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PARTICIPACION SOCIAL DE LA MUJER CUBANA EN LOS NOVENTA.

LO PUBLICO Y LO DOMESTICO.

Dra. Reina Fleitas, Dra. Clotilde Proveyer, Dra. Graciela González

La participación social constituye una actividad práctica y reflexiva de transformación de la realidad social, al
tiempo que desarrolla la capacidad e identidad de los actores que se autoconstruyen como sujetos de poder en este
proceso. Participación no solo define presencia sino también compromiso consciente con un proyecto.

El poder, entendido en su sentido más amplio, no se reduce a la organización y funcionamiento de las instituciones
políticas tradicionales y la participación del individuo en la vida pública que comprende a esas instituciones.
Abarca, además, la vida doméstica que se estructura en papeles con diferentes jerarquías y cuya naturaleza depende
de la macroestructura social.

La democracia es el mecanismo que viabiliza la participación pública y privada mediante su sistema de instituciones
y normas. Su ejercicio no se reduce a una simple participación electoral cada cierto tiempo establecido, no se limita
a introducir una boleta en las urnas electorales; sino que ha de comprender la participación del actor en todas las
esferas de la vida social, la posibilidad de materializar sus derechos fundamentales. De ahí que para conocer las
formas de participación socio-política de las mujeres sea necesario estudiar su inserción en diversas instituciones,
tales como: la familia, las instituciones laborales, las organizaciones populares, las estructuras de gobierno, entre
otras; a través de las cuales adquiere un status social y se socializa en una determinada cultura.

El signo distintivo que marca el cambio en la construcción de una identidad de género femenina vivenciada por las
cubanas es, sin lugar a dudas, el tránsito de una posición mayoritariamente pasiva e invisible a la de sujeto
protagónico del quehacer social. Siglos de dominación de la cultura patriarcal hicieron de la situación social en que
la mujer cubana fue educada una realidad asimétrica polarizada en dos espacios: lo público como lo prohibido, y lo
privado como el espacio para reinar bajo el poder de un rey. Así se forjó en la historia real vivida por la mujer, una
cualidad participativa que la distinguió en el ejercicio de su identidad; y que el discurso androcéntrico se encargó de
legitimar. Aunque es necesario decir que las mujeres siempre hicieron resistencia a tales esquemas.

Ese hecho legitima la centralidad que en nuestro trabajo tiene el concepto participación social, desde el cual
trataremos de desentrañar los cambios que en la identidad de la mujer cubana se han producido en las últimas
décadas, en lo tocante al tema de la ruptura del mito de la división entre lo público y lo privado, situación que a
pesar de las difíciles condiciones de los años 90 la cubana trata de preservar.

LA PARTICIPACION DE LA MUJER CUBANA EN LA EDUCACION.

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No fue el azar quien determinó que comenzáramos la explicación de la participación femenina por la educación.
Nuestra postura teórica se identifica con una comprensión de las diferencias de

los géneros originada y desarrollada por la cultura, y el conocimiento que tenemos de la historia real de las mujeres
de otras partes del mundo, nos confirma que el proyecto de su liberación se hizo tangible cuando el género
femenino se planteó la necesidad de su ilustración y la lucha por sus derechos, entre los cuales también se encuentra
la del acceso en igualdad de condiciones que el hombre, a los recursos educativos.

La educación ha sido un instrumento histórico de liberación de la mujer cubana. Ya desde el siglo XIX los primeros
espacios públicos conquistados por ella estuvieron asociados a su necesaria ilustración y participación estudiantil en
el sistema de enseñanza de aquel entonces. La incorporación de las primeras mujeres a la enseñanza primaria, y más
tarde a la universitaria, se alcanzó mediante una dura batalla que las féminas más avanzadas de entonces tuvieron
que librar en el campo de las ideas y de la acción.

La aparición, a fines del siglo XIX, de esos hoy tímidos discursos feministas y la inserción de la mujer en la esfera
educacional desde su rol de estudiante, abrieron una brecha en la cultura patriarcal de la sociedad cubana que con el
decursar del tiempo se ha ensanchado, a medida que las acciones de las mujeres se han planteado objetivos más
elevados y reivindicativos en este ámbito.

La calidad de la participación social del sujeto suele expresarse en la capacidad para asumir una diversidad de roles
sociales. La historia educacional de Cuba es ejemplificante en esa dirección cuando se intenta explicar la
participación de la mujer cubana no solo en su condición de estudiante sino también de educadora, investigadora y
dirigente en las instituciones que comprenden ese sistema, entre otros.

El cambio más sustancial en la esfera de la educación lo introduce la Revolución de 1959. Durante la República
neocolonial es apenas perceptible la participación femenina en el sistema educacional, la que se concentra de
manera particular en el ejercicio del rol de maestra en la enseñanza primaria. En 1953 el censo arrojó que las
maestras en ese nivel eran el 89.3% del total de todas las mujeres en esa ocupación de enseñar y el 84.3% de todos
los maestros primarios.1 Durante todos esos años la ocupación de maestra primaria se fue progresivamente
transformando en una actividad tradicional femenina legitimada por la sociedad que la valoraba como prolongación
del rol expresivo doméstico a la vida pública.

La situación educacional de la mujer antes de la primera acción educativa de envergadura llevada a cabo por la
revolución en 1961, se verifica en el 56% de mujeres que no sabían leer 2, en la baja integración al nivel de
3
enseñanza superior, que no llegaba ni siquiera al 1% y se concentraba en las áreas pedagógicas, de Farmacia y

1
Censo de población de 1953. Cuba p.204.

2
Pavón Ramiro. El empleo femenino en Cuba. Ed Ciencias Sociales, La Habana, 1977, p.86.

3
Censo de población de 1953. Cuba. p.125.

155
Humanidades. En 1953 de un total de 2 millones 132 mil mujeres mayores de 10 años, el 23% eran analfabetas, el
71% subescolarizadas y solo el 2% había completado la enseñanza media. 4Esa situación se evidenciaba
particularmente más aguda entre las mujeres pobres, negras y mestizas.

La década del 60 fue decisiva para la participación de la mujer en la educación. La nueva política social del
gobierno revolucionario y la estructuración de un movimiento feminista político que se comprometió con el poder
establecido fueron factores determinantes del cambio. Estimuladas por la nueva política que promovía a la mujer
como sujeto de cambio, las féminas participaron en el acontecimiento educativo más relevante: la campaña de
alfabetización, en su doble calidad como alfabetizadas, el 49.7% del total, y alfabetizadoras, el 59.5% 5.Y se
incorporaron, luego de su culminación, a las diferentes instituciones educacionales del sistema de enseñanza general
y para adultos, con la finalidad de darle continuidad a la labor de aprendizaje.

Lo distintivo de esa década y de las que le siguieron con relación a las precedentes, se concreta en la masividad de
la participación femenina en todas las acciones educativas que se organizaron y que resultan en un cambio de la
calidad de vida de la mayoría de las mujeres cubanas, trabajadoras y amas de casa. Incluso el perfil social del ama
de casa cubana actual se diferencia de sus antecesoras por su nivel escolar más alto, mayor integración comunitaria
y diferentes concepciones sobre la reproducción.

La gratuidad de la enseñanza y las reformas estructurales de la sociedad en general, y de la educación en particular,


facilitaron el acceso masivo de la mujer a la educación en todos los niveles y sentaron las bases para el comienzo de
un proceso de homogenización de oportunidades para los diferentes géneros y razas. Progresivamente se fueron
produciendo cambios en el nivel educacional de la mujer cubana que elevaron su status social.

La reducción del analfabetismo en la población femenina y masculina se hizo constatable ya desde fines del setenta.
En 1979 el índice total del analfabetismo era de 3.9%; para los hombres 3.7% y para las mujeres 4.2%. 6

Para 1970 las mujeres con nivel primario entre 4to y 6to grado representaban el grueso de la problación femenina
con el 43.7% condición muy similar a la del hombre, con el 46.7%. Era ligeramente superior su número en la
enseñanza media y media superior cuando se contrasta con el por ciento de hombres dentro de la población
masculina, y apenas perceptible las diferencias sexuales en el nivel superior de enseñanza para casi equipararse. A
solo una década de cambios la homogeneidad educacional comenzaba a palparse. Obsérvense los datos que el
trabajo ofrece al respecto, en el Anexo 1.

4
Espín Vilma. "La mujer cubana avanza hacia el futuro" en La Mujer en la sociedad socialista. Secretariado
del CAME.1981. p.47

5
Pavón Ramiro. Ob Cit.p. 87.

6
Encuesta Nacional Demográfica de 1979. Cuba.p.

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La desventaja que para entonces se hallaba en el nivel educacional de la mujer parece focalizarse entre las amas de
casa pues si tomamos el censo de escolaridad realizado por la CTC entre sus trabajadores en 1974, la situación se
invierte favoreciendo a la mujer. Como puede observarse en la Tabla del Anexo 2, es menor el número de mujeres
trabajadoras con menos de 6to grado y mayor el que alcanzó secundaria, enseñanza media superior y superior.

La década presente puede interpretarse como un período de consolidación de la nueva situación educacional para
los géneros que se fue creando durante los treinta primeros años de revolución. Aunque aún no es posible hablar de
igualdad de género en el sistema de enseñanza, las diferencias son menos sustantivas. La coeducación es un hecho
plasmado en la organización de las escuelas mixtas y en la mayor participación femenina en las múltiples
actividades que se desarrollan en ese ámbito, pero todavía la educación sexista es una realidad presente en los textos
de enseñanza. Los cambios en la división sexual del trabajo se caracterizan por una invasión de la mujer a
actividades que se consideraban masculinas, como la educación universitaria; mientras que no se observa en un
sentido contrario un cambio invasivo de los hombres a las actividades docentes primarias consideradas femeninas.

La masiva participación de la mujer en la educación desde su status de estudiante se verifica también en la


evolución de las matrículas y los graduados de los diferentes niveles de enseñanza. El interés de las féminas por su
superación general y el desarrollo de expectativas vinculadas a la adquisición y ejercicio de una profesión se
mantuvieron y acrecentaron, aún en las condiciones de crisis económica de los años 90.

La presencia de la mujer en el curso 95-96 destaca con cierto predominio en el nivel de formación del personal
pedagógico (70.3%), en la enseñanza media superior (Pre) un 59.2% y en el nivel superior con un 54%. 7 Todo
parece indicar que la deserción del sistema escolar, antes de completarlo, es mayor entre los hombres, y que las
mujeres tienen expectativas más definidas hacia la obtención de una calificación superior que otorga un status
superior. La tan alta presencia femenina en la especialidad de formación pedagógica indica como se continúan
reproduciendo ciertas tradiciones ocupacionales en la educación, mientras crece la presencia de la mujer en otras
especialidades no tradicionales. Su presencia se acrecentó en las especialidades de Técnico Medio destacándose en
Economía, Construcción e Industria Azucarera, Química y Alimentaria. Tiene un nivel casi equiparable al del
hombre en la Agropecuaria, pero es todavía baja en las especialidades de la industria pesada: Energética y
Construcción de Maquinaria. Hay que apuntar que en la Tabla del Anexo 4 se observa una reducción en la
matrícula de las mujeres de ese nivel, que fue 56.3% en el curso 91-92 y en el curso 95-96, 49.7%.

La responsabilidad y el interés que la mujer cubana muestra hacia los estudios también se verifica en los altos
porcientos de graduados que ella representa en cada nivel educacional.Las diferencias sexuales se hacen evidente en
las estadísticas pues la presencia femenina es alta en la enseñanza general y en la especializada a niveles superiores,

7
Popowski Perla.Estadísticas sobre las mujeres cubanas. FMC. 1996. Area de Estudios sobre la mujer.
Veáse Tabla del Anexo 3

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pero es baja cuando se trata de la formación profesional en ocupaciones directas a la producción como las de obrero
calificado y las que se adquieren en escuelas de oficio. Parece ser que las profesiones de más alta calificación son
más valorizadas entre las mujeres cubanas que las que exigen menos uso del intelecto. Las mujeres son el 59.1% de
los graduados de la Educación Superior en el curso 95-96 y el 36% de las escuelas de oficio8

La participación femenina en las aulas universitarias de Cuba es superior a la del hombre desde los años 80. Sin
embargo, cuando se analiza su incorporación a esa estructura según especialidades, en algunos cursos de la década
del 90 todavía se observan diferencias entre los sexos.

Los datos verifican que la presencia de la mujer en las aulas universitarias en el curso escolar 95 -96 fue de un
59.6%,9número superior a la presencia masculina y superior a la matrícula femenina del curso precedentee fue de
58.3%. La participación femenina sigue siendo aplastante en las llamadas áreas tradicionales: carreras Pedagógicas,
Sociales y Humanísticas, y Farmacia donde alcanzó el pasado curso una presencia del 74.4% 10 entre todo el
estudiantado de esa Facultad. Es alta también en las especialidades donde la mujer no tenía una participación
tradicional como en Ciencias Médicas, Económicas y algunas carreras de las áreas de Ciencias Naturales como:
Biología, Química y Alimentos, que en el curso pasado contaban con un 63.8%, 53.4% y 60 .1% de mujeres
estudiantes, respectivamente. Sin embargo, sigue siendo prioridades masculinas las Ciencias Técnicas,
Agropecuarias y Cultura Física; aunque la presencia femenina se ha incrementado después de las sucesivas
reformas universitarias.11En la Universidad de la Habana las carreras de predominio masculino son Física y
Geografía.

La adquisición de un nivel educacional elevado desarraigó prejuicios en torno a las "limitaciones" intelectuales de la
mujer cubana y potenció su participación en el mundo laboral, al cual también pertenece el sistema de enseñanza.
La participación de la mujer trabajadora en la educación es muy superior a otros sectores. En 1993 el 68.7% de la
fuerza de trabajo de esa esfera pertenecía al sexo femenino. 12 Y en el curso 95-96 de todos los profesores frente al
aula las mujeres eran. La división del trabajo por sexo en la esfera educacional sufrió significativas
transformaciones estructurales a medida que las diferencias tan asimétricas que prevalecían entre los trabajadores de
diverso sexo en el pasado, se fueron borrando con el decursar de las últimas décadas. La presencia femenina ya
tradicional en el nivel primario se acrecentó en todos los niveles de enseñanza, al punto de ubicar a las mujeres
docentes cubanas en una situación más favorable que sus congéneres de América Latina y el Caribe.

8
Información del Ministerio de Educación. 1996.

9
Popowski Perla.Estadísticas sobre mujeres cubanas. Ob. Cit. FMC.

10
Oficina de Recursos Humanos de la Universidad de la Habana. 1996.

11
Veáse la Tabla del Anexo 5.

12
Popowski Perla.Estadísticas sobre mujeres cubanas. FMC. Ob. Cit.1995.

158
Si en el pasado pre-revolucionario la presencia de la mujer como docente de la Educación Superior era
imperceptible, en el curso 81-82 representaba el 37.8% y en el curso 85-86 el 42.5%.13En el curso 94-95 las mujeres
eran en la Universidad de la Habana, el Centro de Estudios de más alto nivel del país, el 61% de todo el personal
docente.14

Las mismas diferencias sexuales que se observaron en la estructura de las matrículas por especialidades son las que
encontramos entre los docentes de diversas profesiones. Alta presencia de mujeres docentes en Ciencias Sociales y
algunas Naturales y baja en Ciencias Exactas (Física) y en algunas Ciencias Naturales como Geografía.

Cuando el análisis estructural se realiza por niveles de enseñanza encontramos que todavía en el curso 89 -90 la
participación de la mujer no tenía el mismo alcance en todos los eslabones, su presencia disminuye en la medida
que asciende el nivel educativo. En el nivel primario era el 73.6%, en la enseñanza media el 47% y el 45% en la
educación superior.15 Si bien su presencia sigue siendo menor a la masculina en la enseñanza superior dista mucho
de ser el 1% que ella representaba al triunfo de la revolución.

El impacto de la crisis económica de los 90 en el sector educacional se ha hecho sentir de manera particular en la
fluctuación de su fuerza de trabajo, que aunque siempre ha estado presente, no clasificaba entre los sectores más
vulnerables a ese proceso. En 1996 el personal femenino docente universitario representaba el 41%, un 4% menor al
dato de 1990.16

La movilidad laboral que durante los años 90 se ha desarrollado en la esfera educacional no está determinada por
una política de racionalización de la fuerza de trabajo, pero si pueden estar pesando otras determinantes asociadas a
un deterioro del poder adquisitivo del salario real asignado a sus ocupaciones y de las condiciones laborales
necesarias para ejecutar un trabajo con eficiencia. La mujer en la esfera educacional se ha visto sometida a los
mismos rigores de una sobrecarga de roles que sus congéneres de otras esferas, sobrecarga que se potencia con el
impacto que la crisis tiene en este sector. El sentido de la movilidad estaría encauzado hacia el rescate de la calidad
del nivel de vida deteriorado o la búsqueda de un status superior, que nos obliga a suponer que su dirección haya
sido el llamado sector emergente.

Los estudios que identifican las características de la nueva situación creada por el período especial en la estructura
social de este sector apenas se inician y todo lo que se diga al respecto no puede ser, por tanto, conclusivo. Lo que si
parece evidente, por los datos ya mostrados, es que la mujer aún en los 90 sigue siendo la fuerza de trabajo de

13
Anuario estadístico de Cuba. Cap XIII. Educación. 1985. p. 486.

14
Recursos Humanos. Universidad de la Habana. Curso 94-95.

15
Colectivo de autoras . Mujeres latinoamericanas en cifras. Cuba, FLACSO e Instituto de la Mujer.
Ministerios de Asuntos Sociales de España. Madrid. 1992.

16
Documento sobre el Seminario Nacional. "Las Cubanas de Beijing al 2000". FMC.

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mayor peso del sistema educativo, aunque no lo sea de todas sus estructuras de dirección, y por tanto, necesita
plantearse objetivos más elevados que potencien su participación en la toma de decisiones.

Una nueva dirección en el protagonismo de la mujer en esta etapa es la aparición de numerosas cátedras que tratan
de fomentar las investigaciones sobre la mujer en la vida pública y doméstica y encaminadas a institucionalizar los
Estudios de Género en los medios académicos. Cátedras que surgen con el apoyo de la FMC y que nuclean a
mujeres investigadoras y docentes de las más diversas profesiones, entre las que predominan las Ciencias Sociales.
Ellas no excluyen la participación masculina en la organización de diferentes acciones científicas que promueven el
conocimiento sobre la situación de la mujer, pero están formadas por una mayoría femenina.

Los primeros frutos en el funcionamiento de esas cátedras ya se obtienen cuando en el discurso académico se
comienza a reconocer cuan sexista es aún la enseñanza general y profesional en Cuba y se planifican acciones
educativas dirigidas a cambiar la ideología patriarcal de profesores y educandos

EMPLEO FEMENINO

Sin lugar a dudas los cambios en la situación educacional de la mujer y de su participación en esa esfera fueron una
condición determinante para su progresivo ingreso a otras instituciones del mundo laboral.

La incorporación de la cubana, después del triunfo de la revolución a la vida laboral se produjo bajo el impacto
perenne de un proceso acumulativo de renovación estructural del empleo. Por primera vez la mujer tuvo acceso a
puestos de trabajo vedados históricamente para ella dada su naturaleza masculina.

Antes de 1959 la incorporación de la mujer al trabajo socialmente útil era mínima, debido fundamentalmente a las
pocas posibilidades para el empleo femenino y a las escasas oportunidades para la preparación cultural y profesional
de las féminas.

Durante las cinco primeras décadas del presente siglo la principal fuente de empleo para las mujeres fue el servicio
doméstico, en la esfera industrial donde se empleaban como obreras (tabaqueras y textiles) y en los servicios y el
comercio. Según los datos que nos ofrece el censo realizado en 1953 el 86,4% de las mujeres en edad de trabajar no
tenían vínculo laboral, y se dedicaban a las labores del hogar como amas de casa, sólo trabajaba el 19,2% de las
mujeres mayores de 15 años.

Del total de mujeres trabajadoras se ocupaban en el servicio doméstico 70,000 y ejercían la prostitución entre
70,000 y 90,000 incluídas en registros especiales y explotadas sexualmente por personas ajenas que obtenían buenas
ganancias de este comercio sexual.Las obreras asalariadas constituían la mayor parte de la población femenina
económicamente activa, el 61%, pero aún así representaban sólo el 8% de toda la población femenina en edad
laboral.En las actividades del comercio y los servicios se dedicaban a ejercer empleos tradicionales en el quehacer
femenino, como era el caso de modistas, costureras, sombrereras y peluqueras. Además una porción importante
estaban ocupadas como maestras y enfermeras. Hay que destacar que un 11% de las mujeres en edad laboral

160
ejercían trabajos por cuenta propia 17, y que en su mayoría laboraban para algún familiar no en calidad de
asalariadas, sino sin obtener paga por ello.

Con el inicio del proceso revolucionario se vivenció un conjunto de transformaciones que abren espacios para la
participación masiva de la mujer en todos los escenarios sociales .La incorporación de la cubana a la esfera laboral
se produce a partir de una renovación constante en la estructura y el sistema de empleos que garantiza el acceso de
las mujeres a puestos de trabajo de tradición masculina.

Se crearon múltiples oficios con el objetivo de viabilizar la participación económica de las mujeres, y a la vez
garantizar el avance de planes de desarrollo socioeconómicos que fueron diseñados contando con la presencia de la
mujer. Este proceso no transcurrió de forma simple, no podemos obviar las profundas raíces patriarcales que
atraviesan todo el sistema de relaciones en nuestra sociedad y que se materializaron en el recelo, la incomprensión y
hasta rechazo para la incorporación de la mujer al trabajo.

Los derechos laborales de las mujeres fueron legitimados por las leyes revolucionarias y se plasman en los
principales instrumentos jurídicos en materia civil y laboral como la Constitución de la República de Cuba y el
Código Laboral. Jurídicamente se garantizan derechos iguales para hombres y mujeres.

Una vez realizadas las primeras transformaciones dirigidas a la eliminación del servicio doméstico y de la
prostitución que ocupaban a una gran cantidad de mujeres se produce durante las décadas de los 70 y los 80 un
aumento considerable de la fuerza laboral femenina en múltiples sectores económicos del país. La tasa de
participación femenina en 1975 se eleva al 27,4%, por encima en un 8,2% a la tasa de participación que se constató
en la década del 60.

La siguiente tabla refleja la tasa de participación femenina en el sector estatal civil en los años comprendidos entre
1975 y 1997.

Año Ambos Sexos Mujeres Mujeres del total %

1975 2.442,6 669,0 27,4

1980 2.599,0 843,1 32,4

1985 3.173,3 1.189,5 37,5

1988 3.455,6 1.322,0 38,3

1990 3.684,1 1.432,6 38,9

1991 3.636,3 1.423,4 39,1

1997 2.818,6 1.201,4 42,6

17
Censo de 1953. Cuba. p.

161
___________________________________________

Fuente: Anuarios Estadisticos de Cuba.

Claramente se observa como crece la presencia de la mujer en este sector en relación con la masculina desde 1975
hasta 1997. Se nota, sin embargo, un decrecimiento entre 1991 y 1997 en las cifras absolutas, que es mayor entre
los hombres, lo que repercute en un incremento sostenido de las cifras relativas de empleo femenino.

La situación laboral de la mujer ha estado estrechamente relacionada con su desarrollo cultural y superación
técnica y profesional. La mujer ha podido optar por mejores puestos de trabajo en cuanto a calificación y salario se
refiere, no sólo por estar amparada legalmente sino también por haber acrecentado su nivel educacional. Es así
como en el sector estatal civil las mujeres técnicos y profesionales constituían, en 1997, el 64.09% de toda la fuerza
empleada en ese grupo ocupacional 18. En 1994 la mujer representaba el 43% de los técnicos dedicados a la ciencia
y el 41.7% de los investigadores científicos. 19

La difícil situación económica por la que atraviesa el país desde 1990 repercute directamente en la situación social
de las mujeres cubanas, se ha mantenido en lo esencial el protagonismo de la mujer en los espacios públicos, pero
ello ha representado una carga adicional que supone un alto costo social para sus desempeños, debido al incremento
y a la complejidad de las tareas domésticas y para la solución de las dificultades que se presentan en la vida
cotidiana.

La situación económica que se ha presentado en estos últimos años ha condicionado un proceso de reestructuración
de la economía cubana con vistas a su inserción en el mercado internacional. Tal fenómeno indudablemente ha
repercutido en la estructura ocupacional, y por ende, en la división sexual del trabajo. No podría consignarse, sin
embargo, que se haya producido un retorno de la mujer al hogar en correspondencia con la intensidad de la crisis; la
incorporación de la mujer al mundo laboral es una conquista de género reconocida en su importancia por la
dirección política del país e integrada por la mujer cubana a su identidad, que aunque consciente de la cuota de
sacrificio personal que ella ha significado, su materialización le ha permitido también experimentar a muchas
mujeres el placer de la realización individual.

La organización del empleo femenino en la década de los 90 puede circunscribirse a dos tendencias esenciales. La
primera es el intento por conservar las conquistas alcanzadas en décadas anteriores y que se resumen en la elevada
presencia femenina en el mundo laboral, cualquiera que sea el sector social. La ocupación civil femenina en la
totalidad de los sectores fue en 1995 de 37.6% y en 1997 de 37.4%, todavía, sin embargo, inferior a la del hombre.
En 1994, de las mujeres en edad laboral trabajaban el 48.4%, cifra muy superior al 19.2% de las mujeres mayores
de 15 años que trabajaban antes de la revolución. Otra conquista se refiere a que las instituciones laborales del

18
Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. Cuba.1997.

19
Academia de Ciencias de Cuba.1994.

162
sector estatal civil siguen siendo la fuente de empleo fundamental para las mujeres, pues en 1997 las mismas
empleaban a 1,201,400 de féminas que representaban el 42,6% de ambos sexos. Fuerte sigue siendo también la
presencia de la mujer entre los técnicos y profesionales, como ya se manifestó en el presente trabajo, así como entre
los administrativos y el sector de los servicios .La tabla que aquí mostramos así lo refiere.

OCUPACION CIVIL POR GRUPOS OCUPACIONALES. 1997.

Ambos Sexos Femenino %

Dirigentes 284,1 85,1 29,9

Tecnicos 773,9 21,4 64,09

Administrativos 165,8 138,2 83,35

Obreros 1839,0 343,0 18,65

Servicios 560,3 15,5 52,9

Total 3 623,2 1 358,6 37,49

Fuente: Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. Cuba.

Aunque la masiva presencia de la mujer en la esfera profesional es una cualidad adquirida durante la revolución en
la estructura del empleo en Cuba, que ha roto el mito de la irracionalidad femenina; aún se conservan rasgos
tradicionales de la división sexual del trabajo como es la feminización del sector de los servicios y administrativos
donde la presencia masculina sigue siendo muy baja. Ello se corrobora también con los indicadores elevados de
participación de la mujer en los sectores de la educación y la salud pública.

El análisis genérico de la estructura ocupacional nos permite identificar cambios importantes que expresan una
cierta aproximación en la posición ocupacional de los diferentes sexos; fenómeno que se ha producido debido a las
mayores posibilidades que para el empleo ha tenido la mujer. Lo que no quiere decir que se hallan liquidado las
desigualdades pues aún podemos hablar de trabajos feminizados y masculinizados.

El proceso de equidad laboral no puede asociarse exclusivamente a los cambios en la educación de los recursos
humanos pues el también está asociado a transformaciones tecnológicas que modifican las condiciones laborales
favoreciendo un tipo de trabajo más intelectual que físico donde la mujer pueda revelarse como un ser racional.

La segunda tendencia apunta hacia un desplazamiento de parte de la fuerza de trabajo femenina del sector
tradicional al emergente en los momentos en que se viene produciendo un proceso de reestructuración de la
economía, lo cual implica nuevas realidades laborales para la mujer. Es el caso del Sector Cuentapropista, las
Empresas Mixtas y Firmas, entre otros. La tabla que a continuación mostramos ofrece algunos datos.

OCUPACION CIVIL POR SECTORES SOCIALES. 1997.

Ambos sexos Mujeres %

163
Ocupados 3 623,2 1 358,6 37,4

Estatal 2,818,6 1,201,4 42,6

Emp Mixtas y

Soc.Merc. 111,2 38,2 34,3

Cooperativo 507,0 76,5 15,1

Sector Privado

Cuenta Propia 136,2 36,7 27,0

campesinos privados 44,4 3,7 8,3

Firmas y Rep.Extranj 2,1 0,9 42,8

Asoc. y Fundaciones 3,7 1,4 37,8

Fuente: Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. Cuba.

En la tabla se verifica lo que afirmamos con relación a la primera tendencia, pero también se infiere el peso de la
participación femenina en el sector emergente, en particular en las Firmas extranjeras y Empresas Mixtas. El valor
de los por cientos tiene significado si se refiere a la presencia masculina comparativamente; no es, sin embargo, tan
elevado si se compara con la participación femenina en el sector estatal civil que contrata al 88,4% de toda la fuerza
femenina ocupada.

Un problema de género en esta década es la aparición del fenómeno de la prostitución, casi desarraigado de la
sociedad después que mediante políticas sociales se reinsertaron a las prostitutas cubanas a una vida pública más
saludable. Tratarlo aquí no significa que se reconozca como forma de empleo, pues su principal cualidad es la
informalidad. Pero tampoco puede invisibilizarse porque es una realidad que caracteriza las relaciones de género en
lo público y por cuya causa se experimenta un retroceso en el proceso de desenajenación de la situación de la mujer.
Sus características aún están pendiente de estudio entre los estudiosos de las ciencias sociales dada su novedad,
aunque algunas aproximaciones incipientes ya destacan la singularidad del fenómeno frente a la realidad de otros
países y la diversidad de su manifestación.

PARTICIPACION FEMENINA Y SALUD REPRODUCTIVA.

El grado de democracia alcanzado por una sociedad se constata en la capacidad de su estructura social para
garantizar el respeto y resguardo a los principales derechos ciudadanos, entre los que se halla el acceso a un sistema
de salud que los proteja sin discriminación de sexo y raza.

164
Los derechos reproductivos de la mujer clasifican hoy entre los problemas de salud de alto interés estatal por
desempeñar un papel determinante en la construcción de una sociedad racional y equilibrada. El consenso social
entre las diferentes fuerzas políticas de una sociedad, entre las que se halla la mujer, sólo será proyecto si no se
reconocen los derechos reproductivos como derechos de la mujer a controlar su cuerpo y, por tanto, su vida. No es
posible un equilibrio entre los recursos financieros y naturales, de un lado, y los humanos, del otro, si el grupo que
desempeña el papel protagónico en la reproducción de la población no actúa como sujeto, como see consciente y
racional en el uso de sus derechos reproductivos, e interviene como agente planificador de su reproducción.

La lucha por la emancipación de la mujer como parte del proceso general democratizador de una sociedad, no se
dirime solo en el campo de la educación y de su participación laboral, también exige de un mayor compromiso y
participación de la mujer en la definición de las políticas de salud y en la organización de todas las acciones que de
manera directa tienen que ver con la protección de su salud general y de sus derechos reproductivos. Una política de
salud sedimentada en la justicia social no sólo es promotora de la protección de los derechos ciudadanos asociados a
esa esfera, sino que trata de involucrar a los grupos humanos como actores partícipes de las acciones que definen,
organizan y ejecutan esa política.

Definida en esos términos la política de salud no tiene sólo un sentido técnico encauzado hacia la conservación del
equilibrio biológico del ser humano, sino que también tiene una función socializadora, transformadora de la cultura
de la que son portadora los sujetos partícipes.

De la cultura patriarcal heredamos posturas aparentemente contradictorias cuando de la salud reproductiva de la


mujer se trata. Por un lado, un discurso y una práctica que magnifica la maternidad como rol primario de la mujer y
que de ella exige dedicación a los hijos y al hogar, y un modelo de equilibrio relacional doméstico que se
contrapone a su participación pública. En ese espacio el hombre no se define como un actor partícipe y su exclusión
del hecho maternidad es una práctica genralizada. Mientras que paradójicamente también encontramos actitudes que
despojan a la mujer del derecho a planificar el momento y la forma en que ese rol debe ser desempeñado.

Detrás de la aparente contradicción lo que se muestran son posiciones desvalorizadoras del papel de la mujer en lo
público y en lo doméstico y que minimizan las potencialidades del hombre en el ejercicio de rol paternal.

En estas coordenadas culturales caracterizadoras de la realidad social cubana de tantos siglos se definió la política
de salud del gobierno revolucionario. Una política que promovió al Estado como actor y garante principal en la
protección de los derechos de salud del cubano y estableció la gratuidad de los mismos con la finalidad de que
estuvieran al alcance de todos los estratos sociales. La sola evaluación de la construcción y aplicación de la política
de salud del Estado cubano con respecto a la protección de los derechos reproductivos de la mujer, nos permite
incluso calificarla de democratizadora y educativa.

Una de las primeras acciones de esa política que reconoció a la mujer como sujeto de derecho fue el proceso de
institucionalización de las prácticas abortivas en los hospitales desde la segunda mitad de los años 60. Desde esa

165
fecha las mujeres cubanas tienen el derecho a realizarse un aborto en condiciones médico -sanitarias que
proporcionan una mayor seguridad para su salud y a recibir un servicio gratuito que facilita su acceso por igual a
todos los grupos de mujeres. En 1979 la política practicada se concretó en el espíritu del nuevo Código Penal que
definió las circunstancias en que el aborto podía ser practicado y consolidó la posición jurídica de la mujer cubana
con respecto a ese hecho de salud. Sus resultados se hicieron tangibles en el decrecimiento de la tasa de mortalidad
materna por ese concepto que en 1970 fue de 21,5 por 100 mil nacidos vivos y en 1996 de 5.

