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MÚSCULOS AZUCARADOS

Colección de 4 Novelas de Romance y Erótica con


Hombres Fuertes

Por Jorge Borges

© Jorge Borges, 2020.


Todos los derechos reservados.

Publicado en España por Jorge Borges.


Primera Edición.
Dedicado a Carmen, Alberto, Nacho, Daniel y René
Índice
Héroe Anti-Vírgenes —Nata, Mermelada y Esposas
Italiano Descarado —Alfa y Maduro para la
Princesita Joven
Chico Malo —Secuestrada por el Sicario de la
Mafia Italiana
Miss America Latina —Y un Amo de Rodillas
Bonus —Preview de “La Mujer Trofeo”
Héroe Anti-Vírgenes

Nata, Mermelada y Esposas


I

Amor en duda

Pocas eran las veces que Helio había amanecido con una chica. Su regla
principal siempre había sido nada de abrazos, nada de caricias, nada de
ternura después del sexo. Era el mejor en la cama, de eso no había duda, y
si había alguien que podía convertirse en un verdadero Superhéroes
mientras se encontraba sin ropa era Helio Jones. Por su sangre corría la
ardiente sensualidad de un hombre que estudiaba a las mujeres una manera
minuciosa como si se tratara de una ciencia.
Buscaba siempre sus puntos débiles, las mejores formas de hacer las
correrse de una manera magnífica, pero, aunque era uno de los mejores en
la cama, siempre, todo superhéroe tenía una debilidad de un punto débil.
Para él siempre había sido el amor, algo con lo que no sabía manejarse en lo
absoluto, perdía por completo la razón cuando sentía que estaba
vinculándose de una manera muy estrecha con alguna mujer.
Esto lo hacía descontrolarse totalmente y terminaba o yendo para no
enfrentar a este enemigo que siempre terminaba de rotando. Desde muy
joven, Helio siempre había sido un chico enamoradizo, su corazón
permanecía constantemente abierto a nuevas posibilidades, nuevas
experiencias, pero su aspecto poco agraciado, gafas gruesas, cuerpo
desnutrido, y diminuto tamaño, siempre lo habían hecho ser víctima del
engaño de las chicas. Era el más inteligente de su clase, y eso lo convertía
en el objeto de atención de algunas aprovechadas que trataban de sacar
partido del talento y la inteligencia de este joven.
La falta de experiencia y malicia en su personalidad lo hacían sucumbir
rápidamente ante los encantos y el aroma de alguna chica linda.
Rápidamente les prestaba su ayuda sin ningún tipo de interés, no pedía nada
a cambio, pero se ilusionaba con rapidez y siempre terminaba con el
corazón lastimado. Cada una de estas experiencias que se fueron sumando
en la vida de Helio, fueron construyendo un concepto completamente
distorsionado del amor y los verdaderos sentimientos que podían crecer
entre dos seres humanos.
Para él, era mucho más sencillo compartir con alguien sin ningún tipo de
responsabilidad, sin compromisos, ir a la cama, pasar un buen rato, fumar
un cigarrillo y salir huyendo por la ventana sin dar demasiadas
explicaciones. Nunca podía repetir con una mujer, de esto ni siquiera podía
haber negociaciones, el hecho de volver a la cama con alguien significaba a
mayores probabilidades de que se creara un vínculo, así que, el prodigioso
chico de amante del sexo, era como una especie de vengador que lo único
que podía proveer era placer magnífico a sus acompañantes.
Pero luego dejarlas exhaustas y completamente rozagantes en gusto,
desaparecía para proveerle esta oportunidad de conocer sus talentos a otra
chica diferente. Pero aquella mañana, mientras Helio se encuentra
completamente dormido, su principal regla, la cual nos mantiene firme,
estable y segura emocionalmente, había sido completamente rota. Este,
había amanecido en los brazos de Amy, quien estaba absolutamente rendida
con su cabeza reposando en su pecho.
Esta era una de esas pequeñas situaciones insignificantes que
rápidamente se convertían en un verdadero dolor en las bolas de cualquier
hombre. Todo había iniciado como una simple conversación en un bar,
posteriormente, habían salido en un par de oportunidades, ya que, la
primera noche aquella mujer no había querido abrir las piernas.
Helio no podía rendirse con facilidad, así que, trataba constantemente de
crear la ilusión de que estaba más interesado en ella de lo que esta creía. Su
verdadera intención era encontrarse entre sus piernas, rebotar contra ella
durante toda una noche y hacer un poco de ejercicio mientras la hacía gritar
de placer. Una vez que consiguiera esto, nunca más volvería a verla, de eso
estaba absolutamente seguro. Pero sus constantes intentos por llevar a la
cama a Amy habían terminado en múltiples salidas que habían permitido
que este hombre conociera algo más profundo de aquella mujer.
Había una faceta de ella que le fascinaba, le agradaba estar azulado, y
pasó de ser un simple vengador del placer hacer un hombre que se
interesaba en una chica común. El único detalle es que Amy estaba
comprometida. La había conocido durante la celebración de su despedida de
soltera, mientras iba acompañada de algunas amigas. La vio en la barra, le
sonrió y esta quedó absolutamente perdida por él. Su futuro esposo era un
importante empresario de gran renombre, con una reputación impecable y
quien se había encargado de mostrar a la chica en todas las páginas de
sociales que podía.
Amy era una mujer espectacular, con un cuerpo delgado, ya verás
anchas, senos naturales que solía exhibir constantemente en deliciosos
escotes que hacían poner duro a cualquier hombre. Helio había sido una de
estas víctimas que había quedado completamente cautivado por la
perfección anatómica que mostraba está divina dama. Ella tampoco había
podido evitar quedar cautivada con este hombre, un chico misterioso que se
encontraba completamente solitario en la barra sujetando aquel vaso de
cristal a punto de llevarlo a su boca.
Era enigmático, con una sonrisa llena de picardía y una mirada profunda
que la había escaneado por completo sin ningún tipo de vergüenza. Helio se
inclinó para visualizar a la víctima desde la punta de sus pies hasta sus ojos,
quedando completamente seguro de que esta era la próxima opción para
aquella noche. Después de que estrecharon sus manos, habían quedado
absolutamente atrapados el uno en el otro, no había forma de separarlos, y
lo que había sido una celebración de despedida de soltera especialmente
para Amy, se había convertido en la primera oportunidad que había tenido
esa pareja para conocerse.
Desde aquella noche, todo había comenzado avanzar de una manera
rápida, ninguno de los dos había planeado inmiscuirse en la vida del otro,
pero mientras mentían, para tratar de salir del apuro, sentían que no tenían
posibilidades de escapar. Amy se había convertido en una invasora de su
realidad, tenía una pareja que respetar y una vida por construir, pero no
había tenido valor para dar los pasos hacia esa vida que esperaba por ella.
Ella sólo había retrasado el día de la boda una y otra vez sin ninguna razón.
En algunas oportunidades simplemente no le gustaba realmente el
vestido, en otras, trataba de ubicar el lugar perfecto, y en otras, la lista de
invitados será modificada una y otra vez. Su futuro esposo estaba a punto
del colapso, ya no quería seguir esperando por ella y lo único que deseaba
era contraer matrimonio con aquella perfección de mujer. Pero la decisión
está en las manos de Amy y esta no terminaba de decidirse si realmente este
sujeto y sus millones eran la opción adecuada o tenía que optar por aquel
curioso hombre de 29 años que había encontrado de manera aleatoria en un
bar de la ciudad de San Francisco.
Habían conocido juntos los lugares más emblemáticos de la ciudad, la
joven se había convertido en toda una experta para sacar el tiempo y
escaparse junto a Helio, algo que lo hacía sentir completamente especial y
seguro de que tarde o temprano conseguiría que esta chica rompiera con
este compromiso. Pero Helio se cuestionaba realmente si esto era lo que
estaba buscando, ya que, no le parecía justo destruir una relación y
modificar la vida y los planes de Amy para un juego.
Esto es básicamente lo que eran para él los vínculos y las relaciones,
juegos que nunca terminaban en absolutamente nada serio, pero esta chica,
había modificado por completo su manera de ver el mundo. Era imposible
dejar de pensar en ella, y durante un par de meses, se volvió absolutamente
exclusivo para esta mujer. Salieron en múltiples oportunidades, y aunque
nada había pasado, y la carne los había tentado, pero no se habían rendido,
seguían compenetrándose cada vez más.
Era la regla principal que no se podía violar, pero Helio hacía caso omiso
de lo que estaba ocurriendo y seguía perdido en la mirada de ojos grises de
esta espectacular mujer con un lunar bajo sus labios. El simple hecho de
tenerla a su lado, disfrutar de su aroma, de los juegos entre sus dedos, los
roces involuntarios, haciendo que cada día fuese más especial, pero cuando
finalmente había logrado hacer que esta mujer terminar en su cama, todo
había llegado al punto de quiebre.
El ego de un hombre como Helio Jones es gigantesco, él sabe
perfectamente que cualquier mujer puede dejarlo todo por él, puede
modificar cualquier decisión para salvar el vínculo existente con este sujeto.
Pero quizás, con Amy esté completamente equivocado, ya que, tiene una
vida prometedora en el horizonte, un esposo amoroso que da la vida por
ella, mientras en el otro lado lo único que tiene es un amante espectacular
que está acostumbrado a cazar nuevas chicas para darles un placer
excepcional.
Este era el punto más fuerte a favor de Helio, un hombre que jamás
fallaba en su tarea de complacer a sus amantes. La vida sexual de Amy y su
esposo era absolutamente aburrida y monótona. Era un hombre de 55 años
que simplemente se quedaba allí postrado en una cama mientras ella tenía
que hacer prácticamente todo el trabajo para él. De alguna otra forma,
sentía que lo que pasaba entre ellos no era hacer el amor, era simplemente
un acto de sexo en el cual ella le retribuía todos sus regalos y lujos.
Pero con Helio era completamente diferente, este hombre se dedicaba
totalmente a satisfacerla, a tocarla, a crear una conexión entre ellos, al
menos así lo había descubierto aquella noche en que había entregado su
cuerpo. Hubiese querido tener la voluntad para resistirse, pero al entrar al
departamento del seductor sujeto, sintió que finalmente había tomado la
decisión. Entregarías cuerpo a aquel hombre después de beber algunos
tequilas, algo que la había calentado de una manera sobrenatural.
Terminó bailando con aquel hombre un poco de música latina, algo que
jamás había hecho ya había terminado en una escena completamente
vergonzosa pero muy divertida. Sus pies descalzos caminaban por toda la
sala al ritmo de las trompetas de la música mexicana, mientras Helio sentía
que el momento, aunque era bastante curioso, no podía ser más perfecto.
Esta, había tropezado sin querer con la pata de una silla de caoba ubicada
en la sala. Había golpeado su dedo meñique del pie, y el profundo dolor que
se había generado había llevado a la chica a caer al suelo para tratar de
apaciguar el dolor. El grito se había escuchado en todo el departamento, y
Helio había corrido en auxilio de la chica. Mientras esta se retorcía en
medio de los fuertes dolores, Helio simplemente masajea va el pequeño
dedo meñique, el cual lucía bastante enrojecido e inflamado.
—Vaya golpe que te has dado. Déjame darte un pequeño beso de
sanación. Dicen que tengo poderes mágicos para hacer que el dolor se vaya.
—Dijo Helio mientras acercaba el pequeño dedo a su boca.
—No lo hagas, moriré de las cosquillas. —Dijo la chica mientras se
resistía.
Helio logró dominar a la chica y entre sus labios logró obtener el
pequeño dedo. Succionaba con un erotismo tremendo, mientras la chica
comenzaba excitarse gradualmente. La lengua de este hombre se
entrelazaba entre sus delicados y perfectos dedos, mientras esta sabía que
no podría resistirse. No hubo cosquillas, lo que hubo fue un estímulo
increíble que la mujer no pudo dominar. Helio comenzó a ascender
directamente hacia su tobillo, con pequeños besos delicados que caían como
pequeñas gotas sobre el tejado durante la lluvia en invierno.
La joven simplemente pudo cerrar sus ojos y experimentar un estímulo
tremendo, sentía que la gravedad estaba desapareciendo y dejaba de actuar
sobre ella permitiendo que flotar hacia la galaxia. No tenía control de su
voluntad, hubiese querido rechazarlo, de tener toda esa locura, era una
mujer que estaba por casarse, de hecho, ya finalmente había definido la
fecha para que se llevará a cabo este acto.
Helio tenía que aceptar definitivamente que había perdido la batalla,
pero ni siquiera sabía que, en horas de la mañana, Amy debía marcharse
rápidamente ya que, debía alistar absolutamente todos los últimos detalles
para casarse cerca de horas del mediodía. Esto era básicamente una especie
de despedida que estaba a punto de llevar a cabo la joven, una apasionada
mujer que simplemente estaba entre dos caminos y estaba a punto de elegir
el más seguro.
Desde cualquier perspectiva, cuando analizaba lo que tenía junto a Helio,
sabía que no tenía ningún futuro, y aunque este hombre la había hecho
sentir una ilusión tremenda, lo único que quedaría después de todo ese
fuego que ardía entre ellos aquella noche serían cenizas. La ardiente chica,
quien llevaba un vestido corto hasta las rodillas, dejaba ver sus muslos lisos
y tercios, completamente emocionada ante la lluvia de besos que le
proporcionaba este hombre.
Su corazón latía fuertemente y sus manos sudaban, y al ver como los
labios de este hombre comenzaban a ascender hacia sus rodillas, sentía que
no habría manera de detenerlo. Estaba absolutamente decidido a
complacerlas, era un hombre totalmente seguro de sí mismo, y la manera en
que la tocaba, la llevaba a un lugar en el cual se sentía especial y única.
Aquellos besos corrieron por toda su pierna en dirección ascendente,
ubicándose directamente en la zona genital. Cuando comenzó a besar su
clítoris por encima de su ropa interior, la chica temblaba de miedo, ya que,
eran sensaciones explosivas que detonaban en su vientre y terminan
directamente su columna vertebral.
—Espera, Helio. Mejor detente, creo que hay algo que debes saber. —
Dijo la chica.
—No quiero escucharte negarte más, Amy. Lo que está a punto de pasar
lo deseamos ambos. Dejemos que sean nuestros cuerpos los que se expresen
y luego escucharé lo que tengas que decir. —Dijo Helio mientras colocaba
su dedo sobre la boca de la chica.
Esta, se vio tentada a tomar a su dedo índice y comenzar a succionarlo, y
así lo hizo. Su lengua rodeaba su dedo, comenzaba a lubricarlo y a
humedecerlo mientras Helio hacía su trabajo en la zona genital de la chica.
Su lengua había hecho un trabajo magistral apartando la pequeña tanga, allí,
había comenzado a generar un sexo oral tremendamente perfecto. No tenía
comparación, Amy había acertado en su idea de que este hombre debía ser
un amante excepcional.
Lo veía en su mirada, en sus actitudes, así que, el arrepentimiento
comenzó a disminuir, ya que, esta era la mejor despedida de soltera que
podía tener. La infidelidad terminaría aquella noche, ya que, a partir del
momento en que se convirtiera en la esposa de Julio Cazolli, no volvería a
ver nunca más a Helio, y esto era exactamente de lo que hablarían. Aquel
hombre finalmente se había deshecho de la tanga de la joven, se había
ubicado en el medio de sus piernas. Sus pantalones en sus rodillas habían
dejado ver un enorme y jugoso pene que estaba a punto de entrar en la
excitada mujer.
Amy no tenía más opción y lugares a donde ir, quería que yo fuese más
romántico y especial, pero había iniciado de una manera muy improvisada y
así debía continuar. Apoyaron en el suelo de la sala, como dos adolescentes
apasionados sin reglas. Ni siquiera se habían dado a la tarea de quitarse la
totalidad de la ropa, ya que, emociones, así como la pasión y la lujuria era
completamente descontrolada.
Los gritos de Amy se escuchaban en prácticamente todo el edificio,
Helio rebotaba sobre ella de una manera descomunal, sincronizada, sabía
exactamente cuándo entrar y cuando besarla, era un experto en el sexo,
sabía explorar la sexualidad de cualquier mujer. Quería dejar
completamente clara a Amy de lo que estaba a punto de perder si no tomaba
la decisión correcta. En la vida cotidiana, Helio era un hombre más, pero
cuando las luces se apagan y entraban a la cama, era único, un hombre
especial e inolvidable, que era capaz de hacer retorcer a las mujeres más
exigentes.
Le encantaba dar placer más que recibirlo, se entregaba absolutamente a
la idea de que cada mujer merecía conocer la cúspide de su sexualidad, les
proveía un placer perfecto, sin medidas excesivas y sin ausencia de
absolutamente ningún detalle. Pero para su desgracia, aquella mujer no
podía ser para él, aquello estaba completamente claro y decidido por la
chica, así que, en medio de un acto que había sido espectacular y en el cual
se había superado a sí mismo, Helio había terminado con ella en la mitad de
la sala, completamente agotado.
Las cosas no terminaron allí, ya que, cuando Amy intentó tomar sus
cosas y marcharse, Helio la había invitado a tomar una ducha.
—Sabes que no puedo quedarme. Tengo cosas que hacer en la mañana.
Helio, esto no va a continuar…
Nuevamente, este la silenció con un beso, y tras tomarla del glúteo
derecho con su mano, esta, sintió como si hubiesen activado una especie de
botón mágico con el cual encendían su más ardiente deseo. Quería volver a
follar con él, de esto no había ninguna duda. Terminaron en la ducha
completamente desnudos y follando salvajemente, para finalmente terminar
el acto en la cama, donde amanecieron absolutamente sonrientes, ya que,
había sido una noche espectacular.
Habían disfrutado de tres polvos magníficos, tres momentos únicos y
diferentes cada uno en su naturaleza, pero cuando Helio abrió los ojos y vio
a la chica abrazada a él, supo que su regla de oro se había ido a la basura.
Pero no estaba tan descontento con lo que había ocurrido. Tener a esta
hermosa mujer en sus brazos era lo que había soñado siempre, pero sentía
que algo desagradable estaba por venir. La joven abrió los ojos justo en ese
momento, y allí comenzó a desplomarse el mundo de Helio Jones.
—Buenos días, hermosa. Espero que hayas tenido una excelente noche.
—Fue espectacular. ¿Qué hora es? —Dijo la chica en medio de una
confusión generada por el sueño.
—Son las ocho de la mañana. ¿Acaso tienes algún lugar a donde ir? —
Preguntó el amante.
—¡La boda! Demonios, se me hará tarde. —Dijo la chica mientras
saltaba de un solo movimiento fuera de la cama.
—Espera… ¿De qué hablas? ¿Vas a casarte hoy? —Preguntó Helio.
—Lo siento, quise decírtelo, pero no me lo permitiste. Debo irme.
¡Maldición! ¿En qué estoy pensando? —Dijo Amy mientras corría
buscando sus tacones por todo el lugar.
—No puedo creer que vayas a casarte... Después de lo que pasó entre
nosotros… Amanecimos juntos... —Dijo Helio.
—Sé perfectamente quién eres. Sé exactamente que buscabas follarme
como lo hiciste anoche. Pues allí tienes tu premio, yo tengo una vida que
hacer y tú seguirás jugando al conquistador. —Dijo la chica mientras
terminaba de poner un poco de labial en sus labios.
Ella desconocía el significado de lo que era amanecer en los brazos de
alguien para Helio Jones. Pero mientras la veía salir por la puerta, este
sentía que todo en su interior estaba desplomándose como un edificio en
medio de un terremoto.
II

Desahogo en letras

La primera vez que se sentó frente a un ordenador con la intención de


drenar absolutamente todo lo que había experimentado, fue exactamente esa
noche después de perder a Amy. Aquella mujer que se había convertido en
la posibilidad de transformarlo en un hombre diferente, había partido hacia
una vida completamente lejos de él. Ella simplemente buscaba la
estabilidad emocional, un futuro, la oportunidad de convertirse en la esposa
de un afamado millonario y garantizar la seguridad de su vida en el futuro.
De alguna otra manera, había actuado de una manera egoísta e
individual, exactamente como había actuado Helio hasta ese momento. La
reflexión que le había dejado esta aventura, le había dado la oportunidad de
comenzar a expresar absolutamente todo lo que había vivido hasta el
momento y todas sus experiencias con las múltiples mujeres con las que
había estado.
Al ingresar a Internet, observó una gran cantidad de relatos de otros
hombres que contaban sus experiencias con otras mujeres de una manera
bastante fría y básicas, él consideraba que podía hacerlo de una manera
mejor, así que, comenzó por recordar a la primera mujer con la que había
estado. Apenas tenía 17 años cuando había follado a su profesora de
secundaria, la cual, no había podido resistirse a las constantes sugerencias
que había hecho este chico durante el desarrollo de las clases.
Aquella mujer tenía unas tetas enormes y no era fácil poder evadir este
elemento que destacaba fácilmente de su anatomía. Helio la había
provocado en tantas oportunidades que aquella mujer no había podido
evitar comenzar a fantasear con la idea de acostarse con este chico. El
sueño de cualquier joven se había hecho realidad, y Helio había terminado
acostándose con aquella mujer de una forma sencilla y sin demasiado
esfuerzo.
La experiencia de aquella exuberante madura, lo había educado de una
manera espectacular, no sólo en las clases de inglés que solía darle, lo había
iniciado en el sexo, en algo que se había convertido en su estilo de vida a
partir de ese momento. Había comprendido que las mujeres eran una
especie de rompecabezas que simplemente debía analizar para comenzar a
colocar las piezas correctas y lograr el objetivo final, el cual siempre era
diferente en cada uno de los casos.
Helio no era un hombre frío, de hecho, era precisamente lo adverso a
esto lo que generaba la atracción masiva de las mujeres. Desde el fondo se
conectaba con ellas, y aunque sabía que eran temporales, es hacía sentir
especiales, únicas e intransferibles, algo que no todos los hombres podían
conseguir. Se convertía en el héroe de aquellas que se encontraban en
depresión, algunas divorciadas, otras que están decepcionados completo de
la vida y terminaban recuperando las esperanzas al cabalgar a un hombre
como Helio, quien ponía su cuerpo como una herramienta de felicidad.
Todo lo que hacía para darle tranquilidad, esperanzas y felicidad a las
mujeres, estaba enfocado en el sexo, en los estímulos, en las caricias en la
forma de tocarlas y llevarlas hacia el punto más intenso de sus orgasmos, no
era un trabajo difícil y complicado para este hombre, ya que, tan sólo era
cuestión de analizar y estudiar a cada una de ellas desde el comienzo. Saber
escuchar era la principal herramienta utilizada por Helio, ya que, sabía que
la mayoría de los hombres abordaban a una mujer con la única intención de
introducir sus penes en sus vaginas, algo que resultaba completamente
primitivo y natural.
Pero si iba un poco más allá y trataba de entender qué era lo que había
llevado esa mujer hasta ese punto de coincidencia con Helio en su vida,
lograba crear una situación muy agradable en la cual aquella mujer
terminaba confiando plenamente su cuerpo a él y se entregaba
absolutamente en los brazos de este caballero.
Todo terminaba haciendo un acto absolutamente sincero y genuino, no
era sexo con duda, no había remordimientos, no había vergüenza,
simplemente dos personas follando de una manera absolutamente
excepcional, creando un vínculo que iba mucho más allá de la carne y la
piel. No se trataba simplemente de frotar su miembro contra las paredes
vaginales de aquella mujer, era una conexión con cada una de sus
sensaciones y la sincronización de sus cuerpos y sus energías.
De esta manera Helio había comenzado a escribir sus primeras
aventuras, y aunque no sabía hacia dónde lo llevaría esto, al menos he
encontrado una oportunidad para drenar todo lo que lleva por dentro. La
sensación de desaliento que había quedado tras perder definitivamente a
Amy, lo había dejado completamente devastado, y aunque no quería
sucumbir ante el licor, los vicios y el sexo irresponsable, había tenido que
librar una batalla realmente difícil para no rendirse.
Siempre había sido un hombre amante del deporte, cultivaba su cuerpo
constantemente y hacía ejercicios la mayoría del tiempo. Tras perder a esta
chica, se había encerrado en su departamento a oscuras, sujetando su
ordenador entre sus manos y sus piernas, metido en la cama y sin ánimos de
hacer absolutamente nada más. Eventualmente tendría que salir a la calle
por comida, o algunos elementos que necesitaba en casa, pero solo salía
nada más para lo necesario.
Quería ponerse al día con todas las experiencias que podía recordar, y
con una mente privilegiada y una memoria inquebrantable, Helio podría
recordar nombres, rostros, aromas, sabores, lugares, todo lo que había
vivido con estas mujeres que habían formado parte de su vida. Se había
convertido en un héroe, y así había comenzado a denominarse por parte de
aquellas mujeres que habían comenzado a leerlo.
Sin saberlo, su blog se había convertido en todo un éxito, había creado
un vínculo con sus lectores y era utilizado tanto por hombres como por las
mujeres para ser una referencia de lo que debía ocurrir cuando dos personas
se conocían. Su seudónimo era “Hero”, y así era como absolutamente todos
se dirigían a él para hacer consultas y algunas reflexiones.
Nunca faltaba en su correo electrónico privado algunas invitaciones por
parte de algunas mujeres que desean conocer a este ardiente amante, pero
durante este periodo, Helio simplemente estaba dedicado a la construcción
de esta nueva etapa, donde se convertiría en el salvador de nuevas víctimas.
Pero tenía que sanar mis heridas que había cuidado en su corazón tras la
partida de Amy.
Durante sus paseos por las redes sociales y las páginas de Internet, las
cuales visitaba para obtener una idea de cómo debía plantear su contenido,
siempre terminaba buscando algunas fotografías de ella, quien había
comenzado viajar por el mundo desde el momento en que se había casado
con aquel hombre. Las fotos de su boda eran espectaculares, y esto, lo hacía
sentir devastado y molesto, ya que, por momentos fantaseaba con la idea de
que pudo haber sido él quien se casara con esta chica si la hubiese conocido
en otro contexto y no hubiese sido tan transparente de revelarle quién era
realmente.
La sinceridad había sido su peor enemigo, se había mostrado como un
conquistador empedernido, un amante de profesión, alguien que sentía un
profundo deseo por el cuerpo femenino y que se comprometía totalmente
con complacer a cada una de estas mujeres que pasaban por su vida. Helio
no tenía la menor idea de cómo lidiar con el desamor, era una nueva
sensación que había llegado a su vida, pero había servido para canalizar
absolutamente todas las ideas y proyectos que habían pasado por su mente
durante los últimos tiempos.
Era fuerte, nadie había dicho que sería sencillo poder olvidar a esta
espectacular mujer que había tocado la hebra más sincera de él, pero se
aferraba a este dolor para poder canalizar toda sus emociones, energía y
talento. De alguna forma, se sentía agradecido con el hecho de haber
atravesado por este periodo tan difícil, ya que, este era el que había
conformado gran parte de lo que era Hero. Ese personaje de la red narraba
todas sus vivencias y trataba de dejar siempre una reflexión para aquellos
que buscaban una vida similar.
La soledad siempre era el término de este estilo de vida, y él lo había
vivido en carne propia. Meses de trabajo habían sido necesarios para
ponerse al día, y una vez que finalmente hizo la revisión del último material
publicado, sabía que no tenía absolutamente nada más que contar.
Hero debía comenzar a relatar nuevas historias y actualizar su contenido,
así que, tras cerrar su ordenador una tarde, aproximadamente a las 7:00
P.M., finalmente estaba listo para quitarse la barba, arreglar su cabello,
seleccionar la ropa adecuada y prepararse para convertirse nuevamente en
el liberador de las mujeres necesitadas de sexo.
Su ausencia de las calles, su completo encierro, habían hecho que Helio
perdiera pigmentación en la piel. Estaba completamente pálido, tenía ojeras,
su barba estaba completamente descuidada, su cabello despeinado la
mayoría del día y siempre estaba maloliente y con un aliento terrible.
Cuando entró al baño y descubrió lo que estaba frente a él en el espejo,
simplemente sintió repugnancia y un desagrado tremendo por sí mismo.
Tomó la máquina de afeitar y comenzó a rasurar su barba, volviendo a
ver ese rostro con el cual se sentía confiado y con el cual había roto tantos
corazones. Su autoestima había pasado por un periodo realmente difícil y
era una montaña rusa de emociones. Helio no tenía la menor idea de cómo
lidiar con esto, así que, había dejado que todo el proceso se cumpliera de
manera natural y de forma gradual. Cada una de las emociones que llegaban
a su corazón, eran tratadas con mucho cuidado, le sacaba el jugo a cada
elemento, no dejaba pasar un momento de tristeza, de decaimiento, de
euforia, de adrenalina, de rabia, sin obtener algo beneficioso de ello.
Escribía, tocaba la guitarra, compone algunas canciones, pero estas
generalmente terminaban desechadas en hojas de papel arrugadas en el bote
de la basura ubicado justo al lado de su cama. Este generalmente no estaba
muy conforme con nada de lo que hacía, pero sus escritos eran su mayor
tesoro, y el blog del personaje que había desarrollado, había comenzado a
ganar una reputación tremenda con el paso de los meses.
Se convirtió en una referencia en la red, todos los que encontraba en su
contenido, terminaban absolutamente impactados con la calidad del mismo.
Nunca había escrito, jamás había canalizado sus emociones y vivencias de
esta manera, pero parecía que dentro de él habitaba un escritor profesional.
Tenía una coherencia total en absolutamente todo lo que escribía, lo
reflejaba de una manera muy realista y lograba conectar con el lector de una
forma eficaz.
A medida que lo iba haciendo con más frecuencia, se iba perfeccionando
cada vez más, sus historias eran muy realistas, y tenía el talento de trasladar
a todos los que leían su material hasta el lugar que estaba narrando,
experimentar las sensaciones que compartía, y conocer quién era realmente
en su interior. Despertaba una gran cantidad de curiosidad en la mente de
quienes lo leían, ya que, tanto hombres como mujeres, deseaban conocer
quién era el rostro que estaba detrás de todas estas vivencias, y si por
casualidad habría sido este alguno de los amantes aleatorios con quien se
habían cruzado alguna vez.
Esto era lo más interesante de Hero, ya que, podría ser cualquiera en las
calles, cualquier sujeto sentado en un bar nocturno a la espera de la llegada
de una nueva vivencia, cualquier sujeto en el supermercado caminando con
su carrito de compras, chocando contra una mujer al azar simplemente para
conocerla invitarla a un trago en la noche. Todos sentía una conexión rápida
con ese hombre, pero Helio, debía hacer una pausa en sus escritos y
comenzar vivir nuevamente.
Frente al espejo de su baño, se encuentra un hombre que está en proceso
de reencuentro, sabe que ha perdido la conexión con el verdadero Helio
Jones hace un tiempo atrás. Puede adjudicar la responsabilidad de ello a
Amy, pero realmente quien tiene la culpa de lo que ha pasado en esta
situación es él mismo. Sabe que dio demasiado espacio en su vida a una
chica que era completamente extraña.
Conocía cuáles eran sus planes y proyectos, pero él se había quedado
cegado ante la idea de que esto terminaría optando por quedarse a su lado.
El error había sido absolutamente de él, y debía asumirlo por completo. A
medida que los vellos de su barba caen en el lavamanos, Helio va
entendiendo gradualmente que El proceso de dolor y despecho comienza a
desaparecer. Se siente vivo, fuerte, renovado, y al recuperar nuevamente ese
aspecto ardiente y espectacular que siempre terminaba por seducir a las
féminas, da unas pequeñas palmadas en su mejilla y se prepara para tomar
un baño.
Minutos más tarde, el gran galán rompecorazones, está frente a la puerta
con las llaves de su coche en la mano, listo para conquistar. No sabe ni
siquiera a donde ir, ese primer paso fuera de casa con la intención de
recuperar su vida peor, no es algo que sea sencillo del todo. Helio, toma un
gran respiro de aire, y finalmente reúne las fuerzas para emprender esta
nueva aventura. Sale de su departamento, directamente a su coche y se
dirige hacia ningún lugar en particular, comienza conducir por toda la
ciudad, observando los locales nocturnos cuyos avisos de neón no invitan a
detenerse.
Nada llama más su atención qué un prestigioso club nocturno, donde
suelen ir chicas de todas las edades sin importar los estratos sociales. Buena
música, tragos muy bien preparados, una atención bastante buena, son
algunas de las características que recordaba de este lugar. Helio, se detiene
abruptamente, y reúne el valor para aparcar su coche frente al local.
Finalmente, después de hacerlo de una manera bastante violenta, sale del
vehículo y caminan con mucha decisión.
Trata de mostrar seguridad, pero en su interior, parece haber un niño
completamente temeroso ante un mundo extraño del que se ha
desconectado hace un tiempo atrás. Entra al local, y al vaciar la mirada por
el lugar, puede sentir como algunas de aquellas mujeres, pasean su mirada
sobre él, observándolo como si fuese un precioso premio de aquella noche.
Cualquiera que pueda seducirlo, se irá a la cama con un hombre
espectacularmente entrenado que puede generar orgasmos con mucha
facilidad.
Esta tarea para Helio siempre ha sido un talento muy fluido, algo que
puede lograr con muy pocos pasos, creo que no suele usarlo de forma
abusiva, ya que, no puede expresar todo su talento y superpoderes, de una
sola vez. A cada mujer le proporciona la dosis que se merece, la dosis que
se ganan en medio de las interacciones, pero no puede pensar únicamente
en proporcionar un placer desmedido a cada una de ellas sin dosificar estos
estímulos.
Llega al lugar, toma una silla justo en la barra, pide un trago de whisky
seco y espera a que la noche comience a avanzar. Las luces estroboscópicas
titilan constantemente en el lugar, El bajo está ecualizador de una manera
que lo siente retumbar en su pecho, ve el vaso de whisky frente a él
retumbar de una manera constante, y sabe que la buena música tarde o
temprano comenzará a molestar.
Bebe su primer trago de whisky sin respirar, necesita calentar su cuerpo
y desinhibirse, aunque llegar al estado de embriaguez no resulta demasiado
atractivo para ninguna chica, así que, debe tomar el control de sus acciones
y no cometer un error. Estuvo solo casi una hora, completamente pensativo,
tratando de analizar si realmente estaba preparado para lo que deparaba
aquella noche o no. Helio estuvo tentado a ponerse de pie salir de aquel
lugar.
Se vio atraído por el grupo de chicas sentado al final del club, era el
único estimulante que lo hacía quedarse allí, ya que, si conseguía una
oportunidad con aquella mujer espectacular de cabello negro, posiblemente
las cosas se tornarían realmente entretenidas y atractivas para el escritor de
relatos eróticos y reales. La veía constantemente, no podía controlarlo,
aquella chica en medio de la mirada invasiva y casi acosadora, decidió
romper el hielo ella misma y violar el código que indicaba que era el
hombre el que debía acercarse a ella.
Helio vio como aquella espectacular mujer se puso de pie y comenzó a
caminar hacia él. No pudo evitar sentir algo de temor, ya que había
quebrantado una de las normas principales que siempre había aplicado para
tener éxito. La discreción no estaba presente, no podía exponerse como un
hombre necesitado, alguien que iba de cacería de una manera evidente, pero
su falta de práctica lo había expuesto totalmente ante aquella mujer, quien
se acercó y se sentó en la silla de al lado.
—Parece que estará solo toda la noche. ¿Puedo acompañarte? —Dijo la
chica mientras sonreía con esos dientes grandes y perfectamente blancos.
—Claro, siéntate. ¿Puedo brindarte un trago? —Preguntó Helio.
—Un Martini estará bien. Es un gusto conocerte, mi nombre es Scarlett.
—Dijo la mujer de uñas pintadas de color blanco.
Helio puedo percibir su perfume dulce, el cual parecía quedarse
impregnado en sus fosas nasales y no le da posibilidades de accionar
cualquier rechazo. Estaba neutralizado, era como si una serpiente hubiese
lanzado su veneno directamente sobre alguna de sus mucosas y hubiese
quedado inmóvil. Era absolutamente delicioso, y fue imposible para el
proyectar una imagen en la cual, tomaba esta chica del cabello y la follaba
desde atrás, mientras pegaba su nariz directamente a su cuello para inhalarla
como si fuese la droga más exquisita del planeta.
Ambos estaban interesados el uno en el otro, pero la verdadera pregunta
que transcurría por la mente de Helio era cuáles eran las verdaderas
intenciones de aquella chica. Estos clubes nocturnos estaban repletos de
mujeres cazafortunas, mujeres que buscaban hombres millonarios que
pudiesen asegurarles su futuro, pero, aunque Helio había logrado reunir una
fortuna considerable gracias a su blog, su verdadera fortuna siempre había
estado en su familia.
Había nacido en una cuna de oro, su padre, un importante ingeniero
químico, había fundado una empresa fabricante de productos sintéticos, y
esto, le había generado una fortuna de la cual había usado Helio desde muy
pequeño. Sus cuentas están repletas de dinero, justo después de que su
padre falleciera había heredado todo el imperio. No hace alarde de lo que
tenía, pero no era un hombre que tuviese alguna preocupación por el tema
financiero.
III

A traición

Posiblemente era la falta de práctica, el encierro prolongado y la poca


sociabilización que había tenido Helio en los últimos meses, pero algo
había generado que su percepción acerca de las mujeres disminuyera
significativamente. Sus “poderes” habían comenzado a disminuir, no tenía
la atención enfocada realmente en lo que debía para conseguir sus
objetivos.
Esta exuberante mujer que ha aparecido de la nada y lo había retado a
una conversación para la cual quizá él no estaba preparado, había
comenzado a caminar por ese laberinto interno de la personalidad de Helio.
Lidiar con él no era sencillo, era un hombre haz tracto, con una absoluta
búsqueda de una mujer que pudiera darle el mejor sexo posible. Pero en
este momento, no ve más allá de lo que los miedos le permiten, deja que
todo vaya en manos de esta chica, la cual se había presentado solo como
Scarlett.
Ella sólo era una compañera más de tragos, pero rápidamente las cosas
habían tornado mucho más interesantes para el hombre, quien tras sentir
que ya la vida había hecho algunos cambios en su personalidad, prefirió ir a
casa.
—Pero aún es muy temprano… No me gustaría que te fueras todavía. —
Dijo la chica mientras tomaba la mano de Helio.
Este gesto tan sugerente, había permitido que las manos de estos hicieran
contacto, la electricidad corrió rápidamente por sus cuerpos, pero sobre
todo Helio había quedado absolutamente imposibilitado de reaccionar. La
chica tenía una personalidad irreverente y única, así que, solo quería era
explorarla y determinar si esta era una buena amante.
—Podemos seguir conversando en mi departamento si lo deseas. Ya no
quiero estar aquí, la música está muy fuerte y no podemos ni siquiera hablar
correctamente.
—Pensé que nunca se te ocurriría esa idea. Lo mejor que podemos hacer
es irnos a un lugar mucho más tranquilos. Tengo algunas ideas para esta
noche. —Dijo la chica mientras lo veía de una manera bastante traviesa.
Era posible que esté bloguero con un poder tremendo para las conquistas
de las féminas hubiese conseguido una oportunidad para anotar con una
nueva mujer. No perdió la posibilidad de ver las nalgas de la chica cuando
esta se puso de pie y caminó hacia el sanitario para hacer algunos retoques
en su maquillaje antes de irse. Visualizó sus curvas, su contextura, la
espalda de aquella mujer eres perfecta, y pudo ver un tatuaje de serpiente
que iba desde la nuca hasta perderse completamente en el escote de la
camisa que llevaba aquella mujer esa noche.
Quería saber hasta dónde llegaba a que el reptil, explorar su espalda,
viajar a través de ese escote que era tan sugerente atractivo. Tenía una piel
tostada, bronceada por el sol de la costa, le encantaba la piña colada y era
una chica realmente ardiente. Su conversación con ella no había sido
demasiado profunda, simplemente habían tratado algunos temas
superficiales de gustos en común, actividades recreativas, y en medio de un
trago y otro, dejaba salir algunas frases provocativas que tentaban a cada
uno de una manera diferente.
Desde el primer momento en que la vio, Helio sintió como si su pene la
hubiese enviado un impulso eléctrico indicándole que esa era la chica
indicada que debía seleccionar aquella noche. Ni siquiera había sido su
propia decisión, estaba perdiendo facultades, todo había dependido
totalmente de aquella mujer, quien era quien había tomado la iniciativa de
acercarse hasta el compartir el resto de la noche a su lado.
Se siente un poco nervioso, ya pasado un poco de tiempo desde la última
vez que había estado con una mujer, parte de los recuerdos de Amy aún
permanecían en su mente, así que, lo único que debía hacer Helio era seguir
la corriente y divertirse en grande, ya que, es posible que esta sea su vuelta
a la batalla, así que, bebió lo último que quedaba en el vaso de cristal que se
encontraba frente a él, dejó algunos dólares de propina para el empleado y
caminó hasta la puerta, coincidiendo con la chica, quien lo tomó del brazo
para salir de allí.
Caminaron hasta el coche rojo de Helio, un vehículo deportivo que había
adquirido un año atrás. Este siempre llamaba la atención de las chicas, ya
que, a todas les gustaba viajar en un coche descapotable pues sentían como
el viento acariciaba su rostro y su cabello. Este abrió la puerta de una
manera muy caballerosa, de nuevo observa el tatuaje en su espalda y esta
vez sintió que no tendría demasiadas oportunidades si esta mujer le ponía
las cosas más fáciles de las que él esperaba.
Adoraba a ver cómo Scarlett acariciaba su cabello mientras cerraba sus
ojos mientras la brisa sacudía los hilos castaños. Este distraía su atención
del camino directamente hacia ella, y periódicamente, les daba un vistazo a
sus senos, los cuales parecían tener un volumen significativo y
completamente natural. Era una perfecta mujer para llevar a la cama, de eso
no había dudas, pero de lo que no estaba seguro realmente Helio era del
hecho de poder complacerla de la manera adecuada.
Sentía algo de miedo, las secuelas que había dejado la ruptura con Amy,
habían sido realmente nefastas, así que, sólo era cuestión de práctica para
poder recuperar la seguridad en sí mismo. Tiene un talento único para la
seducción de las mujeres, pero durante toda la noche no había utilizado sus
herramientas más fuertes. Se había apretado como un hombre inocente,
tranquilo, reservado, no daba demasiados detalles de su vida y simplemente
había escuchado a su compañera, algo que siempre terminaba por despertar
el atractivo de las damas.
Lo más importante durante una cita siempre era escuchar lo que tenían
que decir estas acompañantes, ya que, siempre buscaban un oído adicional
que les permitiera drenar sus penas, conocer otra perspectiva y compartir
parte de su dolor para poder dejar que este fluyera hacia el exterior. Helio
era perfecto en esta tarea, se encarga de proporcionarle esta mujer un oído
para ser escuchada, un hombro donde apoyarse, unos brazos donde
refugiarse y un departamento donde complacerla.
Este conduce a una velocidad significativa, quieren presionar les, pero
esta parece muy relajada y confiada totalmente en las decisiones que tome
este hombre. Helio se dirige hacia su departamento en el centro de la ciudad
de San Francisco, un lugar apartado, silencioso, discreto, pero con una
historia realmente larga de visitantes que siempre han terminado
completamente satisfechas. El caballero parecía comenzar a sentir un poco
de agotamiento y el alcohol había afectado parte de su comportamiento.
Sentía la mirada pesada, sus manos estaban como adormecidas,
realmente había abusado más de la cuenta, y esto era algo contraproducente
en medio de un acto en el cual estaba conociendo a quien podría ser su
alternativa para salir del abismo donde había estado internado en las últimas
semanas. Al llegar al departamento, Helio ni siquiera había esperado a que
la chica hiciera sus movimientos, este, había sumado más licor a la escena,
y esta vez tomaría un poco de vino tinto, el favorito del escritor.
—Tu departamento es espectacular. Me encanta la decoración, ¿la has
hecho tú mismo? —Preguntó la chica mientras caminaba por todo el lugar.
—No, tengo una decoradora especial que se encarga de todo esto. Mis
gustos son terribles, si de mí dependiera estaría hecho un desastre. —Dijo
Helio.
—Quizá lo que necesitas es una compañera que esté a tiempo completo
contigo, necesita un toque femenino y delicadeza.
De nuevo Helio sentía esa necesidad de la mujer de crear un vínculo, y
ya con esto tenía una experiencia bastante desagradable. Para él, lo único
importante durante aquella reunión ir a llevar a aquella mujer a la cama, ya
que, para eso había salido realmente aquella noche. Su objetivo no era
vincularse con alguien más, no quería abrir su corazón a una nueva
candidata, lo único que necesitaba era drenar todo el placer que estaba
contenido en su interior, proporcionarle gusto a una afortunada dama y
acumular una experiencia nueva para reflejarla en su blog personal.
El “Hero” de muchas, estaba sentado allí en el sofá justo al lado de
aquella chica, la cual mantenía sus piernas cruzadas, dejando que sus dedos
sólo sostuvieran la copa de cristal, la cual sacudía levemente para hacer que
el vino impregnara los bordes del vidrio. Cuando veía a la chica mover sus
labios con el fluido de color rojizo, este simplemente quería saltar sobre ella
y beber el vino directamente de sus labios.
Su mirada era totalmente evidente, pero la mujer trataba de presionarlo
para que fuese este quien hiciera su primer movimiento. Durante sus
primeros minutos juntos en el bar, todo había dependido de Scarlett, pero en
esta oportunidad, era el momento de que el caballero se comportara
realmente como un dominante y asumiera el control.
—No he querido preguntarte absolutamente nada acerca de tu vida
personal durante toda la noche. ¿Pero hay alguien que debería molestarse
por el hecho de que estés aquí? —Preguntó Helio.
—¿Es acaso eso importante? Lo que realmente debería importar es que
estamos juntos y completamente solos, nadie va a interrumpirnos.
La evasión de la chica despertó la sospecha de Helio, quien sentía que
nuevamente estaba siendo utilizado por una mujer. Era él quien debía
mantener el control y establecer las normas, exigir qué debería ocurrir para
no volver a ser víctima de una tormenta de sentimientos como la que ha
afrontado en el pasado.
Se veía un poco inseguro, pero era momento de quitarse el traje de
humano y colocarse su traje de superhéroe sexual, era el momento de que
Helio Jones, el verdadero hombre complaciente, seguro, decidido, aflorara
para que Scarlett conociera realmente quien estaba detrás de ese rostro
simétrico y perfecto.
—Mi pregunta sólo es de costumbre, no quisiera despertar mientras
alguien intenta tumbar mi puerta buscándote. Creo que las consecuencias
las pagaría yo. —Bromeó el caballero.
—No hay nadie que me esté esperando en casa y absolutamente nadie se
molestará por el hecho de que pase la noche a tu lado. Creo que la única que
podría molestarse sería yo si eso no ocurre.
—¡Ven aquí! —Dijo Helio mientras tomaba la chica de la muñeca y la
colocaba sobre él.
Se puso cómodo, relajó su cabeza sobre el mueble, se encorvó un poco,
la chica se ubicó sobre su zona genital, mientras sus piernas estaban
completamente abiertas y rozando su vagina directamente contra el pene de
aquel hombre. Helio acarició sus muslos, comenzó a llevar sus manos hacia
la parte superior del vestido y dejó caer las tiras de este a los lados de sus
brazos. Observó sus pecas, una gran cantidad de lunares que se ubicaban en
la parte del pecho y la espalda.
No quiso buscar más autorización, no quería mostrar si seguro, así que,
comenzó a besarla suavemente, mientras Scarlett, simplemente dirigía su
mirada hacia todo el lugar. Quería determinar lo que había y lo que no, y
esto era una actitud realmente sospechosa por parte de la dama. Helio no
podía culparse asimismo se volvía equivocarse, de hecho, había entendido
la importancia de acumular experiencias, así que, si esta mujer está
buscando algo mucho más retorcido e interesante, sería más beneficioso
para él ya que, encontraría creatividad, inspiración y nuevo material para su
blog personal.
No había limitantes para este caballero, sus manos corrían libremente
por el cuerpo de la chica, tocaban el tatuaje de la serpiente en su espalda, y
cuando el vestido simplemente cayó hacia la cintura de la chica, sus senos
quedaron completamente expuestos. No llevaba sujetador, tenía pechos
completamente perfectos, simétricos y firmes, la juventud de la chica era
total, y tenía un cuerpo que parecía ser tallado a mano por el escultor más
minucioso y detallista del mundo.
Las manos este caballero rozaron suavemente sus senos, casi ni siquiera
los tocó, simplemente bordeó la zona, generando una especie de
circunferencia alrededor de ellos con las puntas de sus dedos, algo que
comenzó a calentar tremendamente a Scarlett. Esta, comenzó a moverse
suavemente y sin notarlo, frotando su vagina contra la superficie del pene
de este caballero, quien deja que sus manos ubicaran en los glúteos de esta.
La ayudaba a generar estos movimientos ardientes y provocadores, mientras
sus senos se sacudían de un lugar al otro, dejando que este caballero se
excitará cada vez más.
Las manos de la chica, estas que tenían uñas largas pintadas de blanco
comenzaron a liberar el cinturón de este hombre, quería visualizar su pene,
tenerlo entre sus manos, complacer al caballero que finalmente estaba
mostrando su verdadera faceta y personalidad. Helio comenzaba ganar
seguridad, pero quizá era víctima realmente de su excitación. No podía
evitar sentir una atracción tremenda por esta mujer, la cual tenía una mirada
penetrante y enigmática, transmitía misterio, algo de peligro, pero para
aquel hombre esto era completamente irrelevante.
No podía sentir que esta mujer fuese una amenaza, ya que, él era fuerte,
fornido, atlético, y ella tenía un cuerpo delgado y delicado, el cual podría
ser dominado con facilidad. En muchas oportunidades Helio había sido ha
vertido por alguno de sus amigos que no llevara chicas aleatorias a su
departamento, ya que, en cualquier momento terminaría siendo víctima de
algún estafa o engaño.
Scarlett finalmente extrajo el endurecido miembro de este hombre de su
pantalón, comenzó a frotarlos suavemente, y parecía hacerse agua su boca
mientras lo observaba. Dejó salir un poco de saliva y escupió sobre él,
lubricándolo instantáneamente, dejando una clara idea de la intención que
tenía la chica. Mientras esta cabalgaba al hombre de manera suave y frotaba
su pene con sus manos, este acariciaba sus senos, besaba su cuello, se
dirigía hacia sus labios, pero esta no dejaba que la besar en la boca.
Lo intentó en múltiples oportunidades, pero descubrió que la chica no
tenía intenciones de dejar que este hiciera contacto con sus labios. No le dio
demasiada importancia, simplemente dejó que esta lo estimulara y se
aprovechó de todos los accesos que él estaba proporcionando. Apenas se
habían conocido aquella noche y las cosas estaban tornando realmente
interesantes. Quizá era una chica fácil, posiblemente habría una factura tras
terminar el encuentro, posiblemente aquello que estaba por ocurrir no sería
gratuito, pero Helio no tenía tiempo para pensar y dinero era lo que sobraba
en su cuenta bancaria.
Aquella mujer frotaba aquel miembro con demasiada perfección, tenía
un compromiso absolutamente claro de estimular este sujeto, el cual cerró
sus ojos y dejó que la chica hiciera totalmente todo el trabajo. Reposó sobre
el mueble, y se relajó absolutamente, mientras la chica sonreía de gusto al
ver ese enorme, grueso y rosado pene entre sus dedos.
—Quisiera un poco de lubricante, ¿no tienes algo de aceite o algo que
me permita deslizar mis manos por todo tu cuerpo? Me encantaría darte un
masaje. —Dijo la chica.
—Estaba pensando exactamente lo mismo. ¿Por qué no me dejas darte
un masaje en la espalda y visualizar la totalidad de ese tatuaje que tanta
curiosidad me ha generado durante toda la noche? —Preguntó Helio.
La joven accedió instantáneamente, no tenía ningún inconveniente en
permitir que este hombre se pasea con sus manos por la totalidad de su
cuerpo. Helio se colocó de pie, la dejó a un lado en el mueble y corrió
rápidamente hacia el cuarto de baño a buscar cualquier fluido que sirviera
para generar una interacción como está. Tenía una gran cantidad de juguetes
sexuales, sustancias, afrodisíacos, así que, simplemente había seleccionado
un lubricante con aroma a chocolate, y en la botella aún quedaba la mitad
del contenido.
Recordó instantáneamente la vez que lo había usado y sonrío, era
momento de revivir un momento similar, y tomaba en cuenta cada uno de
los detalles de todo lo que ocurría, ya que, sería su labor reflejar
absolutamente todos los elementos de este encuentro en su blog personal.
La chica se acostó en el mueble ubicado en la sala, se desnudó por
completo, estaba absolutamente ardiente y excitada, recogió su cabello en
un pequeño moño, el cual mantuvo la espalda completamente libre de
cabellos.
Helio dejó salir el contenido de la botella directamente sobre la espalda
de la chica, frotó la zona y comenzó a masajear con mucho deseo. Se apoyó
sobre sus glúteos, su pene rozaba la zona, mientras leo presionaban
directamente contra su espalda, generando un masaje erótico que la excitaba
de una manera descomunal. Esta, gemía tan sólo con sentir la presión de los
dedos este hombre en su columna, estaba relajándose tremendamente, y al
terminar con esta interacción, estaba absolutamente lista para entregarle su
cuerpo a este hombre.
Se dio media vuelta y abrió sus piernas, lo tomó del cuello y ubicó sobre
ella, Helio entró con mucha facilidad en exuberante mujer, mientras esta
comenzaba a gemir de una manera descontrolada. Era una mujer decidida y
rebelde, se notaba su gusto por el sexo, disfrutaba tremendamente de lo que
hacía Helio, no lo limitaba, dejaba que rebotara contra ella de una manera
fuerte, intensa, y parecía que finalmente a que el hombre había recuperado
parte de sus “poderes”, ya que, había estudiado exactamente cuáles eran los
puntos claves que debía tocar para llevar a la chica hacia una explosión
orgásmica en unos pocos minutos.
Periódicamente, Scarlett llevaba la botella de vino hacia la boca de
Helio, tratando de que este se embriagara cada vez más. Este, sin poner
ningún tipo de resistencia, ingería el licor de una manera bastante notable.
No sólo estaba ebrio por el vino, estaba absolutamente extasiado con el
placer que le está proporcionando esta mujer, quien si abrazaba a su cuerpo
cuando ponía la botella a un lado, y dejaba que este la follara de una manera
exquisita. Cada vagina era distinta, cada cuerpo era un universo que
explorar, y Helio, estaban siendo parte de un viaje al través de la anatomía
de Scarlett, quien mostraba cada vez más sorpresas.
Esta ubicó sus manos en sus glúteos, y busco la forma de tocar su ano,
algo que no intimidó tremendamente, pero cuando se trataba de sexo, Helio
siempre estaba completamente abierto a las nuevas experiencias. Dejó que
la retorcida chica llevara sus delicados dedos de uñas blancas hasta el
orificio anal, allí, comenzó a frotar suavemente. Generaba círculos mientras
dejaba que este hombre la penetrara, y cuando Helio menos lo esperaba,
sintió como el dedo de la chica entró en él, algo que lo dejó completamente
desconcertado.
—¿Te incomoda esto? —Preguntó la mujer mientras sonreía.
Él no se quería sentir inseguro, no quería proyectar dudas acerca de su
sexualidad, así que, hizo la pregunta más adecuada para el momento como
éste.
—¿Te excita hacerlo? —Preguntó él.
—Mucho, me da morbo meterle el dedo en el culo a los chicos. Pero si te
molesta no lo haré.
—Haré lo que sea necesario para estimularte. Siempre cuando tú no me
pongas más limitaciones. Quiero besarte... —Dijo Helio mientras tomaba a
la chica de la barbilla.
Esta dejó salir su lengua de una manera bastante sugerente, y Helio
comenzó a succionarla de forma inmediata. Las reglas habían desaparecido,
no había absolutamente más parámetros, y disfrutaron del resto de la sesión
de sexo sin riesgos aparentes, pero cuando todo volvió a la calma y estaban
absolutamente exhaustos después de correrse de manera simultánea, Helio
comenzaría a entender cuáles serían las consecuencias de no elegir con
precaución a la mujer adecuada para llevar a casa.
Scarlett era una chica mala, le gustaba el morbo, despertaba una
tentación tremenda en los hombres, pero ella siempre iba más allá de lo que
su imagen proyectada. Helio había quedado completamente rendido estando
absolutamente desnudo, y mientras estaba inconsciente prácticamente, su
compañera se había dado a la tarea de hacerse algunas fotografías. En
algunas mostraban a Helio como Dios lo trajo el mundo, fotos cuyo destino
desconocería el bloguero unos pocos días después.
Cuando despertó, Scarlett no estaba, y esto era uno de los momentos que
lo hacían sentir afortunado, ya que, no habría vínculos. No supo nada de
ella en días, pero cuando recibió una fotografía de él en su móvil
completamente tendido en el suelo de la sala sin una sola prenda de ropa, su
corazón se aceleró tremendamente. La imagen estaba acompañada de un
mensaje.
—Quiero $500 en efectivo esta misma tarde. De lo contrario, publicaré
estas fotos en Internet y todos verán a tu amigo expuesto.
—Poco me importa si las públicas o no. No te daré un solo centavo.
Créeme, hay más chicas de las que crees que conocen mi pene y han
disfrutado con él, no eres la única. —Respondió Helio a través un mensaje
de texto que había abierto una caja de Pandora.
Scarlett no amenazaba en vano, y al no obtener lo que estaba aspirando,
no había dudado en hacer públicas las fotografías de este importante
millonario, quien sólo era visto por la sociedad como el hijo de un gran
empresario, pero que aún no era conocido como “Hero”, la cual era su
verdadera faceta actual. Las fotografías habían generado un escándalo
tremendo, pero para Helio eran totalmente insignificante este tipo de
comentarios o escándalos.
Era sólo un cuerpo desnudo expuesto ante la mirada de una mujer con la
que había tenido una noche espectacular, pero el escándalo había despertado
la curiosidad de una periodista en particular, quien había indagado acerca de
la trayectoria de este hombre. Había dos razones para hacerlo, lo ardiente de
su aspecto y lo misteriosas de sus apariciones y actitudes.
IV

