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La poesía, como el amor, no tiene tiempo

La Esfera de los Libros publica «Antología de las mejores poesías de amor en


lengua castellana», una de las mejores compilaciones líricas alumbradas en nuestro
país, con la firma del periodista y Premio Nacional de Literatura Luis María
Ansón

Decía Miguel de Cervantes que «El año que es abundante de poesía, suele serlo de
hambre». Una afirmación que bien podría aplicarse a la realidad que vivimos y en la que
el ejercicio lírico parece renacer de sus cenizas más poderoso que nunca. No hay más
que echar un vistazo a las librerías para comprobar cómo han surgido un puñado de
nuevas voces en los últimos tiempos, algunas de las cuales se han convertido en
fenómeno —un buen ejemplo es José Ángel Gómez Iglesias, Defreds—; cómo las
grandes editoriales, y también las más modestas, apuestan por los textos en verso; y
cómo las redes sociales palpitan cuando un actor como Víctor Clavijo recita a
Lope, Machado o García Lorca. Y en realidad no debería extrañarnos, pues, como
apuntó el escritor mexicano Doménico Cieri Estrada, «La poesía no tiene tiempo, el que
la lee la rescata, la hace presente y luego la regresa a su eternidad». Quizás por eso, La
Esfera de los Libros ha considerado oportuno rescatar uno de los trabajos poéticos
más rotundos publicados en España. Nos estamos refiriendo a la Antología de las
mejores poesías de amor en lengua castellana, de Luis María Ansón, que vio la luz por
primera vez en 1998, y que tras varias ediciones y no pocos elogios, retorna a la luz
envuelta en las mejores galas.

De Ansón podemos decir, para aquellos que aún no lo conozcan, que además de haber
dedicado su vida al periodismo —comenzó a publicar artículos a los trece años y a los
diecinueve ya escribía en el diario ABC—, haber recibido galardones tan prestigiosos
como el Príncipe de Asturias, el Nacional de Periodismo o el Ondas, y haber
fundado medios de comunicación como La Razón, desde 1996 pertenece a la Real
Academia Española, obteniendo en 1965 el Premio Nacional de Literatura por su obra
El grito de Oriente. O lo que es lo mismo, amén de su innegable vocación periodística,
estamos ante un gran conocedor de la literatura, destacando especialmente su amor
por la poesía, a la que dedicó en 1962 el libro Sobre la creación poética. De ahí que
tuviese argumentos de sobra para compilar esa extraordinaria obra que ahora regresa a
las librerías.
«Doce grandes de la poesía del amor»
Antología de las mejores poesías de amor en lengua castellana es más que una
colección de poemas al uso. Es un homenaje certero y emocionante a una tradición que
se remonta a la Edad Antigua pero que, en el caso de España, comienza a explotar a
partir de la Edad Media, y muy especialmente en el siglo XVI. No en vano, el completo
trabajo, de 576 páginas, arranca con Garcilaso de la Vega, a quien Ansón considera
uno de los «doce grandes de la poesía del amor», para seguidamente dar paso a San
Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo, Bécquer, Rubén Darío, Juan Ramón
Jiménez, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Alberti, Neruda y Octavio
Paz. Listado donde intercala el magnífico poema anónimo A Cristo crucificado («No
me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido / ni me mueve el
infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte»), y al que sucede un brillante
recorrido por los llamados «siete siglos de poesía de amor en lengua española».
A partir de este momento, el lorquiano Soneto de la dulce queja, o el quevediano Amor
constante más allá de la muerte, dejan paso al Libro de Apolonio, obra medieval escrita
en versos alejandrinos y perteneciente al Mester de clerecía, de la que el periodista y
escritor rescata la relación entre Luciana, hija del rey de Arquitrastes, y Apolonio,
heredero al trono de Tiro. A este ejercicio, escrito en tetrástrofo monorrimo (cuaderna
vía), le siguen los de otros excelentes autores del Medievo, como el Arcipreste de Hita,
Don Sem Tob, Alfonso Álvarez de Villasandino o Antón de Montoro. También hay
espacio para el Marqués de Santillana y sus célebres Serranillas, Macías «El
Enamorado» y sus Cantigas en loores de amor, y Jorge Manrique, al que la mayoría
recuerda por la Coplas a la muerte de su padre.
De Juan del Enzina a Rocío Acebal
El siglo XVI viene representado por lo más granado de nuestros rapsodas, no faltando
Juan del Enzina, Fray Luis de León o Fernando de Herrera; y por supuesto Santa Teresa
de Jesús, a la que Ansón homenajea a través del Vivo sin vivir en mí —uno de los
poemas más inspirados jamás escritos—, Mi amado para mí o Nada te turbe. Y es que
el amor espiritual también tiene cabida en un trabajo repleto de voces extraordinarias al
que no le falta ni la aportación del país vecino, Portugal, a través de su genio Camões.
Ni que decir tiene que la antología publicada por La Esfera cuenta entre sus páginas con
lo más destacado de los autores barrocos —de Góngora a Calderón—; de los
ilustrados y románticos —de Cadalso al Duque de Rivas—; y por supuesto de los
noventayochistas —Valle-Inclán, Unamuno o Antonio Machado—; figuras a las que se
suman un buen repertorio de voces hispanoamericanas femeninas, comenzando por
Sor Juana Inés de la Cruz y continuando con Delmira Agustini, Gabriela Mistral o
Alfonsina Storni. Como colofón, la obra incluye a algunos de los poetas menos
populares de la Generación del 27, como José Bergamín, Agustín de Foxá o Ernestina
de Champourcín; autores consagrados a partir de la segunda mitad del siglo XX, como
Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo y Antonio Gala; o voces jóvenes como Félix
Moyano, Alba Flores Robla o Rocío Acebal.

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