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Museos antropológicos y su discurso a partir


del caso de Castilla y León
Antonio Bellido Blanco

C
omo vamos a tratar de explicar a de eruditos, intelectuales, eclesiásticos y nobles
través de las siguientes páginas, en las que se recopilaron elementos exóticos de
los museos antropológicos-etno- carácter antropológico-etnográfico. El descubri-
gráficos conforman un grupo pe- miento de América y los viajes hacia el Oriente
culiar dentro del conjunto de cen- sirvieron para abrir un nuevo campo donde des-
tros museísticos. Casi forman un verso suelto tacaban armas, ídolos y obras de artesanía, si
junto a instituciones que presumen de larga his- bien como objetos llamativos y admirables pero
toria, de artistas reconocidos o de una profunda poco comprendidos. Ahí están las colecciones
implicación del público. Al mismo tiempo aglu- españolas de Felipe II, los Mendoza-Infantado,
tinan a centros con una variada caracterización. los Benavente, los Alba de Aliste o Juan de Las-
Para definirlos, debe tenerse en cuenta que la tanosa, que incluían una buena muestras de los
antropología estudia a los humanos tanto del productos indianos (Bolaños 2008: 86-87).
pasado como del presente y que su objetivo es
Con posterioridad se sucede un periodo
la comprensión de la complejidad de las cultu-
donde estas colecciones se decantan más por lo
ras a través de toda la historia humana.
artístico, lo arqueológico, lo histórico, lo natural
Dada la proliferación de museos no resulta y lo científico, dejando al margen la mayoría
fácil detallar la situación general de estos cen- de artefactos procedentes de otras culturas. La
tros y por ello vamos a reflejar de forma no muy prueba de su carácter secundario viene a pro-
extensa un caso concreto, el de Castilla y León, porcionarla el hecho de que cuando Carlos III
cuyo estudio ha sido abordado en los últimos constituye el Real Gabinete de Historia Natural,
años por Luis Grau (Alonso González y Grau remitirá al mismo las colecciones etnográficas
1994, Grau 2015) y Blanca Herrero (Herrero que había recibido de gobernadores y expedi-
2014). Este trabajo está estructurado en tres cionarios desde las tierras americanas y filipinas
partes. La primera recorre la historia de los mu- (ídem: 134-135). No hay que olvidar que las ex-
seos, se introduce a continuación un apartado pediciones científicas que desde finales del xviii
que se centra en la delimitación conceptual de recorren el mundo en busca del conocimiento
los museos dedicados a temas antropológicos del mundo natural, abordan también en mayor
y al final se transita por el contexto castellano o menor medida estudios etnográficos que pre-
y leonés dentro de las corrientes museológicas tenden profundizar en la naturaleza del hombre
de aproximadamente el último siglo. y su complejidad.

Así va transcurriendo el tiempo y no será


1. Historia de los museos hasta el último tercio del siglo xix cuando se
antropológicos en Castilla y León creen los primeros museos etnográficos euro-
dentro del contexto español peos, como el Dansk Folkemuseum (Copen-
hague, 1879) y el Musée d’Ethnographie du
Si bien los museos nacen como institución Trocadéro (París, 1878). Por esas fechas parte
pública en el siglo xix, hay que recordar que con de los fondos etnográficos de las colecciones
anterioridad existieron numerosas colecciones reales españolas se integran en el Museo Ar-

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queológico Nacional. A ello se une la explosión tierras americanas, pero todos aquellos fondos
del colonialismo y el uso de las Exposiciones terminarían integrando colecciones en las ins-
Universales para la exhibición de las culturas tituciones madrileñas (Rodrigo 2006) y nada
de los territorios ocupados. La primera muestra había de alcanzar a las ciudades castellanas y
en España fue la barcelonesa de 1888 (treinta leonesas.
y siete años después de la primera celebrada
Sin embargo, existe un caso excepcional en
en Londres), si bien aquí no tuvo como colofón
el Real Colegio de los Agustinos Filipinos de
la creación de un museo etnográfico –como sí
Valladolid. Este centro de formación de misio-
ocurrió en otros casos. En los años siguientes
neros comenzó a construirse en 1759 y desde
no faltaron exposiciones humanas en Madrid,
él salieron más de 3.000 padres hacia el Oriente
Valencia y Barcelona, en las que se exhibían las
hasta 1954. Muchos de ellos volvían a su casa
costumbres de diversos pueblos de la mano de
madre y traían consigo objetos procedentes de
sus propios protagonistas, ya fueran Ashanti,
los países donde realizaban su evangelización
esquimales o filipinos (Bolaños 2008: 290-293).
(Casado y Sierra 1988). La llegada de piezas
El primer museo español propiamente an- hubo de tener su mayor auge durante el siglo
tropológico fue el fundado por Pedro Gonzá- xix, siendo la mayoría de procedencia filipina, y

lez Velasco en 1875, comprado después por el en 1874 hay referencias a la colocación de la
Estado y asignado en 1890 al Museo Nacional colección en el ala oriental del edificio. En 1887
de Ciencias Naturales como Sección de Antro- se reorganiza el museo y hay constancia de que
pología. En él se van agrupando colecciones junto a las colecciones etnográficas hay gabine-
etnográficas procedentes de culturas asiáticas, tes de botánica, física y observatorio meteoro-
americanas y africanas. lógico. Consta además la realización de labores
de catalogación de la colección y de la coloca-
Desde finales del siglo xix se plantea en dis-
ción de las colecciones en una amplia estantería
tintas ocasiones la posibilidad de impulsar un
en 1908, al tiempo que entre 1913 y 1920 lle-
museo etnográfico dedicado al folklore espa-
gan importantes piezas chinas. En estos años se
ñol, si bien sin llegar a culminar ninguna pro-
da a conocer al público bajo la denominación
puesta. Reales Decretos de 1913 abren la po-
de «Museo Misional» (ídem: 4-7).
sibilidad de crear museos municipales, lo que
se traduce en la aparición
de algunos donde se aglu-
tinan elementos arqueoló-
gicos, históricos y etnográ-
ficos, cuyos ejemplos más
relevantes se sitúan en tie-
rras catalanas y valencia-
nas. Castilla y León parece
mantenerse al margen de
estas primeras iniciativas y
no se encuentran más que
museos de bellas artes, ar-
queología y de la iglesia
durante el siglo xix e ini-
cios del xx. Determinadas
expediciones se ocuparon
de recoger materiales et-
nográficos en, entre otras,
Museo Misional de los PP. Agustinos Filipinos de Valladolid hacia 1920

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Por otra parte la Exposición Iberoamerica- El avance más significativo en este campo se
na de Sevilla de 1929 contó con un pabellón produce en 1934 cuando se aprueba la creación
que concentró las provincias de Castilla la Vieja del Museo del Pueblo Español como laborato-
y León, en el que las diputaciones provinciales rio y seminario de estudio, aunque su inaugura-
presentaron una visión centrada en objetos his- ción se retrasó hasta 1940. El proyecto de Julio
tóricos y artísticos, aunque no faltaron algunos Caro Baroja para transformar el montaje des-
trajes regionales que podrían englobarse den- ordenado (parecía «una antigua prendería del
tro de lo costumbrista. Además la Diputación Rastro») en un museo al aire libre, al estilo del
de Valladolid encargó la realización de una pe- Skansen de Estocolmo, no pasó del papel (Caro
lícula donde se desatacaban, entre otros asun- Baroja 1952?). De hecho en este nuevo periodo
tos, los mercados tradicionales de Medina del de la historia española, las directrices políticas
Campo y Tordesillas, las procesiones de Sema- marcaron una fuerte exaltación de una cultura
na Santa y la capacidad agrícola de la provin- popular que pretendía recuperar un pretendido
cia (con escenas de siega y la trilla); y la sala de mundo ideal que nunca había existido. El nuevo
Palencia exponía galletas de Aguilar, mantas, tipismo definido en este momento conducirá,
sombreros de Villarramiel y chocolates de Due- sobre todo en los años sesenta, al nacimiento
ñas. La mayoría de esos elementos hoy pueden de museos locales de la vida campesina y rural.
ser considerados fácilmente señas de identidad
En estas décadas hay algunos ejemplos de
cultural aunque entonces seguramente tenían
colecciones etnográficas en Castilla y León.
una voluntad más cercana a destacar la capa-
Destaca en primer lugar la acumulada por el
cidad industrial. Nada de lo expuesto y presen-
Marqués de Benavites y San Juan de Piedras
tado tuvo en ningún momento posibilidades
Albas (1863-1942) en Ávila. Reunió una serie de
de integrarse en museos y pasó fugazmente,
objetos variados, como cerámica de Talavera y
a diferencia de lo ocurrido por ejemplo en el
Puente del Arzobispo, muebles antiguos, armas
caso de Extremadura con el Museo de Cáceres
blancas y de fuego, hierros antiguos, sillas de
(Valadés 2015).
montar y arreos de caballo, numerosas piezas
de arte popular y otras
relacionadas con el
mundo taurino (Gaya
Nuño 1968). Podían
verse en su Palacio
abulense y, en 1953,
tras su muerte, son
adquiridos por la Di-
putación de Ávila y se
ordenan en un Museo
de Arte Popular y un
Museo Taurino.

