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El palabreo DE LA GENTE

DE MI BARRIO
Escuela de Formación para la Organización Comunitaria

Esta iniciativa es del Ministerio del Poder Popular para


Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias encabezado
por el Ministro Jesse Chacón

Equipo de Coordinación:
Cooperativa Educativa “Educación para la Transformación”:
Soraya El Achkar
Glenis Rodríguez
Mariana Paz
Esther Rojas

Colaborador en la redacción de este folleto:


Eduardo Viloria

Editor:
Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología
e Industias Intermedias

Responsable de la coordinación y edición de textos:


Jesús Machado

Validación:
este material fue validado por personas de los consejos comu-
nales Misupece A.C., Rol 0047,misupegua, Escalera de Naranjo
y Madres del Barrio, en la Comunidad Maca, de la parroquia
Petare, municipio Sucre, con el propósito de reconstruir los
contenidos, adecuarlos a las prácticas concretas de organización
comunitaria y sistematizar un discurso colectivo y compartido.

Diseño Gráfico:
Coordinación, diseño y diagramación:
Tibisay Rojas
Diagramación:
Beatriz Serra
Portadas:
Ramón Blanco

Número de ejemplares: 1500


Caracas, 2009
Depósito Legal: If74620093004711
ISBN: 978-980-6889-37-8
Índice

Prólogo 5
Presentación 7

EL CUENTO DE RAÍZ (ALGO DE HISTORIA Y 12


ANTECEDENTES)
Ejercicio 1 20

DIME CÓMO HABLAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES 21


Ejercicio 2 28
Ejercicio 3 29

HABLA COMO QUIERO Y SERÁS COMO QUIERO 30


Ejercicio 4 35

SABEMOS QUE SOMOS LO QUE HABLAMOS 36


Ejercicio 5 46
El diccionario local 48
El refranero local 48

NOTAS 50

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 


Prólogo

La formación para la organización comunitaria dentro del proceso revolu-


cionario es ineludible si queremos alcanzar mayor desarrollo, porque sólo la comunidad
organizada podrá dirigir, orientar e incidir en el diseño de las políticas públicas de modo
que éstas respondan a las necesidades más sentidas de la gente. Es la formación siste-
mática y crítica la que permitirá que las comunidades más vulneradas generen un cuerpo
de demandas y asuman una actitud ética, de corresponsabilidad frente a los graves pro-
blemas que hay que enfrentar.

Creemos que todos somos inconclusos y por ello tenemos capacidad para el
aprendizaje. Creemos que nos hacemos en la práctica y en consecuencia no hay teoría
sin práctica ni práctica que no nos lleve a la reflexión. Creemos en la capacidad creadora
de nuestro pueblo donde el diálogo se convierta en un eje transversal que nos permita
fundar nuevas realidades más acordes con la construcción colectiva de los discursos y
cotidianidades. Creemos que la educación puede ser liberadora y generadora de situa-
ciones de dignificación, por tanto hemos apostado por una escuela de formación para
la organización comunitaria.

Esta escuela hace la diferencia porque va de la práctica a la reflexión y vuelve


a la práctica para mejorarla desde un ejercicio de reflexión permanente. Es una escuela
cuyo propósito no es saber sino saber para transformar el orden injusto y desordenado
de las cosas. Es una escuela que pone su máxima atención en los sujetos históricos y
políticos para vigorizar la voz de quienes han estado silenciados y potenciar su acción
transformadora. Es una escuela que tiene una opción: los más pobres, los excluidos, los
que nunca tuvieron escuela y les fue negada la posibilidad de articularse, decidir sobre
el interés público, diseñar las políticas y mucho menos manejar los recursos del Estado.

Esta escuela que estamos impulsando para la organización de nuestro pueblo


ensaya promover un esquema de valores socialistas porque parte de la premisa que

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no habrá socialismo sin socialistas, y para que haya socialistas es necesario un espacio
para reconvertir los valores que el capitalismo fue instalando entre nosotros y ahora
nos parecen normales como lo son el individualismo, la competencia, la corrupción, la
viveza, las relaciones de dominación, el autoritarismo, la violencia. Los valores socialistas
que queremos que sean un eje transversal en la escuela son aquellos vinculados con la
justicia, la dignidad, la probidad, la solidaridad, las relaciones de equidad, la ternura,
el voluntariado. Estamos convencidos de que el socialismo es la única vía de supervi-
vencia de la raza humana y por eso estamos empeñados en que se concrete en nuestro
territorio.

Una Escuela que sirva para reconocernos como Pueblo, potenciar las capa-
cidades de organización, articular los esfuerzos locales y globales, problematizar la vida
cotidiana, desnaturalizar lo que parece normal, recrear las iniciativas colectivas, impulsar
los cambios necesarios y utilizar la tecnología como medio para desarrollar una cultura
de lo comunitario desde la producción del conocimiento que promueva la liberación
de los pueblos y la articulación de redes sociales que fortalezcan el poder popular e
impulsen la transformación del modelo socio-productivo.

La Escuela ha sido y seguirá siendo una hechura colectiva y estamos muy


agradecidos por el esfuerzo de tanta gente que hizo posible la publicación de estos
materiales educativos que, pretendemos, sean el inicio de una larga trayectoria que nos
coloque en el camino hacia la suprema felicidad social.

Muy respetuosamente;
Jesse Chacón Escamillo
Ministro del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias.

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Presentación

El lenguaje no es un simple instrumento de comunicación. Además de


permitirnos a los seres humanos la expresión de necesidades, emociones, ideas, senti-
mientos y pensamientos, y de darnos la posibilidad de vincularnos y relacionarnos con
otras personas, el lenguaje es una dimensión nuestra que contiene todo lo que somos
como cultura. Con el lenguaje los seres humanos hacemos y a la vez interpretamos la
realidad. El lenguaje es algo así como un sentido más con el cual codificamos la in-
formación que construimos desde nuestra razón y nuestro sentir y de la que también
forman parte nuestros sentidos.

El idioma, como código del lenguaje, es una herencia que condiciona y es


fundamental en la construcción concreta de la vida de nuestra sociedad, pero a su vez
nosotros(as), en esa misma vida, construimos y recreamos ese idioma que hemos
recibido como herencia cultural al punto de moldearlo, trastocarlo y acomodarlo, de
acuerdo a lo que somos y hacemos en nuestro contexto social; a su vez, estas acciones
y pensamiento, según sean sus intenciones llegan a transformar y modificar la misma
vida de la sociedad. Pero la propia división de clases y de poder de la sociedad (a través
de sus instituciones, formas de organización, empresas, medios de comunicación etc.)
y su conformación progresiva de acuerdo a su historia, inciden directamente en esta
configuración de valoraciones, concepciones, percepciones e interpretaciones de la
realidad que se recogen o amalgaman en los idiomas, en el lenguaje.

Es así como, desde allí, desde esas estructuras sociales y de poder con las
que se conforma la sociedad, el lenguaje se convierte en un instrumento de domina-
ción y control. A través del Estado, del sistema educativo, de las empresas que poseen
los medios de comunicación social, del estamento religioso, del sistema jurídico, de
la academia, de la actividad artística y del poder económico dueño de la producción
de bienes y servicios, las clases dominantes han impuesto un lenguaje de “dependen-
cia” propio de esta sociedad capitalista, que es prolongación directa de la sociedad

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colonial. Han difuminado por toda la sociedad, por todos nosotros y por medio de la
historia, el uso específico que hacen del idioma y con ello su ideología, su sistema de
valores, creencias, conceptos, ideas, intereses, anhelos y modelos, con la finalidad de
sostener y prolongar su dominio y, por ende, la opresión como forma de vida de unos
pocos sobre todos los demás.

Por ejemplo, el racismo, enfermedad social que aún padecemos, comienza


con el color “negro” al cual se le ha asignado una valoración negativa. El mal, lo
maligno, lo tenebroso, son asociados al color negro y a esta palabra. Luego la idea
se convierte en lenguaje y el código se identifica con una acción discriminatoria, así
a las personas afrodescendientes o africanas se les asignan todas esas valoraciones
asimiladas socialmente al color negro, al ser llamadas “negras”. Entonces procede
un mecanismo psicológico que se llama asociación y la palabra “negro”, a la que ya
se le ha creado una significación, se asocia con personas luego de incorporados los
significados de “malo”, “maligno”, “tenebroso”, pues estos valores son vinculados a
la persona que es nombrada con esa palabra. Nosotras y nosotros mismos llevamos
esos códigos en nuestros pensamientos y prejuicios, vemos como el lenguaje no es un
simple instrumento de expresión sino una ideología que subyace en nuestra forma de
relacionarnos con otros y otras.

Veamos la palabra “exclusivo”, en expresiones como por ejemplo las si-


guientes: “Ese es un restaurant muy exclusivo” o “Esa es una urbanización muy exclu-
siva”. ¿Qué significa en el lenguaje común, incluso, en el que se usa en la TV, la prensa,
la publicidad, los espectáculos? Significa: excelente, agradable, bonito, elegante, de
buena calidad, selectivo. Pero si vemos la palabra realmente, en su significado original,
significa: “excluyente”, “discriminatorio”, “que excluye”. Entonces, vemos como el
aparato ideológico del poder hegemónico ha cargado una palabra cuyo significado
es negativo, de una valoración positiva de estatus y la transforma en una clasificación

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(división de clases), un calificativo (es decir, un adjetivo) al cual se aspira socialmente.
El aspecto de la realidad que genera la carga es el dinero, el poder adquisitivo, es decir
sólo accede quienes tienen el capital. Lo mismo ocurre con palabras como “privado”.
En el diccionario esta palabra significa: “Privar de algo a alguien”, “Quitar algo a al-
guien”. Y vemos como en nuestra sociedad una expresión como “Propiedad privada”
tiene un valor positivo de preponderancia (poder) sobre otros y otras que les manifies-
ta que se posee algo que los demás están privados de poseer o acceder, aunque tenga
originalmente aquel significado negativo. El lenguaje nuevamente, va dando a cada
quién su sitio en la sociedad, demarca una jerarquización de derechos, que constituyen
formas de expresarnos haciéndose naturales y socialmente aceptadas.

