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MANZANILLO
N.° 3 - Noviembre de 2019 - Centro de Historia de Itagüí (CHI)

ISSN: 2590-535X

Itagüí - Antioquia - Colombia


4
Centro de Historia de Itagüí – CHI

Mesa directiva 2019:


Presidenta: María Amantina Osorio Ramírez
Vicepresidente: Jorge Alberto Morales Agudelo
Secretario: Jairo Trujillo Mejía
Tesorera: Luz Marina Martínez Hernández
Vocal: Luis Orlando Luján Villegas
Revisor fiscal: Eladio Jaime Saldarriaga Gutiérrez

Miembros de número:
Esteban Morales Estrada
Henry Alberto García
Hernán Arboleda Restrepo
Jairo Trujillo Mejía
Jorge Alberto Morales Agudelo
Luis Alberto Vélez Restrepo
Luis Arturo Espinosa Ruiz
Luis Javier Villegas Botero
Luis Orlando Luján Villegas
Luz Marina Martínez Hernández
Mario Mejía González
Margarita María González Correa
Marta Lucía Fernández Espinosa
María Amantina Osorio Ramírez
Rubén Darío Álvarez Benjumea
William de Jesús Bustamante López

Miembros eméritos:
Luis León “Hugo” Mejía Pérez
María Naranjo Mejía
MANZANILLO

Revista del Centro de Historia de Itagüí (CHI). Personería jurídica del


15 de noviembre de 1989. Nit: 800123191-9.

ISSN: 2590-535X

Centro de Historia de Itagüí (CHI)


Carrera 51 N.° 51-60 - Oficina 227, Centro Comercial de Itagüí
Itagüí - Antioquia - Colombia
Teléfono: (574) 373 89 75
chideitagui@gmail.com

Director:
Luis Orlando Luján Villegas

Comité Editorial:
Jairo Trujillo Mejía
Jorge Alberto Morales
Luis Orlando Luján Villegas
María Amantina Osorio Ramírez

Corrección de estilo, diseño de portada y diagramación:


Jairo Trujillo Mejía – jatrume@gmail.com

Imagen de la portada:
Autora: Gloria Eugenia Hincapié Zabala
Técnica: Collage
Título: Sobre el Bicentenario
Año 2019
Foto portada: Guillermo Cardona Manrique, 2019
Foto contraportada: María Elena Muñoz Jaramillo, 2014

El contenido de los artículos que se publican en Manzanillo es respon-


sabilidad exclusiva de sus autores y el alcance de sus afirmaciones sólo
a ellos compromete.
9 Editorial - Bicentenario y cátedra local
Rutas de la campaña libertadora
13 Luis Javier Caicedo
El Discurso de Angostura de 1819, una
aproximación al pensamiento político de
27 Bolívar, 200 años después
Contenido

Esteban Morales Estrada


Nombres con un significado histórico en
47 Itagüí en perspectiva del bicentenario
Carlos Mario Posada Arango
Familia, mujer y género en la Colonia.
69 Aproximación bibliográfica
Amantina Osorio Ramírez
Arcadio Acosta y el Teatro Caribe
89 Luis Guillermo Cardona
Hoy por ti, mañana por mí. Breve
síntesis histórica de la mutual del barrio
97 Playa Rica de Itagüí
Jorge Alberto Morales
8
Editorial

Bicentenario y cátedra local

Esta efemérides del bicentenario se concibe dentro de la Cátedra Mu-


nicipal, la cual tiene su origen en los procesos de desarrollo educativo

9
Orlando Luján

que se han adelantado a partir de la Constitución Política de 1991, la


Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación), su Decreto Reglamenta-
rio 1860 de 1994, además, de los lineamientos y estándares básicos de
competencias de 20031 y 20062 del Ministerio de Educación Nacional;
así como en la reciente Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017: Por la
cual se modifica parcialmente la Ley General de Educación, Ley 115 de
1994, y se dictan otras disposiciones, con el objeto de: “Restablecer la
enseñanza obligatoria de la Historia de Colombia como una disciplina
integrada en los lineamientos curriculares de las ciencias sociales en la
educación básica y media”3.

Por su parte, el Concejo Municipal de Itagüí creó la Cátedra Municipal


mediante el Acuerdo N.º 0005 de 10 de mayo de 2005: Por medio del
cual se dictan disposiciones tendientes a implementar la asignatura
sobre historia en las instituciones educativas de Itagüí.4

De igual manera, el Plan Educativo Municipal, 2014-2023, hace vin-


culante la cátedra en la Línea estratégica 2: calidad educativa de cara
a los retos contemporáneos (L2P1G convivencia pacífica, identidad y
ciudadanía en Itagüí)5.

1
Estándares básicos de competencias ciudadanas (noviembre de 2003), educación bá-
sica y media, Bogotá: Proyecto Ministerio de Educación Nacional - Ascofades (Aso-
ciación Colombiana de Facultades de Educación).
2
Estándares Básicos de Competencias en Lengua, Matemáticas, Ciencias y Ciudada-
nas, Guía sobre lo que los estudiantes deben saber y saber hacer con lo que aprenden
(mayo de 2006), Bogotá: Ministerio de Educación Nacional, págs. 96 ss.
3
Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017 Por la cual se modifica parcialmente la Ley
General de Educación, Ley 115 de 1994, y se dictan otras disposiciones.
4
Acuerdo 0005 del 10 de mayo de 2005, Concejo Municipal de Itagüí “Por medio del
cual se dictan disposiciones tendientes a implementar la asignatura sobre historia en
las instituciones educativas de Itagüí”.
5
Plan Educativo Municipal (PEM), 2014-2023, “Itagüí, educada, incluyente, soste-
nible e innovadora”, Acuerdo Municipal N.° 020 del 30 de diciembre de 2014, págs.
55, 110-111.

10
Editorial

Este marco jurídico y de política pública que se ha presentado sintéti-


camente en los párrafos anteriores para el orden nacional y municipal
explica el sentido y propósito de algunos artículos del número 3 de la
revista Manzanillo. Por tanto, invitamos a los educadores, estudiantes
y ciudadanías de Itagüí para generar diálogos críticos que contribuyan
al entendimiento del Bicentenario de la Independencia y a la com-
prensión de la configuración de la nación colombiana y su horizonte
histórico.

Luis Orlando Luján Villegas


Historiador

11
12
Rutas de la campaña
libertadora

Luis Javier Caicedo


Historiador

La Campaña Libertadora, a diferencia del Grito de Independencia, fue


un esfuerzo de dos países. Fue autorizada por el Congreso de Angos-
tura (Venezuela), cuyo vicepresidente era el granadino Francisco A.
Zea. Simón Bolívar la lideró enviando a Francisco de Paula Santander
desde 1818 a Casanare a prepararla. La travesía empezó en Mantecal
(Venezuela) el 26 de mayo de 1819 y la unión de las tropas de Bolívar
y Santander se dio en Tame el 12 de junio. Venezolanos y granadinos
atravesaron el páramo, y ganaron la batalla de Boyacá.

A la Campaña Libertadora siguió el Congreso de Angostura (hoy Bolí-


var) en diciembre de 1819, donde fueron elegido presidente de la Repú-
blica Simón Bolívar y vicepresidente Francisco de Paula Santander; se
creó la República de Colombia, que unió a Venezuela, Nueva Granada
y Quito, y dio vía libre a la libertad de otros países de América.

Estos hechos hacen ver la importancia de esa campaña para la inde-


pendencia de América, pero a la vez lleva a preguntarse por la ruta, los
caminos, que llevaron a tal suceso.

13
Luis Javier Caicedo

Mapa “Campaña Libertadora (1.819)” en T. C. Camilo Riaño,


La Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, 1969.

La idea empezó en agosto de 1818

Desde 1817 el gobierno revolucionario tiene por sede a Angostura (hoy


Ciudad Bolívar), provincia de Guayana, sobre el río Orinoco, y logra
importantes logros sobre los españoles, comandados por el general Pa-
blo Morillo, aunque sin llegar a tomarse Caracas de forma definitiva.
Bolívar toma la determinación de liberar la Nueva Granada, por la ne-
cesidad de cambiar la línea de operaciones, conociendo la liberación
de Chile por el general José de San Martín y teniendo en consideración
que Casanare era la única provincia granadina en poder de los patriotas.

14
Rutas de la campaña libertadora

Entonces organiza la Vanguardia del Ejército Libertador de la Nueva


Granada y escoge a Santander como jefe de esta, relevando a José An-
tonio Páez de sus funciones. En la proclama de Bolívar del 15 de agosto
de 1818, dirigida a los granadinos desde Angostura, dice en tono pre-
monitorio:

“¡Granadinos! El día de América ha llegado, y ningún poder humano


puede retardar el curso de la naturaleza, guiado por la mano de la
Providencia. Reunid vuestros esfuerzos a los de vuestros hermanos: Ve-
nezuela conmigo marcha a liberaros. Ya nuestra vanguardia cubre con
el brillo de sus armas algunas provincias de vuestro territorio, y esta
misma vanguardia, poderosamente auxiliada, arrojará en los mares a
los destructores de la Nueva Granada. El sol no completará el curso de
su actual período, sin ver en todo vuestro territorio altares levantados
a la libertad”.

Santander partió de Angostura el 27 de agosto con hombres y muni-


ciones, y el 19 de noviembre llega a su destino, Guanapalo, sobre el
río Meta, desde donde sube a Pore, recibiendo el mando de Páez. En el
cuartel general de Pore toma las medidas para asegurar la legitimidad
del gobierno rebelde, restablecer la disciplina, elaborar un plan de de-
fensa, organizar un cuerpo de caballería, arreglar las finanzas, etc. El 18
de diciembre con los notables de la provincia firma un documento en el
que Casanare asume la representación de la Nueva Granada, reconoce
a Bolívar como capitán general de los granadinos y renueva la alianza
con Venezuela con la perspectiva de unirse en un solo país.

Estando Santander en Casanare, en abril de 1819, la tercera división del


ejército español, con base en Sogamoso, y al mando del coronel José
María Barreiro, bajó al Casanare por Labranzagrande, Paya, Morcote y
Pore, con 1.256 infantes y 542 jinetes, pero el Ejército Patriota lo hos-
tilizó con guerrillas a tal grado que lo hizo devolver, sin dar una batalla
grande.

15
Luis Javier Caicedo

Simultáneamente, los patriotas se movieron sobre La Salina de Chita,


Paya y Valle de Tenza, triunfando en los dos primeros y siendo derrota-
dos en el último. Así, los nuestros mostraron que era posible la invasión
del Reino e hicieron proclamas entre la población en este sentido.

En el otro lado de los Llanos, en el mismo abril, Páez asentaba un duro


revés a Morillo en las Queseras del Medio, sobre el río Arauca; lo que
llevó a Morillo a retirarse y buscar cuarteles para acampar en el invier-
no que se avecinaba.

El inicio de la campaña

El 18 de mayo de 1819, desde Cañafístolo, Bolívar le comunicó a San-


tander la ejecución de su plan de invasión, y Santander en una proclama
les anunció a los pueblos su pronta liberación el 24 de mayo. El enlace
entre las dos fuerzas era el coronel Jacinto Lara, y había dados informes
favorables a Bolívar sobre la situación de Casanare.

Bolívar reunió la asamblea de jefes de la campaña en la aldea de Seten-


ta, y todos acordaron seguir adelante.

“El 23 de mayo, en marcha al Mantecal –escribe el historiador O’Leary‒


convocó Bolívar a una junta de guerra a los jefes del ejército. Asistieron
a ella Soublette, Anzoátegui, Briceño Méndez, Carrillo, Iriberren, Ran-
gel, Rooke, Plaza y Manrique. En una choza arruinada de la aldea de
Setenta, a orilla del Apure, se decidió la invasión de la Nueva Granada.
No había una mesa en aquella choza, ni más siento que las calaveras de
las reses que para racionar la tropa había matado, no hacía mucho, una
guerrilla realista”.

En la reunión, Bolívar les explicó la necesidad de aprovechar la tem-


porada de lluvias, para moverse: el grueso del ejército, comandado por

16
Rutas de la campaña libertadora

Páez y Anzoátegui irían por Cúcuta y Santander haría una diversión por
Casanare. Todos estuvieron de acuerdo. Se reservó el verdadero plan.

El 26 de mayo empezó Bolívar la marcha desde Mantecal. Cuatro bata-


llones de infantería, con 1.300 hombres, y tres escuadrones de caballe-
ría, con 800 jinetes, se pusieron en marcha. El 1.º de junio estaban en
Guasdualito, muy cerca del río Arauca, el que atravesó el día 4.

Estaban en plena época de lluvias. Los caños estaban rebosados y de-


bían pasarse con el agua al pecho. Aún para un personal de llaneros,
acostumbrados a los ciclos del Llano, la situación era penosa.

Desde la incursión de Barreiro, Santander había traslado el cuartel ge-


neral de Pore para Tame, donde tuvo lugar el encuentro con las fuerzas
de Bolívar el 12 de junio, con gran alegría de parte y parte. Allí la tropa
descansó y consiguió sal, condimento, plátano y panela con que com-
plementar la carne. Santander ofreció 982 infantes, 1.082 jinetes, una
compañía de carabineros y una sección de zapadores (104 integrantes).

En Tame se reorganizó el ejército y se adoptó la ruta definitiva a seguir


por Pisba. En esto fue muy importante el consejo de Santander, con
más conocimiento sobre la situación del terreno, de su topografía y de
la idiosincrasia de sus gentes.

Barreiro escribió el 25 de junio que “El paso de la cordillera no lo pue-


den ejecutar por otros puntos, que por los de Salinas, Paya, Puebloviejo,
Miraflores y todo el Valle de Tenza y Medina. Son de páramos y de
montañas muy fragosas y en la estación presente, hombres que no están
acostumbrados al frío serían destruidos por sí mismos”, por lo que estos
sitios se defenderían solos.

No tuvo en cuenta el páramo de Pisba ni la voluntad de un pueblo,


ansioso de libertad. Dice el teniente coronel Camilo Riaño, en su obra

17
Luis Javier Caicedo

La Campaña Libertadora de 1819, que “La [ruta] del páramo de Pisba,


muy fragosa, y que a partir de Nunchía une las poblaciones de Morcote,
Paya y Pisba, transmonta el páramo y llega a Sochaviejo, población
situada en el altiplano cundiboyacense. Su ruta bordea el río Payero por
su margen izquierda”.

Y sigue: “La elección de la vía era la decisión más importante de la


campaña, pues las fuerzas españolas podían, con muy pocos soldados,
defender los pasos y desfiladeros de la cordillera, impidiendo el movi-
miento del ejército o causándole varias pérdidas; además, era necesario
escoger un camino que facilitara la marcha de tropas en su mayoría
faltas de entrenamiento para esta clase de operaciones”.

“La menos transitada de todas –continúa‒ era la de Pisba; solitaria y


fragosa, recorría la mayor zona de páramos, trasmontando sucesivas
alturas. Por ella no se podía conducir ganado y por consiguiente carecía
de importancia comercial. Quizá por esto era la menos defendida, pues
a excepción del destacamento español de Paya, no contaba con ninguna
otra fuerza que impidiera la progresión del movimiento”.

El 15 de junio se definió la organización del Ejército Libertador, de la


siguiente manera:

Comandante en jefe: General Simón Bolívar.


Estado Mayor: general Carlos Soublette.
División de Vanguardia, comandante: general Francisco de Paula
Santander.
Infantería: Primer batallón: teniente coronel Antonio Arredondo.
Segundo batallón: teniente coronel Antonio Obando.
División de Retaguardia, comandante: general José Antonio Anzoátegui.

18
Rutas de la campaña libertadora

Primera Brigada: coronel Francisco de Paula Alcántara, tenía bajo su


mando el Batallón Rifles, compuesto por negros franceses de Santo
Domingo.
Segunda Brigada: coronel James Rooke, quien tenía a su cargo la
Legión Británica.
Caballería: a cargo de los coroneles Juan José Rondón y Leonardo
Infante.

El paso del páramo de Pisba

El 17 de junio este ejército inició la marcha en Tame. El 18 estaba en


Cordero. El 20 en Carrastol. El 21 en Pore, capital de la provincia de
Casanare. El 25 en Nuchía. El 26 en Morcote. Entre la vanguardia y la
retaguardia se llevaban hasta 7 días.

Aquí comienzan a elevarse los Andes. Quedan atrás los Llanos y el


terreno conocido por los llaneros. Queda el terreno servido para que la
vanguardia haga su trabajo.

27 de junio. Adelante estaba Paya, donde en un castillo fortificado se


hallaba un destacamento realista de 300 hombres, capaz de contener
una fuerza de 1.500 hombres. La vanguardia rodeó en secreto las “Ter-
mópilas de Paya”, y la fuerza enemiga se retiró a Sogamoso por La-
branzagrande, luego de un combate de cuatro horas. El comandante
del cuerpo no hizo luego ninguna acción sobre los patriotas, y por el
contrario se dirigió a Sogamoso.

Desde el Llano de Miguel, cerca de Morcote, apenas con un día en la


montaña, Bolívar le hizo presente a su comandante de Vanguardia la
necesidad que tenían de retirarse a los Llanos y esperar que les llegaran
recursos de Guayana, pues no tenían víveres para la travesía, y la des-
nudez de los llaneros podía emparamarlos. Además, que al otro lado los
españoles los esperarían.

19
Luis Javier Caicedo

Santander reunió a sus oficiales (Fortoul, Antonio Arredondo, Joaquín


París, Antonio Obando, Ramón Guerra y José María Cancino) y todos
estuvieron en contra de la retirada. Santander regresó y se lo comunicó
a Bolívar, resaltando además que por la acción de Paya ya no quedaban
españoles en la ruta. En el Llano de Miguel estaban Bolívar, Soublette,
Anzoátegui, Lara y Salom. Lara lo apoyó. Santander argumentó que él
haría la travesía y regresaría a dar el parte, con lo que las tropas venezo-
lanas quedarían intactas. “El general Anzoátegui, que tenía la creencia
de que era capaz de hacer lo que cualquiera otro hiciera, ofreció tam-
bién ejecutar lo mismo que yo proponía” (Santander, Apuntamientos
para las memorias sobre Colombia y la Nueva Granada). Así que se
decidió afrontar el paso de los Andes, y Bolívar les dirigió una procla-
ma a los granadinos, garantizándoles la vida.

El camino había quedado libre de enemigos. Salvo la naturaleza, desco-


nocida para los llaneros. La lluvia continuaba y los caminos se hacían
resbalosos. El piso era duro y las piedras eran un obstáculo desconocido
para la caballería y para el ganado que llevaban los patriotas. Cuando
veían una cima, se encontraban con otra más elevada y entre cordillera
y cordillera veían los nevados. Tenían que andar de tres en tres, para que
no los arrastrasen los torrentes. En ocasiones hacían uso de tarabitas
para salvar los obstáculos.