Los estudios y tra-


bajos de campo etno-
gráficos que cobran
un gran auge en de-
terminadas regiones
españolas durante el
Sala del Palacio de Piedras Albas (Ávila), del Marqués de Benavites, hacia1930-1940 final del siglo xix y la
primera mitad del xx,

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no tienen apenas reflejo en tierras castellanas to en Castilla y León y parece que también en
y leonesas. En los años sesenta los museos pro- otras regiones españolas (Fernández de Paz
vinciales de Salamanca, Segovia y Soria y el 1997). Un cambio en la dinámica de creación de
Museo de los Caminos de Astorga incluían una tales museos lo marca el nacimiento del Museo
sección de Arte Popular o Etnográfica. Junto de Cultura Antigua, inaugurado en Lorenzana a
a ellos, en 1969 Eugenio Fontaneda empieza caballo entre los años sesenta y setenta como
a exhibir su variopinta colección en el Castillo reflejo de la vida rural de la zona leonesa del
de Ampudia, en la que se incluyen diversos ele- Bajo Bernesga.
mentos etnográficos, como los que componen
una antigua cocina. En general estos centros in-
tentan mostrar elementos que destacan por su
faceta artística o por condensar un pretendido
carácter cultural español que refleja una identi-
dad fosilizada en un momento indeterminado
del pasado. Los objetos se recogen por la ini-
ciativa de eruditos y personas ilustradas con la
intención de rescatar elementos que estaban
comenzando a desaparecer.

Además, dentro de la línea antropológica,


en 1964 se inaugura el Museo de Arte Orien-
tal de los padres Dominicos de Ávila, en el mo-
nasterio de Santo Tomás, originado con piezas
procedentes de China, Japón y Vietnam que se
expusieron durante los años veinte en el Vati-
cano y en la Exposición Universal de Barcelona.
Sería por tanto un fruto tardío de los Museos
Misionales (Sánchez Gómez 2013). En 1966 se
inaugura el Museo Municipal de Béjar con el
legado de Valeriano Salas, que incluía diversos
Espacios del Museo de Cultura Antigua de Lorenzana
objetos de Extremo Oriente, y en 1961 comien- (León) en 1979
za su andadura el Museo de Ciencias Naturales
de los padres Dominicos en La Virgen del Ca-
mino (León), con piezas etnográficas de proce-
dencia americana y filipina. La colección que el
padre Belda reúne desde los años sesenta en
el convento de los padres Reparadores de Alba
de Tormes incluye también, junto a su núcleo
de piezas arqueológicas, una serie de objetos
procedentes de culturas americanas.

Señala María Bolaños (2008: 402-ss) el auge


en los años sesenta de museos que recrean las
costumbres populares de una determinada co-
marca, tratando de destacar sus peculiaridades
sobre todo en lo que hace referencia a las la-
Su montaje se basa en la recreación de am-
bores campesinas. La mayoría de instituciones
bientes dentro de una casa tradicional. Entre las
permanecieron al margen de este movimien-
peculiaridades de esta iniciativa museística hay

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que destacar que, bajo la dirección de Blanca va particular, el resto fue obra de ayuntamientos
Fanjul, es una asociación cultural-recreativa lo- y asociaciones culturales de cada localidad.
cal la que decide su creación dentro de una vo-
Hoy varios de aquellos museos han desapa-
luntad de hacer que el pueblo crezca y progre-
recido; unos, como el Museo Yebra (Barrios
se. Otro punto esencial es que la colección del
de Salas, León), al morir su propietario, otros
museo se formó a partir de una decisión arro-
al ir marchándose o muriendo los vecinos que
pada colectivamente con las aportaciones que
los alumbraron, como algunos sorianos, y hay
hicieron cuarenta y siete vecinos, junto a otras
más que han visto cambios de sede y localidad,
trece personas de otros lugares (Fanjul 1979).
como el Museo del Calzado Vibot. Al caso viene
revisar el repaso que hacían Alonso González y
Grau (1995) hace dos décadas.

Los años setenta traen la renovación de mu-


chos antiguos museos. El Museo Oriental de
Valladolid inicia su reforma en 1971 con el al-
macenamiento de toda su colección a la espera
de adecuar convenientemente un espacio de
exposición, lo que se logra entre 1978 y 1980.
El nuevo montaje, para el que se tomaron como
referencia los principales museos europeos, si-
guió criterios cronológicos, estéticos y didácti-
Museo de Cultura Antigua de Lorenzana (León) en 1979 cos, junto a áreas con recreación de ambientes
(Casado y Sierra 1988: 7-11).
Estos museos rurales se presentan con una También, en el bloque de los museos de
ambigüedad ideológica, mezcla de una ideali- cultura popular, en 1971 se funda el Museo de
zación del arcaísmo campesi-
no y del rescate de una cultura
material camino de la desapa-
rición. Sus instalaciones se
erigen sobre los principios de
reducido gasto, escasa ade-
cuación museológica y ausen-
cia de personal técnico, que se
compensa con el voluntarismo
de los vecinos (Bolaños 2008:
403). Su despegue se produce
a finales de los setenta y so-
bre todo en los años ochenta,
cuando se establecen, entre
otros, los de Bembibre y Prio-
ro, en León, el Piedad Isla en
Cervera de Pisuerga (Palencia)
y, en Soria, Atauta, Barca, Ro-
manillos de Medinaceli, Alcu-
billa del Marqués, Valderrue-
da, Rollamienta y Sarnago. Dos salas del Museo Oriental de Valladolid en su reinauguración en 1980
Salvo el Piedad Isla, de iniciati-

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Etnografía Leonesa a iniciativa de la Diputación ción de la arquitectura tradicional y de oficios
Provincial, con fondos donados en 1966 por el que se abandonaban, despertando el interés de
erudito Julio Carro, aunque ocupaba una sola los vecinos y fomentando su participación en las
sala y debió de permanecer abierto apenas iniciativas. Otro ejemplo significativo lo depara
unos pocos años con esta configuración. el Centro Etnográfico inaugurado en 1991 en
Urueña (Valladolid), dirigido por el músico y et-
Este muestrario es relativamente escueto,
nógrafo Joaquín Díaz.
pero la aparición de nuevos museos se dispara
durante los años noventa, correspondiendo a La relación de los nuevos museos con el de-
la voluntad de instancias políticas, en general sarrollo de las autonomías no resulta aquí con-
ayuntamientos y diputaciones. Es un fenómeno vincente, dado que vienen a surgir de la mano
que manifiesta cierto retraso en Castilla y León de diputaciones y ayuntamientos y, algo des-
frente al resto del mundo occidental, donde se pués, gracias a los fondos europeos. La primera
inicia en los años ochenta –en España coinci- década de vida de la Comunidad de Castilla y
diendo con la recuperación de la democracia León se mantuvo en buena medida al margen
y el nacimiento de las autonomías–. La nueva de la Etnología y se manifestó tan sólo en la
remesa de centros se beneficia de una mayor efímera creación de un Centro de Estudios Et-
inversión económica, a menudo con el recurso a nológicos de la Consejería de Educación y Cul-
financiación procedente de la Unión Europea, y tura entre 1984 y 1986, del que se encargó Luis
la presencia de principios museológicos y antro- Díaz (Díaz Viana 1986 y 1988). Sólo a partir de
pológicos en los planteamientos fundacionales. 1992 la Consejería de Cultura y Turismo convo-
Por poner algún ejemplo, cabe destacar la labor có subvenciones para realizar trabajos de do-
de la Diputación de León, junto a la etnógrafa cumentación y estudio etnográficos (y durante
Concha Casado, de la que surgieron el Alfar- seis años, ya que no hubo convocatorias des-
Museo de Jiménez de Jamuz (1994), el Batán- pués de 1997). La creación en 1995 de una pla-
Museo de Val de San Lorenzo (1998), el Museo za de personal laboral con la categoría de Titu-
de la Cabrera en Encinedo (1998) y el Museo de lado Superior Etnólogo dentro de la Consejería
la Arriería Maragata en Santiago Millas (1999). de Cultura y Turismo también ha tenido escasa
Esta actividad fue unida además a la recupera- incidencia en el panorama museístico regional
(el procedimiento se resolvió
en julio de 1996). También en
estos años se renuevan algu-
nos museos provinciales con
sus secciones de Etnología,
como el Museo de Ávila en
1986.

