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LA HLUMANIDAD | : ry SF AS | FDITORL oe Te SINTESIS oo a | tee Disefio de cubierta: JV Disefio grafico Reservados todos los derechos. Esta prohibido, bajo las sanciones penales y el resarcimiento civil previs- to en las leyes, reproducir, registrar o transmitir es- tas publicaci6n, integra o parcialmente por cualquier sistema de recuperacién y por cualquier medio, sea mecanico, electrénico, magnético, electroéptico, por fotocopia o por cualquier otro, sin la autorizacién previa por escrito de Editorial Sintesis, S. A. © Manuel Dominguez-Rodrigo © EDITORIAL SINTESIS, S. A. Valiehermoso, 34. 28015 Madrid Teléfono (91) 593 20 98 ISBN: 84-7738-383-9 Depésito Legal: M. 17781-1996 Impresi6n: Lavel, S.A. - Impreso en Espafia Printed in Spain re ae . : eo een y anatomica diferencial de los restos éseos sugiere Spee i los pliocénicos val igual que indica la variedad de sus indus- ae ae fe auna diversidad de contextos ecolégicos de forma muy ae sateanisty grandes (en contextos en los que otros tipos ee i ; lemente mas importantes) y cazaban en los mismos ae Fae oe aluviales), pese a su diferencia (margen lacustre Sacer ieee ). ec indicaria un Ppatrén de deambulacién de los ho- Se saat en el que se haria uso de los recursos tanto liticos, co- Saat , era contextual; es decir, se aprovecharfan los recursos les en el entorno inmediato, por lo que no seria necesario el des- plazamiento ni de 7 a i. fangs! materias primas ni de alimentos a lo largo de grandes dis- 144 5. —— El proceso de humanizacion el 5.1. El proceso de hominizacién Durante las dos tltimas décadas, los estudios de Biologia molecular han puesto de relieve que la escisién del tronco evolutivo comin con los péngi- dos —con quienes compartimos la mayor parte de nuestro patrimonio gené- tico— ocurrié en tomno a los -6 millones de afios y, por lo tanto, que el origen de los hominidos se remonta a dicho momento (Sibley y Ahlquist, 1984). Por consiguiente, dada nuestra mayor identidad genética y evolutiva con respecto a estos primates, en especial con el chimpancé ~al que debemos tomar como referencia-, el proceso de hominizacién se vertebra en tomo a Ja particular metamorfosis experimentada por los hominidos en contraste con el resto de primates y que ha conducido a la postre al ser humano modermo, con las ca- racteristicas fisicas y conductuales que le son exclusivas. Para poder obser- var como transcurre dicha metamorfosis a lo largo de casi 6 m. a., disponemos de los restos fosiles de distintas especies de hominidos y las evidencias ma- teriales de la conducta de algunos de ellos. Con respecto a las distintas clases de hom{nidos que existieron alo largo del Plioceno, sabemos que anterior a los 4m. a., existid una especie muy pro- xima al chimpancé, denominada Ardipithecus (Australopithecus) ramidus, 145 rote St0s Son alin muy escasos (Asfaw ef al, 1994) y otra lamada Austra- ppuhecus anamensis. Después se tiene constancia de la existencia entre 4-3 a oo Jpsrestes de Hadar Etiopia) y Laetoli (Tanzania), Hasta ha- : aceptacion no era undnime -se pretendi: Se Roca tiempo, eta ace ~se pretendia la existencia Y resultaba un tanto polémica, pero los til ‘ L Itimos des- ‘ubrimientos realizados en Maka, en el Awash medio (Btiopia), son ae ro para cil a base ani que se aduuce resulta insuficiente (Grine, 1988. Rodrigo, in esta misma fecha aparecen | ros re- presentantes del género Homo —cuyos restos esta pees : : stan sujetos en la actualidad una revisién taxonémica (ver Capitulo 3) a - ¥ es probable que tambie é tengan algunos representantes del lin ‘ ne: aje australopitécido gracil. Con moti de descubrimientos como el KNM-WT 17000 (Welker et ai, 1986), Interne eee = a a iemlets (Precedido por Ardipithecus). Este evo- ~que puede ser antecesor del género hums las formas de australopitecos robust cy eeaeaes a : (os (Skelton y McHenry, 1992), o bien sé- ee ie humano (Boaz, 1983), 0 constituir un callejon sin pee eae od, 2)-, y mas tarde se escinde en dos vias divergentes: la marcada on ae 7 A. Sees ae distincién especifica tampoco es muy sélida Rodrigo, - desaparecen en el Pleistoceno infer; ‘lor, en tor- 7 a 1.2m. a., quedando los representantes del género Homo como los ca s que sobreviven de la diversidad especifica del Plioceno, au matt gn el mismo periodo en que surgen las formas robustas de pitecos y los primeros Homo, aparecen —como hemos visto ante- cana en acumulaciones en determinados lugares de artefactos liticos y de sos pertenecientes a diversos animales de especies distintas. Los ya- 146 cimientos mas antiguos, con una cronologia de 2,5 m. a., fueron descubiertos en Hadar (Corvinus y Roche, 1980) y West Turkana (Roche, 1993), y, con una fecha de 2,3 m. a., en Omo (Chavaillon, 1976). El caudal de conocimientos de que disponemos en la actualidad, debido tanto a la cantidad de restos, como al refinamiento de su identificacion y cronologjia, junto con la existencia de métodos analiticos nuevos y acceso a una tecnologia moderna, permite formular nuevas preguntas y revisar concep- ciones tradicionales en torno al proceso de hominizacion. Puesto que, segtin pone de relieve la Biologia, animales como el chim- pancé son nuestros parientes evolutivos mas préximos, y ya que existe una se- rie de caracteres —cuantitativos y cualitativos- que nos diferencian de ellos, de- demos utilizarlos como marco de referencia para definir qué nos acerca y qué nos distancia de estos primates. A este respecto, podria distinguirse entre ras- gos fisicos y rasgos conductuales. Los principales pasos que ha dado el ser hu- mano para diferenciarse de estos primates ha sido la adquisicién de la ca- pacidad de autoconciencia, ligada a una gran inteligencia —que convierte su conducta en un modo de reaccién sumamente posibilista-, su tipo de inte- raccién social, con asociaciones macho-hembra de cardcter extenso, su conducta subsistencial solidaria, su peculiar proceso de desarrollo, que le ha- ce el mamifero con mayor periodo de crecimiento, su sistema de comuni- cacién regulado por un lenguaje articulado, y un sistema locomotor bipedo, que transformé su anatomia y otorgé a sus extremidades superiores funcio- nes desligadas del acto de locomocién. Sin embargo, la mayor parte de es- tas caracteristicas, formuladas de un modo tan genérico, no dejan una impronta fisica discernible. Para ello es preciso observar algunas de sus consecuencias. El modo en que muestra especie se organiza difiere de la mayor parte de primates en que machos y hemibras se asocian de manera permanente, con el objeto de sacar adelante una progenie cuya indefensién y extenso periodo de desarrollo supone una gran inversién energética. Esto repercute en nuestra con- ducta subsistencial, que presenta las siguientes