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Historia de Villa Don Bosco Tandil

Contaremos algo de lo que fue dicho paraje, para recuerdo del comienzo de este
hermoso lugar.
El Padre Inspector que en aquel momento era don José Reyneri, estaba buscando un
lugar que sirviera como casa de vacaciones para el aspirantado de Ramos Mejía de
Buenos Aires y también para el personal salesiano.
En el año 1938 don Mario Agostini, donó 5 hectáreas de campo a la congregación
Salesiana. Dicho terreno está situado, calle por medio con el actual Auto Club Tandil.
Es de recordar que este bienhechor falleció en 1948 y tenía doce hijos entre varones y
mujeres y a la fecha, año 2000, viven todavía nueve, entre ellos Antonio con el cual
estamos vinculados.
El terreno donado no era suficiente para hacer una casa de descanso, pero, al lado de
dichos lotes había una chacra, con su chalet que se llamaba “La Guarida”.
El padre averiguó de quien era esa propiedad. Su dueño resultó ser el capitán de navío
retirado Lauro Lagos, el cual lo había comprado el 6 de junio del año 1913, a la familia
Sarlengue de Gardey.
El inspector preguntó entre otros al Dr. Jurisconsulto don Beccar Varela, que vivía en la
localidad de San Isidro, que le parecía el lugar, ya que conocía muy bien la zona y le
respondió: “Compre que es uno de los lugares más hermosos de Tandil” y no se
equivocó.
No sabemos si el chalet cuando lo adquirió el señor Lagos, estaba construido o no,
pero podemos atestiguar que en 1993 cuando un temporal nos volteó tantos árboles,
en uno de los pinos pudimos contar los anillos anuales y daban 80 años.
La Guarida figuraba en el plano catastral como Cuartel 1º zona de la cascada.
La Chacra 171 menos, un pequeño sobrante del otro lado de la calle. El pedazo de la
170 que fue donado y además limitaba con la 157, 156, 170, 189 y el campo de la
señora María L. de Facio, en total por ahora unas 27 hectáreas.
En la parte de atrás estaba la cantera municipal donde hoy es la “Reserva Sierra del
Tigre”. El camino que venía de la ciudad a la Guarida era de tierra polvo y piedra. Se
pasaba frente al matadero viejo y la fábrica de jabón; luego se convirtió en un basural,
donde hoy es la chacra de la Universidad del Centro.
Al costado estaba el boliche de Casatti que después fue de Noli, y por último del hijo,
Luis Noli.
Este camino tenía su importancia cuando estaba el matadero, de allí se venía o iba al
paraje El Gallo. La Pesquería, Lobería, La Numancia, Necochea o se tomaba la ruta 226
que recién en 1943 se asfaltó.
La realidad para aquella época era lo que se buscaba, un clima sano, un lindo paisaje y
“estar lejos del mundanal ruido”, por lo tanto se concretó la compra del campo y del
chalet, que en su momento, llegó a ser una especie de hospedaje.
Recuerdan los memoriosos que hasta el famoso Juan de Dios Filiberto estuvo aquí
pasando una temporada de descanso.
Los aspirantes iban de vacaciones donde podían, así es que de 1938/39 vinieron a
Tandil y se hospedaron en el colegio, de los Hermanos de la Sagrada Familia, que como
escuela ya entonces existía.

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El año 1939/40 fueron al Uruguay, y el año 1940/41, inauguraron la Villa Don Bosco.
En el año 1940, el 3 de enero, se firmó el boleto de compraventa, por el escribano don
Francisco Osa y el 12 de setiembre de 1940 se firmó la escritura por el escribano don
Oscar Medina. Así se compró toda la propiedad en 25.000 pesos al contado, que eran
más o menos 22 hectáreas. Los fondos para esta primera parte los pagó la Institución.
Con esta compra se dio comienzo a la obra, con planos de la oficina técnica de la
inspectoría y con la supervisión del padre Florencio Martínez sdb.