Palabras como “cerro”, “colina”, “loma”, “terraza” y “cumbre” tienen


significados muy concretos en el diccionario: son nombres con los cuales se se-
ñalan formaciones topográficas, tipos de superficie topográfica. Ahora
bien, según el lenguaje social hegemónico capitalista, cada una
de estas palabras adquirió matices nuevos, todos distintivos
de clase social, unos positivos, elegantes, dignos, seguros,
bonitos y buenos, y otros “pobres”, “feos”, “sucios”, “vio-
lentos”. Es decir, que adquirieron matices discriminatorios
socialmente. En nuestro imaginario lo vemos así, en una
loma o terraza o colina o cumbre hay quintas, parques,
muchos árboles, conjuntos residenciales; mientras en
un cerro hay ranchos, escaleras y bloques. Aunque en
realidad Bello Monte y Curumo también están en un
cerro, tanto como, José Félix Ribas y San Blas también es-
tán en una colina o una terraza. Todas estas implicaciones
de sentido y significado no se quedan únicamente en la
dimensión específica del lenguaje expreso en el idioma, en

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el diccionario y en la palabra pronunciada, sino que abarca e influye sobre la acción
humana, sobre las relaciones entre las personas, los deseos, aspiraciones y patrones de
conducta y las valoraciones acerca de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto,
lo aceptado y lo rechazado, lo que hago o dejo de hacer.

La comprensión de este proceso y de las dinámicas a través de las cuales se


concreta es necesaria en cualquier voluntad de organización popular que apunte a la
liberación: saber que la dominación y opresión pasan también por un uso hegemónico
del lenguaje y que a través de éste se concreta y materializa mucho de lo que en el
fondo, en los fundamentos, sostiene el sistema de dominación y opresión de una
clase sobre otra, es clave a la hora de consolidar nuestros procesos organizativos
liberadores y para que estos se encaminen ciertamente hacia la construcción de un
verdadero Poder Popular y de una sociedad en la que la opresión desaparezca como
lógica que mueve nuestras formas de relación. No sólo hay que conocer y concienciar
esto, sino también hay que profundizar en el análisis y la comprensión crítica acerca
de dónde y de qué modo en el lenguaje que usamos está inmersa la ideología histórica
que encarna el idioma, en las palabras que recibimos y que usamos a diario, en la
forma como nombramos la realidad cotidiana y nuestro entorno más inmediato, en la
forma como asumimos el trabajo, así como en la valoración y definición que hacemos
de nosotros(as) mismos(as) como hombres y mujeres cuya existencia e individualidad
sólo se da y es posible en el colectivo, en los grupos humanos de los que formamos
parte y en los entornos comunitarios en los que vivimos. En todo esto subyace mucho
del discurso hegemónico de la dominación.

Pero además es importante tener claro que, a pesar de esta imposición de


un uso del idioma y de sus conceptos, valores y fundamentos, por parte de un poder
hegemónico a través de sus estructuras de funcionamiento, en la vida cotidiana los
seres humanos le imprimimos al idioma nuestro propio sabor, nuestra propia manera

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de estar en el mundo y de expresarlo, leerlo, interpretarlo y valorarlo como consecuen-
cia de nuestra particular historia, de nuestra raíz histórica, marcada por un modelo de
sociedad opresor, explotador y culturalmente discriminatorio, pero que sin embargo
ante el cual también nos resistimos, nos rebelamos. Así, surgen expresiones propias
del pueblo, marcadas todas por una necesaria actitud de resistencia, para nombrar el
trabajo, a familiares, para expresar afecto, rabia, alegría, refranes e ingeniosas frases,
esto sin contar con expresiones artísticas fundamentalmente verbales como la copla,
la décima, etc.

Con ello creamos una propia manera de asumir la expresión y hacerla real
en la cotidianidad de la vida en todas sus dimensiones, desde la más íntima -la familiar
y doméstica- hasta espacios sociales y colectivos más amplios como la calle, la plaza, la
cancha, la escuela, la asamblea popular, el Consejo Comunal. Una expresión que es en
sí misma un acto de rebeldía, de contracultura, de fractura del orden establecido y del
poder hegemónico y que contiene en sí misma una enorme potencia liberadora.

En el presente texto, además de hacer una breve revisión teórica de estos


asuntos y de abordar sucintamente una caracterización de cómo se da este fenóme-
no de modo concreto en nuestra realidad venezolana, encontraremos algunas claves,
pistas, ejercicios y procesos formativos, que nos permitirán realizar esta toma de con-
ciencia y aproximarnos a un análisis crítico de nuestra palabra.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Ningún análisis crítico de las relaciones de poder en la sociedad venezo-


lana que tenga como centro al lenguaje podrá ser completo si no parte de considerar
el hecho de que la actual sociedad venezolana es prolongación y continuidad de aque-
lla primera estructura organizativa y de poder fundada e impuesta en nuestra tierra
como consecuencia de la invasión española y de su opresión militar en el siglo XV: la
Sociedad Colonial.

Junto con sus instituciones, prácticas, modos de producción y costumbres,


a los y las habitantes originarios(as) de esta tierra se nos impuso el idioma español (o
castellano, como también es llamado) como único válido para la vida social, sea cual
fuera la clase social a la que se perteneciese.

Los aborígenes venezolanos fueron obligados a aprender el idioma español


y condenados a abandonar sus idiomas maternos. Incluso, llegaron a ser sometidos
a suplicios, torturas y presidio si eran sorprendidos hablando sus lenguas, aunque
fuera en el interior de su vida familiar o doméstica. Así como fueron castigados por
continuar amando y venerando a sus dioses autóctonos, fueron castigados también
por tratar de mantener vivas sus lenguas y por querer expresarse del modo en que les
era natural. En esta tarea de extirpar las lenguas originarias y borrarlas del espíritu y
mente de nuestros antepasados aborígenes tuvo un papel central la Iglesia Católica, a
través de sus frailes misioneros, principalmente franciscanos, jesuitas y dominicos.

A los indígenas que eran reducidos por la fuerza o aquellos que termina-
ban por rendirse y entregarse al poder invasor, es decir, aquellos que pasaban a ser
propiedad privada de los encomenderos y del Rey de España, a estos indígenas se
los catequizaba y se les enseñaba, so pena de martirio, presidio, suplicio y tortura,
a hablar y escribir el español utilizando como único material de lectura La Biblia y
los cuadernillos de oraciones del catecismo. No era una mera acción invasora, era

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

la necesidad de reprimir todo vestigio de una visión de mundo, no compartida


por el pensamiento Europeo. El pensar Indígena tenía una forma de asumir la
realidad centrada en la vida colectiva, así era su modo de trabajar, de relacionarse
familiarmente, sus creencias religiosas y su asunción de la naturaleza como parte
de sí. Este pensar era contra-espoliador, contra explotador, era necesario aniquilar
su lenguaje, era necesario borrarlo de la realidad para imponer otra, explotadora,
esclavista, doctrinaria; se impuso el idioma, se impuso el lenguaje, se impuso la
ideología opresora.

En un principio, con sus fines evangelizadores, los frailes aprendieron


lenguas indígenas para que se les hiciese más fácil el proceso de catequización de
los indígenas. Después, ante la diversidad de idiomas indígenas existentes y por
enseñar a personas indígenas que aunque eran de pueblos distintos y hablaban
lenguas distintas estaban sometidos en el mismo lugar debido a su condición de
esclavitud, los religiosos españoles decidieron obligar a todos los indígenas que
aprendieran solamente alguna de aquellas lenguas y así aprender ellos solo una
y con ella enseñar la religión. Así se fueron olvidando muchas lenguas pero al
menos algunas permanecían vivas. A esto se agregaba la dinámica propia de la
sociedad colonial, que imponía el uso del español en todo su funcionamiento: el
burocrático, el militar, el educativo, el comercial y el doméstico.

Esto ocurrió igualmente con la población afrodescendiente traída por


la fuerza a nuestro territorio en condición de esclavitud. Estos provenían de mu-
chísimas naciones y pueblos africanos diferentes entre sí, hablantes todos de sus
propios idiomas. Al llegar a América, ni siquiera se podían comunicar entre sí por-
que no hablaban entre ellos los mismos idiomas. Entonces, se vieron obligados a
aprender el español, que era una lengua con la que podían unificar toda su forma
de comunicarse, y a dejar de usar las lenguas o idiomas que les eran propios.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Como consecuencia de esta cruel práctica fueron muchas las lenguas in-
dígenas que desaparecieron de nuestra vida. Y las que permanecieron vivas, sólo lo
hicieron en números muy reducidos de hablantes, por haberse mantenido aisladas
del todo de la vida construida dentro del orden de la sociedad colonial (en montañas
remotas, en lo profundo de la selva o en lo más lejano de las llanuras). Así, sus
palabras, su historia, sus conceptos, valoraciones, lecturas e interpretaciones de la
realidad, no formaron parte en la progresiva construcción del sistema social del país,
es decir, de sus instituciones y sus formas de organización.