El problema que la mujer cubana debe enfrentar en los 90 no se refiere al reconocimiento del aborto como derecho
sino a su uso irracional como método de regulación de la fecundidad. Esta es una situación que viene presentándose
desde décadas precedentes; las estadísticas reflejan una tendencia al crecimiento entre 1970 y 1990. Si en 1970 la
proporción de abortos por 100 partos fue de 31.9% en 1990 era del 78.3%,mientras que ya en 1997 se observa un
decrecimiento que llega hasta el 52.0%. 20 Tal reducción obedece a una serie de medidas que se adoptaron como la
asignación de cuota diaria de abortos en los hospitales y la generalización de la práctica de las regulaciones
menstruales, método que resulta una modalidad más benigna de aborto inducido, pues según estudiosos el 60% de
las mismas corresponden a interrupciones.21

Los grupos más afectados por la práctica abortiva se hallan entre las jóvenes de 20-24 años y las adolescentes, que
ocupan el primero y segundo lugar, respectivamente, en la estructura étarea de mujeres en edad fértil. Entre 1990 y
1997 las tasas de abortos y de regulaciones menstruales se comportaron, entre las mujeres menores de 20 años, de la
siguiente manera:

ABORTOS INDUCIDOS Y REGULACIONES MENSTRUALES EN MENORES DE 20 AñOS.

Años Total Ab. Tasa Total Reg.Men Tasa

90 48377 62.7 88371 27.3

91 40586 56.2 111494 34.4

92 31039 43.9 122753 37.4

93 23837 37 108159 33.2

94 22628 36.9 114426 35

20
Folleto complementario al anuario del MINSAP. Dirección Nacional de Estadísticas. 1997.Cuba.

21
Colectivo de autores. Transición de la Fecundidad. Cambio Social y Conducta Reproductiva.Cuba.
Tercera Parte. p. 55.

166
97 17683 29.8 - -

Fuente: Estadísticas sobre Abortos. Dpto de Estadísticas del MINSAP.Cuba.La tasa de aborto se obtiene por la
población femenina entre 12-19 años, las regulaciones menstruales aunque de menores de 20 se relacionan con la
población entre 12 y 49 años.

De la tabla puede inferirse la reducción sistemática de la tasa de aborto y el crecimiento paralelo de las regulaciones
menstruales en esas edades. Y por investigaciones empíricas se ha detectado que el desconocimiento y no uso de la
anticoncepción a la iniciación de las relaciones sexuales clasifican como factores decisivos que provocan esas altas
tasas entre las adolescentes de situación civil soltera.

as regiones donde se observó una mayor incidencia de la tasa de aborto general en 1997 fueron: la Isla de la
Juventud con un 55.8, le sigue Ciudad Habana con un 33.3, las Tunas con el 32.3 y Cienfuegos con el 30.7. Ciudad
Habana, la Isla y las Tunas se repiten durante toda la década entre las de mayor tasa de aborto. Mientras que en las
regulaciones menstruales puntean, también durante toda la década, otras regiones como Santi Spiritus con un 47.9
en 1997, Villa Clara con 56.2, Granma con 43.9 y Guantánamo con 43.3. 22

La política del gobierno cubano con respecto a la salud reproductiva de las mujeres descansa en un Plan Estratégico
de Planificación Familiar y un Programa de Atención Materno-Infantil. El primero encaminado a proporcionar a la
mujer medios para una regulación consciente de su fecundidad, el segundo con la finalidad de brindar los servicios
de atención a la madre y su hijo en hospitales y en condiciones sanitarias de calidad. Programa que en los 90 se ha
planteado una reconceptualización de la participación del hombre durante el embarazo y el parto y que intenta
humanizar las relaciones madre-hijo con la generalización de la práctica de la lactancia materna. Una red de
hospitales, policlínicos y consultorios del médico de la familia se encargan de ejecutar esa política de salud sexual.

Aunque encuestas realizadas en diferentes décadas corroboran el alto uso de medios anticonceptivos entre las
mujeres, en los 90 la carencia de recursos anticonceptivos obligó al MINSAP a crear consultas de planificación
familiar en todos los municipios del país, como vía para la divulgación, educación y distribución más efectiva de los
medios de anticoncepción; consulta a la que asisten de manera predominante las mujeres. Las diferencias entre los
sexos siguen aún presentes en el uso de la anticoncepción.La mujer cubana es la principal consumidora de métodos
anticonceptivos ella decide unilateralmente su uso aún en las parejas más estables. El condón es más popular entre
los hombres jóvenes pero su popularidad está muy por debajo de los Dispositivos Intrauterinos (DIU), la
Esterilización femenina y las Píldoras. El peso de la responsabilidad de la planificación familiar recae sobre la
mujer y esa es una situación aceptada por ambos géneros. Las políticas de salud sexual deben ser más activas en el
sentido de lograr mayores compromisos entre los hombres con respecto a la planificación familiar y a otras acciones
de salud sexual relacionadas con la atención al embarazo, el parto, el aborto y la maternidad. Es necesario darle más
significado a la paternidad, estimular el ejercicio de una paternidad responsable.

22
Estadísticas del MINSAP sobre abortos. Dpto de Estadísticas. Cuba. 1997.

167
El uso creciente del aborto y la anticoncepción se muestran como factores determinantes directos en la disminución
de la fecundidad de las mujeres cubanas en los años 90. Fecundidad que durante todo el lustro muestra una
tendencia a la disminución en todos los grupos etáreos de las mujeres en edad fértil y que continúan manifestando el
mismo comportamiento estructural que ubica a las adolescentes en el tercer lugar de la mayor tasa de fecundidad
durante la década de los 90. Obsérvese la tabla que a continuación exponemos:

TABLA. TASA FECUNDIDAD POR EDAD DE LA MADRE.

Edades 1975 1985 1990 1997

15-19 127.3 92.9 77.5 58.6

20-24 179.3 126.8 113.9 111.0

25-29 118.3 95.7 97.4 89.6

30-34 69.8 46.5 56.1 53.0

35-39 37.4 18.5 17.5 16.2

40-44 13.5 3.9 3.3 2.5

45-49 2.3 1.2 0.3 0.4

Total 90.9 66.1 62.1 50.8

Fuente: MINSAP. Folleto de la Dirección Nacional de Estadísticas.

1997.Cuba.

Pero el uso creciente de esos medios de regulación de la reproducción están asociados a nuevas actitudes femeninas
hacia la procreación que se fueron consolidando durante todo el período revolucionario y que se resumen en el
interés por reducir el número de hijos y espaciar su nacimiento. Actitud que con la crisis económica se acentúa entre
las mujeres jóvenes que deciden posponer la maternidad. Los efectos de tal actitud se observan en el tamaño
reducido de la familia promedio cubana sobre la cual volveremos en páginas posteriores.

La participación creciente de la mujer cubana en la vida pública: laboral y política, y el incremento de su nivel
educacional, son las causas fundamentales que potencian esa actitud hacia la procreación y que las políticas de salud
refuerzan mediante las acciones de salud asociadas a la planificación familiar. Actitud que resulta de la sobrecarga
de roles que la participación en la vida pública ha traído para una mujer que no rompe la dinámica tradicional de la
interacción doméstica. La reducción de la fecundidad se nos muestra así como una alternativa que intenta paliar la
contradicción que entre lo público y lo doméstico sigue viviendo la mujer.

168
Las instituciones de salud han jugado un rol importante en la educación sexual de la población, en particular en las
últimas décadas, luego de la creación del médico de la familia y con la intervención de esa figura y otras
instituciones de salud comunitarias en las escuelas. La creación de los círculos de adolescentes adjuntos a los
consultorios de los médicos de familia y las charlas sobre sexualidad en las instituciones escolares, están entre
algunas de las acciones más relevantes dirigidas a educar a esa población en el tema de la sexualidad. Sin embargo,
el médico no es reconocido en las encuestas sociológicas realizadas a mujeres adolescentes como una fuente
importante de información sexual, a pesar de que se reconoce su capacidad técnica. Una educación no sexista, que
combine el aprendizaje de conocimientos técnicos con la formación de sentimientos humanos que se proyecten
hacia un ideal de relación de pareja y familiares construidos en base a la responsabilidad y libertad individual,
deberían ser temas más explorados por las instituciones de salud en la comunidad. El médico de la familia es una
institución con altas potencialidades para influir en la salud de las familias que viven en una comunidad.

El problema está en que la salud no puede verse sólo vinculada a disfunciones biológicas o a las disfunciones
sociales tradicionales (violencia doméstica, alcoholismo, marginalidad, maternidad adolescente, entre otros).

Las posibilidades que los médicos de familia tienen para incidir en la formación de patrones no sexistas en la
población crece ante nuestros ojos cuando se conoce que durante toda la década del 90 ellos son mayoría femenina.
El rol que la mujer cubana desempeña en el sistema de salud cubano no se reduce a su posición de paciente, ni
siquiera se concentra sólo en la ocupación de enfermería donde ya existe cierta tradición. En 1996 las mujeres eran
en el sector de la salud el 73.2% de la fuerza laboral y dedicados a la práctica de medicina general integral el
61.7%.23 Por supuesto que su sola presencia física no resuelve el problema del sexismo pues se requiere que la
médico no sea portadora de esos patrones de la cultura patriarcal.

La tradición de colaboración entre la FMC y las instituciones de salud durante el período revolucionario, así como
la institucionalización comunitaria de ambos sistemas sociales son componentes de la situación social y cultural
cubana más actual que viabilizaría con cierta facilidad nuevas acciones educativas. Ya se trabaja en la línea de un
Programa de Educación de la Sexualidad y se crean Comisiones para la Educación Sexual a Nivel Municipal con el
auspicio de ambas instituciones.

PODER Y PARTICIPACION FEMENINA

Todo proceso de interacción humana se organiza sobre la base de relaciones de poder, y el medio social en que la
mujer se ha desarrollado no escapa a esta realidad. El poder no es una categoría que exprese exclusivamente la
relación de dominación entre clases sociales que se oponen, ha sido también un sistema de medios usados por el
género masculino para obtener la obediencia, controlar y hacer valer su autoridad sobre el género femenino. La
cultura patriarcal es la construcción social que materializa ese sistema de dominación. Sus instrumentos han sido
diversos: las políticas de empleo, los medios de difusión masiva, el monopolio de las riquezas materiales y

23
Anuario Estadístico del MINSAP. Cuba. 1996.pp.126-127.

169
espirituales; espiritualidad patriarcal que se ha vehiculizado a través de valores morales y discursos académicos
legitimadores de la subordinación femenina, entre otros.

Acceder al poder, ser reconocida en su calidad de ciudadana y participar en el sistema político de la sociedad a la
cual pertenece, ha sido una aspiración de la mujer en todas las culturas, allí sobre todo donde se ha consolidado una
conciencia de género que asocia al poder como principal factor dinamizador de las desigualdades sociales o de su
superación.

El poder patriarcal ha significado para la mujer exclusión, invisibilidad, negación de sus derechos, control sobre su
razón y cuerpo, tanto en la vida pública como doméstica. Los gobiernos y partidos políticos suelen ser
representantes públicos de ese poder en la medida que sus políticas promueven la reproducción de una situación de
marginalidad femenina que las ubica en el status de segundo sexo, confinándolas a lo doméstico o usándolas en el
mercado laboral como fuerza de trabajo barata.

Aún cuando la cultura patriarcal sigue pesando en las relaciones de pareja que construyen las mujeres cubanas y en
la vida pública no se haya alcanzado la equidad social deseada no podría decirse que en el espacio político cubano
creado por la revolución y que se extiende hasta los 90, la mujer viva bajo la situación política de un poder
patriarcal que la excluye.

La integración de la mujer cubana a la vida pública en las esferas ya mencionadas del empleo y la ilustración
femenina, no son un efecto exclusivo de la acción racional de las mujeres en pro de su liberación, ellas también se
hicieron posible gracias a la voluntad política del gobierno revolucionario materializada en innumerables acciones.
La emancipación de la mujer ha sido uno de los objetivos esenciales del proyecto revolucionario que se desarrolló
desde 1959 y cuyo objetivo emancipador aún se renueva en la década de los 90. La mujer ha sido quizás la
beneficiaria mayor de esa política y quien, por ende, experimenta un compromiso más sólido con su dirección.

La política de inclusión de la mujer en la vida laboral no solo fue positiva por su masividad sino por el efecto
renovador que tuvo en el status laboral de la mujer, por romper con mitos que invalidaban su capacidad racional, el
aislamiento social que impone la vida doméstica, proporcionar prestigio y satisfacción personal, conciencia de sus
potencialidades creadoras, por estigmatizar la actitud que visualiza a la mujer como objeto de placer; todos
elementos desvalorizadores del poder patriarcal y que ubican en una mejor posición política al actor femenino.
Razón por la cual se explica porque en el período actual de crisis la mujer no haya renunciado como tendencia a su
presencia en esos espacios que también dan el poder de cierta autonomía económica y cultural.

A la superación de una posición subordinada ha contribuido la participación de la mujer en disímiles actividades


con claro contenido político, tales como: la defensa, la integración a cada una de las organizaciones políticas y
sociales que forman el sistema de poder establecido, su participación electoral y en diferentes niveles de dirección
política, de gobierno y administrativa. Cada uno de ellos son indicadores cuyo comportamiento solo es posible

170
visualizarlo como un proceso en el que el poder patriarcal, sin haber perdido todas sus influencias, se va
erosionando para abrir paso a una relación política más equitativa entre los géneros.

Aunque el ideal que otras mujeres en el mundo defienden es la posibilidad de organizarse en diferentes instituciones
femeninas, la cubana ha experimentado los beneficios de participar en una organización femenina unida que desde
hace varias décadas defiende sus intereses en los más altos niveles de dirección, contribuyendo a la materialización
del ideal de equidad genérica. La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) ha promovido la política de masividad en
la participación social femenina, como condición esencial para la emancipación de género y ha desempeñado un
papel relevante en la definición e instrumentación de todas las políticas sociales que han impactado en la situación
social de la mujer. La cifra de integración de las mujeres cubanas a esa organización femenina en los 90 sobrepasa
el 80% de las mujeres mayores de 14 años, aunque su participación en la base es disímil y muy diferente a la que
transcurrió en las primeras décadas, cuando otras eran las prioridades.

Para la canalización de sus intereses la mujer cubana cuenta también con el movimiento sindical en cuyo seno se
creó un frente femenino. Quizás sea la organización social cubana no femenina que mayores cifras haya alcanzado
de presencia de la mujer en cargos de dirección de diversos niveles.

TABLA. PARTICIPACION FEMENINA EN LA DIRECCION SINDICAL.

NIVEL 1983 1998

Secc. Sindical 45.1 52.1

Buroes Sindical 40.0 48.2

Fuente: Frente Femenino de la CTC. Estadísticas 1983 y marzo de 1998.Cuba.

En marzo de 1998 la cifra menos relevante de participación femenina en el nivel de dirección de secciones
sindicales era de 44.5%, ostentada por la provincia de Granma, y la más elevada llegaba al 62.4% en Ciudad
Habana. En cuanto a los buroes sindicales, que son un nivel superior de dirección, la cifra menor la tenía La Habana
con un 31.4% y la mayor Santi Spiritus con un 64.7%. Aunque los valores numéricos son menores mientras sube el
nivel de dirección sindical, no son nada despreciables si recordamos que la mujer representaba el 37.49% de la
fuerza laboral del país. Si elevada es su presencia en los espacios laborales de la Ciencia, la Educación y la Salud,
las cifras de mujeres que son cuadros profesionales del sindicato en 1998 también son altas: el 75%, el 62.5% y el
50%, respectivamente.24En el secretariado nacional de la CTC de 18 miembros cinco son mujeres.

El principal problema de género que puede identificarse en el marco de las relaciones de poder en Cuba se asocia a
una presencia aún baja de las mujeres en cargos de dirección de las estructuras administrativas de diversas
instituciones; que no corresponde con su protagonismo laboral. Por sólo citar un ejemplo, sucede en la educación

24
Frente Femenino de la CTC. Cuba. Estadísticas. Marzo de 1998.

171
donde la mujer docente representaba en 1996 el 62%, mientras que su presencia en los niveles de dirección sólo
llegaba al 48.6%; número que se concentra en el cargo de directoras del nivel primario. 25 Las mujeres dirigentes
representan el 29.9% frente a los hombres que ocupan cargos de dirección y son el 6.3% de todas las mujeres que
forman parte de la estructura de la ocupación civil; 26 dos mujeres ocupan cargos de ministras y diecisiete de
viceministras. Esa cifra, sin embargo, es muy superior al 6% que la OIT recoge como dato que expresa la presencia
femenina en cargos directivos a nivel mundial frente a los hombres. 27

Situación similar encontramos en el Parlamento, en el cual la mujer solo representa un 27.28% de toda su
membresía aunque este es un dato superior al de la legislatura anterior que fue del 22.8%, y muy relevante frente a
la situación política del país antes de 1959 cuando la labor de dirección era un problema masculino. El número de
diputadas delegadas de base agrupa a un 39.16% de mujeres que representan una cifra más elevada con relación al
total de diputadas de la presente legislatura.En el Consejo de Estado las mujeres son el 16.1% de todos sus
integrantes. Aunque si comparamos esas cifras con el 10% de lo que representan las mujeres en los parlamentos, el
5% de los puestos de responsabilidad en los organismos internacionales y el 3.5% de su participación en los
gobiernos del mundo, podría constatarse una situación más favorable para la representatividad femenina de las
cubanas en su parlamento..28

Un factor que pesa en la desigualdad política de género mencionada es la doble jornada femenina. Porque la
incorporación a la vida pública no se ha producido en condiciones de un reparto más justo de las tareas del hogar
entre los sexos, lo que ha acarreado para la mujer una sobrecarga de roles que se hace aún más pesada en las
difíciles condiciones del período especial. El tiempo y su organización se ha convertido en la clave para poder
conservar los espacios conquistados, avanzar en el proceso de equidad política requiere de una renovación de los
roles en las relaciones de pareja y de la existencia de recursos que se destinen para el desarrollo de aquellos
servicios que suplen las funciones que la mujer ejecuta en la familia. La mayor presencia que la mujer ha alcanzado
en los espacios públicos de otras sociedades ha resultado más del factor de transformación tecnológica operado en
los servicios y generador de una distribución de las funciones de la familia hacia otras instituciones, que de la
renovación de las relaciones genéricas hacia el interior de lo doméstico.

Los valores de la conciencia cotidiana que prevalecen en ambos géneros y que conciben a lo masculino como eje de
toda experiencia, ofrecen también una resistencia a los cambios donde la mujer adquiere idéntico status de sujeto
rector que el hombre.

25
Las cubanas desde Beijing al 2000. Seminario Nacional del 3 al 5 de julio de 1996. p.3

26
Ministerio del Trabajo y Seguridad Social. 1997. Cuba.

27
Publicación seriada de la Organización Internacional del Trabajo. 1997. Ginebra.

28
Datos tomados de la Revista Mujeres No 13. Publicación del Instituto de la Mujer de España.1994.p. 24.

172
LO DOMÉSTICO

Un cambio tan radical en la identidad participativa de la mujer ha tenido un efecto renovador en las relaciones de
pareja, en el sistema de relaciones familiares y en la subjetividad femenina.

La total o mayor independencia económica, el desarrollo intelectual por la vía de la superación, el acceso a puestos
de trabajo que le habían estado vedado tradicionalmente, el reconocimiento social de sus capacidades creadoras, así
como la promulgación sistemática de medidas y leyes que la benefician, entre otras; favorecieron el desarrollo de su
autovaloración y renovaron la percepción sobre el status que ella ocupaba frente al hombre en la vida pública y
privada.

Por otra parte, desde las instituciones públicas responsables en medida importante de la socialización de los
individuos como: la escuela, los medios de comunicación masiva, el sistema de salud, etc; se proyecta una imagen
sobre la mujer desprovista ya de muchos de los estereotipos sexistas que lastraban su imagen tradicional. Se
promueven también un conjunto de prácticas generadoras de una interrelación sexual que dignifica a la mujer y les
confiere un status de equidad en su desempeño genérico, se renueva la imagen y realidad del ejercicio de la
paternidad pues se habla de una paternidad responsable que se traduce en una mayor intervención del padre en todas
las actividades del hogar y en una figura paterna más afectiva y menos autoritaria.

Tales transformaciones han condicionado la redefinición, e incluso en muchos casos cambios radicales, de los roles
que ellas y ellos desempeñan en las relaciones de pareja y en el entorno familiar; evidenciados a través de
indicadores como la feminización de la planificación familiar cuyo efecto se hace notar en la disminución del
promedio del número de hijos por mujer y consecuentemente en la reducción del tamaño de la familia que ha
repercutido en todas las provincias, zonas rurales y urbanas y cuyo promedio nacional era en 1953 de 4.9 personas y
en 1993 cerró con 3.5.29 El descenso de la fecundidad que ya aqui analizamos se caracteriza por su homogeneidad
territorial y social, lo cual nos obliga a ponderar otras causas que no sean la de la incorporación de la mujer al
trabajo pues el número de hijos es también menor entre las amas de casa. La cultura de la maternidad que hoy
prevalece en la mayoría de las mujeres cubanas que se formaron durante el período de la revolución aún cuando
tradicional en muchos aspectos se identifica con un ideal de número de hijos menor de 3, que incluso para muchas
suele ser 1; la razón valorada es una calidad más efectiva en la educación de los hijos y mayor tiempo disponible en
lo personal.

La consolidación del status público de la mujer también ha impactado las consideraciones femeninas sobre el
divorcio y la nupcialidad. Hoy la mujer no es tan tolerante con una relación de pareja basada en la violencia
psicológica o física; si además, es una mujer que ha vivido las experiencias de autoridad que ofrece la labor

29
María Elena Benitez. La Familia cubana: principales rasgos sociodemográficos que han
caracterizado su desarrollo y dinámica. CEDEM. Universidad de la Habana. Cuba. cuadro 6. p. 14.
Mayda Alvarez "La Familia: )Crisis o evolución?" en Revista Internacional. Año 32, 1995, No 293. pp. 7-8.

173
dirección, su actitud es más decidida hacia una ruptura que vivir en una pareja donde no sea valorada su situación
con equidad. La relación matrimonios-divorcios se ha incrementado en la dos últimas décadas de un 35.8 en 1980 a
un 57.4 en 1995. La tasa de divorcio tuvo una situación pico en 1994 con un indicador de 5.2 por mil habitantes
para luego comportarse con una cifra de 3.7, próxima a la del inicio de la década y cuyo valor en el contexto
internacional se considera alto.30 Sin lugar a dudas un monto mayor de mujeres divorciadas frente a los hombres es
el indicador que mejor explica la significación que tiene el divorcio para la mujer; en 1970 las mujeres divorciadas
31
eran el 4.4% y en 1981 el 6.9%, mientras que los hombres eran el 2% y el 3.4%, respectivamente.

Esos indicadores sólo reflejan parcialmente la situación de las separaciones en Cuba pues las investigaciones
sociodemográficas han detectado que desde hace algún tiempo se vienen incrementando las separaciones sin
mediación legal como resultado del incremento sostenido que también han tenido las uniones consensuales frente al
matrimonio formalizado. En 1987 por cada 5 mujeres casadas había 4 unidas. Se ha producido también un
rejuvenecimiento de la edad al primer matrimonio pues en 1970 era de 19.5 y en 1987 de 18.4 32. Las tasas de
matrimonio han descendido en los últimos años de la presente década de un 9.5 que alcanzó en 1990 en 1996 había
descendido a 5.9.33

A pesar de esos logros tangibles en la sociedad cubana pervive aún una estructura doméstica patriarcal que
mantiene en lo esencial los valores sociales que confiere al hombre un poder superior al de la mujer y que se
constata en las tasas de jefatura familiar masculina que en 1981 eran del 72% frente al 28% femenino; cifra que, no
obstante, es el doble de lo que representaban las mujeres jefas de núcleos en 1970. Para la década de los 90 nos
encontramos la misma tendencia al incremento de la tasa de jefatura femenina que ya en 1995 ascendió al 38%. 34

Un problema de género sigue siendo la desigual distribución de las tareas domésticas. Numerosas investigaciones
psicológicas y sociológicas que sobre la familia se han realizado en Cuba identifican la sobrecarga de roles para la
mujer como una característica de la dinámica intrafamiliar moderna. Mediante diversas técnicas se han recogido
datos que comprueban la presencia de patrones tradicionales en el comportamiento de los diferentes roles: la mujer
aparece asociada a actividades tradicionales femeninas y el hombre a actividades tradicionales masculinas.

En un estudio de casos realizado en la provincia de La Habana en la segunda mitad de los 80, se comparaban las
relaciones entre hogares de obreros cooperativistas y campesinos para observar los cambios en la conciencia y
conducta de estos respecto a su papel en la división del trabajo por sexo y la reproducción.

30
Estadísticas sobre las mujeres cubanas. FMC. Ob. Cit. 1996.

31
María Elena Benitez. Ob. Cit. Anexo 2

32
Colectivo de autores. Transición de la Fecundidad...Ob. Cit. p. 61.

33
Estadísticas sobre las mujeres cubanas. Ob. Cit.
34
Catasus Sonia. Genero y jefatura de nucleo en Cuba hoy. Ponencia al II Encuentro Internacional sobre Familia.

174
En los casos de obreros y cooperativistas la división del trabajo por sexo era más flexible; se notaba una mayor
participación del hombre en las tareas del hogar porque se reconocía el aporte monetario de la mujer y el valor
social de su trabajo. En el hogar campesino su individualismo tiende a mantener aislada a la mujer y el hombre
participa escasamente en las labores domésticas pues considera esta función propia de las féminas. Algunas
diferencias se observaron, sin embargo, entre los campesinos individuales más jóvenes cuya mentalidad ha
progresado con relación a los ascendentes paternos pues comparten

responsabilidades en el cuidado de los hijos y de otras tareas domésticas; mientras que los hombres de medios
urbanos participan en mayor medida en la socialización y atención a los hijos

En la cultura cubana sigue prevaleciendo entrehombres y mujeres, una actitud tradicional con relación al ejercicio
de la maternidad. En estudios cualitativos donde se ha intentado explorar el comportamiento de la subjetividad
femenina en madres adolescentes se ha constatado que la maternidad se representa como un rol que exige una cuota
alta de consagración y es considerado el valor más importante de todo el sistema de significaciones reguladores de
las relaciones familiares. La madre se ve como el centro unificador de la familia, la paternidad es desvalorizada
frente a la misma. Tales representaciones adquieren matices muy tradicionales en mujeres amas de casa, pero
tienen también cierta prevalencia entre mujeres que trabajan.

Al permanecer en lo fundamental, la responsabilidad del hogar en manos de la mujer y hacerse muy difícil
compatibilizar los deberes laborales y domésticos se genera en las mujeres una sobrecarga de trabajo, el incremento
de tensiones y enormes dificultades para la realización de las tareas relacionadas con el abastecimiento del alimento
y de otros imprescindibles para el hogar. Estas dificultades obligan a un significativo número de mujeres a elaborar
estrategia de reacomodo que les permitan garantizar su centralidad en la vida doméstica y cuando menos realizar el
trabajo extradoméstico en condiciones que afecten al mínimo su status de ama de casa.

CONCLUSIONES.

La participación pública de la mujer en la educación y la salud ha sido de todas las esferas la más relevante. El nivel
educacional que hoy ostenta la cubana le permite acceder a otras esferas de la vida pública e interactuar en una
situación diferente en el ámbito doméstico. La realización de sus derechos reproductivos y educacionales son un
indicador positivo de la materialización de un ideal de democracia que pretende desentenderse del antagonismo
secular entre el hombre y la mujer.

En la esfera laboral la participación femenina se hizo masiva y se legitimó en la sociedad cubana. Es necesario y
posible afirmar que la integración de la mujer al mundo del trbajo reconocido como público es una conquista de
género sobre la que existe un consenso por la importancia que dicha incorporación tiene para la familia, las
instituciones económicas y el Estado, y en particular para la mujer que es su mayor beneficiaria.

175
La relevancia del papel social de las mujeres cubanas se evidencia, de manera significativa, en el incremento
sostenido de su presencia en las esferas de dirección que las ubica por encima de la media de participación de las
féminas en los organismos gubernamentales y organizaciones internacionales de todo el mundo.

No obstante en la identidad participativa de la mujer cubana se siguen observando algunos problemas que dificultan
la realización del proyecto de equidad genérica, ellos son: 1.- la aún baja presencia de la mujer en los niveles de
dirección de diversas instituciones del poder público; 2.- la sobrecarga de roles que la mujer vive por su integración
al mundo público sin abandonar el papel tradicional que siempre ha desempeñado en el ámbito doméstico, situación
que se ha hecho más tensa durante el período especial dado que la crisis paralizó muchos proyectos sociales que
atenuaban la carga doméstica; 3.- la prevalencia aún de una cultura patriarcal en las imágenes que hombres y
mujeres construyen sobre la realidad, de manera particular en la familiar que se ha quedado más a la zaga que la
pública; 4.- lo que resulta de que no se haya dado por concluido la materialización del proyecto de equidad pues la
condición de subordinación femenina es aún una realidad de las relaciones entre los géneros.

Aunque el trabajo se dedica a explorar la identidad femenina no soslaya el hecho de que todo cambio en las
relaciones sociales debe afectar a ambas partes para que sea efectivo en su forma sistémica. La invasión de la mujer
a actividades tradicionalmente femenina debe ir acompañada de una integración de los hombres a actividades de
tradición femenina. Un proceso de cambio de una situación de poder basado en la dominación de un género sobre
otro a una situación de equidad génerica, debe cuestionarse todos los comportamientos estereotipados y
esencialismos que caracterizan la realidad tradicional que identifica a los géneros

Anexo 1

Tabla. Nivel Educacional de la Poblacion por Sexo.(%).1970.

NIVEL HOMBRES MUJERES

3er grado o menos 33.8 37.4

4to a 6to grado 46.7 43.7

Media General 14.7 13.9

Técnica y profesional 2.5 1.6

Media Normal

(tecnológicos,

176
FOC o Pre) 0.4 2.0

Superior 1.7 1.2

Fuente: Censo de 1970.Cuba.

Anexo 2

Tabla. Nivel Educacional de los Trabajadores por Sexo. 1974. En porciento

NIVEL HOMBRES MUJERES

Menos de 6to grado. 44.7 27

6to grado 25.7 24

Sec. incompleta 8.8 11

Sec. completa 7.2 11

FOC incompleta 3.0 4.0

FOC completa 1.5 2.0

Enseñanza media y

profesional incompleta 2.7 7.0

Enseñanza media y

profesional completa 2.3 8.0

Universidad incompleta 1.2 1.0

Universidad completa 1.4 2.0

Idioma incompleto 1.1 2.0

Idioma completo 0.4 1.0

Fuente:Censo de Escolaridad de la CTC. 1974.

Anexo 3

Tabla. Evolucion de la Matricula por cursos. Segun Sexo y Niveles

Educacionales. En porciento.

93-94 94-95 95-96

Nivel H M H M H M

177
Primaria 50.8 49.2 51.3 48.7 52.7 47.3

Secundaria 50.0 50.0 49.6 50.4 50.3 49.7

Pre 32.9 67.1 32.6 67.4 40.8 59.2

Formacion

Pedagogica 8.1 91.1 20.8 79.2 29.7 70.3

Tecnico

Profesional 53.5 46.5 52.2 47.8 54.9 45.1

Superior 42.3 57.7 41.9 58.1 46.0 54.0

Fuente: Estadísticas sobre las mujeres cubanas. FMC. 1996.

Perla Popowski. Area de estudios sobre la Mujer

Anexo 4

Tabla. Educacion Tecnico y Profesional. Tecnico Madio. En porciento.

CURSO 91-92 CURSO 95-96

ESPECIALIDADES H M H M

Total 43.7 56.3 50.3 49.7

Energética 70.7 29.3 70.2 29.8

Construcción de Maq. 73.6 26.4 88.8 11.2

Ind. Azucarera,

Quimica y Alimentos 31.5 68.5 27.3 72.7

Economía 21.5 78.5 19.2 80.8

Eectrónica,

Automotriz.y Comun. 50.8 49.2 67.9 32.1

Construcción 44.4 55.6 46.2 53.8

Agropecuaria 55.3 44.7 54.7 45.3

___________________________________________________________

Fuente: Comité Estatal de Estadística. 1993 y MINED 1996.

178
Anexo 5.

________________________________________________________________

Tabla . Matrícula Universitaria por Ramas y Sexo.En porciento

________________________________________________________________

Ramas 93-94 94-95 95-96

H M H M H M

Total 42.3 57.7 41.7 58.3 40.4 59.6

C. Tecnicas 67.5 32.5 69.4 30.6 71.2 28.8

C. Naturales

y Matemat. 38.8 61.2 38.1 61.9 39.9 60.1

C.Agropec. 56.4 43.6 61.1 38.9 62.1 37.9

C.Economic. 35.0 65.0 37.4 62.6 39.9 60.1

C.Soc y Hum. 35.1 64.9 33.8 66.2 32.1 67.9

C. Medicas 31.4 68.6 29.7 70.3 29.0 71.0

Pedagogico 28.4 71.6 27.7 72.3 24.7 75.3

Artes 52.5 47.5 55.5 44.5 46.8 53.2

Cultura Fís. 74.5 25.5 74.1 25.9 73.7 26.3

Fuentes: Estadísticas sobre las mujeres cubanas. FMC. 1996. Recopilación Perla Popowski.

Mujeres y Matemáticas

Dra. Rosario Noçmdedeu

La categoría género

Desde el discurso clásico (con representantes de la envergadura de Aristóteles) hasta la Ilustración (con misóginos
de la talla de Rousseau), la diferencia de derechos se ha justificado en base a esencialismos de tipo metafísico (las
mujeres no tienen alma), morfológico (menor volumen cerebral, de tipo hormonal o de tipo genético.
Afortunadamente se han producido también investigaciones que inclinan la balanza a favor de las causas culturales,
de lo contrario no podría ocurrir que ciertas tribus tuvieran como características masculinas lo que en otras lo son
femeninas. Estas investigaciones propiciaron la aparición de una nueva categoría de investigación: el género que,

179
para M.Mead, es el conjunto de comportamientos esperados de un individuo según cual sea su sexo biológico, y con
los cuales se identifica el individuo en crecimiento; a diferencia de lo que se entiende por sexo es decir aquel
conjunto de características biológicas determinadas por la existencia de uno o dos cromosomas X (Sexo genético),
la presencia de más o menos andrógenos (Sexo hormonal), y la posesión de cierto tipo de genitales externos o
internos (Sexo gonádico) El sexo, sobre todo si coinciden el cromosómico o genético, el hormonal y el gonadal,
determina unos comportamientos sexuales (de apareamiento y reproducción), pero no determina el resto de
comportamientos.

