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CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA.

BIBLIOTECA LIGERA,
pop IX Félix Sáardá y Salrany, Pbro.

l. ¿Hablemos do religión?'-2, ¿Quién se ocupa de


eso?—3. ¿ErTqué quedamos: hay o;no hay Dios?—4.
La razón^flo^la sinrazón.—5. ¿Si seré yo algo más que
u n bruto animal?—6, Bneno; pero «1 alma nadie la
ha visto,—7. ¿Qué^me cuenta V. del otro mundoP—fi,
LoB>inigosdel pueblo —9,t¿Y si le hay?—10. tA con*
fcsart—ii. ¿Soy católico?—ia. Amigo leal.—38. Jesu­
cristo y£ el Evangelio.—14. ¿Milagree? No £oy tan
bobo.—16. No me ihable;;V, del Papa,—16, Padre
Nuestro, Ave Maña y; Gloria.—17. ¿Y cómo no hay
ahora milagros?—18. Yo no ;creo sino lo que com­
prendo.—19. ¿Y eso de la Bala?—80. Libertad, igual­
dad, fraternidad.—aiPLa santa Cuaresma,—22.Muer­
to y juicio.—23. Infierno y gloria*—84. Querer es po­
der.—25. Eaos’ cnr&a ¡ios hay tan malofil^26. Bueno
B IB L I O T E C A JL* 9 1 t

MÁS SOBRE EL JESUITISMO.

qdel amigo del alma, con q u ie n


tuve pocos dias atrás la ta n f a ­
mosa controversia sobre E l bu del je ­
suitismo, do me deja desde entonces
□i en sol ni en sombra, moliéndome
con el susodicho tema, al que por lo
visto ha tomado particular afición. S í-
gol e la broma, que en eso no hay p e ­
cado, sino muy al revés, puede llegar
á haber verdadera obra de caridad.
— Pero ¡vaya en gracia! decíale j o
días atrás. Eso que del jesuitismo y
de sus horrores me habéis tantas v e ­
ces relatado, será sin duda ú n ic a m e n ­
te por lo que toca al elemento católi­
co eclesiástico, es decir, al que viste
d e largo. No serán así los católicos de
frac ó chaq ueta. Esta es g en te así más
ai uso, más despreocupada.
— ¿No? Pues precisam ente para ésta
inventam os tiempo ha nosotros la fra­
se : Jesuítas de sotana corta. Son los
peores, amigo mío, son los peores.
Hasta las mujeres, sí, señor, hasta tas
m uje res jesuitean q ue es uu asco y
u n a com pasión... Si V. supiera... Has­
ta seglares, hasta mujeres pertenecen
á esa negra conspiración qu e se llam a
je suitism o. ¿No observa V. ese h e r v i­
dero de Asociaciones de católicos y Aca­
demias de Juventud católica y Ateneos
católicos y dem ás por este tenor que,
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como hongos en otoño, han brotado


