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V I S O R revista literaria

Nº 20 - Ene. / Abr. 2021

Reseñas: Stefan Zweig / Kiko Lorenzo


Ensayos: El mundo femenino roto de dos
dramaturgos del Sur / Algunas considera ciones
sobre los cuentos de Miguel Delibes Creación:
Sergio Caballero Almeida / Emmanuel Lorenzo /
W. Darío Amaral / Alicia del Águila Peralta /
Alfonso Vila Francés / Domingo Alberto Martínez
© Revista Literaria Visor
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral Contenido
Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com

Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena
Editorial..................................................................................3
Noel Pérez Brey
Reseñas.................................................................................. 4
Imágenes:
Portada: Andrea Metallico
Una boda en Lyon. Stefan Zweig.............................................5
www.flickr.com/photos/metallico1980 Como gota de lluvia. Kiko Lorenzo........................................6
Contraportada: Alan/ Fuente: Flickr
Contenido: Zoraxxx Bleiling Pierrette / Fuente: Flickr; Reseñas:
Mark Williams / Fuente: Flickr; Ensayos: Sebastien Loppin/ Fuente:
Ensayos.................................................................................. 8
Flickr; Creación: Miss Croquetilla / Fuente: Flickr. ¡Flores para las muertas! El mundo femenino roto de dos
dramaturgos del Sur, por Eduardo Nabal Aragón.............9
Diseño:
Noel Pérez Brey Algunas consideraciones sobre los cuentos de Miguel
Delibes, por José Manuel Vidal Ortuño...............................26
Esta revista se edita desde Illescas (Toledo - España) a través de la
siguiente dirección:
Creación..............................................................................36
www.visorliteraria.com El hombre de las balas de plata, por Sergio Caballero Al-
meida.............................................................................................37
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente dirección de
correo electrónico: Los que ocultan, por Emmanuel Lorenzo......................... 44
visorliteraria@gmail.com
Confesiones de un oriental cuerdo, en desacuerdo, por W.
Darío Amaral............................................................................. 47
@ visorliteraria @ visorliteraria La novela, por Alicia del Águila Peralta.............................57
Grupo 295, por Alfonso Vila Francés.................................. 64
Caperucita en un bar de carretera, por Domingo Alberto
Todos los textos e imágenes publicados en este número son propiedad
Martínez...................................................................................... 67
de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohibida la reproduc-
ción total o parcial de los contenidos de esta publicación en cualquier Colaboraciones................................................................. 73
medio sin el consentimiento expreso de los mismos. Por otro lado, esta
publicación no se responsabiliza de las opiniones o comentarios ex-
presados por los autores en sus obras.
EDITORIAL

Un cuento tranquilo

¡Feliz año nuevo! Por fin dejamos atrás este aciago 2020 y parece que, en cierto modo,
vemos la luz al final del túnel. Ojalá os encontréis todos bien y esta condenada pande-
mia no os haya afectado de manera irremediable. Para le revista ha sido un año tranqui-
lo, lo que no es poco dadas las circunstancias.
Veinte números llevamos ya publicados desde 2014. No está mal para un proyecto tan
humilde como el nuestro. En esta línea, es tal cantidad de trabajos la que llega al correo
que no solo resulta innecesario abrir nuevas convocatorias a colaboradores, sino que
apenas damos abasto para mantener al día su revisión. Esperamos que no suene a queja,
todo lo contrario, estamos más que agradecidos.
Asimismo, el volumen de lecturas y descargas en las distintas plataformas de difu-
sión de la revista se mantiene constante, siendo —como de costumbre— España, México
y Argentina nuestros principales valedores.
En cuanto a las redes sociales, el aumento de seguidores ha sido más que considera-
Re s e ñ a s
ble en el último año, incrementándose alrededor del 300 %, por lo que, al menos en este
sentido, tal vez no estemos haciendo las cosas demasiado mal.
No quisiera alargarme más de lo necesario, así que mil gracias a todos nuestros lecto-
res, seguidores, colaboradores… Cuidaos mucho y disfrutad de la revista.

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RESEÑAS RESEÑAS

Una boda en Lyon nuestro hogar y


el de cualquiera.
Como gota de lluvia por delante a casi toda una generación de
jóvenes más o menos desesperados. Como el
Stefan Zweig De la misma for-
Kiko Lorenzo grupo de Aurora, un grupo cualquiera de los
ma que su men- que pasaron de sentarse en un banco del par-
De los relatos incluidos, Una boda en Lyon, El negro, más que un color, es un estado.
tor, Herzl, creía que a comer pipas y beber litros de cerveza
además de donar su título al volumen, se eri- En la definición oficial, el de la ausencia de
que Palestina a deambular en busca del próximo palo que
ge como epítome de la obra de Zweig. En el luz y de los otros colores primarios. Por eso
ser-viría de mo- los llevase al siguiente chute.
cuento, dos jóvenes enamorados se reencuen- es el tinte que hemos elegido para pintar la
delo central de El lector va descubriendo su historia jun-
tran en una cárcel jacobina. Ambos deciden falta de esperanza, por eso es el nombre de
todas las nacio- to con Beltrán, leyendo a través de sus ojos
morir como marido y mujer, pretendiendo un género novelístico. Está muy dicho que la
nes, una tierra en el diario de Aurora y escuchando a partir de
celebrar un enlace a la sombra del patíbulo, buena novela negra no es tanto la que se sos-
la que incluso los ese texto las voces interiores que son una de
con la ayuda de sus compañeros encerrados. tiene sobre una trama intrigante y detecti-
judíos vieneses las singularidades de esta novela. Kiko Lo-
Hay otros dos esponsales especulares en Una boda en Lyon vesca como la que sirve como retrato social,
se sin-tieran en renzo ha atrapado muy bien la conciencia
su bibliografía. Uno, el de María Antonieta, Stefan Zweig un retrato que suele hacerse a esa parte de la
Austria. Zweig, fiscal que tenemos, ese «yo» que nos cuenta
nos muestra a una cría, a la que despojan Acantilado sociedad que lo ve y lo tiene todo oscuro. La
de c ep cionado, lo que hacemos juzgándolo, y lo ha aplicado
de todo lo austríaco, para vestirla con ropas Barcelona, 2020 buena novela negra es, por eso, buena nove-
se desligó de ese para explicarnos la historia de cada uno de
francesas: una camisa de seda, un jubón de la social. Y todo esto es Como gota de lluvia, de
sueño y viajó sin los miembros de la pandilla. Intercala el au-
París y medias de Lyon. Aunque los arreba- Kiko Lorenzo: una novela negra, una novela
descanso. En sus des-plazamientos, des- tor esa conciencia de cada personaje con el
tos no caben en unas nupcias políticas, rom- social, una buena novela.
cubrió una certeza: que el compromiso del relato del narrador, los diálogos, el diario y
pe a llorar cuando le arrancan su pasado: el Aurora Izquierdo muere molida a golpes
amor podía detener el constante girar de la otros recursos en un juego de voces que con-
anillo y la pequeña cruz. Otro enlace de con- en un piso de Madrid y el caso se convierte
tierra, un pacto eterno de quietud simboliza- sigue un efecto desasosegante que describe
veniencia nos muestra a Fouché, el artillero en la primera investigación para Beltrán Na-
do en el matrimonio. Ni las humanas revolu- las vidas de los protagonistas y de miles de
de Lyon, entrando en una de esas iglesias que varro, un inmaculado policía, hijo de policía,
ciones podrían con ello. muchachos como ellos.
él destrozó a martillazos, ahora para casarse de los que abundan en la ficción y no tanto
Para hacer llegar esta buena nueva, se Calle, heroína, atracos, cárcel, prostitu-
con la condesa de Castellane. Como testigo, en la realidad. Beltrán es un protagonista sin
impuso una condena severa, ante la cual no ción, violencia, sinhogarismo, suicidio… Todo
Luis XVIII estampa su firma avalando el en- protagonismo, un personaje por el que el au-
tuvo de-fensa alguna: escribir. Ordenar his- lo que les puede salir mal, sale según lo pre-
lace del regicida, del asesino de su hermano. tor pasa superficialmente y al que usa para
toria tras historia, como señales inalterables, visto. Y solo lo
Años antes, la Revolución proclamó un pasearnos por la historia de Aurora, Cas-
hasta formar un pe-queño enclave literario que está a punto
edicto contra la villa que concluía: «Lyon se tro, Gabi, Rosa, el Niño, Susana, un grupo de
que venciera al paso de los años, a los levan- de ir bien acaba
opuso a la libertad. Lyon ya no existe». Los amigos que estaban en el sitio incorrecto en
tamientos. Mientras, todo a su alrededor pa- fallando. Auro-
edificios se derruirán, sus monumentos cae- el momento equivocado: el barrio madrileño
recía derrumbarse. En 1942, Zweig dictaminó ra podía haber
rán y hasta su nombre desaparecerá. Zweig de Esperanza a mediados de los 80. Estos son
otra sentencia, esta vez de muerte, y se quitó sido la única en
cree que una ciudad como esta, en un mo- los elementos verdaderamente relevantes del
la vida al ver cómo muchos la perdían, sobre salvarse, no tan-
mento del tiempo circular, puede convertir- libro, los chicos, su historia, y el entorno que
todo los judíos. to por estar más
se en todas las ciudades. Sus calles son cada la propicia.
interesada en los
una de nuestras calles. Una de sus casas, Esperanza, en el distrito de Hortaleza, es
© Antonio Palacios estudios, sino por
uno de esos barrios madrileños hechos a toda
haberse topado
prisa en los 60 y 70 del siglo pasado para ab-
con Alejandro
sorber a miles de personas de la migración
Goizueta, veci- Como gota de lluvia
rural. Uno de esos barrios de clase obrera en
no del Parque Kiko Lorenzo
los que la heroína fue como una pandemia
del Conde Orgaz, Distrito 93
o, más bien, como una guerra que se llevó
la urbanización Córdoba, 2019

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RESEÑAS

pija vecina al barrio que sirve a sus habitan- es mucho más rico narrativamente que lo ob-
tes como espejo de su penuria. Pero tampo- vio.
co: al listado de tragedias se suman una hija Como digo, esos detalles no alteran el
muerta en el parto, la separación y el trata- efecto que provoca la novela en el lector.
miento psiquiátrico posterior. Como gota de lluvia no se disfruta, se sufre. Al
Ahí está la clave de la trama detectives- leerla, uno viaja en el espacio y en el tiempo
ca, una trama que está desdibujada duran- a unos conflictos urbanos y sociales que ya
te buena parte de la novela y que, cuando no se ven exactamente así pero que siguen
resurge, lo hace casi en forma de esbozo y tratando de lo mismo: la desigualdad. Kiko
con una resolución quizá demasiado simple Lorenzo es una voz autorizada en la materia.
y acelerada. Y aquí está uno de los debes de Como profesional del tercer sector, lleva años
Como gota de lluvia. viendo y analizando la pobreza y sus efectos.
No es contradictorio con lo dicho al prin- Pero quizá la persona que ha escrito esta no-
cipio de este texto: la novela negra encuen- vela está más cerca del joven voluntario que
tra su verdadero valor en el realismo y no en trabajó en pisos de acogida de adictos en re-
el thriller —por eso algunos preferimos a un habilitación a principios de los 90. Kiko no
Carlos Zanón que a veinte nórdicos—, pero ha tenido que inventarse a Aurora, a Gabi, a
le pasa como a los zapatos: que pueden estar Rosa o al Niño porque los ha conocido. Kiko
hechos de la mejor piel y diseñados para ser ha construido un relato de ficción relevante
muy cómodos, pero si están mal cosidos y te precisamente porque describe la realidad tal

E n s ay o s
dejan descalzo en la calle… No es el caso. Esta cual fue y, por eso, nos ayuda a entenderla y a
novela camina a pesar de esa y otra peque- entendernos. Y, finalmente, ese es el objetivo
ña pega: el tratamiento de los personajes del no ya de la novela negra, sino de la novela a
bando de los malos es demasiado evidente; secas.
una tentación de clase comprensible, pero
que un autor debe hacer lo posible por evitar © Pedro Bravo
por aquello de que todo lo que hay en medio

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ENSAYOS

¡Flores para las muertas! El mundo femenino


roto de dos dramaturgos del Sur
por Eduardo Nabal Aragón


«And so it was entered the broken world
To trace the visionary company of love, its voice
An instant in the world (I know not whither hurled)
But no for long hold each desesperate choice».
The broken tower, by Hart Crane

«El teatro que ha perdurado siempre es el de los poetas. Siem-


pre ha estado el teatro en manos de los poetas. Y ha sido mejor el tea-
tro en tanto más grande era el poeta».
Federico García Lorca


Introducción. Dos dramaturgos del Sur
Es sabido que Lorca era uno de los escritores admirados por el dra-
maturgo estadounidense Tennessee Williams. Junto a Lawrence y Che-
jov, Lorca es la voz poética que más resuena en el teatro del escritor
sureño. Ambos compartían una honda admiración por el poeta nortea-
mericano desarraigado Hart Crane (The broken tower), que actualmente
ha sido objeto de un extraño, frío y algo académico biopic arty a ma-
nos del actor y director James Franco, tan bienintencionado como, en
ocasiones, cargante. Ambos (Williams y Lorca) trataron con maestría y
lirismo los temas del amor, la muerte, el paso del tiempo, el sexo (par-
ticularmente, aunque no siempre de un modo explícito, el amor homo-
sexual en sus respectivas vidas y sociedades), la soledad, la búsqueda
del ideal, el temor a la locura o la muerte y la frustración existencial.
Ambos crearon importantes personajes femeninos con los que expresar
su visión de un mundo en descomposición, desgarrado entre la tradición
y la renovación. Ambos fueron gays en dos sociedades que rechazaban
o perseguían la homosexualidad de un modo hipócrita e intolerante. Y
ambos eran del Sur (uno de Granada, Andalucía, y otro de Columbus,
Mississippi) de sus respectivas naciones y lugares de tránsito. Las dife-
rencias entre ambos son más que obvias: pertenecen a dos continentes y
dos culturas diferentes, en algunos aspectos incluso antagónicas; mien-

9 | visorliteraria.com Fuente: El País


ENSAYOS ENSAYOS

tras Lorca fue asesinado en las postrimerías rreno me centraré en los personajes femeni- o Pirandello. Ambos revitalizaron el teatro nica. Para ello se valen de un uso personalí-
de la Guerra Civil Española, en plena madu- nos de ambos autores, uno de los aspectos poético, ya que ambos eran poetas, aunque simo de las acotaciones dramáticas (también
rez y efervescencia artística, Williams murió que ambos desarrollaron con mayor éxito en en el caso de Williams sus poemas no alcan- conocidas como didascalias) y de los diálo-
repentinamente en la última etapa de su vida su escritura dramática, sin dejar por ello de zaran la popularidad merecida y se vieran gos entre los personajes o de esos extraños
y cuando su actividad creadora ya era prác- hacer referencia a otros motivos temáticos totalmente eclipsados por su producción monólogos que comienzan siendo diálogos
ticamente nula y algo encerrada en su propia y estilísticos que sirven de marco para esta dramática. Las cualidades líricas de su tea- para convertirse en algo distinto.
autocomplacencia (como ocurre en sus arro- aproximación. tro no pasaron desapercibidas en su momen- Lo poético en ambos autores va unido de
gantes «Memorias»). Lorca pertenecía a la La diferencia cronológica entre ambos au- to y hoy podemos apreciar las importantes un modo particularmente importante, aun-
burguesía acomodada de la Andalucía rural tores establece una dificultad que es, al mis- aportaciones de ambos a la escritura teatral. que no exclusivo, a la tristeza, el dolor y la
en tanto que Williams era hijo de una beldad mo tiempo, un interesante desafío. Parece En este punto no está de más hacer algunas melancolía, sentimientos universales e in-
sureña venida a menos y de un comerciante obvio que podemos leer a Williams a la luz precisiones sobre el concepto de «lo poéti- temporalmente expresados por el teatro.
de calzado sin demasiada fortuna, y sus pri- de Lorca pero, dado que el poeta y dramatur- co», su dimensión más amplia y su ubicación Ambos saben extraer elementos poéticos de
meros textos los escribió en la trastienda de go andaluz no conoció la obra de Williams, en el campo de la escritura dramática. Lo los momentos más desgarradoramente trá-
la zapatería de su padre, el hijo del viejo Re- no conoció obviamente sus obras mayores y poético ha sido, en ocasiones, definido como gicos, lo que en absoluto devalúa su impacto
verendo, ese hombre de la foto descolorida y probablemente tampoco tuvo tiempo de co- aquello que pone en primer término los mecanismos sino que lo estiliza, convirtiéndolo en objeto
poca suerte que los abandonó de niños. Las nocer ninguna otra, ¿podemos leer a Lorca a mismos de la creación. El placer, muchas veces artístico. Este sentimiento de tristeza va liga-
diferencias, por supuesto, no acaban ahí: Wi- la luz de Williams sin forzar o tensar mucho doloroso o de una «gozosa amargura», de lo do a algunas obsesiones clave en la obra de
lliams era de una generación algo posterior y el nudo dramático, igual que las conexiones poético surge de la puesta en evidencia de ambos autores: el amor y su imposibilidad,
conoció los cambios de la segunda mitad del a la vez contemporáneas y extemporáneas todo aquello que hace que una obra de arte la muerte y su carácter inevitable, la frustra-
siglo XX y el surgimiento y efervescencia de entre el flamenco y el jazz, el duende y el án- sea bella. Lo poético depura los intermedia- ción sexual, la presión de las normas sociales
lo que él llamó «Gay Lib» (la época posterior a gel de la alcoba, el negro «liberado» y el gita- rios entre el alma del artista y el alma del re- —y cómo éstas dificultan la autorrealización
Stonewall y la segunda oleada del movimien- no «errabundo», la mujer «solterona» del sur ceptor, entre el placer del creador y el placer de sus personajes— y el efecto erosivo del
to feminista, además de los avances en dere- de Andalucía y la «solitaria», «viuda» o «caí- del lector y, al mismo tiempo, desnuda de un paso del tiempo. Es posible que, en algunas
chos raciales y movimientos civiles); basta da» del Sur de EEUU? No creo que haga falta modo impúdico las intenciones y herramien-
de sus obras, debido a las coordenadas espa-
comparar sus posicionamientos vitales con ninguna justificación o excusa para hacerlo, tas del autor y el efecto que busca crear en el
cio-temporales entre las que se sitúan, ras-
respecto a la sexualidad (mucho más abierto si tenemos en cuenta que las relaciones entre receptor. Si el teatro de Lorca es poético, no
treemos rasgos de homofobia interiorizada
en el caso del estadounidense en sus apuntes dos diferentes escritores a través del tiempo lo es solo porque en su forma incorpora crea-
pero siempre superada por su visión gay e
biográficos finales) para darse cuenta de la no solo se miden en el reflejo especular de ciones en verso (poemas, canciones de cuna,
iconoclasta del mundo en otras de sus obras
dimensión de esta fractura espacio-tempo- ambas obras, (reflejo que no tiene por qué ser tonadillas, canciones a la naturaleza y a sus
o poemas. Es el caso de algunos fragmentos
ral. Pero, no obstante, las conexiones entre siempre bidireccional) sino en cómo ambos pobladores), sino también porque no oculta
las vidas y, sobre todo, las obras de ambos se posicionan en el seno de una u otra cul- de Poeta en Nueva York o de la obra de teatro
sus intenciones estilísticas, evidenciando la
autores son lo suficientemente ricas e intere- tura y comparten coordenadas creativas e Advertencia para barcos pequeños, que pueden
búsqueda de un efecto plástico en la forma
santes como para prestarles mayor atención inquietudes artísticas que pueden surgir en ser interpretadas de muchas formas, depen-
de presentar las situaciones y los personajes
de la que han merecido hasta la fecha. Este diferentes lugares y tiempos, siendo el tea- diendo del lugar, forma o época en los que
en el decorado, que podía consistir en una
trabajo trata de acercar, sin acabar de mez- tro, y la poesía dentro del teatro, un punto de sean leídas.
simple ilusión de «un decorado». En el caso
clar, ambas obras, así como de relacionarlas unión crucial. de Williams encontramos un mismo afán
en la mirada de un lector contemporáneo Ambos autores fueron revolucionarios en Un mundo de contrastes: acotaciones plásti-
por convertir las situaciones aparentemente
que dispone de nuevas herramientas episte- su manera de acercarse a la escritura dramá- cas, musicalidades y diálogos líricos
anodinas y de tintes realistas en momentos
mológicas para poder hacerlo sin recurrir a tica y ambos reflexionaron sobre su arte en mágicos, con resonancias míticas, de belleza Los destellos del estilo lorquiano en la
estropicios innecesarios. La tarea es inmensa interesantes escritos y conferencias, aunque a la vez frágil y dolorosa, que dicen siempre obra del dramaturgo estadounidense se per-
y esta solo pretende ser una breve, limitada nadie los citaría hoy como teóricos de la es- algo más sobre la naturaleza humana y la na- ciben a lo largo de toda su obra, no sabemos
y modesta aproximación. Para acotar el te- cena de la envergadura de Bretch, Beckett, turaleza misma del teatro y la ilusión escé- si consciente o inconscientemente, si de ma-