Exclusiva

Helio solía hacer apariciones repentinas en eventos sociales que siempre


dejaban a todos completamente impactados. Se había convertido durante un
tiempo en ese sujeto que todos querían ser. Su dinero, su aspecto, su
personalidad y su forma de tratar a las personas, lo hacían ser tan odiado
como admirado. Era egocéntrico, irónico, sarcástico, pero también era un
hombre absolutamente complaciente, quien solía decir algunas de las
palabras correctas que las personas querían escuchar.
Se trataba de una especie de encantador de serpientes que podía hacer
doblegar a sus pies a los miembros más reconocidos de la alta sociedad, no
solía lamer las botas de absolutamente nadie, por lo que, con cada aparición
que hacía Helio en público, ganaba cada vez más seguidores. Esto había
despertado la curiosidad de Alba Blair, una periodista local que había
dedicado su vida a reflejar algunos de las noticias y eventos sociales de la
ciudad.
Buenas experiencias habían girado en torno a la vida de los famosos, los
millonarios, los excéntricos acaudalados derrochadores, los cuales siempre
tenían algo que mostrar. Helio no pertenecía exactamente a ese núcleo de
millonarios, ya que, no solía llamar demasiado la atención con escándalos,
pero la chica, siendo una amante de los escándalos de la farándula, había
conocido lo que había ocurrido en la vida del empresario.
Las fotografías habían corrido por toda la red, este hombre desnudo
había sido parte de algunos reportajes de revistas online e impresas, aunque
solían colocar pequeños símbolos en la zona de sus genitales para evitar la
censura. Helio había afrontado esto de una forma bastante relajado, no le
importaba que su pene hubiese sido visto por millones, realmente se sentía
orgulloso de su cuerpo, y si había alguien que quería acceder a su cuerpo,
pues allí estaban las fotografías para complacerse y fantasear.
Lo que para algunos había sido un motivo total de desplome y
autodestrucción, para este hombre había sido una completa comedia.
Scarlett había tenido toda la intención de acabar con su reputación, pero, de
hecho, había generado el efecto totalmente contrario. Las mujeres que
fantaseaban con un hombre como Helio, habían logrado ver su genital, un
gran trozo de carne que se encontraba dormido, y, aun así, seguía siendo
jugoso y bastante provocativo.
Le había hecho un favor, ya que, todas trataban de contactar a Helio,
haciendo propuestas indecorosas, sin saber que este era el mismo líder del
blog personal que había revolucionado por completo la red durante los
últimos meses. Casualmente, alma era una lectora habitual de este blog,
solía revisarlo con mucha frecuencia y se reía de todas las experiencias que
había acumulado este hombre.
Algunas parecían ser completas mentiras, ya que, alguien no podía haber
disfrutado de una vida tan loca y vivir para contarlo. Imaginaba que Hero
era sólo una invención de la imaginación de un hombre obeso y
desagradable que trataba de ganar seguidores a través de la invención de
historias completamente ficticias, pero, aun así, no dejaba de ser
interesante.
Una de las últimas entradas que habían sido publicadas por este hombre
narraban el relato de una chica que había entrado a su vida de una manera
casual, y aunque le había generado un pago bastante satisfactorio por su
compañía dándole un placer descomunal, esto parecía no estar satisfecha
con esto y había tratado de extorsionarlo.
Había contado cada uno de los detalles de aquel encuentro, y había sido
tan excitante la forma en que describía sus sensaciones al estimular a esta
mujer, que Alba había comenzado a excitarse mientras se encontraba frente
al ordenador. Era bastante delicado al momento de describir la anatomía
femenina, era un amante del cuerpo de las mujeres, lo explicaba con un
detalle, que básicamente se podía visualizar rápidamente lo que estaba
detallando, como si se estuviese frente a él en ese preciso momento.
Helio era destacado, bueno en lo que sea, de esto no había ninguna duda,
y malva era una buena fanática de cada uno de sus relatos, y esto quedaba
representado en las múltiples sensaciones que se despertaban en su interior
al momento de conocer las nuevas historias. Eran aventuras realmente
atractivas y llenas de elementos curiosos, algo que hacía que la chica leyera
cada vez más con interés, siendo particularmente esta última vivencia una
sus favoritas.
Lo que había terminado haciendo aquella chica no había sido natural,
generalmente, se emocionaba al leer alguna de estas escenas y
experimentaba algunos escalofríos, pero cuando llegó a la cúspide de la
historia, no había podido evitar introducirse un par de dedos en su vagina
mientras se ordenador se encontraba frente ella encendido en plena
madrugada.
Vivía sola en un departamento discreto de la ciudad, gran parte de su
tiempo lo había invertido en leer, estudiar y convertirse en una periodista
reconocida, pero esta temática no era demasiado interesante. No se requería
de demasiado talento para revelar algunos de los secretos de los famosos
millonarios de San Francisco y todo el país.
Alba había terminado sucesión de masturbación de una manera única. Se
había corrido descomunalmente frente al ordenador mientras soñaba con
encontrar a un hombre que pudiera proporcionarle una experiencia como
está. Tras a pagar absolutamente todo e irse a la cama, la chica sentía cierta
curiosidad, como si algo estuviese maquinándose en su mente y no sabía
realmente qué era lo que estaba pasando.
Alba tenía un talento muy particular de visualizar, analizar, conectar
algunos elementos que terminaban convirtiéndose noticias muy
reconocidas, pero que generalmente surgían en el momento en que estaba a
punto de dormir.
Ese proceso de descanso en el cual aún tenía conciencia y estaba a punto
de sucumbir ante el sueño, su cerebro generalmente lanzaba mensajes que
la hacían despertar instantáneamente para realizar algunas anotaciones.
Aquella noche, había sido una de esas oportunidades en las cuales había
sido testigo de un elemento que era más evidente que otro.
Tomó rápidamente la libreta que se encontraba a lado de su mesa de
noche, encendió la luz, y pudo crear una conexión entre el empresario
millonario, Helio Jones y la historia que había sido contada por Hero. Esto
le genera cierta curiosidad y debía indagar más en el asunto, pero debía
esperar al día siguiente, ya que, había sido un día largo y necesitaba
descansar. Tras llegar la mañana, Alba sentía unas ganas increíbles y una
energía tremenda de comenzar a indagar acerca de esta nueva primicia.
Si lograba crear una conexión entre el enigmático bloguero y el
millonario misterioso, posiblemente lograría descubrir la verdadera cara de
quien estaba detrás estas historias. Era una corazonada, no había nada
realmente que pudiese conectar a Helio y a este hombre misterioso de la
red. La chica continuaba investigando, ya que, era una forma bastante
interesante de quitarle la máscara a alguien que trataba de ganar seguidores
con posibles historias inventadas.
Alba tomó el riesgo la primera vez y trató de crear un vínculo con Hero,
pero este, al recibir una gran cantidad de correos electrónicos cada día, la
había ignorado por completo. No parecía demasiado interesado en
entrevistas o primicias, sólo quería compartir sus experiencias y ser parte de
esa sociedad que vivía a través de la vida de otros. Al no recibir respuesta
en un par de semanas, Alba continuó su investigación, trataba de estar cerca
de Helio, lo perseguía durante algunas reuniones empresariales, y trataba de
terminar quiénes eran las chicas con las que terminaba en las noches.
Todo había sido confirmado tras descubrir que Helio había terminado
acostándose con la hija de un importante empresario de la ciudad. Este,
había estado obsesionado con ella durante los últimos días y no descansó
hasta poder follar a la chica de 19 años, quien había terminado en una
limusina misteriosa que pasó por ella en su residencia privada. Alba hacía
todo el trabajo de manera minuciosa, investigaba, obtenía datos, pero lo
único que podía ligar a Helio con este encuentro clandestino con la
jovencita rubia de 19 años, simplemente era el relato que pronto escribiría.
Esperaba ansiosa y cada día entraba al blog personal de Hero tratando de
buscar esa nueva entrada que daría una completa razón de ser a la sospecha
de Alba. Aunque al principio parecía que todo había sido una falsa alarma,
todo cambió en la vida de la chica se despertaron justo el día en que
comenzó a leer la nueva entrada del conquistador. El superhéroe sexual,
comenzaba a narrar minuciosamente su encuentro apasionado con una chica
cuya juventud, energía y ardiente personalidad, lo habían hecho sentir como
si estuviese flotando en el aire.
No había duda de ello, estaba absolutamente convencida de que este
hombre estaba narrando la historia de su encuentro con la joven Sabrina
Thomson. La felicidad que experimentó en ese momento no podía ser
descrita con palabras, Alba había dado con un elemento muy delicado
acerca de la privacidad de Helio Jones, y era su herramienta perfecta para
poder exigirle una nueva oportunidad.
Había enviado un correo electrónico, donde explicaba claramente que
finalmente había dado con su verdadera identidad. Helio, de manera casual
había leído aquel correo electrónico sin darle demasiada importancia, ya
que, siempre había algunos que trataban de hacerse los listos, y las
probabilidades de que lo vincularan con la existencia de Hero, era
absolutamente nula.
—Sé perfectamente que tratas de ocultarte detrás de esa personalidad
que narra aventuras sexuales exquisitas. Pero sé quién está detrás de todas
ellas. Quiero una entrevista exclusiva, o de lo contrario, haré públicas mis
investigaciones. —Dijo Alba a través de su último mensaje.
Helio se vio tentado a responder, pero era seguir la corriente de alguien
que posiblemente estaba tratando de sacar ventaja del éxito del bloguero.
Era momento de tomarse más en serio lo que estaba haciendo, ya que, si
alguien descubría lo que había ocurrido entre él y Sabrina, fácilmente se
metería en graves problemas, ya que, el padre de esta chica no sólo era un
empresario reconocido y respetado, estaba detrás de uno de los cárteles más
importantes que movían armas y extorsión en la ciudad de San Francisco.
Sabía desde el primer momento en que se había vinculado con esta chica
que había peligro, amenaza, riesgos detrás de todo esto, pero era
precisamente este elemento el que posiblemente despertaba el mayor
atractivo y la adrenalina en él. No sólo la chica era absolutamente ardiente,
excitante y muy complaciente, era una joven que irradiaba una sensualidad
que lo había en lo que sido en el primer momento en que habían estado
juntos.
Se habían conocido en una recepción en la cual todos los más grandes
empresarios de la ciudad se habían dado cita. Su padre había expuesto a su
hija ante algunos de los lobos más hambrientos, siendo Helio quien había
colocado su ojo directamente sobre la rubia, quien había notado la presencia
de este y no lo había ignorado del todo. Miradas, sonrisas, una picardía de
parte y parte, había hecho que entre ellos se generara un vínculo bastante
atractivo que había terminado en una cita clandestina en la que Helio le
demostró a esta jovencita lo que era un verdadero hombre.
Habían follado en aquella limusina, posteriormente, habían ido a un
prestigioso hotel de la ciudad, habiendo accedido a la suite presidencial y se
habían devorado en absolutamente todos los rincones de aquel lugar. La
energía de Sabrina había impregnado de vitalidad la vida de Helio, quien
sentía que esta chica era un postre espectacular que sólo podía degustar una
vez.
La recordaba cada día después de su encuentro, pero sabía que no podía
vincularse con el peligro de una manera tan continua. Fue entonces, cuando
una mañana antes de salir a la oficina, Helio había revisado el buzón de
entrada de su correo electrónico. Un nuevo mensaje de Alba Blair, una
periodista local se encontraba sin leer, así que, volvió abrir el contenido.
—A Samuel Thomson le encantaría saber lo que haces con su hija
cuando él no tiene la menor idea. Sólo será una entrevista, no te pido más.
—Dijo Alba a través del mensaje.
No había forma de que alguien supiera lo que había ocurrido entre la
jovencita y Helio, pero este, al ver la precisión del mensaje y la información
veraz que estaba compartiendo esta periodista, supo que no podía
arriesgarse a hacerla molestar o meterse en problemas. No estaba
acostumbrado a esta dinámica de entrevistas, no quería exponerse ante el
mundo como un follador descomunal, era visto como un superhéroe.
Estos, generalmente tenían una personalidad secreta, alguna con la que
podían vivir tranquilamente entre la sociedad sin ser juzgados, criticados o
admirados en exceso. Pero Alba tenía el punto débil de este hombre, la
privacidad, lo tenía en sus manos y no tenía posibilidades de escapar de
ella.
—Me parece que lo que escribes es muy delicado. Ten cuidado con
quien compartes esa información, ya que, mi vida podría estar en peligro. Si
sabes quién soy realmente, sabrás que no suelo compartir mi vida con
absolutamente nadie. Pero si lo que quieres es una entrevista, eso tendrás.
—Dijo Helio.
Alba había leído el mensaje y simplemente había saltado sobre su silla.
Sintió una emoción tremenda de poder conocer finalmente a este hombre
que no sólo ocupaba las páginas de sociales por ser un acaudalado
millonario, sino que, su personalidad paralela, era un follador excepcional
que narraba aventuras sexuales sin ningún tipo de pudor. Era un salto
importante en la carrera de Alba, quien había coordinado los detalles de
aquella entrevista que se llevaría a cabo en tan sólo algunos días.
La ansiedad la estaba consumiendo, sentía una emoción tremenda como
si estuviese a punto de conocer a la celebridad más importante del país. Sus
nervios estaban generados posiblemente por el morbo que le despertaba este
caballero, pero lo cierto es que se le hace realmente difícil controlar toda la
emoción y adrenalina que le despierta el hecho de poder reunirse con este
sujeto por primera vez.
Helio no era tonto, y ya había sufrido la traición el engaño de algunas
mujeres, no todas eran tan dóciles y controlables como él creía, así que,
confiar en una periodista no era tampoco una estrategia demasiado
inteligente. Necesitaba escoger un lugar neutral, así que, había escogido un
complejo hotelero ubicado en los límites de la ciudad de San Francisco, un
lugar lujoso, tranquilo y apartado donde absolutamente nadie podría generar
un vínculo entre la periodista y Helio Jones. Ella sintió una gran curiosidad
al conocer el lugar en donde se reuniría con él por primera vez, se
imaginaba que este hombre quería mantener su privacidad a salvo, así que,
la chica simplemente aceptó.
Sentía algo de miedo ante la posibilidad de que Helio estuviese buscando
una oportunidad de hacerle pagar su amenaza, pero era un millonario
destacado, no un criminal demente. El acuerdo de Helio había sido
totalmente claro, para poder acceder a la entrevista de la chica, debían
reunirse en este complejo hotelero y la chica debía pasar un fin de semana
junto a él. Sólo le daría la posibilidad de conocer los detalles si accedía a
sus condiciones. Helio era un hombre astuto, y no abriría su corazón, su
mente y sus pensamientos a una completa extraña de forma gratuita.
La única manera en que podría compartir la información que ella
quisiera es si obtenía algo a cambio. Estaba cansado de ser dominado por
chicas que se creían más inteligentes, estaba harto de la manipulación, y si
Alba debía pagar las consecuencias de este agotamiento y frustración, pues
sería ella la víctima final. El millonario se había dado a la tarea de
investigar cada detalle acerca de la carrera de esta chica, y sabía que había
luchado incansablemente por tener algo de éxito.
Alba se había graduado con honores de la universidad, había sido de las
más notables, pero no había tenido nada de suerte al no conseguir cubrir
una noticia relevante que le diera la posibilidad de trascender. Siempre
había encontrado trabajos de segunda, en los cuales utiliza su talento y
conocimiento para reseñar eventos poco importantes para la sociedad. La
farándula era importante, pero era sólo entretenimiento, y la chica, a pesar
de que sentía una pasión tremenda por su trabajo, sentía que era
absolutamente inútil todo lo que hacía.
No dejaba absolutamente ninguna huella, pero esta entrevista con Helio
Jones por alguna razón la emociona sobremanera. Es posible que esta
emoción surja desde una perspectiva completamente personal, ya que, este
hombre no ha hecho absolutamente nada malo, no es alguien tan relevante
para la sociedad, pero quién está detrás de él es precisamente quien
despierta el interés de la periodista. Cuando Helio vio la primera fotografía
de Alba Blair en la Internet, su lado carnívoro había quedado
completamente hambriento.
Era una mujer espectacular, elegante, con mucha clase, había descargado
alguna fotografía de la chica a su propio ordenador, donde aparecía reunida
con algunas de las celebridades más destacadas de la farándula. Era posible
que las fotografías la favorecieran, posiblemente era muy fotogénica, pero
lo cierto es que en cada una de las imágenes que había logrado encontrar en
la Internet, esta mujer lucía espectacular.
No era abusiva en la forma que mostraba su piel. Era recatada, con una
figura esbelta, un tamaño pequeño y un cuerpo delicado y delgado. Tenía
una sonrisa única, la cual lo había cautivado través de las imágenes, y sentía
que quizás este era el principal elemento que podría hacer que se sintiera
atraído por ella. Helio veía a las mujeres como un elemento de diversión,
también disfrutaba de analizarlas, pero el principal objetivo que veía en
unas buenas piernas era abrirlas y follarla hasta acerque se corrieran de una
manera exquisita.
El día finalmente había llegado, y Alba cumpliría un sueño de reunirse
con este bloguero que tantos relatos había escrito y que le habían generado
tanto placer y satisfacción a la joven periodista. Esta pensaba que un
hombre como él no podía existir realmente, pero cuando estuvo finalmente
frente a Helio Jones y estrechara su mano en el lobby del hotel, supo que la
aventura en el iniciado. Aquel complejo hotelero tenía piscinas, parques
naturales, canchas de tenis, era todo un paraíso para los millonarios, y era
allí a donde Helio había querido llevarla precisamente para debilitarla.
Los lujos, las comodidades, el prestigio y la exclusividad podrían desviar
a la chica haciéndola distraerse, perder el enfoque, y así, Helio podría tener
un dominio mucho mayor acerca de los objetivos que conseguiría de esta
chica si juega sus cartas de manera adecuada.
—Finalmente nos conocemos. Hemos estado juntos en muchos eventos,
pero nunca había tenido la oportunidad de conocerte personalmente. —Dijo
Alba mientras estrechaba la mano de Helio de una manera bastante firme.
—Tienes un buen apretón de manos. Eres una chica segura de ti misma.
Espero que tu estrategia para llegar hasta aquí no termine perjudicándote.
—¿Es eso una amenaza? —Dijo la chica de manera sonriente.
—Si has leído el contenido de mí lo personal, sabrás que no soy un
hombre fácil de engañar y tampoco soy alguien con quien sea fácil lidiar.
¿Estás preparada para ello? —Dijo el hombre.
—Me gustan los retos. Creo que no será difícil controlarme, tampoco es
que eres un semidiós del sexo. —Dijo la chica tratando de quebrantar el ego
del hombre.
—Espero que disfrutes de este estaría, que saques el máximo de
información que consideres necesario, pero ten cuidado con tus
movimientos. Creo que el colmo de todo esto sería que te convirtieras en
una de mis historias. —Dijo Helio mientras guiñó un ojo.
Alba experimentó un escalofrío que corrió por todo su cuerpo, las
palabras de aquel hombre le habían generado una sensación de duda, temor,
pero también le habían despertado una curiosidad tremenda. Era increíble el
talento que tenía este hombre para seducir a las mujeres, como buena
periodista, estaba experimentando en carne propia que todo lo que había
compartido a través de su blog era cierto.
Realmente tenía ese encanto particular, esa personalidad enigmática que
podía seducir a las mujeres más duras, y Alba, aunque no había ido a este
lugar buscando una aventura, sentía que sus defensas se debilitaban desde el
primer momento en que había tocado la mano de este millonario amante del
sexo.
La primera estrategia de ataque de este hombre sería en el área de la
piscina, ya que, una forma desestabilizar esta mujer sería mostrándole su
cuerpo de Adonis de una manera bastante natural. No podía lanzarse al agua
vestido, así que, quizá no era una forma de provocarla visto es un punto de
vista inocente, pero era exactamente esta la intención del conquistador.
Después de que Alba se instalara en el lugar, ambos se habían encontrado
juntos bajo el sol, éste, tomaba un bronceado con sus gafas oscuras,
mientras veía a la chica caminar hacia él.
Para Alba fue difícil disimular, y fue víctima de sus instintos, ya que,
cuando se encontró frente a frente con el espectacular sujeto, su mirada
había recorrido el cuerpo de este hombre. La curiosidad de saber si
realmente este contaba con los 22 cm de longitud en su pene que había
explicado durante sus relatos, le hizo llevar la mirada hacia la zona genital
de este hombre, sin saber que éste se había dado cuenta de la búsqueda de la
chica.
—¿Realmente quieres saber si su tamaño es real? No tengo problema en
mostrártela. —Dijo Helio mientras sonreía.
Las mejillas de la chica se enrojecieron instantáneamente, y la vergüenza
la consumió. Hasta el momento, el marcador se encontraba a favor de
Helio, quien había llevado a la chica hasta su territorio, y con ella haría lo
que quisiera, no estaba dispuesto a permitir que tratara de manipularlo
nunca más.
V

Juegos tentadores

Uno de los elementos que más despertaba la curiosidad de Alba era saber
si todo lo que había compartido este hombre a través de su página personal
era cierto. No podía creer que alguien fuese tan perfecto y hubiese tenido la
posibilidad de vivir tantas experiencias. Si todo esto era verídico, Helio
debía ser un genio en la cama, capaz de cumplir con todos los deseos más
privados y retorcidos de cualquier mujer sin importar cual fuese.
Esto, era algo que hacía que la cabeza de Alba volara en su imaginación
representar a algunas escenas que terminaban dejándola completamente
desconectada del mundo. En varias oportunidades, durante el trabajo, junto
al mismo Helio, se quedaba pensativa viendo el infinito, mientras tenía que
ser despertada por aquel que se daban cuenta de su estado de desconexión.
Tras su llegada al club, Alba había estado completamente dispersa, su
capacidad de enfoque en su trabajo estaba completamente perdida, su única
intención era pasar todo el tiempo posible a lado de Helio. Es un hombre
que despierta en ella una gran cantidad de preguntas, dudas y una
curiosidad de poder explorarlo, como lo haría una buena periodista. Ella
siempre ha sido muy profesional en lo que hace, pero no puede negar que
este trabajo es algo que la había llevado a experimentar una necesidad
personal de conocer realmente quién está detrás de este personaje ficticio
que ha creado Helio Jones.
La conexión que ha creado con su lectora es magnífica, y si las chicas
logra obtener la primicia de ser la primera en entrevistar a este hombre, su
carrera posiblemente tome una dirección completamente diferente. Era
difícil enfocarse en su trabajo estando en un lugar tan hermoso como este,
aunque su mente estaba completamente ligera y lista para el trabajo, Helio
se encargaba de distraer a la chica con pequeños detalles que la hacían dejar
a un lado todas sus intenciones de desarrollar una investigación alrededor
de Helio Jones.
Paseos a caballo, salidas a la oficina, algunos tragos en las horas de la
tarde, habían hecho que su primer día juntos fuese espectacular. Alba no
recordaba la primera vez que había estado con alguien así, este sujeto
realmente era especial, y sin saberlo, se acerca lentamente hacia la trampa
de este conquistador. Él está completamente acostumbrado a dominar a las
mujeres y llevarlas hacia un territorio de satisfacción tal que cuando sus
murallas han sido derribadas, con mucha facilidad puede acceder a ellas y
complacerlas.
Para ella no sería difícil entregarse totalmente a este hombre, ya que, es
atractivo, elegante, lo desea, despierten ella mucha curiosidad y lo
considera un hombre interesante, pero la personalidad de Alba no es la
habitual, no está acostumbrada a ser del tipo de mujeres que se le regalan a
Hero, así que, si este desarrolla algún interés por ella y tiene intenciones de
llevarla hasta su cama, tendrá que trabajar duro por ello.
La chica sólo es una periodista inocente, cuya personalidad esquiva,
evasiva y temerosa, comienzan a despertar cierta tentación en Helio, quien
puede ver el deseo y la curiosidad en sus ojos. Alba era transparente como
cristal, podía leerla con facilidad, y con tan sólo rozar su piel de manera
casual, podía evidenciar la gran cantidad de nerviosismo que podía invadir
a la chica.
Ella no estaba acostumbrada a estar cerca de hombres como él, éste,
constantemente hacía sugerencias vinculadas al sexo, era bastante atrevido,
y aunque la trataba aún como una dama, Alba sentía que esa necesidad de
seducir la siempre estaba latente. Era una naturaleza de este caballero, quien
no podía controlar a ese macho dominante que se encuentra constantemente
luchando por salir a tomar el control de toda situación y conseguir anotar
con una nueva víctima o afortunada, según el enfoque.
Durante su reunión en la piscina, había tenido la posibilidad de visualizar
la totalidad de la anatomía de este hombre. Era perfecto, no tenía algo que
criticaré, no había nada de él que no le gustara, su espalda era
absolutamente ardiente, y le hubiese encantado poder tener la posibilidad de
darle un masaje y frotar sus músculos con sus pequeños de dedos.
Alba fantaseaba mucho con él, más de lo que ella quisiera, y aunque
trataba de controlar estás sesiones de fantasía que terminaban calentando la
y excitando la hasta el punto de masturbación, era presa del gusto y el
agrado cuando su imaginación volaba libremente y terminaba
demostrándole que este hombre podría ser una excelente opción para
invitarlo a su habitación durante algunas noches.
Sólo tenía un fin de semana para poder comprobar si realmente Helio era
lo que decía o no, pero no sólo podía queda reflejado en el papel, debía
comprobarlo en carne propia, pero no sabía si tendría el valor para lograrlo.
Durante la mañana del sábado, Alba había sido invitada nuevamente a dar
un paseo a caballo, esta era una de las actividades favoritas de Helio, quien
sentía que de alguna u otra manera terminaba despejándose totalmente de
sus tensiones y presiones.
Dejaba que su mente volara mientras cabalgada por aquellos caminos
verdes. El club tenía extensiones de terreno inmensos, podía caminar por
senderos, bosques, inclusive pasear por la montaña, ya que, especialmente
estaba diseñado para crear una ilusión de que se encontraban libres en la
naturaleza. Alba no tenía demasiada experiencia cabalgando a estos
animales, sentía mucho respeto por ellos, pues tenían totalmente claro que,
si no tomabas el control de las riendas de una manera sólida, podría perder
el control del animal y las cosas se salieron de control rápidamente.
Se sentía indefensa, y esto le generaba una gracia tremenda a Helio,
quien observaba el rostro de terror de la periodista. Habían cabalgado el día
anterior, pero sólo algunos minutos, ya que, Helio pudo entender que había
mucho miedo en la mirada de la chica y prefirió abortar esta misión. Pero al
saber que esto era una debilidad, Helio podría utilizar este recurso para
ubicarla en una posición de desventaja.
Cuando sugirió nuevamente que lo acompañara a dar una vuelta a
caballo, la chica sintió algo de renuencia, pero necesitaba aprovechar la
mayor parte del tiempo junto a él, no estaba allí para vacacionar, estaba allí
en medio de una investigación que la llevaría hacia el descubrimiento de la
verdadera personalidad que había detrás de Helio. Esta había aceptado, y
mientras cabalgaba al lado de él por un camino muy hermosos cercano a un
lago, observa con mucho nerviosismo las riendas que sostiene entre sus
manos.
—Te ves muy rígida, mejor relájate y deja que tu cuerpo cabalgue con el
animal, así te sentirás mucho mejor. —Dijo el escritor.
—Estos animales son muy poderosos. La verdad es que nunca me
sentido cómoda acerca de ellos. Tengo un tío que murió de una patada de
uno de estos animales. —Dijo la temerosa chica.
—No va a pasar nada, no permitiré que ocurra algo irregular. Sólo
relájate y no estés tensa, el animal puede sentir esa rigidez en tu cuerpo.
Habían avanzado no se siente como para alejarse completamente del
resto de las personas. Helio quería soledad, y Alba quería estar junto a él,
no sólo por tratar de obtener más datos acerca de la personalidad este
hombre, sino para disfrutar de su compañía. Cada historia, cada palabra,
cada frase que salía de la boca de este hombre parecía encantar la cada vez
más.
—Es un lugar increíble. Me hubiese encantado traer mi cámara, la he
dejado en la habitación. —Dijo la chica.
—Lo mejor que puedes hacer es grabar este recuerdo en tu mente. Será
mucho más útil que una cámara fotográfica. Cuando te sientas triste o
deprimida, solo cierra los ojos y ven imaginariamente a este lugar…
Siempre ayuda. —Respondió Helio mientras observaba hacia el lago.
Los rayos de sol caían sobre su cabello castaño, algunos reflejos caían
sobre sus ojos revelando el color ámbar perfecto que hacía que este hombre
fuese tan poco común. La brisa despeinó un poco su cabello, y la imagen
era absolutamente perfecta. Helio parecía ser un príncipe sacado de las
historias y cuentos de hadas que escuchaba de niña. Alba quedó
completamente perdida en esa imagen, mientras este mostraba un perfil
perfecto, definido, masculino y sobrio.
—¿Estás bien? —Preguntó Helio y ver la mirada perdida de la chica
sobre este.
Había caído nuevamente en esos trances de imaginación donde perdía
absolutamente total noción de lo que estaba pasando a su alrededor. El
rostro de Alba se enrojeció inmediatamente, y al volver en sí, simplemente
dirigió la mirada hacia su caballo, pero el salto lo había perturbado un poco.
Su falta de experiencia cabalgando a estos animales la había puesto en una
situación completamente vulnerable, ya que, si surgía algo inesperado, no
tendría la posibilidad de recuperar el control.
Era posible que Helio subestimara el miedo que sentía la periodista al
encontrarse bajo el poder de un animal tan fuerte y poderoso. No era un
juego para ella, no se trataba de simples nervios, sentía un terror tremendo,
pero todo lo estaba haciendo por estar a un lado de Helio. Esto había
significado mucho para él, quien tomaba en cuenta estos pequeños detalles
y no los dejaba pasar por debajo de la mesa. Alba se hacía más especial con
cada minuto, y era indetenible el resultado.
El animal se puso un poco nervioso y en el momento en que la chica
apretó con sus piernas el costado del animal, este recibió automáticamente
la orden de que debía avanzar. Posiblemente la chica había utilizado más
fuerza de la que era necesaria y había llevado al animal a correr
rápidamente por el camino. Se perdió el control inmediato de la situación, y
mientras esta se aferraba a la silla, su destino era completamente incierto.
Helio comenzó a avanzar detrás de ella, el animal corría rápidamente
como si hubiese sido asustado, y éste, tenía la responsabilidad de recuperar
las riendas y el control de la bestia, ya que, si la chica caía, las
consecuencias podrían ser fatales. Helio avanzaba con una velocidad
tremenda, gritando constantemente a la chica para que esta se sujetara lo
más fuerte que pudiese.
Ambos sentían un derroche de adrenalina corriendo por los cuerpos,
Alba pensaba que moriría ese día, mientras Helio, sólo quería evitar que se
hiciera daño. La idea de cabalgar había sido de él, así que, si está sufría
algún daño, la responsabilidad total sería de este hombre.
—Pase lo que pase, no te sueltes. —Gritaba Helio constantemente
mientras su caballo avanzaba una velocidad del rayo.
Se están alejando cada vez más, el animal avanza por una zona
montañosa, separándose por completo del lugar donde debían estar. Helio
hacía lo posible por evitar que la chica sufriera una caída, tenía que detener
el animal, y cuando finalmente logró sujetar las riendas y detenerlo, la chica
estaba completamente palidecida.
—Lamento mucho que hayas pasado por esto. No pensé que el animal se
asustaría de esa manera. —Dijo Helio mientras había detenido a los
caballos.
El impulso inicial de Alba había sido instantáneo, la chica había saltado
directamente sobre el cuerpo de Helio dejando a su caballo abandonado y se
abrazó a él. Había tanta adrenalina en su cuerpo y agradecimiento por el
hecho de haberle salvado que este simplemente vio como hola joven ofreció
sus labios para un beso. Había sido su superhéroe, le había salvado la vida,
y literalmente se había comportado como alguien que era visto con
superpoderes en la cama.
Había demostrado que era un hombre audaz, intrépido, que podía
resolver cualquier situación que estuviese en sus manos. Le había salvado
literalmente la vida Alba, y esta, tal y como ocurría en las historietas, había
sentido la necesidad de besar a su salvador. Helio consideraba que esto era
completamente innecesario, un beso en medio una situación como está
parecía ser un aprovechamiento de su parte. Pero la tentación no podía ser
opacada por la razón, y tener a esta hermosa mujer con sus ojos cerrados
frente a él a unos cuantos centímetros de su rostro, era una posición
bastante difícil de rechazar.
La tomó entre sus brazos, la apretó, la pegó a su cuerpo, respiró saliendo,
rozó inicialmente con sus labios, los acarició mientras movía su rostro de un
lado al otro, tratando de conocer realmente su anatomía. Alba sentía la
respiración de este hombre sobre sus labios, había un aroma fresco, cálido,
mientras el sol alumbraba sus cuerpos calentando los fuertemente. La joven,
simplemente separó sus labios y finalmente hizo contacto con la boca de
este hombre.
La sensación que explotó en su interior fue completamente descomunal,
no tenía la mejor manera de compararlo con nada más que con comer el
más delicioso postre posible. Este beso fue dulce, tierno, profundo, con los
tiempos perfectos entre la separación de sus bocas, los juegos con sus
lenguas, y los intercambios de posición para estar mucho más cómodos.
Pensó que sería un beso inocente en un principio, pero la interacción se
fue haciendo un poco más intensa con el paso de los segundos. Los niveles
de excitación se dispararon instantáneamente y quizá era la combinación de
excitación y adrenalina que había ocurrido minutos atrás. Pero estaba
completamente excitada, y en su mente no había posibilidades de
autocontrol.
La responsabilidad era total de Helio, y este sabía que finalmente había
tenido éxito en su estrategia. Había colocado a Alba en una posición tan
vulnerable, que ésta había dejado que todo la abrumara, cayendo en los
brazos de su héroe de una manera sencilla. Sería Helio quien interrumpiría
esta interacción, detuvo el beso para dejar que la chica respirara, pero era
tarde para evitar el encantamiento. Alba mostraba un rostro sonriente que
resultó ser muy gracioso para que el hombre.
Estaba sonriente, con sus ojos cerrados y su boca aún en la posición para
un beso. Parecía que en su mente aún se desarrollaba esa fantasía que
generalmente repasaba. Pero ahora era real, habían juntado sus bocas, sus
labios para unirse en un beso realmente delicioso que jamás sería olvidado
por la chica.
Este sería la primera interacción reales romántica que ocurriría entre
Helio y Alba, una chica que sabía perfectamente que este hombre estaba
acostumbrado a jugar con las mujeres y que, si ella lograba caer en ese
juego que finalmente era dirigido por este hombre, fácilmente se convertiría
en una de las historias narradas en el blog personal. No quería ser descrita
como una cualquiera, así que, finalmente despertó nuevamente para
interrumpir lo que fuese que estaba pasando aquí.
—Creo que fue el miedo lo que me hizo besarte. Lamento haber sido tan
atrevida. —Dijo Alba.
—¿Acaso estás bromeando? Ha sido uno de los mejores besos que me
han dado en mi vida. Y créeme, he besado muchas bocas.
—No tienes que hacer alarde de ello. Sé perfectamente que eres un
conquistador. No trates de enaltecer un beso tan básico como dices. Sé que
has tenido mejores.
—Yo no necesito mentir para poder conquistar a nadie, Alba. Cuando te
digo que el beso ha sido delicioso, puedo asegurarte que es verdad. Pero no
sigamos girando en torno a esto. Debemos devolver, se hará de noche y este
camino es traicionero. —Dijo Helio mientras tomaba las riendas del otro
animal.
Alba no tenía valor para cabalgar ella misma su propio caballo, después
una experiencia tan traumática, no se le ocurriría ni en broma acercarse a
esta bestia, ya que, le había hecho pasar uno de los episodios más horrendos
que jamás hubiese vivido. Cabalgó junto a Helio en su caballo, este, la
rodeaba con sus brazos y disfrutaba del aroma de su cabello. Sus cuerpos
estaban pegados, y el movimiento natural del cabalgar del animal, hacía que
las nalgas de esta chica se frotaran directamente contra su pene.
Fue inevitable controlar su erección, fue notaba por Alba, quien sentía
un poco de vergüenza, pero en el interior lo disfrutaba tremendamente. El
hecho de aquel que aquel hombre se hubiese excitado con su cuerpo,
despertaba mucha tensión sexual entre ellos. Alba, mientras se sentía
protegida por este hombre, simplemente cerraba sus ojos mientras
imaginaba que todo lo que estaba ocurriendo allí estaba en un contexto
completamente diferente. Imaginaba a Helio follándola completamente
desnudos en la habitación del hotel.
Sus manos se sujetaron fuertemente a las riendas del animal y sentía
como el pecho fornido de este caballero se frotaba contra su espalda.
Observaba los brazos bien definidos y blancos de su compañero, era
absolutamente mágico estar en medio de un momento así y sentía que la
compenetración terminaría por meterla en problemas. Helio había violado
una regla nuevamente y conocía las consecuencias. Tres días continuos
junto a esta periodista lo llevarían a una posición dura, similar a la que
había afrontado en el pasado.
Estaba consciente de que las lecciones debían aprenderse en medio del
dolor y el sufrimiento. Ya había tocado el infierno de perder a alguien que
lo había ilusionado, no podía volver allí. No tenía que preocuparse, la
situación estaba bajo control, pero pequeños detalles como este cabalgar
juntos lo habían sumergido en un estado de confusión total. Temía seguir
avanzando, pero tampoco quería detenerse, lo único que espera es llegar
pronto, pues si sigue frotándose contra la chica, terminará corriéndose, y
aunque era un poco grotesco, lo disfrutaría tremendamente si ella
colaboraba con él.
Ella quería que esos roces, esas caricias que se están generando intereses
cuerpo se llevaran a cabo sin ropa, quería tenerlo detrás de ella, rebotando
contra sus glúteos, disfrutando de su cuerpo, demostrándole cuan buen
amante podía llegar a ser. Pero era momento de enfocarse, y había ido para
ese lugar únicamente a investigar realmente que había en el interior de este
conquistador que había terminado llevándola a experimentar una gran
cantidad de dudas acerca de lo que sentía.
—Pasamos todo el día juntos y no llevamos a cabo la entrevista. ¿Te
parece bien si mañana en la mañana iniciamos? —Preguntó Alba mientras
trataba de generar una calma en aquel océano que estaba revuelto a punto
de tragárselos a ambos.
—Perfecto, me parece excelente. ¿Dónde quieres que llevemos a cabo
dicha entrevista? Preguntó Helio.
—Me parece que en el lobby del hotel estará bien. Tengo algunas
preguntas preparadas. Si te va bien, podría hacértelas llegar por correo
electrónico y puedes revisarlas esta noche antes de dormir. Así sabrás que
contestar en la mañana. —Dijo Alba.
—Está bien, cuenta con ello... —Respondió el hombre mientras ajustaba
las riendas del caballo para que este apresurara el paso.
Tras llegar a su habitación y despedirse de Helio, la chica había sentido
que había tenido un día exitoso, aunque hubiese querido más, pero no sabía
realmente si estaba preparada para ello. Había una gran diferencia entre lo
que podía desear y lo que podía obtener, Alba sabe perfectamente que este
hombre es un experimentado del sexo, que puede utilizar cualquier
estrategia para enamorarla, conquistarla y dejarla absolutamente perdida por
él.
Lo menos que busca la chica es una ruptura amorosa, no quiere estar
desilusionada pensando en un hombre que no tiene el menor interés en ella
más que llevarla a la cama, pero Helio se ha comportado como un caballero,
y es precisamente ella quien ha sugerido en múltiples ocasiones una
situación como esta. Él parece completamente inocente, pero ya sabe que
hay algo mucho más intenso corriendo por las venas de este hombre.
Sería realmente difícil para ella poder conciliar el sueño durante aquella
noche, la chica estaba absolutamente nerviosa, ya que, finalmente llevaría a
cabo el trabajo por el que tanto había estado luchando. Helio no sería un
hombre difícil entrevistar, pero su personalidad no era fácil de dominar.
Sentía que quizá en algún punto de la entrevista, perdería el control de la
situación y todo se convertiría en un completo fracaso. Era inesperado,
inestable, impredecible, pero así, había comenzado a gustarle de una
manera completamente descomunal.
Tras preparar absolutamente todo durante la noche, Alba sentía algo de
miedo al no poder cumplir con su misión, era el último día que le quedaba
al lado de este hombre, le había proporcionado un fin de semana su lado,
pero lo menos que había hecho era trabajar. Había sido uno de los mejores
momentos que había atravesado con alguien, y el vínculo era definitivo,
entre Helio y Alba, había comenzado crecer un sentimiento, pero para él es
difícil lidiar con esta idea.
Tan solo con recordar a Amy, y todo lo que pasó junto a ella, siente
escalofríos intensos.
VI

Sin capa ni máscara

La evasión de casi todas las preguntas que habían sido generadas por
Alba era evidente, Helio no quería revelar más de lo que podía hacer a
través de sus escritos. Era interesante la idea de que llegara una periodista a
reseñar una parte importante de su vida, pero no quería que Hero fuese
expuesto de una manera tan comercial.
Helio Jones estaba dispuesto a darle todos los aspectos que quisiera
acerca de la vida empresarial, pero su otra faceta era algo que era
absolutamente profundo, personal, y le parecía completamente inútil
compartirlo con el mundo, cuando era algo que lo hacía sentir
completamente libre de todos los demonios y fantasmas que habitaban en su
interior. Para Alba era realmente frustrante no poder acceder a él, quien
respondía cada una de las preguntas de una manera evasiva, pero no
terminaba llegando al núcleo de lo que realmente quería.
Esta interacción entre ellos se convirtió en una batalla de poder, ya que,
era el talento de la joven para poder sacar la información contra las
capacidades evasivas que estaba demostrando Helio. Él no había logrado
ser derrotado por la inteligencia de Alba, quien, con mucho compromiso,
trataba de encontrar respuestas donde lo único que había era una
personalidad absolutamente abstracta y complicada. Helio sabía que tenía
que tomar el control de la situación, así que, la única manera que tenía era
utilizando sus encantos y sus habilidades seducción.
Su sonrisa, sus gestos, y la forma en que tocaba periódicamente la mano
de la chica antes de dar una respuesta, la había pintado tremendamente.
Para que el hombre había sido absolutamente claro que no estaba dispuesto
abandonar a que el club si tener a esta mujer entre sus brazos. Quería
tenerla, la deseaba, y quizás era el sentir de lo prohibido lo que despertaba
mayor interés en ella. Finalmente, en medio de las preguntas, Helio había
hecho un movimiento bastante atrevido, el cual no parecía ser el apropiado
para el lugar en el cual se encontraban.
El lobby del hotel estaba solamente vacío, periódicamente transcurrían
por allí algunos de los empleados del lugar, el club, contaba con una gran
cantidad de socios, pero para fortuna de esta pareja, era muy temprano en la
mañana como para preocuparse por la presencia de alguien más. Cuando
aquel hombre colocó su mano sobre la pierna de la periodista, ésta se
estremeció absolutamente.
Pensó que era completamente innecesario el hecho de que la tocara, pero
no tuvo la voluntad para rechazar el gesto. Helio conversaba con ella
mientras su mano se encontraba en su rodilla, y mientras contestaba algunas
de las preguntas de la chica, su mano fue ascendiendo gradualmente hacia
su muslo. Quería llegar a la zona genital, y probar si realmente Alba era la
mujer que quería proyectar o era una mujer ardiente que era capaz de
sucumbir ante las provocaciones de un hombre.
Era precisamente esta la batalla que se estaba llevando a cabo en el
interior de la joven periodista, pues ella quería dejar de ser parte de los
juegos de Helio, quien llevaba su mano lentamente hacia la zona genital,
con decisión, con constancia. Esta tenía que defender su dignidad, pero
también sentía un gusto tremendo y unas ganas increíbles de sentir los
dedos de este estimulándola. Ya mucho se había masturbado pensando en
él, quizá era el momento de que él mismo hiciera el trabajo y la llevara
hasta los cielos.
Una bandeja había golpeado el suelo justo antes de que Helio tocara el
clítoris de la chica con su dedo pulgar. Su mano se desplazaba de una
manera constante, pero uno de los empleados del lugar había dejado caer
por error el implemento de la cocina. Esto había generado un ruido tan
estruendoso que Alba casi había alcanzado el techo del salto que había dado
por el susto. Ambos sonrieron, el corazón de los dos la tía rápidamente, ya
que, la adrenalina que existía, era tremenda.
—Esto me parece una completa pérdida de tiempo, Alba. No quiero
seguir con esa entrevista, lo único que quisiera es ir a mi habitación a
descansar. ¿Por qué no me acompañas? —Dijo aquel hombre mientras
acariciaba la mejilla de la periodista.
No tuvo que implorar, no hubo ruegos, no necesitaba persuadirla
convencerla para llevarla al punto en el que ella también quería estar.
Recogió sus cosas, tomó su libreta, su teléfono móvil, su bolso y acompañó
al empresario directamente hacia el elevador.
—Hay muchas cosas que hecho en esta vida. He follado casi en
cualquier lugar que puedas imaginar, pero hay algunos que aún todavía me
faltan. —Dijo Helio.
—Es un dato interesante. ¿Debería anotar eso en mi libreta? —Preguntó
a Alba.
—Sólo es un comentario de amigos. No tienes que registrar
absolutamente todo lo que conversamos. También debemos cuidar la
privacidad entre nosotros. ¿No crees?
Las puertas del elevador se abrieron, y cuando ambos entraron, Helio
tenía un plan absolutamente definido, ya que, nunca jugaba cartas al azar.
—¿Y cómo qué lugares, por ejemplo, aún te faltan por conocer mientras
tienes intimidad con una mujer? —Pregunta Alba informe inocente con su
libreta en la mano.
—Un elevador, por ejemplo. —Dijo Helio mientras presionaba el botón
de parada en el artefacto.
El objeto se detuvo instantáneamente, y Alba se quedó viendo a su
acompañante de una manera fija, tratando de entender qué era lo que estaba
pasando. No había demasiadas explicaciones que buscar, Helio había hecho
un movimiento certero hacia ella, y tras detener el artefacto en unas horas
en las cuales el tráfico era mínimo, podría tener la posibilidad de
experimentar una nueva vivencia al lado de una mujer que le despertaba
una tentación increíble.
—Dime que no estás pensando lo que yo creo. —Dijo la chica mientras
se pegaba a la pared del elevador.
—Es preferible que no te diga lo que estoy pensando. Creo que es mejor
que te lo demuestre. —Dijo Helio mientras tocaba el muslo de Alba,
colocaba otra mano en la espalda de ella y la pegaba a su cuerpo.
La joven había dejado que Helio la besara intensamente, mientras esta
acariciaba la espalda del caballero en medio de una lluvia de caricias que
los excitaba de una manera descomunal. Los talentos de Helio eran
excepcionales, la acariciaba mientras la desnudaba, y poco a poco, cada una
de las prendas fueron cayendo al suelo progresivamente. Helio necesitaba
encontrar ese punto en el cual la chica estuviese completamente habilitada
para ser poseída por él.
La adrenalina de que las puertas del elevador se abrieran repentinamente
en cualquier momento hacen que fuese mucho más excitante la experiencia,
sería una buena historia para contar a través de aquel blog personal, y para
Alba, sería una buena experiencia para recordar. Lo que había ido a hacer
finalmente se estaba cumpliendo, había ido con una intención de investigar,
y finalmente su cuerpo estaba a punto de conocer los detalles de dicha
investigación.
Helio también se deshizo de sus ropas, el suelo de aquel elevador estaba
lleno de camisas, pantalones, ropa íntima, mientras la chica lo único que
hace es dejar que aquel hombre la guíe hacia la cúspide del placer. Mientras
Alba apoya sus manos y su rostro contra la pared del elevador, este
caballero se acomoda justo detrás de ella, su miembro está duro, rígido,
húmedo y a punto de penetrarla.
Ella no sabe realmente si esto es real, parece ser demasiado perfecto para
hacer un sueño, pero, aun así, continúa disfrutando de lo que está
ocurriendo. Hero contempla los glúteos de la chica, son perfectos, lisos,
juveniles, mientras comienza acomodarse esto detrás de ella y frotar su
pene contra los labios vaginales de la excitada mujer. Ella había lubricado
casi instantáneamente en el momento en que el elevador se había detenido.
Alba no era una chica tan inocente y tonta, sabía perfectamente cuáles eran
los movimientos que podría generar este hombre cualquier momento.
Iba a ser follada por el héroe de muchas, un perfecto follador que sabía
exactamente cuál es el momento ideal para escoger. Había sido preciso,
había tomado por sorpresa a Alba, y había utilizado toda la excitación de la
chica a su favor. Cuando frotó su pene contra los labios vaginales, Alba
dejó salir un leve gemido de placer, aquel estímulo la había derrumbado por
completo, sintió el cosquilleo en la superficie, esa necesidad de tenerlo
adentro, un vacío en su estómago una respiración acelerada que dejaba
empañado el espejo contra el cual estaba apoyada.
Ya que el elevador contaba con un espejo, despertaría mucho más el
morbo al verse completamente desnudos follando. Helio entró levemente en
ella, y están, sintió como su vagina recibía que el trozo de carne exquisito
dándole un placer magnífico mientras sus paredes vaginales se ampliaban.
Acción era óptima, había estímulos en cada molécula de ser, mientras
Helio, finalmente había impregnado su cuerpo con el perfume de la chica al
frotarse contra ella.
Alba había asistido aquel lugar con único objetivo, conocer la verdadera
personalidad y faceta de este caballero. Había obtenido un éxito tremendo,
y al tener a este hombre rebotando contra ella sujetándose a sus senos
mientras cuerpos están absolutamente pegados, siente que ha alcanzado el
cielo literalmente. Helio no necesita una capa, no necesita una máscara para
hacer superhéroe, sacarla de sus esquemas y convertirla en una mujer
completamente diferente… con un concepto distinto de lo que es la pasión,
el deseo y el vínculo entre dos seres humanos.
No se trata sólo de sexo, en tan solo tres días, Helio había logrado
conseguir esta chica se compenetre con él de una manera especial. Ella
luchado para no enamorarse, pero el sentimiento era muy similar a lo que se
sentía cuando estaba perdidamente ilusionado con una persona. Pronto
llegarían los encargados de poner el elevador en marcha nuevamente, así
que, no tenían demasiado tiempo para desarrollar una sesión de sexo tan
romántica y apasionada.
El espacio de un elevador nunca había sido tan perfecto, ambos
encontraban la manera de sacar el mayor provecho a un lugar que no
superaba los 2 metros cuadrados. El suelo parecía que se iba a desprender
en cualquier momento debido a los rebotes constantes de la chica sobre
Helio. Tras irse al suelo juntos, ella había comenzado a sacudirse sobre él
como si hubiese perdido por completo la cabeza. Era sencillo sujetarse de
sus deliciosos senos, le agradaba la sensación, Helio masajea la totalidad de
sus pechos y la estimula hasta tenerla en un trance sin comparación.
Con cada ingreso del grueso pene de Hero en la chica, este experimenta
una satisfacción difícil de contener, siente que en cualquier momento
explotará, así que debe cambiar de posición o terminará explotarte en medio
de un orgasmo temprano. Su reputación es clara, siempre debe satisfacer a
las mujeres antes que, a él mismo, y Alba se ha ganado cada caricia, cada
estímulo, cada gesto por parte del millonario escritor. Este solo ha actuado
de forma natural, la ha convencido de que realmente es un amante
excepcional, y será muy difícil para la chica aprender a tolerar el hecho de
que esto posiblemente es temporal.
Tras volver a estar de pie, Helio sube la pierna de la chica en el soporte
para manos, y mientras se ven en el espejo completamente empapados en
sudor y fluidos, comienza a complacerla con una intensidad mayor que casi
no deja que la chica respire. Durante el acto, considera que ella le
pertenece, no tiene duda de ello, su mirada irradia un brillo que solo puede
salir de alguien que está completamente enamorada y perdida por su
compañero. Hero no escatima en las cantidades de placer que es capaz de
proporcionarle a la curiosa periodista.
Todo debía llegar al punto de quiebre rápidamente, y para Alba no sería
difícil. Sus piernas tiemblan, siente como si su cuerpo fuese a estallar,
finalmente, en medio de un aceleramiento total de su corazón, gemidos
descontrolados, sudor corriendo por la espalda y los rebotes de Helio contra
sus glúteos, la chica se corrió tremendamente, mientras una gran cantidad
de fluidos comienzan a emanar de su vagina, los cuales corre en camino
abajo por sus muslos.
Esto no es un signo para que Helio se detenga, continuó penetrándola
una y otra vez, y mientras la sujetaba del cabello de una manera bastante
agresiva, esta comenzó a sonreír y pocos minutos después experimentó un
segundo orgasmo con una intensidad menor pero igual de exquisito. Helio,
en medio del acto, estaba absolutamente complacido y satisfecho, sacó su
miembro de la profundidad de la vagina de Alba comenzó masturbarse para
correrse sobre sus nalgas.
Esta, sintió como si su alma hubiese salido de su cuerpo y ese vuelto,
estaba solamente liberada y relajada, con una sonrisa en su rostro que era un
símbolo de satisfacción, había tenido lo que había ido buscar, no podía
mentirse a sí misma. Tras vestirse y estar absolutamente impecables
nuevamente, amos comenzaron a golpear la puerta del elevador y a gritar
para que los sacaran de allí, debían fingir que todo había sido natural e
inesperado, y cuando abandonaron el elevador, ambos habían sido
cómplices de una primera vez para ambos.
Helio por primera vez había follado dentro de un artefacto como este, y
Alba era la primera vez que hacía el amor con un hombre tan apasionado y
sensual. No hablaron más del asunto durante el resto del día, no había
porqué hacerlo, y aunque Alba moría por ir hasta la habitación de Helio
durante la madrugada, esta simplemente reseñó parte de lo que había
conseguido durante su entrevista.
El contenido era totalmente mediocre, no había podido encontrar detalles
profundos acerca de la vida de Helio, pero al final, se había arrepentido
totalmente de intentar exponerlo, ya que, este necesitaba seguir siendo
quién era. Si Alba se entrometía en su vida posiblemente terminaría
acabando con quién era realmente el héroe sin capa ni máscara que había
terminado follándola de una manera tan espectacular que jamás podría
olvidarlo. De eso se trataba, de acumular anécdotas, una experiencia que
contar, un recuerdo que atesorar, y Helio se lo había proporcionado.
Tras volver a sus rutinas correspondientes, habían pasado un par de
semanas sin hablar. Alba había entendido que simplemente había sido una
aventura para Helio, y aunque no había podido olvidarlo, era madura y
sabía perfectamente que aquello no volvería ocurrir. No dejó de seguirlo a
través de sus redes sociales, y soñaba con la idea de que algún día la
llamaría, aunque esto no pasó durante esos días.
Cuando leyó la entrada más reciente de Hero, había quedado
absolutamente impactada por lo que había encontrado. Había expuesto la
escena que había ocurrido con una ardiente periodista que lo había
cautivado desde la primera vez que la había visto. Definió la escena con
tanto detalle que Alba casi pudo revivir el momento mientras leía sus
palabras.
No era como el resto de los encuentros que había registrado en su blog,
este tenía un tono diferente en la manera en que se expresaba sobre ella. Sus
palabras eran mucho más profundas y sentidas, había un toque de amor, y
esto difería totalmente de sus otros relatos. Sus ojos se llenan de lágrimas
mientras puede entender que este hombre ha dejado que su alma aflore sin
necesidad de que esta lo presionara con sus preguntas extenuantes y
dinámicas manipuladoras.
Lo que habían conocido juntos había sido algo absolutamente único e
irrepetible, pero la distancia que había tomado Helio de todo este asunto
solo podía ser el reflejo del profundo temor que experimenta a terminar
completamente devastado si Alba no lo acepta tal cual es. Se había
sumergido en sus palabras y había encontrado justo lo que necesita. La
había descrito como “perfecta y genuina”, y esto dejó a Alba sin saber
cómo manejar la situación, pues parece ser una declaración de amor
indirecta, aunque solo ellos dos sabían lo que había ocurrido en aquel
elevador.
Pero lo que más curiosidad le había generado y lo que más le impactó
había sido el hecho de que tras terminar de narrar aquella situación, Hero se
había despedido definitivamente de todos sus lectores. Había asegurado que
nunca más volvería escribir una nueva aventura. Se había reservado las
razones, no había dado explicaciones, simplemente era un adiós, y esto,
dejó completamente impactada a Alba, que no sabía realmente si sentir
curiosidad o quebrarse a llorar. Nunca más sabría nada de Helio, al menos
no por este medio.
Tras algunos días de ausencia absoluta, Alba ha revisado su teléfono
móvil con la tentación de comunicarse con Helio Jones, pero siempre
terminaba arrepintiéndose por el hecho de mostrarse débil ingenua. Pero
Helio no estaba dispuesto rendirse, y aquella despedida inesperada del
mundo de las aventuras del superhéroe sexual, había tenido una única
razón. Si había alguien que merecía una explicación entonces debería darse
la personalmente.
Tras acumular mucho valor y tratar de ensayar un discurso adecuado, el
conquistador había esperado a la chica con un nerviosismo tremendo a las
afueras de su lugar de residencia. No era su estilo, pero ya había perdido la
capacidad de autocontrol. El coche rojo de Helio se encontraba estacionado
las afueras del edificio donde habitaba Alba Blair. Lo vio con cierta duda
sin saber si realmente era él o no, pero tras escuchar la bocina, la joven
simplemente se acercó para terminar con su curiosidad.
—¿Es que acaso tú y yo nunca volveremos a vernos? —Preguntó Helio.
—Pensé que tenías una regla exclusiva de no repetir con tus amantes. —
Dijo Alba.
—Sube, tengo algo que confesarte… —Dijo Helio mientras abría la
puerta del coche.
Alba entró con cierto nerviosismo, se disponía a salir a comprar la cena,
así que, los planes habían sido modificados instantáneamente.
—“Hero” se ha ido, siento que ya no necesito seguir con mis aventuras y
comportándome como un niño. Lo que pasó entre nosotros en el elevador
fue magnífico, y te juro que no he podido sacarlo de mi mente ni un solo
día.
—Continúa... Estás poniéndome nerviosa. —Dijo Alba
—Te quiero a ti. Es la conclusión que alcancé gracias algunos días de
análisis. Es la segunda vez que me veo en una situación como esta, pero
creo que me vincule contigo de una manera extraña.
—¿Extraña significa buena o mala?
—¡Te amo! Y esos tres días fueron suficientes para saber qué es así.
Puedes salir del coche aterrorizada si lo deseas, o puedes quedarte conmigo,
iremos a cenar, y te juro que no te dejaré ir jamás de mi vida. —Dijo Helio.
La chica abrió la puerta del coche y salió de allí, el corazón de Helio
parecía estar a punto de romperse en pedazos nuevamente, pero las palabras
de la chica, evitaron la catástrofe.
—Iré por mi abrigo, volveré enseguida. Tú y yo tendremos una noche
que será mejor que cualquiera de tus aventuras, Hero. —Dijo la chica.
Habían comenzado un camino hacia un romance intenso y espectacular
para el que ninguno de los dos estaba preparado. Helio ha colgado su capa,
pero se había entregado a esta chica, quien ahora, sería la encargada de
llenar su vida de verdadera adrenalina y el amor más intenso.
Italiano Descarado