La introducción de esta categoría ha permitido abrir nuevas vías de investigación, no sólo de revisión de lo anterior
desde otra mirada, sino de creación de nuevos caminos, descubiertos a su vez en esa otra mirada.

Desgraciadamente, hemos llegado a un uso de esta categoría que va dando paso a perversiones que la transforman
en instrumento de consolidación de las diferencias, por lo que, en la actualidad, se dan distintas corrientes de
investigación, interesadas en la deconstrucción 35 de este concepto. No obstante, esta categoría sigue siendo útil para
determinados análisis.

Presencia de dos subculturas en la cultura occidental

En la cultura occidental han coexistido, a lo largo del tiempo, dos subculturas bien diferenciadas, como
consecuencia de dos procesos distintos de socialización, dando lugar a la construcción de los dos géneros antes
mencionados. Estas construcciones han regido claramente las creencias, emociones y conductas de uno y otro sexo,
a través de pautas, normas, valores, estereotipos y roles específicos e inconfundibles.

Aún hoy, lo cierto es que, en su gran mayoría, las personas se identifican según sus subculturas de género. Como
dice Clotilde Proveyer, profesora de sociología de la Universidad de la Habana, la definición de nuestra identidad
sigue siendo la tradicional. En su opinión nos hemos movido, pues, hemos salido al espacio público, pero, sin llegar
a los puestos que podrían decidir cambios estructurales en el sistema educativo, en los medios de comunicación, en
el mundo laboral, así como cambios en los paradigmas, ético y científico. Es esta construcción de nuestra identidad
la que frena un proceso que para, G. Lipovetsky 36 va por detrás de la realidad. Es cierto que ya se vislumbran
posibilidades, con la reciente modificación de las leyes electorales francesas, que exigen 50% de cada sexo en las
listas electorales; o resultados excelentes en la investigación científica al margen del paradigma actualmente
establecido, como muestra Bárbara Mac Klintock; o las éticas ecológicas desde el punto de vista feminista, es decir,
los ecofeminismos. Pero, hemos definido nuestra identidad para el espacio doméstico, para la sobrecarga, para la
subordinación..., por eso, a pesar de que no lo impide la normativa, ni unas capacidades hartamente probadas, ni es

35
Alicia H. Puleo: « Luces y sombras del ecofeminismo», en Asparkia nº 11, Castelló, Publicacions de
la Universitat Jaume I, 1992, pp.37-45
36
Gilles Lipovetsky: «En torno a la seducción», en Asparkia, Castellón, ed. Publicaciones de Universitat Jaume I, 1999

180
ya políticamente correcto objetar nada sobre la ocupación de puestos de poder por las mujeres, son todavía pocas
las que ven esos puestos como su lugar adecuado.

Son puestos en los que parece que no tiene cabida la ética del cuidado, ya que el discurso del poder está más
ocupado en la provocación y resolución de conflictos económicos y bélicos que en la construcción de estructuras
sociales generadoras de una adecuada distribución de la riqueza para el bienestar de todo@s. Los valores de la ética
del cuidado son irrenunciables y son la aportación que ha construido el género femenino. Debiéramos universalizar
y elevar su rango al máximo nivel, porque, sólo desde ahí se podrá construir una sociedad pacífica y justa, en la
que la categoría género ya no refleje la realidad social.

Vicenç Fisas parece participar de esta visión:

«Cuando hablamos de paz o analizamos situaciones conflictivas nos encontramos siempre con factores. Me refiero a
factores de naturaleza cultural, a los sentimientos, a la memoria histórica, a las emociones, a las manipulaciones, a
la capacidad de perdonar y odiar, a la facilidad con que nos dejamos persuadir y sugestionar por ideas vacías o por
símbolos divisorios, y a tantas cosas que pertenecen al lado nocturno, a los elementos emocionales y analógicos del
espíritu humano, y del que los hombres sabemos más bien poco. Las mujeres, por fortuna, mucho más 37» (Un salto
semántico en positivo por primera vez)

Además, como dice Fina Sanz, la coexistencia de las dos subculturas de género no es igualitaria, se parece más bien
a la coexistencia de las culturas de los pueblos colonizadores con las culturas colonizadas. Es decir, no sólo son
distintas sino que se relacionan jerárquicamente: una es dominante, sus valores son considerados por encima de
aquellos de la cultura sometida. “Incluso es frecuente que la gente colonizada pierda sus referencias de identidad y
suscriba los valores ético-morales de la colonización como un recurso de valoración personal o de supervivencia
física o psíquica”38

Es lógico, pues, que los productos de ambas subculturas sean distintos y distintamente valorados.

Esto tiene especial importancia a la hora de analizar el tipo de matemáticas que se producen, pues, aunque en
ambas subculturas, en todas las culturas 39, se cuenta, localiza, mide, dibuja, juega y explica, sin embargo, la
diferente valoración de las actividades realizadas por uno y otro género recibe distinta consideración, hasta el punto
de ocultar, casi invisibilizar, las realizadas por el género minusvalorado, que no minusválido.

Valga como ejemplo de esta otra forma de hacer y de su eficacia, el método de Bárbara Mc Klintock que desarrolló
su trabajo gracias a la comunicación íntima que supo establecer con su objeto de investigación: las plantas de maíz.
Supo escuchar lo que decían sus diferencias, aceptó la bidireccionalidad de comunicación entre sujeto cognoscente

37
V.FISAS. Cultura de paz y gestión de conflictos, Barcelona, ed. UNESCO, 1998
38
Fina Sanz: Psicoerotismo femenino y masculino: Para unas relaciones placenteras, autónomas y justas, Barcelona, ed
Kairós, 1996
39
Alan Bishop: Enculturación Matemática, Barcelona, ed. Paidos, 1999

181
y sujeto (objeto) cognoscible. Y sólo así pudo encontrar elementos de disensión con la teoría de Darwin, que tan
buen servicio presta al discurso de dominación patriarcal.

El enfoque desde la subcultura femenina, pues, puede cambiar los resultados de una investigación en un sentido
altamente estimable por nosotras. Y de esta manera se están produciendo resultados muy interesantes en campos
como el de la investigación en didáctica de las matemáticas. Los dos epígrafes siguientes resumen dos de estas
investigaciones. El primero nos habla del desplazamiento del problema a las estructuras sociales. El segundo
refuerza la idea expresada en el primero mediante una experiencia en la que diferentes estructuras sociales –
escolares- producen resultados distintos.

El desplazamiento de las preguntas

Todavía hoy podemos escuchar opiniones de profesionales de prestigio que ante el rechazo de muchas mujeres a
ciertas tareas de tipo científico, tecnológico o matemático, sólo se les ocurre pensar que la solución está en
«educarlas» mejor, es decir, conculcar su libertad de elección, troquelándolas para que cambien su deseo. No se les
ocurre pensar que la falta de deseo radica en una oferta social discriminatoria, que quien necesita el «arreglo» es la
estructura social, que el pacto social actual es insuficiente, que si el horizonte que tienen delante las chicas fuese
equiparable al de los chicos, sus elecciones serían más parecidas.

Así lo prueban recientes investigaciones que tienen en cuenta el proceso, no sólo el producto, que escuchan al
objeto de estudio, y hacen uso de métodos cualitativos, no sólo cuantitativos. Por ejemplo, Christine Keitel 40 afirma
que no es cierto que las mujeres no puedan estudiar matemáticas, ni es cierto que no les gustan, es que no quieren,
no las eligen, porque la expectativa social para ellas es diferente. O sea, ahora se cuestiona la estructura social, no
las supuestas deficiencias de las mujeres. Y la siguiente experiencia refuerza esta tesis:

Los distintos modelos escolares

Los resultados obtenidos por Jo Boaler, de los dos estudios de caso, «Amber Hill» y «Phoenix Park», con diferente
perspectiva de género, plantean un reto en el campo de la educación.

En el «Amber Hill» muchas de las chicas, que fracasaban en matemáticas, demostraban ansiedad y falta de
motivación. Pero cuando se pidió su opinión, las chicas no se atribuyeron la culpa a sí mismas. Ofrecieron
argumentos coherentes sobre su deseo de comprender las matemáticas y sobre las formas en que ellas creían que

40
Christine Keitel: «Coeducación y enseñanza de las matemáticas: una revisión de las investigaciones», en I Jornadas sobre
Matemáticas y Coeducación, Madrid, ed. OECOM Ada Byron, 1994, pp. 11-14

182
sus libros escolares les negaban el acceso a dicha comprensión. Tenían claro que habrían conseguido comprender
las matemáticas si hubieran tenido más oportunidades de trabajar en tareas abiertas, a su modo y en grupo 41.

Los chicos compartían muchas de las preferencias de las chicas, pero se adaptaban mejor al sistema, a pesar de que
no proporcionaba comprensiones profundas. A ellos les merecía la pena el esfuerzo en tareas más o menos
rutinarias, en tanto en cuanto la competitividad les movía a trabajar, aún sin comprender, por el mero placer del
éxito,.

En «Phoenix Park», cuyo sistema educativo es participativo, abierto, no coercitivo, no se detectaron diferencias
significativas entre los rendimientos de chicas y chicos.

Así pues, el modelo de sistema escolar, concluye Jo Boaler, es la causa de las diferencias.

Deconstrucción, reconstrucción de valores

Los dos epígrafes anteriores muestran la necesidad de un cambio de paradigma, de creencias, valores y modos de
proceder. Para ello habrá que analizar qué hay de aprovechable en el paradigma actual, qué hay que rescatar, qué es
necesario reformular, y además habrá que ser creativ@s para generar nuevas formas de hacer, nuevos valores.

Veamos una muestra de algunos análisis, realizados sobre el sistema de valores de nuestra democracia, sobre el de
nuestro sistema escolar y sobre los valores que rigen la actividad en la producción y el aprendizaje de las
Matemáticas.

Democracia

En nuestra cultura predomina el sistema de valores llamado por Victoria Camps 42 «la ética de la justicia»
íntimamente ligada al derecho a la propiedad privada y que olvida y devalúa lo que la misma autora denomina ética
del cuidado, reservada al ámbito privado y para el sector femenino en una sociedad fuertemente organizada bajo los
criterios del sistema de género. El énfasis puesto desde la Revolución Francesa en el valor de la Justicia como
defensa de los derechos a la Igualdad, Libertad y Fraternidad, ha degenerado, más bien nacía ya viciado, en Justicia
para la defensa de la propiedad en el sistema capitalista de las sociedades opulentas y en sus necesarios
subproductos: la acentuación de las diferencias sociales, el consumismo, la competitividad y el individualismo.
Parece que la igualdad y la fraternidad siguen siendo la revolución pendiente. No son demasiado compatibles con
ese tipo de libertad que hemos cultivado. Incompatibilidad que explica por qué hemos llegado a una sociedad
consumista y no a una sociedad cooperativa; por qué promocionamos personas competitivas en lugar de personas
41
Jo Boaler: “Nineties Girls Challenge Eighties Stereotypes: Updating Gender Perspectives” en Social Justice and
Mathemtics education, Berlin, ed. Christine Keitel, 1998, pp. 278-293
42
Victoria Camps: Virtudes Públicas, Madrid, ed. Espasa Calpe, 1993

183
competentes; o por qué estamos sumidos en la soledad del individualismo en lugar de trabajar nuestra
individuación.

Ha quedado en evidencia, a lo largo de la historia de las democracias, que la igualdad es un objetivo no alcanzado.
Cada democracia ha restringido la aplicación de este derecho a un colectivo distinto: ciudadanos en las democracias
clásicas que gobernaban las polis griegas, nobles y maestros de taller en las democracias urbanas, varones
acaudalados en las primeras democracias del siglo XIX, sólo varones hasta hace un siglo escasamente, y aún hoy,
los niveles de participación no son igualitarios. Además, aunque en diversas constituciones se defiende la igualdad
de derechos, sus textos y los de las leyes que las desarrollan, contienen sesgos o vacíos por los que se cuela la
desigualdad, dando cobertura a actitudes discriminatorias.

A pesar de lo insuficiente que resulta la igualdad, sin embargo se ha enfatizado más que su complementaria: el
respeto a las diferencias, que va más allá de la simple tolerancia. Tanto es así que el «miedo a lo diferente» está
creando algunos de los problemas más graves en las sociedades occidentales actualmente: xenofobia, racismo,
sexismo, .... La otra perversión que genera tanto énfasis en la igualdad y tan poco en el derecho a la diferencia es el
«efecto colonizador» de las culturas hegemónicas sobre las «otras» las «diferentes».

El derecho a las libertades fundamentales tal vez ha recibido, más que ningún otro, la atención en los discursos
democráticos: libertad de expresión (pluralidad de ideas), de asociación (pluralidad de partidos) y de reunión
(posibilidad de debate abierto) Pero ¿qué debate puede darse sin información veraz?, ¿qué libertad es la que elige
sin información? Para que haya un debate eficaz, para que la democracia sea participativa realmente, para que la
libertad sea auténtica es necesario poner más énfasis en el valor de la transparencia. No sólo la transparencia
electoral, sino también la de la acción de gobierno, para evitar la mayor de las perversiones: una minoría, que
controla el sistema educativo y los medios de información, influye en una mayoría insuficientemente informada o
perversamente informada, consigue su voto, y, anula a las minorías disidentes con el argumento de poseer el apoyo
de la mayoría.

La libertad es también el valor democrático más tergiversable. Baste ver el efecto de su exportación al mercado
económico: la libertad de mercado es la madre de la competitividad y de las mayores diferencias sociales, dejando a
la mayoría en situación de desventaja, lo cual es claramente incompatible con que esto sea la voluntad libre de la
mayoría. Sólo voluntades alienadas pueden caer en semejante confusión.

La clase de matemáticas es un buen banco de pruebas para aumentar el énfasis sobre la transparencia que a su vez
ayuda a desvelar las tergiversaciones de la libertad:

Escuela

Para una educación integral es necesario que el sistema educativo se impregne de ética del cuidado, que considere
tan importante la sensibilidad como la inteligencia; la capacidad de comunicación como la seguridad en sí misma; el

184
sentido de la responsabilidad como el cultivo de un adecuado nivel de autoestima. Lo cual no es fácil en un sistema
escolar dicotomizado, escindido en dos estilos de conocimiento, a saber, ciencias y letras. Con la agravante de la
elección diferencial que habitualmente se hace: la mayoría de chicos (de chicos prototipo viril) eligen ciencias y
tecnología, la mayoría de chicas (de chicas prototipo femenino) eligen humanidades.

« El porcentaje de mujeres que se deciden a matricularse en una carrera técnica, por ejemplo arquitectura o
cualquier ingeniería, es muy inferior al de los varones que optan por este tipo de estudios.

Esta es una de las conclusiones a la que han llegado las más de cien expertas que participaron durante la pasada
semana en el primer Congreso Nacional sobre las mujeres y la ingeniería, celebrado en la Escuela Técnica Superior
de Ingeniería Industrial de Terrassa (Barcelona). Según los datos expuestos por Margarita Artal, directora del
Programa Mujer de la Universidad Politécnica de Cataluña, sólo el 23% de los alumnos de carreras técnicas son
mujeres, es decir sólo una de cada cuatro personas que realizan estudios técnicos es mujer.

La cifra llama especialmente la atención si se tiene en cuenta que en la actualidad el número de mujeres
matriculadas en una carrera universitaria supera ya al de hombres. Sin embargo, a pesar de esta progresiva
incorporación de las mujeres a los estudios universitarios, no es la primera vez que se constata que el sexo del
alumnado es un factor muchas veces decisivo en el momento de elegir los estudios superiores. Para Margarita Artal,
los motivos de esta elección hay que buscarlos en la orientación que se da al alumnado en las enseñanzas
secundarias, en las que se encamina a las chicas hacia estudios destinados al sector de servicios, mientras que los
chicos se ven más empujados hacia profesiones de tipo técnico o científico. Esta orientación provoca que la mayoría
de las chicas se dirijan a carreras « de Letras », en las que son mayoría aplastante y se encuentren en absoluta
minoría en las de tipo técnico, como las ingenierías. Por ejemplo, el 84% del alumnado de Filosofía y Ciencias de la
Educación es femenino y sólo el 18% de los matriculados en Ingeniería de Telecomunicaciones son mujeres.

Precisamente son las carreras en las que las mujeres están subrepresentadas las que gozan de mayor prestigio social,
como señalo Marina Subirats, concejala de Educación del Ayuntamiento de Barcelona, que también afirmó que el
patrón social sigue exigiendo que las mujeres ocupen profesiones de servicio a los demás, como la Enfermería o la
enseñanza. Marina Cruz Rodríguez, de la Universidad de Jaén, se mostró de la misma opinión en cuanto a la
influencia del entorno social y escolar en la elección de los estudios universitarios ya que se espera que la mujer
pueda compatibilizar su trabajo con el cuidado de su familia» 43

Un sistema escolar que pretenda una educación integral deberá abordar la solución de este problema. Existen
propuestas de trabajo desde la filosofía del Humanismo Científico Creativo, que se plantea la extraordinaria
especialización del conocimiento y el dilema ciencias – humanidades; indaga cómo lograr eficazmente la
integración de las ciencias y las humanidades en la enseñanza; y considera que no debe buscarse la solución de
manera aditiva solamente. Es decir, no se trata de un mero agregado de cursos ni de agregar trabajos de laboratorio
al Plan de Estudios de la Ciencia. La siguiente pregunta de Mario Bunge contiene el sentido que debe tomar la
43
http://prensamujer.com, día 8 de marzo de 2001

185
respuesta al problema planteado: "¿Por qué no ensayar el cultivo de una actitud filosófica en las ciencias naturales y
sociales, y de una actitud científica en la filosofía y en las llamadas humanidades?".

Se trata de llevar a cabo una enseñanza interdisciplinaria o transdisciplinaria, como dice Ubiratan D’Ambrosio.
Porque mientras las ciencias diversifican y especializan, las humanidades universalizan e integralizan. Realmente se
trata de construir un puente entre las dos caras del estudio de la «situación humana» hasta ahora separadas y con
tantas posibilidades de interrelación.

Ni que decir tiene que ello atenuaría a su vez la dicotomía tradicional chicos a ciencias y chicas a letras, y ayudaría
a enfatizar valores como Sensibilidad Emocional, Comunicación y Responsabilidad, propias de la ética del cuidado,
de la subcultura femenina, tan necesarios para equilibrar a sus complementarios valoradísimos en la subcultura
masculina: Inteligencia, Autonomía, Autoestima, propios también de la cultura científica, que por ello también se
propondrían a quienes eligieran hacer letras.

Por otro lado, tanto la ciencia explícita como la implícita, están tan presentes en el mundo actual, que no podemos
sustraernos a la necesidad de educar en ciencia a todas las criaturas. En particular a las mujeres, tal como declara la
cumbre de Beijing en una de sus conclusiones:

«Garantizar el acceso de las mujeres en condiciones de igualdad a los recursos económicos, incluidos la tierra, el
crédito, la ciencia y la tecnología, la formación profesional, la información, las comunicaciones y los mercados,
como medio para promover el avance...»

Claro que habrá que revisar el paradigma de una ciencia misógina si queremos que las chicas se encuentren
cómodas y en igualdad de condiciones. No hay que olvidar que es esa misma ciencia quien ha proporcionado
algunas veces los falsos argumentos para mantener el discurso patriarcal.

Y es ese discurso patriarcal quien, a su vez, ha mantenido una ciencia al servicio de sistemas políticos y económicos
que no sólo postergan a la mujer, sino que destruyen el planeta y despojan a grandes sectores de la población y a
países enteros de los medios indispensables para una subsistencia digna.

La incorporación de los valores de la ética del cuidado, del punto de vista y del modo de proceder aprendido y
practicado por las mujeres daría lugar a sociedades más justas e influiría en un cambio de paradigma científico, más
humanista, más integrador, más creativo, más solidario, más cooperativo.

En lo referente al desarrollo de las personas, este nuevo paradigma permitiría construir un sentido del yo capaz de
relacionarse y diferenciarse de los otros y otras, y de considerarles como sujetos con quienes se comparte lo
suficiente como para que puedan ser reconocidos sus intereses y sentimientos independientes; no como «el otro»,
«el diferente», «el extraño», «el extranjero», «el inmigrante», «el del otro sexo», «el de otra raza», «el de otra
etnia», «el de otra cultura». En definitiva, que cualquiera pueda ser reconocido como otro sujeto, que la identidad
no se desarrolle simplemente a partir de la experiencia de la competencia, sino también, y esencialmente, a partir de
la experiencia de continuidad y reciprocidad de sentimientos en la relación.

186
Matemáticas

Lo dicho para las ciencias vale aquí si tenemos en cuenta que las matemáticas son el lenguaje de la ciencia y la
tecnología. Además, si observamos las manifestaciones de esta atormentada cultura del final de milenio, veremos
que también lo es de las artes: monstruos escherianos, laberintos, fractales y caos.

Tykociner afirma: «Debemos educar una nueva clase de explorador imaginativo capaz de construir estructuras de
conocimientos con elementos suministrados por diferentes investigadores especializados. Ellos deberán aprender la
forma de combinar el conocimiento producido, tanto por el grupo de las Ciencias como por el de las Artes, para
moldearlo en estructuras modificadas, que sean funcionalmente adecuadas, estéticamente valiosas y éticamente
apropiadas para un nivel más alto de vida».

Pero los paradigmas de las matemáticas y su didáctica, también han sido androcéntricos, tal como demuestra un
análisis de su historia. Por eso los nuevos planteamientos emergentes exigen un nuevo paradigma, o sea un nuevo
sistema de creencias, valores y técnicas que respondan a las expectativas arriba expuestas, y que sean válidas tanto
para chicos como para chicas.

Me centraré en lo relativo a su didáctica, que es mi área de experiencia profesional, y me apoyaré en las


aportaciones de dos autoridades en la materia, a saber, Alan Bishop y Francisco Hernán.

El modelo propuesto por Bishop44 considera tres pares complementarios de grupos de valores, que este autor analiza
para remarcar la diferencia de énfasis que existe en uno de los miembros de la pareja en la cultura occidental. Este
análisis de los valores inherentes al paradigma actual de las matemáticas se puede estructurar según tres
componentes: ideológica, sentimental y social. En la componente ideológica encuentra Bishop que son inherentes al
unero de las matemáticas los valores asociados al par racionalismo-objetismo; en la sentimental sitúa el grupo de
valores del control y su complementario el progreso; los representantes matemáticos de la componente social son,
para Bishop, el misterio y la transparencia. En cada par se puede ver que uno de sus miembros goza de gran
predicamento en el mundo científico occidental y pertenece al grupo de valores de la subcultura masculina; el otro
miembro es fácil descubrir que forma parte del grupo de valores de la ética del cuidado. La propuesta de Bishop es
que se enfatice este último para hacer una educación matemática más acorde con el nuevo paradigma.

El racionalismo está en el corazón de las matemáticas. Si se tuviera que elegir un único valor que garantizase el
poder y la autoridad de las matemáticas, sería elegido el racionalismo. Desde su aparición en las civilizaciones
griega y egipcia, se ha convertido en una ética primordial, que exige la calidad explicativa a través de
demostraciones, construidas con conceptos abstractos, encadenados según las leyes de la lógica y los principios de
completitud y consistencia, junto a la dimensión estética, la elegancia, como dice Bishop «donde lo borroso e

44
Ibid.

187
impreciso es reemplazado por la claridad y certeza, donde los grises y las sombrías medias verdades se iluminan por
el brillo de la luz de la razón».

El objetismo es el eje ideológico complementario al racionalismo. Así como el racionalismo trabaja sobre las
abstracciones hechas por separación entre las ideas y los objetos, el objetismo nos habla del trato a los símbolos
como objetos, da cuenta de que el origen de las ideas está en los objetos y de cómo manejamos los elementos en las
construcciones axiomáticas como si de átomos se tratara. De hecho, las primeras aportaciones del pueblo griego a la
matemática deductiva , manejaban los números y las figuras como objetos propiamente dichos. El propio Gödel
comenta que, en sus años de adolescente, consideraba que los símbolos matemáticos eran objetos concretos.

La gradual carrera del materialismo desde Demócrito hasta nuestros días da testimonio de la seguridad creciente
ofrecida por el saber matemático. No sólo se ha producido la comprensión de ciertos aspectos de la naturaleza o del
entorno antropizado que el saber matemático puede explicar, sino que también ha habido el deseo creciente de ello.
La búsqueda de conocimientos y explicaciones de los fenómenos naturales está asociada con el deseo de predicción,
y la habilidad de predecir es, en realidad, un conocimiento poderoso en virtud del valor de control que encierra. Este
valor de control se manifiesta claramente en la sociedad cuando ocurre algún desastre como inundaciones,
terremotos, etc. Se siente entonces un gran malestar acompañado de pensamientos sobre cómo se podía haber
previsto o si se podía haber predicho para tomar medidas de protección, llegan a sufrirse incluso sentimientos de
culpa por nuestra incapacidad para controlar las fuerzas de la naturaleza. También el control va asociado a
experiencias estéticas: es posible encender un destello de satisfacción y placer estético, cuando alguien que está
aprendiendo se encara con una desordenada colección de hechos numéricos o un conjunto aleatorio de formas y por
cierta organización y estructuración la pauta es súbitamente revelada y ¡el orden reina donde todo parecía caos!
Pero el control es un arma de doble filo, como alguna gente afirma, no sólo el programador programa a la
computadora sino que también la computadora programa al programador. Los humanos estamos ahora atrapados en
el mundo tecnológico que nosotros mismos hemos creado, en el que, para sobrevivir, hemos tenido que adaptarnos.

El sentimiento de progreso es más dinámico que el sentimiento de control, que con su compañera la seguridad, tiene
asociados un conjunto de valores más estáticos. Con el progreso van asociados sentimientos de desarrollo, cambio,
crecimiento, etc., y en su núcleo late la idea de que lo desconocido puede llegar a ser conocido. Una característica
asociada al progreso es el alternativismo. Actualmente, en matemáticas, este espíritu es muy fuerte: definiciones,
procedimientos, algoritmos, axiomas, demostraciones, son capaces de grandes variaciones, y la exploración de
alternativas es una fuente poderosa de nuevas investigaciones. En la sociedad occidental el espíritu del
alternativismo se ha generalizado, parece estar vivo y con muy buena salud, como lo muestran el desarrollo de
economías alternativas, el estudio de religiones alternativas y estilos de vida alternativos. Los ordenadores en los
campos de la investigación, planificación y diseño, contribuyen a la exploración rápida de alternativas mediante
simulaciones. Claro que la alternativa, el cambio surge en una cultura desde su teoría del conocimiento que a su vez

188
es quien lo evalúa, luego no cabe imaginar que sea un cambio contra la cultura sino un cambio para la preservación
de la misma cultura.

Misterio hace referencia al misterio que envuelve al origen de las ideas matemáticas: de dónde vienen y quién las ha
generado. El misterio es consecuencia de la exclusividad de las matemáticas, exclusividad que reside en su propia
naturaleza y en las asociaciones que se han dado siempre a lo largo de su historia. La exclusividad que las
matemáticas encierran en su propia naturaleza es debida a que se ocupan de abstracciones, cuanto mayor sea la
abstracción más cerca estamos de la idea, cuanto menor sea la contextualización y por tanto cuanto mayor sea el
sin sentido (piénsese en la distancia entre simetría como concepto ordinario y los conceptos abstractos de grupo,
anillo o cuerpo) La exclusividad por asociación salta a la vista en cualquier revisión histórica que se haga del área,
así podemos encontrar asociaciones con el reino de los filósofos (Platón), con los dioses (Descartes) o con los
ordenadores en el mundo contemporáneo (en el económicamente desarrollado). Esta exclusividad reforzada por dos
vías, afecta no sólo a las matemáticas sino también a las personas que las cultivan, para las que, como bien dice
Bishop citando a Davis y Hersh «si alguien no iniciado le pregunta (al matemático ideal) qué estudia, éste es
incapaz de mostrar o decir qué es. Es necesario ir a través de un arduo aprendizaje de varios años para comprender
sus teorías».

Trasparencia significa aquí que las verdades, proposiciones e ideas matemáticas generalmente están abiertas para
ser examinadas por todo el mundo. La trasparencia va asociada con la seguridad; los conocimientos matemáticos
son trasparentes y seguros, no se desvanecen, no dependen del partido político en el poder, no varían de país a país,
son universales. Como viene a decir Bishop, un dibujo de un triángulo puede tener todo tipo de defectos pero el
triángulo abstracto ofrece verdades acerca de las cuales nos podemos sentir seguros, y que cualquiera puede
verificar una y otra vez al margen del dibujo. Pero, para conseguir la trasparencia, es preciso que se despersonalice
la invención matemática, porque en matemáticas no tratamos de opiniones, sino de construcciones de pruebas
trasparentes: si se escoge el procedimiento correcto y se guardan las reglas, la lógica hace el resto. Por otro lado, la
formalización hace explícita la idea, incluso la trasforma en objeto, la abre al análisis crítico y objetivo y de ese
modo permite que se pueda compartir. Claro que el ser potencialmente compartible no implica fácilmente
compartible, porque para que ello sea posible es necesario conocer las convenciones y símbolos de la lógica y tener
cierta coincidencia de interés en la cuestión que se expone. Enseñar a la gente a cuestionar, dudar, argumentar,
experimentar y ser crítica e incrementar así la conciencia de los y las estudiantes constituye, en opinión de Bishop,
la verdadera amenaza a la perpetuación de instituciones, creencias y autoridades de todo tipo, en cualquier parte, por
lo que la trasparencia puede ser considerada como la guardiana del desarrollo futuro.

Según cual de estos grupos de valores subraye la cultura anfitriona, se producirá un determinado tipo de
matemáticas. En la cultura occidental pesan muchísimo más el racionalismo, el control y el misterio; que el
objetismo, el progreso y la trasparencia.

189
Así pues, para equilibrar la componente ideológica de la cultura matemática propone Bishop, que además de
animar a las criaturas a desarrollar su capacidad de abstracción, de teorización y de explicación lógica, coherente y
completa, debemos estimular la creación de ideas a partir de intuiciones en contextos concretos, por generalización,
o analogía, por inducción y fomentar maneras de concretar y objetificar ideas abstractas a través del uso de los
símbolos matemáticos. Para equilibrar la componente sentimental, el grupo de valores ligados a la capacidad de
control se complementa con el grupo de valores ligados a la posibilidad de progreso, pero el significado de estos
valores está siendo revisado ante los desastres a que la fe en cierta forma de entenderlos nos ha llevado (cierta idea
de progreso es la que ha generado los instrumentos con los que controlar, en el sentido de dominar, explotar,
expoliar la naturaleza). En cuanto a los valores asociados a la componente sociológica de la cultura matemática
occidental, está claro que tienen mayor influencia los valores del grupo del misterio (entre los que se halla el poder)
que los de la transparencia, necesaria para una verdadera democracia, para un progreso social justo, y para la que es
una buena herramienta el racionalismo.

Francisco Hernán , en relación con una nueva didáctica de las matemáticas, en su libro «Retrato de una profesión
imaginada», reflexiona también acerca del necesario cambio en el sistema e creencias y valores de la didáctica de
las matemáticas45. Existe entre la población la creencia de que toda enseñanza produce aprendizaje, pero el fracaso
escolar en matemáticas muestra la falsedad de esta creencia, que se refuerza con la creencia, también falsa, de que
las matemáticas se reducen a un conjunto de técnicas, sobre todo algorítmicas, algunos problemas tipo y cierto
repertorio de conceptos matemáticos, todo lo cual se supone que puede ser transmitido, es decir enseñado y, por
tanto según la creencia antes citada, aprendido. Pero aprender matemáticas significa, al menos así lo creo yo,
producir pensamiento matemático; y esto no lo podemos enseñar los profesores y profesoras de matemáticas, en
todo caso, lo podemos provocar. Las técnicas, problemas tipo y conceptos específicos serán materiales con los que
producir ese pensamiento matemático, pero así, sueltos, independientes, en sí mismos, no son suficiente para
asegurar el aprendizaje matemático. Por si fuera esto poco, hay que considerar que la transmisión verbal de unos
contenidos organizados previamente, dirigida a un grupo de personas en un mismo tiempo, a un mismo ritmo desde
un mismo punto de partida y con un mismo final, prescinde de tomar en cuenta la diversidad de las personas con sus
puntos de partida distintos, sus diferentes ritmos e intereses, así como la naturaleza ramificada del pensamiento y su
composición no sólo verbal sino también perceptiva y visual.

En la duración interesan el principio y el fin como referentes para medir la cantidad de tiempo (y su fugacidad nos
condena al estrés), en el transcurso importa su calidad, que puede cambiar la percepción de la cantidad medida por
la duración.

El niño, la niña, aprende mientras juega, en el transcurso del juego se divierte, es feliz, no se percata del tiempo que
dura la satisfacción de su deseo, se asombra, imagina, se pregunta, vuelve hacia atrás, toca, mira, escucha, huele, ....
Estas características de todo proceso de aprendizaje, están poco enfatizadas en el aula de matemáticas, donde
todavía hoy cobran mayor relevancia sus complementarias. Tal vez es que las profesoras y los profesores de
45
Francisco Hernán: Retrato de una profesión imaginada, Granada, ed. Proyecto Sur, 1991

190
matemáticas hemos olvidado algo tan elemental como la capacidad de asombro, tal vez hemos olvidado incluso la
capacidad de desearlo...

