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CAPÍTULO I.

HISTORIA DE LA MICROSCOPIA
Charles Volcy.
Universidad Nacional de Colombia. Bogotá D.C. 2004.

Invención y evolución del microscopio

No se sabe a ciencia cierta quien inventó el microscopio ni la fecha exacta de su creación, y por lo que se
cuenta, parece haber sido más bien el producto de una cadena de eventos. Más aún, el hombre, antes de la era
cristiana, estaba familiarizado con las capacidades de aumento de las lentes. Se dice que Nerón hacía uso de
lentes elaboradas de esmeralda para observar con mayor nitidez las luchas de los gladiadores del circo
romano, y se han encontrado cristales de lente plano-convexa en excavaciones de rocas que datan
presumiblemente de la era precristiana. La paternidad del microsocopio no se debe a un solo personaje, pero,
para satisfacer la curiosidad, su gestación tuvo lugar en el siglo XVII. En sus inicios evolucionó con el
telescopio y, más aún, antes de la adopción de ambas expresiones, se utilizaban los términos occhialino o
perspicillum de modo indistinto para el telescopio o para el microscopio.

El año 1590 parece ser una de las fechas cruciales en el descubrimiento de esta herramienta. En la pequeña
ciudad de Middleburg en Holanda, vivía Zacharías Janssen que oficiaba de fabricante de anteojos y que
gustaba de organizar espectáculos. Por accidente descubrió que si se alargaba el tubo del telescopio se lograba
mayor capacidad de aumento y que por tanto en la práctica, el telescopio podía transformarse en microscopio.
El aparato diseñado por él constaba de un tubo de 2,5 centímetros de diámetro y dos metros de largo
soportado por un pedestal. Así, había sido creado el microscopio, pero por la pobre calidad óptica de sus
lentes, no era aún un instrumento apropiado para la observación de la vida microscópica.

Los años 1609 y 1610 fueron también fechas clave, porque se iba a poner a prueba las capacidades del
telescopio como instrumento de estudio de los cielos y de las estrellas, para descubrir y contemplar nuevos
mundos inaccesibles. A mediados de 1609, Galileo Galilei, que era profesor de matemáticas en la Universidad
de Padua en Italia y tenía grandes habilidades para fabricar instrumentos ópticos como brújulas, se enteró de
que en Venecia se encontraba un francés interesado en vender un catalejo, aparato holandés similar a un
telescopio rudimentario. Se dirigió de prisa hacia allá con la mala fortuna de que, a su llegada, el foráneo se
había marchado llevándose su instrumento. Sin embargo, recogió testimonios verbales de la comunidad sobre
las características del aparato y, con base en estos relatos, procedió a fabricar su propio telescopio de 9
aumentos, es decir, 3 veces más potente que el telescopio de aquel vendedor. Este instrumento estaba dotado
de: un objetivo convexo, que aumentaba las imágenes, aunque resultaran borrosas, y de una lente ocular
cóncava pero que permitía mayor nitidez. Unos meses después, fabricó dos nuevos telescopios mejorados;
uno de veinte aumentos y otro de treinta aumentos.
El año siguiente fue aún más crucial porque Galilei iba a publicar un pequeño libro de 24 páginas titulado
Sidereus Nuncius ("El mensajero de las estrellas") donde exponía sus observaciones hechas con el telescopio
y afirmaba que la superficie de la luna no era homogénea y que presentaba relieves un tanto equivalentes a las
montañas de la superficie de la Tierra. Este hecho fue de singular importancia en la medida en que el
telescopio constituía un instrumento de trabajo que permitiría vislumbrar nuevos mundos. Incluso en 1614,
Galileo le había manifestado a un amigo que modificando la longitud del tubo del microscopio se podía
ampliar la imagen de objetos cercanos y que así, había observado "moscas tan grandes como corderos y con
uñas afiladas y pelos'.

Por el año 1651, Nathaniel Highmore aportó, tal vez, la primera observación biológica al microscopio al
examinar con sus cristales embriones de pollo; pero de la generación inicial de microscopistas de la primera
mitad del siglo XVII, sobresalen personajes como Johannes Faber, Pierre Borel y Francesco Stelluti. Faber,
médico naturalista, empleó por primera vez el término microscopium en una carta enviada el 13 de abril de
1625 al príncipe Federico Cesi; Borel a su turno recopiló en 1655 sus teorías acerca del microscopio en una
obra titulada Centuria observationum microscopicarum y Stelluti estudió microscópicamente las abejas,
dibujando sus alas, su ojo peludo y sus patas, cuestión que no había sido hecha antes para ningún ser vivo, por
lo que Stelluti exclamó que "lo visto por él era desconocido para Aristóteles y para cualquier otro naturalista".

