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Parque Gillette

(Guillete Park)

Gerri Hill

SINOPSIS

Este es un asombroso thriller/misterio con un toque sobrenatural apasionante.

Gillette Park es un pueblo tranquilo y pintoresco en lo alto de las Montañas Rocosas, pero un oscuro
secreto acecha a este hermoso pueblo y a la gente que vive allí.

El primer asesinato ocurrió hace veintitrés años. Una niña desapareció y dos días después su cuerpo fue
encontrado cuidadosamente escondido debajo de la pasarela en Boulder Creek. El espantoso asesinato
conmocionó a todo el pueblo, pero pronto se dieron cuenta de que la muerte de la joven sería el primero
de muchos más asesinatos desgarradores. Un asesino en serie acecha en las sombras. Este asesino en
serie se cobraría dos o tres preciosas vidas cada año.

Mason Cooper estaba impaciente por poner tanta distancia como fuera posible entre ella y Gillette Park. A
los dieciocho, se dirigió a la universidad y no pensó que alguna vez volvería a casa con su familia
disfuncional y los amigos cercanos que se volvieron extraños para ella; trabajar como policía en las
concurridas calles de Los Ángeles finalmente perdió su atractivo para Mason y además de eso, pasó por
una dolorosa ruptura, por lo que decidió regresar a su casa en Gillette Park. El asesino en serie todavía
anda por Gillette Park y Mason está obsesionada con atraparlo y llevarlo ante la justicia.

La Dra. Grace Jennings está bendecida o maldita (depende de cómo se mire) con la capacidad de ver y
hablar con seres espirituales. No hay forma de que Grace pueda superar su don, por lo que ha aprendido a
vivir con el hecho de que es una mujer extraordinaria. Ahora el FBI le ha pedido que los ayude a atrapar al
asesino en serie que ha estado aterrorizando a Gillette Park durante años.

Mucha gente en Gillette Park no está contenta con la idea de contratar a una psíquica para que les ayude
a descubrir quién es el asesino en serie; Mason y su tío, el Sheriff Cooper tampoco están encantados de
tener a Grace en su pueblo, pero realmente quieren que los asesinatos se detengan. Han dejado sus dudas
en un segundo plano y están dispuestos a trabajar con Grace a pesar de que están asustados por el hecho
de que tienen que trabajar de cerca con una psíquica. Mason ha sido asignada a ser el entre Grace y el
departamento de policía y Mason está al lado de Grace cuando descubre los secretos siniestros y de larga
data de Gillette Park.

Durante la investigación, Mason y Grace se han hecho amigas, pero también hay una atracción ardiente
que ha estado hirviendo entre ellas desde el primer momento en que se vieron. ¿Podrá Grace identificar al
asesino antes de que se pierdan más vidas inocentes? ¿Podrá Mason mantener a Grace a salvo mientras
usa su don para encontrar al asesino?
Capítulo Uno

Mason se quedó mirando el cuerpo sin pestañear. ¿Cuántos hicieron esto? Sintió una opresión en el pecho
mientras se agachaba junto a él. El único trauma visible fueron los moretones alrededor de su cuello.
Tragó, luego se obligó a mirarlo a la cara, que estaba bañada por la luz del sol. Era suave y sin estropear,
el cabello castaño claro por encima de él estaba corto y ordenado. Extendió la mano y tocó su mejilla
suavemente, sintiendo la frialdad de su piel. Sus ojos estaban cerrados, afortunadamente. Detrás de esos
párpados había ojos verdosos. Lo sabía por la foto de la escuela que les habían dado.

Se alejó de él y se apoyó contra un árbol, respirando hondo varias veces. ¿Cuándo iba a terminar? Se
deslizó por el árbol hasta que estuvo sentada. Ya lo había llamado. Los chicos estarían allí pronto. Y
comenzaría de nuevo.

Había regresado a su pueblo natal hace cinco años,—¿o ya eran seis?

Se fue cuando tenía dieciocho años, dos semanas después de la graduación.

No podía esperar para escapar. ¿Alejarse de qué, sin embargo? ¿Su madre?

Eso fue un hecho. ¿Alejarse de la oscuridad en este pueblo? Tal vez. ¿No es por eso que la mayoría se fue?

Pero, ¿por qué volver? Su madre todavía estaba aquí. La oscuridad todavía estaba aquí. Volvió a mirar el
cuerpo. Sí...la oscuridad todavía estaba aquí. No pudo soportarlo más. ¿Cuántos tendrían que morir?
¿Cuándo iban a hacer algo?

Su radio crepitó y reconoció la voz de Dalton.−¿Dónde diablos estás, Mason?−Apoyó la cabeza contra el
árbol mientras buscaba a tientas la radio.

Sí...¿dónde diablos estaba ella?


Capitulo Dos

−Mason, sé que necesitamos hacer algo...¿pero un psíquico? No puedo creer que,—de todas las personas,
—te subas a ese carro.

−Tenemos que hacer algo. Todos los años es lo mismo. Tenemos que hacer algo. ¿Qué daño haría?

Su tío se apartó de la ventana por la que había estado mirando.−¿Dejaste que el Agente Kemp te llenara
la cabeza con esta basura psíquica, Mason? Tuvimos un psíquico aquí una vez, ya sabes.

−Lo sé. En 2004.−Ella levantó la mano.−Y sé que no salió bien; me acuerdo.

−Todavía estabas en la escuela secundaria.−Se sentó detrás de su escritorio, indicándole que se sentara
también.−Cuando me postulé para sheriff del condado, prometí atrapar a este bastardo. Han pasado seis
años y no estamos más cerca de lo que estábamos cuando los asesinatos comenzaron hace veintitantos
años.

−Veintitrés,−dijo automáticamente, sabiendo que él sabía esto tan bien como ella. Todos en Gillette Park
lo sabían. Tenía diez años cuando ocurrió el primer asesinato. Era 1997. Susan Shackle. Susie era una
compañera de clase...una compañera de juegos. Desapareció un día después de la escuela. Fue a finales
de abril. La primavera estaba en el aire. Recordó haberse detenido con Jimmie Beckman en Boulder
Creek; Rock Creek, lo decían los niños. Se habían metido debajo del viejo puente para arrojar piedras al
agua. El arroyo—y el puente—estaba casi a medio camino entre la escuela y su casa. La carretera tenía
poco tráfico; no había nada más allá de la escuela en esos días. No obstante, el pueblo había construido
un sendero para bicicletas al lado de la carretera. Entonces había sido grava. Cuando creció, fue en
bicicleta a la escuela. Pero ese día—como la mayoría cuando el clima era agradable—caminó con Jimmie,
Susie, Becky Kuhn, Amber Wright y Joey Case. Todos vivían en el mismo vecindario y por lo general se
encontraban en la esquina de Flagstaff y School Road cada mañana; Joey era el mayor —once en ese
momento—y se imaginaba a sí mismo su cuidador, guiándolos por el camino a la escuela como si cuidara
ovejas.

Ese día en particular a fines de abril, solo ella y Jimmie habían caminado a casa juntos. Los demás habían
ido a la biblioteca del pueblo. No recordaba por qué...algún proyecto de arte o algo así. Sí recordaba a su
madre quejándose de ella por ensuciarse—y avergonzándola por no ser una chica delicada como su prima
mayor Amanda. Y recordó la llamada telefónica. La Sra. Shackle llama para ver si Susie pudiera estar
jugando con ella. Susie nunca llegó a casa.

Encontraron su cuerpo dos días después, en el bosque más allá del parque del pueblo. El asesino la había
escondido debajo de las viejas tablas de madera que se usaban para cruzar Boulder Creek en un lugar
estrecho. La habían estrangulado. Cerraron la escuela durante una semana, y cuando volvió a abrir su
madre la llevaba todos los días y la recogía cada tarde.

Porque nunca encontraron al asesino de Susie; la pequeña Susie Shackle fue estrangulada hasta la muerte
y su cuerpo arrojado al bosque, escondido en el arroyo. Lo que Mason no sabía entonces era que Susie
también había sido agredida sexualmente; escuchó a su padre,—entonces ayudante del sheriff,—y a su
madre hablando una noche cuando pensaron que se había ido arriba a la cama. Eso había sido tres o
cuatro meses después del asesinato. En ese momento, no sabía qué significaba agredir sexualmente, pero
estaba bastante segura de que no era algo bueno.

Fue ese mismo año, después de que las hojas de los álamos se pusieran doradas, que su padre las dejó.
Ese pensamiento le vino sin mucha emoción. Después de todos estos años, eso fue solo una nota al
margen. El Tío Alan,—ahora sheriff del condado,—había sido su figura paterna mientras crecía. Había
compensado con creces la ausencia de su padre.

−¿Y ahora quieres traer a un maldito psíquico? ¿Incluso crees en esas cosas?

−No estoy segura.−Entonces sacudió la cabeza.−Okey, no, no lo hago.

Pero Kemp dice que es legítima. Dice que los ha ayudado antes.

El asintió.−A veces trabaja con el FBI, según he oído. Nos están presionando, eso es seguro. Ellos también
tienen interés en esto; tienen que sentir que están perdiendo el tiempo aquí, buscando fantasmas.

−¿Cuál es tu duda, Tío Alan? Aparte de que no crees en esas cosas.

−No lo creo, no. Esa es mi principal vacilación. Eso y me temo que va a ser una charlatana como la
anterior. ¿Eso fue qué? ¿Hace quince, dieciséis años? Ella era francamente extraña. Yo solo era un
ayudante en ese momento y no tenía muchos tratos con ella, pero era rara.

−Lo recuerdo. Yo también le tenía un poco de miedo.

Cruzó las manos y tamborileó con los dedos índices.−El jefe Danner también está dispuesto a aceptarlo.
Dice que tuvo un sueño al respecto.−Sacudió la cabeza.−Un sueño, de todas las cosas.−Sus dedos índices
continuaron golpeando juntos.−No lo sé. Demonios, vale la pena intentarlo, supongo. Cada año, cuando
recibimos la primera llamada, es como si dejáramos de respirar, sabiendo que está comenzando de nuevo.

Pasamos por los movimientos de tratar de encontrarlos, sabiendo todo el tiempo que solo los
encontraremos cuando él haya terminado con ellos.

−Lo sé. Es como si pudiéramos saltar esa parte y dirigirnos al parque o buscar en el bosque hasta
encontrar el cuerpo.

−Correcto. Como dijiste, cada año es lo mismo. ¿Cuánto tiempo van a ser pacientes los buenos ciudadanos
de Gillette Park?

−¿Te preocupaba la reelección el año que viene?

−Oh, demonios, nadie quiere mi trabajo. Cuando Parker se retiró, tuvieron que obligarme prácticamente a
correr, si recuerdas.

−Eso es porque nadie quería a AJ Sims como sheriff.

Él encontró su mirada y sonrió.−Cuando me retire, será tu turno; tienes lo que se necesita, Mason. No
Brady,−dijo, refiriéndose a su hijo.−Brady también lo sabe.

Le devolvió la sonrisa con cariño, sabiendo que él la consideraba como su propia carne y sangre.−Ya
veremos. ¿Tú tienes ya cuántos? ¿Cincuenta y cuatro? ¿Cincuenta y cinco? Te quedan algunos años
buenos. Creo que tenemos mucho tiempo antes de tener que preocuparnos por eso.

Se reclinó en su silla.−Este trabajo te envejecerá rápido. Quizás tengamos suerte este año. Quizás esta
mujer psíquica tenga éxito y podamos poner esta pesadilla a dormir.

−¿Eso significa que vas a hacer la llamada? ¿Decirle al FBI que la envíe aquí?

−No estoy loco por la idea, pero sí, tenemos que intentar algo; tal vez este sea el año que termine.

Mason estaba a bordo con una psíquica porque,—para ella,—era un último recurso y sentía que no
estaban haciendo nada más que flotar en el agua. Hora de nadar o hundirse. Si no podían resolver esto
con un psíquico, entonces temía que nunca atraparían al asesino en serie. Pero el optimismo de su tío se
vio forzado, al igual que el de ella; la pesadilla había durado demasiado. Y realmente, para ser sincera, no
creía todo el asunto psíquico.

¿Patraña de mierda? Probablemente. Sí, estaba en la escuela secundaria cuando el administrador del
pueblo trajo a una psíquica por las protestas tanto del jefe de policía como del Sheriff Parker. Recordó a la
mujer: bajita, redonda, con bufandas y abalorios. Lo único que logró fue dar algo de publicidad a los
asesinatos. Mala publicidad. El departamento de policía, el departamento del sheriff y el pueblo en su
conjunto parecían un montón de bufones torpes que no podían salir de su camino. Incluso tener al FBI en
el caso no parecía importar.

En realidad, no importaba quién estuviera en el caso. Cada año, como un reloj, los asesinatos comenzaron
a fines de abril o principios de mayo y terminaron en octubre. Todos los años. Y cada año...dos, a veces
tres niños perdían la vida. Nunca hubo menos de dos y en los veintitrés años desde que comenzaron, hubo
más de tres en solo dos ocasiones, 2004,—el año en que se contrató al psíquico,—y 2012.
Lo que causó que matara más durante esos años en particular fue una incógnita. A lo largo de los años, el
FBI había traído perfiladores, tratando de leer sobre el tipo. En los años en que apareció el FBI, eso es.
Un asesinato en abril o mayo y otro en octubre por lo general ya no les llamaba la atención, especialmente
en un caso sin salida como este.

Y ahora, aparentemente, iban a traer a otra psíquica. Suspiró al salir de su oficina. Una psíquica estaba en
camino y Mason esperaba que no se trajera todo el maldito circo al pueblo con ella. ¿Una psíquica?
¿Estaba realmente de acuerdo con eso? Sí. Pero definitivamente mantendría la distancia, como
probablemente la mayoría de los demás en el pueblo.

Gillette Park era un pequeño pueblo en las Montañas Rocosas. Su población había aumentado de unas
manejables cuatro o cinco mil personas a más de quince en la última década. Los que acudían en masa a
la zona eran en su mayoría jóvenes jubilados, todavía lo suficientemente activos como para disfrutar de
las montañas—senderismo, ciclismo, esquí, kayak—o de los técnicos, aquellos que trabajaban desde casa y
podían vivir donde quisieran. El antiguo centro del pueblo,—Old Town,—se había revitalizado con la
afluencia de novatos, y lo habían seguido artistas y cafeterías de moda; difícilmente era el mismo pueblo
adormecido que había sido cuando crecía. Ciertamente diferente por fuera. Sin embargo, una cosa
permaneció igual.

Los asesinatos. Eso nunca cambió.


Capítulo Tres
Su hija estaba inquieta, por lo tanto, estaba inquieta. Lucy finalmente fue hacia ella, deteniendo las manos
mientras dibujaba frenéticamente en un trozo de papel.

−¿Qué es?

Su hija, de diez años, la miró con grandes ojos color avellana; ojos que no estaban ni aquí ni allá. Lucy
conocía bien esa mirada. Solía asustarla.

Primero. Cuando Faith había aprendido a hablar, las cosas que decía a veces la asustaban. Y a veces
todavía lo hacían.

−Alguien viene.

Lucy miró detrás de ellas hacia la puerta solitaria, la puerta con triple cerradura, desde el exterior. Pero
Faith sacudió la cabeza.

−No allí, mamá.

−Entonces, ¿dónde?

−Alguien viene a ayudarnos.

¿Ayudalas? No, no creía que nadie pudiera ayudarlas. Había estado encerrada aquí desde 2009. ¿Quién
iba a ayudarlas? Se alejó de su hija, fue hacia la caja y se sentó. Faith había vuelto a coger el lápiz y había
empezado a dibujar. Lucy miró alrededor de la pequeña habitación que se había convertido tanto en la
celda de la cárcel como en el hogar. Después de que nació Faith, hicieron que la habitación fuera un poco
más cómoda. Habían traído una cama individual, una mesa diminuta. A medida que Faith crecía, Stacy
traía juguetes y luego libros. Lucy la había educado lo mejor que pudo.

Sin embargo, no sabía dónde estaban. Las paredes húmedas y frías indicaban que era el sótano de
alguien. Por lo poco que había aprendido de Stacy, todavía estaban cerca de Gillette Park.

¿Sus padres habían continuado buscándola? ¿O habían resuelto que la habían matado? ¿Uno más
atribuido al asesino en serie? ¿O tal vez pensaron que se había escapado? ¿Su madre lloraba por ella por
la noche?

Fue el gato. Lucy amaba a los gatos. Había estado montando en bicicleta por el sendero junto a School
Road. Fue uno de esos gloriosos días de primavera que insinuaban verano. Dos semanas hasta que
terminaran las clases. Recordó haber pensado que no podía esperar a que llegara el verano.

Entonces, vio al gato. Un atigrado naranja. Estaba en el camino y permaneció allí hasta que ella avanzó
sobre él. Luego, con un movimiento de su cola, se lanzó hacia el bosque. Ni una sola vez consideró no ir
tras él. Dejó su bicicleta en el camino y lo siguió; escuchó el maullido, vio un destello de cola detrás de un
árbol; nuevamente, lo siguió, alejándose más del sendero y School Road. Pero el gato no estaba allí. En
ninguna parte. Dio vueltas en círculos, buscándolo. Un pájaro se posó en la rama de un árbol a su lado. Un
gran pájaro azul. Un arrendajo de Steller. Él ladeó la cabeza, mirándola directamente. Recordó haber
saltado hacia atrás cuando él le gritó, como si protestara por su presencia junto a su árbol.

No recordó mucho después de eso. La agarraron por detrás, una mano grande cubrió su boca antes de
que pudiera gritar. Mientras el arrendajo continuaba regañándola, fue arrastrada más hacia el interior del
bosque, los árboles altos formaban sombras oscuras a su alrededor; no recordaba mucho, no. Recordaba
haber pensado que iba a ser una de ellos. Uno de esos niños pobres que desaparecen cada año;
¿desaparecido? No. Sólo desaparecieron por un tiempo. ¿Ella? Por alguna razón, en cambio, la habían
arrojado a este sótano frío y sucio.