desde Ja Revolución acá en toda esta
tierra de España? ¿R ecuerda las cé le­
bres Conferencias de San Vicente de
Paúl, con su compacta organización,
con so red de Juntas, central, provin­
ciales y de localidad, con sus Revistas
y boletines, etc.? Pues todo esto, no
lo dude V., es jesuitismo puro, y no
le busque otro n om bre. í esas Cofra­
días y Congregaciones, esas corrientes
eléctrico-piadosas bajo el lema del Sa­
grado .Corazón de Jesús ü otro c u a l­
quiera, esas romerías que eu toda E u ­
ropa, y particularm ente en España,
asordan los aires con el clamor de sus
plegarias, esa agitación sorda, ese es­
trem ecimiento vago, ese no sé q u é,
ese inesperado fervor que de algunos
años acá parece circular por las venas
de nuestro pueblo, y en especial de
nuestra ju v e n tu d , ¿á qué otra causa
deben atribuirse sino al picaro je s u i­
tismo? Y esa prensa religiosa, esa
prensa audaz como ella sola, que d e s ­
de et mejor periodicazo de la capital
hasta el último periodiquillo pro vin­
ciano se bate en todo el mundo coa
tanto brío, invadiéndolo todo, m a n e ­
ja ndo todas las arm as, hablando ora
en serio, ora en broma, siempre e m ­
pero con unidad de plan, siem pre en
oposición coa la Revolución y las con­
quistas del siglo y la civilización m o ­
derna, dígame V., ¿no la ve toda d i­
rigida, inspirada por el negro j e s u i­
tism o?—
Al llegar aquí mi interlocutor, no
pude sostener ya la afectada a d m ir a ­
ción con que tanto ralo le había m ira­
do navegar á vela tendida por el a n ­
cho шаг de sus aprensiones jesuíticas,
y soltando una sonora carcajada largo
tiempo comprimida, — ¡Pardiez! e x ­
clamé, ¡que acabáis de darm e, amigo
mío, el rato más feliz que tuve jamás
en mi vida! ¿Con que es jesuíta el
Papa, y son jesuílas los Cardenales, y
son jesuítas los Obispos, y lo son los
Curas todos, y lo es todo el pueblo fiel
que cree y cum ple los Mandamientos?
¿Es decir que es jesuíta todo católico
por el mero hecho de ser tal, y sólo
podrá librarse de la sospecha de j e ­
suitismo aquel que no tenga muy lim­
pia y corriente su cédula de catolicis­
mo? ¡ \ h ! Largo tiempo lo sospeché;
boy tengo de ello completa evidencia.
Óyelo tú, pueblo mío, á quien tan fre­
cu e ntem ente embauca» con necias pa-
labrotadas tus falsos am igos; óyelo tú ,
y ten lo siem pre grabado para tu in s ­
trucción eu la memoria. Hay una O r ­
den religiosa que se llama Compañía
de Jesús, como hay otra que se llama
de Dominicos, de Franciscanos ó de
Carm elitas. Y esla Orden vive como
vi veo todas en la iglesia de Dios, con
Regla de todo el mundo conocida, con
E statutos públicos que puedes leer y
ex a m ina r siempre que te dé la gaoa.
Nada aquí de misterios ni de secretos.
No hay aquí arcanos más que para los
malvados y los ignorantes. Y dicha
O rden tiene, como todas, amigos y
en em igos: los primeros son los buenos
cristianos, los que am an lo q u e la
Iglesia am a, los que signen lo q ue la
Iglesia signe; los segundos son toda
esa falanje de todo color y de toda raza
q u e forman el ejército del mal, ateos,
materialistas, librepensadores, católi­
cos de solo nombre, en suma, lodo lo
q u e constituye esla legión infernal co­
nocida un siglo ha en el mundo con
el nom bre de Revolución. Tal es la
Compañía de Jesús, tal es su situación
actual en Europa.
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Pero c! jesuitismo es otra cosa e n e(


lenguaje y sentir de los declam adores
que acabas de oir. El jesuitism o no
son precisam ente tos Jesuítas. El j e ­
suitismo es la moral católica, el culto
católico, los dogmas católicos, la i n ­
fluencia católica, la legislación católi­
ca, los sacerdotes católicos, las Socie­
dades católicas, la prensa católica, la
lite ra tu ra católica, el arle católico; en
menos palabras: el jesuitismo es el
Catolicismo. Pero como en los labios
de ciertas gentes algo mojigatas aú n ,
ó no reñidas del todo con sus propios
intereses, todavía suena mal decir cla­
ro y limpio: ¡Abajo el Catolicismo! se
modifica algúo tanto la frase p ara qu e
no se escandalicen los tontos, y se di­
c e : ¡Abajo el jesuitismo! P orque, eso
si, la máscara es tan necia, q u e ya
sólo los tantos de capirote pueden no
conocerla. Pero ¡ como los tontos son
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m uchísim os!... sucede que no se co­