¿Cuántas culturas indígenas había antes de la Conquista en el territorio


que hoy es Venezuela? Según Paul Rivet, unas doscientas ¿Cuántas sobreviven tras
medio milenio de aniquilación? Treinta y cuatro, definidas cada una por un idioma y
una literatura mítica específicas. ¿Qué significa esto para nuestra cultura? La pérdida
irrecuperable de una parte prodigiosa de su patrimonio, la necesidad de preservar
lo que de él resta. Al igual que las especies biológicas, idiomas, culturas o mitos son
estructuras complejas únicas e irrepetibles. Cuando una desaparece, perdemos claves
que nos permitirían comprender el mundo: quizá las indispensables para vivir en él.1

Si la población indígena como tal producía un rechazo muy difícil de disi-


mular, con toda evidencia las lenguas (o idiomas) habladas por las etnias aborígenes
despertaba conmiseración, burla, incomprensión. Hasta la población mayoritaria
distingue claramente entre el idioma nacional –que es el español o castellano- y los
llamados “dialectos indígenas”, ubicados automáticamente en el peldaño más bajo
de la capacidad expresiva del ser humano. Si escudriñamos la opinión de cualquier
campesino que habite en una zona indígena, responderá sin duda que el indio no sabe
hablar, por no poseer un idioma. Tanto es así que los propios indígenas han tenido
que denominar a su habla “el dialecto”, frente al idioma o lengua de la mayoría.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

El prestigio asignado a una lengua indígena es mucho menos que el corres-


pondiente a cualquier idioma europeo hablado por inmigrantes. De allí que hablar
una lengua autóctona equivale, ante la mayoría, a no saber hablar en absoluto. Tal es
la magnitud del desprecio racista que heredamos de la Colonia.2

En Venezuela se impuso el español como idioma único y se instauró en


prácticamente todo el territorio nacional y en toda la población. Excepto en comuni-
dades indígenas totalmente definidas como tales, un porcentaje casi total de venezo-
lanos y venezolanas habla únicamente el español como lengua materna y no maneja
ni en lo elemental ninguna lengua autóctona, aunque pueda incluso conocer otras
lenguas como el inglés, el francés, el portugués o el italiano. En la educación primaria
y secundaria, y aun universitaria, se enseñan de forma obligatoria idiomas como el
inglés y el francés. Lo mismo no ocurre con nuestras lenguas indígenas. Sólo hoy en
día, como consecuencia de avances jurídicos como los obtenidos en la Constitución
de 1999 y en leyes subsiguientes, se crea la educación multicultural bilingüe para los
pueblos indígenas, es decir, para que estos estudien tanto el español como sus idiomas
originarios y así se fortalezcan sus idiomas, ya que se garantiza que no deje de ser
hablada por sus pobladores. Pero aún esto no ocurre en la sociedad en general.

¿No estaría bien estudiar en la escuela, desde niños(as), idiomas como el


warao, el kariña, el barí o el wayúu, o lo que se ha logrado reconstruir de idiomas
desaparecidos como el kuika? ¿No constituye esto, de hecho, un profundo derecho
cultural que tenemos como venezolanos(as)?

Muchos de los idiomas de nuestros pueblos indígenas que originalmente


eran sólo expresiones orales, luego de arduos trabajos y luchas, fueron llevados a la
escritura, incluso se ha logrado redactar gramáticas y diccionarios. Sin embargo, como
consecuencia del proceso histórico en el cual se construyó un complejo entramado
intercultural, algunas palabras, expresiones, giros o sonidos de aquellas lenguas ori-

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

ginarias o afrodescendientes penetraron el idioma español y pasaron a formar parte


de éste, dándole un nuevo matiz del todo distinto al que pueda tener el español pe-
ninsular o el de otros países americanos: acentos y entonaciones distintos, nombres
de objetos o lugares, nombres de plantas, animales, montañas o ríos, nombres de
alimentos o bebidas, verbos, identificaciones de parentesco, así como particularidades
sonoras y de pronunciación.

Veamos algunas palabras de uso cotidiano que provienen de lenguas indí-


genas o africanas.

Miche: bebida alcohólica de fabricación casera propia de Los Andes. Por ex-
tensión, esta palabra ha pasado a nombrar a las bebidas alcohólicas de forma
general.

Chimó: pasta de tabaco para ser disuelta en la boca y ser escupida, muy popular
en el campo.

Chicha: bebida obtenida en procesos de fermentación, bien sea de maíz, de


arroz, de yuca o de piña.

Achiote: onoto.

Chiche: bebé, niño o niña pequeño(a), en Los Andes.

Mandinga: diablo.

Cumbe: población conformada en lugares apartados por afrodescendientes es-


capados de la esclavitud.

Sambumbia: comida hecha con la mezcla de muchas cosas.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Y muchos nombres como Orinoco, Carache, La Guaira, Chichiriviche,


Sanare, Guaire, Yaracuy, Siquisique, entre otros.

Esta ha sido una más de tantas y tan contundentes expresiones de ese duro
y sostenido proceso colectivo conocido como resistencia cultural.

Así como ha ocurrido con otras expresiones culturales como la música, la


religiosidad, la alimentación, la mitología y el arte, en la dimensión vital del idioma
también nuestro pueblo ha librado una lucha de siglos por no permitir que desaparez-
can del todo sus rasgos distintivos y profundos, sus matices expresivos y su expresión
concreta, aunque no lo hayan reflejado así las distintas estructuras funcionales del
poder hegemónico como lo son los medios de comunicación, la escuela, la academia,
la universidad, el mercado, las leyes, la Iglesia o el Estado. Sin embargo, a pesar del
sostenido, sistemático y poderosísimo empeño de la clase dominante por imponer
del todo y a todos(as) su hegemonía, a pesar del inmenso y omnipresente aparato
estructural con que opera y lleva a cabo sus propósitos este poder hegemónico cuyas
raíces y nutrientes están en la invasión y colonización españolas, a pesar de ello y
gracias a la pervivencia robusta, vital y dinámica de abundantes y profundas zonas de
nuestro espíritu originario, continúan persistiendo mucho de los elementos que nos
conforman y distinguen como pueblo y cultura.

Originariamente, en nuestro pueblos indígenas y en los africanos, sus idio-


mas eran sólo orales, hablados, es decir, que no poseían escritura. Esto no significa
en lo absoluto que por ello fuesen inferiores o menos complejos o “primitivos”, o
pobres lingüísticamente. Ello sólo significa que se trata de otra concepción, de otra
conformación social material y espiritual que tiene importantes implicaciones desde
el punto de vista de las costumbres.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Al no poseer escritura un idioma, su pueblo recurre a la memoria como


único soporte para todo lo que es su historia, sus tradiciones, su poesía, sus narra-
ciones míticas, las técnicas de sus oficios, su medicina. Entonces, en esa cultura, la
conversación, el diálogo, el intercambio verbal directo entre las personas tiene un
significado predominante y principal, por tanto, es fundamental la participación
de los adultos y las adultas mayores, ya que es en ellos(as) en quienes reposa
principalmente toda aquella herencia. Por ejemplo, es común en nuestro pueblos
indígenas que al final del día, cuando termina la jornada cotidiana, sobre
todos los niños, las niñas, los y las adolescentes y los y las jóvenes,
se reúnan en torno a los(as) ancianos(as) a escucharlos relatar
su historia, sus narraciones míticas, cómo era la vida en tiem-
pos pasados. Así se transmite el conocimiento, el arraigo y la
identidad cultural.

De alguna forma esta práctica se mantiene en


nuestra sociedad pluricultural, sobre todo en el cam-
po aún se acostumbra escuchar los cuentos
de los ancianos. Sólo que en los últimos
tiempos la televisión, los videojuegos,
Internet han sustituido esta vieja cos-
tumbre nuestra de reunirnos a conver-
sar familiarmente o con los vecinos y
vecinas de la comunidad. Es evidente
como el lenguaje cambia el modo de
vida, el modo de producir la vida, por
eso cambia también la manera como sen-
timos y pensamos.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Pero lo más interesante no es que estos elementos permanezcan vivos


y presentes aunque fosilizados, estáticos y como piezas de colección o museo,
testimonio solamente de un pasado remoto e irrecuperable. Lo más interesante
es que aquello que más hondamente permanece es una condición humana, una
particularidad cultural, espiritual y de comportamiento (actitudes), una esencia
vital que hace frente y rechaza, de modo visceral y espontáneo, todo aquello que
por la fuerza y a través de un gigantesco y poderosísimo aparato opresivo se le
quiere imponer y cercenar como concepto, valoración, memoria, interpretación
y lectura de la realidad, del entorno y de la propia condición humana, individual
y colectiva.

Así, como uno de los tantos procesos de lucha colectiva de nuestro


pueblo, se ha conformado una particular forma de hablar el idioma impuesto. De
modo que, como constante acto creador y en contra de lo que el poder hegemó-
nico continúa dictando desde sus aparatos de dominación como deber ser, como
ideal de aspiración colectiva y como ejemplo de cultura y educación, nosotros(as)
creamos y recreamos constantemente el idioma español que hablamos: creamos
palabras, atribuimos significados nuevos a palabras viejas, componemos refranes
y expresiones idiomáticas de trabajo, saludo, de amor, de amistad o parentesco,
trastocamos y fracturamos el uso utilitario impuesto como correcto para la vida
cotidiana con expresiones de alto sentido y poder poético.

De esta forma, en nuestra vida y con nuestro poder creador, construi-


mos nuestro palabreo, nuestro propio idioma, la propia entonación de nuestro
ajeno idioma nuestro, porque sentimos la necesidad de vivir el mundo desde otro
lenguaje, desde otra manera de relacionarnos, desde otro sentido que se opone a
lo opresivo.

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El cuento de raíz
(algo de historia y antecedentes)

Ejercicio 1:

1.- Los y las participantes del taller se organizan en grupos.

2.- En cada grupo se asigna a una persona como relatora y a otra


para controlar el derecho de palabra.

3.- Cada grupo realizará la siguiente actividad:

Un listado de palabras y/o expresiones y/o frases que conside-


ren creadas o trasformadas en su forma o significado por el pueblo en su
vida cotidiana.

Colectivamente, luego de discutir, debatir y llegar a acuerdos, se


redactan de forma breve los significados de esas palabras colocadas en el
listado.

Finalmente, también de forma colectiva, luego de discutir, ana-


lizar, debatir y llegar a acuerdos, se compara y contrasta las palabras y/o
expresiones y/o frases creadas o transformadas por el pueblo con su equi-
valente según el uso formal, supuestamente correcto e impuesto por el
poder hegemónico.