innovaciones: tras la localizacién del alimento, se postpone su consumo y se traslada hasta enclaves referenciales en los que se comparte y donde se generan, por consiguiente, acumulaciones de restos. Para esta y otras labores resulta imprescindible el uso de herra- mientas. Sin embargo, siendo mas evidentes e indiscutibles, los rasgos fisicos que nos hacen diferentes de los chimpancés son: una mayor capacidad craneal, un mayor ortognatismo y reduccién de las proporciones mandibulares y den- tales —junto con un cambio morfolégico de las mismas-, unas dimensiones corporales mayores, un indice de proporciones intermembrales distinto y un es- queleto diferente, producto de la adaptacién a un sistema locomotor bipedo. La manera en que los rasgos fisicos se relacionan con los conductuales merece especial consideracién. La mayor inteligencia humana y sus cuali- dades psiquicas pueden entenderse por su mayor cerebro; por lo cual, el con- 147 traste entre las dimensiones craneales del chimpancé y las del ser humano se convierte en un indicador fisico de su mayor capacidad de reaccién, Una de las evidencias materiales del incremento de la inteligencia es la elaboracién de herramientas liticas, cuyo proceso operativo, que va desde la concepcién Gel mismo y localizacién de la materia prima hasta su traslado y posterior transformacién en artefactos, exige una respuesta y un grado de habilidad no observable a nivel etolégico (Schick y Toth, 1993). A su ver, las herramientas liticas son indicadores indirectos de la conducta subsistencial. Su anilisis morfo-tecnologico y funcional pueden indicamos su uso en diversos tipos de labores y proporcionar una informacién muy valiosa para aproximarnos a la dieta de los hominidos. De la misma manera, su concentracién en determi- nados enclaves, junto con una diversidad de restos éseos, puede también aportar informacién a la hora de valorar estrategias de consumo alimentario y de comportamiento hominido. Sin embargo, datos como el grado de or- tognatismo, reduccién de las dimensiones dentales -y su variacion alométrica- y corporales, y la variacién de las proporciones intermembrales no son evi- dencia directa de rasgos conductuales ~aunque algunas de ellas lo son de fac- £o-, pero si pueden serlo de procesos hiologicos de desarrollo, que estén re- lacionados con el comportamiento a nivel general (Bermudez de Castro y Dominguez-Rodrigo, 1992), Tradicionalmente el proceso de hominizacién ha sido concebido como el desarrollo de una serie de caracteristicas fisicas y conductuales con tres hi- tos excepcionales: la adquisicion del bipedismo, el crecimiento encefilico y la elaboracién de herramientas liticas. Hasta hace un par de décadas, estos tres momentos clave de la evolucién humana se interpretaban de manera in- terrelacionada y se hacian derivar de un origen comin. Unos pensaban que Ja encefalizacién desencadené un cambio de locomocién que impulsé la aparicion de la tecnologia, y otros, en mayor numero, mantenian que la en- Cefalizacin precedié a la tecnologfa, la cual en la necesidad de su transpor- te habria criginado el surgimiento de la postura erguida (Smith, 1920; Keith, 1922; Morton, 1922; Gregory, 1916-49), En la actualidad, los hallazgos dis- ponibles nos permiten interpretar estos elementos de una manera sutil pero Significativamente distinta por ejemplo, sabemos que el bipedismo precedié al desarrollo encefalico-, otorgandoles el lugar e importancia, junto con otra serie de consideraciones, que en verdad parece corresponderles dentro del proceso de hominizacién 5.1.1. La aportacién de la paleontologia al estudio de la evolucién humana Los descubrimientos realizados a lo largo de la década de los setenta en Hadar Etiopfa) y Laetoli (Tanzania) llevaron a la formulacion de la especie A. 148 afarensis y @ la ampliacion en el tiempo de la ubicacion cronol6gica de Le lar -1 ilia de los hominidos. De entre estos hallazgos, el ejemp! s oe Lucy- demostraba que los mas antiquos Se ecouees = = ili bulacién bipedo. Este hecho ta familia ya poseian un sistema de deaml $ = i i scubrimiento del rastro fésil de pisac sto de mayor relieve a raiz del des s de 3 Se homsini dos que quedaron impresas en una capa de iain pcreaea bes i bipedismo podri - si4m.a. Estas evidencias apuntan a que el i : trado su origen en el mismo momento en que hominidos y chimpancés se es i del tronco evolutivo comin. : : : aor ‘era un hominido de deambulacién bipeda, como acabo de se- fialar, con una remodelacién de todo el esqueleto postcraneal, ee os modar semejante modo de locomocién, y que mantenfa una nae ie S a teristicas propias. Sus proporciones intermembrales les aprossmmaban a elativamente cortas y brazos mas antropoides, poseyendo piernas re aoe sual, que se traduce en una varii largos, con un acentuado dimorfismo sex on itrastada. Mientras unos in dimensional entre machos y hembras muy cont i. fi 40 Kg de peso, otros apenas ¢ 1s podian rebasar 1,40 m de altura y los eae de | my su peso casi no excedia los 30 Kg (Jungers, 1988a, 1988b; i Dean, 1990). : eae @ una anatomia tan particular, el créneo de A nai ae a i | craneo del chimpancé comin. - cién por su gran proximidad con el oe i i i ilares, con un volumen encefal cipio, sus dimensiones son muy similares, So | 400 c. ¢., y el grado de prognatismo es parango pect se aprecia a nivel mandibular y dental. La arcada eaaea adopta una forma més parabélica, aunque con mayores eee chimpancé ambién comparte cé que a la humana actual, con quien ti similtud en ie dimensiones y morfologia dentaria, con la salvedad de que los aninos se reducen de tamafio. : of : Esta serie de caracteristicas fisicas son muy similares a las ee i 4 A, africanus, cuyo gr - descendiente més antiguo de A. afarensis, : morfismo sexual era idéntico; al igual que las dimensiones con e _ termembrales. Igqualmente prognato y de escasa capacidad craneal (400 c. . Q A. africanus posey6 una denticion de parecidas caracteristicas que su ante Sin embargo, hace 2,5 m. a., asistimos a un cambio importante: por un Ta- do surgen las formas robustas de australopitecos y por otro, Homo. Una serie de procesos evolutivos que se dan en ambos géneros son divergentes y otros Sees Entre estos tltimos destaca un descenso del grado de Laie natismo, mucho més acusado en Homo. Con respecto a los Procesos dive! gentes se asiste en el grupo de los australopitecos (A. boiseiy A. hein cto a sus antecesores, aun- rremento de la robustez corporal con respe: : Gust ecienengs similares dimensiones en lo concerniente a la altura y pro 149 porciones intermembrales y un mismo grado de dimorfismo sexual. La ca- pacidad encefalica sigue siendo baja (400-500 c. c.) con un ligero aumento, ex- plicable en funcién del peso corporal. Sin embargo, el cambio mas notable se observa