En lo más alto del paisaje, el páramo de Pisba, donde la vegetación es


de frailejones, el frío es intenso y la soledad es la única compañía. Debe
cruzarse en una sola jornada, desde Puebloviejo hasta Quebradas. La
vanguardia lo atravesó el 3 de julio. Joaquín París iba adelante, lo se-
guía Antonio Arredondo y posteriormente Santander. Luego descendie-
ron a Socha, y se dedicaron a enviar auxilios a los que quedaban atrás.

La retaguardia, con Bolívar y Soublette, no pudo pasar el páramo en


un día, pese a que no llovió. Así que tuvo que pernoctar en medio de la
nada y con el frío intenso. Murieron cuarenta (40) hombres y la mayoría
de bestias de silla y de carga. Pasó el páramo los días 5 y 6 de julio.

20
Rutas de la campaña libertadora

La tercera división, la Legión Británica, bajo el mando de Carlos Sou-


blette, inexplicablemente, pasó el día 13 de julio.

En sus Memorias, el capitán Daniel Florencio O’Leary escribió sobre


esta jornada:

“Los soldados al ver hacia atrás las elevadas crestas de las montañas
cubiertas de nubes y brumas hicieron voto espontáneo de vencer o mo-
rir, antes que emprender por ellas retirada, pues más temían ésta que al
enemigo, por formidable que fuese”.

Los pueblos del otro lado de la montaña (Socha, Socotá, Jericó, Tasco,
Gámeza, Sátiva, Betéitiva, Corrales), advertidos por las proclamas de
Santander y de Bolívar, se volcaron a ayudar. Es célebre la anécdota del
pueblo de Socha, donde el cura y el alcalde indígena encerraron a todas
las mujeres y hombres en la iglesia para despojarlas de sus vestidos y
ataviar con ellos a los soldados. De otra parte, no es pequeño detalle que
ningún vecino emigró de estos pueblos.

En Socha Bolívar tomó las medidas necesarias para poner el ejército en


condiciones de continuar la campaña, que en la enumeración de Camilo
Riaño fueron:

“1. Organización de un hospital en Tasco.


2. Emisión de órdenes a los alcaldes de los pueblos circunvecinos para
recolectar los auxilios necesarios.
3. Envió al coronel Lara al páramo para que con una partida de paisanos
ayudara a las tropas y sacara bagaje y armamentos abandonados.
4.Inclusión de voluntarios en los cuerpos.
5.Envío de oficiales a las provincias del Socorro y Pamplona para co-
municar la feliz nueva y organizar batallones.

21
Luis Javier Caicedo

6.Organización de una armería en Socha para el arreglo de fusiles y


fabricación de lanzas”. (Riaño, Ob. cit.).

Se cumplió así el acierto de Bolívar, por insistencia de Santander, de


pasar los Andes por el páramo de Pisba, en la estación lluviosa, para
ubicarse en plan de pelear con Barreiro.

En el otro lado, Pablo Morillo no desconocía el inicio y el alcance de la


Campaña Libertadora, pero confiaba que cruzar la cordillera tomaría a
Bolívar seis meses y no los cuarenta días en que se hizo. Así escribió al
ministro de defensa el 2 de julio de 1819, que enviaba a Cúcuta al jefe
del Estado Mayor, Miguel de la Torre, quien “tiene instrucciones, no
solo para oponerse a los intentos de Bolívar, sino para marchar sobre el
Casanare y penetrar por sus llanos hasta Guasdualito, cuando la esta-
ción de verano, que allí empieza por el mes de noviembre, lo permita”.

En efecto, el jefe español envió a De la Torre a Cúcuta, pero tuvo que


devolverse para Venezuela con 550 fusileros y 150 lanceros, pues fue
recibido por una acción guerrillera que le impidió pasar a tomar Pam-
plona y lo hostilizó en Cúcuta.

Batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá

En Tunja, Barreiro se enteró de la invasión del Reino por Bolívar y al


amanecer del día 8 salió a hacerle frente. Llegó al sitio donde estaban
los patriotas bordeando el río Chicamocha y el día 10 les presentó com-
bate en el puente de Gámeza, combate que quedó empatado, pero sirvió
para que cada bando viera las fuerzas del oponente.

Después de muchos escarceos e incidentes, que sirvieron ante todo a


Bolívar para reforzar sus tropas, los dos ejércitos se encontraron el 25
de julio en el Pantano de Vargas, un angosto valle situado a una legua

22
Rutas de la campaña libertadora

al oriente de Paipa, por cuyo centro pasa una quebrada llamada Vargas,
y a cuyos lados se levantan sobre leve altura el Cerro de la Guerra y
el Cerro Cangrejo. Barreiro tomó el último, y se dejó venir contra el
primero, donde estaban los patriotas, quienes fueron desalojados en dos
ocasiones, siendo echados a la hondonada de la quebrada, quedando
indefensos frente al español.

En este momento angustioso Bolívar vio cómo sus fuerzas caían. “Se
nos vino la caballería y se perdió la batalla”, dijo. A lo que contestó el
coronel Juan José Rondón, que estaba cerca “¿Cómo se va a perder si ni
yo y mis jinetes hemos peleado? Déjenos hacer una entrada”. Bolívar
contestó “Haga lo que pueda; salve, pues, usted la patria, coronel”. Y
Rondón, con 14 jinetes llaneros, se lanzaron sobre los dragones y reser-
va de infantería española y en una acción intrépida lograron sembrar el
desorden en las fuerzas enemigas.

Este ataque sorpresivo, unido al ataque que lanzaron sobre el camino


principal y a las espaldas de los españoles, terminó por voltear la si-
tuación a favor de los patriotas, en medio de un aguacero en horas de
la noche, dejando en tablas la contienda, pero con un triunfo moral del
lado insurgente. Los historiadores actuales calculan los muertos en 300
del ejército rebelde y en 400 hombres del bando realista. Los heridos
fueron muchos y los caballos que se perdieron también.

Fue el día del apóstol Santiago, en cuyo nombre los españoles habían
tomado las tierras de América arremetiendo con fuerza sobre los na-
tivos americanos, la fecha en que el Ejército Libertador le hizo ver al
español que era capaz de vencerlo.

Los patriotas se retiraron a Bonza y luego a Duitama, al otro lado del


río Chicamocha, donde fue decretada la Ley Marcial, que permitió al
ejército reforzarse con 800 indígenas de la zona, y recibió 680 milicias
de El Socorro.

23
Luis Javier Caicedo

En la noche del 4 de agosto todo el ejército, más de 2.000 hombres,


pasó a las espaldas del coronel Barreiro, y al día siguiente estaban en
posesión de Tunja. Fueron 45 kilómetros de marcha. Este sorpresivo
movimiento fue decisivo para la acción que seguiría, pues permitió a
Bolívar cortar las líneas enemigas y reabastecer las tropas de vestuario,
víveres, municiones y armamento.

Barreiro, al enterarse de la sorpresiva maniobra de Bolívar, ordenó el


regreso a Tunja y el día 6 de agosto, a pesar de la lluvia que caía, esta-
ban en Motavita, a hora y media de Tunja, desde donde le dio al virrey
Sámano la noticia.

En la madrugada del 7 de agosto salió Barreiro de Motavita con destino


a Santafé, y rodeando Tunja, fue a dar al Puente de Boyacá a las 2 de la
tarde, y se estableció en la Casa de Teja.

Desde el alto de San Lázaro Bolívar vio el paso de los españoles, y or-
denó a Santander y Anzoátegui que lo interceptaran. Llegaron a las 2 de
la tarde al campo de Boyacá.

El lugar de la contienda es un pequeño valle que sigue el curso del río


Teatinos, que, aunque pequeño, da paso solo por algunos lugares por-
que en sus orillas se inclina formando acantilados.

Barreiro ordenó atacar a la vanguardia y se empeñó el combate en el


puente. Luego intervino Anzoátegui y se trabó el combate cerca de la
Casa de Teja. Los patriotas unidos en una banda del río Teatinos ata-
caron a los españoles en dos frentes, incomunicados entre sí. Los es-
pañoles fueron pronto derrotados: la caballería huyó y la infantería se
desbarató. Un último bastión que buscaba proteger la vía a Santafé fue
interceptado por Santander.

24
Rutas de la campaña libertadora

“Todo el ejército enemigo quedó en nuestro poder”, dice el parte del


Ejército Libertador del 8 de agosto. En él también se registra que se
capturó al jefe español Barreiro, y además a casi todo el cuerpo de ofi-
ciales, 1.600 soldados y material de aprovisionamiento. Solo escaparon
50 hombres, algunos de caballería. Dice también este parte, que en las
filas patriotas hubo 13 muertos y 53 heridos.

La batalla de Boyacá no tuvo grandes proporciones, pero es muy im-


portante como base de todas las acciones posteriores que llevarían a la
libertad de América.

Enterado por dos oficiales que habían escapado de Boyacá, el virrey


Sámano –que no salía de la sorpresa‒ salió en la madrugada del 9 de
agosto de Santafé hacia Honda, con destino a Cartagena, acompañado
de los miembros de la Audiencia y un grupo de emigrados, llevado con-
sigo algunos pocos caudales. Su segundo, Calzada, con 400 hombres,
marchó por la vía de Neiva, para unirse con las fuerzas de Popayán.

Terminada la batalla, el día 8 Simón Bolívar salió con el escuadrón


Llano Arriba para Santafé. El 10, en el Puente del Común, se enteró
que el día anterior el virrey Juan Sámano había abandonado la ciudad.
Apuró el paso, y llegó a la capital, casi solo, a la 5 de la tarde. Cuando
los vecinos se dieron cuenta, lo recibieron con júbilo.

El 11 de agosto arribó Francisco de Paula Santander, quien fue recibido


con demostraciones de alegría. El 12 llegó el batallón Cazadores de la
vanguardia y la Legión Británica, junto con el coronel derrotado.

El 19 de septiembre partió El Libertador para la Ciudad de Angostura,


donde habría de decretarse en diciembre la unión de Venezuela, Nueva
Granada y Quito en la nueva República de Colombia, nombrándose
presidente de dicha república al Libertador Simón Bolívar y vicepresi-

25
Luis Javier Caicedo

dente al general Francisco de Paula Santander. En el interregno, el 15 de


noviembre de 1819, muere en Pamplona el jefe de la retaguardia, José
Antonio Anzoátegui.

El coronel José María Barreiro y 37 oficiales más, españoles, captura-


dos en la batalla de Boyacá, fueron ejecutados en Bogotá (ciudad a la
que los rebeldes le quitaron el prefijo de Santa Fe) el 11 de octubre de
1819, con lo que se selló la Independencia.

26
El Discurso de
Angostura de 1819,
una aproximación al
pensamiento político de
Bolívar, doscientos años
después

Esteban Morales Estrada


Historiador y miembro de número del CHI

“Nuestra constitución moral no tenía todavía la consistencia


necesaria para recibir el beneficio de un gobierno
completamente representativo, y tan sublime
cuanto que podía ser adaptado
a una república de santos”.
“Que la historia nos sirva de guía”.
Simón Bolívar

27
Esteban Morales

Simón Bolívar (1783-1830) es rutinariamente señalado como el pa-


dre de nuestra Independencia, reivindicando su calidad como militar
y político, líder y caudillo. Pero, pese a sus capacidades indudables en
esos campos, podemos afirmar que Bolívar es además un avezado y
hábil escritor y polemista. Su Manifiesto de Cartagena (1812), la fa-
mosa Carta de Jamaica (1815), su muy interesante Discurso ante el
Congreso de Angostura (1919) y su Discurso ante el Congreso Cons-
tituyente de Bolivia (1825) constituyen, según Jaime Jaramillo Uribe y
Fernán González, el armazón más sólido para entender al libertador a
nivel político, ya que “reflejan con mayor fidelidad el carácter de sus
ideas”1. En el primer texto de 1812, Bolívar intenta hacer algo a lo que
recurrirá constantemente: apelar a la historia como una maestra, como
una guía, como una luz que ilumina el camino en medio del caos propio
de todo proceso de cambio político permanente2, y la incertidumbre por
el porvenir y el destino. Había caído la Primera República Venezola-
na y Bolívar recomendaba aprender de los errores políticos cometidos
allí, de los que había sido testigo y actor de primera fila en medio del

1
Jaime Jaramillo Uribe, “Prólogo: El Pensamiento político de Bolívar: vicisitudes y
paradojas”, en: Escritos políticos. Simón Bolívar (Bogotá: El Áncora Editores y Pana-
mericana Editorial, 2007), 10. También ver: Fernán González, “El proyecto político
de Bolívar: mito y realidad”, en: Para leer la política. Ensayos de historia política
colombiana, T. 2 (Bogotá: Cinep, 1997), 25.
2
Dos novelas históricas muy interesantes y bien logradas que retratan los problemas
inherentes y propios del proceso revolucionario son: Arturo Uslar Pietri, Lanzas Co-
loradas (Oveja Negra, 1984), que muestra el proceso de la independencia venezolana
centrado en dos personajes: Presentación Campos, caracterizado como vigoroso, cal-
culador, ventajoso, hercúleo, sin ideología; y el tímido, reflexivo, tibio y cobarde Fer-
nando Fonta, que sí tiene una ideología respecto a la independencia pero siempre teme
actuar y aplicarla en el mundo real. La novela constituye la antinomia entre el hombre
de acción y el hombre de ideas. Por otro lado, e igual de interesante, Mariano Azuela,
en Los de abajo (Oveja Negra, 1985), muestra las fricciones y contradicciones, así
como los puntos de conexión, entre los relevantes y elevados ideales de la Revolución
Mexicana y la acción revolucionaria cotidiana y mundana, sumado al asunto de la
disputa entre campo y ciudad.

28
El Discruso de Angostura de 1819

torbellino de la época, pero adicionalmente pensaba que el futuro de la


Nueva Granada y de Venezuela era indivisible, inseparable, como lo
reafirmaría también en 1819.

La Nueva Granada ha visto sucumbir a Venezuela, por consiguiente, debe evi-


tar los escollos que han destrozado a aquélla. A este efecto presento como una
medida indispensable para la seguridad de la Nueva Granada, la reconquista de
Caracas. A primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizás
impracticable: pero examinando atentamente con ojos previsivos, y medita-
ción profunda, es imposible desconocer su necesidad, como dejar de ponerla
en ejecución probada la utilidad3.

Pero quizás sea la Carta de Jamaica de 1815 el texto más recordado de


Bolívar. Allí trata de esbozar sus posturas sobre la situación política de
América del Sur, para responder a un extranjero interesado en saber so-
bre dicho aspecto, pero también muestra rasgos importantes de su idea-
rio en diversos ámbitos. Sin embargo, nos vamos a centrar, por asuntos
del bicentenario (1819-2019), y particularmente de reivindicación, en
el menos conocido Discurso ante el congreso de Angostura, pronuncia-
do por Bolívar el 15 de febrero de 1819, hace poco más de dos siglos.

1819 fue una fecha crucial en el desarrollo del proceso independentista,


ya que fue el año en el que ocurren decisivos acontecimientos, como la
Batalla de Boyacá, y para algunos autores es incluso el año de cierre de
un gran ciclo o “época de revolución social”, de grandes cambios inter-
conectados e influenciados mutuamente que abarcan el período de 1781
a 1819 y se mueven a escala interna y externa4, mientras que otros pos-
tulan que es vital estudiar “ciclos” inmersos en una “coyuntura histórica
de medio siglo”, que iría de 1781 a 1830, pero resaltando la importancia
de 1819 como un punto de quiebre, ya que marca el inicio de lo que

3
Simón Bolívar, “Manifiesto de Cartagena (1812)”, en: Escritos políticos. Simón Bo-
lívar (Bogotá: El Áncora Editores y Panamericana Editorial, 2007), 28.
4
Francisco Posada, El movimiento revolucionario de los comuneros (Bogotá: Siglo
Veintiuno Editores, 1975), 155.

29
Esteban Morales

se ha conocido tradicionalmente como la Gran Colombia5. Pero más


allá de estas interpretaciones, procederemos a analizar en detalle los
aspectos más relevantes del discurso de Bolívar en 1819 para obtener
una visión o más bien una fotografía de lo que pensaba para la fecha, y
consignaba en este escrito, teniendo en cuenta siempre las recomenda-
ciones de Quentin Skinner de ubicar un texto en su época, para poder
interpretarlo de la mejor manera6.

Para entender lo que Bolívar pronunció en 1819, debemos contar con la


importante influencia del universo discursivo europeo-norteamericano
en el Libertador, sus ideas ilustradas y el encanto que ejercieron en él
pensadores como Rousseau (1712-1778) y Montesquieu (1689-1755).
Según Jaramillo, la influencia de estos ilustrados se ve claramente en
dos aspectos:

Del segundo [Montesquieu] obtuvo la idea de que las leyes de un país deben
adaptarse a sus condiciones geográficas, a su clima y a sus riquezas naturales,
lo mismo que a sus costumbres y a sus tradiciones, y del primero [Rousseau]
sacó la tesis […] acerca de la función socializadora del Estado. El Estado no
era sólido si no tenía como base una moral pública y privada rigurosa y purita-
na. […] De Rousseau, finalmente, le venía su admiración por las instituciones
políticas de la antigüedad griega y romana…7

Es indudable, entonces, la influencia de la Ilustración en el pensamiento


de Bolívar, que se ubica como un pensador central de la historia intelec-
tual latinoamericana, que constituyó “sus lenguajes ideológicos a partir

5
Javier Ocampo López, “El movimiento ideológico de la Independencia en la Nue-
va Granada”, en: 1810. Antecedentes, desarrollo y consecuencias (Bogotá: Taurus,
2010), 159.
6
Este postulado se desarrolla de forma clara y fructífera en: Quentin Skinner, Maquia-
velo (Madrid: Alianza Editorial, 2008).
7
Jaime Jaramillo Uribe, “Prólogo: El Pensamiento político de Bolívar: vicisitudes y
paradojas”, 10-11. También ver, sobre la influencia central de Rousseau en Bolívar:
Fernán González, “El proyecto político de Bolívar: mito y realidad”, 17-18.

30
El Discruso de Angostura de 1819

de los lenguajes europeos”8. Los debates europeos, así como los diver-
sos autores del viejo continente, van a nutrir una trayectoria autónoma,
pero con vínculos visibles y palpables. En el caso que nos interesa, no
debemos olvidar que Bolívar provenía de la élite mantuana venezolana,
y tuvo grandes oportunidades al viajar a Europa, leer a los teóricos de
moda y ver la vida cotidiana allí de forma privilegiada y productiva. Es
visible en el Discurso ante el congreso de Angostura, por ejemplo, un
optimismo (que será matizado más adelante) frente a las posibilidades
políticas de América, entendido como continente promisorio y con un
destino brillante. Dicha expectativa “sobre el futuro del hombre, su per-
fectibilidad y la posibilidad de la felicidad” serán herencias ilustradas
sin duda, así como la unión de las “explicaciones metafísicas” con una
parte “práctica y empírica”9, que es inocultable en el Libertador, consti-
tuyéndose a la vez como militar-político y escritor-polemista. Sin olvi-
dar la búsqueda de unos ideales sustentados en “la democracia como el
gobierno del pueblo, con base en la constitución y las leyes y la separa-
ción de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial”10.