Formalismo, tecnicismo, demostración y rigor son valores hipermagnificados en el aula de matemáticas. Tal vez es
tiempo de educar la imaginabildad como capacidad de producir imágenes mentales que ayuden a crear conjeturas, y
también es tiempo de aparcar, en el aula, los cripticismos del lenguaje de la ciencia y la técnica para dar paso a la
claridad que proporciona explicar los asuntos en lenguaje familiar y sustituir, como dice Hernán, la pregunta de
respuesta congelada, por la curiosidad apasionada.

Concluyendo: ni los valores democráticos publicitados hasta la saciedad son incuestionables; ni el sistema escolar
es inocente; ni las ciencias, y en particular las matemáticas, son neutras. Sus paradigmas están impregnados de
creencias, normas, actitudes y conductas dirigidas por los sistemas de valores que les son propios. Un nuevo pacto
social, en el que los derechos humanos sean realmente universales, no universales en teoría y parciales en la
práctica, reclama una revalorización y universalización de la ética del cuidado; un cambio de paradigma científico;
un cambio de paradigma en las ciencias matemáticas y un nuevo modelo educativo, que traslade su focalización
epistemológica a una concepción cultural, social y de educación integral de la persona.

Bibliografía

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Jaume I, 1992

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Marina Subirats et alt. : «Escasa pesencia de científicas en la Universidad europea », en Prensa Mujer 13-03-2001,
ed. http://www.prensamujer.com, 2001

191
Francisco Hernán: Retrato de una profesión imaginada, Granada, ed. Proyecto Sur, 1991

192
El sexismo. Modelos masculino y femenino en el libro de texto de Español-Literatura 9no grado.

Lic. Yenisei Bombino Companioni

Escuela mixta v.s escuela coeducativa

En la segunda mitad del siglo XX se produjo el surgimiento y desarrollo de la escuela mixta. Este modelo educativo
constituyó un importante aporte a favor de la igualdad de género y por el reconocimiento de la mujer, al inspirarse
en el principio de la igualdad de oportunidades para el acceso a la educación y la formación profesional de los
representantes de ambos sexos.

La escuela mixta fundamenta sus principios en la valoración de las capacidades personales, se eliminaron los
currículos diferenciados, los educandos comparten iguales derechos, deberes, espacios institucionales, así como el
claustro docente. A estas escuelas no se impide la entrada a ningún nivel o materia por razones de sexo.

En principio, con este tipo de escuela quedaba aparentemente superada la segregación de modelos socioculturales
que reproduce la escuela como institución socializadora de modelos femeninos y masculinos. Sin embargo esto ha
supuesto más bien un avance formal, que real.

En la actualidad, la escuela mixta reproduce relaciones sociales donde continúan predominando los valores
masculinos sobre los femeninos, transmitidos de forma no explícita y sutil. Al respecto, Pilar Ballarin planteó que
“la actual escuela que se presenta como una oferta neutral e igualitaria, ejerce una socialización diferencial por sexo
y reproduce, legitíma y perpetúa, una cultura androcéntrica que distorsiona la imagen del mundo y de nosotras
mismas”46.

El sexismo, manifiesto en este tipo de escuela, constituye la adopción de un conjunto de pautas culturales
preestablecidas que mutila el desarrollo integral de niñas y niños, debido a que les impide incorporar en sus
imaginarios sociales y conductas cotidianas un conjunto de sentimientos, actitudes, comportamientos, valores, y de
espacios no exclusivos para ningún sexo.

Con el incremento de los estudios de mujer y del movimiento feminista, junto al desarrollo alcanzado por la
Sociología de la Educación en los años 80 del siglo XX 47, se iniciaron un conjunto de investigaciones y se

46
Ballarín Domingo, P. (1992) Desde las mujeres. Modelos educativos. Coeducar/Segregar?.
Universidad de Granadas, España. P103
47
Los factores que favorecieron la emergencia de la Sociología de la Educación en los años 80 fueron:
1.Consolidación de la consideración de la educación como un mecanismo reproductor de desigualdades sociales y de la
etnografía aplicada a la educación.

2. La difusión de la pedagogía de la diversidad, cultivada por la pedagogía crítica (P. Freire, H.


Giroux, P. McLaren, etc.), empeñada en descubrir las posibilidades de la escuela para permitir que
(como decía Freire) los dominados tomen la palabra, esto es, para incorporar historias soslayadas,

193
elaboraron propuestas teóricas que han demostrando que en las aulas se transmiten contenidos curriculares
androcéntricos, reflejo de las relaciones de poder que se establecen en la sociedad, así como valores, actitudes y
expectativas diferentes para varones y hembras. No se integran los “valores femeninos” ni sus experiencias, éstos
subsisten como parte de los “valores legítimos” de la sociedad, a los que se subordinan. Las mujeres son educadas
en el sistema tradicionalmente masculino: la competencia, el raciocinio, el pragmatismo. Para los varones no existen
propuestas que les facilite trascender a los tradicionales espacios y valores femeninos. Para ambos sexos se les
proponen modelos culturales limitados y condicionados socialmente.

Esta realidad ocupa un espacio importante de debate en las principales organizaciones internacionales
gubernamentales y no gubernamentales, mostrando un reciente interés en foros, congresos, simposios
internacionales. El Programa de la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo celebrada en el Cairo
en 1994 proclamó que “Las escuelas, los medios de difusión y otras instituciones sociales, deberían eliminar en
todos los materiales informativos y docentes los estereotipos que refuercen las desigualdades entre hombre y mujer,
y hacen que las niñas no se respeten a sí mismas. Los países deben reconocer que, además de ampliar las
posibilidades de acción de las niñas, también es preciso cambiar las actitudes y las prácticas de los maestros, los
planes de estudio y las instalaciones de las escuelas a fin de que reflejen la determinación de eliminar todas las
formas de discriminación basadas en el sexo, reconociendo al mismo tiempo las necesidades específicas de las
niñas”48

La crítica al proceso de asimilación sexista de género realizada en la escuela ha llevado a la formulación de un ideal
igualitario, contenido en el concepto de Coeducación. Desde los años 80 del siglo pasado, se desarrolló esta nueva
filosofía pedagógica en países como España, Granada, Marruecos, Gran Bretaña.

Esta corriente educativa constituye una alternativa didáctica a favor de una educación igualitaria y compensatoria
para ambos sexos. Su objetivo es que coexistan en las aulas no géneros opuestos sino modelos culturales de igual
valía y tendientes a la integración. Por coeducación se entiende una intervención especial que fomenta valores,
actitudes, modelos culturales y capacidades que contribuyan al auténtico desarrollo integral de mujeres y hombres
sobre la base del reconocimiento de dos sexos no enfrentados: equidad sobre la base de las diferencias.

reescribir narrativas, dar la palabra a grupos silenciados y marginados.

3.El desarrollo del movimiento feminista, que ha proporcionado conceptos indispensables, como la
distinción entre sexo (configuración biológica) y género (configuración socio-histórica), la nociones de
sexismo y patriarcado (predominio del género masculino), el análisis de los estereotipos y la
determinación de los mecanismos de asimilación de género (entre los que destaca la escuela). En
Hernández, F. y J. Beltrán Teoría sobre Sociedad y Ediucación. P754
48
________ La Niña. En Revista Sexología y Sociedad. Año1, No.2. 1995

194
La coeducación, según se define en “Elementos para una educación no sexista. Guía didáctica de la coeducación”,
es un proceso intencionado de intervención a través del cual se potencia el desarrollo de varones y hembras,
partiendo de la realidad de dos sexos diferentes hacia un desarrollo personal y una construcción social común no
enfrentada. Esta intervención supone la coexistencia de actitudes y valores que tradicionalmente han conformado
los modelos masculino-femenino para que sean aceptados y asumidos de manera autónoma y responsable. En
definitiva, el objetivo es recuperar en el ámbito escolar los aspectos positivos de la cultura “femenina” para
valorarlos y fomentar su desarrollo en los niños, a la vez que se potencian en las niñas los aspectos positivos de la
cultura “masculina”49.

La consecución de una escuela coeducativa precisa de una crítica al androcentrismo del currículum, tanto del
explícito como del implícito, y una acción positiva por lo que respecta a la presencia de las mujeres en el sistema
educativo.

El interés político y humano es fomentar la diversidad y la individualidad, donde el ego se desarrolle en armonía
con los intereses colectivos y donde los valores no están preestablecidos por sexo. La propuesta es potenciar el
desarrollo de la personalidad sin que medien barreras de género. No se niega la existencia de rasgos que configuran
lo masculino y lo femenino pero desentraña los componentes sociales, históricos y antropológicos que lo configuran
para no inculcarlos de forma dogmática y apriorística.

A modo de conclusión podemos referir que escuela mixta y escuela coeducativa no son sinónimos. La escuela mixta
remite a formas organizativas y coeducativa, a la intervención especial con principios educativos para las estrategias
didácticas de una educación formal y no formal, compensatoria para ambos sexos y a favor de las niñas.

El sistema educativo cubano

En Cuba, con el proceso de nacionalización de la enseñanza se produce un cambio radical en la concepción de la


educación. Entre sus principales valores cuentan el haber convertido el proceso educativo formal en un modelo
mixto, gratuito, laico y democrático. La educación adquiere carácter de obligatoriedad, constituye un deber y un
derecho de cada ciudadano; y en el plano docente-educativo, se programan planes de estudios, asignaturas y textos
escolares que formen integralmente a los educando en la ética, la moral, en una concepción científica del mundo, en
el vínculo de las esferas estudio-trabajo, y en la “coeducación”.

En las Tesis y Resoluciones del primer Congreso del PCC se planteó el fomento y desarrollo de las “... prácticas
coeducativas en todos los tipos y niveles del Sistema Nacional de Educación, con lo cual se garantizaba a la mujer y
al hombre el acceso a centros de formación en cualquiera de las especialidades y profesiones que ofrece el sistema

49
________ La coeducación. Vía para el desarrollo integral de las personas. III Plande acción positiva para las mujeres en la
C.A.E. Enfoque de género en las políticas públicas. Disponible en http://www.emakunde.es/papme/images/4_area_c.PDF
(Consultado en marzo del 2005)

195
sin diferenciaciones prejuiciosas y anticientíficas, de las personas de uno y otro sexo en lo que respecta a una sana
educación sexual”

Basados en las definiciones expuestas sobre “coeducación” y “escuelas mixtas” , y lo que la práctica confirma,
consideramos que cuando en las Tesis y Resoluciones se define como práctica coeducativa lo que refiere es el
concepto de escuela mixta. Sólo hace explícito la igualdad en el derecho a ingresar a los centros educativos, en
todas las especialidades y profesiones sin que medien factores sexuales, y no a una práctica educativa que promueva
el desarrollo armónico e integral de las experiencias de varones y hembras.

¿Es el sistema educativo cubano portador de un reconocimiento sexista de la sociedad? ¿Son las prácticas docentes
generadoras de desigualdades sexuales?

Resultado de la Revolución en el sistema de enseñanza, se hace evidente la tendencia a la desaparición de la


discriminación formal en el sistema educativo cubano. Situación que se manifiesta fundamentalmente en la
eliminación de la segregación de los centros educativos y programas de estudios.

Sin embargo, considerando que tradicionalmente el sistema educativo formal ha sido considerado un generador de
prácticas discriminatorias sistemáticas, basadas en la desigualdad racial, social y sexual; y que a través de sus
actividades y contenidos: textos escolares 50, en la articulación del currículo docente y el denominado “currículo
oculto”, actividades extraescolares, en la relación docente-educando, produce y reproduce, conscientes o
inconscientes, fenómenos sexistas. Es necesario el desarrollo de instrumentos de análisis más refinados que
permitan visualizar los contenidos de estas formas de discriminación sofisticadas .

Por estas razones se consideró importante el estudio del sexismo a través del libro de texto de Español Literatura
9no grado51, dedicado a la literatura cubana, como instrumento pedagógico portador de pautas culturales que
influyen en la subjetividad del estudiante, y en la conformación de su cosmovisión en torno a los géneros.

La investigación52 respondió al interés de constatar el rol genérico que el libro de texto define para cada sexo y
comprobar si responde al principio de una educación no diferenciada.

Diseño Metodológico

Para el estudio del texto se aplicó la técnica de análisis de contenido al lenguaje manifiesto. Se considera importante
el estudio del lenguaje ya que constituye un producto social y cultural, es un reflejo y presentación de la realidad
objetiva y a través suyo se transmite la valoración simbólica del mundo.

50
Desde los materiales de enseñanza y los textos se perpetúan las imágenes estereotipadas de la culturas masculinas y
femeninas. Estos se reproducen a través del lenguaje, los contenidos y las imágenes.
51
Colectivo de autores. Libro de texto de Español-Literatura. 9no grado. Editoral Pueblo y Educación, 1991.
52
Este artículo se basa en los resultados expuestos en el Trabajo de Diploma “El sexismo. Modelos masculinos y femeninos
en el libro de texto de Español-Literatura. 9no grado”. Defendido por la autora en junio de 1997.

196
Se procedió al vaciado y clasificación del contenido del libro, definiendo como unidad de análisis el personaje,
elemento que constituye el eje central para el análisis de los textos, considerando como tal a todo personaje
humano53.

Fueron definidas tres categorías de personajes, ya fueran reales o ficticios: femeninos, masculinos y de sexo no
determinado o indefinido. Los masculinos y femeninos, son los que aparecen citados por su nombre o mediante un
artículo o adjetivo que los califique. Se clasificaron como personajes de sexo no marcado, aquellos que siendo
humanos no tenían especificación genérica, por ejemplo: turista, un ciego, médico, sabio.

Metodología para el análisis

Para el análisis se partió del recuento de cada uno de los personajes, sin otro criterio de selección que el numérico.
Posteriormente se clasificaron según variables elementales: sexo, edad, protagonismo, roles que desempeñan,
espacios en que se mueven, actividades que realizan. Respondiendo a las preguntas ¿qué hace?, ¿dónde se mueve?,
¿en que espacio?, ¿con quién se relaciona?. De esta forma se pudo conocer la frecuencia de aparición de los
personajes y las diferencias en el tratamiento según sexo, edad y condición sin adoptar una postura previa, un
modelo cultural preestablecido.

Con el objetivo de conocer el grado de importancia asignado, los personajes fueron calificados según el rol
protagónico desempeñado: protagonismo principal compartido o no, secundario o sin protagonismo y se incluyó la
categoría del autor como protagonista. La categoría edad se clasificó en las variables niña/niño, hombre
adulto/mujer adulta, anciano/anciana.

Posteriormente, con el criterio de no preestablecer las categorías, se procedió al vaciado de los espacios que ocupan
los personajes, las actividades que realizan, los oficios y profesiones que desempeñan; así como los adjetivos y
calificativos aplicados directamente.

Resultados

En total se cuantificaron 332 personajes, de ellos el 18% femeninos (60), el 65.4% masculinos (217) y el 16.6% de
sexo indefinido (115). El 96.4% son personajes adultos (318), las categorías niños/as y ancianos/as son poco
significativas, llegando a ser nula para los personajes femeninos e indefinidos. El texto reproduce un mundo de
hombres-adultos fundamentalmente.

Los roles protagónicos principales están mayormente desempeñados por personajes masculinos (75%). Las mujeres
aparecen fundamentalmente en papeles no protagónicos (48.3%) o secundarios (31.7%), y en menor medida
funciones protagónicos principales y compartidos (15%), y 3 autoras desempeñan papeles protagónicos.
53
No se incluyeron las figuras mitológicas, fantásticas o animales aunque estuvieran personificados, por ejemplo: las musas,
la ciudad, Santa María, etc. También se descartó la referencia de grandes grupos heterógenos como por ejemplo cubanos,
jóvenes. Cuando un personaje formaba parte de un conjunto de personas de igual sexo fue considerado como un personaje,
ejemplo: “las mujeres de los cubanos”.

197
Los personajes masculinos con papeles protagónicos ocupan espacios diversos: exilio, oficina, la guerra, cañaveral,
la cárcel, el campo, cabaret, playa, etc. Realizan múltiples actividades: luchando por la patria, cortando cañas,
amando, emitiendo un discurso, compartiendo con los amigos, conspirando y otros. Suelen encontrarse en diferentes
situaciones, por ejemplo: héroe, padre, amante, desterrado, cimarrón, etc.

Los personajes femeninos con papeles protagónicos ya sean compartidos con otros personajes, desarrollan su acción
en espacios restringidos: el hogar (para la mayoría), un escenario o no definido. Desempeñan roles de madre,
amante, amiga y esposa. Son representadas en delimitadas funciones sociales: bailarina (1 personaje) y ama de casa
(4). Es evidente que la representación protagónica de la mujer reproduce el status “socialmente establecido” para su
sexo: roles de madre, esposa y amante. Limitan su presencia a espacios privados y específicos como el hogar y en la
función de ama de casa. Los autores resaltan en sus protagonistas valores considerados “propios del género”: fiel,
dadas a sentir amor, sensuales y zalameras.

Aunque al analizar a los personajes protagónicos se ha abordado de cierta forma, las diferencias de los espacios y
las actividades que realizan los personajes, en función del sexo, es importante hacer el análisis para el conjunto de
personajes debido a que la mayor representación femenina aparece en los protagónicos secundarios o sin
protagonismo.

Existe una sustancial diferencia cualitativa y cuantitativa entre los espacios en que se desarrollan los personajes.
Mientras los masculinos se desenvuelven en 36 espacios diferentes, los femeninos lo hacen sólo en 11.

Los personajes varones ocupan espacios preferenciales: abiertos o libres que favorecen la expansión del individuo:
playa, campo, bosque, campo de batalla, cañaveral, exilio, etc; y locales cerrados y/o espacios delimitados: agencia
periodística, cabaña, cafetín, teatro, hospital, hogar, cárcel, velorio, etc.

La tendencia en estos personajes es a ocupar espacios sociales públicos que amplían sus roles sociales de forma
activa, y les posibilita participar en un variado espectro de actividades (59 diferentes): lúdicas, políticas, culturales,
intelectuales, recreativas, agrícolas y religiosas; donde ejercitan las capacidades de fuerza, y competencia,
reflexión, entre otros. Se reafirma una posición social privilegiada, de dominación y superioridad. Algunas de las
actividades que realizan son: combatiendo, conspirando, estudiando, investigando, cortando caña, tocando guitarra,
cantando, navegando, meditando, etc.

No está limitada su participación a las labores hogareñas y en la esfera sentimental (filial-amorosa). Según el
análisis del texto, es el hombre quien confiere orden y equilibrio a la sociedad pero también genera el caos social
con el ejercicio de las guerras. Es el ámbito social campo preferencial para la competencia masculina, a la que la
mujer no tiene acceso ni esta preparada.

Los oficios y profesiones de los personajes masculinos son en general públicos, que diferencia y clasifica a los
protagonistas en diferentes grupos y clases sociales. Es amplio el espectro de profesiones y oficios (55 diferentes):

198
editor, cazador, abogado, machetero, juez, trabajador agrícola, compositor, mayoral, vendedor, médico, maestro,
calesero, etc.

Los personajes femeninos aparecen en espacios limitados (11 diferentes), fundamentalmente en locales cerrados:
hogar, teatro, iglesia, barracón, velorio, solar. La mayor concentración se centra en el hogar, ámbito privado por
excelencia, es allí donde la mujer tiene su reino. Los limitados espacios abiertos donde aparecen son: la playa, el
bosque, de compras y el cementerio. Desempeñan actividades (25 diferentes) que son una extensión de las
tradicionales y limitadas funciones del “género femenino” vinculadas al trabajo doméstico, reproduciendo “roles
pasivos” y “secundarios”: proteger, llorar, consolar, cuidar a los niños, amar, apoyo sentimental, “dar vida”, casarse,
rezar, cantar, bailar, coser, educar etc..

La mujer es madre, esposa, ama de casa, es objeto de decoración y belleza. Las labores domésticas son sus
funciones fundamentales: cose, lava, hace compras; acciones que le asignan oficios (10 diferentes) instrumentales
de costurera, dependienta, ama de casa, lavandera, cantatriz, obrera de un taller de confecciones, en 2 ocasiones es
cantante y bailadora donde expone sus dotes para satisfacer el gusto masculino. En general se puede decir que
independientemente de la clase social, las mujeres realizan oficios artesanales, manuales que no requieren gasto
intelectual ni reflexiones profundas, son trabajos pasivos. La participación social de las féminas se restringe a
reproducir sus roles tradicionales.

Se evidenciaron diferencias sustanciales en función de determinadas características socioculturales. Los personajes


femeninos se representan como beata, señora, esclava y ama de casa, modelos que reproducen posibilidades
genéricas limitadas y pasivas.

Sin embardo, se presenta a un hombre capaz de realizar acciones positivas y negativas: amar, odiar, celar, apalear,
invadir, violar mujeres. Un hombre con virtudes y defectos. A los estudiantes les ofrecen personajes masculinos que
son tiranos, enemigos/amigos, patriotas, esclavos, héroes, turistas, caballero, cimarrón, indígena, asesino, etc.
personajes que despiertan la imaginación y la fantasía, con los que se identifican y pueden imitar, a pesar de la
connotación negativa que algunos tienen implícitos. El lector percibe un modelo de aventura y riesgo que rompe
con el conformismo de la vida cotidiana, a la que se destina la mujer. En los textos no hay heroínas ni patriotas, por
lo que consideramos que se ofrece un único modelo de ser mujer.

Los adjetivos que califican tanto a personajes femeninos que masculinos, reproducen en su esencia el
reconocimiento sociocultural de cómo deben ser unos y otros. La muestra de adjetivos atribuidos a los personajes
femeninos es pequeña (24), los cuales resaltan o bien cualidades externas a su persona o atributos asignados al
género femenino. Son adjetivos que resaltan la belleza, candidez, modestia y amabilidad, cariñosa. Es además,
“pura”, “santa”, “virgen” y también, “sufrida”, “idiota”. A los personajes masculinos lo califican 90 adjetivos que
manifiestan variedad de atributos que pueden definir a los hombres: ilustre, noble, violento, zalamero, egoísta,
seguro, inmutable, cauteloso, rápido, sabio, sin tacha, desdichado, desventurado, tierno, errante, etc.

199
Los personajes masculinos no reproducen un modelo único de hombre si no que ofrecen un abanico de arquetipos,
las cualidades no están restringidas a un ideal.

La inclusión en el análisis de los personajes indefinidos, respondió a la interrogante de si ¿está realmente no


definido el género de estos personajes?. La respuesta es muy sencilla, nuestro lenguaje mediante el uso del género
indefinido reproduce los valores y las características del modelo masculino. Con el análisis de estos personajes se
identificaron características bien delimitadas del modelo masculino. Ejemplo de ello son aquellos personajes que
calificaban dentro de esta categoría a causa de la indefinición por ser mencionados por el oficio o profesión:
médico, abogado, juez, cientista, y otros; profesiones que se definen por el género gramatical masculino e incluye
en la calificación, a la persona del género femenino.

Conclusiones

Los libros de textos constituyen un instrumento pedagógico importante en el proceso educativo. Este constituye un
mecanismo mediante el cual se refuerzan las desigualdades de género al reproducir la cultura y la ideología
patriarcal. Los libros de textos como fenómeno social, manifiestan los modelos de hombre-mujer que rigen en la
sociedad.

El análisis crítico realizado al libro de texto de Español-Literatura de 9no grado, referido a la representación de los
modelos de género, nos permitió constatar deficiencias en su estructuración en cuanto a si responde al principio de
una educación compensatoria para ambos sexos.

El libro de texto reproduce una desigual representación de los sexos, que se fundamenta a través del sistema de
personajes. A través de los textos analizados se reproduce una sociedad dominada por adultos del género masculino.
Son fundamentalmente los personajes masculino los que desempeñan los roles protagónicos centrales de las obras,
que reproducen como positivos y universales los valores del espacio (público-social)en que desarrollan su acción.

Es un mundo social de y para el hombre, marcado por la competencia y en el que la participación de la mujer está
limitada a casos esporádicos y se presenta como una extensión de lo que históricamente dio por reconocerse como
trabajos de mujer, en los que se reproducen sus roles tradicionales.

El texto es portador de ideales genéricos dicotómicos que reproducen la cultura patriarcal que somos portadores. Al
reproducirlo nos transmite un modelo machista de lo femenino, con limitadas posibilidades de acción, en oficios y
actividades relacionadas con sus condiciones de madre-esposa y en el ámbito familiar, fundamentalmente. La mujer
es representada en un ámbito de subvaloración, discriminación e invisibilidad, en planos secundarios: el hogar,
donde la mujer es la protagonista principal.

Por su parte los personajes masculinos aparecen en los espacios públicos y privados, con preferencia hacia el
primero. Las profesiones y oficios femeninos constituyen una extensión de los tradicionales roles femeninos; para
los hombres, son variados y amplían sus posibilidades sociales.

200
El espacio considerado como femenino, el sentimental y privado, es pobremente representado con respecto al
espacio donde la competencia y el pensamiento práctico impera y dirige la organización de la sociedad.

Por lo expuesto valoramos que el texto es portador de deficiencias sexistas. Reproduce una visión estereotipada y
limitada de la mujer desde una perspectiva y la valoración desde el género masculino, al que representa y reproduce.

Bibliografía

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Universidad Autónoma Metropolitana. México. (Fotocopias)

201
Género y Salud. Historia y actualidades.

Dra. Leticia Artiles Visbal.

Introducción

Desarrollar la historia del tema género y salud constituye un verdadero reto en tanto empasta, como mínimo, tres
áreas de amplio alcance: a) la de los movimientos políticos, y sus alcances en función del empoderamiento y el
acceso a la toma de decisiones de las mujeres; b) el de la producción teórica esencialmente en el marco académico;
y c) y el de la implementación práctica en la organización institucional de los servicios de salud y en la forma de
prestación de los mismos.

El tema de los movimientos políticos ha sido tratado en distintos ámbitos de la literatura, y tiene una amplitud que
requeriría un tratamiento de mayor alcance del que pretendemos dar con el presente artículo, por tanto nos
referiremos en particular a referir algunas consideraciones respecto al tema género y salud en el campo de la
investigación científica en marco académico y la organización en los servicios de salud con el propósito de colocar
algunos puntos de reflexión acerca no de lo realizado sino de lo que queda por hacer, lo que constituye un reto para
nuestros días.

Género como categoría y perspectiva de análisis para el análisis de los sistemas de salud

El género es una categoría de análisis, que abarca las expectativas y valores que una cultura concreta asocia al
hecho biológico de ser mujer u hombre, al carácter y calidad de las relaciones que se establecen entre los mismos y
se puede definir como el conjunto de asignaciones culturales que diferencia a los hombres de las mujeres, los
articula dentro de relaciones de poder frente a los recursos y se expresa en símbolos, estereotipos, desempeño de
roles y en el modo de actuación social en los espacios donde se genera la continuidad cultural.

La categoría género se articula con otras categorías, referidas sistemas, tales como sociedad, familia, clase social,
etnia. Según González y Sánchez (2000:6) las «relaciones de género» tratan de una relación de estructura social y
culturalmente construida sobre una distinción biológica primaria. Esta relación social o estructura social es también
un conjunto reflexivo, en que cada uno de sus componentes está siempre sujeto a la comunicación, intercambio e
interacción con los otros componentes; como que la categoría se inscribe en un sistema social, siempre esta sujeta a
la relación con las otras categorías, por lo cual sus límites son provisorios y la categoría misma esta constantemente
en construcción.

La perspectiva de género articula una posición y una intencionalidad de un sujeto, de un actor o de una gente (mujer
u hombre); constituye un punto de vista, como una selección y delimitación del campo de lo observado, propone un
sentido para la observación, y define los criterios para la descripción, interpretación y explicación de los fenómenos

202
observados. Esta perspectiva implica, asumir, que la diferencia de género se traduce en múltiples formas de
desigualdad (cuando las diferencias no son injustas) e inequidad (cuando los contrastes son injustos y evitables), y
en tanto «punto de vista» implica también definir un punto de partida hacia el cual desplazarse, y un punto de
llegada. El sujeto que asume esta perspectiva responde al contexto histórico, social, económico y cultural en que se
haya formado.

Situar la historia del análisis histórico de la producción acerca del tema «género y salud», por lo cual sólo haremos
una aproximación al tema, desde los estudios que en el campo de la investigación científica se han realizado, y de
la gestión de información de diferentes fuentes de información.

Investigación científica y formación de recursos humanos

El abordaje del tema genero y salud en la práctica social se expresa en la forma horizontal/vertical de la relación
(profesional de la salud)/ (paciente); en la cosmovisión de las escuelas de medicina expresadas en prácticas con
predominio de lo social o lo biológico lo que, en la actualidad, limita el margen para la inclusión de categorías de
las Ciencias Sociales como parte de los procesos preventivo, diagnóstico, terapéutico, de formación y de prestación
en los servicios de salud.

En la organización de los sistemas de salud tienen una influencia determinante las formas de organización social, de
la familia, de la propiedad, de los sistemas políticos, espacios donde se transmite la vida cotidiana, porque en esos
contextos se forman instructiva y educativamente los agentes que diseñan, hacen, dirigen las normativas,
regulaciones, políticas que pautan los comportamientos sociales en una sociedad determinada. Esto se debe a que el
dualismo hombre-mujer, no es tan determinante en las relaciones de género como los contextos en que se forma la
identidad, las relaciones, donde se aprehenden los roles y se expresan los estereotipos, lo que se manifiesta en las
formas de sentir y hacer la salud en los espacios doméstico y público, es decir, tanto en la provisión de salud en el
hogar, feminizada en la casi totalidad de las sociedades, como en la organización de los sistemas de prestación
institucional.

Perspectiva de género y a formación de recursos humanos en salud en el marco académico

En las escuelas de medicina occidentales predomina un Modelo de formación médico hegemónico, que se
caracteriza por los siguientes atributos: predominio de la concepción médica como Ciencia Biológica, enfoque
curativo, medicalización de los procesos, paciente como “objeto”, práctica médica tecnologizada, relación vertical
de poder , en contraposición con un modelo médico social en el cual predomine la concepción de la medicina como
arte que se integra a la biología, a la población como objeto de atención, al tratar el paciente como “individuo
persona”, a humanizar y desmedicalizar los procesos y a hacer horizontal la relación (profesional de la
salud)/(paciente) (Artiles 2004).

203
Estas formas prevalentes de formación se expresan en los sistemas de prestación institucional mayoritariamente,
«la salud, aún se rige por reglas abstractas que desconocen las diferencias individuales y contextuales y prescinden
de factores sociales, culturales y situaciones específicos de las poblaciones involucradas. La salud parece ser vista
desde la perspectiva de cómo funciona el cuerpo o la mente y no desde la perspectiva de cómo funciona la
sociedad» (González y Buitrago, 2000: 7)

En la ciencia médica occidental con su gran peso en el desarrollo científico–tecnológico, los elementos físicos,
biológicos de la enfermedad, la patología, la fisiopatología, tienen el mayor peso y la persona pasa a segundo plano.
Esto es percibido claramente por el enfermo cuando dice: “El día que empecé el tratamiento de tuberculosis, perdí
mi identidad; a partir de este día era el número. Más preocupan los números estadísticos y los esquemas de
tratamiento, que la persona humana con un rostro concreto y con una historia particular y personal. La magnitud del
problema, los esquemas de tratamiento sistemáticos y las normas verticales definidas desde los escritorios,
refuerzan esta perspectiva. No es raro que la forma de presentarse de un enfermo sea diciendo: “soy del esquema
dos”, “soy multidrogo”, “soy de socios”, “soy del cer”, refiriéndose al tratamiento que recibe o en qué fase del
tratamiento se encuentra. . No se le considera con el derecho de saber sobre su situación de salud, solo se le da
indicaciones a seguir. Fácilmente se le reduce en cumplidor de indicaciones, “es un paciente bueno, cumplido” o “es
un paciente difícil, problemático, no tiene conciencia”, se suele escuchar en el programa y cuando los enfermos
reclaman más información, desean comunicar cómo se sienten, o lo que pasa con ellos cuando el proceso no es
como está previsto, son catalogados de “incómodos, problemáticos, Considerar la dignidad de la persona humana
exige partir desde la experiencia y vida del enfermo, incorporar su libertad de decisión, permitirle ser gestor
principal de su vida en el proceso de recuperar su salud. Es más difícil tratar “personas humanas”, con todo lo que
implica esta palabra, que tratar “enfermedades”. Pocas veces somos conscientes de que cada enfermo es único, con
su experiencia personal de lo que significa la enfermedad para él en todas sus dimensiones vitales. La enfermedad
no pierde o disminuye los derechos de la persona, sino que más bien éstos deben ser resaltados y fortalecidos, ya
que su condición física–psicológica fácilmente le pone en desventaja. Considerar la dignidad de la persona humana
exige partir desde la experiencia y vida del enfermo, incorporar su libertad de decisión, permitirle ser gestor
principal de su vida en el proceso de recuperar su salud. Es más difícil tratar “personas humanas”, con todo lo que
implica esta palabra, que tratar “enfermedades”. Pocas veces somos conscientes de que cada enfermo es único, con
su experiencia personal de lo que significa la enfermedad para él en todas sus dimensiones vitales. La enfermedad
no pierde o disminuye los derechos de la persona, sino que más bien éstos deben ser resaltados y fortalecidos, ya
que su condición física–psicológica fácilmente le pone en desventaja (Van der Linde *María. “Asociación de
Enfermos de Tuberculosis Victoria Castillo de Canales” - ASET. Perú)

De esta manera, refiriendo la historia de las últimas décadas, se ha demostrado que introducir la perspectiva de
género como elemento socializador en la formación de recursos humanos y en los productos básicos de los sistemas

*
La autora del presente estudio trabaja desde hace 27 años con enfermos de TB y en reuniones
dinámicas grupales semanales ha recogido cientos de testimonios directos.

