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RAUS - Argentina y la reconstrucción del partido peronista: ¿Una estrategia para una

década kirchnerista?

La política latinoamericana en el inicio del siglo XXI ha pasado por la decadencia y deslegitimación
de los modelos neoliberales y la posterior instauración de gobiernos elegidos democráticamente con
programas totalmente opuestos a los neoliberales que buscan como interlocutores a los sectores
excluidos y marginados como también los sectores medios que se han visto empobrecidos. Existe
una tensión entre estos programas y las condiciones globales de la economía y la política que fue
materia de muchos debates acerca de cuáles son los desafíos que enfrenta la política
latinoamericana. En el caso argentino, se ve alrededor de dos cuestiones/desafíos: que condiciones
sociales generan las políticas de los nuevos gobiernos en materia de consenso político y electoral y
cuáles son las estrategias de la continuidad política de los mismos.

Los programas políticos que se implementaron fueron amplios y no reivindicaron solo a los actores
sociales ya nombrados sino a otras identidades sociales de género, movimientos territoriales y
sociales, el indigenismo, el medio ambiente, etc. Las políticas diseñadas se enmarcan en el objetivo
de recuperar cierta autonomía en el patrón de desarrollo económico, desligarse de las constricciones
macroeconómicas impuestas por los organismos multilaterales e implementar políticas de distribución
de ingresos y políticas sociales que dieran cuenta de la negativa cuestión social heredada. A su vez,
estos gobiernos se paran desde un lugar de poca autonomía en un escenario fuertemente restringido
por las linealidades macrotendenciales de la economía financiera global por lo que la dosis de
innovación, heterodoxia y audacia política debe ser muy alta. Las características comunes se refieren
a una agenda política propia y el cambio ideológico y de los imaginarios políticos que se generó en
los electorados latinoamericanos que en la década previa optaban por gobiernos neoliberales.

Uno de los ejes de debate que se plantean es la sustentabilidad política de estos gobiernos frente a
la confrontación con instituciones y estructuras de poder ancestrales algunas y otras de las reformas
neoliberales. Por un lado diferencia a gobiernos de izquierda o progresistas (Bachelet, Lula,
Tabaré, Kirchner, Ortega) que desarrollan políticas con un resultado más lento entre la relación entre
crecimiento económico y la atenuación de la desigualdad social debido a un menor nivel de
confrontación con el poder pero que mantienen mayor estabilidad política. A su vez, no hay una
modificación del status quo institucional a pesar de generar políticas que rozan algunos de los
intereses establecidos y que además, le generan un plus fiscal que permite llevar adelante políticas
sociales asistenciales de alta densidad y políticas inclusivas que le confieren la adhesión de vastas
capas sociales. Salvo excepciones (conflicto 125) administran gobiernos con baja densidad de
conflicto y una alta legitimidad política.
Por otro, los gobiernos neopopulistas (Chávez, Morales, Correa) que generan políticas con un
rápido cambio en las estructuras de propiedad y distribución de la economía afectando factores de
poder tradicionales o neoliberales a costa de una mayor inestabilidad política interna y un escenario
de mayores antagonismos políticos a la vez que generan una mayor tensión entre sus programas de
gobiernos y las restricciones propias del orden global. Se incluye otro factor relacionado a saldar una
deuda histórica con sectores que fueron siempre excluidos del sistema institucional (indígenas,
campesinos) que promueve un mayor antagonismo con factores de poder y los sectores medios.el
conflicto social y cultural que generaron y afrontan esos gobiernos para llevar adelante sus
programas políticos tienen una cuasi característica de necesidad histórica donde atravesar ese
antagonismo es la condición de posibilidad que les permitió conquistar democráticamente el poder.
El origen de estos gobiernos es la fragmentación y exclusión social producida en las reformas
neoliberales por lo que la legitimidad política de estos gobiernos depende en gran medida de qué
respuestas logran dar a esa cuestión. La novedad que tienen es que se desarrollan en un sistema
globalizado, donde existen mayores restricciones externas y en un contexto de un orden global
fragmentado y excluyente. Todas estas características le brindan una inscripción sumamente
histórica a estos gobiernos.
La reconstrucción del partido peronista: ¿una estrategia para una década kirchnerista?

La candidatura de CFK en las elecciones presidenciales de 2007 y al conflicto inesperado que se da


