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ACUERDO PLENARIO N° 6-2006/CJ-116: REPARACIÓN CIVIL Y DELITOS

DE PELIGRO
1. Responsabilidad Civil:
1.1. Tipos de responsabilidad general:
Existen diferentes tipos de la responsabilidad que son producidos de
diferentes maneras y reciben sanciones que se disciplinan para cada
una de ellas, por ejemplo la responsabilidad civil, penal, entre otras,
como explicamos líneas adelante.
a) Responsabilidad administrativa:
Esta responsabilidad que también es conocida como disciplinaria,
busca la prevención de las conductas infractoras mediante la
imposición de la sanción administrativa a través de un proceso
administrativo disciplinario y sancionador.
b) Responsabilidad civil:
Según la doctrina, es aquella que busca como fin la reparación de
un daño ocasionado por la conducta infractora, es decir, busca
volver las cosas al estado en el que se encontraban antes de que
se perpetrara el hecho dañoso, o en el que se encontrarían si es
que no se hubiese causado el hecho.
TABOADA CÓRDOVA manifiesta que la responsabilidad civil se
refiere al aspecto fundamental de indemnizar los daños
ocasionados, sea que se traten de daños producidos como
consecuencia del incumplimiento de una obligación voluntaria, o
de daños resultado de una conducta.
c) Responsabilidad penal:
El ordenamiento jurídico busca la protección de diferentes bienes
jurídicos, pero la responsabilidad penal busca proteger aquellos
bienes jurídicos de superior valor, en cumplimiento de su función
de última ratio, dejando los otros bienes jurídicos a protección de
la responsabilidad civil y la responsabilidad administrativa.
Tal como refiere GÁLVEZ VILLEGAS, “a los sujetos que ataquen
los bienes jurídicos sujetos al control penal, el ordenamiento
jurídico les atribuye responsabilidad penal, y por ello se les
aplicará una pena.
Se debe entender entonces que el accionar penal difiere de la
acción civil, ya que a través de la primera se impone una pena y
solo es ejercitada en un proceso penal, por otro lado, la acción
civil está orientada a la reparación del daño causado que
excepcionalmente podrá ejercitarse en vía extrapenal o en el
mismo proceso penal.
1.2. Tipos de responsabilidad civil:
Como se ha dicho, la responsabilidad civil implica atribuir la obligación
de responder por el daño producido, lo que se va a concretar a través de
una compensación al agraviado. Históricamente la legislación, la
doctrina y la jurisprudencia han diferenciado dos tipos de
responsabilidad civil, dependiendo de la fuente en la que tenía su origen
la obligación resarcitoria como son:
a) Responsabilidad civil contractual:
En palabras sencillas, esta responsabilidad surge del
incumplimiento el contrato, es decir, tiene su fuente en un vínculo
obligacional preexistente entre el agente del daño y el agraviado,
por el cual se establecía una relación deudor-acreedor.
b) Responsabilidad civil extracontractual:
Surge esta responsabilidad cuando la fuente de la obligación
consiste en la infracción del deber general de no dañar a nadie,
en este caso el contenido de la obligación está determinado por la
cantidad y magnitud del daño que se hubiese causado a la
víctima.
1.3. Funciones de la responsabilidad civil:
a) Función resarcitoria:
Esta función es inherente a la responsabilidad civil, ya que lo que
busca es precisamente eso, resarcir el daño causado a una
persona, sea natural o jurídica, individual o colectiva.
b) Función preventiva:
En la doctrina se sostiene que también se le atribuye una función
preventiva de futuras lesiones a los bienes o intereses jurídicos.
Es así que la responsabilidad civil cumple una finalidad preventiva
general y una específica. La primera se refiere a que siempre
estará presente la amenaza efectiva de la imposición de la
obligación resarcitoria al agente de la conducta dañosa; asimismo
en forma específica, el mensaje comunicativo puede influir en el
agente para que se inhiba de incurrir en la comisión de una nueva
conducta dañosa.
c) Función punitiva:
Es una función que se asemeja a la sanción penal, podemos decir
entonces que esta función se dirige contra el causante del daño a
quien de manera coactiva se le impondrá la obligación de resarcir
el mismo.
1.4. Elementos de la responsabilidad civil:
a) La acción dañosa (antijuricidad):
Aquella conducta contraria a la ley y al ordenamiento jurídico, es
la acción que produce el daño al bien jurídico.