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ENSAYOS ENSAYOS

rácter plástico de las distintas estampas para mente en el primer término de la escena. La
ambientar la época de un modo a la vez vero- combinación de colores y la postura estática
símil e irreal, con una gran sutileza cromáti- de la figura callada de la Madre crean una
ca que sirve como contraste con los persona- atmósfera de sombría y recalcitrante melan-
jes en tanto que los encuadra, hace evidente colía antes de que se haya pronunciado nin-
el paso del tiempo y da un toque expresionis- guna palabra. Es decir que el decorado nos
ta al fondo. Esto podemos verlo en el prólogo anticipa las palabras y las acciones que van a
de Mariana Pineda («Telón representando el seguirse, armonizando en todo momento con
desaparecido arco árabe de las Cucharas y ellas». Esa misma obsesión por el contraste,
perspectiva de la plaza Bibarrambla en Gra- amplificada por una honda conciencia de sus
nada, encuadrado en un margen amarillento, intenciones estéticas que aparece enunciada
como una vieja estampa iluminada en azul, en la acotación misma, la encontramos en
verde, amarillo, rosa y celeste sobre un fon- las largas didascalias que sirven de intro-
do de paredes negras. Una de las casas que ducción a algunas de las piezas mayores de
se vean estará pintada con escenas marinas Williams. Así, por ejemplo, en Verano y humo,
y guirnaldas de frutas. Luz de luna. Al fon- el autor explica «During the day scenes the
do, las niñas cantarán con acompañamiento sky should be a pure and intense blue (like
el romance popular») o en la acotación que the sky of Italy as it so faithfully represented
Fuente: Biography.com introduce la primera estampa («Casa de Ma- in the religious paintings of the Renaissan-
riana. Paredes blancas. Al fondo balconcillos ce) and costumes should be selected to form
pintados de oscuro. Sobre una mesa, un fru- dramatic color contrast to this intense blue
tero de cristal lleno de membrillos. Todo el which the figures stand against (color har-
techo estará lleno de esta misma fruta, col- monies and other visual effects are tremen-
nera voluntaria o casual. No obstante, en al- están fuera de toda discusión. Como en Wi- gada. Encima de la cómoda, rosas de seda. dously important)».
gunas obras esta influencia es más evidente lliams, el autor quiere que el director escé- Tarde de otoño. Al levantarse el telón...»). La música, los sonidos e incluso los rui-
que en otras. Más adelante me ocuparé del nico (y, por lo tanto, los espectadores de la Colores, contrastes, iluminación, objetos de- dos constituyen —junto a la gama cromática,
tratamiento que ambos hacen de las prota- obra) llegue a respirar el mismo ambiente que corativos, estaciones del año y música dotan los vestidos de los personajes y los contras-
gonistas femeninas de sus obras; me interesa él ha imaginado, a oír los sonidos de fondo, a de vida y poder sugestivo al lugar de donde tes— otro elemento clave en las acotaciones
ahora acercarme a una dimensión global del sentir la fuerza y los matices espirituales de arranca la acción dramática. En ambos au- destinado a fijar una atmósfera o ambiente
paralelismo entre ambas obras, centrándome los colores. Esto hace que las, aparentemen- tores las acotaciones no solo tratan de dar («mood») inconfundible. Los sonidos de jazz,
en aspectos literarios, temáticos y artísticos. te imposibles por meticulosas, acotaciones indicaciones escénicas sino que, a través de blues, piano, soul y la música negra callejera
Una de las influencias más evidentes de sean también enormemente abiertas a todo un exhaustivo número de matices audiovi- formaran parte, a lo largo de toda la acción
Lorca en el teatro de Williams se encuentra tipo de puestas en escena. Los ejemplos son suales, tratan también de crear una atmos- de Un tranvía llamado deseo del trasfondo colo-
en el espacio visual de las acotaciones. Unas más que notables. Desde «Mariana Pineda», fera y definir un estado de ánimo ambiental rista y rítmico de la obra, aunque quedarán
acotaciones de extraña meticulosidad en las Lorca va a hacer gala de una indudable sen- acorde con lo que va a suceder en la obra. en un segundo plano con respecto a los diá-
que no solo se establecen parámetros escé- sibilidad visual y, sobre todo, pictórica para Como explica Gwynne Edwards a propósito logos intensos y la tormentosa acción dramá-
nicos, sino que poseen además un indudable describir los lugares, interiores y exteriores, de la acotación que introduce el primer acto tica que vemos desarrollarse ante nuestros
valor literario y que han debido de descon- donde transcurre la acción dramática ha- de Bodas de sangre: «Podemos imaginarnos ojos con una violencia, poco común hasta
certar a más de un director de escena ante cia lo social. Ya la obra misma —su primera un amarillo crudo en las paredes desnudas entonces en el teatro estadounidense des-
tan enfermiza pasión por los detalles. El li- gran tragedia— aparece subtitulada como de la cocina como contraste de fondo con el tinado a un público más o menos amplio (A
rismo, la sensibilidad estética y las cualida- «Mariana Pineda, Romance popular en tres negro del vestido de la madre. Al levantarse corresponding air is evoked by the music of
des pictóricas de las acotaciones lorquianas estampas» y el autor pone el acento en el ca- el telón la Madre aparece sentada probable- the Negro entertainers at a batroom around

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ENSAYOS ENSAYOS

the corner. In this part of New Orleans you peranza desesperanzada, de una tristeza a la (al menos en su época), no por menos excep- aunque esté equivocado (como ocurre en La
are practically always just around the cor- vez universal y ferozmente solitaria, músicas cional es menos destacable el paralelismo de casa de Bernarda Alba, donde lenguaje no siem-
ner, or a few doors down the street, from a que se aproximas a estados de «trance», y que ambos en el uso del diálogo dramático y su pre significa comunicación humana). Como
tinny piano being played with the infatuated en el caso del andaluz invocan al duende y el cercanía al lirismo y la música. Tanto uno dice Eve Kosofsky Sedgwick: «las devaluadas
fluency of brown fingers. This «Blue Piano» caso del estadounidense al devil, o al blue devil, como otro mezclan un descarnado realismo artes del cotilleo han sido inmemorialmen-
expresses the spirit of the life, which goes on el diablo azul. El propio Williams en su obra con una elaborada poesía. Ambos destacan te relacionadas en el pensamiento europeo,
here.). Ambos autores compartían la pasión corta La mutilada llega a pedir, a través de El en el terreno del semi-monólogo, en el que con los criados/as, los hombres afeminados
por la música negra o de raíces étnicas «so- Coro: «Un santuario para los solitarios, los un personaje tiene un interlocutor en el esce- y/o gays y todas las mujeres».
cialmente» minoritarias que expresaba el la- raros, los tullidos… Una noche para ellos», y, nario, pero en realidad habla consigo mismo
mento o lamentos, los sinsabores, la identidad aunque su tono resulta algo lastimero, sirve y con el público, con ejemplos sublimes como Albertine ya no
y las alegrías (amorosas, familiares o no) de de acompañamiento versificado al drama de los desgarrados parlamentos de Blanche o
Durante mucho tiempo ha dominado en la
un grupo marginado o apartado de la «buena soledades superpuestas que nos presenta el Yerma, aunque sus diálogos son breves y sus
crítica cultural la creencia de que los drama-
sociedad» y sus fuerzas del orden (los caci- autor de Háblame como la lluvia…, cuya inten- réplicas no son menos brillantes y afiladas.
turgos gays emplean a los personajes feme-
ques de Williams, las patrullas del profundo sidad reside en lo perecedero. Lorca, por su Ambos mezclan lo crudo, lo sórdido inclu-
ninos de un modo apropiativo para hablar de
Sur, la Guardia Civil de Lorca entre otros/as). parte, nos presenta una galería de personajes so, con la elevación poética y una ironía que
También en ocasiones la soledad y el aullido masculinos pero, sobre todo, femeninos, que sí mismos. Es hora de hacer algunas precisio-
los devuelve al humanismo en el punto de la
de un individualismo atroz que se rebela y se no pueden o «no deben» expresar en su tota- nes al respecto. Espero que mi objeción sirva
deshumanización. Y ambos incluyen cancio-
revela en la hostilidad del medio, buscando lidad la dimensión de las verdaderas razones para aclarar algunos aspectos de esta línea
nes y fragmentos en verso que comentan la
su propia identidad negada o secuestrada de su angustia, bien sea la frustración sexual acción en un irónico juego paralelo. Tras su interpretativa que pueden llevar, en ocasio-
por una cultura uniforme hostil a lo diferen- o amorosa, el rechazo social, la penuria eco- apariencia de espontaneidad hay una meti- nes, a peligrosos malentendidos. En la crítica
te. Una hostilidad que a la vez lo señala y lo nómica o la rebeldía contra un mundillo de culosa elaboración que les sirve para definir literaria gay ha proliferado un término, toma-
enaltece en una suerte de justicia «poética». caciques, matriarcas o maridos que creen sa- el carácter y las motivaciones íntimas de sus do de la prosa y el personaje de Proust, que
No obstante, si Lorca se aproxima al jazz y la berlo todo sobre sus hijas o esposas, como le personajes. Los personajes femeninos creen recibe el nombre de «Estrategia Albertine» y
música negra desde el flamenco y a partir de ocurre a la protagonista de Yerma o a las hijas en ambos casos ser dueños del lenguaje, ya que consistiría en cambiar el sexo de un per-
su viaje a EEUU, en Williams el blues y el jazz enclaustradas de La casa de Bernarda Alba en que no de las circunstancias materiales y so- sonaje masculino (en este caso se supone que
es la música de fondo de sus dramas, la nota una Andalucía donde el interior de los per- ciales que rigen el mundo. Pero, en muchas el chofer del escritor francés) convirtiéndolo
de color y poesía que los acompañan y solo sonajes se ha vuelto un mundo de crispación, ocasiones, descubren que el lenguaje no es en otro femenino para así facilitar la enun-
relucen en los momentos álgidos sin dema- dolor y violencia contenida, disfrazada de siempre su aliado, porque en el lenguaje de ciación homosexual en la escritura. Esta de-
siada estridencia. No podemos olvidar que falsa sobriedad que se enciende tras las pare- los amos no se ha molestado en aprender sus nominación ha podido ser útil para sacar a la
Lorca se encontró en su viaje a Nueva York des cubiertas de cal. Violencia contenida, en diversas tonalidades ni las jergas minorita- luz a algunos autores que han sido leídos, de
nada menos que con Laston Hughes uno de ocasiones, por esos ritos sociales afianzados rias. Su destreza verbal no implica que sus un modo cegato y homofóbico, como hete-
los padres intelectuales —y a la vez pionero por las instituciones heterosexuales que, en vívidas palabras puedan salvarlos. Ambos rosexuales o asexuados (sin ir más lejos, por
e integrante— del «Renacimiento de Harlem» su Andalucía natal, tienen además una clara dominan el terreno del habla femenina, un ejemplo, el propio Proust) llevando a primer
entre cuyas filas entrarían posteriormen- expresión pública como las grandes bodas, terreno devaluado por el canon masculino, término las claves homosexuales de sus tex-
te compañeros de generación de Williams los bautizos, el baile de novios, la música ca- y relegado, en el terreno social, a una pri- tos. Lo que puede ser una herramienta útil de
como Nella Larsen y, aunque situados más al llejera, los paseos, el duelo…, pero siempre a vacidad poco considerada. El hablar de las deconstrucción o, cuando menos, relectura
Sur de la metrópoli, gente como Willa Cather, punto de estallar como en esas Bodas de sangre mujeres en las casas, en los patios dentro y de los textos ha acabado convirtiéndose en
Truman Capote, James Baldwin, Flannery que no dejan de ser una expresión gitana y fuera de éstas, en las estaciones, en el río, en una losa por la que todo personaje femenino
O´Connor o, aún más cerca del dramaturgo, hereje del amor «convencional». los jardines, está considerado como una for- destacado en la obra de un autor gay puede
su gran amiga Carson McCullers. En ambos Si el modo de abordar las acotaciones tex- ma de parloteo o chismorreo. Para Lorca y leerse como un «gay oculto o en el armario»,
dramaturgos, la música expresa estados de tuales o didascalias hace de Lorca y Williams Williams es, no obstante, un lenguaje lleno como un homosexual disfrazado de mujer o
ánimo de una extraña melancolía, de una es- dos casos insólitos en la historia del teatro de sabiduría, complejidad y profundidad, incluso como un travestido. Esta apreciación

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ENSAYOS

generalizadora lleva a devaluar la sensibili- en la sociedad


dad de los autores convirtiendo su destreza heteropatriar-
para caracterizar a personajes femeninos cal comparte
en una consecuencia de su sexualidad que, muchos pun-
inevitablemente, se plasma en la escritura y tos en común de
que lleva, en ocasiones, a la caricatura. De subordinación,
este modo, cuando el autor habla a través de depreciación,
un personaje femenino, está hablando, casi ofensas simbó-
irremediablemente, de sí mismo. Esta lectu- licas y falta de
ra, que en principio tenía objetivos anti-ho- reconocimien-
mofóbicos de destape de autores encerrados to social con los
en el academicismo más reaccionario, ha h o m o s ex u a l e s
acabado siendo un modo homofóbico de leer masculinos. Las
los textos de los autores gays y de apreciar diferencias entre
su escritura como una incapacidad determi- ambos grupos
nista de hablar de otra cosa que no sea de sí son, no obstante,
mismos. El propio Tennessee Williams mos- infinitas. El que
tró su alarma y sus reservas cuando algunos los autores sepan
críticos de los setenta vieron en personajes expresar la con-
como Blanche du Bois, el reflejo de hom- dición de la mu-
bres travestidos, «homosexuales soñadores, jer en la sociedad
amargados, refinados y estetas incapaces de y, en particular,
vivir en un mundo real». Lo consideró una en lo referente
interpretación forzada. Esta destreza, casi al amor, el deseo
genéticamente determinada y determinista, el sexo, la eco-
iría unida a una incapacidad para crear per- nomía libidinal
sonajes masculinos a no ser como proyec- o las relaciones
ciones homoeróticas, algo obviamente falso familiares no
(y no creo que sea necesario citar los muchos supone que sus
autores homosexuales que han dibujado ex- personajes feme-
traordinarios caracteres de hombres, em- ninos sean automáticamente gays enmasca- que el sexo y el género mismos y su proyec- están muy presentes desde la infancia de sus
pezando por el propio Williams, Baldwin, rados, sino que han sabido incorporar otro ción social puedan ser puestos en cuestión en protagonistas. McCullers, como Williams y, a
Capote, Purdy, Mishima, algunas obras de punto de vista subalterno con sensibilidad y sus obras, como representación, mascarada su manera, Lorca parece obsesionada por los
Genet, Cocteau y en menor medida, el propio talento. Las intersecciones entre su propia si- o imperativo cultural, por ambos autores. fantasmas del pasado, el amor imposible y
Lorca). No podemos ignorar que en la épo- tuación social en contextos represivos, como Algo que ocurrirá con la obra de otra sureña la enfermedad (particularmente la enferme-
ca en que Williams y, sobre todo, Lorca es- la Granada cerrada y burguesa o el Sur re- incontestable, la novelista Carson McCullers dad psíquica) o la muerte como obsesiones
cribieron sus dramas era sumamente difícil, ligioso, relamido, asfixiante e hipócrita, y la (amiga íntima de Williams y también adscri- recurrentes. No es casual que algunos de los
cuando no totalmente imposible, representar de las protagonistas de sus obras no deben ta al gótico sureño y a la prosa poética), au- cuentos y novelas de McCullers como Fran-
personajes abiertamente gays en el escena- ser entendidas de un modo restrictivo sino tora de numerosos relatos en los que el gé- kie y la boda o La balada del café triste (adaptada
rio (aunque ambos lo hicieron, de un modo como puntos que sirven de enriquecimiento nero, la apariencia masculina, el desarraigo para Broodway por Edward Albee) —con su
u otro, particularmente Williams en sus úl- para personajes que, por otro lado, no dejan y la sexualidad, así como las peculiaridades atmosfera lirica, vitalista y, a la vez, depresi-
timas obras) y que la posición de las mujeres de ser personajes femeninos. Esto no impide culturales de cada zona, y la presión social va— se convirtieran en adaptaciones teatra-

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ENSAYOS ENSAYOS

les para Broadway o en películas indepen- paña, la sombra de la guerra civil que avan- gica de los personajes. Así mismo, el drama- ca como «El maricón de la pajarita». Como,
dientes con mensajes intemporales. Williams za inexorablemente, la decadencia del Sur turgo se inspiró de un modo dolorosamente de otro modo Cernuda, vivieron dentro y
y McCullers compartían una visión a la vez en EEUU o el advenimiento y las secuelas de autobiográfico en su madre y su hermana fuera de una sociedad patriarcal, devastada
enfermiza y profundamente humana acer- la Segunda Guerra Mundial. El propio Lorca Rose para los personajes de Amanda y Laura por el militarismo y sumida en el inmovilis-
ca de la existencia, combinando compasión, confiesa haberse inspirado en un persona- en El zoo de cristal, donde él mismo se autorre- mo. Del mismo modo, Williams expone los
energía y tragedia con unos marcados mati- je real para la avara, dominante y resentida trata como Tom, el joven poeta. La tragedia problemas de la vida homosexual clandesti-
ces de fragilidad mental y homo o lesbianis- protagonista de La Casa de Bernarda Alba. En y la desazón mental de su hermana Rose, re- na al hacer que sus personajes se vean divi-
mo sublimados o expuestos, dependiendo de palabras del propio Lorca: «Hay, no distante cluida en un sanatorio mental y sometida a didos entre la pureza y la pasión, la carne y el
cada texto. McCullers se adelantó a la repre- de Granada, una aldehuela en la que mis pa- una lobotomía (con el consentimiento de su espíritu. Como Blanche, Williams compartió
sentación de la chica masculina (Tomboy) en dres eran dueños de una propiedad pequeña: madre), tiene ecos en los personajes desequi- intimidad con desconocidos en lugares varios de
Frankie y la boda y en algunos de sus relatos. Valderrubio. En la casa vecina y colindante librados o neuróticos de Un tranvía llamado Nueva Orleáns y, como ella, se vio obligado
Williams, a pesar del carácter atormentado a la nuestra vivía Doña Bernarda, una viuda deseo o De repente, el último verano, dos obras a ocultar la verdadera naturaleza de su se-
que respira toda su obra, se adelantó a la na- de muchos años que ejercía una inexorable sobre la locura, la sociedad y sus tabúes, las xualidad para no ser destruido, señalado o
rrativa lésbica en algunos cuentos y en obras y tiránica vigilancia sobre sus hijas solteras. relaciones de poder, la hipocresía, la fragili- rechazado, buscando un «último refugio»,
breves como Lo que no se dice, protagonizada Prisioneras privadas de todo albedrío, jamás dad psíquica, la dualidad carne/espíritu y la igual que la novia repudiada de Bodas de san-
por dos mujeres que no saben dar nombre al hablé con ellas; pero las veía pasar como sexualidad reprimida o desatada, que pue- gre o tantas mujeres estigmatizadas en la Es-
amor, ya innegable, que existe entre ellas. sombras, siempre silenciosas y siempre de den ser las dos caras de una misma moneda paña machista de Lorca.
negro vestidas. Ahora bien —prosigue— ha- resultado de una socialización patriarcal. Doña Rosita, como muchos otros persona-
bía en el confín del patio un pozo medianero, Como ocurre con la María Josefa de La casa jes de Williams, es una mujer que debe espe-
¿Heroínas o ángeles caídos?
sin agua, y a él descendía para espiar a esa de Bernarda Alba, la locura es la escapatoria rar la iniciativa masculina, la llegada de los
Tanto Williams como Lorca, a la hora de familia extraña cuyas actividades enigmáti- a una realidad insoportable y a la vez todo «caballeros», los «pretendientes», como dice
crear sus personajes femeninos, se inspiran cas me intrigaban. Y pude observarlas. Era aquello que la sociedad quiere ocultar a tra- en El zoo de cristal Amanda, una joven que no
en mujeres que conocieron a lo largo de su un infierno mudo y frío en el sol africano, se- vés de la reproducción de autoritarios roles está preparada para ponerse al mismo nivel
vida, particularmente en sus años de infan- pultura de gente viva bajo la férula inflexible en la España rural y en un matriarcado tris- de los hombres y que se ve relegada por la so-
cia y juventud, y los convierten en persona- de cancerbero oscuro. Y así nació La casa de te, arrogante y oscuro. En otras coordenadas ciedad a un papel expectante, pasivo-agresi-
jes (casi arquetipos) de sus tragedias. Ya sus Bernarda Alba, en la que las secuestradoras espacio-temporales, la severa y egoísta Ber- vo y sumiso. Modelados al modo del romance
nombres propios constituyeron un resumen y las secuestradas son andaluzas, pero que, narda Alba tiene algo de la desequilibrada, heterosexual, muchos personajes femeninos
nada inocente y, en ocasiones, paradójico como tú dices, tienen quizá un colorido de posesiva y económicamente poderosa tía de ambos autores se convierten en eternas
de su personalidad: Yerma (la esterilidad), tierras ocres más de acuerdo con las mujeres Violet, una fascista tan elegante como de- solitarias, soñadoras sin hogar o errabundas,
Blanche (la pureza), Alma (la espiritualidad), de Castilla». mente y manipuladora de De repente, el último a la espera del amor redentor de un príncipe
Rosita (la fragilidad, la mutabilidad), Sera- Williams se inspiró en varias mujeres del verano. azul que nunca llega. Como Alma, la heroí-
fina (la espera), Leona (la fiereza), Maggie Sur, solteras o viudas sin suerte, venidas a El personaje lorquiano de Rosita es a la na poco heroica de Verano y humo, tardan en
(la gata o la misma Alva (con v) de «Propie- menos o arruinadas, procedentes de una ran- vez un reflejo de las muchas solteras, en Es- descubrir que no existen ni los príncipes azu-
dad condenada (Declaración de ruina)». Las cia aristocracia anclada en los recuerdos de paña llamadas despectivamente «soltero- les ni las princesas blancas, y que los seres
mujeres andaluzas o del profundo Sur esta- tiempos gloriosos para el personaje de Blan- nas», caídas en desgracia, que Lorca conoció humanos pueden cambiar de forma brutal a
dounidense les sirven de inspiración para la che y sus delirios en Un tranvía llamado deseo. en Granada, y un reflejo de la soledad y el lo largo de su vida, aunque convertirse en el
creación de sus caracteres siempre al borde Un personaje en cuyo nombre, como en el asilamiento social al que lo condujo, en oca- reverso de lo que uno era no supone necesa-
del desastre, de distinto tipo, callado o rui- apellido de las Alba, se hace una referencia siones, el hecho de ser gay. Como las solteras, riamente una evolución sino una especie de
doso. Lo que Cristina Peri Rossi llamó en uno nada inocente a la pureza, una pureza torci- consideradas improductivas y abandonadas giro dramático que en la obra de Williams
de sus libros “desastres íntimos” que vendrán da por la presión social y política, un pasado por la sociedad, los homosexuales fueron no acaba de cristalizar con la brillantez ne-
marcados por desastres históricos sociales turbio, la erosión del paso del tiempo («ese personajes marginales dentro del mundo cesaria. La espera erosiona su carácter, frus-
como la declaración de la II República en Es- implacable escultor») y la situación psicoló- burgués granadino que llegó a definir a Lor- tra sus ilusiones vitales, marchita las flores,