en la reconstruccién molar y mandibular. La mandibula disminuye en la proporcién de su eje mesial y se hace mas parabélica, la denticién anterior se reduce de tamaifio, mientras que la posterior excede notablemente las di- mensiones alcanzadas en A. afarensis y A. africanus. El estudio de la evolucién de los australopitecos nos demuestra que estos hominidos eran mas parecidos a los antropoides que a nosotros. Sus di- mensiones corporales e intermembrales eran similares a las de los chim- pancés, su grado de prognatismo facial, proporciones mandibulares y den- tales también eran mas parecidas, De la misma manera, compartian con los antropoides un volumen encefalico casi idéntico y una dieta muy similar, a te- nor de los andlisis de microdesgaste del esmalte dentario (Puech y Albertini, 1984; Ryan y Johanson, 1989), salvo en el caso de las formas robustas, en las que se advierte una dieta de peor calidad basada en productos como rizomas, semillas, etc. (Kay y Grine, 1988). Esto explicaria que las dimensiones de la denticion posterior de A. boisei y A. robustus hubieran sido tan grandes. Sin embargo, uno de los rasgos mas relevantes es el grado de dimorfis- mo sexual exhibido por estos homninidos (Kimbel y White, 1988), parangonable al que poseen los ceropitécidos adaptados a espacios abiertos, como los pa- piones y geladas, y que se percibe en varios caracteres: diferencias muy mar- cadas en Jas dimensiones corporales entre machos y hembras —unos individuos casi la mitad de grandes que otros-, variacién dimensional y alométrica de las mand{bulas, existencia de dimorfismo en los caninos (A. afarensis, A. africanus) —as mandibulas robustas poseen caninos que son proporcionalmente mayo- res que en las mandibulas mas pequefias, como sucede en todos los prima- tes dimérficos-, la presencia de individuos robustos con cresta sagital cra- neana (A. boisei, A. robustus), como ocurre en los gorilas macho, y la existencia de otros exentos de ella. Todos estos rasgos estén asociados a con- ductas sociales coordinadas de manera jerarquica por unos individuos, en las. que cada miembro del grupo ocupa una escala de mando o sumisi6n, con una conducta subsistencial independiente, y que sélo cooperan en la defensa de la comunidad o en la captura esporadica de alguna presa (Dominguez-Ro- drigo, 1994a). Es decir, un comportamiento como el que se obseva en muchos primates. El mayor tamafio de los machos se explicaria por dos razones: por Ja pugna en el acceso a las hembras y/o por la necesidad de hacer frente a los riesgos de los ecosistemas con una presién tréfica alta y riesgo de predacién elevado. Incluso las semejanzas con los chimpancés se extienden hasta en el pro- ceso de crecimiento. Estudios realizados sobre las dimensiones de la aper- tura del canal pélvico y los procesos de formacién de ameloblastos del esmalte 150 dentario sugieren que los perfodos de desarrollo de los australopitecos eran parecidos a los de estos antropoides Bromage y Dean, 1985; Tague y Lovejoy. 1986; Bromage, 1987; Leutenegger, 1987) Sin embargo, estos homfnidos fueron distintos del resto de primates y de sus congéneres evolutivos, los chimpancés, por el hecho de haber sido bi- pedos. Esta circunstancia echa por tierra las concepciones reduccionistas del proceso de hominizacién, que postulaban un origen comin para el bipedis- mo, el uso de herramientas liticas y el crecimiento encefalico. Como de- muestran los australopitecos, el bipedismo aparece mucho antes que los otros dos factores y no guarda relacién con un aumento del tamafio cerebral, ya que la capacidad encefalica de estos hominidos era como la de los an- tropoides. Tampoco tiene ninguna relacién con el uso de herramientas, puesto que los primeros artefactos liticos aparecen mucho mas tarde. En torno a los 2,5 m. a. -fecha en la que se documentan los primeros aus- tralopitecos robustos- aparecen otras criaturas que han sido clasificadas en un género aparte: Homo. En la actualidad, todos los fosiles pertenecientes a formas no robustas de este periodo, que tradicionalmente han sido englobados en el morfotipo diagnéstico de Homo habilis, estén siendo sumamente cuestionados (Stringer, 1986; Walker, 1991; Wood, 1992a, 1992b) (Capitulo 3). Aunque al- unos autores son partidarios de mantener la validez de dicha diagnosis (Tobias, 1991), en los ultimos afios una nueva cortiente, que ha ido paulatinamente adquiriendo adeptos, sostiene que el morfotipo de Homo habilis abarca los ca- racteres de al menos dos especies distintas y no sélo una (Capitulo 3). En rea- lidad asf parece ser. Si se analizan los restos fésiles disponibles, se puede ob- servar que su heterogeneidad dimensional y morfolégica excede la variabilidad intraespecifica que se da en primates actuales (Wood, 1992a, 1992b). Existen varios criterios que pueden aducirse a favor de la hipétesis de que existen dos especies en el hipodigma tradicional de H. habilis. En el aspecto craneal, exis- ten ejemplares de escasa capacidad encefilica (600 c. ¢.), con una morfologia endocraneal similar a Ja de los australopitecos, torus supraorbital incipiente y grado significativo de prognatismo facial. El especimen mas ilustrativo a este res- pecto es el craneo KNM-ER 1813. Desde el punto de vista corporal -perfecta- mente ilustrado en ejemplares como el OH 62 Johanson et al., 1987)- estos ho- minidos exhiben un indice de proporcién intermembral similar al que mantuvieron los mas antiguos representantes del género Australopithecus, con un tamaiio corporal que apenas excede 1 m de altura y los 30 Kg de peso. Frente a estas caracteristicas, existen otros hominidos que exhiben los si- guientes rasgos diagnésticos. Desde el punto de vista de la morfologia craneal, poseen voliimenes encefilicos que exceden los 700 ¢, c., una béveda craneal mas redondeada, ausencia de torus supraorbitario, mayor ortognatismo que los hominidos anteriores y una morfologia endocraneal similar a la humana ac- tual, con una asimetria del lébulo frontal como rasgo mas evidente (Wood, 151 1992b). El especimen mas paradigmitico es el crneo KNM-ER 1470, En el as- ecto postcraneal, la reconstruccién dimensional realizada a partir de fe Fes completos como KNM-ER 1472 y KNM-ER 1481, sugiere que estos ho- minidos podrian poseer una altura que oscilaria entre 1,40 m y 1.60 Gungers, 1988; Aico y Dean, 1990; MeHenry, 1904). ae i pues, ademas de los australopitecos robustos, a | final/Pleistoceno inferior parecen convivir dos especies eames a fa de tamafio pequefio, con proporciones intermembrales simiescas, ca- a a ity oe Prognato (Homo sp.), y otra de mayores 5, un fi Gees eee i ee de mayor tamano y un rostro mas aplanado see tH fahilisle sucedié H, erectus bien documentado a nivel sil en un con- to cronolégico del,7 m. a., con las caracteristicas mas relevantes de un ta. mato corporal mayor, excediendo tanto machos como hembras el L,70 m de altura ~segun se desprende del estudio de restos como el KNM-ER 1808 KNM-WT 15000-, proporciones intermembrales como las que poseemos en actualidad, ausencia de dimorfismo sexual y un volumen cerebral que en los especimenes mis antiguos se acercaba a los 800-1000. , de capacidad (Walker y Leakey, 1993). & partir de entonces, y en el plano fsico, la carac- teristica mas relevante de la evolucion humana sera el incremento de tamafio del cerebro, que alcanzaré nuestra proporcién a finales del Pleistocene medio. 