Esta antijuridicidad no debe entenderse en los mismos términos
que la categoría del delito, sino sencillamente como la existencia
de la obligación jurídica de reparar el daño.
b) El daño causado:
El daño constituye la afectación o lesión a bienes jurídicos
protegidos por nuestro ordenamiento jurídico, y dicha afectación o
lesión implica un daño a su naturaleza intrínseca (bien jurídico
extra patrimonial), o una disminución al valor de uso o valor de
cambio (bien jurídico patrimonial); entonces, la afectación,
evidentemente debe poder ser imputada al causante por una
acción u omisión suya, a fin de que sea pasible de reparar tales
daños.
En suma podemos decir que el daño es el elemento fundamental
de la responsabilidad civil, que al realizarse genera que exista
algo que reparar y, mientras haya que reparar un daño, la
responsabilidad civil va a surtir sus efectos sancionadores e
imponer la reparación del mismo.
c) La relación de causalidad:
Se refiere al nexo o vinculo existente entre la acción y el
resultado, en virtud del cual el resultado adquiere la calidad de
efecto de la acción, a la vez que la acción adquiere la calidad de
causa del resultado, estableciéndose entre ambos una relación de
causa a efecto.
Entonces, este elemento es un requisito de toda la
responsabilidad civil, pues si no existe una relación jurídica de
causa a efecto entre la conducta y el daño producido a la víctima,
no habrá responsabilidad de ninguna clase.
d) Factores de atribución:
Una vez determinado el hecho causante del daño, el daño y la
relación de causalidad existente entre ambos, aun no tenemos los
elementos necesarios para establecer la responsabilidad del
agente del hecho causante, pues la sola producción de un daño
no es suficiente para hacer civilmente responsable a alguien de
ello.
Simplificando la discusión doctrinal, puede decirse que los
factores de atribución pueden ser de dos tipos. Y al respecto
TABOADA CÓRDOVA considera que en el sistema subjetivo el
autor de una conducta antijurídica que ha causado un daño debe
responder únicamente si ha actuado con dolo o culpa; mientras
que en el sistema objetivo del riesgo, además de las tres
condiciones lógicamente necesarias, solo se debe probar
fehacientemente que la conducta que ha causado el daño es una
peligrosa o riesgosa, sin necesidad de acreditar ninguna
culpabilidad.
Un ordenamiento jurídico no tiene que optar necesariamente por
uno de estos tipos de factores de atribución, sino que puede
decidir su aplicación en función de los ámbitos en los que se
produce el daño civilmente reparable. Así lo ha hecho
precisamente el Código Civil Peruano.
Conforme al artículo 1969 del CC, la responsabilidad civil
extracontractual requiere la concurrencia de criterios objetivos de
imputación junto con los subjetivos (dolo o culpa). Entonces aquí
lo que se analiza es el comportamiento del sujeto.
El dolo civil consiste en la conciencia y voluntad de producir el
daño. La culpa existe cuando se omite la diligencia debida o el
cuidado ordinario exigido por la actividad que se realiza y por las
circunstancias de las personas, tiempo y lugar. Esta culpa admite
graduaciones en leve, lata, grave e inexcusable.
El que la regla general en la responsabilidad civil extracontractual
sea exigir un factor subjetivo de atribución, no excluye que, en
determinados ámbitos con mayores exigencias de
estandarización, el factor de atribución sea solamente objetivo.
Por ejemplo, si el daño se produce por un bien o una actividad
riesgosa, el deber de reparar es objetivo (artículo 1970 del CC).
En tal sentido, ante un daño ocasionado, bastará acreditar que la
actividad realizada por el sujeto, o el bien manipulado, se
consideran peligrosas.
2. Delitos de Peligro:
2.1. Concepto:
Son aquellos en donde no se requiere que la conducta del agente haya
ocasionado algún daño sobre un objeto, sino que es suficiente con que
el objeto jurídicamente protegido haya sido puesto en peligro de sufrir la
lesión que se quiere evitar.
Entonces, el delito de peligro constituye un momento previo a la
destrucción o lesión de un bien jurídico, una proximidad a la lesión de
un bien jurídico, una probabilidad de lesión concreta de un bien jurídico
determinado. La mayoría de los delitos de peligro se dirigen a bienes
jurídicos de tipo colectivo como: delitos contra la salud pública, contra la
seguridad del tráfico, medio ambiente, etc.