No estuvo sola por mucho tiempo. Cinco o seis días después,—tal vez una semana,—entró un niño. Barry
Shepherd. Lo conocía de la escuela, aunque rara vez le hablaba. Ella era solo una estudiante de primer
año y él y los otros chicos mayores no se habían molestado con ella. Barry estaba muy asustado. Entonces,
llegó el hombre. Era un hombre grande, alto y musculoso. Una barba cubría su rostro y tenía una gorra
sucia en la cabeza.

El hombre la obligó a quitarse la ropa; hizo que Barry se quitara los pantalones.

Cerró los ojos al recordar ese día. Y los siguientes tres días que siguieron. Luego, al cuarto día, Barry no
vino. Nunca lo volvió a ver.

Stacy empezó a venir después de eso. Stacy tenía más o menos su edad. Stacy trajo comida, pero no habló
mucho. Cuando Lucy se dio cuenta de que estaba embarazada, se dirigió a Stacy. Y cuando llegó el
momento de dar a luz, Stacy estaba allí con ella, dos niñas que no tenían ni idea. La naturaleza tiene sus
formas, supuso, porque Faith salió bien.

Sin embargo, Stacy todavía no hablaba mucho. Todos estos años,— diez ahora,—y todavía no hablaba
mucho. Pero les trajo cosas; como un nuevo calendario cada año. Lucy, y ahora Faith, marcaron los días,
uno por uno. Faith no cuestionó por qué estaban allí. Mucho. No conocía nada diferente y Lucy nunca había
encontrado las palabras para decirle la verdad.

No sabía de qué le serviría decirle cómo había terminado aquí. No tiene sentido asustarla.

Se sentía cansada, fatigada. Ella,—y ahora Faith,—se estaban consumiendo en esta pequeña mazmorra sin
un final a la vista. Cada vez más débil físicamente. Podía sentirlo. ¿Y si Stacy no venía un día? ¿Y si nadie
venía a traerles comida? Había otros, lo sabía. A veces escuchaba voces.

Voces de hombres. Y a veces oía gritar a Stacy. A veces, Stacy tenía hematomas. A veces, Stacy había
estado llorando.

−No te preocupes, mamá. Alguien viene a ayudarnos.

Devolvió su atención a su hija, que ahora estaba sentada tranquilamente a la mesa. Lucy se levantó y fue
hacia ella, haciendo una pausa para pasar la mano por los suaves rizos de Faith,—cabello rubio arena,
muy parecido al de Barry Shepherd. Su mirada se desvió hacia el papel y casi jadeó. Faith tenía un don. Si
estuvieran en el mundo real, Faith sería una artista. Sin embargo, todos sus dibujos estaban basados en su
imaginación. Faith nunca había estado fuera de estas cuatro paredes.

−Es un pájaro.

Lucy asintió con la cabeza.−Sí. ¿Cómo...dónde has visto esto? ¿En una de las revistas?

Faith la miró sin pestañear.−En tu mente.

Lucy tragó saliva. Sí, Faith tenía un don.

−¿De qué tipo es, mamá?

−Es un arrendajo de Steller.−Extendió la mano y pasó un dedo por el dibujo.−Eso fue lo último que vi,
−dijo en voz baja, casi para sí misma.

−¿Después del gato?


Lucy miró fijamente, con los ojos muy abiertos. Nunca le había contado a Faith esa historia. Nunca le
había dicho a Faith cómo había venido a estar aquí. Faith nunca había preguntado. Asintió lentamente.
−Sí. Después del gato.
Capítulo Cuatro
−Todo el mundo es bastante agradable, en caso de que te lo estés preguntando.

Grace miró al Agente Kemp mientras los conducía a través de las Montañas Rocosas. No, no se lo había
preguntado. No lo había pensado mucho porque, no, normalmente no eran agradables. Lo que se había
estado preguntando era por qué había aceptado este trabajo. Había oído hablar por primera vez de los
asesinatos de Gillette Park hace dos años, cuando trabajó por última vez con el FBI. Uno de los agentes
del caso había estado en Gillette Park el año anterior y estaba pasando poco más que chismes en ese
momento...la mayoría de los cuales descartó como un rumor, incluso si su curiosidad había despertado.
Aunque no importaba. Entonces se dijo a sí misma que no aceptaría más casos; entonces se dijo a sí
misma que se concentraría en su libro.

Roger Kellogg del FBI la había llamado hacía dos semanas. Le había dicho que no, que no estaba
interesada. Al día siguiente, le entregó un archivo de todos modos. Y una semana después de eso, lo llamó
para aceptar el trabajo. Ahora aquí estaba, sentada junto al Agente Kemp, el agente del FBI que había
trabajado en los asesinatos de Gillette Park el año pasado, en un viaje de ida a las montañas,
comprometido a quedarse durante el verano...o hasta que la echaran del pueblo.

−La oficina del Sheriff tiene jurisdicción,−continuó.−Técnicamente.

Eso se debió a que la mayoría de los cuerpos se habían encontrado fuera de los límites del pueblo en el
bosque. Se habían encontrado un puñado en el parque del pueblo, si su memoria era correcta. Todavía le
costaba creer que en los últimos veintitrés años un asesino en serie se hubiera aprovechado de los jóvenes
pobladores de Gillette Park y nadie se había acercado siquiera a encontrarlo. Hasta donde ella sabía,
nunca había habido una persona de interés.

Miró por la ventana, solo notando distraídamente los árboles que pasaban a toda velocidad mientras él
conducía. Árboles, rocas y montañas: había visto poco de eso. Como de costumbre, estaba perdida dentro
de su propia cabeza. No tenía la costumbre de charlar, pero la Agente Kemp estaba intentando romper el
silencio. Supuso que podría utilizar este tiempo para obtener información sobre el pueblo.

−¿Pasaste el verano pasado allí?

−Sí. Tuvieron dos cuerpos seguidos. Ambos en mayo, con tres semanas de diferencia. El tercer cuerpo fue
en octubre, casi como siempre.

−Al leer el archivo, entiendo que tienen cámaras de vigilancia que rivalizarían con una ciudad importante,
pero nunca se ha visto a este tipo.

−Sí, es como un fantasma. Los residentes del pueblo saben lo que está pasando. En abril, todos se ponen
nerviosos. Para mayo, la gente está completamente nerviosa. Llega octubre, finalmente dan un suspiro de
alivio.

−El departamento del sheriff, el departamento de policía,—¿son competentes? Quiero decir, aquí en
medio de la nada y todo eso.

−Lo suficientemente competente, sí. Tienen unos veinte agentes y probablemente cerca de la misma
cantidad de agentes de policía.

−¿Cuál es su opinión sobre los asesinos, Agente Kemp?

Él se encogió de hombros.−Tal vez sea un hombre de montaña que vive fuera de la red. Hay muchos de
ellos por lo que entiendo.

−El FBI ha enviado...¿qué? ¿Tres o cuatro perfiladores a lo largo de los años? He leído el archivo; han sido
bastante genéricos. Hombre blanco, de veinte a cuarenta años, no juega bien con los demás, es
marginado, etc.

−Sí. Eso es lo que obtienes cuando no hay pruebas y nunca se ve al tipo.


Se giró en su asiento para mirarlo.−¿Alguna vez pensaste que podría ser...algo más?

−¿Como quçe?

−Algo...sobrenatural?

Sus ojos se abrieron un poco, luego se rio nerviosamente.−Ahora, doc., no vayas arrojando cosas por el
estilo. Le dije al Sheriff que eras de fiar. Le dije a su sobrina que eras de fiar. Por lo que sé de ella, no va a
creer nada que no sea...bueno, explicable. Es bastante fácil llevarse bien con ella, pero tiene un poco de
un borde a su a veces. El Sheriff Cooper confía en ella. Pasó varios años con LAPD; adivinando, ella será
tu punto de contacto. Así que no van soltando mierda sobrenatural, doc. Como dije, ella tiene un borde.

−No debería importar. He trabajado con el FBI lo suficiente como para saber acerca de los bordes. Estoy
bastante segura de que puedo manejarla.
−Mason Cooper. Es adjunta. Por lo general, le molesta al FBI, pero nos llevamos bien. Hay un antiguo
antro de un bar donde pasan el rato los lugareños. Bucky. Tuve que comprarle muchas cervezas para que
se relajara. A fines del verano, éramos brotes. (Amigos)

−¿Pero?

−Pero no hice más avances en el caso que nadie antes que yo. No hay nada. Absolutamente nada. Un niño
desaparece. Dos, tres días...a veces, una semana después, se encuentra un cuerpo. Eso es todo.

−Hay un patrón, Agente Kemp. Siempre ha habido un patrón en sus asesinatos.

−Seguro. Pero Gillette Park está rodeado de bosques. Tengo terrenos federales, terrenos estatales,
algunos campamentos propiedad del condado, el parque del pueblo, sin mencionar terrenos privados,
todos intercalados alrededor del pueblo. No ha habido ningún patrón en cuanto a dónde arroja los
cuerpos. Han ejecutado todos los malditos algoritmos conocidos por el hombre y todavía no pueden
encontrar un patrón para eso.−Señaló hacia adelante a su izquierda.−Tengo una gran vista aquí.

La sorprendió al detenerse. La sorprendió aún más cuando salió; con un ligero encogimiento de hombros,
también lo hizo. Respiró hondo, encontrando el aire fresco y dulce, el fragante aroma de los pinos y otras
coníferas flotando alrededor. Miró hacia afuera, encontrando un pueblo en expansión abajo, anidado en un
cuenco entre las montañas. Un cuenco de tres lados, señaló. El cuarto lado se desangró en un valle e
incluso desde arriba, pudo ver que era hacia donde se estaba expandiendo el pueblo. En un momento se
imaginó que era un pintoresco pueblito de montaña. Único.

¿Ahora? Sin duda, las cadenas de restaurantes y tiendas de comestibles se habían abierto camino hasta
aquí. Eso es lo que sucede con la expansión. La gente se siente atraída por lugares como este, lejos del
ajetreo y el bullicio de una gran ciudad, solo para perderse las comodidades. Pronto, esas comodidades
los seguirían aquí y el pequeño y pintoresco pueblo del que se enamoraron quedaría arruinado para
siempre.

−¿Alguna vez pasaste mucho tiempo en las montañas, doc.?

Ella sacudió la cabeza cuando regresaron al vehículo.−Nací en Savannah. Cuando tenía nueve años, mi
madre se casó con un hombre de la marina. Viajé mucho después de eso.

−¿Otros países?

−Algunos sí. Japón. Pasó ocho meses en África. He estado dando vueltas por los Estados Unidos. Dos años
en Hawaii. Ese era mi favorito,−dijo con una sonrisa.−Estaba en bachillerato.−No agregó que lloró hasta
los dientes cuando se fueron. No había querido dejar las islas, no, pero dejar atrás a su primer amor,—
Angelique,—había sido lo más difícil.−Así que no, no he pasado mucho tiempo tierra adentro; ciertamente
es hermoso aquí arriba.

−Espero que hayas empacado para el invierno entonces. Incluso en mayo, una tormenta de nieve tardía
puede acercarse sigilosamente; y una chaqueta...necesitaré una chaqueta por la noche.

−Hice mi investigación del área, así que sí, creo que empaqué adecuadamente.−En otras palabras, había
comprado adecuadamente; su guardarropa normal no era compatible con el invierno.
Volvió a la carretera y los condujo montaña abajo hasta Gillette Park.

El camino estaba bordeado de álamos verdes brillantes, sus nuevas hojas primaverales aún brillantes y
vibrantes. Los abetos y abetos dominaban el paisaje más arriba. De vez en cuando se vislumbraba una
casa en la ladera y, a medida que se acercaban al pueblo, el bosque daba paso a edificios y calles, hogares
y negocios.

−¿Quieres registrarte en el motel primero o ir directamente a la oficina del sheriff?

−Hemos estado en el auto por horas. No me importaría tomar un descanso antes de conocer a todos. A
menos que nos estén esperando, eso es.

−Se supone que debo llamar antes de que nos vayamos, eso es todo.

Podemos instalarnos primero.−Él la miró.−Dije motel,—y hay algunos más nuevos en el valle,—pero
reservé aquí en Old Town, el mismo lugar en el que estuve el año pasado. Te reservé hasta octubre, como
solicitaste. Aspen Resort. Y no dejes que el nombre te engañe. Es cómodo y está cerca de todo, pero el
complejo es un tramo.

El Aspen Resort estaba a dos cuadras de la calle principal...una colección de cuatro edificios, cada uno
con cuatro o cinco suites; árboles altísimos se entremezclaron en todas partes y vio tres bancos
acogedores en lo que parecía ser una especie de patio. Había una pequeña piscina ubicada al lado de la
oficina, y grandes macetas llenas de flores de colores estaban en cada esquina. Un sol brillante llenaba el
aire, pero una brisa fresca le recordó que era principios de mayo en las montañas. Cuando se fue de
Nueva Orleans, ya había sido bastante agradable. Tanto es así que había estado viviendo en pantalones
cortos durante el último mes. Esto ciertamente sería un cambio: las montañas; la mayor parte de su vida
adulta, al igual que su infancia, la había pasado al nivel del mar. Estaba sin aliento en el corto camino a la
oficina.

−Sí...te llevará unos días acostumbrarte a la altitud,−le dijo el Agente Kemp mientras le abría la puerta
obedientemente.−Estamos a ocho mil pies, al menos.

El registro transcurrió sin incidentes y, quince minutos después, abrió la puerta de la que sería su casa
durante el verano. No sabía si fue la casualidad o la mala suerte lo que le consiguió una habitación en el
edificio más cercano a la oficina—y la piscina. Se imaginó que en pleno verano estaría lleno de niños
ruidosos. El Agente Kemp estaba en la suite contigua a la de ella.

Era una habitación grande con una cama tamaño king, un sofá y una silla, una mesa diminuta y una
pequeña cocina completa con una placa calefactora de dos quemadores, microondas y una nevera
pequeña. Dejó sus maletas en la cama, luego fue a la ventana y abrió las cortinas. No era la mejor de las
vistas, pero superó al apartamento que acababa de dejar. Había un espacio verde y árboles, y por encima
del techo del edificio adyacente, pudo vislumbrar la ladera de la montaña.

Bonita, sí. El viaje en coche había sido hermoso, de hecho. Podía ver por qué los turistas acudían en masa
a las montañas, especialmente durante el calor del verano. Sin embargo, su razón de estar aquí no tenía
nada que ver con el clima. Necesitaba el dinero que este pueblo estaba dispuesto a pagar por ella...su
don. Esa no fue la única razón. Tenía cuatro años de investigación exhaustiva por recorrer; tenía un libro
que escribir. Planeaba quedarse hasta octubre, tanto si los conducía al asesino como si no. Siempre que,
por supuesto, no la echaran del pueblo como lo hicieron con la última psíquica que habían contratado.

El dinero y el tiempo,—no, esas tampoco fueron las principales razones. Había intentado leer el archivo
dos veces y, en ambas ocasiones, una garra gigante parecía apretar su pecho, asfixiándola; escuchó una
voz, la voz de un joven que le decía que se mantuviera alejada. La había asustado al principio; no parecía
poder respirar sin sentir dolor. Había tenido que cerrar los ojos, concentrar toda su energía en sí misma,
aspirando aire, llenando sus pulmones, soltándolo una y otra vez. Para cuando el dolor la dejó, se había
derrumbado en un montón de agotamiento, demasiado cansada incluso para llegar a su cama. Se
sorprendió al ver que había perdido casi una hora en su estado semiconsciente.

Había esperado dos días antes de volver a abordar el expediente; cuando sintió que la inquietud
comenzaba, cerró los ojos y se concentró en su respiración, manteniendo lo peor a raya. Lo hizo cinco o
seis veces para revisar todo el archivo. Cuando la cerró, su mente se saturó con los horripilantes detalles
de los asesinatos, volvió a sentir el peso en el pecho, sintió que le quitaban el aire.

No la sorprendió esa vez. Sabía qué hacer. Apenas veintidós minutos después, había estado paseando por
su sala de estar, el archivo ahora se abrió en una página de 2009. Una foto de la escuela de una niña de
catorce años, Lucy Hines, la miró fijamente. Lucy Hines desapareció como todas las demás, pero Lucy,
como la mayoría de las demás, nunca fue encontrada.
Grace no recordaba haber abierto el archivo, no recordaba haber pasado a esa página en particular, pero
seguramente sí. Entonces, escuchó una voz en su mente, una voz de la que estaba segura que no era Lucy
Hines. Fue la voz infantil de una niña la que la invitó a venir a Gillette Park. Le rogaba que viniera;
recordó la voz del joven diciéndole que se mantuviera alejada, pero la voz de esta niña era tan
convincente que había llamado a Roger Kellogg en ese momento, diciendo que aceptaría el caso.

Se llevó una mano al pecho y se frotó ligeramente entre los senos. Sí, había algo maligno en este
pueblo...algo que vivía en las sombras.. solo fuera de la vista. Podía sentirlo. Había algo aquí, sí, pero no
estaba segura de si eso la asustaba o no. No le habían asustado las cosas que veía y oía, no desde que era
niña.

Esa era la verdadera razón por la que había aceptado este caso; lo que sea que viviera en las sombras y se
alimentara de este pueblo no iba a desaparecer por sí solo. Tendría que encontrarlo, exponerlo; incluso
puede que tenga que entrar al lugar donde vivía.

Y esperaba volver a salir. Viva.


Capítulo Cinco
−Mantengan una mente abierta, todos.

Mason le sonrió a su tío, preguntándose si estaba tomando en serio sus propias palabras.−Mi mente está
tan abierta como cualquiera aquí,−dijo, provocando un "Sí, claro" de Brady. Pero lo estaba. Iba a darle
una oportunidad al psíquico, a pesar de las quejas de todos los demás.

Dalton en particular. Pensó que era una "pérdida de tiempo" y

"malditamente desesperado" y se lo decía a cualquiera que quisiera escuchar.

¿Desesperado? Quizás. ¿Una pérdida de tiempo? Bueno, no tenían nada más en qué gastar su tiempo.
Miró a su alrededor, asintiendo con la cabeza a sus dos amigos más cercanos: Brady y Dalton. Brady era
su primo mayor por un año, pero estaban lo suficientemente cerca como para ser hermanos. Ella y Dalton
habían ido a la escuela juntos.