5.1.2. Los primeros yacimientos arqueologicos de la humanidad | Durante las dos tltimas décadas, los yacimi 6 i nicos han sido sometidos a un riguroso tamiz de andlisistfonsaoce ose {in de discemir los procesos y agentes responsables de la formacién de los mismos. Después de estos veinte afios de estudios, en la actualidad sabemos que dichos yacimientos son el resultado de la actividad en primera instancia e jominidos, tras los cuales, hiénidos y otros agentes biologicos y fisicos ervinieron sobre los restos depositados, desvirtuando la confi ‘acié original generada por los primeros (Bunn y Kroll, 1986; imnenesting Ma. "ean, 1998; Dominguez-Rodrigo, 1983; 19940) ‘ aoe principales yacimientos de este peri: fc centraciones de huctos pettenecintes a dversas copes deere mayor parte configuradas mediante procesos de manufactura. La aparicién fe Gichos yacimientos se explica en la actualidad mediante el modelo de “forraieo & lugar central” (isaac, 1983), que mantiene que los primeros hominidos habrian 7 legido ciertos emplazamientos del ecosistema de sabana -preferentemente los osques aluviales en los entomos lacustres y fluviales-, en los que habrian i talado lugares referenciales que habrian servido como puntos de unién y dis. 152 gregacién periédicas del grupo y a los cuales habrian aportado restos animales que habrian sido consumidos, presumiblemente, de manera colectiva. A se- mejantes enclaves habrian aportado huesos, de los cuales habrian aprovecha- do el contenido medular (Blumenschine y Madrigal, 1993), con posterioridad al consumo de su contenido camico, tal y como se desprende de los indices de re- presentacién esquelética y de las marcas de cortes que aparecen en una frac- cién significativa de los huesos contenidos en los yacimientos (Bunn, 1981; Potts y Shipman 1981; Bunn y Kroll, 1986; Dominguez-Rodrigo, 1993). Dotados de la habilidad de elaborar herramientas de piedra, los homi- nidos pudieron acceder a un recurso alimenticio tan importante como eran los animales mayores de 50 Kg de peso. Este tipo de fauna comprende preci- samente la mayor parte de especies identificadas en los yacimientos de este periodo (Bunn, 1982; Potts, 1982). Durante los ultimos afios se viene discu- tiendo si estos hominidos obtenian dichos recursos mediante la caza 0 el ca- rrofieo. Recientemente -en la pasada década- la tesis del carrofieo se ha pues- to de moda frente a la interpretacién tradicional de la caza. Algunas de las premisas en que se fundamenta son las siguientes: los hominidos habrian po- seido escasa envergadura fisica para la caza y, aunque habrian elaborado he- rramientas, habrian carecido de armas, y que en determindados momentos del afio habrian existido condiciones que facilitarfan la aprehensién de ani- males por actos de carrofieo, siendo innecesario el desgaste energético que supone la actividad cinegética. Con respecto a la primera cuestion, cabe emplear como argumento opuesto el hecho de que la envergadura corporal no influye en la capacidad de caza, como lo demuestran actualmente los pigmeos de las selvas tropicales africanas —con dimensiones corporales si- milares a las de los primeros seres humanos-, capaces de abatir presas del tamafio de un elefante. También es cierto que los hominidos pudieron ha- ber poseido armas de madera (palos, ramas, etc.), como sugiere el andlisis de las huellas de uso que quedan en algunas herramientas de piedra, que de- muestran su empleo no sdlo en el procesamiento de animales, sino también en la manipulacién de madera (Keeley y Toth, 1981). Ademas, hay que tener en cuenta que la estructura anatmica de estos hominidos era intermedia en- tre el chimpancé actual y el moderno ser humano; lo cual quiere decir que probablemente dispusieran de mas fuerza, puesto que un chimpancé posee en cada brazo bastante mas potencia fisica que un hombre (300 Kg frente a 65 Kg). También resulta sugerente al respecto el hecho de que los chimpances y papiones sean capaces de cazar animales como facéceros, gacelas y otros bévidos pequefios sin hacer uso de ningun tipo de arma. Todo parece indicar, de acuerdo con los diversos andlisis tafonémicos (Capitulo 2), que los miembros primigenios de nuestro género fueron pri- mordialmente cazadores y carrofieros en menor grado. Si dependian del con- sumo regular de alimentos animales tuvieron que cazar, ya que el carrofieo s6- 153 10 6s posible ds manera estaconal Sifubiesen sido tinicamente carriers ten i ve ‘aber sido extremadamente méviles, ya que dicha estrategia exige . spl lazarse continuamente siguiendo los rebafios migratorios. Los yacimien- ts arqueclgices sugieren, en cambio, que los hominides aetuban confinados areas, La presencia en dichos yacimientos de i sidad de especies, sin el predominio de nin Santa c s guna, apoya semejante = raciéa y resutaindicativa de que los hominidos eens ae ta Tocal y no de la biomasa migratoria ~més prociive a ofrecer restos Garrfesbee por set el foco principal de interés de la mayor parte de carn. se reduce a unas pocas especies y por lo tanto ial : : produce especiali- zacion en los predadores que actian sobre ela, Ademés, en los a aes | representadas especies que no estén sujetas a migracién aleuuna, lo one un mayor apoyo a la hipétesis de la caza, n , puesto que la muerte na- tral — nose conservan, laimpronta dejada por el wa en forma dé coloraciones y oxidacién de los suefos producto de la alteracién térmica de los sedimentos arcillosos que deben di- ferenciarse de las alteraciones quimicas pedogenéticas de caracter natural-y Ja presencia de artefactos Iiticos sometidos a un gradienie térmico elevado. En el yacimiento Fxfj 20 East de Koobi Fora se descubrieron estas colo- raciones rojizas y anaranjadas, en el horizonte arqueolégico, similares a las ob- servadas en campamentos de poblaciones actuales en las inmediaciones 177 del lago Turkana (Clark y Harris, 1985). Las dimensiones de estas coloraciones eran de unos 40 cm de didmetro y entre 10 y 15 cm de profundidad. También se descubrieron algunos artefactos liticos alterados térmicamente. La dispo- sicién de las coloraciones sedimentarias y la distribucién de los artefactos en forma