II

El contexto del Congreso de Angostura en 1819 está marcado por la


inestabilidad política y la anarquía en muchas regiones de Venezuela.
La represión encabezada por Monteverde y la progresiva radicalización
de la guerra entre las facciones imperantes hicieron de la situación una
inmensa mezcla o conjunción de caos, violencia y guerra. La llamada

8
Carlos Altamirano, “Sobre la historia intelectual”, en: Utopías móviles: nuevos ca-
minos para la historia intelectual en América Latina (Diente de León y Universidad
de Antioquia, 2014), 24.
9
George Rudé, “Ilustración”, en: Europa en el siglo XVIII (Madrid: Alianza Editorial,
1978), 197.
Javier Ocampo López, “El movimiento ideológico de la Independencia en la Nueva
10

Granada”, 156.

31
Esteban Morales

guerra a muerte entre americanos y peninsulares, y las victorias ini-


ciales de Bolívar y Santiago Mariño, en su lucha por contrarrestar la
resistencia monárquica en ciudades como Caracas, Maturín o Cumaná
dieron un segundo aire al movimiento patriota. Sin embargo, se confi-
guraron dos visiones divergentes, con sus respectivos bandos, entre Bo-
lívar y Mariño; el primero se ubicó en la zona central de Venezuela, con
un lazo dependiente del Congreso de la Nueva Granada y un liderazgo
central marcado, en cabeza de Simón Bolívar, mientras que el segundo
se instaló en la zona oriental y tenía una esencia federal en la organi-
zación política, con un papel central de Santiago Mariño en la con-
ducción militar. Ambos proyectos fueron efímeros, debido a las fuertes
resistencias de grandes sectores que apoyaban la monarquía, entre los
que sobresalían los poderosos llaneros acaudillados bajo la dirección de
José Tomás Boves, que desde el sur atacó los proyectos políticos arriba
descritos. Poco a poco el bando patriota se desmorona en pedazos y la
guerra aumenta en todas partes.

Es en el contexto anterior donde muchos se repliegan o huyen para evi-


tar la persecución, aumentada luego del arribo de la famosa expedición
de Reconquista bajo el mando de Pablo Morillo, que encuentra una
Venezuela casi totalmente doblegada por el ya fallecido Boves, donde
Bolívar escribe su carta de Jamaica fechada el 6 de septiembre de 1815
desde Kingston. La lucha continuó y Bolívar intentó infructuosamente
tomar Caracas en 1816, mientras que otros, como Mariño, Arismendi,
Piar y Páez combatían desde sus respectivas zonas de influencia como
liderazgos en una nueva fase de lucha, aunque las rencillas internas apa-
recieron y produjeron el fusilamiento de Piar por su constante crítica al
poder de Bolívar y su llamado para regularlo. Es a raíz de dicha acción
que Bolívar obtiene la preponderancia indiscutida como líder militar
superior, por el resto de la confrontación.

Pese a la constante lucha y a la inquebrantable perseverancia de los


patriotas, el norte de Venezuela y Caracas permanecen bajo el poder
de los realistas, mientras que el sur se constituye en el epicentro de

32
El Discruso de Angostura de 1819

los patriotas y su resistencia. En 1817 fracasó de nuevo Bolívar en la


toma de Caracas; sin embargo, la potencialidad militar de los llaneros
patriotas comandados por Páez dará un vuelco a la guerra, mientras que
la llegada en 1818 de un importante número de ingleses, irlandeses y
otros europeos marcarán el fortalecimiento de un ejército que se vuelve
una aceitada máquina de guerra.

Es en este contexto descrito anteriormente donde se instaló el Segundo


Congreso Constituyente de Venezuela, en la ciudad de Angostura, el 15
de febrero de 1819, hace poco más de dos siglos, y donde Bolívar pre-
sentó el discurso que analizaremos en sus principales aspectos y trazos
a continuación11. Dicho escrito se constituye como una antesala poco
reseñada del posterior Congreso de Cúcuta de 1821, en el cual la unión
entre Nueva Granada y Venezuela se había consolidado y era algo pal-
pable, cuyo territorio quedó organizado en siete departamentos (Orino-
co, Venezuela, Zulia, Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena), a
su vez conformados por provincias12.

Retomando los trabajos arriba citados junto a otros, y antes de empezar


con el análisis del Discurso debemos hacer dos breves aclaraciones o
acotaciones que permiten dilucidar mejor el proceso en cuestión. En
primer lugar, debe tenerse en cuenta que el Congreso de Angostura se
da en medio de la construcción incierta de un nuevo orden político,
sobre las bases de un viejo y jerarquizado orden colonial, donde “la
herencia hispánica tuvo gran peso en el desarrollo constitucional y legal
del país por cuanto legó un sistema de creencias que orientó el diseño
de las reglas de juego mediante las que se organizó tortuosamente la
república”, y adicionalmente “la endémica debilidad del Estado repu-

11
La información de Venezuela fue sintetizada con base en: Carole Leal Curiel y
Fernando Falcón Veloz, “Las tres independencias de Venezuela: entre la lealtad y la
libertad (1808-1830)”, en: Las independencias hispanoamericanas. Interpretaciones
200 años después (Bogotá: Editorial Norma, 2010), 75-87.
12
Armando Martínez Garnica, “La vida política”, en: Colombia. Crisis imperial e Inde-
pendencia 1808-1830 (Lima: Fundación MAPFRE Y Santillana Ediciones, 2010), 63.

33
Esteban Morales

blicano nunca pudo poner límites estrictos a la revuelta porque pasó de


los extremos democráticos de los liberales radicales a los muy represi-
vos de los conservadores, cuando se asentaron en el poder”13. Cobran
entonces relevancia las palabras de Hobsbawm, que advertía en un in-
teresante ensayo de 1995 que “los Estados que surgieron de las guerras
de independencia en América Latina no fueron naciones, o Estados-na-
ciones, en un sentido realista, ni fueron el resultado de movimientos de
liberación nacional”14, con lo que queda más que claro la difícil tarea
de construcción de una república desde cero, luego de un largo período
colonial.

En segundo lugar, podemos acercarnos a Bolívar, siguiendo a Jaramillo


Uribe y a Fernán González, de muchas maneras para dilucidar su pen-
samiento político, yendo más allá de las simplistas apologías políticas,
que recorren el espectro ideológico completo, y que van desde el Bolí-
var conservador, hasta el Bolívar precursor de las ideas de izquierda, por
medio de diversas construcciones historiográficas15. Jaramillo propone
anteponer el Bolívar ideólogo, ilustrado, teórico, con el Bolívar gober-
nante, como forma de construir una dicotomía entre la idea y la praxis
política cotidiana y pragmática16; por otro lado González propone dejar
atrás las visiones bipartidistas y con intencionalidades tergiversadoras
o parciales, así como las individualistas y heroicas (estériles por sim-
plistas y anti-históricas), para analizar la documentación producida por

13
Salomón Kalmanovitz, “Consecuencias económicas de la Independencia de Colom-
bia”, Revista de economía institucional Vol. 10, n.° 19 (2008), 229.
14
Eric Hobsbawm, “Nacionalismo y nacionalidad en América Latina”, en: ¡Viva la
Revolución! (Bogotá: Crítica, 2018), 452.
15
Para observar algunas visiones sobre Bolívar (Álvaro Gómez, Mario Laserna, Inda-
lecio Liévano, Germán Arciniegas, Antonio García, Anatoli Shulgoski), ver: Fernán
González, “El proyecto político de Bolívar: mito y realidad”, 13-24. Ver adicional-
mente: José Abelardo Díaz Jaramillo, “La independencia y los héroes en los discursos
de la izquierda colombiana. Reivindicación, adaptaciones y lecturas disidentes”, Aná-
lisis Político n.° 71 (2011): 29-46.
16
Fernán González, “El proyecto político de Bolívar: mito y realidad”, 25.

34
El Discruso de Angostura de 1819

el mismo Bolívar en su contexto particular, y con sus preocupaciones


específicas17.

Sobra decir que intentamos seguir dichas recomendaciones, dejando


claro que más allá del héroe militar, Bolívar fue un político sagaz, con
claros y oscuros, y con una relevancia fundamental en nuestra confor-
mación político-social. Que sea esta una oportunidad para analizar uno
de sus productos políticos menos trabajados, o conocidos en menor me-
dida, a poco más de dos siglos de su redacción. Que sea el mismo Si-
món Bolívar, ese de los cuadros, las estatuas, las imágenes; ese que rei-
vindican los conservadores y los guerrilleros, ese ser humano reflexivo
y brillante, el que nos guíe y nos ilustre en este camino interpretativo.

III

El discurso de Bolívar arranca con las protocolarias palabras de aper-


tura. Sin embargo, muy pronto asistimos a su propio análisis retrospec-
tivo de la convulsa época que le ha tocado torear, declarándose como
una víctima más de los acontecimientos, o “un vil juguete del huracán
revolucionario que me arrebataba como una débil paja”, con lo que bus-
ca legitimar su papel de instrumento de la historia, o su supuesto papel
secundario en medio de un proceso dirigido por las grandes fuerzas de
la historia, que arrastraron a Venezuela por varios años a una guerra sin
cuartel y que a su vez lo eximen de responsabilidades en cierta manera,
ya que no es más que un débil barco en una gran tempestad histórica, un
“instrumento de los grandes móviles que han obrado”, que prefiere el
título de Buen Ciudadano, más que los rimbombantes de Pacificador o
Libertador18, mostrando una supuesta humildad frente a los incontrola-

17
Jaime Jaramillo Uribe, “Prólogo: El Pensamiento político de Bolívar: vicisitudes y
paradojas”, 9.
18
Para todas las citas anteriores ver: Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”,

35
Esteban Morales

bles e implacables acontecimientos de una revolución, entendida como


una especie de avalancha o terremoto político-social. Más adelante, Bo-
lívar se muestra como una especie de líder militar y político que está en
un puesto de mando solo por los múltiples avatares que lo han ubicado
en ese lugar, advirtiendo que hay muchos “hijos” de Venezuela que son
capaces “de mandar a hombres libres”, y que lo ideal es su rotación en
la dirigencia, ya que “nada es tan peligroso como dejar permanecer lar-
go tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a
obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo”19.

Sin embargo, y avanzando un poco, lo más interesante del discurso, son


las sugerencias que da al Congreso de Angostura para que ejecute de la
mejor manera sus funciones de “crear un cuerpo político”, que presenta
grandes problemas y desafíos a quien pretenda regularlo. En primer lu-
gar, Bolívar piensa que un problema central es que “no somos europeos,
no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los es-
pañoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos”20, con lo
que se constituye una mixtura problemática y dicotómica de no-lugar.
Ni somos de allá completamente, ni somos de acá enteramente21, por el
contrario, para Bolívar hay una mezcla compleja y ambivalente que se
superpone al proceso de consolidación política y hace del caso de Amé-
rica uno inédito y único, ya que los que nos gobernaban estaban al otro
lado del mar y eran ajenos a sus posesiones, con lo que el poder del mo-
narca no se materializó concretamente con su presencia, sino a través de
múltiples emisarios, con lo que se consolidó como un poder distante y

en: Escritos políticos. Simón Bolívar (Bogotá: El Áncora Editores y Panamericana


Editorial, 2007), 64.
19
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 65.
20
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 66.
21
Más adelante, Bolívar va a agregar el componente africano al coctel social, dejando
claro que la misma España era una mezcla de africanos e ibéricos, refiriéndose a los
moros sin duda, incluidos también en la sangre de nuestros conquistadores de alguna
forma, con lo que concluye que es imposible determinar “a qué familia humana per-
tenecemos” los americanos.

36
El Discruso de Angostura de 1819

casi fantasmal, que sin embargo regulaba las realidades, precariamente,


pero constantemente sin duda, razón por la que, según Bolívar, “estába-
mos abstraídos, ausentes del universo en cuanto a lo relativo a la ciencia
del gobierno”22, con lo que no tuvo en cuenta, ya que generaliza para
dar más coherencia a su argumentación, los poderes locales ejercidos
por muchos criollos en espacios como los cabildos o las milicias23.

Lo anterior lleva, en un segundo lugar, a las prevenciones de Bolívar,


que a grandes rasgos consisten en que es muy peligroso dar libertades
muy grandes a individuos que han estado encadenados y subyugados
por tres siglos a las decisiones de la metrópoli, porque la libertad es un
excelente y magnífico ideal, pero es “de difícil digestión” para pueblos
poco ilustrados y poco acostumbrados a tomar decisiones. Lo anterior
aun hoy, a doscientos años de distancia y guardando obvias propor-
ciones, cobra relevancia en la compra de votos o los “errores” de las
mayorías, donde el problema no reside en el sistema democrático en
sí, sino en los individuos que no están a la altura de las decisiones po-
líticas, y en prácticas ancestrales de caudillismo, amiguismo, nepotis-
mo y padrinazgo. Las palabras de Bolívar están cargadas de realismo,
cuando manifiesta que “son los pueblos más bien que los gobiernos los
que arrastran tras de sí la tiranía”24, y lo que es más revelador es que,
según la perspectiva de Bolívar, es más fácil sacudirse la opresión, que
mantener la libertad a lo largo del tiempo, por lo que según su visión la
independencia sería solo un primer paso en un largo camino de conso-
lidación de las conquistas ganadas con tanta perseverancia y esfuerzo,
ya que la historia militar gloriosa y heroica de Venezuela, recordaba
para Bolívar, el “heroísmo republicano entre los antiguos [ya que] ha

22
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 67.
23
Hay que tener en cuenta que Bolívar está construyendo en sus escritos un discurso
donde se legitima la separación de España y se intenta consolidar una nueva estructura
política, un orden republicano, razón por la que tiende a dividir la realidad en blanco
y negro, sin buscar matices, al igual que lo hace en su célebre carta de Jamaica, do-
cumento fundamental de la leyenda negra sobre España y su poder sobre América.
24
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 69.

37
Esteban Morales

entrado en el gran cuadro de los sacrificios hechos sobre el altar de la


libertad”25.

En tercer lugar, el caraqueño comienza a exponer su ideario político en


torno a la “adopción de nuevos principios”, buscando aterrizar concep-
tos y perspectivas expuestas con antelación en lo que tiene que ver con
construir un nuevo organismo político, que, si bien se veía condiciona-
do por un largo pasado colonial, tenía abierto todo el futuro. Los puntos
centrales de ese ideario fueron: una crítica frontal al federalismo como
sistema disperso e inaplicable a las realidades de Venezuela, retomando
las ideas de Montesquieu de que cada pueblo debe crear normas acor-
des a su realidad, y dejar de mirar a Inglaterra o EE.UU. como referen-
tes de manera acrítica, razón por la que es indispensable una “república
indivisible y central”, suprimiendo la ilusa y errónea idea de que “las
bendiciones de que gozan [los norteamericanos] son debidas exclusiva-
mente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciuda-
danos”26; otro factor de vital importancia fue la definición de los marcos
y límites del concepto de libertad, ya que si bien, según Bolívar, los
hombres nacen con “derechos iguales a los bienes de la sociedad” por
el solo hecho de ser hombres, hay una desigualdad “natural”, por lo que
el camino correcto se constituye por medio de la consolidación de una
especie de libertad limitada opuesta a los graves abismos de una liber-
tad absoluta que desencadenaría fuerzas incontrolables, que siguiendo
los argumentos anteriores, conducirían de nuevo a la esclavitud de los
americanos, por medio de la consolidación y cohesión de nuevas tira-
nías, que aprovecharían los vestigios de la servidumbre y el despotismo
heredados del período colonial; o desembocaría en una anarquía perma-
nente y destructora de todo reducto de orden. Es importante entonces la
aparición en el discurso de Bolívar de una distinción fundamental entre
ciudadanos pasivos y activos, evitando o más bien “poniendo un dique
a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que

25
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 91.
26
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 72.

38
El Discruso de Angostura de 1819

en todos tiempos ha impreso el desacierto en las elecciones”27.

Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es me-


nos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres des-
iguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta
diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación,
la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia,
propiamente llamada política y social28.

Aparece en la cita anterior, una síntesis perfecta y desglosada para en-


tender los matices, prevenciones y características del concepto de liber-
tad en Bolívar, entendido desde el ámbito o el ángulo ambiguo que bus-
ca ensalzar a la vez que limitar ese ideal. La sociedad es “heterogénea”,
y es el Estado y las leyes que emanan de él los encargados de garantizar
un equilibrio igualitario sólido, pero “ficticio”, entre individuos disí-
miles naturalmente, que intente buscar “la seguridad y la estabilidad”
de las nacientes repúblicas, conformadas en medio de un caos militar y
sociopolítico. Bolívar continúa su argumentación y retoma una postura
bastante conocida desde el pragmatismo anglosajón, que consiste en
afirmar que “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce
mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y
mayor suma de estabilidad política”29, reconociendo de entrada la po-
sible perfectibilidad de lo que tiene que ver con el manejo del Estado,
desplazando su interés a buscar la mejor fórmula y no la más infalible.
Se busca el mal menor, sin dejar de reconocer el mal en sí.

En cuarto lugar, podemos señalar, retomando la obsesión de Bolívar por


obtener aprendizajes de la historia griega o de las grandes potencias de
su época, que hay varios aspectos que bien vale la pena analizar. Para
Bolívar, los ideales tienen dos caras como una moneda, uno positivo y
otro negativo, por lo que se hace necesario buscar un punto medio que

27
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 88.
28
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 74.
29
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 75.

39
Esteban Morales

permita la aplicabilidad a los países recién venidos al mundo, construi-


dos sobre frágiles y ambiguas bases en la América española. Es enton-
ces aquí que el caraqueño vuelve a esbozar uno de los principios recto-
res y fundamentales en este discurso: lo que importa no es la norma, es
la sociedad que sigue o no la misma.

Para probar lo anterior, Bolívar recurre al laboratorio de la historia, y


ésta es su argumento central, entendida como Magistra Vitae, como
una escuela, como una maestra de la vida, de la cual podemos sacar
enseñanzas permanentes30. De Solón, volviendo a la clásica y remota
Atenas de la antigüedad, aprende a analizar y a “reconocer la insuficien-
cia de la democracia absoluta, para regir ninguna especie de sociedad”,
y como “a veces son los hombres, no los principios los que forman
los gobiernos”, menciona a Licurgo (Esparta) como un gran legislador,
Pisistrato y Pericles como males necesarios, volviendo a la caótica Ate-
nas, y Epaminondas como líder en Tebas. Pero Roma es, según Bolívar,
el mejor ejemplo de cómo un pueblo logró su grandeza, demostrando
lo importantes que son “las virtudes políticas”, frente a lo indiferentes,
irrelevantes y superfluas que son “las instituciones”. Pero este análisis
retrospectivo llega hasta Francia e Inglaterra, que tienen mucho que
enseñar al mundo de comienzos del siglo XIX, ya que han “inundado al
mundo con […] profusión de luces políticas”31.