204
académicos que incluyen la docencia, la extensión universitaria y la investigación han sido escasos. En una
investigación presentada por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSSMLAC)
presentada en la Conferencia Internacional sobre investigación en salud para el desarrollo. Bangkok 2000
(González y Sánchez, 2000:21)

La inclusión de la perspectiva de género en el ámbito de la salud, en las últimas décadas en América Latina, ha
correspondido a un proceso no sistemático de investigadores/as, principalmente mujeres, que pertenecen
predominantemente a organizaciones no gubernamentales, y, en menor medida, a programas y centros
universitarios.

No ha existido una estrategia que orienta la investigación en salud para el desarrollo con enfoque de género, que
conlleve una agenda de investigaciones que incorpore el enfoque de género y no existen criterios para la asignación
de recursos.

Resistencia a otorgar estatuto científico a los estudios de género, considerándolos de baja calidad y poco rigor
metodológico, a partir del posicionamiento de las llamadas “ciencias duras en la salud”

En el ámbito específico de la investigación en salud, los Estados tienden a visualizar la existencia de inequidades en
relación a dimensiones de etnia, estratificación socioeconómica (o de clase), de región, incluso de edad, mientras las
inequidades de género tienden a permanecer ocultas.

La investigación en salud con perspectiva de género, se realiza principalmente en las Ciencias Sociales con bajos
niveles de interdisciplinaridad con las ciencias biomédicas y con bajos niveles de interlocución o diálogo con los
investigadores de las Ciencias Médicas.

Las investigaciones epidemiológicas presentan gran resistencia a incorporar el enfoque de género a pesar de lo
enriquecedor de considerarlo en los perfiles epidemiológicos.

Los resultados de las investigaciones quedan limitados a los espacios académicos con bajo impacto en las políticas
públicas.

Inexistencia de Agendas por parte de los estados de estrategias y agendas a promover la investigación con esta
perspectiva

Insuficiente disponibilidad de financiamiento de programas o líneas de investigación en salud lo que hace muy
fragmentaria la investigación en este campo particular y dificulta la realización de estudios.

Se puede añadir, además de estos resultados, elementos que convergen de la práctica, como:

Asumir acríticamente la categoría género y restringirla a “estudios de mujer”.

Centralizar los estudios en la etapa reproductiva, quedando otras etapas del ciclo de vida, como el que incluye las
mujeres de edad mediana como un segmento desprotegido por las estadísticas y por los programas de salud

205
Considerar que la perspectiva de género, puede ser incorporada a la investigación, pero no a los sistemas de
atención clínica.

Como se observa, en esta breve recopilación falta mucho por andar, para poder formar el capital humano de los
recursos humanos que incorporen es sus acciones, estrategias y políticas, un “modelo medico generizado” en el
cual

Las acciones preventivas y educativas se diseñen, planifiquen, ejecuten y evalúen sobre la plataforma de los
patrones culturales y comportamientos sociales para los sexos en una sociedad determinada.

El objeto de estudio lo constituya la población según sexo

El método de estudio sea la epidemiología de las diferencias

Que la formación incluya una visión humanística en la que predomine la concepción de la medicina como arte, y se
integren las condiciones subjetivas que afectan diferencialmente a las mujeres y a los hombres

Promover el predominio del enfoque preventivo centrado en la salud y el bienestar sustentado en la equidad entre
los sexos

Considerar el individuo - persona "generizada"

En la integración de lo biológico y social incorporar el condicionamiento y la perspectiva de género

Naturalizar los procesos desde el reconocimiento de las diferencias

Humanización de la práctica médica en una dimensión holística

Involucrar en el acto diagnóstico, la orientación y toma de decisiones al paciente según sexo y género

Medir la eficiencia del servicio en función de la satisfacción de las de necesidades de la población según sexo

Es necesario trazar estrategias que permitan incorporar la perspectiva de género en la formación académica de
pregrado y postgrado, en la investigación científica, y en la extensión universitaria a partir de la capacitación de los
sectores sociales desde los ámbitos académicos, como vía de una mayor integración universidad sociedad.

Perspectiva de género y sistemas de salud

La cultura interviene de manera determinante en la percepción de la salud y de la enfermedad, a partir de sus


atributos: forma y capacidad de pensar de las personas, organización social y familiar, lenguaje y ambiente
geográfico54, lo que se expresa para los diferentes grupos sociales en la forma de crear y de hacer —lo material—,

54
Vargas LA y Casillas L. Perspectiva antropológica de la participación comunitaria para la
promoción de la salud, conferencia presentada en el Primer Coloquio Nacional de Antropología y
Psicología de la Dirección Nacional de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de
Antropología e Historia. México: 27 septiembre al 1 de octubre. 1999.

206
y en las creencias, ideas, conocimientos, ideologías, y filosofías para asumir el proceso de una u otra manera —lo
espiritual.

Los sistemas de salud, como categoría precisa definirlos desde dos enfoques. La provisión en los espacios
domésticos fundamentalmente realizado por mujeres y la organización de los sistemas de prestación institucional,
los que tendrán diferentes connotaciones a la luz de su enclave en otras categorías como son espacio geográfico,
clase y etnia. Las relaciones cuantitativas y cualitativas son diferentes.

Sistemas de salud:

Los estudios referidos a los sistemas de salud desde la perspectiva de género han aportado relevantes inequidades,
que se concentran en aspectos tales como (Gómez Gómez, 2002:329):

la mayor carga de responsabilidades familiares de las mujeres, su menor poder adquisitivo para comprar
directamente servicios y las características del trabajo, que las sitúan en desventaja para acceder a planes de
aseguramiento,

mayor frecuencia en la utilización de los servicios de salud, debido a su mayor necesidad por sus funciones
reproductivas, mayores tasas de morbilidad y discapacidad a lo largo de su vida,

mayor autopercepción de la enfermedad que entre los hombres, lo que refleja la realidad de carácter
epidemiológico, como también condicionamientos culturales que afectan el reconocimiento de las dolencias y a la
libertad o inhibición para expresarlas

Sin embargo, el tema de las sobrecargas por concepto del acceso a los servicios de salud por el cuidado de los otros,
las sobrecargas y morbilidad asociada, el circulo de malestar de la cuidadora, las fragmentaciones de proyectos de
vida, los costos invisibles de la enfermedad que recaen en las mujeres, son hechos cotidianos que no impactan las
políticas publicas ni hay estudios que reviertan esta realidad para la toma de decisiones.

El tema del proceso de Reforma en Salud y de la mercantilización de la salud en función de el “perfeccionamiento


de la gestión en salud” (OMS 2000) han conducido a un corrimiento a la Atención Primaria de Salud (APS) a través
de acciones como el ingreso al hogar y el egreso precoz de las instituciones hospitalarias, sin tener en cuenta el
impacto en la salud en las cuidadoras, acción «feminizada” en la mayoría de las poblaciones latinoamericanas. En
este sentido no se ha estudiado con profundidad las consecuencias de dichas acciones en la salud de las mujeres. Se
desconoce aún el impacto que tienen los ingresos en el hogar y el seguimiento de las/ os pacientes egresadas/ os
precozmente (recuperación en el hogar) y el cuidado de las ancianas y ancianos en la salud de la mujer –
“cuidadora” y “agente de salud familiar”, en un escenario que se denominado “circulo de malestar de la cuidadora”,
estas acciones de atención de los pacientes ingresados en el hogar tienen un impacto en la vida cotidiana de las
mujeres hacedoras de salud. Según Sarduy (2003) en la descentralización de acciones hacia el nivel primario no se
ha estudiado con profundidad las consecuencias de dichas acciones en la salud de las mujeres. Se desconoce aún el

207
impacto que tienen los ingresos en el hogar y el seguimiento de las/ os pacientes egresadas/ os precozmente
(recuperación en el hogar) y el cuidado de las ancianas y ancianos en la salud de la mujer – “cuidadora” y “agente
de salud familiar”.

Respecto a la economía doméstica, en la relación organización hogares-sistemas de salud institucional-costes-


cuentas públicas, existen elementos no considerados en los estudios de los sistemas de instituciones de los servicios
sanitarios es el de los “costes invisibles de la enfermedad” que refiere Duran (2002:20), como síntesis de 10 años de
investigación. La revelación de los costes invisibles no es sólo una innovación técnica sino ideológica porque
devela mecanismos inequitativos sociales de distribución y adscripción estructural de las cargas colectivas, que
recaen esencialmente en la organización doméstica y particularmente en las mujeres

procesos y recursos monetarios, a pesar de su importancia estratégica como si fueran los únicos relevantes en el
mantenimiento de la salud de la población

el tiempo, la dedicación del mismo en el cuidado propio y ajeno, que se revela como el soporte en que descansa el
bienestar colectivo y del que depende el éxito de los planes y programas de salud promovidos por las autoridades
sanitarias.

El tiempo necesario para consumirlo en el cuidado se agiganta por los cambios demográficos y tecnológicos,
mientras que su disponibilidad se reduce como consecuencia de esos mismos cambios

Este tema constituye un importante reto para el perfeccionamiento de los sistemas de Salud, incluyendo la provisión
de servicios doméstico, que por no ser visibilizado como “problema institucional” no es abordado, o
intencionalmente es “ignorado” en el terreno del perfeccionamiento mercantilizados en u sistema que acusa el
traspaso de la salud como derecho a la salud como mercancía.

Un ejemplo de ello refiere en un análisis realizado para el área del Caribe El Caribe no ha quedado excluido del
proceso de reforma estructural que ha marcado a toda la Región de las Américas. Estos cambios pudieran parecer
neutrales en materia de género, pero ocultan importantes sesgos que se manifiestan en la desvalorización del trabajo
de las mujeres y en la falta de reconocimiento de la contribución económica que representa su trabajo no
remunerado dentro del hogar. Como consecuencia, formulaciones aparentemente neutras —como la reducción de
costos, el aumento de la eficacia y la eficiencia y la descentralización— implican la transferencia de determinados
costos de la economía remunerada a la economía doméstica basada en el trabajo no remunerado de las mujeres.
Centroamérica y el Caribe se presentan como un escenario de ajustes macroeconómicos con reformas
institucionales en diferentes etapas de implantación que no contemplan la equidad de género ni la justicia social (6).
Se debe recordar que estos países están marcados por grandes inequidades sociales, de etnia y de clase. La
inequidad de género constituye un árbol más en ese bosque de desigualdades.

En diferentes Foros Internacionales se han asumid posiciones determinantes que marcan pautas para las políticas
públicas. En la Reunión de Revisión de la implementación del Programa de Acción de El Cairo en el Caribe (1994-

208
2004) (Artiles, 2004:2) El tema de la violencia doméstica aparece en el discurso oficial con el reclamo de que sea
parte de las políticas nacionales. Aunque se realizan investigaciones, se crean redes y se toman decisiones, todavía
las pocas acciones emprendidas quedan circunscritas a experiencias puntuales, como las llamadas casas de
recogidas y las líneas telefónicas de ayuda, que no logran la transversalidad sectorial y el alcance suficientes para
dar respuesta a las necesidades de las mujeres que sufren la violencia. En este sentido, las acciones emprendidas de
carácter institucional, jurídico, policial e, incluso, de salud pública resultan insuficientes para lograr que la violencia
sobre la mujer y los niños deje de considerarse un “problema privado” y se convierta de hecho y derecho en un
problema público (6).

La alta prevalencia de cáncer ginecológico, la feminización de la epidemia del sida y de la infección por VIH, el
embarazo en adolescentes, el mercado y el tráfico sexual de mujeres, niñas y niños, y la exclusión de los
inmigrantes por su propia condición o por su origen étnico, clase o color de la piel son una realidad en los países y
territorios caribeños. Esta situación está en total contradicción con los acuerdos adoptados y asumidos por estos
países durante la CIDP.

Existen dificultades para lograr un enfoque de género en el tratamiento de la información de salud —


particularmente de la salud sexual y la salud reproductiva— que puedan ayudar a formular políticas nacionales. No
existen registros estadísticos y cuando existen no son confiables o no están desagregados por sexo; la mala calidad
del registro de la información no permite diseñar indicadores que definan claramente lo que se quiere medir.
Además, se necesita diseñar indicadores de género que ayuden a planificar los presupuestos financieros, que sirvan
como plataforma para implantar políticas y que permitan desmitificar los indicadores que miden aspectos
relacionados con la salud reproductiva y los “problemas de la mujer”. La eliminación de las manifestaciones de
inequidad de género en el sistema de estadísticas de salud permitirá sustentar las bases teóricas y el diseño de un
tratamiento de la información que haga factible la creación y el uso de indicadores pertinentes (6).

Que “las cuestiones de población ya no atañen meramente a cantidades, pues se trata de seres humanos vivos y
activos que enfrentan problemas cotidianos. Se trata de la igualdad de género y el rechazo de la violencia por
motivos de género en todas sus formas. Se trata de prepararse para tener un hijo deseado y ocuparse de que tenga
una infancia saludable. Se trata de mejorar la calidad de la vida de toda la humanidad”.

En el informe Revisión de la Implementación del Programa de Acción de El Cairo en el Caribe (1994-2004): logros
y dificultades, se dejó constancia de que el flujo de recursos para los países y territorios del Caribe es aún
insuficiente y no se corresponde con las necesidades de la subregión. Por tal razón se convocó a hacer un uso más
racional de los recursos existentes y a movilizar fondos adicionales para apoyar la formulación e implementación de
programas y políticas de población y desarrollo en el Caribe.

En la Declaración del Caribe se resalta la necesidad de garantizar la vigencia de los derechos reproductivos y de la
salud sexual y la salud reproductiva; la igualdad de género y la ampliación de los medios de acción de la mujer; el
reconocimiento de los derechos de los adolescentes y los jóvenes a tener información, educación y acceso a

209
servicios de salud reproductiva; y la necesidad de combatir la pandemia del sida y la infección por VIH en el
Caribe, segunda región del mundo más fuertemente golpeada por la enfermedad. Además, se expone la necesidad
de adoptar medidas de prevención, tratamiento, atención e información, sustentadas por políticas que no excluyan a
nadie por su clase, origen étnico, género, color de su piel u orientación sexual.

En la Declaración del Caribe también se reflejó el daño que han causado a los pueblos, economías y sociedades de
los países caribeños los programas de ajuste estructural, la pesada carga de la deuda externa y la falta de equidad en
las prácticas comerciales. Se hizo un llamado a la comunidad internacional para fomentar y adoptar un sistema
internacional de comercio equitativo, seguro y no discriminatorio. Consecuentemente, se hizo un llamado a los
países y territorios de la subregión para que aumentaran la colaboración en aras de mejorar el bienestar social y
económico de la población.

Los países participantes hicieron explícito en la Declaración su compromiso de continuar los procesos nacionales de
reforma legislativa y esforzarse en su implementación efectiva, para garantizar el total cumplimiento del Programa
de Acción de la CIDP y el Plan de Acción consensuado para el Caribe.

Otro elemento importante que quedó plasmado en la Declaración fue el referido a las necesidades de información de
la subregión. Se convocó a los países a establecer programas nacionales y subregionales de capacitación, a fin de
aprovechar mejor las nuevas tecnologías, de mejorar la recolección, procesamiento y análisis de la información, de
garantizar la diseminación de información oportuna y desagregada por sexo, y de garantizar que a todos los niveles
se tomen decisiones basadas en pruebas.

En la Declaración se dejó constancia de la gravedad de algunos problemas que afectan a la subregión, como el
contrabando y tráfico de personas, especialmente de mujeres y niños; el robo de cerebros; el retorno de los
emigrantes de uno u otro sexo y las deportaciones; las fronteras de seguridad establecidas a raíz de los trágicos
acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos de América; y la libertad de movimientos de
las personas bajo las disposiciones de un mercado común del Caribe. En el documento aprobado se llama a
establecer compromisos concretos para atender y dar respuesta a esos importantes problemas.

Los países firmantes reconocieron también el apoyo financiero brindado por organizaciones no gubernamentales
(ONG), el sector privado y otros donantes con vistas a garantizar la asistencia técnica requerida para implementar el
Programa de Acción de la CIDP en el Caribe y se reiteró la necesidad de un mayor financiamiento para desarrollar
las acciones propuestas. En particular, se resaltó el importante papel desempeñado por las ONG en la elaboración de
políticas de desarrollo y en la implementación y conducción de servicios de promoción de los derechos
reproductivos y de salud sexual y salud reproductiva, por lo cual se hizo un llamado a los países de la subregión
para favorecer las acciones conjuntas con las ONG. La experiencia ha demostrado que el trabajo de las ONG, así
como de las redes sociales, favorece la sostenibilidad de los procesos de implementación de programas y acciones
en el ámbito de los derechos y de la salud sexual y reproductiva.

210
Otra foro de importancia que nos ha permitido situar la actualidad de los problemas vinculados con el tema de
género y salud lo constituyó la Reunión Consultiva entre el Fondo de Naciones Unidas (UNFPA, 2003) y ONGS
sobre la Implementación del Programa de Acción de la CIPD en América Latina y el Caribe. Reporte Final, Mayo,
2003 se planteó como resultados de análisis en los servicios de salud:

la necesidad de asegurar la vigencia de los derechos reproductivos y la salud sexual y reproductiva,

la igualdad de género y la ampliación de los medios de acción de la mujer; así como el reconocimiento a los
derechos de los adolescentes y los jóvenes a tener información, educación y acceso a servicios de salud reproductiva
acogedores;

combatir la pandemia VIH/SIDA, el Caribe es la segunda región del mundo más fuertemente golpeada por la
enfermedad.

Necesidad de adoptar urgentes medidas de prevención, tratamiento, atención, información, unida a políticas de no
exclusión de clase, raza, etnia género u orientación sexual.

En este escenario quedó explícita la convocatoria a los países con el propósito de establecer programas nacionales
y subregionales de capacitación para un mejor aprovechamiento de las nuevas tecnologías, que permita mejorar la
recolección, procesamiento y análisis de la información, garantizar la diseminación de información oportuna y
desagregada por sexo, y asegurar la toma de decisiones basada en la evidencia a todos los niveles

Además, en el Seminario Internacional de Políticas Públicas para las Mujeres en Área de Salud: Experiencias de
América Latina y el Caribe. Celebrado en Brasilia, entre los días 25 al 27 de mayo del 2004 se señalo que dadas las
necesidades identificadas en materia de Políticas Públicas se requiere y propone la conformación del Foro de
Políticas Públicas para la Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, que articule los esfuerzos nacionales,
sub-regionales y regionales con el objetivo de

Construir un espacio de intercambio de información y experiencias sobre políticas públicas y programas de salud de
la mujer, programas relacionados con transversalización de género en las políticas de salud y programas de salud
sexual y reproductiva.

Promover la articulación entre los equipos de los Ministerios de Salud que coordinan los Programas de Salud de la
Mujer y otras instancias afines y las organizaciones de mujeres y otras organizaciones de la sociedad civil a nivel
nacional y regional con el propósito de potenciar y apoyar las distintas experiencias y políticas de salud.

C) Crear y fortalecer los mecanismos de cooperación entre países en temas específicos basándose en sistemas de
cooperación sur-sur

Por otra parte, en la recientemente, celebrada reunión de la Mesa ampliada de Población de CEPAL (Santiago de
Chile, 2004), los países de la región por unanimidad aprobaron una declaración reafirmando los consensos
alcanzados en CIPD y CIPD+5, donde se plantea que es necesario reconocer que aún faltan lograr importantes

211
avances que permitan concretar estos acuerdos y las leyes nacionales en políticas públicas que respondan a las
necesidades y derechos de las personas. El aumento de la pobreza y su feminización, así como deterjo
socioeconómico, producto de las políticas macroeconómicas aplicadas en nuestros países principalmente en la
última década, generan hoy necesidades más acuciantes

Considerar e instrumentar la perspectiva de género como una herramienta de análisis y de instrumentación en las
políticas públicas, constituye un desafío para la lucha por la salud como derecho ciudadano y bien público, y
constituye un deber obligado la instalación perentoria de capacidades para su instrumentación en los diferentes
ámbitos de la salud.

Bibliografía

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salud, conferencia presentada en el Primer Coloquio Nacional de Antropología y Psicología de la Dirección

*
La autora del presente estudio trabaja desde hace 27 años con enfermos de TB y en reuniones
dinámicas grupales semanales ha recogido cientos de testimonios directos.

212
Nacional de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia. México: 27
septiembre al 1 de octubre.

213
Mujer y política social en Cuba: el contrapunto socialista al bienestar capitalista

Dra. María Auxiliadora César

Introducción

Con vista a la aprehensión más amplia y diversificada de las controversias teóricas acerca de la temática de este
estudio, se dará particular relieve al análisis comparativo de dos tendencias teóricas de pensamiento, de dos sistemas
de bienestar; de principio55, criterio56 y formas de realización57 de dos tipos de conformación de políticas sociales, a
través delcaso concreto de la mujer cubana. Por supuesto, al negarse un tipo de análisis lineal y endógeno de la
realidad, la perspectiva comparada constituye una categoría metodológica que atraviesa todo el estudio.

Se trata, por tanto, de enfocar teóricamente la categoría Política Social 58 con un respaldo en la historia y en la
dinámica de la realidad en la cual ella está referida. Así, esa categoría no figurará en este estudio como una

55
Principio se entiende como regla fundamental o fundamento de una conducta. Cuando en la vida social se habla de
principios referidos a valores o directivas de acción, significa el elemento constitutivo del acuerdo o consenso de un
determinado grupo de personas o de autoridades que dirigen alguna instancia de la sociedad (Cf. Incola Abbagnano:
Diccionario de Filosofía, México/DF, 1996 y Henry Pratt Fairchild: Diccionario de Sociología, México/DF, 1994).

56
Criterio se entiende como pauta, medida para valorar algo, norma que dirige al hombre en sus elecciones y que tiene
importancia decisiva para la vida de los individuos y grupos de una cierta sociedad y se siguen según principio o principios
definidos Las formas de realización están referidas al proceso de llevarse a término un proyecto desarrollado por cierta
sociedad ( Diccionario de Filosofía y Diccionario de Sociología, eds. cit).

57
Criterio se entiende como pauta, medida para valorar algo, norma que dirige al hombre en sus elecciones y que tiene
importancia decisiva para la vida de los individuos y grupos de una cierta sociedad y se siguen según principio o principios
definidos Las formas de realización están referidas al proceso de llevarse a término un proyecto desarrollado por cierta
sociedad ( basado en: Diccionario de Filosofía, ed. cit y Diccionario de Sociología, ed. cit).
58
La política social, a pesar de tener una relación con varios contenidos políticos tiene una identidad propia. “…Refiérese a
programas de acción que, a través del esfuerzo organizado, se dirige a atender necesidades sociales cuya solución
traspasa a la iniciativa privada, individual y espontánea y requiere decisión colectiva reglamentada y amparada por leyes
impersonales y objetivas, que garantizan derecho” (Pereira, 1994:1). La política social, como también la
política económica, agraria, ambiental, regional, es un tipo de política pública y todas ellas “...requieren participación activa
del Estado en el planeamiento y ejecución de procedimientos y metas dirigidas a la satisfacción de necesidades colectivas”
(Pereira, 1994:2). El término público, que remite a la política social, no se refiere exclusivamente al Estado, sino a la cosa
pública, es decir, de todos, que, aunque regulada y frecuentemente proporcionada por el Estado, expresa elecciones y
decisiones privadas y apoyo de una comunidad de intereses que se convierten en acciones públicas, que afectan a todos.
Según Pereira (1994:2) “...se trata de una relación de antagonismo y reciprocidad entre Estado y sociedad”. La política
social va más allá de la precisión, el control y la ejecución de las ya tomadas decisiones, trayendo consigo elecciones y
toma de decisiones para diferentes alternativas que abarcan conflictos de intereses

214
construcción abstracta sino como un concepto representativo de las respuestas del Estado y de la sociedad a las
situaciones sociales que exigen alguna forma de regulación.Sin embargo, como las políticas sociales socialistas
siempre fueron un objetivo a alcanzar, a partir de las contradicciones de las sociedades divididas en clase,
especialmente la capitalista, se torna necesario explicitar el carácter de las políticas de bienestar en el capitalismo
para identificar mejor la superación de ese patrón en la propuesta socialista. Aunque es objeto de diferentes
vertientes teóricas e ideológicas, la categoría “política social” aquí adoptada será tematizada a la luz de la crítica
marxista. Con este objetivo se toma como hilo directriz la concepción de bienestar de Marx –en oposición a la de
igualdad liberal burguesa de los siglos XVIII y XIX apoyada en el enfoque funcional– así como las contribuciones
marxistas contemporáneas sobre el mismo tema, desarrolladas desde el principio del siglo XX hasta los años 70 en
torno al llamado Estado de Bienestar 59, de carácter capitalista regulado y, en los últimos veinte años del siglo XX,
ante el retorno de la hegemonía del ideario liberal que reintroduce la importancia de la desreglamentación de la
economía y de la protección social, bajo la égida del mercado.

También contrarios a la intervención del Estado de Bienestar tanto en la esfera económica como en la social, los
liberales del siglo XIX afirman que la política económica del laissez-faire en el ámbito doméstico y del libre
comercio entre las naciones es la más adecuada a la estabilidad social, al progreso, a la solución de los problemas de
la pobreza y de la paz universal. No obstante se conoce que, en el período laissezfairiano, el Estado interfería en la
economía60.

Los liberales propugnaban que, como los problemas eran consecuencia mucho más de desajustes e incapacidades
individuales que de desviaciones del sistema de producción capitalista, la solución de ellos debía ser
responsabilidad de organizaciones o grupos particulares, laicos o religiosos, y no por la vía de la intervención
estatal.

En tanto, el comprometimiento del Estado tuvo que explicitarse a través de medidas objetivas, dadas las crecientes
desigualdades sociales resultantes de las transformaciones económicas, sociales y políticas ocasionadas por la
revolución industrial y la imposibilidad de dejar los problemas sociales bajo el control informal del mercado y otras
instituciones tradicionales (se imponía reintegrar a las personas al proceso productivo). Tal actuación no se dio sin

59
El Estado de Bienestar (llamado también Estado Social, Welfare State o Estado Providencia) se caracteriza por la
intervención del Estado en la economía y en la sociedad en el sentido de asegurar la mejoría del nivel de vida de la
población, mediante la provisión gratuita o subsidiada de renta, vivienda, salud, alimentación, educación, etc., aspectos
asegurados como un derecho de ciudadanía.

60
En ese sentido dice C. Pierson (1991: 103, citado por Pereira, 1998): “…Ni el Estado mínimo del siglo XIX se libró de intervenir en la
economía y en la provisión del bienestar. La Inglaterra victoriana, muchas veces pintada como la esencia del laissez-faire capitalista
liberal y del Estado ‘guarda nocturno’, vieron la implementación de una amplia gama de medidas sobre el control de fábricas, la calidad
de la vivienda, la seguridad de la salud pública, la provisión de la educación pública, la municipalización de los serviciosbásicos y la
compensación obligatoria a los trabajadores debido a los accidentes industriales”.

215
dificultades: por un lado el Estado reconocía las desigualdades como resultado de contradicciones estructurales del
sistema capitalista y, por otro, los liberales temían al término del proceso de acumulación con el disloque de
recursos de sectores productivos para sectores improductivos.

Tal como sucedió con los teóricos no marxistas también hubo poco interés de los marxistas sobre la acción del
Estado en el campo del bienestar61 desde el punto de vista teórico, aunque por razones distintas.

En tanto, algunos autores contemporáneos marxistas, en el siglo XX, principalmente después de la Segunda Guerra
Mundial, realizaron fértiles análisis sobre este fenómeno, con diferencias en sus enfoques.

Dentro de los autores marxistas contemporáneos nos hemos apoyado para este trabajo principalmente en los análisis
de Ian Gough, Armes Mishra, Esping Andersen y Claus Offe 62.

Parafraseando a Mishra (1981), se puede decir que hay dos razones que justifican la utilización de la teoría marxista
como fundamento para el análisis de la cuestión del bienestar, y como base teórico analítica para caracterizar las
políticas sociales o políticas de protección capitalistas relativas a la mujer, unidad de análisis de este estudio. La
primera, por ser una concepción totalizadora de la sociedad, en tanto la analiza como un conjunto de múltiples
determinaciones, que ofrece elementos sobre la naturaleza y el desenvolvimiento de la cuestión de la igualdad, en
sus dimensiones económica, política y filosófica. Y la segunda, por ser una teoría normativa preocupada con la
superación del capitalismo, que ofrece una visión particular de los problemas relacionados con la desigualdad
social, en ese modo de producción y comprometida con la construcción de una sociedad efectivamente igualitaria.

Al realizar un balance de los estudios relacionados con la cuestión del bienestar, Mishra (1981) advierte
consecuencias que dificultan la comprensión y la solución de esta problemática en la sociedad, como son:

1–La ampliación de los servicios sociales no cambia a la sociedad capitalista. El Estado, al tener un fondo común,
puede proveer recursos para seguridad y mejoría de vida sin alterar la estructura desigual entre las clases.

2–La necesidad de una constante lucha de la clase trabajadora para mantener el Estado de Bienestar. El salario
social tanto como el salario de mercado son una parte del conflicto de intereses de clases y valores.

61
El concepto de bienestar es complejo, pues no es un rótulo creado y basado en un deseo, sino la expresión de una
realidad vivenciada en contextos socio culturales particulares. El “social welfare” es el efectivo bienestar usufructuado por la
sociedad mediante las políticas sociales. Los resultados del bienestar se conciben en términos de niveles de satisfacción de
las necesidades humanas, como un conjunto de primeras condiciones para una existencia humana, de una vida autónoma
en el interior de sociedades que tienen objetivos generales de creación de modos de vida libres y emancipadores.

62
Mishra, Gough, Offe y Esping-Andersen son considerados neomarxistas pues, aunque los mismos introduzcan en sus
estudios nuevas categorías de análisis, tienen sus ideas básicas enraizadas en el pensamiento de Marx. No se trata, por lo
tanto, de un grupo homogéneo, pero tiene como denominador común la crítica del sistema de bienestar burgués. De Offe se
utilizan los primeros análisis. En reciente entrevista publicada en la revista brasileña Veja, abril de 1998, Offe habla sobre la
reforma del Estado y enfatiza la importancia de las entidades comunitarias como las ONG y las iglesias, al lado del Estado y
del mercado, en la formación de un nuevo orden social.

216
3–Las reformas sociales sólo asumen su importancia en el esquema de valores marxistas cuando éstas provocan
cambios significativos en las realidades de las clases y en la estructura económica. Para los marxistas el Welfare
State retarda más que ayuda a la causa de la revolución, al incorporar a los trabajadores tornando el capitalismo más
estable

Se juzga necesario caracterizar el Welfare State 639 para tomarlo como referencia analítica inversa del esquema de
bienestar socialista64. De esa manera se puede delimitar el contrapunto necesario para el desenvolvimiento de la
reflexión sobre el bienestar socialista y también para el entendimiento y caracterización de una práctica socialista de
bienestar más específica, dirigida para un segmento social: la mujer cubana.

Las dudas sobre el futuro del Estado de Bienestar dan lugar, a partir de finales de los años 70, a la aparición de
posibles caminos en el sentido de su reestructuración 65.

La crisis global de la sociedad contemporánea, particularmente en las últimas tres décadas, se expresa no de manera
exclusiva en la crisis del Welfare State y en el colapso del llamado socialismo real. Cada cual procuró solución para
sus antagonismos y sus consecuencias propias en el orden del capital y no pueden ser igualadas, una vez que poseen
lógicas diferentes y significaciones distintas. Estas dos crisis confluyen en una expresión paradigmática: el
neoliberalismo66.

63
Para mayores detalles sobre el Welfare State (su constitución, sus causas, sus consecuencias, su apogeo y su
propagada crisis e impactos) y también sobre la principal propuesta alternativa de salida, el pluralismo de bienestar,
presentada por el ideario neoliberal actual, ver Pierson (1991); Offe (s.f.); Navarro (1993); Mishra (1984); Jonson (1990);
Gough (1982); Esping-Andersen (1991 y 1995) y Abrahamson (1992).

64
El bienestar socialista no es analizado en sí mismo, pero sí a partir de su antítesis, el bienestar burgués, una vez que
aquél siempre fue una utopía pensada y elaborada desde las contradicciones del sistema capitalista. Y también el
socialismo no propone el bienestar como un problema teórico, ya que el mismo era pensado como una problemática
práctica que se resolvería, casi de manera automática, con el desarrollo de las fuerzas productivas.

65
Estudiosos de la Política Social apuntan no a la desaparición del Welfare State, pero sí a cambios en su estructuración y
valores básicos.

66
El liberalismo clásico, un sistema de concepciones económico-políticas, tuvo sus bases socio-históricas desmoronadas
cuando al final del siglo XIX se inicia la era del capitalismo monopolista, con un Estado necesariamente intervencionista,
redefiniendo la relación pública-privada, así como la relación política-economía. Las concepciones liberales salen de
escenas, pues no se adaptan con la dinámica propia a la nueva

orden del capital. El neoliberalismo es un fenómeno distinto del liberalismo clásico del siglo pasado. Surgió en la región de
Europa y de la América del Norte como una reacción teórica y política vehemente contra el Estado intervencionista y de
bienestar. Su texto de origen, “El camino de la servidumbre”, de Friedrich Hayek, de 1944, constituye un ataque contra
cualquier tipo de limitaciones de los mecanismos de mercado por parte del Estado, denunciado como terrible amenaza no
sólo a la libertad económica sino también a la política. (Para detalles, consultar Netto, 1995, Sader, 1996 y Anderson, 1995.)

217
Cuando el Welfare State comienza a desestructurarse y ocurre la caída del llamado socialismo real 67, la
programática neoliberal se torna atractiva y la defensa del mercado libre gana resonancia, pues son colocados en
jaque no sólo el hecho de que una economía planificada no se sustente, sino también el que funciones estatales
puedan promover el crecimiento económico y el bienestar.