4.- En plenaria, cada grupo expone el resultado de su trabajo.

5.- En plenaria, se analiza críticamente, discute, debate y se llega


a acuerdos acerca del trabajo de cada grupo.

Página 20 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Dime cómo hablas y te diré quién eres

El lenguaje implica en sí mismo lo colectivo. No es posible el lenguaje y


su expresión concreta (los idiomas), sin comunidad, sin grupo humano. La capacidad
para elaborar mensajes por medio de un conjunto específico de palabras y la posibi-
lidad de que estos sean comprendidos sólo ocurre en la medida en que un colectivo
humano conoce ese código y lo comparte. Sólo porque una comunidad de personas
está “de acuerdo” en que, por ejemplo, con la palabra “árbol” se designe y nombre
ese elemento concreto de la realidad que tiene tronco, hojas, raíces y que da frutos y
sombra, sólo por ese “acuerdo colectivo heredado”, es posible que ocurra la comuni-
cación, sólo por eso el lenguaje funciona y existe. Esto lo podemos llamar identidad
o comunión.

Precisemos algunas definiciones que serán útiles a lo largo de todo el texto.


El lenguaje es la cualidad humana de expresarnos y comunicarnos por medio de sig-
nos, expresiones corporales, sean orales, gráficas o visuales.

Los idiomas (o lenguas) son la expresión concreta de esa cualidad, mani-


festada entre un grupo humano específico en un territorio determinado. Lengua e
idioma son sinónimos, significan exactamente lo mismo.

Los dialectos son las formas concretas en que un idioma se manifiesta en


una realidad geográfica específica. No constituyen otros idiomas o lenguas. Son ma-
neras diferentes de hablar un mismo idioma. Aunque sean muchas las diferencias y
rasgos específicos que un dialecto posea, aún continúa siendo parte de un idioma por-
que quienes lo hablan pueden continuar comunicándose. Por ejemplo, en Venezuela
existen el dialecto zuliano del español, el dialecto andino del español, el dialecto orien-
tal del español, el dialecto llanero del español, el dialecto central del español. Estos
no son otra cosa que la forma como en cada uno de estos sitios nosotros y nosotras
hablamos el español.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 21


Dime cómo hablas y te diré quién eres

A través de las palabras que conocemos y usamos nos vinculamos con otros
seres humanos. Ese tejido de vínculos elaborado a partir del uso y conocimiento de
un mismo idioma es uno de los elementos centrales con los cuales nos afirmamos en
una cultura, en una ideología. A su vez, el tejido de relaciones humanas, de acciones,
de costumbres y prácticas vitales de un colectivo, en su propio hacerse, en su propia
realización cotidiana, va dando forma, creando y recreando esas mismas palabras, ese
mismo código común a través de cuyo usos nos expresamos y nos comunicamos,
dando un matiz específico, particular a nuestras acciones.

Aquí tenemos, por ejemplo, algunos refranes venezolanos, los cuales son,
por un lado, expresión de conocimiento popular, de formas de ver la vida, de concep-
ciones, y por otro, también, el resultado elaborado popularmente de muchos concep-
tos, valores y patrones impuestos justamente por el poder dominante (es el caso de
“Loro viejo no aprende a hablar” o de “No des oro a los cerdos”). El refrán perpetúa
ideologías y con ello valores, concepciones y prácticas humanas, las cuales pueden ser
de origen popular, es decir, que pueden ser ejemplo de una cultura de resistencia, pero
también lo hace con la ideología del poder hegemónico. Pero sin duda, son formas de
expresión que traducen una particular relación con la realidad concreta, social, en la
que son creados, y una filosofía popular, un sentido, un significado. No olvidemos que
para la cultura dominante, para el poder hegemónico, el refrán es signo precisamente
de lo contrario, es decir, de “incultura”, de chabacanería. Sin embargo, en lo refranes
podemos evidenciar formas de exclusión, explotación, racismo, xenofobia, pero tam-
bién, de lecciones de vida, actitudes críticas, ironías, formas de existencias:

■ A cada pájaro le parece mejor su nido.

■ A canas honradas no hay puertas cerradas.

■ A caballo regalado no se le buscan colmillos.

Página 22 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Dime cómo hablas y te diré quién eres

■ Amarrado el becerro, la vaca viene sola.

■ Cachicamo trabaja pa lapa.

■ Camarón que se duerme se lo lleva la corriente.

■ De esa cabuya tengo yo un rollo.

■ Del árbol caído todos hacen leña.

■ Del dicho al hecho hay mucho trecho.

■ Donde ronca tigre, no hay burro con reumatismo.

■ Donde hubo fuego, cenizas quedan.

■ El muchacho que es llorón y la madre que lo pellizca.

■ El que no llora no mama, aunque esté entre paridas.

■ El que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito.

■ Gallina vieja da el mejor caldo.

■ Gato con guantes no casa ratón.

■ Juéguese con el Santo, pero no con la limosna.

■ No dejes camino por transitar vereda.

■ En boca cerrada no entran moscas.

■ Éramos muchos y parió la abuela.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 23


Dime cómo hablas y te diré quién eres

Allí radica esa identificación tan profunda que llegamos a desarrollar con
nuestro idioma: en el hecho de que, a pesar de que lo recibimos elaborado y lo apren-
demos sin darnos cuenta de ello, a pesar de eso, también es nuestra creación, individual
y colectiva, reproductiva de las relaciones de poder, pero también testimonio de cómo
nos manifestamos ante esa opresión. Un ejemplo claro de ello son las distintas formas
de hablar el español que podemos encontrar en un mismo país como Venezuela.

Es un hecho que todos hablamos español, pero también es un hecho que


no se habla igual en Maracaibo, en Mérida, en Caracas o en Margarita. Entonaciones,
ritmos, acentos e, incluso, palabras, varían y se diferencian, al punto de que somos ca-
paces de identificar la procedencia de una persona únicamente por escuchar el acento
con el que habla. Un mismo objeto, como puede ser el que usamos para tomar café,
se llama en Mérida “pocillo” y en Caracas “taza”, pero “taza” es en Caracas, también,
una parte decorativa de los rines de los automóviles y en Trujillo ese mismo objeto se
llama “copa”. Un tipo particular de calzado tradicional venezolano se llama en unos
sitios “cotiza” y en otros “alpargata”. Lo mismo ocurre con palabras como “chola”,
“chancla” o “chancleta”, que designan en distintos lugares el mismo tipo de calzado.
Un maravilloso juguete tradicional en unos sitios se llama “papagayo” y en otros
“volantín” o “cometa”. En algunos sitios, generalmente del oriente del país, al mar se
lo llama “la mar” y en otros “el mar.” Al calor en algunos lugares se le dice “el calor”
y en otros “la calor”. A así, podemos pasearnos por diferencias en muchas zonas
de la vida: el vestido, la alimentación, los juegos, la fauna, la flora, los utensilios, las
emociones, etc.

Ahora bien, estas diferencias, matices y particularidades que pueden darse


dentro de un mismo idioma dependiendo del lugar o región, ocurren también en
dimensiones aún mucho más concretas y específicas, y no únicamente determinadas
por aspectos como la región y las características propias que marcan a las personas en

Página 24 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Dime cómo hablas y te diré quién eres

su contexto. Los significados y las palabras mismas de un idioma están íntimamente


ligados, incluso, al entorno físico y geográfico, natural, del pueblo o cultura que usa
ese idioma. Por ejemplo, un pueblo que vive en el polo norte no tiene una sola pala-
bra para el color blanco, sino que usa muchas, y cada una expresa múltiples matices
del blanco, relacionadas con blancos característicos de tipos de hielo o de nieve. O
un pueblo que vive en el Sahara, que tiene muchas palabras para nombrar muchos
tipos de arena, pero no tiene ninguna para la palabra arena. Lo mismo ocurre con
pueblos costeros o insulares, que tienen diversas palabras con las cuales expresar
matices para otro pueblo imperceptibles sobre el estado del mar y del oleaje. Esto
puede ocurrir incluso entre hablantes de un mismo idioma, como es el caso de una
expresión como “calma chicha”, que se usa en Cumaná para nombrar un estado
del mar en el que no hay absolutamente nada de oleaje, o “el mar está plato”, para
nombrar lo mismo.

En Venezuela, por ejemplo, a raíz de los cambios políticos que intentan pro-
ducir una forma de relacionarnos, un nuevo lenguaje, en los últimos años ha cobrado
fuerza la palabra “comunitario”. Eso es un claro ejemplo de cómo la dinámica social
influye en el lenguaje, sobre todo porque los y las ciudadanos(as) nos encontramos
en un proceso de dar definiciones a esa palabra, de darle contenido. Lo mismo ocurre
con palabras como “socialismo”, “revolución”, “patria”, “camarada”. Otro caso es
el de la palabra “escuálido”, que tiene un significado concreto en el diccionario, pero
que en Venezuela, como consecuencia de la vida histórico- política, ésta pasó
a definir a las personas pertenecientes a grupos radicales de oposición al
Gobierno, generalmente de clase media y alta. Entonces, el lengua-
je, usando el idioma como código se convierte en una forma
de accionar en la realidad socio-política, en una forma de
expresar nuestros pensares, ideas, sentires, en una forma
de asumir al mundo y nuestra concreción en él.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 25


Dime cómo hablas y te diré quién eres

En este momento nos damos cuenta que no se habla igual en Prados del
Este que en Petare, o en Montalbán que en La Candelaria, en la Asamblea Nacional
o en la reunión del Consejo Comunal, en nuestra relación de pareja o en la novela de
moda, sabemos que esto no se debe únicamente a razones geográficas, sino a razones
ideológico-políticas, a formas de asumir al mundo, de ver la realidad. Esto también
pasa con el lenguaje de los grupos generacionales (jóvenes, adultos, ancianos), de
género o los llamados profesionales, establecen formas de comunicarse diversas aun
cuando estén geográficamente en el mismo sitio y esto es porque en el lenguaje están
subsumidos los intereses, particularidades y concepciones de mundo de quienes lo
expresan. No por casualidad para descalificar a las personas se utiliza la frase: “ese o
esa no sabe ni expresarse”, es la primera forma de ataque para devaluar, descalificar, es
una forma de decir, tal como pasó con el antecedente de nuestros indígenas, que hay
que enseñarle un lenguaje superior porque son inferiores. Se decreta con el lenguaje
la brecha social.