El día 2 de mayo de 1940, se le pide permiso a Mons. Cáneva para abrir una casa
religiosa a unos 7 Km. de Tandil, denominada “VILLA DON BOSCO”. El día 13 de mayo
Mons. Cáneva responde dando el permiso solicitado y desde entonces “La Guarida”
comienza a llamarse “VILLA DON BOSCO”, si bien por mucho tiempo la gente siguió
llamándola por su anterior nombre.
Lo primero que se construyó fue el dormitorio grande de 70 x 10 con todo un pórtico
abierto alrededor, con capacidad para 120 aspirantes.
Hagamos un plano de situación, el dormitorio vacío, era todo lo que había, y el chalet
con sus cuartos y cierta comodidad, que fue utilizado como capilla, cocina y
habitaciones de los superiores.
El 29 de diciembre de 1940, aparecen los aspirantes a inaugurar la Villa don Bosco, con
todo entusiasmo que era de esperar.
Fue toda una odisea, viajaron de Buenos Aires por ferrocarril haciendo una verdadera
mudanza; debían permanecer los dos meses de enero y febrero y transportar por tren
los colchones, frazadas y almohadas, las pertenencias de cada uno y todo lo necesario
para la cocina, el comedor y las demás actividades. De la estación, trajeron todo en
camión y carros como pudieron y al llegar un poco antes de lo que hoy es el Auto Club
Tandil, les llovió, y no pudieron continuar. Tuvieron que trasladar todo a pie, bajo la
lluvia. Aún viven para recordarlo el P. Septimio Del Giúdice que iba como asistente, el
P. Horacio Gutiérrez y el P. Mario Lantorno como aspirantes.
Todavía recuerdan que para dormir, no había camas, los colchones estaban en el suelo
y no alcanzaban para todos, entonces, los que eran hermanitos, dormían de a dos, uno
a la cabecera y otro a los pies. Al terminar las vacaciones los colchones quedaron en la
Villa.
Al año siguiente el señor Adúriz regaló 150 camas para los dormitorios y 5000 pesos
para ayudar en la construcción de la Iglesia.
Se comía sobre unos tablones apoyados sobre caballetes y unos bancos largos bajo el
pórtico del edificio.
Así fue el comienzo de esta Villa. El agua era muy escasa, se juntaba la de lluvia. Los
bomberos venían y llenaban un tanque. Los aspirantes iban a bañarse a la Cascada o al
arroyito que está cerca de la ruta 74 o también al lago de los Hermanos.
Había un molino que abastecía el tanque, pero era poco. Después se trajo agua del
pozo que está muy lejos, pero no daba para tantos. Luego se puso un motor que
mandaba a un tanque intermedio y de allí al tanque del dormitorio y a los cuartos.
El agua siempre fue escasa; hay en el terreno nueve perforaciones, recién en 1993 se
resolvió el problema, se hacían perforaciones, pero a los pocos metros había piedra o