Miró más allá de ellos a los demás. El jefe de policía había traído consigo a dos de sus agentes…Jenkins y
Sheffield. Se llevaba bien con Jenkins, pero Sheffield tenía actitud. Había sido policía en Phoenix y
pensaba que era mejor que todos los demás, especialmente el humilde departamento del sheriff. La
verdad era que, comparado con la mayoría de allí, era mejor.

Sin embargo, el tiempo que pasó en Los Ángeles superó a su Phoenix. En su mayor parte, la dejó sola.

−Y trata de jugar bien,−agregó su padre.−¿Quién sabe? Esto podría funcionar.

Dalton resopló.−¿Una maldita psíquica?−Sacudió la cabeza.−Esto es una pérdida de tiempo y dinero. Sigo
imaginando a una mujer gitana con una bola de cristal.

Mason asintió con la cabeza.−Yo también. Sigo imaginando a esa loca que estaba aquí cuando estábamos
en la escuela secundaria.

−Sí. Ella vino a la escuela para revisar el casillero de Deb Meckel. ¿Recuerdas?

La sonrisa de Mason se desvaneció al igual que la de Dalton. Deb Meckel llevaba un año de retraso en la
escuela. Había desaparecido mientras caminaba a casa después de la práctica de la banda. Tocaba el
clarinete y la policía lo había encontrado junto a la acera de School Road. Extraño, porque no estaba en su
estuche. Según sus amigos, ella había estado llevando su caso,—con el clarinete dentro,—pero había
olvidado algo en la escuela y había regresado. Un libro para el trabajo o algo así: Mason no podía
recordarlo. El estuche del clarinete nunca fue encontrado. Dos días después, el cuerpo de Deb fue
encontrado limpio al otro lado del pueblo, cerca del comienzo del sendero por Gillette Creek. 2004.
Tuvieron cinco asesinatos ese año. Deb fue el segundo.
Un rápido golpe en la puerta de la sala de conferencias—en realidad, la puerta de la sala de descanso que
se dotó como una sala de conferencias—

y Sandy, la recepcionista desde hace mucho tiempo y, a veces, la despachadora, asomó la cabeza.

−El FBI está aquí,− dijo en voz alta.−Agente Kemp y una mujer.

Tío Alan asintió con la cabeza.−Envíalos, Sandy.

En lo que respecta a los agentes del FBI, Scott Kemp estaba bien; amistoso, amistoso, sin la arrogancia y
altivez que seguían a la mayoría de los agentes. Eso fue una ventaja, considerando que había pasado la
mayor parte de seis meses con ellos el año pasado. Por lo que había dicho su tío, fue asignada a ellos
nuevamente este año, pero probablemente no se quedaría por el tiempo, solo el tiempo suficiente para
poner a la psíquica en funcionamiento.

Cuando Kemp entró en la habitación, Mason estuvo a punto de dejar caer la taza de café que había estado
sosteniendo. La mujer que lo seguía no era una gitana baja y redonda con bufanda y cuentas.

−Hola de nuevo, todos,−dijo Scott, tendiéndole la mano para estrechar primero la de su tío y luego la del
jefe Danner. Él miró en su dirección y sonrió.−Masón. Supongo que me debes una cerveza.

Ella sonrió ante eso. Su disparo de despedida el año pasado fue que le compraría una cerveza si tenía la
mala suerte de ser asignada a su caso nuevamente. Los agentes que se filtraron por el pueblo rara vez
volvían a aparecer.

Scott se hizo a un lado, señalando a la mujer detrás de él.−Esta es la Doctora Jennings. Ella es la...bueno,
la mujer...la...

−¿La psíquica que contratamos?−Preguntó su tío, salvando a Scott de decir la palabra que aparentemente
estaba tropezando. Se puso de pie y extendió la mano sobre la mesa, ofreciéndole la mano a la mujer.
Mason se sorprendió de lo amable que era, teniendo en cuenta que no había querido contratarla en
primer lugar.−Doctora Jennings, bienvenido a Gillette Park.
Soy el Sheriff Cooper.

−Gracias.

−Este es el Jefe Danner,−presentó, señalando a su izquierda. Se volvió hacia ellos.−Adjuntos Cooper,


Cooper y Wilcox,−continuó, haciéndolos sonar más como un bufete de abogados que como ayudantes del
sheriff.−Allí abajo están los oficiales Jenkins y Sheffield.

Mason extendió su mano, haciendo un breve contacto visual mientras una mano firme tomaba la de ella.
La Dra. Jennings era un poco más alta que el promedio...cinco-siete, tal vez incluso cinco-ocho: su cabello
castaño claro insinuaba rubio y sus ojos azules eran casi cobalto. Sus cejas eran más oscuras que su
cabello y una desapareció en un flequillo que se extendía de izquierda a derecha. Notó todo eso en los
pocos segundos que le asignaron mientras la Dra. Jennings avanzaba por la línea, estrechando la mano de
todos.

−Encantada de conocerlos a todos.−La Doctora Jennings se sentó en una silla casi directamente frente a
Mason.−¿Quién está a cargo de la investigación?

−¿A cargo? Es un esfuerzo grupal,−dijo su tío mientras él volvía a sentarse.−La jurisdicción se basa en
dónde se encuentra el cuerpo; en todos estos años, nunca nos hemos topado con...bueno, la escena del
crimen.

−He leído a través del archivo, Sheriff. Lo más parecido a un patrón es quiénes son sus víctimas. El más
joven tenía ocho años, el mayor tenía diecinueve. Estoy preguntando lo obvio, por supuesto, pero, ¿todos
los maestros, conserjes, custodios, han sido investigados a fondo?

−Ya hemos investigado a casi todos en todo el maldito pueblo, Doctora Jennings.−Extendió las manos.
−Contratar a...una psíquica es una especie de último recurso loco. Sin ofender, por supuesto.

−No me ofendí.

−Hemos intentado esto antes. Allá por...

−Dos mil cuatro,−le proporcionó.−Entiendo que no salió como lo había planeado.


−Yo era ayudante en el departamento en ese entonces, pero no, fue casi un fiasco. Creo que la mujer
pensó que estaba en algún tipo de reality show o algo así. Tenía a todo el pueblo en armas para cuando se
fue.

−De lo que deduje del archivo, y de la información del FBI, fue expulsada del pueblo.−La Doctora
Jennings sonrió.−Espero no encontrarme con el mismo destino.

−Supongo que depende si planeas hacer una sesión pública en el parque y llamar a Susie Shackle de
entre los muertos o no.

La Doctora Jennings asintió.−Ella fue la primera chica asesinada.−Entonces sonrió de nuevo.−Hablar con
los muertos puede ser muy beneficioso.

−La madre de Susie Shackle no estaba demasiado impresionada,−dijo su tío secamente.−Esta mujer
psíquica era una charlatana en todos los sentidos.

−Lamento que piense eso.

−Mira, ni siquiera voy a fingir que sé cuál es tu juego. Como dije, estamos desesperados y el FBI tenía
algunas cosas buenas que decir sobre ti.

−No hay juego, Sheriff Cooper. Hay varios métodos diferentes que puedo usar para tratar de ayudarte,
pero no es un juego. Me tomo mi trabajo en serio. Espero que tú también lo hagas.

−Te lo agradezco. Solo no queremos ser tomados por tontos otra vez...ya sabes, tomas nuestro dinero y
corres hasta el banco; quiero decir, sé que lo que le estamos pagando no es reembolsable, pero nos
gustaría garantizar que...

−No hay garantías en mi línea de trabajo, Sheriff Cooper. Le dije al FBI que te lo dejara muy claro. Los
métodos que utilizo no siempre funcionan.−Apoyó los codos sobre la mesa.−Te diré esto,—por las
vibraciones que estoy recibiendo,—siento que tendré algo de éxito aquí.

Quizás. Sin embargo, no será sin una pelea.

Mason frunció el ceño. ¿Qué demonios significa eso?

−¿Una pelea?−El jefe Danner respondió a la pregunta que Mason no tenía.

−Mi pelea, no la tuya,−aclaró.


Mason se movió inquieta. ¿Y qué demonios significa eso?

−Me gustaría un recorrido por la zona,−continuó la psíquica.−Tuviste tres asesinatos el año pasado. Si
pudiera ver los sitios donde fueron encontrados, sería útil. Ahí es donde me gustaría comenzar. Me
gustaría visitar los sitios de los últimos años también; ¿Puedes hacer que alguien me ayude?

−¿No quieres comenzar con Donnie Redman? Lo encontraron hace solo dos semanas. Él…

−Me gustaría empezar con el año pasado,−dijo con firmeza.

−Okey. Tú decides, por supuesto.−Miró hacia abajo de la mesa, su mirada se posó en la de ella.−Mason,
¿por qué no haces los honores?

Ella asintió, temiendo aunque lo hubiera esperado.−Por supuesto.

−Me gustaría comenzar temprano en la mañana.−La Doctora Jennings la miró por primera vez.−Voy a
necesitar café.

Mason asintió con la cabeza.−Normalmente paso por Dottie todas las mañanas.

La Doctora Jennings se levantó y apartó la silla.−Bien.−Encontró su mirada y la sostuvo, el tiempo


suficiente para que Mason se sintiera incómoda.−Un panecillo y un café serían un buen comienzo para la
mañana.−Ella cambió.−¿Agente Kemp? ¿Algo más?

−Estoy bien si lo estás.


Asintió con la cabeza hacia él, luego volvió su atención a los demás en la mesa.−Encantada de conocerlos
a todos. No me imagino que habrá necesidad de estas sesiones grupales. Prefiero trabajar un poco más
informalmente y...bueno, fuera del radar.−Sonrió de nuevo,—una sonrisa forzada,—y Mason se encontró
mirando, sin saber qué hacer con esta atractiva mujer que era un poco extraña.−Espero que se sientan
cómodos con eso.

−No me siento cómodo dándote rienda suelta a nuestro pueblo, no.

Asignaré a la Adjunta Cooper,—Mason,—para que sea tu escolta mientras estés aquí. Después de lo que
sucedió la última vez, prefiero que no hagas nada por tu cuenta. Mason te acompañará. También te lo
hará más fácil. No es que hayamos anunciado su presencia. De hecho, nadie lo sabe excepto las personas
en esta habitación.

−Muy bien.−La psíquica se volvió hacia ella una vez más.−Me gusta comenzar temprano. ¿Siete? ¿Pasas a
recogerme? Estamos en el Aspen Resort. Confío en que puedas encontrarme.

Mason asintió con la cabeza.−Lo hare.

Salieron, luego Scott asomó la cabeza hacia adentro.−Mason, aceptaré esa cerveza esta noche. ¿Bucky?

Asintió.−Te veo allí.−Tan pronto como la puerta se cerró, se puso de pie.−Así que eso fue un poco
espeluznante, ¿no te parece?

−¿Cómo?

−¿Cómo demonios sabía ella que tengo un panecillo y un café todas las mañanas?

Brady se rio.−¡Duh, Mason! ¡Porque es psíquica!

−No creo que me vaya a gustar que esté aquí,−ofreció Dalton.−Porque, sí, ese tipo de cosas me asustan.

Brady le dio un empujón en la cadera mientras se paraba a su lado.−Psíquica o no...seguro que es linda.
Tampoco vi un anillo en su dedo. Si no quieres ser su acompañante, Mason, ofreceré mis servicios como
voluntaria.

−Linda o no, ella todavía es un fenómeno,−dijo Dalton.

−¿Qué tal si mantenemos todo esto estrictamente de negocios, eh?−Tío Alan también se levantó.−No
estoy seguro de qué hacer con ella. Esperaba a alguien mayor, eso es seguro.

−Solo espero que no termine como la última vez,−agregó el jefe Danner.−Cuando se corra la voz de que
la hemos contratado, la gente la estará observando en cada movimiento.

−Quizás ella lo sepa. Tal vez por eso le gusta trabajar "fuera del radar"

como lo llamó. Ha hecho esto antes. Estoy segura de que está acostumbrada a ser examinada.

Tío Alan la señaló con el dedo.−Vigílala, Mason. No necesitamos que ocurran acontecimientos locos. Si
ella incluso respira la palabra "sesión," la calmas. En cuanto al resto de ustedes, no hay necesidad de
transmitir que ella está aquí. Me gustaría mantenerlo en silencio todo el tiempo que podamos.
Capítulo Seis
Grace se sentó a la pequeña mesa, con la barbilla apoyada en la palma de su mano mientras veía los
minutos marcando las siete. Decir que había tenido una noche inquieta era quedarse corto. Sus sueños
habían sido vívidos...reales. Al igual que ver una película en avance rápido, había pasado por la historia de
Gillette Park a la velocidad del rayo. Lo había visto todo claramente cuando abrió los ojos por primera vez,
—todavía temblando de miedo,—pero ahora, dos horas después, las imágenes se habían desvanecido. Una
que se quedó con ella, por alguna razón, era un hombre.

Don o John Cooper. Estaba en la cama con una mujer más joven. Una pelirroja. Hubo un fuerte golpe en la
puerta, interrumpiendo a la pareja. En el fondo, una niña de cabello oscuro estaba llorando.

Saltó cuando llamaron a su propia puerta. Se puso de pie y, antes de abrirla, tomó un enfoque más
cauteloso.

−¿Quién es?

−Soy solo yo, doc.

Abrió la puerta y encontró a Scott Kemp cubriéndose la boca con un bostezo. Lo saludó con la cabeza.
−Buenos días, Agente Kemp.

−Buenos días, doc. Sé que se supone que Mason te recogerá en cualquier momento. Voy a hacer una
parada en la tienda de comestibles.

¿Necesitas algo? No sé sobre ti, pero me gusta tomar café casi tan pronto como mis pies caen al suelo.

−Sí, eso sería maravilloso. Adelante.−Se acercó a la bandolera impermeable que siempre llevaba y la
abrió, buscando algo de dinero en uno de los bolsillos laterales.−Es muy amable de su parte, Agente
Kemp. Algo fuerte, por favor. Un tostado oscuro. Algunas bolsas de azúcar también, si no te importa.−Le
entregó el dinero.−Necesitaré recoger algunas cosas yo misma, una vez que me instale. No planeo comer
fuera en cada comida.

−Confío en que cenaste anoche.

−Sí. Tenías razón. La pizza es lo único que se entrega en este pueblo. ¿Qué pasa contigo?

−Visité a Mason para tomar una cerveza en Bucky. Tienen un menú bastante decente. Comida de bar,
pero lo suficientemente bueno. A poca distancia también.

−Lo tendré en mente.−Otro golpe en la puerta señaló a la Oficial Cooper, sin duda.−Mi transporte, me
imagino.

−¿Seguro que no quieres que te acompañe?−Preguntó.

−Trabajo mejor sola, pero gracias por la oferta.−Hizo una pausa. ¿Te hizo preguntas anoche?

Él rió.−Bastantes, sí, pero no sé mucho sobre ti, así que no fui de mucha ayuda. Sin embargo, fue lo del
panecillo y el café lo que la atrapó.

Se encogió de hombros. Había tenido una imagen de la Oficial Cooper sentada en una mesa, una esquina,
—bebiendo café y comiendo un panecillo.

−De arándano es su favorito. Extiende eso sobre ella si quieres asustarla por completo.

Estaba sonriendo cuando abrió la puerta, encontrando a la Oficial Cooper apoyada contra la jamba, una
mano descansando casualmente en la culata de su arma. Estaba vestida igual que ayer: camisa beige del
departamento del sheriff, jeans y botas, un cinturón,—un cinturón de trabajo Sam Browne que creía que
los llamaban,—con funda y pistola, una pequeña linterna, esposas y un bote...spray de pimienta, tal vez.
Su cabello era oscuro, casi negro, y cuando se encontró con su mirada, supo que Mason Cooper era la
niña en su sueño que había estado llorando. El hombre había sido su padre.

−Buenos días, Oficial Cooper.

−Doctora Jennings.−La mirada de Mason pasó junto a ella.−Scott.

Fue solo entonces que Grace se dio cuenta de cómo debía verse; aquí estaba, ni siquiera las siete de la
mañana, y el Agente Kemp estaba en su habitación como si acabara de despertarse. Debe haber pensado
lo mismo mientras se apresuraba, levantando su mano con el dinero en efectivo.

−Corriendo por café y suministros,−explicó rápidamente.−Si surge algo hoy, quiero mantenerme
informado. Tengo que justificar mi presencia aquí, ya sabes.

La Oficial Cooper asintió.−Lo tienes.−Levantó una ceja hacia ella.−¿Lista?


Grace regresó a buscar su bolso, luego lo abrió, verificando dos veces para asegurarse de que había
puesto su bloc de notas,—el cual tenía. Puso su mano al costado, buscando ciegamente otro bolsillo,
buscando la grabadora digital. No la usaba a menudo, pero a veces era útil. Con un movimiento de
cabeza, se echó la bolsa al cuello y al hombro y siguió a la Oficial Cooper afuera.

El viaje a Dottie fue una locura en completo silencio y Grace aprovechó la oportunidad para estudiar a
Mason Cooper. De principios a mediados de los años treinta, tal vez. Había la más mínima de las líneas de
risa alrededor de sus ojos. Su cabello era más corto en la adelante que atrás; parecía grueso, separado
justo en el centro con algunos mechones que ocultaban su frente. Parecía segura, confiada;
probablemente confiaba en que ella no creía,—y no creería, —nada de lo que Grace dijera. Parecía distante
esta mañana. O tal vez solo estaba siendo cuidadosa.

−No estás loca por mi presencia aquí.

Fue más una declaración que una pregunta. Ella sabía la respuesta. La Oficial Cooper la miró
rápidamente y luego volvió su atención a la carretera.

Viajaban en una camioneta, un Ford F-150 que había sido personalizada para el departamento del sheriff.
Una pantalla de malla de alambre separaba el asiento delantero del respaldo, y su rodilla estaba apoyada
contra el cañón de una escopeta que estaba en una especie de estante de sujeción. La radio parecía un
tipo anticuado, completo con un cable largo y rizado. Por supuesto, tal vez eso es lo que todavía eran las
radios de la policía. No recordaba haber estado sentada en una patrulla policial antes.