Ahora bien, estas diferencias no se dan de forma natural, espontánea, sino


que son muchos los elementos que así lo determinan. En nuestro caso, es decir, en
Venezuela, la causa fundamental de ello es la raíz lingüística indígena de la región o
zona en que se hable de cierto modo, con una acento particular y con palabras par-
ticulares; además, también influye el componente social de origen africano, es decir,
si está o no presente o con que fuerza se presenta; asimismo, la región específica de
España de donde provinieron los invasores que se asentaron originalmente en una
zona específica; de igual forma, es importante el componente social de inmigrantes
europeos o de otros países de América Latina y los propios movimientos migratorios
internos del país del campo a la ciudad y viceversa; por otro lado, los elementos
propios de las relaciones sociales de poder, económicas, jurídicas y políticas: el trabajo
que realizan de legitimación y valoración lingüística instituciones como la iglesia, el
sistema educativo, el mercado, la publicidad, los medios de comunicación, la industria

Página 26 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Dime cómo hablas y te diré quién eres

del espectáculo. Pero sobre todo, está influencia colonial toma una manera concreta
de hablar nuestro español venezolano, en las muy diversas formas en que esto se da.
Es el arraigo concreto en la más fuerte de todas las fuentes culturales: el terruño, el
círculo vital íntimo, familiar y un poco más allá, el de la calle vecina, la escalera, la
cancha, la camioneta, el metro, el mercado, el trabajo.

De allí tomamos cotidianamente (desde que se desarrolla en nuestro ser


el lenguaje como forma de expresión) esa forma particular que tenemos de hablar
nuestro idioma, esa que concretamente es atacada, discriminada, subvalorada, some-
tida por las estructuras hegemónicas generalizadoras y uniformadoras con las cuales
las clases dominantes permanecen en su trabajo de borrar hasta el último rastro de
nuestra resistente cultura, en su afán de acabar con nuestro modo de vida distinto a
esta sociedad capitalista dependiente que se nos ha impuesto desde la colonia.

Asumir, conocer, valorar una forma concreta y específica de nombrar la


realidad no es simplemente un acto de recreación o gusto estético o lingüístico; es
justamente valorarla como potencia creadora, es la defensa de un rasgo que en su
amplitud integrada implica y construye formas de ver la vida, de ver las relaciones
humanas, las relaciones sociales. Además, en este momento del folleto, el ejemplo
sólo persigue hacer notar esta diferencia básica que permite comprender una sola
cosa: que no se habla igual en todas partes y que esto se debe a ciertas e históricas
razones. Una de las armas fundamentales del poder hegemónico es anular y borrar
la diferencia, la diversidad, en función de definir y caracterizar y asumir lo humano
sólo desde una mirada, sólo desde un patrón. Así, la defensa de la pervivencia de los
rasgos distintivos, en cualquier área de la vida, es un acto trascendente de resistencia
cultural ante el avasallamiento y arrase de lo uniforme. Y esa defensa comienza por la
mirada crítica hacia eso.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 27


Habla como quiero y serás como quiero

Ejercicio 2

1.- Los y las participantes del taller se organizan en grupos.

2.- En cada grupo se asigna a una persona como relatora y a otra para controlar
el derecho de palabra.

3.- Cada grupo realizará la siguiente actividad:

Lectura en voz alta del pasaje de Cien años de soledad en el que ocurre la
enfermedad de la memoria y los pobladores de Macondo deciden etiquetar con
sus nombres todo lo que los rodea para no olvidar sus nombres.

En cada grupo se imagina que estamos en un sitio particular, así como Macondo,
y que en ese sitio está sucediendo lo mismo que allí.

En cada grupo se elige un número específico de objetos, sentimientos, acciones


y cualidades, es decir, sustantivos concretos y abstractos, verbos y adjetivos.

Después de conversar y llegar a acuerdos, les colocan nombres nuevos, los


designan con palabras nuevas, inventadas por ellos(as) mismos(as), imaginando
que ese es el idioma del sitio imaginario en que estamos.

Después cada grupo redacta algunas oraciones sencillas, usando esas palabras
con nuevos significados.

Luego, leen en voz alta a todos el resultado de su trabajo.

Nadie entiende nada. Queda claro que sin convicciones y acuerdo


colectivo el lenguaje no existe.

Página 28 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Habla como quiero y serás como quiero

Ejercicio 3

1.- Los y las participantes del taller se organizan en grupos.

2.- En cada grupo se asigna a una persona como relatora y a otra para
controlar el derecho de palabra.

3.- Cada grupo realizará la siguiente actividad:

Un listado de palabras que nombren cosas específicas de regiones especí-


ficas del país o de sectores específicos de la ciudad, en épocas distintas y
usadas hoy día por los jóvenes y adolescentes que contengan una importan-
te carga ideológica de discriminación.

Colectivamente, luego de discutir, debatir y llegar a acuerdos, se redactan


de forma breve los significados de esas palabras colocadas en el listado

Finalmente, también de forma colectiva, luego de discutir, analizar crítica-


mente, debatir y llegar a acuerdos, se ubica el equivalente de esas palabras
en el lugar donde vivimos.

4.- En plenaria, cada grupo expone el resultado de su trabajo.

5.- En plenaria, se analiza, discute, debate y llega a acuerdos acerca del


trabajo de cada grupo.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 29


Habla como quiero y serás como quiero

El idioma no es una abstracción ni una idea. El idioma es una realización


concreta y palpable. Lo percibimos físicamente a través del oído (cuando es hablado)
y a través de la vista (cuando es escrito o de señales, como el caso del que usan los
sordomudos) pero nos impacta ideológicamente en el significado que decreta hacia
nosotros o hacia espacios que nos afectan.

El idioma no es el diccionario ni los folletos de ortografía, ni la gramática ni


la sintaxis, ni tampoco los manuales de estilo ni las normas de corrección o incorrec-
ción. El idioma son acciones de vida, manifiestas en la realidad próxima.

No existe un idioma bueno y un idioma malo, un idioma bien hablado y


otro mal hablado. Lo que existe son concreciones distintas y específicas de un mismo
idioma en lugares, sectores, comunidades y grupos humanos diferentes y diversos,
generadas cada una desde realidades sociales específicas, desde relaciones humanas
y poder específicas, fruto cada una de una historia particular, de un devenir histórico
específico que ha marcado con su concepción del mundo la conciencia de los pueblos
que lo hablan, tal como se definió en el capítulo anterior.

Las calificaciones como “correcto”, “incorrecto”, “bien hablado” o “mal


hablado” surgen y son impuestas y generalizadas desde estructuras de poder hegemó-
nicas, del mismo modo como se estigmatizan costumbres, hábitos, modos sociales
distintos a los definidos por la clase dominante. No surgen de la nada ni son parte
inherente al idioma en sí, sino que responden y resultan de múltiples elementos, todos
propios de las relaciones de poder materiales manifiesta en la sociedad y de la con-
formación de la clase que ostenta el poder de la sociedad.

El idioma expresa en sí mismo relaciones de poder, sean éstas de domina-


ción, opresión, rebeldía o igualdad, dependiendo del modelo económico- social y del
contexto en que el idioma se expresa. Así, las diferencias en la forma concreta de ha-

Página 30 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Habla como quiero y serás como quiero

blar un idioma enunciadas en el capítulo anterior, las cuales dependen los aspectos que
ya hemos definido, adquieren y se les imponen matices discriminatorios, peyorativos,
descalificativos, según la valorización de quienes poseen el poder y el control sobre
las estructuras sociales a través de las cuales aquellos matices se masifican, difunden y
generalizan en todas las capas en que dividen la sociedad. Entonces, vemos cómo sur-
gen, por ejemplo, distinciones como “habla culta” y “habla popular”, así como existen
las de “bellas artes” y “arte popular” o “tecnología” y “artesanía”. Distinciones que
son esparcidas e impuestas como valoración y punto de partida discriminatorio en
toda la sociedad a través de estructuras muy bien definidas para ello.

¿Cuáles son estas estructuras? Pues la escuela, la universidad, los medios


de comunicación, los centros de industria cultural, la academia, los libros, la publici-
dad, el mercado.

¿Y cómo ocurre esto? Pues muy sencillo. Veamos cómo ocurre por ejem-
plo en la escuela. Los maestros y maestras son los que conforman en gran medida la
construcción de los valores, conceptos e interpretaciones de la realidad en los niños
y niñas. Pero los maestros y maestras reciben su formación, es decir, aquello que
transmiten a los niños y niñas, en las universidades. De este modo, en la niñez, que es
el momento en que se afirman y consolidan más fuertemente los valores y conceptos
en el ser humano, se reproducen fácilmente aquellos valores, concepciones e inter-
pretaciones de la realidad que son transmitidos a los maestros y maestras durante su
formación en la escuela. Entonces, si en las universidades, en la academia, imperan los
valores, concepciones e interpretaciones de la realidad propios de las clases dominan-
tes, estos serán los que reproduzcan los niños y niñas en su vida, a través de lo que les
es transmitido por sus maestros y maestras que fueron formados en esas universida-
des. Y si a ello agregamos que esos mismos valores, concepciones e interpretaciones
de la realidad son difundidos constantemente en la televisión, en las revistas, en los

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 31


Habla como quiero y serás como quiero

periódicos, en el Internet, en la radio y en la industria cultural, pues entonces más aún


será reproducida y consolidada esta hegemonía de la clase dominante.