Alfa y Maduro para la Princesita Joven


Acto 1

Una herencia

El desayuno esta mañana no estaba servido en la mesa, Ashley, se


disponía a ir a la universidad como cualquier día normal. Las aves solían
cantar en el árbol cercano a su habitación, el cual era un despertador
perfecto. Siempre había sido muy puntual, estaba acostumbrada a llegar
temprano a clases y salir a la hora exacta. Siempre había planificado su
vida, había tratado de mantener el control de todo su entorno y no le
gustaba la improvisación.
Si alguien no quería ver a Ashley de mal humor, era mejor que no
modificaran sus planes, que no cambiaran su esquema de trabajo, ya que,
siempre terminaba convirtiéndose en alguien bastante insoportable e
impertinente cuando las cosas no salieron como ella las había planificado.
Pero con apenas 22 años de edad, a punto de graduarse de la escuela de
medicina, con una vida prometedora y un talento destacado, está a punto de
aprender que no importa cuán planificada pueda ser en la vida, hay
elementos que el destino tenía preparado para ella para los que nunca
estaría preparada.
Su vida era simple, todos los días acudía a la universidad luchando por
su principal objetivo, satisfacer a sus padres, quienes soñaban con verla
finalmente graduada de la mejor universidad del país. Su verdadera pasión
nunca había estado detrás de los libros, era una apasionada del ballet y la
danza, pero sabía que este mundo no le garantizaba un futuro estable. Tenía
una figura estilizada, delgada, si los pequeños, curvas nada exageradas, lo
que hacía que su cuerpo fuese muy elegante y sofisticado para la práctica de
este arte.
Había practicado el ballet hasta los 18 años de edad, pero cuando la
universidad comenzó a absorber más tiempo del que ella podía proveerle,
tuvo que sacrificar uno de sus pasatiempos favoritos. Esto no había
representado un elemento muy drástico ni duro para ella, ni siquiera había
notado el cambio, ya que, solía adaptarse rápidamente a los nuevos caminos
para transitar.
Pero aquella mañana todo era diferente, cuando llegó a la mesa de la
cocina para desayunar e irse a la universidad, ni siquiera había encontrado a
su madre o a su padre en aquel lugar. Sólo una pequeña nota había sido
dejar en la mesa, escrita con un bolígrafo azul, la chica la tomó entre sus
dedos y leyó el mensaje. “Tuvimos que salir urgentemente, la tía Heather
está delicada”.
Esto heló la sangre de Ashley, quien tuvo que tomar una silla para
sentarse y tras colocar sus codos sobre la mesa y cubrir su rostro con sus
manos, no pudo evitar comenzar a llorar. La tía Heather era su persona
favorita, la única hermana de su madre, y quien siempre la había tratado
como a una princesa desde muy pequeña. Esta, había comenzado a sufrir de
una serie de enfermedades que parecían llover de una manera inesperada
sobre ella, consumiendo su vida y convirtiéndola en alguien completamente
diferente a quien solía ser.
Fue duro cuando le diagnosticaron esquizofrenia, fue aún más fuerte
cuando comenzó a sufrir de Alzheimer, pero cuando detectaron el cáncer en
su seno, fue algo completamente devastador, ya que, todos habían
visualizado la posibilidad de que finalmente aquella mujer de 55 años de
edad finalmente muriera. La negación había sido uno de los elementos más
fuertes que había practicado Ashley para tratar de mantener el equilibrio, ya
que, afrontar la enfermedad de su tía había sido uno de los procesos más
difíciles de sobrellevar.
La amaba profundamente, había una relación muy cercana que le daba la
posibilidad a la chica de proyectar una amiga, una confidente, alguien en
quien apoyarse en los momentos duros en los cuales no confiaba en su
madre o en su padre. Cuando leyó aquellas palabras, supo que algo había
salido mal. Aquella mujer había estado hospitalizada durante dos meses
continuos, sufría recaídas duras, y los fuertes tratamientos que había tenido
que sobrellevar para tratar de mantenerla viva, habían deteriorado
enormemente su salud a cambio de una expectativa de vida un poco más
larga.
Habían vivido en San Francisco durante toda su vida, pero la tía Heather,
simplemente había estado allí los últimos cinco años. Desde que habían
comenzado diagnosticarle estas enfermedades, era necesario estar cerca de
su familia, ya que, había hecho una vida en Italia y había permanecido en
este lugar durante toda su juventud. Los chicos habían crecido, su esposo
había fallecido de un infarto, y estaba completamente sola en aquella gran
mansión, la cual, quedaba en uno de los lugares más hermosos de Italia.
Ashley podía recordar con precisión la primera vez que había viajado a
aquel lugar con tan sólo siete años de edad. Corría por los jardines de
aquella gran mansión, disfrutaba de ver a través de los ventanales durante
las mañanas, el aroma era diferente, la temperatura del clima era algo
completamente acogedora y agradable. Siempre había soñado con volver a
aquel lugar, pero nunca se dio la oportunidad nuevamente.
De hecho, cuando había cumplido 15 años de edad, había solicitado a su
madre un regalo bastante particular. No quería festejos, no quería dinero, lo
único que quería era viajar hasta Italia y visitar a la tía Heather, pero en ese
entonces, la situación no era la más adecuada, así que, fue imposible llevar
a la chica a cumplir su solicitud. Jane, la madre de Ashley, sabía cuándo
podía afectarle a la chica la muerte de su hermana Heather, así que, cuando
se trataba de este tipo de asuntos, solían manejarlos de una manera bastante
discreta.
Ashley sabía que tenía algunas responsabilidades en la universidad, pero
era esto o hacer acto de presencia en el hospital, ya que, no sabía cuán grave
habías sido la situación vinculada a su tía favorita. Por primera vez en
muchos días, Ashley había decidido romper sus esquemas, y aunque tenía
un examen importante aquella mañana, había preferido irse directamente al
hospital, ya que, si aquella mujer estaba tan delicada, al menos tendría la
posibilidad de despedirse si ya era la hora final.
Su padre le había regalado un coche viejo pero funcional, con este, se
había trasladado directamente hacia el lugar donde estaba recluida su tía,
estacionó su coche, y ni siquiera lo había cerrado, salió de él corriendo, ya
que, tenía un presentimiento de que ella la necesitaba. Cuando llegó al
corredor donde se encontraba la habitación de su tía, apenas su madre
abandonaba la habitación.
—Ashley, pensé que estabas en la universidad. ¿Qué haces aquí? —Dijo
Jane mientras abría los brazos para abrazar a su hija.
—¿Cómo está la tía Heather? —Preguntó Ashley entre lágrimas.
—No ha resistido más. Finalmente, se nos ha ido, hija. Siento un
profundo dolor en mi corazón. —Dijo Jane mientras apretaba fuertemente a
su pequeña.
Al abrazo se había unido el padre de Ashley, quien apoyó a las damas
con sus brazos, mientras la chica simplemente recordaba una y otra vez la
sonrisa de aquella bondadosa mujer, quien siempre le había dedicado todo
su amor y compromiso. A pesar de que había tenido sus propios hijos, estos
habían crecido y se había marchado a diferentes lugares de Europa. Sabían
desentendido por completo de la salud de su madre, habían actuado como
hijos completamente mal agradecidos, y estos, ni siquiera habían hecho acto
de presencia durante el proceso de la enfermedad de su madre.
Ashley siempre se había comportado como una verdadera hija para ella,
le había brindado apoyo, soporte y cariño en los momentos más difíciles de
las crisis esquizofrénicas que había tenido que afrontar. Era un momento
difícil de aceptar para aquellos que aún sobrevivían, no era sencillo aceptar
el hecho de que había muerto aquella mujer tan amada y querida por su
familia, pero ahora, era momento de analizar bien el contexto.
Aquella mujer simplemente había descansado de un proceso de
enfermedad bastante hostil que la había deteriorado tremendamente. Su
enfermedad inicial la había sometido a una pérdida de peso terrible, y las
embestidas que la vida le había dado posteriormente, habían hecho que
gradualmente perdiera la cordura y la capacidad de estar estable. Aquel
cáncer había sido la estocada final para arrebatarle la vida aquella mujer, a
quien se le pudo haber proporcionado una calidad de vida mediana si solo
hubiese sido tratada por la esquizofrenia y el Alzheimer.
Ashley recibió la autorización unos minutos después para despedirse de
su tía, quien se encontraba tendida en la cama y con un rostro de paz y
tranquilidad que hacía un tiempo que no mostraba. Habían sido periodos
muy duros los que habían tenido que afrontar, así que, Ashley finalmente
había visualizado la tranquilidad y descanso que había encontrado aquella
mujer en la muerte.
La tomó de la mano, la colocó en su frente, y comenzó a llorar
desconsoladamente. No podía controlarlo, había perdido a uno de los seres
más queridos de su vida, quien le había enseñado múltiples tareas, con
quien pasaba la mayor parte del tiempo, ya que, desde que se había mudado
a los Estados Unidos, la había visitado casi todos los días. Compartían
muchos gustos, sobre todo los musicales, y la pasión por el ballet, era algo
que era apoyado totalmente por esta mujer.
Cuando la tía Heather veía bailar a Ashley, simplemente se le iluminaba
en los ojos de alegría y felicidad al ser testigo de un arte tan hermoso y un
talento tan destacado que guardaba esta chica de una manera bastante celosa
y que no compartía con absolutamente nadie. Siempre le hacía saber que era
muy decepcionante el hecho de que no hubiese seguido adelante con sus
sueños. Hacer a un lado sus ilusiones para complacer las ilusiones de
alguien más no era una forma de ser feliz.
El mundo estaba diseñado para conocerlo y explorarlo, así que, quedarse
encerrada tan sólo en una jaula que había sido creada por sus padres para
verla crecer y convertirse en una chica talentosa, pero con fronteras
limitadas no era algo que tuviese demasiada lógica. Los minutos que tuvo
Ashley para tratar de despedirse de aquella mujer, sirvieron para recordar
muchas de sus frases y sus palabras, aquella mujer se había arriesgado
durante toda su vida a romper los esquemas, a no seguir los parámetros que
los abuelos de Ashley habían establecido.
Se había enamorado de un italiano que la había conquistado con sus
poemas de amor, canciones, gestos y detalles, no había dudado ni un
segundo en escaparse con él a Italia, y allí, había conseguido construir una
vida que parecía ser un sueño durante los primeros años. El acaudalado
millonario que se había enamorado de su tía, le había permitido vivir un
cuento de hadas.
Era tratada como una princesa, no había limitaciones, no había
parámetros, simplemente exceso de amor, lujos, y comodidades. Aquella
enorme mansión que había sido adquirida por el empresario, había sido un
regalo exclusivo para aquella mujer, no le importaba gastar grandes sumas
de dinero en ella, ya que, el amor que se profesaban era único. La muerte de
Paolo, había sido uno de los golpes más duros que había sufrido Heather,
así que, aquella casa prácticamente había quedado abandonada, ya que, los
hijos de aquella mujer no estaban ni siquiera interesados en reclamar
absolutamente nada de lo que tuviese que ver con aquella mujer.
Se habían desligado por completo de ella, parecía que no querían cargar
con la responsabilidad de una mujer enferma, se habían comportado como
unos verdaderos cuervos. Los días siguientes tras la muerte de aquella
mujer habían sido fríos, dolorosos y pesados. Ashley despertaba en las
mañanas pensando en aquella mujer, sintiendo que quizá todo había sido
falso, que no había muerto, y que posiblemente tras marcar su número
telefónico podría escuchar aquella dulce voz que generalmente le contaba
algunas historias o relataba algunas de sus aventuras junto a Paolo.
Pero era necesario aceptar los eventos, el destino así había querido que
terminar aquella mujer, y tras un entierro solemne, y días de luto muy tristes
y apagados, habían recibido una llamada del abogado de la tía Heather,
quien se encargaría de leer el testamento de aquella mujer, ya que, contaba
con algunas propiedades que debían ser distribuidas entre aquellos que le
sobrevivían.
Tanto Ashley como sus padres, se prepararon aquella tarde para reunirse
con el abogado de la mujer. Su despacho, se encontraba en el centro de la
ciudad de San Francisco, hasta allí se habían trasladado, entrando a una
oficina muy sofisticada, pero con un toque de antaño que le pertenecía a
Carl Owens.
—Bienvenidos. Los estaba esperando. Tomen asiento y ya los atenderé.
—Dijo el hombre mientras estrechaba la mano del padre de Ashley y se
dedicaba a buscar algunos documentos en sus archivos.
Dejó caer algunas carpetas en el escritorio.
—Lamento mucho lo de Heather, era una mujer increíble. Pero por
fortuna ya no sufrirá más. —Dijo el hombre mientras observaba
directamente a los ojos color miel de Ashley.
Había una relación muy estrecha entre este abogado y su cliente. Heather
no era sólo su cliente, era su mejor amiga, una confidente para él, y fue una
parte importante en la vida de este abogado, ya que, esta había utilizado sus
influencias para conseguir que este encontrara un puesto significativo en
uno de los bufetes más reconocidos de San Francisco. Esto le había dado la
oportunidad a este hombre de independizarse y fundar su propia firma, por
lo que, era un abogado de confianza que contaba con todo el respaldo de
aquella mujer.
Cuando este hombre comenzó a leer el testamento haciendo una revisión
de algunas de las propiedades más destacadas de aquella mujer, fue
completamente devastador para Ashley escuchar el momento en que habló
sobre la mansión de Italia. Esto la llevó a sus mejores recuerdos de niñez,
por lo que, comenzó a llorar desconsoladamente una vez más. Sintió como
la mano de su madre se colocó sobre su hombro para apoyarla, pero los
recuerdos continúan lloviendo en su mente uno tras otro, y no había forma
de detener el sufrimiento.
—“La mansión en cuestión, será para mi sobrina. No hay nadie en este
mundo que ame más ese lugar que Ashley. Así que, quedará a nombre de
ella y sólo de ella”. —Leyó el abogado en medio del acto.
Ashley subió la mirada, tratando de encontrar en los ojos de aquel
hombre una confirmación de si eso era cierto o no. Este sonrió y mediata
mente y afirmó con la cabeza. Ashley, limpia sus lágrimas e intervino.
—La tía Heather me dejó su mención en Italia… ¿Es eso cierto? —
Preguntó a la chica.
—Sí, en todo momento me habló de que no se me ocurriera vender esa
propiedad. Té pertenece, es tuya. —Dijo el abogado.
Al ver la ilusión que se dibuja en su rostro, los padres de Ashley
intentaron intervenir, ya que, esta no podría poner en riesgo sus futuros en
la escuela de medicina, ya que, estaba muy cerca de graduarse.
—Recuerda que estás en un momento muy importante de tu carrera. No
te desenfoques, hija. —Dijo Jane.
En la mente de Ashley lo único que podía pasar era la posibilidad de
viajar hasta allá. Si era su mansión, tenía que atenderla, encargarse de que
todo estuviese en orden en aquel lugar, pero una simple chica estudiante
universitaria de 22 años, no tenía la menor idea de cómo asumir una
responsabilidad como está, pero parecía que un reto había comenzado.
Acto 2

La turista

Renunciar a su carrera de medicina, o al menos posponerla por un


tiempo, había sido una decisión que no había sido avalada por los padres de
la chica. Estos, habían amenazado con retirarle todo el apoyo financiero,
pero Ashley, contaba con un recurso adicional. No sólo le habían
proporcionado una casa en Italia, sino que, la fortuna secreta de la tía
Heather había sido repartida entre diferentes objetivos.
Entre beneficencias y asociaciones, se había repartido el 50%, para los
padres de Ashley se había destinado el 25%, y para la chica restaba el otro
25%. Fue una sorpresa tanto para el abogado como para los familiares de la
fallecida mujer que no había destinado ni un solo centavo para sus hijos.
Había retribuido la indiferencia que estos habían demostrado para con ella.
No había forma de que pudiesen contener a Ashley, quien había asistido a la
universidad un par de días después y había congelado sus estudios.
Necesitaba viajar a Italia, y aunque sus padres estaban absolutamente
renuentes al hecho de que esta fuese a vivir sola aquel lugar, no había
ningún motivo para detenerse. Fuertes discusiones se habían llevado a cabo
durante los siguientes días entre Ashley y su madre, quien trataba de
persuadirla y la amenazaba con retirarle la palabra para siempre. Trataba de
utilizar argumentos acerca de las consecuencias que habían generado las
actitudes impulsivas como las de la tía Heather, ya que, esta había
terminado sus últimos días dependiendo de su propia familia después de
actuar como una rebelde e ir tras el amor.
Pero en este caso, Ashley no estaba buscando a nadie más, no era una
actitud irreverente o caprichosa, sólo se trataba de refrescar algunos de los
recuerdos más hermosos que había tenido durante su niñez. Desde la última
vez que había ido a este lugar, siempre había soñado con volver, y ahora,
siendo una mujer independiente, adulta, con una gran cantidad de sueños en
su cabeza, una de las experiencias que más desearía revivir es viajar a Italia.
Los viajes de niño generalmente no suelen disfrutarse de la misma manera
que cuando lo hacen de adultos.
Esto lo sabía ella precisamente por el hecho de que cuando se encontraba
en aquella gran mansión, su madre trataba delimitarla en todas las acciones.
“No corras por allí”, “bájate de ese lugar”, “no entres en esa habitación”,
eran las instrucciones que generalmente le dictaba su madre, quien trataba
de mantener una actitud correcta ante la sofisticación de la acaudalada
millonaria esposa de Paolo. Pero aquella mujer sabía perfectamente cuál era
la pasión y el amor que sentía Ashley por aquella mansión.
Amaba Italia, de frontera a frontera la chica sentía que ese lugar era a
donde pertenecía. Ashley había hecho sus maletas unos días después, había
comprado un boleto de avión y a pesar del disgusto de sus padres, esta no se
había detenido ni un solo segundo a tratar de mediar en la situación. Sabía
que estos estarían en contra de esta decisión hasta el final de sus días, pero
Ashley no tenía intenciones de irse a vivir a Italia, simplemente estaría allí
unas semanas, trataría de poner al día todos los asuntos vinculados a la casa,
y posteriormente regresaría a los Estados Unidos.
Aquella mujer que había visto a Ashley como su hija, prácticamente
había arreglado por completo su futuro, ya que, al proporcionarle una
mansión que costaba millones de euros y una fortuna de miles de dólares,
había asegurado el futuro de la chica, quien hasta el momento siempre había
sido muy responsable y comprometida con su futuro. Había confiado en el
hecho de que esta chica no despilfarraría ni un solo centavo, que lo
utilizaría de forma consciente y con un objetivo preciso.
Había mucho que conseguir y conocer en el mundo, así que, si podía
colaborar un poco con la felicidad de Ashley, entonces no tendría ningún
problema en proporcionarle acceso a parte de su fortuna. Cuando la chica
finalmente decidió viajar, sentía mariposas en su estómago, era una
sensación de incertidumbre al no saber con qué se encontraría en este país
al cual no había ido en muchos años.
Todo debía haber cambiado significativamente, era muy posible que no
fuesen las mismas calles que recorría en bicicleta cuando era una niña,
quizá, el color de la mansión ya estaría desgastado, muchas partes de la
estructura estarían deterioradas y habría que reformar el lugar. Una de las
cosas que podía recordar Ashley era la ubicación de aquella casa, se
encontraba en un vecindario que estaba caracterizado por ser uno de los
más sofisticados y prestigiosos de la ciudad.
Allí, vivían importantes empresarios, celebridades, científicos de
renombre, sólo personas que tenían un alto poder adquisitivo y que
contaban con un reconocimiento total por parte del resto de sus habitantes.
Heather simplemente había sido la afortunada esposa de Paolo Morricone,
un millonario empresario que poseía a su nombre un par de aerolíneas,
suficiente para tener millones bajo su responsabilidad y proporcionarle a su
esposa una vida completamente cómoda.
Todas las personas que vivían cerca de la casa de Paolo y Heather, eran
prestigiosos, adinerados, así que, Ashley sentía un poco de miedo al viajar a
este lugar, ya que, no sabía cómo sería recibida por sus nuevos vecinos. La
molestia de sus padres pasaría tarde o temprano, no estarían en esta
situación para siempre, era un capricho para tratar de controlarla, pero ya
los hilos que se encontraban atados a sus manos y pies, habían sido cortados
hacía mucho tiempo atrás. Ashley trataba de seguir la corriente de estos,
pero necesitaba finalmente su independencia.
Este había sido el mejor regalo que le había proporcionado su tía, la
independencia, la libertad, la posibilidad de controlar sus propias decisiones
y no depender financiera y emocionalmente de sus padres. El sueño que
había perseguido durante tanto tiempo, y lo que había anhelado con tanta
fuerza durante años, finalmente se había materializado. Allí se encontraba
Ashley, bajándose de un taxi amarillo, rodando su maleta directamente
hasta la parte frontal de aquella gran mansión.
Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver como finalmente había cumplido
con una ilusión que en muchas oportunidades la tía Heather había
garantizado que repetiría. Su memoria parecía estar en cada lugar, en cada
árbol, en cada hoja de césped, el lugar era simplemente un sueño. Paredes
blancas, columnas del mismo color, una amplitud tremenda, jardín en la
parte frontal, tres pisos de absoluto lujo y clase, y un par de coches
estacionados en la cochera.
Ashley tomó su maleta y comenzó a caminar hacia el interior de la
mansión, rápidamente venían a su cabeza todos los recuerdos de cuando era
una niña y paseaba por este lugar en bicicleta. Los jardines estaban un poco
marchitos, era sólo cuestión de mantenimiento, el lugar había sido
abandonado por completo, y aunque algunos vecinos habían tratado de
darle una mano a Heather y tratar de mantener su casa protegida, ya el
tiempo estaba haciendo estragos con el edificio, deteriorándolo.
La humedad había comenzado a descomponer las zonas elaboradas con
madera. En el momento en que Ashley estaba a punto de introducir la llave
en la puerta, escuchó el rugir de un gran motor que había pasado justo
detrás de ella. Estaba tan emocionada, alterada, excitada por su nueva vida,
que cualquier estímulo externo la ponía muy nerviosa. Este motor
prácticamente estremeció todo lugar, y al voltear, pudo ver un Camaro
negro pasar justo frente a la casa. En un coche muy lujoso, en color negro
mate, con las ventanas completamente oscuras, el cual se había detenido
lentamente frente a la casa y rápidamente había acelerado para perderse en
el camino.
Para Ashley fue absolutamente extraña aquella escena, no entendía
porque alguien podía comportarse de una manera tan inmadura, así que,
introdujo su llave en la cerradura, giró el picaporte y finalmente ingresó a la
casa. Todo estaba cubierto de polvo, eres un espacio amplio, con grandes
ventanales, aún la luz entraba y mantenía el lugar iluminado, ya que,
cuando esta intentó encender las luces, los focos estaban quemados. El
tiempo no perdona va, y así como la tía Heather había fallecido y sabía
deteriorado gradualmente con cada paso de los años, esta gran mansión
también estaba sufriendo un destino similar.
Muchos tenían su mirada puesta en este edificio, querían comprar la casa
para expandir las que se encontraban a los lados, ya que, contaba con una
extensión de terreno muy amplia. Al no contar con un dueño, al no haber
nadie que reclamara la propiedad, muchos habían tratado de hacer ofertas a
los bancos o al gobierno para comprar la propiedad. Pero siempre que
Heather atendiera las llamadas, no habría posibilidades de negociar por el
edificio.
Ashley había llegado para acabar con las esperanzas de aquellos que
tenían la intención de quedarse con la casa. Tras dejar su maleta en el medio
del salón, caminó directamente hacia las escaleras, estas crujieron al colocar
su pie sobre ellas, ya que, la madera había comenzado a ceder. Era
peligroso moverse por aquel lugar de la casa antes de hacer una revisión,
pero allí era donde vivía vivir en los próximos días, así que, Ashley llamaría
a alguien que se encargara de hacer las reparaciones necesarias y poner la
casa tal como la desearía la tía Mary.
Mientras sube las escaleras, sigue limpiando las lágrimas de sus ojos, ya
que, podía recordar a la rozagante tía sofisticada caminando por aquellos
corredores, llevando en sus manos una taza de té. Era una mujer elegante,
reconocida socialmente como la esposa de un gran empresario, así que,
debía comportarse a la altura. Era un ejemplo a seguir, era todo lo que
cualquier mujer quisiera ser.
Era hermosa, adinerada, elegante e inteligente, así que, Ashley había
llegado para rendir tributo y honrar su memoria. Había comenzado por
limpiar el polvo de algunos elementos de la casa, pero era un lugar
absolutamente gigantesco para una sola persona. Los empleados de servicio
solían mantener el lugar impecable, pero ahora estaba solo una chica de 22
años a cargo de una gran mansión, así que, el dinero que había
proporcionado su propia tía, debía ser utilizado para resolver estas
situaciones que comenzaban a surgir gradualmente tras la estadía de la
chica.
Había dormido en una gran cama a la cual había tenido que cambiarle las
sábanas debido a que las que llevaba puesta ya estaban amarillas. El olor a
humedad y a madera, prácticamente no la había dejado dormir, pero era
sólo cuestión de adaptación, Ashley no siente ningún tipo de rechazo o
desagrado por el edificio, simplemente está allí para recuperar lo que alguna
vez fue el escenario de una de las mejores etapas de su tía.
La chica después de algunos días de hospedarse en este lugar, había
conseguido quien reparar las rupturas en el suelo, pintar las paredes,
cambiar los focos, ya que, detestaba estar a oscuras durante la noche.
Cuando el sol se ocultaba, todo el lugar quedaba en penumbras, no había
una sola luz encendida en la casa más que el teléfono móvil de Ashley, ya
que, esta sentía un miedo terrible en hacer cualquier reparación o tocar
alguna instalación eléctrica, ya que, las cosas estaban tan viejas
desgastadas, que posiblemente sufriría un accidente.
Tenía unas ganas increíbles de salir a caminar, de pasear, pero no tenía
forma de hacerlo mientras estuviese ocupada con todas sus obligaciones.
Después un par de semanas de dedicación la casa, finalmente Ashley había
vuelto a ver lo que recordaba. El lugar había sido reconstruido por
completo, los hombres que bien sido contratados habían trabajado de
manera extenuante día y noche para poder complacer los deseos de la chica.
Finalmente, el lugar estaba de punta en blanco, y era necesario contratar
a unas empleadas que se encargan de la limpieza constante, ya que, no
podía tener la misma estilo de vida que solía tener en los Estados Unidos.
Ashley recién llegaba a Italia, y sentía una soledad tremenda durante la
mayoría del día cuando los empleados ya no estaban. Esta, necesitaba un
compañero, así que, había adoptado a un cobrador dorado, el cual había
sido rescatado algunos días previos por una familia cercana.
Este, se encontraba perdido en el vecindario, lo habían acogido, y habían
colocado algunos papeles en algunos árboles de la zona que informada
acerca de la desaparición de un canino que necesitaba un nuevo hogar.
Ashley pensó que era una decisión adecuada, ya que, conocía la inteligencia
de estos animales y sabía que eran perfectos compañeros. Tras acondicionar
la casa, este sería su siguiente paso, así que, un nuevo huésped se
encontraba en casa.
Pasaba horas jugando con este animal, el cual se convirtió en su mejor
amigo y compañero. Cuando no estaba leyendo un buen libro, Ashley se
encontraba en el jardín, jugando con su mascota, la cual ladraba
constantemente, algo que había comenzado a perturbar a los vecinos. Un
lugar que estaba generalmente si en silencio y abandonado, ahora había
recuperado la luz, la imponencia y la vida.
La casa de al lado, estaba habitada por un importante soltero millonario,
quien tenía una vida bastante excéntrica y excesiva. Su casa era el lugar
perfecto para festejos y reuniones que terminaban generalmente en sexo y
exceso de licor. Estaba completamente insonorizada, así que, tras entrar en
aquel lugar no había posibilidades de que nadie escuchara lo que ocurría allí
dentro. Parecía ser un lugar discreto, el cual había sido objeto de la
curiosidad de Ashley, ya que, era absolutamente hermético.
Generalmente, no veía ventanas abiertas o alguien caminando por los
jardines, siempre el lugar estaba absolutamente cerrado, pero en las afueras,
se encontraba aparcado el Camaro negro que había dado la bienvenida con
un gran susto a Ashley cuando se mudó a aquel lugar. Giulio Conti es un
hombre de suerte, es amante de los juegos de azar y un fanático del póquer.
Ha hecho una fortuna impresionante gracias al talento que tiene con este
juego de mesa, es toda una celebridad del mundo de los casinos y hasta el
momento, conserva el récord de más victorias consecutivas en los torneos
nacionales.
Esto, le permite complacer los gustos que surgen, los cuales
generalmente está mi enculados a mujeres, coche esto, le da la posibilidad
de poder cumplir cada uno de los caprichos que surgen, los cuales
generalmente está mi cuñada a mujeres, coches y deportes extremos. Es un
hombre atlético, juvenil, que, a pesar de sus 37 años, no los aparenta. Suele
vestir con mucha clase, casual, con ropa de marca, viaja en los mejores
vehículos, lo acompañan las mejores mujeres, las cuales suelen amanecer
completamente desnudas abrazadas a él.
No es un sujeto de una sola chica, suele sustituirlas con una frecuencia
muy rápida, ya que, su principal objetivo en este mundo es divertirse hasta
el cansancio. Un hombre cuya vida nocturna es tan activa, suele dormir
durante el día, pero los ladridos del perro de Ashley, han comenzado a ser
una verdadera molestia para él, ya que, cada uno de sus ladridos retumba en
su cabeza como si fuese a hacer la estallar en pedazos.
Para Ashley esto es completamente desconocido, no tiene la menor idea
de cuán molesto ha comenzado hacer su presencia en aquel lugar, así que,
simplemente disfruta de revivir los recuerdos hermosos que tenía de niña,
pero su vecino podría convertirse en un verdadero dolor de cabeza para ella.
III

Descaro y corbata

Un circuito cerrado de cámaras instalado en su habitación no podía ser


para otra cosa más que para grabarse durante el sexo. Giulio es un hombre
que admira profundamente sus talentos, sabe exactamente cómo complacer
a una mujer, lo hace con un compromiso inquebrantable y es capaz de hacer
gritar a la mujer más resistente y exigente. Su reputación entre las féminas
de la ciudad siempre has sido muy destacada. El sexo genera gritos de gusto
que se escuchan en el interior de la casa, pero por lo general, a las afueras
absolutamente nadie se entera.
Su hogar no es más que un sitio de placer, donde suele llevar a sus
invitadas para poder popular con ellas sin ninguna limitación. Posee
cualquier cantidad de licor, la mejor selección de vinos, algunas drogas
estimulantes, mucho material pornográfico y unas ganas increíbles que
nunca se apaciguan. Su fama, no sólo se debe a su compromiso con
satisfacer las chicas, se debe a la gran cantidad de talentos y creatividad que
puede tener durante una sesión de sexo.
Giulio no sólo es un buen amante, es complaciente, un caballero, pero su
forma tan descarada de sustituir a las mujeres en su vida, ya ha generado
algunas enemigas que terminan acumulando un rencor tremendo al ser
engañadas y utilizadas como objetos sexuales por este sujeto. Se divierte en
grande, no tiene límites, su vida simplemente está enfocada en amanecer
para continuar el mismo ciclo del día anterior.
El licor, las drogas, las mujeres en exceso, el uso indiscriminado de
preservativos durante una noche, forman parte de su disfrute total, y no
tiene absolutamente a nadie que pueda limitarlo o aquí en entregarle
cuentas. Es un ser absolutamente libre, amante de su albedrío, garante de un
placer descomunal para cualesquiera mujeres, y un Adonis, ya que, cuando
aquel hombre se quita la camisa, siempre deja con la boca abierta a todas
sus acompañantes.
Piel bronceada, bíceps bien definidos, un pecho fornido y definido que
provoca ser lamido por estas mujeres que terminan siempre decepcionadas
al conocer realmente quién está detrás de este aspecto tan cautivador. Giulio
está solo en el mundo, poco a poco su familia fue cayendo en manos de una
extraña enfermedad, algo que para fortuna de el acaudalado millonario no
es contagioso. Tampoco hereditario, y tampoco le preocupa demasiado
pensar en la muerte, era un amante de la vida, de los placeres y los gustos
que podían proporcionarle las mujeres y una buena minifalda.
Siempre que salía en las noches, regresaba acompañado de una mujer
distinta, no tenía permitido a sí mismo repetir con una chica, ya que, sentía
que el mundo era como un mar de peces, y no necesariamente lanzaba su
caña de pescar para sacar dos veces uno de la misma especie. Para él, sólo
serían al menos 12 horas de diversión, tiempo que debía ser aprovechado al
máximo por sus compañeras, las cuales daban el máximo de su potencial
para poder ganar el reconocimiento de este hombre.
Estaba claro que siempre utilizaba la manipulación, el engaño y esa
mirada asesina que siempre terminaba por hacer caer a las mujeres en su
trampa. No importaba cuánto tratarán de resistirse, cuando Giulio colocaba
su mirada sobre ellas, rara vez fracasaba en su intento de seducirlas. Había
puesto atención en la casa de la tía de Ashley, este lugar, era magnífico, y
doblaba en tamaño la propiedad del millonario italiano, el cual, había vivido
en la casa de su familia y nunca había querido salir de Italia.
Había viajado por el mundo, y a pesar de que su lugar favorito era
Grecia, había decidido a sentarse en Italia, quedándose allí, con la única
misión de conquistar a cada una de las mujeres tan exuberantes que se
paseaban por aquellas calles. Cuando acudía a un club nocturno en busca de
un poco de diversión, siempre era atendido como un rey, solía dar buenas
propinas, brindaba algunos tragos a las chicas que veía solas en el lugar.
No se desesperaba, siempre había un momento justo y preciso para
atacar, algo que lo diferenciaba enormemente del resto de los hombres. Era
un conquistador natural, no necesitaba trampas, engaños o la típica frase ve,
“¿te puedo acompañar?”. Despertaba un magnetismo muy intenso, las
mujeres solamente se acercaban a él por su atractivo mas no por su dinero.
Cuando descubrían cuán poderoso e influyente podría ser este sujeto,
terminaban quedando totalmente hechizadas y con la curiosidad de conocer
que había más allá de aquellos pantalones que cubrían un miembro enorme
que despertaba el apetito de cualesquiera mujeres de una manera
descomunal.
No le teme a absolutamente nada, es tan descarado, que suele llevar a las
mujeres en su propia casa. Otro, tratando de cuidarse las espaldas, las
llevaría a un hotel o a otro lugar privado, pero este, sabiendo que hogar es
una máquina para el sexo, prefiere llevarlas allí y brindarles una sesión de
sexo entretenido donde las cadenas, las correas, las vendas, el aceite y los
látigos suelen ser protagonistas, ya que, es bastante creativo y suele llevar a
las mujeres a lugares completamente desconocidos dentro de sí mismas.
Explorar el placer es el principal pasatiempo de este hombre, enseñarle a
sus amantes y acompañantes cuáles son sus sensaciones más profundas,
despertarlas y hacer que exploten de una manera única. Ashley sólo es su
nueva vecina, y le había visualizado desde el primer día en que había
llegado. Este hombre hubiese querido poder ignorarla, pero una joven de 22
años de edad completamente inocente, carne fresca para un lobo, no podía
ser pasaba por alto.
Cuando la chica se había parado frente a la puerta de aquella gran
mansión mientras recordaba algunos de sus momentos más emblemáticos
de niña, había sido vista por este hombre, quien había pasado frente a la
casa que hizo rugir su gran Camaro antes de perderse en el horizonte. Esos
pocos segundos en los que se había detenido y había visualizado a la chica,
los había utilizado para visualizar la figura de la joven.
Ashley era una chica pequeña, compacta, concurras bastante
significativas que despertaba en el morbo de aquel hombre. Con sus 37 años
de edad, había recorrido el cuerpo de decenas de mujeres, y a pesar de esto,
nunca estaba satisfecho. Para él, siempre era un reto tratar de conquistar a
una nueva mujer, así que, al ver a la chica, en lo único que puede pensar es
en arrebatarle la ropa y tratar de follarla en su sala de juegos.
Tras haber acondicionado una gran habitación con todos los muebles
posibles para las múltiples posiciones sexuales que se le ocurrían, este
sujeto realmente había adquirido una experiencia tremenda. Su cuerpo
atlético no sólo se lo debía a las largas rutina de entrenamiento en el
gimnasio durante las mañanas, sino que, también se debía a la extenuante
rutina que llevaba este hombre durante las noches.
Su cuerpo terminaba absolutamente agotado y sudoroso después de
follar como un atleta a las mujeres más ardientes y exuberantes que podía
encontrar. Tan sólo una mirada de una mujer hacia sus labios, podría darle a
entender el profundo deseo que se despertaba en ellas. Las exploraba, las
degustaba, pero finalmente, sin remedio alguno terminaba desechándolas,
convirtiéndose en un malnacido ante los ojos de sus fracasadas amantes.
Todas tenían la convicción de que este hombre sería para ellas, pero
Giulio no tenía dueña, era un hombre del mundo, les pertenecía a las calles,
a las nubes nocturnos, a las nudistas, y los vicios, no era un hombre que
pudiese ser limitado por absolutamente nadie, ya que, para él, el amor sólo
es un mito. Ashley sólo era un objetivo más en su lista de espera, la había
visto con mucho morbo, el apetito se había despertado en lo más profundo
de su ser y la curiosidad era tremenda.
Aquella chica se estaba interponiendo en tus planes, ya que, su principal
objetivo había sido comprar aquella casa al precio que fuese, así, podría
ampliar su propiedad y construir un imperio del placer. Aunque su
residencia contaba con una gran piscina, Giulio tenía planes de convertir a
qué lugar en un complejo para festejos, donde centenares de personas
podrían acudir y perder completamente la cabeza mientras disfrutaban de
celebraciones que duraban hasta cuatro o cinco días.
La edad no era una limitante para él, sólo sentía que apenas estaba
iniciando el camino hacia la cúspide, ya que, con esta edad había conocido
los lugares más paradisíacos del planeta. Había paseado por las pirámides
de Egipto, se había zambullido en las playas más hermosas del Caribe,
había trepado los montes más altos del mundo, así que, cree que lo único
que le queda por explorar, es el cuerpo femenino, ya que, cada uno de las
posibilidades que se presentan ante él cada noche, le da la oportunidad de
conocer universo completamente diferente en cada oportunidad.
Cada mujer le ha dado la posibilidad de encontrarse en situaciones
distintas, se ha visto involucrado con mujeres casadas, menores de edad,
chicas de todas las razas, y esto, siempre se ve traducido en un final
completamente distinto. Giulio ha tenido que evadir la muerte, ya que, al
acostarse con la mujer de un militar, supo que tarde o temprano alguien
llegaría a su puerta tratando de buscar venganza. Por fortuna, siempre había
encontrado la forma de evadir los problemas. Es inmaduro, trata de manejar
todas las situaciones con una gran sonrisa en su rostro y no toma nada
demasiado en serio.
Su vida es totalmente envidiable, tiene los mejores coches estacionados
en su cochera, tus cuentas bancarias se encuentran a reventar y continúan
ascendiendo constantemente debido a las inversiones que ha venido
realizando durante los últimos años. No se ha equivocado en los últimos
movimientos que ha hecho, ha acertado directamente al centro del objetivo,
y parece tener un olfato excepcional tanto para las mujeres como para los
negocios.
La mujer que logre enamorar a un hombre como este sería la más
afortunada del mundo, ya que, no sólo conseguiría un amante excepcional,
sino que, este hombre era una combinación de atractivo con una lujuria
tremenda. Su aspecto era sumamente intimidante, estar presente en
cualquier lugar, lo hacía ser el centro de atención, anulando por completo la
presencia de cualquier otro hombre. Giulio era un macho alfa, un hombre
decidido que cuando pensaba en tener alguien en particular, difícilmente
podría hacer ser cambiar de parecer.
En esta oportunidad, Ashley ha entrado en ese juego, y aunque ni
siquiera sabe de la existencia de este egocéntrico italiano, los movimientos
para tratar de conquistarla ya han iniciado. Giulio había visualizado a la
chica jugando con su perro desde la ventana de su mansión. Había
visualizado el jardín y la chica con jugaba fraternalmente con el animal.
Desde que Ashley había encontrado a su mejor amigo, había en comenzado
a vivir el sueño de ser absolutamente feliz.
Cada tarde, salía con su adorada mascota a dar algunas vueltas por el
vecindario, y en ocasiones, utilizaba las mañanas para salir a correr,
dirigiéndose hacia un parque cercano, el lugar perfecto para coincidir con el
atractivo millonario. Había algo que caracterizaba la personalidad de
Giulio, y era que detestaba a los animales. No soportaba a los perros, sus
ladridos lo vuelven loco, así que, cuando escuchaba ladrar el animal, sentía
que enloquecería.
Por fortuna, tu casa estaba completamente insonorizada, y mientras
mantuviese absolutamente todas las puertas y ventanas cerradas, se
mantendría completamente a salvo de los ladridos del animal. Pero sabía
que cada mujer requería una estrategia diferente, así que, posiblemente
había encontrado la excusa perfecta para poder vincularse con la chica, pues
si quería acceder a ella, tenía que utilizar un recurso que fuese atractivo
para la joven, y su nuevo amigo canino sería la opción perfecta para poder
acceder a su vida y conocer quién es realmente.
Es posible que su intención no sólo esté en llevarla a la cama, sino en
tratar de que la chica se quiere hasta el punto de abandonar a que ella
residencia. Si Giulio sabe hacer bien las cosas, posiblemente termine
consiguiendo su objetivo principal, construir su complejo de placer donde
las celebraciones más exóticas y excéntricas se llevarán a cabo en la ciudad
de Milán.
Para Giulio no sería demasiado complicado coincidir con la chica, ya
que, un parque cercano ubicado en la zona residencial donde habitaban
ambos, era el lugar perfecto para pasear a un animal. Ashley solía utilizar
este lugar para dar algunas vueltas junto a su mejor amigo, así que, Giulio
sólo tenía que prepararse para entrenar durante la mañana y aprovechar a
correr por el parque, lo que generaría esta conveniente casualidad que
encontraría a ambos en un mismo punto.
Era un maestro, sabía exactamente qué estrategia utilizar para cada
chica, estudiaba sus debilidades, sus gustos, sus inclinaciones, y una vez
que obtenía los datos precisos, atacaba certeramente sin ningún titubeo. Al
momento de conquistar a una mujer, no había posibilidades de error, había
que ser preciso, decidido y muy elegante para la entrada, ya que, una
primera impresión siempre generaba un quiebre absoluto en una mujer.
Ashley es una chica inocente que apenas ha llegado de los Estados
Unidos, y aunque sólo planea estar en este lugar un tiempo limitado, al
haber entrado sin querer en los planes de Giulio, es posible que su estadía
en Italia se prolongue aún más de lo esperado. Ata sus zapatos muy
temprano en la mañana mientras preparaba la correa de su mascota para
salir de casa.
Spike estaba listo y emocionado, daba saltos de emoción al saber que
pronto saldría de casa. Ashley acaricia la cabeza de su perro, ata una cola en
su cabello y sujeta la correa para salir de casa. Cierra la puerta y comienza a
correr directamente hacia el parque. Como si se tratara de un acosador, un
hombre completamente obsesionado con la chica, Giulio observa desde su
ventana a la salida de la joven, preparándose él también para salir.
Todo debe ser perfecto, calculado, debe tener paciencia para conseguir el
momento justo y atacar, ya que, sólo tendrá una sola posibilidad para
generar esa impresión que deja a las chicas con la boca abierta. Está en su
hábitat, en el entrenamiento, nada como un hombre fuerte, sudado, varonil y
amable para poder llamarla atención de una mujer solitaria.
Acto 4

Víctima perfecta

Mientras Spike se movía de un lado al otro tratando de atrapar la pelota


que era lanzada por las manos de Ashley, la chica no tenía la menor idea de
que había algunos otros vigilantes que generalmente pasaban justo detrás de
ella. El lugar estaba repleto de corredores, era un parque utilizado
generalmente para el esparcimiento y el entrenamiento, por lo que, no
parecía demasiado extraño que pasaran estos son lado de ella hombres
deportistas llevando gafas oscuras, auriculares en sus oídos y ropa
deportiva.
Ashley comenzaba a adaptarse a la vida de Milán, sentía un poco de
inseguridad al mezclarse con personas con una cultura completamente
diferente, así que, trataba de enfocarse en su mascota y desarrollaba una
sesión de juegos muy divertida donde el animal ladraba muy feliz al atrapar
la bola y llevarla hasta las manos de su dueña. Giulio, quien se encontraba
absolutamente pendiente del momento exacto en el cual debía hacer su acto
de aparición, se detiene en uno de los bancos del parque, coloca su pie y
hasta los cordones de sus zapatos.
Desde allí, puede observar a la chica, así que, es momento de llamar la
atención. Había colocado en el bolsillo derecho de su pantalón corto una
salchicha cruda, la cual llamaría la atención del olfato de aquel animal. Si
pasaba cerca de él y este percibía el aroma, seguramente lo perseguiría
tratando de quitarle este elemento, así que, Ashley tendría que verse
obligada a intervenir si no quería meterse en problemas, ya que, si es que el
animal llegaba a morder a Giulio, posiblemente pagaría las consecuencias.
Todo estaba preparado para dar inicio al plan, el astuto caballero,
finalmente da la última tensión a sus cordones y verifica que todo esté en
orden. Toca la salchicha y se encuentra en su bolsillo y finalmente
comienza a correr. Pasó tan sólo a unos cuantos centímetros de la chica,
dejando una estela de perfume que la había llamado atención. Ashley volteo
para verificar quien había sido el portador de un perfume tan exquisita, por
la figura atlética de que el hombre, y justo en ese momento, mientras que
sus ojos estaban perdidos en el escultural sujeto, Spike perdió el control y
comenzó a correr descontroladamente hacia aquel sujeto.
Ladraba como nunca antes, y la velocidad del animal era mucho más
destacada. Ashley no pudo entender en ese momento que era lo que estaba
pasando, simplemente había perdido el control del animal y la correa se
había soltado de sus manos debido a la fuerza que había utilizado y el
descuido de la chica. Giulio sabía que debía estar atento al animal, así que,
no se trataba de un descuido o un ataque es necesario, sabía cómo
reaccionaría el perro, así que, al ver cómo el animal corrió, Giulio no tiene
más opción que correr tan fuerte como puede.
A la persecución se había unido Ashley, quien tenía como único objetivo
atrapar a su perro y disculparse con aquel hombre, ya que, lo había
incomodado gracias a la falta de educación de aquella mascota. Cuando
Giulio volteó su mirada hacia el animal y pudo ver más atrás a Ashley
corriendo detrás de ellos, supo que tenía absolutamente todo bajo control.
Había un éxito proyectándose en el futuro, veía como la chica finalmente se
doblegaba ante él, y ni siquiera le había puesto las manos encima al animal.
Cuando Giulio se dio media vuelta para cambiar de dirección, finalmente
Ashley lograría alcanzar al animal cuando pasara justo al lado de ella. Tomó
su correa la rodeó en su antebrazo, haciendo toda la fuerza posible para
detener al hambriento perro.
—Parece que tu amigo es más agresivo de lo que pensabas. —Dijo el
sujeto mientras colocaba sus manos en las rodillas y trataba de recuperar el
aliento.
—Es primera vez que actúa de esta manera. No entiendo qué le pasa.
¡Cálmate, Spike! —Exclamó Ashley ante su nivel de agotamiento.
El animal seguía ladrando, trataba de irse encima del millonario, pero
había una sola explicación, el delicioso aroma de carne de cerdo que
emanaba desde el bolsillo de aquel sujeto. Era una estrategia baja y vil en
contra de un pobre inocente animal, quien sería herramienta perfecta para
poder acercarse a una chica que había despertado todo el interés de este
hombre.
Giulio por primera vez estrechó la mano de la chica tras este incidente
donde el corazón de la joven casi se sale de su pecho. Estaba muy asustada
ante las posibles consecuencias de un desenlace terrible, ya que,
generalmente la ley actuaba en contra de los animales que reaccionaban de
forma agresiva indiscriminadamente.
—Afortunadamente no ha ocurrido nada. Parece que a tu perro no le
gusto yo, no suelo tener una relación tan estrecha con los animales. —Dijo
Giulio.
—Si hay algo que pueda hacer para retribuirle esta vergüenza... —Dijo
la chica mientras trataba de calmar al animal.
Giulio bebía un poco de agua de la botella que llevar en su cintura,
trataba de recuperarse, ya que, había tenido que utilizar más energía de la
que había calculado. El perro era rápido, fuerte, y si lograba incrustar sus
dientes en aquella salchicha, posiblemente le generaría una herida aún peor
de la que esté había pensado.
Por fortuna Ashley lo había logrado atrapar a tiempo, pero esta, sentía
que había quedado en deuda con aquel nombre, un hombre atractivo,
maduro, muy sexy y amable, quien la había impactado desde el momento
en que había pasado a su lado. Aquel perfume parecía ser algo afrodisíaco
que había despertado cierto interés por parte de la chica.
—Mi nombre es Giulio Conti, vivo a algunas calles de aquí en una gran
mansión. ¿Sería posible que alguna vez aceptaras mi invitación a cenar?
Tengo buenos cocineros que te sorprenderían.
Para la chica resultaba un poco atrevido que apenas había conocido a
este maduro caballero y ya la estaba invitando a cenar. No acostumbraba a
salir con extraños y a reunirse con personas que no eran de su confianza, ya
que, sabía perfectamente que estaba sola en este país. No podía meterse en
problemas, evita comprometerse con elementos que no podía controlar, pero
este sujeto tenía un poder de convencimiento sobre ella que no podía
dominar.
—Sí, allí estaré cuando me lo indiques. Puedes anotar mi número
telefónico y estaremos en contacto. —Dijo Ashley.
Giulio se veía que era un hombre de poder, imponente, respetuoso,
sofisticado y con una educación realmente desarrollada. Ashley sintió
miedo de que este posiblemente pudiese tomar represalias en contra de su
perro, así que, esa debilidad que había encontrado este hombre, había
servido perfectamente para doblegarla ante él.
El único interés que tiene este sujeto en la chica está enfocado
únicamente en la carne, el deseo y la satisfacción, mientras habla con ella,
trata de visualizar discretamente a la chica sin ropa. Imagina sus pechos
desnudos, como será su abdomen, el color de su vagina, el sabor de sus
jugos, es un obsesionado con el placer sexual, así que, al tenerla allí tan
cerca, casi puede respirar el aroma de su piel natural.
—Creo que el viernes en la noche sería adecuado. Les diré a mis
cocineros que hagan un platillo especial para ti. ¿Hay algo en particular que
te agradaría? —Preguntó Giulio con la intención de sorprender a esta chica.
—Lo que decidas tú está bien. Debo ir a casa, esta carrera me ha dejado
completamente agotada. —Dijo Ashley.
—Yo también debo volver a casa, si queda de camino a la mía comer
podría acompañarte. —Dijo el caballero mientras comenzaba a caminar a su
lado.
El juego de ingenuidad que había asumido Giulio, le había servido
perfectamente, ya que, para la joven no resultaba ser una amenaza. Era todo
lo contrario, se sentía muy agradada y confiada de estar junto a este
hombre, el cual, la cautivaba con su mirada y su atractivo. Podía recordar
las historias de Heather, quien describía a Paolo, un hombre muy
sofisticado, elegante y con una capacidad de enamorarla que había
quebrado cualquier intento de resistirse.
Aquella mujer había quedado completamente ilusionada, no había un día
que no le demostrara su amor a Paolo, pero todo esto según la Tía De
Ashley, era gracias a la naturaleza de los italianos. Era algo de la sangre,
algo en ellos que despertaba una locura incontrolable en las mujeres, así
que, finalmente estaba comprendiendo las palabras de aquella mujer, pues
Giulio parece tener un poder de encantamiento sobre ella que no tiene la
posibilidad de manejar. Sólo escucha sus palabras, su perfecto español con
un acento modificado, ya que, es un hombre del mundo y maneja múltiples
idiomas.
Un empresario como este podría tener todo el tiempo del mundo
dedicado a hacer dinero, pero Giulio ha invertido en los puntos adecuados,
en las compañías precisas, tratando de encontrar la manera de convertirse
en alguien más poderoso sin el menor esfuerzo. Sus compañías trabajan
como engranajes, no necesita estar encerrado en una oficina para poder
conseguir el éxito, a través su teléfono móvil maneja todas las operaciones
así que, es simplemente un hombre que se mantiene en la cúspide gracias a
su nivel de inteligencia.
Para Ashley resultaba curioso que la ruta que habían tomado era
exactamente la que la llevara hasta su casa. A qué nombre, conversaba
acerca de los lugares más hermosos de Milán, ya que, Ashley había
asegurado que era sólo una turista. Al conocer la historia de la chica, la
muerte de la tía Heather, su soledad absoluta, aquel nombre había
encontrado la alternativa perfecta para entretenerse y divertirse durante los
próximos días.
Mientras más difíciles fuesen las condiciones para poder acceder a una
mujer, mucho más interesante se tornaban las cosas para este caballero.
Ashley era uno de esos trofeos quieres y te hablan en el punto más alto de
una cúspide rocosa. Alcanzarlo no sólo era entretenido para él, sino que, al
tenerlo entre sus manos, significaba un mérito aún mayor. Se respiraba su
virginidad, son inocencia, era una chica sumamente ardiente y ni siquiera lo
sabía.
Hablamos carrozas conocer una disputa filiada, sus hijas perfectamente
delineadas, su rostro levemente redondeado, una página siguiente, blanca
con algunos tintes rosados de las mejillas, era simplemente exquisita. A
Giulio se le ocurren cualquier cantidad de ideas por minuto mientras
caminaba junto a ella directamente hacia su casa. La imaginaba atada a las
cadenas que tenía en su casa, completamente desnuda y recibiendo algunos
azotes suaves sobre sus nalgas.
Imaginaba gimiendo, pidiendo más placer, comportándose como toda
una sumisa frente a él mientras este la ayudaba a convertirse en una mujer
completamente diferente. Acostumbrado a recibir autorización para
absolutamente todo y libre acceso al cuerpo femenino de la mayoría de sus
conquistas, Giulio no está preparado para un rechazo, generalmente,
siempre termina siendo él quien huye de las mujeres.
El compromiso es algo que prácticamente lo intoxica. Cuando se siente
atrapado, limitado, cercado por la voluntad de una mujer, siempre termina
desapareciendo como humo en el aire.
—¿Acaso vives en esta misma calle? La gran mansión blanca es donde
vivo actualmente.
—¿Hablas en serio? No puede ser tanta casualidad. Yo vivo exactamente
en la de lado, ¿cómo es que no te visto antes?
—¿Eres tú el hombre del Camaro negro? —Preguntó a Ashley.
—Sí, ¿te gusta? —Preguntó Giulio el saber que este coche era uno de los
más seductores y un imán para las mujeres.
Pero para Ashley no resultaba un interés demasiado significativo el
mundo automotriz, simplemente estaba confirmando que fuese realmente
este hombre quien había hecho el ruido con aquel coche que le había
generado una sensación bastante extraña. La reacción de que nombre le
había dado entender una bienvenida poco agradable a Ashley, así que,
simplemente estaba creando vínculos entre los eventos.
—Es sólo que lo recuerdo desde el primer día en que llegué a este lugar.
Pensé que eras un idiota en el momento en que te marchaste haciendo
rechinar tus neumáticos contra el pavimento.
—Sí, no fue el comportamiento más educado. Pero prometo limpiar mi
reputación y no volver a hacer algo estúpido. A veces es un impulso
involuntario. —Bromeó el millonario.
Este consideraba que ya tenía la mitad del trabajo realizado, al ver la
cara intimidada de la chica al no poder sostener la mirada del caballero,
sentía que esta tenía una debilidad por él. Pero en el momento en que trató
despedirse de ella para volver a casa, Ashley en ni siquiera dejó que besar a
su mejilla. Se había quedado con las ganas, aquel hombre que podía hacer
doblegar a las mujeres más ardientes y excitantes, ni siquiera había podido
conseguir acceso a un roce de sus mejillas.
La joven se dio media vuelta y volvió al interior de su casa, cerrando la
puerta sus espaldas y soltando la correa de su perro. Había quedado
fascinada con la personalidad de Giulio, y tras dejarse caer al suelo y
quedar apoyada en la puerta, cerró sus ojos, metió sus dedos entre sus
cabellos, y se quedó analizando realmente qué era lo que había pasado y por
qué había quedado tan afectada.
Parecía poco probable que un hombre tan atractivo, ardiente y
caballeroso fuese tan inofensivo. Los hombres en Italia tenían esa
costumbre de ser tan conquistadores, eran muy amables con cualquier mujer
hermosa, así que, Ashley se sentía en medio de una confusión al no saber si
realmente había sido especial para él o todo había sido parte de un
protocolo. El sujeto es realmente atractivo y ardiente, le despierta una
curiosidad tremenda en saber qué es capaz de hacer al invitarla a su casa.
La tentación la invita a espiar, ya que, este sujeto vive justo al lado de su
casa. Tan sólo con asomarse por la ventana, puede expiar lo que hace, lo
que le gusta, así que, Ashley trata de mantener el control, aunque este sujeto
parece haber implementado en ella una curiosidad tan indomable, que nubla
absolutamente todo el sentido común en esta chica.
Ashley nunca ha desarrollado un interés tan fuerte por un hombre,
siempre ha estado pendiente de sus asuntos personales, pero al estar
completamente sola en Italia, sin ningún entretenimiento más que la
compañía de su perro, fácilmente podría quedar a merced de la voluntad de
un hombre que está acostumbrado a tener lo que desea. Ashley es su
objetivo, la necesita, la quiere para su colección, pero este, simplemente es
un ser vulnerable tratando de entender cómo es que aquel hombre la ha
embelesado de una manera tan profunda en tan poco tiempo.
Tiene una deuda con Spike, ya que ha sido él quien la ha vinculado con
este hombre, y aunque apenas es martes, los nervios han comenzado a
consumir a Ashley ante la cena que se avecina.
Acto 5