Entre los centros surgi-


dos a partir de los años no-
venta no faltan los museos
–más bien colecciones visita-
bles– nacidos del interés de
determinadas personas por
conservar los restos de una
cultura que habían vivido y
estaba desapareciendo. Casi
afectados por una especie
Vista de una de las salas del Museo de Ávila en 2015 (Foto: Junta de Castilla y León)
de síndrome de Diógenes,

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personas hoy ya ancianas han ido reuniendo Luna, 1997), el Museo del Pastor (Montealegre
numerosos objetos, apenas documentados ni de Campos, 2004) y el Museo de la Trashuman-
registrados, que se muestran a turistas y curio- cia (Navalonguilla, 2013). Otros podrían ser los
sos colocados de forma excesiva, entre la aglo- dedicados a la cerámica, como el de Aranda
meración y la saturación –aunque sin llegar al de Duero (2004) y el de Muelas del Pan (2008),
hacinamiento– generalmente en sus casas o en a la cantería, como el de San Felices de los Ga-
otros espacios de su propiedad. Entre las loca- llegos (2010) y a la resina en Oña (1996), Navas
lidades donde pueden encontrarse, citaremos de Oro (2013) y Traspinedo (2014). Existe un
sólo Carracedo del Monasterio (León), Frómis- número tan elevado de museos que no pode-
ta (Palencia) y Cogeces del Monte (Valladolid). mos pretender ser exhaustivos.
No es fácil saber qué ocurrirá con estos obje-
En realidad no existe en Castilla y León un
tos dentro de una década o poco más, cuando
registro minucioso de todos los museos, colec-
sus dueños mueran. La desaparición amenaza
ciones y centros de interpretación existentes.
también a los museos surgidos con el respaldo
Ello es así en primer lugar porque las institucio-
de las pequeñas instituciones, como el Museo
nes que los crean, por más que en su mayoría
de la Pizarra nacido en los años noventa de la
sean las administraciones locales –a veces con
mano del ayuntamiento de Puente de Domingo
financiación pública de las diputaciones y de la
Flórez y cerrado desde hace casi diez años.
administración regional–, no solicitan su reco-
La mayoría de museos siguieron la línea ge- nocimiento oficial. La segunda razón es que la
neral de reflejar la vida cotidiana rural de tiem- administración regional, encargada de super-
pos pasados (vivienda, labores y oficios suelen visar el registro de museos, se ve actualmente
ser el núcleo de sus exposiciones), aunque desbordada por la cantidad de centros que se
algunos adoptaron un enfoque monográfico. siguen inaugurando (o de los que se anuncia su
Entre estos últimos no faltan los que son obra próxima creación) y no es capaz de supervisar-
de coleccionistas dedicados a recoger objetos los y comprobar si cumplen los requisitos técni-
concretos de la artesanía nacional, como el cos establecidos legalmente en la Ley 2/2014,
Museo del Cántaro (Bayubas de Abajo, de me- de 28 de marzo, de Centros Museísticos de
diados de los años noventa), el Museo y Cen- Castilla y León. Y mucho menos alcanza a reali-
tro Didáctico del Encaje (Tordesillas, 1999), zar labores de asesoría para colaborar con ellos
el Museo del Botijo (Toral de los Guzmanes, en la elaboración de sus fundamentos museoló-
2001), el Museo del Cántaro (Valoria la Buena, gicos dentro de esquemas y principios técnicos
2005) y el Museo del Orinal (Ciudad Rodrigo, adecuados.
2006). También aparecen museos taurinos en
Junto a iniciativas municipales, aparecen en
Salamanca (1993), Valdestillas (2001) y Vallado-
la última década museos nacidos de la voluntad
lid (2007), dedicados al vino en Peñafiel (1999),
de empresas agrícolas, como el Museo Apícola
Aranda de Duero (2003), Mucientes (2004) y
«Fernández» (Arapiles, 2004), el Museo del Vino
Cacabelos (2014), a la miel en Sagallos (2016),
«Emina» (Valbuena de Duero, 2006), el Museo
al aceite en San Felices de los Gallegos (2002),
del Vino «Pagos del Rey» (Morales de Toro,
al pan en Mayorga de Campos (2009) y al que-
2014), el Aula-Museo de la Miel «La Picorea»
so en Villalón (2010). Algunos centros se ocu-
(La Carrera, 2015) y el Museo del Queso «Chi-
pan de otros aspectos de la cultura como el
llón» (Toro, 2016). En estos casos queda claro
Museo de los Juegos Tradicionales (Aranda
que se está ante centros de interpretación, más
de Duero, 2013) o el Museo de la Música Luis
que museos, orientados hacia el turismo con
Delgado (Urueña, 2002). En el mismo bloque
una clara intención de incrementar las ventas y,
se incluyen el Museo de los Pastores (Onca-
al mismo tiempo, servir a la promoción publici-
la, 1996), el Museo del Pastor (Los Barrios de
taria de la empresa.

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Una vertiente que desarrolla los antiguos su éxito una buena propaganda y la disponi-
museos de la vida rural y que reconstruyen am- bilidad de medios para organizar actividades
bientes dentro de antiguas casas, se encuentra regularmente. En su origen subyace a menudo
plasmada en la Casa Museo de la Ribera (Pe- la oportunidad de crear infraestructuras cultu-
ñafiel, 1999). Aquí la escenografía museográfica rales que dotan de cierto relumbrón a los po-
sirve para el desarrollo, por parte de un grupo líticos que las promueven, gracias al respaldo
de actores, de una representación de las activi- social que reciben de los vecinos en las locali-
dades que tuvieron lugar en la casa a inicios del dades donde se ubican. Por otra parte, mien-
siglo xx, al tiempo que se interactúa y se hace tras en sus inicios los museos locales surgían
participar a los visitantes. Existen otras casas de iniciativas de particulares y asociaciones, y
ancladas en épocas pasadas, como el Museo aún lo hacen algunos, los promovidos por las
Sierra Pambley (León, 2006) en un contexto ur- administraciones se dejan generalmente en
bano y burgués. manos de empresas especializadas en el mon-
taje expositivo. Lo malo es que muchas saben
Muchos de estos museos han surgido im-
de diseño, pero no de museología.
pulsados por la idea de atraer turistas hacia
las localidades, si bien eso ha resultado una Todo ello reduce estos centros a espacios
falacia, por no decir un engaño. La realidad, con la mera función de exposición abierta, sin
como comentaremos algo más abajo, es que que se desarrollen iniciativas de conservación
este tipo de centros atrae a un número muy o documentación del Patrimonio Cultural, y sin
escaso de visitantes. Se hacen necesarias para participación de las comunidades donde se en-

Mariano y Tomasa, los protagonistas de la visita a la Casa de la Ribera de Peñafiel (Foto: Ayuntamiento de Peñafiel)

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clavan, más allá de intervención de los repre- museos. Mientras Caja España negociaba con
sentantes políticos. De hecho no resulta extraña la Junta de Castilla y León la creación de este
la existencia de alcaldes volcados en crear mu- museo, en 1997 su hermana Caja Duero liquidó
seos que, pocos años después y tras el cambio una parte de su impuesto de sociedades con
de gobierno local, quedan olvidados y termi- la dación en pago de una colección de trajes
nan cerrados. Uno de los casos más flagrantes y joyas de la bailarina Elvira Lucena, en la que
puede ser el Museo del Toro (Valladolid, 2007- destacaba un traje de vistas de La Alberca (Ca-
2016), pero podría sumarse también el Museo rretero 2002), que terminó en el Museo del Tra-
Oriental (Salamanca, 2006-2010). Otros no se je, fuera de Castilla y León.
llegan a cerrar, pero quedan constreñidos por
Otros centros especialmente relevantes son
un horario que, pese a contemplar la apertura
el Museo Etnográfico Provincial de León que in-
durante la mayoría de días del año, depende
auguró una nueva sede en Mansilla de las Mulas
por completo de la reserva previa de la visita a
en 2008 y el Museo Provincial del Traje Popular,
través de llamadas telefónicas al ayuntamiento
de la Diputación Provincial de Soria, abierto en
o a la persona responsable del centro. De éstos
Morón de Almazán en 2012. Todos estos son
algunos durante los meses de verano pueden
museos atractivos, con instalaciones modernas,
contar con un horario de apertura fija gracias a
personal técnico y programación de numerosas
la contratación de personal estacional para las
actividades. Como único nuevo museo dedica-
oficinas de turismo, que sirven al mismo tiempo
do a culturas extra-europeas hay que citar el
para otros menesteres municipales.
Museo de Arte Africano que la Universidad de
Dentro de la corriente de institucionalización Valladolid ha creado en 2004 gracias a la cesión
de la etnografía se ha originado un puñado de de la colección de la Fundación Alberto Jimé-
museos destacados. El más notable es el Museo nez-Arellano Alonso.
Etnográfico de Castilla y León, creado por la
En cualquier caso, el papel del museo como
Junta de Castilla y León con carácter regional1
definidor de la identidad cultural ha quedado
en 2002 (aunque su exposición permanente y
relegado, sin variar en gran medida con lo que
su equipo técnico se demoraron hasta 2004). En
se hacía hace medio siglo, a una imagen fosili-
la creación de este gran museo regional cabe
zada de una pretendida cultura tradicional cam-
echar en falta la definición de un proyecto pa-
pesina. La mayoría de museos continúan enfras-
ralelo que respaldase la voluntad investigadora
cados en mostrar los restos de un modo de vida
en este campo, algo que sin embargo estuvo en
que –según se empeñan en insistir– marcó los
la idea inicial del centro. En 2003 y 2004 diver-
pasos de nuestros antepasados desde un tiem-
sas noticias recogían la propuesta de incluir en
po remoto, iniciado quizás en época medieval,
el museo un Instituto de investigación con ex-
hasta la llegada de la «modernidad» a media-
pertos del ámbito universitario (Bellido 2008). Y
dos del siglo xx.
es que la política y el azar influyen mucho en los

2. Dicotomía museos antropológicos-


1 La gestación de este museo se inicia en los años
ochenta a partir de la adquisición de objetos procedentes
museos etnográficos
de la provincia de Zamora, al ser una iniciativa de la
Desde la aparición de los museos, y aún del
Caja de Ahorros Provincial de Zamora (luego se fusionó
con otras entidades en la Caja España, después unida a
coleccionismo (con sus gabinetes de curiosida-
Caja Duero y ahora absorbida por Unicaja, de Málaga). des o wunderkammern), la recogida de objetos
Posteriormente se ha ido ampliando el ámbito territorial exóticos ha jugado un papel fundamental. Qui-
cubierto por sus colecciones a toda la Comunidad zás esta relevancia de lo que procedía de tierras
Autónoma, pero aún quedan extensos espacios lejanas y poco conocidas propició que, junto a
infrarrepresentados, sobre todo en la zona oriental, como
los científicos y artísticos, los museos antropo-
Valladolid, Segovia o Soria.