¿Hablan los y las narradores(as) de noticias de la televisión como


lo hacemos nosotros en la calle, en el barrio, en la cancha, en la plaza o en la
esquina?

¿Y los profesores(as) y maestros(as)? ¿Hablan como lo hacen los y


las estudiantes en su vida diaria fuera de las aulas escolares o, incluso, a como
ellos y ellas mismos(as) lo hacen en su vida diaria fuera del aula de clases?

¿Se considera en los programas curriculares de la educación básica, a


la hora de enseñar el idioma, la particular manera de hablar que existe en cada
región del país de acuerdo a su contexto histórico, se considera la ideología de
división de clases, la discriminación de género, el racismo?

¿Se aprenden allí los propios rasgos distintivos, las particularidades


en las expresiones y de acentuación, o los giros, dichos populares, refranes,
expresiones, de las distintas y muy variadas formas de hablar el español que
tenemos los venezolanos y las venezolanas de acuerdo a nuestra historicidad?
Por el contrario, se enseña un idioma “estándar” y se impone éste como único correc-
to, generando que se perciba y asuma la propia manera de hablar como incorrecta e
inferior.

Esto tiene sólo una finalidad: que se interiorice en todo el colectivo na-
cional el discurso de la dominación y de la clase dominante como el único válido, co-
rrecto, necesario y valioso. Y la mejor manera de hacer esto es borrando por completo
todo lo propio de los dominados. Ya que así, sin arraigo en la propia identidad como
pueblo y como clase, en los propios rasgos distintivos y en la propia memoria cultu-
ral, será mucho más difícil que se fracture y destruya ese orden opresor establecido,

Página 32 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Habla como quiero y serás como quiero

puesto que estaríamos asimilados del todo a él, sin capacidad para vernos y sabernos
distintos, autónomos, diversos y, así, reclamar nuestra total dignidad, participación y
la presencia de lo que somos y como lo somos en todos los espacios de la vida de
la sociedad, sobre todo en aquellos desde los cuales se estructura la hegemonía y se
busca contraponer un lenguaje de liberación.

Ocurre que el libro ha sido también una de esos medios a través de las
cuales se ha consolidado la hegemonía de las clases dominantes. El libro ha llegado
a ser percibido, en muchos casos, como objeto intimidador, como símbolo de una
sabiduría, un conocimiento, unas facultades y atributos relacionados con el poder y la
exclusividad, el cual estuvo siempre depositado en las clases dominantes. Así, se valora
como un bien inalcanzable, propiedad privada o, en todo caso, propio de otros, de
los señores, de los doctores, de los que saben; lo cual lo hace poseedor de la verdad,
la autoridad y la belleza de los que tiene aptitudes y capacidades para leer. Alcanzar
el libro puede significar, en muchos casos, dejar de ser lo que se es, abandonar tra-
diciones y costumbres, conformar desde nuevos códigos la conducta, eso que con
tanto descuido llamamos “educarse”, “aprender a hablar bien”, etc. El sólo desear
alcanzarlo puede ser entonces el anhelo de este abandono; la negación de su acceso,
la mayor de las frustraciones. La misma condición de opresión y exclusión hace que
el aspirar superarla signifique, en gran medida, el deseo de abandonar, suprimir o
negar la propia identidad, el propio origen. Otra vez, la ideología impuesta a través del
lenguaje, se ocupa de poner a cada quien en el escalafón social que le corresponde.

La sociedad contemporánea es una sociedad del libro y la escritura (aunque


comience a tener un lugar principal la imagen, sobre todo la audiovisual) y ésta es, por
un lado, una vía para la toma y ejercicio del poder y de la soberanía, y por otro una
efectiva herramienta para perpetuar en el tiempo la propia realidad, tanto la corres-
pondiente al pasado como la que se construye en el presente y así preservar nuestra

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 33


Habla como quiero y serás como quiero

cultura ante la constante disolución y extinción con que se ve amenazada; si en


esta sociedad los mecanismos de producción de conocimiento, de acceso a la
información y de contacto con la historia se basan en la escritura y la lectura, lo
que hace imprescindible su ejercicio, entonces la tarea de lograr que el nuestro sea
un pueblo lector y escritor es impostergable, pero comenzando por llevar a esa
dimensión del libro y la escritura la voz histórica de nuestra cultura, cifrar en ese
código los siglos de memoria oral que posee hasta la más pequeña y desasistida
de nuestras comunidades y con ello escribir y leer el gran libro de todos. Es una
forma de generar un nuevo lenguaje que modifique ideológicamente el idioma
legado de la herencia cultural.

Por todo esto es fundamental para la liberación popular y para la cons-


trucción de una nueva hegemonía marcada por valores, conceptos e interpretacio-
nes críticas de la realidad pertenecientes a nuestra identidad como pueblo y fieles
a nuestra tradición y que sean expresión de nuestra dig-
nidad y libertad, que la presencia y participación del
pueblo esté y exista de manera concreta, permanente
y contundente en la actividad cotidiana de estas es-
tructuras y en sus definiciones y construcción. Es decir,
que el pueblo esté presente y se exprese, tal y como es,
sin imposturas ni afectaciones, en la radio, en la televisión
y en la prensa escrita, en el show, en el espectáculo. Es
importante que el pueblo se vea, hable y escriba en igual-
dad de condiciones como la de los medios de comunica-
ción, pero desde su lenguaje replicador, y anti-opresor.
Asimismo en las concepciones curriculares, bibliográ-
ficas y académicas de todo el sistema educativo.

Página 34 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Habla como quiero y serás como quiero

Ejercicio 4

1.- Los y las participantes del taller se organizan en grupos.

2.- En cada grupo se asigna a una persona como relatora y a otra para controlar el
derecho de palabra.

3.- Cada grupo realizará la siguiente actividad:

Se realiza una lista de palabras a través de las cuales se pueden estructurar valores sociales.
Palabras del tipo “éxito”, “bienestar”, “calidad de vida”, “decente”, “educado”, “exclusi-
vo”, “privado”, “rico”, “pobre”, “emancipado”, “igualdad”, “transformada”, “socialista”,
“respetada”, “reconocido”, “valorada”, “atropellado”, “explotada”, “excluido”.

Se realiza una lista de palabras que plantean contraposiciones sociales; por ejemplo:
“campesino”–“urbano”, “barrio”–“urbanización”, “ignorante–culto”, “opresor-opri-
mido”, “patrón-trabajador”, “estudiante-profesor”, “TV-TV alternativa”, “radio-radio
comunitaria”, “escuela-escuela para la organización comunitaria”.

Colectivamente, con la participación de todos y todas, luego de discutir, debatir y llegar


a acuerdos, se redactan de forma breve los significados de esas palabras colocadas en el
listado, haciendo un esfuerzo por orientarlos según la mirada de los poderosos, de los
dominadores, es decir, las que están generalizadas en la sociedad.

Finalmente, también de forma colectiva, luego de discutir, analizar críticamente, debatir


y llegar a acuerdos, se redacta el significado de esas palabras en el lugar donde vivimos,
para nosotros y desde nuestra vida y realidad.

4.- En plenaria, cada grupo expone el resultado de su trabajo.

5.- En plenaria, se analiza críticamente, discute y debate en torno al por qué y de qué
modo estas palabras llegan a adquirir estos significado y cómo se imponen, difunden y
generalizan.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 35


Sabemos que somos lo que hablamos

Hemos hablado hasta ahora de un poder hegemónico que impone sus


valoraciones, concepciones, interpretaciones, aspiraciones e intereses, además de en
otros espacios de lo humano, también a través del idioma manifiesto en un lenguaje
que es ideología. Y hemos señalado que ese poder, con sus valoraciones, concepcio-
nes, interpretaciones, aspiraciones e intereses, es prolongación del que se impuso con
la conquista y colonización. Pero es necesario remarcar que el hecho de que esta do-
minación se ejerza también en el terreno del idioma, de la lengua, es eje fundamental,
basamento principal, de todas las otras zonas de lo humano en que también se da.

Hemos hablado, asimismo, de una fuerza vital popular que en el día a día,
en el espacio propio de su vida, en los barrios, campos, costas, llanuras, selvas y mon-
tañas, se resiste a ese poder hegemónico y se esfuerza por mantener vivos sus rasgos
de identidad, su condición de dominación, de explotación que se resiste, en este caso,
sus rasgos propios en el idioma, su forma de hablar y expresarse.

Hemos señalado que esa fuerza popular, esa cultura de nuestro pueblo, es-
pecialmente la de los pobladores de nuestros campos y comunidades populares, tiene
su raíz y es prolongación y continuación histórica de nuestra cultura originaria cuyos
más sólidos basamentos se hallan en la cultura de los pueblos indígenas y aquellas
clases sociales oprimidas, esclavizadas y sometidas durante ese tiempo, es decir, de
los indígenas, afrodescendientes, mujeres y otros, resultado del mestizaje, como los
llamados pardos y zambos, la cual tiene sus bases y raíces en la oralidad. De allí que la
nuestra sea más una cultura de la memoria oral que de la escritura. Todo lo que aún se
conserva de nuestra cultura autóctona indígena y aún de la cultura popular resultado
del mestizaje, no ha sido legado y continuado sino a través de la oralidad: tradiciones
religiosas, prácticas simbólicas, poesía, mitos y leyendas, conocimientos de medicina,
agricultura, botánica, culinaria, etc., todo esto ha sido trasmitido de generación en

Página 36 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Sabemos que somos lo que hablamos

generación en el seno de nuestro pueblo a través de la palabra hablada, pronunciada


por hombres y mujeres.