Se detuvieron a la derecha, aparcando en ángulo a lo largo de la calle, unos pocos espacios más abajo del
Dottie Café. Parecía haber una pequeña multitud de desayuno ya.

−No tengo ningún problema con que estés aquí,−dijo finalmente el Oficial Cooper.−En realidad, yo estaba
de acuerdo con el contrato. Sin embargo, cuánto de estas cosas psíquicas creo que aún está en debate.

−¿Está en discusión? ¿O ya te has decidido?

−Nada más funciona.−Apagó el motor.−Necesitábamos hacer algo, Doctora Jennings, incluso si es algo
tan drástico—y loco—como esto.

Estaba afuera y la puerta se cerró de golpe antes de que Grace pudiera abrir la suya. Entonces, Mason
Cooper estaba a bordo, pero no era una fanática. Eso no fue impactante. Los creyentes eran pocos y
distantes entre sí, eso es seguro. Hasta que lo vieron por sí mismos, eso es. La energía en este pueblo era
muy alta. No tenía ninguna duda de que la ayudante experimentaría algo en poco tiempo.

La Oficial Cooper mantuvo la puerta del café abierta para ella y Grace entró, solo prestando atención
superficial a los otros clientes allí, sus conversaciones pasaron a un segundo plano tan rápido como el
sonido del timbre cuando Mason abrió la puerta. Miró a su alrededor y vio varias mesas vacías. Las
estudió por un segundo, luego se trasladó con confianza a la última, contra la pared del fondo. Se giró
hacia Cooper.

−Este es tu reservado, ¿no? Creo que normalmente te sientas de este lado,−dijo, señalando el asiento de
la pared. Se sentó enfrente, notando que la única reacción que dio la ayudante fue un ligero movimiento
de su ceja derecha.

Una camarera se apresuró.−Buenos días, Mason.

−Buenos días, Helen.

Se colocaron dos tazas delante de ellas, y la camarera llenó expertamente cada taza dentro de una
pulgada de la parte superior.

−¿Quién es tu amiga?−Preguntó sin rodeos.

Grace y Mason se miraron, ambas con preguntas en los ojos. Eso era algo que deberían haber cuadrado
primero. Por lo que el Sheriff Cooper había dicho ayer, no estaban listas para avisar a la gente del pueblo
que habían contratado a una psíquica.

−Ella es...ella es una…

−Soy escritora.−Eso no era una mentira, ¿verdad?−Tienes toda una historia aquí.

La sonrisa fácil de la mujer se convirtió en un ceño fruncido.−¿Historia? Esa es una buena manera de
decirlo, supongo; hemos tenido personas que vinieron antes para escribir sobre nosotros. Alguna vez
alguien vino desde la ciudad de Nueva York; nunca sale nada de eso. ¿Lo hace, Mason?

−Solo le estoy mostrando todo, Helen. Como cortesía.


Helen asintió, descartando sus palabras.−Quieres lo de siempre, supongo. ¿Y usted, señora?

−Grace, por favor. Y supongo que también tendré un panecillo de arándanos.

Tan pronto como Helen se alejó, Mason Cooper se inclinó más cerca, golpeando su dedo sobre la mesa.
−Okey, Doctora Jennings...¿qué juego estás jugando aquí?

−¿Qué cosa?−Preguntó, esperando lograr mantener su expresión neutral.

−Esto,−Mason dijo, señalando entre ellas.−Esto que estás haciendo.

Como saber en qué puesto me siento, que normalmente pido un panecillo de arándanos.−Se reclinó de
nuevo.−¡No creo que te quiera dentro de mi maldita cabeza!−Dijo tan fuerte como pudo mientras aún
mantenía un susurro.

Ante eso, Grace sonrió.−¿En tu cabeza? Dijiste antes que no creías en estas cosas psíquicas.

−Sí. Y no lo hago. Entonces, ¿quién te lo dijo?−Todos saben que aquí es donde me siento. ¿Quién te lo
dijo? ¿Quién te dijo que me dan el panecillo de arándanos la mayoría de las mañanas?

−Deberías relajarte, Oficial Cooper. Tal vez fue una suposición afortunada.−Sonrió ampliamente.−Tengo
cosas más importantes que hacer que meterme en tu maldita cabeza,−dijo, repitiéndole las palabras de
Mason.

La camarera,—Helen,—regresó con dos platos, cada uno con un panecillo de arándanos absolutamente
enorme. Helen debe haber visto su expresión porque se rió.

−Sí...no es un pequeño panecillo del tamaño de una ciudad. Esa cosa te durará hasta el almuerzo.

−Gracias, Helen,−dijo Mason, ya recogiendo el suyo y mordiéndola.

−Estaré cerca con más café en un momento. ¿Pongo esto en tu cuenta?

−Oh, no,−dijo Grace.–Yo…

−Sí, en mi cuenta. Gracias.

−Eso no es necesario, Oficial Cooper,−protestó.

−Es Mason, y unos pocos dólares no me quebraran.−Hizo un gesto hacia el panecillo.−Pruébalo ya.

Grace miró el tenedor que estaba al lado de los panecillos. Mason estaba usando sus dedos, no el tenedor.
La verdad era que no estaba realmente loca por los panecillos. No estaba realmente loca por las cosas
dulces para el desayuno. Todo lo que hizo por fue matar el sabor del café.

Entonces, ¿por qué lo ordenaste?

Sí, solo para agitar a Mason Cooper, de verdad. Fueron esos inflexibles no creyentes con los que se
divirtió más. Suspiró y tomó el panecillo, notando que Mason ya estaba a la mitad del suyo.

Le dio un mordisco. Estaba tibio, suave y cremoso, los arándanos se mezclaban con… ¿chocolate? Oh mi
Dios. Cerró los ojos mientras masticaba, saboreando el rico sabor. Fue una bondad pegajosa y casi gimió.
De acuerdo, no casi. Gimió.

−Toda dispuesta a que no te guste, ¿eh?

Grace dejó el panecillo, lamiendo la comisura de su boca con la lengua.−Soy más como un desayuno
sabroso, no dulce.

−¿Pero? ¿El chocolate te empujó al borde?

−¿Al borde?−Volvió a mirar el panecillo y vio el chocolate derretido rezumando por un lado.
Prácticamente podía saborear la rica dulzura en su boca.

−Sí. A Helen le gusta decir que es orgásmico. No sé sobre eso, pero es bastante bueno.

Esta vez, Grace usó su tenedor, y esta vez, estaba preparada para el chocolate. Esperaba que su rostro
fuera menos orgásmico que la primera vez. Lo cual fue gracioso, ¿no? La última vez que había tenido un
verdadero orgasmo en el que se doblaban los dedos de los pies, tenía diecisiete años.
Eso por sí solo fue lo suficientemente deprimente como para hacer que volviera a dejar el panecillo.

−Entonces, ¿leíste el archivo? Tuvimos dos niñas desaparecidas en mayo del año pasado. Fueron
encontradas en lados completamente opuestos del pueblo. La tercera,—en octubre,—fue encontrada en el
parque, debajo de los columpios. Ella tenía nueve años.

Grace asintió con la cabeza.−He leído el archivo. Es bastante largo. El parque tiene cámaras de vigilancia,
¿verdad?

−Sí. En cada maldito rincón. Era una noche de tormenta, nevadas tempranas. También hay luces de
seguridad alrededor del parque; tenía un montón de ellos salir esa noche. Todo lo que tenemos en cámara
es un montón de sombras.

Asintió.−Las luces volvieron a funcionar la noche siguiente.

Mason parecía sorprendida de que ella lo supiera.−Sí, lo hicieron.

Suponemos que usó un foco o un láser o algo para disparar los sensores.

−No...no creo que fuera eso,−dijo en voz baja, buscando la imagen, pero bailaba fuera de su alcance.−Era
algo más.−Mason la estaba mirando y ella le ofreció una sonrisa rápida.−Lo siento. Si usara un foco o
incluso un láser, otra cámara lo habría captado, ¿no crees?

−Scott y yo debemos haber mirado la alimentación mil veces; hay diez cámaras en el parque. Tenemos
todos los ángulos cubiertos; ninguna de las cámaras captó nada. Nada. Ni siquiera un conejo saltando o la
manada de ciervos moviéndose. Nada.

Porque los animales lo habrían sabido, pensó. Habrían sentido...algo.

Algo maligno. Algo...en las sombras. Se movía como un gato… rápido. Eso...

−¿Doctora Jennings?

Parpadeó al escuchar su nombre, enfocándose en Mason Cooper nuevamente.−Grace. Me llamo Grace.

−¿Estás bien?

−Sí, estoy bien. Tenía una imagen de algo...pero...bueno, ya no está.

−Sí, okey. Mira, no solo estás haciendo esto para asustarme, ¿verdad?

−¿Te asustaste? ¿Cómo puedes asustarte por algo en lo que no crees?

Mason tomó un sorbo de su café y asintió.−Correcto.

Grace sonrió.−Soy una charlatana, ¿recuerdas?

Mason también esbozó una sonrisa.−Dijiste que no lo eras.

−No, nunca dije eso.−Apartó el panecillo y tomó su café en su lugar.−En 2004, hubo cinco asesinatos.
¿Por qué crees que son tantos?

−¿Quién sabe?

−Hubo otro año...2011, ¿tal vez? También hubo cinco.

−Fue 2012.

−Cierto. ¿Hubo algo raro ese año?

−¿Raro?

−En 2004, tuviste una psíquica aquí. ¿Qué pasó en 2012?

Mason sacudió la cabeza.−No creo nada. Yo no estaba aquí entonces.


−¿Oh? Tenía la impresión de que esta era tu casa.

−Sí...nací y crecí aquí. Me mudé cuando tenía dieciocho años; volvió hace cinco años.

Grace la estudió, sin querer entrometerse en su ámbito personal, pero...−El sheriff, no es tu padre.−Por
supuesto, ya lo sabía. El Agente Kemp había dicho que era su tío.

−No.

La respuesta de Mason fue corta, cortante. Grace dejó su taza de café y luego juntó las manos.−Tu padre
ya no está en la foto.−Ladeó la cabeza.−Tu madre...−Se detuvo. No era asunto suyo y ciertamente no
pertenecía al caso, pero podía verlo tan claro como el día.

−¿Mi madre qué?

Grace se encontró con su mirada.−No soy una impostora.

−¿Mi madre qué?

−Tu madre bebe mucho para aliviar su soledad. Ahora está enferma.

Por eso volviste.−Ella ladeó la cabeza.−No. Ésa es la excusa que usaste para volver.

Mason continuó mirándola, sin parpadear.−Podrías haberlo descubierto haciendo un poco de


investigación. No es nada secreto.

−Pero no lo hice.−Deslizó su taza de café junto a su panecillo sin comer.−Deberíamos irnos.−Hizo una
pausa.−Me disculpo. No debería haber entrado en tus asuntos privados.

Mason se inclinó hacia delante, su voz baja.−Mira, ¿qué estás haciendo?

−¿Disculpa?

−¿Estás como…dentro de mi cabeza? ¿Leyendo mis pensamientos?

¿Leyendo mi mente?

Grace sonrió, bastante segura de que era una sonrisa de suficiencia a pesar de que trató de no dejarlo ser.
−No cree en eso, Oficial Cooper.

¿Recuerda?−Sonrió más ampliamente.−¿Una telépata?−Soltó una risa rápida.−¿ Ahora quién hace eso?

−Así que ahora solo estás jugando conmigo.

Grace suspiró.−No soy una telépata.−Eso no era del todo cierto, pero ciertamente no era su especialidad.
La verdad era que odiaba hurgar en los pensamientos de la gente. Salió del reservado.−¿Podemos ir, por
favor? Me gustaría empezar.

Mason también ofreció un suspiro y luego asintió. Grace caminó delante de ella, consciente de los ojos
curiosos sobre ella.
Capítulo Siete
Mason mantuvo su mirada fija en el camino, su mente dando vueltas.

Sí, la mujer podría haber descubierto esas cosas...son los chismes del pueblo.

Pero ella solo había estado en el pueblo un día; menos de un día. Incluso Scott no sabía sobre
el...problema de su madre.

−Me disculpo.

Mason levantó la mano.−Deja de decir eso.

−No me estás hablando.


−¿Cómo supiste de mi madre?−Oyó a la Doctora Jennings, Grace, soltar un profundo suspiro.

−Yo...ya veo...cosas. Imágenes.

−¿Ese es tu juego? ¿Ves cosas?

−Una vez más...no es un juego, Oficial Cooper.

−Lo que sea.

−Si te hace sentir mejor, no sabía que tu panecillo de elección era el arándano. El Agente Kemp me lo
dijo.
Mason dejó escapar el aliento.- Imagínatelo.- La miró rápidamente.−Dime cómo funciona esto

−¿Qué quieres decir?

−Quiero decir, te llevo a los sitios donde encontramos los cuerpos. ¿Y qué?

−Entonces yo...espero y escucho.

−¿Escuchas?

De nuevo, otro suspiro.−¿Qué es lo que estás preguntando?

−Solo quiero saber qué demonios esperar, eso es todo.

−Eres bienvenida a esperar en la camioneta. De hecho, eso podría ser lo mejor.

Mason quería estar de acuerdo con eso. No quería estar cerca si iba a llamar a los espíritus o lo que fuera
que hiciera. Sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco. No. Ella no creía en esa mierda. Realmente no
sabía qué esperaba de la psíquica. Bueno, por un lado, no esperaba que fuera tan joven, tan normal... tan
atractiva. Había estado esperando a la loca gitana de su infancia. Estaba preparada para eso. No estaba
preparada para la Dra. Grace Jennings. Ciertamente, no estaba preparada para ser tan cercana y personal
con una maldita psíquica.

Giró en School Road, notando lo desarrollado que estaba ahora.−Solía tomar esta ruta a la escuela cada
día,−dijo, señalando el sendero para bicicletas.−Vivíamos un par de cuadras más arriba. Aquí no había
nada más que la escuela. Cuando el pueblo se expandió, esta fue la única dirección que pudo tomar.

−El parque al que todos ustedes se refieren,—¿es parte de la escuela?

−Es un parque del pueblo, pero sí, lo suficientemente cerca como para caminar desde la escuela. Bonito
parque ahora. Cuando era niña, no era mucho más que un viejo campo de juego y un patio de recreo. El
resto era bosque. Ya está arreglado. Más como un cinturón verde en algunos puntos.

Hay un arroyo que lo atraviesa. Boulder Creek; solíamos llamarlo Rock Creek cuando éramos niños,−dijo,
los viejos recuerdos hicieron que se formara una sonrisa.

−Entonces, ¿el parque todavía está arbolado?

−En algunos lugares, sí. Hay un par de estadios: béisbol y fútbol, un campo de sóftbol, un patio de recreo,
y también un pequeño parque de patinaje. Área de picnic. El arroyo es lo suficientemente grande para
pescar.

Este sendero para bicicletas pasa por la escuela y ahora entra en el parque.
También hay rutas de senderismo en el parque que se encuentran con algunas rutas establecidas en el
bosque. Ah, y hace unos años se agregó un parque para perros cercado.

−¿Qué tan grande es el parque? Superficie, quiero decir.

−No estoy segura. Más de cien, supongo.

−Sin embargo, ¿tienes cámaras en todos los puntos?

−Bueno, obviamente no en todos los puntos, no. Los estadios de béisbol, el patio de recreo, la zona de
skate, las mesas de picnic...todo eso está cubierto. Tengo cámaras en partes de la ruta de senderismo; la
parte trasera está prácticamente a oscuras. La mayoría de las rutas de senderismo se encuentran en un
bosque sin desarrollar, aparte del sendero para caminar y andar en bicicleta que atraviesa el parque y los
campos.

−¿Dónde desaparecen la mayoría de los niños?

−Diferentes lugares. Escuela...yendo o viniendo. El parque también.

Algunos solo se desvanecen en el aire. En un minuto se suben al autobús escolar y luego se van. Una vez,
creo que fue Amber Peterson, desapareció mientras compraba con su madre en el supermercado. Eso fue
en 2017.

−¿Qué mostró la cámara de vigilancia?

−Hay un punto ciego en el pasillo de los cereales...eso es lo que mostró.−Levantó una mano.−Y sí, un
empleado de la tienda se habría enterado del punto ciego y los interrogamos hasta el último de ellos,
incluida la Sra. Winkerman.

−¿Y quién es la señora Winkerman?

−Tiene ochenta y un años y trabaja en la panadería. El caso es que Amber desapareció de la cámara y
nunca volvió a aparecer.−Redujo la velocidad mientras se acercaba al parque. El cartel sobre la entrada
estaba recién pintado: PARQUE DE LA CIUDAD DE GILLETTE PARK.

−Nombre original.

Mason asintió con la cabeza.−Sí lo es. Todos lo llaman El Parque, como si ese fuera el nombre formal.−La
miró.−¿De verdad estás escribiendo un libro?

−Yo soy. O...planeo hacerlo. He pasado los últimos años investigando.

−¿Investigación como la que estás haciendo aquí?−Adivinó.

−Sí. Sin embargo, no siempre implica asesinatos, Mason. Han pasado dos años desde que trabajé con el
FBI en un caso.

Se detuvo en el área de estacionamiento cerca del patio de recreo. Era una mañana fresca y radiante con
un sol, pero el patio estaba vacío. Giró la muñeca y miró su reloj. Las ocho menos cuarto; supuso que
todavía era un poco temprano.

−Te mostrare…

−Lo encontraré,−dijo Grace rápidamente.−Si pudieras darme unos momentos, por favor.

−Probablemente debería ir contigo. Puede que tengas preguntas.

Grace sonrió y salió.−Te lo haré saber si lo hago.

