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¡A Rusia!

(I)
Por Jesús Ibáñez.

La Felguera, Langreo, Asturias, España… Centro Obrero La Justicia. Pleno del


Regional de la CNT.

Soy Secretario General del Sindicato de la Construcción de Asturias. El Sindicato


pertenece a la CNT… Asisto al pleno.

Orden del día:


“Envío de una delegación de la CNT a Rusia, al Congreso Constitutivo de la
Internacional Sindical Roja. Liquidación del terrorismo como arma de lucha de la
CNT.”

Acuerdo:
“Si el Nacional rechaza la delegación a Rusia, el delegado del Regional de
Asturias debe continuar viaje a Rusia en representación de este organismo.”

A la salida de León, el vagón casi vacío. La pareja de civiles de escolta mete los
tricornios por la portezuela, ríe por entre el barbuquejo y se sienta:
-¡Ni el mismo Dios aguanta este frío, compadre!
-¡Qué nochecita nos ha tocado!
Yo me tiento con el codo el bolsillo de la chaqueta para cerciorarme bien de que
aún llevo mi tesoro: el pasaporte hasta Berlín y el dinero para el viaje hasta
Rusia… Es tanta mi alegría que quisiera poder gritar a los guardias:
-¡Aquí me tenéis! ¡Soy yo! ¡Un tal Toño de Santoña! ¡Voy a un pleno ilegal de la
CNT! ¡Voy a Barcelona! ¡Y de allí, a Rusia! ¿Saben ustedes, pobres hombres,
dónde está Rusia? ¡Voy a Rusia!

Una ramera se asoma al compartimento temblando de frío, y rasga una sonrisa


picarona.
-¡Ah! ¡Mira mi chulillo cómo supo venise al abrigo! Los ceviles no pagáis billete,
pero sus las arregláis para buscar los mejores rincones… ¡Abusón! ¡Déjame
meterme debajo de tu capote! ¡Vengo helada!
El cabito levanta el ala del capote y la ramera se pega a él, mientras le acaricia
y le dice obscenidades.
El cabito:
-¡Chata!
La ramera:
¡Pa eso eres mi chulo!...
El cabito le sigue las confianzas:
-¡No se cómo te atreves a entrar donde haya personas decentes!
-¡Pos si que eres mu decente tú! El otro día me dejaste la dormía sin pagar…
-¡Porque no sirves para nada!... Ni…
-¡Porque estabas galicoso! Además, ¿m’has tomao tú a mí por una francesa?

Me despiertan los chillidos histéricos de la ramera:


-¡Que te lo haga tu madre!... ¡Qué bien proteges tú a las mujeres desgraciás!...
¡En cuanto lleguemos a Venta de Baños, se lo digo al capitán!...
El cabito trata de calmar a la ramera, que va subiendo de tono. Luego termina
ella:
-¡Sí, querías abusar de mí! Miralles tiene que defenderte, pero este señor es
testigo…
La alusión de la ramera me causa profundo disgusto… Aparte de que el cabo no
es culpable de nada, yo no quiero compromisos… Intervengo, agridulce:
-Joven, mire usted: si hay alguien culpable aquí, no es el señor cabo. Usted
pidió capote… Y no se debe hurgar debajo de capotes ni sotanas, que… ¡todos
somos hombres!
Y se da por rendida y yo la tuteo:
-Lo que tú tienes es hambre, chatita. Vas a cenar conmigo… ¡Tengo una tortilla
en el maletín que se la come un muerto!... ¡Y qué par de botellas de vinazo!...
La ramera come con toda confianza y va entrando en calor con el vino recio…
El cabito ya está seguro y sigue la broma:
-Ahora voy a ser yo el que le va a decir al capitán que m’has cambiao por el
señor…
La ramera se ha olvidado de todo y ríe a carcajadas:
-No ha nacío mi menda pa chivata. Te quería gastar una broma pesá… Pero, la
verdá, rizosillo, es que ties unas cosas…

El cabo me avisa, muy amable:


-Si usted cambia de tren, señor, estamos al llegar…

(II) ¡A Rusia!
Por Jesús Ibáñez.

Reunión de la dirección nacional de la CNT

Adquiero en la estación un libro raro: “El Sindicalismo”, de Labriola…

Jesús Arenas, de La Coruña, pasa al lado mío a buscar asiento en otro lugar. El
no me conoce. Y me propongo darle una espantadita…

Pronto llegaremos a Lérida. Arenas dormita, solo, en un compartimiento… Entro.