Los microscopistas clásicos surgieron en la segunda mitad del siglo XVII, durante la cual se destacaron Jan
Swammerdam, Marcello Malpighi, Robert Hooke y Anton (Antonij, Antonie) van Leeuwenhoek
(Leeuwenhoeck). Ante todo, hubo una notable mejoría en la construcción del instrumento, se pasó de cristales
sencillos con poder de amplificación de unos diez diámetros a un microscopio compuesto con capacidad de
cien aumentos, a pesar de ofrecer una imagen borrosa. Así, dicho microscopio estaba compuesto no de una
sola lente, sino de varias, es decir, de un objetivo de lente biconvexa dotada de un diafragma para regular la
cantidad de luz que entra por dicha lente, y de un ocular formado por una lente plano-convexa para aumentar
la imagen del objeto.

Con ayuda de los primeros microscopios compuestos se hicieron grandes descubrimientos. El naturalista
holandés Swammerdam observó y dibujó insectos y descubrió que la sangre, por tener diminutos y numerosos
corpúsculos, no era un líquido homogéneo; y el anatomista Malpighi, gracias al microscopio compuesto,
detectó los conductos para la circulación de la sangre y el sentido contrario de dicha circulación entre las
venas y las arterias. Es digno de mencionar también el nombre del botánico inglés Nehemiah Grew, con una
investigación paralela a la de Malpighi, que hablaba de la reproducción sexual en las plantas y de las bases
estructurales de la vida. En otras palabras, el microscopio dejó de ser un simple juguete para convertirse en
aliado inseparable de naturalistas y anatomistas quienes daban rienda suelta a su agudeza visual y a su gran
capacidad de descripción para intentar elaborar hipótesis acerca de los grandes problemas de la filosofía y de
la vida misma.
Sin duda, los microscopistas pioneros más destacados de la segunda mitad del siglo XVII fueron Hooke y
Leeuwenhoek. El inglés Hooke, quien no era médico, consolidó el uso del microscopio compuesto y
construyó un aparato compuesto por un tambor de cartón con una lente ocular en un extremo y un objetivo en
el otro. Para usar este aparato se podía iluminar los objetos opacos mediante un velón y una lente abombada, y
los objetos transparentes mediante una vela colocada debajo del instrumento, pero lo usual era una lámpara de
aceite cuya luz se enfocaba a través de una esfera rellena de agua sobre el espécimen. Sin ahondar en su
anatomía, Hooke estudió numerosos insectos, semillas, piedras, tejidos, filos de navaja, etc., y con ayuda del
microscopio, descubrió la estructura del corcho y utilizó el término célula para referirse a estas cavidades del
tejido de corcho que se le parecían a celdas o celdillas. Describió por primera vez hongos (royas) que había
observado sobre hojas de rosa, y mohos, pero no tuvo contacto con bacterias porque trabajó con materiales
secos e inanimados. Producto de sus intensas investigaciones, fue la gran obra sobre microscopía llamada
Micrographia, con 57 dibujos hechos por él mismo y que fue publicado en 1665, un año después de que otro
naturalista se hubiera referido a la microscopía en su texto Filosofía Experimental en tres libros. Sin
embargo, su tesis al igual que la de Galilei, recibió muchas críticas y generó desconfianza porque según la
concepción religiosa, el uso de artefactos ópticos entre los sentidos y un objeto cualquiera inducía ilusiones
ópticas (deceptiones visus), y conducía a errores en las facultades concedidas por Dios.

En cuanto a Leeuwenhoek, fue la figura central de la microscopía del siglo XVII, puesto que alcanzó a
fabricar unos 550 microscopios sencillos o simples, algunos de ellos con un aceptable poder de resolución o
de nitidez para la época. A diferencia de Hooke, Leeuwenhoek fue un autodidacta nacido en el seno de una
familia fabricante de cestos y canastas en la ciudad de Delft, en Holanda. Como vendedor de paños, aprendió
a utilizar la lupa con el fin de examinar la calidad de las telas, y además aprendió a cortar las lentes por la
tradición que existía en dicha ciudad entre los fabricantes de gafas. Su microscopio sencillo estaba construido
con diminutas lentes biconvexas, con una corta distancia entre el objetivo y el punto focal de diámetro inferior
a 2,5 mm, pulidas a mano y sujetadas entre dos placas de metal o de latón. Su pericia y habilidad para la
óptica fueron tan marcadas que una de sus lentes resultó superior a varias lentes sencillas actuales y con un
poder de amplificación de 50- 500 aumentos. Provisto de este instrumento, Leeuwenhoek procedió a realizar
numerosas observaciones microscópicas a partir del año 1666, es decir a los 34 años de edad. Ilustró los
glóbulos rojos, y en marzo de 1678, informó a la Royal Society de Inglaterra que había observado sus propios
espermatozoides. Para él, los espermatozoides, o animálculos en su léxico, no eran producto de un proceso de
descomposición sino los gérmenes de la vida misma (teoría animalculista) que crecían en una cavidad o
receptáculo (el huevo de la madre).