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ENSAYOS

envilece o, al menos, oscurece, la pasión y acaban convirtiéndose en


caricaturas de sí mismas, señaladas por la sociedad como fracasadas en
su papel de esposas e incluso de mujeres en su totalidad, pero abier-
tas, tal vez, a nuevas posibilidades de autorrealización personal. Lorca
despliega los mecanismos del melodrama costumbrista mostrando en
Doña Rosita cómo los personajes se marchan apesadumbrados de la
casa, llenos de recuerdos —a la vez hermosos, entrañables y tristes—
de lo que dejan atrás. La ruina, el expolio y el sentimiento de fracaso
existencial acompañan su particular «huida». Tanto en la obra de Lorca
como en la de Williams apreciamos no solo la sombra de Hart Crane —
creador de mundos paralelos y poeta atormentado—, sino, sobre todo,
la de la dramaturgia de Anton Chejov (al que Williams reconstruyó una
versión particular de La gaviota en la temprana El cuaderno de Trigorín),
otro pintor de interesantes caracteres femeninos, a la hora de aproxi-
marse con una delicada mezcla de ironía y desesperanza a las conse-
cuencias erosivas del paso del tiempo sobre los núcleos familiares o los
sujetos individuales inmersos en una sociedad en crisis. Hay un sentido
de fatalidad en la manera en que el tiempo desgasta las ilusiones, con-
virtiéndolas en espectros, debilita las esperanzas y hace amargos los
recuerdos felices. En Doña Rosita la soltera, pero también en la sensible
hasta lo enfermizo El zoo de cristal o en la chejoviana Verano y humo de
Williams, los autores enfatizan el sentimiento de pérdida que dejan en
el lector/espectador. Los decorados, los objetos, el color de los vestidos
y la iluminación, tal y como aparecen descritos en sus acotaciones, son
herramientas escénicas que ayudan a reforzar esa sensación de aban-
dono, de cambio, de erosión, de deterioro, destrucción.

Epílogo. El niño homosexual y la muerte en Así que pasen cinco años


«¡Yo no quiero que me entierren!»
La representación del varón homosexual (gay masculino) como al-
guien cuyo deseo está, de un modo u otro, estructurado por la muerte es
ya un lugar común en la cultura y el arte occidentales: la muerte como
rechazo de la perpetuación de la vida, como negativa a entrar en el or-
den social imperante y en el tradicional juego amoroso que asegura y
regula esta perpetuación. Christopher Marlowe, Yukio Mishima, Jean
Genet («L’ enfant criminel»), Gómez Arcos, Gil de Biedma, actores como
Montgomery Clift, Sal Mineo… o algunos personajes de Tennessee Wi-
lliams o Carson McCullers son ejemplos canónicos que no representan
a un total pero sí a un determinado imaginario.
La muerte como, de otra forma el amor y las causas sociales de su épo-
ca, ocupa un lugar central en la obra de Federico García Lorca, tanto en

Fuente: escritores.bne.es visorliteraria.com | 22


ENSAYOS ENSAYOS

su obra poética como en su amplia produc- aparecen en un breve episodio que, aparen- y lúcida del mundo. No olvidemos el poema ber tenido una infancia idílica en comunión
ción teatral. Esto es así incluso si ignoramos temente, tiene poca relación con la obra y temprano Las desventuras de un caracol aventu- con la naturaleza, el arte y el amor familiar
o pretendemos ignorar su temprano y trágico se encuentra intercalado hacia la mitad del rero ni que el propio Lorca erigió su primera la gran cantidad de poemas en los que la in-
asesinato a manos de las milicias franquistas primer acto. El episodio del diálogo entre el pieza teatral en torno a las cavilaciones amo- fancia, la enfermedad y la muerte aparecen
como una clave para interpretar su obra. La niño y el gato. Después sabremos que el niño rosas y desventuras existenciales de un gru- inextricablemente unidas. Así, por ejemplo,
muerte es también uno de los temas de Así que muerto es el hijo de la portera, recién falleci- po de coleópteros (El maleficio de la mariposa). en «El niño Staton» de Poeta en Nueva York se
pasen cinco años, una de sus más sorprendentes do, y que el gato es un gato de la casa abati- El diálogo entre el niño y el gato es también refiere con un amor casi maternal al niño
obras teatrales. Influida por el surrealismo y do a pedradas por un grupo de muchachos, el diálogo entre un niño y una niña (el gato abatido y agonizante por los efectos devas-
por su estancia en Estados Unidos y la lite- pero su relevancia en la historia nos parece es gata y reclama su feminidad debiste recono- tadores del cáncer. Un poemario que, como
ratura estadounidense, Así que pasen cinco años ínfima. Un episodio sorprendente protagoni- cerme..., por mi voz de plata) pero el niño se re- la obra de Whitman, sirvió de inspiración a
se plantea como un experimento, una obra zado por dos seres singulares en un singular siste a reconocer su sexo (nos cortaran la cuca). Allen Ginsberg para su célebre Aullido, que
de vanguardia sin llegar al delirio y el exceso diálogo entre dos fantasmas, un diálogo que El niño aparece, además, feminizado, pálido, refleja el malestar de toda una generación
casi dadaísta de El publico, pero con el mis- nos retrotrae al Lorca de las canciones y los vestido de primera comunión y con una co- posterior a la Segunda Guerra Mundial y su
mo afán de romper ciertos moldes en la tra- diálogos de la infancia por su tono aparente- rona de rosas blancas sobre la cabeza. Algo rebeldía contra una sociedad dominada por
dición escénica, incluida dentro de su ciclo mente ingenuo, sus rimas primarias y su aire así como un niño de Cocteau o de una pelí- el miedo. La muerte parece una liberación al
de Comedias imposibles. A simple vista no es la de fábula. cula de Villaronga. No es un niño cualquiera, sufrimiento infantil, a la adolescencia con-
muerte el tema capital de la obra. El tiempo, Al leer la obra con atención podemos in- conoce los rituales de la muerte y se resiste fusa o al desamparo juvenil. En La infancia y
el amor imposible, la sociedad resquebraja- tuir el sentido profundo de este episodio en a ser enterrado (¡Yo no quiero que me entierren!), la muerte, aparecen de nuevo el niño distinto
da, la pérdida del ideal, son constantes lor- el conjunto del texto. La necesidad de Lorca del mismo modo que el Joven se resiste al y perseguido, las ratas y los gatos muertos.
quianas que aparecen con renovada fuerza de incluirlo y sus resonancias en el resto de matrimonio y al amor convencional, poster- Lorca se interroga sobre su propia infancia
y bajo una luz harto original en esta obra. la historia. El tiempo en Así que pasen cinco años gando el encuentro amoroso y la rutina del en un tono sombrío. Tal y como hizo con pos-
Una obra concebida en Estados Unidos y es- pone a prueba la pervivencia del amor, pero matrimonio. La muerte parece ser el único terioridad el otro poeta-dramaturgo Tennes-
crita después, donde recoge la inquietud de ante todo cuestiona los mecanismos tradi- final, la única escapatoria y al mismo tiempo see Williams o la novelista Carson McCullers
la vanguardia teatral y cinematográfica que cionales de su ceremonial. El Joven, protago- la certeza de que no hay escapatoria posible. en piezas como El parecido entre la caja de un
allí había conocido. El marco cultural de la nista absoluto de la historia, no quiere úni- En Lorca, la infancia aparece ligada de violín y un ataúd o Frankie y la boda o el poeta
obra es uno de los menos localistas de la obra camente postergar su matrimonio sino que se un modo inquietante a la muerte. El niño de sevillano Luis Cernuda en Ocnos o su icono-
lorquiana. Apreciamos influencias del teatro resiste a llamar «novia» en el sentido tradi- Así que pasen cinco años se emparenta así con clasta obra de teatro La familia interrumpida.
italiano, de la Comedia dell ‘arte (Arlequín, El cional del término a la muchacha de la que el niño de la Cancioncilla al niño que no nació. La inocencia no es tal, nunca existió del todo.
Payaso), de la cultura popular norteamerica- está enamorado. Cree que el sentido tradi- Ambos tienen el status de fantasmas, y bien Esto nos puede llevar a pensar que la dife-
na (ese «jugador de rugby» convertido en pa- cional del noviazgo deteriorara el amor, más pudiéramos ver al niño de la obra teatral rencia erótica o sus ideas políticas gestadas
radigma, un tanto grotesco y autoparódico, incluso que el paso del tiempo. Las inquietu- como el hijo que el protagonista nunca ten- desde la infancia van unidas en la concien-
de la «virilidad con mayúsculas»), del cine des del joven son una forma de resistencia al drá. «El niño» se sitúa así junto al Arlequín, cia del poeta a su temprana comprensión de
fantástico y cómico mudo (Chaplin, Clair) y amor heterosexual institucionalizado y así, El Maniquí, El Payaso y La Máscara entre los la imposibilidad de integrarse en las formas
de las reflexiones surrealistas sobre el poder de un modo más o menos solapado, se expre- personajes símbolo que recuerdan el carácter tradicionales de regulación de la vida amo-
del amor, las heridas del tiempo y la posibi- san a lo largo toda su obra. de juego y mascarada social del amor y su rosa y de alcanzar el reconocimiento social
lidad de romper sus ataduras. La sombra de Pero ¿qué tiene esto que ver con el niño y relación con el tiempo (la boda, la espera y de su auténtica personalidad emergente, su
Cocteau, Buñuel, el humor negro y el teatro el gato? Este diálogo aparentemente ingenuo, la pérdida, la descendencia, la familia, la he- huida del estigma y del paternalismo reden-
experimental emergen en la obra, aunque ta- pero de hondas raíces filosóficas, envuel- rencia). Igual que ellos, sirven de comentario tor. Un niño que pierde prematuramente la
mizadas por la personalísima mirada del ar- to en una atmósfera onírica (una luminosidad sobre los aspectos más oscuros de la historia inocencia por el descubrimiento intimo de
tista andaluz. azulada de tormenta invade la escena), nos retro- principal, confundiéndose luego con ella y se su diferencia y desarraigo en un entorno to-
Hay dos personajes en la obra que han trae al primer Lorca en el que los animales expresan fundamentalmente en verso. davía dominado por caciques o por ritos y
llamado poderosamente mi atención y que y los niños expresan su visión a la vez naif Sorprende en un autor que reconoce ha- costumbres sociosexuales que parecen ina-

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ENSAYOS ENSAYOS

movibles. McCullers, Carson. El aliento del cielo. Seix Ba-


rral. Biblioteca Formentor. 2007.
Bibliografía Mira Nouselles, Alberto. ¿Alguien se atreve a
Biding, Paul. Lorca o la imaginación gay. Barce- decir su nombre? Enunciación homosexual y es-
lona Laertes. 1984 tructura del armario en el texto dramático. Uni-
Cernuda, Luis. Ocnos. El País. Colección Clá- versidad de Valencia. Servicio de publica-
sicos del siglo XX, 2003. ciones. Valencia, 1994
García Lorca, Federico. Teatro completo. Ga- Savran, David. Queers, communist and cowboys.
laxia Gutenberg, 2012. The politic of the masculinity in the work of Ten-
García Lorca, Federico. Poeta en Nueva York. nessee Williams and Arthur Miller.
Cátedra. Letras Hispánicas. Williams, Tennessee. Un tranvía llamado deseo y
Kosofsky, Sedgwick, Epistemología del armario. otras obras. Barcelona. Losada.
Barcelona. La Tempestad. 1998 Williams, Tennessee. Memorias. Bruguera,
Manrique, Jaime. Maricones eminentes. Arenas, 2008.
Lorca, Puig y yo. Editorial Síntesis. 2001.

Fuente: WMagazín

Eduardo Nabal Aragón (Burgos, España, 1970). Diplomado en Biblioteconomía y Do-


cumentación, además de distintos estudios en Humanidades, Historia, Cine y Literatura. Co-
laboró con el Comité AntiSida de Burgos y con Act-Up Bruselas. Militó en la Radical Gai. Ha Algunas consideraciones hayan acercado a esta parcela de la crea-
publicado el libro de cine y estereotipos sociosexuales El marica, la bruja del armario (Edito- ción delibesiana. Hablo de estudiosos como
sobre los cuentos de Miguel
rial Egales, 2007), y Lejos de la montaña: cine europeo y mediterráneo desde una perspectiva Miguel Ángel Pastor, Erna Brandenberger,
de género (Ediciones PC), además de colaborar en diferentes webs y publicaciones periódicas.
Delibes Gonzalo Sobejano o Amparo Medina-Bocos,
Impulsor del queerzine «La Kampeadora». Trabaja en una publicación sobre cine, salud men- por José Manuel Vidal Ortuño por citar pocos nombres aunque altamente
tal y diversidad funcional. representativos.
Por norma general, los trabajos sobre la
Al cumplirse, en estas fechas, el primer narrativa breve de Miguel Delibes han gira-
centenario del nacimiento del escritor Mi- do en torno a las colecciones que el escritor
guel Delibes, los estudios sobre su obra se publicó en vida y que, sin duda alguna, re-
han centrado, como no podía ser de otro cogen lo más importante de su producción;
modo, en sus novelas, esas que ocupan un estas son La partida (1954), Siestas con viento sur
lugar privilegiado en la literatura de posgue- (1957) y La mortaja (1970). Sin embargo, per-
rra, y, en menor medida, en sus ensayos, so- manecen en el olvido otros títulos de me-
bre todo ahora que se ve en él un adalid del diados de los años cincuenta, como Envidia,
ecologismo avant la lettre. La narrativa breve colección de cuentos, y La barbería, novela
del autor, sin embargo, continúa siendo la corta, ambos libros publicados en aquellos
faceta menos conocida, si bien en el pasado simpáticos y minúsculos tomos de la Enci-
no han faltado importantes críticos que se clopedia Pulga de la editorial Germán Plaza.

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ENSAYOS ENSAYOS

Luego, dando un enorme salto en el tiempo, pio Delibes sobre la caza) y la creación de un creo, con la visión nostálgica y entrañable el mencionado crítico hubiera tenido la ca-
Delibes publicaría otros dos libros de relatos: personaje entrañable como Juan Gualberto, de los cuentos» (TUSQUETS 2004; 58). En pacidad de adivinar el porvenir, habría vis-
Tres pájaros de cuenta (1982), que se reeditaría el Barbas, viejo cazador castellano, sabio y cualquier caso, las fotografías desaparecie- to en «El conejo» y «La perra» anticipaciones
años después como Tres pájaros de cuenta y tres escéptico, que en cierto modo resulta ser un ron para siempre en la reedición que Alian- de futuras novelas como El príncipe destronado
cuentos olvidados (MEDINA BOCOS 2003), y antecedente del protagonista de El disputado za Editorial hizo de esta obra en 1969, en la (1973) y Los santos inocentes (1981). Pero dichos
por último están cuatro narraciones con un voto del señor Cayo, novela de 1978. que además se incluyó La caza de la perdiz roja, cuentos son antecedentes, en tanto que pre-
gran componente autobiográfico, que fueron Por su parte, Viejas historias de Castilla la como adenda quizás no pertinente del todo. sentan situaciones, escenas o personajes, que
agrupadas bajo el título de La vida sobre ruedas Vieja, uno de los libros preferidos de Delibes, Y así siguen ambos títulos en la edición de los nos resultan familiares cuando leemos esas
(1989). En el año 2006, la editorial palenti- plantea, a priori, un problema genérico. Así, Cuentos completos en Menoscuarto. novelas: dos niños de corta edad en «El cone-
na Menoscuarto, completamente volcada al para Gonzalo Sobejano esta obra no figura jo» y dos hombres con dos maneras antagó-
género cuento, agrupó casi toda la narrati- entre los libros de cuentos de su autor. Sin Novela y cuento: diálogo secreto nicas de entender la caza en «La perra».
va breve de Delibes en Viejas historias y cuentos embargo, los editores de los cuentos comple- Erna Brandenberger aún fue más allá.
Tradicionalmente, las relaciones y los lí-
completos, aunque este amplio y útil volumen tos en la editorial Menoscuarto —Gustavo Quizás llevada por su especialización —el
mites entre novela y cuento han sido motivo
no incluye ni Envidia, ni La barbería ni La vida Martín Garzo y Fernando Valls— conside- estudio del cuento español actual—, Bran-
de controversia entre los estudiosos de am-
sobre ruedas; incluso sus editores advierten ran que la estructura de esta obra obede- denberger llegó a afirmar de Delibes «que,
bos géneros literarios. En contra de quienes
que este corpus formaría parte «de un con- ce a lo que la crítica denomina «un ciclo de en el fondo, sus novelas son cuentos, y que
puedan pensar que un cuento es una novela
junto algo mayor aparecido en publicaciones cuentos» (MARTÍN GARZO, VALLS 2006: 13; es en el relato breve y conciso donde mejor
BAQUERO ESCUDERO 2011) o, si se prefie- resumida o que un cuento, estirado, podría
periódicas», pendiente, por tanto, de ser res- se aprecian las cualidades del escritor». A
re, una «novela de cuentos»; género híbrido llegar a conformar una novela, se alza to- continuación, hace un repaso de todos ellos,
catado (MARTÍN GARZO, VALLS 2006: 13). davía la voz de un estudioso como Baque-
este, sin duda, en el cual podríamos incluir destacando la maestría de «Navidad sin am-
obras como Misteriosa Buenos Aires (1950), de ro Goyanes. Este crítico defendía, con tesis biente» (La mortaja), considerándolo —y es-
Dos inclusiones problemáticas firmemente asentadas, que novela y cuento
Manuel Mujica Láinez, Flores de plomo (1999), toy totalmente de acuerdo con ella— uno de
Hay, sin embargo, dos títulos dentro de de Juan Eduardo Zúñiga, o hasta Sefarad son géneros narrativos, aunque totalmen- los mejores relatos del autor, desde el punto
la narrativa breve delibesiana que resultan, (2001), de Antonio Muñoz Molina, por citar te diferentes, y no solo por extensión, entre de vista formal, porque «el lector tiene que
cuando menos, problemáticos; son La caza de muy importantes ejemplos. En realidad, en los cuales no caben los trasvases (BAQUERO descubrir, por sus declaraciones, cómo son
la perdiz roja (1963) y Viejas historias de Castilla consonancia con su título, los capítulos pri- GOYANES 1961, 1967). Y, sin embargo, tanto y cuáles son —esto es muy importante— las
la Vieja (1964). Estos libros, en su origen, pre- mero y último de Viejas historias… —«El pue- Miguel Delibes como la mayor parte de los relaciones entre los distintos miembros de
sentaban una interesante simbiosis entre li- blo en la cara» y «El regreso»— constituirían críticos que se han acercado a su obra, han la familia reunidos para cenar» (BRANDEN-
teratura y fotografía, aunque, por desgracia, un solo cuento, en medio del cual el resto hablado del carácter embrionario de ciertos BERGER 1973: 61). En apoyo de su tesis, re-
esa unión ha ido desapareciendo en las su- de capítulos vendría a ser como una amplia cuentos con respecto a algunas novelas su- curre a La hoja roja, diciendo que esta novela
cesivas reediciones de ambas obras. La caza analepsis. Nos encontramos, pues, con una yas. Una afirmación que, con todo, requiere es un cuento alargado. Sin embargo, las ideas
de la perdiz roja se publicó en Lumen y para estructura in medias res que, si nos paramos a ser matizada. de Erna Brandenberger fueron rebatidas, en
Esther Tusquets, su editora, fue un libro que ver —y habrá ocasión de volver sobre ello—, Uno de los primeros críticos, si no el pri- su momento, por Gonzalo Sobejano (SOBE-
se hizo partiendo del texto de Delibes, al que es la misma que se da en El camino, novela mero, que defendió esta postura fue Miguel JANO 1984), aunque yo creo que las afirma-
se le añadieron luego las fotografías de Oriol de 1950. Por lo demás, estas Viejas historias de Ángel Pastor. En el prólogo a La mortaja, de ciones de la hispanista, en el fondo, esconden
Maspons. Este título formaba parte de una Castilla la Vieja, en su primera edición (Lumen, 1970, veía en algunos cuentos de esta co- un algo de verdad. Veamos, sin ir más lejos,
colección bautizada, con total acierto, «Pa- 1964) iban ilustradas con fotografías de Ra- lección «el germen de novelas» o «el sentido dos ejemplos: uno relativo a la novela El cami-
labra e imagen», dentro de la citada editorial món Masats; estas, pese a su incuestionable embrionario de muchos de ellos». Así, por no y otro, a Los santos inocentes.
(TUSQUETS 2004). En cuanto a su conteni- calidad, no fueron del agrado de la editora, ejemplo, vislumbra en el Senderines, el pro- En el año 2003, Amparo Medina-Bocos
do, La caza de la perdiz roja es un cuento muy Esther Tusquets, porque, según sus propias tagonista de la novela corta «La mortaja», reeditó Tres pájaros de cuenta, aquel librito de
peculiar, en tanto que presenta una curiosa palabras, daban «una imagen negra de la Es- un «precoz Nini», el personaje principal de relatos de 1982, añadiéndole otros tres cuen-
mezcla entre ensayo (las reflexiones del pro- paña mesetaria y profunda, que contrasta, Las ratas, de 1962 (PASTOR 1970: 8-21) . Y si tos olvidados, fruto de su rastreo por las he-

