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Una conclusión mundana

Víctor Manuel Niño

Víctor Manuel Niño Rangel


Bucaramanga, 1961
Una conclusión mundana (2016)
Derechos reservados.

Índice

1-Una conclusión mundana


2-Sentimientos de orina
3-Biografía de Manuel Zapata Olivella (1920-2004).
4-Chela
5-El ensueño del Eunuco (Óleo de Jean-Jules-Antoine,1874)
6-La peluca
7-El muchacho inconsciente
8- esposas
9-Tormenta de agosto
10-Pepe el comunero
11-Cuchillos Verdes
12-El hombre que planchaba sus billetes
13-Alunados
14-Espeja
15-Tengo la edad de la Barbie
16-SOLÍA ESCRIBIR CON su dedo grande en el aire
17-Las chicas de avanzada
18-Ha llegado el momento de partir
19-El macho
20- Ninio, el lagarto
21-PRESO DE LA MOLICIE
22-Burbujas de amor
23-Lluvia de reproche
24-La semilla
25-Descubriendo el romero
26-El deseo
27-Matrimonio canino
28-Estimados operarios
29-El Hijo de Ruth
30-El roto del humo
31- Mambrú
32- LAS CARTAS, OCTUBRE 5/96…
33- Atahuapa Yupanqui
34-Los poetas de Juan Gelman
35-LA PINTURA
36- Francisco Urondo
37- Cajero menor
38-Arrodillado en misa
39-Mi epitafio
40- Las gallinas
41-La abandonada
42-La misteriosa aparición de los libros
43-El chivas

Una conclusión mundana

Celebró el gol como solía hacerlo, tranquilo; a veces gozaba con el pasito tun-tun para
dejar constancia de su alegría. Les dijo a sus coequiperos que se apartaran antes de que
se les echaran encima, luego exhibió el pañuelo blanco a los fotógrafos donde había
escrito con tinta roja de bolígrafo: “Te voy a hacer colgar los botines, dictador”. Esa
escena voló como los cohetes y truenos artificiales que lanzaban en el carnaval de su
ciudad; después, Federico dijo contra todos que se refería al jugador Nino, quien lo
apodaban el dictador, pues dicha frase tenía el sentido de superarlo en número de goles.
Pero algunos sabían que no era así. La prensa internacional se refirió al caso diciendo
que era un efecto de la guerra que padecía su país, el periódico nacional relató la reciente
ruptura sentimental del jugador con su mujer.
Estaba consciente que ese anuncio amenazante lo había hecho llegar a una conclusión
que lo cambiaría de verdad ¿Esa amenaza en pocas horas lo había hecho deducir una
conclusión blasfema que dejaría vacía su vida? ¿Era una blasfemia que la tendría bien
callada hasta que llegara la hora de anunciarla? ¿Pero era una blasfemia esa conclusión?

Además se dijo que no se arrepentía por haber mostrado su resentimiento al público


cuando sabía que medio mundo vio un vídeo publicado en internet en donde la madre de
sus hijos de la que estaba separado era consentida en secreto por un dictador de almas,
su objetivo del mensaje.

Del que todo lo puede no se puede sacar quietud para resistir la humillación de la
infidelidad, reflexionó, y la voluntad que le daría el todo poderoso para no tomar una mala
determinación no la sentía; volvió a saber que esas ideas se las dictaba su reciente
conclusión que ahora determinó que no era blasfema sino mundana, según había leído, y
en la que creía como saber que le decían el increíble goleador.

Estaba decidido a cumplir lo anunciado, él seguía queriendo a su mujer.


II

El pavimento derretía las chancletas, el peso sostenido en su hombro y que el brazo de la


voluntad no soltaba lo hizo caer, provocando la caída del monumento…
¡A vaina Pelaooo, tu no aguantas naaa, soltaste uno de los lados del monumento¡

Federico había escuchado hablar a un predicador que reprochaba el desorden en que


había caído la ciudad… ¡Esa voz fue el empujón de mi anuncio amenazante! Se dijo.
Federico se levantó, escondió el dolor de la caída, encaró al predicador al verlo acercarse;
él le dijo que abandonara un mundo sin la presencia del que dio la vida para rediii … No
había dicho las últimas vocales cuando el futbolista le dio una patada; el griterío se
generalizó, su compadre lo sujetó fuerte, lo llevó a la casa de la madre mientras decía que
había ensayado para dar el golpe final al destinatario de su mensaje público, el predicador
de los atolondrados donde asistía su mujer.
¡Compaaa Federico… Lo del vídeo es una tramoya, le dijo el compadre para consolarlo,
tu mujer no es esa que aparece ahí. Te lo suplico por Dios, le dijo la madre, cada año
vienes al carnaval a celebrar contento las fiestas de la virgen, que la dejan atr ás por llevar
en procesión a un carnaval, y esta vez te vuelves un “pateperro".
Federico se alejó hacia la playa mientras la madre le decía que jugara el partido de su
vida y que tuviera piedad de sus hijos, pero él se acordaba de las copas que había
ganado, que tendría que votar a la basura. Rumiaba lo que su mujer le había dicho:
“tienes que venir a la casa del que todo lo puede y salir del mundo si quieres
recuperarme”. Estaba decidido a cumplir el destino de su mensaje público, y
conociéndose así mismo sabía que no había desánimo que lo detuviera, que era cuestión
de arranque, pero un miedo que empezó a sentir no lo hacía tambalear. Si el más grande
tiene una casa particular y tiene el mundo, mi conclusión mundana, que me la tendré bien
callada, ni va ni viene en cuanto a cumplir mi palabra, y se metió entre las olas picadas.
El compadre le estaba diciendo que nadie había hablado del tal vídeo, que no daban
crédito, que si se lamentaban del hijo famoso de la ciudad, el increíble goleador, era por la
ruptura de matrimonio con la que había sido su mujer por mucho tiempo. Retumbaban
esas palabras en su cabeza generándole un mal presentimiento; él carnaval aun no
finalizaba, arrancó a todo acelerador a buscarla, dejando atrás las hermosas candidatas
de las que siempre disfrutaba en la elección de la reina de la ciudad.

Horas después que su mujer, asombrada vio en internet el vídeo, lo telefoneó, lo encaró,
le dijo que no era ella, que él debía aceptar su esencia personal para mejorar; así las
cosas era una perdida de tiempo tratar de reconciliarse. Federico creyó que el dictador de
almas deseaba que ella no saliera de allí. Kary volvió a llamarlo, le dijo haciendo suyo el
mensaje de su mentor que no negara su esencia, que si cambiaba no era como ponerse y
quitarse una camisa…

¿Lo crees compadre? Fue el mismo argumento que utilizó el leguleyo para decirle que
sólo en la Casa del predicador ocurre la transformación, no el simple cambio. El compadre
se adelantó para insistirle en que él le ayudaría en la decisión que tomase… Kary había
dicho alguna vez que su esposo el futbolista no era capaz de insultar ni a una mosca. Por
un momento se quedaron en silencio, el automóvil rodaba veloz en la oscuridad. Escucha
y dime le dijo Federico ¿Será que el mundo tiene que ser una Casa para superar el
instinto primario del humano? ¿Y si todo el mundo fuera una casa, él no seguiría visitando
a mi mujer? ¡Ni siquiera yo, que he asistido todos los domingos a misa soy capaz de
perdonar…!
¿Borrar o no borrar? ¿es mi elección compadre? ¿Mi conciencia me dice algo…? ¿Pero
mi conciencia es capaz de detenerme? No, pero el remordimiento posterior es la
respuesta, se atrevió a decir el compadre, contradiciendo su promesa de ayudarlo en su
decisión.
Por tercera vez el futbolista se dijo que la conclusión mundana a la que había llegado
sería su derrotero de vida.

Llegado el momento, entró decidido a la reunión en la que no vio a su mujer; un hombre


dirigía la palabra y el jugador de fútbol fue prudente… ¿Será aquel…? ¡Averígualo
compadre! La gente ensimismada no escuchó el grito del impertinente hombre.
Compadre, le repito que después que se comete un delito de esa atrocidad la persona
queda destruida moralmente. El futbolista sonrió, ni siquiera recordaba a sus hijos y a su
madre en esos momentos. El compadre, le dijo algo a su oído. Federico nervioso salió a
la calle un momento, al ver un hombre ir en bicicleta volvió a la realidad.

Entró de nuevo a la casa, el compadre estaba nervioso; subió la grada donde el hombre
predicaba, lo miró con fijeza; el público estaba expectante. Por primera vez haré pública,
le dijo, y a su oído, una conclusión mundana a la que he llegado teniendo en cuenta su
canallada, y que renueva mi anuncio amenazante contra su dictadura: “¡El ser que está
en todas partes ha muerto…!”

El predicador lo miró asombrado, luego el futbolista salió abrazado de su compadre como


si estuviera borracho.

Sentimientos de orina
En un tiempo las salas de cine de esta ciudad daban la impresión de decadencia, de
repente con la aparición de los modernos centros comerciales resurgieron… Para mi era
tarde, esas películas tenían una marca que me había borrado el humilde cine que veía en
la conservada casona colonial de la alcaldía, programado por Grace que siempre decía
con un término post-moderno que al cine de masa lo había alienado tanta sangre, y
asistía junto a ella cada viernes cuando el color naranja cubría la tarde, atento a que no se
me escapara un bostezo pensando que me causaría vergüenza. Pasaban los minutos en
la chaqueta del protagonista, Grace me hacía ver como actuaba el sujeto, como había
llegado a envolver a la mujer en su obsesión… ¿Extrañas las estrategias en el que el
protagonista trata de engañar a tiros…? Me preguntaba Grace, refiriéndose a mi afición al
cine comercial… Trataba de entenderla, más el reflejo de la luz de la pantalla en su rostro
me tenía embobado, nunca había visto en toda mi vida un rostro más bello, una mujer tan
agraciada, tan accesible. Terminaba la película y me sentía el hombre de menos recursos
pues todo lo que se me ocurría para ofrecerle me parecía más que poco, miserable. Hasta
sentía que por las mangas de mi pantalón resbalaba un líquido tibio… De esa tortura me
sacaba el mismo alcalde que llegaba junto a ella y la tomaba del brazo invitándola a
cenar. Ella, con una serenidad que jamás había percibido en otra mujer, le sonreía al
joven y él con mucho tacto soltaba su brazo, entonces decía que yo me había adelantado
en la invitación. El alcalde, jugando con las llaves de su automóvil en las manos se
despedía con dulzura, yo empezaba a sufrir otra vez… Gracias que a Grace le gustaba
beberse un té cerca de allí y caminando me dijo que suponía que yo no tendría ningún
otro compromiso, por eso se había atrevido a decirle al joven que yo la había invitado. No
le dije nada, mientras describía lo que veía a su alrededor comentaba que si bien en las
películas de las acaudaladas salas de cine aparecían escenas de la realidad, no las
relacionaban sino con ráfagas de sensaciones… Yo miraba en lo profundo de sus ojos
una sencillez que podría atrofiarse si lograba conquistarla el alcalde, me descubrí
armando un drama con las escenas del film que había acabado de ver, cortado a veces
por la voz de Grace y la vergüenza que sentí cuando al pasar cerca de un museo un
indigente hacía sus funciones… Le timbró el celular y nos detuvimos en un recodo del
parque justo antes de llegar al café bar… Creí entender que hablaba con el alcalde… En
el film la sofisticada Grace flechó a un aristócrata que le pidió fotografiarse con él, y luego
le mostró los jardines de su mansión; el aristócrata estaba encantado con la turista venida
del otro lado del atlántico, lo conmovía la imperturbable independencia que veía en ella, la
terrible ostentación de su belleza. Al fin entramos al café y me atreví a pedir un coctel con
ron, en cambio ella se bebió su sencillo té. Por aclarar las caóticas asociaciones que se
venían a la cabeza, le dije que Grace había hecho lo correcto en abandonar su notable
carrera artística que había luchado contra la oposición de sus progenitores, por aceptarle
al príncipe sus requerimientos de amor, y puse un puntico al decirle que si bien estaba
casi en la cumbre de un Hollywood que se tomaba al mundo, con el príncipe ganaba un
reino. Ella abrió sus labios para esbozar unas palabras cuando de nuevo le timbró el
celular, esta vez no se apartó sino se concentró en mi cara, en mis ojos mientras hablaba;
estuve seguro que era el alcalde, sentí el calor por mi cara, me llegó la imagen de mi
humilde de trabajo del que creía no se me notaba en mi aptitud por haber cambiado
gustos vulgares por culturales. Ella sonreía y era por algo que había dicho el pretendiente.
Pensé que el amor de Grace por el cine arte, por la cultura contra la monotonía reinante
era un bien que podríamos disfrutar muchos, y pensaba también como los gustos y los
sentimientos de una persona son tan efímeros como la edad. Al fin Grace miró su reloj y
le dijo al mesero que le llamara un taxi. Volví a pensar que lo que me había dicho Grace
viendo la película le deparaba a ella, el alcalde estaba tratando de envolverla en su
obsesión. Tuve ganas de telefonearla antes de que dieran las diez, al fin me decid í y me
contestó un poco cortante, me dijo que no le parecía correcto que Grace hubiera
abandonado lo que más quería en el mundo por un amor fantástico.
Al viernes siguiente, de nuevo el color naranja cobijaba la tarde, me dirig í a la casona
colonial, al llegar vi un letrero en la puerta que se había cancelado la proyección de la
película. Pensé miles de cosas, me abofeteé por no haber telefoneado a Grace debido a
que pensé que no le había gustado que la hubiera telefoneado el viernes pasado a las
diez. Me decidí a entrar a una sala de cine de un mega mall, estaban estrenando por
primera vez una película en 3D, entré casi sin entusiasmo, las sala estaba repleta pero
había una cara que se ponía de relieve ante todos, Grace estaba con el alcalde, cuando
me senté en la silla que me indicaba el linterna estuve seguro que ella me vio, me sonó el
celular y era ella, de nuevo sentí resbalar por mis piernas el líquido tibio, no pude menos
que pensar que mis sentimientos eran de orina, mientras el linterna me decía que pronto
empezaría la película.
Biografía de Manuel Zapata Olivella
(1920-2004).

No te preocupes por la cabeza, que la tienes bien puesta le dijo el profesor de qu ímica…
Lo que tu tienes es afán de ser... ¡Sea, hijo mío!
Manuel Zapata Olivella

Supe de Maño, como le decía con cariño su padre, por su amigo José Luis, veintiséis
años menor. Leí algunos de sus cuentos, y con el tiempo viendo un documental en
televisión presencié con asombro una ceremonia en la que esparcían sus cenizas en el
río Sinú; río que trasladaría su esencia, como lo había querido él,hasta el arco antillano
siguiendo hacia las aguas de sus orígenes.
No pude dejar de pensar en lo que leí un madrugada de la pluma de José Luis. También
en un amanecer, Manuel habría de recordar que su madre le refirió que lo primero que el
bebé vio al nacer no fue la luz sino el agua, por la humedad y las goteras que se
formaban desde el techo de la casa… ¿fue un claro signo de mi destino de agua? Pensó
Manuel. Era reciente su deserción en su carrera de medicina por seguir el curso del agua.
Lo dijo de esa manera pues en una bifurcación que le deparaba las montañas y el infinito
de las costas, entonces siguió estas sin parar, las siguió sintiendo su corazón, sus
palpitaciones que le retumbaban en el oído, sin descanso pasando por el centro y el norte
de América, luego las Europas, siempre bajo el rumor del intenso océano, hasta que se
volvió a encontrar consigo mismo y sopesó las palabras de su profesor al abandonar
medicina… ¡Afán de ser ¡Sea hijo mío! No pudo evitar bajar la cabeza y cerrar los ojos
como cuando disertaba de las más sentidas materias frente a un público absorto. La
imagen de su padre se le presentó clara, con sus palabras vestidas de una bella astucia
que lo encaminaban a ser un hombre de provecho en la vida, a ser un hombre que tuviera
un destino digno. Su padre ya había sido enterado por él de su amor por el arte y la
antropología, entonces un día inesperado le dio la noticia: - ¡Maño, te saliste con la tuya,
vas a poder estudiar al más inquietante y astuto de los seres vivientes! Manuel lloró al
recordarlo, sus lágrimas eran copiosas. Lo habían inscrito en la carrera de medicina de la
universidad nacional. Habría que detenerse, las palabras de su profesor de química lo
obligaban a detenerse; si bien su destino era de agua, le faltaba algo, encontrarse a si
mismo en ese destino. Esa ansía de aventuras ya tenía un porqué, el viajero que viajaba
sin razón ni propósito siguiendo el dictado del poeta Los verdaderos viajeros son los que
parten por partir, había quedado atrás. En sus viajes había sentido, había hecho
conciencia de la fuerza y la extrañeza de los que llamaban negros. En Nueva York vio
desfilar a los personajes más encopetados entrando al concierto de la soprano negra
Mariam Anderson, mientras desfilaba por su imaginación los suburbios de Cartagena, los
caseríos del Chocó y el Pacífico, los indígenas y obreros de Centroamérica, desfilaron por
su mente como si le estuvieran diciendo no nos olvides. Estaba llamado a ser su
presencia, a ser su mentor, su cultura, el cause de su diáspora, de su agua diseminada
por el mundo; estaba llamado a navegar por el océano de sus orígenes. Entonces se
detuvo, explayó un sonrisa que mostró unos dientes perfectos, que movió unas cejas
espesas. José Luis retrató a Manuel como un hombre ¨macizo, alegre, bullicioso por
naturaleza y a propósito. Culto, amable, cuando diserta sobre algún tema específico gusta
abarcarlo, desbordarlo, agotarlo. Para ello se arma de una capacidad inusitada de
concentración y por lo general ---algo insólito---, puede hablar durante largo tiempo con
los ojos completamente cerrados bajo las espesas cejas y vocalizando cada palabra con
firmeza…¨
Manuel, esperó, estaba en Dakar, a orillas del Senegal, vislumbrando su río Sinú, el cielo
vertía un amanecer hermoso, entonces se decidió a visitar al Presidente que también era
poeta; le pidió permiso para pasar una noche en una Isla que albergaba una cueva en la
que estaban enterrados los remotos antepasados. ¨…Se desnudó entre las sombras de
aquella caverna mítica en íntima comunión con sus ancestros, quienes le revelaron a
través del sueño, el hilo conductor de su epopeya¨. Cuando al amanecer Manuel
abandonó la legendaria gruta, fue como si hubiera vuelto a nacer. José Luis conjetura,
que Manuel se encontró como se encontró Tadeo Isidoro con el destino de Martín Fierro.
Manuel podía ser consciente de las palabras de su profesor; sabía para siempre quien
era. Su vida ya era un sólo momento, la vida de Manuel tenía un destino consciente.
II
Antes de que muriera Manuel, y antes de que hubiera visto el documental en que
esparcían sus cenizas al Sinú, por casualidad leí el artículo de un periodista en el que
comprobé lo dicho por José Luis, Manuel era uno con la diáspora de sus orígenes. Estaba
en un hotel en Bogotá y el periodista lo entrevistaría sobre sus obras de literatura. Manuel
le dijo que era uno con su obra literaria, que podrían empezar hablando de Haití. El
periodista extrañado le insinuó que no venía a hablar de un país en concreto, él le
contestó que su más sentida obra era hablar de Haití, que hablarían de Haití.
El periodista terminó su artículo diciendo: ¨ Al maestro lo había conocido hace cinco
años… Llevaba una chaqueta negra de motociclista y un afro enorme de patriarca,
frondoso y blanco como la nieve. Hablaba con los ojos casi cerrados y parecía que
masticaba las palabras.¨

Chela
Me levanto, preparo el café, le grito a mi marido para que se levante, le pongo pan en la
mesa… Desayuna rápido y sale.
Van a dar las siete, la puerta del baño está cerrada, maldita sea esa estúpida vieja,
todavía ni tendrá quien la taladre, a toda hora ese caño ocupado. Me acuesto otro rato;
me despierta el barrigón que grita como una loca. Ahora si que tengo ganas de orinar y
hasta de cagar… Dejo que grite esa basura y entro al baño; maldita sea no tengo papel
higiénico;me limpio el culo con los calzones y luego los lavo. Ya esta hora se habrán ido
los otros inquilinos queda en casa solo esa vieja demente que me arrendó la pieza, y con
su barrigona llorona. Llevo al barrigón a la cocina para darle el tetero. lo pongo encima de
la mesa mientras traigo la leche…

Como esa señora puede dejar a su niño encima de la mesa, ahora llora asustado y puede
rodar hasta caerse.
Buenos días señora, como amaneció. Muy bien gracias… ¿ Como siguió del brazo?
(¿Esta mujer no se dará cuenta que el niño se puede caer de la mesa‽ ) Mejor después
del rayonazo que me hizo mi marido con el cuchillo y este barrigón gritaba como loco. Si,
mi niñita me miraba con terror al ver eso… Bueno señora, adios…

Vuelvo por la tarde y veo al niño encima del refrigerador, parece contento, lo tomo rápido
en los brazos y lo mimo. Pasaron cinco minutos cuando la señora llegó, fresca como una
lechuga. Hola señora, denme el barrigón que le voy a dar el tetero; estos buches joden
como locos.