En definitiva, en este aspecto Bolívar invita a los miembros del Congre-


so de Angostura a tener presente que son los hombres los que forman las
repúblicas, más allá de ideales y abstracciones filosóficas, discursiva-
mente hermosas, pero imposibles de aplicar en una inmadura tierra re-
cién libertada. Pasar de los discursos rimbombantes a la praxis política
real es el llamado de un Bolívar temeroso, que tenía miedo, pavor a las
utopías políticas desaforadas y prefería la búsqueda permanente de un

30
Ver: Reinhart Koselleck, “Historia Magistra Vitae”, en: Futuro Pasado (Barcelona:
Paidós, 1993), 41-66.
31
Todas las citas anteriores: Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 76-77.

40
El Discruso de Angostura de 1819

realismo que trabajara con lo que existe y no con lo que se sueña. Pero,
además, hace un llamado para “que no se pierdan, pues, las lecciones
de la experiencia; y que las secuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de
Inglaterra y de América [del norte] nos instruyan en la difícil tarea de
crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas y so-
bre todo útiles”32, con lo que le da a la historia una categoría de faro, de
guía, para afrontar el futuro, ante la inexistencia de una tradición propia
a nivel de repúblicas. Los romanos y los ingleses, según Bolívar, llegan
a ser los mejores ejemplos de lo que se debe hacer “para mandar y ser li-
bres”, dejando atrás “brillantes formas de libertad”, y consolidando, por
el contrario, “establecimientos sólidos”, razón por la cual recomienda el
“estudio de la Constitución británica” para sacar provechosas lecciones,
sin proponer “su imitación servil” 33.

En quinto lugar, podemos analizar las consecuencias que para Bolívar


tienen su admiración por Roma e Inglaterra. Bolívar propone un sena-
do hereditario como equilibrio entre un pueblo que desconoce muchas
veces sus propios intereses y un gobierno que tiene el poder a nivel
factual. “Los senadores en Roma y los lores en Londres han sido las co-
lumnas más firmes sobre que se ha fundado el edificio de la libertad po-
lítica y civil”34, con lo que vemos, en síntesis, la tentativa de establecer
una especie de clase política o dirigente vitalicia, educada desde la más
tierna infancia para ejercer los cargos legislativos de la mejor forma.

Otro aspecto en el que Bolívar reconoce explícitamente la influencia de


Inglaterra es la del fortalecimiento de la idea de un “presidente, nom-
brado por el pueblo o sus representantes” que se haga cargo de un eje-
cutivo central, fuerte y sólido, para llegar a la “felicidad nacional”, pero
con un papel preponderante de la constitución y de sus ministros, con
el objetivo de ejercer mejor el poder y el control de los asuntos de la
política. En síntesis, según el caraqueño, en un sistema republicano el

32
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 77-78.
33
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 78.
34
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 79.

41
Esteban Morales

ejecutivo debe tener una fuerza imponente en un sentido hobbesiano


porque “todo conspira contra él”, y “si no se ponen al alcance del ejecu-
tivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitable-
mente en la nulidad o en su propio abuso; quiero decir, en la muerte del
Gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía”35.

En definitiva, frente a ese miedo por los “ensayos de quiméricas institu-


ciones”36, Bolívar opta por proponer ante el Congreso de Angostura la
consolidación de un “espíritu nacional”, basado en dos pilares que son
antagónicos y deben moderarse entre sí, “moderar la voluntad general”
y adicionalmente “limitar la autoridad pública”37, lo que consiste bási-
camente en moderar el poder del gobierno, sin caer en la anarquía y los
tumultos del pueblo. Y es que es palpable en Bolívar el miedo al pueblo
sin control, a las masas sin reflexión, a las caóticas implicaciones, según
su perspectiva, de dar mucho poder a la plebe. Y fue ese aspecto el que
admiró de Inglaterra, por ejemplo, esa capacidad de hacer los cambios,
pero dosificados; juntar los derechos con las tradiciones; el poder ciu-
dadano con la aristocracia. En últimas, había que establecer un orden
en medio del torbellino de la revolución política, y como nos advierte
Jaime Jaramillo Uribe:

En una palabra, nunca abandonó la idea de que era un mantuano, adjetivo con
el cual se distinguía a los ricos caraqueños por ser sus mujeres las únicas que
legalmente podían usar en público un manto o pañolón de seda muy costoso.
Además, en su actividad política y en sus relaciones personales siempre se
apoyó y buscó la colaboración de la clase dominante de la época: Mosqueras
y Arboledas de Popayán; Vergaras, Parises y Restrepos de Santa Fe; Briseños
y Mendozas de Venezuela. A esto no solamente lo inclinaba su conciencia de
clase, sino también su realismo político, pues solo en esa casta de blancos con
poder económico podía encontrar los dirigentes y colaboradores que exigía la

35
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 83.
36
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 85.
37
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 86.

42
El Discruso de Angostura de 1819

conducción de la guerra y la organización del nuevo Estado independiente38.

A manera de conclusión, podemos decir que tratamos de reivindicar


el discurso ante el Congreso de Angostura como una pieza bicentena-
ria que nos ayuda a entender los ejes del ideario político de Bolívar.
Para el caraqueño, la moralidad, la educación, el trabajo, el realismo, la
unión de Venezuela y la Nueva Granada y otros elementos fueron fun-
damentales para iniciar la construcción de un nuevo proyecto político.
Esperamos haber señalado algunos aspectos importantes del discurso,
y creemos que es estudiándolo como se conmemora de la manera más
eficiente, entendiendo el decisivo papel de Bolívar en lo que tiene que
ver con la creación de nuestras repúblicas y sus múltiples realidades
políticas.

Al finalizar el discurso, el caraqueño saca a relucir su capacidad ro-


mántica y sus grandes esperanzas en la tierra que años después le haría
tanta oposición. Esa “vasta región” debía “servir de lazo, de centro,
de emporio a la familia humana; […] enviando a todos los recintos de
la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; […]
distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida de los hombres
dolientes”39. La liberación de estos territorios del yugo de España fue
su gran proyecto vital, estructurar una nueva e inédita realidad política
en los países recién surgidos fue su permanente preocupación, y a ello
dedicó grandes piezas ensayísticas como la que acabamos de trabajar.

Jaime Jaramillo Uribe, “Prólogo: El Pensamiento político de Bolívar: vicisitudes y


38

paradojas”, 15.
Simón Bolívar, “Discurso de Angostura (1819)”, 93.
39

43
Esteban Morales

Bibliografía

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45
Esteban Morales

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46
Nombres con un
significado histórico en
Itagüí en perspectiva del
bicentenario, 2010-2019

Carlos Mario Posada Arango


Licenciado en Filosofía, especialista en Gobierno Público
Subsecretario de Cultura del municipio de Itagüí
carlosmarioposadaa@gmail.com

Diseño recreado

47
Carlos Mario Posada

"Independencia" grita
el mundo americano…
… Soldados sin coraza
ganaron la victoria;
su varonil aliento
de escudo les sirvió.
… La libertad se estrena,
del cielo americano…
La patria así se forma…
Himno Nacional de Colombia
https://www.todacolombia.com/informacion-de-colombia/him-
no-de-colombia.html#letra

La celebración

Este sencillo artículo surge en respuesta a las festividades del bicen-


tenario de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada y a la orien-
tación temática de este año de la revista Manzanillo No. 3 del Centro
de Historia de Itagüí, la cual es también sobre los 200 años de la Inde-
pendencia. Por eso daré un vistazo a los objetivos de la celebración, al
proceso histórico de la Independencia y posteriormente al municipio de
Itagüí, para ver cómo en nuestra ciudad los nombres de esa época se re-
cuerdan hoy en los parques, calles, barrios, instituciones, monumentos
y otras manifestaciones artísticas y culturales.

En el 2019 se celebra en Colombia el bicentenario de la Campaña Li-


bertadora de la Nueva Granada y los 200 años de la Independencia Na-
cional de Colombia, conmemoración que está a cargo del Ministerio de
Cultura y la Vicepresidencia de la República, esta última encargada de
las actividades concernientes al evento.

Según la Alta Consejería Presidencial para la conmemoración del Bi-


centenario de la Independencia, el objetivo general es: celebrar los 200

48
Nombres con un significado histórico en Itagüí

años de la independencia de Colombia, los objetivos específicos son:


festejar y estimular la democracia y sus valores más representativos, a
través de la conmemoración del bicentenario; y promover nuevas na-
rrativas, nuevos relatos y nuevas formas de interpretación de la historia
nacional, incluyente y plural, que garantice el diálogo entre la historia
nacional y las historias locales; y propone en los objetivos sectoriales
nombrar las obras públicas en homenaje al bicentenario de la Indepen-
dencia.

Es pensar qué significan 200 años de construcción de una nación bajo


la legitimidad de las leyes y el orden republicano, qué importancia tiene
la gesta militar y hacer un reconocimiento a esos hombres y mujeres,
afrodescendientes e indígenas que lucharon por nuestras libertades y
ayudaron con la formación de la república; queremos hacerlos visibles
con un ejercicio prospectivo de lo que significa el pasado y trabajar en
el presente, proyectando hacia el futuro el país que queremos crear para
las generaciones venideras.

Además, reconocer la diversidad del país, de sus gentes y territorios,


que se unieron alrededor de una gesta heroica de liberación, que co-
menzó con el grito de independencia de 1810 y se consolidó con la ruta
libertadora y la formación republicana entre 1819 y 1822; o sea que la
independencia fue un proceso histórico.

Lo anterior permite reconocer el pasado, reconciliarnos con el presente


y poder proyectar el futuro, para construir el camino hacia el tercer cen-
tenario desde un ejercicio ciudadano participativo y democrático en la
construcción del proyecto nacional que orienta la Constitución Política
de 1991 y que cuenta con los valores fundadores de una nación diversa,
democrática e incluyente (http://www.bicentenarioindependencia.gov.
co/Es/Consejeria/Paginas/Marco.aspx).

49
Carlos Mario Posada

El bicentenario

Otra vez bicentenario... se preguntarán algunos ¿Por qué se celebró en


2010 y vuelve a conmemorarse este año del 2019?

Aún recuerdo, comenta alguien en una conversación, que en el 2010 se


hizo un gran despliegue de actividades académicas y culturales, entre
otras para conmemorar el bicentenario; ¿por qué otra vez? Eso me deja
confundido, concluyó.

A lo cual se respondió: traigo a la memoria cuando mi profesora de


primaria o el señor que nos atendió en la Casa del Florero ‒Museo de la
Independencia de Bogotá‒, nos narraba que esta casa fue construida a
finales del siglo XVI y principios del XVII. Está ubicada en la esquina
de la calle 11 y la carrera 7.ª (denominada en la época Calle Real del
Comercio, situación estratégica sobre la Plaza Mayor, hoy Plaza de Bo-
lívar). En la época era alquilada para presenciar los eventos que en ella
se desarrollaban y para tiendas; la más importante era la del comercian-
te español José González Llorente.

Adicionalmente, contaba lo sucedido el 20 de julio de 1810 cuando


Luis de Rubio fue hasta la casa del español José González Llorente con
el fin de que les prestara un florero para arreglar la mesa del agasajo
que se haría en honor del criollo Antonio Villavicencio. Llorente, quien
era conocido por ser un hombre iracundo, se negó a prestar el objeto
y se desencadenó de ahí en adelante la escaramuza que serviría como
antesala del grito de independencia de la Nueva Granada del imperio
español y que se selló con la Batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819.

Desde ahí hasta 1816, es considerado por los historiadores como un


tiempo de profunda desestabilidad en el país, debido a la falta de orga-
nización de un Estado que conformara a las regiones en una unidad y a

50
Nombres con un significado histórico en Itagüí

las continuas batallas que se presentaron, no sólo en Colombia sino en


los territorios que hoy ocupan Venezuela, Ecuador y Perú.

El movimiento independentista en el país perdió fuerza y sólo hasta


1819 y en cabeza de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander,
cuando, apoyados por los caudillos provenientes de los Llanos Orienta-
les, lograron en el puente de Boyacá, el 7 de agosto de ese año, la victo-
ria en la batalla en la cual los españoles se replegaron definitivamente.

Para diciembre se decreta la creación de la Gran Colombia, que agrupó


a Colombia, Venezuela y Ecuador en el mismo territorio y que fue la
base para que hacia 1921, los españoles empezaran su retirada defi-
nitiva de las colonias (https://www.radionacional.co/linea-tiempo-paz/
colombia-conmemora-su-bicentenario).

Resumiendo, podríamos decir que el 20 de julio de 1810 fue el comien-


zo de una serie de eventos que los historiadores han identificado como
el inicio de la campaña independentista de Colombia y que se consolidó
en 1819 con la Batalla de Boyacá.

Durante esta etapa surgieron algunas personas que más se visibilizaron


entre todos los que participaron de la gesta libertadora y que con el
tiempo se fueron consolidando como figuras destacadas e identificadas
como próceres de la independencia, entre ellos: Simón Bolívar, fue una
de las figuras más destacadas de la independencia de los actuales países
de Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela; Antonio
Nariño, que tradujo la Declaración de los Derechos del Hombre; Fran-
cisco José “El Sabio” Caldas, quien participó activamente en la estrate-
gia que condujo a la independencia de Colombia; José María Córdoba
Muñoz, conocido como El héroe de Ayacucho por su desempeño en esa
batalla decisiva; Camilo Torres, por su capacidad oratoria, es conocido
como El Verbo de la revolución; Francisco de Paula Santander, cono-
cido como el “Hombre de las leyes”; Policarpa Salavarrieta Ríos, espía

51
Carlos Mario Posada

de las fuerzas independentistas; la Pola es considerada una mártir y un


símbolo de libertad; y Manuela Sáenz Aizpuru, compañera sentimental
de Simón Bolívar. Manuelita es considerada como la heroína y prócer
en la gesta de la independencia o como precursora del feminismo en
América Latina. Entre otros más.

La representación

La historia construye imágenes, mitos y narraciones del pasado, utili-


zando una iconografía y una narrativa histórica para dar a conocer lo
ocurrido. Para tal fin se sirve de monumentos, bustos, textos escolares
de historia, himnos, museos, festividades patrias, entre otros.

Por lo anterior, algunas técnicas y períodos históricos del arte han con-
tribuido también a cumplir la función de representar la historia para el
conocimiento de todos para mostrar hechos conmemorativos de even-
tos o personajes que se quieran recordar o plasmar para la posteridad.
Por ejemplo, la escultura clásica busca alcanzar un elevado grado de
perfección desde la belleza de la figura, con un determinado canon
y unas proporciones consideradas como “perfectas”, que den cuenta
del modelo, y expresar las virtudes del personaje, en este caso que nos
corresponde el prócer, como una forma de inmortalizar y perpetuar la
imagen de estos personajes que se quieren recordar como un modelo a
seguir. Por ejemplo, el retrato y la escultura, principalmente en busto,
escultura o figura ecuestre ha dejado para la historia buenos ejemplos
por medio de este oficio artístico.

“Cuando uno recorre la ciudad en busca de conocer o apreciar sus mo-


numentos o esculturas se encuentra con un amueblamiento que lo po-
dríamos agrupar en unas manifestaciones simbólicas, abstractas o mo-
dernas y otras figurativas. Me detendré en estas últimas por el objeto
que nos convoca y que representa a personajes inmortalizados en el
mármol, el bronce, la piedra, el cemento o la resina, entre otros materia-

52
Nombres con un significado histórico en Itagüí

les, como próceres, políticos, personajes ilustres, religiosos, apreciadas


unas, ignoradas otras por el afán y la contaminación visual, propias
de la ciudad. Estas esculturas son el recuerdo de seres humanos que
trabajaron y que sus semejantes les hicieron un reconocimiento por sus
aportes culturales, sociales, religiosos, económicos o políticos, entre
otros, a nuestra sociedad.

Las piezas artísticas que vemos en la ciudad han creado unas simbo-
logías de la misma. Las esculturas ubicadas en ella nos llevan a que
la memoria evoque agradable o desagradablemente un recuerdo o una
experiencia estética en medio del disfrute de ciertas armonías que lo
cautivarán, algunas maravillas y se extrañarán con algunas que no de-
berían estar expuestas, pero todas recrean una simbología y una estética
del arte público. (Manzanillo, 2, 45).

Son ejemplo también las pinturas, placas, bustos, esculturas, material


bibliográfico y nombres de los próceres utilizados en lugares e institu-
ciones entre otros, que nos traen a la mente el pasado de unos hechos
y personajes que con gratitud se quiso dejar una evidencia y así poder
refrescar la vigencia de un pasado importante.

La mayoría de los nombres de nuestros pueblos y ciudades “esconden”


un significado histórico, la toponimia es fundamental para descubrir el
origen de los lugares, de la misma manera, expresan ideas sobre cos-
tumbres, tradiciones y gremios y algunas de ellas lo cuentan con mucha
originalidad.

Hubo un tiempo en el que los barrios, calles, espacios urbanos e institu-


ciones públicas o privadas tenían un nombre propio, el cual era asigna-
do como un reconocimiento, homenaje, o recuerdo de unos personajes
ilustres, unos hechos históricos, o elementos geográficos, entre otras
muchas posibilidades de nombrarlas. También podría contar con un
nombre común o denominación urbana básica, los cuales fuera de iden-

53
Carlos Mario Posada

tificarlos y orientarlos tenían un significado que aportaba informaciones


diversas a los ciudadanos. Por ejemplo, anteriormente algunos caminos
o vías eran identificados con nombres, pero hoy las vías se nombran por
el sistema de nomenclatura por números, la cual sirve como medio para
la orientación de quien busca un lugar.

Además, los lugares también se identifican con nombres que están car-
gados de un significado y del estudio de estos se encarga la toponimia,
la cual es un neologismo formado por dos voces griegas: tópos, “lugar”
y ónoma, “nombre”; esta es la disciplina de la onomástica, por lo cual
también se conoce como onomástica geográfica, que consiste en el es-
tudio etimológico de los nombres propios de un lugar.

Los topónimos tienen un gran interés histórico, etnográfico y biológico.


Sin embargo, vemos cómo cada vez menos personas se dedican a esta
disciplina como consecuencia de la pérdida de interés por conocer el
medio que habita por estar incluido en la globalización.

