campos autori-
taban inactivos durante un mes, los 16 s. (80 p.) de los sastres se zados por el Parlamento se había convertido en un nuevo proleta-
convierten en 14 s. 8 d. (72,5 p.); los 19 s. 6 d. (97,5 p.) de los en- riado para Ja revolución .industrial. Este punto de vista extremo no
sambladores en 17 s. 11 d. (89,6 p.); y los 21 s. (1 f. 0,5 p.) de los se sostiene ya seriamente, pero el argumento de Chambers (que mu-
impresores en 19 s. 23 d. (96,25 p.). Entre aquellos que por lo co- chos han adoptado desde entonces), según el cual la agricultura in-
mún ·quedaban inactivos durante dos meses, los zapateros reducen novada era intensiva en trabajo debido a la ausencia de nueva ma-
·sus ingresos de 14 s. a 11 s. 8 d. (de 70 p. a 58,33 p.), los sombrere- quinaria significativa antes de 1880, se ha convertido en algo
ros de 24 s. a 20 s. (de 1 i:. 20 p. a 1 .!.:) y Jos eanteros de 22 s. a 18 s. parecido a una ortodoxia. Los hallazgos dc1Snell ·disicnten. Su estu-
4 d. ( l .t 10 p. a 91,7 p.). Diver~~ls oficios trabajab;~n sólo nueve dio de nueve conuados de East Anglia y del área' cercana a Lonores
meses, y el 25 por lOO Je correcc1on que hay que aplicarles reduce pone al d escubierto que, hacia la segunda mitad del siglo xvm) los
a los aserradores de 20 s. a 15 s. (ele 1 .E a 75 p.); a los alhañilcs, de cambios agrícolas estaban ocasionando ya un aumento acusado del
23 s. a 17 s·: 3 d. (de 1 .t 15 p. a 86,5 p.); y a los pintores, de 20 s. a . desempleo masculino en invierno, y del desempleo feme nino en ve-
15 s. (de 1 f. 15 p. a 75 p.). 2" La necesidad de realizar esas correc- rano, en cuanto los hombres fueron dominando de manera creciente
ciones era bien conocida. Se tienen totalmente en cuenta en una las tareas de la cosecha. Un cambio hacia la producción de cereales .
descripción d e los oficios de Londres que se publicó en 1747, y provocó un desempleo estacional de creciente agudeza, en especial : :
Adam Smith las tiene presentes en su discusión acerca de las dife- entre los años 1814 y 1834, que pone seriamente en cuestión la su-1 '
re ncias salariales. Los factores en su mayor parte estacionales que puesta capacidad de la nueva agricultura «innovada» para generar/ :
determinaban esta situación siguieron actuando en el siglo x1x , tal y un empleo mayor y más regular a lo largo del año, para la creciente' ;
como Jo habían hecho durante el siglo xv111, aunque los problemas fuerza de trabajo masculina. Por supuesto, si no se hubiese produi ,
<le fluctuación de la demanda provocados por la «temporada de cid o desde el siglo xvm un a caída de los niveles de empleo feme;:
Londres» eran particulares de aquella ciudad. Por último, debería- ni no e n la agricultura, el paro estacional masculino todavía hubiesci '
mos señalar que el impaGto creciente de las agudas c.:lcvadoncs cícli - sido más gruvc, C hambcrs se centró en las Midlands, pero por lo
cas del desempleo ai\adcn toduvía otra vuriab\c at problema tic me- menos sus resultados no se pueden utilizar para sostener una visión
dir las tendencias d e los salarios reales. Por ejemplo. len 1825 la general ele los cf~ctos de la agricultura innovada. 28
prosperidad industrial disminuyó el impacto de los elevados precios :
de los alimentos, mit:ntros que en 1835 ia prosperidad en la indus- ·
tria y una bue na cosecha se reforzaron mutuamente de forma posi- ·. ~
1
27. R. Campbcll, Th e London Tradesman, 1747, reeditado por David and
Charles. Ncwro n A bbot, 1969. Para un comentario, véase J. O . Rule, The Expe-
rience of l.a/Jcmr in Eip,hteen/11-cen/l/ry Jndustry, Croom Hclrn, 198 l, cap. 2; Tay-
lor, cd ., ln1roL111ccilÍn, p. X LVII.
26. /hit!., fl· 75 . 28. Snc:ll, «Agricult ura) scasonal unc mploymcnt », pp. 4)0-4 3 1; J. D . Clrnm·
1i¡1:
68
11¡. C LASE OU RERA E IND USTR I A LIZACIÓN EL NIVEL DE VIDA
69
¡li
1~