Es en el final de la década de los 70 e inicio de los años 80 cuando surge la oportunidad para que el programa liberal
se realice, al ser electos gobiernos empeñados en ponerlos en práctica en países como Inglaterra (Thatcher), los
Estados Unidos (Reagan), Alemania (Khol) y Dinamarca (Schluter). Los gobiernos de estos países toman medidas y
variantes distintas, según sus particularidades históricas: legislación antisindical, gastos sociales, prioridad a la
competencia militar, carrera armamentista y reformas fiscales. Es decir, ocurre una reorientación en el campo de la
política neoliberal, en el inicio por gobiernos con orientación política de derecha y después por aquellos que se
autoproclamaban de izquierda.

Y el Estado de Bienestar, a pesar de todas las medidas para contener los gastos sociales, no disminuyó mucho su
peso. La proporción absoluta del producto nacional bruto aumentó, decreciendo la proporción consumida en gastos
sociales, lo que se explica por el aumento de gastos relativos al desempleo y pago de pensiones, así como del
número de jubilados.

Paradójicamente, ante esta situación, en 1991, cuando tenemos un cuadro de recesión, deuda pública de los países
en ascenso, y ha crecido el endeudamiento privado de las familias y de las empresas, no hay una fuerte reacción
contra el neoliberalismo. En importantes países de Europa

ocurrieron derrotas de socialistas y social demócratas por candidaturas que representaban la derecha.

En América Latina el neoliberalismo comienza –ya en el inicio de los años 70, en el Chile del gobierno dictatorial
de Pinochet–, con programas de desempleo masivo, represión sindical, redistribución de rentas a favor de los ricos,
privatización de bienes públicos, aun antes de la misma Inglaterra.

Como Chile, Bolivia también, en términos de América Latina, era experiencia aislada hasta final de los años 80. En
ese período toman la dirección neoliberal México, Argentina, Venezuela, y Perú, en 1990.

67
El desmonte del campo socialista, en la Europa Oriental y en la Unión Soviética, del 89 al 91, abastece con nuevos
elementos el ideario neoliberal, una vez que éste siempre incluyó, como componente central, el anticomunismo. Los
liderazgos de esos países promueven la desigualdad, realizan privatizaciones, aceptan caídas de producción, más que las
aceptadas en el Occidente, en fin, atacan al keynesianismo y al Estado de Bienestar. Sin embargo, ese extremismo ha
revelado dos caras: al lado de la influencia que ejerce en los países post-comunistas, ocurre una reacción popular (Polonia,
Hungría, Lituania), donde ex-comunistas gobiernan sus países, con la salvedad de que en la práctica sus políticas en el
gobierno no difieren mucho de aquéllas de sus adversarios neoliberales (Para detalles ver: Netto, 1995).

218
Según Pereira (1996:129), “En el caso particular de América Latina, [...]la prioridad de la ofensiva neoliberal era la
de ejecución de programas de ajuste estructural que tenían como objetivos mantener equilibrios macroeconómicos a
expensas de la satisfacción de las necesidades básicas de la población”.

Así, los cambios que vienen ocurriendo desde los tiempos de la llamada crisis del Estado de Bienestar provocan la
búsqueda de alternativa al Welfare State, la cual incide en la reciente amplia defensa, tanto por intelectuales como
por políticos de diferentes tendencias, de aquello que llaman “pluralismo de bienestar”.Abrahamson (1992) define
papeles y competencias de tres socios en el contexto del pluralismo de bienestar: el Estado, que detiene el poder; el
mercado, que detiene el capital y la sociedad civil, en cuyo ámbito se desenvuelven las relaciones de solidaridad.
Además, inmerso en la discusión del Welfare Pluralism aparece el discurso del Welfare Society, donde está
colocada la cuestión de la solidaridad, indispensable para el alcance de la igualdad, equidad y eficiencia (Johnson,
1990).

Equidad se refiere a una imparcialidad en la distribución o justicia; igualdad significa dar a las personas la misma
oportunidad y el mismo acceso a recursos y servicios. Esta noción de sociedad de bienestar es la antítesis de la
noción marxista de igual sociedad68, ya que, si la posición de la cual parten las personas es desigual, ellas reciben
recursos desiguales. Así, la igualdad no es equitativa, pues requiere recompensas desiguales para un esfuerzo y
calificaciones desiguales. La eficiencia también se cumple cuando se adoptan criterios de necesidades –el tipo de
necesidad es una dificultad conceptual encontrada. La necesidad en Marx es una necesidad social, que tiene un
principio de distribución como orientador. La política y la planificación económica en una sociedad socialista deben
estar subordinadas a la planificación social, a la inversa del sistema de planificación de una sociedad capitalista.

Por otro lado las respuestas capitalistas encontradas hoy, bajo la forma de políticas sociales, han sido relativas a la
flexibilización de las relaciones de trabajo, a la selectividad y focalización de la provisión social y a la falta de
compromiso con el establecimiento de mínimos sociales como derecho de todos. Eso se expresa en la ideología
neoliberal que muestra las políticas económicas y sociales en la actualidad con

énfasis en la disminución del papel del Estado ante los problemas –desigualdad, pauperismo– presentes en la vida
social.

Así, las modalidades de intervención en el cuadro del neoliberalismo son definidas considerando el desempleo
como resultado “natural” de la economía de mercado, con un desmonte de políticas nacionales básicas cuyas
principales implicaciones son: cortes en los programas sociales, disminución de los beneficios de la seguridad
social, valorización

68
Para Marx las maneras por la cual riqueza y pobreza son generadas en el modo capitalista de producción constituyen la
antítesis de la sociedad de bienestar porque en el sistema capitalista la riqueza y la mejoría de vida, al ser regulados por el
mecanismo impersonal del mercado, no toman en cuenta las necesidades humanas y la solidaridad. En esta consideración
él postula un concepto global de bienestar –la sociedad de bienestar– que es la sociedad post-revolucionaria donde sería
alcanzado el verdadero igualitarismo.

219
de viejas formulas de ayuda social. En ese sentido el pluralismo de bienestar o bienestar mixto 6915 gana fuerza y es
la vieja fórmula de protección presentada como nueva para liberar al Estado de la obligación de enfrentar a los
también nuevos problemas. Se trata en verdad, más que de una combinación de la iniciativa pública y privada, como
sugiere el nombre, de la dispensa de la participación decisiva del Estado en la regulación y provisión de las políticas
sociales y el comprometimiento de instituciones claves de la sociedad –el Estado nacional, la ley y el derecho– con
el bienestar del ciudadano. Como principal intención del pluralismo de bienestar está el alcance de los derechos
conquistados por los ciudadanos, utilizando el argumento de la descentralización 70, la colaboración y la asociación
en la división de responsabilidades anteriormente asumidos por el Estado o a través de sus órganos. Así, en el caso
del bienestar capitalista71, la necesidad de recuperación de la rentabilidad económica, como objetivo principal,
desemboca en una crisis del Estado de Bienestar cuando se presenta un período de recesión.

Estos procesos apuntan para un nuevo cuadro institucional y otros tipos de relación entre Estado y sociedad. Se trata
de una tendencia mundial de ajuste como respuestas a los cambios ocurridos en la organización del trabajo, en la
estructura familiar y en las relaciones sociales que llevan a la consideración de la primacía del ser humano sobre la
clase social, con políticas centradas en las personas, resurgimiento de movilizaciones menos institucionalizadas y
más espontáneas frente a los nuevos desafíos de la vida cotidiana.

El objetivo proclamado del pluralismo de bienestar es conferir poder al pueblo, promover la participación local,
reducir costos y aumentar la eficiencia para expandir la prestación de servicios a la población –discurso que viene
obteniendo el apoyo de las izquierdas. Así, este modelo de bienestar posee una capacidad de convocatoria muy
grande, responde más rápido a las necesidades de la población por cuenta de sus dos elementos principales: la
descentralización y la participación.

69
En el pluralismo de bienestar o bienestar mixto –propuesta readaptada del Estado de Bienestar– hay una conjugación de
las funciones, complementarias y frecuentemente combinadas, del Estado, del mercado y de la sociedad civil, para provisión
del bienestar (Ver Johnson, 1990 y Abrahamson, 1992).

70
Al criticar la descentralización, dice Pereira (1994:11/12): “…un aspecto es descentralizar servicios sin restringir o destituir
derechos del ciudadano y deberes del Estado y, otro, es devolver encargos a la sociedad, restringiendo o destituyendo
derechos y desobligando al Estado de sus deberes. De la misma manera, un aspecto es que la sociedad funcione como
espacio de las clases sociales, ejerciendo el papel de agente crítico y activo de los rumbos y de las tendencias de la política
social y, otra, es ella funcionar solamente como espacio de la solidaridad, colaborando, de buena fe con la usurpación de los
derechos de ciudadanía por ella conquistados”.

71
El sistema de protección social capitalista se basa en la coexistencia de la carencia y de la abundancia, o sea, de la lógica
de la acumulación capitalista y la lógica de atención a las necesidades humanas, guiado por el criterio de rentabilidad
económica, regulado por el sistema del mercado. El bienestar social se caracteriza por una institución social útil, que sirve
para el alcance de objetivos y de esa manera se desarrolla de una forma fragmentada y pragmática. Los servicios sociales
son algo convenientes para el mantenimiento del sistema, en un juego de fuerzas contrarias.

220
Sin embargo, en la práctica, el Estado se ha retraído y ha transferido responsabilidades para la sociedad que, a su
vez, no tiene las condiciones económicas, políticas y sociales para ejercerlas.

El Estado de Bienestar, propuesta de los socialdemócratas, no rebasa los marcos del sistema capitalista. Y, en
verdad, el pluralismo de bienestar, propuesta readaptada del Estado de Bienestar para los tiempos actuales, se
constituye, en verdad, arma de la derecha y herramienta indispensable al ideario neoliberal.

Los paradigmas del estudio

La perspectiva dialéctica –relacional de comprensión y de crítica de la realidad– traspasa todo el estudio, marcando
la presencia de la visión de mundo marxista como fuente inspiradora. Y en el interior de esta perspectiva se dará
particular relieve al análisis comparativo entre paradigmas y prácticas opuestas de bienestar social.

En este estudio se han confrontado paradigmas divergentes de la concepción de bienestar, utilizados por pensadores
denominados en este trabajo como “marxistas” y “no marxistas” 72, pues los autores que han tratado ese tema están
vinculados a teorías distintas y que pueden ser aglutinadas en esas dos categorías. Se cree que tal opción ofrece
pistas interesantes al examinar los análisis sobre la política social bajo diferentes ópticas.

Vale aclarar que, pese a la dificultad de caracterizar los elementos principales que definen una línea de
pensamiento, se pueden especificar algunas de sus características básicas comunes en la variedad de autores
analizados anteriormente: a)la concepción de la sociedad como un sistema, o sea, un conjunto de patrones
interrelacionados que constituyen las “partes” de un “todo” integrado y b)el análisis de esos patrones –como las
instituciones sociales– en términos de sus funciones, o sea, la contribución al trabajo que ellas desempeñan para la
eficiencia del trabajo del “todo”. La integración es considerada esencial para la supervivencia de todas las
comunidades por la necesidad de mantener tanto el nivel de desequilibrio y conflicto entre las partes (instituciones,
grupos o individuos) lo más bajo posible, como el control y el orden sociales como parte de esa integración. Tales
mecanismos de controles sociales se dirigen menos a la creación de un sentido comunitario o valorización de la
solidaridad y más a la garantía de no ruptura de los patrones establecidos.

Por otro lado, las principales características de la perspectiva marxista del bienestar pueden ser así sintetizadas,
según Mishra (1981): a) el bienestar vincula la regulación de las condiciones de vida y de trabajo y la distribución
de los recursos con las necesidades humanas, b) el capitalismo es antitético al bienestar, c) el bienestar puede
comenzar a ser establecido parcialmente en la sociedad capitalista a través de la acción colectiva de los trabajadores,
pero debido a la naturaleza del sistema capitalista la perspectiva de reforma es escasa, d) el aparato del Estado,
aunque sirva a los intereses de la clase dominante, tiene que incorporar demandas de los dominados y así las
medidas sociales

72
Ver análisis de diferentes autores “marxistas” y no “marxistas” sobre el bienestar en la tesis de doctorado de César
(2001).

221
Pueden ser aceptadas formalmente pero no en su sustancia, e) el bienestar sólo puede ser establecido como una
norma regulativa y distributiva después que los medios de producción hubiesen sido socializados y el sistema de
propiedad privada abolido.Esta perspectiva de contrapuntos de paradigmas es referencia importante para captar las
características generales del sistema cubano de protección social post-revolución 73 y para repensar, en un plano más
específico, ciertas particularidades de las políticas sociales socialistas, en oposición a las capitalistas. Esto es
justificado sobretodo por el déficit de estudios historiográficos referentes a las políticas sociales de las experiencias
socialistas en general y, en particular, en relación con Cuba. Efectivamente, los estudios sobre las políticas sociales
en el socialismo son escasos. Algunas investigaciones de los años 70 y 80 en la URSS, y de la década del 80 en
Cuba, abordaron indirectamente el tema a través de estudios sobre el modo, la calidad y el nivel de vida, así como
las necesidades humanas74, donde se privilegia el enfoque de clase. Recientemente, en Cuba, varios centros de
investigación se dedican al tema de las políticas sociales, no sólo conceptualmente sino también analizando la
práctica de esas políticas75.

De esta manera este estudio pretende contribuir al análisis, a partir de un enfoque integral de las políticas sociales en
el socialismo cubano, o sea, sobre los fundamentos, la constitución, las formas de realización y los impactos de esas
políticas de bienestar sobre la población, aunque enfocando las políticas sociales dirigidas a un segmento particular:
la mujer.

73
El sistema de bienestar socialista tiene como principio fundamental la distribución de los recursos, basada en la
satisfacción de las necesidades humanas. El bienestar como valor central sólo existe si la producción es gobernada por un
criterio social y la distribución por necesidades humanas. En la concepción del bienestar socialista los servicios sociales son
la expresión de los valores básicos de la sociedad, donde los destinatarios

de los servicios sociales no son solamente ciudadanos con derecho a un mínimo básico de existencia civilizada, bajo los
auspicios del estado, sino miembros de una comunidad socialista que tiene como fin la satisfacción creciente de las
necesidades.

74
Ver: (Colectivo de autores, 1989, “Socialismo y modo de vida”, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales; G. Glezerman,
1974, “El modo de vida socialista” , en Socialismo, Teoría y Práctica, no. 7, Moscú; Filipec Jindrich, 1985, “El modo de vida
en la lucha ideológica contemporánea”, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales; Colectivo de autores, 1987, “El hombre y
los valores espirituales en el socialismo”, Moscú, Editorial Progreso; García y otros, 1985, “Necesidades humanas, nivel de
vida, calidad y modo de vida”, La Habana, CEDEM; Alfonso y otros, [s/f], “Una concepción teórica del modo de vida”, CIPS,
La Habana. Se cita también la publicación, en el año 70 en Moscú, de los resultados del Simposio Internacional dedicado al
Centenario del natalicio de Lenin, patrocinado por el Comité de las Mujeres Soviéticas, donde se discutió el papel de la
mujer en la sociedad y la solución del problema femenino en los países socialistas, también con un enfoque más
generalizado.

75
Se destacan grupos de especialistas ligados al CIPS (Centro de Investigación Psicológica y Social), al INIE (Instituto de
Investigación Económica) y a FLACSO/Cuba (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).

222
De esa forma se presenta el siguiente problema: ¿qué contrapuntos se pueden establecer entre el sistema de
bienestar socialista y el sistema capitalista, a partir de las características fundamentales de las políticas sociales
dirigidas a la mujer en Cuba?

La política social será enfocada como un conjunto integrado de estrategias y programas desarrollados, con énfasis
en los sectores de salud, educación y empleo necesarios para concretar políticas específicas hacia la mujer. Además
se intentará analizar el grado de contribución de esas políticas para reducir las desigualdades sufridas por este
segmento de la población, históricamente considerado como uno de los más vulnerables desde el punto de vista
social en todas las partes del mundo.

Por otro lado la relación entre política social y género pasa por la polémica de su vocación de no centralidad y de
transversalidad y por eso atraviesa todos los ámbitos en los diferentes conjuntos de intervenciones sociales. De ahí
la dificultad del análisis del tema. Además, en la discusión sobre políticas de género éstas presentan un doble
carácter contradictorio: a) como medio de promoción de la igualdad y b) como contribución para la profundización
de las desigualdades de género y para la consolidación del patriarcado.

La noción de género expresa un carácter relacional entre el femenino y lo masculino. Por tanto, en los estudios
sobre la condición femenina la selección aislada de la unidad empírica mujer no es suficiente. Es imprescindible una
postura teórica que privilegie una visión no lineal y no esencialista. Ante esto se opta por tomar la cuestión del
género como un concepto –soporte auxiliar para entender la particularidad de la mujer, una vez que la idea de
género, aunque no sugiera desigualdad, está relacionada con la diferencia. Actualmente la importancia de las
relaciones de género para explicar la organización social ha sido objeto de

varios estudios que tornan significativas las revaluaciones de las explicaciones sobre experiencias de mujeres o
grupo de mujeres. Se diferencia del componente sexo que explica el comportamiento diferenciado masculino y
femenino a través del organismo biológico sexual innato, y termina por no convencer con esa explicación.

El feminismo piensa sobre la sexualidad de la misma forma que el marxismo piensa sobre el trabajo: como una
actividad construida y, al mismo tiempo, constructora, universal pero históricamente específica, compuesta por la
unión entre materia y mente. De la misma forma que la expropiación organizada del trabajo de algunos y beneficio
de otros define una clase –los trabajadores– la expropiación organizada de la sexualidad de algunos para uso de
otros define el sexo, mujeres (Mackinnon, citado por Sorj, 1992:16).

Así, el concepto de género es utilizado tomando en cuenta un denominador común entre los diferentes estudios: su
definición como producto social insertado en una estructura de relaciones sociales y representado, aprehendido y
transmitido históricamente a lo largo de las generaciones.

Además, las políticas sociales con perspectiva de género se sustentan sobre el principio de la igualdad, del
reconocimiento de las diferencias y del derecho ciudadano por cuanto a) promueven la participación de las mujeres

223
en los niveles de diseño, implementación y evaluación de las acciones; b) tornan visible el papel de las mujeres
como protagonistas del desarrollo social y c) fomentan la organización de la sociedad civil y la democratizan.

Todavía, debido a la propia desigualdad histórica y socialmente construida entre hombres y mujeres en relación con
los papeles atribuidos diferencialmente en el hogar, en la calle, en el trabajo y en otras esferas de la actividad
humana, las respuestas del Estado y de la sociedad a través de los tiempos también han sido discriminatorias y
desiguales frente a esos dos segmentos y en la mayoría de los casos los beneficios para la mujer se originan de su
vínculo de dependencia con el hombre, sea padre o marido. A los cuestionamientos y críticas del movimiento
feminista se hace meritorio traer al debate que la real emancipación de la mujer sólo es posible en la medida en que
ella es titular de derechos civiles, políticos y sociales por sí misma, en cuanto ciudadana.

Un aspecto, de especial importancia es que hasta 1960, como resultado de un sexismo institucionalizado, las
preocupaciones femeninas se expresaron sólo en los márgenes de los estudios sociológicos (incluidos aquí los
teóricos no marxistas). Tales estudios dieron respuestas conservadoras a los argumentos feministas de los análisis
sobre las relaciones de géneros, considerando irrelevante sus inclusiones en la sociología que desarrollaban y,
además, cuando abordaron la cuestión de las diferencias y desigualdades dieron respuestas más convencionales que
críticas. Ejemplo de ello es la consideración de Parsons sobre la importancia de la familia para la estabilidad social
y emocional de los adultos con la necesaria división sexual del trabajo, con papeles de mando para los hombres y de
gentileza y amabilidad para las mujeres. Según él la igualdad debilita la función de estabilidad en la familia (Ritzer,
1994: 261-264).

De manera general, estos teóricos dieron atención a la familia (especialmente a los núcleos) y a su papel en el
proceso de socialización, con argumentos que fortalecen la auto gestión de esta institución en el desempeño de sus
funciones, pero con desprecio a cualquier tipo de Política Social que atendiera a necesidades de la familia con
recursos dedicados a la vivienda, provisión financiera y social.

La mujer y las políticas sociales capitalistas

Los análisis relacionados con los países que poseen estados de bienestar más avanzados sirven de clave para los
contrapuntos que se realizarán en los próximos capítulos en relación con el sistema cubano de bienestar y las
políticas sociales dirigidas a la mujer cubana. Los estudios sobre la mujer y los Estados de Bienestar en distintos
países se han ocupado de una gran variedad de temas 76, analizados éstos desde una perspectiva macro (como los
cambios históricos y sus consecuencias, la participación de las mujeres en la elaboración de políticas sociales) y
micro (como la maternidad, el matrimonio, el aborto).

76
Una serie de estudios científicos, con diferentes enfoques, intenta determinar los factores que inciden en la discriminación
de género, el contenido del bienestar y el impacto de las políticas sociales en relación con la mujer (Ver: Anttonen, s/f;
Hobson, 1991; Evans y Wekerle, 1997; Borchorst, 1991 y Cohen, 1997).

224
Tales estudios, en su mayoría, consideran la esfera de la producción y la reproducción más allá de la economía
formal y monetaria77.

Por otro lado, la relación entre la mujer y el Estado de Bienestar ha sido ambigua, porque hoy día las mujeres
defienden programas y sistemas de protección que criticaban en el pasado. El punto central de esas críticas se
refiere a la conformación de las ideologías y prácticas de las instituciones del Estado de Bienestar de marcado
carácter patriarcal, y que contribuyen a la perpetuación de las desigualdades al reforzar la dependencia y
subordinación de la mujer. Sin embargo, otras posiciones consideran la importancia del Estado de Bienestar para las
mujeres, aunque sus demandas específicas sean probablemente menos significativas que el establecimiento más
general de políticas redistributivas. Ellas enfatizan que la política social pudiera ser más inclusiva en el sentido de
poner en práctica cambios con énfasis sobre los derechos ciudadanos de la mujer (Cohen, 1997:28).

Entre las feministas se pueden detectar dos órdenes de explicación del Welfare State: uno que utiliza el argumento
del patriarcado –opresión sistemática de la mujer por el hombre– y otro que lo explica por la lógica del capitalismo
–opresión sistemática del trabajo por el capital.

Sin embargo, ambas poseen la visión común de que el Welfare State es organizado tomando en cuenta el interés del
hombre y del capital a expensas de la mujer (Pereira,s/f-b: 1). 78

Por otro lado, autoras marxistas presentan el Welfare State como expresión, tanto de la opresión patriarcal como del
capitalismo. El argumento se basa en el siguiente razonamiento: el Estado tiene que intervenir en la economía y en
la sociedad porque solo el mercado no asegura la acumulación capitalista a largo plazo. Las políticas sociales del
Welfare State aseguran la producción y la reproducción de la fuerza de trabajo que objetiva la ganancia capitalista.
De otra parte, la esfera privada de la familia, en la cual es reproducida la fuerza de trabajo, sufre intervención del
Estado de forma indirecta, a través de auxilios dependientes del salario del hombre y del servicio doméstico de la
mujer. Hay, por lo tanto, provisiones de beneficios organizados de manera diferenciada para hombres y mujeres. El

77
...El Welfare State es extensamente organizado y volcado hacia las mujeres porque ellas son más pobres que los
hombres, viven más y tienen menos acceso a los servicios proveídos por el mercado. En este caso, ellas necesitan más del
Welfare State que los hombres”. Ver datos estadísticos que comprueban este argumento en el texto de Pereira (s/f: 3-5):
“Desigualdades entre géneros”.

78
También Borchorst (1991) apunta dos concepciones contrarias en las investigaciones sobre la mujer y el Estado de
Bienestar: una positiva, que enfatiza los rasgos reformatorios y de protección a la mujer [Hernes (1987), Borchorst y Smith,
(1987)] y otra con enfoque negativo que destaca fuertemente los rasgos represivos y patriarcales del estado [Wilson, (1977),
Eisenstein, (1981), Hartmann (1981), Walby (1990)]. Borchorst (1991) atribuye estas diversas concepciones a los
antecedentes en distintos tipos de Estado de Bienestar: la primera está típicamente relacionada con los análisis de los
estados de bienestar escandinavos, y la segunda con los estados de bienestar conservadores, por supuesto con variaciones
en las diferentes tradiciones.

225
interés del capital, vía Estado, es asegurado a través de tres factores: a) por la disminución de los costos de
reproducción de la fuerza de trabajo con cuidados de salud y educación, por ejemplo y con el trabajo no pagado de
las mujeres;

b) por crear un ejército de reserva, en el cual las mujeres son fuentes de trabajo barato o dispensable y c) por incluir
en el mercado de trabajo asalariado los servicios del ámbito doméstico, con baja remuneración por ser trabajo
esencialmente femenino (Pereira, s/f-b). “…Así, el Welfare State se constituye en una amplia arena de luchas y
conflictos no sólo en lo referido a las clases sociales, sino también al género” (Pereira, s/f-b:3).

Según Borchorst (1991: 11):

...Los estados de bienestar conservadores y liberales 79 presuponen que la responsabilidad de reproducción humana y
su cuidado recaigan en la familia, y por lo tanto recaen pesadamente en el trabajo no asalariado de la mujer. El
principio de subsidiaridad, el cual se discute ampliamente dentro de la comunidad europea, descansa
fundamentalmente en esta idea. Está muy enraizada en países donde prevalece el catolicismo, y donde la mujer se
define básicamente como madre. Esto se sustenta por la restricción a su acceso a los anticonceptivos, el divorcio y
el aborto. De forma que la maternidad biológica, social y política es un fuerte mecanismo social en estas
sociedades.80

Anette Borchorst (1991) también dice que son diversas las interpretaciones sobre las dinámicas del patriarcado que
enfatizan desde el decisivo control del hombre sobre la fuerza laboral de la mujer (Hartman, 1981) hasta las
cuestiones relativas a la sexualidad, maternidad y la crianza de los hijos (Eisenstein, 1981). Para la autora, el
argumento de que uno de ellos es decisivo en la perpetuación del poder patriarcal no es convincente, pues la
dinámica de la división del trabajo descansa, sin embargo, sobre un conjunto de factores estrechamente vinculados y
complejos, que son muy difíciles de separar tanto empírica como teóricamente. Por ejemplo, los estados de
bienestar escandinavos no confinan la mujer a la maternidad, al contrario, ha aumentado la capacidad de la mujer de
controlar la maternidad biológica.

Han elevado, sin embargo, y hasta encumbrado la posición de la mujer como madre trabajadora. El Estado de
Bienestar noruego ha mantenido la maternidad política, buscando reducir la maternidad social y debilitando, a su
vez, a la primera. En Suecia y Dinamarca la maternidad política ha sido modernizada a través de la
institucionalización del trabajo doble de la mujer.

79
En la literatura especializada hay diferentes clasificaciones de los estados de bienestar. Según Esping-Andersen (1991)
existen tres tipos: socialdemócratas, liberales y conservadores.

80
La “maternidad biológica” se refiere a la preñez, parto y lactancia; la maternidad social, más allá de la maternidad
biológica, es una realidad construida socialmente (según Borchorst, 1991, esta distinción ha sido elaborada por Zillah
Eisenstein, 1981). Borchost, a partir de la pregunta de si el Estado, a través de su política, une a la mujer a la maternidad
social y por lo tanto confirma una maternidad política, sugiere esa tercera categoría –la maternidad política– a fin de aislar
analíticamente el papel del Estado de los mecanismos en la familia y en el mercado laboral.

226
Todavía hay una situación particular para la mujer en los estados de bienestar escandinavos comparada con otros
países. La mujer escandinava obtuvo derecho al voto muy temprano, en 1921 (Haavio-Mannila, 1985, citado por
Borchorst, 1991)81, y hoy en día su representación política es la más alta del mundo: en Suecia 38%; en Noruega
36% y en Dinamarca, 33%.82

Solamente pocos países en el mundo exceden del 20% de la representación femenina en el Parlamento.

También la participación de la mujer en la fuerza laboral, especialmente en Suecia y Dinamarca, está entre las más
altas del Occidente.

Aunque en los países escandinavos la situación de la mujer parezca ser específica y diferente de la de otros Estados
de Bienestar, la noción de género ha recibido poca atención en la investigación. Esto, por una parte se explica por el
hecho de que el análisis general no toma en cuenta la situación particular de la mujer y generaliza desde una norma
masculina, y por otra parte está la tendencia de centrarse cada vez más en los sexos, en detrimento del género.

Anette Borchorst (1991) cuestiona, al analizar el caso escandinavo, la necesidad de examinar, en las variaciones
entre los estados de bienestar, el impacto de las políticas sobre la jerárquica división del trabajo por sexo, integrada
a una conceptualización teórica y también si el estado, a través de sus políticas, ha disminuido o mantenido el poder
patriarcal. Dice esta autora que el concepto de patriarcado ha sido elaborado y discutido de acuerdo con la noción de
que la sociedad contemporánea se caracteriza por una estructura de doble fuerza, teniendo el sexo y clase como dos
categorías analíticas fundamentales. Algunos rechazan esta noción totalmente por generalizadora, por llevar al

funcionalismo y al dualismo, así como también por negar el papel de las propias mujeres en la preservación y
disolución del poder patriarcal.

Por otro lado el mercado laboral, casi siempre está estructurado por una norma masculina que dificulta reconciliar el
trabajo productivo y el reproductivo. No obstante esas dificultades, la participación femenina en el mercado laboral
creció especialmente en Suecia y Dinamarca, durante las décadas de 1960 y 1970 y es la más alta de Occidente.

Borchorst (1991) plantea que esa gran participación femenina es ...debida a los cambios mutuamente dependientes
en la familia, en el mercado y en el Estado. Las fuerzas del mercado fueron importantes para el inicio del proceso
pero el interés de cubrir las necesidades para el trabajo fue mediado a través de las políticas del Estado de Bienestar;
especialmente la extensión de las ayudas de cuidados públicos fue decisiva para la persistencia del ingreso de la
mujer al trabajo asalariado y la irreversibilidad del proceso. Es más, el proceso fue en aumento por sí mismo,
porque el mismo sector público empleaba gran número de mujeres (Borchorst, 1991: 6).

81
Borchorst (1991) ofrece datos sobre la participación política de las mujeres escandinavas.
82
Algunos otros países nórdicos, especialmente Finlandia, presentan un récord mundial en la representatividad política de
la mujer (39%), (Borchorst, 1991).

227
También los partidos de la derecha, a pesar de apoyar estas iniciativas, enfatizaban más en el aumento del
suministro de trabajo y no en las medidas para la reducción de las desigualdades entre los sexos; se oponían a una
extensión a gran escala de servicios públicos y se inclinaban a soluciones privadas como el cuidado diurno. A pesar
de esa divergencia, en Suecia y Dinamarca los servicios públicos se prestaban como derechos universales y se
extendieron notablemente al cuidado de niños, enfermos y ancianos.

En los países escandinavos, la mayoría de los servicios y muchas de las transferencias monetarias están dirigidas a
individuos, mientras en los países de regímenes liberales y conservadores de bienestar la manutención por ingresos
en gran medida se calcula sobre la base de que a una mujer casada la mantiene el marido, quien es considerado la
cabeza de familia.83

Los estados de bienestar escandinavos, que son estados de bienestar social-demócratas, han puesto en vigor medidas
que han reducido las contradicciones entre reproducción y trabajo asalariado a través de la prolongación de la
licencia de maternidad, el derecho a la ausencia durante la enfermedad de los niños y la extensión a los niños de las
políticas de atención.

Como en Escandinavia la igualdad entre los sexos y clases se han considerado como dos nociones muy diferentes,
la última ha desempeñado un papel mucho menos prominente y los ideales igualitarios guardan relación con la
igualdad entre los sexos.84

También se fueron modificando los patrones de familia. Disminuyó el número de matrimonios y el número de
divorcios, y el de concubinatos aumentó. La proporción de fertilidad declinó notablemente y este proceso se tornó
más abierto por decisiones políticas, como la libertad de la píldora y el aborto gratuito que entró en vigor en 1973 en
Dinamarca; en 1975 en Suecia y en 1978 en Noruega.

Estos cambios fueron reforzados por la incorporación de la mujer al trabajo asalariado. (Borchorst, 1991: 9). Todos
estos factores han alterado, en los últimos veinte años, la organización y composición de la unidad familiar, dirigida
hoy por uno de los cónyugues, con gran incidencia sobre las mujeres.

83
Gran Bretaña, por ejemplo, mantiene una distinción entre mujeres casadas y solteras para la distribución de los beneficios
sociales.

84
Son en realidad tipos de reformas propuestas para alcanzar la igualdad de género a través de reformulación de leyes, de
manera que se aplicará lo mismo a la mujer que al hombre, atendiendo a una definición de igualdad formal entre los sexos,
como igual acceso a los beneficios. Otros tipos de reformas enfatizan en el vencer las desigualdades entre el hombre y la
mujer que surgen a través del trabajo no pagado de la casa y el

trabajo pagado en el mercado, y prescribe la conversión del trabajo doméstico no pagado en beneficios en efectivo y a tener
derecho a los beneficios promedios de la seguridad social –pensiones y beneficios por desempleo y enfermedad. Otra
reforma propuesta se refiere a la división estricta de trabajo entre los sexos, de forma que las tareas de ganar y cuidar
comúnmente se comparten entre el hombre y la mujer.

228
Hay que tomar en cuenta los cambios asociados con la reestructuración económica y los ataques consecuentes al
Estado de Bienestar que incidieron sobre la relación de la mujer con el Estado, en tanto prestadora, así como
receptora, de servicios de bienestar social y de la protección de sus derechos como ciudadana.

También el pluralismo de bienestar afecta a la mujer y las políticas sociales que le corresponden. Los programas de
bienestar pluralista ponen énfasis en los llamados sectores informales, incluyendo familias, redes sociales, grupos
de auto-ayuda y cooperativas. Hay estrategias que tienen un gran impacto en patrones de género: ellas formarán la
división del trabajo entre hombres y mujeres, así como entre asistentes laicos y profesionales.