Se acerca diciembre y no llovió en todo el año, este veinticuatro si me emborracho hasta


vomitar sangre y mando al barrigón con la vieja Torta; este año me queme hasta el culo
en el puesto ambulante, no dejó de quemar el sol un solo minuto y a media noche toda
quemada este marica llegaba a votárseme encima trabado de pegante; es qu el hijueputa
no sabe hacer más; pegar zapatos para que le den unos cuantos pesos; es que en esta
malparida ciudad el que no es zapatero es albañil… vida hijueputa, de que sirve vivir en
un ciudad llena d edificios y con trenes aéreos.

El ensueño del Eunuco


Óleo de Jean-Jules-Antoine,1874)
I
Con los ojos de Connie he reído del ensueño del Eunuco. Burla impertinente e infame
negada a ella.
Ofuscada, sarcástica del macho lo busco, y viendo a la ausente Megan F. a los ojos le
diría de esos “residuos masculinos” bullendo en mis entrañas

Se me vuelve un espejo el óleo, atrae rumores e impone recato a las mujeres que van del
brazo de los señores. Ríete Connie y libera tu vientre, hazlo tuyo y mío. Búrlate del
Eunuco de fría barba dejando esparcir en el aire lo que queda de su extinta testosterona.
Saluda el casual encuentro del museo, lo que perdió lo ensueña el afeminado…
Y yo ensueño, Connie, a tu musculoso hombre que ya no masacra los árboles con su
hacha solitaria, sino masacra tu pudor con su lascivia de brazos amantes, mientras te
espera en casa tu eunuco imperturbable y culto.
Muestra los blancos dientes de mi doblez, sabrás nunca quien soy. La mujer más
pudorosa se imagina prostituta sin despertar siquiera la sospecha de su marido. Connie
nunca sabrás que Eva L, la esposa desesperada, confesó delatando al micrófono, que
ángeles de lujuria la visitaban cuando en las nubes de su mente vendía su cuerpo, luego
insatisfecha jugaba con un conejito que vibraba figurando la potencia viril, un conejito al
que besaba con frenesí y con ternura.
Imbecilidad todo lo dicho, Connie solamente tu querías ser mujer, sentir que el vuelo
espiritual de dos escapa de los brazos del Eunuco que te ceñía.

II
El Eunuco ensueña lo que alguna vez codició y perdió al encontrarlo pues su sacrificio fue
su lujuria al llegar a ellas. Connie, serás Lady Chatterley, serás la señora de un destino
sensual, cruel, y yo seré fugaz, etérea, como una mujer de las del ensueño del hombre
frio, yo seré una más del montón apretujado del siglo veintiuno, que aún tiembla al reirse
del macho frio que ignora cruelmente que vuelo, que deseo volar, el vuelo espiritual de
dos que escapa a los brazos del amante de su propia imagen.
Aspiro un poco de humo del cigarillo de hierba soñadora, me rio, me rio de su atrofia, de
su brutalidad, de su espejo donde se mira cuando estamos entrelazados en su abrazo
despótico, que no sabrá nunca que busco a quien sepa arrevatarme a ese vuelo cósmico
de mi cuerpo, de mis labios arrebatados.
Connie se escapa una y otra vez del mundo mental de su casa en Wragby para unirse
físicamente al guardabosques Mellors.Los dos primeros encuentros no son
satisfactorios,la actividad y el orgasmo son sólo de Mellors,Connie no consigue ningún
placer sino que es totalmente pasiva.Sin embargo,en el tercer encuentro,dentro de la
cabaña.los protagonistas llegan a un orgasmo simultáneo,desapareciendo la antigua
Connie para dejar paso a una mujer diferente.
Ambos an conseguido la conexión,la consciencia de sus cuerpos y con ello "la ternura".
la historia de amor entre Connie y Mellors sino una lucha de clases entre los obreros que
trabajan duramente la mina y sus jefes,entre lso criados y la clase aristocrática ,la lucha
entre lo intelectual y aburrido representado por Clifford y lo salvaje y natural representado
por Mellors.No perderos los consejos y la conversación del padre de Connie con el
Guardabosques,entre otras cosas se alegra de que el hombre haya disfrutado haciendo el
amor con su hija "eso quiere decir que viene de buena cepa"no se enfada por la diferencia
de clases entre ambos.

La peluca

La obra Viaje Sentimental de Laurence Sterne , publicada en 1768, en una traducción de


1943 de Alfonso Reyes ( y publicada por la editorial Espasa Calpe, Argentina, en el
mismo año).

En la pagina 68 (la peluca ), Yorick ( el protagonista) pone en duda la calidad de una


peluca que le venderá un peluquero francés, ya que este manifiesta no poder arreglar la
suya. El peluquero Frances utiliza una comparación para defender la calidad de su peluca
: comparación que a Yorick le pareció descabellada : “-? Que no duran ?(los rizos de la
peluca) !hasta metidos en el fondo del mar! –dijo- . A Yorick, le da ocasión para comparar
los caracteres de ambos países, eel como Ingles, piensa que el francés es desmesurado
y que un peluquero ingles hubiera dicho !Hasta metidos en un balde de agua!. Dice
Yorick ; “ !Que diferencia! La que va del tiempo a la eternidad! Esa oportuna reflexión del
protagonista, me recordó las reflexiones de Jorge Luis Borges sobre el espíritu latino ( en
nuestro orbe hispanohablante), donde el tiempo no pasa y todo queda reducido a algo
parecido a la eternidad. Toda la critica que hace Borges al espíritu latino, se ahonda en la
lentitud, que es como la negación de la realidad y con ella la del tiempo y la historia, cosa
que comprobó Rafael Gutierrez Girardot ( Traductor de Borges al Alemán) como su causa
principal en la negación de la realidad que conllevaba la confrontación de la
contrarreforma europea realizada por estos y que dejo impreso un profundo complejo de
inferioridad que se ha traducido en un excesivo tomismo y en todo en una propensión al
dogmatismo ( cosa aun vigente en la actualidad). Yorick, después de una ardua reflexión
sobre este suceso en su Viaje por Francia, culmina diciendo ( mas bien, pensando para si
mismo) : “ De modo que, en realidad, y pensándolo mas despacio, la expresión francesa
promete mas de lo que da”. Confieso que me costaba trabajo entender, que este tipo de
exageraciones en la comparación, se llama Hipérbole en Retórica (ciencia, junto con el
diccionario, muy apreciada por la objetividad hispana), eso me lo hizo saber un amable
señor, que al principio le vi cara de talabartero, luego no me hizo saber que era poeta. Yo
un poco terco, ese día, le dije que lo que yo había dicho, citando un párrafo del
santificado por leninistas Julio Cortazar, no era eso que el decía. Pero señor, dijo, eso es
una “exageración”, con todo el tono amable de que era capaz.. Y aquí caigo
conscientemente en el vicio nuestro de mostrar lo que se eta estrenando, es decir en la
vanidad de la subjetiva persona en lo corrido del texto. Pero bueno, esa hipérboles del
peluquero es fiel a eso: aumenta o disminuye la verdad de lo hablado y pone una barrera
en la cualidad culminado la acción de vender la peluca como cosa mas importante. Pues,
Yorick vivía en pleno siglo de las luces , como el mismo dice, como un príncipe mendigo,
con decir que La mayoría del pueblo no usaban peluca, pues eran muy caras: el
hedonismo o el disfrute era la regla general entre las clases altas y la artificialidad, el
maquillaje , le glamour y la moda marcaban el modelo: me basta citar este párrafo : "

hombres y mujeres tan artificialmente elaborados, alejados de sus apariencias naturales.


Los hombres usaban pelucas, que debían ser rizadas diariamente, sacos y chalecos
satinados de alegres colores adornados con lazos y puntillas, medias de seda, y zapatos
acordonados. Las mujeres lucían enormes pelucas de pelo empolvado y faldas ampliadas
por aros interiores, y eran transportadas por sillas de mano a las fiestas. Estas fiestas,
iluminadas con cientos de candelabros en los salones y gente vestida tan
espectacularmente, deben haber sido espectáculos asombrosos. Hoy en día tenemos
evidencia de toda esta magnificencia en pinturas, interiores de casa con sus muebles y
utensilios de uso doméstico en los museos. La arquitectura de la época, los interiores de
las casas, los estilos Luis XV, Chippendale y Sheraton no han sido nunca igualados hasta
hoy. (J. B. Priestley, "Adventures in English Literature").

El muchacho inconsciente

Odiaba el súper machismo, como lo llamaba yo, de ese muchacho que mostraba sólo
violencia pura. Inútil, inútil odiar, me decía, es perdido gastar energía ante quién le da
igual que lo odien o lo maten; es más, creo que ese muchacho estaba perdido en su yo
puro. No sabrá que es morir, si que es matar. Sobre todo lo odiaba pues estaba
comiéndose un delicioso fruto, la hija de Pana, con la que ya tenía un hijo.
He aprendido que algunos escogen de una manera poco consciente, caminos que han
seguido la gente que más quieren, sobre todo familiares; caminos por peligrosos que
sean. La hija de Pana aceptaría ser la mujer de ese tipo pues su madre seguía en la
prostitución callejera a pesar de tener ya edad de retiro, pensaría que quien mejor que un
des adaptado para unir a su madre y ella. Hubo un tiempo en que quise disimular ese
rencor que dormía en mi corazón, pero después de que Pana me contó que su yerno
asesinó a un joven en una discoteca, sentí una espina en el mango, y mi rencor creció.
Era un rencor que aterrizó en el yerno, después de que fui agredido por una pandilla. Esa
tarde, el joven intentó pedirle prestada a la hija de Pana para bailar, no sé si ante su
negativa hubo un cruce de malos gestos, se gestó un alboroto que dio una muerte
instantánea al otro.  
Tuve la suerte que cuando me enredé con  la madre de Pana, el súper macho había
huido a la costa, y Pana estaba en diligencias para dejar la prostitución. No podía
entender además la naturalidad con que ellas asumían los hechos. Cierto día me hizo
acompañarla a visitar la madre de su yerno. Quedé impresionado no de saber que la
envejecida señora cohabitaba con un tipo mucho menor que ella, sino que un alguien
aceptara vivir con una mujer tan poco atractiva. El otro hijo que mostraba pasar del medio
siglo, vivía con ellos y se dedicaba a llenar la acera de entrada de la casa con cosas
recicladas de la basura. La mama de su yerno había sido prostituta callejera también. Me
hice el distraído y alcancé a escuchar que el hijo había construido un rancho en un recodo
de un lote cercano invadido por destechados, cerca de una playa. Parece que el tipo le
daba igual ver o no ver a su mujer y a su hijo, Toda su violencia la hab ía encausado para
mantener su imagen de intocable; no podía imaginar que esa fuera su táctica de
conquista con una adolescente tan frágil. No alcancé a escuchar que la señora le
preguntara a Pana por mi, veía al hombre que acomodaba con suma paciencia unos
muebles destartalados dentro de un carro de madera con rodamientos de rodillos de
automóvil. Entré al baño y mi estómago se revolcó; estaba en una letrina desaseada. El
marido de la señora se paseaba nervioso por el rancho, quizá imaginando el motivo por el
que no nos fue presentado. Pana tampoco me presentó. Al poco rato nos fuimos sin haber
probado tan siquiera una taza de café. En casa nos esperaba la chica que había
empezado a coser ropa usada en una vieja máquina de pedal. Vimos al llegar en la
fachada el letrero en cartón que decía: Se cose ropa rota. Me dieron ganas de llorar y se
me salió un pedo retardado por un vaso de leche que me había tomado en la mañana.
Pana se rió y me volvió a identificar con un pedorro, pues a menudo se me salían y ella
refutaba diciendo que en lugar de retenerlos los soltaba. Es mejor decir flatulento pens é
yo, pero estaba demasiado perturbado pensando en la chica, tan hermosa, tan morenita.
Pana como adivinando mi pensamiento se adelantó diciendo que el que se metiera con su
hija podía perder la vida.
Comimos e hicimos el amor con el cuidado de no dejar escapar sonidos hacia el otro
cuarto donde la chica cosía. Prendimos el televisor y mientras veíamos la telenovela del
anochecer no pensaba que podía correr peligro con su yerno. Luego ella me preguntaba
por mi madre, por mi vida… Yo reflexionaba para mi; lo del tipo es alienación pura, lo de
ellos también pues todo lo toman con naturalidad. Sonó el timbre de la puerta y al rato
entró el nieto corriendo, pidiendo de comer. Saludó a la abuela y esta sacó de su bolso
una galleta. Me estremecí al pensar que el niño pudiera heredar la violencia de su padre.
Salí del cuarto y espié a la chica sentado en la sala; movía sus piernas al ritmo del pedal,
concentrada tanto en lo que estaba haciendo como si en eso se le fuera la vida. La semi
oscuridad del cuarto reflejaba su rostro tierno, sus grandes ojos negros. Su cabello crespo
y largo me removió profundas fibras eróticas. El timbre del teléfono me hizo correr hacia la
cocina; El niño comía mientras gruesas telarañas negras se mecían en las gruesas vigas
que sostenían el techo. Pana salió corriendo hacia la sala pues la llamada era para ella.
La chica volvió a su quehacer, y yo a poca distancia paraba la oreja. El niño al verme
abrió sus grandes ojos negros y llamó a su abuela a gritos. Ella volteó y fui hacía ella.
Alcancé a escuchar que respondía, creía, a la mama de su yerno, decía que no tenia
porque preocuparse, que su hija era seria, que de todas maneras a su hijo le provocaba
darse una vueltecita por si había moscas sobre la leche.
Volví a pensar, un tipo tan desgraciado y poco simpático debería estar agradecido con la
vida por haberle brindado una mujer bella,que ya era hora que dejara.
Pana me confesó que su yerno estaba en proceso de alejarse de la vida de su hija, me
alegré un poco, pero esa noche no pude dormir, ademas en el cuarto se encerraba el
calor.
Pana siempre adivinándome me decía que yo era presumido e intentaba indagar mi
pasado, ni yo mismo quería reconocerlo… Me envolvió tanto que terminé sabiendo yo
mismo quien había sido mi envejecida madre. Se la presenté, ignore siempre que le
confesó a Pana. Mi madre vivía mal, yo tenía claro que su vida había sido poco más como
la de Pana teniendo hijos. Pasó el tiempo y a Pana no le importo más. Espiaba cada más
a la chica y pensaba que yo pude ser como su escapado marido, ahora lo reconocía y
hasta me llegó un aire de piedad por el tipo. Una noche en la que no había dormido con
Pana, supe que se había emborrachado, pero también supe que el tipo había querido
conocerme, que había llegado para conocerme. Supuse que también se había
emborracho con Pana, alguno de los dos, esa noche, rasgo con suma ira el colch ón
donde dormía con Pana.

Las esposas
Le dije que me había ubicado en la entrada. Ella con su pelo alborotado, sus abultadas
nalgas bailaba, entonces me reprochó que se lo volviera a decir. Además (se burló)
ubicado cerca a los interruptores eléctricos. Vivir en el pueblo de los limones, me dijo.
Aludía a la cama, paredes, teléfono verde, y al uniforme.
El teléfono sonó, mientras contestaba la abracé... ¡Mi teniente voy ya mismo!. Vuelvo
pronto Rori... !Le pondría los grilletes como la vez pasada, para que no se fuera!
 Me besó, me sentí confuso; en un pestañeo  ella me esposó a la ventana. Quedé de
rodillas... !Que pasa, yo soy el policía! Y Rori reía cuando abrí la ventana para verla
alejarse.