2.2. Categorías:
Se divide en dos categorías fundamentales: concreto y abstracto. En el
caso “concreto”, como su nombre lo dice, se requiere una puesta en
peligro concreta, debe demostrarse que la conducta o acción puso en
peligro real el bien jurídico. Entonces, debe existir un peligro verificable.
Ejemplo: lo establecido en el art. 273 del Código Penal, que sanciona al
que crea un peligro común para las personas o bienes mediante
incendio, explosión o algún otro tipo de energía. En el caso “abstracto”
basta con que la conducta esté tipificada en sí misma como peligrosa
para el bien jurídico, por lo que no es necesario comprobar que el bien
realmente ha sufrido un peligro. Ejemplo: el art. 274 del CP, conducir en
estado de ebriedad es un caso típico de conducta peligrosa en sí misma.
3. Lo establecido por el A.P.:
En primer lugar, sobre la reparación civil en delitos de peligro, como en los
casos de conducción en estado de ebriedad, algunos jueces se pronunciaban a
favor de la existencia de un daño a reparar y determinaban los montos de
reparación civil, mientras que otros la negaban, motivando sus decisiones en la
inexistencia de un daño a reparar; como vemos, existían pronunciamientos
contradictorios.
La problemática en este y otros delitos de esta naturaleza trató de solucionarse
mediante el Acuerdo Plenario Nº 6-2006/CJ-116, en donde se busca
establecer si los delitos de peligro pueden ocasionar daños civiles y, por
ende, imponerse una reparación civil, entonces, al respecto establece que si
bien no se produce un resultado delictivo concreto, cabe la posibilidad de que
existan daños civiles que deban ser reparados, es decir, que no se puede
descartar que en los delitos de peligro surja una responsabilidad civil.
Al respecto, no podemos descartar que los delitos de peligro concreto
puedan causar daño civil, tengamos a la vista el ejemplo del delito de
exposición a peligro y abandono de menor o incapaz (125 CP), donde es
evidente que dichas circunstancias ocasionarán un daño moral en el agraviado.
Sin embargo, cuando pasamos a examinar el daño civil en los delitos de
peligro abstracto, por ejemplo, si una persona conduce un vehículo en estado
de ebriedad que no genera ningún daño o tiene en sus manos un arma de
fuego pero no comete ningún delito, se le puede obligar pagar una
indemnización por concepto de reparación civil porque la conducta desplegada
por esta persona, altera el ordenamiento jurídico. Sin embargo, dicha postura
es un tanto apresurada, teniendo en cuenta que la responsabilidad
extracontractual exige un daño concreto al bien jurídico.
Además que vemos que llega a una conclusión que contradice sus propios
fundamentos, ya que claramente señala que el DAÑO CIVIL CAUSADO POR
UN ILÍCITO PENAL ES EL QUE ORIGINA LA OBLIGACIÓN DE REPARAR,
para luego al final establecer que “En los delitos de peligro no cabe negar la
posibilidad de que surja responsabilidad civil puesto que en ellos se produce
una alteración del ordenamiento jurídico”, cuando se ha mencionado que en
estos delitos de peligro abstracto no existe ni un peligro concreto ni mucho
menos un daño concreto.
Gálvez Villegas, Peña Cabrera Freyre y San Martín Castro reconocen la
naturaleza civil de la reparación civil, así como reconocen que el
fundamento de la obligación de reparar es el daño. Guillermo Bringas,
siguiendo los lineamientos de los autores anteriormente citados, enfatiza que
se debe constatar la existencia del daño para que se pueda condenar a
alguien al resarcimiento económico. Así, se afirma que solamente habrá
responsabilidad civil cuando el delito enjuiciado sea uno que produzca un daño
reparable”.
3.1. La alteración del ordenamiento jurídico como daño civil:
PRADO SALDARRIAGA señala no se puede considerar a la reparación
civil como una pena u otro tipo de sanción jurídicos penales; SAN
MARTÍN CASTRO señala de igual modo que no se puede sustituir o
trasformar lo que por imperio del Derecho material es privado. Por
consiguiente en el sistema penal peruano, tanto a nivel doctrinario,
jurisprudencial y legal, se ha asumido como postura que la naturaleza
jurídica de la reparación civil es de carácter privado, es por ello que,
la norma penal es remisiva a las reglas estipuladas es el Código Civil y
debe ser analizada desde la perspectiva privada de la reparación civil.
