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Universidad Central de Venezuela

Facultad de Humanidades y Educación


Escuela de Historia
Historia de las Ideas Políticas
David Moisés Arvelo Balda C.I. 24 278 561

Nazismo y Personalismo: Un Oscuro Capítulo de Nuestra Historia

Introducción:

Un sinnúmero de actos que desde nuestra perspectiva contemporánea podemos


calificar como atrocidades marcan la historia de nuestra especie. Los motivos de los
mismos son muy variados; religión, ideologías, xenofobia, etc. Estamos en el punto más
cercano a tener unidad como especie, pero ha sido una larga lucha para llegar a este
estado. Incompatibilidades culturales y tribalismo, asociaciones grupales herméticas
cuya visión tomaba cualquier alternativa a su modelo establecido como una amenaza.

El compás moral de una sociedad es un artilugio propenso a ser recalibrado.


Durante momentos de estabilidad y paz es firme, bien y mal son mas visibles que la
escala de grises que los separa. Cuando esa seguridad se empieza a agrietar, cuando el
miedo y el caos aparecen para quebrantar el status quo, la moral se flexibiliza y
acciones que antes se verían como objetos de escarnio ahora pasan a ser alternativas a
considerar. Los sectores más volubles de las sociedades empiezan a buscar guía ante la
incertidumbre, soluciones ante la insatisfacción. Es en este punto donde figuras
mesiánicas, outsiders a la política tradicional, empiezan a ganar tracción. Tomando el
miedo y descontento como su estandarte, reúnen a las masas y les dan sentido, dan
rostros a los enemigos, nombres a los culpables de sus malestares. La estabilidad se
sacude con el nacimiento de un nuevo titan que amenaza lo establecido, una bestia de
muchas bocas y ojos cuya mente sigue las pautas de ese autoproclamado mesías de una
nueva era, pues sus palabras son un haz de luz entre la desesperación.
Es difícil justificar el desfile de horrores que marcan los capítulos más oscuros
de la memoria colectiva humana, al menos no desde la razón y el conocimiento. Hace
falta entender el funcionamiento de nuestra maquinaria psíquica, cómo las líneas que
separan lo correcto de lo atroz se atenúan en momentos de crisis. Afortunadamente
material de estudio sobra. En el caso de este breve articulo nos limitaremos a un favorito
de los medios. No el más atroz o el más sangriento, pero posiblemente el más conocido
para occidente.

Tras la devastación de la Gran Guerra, Alemania se encontraba en ruinas. La


población se sentía traicionada y las penurias que afrontaban eran de la índole más
variada. Existía un creciente descontento por su aparato político y sectores de la
población eran vistos con desprecio al lograr una semblanza de éxito entre la calamidad.
Entre desilusiones tras promesas de grandeza incumplidas, las penas que tan grandes
acciones bélicas siempre implican y mitos en torno a la derrota surgió un líder
mesiánico cuyo nombre estaría destinado a nunca ser olvidado. Adolf Hitler.

I: Un Suelo Fértil

La existencia de un líder carismático como Hitler no es por si misma suficiente


para crear un movimiento de la envergadura que alcanzó el nazismo. Un discurso no es
más que una chispa. Para que pueda haber fuego son necesarias condiciones previas que
lo faciliten. Descontento, ira, envidia y caos; un aire general de incertidumbre dando
forma a los sentimientos de las masas, buscando una salida para esa carga emocional
que constantemente se acumulaba.

El pueblo alemán era una bestia herida tras la derrota de la primera guerra
mundial. No solo significó la muerte prematura de un sueño imperial, las negociaciones
de paz que llevaron a su final implicaron severas consecuencias para los alemanes.
Responsabilidad por los actos bélicos en forma de deudas y reparaciones financieras.
Con sus heridas aun frescas, cientos de miles de muertos durante la primera guerra
industrializada, también se encontraba presente un rumor -o un mito- que culpaba del
fracaso imperial a una traición proveniente de las clases políticas cuando aún existía la
posibilidad de que el gran ejército alemán triunfase.
Desde principios del siglo XX también estaba presente una corriente de
antisemitismo en constante crecimiento. Un mal generalizado, no solo algo nacido en
Alemania, aunque por las acciones extremas de los nazis se volvieron el caso mas
notorio, la primera nación en venir a la mente cuando se piensa en antisemitismo.