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ENSAYOS

merotecas. El más curioso de ellos es «La vocación». Este cuento fue


publicado en 1951 en la revista Destino, aunque, según declaraciones del
propio Delibes en carta a su editor Josep Vergés, la escritura del mismo
era anterior a esa fecha, considerándolo, incluso, «el germen de El Ca-
mino» (MEDINA BOCOS 2003: 15). Su protagonista es Lucas, un niño de
«once años», que se diferencia de Daniel el Mochuelo por ser huérfano
de madre y por tener un padre hosco y autoritario. En «La vocación»,
el padre decide que ambos tienen que dejar el medio rural y emigrar a
América, donde el hermano de Lucas ha labrado para ellos un futuro
mejor. Sin embargo, a diferencia de los que vemos en El camino, Lucas
se rebela contra la decisión paterna y manifiesta el deseo de permane-
cer en el pueblo («Yo me quedo a vivir aquí toda la vida»), como firme
apuesta en la eterna oposición campo-ciudad, tan característica de la
literatura delibesiana. Distintos finales, pues, para una misma situación,
dependiendo de la narración breve o de la narración novelesca. Nótese,
además, cómo a partir del relato y efectuados los cambios pertinentes,
el autor pudo pasar del cuento a la novela, mediante un simple meca-
nismo de adición. Es más, si los leemos detenidamente, observaremos
que ciertos capítulos de El camino podrían funcionar como relatos bre-
ves sin forzar mucho las situaciones; pensemos, por ejemplo, en ciertos
episodios como el de las Guindillas o en la figura de don José, el cura.
Así les ha ocurrido a muchas páginas de Delibes en antologías que se
han hecho sobre su obra, tales como Mi mundo y el mundo (1970) o Los
niños (1994).
El otro caso al que me quiero referir atañe a Los santos inocentes. No
descubro nada nuevo cuando afirmo que esta tan celebrada novela de
Delibes nació o partió más bien de un cuento: «La milana», de 1963. En
realidad, este hecho lo han destacado todos los que, de una forma u
otra, se han acercado a esta novela (SOBEJANO 1984, MARTÍNEZ DEL
PORTAL 1995, RÓDENAS DE MOYA 2001). Como cada vez que Delibes
volvía a publicar un texto suyo, corrigió el estilo. Pero esta vez, al con-
vertir un cuento en el primer capítulo de la citada novela —«Libro pri-
mero. Azarías»—, hizo algo más: puso nombre a los personajes que en
el relato permanecían innominados, garantizándoles así un desarrollo
posterior. De esta forma, la hermana del Azarías pasó a ser la Régula y,
si al final del cuento era un sobrinito, «el chiquilín», quien se compade-
cía por la muerte del gran duque de su tío, en la novela el autor lo cam-
bió por el impresionante personaje de la Charito («la Niña Chica emitió
uno de aquellos berridos lastimeros que helaban la sangre de cualquie-
ra»). Dar nombre, nombrar, supone por parte del escritor dar vida a un
personaje y esto suscita en el lector una curiosidad, un deseo de saber
más. No puede ser casual que la hija deficiente de Paco el Bajo y la Ré-

Fuente: Poemas del alma visorliteraria.com | 30


ENSAYOS ENSAYOS

gula conmueva al lector a lo largo de toda la Últimos cuentos escritor nos advierte, muy cervantinamente, que se llamó «Pequeño Delfín». En realidad,
novela y que otro grito lastimero suyo, ante Miguel Ángel Pastor afirmaba, en 1970, que no es este «un libro de cuentos ni de his- este libro lo conforman cuatro capítulos des-
la muerte de otra ave del Azarías, aparezca que los cuentos que Delibes había publica- torias inventadas, sino un libro de historias gajados de otra obra de Delibes, Mi vida al
casi al final de la misma. do en libro se habían escrito entre 1948 y auténticas, vividas por mí y de las cuales son aire libre, del mismo año. Ahora bien: al pasar
Luego están otros cuentos de Delibes que 1963 (PASTOR 1970). El paso del tiempo, que aquellos pájaros verdaderos protagonistas» estas páginas de un libro a otro, es como si
pudieron servir de inspiración para futuras tantas cosas va mudando, ha alterado tam- (DELIBES 1982: 5). Por ese motivo, los cuen- hubieran adquirido o recuperado la catego-
novelas. Y así, tres relatos de La mortaja qui- bién el paréntesis que suponen estas fechas. tos se titulan «La grajilla», «El cuco» y «El cá- ría de cuentos, muy peculiares, si se quiere,
zás influyeran en la redacción de Los santos El descubrimiento, hace poco, de un cuento rabo» y en ellos prima el didactismo, el afán puesto que la mezcla de géneros en ellos es
inocentes en varios aspectos: el señoritismo y ilustrado de Delibes, «La bruja Leopoldina», de enseñar, tan de la cuentística tradicional. más que evidente. De hecho, en la contrapor-
la caza («El amor propio de Juanito Osuna»), escrito cuando este tenía dieciocho años, Ahora bien, su tono didáctico, ensayístico si tada leemos que «Delibes protagoniza cuatro
el personaje de Paco el Bajo, como ya hemos nos lleva a pensar que su vocación litera- se quiere, propio del buen observador de la relatos vinculados con los deportes», pero
nombrado («La perra») y la Régula (en «Las ria, unida en cierto modo a la de dibujante, naturaleza que siempre fue Delibes, no priva también se nos habla de «unas originales me-
visiones»). Tanto es así, que estos relatos gi- es anterior a la concesión del Premio Nadal a estos relatos del «hondo sentimiento poéti- morias». Así quedan acentuados, como he-
ran como satélites alrededor de la novela, la en 1948 con La sombra del ciprés es alargada. Por co» que, según Ricardo Senabre, debe carac- mos anunciado, esos rasgos que caracterizan
amplían, la completan, se mencionan idénti- otra parte, hubo otros libros de cuentos en terizar a todo buen cuento (SENABRE 2006: la literatura del último Delibes, y que pasan
cos personajes tanto en el cuento como en la los años 80 del pasado siglo, a los cuales la 16). necesariamente por una mayor presencia del
novela. Por otra parte, «El traslado» (relato crítica, de momento, no les ha prestado la su- Y también está lo autobiográfico. En estos componente autobiográfico; recuérdese, a
incluido en La partida), donde se celebra una ficiente atención. tres relatos, la voz del narrador es, sin lugar este respecto, una novela tan personal, tan
cena-homenaje al empleado que se traslada Uno de esos libros a los que me estoy re- a dudas, la voz del autor, el que tantas veces ligada a las galerías del yo como Señora de rojo
de Salamanca a Santander, pudo servir de firiendo es Tres pájaros de cuenta. Fue publica- veraneó en el municipio burgalés de Sedano. sobre fondo gris (1991).
inspiración para el arranque de La hoja roja do el año 1982 en la vallisoletana editorial Los hijos, Juan y Adolfo, que habían apareci- Por tanto, La vida sobre ruedas consta de
(1959), en cuyas primeras páginas encontra- Miñón. El que apareciera en una editorial do ya, no lo olvidemos, en el relato «El cone- cuatro cuentos, que nos muestran la afición
mos a don Eloy en una situación similar con pequeña, de escasa difusión en aquel enton- jo» (La mortaja), son ante todo los hijos del es- del escritor a ciertos deportes a lo largo de su
motivo de su jubilación; luego, el escritor no ces, unido a que los cuentos en un principio critor, quienes, como su padre, dan muestras vida: la natación, el fútbol, la bicicleta y, en
tendría más que añadir otro personaje sobre fuesen destinados a los más jóvenes («desde desde pequeños de amor y respeto a la na- menor medida, las motos o los coches. A la
el que sustentar la trama novelesca: la Desi, nueve años»), ocasionó tal vez que Gonza- turaleza, hecho que marcará sus vidas. Hay, vez que nos habla de tales aficiones, el escri-
criada del protagonista. Por otro lado, «El lo Sobejano pasase por alto este libro en su además, en Delibes un fino oído a la hora de tor va rememorando distintas figuras fami-
conejo» (La mortaja), que nos presenta a dos magnífica edición de La mortaja, donde hace captar los sonidos del campo y de los anima- liares como su padre, protagonista absoluto
niños de corta edad que aprenden los miste- un repaso de toda la cuentística delibesiana les, el cual se traduce en curiosas onomato- del primer cuento («Mi padre», con ese ex-
rios de la naturaleza, se ha relacionado muy (SOBEJANO 1984). Como ya hemos dicho, en peyas: el «quia-quia’ monótono y displicente presivo uso del posesivo, indicador de afec-
acertadamente con la novela El príncipe des- el año 2003, Amparo Medina-Bocos reedi- de la grajilla» (DELIBES 2003: 76), el «cu-cu’ to) y cuya muerte queda narrada en el último
tronado (1973), porque en ambas obras, cuen- tó esta colección, añadiéndole otros relatos penetrante del cuco» (DELIBES 2003: 83) y («Una bici que rodara siempre cuesta abajo»).
to y novela, hay un predominio del punto de rescatados de la prensa, con el título de Tres el sonido del cárabo, un «juuuj-ju-juuuuuj» En otros nos habla de su noviazgo con la que
vista infantil. Además, los niños que prota- pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados. En el agudo y siniestro que le pone a uno los pelos luego sería su mujer, Ángeles de Castro, y
gonizan «El conejo» se llaman Juan y Adol- paso de una edición a otra, de la de 1982 a la de punta (DELIBES 2003: 97). Es como si en de algunos de los hijos que tuvieron, Juan y
fo, como dos de los hijos de Miguel Delibes, de 2003, se quedó en el camino una bella de- ese empeño de Miguel Delibes por descifrar Adolfo, sobre todo, y hasta de algunos de sus
y con ello entraríamos, tempranamente, en dicatoria de Miguel Delibes, que rezaba así: y consignar los sonidos de la naturaleza, su nietos («Mi querida bicicleta»). Los cuentos,
una de las características fundamentales de «A mis nietos que desde que nacen ya se inte- música, hubiera algo heredado de un antepa- que no son nada convencionales, mezclan lo
los años finales del escritor: su tendencia ha- resan por los pájaros» (DELIBES 1982: 3). Son, sado suyo, el compositor francés Léo Delibes. puramente narrativo con las opiniones del
cia lo autobiográfico. asimismo, interesantes las palabras del pró- Por otro lado, La vida sobre ruedas fue pu- escritor, añadiendo a lo puramente narrativo
logo («A mis lectores»), mediante las cuales el blicada en 1989 en la editorial Destino, pero un tono ensayístico; algo que no es nuevo en
en una colección dirigida a jóvenes lectores Delibes, si recordamos La caza de la perdiz roja.

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ENSAYOS ENSAYOS

_____ (1984): La mortaja, Madrid, Cátedra. MARTÍN GARZO, Gustavo; VALLS, Fernan-
_____ (1989): La vida sobre ruedas, Barcelona, do, eds. (2006): «Nota a la edición» de Mi-
Destino. guel Delibes, Viejas historias y cuentos comple-
_____ (2001): Los santos inocentes, Barcelona, tos, Palencia, Menoscuarto.
Crítica. MEDINA-BOCOS, Amparo (2003): «Intro-
_____ (2003): Tres pájaros de cuenta y tres cuen- ducción» a Miguel Delibes, Tres pájaros de
tos olvidados, Barcelona, RqueR. cuenta y tres cuentos olvidados, Barcelona,
_____ (2004): La vida sobre ruedas, Barcelona, RqueR.
Planeta/Oxford. PASTOR, Miguel Ángel (1970): «Una aproxi-
_____ (2006): Viejas historias y cuentos comple- mación a Miguel Delibes», Miguel Delibes,
tos, prólogo de Gustavo Martín Garzo, Pa- La mortaja, Madrid, Alianza.
lencia, Menoscuarto. PEINADO, Juan Carlos (2020): «Delibes y el
Estudios sobre Delibes y el cuento otro Delibes», Revista de Libros, 1 de junio.
BAQUERO ESCUDERO, Ana Luisa (2011): El RÓDENAS DE MOYA, Domingo (2001): edi-
cuento en la historia literaria: la difícil autono- ción de Miguel Delibes, Los santos inocentes,
mía del género, Vigo, Academia del Hispa- Barcelona, Crítica.
nismo. SENABRE, Ricardo (2006): Crítica a Viejas
BAQUERO GOYANES, Mariano (1961): Qué es historias y cuentos completos de Miguel Deli-
Fuente: El Cultural
la novela, Buenos Aires, Columba. bes, El Cultural, 30.11.2006.
_____ (1967): Qué es el cuento, Buenos Ai- SOBEJANO, Gonzalo (1984): «Introducción»
res, Columba. a su ed. de Miguel Delibes, La mortaja, Ma-
BRANDENBERGER, Erna (1973): Estudios so- drid, Cátedra.
bre el cuento español actual, Madrid, Editora TUSQUETS, Esther (2005): Confesiones de una
Además, si el primer relato nos sitúa en la in- pruebas para futuras novelas. Al final de su editora poco mentirosa, Barcelona, RqueR.
fancia del escritor, esto es, antes de la Guerra vida, escribió cuentos muy personales, en los Nacional.
Civil, los demás abarcan un amplio período que lo autobiográfico y lo ensayístico tenían
de tiempo, que va desde los años cuaren- un peso importante. Su nombre debe poner-
ta hasta finales de los años ochenta, que es se al lado de aquellos escritores de mediados
cuando se escribieron estos cuentos; de he- del siglo XX, que le dieron un nuevo empuje
cho, en el último de ellos, refiriéndose a la bi- a esta vieja y siempre joven especie literaria
José Manuel Vidal Ortuño (Yecla, España, 1963). Doctor en Filosofía y Letras por la
cicleta, nos dice «que a los 68 años sigo mon- que es el cuento.
Universidad de Murcia. Su tesis doctoral versó sobre los cuentos de Azorín. Fruto de esa labor
tando en ella». Estamos, por tanto, en 1988.
son dos ediciones críticas sobre la cuentística azoriniana, aparecidas en Biblioteca Nueva: El
En definitiva, puede que la de escritor Bibliografía
buen Sancho (2004) y España. Hombres y paisajes (2010). A ello cabe sumar un estudio sobre Los
de cuentos no sea la parcela más conocida Obras citadas de Miguel Delibes cuentos de José Martínez Ruiz (Azorín), publicado por la Universidad de Murcia en 2007.
de Miguel Delibes, pero estamos seguros de DELIBES, Miguel (c. 1955): Envidia, Barcelo- Ha colaborado en revistas de investigación como Monteagudo, Montearabí y Murgetana, con tra-
que en las narraciones breves siempre está na, Ediciones Germán Plaza, col. Enciclo- bajos de literatura española contemporánea. Asimismo, ha participado en los coloquios in-
—como bien apuntaron algunos críticos— el pedia Pulga. ternacionales que, sobre el autor de La voluntad, organiza periódicamente la Universidad de
mejor Delibes. Cultivó este género literario a _____ (c. 1958): La barbería, Barcelona, Edi- Pau. Desde 1989, es profesor de enseñanza secundaria y actualmente da clases den el instituto
lo largo de su dilatada carrera literaria y supo ciones Germán Plaza, col. Enciclopedia «Floridablanca» en la ciudad de Murcia. De tarde en tarde, también escribe cuentos.
adaptarse a las modas y gustos del momento, Pulga.
del realismo a la renovación de las técnicas _____ (1982): Tres pájaros de cuenta, Vallado-
narrativas. Lo utilizó incluso como banco de lid, Miñón.

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Creación
CREACIÓN CREACIÓN

leyenda el silencio a su paso es aún mejor que da también? Por supuesto que lo está. Todas
cualquier ovación. Observa de reojo al par de sueñan con ser encontradas por Jed entre la
chicas que no le quitan la mirada de encima multitud. Sueñan con ser la mujer que al fin
tras sus abanicos baratos. Son prostitutas, ponga las bridas al llanero legendario. Todas
se dedican a contagiarle herpes a cualquier están equivocadas.
viajero que pase por su cama. Jed se acostará Rosie, mi Rosie. Alguna vez, hace años
con ellas esta noche, sin duda. la invité a acompañarme por una cerveza.
Su expresión de asco me hizo retractarme
—Salud —dice con aquella voz profunda. al instante. Me moría de vergüenza y aún lo
Es respondido con sonrisas y copas alzadas. hago, pero no pasa un día en el que no pien-
Salgo asqueado de la taberna, buscando se en ella; mi Rosie. Continúo bebiendo hasta
cualquier excusa para no mirarlo otro segun- que la imagen de Jed sonriéndole a mi Rosie
do. Me pongo a trabajar en la cerca que se ha se impone ante la humillación y la vergüen-
roto la noche anterior. Corto, lijo y clavo ma- za de ser el hombre que ella nunca quiso. Me
dera tras maldiciones toda la tarde. Esta vez, pongo de pie y salgo hacia la fiesta. El aire
la llegada de Jed realmente me ha afectado. caliente hace que el aroma del alcohol en mi
El cielo está ya gris cuando el alcalde boca sea aún más intenso.
© Lt. Sweeney anuncia una fiesta por el trigésimo cumplea- Al llegar veo la gran mesa frente al cen-
Fuente: Flickr ños del hombre de las balas de plata. Lógi- tro de baile. Jed se sienta en el centro con
camente, para no interferir con la apretada una copa en la mano y una media sonrisa
agenda de Jed, la fiesta tendrá lugar esta mis- mientras los músicos tocan a toda velocidad
ma noche, pues el hombre partirá mañana. sus violines y las mujeres se exhiben ante él
Las mujeres sonríen nerviosas preguntán- como un bonche de aves. No hay señales de
El hombre de las balas de plata distancia a algún lobo que atemorice al pue- dose por el vestido que se van a poner con mi Rosie. Suspiro aliviado.
por Sergio Caballero Almeida blo. Aún así basta con que Jed muestre aquel tan corta anticipación. Los caballeros corren Me sirvo un whisky y me siento lejos de Jed
lustroso revólver de las balas de plata para hacia sus casas a pulir sus mejores botas. Me a observar a la gente bailando. Su entusias-
que todo el mundo se sienta a salvo. El tipo burlo de ellos en voz baja, el solitario siem- mo es agradable, y probablemente me uniría
Lo veo llegar, la nube de polvo que deja es patético. pre tiene la ventaja de aparentar ser más in- en otras circunstancias. Siempre me ha gus-
a su paso le anuncia. Escucho la herradura Soy un campesino, sí. No tengo argumen- teligente que la multitud. tado bailar. Cada vez que termina una pieza
de su caballo golpear violentamente la tie- tos o aptitudes para juzgar a Jed como lo juz- —¿No vas a ir? —me pregunta mi hermana Jed aplaude lentamente dos o tres veces mi-
rra. El pueblo entero asoma la cabeza para go, y aún así me hierve la sangre cada vez que lista para salir. rando fijamente a alguna muchacha, igual
admirarlo. Es Jed, el hombre de las balas de el pueblo lo alaba como a Jesucristo. «Estás —No —digo sin expresión mientras bebo que una víbora.
plata. No es propiamente un forajido, ni un celoso», me reprende mi hermana al tiempo una copa de mi reserva personal. Mientras mis eructos se vuelven incon-
cazarrecompensas. Solo es un tipo con el es- que suspira por el hombre barbado que en- —Todo el pueblo va a estar ahí. Con suer- trolables y mis ojos se hacen independientes
tilo suficiente para parecer una leyenda del tra en la taberna con esa cicatriz en la ceja. te te encuentras por fin una esposa, o al me- uno del otro escucho un pequeño estruendo
oeste. Nadie parece creerme que se la hizo jugando nos alguien que se quiera acostar contigo. detrás de mí. Es Rosie, mi Rosie. Ha llegado
Siempre que pone pie en el pueblo ayuda con una resortera cuando era niño. Todo es ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste sin a la fiesta con un vestido negro, el cabello
al sheriff con cualquier cosa que bien podría leyenda y epopeya cuando se trata de él. pagar un centavo? amarrado de forma que parece un pequeño
hacer el hijo de un ganadero; reabrir el ojo Jed ordena un whisky sin hielo, y lo bebe de —Lárgate ya —le digo sin mirarla. ángel latino. Las mandíbulas y los aplausos
de agua cuando es redirigido por los holga- un trago. El cantinero le sirve otro, atento a Ella se va sin prestarme más atención, comienzan a caer a su paso, ella sonríe com-
zanes de la hacienda Peters, encontrar a un cada movimiento que su héroe hace. Jed es- está emocionada. Todo el maldito pueblo placida. Dirige la mirada hacia mí. No, hacia
par de reses desbocadas, o asesinar desde la cucha su silencio, ama su silencio. Para una está emocionado. ¿Estará Rosie emociona- unos metros detrás; Jed.