Se alebresta… Doy las buenas noches, me siento enfrente, echándole una
mirada dudosa, y saco mi libro… Arenas no quita el rabillo del ojo del título. Y yo
me divierto, razonando con la mente de Arenas: “¡Este perro cochino es un
policía! ¡Es la bofia! ¡No falla!... Si no… ¿Cómo iba, en tal situación, a ponerse a
leer un libro de esos?... (Los de la Brigada Social pasan a cada momento,
pidiendo documentos, como en una frontera).”

Arenas guarda silencio, pero está inquieto, aunque disimula para despistar… Y
yo sigo haciéndome que leo, entregando más documentos a un policía sin
levantar los ojos para mirarle.

Ahora, me toca razonar con la cabeza del agente: “Qué curioso es este señor.
Se ve que le gusta enterarse de todo. Claro está: para combatir una doctrina,
es necesario conocerla… Si no... ¿cómo iba, en tal situación, a ponerse a leer un
libro de esos?...”
A distancia prudencial de la pistola de Arenas (¡me han dicho que tiene malas
pulgas!), le voy "persiguiendo" por las calles retorcidas y oscuras de Lérida. De
vez en cuando, se detiene y escruta la penumbra buscándome en los recodos...

Arenas desaparece por la puerta del Hotel X.... Dejo pasar unos minutos y me
pongo frente a él a la mesa...
El camarero:
—¿Qué van a beber los señores?
Me adelanto:
—Yo, “Priorato". Aquí, el señor, que es de La Coruña, bebe "Ribeiro”…
Noto que Arenas se está acordando mucho de mi madre... Y me vuelvo al
camarero:
—¿Todavía no ha venido Maurín?
El camarero me vio la contraseña:
—¡Sí… Los espera mañana en el Centro…
Arenas soltó la carcajada y levantó la jarra del agua, tragándose un
“¡cabronazo!”…

Un cuartucho en el foco de la revolución... En los alrededores, vigías. Preside


Nin, Secretario accidental de la CNT. Informe somero. ¡Ni un céntimo en caja!...
Todo se lo lleva la acción directa y el socorro a los presos, ¡Ni qué decir!

Nin, Maurín y Arlandis no hacen mella… Sus intervenciones irritan... Apoyados


en los acuerdos del Congreso de la Comedía, peleamos Arenas y yo...
Yo razono con el cerebro del delegado de Cataluña que es el más intransigente
en todo: "Cuando éste se expresa así, en nombre de Asturias... Porque este no
es solamente de los que hablan y escriben. Dicen que es de los bragadillos…” El
intransigente cede ante Asturias, Galicia y Aragón. Delegación a Rusia: Antonio
de Santoña, Nin, Maurín y Arlandis. La CNT invitará a la FAI para que se elija un
delegado en calidad de observador…

Camino de Zaragoza. Despistamos. ¡Somos gente de negocios! En el


compartimiento, un sargento y una bella joven con maleta y violín... Discutimos
de política. Estamos todos contra el terrorismo... La joven se destapa. Es hija
de un oficial de la Guardia Civil. ¡Su papá sí que acabaría en un santiamén con
los sindicalistas! ¡Cómo los deja, cuando los agarra! ¡Hay que recogerlos con
una pala!... En mi cerebro, la idea del "castigo”:
-¡Arenas, diles a esos que nadie me moleste hasta Zaragoza! ¡A ésta me la llevo
yo a la “piltra” por mala!...
Arenas sonríe desconfiado…

Ojos quietos en los ojos quietos. En mi cabeza, el KAMASUTRA y el


ANANGARANGA: “Voz de kolila. Tu "kamalila" tiene el agradable perfume de la
flor de loto negro... ¡Qué divino y prolongado espasmo!...”
El "lingam" entra, en forma de deseo, hasta las entrañas, a través de los ojos...
¡Cópula de horas, ininterrumpida, deliciosamente torturante, sin poder llegar al
espasmo!...
Arenas corta la cópula:
-¡Estamos en Zaragoza, Toño! ¡Hay muchos “bofias” a la salida!…
Al día siguiente, en el café “AMBOS MUNDOS”:
-¿Qué tal? ¡Le habrás dado a la niña su “merecido”!
-Y ya puedes extenderle el carnet de militante de la CNT… ¡Palabra!

