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Los

ordenadores se
preparan para
ganar la
Olimpiada de
Matemática
Los científicos de la computación intentan construir un sistema de
inteligencia artificial que pueda ganar una medalla de oro en la
más importante de las competiciones matemáticas del mundo.

 Kevin Hartnett
El logo de la Olimpiada Internacional de Matemática [Olimpiada Internacional de Matemática].

La 61a Olimpiada Internacional de Matemática (OIM) empezó el 21 de


septiembre y acaba de terminar. Puede que pase a la historia por al menos
dos razones: por la pandemia de la COVID-19 es la primera vez que se
celebra vía remota y quizá sea la última en que no compite una
inteligencia artificial (IA).

Para los investigadores, es el campo de pruebas ideal para unas máquinas


diseñadas de modo que piensen como un ser humano. Si un sistema de IA
destaca ahí, habrá alcanzado una dimensión importante de la cognición
humana. «La OIM representa para mí el tipo más difícil de problema que
se puede enseñar a una persona inteligente a resolver con cierta
fiabilidad», dice Daniel Selsam, de Microsoft Research. Selsam es el
fundador del Gran Reto OIM, cuyo objetivo es entrenar a un sistema de IA
para que gane una medalla de oro en la más importante de las
competiciones matemáticas mundiales.

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Desde 1959, la OIM ha reunido a los mejores estudiantes de matemáticas


preuniversitarios. En cada uno de los dos días de la competición, los
participantes tienen cuatro horas y media para resolver cuatro problemas
de dificultad creciente. Ganan hasta siete puntos por problema; los que
más suman ganan medallas, como en los Juegos Olímpicos.
Los participantes más condecorados en las OIM se convierten en leyendas
entre los matemáticos. Algunos llegaron luego a ser matemáticos
investigadores superlativos.

Los problemas de la OIM son simples, pero solo en el sentido de que no


requieren matemáticas avanzadas. También son endiabladamente
difíciles. Por ejemplo, este es el quinto problema de la competición de
1987, que se celebró en Cuba: 

Sea un entero n mayor o igual que 3. Demuéstrese que hay un conjunto


de n puntos del plano tales que la distancia entre dos cualesquiera de
ellos es irracional y cada conjunto de tres puntos determina un
triángulo no degenerado de área racional. 

Como muchos problemas de la OIM, este puede parecer imposible a


primera vista. «Lees la pregunta y piensas que no puedes con
ella», dice Kevin Buzzard, del Colegio Imperial de Londres, miembro del
Gran Reto OIM y ganador de la medalla de oro en la OIM de 1987. «Son
preguntas dificilísimas, accesibles a los alumnos de bachillerato si
conjugan con brillantez todas las ideas que saben».

Resolver los problemas de la OIM suele requerir un destello de ingenio,


un primer paso trascendente que para las inteligencias artificiales de hoy
resulta difícil, cuando no imposible.

Por ejemplo, uno de los resultados más antiguos de las matemáticas es la


prueba que Euclides enunció hace unos 2300 años de que hay infinitos
números primos. Empieza por constatar que siempre se puede encontrar
un nuevo número primo multiplicando todos los conocidos y sumando
uno al resultado. A partir de ahí la prueba es simple, pero haber dado con
la primera idea hacia ella fue arte.

«No se puede hacer que los ordenadores den con ella», dice Buzzard, o al
menos no por ahora.

El equipo del Gran Reto OIM se vale de un progama informático


llamado Lean. Lo sacó un investigador de Microsoft, Leonardo de Moura,
en 2013. Lean es un «ayudante para demostraciones» que comprueba el
trabajo de los matemáticos y automatiza algunas de las partes más
tediosas de escribir una prueba.

De Moura y sus colaboradores quieren usar Lean como


un «solucionador», capaz de concebir sus propias pruebas de los
problemas de la OIM. Pero en estos momentos ni siquiera entiende los
conceptos que aparecen en algunos de esos problemas. Para que mejore
hay que cambiar dos cosas.

La primera es que Lean tiene que saber más matemáticas. El programa


bebe de mathlib, una biblioteca de matemáticas que no para de crecer.
Hoy contiene casi todo lo que un estudiante de matemáticas sabe al final
del segundo año de la carrera, pero con lagunas elementales que tienen su
importancia en la OIM.

La segunda tarea, de mayor magnitud, consiste en enseñarle a Lean lo que


tiene que hacer con los conocimientos que tiene. El equipo del Gran Reto
OIM quiere entrenarle a enfocar una demostración matemática tal y como
las IA ya enfocan, y con éxito, juegos complicados (el ajedrez, el Go):
siguiendo un árbol de decisiones hasta que se encuentra el mejor
movimiento.

«Si podemos conseguir que un ordenador llegue a la idea brillante por el


mero hecho de que tiene miles y miles de ideas y las rechaza todas hasta
que tropieza con la buena, quizá podamos vencer en el Gran Reto OIM»,
dice Buzzard.

Pero ¿qué son las ideas matemáticas? Es sorprendente lo difícil que


resulta decirlo. A un nivel alto, mucho de lo que hacen los matemáticos
cuando abordan un problema nuevo es inefable.

«Un paso clave en muchos problemas consiste básicamente en jugar con


el problema y buscar patrones», según Selsam. Claro está, no es evidente
cómo se le dice a un ordenador que «juegue» con un problema.

A un nivel bajo, las demostraciones matemáticas son solo una serie de


pasos muy concretos y lógicos. Los investigadores del Gran Reto OIM
podrían intentar entrenar a Lean mostrándole con todo detalle
demostraciones anteriores de la OIM, pero en ese nivel granular las
pruebas individuales están demasiado especializadas en el problema
dado.

«No hay nada que funcione en el problema siguiente», explica Selsam.

Para salir del atolladero, el equipo del Gran Reto OIM necesita que
primero unos matemáticos escriban demostraciones formales detalladas
de los problemas anteriores de la OIM. El equipo tomará entonces esas
pruebas e intentará destilar las técnicas, o estrategias, que hacen que
funcionen. A continuación, entrenarían a un sistema de IA para que
busque entre esas estrategias una combinación «ganadora» que resuelve
problemas de la OIM que no ha visto antes. El quid, observa Selsam, está
en que ganar en matemáticas es mucho más arduo que ganar incluso en
los juegos de mesa más complicados. En estos, al menos se sabe cuáles
son las reglas a que hay que atenerse.

«Puede que en el go el objetivo sea encontrar el mejor movimiento,


mientras que en matemática consiste en encontrar la mejor partida y a
continuación el mejor movimiento en esa partida», dice.

El Gran Reto OIM es actualmente una apuesta arriesgada. Si Lean


hubiese participado en la competición de este año, «seguramente
habríamos sacado un cero», dice De Moura.

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