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lógicos fueran una de las primeras categorías canía. La pérdida de vigencia del Etnocentris-
museológicas en ser reconocidas. Sin embargo, mo, la independencia de los pueblos africanos
desde los comienzos hubo una fuerte separa- y asiáticos a mediados del siglo xx y la llegada
ción entre lo que antropológicamente se enten- de nuevas perspectivas para contemplar el es-
día como referente a las culturas primitivas que tudio de las culturas han permitido replantearse
aludían a «los otros» y aquello de lo que se ocu- la definición de los museos antropológicos.
paba de las culturas «folklóricas», más cercanas
El nacimiento de los ecomuseos y los mu-
a las sociedades donde entonces se fundaban
seos de comunidad a comienzos de los años
los museos. Las manifestaciones de las segun-
1970’s representa un sustancial cambio para
das tardaron algo más en entrar en los museos.
los museos centrados en el ámbito rural de los
En España tenemos un ejemplo que deja países más desarrollados. Por más que su ini-
bien manifiesta esta realidad. Mientras el Mu- cio tiene más que ver con el hombre en general
seo Anatómico era inaugurado en abril de que con las comunidades occidentales rurales,
1875, para convertirse unos años después en establece una nueva relación de las poblaciones
Museo Antropológico, el Museo del Pueblo Es- con el medio donde se asientan, con su historia
pañol no se creaba hasta julio de 1934. Es re- y sus recursos. Se descubre que las institucio-
levante señalar que el segundo surgía con una nes museísticas pueden ofrecer a las personas
concepción bien distinta a la del primero, como la posibilidad de expresar de forma autónoma
correspondía a la imagen que se tenía entonces la concepción que tienen de sus propias identi-
del «folklore y las artes populares». Según se dades, de su cultura y de su realidad social. A
explica en el decreto de su creación, este mu- partir de concepciones normativas establecidas
seo había de recoger «las obras, actividades y desde las universidades y por una élite erudita
datos del saber, del sentir y el actuar de la masa se dio paso a otras voces y otros enfoques aleja-
anónima popular, perdurable y sostenedora, a dos de los ámbitos académicos, pero igualmen-
través del tiempo, de la estirpe y tradiciones te válidos y dotados de una legitimidad cultural.
nacionales, en sus variadas manifestaciones re-
Pero no es un movimiento limitado a los
gionales y locales en que la raza y el pueblo,
ecomuseos. Llega a transcender este ámbito
como elemento espiritual y físico, han ido for-
y alcanza a todos los museos etnográficos. Así
mando nuestra personalidad técnica y cultural»
en Francia Jean Cuisenier reconoce un gran de-
(Gaceta de Madrid, 28 de julio de 1934). Este
sarrollo de estos centros durante los años se-
museo, como otros europeos, pretendía poten-
tenta y después: se crearon multitud de nuevos
ciar el «conocimiento de lo castizo y original»,
museos, se desarrollaron las instalaciones de
según se indica algo más adelante, y había de
los ya existentes y se multiplicó el público que
servir para estudiar la cultura material, los datos
acudía a ellos, inmersos en una nueva menta-
folklóricos del saber y la cultura espiritual en sus
lidad que hacía apreciar de otro modo lo que
manifestaciones nacionales, regionales y locales
estas instituciones ofrecían (Cuisenier 1987). La
(artículo 1).
clave de este desarrollo reside en que se trata
Esta dicotomía que podía tener sentido den- de museos que hablan del común de las gentes,
tro del pensamiento antropológico desde una lo que les permite reconocerse en ellos y en-
concepción evolucionista, dejó de tener senti- contrar los fundamentos de una identidad que
do a partir de las primeras décadas del siglo xx seguramente creían perdida.
con la irrupción del funcionalismo y el posterior
Actualmente no parece muy pertinente con-
desarrollo de otras corrientes de pensamiento
tinuar manteniendo la separación conceptual
(Carretero 1994). En realidad ambos modelos
entre museos de culturas «primitivas» y mu-
de museos tienen como finalidad la representa-
seos de culturas «tradicionales», puesto que
ción de culturas, más allá del exotismo o su cer-
los tiempos en que esta separación tenía cierto

Revista de Folklore Nº 440 59 Antonio Bellido Blanco


sentido han pasado ya hace décadas (Fernán- Buena parte de los museos antropológicos
dez de Paz 1997). En realidad ambos grupos parecen haberse fosilizado dentro de esque-
deberían centrarse en exponer bajo la misma mas anticuados, y ello ha acentuado el distan-
concepción de ofrecer una visión de culturas y ciamiento entre museos y especialistas universi-
de grupos humanos, por más que estén diferen- tarios. Los museos parecen haberse convertido
ciados de modo circunstancial por un elemento en almacenes de objetos mientras los antropó-
secundario, esto es, su localización geográfica. logos profundizan en aspectos culturales más
El panorama museístico moderno ha compli- intangibles, como estructuras sociales, paren-
cado enormemente el espectro de temáticas y tesco, creencias, relaciones de género o com-
enfoques hasta el punto de que en este campo portamientos (Romero de Tejada 2000). Sin em-
existen centros dedicados a multitud de activi- bargo, no todo es culpa de los museos. Desde
dades artesanas o semi-industriales, manifes- la universidad se viene fomentando el contacto
taciones culturales, casas-museos, ecomuseos, con las comunidades vivas y con su situación
museos locales y museos con enfoques trans- presente, potenciando el trabajo de campo
versales que transcienden el espacio y el tiem- con las gentes y renunciando a casi cualquier
po para analizar determinadas facetas de la vida consideración sobre su historia, las circunstan-
humana. cias que lo forjaron y sus manifestaciones ma-
teriales. Los museos están abiertos a los inves-
En buena medida fue la visión de la discipli-
tigadores, pero éstos concentran su mirada en
na en las universidades lo que determinó hace
otros ámbitos.
más de un siglo la separación pueblos exóticos-
mundo rural europeo, y menos el que un país El problema reside en tratar de reconocer
fuera colonizador o no (Feest 1994). Hoy la si- hoy un museo antropológico de entidad en Es-
tuación ha cambiado. Si profundizamos en el paña, como señala Fernández de Paz (2015: 2),
enfoque académico que recibe actualmente la más allá de los muchos museos locales y unos
antropología no debe sorprendernos constatar pocos provinciales o regionales, que refleje las
que los estudios abarcan un amplio espectro identidades culturales y los asuntos que afectan
de prácticas culturales independientemente del a la sociedad actual. La clave no se encuentra
lugar donde se desarrollen. En el Plan de es- en una mera declaración de intenciones en la
tudios del grado de Antropología Social y Cul- voluntad de quienes gestionan los museos3. En
tural de la Universitat Autònoma de Barcelona, realidad, desde el punto de vista de la entidad
por señalar un ejemplo concreto, se indica que y la relevancia de cada uno de estos centros,
la pretensión de estos estudios es «conocer la existe un lastre que determina que algunos ob-
variabilidad transcultural de los sistemas socio- tengan un mayor peso y reconocimiento social.
culturales» y que la especialidad es «indispensa- No todos son iguales y varios son los factores
ble para el estudio de cuestiones como las des- que marcan las diferencias.
igualdades y las identidades étnicas, de clase,
de género o de edad; las variaciones culturales
cultural-1216708258897.html?param1=1217399695080>
en interacciones y flujos sociales, el funciona-
Consulta: 31/05/2018
miento de organizaciones, el análisis de mani-
festaciones complejas de la cultura popular y 3 Por ejemplo, el Museo Nacional de
tradicional, o las situaciones de cambio induci- Antropología recoge entre sus tareas «recoger y estudiar
do que requieren de una acción especializada las nuevas formas culturales que están surgiendo» y
para atender a la diversidad cultural»2. «permitir al público relacionarse, por medio de los objetos,
los usos y costumbres de otros pueblos, con aquellos otros
que estén más cercanos a su propio entorno cultural»
2 <http://www.uab.cat/web/estudiar/listado- (Real Decreto 119/2004, de 23 de enero, por el que se
de-grados/informacion-general/antropologia-social-y- reorganiza el Museo Nacional de Antropología).