Tormenta de agosto

El resto del campo de Ruitoque alto, está ocupado por estaderos campestres donde se
han acreditado los deportes extremos; tal el parapente, el para motor y estratégicas casas
quintas construidas por particulares. Acapulco ( creo que influido por unos nuevos
decretos que obligan a los constructores a estratificar con derecho a la igualdad; si se
construye un estrato seis por ejemplo, deben construir aledaño un estrato tres) se invadió
debido al incumplimiento de ese decreto; el resto de la región baja está ocupada por
terrenos de estricta medida donde pueden construir los que quieran y puedan; de hecho
abundan las casa quintas también, pero cerradas; los vecinos deben también tolerar los
abundantes sapos que se pasean por los alrededores ( y que a mi parecer no son
comestibles como lo teorizaba un señor que también aventuraba recetas).
Las gentes de estos estratos populares tienen un mimetismo con los estratitos pudientes.
Paradójicamente, el nombre Acapulco quiso ponerse a la altura (este queda en la parta
baja de la meseta) de la parte alta.
Por otra parte, la abandonada costumbre de bautizar a los hijos con nombres de origen
anglosajón por los ricos, es practicada con toda naturalidad a nivel popular ( los
acostumbrados dos nombres son combinados; el primer nombre anglosajón, el segundo
latino). La vigente costumbre de los ricos de llamar al festejo del nacimiento de sus
hijos“Baby shower”; un neologismo que copiaron lo estratos medios. Una costumbre
agotada popularmente, consistía en que los fines de año se llenaba de mirones las
amplias rejas del central “club del comercio”, situado precisamente en un parque donde
queda ubicada la catedral de la ”sagrada familia”. Desde los enrejados jardines que daban
a las calles, las amplias ventanas del club dejaban ver las fiestas de gala de estos, que
contrataban orquestas que la publicidad afamaba nacionalmente.
Cuando esperaba el viejo bus para regresar a la ciudad, en la parada frente a la casa del
anciano Guajiro (el curandero del barrio, que es una especie de santero cubano)
escuchaba el grito energúmeno de una joven mujer hacia alguien que se llamaba
Samuelito. Tenía el limón que me había dado mi mujer, para despellejar poco a poco la
piel e ir mordiéndola mientras el bus rodara por el tobogán hacia el área urbana; remedio
-dice ella- eficaz para el mareo. Se dice castizamente -ir royendo o mordiendo la c áscara
del limón-. Había pasado el fin de semana con Ella en la parcela de Acapulco (así llaman
a una casa que está construida en un terreno campestre por pequeño que sea). Parcela
que comparte con sus hermanas; unos años atrás, había vendido parte del terreno a sus
dos hermanas (una viuda y otra separada) por un precio que al pasar de un tiempo se ha
valorizado veinte veces más (la construcción habitacional es la que más nuevos ricos ha
hecho).
El elefante gris de la deforestación de los campos mientras la ampliación urbana de estas
ciudades intermedias avanza, pare la deforestación de las fincas improductivas que las
parcelan para venderlas a los urbanizadores o para casas campestres. Incluso el
exclusivo conjunto campestre Ruitoque se estratificó de una forma creativa; como
habíamos advertido, al ir subiendo la loma de ese conjunto residencial, digamos que en
un Ford o en un Toyota Fiesta… (Conozco poco de automóviles) ! …Pero me atrevo a
asegurar que en mi medio siglo de vida no he visto jamás en esta ciudad llamada
Bucaramanga, el deportivo carro Alemán Porche (dizque en Medellín ya rueda el 911
Turbo 2010, que pasa de los cero a los cien kilómetros en sólo 3,4 segundos) tanta
velocidad si puede darse en Medellín si tenemos en cuenta que una vez dijo el mafioso
don Pablo, que cuando él empezó a hacerse rico le parecía ridícula la fortuna de los que
se decían la "flor y nata" de la sociedad de allí, de sus avanzados industriales.
Como decía, a medida que vamos avanzando en automóvil por Ruitoque alto, vamos
encontrando que cada parcelación está numerada por "hoyos". Inicia el hoyo uno y así
sucesivamente; al parecer las personas de las residencias de los “hoyos exclusivos"
( parece ser que a los hombres pudientes, al escoger esposa les interesa más la tradición
familiar) no les cae muy bien los vecinos que no tengan "pedigrí" (pero no como el de sus
perritas de raza) así estén llenos de dinero, como los actuales nuevos ricos entre los que
se cuenten muchos de "hoyos más abajo" que adquirieron sus fortunas de extraña
manera, y otro nuevos ricos que hicieron sus fortunas guiados sabiamente por la mano
invisible. De todas maneras, en estos estratos se encuentran familias que han hecho del
arte de la apariencia ( ¿pero se podrán mover en esos estratos de las clases
aristocráticas de papel?) todo un modo de vida; apariencia que no les impide humillar a su
servidumbre y hacerles ver a otros lo "ricos que son". Pero los que son de clases
tradicionales pudientes, hacen llorar a los arribistas de hoyos más abajo, pues los de la
"flor y nata" les muestran su desprecio, como le sucedió a una exclusiva señora
( "arribista" quiere decir -como lo definión Goethe-que son gentes que pasan por encima
del que sea, en el logro de su estatus social) que además de ser cleptómana, era
terriblemente intrigante; no vacilaba en culpar hasta la más inocentes muchachas de su
servidumbre de algo que estas no habían cometido con la intención de no pagarles el
sueldo ( ni pensar como seria el marido; hubo un tiempo en que se popularizó entre
algunos empleadores, el abuso sexual para las niñas que contrataban haciendo uso de
bajas artimañas (¿pero qué se puede esperar de una generación que se crio viendo
telenovelas de un sensacionalismo espantoso?). Dicha señora arribista, se dispuso
después de recibir varias Llamadas telefónicas, a cambiarse para un condominio de
"nuevos ricos" sin pedigrí. Esta señora, conocida de mi actual cuñada que ha terminado
viviendo sola en la “parcela” padece, se diría, de serios sentimientos de “culpa” pues si
presiente el castigo por su cleptomanía, se anticipa lavando su conciencia con las
picardías que le hace a los más débiles.
Es muy común en las madres de estratos populares de esta región la tendencia a
depender moralmente de sus “machos”. Cuando estos las dejan, ellas culpan a sus hijos,
y en consecuencia los castigan. Otra cosa es culpabilizar a un niño por el más mínimo
detalle; ellos se defienden rebelándose contra la tutela de sus progenitores.
El arribismo es una herramienta usada generalmente y también estratificada. Es una
herramienta al igual "voraz"; también la usaron en la época de Goethe ( este le dedicó al
arribismo unas líneas explicitas). En la época de las luces de París, los latinoamericanos
que llegaban con sus ínfulas de gente de mundo a gastar dinero ( esto sería efectos del
arribismo) les decían "arrastracueros"; gente sospechosa, pues no se sabía de dónde
habían sacado su dinero ( en esa época, la hoja de coca sólo la había usado Freud para
sus experimentos).
Actualmente el arribismo es una herramienta usada por los políticos y funcionarios
latinoamericanos, que ha hecho de ésta una vulgaridad mayor (son los nuevos
"arrastracueros"), sumada al "culto de la personalidad" cultivado por los populistas. Vale
todo para su proceder; lo importante es lograr la ambiciosa meta. Podría creer que la
causa principal de ese estado de cosas, fue la que señaló a finales del siglo XIX Miguel
Samper Agudelo (de las cuales, la aristocracia conservadora se echaba cruces y tocaba
madera) y que consistía en avizorar un precaria e inexistente industrialización de estos
países, dedicados a ser comisionistas de las potencias industriales.
Bueno, en suma, una casaquinta del condominio de Ruitoque, puede valer, viéndolo
desde las nubes dos mil millones de pesos, lo que equivale a decir que un porche cuesta
unos trescientos millones de pesos, una casita en un estrato tres de cualquier barrio
puede costar ciento veinte millones de pesos, un empleado de empresa recibe un salario
de medio millón de pesos mensuales. Un salario mínimo en estas fronteras es de unos
trescientos euros al cambio.

Pepe, el comunero

Llegaron a la Costa tras varios días de dificultades, un siglo atrás habían quedado las
rutas de a pie de los indígenas; ahora caballos, mulas resistían el viaje por las montañas
que se hacía en línea recta, prefiriendo las serranías más elevadas, así perdieran bestias
con carga o vidas humanas. Pepe estaba entre los soldados de infantería llevado a
cumplir una condena cambiada a servicio militar el ahora regimiento de Cartagena. El
corregidor de Charalá había atendido al llamado de organización del reciente Batallón de
Infantería que liberaba la ciudad como plaza cuartel, se conformaría un destacamento fijo,
cerrado a los ojos de los civiles. Entrando a Cartagena, el teniente no dejaba de vociferar
la pérdida de un cargamento de tabaco de buena cosecha que le darían a un rico criollo;
todos agobiados por la fatiga, el intenso calor…
¿Entonces te reclutaron para el contingente de pardos, negros y mulatos por faltarle el
respeto a la autoridad? Dijo el teniente… (pero sin tan sólo hubiera sido irresuelto, había
pensado) Al ver el rostro indignado de Pepe. Él no dijo nada, veía en una empalizada a
varios frailes, curas, damas, hasta oficiales uniformados observando el baile, el canto de
un grupo de negros desnudos, rapados, untados de aceite. Su gesto cambió a
conmiseración, se santiguó, pidió hacia sus adentros paciencia mientras un soldado se
carcajeaba. De pronto dijo señalando la subasta de negros que él había sido detenido por
decir que los indígenas tenían alma y eran también hijos de Dios como esos
desafortunados que allí estaban. El teniente respondió maldiciendo en un acento
chapetón el comercio de negros, lo que hizo que Pepe le dirigiera una mirada indulgente.
El soldado chapetón seguía riéndose, diciendo que el contra mayoral de la factoría hacía
sonar su bocina como loco para que los negros se movieran sin descanso, así pregonar la
buena mercancía que vendía. Pepe quiso detenerse como por impulso, cabizbajo, pero
fue empujado por el soldado; se contuvo ante la ofensa, se encomendó, devoto a San
José, él también se llamaba José, José Antonio.
Siguió caminando. Los personajes que asistían a la subasta procedieron a examinar con
minucia a los negros, tentando sus músculos, llevando a la lengua el dedo impregnado de
su sudor, pues en el sabor del sudor se conocía la salud; unos compradores, sin rubor
tentando los testículos. Cerró sus ojos, se volvió a santiguar, la imagen de su esposa se
aferró a su expectativa, recordó las palabras que le dijo un día…-Te llamaré “Pepe” por
honrrarte ante San José, padre putativo del señor-. Sus ojos se abrieron a la plaza de la
ciudad, las últimas palabras cariñosas que escuchó salieron dela boca de su padre que se
avergonzó cuando el corregidor le reprochó que él, español de nacimiento, haya
engendrado un hijo rebelde. Cuando pasó a las filas de la caravana que salía, su padre le
dio la bendición. Pepe, sumiso ante su padre, le besó la mejilla, su piel canela como la de
los aborí- genes relucía. Hijo, le dijo, tienes veinticinco años, dos hijas, una esposa, debes
volver. Al partir su obsesión fue saber por cuanto tiempo lo tendrían allí. Se entragaba a la
sumisión a su padre, a veces a sus contradicciones como cuando estaba eligiendo una
esposa para él y la saber que el padre de la muchacha era un cazador, le prohibió su
trato, pero era tarde, Pepe ya la trataba y más para olvidar a una rica criolla de la que se
había enamorado. Para entonces su esposa era testimonio de la sumisión a su padre, se
había casado con ella ante el llamado a cuentas del cazador y que hab ía prometido no
volver a cazar y que según testimonios posteriores se había transformado en cazador de
indios, de hombres sin alma.
Ese oficio de cazador que su padre calificaba de cruel y que veía en su futuro a pesar de
que hubiera prometido que dejaría sus masacres. Y tiempo después organizaría la caza
de indígenas que ordenaba el nuevo Virrey de Granada. Pepe quería olvidar a la rica
criolla que había conocido en un paseo de campo, de la que todavía estaba enamorado.
Un grito lo sobresaltó, cuando ya habían pasado la subasta de negros; sin preguntarle el
teniente le dijo que estaban castigando a un esclavo criollo pues al momento de su
compra no había dicho que tenía cuarenta años, edad en la que ya eran viejos. Terminó
diciendo que la misión de los reclutas estaba en la cacería de esclavos cimarrones. Pepe
puso un gesto de preocupación borrado de inmediato cuando de una esquina salió un
hombre que se les cruzó, su rostro, sus manos estaban desfiguradas…
¡Es un leproso¡ Dijo el soldado que se había venido burlando...
El teniente siguió reflexionando como para sus adentros, sin importarle si Pepe lo
escuchaba… Pues les digo que estas nuevas reglas llamadas Asientos llena a Cartagena
de un comercio de esclavos,la hace capital de los puertos donde su majestad el Rey
permite estos… ¡ Asiiiieenn… No había terminado de decirlo cuando Pepe salió corriendo,
se le soltó al soldado, y le preguntó en tono imperativo que porqué lo hacía, a un
portugués que con un rejo golpeaba a una adolescente negra… Pero paró casi de
inmediato por una fuerte sensación de náuseas; sintió su estómago crujir, luego un fuerte
mareo cuando de un depósito donde se almacenaban cientos de esclavos vio a uno de
ellos muerto hace varios días por tortura, otros tan apretujados que no podían respirar.
Todo le dio vueltas, perdió el conocimiento, luego fue como si hubiera despertado tras
varios días cuando sintió un golpe en sus espaldas, estaba frente al teniente coronel del
contingente de pardos…
- ¿Así que tu eres José Antonio, que viniste a hacer aquí lo mismo que hiciste en tu tierra
andina?-. En Charalá, Pepe había tratado de persuadir a su ex suegro y sus dos
cómplices que no siguieran cazando indios, ante la negativa de estos los golpeó
aprovechando su fuerza y su corpulencia física.
De su dialéctica a favor de los indígenas que eran vistos como monos pasó a indignación
agresiva. Fue detenido luego y multado.
Los sentimientos de Pepe se volvieron a revolcar, como podía no protestar contra los que
se aprovechaban de los indígenas si su abuela materna, que Dios la tenga en su gloria,
era indígena; sintió como un castigo físico la amonestación del teniente, pero como no
indignarse, pensó Pepe, si un cobarde golpea a una mujer. Atrás había quedado el
teniente que comandaba la caravana comentando que la cría de la negra había quedado
desamparada después de que ella había sido vendida aun notable del lugar, y que un
Muleque (adolescente) había escapado hacía el campo donde se escondían los
cimarrones a la muerte de su padre, que además el factorista o comerciante no tenía el
registro de él. El factorista hermano del dueño del asiento, un portugués apellidado Sossa,
había tenido un problema con el gobernador por corrupción, quería reemplazarla una
factoría inglesa de buena fama y que no había ejercido el contrabando de enfermos que
eran vendidos a bajo precio. Sossa podía pagarles a los guardias para que se retrasaran
cuando anclaba un barco con un cargamento. Luego la autoridad contaba hombres y
mujeres. Cuando un oficial real tenía interés en el cargamento, Sossa permitiría que
llegara primero para poder ocultar los que serían de contrabando, menos a los que traían
el mal de Loanda (hinchazón en el cuerpo y putrefacción de las encías). Pepe había visto
una subasta maquillada de los que habían estado enfermos de calentura, sarampión,
tabardillo y habían logrado salvarse. Pepe llegó en una navidad de 1775, dos años
después de que Cartagena dejara de ser una ciudad ejército; El Rey había dictado desde
la metrópoli el reglamento para la plaza de Cartagena de Indias ordenando la creaci ón de
un Regimiento de Infanteria que tenía que incorporar esclavos criollos, libertos y pardos o
mulatos. Tenía ya dos batallones fijos, uno blancos y otro de pardos, aprobado por el
virrey de la nueva granada, pues aun no entraban en vigencia el cargo de intendente y al
mando de un coronel español que viviendo en una habitación de la casa de una dama de
la ciudad luego la pidió en matrimonio al permiso noble del Virrey.
Pepe quedo sorprendido del perfecto calzón del coronel, de su casaca con botones
dorados y una solapa de azul turquí, coronel que había aprovechado la ciudad cuartel al
conocer su acaudalada dama, y obtuvo el beneficio del virrey al obtener licencia para
casarse en nombre del Rey, y para a un futuro cargo de intendente que podría tener del
mismo rango que el de gobernador. Pepe entraría de recluta en el batallón de pardos a
las órdenes de un teniente coronel, natural de Cartagena que tenía fama de cruel.
Las palabras del Teniente coronel lo ubicaron en Charalá, al oriente por el camino viejo
que aun era paso de los aborígenes con su tristeza a cuestas, los chalalaes de la etnia
guane de donde provenía su abuela materna; esa noche en el puente colgante con piso
de tabla y maderos a pocos minutos de la casa del resguardo donde eran confinados los
aborígenes, Pepe se reunía con un cacique para organizar la protesta contra la caza de
indígenas organizada por el nuevo Virrey; él era capataz de una hacienda tabacalera y
tenía a su cargo esclavos indígenas y negros. Pepe, pasó al puente de Arapía, en forma
de arco construido en piedra sobre el río Chagres, allí hizo el pacto de las protestas; los
indígenas se encomendaban a las potencias de la naturaleza, a los combatientes que
enfrentaron al colonizador Martin Galeano y que por su memoria construyeron al
resguardo. Pepe se santiguó como solía hacerlo y pidió la ayuda de San José que
intercediera con su hijo.
Cuando Pepe fue destacado como el líder de la protesta ya había estado siendo espiado
por un oidor que era un principal en la inquisición, él sabía que su padre lo había
presentado con Toribia de la que le habían nacido dos hijas; antes se había frecuentado a
una mujer de nombre Antonia; esculcando más en su vida encontraron que Pepe ofendía
a Dios de las diversas formas. Las rondas nocturnas del oidor lo ubicaban frecuentando
sitios nada recomendables para la moral pública; el oidor tenía preparado para Pepe una
castigo que le cambiaría la vida en su corregimiento. El oidor se hizo acompañar de las
rondas nocturnas que tenían por lema que la noche era cómplice de la infracción y el
escándalo, realizadas por una magistrado, el objetivo era cazar pecadores o delincuentes
y Pepe tenía tanto de pecado como de delincuente.
El oidor acusó a Pepe de un agravio intenso hacia Dios por la proximidad del grado de
parentesco y se podría condenar a trabajos forzados en obras de público interés por su
condición de mestizo hijo de español para dar ejemplo a los demás por medio de
exhibiciones públicas. Pero la protesta que dirigía contra el Corregidor de Charalá en
defensa de los indígenas y los pobres lo condenó a otro castigo mayor.
El teniente coronel lo sacó de los recuerdos para reafirmarle que estaría allí por un tiempo
indeterminado a cazar los cimarrones. Pero las palabras de su suegro cuando en
venganza por los golpes que le había propinado cuando le reprochaba que su
inhumanidad le volvieron a acusar de incesto, en unos años en los que se veía pecados
de lujuria hasta en la sopa, sociedad en la que la sexualidad se encontraba reglamentada
a través de la teología y las leyes, limitándola al espacio matrimonial con fines
reproductivos. Su suegro alguna vez lo había visto hacer el amor como no lo permitían las
santas leyes de Dios.
Cuchillos Verdes

Cuando salí de la escuela me esperaba en una esquina; no tenía su maletín

y su camisa estaba remangada. Vi sus morenos puños cerrados

vigorosamente, sus dientes apretados, su mirada dirigida hacia mí. Lo

acompañaban el que le sostenía el maletín.

Quedé paralizado; el otro que estaba conmigo me dijo: -Rápido, súbase al

camión de la escuela-.

Regresaba a casa desde la escuela; pasando por un parquecito recogía del

arbusto frondoso de cuchillos, seis o siete dagas bien seleccionadas que

guardaba en el bolsillo del uniforme. En casa, a medio día, siempre se

sintonizaba el radio noticiero a todo volumen ( era un radio que tenía forma

de tiburón; varias veces le habían cambiado algunos enormes tubos

catódicos). Esta vez la noticia llegaba desde Viña del Mar declarando el

triunfo de la canción que hablaba de mascar flores…

“Por eso salgo siempre a caminar

En busca de una flor para mascar…”

Noticia que despertaba una doble alegría, pues el cantor representaba a

esta provincia que había tumbado un barrio completo de casas antiguas

para construir el edifico donde quedarían los juzgados y todo al ritmo de las

campanadas de la catedral que había quedado en pie, como también decía

la canción.

Después de inspeccionar que no tuviera huevecillos la sopa del almuerzo,

según la clase de higiene en la escuela, ese mediodía me había olvidado de

lavarme las manos. Me levanté apurado de la mesa, me dirigí al patio de la

casa para empezar a entrenar una pelea a cuchillo con las dagas del

arbusto. Debía apurarme pues a las dos empezaba Ultra Man. Esta tarde el
súper hombre de ojos extraterrestres tenía que enfrentarse con una enorme

planta carnívora que adquiría su fuerza de la radiación nuclear.