de arco abierto apuntan a una coherencia en semejante dispersién ma- terial (Clark y Harris, 1985). En dos excavaciones proximas a este yaci- miento, FxJj 20 Main y Fxjj 20 AB, también se observan algunas zonas con co- loraciones sedimentarias y con artefactos quemados (Harris, 1978) En el yacimiento Gnji 1/6 E de Chesowanja se descubrieron 51 terrones de arcilla quemada en el mismo nivel arqueolégico, concentrados en su mayor parte en un area de 3 m? al noroeste de la excavacién —en un proceso sedimentario del yacimiento en condiciones de baja energja, lo que permite ver que no hubo desplazamientos ni acumulaciones debidos a procesos na- turales (Gowlett et al, 1981)-. En Gadeb, en las altas tierras de la meseta etiope, en el yacimiento achelense de Gadeb 8E se descubrieron varios artefactos de lava que parecen mostrar las descoloraciones propias de haber sufrido alteraciones térmicas debicdo al fue- go. Estos, junto con otras piedras quemadas, aparecian también agrupados a ni- vel espacial en una de las cuadriculas excavadas (Clark y Harris, 1985). Concentraciones de coloraciones rojizas y fragmentos de arcilla quemada también aparecen en dos yacimientos —uno olduvayense (Bodo A4) y otro achelense (HAR A3)- del Awash medio, al norte de Etiopia. Sin embargo, todas estas evidencias no indican una autorfa antrépica en las alteraciones térmicas sufridas por ciertos materiales y secciones presentes en los yacimientos citados. Podrian deberse perfectamente a la ocurrencia de fuegos naturales que hubiesen afectado a grandes Areas de las llanuras aluviales y que hubiesen alcanzado algunos enclaves utilizados previamente por los hominidos, afectando las caracteristicas de los restos acumulados por éstos. Ante la ausencia de métodos de identificacién apropiados, R. Bellomo em- prendié una labor de renovacién metodolégica y refinamiento analitico, con él fin de elaborar diagnosis sobre tan menguada evidencia fésil. Para ello, es- tablecié una aproximacién metodolégica basada en la comparacién experi- mental de focos de combustién en ambientes actuales y en contextos ar- queoldgicos recientes de indudable manufactura antrépica. Dicho marco referencial se compuso de experimentos de incendios so- bre las llanuras de gramineas, incendios de arboles aislados, incendios de bosques y hogares reactivados o intensos -es decir, de una combustién prolongada o de varias combustiones mas breves- en campamentos actua- les (Bellomo, 1993). Para ello establecié una gama analitica variada funda- mentada en los siguientes tipos de estudio: examen microscépico en tres di- mensiones de las superficies alteradas térmicamente por el fuego, andlisis de los espectros magnéticos, estudio de la susceptibilidad magnética de los 178 sedimentos, andlisis de la magnetizacién alternante de campo, anilisis de la magnetizacién remanente isoterma y estudios de paleointensidad. Los distintos tipos de anilisis fisico-magnéticos confirman variaciones cualitativas y cuantitativas de las propiedades sedimentarias basadas en las tem- peraturas alcanzadas y el tiempo de duracién de las mismas. En su estudio, Be- lomo constaté que las temperaturas medias en superficie de los hogares en campamentos ~de autoria antropica— eran de 600 °C al principio y hasta 400 °C durante las tres primeras horas. En claro contraste, los incendios de arboles ais- lados alcanzaban una temperatura de superficie maxima (y no media) de 280 °C durante los primeros minutos y de 200 °C si se mantienen dos horas mas. Los incendios de 4reas de gramineas apenas alcanzan los 225 °C al principio y se reducen a 100 °C al poco tiempo; temperatura que sélo pueden mantener durante dos minutos. Estas diferencias térmicas producen altera- ciones geomagnéticas distintivas. De acuerdo con esto, en lo que respecta al andlisis macroscépico de las superficies alteradas termicamente, los hogares de campamentos dejan una impronta morfologica de alteracién sedimentaria en forma de cuenco, con una configuracién tridimensional de los sedimentos oxidados; hecho que no se ob- serva en los otros procesos naturales. E] incendio de gramineas no genera su- ficiente calor para alterar el sustrato sedimentario. El incendio de arboles ra- ramente produce oxidacién alguna y cuando asi ocurre sdlo afecta al primer centimetro de la superficie, y no hasta 15 cm de profundidad, como ocurre en las combustiones antrépicas. De la misma manera, los hogares generan anomalias magnéticas que los incendios de hierbas y arboles no producen. Esto se refleja en la amplia va- riacién de los espectros magnéticos del sustrato sedimentario antes y después de la combusti6n. Los anélisis de la susceptibilidad magnética de los sedi- mentos también demuestra que los valores de ésta son muy elevados; casi tres veces los obtenidos en el incendio de arboles y cuatro veces los conseguidos en la quema natural de gramineas. El andlisis de magnetizacién altemante de campo indica que las combustiones antrépicas muestra un grado elevado de estabilidad magnética; situacién radicalmente opuesta en el resto de proce- sos naturales. Los otros estudios geomagnéticos también demuestran que los hogares de campamento alteran la mineralogia magnética de los sedimentos en superficie, mientras que los procesos de combustién naturales no lo hacen ©, en caso afirmativo, lo hacen en valores muy bajos Por consiguiente, Bellomo (1990, 1993) consiguié establecer un sistema metodolégico y analitico diagnéstico de los procesos de combustién aplica- bles a contextos muy antiguos, en los que la unica evidencia conservada era ja alteracion fisica de los sedimentos. Acto seguido procedié al andlisis de los restos de combustion conservados en uno de los yacimientos del Pleistoce- no inferior mencionados: el complejo FxJJ 20. 179 En él (Fxjj 20 Main) detecté la formacién de coloraciones caracteristicas por alteraciones térmicas fuertes, con la compactacién del sedimento en superficie, extension horizontal variable (entre 40 cm y algo menos de 1 m, segin cada una de las areas registradas), con la presencia de oxidacién vertical de 10 a 15 cm de profundidad y con un conjunto de alteraciones quimicas y magnéticas que atestiguaban que se debian a procesos de combustién muy elevados (>400 °C) y persistentes a lo largo del tiempo, solamente parangonables a los que él ha- bia detectado en los hogares experimentales de los campamentos (Bellomo, 1990). Por consiguiente, concluyé que las alteraciones térmicas de este yaci- miento se debieron a la manipulacién antrépica, bajo cualquiera de las dos si- guientes conductas: el mantenimiento de un solo fuego durante mas de cuatro dias 0 la realizacion en el mismo sitio de varias combustiones distintas seguidas, como parece mas probable (Bellomo, 1990). Desechada la posibilidad de fuegos naturales, la constatacién de la utilizacién del fuego por parte de los ho- minidos en el limite plio-pleistocénico supone retrotraer ms de 1 m.a., un lo- gro evolutivo que se pensaba mucho mis reciente. De ello se pueden extraer muchas conclusiones. Una de ellas es que los primeros H. erectus posefan una conducta mas humana de lo que se pensaba hasta hace poco. Ademas, se- mejante hecho refrenda la interpretacién de los yacimientos plio-pleistocénicos como lugares de estancia prolongada no coyuntural: el fuego habria facilitado la permanencia al servir también de resguardo frente a los predadores, Seguin Potts (1988), la existencia de este rasgo seria garante de que estos yacimientos hubiesen sido campamentos en piena regia. 