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granito y las máquinas no estaban preparadas para perforarlas o sino lo que se
encontraba eran lagrimones, que salían de vertientes después de las lluvias.
Para los animales se utilizaban una especie de tajamar construido de ladrillos y
aprovechando el agua de un manantial que con el tiempo se fue agotando y se lo
demolió.
Recién llegó la luz eléctrica el 29 de enero de 1949, que se colocó un grupo
electrógeno. Hasta ese momento se utilizaban los faroles a querosén, como era verano
aprovechaban la luz del día, yéndose a dormir temprano.
La mercadería se iba a buscar a la ciudad en un sulky, trabajo encomendado al
coadjutor don Federico Bernárdez, la correspondencia, la galleta que duraba varios
días, el lavado de la ropa de todos, etc. Más adelante vinieron dos soldados con un
carro y hacían las comisiones.
La leche la produjo siempre la Villa y desde el comienzo el señor Luis Magnanini y su
señora Inés Ayerza se encargaban de proveer de su estancia “Ana Luisa” a la Villa de
huevos, carne y pollos para todos.
Los doctores Tuñón y Aristóbulo López fueron los médicos que atendieron a los
aspirantes y al personal, durante el tiempo de vacaciones.
Esto era un lugar muy despoblado, así que se podía atravesar campo, salir a cazar con
hondas y palos, subir y bajar en todas direcciones.
El caminar fue una de las tantas ocupaciones organizadas. Se acarreaba y cortaba leña
para la cocina; pelaban papas y hacían la limpieza.
Salían a tomar la merienda o a pasar todo el día afuera, llevando las vituallas para
merendar o comer. A veces iban a estancias como La Azucena, Acelain, Ramón 1º, La
Quinta de Belén, El lago de los Hermanos, La Cascada, El Cerro de las Ánimas, etc.
A pesar de la falta de comodidades, gozaban del lugar y del clima y por el ambiente de
familia en que se vivía. Hoy después de tanto tiempo, vienen muchos que fueron
aspirantes a recordar tiempos felices, cada uno con sus recuerdos y anécdotas.
Santamarina y su esposo el Senador Nacional don Antonio Santamarina dan los medios
para continuar con la capilla; los planos fueron hechos por la Oficina Técnica Salesiana
y la obra esta vez, estuvo a cargo de la empresa constructora de Concetti y Yancarlo.
Cabe destacar que todo lo que se hizo en madera, hierro y las estatuas fue ejecutado
en los talleres de la escuela de Artes y Oficios del Colegio Pío IX de Buenos Aires.
Monseñor Argemiro Moure, que en aquel tiempo suplía al secretario inspectorial
cuando el P. Carlos Meroni se iba de vacaciones y en esos años, monseñor, era
estudiante de teología, tuvo que preparar dos cartas, una para la señora Harilaos de
Olmos y otra para la señora Concepción de Casares, en una agradecía y en la otra
pedía, no se sabe cómo don Reyneri puso en el sobre las cartas al revés, al leerla y
enterarse que la señora Harilaos de Olmos, había regalado un altar, las otras dos
hermanas regalaron uno cada una y se obtuvieron los tres altares y las balaustradas.
Así tenemos que la Sra. María Delia Harilaos de Olmos, regaló el altar mayor de
mármol y sus candelabros.
El altar de mármol del Sagrado Corazón de Jesús y sus candelabros fueron donados por
la Sra. Concepción Unzué de Casares.
El altar de mármol de María Auxiliadora y sus candelabros fueron donados por su
hermana María Unzué de Alvear.

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Los confesionarios y el armonium los donó Lola Acosta de Santamarina
Los bancos de la capilla fueron obsequio de la comisión de Cooperadoras y de otras
bienhechoras.
El 30 de diciembre de 1941, Mons.César Cáneva bendice la nueva capilla dedicada a
San Juan Bosco.

Las reliquias que se encierran en los altares son: Altar Mayor, San Juan Bosco, San
Sebastián, mártir, y San Mauricio. En el Sagrado Corazón, San Celso, mártir, San
Cristóforo, mártir, y Santa Julia, mártir. En el de María Auxiliadora, San Secundino,
mártir, San Modesto, mártir y Santa Margarita, mártir.
Los altares y las balaustradas, hechos en parte con mármol ónix, fueron ejecutados por
el señor Vigil Mahlknecht, un verdadero artista, siendo famosas sus esculturas; los
altares los ejecutó en su taller que está en el barrio de la Chacarita, en Buenos Aires.

Para hacer la iglesia, debido al desnivel del terreno, se aprovechó el declive y se


ejecutó la parte baja, en lo que es el subsuelo, todo un ambiente, el cual se utilizó,
como salón de estudio y de canto para los aspirantes.
La misma empresa que construyó la capilla de la Villa, copiando y modificando algo,
hizo la iglesia de Ntra. Sra. de Begonia, que está en Tandil, Villa Italia.
Hasta aquí la obra fue rápida, pero faltaban la cocina, los comedores, la enfermería y
los cuartos para el personal y los vacacionistas, ya que en aquellos años, hasta que se
construyó la Villa, no había lugar fijo para pasar las vacaciones.
Con un subsidio del Gobierno Nacional conseguido por el Dr. Santamarina se pudo
comenzar la obra del otro brazo del edificio paralelo a la capilla y se construyó en la
parte baja, el comedor y la cocina, y en la alta los cuartos y la enfermería. Se terminó
en 1947, lo que indica que la obra fue despacio.
Una placa recuerda que parte de este brazo de edificio fue construido con fondos del
Gobierno de la Nación.
Tuvo a su cargo la construcción la empresa Concetti y Roa.
Cuando se inauguró el Monte Calvario, el 10 de enero de 1943, participaron los
aspirantes, algunos de ellos revestidos de monaguillos y el P. Isidro Vaccaro preparó a
un aspirante de apellido Burelli, quién recitó magníficamente una poesía.
En el año 1946, se instaló el personal salesiano: fueron dos los que quedaron
permanentes.
El día 8 de febrero de1947 Mons. Nicolás Esandi, para la fiesta de Don Bosco, consagra
los altares y el 16 de marzo de 1950, sale el decreto de Erección Canónica Nº 584, con
el título “Villa Don Bosco”.
Ya estamos en el año 1958, el problema del agua, se agudiza cada vez más, para ver lo
que cuesta hacer la perforación, va una carta del Hermano Crisóstomo que se
encontraba en el colegio San José y que era un buen Rapdomante y a él se le
encomendó el buscar agua, y aquí vemos lo que le pasó.