Este sentimiento de odio por los judíos ya venía siendo explotado con fines
políticos desde hacía tiempo. Empleando nociones de pureza, nacionalismo y
conduciendo la sensación de amenaza al germanismo surgieron iniciativas como el
Pangermanismo de Georg von Schönerer y el partido Social-Cristiano del Doctor Karl
Lueger1, los cuales no dejaron de lado la posibilidad de emplear las tendencias
antisemitas de la población para obtener ganancias políticas. De ambas iniciativas,
Lueger fue el más exitoso, valiéndose de una agresiva retorica populista para llegar a ser
alcalde de Viena. La historia de ambos hombres y sus movimientos políticos marcaron a
Hitler, que para ese entonces en la ya mencionada ciudad estaba siendo inoculado a
través de la prensa del sentimiento antisemita que permeaba la región.

Más adelante con la gran depresión y el retiro de fondos por parte de la banca
norteamericana, Alemania se hundió en una crisis sin precedentes, creando el caos
necesario para que los cimientos del nazismo se erigiesen. Ya existía un considerable
descontento político el cual se acrecentó con una de las bases del discurso de Hitler.
Responsabilidad. Éste decía que al existir múltiples figuras temporales ostentando el
poder era imposible hacer responsable a cualquiera de ellos de las consecuencias de sus
acciones. Ésta retorica justificaba la existencia de una figura central de poder con la
fuerza de carácter para asumir las responsabilidades que el manejo de un estado
implicaba

Por medio de su impecable capacidad discursiva, Hitler fue escalando en un


entorno donde el hacer política implicaba señalar y enfrentar enemigos en la forma de
judíos y comunistas principalmente, mientras se reforzaban ideales nacionalistas y se
trataba de lograr transformar a la sociedad en una unidad coherente. Pasó de ser Oficial
de Propaganda de la Reichswher a un miembro del comité de directores del partido de
extrema derecha de Drexler, al que removió antes de renombrarlo como “Partido
Nacionalsocialista Alemán del Trabajo”.

1
Hitler, Adolf. Mein Kampf. p.46.
II: Propaganda y Personalismo

Donde sea que habitemos siempre existirán expectativas e incertidumbres.


Mientras más profundas e insatisfechas más fácil será para un discurso populista
encontrar público receptivo. La Alemania marcada por la Primera Guerra Mundial se
había convertido en el lugar ideal. Un fuerte descontento por los sacrificios de la guerra
sin recompensa alguna, las penurias producto de las reparaciones posguerra y la
insatisfacción y falta de representación de los intereses populares en las esferas políticas
creaban una poderosa presión que solo necesitaba una apertura para liberarse con gran
energía.

En una nación arruinada cuyas jerarquías de clases se encontraban corroídas


hasta la irrelevancia el discurso de Hitler golpeó con fuerza. Era la guía, la respuesta
que la población necesitaba. Daba razones para una unidad alemana en nombre de lo
germano mientras asignaba culpas. Su discurso se encargó de encausar el descontento
en una única dirección para generar un indiscutible capital político que, aunque incapaz
de garantizarle la presidencia, dio suficiente importancia a su figura para llegar al cargo
de Canciller y a partir de este punto erosionar el aparato institucional hasta obtener el
poder absoluto. Gracias a la quema del parlamento y su apoyo mayoritario logró obtener
los poderes necesarios para aplicar una serie de reformas que llevaron a las instituciones
democráticas a la irrelevancia.

Una característica común de todo discurso populista es su apelación a las


emociones en lugar de la razón. Son el punto más vulnerable de la psiquis humana, solo
reforzable a través de una formación profunda y conocimiento en el área. Con promesas
de grandeza y prosperidad logró unificar a Alemania bajo una misma causa.

Para lograr la unidad empleó un mito 2. La Raza Aria, el verdadero pueblo


elegido destinado a la conquista global. A través de una historia de superioridad racial
se creó una narrativa unificadora que daba connotaciones especiales a la pureza de
sangre y tomaba prestados simbología y misticismo tanto de los antiguos germanos y
pueblos nordicos como indoarios. Como punto culminante colocaba a los judíos como
enemigos de esta raza superior, mancillando la tierra con su mera presencia y
2
George Sorrel, pensador político francés y una de las figuras que influencia a Mussolini, establecía que
el mito es esencial para lograr conformar una unidad coherente. Así esté compuesto de mentiras, la
historia común tiene la capacidad de unificar a una masa bajo las mismas directrices.
conspirando para garantizar la caída y fracaso de los arios. La destrucción de la
Germanidad.

La retórica de Hitler logró transformar al pueblo alemán en una masa amorfa,


crédula y acrítica3. A esto se integraba otra figura notable y uno de los principales
ideólogos del Partido Nazi. Joseph Goebbels. Consejero y asesor de Hitler y artífice de
campañas de propaganda y guerras mediáticas que ayudaron a fortalecer las lealtades de
la población garantizando la permanencia del partido en el poder.