Muchos de los nombres provienen del siglo XIX, algunos hacen refe-
rencia a antiguos propietarios o familias establecidas en la ciudad, y a
personajes destacados de la historia. Según ha ido creciendo la ciudad,
de asentamiento a caserío, a barrio, a comuna o corregimiento, como
también de territorio de otro municipio a tener vida propia como muni-
cipio, de camino a calle, a avenida, a autopista, entre otros cambios que
sufre el territorio y que por ser nuevos se deben nombrar para poderlos
identificar.

Muchos de estos nombres se han modificado según las épocas políti-


cas que se han desarrollado a lo largo de la historia de nuestra ciudad;
además, el poco interés en dar a conocer al ciudadano el significado y
la historia de los nombres que fueron escogidos, a lo largo del tiem-
po, como identificadores de los territorios, espacios públicos, vías de la
ciudad e instituciones públicas o privadas. Propongo a las instituciones

54
Nombres con un significado histórico en Itagüí

encargadas de la historia y de la educación, como a los historiadores de


nuestra ciudad, para que continúen este sencillo artículo sobre los nom-
bres de los próceres de la independencia, con ocasión del bicentenario
de Colombia, por lo cual me detendré solo en algunos ilustres persona-
jes que con su nombre hacen presencia en nuestra ciudad.

Hoy vemos el proceso independista como una época muy lejana y a


esas mujeres y a esos hombres como próceres inalcanzables, pero no
eran tan distintos a lo que somos los colombianos hoy. Eran personas
con diferencias y con incertidumbres. ¿O piensan que era fácil tomar la
decisión de separarse de España? Había muchas cosas en juego, hasta
la propia vida…

Ellos contribuyeron cambiando su presente para que nosotros pudiéra-


mos disfrutar de unas nuevas realidades, tuvieron la grandeza de pensar
más allá de sus diferencias, necesidades y sueños. Hoy, en el marco del
bicentenario, Colombia nos exige ese mismo grado de grandeza. Ellos
sabían que había dificultades y que muchos se oponían, pero actuaron
desde la convicción.

Nosotros tenemos que trabajar más allá de nuestras diferencias, enca-


rando los problemas de frente y sin miedo. Ninguna transformación de
raíz es fácil. Hagámoslo por nosotros, nuestros hijos y nietos, la inno-
vación del país depende de nosotros.

Por eso debemos amar a nuestra tierra, defendida en la época de la


independencia y dejada como legado de los próceres que supieron con-
quistarla; como también los principios de independencia, soberanía, au-
tonomía y libertad.

La construcción de la identidad colombiana también se vio reflejada en


la institucionalización de un modo de concebir el pasado nacional. En

55
Carlos Mario Posada

1902 se funda en Bogotá la Academia Colombiana de Historia, institu-


ción que pretendió la exaltación de la vida y obra de los “grandes hom-
bres” de la patria, a través de la escritura de la historia, la edificación
de monumentos, el rebautizo de calles, plazas e instituciones públicas
como las educativas y la celebración de las fiestas patrias, entre otras.
A su vez, esta fundación buscó ser replicada a niveles locales con la
creación de las academias departamentales y municipales de historia,
ya que cada región debía hacer reconocimiento a los personajes que
contribuyeron a la formación de la república y posteriormente a la lo-
calidad. En el departamento la Academia Antioqueña de Historia fue
fundada el año de 1903; en Itagüí, el Centro de Historia fue fundado en
1989, llegando a cumplir su aniversario número 30 en 2019.

Nombres del proceso histórico de la independencia en Itagüí

Conservando el interés de este texto le daré un vistazo general al muni-


cipio de Itagüí para ver cómo los nombres de esa época, del año 1810
a 1819, se recuerdan hoy en los barrios y acciones comunales (JAC),
calles, parques, barrios, instituciones educativas públicas, monumentos
y otras manifestaciones artísticas y culturales.

El municipio de Itagüí se encuentra en Suramérica, país Colombia, de-


partamento de Antioquia, al sur de la ciudad capital, Medellín, en el
valle de Aburrá, una de las nueve regiones en las que se divide cultural
y geográficamente el departamento de Antioquia. Sus límites municipa-
les son: al oriente, Envigado y Sabaneta; al suroccidente, La Estrella; al
norte, Medellín; al occidente, el corregimiento de San Antonio de Prado
(Medellín).

Cuenta con una extensión territorial de 21.09 km2, correspondiendo


12.17 km2 a la zona urbana y 8.91 km2 a la zona rural, lo cual lo hace el
segundo municipio más pequeño del país; gran parte del territorio está
destinado al uso urbano.

56
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Se encuentra ubicado a 1.550 metros sobre el nivel del mar, la tempera-


tura promedio oscila entre 21ºC y 26ºC, no cuenta con la presencia de
estaciones (https://www.itagui.gov.co/alcaldia/).

El municipio está conformado por la cabecera municipal, dividida en


64 barrios organizados en seis comunas; y un corregimiento llamado
Manzanillo, constituido por 8 veredas.

Las comunas y barrios de Itagüí tienen nombres de:

• Nombres religiosos: vírgenes, santos, papas, signos religiosos, etc.


(21)

• Acontecimientos: fechas históricas. (1)

• Lugares geográficos: región, provincias, países, ciudades, etc. (8)

• Lugares con nombres comunes: zonas, industrias, productos, entre


otros. (31)

• Nombres de la independencia: próceres y palabras de la época, etc.


(3)

• Nombres de la independencia: Barrios y acciones comunales JAC.


(3 de 64)

Comuna 1 · Barrio La Independencia


Comuna 4 · Barrio Simón Bolívar
Comuna 5 · Urbanización Las Américas

https://www.datos.gov.co/d/99ra-mu7g/visualization

57
Carlos Mario Posada

• Nombres de la independencia: calles 1

Calle Simón Bolívar Vía de Itagüí a Envigado

h t t p s : / / w w w. g o o g l e . c o m / m a p s / p l a c e / Av. + S i m % C 3 % B -
3 n + B o l i v a r, + A n t i o q u i a / @ 6 . 1 7 7 4 4 5 4 , - 5 . 5 9 9 3 1 7 4 , 1 7 z / d a-
ta=!4m5!3m4!1s0x8e46823824dc5e75:0xc4b7d89a71780b-
b4!8m2!3d6.1764321!4d-75.597472

• Nombres de la independencia: Parques 3 de 17

Comuna 1 Parque Simón Bolívar (parque principal)


Parque Obrero Brasil o Santander
Comuna 4 Parque Barrio Simón Bolívar

• Nombres de la independencia: En las Instituciones Educativas


Públicas. 2 de 24

Comuna 1 Institución Educativa Antonio José de Sucre.


Barrio La Independencia
Comuna 4 Institución Educativa Simón Bolívar
Parque Barrio Simón Bolívar

• Nombres de la independencia: Esculturas (2), bustos (6), placas


escultóricas (2), medallones escultóricos (2), pinturas (8), material
bibliográfico (2), música y baile (1), entre otros

Ubicación Obra Autor Propietario


Parque Simón Escultura de Hans Mayr Municipio de
Bolívar (parque Simón Bolívar Muchen Itagüí
principal)

58
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Ubicación Obra Autor Propietario


Parque barrio Busto de Simón Hugo Álvarez Municipio de
Simón Bolívar Bolívar Yacente Itagüí
Parque Busto de Octavio
Obrero-Brasil Antonio Nariño Montoya E.
(antes Parque Municipio de
Santander) Itagüí
Busto de Gabriel
Santander Restrepo
I. E. Simón Busto de Simón Sin firma I. E. Simón
Bolívar Bolívar Bolívar
Cuadros de José Claro
Simón Bolívar (firmado
“Claro según
Yepes”). 1943
ca. Auditorio
Cuadros de José Claro Cultural Diego
Francisco (firmado Echavarría
de Paula “Claro según Misas, que en
Santander Yepes”). 1943 septiembre fue
Auditorio
ca. adquirido por
Cultural Diego
el Municipio y
Echavarría Cuadros de Sin firma
que recibió en
Misas Antonio Nariño
donación las
Cuadros de Sin firma
obras pictóricas
José María
que estaban en
Córdoba
este, entre otros
Cuadros de Sin firma objetos.
Antonio José
de Sucre
Cuadros de Sin firma
Camilo Torres

59
Carlos Mario Posada

Ubicación Obra Autor Propietario


Escultura, Hans Mayr
maqueta del Muchen
Biblioteca de Simón Bolívar
Fundación
la Fundación del Parque
Diego
Diego Principal
Echavarría
Echavarría Material Especialmente
Misas
Misas bibliográfico con material
sobre Simón
Bolívar
Centro de Material Centro de
Historia de bibliográfico Historia de
Itagüí CHI Itagüí CHI
Busto de Simón
Bolívar
La Sociedad Cabeza de La Sociedad
de Mejoras Antonio Nariño de Mejoras
Sin firma,
Públicas y su Medallones de Públicas y su
atribuido
Escuela de Simón Bolívar Escuela de
a Octavio
Artes Eladio Medallones de Artes Eladio
Montoya E.
Vélez V. de Santander Vélez V. de
Itagüí Placa de Batalla Itagüí
de Santander
(copia)
Placa de Batalla Octavio
de Santander Montoya E. Municipio de
(original) Itagüí
Casa de la Cuadro de Juan Andrés
Cultura de Simón Bolívar Posada
Itagüí Investigación Directora Corporación
y montaje de Mónica David de Danzas de
danzas del Valencia Colombia
Bicentenario

60
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Ubicación Obra Autor Propietario


Alcaldía de Pintura de Darío Rojas Municipio de
Itagüí Simón Bolívar Itagüí

• Nombres de la independencia: Fiestas patrias. 27 actividades del


sector público

Las 24 instituciones educativas públicas, más las privadas, celebran las


fiestas patrias.

La alcaldía de Itagüí celebra el 20 de julio con los honores a Simón Bo-


lívar y a las fuerzas armadas y de policía con un acto protocolario y un
concierto musical, en el parque principal Simón Bolívar y una fiesta en
el barrio la Independencia y otra en el parque del barrio Simón Bolívar
(https://es.wikipedia.org/wiki/Itag%C3%BC%C3%AD ; https://www.
itagui.gov.co/sitio/ver_noticia/itagui-entrego-cinco-parques-de-en-
cuentro)

• Nombres de la independencia: Actividades académicas como foros. 2

Secretaría de Educación y Cultura de Itagüí realiza el Foro Educativo


Municipal “Bicentenario, historia, ética y ciudadanía en Colombia. La
historia de nuestra diversidad”, el 28 de agosto del 2019. Este encuen-
tro tiene como objetivos contribuir al fortalecimiento del pensamiento
crítico e histórico; a la valoración de una nación pluriétnica y multicul-
tural; y al desarrollo de competencias socioemocionales, ciudadanas y
científico-sociales.

El Centro de Historia también desarrolla actividades con contenido pa-


trio.

61
Carlos Mario Posada

• Nombres de la independencia: Publicaciones como…, 4

En el periódico Plegables Antioquia, Itagüí Informa, se publicó infor-


mación sobre el bicentenario así;

Número 58 Bicentenario 1811-2011, director William A. Martínez


Lobo, año 2011. Cronología de la lucha por la independencia americana
en el año 2011 – Hace 200 años. 1811 - 2011

Número 60 bicentenario 1812, Director William A. Martínez Lobo,


año 2012. Cronología de la lucha por la independencia americana en el
año 2012 – Hace 200 años. 1812 - 2012

Número 64 Bicentenario de 1815, director William A. Martínez Lobo,


año 2015. Los sucesos de 1815. Hace 200 años, la historia de la Nueva
Granada.

Revista Manzanillo No. 3 del Centro de Historia de Itagüí, la cual es


también sobre los 200 años de la independencia. Es decir, esta revista.

Breve reseña de los próceres presentes en Itagüí

La Real Academia Española nos define al prócer como proveniente del


latín procer, -ĕris. Es un adjetivo que permite señalar lo eminente, ele-
vado, alto. Como sustantivo, un prócer es una persona de alta calidad
o dignidad que contribuyó al engrandecimiento o a la liberación de su
comunidad (https://www.datos.gov.co/Educaci-n/Instituciones-Educa-
tivas-Oficiales-del-Municipio-d/ndyc-bcmk/data).

Por eso démosle una mirada a los patriotas ilustres, que tienen presen-
cia con su nombre en la institucionalidad de Itagüí, ya que ellos fueron
determinantes con su valor en la independencia de Colombia. Ellos son:

62
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Simón Bolívar (1783​​​-1830)

Fue bautizado con los nombres de Simón José Antonio de la Santísima


Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, fue un militar y político ve-
nezolano, fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia.
La victoria llegó el 7 de agosto de 1819, en Boyacá, cuando ganó la
primera batalla contra los españoles, decisiva para el derrumbe militar
de la presencia colonial española.

“El éxito llegó en Boyacá, el 7 de agosto de 1819, cuando ganó la pri-


mera batalla decisiva contra los españoles, con la que se inició el de-
rrumbe militar de la presencia colonial española.

Los patriotas, ahora dirigentes de una naciente nación, comprendieron


que liberar al resto de Hispanoamérica era necesario. Para ello, Bolívar
ejecutó la campaña del Sur: liberó Quito con la batalla de Pichincha,
en 1822, y con la de Ayacucho, en 1824, consolidó la independencia de
Perú.

La organización civil de la República se inició con la Constitución de


Angostura en 1819, cuando nació la República de Colombia, integrada
por Venezuela, la Nueva Granada y Ecuador. Luego, con la Constitu-
ción de Cúcuta, 1821, se organizó el Estado. Sin embargo, el caudillis-
mo venezolano y las diferencias con los neogranadinos acabaron con
la idea unitaria. Frustrado e incomprendido, pero tocado por la gloria
inmortal, Bolívar murió en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830,
cuando se disponía a viajar a Europa” (https://www.semana.com/espe-
ciales/articulo/los-proceres/109075-3).

Contribuyó a la independencia de los actuales países de Bolivia, Co-


lombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.

63
Carlos Mario Posada

Francisco de Paula Santander (1792-1840)

Fue doctorado en derecho, militar y político colombiano, participó de la


causa independentista contra la dominación colonial española.

“A Santander se atribuye la creación del orden legal necesario para ha-


cer viable a la República. Por eso, su pensamiento quedó recogido en la
frase: “Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes
os darán la libertad”. Y su pensamiento civilista quedó consignado en la
frase siguiente: “La espada de los libertadores tiene que estar, de ahora
en adelante, sometida a las leyes de la República”.

Santander construyó el primer sistema de educación pública que existió


en Colombia, al impulsar la creación de escuelas, colegios y universi-
dades en los que se impartía una educación laica orientada por una filo-
sofía liberal… es considerado el fundador del Partido Liberal” (https://
www.semana.com/especiales/articulo/los-proceres/109075-3).

Antonio Nariño, prócer (1765-1823)

Este criollo de familia pudiente, fue el gran difusor de las ideas liberta-
doras, a través de la “imprenta patriótica”. Su aporte fundamental a la
independencia fue la traducción de los Derechos del Hombre.

Camilo Torres, “El verbo” (1766-1816)

Participó en el “Motín de los pasquines” de 1794, primera expresión


rebelde después de los comuneros. Su hábil oratoria y dominio del de-
recho fueron clave al escribir el “Memorial de agravios” (1809).

64
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Antonio José De Sucre, “El Mariscal” (1795-1830)

Aunque su padre era coronel realista, Sucre se enlistó en el ejército pa-


triota. Político, estadista, presidente de Bolivia y gobernador de Perú,
fue a batallas como la de Pichincha, que selló la independencia (https://
www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7816787).

José María Córdova, “El héroe de Ayacucho” (1799-1829)

Este general del ejército libertador es considerado como el prócer an-


tioqueño más destacado del período de las guerras de emancipación de
América Latina (1810-1826), durante los cuales hizo parte de las tropas
de José Antonio Páez, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, a pesar
de su corta vida.

Con el triunfo de la célebre batalla de Ayacucho, Córdova propició la


independencia del Perú, la formación de Bolivia y el fortalecimiento
de la independencia de América del Sur. Por lo cual es conocido como
el “Héroe de Ayacucho”, donde expresó su famosa frase “¡División: de
frente! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!”.

El general Córdova, después de sus triunfos, se rebeló contra la dictadu-


ra de Bolívar, lo cual lo llevo a un combate en El Santuario frente a las
tropas del general Daniel F. O’Leary, enviadas por El Libertador; allí
fue herido de gravedad y en la casa donde se refugió fue rematado por
el comandante irlandés Ruperto Hand, quien le propinó varios terribles
sablazos.

Gracias a la gesta libertadora y en especial a los denominados próceres


de la independencia que con su participación decidida en la causa liber-
tadora pudieron aportar para darle la independencia a buena parte de
América del Sur, liderados por Simón Bolívar (1783-1830) quien con

65
Carlos Mario Posada

suficientes méritos ganó el título de El Libertador.

A estos personajes la historia los tiene dentro de sus páginas, les ha es-
crito, cantado, los ha llevado al cine, a las artes plásticas, entre muchas
más actividades artísticas y culturales para rendirles homenaje, sus ros-
tros están en los billetes, su figura nombra y ornamenta algunas calles,
avenidas, escuelas, universidades, parques, entre otros. Todas las plazas
centrales de ciudades y pueblos de los países liberados por Bolívar tie-
nen un busto, una efigie o una escultura ecuestre.

En suelo itagüiseño ya desde mediados del siglo pasado se tiene regis-


tro de dichos homenajes a personajes como Simón Bolívar, Francisco
de Paula Santander, Antonio José de Sucre, Antonio Nariño, Camilo
Torres y José María Córdova en el nombre de parques, instituciones
educativas, culturales, oficinas públicas, barrios, esculturas, pinturas y
material bibliográfico.

El bicentenario es una oportunidad para que las nuevas generaciones,


los niños, niñas y jóvenes se apropien de su pasado y desde allí cons-
truyan y proyecten el tercer centenario, a partir de nuestra historia, con
un sentido patriótico enfocado a alcanzar el desarrollo sostenible de la
sociedad.

66
Nombres con un significado histórico en Itagüí

Referencias

Inventario de Patrimonio Artístico, Colección Fundación Biblioteca de


Itagüí. Inventario de enero de 2003 por María Cecilia Álvarez.

Acta de entrega de bienes muebles por la Fundación Diego Echavarría


Misas al municipio de Itagüí, en calidad de donación, 2019.

https://mlr.vicepresidencia.gov.co/Bloques%20Tematicos/Bicentena-
rio/Bicentenario.html

http://www.bicentenariocolombia.gov.co/702/w3-channel.html

67
68
Familia, mujer y
género en la Colonia.
Aproximación
bibliográfica

Amantina Osorio Ramírez


Doctora en Antropología
Presidenta del Centro de Historia de Itagüí - CHI

Introducción

Al aproximarnos a temáticas como la familia, la mujer y el género en


disciplinas como la historia, nos damos cuenta de que han sido pocos
los estudios que se han hecho al respecto, por lo menos hasta finales de
la década de los setenta del siglo XX.