Rdo. P. Ignacio Minervini:


El Hermano Crisóstomo saluda muy religiosamente al Padre Superior y por indicación
del P. Pérez de la Villa D. Bosco de esta localidad, le envía una pequeña reseña, de la

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perforación para obtener agua; las noticias no son como hubiese sido nuestro deseo,
pero, qué le vamos hacer el hombre, todavía desconoce muchas cosas.
Se han perforado unos 28 metros con un caudal de agua de 1200 litros por hora, que
para sus necesidades, no son lo suficiente pero que puede en mucho ayudar.
Nuestro cálculo indicó hacia los 35 metros o sea la otra napa que puede ser más
abundante. Desde los 20 metros nos hemos encontrado con un manto de cuarzo que
ha sido difícil adelantar, hasta hemos creído conveniente detener los trabajos por ser
imposible seguir adelante, pues las mechas no cortaban.
Los 10 metros que más o menos podrían faltar para llegar a lo que suponemos, tercer
napa, significaría para Uds. un trabajo muy costoso, saliendo más económico realizar
otra perforación, en algún lugar que buscaríamos y que el P. Pérez le expondría en su
próximo viaje.
Insisto Rdo. P. Superior, seguir en ese lugar, creo que es una locura, por el gasto; hay
días que no han hecho ni 0,80 centímetros trabajando hasta 12 horas diarias. En total
han trabajado 220 horas. La máquina se retiró esperando lo que Uds. ordenen, cuando
vaya el P. Pérez.
Lo saluda con toda la comunidad de Tandil, Hno. Crisóstomo.

El caudal de agua era relativo, porque sacando 4 o 5000 litros descendía la napa y
había que esperar a que se recuperara el agua, además, en tiempo de sequía rendía
menos todavía y todo esto con un bombeador que sacaba lentamente, a diferencia de
una bomba sumergible, que saca rápido, pero se agota pronto.
El problema era encontrar una buena napa y el pozo tener un diámetro que permitiera
colocar una bomba sumergible, pero eso no se conseguía.
En aquellos años de 1958, por supuesto que no había la máquina que hoy existe que
en un día le perforan, aun siendo piedra o granito unos cuantos metros y con un
diámetro mayor.
Al lado derecho de la entrada se hizo todo un monte de eucaliptus, la finalidad era,
porque entre la luz y el teléfono y el asfalto se creía que lo más conveniente sería el
teléfono y con los troncos de los eucaliptus, de allí a 10 años se podría proveer de los
postes necesarios, los sembraron demasiado separados y todavía estamos esperando
“la llamada telefónica”, porque llegó la luz, y el asfalto, pero el teléfono, no.
En el año 1959 los Diáconos y Subdiáconos de la Inspectoría, venían a Buenos Aires de
Córdoba, es así que en las vacaciones de ese año, un grupo de ellos a las órdenes del
entonces Ecónomo Inspectoría, P. Enrique Polhmann, recibieron orden de tirar abajo el
chalet, porque según decían costaba mucho mantenerlo y ya con lo que tenían
construido, eso estaba de mas, y así se hizo. Con los sobrantes, se acomodó una
vivienda para los salesianos, en la parte de atrás pegado al galpón, donde estaba la
usina, la carpintería, herrería y depósito y dormitorio de empleados.
Esto fue el fin del chalet “La Guarida”
Al mismo tiempo en el año 1958 al 59, se construyó el edificio para la cocina nueva y
un salón comedor para los superiores, ya que entonces el personal comía en el pórtico,
como era tiempo de verano, no importaba tanto las comodidades del lugar. Es así, que
el 24 de diciembre, de 1959 se instaló el gas en tubos para la nueva cocina.
Al llegar a este año, veamos algo de los moradores de este lugar.

