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El Origen de Nuestra Crisis.

Aunque cerca de quince mil Santos de los Últimos Días fueron a la guerra,
principalmente en el Ejército de los Estados Unidos, el Mormonismo como
religión no sufrió la tragedia de matar a los suyos, como sucedió en los
lejanos campos de batalla de Europa en donde los católicos mataron a
católicos y los luteranos acribillaron a luteranos.
“Deploramos las calamidades que les han sobrevenido a los pueblos en
Europa,” declaró, “la terrible mortandad de valientes, los horribles
sufrimientos de mujeres y niños, y todos los desastres que están
aconteciendo en el mundo como consecuencia de los conflictos inminentes,
y esperamos fervientemente y oramos que tengan una rápida solución.”
“Te pedimos, oh Señor, que veas con misericordia a esas naciones. No
importa cual haya sido la causa que ocasionó los tumultos y conflictos que
ahora existen, Te rogamos que concedas que se elimine para bien, para que
llegue el tiempo en que, aunque se tambaleen tronos y caigan imperios, la
liberación y la libertad puedan llegar sobre las naciones oprimidas de
Europa y de todo el mundo.”
Aún asombrado por las noticias de las altísimas bajas que ya se habían
infligido, reiteró su deseo por la paz, destacó el “deplorable” espectáculo
de la guerra, y no le echó la culpa a Dios, sino que con toda claridad
culpó a la falta de humanidad del hombre por el hombre, a las políticas
deshonestas, a los acuerdos no respetados, y sobre todo, a las condiciones
apóstatas que prevalecían en el cristianismo moderno. “Dios no propuso ni
causó tal cosa,” él predicaba. “Es deplorable al cielo que tal condición
exista entro los hombres.”
el conflicto en tonos económicos, políticos, o nacionalistas, siempre
consideró que las causas eran el declive moral, el hundimiento religioso, y
el rechazo mundial a aceptar el evangelio completo de Jesucristo.
“Tenemos aquí nación contra nación en orden de combate,” dijo, “y en
cada uno de estos países hay pueblos cristianos profesando adorar al mismo
Dios, profesando creer en el mismo Redentor Divino . . . y con todo, estas
naciones están divididas una contra la otra, y cada cual está orando a su
Dios que Su ira caiga sobre la otra y les conceda la victoria sobre sus
enemigos.”
¿Sería posible; podría ser posible, que existiera esta condición si las gentes
del mundo realmente poseyeran el conocimiento verdadero del evangelio de
Jesucristo? Y si en verdad poseyeran el Espíritu del Dios viviente; ¿podría
existir tal condición? No; no podría existir, antes cesaría la guerra y
llegarían a su fin las contiendas y las luchas. . . . ¿Por qué existe? Porque
no son uno con Dios, ni con Cristo. No han entrado al redil verdadero, y
como resultado no poseen el espíritu del Pastor verdadero en grado
suficiente para gobernar y dirigir sus actos por las vías de la paz y rectitud.
“Sin duda alguna, Dios podría acabar la guerra” dijo en diciembre de
1914, “prevenir el crimen, acabar con la pobreza, ahuyentar la obscuridad,
vencer al error, y hacer que todo sea brillante, hermoso y gozoso. Pero eso
destruiría un atributo vital y fundamental de todos Sus hijos e hijas, que
conozcan el mal así como el bien, la obscuridad al igual que la luz, el
error así como la verdad y las consecuencias de la infracción de las leyes
eternas.”
Por lo tanto [Dios] ha permitido las maldades que han resultado por los
hechos de Sus criaturas, pero controlará los resultados finales para Su gloria
y el progreso y exaltación de Sus hijos e hijas, cuando hayan aprendido a
obedecer por las cosas que sufren . . . La presciencia de Dios no implica Su
acción en que sucedan las cosas que Él ha previsto.