En general, para las mujeres ha sido el sector de los servicios sociales el que se ha vuelto la parte más problemática
del Estado de Bienestar porque las estrategias de bienestar mixtas están dirigidas para reforzar la prestación de los
servicios y crear un nuevo tipo de “cuidados”, cuyos impactos para la posición de la mujer en las sociedades
modernas deben ser estudiados con profundidad. Y es porque las mujeres son vistas, históricamente, como las
personas que “cuidan de otras” (ancianos, niños, enfermos, familia) voluntariamente o no. Así no se puede
desarrollar ningún tipo de pluralismo de bienestar en los servicios sociales sin tener en cuenta los diversos intereses
de la mujer (Cohen, 1997: 29). O sea, el pluralismo ha relegado a la mujer su papel tradicional y no potencia su
desarrollo como ciudadana, inclusive para influir en el proceso de formulación de políticas sociales que la
favorezcan.

En el caso de Suecia hay un grupo de estudios que considera la existencia de un Estado de Bienestar “amigo de las
mujeres” (women friendly),85 pero es sometido a críticas por el movimiento feminista.

Los defensores del “Estado amigo de la mujer” ven las políticas sociales correspondientes favorables a la mujer. En
tanto, ha habido divergencias teóricas y políticas en relación con la interpretación de las políticas sociales en la
modalidad de “Estado amigo de la mujer”. Todavía el tema es ambiguo porque de un lado los servicios sociales
protegen a la mujer de la explotación de los patrones, al asegurar los servicios sociales de cuidados diurnos para
niños, para ancianos y discapacitados, no sólo para trabajar, sino también trabajando como “cuidadoras” y, por otro
lado, disminuyen las opciones laborales porque trabajan en ocupaciones tradicionalmente ocupadas por mujeres,
con sueldos bajos, lo que también ha mantenido el Estado de Bienestar.

85
Es también llamado “Sociedad de cuidados”, “Estado protector de la mujer” y “Estado de servicio social”. Ese concepto
expresa la idea de que la mujer tendría una relación natural con sus hijos, su trabajo, así como con su vida pública. En otras
palabras, la mujer puede decidir salir del trabajo, así como de relaciones de cuidado con personas que la necesitan, sin
perder su status como trabajadora. Es importante enfatizar que la

noción de un “Estado amigo de la mujer” es de un estado ideal. En algunas discusiones feministas recientes, sin embargo,
esta noción del Estado, originalmente utópica, se ha convertido sobretodo en una caracterización del modelo de Estado de
Bienestar del escandinavo. Muchos estudiosos han discutido que éste es ya el más protector de la mujer en el Occidente
capitalista.

229
En Dinamarca, por ejemplo, esa disminución también se expresa en la ausencia de una legislación que contemple la
mujer, debido a la resistencia de los sindicatos daneses que no están de acuerdo con otros sindicatos dentro de la
Comunidad Europea sobre este asunto.

El tema de los “cuidados” se convierte en una controversia teórica y política porque el Estado amigo de la mujer no
garantiza que ella salga de sus obligaciones de cuidados y la familia. La mujer mantiene esa modalidad de Estado
funcionando como trabajadora social, doméstica, asistente médica y otras. Son las mujeres en realidad dependientes
de los servicios sociales, tanto como consumidoras que como trabajadoras.

Siguiendo algunas autoras (por ejemplo, Anttonen, s/f) esta visión se puede considerar como una alternativa de la de
bienestar pluralista.

Ambas visiones están profundamente ligadas con la vida de la mujer y sus elecciones. Las políticas sociales del
“Estado amigo de la mujer” están referidas no sólo a la mujer, sino también a las personas dependientes de ella.
Dicen algunos estudios que, de todos modos, tales políticas “visibilizan el mundo femenino”, pero esa visibilidad se
hace a través del prisma masculino.

Los estudios apuntan que ese tipo de estado escandinavo es una posibilidad en la creación de una sociedad más
igualitaria en cuanto a los sexos. Sin embargo, no ha originado ningún cambio radical en los patrones de los sexos,
aunque ha roto el modelo de hombre que gana el pan y de la mujer ama de casa.

Desde el punto de vista del status económico de las mujeres hubo avances en los años de “gloria” del Welfare State:
la participación femenina en el mercado de trabajo creció en 80%, representando un patrón más alto que el de los
hombres en el resto de Europa. Eso se debe a que las guarderías públicas cubrían cerca del 50% de los niños
pequeños en Dinamarca y en Suecia, y las provisiones eran generosas para el auxilio de la maternidad y las licencias
de maternidad y paternidad.

No obstante, a pesar de permitir la armonización de fertilidad y vida profesional, la disminución de la diferencia de


ingresos entre hombres y mujeres, tuvo su lado negativo, incluso en su época de oro: las mujeres estaban
concentradas en empleos de medio período en el sector público, mientras que los hombres se concentraban en el
sector privado.

También las tasas de desempleo se elevaron, “…desgastando la credibilidad básica del antes celebrado modelo
social demócrata y, particularmente, de su estilo militante de ‘inversión social’ (Esping-Andersen, 1995: 89)”.

Aunque en las últimas décadas ha habido avances en relación con la disminución de la desigualdad formal entre
géneros, en los países donde más se desarrolló el Welfare State, algunas diferencias todavía permanecen, en
realidad, y ello demuestra que las mujeres no han alcanzado una ciudadanía económica y social.

Estas consideraciones son relevantes para la comprensión de las políticas sociales dirigidas a la mujer en el
socialismo cubano y de los contrapuntos de las diversas lógicas de los dos sistemas, el capitalista y el socialista.

230
La propuesta metodológica de la investigación

El diseño metodológico del estudio privilegiará la pesquisa cualitativa, basada en el análisis de documentos, en la
producción teórica sobre el tema mujer y en el contenido de las entrevistas con expertas, dirigentes y usuarias de los
servicios sociales.

Para complementar el análisis cualitativo se utilizaron datos cuantitativos, con indicaciones estadísticas disponibles
en los organismos públicos y en las investigaciones realizadas por estudiosas de la temática. Este procedimiento
analítico-metodológico permite un proceso continuo de confrontación de datos y de construcción de interrelaciones
de los resultados.

El énfasis en una perspectiva cualitativa se justifica porque el estudio intenta captar, interpretar y explicar el
carácter relacional de los hechos que conforman la realidad del bienestar, tomando en consideración la historicidad,
el movimiento y la dinámica de esa realidad en su complejidad. Además, tal realidad se manifiesta más de manera
cualitativa que cuantitativa, lo que dificulta la utilización exclusiva de procedimientos de manipulación exacta.

El procedimiento analítico-metodológico, auxiliar al análisis cualitativo,permitió un proceso continuo de


confrontación de los contenidos de las entrevistas, de la producción sobre el tema y de los datos estadísticos
disponibles en diferentes coyunturas post-revolucionarias que

Cuba ha atravesado, relacionándolas, además, con los soportes conceptuales y las categorías de análisis que sirven
de eje analítico a la investigación. El proceso de ésta transitó por dos momentos previos: el de revisión de la
literatura especializada para construir un cuadro teórico de referencia sobre la experiencia capitalista de bienestar
dirigida a las mujeres; y el del análisis documental de las directrices gubernamentales y de los programas
elaborados en el contexto de las políticas de bienestar cubanas para la mujer en los Ministerios de Educación, de
Trabajo y Seguridad Social y de Salud y en organizaciones como la FMC, FLACSO, INIE, CIPS y la Universidad
de La Habana.

En la investigación de campo, la recogida directa de los datos e informaciones se limitó a Cuba, como la unidad
privilegiada de análisis, junto a informantes seleccionadas: expertas y dirigentes. Se utilizó la entrevista con
expertas y dirigentes de diferentes áreas del conocimiento y de diferentes centros de trabajo.

Para ello se elaboró una guía con el objetivo de dirigir a las entrevistadas hacia los temas que deberían ser
analizados, con anterioridad al día de la entrevista. Ésta era grabada con previa autorización, sometida al proceso de
transcripción y devuelta a la entrevistada para probables correcciones o comentarios adicionales.

La aplicación de la guía no ocurrió de manera rígida. En la gran mayoría de los casos se recogieron las
informaciones, los criterios, los reclamos y opiniones que extrapolaron los ítems ahí colocados y que sirvieron de
elementos para el análisis de las políticas sociales de una manera más viva. Las informaciones obtenidas, frutos de
ese diálogo entre investigador e investigado, también permitieron analizar cuestiones relativas a la identidad

231
femenina cubana, al patriarcado y su manifestación, al machismo, a la participación de la mujer en la sociedad, a los
logros alcanzados y por alcanzar, entre otros aspectos.

Fueron entrevistadas veinte mujeres, entre especialistas que se dedican al tema de que trata este estudio y dirigentes
de diferentes organismos teniendo la preocupación por obtener una representatividad de las distintas áreas de
elaboración y ejecución de las políticas sociales.

Para la realización de las entrevistas no hubo preocupación estadística con el número de entrevistadas, pero sí con la
calidad y profundización de las informaciones suministradas.

En la utilización del material de las entrevistas, los testimonios eran confrontados con la documentación oficial y los
textos disponibles.

También varias conversaciones informales con dirigentes y conocedoras de diferentes organizaciones sirvieron de
fuente de información importante para el análisis.

De la guía utilizada para las entrevistas con expertas y dirigentes, se extrajeron los puntos principales de una guía
para las entrevistas con las usuarias de los servicios sociales en Cuba. En tanto, se optó por utilizar las
informaciones extraídas de una investigación 86 que servía a los propósitos de este estudio, además de considerar que
todas las mujeres entrevistadas también son usuarias de los mismos servicios sociales.

Para la compilación de las informaciones se utilizó un esquema que facilitó el análisis, de manera que se pudo
aprovechar el máximo de la riqueza de los datos de las entrevistas, los contactos y además se facilitó la interrelación
con los datos estadísticos.

El diseño metodológico realizado en este estudio es relativo a una situación particular y fue desarrollado paso a
paso, en la medida que así lo requerían las interrelaciones teórico-metodológicas, en un proceso de construcción y
profundización, en lo cual variables diferenciadas interferían de forma positiva o negativa en los resultados.

Así, la perspectiva metodológica se caracterizó por la búsqueda de interrelaciones entre los contenidos de las
entrevistas, de la producción sobre el tema y de los datos estadísticos disponibles sobre la realidad cubana en sus
diferentes coyunturas post-revolución, relacionándolas con los soportes conceptuales y las categorías de análisis que
sirven de eje analítico de la investigación.

El sistema cubano de bienestar post-revolución87

86
Se trata de un material inédito, una investigación en proceso de redacción, titulado “Mujer, revolución y políticas sociales”
de las profesoras María Ofelia Rodríguez y Teresa del Pilar Muñoz Gutiérrez, del Departamento de Sociología/UH.

87
Cuando se habla de post-revolución, se refiere al período que transcurre después del 1ro. de enero de 1959, en el que el proceso
revolucionario continúa su desarrollo por todas sus etapas hasta la actualidad.

232
El triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, abre un proceso de profundas transformaciones en todas las
esferas de la sociedad, que responde a dos etapas fundamentales reconocidas como características del proceso
revolucionario: la democrático-popular, agraria y antimperialista y la socialista (Documento del PCC, 1978: 38-47).

En este marco referencial y dada la necesidad de contextualizar las políticas sociales en relación con la mujer, se
intenta, preliminarmente, caracterizar el sistema 88 de bienestar cubano a través de las políticas sociales post-
revolución así como las consecuencias e impactos de esas políticas sobre la calidad de vida de la población.

Para hablar del bienestar social en el caso cubano es necesario, por tanto, hacer referencia al contexto histórico,
económico social y político en que dichas políticas se procesan. Para ello el presente trabajo se auxilia de una
periodización.89

Década del 60: los primeros años de la revolución

El balance de esta primera década permite afirmar que la racionalidad que primó en la formulación e
implementación de la políticas sociales estuvo inspirada en el logro de la igualdad. Es un momento de despegue de
las políticas sociales y de intensa movilización de masas, de inserción entusiasta de la población en organizaciones
barriales o sectoriales de fuerte compromiso con tareas relacionadas con la defensa, y en apoyo a las medidas
revolucionarias.

El Estado provisional constituido se convirtió en garante de derechos y proveedor social. Para ello redujo al mínimo
la propiedad privada en un espacio de tiempo muy corto e implementó un grupo de planes dirigidos a la
erradicación de la miseria, la insalubridad y el precarismo. Es un momento en que se favorece la espontaneidad y la
experimentación. La participación popular tiene un carácter consultivo y los servicios sociales a nivel nacional
irradiaban a toda la población.

El impacto de las políticas sociales es inmediato y se hace sentir de manera radical porque su espectro de acción es
muy amplio. Ellas se destinan de manera general a toda la población, y en especial a los pobres, y alcanzan a grupos
específicos de mujeres y niños.

Década del 70: el proceso de institucionalización

88
Se utiliza el término “sistema” como un conjunto o complejo de bienestar social que incluye las diferentes políticas, las legislaciones,
la burocracia, los derechos, o sea, toda su institucionalidad.

89
Se sabe que toda periodización es problemática porque los acontecimientos no están rígidamente ubicados dentro de los períodos. Pero,
por una cuestión didáctica, se presenta por décadas, aunque se destaquen algunos años considerados claves para caracterizar los cambios
que se produjeron en la sociedad cubana.

233
En términos de políticas sociales la lógica del logro de la igualdad continúa siendo la predominante en esta década,
con énfasis particular en la mejoría de los niveles de vida de la población, basada en la distribución igualitaria de los
recursos y el privilegio de los programas macro sociales (construcción de grandes empresas, carreteras, escuelas).

Es un momento de fortalecimiento de las conquistas sociales, con una tendencia hacia la homogeneización social,
una vez que las desigualdades fundamentales, en relación con la propiedad y la clase, están prácticamente
eliminadas.

La institucionalización reemplaza la espontaneidad y se produce un proceso de fortalecimiento y consolidación de


las políticas sociales, que se caracteriza por una fuerte dependencia estatal en cuanto a proyectos, recursos y
financiamientos.

Los recursos son relativamente abundantes y aliados a la voluntad política y a un escenario internacional favorable.
Hay un aumento de la centralización estatal que reafirma el papel del Estado como garante y a su vez continúan las
consultas populares, como pilar de la participación del pueblo cubano en los procesos globales de la Revolución.

Década del 80: rectificación de errores y tendencias negativas

La lógica que orienta las políticas sociales en esta década continúa marcada por el logro de la igualdad, con énfasis
en la elevación de los niveles de vida de la población, por lo que continúa el fortalecimiento de las políticas
sociales. Contradictoriamente, el modelo de desarrollo que produjo esa relativa bonanza comienza a dar los
primeras señales de desgaste. El modelo establecido hasta el 86 se va agotando, con resultados económicos que no
se corresponden con los gastos sociales, por eso se inicia el proceso de “rectificación de errores y tendencias
negativas” para intentar corregir este camino. La imagen del Estado como garante se va disolviendo, aunque
continúe con el suministro social, pero acorde con los recursos de que dispone, que ahora son menores. La iniciativa
personal se va perdiendo, pues los actores sociales beneficiarios se acostumbran a su cualidad de receptores de las
políticas sociales ante una gratuidad excesiva. Por esa razón hay una apelación al aspecto moral y al rescate de la
conciencia, todavía continúa el proceso de relativa homogeneización social.

Década del 90: la crisis y las medidas de impacto

Las políticas sociales se encaminan a un nuevo proceso de selectividad, distinto de aquél de los primeros años de la
Revolución, que se caracterizó por medidas radicales y masivas, especialmente en las áreas de educación y salud,
necesarias a la eliminación de las grandes desigualdades prevalecientes.

La selectividad de hoy, que también es dirigida a los destinatarios, se traduce en una mayor atención a la “población
en riesgo”, para la que se crean programas oficiales rutinarios de atención a determinados segmentos, como el de
ancianos, madres solas, capas de la población de barrios marginales. Son programas llevados a cabo por varios

234
ministerios y por trabajadores comunitarios locales, en los cuales participan las organizaciones de masas. Tal
selectividad sigue el mismo principio de la de ayer, en los destinatarios y no en los gastos y la atención. Es decir, se
da más oportunidades a los grupos desprotegidos para lograr el alcance de la equidad, 90 con la diferencia de que hoy
este segmento es muchísimo menor, lo que requiere sólo la intervención de sectores de órganos públicos y
organizaciones de masa en sus barrios y no las grandes movilizaciones y los programas de impacto de los primeros
años.Se puede decir que esta es una década en la que hubo una priorización de la recuperación económica y se
comprometió la universalidad y la gratuidad, aunque se hayan creado los programas para las atenciones a toda la
población en riesgo y el pago de algunos servicios fuera a precios muy bajos.No obstante, la búsqueda de la
igualdad basada en el principio de la atención a las necesidades humanas; el criterio social expresado en la
universalidad, gratuidad y carácter público de las políticas sociales y las formas de realización que obedecen a
mecanismos de formulación e implementación, basados en los intereses y necesidades sentidas de la población, son
hitos que marcan el sistema de bienestar cubano, como regularidades presentes en las diferentes décadas analizadas,
pese a las tensiones en los períodos de crisis entre los gastos sociales y los resultados económicos.

Mujer y políticas de bienestar en Cuba

La transformación de la mujer cubana en sujeto activo de la sociedad socialista ha resultado un proceso altamente
complejo y no exento de contradicciones. En los éxitos por ella alcanzados han tenido un significativo impacto las
políticas sociales diseñadas por la Revolución, básicamente en el sector de la salud, la educación y el empleo. Esas
políticas universales, pero a su vez dirigidas a la satisfacción de las necesidades básicas de segmentos particulares
de la sociedad, en este caso la mujer, han permitido que ellas puedan exhibir en la actualidad una situación social
que las ubica en la avanzada de los países subdesarrollados, y algunos de sus indicadores de desarrollo sean
comparables con los de países del primer mundo.

El logro de una plataforma social que, más allá de pensar el desarrollo social sólo de una manera general, incluyera
de manera especial a la mujer, se vincula en Cuba desde el punto de vista conceptual con la idea de la relación entre
la emancipación general de los explotados y los oprimidos con la de la mujer.

La emancipación de la mujer no es un resultado automático del desarrollo social, sino que debe propiciarse como un
proceso ininterrumpido cuyo fin sea eliminar los prejuicios, reconceptualizar los roles a desempeñar por ellas y por
los hombres, romper las barreras que excluyeron a las mujeres del ámbito público y de la producción social,
redimensionando su papel de reproductora de la vida.

Las políticas sociales dirigidas a la mujer en Cuba

90
El principio de la equidad, adoptado en este estudio, se caracteriza por alcanzar el objetivo de nivelar la posición de las
clases, ofertando más servicios a aquellos segmentos que más necesitan.

235
La propia función que desempeña el Estado cubano como gestor de la economía nacional, como regulador de las
medidas de trabajo y de consumo y de proveedor social, posibilita la distribución de los servicios sociales de
manera universal, pública y gratuita a través de políticas sociales. Así ese escenario ha posibilitado el ascenso de la
mujer a un papel protagónico en la sociedad cubana y ha constituido un reto para la implementación de las políticas
sociales. Por otra parte, también la naturaleza de las políticas sociales implementadas por la Revolución las hace
integrales, léase dirigidas a toda la sociedad y a grupos particulares –la mujer, entre otros–, teniendo como
característica centrarse en aquellos sectores básicos del desarrollo humano en Cuba, tales como el empleo, la
educación y la salud. En los testimonios recogidos en esta investigación se afirma que tales políticas influyeron
sobre la calidad de vida y la participación de la mujer, más positiva que negativamente, en cada una de las etapas
históricas que Cuba ha atravesado, y que cuando se realiza un balance de lo alcanzado por la mujer cubana este es
de signo positivo.

El expreso reconocimiento, desde el propio inicio del proceso revolucionario, de que la inmensa mayoría de las
mujeres cubanas estaba sometida a tres sistemas de opresión por la clase, por la raza y por el sexo y por lo que
afrontaban mayores desventajas, conllevó a la implementación de programas específicos para ese segmento de la
población.

En los primeros años de la Revolución la tarea más importante era la de organizar masivamente a la población en
escala nacional, darle un nivel cultural incluso para que se pudiera incorporar a los proyectos de transformación.

Las políticas fueron integrales y su impacto fue inmediato pues se hicieron sentir de manera radical y en sectores
amplios de la población.

No obstante, como la mujer era muy discriminada antes del triunfo de la Revolución, dichas políticas tenían
aspectos dirigidos básicamente a ellas y al alcance de la igualdad entre hombres y mujeres.

En la primera década del período post-revolucionario, como se analizó en uno de los capítulos anteriores, las
políticas sociales cubanas fueron dirigidas a la eliminación de la pobreza y de las clases para el alcance de la
igualdad, así se mezclaron políticas dirigidas a toda la población y las que fueron favorables a las mujeres que
vivenciaban una situación de inferioridad educacional, económica-social, de salud y político-cultural en la sociedad
cubana. Veamos estas afirmaciones:

Las políticas han sido más generales, más universales que dirigidas específicamente a la mujer, todos tienen derecho
a todo, tienen los mismos deberes, pero algunas políticas privilegiaron más a la mujer, como la de salud (testimonio
- experta).

Son políticas universales, pero con particularidades como en el caso de las prostitutas, las domésticas, las
campesinas. Fueron universales en el sentido que cubrieron a toda la población femenina pero sí eran selectivas
también en el sentido de poder diferenciar a la gente, que es muy importante (testimonio - experta).

236
El fenómeno de entender que había una lucha específica articulada con la lucha general, fue la primera concreción
del enfoque de género.

Fidel dice en 1959 que “aún dentro de las clases humildes las mujeres tienen una discriminación particular por el
lugar, la historia”, es decir, este fenómeno es una construcción social, en tanto la discriminación racial siempre
integró la teoría revolucionaria, no se llamaba género, se le llamaba para nosotros posiciones marxistas, posiciones
donde vinculábamos las leyes del materialismo histórico y dialéctico, es decir, que desde el marxismo tú tenías que
ver que los seres humanos estábamos influidos por determinados sistemas de opresión y discriminación, hombres y
mujeres, y que a las mujeres el desarrollo de las fuerzas productivas nos había en definitiva relegado, es decir, que
veíamos que en todas las sociedades clasistas desde su origen, desde el esclavismo pasando por el feudalismo,
pasando por el capitalismo, las mujeres teníamos, aún dentro de los explotados, posiciones discriminatorias, porque
las clases explotadas siempre copiaban a las otras. Incluso Engels decía que en la familia la mujer era el proletario y
el hombre el burgués en el sentido de que había una explotación, una opresión en la relación mujer – hombre
(testimonio - dirigente).

Con la Revolución de 1959 hay cambios importantes de roles, desde una convocatoria al estudio, a los programas en
los campos de la salud, la educación, el empleo, la vivienda, más tarde la elaboración

de los Códigos de la Familia (1975), de la Niñez y la Juventud (1975), con el gran objetivo de la superación de
hombres y mujeres en diferentes aspectos de la realidad social (testimonio - dirigente).

Desde que triunfa la Revolución el proceso de formulación e implementación de las políticas sociales se caracteriza
por un movimiento desde arriba, que cuenta con la voluntad política del gobierno revolucionario, y otro, por una
retroalimentación desde abajo, a partir de los intereses y necesidades de la población, ésta es, inclusive, una
afirmación que se repite en gran parte de los testimonios.

En los primeros años, planteado el objetivo estratégico de la eliminación de las causas generadoras de la pobreza, se
presenta la urgencia de implementar programas sociales que atendieran a las capas más vulnerables de la población,
y entre ellas se encontraba la mujer. En este momento hay, dentro de la universalidad del tratamiento, una
selectividad en los destinatarios132 para transformar los grupos de mujeres, domésticas, prostitutas, campesinas en
ciudadanas portadoras de derecho

El tratamiento del problema de la mujer se realizó de manera integral a partir de los sectores más importantes de las
políticas sociales: la salud, el empleo, la educación, estableciendo canales específicos para plantear las demandas y
concretar la participación. El Estado cubano convertido en garante de derechos y proveedor social comprendió la
importancia de la incorporación de la mujer como fuerza decisiva para el logro de la integración social.

En la salud se ha garantizado la salud del niño y de la madre, la cual, desde el punto de vista psicológico y
fisiológico, pone a la mujer en mejores condiciones para participar en la sociedad. La política educacional ha

237
permitido a las mujeres, desde las prostitutas de 1959 hasta después a todo lo largo de estos cuarenta años, poder ser
profesionales.

Educación, salud y empleo: un balance

Educación

La política educacional que posibilitó que la mujer cubana alcanzara los niveles referidos, se caracterizó por ser
universal, pública, gratuita y obligatoria hasta el noveno grado.

La reforma educacional post-revolución planteó tres opciones fundamentales que provocaron un impacto en la
elevación del nivel educacional de la mujer: la campaña de Alfabetización 91, la campaña por el sexto grado y la
campaña por el noveno grado. Según una de las entrevistadas,

“…la gran mayoría de las mujeres hoy, excepto quizás el uno por ciento, tiene un noveno grado”.

Veamos estos otros testimonios:

Dos momentos fundamentales marcan la reforma educacional post-revolución: uno, más focalizado, representado
por la campaña de alfabetización, donde la presencia de la mujer como educadora y alumna tuvo un papel
importantísimo. Otro, de articulación de una política a corto, mediano y largo plazo, a partir de determinados
principios que definen a la educación hasta hoy: carácter gratuito, universal y público y acceso a toda la
población.Se diversifican mucho las carreras, los estudios, los politécnicos, y se empieza a masificar la educación.
Se crea el programa para educación de adultos (testimonio - dirigente).

Se elaboraron, en los primeros años de la Revolución, planes especiales de educación y capacitación para las
mujeres prostitutas.

Muchas de ellas, después de esa etapa, iban a trabajar en un banco o como vendedoras del comercio o en algún
cargo burocrático. Con las mujeres jóvenes campesinas se hizo un programa que fue llamado “Ana Betancourt” 92–
eran llamadas las “Anitas” (testimonio - experta).

También el área de la educación en los años 60 introdujo la enseñanza obrero-campesina. Fue donde primero se
trabajó para lograr que alcanzaran el sexto grado con aulas en los centros de trabajo y en las comunidades, incluso
en los lugares más lejanos. Superada esa etapa, vino la batalla por el noveno grado. Actualmente hay una Facultad
Obrero Campesina para quienes deseen acceder al nivel superior o para quienes recibieron una preparación técnica
o de obrero calificado (testimonio - experta).

91
En el Programa del Moncada ya se había planteado erradicar el analfabetismo y el objetivo de que se le diera a los
iletrados la posibilidad de leer , de participar, de aportar sus criterios.

92
Ana Betancourt, nacida en Camagüey, fue la primera mujer, a finales del siglo XIX, que planteó la necesidad de la
emancipación de la mujer.

238
Dos acciones desarrolladas por la CTC fueron la creación de horarios especiales para posibilitar que la mujer
asistiera a las aulas de la Facultad Obrero Campesina, que se abrieron en todas las localidades y territorios del país,
y la discusión con las administraciones para el logro de la incorporación de las mujeres. Las campañas por el 6to. y
el 9no. grado fueron completadas con las opciones de continuidad de estudios en especialidades de técnicos medios
y obrero calificado, y la enseñanza universitaria. Sin embargo, las políticas sociales en el campo de la educación no
se limitan sólo al aumento del nivel de instrucción de las mujeres, sino que son completadas con otros programas

dirigidos a la elevación de la cultura general de este grupo social y a la transformación de su conciencia de género.

Con independencia de todos los esfuerzos educacionales, las políticas sociales en el socialismo cubano están
atravesadas por un tipo de tensiones relacionadas con las desigualdades por razón de género (hombre/ mujer), que
pasan a ocupar un importante papel cuando existen también diferencias de territorio (campo/ciudad).

La cuestión diferencial o selectiva se ve incluso por zona de residencia, por características de procedencia social,
características de la familia. En un estudio en Guanímar, un pueblo pequeño de la costa, al sur de La Habana, con
obreras agrícolas, en el año 1992, se constató que la educación de las niñas es mucho más difícil que otras de la
Ciudad de la Habana porque ahí hay una escuela primaria que cubre desde el preescolar hasta cuarto grado, para el
quinto y sexto grado la escuela no está en el poblado, por lo que para trasladarse a una escuela que está cerca, las
lleva un transporte diariamente, pero ya a partir de Secundaria Básica, ese pueblo está a 18 km. de Alquízar y tienen
que becarse a los doce años, para el séptimo, octavo y noveno grados, y muchas veces no quieren hacer el
preuniversitario, que debe ser becada, y va a depender del estímulo de la familia. La universalidad está activa, pero
hay otros factores que interfieren y muchas veces una selección “natural” (testimonio - experta).

Como este estudio de Guanímar, lo mismo ocurre en otras zonas semejantes.

En cuanto a la educación sexual, fue importante, en 1989, la institucionalización del CENEX a partir de una serie de
investigaciones sobre cuestiones relacionadas con la educación sexual por profesionales de diferentes áreas del
Ministerio de Educación, desde finales de los 70; así como a partir de planteamientos de la FMC sobre la necesidad

de que se trabajase con esta cuestión, y también de las resoluciones sobre la niñez, la juventud, la mujer y la familia,
del Primer Congreso del Partido. Se utiliza una metodología de trabajo participativo, educación popular, con
técnicas de dinámica de grupo, el dialogo, escuchando los criterios y opiniones de los grupos. Hay una perspectiva
de género en el trabajo del Centro, y en las diferentes asignaturas del plan de estudio de las diferentes enseñanzas
del Ministerio de Educación están incluidos contenidos de educación sexual apropiados para cada una de las edades,
con la utilización de métodos y lenguaje más adecuados para cada una de las edades. El Centro se dedica también a
la preparación de maestros y profesores en las provincias y municipios, donde hay una comisión homóloga, que
cuenta con la colaboración del ICRT a través de la programación de radio y televisión. A la población llegaba la
información sobre la sexualidad a través de una serie de libros, como Mamá, papá y yo, ¿Piensas ya en el amor?, El

239
hombre y la mujer en la intimidad y Crecer en la adolescencia. Esa tarea se dificulta por la crisis económica, lo que
ha disminuido la cantidad de material necesario para la impresión de los libros.

Los diferentes programas de educación sexual se han unificado con un objetivo fundamental: la disminución del
aborto voluntario entre las adolescentes, y para ello hubo un financiamiento del Fondo de Población de Naciones
Unidas. Estos programas inciden principalmente sobre la población adolescente entre los 14 y 18 años ya
cumplidos, a pesar de que la amplitud de atención de la Organización Mundial de la

Salud se aplica entre los 10 y 20 años.

Tanto en el programa “Crecer en la adolescencia” como en “Mi proyecto de vida” se realiza una evaluación crítica
de los adolescentes desde el punto de vista metodológico y se desarrollan evaluaciones, por un grupo de trabajo, que
permite darle seguimiento a esta cuestión. Otro programa que lleva a cabo el Centro es “Para una maternidad y
paternidad conscientes”, coordinado por el Ministerio de Salud Pública, y, desde el punto de vista metodológico
educativo, por el Centro. Se evalúan estos programas como importantes en el sentido de erradicar culturas
“arraigadas” porque en la cuestión de la sexualidad hay muchos tabúes y por eso, según las entrevistadas, hubo
necesidad de una sistemática preparación de los profesionales que trabajaban en todas las provincias. “En el año
1976 se implementan programas relativos a la educación sexual para orientar las mujeres en la planificación de los
embarazos, en el nacimiento de los hijos de acuerdo con su voluntad, en cuestiones de sexualidad y
reproducción”(testimonio -experta).

Hay también programas educativos por la televisión, como “Para la vida” en el área de Educación, y “Hablemos de
Salud”, donde el grupo de Educación para la Salud del Ministerio de Salud Pública tiene un papel importante.
Ambos programas son coordinados por mujeres.

Se desarrollan programas educativos con adolescentes en las escuelas, con corte de tipo comunitario, donde se
integran la escuela y la comunidad, representadas por las organizaciones de masas.

A finales de los 80 son creadas las Casas de Orientación a la Mujer y a la Familia –un programa de la FMC para dar
orientación, asesoría, capacitación y apoyo a las mujeres en términos variados, como temas relacionados con la
familia, relaciones de pareja, divorcio, bajo diferentes prismas disciplinarios: psicológico, jurídico, sociológico, etc.

Referido a la cultura, la Revolución permitió que los artistas, hombres y mujeres, hayan podido desarrollar su
talento artístico, y hay una gran presencia de mujeres en todas las esferas del arte, con alguna excepción en el cine.

En el área cultural, la UNEAC desempeña un papel importante, no sólo para el fortalecimiento de la proyección
nacional e internacional de Cuba, sino para introducir el enfoque de género tanto en sus actividades culturales como
en los programas de la televisión y en todas las manifestaciones artísticas. Se promueven debates en temas que
tradicionalmente han resultado tabúes como la violencia, y se continúa profundizando en otros como el empleo
femenino, la imagen de la mujer en los medios, a través de seminarios, conferencias, realización de videos, etc.

Salud

240
La atención a la salud de la mujer ha sido objetivo presente en todos los programas desarrollados en este sector. Ello
obedece al doble carácter que como sujeto social ella tiene en este proceso: como receptora de los servicios de salud
y como promotora de dichos servicios.

A inicios de la Revolución resultó importante el papel que desempeñaron las mujeres incorporándose como
voluntarias en los planes masivos de vacunación y tomando clases de primeros auxilios como parte de la
preparación para la guerra. Siempre fue política del Ministerio de Salud Pública, a través de las formas
organizativas establecidas, dar prioridad en la atención a las mujeres y a los niños. Ello se concreta en el enfoque
central de los programas93 de ese Ministerio, como en el de Salud Reproductiva.

Se trata de un trabajo intersectorial, articulado con diferentes instancias, y, según una especialista del MINSAP, esta
dinámica hace posible alcanzar los resultados, por ejemplo, en los índices de las tasas de mortalidad infantil y de
mortalidad materna, que hasta ahora presenta, respectivamente, un promedio en el país de 2,2 por mil nacidos vivos
y de 21,6 por 100 000 nacidos vivos (Documento/MINSAP, 1998).