Si mis cuchillos no adquirían una fuerza nuclear, debía confundir al otro,

cambiar de mano el cuchillo escondiéndolos a la altura de las nalgas, lo más

rápido posible, luego de hacer un lance directo al pecho y matar a mi

adversario de un solo golpe.

El héroe de la nebulosa M-78 me hizo salir corriendo hacia la calle, gritar a

toda voz su nombre, luego observar quien salía al encuentro de mis

cuchillos, de mis rápidos pies descalzos, aunque no tuviera correa que me

sostuviera los calzones. Por fin, a la vuelta de la esquina vi la cabeza de mi

amigo Roll, grité su nombre, vino hacia mí. Le grité Ultra Man, él desorbitó

sus realistas ojos, luego lanzó una sonrisilla. Nos encaminamos hacia la

tienda de alquiler de las destartaladas bicicletas; pasamos por el parquecito

(no le mostré el árbol de cuchillos, pues era mi secreto); vi las coloradas

flores de un gran Cayeno que decían… ¡Cómame!...

“Por eso salgo siempre a caminar

En busca de una flor para mascar…”

Empecé a cantar… “!y recorro el camino…!”

Roll me apabulló, con sus características burlas de “pela gato” como nos

decían las chicas del barrio vecino, cuyas fronteras debíamos pasar con

cuidado…

¡Tocayo! –dijo de un momento a otro Roll- Ármese, es una advertencia, pues

vamos por unos amigosNo

sé dónde quedé; el piso se hundió ante mis ojos cuando vimos las

gradas que conducían a unas callejuelas en una hondonada. Toqué en mis

bolsillos los cuchillos verdes que había tirado del algarrobo, entonces pensé
claramente que eso no servía ni para pasteles. Troll sacó su navaja que más

parecía un cuchillo de mesa

–con eso no cortas ni el pastel- Me alcanzó el ánimo para burlarme.

Pero las piernas me temblaban cuando Troll empezó a bajar las gradas.

Hacía unas horas habíamos recorrido el parquecito en las bicicletas

alquiladas. Troll se burlaba, se burlaba de verme pedalear como un

borracho, hasta que se le desencadenó su bicicleta y fue a rodar frente a un

señor gordo que estaba viendo una enorme fotografía ( se la habían

tomado desde una cámara de trípode, un fotógrafo que metía su cabeza en

un pañolón), luego lo miró con cara de ofendido.

Troll, sabe qué, baje usted a esa hondonada ya que quiere conseguirse un

pito…

A él –creo- no se le hubiera ocurrido decirme por qué no baja usted.

Esperé unos cuantos minutos hasta que escuché un quejido que se perdió

en los cerros que caían en la distancia de todos esos barrios que

empezaban a encender sus nostálgicas bombillas. No me bastaba el cruce

de manos que hacía Ultra Man para cobrar la decisión de bajar las

escaleras que llevaban a un callejón que se formaba de unas hileras de las

casas que bordeaban el cerro. Empecé a contar los pasos mientras bajaba

los gradas, luego comencé a caminar por el callejón mientras tarareaba de

la nada la canción …

“Por eso salgo siempre a caminar

En busca de una flor para mascar…”

El hombre que planchaba sus billetes

No podría imaginarme a Georg planchando los billetes al salir de su casa


cada mañana, no me lo imaginaría por la sencilla razón de que no le

naciera, sino porque su trabajo de vendedor “freelance” (como llaman hoy

por hoy) de bienes inmuebles no le permitiría, si al menos lo creo yo, tener

buenos billetes para planchar, por otros motivos como por los bajos precios

de los inmuebles que le permitía a cualquiera obtener su propiedad (quien lo

creyera).

Algunas veces lo observé contando grandes cantidades de dinero, producto

de afortunadas comisiones, entonces su rostro se veía concentrado como si

fuera la actividad que más respeto le proporcionara en su vida. Pero para el

día en que tenía dinero al momento en que no tenía, me parecía tan fugaz

que no me imaginaba a Georg planchando sus billetes… ¿Qué razón habría

para plancharlos? ¿si quiera él se hubiera imaginado que tendría que

planchar sus billetes?

Su amigo que frecuentaba un club de gente de sociedad, si planchaba sus

billetes… ¡Me repito! ¿Qué razón tendría para plancharlos así fuera con

una plancha normal?

Aunque tampoco es deseable tener dinero como dinero de alcohólico en un

bolsillo sobrio. Se me ocurre que es una forma de amar el dinero o de no

gastarlo como un compulsivo consumista (entre más rica una persona, su

consumo será más exclusivo)… Le dije a Georg esa tarde.

Pero los ojos de él brillaban y se frotaba las manos viéndome a mi frotarlas

ante la cercanía de una comisión…

!Como dicen que no hay dinero… Mira! –me dijo sacando de sus bolsillos un

fajo de billetes.

Georg me sorprende porque a pesar de ser un hombre que no tiene casa

propia, ni automóvil, es un hombre que si tiene cien mil pesos, cien mil
pesos se gasta; no gasta tampoco en mujeres.

Georg me hablaba de su amigo con una ambigüedad difícil de precisar…

Robert –Me decía-, cuando se afeita le queda su piel por donde pasó la

cuchilla, azulita, como un pozo de agua cristalina.

Podría suponer que lo decía pues él era imberbe, barbilampiño. Su amigo

era un magistrado (esto es un abogado que ha ascendido en las altas

esferas de la justicia) que al parecer, según lo que le había concluido de lo

que él me decía, no era tan ambicioso, tampoco era tan generoso. Al

parecer vivía solo, le gustaba beber uno que otro vaso de whisky en el Club,

luego en una que otra ocasión había invitado a Georg.

Georg, nunca más me volvió hablar de Robert.

Quiero verte contando billetes-me decíaYo

me dejaba llevar bondadosamente por Georg, hasta que en una ocasión

en que yo contaba abundante dinero, con una resaca producto de una

borrachera la noche anterior, sentado frente a mí, vi con asombro que

llevaba su dedo índice a través de la manga de su pantalón corto hacia

atrás…

De madrugada, yo había llevado a un hospedaje a una morena que había

encontrado en un bar abierto; apenas desperté, aun dormida, la besé... No

sé porqué pensé en el momento en que Georg llevó su dedo índice…

Pensaba también en el “ex” de mi amante, que era el que planchaba los

billetes. Mi amante me hablaba de su “ex” mientras se sumergía en mi, se

sumergía en mi como si los días no pudieran pasar y las flores no se

pudieran marchitar.

Alunados
Había dado entender claramente que su hermano mayor (le llevaba más de

veinte años) se le habían cruzado algunos cables en su cerebro. No supe

que decir, simplemente sentí un cosquilleo en mi cara al aventurar palabra

pues había sido amigo mío por mucho tiempo, pero quería saber la posible

causa de esa… Si es que se trataba de una enfermedad en un hombre que

había pasado el climaterio y que por única familia tenía a sus hermanos y

sus padres.

Quizá me movió el piso saber esa noticia y no pude entender como no sentí

amarga la saliva que pasó entre mi garganta, como los hervidos de la hierba

de la alcachofa que había estado bebiendo.

Por decir algo, con una frialdad de la que no era consciente, aventuré una

causa recogida rápidamente de nuestra experiencia en común; una causa a

la que achaqué un alto consumo de adrenalina vivido por su actividad

política. Roco sonrió, con esa sonrisa del que no quiere desairar por que no

le conviene. No sé que le pareció esa causa esbozada por mí; entonces

calló, no dijo nada; era un peso tremendo hablar de lo que su padre y Carlos

oro profesaban con ingenuidad y espontaneidad.

Roco me había dicho además, que tenía una empresa inactiva a falta de…

Miraba de vez en cuando mi bolsillo derecho; le hablé que yo había acabado

de hacer un curso de electricidad de motocicletas… Me habló

profundamente de la mecánica de esas… ( Roco era un tipo siempre joven

que tenía una creativa habilidad manual). Quedé en que podría interesarme

visitar su taller instalado en la sala de su casa.

Él, mucho más joven , había sido de alguna forma como yo mismo, perdido

en un talento para los oficios manuales sin aterrizar en ninguno. Su

hermano si había sido fiel toda la vida a su labor de albañil de barrio y a su


feria de cerveza los fines de semana. Quizá por eso anduve con él por

mucho tiempo; mejor dicho, compartía con él el tiempo que le quitaba a

otros amigos.

Por fin aventuré unas palabras…

Roco –¡Le dije- Que tipo de… Tiene él!…

Se lo pregunté como él me lo había dicho; con una insinuación.

Veto –Me dijo con una sonrisa ( quizá, una profunda y reprimida

conmiseración)…

- Hummmm… Se lo pasa por ahí, rondando y soltando pequeñas carcajadas

entre pequeñas murmuraciones…-

Recordé de inmediato su muletilla que repetía cada vez que algo lo

impresionaba o le hacía gracia : -granito de oro, decía- Entonces esbozaba

una pequeña y reprimida carcajada.

Imaginé inmediatamente a su madre; una señora que toda la vida le

reprochaba sus amistades; lo traía de los negocios misceláneos donde

bebía, parado o sentado, a vista de los niños que entraban al negocio de

barrio.

Pensé en la propuesta de Roco, pensé en el ebrio ideal de Carlos Oro aun

fresco en mi memoria, pensé en la posibilidad de visitarlos algún día. Las

Espeja

Me gustaba hablar con Espeja pues me compartía sus reflexiones diarias

cuando llegaba de sus caminatas por el popular centro de la ciudad; me

decía: he observado que una mayoría de gente le gusta imitar; si hablan

contigo, a veces no te das cuenta que tu amigo ocasional se vuelve un eco

tuyo. Lo mismo pasa con tus movimientos: me doy cuenta que muchos
hacen conscientemente una mímica de movimientos de alguna persona con

un fin sarcástico, otros con un fin de agradar, o de enviar mensajes

subliminales; de acuerdo, entonces creo que no son muy conscientes de

esto. Hasta tu mismo me contaste en un día de la Madre, mientras llovía a

aguacero tendido y escampábamos bajo el techo de una casa de un barrio

poco fiable, que pasó mucho tiempo antes de que descubrieras que la

progenitora de tu esposa era un eco perfecto de las personas; entonces no

solamente estaba de acuerdo con todo el mundo, sino que se creía que lo

se había dicho lo había generado ella. Pero para el caso estas personas

siempre tienden a hablar no muy bien de otra gentes con personas que

pueden dominar (lo característico de estas gentes es que son primarias).

Luego que el progenitor de tu mujer no era un imitador, sino su

personalidad se había configurado en el sarcasmo. Se burlaba de todo el

mundo, pero también tendía a hablar mal de otras personas ¿Será la

idiosincrasia?

Aquí las personas se ríen de ti en tu cara, tú ni cuenta te das. A veces

piensan en voz alta para que adviertas que no están hablando contigo. Me

contabas además que tu suegro se burlaba constantemente de las

andanzas de su hijo mayor al que había abandonado cuando tenía ocho

años, aun con otras personas. Bueno Espeja te tengo que decir que eso ha

generado un síndrome de tics, avalado por gentes supuestamente educadas

en buenas universidades ¿recuerdas a Leila, la que publicó un libro

recomendando como una clave de buen comportamiento ser el eco perfecto

de su interlocutor…? ¿sino son tic que son entonces? Aunque está el caso

de las personas que a todo te llevan la contraria, en ellos todo es

contradicción, todo lo refutan.


Mientras tanto la tarde del sábado se cerraba en una nubosidad indicando

que la temporada de lluvias se acercaba. Ya había ido al baño dos veces

para evitar salir a vagabundear por la ciudad, me había bebido tres pocillos

grandes de café, que para el caso no estaban tan cargados de cafeína,

como las pequeñas porciones de café europeas. No quería además que me

vieran los Porteros del Conjunto Residencial para dar una sensación de

ausencia. Espeja esa tarde vino a sacarme un poco del aburrimiento, que es

una sensación más abrumadora al pasar el medio siglo de vida; a ver morir

mis deseos más rastreros, más queridos, a sumar que se es una persona

nacida también en la generación del rock pesado cuando se asociaba con

los narcóticos ( Led Zeppelin era sonido mayor ante el popular Jhon Travolta

y su “escalera al cielo” era de marihuana para estos muchachos) luego

antes de pasar a la tercera juventud, salir al encuentro de la naciente

tecnología; la que se está vislumbrando en este veloz, atrasado siglo XXI

sudamericano. No fumamos nada pues Espeja había dejado de fumar, no

bebimos licor pues habíamos dejado de beber a causa de un diagnóstico de

grasa hepática, e hicimos lo posible por no hablar mal de nadie, ni siquiera

de los progenitores, de los familiares propios, como nos habíamos

acostumbrado, lo que me costó alguna vez el repudio del hermano de un

cercano amigo de Espeja que me dejó tirado después de haber bebido licor

en un calle cualquiera, completamente borracho; esa gran boca la había

abierto las reminiscencias que tenía de las lecturas lejanas del Malestar de

la Cultura, de un reconocido psicoanalista que aconsejaba romper el mito de

la santa madre. Sentía una leve culpa ( aunque ya estaba convencido, tras

largos años de estudios de los especialistas, de que no tenía por qué tener

culpa) después de haber ido al baño ya tres veces; mi esposa había salido
temprano, me había llenado de pereza aun para ir a visitar a la querida de…

De esos sentimientos de culpa sabía exactamente su procedencia infantil:

cuando la amenaza se centraba en que te cortaban la mano o te volaban de

un plumazo el… Se te hacía claro que te habían descubierto más de una

vez… Pero sobre todo observé que era la preocupación por cómo se

tornaba la apariencia del rostro: ojos hundidos, un cierto bizqueo, cogías un

aire de ensimismamiento propio de estos, distraído ( a estas alturas de mi

paseo, tampoco debía tener esa cara); ya tu prehistoria era esa, se te

notaba, la gente sabía que hacías, además la mala alimentación completaba

el trabajo (nunca esperé tener un hijo, al que le dijeran lo que hacía su

padre). Hubiera tenido los rasgos característicos del pueblo de “pajonia”: el

síndrome de los ojos en blanco cuando estas prácticas van hacia un celo

místico, anemia o lo que llamaban antes neurastenia.

Espeja telefoneó para decir que no esperara, entonces cerraba el sábado

con un tremendo temblor dormido a cusa de… Mi esposa no se daría

cuenta, llegaría cansada pues el domingo temprano tendría que ir a ver a su

madre. No era la primera vez a este tiempo que culminara tres secciones…

¿porqué tan acucioso en esa tarea de sátiro auto erótico? ¡Porque no

disponía de las féminas que debería disponer para estar tranquilo según

deseos! Pero tampoco respondía al “cultivo en solitario” que llamaban los

Taoístas. No hubiera imaginado que alguien hubiera dicho que el practicado

control de la eyaculación producía cáncer; seguramente sería una teoría de

algún eyaculador precoz. Pero con Espeja, compartía el candor del lector,

que consistía en ser crédulo por ignorancia. Pero lo que si sabía, lo que le

había dicho Espeja: ¡Tienes la psicosis de la vieja doncella!. Al saber esto,

inmediatamente recordó al que le había dicho que tenía el perfil y la mirada


de un sátiro: las extremidades de un caballo y el tronco de un diablo,

matizadas con la mirada de un erotómano o como llaman ahora, hipersexual

( en esa ocasión se lo habían dicho amigablemente, con el veneno

inyectado en dulce de mora); estas acusaciones (si es que eran

acusaciones, no eran nuevas para él). No podían ver que también me

gustaba la música (como en el legendario sátiro), también comer bien. Me

encantaba la fruta, como el sonido de la flauta griega. Pensé en lo de la

“vieja doncella”; la verdad no había deseado acostarme con alguna mujer de

un mayor estrato o a alguna actriz famosa: “habíamos tenido el estómago

de un cerdo” –dijo Espeja- Se acercaba más a la literalidad de esas dos

palabras. Si escuchaba, cuando mis oídos tenían no más de diez años, que

había individuos que frecuentaban los barrios de estratos altos en busca de

damas con las que intentaban mostrarse. El domingo en la tarde, después

de haber engañado como pude el paso de las horas esperando la llegada

de Espeja, cuando llegó pasó a narrar una situación suya que ya era

notoria para mí; primero le advertí que estábamos tomándonos en serio un

conocimiento de nosotros mismos que ni siquiera el espejo nos daría… ¡ A

la m…! Sigamos ¿cómo se te originó el tic del ojo izquierdo que daba la

impresión que estuvieras coqueteando con una persona? Ese guiño del ojo

te había traído no pocos inconvenientes, se te acentuaba cuando el amigo

ocasional te producía inquietud por no estar ni de acuerdo ni en contra de él.

Recordé de hace veinte años a Querubín. Me había mudado a una casa de

una calle en la que no conocía a nadie, en el barrio en el que había vivido

desde siempre. Era uno de los barrios más antiguos de la ciudad, en una de

sus casas de bareque habitaba un amigo de aquellos años, que había

criado un bebé de rata. Querubín le había mencionado la posible


homosexualidad de su amigo; al papá de la rata, que no imitaba ni se

burlaba, le había dicho claramente que le habían guiñado el ojo. Espeja

había creído dar con la clave del asunto; te hacías amigo de personas que

vulneraban tu autoestima ¿cómo es tu relación con las personas? Si tienes

un tic nervioso en el ojo izquierdo o derecho es que aprecias poco a las

personas… ¡No hables… Espeja calla un poco! Nada más el día de ayer…

¿recuerdas que no viniste? Vino a timbrar a mi puerta una dama de las

Representantes de Dios (siempre llegan en pareja). Estaba por entrar a la

ducha, sólo me cubría una toalla de felpa (tu sabes que los paños de

algodón no me gustan), me alegré que en este conjunto residencial vivieran

esos personajes; a sabiendas de mi apariencia, le dije que pasaran, con el

pequeño temor de ser rechazado ( su compañera era invidente), pero ellas

se mostraron diligentes. Las hice sentar, ella empezó inmediatamente con

su predicación (estaba en un mueble frente a mí, no dejaba de mirarme),

entonces al verle la biblia inactiva se me ocurrió pedirle abruptamente que

me leyera el pasaje bíblico de Onán ( ya sabía que los Representantes de

Dios son una comunidad activa de chismosos), su compañera había

activado plenamente su sentido del olfato; dirigía como si viera, su nariz

hacia mi ( pude leer en la sonrisa de Espeja, cierta ironía; estaría pensando

en la “vieja doncella”, teniendo en cuenta que en esta comunidad las

mujeres maduras son legión). Al ver que espeja se impacientaba ( era su

naturaleza) aceleré mi relato: primero hizo un gesto de enfado, luego buscó

dicho pasaje, su compañera le murmuró algo que no pude escuchar. A

medida que la vieja dama iba leyendo las astucias de Onán, palidecía,

entonces de un momento a otro hizo en la lectura un “coitus interruptus”. La

joven invidente se veía confundida, su olfato había perdido la orientación.