El impacto de la revolución industrial sobre la familia se trata rios .de los _hilan.dcros de algodón, era muy probable que las familias
¡1 más adelante (pp . 245-247), pero aquí debemos tomar en co nside- sufnescn s1t u acw~cs de P?brcza durante los añ os en que los hijos
1! ración la relevancia directa de los ingresos familiares respecto del era~ en su m ayona dc;masiado peq ueños para trabajar. Los estudios
1 nivel de vida. C uando Engels puso ejemplos en los que padres des- realizados sobre P restan por Andcrson, y sobre Oldham por Fostcr
lo confirma n. 1) Dura nte este período, e n las ciudades fabriles las es~
moralizados veían erosionado s u papel sostenedor de la familia a 2
i I· medida que la manutención de la familia pasaba a depender cada posas haría n todos los esfuerzos posibles para volver a trabaj~r. An-\
.,1· vez m ás del trabajo de las mujeres y los niilos, estaba dando un dcrso n ha obsc.rvado ~ue en la gran mayoría de familias en las que \
1

argumento extremo contra el sistema de fábrica.<[Desde esta pers- la madre tra bajaba, si no lo hu biese hech o ha bría habido una m i- \\
1 pectivaise arguye que si el sistema de fábrica ofrecía mayores opor- ¡ . cons1.t lera l1 l e. L as arcas
' 1
1 1: scrn'. textiles no era n úni cas al respecto. A '
tunidades para que las mujeres y los niños contribuyesen al mante- : partir de unos breves datos correspondientes a una familia minera
i
nimiento de la familia, lo hacía a expensas de los varo nes adultosli. de Cornualles en 1842, es posible construi r, haciendo un as pocas
Las mujeres jóvenes que empezaron a trabajar con telares mecáni- suposiciones demográficas razonables , un m odelo d e economía fa-
cos en la década de 1820 representaban el estadio final en la extin- miliar a lo largo de su ciclo.
ción de los tejedores manuales; y aunque la fábrica dependía en un
primer momento de .l os hilanderos varones cualificados que trabaja-
ban con las mules,f fo cual supuso la aparició n de un nuevo trabajo CUAO!(O 3
especializado¡ a este ·p uesto no se podían transferir los tejedo.~es m a;.
Ciclo de ingresos de una f amilia, 1827-1847 •
nuales adultos, ni necesitaba el numero de obreros qu e el tejido h a~:
l:íía empleado en su momento álgido. Los efectos m ás inmediatos1': Nútnero de personas Ingresos mensuales por
Año
del desarrollo del hilado en las fáb ricas, haci a fina les del siglo xv111 ,1 '. en la familia cabeza (en peniques actuales)
se dejaron sentir en los distritos rurales. El número de hilanderos
1827 6 46
manua les necesarios para mantener abastecido d e hilo a un tejedor
1832 8 38
era tan elevado, que a distancias asombrosas de los g randes centros 1837 10 52,5
de producció n de paños, inco ntables mujeres, esposas e hijas de 1842 9 83
agricultores, entre otras, complementaban los ingresos familiares to- 1847 7 117
mando lana p ara hilar. Si en las ciudades fabriles se daban oportuni-
dades crecientes para el empleo familiar, esto se hacía a expensas de · • El promed io de edad d el m inero en 1842 era de 47 años.
la muy extendida pérdida d e oportunidades de obtener ingresos del
hilado en los hogares rurales; este fenómeno de finales del siglo
xvm ha sido muy comentado . , En ~1 cuad ro 3 se observa que el ingreso por cabeza en su punto
El ciclo fam iliar tiene una relevancia directa para comprender l mas ~ªJº era un 32,5 por 100 del más elevado , que se dio cuando
los niveles de vida de la clase obrera. Incluso contando con los sala- trabajaban dos de los m uchachos que ya estaban crecidos, además
del padre. Lo cual respalda e l comentario de un investigador con-
te mpo rán eo, según d cual el período en el que al mi nero le era más
bers, «Enclosure and labour supply in the Industrial Rcvolution», puhlicaclo por
primera vez en E conomic History Review (serie segunda), Y, 1953, y reeditado en
E. L. Joncs, cd., Agriculrure 011d Economic Growrlr in Eng/oncl lfi50-18! 5, Me- 29. John Foster, Clnss Struggle ond the Industrial Revo/wion: Eor/y industrial
lhucn, 1967, pp. 94- 127. cltflitalüm in tlrree EnKlis!r /owns , Methucn Papcrbacks. 1977. en especial las pp.
,, • Máquinas ele hilar inlcrmitcnlcs, con uci<.l~~ en nuc:\lro pa i~ c:omo sclfacli ·.
i 91-911 y el ApémJicc 1; Michac:I Andcrson , Family .'itmr:turc in N i11ereenth- Cen111ry
nas. ( N. de la t. ) Lmrrn.vhire , Cambrid ge llnivnsity l'rcss. 197 1, pp. 29-:l2.