Mason ladeo su cabeza hacia los columpios. Se quitó el cinturón de seguridad y se movió en el asiento, su
mirada viajó más allá de la sudadera con capucha y los jeans de Grace hasta lo que parecían botas de
montaña nuevas. La verdad era que la Dra. Grace Jennings la asustó un poco. Si la conociera de pasada,
diría que era perfectamente normal; en cuanto a la apariencia, estaba en el lado correcto de atractiva.
Tenía una sonrisa agradable. Serios ojos azules, sí, pero su sonrisa podía atenuar un poco la intensidad.
Ella era...bueno, linda. Bonita. Ni siquiera cerca de gorda, pero tampoco tan condenadamente delgada;
pero luego hablas con ella durante unos minutos y...ella ve cosas; Mason negó con la cabeza. Eso era solo
demasiado extraño para que ella lo comprendiera.
Había tres juegos de columpios, cada uno con cuatro columpios asegurados con cadenas. El viento
soplaba del oeste, haciendo que columpios se balancearan suavemente. Grace Jennings caminó
lentamente, haciendo una pausa en el segundo set, pero su atención estaba en el tercero.

La mirada de Mason fue al tercer columpio del tercer set. Podía imaginarse el cuerpo...Melissa Higgins,
de nueve años; había estado debajo del columpio, boca abajo, con los brazos cruzados debajo de ella, las
piernas abiertas, un pie apuntando hacia adentro en un ángulo extraño. Llevaba desaparecida tres días.
Como muchos otros a lo largo de los años, nunca regresó de la escuela.

El columpio se movió y Mason frunció el ceño. No fue el viento; todos los demás seguían con el mismo
movimiento suave. ¿Éste? Se movió hacia adelante al principio, luego hacia atrás...luego se balanceó más
alto, como si alguien...bueno, como si un jinete fantasma lo estuviera elevando más y más, de adelante
hacia atrás, ganando altura en cada golpe. Podía sentir su corazón latiendo rápidamente, podía sentir su
respiración acelerada, sabía que sus ojos estaban muy abiertos y mirando. Tenía una mano en la manija de
la puerta, pero no sabía por qué. ¿Estaba planeando salir corriendo?

Oh diablos, no.

La Doctora Jennings se estaba acercando al columpio ahora, con los brazos sueltos a su lado. Su mirada
parecía seguir el movimiento del columpio, hacia adelante y hacia atrás, en lo alto frente a ella, luego
hacia atrás y hacia atrás. Mason abrió mucho los ojos y agarró la manija de la puerta con más fuerza.

−¿Con quién demonios está hablando?−Susurró. Sus ojos se abrieron aún más cuando Grace extendió los
brazos, con las palmas levantadas, como si suplicara a alguien.−Oh, hombre,−gimió.

Abrió la puerta, obligándose a salir. Sentía los pies como si estuvieran atascados en el cemento mientras
caminaba hacia Grace; Grace tenía la mirada fija en el columpio, pero por el movimiento de su cabeza
supo que la había oído acercarse. Mason se quedó quieta, observando cómo el columpio disminuía y luego
se detuvo por completo. Después de unos segundos, el columpio no hizo más que balancearse suavemente
con la brisa y los hombros de Grace se relajaron mientras dejaba escapar un profundo suspiro.

Se formó una docena de preguntas, y Mason abrió la boca para preguntarlas, luego la cerró con la misma
rapidez. Realmente no quería saber las respuestas. ¿No?

−Ella se ha ido.

Mason tragó saliva.−Ella...¿ella quién?

Grace se giró hacia ella y descartó la pregunta con un movimiento de sus ojos. Okey. Supuso que era una
pregunta estúpida; tragó de nuevo.

−Está bien, entonces estás diciendo que...Melissa Higgins estaba...estaba...

−Missy. Sus amigos la llamaban Missy.

Mason sostuvo su mirada.−Esto está empezando a asustarme.

−Te dije que te quedaras en la camioneta. De hecho, insistiré en eso la próxima vez.

Con eso, Grace Jennings se dirigió en esa dirección, dejando a Mason parada allí,—sola,—junto al
columpio que, hace unos minutos, había sido enviado al cielo por...un jinete fantasma. Se dio la vuelta y
salió corriendo a toda velocidad hacia su camioneta.
Capítulo Ocho
−Gillette Park. ¿Por qué el nombre?

−Parque, no como el parque del que acabamos de llegar. En las montañas, un valle alto se conoce como
un parque. Y Gillette era el nombre de una mina de oro que puso al pueblo en el mapa hace mucho
tiempo.
Grace se giró en su asiento y observó cómo Mason las conducía a través del pueblo hacia el área donde se
encontró el segundo cuerpo; había estado bastante callada desde que dejaron el parque. Sabía que Mason
debía tener preguntas que estaban a punto de salir a la luz, pero permaneció callada, con ambas manos
agarrando el volante quizás con demasiada fuerza.

−Pregunta.

Mason se volvió.−¿Preguntar qué?−Ante la mirada que Grace le dirigió, Mason sonrió.−¿Qué? ¿Pregunta
estúpida?

−O...¿no quieres saber?

−¿Es una suposición o me estás leyendo?

−Te lo dije, no leo mentes.−Mucho, añadió en silencio para sí misma.

−Okey...¿entonces estabas...hablando con ella?

−No. Bueno, estaba hablando, sí, pero ella realmente no estaba respondiendo. Tiene miedo.−Observó a
Mason tragar visiblemente.

−Entonces...ella estaba...¿en el columpio?

Grace sonrió ante eso. Por supuesto, eso sería todo lo que Mason vería...un columpio volando
salvajemente en el aire sin un jinete.

−Tendré que volver. Sola. Creo que si ella confía en mí, volverá; tal vez hablar.

Mason levantó una mano.−¿Cómo puedes decir algo así como si fuera perfectamente normal?−Golpeó el
volante.−¡Jesús! ¿Y quieres hacerlo sola?

−¿Qué? ¿Me vas a proteger?

−Oh. Entonces, ¿ahora estás siendo graciosa?

−Lo que no entiendes es que esto es normal para mí. Veo...cosas; veo imágenes. Escucho voces.
Veo...gente. Gente muerta.

−¡Dios bueno! ¡Esto no está ayudando!

Grace estuvo a punto de reírse al ver la cara de Mason.−Estaba tratando de tranquilizar tu mente.

−Bueno, me estás volviendo loca en el proceso. Quiero decir, ¡vi el maldito columpio!

−Sí. Ella estaba en el columpio.

−Oh, hombre,−gimió Mason.−Dejemos de hablar de eso. Mi cabeza va a explotar.

Donde el pueblo parecía desaparecer en la ladera de la montaña, Mason tomó un pequeño camino de
tierra que se cortaba en el bosque; el camino era tan estrecho que se preguntó qué harían si se
encontraran con otro vehículo. Sin embargo, no había necesidad de preocuparse. Cruzaron un riachuelo o
un río o algo en un puente de un carril, luego Mason entró en un claro. Había dos camionetas
estacionados allí y ella se detuvo junto a ellas.

−Este es Gillette Creek,−explicó Mason.−Fluye por el pueblo en partes. Este es un comienzo de sendero.
El arroyo forma tres cascadas en su descenso de las montañas.−Salió y Grace hizo lo mismo.−Caminata
larga, sin embargo, si quieres embolsar las tres caídas. La primera es sólo un poco más de una milla. Te
esperan ocho millas para llegar al tercero.

Grace la miró fijamente.−¿Estás diciendo que vamos a hacer una caminata?

Mason sacudió la cabeza.−Aaron Stills. Dieciséis. Su cuerpo fue encontrado a unos cien metros del
camino.

Grace levantó la mano.−Guíame a través de esto. Alguien se pierde. Si es un niño o un...una persona
joven, ¿asumen automáticamente lo peor?

−Un pueblo de este tamaño, la gente no se pierde. Así que sí. Un padre llama, asumimos lo peor. También
lo hace el padre.
Siguió a Mason mientras se dirigían por el sendero.−Pero no asumes que están muertos, ¿verdad? Quiero
decir, intentas encontrarlos, investigas la desaparición, ¿no?

Mason se detuvo y se volvió.−Por supuesto. Comprobamos la vigilancia, entrevistamos quién los vio por
última vez. Seguimos el libro; sin embargo, nunca hay nada. Nunca.

−Los asesinatos comenzaron en...¿qué? ¿1997?

−Sí.

−¿Tenías cuántos años?

−Diez. Susie Shackle.

−Oh sí. Con la que tu psíquica intentó hablar. ¿La conocías?

−¿Susie? Sí. Vivía en el barrio. Caminamos juntas a la escuela; jugamos juntas.

−Cuando sucedió, ¿entendiste lo que realmente sucedió?

−No. Solo sabía que todos estaban asustados. Mi madre. Mi...mi padre; era el ayudante del sheriff en ese
momento.

Grace vio que se le endurecían los hombros ante sus palabras, pero no dio otra indicación de que hablar
de su padre la inquietara. En realidad, Grace sabía que sí. Cambió de rumbo con sus preguntas.

−¿Fuiste a la policía por él o tu tío?

Mason se dio la vuelta y la miró.−¿Cómo sabes que es mi tío?

Grace sonrió.−Scott me lo dijo.−Se detuvo.−Y vamos a necesitar reducir la velocidad. Vine aquí desde el
nivel del mar,−dijo entre respiraciones.

Mason se detuvo y se apoyó contra un árbol.−¿De dónde?

−Nueva Orleans.

−¿Es casa?

−¿Casa?−Miró más allá de Mason, sólo que ahora vio que estaban en el borde de una cresta rocosa, una
vista de un cañón—y el arroyo—que se extendía más allá de ellas. Miró por encima de su cabeza, los
árboles altos,—

pinos y abetos y cosas por el estilo,—que se elevaban hacia el cielo azul.

Siempre estaba tan concentrada en lo que estaba en su mente, su cabeza...lo que estaba "viendo"...que a
menudo perdía de vista lo que estaba justo frente a ella. La belleza la rodeaba y ni siquiera se había dado
cuenta. Volvió a mirar a Mason y negó con la cabeza.−No en realidad no. Mi madre...bueno, era una
madre soltera; cuando se casó, fue con un tipo de la marina, así que nos mudamos mucho; realmente no
tengo un hogar. Vivíamos por todos lados.

−¿Tipo de la marina? ¿No padrastro?

Grace se encogió de hombros.−Oh, él estaba bien. Pero luego tuvieron tres hijos propios, así que...

−¿Entonces? ¿Así que te convertiste en qué? ¿La olvidada?

−Yo era invisible, sí.−Le dio una rápida sonrisa.−Además, yo era un poco diferente a otros niños.−Su
sonrisa desapareció al recordar la larga conversación que habían tenido. Si no dejaba de inventar
historias sobre

"ver" y "oír" cosas, la iban a llevar a un médico por gente "loca".

−¿Qué?

−Nada. Deberíamos irnos−dijo bruscamente, pasando junto a Mason por el sendero.

Sí, ella era invisible para su madre, ciertamente invisible para Rich. Se dedujo que se hizo invisible para
sus hermanastros y su hermana también.

Tenía casi once años cuando nació Todd. Stevie lo siguió dieciocho meses después, y cuando tenía catorce
años, Stephanie los honró con su presencia.

Stephanie era una niña hermosa,—encantadora y risueña. No pasó mucho tiempo para que toda la casa se
enamorara de ella. Para entonces, Grace ya se había convertido en la olvidada y, cuando Stephanie creció,
pareció encogerse.

Recordó estar aterrorizada por su supuesto don y no tener a nadie con quien hablar. Su madre pensó que
había perdido la cabeza; Rich quería que la internaran. Había aprendido a mantener todo dentro,
escondido, tan asustada de que tuvieran razón, de que estaba loca.

Fue en Hawái, cuando conoció a Angelique, que su mundo cambió.

Tenía quince años, Angelique tenía diecisiete. Siempre había sido diferente, pero diferente en más formas
que ser capaz de "ver" y "escuchar" las cosas.

Supo a una edad muy temprana que no tenía interés en los niños. Cuando era joven, no sabía qué etiqueta
ponerle; cuando la pubertad la miró a la cara, también lo hizo la verdad; realmente no le tenía miedo,—ser
gay. Esa parte de ella era de poca preocupación. Se había vuelto tan experta en ocultar sus "dones" a la
gente, ocultar que ser gay era fácil. Y ocultarlo era lo que sabía que tenía que hacer. Rich nació y creció
en el sur profundo y los

"maricones" no tenían lugar en este mundo, especialmente en el ejército.

"Dios debería expulsarlos de esta tierra" era su dicho favorito.

Pero Angelique...ella también era diferente. A pesar de su hermoso nombre, Angelique era tan dura como
las uñas y podía superar a cualquier niño, ya fuera en una tabla de surf o nadando en el océano, jugando
voleibol en la playa o montando bicicletas de tierra en la arena. Grace había quedado cautivada en el
momento en que la vio. Grace era una niña lerda y torpe de quince años y Angelique era una hermosa
diosa de cabello oscuro. Se enamoró mucho...tanto como una quinceañera. Angelique se levantó del
océano, mojada, con la tabla de surf bajo un brazo, el sol brillando sobre su piel brillante...y Grace se
derritió allí mismo en la arena.

−Estamos llegando,−dijo Mason detrás de ella, interrumpiendo sus pensamientos.

Grace se detuvo, se pasó las manos por el pelo y apartó los viejos recuerdos. Necesitaba concentrarse,
concentrarse. Necesitaba estar aquí y ahora, no en alguna playa lejana con su primer—y único—amor.

−Dirige el camino,−dijo ella, apartándose para permitir que Mason la pasara.

El terreno se inclinó bruscamente hacia abajo cuando Mason salió del camino. Grace la siguió, solo para
que sus pies se deslizaran por debajo de ella. Agarró la corteza áspera de un árbol mientras golpeaba las
rocas.

Mason se dio la vuelta y la ayudó a levantarse.−Gira hacia los lados cuando camines,−dijo.

Grace asintió y observó a Mason moverse fácilmente cuesta abajo; imito su caminar, sus pies giraban, sus
rodillas dobladas. Miró al anuncio de Mason, sabiendo dónde estaba el lugar antes de detenerse; en su
mente, vio la tierra oscura y descolorida, un área del tamaño de un automóvil pequeño.

Parecía estar creciendo a medida que se acercaban. Era una escena que había visto jugar antes,—en
vertederos.

−No lo hagas,−dijo, extendiéndose hacia Mason y agarrando su brazo.−Estás...estás caminando sobre él.

Mason se detuvo en seco.−Caminando...¿él?

Grace tiró de ella hacia la colina unos pasos, su mirada aún fija en el lugar.−Quédate aquí.

−Okey. Sí.

Se hizo a un lado, teniendo cuidado de no tocar la manchada,— empañada.—área. Cuando había estado en
el parque, no había habido nada como esto. Solo se había sentido atraída por el columpio,—y la niña
pequeña. No estaba percibiendo la presencia aquí. Miró hacia los árboles, escuchando, pero no hubo
movimiento. Era como si el viento hubiera muerto, los pájaros hubieran huido.

−No lo mataron aquí,−dijo, casi para sí misma. Se giró hacia Mason.−¿Cómo fue asesinado?

−Apuñalado. Doce veces.

Grace asintió con la cabeza.−La niña del parque fue estrangulada. ¿La tercera víctima también fue
estrangulada?

−Sí.

Asintió nuevamente.−Entonces...él no está aquí.−Extendió las manos.−Ya veo...un área aquí...es negra,
oscura...descolorida.−Dio un paso adelante.−Se está reduciendo ahora...desvaneciéndose mientras
hablamos.−Levantó la vista y vio de nuevo la brisa que susurraba los árboles y oyó el canto de los pájaros.

−Se fue.
−Okey, ¿todo eso significa qué? Porque no vi nada.

−Aquí es donde estaba el cuerpo.−Señaló el suelo del bosque.−El área ha estado, no sé, sucia,−dijo,
esperando que Mason entendiera lo que estaba diciendo.−Sin embargo, él no estaba aquí. No hay...no...
−Ella luchó por encontrar una palabra que tuviera sentido para Mason sin asustarla por completo.−Aura.

−¿Aura? ¿Quieres decir, como un fantasma?

Grace sonrió.−¿Crees en los fantasmas, Mason?

Mason no coincidió con su sonrisa.−No. Yo no. Y cuando te vayas de aquí, me gustaría tener esa
mentalidad.

Grace se acercó a ella y la estudió. Definitivamente estaba nerviosa. Y, por supuesto, escéptica.−No me
gusta usar la palabra fantasma. Demasiadas películas de Hollywood vienen a mi mente, tanto buenas
como malas. Aura. Una...una esencia. Una...una presencia de algo.

−¿Presencia? ¿Aura? ¿Esencia?−Mason le dedicó una sonrisa.−Espíritu. Fantasma.

Extendió las manos.−Okey. Usemos espíritu entonces.

Mason miró a su alrededor y giró en círculo.−Y creo que esta es la primera vez que me asusta estar en el
bosque.

−No hay nada de qué asustarse,−dijo.−Bueno, no en este momento.

Mason abrió mucho los ojos.−¿Qué demonios significa eso?

Grace inclinó la cabeza.−¿Quieres que sea sincera contigo o...?

−Si.−Mason hizo una pausa.−Yo creo.

−Okey. Estoy...bueno, algunas personas podrían llamarme médium.

Un medio psíquico.−Se encontró con la mirada de Mason.−¿Sabes lo que eso significa?−Vio a Mason
tragar antes de responder.

−Tú...hablas con...con...¿está muerto?

−No en el sentido físico. Mental. Aunque hay quienes hablan y escuchan en el reino actual.

−Te vi hablando. En los columpios.

Asintió.−A veces hablo, sí, principalmente para mi beneficio. Me ayuda a concentrarme decir las palabras
en voz alta. Lo que quiero decir es que si estuvieras allí conmigo, no escucharías ni verías nada más que
lo que dije. Pero lo oiría. Mentalmente, pero sería tan claro como si alguien me dijera las palabras en voz
alta.

−¿Un fantasma? ¿El espíritu de una persona muerta? ¿Hablan contigo?−Una vez más, una mirada
escéptica en la cara de Mason.

−Sí. Entonces, cuando dije que no había nada de qué asustarse...bueno, para empezar, no hay nada aquí
afuera. No está bien en este momento de todos modos. Había en el parque. Sin embargo, en algún
momento, podría haber algo aquí fuera que no sea uno de los niños que fueron asesinados. ¿Lo entiendes?

Mason se alejó un paso de ella.−Me estás asustando, lo entiendo.−Miró a su alrededor nuevamente,


mirando hacia los árboles.−Parece...muy silencioso de repente. Como...realmente silencioso.−Las palabras
terminaron en un susurro, como para no romper el silencio.