Entonces, ante la comisión de un ilícito penal surge la llamada
responsabilidad extracontractual, siendo ello así, al momento de tratar
de evidenciar una responsabilidad civil proveniente del delito se tiene
que verificar la existencia de los requisitos antes mencionados que
son la antijuricidad, el daño causado, la relación de causalidad y
los factores de atribución; ello implica también que al momento de
determinar una reparación civil por la presunta comisión de delitos de
peligros abstracto se tiene que analizar cada uno de los requisitos para
verificar la existencia de una reparación civil proveniente del delito; de lo
contrario, si se impone una sanción cuando no existe, por ejemplo, un
daño causado, la sanción sería vicaria o paralela a la pena.
El acuerdo plenario establece lo siguiente “en los delitos de peligro no
cabe negar a priori la posibilidad de que surja responsabilidad civil,
puesto que en ellos se produce una alteración del ordenamiento jurídico
con entidad suficiente para ocasionar daños civiles. Esta delictiva
alteración o perturbación del ordenamiento jurídico se debe procurar
restablecer”; de lo cual se entiende que no solo de la afectación de
intereses individuales surge el daño civil, sino también que la
alteración del ordenamiento jurídico puede producirlo.
Entonces, ¿Debemos entender que, dado que los delitos generan una
alteración al ordenamiento jurídico, ello es suficiente para que se
ocasionen daños civiles?
Hasta donde nosotros conocemos, la alteración del ordenamiento
jurídico nada tiene que ver con el daño civil, sino con el fin de la pena, es
decir, con ello habrá que entender que se refiere a la sanción penal, y
que la pena es la que reestabiliza la vigencia del ordenamiento jurídico,
pues la reparación civil no persigue tal finalidad, sino solo resarcir el
daño a la víctima del delito.
Entonces, en tal sentido, podría interpretarse, por otro lado, que el
fundamento para la reparación civil en los delitos de peligro está en el
hecho de que estos alteran o perturban el ordenamiento jurídico. Sin
embargo, todos los delitos tienden a alterar el ordenamiento
jurídico, pero no por ello se va a imponer la obligación de resarcir,
porque se estaría confundiendo pena y reparación civil.
En conclusión, ante la comisión de un delito de peligro abstracto no
existe un daño causado por cuanto no requiere que se produzca un
daño concreto, entonces no se puede imponer una responsabilidad
civil porque no existe dicho elemento, y por tanto no se puede
imponer el pago de la indemnización, porque sería desconocer la
naturaleza jurídica de la responsabilidad extracontractual, que es de
naturaleza privada y no pública.
RECURSO DE NULIDAD N° 948-2005-JUNÍN
1. La Ejecutoria Suprema que fija el precedente vinculante:
HECHOS:
Se trata del recurso de nulidad interpuesto por Juan Arge Chanco, quien
había sido condenado en la instancia superior como autor del delito de
peculado a un año de pena privativa de libertad, a un año de inhabilitación
como pena accesoria y a pagar una reparación civil de mil soles. Lo que
alegó el procesado en su recurso de nulidad es, por un lado, que no se
había tenido en cuenta su confesión sincera para la imposición de la
pena de inhabilitación, poniéndose en riesgo su subsistencia con dicha
pena; y que no se habría observado sus bajos ingresos económicos
para fijar la reparación civil. La Corte Suprema decidió confirmar la
sentencia condenatoria en cuanto a la pena privativa de libertad y el monto
indemnizatorio, reformándola en cuanto a la pena de inhabilitación, la cual
pasó de accesoria a principal.
El considerando de la referida sentencia de la Corte Suprema que se ha
establecido como precedente vinculante es el considerando tercero, en
la cual establece que “la confesión sincera no puede ser valorada como
presupuesto para establecer la cuantía de la reparación civil, ya que
está reservada para rebajar la pena a límites inferiores del mínimo legal;
que la naturaleza de la acción civil ex delicto es distinta, pues tiene como
finalidad reparar el daño o efecto que el delito ha tenido sobre la víctima y
que por tanto, debe guardar proporción con los bienes jurídicos que se
afectan.”
2. Las afirmaciones generales sobre la reparación civil derivada del
delito:
2.1. “La reparación civil no es una pena”.