Varias podrían ser las justificaciones en este sentido: La idea que ha


predominado, en la mayoría de las culturas y en las diferentes épocas,
es que los acontecimientos importantes los han producido los hombres,
y, de hecho, también hasta hace poco, la historia la habían escrito los

69
Amantina Osorio

hombres. La pretendida neutralidad de la historia ha sido más bien la


mirada masculina de los hechos históricos. En consecuencia, no so-
lamente tendemos a pensar que si no se reportan las acciones de las
mujeres fue porque no se dieron, o también, usar el género masculino
para referirse a hombres y mujeres, oculta cualquier participación de las
mujeres (Bermúdez, 1992:3).

Jaime Jaramillo Uribe (1992) acota a este respecto, señalando que pro-
bablemente no se debió solamente a que la historia haya sido escrita por
varones, sino más bien a dos circunstancias históricas:

La primera ha sido un reconocimiento mayor de los derechos de la mu-


jer iniciada por la revolución francesa sobre todo para la burguesía in-
dustrial, financiera y comercial. Otros sectores de la población como
los obreros, los campesinos y las mujeres, tendrían que esperar un siglo
más, para adquirirlo y en muchos países más de un siglo. Lo que ha
conducido a una creciente participación de la mujer en la cultura, la
educación, la economía o la política.

La segunda circunstancia ha sido la tardía aparición del concepto de


historia social en la historiografía moderna, nos lo señala Suzy Bermú-
dez (1992:6). Hasta mediados del siglo XIX la idea dominante entre
los historiadores modernos era que la historia política, la historia de los
Estados nacionales y sus conflictos constituían el núcleo de la historia.
Eran la historia. Una consecuencia de esta circunstancia fue la reorien-
tación en los estudios sociales y ante todo históricos, que ha llevado a la
afirmación de una historia que busca comprender la totalidad del deve-
nir histórico, sin limitarse a mirar sólo a aquellos grupos que han ejer-
cido un control directo sobre el Estado y sus ejércitos e iglesias (Melo,
1995). Sólo en la segunda mitad del siglo XX la historia de la mujer
se ha desarrollado como un campo específico de la historia social, lo
que ha traído consigo la elaboración de nuevos marcos conceptuales y
nuevos recursos metodológicos (Patiño, 1995). Para que surgiera un

70
Familia, mujer y género en la Colonia

nuevo punto de vista sobre el rol de la mujer y de otros tipos sociales en


la historia, el niño, el anciano etc., se requería la aparición de una nueva
sociedad y de nuevos tipos de mentalidad (Bermúdez, 1992:7).

Hasta los años sesenta del siglo XX, eran pocas las aproximaciones
desde la historia que tenían en cuenta también las diferencias de género,
edad, clase, etnia. En la historia, los temas como la pareja, la organiza-
ción social, la familia, el parentesco y la sexualidad han sido tratados
con menos frecuencia frente a disciplinas como la economía, la sociolo-
gía, la antropología y la sicología, donde estos aspectos han sido tradi-
cionalmente estudiados. En los nuevos estudios históricos se distingue
el impacto diferencial de la mujer, en función de que fuera española,
aborigen o esclava.

Beatriz Patiño señala que, para el caso específico del período colonial,
“existen algunos estudios que se refieren a mujeres notables de la éli-
te… pero no hay trabajos sobre la vida de las mujeres de los otros gru-
pos sociales” (1995:77).

Recientemente Jorge Orlando Melo (1988:66), en su artículo “Litera-


tura histórica en la última década”, señalaba en el caso particular de la
historia: “El estudio de la familia, el niño y la mujer, apenas comien-
za…”. La historiadora Suzy Bermúdez (1992), si bien reconoce que se
ha avanzado en ese tipo de abordajes, todavía falta mucho por recorrer.

Con la publicación en 1995 de los tres tomos de Las mujeres en la


historia de Colombia, se evidenció la consolidación del aporte social y
cultural de las mujeres durante la Colonia.

71
Amantina Osorio

1. La categoría género

El aporte principal de la categoría de género es que ha permitido sacar


del terreno biológico lo que determina la diferencia entre los sexos y
colocarlo en el plano simbólico (Lamas, 1986:22). El género se define
como una interrelación de creencias, rasgos de personalidad, actitudes,
sentimientos, valores, comportamientos y actividades que permiten
diferenciar a los hombres y a las mujeres a través de un proceso de
construcción social, elaboraciones que no son fijas o inmutables, sino
históricas (Bermúdez, 1992:21).

Dicha definición permite ver cómo el género es un proceso social y


como tal, la forma como una comunidad define y vive lo masculino y
lo femenino, varía no solo con la historia, sino de acuerdo con el grupo
étnico, clase y ciclo de vida. Es una categoría de análisis que posibilita
la comprensión de los factores estructurantes que influyen en subordi-
nación y discriminación femenina.

La categoría de género plantea las relaciones entre los sexos como ele-
mento estructurante de las relaciones sociales y de las relaciones de
poder, que a la vez interactúa con otras categorías como las de clase
y etnia, permea todo el tejido social y constituye un orden simbólico
incorporado a la vida cultural de las distintas colectividades humanas
(1995:10).

Las relaciones de género son, como plantea Georges Balandier


(1975:17), relaciones “fundamentales”, que se encuentran en el mismo
origen de las sociedades y traducen los datos de la naturaleza en hechos
de cultura.

La categoría de género planteada en términos relacionales ha posibilita-


do interpretaciones renovadoras de la construcción social y cultural de

72
Familia, mujer y género en la Colonia

las diferencias entre mujeres y hombres en los análisis de los procesos


históricos. De allí la importancia de construir una historia teniendo en
cuenta las relaciones genéricas, puesto que esto permitirá reinterpretar
desde una nueva óptica la información existente y además de esta for-
ma, se abrirá el espacio para nuevas preguntas.

2. La participación de las mujeres durante la Colonia

A partir de la década de 1980, se comienza a investigar una multipli-


cidad de temas vinculados con la participación de las mujeres durante
la Colonia. Para el caso de Antioquia, la historiadora Beatriz Patiño
Millán (1995:77) realizó una revisión de los archivos judiciales corres-
pondientes a delitos contra la persona (injuria, lesiones personales y
homicidios) que involucran a mujeres en Antioquia entre 1750 y 1819.
Estos procesos permiten “aproximarse al papel que éstas han jugado en
la sociedad, vislumbrar la imagen que de ellas se ha tenido y reconstruir
aspectos de las relaciones entre los sexos”.

Por su parte, la antropóloga e historiadora Susy Bermúdez (1992) in-


cursionó en la historiografía sobre las mujeres de la Conquista y la Co-
lonia abordando los documentos desde la categoría de género, o sea la
diferencia entre el hombre y la mujer. “Desde esta perspectiva se ‘ven’
elementos que antes no se habían visto. Mostrar lo que no es obvio,
pero que por obvio no se muestra” (p. 3). Es decir, que los hombres y
las mujeres como tales, hemos desempeñado papeles diferentes en la
historia.

Pablo Rodríguez (1992) ha publicado sobre el papel de la mujer en la


institución matrimonial, tanto desde la norma como desde la desvia-
ción. El matrimonio, expresa el autor, era considerado una necesidad
ya que fue uno de los pilares de la sociedad hispanoamericana como
fundamento de la familia y como base para la legitimación de los des-
cendientes. La tradición castellana de dotar a las mujeres para el ma-

73
Amantina Osorio

trimonio se difundió rápidamente en todos los sectores de la sociedad


hispanoamericana. Las familias se preocupaban por reunir una dote que
hiciera atractiva a sus hijas; se utilizaba como estrategia de ascenso so-
cial, por conveniencia y según el consenso paternal. Las leyes de Dios
como las leyes civiles partían del hecho de que los encuentros furtivos
e ilícitos no solo eran actos en contra de la naturaleza y los designios
divinos, sino que representaban un desafío al orden social impuesto.

En cuanto a las reflexiones sobre la familia, el antropólogo Hernán


Henao (2004: 28), analiza la familia como realidad social y cultural
y enlaza la visión histórica con la situación de un presente; muestra la
confluencia de las diversas marcas culturales entregadas por el aporte
español, negro e indio dando como resultado el poliformismo familiar,
señalado anteriormente por Virginia Gutiérrez de Pineda, como carac-
terística de los diversos tiempos en la sociedad y la cultura colombiana.

El autor señala también el papel de la Iglesia como estructurante cul-


tural en la familia, ubicándose muchas veces en el lugar del padre au-
sente, con el cura como consejero de la madre y como educador con
el mensaje bíblico (p. 56). La religión era la madeja que lo entretejía
todo, señala Martha Cecilia Herrera (1995: 330), su función era legiti-
mar las relaciones de dominación y servir de soporte a las elaboraciones
ideológicas, que nutrían la visión del mundo que interesaba al poder
dominante.

El profesor Henao, aborda también el tema de género porque considera


que los estudios de familia se verían recortados si no se tomaba de en-
trada una perspectiva de género. Asumió interrogantes sobre el hombre
en tanto género ya que expresa que queda el beneficio de la duda sobre
el grado de análisis que ha merecido el varón en su status-rol de padre
(2004: 47).

74
Familia, mujer y género en la Colonia

Otros temas que no han tenido mucho desarrollo en la historiografía


nacional tienen que ver con los juicios criminales. Como lo han demos-
trado algunas autoras (Patiño, 1995:77; López, 2006), los expedientes
judiciales son una fuente de carácter masivo y sistemático, muy útil
para el estudio del conflicto social y de los valores y pautas de vida y
muestran que la mujer tuvo un importante papel dentro de los numero-
sos conflictos que se producían en las relaciones interpersonales.

Emilio Robledo (1954), en su bosquejo biográfico del Oidor visitador


Juan Antonio Mon y Velarde, entre 1787 y 1788, sostenía que en la re-
gión eran frecuentes los amancebamientos, el maltrato de los maridos
a las esposas y que las mujeres cometieran infanticidios o abortaran. El
control de la conducta individual, sobre todo de las mujeres, se convir-
tió en una tarea colectiva, en la que tenía un gran papel el chisme y la
conseja (Patiño, 1995:82).

La historiografía sobre la mujer colonial ha mencionado en numerosas


ocasiones la práctica de castigos crueles contra las esposas. Buena parte
de los delitos que involucraban a las mujeres estaban relacionados con
la vida sexual; los concubinatos y sospechas de que se tenía una rela-
ción “ilícita” eran las causas de violencia verbal o física contra la mujer.
Las mujeres también instauraron demandas por haber sido tildadas de
ladronas o por haber sido puesto en duda su origen racial, llamándola
negra, mulata, etc. (Patiño, 1995).

Como en otros lugares de Hispanoamérica, el maltrato doméstico, ca-


tegoría en la cual están incluidas golpizas, heridas e intentos de homi-
cidio, fue el más común de los delitos cometidos contra las mujeres
(Patiño, 1995:91). Aunque el derecho de castigo tuvo límites desde el
punto de vista jurídico, era aprobado en la sociedad ya que se esperaba
una posición sumisa de las esposas frente al mismo.

75
Amantina Osorio

Los gobernantes trataron de controlar y perseguir aquellas conductas


que consideraban atentatorias contra la moral pública –amancebamien-
to, maltrato a la esposa, infanticidios etc.‒. Se quería imponer un mode-
lo de familia basado en el amor y la paz y a los sentimientos cristianos,
por lo que se hacía hincapié en que el esposo debía tratar a la mujer con
cortesía y cumplir con las obligaciones de su estado.

En la investigación desarrollada por Mabel Paola López (2006) sobre


Las conyugicidas de la Nueva Granada. Trasgresión de un viejo ideal
de mujer, se apoyó en 23 casos de asesinato del esposo cometidos por
mujeres entre 1780-1830. En este período de estudio hubo dos tenden-
cias: la principal causa de asesinato del esposo fue la infidelidad de la
mujer en el siglo XVIII, quien de cierta forma estimulaba a su amante
para acabar con la vida del compañero; en el siglo XIX el móvil fue el
conyugicidio en defensa propia, que ocurrió en el momento en el que el
marido golpeaba de forma brutal a la esposa1.

La lucha por la integralidad física femenina en la Colonia es lo que Nor-


bert Elías denomina un cambio en el equilibrio de poder entre los sexos,
que en las élites y en los estratos bajos de la sociedad estaba inclinado
a favor del hombre.

3. La familia y el matrimonio

Durante las primeras décadas del siglo XVI la corona española estimula
la emigración familiar para evitar que los conquistadores se mezclaran
con las nativas con el fin de mantener la pureza de sangre y la garantía
de una continuidad cultural. El número de mujeres que llegó a América
fue escaso. No se tiene mucha información sobre ellas, se sabe que las

1
Otros asesinatos fueron motivados por conflictos económicos, por la resistencia de
los hombres a dejar salir a las mujeres de la casa, por la infidelidad masculina y unos
cuantos por causas indeterminadas (p. 51).

76
Familia, mujer y género en la Colonia

que llegaron acompañaron a los varones en sus campañas de conquista


como esposas, hijas, amantes “curanderas”, cocineras, así como tam-
bién participaron en la fundación de los primeros poblados y ciudades
(Gutiérrez, 1963).

La Iglesia y el Estado convirtieron el matrimonio en el estado ideal para


las mujeres. El matrimonio se ha pensado culturalmente como el paso
obligado a la maternidad, paternidad y a la familia; en la mujer de la
élite colonial el ámbito reproductivo ‒matrimonio y familia‒ tuvieron
una participación central. El matrimonio fue la base para establecer el
tejido mediante parentesco y consolidar la posición social de la fami-
lia o el individuo; a la vez fue el medio para incorporarse a los grupos
que ostentaban el control de los gobiernos municipales y la burocracia
administrativa y judicial como puerta de acceso al poder político (Be-
thell,1990).

La fe religiosa daba normas, en relación con el estatus de los miembros


de la familia conformada según su doctrina; dictaba también normas en
la vida de relación de pareja frente a su descendencia. Dichas normas
de comportamiento de raíz religiosa estaban respaldadas por las pautas
jurídicas. En el Derecho de Indias se “regularon las relaciones de los
cónyuges dentro del matrimonio, sobre la base de sometimiento de la
mujer a la autoridad del marido” (Ots Capdequi, 1958). A pesar de que
el matrimonio tuvo un alto valor moral y reconocimiento social, no fue
siempre una práctica universal.

Virginia Gutiérrez de Pineda (1963) realizó un valioso trabajo de res-


cate historiográfico y etnográfico de los patrones familiares indígenas
que sirve de punto de referencia para contrastar el poder moldeador del
régimen español con las formas de parentesco, matrimonio y familia
nativos. “La mujer nativa fue quien enseñó a los europeos nuevos códi-
gos alimenticios adaptados al clima, miles de recetas higiénicas, como
el baño diario y la utilización de elementos naturales en la organización
doméstica, así como el uso de drogas para enfermedades tropicales”
(Bidegaín, 1995:133).

77
Amantina Osorio

Las relaciones sexuales interétnicas fueron una constante durante toda


la época colonial que en gran medida dieron lugar al mestizaje. En el
territorio actual de Colombia el mestizaje de clases, castas y etnias se
dio de manera diferencial en las regiones, en la medida en que la rela-
ción con el medio se hacía por causas diversas y por pobladores dife-
rentes. Este proceso de mestizaje se dio con cierta celeridad ya que fue
facilitado por la relativa poca densidad demográfica y cultural de sus
poblaciones prehispánicas, o si se quiere, por la rapidez con que fueron
destruidas o dominadas por la obra colonizadora2.

Las uniones de los españoles con las mujeres indias proveyeron a la


primera generación de conquistadores de aliadas, intérpretes, cuidado
personal y satisfacción sexual. El modelo de matrimonio católico de la
Colonia fue más una ambición que una realidad. Ante las rígidas condi-
ciones sociales que debían cumplirse para efectuarlo, muchas mujeres y
hombres iniciaban informalmente relaciones que terminaban en autén-
ticas uniones consensuales.

Los españoles mantuvieron concubinas y procrearon numerosos hijos y


el concubinato se convirtió en una arraigada práctica social, que demos-
tró ser muy difícil de erradicar de la sociedad colonial (Lavrin, 1990).
“La mujer negra y especialmente mulata tuvieron un fuerte atractivo
para el blanco. Como en otros países hispanoamericanos de numero-
sa población e influencia negra, la esclava debió ser muchas veces la
iniciadora sexual de los hijos de los propietarios en la Nueva Granada
(Jaramillo).

2
En palabras de Jaramillo Uribe las causas reducidas a un esquema serían las siguientes:
“acciones bélicas del período de conquista, dureza del régimen de trabajo en minas, obraje y
haciendas, nuevas enfermedades traídas por el conquistador (viruela, gripa, sarampión, tifo),
destrucción transitoria de la economía y desorganización de las tradicionales formas de cultura
y vida social, competencia vital de la población conquistadora y colonizadora que, sobre todo,
en la primera centuria, consumía y no producía, lo que produjo un descenso en las posibilidades
alimenticias de la población nativa”. P. 267 https: //revistas. Unal. Edu.co

78
Familia, mujer y género en la Colonia

La teología moral de fines del siglo XVI y XVII concentró sus energías
en la moral sexual, se tendió a identificar el pecado casi exclusivamente
con sexualidad; y el cuerpo y la sexualidad femenina como la fuente
provocadora del pecado (Bidegaín, 1995:145). Educadores y orienta-
dores espirituales elaboraban y divulgaban las pautas de conducta que
las mujeres debían seguir. Las prácticas sexuales reproductivas para la
mujer le exigían ser una mujer “casta, pura, honrada”, en quien se pue-
da depositar toda la confianza para la crianza de los hijos; las normas
de conducta instituidas por la iglesia, a la que las mujeres de la familia
‒hija, madre y esposa‒ debían estar apegadas señalaban que no podía
salir a la calle con frecuencia ni asomarse a la ventana, se controlaba es-
trictamente su forma de vestir y se le vigilaba para garantizar la rectitud
de su comportamiento moral. Existía la dependencia y la obediencia a
su padre y marido, porque suponían que las mujeres eran seres frágiles;
de éstas, la preservación de sí mismas y del honor de la familia eran
de extrema importancia; el ejercicio de deberes propios del hogar las
mantenía a salvo de cualquier tipo de trasgresión. Modelo que algunas
historiadoras (Morales Inírida, 2003), han denominado arquetipo ma-
riano, que llegó a ser atribuido a la población femenina de la Nueva
Granada en general.