Se convirtió en el naturalista más hábil para observar seres microscópicos, aunque fuese por curiosidad, y fue
el primero en observar bacterias, algas y protozoos, en los últimos decenios del siglo XVII. De otro lado,
impulsó la fabricación y el uso del microscopio sencillo respecto del microscopio compuesto; que tenía, a su
turno, un sistema óptico más complicado, el cual pro duda un defecto óptico importante que consistía en la
formación de molestos anillos de colores alrededor del objeto sometido a observaciones y que lo hacían ver en
diversos planos. Incluso el mismo Hooke había señalado que, aunque él no hacía uso del microscopio
sencillo, éste resultaba superior al microscopio compuesto por este fenómeno de coloreado. Para los
historiadores de la biología, el éxito de Leeuwenhoek se debió a varios hechos: la buena calidad de sus lentes
y su pericia como fabricante, la calidad de la iluminación utilizada, su enorme curiosidad, su longevidad y
productividad, y su vocación textilera.

El siglo XVIII parece aportar poco en cuanto al desarrollo y mejora de la microscopía, aunque John Dolland
fabricó objetivos telescópicos acromáticos, es decir, sin problemas de aberración cromática y por tanto sin
formación de anillos de colores. Fue aproximadamente en 1837 que el holandés Harmanus Van Deyl fabricó
los primeros objetivos de microscopio acromático y en general se empezó a corregir otros defectos como la
aberración de esfericidad (pobre contraste y aspecto borroso) y la distorsión, entre otros. Terminando el siglo
XIX se logró mejorar el poder de resolución de las lentes, o sea su capacidad para hacer visibles los detalles
más finos, y aumentar la cantidad de luz que puede entrar en una lente. La obtención de vidrios ópticos de
buena calidad, el pulimiento de lentes delgadas y pequeñas con curvatura adecuada y la introducción de
objetivos de inmersión en líquidos como la glicerina y el aceite de cedro por Giovanni Batista Amici para
abrir el cono de luz que entra por una lente, completan la lista de los hechos más relevantes de la historia del
microscopio del siglo XIX y que lo acercan al prototipo del microscopio óptico actual El siglo XX vio el
nacimiento de otros tipos de microscopios biológicos como el de contraste de fase, el estereoscopio y el
microscopio electrónico. El método de contraste de fase consiste de un tipo de iluminación sobre un fondo
negro en el cual los rayos luminosos no llegan al objetivo por tener un disco opaco en el centro, pero desde
los bordes del disco, se envía una luz intensa que hace que los pequeños objetos queden iluminados en
contraste sobre un fondo negro. A su turno, el estereoscopio está concebido para dar la tercera dimensión de
los objetos, carece de condensador, tiene a menudo un bajo poder de amplificación, un mayor campo visual, y
en esencia son "dos" microscopios, el uno al lado del otro.

El físico Ernst Ruska inventó en 1931 el microscopio electrónico, reemplazando la luz por electrones, con lo
cual se incrementa el poder de resolución que pasa de 0,22 micras en un microscopio óptico a 0,2 nanómetros
(nm) en un microscopio electrónico (una micra equivale a una milésima de milímetro, y un nanómetro es la
décima parte de una micra). Con un instrumento de este tipo, capaz de lograr amplificaciones entre 50.000 y
100.000 aumentos, a diferencia de los 2.000 aumentos del microscopio óptico normal, se publicaron en 1937
las primeras imágenes óptico-electrónicas de células y bacterias. A pesar de la enorme importancia del
microscopio electrónico en cuanto a que permite corroborar los datos obtenidos con la microscopía óptica y
muestra finísimos detalles (de la célula, por ejemplo) imposibles de ver con la otra tecnología, no sustituye al
microscopio óptico porque no permite observar seres vivos, sino después de someterlos a un tratamiento que
los vuelve resistentes a los electrones. Así, los dos tipos de microscopio tienen un uso complementario y una
finalidad diferente. Con estos datos, la finalidad del descubrimiento del microscopio es evidente: si el poder
separador (de resolución) del ojo humano es alrededor de 100 micras, quedó superado en 500 veces por el del
microscopio óptico, y en 1.000 veces por el del microscopio electrónico. De este modo, la noción de
microbios quedaría circunscrita en la práctica a aquellos seres con un tamaño inferior a cien micras, o sea
inferior al poder de resolución del ojo humano.