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CREACIÓN CREACIÓN

Jed le devuelve el coqueteo mientras en- mientras se sirve otro whisky. Suelto una risa de reclamarme que tuviste una familia, una —Estuve pensando en algo —respondió
ciende un cigarro. Ninguna chica superará ahogada, me siento fatal. hacienda que atender y alguien a quien cui- sin apartar la vista del suelo.
a mi Rosie esta noche, así que el hombre de —¿Tan siquiera te acuerdas de mí? —Me dar? —Se movía bruscamente mientras me —Habla.
las balas de plata ha elegido ya a su víctima. esfuerzo para que mis bramidos sean enten- gritaba. —¿Nunca has pensado en dejar la hacien-
Rosie se sienta a unas mesas de Jed, sin dejar dibles. Siento el revolver y por un momento soy da? —me soltó.
de quitarle la mirada de encima. Jed la ob- Jed guarda silencio, evita mirarme. Bebe realmente el hombre de las balas de plata. —¿Y hacer qué?
serva por debajo de su misterioso sombrero su copa hasta el fondo. Pienso en qué hacer con él ahora que está en —No lo sé. Recorrer las planicies, vivir
ladeando la cabeza de un lado a otro. —¿Te acuerdas de mí? —le repito—. Claro mis manos. El peso vence a mis brazos tem- una maldita vida.
Mientras aquellos dos se miran mi cora- que te acuerdas. Llevas mi marca en esa ceja. blorosos y caigo de la silla. Vomito de nuevo. —Suena divertido, Jed. Pero, solo eso, so-
zón me golpea el pecho con fuerza, lo siento —Le señalo torpemente la cara. Jed sale tranquilamente de la barra y se incli- lamente parece divertido. ¿Qué crees que en-
a punto de romperse, pero he tomado sufi- —Pero el hombre de las balas de plata no na frente a mí mientras toma su revólver. contraríamos ahí fuera?
ciente para no permitir que eso suceda. En puede tener amigos, ¿verdad? —continúo—. —No —me susurra—. No recuerdo tu —No lo sé, pero intento decirte que quiero
cuanto Jed se levanta y emprende camino Y menos a un campesino cualquiera. No, un nombre, y no me interesa recordarlo. A nadie a ir a buscarlo. Vamos a buscarlo. —Me miró
hacia la mesa de Rosie me levanto tras él. Mis verdadero hombre no tiene amigos, ni espo- le interesa recordarlo, llorón de mierda. entusiasmado. Yo solté una carcajada.
pies dan pasos firmes. Veo mi mano acercán- sa, ni sentimientos. —Hace años que no dispararas esa cosa —Jed, no estás hablando en serio, ¿ver-
dose violentamente a su espalda hasta que Jed continúa bebiendo sin mirarme. ¿verdad? —me burlo con el rostro en la ma- dad? —Su mirada, fría como siempre me hizo
mis botas tropiezan entre sí y caigo al suelo. —Recuerdo cuando quise dejar el pueblo dera. entender que sí. —No puedo irme de aquí.
El lugar entero tarda en dejar de dar vuel- para convertirme en lo que soy —dice final- Sale a pasos lentos de la taberna sin pres- Papá murió hace un año. Mis hermanos con-
tas. El silencio momentáneo no es ni de cer- mente—. Tú te quedaste, escondido tras una tarme atención, dejándome en el suelo con fían en mí. Ellos no sabrían arrear a las putas
ca tan solemne como el de Jed, me da rabia res como un niño asustado. mi propio vómito. Alcanzo a ver por la ven- vacas.
no poder disfrutar de su silencio. Tras un par —¡Debía cuidar la hacienda de mi papá! tana cómo camina hacia mi Rosie. —¿Por qué no dejas de vivir para tus her-
de burlas comienzo a vomitar en el piso. El ¡Debía cuidar a mis hermanos! Lo habrías ….. manos? Ellos van a aprender a arreglárselas
silencio se transforma en asco y gritos de la entendido de no ser un huérfano egoísta. ¡Me solos, igual que tú aprendiste desde que tu
multitud. Me he pasado de copas. habrías esperado unos años más! El hedor del vómito me reconforta. Todo papá murió.
Jed se dirige hacia mí mientras la gente no —Cállate ya antes de que te rompa la jodi- está oscuro ahora y mientras mis ojos se cie- —No los puedo dejar, Jed. —Volvió la vista
deja de abuchearme. Me alza en brazos. La da nariz —me suelta enfadado. rran el claro del día aparece en mi mente. hacia la tierra, pensativo; triste.
música continúa y se apaga para mí a medida —¿Al menos recuerdas mi nombre? —Jed Tengo de nuevo trece años. Jed y yo acabá- —Sabes que no voy a quedarme —me dijo
que Jed me saca del lugar. Me lleva a la taber- me miró. No dijo nada. —Toda la puta infan- bamos de arrear el poco ganado que tenía, con dolor en la voz.
na vacía. Me sienta en una silla alta y ágil- cia jugando juntos, aprendiendo a montar, a eran días difíciles. Desmontamos al mismo —¿Por qué no?
mente brinca la barra buscando un vaso y un disparar, ¿y crees que el haber sido un ado- tiempo y amarramos los caballos a una co- —Porque no hay nada para mí en el pue-
poco de agua limpia. Pone la bebida frente a lescente sin nada que hacer te vuelve un me- lumna mientras nos limpiábamos la cara con blo.
mí. jor hombre que yo? Yo pude haber sido tú, y un balde de agua fría que nos había prepara- —¿Cómo que no hay nada? Estoy yo, es-
—Bébela. —La tomo de un sorbo y vuelvo tú pudiste haber terminado como yo. do mi hermana. tán mis hermanos, la hacienda. Eres parte de
a vomitar en el piso, manchando mis botas y —¿Es eso lo que quieres, gusano? ¿Quieres —Malditas vacas —exclamé. eso…
mis pantalones. Jed sirve otro vaso. ser como yo? —He colmado su paciencia—. —Malditos arrieros idiotas que somos — —Tus hermanos, tu hacienda —me inte-
—Más lento. Ten. ¡Ten, maldito imbécil! soltó Jed con una sonrisa, la delgada pelusa rrumpió—. No soy parte de nada.
—Déjame en paz, maldito bueno para Me pone en la mano su revolver. Es tan que pasaba por bigote lo hacía ver ridículo. Permanecimos en silencio un buen rato.
nada —balbuceo. No creo que haya podido reluciente que la poca luz que hay en la ta- Sonreí mientras me enjuagaba la axila. Jed Jed había tenido una vida difícil, sí. Pero
entenderme. berna se refleja en todos lados. Está frío. Es observó pensativo al agua que caía del balde. siempre tuvo un lugar en casa, en la mesa.
—No he visto a nadie beber como bebis- pesado. La veía evaporarse rápidamente en la tierra. No podía creerme que despreciara todo eso.
te esta noche. De no haberlo vomitado todo —Listo. Eres el hombre de las balas de Supe que algo andaba mal en su cabeza. Sentí una profunda rabia hacia sus palabras
te habrías convertido en mi héroe —me dice plata ¿Vas a dejar de llorar ahora? ¿Dejarás —¿Qué tienes? —pregunté. hasta que el olor a estiércol se intensificó.

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CREACIÓN

Miré a mi alrededor. Jed tenía razón, ninguno do me hierve la


de los dos quería pasar el resto de su vida en sangre.
aquel agujero caliente. Yo tenía que hacerlo —¿Qué es lo
por mi familia, pero él no. No era justo que lo que quieres? Creí
condenara por querer hacer algo con su vida, que terminamos
su solitaria vida. el asunto anoche
—Dame más tiempo —le dije al fin—, dé- —dice sin retirar
jame poner las cosas en orden para mis her- el cigarro de la
manos y en unos años saldremos a ver que boca.
hay para nosotros afuera. Eres familia Jed, no —Los hom-
voy a dejar que vayas solo. bres como tú no
—Nunca vas a salir de aquí, ¿verdad? — resuelven los
me preguntó serenamente. Yo intentaba apa- asuntos de no-
rentar, pero los dos sabíamos la respuesta. che. Lo hacen
—Dame tiempo, nos vamos a ir de aquí — al rayo del sol.
mentí. Me sonrió compasivo. Frente a todo el
—No. pueblo.
Vi partir a Jed. Montó la yegua que había —¿Qué me
ganado en un juego de póquer, se colocó su estás diciendo?
destartalado sombrero y partió sin mirarme —Se acerca ame-
por última vez, sin leyenda, sin balas de pla- nazador.
ta. —Ve por tus
….. balas de plata.
—El silencio tras
Despierto a la mañana siguiente con una esa frase es una
resaca terrible. No sé cómo llegué hasta mi delicia; ese silen-
cama. El calor del infierno hace que se in- cio finalmente.
tensifique el dolor en mi frente. Siento el Sin duda supera
estómago revuelto. Me tomo una hora para a cualquier ova-
vestirme y poder salir a la calle. La tonalidad ción.
rojiza del sol reflejado en la tierra me hace Encuentro cierta inseguridad en su ros- principal. Pongo la mano en mi oxidado re- ca lentamente en posición, todo lo que hace
imposible ver. Cabalgo hasta el pueblo sin tro. Es miedo. Solo yo sé que no es un buen vólver, tampoco lo he usado en años. Siento es siempre lento, así guarda su estilo. Espero
dudar. Doy tumbos por todo el lugar bus- tirador. Su semblante se recompone rápida- el sudor escurrirme por todos lados mientras que también sea lento al apuntar.
cando a Jed. Llego al hotel del pueblo y me mente ante la atenta mirada de todo el pue- espero a Jed. Observo a mi Rosie, aún a me- —Así lo quisiste campesino —suelta Jed.
encuentro con un silencio absoluto. Sé que blo. Ambos sabemos que nadie puede verlo dio vestir. Por primera vez no encuentro asco —Cuéntales quién te hizo esa marca en la
están ahí. Comienzo a lanzar piedras hacia dudar. Se aleja sin dejar de mirarme. en su mirada, ahora teme por mí. A pesar de ceja, hombre de las balas de plata. Te empa-
la ventana. —¿Estás seguro de lo que dices, campesi- la morbosa naturaleza humana, nadie quiere rejaré el otro lado, pero está vez no será con
—¡Jed! —grito desesperado—. ¡Jed! no? Una vez que salga de esa puerta con el realmente ver morir a nadie, y sé que todos una resortera. —La gente susurra nerviosa.
El hombre sale del lugar sin camisa. Las equipo encima no hay vuelta atrás. ven en mi silueta a un hombre muerto. Jed duda un instante, puedo verlo en sus
mujeres se derriten una a una. Rosie sale tras —Ve por la plata —le repito. Jed sale por la puerta principal con todo ojos. Sé que nadie más lo percibe, pero aque-
él a medio vestir. Todo el mundo me observa. El sol se vuelve ahora más abrazador que su equipo puesto; botas, sombrero, guarda- llos ojos completamente abiertos me gritan
Su mirada tranquila y su cigarro bien forma- antes. La gente comienza a despejar la calle polvo, y por supuesto, ese revólver. Se colo- que el corazón le salta a mil por hora, como a

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CREACIÓN CREACIÓN

mí. Siente el miedo de cualquier hombre que Siento un dolor frío en el pecho y caigo de
se enfrenta de cara con la muerte. espaldas. No escucho nada más, ni siquiera
—¿Cuál es mi nombre? —le digo final- vi donde fue a dar mi disparo. Mientras el
mente. Mi voz es dura como una roca aunque cansancio va pudiendo conmigo comienzo
mi cuerpo entero esté temblando. a preguntarme qué es lo que intentaba pro-
Jed se queda inmóvil, con sus ojos fijos en bar. Sonrío ligeramente, el cabrón sí apren-
los míos. Sé que no va a responderme. Acerca dió a disparar después de todo. ¿Será que Jed
su mano hacia su arma, hago lo mismo con temía por mí y no por él? Por primera vez
la mía. El silencio del pueblo se remplaza siento respeto por el hombre de las balas de
con un zumbido en el tímpano. Lo veo retirar plata; devoto a su arte disparó a quien pro-
ágilmente aquella pistola de las balas de pla- bablemente fue su único amigo. Eso sí es una
ta de su funda, hago lo mismo. El pueblo en- leyenda del oeste. El cielo es azul tras un par
tero cierra los ojos ante un par de estruendos. de buitres que se acercan en círculos.

© Fingers Scintilla
Fuente: Flickr

Sergio Caballero Almeida (1998). Interesado desde muy pequeño en la narrativa, en


cualquiera de sus formas. Estudiante de Filosofía en el intento de entender qué es lo que hace
a una buena historia. Músico, ingeniero y escritor buscando imprimir en sí mismo toda com-
plejidad que busca en sus personajes.
Los que ocultan tarde que me vio junto a otra mujer en un pa-
por Emmanuel Lorenzo seo de Palermo y continuó caminando con
sus amigas. Cuando llegué a casa, me pre-
guntó dónde había estado. Le contesté que
El chiquito de cuatro años oculta una ga- había tomado un café con un amigo que vol-
laxia entre los dedos. Eso es lo que no entien- vía de un viaje; no le precisé un nombre ni un
de Inés. Que no se me malinterprete, por fa- itinerario, una mentira frágil. Ni siquiera me
vor, yo la amo a Inés, pero a menudo parece tomé la molestia de disfrazarla. Terminó de
esconder la consciencia detrás de un espejo. hojear la revista que tenía en las manos y me
Algo así como un avestruz del existencialis- propuso cenar afuera. Fue decepcionante. La
mo. Aunque le insista, desmiente que Joa- naturalidad del desencanto debería ser una
quín, uno de los alumnos de la sala de jardín tragedia, no una resignación.
que tiene a cargo, oculte en el puñito dere- De noche pienso en esa galaxia, con sus
cho una galaxia entera. planetas rezagados, supernovas y agujeros
Le pido que se fije bien, que lo llame a negros. A veces siento que olvidé cómo dor-
su escritorio con alguna excusa vana, como mir. Me pregunto si le sucederá a otros. En
limpiarle la nariz o el enchastre de temperas, el tren siempre observo a los pasajeros que
y entonces aproveche. Le sería fácil notarla dormitan plácidamente todo ese sueño cal-
si quisiera. Pero elige negarlo, como aquella mo que a mí me vedaron. Quizás sea eso, ol-

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CREACIÓN CREACIÓN

vidé cómo dormir. Al fin de cuentas, nunca —No, no es eso —le dije. da de los levantamientos obrero-estudiantiles de 1968. Coordina talleres de experimentación
nadie te enseña cómo hacerlo, te dejan sobre —¿Y entonces qué te pasó? ¿Me vas a de- literaria y de narración oral. Es redactor y editor en productoras, colaborador en medios cul-
el primer catre a mano y esperan que los do- cir que te inhibiste? turales y docente de la cátedra «Prácticas del Lenguaje y Literatura» en institutos secundarios
nes innatos hagan el resto. Funcionó para mí —No, lo que pasa es que tu papá… —dudé y terciarios. Sus cuentos y poemas han sido recogidos por antologías de CiLSaM y SADE y por
hasta hace algunos años, ahora ya no. Una cómo explicárselo. Y finalmente me decidí revistas argentinas y extranjeras.
mañana noté a una mujer que durmió duran- por ser franco—, tu papa tiene un fusil es- En 2015 conforma Parnaso —un dúo que conjuga la poesía, la narración y la música— y graba
te todo el viaje desde Coghlan a Retiro, más condido en la mano derecha, Inés. el disco Mar nocturno. Desde 2017 es convocado por el Municipio de Gral. San Martín como
de cuarenta minutos. Con una mano sujetaba Esa noche no dormimos juntos, pero la es- Jurado de Literatura en certámenes distritales y provinciales. En 2018 y 2019 forma parte del
la cartera y en la otra escondía un matrimo- cuché llorar desde el sillón del living. Me pre- Festival Internacional de Poesía Joven de Buenos Aires, de la Noche de la Poesía en la Ciudad
nio fallido de unos veinte años. Alcancé a ver gunté si lloraba por nosotros, por el estigma y de la Feria Internacional del Libro. Fue seleccionado por la Bienal de Arte Joven de la Ciu-
la calva de su esposo y a dos o tres hijos que de su papá o por su ceguera. También sonó el dad de Buenos Aires 2019 en la categoría Poesía.
se asomaban entre sus dedos. Pensé en des- teléfono durante la madrugada, pero no con- En junio de 2014 publica su primer libro, Pájaros detrás de las paredes (Imaginante), integrado
pertarla y decirle «Disculpe, señora, pero se testé porque temía que fuera él, reclamando por doce cuentos. En marzo de 2018 presenta el poemario La felicidad de los témpanos (Peces de
le escapa la frustración de la mano. No vaya por alguna vieja guerra perdida. Aunque lo Ciudad).
a ser que no la tenga para la hora del almuer- que más miedo me da es que un día se rasque
zo, cuando se encierre a llorar en el baño». la cabeza inconscientemente y un disparo se
Pero era demasiado temprano, yo apenas ha- le escape entre las sienes.
bía dormido y el cinismo, créanme, no sirve No la quiero hacer sufrir a Inés. La amo así,
para despabilarse. pese a que se tape los ojos antes de recono-
Creo que Inés encubre a Joaquín porque cer las plegarias en ruinas que esconden los
su padre también es de los que ocultan. In- demás. Hoy la pasaré a buscar por la puerta
tegró el tercer regimiento en desembarcar del jardín y aunque lo vea a Joaquín y a la ga-
en Malvinas en el 82 y entró en combate una laxia que disimula entre sus deditos, no diré
semana después. Sobrevivió a la guerra sin nada. Ni siquiera fingiré sorpresa cuando al-
heridas aparentes, rehízo su vida en Buenos gún cometa errante se le fugue por debajo
Aires y al tiempo conoció a la madre de Inés. de las uñas. Abrieron un nuevo restaurante
Cuando me lo presentó, le tendí la derecha sobre Alvear, iremos a almorzar ahí. Me lo
para darle un fuerte apretón. Siempre ad- recomendaron por el menú, la atención y la
miré a los veteranos, tienen una verdadera ambientación de luces bajas. Siempre necesi-
razón para no creer en Dios. El caso es que té algo de oscuridad para ocultar la manada
cuando estaba por saludarlo, retiré mi mano de lobos muertos que encierro en mi mano
inmediatamente, me excusé y corrí al baño. izquierda.
Cuando salí, Inés me preguntó si estaba des-
compuesto.