Esta imagen ideal de la mujer cristiana se construyó sobre dos figu-


ras que los colonizadores buscaron, por todos los medios, repetir en
las nuevas tierras: Eva y María. Los símbolos y representaciones de
las mujeres en los análisis centran sus enfoques sobre la dualidad de
las imágenes como vírgenes y castas o como lascivas y malvadas. El
imaginario cultural de la identificación de la mujer blanca y española
moralmente pura con los valores de la virgen María, entraba en con-
traposición con la mujer-tentación, la Eva, la indígena, la negra y la
mestiza. La conducta de las mulatas, mestizas, indígenas y esclavas no
encajaba en los patrones del ideal femenino propuesto por la sociedad
blanca. Eran sectores de la sociedad en el que las relaciones de inter-
dependencia que las mujeres sostenían con sus maridos y vecinos eran
diferentes y muchas veces implicaban cierto tipo de resistencia a un
comportamiento reglado (López, 2006).

79
Amantina Osorio

La doble moral existente hizo más fácil al hombre entregarse a prácti-


cas que estaban totalmente condenadas para las mujeres. Mientras las
españolas y criollas mantenían un control sobre su sexualidad con la
constante vigilancia de la Iglesia, sus padres y esposos gozaban del
“manejo permisivo de la libertad sexual masculina”. Un hombre podía
mantener una concubina y, al mismo tiempo, conservar su posición so-
cial, mientras que el adulterio era la peor ofensa personal y social que
una mujer podía cometer (Bethell,1990: 9). Si bien durante los primeros
decenios existió libertad para escoger cónyuge a medida que se forta-
leció la sociedad colonial y se incrementó el número de mestizos, en
forma aparentemente peligrosa para la estabilidad del sistema, se fue
restringiendo la libertad para escoger pareja, sobre todo entre los es-
pañoles, para estimular así matrimonios endogámicos que permitieran
preservar dicha sociedad.

Las uniones forzadas con indias y lindas mestizas de la primera época,


fueron reemplazadas rápidamente por calmadas relaciones familiares,
en las que se afirmaba el espíritu del linaje. Las colonias hispanoameri-
canas se convirtieron en recatados lugares de endogamia de casta, raza
y situación económica (Rodríguez, 1995:217).

El estudio del matrimonio en la Villa de la Candelaria de Medellín seña-


la Pablo Rodríguez (1992), es importante en cuanto éste nos revela una
serie de pautas de patrones de movilidad social, de percepción sobre
la condición social de los contrayentes y, finalmente, sobre el rol de la
mujer en la sociedad colonial.

La incidencia de matrimonios endogámicos entre las mujeres de as-


cendencia española fue más alta que la de otros grupos de mujeres3; en

3
Las mestizas y mulatas establecían uniones al margen del sistema de dotes, menos
guiadas por los intereses económicos. Al aumentar la población y el matrimonio, se
incrementaban de manera infinita los grados de parentesco y afinidad entre los habi-
tantes. Además los matrimonios que se efectuaban con extranjeros a la vuelta de una
o dos generaciones repetían el círculo de uniones endogámicas.

80
Familia, mujer y género en la Colonia

general era la conservación étnica y la estratificación social y económi-


ca (consolidación de fortunas), lo que más preocupaba a estas gentes.
Como rasgo típico, en la provincia de Antioquia los medellinenses son
conocidos por “casarse entre sí”; la villa estuvo inscrita en estas prácti-
cas sociales y fuertes alianzas familiares conservaron fortunas durante
más de dos siglos. “Su posición privilegiada les permitía pedir dispen-
sas que autorizaran sus uniones, aunque esta práctica se extendió a mes-
tizos, mulatos y negros que terminaron atrapados en su red de paren-
tesco, a pesar de la libertad aparente que gozaban” (Rodríguez, 1992).

En el archivo parroquial de Itagüí, por ejemplo, el mayor número de


dispensas son por parentesco, ya de consanguinidad ya de afinidad, y
la mayoría de éstas fueron aceptadas no importando la clase o etnia a la
que perteneciera (Hoyos y Molina 1994:93). Las penas que se imponían
al dar la dispensa consistían en multas y en confesión o comunión cada
domingo de entre dos y cinco años y rezar diariamente el rosario, lo que
se convirtió, según el historiador Pablo Rodríguez, en escuela moraliza-
dora de los antioqueños, que hizo popular la práctica de rezar el rosario
cada noche en familia.

Las mujeres de escasos recursos, señala Rodríguez (1995: 96), seguían


con dificultad las recomendaciones relacionadas con el recogimiento,
pues, por circunstancias económicas, no se restringían al mundo do-
méstico, estaban obligadas a trabajar fuera del hogar. A finales del siglo
XVI las actividades de las mujeres variaban de acuerdo con el grupo
étnico y social al que pertenecían, siendo algunas consideradas más
apropiadas para mujeres blancas, urbanas y no acaudaladas y otras más
comúnmente realizadas por indias, castas y negras (Bethell,1990). Las
mujeres criollas y mestizas a menudo estaban ocupadas en la adminis-
tración de pequeñas tiendas como propietarias o atendiendo estableci-
mientos con sus cónyuges. Las mujeres de clase baja contaban con una
ocupación o labores que estaban ligadas a múltiples tareas productivas:
participar en la siembra y cosecha del maíz, plátano, fríjol; cuidar del
ganado y en algunas zonas buscar oro en las arenas de los ríos y en los

81
Amantina Osorio

depósitos aluviales; tenían puestos en los mercados y vendían casi todo,


desde alimentos hasta trajes usados. Trabajaban como criadas, nodrizas
costureras, lavanderas, planchadoras, enrolladoras de tabaco y vende-
doras ambulantes, ayudando de esta manera al sostenimiento de sus
familias, lo que les daba cierta independencia (Rodríguez, 1995: 82).

Tanto en la ciudad como en el campo y las minas, las condiciones de


vida de los esclavos eran bastante propicias para el amancebamiento, el
concubinato y la proliferación de hijos naturales4. A las esclavas, y en
particular a las mulatas, se las veía “más aptas para la vida sexual por
su debilidad innata frente al pecado” (Friedemann y Espinosa, 1995).
Normalmente eran respuestas clandestinas al impedimento que, por di-
ferencia racial, encontraban las parejas para casarse. Los amos usaron
la dispensa eclesiástica para controlar la unión matrimonial de sus es-
clavos y asegurarse los hijos de estas parejas, negándose reiteradamente
a uniones que implicaran un peligro para su propiedad.

Con respecto a las mujeres solteras y viudas los testamentos revelan,


que fueron mujeres con un sentido de independencia y realización tal
que supieron aprovechar las posibilidades que la sociedad les daba.
Las viudas de la Colonia “no eran mujeres marginales y desadaptadas,
como se les ha representado en ocasiones. Su integración al conjunto
social partía de su propia familia, en la que encontraban apoyo y un
sentido a su existencia” (Rodríguez, 1995:95). Los bienes que recibían
en dote, donación o herencia les proveyeron la seguridad que el ma-
trimonio había dejado de brindarles. En múltiples casos asumieron la
administración de hatos y haciendas, sacando adelante sus familias y
demostrando capacidad administrativa.

4
El concubinato y el amancebamiento eran perseguidos, porque según los moralistas,
no cumplían las funciones sociales de apoyo al marido, cuidado cristiano de los hijos
y la continuidad de la economía doméstica (Borja, 1995:63).

82
Familia, mujer y género en la Colonia

Tanto la encomienda como la dote estaban hechas para soportar la fa-


milia y hacía parte de la economía doméstica. La dote y la posesión
por sucesión de una encomienda daban muestra de la cada vez mayor
participación social y económica de las mujeres ibéricas y criollas en la
configuración de su sociedad. Para el caso del poblamiento de Itagüí,
encontramos una de las primeras propietarias de tierras que fue María
de Quesada, viuda del capitán Juan Daza, quien ejerce su autoridad
sobre los bienes recibidos ante la enfermedad de su hijo5. Situación
diferente pasaba entre las mestizas y mulatas, la viudez significaba un
duro revés. Cargada de hijos, debían redoblar sus esfuerzos en trabajos
mal remunerados e inciertos, y un nuevo matrimonio era imposible.

Consideraciones finales

La consolidación del aporte social y cultural de las mujeres durante la


Colonia se ha podido evidenciar a partir de las nuevas aproximaciones
a la historia de la sociedad colonial para los siglos XVI-XVII. El propó-
sito de la nueva historia al abordar estas temáticas es la de redescubrirla
y redimensionarla incorporando en ella a las mujeres y escribiendo así
mismo las propias historias de las mujeres en esos procesos (Introduc-
ción, tomo II - Las mujeres en la historia de Colombia, 1995). De esta
manera se plantean nuevos problemas, se abren nuevas hipótesis, se
replantean viejas respuestas para integrar las diferencias entre los géne-
ros, con sus múltiples y complejas consecuencias, en el mundo social,
político y cultural.

5
Las leyes nuevas de 1542 prohibían a las mujeres estar a cargo de las encomiendas,
pero en la práctica esto fue desatendido y en ausencia de hijos varones, las esposas o
hijas pudieron heredarlas y algunas veces administrarlas. La Corona también intentó
establecer que las mujeres debían casarse o volver a casarse en un plazo de un año
después de haber heredado una encomienda, pero esta obligación nunca fue comple-
tamente respetada. Estas podían ser usadas como dotes y así incrementaba la posición
social de un cierto número de mujeres (Lavrin, 1990:8).

83
Amantina Osorio

Se evidencia que en el siglo XVII y la primera parte del XVIII, la con-


ciencia de clase, fuertes vínculos de parentesco y la aceptación de los
papeles tradicionales de la mujer fueron muy importantes. La condición
étnica, económica y la edad, en función de la participación como mujer
blanca, mestiza, indígena, negra o mulata, fueron factores que separa-
ron a las mujeres en universos distintos.

Tanto la Iglesia como las autoridades civiles eran enfáticas en resaltar


la importancia de preservar las buenas costumbres y con ello la estabi-
lidad social, por normas e instituciones trasladadas por los españoles,
pero que “en sus fundamentos se constituyó con elementos proporcio-
nados también por los núcleos dominados, creando un mestizaje no
solo fenotípico sino también cultural” (Borja, 1995:48).

84
Familia, mujer y género en la Colonia

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88
Arcadio Acosta y el
Teatro Caribe

Conversación con Omar Acosta, administrador de teatros de Cine


Colombia e hijo del gran hombre, que por muchos años fuera el
administrador del Teatro Caribe.

Luis Guillermo Cardona


Crítico de cine

Fachada del Teatro Caribe días después de que cerrara definitivamente sus puertas

89
Guillermo Cardona

Hablar del Teatro Caribe es traer al recuerdo esos momentos de la in-


fancia en que las grandes historias del cine nos transportaban a lugares
inimaginados y nos acercaban a seres que de alguna manera existieron
(o que alguien con talento, imaginó), cuyas acciones y palabras nos
tocaban muy adentro, haciéndonos sentir y comprender las muchas ma-
neras cómo podríamos ser alguien en la vida. Fue aquel el tiempo en
que “el muchacho” (héroe o protagonista) de las películas nos animaba
a ser dignos y valientes, y a defender lo que es justo como la manera
más recta de vivir… Y el cine trajo también a nuestros primeros amores
ficticios, pero no menos sentidos (en mi caso, Sonia Infante, Elke Som-
mer y Libertad Leblanc) y ese gusto por las mujeres quedó tallado por
siempre en nuestra esencia.

Junto al Teatro Caribe, Itagüí contaba con dos salas más ‒de las que
quizás hablaremos algún día‒, el Cine México y el Teatro JOCI, pero
fue en el teatro de Cine Colombia donde pasamos más tiempo por su
selecto material y por la calidad de sus proyecciones, siendo además
el espacio seleccionado en el momento en que conformamos el primer
club de cine del municipio: El Cineclub Itagüí.

Con la vieja frase: “Itagüiseño que se respete estudió en la escuela Die-


go Echavarría, subió al pico Manzanillo y fue a cine al Teatro Caribe”,
introduce Omar Acosta la interesante charla en la que hemos hablado
de su padre, del Teatro Caribe, y por supuesto, del arte cinematográfi-
co. Omar es, ahora, un hombre de 67 años ‒los cuales carga solo en la
cédula porque en el cuerpo “apenas se le notan”‒; pensionado de Cine
Colombia donde se desempeñó como administrador de diversos teatros
(Manrique, Lido, Junín, El Cid…), este denodado cinéfilo es un bona-
chón que vive ahora con su esposa, pues sus dos hijos gemelos, Car-
los Andrés y Juan Pablo ‒graduados ambos en sistemas‒, ya hacen su
propia vida en sus respectivos hogares. Fue una labor casi detectivesca
poder encontrar a Omar, pues habían pasado varias décadas desde la
última vez que le vi en el Teatro El Cid… y ya nadie sabía de los Acosta
en la cuadra donde vivieron (carrera 54 No. 50-100, barrio Villa Paula);
en Cine Colombia, Viva!, ningún empleado tenía tampoco la menor

90
Arcadio Acosta y el Teatro Caribe

idea… hasta que, al fin, una veterana empleada de Cine Colombia, a


quien encontré en las oficinas de Oviedo, me dio una primera pista…
y, finalmente, una señora que ahora posee un negocio de pollos que
antes perteneciera a nuestro amigo Omar, me dio por fin su número
telefónico. Gentilmente, Omar accedió a ir a mi casa donde tuvimos un
grato reencuentro… y muchos recuerdos “olvidados”, e inolvidables,
volvieron a la memoria.

¿Quién fue don Arcadio Acosta?

“Arcadio Acosta, fue un hombre con dos pasiones: ‒comienza diciendo


Omar‒ el cine y la música clásica, con especial predilección por Bee-
thoven y Mozart… y también le fascinaba oír “El Lago de los Cisnes”
de Chaikovski y “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi.

Don Arcadio, quien naciera en Itagüí el 17 de agosto de 1921, siendo


todavía un adolescente comenzó como empleado de Cine Colombia y
trabajó, desde entonces, en el Teatro Caribe donde hacía los avisos pu-
blicitarios, siendo luego proyeccionista y publicista simultáneamente…
hasta que su compromiso lo convirtió en administrador y allí perduró
durante 44 años, hasta la fecha en que se pensionó.

“Fue en el Teatro Caribe ‒recuerda Omar‒ donde empezó en él la pa-


sión por el cine, pues, comenzó a saber de los grandes actores mexi-
canos y estadounidenses (Jorge Negrete, Luis Aguilar, Mario Moreno
“Cantinflas”, Clark Gable, Steve McQueen…) y esa pasión me la trans-
mitió luego a mí… y ya sabes en lo que terminé”.

La familia de don Arcadio la conformaba doña Alicia Acosta (su es-


posa, todavía una encantadora mujer de 91 años) y ocho hijos, de los
cuales sobreviven cinco.

“Al margen del cine ‒sigue comentando el segundo hijo que tuvo don
Arcadio Acosta‒ esporádicamente se llevaban al Teatro Caribe espec-

91
Guillermo Cardona

táculos musicales, y yo mismo estuve en la ocasión en que se trajo la


Orquesta de Francisco Canaro, acompañando al famoso cantante Pepe
Aguirre”.

“También mi papá tuvo la ingeniosa idea de presentar, ocasionalmente,


cine de terror a las 11:00 de la noche y títulos como Drácula, Las No-
vias de Drácula, La Noche de los Muertos Vivientes y otros, fueron de
lleno completo. Otros teatros lo copiarían luego”.

Don Arcadio aprovechaba la posibilidad que le daba la distribuidora


para incidir en la programación, y dado su buen gusto, era común que el
cine arte llegara al Teatro Caribe, aunque no siempre era él quien elegía
esos títulos sino que la distribuidora se los asignaba… pero “sí recuer-
do su afición por Luis Buñuel, y Viridiana, Bella de día y El discreto
encanto de la burguesía se exhibieron allí por elección suya ‒cuenta
su hijo‒. Los dobles de la matinée de los domingos eran el espectáculo
favorito de los habitantes de Itagüí y los llenos completos eran bastante
frecuentes. Por suerte, Itagüí ha tenido gente muy culta para acceder al
buen cine y estas funciones solían ser todo un éxito”.

También le encantaban, a don Arcadio, las películas de guerra con cierta


intriga y hubo tres títulos que lo marcaron para siempre: Los cañones de
Navarone, Donde las águilas se atreven y Los mercenarios, pues dieron
plata por montones y generaron llenos totales y varias reposiciones.

“En cambio –recuerda Omar‒, mi papá era un tanto pudoroso y muy


respetuoso de las buenas costumbres y no le gustaba llevar al teatro pe-
lículas eróticas. Su actitud me recuerda la magistral escena de Cinema
Paradiso, donde se censuraba todo lo que oliera a erotismo”. En algu-
nos de estos casos el operador ponía un dedo que hiciera sombra mien-
tras pasaba el plano “objetable”… y claro ¡había silbatina del público
inconforme! Cosas de época que había que aceptar.

92
Arcadio Acosta y el Teatro Caribe

“Don Rogelio, el portero anterior a Omar Cifuentes y un gran amigo de


mi padre ‒cuenta Omar‒ estuvo en el teatro cerca de 25 años. Era muy
leal a don Arcadio, se pensionó y creo que luego unos hijos se lo lleva-
ron a vivir a los EE.UU., hasta que falleció”. Y el operador de muchos
años fue Gustavo Santamaría, “Mazamorra” (mote que heredó de su
padre, el hombre que reemplazaba las vacaciones de don Arcadio como
administrador). “Para mí, Gustavo era el mejor operador que había en
Cine Colombia ‒sostiene Omar‒. Llevaba también el cine en las ve-
nas… y tenía la suerte de que, cada que había un apagón, se acababa el
carbón, se reventaba la cinta o se apagaba la máquina… era mi papá el
que se chupaba los insultos del público que siempre gritaba: ‘¡Arcadio,
soltá al muchacho!’”

“Pero, antes de que llegara Gustavo ‒recuerda Omar‒, el operador fue


Álvaro Vélez, un gran amigo y una gran persona que también ascendió
a administrador (Kemper, Alameda…) y hace pocos años falleció”.

Memorable, sin duda, el tema musical que don Arcadio ponía al co-
mienzo de toda función: El Ferrocarril de los Altos (interpretado por La
Marimba Centroamericana), pues, para cierto público, era la señal de
que debía ingresar a la sala porque ya se habían apagado las luces. Con
el tema pasaban los anuncios publicitarios y a estos seguían los cortos
de Merrie Melodies, los avances y, finalmente, la película.

Luis Guillermo
Cardona (crítico de
cine) en compañía de
Omar Acosta, hijo de
don Arcadio.
Foto: L.G.C.

93
Guillermo Cardona

“El Teatro Caribe era la vida de mi papá. Él tuvo dos compromisos muy
serios: el uno con mi mamá y el otro con el Teatro Caribe”.

