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TEMA: ​FENOMENOLOGÍA DEL OBJETO ESTÉTICO

1.- En “Fenomenología de la experiencia estética” analiza:

■ El objeto estético y la obra de arte.


■ La subjetividad estética.

Para hablar de la fenomenología de la experiencia estética, y su relación con el objeto


estético y la obra de arte, hemos de recurrir al filósofo Mikel Dufrenne. Para él, la identidad
de la experiencia estética ha sido, claramente, el corazón de su labor filosófica. Dicha
expresión, “experiencia estética” bajo ningún término, es un invento de Mikel Dufrenne.
Ciertamente la heredó de otros autores. Pero lo que a nosotros nos interesa son los análisis
que hizo sobre la experiencia estética y su objeto, en los cuales, no sólo valoró el trabajo del
sujeto sobre su obra, su “hacer que lo produce”, sino también su sentir que implica atención,
contemplación. No sólo evaluó el comportamiento, sino que también, la obra como
fenómeno,​ es decir, su ​aparecer delante del sujeto de una experiencia​.

Como lo subrayó Mikel Dufrenne, no queremos negar la posibilidad de la experiencia


estética fuera del mundo del arte. El mundo del arte no abarca todo el campo del objeto
estético que causa una experiencia: ciertamente, es un sector restringido. Más bien, se trata de
pensar el arte (objeto estético) y su implicación en la vida de un sujeto. Mikel Dufrenne
afirmaba que “estamos en el mundo porque hemos venido a él. Y así es como la obra de arte
‘está ya ahí’, solicitando la experiencia del objeto estético, y proponiéndole, como tal, a
nuestra reflexión en punto de partida”​1​. Por eso, podríamos afirmar también que el objeto
estético, es lo que es, por lo que tiene, por su vocación de afectar sentimentalmente al sujeto
que le ofrece una buena acogida en su vida. Lo que es va mucho más allá de la materialidad
que sale a la vista. Pero su más allá no niega ni suprime la importancia de su materialidad. Es
esta materialidad la que posibilita encuentro, contacto, relación como base de la existencia de
una experiencia estética. Entonces, la experiencia estética sería esa experiencia producida
gracias a la presencia de la verdad del objeto estético en la vida del sujeto de una experiencia.
Sería esa experiencia que el sujeto obtiene cuando entra en contacto con la verdad de la obra
artística. Esa experiencia que revela, al sujeto, la verdad de una obra artística. Por eso, no nos
equivocaríamos si consideraríamos toda experiencia estética como un lugar de encuentro. En
este lugar, el sujeto toma conciencia de la presencia de un objeto estético, de la realidad de

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​Mikel DUFRENNE,​ (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético, p. 25.

1
una obra artística presente en su vida. Es donde el sujeto, como conciencia, constituye un
objeto y también se constituye él mismo; “El sujeto está unido al objeto, no solamente para
constituirlo, sino para constituirse” anunciaba Mikel.

Respecto a la subjetividad estética es menester recordar que toda experiencia estética


existe porque hay algo en el hombre que la permite. Este algo podríamos decir que es una
cierta sensibilidad que poseemos para percibir lo hermoso. Por lo tanto, el juicio estético está
basado en una sensación que producen los objetos en nosotros. Dicho de otra manera, el
juicio estético no se basa en una cualidad que tenga el objeto, sino en una experiencia que
provoca en nosotros. Así pues, si se basa en una sensación subjetiva y personal del
observador, tendremos que admitir que el juicio estético es, también, una valoración subjetiva
que nace de una sensación íntima y privada.

2.- ¿Por qué en la actualidad se da una ruptura con la subjetividad estética, tal
como se la venía considerando? Fundamente con algunos postulados.

En la actualidad se da una ruptura con la subjetividad estética debido a que si el juicio


estético es subjetivo, entonces no puede tener validez universal; es decir, vale para mí, pero
quizá no valga para los otros. Por esta razón, para algunos autores es inevitable circunscribir
el juicio estético al ámbito personal. Cuando yo digo “este cuadro es hermoso” o “esta
canción es sublime”, estoy haciendo una apreciación personal que vale para mi, pero que
quizá no sea compartida por los demás. Sin embargo, nuestra forma de apreciar los objetos
estéticos nos inclina a rechazar la creencia de que nuestras valoraciones estéticas son
meramente opiniones personales. Generalmente, cuando alguien hace un juicio estético y
afirma que algo es bello o feo, tiene la convicción de que eso debería ser así para todos, es
decir, está convencido de la objetividad y universalidad de su juicio. Cuando atribuimos
belleza a una obra de arte, cuando consideramos que tiene un alto valor estético, pensamos
que esto es o debe ser así para todo el mundo.