Luego terminé mi ducha con mis caracterizados sentimientos de

exaltación… ¡Pará… Paraaaá! Exclamó Espeja con una expresión Argentina

que me divirtió ¿cómo es eso? El domingo estaba dando al traste con mi

aburrimiento… Si, si… El relato de Onán tiene el inconveniente de una falta

de “verosimilitud”, pues si tenemos en cuenta que en esa época no existían

los condones… ¡ Si existían! Soltó Espeja con exaltación: mil años antes

de Cristo usaban vejigas de cabra, en Grecia comenzaba el culto a Baco, a

Dionisio, para la religión judía el placer tenía que ser compartido, pues la

soltería era condenada. Espeja, lo que quería de Onán, era un hijo para su

difunto hermano (¿execrable?), pero en el relato hubiera sido posible que

Onán embarazara a su cuñada sólo con un poco de líquido seminal (según

descubrimientos modernos). Pude oír que espeja decía entre dientes que

me estaba pasando lo de ciertos profesores que tomaban literalmente las

fábulas para engañar. Mientras tanto puse a todo volumen una salsa al

mejor estilo de Rubén Blades, cosa que acabó de impacientar a Espeja que

dio al traste con la puerta. Mi mujer me llamó para decirme que si había

almorzado con el pescado que me dejó listo para asar… Me quedé

pensando en Onán ¿fue egoísta? ¿fue personalista? ¡De todas maneras,

por esto… ¿ Dios tenía que quitarle la vida? Otra vez me llegó la imagen del

sátiro masturbándose con su enorme pene… Al menos supe por Espeja,

que el local término de “pajuelo” viene del Rey de Pajonia, que había creado

la Religión Onanista: Onan el Bárbaro era el Rey de la Paja; podía

masturbarse hasta trescientas veces al día e instauró el culto a la paja, que

también le serviría como “pan y circo para su pueblo”; la gente debería

masturbarse hasta veinte veces al día, esto con el fin de atontarlos para que

dejaran en paz masturbadora a Onan ( que no era el Onán bíblico). El que


no cumpliera lo obligarían a copular con un toro de enorme pene. De todas

maneras estas personas no pueden dedicarse al espiritismo por su derroche

de “ectoplasma”, lo que no les importaba. Pero si le importaba su fatiga

mental, sus continuos síntomas de mala memoria; cerraba con un círculo

invisible sus frecuentes tics en el ojo izquierdo, que Espeja incluyó en un

“síndrome de Gilles de la Tourette”. El juego de espeja a ser psicoanalista

me cansó. Lo que no recuerdo es la primera vez que apareció, lo que debió

ser de niño. Recuerdo si los tic de cabeza de mi hermano menor, que luego

desaparecieron, los tic de mi primera novia sin que ella lo supiera, en sus

párpados. Espeja cree que los causaron un desplazamiento en mi

autoerotismo adolescente …La bella pintura “El Narciso de Caravaggio” no

me decía nada de mí mismo; se sabe que Narciso murió después de que se

conoció a sí mismo. El relato es más o menos este, y con esto cierro el

domingo en este encierro, mientras llega mi mujer y me saca del

ensimismamiento : El Rio Cefiso dejó embarazada a una bella ninfa de agua

dulce después de haberla violado. Ella quiso tener su hijo que nació muy

hermoso, le llamó entonces Narciso. Feliz por su belleza, consultó con un

adivino el tiempo de vida de Narciso, ya que no había heredado la

inmortalidad del dios, su padre. Tiresias le contestó con un acertijo, que

viviría siempre que no se conozca a sí mismo. Narciso hizo la vida de un

playboy; enamoró sin esperanzas a mortales de gran fortuna, a dioses, de

las cuales Eco había caído en sus encantos, en su incapacidad de amar, de

reconocimiento. Eco, que ya traía la condena de tener que repetir las

palabra de su amigo casual, no pudo declarar su amor por Narciso.

Tengo la edad de la Barbie

¿Amparo has escogido bien tu ropa de gimnasio? ¡Si mi vida… Desde muy niña escojo
bien! Pero todos sabemos que cuando eras niña, Amparo, tu madre te ponía ropa
regalada… Bueno mi hija, de tu vida sé mucho… ¡Así es que déjame ser feliz! Además
tu exceso de sinceridad Magda, que explota ahora, después de largos años de ser
sumisa, se debe a tu envidia reprimida, pues no puedes competir con mi cuerpo…
¡Admira mi cuerpo de Barbie, admira mis nuevas zapatillas…Tienen que seleccionarse
para cada ejercicio! Magdalena se sonrojó pues lo que le dijo Amparo, jamás lo hubiera
dicho; había sido en su vida como una monja. Pese a todo seguía hablando como una
poseída; seguía hablando como si se estuviera viendo en dos personalidades distintas…
¡Ay mi hija, bueno, quien te contradice, seguramente yo no que te quiero, Amparito. Ahora
no reconoces que soy muy bella, quien te hubiera sabido solapada… Continuó diciendo
Amparo… Sí, pero eres casi una anciana, todo el país lo sabe, es voz populi. Tu eterna
juventud y belleza es sólo publicidad… Amparo se indignó tanto, que quitándose la ropa le
mostró a su amiga y colega su cuerpo moldeado por la excesiva gimnasia diaria… Eso
está bueno, he roto tus resistencias, y veo asomarse la pálida cara de la envidia; eso está
bien Magdalena… Mira mis piernas torneadas y rejuvenecidas…Magdalena se avergonzó
pues no sentía que se hubiera asomado la envidia a causa de la arbitraria Amparo… Sí
una especie de locura que no podía calificar. Al rato llegó al gimnasio el apuesto
muchacho que salía con Amparo. Magdalena que llegaba también al medio siglo, fingió
resbalar y cayó encima de él dejando sus perfilados senos en la cara del chico. Se paró
como un rayo, avergonzada salió a pasos largos. El chico rió mientras besaba los labios
otoñales de Amparo. Magdalena lloró en el baño mientras orinaba; se desconocía
complemente, no podía entender el sentimiento que tenía en su corazón. Magdalena era
una mujer sumisa, condescendiente, sus novios se habían contado con los tres dedos de
su mano izquierda. El musculoso amante de Amparo no le llamaba en absoluto la
atención, pero descubría que ante los dos no podía apartar sus ojos del esbelto cuerpo
otoñal de Amparo, en vez del cuerpo fornido del chico.
Esa tarde estuvo en la iglesia, pidió audiencia con el cura y le narró el suceso… Padre,
ese asomo de envidia que ha mencionado Amparo… ¿No será la fachada de un
sentimiento homosexual, de una locura incierta?
La bondadosa y bonachona Magdalena se había convertido en contradictora de Amparo.
Cuando estoy contigo, no puedo dejar de pensar en tu vanidad, y lo peor, en tu edad; es
cierto que para la edad que tienes eres admirable ¿pero única en el mundo? ¡Tampoco…!
Le dijo descaradamente a Amparo. Era la primera vez en cuarenta años de amistad que
cacheteaba a Magdalena, como era su costumbre contra todos los impertinentes que le
salían al paso. Encendió un cigarrillo y ella se apartó asustada… Vete a estilizar tus
nalgas, hija. Magdalena se retiró y volvió a pensar en ella, su amiga; unidas desde la
niñez pero sin los mismos sueños y pasiones. Amparo botó la colilla del cigarrillo, se puso
las tobilleras y empezó a hacer sentadillas. Su piel se tornó brillante y se sintió vital.
Frunció el ceño un poco cuando su amiga se acercó esa noche al programa de televisión.
En el programa que presentaba Amparo sentía el nerviosismo de su compañera de
trabajo… Porqué le dirán la diva a esta vieja, y le creen el cuento que cada año cumple
treinta, pensaba Magdalena. Treinta y cinco, pensara él amante que está entre el público,
sentado como un marica apenado… Voy a desmoralizar en público a Magdalena, pensó
la Diva. Los concursantes se presentaban y la jornada transcurría normal, de pronto como
una bomba, la Diva atacó…Miren ustedes televidentes los efectos de la pereza; tenemos
aquí a Magda que nos ha acompañado por mucho tiempo, y sigue gorda y pálida como
una monja vieja que presenta un programa en televisión (Magdalena quedó muda
mirando la cara de enfado de Amparo, mientras la caricaturizaba) y ustedes bien saben
que la gente me ama por mi longevidad que causa grandes envidias; pero ustedes
también saben que solo tengo tiempo para pelear con la edad, la he desafiado hace
tiempo y estoy ganando… ¡Tengo la edad de la barbie! Magdalena se levantó de
inmediato y corrió hacia el baño, lloraba nuevamente mientras orinaba (ahora descubría
que cada vez que veía al amante de Amparo sentía resbalar gotas de orines en sus
muslos). No podía entender, pensaba, mientras con sus tres dedos cogía el pedazo de
papel higiénico, como una monja había desafiado en vanidad a su mejor amiga… Al salir
del baño, vió al amante de Amparo entrar al orinal; no podía entender ahora por qué
entraba al baño de hombres a hurtadillas, con el pretexto de haberse equivocado.

SOLÍA ESCRIBIR CON su dedo grande en el aire

SOLÍA ESCRIBIR CON su dedo grande en el aire:


«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
(De canto III…España aparta de mi este cáliz)

Habíamos heredado de nuestros mayores, hubiera dicho Cesar, la cultura del mundo, de
algunos mundos la sangre, por eso él vivía en París, junto a Georgette que le aplicaba en
su frente paños de agua fria mojando un poco la sábana blanca que lo cubría.
Consciente de su ser,Cesar repetía las frases que le había escrito en telegrama a Juan,
radicado en Perú, donde le preguntaba por la guerra civil en su natal España…
“Nunca medí tanto mi pequeñez humana, como ahora. Nunca me di cuenta de lo poco
que puede un hombre individualmente. ¡Esto me aplasta!...
Me aplasta no poder alistarme en el frente .Ella, su esposa, despierta de esas palabras,
las medía con las del Dr. Lemiere, que como un enemigo fantasmal reencarnado en ese
rostro, le decía:
“veo que este hombre se muere, pero no sé de que…” Como si ese “no sé de que”
escondiera su condena. Hubiera querido hoy viernes santo, ver a un hombre que se
parecía a Jesús, que también moriría en el atardecer, y recordaba lo mucho que él le
hablaba de su Santiago de Chuco, en compañia de sus padres cuando ofrecían su casa
un viernes santo; los dolientes de turno sus vecinos a los que le servir ían los siete
platillos:frutas, vino, galletas, queso , cangrejos; luego a la procesión del cristo recién
crucificado.
Ella no podría ver a ese hombre parecido a Jesús, pues llegarían los amigos de Cesar.
El sabado en la mañana, Cesar partirá a Madrid; se levantará temprano; después de
desayunará partirá, con los papeles de su canto ya terminados.

II

Hijo, Cesar poeta, como un condor planeaba en las alturas de los Andes, y dej ó un canto
en su vuelo por la Iberia, un canto que seguía la pregunta…
¿Cómo hablar del yó sin pensar en los otros?
!Madre, por eso la profesora me dijo que a España habían llegado muchos niños del
mundo en grandes barcos, Cesar habia llegado volando porque aun no llegaban aviones
desde ese lado del atlántico! Madre, eso es ser un poeta, porque puede volar por encima
de millones que no pueden volar? Si, Cesar volaba de poesía,cantaba como Icaro,
presintiendo su caida en medio de la Guerra que no cesaba…
“¡Niñosdel mundo,
si cae España
—digo, es un decir—
si cae…
El miercoles, Georgette le habia dicho a Cesar que no le simpatizaba Juan, que no le
simpatizaban sus hipérboles o su poco cariño por Pablo, otro poeta amigo de Cesar; por
eso, esa tarde no lo invitaría a cenar. Su esposo la covenció de que eran ideas suyas, que
Juan era su más cercano amigo, que lo invitara a cenar pues el viernes estaba vetado
comer carne; habia vuelto Georgette con dos costillas de cordero, habichuela y vino.
Cesar habia vuelto de su visita a Madrid; se habia vestido impecable a pesar de que
Georgette le habia recordado que España estaba en Guerra.
Cesar siempre supo que todo el mundo lo conocía mejor que lo que él se conocía a si
mismo; se podría imaginar que sus amigos lo conocieran mejor, que a pesar de su
matrimonio con Georgette (el siempre enamorado Cesar) Juan sabía que él descubrió de
si mismo que quien anda solo por el mundo (se sentía terriblemente solo y huérfano)
debía tener los zapatos inmaculadamente lustrados y el cuello eucarísticamente blanco (lo
decia tambien por su poética profana).
Habían ido al puente de los franceses con Pablo (Juan no había querido ir ) extasiandose
con el canto  de un grupo de hombres y mujeres que pasaban por alli…
“ Puente de los Franceses… Puente de los Franceses… Puente de los Franceses… !
Mamita mía nadie te pasa…  Nadie te pasa…! Porque los milicianos…Porque los
milicianos… !Porque los milicianos mamita mía que bien te guardan!

Pablo le explicaba a Cesar que estaban parados en lo fue un viaducto ferroviario


construido por ingenieros franceses, que la canción derivaba de una melodia antigua 
llamada los cuatro muleros, que ahora llamaba a la resistencia civil.
Ambos habían estado  participando en Madrid, en la fundación de un comité  de
iberoamericanos por españa…
- Pablo, dijo Cesar, interesante historia…
-Hijo,  ni Juan sabia el tamaño del amor que Cesar  sentia por esta tierra, esta causa  que
se abria en su corazón… Ni Juan sabía, tan entrañable amigo español, despues de Pablo
y Ernesto, que ya vibraba en su mente un canto que sería el más hermoso homenaje de
un hispanoamericano a españa; entonces Juan recordaba sus palabras en el telegrama
enviado a Perú, que él sentia la mayor impotencia por no poder estar en el frente. Pablo
posó su Mirada en el río que corría incansable, no dijo nada y los dos caminaron hasta el
otro exremo del Puente donde el grupo de milicianos se dispersaban ante el sonido de
una alarma.

III

El miercoles Cesar cenó y bromeó un poco diciendo que escribiria un ciclo llamado “mi
cielo microbiano” en recuerdo de las multiples muestras de laboratorio que le habían
hecho. Ernesto medio en broma y un poco en serio le dijo:
-Cesar, tu estás enfermo de España, ese es el diagnóstico por todos buscado-
Todos brindaron y lo invitaron a curarse partiendo con él el sábado. Cesar sonrió, pensó
que avivaría la lucha con el canto; estaba por terminarlo y ya le tenía el título:
“España, aparta de mi este cadiz”
El jueves llegó a visitarlos un viejo amigo de Georgette, el mesmerista Pain, que había
logrado remover las sombras de esa misteriosa enfermedad que lo perseguía en los
rostros de los muchos médicos que lo habían atendido. Pain habia logrado también que
un terrible hipo que lo acosaba se fuera. Georgette habló de la sentencia del Dr. Luemire;
ave del mal aguero, dijo Pain. Verás partir a tu hombre el sábado, al frente de la batalla,
bien vestido y con los zapatos lustrados. Georgette callaba las visitas místicas de Pain,
sentía por Cesar todo el respeto de los cuatros años que cumplía su unión formalizada en
lo civil, y sabía que si él moria, su corazón moriría.

IV

Cesar retiró la sábana que lo cubría y se dispuso a levantarse; tenía mucho por hacer,
mañana partiría a España. Sonrió satisfaceho, iría a Madrid, luego a Barcelona, a la
España de su esperanza que se cumplía en su canto…Y le daría a leer los borradores a
Pablo.
Pasaron unos minutos y Cesar vió en el rostro del médico del consulado de su país, lo
que había visto Georgette con espanto; su semblante se tornó sombrio y su esposa lo
llevó de nuevo a la cama. Sintió el malestar estomacal de sus excesos del jueves. No
podía comer carne y beber vino -es un decir— sin sufrir las consecuencias.
Hijo, Cesar llamó a su madre, dijo que habia llegado la hora de encontrase con ella. Cesar
empezó a escribirle una carta a Pablo, mientras comenzaban a llegar sus otros amigos a
la estancia…
“Mi querido Pablo:
Le escribo en un estado de espíritu horrible. Hace un mes que estoy enfermo de una
enfermedad de lo más complicada: estómago, corazón y pulmones. Estoy hecho un
cadáver. No puedo ya ni pensar. Sufro también del cerebro.Un mes que no duermo.Una
debilidad horrible.Mi temperatura no sube más alláde treinta y cinco punto ocho (35.8), en
todo momento.
Dispénseme que no le dé más detalles, porque el médico me ha prohibido escribir y leer
absolutamente. Como usted comprenderá, mis nervios vuelan y estoy con una
desesperación galopante. Le ruego decirme, lo más pronto posible, si se reclamó mi
pasaje a Lima y si cree usted que vendrá. Estoy en la miseria absoluta y perezco de
debilidad.Si me sucediese algo, no sería inesperado. Me apena solamente que termine yo
tan pronto.
Me dan ganas de llorar y le abrazo fuertemente.
Cesar Vallejo.
Había llegado la señora Oyarzún, quien acompañaba a Geogette.Juan lo escuchaba en
su delirio, y Gonzalo More admiraba la fuerza interiror que irradiaba Cesar, la expresión
de serenidad y bondad.
Georgette repetía una y otra vez, fuera de si, que Cesar moriría de españa. Al
escucharla,
le pedía que lo llevara por cualquier medio que fuera, se lo pedía en el silencio del viernes
sobrecogedor, con la mirada de un amante que muere de muerte, con la mirada de
quedarse para siempre en París y volver con su corazón a Iberia, y a los Andes, con su
nariz de orquídea, con los ojos de su esposa, con el gusto de Georgette; volver a comer
un buen ceviche como lo hacian los indígenas milenarios. Respirar el aire de los Andes y
el cercano mar. Poner la cuadratura radical y descarnada de su mandibula a los pu ños de
su Trujillo.
Decía Cesar «Me voy aEspaña, me voy a España.» Lo decía como una oración,como
al invocar una vez más la inocencia de los niños:
Niños del mundo ,
Si cae España –digo, es un decir-,
si cae …
Si la madre España cae –digo, es un deecir-,
Salid niños del mundo a buscarla…
Si hijo, la respeuesta a la pregunta de Cesar fue la desolación, y con la caida de españa,
la de su esperanza.
 ¿De qué mueren los poetas, Madre? Mueren de vida, hijo, muren de canto. Cesar murio
de España, hijo…

“¡Niños del mundo,


si cae España
—digo, es un decir—
si cae…

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Si la madre

España cae –digo, es un decir-,

Salid niños del mundo; id a buscarla

Las chicas de avanzada

 Frecuentaba dos grupos  diversos, los que les gustaba Van Halem, a los que les decían
los rockeros, y los que les gustaba los Bee Gees, que eran vistos como chicos de
avanzada.
Tomy, mi amigo, que también se debatía entre ambos grupos, frecuentaba más a los de
avanzaba pues allí veía a su chica, por la que babeaba. En el fondo yo no sent ía que
quisiera alucinarme con los rockeros para frecuentarlos, me fascinaba Van Halem y
cuando la veía a ella gozándoselo, me entusiasmaba. Era una muchacha vivaz que me
observaba también, pero era incapaz de acercarme, de decirle cualquier palabra,
entonces me refugiaba en mi caparazón de indiferencia pensando en darle una imagen de
extraño o de enigmático. A la tarde siguiente la chica de Tomy asistía a una casa del
barrio a escuchar el álbum reciente de los Bee Gees, espíritu al vuelo. Allí no faltaba esa
otra muchacha que me hacía babear, de la que estaba seguro que con ella no tendría
posibilidad ni de amistad, esa chica de avanzada, me decía, es inalcanzable... Entonces
Tomy  me hablaba de una muchacha que me observaba,  sabía que lo hacía por
consolarme, le decía en broma que con tal de que no fuera la misma que lo hacía babear
a él, a mi amigo, todo estaba bien. Tenía poca conciencia de mi imagen; vestía mal,
estaba flaco, lo único que quería, que me creciera la melena como la de los rockeros,
Tomy me decía que yo era churco, que olvidara la melena 

Al atardecer pasaba por el negocio del padre de la amada de Tomy, la saludaba, me


despedia, no había almorzado y tenía hambre. Al doblar  vi a Tomy  estrenándose en la
marihuana, o eso fue lo que me dijo. Dobló el cigarrillo, lo aspiró con fuerza, me lo pasó;
por darme una imagen de ducho en la materia aspiré muchas veces, terminé en una
laguna mental...  Cuando empecé a ver las cosas escuché el aterrizaje de avión de la
música de Van Halem, la chica que me fascinaba me miraba,  los rockeros me miraban...
Pensé en decirle algo a la chica pero me detuvo mi propia imagen de enigmático. Uno de
los rockeros me lanzó un insulto, y preferí devolverme.
 En las reuniones de  avanzada, ahora llamados chicos pop, según mi amigo, descubrían
que Tomy y yo escuchábamos a Van Halem,  a pesar de eso la amada de mi amigo
buscaba mi charla. Llegué a  casa y mi padrastro me maltrató, me bañé, comí algo y salí.
Estaba decidido a olvidarme de la chica de avanzada y volcarme a la rockera. Tomy me
encontró, me buscaba para decirme que su chica a quien quería era a mi, le dije que yo
no quería nada con su novia.