Comparto esto con Omar, porque soy testigo de que, hasta el último día
en que trabajó, don Arcadio siempre mostró entusiasmo y compromiso
para hacer las cosas. “Sí ‒concuerda Omar‒, fueron muchas las veces
que lo felicitaron por eso y en la empresa hasta recibió varios premios.
Él trataba al Teatro Caribe como si fuera una novia. No te imaginas
cuánto lloró el día que lo pensionaron y, desde entonces, seguía yendo
a la cafetería que había a un costado a tomarse un café y a ver qué vie-
jos amigos encontraba. De paso, asesoraba al nuevo administrador con
cualquier idea que necesitara”.

¿Hubo en el teatro Caribe algún incidente que valga la pena recor-


dar? ‒pregunté a Omar.

“Recuerdo que al párroco de Itagüí no le gustaba que hubiera cine los


jueves, viernes y sábado santos (ahora presiento que la razón era porque
restaba público a las procesiones). No obstante, Cine Colombia optó en,
cierta Semana Santa, en comenzar a tener cine desde el sábado santo y
en la función de la noche ‒se pasaba la película española “La Bella de
Cádiz”‒ el cura llegó al teatro, entró iracundo a la sala… y tras malde-
cir y tratar de pecadores a los espectadores, todo el mundo abandonó
la sala.

Tiempo después hubo una tempestad tan fuerte que derribó una parte
del techo y mató a un discapacitado que había dentro de la sala. Era la
primera vez que ese señor iba a cine… y Cine Colombia sufragó total-
mente los gastos de su entierro.

En otra ocasión, una semana después de que se hiciera un pequeño in-


cremento en el costo de las entradas, mientras veíamos un viejo wes-

94
Arcadio Acosta y el Teatro Caribe

tern, alguien puso un petardo en el baño de los hombres causando páni-


co y la consecuente desbandada del público… por suerte, no pasó nada
grave, excepto el daño de los implementos sanitarios que quedaron in-
servibles”.

Una nieta actriz

¿Hubo alguien de la familia diferente a Omar Acosta que siguiera


los pasos cinéfilos de don Arcadio?

¡Sí, como del cuero salen las correas, la única nieta que conoció mi
papá, Jennifer Arenas, hija de mi hermana menor Alba Lucía, resultó
siendo actriz, y ha aparecido en series como “Sin senos sí hay paraíso”,
“Lady, la vendedora de rosas” y otras… y entre los filmes en que ha
actuado figuran: “La justa medida” de Colbert Medina y “Destinos”
de Alex Giraldo! Actualmente se encuentra haciendo el trabajo de pos-
producción de “Don’t look now”, película que dirige su esposo Daniel
Arango y en la cual ella hace las veces de productora y actriz. ¡Ah!,
y valga decir que, Jennifer, nació en Itagüí, un 11 de octubre no muy
lejano.

Se cierra el Teatro Caribe

Llegó entonces el momento de hablar de ese instante que, en Itagüí,


muchos cinéfilos lamentamos: El cierre del Teatro Caribe.

“En el cierre del teatro ‒recuerda Omar con nostalgia‒ tuvo que ver un
poco la inseguridad que comenzó a rondar los teatros, pero, sobre todo,
la decadencia en que entró el cine con la llegada del betamax y el VHS,
creo que fue lo que más influyó, porque no solo fue el Caribe sino casi
todos los teatros de pueblo ‒y luego los de toda el área metropolitana‒

95
Guillermo Cardona

los que se cerraron… ¡Una lástima que han pasado cerca de dos décadas
y aún no se recupera el Teatro Caribe!... aunque veo satisfactoriamente
que el alcalde de ahora ‒León Mario Bedoya‒, está dispuesto a hacer la
tarea y ya emprendió la obra”.

El 19 de febrero de 1993, a consecuencia de un enfisema pulmonar


que le causó el haber fumado durante muchos años de su vida, se cerró
también el ciclo existencial de don Arcadio Acosta… y es muy probable
que, allá donde esté, se encuentre administrando alguna importante sala
de cine, pues, fue un caballero y un empleado como muy pocos.

96
Hoy por ti, mañana por mí.
Breve síntesis histórica
de la mutual del barrio
Playa Rica
de Itagüí

Jorge Alberto Morales


Vicepresidente del Centro de Historia de Itagüí

Introducción

La siguiente es una breve reseña histórica de la mutual del barrio Pla-


ya Rica de Itagüí, en sus 65 años de vida institucional. La síntesis se
elabora teniendo en cuenta permanencias, rutinas y la ejecución de los
principios doctrinales del mutualismo desde sus orígenes, aplicados
consciente o inconscientemente por los fundadores, la culminación exi-
tosa de la empresa. No se mencionan muchos nombres de personas que
aportaron esfuerzos e ideas importantes para sostener en el tiempo un
proyecto solidario de tal magnitud, centrándonos en los fundadores y
primera generación de asociados. El escrito está dirigido a personas
de la comunidad en general que desconocen la tenacidad de un barrio

97
Jorge Morales

pobre del municipio de Itagüí, que se asocia para construir de la nada


la mutual más grande y visionaria del sur del área metropolitana de
Medellín y dimensionar el dicho popular: “Hoy por ti, mañana por mí”.

La fundación

La Sociedad Mutuo Auxilio Familiar Playa Rica de Itagüí, se constituye


el 11 de abril de 1955 en reunión realizada en la casa del señor Genaro
Gallón, ubicada en el barrio del mismo nombre. Ese día se redacta un
acta fundacional donde reportan los nombres de 26 asociados funda-

98
Hoy por ti, mañana por mí - Historia de la mutual de Playa Rica

dores1, habitantes del sector. La asamblea constitutiva aprueba los es-


tatutos y elige la primera junta directiva presidida por el señor Octavio
Taborda2. En versión ostentada por don Antonio José Ayala, vicepresi-
dente de la primera junta directiva, explica la razón por la cual se deci-
den a fundar una sociedad de mutuo auxilio en el barrio. El sentimien-
to solidario de la comunidad se despierta ante la muerte de una niña
perteneciente a una familia muy pobre del barrio y que no tenía cómo
darle cristiana sepultura; se realiza una colecta pública para ayudarle a
dicha familia y en medio del diálogo sobre el acontecimiento surge la
propuesta de la mutual3. Es de anotar que relatos parecidos a este son
comunes en el medio mutualista. La fundación de la mutual del barrio
Playa Rica se da en la década de 1950 cuando se presenta un avance
significativo del mutualismo antioqueño, se conforman 22 sociedades
en Medellín que equivalen al 22.5%4. Hay que destacar la composición
mayoritariamente obrera de sus asociados.

Tres principios claves del mutualismo se hacen presentes en la decisión


de conformar la mutual en la comunidad del barrio Playa Rica de Itagüí:
el humanístico, el económico y el administrativo.

1
En un mosaico de fotos que aparece en varios espacios de la mutual, sede Itagüí,
muestran los 26 fundadores.
2
Vicepresidente, José Ayala; fiscal, Emilio Gómez; tesorero, Eduardo Garcés; secre-
tario, Jesús Patiño.
3
El señor Antonio Ayala habla de un diálogo con Emilio Gómez, quien plantea la pro-
puesta; entre los fundadores aparece el nombre de Jairo Gómez. En versión de doña
Ofelia Ayala don Emilio fue un líder muy importante en la época de la fundación;
desconocemos los motivos de su ausencia en la mencionada reunión constitutiva.
4
Mutualismo, exclusión y seguridad social en el Valle de Aburrá. Arboleda Olga
Lucía y Zabala Hernando. Fondo editorial Fundación Universitaria Luis Amigó. Me-
dellín, 2009, pág. 60.

99
Jorge Morales

Principio humanístico

El humanístico lo sintetizamos de la siguiente manera: ayudar en las


dificultades de los vecinos solidariamente “sin tener que pedirle a na-
die nada”, como decía el señor Ayala en un video promocional de la
mutual. En otras palabras, el vicepresidente de la primera junta resalta
la importancia del apoyo recíproco, como fórmula para solucionar los
problemas colectivos en comunidades pobres como el barrio Playa Rica
de los años cincuenta, “hoy por ti, mañana por mí”. Respetar la condi-
ción humana teniendo derecho a una muerte digna, por el simple hecho
de ser humano. Las Naciones Unidas aprobaban en 1948 la Declaración
Universal de los Derechos Humanos DD.HH. en Colombia; el Esta-
do se compromete en 1968 a respetar los 30 artículos de la carta y la
mutual está impulsando anticipadamente el ideal de dignidad humana
(1955), propiciando el apoyo solidario entre obreros, artesanos y sus
familias. Los fundadores de la mutual pertenecían a la generación de
campesinos que se urbanizaron e iniciaron el desarrollo empresarial en
Medellín y municipios cercanos en calidad de obreros. En este contexto
el municipio de Itagüí fue por años reconocido como la ciudad indus-
trial de Colombia. La mayoría de primeros asociados eran obreros en
las empresas de Itagüí y municipios cercanos, otros se desempeñaban
como artesanos y comerciantes menores.

Principio económico

Este principio universal del mutualismo se ejecuta en la mutual del


barrio Playa Rica con la creación de un fondo común no devolutivo que
inicialmente fue de 20 pesos por asociado y hoy es de 16.500 pesos al
mes. Con el dinero aportado se garantiza el servicio exequial a los aso-
ciados y beneficiarios. En la época de la fundación apenas se hablaba de
protección por parte del Estado y empresarios, dirigido a migrantes del
campo que llegaban a las grandes ciudades a ofrecer su fuerza de traba-
jo. Nacían el Instituto de Seguros Sociales y luego las cajas de compen-
sación familiar. La idea de seguridad social se proyectaba lentamente.

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Hoy por ti, mañana por mí - Historia de la mutual de Playa Rica

La riqueza colectiva acumulada por la mutual en los primeros cinco


años de vida permitió un gran paso, la compra de un lote en el barrio.
El negocio se cerró a mediados de 1960 y la construcción de la sede
duró cerca de dos años. Es de aplaudir la eficiencia de los fundadores y
la junta directiva de los primeros años, que vivenciaron el valor mutua-
lista del voluntariado, desdibujado en la época actual. Los fundadores
dieron ejemplo de honestidad y entrega por una empresa que 65 años
después se visiona como una de las mejores organizaciones solidarias
mutualistas del país, con sedes en San Antonio de Prado, Rionegro y su
centro en el barrio Playa Rica del municipio de Itagüí.

La sede construida en el año 1962 permaneció por más de veinte años


sin mayores transformaciones. Era una esquina de primer piso en la
carrera 53 con calle 45A; contaba con una oficina donde se reunía la
junta directiva y se pagaban los aportes o sociedad como se decía en
la época, una bodega repleta de cofres fúnebres y una cortina que la
separaba de la oficina, la puerta amarilla con una ventana del mismo

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Jorge Morales

color sin reja, ambas de madera. En diálogo informal con asociados


de las décadas del setenta y ochenta, se recuerda la figura de don Je-
sús Ardila, encargado de recibir los aportes y de gestionar los servicios
funerarios. Don Jesús, obrero jubilado de la textilera Tejicóndor, había
ocupado la secretaría de la junta por varios períodos y permanecía casi
de tiempo completo en la sede. Eso fue entre finales de la década del
setenta y principios de 1980. Asimismo, se mencionaron las primeras
mujeres asociadas que llegaron a la junta directiva. Se trataba de Lucila
Vélez, secretaria de la junta en la década de 1950; Gladis Madrid, que
ocupó el mismo cargo en 1984, y la primera presidenta de la junta di-
rectiva, Leidy Galeano, iniciando el siglo XX. Hoy de nuevo la mutual
cuenta con una mujer presidenta, la señora Diana Patricia Ruiz, además
de la vicepresidenta Claudia Mona y la secretaria Gloria Angélica Pa-
bón, conforman la mesa directiva. La gerencia de la asociación también
se encuentra en manos femeninas con la doctora Jannet Cecilia Marín
Atehortúa, que lidera con la junta directiva proyectos de crecimiento y
posicionamiento de la mutual en el ámbito regional y nacional.

Después del estancamiento locativo vino una ampliación rápida y vi-


sionaria, la compra y construcción de predios, la prestación de nuevos
servicios que antes se contrataban como tanatopraxia, sala de velación,
servicios médicos y odontológicos, entre otros, y la llegada a San An-
tonio de Prado, después de comprar una cómoda sede, descentralizando
servicios y ofreciendo una mayor cobertura. La pequeña mutual multi-
plicó sus asociados y su poder económico, necesitando de un personal
capacitado para continuar su crecimiento; el voluntariado es remplaza-
do lentamente hasta casi desaparecer. La última década del siglo veinte
presentó problemas graves de convivencia entre líderes mutualistas de
relevo, generaron una profunda crisis, estando a punto de acabar con la
empresa solidaria: demandas, impugnaciones, revocatorias, tráfico de
influencias, incumplimiento con las normas estatales, violencia física y
verbal. Sin embargo, la mutual fue superando esas dificultades y rena-
ció como el ave fénix, hasta depurarse y continuar su marcha ascenden-
te cumpliendo el mandato de su visión.

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Hoy por ti, mañana por mí - Historia de la mutual de Playa Rica

Principio administrativo

Tanto los fundadores como los primeros directivos tenían clara la nece-
sidad de crecer en número de asociados. Defendiendo implícitamente el
principio mutualista en mención, necesitaron prepararse y gestionaron
para lograr el reconocimiento legal por parte del Estado. Con la perso-
nería jurídica que se obtuvo en el mes de junio de 1960, se avanzó en el
mencionado principio y se resuelvió la inconformidad de la influyente
iglesia católica con la ilegalidad de la mutual, iglesia acostumbrada a
manejar a su antojo la vida privada de sus fieles, desde el nacimiento,
pasando por el matrimonio hasta la muerte, se sentía desautorizada con
la ejecución de la idea comunitaria de fundar “la sociedad”, como es
llamada todavía por asociados muy ancianos, que garantizaba de ese
modo la ayuda mutua en caso de muerte. La gestión de legalización y
reconocimiento de la personería jurídica fue liderada por el presidente
de la junta, el ya mencionado Antonio José Ayala.

Entre los logros de la mutual, en trece lustros de vida, se cuentan aspec-


tos cualitativos de gran importancia, como el interés de sus asociados
por la cultura de la previsión. Después de aprobado en el Congreso de
la República el Decreto 1480 de 1989, la mutual no solo cambia de
nombre por el de Asociación Mutual Playa Rica, sino que también abrió
la puerta a la diversificación de sus servicios (capítulo VI, artículo 43
del Decreto en mención) para la satisfacción de otras necesidades. Ya
no es solo lo exequial, donde se mejora la oferta en este servicio, con
plan familiar, plan mascotas, repatriación, múltiples salas de velación
en diferentes sitios y unidad de duelo. Además, se inicia la prestación
de servicios en salud hasta conformar en 2008 la IPS de primer nivel
con odontología, ortodoncia, medicina general, optometría, ecografía,
laboratorio clínico, ecografías, psicología y droguería. Y se llega re-
cientemente a la conformación del departamento de ahorro y crédito,
con una amplia oferta de servicios llamados credifácil, crediinvierte,
crediempleado, credisalud, crediturismo, credieducación, credisoat y
préstamo para negocio. Además de propiciar el ahorro programado de

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sus asociados con Naviampri, donde se guarda una pequeña cantidad de


dinero durante todo el año para disfrutarla en navidad (Artículo 46 de
la ley en mención).

Las prácticas democráticas en el mutualismo representan una de las


condiciones principales de su existencia, al plantearse la asociación vo-
luntaria de un grupo de personas, se sitúan los asociados en pie de igual-
dad, con los mismos derechos y deberes, obligando a la búsqueda de
consensos. En los tiempos de la fundación y varias décadas después, la
carta de navegación de la mutual del barrio Playa Rica de Itagüí se defi-
nía directamente, por mayoría en la asamblea de asociados. Pero al cre-
cer el número de coligados y ante la imposibilidad de reunirlos a todos
se optó por la elección de delegados; esta innovación se utiliza a partir
de 1982. En 1967 se empezó a implementar el sistema de planchas para
nombrar la junta directiva. Años después, en 1990, se conforma la Junta
de Control Social, como órgano de vigilancia y se nombra la primera
de ellas, propiciando un manejo más trasparente y democrático en las
decisiones mutualistas y como intermediario entre los asociados y la
parte administrativa y junta directiva de la asociación.

La capacitación en mutualismo es un deber para los nuevos delega-


dos elegidos en la mutual Playa Rica, realizar un curso sobre el tema
al momento de iniciar sus labores y periódicamente se citan a capaci-
taciones, además una delegación de directivos y delegados participan
activamente en el foro mutualista que se realiza en Medellín cada año.
También directivos de la mutual han viajado en pasantías a otros países,
conociendo experiencias de naciones como Argentina que nos superan
en el desarrollo de su mutualismo.

Los avances han sido lentos pero seguros. Hoy se espera con gran ex-
pectativa la aprobación en el Congreso de la República de la ley mu-
tualista, la que permitirá un impulso mayor al mutualismo nacional y
en particular a la Asociación Mutual fundada por 26 sencillos empren-

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Hoy por ti, mañana por mí - Historia de la mutual de Playa Rica

dedores, en el año 1955. El moderno edificio ubicado en el barrio Playa


Rica de Itagüí es un monumento a la tenacidad de los fundadores, di-
rectivos, delegados, asociados y administradores en 65 años de existen-
cia. Además, punto de referencia de la comunidad y motivo de orgullo
para los hijos y nietos de los mutualistas. Hoy queda pendiente crecer
mucho más, en múltiples municipalidades e incursionar en vivienda y
educación para entrar en otras experiencias exitosas ya ejercitadas por
mutuales pioneras en dichos temas.

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Jorge Morales

Bibliografía

Mutualismo, exclusión y seguridad social en el Valle de Aburrá. Olga


Lucía Arboleda A. y Hernando Zabala S. Edición Fondo Editorial Fun-
dación Universitaria Luis Amigó. Medellín, 2009, p. 174.

La nueva Agenda del Mutualismo Colombiano. FEDEMUTUALES,


Impresión y diagramación Cooperativa de Trabajo Asociado de impre-
sores de Artes Gráficas de Antioquia. Medellín, 2010, p. 216.

Empresas Solidarias y Asociativas. MUTUALISMO: Una opción para


el desarrollo popular. Azucena Vélez R. y Julio C. Montoya M. Edi-
torial Fondo Editorial Cooperativo - Cooimpresos. Medellín, 2001, p.
234.

Revista Asociación Mutual Playa Rica AMPRI, 50 años. 11 de abril


1955 - 11 de abril 2005.

Colección de revistas AMPRI 2010 a 2019. Asociación Mutual Playa


Rica.

Decreto número 1480 de 1989. Gobierno de Virgilio Barco.

Publicidad general de los servicios de la Asociación Mutual Playa Rica.

Entrevista realizada a la señora Ofelia Ayala el día 8 de octubre del


2019.

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