Combinando el discurso mítico, las expectativas del pueblo alemán y un aparato


propagandístico radical4 dedicado a garantizar el arraigo de estas ideas se logró
normalizar en gran parte las acciones cometidas por los nazis. Masacres de individuos
“inferiores”, enemigos de lo germano. Expansión sin importar el costo. Todo era
coherente con el marco ideológico que se había forjado. Así Alemania pasó de ser una
nación de individuo a convertirse en un apéndice dedicado al cumplimiento de las
ambiciones de un hombre.

Los vectores de inoculación ideológica nazi llegaron a extenderse a los aparatos


educativos del estado. Nacieron proyectos como las juventudes Hitlerianas y se buscó
crear una generación cero. Una generación entera levantada bajo los preceptos de la
ideología nazi, sin precedentes con los cuales examinar la realidad. Sin dudas ante la
“verdad” que se les deseaba inculcar.

Con la derrota de Alemania en la guerra las ambiciones de crear un nuevo


mundo llegaron a su fin, pero no sin dejar un saldo de horrores considerable. Cicatrices
en Alemania y semillas en el resto del mundo para el resurgimiento de ideologías
similares, incluso bajo el mismo nombre y estandarte empleado por los nazis.

3
Le Bon en su obra Psicología de las Masas establece las numerosas cualidades que estas poseen. Entre
los aspectos negativos de las mismas está lo influenciables que son. La voluntad e intelecto de los
individuos se ven sometidos a la consciencia colectiva de la masa, dejando de lado su capacidad crítica y
permitiendo que éstas cometan acciones que los individuos en plenitud de funciones nunca se atreverían a
considerar.
4
Durante la gestión de Goebbels se llegaron a organizar quemas de libros bajo el pretexto de purgar todo
aquello que estaba en contra de los ideales germanos.
Conclusiones

Alemania nazi es un momento oscuro de la historia humana, uno de los puntos


bajos donde los avances de concepción en cuanto a derechos, ética y moral fueron
olvidados. Suplantados por una agenda ideológica incompatible con cualquier tipo de
apertura multicultural, colocando a Alemania contra el resto del mundo en sus deseos de
supremacía.

El mayor legado del nazismo no está en los intentos de continuación ideológica


en forma de movimientos de supremacía racial que aún suelen aparecer alrededor del
mundo. Es el aprendizaje de las características que el verdadero movimiento tomó y
empleó para obtener el éxito y apoderarse del control, quitando del camino cualquier
institución y oposición que pudiese interponerse ante su uso indiscriminado del poder
absoluto.

Personalismo de carácter mesiánico, discursos emocionales, declaración de


enemigos en búsqueda de la unidad, revisionismo histórico y formación de mitos para
lograr la cohesión social bajo las pautas de la ideología que se desea establecer. Son
características que se pueden ver en las figuras de corte autoritario que compiten por el
poder en nuestro mundo actual. Los enemigos y razones han cambiado pero el espíritu
continúa. Nacionalismo y xenofobia extremos, una oposición contundente contra la
globalización junto a un fuerte aferro a las costumbres y valores de corte más
conservador. Colocando lo tradicional como bueno y lo novedoso como una corrupción

No podemos olvidar el pasado. No podemos permitir que los hechos históricos


sean sometidos a las conveniencias de discursos políticos pues los riesgos son grandes.
Si las poblaciones llegan a ese estado de masa carente de voluntad individual y se
someten a los designios de tantos lideres populistas que surgen en tiempos de crisis,
debemos recordar el terror que eso puede traer al mundo. Debemos reconocer las
características de aquellos que desean tomar el poder a través de la manipulación de
emociones y necesidad pues sus promesas suelen ser vacías y el riesgo que implican
para el futuro no es uno de renovación y cambio si no uno de destrucción institucional
irremediable.
Fuentes consultadas:

Bibliograficas

Hitler, Adolf. Mein Kampf. 1925. Editorial Franz Eher Verlag. Traducción de Alberto
Saldivar P. p. 262.

Le Bon, Gustave. Psicología de las Masas. Ebook. p. 103

Publicaciones Digitales

Nessel, Camille. Article: Populism through the eyes of Hanna Arednt. Now and then.
Eyes on Europe, 2016. https://www.eyes-on-europe.eu/populism-through-the-eyes-of-
hanna-arednt-now-and-then/

Audiovisuales

RT Documentary. Goebbels, The Master of Lies. https://youtu.be/jGYkfFX5yr4