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Informe ponencia.

Congreso de Teoría Crítica


Daniel Esteban Quiroz
Curso: Antropología filosófica y pedagogía
Profesor: Juan David Gómez
Fecha: 23/09/15

Francisco Cortés Rodas – Democracia y Reconocimiento

La ponencia del profesor Cortés tuvo como objetivo elaborar la crítica que hace Axel
Honneth a la concepción liberal de “justicia” basada, en su mayor parte, en Kant y Rawls, y
elaborar también la propuesta teórica para este concepto a partir de la noción hegeliana de
“reconocimiento”.
Esta crítica tiene varios fundamentos: por un lado, se basa en que la concepción liberal de
justicia es conceptualmente insuficiente para sustentar la posibilidad del disfrute de la libertad por
parte del hombre. ¿En qué consiste esta insuficiencia? En que las condiciones para el disfrute de
la libertad están basadas solamente en la distribución de bienes y derechos que le permiten al
hombre realizar su proyecto individual de vida. Las condiciones para el uso de la libertad en el
liberalismo, según Honneth, parten de una concepción individualista de la libertad subjetiva.
Honneth propone, a partir de aquí, un cambio de perspectiva al proponer que la distribución
no se debe dar sólo en términos de libertades individuales, sino que se debe buscar garantizar las
esferas de comunicación social en las cuales los individuos pueden mantener su reconocimiento.
Esto se basa en el argumento de que debe hacer unas condiciones sociales para que cada
individuo se desarrolle.
Ahora bien, la propuesta de Honneth está fundada en el desarrollo que hace Hegel en su
Filosofía del Derecho; con esta base, Honneth se pregunta cómo a partir de este desarrollo se
puede realizar el bosquejo de una teoría normativa de las esferas del conocimiento recíproco; a su
vez, con esto el autor se propone mostrar que la teoría de Rawls es insuficiente para determinar la
autonomía individual. La teoría hegeliana plantea que el Estado debe garantizar la participación
en la esfera pública en todos los ámbitos posibles, en las distintas esferas de relación social,
puesto que la existencia política está mediada por la existencia social en la medida en que el
individuo obtiene reconocimiento al cumplir sus funciones en la familia, la sociedad y el Estado.
Así, si el individuo necesita reconocimiento, es insuficiente que el Estado sólo garantice la
protección de los bienes y derechos individuales y se limite a la resolución de conflictos en esta
esfera. El fin del Estado es, más bien, garantizar las condiciones para la participación de los
miembros de la sociedad en las distintas esferas intersubjetivas. Los derechos, de esta forma,
tienen un carácter intersubjetivo, es decir, dependen del reconocimiento recíproco entre los
individuos.
A partir de la filosofía hegeliana, Honneth que una distribución justa no sólo concierne a
los derechos individuales, sino también el aseguramiento de las esferas de comunicación social
que posibilitan el reconocimiento recíproco; a diferencia del argumento de la “posición original”
en Rawls, que Honneth considera un artificio teórico, es necesario partir de un concepto
comunicativo de la libertad subjetiva, pues partir de una “posición original” haría desaparecer el
factum de la intersubjetividad humana.
Las esferas comunicativas que deben ser aseguradas para permitir una adecuada y justa
distribución y posibilitar el desarrollo de la vida de los individuos son la familia, el derecho y el
trabajo; y sus principios de justicia son, respectivamente, el amor, la igualdad y el merecimiento.
La realización del hombre no depende sólo del aseguramiento y el respeto a sus derechos
individuales sino también del recibimiento de trato afectivo, cuidadoso y amoroso en el nivel de
las relaciones familiares y amistades íntimas y de que consiga un reconocimiento de sus
capacidades en el ámbito laboral. La negación de todo esto afecta la conformación de la
personalidad y la constitución de su autonomía y su identidad.
Como conclusión, una teoría de la justicia debe pensar en el aseguramiento de esas esferas
del reconocimiento; que el Estado limite su acción a la protección de los derechos individuales en
la esfera privada constituye un problema tanto conceptual como fáctico. Si la autonomía depende
del reconocimiento, la tarea del Estado consiste en garantizar los presupuestos sociales para
asegurar que cada individuo participe de las esferas de comunicación intersubjetiva, pues sólo así
será posible su autorrealización individual.