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Carta a los

Romanos
Romanos Capítulo 1
Pablo inicia esta carta con un saludo y desarrolla de forma breve un resumen
acerca de su ministerio y cómo fue llamado a predicar la buena noticia y además de
qué trata en términos generales la buena noticia.

Esta introducción termina es una declaración acerca de esta buena noticia: “Pues
no me avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder de Dios
en acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los
gentiles. Esa Buena Noticia nos revela cómo Dios nos hace justos ante sus ojos, lo
cual se logra del principio al fin por medio de la fe. Como dicen las Escrituras:
«Es por medio de la fe que el justo tiene vida»”. Quiero acotar la importancia de
este versículo porque es la base con la que se desarrollan todos los argumentos
principales de este capítulo e incluso toda esta carta y para describir lo que viene
hay que entender el significado de esta frase “poder de Dios en acción para salvar a
todos los que creen”.

En este orden de ideas, si parafraseamos esta frase, tal parece que la buena noticia
por sí sola es un poder que está latente esperando la acción de alguien que “crea”.
La palabra creer significa algo más que confiar, es también un sinónimo de
obediencia, es prestar atención y accionar. Es por ello que el creer tiene dos
connotaciones en la biblia; la primera es una creencia intelectual o consciencia de
un Dios que es real y existe; y la segunda es una creencia activa, la cual demuestra
que tienes más que una creencia intelectual de la existencia de Dios y lo reconoces,
ahora confías en sus palabras y accionas de acuerdo a ellas.

Cuando el Señor se aparece a sus discípulos Tomas aun viendo a Jesús, pensó que
era más racional creer que no sé “este Jesús era un impostor”, tan grande fue su
negación que Jesús tuvo que hacerlo palpar sus heridas para que pudiese admitir
conscientemente que era real y luego Jesús suelta estas palabras “Tú crees porque
me has visto, benditos los que creen sin verme.” Este pasaje en Juan 20:29 nos
enseña esta verdad de la boca de Jesús, hay quien cree intelectual y
conscientemente, hay quien cree sin ver y en obediencia. Por otro lado, sabemos
que los demonios también creen, pero esto se debe más a una creencia intelectual y
están tan seguros que tiemblan.

Por tal motivo, Pablo no solo se queda en que una persona debe creer y confiar en
Jesucristo, sino que debe actuar dentro del principio de la fe por medio de Jesús “lo
cual se logra del principio al fin por medio de la fe”. Sabemos que la fe sin obras es
muerta y que aquel que tiene fe debe demostrar con acciones lo que cree.

Demos un ejemplo de esto referente a algo que me sucedió hace poco: Imaginemos
que vas al médico y te hacer unos exámenes, en estos exámenes te sale algo que,
aunque hay que tratarlo, no es motivo de alarma. Resulta que tú no estás del todo
de acuerdo con tu médico, porque de hecho te has empezado a sentir “mal” según
tu criterio. Entonces vas y le preguntas a otro médico para indagar en una nueva
opinión, y tampoco le crees. Entonces, buscas al mejor especialista del país y este te
manda un tratamiento. Al principio, sigues el tratamiento al pie de la letra, pero
luego por alguna razón trivial, te sientes mal y finalmente, dejas de tomar el
tratamiento porque “ese médico no sabe nada, esos medicamentos solo me ponen
peor, yo tengo otra cosa” ¿Qué expresas exactamente con esto? Estás diciendo con
estas acciones que a tú manera, es mejor.

Lo mismo describe este pasaje en acerca del evangelio, este es poderoso y está listo
para rescatar a los que creen, pero aquellos que creen deben accionar de acuerdo a
aquellos que creen para ser justificados ante Dios “Dios nos hace justos ante sus
ojos, lo cual se logra del principio al fin por medio de la fe”.

Esto da pie a lo siguiente, Pablo afirma a partir del verso 18 que en este mundo hay
gente con un conocimiento intelectual de Dios, incluso que conocen la verdad sobre
Él y que este conocimiento lo tienen a simple vista a través de la creación,
eliminando cualquier excusa acerca de nunca haber tenidos al menos una idea de la
existencia de Dios. Lo peor es que se describe a los perversos y pecadores como
gente impide que la verdad de Dios avance y aquí lo más interesante “se niegan a
adorar a Dios a pesar que saben que existe”.

Es impresionante, pero la verdad es que Dios está por doquier, pero el pecado y la
perversión lleva al mundo a cambiar su verdad por una mentira, todo menos
confiar en Dios. No conforme con esto, inventan ideas necias y como resultado,
Pablo dice que Dios les abandona para que pequen como les plazca.

Todo esto nos enseña que la verdad del evangelio puede que sea un tema nuevo
para aquel pecador de se acerca a Dios y se arrepiente, pero la maldad del hombre
es injustificable, pues según la palabra saben lo que es correcto, pero eligen no
hacerlo. Hay gente que piensa que creer en Dios es suficiente, pero en este capítulo
queda claro que conservar esta salvación requiere más que consciencia de nuestra
condición, hay que accionar y vivir de acuerdo a la manera que Dios designa
“debemos” vivir.

“Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, él los abandonó a sus tontos
razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse. 29 Se
llenaron de toda clase de perversiones, pecados, avaricia, odio, envidia,
homicidios, peleas, engaños, conductas maliciosas y chismes. Son traidores,
insolentes, arrogantes, fanfarrones y gente que odia a Dios. Inventan nuevas
formas de pecar y desobedecen a sus padres. No quieren entrar en razón, no
cumplen lo que prometen, son crueles y no tienen compasión. Saben bien que la
justicia de Dios exige que los que hacen esas cosas merecen morir; pero ellos igual
las hacen. Peor aún, incitan a otros a que también las hagan.” Romanos 1:28-32.

Hace poco leí el primer libro de Narnia, y me pareció sorprendente la forma en


cómo sueltan algunas verdades bíblicas, un hombre viejo pero necio, llega a Narnia
junto dos protagonistas de la historia, la idea que el león hablara era inconcebible
para este hombre, tan inconcebible que se le hizo imposible escuchar a Aslan, quien
representa a Dios en la novela; no escuchaba ni a Aslan y por consiguiente a su
creación. Al final, el viejo enloquecía porque solo escuchaba animales haciendo
ruidos y cuando Digory el protagonista le pregunta a Aslan si puede hacer algo por
él, ante la pregunta le responde:

No puedo decirle eso a este viejo pecador, y no puedo aliviarlo tampoco;


se ha hecho a sí mismo incapaz de escuchar mi voz y si le hablo a él, solo
escuchará gruñidos y rugidos. Oh hijos de Adán, como inteligentemente
se defienden contra todo lo que puede hacerles bien.

Este es el destino de los que se niegan a escuchar las palabras de Dios y hacerlo a la
forma de Dios, es abandonado a sus propios deseos y sus propios criterios y
argumentos terminan alejándolos más y más de Dios. La verdad está a la vista, pero
no aceptan que está allí y buscan la manera de contradecirla. Muy similar a la
actualidad, ¿no? Gente llamando a lo malo bueno y a lo bueno malo.

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