Esta afirmación no implica desconocer que tanto la pena como la
reparación civil derivada del delito comparten un mismo presupuesto: La
realización de un acto ilícito. Sino que con la distinción conceptual de
ambas consecuencias jurídicas del delito se pretende precisar que cada
una de ellas valora el hecho ilícito desde su propia perspectiva. Así,
mientras la pena se impone con la finalidad de proteger el bien jurídico, la
reparación civil derivada del delito se centra en la función de reparar el
daño provocado a la víctima por la acción delictiva. Podríamos decir que
existen tres características de la configuración de la reparación civil en el
proceso penal:
a) La autonomía de la pretensión civil en el proceso penal.
La pretensión civil del resarcimiento de los daños producidos por la
conducta sometida a un proceso penal es independiente de la
pretensión penal. Si bien lo ideal para hacer efectiva dicha pretensión
civil sería iniciar un proceso civil, por razones de economía procesal es
que ambas pretensiones (penal y civil) se sustenten en un mismo
proceso; ello no quiere decir que se afecte a la autonomía de cada una
de ellas.
Entonces la falta de imposición de una pena o el archivamiento del
proceso penal no debería traer como consecuencia impedir que el juez
penal emita un pronunciamiento respecto de la reparación civil en caso
de estar acreditado el daño. Y ello lo vemos establecido en el art. 12
inciso 3 del CP.
b) La irrelevancia de la culpabilidad penal para establecer la
reparación civil.
Su autonomía conceptual en relación con la pena trae como
consecuencia lógica también que el principio de culpabilidad, que
constituye el fundamento de la sanción penal, no debe ser requerido
para sustentar la obligación de reparar el daño provocado por el
delito. Bastará únicamente que el acto ilícito haya causado un daño
atribuible, en términos civiles, al imputado. Así, la figura del tercero
civilmente responsable es el ejemplo más claro de la irrelevancia de la
culpabilidad penal para imponer la reparación civil.
c) La exclusión de una función sancionatoria en la reparación civil.
La determinación del monto indemnizatorio responde a una finalidad
resarcitoria, por lo que dicho monto no puede apuntar a sancionar al
causante de los daños por el hecho cometido. Entonces, la reparación
civil debe responder al daño producido, y no podrá incrementarse con la
finalidad de satisfacer necesidades punitivas de la sociedad, que para
ello está la sanción penal.
2.2. La finalidad de la reparación civil es “reparar el daño o efecto
que el delito ha tenido sobre la víctima”
El precedente vinculante afirma también que la reparación civil tiene
como finalidad reparar el daño o efecto que el delito ha tenido sobre la
víctima. De esta se desprende dos aspectos:
a) La finalidad reparatoria de la reparación civil.
La finalidad reparatoria de la reparación civil resulta incuestionable, pero
ello no descarta la posibilidad de que dicha reparación pueda tener
efectos en el ámbito penal. Al respecto, MIR PUIG manifestó que la
lucha contra el delito se acometerá más racionalmente si la reparación
civil asume también un carácter político-criminal en el sentido de
producir cierto efecto intimidatorio; si bien le reconocía a la reparación
civil una autonomía conceptual, no le negaba la función latente de
producir un efecto preventivo.
Sin embargo, este precedente vinculante ha procurado establecer la
finalidad propiamente civil de la reparación civil, es decir, la reparación
del daño causado por el autor a la víctima.
b) El alcance de la reparación civil derivada del delito.
En el precedente vinculante se señala concretamente que la
mencionada reparación civil debe reparar el daño o efecto que el delito
ha tenido sobre la víctima. De ello se desprende los criterios que
delimitan el ámbito de aplicación de la reparación civil en el proceso
penal.
- Delimitación por el objeto.
El precedente vinculante pone por objeto de la reparación civil no
sólo el daño derivado del delito, sino también el efecto que el
delito ha tenido sobre la víctima.
- Delimitación por el hecho generador del daño.
No debe entenderse que se indemnizará cualquier daño o efecto
vinculado de alguna manera al hecho delictivo, sino que debe
tratarse de daños que se desprenden directamente del delito, de
manera tal que la reparación civil derivada del delito solamente
alcanzará a estos daños.
- Delimitación por el sujeto.
Se refiere a que con esta reparación civil solamente se reparará
el daño o efecto producido sobre la víctima, es decir, no podrá
incluirse en la reparación civil derivada del delito el daño causado
a otras personas distintas a la víctima.