Revista de Folklore Nº 440 60 Antonio Bellido Blanco


Para empezar hay museos con un respaldo del carácter humano (Boas 1887). En puridad,
oficial o institucional que les dota de mejores dado que ningún museo habla del conjunto de
presupuestos y plantillas técnicas, lo que les la Humanidad –quizás el Museo del Hombre en
otorga una posición prominente y mayor visibi- París durante el siglo xx–, sino sólo de una o va-
lidad. Los primeros son los Museos Nacionales, rias culturas (en este caso generalmente remar-
papel que en España correspondería al Museo cando las diferencias y no las semejanzas), ha-
Nacional de Antropología y al Museo del Traje. bría que decir que en el ámbito de los museos
CIPE. En otro extremo están los museos locales, todo es etnología. Sin embargo, aunque ambos
algunos gestionados por asociaciones y la ma- vocablos son válidos y dado que actualmente el
yoría sostenidos por las administraciones locales. término etnología suele recibir una considera-
ción menor, considero que resulta mejor el em-
Otro factor diferenciador de los museos
pleo de museo antropológico.
está marcado por dónde se encuentra el origen
de las colecciones. Las primeras estaban fuer- Para vislumbrar unas pautas generales sobre
temente arraigadas al pasado colonial de los la situación actual de estos museos, la Estadís-
grandes países occidentales, mientras hoy es tica de Museos y Colecciones Museográficas
más habitual que se recurra a compras y diver- 2016 del Ministerio de Educación, Cultura y De-
sas campañas de recolección que pueden aso- porte nos proporciona datos de interés con los
ciarse a la actuación de instituciones culturales que establecer su caracterización.
o proyectos de investigación, pero que también
En primer lugar la Estadística de 2016
se vinculan a la captación de donaciones y de-
muestra que son los museos de etnografía y
pósitos realizados por individuos particulares
antropología los más numerosos por tipología,
de forma desinteresada.
pues representan un 17,4% del total de los de
Pese a toda esta diversidad, como señalaba España. Dentro de Castilla y León este tipo
Andrés Carretero (1994), la mayoría de museos reúne 35 centros, lo que representa el 17,8%,
etnológicos siguen aún inmersos en una voca- en línea con la media nacional. Por titularidad,
ción estética, en el sentido de que se presentan en España los museos antropológicos-etno-
objetos de uso cotidiano con una voluntad es- gráficos son mayoritariamente de titularidad
tética y sentimental que antes no tenían y se les pública (72,9%) y en especial de las adminis-
dota de una pretendida calidad de símbolo de traciones locales (63,3%).
identidad. Este modelo de discurso expositivo
Pese a la aparente relevancia de los museos
no tiene por qué ser causa de la exclusión de
de esta temática, queremos resaltar un dato en
determinados museos del ámbito temático de
relación con la temática de los fondos de las co-
la antropología, puesto que generalmente es el
lecciones estables de todos los museos. En el
tipo de colecciones lo que define hoy su clasifi-
conjunto de España, los fondos de etnografía y
cación. De otro modo muchos de estos museos
antropología representan sólo el 10,8% del total
habrían de incrustarse, de mejor o peor modo,
(tras fondos de ciencias naturales y de arqueo-
en tipologías como bellas artes, historia y téc-
logía), mientras que en Castilla y León se que-
nica.
dan casi en la mitad (5,9%), muy por detrás de
Ya a finales del siglo xix, Franz Boas estable- los clasificados en los ámbitos del arte y arqueo-
ció que etnología y antropología eran parte de logía. Tampoco son los museos más visitados y,
la misma ciencia. Señalaba que la diferencia re- a nivel nacional en cifras totales de visitantes,
side en que la primera se centra en la influencia quedan por detrás de los bellas artes, arte con-
de las personas sobre su entorno y las relacio- temporáneo, arqueología, historia y ciencia y
nes entre los individuos, mientras que la segun- tecnología. Curiosamente, en el número de visi-
da investiga las leyes y la historia del desarrollo tantes por museo ocupan el último lugar: 9.059

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por museo frente a los primeros puestos de los ciales ni cabe considerar a cada pueblo como
dedicados al arte contemporáneo (83.140) y a entes aislados cuando muchos individuos viven
las bellas artes (71.172). en ambientes donde comparten espacios con
personas de diferentes procedencias y culturas.
En cuanto al personal, se sitúan de nuevo en
el peor puesto, con una media de 4,2 personas Hacia 1960, Jean Gabus, director del Musée
por museo frente a la mejor dotación de los mu- d’Ethnographie de Neuchâtel, legitima unas
seos de arte contemporáneo (16,1) y ciencias pautas museográficas donde se destaca que los
naturales e historia natural (13,5). Y respecto objetos deben transcender y superar su ordena-
al tipo de jornada de trabajo tienen los peores miento cultural y la transmisión de información
datos en la relación jornada completa-jornada sobre el medio, la técnica, el nivel de vida, la
parcial con 54,3-45,7 frente a la media nacional economía, la organización social, la religión, la
de 71,9-28,1. También son el tipo de museos historia y su estética. Junto ello deben ser capa-
que más sobresale por número de trabajadores ces de hacer llegar una emoción al observador,
no remunerados (10,3%) y voluntarios (14,9%) para lo que se pone de relieve el valor de los
en el conjunto de España. Tales datos genera- objetos como símbolos que van ligados a inter-
les son ilustrativos de que pese a la apariencia pretaciones culturales (Gabus 1965).
de que estos museos son un elemento de peso
Fundamentos como éstos pueden ser reco-
en el conjunto de instituciones, existe una gran
nocidos en renovaciones de montajes expositi-
precariedad y escasez de medios en ellos.
vos como el realizado en el Museo de América
cuando se inauguró en 1994 sobre cinco áreas
3. Museología antropológica actual temáticas tituladas el conocimiento de Améri-
La obra de María Bolaños (2002) con los ca, geografía y paisaje, la sociedad, la religión
textos señeros de la museología del siglo xx y la comunicación. En la misma línea entra-
muestra bien cómo nos hemos ido acercando ría la sala de América del Museo Nacional de
a la situación presente. Una gran renovación Antropología en 2005, cuando se pasó de un
museográfica de los museos de antropología se criterio «geográfico», que se centraba en unos
produjo en la década de 1930, como reflejó en pocos grupos étnicos de todo el continente, a
1938 Robert Goldwater, director del Museum un criterio «temático», en el que se reflejaban
of Primitive Art, de Nueva York. Del amontona- manifestaciones de todo el continente en torno
miento y la exhibición documental se pasó a in- a cinco grandes ámbitos: economía y subsisten-
cluir una parte importante del museo donde se cia, vivienda y menaje doméstico, indumentaria
destacaba la estética de las piezas junto a otras y técnicas de manufactura, actividades lúdicas y
zonas donde primaba la información cultural y creencias y ritos (Mateos 2006).
funcional (Goldwater 1938). El Museo Etnográfico de Castilla y León tam-
En este sentido hay que cuestionarse muchas bién adoptó un enfoque temático al ser inau-
de las formas de mostrar las culturas en los mu- gurado en 2004 y divide su discurso en cinco
seos. Como señala André Desvallées (1994), las secciones4:
colecciones no deben tener un límite cronoló- 1. el espacio y el entorno: «el estudio de
gico –puesto que nos encontramos en muchos la vida cotidiana, el trabajo, la producción,
casos ante culturas vivas–, no hay que limitarse los oficios y el hábitat. […] se mostrará al
sólo a lo que reúne unas cualidades estéticas visitante el lugar donde el Hombre lleva a
sino que debe atenderse a aspectos materiales, cabo su existencia y la manera que tiene
sociales y espirituales, y tampoco hay que fijar
el límite en su valor como testimonio de iden-
tidad. Además no hay que poner límites espa- 4 <http://www.museo-etnografico.com/areas.
php?id=207> Consulta: 31/05/2018

Revista de Folklore Nº 440 62 Antonio Bellido Blanco


Vista del espacio «El espacio y el entorno» del Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora
(Foto: Museo Etnográfico de Castilla y León)

de solucionar los problemas derivados con tética de los mismos y su función práctica
otros individuos, con los animales y con la y simbólica. […] qué imagina, crea y desa-
naturaleza», rrolla el Hombre; la estética, el adorno y la
forma como resultados de una expresión
2. el tiempo y los ritos: «la vida tradicio-
artística que finalmente llega a ser identi-
nal desde la perspectiva temporal. […] se
taria para un individuo o un colectivo»,
analiza cuándo se realizan las actividades
vitales, productivas y festivas: el curso del 4. el alma y el cuerpo: «la correspondencia
año traducido en fiestas y celebraciones, el entre lo material y lo espiritual […] cómo
ciclo vital y los rituales que tienen al tiem- se ha comportado y cómo ha pensado el
po como testigo», ser humano a través de las generaciones:
sus creencias, su educación, sus normas de
3. la forma y el diseño: «se expone una
convivencia y de intercambio, el lenguaje y
extraordinaria selección de objetos deco-
la evolución de la cultura» y,
rados, así como el proceso de creación es-

Vista del espacio «El alma y el cuerpo» del Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora
(Foto: Museo Etnográfico de Castilla y León)