Mansión de placer

La excusa de una cena inocente había convencido a Ashley de que


posiblemente no habría nada que temer al acudir a aquel lugar. Tan sólo
tenía que caminar algunos metros y llegaría a su destino, estaba cerca de
casa y no parecía ser un hombre peligroso, así que, no tenía nada que
perder. Ashley había seleccionado ropa discreta, elegante y la había
combinado con una fragancia muy cautivadora.
Mientras se veía en el espejo, la chica no entendía por qué le daba tanta
importancia a una simple cena que la había invitado un hombre maduro que
simplemente buscaba conversar con ella. No debía hacerse ilusiones con el
hecho de que un hombre como este podría fijarse en ella más allá que por
una amistad, tenía dinero, poder, y ella sólo era una chica que había tenido
un poco de suerte en la vida.
A pesar de que la herencia que le había dejado su tía era bastante jugosa,
Ashley no era nadie al lado de un hombre como Giulio, quien tenía
propiedades en diferentes partes del país y el continente, contaba con una
fortuna incalculable y continuaba ascendiendo de una manera constante
hacia la gloria. No estaba acostumbrado al fracaso, así que, la misión de
esta noche es simplemente impresionar a la chica hasta llevarla a un punto
en el cual ya no pueda dominar más su propia voluntad.
Limitado a disfrutar de una cena privada, ha solicitado a sus cocineros
que se encarguen de cada uno de los detalles, ya que, su principal objetivo
es impresionar a Ashley hasta dejarla sin palabras. La chica había acudido a
la hora acordada, cerca de las nueve de la noche, había sonado el timbre de
la gran mansión, mientras la joven siente un poco de temor al estar
adentrándose en terrenos están desconocidos para ella. Acudir a la casa sola
de un hombre soltero, cuyas costumbres desconoce, no es una decisión muy
sabia.
Absolutamente nadie sabe que está allí, está expuesta ante los deseos de
este sujeto, así que, Ashley no está actuando de una manera muy racional.
Quizá era el atractivo, la curiosidad que le generaba el extranjero, pero tenía
que avanzar, y mientras lleva en su mano una botella de vino como cortesía,
la chica finalmente ingresó a la casa. Uno de los empleados de Giulio había
abierto la puerta, mientras esta, con un poco de vergüenza era acompañada
a la sala principal.
—El señor estará aquí en unos pocos minutos. —Dijo el sujeto antes de
retirarse.
Ashley observaba la decoración, grandes cuadros con temáticas eróticas,
mujeres hermosas que han sido pintadas a mano, esculturas muy sensuales
que despertaba cierta atracción en ellas, Giulio tenía una personalidad muy
particular, la chica comenzaba a explorarlo y le gustaba lo que conocía.
Cuando este hombre apareció finalmente, Ashley quedó completamente
estupefacta. Su traje era perfecto, entallado, con una sofisticación y
elegancia única e incomparable.
Definitivamente había tenido mucha suerte al ser invitada por este
hombre a una cena privada y quizá podría tornarse romántica. Eran las
ilusiones de una chica completamente inocente, quien no está acostumbrada
a involucrarse con hombres. Si las cosas se tornaban muy calientes, no
sabría cómo actuar, ya que, a pesar de que había visto algunas películas
eróticas durante su vida, Ashley sentía que tenía una experiencia
completamente nula en el arte de la seducción.
Giulio tampoco pudo ocultar su impresión al encontrarse con ella, ya
que, a pesar de que no tenía una vestimenta sugerente y atractiva como él
esperaba, la chica lucía hermosa y muy inocente. De alguna u otra forma, el
morbo había aumentado de manera descomunal, ya que, estaba
acostumbrado a salir con mujeres que mostraban más de la cuenta, escotes
que prácticamente dejaban salir su seno saltando, minifaldas que no dejaban
mucho a la imaginación, pero con Ashley, parecía cada vez generarse una
tentación de arrancarle la ropa y poder ver que había más allá de lo que la
chica quería ocultar.
—Bienvenida a casa, Ashley. Es un placer tenerte aquí, pensé que no
aceptarías mi invitación.
—Sería una descortesía de mi parte. Además, ¿a dónde podría ir y
ocultarme? Vives justo al lado de mi casa. —Dijo la chica.
—Veo que trajiste una botella de vino. ¿Te gustaría abrirla ahora o tienes
apetito? —Preguntó al caballero.
—Lo que para ti esté bien. —Dijo la chica mientras entregaba la botella
de vino al millonario.
Todo había comenzado a desarrollarse exactamente de la manera en que
le agradaba al caballero, la chica era obediente y todo lo dejaba en sus
manos, así que, este había tomado la determinación de abrir aquella botella
y comenzar a darle un poco de personalidad a la noche.
Se habían dirigido directamente hacia el área de la piscina, allí, contaban
con luces de colores que alumbraban de forma alterna, lo que dejaba
completamente atrapada a Ashley, quien se imaginaba nadando en aquel
lugar sino una prenda de ropa. Había pensamientos atrevidos que llegaban a
su cabeza periódicamente, pero que eran reprimidos eso totalidad.
Parecía que en su interior habitaba alguien completamente diferente y
con gustos muy distintos a los que proyectaba. Una mujer de 22 años que
no había entregado su cuerpo a ningún hombre, comenzaba a experimentar
una curiosidad tremenda pues a ver que vaya más allá de lo que hasta el
momento se había perdido. Está conociendo algunos de las estrategias que
lleva a cabo Giulio para tratar de conquistarla y enamorarla, pero antes
inocencia, muchas de estos gestos pasan desapercibidos debido a su
ignorancia en el arte de la seducción.
Ashley es una chica absolutamente inteligente, puede captar
absolutamente todos los movimientos que lleva a cabo este caballero para
tratar de seducirla, pero muchos de ellos son de otro nivel, quizá, de un
doble sentido que aún esta no maneja. Pero se siente cómoda a su lado, es
un hombre inteligente, con historias muy interesantes que contar, y a
medida que el vino comienza a entrar en el torrente sanguíneo, Ashley
comienza a desinhibirse cada vez más.
Esto había quedado en evidencia en el momento en que el caballero
contaba una historia de una vez que se encontraba en España, en una
corrida de toros, donde fue invitado a ser parte de aquel evento. Pero
Ashley, amante de los animales, decidió interrumpir aquella historia de
forma abrupta, con una frase que cambió por completo el curso de la noche.
—¿Alguna vez has nadado desnudo en esta piscina? —Pregunta Ashley.
—¿A qué se debe esa pregunta? ¿Acaso tienes ganas de nadar desnuda?
Eres libre de hacerlo si lo deseas. —Bromeó el hombre.
—¿Cómo se te ocurre que quiero nadar desnuda? Es sólo curiosidad.
Creo que, si tuviese una piscina en mi casa nada Ashley desnuda todos los
días, pero no lo haré frente a ti. Estás loco… —Dijo la chica.
Sus mejillas se sonrojaron, parecía que había quedado en evidencia
frente aquel hombre, quien al verla directamente al rostro y saber que esta
estaba maquinando elementos que sentía que eran prohibidos, este decidió
romper con todos los esquemas de una reunión que debía ser absolutamente
inofensiva. Se puso de pie y se quitó la camisa, algo que dejó a Ashley sin
aliento y con unas ganas increíbles de salir corriendo ante los nervios.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó la chica al ver que este hombre no
tenía ninguna limitante al dejar caer la camisa al suelo y comenzar a liberar
su pantalón.
—De pronto me dieron ganas de nadar, no había pensado en la idea de
nadar desnudo jamás, quisiera saber qué se siente. —Dijo el caballero.
Giulio posiblemente se estaba dejando llevar por el licor, y sabía que
tenía una sola oportunidad para tratar de ganarse la atención de la chica. Si
la asustaba, no tendría una nueva oportunidad de llevarla a casa, pero estaba
tomando una decisión arriesgada como las que habitualmente eran tomadas
por este hombre, quien no solía hacer las cosas de una manera tradicional
jamás.
Estaba acostumbrado a romper las reglas, los esquemas, violar las
normas y transformar a las personas, así que, cuando estuvo completamente
desnudo de espaldas a Ashley, esta pudo visualizar sus glúteos redondeados
y firmes, una espalda ancha y una cintura delgada. Aquel hombre entró de
cabeza al agua, dejando a la chica completamente petrificada ante su
impresión.
Sentía unas ganas de hacer lo mismo, pero su personalidad recatada
ilimitada, no se lo permitía. Dirigía su mirada hacia el hombre mientras
nadaba en el agua, con una cara sonriente que despedía una felicidad
tremenda.
—Anímate, ¿por qué no entras al agua y me acompañas? —Dijo Giulio.
—Tienes que estar loco. Apenas nos conocemos y ¿quieres que nade
desnuda en tu piscina? Creo que mejor iré a casa. —Dijo la chica.
Ashley se puso de pie para marcharse, y para Giulio era la posibilidad de
un fracaso rotundo. Si lo arruinaba de esta forma tan descomunal,
posiblemente no tendría formas de arreglarlo. Había probado de una manera
equivocada a Ashley, quien no era del tipo de chica que este estaba
acostumbrado a llevar a su mansión. Cualquier mujer experimentada se
habría deshecho de su ropa en unos pocos segundos y habría entrado junto
con el millonario, ya que, sólo ver su cuerpo de Adonis desnudo en el agua
era una tentación tremenda.
Ashley entró a la mansión, pero en el momento en que se dio cuenta de
lo que estaba haciendo, sintió una frustración tremenda. Estaba
absolutamente sola en aquel lugar, no tenía porqué dar explicaciones a
nadie de lo que hacía y lo que no, era su propia jefe, responsable de sí
misma, y era muy inteligente. Pero ese juicio constante que mantenía así es
su personalidad, la mantenía en una condición realmente difícil. Sólo le
tomó unos pocos segundos, decidir que era el momento de regresar
nuevamente a la piscina.
Si volvía a casa, simplemente estaba confirmando que, tras salir de los
Estados Unidos, simplemente seguiría siendo la misma solo que con otro
código postal. Era momento de conocer cosas nuevas, experiencias
totalmente distintas, así que, simplemente se dio la vuelta y volvió al área
en la que se encontraba Giulio. Este ni siquiera se había esforzado por tratar
de convencerla, simplemente se había quedado en el agua y se había
acercado hasta la orilla de la piscina para tomar su copa de vino.
Cuando la chica vio al hombre bebiendo el fluido tinto con un rostro
completamente angelical que combinaba la maldad y la ternura, esta
simplemente dejó caer su abrigo al suelo y comenzó a despojarse de sus
vestiduras. Sería el primer hombre que la vería desnuda, así que, los nervios
estaban a flor de piel. Era natural que fuese un poco torpe e insegura, pero
sigue adelante con la intención de ser alguien completamente diferente.
Cuando mostró sus pechos ante aquel hombre, Giulio quedó absolutamente
impresionado.
Eran firmes, pequeños, muy jugosos y provocativos. Esta, continúa
desnudándose, mostrando su abdomen absolutamente plano y virginal, pero
cuando observó su zona genital, Giulio sintió un apetito tremendo. Era
absolutamente perfecto, un coño pequeño, depilado, muy delicado y sutil.
Sintió unas ganas tremendas de salir del agua e ir directamente hacia ella
para devorarla, pero tenía que dejar que la chica se moviera a su ritmo.
Comenzó a correr directamente hacia el agua y pasó sobre Giulio al entrar
de clavado hacia el agua.
Este hombre sentía que estaba llevándola justo al punto de juegos donde
él podía tener el dominio. Estaba descubriendo a una chica más irreverente,
la inocencia que había visto en ella al llegar, comenzaba a desaparecer.
Todo se trataba de poder, Ashley estaba haciendo dominadas por la
capacidad de este hombre, quien tiene una experiencia tremenda en este arte
de la conquista. Una vez que se encontraba junto a él completamente
desnuda en el agua, sentía como su corazón latía fuertemente ante los
niveles de adrenalina.
—¿Cómo te sientes? —Preguntó a Giulio al proporcionarle una copa de
vino a la chica.
—Estoy muy excitada. No entiendo porque me siento así. Pero creo que
estoy bien.
Lo importante es que te sientas cómoda. Parece que has cumplido una
fantasía al nadar desnuda en mi piscina. Vaya privilegio que he tenido...
Giulio visualizó los pechos de la chica de una forma descarada, los vio
con apetito y lamía sus labios. Esto demostró que quería probarlos. Desde
que se vieron por primera vez no ha dejado de pensar en el momento en que
se volvería a encontrar con este ardiente magnate. Estar allí con él
completamente desnuda y a punto de ser acariciada por las manos de este
hombre parece ser un sueño hecho realidad. Es el hombre más atractivo que
ha conocido, quien ha despertado su atención sin que pudiese hacer
absolutamente nada para evitarlo.
Es varonil, caballeroso, muy ardiente y con una mirada que combina la
maldad de la experiencia con la bondad tengo todo un caballero. Giulio es
el equilibrio perfecto entre cielo en infierno, y Ashley se encuentra en el
medio tratando de decidir cuál de las dos facetas despertar en este sujeto.
Giulio rodeó la cintura de la mujer con sus manos, la pegó hacia su cuerpo,
y por primera vez, Ashley sintió un miembro masculino presionando contra
su vientre.
—Me encanta que esta iniciativa haya sido tuya. Si estamos aquí
desnudos de esta forma es porque tú lo has decidido. Gracias por aceptar mi
invitación. —Dijo Giulio muy cerca de los labios de la chica.
La distancia era tan corta que la joven excitada podía sentir el cálido
aliento de este hombre golpeando contra sus labios, algo que la tentaba de
una manera muy fuerte y era difícil de resistir.
—¿Me besaras? Preguntó la chica en medio de los nervios.
—Si quieres que te bese, lo haré. Si quieres que te haga mujer, también
lo haré con todo el placer. Puedo complacer absolutamente cualquier deseo
que se te ocurra. ¿Podrías tú complacer los míos?
La excitación que se despertaba en la zona genital de Ashley la estaba
poniendo en evidencia. Sentía un calor tremendo, y cuando este hombre
frotabas miembro debido a los movimientos involuntarios generados por el
agua, comenzaba endurecerse cada vez más. Ella no quería asumir un
compromiso con él, ya que, no sabe que hay más allá de ese rostro
espectacular y ese cuerpo atlético.
No tiene herramientas para defenderse, siente una atracción tremenda
por este sujeto y lo único en que puede pensar es en la posibilidad de
explorarlo. Tiene miedo de avanzar, pero también siente un pánico terrible
ante la posibilidad de perder esta oportunidad que se ha presentado frente a
ella sin que esta la buscara de manera tan exhaustiva.
Giulio había llegado a su vida de manera casual, al menos desde la
perspectiva de Ashley, así que, era momento de dejar sus miedos atrás y
soltarse en los plazos de este italiano ardiente que sólo puede pensar en
follar a esta jugosa jovencita.
Acto 6

Obediencia total

La noche estaba fría, pero los cuerpos de estos dos personajes se


encontraban tan calientes y excitados que poco les importaba morir de
hipotermia. Ashley había experimentado unos niveles te deseo que nunca
antes había conocido. Tan sólo con sentir las manos de este hombre
sujetando su cintura debajo del agua, habían despertado en ella una
tentación terrible de poder experimentar algo mucho más fuerte y
descomunal. El miembro de Giulio sería endurecido totalmente, se
encontraba erecto, presionando se contra el cuerpo de la chica, mientras esta
no tenía la menor idea de qué hacer.
Sentía vergüenza de no poder corresponder a este hombre de una forma
natural, ya que, no conocía absolutamente nada de este tipo de dinámicas.
Era una chica completamente virgen, nunca había hecho nada más que
darse su primer beso cuando apenas tenía 16 años de edad. El
desconocimiento de qué hacer y cómo hacerlo, la dejan a merced de un lobo
devorador de vírgenes, quien tiene una amplia experiencia en iniciar a
chicas en el mundo del sexo.
La escena era absolutamente romántica, dos personas absolutamente
libres y solas en una piscina, donde las caricias, los besos, los roces de sus
pieles, hacían que cada vez creciera la seguridad de dar el siguiente paso.
Giulio podía ser un adicto al sexo, un obsesivo con los orgasmos, pero
nunca sería capaz de obligar a una mujer a estar con él. Deja que Ashley
tome la decisión correcta y el momento exacto, pues puede leer una gran
cantidad de dudas y preguntas en su mirada.
Cuando la besó por primera vez, experimentó un dulce sabor en sus
labios, era la sensación virginal única que le garantizaba un paquete
completamente sellado, el cual sería abierto e inaugurado por el hombre.
Giulio no quería poseerla en aquel lugar en esas condiciones, quería que
fuese algo mucho más romántico e intenso, así que, a pesar de que la había
besado románticamente, había tratado de controlar sus deseos para llevarle
a un escenario mucho más elegante.
La excusa de una cena había sido perfecta para hacer que la chica llegase
hasta él, pero no quería quedar como alguien que la había engañado y que
son los había aprovechado del gusto que sentía por él para obtener su
cuerpo. Giulio, detuvo la interacción y después de salir del agua y buscar
algunas toallas, había proporcionado a la chica algunas de estas para que
secara su cabello, su rostro, su cuerpo y volviera a colocar sus vestiduras.
En el momento de cenar, y aunque Ashley sintió cierta confusión ante el
freno inesperado que había colocado Giulio aquella situación, lo único que
podía pensar era que algo no le había gustado. La inseguridad sea dueño de
ella, ya que, pensó que besaba mal, sus labios posiblemente no le habían
agradado, quizá era muy pequeños, muy secos, posiblemente había
utilizado mucha lengua, una gran cantidad de hipótesis que crecían en su
mente, pero lo que realmente había ocurrido era que Giulio simplemente
quería esperar el momento perfecto.
Desde este momento, el millonario sabía perfectamente que algo era
distinto con esta chica, tenía todas las oportunidades abiertas en aquella
piscina para poder poseerla y disfrutar de su cuerpo sin ninguna limitante,
pero ese deseo de detenerse había surgido de manera repentina, tratando de
dar un lugar importante a la chica, ya que, no se trataba simplemente de
follarla brutalmente y desechar la como al resto.
No tenía por qué comportarse como un caballero, pero eran las
sensaciones que le inspiraba esta chica, quien, con su inocencia, había
logrado desatar un infierno en la vida de Giulio. Este, tenía que luchar con
la idea de que aún no podía degustarla, necesitaba sorprenderla con una
cena exquisita, y después de pasar a la zona del comedor, Giulio finalmente
había logrado calmar un poco sus ansias de follarla. Por alguna razón,
ambos trataron de evadir el tema de lo que había ocurrido en la piscina,
simplemente sonreían espontáneamente cada cierto tiempo, mientras
recordaban la locura que se había generado en aquel lugar.
Ashley se desconocía completamente así misma, ya que, no era capaz de
desnudarse frente a un hombre y nadar desnuda con él en una piscina
apenas conociéndolo. Pero lo había hecho, había hecho algo completamente
nuevo, transformándose en una mujer distinta, algo que posiblemente haría
sentir muy feliz a su tía Heather. Esta le había heredado la casa con el único
objetivo de proporcionarle acceso a una vida completamente nueva, sabía
cuál limitada era su vivencia al lado de sus padres, quienes constantemente
tratan de controlar su destino y planes.
Con la independencia total, Ashley podía hacer de su vida lo que
quisiera, tenía dinero, un hogar increíble, un buen amigo acompañándola y
esperándola en casa y ahora había iniciado una relación con un italiano, tal
y como había vivido Mail en los mejores años de su vida. Le emocionaba
tremendamente la idea de estar empezando una aventura con este hombre,
ya que, no sólo estaba a unos cuantos metros de su casa, también el sujeto
era sumamente ardiente y cautivador.
No conocía sino un porcentaje muy diminuto de lo que realmente podía
ofrecer este hombre, pero esto le fascinaba, así que, no se detenía
demasiado a pensar si era correcto o no. Era un hombre apasionado, con
gusto indetenible por el sexo, algo que serviría para abrir las puertas de esta
chica y garantizarle una entrada por la puerta grande, ya que, su falta
experiencia debía ser compensada con una sabiduría y conocimiento
magistral.
Este hombre ha logrado crear esa noche una montaña rusa de
sensaciones que han hecho viajar a Ashley por elementos que son
totalmente nuevo para ella, y con cada minuto que pasan juntos, todo se
hace mucho más excitante. Ashley mientras estaba sentada frente a él en la
mesa, sentía una gran excitación haber como la mía sus labios después de
mojarlos con un poco de vino.
Esto, la llevó a romper un poco las reglas, ya que, tras colocar su mano
en su muslo, sintió unas ganas increíbles de tocarse. Trataba de disimular, y
aunque inicialmente rosada con su dedo pulgar, no tardó demasiado en
comenzar a estimularse con su dedo índice y medio. Frotaba el clítoris por
encima de su pantalón, lo hacía con suavidad, pero intensamente para
realizar un estímulo. La comida era un orgasmo en el paladar, y combinado
con las sensaciones que estaban explotando en su vientre, Ashley sentía que
estaba perdiendo la cabeza.
No podía creer posible que un hombre como este la excitara de una
manera tan descomunal. Era simplemente ardiente, y su sonrisa, y los hoyos
que se generaban en sus mejillas cuando se sonreía, la desarmaban
totalmente. Quería llegar al punto máximo aquella noche, no estaba ni
siquiera dudándolo, pero al no tener experiencia, sólo le falta un poco de
estímulo.
—Sé que te avergüenzas de lo que acaba de pasar hace unos minutos allá
afuera. ¿Pero te gustaría conocer más de lo que puedes aprender a mi lado?
—Preguntó Giulio.
Por alguna razón, este ni siquiera les había dedicado una mirada directa a
los ojos a la chica mientras pronunciaba estas palabras. Sentía un poco de
vergüenza en su interior un miedo al rechazo que no podía manejar. Si
Ashley se negaba rotundamente, este simplemente tendría que darse la
vuelta y rendirse. Pero la joven, titubeó para contestar. Si quería, pero tenía
miedo, así que, sólo era cuestión de que las cosas se dieran de manera
espontánea.
—Creo que me gustas, pero creo que todo va demasiado rápido. Apenas
y te conozco, no entiendo cómo terminé desnuda contigo en la piscina. Yo
no suelo comportarme de esa manera, pero tienes algo que despierta la
maldad de mi interior.
—Parece algo paradójico que digas que se despierta algo de maldad. Por
mi parte, creo que hay una parte muy gentil despertando por ti. Créeme, en
otras condiciones ya estuviésemos sin ropa en mi habitación. Pero he
tratado de que las cosas fueran con detenimiento.
—Pensé que habías detenido todo en la piscina porque no te gustaban
mis besos. Creo que sentí terror en ese momento.
—Tus besos fueron deliciosos, de hecho, he tenido que contenerme todo
este tiempo para no saltar sobre ti y volver a besarte.
—Me encantaría que lo hicieras. —Dijo Ashley mientras seguía tocando
su clítoris.
—No creas que no he notado todo este tiempo que estás masturbándote.
Sigue haciéndolo, me encanta que lo hagas. —Dijo aquel hombre mientras
Ashley sentía que la tierra se la iba a tragar.
Su rostro se enrojeció inmediatamente, sintió una vergüenza tremenda, y
trató de disimular. Alejó su mano de su zona genital, pero ya Giulio había
descubierto lo que estaba pasando y lo estaba disfrutando tremendamente.
También había hecho sus movimientos, y había bajado la cremallera de su
pantalón y se encontraba también en las mismas condiciones que la chica.
—Puedo convertirte esta noche en mi sumisa. Obedecerás todo lo que
diga, accederás a todos mis deseos, y en la mañana, tomarás la decisión de
continuar a mi lado o volver a tu vida natural. Sólo te pido las noches. —
Dijo Giulio.
La chica sintió algo de vergüenza, pero ante la en el nivel de curiosidad y
la excitación que despertaba este hombre, no tenía voluntad para resistirse.
Ella había firmado con la cabeza, Estaba de acuerdo con lo que iba a pasar,
y aunque no tenía la menor idea de qué implicaba, un contrato verbal había
iniciado al tener la autorización de la chica, Giulio simplemente se puso de
pie y caminó hacia el compartimento de un gran mueble ubicado detrás de
él.
De allí, sacó los parecía ser una correa, la cual pasó alrededor del cuello
de la chica. Esta, sentía una gran cantidad de nervios, pero había aceptado,
y estas eran las consecuencias a cumplirse. Tras colocarle este accesorio de
cuero en el cuello, posteriormente colocó una especie de cadena, la cual
sería para controlarla. Ashley camino justo detrás de él mientras Giulio la
llevaba como si se tratara de su esclava, su sumisa. Esta, fue colocada de
rodillas frente a él mientras este se sentaba en su silla nuevamente.
Nuevamente bajó la cremallera y extrajo su pene, llevando a las chicas
lentamente hacia él, utilizando la cadena para que su boca estuviese justo
frente a su pene.
—Deja salir tu lengua suavemente. Acariciaré mi miembro con ella.
Disfruta del sabor, de su textura, si sientes nervios, cierra los ojos y
simplemente disfruta de cada sensación que explota en tu interior.
Ashley era la sumisa perfecta, obedecía cada una de las instrucciones
que eran proporcionadas por este hombre, y mientras más se acercaba a que
el pene, más era su expectativa. Quería conocer el sabor de este, era rosado,
grande, fuerte y rígido, listo para entrar en su boca, pero esta, simplemente
abrió lentamente sus labios, dejó salir ligeramente su lengua y sintió como
la textura de aquel húmedo pene se frota contra ella.
Giulio tenía el control de todo, y mientras se estimulaba humedeciendo
su pene con la saliva de la chica, comenzaba a dejar salir su verdadera
naturaleza. Tras frotar su pene contra la boca de la chica, posteriormente,
Giulio la llevó directamente hacia su boca. Esta vez, un beso profundo e
intenso, donde las mordidas, nos opciones y yo juegos fueron mucho más
religiosos.
Ashley se excitó tremendamente, y mientras estaba de pie frente a él,
este baja su pantalón de un solo movimiento. La dejó en ropa interior, y
mientras la chica se encontraba con tus manos respetadas frente ella de una
manera muy tímida, Giulio la obligó a dar la vuelta. Le propinó un par de
nalgadas, enrojeció la zona, Ashley se estremeció, tembló de miedo, pero
sintió una satisfacción que no sabía que podía sentir.
Tenía un tanga diminuto de color negro, sus caderas eran anchas, su
cuerpo era delgado, Giulio masajeó la zona con sus palmas, proporcionó
una segunda nalgada, esta vez en ambos glúteos. Ashley, gimió sin ni
siquiera planearlo, simplemente afloró desde lo más profundo de ella, y
sintió como Giulio Bautista tanga hasta las rodillas. La obligó a inclinarse,
y al tener sus genitales frente al rostro del caballero, este comenzó a utilizar
su lengua para estimularla.
No se detuvo en ningún momento, llevándola lentamente a su primer
orgasmo. Este hombre era un maestro del sexo, y simplemente quería
iniciarla, demostrándole que el placer de ella era mucho más importante que
el de él. Cuando Ashley se corrió después de sentir como aquel hombre
lamiera su clítoris en lo más profundo de su vagina, sus piernas
prácticamente se quebraron. Perdía fuerza mientras sentía espasmos
involuntarios recorriendo desde sus tobillos hasta su columna vertebral.
Fue un orgasmo excepcional, aquel hombre había usado su lengua,
manos, labios, para darle un placer exquisito, y tras hacer esto, había subido
nuevamente la tanga a su lugar, le colocó el pantalón y sugirió que le
mostrase sus pechos.
—Muéstrame tus tetas nuevamente. Quiero tenerlas y comerlas. Esta
vez, te devoraré con mucha más intensidad. —Dijo Giulio.
La chica se liberó de su camisa, y al mostrar sus pequeños pezones frente
a él, Giulio no dudó en comenzar a succionarlos con mucha fuerza para
hacer que estos se erectaran rápidamente. La chica comienza a excitarse por
segunda vez, acababa de experimentar un orgasmo magnífico, parecía
calentarse nuevamente. Cuando Giulio entendió que esta chica tenía una sed
insaciable por el sexo, se detuvo repentinamente.
—Nuestra cita ha terminado. Ve a casa y descansa. Volverás a saber de
mí en la mañana. —Dijo Giulio.
Fue un poco frustrante para la chica quedarse en medio del camino, ya
que, sentía que había mucho más que conocer y explorar, pero esta era la
modalidad de Giulio para enloquecer a sus acompañantes. La había dejado
completamente ardiendo deseo, así que, posiblemente sería esta la que
llegaría posteriormente en busca de más.
Las acciones de Giulio eran completamente confusas para ella. Mandaba
mensajes que se contradecían totalmente, dejándola en un estado de
vulnerabilidad que era el ideal para que este hombre lograra acceder a su
mente. Quería dominarla, controlarla, convertirla en su juguete, pero Ashley
simplemente piensa que se trata de una subestimación de sus capacidades.
La chica, había pasado el resto de aquella noche revisando algún material
en Internet que le diera la idea de que debía hacer.
Observaba algunas escenas de sexo en algunas películas emblemáticas,
revisado material porno, consultaba algunas posiciones sexuales atractivas.
Estas serían las ideales para su falta de experiencia, era momento de
convertirse en una amante ideal para este hombre, ya que, esta sería quien
debía darle la sorpresa en su primer encuentro.
Era muy posible que Giulio estuviese esperando a una chica temerosa e
insegura, pero Ashley siempre buscaba adelantarse a aquellos que la
subestimaban, así que, sólo era cuestión de tomar las riendas de su
sexualidad y prepararse para una primera vez real. Este hombre, quien creía
que podía dominarla y controlar las voluntades, no conocía el verdadero
poder e intensidad que corría por las venas de Ashley Morgan.
Acto 7

Sofocada

Los primeros días de esta nueva vida que estaba disfrutando Ashley
habían sido llenos de una acción y una adrenalina tremenda. Vivía en una
mansión increíble, pero pasaba gran parte del tiempo en la residencia de
Giulio. Este lugar estaba perfectamente acondicionado para ser muy
acogedor y entretenido. Ashley utilizaba gran parte de sus conocimientos
adquiridos para tratar de impresionar en cada oportunidad a Giulio, quien
había quedado absolutamente anonadado ante las capacidades de la chica en
la cama.
Entendía que su primera vez tenía que ser especial, y así había sido,
había tratado de ser romántico, detallista, velas alrededor de la cama, una
botella de vino, música suave, puros clichés que podrían hacer sentir a
Ashley completamente cómoda. Pero la joven sentía que necesitaba algo
que le diera la oportunidad de conocer lo más intenso desde su primera vez.
Había visto algunas prácticas sexuales en la red, y esto, por alguna razón
le generaba una curiosidad tremenda, ya que, podía visualizar el profundo
placer y satisfacción que emanaba de aquellas mujeres. Ella quería esto,
quería orgasmos descomunales, gritar en medio de actos absolutamente
desenfrenados donde las nalgadas, las penetraciones y el sudor eran las
principales características.
Era posible que Ashley tuviese una percepción completamente
equivocada de lo que era el verdadero sexo intenso, ya que, sólo lo había
visto a través de la Internet. Por el momento, simplemente tiene una nueva
vida, la disfruta, es la compañera y amante de juegos de Giulio, un hombre
creativo que siempre suele sorprenderla en cada oportunidad. Aunque su
primera vez había sido mágica e inolvidable, Ashley siempre había tratado
de aumentar la intensidad en cada oportunidad. No quería quedarse atrás y
que su amante se aburriera.
Aquel acuerdo de que podía marcharse y dejar la exclusividad cuando
ella quisiera, se había mantenido durante todo ese tiempo y Giulio
disfrutaba de la compañía de la chica, algo que había jugado completamente
en su contra. Aquel hombre nunca se había compenetrado de una manera
tan excelente con una mujer, y a pesar de que trataba de hacerse el fuerte,
era difícil de aceptar el hecho de que se había comenzado a enamorar de
Ashley.
Esto se evidenciaban en el hecho de que la extrañaba, mientras no estaba
cerca de ella, solía enviarle mensajes de texto para estar conectado y en
constante comunicación. Era un hombre experimentado, acostumbrado a
tener a sus pies a cualquier mujer que deseara, nunca se había complicado
con relaciones amorosas y sentimentales que no se podían manejar o
facilidad.
Tratando de mantener su personalidad en el más alto estado ánimo,
Giulio se hacía el duro, el resistente, alguien inquebrantable que era capaz
de resistir las mejores tentaciones que pudiesen pasarse eso frente a él. Por
primera vez en mucho tiempo, nunca más surgió la tentación de ir a la cama
con otra mujer, parecía que Ashley podía compensarlo en todo lo que
necesitaba, Era una chica joven, creativa, muy alegre y sumamente
complaciente.
Había follado a muchas, pero ninguna como a ella, una joven que tenía
un ardiente deseo durante las sesiones de sexo salvaje. Era completamente
sumisa ante sus deseos, podía doblegarse ante sus exigencias sin oponer
ninguna resistencia, no había cuestionamientos a la personalidad de Giulio,
siempre que este hacia una nueva propuesta, la chica simplemente accedía y
era parte de la interacción sin ningún tipo de juicios. Esto era lo que la hacía
tan perfecta y tan atractiva para Giulio, un hombre cuyos gustos cada vez se
hacía mucho más excéntricos.
Tenía una habitación totalmente acondicionada con diferentes muebles,
estos fueron probados uno por uno por Ashley, quien era colocadas en
diferentes posiciones. Adoraba que es de la colocara a cuatro patas y
comenzar a follarla por detrás, que la tomara del cabello, que sujetar a su
cintura y le propinara un par de nalgadas antes del orgasmo. Quería ser
vendada de los ojos, mientras sus muñecas eran atadas con cadenas o
cuerdas a los bordes de la cama.
La primera vez que esto había ocurrido, Ashley experimentaba unos
nervios tremendos, ya que, no sabía si aquel hombre podía tener algunas
costumbres retorcidas y terminaría en graves problemas. Pero la
incertidumbre, la duda y la desconfianza disparaba su adrenalina de una
manera descomunal, y esto hacía que todo fuese aún mucho más
interesante. La conexión existente entre ellos se hizo cada vez más intensa,
y todo se debía a que esta confiaba ciegamente en lo que pudiese hacer este
hombre con su cuerpo.
Giulio aquella noche había colocado las vendas en sus ojos, había
desnudado por completo su cuerpo, Ashley, se había depilado en lo
absoluto, no tenía un solo vello en su cuerpo, lo que le hacía lucir
absolutamente inmaculada y pura. Este hombre, había acariciado la
totalidad de su cuerpo con una pluma de ganso, esto, le generaba algunas
cosquillas que le hacían reír descontroladamente, pero le generaban algo de
morbo y placer a su compañero.
Giulio, tratando de incrementar la intensidad parcialmente, fue llevando
la lentamente hacia un punto de expresión donde simplemente quería ser
penetrada. Pero este era el principal castigo, Giulio no debía complacerla,
debería hacerla implorar, que rogara, que suplicara ser follada por su amo,
así que, finalmente, después de que se retorciera constantemente tratando de
obtener ese alimento de placer en lo más profundo de su ser, la chica
finalmente comenzó a conocer los procedimientos oscuros utilizados por
Giulio para complacer sus fetiches.
Este había utilizado cera caliente de una vela, la cual había vertido
directamente sobre la tomen de Ashley. Esta, al sentir el calor de la cera
sobre su piel, gritó y ensordecedoramente, algo que no podría ser escuchado
por absolutamente nadie a las afueras de aquel lugar.
—¿Qué estás haciendo? ¿Me estás quemando? ¿Por qué haces eso? —
Dijo Ashley.
Ella no podía cuestionar nada de lo que hacía su amo, así que, el juego
estaba avanzando y no podían dar marcha atrás. Giulio continuó vertiendo
la cera sobre la tomen de la chica, y esta vez se dirigió directamente hacia
los delicados senos rosados y jugosos de la chica. Ashley trataba de
retorcerse para liberarse de las cuerdas, pero estas estaban bastante tensas y
la mantenían inmóvil.
—Esto no me parece gracioso, Giulio. No hablaste nunca de lastimarme.
—Dijo la chica.
Acto seguido, Giulio colocó una mordaza en su boca, ya que, había
comenzado a sentirse incómodo ante las palabras y juicios de la joven. Ya
sabía que no debía colocar más cera ya que, esto podría traer un
rompimiento en su relación. Esta vez, quitó los restos de la cera seca de su
piel, comenzó a besarla lentamente, utilizando sus labios y su lengua.
Poco a poco los ánimos comenzaron a calmarse, la chica estaba
realmente alterada cuando este trató de colocar la mordaza en su boca, se
resistía, pero Giulio le quitaba toda la fortaleza que esto pudiese utilizar
para tratar de imponerse. Era aguerrida, fuerte, muy imponente, así que,
Giulio comenzó a masturbarse en ese preciso instante, cuando la chica hacía
su mayor esfuerzo para liberarse. Sus muñecas habían comenzado a
enrojecerse, también sus tobillos, pero este, se acomodaba justo sobre ella
para tratar de calmarla.
Parecía que ella se había arrepentido totalmente de haber iniciado aquel
encuentro, ya que, este hombre, desde su perspectiva había violado ciertas
reglas. Era la primera vez que no disfrutaba del acto junto a aquel hombre,
simplemente sentía que la chica había iniciado un juego de resistencia, y
este, siendo su amo, te estaba habilitado para hacer cualquier cosa con su
cuerpo.
Ashley trataba de resistirse, pero este finalmente entró en ella. Una vez
que les penetraciones comenzaron hacerse más continuas, Giulio sexy toca
dar es más ya que, Ashley no dejaba de luchar, esa resistencia, esa fiereza
salvaje que salía de ella, lo incitaba a ser mucho más violento.
Follaba con ella como si se tratara de una de las chicas cualesquiera que
utilizaba de la calle, no era un joven aleatorio era su sumisa exclusiva, la
mujer especial con la que había hecho un acuerdo verbal a través del cual,
podría encontrar un placer único para ambos. Pero ante su necesidad de
evaluar si la chica estaba bien, liberó una de las cuerdas, y su mano derecha,
fue directamente hacia el pecho de aquel hombre, rasgando con sus uñas.
Rompió la piel, y esto, en lugar de limitar a Giulio y hacer que este se
detuviese, lo excitó aún más. Había perdido el control, parecía que no era el
mismo, así que, ver la sangre corriendo por su pecho, lo hizo emocionarse
aún más. Penetraba a la chica con mayor intensidad, mientras esta utilizaba
su mano para liberarse de la venda que había colocado sobre sus ojos.
También se quitó la mordaza, y Ashley estaba completamente decidida a
acabar con aquel encuentro.
—¿Acaso has perdido la cabeza? Detén ya todo esto, libérame ahora
mismo si no quieres que llame a la policía.
—Eres mi sumisa, Ashley. ¿Acaso no entiendes que todo esto es
diversión?
—No quiero ser parte de algo así. ¡Libérame ya! —Dijo la joven.
Giulio entendió que no se trataba de un juego. En un principio pensó que
la chica estaba llevando un personaje, pero este, ante la intensidad de las
palabras de la joven y el enrojecimiento de sus ojos, no tuvo más opción
que calmarse y liberar a la joven. Desató sus muñecas y manos, pero en el
momento en que tuvo en sus manos la cuerda que había sido utilizada para
atar su mano izquierda, Ashley reaccionó instantáneamente.
—Hoy los papeles van a cambiar. Estoy cansada de ser tu sumisa, de
servirte, hoy tú serás mi sumiso. Obedecerás lo que te diga, o si no este
juego terminará para siempre. —Ordenó la joven mientras rodeaba con la
cuerda el cuello de aquel hombre. Esto, era tan retorcido y prohibido que
excitó a Giulio de una manera descomunal.
Su miembro se encontraba duro, erecto como una asta de bandera, estaba
absolutamente sorprendido ya que, era un acto que no se esperaba por parte
de la chica. Mientras acariciaba su pene, Ashley apretaba con mucha fuerza
las cuerdas, y este, la veía fijamente a sus ojos.
—¿Te excita? ¿Quieres asesinarme? ¿Té excita la idea de sofocarme
hasta la muerte? —Dijo Giulio mientras tomaba del cuello a la joven.
Todo se estaba tornando completamente retorcido y prohibidos. Era algo
completamente irregular, pero Ashley seguía el juego. Giulio había
utilizado su fuerza mucho más que de lo normal, así que, era muy probable
que las cosas comenzaran a salirse de control tarde o temprano.
Mientras el sujeto sacudía es un miembro masturbándose de una manera
salvaje, Ashley continuaba apretando con más fuerza, pero también sentía
que estaba haciendo sofocada por la mano de este hombre. Giulio en medio
de la excitación, no podía controlar ninguno de los estímulos que estaba
generándole, así que, apretó más tiempo del que Ashley podía resistir.
Cuando Ashley cerró sus ojos y se desvaneció, Giulio sintió que todo
seguía siendo parte de un juego, pero cuando trató de reanimarla, las cosas
se pusieron aún más complicadas. Esta había sido oficiada durante más
tiempo del adecuado, así que, simplemente había perdido el conocimiento.
Midió sus signos vitales y aún estaba con vida, pero no estaba consciente.
Corrió rápidamente hacia su teléfono móvil y marcó el número de
emergencias, tenía que vestir la rápidamente antes de que llegaran los
paramédicos, ya que, a que el juego que había comenzado como algo
inocente, había comenzado a tornarse oscuro y sin control de maneras
inesperadas. Podría meterse en graves problemas si llegaba a asesinar a la
chica, ya que, era un acaudalado millonario que con mucha facilidad podría
tapar sus errores, pero no se trataba de una chica cualquiera, era la mujer
que amaba, y era la única que había llegado hasta ese punto junto a él.
Lo comprendía, lo apoyaba, sabía perfectamente cuáles eran sus gustos y
tentaciones, así que, esta simplemente sentía que era el momento perfecto
en sus vidas para haberse encontrado, ya que, había aprendido una gran
cantidad de elementos del sexo que sin duda alguna no hubiese podido
encontrar en un hombre tradicional. Ashley se encuentra tendida en el suelo
cubierta con una manta, Giulio se había colocado sus pantalones y esperaba
ansioso la llegada de los paramédicos.
La sujetaba fuertemente de la mano, como si esto fuese a evitar que la
chica falleciera. Cuando escuchó las sirenas acercándose la residencia,
Giulio corrió con la chica en brazos y trató de ayudar aquellos hombres para
que finalmente hicieran su trabajo. Esta, estaba absolutamente ida, no tenía
ninguna reacción, ni siquiera abre sus ojos, y cuando fue subida a la
ambulancia, Giulio entendió realmente la gravedad de lo que había pasado.
Bastaba con una denuncia por parte de esta chica para que todo su
mundo comenzar a desplomarse, aunque confiaba plenamente en ella y
pensaba que no lo traicionaría, le había hecho daño, había dejado marcas en
sus muñecas, tobillos y cuello, y quizá, las tentaciones que se despertaban
en lo más profundo de este atractivo sujeto, habían comenzado a generar
resultados absolutamente catastróficos.
Mientras la ambulancia se dirigía hacia el hospital, Giulio corrió hacia su
coche para seguirlos, necesitaba verificar que todo estuviese bien,
asegurarse de que la chica estaría perfecto estado, que se recuperaría, ya
que, a pesar de que las cosas eran bastante extrañas entre ellos, le
importaba, la amaba, y no se lo perdonaría si hubiese causado un daño
irreversible.
Giulio conduce a toda velocidad, pero ante los nervios, no había
visualizado un gran camión que venía en dirección contraria, y esto lo
obligó a salir del camino. Terminó con su carro volcado en la orilla de la
carretera, mientras la ambulancia no se había percatado de lo ocurrido.
Giulio había golpeado fuertemente contra el volante de su coche, quedando
completamente inconsciente y a merced de la suerte, ya que, sólo dependía
de alguien que pudiese pasar por aquel lugar y tratara de llamar a
emergencias.
Este había perdido absolutamente el conocimiento, así que, sería difícil
conocer qué habría pasado realmente con Ashley después de este evento tan
lamentable. Había sido un cambio de curso en los eventos que ni siquiera
habría sido calculado por ellos desde ninguna perspectiva. Todo lo que ellos
habían soñado lo estaban viviendo, eran una pareja feliz, creativa, con un
gusto tremendo por el sexo, pero de pronto, todo se había desplomado.
Ashley iba camino al hospital luchando por la vida, Giulio se encontraba
en debatiéndose entre la vida y la muerte mientras su carro se encuentra
completamente destruido a la orilla de la carretera. Parecía que el destino
los había juntado, pero el italiano millonario está a punto de perder lo más
preciado que había tenido hasta el momento.
No le importaban ya sus millones, su éxito, su reputación con las
mujeres, ahora, lo único que le importa es poder mantenerse al lado de una
mujer que lo ama profundamente y de una forma sincera, pero ha cometido
una grave equivocación. Aquella noche cuando ató a la chica a la cama y
esta accedió, no imaginaron que todo terminaría siendo una absoluta
tragedia.
Acto 8

Rostro en la pared

Habían pasado dos años desde aquel incidente que había dejado a Giulio
a un lado de la carretera sin conciencia. Un fuerte impacto en su frente
había generado un sangrado continuo durante algunos minutos. La
inflamación en su cerebro, había generado un daño irreversible que había
desembocado en la pérdida de la memoria. Había estado inconsciente
durante semanas, ni siquiera había podido decir una sola palabra, no había
movido una sola extremidad, y los médicos, a pesar de que habían hecho
todo lo posible para estabilizarlo, habían entregado a todo a la suerte.
Lo mantenían conectado a una gran cantidad de equipos artificiales, pero
no sabían realmente si este sería capaz de resistir todo por sí solo. Durante
semanas trataron de verificar si existía algún familiar que estuviese
conectado con este hombre, pero Giulio estaba completamente solos. Sólo
eran él y sus millones. Ashley, por su parte, había sido reanimada durante
su traslado en ambulancia, sin habitares fueron estabilizado si tras llegar al
hospital, fue internada para simplemente pasar un par de noches.
Pero al escuchar rumores de que Giulio había sufrido un accidente,
aquella chica no había podido resistir el golpe tan duro que había sufrido
por parte de su vida. No parecía ser algo normal, las cosas estaban saliendo
de una forma perfecta hasta el momento en que un giro inesperado había
arrojado ambos hacia caminos completamente separados. Ashley, quien era
una chica completamente inocente y solitaria en Italia, no tenía demasiadas
razones para seguir estando allí.
El hogar que se había convertido en las razones para ser feliz y recordar
su niñez, se había convertido en un lugar completamente solitario y sin
sentido, ya que, extrañaba por fundamente a Giulio. El hecho de que
estuviese recluido en un hospital desconocido para ella, así es que fuese
realmente difícil lidiar con la idea de no poder ayudarlo. Era un momento
completamente crucial, él necesitaba su apoyo, y ella me estaba allí para
ayudarlo a salir del problema.
Finalmente, después de investigar arduamente, Ashley había logrado ir a
verlo, pero no había podido soportar el hecho de que su rostro estuviese
completamente golpeado e inflamado. Sin duda alguna había sido una de
las pruebas más complicadas que había tenido que afrontar esta chica, quien
es la principal interesada en que Giulio se encuentre bien. Le parecía
curioso que un hombre como este estuviese completamente solo, que no
hubiera nadie detrás de él que pudiese representar un respaldo a la hora de
que sus imperios hubiese una catástrofe.
Giulio estuvo recluidos completamente inconsciente durante casi un
mes, tiempo suficiente para que Ashley descubriera que este ni siquiera
había despertado. Cuando abrió ojos, pensaron que lo primero que podría
querer era ver a esta chica, ya que, Ashley había hablado de la relación tan
especial que me existía entre ellos. La posibilidad de volver a los Estados
Unidos había sido contemplada por Ashley, quien sentía que había perdido
todo el propósito de encontrarse allí.
Esto se había generado tras las posibilidades que daban los médicos de
que este hombre no volviera a despertar. Pero aquella llamada en la que se
le indicaba la chica que debía hacerse presente en el hospital cuanto antes,
debido a que este hombre finalmente había abierto los ojos, Ashley pensó
que todo se trataba de una ilusión. Volvería encontrarse con la mirada de
este hombre al cual amaba profundamente, finalmente volverían a estar
juntos, reiniciarían esa relación apasionada y carnal que tenían, y
nuevamente recuperarían su equilibrio y tranquilidad. Espero llegar al
hospital encontrarse a este hombre mucho más delgado y desgastado en la
orilla de la cama, Ashley trató de saludarlo de manera efusivas, pero este,
simplemente la vio de una manera vacía y sin ningún tipo de conexión.
—Mi vida, finalmente despertaste. Gracias al cielo. —Dijo Ashley
mientras corría hacia él y lo abrazaba.
El absoluto silencio que hubo por parte de Giulio, generó una sospecha
de la chica, quien vio directamente a los ojos de la enfermera, quien pone su
cabeza de un lado al otro, dándole una señal completamente desalentadora.
—El señor Giulio Conti ha perdido la memoria definitivamente. No
puede recordar ni su nombre, desde el momento en que me dio los ojos ha
estado muy afectado y nervioso. Por favor, agradeceríamos que trate de
tomar las cosas con calma para llevar un proceso natural.
Aquellas palabras habían sido completamente devastadores para Ashley,
no pensaba que se encontraría con una realidad tan terrible como está. Un
hombre con el que había construido algo completamente profundo y
sentido, había quedado reiniciado por completo. Este, observaba a la chica
con cierta curiosidad de no saber quién era, pero al ver la preocupación y el
profundo sentir que había en ella hacia él, lo hizo sentir un poco seguro.
—Lo que sea que ocurrió entre tú y yo debió haber sido muy especial,
puedo verlo en tu mirada. Un sentimiento así no lo genera cualquier
persona. Debí haber sido muy especial para ti. —Dijo Giulio.
—Sólo puedo decir que eres mi mundo. Pero no puedo con esto, debo ir
a casa… —Dijo la chica ante desplomarse llorar.
Era una prueba realmente difícil que el destino les estaba poniendo a
ambos, ya que como les había dado la oportunidad de conocer un
sentimiento sumamente profundo e intenso, pero de pronto, se los había
arrebatado de la noche a la mañana. Ashley se habían cerrado en su gran
mansión durante algunos días, no había tenido el valor de afrontar la
realidad tan dura que se había posado frente a ella.
Quería escapar, salir para siempre de la memoria de aquel hombre, ya
que, finalmente había encontrado a alguien que significaba todo el universo
para ella, y parecía que no se lo merecía, ya que, todo había salido al revés a
como ella lo había visualizado. Había una sola posibilidad para ella, volver
a los Estados Unidos. Parecía un acto cruel y sin sentimientos abandonar a
Giulio en una sensación cómo esta, pero ella no podía convertirse en una
esperanzada que estaría esperando toda una vida que este recuperara la
memoria.
Desde su punto de vista, era momento de darle la oportunidad a él de que
reestructurara su vida y tratara de hacer las cosas de una manera diferente.
Su memoria total de quién era ser había eliminado, los médicos le habían
dado información detallada de cuan millonario era, cuál era su estatus
social, nivel financiero y su estrato social.
Pero esto no era una información demasiado importante para Giulio,
quien aún estaba en un proceso de recuperación, realmente necesita saber
quiénes eran sus familiares, sus amigos, las personas en quienes podría
confiar, ya que, este era el elemento más destacado que podía
proporcionarle una esperanza para poder recuperarse del todo. Aquella
chica que había entrado con los ojos llorosos a la habitación del hospital,
había impactado significativamente a este hombre.
Le había generado una sensación muy agradable en su pecho y su
desaparición repentina, le había generado automáticamente un vacío que no
pudo ser llenado con absolutamente nada. Cuando Ashley decidió tomar sus
maletas e irse a los Estados Unidos, nunca se imaginó que las cosas serían
tan difíciles para ella. El profundo amor que había nacido por este hombre,
trascendía fronteras, y tras volver a casa y estar con sus padres, trata de
recuperar una vida altamente normal.
Había forma de recuperar del todo, ya que, su vida había estado llena de
pruebas y momentos cruciales pura en tu estadía en Italia. Había puesto en
venta la enorme mansión que había sido heredada por parte de su tía. Esta,
se sentiría realmente decepcionada de saber cuál era el destino que sufriría
este edificio, el cual había sido muy representativo en la vida de su familia.
Había sido adquirida por el gran Paolo, quien se la había regalado
directamente a la tía Heather, quien vivió allí uno de los romances más
intensos que podría vivir un ser humano.
Se le había regalado directamente a Ashley, sabiendo que esta también
tenía una intensidad en su corazón muy fuerte y era capaz de reproducir
todas esas experiencias que aquella mujer había conocido en Italia. De
alguna otra forma, Ashley había decidido huir de su destino, estaba
escapando de lo que le correspondía vivir, y sólo había sentido un pánico
profundo de haber evidenciado que el hombre que representaba todo en su
futuro, había sucumbido ante una dura prueba que le había puesto la vida en
frente.
Pero aquí el hombre multimillonario, no olvidaría con tanta facilidad
aquí el rostro. Ashley había significado algo para él, se había convertido en
un elemento muy importante de su vida antes de que ocurriera el accidente.
Quizá había cometido más errores de la cuenta, pero no era su intención
alejar del todo a esta hermosa mujer que había traído ternura, picardía e
inocencia a su vida.
Giulio es un hombre que no está preparado para perder todo, siempre ha
luchado para ganar, y esta es una batalla que ganará sin duda, pero tomará
tiempo y múltiples terapias. Aquella gran mansión que había sido puesta en
venta, fue comprada por Giulio, ni siquiera sabía que allí había vivido
Ashley, ya que, no recuerda cuando volvió a su casa, comenzó a entender
realmente que era el hombre que se escondía detrás de aquellos muros
insonorizados y que estaban destinados a ser la sede de fiestas,
celebraciones, encuentros sexuales muy intensos y orgías.
Observó muchos juguetes sexuales, elementos que servían para el
entretenimiento durante el acto amatorio, pero tomó todo esto y lo tiró a la
basura. Eran elementos de su pasado que no quería recuperar, y quizá, había
sido precisamente esto lo que lo había llevado hacia aquel accidente. No
recordaba absolutamente nada de lo que había pasado antes de aquel
choque, lo único que podía conocer era lo que habían relatado los médicos
y los policías, quienes lo habían encontrado tendido en el suelo tratando de
escapar de aquel coche.
Giulio había comprado aquella gran mención, y la había convertido en
una galería de arte. De una forma bastante curiosa, aquel hombre había
comenzado a pintar con lápiz un día, parecía que el golpe en su cabeza
había despertado ciertas habilidades ocultas que comenzaron a aflorar de
manera inesperada una tras otra. Sus manos, a las cuales sólo habían
servido para tocar a las mujeres más hermosas de la ciudad de Milán, ahora
podrían ser utilizadas para crear obras de arte.
Lo que había iniciado con un lápiz y un papel, ahora había comenzado a
trabajarse directamente en el lienzo. Trataba de dormir durante las noches,
pero no tenía la posibilidad de conciliar el sueño, todo su cerebro estaba
absolutamente desconfigurado, encontraba solo paz en la pintura, así que, lo
hacía con una pasión desenfrenada. Gracias a la gran cantidad de recuerdos
que comenzaban a llegar a su mente, lograba plasmar en el papel cosas que
eran completamente desconocida para él.
Si estaban dentro de su cabeza, definitivamente le pertenecían a él, pero
quería organizar todo como si fuese un rompecabezas. En ocasiones,
pintaba algunos paisajes, en otros momentos, simplemente se ocupaba de
pintar objetos. Pero su momento favorito era cuando empezaba a pintar
algunos retratos de rostros que se encontraban en su mente. Bueno, en
realidad no eran varios rostros, eran dibujos y lienzos del mismo rostro en
diferentes facetas.
Era Ashley, rostro perfecto realista de aquella chica que había llegado a
la habitación de hospital con lágrimas en sus ojos y muy emocionada por el
bienestar de este hombre. Lo más impresionante para Giulio y su psicóloga
es el hecho de que sólo la había visto una vez después de recuperar el
conocimiento. Pero este, se encargaba de dibujarla en diferentes lugares,
momentos, con atuendos diferentes, era como si en su mente afloraran
algunos recuerdos repentinos y fugaces, y este lograba fotografiarlos en su
cabeza para tratar de plasmarlos en el lienzo.
Producía piezas y cuadros con tanta velocidad vinculados a Ashley, que
rápidamente tuvo una habitación completamente llena de estos cuadros. Un
importante agente de arte, había empezado estudiar aquel caso de un
virtuoso de la pintura que había surgido de la nada, y con 37 años de edad,
había encontrado un nivel de profesionalismo que requería de años de
estudio. Era un caso extraño, pero lo más extraño era que todos los mejores
retratos de este hombre estaban vinculados a una hermosa joven que se
mantenía viva en sus pinturas.
Cuando al agente de arte se le ocurrió la flamante idea de convertir
aquella gran mansión en una galería de arte especial para la beneficencia,
Giulio estuvo absolutamente de acuerdo. Muchos reporteros acudieron al
lugar, se enteraron de que aquel hombre había desarrollado un talento
prácticamente de la nada, que había emulado las técnicas de pintura de
grandes reconocidos del mundo del arte, algo que le dio una relevancia
tremenda a Giulio. Estaba dispuesto a conseguir un lugar privilegiado en el
mundo del arte en Milán.
El sujeto era todo un fenómeno, todo lo que hacía podría venderse por
miles de euros, y así, fue ganando una reputación tremenda. El reportaje
que fue tomado por uno de los medios de televisión en aquel lugar, fue tan
impactante, que rápidamente comenzó a correr por todo el mundo como una
forma de inspirar a todos a conseguir sus sueños. Giulio había sido un
millonario que había abandonado sus lujos, excesos y estilo de vida
egocéntrico para tratar de dedicarse al arte.
Pero lo más curioso de todo esto es que había llenado toda una
habitación con los cuadros de Ashley, era su rostro, y de esto no había duda.
La chica recibió una llamada una mañana donde le informaban que esto
estaba ocurriendo. Debía encender la TV inmediatamente para poder
visualizar lo que estaban discutiendo en un programa matutino. Cuando vio
su rostro en las diferentes paredes de aquella casa donde vivía vivido hacía
un tiempo ya, Ashley simplemente cayó de rodillas y comenzó a llorar.
Pensaba que después de tanto tiempo, había superado a Giulio, pero esto
era absolutamente imposible. Un amor como este era absolutamente
imposible de olvidar, era de esos que se metían en los huesos. A pesar de
que tratara de distraer su mente y enfocarse en alguien más y algunas
parejas pasaron por su cama y por su vida, no había logrado restablecer lo
que con Giulio había encontrado.
Con este sujeto había conseguido una conexión sobrenatural, tenía la
absoluta certeza de que su alma le pertenecía, así que, sólo era cuestión de
esperar al adecuado, ya que, así como no había esperado a Giulio, llegaría
alguien más y llenaría ese vacío. Al ver las pinturas que habían sido hechas
por las manos de Giulio que proyectaban a las chicas, esta se llenó de
ilusiones con la intención de volverse encontrar con él.
Pero era doloroso, había retomado sus estudios de medicina para
terminar de una vez por todas con su carrera universitaria, así que, se
encontraba en la etapa final de la obtención de un sueño que había quedado
en pausa años atrás. Sentía unas ganas increíbles de dejar todo nuevamente
y salir corriendo para reencontrarse nuevamente con Giulio, pero era
simplemente una actitud inmadura e impulsiva que no le llevaría a
absolutamente nada.
Simplemente apagó la TV y se dedicó a beber su taza de café antes de ir
a la universidad. Ashley estaba consciente de que aquel hombre la tenía en
cuenta, a una recordaba, pero, aunque no sabía realmente porque, seguía
siendo un amo para ella. Quería volver a ser su sumisa, volver a vivir
aquellas sesiones de sexo, pero todos los tiempos a bien cambiado. Ahora,
Giulio era un artista bohemio encerrado en su obra en mención, mientras
esta, simplemente tiene que vivir con el hecho de que el hombre que más
amas en el planeta, ha quedado en una condición completamente
desfavorable.
Ha perdido la memoria, así que, sólo tiene resignación como única
herramienta. Giulio la amó con todas sus fuerzas, y una parte de él continúa
amándola. Esto queda reflejado en cada uno de los retratos que elabora, los
cuales continúan siendo de los más famosos de todo el mundo. Ashley tiene
las puertas abiertas para regresar cuando lo desee, pero por el momento, su
única prioridad es su carrera universitaria.
Pero su corazón sigue estando con el magnate millonario italiano, quien
sólo podrá recuperar su vida cuando pueda tener a su lado a su mayor
fuente de inspiración artística. Los caminos se alejaron, pero el amor nunca
se desvaneció.
Chico Malo