 Pasaron dos días, una tarde caminado por ahí, al doblar una avenida vi a la rockera, me
lancé resuelto a seguirla y a decirle que la quería, llegó a una puerta y entró, sabía que
trabajaba en un negocio llamado Lenon... Me quedé pensando, ese lugar donde entró ella
era de lenocinio.
Encendí un cigarrillo, había empezado a fumar mentolados extra largos, cuando sentí un
toque de dedo por la espalda, era la amada de Tomy, me invitaba a una reunión para
hablar de su reciente descubrimiento: Soda Stereo… No sé porqué sentí que mis
churcos se volvían una melena afro. De repente apareció Tomy, vi en sus ojos la sorpresa
y sin esperarlo me dijo sin importarle que ella estuviera allí, que la chica pop me había
estado siguiendo, quedé sorprendido, mi amigo se despidió diciendo que podríamos estar
juntos si queríamos. Pensé en que no estudiaba ni trabajaba, pensé en el padre de la
chica.Temblaba, caminamos, me dijo que su padre le había comprado un stereo personal,
un walkman, que lo compartiría conmigo. Empezando mil novecientos setenta y nueve y
ya se inventaban stereos personales, eso significa la disgregación de grupos, pensé,
mejor me olvido de la otra chica de avanzada.
Ha llegado el momento de partir

Veía al hermoso bebé con unas alas de papel, dormido; luego lo cargó en sus brazos
tiernos. Y despertó… Berreaba fuerte. Ella lo miró casi horrorizada, lo descargó en la
cuna. El bebé seguía berreando. Despertó tan sobresaltaba que dió con su codo un golpe
en la espalda de su marido, él despertó gritando, como si hubiera tenido una pesadilla.
La lámpara de la mesita iluminaba su rostro aterrado, mientras acariciaba su estómago
crecido por los meses de embarazo, describía el pequeño cuerpo del bebé cuando lo
tenía alzado; su cabeza, su boca, su naricita, sus orejas más pequeñas que la de otros
bebés; la parte de atrás de su cráneo calva, su cara achatada… y… ¡!
¿Pero por qué alas de papel? Interrumpió el marido… Ella lo dijo temblando mientras
balbuceaba… - ¡ El be… Bea…bé era extrañooo…! El marido entendió, su esposa sentía
una preocupación legítima, esperaban su primogénito.
Con la imagen de las alas de papel aun fresca, se aventuró en internet. Se asombró al
ver las alas en una página que apoyaba salir de embarazos complicados. Era una página
en las que habían diagnosticado el síndrome… Las alas de papel eran de bebés que ya
habían partido… Se llenó de angustia, entonces le pidió al marido una ecografia del bebé.

-Sabía que mi esposo tiene una hermana con el síndrome, y hasta la amaba por su
hermosura… ¡Ahora de qué me quejo!- Pensaba mientras le hablaba a su marido.
Amor -decía él- Tu sabes que soy el hombre más religioso del mundo, pienso que él bebé
es un regalo venido a tiempo.
Ella lo abrazó, sollozó mientras planeaban el futuro de su hijo. A la mañana siguiente
despertó con una tristeza que le rompía el corazón. Se decía que no pensaría más para
no preocupar al bebé que crecía en su vientre. Ella había fingido ante él espiritualidad,
pero había crecido descreida lo que no le impedía ser bondadosa y de buenos
sentimientos.
Me cuesta trabajo aceptar el optimismo de mi esposo –pensaba- Me cuesta tratar de ser
optimista y creer que nacerá normal. Él desde su corazón piensa que es una falsa
alarma….
Luego ella escribía en el foro de Las alas de papel de la página web…
-Pero chicas, es difícil... Ustedes me comprenden... Mi primer hijo, tardé tanto en concebir
y ahora esto. En momentos como este, siento que me caigo. Pero me consuela pensar
que en pocos días me harán el último examen, entonces saldré de la duda... ¡Necesito la
luz de esperanza que tiene mi marido, pero estoy negada a esa!
Esa tarde fue displicente con su esposo; irían a visitar a Marie Edison, mujer que había
dejado partir a su hija y despues visitaba asiduamente un hogar de la desesperanza,
además que su testimonio había quedado en el foro Las alas de papel. Marie le transmitía
a los Díaz sus expectativas; sepan que tengo seis hijos. Con cuarenta años, el séptimo
que partió se llevó mi corazón… ¿Y porqué su esposo no lo impidió? Se atrevió a
preguntar Edgar. Déjame decirte, dijo Marie mirando a Rosa Díaz, que aun cuando
recibió los resultados de la amniocentesis, en las que se mostraba que Clarisa… (Se
llamaría Clarisa, mi hermosa niña con alas de papel) A mí, la idea de que ella partiera
nunca la consideré a pesar de que me sentí asustada y mi esposo también. Dije: “¿Cómo
habremos de sobrellevar esto? La reacción no fue: “’Yo no puedo tener el bebé”. No
puedo decir, ahora que no está el Sr. Edison, que suya fue la culpa. Lo he enviado a vivir
nuevamente con su madre. Al otro día, todo cambió cuando debimos acudir al hospital.
Desde la enfermera hasta el consultor médico le sugirieron a mi marido que sería un acto
de crueldad si no dejaban partir a mi hermosa, pedazo de mi vida con las alas de papel.
Ya no sufriría; de las mujeres que se han diagnosticado, las mayoría los dejan partir,
decían.
Esa misma noche nos llegó un comunicado: “Se le invita a unirse a una página social
para preparar la partida”.
Edgar… ¿así es como te llamas, verdad?
Edgar estaba hipnotizado y respondio débilmente -Si señora Marie-
Mira, Edgar, no sé si el Sr. Edison fue débil, si mi marido fue desconocido para mí en ese
momento, pero ambos nos sentimos abrumados despues de ser maquinales… Marie grito
en ese momento cuando dijo - ¡Y dejamos partir a nuestra hermosa niña con las alas de
papel!. Estuve en estado de shock mientras ella partia… La ví, Sr. Edgar Diaz, tan
pequeña, tan perfecta. Rompí a llorar incontrolable ¿qué es lo que había hecho? Me di
cuenta en ese instante que habíamos sido manipulados… ¡Luego me sentí presa por la
ira!”.
Los Díaz salieron conmovidos, ella de la mano, Edgar en sus adentros sonreía por el
impacto que el testimonio había causado a su esposa. Tomó el primer autobús que pasó,
pensando que jamás, poniendo en juramento su vida, dejaría partir al bebé que venía en
camino. Clara siguió caminando cabizbaja hacia el supermercado. Hermosos bebes
revoloteaban por su cabeza ahora que el dignóstico estaba confirmado; su bebé padecia
el síndrome… Edgar en definitiva no lo dejaría partir, pero en ella la incertidumbre hacia
su posesión. Corrió hacia una sala de internet y abrió el foro. Quería terminar de leer el
testimonio de una joven que lo había dejado partir hacía pocos días. Era viernes, su
esposo iría al bar y Clara liberó sus sentimientos…
Decía la joven..
-Después de tomar la decisión de dejar partir al bebé; decisión que sentí monstruosa en
ese momento, y sin tener claridad aún después de estos días, si hice lo correcto, pues
caí en la doble moral al haber defendido por muchos años la cruzada de mi iglesia…
(Clara Díaz recordó los interminables sermones del cura de su parroquia)
… Creo que volvería a intertarlo. Pongo unas alas de papel en esta página social y me
muero de ganas por volver a soñar aunque me envuelva la duda, el miedo y el
sentimiento contradictorio de parecerme indigno ese proceder-. Clara lloró, no se sabe si
de felicidad o de duda, luego leyó la opinión de otra forista comentando el relato de la
joven:
- ¿Porqué culpa y arrepentimiento, si eso procede de la misma cultura? Lo dejaste partir
y esa decisión la sentiste justa para ti y tus posibilidades. Yo pasé por lo mismo, sufrí y
hoy la vida me da una nueva oportunidad; alegráte de que lo supiste antes del parto, pues
hay mujeres que nunca supieron-.
Clara se sumergió en una terrible incertidumbre; quería dejarlo ir, quería poner sus alas
de papel en red y soñar de nuevo. En definitiva, ella, Clara, lo dejaría partir y soñaría de
nuevo.
La lámpara de la mesita ilumiaba su cara aterrada, Edgar la miró fíjamente mientras
retiraba la cobija de su cuerpo, le dijo imperativo que esa misma tarde empezarían a
preparar la partida… El comunicado de agregarse a la página social le había llegado. Ella
lo miró con los ojos desorbitados, y exclamó tranquilamente que jamás lo haría, que
jamas dejaría partir a su bebé down.

Ninio, el lagarto

Siempre me decía que porqué era amigo de clientelistas de bajo estrato… Le contestaba
que quería hacerme amigo de uno que ha llegado alto, pero me daba pereza tener que
hacer lobby y otras cosas… Además siendo sincero conmigo mismo, seguía a los lagartos
(sin saber que ya me había convertido en uno) por despejar mi apatía diaria. Una mañana
que salí al parque cercano frente a la Alcaldía, me ocupaba comiéndome una grasosa
empanada cuando apareció Ninio; era hermano de una muchacha a la que yo había
pretendido, luego terminó casándose ante mi lentitud. Linio me dijo que lo acompañara
que Ivan Moreno estaba recibiendo gente pues se lanzaría como candidato a la Alcaldía.
Caminábamos por la calle del museo de los masones y pensé que pasaría otra vez al lado
del recoveco donde los indigentes hacían sus necesidades, pero en vez de eso un
anciano que vendía confites en un carrito de bebé estaba instalado como portero del
recoveco y escuchaba de la radio la ampliación de la noticia del secuestro de un avión
Fokker por insurgentes. Siempre pensé que este noticias en el extranjero daba la imagen
de ciudades convertidas en Far West, pero no era así; los que soportaban el peso del
conflicto era en ciertas áreas rurales que eran escudo de las fuerzas en pugna.
Ayer me había encontrado con Alejo y terminé haciendo una larga fila para que una
señora, poniéndonos la mano en la cabeza nos secreteara. Le dije a Alejo que repetiría y
volví a la cola… Quinientas personas detrás mío, empezaron a pasar.
Luego me vio mi amigo, me dijo al oído que cambiara de compañía que ese lagarto era
bien conocido… ¿Que tanto prejuicio con esa gente? ¡Ponen sus esperanzas de vida en
los que se dicen políticos! ¿Es raro eso? Si no fuera así este país no tuviera la fuerza
política que tiene. Seguimos caminando y empecé a sudar… Ninio me dijo que apenas
llegáramos nos recibiría una linda universitaria con una cafecito en la mano y quizá un
pastel (que era una empanada horneada). Pues fingí ánimo y seguí, pero mi corazón latía
de ver el entusiasmo de Ninio, la alegría que le daba presentarle a alguien al Dr. Ivan,
pues eso era una seña de trabajo… Quizá Ninio me estimaba a mi y diría que me salvaría
de mi vagancia. La imagen que él tenía de mi era un secreto.

PRESO DE LA MOLICIE

Esperaba el autobús en la saliente calle del barrio, y una vez más escuché a una mujer
gritar con una furia, por decirlo así, deliciosa; gritó con toda la gana y parecía disfrutarlo.
¡Podía ser este comportamiento fruto del estrato! Esta agresividad la había percibido aun
en lugares dónde no encontraba más incuria . Imaginé al niño que había gritado ¿Olvidó
hacer algo? ¿yo porqué no hacía algo? Reconocía estar preso de la molicie. Yo mismo
había padecido la furia de mi madre.

¿Me preguntas, qué es lo que más te gusta hacer -o que te hagan- en tu colchón?

¡Este no era mi sexo! Lo digo acostado al ver mi perfil en mi red social, y no es que est é
arrepentido. Es que me choca esa pregunta capciosa, como la hacen los periodistas
ansiosos. No me gusta que me hagan nada en mi colchón, no tengo que acostarme con
alguna intención sexual. Largos años de mi vida me costó lograrlo y convertirme en lo que
soy. Precisamente porque crecí conociendo que los hombres no piensan sino en
acostarse a una mujer, sé que este concurso lo organizó un hombre. Y ahora que soy un
hombre estoy pensando como una mujer, acostado pensando en que tengo pene y soy
asexual, y lo que más quería sentir como hay hombres que son como perros en celo.

Burbujas de amor

Cuando no me probaba un hilo, un hot pant… Mi amiga pensaba que modelaba, pero me
alienaba Burbujas de amor…¡ Ah… Me dijiste que el guapote aquel te hace escuchar esa
canción! Si, y quiere que la descifre. Me puse una tanga y nos concentramos en la letra.
Alto, dijo mi amiga, por el fragmento ¨Quisiera ser un pez…¨ ¡No hay ninguna duda que
quiere meter su nariz en tu pecera! Algo me lo decía ¿Por eso la pasé modelando ropa
interior?

Lluvia de reproche

Soy Astuto, mi piel la que le dio Dios a la noche y a los ojos luna. Soy amable pero mi
corpulencia asusta y torna agresivos a otros. ¡Mi reproche… Astuto! Y te lo digo… A pesar
de mi celo… No me has ni olfateado. Tu eres impactante; se que Roco te destrozaría
nada más que te tuviera a un metro. Él si ha aprovechado mi naturaleza, con su gruesa
nariz parecida a lo que tengo bajo mi cola. Dulce y delicada Westy a Roco no lo habr án
capado y es a mi raza lo que yo a la lluvia.

La semilla

¡Vamos… Ha entrado el nuevo amante que conseguimos para ti! Bueno…¡Vamos,


esposo mío! Los saludo (El amante llega dispuesto a romper las reglas que el esposo ha
regulado para el encuentro de su mujer como condición de domino). Sin permisos latentes
o reales toma la iniciativa con la mujer. El esposo se ofusca y trata de intervenir, pero la
mujer ya está en plena acción, también sin miramientos.
En el colmo de los nervios, el esposo ve una gruesa sopa caer al piso… Luego, recrimina
a su mujer ¿Te había advertido lo que queríamos de ese hombre? La mujer, como una
niña malcriada lo mira. Continúa el esposo diciendo… ¡Mira toda esa semilla
desperdiciada en el suelo que al cabo de unos minutos se evaporará!
La mujer, que ya pasa de los cincuenta, sigue mirando a su esposo perpleja. El amante
ha estado observando la reacción del esposo y ante su propósito de desarticular
intenciones, pero lo que acaba de escuchar lo deja también con dudas. Termina diciendo
a la esposa que se había perdido otra oportunidad de que la dejaran preñada. El amante
salió esbozando una amplia sonrisa.
Las tres gracias iluminaban mis ojos: una de ellas desde el avión, la vista de Madrid, la
fantasía de las torres Kío: había entrado a Europa soñando sobre los Andes.
Me refrescaban las mujeres de Rubens; el museo del Prado, mi gracia más adorada que
me ponía a volar sobre esos salones de anhelos… Salí y mi cuerpo sudaba de alegría, a
la vuelta de la esquina estuvo mi tercera gracia, una piscina de Madrid Río…

Descubriendo el Romero

Paseando el mediterráneo en la Jávea enigmática, cristalina y rodeada de montañas


escarpadas con sus atardeceres de fábula, me trajo el aire el olor del romero; hierbas
milenarias de tantos andares que deleitan exquisitos manjares. A lo lejos, una saxofonista,
y los turistas diminutos a mi vista, extasiados…
¡La música, el romero esperando, un buen vino Español y el calor del reencuentro a la
puesta del sol estival!

El deseo

¡Alguien me envió un regalo íntimo…! ¿Que hubiera dicho mi madre? ¿Dependes de tu


madre? No, sólo lo dije por decirlo. Te voy a decir lo que me está molestando ¡Ceri ¡Tu
sabes que aun no he estado con ningún hombre! Ceri pensaba que su pureza era una
forma de reivindicar a la madre. En la mesa contigua un chico miraba a Ángie cuando se
sentó y su vestido dejó ver sus piernas.
Tu sabes que algunos hombres se acercan a mi para insinuarse; a mi anterior novio lo
delató su ansiedad, lo cierto es que me estaba enamorando de ese chico, de ahí a este
tiempo estoy cuestionada.
Angie entró a su casa pensando que quería entregarse siendo casada. Tenía derecho…
Con su reciente novio había percibido que al darse debía ser para siempre; fue enfática
en decir que para ceder debían ser uno. Pero hija, le dijo la madre, tu rechazaste otro
pretendiente, y él te quería para casarse. Claudia pensaba que la pureza de su amiga
reivindicaba a la madre que manejaba una casa de encuentros esporádicos.
Las estrias visibles
Ella se descubrió otra, había sido en su vida una monja, lo que no le impedía asistir a un
gimnasio pero usando sudadero grueso. Imperiosa, Magda acababa de perder su habitual
mansedumbre. Con ironía afirmó ¡Has escogido bien tu ropa de ejercicios, Amparo! ¡Si,
contestó, mi cuerpo debe mostrar su belleza en cada ocasión!. Pero sabemos que tienes
algunas arruguitas por ahí… Esa afirmación le hizo pensar que su amiga había perdido un
poco de su materia gris… Tu exceso de sinceridad, después de largos años de conocerte
sumisa, ha delatado tu envidia reprimida… ¿Has podido competir con mi cuerpo? ¡Admira
mis abdominales…! ¡Quien te contradice, ante tal evidencia, seguramente yo no
Amparito! ¿Ahora reconoces que mi cuerpo es esbelto mostrando tu recelo, amiga
Magda? Quien te hubiera conocido ayer, continuó diciendo, diría hoy que estas…
Mejor no continúes si quieres que no te saque en cara que tu figura va de la mano de...
¡Amiga Ampa..!
Iba a decir arruguitas, pero recordó que esa no era la palabra que mas odiaba su amiga,
era “Estrías”. Y ese odio le daba la sospecha de que en alguna parte de su fenomenal
cuerpo las tenía. Aun así, Amparo se indignó tanto que en un arrebato se desnudó ante
su amiga mostrando una silueta moldeada por la excesiva gimnasia diaria; había pasado
del medio siglo en el que una rigurosa vida en el gimnasio la hacia merecedora.