5.4. El inicio de la expansién Una de las fases mas sorprendentes del proceso de hominizacién lo constituye la aparicion de H. habilis, su adecuacién a la mayor parte de habitats de sabana y su rapida evolucién hacia H. erectus en un breve lapso temporal. Mientras que el resto de especies de hominidos parecen haber existido alo largo de mucho tiempo sin cambios significativos, la evolucién de H. erectus a partir de un sustrato habilino anterior en tan sélo medio milln de afios y su inmediata expansién por gran parte del continente africano y parte de Eura- sia resulta un fendmeno evolutivo sumamente llamativo. Desde una visién retrospectiva, da la impresién de que el éxito evolutivo de H. erectus, tanto en términos de adaptacién ambiental, como de incremento de- mografico, le permitié expandirse en muy poco tiempo mas alla de los limites de Jas sabanas y estepas del este de Africa. Entre 2 m. a. y 1,7 m.a., parece haber ocupado la franja septentrional del continente, a tenor de yacimientos que podrian remontarse a dicho periodo, como Ain Hanech en Argelia (Sahnouni, 1987), con una fauna del Villafranquiense superior, y toda la secuencia del litoral medite- 180 rréneo de Marruecos y especialmente la atlantica de Casablanca, que podria re- montarse a dicho perfodo. El yacimiento de Sidi Abderrahman, sin llegar a las fe- chas de Ain Hanech, también podria tener una gran antigiiedad (Isaac, 1984). La expansién de H. erectus hacia el norte del continente habria seguido la Iinea natural de la falla del Rift hasta Etiopia y, traspasadas sus estribaciones occidentales, remontando el valle del Nilo. Antes de la confluencia del Nilo Blanco y el Nilo Azul, al sureste de Sudan, los hominidos podrian haber es- tablecido un nucleo de miltiples escisiones que se habrian dirigido unas ha- cia el norte, siguiendo el curso del Nilo, y otras hacia el oeste y noroeste, ocu- pando las sabanas que por entonces se extendian en la ancha franja que en la actualidad configura el desierto del Sahara. La existencia de una cadena de grandes lagos ~algunos de ellos de proporciones préximas a las del lago Vic- toria~ en la seccién meridional de dicha franja a lo largo de lo que en la ac- tualidad son los paises de Chad, Niger y Mali, ocupados orograficamente por las cuencas del Chad y del Niger— habrian modelado un paisaje abierto y ht- medo, compuesto por amplias zonas de praderas, como atin se documenta en los periodos iniciales de Holoceno en las pinturas rupestres de Ahaggar, Tas- sili y Tibesti. En algunas de estas areas atin perduran evidencias de dichas sa- banas. El gran lago del Chad, en el centro de la cuenca del mismo nombre, es 1 unico testimonio, un tanto menguado comparado con el que fue antafio, de dicha abundancia de paisajes lacustres, También los hubo fluviales. El rio Ni- ger es un claro ejemplo, bastante transformado con el paso del tiempo, De to- do esto no queda mas evidencia que las amplias extensiones de ergs y la exis- tencia de mas de un centenar de grandes oasis en todo el desierto sahariano. Junto con este escenario ambiental, similar al de Africa oriental, la disponi- bilidad del mismo tipo de fauna, atin presente en el actual Sahara hasta bien en- trado el Holoceno, habria permitido a los hominidos ocupar toda la franja sep- tentrional del continente africano haciendo uso de estrategias de obtencién de recursos y adaptacién al medio similares a las empleadas en Africa oriental. Otro tanto puede observarse en el sur del continente. La prolongacién ter- minal de la falla del Rift en Mozambique habria dado paso a las llanuras de sa- banas secas y estepas de Africa del Sur, que en la actualidad componen los paises de Zimbawe, Botswana, Sudafrica, Namibia y gran parte de Angola. Los hominidos se habrian extendido raépidamente por estas zonas. En contextos de 2,3 m. a., aparecen restos de H. habilis en Malawi (Bromage y Schrenk, 1994) y poco después en Sudafrica (Swartkrans). En la actualidad se estén es- tudiando los artefactos liticos situados cronolégicamente en un amplio periodo que se extiende de 2 m. a., hasta 1 m. a., en Mozambique (Meneses, 1993). Desde el sur de la actual Tanzania, los hominidos pudieron haber estableci- do un niicleo de escisiones -similar al sefialado para la expansién septentrional entre el Nilo Blanco y el Nilo Azul- en el que unos grupos progresarian hacia el sur y otros al oeste, ocupando Zambia, Namibia y Angola 181 Hace 2/1,5 m. a., los hominidos ya no estaban circunscritos a las sabanas | del este de Africa. Tenemos constancia de su presencia en el sur del conti- nente (yacimientos sudafricanos) y, aunque en menor grado, también en el norte del mismo (yacimientos de Marruecos y de Argelia). Es muy probable que el grado de ocupacién de tan amplios territorios no hubiese sido el mismo. Unas areas habrian sido foco de establecimiento y aprovechamiento mas intensos que otras. En realidad parece que la expansién por Africa se realizé a dos tiempos. En primer lugar, los hominidos se expandieron a lo largo de la franja oriental en direccién norte-sur. Una vez alcanzado el extremo septentrional, unos gru- pos se extendieron hacia el este y otros salieron de Africa, adentréndose en Eurasia, en tomo a 2/1,5 m. a, y posteriormente se intentarian ocupar las Areas, en la actualidad desérticas, del Sahara. Las evidencias mas antiguas de la pre- sencia humana en Eurasia se remontan a los 1,8-1,6 m. a., en el Préximo Orien- te -yacimiento de Ubeidiya (Israel) y mandibula de Dmanisi (Georgia) (Ga- bunia y Vekua, 1995)- y la misma cronologia en el extremo de Asia —H. erectus de Java (Capitulo 3)-. Esto significa que el proceso colonizador a gran escala podria haber tenido lugar hace casi 2 m. a. De ser asf, la adaptacién a Eurasia y Africa tuvo que haber sido un proceso casi simultaneo. La salida del continente africano no se habia realizado tras haber sido ocupado, sino al mis- mo tiempo que se estaba colonizando. Una de las caracteristicas de este proceso adaptativo es la hipotética ocupacién -o la ausencia de la