¡A Rusia! (III)
Por Jesús Ibáñez.

En Berlín

Berlín. Suchy y Roker, líderes sindicalistas alemanes, agitan recio,


especialmente Roker.
Y el viejo conferenciante Roker, estupendo propagandista, después de hacernos
historia de la cruel persecución de que han sido victimas los anarquistas en
Rusia, termina:
—Para destrozar el movimiento anarquista, se apela a los más viles
procedimientos. Lo de la bomba de marras, cuando perecieron diecinueve
diputados al Soviet de Moscú, ha sido una verdadera provocación. Pero saben
bien los bolcheviques que no han sido los anarquistas. Sin embargo, se ha
tomado ese hecho como pretexto para exterminarlos. En las mazmorras
bolcheviques, en la terrible CHEKA, están todavía muchos compañeros nuestros,
entre ellos, el infatigable luchador Yolin, jefe del Estado Mayor de Majno en la
guerra civil...
—¿..................?
—¡No me le recordéis siquiera! ¡Víctor Serge está vendido en cuerpo y alma a
los bolcheviques!... Si os empeñáis en continuar viaje a Rusia, os ruego hagáis
algo por aquellos compañeros...

En lo que a mi se refiere, el ingente edificio de la Revolución Rusa, hace mucha


sombra a los argumentos del honrado y prestigiado Roker.

Espero en una plaza. Compro tarjetas... Es que Lladó y T... han ido al
Consulado español a buscar su pasaporte para Francia...
Miro por el rabillo del ojo... T... viene hecho un cadáver entre la policía. Lladó,
muy tranquilo, sonríe disimuladamente y me indica que largue... ¡No puede ser!
La plaza, vacía... Pistolas de las buenas... ¡Quieto! Sigo viendo postales. Me
siento apuntalado por la espalda con las pistolas. Una orden en francés:
—Haut les mains!
Uno por uno, arrancan tres taxímetros. El mío el último. La plaza se va
llenando... Comentarios:
—¡Dato!... ¡Dato!... ¡Kaput!...
—i Ya, ya!... ¡Kaput!...

¡A Rusia! (IV)
Por Jesús Ibáñez

En el Congreso de la Sindical Roja (I)


Nuevos conocidos españoles. Entre ellos, César R. González hijo de la gran
oradora y propagandista socialista Virginia González. Nos hicimos amigos
durante la pasada guerra imperialista en París. ¡Qué gratos recuerdos de
militante trae a mi memoria! Viene en nombre de uno de los dos partidos
comunistas que se disputan la dirección del movimiento marxista en España.
Quieren abrazarse en esta Meca...

Todos nos vamos arreglando, más o menos. Yo formé nido con la bonísima
Ñura...

El Director del hotel me dijo:


¡Haga una nota de todo cuanto contenía su maleta! ¡Se le devolverá todo su
valor! ¡No faltaba más!...
Y yo saqué la maleta de debajo de la cama del Director...
Algún delegado, "celoso" por el "prestigio de la revolución", quiere, en vista de
que yo me niego, denunciar el hecho. Yo le paro:
—¡En mis asuntos, yo! ¡Tú eres un perfecto miserable! Para que tú llegaras
hasta aquí, han tenido que quitarse hasta el pan de la boca del Director y sus
"ayudantes", ¡que forman parte del pueblo! ¡Quisiera verte yo a ti en su caso!...
¡No mandaré al pelotón a nadie por unas camisas!...

Fueron cuatro los muertos en el accidente, entre ellos el Secretario de los


mineros rusos, Artiom. Yo salve por... Y prefiero hacer guardia de honor ante
sus cadáveres... No quise ir a la prueba del "vagón-avión". Preferí pasar el día
en el bosque con Ñura... ¡Salí ganando! ¡No hay bien que por mal no venga!

Los enterramos en la Plaza Roja. ¡Qué oración fúnebre magistral me perdí por
no haberme muerto! ¡Justo castigo a mi perversidad!... Trotski estuvo
imponente. Proclamó a los cuatro “verdaderos héroes, caídos en el campo del
honor defendiendo los postulados de la revolución proletaria mundial

En el Congreso de la Internacional Comunista, muchos discursos. Y muchos


informes. Y muchas traducciones. Habla Bujarin: “¡Imponente!” Habla Zinóviev:
“¡Imponente!” Habla Lenin: “¡Imponente, majestuoso!” Habla Trotski:
“¡Imponente, majestuoso, omniscente! ¡Viva nuestro Napoleón Bonaparte!
¡Vivaaaa! ¡Vivaaaa!...”