Emmanuel Lorenzo (Partido de Gral. San Martín, Argentina, 1987). Es licenciado en


Periodismo, autor de la tesina «Reviviendo el imaginario del Mayo Francés»: crónica novela-

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CREACIÓN

Confesiones de un oriental cuerdo, en desacuerdo


por W. Darío Amaral

Instantes previos a que el enclenque guardia del instituto se dignase


a ordenar por el megáfono ubicado en lo alto atenuar las luces y res-
guardar nuestras míseras presencias en las oxidadas literas de hierro,
Pascal Falconi terminaba evacuando, como a cada noche, de la amor-
fa adiposidad que consolidaba su cuerpo de garrafa, un estentóreo y
maloliente gas, de aquellos que logran rememorarse hasta en épocas
navideñas. Recurría a esta manía escatológica indefectiblemente a ma-
nera de despedida del marasmo representado por aquel circunstancial
auditorio que, cada noche, solía rodearle antes que a este le diese por
escabullir su cráneo de calabaza bajo el cuadrillé ocre de las frazadas
y, en minutos, dar apertura a su ópera prima de ronquidos. De lo que
se conocía, a Pascal le restaba aproximadamente medio año aún por
cumplir en el hoyo de aquel hormiguero, de acuerdo a su última pericia
psiquiátrica. No es que esa circunstancia fuese demasiado evidente ni
tampoco relevante, pero el recaudo de no andar con escasas prendas
cuando al gordo se le antojaba merodear sobreexcitado en las proximi-
dades nunca había sido tampoco desmesurado. Por los pasillos lograba
captarse el disimulado rumor del personal sobre sus grasas blandas de
psicópata aplastando los cuerpos de un sinfín de adolescentes desorien-
tados e ingenuos que, creyéndose por un momento el cuento del tío,
habían acabado desflorados de la peor manera por el «bastón» de carne
de Pascal. -«Este truhan ha sostenido con su vergaza a más de un puti-
to, lameculos de mierda. Así que contraigan bien vuestros ojetes de ni-
ñas vírgenes; no me faciliten el desahogo que ando necesitando porque,
cuando apenas se espabilen, se las voy a desaparecer hasta la pelotas...
ja, ja, ja…»- acostumbraba a presumir en una especie de broma soez que
únicamente al muy inmundo parecía divertir en tanto se restregaba los
testículos y el prepucio con un jabón recubierto de multicoloridos pelos
desde la ducha. Estaba claro que con psicópatas del talante de Pascal
había que caminar con idéntico sigilo al aplicado cuando se avanzaba
descalzo por encima de un sendero de vidrios picados, si lo que se pre-
tendía era no terminar al final lesionado de manera irreversible.
Yo, por mi parte, había ingresado al gran hormiguero recientemente
con la misma actitud indolente de quien lo hacía a una correccional
por octava ocasión y, tal parecía, me aguardaban dilatadas horas de in-
somnio por delante para consumirlas en el empañamiento del liso tapiz
de los azulejos de muchas de las paredes que, siempre en los ocasos de

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CREACIÓN CREACIÓN

tormenta, acentuaban la marcada atmósfera una persona «normal» y derecha y dar en- resquicio de cordura y dignidad humana di- Si a estas precisiones poco felices añadiéra-
de claustro y desolación, según se me había tonces cabida a mis latentes instintos primi- simulada bajo algún pliegue delgado de mi mos además la interesantísima niebla que,
notificado con el premeditado ánimo de ha- tivos, (a mi aplacado Mister Hyde), antes que cerebro, recurría a la lógica lúdica de un mi- todos los miércoles a medianoche, indefec-
cerme sentir peor. proseguir inflamando la resignación de tener núsculo tablero de ajedrez portátil que me tible se avecinaba desde el bosque aledaño
Debo especificar que las circunstancias que permanecer recluido por mi propia se- habían permitido retener al igual que un sal- hasta instalarse como un denso vaho sobre la
que me habían deparado la zozobra de ins- guridad y también por la de mis congéneres vavidas y con él evitaba entonces naufragar asimétrica periferia del nosocomio mental,
talar mi desamparada alma en aquel antro debido a aquella inestabilidad psíquica a la a la barbárica idea de que poco a poco, me- es probable que ello bastara para convencer
repleto de guardias uniformados de blanco, que mi naturaleza tendía, en nuevas circuns- dicación tras medicación, correctivo sobre a cualquier foráneo acerca de la objetividad
(que además solían comunicarse mediante tancias de desajustes, a replicar... correctivo, íbamos mutando, degenerando palpable del emplazamiento del infierno en
sobreentendidos monosilábicos que exaspe- Los miembros de aquella «descocada» en un montón de hormigas locas, más locas aquella latitud del planeta. Únicamente a la
raban a quien avanzase arrastrando, sobre la corporación de la degradación humana bal- de lo que ya éramos en cierta forma. Una co- aparición de aquella niebla del demonio, y
inmundicia del suelo, su vida contenida en buceaban incoherencias sin ton ni son desde munidad insectívora cuya única maniobra de a sus inexpugnables propiedades, los inter-
un chaleco); continuaban siendo asaz intrin- el amanecer hasta que parecían deshilachar subsistencia consistía en deslizar lo que fue- nos podríamos atribuir el albur de una serie
cadas para mi persona. En realidad, lo único su vigor al caer rendidos en una especie de ra que acaso antes ocupó un alma humana, inexplicables de fatalidades que implicaban
que las dosis de potentes fármacos habían insondable sueño comatoso para la noche, y a través de aquellas claustrofóbicas galerías, suicidios múltiples, arrebatos de sodomía
cedido a mi cerebrito retener en parte, era así, a la jornada siguiente, volvía de nuevo a laberínticos corredores e insonoras salas de grupal e incluso la renuncia repentina de
la esporádica imagen de dos efectivos uni- rotar interminable la rueca, lo mismo que en contención acolchonadas desde el piso hasta más de un guardia de seguridad. Aunque,
formados reduciéndome de manera abrupta un zoótropo demencial. el techo y sin iluminación alguna. para ceñirme a la fidelidad de lo que pudie-
sobre el piso de un reconocido restaurante Con detenimiento observaba que, a quie- Oscilando las cosas como en un columpio se aplicar a una genuina confesión, las con-
familiar repleto; como si yo fuese una nociva nes los fármacos habían hecho mella en serio, kafkiano, y desde el silencio de un oscuro tadas oportunidades en que me había atre-
especie infecta de mutante impúdico; para solían desplazarse cuales zombis orinados y rincón que apropiabas como un oasis propio vido a escudriñarla a través de los gruesos
evacuarme al rato esposado dando pasitos defecados hasta el tope del mediodía en que o tu purgatorio personal; comenzaba a per- cristales de las enrejadas ventanas, no hubo
entrecortados por el aire hasta la patrulla entonces comenzaban a almorzar babean- catarme de que aquella funcionalidad ruti- una sola ocasión en que, objetivamente, des-
donde al final resolvieron cubrirme hasta la tes de pies a cabeza lo mismo que un crío sin naria, al igual que los ejercicios físicos dia- cubriese en ella algo diferente a una niebla
cabeza con una manta que apestaba a orines destetar. Algunos otros, los desconectados rios y todas las restantes prácticas de urbana común y corriente.
y a sudor rancio. Aquella imagen descabella- en forma tajante y permanente del mundo, convivencia social habituales, contribuían Un segundo episodio en este confín del
da, junto con el lavado de estómago al que como Pascal, se animaban a ingerir sin pro- a que atrofiaras por completo, entre otras planeta me deparó nuevamente a otro gru-
fui sometido con el fin de depurarme el orga- blema su alimento luego de haberlo regur- facultades de referencia práctica, la noción pete de robustos uniformados arrellanados
nismo a fondo del cóctel de fármacos y otras gitado una y otra vez por el piso hasta que, del tiempo. Entonces, en un momento dado, sobre mis espaldas inoculándome, sin pena,
substancias nocivas ingeridas con la animo- para la noche, acababan cerrando su jornada era frecuente que te embargara y sofocase la un sedante de los que echan de bruces hasta
sidad de tornasolar mis jornadas diarias, me circense masturbándose, con el desafuero de necesidad visceral de constatar, en todas sus al más robusto frisón. La bola de nieve había
conducía a suponer que quizás no se hubiese un mandril en celo, en un rincón apartado de modalidades imaginables, de que el jueves no iniciado su declive rodando y creciendo con
recaído en un error garrafal o injustificado la mirada de los guardias y sustituyendo el se transformase súbita e imperceptiblemente peligrosidad a partir de una simple plática y
respecto a mi situación. Y que, efectivamen- afable “buenas noches” por la más hedionda en sábado; de no llegar a consumir tu desa- posterior discrepancia a la hora de la siesta
te, no más que a aquella debiera ser la caja emanación escatológica. yuno apenas hubiera bajado el sol, por más con mi vecino de cama, Dávila Bustamante.
del puzle mágico a la que pertenecer, pese Tentado casi al desborde mi temple, me que la insulsa papilla no difiriese ni siquiera A Dávila lo habían ingresado de arrastro
a que , por otra parte, en ciertos intersticios resultaba bastante humillante participar de en su proporción con la cena; o que también, por el pasillo, rechinando sus zapatos desde
de lucidez mental, tendía a pensar que yo la extensa fila que avanzaba con el automa- en lo que llevaba vencer una defecación es- la entrada principal hasta la litera con po-
encastraba con bastante estrechez entre las tismo de las hormigas y la parsimonia de un treñida, en lugar de llamarte Carlos, tu esen- leas, hace poco más de un semestre a razón
restantes piezas del conjunto. Luego repen- perezoso hasta para ingresar al pestilente cia misma te llamase a ser un desconocido de reiterados desvaríos seguidos de un extre-
saba precisamente lo opuesto; que ya venía retrete. En ocasiones, para autoconvencer- Juan Manuel o, lo que sería una calamidad, mo ensañamiento hacia sus pares; vale de-
siendo tiempo de claudicar, ser lo que se dice me incluso de que todavía conservaba algún responder a una esbelta María del Carmen. cir, por perseguir, entre otras innombrables

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CREACIÓN CREACIÓN

locuras, a escobazo limpio a los espantados Al ser, en esencia, Bustamante un psicó-


clientes del supermercado en el cual se des- pata manipulador cuya sagacidad convenía
empeñaba como reponedor de mercaderías. no provocar, no desconocía en lo más míni-
Como el gerente era su tío, y como Dávila mo cuánto podía exasperarme una respuesta
era además el único que alguna vez le había que apuntase en principio a subestimar mi
acompañado a pescar, el administrador ter- capacidad de raciocinio y, más insidiosa-
minó apelando a una paciencia que hasta la mente aún, mi presencia inmediata. Por lo
fecha desconocía poseer; además de haber que, entonces, impotente de seriar números
logrado mantenerlo a raya en su puesto de siquiera hasta la primera decena, tal como
trabajo lo más que la suerte se lo había facili- me lo había sugerido el psiquiatra ante algu-
tado. Pero llegó el día en que el cándido Dá- na plausible confrontación, no me quedaba
vila asomó al summum demencial de su condi- más penosa alternativa que caerle encima
ción, el punto exacto en que su intelecto dejó por undécima vez y arrancar a Dávila de su
de entrometerse con su naturaleza; y lo hizo sobradora modorra a golpes de orinal (metá-
noqueando con dos latas de pintura granate lico). Recuerdo nítidamente, en tanto recibía
de medio litro a una joven pareja en el primer su golpiza y los guardias reaparecían de cada
intento; en tanto que argumentaba a viva voz abertura al igual que hormigas aladas para
que «intercedí únicamente para evitar que, reducirme con el chaleco de fuerza, como © Gianluca di Natale
Fuente: Flickr
día tras día, prosiguieran maltratándose con este no cesaba de desolarse al igual que un
vituperios y reproches de índole económico marica de lo desabrida que había estado la
frente a las lechugas y remolachas frescas sopa con papilla del mediodía. En el hormi-
que luego el público acabaría consumiendo guero, pernoctaban escorias de toda índole,
en un estado mustio». pero esperpentos como Dávila Bustamante
—¿Y no habría sido algo más práctico eran ejemplares únicos que, más allá de su zar por nuestros paladares la grasosa sopa —Ya no puedo tolerar siquiera un día más
aproximarse a hablar y tentar alguna otra trastorno neurológico acerca del cual nada de salitroso sabor que nos preparaban allí. en el hormiguero. Me parece que estoy per-
factible explicación? podía hacerse, se sabían sobrados merece- Más de un interno había tenido en conside- diendo todas y cada una de mis «facultades»,
—Psst… No lo creo. Estaban demasiado dores de cuanto correctivo se les pudiese im- ración ganarse una buena «sacudida» surtida que de por sí nunca fueron desbordantes.
verdes para entender algo tan sensato como partir, viniera de quien viniese el mismo. En por los guardias, o un inyectable de los que te Pero lo cierto es que a veces me siento a la
eso- contestaba con severidad Dávila al tiem- realidad nos encontrábamos en presencia de desaparecen durante día y medio del hormi- deriva, siento que me pudro palmo a pal-
po que ensimismado succionaba el extremo un loco de atar encumbrado por las más alta guero, antes que consentir sorber aquel ex- mo, que me esparzo hasta desintegrarme en
de su almohada cual tibio biberón. esfera científica de los desórdenes mentales. traño mejunje acuoso con efluvios a bacalao partículas tan minúsculas que ni mi nombre
—De acuerdo, ¿pero quién no está un tan- En efecto, reconozco que en tales instan- descompuesto. conseguiría luego rescatar. Compadecién-
to chapita hoy en día como para no entender cias tal vez yo me le asemejaba un poco, (o La noche previa al incidente, seguramen- dose de mí, uno de los guardias más amiga-
las cosas de primera? ¿Eh, Bustamante? —le un poco bastante), como otra hormiga loca te uno de los registrados en tinta roja en las bles me pasó la otra tarde la hoja de un libro
replicaba yo. más, en su forma mórbida de pensar como páginas del robusto libro diario del por en- con un poema de T. S. Eliot con el que, de-
—Claro, por supuesto... existe un rema- en la percepción y respuesta sobre algunas tonces director del centro, Bustamante nos sistiendo de incinerar este agujero, opté por
nente alarmante de estos especímenes sobre particularidades del entorno mediato. Sin ir había confesado a Pascal y a mí, (y con esta aprendérmelo hasta donde pude de memoria
la faz de la tierra, y si no fíjese en el pobre de más lejos, ninguno de los dos disentiríamos nueva confesión queda ya ampliamente jus- y luego terminé al final limpiándome el culo
Pascal o en usted mismo sin ir tan lejos —de- en cuanto a que sería siempre mucho más tificado el desmesurado título de esta cró- con él. No recuerdo su título, pero más o me-
cía Dávila y entonces se dejaba ir en su lecho saludable, para bien de nuestra ya alterada nica), su inquebrantable determinación de nos rezaba:
como si yo sencillamente fuera la aparición digestión, degustar nuestro propio vómito abandonar, de fugarse del hormiguero para Somos los hombres huecos
de un trasto que ni valiera la pena considerar. del mugroso suelo, antes que intentar desli- siempre. Los hombres rellenos de aserrín

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CREACIÓN CREACIÓN

Que se apoyan unos contra otro —aseguró Bustamante y entonces, contrario rado como podía sobre su litera, con su pa- lado al penal de Punta de Rieles; lo digo con
Con cabezas embutidas de paja. a lo esperable, pues aguardábamos alguna ñal estampado de caca y conmovido hasta orgullo por ambos y por el resto de la fami-
Ásperas nuestras voces, cuando otra especificación o explicación más para las lágrimas. Y, como no conseguía sofrenar lia a quien no sé si he de encontrar convida
Susurramos juntos tan arrojada proeza, concluyó con un «bue- su insólita euforia, se pasó de un salto a mi cuando salga de aquí. Este paisito oriental se
Quedas, sin sentido no, muy bien, a descansar se ha dicho», para litera, aterrizándome justo en los genitales cae a pedazos...».
Como viento sobre hierba seca luego perderse bajo la frazada a cuadrillé y rodeándome, a continuación, con sus re- 26 de setiembre
O el trotar de ratas sobre vidrios rotos como si su plan no fuese otra cosa más que gordetes brazos de oso panda y su pestilente «Hasta cuando tengo motivos para sen-
En los sótanos secos un remoto, utópico e irrealizable deseo a ser fragancia hasta hundir y rechinar la parri- tirme desdichado, para armar un alboroto
Contornos sin formas, sombras sin color concretado en el sueño de otra vida; podría- lla oxidada bajo el endeble colchón a más no injustificado, o llorar en la oscuridad, me
Paralizada fuerza, ademán inmóvil; mos añadir, en otra vida ulterior; una que le poder. ronda una leve ilusión de participar de una
Aquellos que han cruzado brindara ni más ni menos que la posibilidad —Es en parte cierto, porque aunque su lo- esperanza compartida por muchos del exte-
Con los ojos fijos, al otro Reino de la muerte exacta de despojarse de su condición intrín- cura lo acompañará hasta la tumba, por el rior. Anoche, tras masturbarme imaginándo-
Nos recuerdan, si acaso, seca de sádico camorrero, sembrador de momento es lo que se dice un hombre eviden- me a mí mismo parado desnudo en la ducha,
No como almas perdidas y violentas discordias y calificado para absolutamente temente libre —le respondí y, esforzándome, soñé que, luego de asfixiar a un par de locos
Sino, tan sólo, como hombres huecos nada. logré apartarlo de mi amasijada anatomía. con los que comparto algunos ratos, burla-
Hombres rellenos de aserrín… Asimismo, a la mañana siguiente, para Existen tantas variables de libertades ba la guardia, en el negligente ínterin de su
cuando las hormigas aún levitaban como como mortales sobre la faz de la tierra; lo cambio de turno, y huía a sus espaldas por
»Ya no deseo seguir siendo un relleno de
por su quinto sueño narcoléptico, el sobre- mismo que confinamientos y convenientes el sumidero de su sanitario. Arrancaba el en-
aserrín mis amigos. El día de mañana, para salto repentino de la alarma y los estallidos
cuando las hormigas amanezcan como todos ocultaciones... austera proposición si se quie- deble retrete, y nadaba algunos metros más
del conglomerado de guardias nunca antes re, también para las apagadas neuronas de vomitando entre la mierda hasta el vertedero
los días, se les hará imposible divisar siquiera apreciado en su conjunto, que ingresaban y
mi sombra por este patíbulo del averno; des- Pascal, que ni en su onceaba reencarnación que da a la cañada que aprecié por casuali-
salían situando de cabeza el escaso mobilia- dad cuando me traían enchalecado en la es-
pedida a la francesa —había alcanzado a su- sospecharía siquiera acerca de la verdade-
rio del psiquiátrico, nos ubicó sórdidamente pecie de ambulancia. No lo sé con certeza,
surrarnos por último en la penumbra desde ra naturaleza de mi conveniente compor-
en nuestra realidad; nuestra notable y labe- pero tal vez, si cobrase un poco más de cora-
la apacibilidad de su litera. tamiento; al igual que tampoco del oportu-
ríntica realidad de hormiga descocada. Para je, lo materialice algún día».
—Es una verdadera locura. Probable- no uso de mi minúsculo tablero de ajedrez
entonces amanecí dejando salir un boste-
mente la más monumental de todas... ¿pero portátil, con el cual no jugaba ni estando 18 de octubre
zo, como cada día, donde mejor o peor, más
cómo la llevarás a cabo? Has de saber que la solo porque si carecía de piezas era porque «En el fondo de mi corazón anida un ase-
truncado que sagaz y tan taciturno hasta ser
seguridad de este sitio es casi equiparable a únicamente me resultaba cómodo desde un sino. Hay días en los que deseo arrasar con
prácticamente si acaso un perceptible espec-
la de Alcatraz. ¡En primera instancia resulta comienzo para preservar en él algunas de las este sitio, con esta ciudad, con este país, in-
tro entre tanto autómata verborrágico y fun-
imposible, para cualquiera, escurrirse sin ser salteadas páginas rescatadas de la especie de cluso con este continente tercermundista. Lo
cionario crédulo en las posibilidades de sus
enseguida advertido! ¡Además, reconsidera diario íntimo esgrimido por el puño y letra, ansío por pura revancha, como expiación de
facultades superiores… así me encontré junto
que en caso de ser descubierto por la guardia de sus días de enclaustramiento, del interno los desmanes cometidos en mi contra y en
a Pascal, mi amorfo camarada atiborrado de
nocturna, serán ellos quienes se encarguen Dávila Bustamante Golmeto en el centro de contra de los que, como yo, nunca se les ha
metano.
de darte la zurra de tu vida, y luego te en- hormigas locas... dado la chance de alzar su voz, manifestar
—¡Logró hacerlo! ¡Lo consiguió! ¡Pudo
claustrarán sin más en una de las salas acol- burlar la seguridad! ¡Ese maldito desgracia- 4 de setiembre su encono y su legítima sed de sangre. Creo,
chonadas! —terminé por advertirle. do consiguió fugarse y es posible que a es- «Mi detención, como todo lo que tiene iniciaré mi cruzada eliminando primero al
—Difícilmente les conceda esa oportu- tas alturas se encuentre deambulando como que ver con este régimen comisarial no tiene nauseabundo obeso de Pascal el cual, ya por
nidad; he estudiado minuciosamente la vía una cucaracha en alguna parte del exterior! sentido alguno. Menos aún mi confinamien- repulsivo y ordinario, no merece la luz del
de escape a mi alcance, los tiempos de vigi- ¡Hasta se me hace, trepado a un vehículo to indefinido en esta casa de locos. Soy un sol ni el aire que lo infla. Luego me he de en-
de camino a algún prostíbulo de la ciudad! desidente, al igual que mi hermana Teresa a cargar del otro que le acompaña...».
lancia instrumentados y hasta algunas fallas
del no tan imbatible sistema de contención —lisonjeaba absurdamente Pascal, incorpo- quien extraño horriblemente desde su tras- 11 de noviembre

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CREACIÓN CREACIÓN

en resumidas cuentas, me había convertido sabor es una delicia desconocida —aseguró


en aquella hormiga que mejor le comprendía Pascal abstraído en su plato desde el extre-
y más compadecía. mo opuesto de la mesa.
La noche en la que Dávila tenía planea- —Bueno, a lo mejor no tan desconocida
da su fuga, por vez primera, nos permitieron mi amigo, a lo mejor no tan desconocida... —
manipular cubiertos de plástico para la cena brotó súbitamente desde una hendidura de
y, (cómo no confesarlo), estoy convencido de mi alma, sin la menor pretensión de probar el
que más de un interno se sintió embargado más exiguo bocado.
por la infrecuente impresión de que, aun- Esa noche la niebla no hizo su habitual
que más no fuese durante los minutos en que aparición (ni las sucesivas), pues afuera llo-
transcurrió aquella comida, recuperamos un vía torrencialmente y los desagües del hor-
ápice de una sonsacada humanidad. miguero, entorpecidos por la inmundicia, no
—Deben haber echado al cocinero por daban a vasto. Para entonces todo lo demás
perro, porque un estofado con esta pulpa se sentía excesivamente distante.
magra no vimos nunca por aquí, y además su