Grace también levantó la vista, vio las ramas inmóviles y oyó el silencio: los pájaros habían huido una vez
más.−Sí,−susurró.−Ha cambiado de nuevo.−Miró hacia abajo y observó cómo el suelo del bosque se
transformaba de los colores naturales de las hojas caídas, las ramitas y las piñas a la oscuridad oscura que
se extendía. Estaban paradas en medio de eso ahora y parecía estar trepando por sus piernas. Miró a su
alrededor, girando un círculo lento. Alguien las estaba mirando. Tomó respiraciones lentas, incluso,
escuchando. Oyó risas entre los árboles,—risas de niños.

Luego una voz oscura, que venía de más allá de la risa, detrás de ella...dentro de ella.

−Vete.

Habló en voz muy baja, casi sutilmente, como si el viento le susurrara, solo que no había viento. Miró las
ramas, pero no vio nada.

−Vete.−Luego un ataque de risitas antes de que más voces intervinieran.−¡Vete! Vetevetevetevetevete…


Una fuerte ráfaga de viento la golpeó en la cara, lo suficientemente fuerte como para hacerla moverse.
Mason también sintió el impacto y saltó hacia atrás. Entonces, todo quedó en silencio una vez más.
Respiró hondo y luego se sacudió. El suelo del bosque era como antes: agujas y ramitas de pino y rocas
dispersas. Un grupo de pájaros, cinco o seis de ellos, aterrizó en lo alto de los árboles sobre sus cabezas,
buscando comida a lo largo de las piñas, ajenos a ellas.

Se volvió hacia Mason, que la miraba fijamente. Asintió.−Si, estoy bien.

−Pensé que no leías las mentes.

−No es necesario ser un telépata encontrar esa pregunta.−Ella comenzó a caminar de regreso colina
arriba hacia el sendero.−Debería preguntarte si estás bien.
−Entraste como en un pequeño trance o algo así.

−Sí, eso sucede.

−¿Eso es normal?

Grace sonrió.−¿Normal?

−Vamos, Doctora Jennings, ¿qué demonios acaba de pasar?

Se detuvo y se volvió.−¿Volvemos al Doctora Jennings? Okey...Oficial Cooper...algo nos estaba mirando.


Alguien emitió una advertencia. Escuché risas,—niños. Muchos de ellos. Entonces, una voz,—una voz
masculina,—me dijo que me fuera. Entonces, los niños intervinieron...vete, vete, vete.−Se encogió de hombros
y siguió caminando.

−Espera un minuto.−Mason la agarró del brazo y la hizo girar.−¿Una advertencia? ¿Qué significa eso?

Grace se encontró con su mirada.−Significa que quienquiera que sea tu asesino, no está actuando solo.

La mano de Mason cayó de su brazo.−¿Qué demonios significa eso?


Capítulo Nueve
−No sé quién demonios es ella...o qué es,− dijo Mason, bajando el whisky en su vaso,−pero me está
asustando.

Scott le dio un codazo en el brazo.−Baja la voz. Pensé que no querías que todo el pueblo supiera quién era
ella.−Scott levantó dos dedos.−Dos cervezas, Gary.

Mason se dio la vuelta en el taburete, de espaldas al bar. Scott hizo lo mismo.−¿Crees toda la basura que
dice? Quiero decir, ¿crees todo esto?

Scott se encogió de hombros.−¿Qué sabemos al respecto? Si ella dijo que lo escuchó, entonces...

−Deberías haber visto el columpio, hombre.−Mason sacudió la cabeza.−Luego entra en trance en medio
del bosque. No creo que esté hecha para esto.

−¿A quién debería poner Alan? ¿Brady? Demonios, se mearía en los pantalones. ¿Dalton? Dalton habla
demasiado. Estaría por todo el pueblo.

Además, al escuchar a Alan decirlo, Dalton es el más escéptico de todos.−Sacudió la cabeza.−Nadie más
en tu departamento podría manejar esto, Mason.

−¿Qué te hace pensar que puedo manejarlo? Para empezar, no creo en esta mierda. ¡Y me está volviendo
loca!

−Puedes manejarlo porque tienes una mentalidad diferente, Mason.−Él alcanzó detrás de ellos las dos
jarras de cerveza y le entregó una.−Viste muchas cosas en LA que te endurecieron. Sé todo sobre ser
endurecido. Ves las cosas de manera diferente entonces. ¿Estos chicos? Este pueblo, esto es todo lo que
conocen. Aparte de los asesinatos, este pueblo está impecablemente limpio. Sin robos, sin robos...no tanto
como un peatón imprudente. Nada.

−Lo sé. Es como...debido a los asesinatos, todos están en su mejor comportamiento. No hay drogas, no
hay asaltos, no hay violaciones...demonios, no hay intrusión.

−Y para un pueblo de este tamaño, eso es extraño como el infierno.

−Sí, pero y si...−Se inclinó más cerca.−¿Qué pasa si tiene razón? ¿Qué pasa si realmente hay algo por
ahí?

−¿Alguna cosa? Sí, tienes un maldito asesino en serie por ahí. Eso es lo que tienes.

−Algo más que eso, Scott. Porque ella…

−Vamos, Mason.−Kemp sacudió la cabeza.−Lo que la doctora está viendo, oyendo...nadie más lo está.
Probablemente todo está en su cabeza.

Todo lo que queremos que haga es llevarnos al asesino.

−Entonces, ¿estás diciendo que toda esta mierda psíquica no es real?

−Ella cree que es real. Eso es todo lo que importa.

Mason sacudió la cabeza.−Vi el columpio. Vi el maldito columpio, Scott.

−Podría haber sido el viento.

−No. Y en el bosque...ella,—como te digo,—entró en trance o algo así. Apenas respiraba. Moví mi mano
frente a su cara, sus ojos, y ella nunca parpadeó.−Tomó un gran trago de cerveza.−Me espantó.

−¿Qué le dijiste a tu tío?

−Nada. Le dije que le mostré el pueblo, eso es todo.−Sonrió.−Pensará que me he vuelto loca si le cuento
todo esto.

−Hey, la contrató. Ella es una psíquica. ¿No es este el tipo de cosas lo que esperaba?

−No quería contratarla. Todos empujaron. Demonios, acepté también.

Teníamos que hacer algo, ya sabes. Pero creo que él pensó que ella iba a caminar, hacer algunos cánticos
o algo así y decirnos quién es el asesino. Al menos, eso es lo que esperaba.

−Y puede. La última vez que trabajó con nosotros fue en Carolina del Sur. Dos niños,—un niño y una niña,
—fueron secuestrados con una semana de diferencia, ambos de familias prominentes. Sin rescate, sin
nada. La traje en aproximadamente una semana después del trato.−Sacudió la cabeza.−Ahora, fíjate, todo
esto es de segunda mano; no estuve involucrado en el caso.
−Okey. Sigue.

−El primer día que está allí, dice que uno de los niños está muerto y el otro sigue vivo. Entra en las dos
casas, las dos habitaciones; va al lugar donde fueron secuestrados, camina un poco y luego dice que el
niño está muerto. Envuelto en periódico. Los padres, por supuesto, se asustan. De todos modos, se le
ocurren todas estas pistas sobre dónde está la niña. Ella

"ve" un edificio abandonado. Hay una vista de una iglesia desde una ventana del segundo piso. Cosas
como esas.−Scott agarró un puñado de maní del tazón en la barra.−Tomó tres días para encontrar el
lugar. Rescataron a la niña. También tengo a los malos.

−¿Y el chico?

−Muerto. Encontré al pobre niño metido dentro de un basurero; y sí, envuelto en periódico tal como ella
dijo.

−Maldición.

−Sí. Cosas interesantes, ¿eh?

−¿Interesantes? El material de las pesadillas. ¿Cómo crees que ella lo maneja?

Scott le dio un golpe en el brazo.−No lo sé. ¿Por qué no le preguntas a ella?

Hizo un gesto con la cabeza hacia la puerta y Mason siguió su mirada.

La Doctora Jennings estaba parada justo al otro lado de la puerta, luciendo relajada con sus jeans y botas
de montaña,—lo mismo que había usado al principio del día,—pero una camisa de franela había
reemplazado la camisa de algodón de manga larga y un chaleco aislante tomó el lugar de la sudadera con
capucha. Al igual que las botas, asumió que todo lo que llevaba puesto era nuevo. No se imaginaba que
necesitaría este tipo de ropa en Nueva Orleans. Con un suspiro, Mason la saludó con la mano.

−Hola, Doctora,− saludó el Agente Kemp.−¿Vienes a cenar?


−Supongo que necesito comer, sí.−Grace la miró.−¿Tienes tiempo para charlar?

Mason se levantó, todavía sosteniendo su jarra de cerveza.−Por supuesto. ¿Quieres una cerveza?

Grace sacudió la cabeza.−No soy realmente una bebedora de cerveza.−

−¿Vino?

Grace volvió a negar con la cabeza.−No mientras estoy trabajando.

Masón levantó una ceja hacia ella.−Entonces, ¿estás trabajando ahora? ¿ Charla de trabajo entonces?

Grace asintió y luego miró a Scott.−Agente Kemp, probablemente debería unirse a nosotras.

¿Ahora qué? Mason se preguntó mientras los conducía a una mesa vacía. Estaba al tanto de algunas
miradas curiosas. La mayoría de ellos probablemente recordaban al Agente Kemp del año pasado: habían
pasado suficiente tiempo aquí en Bucky Y ahora, asumía que algunos sabían que Grace Jennings estaba en
el pueblo para escribir un libro. Helen nunca dejó de transmitir las noticias que escuchó en el café.

−No estoy segura de cómo va a ayudar esto o qué espero que hagas al respecto,−comenzó Grace tan
pronto como se sentaron.−Hubo un juego del fútbol...o un partido, creo que se llaman; un niño será
reportado como desaparecido muy pronto.

Mason se inclinó hacia delante.−¿Qué?

Grace se encontró con su mirada y asintió rápidamente.−Sí; estaba revisando el archivo de nuevo...Vi al
niño,—que llevaba una pelota de fútbol debajo del brazo,—y se metió en un automóvil.

Mason levantó la mano.−Espera un minuto, espera un minuto; "viste"

¿qué significa?

−¿Sabes a qué me refiero? ¿Tengo que explicártelo todo el tiempo?

Tuve una visión, ¿okey?

−¿Se metió en un auto? ¿Estás segura de que no fue el auto de sus padres o quien lo llevó?−Scott empujó
su jarra de cerveza fuera del camino.−No es que cuestione lo que viste, pero…

−Estaba angustiado,−dijo Grace.−Asustado.

−¿Cuántos años?−Mason preguntó, preguntándose si realmente creía en esta supuesta visión o no.
−No terriblemente joven. ¿Doce?¿Trece?

Mason empujó su propia cerveza lejos. Oh diablos. No estaría de más echarle un vistazo.−Hay una liga de
fútbol. Juegan en el parque durante la semana.−Se puso de pie.−Salgamos a la calle. Si es lo
suficientemente fresco, tal vez haya alguna evidencia. Tal vez alguien vio algo.

−Tal vez tu cámara captó algo,−sugirió Grace.

Mason le indicó que se levantara.−Vamos.

−¿Yo?

−Sí, tú. Puedes mostrarme dónde cayó.

−Pero no sé dónde. Una visión es solo eso. Yo…

−Vamos,−dijo de nuevo. Quería a Grace Jennings junto por dos razones. Una, sí, en caso de que pudiera
identificar el lugar. Y dos...si había algo por ahí, algo extraño, preferiría no estar sola. Se giró hacia Scott.
−Llamaré al Tío Alan. Se lo hará saber al Jefe Danner. Puedes ayudar a mirar a través de la fuente de
vigilancia.

−¿Estás segura de que no me quieres contigo?

−Técnicamente, la policía tiene jurisdicción en el parque. No pises demasiados dedos de los pies.

−¿Desde cuándo te ha molestado eso?


Capítulo Diez
Francamente, Grace se sorprendió de lo rápido que actuó Mason. No la cuestionó, no exigió una
explicación de treinta minutos, no requirió convencerla. Cuando se separaron esa tarde, Mason había
estado bastante callada. Había estado procesando todo lo que había sucedido, sin duda.

Procesando e intentando decidir si ella,—Grace,—estaba loca o no. Y

tratando de decidir cuánto,—si acaso,—creía.

−Al leer el archivo, el primer asesinato suele ser a principios de mayo,

¿verdad?

Mason asintió, sin apartar la vista de la carretera.−A lo largo de los años, ha habido una pareja a fines de
abril, pero en su mayor parte, generalmente comienza a principios de mayo. Este año, por supuesto,
tuvimos el primero el 28 de abril.

−¿La policía emite advertencias o algo? ¿Señales? ¿Anuncios en el periódico o en la radio?

Mason sacudió la cabeza.−Solían. Cuando estaba en la secundaria.

Tendía a poner a todos un poco ansiosos y saltando a las sombras y detectando actividad sospechosa por
todo el maldito lugar.

−Entonces, ¿se ignora?

−Todo el mundo ya lo sabe, doc,−dijo, usando el apodo del Agente Kemp para ella.−La gente nueva en el
pueblo aprende sobre los asesinatos con bastante rapidez. ¿Los viejos? No necesitan que les digan que es
mayo.

Aquellos con niños tienen una correa más ajustada, eso es todo.

−Y aún así, dos o más terminan muertos.

−Y los padres generalmente se culpan a sí mismos.

El parque todavía estaba iluminado, las luces en los campos lo hacían ver casi como la luz del día. Se
estaba jugando un juego en uno de los campos, el otro estaba vacío. Pequeñas gradas, de solo cinco filas
de altura, estaban en tres lados, obviamente configuradas para cuando se jugaba béisbol. Para este
partido de fútbol, padres y simpatizantes se sentaron en sillas de jardín a lo largo de la banca.

Mason estacionó más cerca del campo vacío y apagó el motor.−¿Tienes algo?

−¿Te refieres a una señal de murciélago o algo así?

Mason sonrió un poco tímidamente.−Lo siento. Obviamente no sé cómo funciona esto.

−Caminemos.

Realmente no tenía nada para seguir. Nada concreto, al menos; había estado sentada en la silla, hojeando
el archivo, volviendo a leer las viejas notas desde el principio, allá por 1997. Lo primero que se dio cuenta
fue que no tenía ninguna dificultad para leer el archivo. No había presión sobre su pecho, ni ansiedad,
nada la asfixiaba. Ella no sintió nada en absoluto. Luego había pasado una página—había estado en 2004
—Deb Meckel—el año que la psíquica había estado allí—y la página se había vuelto negra. Lo había
mirado fijamente, viendo a un niño con una pelota de fútbol. Había estado masticando chicle y soplando
una burbuja. La imagen se movió a través de la página, el niño sentado en el asiento trasero de un
automóvil, mirando por la ventana. Hubo llanto. Luego risa. Sabía que la risa no venía de él.

−Era un auto oscuro,−dijo, sorprendiéndose a sí misma. No recordaba haber visto el auto con claridad.
−Cuatro puertas.−Se giró hacia Mason.−Sé que eso no ayuda.

−¿Coche? ¿No es un todoterreno o camioneta?

−No. Coche. Como un sedán.


−¿Negro?

Sacudió la cabeza.−No puedo estar segura. Oscuro...no claro.

−Okey. Entonces, caminemos y...y, bueno, me avisas si...

Grace la miró pensativa.−¿Me crees?

Mason frunció el ceño.−¿No debería?


−La mayoría no.

−¿Quiénes? ¿El FBI? ¿O...amigos?

−¿Amigos? ¿Qué es eso?−Las palabras salieron antes de que ella pudiera detenerlas.−Soy un fenómeno,
Oficial Cooper. Mi propia familia finge que no existo. ¿Por qué habría amigos?

Siguió caminando, deseando no haber divulgado eso. Vio que la expresión de Mason cambiaba, vio una
suavización de sus rasgos. Vio preguntas en sus ojos. No hubo amigos, no. Otros fenómenos como ella con
los que se mantenía en contacto, no los llamaría amigos. La mayoría, ella nunca se había conocido en
persona.

Nada de eso importaba ahora. Había firmado este caso porque necesitaba el dinero, porque se agregaría a
su investigación y porque le ofrecería algo de soledad para comenzar a escribir, una vez que el caso
hubiera terminado. Estaba comprometida a quedarse hasta octubre, tanto si el caso estaba resuelto como
si no. Lo último que quería era tener a alguien en el pueblo,—Mason Cooper, por ejemplo,—que sintiera
pena por ella. Sí, era un fenómeno. Lo había sabido la mayor parte de su vida. A su edad,— treinta y
cuatro el mes pasado,—ya no se preocupaba por amigos, familiares o...ni por nadie más. Quería escribir un
libro. No quería volver a la enseñanza. Y si los comienzos de este caso eran una indicación, estaba
teniendo dudas acerca de ayudar al FBI en el futuro. Cuando el resultado fue favorable, todos chocaron
los cinco y recibieron palmadas en la espalda.

Cuando no era favorable, la miraron acusadoramente, como si hubiera tenido algo que ver con eso; como
si ella tuviera la culpa.

Ahora, por ejemplo. El niño que había visto en su visión,—estaría muerto al día siguiente. No le diría eso a
Mason porque no haría ninguna diferencia. No lo encontrarían a tiempo. Ya sea que se lo dijera o no,
cuando encontraran el cuerpo,—al cual probablemente los dirigiría,—la mirarían y se preguntarían por
qué no había podido detenerlo. La mirarían con culpa en sus ojos. Lo había visto todo antes, muchas
veces.

−Hey, doctora...más despacio, ¿quieres?

Dejó de caminar, sabiendo que no estaba logrando nada con todos estos pensamientos corriendo por su
mente. Respiró hondo y miró hacia el cielo nocturno, mirando más allá de las luces en el campo, apagando
el ruido mientras los niños perseguían una pelota y los padres aplaudían y vitoreaban. Se preguntó
cuántos padres estaban en el juego porque querían estar y cuántos estaban allí porque el calendario había
pasado a mayo y ya habían tenido un asesinato en el pueblo.