Secuestrada por el Sicario de la Mafia


Italiana
I

Trabajo por encima de nada

Vittorio estuvo esperando hasta el momento preciso. No podía ser


cualquier día ni en cualquier instante, esta vez las cosas debían hacerse con
toda la precisión necesaria, como si se tratara de un cirujano, sin margen de
error.
La noche apenas comenzaba y el objetivo estaba, como siempre, bajo la
vigilancia de su seguridad privada. Se preparaba para salir de su casa a
disfrutar de alguno de los lugares nocturnos que le estaban esperando para
su disfrute.
Cada quien estaba en su posición y la seguridad parecía estar cuidada en
cada detalle.
Esperó a que el coche arrancara, entonces Vittorio se colocó su casco y
encendió su motocicleta para ir por ellos. No perdería más tiempo.
La enorme casa estaba a las afueras de la ciudad, donde los millonarios
normalmente levantaban sus mansiones y se alejaban de la ciudad para
combatir un poco el estrés diario de todo lo que significaba el ajetreo y
quizá la contaminación.
Pero, esta era una gran ventaja, ya que, los caminos son muy solitarios y
acarreaba más espacio de acción para Vittorio, el trabajo debía hacerse en
ese trayecto para evitar que otros agentes externos intervinieran en el
asunto. Además él era como un fantasma, cada vez que llegaba, desaparecía
sin dejar rastro alguno.
Sin duda alguna era el mejor en lo que hacía y era por eso que todos
querían sus servicios. El hombre se había convertido en una leyenda y
aunque cada uno de sus trabajos eran costosos, valía la pena, pues no dejaba
ningún tipo de pista y además era 100% efectivo, nunca había fracasado en
ninguna misión.
La carretera estaba bastante oscura y de pronto Vittorio apareció de entre
una montaña justo cuando el coche pasaba frente a él. Nadie se dio cuenta
en un principio y eso era genial, las cosas iban por buen camino y sacó su
arma de la parte de atrás de su motocicleta.
A pesar de su tamaño era un hombre muy ágil y muy inteligente, así que,
las cosas se habían complicado para aquella seguridad privada.
El coche iba a una velocidad normal, lo que le dio oportunidad a Vittorio
de maniobrar con mayor facilidad. El hombre levantó la mirada y se dio
cuenta que a unos cuantos metros estaba el puente que comunicaba la zona
con el resto de la ciudad. Debía actuar de inmediato.
Aceleró lo más que pudo colocándose a un lado de la ventanilla del
conductor y lo apuntó de inmediato, este al darse cuenta de la situación, y
reaccionando de la manera más rápida, trató de lanzar el coche hacia el lado
donde pasaba el motero, pero, lo hizo sin éxito. No logró derribarlo.
Vittorio disparó a la rueda delantera y después de eso se escucharon
varios disparos que provenían de la ventanilla trasera, pero, ninguno logró
acertar, por suerte para él.
El coche derrapó un poco, pero, no se detuvo ni un segundo. Ellos sabían
cuáles eran las intenciones del misterioso motero. Debía salir de ahí lo más
rápido posible.
EL puente seguía acercándose y ese era el punto final. De allí en
adelante no había otra oportunidad. Vittorio entonces disparó al conductor,
pero, el vidrio era blindado. La bala rebotó y entonces hizo una maniobra
para poder acelerar el proceso. Disparó a la otra rueda y el coche perdió el
control derrapando en el asfalto mientras soltaba algunas chispas gracias a
la fricción del metal con la superficie.
El conductor trató de mantener el control, pero, fue inútil. El coche fue
directamente en contra de una de las montañas, el lado derecho se levantó y
entonces quedaron en una posición muy incómoda, algo que no los
beneficiaba en absoluto.
Vittorio se detuvo unos metros más adelante, miró a los lados y entonces
se bajó de la motocicleta, empuñaba su arma y caminaba apuntando al
coche que, sin dudas había sufrido mucho daño, de la parte delante salía
mucho humo, lo cual era bastante extraño. Todo debía hacerse rápidamente.
En ese momento no pasaba nada, él tenía la ventaja gracias a su
posición, nadie se atrevería a salir del automóvil en ese momento, estaban
protegidos ahí, pero, dejarlos durante mucho tiempo implicaría que podrían
llamar a cualquier persona para que los ayudara.
Vittorio se acercó. No había ni un movimiento, las cosas parecían en
total calma.
El humo aumentaba. Algo extraño pasaba.
Era indispensable actuar con rapidez, pues el humo podría terminar
asfixiando a su objetivo esa noche y entonces perder todo lo que le habían
pagado por el trabajo, esa era la ley.
El hombre que conducía parecía muerto y tenía la cabeza hacia adelante,
pero, no podía estar seguro de eso, pues lo vidrios eran bastante oscuros,
pero, fue entonces cuando decidió intentar abrir la puerta, pero, no tuvo
éxito.
En ese momento el humo se convirtió en fuego en la parte delantera del
coche, sabía que, si esperaba más, todos adentro morirían y así él no podía
completar su misión. Disparó directamente a la cerradura un par de veces,
pero, antes de que intentara abrir de nuevo, un hombre algo asfixiado abrió
mientras disparaba como loco para alejar al intruso.
De inmediato Vittorio corrió para alejarse de las balas, pero, se dio
cuenta que el hombre cayó al suelo en ese instante, su arma quedó a un par
de metros.
Las cosas en ese momento debían ser rápidas y muy precisas, ya no era
tiempo de esperar más.
Se acercó de nuevo y entonces vio que el guardaespaldas no se movía, se
asomó con cautela abriendo lo más que podía la puerta y entonces observó a
su objetivo que parecía estar desmayada con el cinturón de seguridad
puesto, el humo era muy intenso y el calor más aún.
Se guardó el arma y entonces desató a la chica con mucha habilidad,
logró sacarla y se la llevó en brazos hasta su motocicleta. Ciertamente
estaba inconsciente, pero, aún respiraba. La colocó sobre el tanque del
combustible, él se subió detrás y entonces encendió la moto, debía
maniobrar como nunca antes para poder llevarse a la chica de ahí, estaba
seguro de que no sería nada fácil.
Una detonación se escuchó y entonces Vittorio sintió como su pierna
ardía hasta más no poder. Miró por el espejo retrovisor y se dio cuenta que
el hombre que estaba afuera del coche trataba de mantenerse en pie y
cumplir con su trabajo, pero, ya era tarde para eso. Vittorio aceleró y se fue
montaña adentro.
Casi unos cuatro kilómetros después llegaron a un terreno que estaba
bastante oculto entre la maleza, los árboles y las colinas. Había una pequeña
casa de madera improvisada, pero, donde había de todo lo necesario. Nada
lujoso, pero, se podía estar allí por unos días.
Vittorio dejó a la chica sobre la cama de una de las habitaciones, cerró la
puerta y salió mientras apretaba con fuerzas sus manos. Las venas de su
cuello y frente se brotaron hasta que descargó toda su ira contra una de las
paredes. Estaba furioso, él sabía que no debía aceptar ese trabajo, era algo
que él nunca había hecho, además todo salió de la peor manera, a pesar de
que logró su cometido, pero, nunca se imaginó que iba a estar en esa
situación.
Golpeó la madera hasta que sus nudillos quedaron bastante maltratados y
muy rojos, pero, entonces en su pierna comenzó a pinchar un dolor bastante
intenso.
Así que se sacó el pantalón y vio que tanto era el daño que tenía.
La bala había entrado y salido, por suerte no tocó huesos ni venas
importantes, así que quizá con un buen vendaje las cosas estarían bien. Eso
fue lo que hizo antes de vestirse de nuevo.
Afuera de la casa sacó un cigarrillo y comenzó a fumarlo, era algo que
hacía solo cuando estaba bajo mucha presión. La verdad no lo disfrutaba
mucho, pero, lo calmaba, así que siempre llevaba una cajetilla con él.
La verdad es que no era un hombre con vicios, de hecho, para poder
hacer un buen trabajo necesitaba mantenerse lo más sobrio posible y
mantener una vida sana para poder aguantar todo lo que venía intrínseco en
su oficio.
Además de todo eso se mantenía con una serie de ejercicios de pesas que
hacía en un lugar muy importante donde construyó una gran cantidad de
mancuernas con troncos de madera y piedras. Él era un hombre enorme con
músculos muy desarrollados y gracias a eso inspiraba un gran respeto, sobre
todo para sus víctimas.
La noche seguía oscura y las estrellas brillaban en el firmamento más
que nunca. Desde ese punto siempre se veían muy bien, alejadas de la luz
artificial y toda la contaminación de los suburbios. Vittorio solo las miraba
y pensaba en lo que venía, sabía que con esto había desatado a muchos
demonios que estaría dispuestos a acabar con el mundo para recuperar a la
chica. Se avecinaba una gran guerra de la que nadie tenía ni la más mínima
idea.
Las cosas fueron muy diferentes esa noche, pero, no estaría ahí si no
fuera por todas las deudas que tenía y por algunos otros asuntos que debía
atender. El trabajo era muy bien remunerado y aunque lo pensó un par de
noches, no quería dejar pasar la oportunidad, con lo que le dieran ahí
resolvería muchas cosas y además podría seguir viviendo tranquilo. Quizá
lejos de todo lo que conocía.
Necesitaba cambiar la manera en que veía las cosas si realmente quería
dejar todo su pasado a un lado.
Escuchó algunos ruidos dentro de la cabaña y entonces entró a ver. De
seguro era su huésped.
Sin dudas lo era. La chica estaba golpeado a la puerta y comenzó a gritar
con fuerza, era lo más lógico, así que Vittorio se sentó en un sofá, que no
combinaba para nada con todo su entorno ya que parecía recién sacado de
una tienda, y trató de relajarse mientras la chica cesaba en su intento de
llamar la atención. En algún momento se cansaría.
Notó el carácter increíble de la chica, que, a pesar de ser tan joven, no
lloró en ningún momento. Por el contrario, decía muchos improperios y
lanzaba amenazas.
La noche sería muy larga para ambos, ninguno se dejaría doblegar por el
otro. Así de sencillo.
Después de casi dos horas todo quedó en silencio y por fin era un
momento para descansar y dejar pasar todo aquello que había pasado
durante el día.
La pierna sangraba, pero, era lo que menos le importaba a Vittorio, quien
se mantenía pensativo y no podía creer a quien tenía encerrada. Esa chica
no era cualquiera, ella significaba una bomba de tiempo, ella significaba
algo mucho más allá de lo que cualquiera podría imaginarse.
Además… Había algo más.
Vittorio llamó al hombre que lo contrató sin importar la hora que era
para darle parte de lo que había sucedido.
—Vittorio, ¿cómo estás?
—El trabajo está hecho. Necesito que la vengan a recoger lo antes
posible en el punto en que acordamos.
—Parece que no estás de muy buen humor.
—Quiero el resto de mi dinero. Envíela con tus hombres.
—Escuché que hubo un alboroto en la carretera que va hacia la ciudad.
Por un momento dudé que fuera algo que tuviera que ver contigo, pero,
después me enteré que estaba equivocado.
—Carajo, Misael. ¡No estoy jugando! ¡El trabajo está hecho y te doy tres
horas para que vengas por ella, de lo contrario, la abandonaré en el camino!
—Te recuerdo que el jefe aquí soy yo, imbécil. Cuida lo que dices.
—Aquí no hay jefes. Lo sabes desde la primera vez que trabajé para ti.
No pertenezco a ese grupo de lacayos insolentes que siempre tienen las
narices en tu trasero.
—Siempre me has desagradado, Vittorio, pero, no puedo negar que eres
el mejor. Daré la orden para que vayan por ella.
Vittorio terminó la llamada y se colocó las manos sobre la cabeza.
Estaba tratando de calmarse una vez más.
La ira era una gran enemiga en la vida del hombre que siempre estaba
dejándose llevar por ella y la usaba a su favor cuando lo necesitaba, pero, la
verdad es que cuando estaba furioso, nadie lo detenía, era una bestia
indomable que sería capaz de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo.
Vittorio no conciliaría dormir hasta que esto no se acabara, las cosas
estaban muy difíciles con ese trabajo y sabía que, si lo conseguían a él en
medio de todo eso, lo buscarían hasta el fin del mundo y no podía
permitirse eso ahora que se iría muy lejos a tratar de empezar de nuevo. Era
el momento de tratar de hacer una nueva vida.
De pronto su mente se volvió hacia algo que estaba tratando de evitar
desde que aceptó el trabajo.
El hombre se levantó con algo de dolor en su pierna y entonces se acercó
a la puerta de la habitación donde estaba la chica sin hacer ruido. No se
escuchaba nada, parecía que dormía o quizá estaba simplemente acostada.
Estuvo a punto de abrir la puerta, pero, la verdad no sería prudente, era
mejor esperar hasta el momento en que la vinieran a buscar.
Las horas pasaron lentamente mientras él trataba de saber lo que iba a
hacer con su vida. Quizá al día siguiente a esa hora estaría con su
motocicleta camino a algún lugar que lo hiciera escapar de todo aquello, no
podía soportar tanta oscuridad en su vida. Ya era hora de cambiar y de ver
las cosas desde otro ángulo, con una nueva perspectiva.
Amanecía lentamente y el sol comenzaba a lanzar sus primeros rayos
sobre el nuevo día. El pasto parecía recuperar su color, el verde de las
colinas resplandecía tanto como era posible y las aves salían a volar
libremente.
La vista era increíble. Pero, dentro de la cabaña las cosas estaban por
ponerse muy mal. Vittorio se colocó una máscara para tapar su rostro y
entonces abrió la puerta con sumo cuidado. La chica estaba sentada en una
esquina de la cama con la espalda pegada a la pared y muy atenta a cada
movimiento del hombre. Ella parecía alterada, pero, en su mirada no había
miedo, ella era una leona.
Él la miraba con detalle y lo que estaba frente a él era mucho mejor de lo
que recordaba. Ya la había visto en un par de ocasiones y la verdad es que
siempre fue una mujer realmente bella, pero, la luz natural le asentaba muy
bien. Ahora sus cabellos parecían hilos de oro.
—En unos minutos vendrán a buscarte y todo acabará.
Ella no dijo nada. Aunque tenía muchas ganas de insultarlo tanto como
pudiera.
Vittorio se sentía extraño y no sabía cómo hablarle, era la primera vez
que secuestraba a una mujer y cada vez que lo recordaba se culpaba a sí
mismo por estar en esa situación, él tenía reglas muy claras, pero, ahora las
había roto y ya no podía hacer más que esperar a que todo pasara lo más
rápido posible.
—¿Tienes hambre? Hay algo de comida afuera.
Nada. Ni una palabra.
Él comprendía exactamente la actitud de ella. La miró un par de
segundos más y entonces salió de la habitación.
Verla así lo hizo pensar más en lo sucedido y recordó la razón por la que
nunca había hecho el trabajo con una mujer. Los ojos de la chica le
quedaron grabados en la memoria, así como su rostro cuando la vio por
primera vez, era algo que no se podía borrar fácilmente.
Se sentó en el sofá nuevamente para llamar a Misael, pero, no tuvo éxito.
Directo a la contestadora. Se recostó por un momento.
Afuera, el sol seguía su recorrido diario y marcaba el pasar del tiempo
que no traía con él ninguna buena noticia, el calor y la desesperación del
hombre se acrecentaban con cada minuto que pasaba. Las decisiones tenían
que comenzar a tomarse lo antes posible, pues sabía que no estaría a salvo
en ese lugar, debía moverse.
Las llamadas seguían sin conectar. La mitad del día había pasado y el
cansancio era abrumador, ya no podía estar más tiempo despierto. Su mente
comenzó a divagar, y sin darse cuenta se quedó dormido y en sus sueños
había algo que él no entendía, algo que no lo dejaba descansar y que lo hizo
despertarse muy alterado y con el corazón acelerado.
Vittorio estaba a punto de darse cuenta que estaba completamente solo
en todo ese problema y que nunca irían a buscar a la chica. Había sido una
trampa y un golpe muy bajo. Por otro lado, tenía un as bajo la manga, pero,
debía mantenerlo allí, ya que, era un plan completamente diferente y debía
llevarlo con más calma.
Vittorio estaba furioso y eso no era nada bueno en él.
II

Vida de ensueño

La vida de Angélica era un poco más que perfecta. La chica creció entre
riquezas, viajes, joyas, ropa… Todo lo que una mujer de su edad quería… Y
más. No necesitaba más que levantar su voz y listo, lo tenía frente a ella.
Era una manera que tenía su padre de compensar la falta de una imagen
materna y además todas las veces que no había podido estar a su lado por
culpa del trabajo. No sabía cuánto daño le estaba haciendo, pero, era mejor
eso que nada, además la chica parecía muy feliz con todo eso.
Desde muy pequeña era la sensación de cualquier lugar a donde llegaba,
pues nadie brillaba más que la chica y no solamente por sus joyas y por su
dorado y hermoso cabello, sino por su actitud, ella sabía que había nacido
para ser una reina, para que todos les sirvieran y para tener lo que deseara.
Esto con el tiempo le generó bastantes problemas para hacer amigas,
pero, Angélica insistía en que sólo las mejores podían estar a su lado, las
que realmente se sentían identificadas con su forma de ser, así que no era de
extrañar que fueron muy pocas las que soportaban su carácter.
Así siguió durante toda su vida y atropellaba a todas aquellas personas
que se interponían en su camino, tenía la firmeza de una leona, era una.
Sabía muy dentro de ella que tenía que ser tan fuerte que nadie pudiera
quebrarla de ninguna manera y estaba segura que muchas personas lo
querían así, la envidiaban.
Cuando llegó a la adolescencia se convirtió en la más deseada de la
universidad y todos necesitaban de ella, Angélica era como una diosa que se
movía entre los mortales, ella asumía les daba el privilegio de verla cada día
en esa universidad. Pero, a pesar de todo lo que ella podía ser y tener, no
escapaba de las cosas más básicas, de las necesidades de todo ser humano
sin importar su raza ni estatus dentro de la sociedad.
Para las celebraciones de fin de año, ella se reunió con su selecto grupo
de amigas para ver jugar al equipo de baloncesto de la universidad. Ese tipo
de actos aburrían muchísimo a Angélica, pero, esa tarde decidió quedarse y
compartir un poco más. En casa estaba la familia almorzando con su padre
y eso era algo que odiaba aún más.
Las cosas se fueron dando poco a poco y de pronto se sintió muy atraída
por el juego después de ver a uno de los jugadores de la universidad vecina.
Definitivamente era alguien que estaba muy por encima del chico promedio
que caminaba por los pasillos de donde ella estudiaba.
Alto, atlético y con una cara que parecía esculpida por los mismos
dioses. Su cabello era ondulado y negro lo que hacía resaltar sus fabulosos
ojos azules. Ella por primera vez sintió algo muy diferente a lo que no
estaba acostumbrada, su corazón comenzó a latir y sentía la respiración un
poco pesada. Un calor particular recorría su piel de una manera agradable.
Ella no le quitó la mirada de encima. Necesitaba que él se diera cuenta
que estaba ahí, que lo estaba viendo, pero, al parecer estaba más
concentrado en el balón que en cualquier otra cosa, además había mucha
gente esa tarde y era difícil distinguir.
Lo cierto es que Angélica se sentía con unas ganas enormes de conocer
al chico, pero, claro estaba, no era ella la que iba detrás de ellos. Por lo
general ella los rechazaba todos los días… Sólo que ahora las cosas eran
muy diferentes.
El partido estaba animado a juzgar por la reacción de las personas y ella
no entendía nada de lo que pasaba, Angélica tenía toda su concentración en
aquel espécimen que parecía muy salvaje mientras jugaba con el resto de
los chicos.
Sus amigas se mantuvieron ahí con ella y no sabían realmente la razón
por la que estaban ahí, todas odiaban ese tipo de cosas, pero, mientras la
abeja reina estuviera ahí, sus obreras también, así eran las cosas.
Culminado el juego, Angélica pensó en irse, pero, justo en ese instante el
chico se sacó la camisa y dejó ver el resto de su torso que estaba lleno de
músculos. Se veía como el sudor corría por los rocosos abdominales y
entonces el calor aumentó, ella sabía que no podía irse, pero, estaba algo
confundida.
—Bien, chicas, es hora de que nos vayamos. Creo que ya compartimos
mucho con el resto de esta gente.
—¡Vaya! Pensé que nunca lo dirías.
Angélica lanzó una última mirada a la cancha y puntualizó el lugar
donde estaba el chico que parecía muy feliz y festejaba con sus
compañeros. Probablemente habían ganado el juego.
Las chicas salieron y todas llevaban las llaves de sus respectivos coches
en la mano. De pronto Angélica revisaba su cartera con preocupación.
Todas la miraron. No era una actitud normal en ella.
—Chicas, creo que dejé mis llaves sobre la mesa.
—¡Oh, vamos por ellas!
Dijo una de sus discípulas.
—No, no. No se preocupen. Yo lo haré. Ya saben que todos conocen mis
cosas de seguro alguien viene corriendo hacia mí para dármelas. Mejor
vayan a casa y prepárense para esta noche cuando seamos nosotras las que
celebremos.
Todas las amigas sonrieron y entonces se fueron un tanto extrañadas de
la actitud de Angélica, pero, lo que ella decía era la última palabra entre
ellas. Ella regresó y se ligó entre la gente tratando de acceder hasta la
cancha. El chico seguía ahí, aunque lamentablemente se había colocado una
camisa nueva. La suerte estuvo del lado de ella cuando él volteó por alguna
razón y sus miradas se cruzaron, era todo lo que necesitaban.
Ella le sonreía mirándolo fijamente y él hacía lo mismo. Era increíble
que dos personas hicieran conexión con tan sólo verse. Parecía un misterio.
Se acercaron y cruzaron algunas palabras. Eso fue más que suficiente para
que cambiara toda la vida de la chica.
Angélica terminó esa noche dejando a sus amigas solas y perdiendo la
virginidad en la parte trasera de un coche de una calidad muy por debajo a
lo que ella estaba acostumbrada, pero, sucumbió de la manera más fácil
ante los encantos del chico que solo quería una cosa.
Ella quedó maravillada con la experiencia y por supuesto quería mucho
más de aquello, se había abierto un apetito voraz que tenía que saciar con
mucha frecuencia. Eso era algo que con el tiempo se convertiría en un
problema cuando no tenía con quien estar, su apetito sexual podía, en
ocasiones, controlarla por completo.
Los encuentros con su jugador de basquetbol eran prácticamente diarios
y ella se estaba enamorando sin saberlo, pero, trataba de mantenerse
tranquila para evitar que las cosas avanzaran más rápido de lo que ya venían
sucediendo.
Un día él dejó de ir, y así de simple desapareció del mapa, ya no contestó
las llamadas ni los mensajes, como si la tierra se lo hubiese tragado o como
jamás existiera.
No era a la primera chica a que le pasaba algo así, de hecho, Angélica
tuvo la dicha de salir varias veces más con él. Otras no corrían con la
misma suerte y después de la primera vez que las follaban se olvidaban de
ella para siempre. Por un momento pensó que su deportista era diferente y
que sí iba muy en serio con ella.
La decepción golpeó con fuerza a la chica que por primera vez se sintió
derrotada, vencida y además usada. Angélica estaba tan deprimida como
ella misma se lo permitía, pero de a ratos las cosas se hacían mucho más
difíciles y no controlaba el río de lágrimas que salían de sus ojos.
Ella parecía de lo más normal cuando se veía con las amigas, pero, la
verdad es que sólo trataba de mantener las apariencias. Una tarde vio al
espléndido chico caminando de la mano con una mujer que aparentaba
mucha más edad que él. Por un momento pensó que era su madre hasta que
lo vio besándola en la boca de la manera más apasionada del mundo.
Angélica sintió como su corazón se partía en mil pedazos y sus piernas se
desmayaron.
Inmediatamente, como pudo, se fue hasta el baño más cercano y
entonces se quedó llorando ahí por un buen rato. Sin dudas se había
enamorado y él la había usado, se sentía muy mal todo aquello.
Pero, el problema iba más allá que eso. Los sueños sexuales con el chico
eran más que recurrentes, también comenzó a fantasear con otros hombres y
hasta con un jardinero que iba regularmente a la casa, pero, nada en serio.
Angélica comenzó a sanar del corazón con el tiempo, pero, las ganas de
sexo que tenía en lo más recóndito de su cuerpo estaban a punto de hacer
erupción.
Pasó mucho tiempo en su habitación y experimentó muchas maneras de
tocarse, poco a poco las perfeccionaba y pasaba ratos muy agradables
mientras se imaginaba que era su jugador de baloncesto que la penetraba en
la parte trasera de un coche. También se lo hacía sobre una mesa de billar,
en el jardín de la casa, detrás de las oficinas de la universidad… En todos
lados, ella se dejaba llevar hasta donde su imaginación lo permitía.
El cambió de ella era notable y cada vez se iba haciendo más mujer y su
cuerpo se hizo mucho más deseado aún, lo que la ayudó a mantener
calmada a esa bestia sedienta de sexo que tenía dentro.
Angélica comenzó a ser más accesible para algunos chicos con los que
sólo salía para acostarse, de hecho, era ella la que establecía las reglas y sin
problemas todos aceptaban. La razón era que no quería verse inmiscuida en
algo que tuviera que ver con sentimientos. A pesar de ser como es y de
tener un alma un poco oscura, ella no quería que nadie más pasara por lo
que ella pasó.
Pero, su deseo crecía con facilidad y ya la manera de escoger a los
chicos era mucho más a la ligera. Generalmente era el tamaño de su paquete
lo que hacía que fuesen escogidos.
Lo que nunca imaginó es que pronto sería la golfa de la universidad, la
más fácil de todas y los rumores se expandieron hasta llegar a los oídos de
algunos profesores que le ofrecían aprobar las materias si sólo les daba una
noche de placer. La cantidad de invitaciones eran increíbles, porque no solo
iban a tener sexo (según ellos) sino que saldrían con la chica más hermosa
de toda la universidad.
Todo eso fue bastante abrumador, hasta para ella que era una leona y no
se dejaba someter, pero, las cosas se estaban saliendo de control en su vida
y entendió que necesitaba irse de ahí, no podía seguir yendo a una
universidad donde había pasado de ser lo más interesante a ser lo más fácil.
Los gritos de “golfa” en los pasillos de la universidad eran cada vez más
frecuentes, así como las notas amenazantes de algunas chicas que se habían
enterado que sus novios se habían acostado con ella.
Angélica no soportó tanta presión y regresó a su casa. Ya vería que haría,
por los momentos lo tenía todo a menos a nivel financiero. La verdad no
tenía por qué seguir escuchando toda esa cantidad de comentarios insanos,
al final, era su vida y ella hacía lo que mejor le convenía.
Sus años de la adolescencia fueron más difíciles de lo que pensó, pero,
entonces decidió comenzar de nuevo y después de un buen tiempo se le
ocurrió una interesante idea.
—Padre, quisiera hablar contigo.
—Claro, hija. ¿En qué puedo ayudarte?
—Quiero trabajar, quiero tener algo que hacer.
—No has terminado la universidad. Me dijiste que no ibas a ir en un
tiempo.
—Sí, pero, ya no pienso volver. Quiero trabajar contigo.
El hombre dejó lo que estaba haciendo, dejó las gafas sobre el escritorio
y miró directamente a los ojos de su hija. Esa hija que era todo para él, que
era su mundo y que era la única familia directa que le quedaba en la casa
desde que su esposa se fue para no volver.
—¿Algún día te has preguntado por mi trabajo? ¿Realmente te has
detenido a pensarlo al menos?
—No. Nunca hemos hablado al respecto, pero, sé que casi siempre estás
en casa. Pero, si he tratado de hacer mis opciones al respecto.
—Eres una chica muy inteligente y me lo demostraste desde tus
primeros pasos en la escuela cuando solo conseguías buenas calificaciones,
pero, no tienes madera para lo que hago.
—¡Pruébame! Has el intento.
—Hija, detrás de mí hay un enorme imperio en el cual no querrás
adentrarte. Al menos no aún.
Ella lo miró con mucha más curiosidad ahora.
—Padre, ya tengo 20 años y creo que puedo entender cada una de las
cosas que me digas, si me hablas con claridad.
—Se me hace difícil que no te hayas dado cuenta. Y me hace feliz que
sigas siendo inocente a todo esto, pero, sí, eres mi única heredera y algún
día te ibas a enterar.
Angélica cruzó sus brazos y se acomodó en la silla.
—¿Son drogas, papá? ¿Es eso a lo que te dedicas?
—Así mismo es… Drogas. Y no solo eso, somos los distribuidores más
grandes del continente y seguimos expandiéndonos. No es un trabajo del
que te puedas sentir orgullosa y lleva muchos riesgos, pero, la ganancia,
como te has dado cuenta es bastante grande.
La chica tenía una pequeña sospecha debido a la cantidad de dinero en
efectivo que se manejaba a en la casa y por algunas conversaciones
extrañas, pero, era muy diferente todo eso a que su padre se lo dijera
directamente.
Ella respiró profundamente y lanzó una media sonrisa.
—Estoy lista… Estoy lista para lo que me necesites.
Angélica necesitaba eso, la chica se sentía capaz de hacer cualquiera de
las tareas que le encomendara su padre y desde ese momento revivió la
leona que había dentro de ella. Se convirtió en una depredadora que ahora
necesitaba dejar a un lado las cosas malas de su vida y adentrarse en lo que
realmente importaba.
Todo el entrenamiento con su padre, las visitas a los socios, ver cómo era
el traslado de la droga, recibir pagos, atender llamadas, la hizo una mujer
completamente fuerte a nivel mental. Volvió a recuperar su seguridad y
confianza y poco a poco se ganaba el respeto de las personas.
Algunos clientes pequeños estaban bajo su control, era algo realmente
insignificante para lo que representaba el imperio de drogas de su padre,
pero, lo manejaba muy bien. Logró conseguir algunos contactos nuevos que
la ayudaron a ganarse todos los aplausos por parte de su padre.
La chica se olvidó completamente de sus cosas personales y ahora se
manejaba como una experta dentro del mundo del narcotráfico.
Angélica marcaba la diferencia, pues trabajaba arduamente y con todo y
eso salía en las noches a las discotecas más exclusivas de la ciudad y ahí
disfrutaba de la buena música y de algunos tragos, el problema es que
estaba siendo muy reconocida y eso no era bueno. Normalmente en las
noches salía con dos guardaespaldas, tomó esa decisión un día cuando se
dio cuenta que atraía más la mirada si llegaba con seis o siete gorilas
custodiándola.
Pero, esa decisión la llevó de estar en el mejor momento de su vida a
estar atada con el cinturón de seguridad en el asiento trasero de un coche.
Estaba golpeada y afuera había un desquiciado en motocicleta que hizo que
chocaran contra el borde de una montaña. Ahora todo estaba lleno de humo
y al parecer había fuego.
A su lado uno de los guardaespaldas le decía algo, pero, ella no
escuchaba para nada y todo comenzó a darle vueltas. El dolor era intenso y
a cada segundo era más difícil respirar, Angélica ni siquiera podía mantener
su cabeza en una sola posición, observó, como si se tratara de un sueño,
como el hombre salió del coche disparando y entonces ella no supo nada
más.
Su último pensamiento fue sobre aquel día cuando le dijo a su padre que
quería trabajar con él. Su vida había dado un giro completo y supo que
estaba en verdaderos problemas cuando despertó en una habitación extraña
y con un aspecto horrible. Todo olía muy mal y además le dolía la cabeza,
pero, su impulso la llevó a levantarse y tratar de salir de ahí. No pudo.
Estaba encerrada y sin su teléfono. No había nada que pudiera hacer. La
habían secuestrado.
Tan sólo pensarlo era algo increíble, un error que se cometió por su
misma imprudencia y por creerse intocable. ¿Pero, quien se habría atrevido
a hacer algo así a la hija del narcotraficante más grande del continente?
¿Quién estaba afuera?
Fuese quien fuese había firmado su sentencia de muerte. Sabía que no
estaría ahí por mucho tiempo.
Se calmó.
III

Cambio de planes

La puerta de la habitación se abrió y entonces entró el hombre con su


máscara y una bandeja de comida. Angélica lo seguía viendo fijamente, ella
estaba tratando de detallar cada una de las cosas que le diera una pista de
quién era, estaba convencida que saldría de allí y que acabaría con ese
hombre.
Había sangre en una de las mangas del pantalón del hombre, eso
indicaba una herida, aunque caminaba muy bien y no parecía tener dolor
alguno. Ella tomaba en cuenta el hecho de que era un hombre grande y no
sería fácil derribarlo, era muy fuerte. A primera instancia parecía que él
quería decirle algo, pero, no. Él solo dejó la bandeja en una pequeña mesa y
salió de nuevo, no sin antes lanzar una mirada a la chica.
Ella podía notar que el hombre solo estaba haciendo un trabajo, en su
mirada no había odio ni rabia, por el contrario, parecía que no tenía nada en
su contra. Parecía un buen hombre a través de sus ojos, pero, las apariencias
podían engañar muchas veces.
Angélica miraba por la ventana y se daba cuenta que el sol se ocultaba.
Ya iba para su segunda noche secuestrada y las cosas parecían tomar más
tiempo del que esperaba. Por supuesto que tenía que comer, aunque fuese
un bocado para mantenerse con energías, no sabía cuándo las podía
necesitar.
Para su sorpresa la comida estaba muy buena y comió un poco más de la
mitad de todo lo que tenía servido. Ahora sólo le quedaba esperar.
Afuera estaba Vittorio quien se sentía completamente atraído por la
mujer y fue así desde la primera vez que la vio.
Una noche, cuando se disponía a hacer negocios con su padre, él
necesitaba hacer algunos trabajos sucios y él era el indicado. Se reunieron
en un lugar alejado de la ciudad y donde podían hablar con tranquilidad.
Mientras los hombres hablaban de negocios una espectacular chica
apareció de la nada con una gran actitud y con una belleza indescriptible,
parecía caída del cielo y Vittorio no podía quitarle la mirada de encima.
Llevaba un escote grande que dejaba ver parte de unos enormes senos que
parecían perfectos y muy suaves. Se le hacía agua la boca de tan solo
pensarlo.
Las curvas bien marcadas a través de la tela de su ropa podían volver
loco a cualquier hombre y además todo eso se combinaba con un rostro
hermoso. Su corazón jamás había palpitado de esa manera, su alma sabía
que esa era la mujer que necesitaba, pero, así como llegó, se iría y quizá
nunca más la volvería a ver.
Había sido un momento inolvidable para él, pero, la mantuvo presente en
su mente siempre.
Ahora, dos años más tarde la tenía en una cabaña abandonada a unos 20
kilómetros de la carretera más cercana y cercada por colinas y árboles
frondosos, era como si no existiera. De hecho, no se escuchaba nada
alrededor más que aves, la brisa cuando golpeaba en las hojas y un río que
al parecer estaba bastante cerca, la corriente del agua era fuerte.
Era irónico, porque nunca la tuvo en su lista, principalmente porque era
una mujer y él no trabajaba secuestrado, amenazando o torturado mujeres.
Lo tenía prohibido para sí mismo y se lo dejaba en claro a cada una de las
personas que lo contrataban, y si insistían, entonces se daba media vuelta y
no volvía, así de fácil.
Pero, estaba entre la espada y la pared, el trabajo era muy bien
remunerado y necesitaba ese dinero con urgencia para poder pagar las
deudas y poder irse lejos a comenzar una nueva vida donde nadie lo
conociera. Intenta sanar todas las heridas del pasado y quizá podría hacer el
bien de alguna manera.
Vittorio se quitó la máscara y lo lanzó con fuerza sobre el sofá. Él quería
convencerse a sí mismo que las cosas eran así, que todo eso había sido por
dinero y nada más, que no había nada oculto o algún sentimiento
involucrado en eso.
¡No! ¡Jamás confundiría el trabajo con otra cosa!
Es increíble todo lo que está pasando.
Sus manos estaban temblando y su corazón acelerado.
Se culpaba a sí mismo por todo lo que estaba pasando, él pudo decir que
no a ese trabajo. No podía romper sus propias reglas, no podía violar su
código, por algo lo había hecho él mismo.
¡Pero, querías verla y quizá saber si había alguna oportunidad!
¡Acéptalo!
—¡Carajo!
El hombre se sentó en el sofá y sacudió su cabeza con fuerza como
tratando de sacar todos esos pensamientos, era imposible para él pensar que
estaba metido en este gran problema sólo por querer ver a una chica. Eso no
podía ser cierto, además era un hombre muy centrado y se tomó su tiempo
para aceptar el trabajo, hasta que terminó tomándolo por lo difícil de su
situación.
En ese momento trató de contactar a Misael, pero, le fue imposible.
Estaba pensando que debía hacer algo al respecto. Revisó las provisiones y
notó que le durarían al menos un par de semanas, siempre llevaba mucha
comida tomando en cuenta que los planes de un momento a otro podían
cambiar.
Vittorio salió a tomar un poco de aire. Era reconfortante la brisa de la
montaña y pensó que la chica también necesitaría algo así, en la habitación
en la que está solo hay una pequeña ventana y está casi toda tapada con
madera. Pero, era imposible sacarla de ahí, él sólo debía esperar a que la
fuesen a buscar.
La noche llegó de pronto y cubrió de nuevo toda la zona con su
oscuridad. Todo era muy tranquilo.
Justo en el instante más silencioso se escuchó un fuerte golpe que
despertó a Vittorio que estaba entre dormido y despierto. Él, a primera
instancia, esperó a ver de qué se trataba, pero, entonces se repitió y esta vez
llegó acompañado de una voz.
—¡Oye! ¿Estás ahí?
Era Angélica.
—Sí.
—Ya no puedo orinar en ese envase y además huele horrible, necesito un
baño.
El hombre no lo pensó dos veces, sabía que la chica tenía razón.
—Muy bien. Te dejaré usar el baño, pero, si intentas algo, te mato.
¿Entendiste?
Vittorio jamás había dicho una mentira tan grande.
—Sí, lo que digas, pero, por favor llévame, ya no aguanto.
—Bien.
Él buscó la máscara en la oscuridad, se la colocó, y abrió la puerta con
un arma en su mano derecha.
—¿Podrías guiarme? No logro ver nada.
Con toda la torpeza del mundo, Vittorio tomó de la mano a la chica y la
llevó poco a poco. La dejó sola para que pudiera hacer sus cosas sin
presionarla y tuviera un poco de privacidad, además en el baño estaba
completamente segura, no había por donde escapar, ni remotamente.
Era increíble poder tocarla, pero, en ese momento tenía que mentalizarse
de que se trataba de un trabajo. No podía ser tan débil.
Angélica estuvo en el baño por unos cinco minutos hasta que llamó de
nuevo la atención de su secuestrador. Así volvió a la habitación y se quedó
encerrada nuevamente, no había nada más que hacer. Esa noche sí se
disponía a dormir un poco. De hecho, ambos lo hicieron.
Descansaron más de lo que esperaban.
La primera en despertar fue Angélica quien se le vino a la mente el
hecho de que nadie intentara al menos buscarla. Su padre tenía a más de
500 hombres dentro del país a su completa disposición, no era lógico que
no llegaran con rapidez a rescatarla, por más que esa cabaña estuviera
escondida.
Se sentía decepcionada y entonces se le hizo un nudo en la garganta. No
era justo. Ese era el momento menos preciso para demostrar debilidad, ella
debía ser más fuerte que nunca ahora que, al parecer, la búsqueda se ha
hecho mucho más complicada de lo que parece. Por ahora, sólo cerró los
ojos para recordar momentos felices y entonces los adoptó por completo
para poder mantener la mente ocupada en algo que no le afectara.
Se quedó dormida nuevamente.
Vittorio seguía intentando la comunicación con Misael, pero,
definitivamente era imposible.
Debía tomar una decisión lo más rápido posible para salir de todo
aquello que lo estaba afectando tanto, además su vida estaba en riesgo
mientras tuviera en su poder a esa chica. Pensó en ir hasta la ciudad en su
motocicleta, pero, eso significaría exponerse y exponer el lugar donde
estaban, quizá muchos hombres estarían por ahí buscándola. Era difícil
saber qué hacer cuando los hechos no se apegan directamente al plan
inicial.
Prefirió levantarse y hacer algo para cenar antes, pero, pasara lo que
pasara esa sería su última noche allí. Al menos eso pensaba.
Lamentablemente el destino y los planes de quienes estaban moviendo
esos hilos, eran unos muy diferentes. Así que entre días y días se pasó la
primera semana, algo completamente inaudito, nunca había durado tanto un
secuestro de los que ejecutaba Vittorio.
La relación entre ellos logró mejorar un poco en el aspecto de la
comunicación y al menos las horas de la comida se respetaban. Él seguía
entrando con la máscara y ella se mantenía alejada, no hubo más contacto
directo desde aquella vez que la acompañó hasta el baño.
Diariamente ella lograba asearse con un poco de agua de río, pero, nada
más.
Era incómodo el lugar y además muy poco higiénico, nada parecido a lo
que estaba acostumbrada Angélica, quien siempre vivió entre lujos y
hoteles de primera categoría. Pero, no había más opción.
La chica estaba pensando que quizá nunca saldría de ahí y que las cosas
cada vez se complicarían más para ella, quizá era su destino quedarse ahí
hasta morir. Estaba comenzando a desesperarse y a llenarse de ansiedad, era
algo con lo que no podía evitar, pero, que tenía que controlarlo rápidamente.
Entonces mientras analizaba las distintas opciones sobre lo que debía
hacer, Angélica caminaba de un lado a otro en la pequeña habitación y algo
le llamó poderosamente la atención. Se acercó a la ventana lo más que pudo
y miró entre las maderas que obstruían su visión. Por primera vez se daba
cuanta que tan cerca pasaba el río de la cabaña, pero, lo más interesante era
quien se estaba bañando completamente desnudo ahí.
Angélica no sabía si eso sucedía a diario, pero, la verdad es que estaba
fascinada con lo que veía. Los musculosos brazos del hombre estaban
tatuados por completo, así como el 70% de la espalda. Era un muy buen
ejemplar lo que se mostraba a lo lejos y por alguna razón recordó al chico
del baloncesto, ella se sentía como una adolescente mirando sin que se diera
cuenta.
Su recorrido visual no culminó ahí y siguió hasta el trasero que también
estaba muy bien desarrollado y sus piernas definidas. Una de ellas tenía una
venda, así que su versión de que estaba herido era cierta y por lo visto
seguía sangrando.
Lo estaba viendo de espaldas, así que solo pudo observar una parte de la
moneda. Quería ver su rostro, tenía la necesidad de mucho más, pero, él
tomó una toalla y se fue hacia el otro lado, dejando a Angélica con una
sensación muy extraña dentro de ella.
No supo en ese momento de qué se trataba porque había muchos
sentimientos encontrados en su mente y en su corazón. Por ahora la mayor
de las ventajas es que había visto la herida del hombre, era un punto débil el
cual ella podría atacar en cualquier instante cuando pensara en alguna
maniobra para escapar o al menos para intentarlo. Claro, si quería
aprovechar eso, debía hacerlo antes de que sanara.
Angélica se sentó en la cama y entonces se dejó caer. Miraba el techo
como si de él pudiera sacar las respuestas que estaba buscando, necesitaba
un plan, algo que la ayudara a salir de ahí no podía morir de esa manera,
ella no había nacido para eso.
Estaba furiosa y desesperada.
Se llevó las manos a la cara y se sintió cómoda por primera vez en toda
la semana, ella se relajó todo lo que pudo y se quedó dormida, su cuerpo le
pedía descanso y así lo hizo. En sus sueños ella vagaba por un bosque muy
parecido al que estaba afuera de la cabaña y trataba de encontrar una salida,
sentía que la estaban persiguiendo.
Los árboles estrechaban el camino cada vez que ella avanzaba y se hacía
todo mucho más oscuro, Angélica trataba de evitar que la senda terminara,
así que intentaba correr más rápido, pero, sus piernas parecían estar pegadas
al suelo, las sentía muy pesadas y una sensación de ansiedad la recorría por
el pecho.
Su respiración estaba entrecortada. ¿Era humo lo que estaba viendo?
Algo se quemaba. Era su guardaespaldas, sí, su guardaespaldas estaba ahí
tirado en el suelo sin respirar y ella no lo alcanzaba, necesitaba ayudarlo.
La tierra comenzó a abrirse y entonces se lo tragó por completo y el
hoyo venía directo hacia ella, pero, Angélica no podía moverse, ella sería
devorada también.
Pero, no. Un fuerte estallido se escuchó y ella despertó.
Estaba completamente sudada y asustada.
Otro estallido. ¿Eran disparos?
Estaba muy confundida y todavía no terminaba de despertarse
completamente.
En ese momento entró el hombre con su máscara de siempre y esta vez
fue directo a donde estaba ella. Se acercó y se puso un dedo sobre la boca
indicándole a la chica que se mantuviera callada. Llevaba un arma con él.
Angélica no sabía qué hacer, quizá era la única oportunidad que tendría.
Pero, entonces miró al hombre directo a los ojos y sintió algo que no había
experimentado en mucho tiempo. Afuera se escuchaban pasos, y algunas
voces. También ladridos de perro, unos más cercanos que otros. Ella estaba
petrificada y por primera vez él la veía asustada.
La mente le susurraba a Angélica que gritara con todas sus fuerzas, era la
única forma de salir de ahí, pero, un nudo en la garganta no se lo permitía,
esa mirada de su captor la tenía presa en ese instante. Un par de minutos
más tarde la calma volvió a lugar y lo único que se escuchaba era la
respiración de cada uno de ellos. Vittorio se levantó y se fue cerrando la
puerta detrás de él.
¿Qué le había pasado a Angélica? ¿Por qué no gritó? ¿Quiénes eran los
hombres que pasaron cerca del lugar? La chica se golpeó en las piernas con
fuerza y entonces se asomó por el pequeño espacio de la ventana, pero, no
había rastros de nada ni de nadie.
Vittorio se dio cuenta que estuvo a punto de ser descubierto. Eran
cazadores que normalmente pasaban por la zona, hombres armados que si
se daban cuenta de lo que pasaba no dudarían en atacar y tratar de ser los
héroes. Los peligros acechaban más y más y era tiempo de salir de allí. Lo
que no sabía era si debía ir solo o llevar a Angélica con él. Ese era el
problema.
Ella se había comportado muy bien cuando él le pidió que se mantuviera
callada.
IV

Tortura sin arrepentimientos

Bajo la luz de un foco que no paraba de moverse estaba un hombre


completamente golpeado y lleno de sangre en cada centímetro de su rostro.
Ya ni siquiera podía mantener la cabeza alzada y sentía que iba a morir.
Pero, no. Al gran Denis aún le quedaba mucho tiempo para seguir sufriendo
y de eso se encargaría el mejor del negocio.
El hombre creyó por un momento que su verdugo se había retirado. Ya
llevaba unos 20 minutos o más solo en una habitación que no tenía ningún
tipo de ventilación, todo era muy tétrico ahí, pero, al menos ya no estaba
recibiendo ningún tipo de castigo.
Pero, él volvió de pronto. La bestia estaba de nuevo frente a él y al
parecer con más ganas de hacer daño. El hombre estaba terminando de
devorar el último pedazo de un sándwich, arrugó la envoltura, la lanzó a un
lado y se sacudió las manos. Todo de una manera muy casual, como si
estuviera botando la basura de su casa, parecía que nada de lo que hacía
tenía importancia para él.
La Bestia (como lo llamaba Denis en silencio) se agachó frente a él y
trató de mirarlo directamente a los ojos. Masticó y tragó.
—Mírame, malnacido. Ya llevamos un buen rato en esto y necesito que
me des la información que te estoy pidiendo. Así acabamos de una vez por
todas
—¡Ya te dije lo que sé!
—Y yo creo que me estás jodiendo. Y no me gusta cuando la gente me
jode. ¿Eres un mentiroso, Denis?
—No.
—Entonces dime lo que quiero saber y después me voy. Sin problemas.
Quizá hasta puedas salir caminando de aquí. ¡Podríamos tomarnos una
cerveza en un bar! ¡Sin resentimientos!
La voz de La Bestia tenía un tono extraño y macabro. Era como si
tuviese una lija en la garganta y con una profundidad increíble.
Definitivamente debía ser un demonio que había llegado a la tierra desde lo
más recóndito del infierno.
Vittorio se levantó y le dio un pequeño toque al foco, era increíble lo que
eso podía confundir a Denis que de esa manera solo veía sombras, también
gracias a lo inflamado que tenía los párpados de tantos golpes.
—¡No sé nada más de lo que te he dicho! ¡Carajo! ¡Si quieres…!
Un golpe en la quijada interrumpió lo que el hombre decía. Todo le daba
vueltas y la sangre corría sin parar. Comenzó a toser sin parar y Vittorio lo
miraba hasta que dejara de hacer un show de todo lo que estaba pasando.
La Bestia sacó unas pinzas de su bolsillo trasero y comenzó a juguetear
con ellas entre sus manos.
Para Vittorio todo esto era como un juego, y realmente lo disfrutaba,
había nacido para eso, no tenía ningún tipo de sentimientos y tampoco
culpa. Carecía de un alma, era como una máquina, sólo que más eficiente.
—Bien, ya que has dejado de hacerte el moribundo, quiero enseñarte
algo.
De nuevo se agachó frente a Denis y siguió hablando.
—¿Ves esto? Sí, son unas pinzas. Las compré hace poco y aún nos las
estreno. Estaba esperando el momento perfecto, y ¿qué crees? ¡Este es el
momento perfecto!
El hombre que estaba amarrado en la silla, ya casi moribundo, levantó su
cabeza e intentó escupir a su verdugo en un ataque de rebeldía, pero, no
alcanzó a hacerlo, no tenía la fuerza suficiente para eso. Vittorio lanzó una
gran carcajada cuando vio el intento fallido del hombre. Era increíble que
quisiera hacer algo así en su situación, pero, respetaba su valentía.
—Quieres matarme, lo sé. De lo contrario ya me habrías dejado ir.
Denis apenas hablaba como podía. Las palabras a apenas se le entendían.
—Eres un hombre inteligente, pero, al parecer no entiendes que no te
quiero muerto. Necesito que estés vivo para poder tener la información que
te estoy pidiendo, así que te equivocas.
—No sé nada más…
Vittorio tomó las pinzas y sin perder tiempo la colocó debajo de la uña
del dedo meñique de su mano derecha. La presión era fuerte y Denis sentía
un dolor agudo. Apretó la quijada y esperó.
—Denis, amigo mío. Debes ser más aseado y cortarte las uñas con más
regularidad.
Las pinzas despegaron en su totalidad la uña y el sangrado era increíble.
Denis gritó con fuerza y ya no tenía nada más que esperar. Era demasiado
sufrimiento y nada de eso se lo reconocerían jamás, si quedaba vivo ya no
sería de utilidad para nadie.
—McGregor. Chris McGregor.
—¡Aleluya! De haber sabido esto habría empezado por las uñas. Debe
doler realmente...
Denis seguía quejándose y no había una parte de su cuerpo que no le
doliera. Por fin el foco dejó de moverse y Denis levantó la cabeza para
poder verlo, algo le decía que esa era la luz que debía seguir. Su mirada
estaba fija, ya sabía que era su final.
Una sombra que parecía ser la muerte se acercó a él y le colocó la mano
sobre la frente. Denis abrió bien los ojos y no estaba equivocado… Era la
muerte con el rostro de su verdugo, de La Bestia. El hombre sonrió y justo
en ese momento sintió una presión en el cuello, que se hizo más dolorosa
cuando terminó de penetrar la piel, irónicamente el flujo de sangre se sintió
como un alivio, ya pronto dejaría de sufrir.
Vittorio dejó al hombre mientras moría. Era una víctima más y otro
trabajo realizado con efectividad.
Salió de la habitación directamente hasta el baño, ahí se lavó las manos
para quitarse la sangre, se acomodó el cabello y después la camisa frente al
espejo. Todo parecía estar en orden.
Llenó de combustible todo el lugar, sobre todo al cuerpo inerte del
hombre que acababa de asesinar, regó el líquido hasta la parte de afuera y
entonces encendió un cigarrillo de los que siempre llevaba con él, solo que
esta vez lo utilizó para poner a arder el lugar.
Las llamas se extendieron rápidamente, y mientras tanto él se subía en su
motocicleta. Todo lo hacía con una increíble calma y parecía que no había
pasado nada. Mientras se alejaba del lugar el fuego se levantaba con furia y
era señal de que no quedaría evidencia de nada, por eso era el mejor, por
eso nunca fallaba y le pagaban lo que fuera por uno de sus trabajos, nadie se
veía involucrado y siempre era eficiente.
Pero, mientras más trabajaba, más sumergido se veía en una vida llena
de oscuridad, sangre, asesinatos, torturas y muerte. Vittorio era sinónimo de
todas esas cosas y realmente era una bestia indomable. Todo eso acabó con
sus sentimientos y con lo que pudiera sentir por la vida de las demás
personas.
Las mujeres eran su punto débil, ellas llegaban a donde él estaba y lo
único que le importaba era follarlas con toda la fuerza que podía hasta
dejarlas sin aliento. Eso era lo que más disfrutaba, incluso más que ver a un
hombre morir por sus propias manos, Vittorio tenía una mente retorcida.
Las llevaba a las habitaciones de los hoteles y tenía sexo sin límites, le
gustaba ser salvaje con las mujeres y a muchas les encantaba, otras solo se
dejaban llevar y lo disfrutaban a su manera, aunque con un poco de miedo,
pero, todas eran sometidas a su manera.
Él las amarraba y también las azotaba, era como llevar su trabajo a la
habitación de un hotel, pero, un poco menos grotesco. Era increíble verla
suplicando por placer, todas a sus pies. Las chicas sabían de sus prácticas,
pero, el hombre tenía algo tan intenso que ninguna se podía resistir a sus
encantos. Era como un brujo que iba por sus víctimas y no las dejaba
escapar, esa era su marca personal para todo.
Era un vicio todo lo que lo rodeaba, y a pesar de ser él quien siempre
salía ganando, era el deseo sexual y el olor a muerte lo que lo movía, se
había convertido en un monstruo que no podía controlarse a sí mismo
cuando se trataba de hacer su trabajo o de follar a una mujer, no importaba
nada más allá de eso.
Por supuesto eso no era nada bueno y aunque no tenía ningún tipo de
culpa por lo que había hecho estaba buscando la manera de comenzar de
nuevo, después de estar acechando a las personas para torturarlas y
asesinarlas durante prácticamente toda su vida, ahora era tiempo de cambiar
eso. No sabía la razón real, pero, algo se lo decía muy dentro de él.
Estuvo buscando la respuesta durante mucho tiempo y la verdad es que
nada terminaba de convencerlo de que era lo que había cambiado su manera
de pensar. Siguió haciendo su trabajo y nada lo detenía. Siguió follando
mujeres sin parar, él tenía que saciar sus deseos de alguna manera y no
había otra que conociera.
De pronto se vio metido en problemas con la justicia gracias a un idiota
que hizo mal su trabajo en el mismo lugar donde él estaba. Todo se volvió
un caos y salió de ahí de milagro, pudo resolver todo a última instancia y
entonces él tuvo que desaparecer durante un tiempo. Se fue lo más lejos que
pudo, donde nadie lo conociera. Estaba furioso, él era un hombre
demasiado perfeccionista y ahora gracias a un novato su rostro estaba en
poder de uno de los departamentos de policía del estado.
Cambió completamente su apariencia dejando crecer una gran barba y el
cabello. Adoptó una apariencia mucho más avejentada. Pasó mucho tiempo
por fuera y eso se tradujo en problemas monetarios para él, había gastado
todo el dinero que tenía y ahora no tenía otra opción más que volver, así
comprobaría si podía mezclarse sin levantar sospechas. De igual manera era
un hombre muy sigiloso.
En su ciudad todos pensaban que había muerto y por consiguiente nadie
trataba de ubicarlo. Eso era bueno por un lado ya que quizá la policía lo
había descartado en sus búsquedas, pero, ahora su trabajo lo estaban
haciendo otras personas y eso no era nada bueno. Necesitaba recuperarse
económicamente para poder salir adelante, de lo contrario él debería buscar
otra manera de hacer dinero.
Estuvo tratando de acercarse a las personas con las que siempre trabajó,
pero, ahora la seguridad era mucho más difícil de traspasar y sólo se le
ocurrió una cosa. Un hombre de mediana edad y que amenazaba a todos los
carteles de droga de zona apareció muerto de la manera más profesional del
mundo, sin una huella, sin una pista, sólo el hombre degollado.
Era una señal directa para todos aquellos que conocían del negocio y
algunos, sólo los más importantes sabían dónde encontrar a Vittorio.
Fue cuando escuchó una voz conocida que golpeó a la puerta de un
pequeño departamento en el centro de la ciudad.
—Soy Misael, Vittorio. Necesito que hablemos…
Vittorio abrió la puerta y entonces sólo dejó pasar a Misael que venía
con sus hombres armados. Misael hizo señas de que todo estaba bien y
entonces se sentaron a hablar.
—¡Vaya! Creo que las cosas han cambiado mucho por aquí.
—Sólo con un poco más de Barba. Soy como un papá Noel con
asesinatos en su bolsa...
—Tu humor sigue intacto.
—¿Qué te puedo decir? Así soy.
—Pensé que estabas muerto.
—Lo estoy para las personas que me interesa que así lo crean.
—Sí, supe lo que pasó. Es que encontraron el cuerpo de un hombre muy
parecido a ti. Estaba desfigurado y no pudieron reconocer su rostro.
—Pobre hombre... Ha salvado mi vida.
—Así parece.
Misael abrió el botón de su traje y colocó los brazos sobre las rodillas
inclinándose hacia adelante para hablar más de cerca con su hombre.
—Vittorio, necesito uno de tus trabajos maestros.
—Te escucho.
—Esta vez no debes matar a nadie. Sólo es un secuestro de algunas
horas.
Vittorio frunció el ceño.
—Explícate mejor.
—Pues, se trata de la hija de...
—¿Hija? Sabes que ni mujeres ni niños. Siempre te lo he dicho.
—Esta vez es algo que debes hacer…
—Lo siento, Misael. Me agradó verte de nuevo, pero, mi respuesta es no.
—Debes estar pasando por un momento bien difícil a nivel económico
para que te arriesgaras a hacer lo que hiciste sólo para llamar la atención de
nosotros.
Vittorio se levantó y tomó a Misael de un brazo hasta colocarlo frente a
la puerta.
—Retírate por favor.
Misael tocó a la puerta y entonces uno de los hombres lanzó dos bolsos
llenos de dinero. Sólo por su sonido cuando cayeron al suelo, se sabía que
contenía muchos billetes.
—Eso es sólo la mitad de lo que pienso pagarte.
—¡Nada de mujeres ni niños, carajo!
Cerrando la puerta Misael se acercó a Vittorio.
—No le harás daño a nadie, es sólo tenerla durante unas horas y lanzarle
una advertencia a mi competencia más grande, se lo merece.
—¿No estás hablando de Saúl Scutaro, cierto?
—El mismo. Lo conoces, ¿cierto?
—Claro, pero, no secuestraré a su hija. Ella no.
—Sólo serán unas horas y tienes la mitad del pago adelantado. Cuando
la tengas me llamas, yo la recojo, te pago el resto y lo demás queda por mi
cuenta.
—¿Qué harás con ella?
—Ya veremos. Quizá pueda darle una buena follada. Es una mujer
exquisita.
Vittorio se contuvo. Pero, realmente no sabía porque estaba furioso.
—Bien, lo haré. Pero, cuando te llame apareces y te vas.
—No hay problemas.
Misael le estrechó la mano a Vittorio y cerraron el trato.
Era extraño que después de saber quién era la mujer en su mente las
cosas cambiaron completamente. Todo ese dinero era la oportunidad para
irse lejos, para hacer las cosas de otra manera, pero, además de ser un
trabajo fácil, era con aquella chica que le había despertado algo diferente
dentro de él.
Vittorio sacudió la cabeza y se concentró en el trabajo. No había nada
más importante que el dinero que recibiría y que todo saliera
completamente bien. Comenzó a trazar un plan con todos los detalles,
necesitaría unos días para ver la zona y saber cómo iba a ejecutar todo.
No lo podía negar, sentía algo diferente con respecto a este trabajo y
estaba emocionado como nunca antes. Había una adrenalina diferente, pero,
se lo atribuyó al tiempo que tenía sin trabajar.
Comenzó con su plan desde ese mismo día.
Pronto estuvo vigilando todo el movimiento de la noche que había
escogido para dar el golpe. Los guardaespaldas estaban listos para
acompañar a la chica para su noche de fiesta y ella apareció, como siempre,
despampanante. La mirada a través de los binoculares se posó sobre ella,
fue un momento de descuido, pero, estaba impresionantemente bella.
Tenía la misma reacción de la primera vez que la vio. Algo no estaba
bien.
Pero, era hora de entrar en acción de una vez por todas. Se subió a su
motocicleta y arrancó.
V