Revista de Folklore Nº 440 63 Antonio Bellido Blanco


5. como tema monográfico, el barro –sím- En Castilla y León y en España la mayoría de
bolo y función–: «muestra la relación del museos antropológicos se centran en las socie-
hombre con el barro, desde la mitología y dades rurales que existieron hasta hace aproxi-
el símbolo hasta la arquitectura, pasando madamente un siglo, ignorando su desarrollo
por la producción, los oficios vinculados a posterior. Se trata de centros que, como ha se-
la arcilla y el uso de este material en la vida ñalado Xosé Carlos Sierra (2015), surgen en un
cotidiana». contexto de rápido cambio social en el que en
unas pocas décadas se ha pasado de socieda-
A principios de la década de 1970 se arrai-
des mayoritariamente rurales al abandono del
ga un nuevo modelo de museo, el ecomuseo.
ámbito campesino y al actual cuestionamiento
Su rasgo principal venía dado por la necesidad
de su pervivencia económica y social. Por más
de que sirviera como espejo de una comunidad
que estos museos se ubiquen dentro de su ám-
que ha de reconocerse en el museo. El museo,
bito espacial y con colecciones generalmente
con la ayuda de expertos y administraciones,
donadas por sus propietarios, parece difícil dar
indaga en la continuidad con las generaciones
la voz y el protagonismo a las gentes que pode-
pasadas y permite una mejor comprensión de
mos identificar como los continuadores actuales
la realidad actual (Rivière 1985). Este plantea-
de estas sociedades que estaban, y siguen, en
miento guarda relación con las primeras voces
trance de cambio o desaparición.
que reconocen el papel de los países recién in-
dependizados en la musealización de su patri- Salvo en el caso de determinadas fiestas re-
monio cultural. El discurso de Stanislas Adotevi ligiosas, en las que los símbolos se han man-
remarca que los museos con piezas africanas no tenido vigentes5, los objetos que se muestran
muestran los ritos, la herencia y la personalidad en los museos han perdido la comprensión y el
de las gentes de África, sino de los europeos sentido para sus herederos y a lo sumo se han
burgueses cultos (Adotevi 1972). convertido en el recuerdo de las historias de los
abuelos. Apenas pueden actualizarse los relatos
Al hilo de esta nueva visión de los museos
que generan esos objetos, cada vez más leja-
etnográficos, se ha empezado a dar protago-
nos, y ya existen casos en los que se recurre al
nismo a los pueblos indígenas para que deci-
trabajo teatral para escenificar un modo de vida
dan cuál ha de ser el papel de los restos cul-
perdido y ahora estereotipado. Cabría pensar
turales que se custodian en los museos desde
si museos como la Casa de la Ribera, en Peña-
hace décadas. En Canadá la Asamblea de las
fiel, no han hecho más que volver a las exhibi-
Naciones Indígenas y la Asociación de Museos
ciones de las Exposiciones Universales, con la
Canadienses establecieron en 1992 unos prin-
salvedad de sustituir a los indígenas originales
cipios para reconocer el deseo y el derecho de
por un grupo de actores voluntariosos y con su
las Naciones Indígenas en la investigación, do-
papel bien estudiado. Tampoco el Ecomuseo
cumentación, presentación, promoción y edu-
de Tordehumos (Valladolid) logra la integración
cación que atañe a su cultura indígena dentro
con el territorio y las gentes, por más que su
de un marco ético (VV.AA. 1992). Se señala en
denominación pueda llevar a equívoco.
este documento que los objetos representan
valores culturales y para su interpretación públi- En realidad la mayoría de museos ubicados
ca es obligado contar con la implicación de los en el ámbito rural han optado predominante-
pueblos indígenas. Se ponía además en pie la
posibilidad de que los aborígenes recuperaran 5 En algunas celebraciones con pretensiones
y dispusieran de los restos humanos, los objetos de recuperación de actividades hoy perdidas, como
sagrados o procedentes de enterramientos que la recogida de la cosecha de cereal, la matanza del
cerdo, la elaboración tradicional del vino o el aceite, nos
fueran importantes para ellos.
encontramos con una intención más de tipo turístico que
de reforzar símbolos de identidad local.

Revista de Folklore Nº 440 64 Antonio Bellido Blanco


mente por montajes asociados a una visión ro- los temas clásicos de los museos etnográficos
mántica de la tradición perdida, reconstruyen- tradicionales: agricultura, casa, arquitectura tra-
do espacios y ambientes temáticos en locales dicional, medios de transporte, producción de
reducidos donde los objetos se apiñan hasta la alimentos, producción textil, alfarería, pasto-
saturación, alejados de su configuración origi- reo, herrerías, madera, comunidades urbanas,
nal (Alonso Ponga 2008). Junto a este enfoque, religiosidad popular, medicina, indumentaria y
algunas piezas se destacan desde el punto de joyería, arte popular, ciclo vital, ciclo festivo y
vista estético por sus valores artísticos, como organización y gobierno6.
objetos tallados y bordados. Además no faltan
El otro lado del papel de los indígenas, con
montajes que prefieren seguir un afán clasifica-
mayor implicación, lo deparan ejemplos como
torio y tipológico y, por ejemplo, acumulan nu-
el del Museo de Arte Africano de la Universi-
merosas variantes de cántaros, botijos o marcas
dad de Valladolid o el del Museo de Ávila. En
de ganado. Como sostiene Fernández de Paz
el primero una parte de su colección, expues-
(1997) estos centros que se han dedicado bási-
ta desde 2012 bajo la denominación de «Reino
camente a recolectar y mostrar grupos de obje-
de Oku», ha llegado procedente de Camerún
to en desuso apenas cumplen con las funciones
cedida a la Fundación Jiménez-Arellano Alonso
que cabría esperar de un museo y, a pesar de
«para la promoción de los valores culturales y
toda la buena voluntad de sus artífices, se redu-
artísticos» del reino de Oku en Europa (Cacha-
cen a una especie de almacenes visitables.
feiro 2013). Tras un periodo de negociaciones
En esta misma línea interpretativa que deta- iniciado en 2006, el monarca (máxima autori-
lla el mundo rural hasta aproximadamente 1900 dad política, judicial y religiosa) permitió la se-
se incluiría el Museo Etnográfico de León, por lección de un importante conjunto de objetos
más que su propuesta expositiva y sus activida- ceremoniales para su exhibición en este museo,
des le den un mayor atractivo y empaque. La
sucesión de salas del museo va desgranando 6 < http://www.etnoleon.com/>
Consulta: 31/05/2018

Vista del área dedicada a la casa del Museo Etnográfico Provincial de León, en Mansilla de las Mulas
(Foto: Museo Etnográfico Provincial de León)

Revista de Folklore Nº 440 65 Antonio Bellido Blanco


al tiempo que los artesanos locales renovaron Y sin embargo, estos dos ejemplos son ex-
las máscaras, muebles y otros objetos ceremo- cepcionales porque forman parte de un patri-
niales que ahora siguen usándose. El caso del monio vivo y en uso, mientras que en el grueso
Museo de Ávila es parecido. Aquí los disfraces de los museos antropológicos los objetos per-
que se utilizan en las mascaradas de invierno tenecen a sociedades donde éstos han perdido
tradicionales de varios pueblos de la provincia ya su valor de uso e incluso su comprensión. Su
han sido también replicados, si bien han sido papel cultural se ha difuminado y sólo queda un
los nuevos atuendos los que se han donado al cierto pintoresquismo y un valor histórico.
museo mientras los originales se mantienen en
uso en cada localidad.

Vistas de parte de la sala «El Reino de Oku» del Museo de Arte Africano Arellano-Alonso de la Universidad de Valladolid

Revista de Folklore Nº 440 66 Antonio Bellido Blanco


Volviendo la mirada al pasado, muchos momento en que los objetos son seleccionados
objetos traídos de fuera de Europa entre los entre muchos que se pueden encontrar en el
siglos xvii y xix e incorporados entonces a co- momento de la recolección en el campo y des-
lecciones y museos parecen corresponder a pués se produce una nueva selección a la hora
regalos y ventas no forzadas, si bien el recurso de elegir los que van a presentarse en las salas
al saqueo de lugares arqueológicos está do- del museo. Hoy nadie puede negar que todos
tando actualmente de un carácter negativo a los elementos museables son testimonio de
este coleccionismo, que ha llegado también a una realidad compleja y multiforme (Desvallées
tierras castellanas (Costa 2005). Muy cerca de 1994). En parte esa realidad puede recuperar-
la recogida decimonónica de objetos exóticos se con la contextualización, pero ésta no debe
podría colocarse el procedimiento seguido en limitarse a un grupo de objetos, sino que de-
algunos de los museos de Castilla y León, cu- bería estar acompañada de personas, gestos,
yas colecciones dependieron de las compras sonidos y relatos. La exposición «Into the Heart
que determinados individuos realizaron gene- of Africa» organizada en el Royal Ontario Mu-
ralmente a chamarileros y anticuarios que re- seum en 1989-1990 fue un claro testimonio de
corrían los pueblos recogiendo trastos viejos cómo reflejar diferentes visiones de una misma
entre los años cincuenta y ochenta del siglo xx. realidad antropológica, recurriendo sólo a pers-
En estos años se formarían buena parte de las pectivas del mundo occidental –aunque recibió
colecciones de Julio Carro en León, Eugenio una fuerte crítica por destacar aspectos como el
Fontaneda en Palencia y entraron destaca- colonialismo, la apropiación y la explotación de
das piezas al Museo Numantino de Soria de los pueblos indígenas– (Schildkrout 1991).
la mano de Teógenes Ortego y en el Museo
Muchos de los pequeños museos rurales han
de Salamanca gracias a César Morán. La actual
pretendido ofrecer una contextualización de sus
potenciación de las donaciones por parte de
colecciones, si bien la plasmación ha conducido
los propietarios a los pequeños museos rurales
en muchos casos a sobresaturar de objetos los
y también al museo regional7 viene suavizando
lugares donde originalmente se guardaban du-
el origen erudito de las colecciones de muchos
rante el tiempo que no se utilizaban. Más raro
de ellos y les dota de una mayor integración en
es que se coloquen en los espacios de uso y
su contexto cultural, ya que existe una posibi-
con similar disposición a la que tenían cuando
lidad de conocer el origen de las piezas mejor
eran manejados. Y lo corriente es que la mayo-
de lo que se hacía en tiempos pasados.
ría de objetos de los museos se ofrezcan como
Desde los años setenta también está claro entes fosilizados acompañados, a lo sumo, de
que la pretendida objetividad de las exposicio- un breve texto explicativo o una antigua foto.
nes donde se acumulaban objetos, agrupados Muy infrecuente resulta la colocación de vídeos
por criterios estéticos, funcionales, culturales, con muestras de la utilización de los objetos o
recreando ambientes o por otras líneas temáti- con testimonios de personas que los usaron; y
cas, con cartelas que aportaban unos escuetos sólo excepcionalmente (generalmente en even-
datos técnicos, no es más que una apariencia. tos ocasionales) se llega a presentar la utiliza-
La imparcialidad no se encuentra ahí desde el ción en vivo de alguno de los objetos expuestos
(u otros similares) por parte de artesanos y otros
7 Entre 2003 y 2017 se han donado al Museo «oficiantes» actuales.
Etnográfico de Castilla y León más de 1.250 referencias
La implicación de las comunidades se desa-
(que incluyen un número mucho más elevado de objetos,
libros y fotografías). Se puede encontrar el listado en el rrolla a través de conciertos, recreaciones de
Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León de 4 de actos festivos, talleres y jornadas técnicas en
abril de 2018. <http://sirdoc.ccyl.es/sirdoc/PDF/PUBLOFI/ el Museo Nacional de Antropología (Sáez Lara
BO/CCL/9L/BOCCL0900395/BOCCL-09-024870.pdf> 2016). Aunque no es frecuente tal concentra-
Consulta: 31/05/2018