En el gran salón de sesiones del Kremlin, descanso. Cambian impresiones, de


pie, Lenin, Bujarin y Zinóviev. Paso por detrás de Lenin, le toco, sin que lo
advierta, el extremo de la chaqueta... Luego, ante un montón de miradas, alzo
la cabeza, pongo los ojos en blanco, me santiguo, ¡muy largo y muy ancho!, y
me llevo la punta de los dedos a los labios... El líder italiano Serrati tuerce el
hocico... Un español se acerca a mí:
-¡Hombre!... ¡Esa falta de respeto!...
Yo:
-Cállate... ¡So imbécil!

Nos hemos reunido, por mediación de Víctor Serge, el ex-anarquista belga-


franco-ruso, a quien Roker consideraba vendido a los bolcheviques, en casa de
Sch...., significado anarquista ruso. Está también en la reunión Gastón Laval, un
anarquista francés que representa el Movimiento Libertario Español...
Acordamos visitar a Trotski y a Dserschinsky, jefe de la CHEKA, o
Chieriesvuicháinaya Komisia (Comisión Extraordinaria).

Trotski nos recibe, enfundado en su uniforme raído, con una sonrisa que pone,
por sí sola, valladares a toda “demasía”... Gaston Laval había prometido “hablar
enérgicamente”... Y tiene la palabra Gaston, pero casi haciendo pucheritos y
lagrimeando:
-Se trata... de..., ¿sabe usted, compañero Trotski?... Nuestros compañeros...
rusos... encarcelados...
Tortski sabe demasiado a lo que vamos y ataja:
-¡A mí no me conmueven esos tonos de vieja llorona! Soy uno de los
responsables máximos de la Revolución Rusa y necesito algo más que
lagrimones para ceder a lo que ustedes pretenden. ¡Exijo garantías! ¿Me
garantizan ustedes, en nombre de los organismos que aquí representan, que no
cometerán, después de sueltos, una de las suyas el estimado compañero Volín y
sus amigos? (Aquí, entre nosotros: yo estimo mucho a Volín). ¡Tengan la
bondad de cambiar impresiones!...
Hemos cambiado impresiones. Declaramos:
-Nada podemos garantizar, pero se les puede poner en libertad y que salgan de
Rusia... con alguna ayuda...
Trotski guarda silencio. Sus ojos miran hacia adentro... Luego, se abre:
-Estudiaremos el asunto. Pero antes de eso, es necesario que ustedes oigan un
informe de Bujarin sobre los hechos, mañana, en una de las sesiones del
Congreso de la Sindical Roja...

¡A Rusia! (V)
Por Jesús Ibáñez.

En el Congreso de la Sindical Roja (II)

Y el informe de “Bujarinito”, el “brazo derecho” de Lenin “en el dominio de la


teoría”, tritura, muele y aplasta... ¡Y termina pidiendo, bajo palabra de honor
revolucionario, garantías!

Todos los responsables del sindicalismo que asisten al Congreso cambian


impresiones... ¡Pero nadie se atreve a dar garantías!...

Y la libertad de Volín y sus compañeros, y la expatriación “voluntaria”, y la


“ayuda económica para unos meses” viene, pero como una limosna...

En mi intervención en el Congreso me correspondió la “Crítica del Movimiento


Revolucionario Italiano”. Estruendosos aplausos de todos, menos de los
italianos, cuyo jefe se atusa la perilla y sonríe...

Sesión final. Música y baile. En medio del coro, el viejo ochentón Tom Mann,
“sindicalista revolucionario” inglés, mueve, con gran humor y sentido del ritmo
lo único que puede mover: las posaderas... Me llama mucho la atención este
“viejo revolucionario”. Y es que, hace mucho tiempo, me quedó grabado su
nombre leyendo una carta de Engels a Sorge:
“Lo que más me repugna aquí, en Inglaterra, es la “respectability” (esta
vanidosa pretensión) que ha ganado, profundamente, al mundo obrero. Hasta
Tom Mann, a quien considero uno de los mejores, cuenta, muy
voluntariamente, que tiene que desayunar con el Lord Alcalde...”