Sintió a Mason a su lado, pero no la miró. Lentamente cerró los ojos, escuchando. No oyó nada. Siguió
adelante, yendo casi hasta el final del estacionamiento. Se detuvo de nuevo. Nada. Entonces se volvió
hacia Mason.

−Creo que fue aquí abajo...pero, eso es solo mi suposición. No estoy...no estoy obteniendo nada.

−¿Estás segura de que viste algo?

−Sí, estoy segura. Estaba...estaba revisando el archivo. Estaba en 2004.

−El año en que la psíquica estuvo aquí.

−Si.−frunció. ¿Era una coincidencia que ella hubiera visto la visión de ese año? ¿O había una razón?

−¿Qué?

Estaban en las sombras, lejos de las luces. No podía leer los ojos de Mason. ¿Qué le dijo ella? ¿Le dijo que
había algo aquí afuera? Algo malo? ¿Le creería? Cuando estuvieron en el bosque temprano hoy, Mason no
había querido hablar de eso. No quería escuchar sobre la advertencia. Grace no la había culpado. Fue
mucho para asimilar.

−Lo que sucedió en el bosque hoy...lo que sea que esté aquí afuera, sabe que lo sé.−Vio a Mason tragar
nerviosamente.

−¿Sabe que sabes qué?−Preguntó en voz baja.

−Lo mismo que la psíquica sabía en 2004.−Extendió la mano y agarró el brazo de Mason, apretándolo con
fuerza.−Hubo cinco asesinatos ese año.

La psíquica lo sabía.

−Grace, ¿de qué demonios estás hablando?

−Quienquiera que esté matando, probablemente no lo esté haciendo voluntariamente. Puede que ni
siquiera sepan que lo están haciendo.
−Lo que dices no tiene sentido,−dijo en voz alta.

−¡Sí, lo tiene! ¡No estas escuchando!

−¡Lo que escucho me está volviendo loca! Por el amor de Dios...−Su teléfono celular sonó y Mason lo sacó
del bolsillo de sus jeans.−Sí, Cooper,−respondió ella. Su rostro se endureció cuando sus ojos se
encontraron.−Estoy aquí afuera ahora.−Hizo una pausa, la mirada de Mason todav ía apretada contra la
de ella.−Entendido.

Grace no necesitaba preguntar qué noticias había recibido.−¿Cuál es su nombre?

Mason dejó escapar el aliento y luego miró al cielo.−Jason. Jason Gorman. Él tiene doce años.−Se volvió
hacia ella otra vez.−Se supone que se iría con el vecino. El vecino no pudo encontrarlo después del juego,
asumió que se había ido con otra persona.−Mason se pasó una mano por el pelo.−La policía está en
camino para revisarlo. El parque es su área, no la nuestra, pero tienes rienda suelta...así que...

−¿Y tú eres mi...mi manejadora?

−Algo así, sí. Mi día de suerte.

Grace sostuvo su mirada por un segundo, viendo la cautela allí.−Caminaré un poco más, pero no
conseguiré nada. No creo que lo haga.

−¿Por qué es eso? Quiero decir, sabías lo que pasó...con el chic. ¿Por qué no consigues nada ahora?

El tono de Mason no era realmente acusador, así que Grace no lo tomó de esa manera. La pregunta era
más curiosidad que otra cosa, supuso. Ante su vacilación, Mason volvió a hablar.

−Me doy cuenta de cómo sonó eso. No quise decir...

−Lo sé. Estás tratando de entender cómo funciona esto, aunque realmente no creas. Lo sé. Quizás si
tuviéramos algo de tiempo, podría tratar de explicártelo de una manera que tuviera sentido. Pero
entonces solo te asustarías, ¿cuál es el punto?−Extendió las manos.−Supongo que no quiere que lo sepa.

−No estás hablando del niño.

−No. Jason todavía está vivo. Cuando encontremos su cuerpo, tal vez yo...

−Así es. Tienen que estar muertos antes de hablar contigo.

Mason se apartó de ella y Grace escuchó el disgusto en su voz; deseó que no le molestara. Lo había
escuchado muchas veces antes: disgusto.

Apretó los puños sin saber realmente que lo estaba haciendo, luego se alejó.

No esperaba averiguar nada esta noche. Como había dicho, él no quería que ella lo supiera. Aún no. Pero
necesitaba poner algo de espacio entre ellas.
−Lo siento.

Grace siguió caminando, lejos de las luces, lejos de Mason. Fue en momentos como este, cuando tuvo
sentimientos como este, que juró que nunca volvería a hacer esto. Estaba acostumbrada a eso, sí, pero eso
no hacía que doliera menos. No era un robot. Y como cualquier persona normal, sus sentimientos podrían
lastimarse con la misma facilidad.

−Grace...lo siento.

Dejó de caminar pero mantuvo la espalda con Mason.−Sé que no entiendes. Desearía poder chasquear los
dedos y decirte todo lo que quieres saber y hacerte creer. Ojalá pudiera llevarte directamente al asesino.
−Se giró entonces.−No funciona de esa manera, Mason. Soy un ser humano, de carne y hueso. Lo que
"veo" y "escucho"...son imágenes que vienen cuando quieren, no cuando yo quiero que vengan.−Se acercó
a ella.−Algunas personas llaman a lo que tengo un don−Cuadró los hombros.−Bueno, no es un maldito
don. Soy un fenómeno. Yo sé eso. Tú lo sabes. Así que vamos a resolver esto de la mejor manera que
podamos. Y cualesquiera que sean los comentarios que tenga sobre mí...bueno, probablemente sea mejor
continuar hablando con el Agente Kemp al respecto...o guardarlos para usted. Nos llevaremos mucho
mejor entonces.

Pasó junto a Mason y regresó a la camioneta. Incluso si había algo que escuchar aquí esta noche, no
estaba de ánimo para resolverlo; cuando regresaron al camioneta, tres autos de la policía estaban
llegando y las luces parpadeaban. Miró hacia el campo de fútbol donde la acción se había detenido. Los
padres estaban de pie, algunos reunían a sus hijos. Ellos sabían. Asintió. Sí, ellos lo sabían.

−No creo que sea un fenómeno, Doctora Jennings.

Grace se volvió hacia ella con un suspiro.−Sí, lo haces, Oficial Cooper.−Abrió la puerta del pasajero del
camioneta.−Si pudieras llevarme de vuelta ahora, por favor.
Capítulo Once
Mason arrojó sus llaves sobre la pequeña mesa junto a la puerta, luego cerró la puerta de la casa que
había llamado hogar durante los últimos cinco años. Como una ocurrencia tardía, se giró y la bloqueo;
miró alrededor y se preguntó cuándo comenzaría a sentirse como en casa. No se dio cuenta de lo poco que
había traído de Los Ángeles hasta que desempacó. Había tenido que luchar para abastecer su cocina y,
entre Tía Carol y la tienda de segunda mano del pueblo, había amueblado el lugar. Tal vez debería haber
comprado cosas nuevas, pero su salario en Gillette Park no estuvo a la altura de lo que había estado
ganando en Los Ángeles. No había querido gastar sus ahorros en muebles nuevos.

Echó un vistazo a la televisión, luego recogió el control remoto; su vida en Los Ángeles había sido
completamente diferente a la de aquí,—día y noche. Eso no fue solo por Shauna. Su vida como policía en
las calles nunca fue aburrida, nunca aburrida. ¿Aquí? ¿En el parque Gillette? Como Scott le había
recordado, no había crimen en Gillette Park. Ningún crimen normal, eso es.

Grace Jennings no había tenido que decir las palabras. Mason podía verlo en sus ojos. Jason Gorman
estaría muerto por la mañana. Demonios, ya podría estar muerto. Y no había nada que pudieran hacer al
respecto. El video de vigilancia mostró un automóvil oscuro estacionado en el último lugar. La placa de
matrícula estaba convenientemente cubierta de tierra, haciéndola ilegible. El auto se estacionó en el
estacionamiento antes de que comenzaran los juegos; el conductor nunca salió. El video mostraba la
puerta trasera abriéndose, mostraba a Jasón Gorman parado allí,—como Grace había dicho,—un balón de
fútbol debajo del brazo. Y luego Jason se metió en el asiento trasero. La puerta se cerró. El auto se alejó.

Era tanta evidencia como siempre habían tenido, que no era mucha. El automóvil era un Ford Taurus, gris
oscuro, azul claro o incluso azul. Modelo más viejo, adivinaron los chicos. 2010 más o menos. La policía
estaba revisando el registro del vehículo, con la esperanza de lograr una lista de todos los autos que
coincidan en Gillette Park. El jefe Danner hizo que dos de sus muchachos miraran videos de vigilancia por
el pueblo, tratando de estropear el auto. Todas las unidades de patrulla, tanto la policía como el sheriff,
estaban al acecho.

Grace Jennings solo asintió cuando Mason le transmitió esa información en su viaje de regreso al Aspen
Resort. Aparentemente, Grace no le estaba hablando. ¿Podría culparla? Había sido bastante grosera con
ella.
Tiró el control remoto sin encender el televisor. Fue a la cocina y abrió la nevera. Estaba la cazuela
sobrante que Tía Carol le había dado la otra noche. Tenía hambre, pero no de eso. Sacó una botella de
agua, pero antes de abrirla, la volvió a poner y cerró la puerta.

¿Pensaba que Grace era un fenómeno?

Bueno...un poco, sí. Okey. Sí, seamos honestos. Lo hizo. Un fenómeno.

Por supuesto, solo lo estaba mirando desde su propia perspectiva; la verdad es que estaba asustada por
todo el asunto. Se imaginó que la mayoría de las personas que interactuaban con Grace en una situación
como esta probablemente sentían lo mismo.

Abrió un armario en el borde de la cocina y sacó una botella de whisky Jack Daniels. Hizo una pausa antes
de servir, pensando en su madre. La bebida de su madre era vodka. Al principio, un chorro en su jugo de
naranja.

En el desayuno. Fue entonces cuando Mason supo por primera vez que su madre tenía un problema con la
bebida. Mason vertió suficiente en su vaso para un par de tragos, luego cerró la botella. El vodka en el
tónico de su madre se convirtió en un pequeño tónico en su vodka. ¿Terminaría ella así?

Recogió su vaso. No. Unas pocas cervezas en Bucky un puñado de noches a la semana era la norma. Sin
embargo, algunas noches...como ahora, ansiaba algo un poco más relajante. Tomó un sorbo, sus
pensamientos volvieron de su madre a Grace.

¿Qué hay de la familia? Grace dijo que ella era invisible. Que su familia pretendía que ella no existía. ¿Por
qué? ¿Porque era un fenómeno?

¿Qué era lo que ella había dicho? "¿Por qué habría amigos?"

Su familia pretendía que no existía...por lo tanto, no existían. Y

aparentemente, los amigos tampoco existían. Porque ella era un fenómeno.

Se apoyó contra el mostrador y miró la pared del fondo. ¿Había dicho algo para reforzar esa creencia?
Probablemente. Ciertamente no había dicho nada para disuadirla.

Puso su vaso en el suelo, volvió a la sala de estar y agarró las llaves de la mesa. Si iba a salvar una
relación de trabajo con esta mujer, le debía una disculpa, ya sea que pensara que era un fenómeno o no.
Eran más de las diez y era demasiado tarde para hacer una llamada social. Se paró debajo de uno de los
árboles cerca del edificio donde estaba la suite de Grace. No parecía haber ninguna luz encendida
adentro. Levantó el cuello de su chaqueta para protegerse de la brisa fría, luego metió las manos en los
bolsillos, debatiendo si debía subir y golpear. Si Grace ya estaba en la cama, no tendría que abrir la
puerta, razonó. Pensó que era mejor hablar esta noche en lugar de esperar hasta la mañana.

Llamó dos veces, luego dos veces más, esperando. Escuchó un tranquilo "¿Quién es?" Desde el otro lado
de la puerta.

−Soy yo...Mason.

Oyó girar la cerradura y luego se abrió la puerta. Grace volvió a mirarla, sin evidencia de que hubiera
estado en la cama. De hecho, tenía un libro en la mano. Grace no le ofreció entrar, solo la miró con las
cejas arqueadas.

−Sí...bueno, yo...quería hablar. Si tienes unos minutos. Sé que es tarde,−agregó.−No me quedaré mucho
tiempo.

Grace finalmente dio un paso atrás y abrió la puerta por completo.

Mason entró en la habitación oscura, iluminada solo por una pequeña lámpara en el escritorio. La silla fue
retirada. Supuso que Grace estaba sentada leyendo.

−Necesito disculparme.

Grace se encontró con su mirada.−¿Necesitas? ¿Quieres? ¿Tienes que hacerlo?

−Todo, supongo.−Se metió las manos en los bolsillos en lo que reconoció como un gesto nervioso.−Tienes
razón. No entiendo todo esto,—

nada de esto. Tienes que admitir que es un poco espeluznante; para cualquiera que no seas tú, supongo,
−aclaró.

−¿Espeluznante?−Grace entró en la habitación y señaló una silla a la mesa.−Mason, esto no es como las
películas donde hay fantasmas que persiguen casas y cadenas que hacen ruido y hacen ruidos de miedo.
Al menos, no la mayoría de las veces.

Ambas se sentaron a la mesa y, mientras Mason cruzó los brazos sobre su pecho,—¿por seguridad?—
Grace cruzó las manos sobre la mesa.

−Trataré de explicar esto de una manera que entiendas. No es que todo el día, todos los días, tenga
visiones o escuche cosas o vea cosas. No es así. Piense en ello como...como un perro drogadicto, por
ejemplo. Son solo un perro. Pero luego el manipulador los saca para olfatear drogas. Entonces están
trabajando. Cuando eso termina, vuelven a ser perros.−Extendió sus manos.−Soy solo una persona; cómo
y duermo y hago todas las cosas normales que tú haces. Excepto cuando estoy trabajando. La diferencia es
que no siempre puedo determinar cuándo estoy trabajando. Las visiones llegan cuando llegan; oigo y veo
cosas en momentos extraños, lo admito. No siempre puedo,—rara vez puedo,—controlar eso. Las veces que
he ayudado al FBI, nunca ha sido así. En dos ocasiones hubo secuestros. En otra ocasión, tenían pruebas de
un asesinato, pero no pudieron localizar el cuerpo; ayudé una vez cuando tenían algunos excursionistas
perdidos en el sendero de los Apalaches. Ese tipo de cosas. Cualquier persona con dones psíquicos podría
haber ayudado.

−¿Emplean a gente así a menudo?

−No. Y cuando lo hacen, se mantiene muy discreto. Como aquí, a menudo se usa como último recurso.

−¿Por qué? ¿Si sale bien?

−Porque un psíquico opera con poca o ninguna evidencia. Y no siempre tiene éxito. Y si confía en un
psíquico para atrapar al malo, se arriesga a que todo el asunto se eche en el tribunal después de que un
abogado defensor etiquete al psíquico como un fraude o un estafador y convierta el juicio en un circo. En
el caso de un secuestro, estás tratando de encontrar a alguien, con suerte antes de que lo maten. No te
preocupas por la evidencia en ese momento.

−¿No es eso lo que estamos haciendo aquí?

−En cierto sentido, sí. Jason Gorman fue secuestrado. Lo que hace que esto sea diferente a la mayoría de
los casos es que hay algo por ahí...algo malvado.

−Y aquí es donde empiezas a asustarme.

−Lo siento. Intento ser sincera contigo es todo.

Mason finalmente desabrochó sus brazos y los apoyó sobre la mesa.−¿Es verdad lo que dijiste? ¿Tu
familia finge que no existes?

Grace frunció el ceño.−Pensé que querías hablar sobre el caso.

−No, no lo hago. Ya es tarde. Prefiero no hablar sobre el mal que acecha aquí en Gillette Park.−Inclinó la
cabeza.−A menos que sea demasiado personal para ti.

−¿Por qué te fuiste de aquí, Oficial Cooper?

−¿Irme?

−Dejaste Gillette Park. ¿Por qué?

−Oh.−Se encogió de hombros.−Fui a la universidad, luego quise experimentar la vida en la ciudad.

−¿Policía?

Mason asintió, preguntándose si Grace lo sabía o si estaba adivinando.−Los Angeles. Mi padre era policía,
mi tío es policía, mi primo...un poco en la sangre, supongo.

−Sin embargo, volviste.

Mason se reclinó en su silla, preguntándose cómo Grace le había cambiado la conversación.−¿Tu familia
finge que no existes?

Grace sonrió, reconociendo la vuelta de Mason hacia ella.−Tienen su propia familia. Te dije que mi madre
se casó. Tienen tres hijos. Una familia.

−No tengo que ser psíquica para saber que estás dejando de lado muchísimo. ¿No pudieron lidiar con
tu...tu don?

−Oh, sí, mi maravilloso don.−Grace volvió a cruzar las manos y entrelazó los dedos. Mason los vio
doblarse y desplegarse, las manos suaves, los dedos delgados y las uñas cuidadosamente recortadas.−No,
no pudieron lidiar. Al principio, pensaron que estaba loca.−Entonces Grace se rió,—una risa genuina que
también hizo que Mason sonriera.−Por supuesto, yo también pensé que estaba loca.−Su sonrisa aún
perduraba.−Me asustó muchísimo.−La sonrisa desapareció.−Pensaron que debería ver a un médico. Los
escuché hablar de que necesitaba estar en una institución...de que yo era una amenaza para sus hijos.

−¿Qué pasó? ¿Te echaron o algo así?

Grace negó con la cabeza.−Aprendí a…bueno, esconderles cosas; cuando pude. Fue un gran alivio para
todos cuando llegó el momento de pasar a la universidad. Yo era una chica inteligente y estudiosa en la
escuela secundaria y recibí muchas becas. Rich,—el esposo de mi madre,—estaba muy feliz de pagar los
gastos restantes, solo para mantenerme alejado de sus hijos.

−¿Los ves?

−No,−dijo sin dudarlo.−Como dije, son su propia familia; realmente nunca encajé.

−¿Tu madre?

Grace se encogió de hombros con fuerza.