noce ó no se quiere conocer aquel e s ­
camoteo, y se persigne b u e n a tn e u te a l
Catolicismo, creyéndose ó afectando
cre er que la g u e r r a es sólo contra el
jesuitism o. He aquí la v erd a d ; los im­
píos más francos no me dejarán m e n ­
tir. Más leal anduvo pocos dias ha u n
desgraciado periodista que dijo se n ci­
llam ente que hoy por hoy no había de
h a b e r otro grito de g u e rra que el del
t/usír# Voltaire: «¡Aplastad al Infa­
m e!» Y este Infame es Nuestro Señor
Jesucristo. Asi me gustp, Vale más
asi, y no andarse por las ramas con
disfraces y rodeos. Pero no á todos
conviene esta táctica, q ue á nosotros
nos fuera tan ventajosa. ,Q ué día será
aqnel en q u e la veamos decididam en­
te em pleada! Lo que conviene, si, al
infierno y á sus amigos, es blasfemar
sin qu e parezca que se blasfema; abo­
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gar traidoram ente con el adem án de


d a r un abrazo de paz. Esto es lo que
se usa tiempo h a ; esta la táctica que
el infierno no dejará, porque sabe le
va bien con ella. Esta es la que ha in­
ventado y puesto de moda el clamar
contra el ; estiilümo . Y los cándidos
que en odio del Infame proponen otra,
son pobres novicios en el arte, cega­
dos por la pasión, q ue no saben lo
que se pescan.
Pues bieD. De esto sacarás para tu
uso las reglas siguientes:
Puesto qu e lo que le duele hoy á la
Revolución es !o que se llama con más
ó m e n i s fundamento el jesuitismo, j e ­
suítas hemos de ser todos los católi­
cos, hasta donde pueda cada cual. Sea
nu estro modelo en todo la esclarecida
Compañía. En completa sumisión á la
Cabeza de la Iglesia; en la organiza­
ción compacta de sus individuos; e n
— io ­
ta ortodoxia intachable de la doctrina;
en la austeridad rigurosa de las co s­
tu m b re s; en el apartamiento de todo
espirita m un d a n al; en la cultura de
la inteligencia para el mejor servicio
de la v e r d a d : en todo esto tenemos
adm irables maestros en los Padres Je­
suítas.
¡Gran gloria es para la Compañía
ser considerado su nombre por los e n e­
migos de la verdad como la mejor p e r ­
sonificación del Catolicismo en n u e s ­
tros dias! ¡Gran gloria es parar y re­
cibir sobre sí esLa hija los golpes
principales con que se pretende herir
á nuestra Madre! k memos, pues, á. la
C o m pañ ía, y no nos hagamos, por
Dios, con miserables preocupaciones
aliados inconscientes de la g u e r r a vil
q u e hace hoy la impiedad coulra ella
y contra el Catolicismo. Bástenos ver-
la la p rim e ra en sufrir el ataque para
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que la creamos la más digna de n u e s ­


tras simpatías. No la aborreciera tanto
la Revolución si la tem iera menos.
Hagámonos un deber, en este pan to
como en otros mil, hagámonos, r e p i­
to, un deber el defender lodo lo q u e
ésta ataca, y atacar todo lo que ésta
defiende, y sin necesidad de u lte rio ­
res raciocinios tendremos pauta segu ­
ra. Quien por falta de estudios no
te n g a otra aguja de marear, guíese
con ésta, que nunca le engañará. D í­
gale cada cual á su prójimo, sea qu ie n
fuere: «¿Te aplau d e u los enemigos de
la Iglesia? Malos andamos: debo e m ­
pezar á desconfiar de ti.» Al revés:
«¿Te persiguen los impíos, le ultrajan,
no te dejan punto de reposo? ¡ Mag­
nífico! No puedo ya equivocarme. Po­
sees el signo infalible de la verdad,
el odio de ios enemigos de ella. S ig -
num cui con tradice tu r.»
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Puesto que, como hemos visto y se­