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CLASE OBRERA E INDUSTRIALIZACIÓN
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difícil llegar a final tic mes se situaba en el momento anterior a que


sus hijos fuesen bastante mayores para trabaja r. A lo largo de este
período, el grado de las dificultades económicas aumentaba con el
número de aquéllos. Y puesto que las novias de los -mineros llega-
ban por lo común embarazadas al matrimonio, esta situación de di-
ficultad económica se producía muy pronto después del casa-
mie nto.Ju
Es razonable concluir que, incluso en los mejores niveles de \\
ingresos de los varones adultos, a la mayor parte de las familias ¡; 2. EL CONSUMO DE LA CLASE OBRERA
obreras les esperaba atravesar un período de pobreza. Cuand o se
1 interponían la enfermedad o el despido, como ocurría a menudo,
entonces incluso los grupos de obreros más favorecidos podían des- EL RÉG I MEN ALIMENTA RI O
lizarse hacia la miseria. Esto subraya claramente la importancia,
tambié n para los primeros años del siglo x1x, del clásico ciclo de po- Los historiadores que se han espe<;ializado en el análisis del régi-
breza que Secbohm Rowntrce y otros detectaban para el fin de si- men alimenta rio de la clase obrera posterior a 1870 trabajan sobre
glo. Rowntree prestaba también atención a la «pobreza secundaria», u n período en el qµe las mejoras e n el transporte y el desarrollo de
es decir, la ca usada por el malgasto de los ingresos en «lujos» , la be- Ja venta al por menor estaban produciendo un cierto grado de uni-
bida en particular. Más adelante reflexionaremos sobre sugerencias formidad a nivel nacional. Además, la gran cai:itidad de presupues-
parecidas que se apoyan en Ja pobre economía doméstica de las es- tos de los que se dispone pe rmite hacer generalizaciones sin exce-
posas de la clase obrera . La cuantificación exacta e n ..este terreno es sivo temo r a pasar por alto las variaciones regionales significativas.
prácticam en te imposible, rcrn rocas dudas ruede n haber de q;1c la Para períodos anteriores no podemos te ner esta confi anza porque
bebida fu<.: un prohkma de di111cn:-;iú11 surici<.:ntc para contrib ui r a la las va riaciones regionales tenía n una gran im porta ncia y los presu-
pobreza de muchísimas famili a~, y a la indigencia de no pocas. Sin puestos representativos son escasos y están -dispersos. Las gene-
embargo, a unque frecuen tes (como demuestra el considerable creci- ralizaciones para momentos anteriores a 1870 están llenas de difi-
miento del movimiento antialcohólico y en favor de la abstinencia), cultades.1 Diversos factores relacio nados con el abastecimiento
se trataba de casos individuales que no parecen afectar de forma ge- determinaban el régimen alimentario a nivel local. E l suelo y el
neral a las conclusiones que se extraen de los movimie ntos de sala- cli ma dictaban los cultivos que se podían obtener. Las zonas del
rios y precios y d e la disponibilidad de trabajo, que fueron los deter- norte eran más adecuadas para cereales distintos del trigo. El clima
mina ntes de los niveles reales d e ingresos. templado de Cornualles permitía obtene r dos cosechas de patatas al
año. E n algunas áreas, el sucio dedicado a algun os cultivos, como
el de lüpulo en Kcnt, reducía la superficie de tierra disponible para
el cultivo de patatas u otras verduras. Los condados situados en la
costa podían hacer buen uso del pescado, que apenas era asequible
tierra adentro. En 1797, Eden observaba que alrededor de Yar-
mou th y partes de la costa de N orfo lk, los pobres «se alimentaban
sobre todo de pescado, que por lo general era muy barato» . Tam-
30. Rcport of the Uoyal Co111111inio11 011 Chile/ E111ployme111 , 1842, rccdición,
XV I, p. 757. Véase comcnlario en J. G. Rule, Tlit! laho11ri11¡¡ miner in C'orr11vall
1 1740-J 870: a .wuly in social liistory, tesis doctoral, Universidad de Warwick, 1!>7 1, t. D. J_ OJdy-, «Working-class dicts in late ninctccn1h-ccn tury ílritain», Eco-
pp. 100-103. 11omic Hütory Re 11je111 (serie segunda), XXlll, 1970, p. 314.
"1

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