Ha llegado el momento de la partida. Ñura llora como una niña. Me conmueve.


Está visto: ¡tengo el corazón de mantequilla, especialmente, con las mujeres!

Maurín se va conmigo. Su novia aprovecha un descuido y me dice, con un cálido


beso de buenos amigos:
-¡Esta noche me echo, también, al pico a Nin! Se queda aquí... Y, cómo me
gusta...

¡A Rusia! (VI)
Por Jesús Ibáñez.

El viaje de regreso (I)

Cabina en el "Tren Imperial". Conversación. Lectura. Apetito... Voy sacando lo


que nos pusieron para el camino: un pernil de cecina de "perro siberiano", un
pescado ahumado del Volga, una hogaza de pan muy negro...

Maurín lee, esperando la ración, mientras voy marcando y cortando, lento...,


lento... No sé qué es lo que me invade, pero sé que respiro como a empujones
y que estoy tragando algo que quiere ser un sollozo...

Maurín levanta los ojos del libro y me pregunta:


—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
—¿Cómo te diría yo... ? Quien no haya recibido de manos de su madre una
misérrima "merienda", para un largo viaje de problemática vuelta; quien no
haya oído decir a esa madre: "¡Es todo lo que tengo, hijo mío!", jamás podrá
abrir el corazón a los sentimientos que experimento en este instante...

Y, ahora, no razono... Ahora, sólo siento una especie de mezcla de amor filial,
de agradecimiento y de piedad infinitos. Y todo esto hace gritar a mi conciencia,
contra todo mi espíritu crítico, descontentadizo: "¡Aunque la revolución,
proletaria me hunda, como es seguro que me hundirá un día, igual que a Volin y
a otros, estaré cerca de ella para defenderla desinteresadamente, hasta su
consolidación! ¡Y para tratar de contribuir a orientarla, si puedo, en la medida
de mis fuerzas!"

Esta carne de perro siberiano, este pan negro y duro y este pescado apestoso
me lleva a considerar todas las penalidades los incalculables sacrificios que el
pueblo ruso (¡y sus dirigentes!) ha tenido que imponerse (para llegar a tan poca
cosa...” como decía la "compañera" anarquista ruso-yanqui que nos miraba en
el Congreso de Moscú por entre sus impertinentes de oro...); me lleva a
recordar la titánica lucha que han debido sostener unas "bandas" de soldados
hambrientos, descalzos y desnudos, contra las potencias capitalistas
coaligadas...; me lleva a pensar en aquel ingeniero, viejo bolchevique, que se
desmayó de hambre (¡sí de hambre!), viéndome a mí devorar las cortezas de
pan negro que la enamorada Ñura me traía a la habitación del hotel. ¡Y con qué
dignidad rechazaba aquel héroe de la revolución el bocado que le ofrecía!

Nos encontramos en el barco con un ruso-argentino de los “Universalistas” que,


aprovechando el viaje y la estancia gratis en Rusia, llegó, más que a otra cosa,
a visitar a sus... pasaporte español, extendido en Alicante...

Maurín y yo comentamos. Este mismo barco lo tomaran Casanellas, Nicolau y


"La Rubia", para dirigirse a Rusia y ponerse a salvo...

¡A Rusia! (VII)
Por Jesús Ibáñez.

El viaje de regreso (2).

¡Sttetin!... Aduana. Policía...


—Alicante... Conde del Olmedo... Pase... Alicante... Manuel Murillo... Pase...
Alicante... ¡Quieto ahí! ¡Son muchos Alicantes!... ¡Detengan a ese Olmedo y a
ese Murillo!

El Comisario de Policía:
—Repita usted...
—Yo he matado al presidente Dato. ¡Ya lo he dicho! ¿Está claro?
El argentino Murillo tiembla... Maurin hace esfuerzos por comprender... Una
guiñada mía le tranquiliza: se da cuenta de que mi intención es despistar a la
policía para que puedan embarcar los otros... Con Murillo me pongo muy serio.
Me gusta, no sé porqué, meterle un susto a este odioso chancrero
argentinizado.

El Comisario agarra el teléfono y llama a Berlín:


—En nuestro poder, Toño el de Santoña... El que estuvo encarcelado en Berlin...
¡Sí! ¡Convicto y confeso!...