Sin opciones

El secuestro había pasado a ser algo muy diferente ahora. La situación se


había tornado muy extraña y sin saberlo, ambos estaban pasando por
circunstancias similares.
Angélica experimentaba el renacimiento de algo que había dejado en el
pasado, o al menos eso creía. Después de haber visto a su captor bañándose
en el río, sintió como sus necesidades más básicas resurgían sin ninguna
advertencia, no era para nada lógico que sintiera algo más que odio por ese
hombre, no era lógico que se sintiera atraída sexualmente por él.
Pero, así, era.
La chica trataba de sacar de su mente todo aquello, pero, la verdad es
que nunca pudo controlar sus impulsos y fue muy difícil salir de ese
momento la primera vez. Ahora Angélica tenía más de un año que no tenía
relaciones con nadie y se sentía como si se recuperara de una adicción
grave, aunque realmente eso era. Sus ganas de tener sexo eran enfermizas,
tanto que en algunos momentos le daba miedo.
Su cuerpo se sumía en un laberinto del cual ya no podía salir sino de una
manera. Ahora estaba presa de dos maneras. Angélica trataba de calmarse,
pero, de su mente no podía salir todo aquello que había visto. Esa espalda,
esas piernas, esos brazos. Era fácil para ella imaginarse lo que no pudo ver,
su imaginación hacía el trabajo y con eso se sentía más atraída.
Era una mujer inteligente y sabía que las personas pasan por momentos
muy extraños mientras se encuentran en la situación de un secuestro. Sabía
que quizá algunas personas tendían a sentir algún tipo de empatía con su
captor, algún tipo de síndrome del cual no recordaba el nombre en ese
momento, pero, era imposible que ella desarrollara eso en tan sólo una
semana y algunos días más.
Ella podía querer algo, pero, su cuerpo parecía tener más control que la
mente. Angélica estaba a merced de sus deseos más ocultos, ella deseaba a
aquel hombre de la manera más salvaje y primitiva que existiera y sin
tabúes.
Sabía que en algún momento entraría por la puerta, para entonces debía
calmarse y llevar las cosas con calma, tenía que tener en cuenta que él la
había secuestrado y que, por poco la mata en el proceso, ella debía saber
que no era una buena persona y que todo lo que “sentía” por él eran sólo
deseos absurdos por la ansiedad que tenía.
La casa estaba en completo silencio.
De pronto, se escuchó un grito y un golpe.
Afuera estaba Vittorio, quién estaba seguro de lo que había pasado con
él.
Desde el momento en que las cosas se complicaron con este trabajo sabía
que toda la culpa había sido suya, no era necesario romper las reglas, sin
importar que tanto dinero le ofrecieran, por algo las había puesto el mismo
y así le había ido bien. Sin tropiezos.
Pero, ya no tenía que engañarse más, no podía negar que la razón
principal era para ver a la chica y para tenerla cerca. Lo había cautivado
desde el primer momento y la verdad es que soñaba con volverla a ver.
También se dio cuenta que fue desde ese instante cuando supo que las
cosas podían ser diferentes en su vida, cuando supo que, si podía querer a
una mujer y más allá de eso, sentir algo por alguien. Todo eso había
cambiado su mundo completamente, el problema es que la única manera de
que la tuviera cerca era con algo así. Ella era un ángel caído del cielo que se
había tropezado con el mismísimo Diablo.
Sí, Vittorio tenía una debilidad más fuerte que las mujeres y la necesidad
de asesinar. Él estaba enamorado de aquella mujer, aunque él no lo habría
dicho de esa forma, pues no conocía el amor y mucho menos la manera en
que se sentía.
Está decepcionado y trataba de ver las cosas desde otro punto de vista,
pero, era imposible. Ahora ya estaba seguro que todo lo que pasaba tenía
una razón. Estuvo pensando cada una de esas cosas y se culpaba aún más,
ahora la chica estaba peligrando ahí con él y quizá él no se iría a donde
quería, Vittorio estaba atrapado.
Se tomó de la cabeza y trataba de sacar de su mente todo aquello, jamás
había sentido culpa por nada, jamás había sentido nada por nada ni por
nadie, todo eso lo tenía bastante confundido, todo eso lo hacía ver las cosas
de diferente manera. Entonces contuvo toda su rabia interna y la dejó salir
con un grito y un golpe seco que terminó rompiendo una mesa de madera.
Vittorio salió caminando rápidamente y entonces por primera vez en su
vida no sabía qué hacer. En ese momento el mundo parecía un lugar infinito
con diversos lugares a donde ir. Pero, él sólo quería entrar en esa habitación
y tomar a la fuerza aquella mujer y hacerla suya, así como a todas las
demás, necesitaba hacerlo de cualquier manera, sobre todo porque tenía casi
dos años sin estar con una.
Quería verla a sus pies y suplicando, pero, de una manera diferente, no
como sus víctimas.
Por su cuerpo corría una energía que iba más allá de lo normal y
entonces supo que no podía controlarlo. Era como el hombre lobo cuando
ve la luna llena o como cuando Drácula ve el cuello desnudo de una de sus
víctimas, nada en el mundo podía parar una necesidad.
La solución era irse y dejar a la chica ahí, él no quería hacerle daño y
ahora comprendía las cosas muy bien. Por supuesto que ella no iba a querer
nada con él, eso era lógico de pensar, pero, más allá de eso, existía un tipo
de empatía diferente.
Debes controlarte, Vittorio.
Debes controlarte.
Estaba seguro que de un momento a otro llegaría alguien por la chica,
sólo esperaba que fuera Misael y no el padre de ella.
Estuvo un rato afuera y tomó una decisión. Volvió a la cabaña y entonces
preparó algo de comer ya la noche se acercaba y después era muy difícil ver
bien las cosas.
Un rato más tarde tomó uno de los platos y se colocó su máscara. Tocó a
la puerta.
Angélica se estremeció de pies a cabeza cuando escuchó el par de
golpecillos.
Claro estaba que no iba a responder, eso era sólo un aviso de que iba a
entrar. Ella estaba acostada y apenas Vittorio entró se sentó en la orilla de la
cama. Trataba de mirar al suelo durante todo el tiempo que él estaba ahí. Se
acomodó el cabello detrás de la oreja derecha y entonces trataba de parecer
serena.
Su corazón parecía querer salirse del pecho. Temía que los latidos
comenzaran a escucharse.
El hombre pasó a dejar el plato en la misma mesa de siempre y ella no
pudo evitar voltear a mirarlo, lo tenía tan cerca que no podía creer que se
contuviera. Estaba en una batalla interna por hacer algo. Sus brazos eran
enormes y eso le encantaba a la mujer.
Esa vez no hubo ni una sola palabra, pero, pasó lo que ella nunca
imaginó. El hombre ya había tomado una decisión y sabía que quizá su vida
dependería de ello, pero, al menos la chica tendría una oportunidad.
Estaba haciendo algo por alguien más.
Salió, y entonces dejó la puerta abierta. Siguió de largo y salió de la
cabaña.
Ahora Angélica estaba petrificada y tenía la oportunidad de salir de ahí,
podía huir, él la estaba dejando escapar y si bien era algo que no tenía que
pensar se quedó congelada en el sitio, la chica no esperaba nada así. Su
cuerpo no reaccionaba.
Se levantó temerosa de que quizá sería una trampa, así que caminó
despacio entre la oscuridad que cada vez se hacía mucho más espesa. Ya
casi no se veía nada dentro de la cabaña. Angélica estaba temblando de
miedo, de deseo, de ganas, de emoción… no sabía exactamente como
sentirse en ese momento, así que sólo avanza un paso a la vez.
Pudo ver la puerta que daba al exterior, al parecer no había nadie cerca y
siguió avanzando, el miedo y la intriga la llenaban completamente, estaba a
solo un paso de su libertad. Afuera la luna estaba en todo su esplendor y
entre tanta oscuridad parecía un pequeño sol dando luz a la tierra, un sol
frío con un reflejo azul esperanzador.
El pasto estaba alto y los árboles parecían a los de su sueño de días antes,
ella miró a ambos lados y salió corriendo sin parar, era libre y no lo podía
creer. No tenía la energía como para desperdiciarla en esa carrera, pero, no
quería detenerse, estaba feliz.
En ese momento, sintió que alguien la perseguía.
¿Y si me liberó para dispararme por la espalda?
Angélica volteó de inmediato, pero, no había nadie cerca, sólo era su
imaginación.
La chica perdió el equilibrio y cayó.
Ahora veía la cabaña un tanto alejada y por alguna razón se quedó allí
observando con cuidado.
Todo se veía muy tranquilo y quizá hasta en un bonito plano, era
increíble que pasara días tan feos alrededor de un ambiente tan hermoso y
lleno de paz. Ella se sentía un poco confundida y escuchó el río.
Volteó y entonces se levantó para acercarse. Ese río solo le traía un solo
recuerdo y…
Su mirada se quedó fija en el horizonte. No lo podía creer. El hombre se
estaba bañando a esa hora, de la misma manera en que lo había hecho un
día antes. ¿Estaba desnudo?
Su deseo era más grande que cualquier cosa en ese momento y no podía
controlarse, Angélica era víctima de todos los pensamientos que había
tenido al respecto, necesitaba ver más allá de lo que ya había observado a
través de la pequeña ventana, era una oportunidad que no podía dejar pasar.
Sin pensarlo ni un segundo caminó sigilosamente en el sentido contrario
a lo que era su libertad, ella estaba escogiendo volver junto al hombre que
la mantuvo raptada durante tanto tiempo, no era lo más lógico que se podía
pensar en una situación así, pero estaba siendo prácticamente arrastrada.
Cada paso la acercaba más y podía ver con más detalles cada músculo y
los tatuajes parecían resaltar ante la potente luz de la luna. Su corazón latía
más fuerte que nunca, y sus manos temblaban, pero, Angélica no se
detendría. Esa leona que llevaba en su interior había despertado y ya no
podría domarla tan fácilmente. Ella tenía la solución muy cerca.
Ya cerca de la cabaña pudo ver la ropa y la máscara que utilizaba para
cubrir su rostro, un escalofrío recorrió su espalda al saber que ya no había
vuelta atrás, que quizá estaba cometiendo la locura más grande del mundo,
pero, estaba decidida a hacerlo. Angélica no estaba pensando en nada, su
mente estaba completamente en blanco y era su deseo quien la manipulaba.
Ella tomó la cremallera de su vestido y la bajó hasta el final, la tela
parecía desprenderse de su piel rápidamente, era su cómplice en ese
momento y le daba pie para seguir adelante. La brisa rozaba sus pechos
desnudos y eso la excitaba aún más, seguía caminando con sigilo y de
pronto se dio cuenta que su presa estaba a un paso de distancia.
Vittorio no se había dado cuenta de todo aquello, estaba siendo fuerte
ante la situación que él mismo había provocado. Dejó ir a la chica, lo que
significaba que su trabajo no había sido efectuado de la manera correcta y
eso se convertía en un gran problema para él. Pero, por otra parte, sabía que
por primera vez en su vida había hecho lo correcto y que lo hizo por amor.
Una palabra que jamás había usado.
Había una mezcla de sentimientos que ni él mismo podría explicar, su
vida ahora corría peligro y no había un plan para evitar que lo capturaran
tan pronto como se dieran cuenta que había fallado. Sólo le quedaba
disfrutar de ese río y después vería que pasaba, definitivamente nada había
salido bien con ese trabajo.
De pronto, Vittorio sintió que lo tocaban en su espalda, por un momento
atribuyó eso a su imaginación tomando en cuenta que era la única persona
en al menos tres o cuatro kilómetros a la redonda, pero, entonces vio cómo
su máscara cayó en el agua frente a él. No estaba seguro de lo que estaba
sucediendo, pero, tenía la certeza de que era real.
Ella se acercó y dejó que sus senos rozaran la espalda del hombre
mientras que sus manos ahora recorrían el pecho y los abdominales del
hombre, podía sentir lo que aún no había visto. Su corazón ahora parecía el
paso de un caballo desbocado dentro de su pecho, pero, no había duda de
que lo que sentía era real, el deseo y la pasión se multiplicaban con cada
roce, y entonces él se volteó.
El rostro de la chica era tan hermoso como cada vez que lo observó, sólo
que ahora resplandecía bajo la luz de la luna, entre la oscuridad tenebrosa y
sus brazos. Ella ahora lo miraba de una manera distinta, no había miedo ni
odio, sólo era una mujer viviendo el momento y dejándose llevar por sus
instintos.
Angélica seguía sin conocer los rasgos de su captor, ahora lo veía a
contraluz, pero, eso era perfecto para ella. La intriga se mantenía y después
de todo, tendría algo más para descubrir. Ahora se encontraba rodeada por
los musculosos y grandes brazos de Vittorio quien no podía creer lo que
estaba sucediendo, ella desvió su atención hacia los pectorales y el
abdomen que había imaginado antes, sólo que en la vida real lucían
muchísimo mejor.
El río, el bosque, la luna y las estrellas se convertían en los únicos
testigos de lo que estaba pasando allí, la naturaleza y la soledad que veía
junto a ella eran el ingrediente principal de esa escena que estaba
transformando la vida y la historia de dos personas que estaban destinada a
estar juntas, bien fuese por las buenas o por las malas.
Ambos estaban temblando y experimentaban sensaciones inéditas que no
podían ser comparadas con nada de lo que habían vivido en el pasado,
sabían que todo lo que estaba por suceder era prohibido y que el rumbo de
su destino cambiaría completamente.
En ese momento no había rastro alguno del Vittorio que todos conocían
y entonces se inclinó para besarla sin recordar cuándo había sido la última
vez que lo había hecho, pero ahora las cosas se iban dando de una manera
tan perfecta que parecía seguir el guión de una película.
Angélica cerró sus ojos y se dejó llevar por el momento, ya no había
vuelta atrás y ahora sólo quedaba dejar salir a esos instintos animales que
llevaban dormidos por mucho tiempo, era hora de entrar en acción y no
pensar en nada más.
Un beso dio inicio a una aventura que no tendría fin.
VI

Ni en un millón de años

Las manos recorrían cada centímetro del cuerpo del otro, la pasión
estaba desbordada y sus besos eran el complemento perfecto para que todo
encajara de la manera correcta. Ambos estaban completamente sumidos en
lo que estaban haciendo, no había miedo, no había duda, en ese momento
nada de lo que había pasado ni de lo que pasaría importaba.
El agua cada vez más fría seguía mojándolos sin detenerse y ahora un
par de nubes se colocaron frente a la luna, el ambiente parecía una mezcla
de tenebroso y romántico, era como la mezcla de los personajes que estaban
entregándose más abajo.
La luz era más tenue y ahora el misterio crecía.
Seguían tocándose y tratando de llevar todo con calma, pero, el deseo
que se tenían era tan intenso que no podían hacerlo de otra manera que no
fuese de la única que conocían. Ambos eran unos animales, ambos sabían
que era lo que les gustaba y estaban dispuestos a llegar tan lejos como fuese
posible.
Angélica sentía como el pene de Vittorio le rozaba el abdomen, ella no
había querido tomarlo aún para mantener eso también como algo oculto,
como una sorpresa, pero, la verdad es que por lo que podía sentir, se iba a
enfrentar a un monstruo que iba a destrozarla completamente. De solo
pensarlo se mojaba.
Vittorio la tomó con fuerza por cada una de sus nalgas y la levantó con
una facilidad increíble. Los senos de Angélica quedaron a la altura de la
boca del hombre quien no dudó en degustarlos hasta el último centímetro.
Los rosados pezones de la chica se endurecían cada vez que sentía que la
lengua de su amante la rozaba. Él sabía exactamente lo que estaba
haciendo.
La mujer se agarraba a él y clavaba las uñas en cada uno de los brazos de
Vittorio, era como estar aferrada a un tronco o algo por el estilo. Era
increíble la cantidad de músculo que había en una sola parte de su cuerpo.
Echaba su cabeza hacia atrás disfrutando de la combinación de maniobras
que hacía.
Sin esperar un momento más él tomó su pene y lo colocó justo en la
vagina de la mujer que lubricaba como nunca antes, ella estaba tan excitada
con todo lo que estaba pasando que ni se imaginaba lo que venía a
continuación.
Angélica lanzó un grito ahogado y se mordió el labio aguantando la
combinación de dolor y placer mientras el monstruo entraba en ella. Era una
sensación algo escalofriante porque jamás había sentido un miembro tan
grande y masivo. No estaba segura de hasta cuándo entraría aquella “cosa”,
pero, estaba segura que no quería que parara.
Cada milímetro de su interior era tocado en el punto exacto.
Comenzaba la función.
Vittorio la tomó con fuerza de la cintura y comenzó a levantarla y a
dejarla caer sin parar. Ella no podía creer lo que estaba sintiendo. Era un
nivel de placer por el que jamás había pasado, era algo indescriptible y
comenzó a gemir sin parar. Sus gritos hacían eco en el bosque que estaba
observando en primera fila como dos cuerpos se unían, sus almas, exceso
de placer y quizá algo de amor.
Por su parte, él seguí incrédulo ante la situación, no entendía muy bien
cómo es que las cosas estaban sucediendo de aquella manera. Siempre soñó
con tenerla, pero, jamás pensó que eso era posible, él era un “Don nadie” al
lado de esa princesa. De hecho, la primera vez que la vio, Angélica ni se dio
cuenta de la presencia de él en ese instante, para ella era un completo
desconocido.
Todo esto parecía un sueño del que no quería despertar jamás, él estaba
con esa mujer que había sido capaz de despertar en él algún tipo de
sentimiento y por la que arriesgó su vida y su trabajo. Ella estaba entre sus
brazos en ese instante y no podía hacer nada más que follarla, follarla como
nunca lo había hecho, porque las mujeres como ella no se trataban como a
cualquiera.
La piel de la chica era increíblemente suave y sus senos parecían de
película, era como si los esculpieran en ese cuerpo. Naturales y con el
tamaño perfecto, no había nada igual en la vida. Ni siquiera él, quien había
estado con una cantidad incalculable de mujeres había visto algo igual. Eran
sedosos.
Ella era una combinación de belleza y lujuria, algo que no se imaginaba
Vittorio, quien la creía un poco más recatada. La chica seguía gimiendo
mientras comenzaba ahora a mover sus caderas de manera circular, eso
brindaba una manera diferente de sentir cada penetración. Los movimientos
eran espectaculares y además de que lo que sentían era algo agradable
visualmente, se notaba como ella gozaba lo que estaba haciendo.
Ella lo tomó por las mejillas y entonces lo besó desesperadamente, casi
no conseguía respirar, pero, no paraba de moverse. Angélica estaba en un
mundo desconocido a donde no todas podían tener acceso, no había
comparación con ninguna de las relaciones que había tenido antes, esto era
un regalo de los dioses.
La pasión era desbordante en ese instante.
Angélica se apoyó de los hombros del hombre y se dejó caer al suelo con
ayuda de su amante. Quedó a la altura del pecho. Era increíble que toda esa
masa muscular pudiera ser desarrollada por un hombre. Ella besaba los
pectorales y los tocaba con deseo, pero, no era ahí a donde quería llegar.
Desde siempre había tenido un fetiche con los abdominales de los
hombres musculosos y por primera vez iba a tener los más perfectos solo
para ella. Bajó poco a poco hasta allí y entonces los miró con ganas, los
mordía y lamía con delicadeza. Eran sumamente divinos, eran como rocas.
Estaba excitada. Todo le gustaba de ese hombre. Pero, entonces debía
hacerlo. La boca se le hacía agua ante la oportunidad de poder hacerse del
monstruo que la había penetrado.
Por fin lo tuvo de frente y lo conoció.
Resultaba un poco intimidante para ella todo aquello, pero, era tanto su
deseo que solo seguía adelante. Pudo meter en su boca solo parte de aquel
enorme miembro y sentía por completo todas las texturas. Era un manjar y
estaba agradecida por poder probarlo. Ahora estaba de rodillas y era
momento para que él tomara el mando de nuevo.
Levantó a Angélica con poca delicadeza y entonces la chica quedó de pie
frente a él. Se miraban nuevamente. Eran miradas intensas y muy sinceras.
Salieron del agua y entonces llevó a la mujer hasta un árbol que estaba
caído, allí la apoyó dejándola expuesta y la embistió sin ninguna
advertencia.
Angélica lanzó otro gemido impresionante y se mantenía firme para que
él siguiera haciendo su trabajo. Las penetraciones eran muy fuertes y sus
cuerpos chocaban sin parar, las nalgas de Angélica lucían carnosas y muy
apetitosas, entonces Vittorio la golpeó la primera vez y a ella le encantó, esa
manera salvaje de hacer las cosas era de lo mejor.
La mujer gritaba y pedía que siguiera regalándole esas nalgadas. Una a
la vez. Otra vez se escuchó como la piel sonaba después del golpe y
comenzaban a ponerse calientes, el ardor penetraba mientras el placer de
aquel pene dentro de ella terminaba de explotar las sensaciones más
interesantes.
Angélica estaba a merced de aquel animal que ahora estaba dando todo
lo que tenía, las penetraciones eran cada vez más frecuentes y profundas,
ella seguía sintiendo un dolor placentero que la transportaba hasta lo más
lejano del universo. Su respiración estaba entrecortada, los gemidos ahora
eran gritos y sabía que estaba a punto de llegar al clímax total.
Sus senos rozaban con la textura del árbol y entonces sabía que estaba
dentro de la naturaleza teniendo sexo salvaje como animales. Vittorio la
miraba desde su ángulo y era algo espectacular, mejor de lo que alguna vez
se pudo haber imaginado. Su lacio y dorado cabello brillaba, él la tomó y
jaló con fuerza, ese fue el detonante para Angélica.
Ella sabía que estaba por explotar, pero, trató de retardar el momento lo
más que podía, los labios de su vagina abrazaban con fuerza el pene que no
dejaba de hacer su trabajo y entraba y salía con alta velocidad. Aguantó lo
respiración y después de un par de segundos no pudo aguantar más.
Angélica gritó con todas sus fuerzas y era una combinación de dolor y
placer.
Ella volaba por lo más alto del cielo, estaba en el paraíso y su mente
estaba completamente en blanco, era como si dentro de su cuerpo
estuvieran explotando mil bombas atómicas al mismo tiempo, ella se sentía
fuera de este mundo.
Las piernas le temblaban sin parar, los espasmos involuntarios no le
permitieron mantenerse de pie, pero, antes de que cayera sobre el pasto
Vittorio la tomó por la cintura, él no paraba de penetrarla, era algo increíble.
Definitivamente ese hombre era una máquina.
La sensación de todo lo que pasaba era completamente inédita y estaba
fuera de la mente de ella, nunca habría imaginado algo parecido. El
orgasmo recorría cada partícula de ella y se repetía uno tras otro, sentía que
no aguantaría más placer y que su corazón dejaría de bombear sangre.
Ya no podía mantenerse ni un segundo, su cuerpo seguía teniendo la
sensación de todos los orgasmos que había tenido, pero, tenía detrás a una
bestia que no paraba en ningún momento. El seguía haciendo su trabajo.
Vittorio estaba a punto de correrse y sabía que lo que venía era grande,
no quería detenerse ni un segundo. Así que dejó correr todo su semen
dentro de la chica que sintió como entraba caliente, eso le produjo una
reacción interesante y gemía de nuevo. Él seguía sin parar hasta que por fin
descargó por completo.
Ambos cayeron agotados uno al lado del otro. El pasto estaba húmedo y
todo era gracias a ellos. Los cuerpos de los amantes sudaban sin parar, sus
corazones seguían agitados y Angélica sentía como sus piernas saltaban sin
parar, aunque cada vez era menos frecuente.
Trataban de recuperar el aire que habían perdido, el oxígeno entraba y
salía sin parar a sus cuerpos y ahora el silencio volvía a ser el protagonista.
Ellos ahora miraban el estrellado firmamento que parecían los créditos de
una película. La luna apareció después de que las nubes siguieran su camino
y entonces resplandeció con toda su fuerza.
Los amantes seguían tirados en el suelo y no sabían que hacer, poco a
poco sus mentes volvían a conectarse con el cuerpo, pero, definitivamente
sus vidas no volverían a ser como las de antes. La sensación de los restos de
aquellos orgasmos que permanecían en sus sistemas eran señal de todo lo
gozado minutos antes.
Por fin Vittorio se levantó y ella volvió la mirada hacia él. Su cabello
estaba completamente desordenado y tenía algunas hojas y ramas pegadas a
su cuerpo. La luna estaba justo sobre él y entonces cuando volteó a mirarla,
ella seguía sin distinguir aquel rostro que se escondía de una u otra manera.
—Acompáñame al río y después vamos a la casa.
—Sí, comienza a hacer algo de frío.
Ellos se bañaron todavía tratando de mantener los pies sobre la tierra,
había sido algo que les había movido las vidas por completo, pero, ahora
debían tomar una decisión para poder seguir adelante.
Ella seguía afuera y podía pensar en que ya había logrado su objetivo y
que quizá era momento para irse, de hecho, era lo más lógico, el único
problema ahora era que sus objetivos habían cambiado y necesitaba mucho
más de lo que había probado, el nivel era muy alto para tratar de solventar
el problema con alguien más. Dudaba que conseguiría a alguien que la
hiciera sentir al 10% de lo que lo hizo ese hombre.
Así que no huiría, ella estaba dispuesta a enfrentar todo lo que se le
venía.
Vittorio era un poco más realista y sabía de los problemas que esto
traería a ambos, además no era sano estar a su lado, él no era una buena
persona. Estaba seguro de eso. Pero, no sabía que iba a hacer con el impulso
indomable de tenerla de nuevo, no sabía cómo iba a aguantar la vida si
nunca más iba a poder hacerla suya. Eran muchas cosas las que estaban en
juego.
Entraron a la cabaña, se secaron y de inmediato Vittorio hizo un poco de
café para contrarrestar el frío del agua.
Aunque todo estaba a oscuras, la cabaña parecía diferente, el ambiente
ahora era otro.
Angélica rompió el silencio mientras dejaba la taza ya vacía a un lado.
—¿Por qué me dejaste ir?
Vittorio tenía la respuesta a eso, pero, era incapaz de decirla.
—Creo que ya las cosas están tomando otro camino y tú no eres el punto
principal. No vale de nada tenerte aquí.
Ella no dijo nada. Él tenía razón.
La brisa seguía entrando con fuerza y era la primera vez que se sentía un
frío así en todas las noches que habían pasado en la casa. Angélica se
acercó al hombre buscando un poco de calor y Vittorio se sorprendió de
aquello. Levantó el brazo y entonces ella se acurrucó lo más que pudo.
El brazo de él seguía arriba y no estaba seguro donde colocarlo, se sentía
incómodo ante aquella situación. No quería comprometerse de ninguna
manera, pero, ¿acaso ya no lo había hecho?
Dejó caer el brazo detrás del cuello de la chica y entonces permanecieron
ahí durante horas.
Vittorio sabía que la cabaña ya no era un lugar seguro y además las
provisiones estaban prácticamente en cero. Si de verdad iba a irse con la
chica deberían hacerlo lo antes posible, eso no significaba para nada que
iban a seguir juntos, pero, al menos saldrían del peligro por el momento, el
destino de ambos se decidiría después.
Se quedaron dormidos sin darse cuenta, la compañía de ambos
complementaba aquellas noches solitarias antes y después del secuestro.
Angélica imaginaba con quien se estaba relacionando y quizá lo mejor
era seguir cada uno por su camino, pero, no podía luchar con esas ganas y
esa pasión que tenía dentro. Esa leona estaba sin control y seguiría cazando
a su nueva presa todas las veces que fuese necesario.
La noche pasó rápidamente y el sol le golpeó directamente el rostro de
Vittorio que se despertó instantáneamente y entonces acomodó en el sofá a
Angélica para que siguiera descansando. Él mientras tanto se lavó un poco
la cara, amarró su cabello y sacó de debajo de la cocina un par de maletas.
Era todo su dinero.
Salió y Angélica estaba sentada en el sofá.
Ella quedó con la boca abierta cuando vio claramente el rostro de
Vittorio, no lo podía creer. Nada en la vida podía ser tan perfecto y
cualquier duda que tuviera al respecto sobre una decisión estaba aclarada.
VII

Lo más lejos posible

De día las cosas afuera de la cabaña se veían diferentes. Había un


camino bien marcado hasta cierto punto y después, era la experiencia lo que
contaba para poder salir de ahí ya que todo se veía muy igual. El bosque era
enorme y el río con un azul espectacular, el agua corría tan clara que se
podían ver las rocas al fondo sin problemas.
Todo era muy verde y con algunos detalles en el amarillo de las flores
que resaltaban, ante todo. La cabaña parecía estar en sus últimos días y
dentro de poco las ramas de los árboles se la tragarían por completo, estaba
en un lugar muy escondido, nadie la podría ver desde ningún punto a menos
que supieran llegar hasta ahí.
Angélica estaba confundida por la rapidez con la que su amante quería
salir del lugar, pero, tampoco se lo discutía. La verdad es que ahí ya no
tenían nada para permanecer. Ella volteó después que escuchó arrancar el
motor de la motocicleta, así que supo que era la hora de irse.
Mientras caminaba y le daba la espalda a todo lo que antes había estado
viendo, se dio cuenta de algo. El rostro de Vittorio cambió rápidamente y
entonces ella supo que algo iba muy mal. Así que volteó y vio a lo lejos un
par de coches que se dirigían directo hacia la cabaña, era difícil de
diferenciarlos, pero, el reflejo del sol en las ventanas lanzaba un brillo que
no era para nada natural, así que no había dudas.
Vittorio se bajó de la motocicleta y tomó ambos bolsos llenos de dinero.
Le dijo a Angélica que lo siguiera. Caminaron hasta detrás de unos árboles
y ahí dejó todo el pago, sacó un arma y algunos cargadores y después tomó
a la chica y la llevó con él.
—Mientras estés a mi lado no te pasará nada. Confía en mí.
Pero, Angélica estaba tratando de diferenciar los coches, lo más lógico
es que fuese su padre buscándola, de ser así no habría peligro para ella.
Podría salir e inventaría alguna historia para poder salvar la vida a su nuevo
amante. Estaba atenta.
Los coches no eran los de su padre y los hombres que bajaron de ellos
eran completos desconocidos para ella, a excepción de uno que parecía ser
el jefe. Salió de detrás de uno de los vehículos después de que le abrieran la
puerta.
Sí lo conocía.
—¡Misael! ¡Puto de mierda!
Ella habló entre dientes y con una rabia inmensa.
Por supuesto que lo conocía, era el enemigo número uno de su padre y
quien siempre estaba por debajo en el negocio. No era capaz de ganar
nuevos clientes por sí solo, la manera que tenía de escalar era a través de la
mentira y de la traición.
Por eso ahora tenía su propia mafia, después de traicionar a su padre.
Ahora sabía quién había contratado a Vittorio.
—¡Hijo de…!
Vittorio le tapó la boca de inmediato.
La ira que tenía era increíble, pero, sabía que estaban en desventaja y era
mejor esperar a ver qué sucedía. Misael se acomodó el traje y miró a su
alrededor, era un hombre sencillo, pero, no le gustaba para nada el contacto
con la naturaleza y los ambientes al aire libre.
—Muy bien caballeros entremos y demos una visita a nuestro amigo.
Los hombres siguieron a Misael.
Cuando tocó a la puerta y se dio cuenta que nadie le atendía, decidió
entrar y ver por sí mismo que era lo que pasaba. La cabaña parecía estar
completamente sola y entonces colocó la mano sobre el arma que llevaba en
un costado y empezó el recorrido.
Dos minutos más tarde supo que no había nadie más que ellos. La
situación se tornó bastante extraña y mandó a dos de sus hombres a revisar
a fuera mientras él se quedó con los otros dos. Misael caminaba cerca de la
cocina y entonces se dio cuenta que la estufa seguía caliente, habían estado
ahí hace poco así que no podían estar lejos.
Les comunicó eso a los hombres que estaban con él y todos salieron
juntos a ver qué era lo que pasaba. Justo en ese momento venía llegando
otro con la noticia de que la motocicleta seguía en su lugar.
Misael caminó hasta cerca del río y dio una vuelta como tratando de ver
en todas las direcciones.
—¡Amigo mío, solo vine a que termináramos el trato!
Por supuesto no hubo una respuesta, entonces hizo una seña con la mano
para que buscaran y encontraran a Vittorio y a la hermosa Angélica.
Era difícil saber qué era lo que estaba pasando en realidad, no era el
estilo de Vittorio todo eso, la verdad es que tenía miedo de que alguien más
estuviese involucrado. Tres de sus hombres se desplegaron en direcciones
distintas tratando de dar con el paradero del hombre y la mujer. Todos
sabían con quién estaban tratando y debían tener todo el cuidado necesario,
de lo contrario las cosas se podrían poner muy feas y no precisamente para
Vittorio.
El primer hombre llegó tan cerca como se lo permitieron.
Vittorio esperó hasta el momento indicado y lo sorprendió por detrás
tapándole la boca y quebrándole el cuello. Eso fue muy fácil.
Angélica se tapó los ojos para no ver aquello, pues le resultaba muy
desagradable.
Se agachó y comenzó a susurrar en su oído.
—Necesito que te quedes aquí mientras yo busco la manera de
deshacerme del resto de estos imbéciles. ¿Está bien?
Ella miró fijamente a Vittorio como si quisiera grabarse cada uno de los
detalles del rostro del hombre. Entonces lo tomó del cuello de la camisa y lo
besó con toda la pasión que era posible.
Él se fue rápidamente sin perder más tiempo, necesitaba acabar con todo
eso de una buena vez.
Más adelante consiguió a otro de los secuaces de Misael y entonces se
fue tras él para intentar interceptarlo. Lo siguió hasta un punto ciego y
aplicó la misma técnica que con el anterior. Le tapó la boca y le quebró el
cuello.
Trató de buscar al otro, pero, no estaba por esos lados, así que volvió
hasta donde estaba Angélica para ver que estaba bien.
El último hombre había dado una vuelta detrás de un árbol y la verdad es
que había perdido la dirección, no sabía exactamente en donde estaba y
estaba tratando de ubicarse. Su vuelta fue tan grande que entonces quedó
justo en el camino donde estaba Angélica.
El hombre vio a la chica a lo lejos agachada detrás de una pequeña
colina llena de muchos arbustos y hojas secas. Sacó su radio y entonces
justo cuando iba a notificarlo un arma le apuntaba justo en la sien y escuchó
cuando cargaron la bala.
—Es mejor que sueltes esa radio y comiences a rezar.
Este hombre tenía un arma larga y entonces se la quitó antes de soltar un
disparo que dejaría el cerebro de ese sirviente regado por todos lados. La
detonación hizo que Angélica brincara del susto, pero, se sintió aliviada
cuando vio a su galán caminando hacia ella, salvándole la vida.
Pero, la detonación fue mucho más llamativa para Misael y sus
guardaespaldas quien de una vez trató de comunicarse con alguno de los
hombres, pero, ninguno respondía a su llamado. Ahora las cosas sí que
estaban muy extrañas.
Comenzaron a mirar a cada rincón y definitivamente estaban muy
asustados porque sabían que estaban lidiando con un profesional. Era un
hombre que era una máquina para asesinar y que llegaría justo en el
momento preciso.
Vittorio recogió sus bolsos con el dinero y entonces salió del bosque
donde estaba escondido. Se detuvo un momento y entonces apuntó. Los
hombres ni siquiera estaban mirando en dirección a donde él estaba y desde
la distancia se les notaba el miedo.
Un certero disparo atravesó la cabeza del guardaespaldas de Misael que
cayó al lado de él sin poder hacer nada. El temor se adueñó de él, quien se
supo sólo en ese momento.
Volteó y miró que Vittorio que venía caminado con un gran rifle en una
mano y en la otra un par de bolsos que Misael reconocía muy bien. A su
lado la despampanante rubia que en ese momento se veía mejor que nunca.
Misael recordó brevemente todas las veces que estuvo solo en su habitación
y pensaba en esa chica. Era increíble que ahora estuviera mejor que antes y
que además su cuerpo fuese mucho más ardiente.
Pero, ahora solo le importaba Vittorio.
Sabía que si ese hombre venía caminando de esa manera es porque había
acabado con todos los demás, no había escapatoria para Misael quien había
viajado hasta allá para poner orden y se encontró con nuevas reglas que
debían respetarse.
Estaba perdido.
—¡Amigo mío! Sé que tardé un poco, pero, aquí estoy, como lo prometí.
Vittorio dejó caer los bolsos sobre la tierra.
—Creo que me debes dos más así y asumo que los traes en uno de tus
coches, ¿cierto?
Misael no respondió.
Vittorio comenzó a revisar cada uno de los coches de manera sarcástica.
—Pues, en este no veo nada. Probemos con el siguiente.
Vittorio caminó, revisó y obtuvo el mismo resultado.
—Y, no. En este tampoco tenemos nada. Dime, Misael. ¿Se te olvidó
traer el dinero o solo querías estafarme, asesinarme y llevarte lo que me
había pagado? Eso no es de muy buenas personas.
Misael daba pasos hacia atrás inconscientemente.
—Además traes a varios de tus hombres y les das la orden para que nos
eliminen. ¡Vaya, eso sí que es de una muy buena persona! Me siento
halagado.
—Las cosas no son así. Sabes que siempre te he pagado cada uno de los
trabajos que has hecho para mí, pero, la verdad es que esta vez quería hacer
la entrega en mi mansión donde quizá podríamos tomar un buen tequila.
—Claro, iremos todos en familia. Tú, la chica que mandaste a secuestrar
y yo. ¿No te parece una idea súper genial?
—¡Vamos, viejo amigo sabes que no tengo nada en tu contra!
Vittorio se acercó y lo golpeó con fuerza en el rostro. El sonido fue seco
y dio justo en el blanco.
—¿Dónde está Saúl Scutaro?
La pregunta generó escalofríos en Angélica que realmente no sabía a qué
se debía exactamente la interrogante.
—¡Carajo! ¡Me partiste la boca, imbécil!
—¡Te hice una pregunta! Y es mejor que me respondas antes de que lo
que parta sea tu columna vertebral.
—No sé nada de Saúl Scutaro. No lo sé y tampoco me interesa saber
nada sobre él.
—Sé que si viniste hasta aquí para acabar conmigo y con Angélica es
porque éramos los únicos cabos sueltos que te quedarían después de
asesinar a tu enemigo número uno, ¿cierto?
—Te repito que no sé de qué me hablas.
—Viniste a matarnos, en ti no existe la lealtad, y sólo piensas en tus
propios beneficios. Es por eso que terminaste siendo el número dos. No
podías ser mejor que nadie y la única manera, era eliminándolos.
Angélica estaba desesperada por escuchar la respuesta de una vez, no se
imaginaba nada de eso, pero, entonces las cosas parecían tener sentido.
Además, sabía la calidad de persona que era Misael.
—Por primera vez veo que te preocupas por alguien, amigo mío. Lo que
hacen un buen par de senos, ¿eh?
Otro fuerte golpe se asentó en la nariz del hombre que ahora daba gritos
de dolor y sangraba sin parar.
—¿Sabes que me pagan por torturar personas para sacarles información?
—Sí. Y te respetaba cuando te pagaban con dinero del bueno, pero,
ahora lo haces por una mamada. Vaya avance…
Los golpes de Vittorio no paraban y ahora el rostro de Misael estaba
completamente cubierto de sangre. Parecía como si una trituradora le
hubiese pasado por encima. Por fin el musculoso guerrero lo dejó en paz
antes de que se le pasara la mano.
El hombre muy maltrecho tosía y escupía sangre hasta más no poder.
Vittorio se levantó y lo dejó respirar por un buen rato para ver si por fin
hablaba.
Angélica caminaba de un lado a otro y estaba a punto de llorar.
Misael se aclaró la garganta y entonces con mucha dificultad se sentó
para poder hablar mejor. La cabeza le dolía demasiado y el daño en su
rostro era descomunal.
—El viejo Saúl Scutaro es el más inteligente que conozco, traté de…
(Escupitajo) persuadirlo con el secuestro de su hija… (Escupitajo) pero, no
lo logré. Por alguna razón cuando fui a visitarlo estaba de lo más tranquilo.
Pensé por un momento que aún no se había enterado de la noticia, pero, eso
era algo imposible.
El hombre seguía escupiendo sangre cada vez que lo necesitaba.
Siguió.
—Pero, sí sabía y aun así estaba sereno y fresco. Me costaba creer que
algo así no lo tuviera desesperado, fui hasta allá para verlo sufrir y tratar de
quitar de sus manos el más grande pedido de droga de todo el mundo. Ese
que está en este momento llegando al país, eso me habría catapultado como
el hombre más poderoso del continente.
—Siempre fuiste una sabandija.
Refutó Angélica.
—¡Y tu una perra inservible!
Una patada se asentó en el estómago de Misael y entonces estuvo un
buen rato sin hablar.
Angélica en ese punto estaba desesperada y las lágrimas brotaban
fácilmente de sus ojos. Pero, había mucha rabia también, ella apretaba sus
manos con fuerza para tratar de equilibrar su ira.
—¿Dónde está mi papá?
—Dónde siempre ha estado. En su casa siendo el jefe de todos y sin
dejar que nadie más le pasara por encima. ¡Saúl Scutaro, la gran leyenda!
—¿Entonces no pudiste lograr nada?
—Creo que la verdad es que no te quiere, de hecho, no hizo el mínimo
esfuerzo por venir a buscarte. Eso dice mucho de tu padre.
Las palabras de Misael tocaron el corazón de Angélica porque sabía que
era verdad, sólo que no demostraría debilidad en ese momento.
Después de hablar se dejó caer en el suelo y entonces comenzó a reírse
como loco.
—¡Vine para vengarme de alguna forma! Esperaba encontrarte aquí para
poder asesinarte así cobrar todo lo que tu padre me debe, él es lo que es hoy
en día gracias a lo que yo creé.
—Fueron socios solo durante un año y eso porque tú te estabas robando
el dinero de las ganancias. Sí, la perra sabe lo que sucede en el negocio de
la familia.
Tosió un poco más y volvió la mirada hacia Vittorio.
—Y tú, amigo mío. Eres una decepción, sólo te pedí un trabajo y no
pudiste hacerlo. Por eso también tenía que eliminarte, porque no vales
absolu…
Un disparo atravesó la cabeza de Misael y después el cuerpo se cayó sin
vida en el suelo.
Inmediatamente Angélica se llevó las manos a la cara y se tapó los ojos
para evitar ver todo aquello. La chica comenzó a llorar sin parar y no sabía
si era alegría por saber que su padre estaba vivo o por todo el miedo que la
recorría en ese momento. El hermoso lugar ahora se había convertido en
una carnicería. Era mejor irse de ahí.
Recogieron el dinero y subieron a uno de los coches. Vittorio buscaría su
motocicleta después y además viajarían más rápido y cómodamente.
Definitivamente nada había salido acorde al plan, pero, al menos acabaron
con una basura como Misael que ahora ya no buscaría de hacer más daño
innecesario.
El camino de regreso a casa era extraordinario y toda esta experiencia le
dio a Angélica un aprendizaje muy grande. No había notado nunca lo frágil
que podía ser la vida en algunas situaciones. Por fin había llegado a casa.
Después de tanto tiempo, pero ahora todo era distinto, incluso lo que ella
sentía en su corazón.
Temblaba mucho en aquel momento y pensó que era gracias a la mezcla
de emociones que tenía en su corazón. No todo había sido malo durante su
estadía en la cabaña, pero, sin dudas había cosas que se debía sacar de la
mente en el tiempo más corto posible.
Pero, lo que había pasado entre ella y Vittorio no se olvidaría así nada
más.
Se volvió hacia el apuesto hombre que tenía a su lado y lo miró
fijamente.
—Creo que no me has dicho tu nombre.
—Vittorio. Es un placer.
Ella tomó la mano del hombre y sonrió.
—¿Y ahora?
Preguntó ella.
VIII

Después de todo

Después de varios días en casa Angélica pensaba que lo mejor que podía
haber hecho era alejarse por completo de Vittorio, después de todo llevaban
vidas muy diferentes y las cosas probablemente no funcionarían de la
manera en que ella lo imaginaba. Sin importar que tan puro y sincero era lo
que sentía por el hombre.
Se estaba recuperando de todo lo vivido, además todavía no sabía cómo
había ocurrido todo aquello con el hombre que la había secuestrado, pero,
lo que sintió por él era algo demasiado intenso que no podía dejar pasar.
Quizá si ella se hubiese ido aquella noche las cosas ahora serían
completamente diferentes o quizá estaría muerta en algún lugar.
Tenía muchas dudas al respecto, pero, al parecer nunca las podría
despejar.
Por otra parte, lo mejor de todo era poder reunirse de nuevo con su
padre, quien estaba muy bien y que ahora llevaba mucho mejor el negocio.
La relación entre ellos se estrechó mucho más y ahora trataban de compartir
todo el tiempo que fuese necesario.
Angélica era una mujer fuerte y joven. Todo quedaría pronto en el
pasado y ella podría seguir con su vida, solo que quizá ahora haría algunos
cambios para llevar todo de mejor manera. El problema más grande lo
presentaba cuando iba a dormir y sus sueños se basaban en aquella
espléndida noche en el río. Todo parecía muy real y ella despertaba mojada
y decepcionada.
En ocasiones podía sentir la piel del Vittorio rozando la suya y
escuchaba algunas palabras que él le decía. Ella acariciaba cada músculo de
aquel abdomen fuerte como roca, lo lamía y, de hecho, hasta lo saboreaba.
Recorría cada uno de los pasajes que habían vivido aquella noche y la
intensidad era a veces bastante increíble para ser un sueño. Sus manos se
iban solas hasta su entrepierna cuando despertaba y ella seguía
imaginándose aquel enorme pene penetrándola, también recordaba el
orgasmo y cada una de las veces que pudo sentir todo aquel clímax
recorriendo su cuerpo y haciéndola la mujer más feliz del mundo.
En algunas noches terminaba con una almohada en la cara para evitar
que escucharan sus gemidos que a pesar de evitarlos lo más que podía, a
veces era algo difícil. Quizá todo el evento con el secuestro y todo aquello
sería lo más fácil de olvidar, pero, las marcas que había dejado Vittorio
sobre la piel y la mente de Angélica parecían indelebles y se mantendrían
ahí para siempre.
Ella necesitaba tenerlo de nuevo a su lado, pero, la decisión estaba
tomada, además no tenía ninguna manera de comunicarse con él, Vittorio
no había querido dejar un número ni nada, para él era mejor desaparecer.
Una tarde de un viernes tocaron a la puerta de su habitación.
Era su padre.
—¿Estás bien?
—Sí, padre. Bien.
—Creo que es la primera vez que te veo un viernes en casa desde que
tenía como 14 años.
—Lo sé, pero, creo que esa época de fiestas y diversión quedó atrás. Veo
la vida muy diferente ahora, padre. Nada es igual que antes y siento mucho
miedo de salir, de encontrarme con una sorpresa más. Sé que lo superaré,
pero, por ahora necesito calmarme.
—Es lo más lógico. Y debes tomarte todo el tiempo que necesites.
—Espero no sea mucho…
—¿Cenamos juntos, hija?
—Sí padre, por supuesto.
—Te espero abajo.
El hombre salió de la habitación y ella sólo tomaría un baño para
compartir la cena con su adorado padre.
Se metió a la bañera y dejó abierta la llave del agua para que corriera
todo lo que quisiera. Ella cerraba los ojos e imaginaba que era agua de río
que chocaba con sus pies. Imaginaba que estaba siendo abrazada por
aquellos musculosos brazos que también le sirvieron en la noche como
abrigo y después como escudos para no perder la vida.
Vittorio se había convertido en su hombre perfecto a pesar de los miles
de defectos que podía tener. Pero, angélica estaba segura que nadie más la
haría sentir de la manera en que él lo hizo. Entonces justo cuando sus
pensamientos comenzaban a hacerse más sexuales se dejó resbalar y quedó
bajo el agua.
Unos minutos más tarde estaba abajo con su padre.
La cena resultó ser de lo mejor y después salieron al área de la piscina y
tomaron una copa de vino.
—Lamento todo lo que pasaste durante toda esa experiencia.
—Fue algo que se nos salió de las manos. Supiste manejar muy bien la
situación.
—Sabes que soy un hombre que no cae en desesperos y que siempre
busca soluciones.
—Sí, pero, era yo la que estaba secuestrada. ¿Acaso eso no es razón para
sacar de las casillas a cualquier padre? ¿Un hijo secuestrado?
—Entiendo tu molestia, hija. De verdad...
—No estoy molesta, padre. Es sólo que Misael… Él me contó que tú
estabas muy tranquilo cuando él vino a visitarte.
—Claro, ya tenía todo bajo control.
—Pues, déjame decirte que mientras yo estuve por allá eso no parecía
así.
—Me enteré de lo que había pasado unas dos o tres horas antes de que
Misael viniera a verme, yo ya sabía cuáles eran sus intenciones, pero, la
verdad es que él era un hombre muy predecible. Quería derrumbarme
moralmente para poder atacar con todas sus fuerzas y ganar terreno en el
área, pero, siempre llevo un paso adelante en todo. Es por eso que soy tan
poderoso hija, debes saber adelantarte a las cosas.
Ella seguía escuchando, pero, sin entender mucho.
—Así que bajé hasta la carretera y vi lo que había pasado. Los dos
hombres sobrevivieron, pero, sólo el guardaespaldas que iba contigo estaba
completamente bien y pude hablar con él. El muchacho me contó cada uno
de los detalles que recordaba y entonces lo demás fue neta intuición.
Afuera alguien tocó el timbre.
Saúl caminó hasta el bar que tenía y sacó un maletín grande.
—Un trabajo como ese no podía ser hecho por cualquier persona y
entonces volví a casa de inmediato. Hice algunas llamadas.
—¿Costaba mucho enviar a tus hombres por mí?
—Yo no sabía dónde estabas y además ya tenía control de la situación.
El hombre abrió el maletín y revisó su contenido. Lo cerró de nuevo y se
apoyó sobre él mientras seguía hablando.
—Sabes que eres lo más importante que tengo y estaría pendiente de mi
hija adorada en todo momento, sólo que no de la forma en que todos
pensaban, si lo hacía así no habría tenido las oportunidades necesarias. Así
que entonces contraté al único hombre que podía haber hecho un trabajo
como ese y que sería capaz de cuidarte. ¡Contraté al mejor!
En ese mismo instante Vittorio entró a la terraza y estrechó su mano ante
el gran Saúl Scutaro. Angélica se quedó petrificada y además no sabía qué
hacer en ese mismo momento, el hombre había regresado a cobrar un dinero
y ella no sabía si era sólo por eso.
—Nunca más digas que no me preocupo por ti, hija. ¿Te parece?
Ella sonrió sin poder creer aun lo que estaba viendo.
—Gracias, señor Saúl. Como siempre puntual con su pago.
—Gracias a ti por cuidar a mi tesoro más preciado.
Vittorio volteó la mirada hacia donde estaba Angélica y entonces
respondió.
—Siempre que sea necesario la cuidaré.
Ella se sonrojó por completo.
—Pero, ¿cómo es que él…?
—Sé que tienes muchas preguntas, pero, será el señor Vittorio quien te
las responda. Yo tengo trabajo.
El hombre palmeó la espalda de Vittorio y después dio un beso a su hija.
—Tu padre es un genio y sabía cuáles eran las intenciones de Misael,
sabía que mientras yo te tuviera secuestrada él iba a tratar de quebrarlo de
alguna forma con lo de tu rapto.
—Sí, pero, si lo sabías. ¿Por qué me dejaste la puerta abierta aquella
noche?
—No era para que escaparas, era realmente para que tuvieras la
oportunidad de decidir si de verdad valdría la pena estar conmigo. Aunque
llegaste más lejos de lo que creí.
—¿Y si hubiese seguido corriendo?
—No sé. Quizá me habría vestido e iría detrás de ti, de todas maneras,
no conocías el camino.
—Todo sigue siendo raro. Estuvimos a punto de morir.
—No, el gran Saúl Scutaro sabía que después de que Misael no lograra
quebrarlo iría hasta allá para buscar venganza de alguna manera, pero,
jamás te asesinaría. Entonces es cuando entró la segunda parte de mi
contrato que era darle un buen susto a Misael, sólo que él era un hombre
malévolo y además quiso robarme, así que terminé asesinándolo por gusto.
—Esto parece una gran película…
—No vine sólo por el dinero y a explicarte todo lo sucedido. Vine por ti.
Angélica miraba en el hombre la sinceridad más grande del mundo.
—Ya sabes de que soy capaz y como soy realmente como persona, pero,
desde que te conocí moviste mi mundo de una manera diferente y fui capaz
de… querer a alguien. Después de tanto tiempo puedo decirlo.
Era increíble escuchar eso de una persona que se había pasado la vida
haciendo daño, pero, más increíble para Angélica es que él mismo se lo
estuviera diciendo a ella que todavía tenía tan fresca la herida que él mismo
le dejó en el coche cuando llegaron ese día después de escapar de todo el
problema del secuestro.
Vittorio simplemente le había dicho que no podía seguir viéndola.
—Sé que eres un hombre maravilloso que entró a mi vida de la manera
más extraña...
Ella se acercó al hombre y entonces se besaron por primera vez en algo
de tiempo.
Tan apasionados como siempre.
La vida estaba por comenzar para ambos y celebrarían de la mejor
manera que sabían hacerlo, entre la adrenalina y los peligros que implicaba
estar involucrados en el mundo del crimen organizado.
Miss America Latina