“Tengo el sentimiento en mi corazón de que los Estados Unidos tienen un


destino glorioso que cumplir, y que parte de ese destino glorioso es el
extender libertad a los oprimidos, y hasta donde sea posible a todas las
naciones, a toda la gente.”
“No deseo la guerra; pero el Señor ha dicho que será derramada sobre
todas las naciones, y si nos libramos ‘será por muy poco.’ Preferiría que
mataran a los opresores, o los destruyeran, más que permitir que los
opresores maten a los inocentes”
“Que el Señor ejerza la venganza en donde sea necesaria. Y que yo no
juzgue a mis compatriotas, ni los condene, no sea que los condene
erróneamente.”
Allí, entonces, con todo lo que la guerra nos ha traído de hogares
obscurecidos y de esperanzas rotas por quienes amamos, con todos los
obstáculos y los empujones hacia atrás en nuestro esfuerzo común de
promover las cosas en paz y amorosamente y en buena forma, [la guerra]
sin lugar a dudas, ha sido nuestro ayo para traernos una visión más amplia
del mundo tal como Dios lo ve. Esa es una de las grandes cosas que
nuestros hijos, nuestros amados hijos nos han dado con su tenaz sacrificio.
Algo ha sucedido, está sucediendo que encuentra mejor descripción en . . .
la palabra viva o mensaje de Dios para el hombre. Penetra hasta el centro
de nuestro ser.”
Jesucristo es el centro real y la fuerza de las mejores esperanzas y esfuerzos
que el hombre pueda hacer para el mejoramiento y el lucimiento del
mundo. Solamente debemos tomar Su ley y Su mensaje meditada,
determinada y tranquilamente, como nuestra guía. . . . La tarea es más
difícil, quizás, cuando estamos tratando con la relación más grande en la
vida; la relación entre los pueblos.
Después de su sentimiento de gratitud, estaba su sentimiento de
lamentación profunda, casi rayando en disculpa, porque una de las causas
que llevaron a la guerra había sido el “hecho deplorable de que los
ministros de la Palabra” no habían enseñado desde el púlpito más
valientemente la verdadera religión en lugar de las políticas acomodaticias.
La conciencia de la Cristiandad había sido lastimada por sus propios
abogados. “Se debe echar la culpa a esos ministros del Evangelio”.
Básicamente, la guerra mostró una profunda “maldad moral” en el hombre
ya que “abundaron el pecado” y “el sufrimiento espiritual.” A pesar de
todo el progreso de la humanidad—“el avance de la civilización, la difusión
del conocimiento, la libertad ilimitada del pensamiento, la creciente
relajación de los límites morales— . . . nos enfrentamos a un grave
peligro.” A pesar del progreso científico y materialista, un mundo sin
disciplina moral y sin fe llevará a la destrucción.
La única visión verdadera de esperanza es “la verdad y la vida de
Jesucristo,” y la Iglesia Católica debe sostener la dignidad del hombre,
defender los derechos de la gente, aliviar el sufrimiento, consagrar el
sacrificio, y unir a todas las clases en el amor del Salvador.
“Jesús, debes mandar a la perdición a un país como ese”, dijo alguna vez.
“Yo mismo formaré un ejército para ayudar a quitarles el polvo a las
hordas del Diablo.”
“La Guerra ha colocado, de manera inequívoca, en el lugar supremo a los
principios morales y espirituales que constituyen el mensaje de la Iglesia”,
declaró. “La guerra ha demostrado que dichos valores son supremos por
encima de la pérdida personal y el interés material. . . . Tuvimos éxito en
la guerra cuando y donde quiera que ese era nuestro espíritu. . . . La
guerra dice que lo que Cristo dijo es para siempre verdadero.”
“El mundo estuvo más cerca a su milenio que nunca antes, la guerra había
acercado a la humanidad hacia la hermandad más que lo que lo habían
logrado siglos de enseñanzas religiosas. . . . La guerra había puesto otra
vez a la religión en su labor original de combatir la intolerancia, combatir
el pecado, y elevar a la humanidad.”

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