Y hemos afirmado que allí, en esa resistencia, en esos rasgos y característi-


cas que se resisten a desaparecer, existe una enorme potencia de rebeldía y liberación.
Pero para ello es necesario, además de esa práctica histórica de resistencia, la toma de
conciencia al respecto y el desarrollo de acciones concretas, resultantes de esa toma de
conciencia, orientada hacia el empoderamiento y la lucha directa y frontal contra ese
poder hegemónico opresor en cualquiera de sus manifestaciones y donde quiera que
se exprese. Toda toma de conciencia comienza por el propio reconocimiento y avanza
sólo por el camino de la reflexión, del análisis crítico y autocrítico, de la discusión y
del debate.

Es necesario entonces apropiarnos con mayor contundencia y claridad de


eso que, en el caso del lenguaje, constituye nuestra más clara fisonomía, es decir, esa
forma concreta y específica, única e irrepetible que tenemos de nombrar la realidad,
de nombrarnos a nosotros mismos, de comunicarnos y expresarnos como seres hu-
manos, como sujetas y sujetos, como colectivo. De esta forma poder visibilizarlo,
señalarlo, remarcarlo, para poder defenderlo y fortalecerlo, sobre todo, para que el
logro de esa conciencia se generalice, se multiplique y se sostenga en el tiempo.

Sólo así seremos capaces de transformar eso que nos caracteriza como
pueblo, eso que constituye nuestra herencia cultural; en el caso del idioma, eso que
constituye nuestra particular manera de valorar, conceptualizar, nombrar, explicar e
interpretar la realidad, el entorno y nuestra interioridad, sólo así seremos capaces de
transformarlo en poder, en creación poderosa y generadora de transformaciones en
nuestra realidad.

ESCUELA DE FORMACIÓN PARA LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA Página 37


Sabemos que somos lo que hablamos

El énfasis debe estar puesto hacia la percepción sensible del lenguaje en su


dimensión oral (es decir, hablado) que permita comprender que el idioma que habla-
mos es, en sí mismo, fuente de cultura y de belleza que nos expresa, nos constituye,
nos concreta en la realidad, en el momento histórico.

Es fundamental el reencuentro consciente con la sensibilidad por el len-


guaje, con la capacidad de asombro ante el idioma, ante el milagro en qué consiste
la expresión verbal. Esto debe iniciarse con el llamado de atención hacia la propia
forma de hablar, esa forma específica en que toda lengua se hace material y concreta
de la intención de nuestras ideas: el habla de cada región, de cada localidad, de cada
generación, de cada sujeto y sujeta políticos, de cada familia, en donde está contenida
y expresada una particular forma de concebir el mundo, en donde existe un tratamien-
to razonado, sentido, reflexionado, sabio, estético, del idioma, realizado de manera
política por el pueblo en su devenir histórico.

El trabajo de atención, descubrimiento consciente y disfrute del propio


idioma debe consistir en que éste brota de la vida y la prolonga en el esfuerzo de
comprenderla expresarla y transformarla.

La cultura dominante ha establecido que la única forma de realizar esto


es a través de la lectura de libros, pero esto no es del todo así. Es fundamental tener
en cuenta el hecho de que el libro y la lectura no son las únicas ni las más valederas
formas de acceder al conocimiento, a la sabiduría, ni al disfrute de las posibilidades
de sabiduría, conocimiento y belleza presentes en la realidad y en el lenguaje. Prueba
de ello es la riquísima tradición oral de nuestro pueblo, expresada tanto en el aspecto
propiamente dicho de la literatura popular como en otras manifestaciones como ex-
presiones locales, dichos, refranes, etc. Y prueba de su fortaleza es cómo ha permane-
cido viva a pesar de tantas adversidades. Pero además, tenemos la posibilidad de releer

Página 38 EL PALABREO de la gente de mi barrio


Sabemos que somos lo que hablamos

al mundo desde otros lenguajes y re-escribirnos en él con una mirada alternativa,


transformadora.

Veamos una muestra de poesía popular caraqueña. Las siguientes décimas


fueron escritas por Neguel Machado, poeta del Barrio Las Terrazas, de Caricuao.

Ocho estrellas en el cielo


Hoy brillan intensamente
Y tú brillas en mi mente
Causándome gran desvelo
Miramos batir tu pelo
Agitado por la brisa
Baño en sudor mi camisa
En la tarde veraniega
Linda niña Venezuela
Tu futuro es la premisa

El Amarillo del oro


Te recubre de resplandor
Y se escucha en tono mayor
Un joropo con decoro
Es que eres Patria el tesoro
De todo aquel que te habita
Eres tu tierra bendita
Que de gracia está preñada

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Sabemos que somos lo que hablamos

Porque una prole abnegada


Te forjará más bonita

Con el azul de tus mares


Bañas el verde costero
Y un habitante sincero
Hoy lucha con avatares
Instrumentos y cantares
Recubren tu territorio
Y como un hecho notorio
Tu pueblo viene luchando
Y poco a poco alcanzando
El titulo meritorio

Aquel rojo de la vida


Ha marchitado tus calles
Y la tierra de tus valles
Hoy padece la gran herida
Se te encuentra dividida
Por intereses mezquinos
Mil piedras en el camino
El avance dificulta
Y la verdad te oculta
Para truncar tú destino

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Sabemos que somos lo que hablamos

Antes de aprender a leer todo ser humano entra en la asombrosa aven-


tura de percibir el mundo; las primeras lecturas de un niño son las sensaciones
que recibe a través de su sentir, por eso valora los colores, olores, formas, sabores
que el mundo en sus relaciones con las personas despiertan en su sensibilidad e
incluso después, cuando comienza en la vida la adquisición del lenguaje, esto ocu-
rre en el directo y cotidiano devenir de la realidad en la que está inmerso el niño
y la niña, y todo sucede a través del habla, que involucra un escuchar. Adquirimos
el lenguaje a través de la palabra de nuestros seres cercanos; aprendemos a hablar
desde la voz de nuestros padres, abuelos, hermanos, tíos, etc. La grieta por donde
el tesoro del lenguaje entra a nuestro espíritu es el afecto que involucra el lenguaje
de la realidad.

Sobre las palabras

Las palabras son el sitio para que germine la organización entre no-
sotros, nosotras y la vida, entre la querencia de mundo y la realidad. Las palabras
son el nicho en que la realidad, nuestras emociones, ideas, sueños y sensaciones
se encuentran, se fecundan y se concretan. Entonces su expresión debe surgir
impregnada de nuestra sustancia como pueblo, debe hacerse con palabras propias,
con significado íntimo y real, con sentido de libertad.

La concreción real de esto son accionar de otra manera para transfor-


mar la realidad y re-significar el idioma, darle al código otro lenguaje. Es decir, los
idiomas son las formas concretas con las cuales los seres humanos hacemos real
el lenguaje, si cambiamos el lenguaje con otras acciones y relaciones, las palabras
serán otras, los planteamientos serán otros.

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Sabemos que somos lo que hablamos

Los idiomas son, por decirlo de algún modo, nuestra memoria y nuestra
alma cultural. En los idiomas, y muy particularmente en sus palabras y expresiones
(no excluimos la forma gramática, ortográfica, sintáctica), se construyen nuestras con-
cepciones, valoraciones, costumbres, percepciones e interpretaciones de la realidad.

Leamos nuestro idioma, atendamos a su forma y sonido. Acerquémonos a


la real expresión de lo que somos expuesta en el lenguaje que usamos.

Que no nos digan cómo hablar. Qué no nos digan cómo nombrar nuestra
realidad.

Que nuestra palabra sea libre, fecunda, emancipadora, independiente y


creadora.

¿A qué nos referimos con cultura?

Lo primero que debemos contemplar es la noción de “relación”. Todo lo


que es relación une, acerca, comunica, genera aprendizaje, crea significados, fructifica
marcos valorativos, articula. Los seres humanos somos creadores y generadores de
relaciones que nos permiten la comunicación y con las que recibimos, comprendemos
y transformamos la realidad. Tenemos el lenguaje y el arte; tenemos la tecnología, la
gastronomía, la agricultura, la religión, la historia.

La cultura es una voz conformada por muchas voces que nos expresa y nos
conforma desde una misma raíz. Hay un lugar en el tiempo y en la historia que nos
hace semejantes, que nos hace cercanos, que nos identifica, nos encuentra. Y desde
allí resistimos la dominación y el esfuerzo de un poder ajeno por destruirnos, por
borrarnos, por invisibilizarnos.

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Sabemos que somos lo que hablamos

Sentir el valor de lo humano universal comienza por la identidad de amar


nuestra Patria, es decir ese lugar pequeño y concreto al que nos atan relaciones de
sangre, de herencia cultural marcadas por la historia, en el que transcurren las expe-
riencias fundamentales de nuestra existencia que crean sentires, pensares, palabras
que nombran lo vivido para poder vivir: la adquisición de una lengua, la relación con
un río, con un árbol, con una calle, con el trabajo, con el estudio, la iniciación en una
religiosidad, el descubrimiento del amor, la irrupción de la muerte, la conformación
de una cosmogonía, la amistad.

Un ejemplo de significado del lenguaje desde la identidad, lo encontramos


en una de las más hermosas definiciones de Patria, la debemos a nuestro Libertador
Simón Bolívar: “Primero el suelo nativo que nada; él ha formado con sus elementos
nuestro ser; nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro pobre país; allí se
encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y
los que nos han dado alma por la educación; los sepulcros de nuestros padres yacen
allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda un deber; todo nos excita
sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra inocencia,
de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha
formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y a la consagración?”.

Lo que nos permite afirmarnos y reconocernos en el tronco común de


una cultura es la existencia de ciertos elementos comunes a los pobladores de cier-
tas zonas, es decir, el tejido de las relaciones culturales creadas por estos colectivos
durante siglos de existencia. Porque lo que garantiza la persistencia y continuidad de
esta cultura como un organismo vivo, con aliento y pulso, es, precisamente, el robus-
tecimiento de estas relaciones, el hecho de que estos sean prácticas llenas de vida y la
presencia viva del pasado de lucha en la cotidianidad.