entre el gobierno y el sector agrario son dos cuestiones contenedoras de ciertas tensiones en el muy
buen desempeño de la economía argentina durante los últimos cuatro años que venían
manteniéndose en estado de oculta latencia. La conjunción de ambos hechos vuelve a un escenario
de conflicto social que no se daba desde 2001 y su análisis cobra importancia ya que son cuestiones
que permiten entender al kirchnerismo. El triunfo electoral del FPV con la candidatura de CFK debe
entenderse como consecuencia del análisis de la coyuntura electoral de 2003 y la performance
política del gobierno 2003-2007.
Producto de la crisis desatada en 2001 con la caída de la Convertibilidad, la renuncia del presidente y
el estallido de la protesta social se desató un contexto de profunda ingobernabilidad y crisis
institucional. Esta crisis produce la asunción de varios presidentes en una semana hasta que es
elegido Eduardo Duhalde, vía mandato parlamentario, líder orgánico del Partido Justicialista hasta
completar el mandato de De la Rúa en diciembre de 2003. Su gestión se caracterizó por la salida de
la Convertibilidad monetaria vía devaluación de la moneda, una apreciación progresiva del tipo de
cambio en un contexto de crecimiento de las exportaciones y logró además una rápida salida a la
crisis institucional sumado a la atenuación de la protesta social. Hubo una lenta pero progresiva
reconstitución del poder dada la capacidad de articular con mayorías justicialistas. Naturalmente,
Eduardo Duhalde emergía como el candidato presidencial del 2003 pero la muerte de dos piqueteros
en el Puente Pueyrredón en el marco de una protesta social en manos de dos policías sepultaron
esta candidatura y además lo obligaron a adelantar las elecciones. El problema residía ahora en
encontrar un sucesor que fuera capaz de vencer la candidatura de Menem. Este terminó siendo
Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz, donde su candidatura oficial fue “bendecida” por
Duhalde. Kirchner ganó las elecciones luego de que Menem se bajara del ballotage asumiendo con
un magro 22% de los votos. El prestigio acumulado por Duhalde en su presidencia previsionales, la
resistencia de gran parte de la sociedad al retorno del menemismo y el peso partidario en la campaña
dieron con la inesperada victoria de Kirchner.
Entonces, la preocupación principal del gobierno era su fuerte debilidad política, fundamentalmente
de la figura presidencial. Para esto, debía sacarse la tutela política y el padrinazgo de Eduardo
Duhalde. En ese sentido Kirchner propuso la “transversalidad política” que implicaba ampliarse a
otros sectores y movimientos sociales como el Partido Socialista, el ARI, empresariado nacional,
pymes, la CTA, organismos de DDHH buscando su apoyo para construir una mayor legitimidad por
fuera de las estructuras del Partido Justicialista. El objetivo era no quedar preso de esa estructura
donde muchos dirigentes se veían a sí mismos con mayor derecho de mando que el propio
presidente. Es así que el presidente desarrolla una política de DDHH con los sectores medios
urbanos; la política económica concentrada en aprovechar las condiciones internacionales y el alza
del precio de los commodities articulada con un proceso de renegociación de la deuda externa e
interna para así mejorar el nivel de exposición externo y el equilibrio fiscal; y una política de
distribución del ingreso que reduce significativamente los índices de pobreza e indigencia heredados
de los ‘90.
Todas estas políticas que significan un crecimiento casi del 8% anual hasta el 2007 se van a
desarrollar sin que el presidente consolide realmente su política transversal. Las elecciones
legislativas de 2005 muestran un cambio político en ese sentido dado que el triunfo electoral afirmó
las políticas hasta ahí implementadas, acentúan la característica decisionista del presidente para
diseñar y llevar adelante políticas conformando un núcleo duro de confianza - el corazón político del
kirchnerismo nace aquí - y por último, los derrotados en esta elección no es la oposición (que no
tenía ninguna capacidad significativa) sino el aparato tradicional del justicialismo comandado por
Eduardo Duhalde. Esta apuesta alejó prontamente a Kirchner de Duhalde donde el presidente
buscaba derrotar a la “vieja política” del clientelismo, caciquismo político y populismo económico. El
principal enfrentamiento en las elecciones de 2005 se dio entre estos dos actores políticos y terminó
por distanciarlos definitivamente. Se muestra una vez más como el protagonista de la escena es el
peronismo y que éste espacio, desde la muerte de Perón, se encuentra en una disputa constante
(neoliberalismo y neokeynesianismo; izquierdas y derechas; oficialismo y oposición) y es el faro guía
de la política argentina. Kirchner no solo ganó las elecciones legislativas sino que ganó la hegemonía
dentro del peronismo. Esto se expresa en la victoria en la provincia de Buenos Aires que era el
bastión del duhaldismo habiéndose ganado a los líderes territoriales.
El resultado de las legislativas del 2005, sumado al consenso logrado por las políticas implementadas
llevaron al kirchnerismo a mutar su estrategia de la transversalidad política para ir construyendo
poder político y sustentabilidad de gobierno desde el espacio político del peronismo. Esto le trae
como consecuencia el alejamiento del consenso de ciertos sectores sociales tradicionalmente
alejados del peronismo. Este cambio de estrategia política aleja al kirchnerismo de devenir en un
sujeto político hegemónico restringiéndose a un proyecto político dominante. El costo de una política
hegemónica implicaba un pago a costa del poder decisional presidencial. El kirchnerismo, ahora
dominante, comenzó a reproducir una política que generaba más antagonismo que consensos.
Esta es la dinámica política con la que se llega a las elecciones presidenciales de 2007 donde CFK
fue elegida candidata (en la estrategia de volver a ser candidato Néstor en 2011) y triunfó en primera
vuelta.
Una política de continuidad pero con menos antagonismo requería de un mayor protagonismo de
CFK y su “mayor estabilidad emocional” y un retiro de la escena política de Néstor. Esto último no
sucedió y el carácter más estable de Cristina quedó desdibujado por la permanente aparición de
Néstor en la escena política en los momentos más álgidos.
Para las elecciones legislativas de 2009 y presidenciales de 2011 se precisa cambiar las
modalidades de gobierno utilizando todavía el capital político existente para recuperar el consenso
social a partir de una mejora en los mecanismos institucionales de negociación y decisión política.
Sobre todo porque el consenso político es el arma principal contra toda oposición política aunque
ésta siga sin poder estructurarse con una potencialidad para ser gobierno.