misma- de las areas centrales de Africa. Esta regién, cuyo nticleo est4 compuesto por la cuenca del Congo (en el actual Zai- re) y con una amplia franja que se extiende desde la parte superior de ésta ~Meseta del Ubangui (Africa Central)- hasta Guinea y Senegal, recorriendo los paises del Golfo de Guinea, est constitufda por un manto de bosque tro- pical de proporciones y caracteristicas variables segtin el lugar. Esta selva, condicionada por la humedad proporcionada por los vientos alisios, pudo ha- ber sido una barrera infranqueable por los hominidos a la que no se adaptaron por no poseer las propiedades de los ecosistemas de sabana. No obstante, in- vestigaciones recientes en curso sugieren que la actual selva tropical africa- na pudo haber estado sometida a ciclos de variacién, en los que pudo haber existido una intromisién relevante de las sabanas, lo cual habria incentivado su ocupacién temprana por parte de los hominidos (para una revision de es- ta cuestion véase Mercader, 1995). Sin embargo, y aunque si existen testi- monios arqueolégicos de gran antigiiedad -artefactos achelenses que pueden ser del Pleistoceno inferior o medio-, la ausencia de evidencias bien con- textualizadas y su incertidumbre cronolégica hacen de esta hipétesis una con- jetura sumamente especulativa de momento. 182 Conclusiones El surgimiento del género humano supuso un punto de ruptura de suma trascendencia en el proceso evolutivo de los primates y también del resto de especies animales. Un proceso en el que por primera vez genes y cultura iban ainteractuar, condicionando su mutuo desarrollo, en una concatenacién de fa- ses de caracter progresivo. Sentadas las bases de dicho desarrollo en la apa- ricién del bipedismo ~y la remodelacién anatémica que este hecho supuso-, pero sin que exista una conexién causal de ningun tipo entre este evento con sucesos posteriores, la aparicién de los primeros Homo trajo consigo la in- corporacién de nuevos cambios fisicos, a la vez que conductuales ambos profundamente relevantes-, en el repertorio evolutivo de los primates. Algunos de estos cambios tuvieron mayor importancia y repercusién que otros, de ti- po mas secundario. El incremento de! encéfalo, junto con su reorganizacién y mejora cualitativa, trastocé el proceso de crecimiento uterino y, por ende, las distintas fases de crecimiento extrauterinas, alargando los periodos de de- sarrollo. Esto significé un incremento del coste energético requerido por la progenie, que tuvo que vencerse mediante un reajuste de las formas basicas del comportamiento subsistencial y social: se hizo necesario un aumento de la cooperacién y la solidaridad interna de los grupos, coordinada desde la reorganizacién de las células reproductoras, en las que los machos debieron 183 cooperar con las hembras en la manutencién de las crias. Sin embargo, este reajuste tuvo que realizarse no sélo porque las crias prolongasen su desa- rrollo, sino también debido a dos factores mas. Uno de ellos es que el aumento del encéfalo trajo consigo una necesidad de mejora en la calidad de los nu- trientes, debido al incremento absoluto de energia que un cerebro mas grande requiere (indistintamente de las exigencias de un periodo de creci- miento més largo). De esta manera, la mayor inversién energética planteada por la aparicién del género Homo se tradujo en un incremento a la vez rela- tivo y absoluto de la misma (exigencia de mayor energia por unidad temporal y prolongacién del perfodo de inversién por parte de los progenitores). Estos cambios sdlo podrian acogerse en el seno de hominidos con un comportamiento subsistencial y social distinto al mostrado por el resto de pri- mates. Sin embargo, no son fenémenos aislados que expliquen el éxito evoluti- vo de este género, una vez vencidas las dificultades iniciales. Estas alteraciones fisicas y conductuales no habrfan podido asegurar la continuidad especifica de H. habilis si no hubiese sucedido otro cambio con respecto a los otros antro- poides. Este constituye el segundo factor al que acabo de hacer alusién. Los orangutanes y chimpancés se consideran como los primates mas in- teligentes y sin embargo se encuentran al borde de la extincién. La causa se debe a su estrategia reproductora de tipo "K" extremo: una sola orfa por alum- bramiento en partos sucesivos muy espaciados (4-6 afios). Con crias ener- géticamente caras y contingentes demograficos menguados, los cambios selectivos bruscos significarian para estas expecies un riesgo de extincién po- tencial. Si tenemos en cuenta que los riesgos de predacién y la presién trofica de los ecosistemas selvaticos en los que viven estos antropoides es reducida en comparacién con los existentes en los ecosistemas de sabanas, resulta evi- dente que uno de los requisitos selectivos exigidos por este medio a los pri- mates superiores seria incrementar su demografia. Si consideramos que Ho- mo aumenté la duracién del desarrollo de sus crias, si hubiese mantenido parametros reproductivos proporcionales a los de los otros antropoides, ha- bria ampliado atin mds su espaciamiento entre partos, creando una paradoja evolutiva de resultado negativo: contingentes demogrficos menores (posi- blemente inviables a nivel reproductivo, por enrarecer la especie) en un ecosistema que le exigia un proceso inverso. La situacién tampoco se solu- cionaria si, a pesar de la ampliacién de la duraci6n del desarrollo, se hubiesen mantenido los mismos parémetros que los antropoides (una oria cada 4-6 afios), La clave estaria en la disminucién de dicho periodo temporal, concibiendo una cria antes de desprenderse de la anterior, Esta ampliacion de la progenie (que generarfa una necesidad energética cubierta por la participacién conjunta de machos y hembras) habria permitido incrementar el contingente en el seno de- mogrdfico de unos hominidos que habrian encarecido su proceso adaptativo Este proceso resultaria a la postre en el promedio reproductivo de las socie- 184 dades humanas de cazadores-recolectores actuales, que con una cria cada 2,5 afios, se sittian en la mitad del periodo que regula el ciclo reproductor de go- rilas, orangutanes y chimpancés, permitiendo mantener un indice demogréfico significativo, indistintamente del tipo de medio y sus requisitos selectivos. Asi pues, la reestructuracién del comportamiento habria permitido a H. ha- bilis acoger tanto un nimero de crias mayor en el seno de cada grupo, como las innovaciones fisicas que éstas incorporaron (resultando en un encareci- miento de la inversion energética, que explicaria la reorganizacién conduc- tual). En este hecho radica la clave esencial del proceso de hominizacion. Una descendencia con un cerebro mas grande y que tardaba més tiempo en cre- cer -en un contexto social favorable que permitia su