Y un Amo de Rodillas
Acto 1
Aferrada a un sueño
Verónica no tenía el esquema tradicional de una chica cualquiera,
fácilmente podría ser tratada como una joven frágil, una princesa de la
ciudad de Nueva York, pero no, detrás de esa imagen hermosa, delicada e
inocente, se encontraba una joven que estaba dispuesta a derrotar a todo el
mundo para demostrar que estaba hecha de acero. Durante toda su vida,
había sido tratada con subestimación, nadie le había depositado la fe y las
esperanzas suficientes para poder creer en ella.
Esto, la había llevado a romper con todos los esquemas establecidos por
la sociedad para una joven como ella, quien había crecido en las calles y
siempre bajo la influencia de elementos que no necesariamente eran
adecuados para su vida.
La música urbana, el rap y el hip hop se habían vuelto parte de su vida
durante los primeros años de su adolescencia. Fuertes peleas con su madre y
su padre se llevaban a cabo cada vez que se escapaba durante las noches
para poder ir a algunas competencias donde se ponían a prueba sus
habilidades creativas.
Siempre había sido excluida de estos círculos debido a su corta edad,
pero desde muy temprano, había demostrado una decisión e ímpetu
completamente avasallantes, los cuales eran capaces de dejar con la boca
abierta a cualquiera que creyera que se trataba de una chica común y
corriente.
Verónica estaba acostumbrada a desenvolverse en un entorno hostil,
siempre influenciada por aquellos que no habían tenido la vida fácil que
esperaban. Haberse codeado en las calles de Nueva York con algunos
criminales y maleantes, le había generado un concepto completamente
diferente del mundo.
Muchos de estos hombres que habían sido excluidos de la sociedad, se
habían vuelto buenos amigos de Verónica, quien de pronto, comenzó a
entender que cada uno tenía una razón para desviar su camino hacia una
dirección incorrecta.
El sueño de sus padres de poder verla asistir a la universidad y
convertida en una profesional, se desvanecía cada noche que Verónica
decidía escapar de su modesta casa, ya que, hija de padres inmigrantes, la
joven latina sólo había encontrado un escape de su realidad a través de la
música, el baile y el boxeo.
Las amistades que había desarrollado en este nuevo entorno, le habían
permitido conocer nuevas habilidades que se encontraban absolutamente
ocultas debajo de esa hermosa máscara que cubría su rostro.
Siempre había sido muy atractiva, inclusive, con tan sólo 15 años de
edad, su aspecto era completamente distinto al de las chicas corrientes de su
generación. Su altura era destacada, lo que le daba la posibilidad de fingir
una edad que no tenía.
Con tan sólo 15 años de edad, se colaba en bares y clubes, asegurando
que era mayor de edad. Verónica había tenido la posibilidad de crecer y
madurar de una manera muy drástica, ya que, las oportunidades no se
habían presentado de una manera sencilla, y ante la imposibilidad de poder
acceder a ellas, había tenido que forzar las situaciones para poder ganar un
poco de respeto.
Todo había comenzado en las calles de una violenta Nueva York, quien
había obligado a muchos a emigrar de la ciudad debido al gran declive
económico que se había visto venir.
Esto, había dejado una gran cantidad de empresas quebradas, negocios
cerrados, las calles desoladas y el crimen creciendo de una manera abrupta,
dejando sin posibilidades a los habitantes que solían caminar por las calles
de este lugar.
La gran manzana no era la ciudad que solía ser 10 años atrás, Verónica
había visto cómo de pronto todo se había vuelto mucho más violento y
hostil, encontrarse en las calles con tan sólo 15 años de edad, era un riesgo
absoluto, ya que, podría ser presa de violadores o atacantes, quien es
fácilmente podrían someterla o hacerle un daño grave a su integridad.
Es por esto, que la chica había tomado la determinación de encontrar la
forma de defenderse a sí misma, ya que, no quería depender de la
protección de otros, así que, sus puños habían pasado de ser simples manos
de una frágil niña a ser duras rocas entrenadas por algunos de los chicos del
callejón.
Cada noche, decidida a convertirse en una de las mejores peleadoras,
escapaba de casa a través de la ventana de su habitación, la cual había sido
bloqueada en varias oportunidades por su propio padre.
Verónica se escurría con mucha facilidad, parecía tener una habilidad
innata de poder salirse de cualquier prisión sin demasiado esfuerzo. El
hecho de que se escapara de su casa y regresara en avanzadas horas de la
madrugada, llevaban a su padre a un estado de ira que por lo general no
llevaba a descargar toda su violencia en contra de la chica. Verónica soñaba
con el día en que pudiese confrontarlo y finalmente acabar con ese miedo
que la paralizaba en medio de estas acciones completamente injustas.
A pesar de que sabía que sus escapadas eran completamente incorrectas
y que no debía retar y autoridad de sus padres, sabía que no estaba haciendo
nada malo. Simplemente dejaba que su creatividad te estimulares en medio
de las improvisaciones en encuentros entre raperos y poco a poco iba
aprendiendo algunas de las técnicas del boxeo, las cuales se convertirían en
su primera arma de defensa personal.
No quería sentir miedo mientras se desplazaba por las calles, necesitaba
convertirse en alguien independiente, capaz de resolver sus propios
problemas, audaz, segura, y mientras se encontrara bajo la sombra de sus
padres, seguiría siendo la niña insegura y temerosa que nunca saldría de su
habitación por miedo a que le hicieran daño o amenaza para su integridad.
Podía ver con admiración la forma en que sus mentores entrenaban de
manera incansable para alcanzar un nivel técnico de pelea bastante
evolucionado.
Verónica sentía que no era capaz de igualar los en un corto tiempo, a
menos que entrenara dobles tandas. Esto lleva a la chica a correr durante las
tardes, levantar grandes cantidades de peso, quedando completamente
agotada, pero se llenaba de esperanzas al poder tener un nuevo sueño de
convertirse en una boxeadora profesional.
Gracias a estas nuevas ideas que estaban creciendo en su mente,
Verónica había descuidado por completo los estudios, había dejado a un
lado las verdaderas responsabilidades que eran importantes para sus padres,
enfocándose única y exclusivamente en perseguir los sueños que llenaban
su corazón de felicidad.
Llegó a un punto en el cual simplemente no pudieron controlarla más,
resignándose a la idea de que tarde o temprano Verónica aparecería en los
diarios locales, como víctima de alguno de estos criminales que caminaba
por las calles cubriéndose con la oscuridad de la noche. Ruth meses de
entrenamiento habían llevado a Verónica finalmente a estar preparada para
su primera pelea callejera, un evento que había marcado un antes y un
después en la vida de la chica.
Esta, no estaba segura si realmente estaba preparada para aquella noche
donde haría su debut como la peleadora más joven del Lugar, pero luego de
todos los conocimientos que habían sido adquiridos por parte de sus
mentores, ya era momento de poner sus puños en juego y demostrar que
había aprendido algo de lo que se le había enseñado.
No podía pasar toda la vida peleando contra unos sacos de arena, lo
único que debía hacer era moverse con rapidez y derribar a su contrincante
golpeando en los puntos precisos.
Aquella noche, mientras la chica de 15 años se encontraba lista para
iniciar la pelea, se habían cambiado los planes drásticamente, llevando a
cabo, un encuentro completamente desigual entre ella y uno de los hombres
más grandes que había visto en el lugar.
Se suponía que la pelea debía ser de una similitud bastante cercana entre
los peleadores, pero la chica, al encontrarse con semejante monstruo delante
de ella, no sabía cómo reaccionar.
Observaba periódicamente a sus mentores tratando de encontrar una
respuesta en sus miradas, pero estos simplemente se encontraban de brazos
cruzados esperando a que la joven chica latina demostrara cuan fuerte era.
Era momento de derribar todos los esquemas que se habían levantado en
torno a ellas. Muchos se burlaban ante el terror que esta demostraba en su
cara al ver fijamente a su contrincante.
Este, un hombre de color, cabeza rapada, barba desaliñada y algunos
aretes en su oreja izquierda, la hicieron sentir con unas ganas tremendas de
salir corriendo de allí. Era corpulento, y ella solo una chica de 15 años de
edad con una contextura delgada lista para iniciar una pelea que no sabría
cómo terminar.
Este hombre se veía que tenía mucha experiencia en el área, había
peleado en una gran cantidad de lugares, mientras esta, apenas comenzaba
sus primeros pasos en las calles.
Sus manos temblaban, y sus piernas y se sentían como dos delgados
palillos de madera a punto de quebrarse. Se movía rápidamente tratando de
esquivar los primeros golpes de su atacante, y aunque era pequeña y
delgada, esto resultaba en una ventaja considerable ya que, su enemigo no
parecía ser tan rápido como esta esperaba. Necesitaba esquivar tan pronto
como fuese posible cada uno de sus golpes, generándole a su enemigo un
agotamiento rápido en poco tiempo.
Si esto era posible, la chica podría utilizar toda la energía que había sido
desgastada en su contrincante y finalmente poder atacarlo para conseguir
algo de resultados. Pero este procedimiento, aunque parecía muy lógico en
su mente, no era tan fácil de aplicar en la práctica. Este hombre era fuerte,
con músculos enormes, una piel tersa y templada brillante por el sudor.
—Deja de moverte, no seas cobarde. ¡Si llegaste hasta aquí debes
enfrentarme! —Dijo el sujeto mientras chocaba sus puños frente a ella.
Verónica simplemente veía sus extremidades y detallada cada uno de sus
movimientos, tratando de estudiarlo para poder analizar cómo serían los
ataques en los próximos minutos. Parecía tener un talento más desarrollado
del que sus mentores habían creído, ya que, no habían tomado en
consideración el nivel de inteligencia y percepción que podría tener
Verónica. Esta, desarrollaba en su mente una especie de mapa, el cual
permitía trazar todas las trayectorias de los golpes de su enemigo.
Conocían los ángulos que utilizaba este sujeto para atacar de forma
cómoda, y esto, comenzó a dar la oportunidad a la chica de poder crear una
estrategia de ofensiva para poder derribarlo.
Verónica esquivó algunos de los primeros golpes que este hombre le
propinó, ya que, debía darle prioridad a esto, pues su contextura, la llevaría
al suelo directamente tan sólo con recibir uno de estos impactos que sería
como un tren estrellándose contra una pequeña taza de café. Las personas
habían comenzado a desesperarse ante la falta de respuesta de Verónica.
Muchas apuestas se llevaban a cabo en medio de este proceso de peleas,
así que, no era momento para jugar. Casi todas las apuestas iban en su
contra, algo que había dejado a la chica en una desventaja considerable.
Verónica debe responder pronto, o de lo contrario, estará expuesta a un
peligro tremendo, ya que, hay una gran cantidad de criminales que tienen
intereses significativos durante el desarrollo de las peleas. Este recuerdo de
la primera pelea, siempre había acompañado a Verónica durante el resto de
su vida, ya que, había marcado la diferencia entre ser una niña y una mujer.
A pesar de su corta edad, tenía la posibilidad de aprender que en las
calles las cosas no se manejaban de la misma manera que en su casa. La
protección, el confort, la comodidad, quedaba completamente desechada
mientras tenía que enfrentar sus verdaderas pruebas de vida. Es difícil poder
lidiar con toda la cantidad de miedo que corría por sus venas, pero justo en
el momento en que había visto la oportunidad, había lanzado su primer
golpe.
Este, había conectado directamente en el oído derecho de aquel sujeto,
una izquierda perfecta que parecía estar hecha del más duro acero,
aturdiendo a su contrincante, algo que se evidenció en la mirada de este.
Para haber sido su primer golpe, había sido bastante preciso y contundente,
dejando sin demasiadas oportunidades a su adversario, quien había perdido
el sentido de la orientación.
—¡Golpéalo ahora, no dejes de hacerlo hasta derribarlo! —Gritó uno de
los mentores de Verónica, quien, en ese momento, demostró una emoción
tremenda.
La chica, tras escuchar las palabras de su maestro, propinó un par de
golpes en la mandíbula al aturdido hombre, quien se tambaleó como si se
tratara de una gran roca a punto de caer al vacío.
Este, estaba completamente desconcertado y no podía entender cómo los
puños de una simple chica habían podido dejarlo en un estado de confusión
tan grave. Verónica, permitió que este retomar un poco el sentido, pero no
podía jugar a la subestimación, ya que, si este se recuperaba del todo, la
embestiría con una brutalidad que posiblemente la mataría.
Fue entonces cuando la chica comenzó a proporcionarle al sujeto el
acceso directo hacia el infierno. Los puños de Verónica eran pequeños, pero
impactaban como si se tratara de agujas filosas en contra de aquel hombre,
ya que, los golpes en el costado, dejaban al sujeto completamente
deshabilitado, llovían rápidamente debido a que la delgada chica tenía una
energía imparable.
Alrededor de ella, se pudo escuchar una gran cantidad de gritos y
emoción proveniente de todos los presentes, quienes sufrieron un completo
impacto al ver la potencia y violencia de Verónica. La latina era alguien
completamente sorpresivo, e inesperado, quien no había dado rastros de
quién era realmente.
Este ímpetu de la chica se vería demostrado en diferentes etapas de su
vida en el futuro, y a pesar de no haber recibido un solo golpe en aquella
pelea, había experimentado un miedo increíble al tener que enfrentar una
responsabilidad tan grande.
Todos sus mentores, los que habían invertido tanto tiempo, esfuerzo y
energía en proporcionarle todos estos conocimientos, habían accedido a una
gran cantidad de dinero gracias a ella, recibiendo su primera tajada, la cual
fue parte de la primera porción de los ahorros que la llevarían a cumplir uno
de los sueños que había comenzado a crecer aquel día. Para la chica, las
peleas no se trataban sólo de ganar dinero, sino de poder demostrar que los
retos podrían alcanzarse con disciplina y esfuerzo.
Cada una de las peleas en las cuales había participado, habían sido
ganadas por la chica, convirtiéndose en una de las invictas más jóvenes que
habían atravesado por aquel circuito de peleas. No era nadie, su éxito
simplemente se reducía a las calles, donde era conocida como “la hormiga
atómica”.
Mucho en la llamaban así haciendo alusión a su pequeño tamaño, el en
comparación a los peleadores, pero su altura le daba una ventaja
significativa debido a que su genética parecía ser la de una destacada
modelo. Su esquema nunca había sido compatible con el entorno que la
había rodeado durante los últimos años, pero durante 3 años seguidos,
Verónica había alcanzado finalmente convertirse en una de las peleadores
más respetadas de las calles de Nueva York.
El dinero que había acumulado le había dado la posibilidad de
reestructurar su casa, y finalmente, invertir en lo que se convertiría en su
primer gimnasio. Había adquirido una gran cantidad de conocimientos,
técnicas, procedimientos y metodologías para poder enseñar todo lo que
había aprendido durante los últimos años a nuevos jóvenes que querían
convertirse en nuevos peleadores.
A pesar de que era joven, luego de adquirir su primer gimnasio, trabajó
fuertemente durante 3 años más, convirtiendo aquel lugar que era un
completo depósito abandonado y maloliente en el lugar perfecto para que
los jóvenes consiguieran el sueño de convertirse en aguerridos luchadores
de diferentes ligas.
Verónica tenía dos pasiones que movían absolutamente todo en su
entorno y en su mundo. Una de ellas tenía que ver con la música, su
capacidad creativa de poder crear rimas y ritmos completamente creativos y
llamativos para sus oyentes, le permitían drenar toda la frustración y tensión
acumulada durante los días más difíciles.
Las peleas, pasaron a ser es simplemente un hobby, trataba de mantener
encuentros con alguno de los peleadores locales más destacados,
demostrando en cada pelea quién era realmente la joven que se encontraba
detrás de aquel aspecto tan hermoso y exótico. Su padre había nacido en
México, y su madre provenía de Ecuador, ambos se habían encontrado en
los Estados Unidos, y allí habían dado con la posibilidad de gestar a una
hermosa niña que llamarían Verónica.
Esta, a pesar de haber nacido en los Estados Unidos, tenía todos los
rasgos físicos de una chica latina, con curvas ardientes, una piel bronceada
tersa y suave y unos labios carnosos que llamaban la atención de todo aquel
que interactuaba con ella.
Las oportunidades se habían puesto justo enfrente de la chica y este no
había tenido miedo de tomarlas, enfrentándose a un mundo que contaba con
un esquema completamente predeterminado en el cual ella parecía hacerse
un lugar con la ayuda de sus puños.
Aquel gimnasio se había convertido en una referencia del sector, era el
lugar donde todos los jóvenes peleadores iban a buscar sus sueños,
entrenando con absoluto fervor y creencia de que finalmente luego de tanta
disciplina y tantas caídas, finalmente los harían entrar a la liga profesional
de boxeo.
Acto 2
Imprevistos
Con una personalidad tan imponente intensa, era fácil para Verónica
poder cosechar nuevos amores y admiradores. Su paso por gran gimnasio
siempre era un sinónimo de bocas abiertas, respiraciones contenidas, una
cantidad sudoraciones sus estudiantes y la percepción de que el tiempo se
detenía. Lo que estaba ocurriendo en la vida de la chica era el cumplimiento
de un sueño que había sido perseguidos durante años.
La joven hermosa latina sólo tenía entre manos un único propósito, dar a
conocer la mayor cantidad de rociadores posibles en la ciudad de Nueva
York. El gimnasio era un centro de gestación para una gran cantidad de
talentos que se formaban con los más duros esquemas de disciplina.
Ella podía atribuirse fácilmente la responsabilidad de ser la mentora de
una gran cantidad de chicos que habían dado a conocer sus habilidades en
las ligas profesionales. Pero a pesar de que había luchado duramente por
conseguir este gimnasio, había fuertes rumores de que las cosas no
permanecerían estables durante mucho tiempo.
Los planes de Verónica se estaban tambaleando de un lado al otro como
una gran torre a punto de caer, tan sólo con escuchar el nombre de un gran
empresario reconocido en la ciudad por ser un magnate de los bienes raíces.
Viktor Foster había generado una reputación tremenda en la venta y
compra de inmuebles. Con un gran edificio que se alzaba en el centro de la
ciudad de Nueva York como un gran sinónimo de poder y jerarquía, este
sujeto amenazaba constantemente a los propietarios de edificios con
comprarlos para demolerlos automáticamente. El nombre de este importante
millonario constantemente se ubicaba en la mayoría de los titulares de los
diarios más importantes de la ciudad de Nueva York.
Su reputación era conocida por ser un amante destacado de mujeres
hermosas de la alta sociedad y del mundo del espectáculo, junto a las que
no solía pasar demasiado tiempo. Una colección de corazones rotos, una
gran cantidad de edificios a su disposición y cuentas multimillonarias que
se convertía en la envidia de muchos, eran gran parte de lo que había en la
vida de Viktor Foster.
El edificio donde se había instalado el gimnasio de Verónica, era un
lugar atractivo que se había vuelto mucho más circulado por el tránsito
local. A medida que pasaban los años, se iba organizando la zona,
convirtiéndose en uno de los objetivos principales para Viktor.
Este, había hecho una gran cantidad de ofertas en múltiples ocasiones
indirectamente a Verónica, quien ni siquiera había tenido la voluntad de
reunirse con él para discutir los acuerdos sobre esta compra. Los múltiples
comunicados que llegaban al lugar, eran rotos por la chica, quien no tenía
intenciones de sacrificar todo el esfuerzo que había impreso para conseguir
gimnasio propio, a cambio de algunos dólares que no significarían nada
para ella.
Su principal objetivo era brindarles a los chicos la posibilidad de tener
un lugar donde perseguir sueños y desarrollar sus destrezas físicas, algo que
no podía comprarse fácilmente con el dinero de un hombre como Viktor
Foster.
Mientras los días transcurrían de manera normal, Verónica sentía una
sensación de que tarde o temprano las cosas ya no estarían bajo control.
Poder dominar la situación se había vuelto cada vez más cuesta arriba, ya
que, las ansias de control que había desarrollado Viktor, no habían dejado
buenas sensaciones a lo largo de los continuos intentos.
La última visita que había recibido la chica vinculada a este interés que
tenía Viktor en su lugar de trabajo, había sido parte de un par de abogados,
los cuales habían tenido que salir de allí amedrentados por el grupo de
peleadores que se encontraban en el lugar.
—Ya les he dicho que no tengo tiempo para reunirme con ustedes. ¿Qué
es lo que quieren? Si intenciones hacerme una oferta nuevamente, pueden
marcharse cuando quieren, ni siquiera la escucharé. —Me dijo Verónica.
La joven caminaba directamente hacia la pequeña oficina que estaba
dispuesta directamente al final del pasillo. Allí, era donde llevaba a cabo
reuniones con algunos de los chicos, dirigía el gimnasio y llevaba las
finanzas del lugar.
Prestaba un servicio completamente gratuito, pero algunos inversores y
organizaciones le prestaban el apoyo financiero suficiente para que este se
mantuviese en funcionamiento. Era una especie fundación, pero el lugar le
pertenecía a Verónica, y cada gota de sudor se veía reflejada en los
cuadriláteros, sacos de arena, pesas, todos los instrumentos necesarios para
que los peleadores se sintieran como en casa.
—Nuestro representado está muy interesado en hacer una oferta que se
ajuste a sus requerimientos. No necesitamos obligar a nadie a aceptar, sólo
queremos hacer una oferta jugosa que pueda complacer sus necesidades. —
Dijo uno de los abogados de traje negro.
Estos sujetos simplemente estaban acostumbrados a obedecer órdenes
provenientes directamente de Viktor, un hombre que rara vez hacía acto de
presencia en medio de solicitudes cómo estas.
Pero su paciencia tenía un límite, no estaría dispuesto a negociar toda la
vida, si el lugar se convertía en una opción perfecta para él y pretende llevar
a cabo un proyecto de negocio, no se detendría a discutir con una simple
chica malcriada como Verónica, sólo ejecutaría los parámetros que sus
abogados le permitieran, y se haría con el lugar a costa del esfuerzo que
fuese necesario.
—Ya he dicho en muchas ocasiones que no estoy interesada en venderlo.
El edificio me pertenece, es mío, y yo decidiré cuando venderlo. Dígale a
ese millonario engreído que, si quieres realmente el lugar, deberá salir a un
ring de boxeo conmigo y medirse directamente con mis puños. —Dijo la
chica en medio de una broma.
—Ambos abogados se vieron directamente al otro. Y sintieron un poco
de miedo al mostrar un documento que había sido redactado previamente a
la llegada Marí.
Podía sentir un control absoluto sobre sus pertenencias, pero si
solicitaban una inspección para evaluar si el lugar estaba absolutamente
apto para desarrollar las actividades que ella llevaba a cabo, posiblemente
podrían hacer que perdiera el lugar. Las personas podían sucumbir
rápidamente ante la corrupción y el dinero, así que, si Verónica se veía
engañada por algún supervisor que se vinculara a la transacción, fácilmente
podría ser despojada de sus pertenencias.
—Hay un documento que nos gustaría que leyeras. Sabemos que todas
las solicitudes previas han sido rotas, así que, mi recomendación es que te
tomes el tiempo de leer este en particular. —Dijo el abogado mientras
extraía un documento de su maletín negro.
La forma tan seria en que se había dirigido este hombre hacia Verónica y
la recomendación tan específica que le había hecho, le hizo detenerse
durante algunos segundos y ver con cierto recelo el papel que se encontraba
sobre la mesa y se sentó en la silla, invitó a los hombres a hacer lo mismo
frente a ella, revisa el documento y tras sentir un vacío tremendo en el
estómago, ordenó inmediatamente que salieran del lugar.
—Ustedes no han venido a negociar. Han venido amedrentarme. Y si ese
es el juego que seguiremos, pues será a mi modo. —Dijo Verónica mientras
se ponía de pie.
Ambos hombres se sintieron completamente intimidados ante la
impotencia de la hermosa latina, quien se puso de pie frente ellos caminaron
hacia la puerta.
—Pueden retirarse. Les recomiendo que lo hagan rápido, o le diré a mis
chicos que los saquen de aquí a patadas. —Ordenó la joven.
—Creo que la violencia será completamente innecesaria. Lo que hemos
venido a hacer es una propuesta simple y sencilla, sin intenciones de
generar problemas. —Dijo uno de los abogados.
—William, ven aquí. Trae los chicos, parece que estos hombres buscan
problemas. —Exclamó Verónica mientras todos los jóvenes ubicados en
aquel lugar dirigían su atención hacia ella.
Lo último que buscaban estos hombres de traje era un ejército de
boxeadores listos para romperles cada uno de sus huesos. Verónica sabía
que esto generaría demandas, graves problemas para ella, pero sabía que
estos objetos o no eran tan estúpidos como para retar a la suerte.
Una extremidad rota dolía igual con o sin demandas legales, así que, lo
más inteligente era salir de allí instantáneamente. Este grupo de sujetos
musculosos y sus abogados, estaban listos para volverlos polvo, pero estos
tomaron su maletín, los documentos y salieron del lugar rápidamente.
Verónica supo instantáneamente que el siguiente aviso no sería tan
amistoso como este, posiblemente, Víctor al conocer la forma en que esta
había tratado a sus abogados, tomaría medidas mucho más drásticas, que
posiblemente dejarían a la joven en una desventaja muchísimo más grande.
—¿Qué es lo que ha pasado? —Preguntó William, uno de los jóvenes
más destacados entre los peleadores del gimnasio de Verónica.
—No tengo ganas de hablar. No me siento bien. —Dijo la chica mientras
se sentaba en su silla.
—Chicos, déjenos solos, tengo que hablar con ella. —Dijo William
mientras cerraba la puerta de la oficina de la chica.
La relación entre ellos era mucho más cercana que la de un simple
estudiante y su mentor. Este, había crecido prácticamente en el mundo del
boxeo de forma paralela con Verónica. Se había convertido en uno de los
colaboradores para que su gimnasio se convirtiera en uno de los más
destacados, ya que, sus conocimientos eran muy desarrollados en la técnica
de pelea.
—No te ves bien. Parece que no has dormido bien los últimos días.
Sabes que puedes confiar perfectamente en mí. —Dijo William.
—Son asuntos vinculados al gimnasio, no tiene nada que ver con mi vida
personal y mucho menos contigo. Los asuntos de trabajo de resolverlos yo.
—Dijo la chica mientras trataba de ponerse de pie y salir de la oficina.
William, se acercó ella la tomó de la muñeca, proporcionándole algo de
apoyo en medio de una situación tan tensa que debía afrontar de forma
solitaria.
—No puedes dejar que las cosas te derrumben. Eres una guerrera, ya
estás acostumbrada a tener éxito en todo lo que te propones. Esta no será
una ocasión diferente. —Dijo el joven.
Verónica, sintiéndose completamente sola una situación como esta, no
tuvo más opción más que abrazar a su compañero, quebrándose en lágrimas
debido a la fuerte amenaza que sentía de perder todo lo que había hecho en
medio de la persecución de sus sueños.
William se abrazó a ella, y disfrutó de ese momento como nunca antes.
Había vivido completamente enamorado en secreto de ella, y era
completamente natural, ya que, la belleza de la chica despertaba fácilmente
los deseos de cualquier hombre.
Este, había luchado hombro a hombro junto a ella tratando encontrar
esos sueños, ayudándola a establecer las verdaderas prioridades y había sido
un soporte realmente significativo que era valorado enormemente por la
joven. La hermosa peleadora, estaba quebrada, y este, jamás en el pasado la
había visto así.
Verónica había dedicado gran parte de su esfuerzo y juventud a poder
construir un lugar que fuese un templo para los boxeadores, su gimnasio era
lo más importante para ella, y sentir como un millonario caprichoso está a
punto de arrebatárselo, las experimentar una furia que sólo puede ser
drenada en el ring.
—No me gusta verte así, Verónica. Creo que lo mejor será que
entrenemos un poco esta tarde. Así calentaré mis puños para la pelea de
mañana. —Dijo William.
—No estoy de ánimos para pelear hoy. Creo que tendrás que hacerlo con
uno de los chicos. —Dijo la chica.
—Sabes que ninguno puede hacerlo también en el ring como lo haces tú.
Vamos, no me quites la oportunidad de poder demostrarte quien es el mejor
peleador de este gimnasio. —Dijo William mientras sujetaba el rostro de la
chica para verla directamente sus ojos.
Esta no, no puedo evitar sonreír, y aceptó el reto que había sido
propuesto por este caballero. Ambos se encontrarían nuevamente en el
cuadrilátero en horas de la tarde, llevando a cabo una sesión de práctica que
le permitiría a la chica del henar toda la frustración que había sido
acumulada durante la última semana. Las constantes amenazas y
sugerencias provenientes de este millonario, la habían llenado de una
tensión con la cual había tenido que lidiar completamente sola.
Eran asuntos completamente personales que tenía que manejar de
manera muy reservada, ya que, si cometía un error, fácilmente le
arrebatarían de las manos su esfuerzo y su absoluto trabajo durante los
últimos años. El dinero podía entrar al gimnasio por diferentes ángulos.
Uno de los más importantes eran las competencias que estaban
vinculadas a este espacio. William era uno de los representantes más
destacados de ese gimnasio, quien solía asistir a una gran cantidad de
competencias, haciéndose con premios de miles de dólares que
generalmente eran invertidos directamente en el lugar.
Este era un estilo de vida que ambos habían escogido, y la amistad se
hacía cada vez más fuerte con los días. Mientras se encontraban en el
cuadrilátero, William hacía un esfuerzo tremendo para tratar de mantenerse
de pie con cada uno de los impactos que llegaban por parte de los puños de
Verónica.
Era contundente, firme, violentos, difícilmente de derrotar en ninguna
condición. Cualquiera de los que se habían subido el cuadrilátero junto con
la chica, había quedado hora completa desventaja, y aunque se envían como
su masculinidad se veía golpeada fuertemente por el hecho de que sólo
fuese una joven latina de poco más de 20 años de edad.
Al menos podrían sentir un poco de orgullo y satisfacción al haber
intentado. Derrotar a la joven era casi imposible, la velocidad con la que se
desplazaba de un lugar al otro, y la analítica utilizada durante sus peleas, la
hacían una contrincante difícil de derribar. Verónica había compartido sus
conocimientos con una gran cantidad de estudiantes, siendo amada,
admirada por la mayoría de ellos y odiada por muchos otros quienes habían
perdido una gran cantidad de dinero durante las apuestas llevadas a cabo en
el pasado.
Esta había sido una de las etapas borradas de la vida de la chica, quien
quería dejar a un lado todo ese dolor que había tenido que afrontar en medio
de amenazas, zozobra, incertidumbre al haber derrotado a los peleadores
más importantes de criminales y mafiosos que llenaba las calles de dinero
para que se llevaran a cabo estas apuestas y poder multiplicar su fortuna.
Ahora, simplemente vinculada a competencias absolutamente legales,
Verónica cuenta con William como uno de los principales elementos que
podrá conseguir los recursos financieros necesarios para acondicionar el
lugar durante la siguiente semana, lo que evitará que, tras una inspección y
supervisión, sean amenazados para cerrar el lugar.
A pesar de que habían tratado de mantener el lugar impecable y con una
estructura firme y sólida, se trataba de un edificio viejo, el cual había
sufrido deterioros constantes con el paso de los años.
Era siempre deterioro difícil de contener, algo que era difícil de solventar
con unos cuantos dólares. Verónica se sentía culpable ante el descuido que
había sufrido, ya que, había postergado una y otra vez la responsabilidad de
poder arreglar el lugar, pero ahora, se ve amenazada con perder todo lo que
ha obtenido a costa de esfuerzo y dedicación, todo se iría a la basura,
incluyendo su disciplina, su entrega y un lugar que estaba destinado a darle
un hogar temporal aquellos que llegaban en busca de una segunda
oportunidad a través del boxeo.
Aquella tarde, tras terminar entrenamiento y derrotar a William una vez
más, se había despedido de este con un abrazo y un beso en la mejilla, algo
que había dejado a este hombre con una sensación muy agradable en su
pecho.
Estar cerca de ella siempre había sido el mejor lugar del mundo. Las
interacciones para él eran absolutamente mágicas, y el amor que
experimentaba por la chica era absolutamente genuino. Siempre lo había
mantenido en silencio y nunca había tenido el valor de revelar lo que sentía
por ella.
William había tomado la determinación final de declararle su amor a la
chica luego de conseguir ganar el torneo. Al abandonar el gimnasio aquella
tarde, había pasado por una modesta joyería, donde compraría un anillo
pequeño que sólo le permitiría proponer a la chica que fuese su novia.
Era un movimiento arriesgado, y posiblemente terminaría en un fracaso,
ya que, había escuchado en muchas ocasiones las intenciones de Verónica
de estar absolutamente sola. Sabía acerca de los procesos complicados que
están vinculados al amor y las relaciones amorosas, por lo que, a su último
plan es vincularse con alguien que sea capaz de trastornar todos los planes
que surgen constantemente en su mente.
Es una chica dinámica, la cual produce ideas con regularidad, y si no las
drena a través de la música, prefiere ejecutar cada uno de los
procedimientos que puedan llevar a su fundación a ser una de las más
destacadas a nivel deportivo.
El día había finalizado para ella de forma natural, y aunque la
incomodidad era constante en su pecho, prefiere olvidar absolutamente todo
lo que intenta robarle su paz. Verónica va a casa para tratar de descansar,
pero aquella noche, mientras William volvía a casa, las cosas no saldrían
también para él, y de forma indirecta, los planes de Verónica se verían
afectados instantáneamente.
Llevando sus auriculares en sus oídos, William maneja su bicicleta
directamente a su pequeño departamento. Este, simplemente centrado en la
idea de poder declarar su amor a la chica dentro de poco tiempo, llevaba en
el bolso que cargaba espalda, el anillo de diamantes que había comprado
gran parte de sus ahorros.
Estaba absolutamente ilusionado, pero no se había enfocado por
completo en sus planes futuros. Tenía que llegar a casa, prepararse para la
pelea del día siguiente, ese torneo debía ser de él, y en nada más debía
enfocar su mente.
Pero en una intersección, tras no percatarse de que la luz estaba en rojo,
pasó desapercibido sin ni siquiera mirar hacia los lados. Un coche embistió
a William de una manera tan brutal, que este se había desplazado por al
menos 6 metros de distancia volando por los aires mientras su bicicleta se
retuerce y quedaba completamente convertida en una bola de metal
comprimido.
Todas las personas que estaban cercanas al lugar corrieron a ayudarlo,
aunque el conductor del coche que lo había golpeado decidió huir antes de
afrontar su responsabilidad. El chico estaba inconsciente, fuertemente
golpeado, siendo trasladado instantáneamente hacia el hospital más
cercano, donde permanecería durante los próximos días.
Cuando abrió los ojos, encontrarse con aquel ángel latino, había sido el
mejor momento de su vida, al menos hasta ese punto, ya que, aún no
enfrentaba la realidad que estaba a punto de despertar el infierno en la vida
de William.
—Gracias al cielo que despertaste. ¿Cómo te sientes? —Preguntó
Verónica mientras acariciaba la cabeza del boxeador.
—Estoy un poco mareado. Debe ser la anestesia. No recuerdo nada, ¿fue
un coche el que me golpeó? ¿Atraparon al hijo de perra?
—Aún no, se dio a la fuga, pero lo están buscando. —Dijo Verónica.
—Te ves muy preocupada. ¿Acaso pensaste que iba morir? —Preguntó
William.
La chica simplemente cerró sus ojos hijos salir una gran cantidad de
lágrimas. Acaricia el rostro del caballero y supo que había algo más que no
se le estaba revelando.
—Está maldita anestesia no me deja sentir la mitad de mi cuerpo. ¿Tan
grave fue el golpe? —Preguntó William quien trataba de acomodarse en la
cama.
—No te muevas demasiado, necesitas descansar. —Dijo la chica sus ojos
están inundados en lágrimas.
—¿Qué día es hoy? ¿Qué pasó con la pelea? Perdimos la oportunidad de
participar en ella, ¿cierto? —Preguntó el desesperado caballero.
—Hay cosas más importantes por las cuales preocuparnos en estos
momentos, William. Creo que aún no descubres lo que ocurre.
—¿De que tengo que darme cuenta? —Pregunta el caballero.
—Tus piernas… Los médicos tuvieron que hacerlo, no tuvieron otra
opción. —Dijo la chica mientras tapaba su boca con sus manos debido al
intenso llanto que experimentaba.
Cuando William vio sus piernas vio que ambas habían sido amputadas
más abajo de la rodilla. Quedó completamente estupefacto. La peor
pesadilla que jamás hubiese pasado por su mente estaba haciéndose
realidad.
Acto 3
Corbatas y trajes
Nunca había confiado en absolutamente nadie, pero Verónica sabía
perfectamente que en las últimas personas en quienes debería confiar era en
aquellos que llegaban vestidos de traje y corbata.
Estos, por lo general eran los más traicioneros ya que, venían con planes
oscuros que posiblemente le arrebatarían la oportunidad de seguir adelante
con sus proyectos personales. Era difícil enfocarse en el trabajo luego del
accidente de William, quien aún permanecía en el hospital cuando Verónica
debía volver a encargarse de absolutamente todos los asuntos del gimnasio.
Sus esperanzas se habían desplomado totalmente desde el momento en
que el chico había sufrido este accidente, ya que, el premio del torneo en el
cual participaría serviría para poder resolver todas las carencias que se
vivían en el lugar, y que posiblemente detonarían el cierre instantáneo en
unos días. Los abogados no estaban dispuestos a dar ninguna tregua al
lugar, llegarían en cualquier momento y luego de la inspección darían la
orden para cerrarlo.
Esto le daría la oportunidad a Viktor Foster de llevar a cabo la
construcción de un complejo de departamentos que pasarían a ser una
belleza arquitectónica que aportaría más a la ciudad que un simple
gimnasio, que alojaba a maleantes que lo único que querían era utilizar sus
puños para luchar contra el mundo.
El importante millonario había investigado a fondo absolutamente todo
lo que se hacía allí. Conocía a Verónica por referencias, pero hasta el
momento, no había tenido la oportunidad de estrechar su mano y conocer
cuál era su percepción de lo que estaba ocurriendo.
Quizá, la chica tenía una idea completamente errada de sus verdaderos
intereses, ya que, cualquiera se sentía intimidado cuando un grupo de
abogados llegaba de manera inesperada tratando de convencerla para que
entregara los papeles de propiedad de aquel lugar.
Pero las intenciones eran absolutamente claras, no había letras pequeñas
en el contrato, no había nada que ahondar, este sujeto tenía un proyecto o
completamente claro de demoler absolutamente todos los edificios que se
encontraban en la zona, para convertirlos en un conjunto residencial que
alojaría a grandes celebridades e importantes millonarios empresarios de la
ciudad de Nueva York.
El proyecto no podía dar marcha atrás, y Viktor estaba demasiado
entusiasmado con la idea para poder darle una tregua a Verónica. Sentía un
poco de culpa por demoler este lugar que se había convertido en un escape
para muchos jóvenes que no habían tenido una segunda oportunidad en la
sociedad.
Pero esto era algo que podría conversar más adelante con sus accionistas,
quizá un donativo, alguna beneficencia, algo se le ocurriría, pero por el
momento, lo único que nubla su mente es la necesidad de hacer más dinero
y hacerlo lo más rápido posible.
El mercado de los bienes raíces se ha vuelto muy competitivo, y Viktor,
siendo un hombre completamente codicioso, busca incansablemente la
oportunidad de mantenerse siempre en las cúspides, derribando a sus
adversarios y convirtiéndolos en fracasados que simplemente no pueden
competir contra el mejor.
Era difícil para la chica tener que lidiar con la pérdida de William, quien
ni siquiera había podido revelarle su verdadero amor ante la situación tan
humillante en la que el destino lo había colocado.
Haber perdido sus piernas, lo había sometido a una depresión tan
profunda que lo único en que podía pensar era en quitarse la vida. Un chico
deportista, completamente activo y dinámico no podía quedarse postrado en
una cama al resto de su vida dependiendo de una silla de ruedas para poder
llegar a cualquier lugar, y esto, estaba destrozando por completo el corazón
de Verónica y de William.
Todos los jóvenes del gimnasio habían acudido al hospital a brindarles
apoyo al chico, pero este, había pedido exclusivamente que no se permitiera
las visitas en el lugar, ya que, era completamente denigrante para el que
aquellos que lo admiraban, lo di aman, eran sus amigos y otros de sus
contrincantes más competitivos, lo viera de esa forma tan deplorable hija.
El coche haría destrozado por completo sus rodillas, el golpe, había
quebrado por completo los huesos, pulverizando los de manera instantánea.
Tras haber quedado en un estado de shock realmente profundo, había sido
prácticamente imposible para William poder entender realmente lo que le
había pasado.
El hecho de que no sintiera las piernas se lo atribuía a la anestesia, nunca
se imaginó que quedaría lisiado de una forma tan absurda como esta. Su
mente había quedado completamente ocupada por la idea de finalmente
haber acumulado el valor para revelarle su mora Verónica, pero el fracaso
era inminente.
Su lejanía del gimnasio se notaría drásticamente en la vida de Verónica,
quien contaba con él constantemente para poder desarrollar sus actividades
en aquel lugar. Sin duda era uno de los mejores peleadores existentes en
aquel gimnasio, así que, no poder contar con él era un duro golpe para todos
en aquel edificio.
Pero todo comenzaría a empeorar una tarde cuando mientras todos
entrenaban, se escuchó el frenar de algunos coches a las afueras del
gimnasio. Todos los chicos corrieron hacia las ventanas, ya que, no era
habitual la llegada de coches a este edificio.
—Verónica, ven aquí, tienes que ver estos coches están increíbles… —
Gritó alguno de los chicos mientras estaba completamente impresionado
con el lujo de los vehículos.
Todos estaban embelesados con la belleza de un BMW que se había
estacionado a las afueras del gimnasio. Verónica, haciéndose espacio entre
los chicos, pudo visualizar a un hombre de corbata que había descendido
desde la puerta del conductor.
Este, arregló su traje justo antes de darse media vuelta y caminar hacia el
interior del gimnasio, viéndose acompañado por los dos abogados habitual
es que generalmente trataban de persuadir a Verónica acerca de la venta del
gimnasio. Esta, sabiendo perfectamente cuál era su intención, había corrido
directamente hasta la puerta y había bloqueado la misma.
Era un movimiento completamente absurdo, pero fue el primer acto que
se le había ocurrido para tratar de evitar que estos llegaran y trataran de
darle proceso a algo que no podía manejar esta joven estando sola. Verónica
debía asesorarse desde el punto de vista legal, contratar sus propios
abogados y prepararse para el momento de la ofensiva.
Sabía que este empresario no descansaría hasta el momento en que le
pusiera las manos encima este gimnasio, pero Verónica, sólo sabía arreglar
las cosas de una sola forma. Utilizaba sus puños para alcanzar todas sus
metas, el rap era su modo de drenaje, así que, los hombres sofisticados con
corbatas, muchos modales y un comportamiento sumamente sofisticado no
le generaban ninguna confianza.
—¿Qué es lo que ocurre, acaso está cerrado? —Preguntó Viktor a los
hombres que lo acompañaban.
Estos eran expertos aduladores del jefe, trabajaban para él desde hacía
algunos años, y sabían perfectamente quién eran y quién estaba detrás de
todo esto. El hecho de que Viktor hubiese hecho tiempo en su agenda para
poder acudir a aquel lugar, decía mucho acerca del interés tan intenso que
tenía en este gimnasio. Lo único que quería era demolerlo, convertirlo en
pedazos y comenzar a construir su proyecto habitacional, el cual
multiplicaría sus ganancias de una manera extraordinaria.
—Permítame intentarlo, señor. —Dijo uno de los abogados mientras
hacía el mismo procedimiento que Viktor para abrir la.
—¿Acaso crees que no se abrirá una puerta? Algo está obstruyendo el
paso. No nos iremos de este lugar hasta que podamos hablar con esa chica
de la que tanto me han comentado. —Dijo Viktor.
—Seguramente han cerrado la puerta. Pero conozco otra entrada. Vamos.
—Dijo uno de los abogados.
Verónica había visto con claridad hacia donde se dirigían, así que, corrió
rápidamente hacia la puerta trasera, la cual generalmente estaba
desbloqueada para la entrada de los chicos.
Pero no pudo moverse tan rápido como creía, ya que, uno de los
abogados también había decidido correr, ya que, tenía que hacer lo posible
para conseguir este edificio, ya que, Viktor había dado un ultimátum claro
acerca de los resultados que se debían obtener. Si estos no lograban
persuadir a la chica para que entregara el gimnasio, automáticamente
estarían despedidos, por lo que, era evidente el claro interés que tenían en
poder conseguir lo que la chica había convertido en algo completamente
imposible.
—¿Acaso pretendías cerrar esta puerta también? —Dijo uno de los
abogados al encontrarse frente a frente con la sorprendida Verónica.
—¿Qué hacen aquí? No me digan que vienen nuevamente con la historia
de comprar este gimnasio, porque ya he dicho en muchas oportunidades que
no está en venta.
En ese preciso instante, Viktor hizo su entrada impresionante al lugar.
Verónica nunca había estado en presencia de un hombre tan poderoso, y era
evidente en su actitud. Era un hombre alto, fuerte, se notaba a leguas que el
hombre entrenaba fuertemente su cuerpo y se mantenía como un Adonis.
Parecía un dios griego, alguien con una imponía sea realmente
impresionante, que había dejado a la chica sin muchas palabras para decir.
—Él es Viktor Foster, el interesado en comprar el lugar. —Dijo uno de
los abogados.
—Tranquilo, Joseph. Creo que puedo presentarme yo solo. —Dijo el
magnate.
El empresario de 30 años de edad, caminó directamente hacia la chica a
un paso lento, al menos desde la perspectiva de la chica pareció moverse en
cámara lenta. Lo ve fijamente a los ojos y se perdió en sus ojos color miel.
El sujeto era absolutamente impresionante de ese punto de vista físico.
Su espalda era ancha, una cintura delgada, piernas largas, brazos de acero
que se veían completamente espectaculares en su traje ceñido al cuerpo, una
corbata negra Inmaculada, un traje negro perfectamente a la medida y una
camisa blanca que no tenía una sola arruga o imperfección.
Verónica no estaba habituada este tipo de sujetos, generalmente, trataba
con chicos completamente callejeros, con ropas harapientas, malolientes, y
este era su día a día.
—Hola, es un placer conocerte. Lamento todo el estrés al que te han
sometido a mis abogados, pero ellos sólo cumplen con mis órdenes. —Dijo
el agradable millonario, que no parecía ser tan desagradable como ella
creía.
—Hola, lamento haber tenido que comportarme así para recibirlos. Pero
realmente este lugar es muy importante para mí y no quiero perderlo. —
Dijo Verónica.
—Siempre se puede llegar a un acuerdo. Mi experiencia en los negocios,
me ha dejado absolutamente claro que todos y absolutamente cada uno de
los que habitan este planeta, tienen un precio, siempre pueden ceder a
cambio de algo que los motiva. —Dijo el millonario mientras aún sostenía
la mano de la chica de una forma muy delicada.
Verónica escuchaba las palabras del caballero, parecía ser encantada y
embelesada por algún tipo de hechizo. Estaba penetrando en su mente, y la
sonrisa constante en su rostro la hacía sentir absolutamente confiada. No
podía haber ningún tipo de amenaza en él, no había absolutamente nada que
temer, o al menos esa era la percepción que había tenido durante su
interacción con el millonario.
—¿Hay un lugar en el que podamos hablar de forma tranquila sin que
nos interrumpan? —Dijo Viktor.
—Claro, podemos ir a mi oficina. Sígueme. —Dijo la chica.
Viktor simplemente se detuvo un par de segundos para ver cómo la chica
se da la media vuelta y aprovechó para poder dar una mirada absolutamente
invasiva a su cuerpo.
Los pantalones de spandex que llevar a Verónica aquella tarde y la blusa
escotada que dejaba su vientre al descubierto, lo habían hecho detallar
absolutamente cada una de las cualidades físicas de esta joven. Tenía una
altura significativa, un cuerpo esbelto y estilizado, era un sueño de mujer,
alguien completamente inesperado para encontrarse en un lugar tan
desagradable como este.
Viktor era un conocedor de la belleza femenina, no sólo había
conquistado a las mujeres más hermosas de la ciudad, sino que, también
había sido parte de uno de los eventos vinculados a la belleza más
importantes del lugar.
Su dinero financiaba parte de un evento conocido como Miss Nueva
York, el cual se había convertido en una referencia perfecta para saber
quiénes eran las mujeres más bellas de la ciudad. No todas podían concursar
en este evento, era un certamen realmente exclusivo donde sólo las mujeres
más bellas podrían ser parte de esto.
Es por esto, que su criterio exquisito para las mujeres se había hecho
mucho más agudo con el pasar de los años. Viktor tenía una experiencia
muy desarrollada en el ámbito femenino, y sabía seleccionar a las mujeres
con mayor clase, mayor belleza y con el potencial más desarrollado para sus
talentos y habilidades.
Desde el primer momento en que la había visto, había identificado algo
en ella que no sabía realmente cómo definirlo. Había sido una reacción
completamente espontánea e inmediata, la cual había explotado justo en su
rostro tras encontrarse con los ojos brillantes de esta hermosa latina.
La acompañó, y toda la ruta trayectoria camino a la oficina de la chica,
había sido un completo espectáculo, pero en la forma en que caminaba y
sus caderas se meneaban de un lugar a otro, lo hipnotizan de manera
instantánea.
Viktor se le hizo agua la boca tan sólo con ver como las alargadas
piernas de la chica caminaban justo frente a él. Pantorrillas gruesas, una
espalda bien formada y estilizada, cabello largo, toda la chica era un
espectáculo. Para Viktor era inevitable apreciar la belleza de una buena
mujer. Siempre observaba con detalle, analizaba, estudiaba, y vete hallaba
cada elemento que conformaba la perfección de una fémina, así que, era la
oportunidad de estudiar a la chica.
No había llegado a ese lugar con la intención de conseguir a una mujer
tan hermosa, así que, los planes habían comenzado a cambiar de manera
repentina. Las prioridades de Viktor se transformaron justo desde el
momento en que se había cruzado con esta mujer tan exótica y ardiente, la
cual contaba con una personalidad tan aguerrida, que ni sus abogados más
feroces habían podido doblegar.
Ella era un caso completamente irregular, algo fuera de lo común, y este
estaba completamente dispuesto a romper con todos los esquemas que la
chica podía levantar en su entorno, tratando de hacerse una coraza increíble
como si se tratara de un búnker de rebeldía a su alrededor.
Cuando entraron a la oficina, el caballero tomó asiento sin ni quiera
pedir permiso, estaba en un lugar que debía demoler, tenía que demostrar su
poder y las intenciones claras que tenía de complacer a Verónica, aunque
quizá, este encontraría una forma mucho más agradable de estimularla.
—Ni siquiera voy a hacerte una oferta hoy. Sólo quiero que me conozcas
y sepas quién soy y que mis intenciones no son simplemente acabar con
este lugar por un simple capricho, mis negocios me trajeron hasta aquí, y es
un buen lugar para hacer unos hermosos departamentos que puedo vender a
gente muy importante. ¿Tienes idea de cuánto dinero podría ganar?
—Me he esforzado mucho por este lugar, tengo una conexión
sentimental con él, así que, creo que no se trata de dinero o cifras, sólo es
algo sentimental.
—Pero, ¿qué pasaría si de pronto un incendio acaba con este lugar?
¿Qué harías? Aquí no hay un seguro que te respalde, sólo un montón de
chicos soñadores que pelean constantemente para sobrevivir. ¿Qué harías si
pierdes un lugar así?
—Nunca lo había visto de esa forma. Pero creo que es una posibilidad
muy vaga, así que, y siquiera lo tomaré en cuenta. Sé perfectamente lo que
intentas, tratas de llenarme de miedos para tratar de manipularme. Conozco
perfectamente a las personas como tú.
A Viktor cada vez parecía encantarle más la personalidad de la chica.
Era completamente rebelde, y cada una de las flechas que eran disparadas
por este hombre, eran evadidas por la chica con una precisión tremenda. Era
incisiva, inteligente y preparada para superar cualquier prueba. De pronto,
esta se había convertido en una excelente alternativa hay posibilidad para
poder introducirla en su certamen de belleza.
—Eres alguien con una personalidad muy particular. No todos los días
encuentro mujeres con esa decisión tan firme que tienes tú. ¿Alguien te ha
dicho que eres realmente hermosa…?
—Ahora me halagas, la verdad es que no pareces ser un empresario muy
inteligente. Tus estrategias no van a persuadirme, ya te lo he dicho.
—Sólo quiero que pienses desde una perspectiva completamente
diferente a lo que imaginas que realmente soy. Cuando alabo tu belleza, se
exactamente de lo que hablo. Soy el patrocinador de un importante evento
que ya debes conocer, el Miss Nueva York se lleva a cabo gracias a que
invierto una gran parte de mi fortuna en el desarrollo de este certamen. ¿Te
gustaría participar?
Verónica había recibido una oferta completamente extraña para ella. Ni
siquiera se le habría pasado por la mente que algún día caminaría por las
pasarelas de algún certamen de belleza. Esto para ella era absolutamente
absurdo y vacío, así que, parecía ser sólo una trampa más.
Pero su gimnasio estaba en peligro, y ella, más allá de lo que entendía, lo
único en que podía pensar es que, si cometía un error en un futuro próximo,
este mismo hombre que estaba frente ella, se podría convertir en lo más
parecido al infierno que conocía.
Su interés era absoluto, y alguien con tantas influencias y contactos, no
descansaría hasta encontrar lo que estaba buscando.
—Tengo una propuesta para ti, sólo dime si quieres escucharla y
posiblemente llegaremos a un acuerdo tú y yo esta misma tarde. —Dijo el
hombre de una manera bastante sugerente, casi llegó a intimidar a Verónica.
Acto 4
Gratas consecuencias
Ser modelo estaba muy lejos de estar entre sus principales prioridades, a
pesar de que estaba consciente de que tenía una belleza bastante destacada y
que muchas ocasiones habían hecho alusión a ella, nunca había tomado en
serio el mundo del modelaje.
Desde la perspectiva de Verónica, se trataba de un montón de chicas
vacías que no tenían más talento que mostrarse como un trozo de carne
delante de un grupo de hombres hambrientos y que terminaban siempre
casas con algún empresario que las convertía en la ama de casa perfecta.
Verónica era una chica demasiado aguerrida y preparada para enfrentar a
todo el mundo como para quedarse atrapada en medio de un esquema tan
vacío y absurdo como ese.
—Me parece absurdo lo que estás diciendo. No quiero convertirme en
una modelo, así que, si esa es tu forma de tratar de convencerme, puedes
tomar a tus abogados y largar te. —Dijo la chica.
—¿Siempre estás a la defensiva, Verónica? Sólo estoy tratando de
ayudarte. Es todo. —Dijo Viktor.
—Pues no necesito tu ayuda. el gimnasio no está en venta, no pretendo
desnudarme para ti y ya no tengo tiempo para atenderte.
La hostilidad que había demostrado Verónica no la estaba llevando a
ningún lugar agradable, ya que, estaba tentando al demonio, y al parecer,
Viktor no era un sujeto tan dócil como se había mostrado en el momento en
que había llegado. Siempre había estado acostumbrado a conseguir lo que
buscaba, no negociaba, pero la belleza de Verónica le había dado un punto a
favor a la chica, al menos para proveerle algunas alternativas.
Pero ante la constante hostilidad que había demostrado esta joven, Viktor
prefirió quedarse sin paciencia rápidamente, dejando salir sus garras, como
un buen lobo que es.
—Creo que no has entendido bien lo que estoy a punto de hacer.
Lamento haber generado esta confusión. No es una pregunta, tampoco te
estoy sugiriendo algo, lo que te estoy planteando, es una imposición. ¿Té
queda claro? —Dijo Viktor.
El cambio en el discurso del caballero, había confundido a Verónica, y al
ver como este se ponía de pie repentinamente, supo que posiblemente ya se
iba, pero traía con él una sorpresa adicional. Este hombre era el más
amenazante que había enfrentado durante toda su vida.
Era el único que podía arrebatarle los sueños sin ni siquiera poder hacer
absolutamente nada. Verónica simplemente tendría que doblegarse ante sus
mandatos, y si este utilizaba todo el poder, no importaba cuánto brutales
fueran los puños de la chica, Viktor le arrebataría cualquier oportunidad de
conseguir acceso a un futuro en su gimnasio.
—Esta noche serás mi acompañante. Tomaremos unos tragos, me
acompañarás a un lugar glamoroso, y luego seguiremos conversando sobre
este tema. Pasaré por ti a las nueve. Deberás estar lista... —Dijo Viktor.
—¿Acaso crees que soy una de esas fáciles que se vende por unos
cuantos dólares? Agradece que no te rompo la nariz justo ahora. —Dijo
Verónica.
—Sólo inténtalo., No creo que seas capaz. Pasaré por ti y seguirás cada
una de mis instrucciones si no quieres que en un par de días este lugar este
reducido a escombros. —Dijo Viktor antes de marcharse.
Eran dinámicas completamente diferentes las que podían utilizar estos
dos personajes. Verónica estaba acostumbrada a encontrar la solución en la
utilidad y la agresividad. Viktor, era un hombre más meticuloso y siempre
se ajustaba a un procedimiento, por lo que, si la chica hubiese aceptado
todos los designios de este hombre desde un principio, posiblemente no
hubiesen llegado a tal nivel de manipulación.
—¿Qué pasa si me rehúso? —Preguntó Verónica.
—Lo que deberías preguntarte es qué harás con todos esos chicos
cuando ya no tengas absolutamente nada con que proporcionarles un sueño.
—Dijo Viktor.
Se marchó acompañado de sus abogados, esos sujetos desagradables que
generalmente le generan una incomodidad tremenda a la chica. Pero de
pronto, ellos simplemente parecían bufones al lado de Viktor, quien era el
verdadero monstruo a quien debía enfrentar.
Verónica podía utilizar todo el talento de sus golpes, podía mover sus
piernas de manera coordinada para distraer a su oponente, pero nada esto
podría generar resultados con Viktor. Este hombre estaba demasiado
acostumbrado a tener una victoria absoluta en todas las situaciones, así que,
la chica simplemente era un objeto que sería utilizado para su diversión.
Verónica había despertado lo peor de este sujeto, ya que, Viktor no
estaba acostumbrado a tratar a las mujeres de
esta manera, pero la hostilidad que había demostrado la chica, había
hecho que automáticamente se activará ese ser patán y despiadado que
habitaba en su interior. Nadie que contaba con el poder que tenía Viktor
podría asegurar que había encontrado todo esto tan sólo con ser inocente e
inofensivo. Todo lo que había logrado lo había hecho a costa de
manipulación, imponencia y determinación.
Verónica había quedado absolutamente clara de que, si no seguía las
reglas establecidas por Viktor, rápidamente acabaría con todo lo que había
luchado hasta el momento. Su gimnasio era absolutamente todo para ella, y
ahora, esta simplemente se estaba convirtiendo en un objeto para un hombre
poderoso, quien estaba acostumbrado a conseguir absolutamente todo de
forma obligatoria.
Cuando se marcharon, algunos de los chicos llegaron a la oficina de
Verónica, y al verla tan nerviosa y alterada, trataron de tranquilizarla, pero
esta, no podía decir absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo. El
futuro de estos chicos estaba viendo amenazado, y si no tomaba una
determinación, una decisión rápida, todo comenzaría a desplomarse muy
pronto.
—¿Hay algo en lo que podamos ayudarte? —Preguntó uno de ellos.
—Me encantaría salir de este planeta justo ahora. ¿Podrías hacer eso por
mí? —Pregunta Verónica mientras se llevaba las manos al rostro
apoyándose de manera frustrante sobre su escritorio.
Si lo pensaba bien, no sería algo tan malo acompañar a este hombre,
quien pasaría por ella y la llevaría a encontrar el vestido perfecto para
acompañar a un empresario millonario durante aquella noche. Pero
rápidamente todos pensarían que se trataba de una cualquiera, una dama de
compañía que posiblemente le brindaba el placer sexual a este empresario
sólo por diversión.
Verónica sentía un golpe bajo en su orgullo, pero tenía que hacerlo por
los chicos, y esta, había comenzado hacer la travesía por el infierno que no
sabía si la llevaría hacia lo más profundo de él o conocería sólo la entrada.
—Ya vayan a entrenar, hay trabajo que hacer. —Dijo la chica.
Verónica guarda el secreto y debe sacrificarse por el equipo, accediendo
a los planes de Viktor, quien ha sabido jugar las piezas en un tablero en el
cual la chica cuenta con una desventaja tremenda. Aquella noche, mientras
esperaba la llegada de Viktor, todos los chicos se habían marchado de aquel
lugar. Había ordenado que absolutamente nadie se quedar en el gimnasio,
ya que, no quería que absolutamente ninguno de ellos descubriera lo que
estaba pasando. Se ve aguerrida, decidida y muy hermosa.
Viktor, un hombre con acceso de las mujeres más hermosas y
espectaculares del mundo, había quedado atrapado en los encantos de la
chica, así que, no tenía demasiadas oportunidades como el resto de los
mortales. Cuando escuchó llegar el coche,
Verónica sintió como su corazón había saltado de manera instantánea, ya
que, había una incertidumbre absolutamente total al no saber que le
esperaba una vez que entrara el coche del millonario. Pero no le dio
demasiado largas al asunto, así que, con toda la determinación posible,
abandonó el gimnasio, acompañando a este hombre, quien era el símbolo de
la caída del orgullo de Verónica.
Su dignidad estaba por el suelo, simplemente estaba accediendo a las
demandas de un hombre que lo único que quería era manipularla y
demostrar que el verdadero poder lo tenía él, gracias a su dinero.
—¿Aquí me tienes? ¿Cuáles son tus planes? —Preguntó la chica.
—Verónica, lo he pensado mejor y la verdad es que me comporté como
un animal durante la tarde. No debí haberte hablado de esa forma, así que,
si no quieres ir a ningún lugar, yo entenderé. Pero tienes que comprender
que debo seguir adelante con la adquisición del gimnasio, creo que será
inevitable.
Verónica, que no era absolutamente tonta, dijo lo necesario para poder
encontrar una oportunidad en medio de todo este caos. Si simplemente se
introducía a un ring hipotético con Viktor, caería inevitablemente debido a
todos los recursos y elementos que tenía a su disposición este sujeto. Su
desventaja era tremenda, así que, la única alternativa a través de la cual
podría sacar un poco de ventaja o una oportunidad de salir adelante era a
través del vínculo con este millonario.
Si este había depositado sus expectativas sobre ella, posiblemente podría
tener algo de razón, así que, no era momento de tener miedo y refugiarse en
sus puños y en su carácter aguerrido, Verónica tenía que ceder para tratar de
encontrar una oportunidad que se encontraba en un lugar desconocido para
ella, un lugar inexplorado, algo muy lejos de su alcance.
—Me encantaría pasar la noche a tu lado. Creo que esto podría terminar
de una forma bastante interesante. —Dijo la chica.
—Pues me parece perfecto. Vamos por ese vestido que te hará lucir
como la mejor mujer del lugar esta noche. —Dijo Viktor al poner el coche
en marcha.
Verónica nunca habría imaginado que entraría en una tienda tan
glamorosa de ropa como la que la había llevado Viktor. El lugar era
absolutamente espectacular, el sueño de cualquier mujer que ama la ropa
femenina, así que, estaba absolutamente habilitada de escoger la prenda que
mejor le pareciera.
Viktor le ayudaría un poco con la elección, ya que, esta no tenía
demasiado criterio para la selección de vestidos. La mayoría del tiempo
llevaba ropa deportiva, algo que le resultaba bastante cómodo y agradable
para pasar el día.
—Este lugar es absolutamente impresionante. Los vestidos son muy
caros, creo que con lo que cuesta uno de estos vestidos me compraría un
coche. —Dijo la chica.
—No tienes que preocuparte por ello, el precio es lo de menos, lo
importante es generar una impresión impactante en todos los presentes. —
Dijo Viktor.
La chica comenzaba a recibir algunos consejos y recomendaciones de
Viktor, un hombre sumamente sofisticado que estaba acostumbrado a lidiar
con las mujeres más exóticas y exigentes del mundo.
Cada uno de los vestidos que llegaban a las manos de la joven, las hacían
sentir más incómoda que el anterior, ya que, no era el esquema de ropa que
solía utilizar. Esto lo dejaba en una posición realmente y de ignorancia, ya
que, cualquiera de los modelos que fue seleccionado sería igual para ella.
Se probaba uno tras otro, modelando el vestido frente a Viktor, quien
quedaba cada vez más impactado con la belleza de la chica. El cuerpo de
Verónica era absolutamente impresionante, todos los vestidos quedaban
perfectos en su cuerpo, y esto alimentaba cada vez más la teoría que se
había gestado en su mente.
La intención de estar con ella aquella noche no era casual, necesitaba
indagar, conocer aún más quién era realmente la que estaba detrás de esta
chica aguerrida y rebelde que trataba de escudarse de todos.
Verónica había evitado que absolutamente nadie la conociera a fondo,
siempre había estado oculta detrás de una coraza defensiva, siempre alerta
ante la posibilidad de que alguien tratara de hacerle daño.
Pero de manera casi imperceptible, Viktor había roto con absolutamente
todas las barreras de una manera abrupta, entrando instantáneamente y
conociendo nuevas facetas de la chica, quien estaba completamente
vulnerable ante las constantes intenciones de Viktor de poder brindarle
acceso a una vida completamente diferente.
El vestido que habían seleccionado era completamente espectacular, y
aunque Verónica no tenía ningún tipo de conocimiento acerca de la moda, el
estilo el glamour, se sentía absolutamente como una princesa, algo que le
hizo salir algunas cuantas lágrimas de sus ojos.
—¿Qué te ocurre? —Preguntó Viktor al ver la reacción de Verónica al
verse vestida de esa manera.
—No es nada, es sólo que nunca me había visto tan femenina.
—Es una pena, realmente eres una mujer muy hermosa. Y creo que
puedo llevar tu belleza a niveles absolutamente inalcanzables para otras
personas.
Verónica no entendía por qué este hombre había comenzado a llenarla de
ilusiones de manera tan repentina. Un hombre que podía acceder a
cualquier mujer no podía estar fijándose en ella sin ningún interés de por
medio.
Esto, inevitablemente le generaba un poco de miedo, ya que, si este
hombre reclamaba algún pago por todo esto, la chica estaría en una
situación peor de la que estaba al iniciar todo. Es por esto que antes de que
las dudas y las confusiones comenzaran a acabar con aquel vínculo que
estaba comenzando a nacer, Verónica prefirió preguntar a qué se debía todo
el interés de Viktor.
—No puede simplemente tomar una chica al azar gastar miles de dólares
en un vestido y e intentar llevarla a una reunión social. De qué se trata todo
esto Viktor. Por favor, no me mientas. —Dijo la chica
—Hay algo en ti que me impactó desde el primer momento en que te vi.
No puedo explicar te realmente lo que sentí al verte, y no quiero que
malinterpretes mis palabras. No hablo de sentimientos o de sensaciones
amorosas, hablo de un presentimiento muy positivo acerca de tu belleza.
—¿Puedes explicarte mejor?
—Dejemos que la noche avance de manera natural, y tu misma
descubrirás con tus propios ojos lo impactante que puede llegar a ser tu
belleza. Sólo mantente atenta a tu entorno y descubrirás que tu presencia no
puede pasar desapercibida en ningún lugar.
Verónica había vivido encerrada en sí misma durante mucho tiempo,
pero Viktor ya llegado para liberar todo el potencial que había estado
encerrado durante años. La belleza, la feminidad, la delicadeza y el amor
nunca habían sido elementos importantes en la vida de Verónica, pero de
pronto, había comenzado a transformarse en la mujer que siempre debió ser.
Viktor había sido la llama que ha iniciado este incendio de emociones y
nuevas experiencias que había comenzado a vivir Verónica, mientras entrar
aquella sala de eventos, había sentido, todas las miradas se habían fijado
sobre ella, pensando que era un bueno. No tomaba en serio el nivel de su
belleza, pero Viktor se encargaría poco a poco de hacerla llegar a ese nivel
de seguridad donde de manera natural sabía que sus atributos no eran
cualquier cosa.
Acto 5
Exótica y diva
Su primera salida a la pasarela había sido una experiencia
completamente embriagante, ya que, tener el control absoluto de la
situación y todas las miradas fijas sobre ella, habían hecho que Verónica
simplemente se conectara con una gran cantidad de emociones que eran
absolutamente desconocidas para ella.
La posibilidad de caminar de un lado al otro mientras impresionaba a
cada uno de los asistentes de aquel lugar, había dejado a la chica
completamente emocionada, ya que, era la primera vez que demostraba el
nivel de talento que podía tener. Esto no había surgido de la noche a la
mañana.
Viktor finalmente había logrado convencer a la boxeadora para que
finalmente accediera a sus solicitudes. Aquella noche, toda la belleza que
había emanado de la chica había dejado impresionado al caballero, quien se
había sentido tentado una y otra vez a seducir la. Pero sabía que Verónica
era una máquina de oro, una forma de hacer dinero rápido a través de los
diferentes certámenes de belleza.
Para él, inicialmente era una chica completamente intocable, no podía
sobrepasar los límites establecidos por ella, ya que, si cometía una
equivocación como está, fácilmente la alejaría y perdería la oportunidad de
ubicar a su chica como una de las más hermosas de Miss Nueva York.
Sólo una semana había sido suficiente para la preparación, este certamen
se iba a llevar a cabo de manera inmediata y no había tiempo para juegos o
tratar de hacer tiempo. Viktor había contratado a los mejores mentores y
maestros para que se encargarán de asesorar a la chica, permitiéndole
acceder a una mejor calidad en cada una de sus destrezas.
Era casi un sueño para Verónica imaginarse caminando por una pasarela,
pero finalmente había alcanzado su sueño después de duros días de
entrenamiento que la obligaron a alejarse por completo del gimnasio.
Parecía que los planes de Viktor estaban enfocados única y
exclusivamente en utilizar la belleza de la chica para hacer el dinero que
posiblemente aquel gimnasio no le permitiría alcanzar. No podía jugar a la
traición, Verónica era una chica inteligente y constantemente estaba alerta
de lo que estaba ocurriendo en aquel lugar.
Aquel acuerdo que había comenzado con una compañía de una sola
noche, se había convertido en una constante presencia de Viktor en la vida
de Verónica. Todos los sueños que había perseguido durante su vida, habían
quedado descartados totalmente de la noche la mañana, siendo sustituidos
de manera instantánea por todos los proyectos que habían sido planteados
por el multimillonario.
Estar azulado había sido una experiencia completamente nueva para ella
que le había encantado hasta los huesos. Acceder a los restaurantes más
lujosos, los lugares más sofisticados y conocer algunas grandes
celebridades, había sido algo que ni siquiera en sus sueños más locos
hubiese tenido la posibilidad de realizar.
Viktor simplemente había enfocado toda su atención a construir una
personalidad completamente diferente en la chica, esa rebeldía tenía que
desaparecer, la constante duda de saber si era apta o no para una tarea, tenía
que ser erradicada, y la mejor forma que tenía para llevar a cabo esto, era
enalteciendo las habilidades y talentos de Verónica.
Muchas veces Viktor había repetido que era hermosa, que tenía más
talentos Y los que ella misma podía llegar a imaginar, pero esta, escéptica
por completo a lo que este podía ofrecerle, sólo confiaría en él cuándo
comenzar a ver los resultados de las promesas que había hecho.
Mientras caminaba por aquella pasarela, sentía que todo el mundo estaba
a sus pies, era la mujer más hermosa de la noche y desde su primera
aparición, no había quedado duda alguna de que sería la ganadora de aquel
certamen.
Viktor la había mantenido oculta durante todo ese periodo, el proceso de
inscripción había sido pagado de manera correcta para evitar que siquiera
una fotografía de Verónica fuera revelada. Este, mantendría elemento
sorpresa hasta el final, ya que, si alguien podía ver que tenía en su poder a
una belleza exótica hermosa, con una personalidad aguerrida y con
inteligencia destacada, posiblemente surgiría una competencia en el último
momento.
Había aprendido a jugar a las cartas con experiencia de los años, así que,
no sólo le estaba dando la oportunidad a Verónica de acariciar un sueño
completamente diferente al que tenían, sino que, la estaba mostrando al
mundo como una viva, alguien completamente dispuesta a complacer al
mundo con su belleza.
La envidia, la competitividad y la traición generalmente estaban
involucradas en este ámbito del modelaje, y muchos, habían puesto su
atención sobre la chica, tratando de determinar si esta se encontraba
disponible para la venta.
Sí, en este mundo retorcido del modelaje, se había creado una red de
prostitución realmente grande, y aquellas chicas que tenían la posibilidad de
doblegarse ante la voluntad de importantes empresarios millonarios, podían
acceder a una vida de lujos y comodidades y no preocuparse nunca más por
lo que el futuro podría preparar.
Verónica había ingresado a esta nueva dinámica en su vida con la única
intención de conseguir un poco de dinero para poder tener la seguridad de
que el gimnasio siempre le pertenecería a ella.
No se trataba sólo de apego sentimental, era un compromiso absoluto
que tenía con los chicos que sólo tenían a este lugar como una oportunidad
de escapar de sus realidades. Muchos de ellos tenían graves problemas
familiares, afrontaban duras pruebas financieras, y esta, a través del boxeo,
les permitía ir para sus sueños y literalmente luchar con sus puños hasta
poder conseguirlos.
Fácilmente se había convertido en toda una heroína para Nueva York, los
bajos fondos conocían la intensidad de la personalidad de Verónica, quien
rápidamente fue ganando popularidad gracias a su talento como rapera y su
agresividad como boxeadora.
Pero en el momento en que está comenzó a aflorar como una modelo,
todo se quedaron impresionados al ver a una chica completamente distinta a
la que una vez compartió el ring con ellos.
Cuando la vieron aparecer por primera vez en aquella pasarela que tenía
una proyección internacional, todo se quedaron con la boca abierta,
inclusive, el propio William desde el hospital, había logrado ver a la
hermosa chica caminando de un lugar a otro, derrochando una belleza
incomparable y una impotencia que era característica única de Verónica
Rondón.
Aquella noche se había convertido en la principal puerta que se había
abierto durante toda su vida, el éxito, el reconocimiento, la fama y los lujos,
comenzarían a llegar por sí solos.
Su primera aparición había sido impactante, y cada uno de los miembros
del jurado, se habían quedado con unas ansias increíbles de volver a verla
aparecer, Iluminaba el lugar por completo con su presencia, y su mirada era
tan intensa que podía intimidar hasta el hombre más seguro. En todo
momento, Viktor supo que tenía en su poder a una piedra preciosa, un
diamante en bruto que sólo había que pulirlo para poder sacar el brillo más
puro de él.
Ser coronada como la reina de la noche y convertirse en Miss Nueva
York, había roto con todas las proyecciones que se habían establecido
durante ese día. Una latina por primera vez se había convertido en la reina
de este certamen, el cual generalmente era ganada por alguien nacido en los
Estados Unidos.
La chica había comenzado a romper con los esquemas establecidos en
ese certamen, y posiblemente comenzaría a frecuentar nuevas competencias
de belleza, ya que, su conocimiento, la calidad de lo que hacía y su
presencia tan destacada, serían herramientas muy efectivas para abrirle las
puertas por dónde caminara.
Todos los habitantes de los Estados Unidos aquella noche sintonizaban el
certamen de Miss Nueva York, uno de los más importantes y destacados del
mundo de la belleza, así que, podían ver a nivel nacional e internacional
como estaban haciendo una estrella realmente genuina.
Verónica no era de esas chicas que habían soñado desde muy niña que se
convertirían en una reina de belleza y caminarían por una pasarela tratando
de impresionar a todos. Para ella, el mundo era completamente diferente,
estaba constituido por pruebas, las cuales eran necesarias de superar.
Así que, de la noche la mañana se había convertido en la mujer más
hermosa de los Estados Unidos, la corona de brillantes sobre su cabeza, le
llenaba de una satisfacción tremenda de haber superado absolutamente
todas esas chicas que se encontraban a su lado. Muchas sonreían
manteniendo la buena actitud, mientras en su interior sentían unas ganas
increíbles de comenzar a llorar. Verónica las había aplastado, y esa era la
sensación más agradable que había experimentado jamás.
Cuando descendió del escenario, los primeros abrazos a los que corrió
serían los de mayor, quien la recibió de manera instantánea, arropando le
aconsejamos culo sus brazos, mientras la chica se sentía protegida estando
cerca de él. Su rostro se presionada contra su pecho, mientras este emanaba
un perfume completamente exquisito, que dejaba a Verónica sin fuerzas
para resistirse. Por algunos segundos, se desconectó completamente de su
realidad, se quedó colgada en ese aroma y ese pecho fuerte que la abrazaba
para felicitarla.
Viktor, rompió con este trance mágico que estaba atravesando chica,
separándola de él para proporcionarle un beso en la mejilla.
—Te dije que lo lograríamos. Lo has hecho de manera espectacular. —
Dijo Viktor mientras peinaba un poco el cabello de la joven.
—Todo esto es gracias a ti. Nunca sabré cómo pagarte.
—Tuve una corazonada desde el inicio, no tienes que preocuparte por
ello. Todo esto se debe a la más pura belleza que aflora de ti. —Dijo Viktor
mientras vuelve a abrazar a la chica.
Había una sensación que estallaba en el corazón de Verónica, y estaba
vinculada al hecho de que absolutamente nadie había confiado en ella de
una manera tan absoluta como lo ha hecho Viktor.
Este se había entregado ciegamente a la idea de que la chica era un
diamante en bruto, así que, la había preparado en tiempo récord para
convertirla en la exitosa modelo que de la noche la mañana parecía haber
aflorado desde lo más profundo de la tierra. Aquella noche, habían
celebrado un festejo que se había extendido hasta horas de la mañana.
Todos habían terminado completamente ebrios, tendidos en una gran
suite de hotel que había sido reservada por Viktor. Este, al despertar, no
puede creer lo que había ocurrido. En sus brazos, reposaba Verónica, quien
había terminado abrazada a él, aunque para su tranquilidad, la chica aún
permanecía con su vestido puesto. No podía recordar absolutamente nada,
pero si han terminado en la misma habitación, posiblemente habría ocurrido
algo de lo que ni siquiera existía una imagen en su mente.
Todo había sido borrado, era como si su mente hubiese sido sumergida
en un banco de prueba y lo hubiesen reseteado, ya que, lo único que podía
recordar era su salida del centro de festejos donde se había llevado a cabo el
certamen de belleza. Verónica había entrado con él a la limosina, y después
de allí, ingerir licor se había convertido en el pasatiempo de la noche.
Ni siquiera había planeado tratar de seducir a la chica, pero tampoco
podría adelantarse a los acontecimientos, Verónica, sólo estaba allí dormida
a su lado, por lo que, trató de levantarse cuidadosamente, pero en el
momento en que trató de salir de la cama, unas esposas lo mantenían atado
a uno de los bordes de la cama.
Esto dejó completamente desconcertado al caballero, quien supo
perfectamente que aquella noche debió haber pasado algo extraño entre
ellos dos. Antes de arruinar por completo todo con suposiciones y teorías en
su mente, prefirió continuar dormido y esperar a que fuese Verónica la que
lo despertara, aunque conociendo su fuerte temperamento, posiblemente si
no recordaba nada, lo mataría a golpes al pensar que este había abusado de
su confianza.
Sentía un poco de temor, la reacción de Verónica era completamente
inesperada, siempre tenía una sorpresa para él y tenía que adaptarse a las
actitudes de la chica, quien era una bomba de tiempo que constantemente
permanecía activa. Si no manejaba la situación con calma, todo se saldría
de control de una manera drástica.
Los minutos avanzaron y parecían transcurrir horas, pero Verónica,
pronto despertaría de un sueño profundo y agradable, ya que, esta sabía
perfectamente que se había quedado dormida en los brazos de Viktor.
El licor durante la noche, la había hecho desinhibirse por completo, ya
habían bailado durante horas, dejando que sus cuerpos rozaran, se
acariciaran, y generaran una interacción completamente erótica que se
desarrollaba ante la vista de absolutamente todos en el lugar.
La nueva reina de belleza, había expuesto parte de su personalidad
desinhibida ante la vista de los invitados a la fiesta, entregándose por
completo a una sesión de baile, ya que, la sangre latina que corría por sus
venas, la invitaba a mover su cuerpo de una manera espectacular.
Viktor ya había bebido demasiado champán para ese momento como
para recordar alguno de los acontecimientos que se había llevado a cabo en
este lugar. El vestido blanco ajustado que llevar a la chica, se levantaba
periódicamente cuando esta giraba abruptamente al ritmo de la música
latina.
Todos, giraban en torno a ella, querían verla moverse, su belleza
iluminaba por completo el lugar, opacando la belleza de las otras mujeres
que habían sido invitadas. Tenía unos glúteos de infarto, perfectamente
redondeados, una cintura delgada y caderas medianamente anchas.
Su estatura era lo más relevante que hacía a esta mujer tan espectacular,
ya que, todo era proporcional, no era de esas mujeres que eran
excesivamente altas y extremadamente delgadas, lo que las hacía lucir poco
atractivas. Verónica era una mujer fuera del común, y esto, era
principalmente el elemento que le había dado la oportunidad de acceder a
una vida que ni en sueños alcanzaría.
La belleza se había convertido en el vehículo que la estaba trasladando
hacia el lugar más espectacular, donde contratos, proyectos y propuestas
comenzarían a llover de desde el momento en que fue coronada como la
reina de la noche.
Cuando Viktor vio como la chica abrió sus ojos, no pudo evitar sentir un
poco de temor, ya que, esperaba ansiosamente la reacción de la chica. Esta,
sonrió agradablemente y besó la mejilla del caballero, para luego salir de la
cama y dirigirse hacia el cuarto de baño.
—Buenos días, julio. Espero que hayas podido descansar. Anoche
desgastaste toda tu energía, ya no podías más cuando caíste en la cama. —
Dijo la chica.
—No puedo recordar nada, me duele demasiado la cabeza como para
tratar de pensar en lo que pasó ayer. ¿Por qué terminamos juntos en esta
cama? —Preguntó el millonario.
—No tienes nada de qué preocuparte, sólo bailamos durante toda la
noche, y sin querer entramos a esta habitación y cuando ya no pudiste
aguantar más el cansancio, nos dejamos caer en la cama, y creo que yo
tampoco tuve la voluntad para levantarme.
Esto permitió que Viktor respirara con tranquilidad. No se trataba de no
querer tener una interacción con ella, sino que, iba hacer realmente
lamentable poder tener acceso a una mujer tan espectacular y ni siquiera
poder recordarlo.
—Te ves un poco preocupado. No tienes que pensar en nada irregular, no
pasó nada entre nosotros, si eso es lo que temes. —Dijo Verónica.
La chica entró al baño, pero Viktor mantenía la esposa oculta con su
almohada. Esta no había mencionado absolutamente nada sobre esto, así
que, trató de ubicar la llave, pero no la conseguía. Después de revisar sus
bolsillos, pudo descubrir que se encontraba en su bolsillo izquierdo.
Se liberó del accesorio y se puso de pie. Era necesario verificar qué
estaba ocurriendo fuera, y cuando salió, el lugar estaba completamente
desolado. Todo se había marchado, así que, se había quedado
completamente a solas con la modelo en aquel lugar.
Cuando escuchó abrir el grifo del agua en el baño, Viktor experimentó
una increíble tentación de ingresar al lugar, pero esto, rompía enormemente
con las reglas establecidas por Verónica. Cuando estos habían comenzado a
interactuar con más frecuencia, la chica había establecido una distancia total
de aquel caballero, pero era posible que Verónica Hubiese cambiado de
parecer, y la única manera de poder comprobarlo era probando.
Ya había alcanzado el punto al que quería llegar, la chica había sido
coronada como reina de Miss Nueva York, y estos se traducía como una
gran cantidad de dinero para las arcas de Viktor.
La tentación era difícil de contener estando frente a una mujer tan
espectacular como ella, una mujer que tan sólo con estar, podría ser que un
hombre se desestabilizara absolutamente hasta lo más profundo de su ser.
Para poder resistir una prueba como esta, había que tener una gran
voluntad, y Viktor, estaba comenzando a perder esa posibilidad de resistirse
ante los encantos de esta mujer.
Se apoya sobre la puerta del cuarto de baño, cierra los ojos y escucha la
regadera, el agua cae sobre suelo, y puede imaginarse el cuerpo desnudo de
la chica completamente cubierto de una superficie jabonosa, lubricada, algo
que lo llena de una excitación tremenda.
Esto, lo hace pensar en la posibilidad de entrar, pero si Verónica no está
preparada, posiblemente le dé una golpiza que lo hará terminar en el
hospital. Su mano se coloca sobre el picaporte, pero aún no tiene el valor de
hacerlo girar.
Acto 6
El amo y señor
Aunque este había tenido la intención de girar el picaporte, ni siquiera
había tenido tiempo de hacerlo cuando este pequeño accesorio dispuesto
para abrir la puerta giró yo antes de que este pudiese reaccionar.
Encontrarse frente a frente con la mirada de Verónica, dejó a Viktor
completamente el lado.
La chica, sostenía una toalla cubriendo su pecho, la cual, escasamente
podía cubrir sus muslos. Fue inevitable para él recorrer la totalidad de su
cuerpo con sus ojos, estando allí parado, era la víctima perfecta para un
contacto directo de los puños de Verónica.
—¿Qué ocurre, acaso pretendías entrar sin mi autorización? —Preguntó
Verónica mientras se acercaba al caballero?
—No, eso lo que… Disculpa, no volveré hacerlo.
—Creo que te han quedado muy claras mis condiciones para la relación
que hay entre nosotros. ¿No es así? —Dijo la chica.
—Sí, tengo todo perfectamente claro, no tienes que decirme nada más al
respecto. Respondió Viktor.
—Te ves nervioso, Viktor. Parece que hubieses visto a un fantasma.
¿Acaso le tienes miedo a mis puños? —Dijo la chica.
—No romperé las reglas, Verónica. Lo lamento. Es demasiada tentación
para manejarlo de una manera tan sencilla.
—¿Te sientes tentado a qué, específicamente? Quizá haya una otra regla
que podamos romper. —Dijo la chica.
Estas palabras tan sugerentes, dejaron la Viktor completamente
impactado, ya que, si había escuchado bien, la chica estaba autorizándolo a
que este accediera a ella. Pero Verónica tenía algunos juegos de palabra que
en ocasiones resultaban bastante engañosos, así que, quizás se trataba sólo
de una prueba de resistencia y este no podía ser tan tonto como para caer de
una manera tan inocente.
—No sé si estás jugando o hablas en serio, pero no seré yo quien cometa
una equivocación. —Dijo Viktor.
Esto generó una sonrisa instantánea en el rostro de Verónica, quien supo
perfectamente que tenía enfrente ella una oportunidad de tomar el control
de la situación. Su toalla, apenas se encontraba asegurada con un pequeño
nudos y cado justo sobre sus senos, por lo que, la joven colocó su mano
sobre este y liberó la toalla. Esta cayó al suelo de manera instantánea,
dejando a Viktor cinco una sola palabra en su boca.
—Mira me bien. Todo lo que ves puede ser tuyo si así lo deseas, pero
sólo tendrás una oportunidad para convencerme de que volverá a repetirse.
Viktor seguía completamente escéptico ante la posibilidad de que se
tratara de un simple juego. Lo último que quería era arruinar lo que había
comenzado a surgir entre ellos. Había trabajado la situación de una manera
precisa y con calma, no era el momento de caer en una trampa tan simple
como la que estaba tendiéndole Verónica. Pero la desnudez de la chica era
una tentación que era casi imposible de evitar. La veía con mucho deseo, y
prácticamente perdió el control de manera instantánea.
Estaba acostumbrado a mantener siempre bajo la manga un As que le
permitiera ser el líder en cualquier situación. Era el amo y señor de todas las
mujeres con las que había estado, pero con Verónica era completamente
distinto, se sentía en una desventaja tremenda, lo único que podía hacer era
quedarse allí parado completamente petrificado esperando a que esta lo
autorizara para tocarla.
Parecía que Viktor conocía más de Verónica de lo que esta podría pensar,
ya que, el temor, el miedo que se respiraba en el ambiente cuando pensaba
que podía hacer molestar a la chica, era muy evidente.
Posiblemente la había visto pelear, quizá había visto sus puños en
acción, y esto, lo hacía tomar la decisión inteligente de no hacer despertar la
feroz bestia que había en el interior de Verónica.
—No voy a quedarme parada aquí desnuda todo el día, Viktor. ¿Piensas
hacerme el amor o te quedarás allí de pie observando mejor? —Dijo la
chica.
Esta, dio un paso hacia el caballero, y ya era demasiado para él. Ya no
podía seguir jugando a ser un caballero, no podía tratarla como si fuese una
chica ingenua, ya que, era precisamente ella la que estaba proponiendo un
juego que posiblemente los llevaría directamente a la cama una vez más.
Durante toda la noche, Verónica había fantaseado con la idea de estar con
este sujeto. Había acariciado su pecho, ha introducido sus dedos en el
interior de su camisa en un par de ocasiones.
Al sentir su piel, la excitación fue tremenda, y en una ocasión mientras
Viktor estaba profundamente dormido, la chica decidió masturbarse justo a
su lado, sube su vestido hasta la cintura. Aquí, comenzó a frotar un poco su
vagina mientras estaba cerca del caballero.
El nivel de excitación que despertaba los músculos y el aspecto varonil
de Viktor, volvía completamente loca a la bella modelo, quien parecía ser
una persona completamente distinta desde el momento en que lo conoció.
Su mano la había estimulado durante algunos minutos, pero no había
logrado alcanzar el orgasmo debido a un movimiento brusco que había
realizado Viktor.
Esta, pensó que se había despertado, así que, interrumpió la sesión de
masturbación tan deliciosa que había iniciado. El caballero simplemente se
había dado media vuelta, y la chica se había abrazado a su espalda de una
manera muy tierna.
Lo que estaba naciendo entre ellos, era realmente extraño, y Verónica,
estaba dejando que esa corriente de sentimientos que fluía en su interior,
fuera directamente hacia donde tuviese que ir. No estaba colocando
limitaciones mi estableciendo normas, simplemente disfrutaba de lo que
comenzaba a aflorar entre ellos.
Viktor, abrazó a la chica, la pegó a su cuerpo, y esta, puros sentir el
volumen bastante significativo que se encontraba en la zona genital del
caballero. Era prácticamente imposible no sentir una erección instantánea
con tan sólo tener a una mujer tan espectacular frente a él.
Era la mujer más hermosa de Nueva York, la chica más sexy que había
conocido en toda su vida, la mujer más exuberante que podía encontrar en
cualquier barrio de la ciudad de Nueva York, estaba allí desnuda,
ofreciéndose completamente a él, mientras este, recorre con sus manos la
espalda de la chica.
Se toma el tiempo para disfrutarla, aún no ha tocado sus labios, está
cerca de ella, respira su aroma, acerca su nariz a su oído ido, deja salir su
lengua y lame suavemente el lóbulo de su oreja. Esto le genera un intenso
escalofrío a Verónica, quien piensa que quizá es el momento de revertir
todo lo que ha iniciado.
Experimenta algo de miedo, un vacío en su estómago, latidos fuertes en
su corazón, una sudoración extraño sus manos, pero debe disimular, ya que,
no puede exponerse como una chica débil ingenua. Durante toda su vida ha
aprendido a resolver todos sus problemas y enfrentar los miedos, y este es
uno de los peores miedos que tenido que confrontar a lo largo de toda su
existencia.
Nunca había permitido a ningún hombre llegar tan lejos, así que, el
hecho de haberse entregado a las manos de este hombre para que hiciera
con ella lo que quisiera, la convirtieron rápidamente en alguien
completamente distinta a la que ella misma conocía. Pero el deseo
aparentemente transformaba el pensamiento de las personas, así que,
simplemente era víctima de su ardiente necesidad de tener a este hombre
sobre ella, completamente desnudo y convirtiéndola en mujer.
Muchos hombres habían tenido la intención de conquistarla, enamorarla,
proporcionarle acceso a lujos, riquezas, amor y protección, pero la llegada
de Viktor había sido tan repentina e inesperada, que Verónica no había
sabido cómo manejar la situación. Este se había convertido rápidamente en
su compañía preferida, adoraba estar a su lado, y el hecho de tenerlo allí
frente a ella cubriendo su cuerpo desnudo con sus abrazos, la hace sentir
bastante conforme.
No era lo que esperaba que ocurriera desde el momento en que había
comenzado a frecuentar con Viktor, pero dejaba que todo avanzara de
manera natural, ya que, sabía que entre ambos existía una química y una
electricidad intensa que no se apagaría jamás.
El caballero utilizó su lengua para lamer sus orejas, estimulándola y
excitando la cada vez más. Verónica experimentó una humedad rápida en su
zona genital, un calor que amenazaba con incendiarla, su cuerpo comenzó a
subir de temperatura, transpiraba levemente, y a pesar de que acaba de
tomar una ducha con agua fría, parecía que todo el calor se había
concentrado en ella.
Esta, sin saber cómo avanzar, sabía que lo único que quería evidenciar
era la desnudez de este caballero, así que, colocó su mano sobre el cinturón
de este y lo liberó suavemente mientras Viktor besaba la mejilla de la joven.
Se acercaba el momento del primer beso, y sabía que sería inminente,
que no habría forma de contener el momento que tantas veces había estado
tentado a llegar. Cuando bailaron durante la noche, Verónica estuvo muy
seducida a acercarse a él y besar sus deliciosos labios delgados.
Pero sabía que estaba en público y no podía arriesgarse a quedar como
una interesada a lado de Viktor. Cuando estuvieron juntos en la habitación,
este se vio tentado en medio de borrachera alargarse de la habitación debido
a su profundo respeto hacia ella.
Lucharon tantas veces, que Verónica se vio obligada a dejarlo caer en la
cama y colocó unas esposas que generalmente tenía en su bolso, las cuales
se las había obsequiado uno de los chicos del gimnasio.
Este, se había escapado de unos policías y había logrado liberarse de las
esposas, obsequiándoselas a Verónica como retribución ante la oportunidad
que le había dado de poder entrenarlo. Tras conseguir unas llaves sustitutas,
Verónica generalmente tenía estos objetos en el bolso para tratar de
protegerse en caso de un ataque.
Esta era una explicación realmente lógica para lo que había pasado
aquella noche y la razones por las cuales Viktor había amanecido con su
mano unida a la cama. Habían tenido la oportunidad, pero realmente no
había pasado absolutamente nada.
Era precisamente este respeto, la distancia que había mantenido Viktor y
la caballerosidad con la que se había comportado lo que había generado que
Verónica finalmente tomara la decisión de convertirse en el objeto sexual de
este caballero.
Viktor, había comenzado tratando a la chica con mucha sutileza, la
acariciaba, besando su mejilla, besaba su frente, y finalmente hizo contacto
con sus labios de una manera bastante profunda.
Su lengua se unió con la de ella, comenzaron a juguetear mientras
Verónica seguía el proceso hacia la desnudez del caballero. Hizo que sus
pantalones cayeran directamente al suelo, y utilizando su mano derecha,
comenzó acariciar el miembro del caballero, el cual estaba duro y caliente.
Las manos de la chica comenzaron a acariciar suavemente el órgano
sexual de aquel caballero, quien experimentaba un estímulo realmente
intenso y cada vez que la chica apretaba su pene, este sentía que eyacularía
en ese momento. Era un nivel de excitación sin precedentes, era algo
incontrolable que lo había dejado impresionado hasta a él mismo.
Estuvieron conectados de una manera extraña, y mientras la chica
comenzaba a ver el cuerpo desnudo del caballero tras deshacerse de su
camisa, supieron que era momento de ir a la cama. Viktor se acostó
abiertamente sobre el centro de la cama, separó sus piernas, y se preparó
para recibir a la chica.
Esta, comenzó a gatear por la cama, paseándose suavemente alrededor,
mientras este visualizaba sus perfectos glúteos pronunciados, sus muslos
bien formados, un abdomen perfecto y su espalda estilizada.
Lo único que quería era poseer su cuerpo, dominarla, controlarla como
lo hacía con sus amantes, pero dejaba que Verónica tomará el control, y
finalmente se colocó de espaldas y unió sus manos en la parte trasera.
—Átame con tu corbata. Quiero ser tu sumisa… —Dijo Verónica.
Tener el control de una mujer como esta, era algo realmente extraño para
él, Verónica estaba acostumbrada a tener el control de todo, era dominante,
una fiera, pero en esta oportunidad, se estaba comportando completamente
dócil, así que, era el momento para que el caballero tomara el liderazgo.
La chica siempre había tenido el dominio de todo, estaba acostumbrada a
tener el control de cada situación en su vida, pero por primera vez, confía
en alguien para que la someta, y antes de convertirse en una mujer, quiere
experimentar esa sensación de ser el objeto de alguien.
Viktor se ubicó justo detrás de ella, y utilizando su corbata, ató un fuerte
nudo y juntó sus muñecas. Acto seguido, se ubicó justo frente a ella, y
masturbando lentamente su miembro, tomó su cabello y la obligó a ubicarse
justo frente al pene erecto y húmedo del millonario.
La chica abrió su boca lentamente y sacó su lengua, recibiendo la
primera penetración en su boca, de aquel grueso y delicioso trozo de carne.
Lo degustó, lo lubricó con saliva, y suavemente, Viktor comenzó a
penetrarla insertando y extrayendo su pene de la boca de una de las mujeres
más exuberantes que había tenido la oportunidad de tener en su cama.
Esta, disfrutaba del sabor, conocía la textura, y periódicamente, tomaba
una bocanada de aire, y dejaba que aquel gran trozo de carne entrar hasta su
garganta. No tenía ninguna experiencia, pero comenzaba a explorar
comportamientos que pudiesen complacer a este hombre.
Viktor podía leer en su rostro que la chica no estaba dispuesta a poner
ninguna limitación a ninguno de sus actos, pero este, tampoco tenía
intenciones de abusar de la confianza de la chica, ya que, esta lo había
dejado muy en claro, era sólo cuestión de poder convencerla de que una
segunda oportunidad sería mucho más intensa.
No podía quedarse sin herramientas, no podía utilizar todo el arsenal de
talentos que tenía en la cama, sólo debía mostrar elementos que la llamaran
para una próxima sesión de sexo, y dejarla completamente complacida en
esta primera vez.
Lo más importante para Verónica era el hecho de sentirse utilizada,
quería que el sexo fuese absolutamente genuino y fluido, que no hubiese
ningún tipo de torpezas, que se desarrollara como si ambos se manejarán
únicamente por la lujuria y el descontrol.
Viktor se complació con la boca de la chica durante algunos minutos,
pero finalmente, tomando la del cabello nuevamente, besó sus labios y
comenzó a estimular su vagina con su mano. Frotaba suavemente su
clítoris, acaricia sus labios vaginales, los cuales están empapados en fluidos.
Viktor sabía que podía penetrar la fácilmente ya que, la chica había
emanado una gran cantidad de fluidos que habían dejado la zona lista para
penetrarla.
Fue entonces cuando la obligó a darse la vuelta, y colocando su cabeza
justo contra el colchón, dejó sus glúteos en alto para comenzar a penetrarla.
Esto lo hizo no sin antes contemplar la perfección y volumen de sus
glúteos. Los acarició suavemente con las palmas de sus manos y finalmente
la embistió con una penetración certera y precisa.
Verónica, mordió la sábana, sintió un dolor profundo, pero rápidamente
se vio opacado por un placer magnífico. Así se sentía ser penetrada por
primera vez, la había convertido en mujer con tan sólo introducir su pene en
ella, y esta, lo estaba disfrutando cada vez más.
Pensó que todo sería caótico y un desastre, pero su plan de romper con el
esquema rebelde y cerrado que usualmente exponía en su personalidad, le
había permitido acceder a una experiencia completamente magnífica.
Aquel hombre se sujetaba de su cintura mientras su cuerpo la embestía
una y otra vez, dejando que Verónica cada vez se soltara más en medio de
un acto absolutamente intenso y exquisito. Se mordía los labios, gritaba, se
aferraba a la sábana con sus dientes, mientras sus manos se encontraban
atadas en la parte posterior de su cuerpo.
Viktor sujetaba su corbata, y cada vez la penetraba como una mayor
profundidad. Quería llevarla a un orgasmo lo más pronto posible, ya que, no
sabía en qué momento la chica podría arrepentirse de lo que estaba
ocurriendo.
Este sujeto tenía una experiencia tremenda manteniendo el control en
medio de situaciones como esta, se estaba convirtiendo rápidamente en el
amo y señor de Verónica, y esta, no tenía ningún inconveniente en que esto
estuviese ocurriendo.
Adoraba la manera en que se sentía la fricción en el interior de su
vagina, este sujeto la estaba penetrando con intensidad, con fuerza, con una
decisión y precisión óptima, digno de un experto en la materia. Cuando
todas esas descargas eléctricas comenzaron a viajar por el cuerpo de la
chica, supo perfectamente que había llegado al punto de quiebre. Su
orgasmo había sido intenso y masivo, así que, las puertas estaban abiertas
para Viktor para esta segunda oportunidad que la chica había propuesto.
Este se corrió justo sobre los senos de la chica, los cuales quedaron
completamente impregnados con el esperma de aquel millonario, el cual
había quedado con un apetito tremendo de volver a tener este cuerpo
magnífico de la modelo más exitosa que acababa de nacer en los Estados
Unidos.
Acto 7
Nacida para brillar
Desde muy pequeña, Verónica siempre había dado clara señales de que
tendría éxito en absolutamente todo lo que se propusiera. No sólo se trataba
de alguien con un temperamento absolutamente indomable, aquella niña
que corría por las calles en busca de sus sueños, no había dejado de luchar
hasta el momento en que respiraba en su tiempo actual.
Siempre semillas forzado por absolutamente todo lo que había
conseguido, y a pesar de que había tenido que lidiar con sus padres y una
personalidad prepotente por parte de sus mentores, había tenido que
aprender a doblegarse cuando el momento llegaba y atacar en el momento
en que las defensas de su contrario se encontraban bajas.
El boxeo se había convertido en una excelente escuela para Verónica,
quien aplicaba muchas técnicas de combate hacia la vida. Tener que
esquivar los embates de las adversidades y moverse de manera fluida por el
cuadrilátero hasta encontrar el punto débil de su adversario, era una de las
principales normas que aplica en todos sus ámbitos. Verónica había viajado
por todo el mundo durante el último año, siempre acompañada de Viktor,
había estado absolutamente desconectada de su pasado.
El gimnasio había quedado en manos de William, quien, a pesar de estar
en una condición de salud bastante delicada, aún podía mantenerse al tanto
de los procesos que se desarrollaban en este lugar.
Verónica, había costeado gran parte de los recursos necesarios para que
este chico tuviese una vida normal, algo que lo hacía sentir completamente
devastado ante la imposibilidad de haber entregado aquel anillo al amor de
su vida. Este pequeño brillante había quedado almacenado en una caja de
cartón en la residencia de William, quien había tenido que sacrificar todas
sus ilusiones que involucraban a Verónica por tratar de permitir que fuese
feliz.
La relación que existía entre Viktor y la modelo era absolutamente
secreta, nadie podría enterarse de lo que ocurría cuando las puertas se
cerraron y las luces bajaban, estos dos tenían una relación a tu Soleta mente
carnal, a la cual no habían permitido entrar ningún tipo de sentimientos o
vínculos personales.
El sexo entre ellos era absolutamente exquisito, y Viktor no podría estar
más feliz de haber podido acceder a una mujer tan espectacular como ella.
Se había convertido también en su maestro, pero en este caso, no le había
enseñado más que todas las técnicas necesarias para poder ser complaciente
y absolutamente efectiva en la cama.
Esta chica, estaba hecha prácticamente a la medida de Viktor, quien
sabía exactamente lo que le gustaba y que buscar en una mujer a la hora de
encontrarse completamente sin ropa junto a ella en una habitación.
Sus encuentros se hicieron cada vez más apasionados y mucho más
fluidos, ya que, la chica había perdido el miedo absoluto a la desnudez, pero
no podía convertirse por completo en el juguete sexual de manera
indefinida para Viktor, ya que, este era un hombre que estaba acostumbrado
a divertirse por el mundo, y al momento en que encontrara una sustituta
para ella, Verónica simplemente volvería a quedar en el mismo punto en
donde se encontraba antes de conocer a Viktor.
El miedo, la inseguridad y la duda comenzaron hacer parte del día a día
de Verónica, ya que, la chica simplemente pensaba en que llegaría el
momento en que Viktor se marcharía. Lo que no sabía era que este había
cometido el grave error de dejar que los sentimientos comenzaran a
invadirlo.
Viktor, un hombre que había estado con un número incontable de
mujeres, se había enamorado por primera vez, pero este era un secreto que
debía mantener constantemente guardado, ya que, si cometí el error de
ahuyentar a Verónica, me perdería para siempre.
La sensación de seguridad que constantemente existía entre ellos, no era
fácil de manejar, ya que, estos habían logrado desarrollar una relación llena
de lujuria y deseo, pero no habían sabido canalizar absolutamente ninguna
de sus emociones, huyendo de ellas como si se tratara de demonios que
simplemente se acercaban para tratar de robarles la tranquilidad estabilidad.
Tarde o temprano, llegaría el momento en el que ambos deberían afrontar la
realidad que los rodeaba.
Viktor, tenía un corazón lleno de sentimientos hacia la modelo, la cual,
había dejado de frecuentar cada vez más. Inicialmente, cuando la relación
había comenzado hacerse mucho más física, las relaciones sexuales entre
ellos eran casi diarias.
Muchas veces, llegaban a tener sexo hasta tres veces al día, pero
mientras Verónica experimentada una fama cada vez mayor, sus viajes
reuniones de negocios, se fueron haciendo cada vez más frecuentes. La
chica era llamada desde grandes firmas de cosméticos, ropa, spas, todos
interesados en tener a la chica como imagen de la marca.
Había revolucionado por completo el mercado, había cambiado las
tendencias, con su aspecto rebelde, desenfadado y hazlo esta mente
imponente, habían hecho que Verónica ganar a una polaridad significativa
en un tiempo récord.
Viktor, había comenzado a sentir un poco de envidia de aquellos que
lograban captar la atención de la chica y robar el tiempo que este no podía
obtener. Ella sabía que su futuro reposaba en tener buenas relaciones
comerciales y hacer que su rostro estuviese en cada una de las portadas de
revistas, ya que, la participación de Viktor era absolutamente temporal.
No podía confiar en el hecho de que simplemente llegaría el día en que
Viktor le propondría matrimonio y se fuesen a vivir a París. Esto era un
sueño absurdo de las niñas tontas, y ya ella estaba preparada para el día en
que Viktor simplemente se diera la vuelta y comenzar a transitar un camino
completamente alejado de ella.
Verónica nunca ha estado completamente segura de absolutamente nada
en esta vida. Siempre que conseguía algo estable, la vida se encargaba de
someterla a duras pruebas, tratando de arrebatárselo de manera drásticas,
ante lo que, tenía que imponerse y tratar de luchar hasta las últimas
consecuencias.
Pero lo más difícil de aceptar para la joven chica modelo, es el hecho de
que es la primera vez que tiene algo que realmente ama. La relación con sus
padres había sido un completo caos, había tenido grandes enfrentamientos,
y luego de su consolidación como una de las modelos más importantes del
mundo, había demostrado que era capaz de hacer cualquier cosa.
Poco a poco había comenzado a restablecer la relación con ellos,
llamadas periódicas permitían que la chica finalmente abriera sus
emociones y permitiera comentar realmente cuál era su visión acerca de la
forma en que había sido tratada por ellos.
Verónica trataba de organizar su vida, pero había algo que giraba en
torno a ella que no terminaba de tomar forma. A pesar de que disfrutaba
enormemente de las sesiones de sexo junto a Viktor, sentía que todo se
estaba tornando vacíos.
Se había convertido en el objeto sexual que había soñado, Viktor la
dominaba, la controlaba, la hacía cumplir con su voluntad, y a pesar de que
ella se sentía feliz con esto, sentía que todo estaba comenzando a estancarse
y los juegos comenzarían a ir en contra de ambos en algún punto.
Parecía que estaban jugando con fuego, y si ninguno de los dos
controlaba realmente la situación, terminarían haciéndose daño, y este era
quizás uno de los peores miedos de Verónica. En medio de uno de los viajes
más ambiciosos que habían llevado a cabo a Austria, Verónica había
decidido volver a casa, y esto dejó completamente desconcertado a Viktor.
—¿Cómo que planeas regresar? ¿Acaso no te das cuenta que estamos en
el mejor momento de tu carrera? —Preguntó el millonario.
—No quiero hablar de esto. Sólo quiero regresar. No me hace feliz esa
decisión, pero creo que es lo mejor.
—Jamás será una buena decisión dejar tus sueños aún lado para
complacer a otros. Si lo que piensas es en ese gimnasio y los chicos de ese
lugar, créeme que he puesto toda mi atención para que el lugar mejore, pero
no puedo permitir que renuncies a esto, después de que hemos luchado
tanto.
—La verdad es que creo que no llegaremos a ningún lado con esto
Viktor. Mi carrera sigue en ascenso, pero sé que todo esto te lo debo a ti, y
me siento un compromiso tremendo contigo y no sé cómo retribuírtelo.
—Sé que tienes miedo. No puedo obligarte a lidiar con él, es la primera
vez que demuestras debilidad desde que te conozco. —Dijo Viktor.
Esto era absolutamente verídico. Verónica nunca había dejado que la
adversidad venciera. La gran cantidad de temores que afloran en su
corazón, la limitan, la convierten en una víctima de sí misma, de todos los
pensamientos que transcurren por su mente y la hacen ser débil y vulnerable
ante las posibilidades de fracaso.
A pesar de que su rostro era altamente demandado por las grandes
marcas y había acumulado una pequeña fortuna en el último año, Verónica
siente una leve depresión al no saber hacia dónde va su relación con Viktor.
Esta también había luchado fuertemente por evitar que los sentimientos
se involucraran, ya que, sabía que en el momento que permitieran que esto
ocurriera, pronto comenzarían a distorsionarse las cosas.
Sólo un par de días más tarde, Verónica haría los arreglos para regresar a
los Estados Unidos, necesitaba estar nuevamente en su entorno, en lo que la
había formado realmente, en las calles de Nueva York, retomar una vida
que había abandonado por perseguir un sueño que había sido dibujado por
Viktor, pero que no era realmente lo que la hacía feliz del todo.
Parecía ser una etapa que había sido alcanzada por ella, y sólo debía
reunir el valor necesario para cerrarla. Quizá sólo había sido una
oportunidad temporal que el destino había puesto frente a ella para que
disfrutara del mundo, pero ella misma comienza a boicotearse sus éxitos y
decide regresar al mismo lugar del que había partido una vez.
Sus esperanzas habían sido destrozadas por sus miedos, y alejarse de
Viktor tras abandonarlo en Austria, había sido un movimiento realmente
arriesgado para la chica, ya que, no sabía cómo reaccionaría este en un
futuro.
Viktor era un hombre que le había demostrado una absoluta entrega y
compromiso, creía en sus talentos, pero esta, había preferido renunciar ante
la atracción que le generaba el confort y ante el miedo de verse
completamente perdida por Viktor y que este terminara rompiéndole el
corazón.
Su verdadero miedo había sido enamorarse, pero quizá, ya es demasiado
tarde, debido a la gran cantidad de sentimientos que afloran en su interior y
que cada vez son mucho más intensos.
Cuando tuvo que despedirse de él en el aeropuerto, tuvo que hacer un
esfuerzo tremendo para contener sus lágrimas, las cuales afloraron de
manera fluida en el momento en que se encontró en el asiento del avión.
Allí, Verónica no pudo contenerse más, lloraba desconsoladamente, y hasta
su compañero de asiento, un hombre mayor de unos 50 años de edad tuvo
que proporcionarle una toalla.
—¿Eres la chica de las revistas? ¿Cierto? —Preguntó el hombre tras
proporcionarle una pequeña toallita para secar las lágrimas de la chica.
Esta, sonrió, pero sintió un fuerte golpe emocional, ya que, sabía que
este reconocimiento que había conseguido estaba ligado directamente a
Viktor. Este era el que había colocado su nombre en cada rincón del mundo,
había mostrado todo su potencial, y esta, simplemente le estaba dando la
espalda debido a la gran cantidad de temores que experimenta.
Nunca antes se había sentido así por nadie, Verónica había sido una
chica independiente que trataba de no ligarse con absolutamente nadie ya
que, esto generalmente terminaba siempre de la misma manera.
La ruptura entre las personas, dejaban desolación, un vacío, guiaban
hacia una fuerte depresión, así que, después de haber comido tanto a estas
consecuencias, Verónica no había tenido más opción que enfrentar el dolor
tan intenso que es el producto de la separación de un hombre inigualable
que nunca más volvería a ver, al menos es lo que se había propuesto la
chica.
Ni siquiera hubo una despedida prolongada, Viktor estaría
completamente seguro de que la volvería a encontrar, no tenía intenciones
de dejarla ir aún, pero en el corazón de Verónica, la separación es
inminente.
Pero sorpresa sería inmensamente tremenda cuando al llegar a su barrio,
no encontraría el edificio que se había convertido en la construcción de sus
sueños. El gimnasio construido por Verónica, y el lugar que había dado
albergue a una gran cantidad de soñadores peleadores, había sido derribado.
Viktor había roto con su palabra. No había cumplido lo establecido,
había engañado a la chica, y mientras esta era llevada por todo el mundo
disfrutando de los placeres y los lugares, Viktor desarrollaba el proyecto por
el que tanto había luchado.
Esto, era una dura enseñanza para Verónica, quien al ver a que el
complejo residencial tan lujoso y atractivo, no podía creer que Viktor
hubiese jugado con ella. La había engañado como una niña, había planteado
ilusiones realmente fantásticas frente a sus ojos, y esta, completamente
devastada, cayó de rodillas en plena calle, sintiendo como si el mundo
comienza a caerse a pedazos.
Trató de comunicarse con William, pero este no contestó su llamada,
algo que le dejó absolutamente claro a la chica que posiblemente todos le
darían la espalda a partir de ese momento debido a que se sentirían
traicionados. Verónica lloró desconsoladamente durante algunos minutos,
pero sabía que tenía que enfrentar a Viktor, quien era el creador de todo este
caos que ahora enfrentaba la chica.
Un hombre que transitaba por el lugar, la vio tendida en el suelo e
intentó ayudarla.
—¿Te ocurre algo malo? No te ves bien. Vamos, no deberías estar aquí
sola. —Dijo el caballero.
—¿Qué ha pasado con el gimnasio que se encontraba en este lugar? —
Preguntó Verónica.
—Fue derrumbado, la demolición se llevó a cabo mientras todos los de
la zona presenciaban y se despedían. Fue un momento bastante hermoso
para los chicos. —Dijo el viejo hombre.
—¿Hermoso? Pero si ese lugar era un refugio para ellos, ¿como podrían
haber celebrado su demolición?
—Es cierto, ese lugar era bastante especial para muchos de ellos. Pero el
nuevo gimnasio es mucho más impresionante, al menos es lo que he
escuchado.
—¿Nuevo gimnasio? ¿Eso quiere decir que hay un lugar construido en
sustitución de este? —Preguntó Verónica.
—Sí, está solo a tres calles de este lugar. Podrás encontrarlo si doblas a
la derecha al final de esta calle.
Verónica agradeció al sujeto y tras ponerse de pie, corrió con una gran
cantidad de expectativas y ansias en su pecho. No podía creer que Viktor
hubiese hecho algo así. Esa sensación de traición que había experimentado
tan sólo segundos atrás, había comenzado a desaparecer rápidamente.
Lo había juzgado quizás demasiado pronto, y tras llegar a un gran
edificio muy sofisticado y elegante, se quedó sin palabras al imaginar que
quizá este gimnasio fue construido especialmente por él para dar albergue a
los chicos.
Cuando entro al lugar, puedo ver una gran cantidad de jóvenes
entrenando, un gran cuadrilátero impresionante, de calidad profesional,
mucho mejor de lo que ella hubiese podido ofrecerles en aquel gimnasio.
Pero lo más gratificante de todo fue poder ver algunos rostros familiares,
los cuales la recibieron con un gran abrazo y de una manera muy cálida.
Estar de nuevo con los chicos era algo que la había llenado de ilusiones
muchas oportunidades de su carrera, pero fue realmente impactante volver a
reencontrarse con William.
—¡Regresaste! Convertida en una gran modelo y una celebridad, pero
siempre siendo la misma, volviste a casa. —Dijo el joven desde su silla de
ruedas.
La chica no dudó un segundo en abrazar a su buen amigo, quien se dio a
la tarea de explicarle absolutamente todo lo que había ocurrido en el último
año. Viktor había hecho una gran inversión para desarrollar uno de los
mejores gimnasios para boxeo de la región, y dejando las escrituras a
nombre de Verónica, quien sería la encargada de este lugar, contando con
una hermosa oficina que había sido dispuesta especialmente para ella.
—Hay una oficina cerrada a la que absolutamente nadie puede entrar.
Los abogados de Viktor dejaron la llave especialmente para ti, creo que
deberías ir a conocerla. —Dijo William.
Verónica caminó directamente al lugar, sintiendo una presión en el
pecho, ya que, le había dado la espalda a un hombre que había pensado en
cada detalle para hacerla sentir especial. Cuando ingresó, una gran
fotografía del viejo gimnasio se encontraba sobre la pared. Un cuadro
hermoso que la hacía recordar todo el esfuerzo que había impreso durante
sus primeros años.
Sobre el escritorio un gran sobre contenía dos hojas de papel. uno de
ellos será el contrato de propiedad, el cual garantiza nada que aquel lugar
nadie más se lo arrebataría en el futuro, por lo que, no sentiría miedo nunca
más de perder lo que le pertenecía. Pero el segundo papel que había sido
incorporado en el sobre, estaba destinado especialmente para ella, así que,
la chica simplemente se sentó en la silla ubicada frente a su escritorio, y
comenzó a leer las palabras.
“Siempre supe que regresarías a este lugar. Lamento no haberte dicho nada en todo este tiempo,
quería que lo descubrieras por ti misma cuando tu verdadera esencia llamar a por ti nuevamente. Es
allí donde perteneces, los chicos te necesitan, y siempre supe que lo nuestro no llegaría a ningún
lugar. Yo pertenezco al mundo y tú perteneces al compromiso que has adquirido con esos peleadores.
Siempre estaré para ti, llegaste a un punto muy profundo en mi corazón, y jamás podré olvidarte.
Siempre tendré una sonrisa en mi rostro cuando vea las vallas publicitarias con tu nombre, o las
portadas de revista con la hermosa latina en ellas. Creo que nunca había pronunciado estas
palabras, así que, acumulo el valor para escribirlas, TE AMO…
Espero que podamos vernos pronto”.
Era una realidad dolorosa para ella, pero Viktor tenía razón. No había
nacido para ser modelo, y aunque todo el éxito había tenido un sabor
bastante agradable, la chica había decidido regresar a sus raíces.
Tenía el dinero suficiente a su disposición para tener independencia
absoluta durante el resto de su vida, y aunque las puertas del modelaje
posiblemente estarían abiertas en el futuro, posiblemente nadie más
volvería a ver el rostro de la chica sobre la tapa de una revista.
El amor de Viktor perduraría para siempre, siempre pensando en la
posibilidad de reencontrarse una vez más con el amor de su vida, pues las
puertas estarían abiertas para cuando decidiera volver.
“Bonus Track”
—Preview de “La Mujer Trofeo” —