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Sabemos que somos lo que hablamos

No podemos olvidar que aunque esa nuestra cultura permanezca viva,


su fortaleza se ve permanentemente agredida, amenazada, cercenada por otra
fuerza cultural venida de lejos y llegada aquí hace cinco siglos. Porque aquel pro-
ceso de sustitución cultural, de dominación y represión iniciado con la invasión
española y con la colonización no concluyó ni con la Guerra de Independencia ni
con las dictaduras del siglo XIX y XX ni con las supuestas democracias del siglo
XX, sino que continúa hoy día, aunque de manera más silenciosa, sin violencia
física y con métodos de persuasión más refinados a través de los mecanismos de
difusión de la llamada industria transnacional del entretenimiento, de los medios
de comunicación y del mercado, conocida como industria cultural.

Esto dice un maestro nuestro, un maestro de La Dolorita:

“La cultura es el cúmulo de todas las vivencias y experiencias humanas. Y es


característico de cada grupo humano en un espacio específico, según su manera de pensar y de ver
las cosas. Es tan importante que siempre que un pueblo trata de conquistar o someter a otro,
lo primero que hace es acabar con su cultura, desmantelarla e imponerle la suya. En el caso de
América nosotros luchamos por la consolidación de una cultura nuestra, autóctona. Primero
estuvo la española y ahora es la gringa. Aquí se nos impuso, por ejemplo, como estrategia de
penetración cultural, que el venezolano es flojo y que nuestra cultura estaba pasada de moda.
Esas son mentiras imperiales. ¿Para qué? Para bajarnos la estima y podernos meter otra
cultura. Por eso adoptamos otra cultura, porque el ataque cultural a nuestra estima le da el
espacio. ¿Y es política? Sí, porque estamos hablando de cómo nos gobernamos. ¿Y es economía?
Sí, porque estamos hablando de cómo entendemos nosotros la actividad económica. Cuando nos
preguntamos por qué vamos hacia el socialismo, la respuesta está ahí: si ya fuimos socialistas,
sólo que por un proceso de transculturación en algún momento de nuestra historia nos desviamos
y dejamos de serlo. La idea es rescatar eso, retomar nuestros orígenes. Para poder enfrentar un
futuro tenemos que tener una cultura bien formada en el presente con sus raíces en el pasado.

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Sabemos que somos lo que hablamos

Dos imperios nos sacaron de nuestro camino, pues entonces la idea es retomar ese camino. Sólo
teniendo una cultura propia, un quehacer, podemos enfrentar los imperios, los de hoy y los que
vengan. La cultura es lo que nos une, nuestra manera de pensar, de ver la vida, de compartir,
de convivir, los intereses comunes. La cultura es la vivencia humana en comunidad.”

Y esto dicen un grupo de compañeros y compañeras de La Dolorita:

“Conocer lo nuestro, quererlo, sentirlo y tenerlo siempre en primer lugar: nuestra comunidad,
nuestra gente, como una familia. El ser humano está inscrito en una historia, tiene una ances-
tralidad que se debe reconocer y rescatar. Nosotros(as), que nos estamos formando y queremos
transformar la realidad y construir el socialismo, tenemos que ubicarnos en esa historia, rasgos
culturales y ancestralidad. Se trata de defender lo nuestro, aunque podamos compartirlo con
manifestaciones culturales de otros sitios, y de revelar lo que nos es impuesto. Si a un país se
le borra su historia y su cultura se destruye. Y eso es lo que hace EEUU con nosotros(as).
Porque no es sólo con las artes y las tradiciones. También está Mac Donald’s, Wendy’s, El
Sambil, el consumismo, las drogas, la violencia. Eso es una cultura. Son patrones de conducta,
modelos de vida. Estamos transculturizados(as) a punta de televisión, radio y prensa escrita. El
objetivo es combatir esa cultura impuesta que también está adentro de nosotros(as), y no es fácil.
Pero tenemos que hacerlo, porque eso es un lastre y está destruyendo la sociedad. Tenemos que
partir de reconocer que tenemos esa cultura impuesta adentro de nosotros (as) misma(as), para
poder actuar en su contra. Desde el conocimiento de la historia una comunidad puede
recuperar y volver a una actividad productiva que siempre fue su sustento, para
incluso desarrollarla mejor. También tiene que ver con el trabajo, lo que
sabemos hacer, nuestros conocimientos prácticos. El abandono del
campo tiene que ver con esa transculturación”

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Sabemos que somos lo que hablamos

Ejercicio 5

Constelaciones de palabras

Lectura del pasaje de Cien años de soledad del escritor colombiano Gabriel
García Márquez. En este pasaje se relata cómo la enfermedad del olvido afecta a los
pobladores de Macondo y los habitantes del pueblo se ven obligados a señalarle por
medio de la escritura el nombre a cada objeto. Mediante un ejercicio de imaginación,
se supondrá que tal enfermedad está ocurriendo en la localidad en que tenga lugar el
taller, por lo que es preciso hacer, realmente, lo que hicieron los personajes del libro.
Si es necesario, el facilitador realizará esta lectura en voz alta.

A partir de esto se construirá lo que hemos denominado “Constelaciones


de palabras”. La dinámica consiste en determinar colectivamente palabras que nom-
bren áreas específicas del vivir: el trabajo, las emociones, los alimentos, los conoci-
mientos, los amigos, la pareja, los juegos, áreas de la casa, el parentesco, los nombres
de lugares, sectores, zonas de la comunidad.

Las palabras así escogidas las hemos denominado NÚCLEOS DE LA


CONSTELACIÓN. Estos NÚCLEOS deben escribirse en fichas de papel a un ta-
maño en que puedan ser visualizadas por todos los participantes, y pegarse en una
pared.

Luego, de forma colectiva, los participantes deben enumerar las palabras


que nombren objetos y realidades específicas que existan en torno a ese NÚCLEO,
escribirlas de igual forma en fichas de papel y, luego, ir pegándolas en la pared en
torno a la palabra que se tomó como NÚCLEO. El objetivo es reproducir de manera
visual la idea de la constelación.

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Sabemos que somos lo que hablamos

Después, los participantes, con discusión, debate y análisis colectivo


deberán redactarle el significado a las palabras ubicadas en la constelación. Para
ello, se proponen preguntas generadoras que permitan ir conformando la defini-
ción: ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se usa? ¿De qué material está hecho? ¿Qué
quiere decir? ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Nos favorece? ¿Nos perjudica? ¿Es nuestro
o es de otro? ¿Lo sabemos hacer? ¿Tenemos que adquirirlo? ¿Es asequible o no lo
es? ¿Lo queremos? ¿Lo necesitamos? ¿Lo valoramos? ¿Lo podemos cambiar? ¿Es
parte de nosotros? ¿Es ajeno a nosotros? Y otras por el estilo.

Con ello se irá elaborando un corpus de palabras, a medida que se


desarrollen las sesiones de clase, de modo que, progresivamente, se vaya confor-
mando un glosario o vocabulario de la localidad en que se realice el taller.

Posteriormente, los participantes ubicarán sinónimos de estas palabras,


de modo que pueda establecerse la comparación entre cómo se nombran de ma-
nera específica estas realidades en la localidad, es decir el uso que les dan los
participantes, y cómo esto sucede en otros sitios y en el ámbito del lenguaje en el
en el marco del idioma español.

A partir de esto el facilitador debe propiciar la reflexión en torno al lenguaje


de los participantes, y al hecho de que ésta posee particularidades y rasgos específicos
que le otorgan, en cada localidad, un sabor y una identidad propios, y al mismo tiem-
po, que al observar y tratar la propia lengua de esta manera, se realiza un contacto con
ella distinto al meramente comunicativo, utilitario y automático del habla cotidiana,
hecho fundamental para desarrollar el lenguaje político, literario y poético, a la vez,

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la percepción de la idea en las palabras, de su sentimiento y de la profundidad de
los significados, sentidos y valores que encierran. Además, el facilitador propiciará
la reflexión acerca de la importancia del lenguaje, de la escritura y del libro para el
testimonio de la historia colectiva, la cultura y la identidad.

El diccionario local

Con el resultado progresivo de la actividad denominada “Constelaciones de


palabras” se irá conformando, con el tiempo, un Diccionario Político Local.

Para ello se recurrirá a dos procedimientos: uno, ordenar las palabras alfabé-
ticamente; dos, simular, lúdicamente, el estilo de redacción propio de los diccionarios:
“Decimos de…” y otras fórmulas.

A partir de la creatividad y posibilidades propias de los y las participantes


del taller, se elaborará este diccionario, de forma manual y artesanalmente, en forma
de libro.

El refranero local

El facilitador reparte entre los participantes, escritos en fichas de papel,


un grupo de refranes populares. Luego de un tiempo prudencial para que estos sean
leídos, los participantes, después de leerlos en voz alta, deberán redactar el significado
de cada uno de los refranes en su contenido ideológico.

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Luego, cada grupo escribe en fichas de papel refranes que les sean conoci-
dos y familiares.

Luego, colectivamente y después de conversar, discutir, debatir y llegar a


acuerdos, se les redacta el significado, es decir, lo que dicho refrán quiere decir.

Después los participantes del taller realizarán los mismos pasos, pero con
respecto a los refranes, frases, expresiones o dichos, que sean comunes y de uso muy
frecuente en la comunidad. Para ello, los y las investiguen sobre esto; es decir, que pre-
guntarán en sus comunidades sobre estas expresiones locales, dichos, frases y refranes
para que sean traídos de forma escrita al espacio del taller y desmontar sus signos.

Con ello se irá conformando progresivamente un refranero local de de-


construcción y reconstrucción del lenguaje.

A partir de la creatividad y posibilidades propias de los y las participantes


del taller, se elaborará este diccionario, de forma manual y artesanalmente, en forma
de libro.

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Notas

1
Luis Brito García. El Nacional, domingo 4 de abril de 1999.

2
Esteban Emilio Mosonyi. Manual de lenguas indígenas de Venezuela.

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