2.3. “La confesión sincera del encausado no puede ser valorada
como presupuesto para establecer la cuantía de la reparación civil”
La diferencia conceptual entre pena y reparación civil hace que los
criterios de determinación de la cuantía de cada una de estas
consecuencias jurídicas del delito sean distintas. La cuantía de la pena,
por ejemplo, debe ajustarse a la gravedad del injusto penal, tal como lo
dispone el artículo 46 del Código penal que establece los diversos aspectos
del hecho que el juez debe considerar al momento de individualizar la pena,
el cual está abierto a otros aspectos ajenos al hecho delictivo, siempre
que influyan en las necesidades de punición, como sería el caso de la
reparación espontánea del daño o de la confesión sincera del autor. Por su
parte, la determinación del monto de la reparación civil debe
corresponderse al daño producido.
Entonces, el precedente vinculante considera que la confesión sincera del
imputado durante el proceso penal es un aspecto que sólo tiene relevancia
penal en cuanto tiene un efecto atenuante para la determinación de la pena,
por lo que no podrá ser valorada como presupuesto para establecer la
cuantía de la reparación civil.
GARCÍA CAVERO señala al respecto si cabría la posibilidad de que la
confesión sincera en el proceso penal puede atenuar la reparación civil.
Respecto del daño patrimonial afirma que parece no ser posible, pues
dicho daño no disminuye si el imputado confiesa espontáneamente su delito
en el proceso penal. No obstante, en determinados casos puede suceder
que la confesión permita un acto de reversión que haga desaparecer el
daño o la disminuya como sería el caso de una confesión sincera en el
que el imputado revela el lugar en el que están escondidos los bienes
sustraídos, de manera tal que el titular puede recuperar inmediatamente la
posesión de los bienes. Pero el precedente vinculante ha cerrado la puerta
a la posibilidad de que se pueda valorar en algún caso la confesión sincera
a efectos de determinar la reparación civil.
2.4. “La reparación civil debe guardar proporción con los bienes
jurídicos que se afectan”
Con ello se establece cuál es el criterio central para la determinación del
monto de la reparación civil, pero según GARCÍA CAVERO dicha
afirmación es un tanto imprecisa, pues la reparación civil no debe
guardar proporción con los bienes jurídicos que se afectan, sino con
la afectación a los bienes jurídicos y que entender que el bien jurídico
afectado es el que determina el monto de la reparación civil significaría
utilizar un criterio abstracto referido a la importancia del bien jurídico, donde
un delito contra la vida tendría mayor indemnización que un delito contra la
integridad física y un delito contra el patrimonio. Así, una lesión culposa leve
tendría que llevar a una indemnización mayor que una defraudación
patrimonial millonaria.
En este sentido, el monto de la reparación civil debe guardar relación no
con el bien jurídico, sino con la afectación concreta sobre dicho bien
jurídico.
3. Contradicciones de la sentencia:
Como se ha podido observar, si bien este precedente vinculante establece
algunos criterios respecto a la reparación civil, no podemos ignorar el hecho de
que se haya establecido un precedente vinculante sobre un aspecto que no era
materia del recurso de nulidad.
La sentencia misma delimita los puntos controvertidos del recurso de nulidad,
señalando como agravio de la sentencia recurrida el hecho de que no se ha
tenido en cuenta la confesión sincera del imputado para la imposición de
la pena de inhabilitación, lo que pondría en riesgo su subsistencia. Como
puede verse, la alegación del recurrente no estuvo referida a que la confesión
sincera tenga un efecto atenuatorio en la reparación civil, sino a influir más
favorablemente en la pena de inhabilitación, lo cual es perfectamente posible
tal como lo establecía el artículo 136 del Código de Procedimientos Penales y
ahora el artículo 161 del CPP.
Ahora, al resolver si el monto impuesto por la sentencia recurrida
resultaba acorde con el daño producido, la Corte Suprema señala que sí, ya
que el procesado se había apoderado del dinero que estaba destinado a la
compra de computadoras para un centro educativo, generando perjuicio tanto a
la propia institución educativa como a los estudiantes.
Como puede verse, la sentencia que instaura el precedente vinculante no sólo
menciona el perjuicio a la víctima –en este caso, la institución educativa que el
imputado dirigía–, sino que incluye a los terceros que recibían una prestación
de la institución educativa. De esto se desprende que la sentencia cae en una
contradicción con el precedente vinculante que establece, pues no debería
haber considerado el perjuicio a los educandos como criterio para determinar la
reparación civil. Esta conclusión tiene incluso un respaldo en la propia relación
procesal, pues los educandos no fueron constituidos como parte civil en el
proceso.

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