Esos índices se redujeron mucho desde el Triunfo de la Revolución.

Contribuyen en ese trabajo diferentes organismos, como la FMC en todas las provincias, la CTC, los sectores del
Ministerio de Educación, los CDR, los organismos culturales, el Ministerio de Trabajo, para citar los principales.

Según Fleitas (2000: 14), la cobertura que el sistema de servicios de salud sexual y reproductiva cubano brinda no
sólo descansa en su gratuidad sino también en un proceso de extensión de sus servicios que cubre todos los niveles
de atención y llega a todas las regiones del país, aunque su expansión regional todavía conserva ciertas
desigualdades favorables a las regiones más urbanizadas, la atención con un mínimo de calidad está garantizada con
la presencia de instituciones que cubren casi todos los servicios de esta área de las prácticas médicas. El hecho de
que en el país en 1994 el 99,8% de los niños nacieran en hospitales es un indicador que habla de esta cobertura.

El MINSAP comenzó hace años a trabajar teniendo en cuenta el enfoque de género; por ejemplo, en sus datos
estadísticos se utilizan por separado los datos según el sexo, o sea, la salud de la población, las enfermedades, las
causas de muertes entre mujeres y hombres.

En las estadísticas internacionales se plantea que la mortalidad femenina es mayor en cáncer mientras que las de
hombres es mayor en enfermedades cardiovasculares, sin embargo, en el caso cubano la mortalidad femenina, con
relación al cáncer es mayor entre hombres que entre mujeres, y tiene que ver con los programas de prevención de
cáncer de mama y cérvico uterino, que hizo bajar la tasa de mortalidad por cáncer entre las mujeres. “Actualmente,
llevando en cuenta la necesidad de una atención permanente para la solución de los problemas de salud de la mujer,
programas con enfoque de salud reproductiva van encaminados a ser introducidos en la atención primaria de salud”
(testimonio - dirigente).

93
Los otros programas del MINSAP son: los de prevención del cáncer cérvico uterino y de mama, el de lactancia materna,
el de maternidad y paternidad consciente, el de atención materno-infantil y el de vacunación masiva.

241
Un programa implementado desde los años 70 es el de los Hogares Maternos, con el objetivo de reducir la
mortalidad materna, especialmente en las zonas de las montañas. Es como una institución intermedia entre la casa y
el Hospital y se ha contado con el apoyo de la ANAP y de la FMC. Del trabajo en las montañas la idea se expandió
también para las ciudades.

Según especialista del MINSAP, en entrevista de 1998, había en esa ocasión 228 hogares maternos en 169
municipios, con servicios totalmente gratuitos, la casa, la comida y la atención médica, también conferencias
educativas y de orientación. Y también hay consultas de planificación familiar para el hombre y la mujer y para
parejas sin hijos que desean tenerlos. “Los hogares maternos atienden al 30% del total de mujeres embarazadas, que
son las que necesitan de cuidados de más cerca, temporales o permanentes.

Cuando tienen hijos chiquitos también hay quien se encargue de ellos en cuanto la mamá ingrese” (testimonio -
dirigente).

El intervalo más frecuente, de las mujeres en los Hogares Maternos, es entre las 22 y 36 semanas, según especialista
del MINSAP.

La tasa de mortalidad materna era muy alta en el año 1965, de 37 % y a partir de 1965 cuando se permite el aborto
por el Ministerio de Salud, empieza a reducirse la tasa de mortalidad, posible por los programas que permitían el
aborto y, principalmente, por las orientaciones que se brindaban por la política de salud (testimonio - experta).

La mujer campesina fue muy beneficiada, sobre todo por las políticas de salud que se fueron extendiendo al campo,
porque las mujeres campesinas tenían situación más precaria que las de las ciudades (testimonio - experta).

La institución del médico de la familia es factor fundamental que contribuye al bienestar de la mujer, tanto para su
propia atención médica y de su familia como fuente de empleo y afirmación profesional. En el 96 representaban el
61,8% del total de esa especialidad (Fleitas, 2000: 15).

La educación y la salud son sectores feminizados en Cuba, ahí la participación de la mujer es masiva. En la salud,
sobre todo en medicina general, y en la educación hasta los niveles de educación superior. Son sectores priorizados
para la atención y acceso a los servicios sociales que se ofertan. Si una madre es profesora de la enseñanza primaria
o media o superior o es médica, tiene prioridad en la solicitud, por ejemplo, de círculo infantil para su hijo, de
acuerdo con las capacidades de las plazas en los municipios (testimonio - experta).

Dentro de los programas relacionados con la política de salud está el de “Paternidad Responsable”, coordinado por
el Centro Nacional de Educación Sexual del Ministerio de Salud Pública, pero que lo dirige la FMC también. La
Federación busca el financiamiento con los organismos internacionales para apoyar todo el desarrollo de estos
programas. También el programa “Hablemos de Salud” tiene un papel importante en la orientación de la salud de la
población y particularmente de la mujer” (testimonio - dirigente).

La Organización Mundial de la Salud reconoce los logros de Cuba en el área de la salud y hace poco tiempo en
Ginebra se le otorgó la medalla de cumplimiento de las metas del año 2000; es un reco- nocimiento a un país

242
subdesarrollado, bloqueado y que le cuesta trabajo conseguir crédito. Cuba tiene dos reconocimientos indiscutibles
internacionales, que son la educación y la salud con índices de primer mundo (testimonio - dirigente).

Empleo

Los diferentes programas desarrollados por la Revolución dirigidos a la incorporación de la mujer a la fuerza
laboral se han caracterizado por la igualdad en relación con los hombres en cuanto a posibilidad de acceso y
remuneración; para no confinarla a empleos tradicionalmente femeninos, sino, por el contrario, para lograr una
diversificación; e incluso en períodos de crisis se trató de no relegar a la mujer al ámbito privado.

Estos programas fueron precedidos, como se ha puesto de manifiesto en este estudio, de una etapa de calificación
que situara a la mujer en condiciones de igualdad con el hombre para acceder a las ofertas de empleo. “Luego, a
principio de la Revolución, se fueron identificando cuáles eran las direcciones de trabajo de las organizaciones
existentes y en el caso de la Federación se puso su acento en la emancipación de la mujer y a partir de ahí se fueron
identificando por territorio los problemas más importantes. La incorporación de la mujer a la vida laboral, en
sentido general a la vida pública, fue una de las estrategias más importantes” (testimonio - experta).

Según algunas entrevistadas, se llegaron a elaborar leyes en los años 60, que después se volvieron contra las propias
mujeres y se convirtieron en discriminatorias. En La Habana la FMC y la CTC crearon puestos preferenciales para
las mujeres sin preparación técnica y profesional, en el comercio se hizo un movimiento donde hubo 25 mil
hombres que renunciaron a sus puestos y fueron a otras labores más pesadas desde el punto de vista físico para
favorecer la incorporación de la mujer en el comercio. En 1964 empieza la incorporación masiva de las mujeres con
la creación de estos puestos preferenciales y ya en el año 1968 las mujeres se incorporaban y se desincorporaban
porque no había incentivo financiero.

En ese mismo año las dos organizaciones iniciaron otro trabajo, consistente en visitas a casa por casa para
convencer, en primer lugar a las mujeres mismas, al padre, al novio, al esposo de la mujer y a la sociedad como un
todo, de que el trabajo era necesario, que la mujer era un trabajador más de la Revolución. También se propusieron
incorporar 100 mil mujeres por año desde el 1968 hasta el 1978, pero se incorporaban 100 mil y se iban 70 mil,
todavía se daba un salto positivo a cada año entre las que se asentaban y se consolidaban en el trabajo.

Del año 1959 hasta el año 1967 hubo una serie de experimentos de cómo incorporar a la mujer cubana al empleo
femenino, sobre todo a las personas de menor ingreso: las prostitutas, las domésticas, las campesinas (éstas
trabajaban más bien ayudando al marido, no como trabajadora con derecho a un sueldo y beneficios). En el caso de
las prostitutas fue una labor de reeducación, se les reorientó a cambiar una forma de trabajo que era muy denigrante.
El plan “Elena Gil” se dirigía a la calificación de mujeres domésticas y prostitutas para trabajos en plantas
telefónicas, como choferes de taxis, etc. Otro plan fue “de domésticas a compañeras” para las empleadas
domésticas, a través de entrenamiento para ser choferes de taxi o empleadas bancarias (testimonio - experta).

243
Considerada por muchas de las entrevistadas como una gran experiencia fue el plan “Ana Betancourt” a través del
cual se traían a las muchachas jóvenes campesinas de la Sierra Maestra, de las montañas a La Habana a estudiar
corte y costura. Así consta en estos testimonios:

La FMC en los años 60/61 hizo en realidad un llamado muy tradicional para las mujeres que iban a aprender corte y
costura. Este llamado, en realidad, fue más que eso, fue una Escuela de Superación, pues cuando regresaban al
campo iban cargadas con una serie de conocimiento de diferentes aspectos de la vida; se les daba una recalificación,
y también muchas se incorporaron a las industrias de confecciones textiles. Inclusive, en las estadísticas de la
década de 1960 el empleo disminuye en vez de crecer, porque hay en esa década un proceso de readaptación y
recalificación de las mujeres, y después de fines de 1960 a fines de 1970 y hasta en 1981, el empleo de la mujer
crece mucho más rápidamente que el del hombre (testimonio - dirigente).

Hubo otros planes, uno que duró de 1964 a 1966, donde las mujeres en la agricultura eran llevadas en camiones del
lugar donde vivían al lugar donde trabajaban y se costeaba un Círculo Infantil para que dejaran ahí los niños, y otro
plan, durante los años 1966/ 67, que fue el Banao, en la zona central del país, donde las mujeres iban a albergarse
durante meses, separadas de sus familias a trabajar en el campo, eso no dio resultado (testimonio - experta).

En inicio de los 70 dejaron de ser prohibidos o blanco de discriminación para la mujer algunos puestos de trabajo,
como el de cortadora de caña, por ejemplo, para mujeres que no tenían experiencia, profesión, y que tenían que
empezar por ganar confianza en sí mismas, eliminando las dificultades más elementales. Estaban en condiciones de
competir y lo que hacía era que frenaba a la mujer porque las plazas estaban destinadas a los hombres y las mujeres
no las podían ocupar y entonces las propias compañeras fueron las que plantearon que eso era algo obsoleto que
había realizado su papel y en la legislación, actualmente, eso no existe (testimonio - experta).

Después de esos experimentos, en los años 70 se elaboran diversas leyes: a) la Ley de Maternidad dentro del Código
del Trabajo (año 1974), que se ha ido modificando hasta la última modificación en los años de Período Especial
1992-93, por la que se le permite a la mujer permanecer con su puesto de trabajo cubierto durante un año cuidando
al niño, b) el Código de la Familia (1975), que establece la colaboración de ambos miembros de la pareja en las
tareas del hogar, c) la Constitución de la República de 1976, que plantea la igualdad de salario entre los sexos, d) las
Comisiones de incorporación y permanencia de la mujer en el trabajo creadas en el 1974 y revitalizadas en el 1996,
para asegurar que se le dé un trato diferenciado más favorable a la mujer (testimonio - dirigente).

Cuando empezó el proceso de rectificación de errores se estableció una política que creó condiciones para que la
mujer pudiera incorporarse a los Círculos Infantiles que fueron construidos, a los comedores escolares, los
comedores obreros, los planes para que los niños en la etapa de las vacaciones pudieran quedarse en la escuela, la
institución del médico de la familia. El 72 % son mujeres, sobre todo para cuidar de los niños pequeños y de las
personas de la tercera edad en los círculos de abuelos lo que posibilita que la mujer no se separe de la fuerza de
trabajo (testimonio - experta).

244
Se decide entre el 12 y 13 Congreso de la CTC en los años 80 que se creara un Frente Femenino en cada sección
sindical para que atendiera los problemas específicos de la mujer, y en tal sentido en el 13

Congreso hubo una resolución dirigida a la mujer trabajadora, tema ampliamente debatido, y quedó esclarecido
cuáles eran las funciones del Frente Femenino que se había creado en los años 80 en cada una de las secciones
sindicales, para la atención a los problemas directos de la mujer, para los problemas que afrontaba en aquellos
momentos, de menos calificada que el hombre y, por tal motivo, eso como política social lo asumió la Central de
Trabajadores de Cuba –la capacitación de la mujer, al crear condiciones para facilitar el horario de la trabajadora
para estudiar (testimonio - dirigente).

También la CTC, a través del Frente Femenino, se ocupaba de las condiciones de infraestructura física de los
lugares donde se incorporaba la mujer y los hombres la miraban con disgusto, no les creaban condiciones de baño,
por ejemplo, en la agricultura (testimonio - dirigente).

Antes del Período Especial se crea un programa alimentario, los organopónicos, huertos en áreas no ocupadas de la
ciudad, que se traduce en una fuente de empleo para la mujer.

En las Unidades Básicas de Producción Agropecuaria en el campo hay mujeres que ejercen la profesión de mayor
calificación como ingenieras, pero hay dificultad para trasladarse, porque las UBPC no están en el pueblo y, por las
distancias, hay dificultades cuando las mujeres tienen hijos pequeños.

Se desarrolla en el país, también poco antes del Período Especial, la industria médica farmacéutica, con gran
demanda de fuerza femenina.

En el año 1989 ya empieza la crisis y en 1990 ya se produce como una especie de meseta en los datos con relación
al empleo de la mujer, o sea, en plena crisis la participación de la mujer en la fuerza de trabajo no decrece
sustancialmente, y el hecho de que se mantenga estable en estos 8/9 años indica que no ha habido un retroceso. Tal
mantenimiento se debe a tres características principales: a) la mujer sigue participando en la fuerza de trabajo
profesional técnica, tendencia que empezó en el 78 y que sigue en la actualidad, b) prevalece una tendencia fuerte
dentro de los niveles educacionales de la población, donde el nivel educacional de la mujer es más alto y c) la mujer
está en todas las esferas de la economía, incluso en aquellas esferas consideradas en Cuba como empleos no
tradicionalmente femeninos como la agricultura, la industria azucarera y, fuera de Cuba, la Medicina y el Derecho.
“En la resolución del 17 Congreso de la CTC se aprobó que en los procesos de reordenamiento laboral de
racionalización de la fuerza había que tener mucho cuidado y sobre todo había que prestar una atención especial a
aquellas mujeres que eran el único sostén de su hogar, buscando ciertamente que la igualdad y la justicia social que
en nuestro país se conquistó no se vaya a perder en estos años de Período Especial y con estos procesos de
reordenamiento” (testimonio - experta).

245
En cada una de las provincias y en el municipio especial Isla de la Juventud hay un miembro de la CTC –
compañero o compañera– que atiende los asuntos femeninos, igual existe a nivel central y de las secciones
sindicales, un total de 19 sindicatos nacionales con estructuras en el ámbito provincial y municipal.

En relación con el empleo, a partir de la situación del Período Especial se decide restablecer las acciones de las
Comisiones Coordinadoras de Empleo Femenino,94 que ya habían existido en una etapa y que prácticamente se
habían desactualizado. No estaban desempeñando el papel que correspondía, en primer lugar que la mujer no
resultara afectada en los procesos de racionalización de la economía y en segundo lugar que se crearan condiciones
para nuevas fuentes de empleo propias para la mujer en esa etapa en que la actividad económica se ha deteriorado,
cuestiones que se analizan en cada territorio.

En el período especial se orientó que en los centros de trabajo se le diera un tratamiento diferenciado a la mujer
embarazada, se le incrementara la proteína, se le vendiera una ración doble de comida, se le vendieran algunos
artículos de mayor necesidad.

Hay una modalidad de trabajo a domicilio, aunque en una magnitud pequeña, limitada, fundamentalmente en las
industrias locales –se trata de trabajos de costura, de artesanía. Son vías utilizadas que favorecenla incorporación al
trabajo de las mujeres que tienen algún tipo de limitación para salir de su casa o por los cuidados de ancianos y
niños pequeños.

Hay por supuesto una política general de empleo trazada fundamentalmente por los Ministerios de Economía y de
Trabajo. Se trata de una estrategia global de acuerdo con las características del país, ahora con más dificultades por
el Período Especial, y dentro de ella se canaliza qué tratamiento dar al sector femenino con el objetivo de no
retroceder en lo alcanzado. De ahí surgieron ideas como la de estructurar la creación de empleos, saber cuántos se
pueden crear en cada territorio, la implantación de programas como el de las madres solas, la necesidad de
rearticular las comisiones coordinadas de empleo femenino y diseñar en cada uno de estos programas cómo va a ser
el tratamiento específico a la mujer.

La jubilación de la mujer se da con 55 años y la del hombre con 60, aun cuando el promedio de vida de la mujer en
el país e internacionalmente es muy superior al del hombre; también existe una pensión por causa de muerte del
marido, a la que tiene derecho la viuda si no trabaja, y si trabaja puede recibir el salario de ella más el 25% de la
pensión del cónyuge que le corresponde en este caso.

En los centros de trabajo con una cierta cantidad de trabajadores se ha logrado que radiquen un médico y una
enfermera, y en muchos centros también tenemos el servicio de estomatología como un servicio de medicina
preventiva. Esto beneficia en gran parte a

94
Se trata de una comisión mixta gubernamental y civil, con la participación de los sindicatos de la CTC y de la FMC, que
funciona a nivel de municipio y que es presidida por la delegada del Ministerio de Trabajo.

246
las mujeres porque se da seguimiento a la prueba citológica, a la detección precoz del cáncer de mama, del cáncer
uterino; se le orienta para que se haga el autoexamen de mama. En el país hace algunos años se adquirieron algunos
equipos que eran ambulatorios y estos equipos hicieron un pesquisaje masivo a toda la población para el cáncer de
mama, y estos se ubicaron en centros de trabajo. Los médicos del centro llevan el control de la vacunación, se
instauró la gimnasia en las pausas laborales, en coordinación con el INDER (Instituto Nacional de Deportes,
Educación Física y Recreación), con la presencia de instructores de educación física, sobre todo en centros donde
trabajan sentadas, en fábricas (testimonio - experta).

En la medida en que se recupera la economía se van rescatando los servicios que se habían perdido y que tanto
beneficiaron a la mujer, como los servicios de lavanderías, tintorerías.

Las políticas sociales dirigidas a la mujer son parte de un proyecto global de desarrollo humano, en el cual el
hombre también es contemplado.

La gran diferencia en el socialismo cubano está en que las mujeres son atendidas como seres humano y como
género, a partir de sus necesidades específicas y tomando en cuenta las desigualdades generadas históricamente, las
cuales, en lo privado, han sido más difíciles de desaparecer.

Conclusiones

El análisis de las políticas sociales dirigidas a la mujer en las esferas de la educación, la salud y el empleo, teniendo
como telón de fondo el bienestar, fue realizado en el estudio a partir del enfoque marxista.

Tal enfoque permitió realizar el estudio desde una perspectiva comparada que posibilitó establecer contrastes de
paradigmas para cualificar las divergencias y convergencias (saber cuáles son y cómo se dan) y entender la
diversidad y también la unicidad que subyace en el proceso cubano de transformación social post-revolución.

La preocupación de no caer en esquematismos contribuyó a la combinación de un sistema de análisis general


(sistema de bienestar cubano), con una perspectiva particular de análisis (las políticas sociales dirigidas a un
segmento específico), y se constituyó en herramienta fundamental para la realización de un análisis dialéctico de la
realidad cubana en torno al bienestar.

Intenta este estudio contribuir a la introducción de la temática en las Ciencias Sociales cubanas al presentar el tema
desde una arista no acostumbrada: la Política Social es estudiada desde un punto de vista integral y enfoca la
cuestión de género en particular. Indaga también sobre el bienestar en el socialismo, que en general ha sido visto
como consecuencia natural del desarrollo de las fuerzas productivas, y brinda información sobre el debate teórico
que, desde el marxismo, se ha producido sobre el bienestar.

Según la teoría de Marx:

– La explicación de la relación entre bienestar y sociedad es totalizadora.

– El bienestar es concebido como una norma social basada en valores de solidaridad y cooperación.

247
– El bienestar se manifiesta concretamente en el reconocimiento de la existencia de necesidades humanas, o sea, es
central la idea de una sociedad, de un modo de producción y de distribución de los recursos basados en la
satisfacción de las necesidades humanas.

– En el pensamiento marxista sobre el bienestar, los elementos estructurales básicos, a través de los cuales la
riqueza y la pobreza son producidos y distribuidos, bajo el modo capitalista de producción, son: la propiedad
privada sobre los medios de producción; la producción para el lucro; la propiedad privada y la herencia; la
asignación de los ingresos y recursos a través del mecanismo de mercado, y el dominio del mercado niega
necesidades y solidaridad.

– La coerción y competencia, más que la cooperación y solidaridad constituyen la raíz de la organización


capitalista.

De esta manera, hay una diferencia entre la lógica que orienta los sistemas capitalista y socialista de bienestar, que
está dada por su principio, su criterio y sus formas de realización:

– En el socialismo el principio se basa en la satisfacción de las necesidades básicas sobre la base de la igualdad,
contraria a la lucratividad económica propia del capitalismo.

– El criterio social, en el socialismo, con características de universalidad, gratuidad y suministro social, se


contrapone al criterio económico del capitalismo, que en última instancia sigue la lógica de la acumulación
capitalista, combinación entre lo público y lo privado en el suministro social y selectividad en los gastos y en la
cobertura de los servicios y los beneficios, contraria a la selectividad en los destinatarios, típica del socialismo.

– Los mecanismos de formulación e implementación de las políticas sociales socialistas son basados en las
necesidades sentidas y en la participación (consultas populares para la búsqueda del consenso), y en el capitalismo
va a depender de los intereses divergentes, de la correlación de fuerzas que se establece. Hay también mecanismos y
canales de participación formales e informales, como en el socialismo, pero van a depender del juego de fuerzas
sociales en lucha. En el socialismo hay un movimiento desde arriba que cuenta con la voluntad política, y otro
desde abajo, caracterizado por una retroalimentación a partir de intereses y necesidades sentidas. Este movimiento
en el capitalismo está atravesado por los antagonismos existentes en una sociedad dividida en clases.

En cuanto a la Política Social, esta no es un fenómeno esencialmente capitalista, sino también socialista. Entre
ambos sistemas existen diferencias sustantivas en sus políticas sociales respecto a principio, criterio y formas de
realización, como ya se afirmó, y a sus impactos específicos en el bienestar de la mujer. En el socialismo las
políticas sociales son atravesadas por tensiones entre los resultados económicos y los gastos sociales y por otros
tipos, como diferencia de género, de territorios, de estratificación socio-cultural.

En este sentido, la Política Social no debe ser entendida como un simple acto del gobierno o expresión de su
racionalidad técnico administrativa, sino como resultado de un proceso dialéctico de determinaciones
estructurales/supraestructurales y coyunturales, donde están en juego intereses excluyentes, dentro de un cuadro de

248
reciprocidad y antagonismo. El punto de inflexión que marca la diferencia está en la lógica distinta que orienta la
relación entre Estado y sociedad –el principio, el criterio y las formas de realización– y que genera tensiones de
naturalezas distintas.

Cuanto más dirigida por valores sociales socialistas, la política social tiende a ser más universal, incluso en época de
crisis económica.

Existen dos grandes tendencias: una selectividad en los destinatarios para atenderlos mejor, que es lo que llaman
“discriminación positiva”, o sea, se discrimina lo que es más pobre para darle prioridad y para atenderlo mejor; y la
otra, una selectividad en los recursos y en la prestación de los servicios, adoptada por el neoliberalismo, y que tiene
como consecuencia la focalización de la atención en la pobreza extrema, que también genera estigma en la atención
y termina por seleccionar los destinatarios.

Actualmente, se colocan dos puntos centrales en la literatura pluralista de bienestar, que son la descentralización y
la participación, cuestiones que también son planteadas por el socialismo cubano. La descentralización es
representada no sólo por el ofrecimiento de los servicios desde el gobierno central al local, sino, y principalmente,
por la potenciación de las fuentes de ayuda informal y voluntaria desde la misma comunidad. Esta
descentralización, en el capitalismo, está relacionada con la participación, pero reducida, pues se circunscribe a
nivel vecinal. Y es poco probable que lleve al ejercicio de poder político en los contextos nacional y regional o
inclusive local, porque el poder tiene una base clasista y se edifica sobre las estructuras económica y social y
dificulta la acción política. En la descentralización del socialismo cubano, la participación de la sociedad en el
proceso como proveedora social se basa no sólo en el aporte de recursos humanos, sino, además, en la gestión que
el gobierno impulsa, aportando recursos financieros y también humanos, y recursos de fuentes internacionales.

La participación contiene un sentido de pertenencia y mejoramiento social. La tensión de la decentralización, en el


socialismo cubano, está entre la voluntad política y la posibilidad de recursos para hacerla efectiva.

Sobre la política social se constató que en Cuba estuvo apoyada desde el inicio en un conjunto de objetivos
considerados fundamentales, tales como:

La concepción del desarrollo integral: unidad y vinculación entre los aspectos económicos y sociales con la
distribución equitativa de los ingresos y mantenimiento de la justicia social.

– La aplicación de una política social única a través de la acción centralizadora del Estado que garantiza la
concentración y distribución de los recursos.

– La garantía de la participación popular, a través de las organizaciones sociales y de masas.

– La necesidad del tratamiento preferencial a través de políticas especiales aplicadas a segmentos sociales que
presentaban limitaciones desde la etapa prerevolucionaria: niños, ancianos, mujeres y habitantes de zonas rurales.

249
– La priorización de sectores de políticas sociales como educación, salud, empleo, así como de programas de
construcción de viviendas, de abastecimiento de bienes de consumo, programas culturales y deportivos.

Eso demuestra la relación entre los objetivos direccionales de las políticas y el resultado alcanzado en cada una de
las esferas de desarrollo. En las tres primeras décadas el Estado es el único proveedor de los recursos,
financiamientos en la economía, aunque su imagen como garante haya sufrido un desgaste especialmente a partir de
1986. También en las tres primeras décadas se invirtieron recursos y se consolidaron los programas sociales a nivel
macro, relativos a los tres sectores de políticas sociales analizados –educación, salud y empleo– en un período de
relativa abundancia. Sin embargo, aunque en los 90 pierda su hegemonía con la entrada de inversiones extranjeras,
en el suministro de los servicios sociales básicos no delega esta función, sino la comparte con otros actores sociales,
como las propias organizaciones de masa a nivel local. Según dice Marx, el objetivo de la sociedad socialista es la
transformación en una sociedad de bienestar, y en el período de transición la producción está todavía atada al
trabajo, aunque los servicios sociales y la distribución sobre las necesidades humanas se constituyan componentes
fundamentales.

Fue analizado que las políticas de género, por su vocación de no centralidad, son políticas sociales que atraviesan
los más diferentes ámbitos de intervención social que conforman tales políticas, tanto en el capitalismo como en el
socialismo. Sin embargo, la posición neoliberal pone énfasis, por ejemplo, en una igualdad que es formal entre los
sexos, o sea, defienden que mujeres y hombres deben ser tratados igualmente y que el poder del mercado es
suficiente para crear oportunidades iguales y, por lo tanto, la mujer no necesita ninguna protección especial.

En términos de bienestar en general, la Revolución Cubana puso énfasis en el alcance de la igualdad de clase social,
pero no abandonó los aspectos de desigualdades por género. Las diferenciaciones en relación con el género, y según
la estratificación sociocultural (no propiamente clase social), también tienen sus características, según los momentos
históricos que ha atravesado Cuba, de los primeros tiempos del triunfo de la Revolución hasta hoy, pero marcada
por la existencia de una invariante, el patriarcado. Ejemplos se encuentran en cuestiones que se analizaron en este
estudio, como la relación entre “el mundo público y el mundo privado”, la asunción de los cargos de dirección, el
machismo como manifestación del patriarcado, cuestiones que presentan diferencias y semejanzas entre los dos
sistemas, el capitalista y el socialista.

Las respuestas del Estado y de la sociedad a través de los tiempos –por la propia desigualdad histórica y
socialmente construida– han sido discriminatorias en relación con hombres y mujeres, y en la mayoría de los casos
los beneficios para la mujer se originan de su vínculo de dependencia con el hombre, sea padre o marido. Esa
discriminación tiene que ver con los papeles atribuidos diferencialmente en el hogar, en la calle, en el trabajo y en
otras esferas de la actividad humana, que impiden que la mujer sea titular de derechos civiles, políticos y sociales
por sí misma en cuanto ciudadana.

En Cuba, la participación en las dos dimensiones de la vida –en la producción económica y en la producción
antroponómica– presenta algunas características distintas y otras semejantes: las mujeres en el capitalismo, en una

250
proporción considerable, especialmente cuando la economía entra en crisis (véase crisis del Welfare State), son
orientadas al mercado informal de trabajo y reciben más bajos salarios en trabajos de bajo prestigio social, y
también son las que pasan más tiempo desempleadas, aunque haya medidas de empleo y beneficios de desempleo;
predomina la producción antroponómica y están más lejos de alcanzar la equidad en la producción económica.

En contrapartida, en Cuba no hay una discriminación en lo relativo a los salarios y un confinamiento a empleos
tradicionalmente femeninos. Sin embargo, el mercado laboral también es estructurado por normas masculinas que
dificultan conciliar el trabajo productivo y el reproductivo –ejemplo es la baja participación de las cubanas en
cargos de niveles más altos de dirección, inclusive en la representatividad política, lo que, paradójicamente, en
Escandinavia ocurre en mayor grado, con una de las más altas representatividades políticas del mundo. En ese
sentido parece ser que la tecnología en los servicios sociales, que agiliza el trabajo de las mujeres en esos países,
ayuda a conciliar el mundo público y el privado, pese el hecho de que las mujeres, para usar las palabras de una
entrevistada cubana, son las que “aprietan los botones”.

El evidente patriarcado que continúa existiendo no impidió que las mujeres alcanzaran logros en todos los sectores
de las políticas sociales post-revolución.

En la educación aumentan el nivel de estudios, la participación en la universidad crece; la educación superior


universitaria es favorable comparada con otros países. La docencia también aumenta como resultado de la política
educacional. Hay plazas garantizadas para

las que se gradúan en la universidad (educación y empleo articulados) y derechos al estudio de especialidades no
tradicionales. Se vivencia una universidad feminizada. El impacto en la elevación del nivel educacional de la mujer
se hizo sentir desde la reforma educacional post-revolución, y ella es presencia activa como maestra y alumna a
través de las décadas del período revolucionario, desde la Campaña de Alfabetización hasta hoy.

En el empleo, la Reforma Agraria beneficia a hombres y mujeres en el campo –caña, café, tabaco. Las mujeres se
integran a empleos no tradicionales y diversifican su participación en distintas ramas.

La incorporación en la cultura cubana se demuestra además por la importante presencia de la mujer en la


composición de la fuerza laboral del país. Ejemplo es la feminización de la fuerza técnica del país, que hoy
representan el 66,1%.

En la salud crece la esperanza de vida, la mortalidad materna disminuye, la muerte por cáncer es menor que en otros
países.

La atención a la salud reproductiva con la institución de programas especiales, beneficia a la mujer. Es marcada la
presencia de la mujer como profesional del área de la salud, como médicas de familia, pediatras, oftalmólogas,
otorrinólogas, psiquiatras, epidemiólogas, nutricionistas e higienistas, con un alto porcentaje entre 1960 y 1970 en
las diversas especialidades. Así como en la educación, hay también una feminización del empleo en la salud.

251
En cuanto a la legislación, la tendencia muestra una relativa distancia entre la igualdad formal, ante la ley –lo que
disponen las reglamentaciones – y la igualdad sustantiva –el esfuerzo de su aplicación, tanto en el capitalismo como
en el socialismo cubano.

Las políticas sociales postrevolución benefician a la mujer en un doble sentido: como clase y como género.

Los debates en la sociedad sobre cuestiones relativas al género, a la dicotomía entre la “vida pública y la vida
privada”, a la existencia aun del patriarcado y su manifestación –el machismo–, a la dificultad de acceso a cargos de
dirección y a la necesidad de la búsqueda de una ciudadanía en el mundo privado, aliados a los demás logros
alcanzados por la mujer en la sociedad cubana, le dan visibilidad, contra la tendencia de tratar de invisibilizarla a
través de trabas heredadas históricamente.

Cada uno de los tres principales aspectos contrastados –principio, criterio y formas de realización– del bienestar
socialista difieren de manera bastante fundamental de su contrapartida en una sociedad capitalista. Esto es debido a
las diferentes estructuras económicas, sociales y políticas en los dos sistemas. Se enfatizaron las diferencias por
considerarlas básicas. Sin embargo, también se notaron similitudes, por ejemplo, los ajustes económicos recientes
en la sociedad cubana, los cuales apuntan hacia un mayor uso del mecanismo de mercado en la economía y quizás a
más amplias diferencias de ingresos, y el surgimiento de desigualdades, así como la tensión entre resultados
económicos y gastos sociales.

Lo que se debe reconocer, sin embargo, es que tales similitudes no han afectado la dinámica de la sociedad, y las
relaciones de bienestar en los dos sistemas sociales –socialista y capitalista– permanecen diferentes. Un análisis
adecuado sobre el bienestar debe basarse en reconocer esta diferencia básica estructural entre capitalismo y
socialismo, aunque ellas compartan algunos elementos comunes de organización social.

Si en el socialismo se dieron pasos adelante, también encontramos la necesidad de tener selectividad, aunque de
manera distinta, decidida por valores de justicia e igualdad.

Las experiencias de políticas sociales capitalistas neoliberales no pudieron resolver, desde los años 70, los
problemas ocasionados por la economía capitalista, con enorme profundización de las desigualdades sociales,
especialmente en los países periféricos. Los derechos ciudadanos por los cuales las luchas populares buscan la
conquista están cada vez más heridos por las políticas económicas y sociales, que excluyen grandes sectores de la
población.

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