¡Ya no siento en la celda de arriba los zapatos herrados de Maurín! ¡Me


alegro!...
Todos los días se abre la puerta de mi celda a la misma hora, por la tarde. Son
amigos y amigas del personal de la prisión de Stettín. Me enseñan desde la
puerta los periódicos con mi fotografía y me preguntan apuntando con el puño y
moviendo el índice, encorvado, como tirando de gatillo:
—¿Es verdad que le mataste tú? ¿Cómo hiciste?
Yo alargo la mano y muevo también el dedo:
—¡Pum!... ¡Pum!... ¡Pum!... ¡Pum!... ¡Pum!...
Y la hija del director (¡qué buena!) me mira de cierta manera... ¡Es un consuelo!

Camión celular: ¡A la estación! Tren celular: ¡A Berlín!


Autobús-celda: ¡A la Central! Paradas. En las paradas más “carga”... Son
traslados. Ya somos catorce. Tres mujeres presidiarías. Sonrisas y cuchicheos
en la penumbra. Se abre la esclusa del deseo. ¡No hay miramientos! Se han
subido las faldas... Las tres mujeres, ¡a la jineta sobre las rodillas! Las manos,
haciendo como de bridas en los hombros del “caballo”. Movimiento vertical
sobre los “estribos”. ¡Trote a la inglesa!...
Y las mujeres van cambiando de jaca... A mí ya no me hace falta. Mi cerebro
calenturiento ha operado sin necesidad de “tocamientos deshonestos”.

Conducción. En Aix La Chapelle agentes de la Seguridad Militar Belga. Son las


fuerzas de ocupación. El oficial:
—¡Ah!... ¡Ya estás aquí, pajarraco! ¡Te estaba esperando!...

El Comisario lleva apellido casi español... ¡Es terrible! No puede perdonar lo que
hicieron los españoles... Su propio apellido le trae constantemente a la memoria
una violación...
Pero ha entrado un joven matrimonio alemán... El Comisario pone cara horrible:
—¡Estoy hasta la coronilla de que ustedes, boches inmundos, no quieran
reconocer que son un pueblo derrotado, aplastado para siempre. Y si vuelven a
sacudir la estera cuando paso...
El joven alemán se esfuerza por explicar en francés y pedir perdón... Un
trompazo a placer le derriba echando sangre por la boca... La joven esposa se
echa a llorar a gritos. El Comisario se dirige a ella:
—¡A callar, so zorra!...

Entra un joven oficial de la S.M.B. El Comisario le sonríe:


—¿Quieres ocuparte de éste?...
El oficial me mide, despreciativamente, de arriba a abajo, con la vista y escupe
a mis pies:
—¡Tengo más que hacer que ocuparme de animales!

Es el complejo, es la inversa: a mínimo de potencia, máximo de altanería.


¡Igual pasaba en Letonia, Estonia, Lituania y Polonia!...

Conducción. Prisión Central de Bruselas. ¡Silencio de tumba! ¡Automatismo!


Modelo de higiene: se ve uno retratado en el estuco de las paredes... La
“enseñanza”, un verdadero martirio: ¡ocho horas diarias con los ojos clavados
en un mugroso catecismo o en el Cristo que está detrás del oficial! Recreo:
media hora diaria en el patio, haciendo ochos en torno a tres oficiales,
plantados como niveletas a diez metros de distancia. Entre cada recluso, tres
metros justos... En un mes no he conseguido cambiar una palabra con nadie.
¡Ni en la “escuela”! Y eso que los pupitres solamente tienen sesenta centímetros
de separación. Descartada toda posibilidad de fuga, esa eterna esperanza que
pone un sedativo en la vida del condenado... Porque los ángulos del enorme
muro forman media caña, y están estucados y brillantes... El cartón que llevo
en el pecho dice: “Número 127, TRANSPORT”.

Emilio Vandervelde, líder socialista y ministro de Justicia ha venido a verme. Ha


dispuesto que no se me entregue a la policía francesa. El Comisario se limitará a
ponerme en la frontera.
El Comisario me despide con amabilidad. Le recuerdo mis cien dólares, la pluma
estilográfica y el reloj...
—Perdone. Solamente se me ordenó tomar el billete para usted hasta París...
De lo demás, nada sé. Arrégleselas en París como pueda y, luego, reclama...

Textos extraídos de la web “Asturias Republicana”:


www.asturiasrepublicana.com