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3.- Aplique las categorías de Dufrenne para el análisis de una obra de arte a elección
(pictórica, escultórica, musical o literaria).

Análisis del Moises de Miguel Angel

DENTIFICACIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LA OBRA

Es una escultura renacentista del siglo XVI, perteneciente a la etapa de ​Cinquecento


en Italia. Es la figura central de la tumba del Papa Julio II, que se encuentra en la iglesia de
San Pedro in Víncoli, en Roma. Fue realizada en 1515 por Miguel Ángel Buonarotti, escultor
florentino.

Está realizada en mármol blanco de Carrara y se trata de una escultura exenta o de


bulto redondo, de cuerpo entero y sedente, aunque dada la configuración del sepulcro (tipo
fachada adherido al muro), la obra sólo puede ser contemplada frontalmente.

ANÁLISIS FORMAL

El tema es bíblico (un pasaje del Antiguo Testamento): el ​profeta Moisés​, al regresar
de su estancia de cuarenta días en el monte Sinaí, portando bajo el brazo l​as Tablas de la Ley
para enseñarselas a los israelitas, contempla horrorizado cómo éstos han abandonado el culto
de Yahveh y están adorando al Becerro de Oro. El tema representado hay que situarlo en una

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narración más extensa que abarcaría desde la vida de Moisés y el cautiverio del pueblo
hebrero en Egipto, hasta que éste los conduce a la Tierra Prometida (Palestina), después de un
largo viaje a través del desierto. Moisés nunca llegará a ver la tierra prometida por Yahvéh,
pero conducirá a su pueblo desde el cautiverio hasta la liberación.

El modelado es perfecto; Miguel Angel ha tratado el mármol, su material predilecto,


como si fuera la más dócil de las materias (arcilla, plastilina, etc.). El estudio anatómico es de
un naturalismo asombroso (los brazos del profeta exhiben la fortaleza y tensión de un atleta, a
pesar de la edad madura del mismo). El mármol blanco pulido deja resbalar la luz. Las ropas
caen en pliegues de gran naturalismo, donde los contrastes de luces y sombras que provocan
las profundas oquedades en el mármol, otorgan a la figura su rotundo volumen.

La composición, muy estudiada, es cerrada, clásica; se estructura en un eje vertical


desde la cabeza hasta el pliegue formado entre las piernas del profeta, cuya figura queda
enmarcada por dos líneas rectas verticales en los extremos. Existe un ligero ​contrapposto ( a
pesar de la posición sedente) marcado por el giro de la cabeza y la simétrica composición
entre brazo izquierdo hacia arriba y derecho hacia abajo, así como pierna izquierda hacia
fuera y derecha hacia dentro. Las líneas rectas quedan dulcificadas y compensadas por dos
líneas curvas paralelas: la que forma la larga y ensortijada barba hasta el brazo izquierdo, y la
iniciada en el brazo derecho estirado hasta la pierna izquierda.

Con esta compleja composición, el artista sugiere el movimiento en potencia; los


músculos están en tensión, pero no hay movimiento en acto. Consigue que este coloso no
resulte pesado, sino grandioso. Capta el instante en que Moisés vuelve la cabeza y va a
levantarse, lleno de furia ante la infidelidad de su pueblo. Esta ira, ​la "terribilitá",​ que le
embarga se expresa en su rostro, que se contrae en un gesto ceñudo. y feroz, anticipo de la
cólera que estallará en breve. Miguel Angel abandona los rostros serenos de su primera época
y opta por una expresividad acentuada y dramática, anuncio del Barroco. Moisés está lleno de
vida interior. Posiblemente sea producto no sólo de su propia evolución personal, sino
también de la influencia que sobre él ejerció el descubrimiento del ​grupo helenístico del
Laocoonte (1506). Es la culminación del idealismo dramático que caracteriza esta etapa de su
producción escultórica y que también observamos en su pintura.

Podemos ver en esta escultura las características del estilo renacentista: búsqueda de
la belleza ideal, acentuado naturalismo, interés por la figura humana y su anatomía (el cuerpo
como expresión del ideal humanista de virtud y fortaleza y no como depósito del pecado,

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como era percibido en la Edad Media), tal como corresponde a la cultura antropocéntrica del
periodo humanista; al igual que en la Antigüedad clásica, se crean: composiciones
equilibradas, armoniosas, movimiento en potencia, perfección técnica. Todas estas
características, no obstante, han de ser matizadas según la naturaleza de la obra y el autor del
que se trate, ya que Miguel Ángel es, en sí mismo, un caso excepcional por la calidad de sus
obras y la evolución estilística que ofrece en su larga vida: desde el idealismo clásico de
influjo donatelliano hasta el dramatismo de sus obras de madurez o la distorsión (anticlásica)
de sus últimas versiones de la Pietá, antecedentes ya del Barroco.

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