Revista de Folklore Nº 440 67 Antonio Bellido Blanco


ción de actividades en la mayoría de museos, interpreta en un nuevo tiempo y lugar (Lattanzi
se pueden encontrar algunas en museos de 2008). Ningún objeto tiene un único uso ni es
Castilla y León, siendo el Museo Etnográfico de considerado por todos los individuos del mismo
Castilla y León el que aglutina un mayor núme- modo, pudiendo llegarse a proponer una mu-
ro. En este punto, junto a talleres dedicados a seografía de ruptura basada en planteamientos
tradición oral, fiestas, instrumentos musicales, excepcionales y más en la oposición y el diálo-
fotografía etnográfica o joyería y conciertos y go, con varios niveles de lectura, que en la mera
cuentacuentos, se convocan actividades como contextualización y asociación (Hainard 1984).
las sesiones de baile (swing y tango) que pare- La línea argumental del conservador-comisario
cen más propias de un «centro cívico». cobra así relevancia y le dota de un papel de
control subjetivo que queda de manifiesto con
En el otro lado, alejado de la realidad de una
claridad (Durrans 1994). Una opción podría ser
sociedad, se podría considerar el Museo de la
la comparación entre diferentes sociedades
Siderurgia y la Minería de Castilla y León. Por
o grupos culturales a través de ejemplos con-
más que en sus fundamentos el museo declare
venientemente contextualizados, con un con-
la voluntad de «rendir un homenaje a un grupo
traste que puede generarse entre elementos
de hombres y mujeres que hizo posible la ins-
distanciados en el tiempo igual que en el es-
tauración en estas tierras de la primera industria
pacio, pero también entre diferentes creencias
siderúrgica de España» y de destacar que «des-
o perfiles sociales (Romero de Tejada 2000). En
de entonces y hasta 1991, la economía del va-
cualquier caso el museo ha de ser consciente de
lle se basó en las explotaciones mineras, cuyas
sus tensiones y contradicciones para formular
actividades y memoria se recoge en el museo, a
permanentemente nuevos problemas y proyec-
la vez que los usos y costumbres de las gentes
tos e imaginar modos para intervenciones más
del valle»8, la realidad del montaje queda algo
estimulantes (Brito 2008).
lejos de tales metas. La exposición se centra en
la historia de la comarca y en los aspectos téc- Un aspecto significativo en la antropología
nicos de la explotación pero, como ha destaca- actual es la representación de las identidades.
do Grau (2015), nada relata sobre la vida de los Sin embargo, mientras los pequeños museos
mineros, el desmantelamiento de las minas y el locales y comarcales parecen lograr con cierta
declive que esto generó allí. Y ello por más que facilidad este objetivo (aunque sean identida-
el museo desarrolle un proyecto de documenta- des fosilizadas y trasnochadas generalmente),
ción denominado «Memoria oral de la Minería» los museos nacionales o regionales tienen di-
que recoge testimonios de los mayores de la fícil adoptar el papel de caracterizadores de
comarca que dan a conocer cómo era la vida identidades de las gentes del lugar donde se
cuando las minas funcionaban9. ubican. A pequeña escala, el Museo del Pueblo
de Asturias, conserva y da a conocer la memo-
Otra opción es que el técnico o el comisario
ria del pueblo asturiano a través de mostrar la
construya un nuevo relato y para ello hay que
diversidad de un pueblo con diferentes grupos
tener conciencia de que cada objeto puede
y clases sociales, lo que realiza esencialmente
contar varias historias. Desde el momento en
en sus exposiciones temporales (López Álvarez
que las piezas de un museo han abandonado
2008). Para Extremadura, su proyecto «Museos
el tiempo y el lugar donde se crearon o usaron,
de Identidad» aúna centros de variada temática
el museo se convierte en un mediador que los
en torno a procesos productivos y rituales (em-
palao, auroros, granito, alfarería, corcho, mine-
8 < http://www.museosm.com/inicio.html>
ría, ferrocarril, cereza, queso, turrón, pimentón,
Consulta: 31/05/2018
la octava del Corpus, arquitectura popular),
otros generalistas de ámbito local y varios ar-
9 El proyecto se inició en 2011 con la grabación
audiovisual de entrevistas a los antiguos trabajadores. queológicos. Entre las grandes instituciones,

Revista de Folklore Nº 440 68 Antonio Bellido Blanco


el Nacional de Antropología está centrado en materiales etnográficos no solían disponer de
identidades de fuera de España y el del Traje medios para registrar estos documentos, más
se ha volcado en una faceta muy puntual de la allá de algunas fotos. Y aún los museos actua-
identidad. les siguen confiando en el poder de los objetos
para transmitir información por si mismos a los
En el caso del Museo Etnográfico de Castilla
visitantes sin recurrir a materiales complemen-
y León, sus contenidos no se formalizan en un
tarios ni a su contextualización (Fernández de
perfil distintivo de la región –o regiones den-
Paz 2004).
tro de ella– ni contrastan la realidad expuesta
con otras distintas (Grau 2015). Como dice Roi- Para Richard Kurin (2007) no es suficiente
ge (2015), puede que resulte difícil explicar la con el registro en audio o audiovisual de una
complejidad de un contexto con identidades canción o la realización de una actividad, sino
cambiantes en unas sociedades complejas y que el valor patrimonial inmaterial se concentra
permeables, o puede que no exista voluntad de en la propia gente que desarrolla ese acto y que
hacerlo por parte de las instancias políticas que lo entiende como parte de su identidad cultu-
gestionan los museos. ral. Ni siquiera sería suficiente una recreación
por eruditos, artistas o individuos de una comu-
Xosé Carlos Sierra (2015) ha puesto de ma-
nidad distinta. Lo fundamental es que la mani-
nifiesto la importancia de recuperar la imagen
festación cultural se mantenga dentro de la co-
que de la identidad gallega han dado los artis-
munidad que la siente como suya y que de este
tas desde finales del siglo xix a la actualidad.
modo se asegure la transmisión a la siguiente
Poco se ha hecho en este sentido en Castilla
generación. Lamentablemente en muchos casos
y León, más allá de la organización puntual de
se ha roto el vínculo cultural que se mantenía de
exposiciones dedicadas a pintores del paisaje
generación en generación y los actuales here-
y el paisanaje (Ignacio Zuloaga, Sorolla, Guido
deros de testimonios materiales e inmateriales
Caprotti, García Lesmes, Díaz Caneja, Delhi Te-
no conservan hacia ellos la misma consideración
jero, Castilviejo, Vela Zanetti, los integrantes del
que tuvieron en el pasado; y en algunos casos
grupo Simancas o Manuel Sierra) o al ceramista
han llegado a perder toda conexión con ellos.
Daniel Zuloaga, si bien nunca se han ligado a
Por eso sigue siendo relevante la conservación
enfoques antropológicos. No obstante, no que-
de registros grabados. Sobre la aplicación de
remos dejar de aludir aquí a la existencia de una
audiovisuales e historias orales a las exposicio-
muestra de arte popular con una fuerte base de
nes, los museos extranjeros nos llevan una gran
identidad en la exposición de exvotos pictóri-
ventaja (Alonso Pajuelo 2012), aunque no faltan
cos dedicados al Cristo de las Batallas de Toro
en centros como el Museo Nacional de Antro-
(Zamora) entre los siglos xviii y xx, que se pueden
pología (Soguero y Azcona 2012).
ver en la sacristía de la iglesia de San Sebastián
de los Caballeros y que fueron incluidos en una Quizás uno de los pocos museos que pue-
exposición temporal del Museo Etnográfico de den considerarse vivos e imbricados en el pa-
Castilla y León en 2008 (Domínguez 2008). trimonio que muestran sea el Alfar-Museo de
Jiménez de Jamuz, un auténtico alfar con to-
Por otra parte, desde hace algo más de una
das sus instalaciones. Desde su creación, este
década se viene dando un especial realce al pa-
centro cuenta con un alfarero10 que trabaja si-
trimonio inmaterial, que afecta de lleno a lo an-
guiendo los métodos tradicionales, que ense-
tropológico. Este tipo de manifestación cultural
ña y explica a los visitantes. El único elemento
está alcanzando un importante valor también
en los museos, pero para muchos de ellos no es
10 El primero que se ocupó del alfar, Martín
fácil desarrollar esta faceta en la que la recogida Cordero, fue maestro de varios jóvenes y cuando murió
de testimonios orales, visuales y audiovisuales en 2007, el último de sus alumnos, Jaime Argüello, le
resulta fundamental. Las antiguas recogidas de reemplazó en el puesto.