gú n el lenguaje que cada día oímos á
nuestros enemigos, el verdadero je­
suitismo no es otro que el Catolicismo,
aprendam os, amigos míos, á saber lo
q u e quiere decir el enemigo cuando
vocifera á todas horas que es preciso
extirpar de Europa el jesuitismo. Cato­
licismo quiso decir, y paz con todos.
Pero por lo mismo esto ha de Irán*
quilizarnos en gran manera. Jesús ha
prometido rein ar en el mundo h a s­
ta la consumación de los siglos. Segu­
ro está, pues, el jesuitismo. Puede
desaparecer la esclarecida Compañía.
Dieciséis siglos vivió el Catolicismo
sin ella. Mas no desaparecerá hasta
haber llenado la misión providencial
q u e la trajo felizmente al m undo en
el siglo decimosexto. Por de pronto
ve aum entarse extraordinariam ente el
cuadro de sus individuos, precísamen-
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te desde los últimos años de persecu­


ción. Pero aun después que hubiesen
desaparecido los Jesuítas, lo q u e no se
borraría de la tierra es el jesuitismo.
¡ AlIi ! j eso n o ! Christus herí et hodie ip-
se et in sécula: Cristo ayer y hoy y por
todos los siglos. Revuélvanse, pues,
contra el jesuitismo pueblos y Gobier­
nos; tram en contra él repúblicas y
monarquías, perórese con más ó m e ­
nos pulcritud en los Parlamentos, ó
chíllese con más ó menos grosería en
las tabernas y plazuelas... ahí se e s ­
ta rá clavada la cuña del jesuitismo en
el corazón de Europa, sin qu e logren
arran carla de él humanos esfuerzos.
Subirá quizá aún más la m area revo­
lucionaria, pero no pasará del límite
que Dios ha fijarlo á todas las b o rra s­
ca s; puede q u e como en los días del
diluvio llegue á cubrir con sus aguas
co rrom pidas la cim a de ios montes
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más elevados. ¡No temáis! La Iglesia


católica, ó el jesuitismo, como dicen
por ahí, tiene recibida y asegurada la
promesa de sobrenadar siem pre como
la otra arca milagrosa depositaría de
las esperanzas del género hum ano, y
u na vez calmada la te m pestad presen­
te, volverá á rejuvenecer con sus do­
nes al mundo y á prepararse para n u e ­
vos combates.
¡El jesuitismo! ¡Ah! qué gracio­
sos están los que le tienen hoy día
miedo al jesuitismo! Al antijesuitismo
debieran más bien te m e r; contra ése
les sería más p rud ente vivir armados
ó siquiera prevenidos. El antijesuitis-
mo es la fiera que va á devorar las
modernas sociedades en justo castigo
de su prevaricación, si Dios no se
apiada misericordiosamente de ellas.
Ved su negra mano aparecer siniestra
en medio de la em briaguez de núes-
— la —

tra civilización, como la que viera en·


las paredes de su festín el impío Bal­
tasar. N egra mano, que en medio del
ruido de nuestras orgías y del esplen­
dor de nuestras riquezas escribe se n ­
tencia de m uerte contra la sociedad
crim inal, apóstata de su Dios. N egra
mano, que ella misma lo dice, es la
mano del antijesuitismo· Jesuitismo,
pues, para hacer volver á sus c a ­
vernas esa mano horrible; jesuitismo
para d eten er la acción de esa mano
venga dora; jesuitismo para salvar al
m undo que el infierno quiere devorar,
y q u e sólo por Jesús y por el jesuitis­
mo puede ser salvo.
Jesuitismo y no hay otra salvación,
q u e ya lo dijo San Pedro: «No se ha
dado á los hombres otro nom b re por
el cual puedan ser salvos.» Jesuitismo
en la enseñanza, jesuitismo en la po­
lítica, jesuitismo en el doméstico ho-
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gar, jesuitismo en el campo y en las


ciudades, jesuitismo en las oficinas y
en las Fábricas, jesuitismo en todo si
no está perdido todo con irremediable
perdición.
Esto, esto se debe contestar á quien
hable de jesuitismo y toque á somatén
-contra ese bu: esto y nada más.

A. M. D. G.