Capítulo 1
Cuando era adolescente no me imaginé que mi vida sería así, eso por
descontado.
Mi madre, que es una crack, me metió en la cabeza desde niña que
tenía que ser independiente y hacer lo que yo quisiera. “Estudia lo que quieras,
aprende a valerte por ti misma y nunca mires atrás, Belén”, me decía.

Mis abuelos, a los que no llegué a conocer hasta que eran muy
viejitos, fueron siempre muy estrictos con ella. En estos casos, lo más
normal es que la chavala salga por donde menos te lo esperas, así que
siguiendo esa lógica mi madre apareció a los dieciocho con un bombo de
padre desconocido y la echaron de casa.
Del bombo, por si no te lo imaginabas, salí yo. Y así, durante la
mayor parte de mi vida seguí el consejo de mi madre para vivir igual que
ella había vivido: libre, independiente… y pobre como una rata.
Aceleramos la película, nos saltamos unas cuantas escenas y aparezco
en una tumbona blanca junto a una piscina más grande que la casa en la que
me crie. Llevo puestas gafas de sol de Dolce & Gabana, un bikini exclusivo
de Carolina Herrera y, a pesar de que no han sonado todavía las doce del
mediodía, me estoy tomando el medio gin-tonic que me ha preparado el
servicio.
Pese al ligero regusto amargo que me deja en la boca, cada sorbo me
sabe a triunfo. Un triunfo que no he alcanzado gracias a mi trabajo (a ver
cómo se hace una rica siendo psicóloga cuando el empleo mejor pagado que
he tenido ha sido en el Mercadona), pero que no por ello es menos
meritorio.
Sí, he pegado un braguetazo.
Sí, soy una esposa trofeo.
Y no, no me arrepiento de ello. Ni lo más mínimo.
Mi madre no está demasiado orgullosa de mí. Supongo que habría
preferido que siguiera escaldándome las manos de lavaplatos en un
restaurante, o las rodillas como fregona en una empresa de limpieza que
hacía malabarismos con mi contrato para pagarme lo menos posible y tener
la capacidad de echarme sin que pudiese decir esta boca es mía.
Si habéis escuchado lo primero que he dicho, sabréis por qué. Mi
madre cree que una mujer no debería buscar un esposo (o esposa, que es
muy moderna) que la mantenga. A pesar de todo, mi infancia y
adolescencia fueron estupendas, y ella se dejó los cuernos para que yo fuese
a la universidad. “¿Por qué has tenido que optar por el camino fácil, Belén?”, me dijo
desolada cuando le expliqué el arreglo.
Pues porque estaba hasta el moño, por eso. Hasta el moño de
esforzarme y que no diera frutos, de pelearme con el mundo para encontrar
el pequeño espacio en el que se me permitiera ser feliz. Hasta el moño de
seguir convenciones sociales, buscar el amor, creer en el mérito del trabajo,
ser una mujer diez y actuar siempre como si la siguiente generación de
chicas jóvenes fuese a tenerme a mí como ejemplo.
Porque la vida está para vivirla, y si encuentras un atajo… Bueno,
pues habrá que ver a dónde conduce, ¿no? Con todo, mi madre debería estar
orgullosa de una cosa. Aunque el arreglo haya sido más bien decimonónico,
he llegado hasta aquí de la manera más racional, práctica y moderna
posible.
Estoy bebiendo un trago del gin-tonic cuando veo aparecer a Vanessa
Schumacher al otro lado de la piscina. Los hielos tintinean cuando los dejo
a la sombra de la tumbona. Viene con un vestido de noche largo y con los
zapatos de tacón en la mano. Al menos se ha dado una ducha y el pelo largo
y rubio le gotea sobre los hombros. Parece como si no se esperase
encontrarme aquí.
Tímida, levanta la mirada y sonríe. Hace un gesto de saludo con la
mano libre y yo la imito. No hemos hablado mucho, pero me cae bien, así
que le indico que se acerque. Si se acaba de despertar, seguro que tiene
hambre.
Vanessa cruza el espacio que nos separa franqueando la piscina. Deja
los zapatos en el suelo antes de sentarse en la tumbona que le señalo. Está
algo inquieta, pero siempre he sido cordial con ella, así que no tarda en
obedecer y relajarse.
—¿Quieres desayunar algo? –pregunto mientras se sienta en la
tumbona con un crujido.
—Vale –dice con un leve acento alemán. Tiene unos ojos grises muy
bonitos que hacen que su rostro resplandezca. Es joven; debe de rondar los
veintipocos y le ha sabido sacar todo el jugo a su tipazo germánico. La he
visto posando en portadas de revistas de moda y corazón desde antes de que
yo misma apareciera. De cerca, sorprende su aparente candidez. Cualquiera
diría que es una mujer casada y curtida en este mundo de apariencias.
Le pido a una de las mujeres del servicio que le traiga el desayuno a
Vanessa. Aparece con una bandeja de platos variados mientras Vanessa y yo
hablamos del tiempo, de la playa y de la fiesta en la que estuvo anoche.
Cuando le da el primer mordisco a una tostada con mantequilla light y
mermelada de naranja amarga, aparece mi marido por la misma puerta de la
que ha salido ella.
¿Veis? Os había dicho que, pese a lo anticuado del planteamiento, lo
habíamos llevado a cabo con estilo y practicidad.
Javier ronda los treinta y cinco y lleva un año retirado, pero conserva
la buena forma de un futbolista. Alto y fibroso, con la piel bronceada por
las horas de entrenamiento al aire libre, tiene unos pectorales bien formados
y una tableta de chocolate con sus ocho onzas y todo.
Aunque tiene el pecho y el abdomen cubiertos por una ligera mata de
vello, parece suave al tacto y no se extiende, como en otros hombres, por
los hombros y la espalda. En este caso, mi maridito se ha encargado de
decorárselos con tatuajes tribales y nombres de gente que le importa.
Ninguno es el mío. Y digo que su vello debe de ser suave porque nunca se
lo he tocado. A decir verdad, nuestro contacto se ha limitado a ponernos las
alianzas, a darnos algún que otro casto beso y a tomarnos de la mano frente
a las cámaras.
El resto se lo dejo a Vanessa y a las decenas de chicas que se debe de
tirar aquí y allá. Nuestro acuerdo no precisaba ningún contacto más íntimo
que ese, después de todo.
Así descrito suena de lo más atractivo, ¿verdad? Un macho alfa en
todo su esplendor, de los que te ponen mirando a Cuenca antes de que se te
pase por la cabeza que no te ha dado ni los buenos días. Eso es porque
todavía no os he dicho cómo habla.
Pero esperad, que se nos acerca. Trae una sonrisa de suficiencia en los
labios bajo la barba de varios días. Ni se ha puesto pantalones, el tío, pero
supongo que ni Vanessa, ni el servicio, ni yo nos vamos a escandalizar por
verle en calzoncillos.
Se aproxima a Vanessa, gruñe un saludo, le roba una tostada y le pega
un mordisco. Y después de mirarnos a las dos, que hasta hace un segundo
estábamos charlando tan ricamente, dice con la boca llena:
—Qué bien que seáis amigas, qué bien. El próximo día te llamo y nos
hacemos un trío, ¿eh, Belén?
Le falta una sobada de paquete para ganar el premio a machote
bocazas del año, pero parece que está demasiado ocupado echando mano
del desayuno de Vanessa como para regalarnos un gesto tan español.
Vanessa sonríe con nerviosismo, como si no supiera qué decir. Yo le
doy un trago al gin-tonic para ahorrarme una lindeza. No es que el
comentario me escandalice (después de todo, he tenido mi ración de
desenfreno sexual y los tríos no me disgustan precisamente), pero siempre
me ha parecido curioso que haya hombres que crean que esa es la mejor
manera de proponer uno.
Como conozco a Javier, sé que está bastante seguro de que el
universo gira en torno a su pene y que tanto Vanessa como yo tenemos que
usar toda nuestra voluntad para evitar arrojarnos sobre su cuerpo
semidesnudo y adorar su miembro como el motivo y fin de nuestra
existencia.
A veces no puedo evitar dejarle caer que no es así, pero no quiero
ridiculizarle delante de su amante. Ya lo hace él solito.
—Qué cosas dices, Javier –responde ella, y le da un manotazo cuando
trata de cogerle el vaso de zumo—. ¡Vale ya, que es mi desayuno!
—¿Por qué no pides tú algo de comer? –pregunto mirándole por
encima de las gafas de sol.
—Porque en la cocina no hay de lo que yo quiero –dice Javier.
Me guiña el ojo y se quita los calzoncillos sin ningún pudor. No tiene
marca de bronceado; en el sótano tenemos una cama de rayos UVA a la que
suele darle uso semanal. Nos deleita con una muestra rápida de su culo
esculpido en piedra antes de saltar de cabeza a la piscina. Unas gotas me
salpican en el tobillo y me obligan a encoger los pies.
Suspiro y me vuelvo hacia Vanessa. Ella aún le mira con cierta
lujuria, pero niega con la cabeza con una sonrisa secreta. A veces me
pregunto por qué, de entre todos los tíos a los que podría tirarse, ha elegido
al idiota de Javier.
—Debería irme ya –dice dejando a un lado la bandeja—. Gracias por
el desayuno, Belén.
—No hay de qué, mujer. Ya que eres una invitada y este zopenco no
se porta como un verdadero anfitrión, algo tengo que hacer yo.
Vanessa se levanta y recoge sus zapatos.
—No seas mala. Tienes suerte de tenerle, ¿sabes?
Bufo una carcajada.
—Sí, no lo dudo.
—Lo digo en serio. Al menos le gustas. A veces me gustaría que
Michel se sintiera atraído por mí.
No hay verdadera tristeza en su voz, sino quizá cierta curiosidad.
Michel St. Dennis, jugador del Deportivo Chamartín y antiguo compañero
de Javier, es su marido. Al igual que Javier y yo, Vanessa y Michel tienen
un arreglo matrimonial muy moderno.
Vanessa, que es modelo profesional, cuenta con el apoyo económico y
publicitario que necesita para continuar con su carrera. Michel, que está
dentro del armario, necesitaba una fachada heterosexual que le permita
seguir jugando en un equipo de Primera sin que los rumores le fastidien los
contratos publicitarios ni los directivos del club se le echen encima.
Como dicen los ingleses: una situación win-win.
—Michel es un cielo –le respondo. Alguna vez hemos quedado los
cuatro a cenar en algún restaurante para que nos saquen fotos juntos, y me
cae bien—. Javier sólo me pretende porque sabe que no me interesa. Es así
de narcisista. No se puede creer que no haya caído rendida a sus encantos.
Vanessa sonríe y se encoge de hombros.
—No es tan malo como crees. Además, es sincero.
—Mira, en eso te doy la razón. Es raro encontrar hombres así. –Doy
un sorbo a mi cubata—. ¿Quieres que le diga a Pedro que te lleve a casa?
—No, gracias. Prefiero pedirme un taxi.
—Vale, pues hasta la próxima.
—Adiós, guapa.
Vanessa se va y me deja sola con mis gafas, mi bikini y mi gin-tonic.
Y mi maridito, que está haciendo largos en la piscina en modo Michael
Phelps mientras bufa y ruge como un dragón. No tengo muy claro de si se
está pavoneando o sólo ejercitando, pero corta el agua con sus brazadas de
nadador como si quisiera desbordarla.
A veces me pregunto si sería tan entusiasta en la cama, y me imagino
debajo de él en medio de una follada vikinga. ¿Vanessa grita tan alto por
darle emoción, o porque Javier es así de bueno?
Y en todo caso, ¿qué más me da? Esto es un arreglo moderno y
práctico, y yo tengo una varita Hitachi que vale por cien machos ibéricos de
medio pelo.
Una mujer con la cabeza bien amueblada no necesita mucho más que
eso.

Javier
Disfruto de la atención de Belén durante unos largos. Después se
levanta como si nada, recoge el gin-tonic y la revista insulsa que debe de
haber estado leyendo y se larga.
Se larga.
Me detengo en mitad de la piscina y me paso la mano por la cara para
enjuagarme el agua. Apenas puedo creer lo que veo. Estoy a cien, con el
pulso como un tambor y los músculos hinchados por el ejercicio, y ella se
va. ¡Se va!
A veces me pregunto si no me he casado con una lesbiana. O con una
frígida. Pues anda que sería buena puntería. Yo, que he ganado todos los
títulos que se puedan ganar en un club europeo (la Liga, la Copa, la Súper
Copa, la Champions… Ya me entiendes) y que marqué el gol que nos dio la
victoria en aquella final en Milán (bueno, en realidad fue de penalti y
Jáuregui ya había marcado uno antes, pero ese fue el que nos aseguró que
ganábamos).

La Mujer Trofeo
Romance Amor Libre y Sexo con el Futbolista Millonario
—Comedia Erótica y Humor —

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