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Carta abierta a los senadores y senadora nacionales por Córdoba.

Durante estos últimos años hemos escuchado, reiteradamente y con sorpresa, hablar de la
legalización del aborto como una “deuda de la democracia”. Para la gran mayoría del pueblo
Argentino, deuda de la democracia es que todavía no haya salud, trabajo, educación y vivienda
digna para todos y todas. Deuda de la democracia es que en la Argentina, un país rico en
recursos, haya mujeres que abortan condicionadas y presionadas por su situación económica y
social.

La legalización del aborto no es ampliación de derechos, como se replica hasta el cansancio. Es


una falacia decir que la mujer en situación vulnerable (sea por situación de pobreza extrema o
por situación de violencia crónica) puede decidir libremente sobre tener o no a su hijo, solo
limitada por la ley que penaliza el aborto. Proponer como “solución” para las mujeres pobres que
mueren en abortos clandestinos una ley que financie el aborto obedece a la lógica neoliberal de
control de daños: no se legisla sobre la raíz del problema, sino sobre sus consecuencias. Existe
un reclamo universal – en el cual el movimiento nacional justicialista se sitúa decididamente- de
distribución de los bienes económicos, pues el 20% de la población mundial posee el 80% de la
riqueza del mundo. No tenemos ninguna duda de que cada niño o niña que nace es un alegato
contra la concentración de la riqueza.

La legalización del aborto es achicamiento del estado y ajuste: lo exige el Fondo Monetario
Internacional como moneda de cambio para renegociar la deuda con ese organismo, así como lo
exigió en el gobierno de Macri en el año 2018 para otorgar su préstamo usurero. El FMI quiere
eliminar la pobreza eliminando a los pobres antes de que nazcan.

Nuestros senadores cordobeses saben que la provincia tiene un orden institucional, con una
Constitución Provincial, que en el artículo 4 dice textualmente:

“La vida desde su concepción, la dignidad y la integridad física y moral de la persona son
inviolables. Su respeto y protección es deber de la comunidad y, en especial, de los poderes
públicos”. En un sistema democrático y federal, la pregunta de a quién representa un senador o
senadora, tiene una respuesta clara: a su provincia y al pueblo de su provincia. Y Córdoba es
muy explícita en el artículo 4 de su Constitución (en coherencia además con el artículo 75 de la
Constitución Nacional), cuando dice que la vida de la persona es inviolable desde su concepción.
“Inviolable” y “desde su concepción” no son términos que admitan interpretaciones variables.

Además los senadores cordobeses deben entender que la mayoría de los cordobeses se ha
manifestado en contra de la legalización del aborto: más del 60% en diversas encuestas han
dejado claro que Córdoba es Provida.

La Constitución de nuestra provincia no es letra muerta. Cuando los senadores por Córdoba
hicieron su juramento, se comprometieron también a respetarla y hacerla respetar. Les pedimos a
los senadores y senadora por la provincia de Córdoba que en el momento de votar, tengan en
cuenta la Constitución de la Provincia que deben observar, y, sobre todo, la expresión amplia y
mayoritaria de la voluntad y el sentir del pueblo cordobés, que lo llevó en innumerables
ocasiones a protagonizar la construcción de la historia nacional y el desarrollo de nuestra Patria.

Peronistas por la Vida

Córdoba