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No hay una crónica donde se pueda seguir, paso a paso, todo lo que se fue realizando,
por ello nos atenemos a lo que se recuerda, saltando años y pensando que todo seguía
sin variantes de importancia, basta decir que desde el año 1960 al 1968, no hubo
personal estable, se venía un vez por mes a pagar los sueldos de los empleados y a
observar los detalles de importancia.
Esto se había convertido en una casa de salud, donde venían algunos salesianos
durante el año para reponerse, si bien en el invierno, se hacía difícil permanecer, por la
humedad y bajas temperaturas, y no estaba acondicionado para el clima invernal.
Los que durante el año permanecían aquí, se dedicaban al campo ,sembrando papas,
cuidando las vacas, vendiendo la leche, sacaban un poco de miel y sobre todo atendía
la capellanía de Gardey; confesaban en el colegio de las Hermanas y el de San José y
donde los requerían enseñaban catecismo.
Los aspirantes venían solo dos meses, enero y febrero y tenían su horario repartido,
limpieza de la casa, ensayo de canto todos días, clases instructivas de repetición, latín,
etc. Tenían su himno propio con letra y música y otro adaptado.

El adaptado: Con música propia:


Tandil región querida.
Tandil hermoso
Yo sueño con tus sierras.
cascadas te adornan
El tesoro que encierra
y valles frescos
a meditar convida.
tu paisaje es un canto
Yo nunca olvidaré
puro y bello
tu monte y tu pinar
trozo de cielo
que esta canción
la Villa que don Bosco nos legó.
me hace entonar.

Había ensayos de teatro, que hasta que no se hizo el escenario en el salón de estudio,
se representaba al aire libre, todos los domingos frente al chalet y allí se daba, el
primer acto y después cada uno tomaba el asiento y se ubicaba frente a la capilla para
ver el segundo acto.

También las veladas y fogones se hacían casi todas las noches; esto se podía realizar
por la cantidad de aspirantes que había.

De Tandil a Azul, el camino era de tierra, recién se asfaltó en 1957; transporte de


ómnibus no había, así que todo viaje se hacía por ferrocarril; si la carta llegaba a
tiempo lo venían a esperar, sino, tenían que tomar el colectivo de la estación de Tandil
a la plaza y de allí venirse a pie, con la valija hasta la Villa.
Todos los años el 31 de enero, el P. Domingo Martínez, que era el encargado de las
vocaciones, hacía la fiesta de Don Bosco y se invitaba al Intendente, al cura Párroco, a
los cooperadores, como ser Magnanini, Ayerza, Pereira Iraola, Aduriz, el Dr. Tuñón, el
Dr. López, Agostini, Montaldo, al de “La Flor Azteca” Gutiérrez, Noli, Adami,
Domínguez, Pedersen y tantos otros que no recuerdo, pero no por eso cooperaron
menos.