Eso está bueno, he roto tus resistencias, veo asomarse la pálida cara de la envidia; eso
está bien Magda, mira mis piernas torneadas…
Ella se avergonzó pues no sentía que se hubiera asomado la envidia, sino un impulso que
no lograba definir.
En ese instante entró el muchacho que salía con Amparo sentándose en el mueble de la
sala. Magda que llegaba también al medio siglo, fingió tropezar al empezar a dar unos
pasos y puso sus pechos en la cara del chico. Se incorporó como un rayo al entrar su
amiga y se quedó quieta . El chico rió mientras besaba los labios carnosos de la otoñal
mujer. Magda lloró sentada en el inodoro; se desconocía, no podía entenderse; su
relación con los hombres había sido nula, hacia ejercicio además para mantener buena
salud y rezaba todos los días. Escuchó cuando ella le decía al fornido joven que su amiga
que era monja estaba sufriendo por tener un cuerpo flácido. Sintió un impulso que la hizo
quedar en ropa interior y salió decidida a la sala bajo las miradas asombradas de ambos.
El hombre no le llamaba la atención y su amiga tampoco pero descubría que ante los dos
no podía apartar sus ojos del esbelto cuerpo de ella. Que diría el cura cuando le
confesara que de un momento a otro su vocación de monja se volvió la de una mujer
impulsiva y de sentimientos confusos.
De tantos años de visitar el gimnasio en su compañía, le había florecido esa palabra que
su amiga evitaba con tanto cuidado: “estrías”, pero que ella había traducido por
arruguitas. Cuando salían juntas no podía dejar de pensar en esa palabra, y fingía
quedarse un poco mas en el gimnasio para luego cuando ella hubiera salido, ejercitarse
con mas furor por una hora mas. Luego Amparo veía un brillo alegre en sus ojos cuando
le decía que era favorita como presentadora por su condición de diva.

En tantos años de amistad, desde que eran niñas, ante ella era ahora otra persona. El
hombre encendió un cigarrillo al ver las firmes y contorneadas piernas de esa mujer que
posaba de descarada y que minutos antes era una fofa trigueña de habito y velo. Sus
gestos delataron una angustia que parecía salir del alma. Se puso unas tobilleras y
empezó a hacer sentadillas haciendo que cada articulación de su cuerpo mostrara
vitalidad y esbeltez. Su piel se tornó brillante por la tensión y se sintió vital.
Frunció el ceño un poco cuando su amiga la invitó esa noche al programa. La jornada
transcurría normal, de pronto la diva presento a Magda como la colaboradora estrella que
había abandonado su rutinaria vida. Ella quedó muda mirando a Amparo mientras la
caricaturizaba, pero su enfado estaba en que le había descubierto a su novio y a ella
misma su fenomenal cuerpo escondido por largos años.
Y ustedes saben, decía, que la gente me ama por mi disciplina que a veces causa recelo
por sus excepcionales resultados; Magda se levantó y fue hacia el baño. Lloraba
recordando lo que le había mostrado al amante de su amiga en un arrebato de locura;
había corrido hacia ella y sin esperarlo le había arrancado su short y le había dejado
visible sus estrías en el sitio exacto en que las había visto cuando se desnudó ante ella,
también en un arrebato.

Matrimonio canino

Una mujer se casará conmigo; estoy organizando la boda al modo canino. No se sabe si
un cura nos casará o nos desposaremos en la notaria pública. Tendré que averiguar en
materia de legislación si hay alguna fobia contra este tipo de unión.
Mariposa quiso casarse conmigo una mañana mientras escuchaba música y tecleaba en
su ordenador…Les aseguro, hermanos, que ustedes se vanaglorian de oír y ver bien… Yo
me enorgullezco de mi olfato, ustedes no se enorgullecen de todos sus sentidos.
Me acerqué moviendo la cola, empecé a rozar mi nariz en su pierna, ella, estaba de mal
humor, primero gritó, pero luego comenzó a reír a reír… Luego una carcajada retumbó por
el piso…¿Creen ustedes, como lo pienso, que lo hice por morboso? Claro que no, lo hice
porque, consciente de mi poderoso olfato (no sé porqué razón se resistía a ir al baño)
quería advertirle de un exceso de albúmina que repercutirá en un malestar a sus riñones.
Parezco papillón de raza, pero no, mi padre era un perro común de tipo aprovechado… Mi
madre despreciaba los perros mestizos, no por vanidad sino que según confesión a mi
madre quería asegurarle a sus cachorros un buen futuro. Ella,una bella papillón, pero de
propietarios poco adinerados, luchó para que sus descuidados dueños no la soltaran a
cualquiera; su persistencia la llevó a que preñada , se creyera que rata, nombre del
papillón de Thalía, y que jugueteaba en el parque cercano, fuera el responsable de esa
panza.
Yo lo creo, soy el hijo de Rata y canto como José José. Rata el papillón ahora es un
viejo… Por eso, por tradición de los míos, quiero casarme con mariposa y mejorar la raza.
Dime que quieres decir Mariposa… Con sus ojos tiernos me mira el cuerpo, me dice que
si me quiere, pero me quiere maternalmente y me besa; que que su corazón le pertenece
a un imponente Rottweiler, que por ser ya tan común, no es menos importante.

NARRATIVA 1996

Estimados operarios

La madrugada y el fin de diciembre me rasgaban suavemente el corazón. Estaba sobrio,


expectante. Observaba al chico que tenía un hambre terrible y la manifestaba. El hotel se
veía desde la distancia como un restaurante chino en un sector popular ¡Comer era la
cuestión! El hambre del chico me conmovió mucho. Salí a la calle a observar: una mujer
semidesnuda se ocultó tras un poste de alumbrado y luego entró en la antepuerta de uno
de esos hospedajes de mala muerte, después un tipo mal encarado se lanzó a la boca del
poste donde había entrado la mujer. Muchos indigentes aparecieron de la nada por esa
misma calle que alcanzaba a tener un poco de la luz que irradiaba de una avenida
principal metros arriba: se disponían a buscar ansiosos en los andenes no sé qué cosas.
De una -Me dice Carlos- camina y busca unos ayacos. Una caña de un retardado volador,
caía inofensivamente sobre un tejado. En la desierta manzana de la plaza de mercados,
revoloteaban algunos buitres. El Padre del chico, viejo en su oficio de portero, observaba
quizá con una tranquilidad estudiada, el hambre del hijo. Me desesperé un poco: no tengo
la culpa de ser cobarde, la literatura es basura, hace a los hombres cobardes y
provincianos; lo único que tengo que hacer es cruzar la calle frente a la plaza de mercado,
pasar por la vereda donde están los indigentes e ir a buscar el bollo. Hay un montículo de
basura por allí, he visto que salen ratones y vuelan como colibríes. Un ratón blanco se
posó sobre un mugriento poste, reclamándome el diente del niño: no ha mudado de
dientes -le dije- En la esquina, en una caseta, unas personas bebían cerveza. El
aturdimiento de la pólvora se había aturdido y daba paso a un pequeño cielo despejado.
Tomo cerveza, brindo por la vida y por el primero de enero que me descubre aun en la
mierda. El ratón se posó sobre mi hombro, tarareo una canción conocida para darme valor
y la señora me dice -Cuídate hijo- Después , salí con los bollos. A la mujer del poste, aun
el hombre la tenía crucificada en un pasional abrazo erótico, mientras al otro lado el
cuchillo de un indigente resplandecía por el día.

2000

EL MACHO

Le habían dado la dirección de una nueva sala, entrando vio las chicas sentadas juntas en
un largo mueble, una de las chicas le habló al oído a la Matrona. Lo hicieron sentar frente
a ellas y le ofrecieron una cerveza, comenzó a beber a sorbos cortos y a mirarlas
detenidamente, sin prisa, con sus ojos rasgados y su sonrisa apagada. No le parec ía que
esas muchachas estuvieran para ponerse un uniforme colegial como su amigo le había
dicho. Mas sin embrago algo lo detuvo y le habló al oído a la Matrona; le señaló con cual
chica quería estar, mientras pensaba que ella la elegida le parecía conocida. Ensayó
poner la mano en el muslo despejado al cruzar las piernas. Ella se sintió un poco
avergonzada, pero sin razón pensó él pues ese era su oficio y ahora que lo pensaba no
se sabía si estaba acostumbrada, pues supuestamente esas jóvenes estarían
estrenándose en esos menesteres. Se consoló pensando que así se sentiría la primera
vez que un cliente le ayudó a quitarse el brasier. De todas maneras eso era voluntario del
cliente. El macho se estremeció ante la piel de leche que tenía ante sí. Acostado boca
abajo en la camilla, recordó la de ojos verdes, que por su ingenuidad lo hizo temblar
mientras untaba la crema en sus espaldas. Vio a la chica concentrada en los movimientos
de las manos por sus garrudos brazos. En los lisos muros unos amantes abstractos se
retorcían. Se estremeció al pensar que antes de llegar a la sala, por la calle se encontró
con una de sus alumnas del colegio que lo saludó efusivamente, que tal que lo vieran en
estas-pensó- arruinaría su vida. Era conocido como un reparador electrónico en todas las
salas de masajes que habían en la ciudad y lo conocían con el apodo del macho, pues
cierta vez había gritado que él no tenía ni un pelo del otro equipo, hasta le daban crédito y
a veces daba pagares falsos. Su afán de asedio en las salas era conseguir siempre la
más joven recién llegada. Salió bruscamente de sus pensamientos y un estremecimiento
recorrió su cuerpo cuando la chica le dice “profesor”, sin quererlo tuvo una gran erección.
Ella Le dice que tranquilo y le muestra un vibrador que tenía guardado. El profesor queda
paralizado. Ella intuía su suave consentimiento al resbalarle el vibrador sobre sus
espaldas. el sentimiento de su machismo se apoderó de su alma al sentir la mazorca
deslizándose hasta sus viriles glúteos. La chica quería que los hombres supieran como
era ser penetrada. Ella misma quería ser un hombre. El macho sintió cierto
estremecimiento.

11-03-1996

El Hijo de Ruth

Ricardo era el tipo de hombre que nunca había convivido con una mujer y que quizá
nunca conviviría con una mujer. Ante sus dos amigos exponía reflexiones lucidas y
mostraba su agrado por las mujeres jóvenes, como queriendo entrar en la conciencia de
uno de sus amigos por sus gustos por las mujeres maduras. Sus ojos eran rasgados,
como los de un oriental, sino resultado de una cirugía que había rellenado su cara para
hacerlo ver más jovial, lo que le había producido que las secuelas de su acné de
adolescente se notaran más, como si hubiera sido intervenido después de una
quemadura . Su amigo le parecía que esa descripción exageraba, pero si se podía ver
como un Maicol Jackson, a no ser por sus complejos debido también a su estatura. Sus
dos amigos lo seguían fielmente en sus andanzas reflexivas, sino fuera también porque
uno de ellos cayó en cuenta que sus disimuladas críticas hàcia lo que él hacia, lo estaban
cohibiendo más de la cuenta. No moleste tanto, le decía a su otro amigo, me tiene ya
traumatizado y sobre todo en cuestión de mujeres. Si se decía que era atractivo en
comparación a Ricardo, porque no podía tener una chica hermosa. Al tercer amigo le
parecía que este no era comportamiento de tipos de 34 años, pero los toleraba porque
sus amigos les representaba un status que él no tenía, a pesar de que se consideraba
más inteligente que los dos, pero a pesar de que la madre de Ricardo lo consideraba a él
un borracho y mala influencia para Ricardo, a pesar de eso lo invitaban a compartir la
Cena en la casa de ellos, cosa que él por falta de carácter se negaba a rechazar y lo que
le valió en una ocasión que una novia que tenia lo sacara de la casa por no cumplirle una
cita. Pero ninguno de los dos se atrevía a criticar a Ricardo frente a él Los dos amigos
hablaban de él a sus espaldas y al otro día ya estaban reunidos.
1997

El Roto del Humo

Era la una de la mañana, pasaron por el bar Los Perros y estaba también lleno de
prostitutas bailando cumbias vallenatos. Prostitutas de bajo precio pero la mayoría de
ellas muy jóvenes. La pequeña minifalda que usaban y el contoneo ordinario de las
caderas los hacían ver desde fuera en un frenético movimiento de los genitales. Pasaron
por el Bar Carrusel donde también estaba lleno. Las prostitutas que allí habían eran más
cotizadas. En ese bar no entraban sino tipos que tenían bastantes billetes. Pero ni por que
así fuera, ese era un barrio que era un hervidero de delincuentes, gentes de mala vida e
informales, era un zona roja, una zona de tolerancia de mala muerte . Era casi medio
barrio lleno de Bares, casas de lenocinio y fumaderos de drogas. Lorenzo, le decía el
amigo –Usted fue muy grosero en su primera comunión, no dejaba de maldecir- Pasaron
por el bar Casa de las Muñecas y a Lorenzo le llamó mucho la atención una muchacha
que estaba sentada y dejaba ver sus piernas color canela hasta sus genitales. Rodrigo-
dijo- es muy bonita esa mujer que está allá sentada sola. Bueno que le vamos a hacer, no
tenemos billetes. A pesar de todo, Lorenzo era muy tímido y no se atrevía a entrar al Bar
para hablarle si quiera. No seamos hijueputas nos jodimos. Rodrigo quería fumar
marihuana. Lorenzo había perdido su año escolar y estaba asustado ante el autoritarismo
de su madre. Si marica, usted tranquilo porque no estudia. Entonces vamos a buscar
marihuana, dijo Rodrigo. Pasaron por el bar El Roto del Humo, Lorenzo no sab ía por qué
había recordado la pregunta con la que perdió su año escolar: ¿Quién entraba por
Richard Nixon, a la Presidencia? Pero si yo no soy gringo , a duras penas me gusta ver
bailar a Travolta, se decía. Además no fumo marihuana y éste marica quiere empezar a
fumar marihuana. Se acercaron al Roto del Humo y Lorenzo quedó maravillado, estaba
lleno a reventar y todos estaban bailando una versión Vallenato de la canción Alicia la
Flaca en un frenetismo de movimiento de caderas ; se acercaron un poco más, era un bar
de prostitutas homosexuales. En la claridad que les daba las luces giratorias en la pista de
baile, pudo observar las caras de éxtasis de los homosexuales. Vamos a buscar
Marihuana, dijo. Rodrigo se internó entre unas casuchas miserables a las que se llegaba
descendiendo por unas escaleras. Yo lo espero aquí, en una esquina despejada por la
neblina del amanecer. Pasaron unos minutos, cuando vio a Rodrigo apretándose con una
mano el ombligo. Primo, le dijo con cariño, me metieron la punta de un cuchillo en el
ombligo. Rodrigo era un jovenzuelo que vivía hacia poco tiempo en la calle, su familia
vivía en la indigencia. Lorenzo comenzó a pensar en su primera comunión, si, se veía
elegante en la iglesia, había blasfemado varias veces por que accedía fácilmente a la
cólera frente a su familia; su abuela que lo llevaba de la mano, lo sintió inquieto y lo aferro
mas fuerte cuando el cura paso dando bendiciones

1998

MAMBRÚ

Dijeron Mambrú, la viejecita miro hacia la voz, siguió ante el espanto: la calavera como de
un niño, mal amortajada y en intervención quirúrgica en una camilla chatarra (un joven
que desandaba el local, se detenía y miraba un lienzo cercano a la entrada, Hablaban
como unos hombres rubios que habían llegado a su mercadería de granos crudos.El
joven ahora miraba a la viejecita inmóvil, viejecita- dijo déjeme sostenerle, la carga. Los
minutos pasaban en el conglomerado, los minutos pasaban en el conglomerado del
comercio con una llaneza vociferante de palpitar indescifrable. Tímidos, tocaban las
horas. En el momento entro al local un lustrazapatos. Mambrú- escucho decir a la niña- El
hombre llevaba una bandera, sangraba su brazo, la niña iba de un lugar a otro entre los
secos arbustos, un niño trepaba la montaña. De un palo negro colgaba un hombre
maduro. Saltaba sobre el azul. Un estruendo hizo mover a la anciana. La calavera
enferma murió, El joven descolgó el lienzo y cerro el local…

LAS CARTAS, OCTUBRE 5/96…

Pienso en un pequeño préstamo pecuniario, Aquella vagabunda que encontré una vez me
vio ademanes de rico, Esta mañana en el comercio vi un bonito juego de platos, Recuerdo
un café billar donde suelo encontrar a quien me va a negar unos peniques. Me regreso
unas voluptuosas coperas atienden mi vista ¿Qué poemas gustan, no veo al practico
poeta al cual tramitare el préstamo, me preocupan los platos de los que depende la ida y
el animo de la señora, En estos casos la esperanza se pone en un milagro, La noche ya
cae sobre este monologo, Una mujer me sorprende con su saludo; recuerdo que la hab ía
llevado a la cama años atrás, me olvido de las coperas y me dice que ahora tiene un
negocio, pasadas tres cuadras pienso decirle que me preste cinco mil pesos……

LOS PLATOS

En la biblioteca de la universidad, el lunes, cuando piden la cabeza del rector, mientras


estaré satisfecho por el asado y la cerveza,En los comienzos veía repleto el anaquel, iba
hasta la puerta, pero una voz interior me decía que volviera, la poesía enseña y leía a
Delmira Agustini, con el tiempo agarre a Gioconda Belli. Una contra para poetas son los
espejos, no tocar madera viven es siguiendo mujeres y regañando ladrones Gonzalo
Arango mato un libro por un beso, aunque siempre se vuelve al cadáver.
Que la señora me llame a la mesa lo veo y queda resuelta esta cifra; almorzar es leer o
viceversa.Entonces podré ir así haya botado abundante lapo ante las aulas, ¡Quien se
atrevió a calificarme¡ Por la impresión de desee una gelatina al paso por el parque, Le diré
que salgo a emplearme a la biblioteca, que ponga los platos antes de la hora. Chicles de
ají por el sol y calles empinadas terminan por ofuscar. Que sirvan primero el sermón de
café que lo sorbo, Llego a la casa una nube de sombra veía a lo lejos en el en el manto de
fuego del firmamento, detrás del ultimo barrio que se pierde en el horizonte de las
montañas donde de niño percibía a los venados pastar…
Salí al timbre de la fabrica frente a la sede política. Los autobuses estacionados no
dejaban espacio para otras maquinas, deducción que me calmo…
***************************************
El estudiante estuvo en la taberna. En la mañana se me acerco diciéndome que el estado
es un manubrio, Mientras preparaba un whisky para enviárselo, me dijo que era un cliente
habitual. Se sabia que soñaba con la profesión diplomática, aparte de eso no le dedicaba
al ideal un minuto mas, Al salir casi siempre se llevaba una botella. Me di prisa entre tanta
gente, alguien hablaba de un asesinato por atraco, Recordé las cartas debía entregarlas
muy de mañana en los noticieros radiales, Percibía a alguien tras de mi Después de
servirle el licor, comente que el me había entregado las misivas por encargo del estafeta
del partido¿De que nace el miedo? De ser hipócrita. Los tragos lo entonaron dizque le
apuntan para una beca en Rusia; tendrán que verle el trabajo. ¿Y yo que hago aquí?
Madrugar para cumplir un encargo. No recuerdo la fecha en que me declare materialista.
Veía el edificio del comercio. Cruce la calle en un trancon de autos.Enel piso doce el
vigilante me guió hacia la recepción Entregue el mensaje, Observe la dilatación en los
ojos de la mujer al leerlo.Quedaban cuatro por entregar. Abrí una. Decía algo del grupo
del grupo ETA, Me dio angustia y me precipite a salir del edificio persignándome, Escuche
una voz de alto que se dirigía a mi… sonó el reloj despertador Son las siete, es hora de ir
a entregar las cartas…..