Revista de Folklore Nº 440 69 Antonio Bellido Blanco


de museología tradicional es una amplia vitrina temente desarrolladas. Más bien, al contrario,
que, junto al portalón de entrada, contiene una muchos museos han servido para que los in-
variada muestra de antiguos cacharros produci- dividuos que pertenecen a esas comunidades
dos en la localidad. Hay que tener presente que acudan a ellos como símbolo de una cultura del
en esta localidad continúan activos cuatro alfa- pasado, un testimonio fósil de lo que fue y se
res tradicionales y que es una de las tres únicas ha ido. A lo sumo, a través de recreaciones y re-
Zonas de Interés Artesanal de Castilla y León11. presentaciones ocasionales, se han convertido
en un mero recurso turístico. Se enseñan esas
En Castilla y León quizás el museo que, des-
manifestaciones o se acude a estos museos con
de hace décadas, más se ha centrado en el patri-
el orgullo con el que se visitan los museos de
monio inmaterial es la Fundación Joaquín Díaz.
historia o de bellas artes, reflejo de grandes co-
Su museo de instrumentos musicales no es más
sas del pasado, no del presente. Como sostiene
que una faceta que va unida a un importante
Fernández de Paz (2015), frente a la exhibición
archivo fonográfico y documental. Este centro
de las artesanías del pasado, raramente se en-
aglutina vídeos documentales y comerciales de
cuentran en estos museos explicaciones sobre
tema etnográfico y más de catorce mil soportes
cómo son los artesanos actuales, y si han sabido
sonoros, cuyo inicio se encuentra en grabacio-
adaptarse cambiando sus instrumentos y técni-
nes realizadas en los años sesenta por Joaquín
cas de fabricación, las morfologías o las decora-
Díaz y que suma discos, casetes y CD’s de tipo
ciones y cuáles son sus nuevos mercados.
comercial registrados por grupos de música
tradicional de la región y de todo el mundo12. En cierto sentido los museos antropológicos
Parte de las grabaciones pueden escucharse se han venido revistiendo de un aura ceremonial.
en una página web denominada Archivo de la En el caso de las pequeñas instituciones rurales
Tradición Oral realizada en colaboración con el su valor para producir un contenido simbólico
Museo Etnográfico de Castilla y León13. y un vínculo social entre los individuos les dota
de fuerza integradora a través de un discurso
Junto al ejemplo veterano de Joaquín Díaz
persuasivo (Sánchez del Olmo 2016) que, en
habría que aludir al trabajo que, desde la Dipu-
este contexto, hace uso de rasgos tomados de
tación de Soria y el Museo Provincial del Traje
la sociedad tradicional. Museos así dan forma
Popular, realiza Enrique Borobio Crespo en la
tangible a lo que es una comunidad imaginada
recogida de información sobre indumentaria,
sustentada sobre una aparente verdad histórica
joyas, canciones y tradiciones, en muchos casos
construida gracias a un control retórico. Estos
documentada a través de la grabación audio-
instrumentos hacen surgir un espacio de legiti-
visual.
mación y de construcción social que sin embar-
No obstante, la implicación directa de los go se sustenta en una experiencia basada en
museos en la continuidad de las manifestacio- el recuerdo y no en la acción. El procedimiento
nes culturales y la aplicación de su papel como crea un vínculo con una realidad que tiene más
garante de su imbricación vital en las comuni- de ficticio que de transmisión generacional.
dades castellanas y leonesas no están suficien-
¿Qué elementos definen hoy la identidad
de las comunidades en Castilla y León? No re-
11 Resolución de 27 de julio de 2017, de la
Dirección General de Comercio y Consumo (BOCyL de 11
sulta un tema sencillo. En el ámbito rural, por
de agosto de 2017). una parte, están los símbolos religiosos –como
imágenes de santos patrones–, las enseñas de
12 <https://www.funjdiaz.net/fono0.php> Consulta: carácter local –como los pendones del área del
31/05/ 2018 antiguo reino de León–, determinadas fiestas,
algunos bailes y comidas y otros elementos
13 <http://museo-etnografico.com/antropofonias. puntuales. En el ámbito urbano los signos de
php> Consulta: 31/05/ 2018

Revista de Folklore Nº 440 70 Antonio Bellido Blanco


identidad son más dispersos aún. En definitiva, que para las gentes del territorio regional. En
mucho se ha perdido por el camino. Atrás han este sentido se hace imprescindible indagar en
quedado relatos transmitidos oralmente, tierras cuáles son los valores «autonómicos» –si es que
que trabajar o un lugar que haya pertenecido los hay– para la gente de esta Comunidad, lo
a los antepasados y al que volver. Hoy pocos que consideran que les representa y les iden-
episodios unen las voluntades de los grupos hu- tifica. Sólo de ese modo se podrá dar sentido
manos de esta comunidad autónoma. real a estos museos antropológicos y asegurar
la implicación de las personas en su desarrollo.
Poco peso suelen cobrar los museos dentro
de las actividades y ceremonias que conservan
algún resto de identidad, ya que los escasos 4. Reflexiones finales
objetos asociados a ellas acostumbran a en- Todas estas consideraciones pueden resul-
contrarse en manos de ayuntamientos, iglesias tar fáciles de realizar desde un despacho, pero
y santuarios. Quizás una excepción la propor- su plasmación en la renovación de los museos
cionen los pasos procesionales de la Semana es otro cantar. Si la mayoría de los pequeños
Santa, para los que en localidades como Zamo- museos no tienen más personal que alguien
ra o Medina de Rioseco sendas asociaciones encargado de administrar y gestionar el centro
han creado espacios donde conservar y exhibir y una persona que atiende las visitas, no pue-
todo lo relativo a las procesiones. Por más que de pedírseles una reformulación museológica.
su carácter les acerque más a museos de Bellas Incluso museos que inicialmente contaban con
Artes (el caso de los pasos conservados en el montajes originales y arriesgados, suelen que-
Museo Nacional de Escultura, en Valladolid, es dar fosilizados sin posibilidades de renovación y
paradigmático al respecto), no faltan junto a las resultan desfasados en unos años.
esculturas otros objetos relativos a las cofradías
(estandartes, varales, túnicas, medallas, corne- No muchos museos disponen de personal
tas, carracas, libros, etcétera) e incluso vídeos técnico volcado en sus instituciones. General-
con el desarrollo de las procesiones (Fernández mente se olvida que un museo no se reduce a
2003: 398-400). Este sí es un patrimonio vivo, una colección y una exposición; en ellos el fac-
que anualmente sale del espacio del museo y tor humano –antropólogos y museólogos– es
recupera una función que moviliza a los veci- fundamental desde la recolección de objetos a
nos, recuperando una antigua tradición que se la exposición, pero pasando además por la im-
renueva año tras años y va evolucionando con el plicación de los grupos humanos que refleja y
paso del tiempo. sobre los que interviene de una forma u otra. La
adaptación a la actualidad debería ser funda-
En definitiva, faltan referentes, las situacio- mental en museos de carácter social y cultural,
nes son muy cambiantes, se han roto los lazos como los antropológicos.
y la continuidad con los antepasados. Peor aún,
los símbolos que pretendidamente crean uni- La implicación de las comunidades tiene su
dad regional son promovidos desde instancias máxima expresión en la donación de multitud
políticas como elemento propagandístico (ali- de objetos que, lejos de ser parte viva de las
mentos «Tierra de Sabor», «el museo más gran- mismas, generalmente permanecían arrumba-
de del mundo» o «¡Castilla y León es vida!»). dos en desvanes, cuadras y leñeras. La volunta-
riedad de los vecinos del lugar donde se ubican
Los elementos más arraigados de identidad estos museos y el interés de los ayuntamien-
se concentran en el ámbito local, quedando la tos quedan en buena medida lastrados por un
circunscripción regional como un aparatoso si- espíritu nostálgico que obstaculiza cualquier
mulacro de carácter administrativo que concen- consideración desde el presente. En cualquier
tra un escaso valor anímico. Los museos quedan caso si las personas que hace un siglo utilizaban
así como un reducto para turistas y locales más

Revista de Folklore Nº 440 71 Antonio Bellido Blanco


esos objetos en su vida cotidiana acudieran hoy El panorama es complejo y exige un fuerte
a uno de estos museos no serían capaces de cuestionamiento de lo hecho hasta ahora, pero
verse representadas en ellos; ni siquiera alcan- para ello es imprescindible contar con las comu-
zarían a verlo como una simulación poética de nidades implicadas y con las administraciones
sí mismos. que disponen de los medios para financiar cada
actuación. Habrá que ver qué depara el futuro.
No se logra a través de estos museos un
desarrollo sociocultural de las comunidades re-
flejadas en ellos y el activismo tampoco llega a
movilizarlos, quizás porque se trate de grupos BIBLIOGRAFÍA
en su mayoría envejecidos y asentados en cierto
estatismo. Además de que sus preocupaciones Adotevi, Stanislas (1972): Négritude et Négrologues. Paris:
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