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El año 1961, el edificio de los cuartos, sufrió el vencimiento de una cumbrera y hubo
que hacer todo un andamiaje y levantar parte del techo.
A pesar de que no hay colegio salesiano, había un buen número de exalumnos, que se
reunían en la casa del Sr. Francisco Casetta, tanto es así, que el 2 de julio de 1962, el P.
Martínez entrega diploma de Cooperadoras y el 10 de mayo de 1963, el P. Silva daba
una conferencia en el Club Italiano de Tandil sobre “San Juan Bosco y su proyección en
el Mundo” y el 5 de diciembre de 1963, se celebró el día del exalumno también en el
Club Italiano y el P. Martínez habla sobre Don Bosco y la Patagonia.
Entre los exalumnos que sobresalen está el Dr. Eduardo Lucchesi, Alberto Zavagno,
Francisco Casetta, Bedascarrasburi, Berti Juan José, etc.
Tanto es así que decidieron ellos por iniciativa propia, con la anuencia del P. Martínez y
el P. Julio Murad, que entonces era el asesor de los exalumnos, construir en el barrio
del Cementerio, una capilla dedicada a María Auxiliadora y el 7 de enero de 1965,
Mons. Manuel Marengo bendice la Piedra Fundamental de dicha capilla en Tandil.
El día 9 de setiembre se inaugura la capilla ubicada entre las calles Lobería y Tacuarí, y
el día 30 de mayo de 1966 se le impone el nombre Ceferino Namuncurá al barrio,
donde se levanta la capilla María Auxiliadora.
En el año 1966 y 1967 de marzo a abril, el Regimiento 1º de Tandil hace
adiestramiento en la Villa acampando y haciendo práctica de tiro hacia el lado que da a
la gruta, como estaba despoblado podían practicar sin molestar.
Este año 1969 vuelve a tener personal estable la Villa en las personas del P. Campo y
del Coadjutor Juan Bessone.
En 1970 un temporal de lluvia y viento arrastró parte del pórtico que da hacia el sur,
por suerte sin desgracias personales, pero, con daños materiales.
Fue para 1972 que se pudo comprar al Sr. Enrique Macaya la sierra que está atrás,
unas 25 hectáreas que ya don Reyneri decía “Comprar cuando puedan que con el
tiempo van hacer allí algún hotel”. La otra parte donde hoy es el Hotel “La Posada de
los pájaros”, no se compró con todo que lo dejaban barato, porque parecía que no
valía la pena gastar plata en eso. Estaba el P. Zuccarello de ecónomo y no vislumbró la
conveniencia.
La luz eléctrica llegó por fin en 1974, terminaba en la Villa, allí estaba el transformador,
fuimos los primeros en pedirla, los demás se fueron colgando.
Al año siguiente 1975, tienen la idea peregrina de hacer la pileta, siendo que había
escasez de agua y haciéndola grande por demás, con lo que costaba llenarla y
mantenerla.
El asfalto llegó justo para Semana Santa en 1977, frente a la Villa.
Había un grupo de Alpinos en Tandil que deseaban dedicar un monumento como
testimonio de su presencia y buscando por un lado y otro y no poniéndose de acuerdo
entre ellos, al fin decidieron hacerlo en la Villa. El P. Campo le hizo de nexo y
consiguieron la autorización. La Virgen fue donada por Jorge Laverda y la campana por
María Testolín, ambos elementos fueron traídos de Italia y el monumento simbólico
fue inaugurado el 27 de noviembre de 1977, con toda solemnidad.
En un libro donde describen la historia de los Alpinos en el mundo, está la fotografía
del monumento en Villa Don Bosco.

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El asfalto de la entrada hacia adentro se hizo en 1982, el P. Cristiano fue quien lo
propuso y el P. Campo, les ofreció un asado a los obreros y le asfaltaron todo el camino
de la entrada.
Toda la entrada estaba arbolada hasta adentro, pero, ya los años los habían
deteriorado, caídos algunos y secados otros. El P. Cristiano en 1982, decidió tirar abajo
los que quedaban en pie y hacer un parque. Las raíces para destruirlas fueron
dinamitadas, vinieron del ejército y limpiaron todo, lo único que no hicieron fue
emparejar el terreno. Los eucaliptus que estaban en el costado impedían crecer las
plantas que se colocaron y además el piso estaba muy desparejo, y entonces se optó
por despejar todo y dejar la entrada libre.
Ese mismo año se le puso el nombre de Av. Don Bosco a la calle que va desde la
rotonda del dique hasta la ruta 74 pasando frente a la Villa y también se colocó un
busto de Don Bosco en la rotonda del lago donde comienza la avenida.

Hoy la Villa sin aspirantes, utilizándose todo el año, se usa para diversos fines de
apostolado, diversión, paseos, reuniones, convivencias, campamentos, retiros, etc.
Cambió dándole otro rumbo, pero siempre tratando de hacer el bien a chicos y
grandes, hombres y mujeres.
Así termina esta crónica en el año 1983, esta historia continuara…

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