© Publinewsguatemala
Fuente: Flickr

W. Darío Amaral (Rocha, Uruguay, 1974). Realizó estudios literarios en el Instituto de


Profesores de Artigas de Montevideo (IPA); estudios en Educación Común y Especial en el
«Dicen que tengo delirios de grandeza. Lo de las literas y que roen algún zapato o los Instituto de Formación Docente de Rocha (IFD); participó en seminarios y talleres de escritu-
que pienso es que se sienten tan persuadidos dedos de una mano ya inerte, que la comu- ra; se ha involucrado con la prensa escrita, televisiva y radial. Actualmente ejerce la docencia
o amenazados en sus convicciones fútiles, nidad de hormigas decidió apagar, otra alma en una escuela de educación especial. Sus cuentos y artículos han sido seleccionados en va-
que han elegido la comodidad de ignorar mis sofocada por un mar de manos sucias, abier- rias antologías y medios gráficos de nuestro país, España y Argentina.
pensamientos... El otro ha llegado incluso a tas de palmo a palmo». Ha publicado Los Trabajadores Cuentan (Editorial 1º de Mayo, Montevideo, 2014), Cuentos de Felis-
mostrarme su minúsculo tablero de ajedrez berto Hernández (MEC, IMR, 2014) y El Estampido de la Entraña Oriental (Irrupciones Grupo Editor,
20 de diciembre
portátil, pero se niega rotundamente al desa- 2018).
«El horror…. el horror en el hormiguero...
fío de una partida». y la niebla acechándonos hasta en nuestros
2 de diciembre sueños. No me quitaré la vida, no lo haré...
«Las noches se ciernen aquí al igual que huiré de este infierno por más que afuera
una daga afilada, en tanto yo camino con mis descubra otro más ancho, animado por una
pies desnudos sobre el filo de su hoja que me niebla plagada de soldados armados tron-
rebana hasta la rodilla, como una trozo de chando a la población civil con sus fusiles...
mantequilla. Durante los días camino más ¡Dios mío!...».
veloz por los corredores, aspirando el vacío Por lo mismo, tampoco necesité funda-
opresivo de todo aquello; deslizando mis ma- mentarle mi determinación que, por más
nos por el sudor húmedo que rezuma del en- drástica, había resultado ser, si se piensa,
losado hasta formar un aura pálida. Oigo el también la más abnegada; si no para todos, al
tropel de ratas que corren bajo las parrillas menos sí para el mismo Dávila y para mí que,

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CREACIÓN

La novela Drottninggatan,
por Alicia del Águila Peralta donde el puente
de Riksbron se
extiende hasta el
«Es envidiable el invierno de esas latitudes arco de entrada
donde la nieve y el silencio se parecen a la a la ciudad vieja,
sabiduría que nos seduce por su en medio de los
edificios del Par-
ausencia de sombra»
lamento. Can-
(Blanca Varela, El libro de barro)
sada, extrañada
por el paisaje
1
que se cubría de
Era de noche a las dos de la tarde. Inés blanco, recor-
miró su reloj para cerciorarse de que la bre- dó la sonrisa de
vedad de aquel día no fuese un error ni un Marga que siem-
despiste más en su vida. El cielo era un man- pre la animaba a
to negro con manchas de lejía, las difusas lu- seguir, una y otra
ces de la ciudad. Se acercó a la orilla, a pocos vez. Esa sonri-
metros del puente que lleva a Gamla Stan, la sa que no veía
ciudad vieja. Bajo sus pies, el brazo de mar en más de dos
brillaba a través de la neblina. años, desde que
Había recorrido más de 11.000 kilómetros, ella decidió de-
desde Lima hasta Estocolmo, dejando atrás jar el país, luego
un verano húmedo en el Pacífico sur, para de cerrar con su
llegar al extremo norte del planeta, al invier- firma un prolon-
no más oscuro que jamás había conocido. gado proceso de
Estuvo chispeando desde que dejó el hotel. divorcio y vender
De pronto, Inés sintió una gota más pesada el departamento
que las otras: empezaba a nevar. Los copos que le tocó en el
bajaban en diagonal y se fundían sobre los reparto. Peter, el
techos de los autos, los toldos, las farolas, las exmarido, hacía meses que había dejado de viaje había recibido un whatsapp del teléfono escribirle. Debía andar apurada, por algún
cabezas rubias, los sacos negros, las corbatas de su hermana. Se le indicaba que había te- asunto, asumió.
llamarla y otros más de seguirla con un de-
lilas o azules o también negras, los guantes nido un pequeño contratiempo y no podría Llegó al hotel indicado. Subió a su habita-
tective. Sin embargo, a veces intuía su pre-
de cuero de cerdo, algunos botines de taco recogerla del aeropuerto. Debía esperarla en ción y se tendió en la cama sin cambiarse de
sencia en el departamento donde vivieron
aguja, las narices frías. Recordó que no tenía un hotel, donde la alcanzaría al día siguiente. ropa. «Marguita, más lejos, solo el Polo Nor-
juntos, en detalles como el control remoto
paraguas y que tampoco había almorzado «En el aeropuerto tomas el Arlanda Express. te…», pensó en decírselo cuando la viera.
colocado sobre el televisor, de la forma como
aún, así que decidió entrar en un restaurante En la Estación Central (T-Centralen) coges
él siempre lo hacía; o el olor de sus zapatos
la línea verde del metro en dirección a Häs- 2
chino que anunciaba sushis de salmón. en el ropero, o de su desodorante antitrans-
selby Strand y bajas en la primera estación, «A diferencia de ti, no tengo motivos para
De nuevo en la calle, notó que el suelo es- pirante en el baño. Ese olor la perseguiría
Hötorget. A unos metros está el hotel. Mira el quedarme… Solo tú y la vieja», le había escri-
taba cubierto por una nieve compacta y que hasta el baño del avión con el que cruzó el
mapa». Una flecha indicaba el reverso de la to en un correo, meses atrás. A Marga no le
se habían formado surcos grises y negros, por Atlántico, sin rumbo fijo.
hoja. No reconocía a Marga en esa forma de gustaba el sabor ácido del ceviche y podía
el paso de la gente. Llegó al final de la calle Inés llegó el día anterior. La víspera del

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CREACIÓN CREACIÓN

vivir sin probar la carne quemada del lomo fallidas de novela. Una de las primeras em- Nunca le pagaron por ninguno. graban protegerla del frío. Tampoco las me-
saltado. Los «platos bandera» la tenían sin pezaba con el estallido de un coche bomba dias hasta la rodilla, ni su casaca de invierno
cuidado. En cuanto a la música, le aburrían seguido de un apagón, como aquellos que vi- 3 tropical limeño. Tomó Drottninggatan para
los valses de la abuela y, aunque recordaba vieron cuando eran niñas. Otra, abría con los A un costado del puente, un muchacho ver las vitrinas de las tiendas. Envidió los
con cariño algunas tonadas de la infancia, lo olores en la cocina de la abuela, donde ella escondido en una sábana marrón sostenía sacos, vestidos y botas de Zara, algo menos
suyo era el rock clásico, la salsa cubana y de y la madre preparaban los pejerreyes fritos, las prendas de H&M. Se detuvo un rato para
una máscara en alto. Tenía un largo hocico
la Fania y las baladas mexicanas. De su ba- las causas rellenas y pasteles de choclo. Des- escuchar a un músico con su «guitarra invi-
y una mandíbula que chasqueaba cuando el
rrio en Breña poco extrañaría, salvo las cua- pués, intentó fracciones de historias conta- sible» tocando Blowing in the wind, y más ade-
chico la movía, emitiendo sonidos que Inés
dras que la llevaban a la casa de los abuelos, das por chicos, en las calles oscuras que su lante a un grupo de hare krishnas. Mientras se
no alcanzaba a distinguir si imitaba a una
ya fallecidos. Menos aún echaría en falta el madre le prohibía recorrer y apenas atisbaba dejaba llevar por los acordes de la bandolina
supuesta cabra o se trataba del idioma lo-
departamento en Surco, donde vivió con su detrás de las persianas. Sin embargo, Inés no de la chica del grupo, sintió de nuevo unos
cal, masticado como un relato de fábula en
marido. Nada de ello realmente le pertene- terminaba de convencerse de que aquello an- ojos a sus espaldas. Se volvió discretamente,
tono infantil. En esa tarde de cielo cerrado
cía, es decir, nada fue comprado, ni siquiera clado en sus vivencias, en el cuarto compar- pero no distinguió a nadie. Ideas suyas, pen-
en Estocolmo, disfrazada de la noche más in-
elegido solo por ella. Y de los vecinos, apenas tido con Marga y sus muñecas, en la casa, en só. «Acaso Marga, solo ella…».
vernal, cualquier figura, incluso demoníaca,
recordaba los segundos que compartían el el barrio apagado por el miedo en las noches «O él».
podía pasear entre la gente sin que sorpren-
silencio en el ascensor. Firmado el divorcio, de apagón, calificaba como material digno
de una novela. Por eso, intentó luego lo que diera demasiado. Caminaban como si nada
vendió la propiedad que le tocó en el reparto
pudiera sacarlos de su abstracción. 4
de bienes y compró un ticket de avión. calificó como «prácticas literarias» en la im-
Inés tampoco tenía muchos motivos para prenta del tío: escribir versiones alternativas Al volverse una vez más hacia la entrada «¿Estás saliendo con alguien?», recordó
quedarse. Licenciada en Literatura, siempre de novelas ya publicadas. Así, cambió la ruta de la ciudad vieja, Inés distinguió un chullo que le había preguntado, a cuento de nada,
quiso ser una escritora, vivir como tal. Pero de Rayuela, inventó un final de fuga en Rojo y en la cabeza de un muchacho. En las largas semanas atrás, en medio de una conversa-
sus relatos seguían en el cajón de la mesita negro e insertó escenas eróticas en María. horas que estuvo de paso por Madrid, Inés ción más bien floja, que parecía a punto de
de noche, sin más premios que una mención Una tarde, se deshizo de todas las hojas alcanzó a ver a algunos transeúntes e incluso agotarse. Marga respondió con evasivas que
honrosa en los Juegos Florales de su univer- acumuladas, tirándolas en una hoguera que a una banda de músicos peruanos y bolivia- su hermana supo remontar. «Se llama Gusta-
sidad. improvisó en el parque que tenían frente a la nos luciendo la misma prenda, en diferen- vo», contestó como preámbulo a la despedi-
«¿Y cómo va la novela?», no dejaba de pre- casa. Estaba obsesionada con acabar la tesis tes combinaciones de colores. Pero no era el da.
guntar Marga en sus correos, como lo haría y esas hojas guardadas le generaban un in- chullo en esa ciudad tan lejos de los Andes A la llamada siguiente se lo contó. Había
cualquier persona que vive en el extranjero y oportuno sentimiento de culpa. Incluso en lo que le llamó la atención, sino el hecho de conocido a Gustavo en Madrid. Todo fue
quiere enterarse de las novedades de un pa- ese momento, para Inés tan radical y triste, entrever unos ojos que asomaban debajo y muy rápido, desde el primer encuentro de
riente al que extraña. Marga mantuvo su optimismo. hurgaban hacia donde ella estaba parada. En miradas, en una librería de El Corte Inglés.
Inés sentía cada vez mayor incomodidad «Están maltrechos», se justificó Inés ante medio del arco de ingreso a Gamla Stan, Inés Le contó sobre su aparición frente a la pen-
por aquella pregunta. «La novela», esa con la su hermana, iluminada por el fuego de yer- se detuvo y giró medio cuerpo. En esa multi- sión donde se alojaba, con el mismo amigable
que algunas veces fantaseaba con su herma- ba seca y papel. «Bien hecho… ¡Un punto de tud que se movía como un ciempiés, seguía gesto en los labios y un ramo de bromelias en
na menor, contándole trozos, no prospera- quiebre!», respondió Marga. el hombre del chullo, avanzando lentamente. una mano; las visitas que ella haría a su de-
ba. Para poder pagarse la carrera Inés había Pero no habría quiebre. Inés logró gra- Por un segundo cruzaron miradas. Vestía de partamento, cada vez más seguidas, hasta las
combinado los estudios con horas de trabajo duarse y empezó a dictar un curso en la uni- negro, como la mayoría; el chullo, blanco en madrugadas siguientes; la mudanza a plazos,
en la imprenta de su tío. Al acabar esas jor- versidad y tres o cuatro en una academia. Y, la parte superior, parecía atraer la escasa luz no planificada, primero con las trusas de re-
nadas dobles, cansada y sin energía para em- para completar sus ingresos, cada vez que de la tarde. Empezó a nevar de nuevo y, entre puesto y el cepillo de dientes que cargó en las
prender una larga y sostenida aventura de podía aceptaba encargos de corrección de esas manchas que caían en diagonal, perdió primeras citas, dentro de su cartera, y luego
ficción, fue amontonando capítulos incon- textos. Así, apenas conseguía tiempos breves de vista aquellos ojos. con bolsos y mochilas. «Y así me fui quedan-
clusos en el fondo del armario. para trabajar sus cuentos, a pesar de lo cual Inés decidió que era tiempo de regresar al do», le dijo a Inés.
No fue una; fueron varias las versiones logró publicar algunos en revistas de Lima. hotel. Sus guantes y gorro de lana ya no lo- Gustavo, hijo de padre español y madre

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CREACIÓN CREACIÓN

momento, no supo cómo tomar ese correo. mienzo, dos, tres veces. Pero no había error,
Pero, al ver que le había escrito de madruga- ahí estaban, dos personajes, dos hermanas.
da, supuso que acaso lo había redactado al Eran ellas, Inés y Marga. Allí estaba su barrio
final de una juerga o bajo los efectos de un de Breña; la casa y la madre, sentada en la
somnífero. Decidió no contestarle. mesa de la cocina, con su mantel de plásti-
co; los aromas de los platos humeantes entre
En el avión que la llevaría a Madrid in- sus dedos; el cuarto de niñas y sus juguetes
tentó leer el borrador de un relato que ha- en fila sobre las camas; la casa de los abuelos
bía llevado consigo. Un texto que empezaba con el jardín de claveles y dalias, y las orquí-
a engordar en páginas pero no las suficientes deas asomando desde la ventana; las calles
como para albergar la esperanza de que pu- que recorrieron felices tomadas de la mano y
diera convertirse en una novela. En ese mo- las otras que recorrieron temerosas; la furia
mento descubrió que ya se había resignado a de las metrallas y la oscuridad de un apagón;
abandonar esa imposible empresa, del mis- las realidades alternas y las pesadillas con-
mo modo como otras mujeres, llegada cierta tadas; los libros fallidos de la hermana y las
edad, se resignan a no tener hijos. propias ficciones de Marga; la boda también
En su breve escala en Barajas, recibió un fallida y la propia fuga; las lecturas de cada
© Francisco Marín último correo de su hermana: «Ven nove. una y las inventadas; las mentiras, los amo-
Fuente: Flickr res, los cuentos de amores. Sus historias, sus
Margui».
falsas historias, las novelas ajenas reinventa-
das; los sueños, los falsos sueños, las copias
5
de sus falsos sueños; las conversaciones en-
De vuelta en el hotel, le alcanzaron las tre ambas en esos dos años, entrecortadas
sueca, había aceptado una oferta de empleo plaza empedrada del Ayuntamiento; delante llaves con un sobre pequeño color blanco. como patchworks; su viaje, llena de miedos,
en la Universidad de Estocolmo. Cuando se de un puesto de comida en el mercado de Ös- Subió directamente a su habitación. Se ten- el encuentro con la vida nueva. Entre cada
lo comunicó, no le preguntó directamente si termalm; asomando, misteriosa, detrás de un dió en la cama sin soltar el sobre. Antes de capítulo, páginas en blanco con el siguiente
quería viajar con él, explicó. O sí lo hizo, se árbol en la colina de Skansen. abrirlo, miró por la ventana: había dejado de mensaje: «Es tu parte, Inés».
corrigió, pero recién cayó en cuenta cuando De pronto, el ritmo de los mensajes se hizo nevar. Enseguida se levantó al baño para mo- Saltó las páginas rápidamente, hasta lle-
le hizo notar que su maleta estaba rajada por inestable. Pasaron a ser, primero, más con- jarse la cara, lanzándose chorros de agua y gar al último capítulo.
varios lados y que habría que comprar otra. tinuos pero breves y luego espaciados, para refregándose, una y otra vez. Sí, el cambio de «Dice él que así me vio: blanca, atravesa-
Llevaban más de seis meses viviendo en Es- seguir un silencio de días. Hasta que, sema- horario le pasaba factura. da por su mirada. Cubierta con mi casaca y
tocolmo. nas después, Marga le escribiría por WhatsApp: Regresó a la cama y abrió el sobre. En su mi gorro también blancos, sentada con las
Marga también relataría cómo tuvieron «¿No quisieras venir a verme? Te extraño mu- interior había una postal y, al fondo, un USB. piernas cruzadas. La nieve me enterraba en
que mudarse de uno a otro apartamento, cho y sería lindo tenerte acá. Juntas, como en La postal era de Marga. La saludaba llamán- un sueño de día, sin recuerdo de voces ni so-
para alojarse finalmente en una casita al sur los viejos tiempos. Yo te mando el ticket de
dola «Inesita», y le recordaba que en un rato nidos. Un paisaje sin sombra». Inés se imagi-
de Estocolmo, en Södermalm. Una residen- avión».
iría a buscarla al hotel, que ya entendería. nó ese encuentro, quiso pensarla feliz. Y que
cial con bosques de pinos y abetos y senderos «¿Sucede algo?», preguntó Inés.
Conversarían largo y tendido. «¡Cuántas ga- el silencio de esos meses tuviera que ver con
atravesados por ardillas. A veces, con suer- «Nada. Vente nomás», escribió Marga, se-
nas de verte! Mientras, revisa el USB», había ello.
te, podían ver un alce. Por WhatsApp también guido de un emoticón lanzándole un beso.
escrito Marga. «Era invierno y ese día cayó tanta nieve
llegaron algunas fotos de ella, presumible- Dos días después, recibió un mensaje en-
Abrió su laptop y colocó el dispositivo. que las calles parecían cubiertas por almo-
mente tomadas por Gustavo: en el estrechísi- trecortado: «ven, mucho. Nada digas Peter.
Contenía un archivo de ciento ochenta pági- hadones. Los letreros, los árboles, los autos,
mo callejón de Mårten Trotzigs Gränd; en la Nadie. Tengo miedo. Esperote». En un primer
nas. Al principio no entendió y volvió al co- los cercos, las ventanas y los techos rojos de

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CREACIÓN CREACIÓN

las casas eran engullidos por la capa blan- de que te conté mi historia con Gustavo. Has-
ca. Siguió nevando hasta la noche y al día ta que llegó la enfermedad. Fue de improvi-
siguiente y era como si nada permaneciera. so. Un desmayo, una camilla, el viaje en am-
Objetos enteros desaparecían, eran borrados bulancia al hospital. Los análisis de sangre,
por el mar de nieve. En ese paisaje que de las tomografías y el médico, frente a mí, ha-
pronto ya no era, que se escondía, en ese pai- blando sin sentido. Me puse a llorar, sabien-
saje de formas transitorias, como los trozos do que el tiempo ya no era mío, pero me cos-
retorcidos de unos árboles que parecían col- taba desprenderme. Habría sido linda otra
gar en el aire, me sentí segura». Su hermana historia, más larga y duradera. Mi vida, que
levantó la vista hacia la ventana y contempló siempre la viví como infinita, tendría menos
las espesas lanzas de nieve, que caían como días que la tuya, Inés. Por eso la urgencia de
luces fugaces. vernos, y no poder viajar. Nos queda poco
«Segura y capaz de completar esos espa- tiempo. Años en días. Por eso escribo este es-
cios, dibujarlos, describirlos, empecé a es- bozo de tu, nuestra novela».
cribir, llenando las horas de crudo invierno La novela terminaba con Inés asomándose
cuando me encontraba sola, esperando el re- a la ventana del hotel y la voz de otro narra-
greso a casa de Gustavo. Hasta que abría la dor: «Y vio al hombre con chullo y saco negro
puerta cada tarde y el fondo blanco lo envol- sujetando una silla de ruedas. En ella se sen-
vía de vuelta». taba Marga, acodada al lado izquierdo, como © Victor Kevo
Fuente: Flickr
«Fui cobarde», siguió leyendo Inés. «No un barco a la deriva. Llevaba una venda
quise romper esa imagen, no quise grietas blanca en la cabeza y un pañuelo con pun-
en mi historia. No quise que nadie de pronto titos rojos encima. Ambos alzaron la vista y
apareciera en la estación cuando yo llegara entonces Inés no pensó en nada más. Tocó la
de un paseo en tren. Tuve miedo no solo de ventana con las manos y contempló la nieve Grupo 295 tos, intercambiar alguna broma y poco más.
Peter, sino de mi pasado. Tuve tanto miedo aterrizando sobre sus cuerpos. La imagen de por Alfonso Vila Francés Cuando descubrimos que tenía un hijo,
de romper esos días que apenas escribí luego la infancia y el presente». surgió un agrio debate. Algunos decían que
era muy joven. Otros argumentaban que la
—Son cosas de la vida —nos dijo el loco. vida en los pueblos era diferente a la de las
El loco vivía en una cabaña en el monte, ciudades. Nadie lo decía, pero todos envidiá-
una de esas cabañas que el ayuntamiento al- bamos al marido (dábamos por supuesto que
quilaba a los turistas. Vestía siempre la mis- estaría casada). Algunos seguían admirán-
dola como antes y otros la admiraban pero
Alicia del Aguila Peralta (Lima, Perú, 1966). Doctora en Ciencias Sociales, investiga- ma ropa y se pasaba el día tumbado al sol.
Era un ser totalmente inofensivo aunque, menos.
dora y docente universitaria (PUCP), así como consultora internacional en temas de desarro-
hasta que llegamos nosotros, vivía en la más Y entonces ocurrió la desgracia. Un día
llo, gobernabilidad e historia política. Colabora regularmente en medios locales, habiéndose
completa soledad. bajamos del jeep y nos encontramos la pana-
desempeñado como periodista y corresponsal de prensa extranjera (diario El Mundo).
Antes de oír su historia, nosotros ya ha- dería cerrada. Extrañados, leímos el pequeño
Libros y artículos académicos publicados, en español e inglés (En España colaboró para la
bíamos conocido a la panadera. Era una chi- cartel de la puerta. «Cerrado por defunción».
Colección Mapfre, América Latina en la Historia Contemporánea). Tiene un libro de poesía
ca muy joven y atractiva y cada vez que vol- Nadie podía imaginar que se tratara de ella.
Los planos de la casa de agua y poemas y cuentos en diversas revistas del Perú. Hace algunos años
víamos a casa, parábamos en aquel pueblo Pero era ella. El loco nos lo contó con una
decidió retomar la escritura literaria.
solo para verla. Ninguno de nosotros tenía la absoluta y cruel indiferencia. Son cosas de la
menor oportunidad de intimar con ella. Nos vida, nos repetía. Para entonces ya teníamos
conformábamos con hablar un par de minu- algunos datos. Sabíamos que su marido era