existencia- estaba me- jor dotada para recibir una mayor cantidad de informacién del medio y du- rante més tiempo, pudiendo interactuar con el mismo de tal manera que al final se volviese mas inteligente. Los experimentos con diversos animales de- muestran que los individuos de una misma especie sometidos a una intensa estimulacion externa alcanzan una mayor inteligencia que otros privados de tal circunstancia. Semejante situacién tiene un reflejo fisico en un mejor de- sarrollo neuronal del cértex, cualitativa y cuantitativamente mas complejo, al tiempo que en una mayor cantidad de determinados neurotransmisores en es- te tipo de individuos. En nuestra especie casi dos terceras partes del creci- miento del cerebro se realiza tras el parto (lo contrario de lo que sucede en el resto de primates, con un crecimiento cerebral uterino que excede la mitad de su volumen en estado adulto). De esta manera, nuestro cerebro es- ta interactuando con el medio durante bastante tiempo y en gran parte de su crecimiento, siendo constantemente estimulado. Gracias a un cerebro mas grande y complejo, esta especial interaccién hace que seamos capaces no sé- lo de recibir estimulacién durante mAs tiempo, sino también poder procesarla con mayor eficacia. De hecho, el desarrollo cerebral humano parece estar orientado a posibilitar un aprendizaje constante en nuestra especie. Esto explicaria el patron de desarrollo humano que, en contra del mantenido por el resto de especies, muestra un crecimiento reducido y estanco del cuerpo hasta la adolescencia, a partir de la cual aparece un proceso de aceleracién del crecimiento, que conduce en poco tiempo a la madurez. En cambio, el de- sarrollo del cerebro experimenta un proceso opuesto: crece con mas rapidez y alcanza las dimensiones de adulto cuando el cuerpo llega sélo a menos de la mitad de su tamajio final. Por consiguiente, gracias a la mejora cerebral conseguida por H. habilis (expresada en el aumento de su volumen y su reorganizacién interna) este ho- minido pudo lograr un salto cualitativo en su capacidad plastica de compor- tamiento, con respecto a otros hominidos y primates, que le permitié volverse mas inteligente. Esta inteligencia posibilité el vencimiento de los fuertes obs- taculos selectivos de las sabanas y estepas africanas, evolucionando en poco 185 tiempo hacia las formas de H. erectus, extendiéndose por Africa e iniciando la colonizacién de Eurasia en el limite plio-pleistocénico. Aumento cerebral (mayor inteligencia), prolongacién del desarrollo e in- cremento demografico son, pues, tres factores interrelacionados, que sur- gieron y evolucionaron conjuntamente. Y es que los elementos esenciales que componen la estructura de la conducta social y subsistencial humana parecen haber surgido a la vez y no haber sido el resultado de un simple proceso li- neal de adiciones aisladas y temporalmente distintas. Determinados ele- mentos que regulan el comportamiento humano actian sinergéticamente, o Jo que es igual, funcionan de modo interrelacionado, de tal manera que su sur- que la evolucién de la conducta humana sea el resulta: so Gradual que, desde las pautas del resto de primates, haya consistido en la incorporacién paulatina de elementos aislados hasta terminar con la aparicién de la manifestacién intelectual de nuestra especie, como ya dije anteriormente (Capitulo 3). El comportamiento también debe explicarse por “saltos" en lo que concierne a sus estructuras basicas y “evolucién gradual” de sus com- ponentes secundarios. Por ello, los cambios fisicos aludidos surgieron paralelamente a la es- tructura conductual humana (reorganizacién social y subsistencial) que es la unica que podria acogerlos y permitir su incorporaci6n al repertorio evolu- tivo del proceso de hominizacién. Altolerar semejante comportamiento, la evolucién de un hominido muy in- teligente (el primer animal dependiente por completo de la cultura para so- brevivir), se rompieron la mayor parte de barreras selectivas y aparecié una especie de nicho ecolégico muy amplio y variable. Sin embargo, dicho proceso (regulado por el crecimiento del encéfalo) no es un continuum que actualmente siga en curso. Desde finales del Pleistoce- no medio/comienzos del Pleistoceno superior, el cerebro parece haber de- jado de crecer. Esto no significa que la evolucién del ser humano se haya de- tenido en ese momento, Muchas son las caracteristicas que han variado desde entonces y que probablemente siguen haciéndolo en la actualidad, con ciertas tendencias a la modificacién de determinados caracteres menores —jyo mismo pertenezco a ese sector de la poblacién que carece de terceros mo- lares mandibulares!-. A pesar de ello, el tamafio del cerebro parece haber al- canzado un techo, debido a que su operatividad hace innecesarias ulteriores modificaciones, que serian en todo caso de caracter neutro 0 perjudicial. La dependencia del ser humano de la cultura es tan grande que en el contexto social actual disponemos de excelentes herramientas culturales (ordenado- res, libros, etc.) que suponen un apoyo de gran importancia para el cerebro en el almacenamiento y tratamiento de la informacién y que restan por ello ra- z6n para alterar el fenotipo a ese respecto. 186 El desarrollo de la plasticidad conductual mediante la cultura ha permitido al ser humano adaptarse a todos los escenarios ambientales: desde los trépi- cos hasta los polos. Puesto que su complejidad —en términos estructurales- se remonta a hace muchos cientos de miles de afios, al igual que la colonizacién de una gran parte del globo por nuestro género, es muy posible que la apa- ricion de nuestra especie no sea tan reciente como se piensa, sino que se re- Monte a un momento mucho mis antiguo de la evolucién de H. erectus. Dada la existencia de un comportamiento que permite a este hominido adaptarse por Africa y Eurasia hace casi 2 m. a., a distintos tipos de habitats, superando la diversidad de criterios selectivos durante casi 1,5 m. a. {Qué ar- gumentos de peso pueden manejarse para hablar de una aparicién reciente de H. sapiens y su rapida expansién por el globo? ¢En qué consistiria la ‘'me- jora de su cultura y conducta’’ que muchos autores aducen de una manera tan ambigua? La reevaluacién realizada por Wills (1992, 1994) del reloj biomo- lecular obtenido en el estudio de los procesos de mutacién de las mitocondrias humanas permitirfa remontarnos casi hasta un millén de afios para hablar del origen de Homo sapiens. Los estudios genéticos estan abriendo un nuevo e interesante panorama que augura futuros descubrimientos en los que la Genética, la Arqueologia y la Paleontologia deberian conciliar sus resultados para, en dicho esfuerzo de sintesis, comprender mejor cuando y cémo nos hicimos por completo hu- manos. 187