Atahuapa Yupanqui

Cuando Daniel Villeti entró al teatro vio a un hombre parecido a Pablo Neruda,
desplegando una abundante sombra que amparada en un claro-oscuro cubría la pared
lateral a la entrada, ¿será el gran poeta chileno? -se dijo- Se daba el concierto de Edith
Piaff y Atahualpa Yupanqui; en el teatro Levil en Paris, Daniel Villeti recordó la vidala- en
aire de milonga compuesta por el carpintero Julio Espinoza a don Atahualpa, mientras
acomodaba el cassette en su grabador. /¨¨...Sombrita cuídame mucho… Cuando me moje
hasta, dentro la oscuridad /...pobrecita de mi sombra cuando muera, con quien va
andar /. La voz de don Ata seguía el estribillo de las bagualas: ...Malaya con mi destino,
caminar y caminar” su mano, el virtuosismo sin florilegio de su modo zurdo de tocar la
guitarra¨ Luego soltaba una baguaka sobre la verdad. En el teatro se ovacionaba a los
cantantes, A Daniel por un momento se le complicó el manejo del grabador. El ayudante
le pidió que le entregara el grabador y lo llevo a la oficina. Quiero reclamar mi grabador -
dijo- Atrás del hombre reconoció el rostro aindiado del viejo sabio, su hablar dulce y
pausado de don Ata. Sigue Daniel -dijo el, Argentino Atahualpa - Quien le present ó a
Pablo Neruda y a la francesa Edith Piaff..

Los poetas de Juan Gelman

JUAN GELMAN, poeta Argentino despertó una noche pensando que estaba en la
Argentina, le informaron que lo esperaban en el restaurante, Pero si es mas de media
noche-dijo- El hombre de acento mexicano le advirtió que el tirano lo buscaba por mar y
tierra. Gelman pensó en sus poetas; recordó que los poetas inventados por su admirado
Fernando Pessoa habían cobrado vida; la noche anterior soñó que Alberto Caeiro, frente
a él se había quejado de irrealidad. Pero sin duda a uno de sus poetas que dio la vida y a
quien mas amaba Pessoa, era Alvaro de Campos, cantor de los paquebotes en la bruma
de la mar y de la enigmática vociferación de los poetas; quiso que la mar se lo llevara en
su paquebote al pensar en sus poetas inventados,¿Acaso estaban acorralados por los
esbirros del tirano? se tomó un trago de tequila mientras escuchaba al mexicano. Quizás
tenia razón Susana Cella cuando escribió que los poetas inventados por Juan Gelman a
diferencia de los de Pessoa ¨Hablaban la voz obediente de Juan. Con acento grave le
informó que Julio Greco había caído combatiendo contra la dictadura militar junto con su
amigo el poeta Francisco Urondo, Juan Gelman sintió su carne de gallina, Julio Greco uno
de sus poetas inventados había cobrado vida y ahora se la quitaban, como en un sueño,
el mexicano fue pareciéndose a Jose Rodriguez Padron, su amigo del alma quien había
visto el cadaver de Greco, lo abrazó y José lo invitó a pasear por las calles de San Juan
de Puerto Rico mientras a Gelman le sangraba el corazón.

LA PINTURA

Las papas rodaron por el embaldosado, un tomate cayo a los pies del pintor. El mercader
de un trago bebió el whisky, con ojos enrojecidos miraban un lienzo que estaba puesto en
uno de los postes del edificio, por otras partes habían en la sección de verduras, hierros
retorcidos que simulaban gestos, frutos de barro podrido. Esta vez había bebido mas de
cerveza mientras atendía, Que es eso- se preguntaron- Arte¿? El hombre termino de
colgar el lienzo, se comenzaba a marcar, tenían pintados los sexos, uno tenia el momento
del orgasmo; el color del placer. Pero le decían que era solo una pintura, su mujer salió
apresurada. A esa hora todos los mercaderes se alistaban, llego una camioneta con licor.
Pusieron las mesas y el micrófono. Las voces y las risas corrían como las ratas del
mercado, es que el pene asoló se usa en la intimidad… ¿y la vagina que?- dijo una
muchacha que lucia un collar precolombino. El tipo siguió con cerveza. Descolgó la
pintura del pene eyaculatorio… Y la pisoteó. El pintor tomo su obra y salió, la muchacha
se quedo mirando la pintura de la vagina que aun permanecía en el poste…….

Francisco Urondo

El poema suele ser a veces el crujido aterrador tras una puerta clausurada. El poeta
tiende sus redes verbales a esa ausencia cuyo canto le impide descansar.

Gustavo Aguirre

Francisco Urondo y Clara Fernandez de Moreno desde el palco miraban en el proscenio a


los enanos,
Ambos son fieles a su destino trágico el uno y bufón el otro. Ambos viven en el corazón
humano, dijo Francisco; o en el de la poesía replico Clara de Fernandez. Los enanos
hicieron su papel y en el escenario apareció Miguel Brasco de la revista El pan duro, y
Raul Gustavo Aguirre.
Todos teníamos adentro/ el sol/ la sombra/ dijo Raul, Miguel Brasco/ se pasea con una
vela encendida en la mano/ y arroja flechitas manufacturadas con un suplemento literarios
de una Argentinidad que no es de su gusto. La poesía debe velar por la realidad- dijo- La
poesía es sed de lo absoluto; mirad a Francisco en el palco, sus pies caminan con la
poesía de la realidad -replico Miguel-. Sus sueños están en realidad de la poesía - replico
Raul, Francisco arrojo una piedrecita al agua de sus recuerdos. la poeta Clara de
Fernandez de Moreno, entro intempestivamente al escenario y le comunico a Gustavo
que Francisco Había sido detenido por la autoridad. Urondo subió al automóvil y comenzó
a conducir como un vuelo de gaviotas

Cajero menor

Sabía que nuestro corazón tenía cuentas de rosario, trozos de retratos de santos e
imágenes; una ventaja para influenciar si también la madre era un cuadro fuerte en la
cabecita mundanal de la figura gordita del mapa.
Presentaría a Mamá para darle una imagen de mi a ella. No sé si ¨la vieja¨ tendrá a
intuición que le dirá que la estoy utilizando; a pesar de que la relación entre ambos no ha
cambiado, sigo viéndola en el momento en que ya no le importaba lo que yo hiciera de
mi vida aun siendo un niño. De todas maneras Mamá me sigue viendo como una especie
de cajero menor que casi siempre está averiado.
Invitaría a cenar a mi pretendida así supiera que yo nunca había visto a mi madre comer;
ella siempre se la arregló para no dejar que la viera comer, creo que su protocolo es nulo.
El pito de un carro me sacó de mis reflexiones, era ella, se ofreció llevarme a donde
quisiera, le hablé de mi madre sin perder tiempo y el duendecito interior que se me salió
empezó a hacerme cometer errores; como se dice a embarrarla. Cuando esto me pasa sé
que la situación no me es favorable o mis t no son dables.. Por un momento pensé que
mi duendecito interior es una especie de curita.
Eso me hizo calmar y me torné bromista. El carro seguía su curso y de un momento a
otro le dije que si podía llevarme a casa de mi madre, pero la verdad era que ella vivía
en una habitación alquilada y mi esperanza estaba en que los dueños de casa no
estuvieran, parece que en el trayecto por una zona semi rural sentía que vibraba con ella,
eso significaba que el duendecito se había ocultado o la presión de la mujer había
cesado. Un hombre de mi experiencia con las mujeres estaba fallando demasiado. De un
momento a otro la mire y deslicé mi mano en sus trigueñas piernas. Un punzada e n el
corazón me avisó que el duendcito interior estaba haciendo de las suyas. Ella frenó en
seco, y me miró con fijeza. Luego me dijo, te llevo donde tu madre y te dejo allí. El carro
parecía ser tragado por la neblina de la tarde.

Arrodillado en misa

Arrodillado en misa, cuando el cura alzaba la hostia, no sentía nada, no pensaba en nada;
me camuflaba perfectamente ( o esa pensaba) junto a mi mujer. A pocos les había
confesado mi materialismo, mi solipsismo. Entre ellos, lo confesé a Wil que por ese
tiempo era mi amigo. También a un joven evangelista en un parque, quien luego de
pasarle la voz a su partida pasaron de uno en uno haciéndome gestos desagradables

Mi epitafio

Traté de entenderme a mi mismo entre los demás, y puse a mi madre en el centro de la


interrogación; quizá por eso no morí.
Entre mi vida y la Historia Universal hay un abismo que no quise ver... !No! Que no pude
ver.

Las gallinas

Las veinte gallinas estaban peladas y listas sobre la mesa y con sus largos cuellos
destemplados. El clérigo todavía no daba la orden de lanzarlas a la enorme olla que
brillaba de negra por la hábil fogata. La vegetación frente a la iglesia se había cubierto de
neblina. Ahora falta que aparezca un hijueputa venado y este bazar se nos va por la
letrina, dijo avidamente el cura mientras arrancaba la camioneta que parecía borracha y
jadeante subiendo la cuesta hacia la vereda cercana. Casi que no logro trepar a la
defensa trasera y saltar adentro. La muchacha tenía amarradas por las patas otra diez
gallinas y escuché que una cacareaba como si la hubiese bañado viva en una olla de
agua hirviendo; cacareaba con lamentos lastimeros como si ya resignada no quedara
sino lamentarse de su suerte… El cura bromeó un tanto con ella, llamando la atención de
lo crecida y bonita que estaba. La muchacha sonriente y alelada por las palabras del
parroco siguió metiendo gallinas a la olla.

La abandonada
Le había dicho que termináramos la vida que llevábamos juntos; usted, no me
avergüenzo al decírtelo, me tiene cansado "experiencia" ya no siento la frescura de las
mordidas suaves de ese momento que parece tan lejano; además la locura intelectual
actualizada aconseja dejarte... Y lo he venido haciendo; la vi con el morral en su lengua
seductora, alejándose de mi, y me dije, la "experiencia es muy astuta, tengo que ir con
calma y cautela... Y mientras se alejaba, empezó a entrar a mi vida el "instante puro", sin
brillo y con una mezcla de sentimientos de todo color...¿ Esto da una corriente de subido
voltaje para mi?
Y el dolor que trataba de reprimir, aunque veía que los pies de la 'experiencia" no
quedaban ocultos tras la puerta, me decía que me sería difícil continuar

La misteriosa aparición de los libros

La alegría de leer, así se llamaba mi primer libro de enseñanza elemental…No añores, me


dijo, trabajo en esa librería y mi sustento de ahí depende…¿Entonces? Dije. La
sociedad anónima está considerando cerrar… No lo dejé terminar y le pregunté la causa.
La causa tú la puedes saber... Quedé aún más extrañado ¿Porqué yo? Si sólo era un
lector de biblioteca que concurría a la Alegría de leer a beberme un café y a dar un
vistazo a las novedades y a las revistas. Acabas de decir la palabra clave, respondió… !
Concurrir! Y aquí concurren, como tú, artistas que tienen fama más de traviesos que de
duendes. ¿Quieres decir…? Me hice el sorprendido pues en mi personalidad escaseaba
escandalizarme por algo… No me dejó terminar y concluyó confirmando según él lo que
yo estaba pensando.
Esa noche pensé en eso, cuales eran los duendes que estaban detrás. Pensé que quería,
sabiéndome honesto, que averiguaba y delatara a los duendes en cuestión.
Esa noche soñé con el artista que más antipático me era, me decia que guiara su silla de
ruedas un corto trayecto, pero cuando me disponía a operarla vi un libro entre sus
piernas… Me desperté sudando y fui a mirar mi guardaropa donde tenía guardado varios
libros nuevos.
Roco me dijo en una ocasión que había sido un error, que en el inventario la Alegria de
leer tenía una bodega llena de libros; verdad me sentí alegre por Roco y por volver a la
librería.

EL CHIVAS

A Chivas lo habían seguido sus siete primas que deseaban verlo cantar en la reunión
dónde él servía licor. Debía esperar que el veterano Fabián Corrales se cansara de sus
piques y canciones, y que Iván Zuleta con su acalorado acordeón le dijera :- Oye,
Chivas…¡ Cántate una ahí…!- .Pero ese viernes encontraron a los parranderos más
eufóricos de lo acostumbrado, y gritando a voz en cuello :
- ¡Viva el Jardín de la Guajira! ¡Viva nuestra selección…!
Cuando entró el Chivas de inmediato le entregaron la botella de Ron que debía servirles…
- ¡ Chivas… Estaaaamos… Eeesssss… Celeeebraaaando…!- Le dijo el viejo Zuleta.
Lo habían apodado El Chivas por la marca del reconocido licor; también hacía juego con
una “chiva” que en periodismo es noticia fresca. En Urumita ( su pueblo del alma, el jardín
de la Guajira) tenía el mismo sentido que en toda la región: la Chiva era femenino de
Chivo; una cabra que era el ingrediente de la gastronomía e idiosincrasia de indígenas
Wayuu y blancos emigrados a las costas de la Sierra del Perijá y la Sierra Nevada de
Santa Martha… (Llegar a la Guajira da la repentina sensación de encontrar las playas de
Senegal o Mauritania –Había dicho alguna vez el padre del Chivas- ). Los parranderos, de
por sí, no bebían siempre ese licor; sobre todo el preferido en la costa atlántica era el
Ron (a pesar del abundante contrabando del otro por las fronteras de Venezuela). El
apodo Chivas obedecía a la irónica costumbre de los eufemismos, de las figuras retóricas
que nombraban una cosa por el todo; por ejemplo la marca del producto por todos los
productos de esa clase. Costumbre que había empezado en la publicidad televisa del país
y lo había puesto de moda Fruko y sus tesos.
Chivas le hizo una señal a sus primas que se fueran, lo que ellas hicieron entre risas y
burlas. En esa semana había cumplido años y él había cantado en el colegio entre
lágrimas. Chivas había nacido en plena celebración del día de la madre. Su abuela
materna lo adoraba, pero su madre no estaba con él; lloró en su cumpleaños por su
ausencia ( Ella trabajaba en el “refrigerador”, como le decían a la capital del país por su
frio intenso). Después se había montado en su destartalada bicicleta y había corrido hacia
el desierto, hacia las afueras del pueblo. Allí fue donde por primera vez se le apareció el
fantasma de la pobreza que él trataría siempre de esquivar, menos hablar de él. Trató de
pensar que lo había originado en su vida; de pronto recordó el dolor de su madre aquella
mañana cuando transportaba la cantimplora de agua hacia la habitación; se le había roto
la fuente de su tercer embarazo, de ese ser que ya no estaría en el mundo. Vio a su
alrededor mientras su madre se quejaba, vio todas las pertenencias de la familia
acumuladas en la habitación, luego memorizó a su madre subiendo a un taxi mientras él
se ocupaba de su hermano menor. No supo en qué momento el fantasma de la muerte se
mimetizaba en el de la pobreza. Pero detrás de esos dos estaba su vida, los continuos
asedios que le recriminaban su ansiedad de cantar y piquear.
Las calurosas puertas de sus quince años se habrían de repente bajo los Piques y las
Puyas del Vallenato. Temprano en la mañana, su abuela lo había despertado para
pasarlo inmediatamente a la mesa donde le tenía un suculento desayuno con carne
molida y humeantes arepas de maíz.
Los parranderos estaban celebrando el escandaloso triunfo de la selección de futbol
contra la selección de Argentina en su propia cancha; triunfo que llegó a los cinco goles;
triunfo que llenó al país de euforia y de fanatismo. Chivas servía el Ron entre risas y gritos
hasta que Iván la emprendió con su acordeón, y los piques de Fabián se concentraban en
el orgullo de la selección y la humillación del rival. Por fin, el país emprendía un viaje a un
mundial de futbol y contaban con el Tino, con Escobar, con la araña Higuita, con el Pibe
conducidos por el glorioso Maturana. Pero de repente el viejo Zuleta dijo:
- Chivas, supimos que le habías compuesto una canción a tu profesora, cansado de que
ella te reprendiera por tus “piques” con otros chicos… ¡Cántala ahí, Chivas!-
Si… La canción dice:
“!profe… que pasó…! ¡No he hecho nada…
¡¡simplemente estoy contento…!
¡Simplemente estoy cantando!
¡Simplemente estoy enamorado!
A lo que la profesora respondió -Te la perdono, pero te digo algo :
nunca te casarás con una Gringa, pues eres buenísimo sólo para las matemáticas-
Respuesta que originó el apabullar de sus siete primas y la rápida salida de Pieri del salón
de clases, la muchacha que él amaba, la muchacha que siempre había amado desde que
la vio por primera vez cuando cursaban el primer año.
El Chivas no había narrado entre los parranderos la otra cara de la verdad; la docente
había sentenciado a su alumno a ser un frustrado en el canto de los aires vallenatos. Esa
noche hablando con Pieri en las sillas mecedoras de su casa, le juró que el mayor triunfo
que iría a obtener en su vida sería el día que Urumita entera lo escuchara cantar y dijeran
es el cantor… “el cantor del jardín de la Guajira”.
-Tan solo quiero ser profeta en mi tierra y que mi música se pueda escuchar en cada
rincón de La Urumita, que llevo en mi corazón. Eso será más que suficiente para mí”- Le
dijo llorando a Pieri.
Se le resbalaron unas lágrimas a Pieri que enternecida lo había abrazado. No le hab ía
dicho lo que pensaba, ni tampoco que Chechi, Lorenzo y Caco, conociendo los
sentimientos del Chivas por Ella, se habían burlado abundantemente. Pieri lo miraba
mientras le preguntaba:- ¿Verdad quieres a una Gringa?-…

Por toda respuesta el Chivas le narró lo que tuvo que hacer para impresionarla. La tarde
aquella que presumiendo con Caco subieron al más alto árbol que encontraron, luego
Caco tratando de cruzar una rama había resbalado; en ese hecho, todavía el fantasma de
la muerte no se le había aparecido.

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