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CREACIÓN CREACIÓN

camionero y que todos los días se cruzaban tros, atrapándonos, envolviéndonos en una bre nosotros como sombras silenciosas. evitar sentir un cierto alivio. Miré a mis com-
por la carretera. Sabíamos que los otros ca- tristeza inexpresable, absoluta. Entonces fue Llegué a casa y me acosté. Estaba cansa- pañeros preguntándome si ellos sentían lo
mioneros, los que bajaban todos los días de cuando entendimos que aquel muchacho es- do. No pude quitarme al loco de la cabeza. mismo. Nadie dijo nada. El jeep arrancó.
la cantera, también la conocían. Y que entre taba realmente loco, que no tenía remedio. Y A la mañana siguiente nos comunicaron por
ellos se avisaban por la emisora. Nos los ima- entendimos que nosotros no podíamos hacer radio que nos cambiaban de zona. No pude
ginábamos diciendo: «Cuidado, que baja la nada.
mujer de tal…, tan rápido como siempre». Esa Después de discutir con él, su padre había
chica siempre iba con prisas, aunque la ca- venido a hablar con nosotros. Le contesta-
rretera se llenaba con el fango que despren- mos que haríamos lo que pudiéramos. Y por
dían las ruedas de los camiones. un momento incluso llegamos a pensar que
El loco nos dijo que se veía venir. Todos es- tal vez podíamos hacer algo, ser de alguna
tábamos consternados. Pasaban las semanas utilidad. No útiles a la sociedad, que era algo Alfonso Vila Francés (Valencia, España, 1970). Ha vivido en Orihuela, Madrid, Bar-
y no nos la quitábamos de la cabeza. Era una abstracto y frío, sino útiles a una persona, a celona, Denia, Tarragona, Alicante, Bruselas y Debrecen (Hungría). Actualmente reside en
historia horrible y el loco, con su frialdad, un padre desesperado, a una familia rota y Valencia. Ha trabajado como monitor de tiempo libre, bibliotecario, archivero y profesor de
aún la hacía más siniestra. Al principio no sa- golpeada por la tragedia. secundaria. Ha escrito en muchas revistas, como por ejemplo: «Cuadernos del matemático»,
bíamos por qué se había decidido a acercarse Pero el pobre muchacho, sin saberlo, con «Hojas Iconoclastas», «Calicanto», «El vendedor de pararrayos», «Cuadernos del lazarillo»,
hasta nosotros. Llevábamos semanas viéndo- unas simples palabras, nos había hecho com- «Alhucema», «Factorum», «Groenlandia», «Agora», «Acantilados de papel», «La bolsa de Pi-
le en la puerta de su cabaña, ignorándonos, prender que todas nuestras ilusiones eran pas», «Fábula», «Circe», «La soga», «Fronterad», y, «Le miau noir», «Kopek», «Poscultura» y
actuando como si estuviera solo. Un día tuvo vanas. «Jot Down». También ha ganado algunos premios (entre ellos «Miguel de Cervantes», «Jaume
una visita. Un hombre apareció andando por Así que volvimos a lo nuestro. Cogimos el Roig», «Vila de Canals», «Diputación de Castellón», «Ciudad de Getafe», «Cortes Valencianas»,
el camino. Le llevó unas bolsas. Discutieron. equipo y nos distribuimos para una última «Marco Fabio Quintiliano» y «Mariano Roldán»). Ha publicado libros de poesía, de relatos,
Fue la única vez que le oímos gritar. Aquel inspección. Pasamos la tarde pensando en la novelas y ensayo.
hombre, después lo supimos, era su padre. panadera, en su marido, en su hijo, ese hijo
Tal vez aquello tuvo que ver, lo cierto es que que se salvó del accidente en el último mo-
el loco se nos acercó a la mañana siguiente. mento…
Y nos habló de su prima, la panadera. Enton- El loco había vuelto a su cabaña. No lo vi-
ces fue cuando nos contó lo que había suce- mos cuando volvimos al punto de encuentro.
dido. Nos contó que en la cantera trabajaban Empezaba a ser la hora de recoger y volver
en ese momento seis camiones, que además a casa. Nuestro turno había acabado sin in-
del marido de la chica, también trabajaba allí cidentes reseñables. Nos montamos en el jeep
su cuñado, que el momento más peligroso y dejamos atrás la pista de tierra. Aquel mo-
era cuando dos camiones se encontraban de mento siempre nos sobrecogía íntimamen-
pronto en una curva. Nos contó el accidente te. Salir de las montañas era como quitarse
y nos contó lo que pasó después. Nos contó el uniforme. Era el momento en que por fin
todo lo que nosotros hubiéramos deseado no podíamos relajarnos. Aún no estábamos en
saber. La historia era terrible. La fatalidad casa, pese a todo. Teníamos más de tres ho-
y la inconsciencia habían unido sus fuerzas ras de carretera por delante. Normalmente
para tejer entre las dos una urdimbre per- discutíamos de algo, solo por matar el abu-
fecta, que no dejaba el menor resquicio a la rrimiento. Aquel día nadie tenía ningún tema
esperanza. Y si la historia era terrible, más del que hablar. Sobre nosotros flotaban las
terrible era el modo, tan claro y descarnado, preguntas que ninguno quería responder.
con que esas palabras llegaban hasta noso- Las notábamos. Estaban allí, planeando so-

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CREACIÓN

Caperucita en un bar de carretera


por Domingo Alberto Martínez

Tendrá unos dieciséis o diecisiete años. Con los ojos grandes, como
de anime japonés, y las mejillas arreboladas por el frío, llenas de pecas,
parece que tenga algún año menos. Es menuda. Lleva una sudadera del
Liverpool que le marca una incipiente barriga de embarazada. Le da
una calada al cigarrillo y lo tira lejos, a medio fumar. Agarra la puer-
ta de vidrio esmerilado con barrotes de aluminio, que chirría, echa el
humo por la comisura y entra al bar sin dejar de mirar en torno suyo.
El bar es un tugurio con forma de ele, mal ventilado, no muy grande,
con cortinas de ganchillo que cubren la mitad inferior de las ventanas.
Se llama La Picaraza, aunque todo el mundo lo conoce como La Crísler
porque hubo un taller al otro lado de la carretera, justo enfrente, que
luego fue un club y después una pizzería, allá por los años 90, antes de
ser abandonado y convertirse en el paraíso de los yonquis.
La chica se quita la capucha y se desabrocha la sudadera al llegar a
la barra.
—Ilona. —Un camarero de unos sesenta y pico, sin afeitar, con ojeras
de haber dormido mal y gafitas metálicas, la saluda con la cabeza sin
dejar de secar una jarra con el delantal—. ¿Botellín?
Ella asiente. Se ha rapado la cabeza por un lado. Se peina el pelo
con los dedos, el flequillo largo con mechas pelirrojas, echándoselo me-
cánicamente al lado contrario. A pesar de la humedad de la niebla no
lleva mucha ropa: un top ceñido, sin tirantes, que le deja el ombligo al
aire (con el tatuaje de una rosa de los vientos), unos shorts desflecados y
unos botines militares sucios de barro. Coge el botellín y echa un trago.
Se ve bebiendo en el espejo ahumado de enfrente, sucio de polvo, entre
botellas de colores y botes de pepinillos, bolsas de cortezas, latas de
berberechos, una ristra de cupones pegada con celo y un reloj promo-
cional de vino con quina para niños («Es medicina y es golosina, quina
Santa Catalina») que va con treinta años de retraso. A Ilona no le gusta
lo que ve y se da la vuelta. Se apoya en la barra y pasea la mirada por
las tripas del bar, el corcho con las esquelas, la máquina de tabaco, con
un cartel de «No funciona» escrito a boli en un folio, el fluorescente que
pedorrea, se apaga y vuelve a encenderse, los hules del chino con flo-
ripondios. Delante de la tragaperras («Trip to Paradise», pone en grandes
caracteres sobre un cofre pirata) acaba de sentarse una cuarentona con
permanente, rubia de bote, con una lomera de vaca almizclera y la blu-
sa estampada con palmeras y cocos, que echa una moneda, la pierde y

© Laura Visigalli visorliteraria.com | 68


Fuente: Flickr
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echa otra. Vuelca el monedero en una mano, Responde a una broma de Remigio sonrien- africana, de carey, con cristales de un dedo el claro del bosque y lanza al aire su pode-
coge lo suelto, devuelve adentro el blíster do, sacándole el dedo de la mano con la que de grueso y cordones de oro en las patillas. roso berrido), es ahora una cabeza con ojos
con las pastillas y echa otra moneda. «Amor bebe, y él se ríe ras-cándose el cogote, con Un cartelito nos revela su nombre, Argimiro de vidrio colgada al lado del cuco, un pellejo
a primera vista», se dice Ilona, bebiendo de una risotada sincera y basta. Rengifo, y da fe de su obra y milagros, doc- que se convertirá en una alfombra o un fel-
nuevo. Junto a la máquina, dos niñas vestidas —¿Eso es lo que te enseñaron las monjas? tor en Ciencias de la Música por el Deaf Band pudo, y las pezuñas en el original perchero
con el uniforme del colegio, gordas como lu- —pregunta, mientras se dirige hacia la cafe- College de Carolina del Norte y coordinador de una barbería; el costillar, el corazón y el
chadoras de sumo enanas, juegan con gesto tera. del Diccionario de la música negro-folclórica de lomo, que un Argimiro cualquiera va pesan-
vacuno al móvil de su madre, que echa una —Tú no saber qué monja enseñar a mí. los EE.UU. del Sur (Móstoles: Fundación Gran do en la balanza con las manos manchadas
moneda, y otra, y otra. —¡Qué monja!, ¡qué monja! —Y, santiguán- Festival de la OTI, 1996-1998). El Dr. Rengi- de sangre: a tanto la posesión de drogas y los
Entran y salen el cartero, el barrendero, dose, añade con zumba—: ¡Cagonlaba!, ¿no fo es uno de esos especímenes cada vez más meses de cárcel, a tanto el cuarto y mitad de
guardiaciviles, pintores de brocha gorda que será alguna sor… Domuda?, ¡ja, ja, ja! escasos en nuestros claustros mediterráneos jarrete y la muerte por cirrosis a los cuarenta
empujan el bocadillo de tortilla de patata con Se oye a alguien hablando por teléfono a la de ca-tedrático enamorado de sí mismo (Stul- y pocos, enganchada, sin un pavo, y con un
una caña o un tubo, un cuarteto de moros al- manera engolada de una máquina expende- terrimus Rex). Se saca la pipa de la boca, que policía custodiando el cuarto. «Farewell, Lady.
rededor de una mesa que se miran entre ellos dora, «su tabac… ¡jjj!, graciasss». «Sí, no, mire. le colgaba como un besugo al microondas, y See you far away». Despidiéndose a capela sin
y no dicen ni Mahoma. Un anciano sentando No le voy a engañar… Sí, claro que sí. Lo pri- comienza a impartir una clase magistral so- más compañía que la de Míster, su bóxer. Su
entre cajas de Coca-Cola® junto a un radia- mero, le voy a ser sincero… No, claro que no». bre Billie Holiday, centrándose no tanto en la insobornable amigo.
dor, que mira por la ventana con la cabeza En la barra, una mosca de espalda metálica, manera tan cautivadora que tenía de cantar Tampoco la vida de Ilona ha sido nunca
apoyada en la mano, parpadea somnoliento, color pipermín, se pasea dando bandazos (con aquella voz suya, ronroneante y lángui- sencilla. Su madre emigró a Italia en busca
da la impresión de que vaya a dormirse, pero como un jubilado por un bufet libre de Be- da, que desmenuzaba la canción a su antojo, de trabajo cuando ella tenía tres años, con
se limpia los ojos con un pañuelo de tela, se nidorm, chupando aquí y deteniéndose allá dándole la vuelta como a un calcetín), como la promesa de que mandaría a buscarla en
suena, se encaja la gorra de PortAventura has- entre servilletas arrugadas y tazas marcadas en las miserias a las que tuvo que hacer fren- cuanto se hubiera instalado; promesa que,
ta las orejas y sigue mirando, como esperan- con pintalabios, migas, trozos de patatas fri- te durante su vida. Su madre tenía trece años de plan cierto, casi inmediato, fue volvién-
do a que alguien de su familia se dé cuenta de tas, cercos más o menos secos de café, pega- cuando ella nació; su padre, un jazzman de dose más difusa a medida que se trasladaba
que se han dejado al abuelo en la gasolinera josos de azúcar. Ilona la sigue en silencio; la quince, no tardó mucho en abandonarlas, y de Bari a Foggia y de aquí a Frosinone, y las
y vuelva a buscarlo; aunque, por el momento, ve aproximarse a su mano, hasta que una voz Eleanora Fagan Gough, que así es como se llamadas se iban espaciando. Su abuelo era
no asome nadie. que reconocería entre un millar la saca de su llamaba, acabó criándose entre la calle y los un simple pastor de los montes dálmatas. Por
—¡Remi…! Otro —pide, dejando el botellín ensimismamiento. En la tele Billie Holiday, la correccionales católicos de Filadelfia. De Pascua de Resurrección la bajó a Dubrovnik,
en la barra. gran Lady Day, abre su pecho rebelde ante el niña hacía las camas, fregaba y limpiaba los donde se quedó a cargo de una tía soltero-
Ilona tiene la voz áspera y los ojos salto- frío bisturí del micrófono; con la voz rasposa retretes del burdel donde trabajaba su ma- na, prima de su madre, que trabajaba en una
nes, de un azul verdemar intenso. Puede que por la ginebra y el vodka se confiesa culpable dre, mientras canturreaba las canciones de librería de viejo. Ilona no conocería a otra
sea rusa o polaca, o, quién sabe, quizá finlan- de haber vivido. Le canta al amor como solo Bessie Smith o Ma Rainey, las grandes divas madre que la tía Maggie, nerviosa, delgada
desa. Nadie se lo ha preguntado hasta ahora. ella lo entendía, romántico en ocasiones, en del blues que sonaban una y otra vez en el como un huso, con el pelo rizado lleno de
Lleva los párpados pintados con raya gruesa, ocasiones violento, pero amor siempre, al fin gramófono. Con diez años, Mr. Dick, un veci- horquillas con forma de urraca. Vestía cafta-
estilo Amy Winehouse, y un piercing de bisu- y al cabo: no de cuarenta, la violó la noche de Navidad. nes vaporosos que compraba en los mercadi-
tería en el tabique. Antes de coger la cerveza Love for sale, El Dr. Rengifo suspira, pasándose la lengua llos al aire libre (y que, indefectiblemente, le
se remanga. Está acostumbrada al frío, a los appetising young love for sale. por los labios. Desmenuza los entresijos de la venían holgados) y ponía un disco de jazz tras
agujeros en los calcetines, empapados en un Love that’s fresh and still unspoiled. biografía de la cantante con el oficio de un otro. A veces, al caer la tarde, si había barri-
charco, y a pasear por los arcenes a la luz de Love that’s only slightly soiled. matarife. Por aquí el solomillo, por allá las do el suelo de madera crujiente y pasado el
los faros; a las manos que se le pegan a la piel vísceras y la paletilla. Lo que antes era un plumero por los estantes, si las cuentas cua-
como el velcro y las lenguas gordas, gordas, Al hilo de la melodía, aparece un fula- ser vivo (un ciervo, pongamos por caso, con draban y los libros estaban en orden, si fue-
blandas como babosas, que saben a cerveza no con cara de Jean-Paul Sartre camuflado una cornamenta exuberante, un animal or- ra llovía o aullaba la tramontana, y dentro
o a porro o (¡puaj!) a cigarrillo electrónico. tras unas gafas grandes no, talla máscara gulloso, de paso tranquilo, que se detiene en abrigaba la estufa, la tía Maggie, quitándose

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las sandalias, se sentaba en la mecedora, en lobo. Sranje!, ¿cómo se dice? Siempre se hace que se mete el dinero torpemente en el bol- cerveza.
un rincón de la tienda, y, frotando los pies un lío con las frases hechas. Levanta la mano, sillo —«Adiós», gruñe— y corre tras ella, to- La puerta se cierra a su espalda. Colgado
con el agradable roce de la alfombra, leía en de la que cuelga un McQueen que le compró pándose con un ecuatoriano al que tiene que del techo, se oye el chasquido del matamos-
voz alta pasajes de algún volumen descaba- a un mantero por 10 €, y contesta: ceder el paso porque ya se ha lanzado es- cas eléctrico.
lado sobre juglares medievales o piratas del —¿No ver? Llevo cesta abuelita. caleras abajo con una carretilla más grande
Adriático, ermitaños que vivían en lo más El bolso, muy sobado, es pequeño, de po- que él, cargada con barriles de 50 litros de
alto de la más alta montaña y patriarcas que, liéster, con un cierre en forma de nudillera. El
Dios mediante, ardían en lo más profundo comercial termina de escribir. Saca un billete
del infierno, remedando las maneras de un de veinte y le dice a Remigio que se cobre. Sí,
lobo de mar en una taberna o los pomposos todo. Lo suyo (un cacaolat, un cruasán) y lo
soliloquios de magistros y catapanes en la cor- de ella, que, en silencio, vuelve a darle la es-
te del emperador del Trebisonda. Cerraba el palda. El fill d’en Llopis se acerca un poco al
libro al segundo bostezo y lo dejaba junto al taburete, casi rozándole la pierna, y añade en Domingo Alberto Martínez (Zaragoza, España, 1977). Filólogo de formación y apa-
vasito de šljivovica, un aguardiente casero con tono de confidencia: sionado de la palabra escrita. Es autor de dos novelas: Las ruinas blancas (premio «Santa Isabel
sabor a ciruelas; se encendía un cigarrillo y, —¿Cuánto…?, ¡ejem! de Aragón, reina de Portugal», convocado por la Diputación de Zaragoza) y Trovas de fierro
meciéndose lentamente, contemplaba el cie- —¿Por? —La chica apura el botellín. (premio «Alfonso Sancho Sáez» del Ayuntamiento de Jaén). Colaborador habitual de revistas
lorraso pintado de azul, las molduras de es- Ilona huele a cuero, a humedad y musgo. digitales y páginas web de literatura (Wall Street International, Visor, The Barcelona Review o Pro-
cayola, blancas como la espuma de las olas El comercial duda un instante. yecto Sherezade, entre otras), sus relatos, premiados en más de sesenta certámenes literarios, es-
al romper en la orilla. Pensaba en los barcos —P-por lo de qué orejas más grandes tie- tán recogidos en las antologías Un ciervo en la carretera, actualmente en librerías y finalista del
que se pierden en la niebla, en los marineros nes, y qué boca… Todo eso, ¿no? Premio Setenil 2020, y El pan nuestro de cada día, de próxima aparición. En estos momentos tra-
que persiguen a las sirenas hasta los arrecifes «Capullo», piensa ella. Levanta dos dedos baja en una nueva antología de relatos breves, Palos de ciego, y en la novela corta Campo Franco.
de duro granito; y soñaba con Jona, el padre en forma de uve.
de Ilona, de quien había estado enamorada. —Quince…
—¿Dónde vas, Caperucita? —Quince, chupar solo.
Ilona, sentada al borde del taburete, se —Vale.
gira y descubre al tipo que estaba hablando —¿Dónde?
por el móvil como por la megafonía del Día: —Tengo el coche…, un KIA. Ahí detrás. Un
«Señoíta Chochesss, orfaóóó… cajjj trsss». Picanto negro.
Apoyado en la barra con el codo, un treinta- Remigio le trae los cambios.
ñero con aspecto de anuncio de desodorante, —Remi, hasta luego.
auriculares inalámbricos, la barba perfilada —Cuídate, guapa.
y el pelo peinado a raya, brillante de gomina, Ilona se encoge de hombros. Saca un ciga-
la mira y sonríe como si le hubieran clavado rrillo y se lo pone en los labios. Se dirige ha-
las comisuras con alfileres a las orejas, mien- cia la puerta con paso decidido, subiéndose
tras escribe a toda prisa con los pulgares en la cremallera de la sudadera. El reportaje se
la pantallita del iPhone. Corbata, vaqueros y, está acabando. Aparecen los títulos de crédi-
en el pecho del chaleco acolchado, el logoti- to y vuelve a oírse la misma melodía: «If you
po de la empresa para la que trabaja: Llopis want to buy my wares –canta Billie Holiday con
i Fills S. L., una firma catalana de seguros, voz desafiante–, follow me and climb the stairs».
reaseguros y otras zarandajas. Ilona lo mira Fuera ha empezado a chispear. Ilona se pone
de arriba abajo. Le hace pensar en un lobo el gorro y, encendiéndose el cigarrillo, sale
vestido de oreja… No, en una oreja vestida de a la calle sin mirar atrás, hacia el comercial

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