−Hablamos de vez en cuando. Una vez, quizás dos veces al año. Están en Florida,—Jacksonville,—que era
donde estaban estacionados cuando se retiró de la marina.−Grace golpeó la mesa con el dedo índice.−
¿Por qué se fue tu padre?
Mason tragó saliva, preguntándose por qué,—cuando ella solo había venido a disculparse,—su
conversación era tan personal.−Él…se cansó de estar casado, supongo. Era ayudante del sheriff. Fue el
año en que comenzaron los asesinatos. Se fue ese otoño; empaco una maleta mient ras estaba en la
escuela y mi madre estaba en el trabajo y...desapareció. Sin nota, nada. El Tío Alan lo localizó unas tres
semanas después. Lo encontró en un motel en Idaho. Con una mujer, mucho más joven que él.−Entonces
sonrió.−Según mi madre, era una fulana pelirroja con enormes tetas.−Sacudió su cabeza.−Ella empezó a
beber más y más después de eso y yo empecé a quedarme mucho con el Tío Alan y la Tía Carol. Su casa
se convirtió más en un hogar, de verdad.

−¿Eres hijo único?

−Si.−Levantó la mano.−Y no, no veo ni hablo con mi padre. No tengo ni idea de dónde está ni me importa.

Grace le sonrió.−Ahora, ¿quién está leyendo mentes?

Mason se reclinó en su silla.−¿No tienes amigos?

Grace suspiró.−Como has indicado...Asusto a la gente. Soy rara.


−Sí...eres un fenómeno.

Sus ojos se sostuvieron y Grace asintió.−Lo soy. La clave, sin embargo, es que sé que lo soy. Hace una
gran diferencia no negarlo más. La gente me tiene miedo. Algunos son curiosos, pero la mayoría están
asustados. No imagino que serás diferente.

Mientras estaban sentadas en las sombras de una habitación iluminada solo por una lámpara, Mason vio
con claridad que Grace quería negar que era un fenómeno...quería que no fuera verdad. Y Mason supuso
que si Grace se sentía particularmente vulnerable o sola, muy bien podría negarlo. Aunque solo sea por un
rato y solo para ella misma. Ese pensamiento le pareció increíblemente triste. Allí estaba ella, una mujer
atractiva y de aspecto normal que albergaba un secreto que no se atrevía a contar por miedo a ser
etiquetada como un fenómeno. Una etiqueta que se dio a sí misma libremente.

−No creo que seas un fenómeno,−dijo suavemente.


Había un indicio de sonrisa en la boba de Grace. −Sí, lo haces, Mason, pero gracias por decirlo. Además,
recién estamos comenzando.−Entonces la sonrisa se fue.−Me temo que este caso será de lo que están
hechas las pesadillas.

Mason se encontró con su mirada, mirando hacia las profundidades azules, preguntándose qué estaba
buscando. ¿Algunos esperan que no haya pesadillas? Ninguna de las dos se apartó de la mirada;—Mason
descubrió que no podía y Grace no hizo ningún movimiento para romper el contacto.

Sintió que algo pasaba entre ellas, casi físico, pero no. No podía sentirlo, verlo...entenderlo. No
exactamente. Estaba justo debajo de la superficie, como un recuerdo de hace mucho tiempo que todavía
estaba fuera de su alcance. Por un momento, se preguntó si debería entrar en pánico, si quizás Grace la
tenía hechizada o hipnotizada.

Entonces Grace se puso de pie, rompiendo la mirada, rompiendo la conexión. Mason ni siquiera se dio
cuenta de que había estado conteniendo la respiración.

−Es tarde, Mason.

−Si.−Echó la silla hacia atrás, alejándose uno o dos pasos de Grace.−Te veré en la mañana.

−Buenas noches.

Se detuvo en la puerta.−Buenas noches, Grace. Cierra detrás de mí.


Capítulo Doce
Grace estaba en el dormitorio de Jason Gorman, mirando un cartel en su pared. Era de un jugador de
fútbol, un joven en pleno apogeo, el balón ya abandonaba su pie, su trayectoria apuntaba con precisión
mientras se dirigía hacia—y justo fuera del alcance—del portero. Dejó que se desplegara, vio la pelota
silbar más allá de los brazos extendidos, escuchó el silbido mientras cortaba el aire.

¡Puntuación!

En el pasillo, podía oír a la madre haciendo preguntas, podía oír las suaves palabras de Mason. ¿Qué le
estaba diciendo? ¿Estaba ofreciendo su esperanza cuando no había ninguna?

Respiró hondo, luego lo exhaló mientras se movía hacia su cama; estaba arrugada, como arreglada
apresuradamente. El dormitorio no estaba ordenado ni desordenado…en algún punto intermedio: zapatos
desechados en el suelo, un par de jeans colgados de una silla, una mochila apoyada contra la pared. Se
inclinó y recogió uno de los zapatos que se escondía debajo del borde de la cama.

Tan pronto como tocó el zapato, sintió una sacudida. La apretó con fuerza, sus ojos abiertos pero
desenfocados, mirando a la pared, mirando a la nada. Más allá de su visión vio el bosque, escuchó el
chasquido de las ramitas, escuchó una respiración agitada. Había agua...un arroyo. Había salido la luna,—
¿estaba llena? ¿Era la luna? No...parecía la luna pero...era un balón de fútbol. Hubo un ruido...un animal...

−¿Doctora Jennings?

Saltó y el zapato se le cayó de las manos. Parpadeó varias veces y se encontró con el jefe Danner
mirándola. Miró más allá de él, viendo a Mason todavía hablando con la madre. El jefe Danner se inclinó y
recogió el zapato caído. Era un hombre de mediana edad, más cercano a los sesenta que a los cincuenta,
supuso. Pequeño, en forma, como la mayoría de las personas que había visto en el pueblo. Desde el tiempo
que pasó en el sur, estaba acostumbrada a ver personas con sobrepeso e incluso obesas, era la norma.

Aquí no. Todos parecían activos y saludables.

−Mason dijo que le diera algo de tiempo, Doctora Jennings, pero el tiempo es lo que no tenemos. Por
favor, dime que sabes algo.

Extendió la mano y tomó el zapato que él sostenía, pero era solo un zapato de nuevo. Dejó que se notara
un poco de su frustración. Tiró el zapato al suelo con su compañero, quizás con más fuerza de la que
debería haber hecho.−Tiene que dejarme trabajar, Jefe. Cuando yo sepa algo, entonces tú sabrás algo. No
puedo ser interrumpida. ¿Lo entiendes?

Miró por encima del hombro a la madre.−Nunca sabemos qué decirles. Nunca se sabe cómo lo van a
tomar.

−Entiendo. Estoy haciendo todo lo que puedo.

−Por supuesto. Lamento haberte molestado.−Se giró para irse, luego se detuvo.−Por favor...si pudieras
ayudar de alguna manera; tenemos todo un pueblo en alerta, buscando al niño.

Se mordió el labio inferior y se preguntó cuánto había compartido Mason con él.−El niño está muerto,
−dijo en voz baja. Ante su expresión, sabía que Mason ya lo había advertido.−Estoy tratando de encontrar
algo que nos lleve a su cuerpo. Lo siento.

−¿Cómo puedes estar segura?

−Sólo lo estoy. Lo siento−dijo de nuevo.


Después de que él se fue, ella caminó por la habitación del niño, recogiendo cosas al azar: una figura
negra de Star Wars, un iPad, una especie de robot, un par de autos de carreras de juguete, un libro de
Harry Potter con una...una pluma azul usada como marcador. Abrió el libro, su mirada no en ninguna
palabra sino en la pluma. Parecía significativa, por alguna razón.

Cuando no se le ocurrió nada, cerró el libro y lo puso de nuevo donde lo había encontrado. Había un
rompecabezas sin terminar sobre un escritorio, un tema de Star Wars; había un bate de béisbol apoyado
contra la pared.

−Hey.

Se volvió y encontró a Mason de pie en la puerta.−Vi algo con el zapato, pero el Jefe Danner entró...

−Sí, lo siento...no pude mantenerlo fuera. Me supera un poco.

−La paciencia no es una virtud con la policía,—eso lo he aprendido.−Se acercó a ella, manteniendo la voz
baja.−¿Dónde está la madre?

−El jefe también la llevó de regreso a la cocina.


−¿Tienen otros hijos?

−Sí. Tres. Están con sus abuelos, creo.

Grace asintió con la cabeza.−Está junto a un arroyo. Anoche; había salido la luna.−Miró hacia el cielo,
como si pudiera verlo.−Fueron aproximadamente las tres cuartas partes del camino a través del
cielo...llena o casi llena.−Miró a Mason.−No recuerdo la fase lunar de anoche.

−¿No? Era bonita. Recuerdo haberla visto cuando conduje para verte.

−Uno de los inconvenientes. Tiendo a estar tan concentrada en lo que

"veo",−dijo, citando en el aire,−que pierdo de vista lo que está frente a mí.

Lo que es real.−Miró por la ventana.−Es hermoso aquí en Gillette Park, pero ni siquiera me di cuenta. En
el camino, apenas pensé en el paisaje. El Agente Kemp se detuvo en un mirador. Fue solo entonces que vi
lo hermoso que es aquí arriba.

−Entonces, ¿no lo enciendes y apagas? ¿Lo dejas encendido con la esperanza de ver o escuchar algo?

−Supongo.

−Entonces, tu analogía del perro de la droga no es verdad para ti.

−Supongo que fue una analogía demasiado simple.−Le ofreció una sonrisa cansada.−Todavía no he
encontrado ese interruptor de encendido y apagado.

Mason asintió con la cabeza.− Entonces, ¿está junto a un arroyo?

−Había bosques espesos, sin claros. Escuché ramitas rompiéndose.

Alguien lo llevaba. Sonaba laborioso. Y...su balón de fútbol. El balón estará con él.

−Hay dos arroyos: Gillette Creek y Boulder Creek. Ambos fluyen por el pueblo en algún momento y luego
vuelven a salir. También hay un río cerca del pueblo. Atraviesa el valle, luego corta un profundo cañón en
el lado oeste.

−Esto fue en el bosque, no en el pueblo. No empinado como un cañón.

−Comenzaremos donde los arroyos fluyen dentro y fuera del pueblo y subiremos desde allí. Vamos.
Déjame llamar a mi tío y comenzar la búsqueda.

Cuando regresaron a la camioneta, Grace quería saber más sobre cómo—y por qué—condujeron las
búsquedas.

−¿Cuánto tiempo esperas normalmente antes de comenzar a buscar un cuerpo?

−Es decir, ¿cuándo renunciamos a la esperanza de encontrarlos?


−Sí. En realidad, me parece bastante increíble que la gente haga su vida diaria aquí, sabiendo que cada
verano, alguien será asesinado; quiero decir, realmente no puedo entenderlo.

−¿Que deberían hacer? ¿Empacar y salir?−Mason asintió con la cabeza.−Algunos lo hacen.

−No parece haber urgencia.

−Ten en cuenta que esto ha estado sucediendo durante veintitrés años. Es un hecho de la vida ahora.

−Pero recibes atención de los medios, ¿verdad? ¿Seguramente?

−Seguro. Depende del ciclo de noticias. Más o menos cada pocos años, seremos destacados. Estuvimos en
Dateline un año. Y Asesinatos Sin Resolver también.

−¿Conseguiste tiempo en la pantalla?

−No, ambos sucedieron mientras yo no estaba. Pero recibimos algo de publicidad. Y como sabes, el FBI
aparece de vez en cuando. No es como si estuviéramos aquí luchando contra esto solos.

−¿La gente del pueblo habla de eso?

−¿Qué quieres decir?

−¿Entre ellos? Me di cuenta en el café, con la camarera, Helen, cuando le dije que era escritora, sabía lo
que iba a escribir, pero nunca mencionó los asesinatos. Fue un poco brusca, si mal no recuerdo.

Mason se estaba volviendo y Grace se dio cuenta de que ya estaban en el parque. Por lo que había oído de
la conversación unilateral de Mason con su tío, debían comenzar en Boulder Creek "por el puente
peatonal" y otro equipo,—el departamento de policía,—comenzaba en el arroyo del pueblo, mientras
pasaba por la escuela y entraba en el parque. Otros equipos también estaban caminando en ambas
direcciones de Gillette Creek.

−Helen es una de las veteranas, nació y se crió aquí,−dijo Mason.−Aquellos de nosotros que vivimos
desde 1997 hemos sido afectados por los asesinatos de una forma u otra. Familia, amigos…hijos de
amigos.

Pero no, no creo que la gente hable de eso; hay cosas de las que no tienes que hablar.

−¿Esto es una de esas?

−Exactamente. Quienquiera que sea el asesino...es parte de este pueblo, parte de la historia. No es una
buena parte, pero sí una parte.−Apagó el motor pero no se movió para salir.−Hay un juego en el pueblo.
Todo está a cubierto, fuera de la vista...pero todos saben que está ahí. El padre de Ronnie Miller lo
empezó en 2002, creo que sí. Ronnie lo mantuvo. Puedes apostar por los asesinatos.

−Oh, Dios mío...¿estás bromeando?

−Ojalá lo estuviera. Hay varios potes diferentes...fecha de la primera desaparición, fecha en que se
encuentra el primer cuerpo, cuántos asesinatos habrá, cosas así. Es un dólar alto...cien dólares la apuesta.

−¿Cuánta gente participa?

−Principalmente los veteranos. Es posible que las personas cercanas al pueblo ni siquiera lo sepan.

−Entonces, ¿cuántos?

−Una de los potes del año pasado tenía más de diez mil dólares;

¿total? Yo diría que cuatrocientas o quinientas personas van a Ferretería y hacen una apuesta o dos.
Algunos años, probablemente más.

−¿Por qué lo permites?

Mason se encogió de hombros.−Como dije, por debajo de la mesa, fuera de la vista. El Sheriff Parker,—fue
sheriff antes que mi tío,—trató de detenerlo un año, pero no importó.−Abrió la puerta y salió.
Grace la miró al otro lado del capó de la camioneta.−La madre...no parecía excepcionalmente angustiada.
Pensé que era extraño.

Mason la miró a los ojos pero no dijo nada.

−Me recuerda un poco a La Lotería. Saben que le va a pasar a alguien...solo no saben quién.

Mason levantó las cejas.−¿Así que miran hacia otro lado? ¿Ofrecen condolencias con un suspiro de alivio
de que no fue su familia la que fue golpeada este año? Y si es tu familia, ¿encajas el golpe?

−Lo sabrías mejor que yo.

Estaban estacionados cerca de los campos de fútbol. Todavía había cinta de la escena del crimen en los
últimos lugares de estacionamiento.

Según Mason, el coche solo había desaparecido, encontrando los puntos ciegos que había en las cámaras
de vigilancia; pudieron rastrearlo a solo tres cuadras del parque, en dirección norte.

Caminó hacia la cinta, observando cómo la brisa la agitaba, haciendo que las letras corrieran juntas,
dificultando la lectura. El parque parecía vacío, el patio de recreo desierto. Era un día hermoso, soleado e
incluso más cálido que ayer, pero nadie parecía estar disfrutando.

−El sendero comienza aquí,−dijo Mason, pasando la cinta amarilla.−Hay una pasarela que cruza el arroyo
un poco más arriba; seguiremos el arroyo desde allí.

−¿Nos asignaron esta ruta debido a su ubicación?

−No lo sé. Por lo general, cuando alguien desaparece del parque, encontramos su cuerpo despejado al
otro lado del pueblo. Pero...dijiste un arroyo, entonces este es un arroyo.

−¿Hay otros en el otro lado del pueblo?

−Algunos enlaces, eso es todo. ¿Por qué? ¿Podría haber sido eso?

Grace vio el camino al que se dirigían. Era más grande de lo que pensaba, casi como el sendero para
caminar y andar en bicicleta que seguía la carretera. Pensó en la imagen que había visto...escuchado. El
agua era ruidosa, salpicando las rocas a paso rápido. No es algo que ella atribuya a un pequeño
arroyo.−No lo creo,
−dijo finalmente mientras se acercaba a Mason.−No pude ver el agua, solo la escuché. Parecía más
grande.−Extendió sus manos.−Hablando de grandes…

−El sendero es así por los campos, grande y bien cuidado. La verdadera ruta de senderismo se parecerá a
la que estábamos ayer.

No hablaban mientras caminaban. Sus botas crujieron sobre las piedras, rompiendo el silencio. No sabía
cómo Mason,—o cualquier otra persona,—manejaba normalmente los asesinatos, al menos
emocionalmente. Veintitrés años de ellos. ¿Cómo reaccionaría alguien? ¿Lo de siempre?

−Mason, no había copias de los informes del forense en el archivo que tengo. Además, los perfiladores del
FBI no dieron mucho; ¿existe la posibilidad de que haya varios asesinos? La causa de la muerte es muy
diferente: estrangulamiento, heridas de arma blanca, ahogamiento, trauma por fuerza contundente, etc.

−Sí, de todas las formas posibles excepto por disparos. Los perfiladores no obtuvieron nada. Varón
blanco, de veinte a cuarenta, un solitario, posiblemente un paria.

−El Agente Kemp dijo que tenías lo que él llamaba hombres de las montañas viviendo por aquí...fuera de
la red.

−Tengo algunos, sí. Viven de la tierra, usan energía solar, ese tipo de cosas. También tengo algunos
preparadores del fin del mundo; algunas de esas personas pueden volverse bastante locas y están
abastecidas de suministros y armas, pero en su mayor parte, son inofensivas. Viven en las colinas y se
mantienen solos, vienen al pueblo varias veces al año.

−¿Pero han sido revisados?

−Claro, pero muchos de ellos ni siquiera estaban aquí cuando comenzaron los asesinatos.

−Entonces, ¿podría haber múltiples asesinos?−Preguntó de nuevo.

−Supongo. O un imitador.

−O dos actuando independientemente, sin saber quién es el otro.

−¿No es un poco descabellado? Quiero decir, estamos aquí en las montañas, lejos de cualquier ciudad.
Solo no hay tanta gente aquí afuera.

El sendero llegó a una bifurcación y, como había dicho Mason, el sendero que serpenteaba hacia el bosque
era más pequeño y no se mantenía como el que habían estado caminando. Todavía era lo suficientemente
ancho como para caminar uno al lado del otro y metió las manos en los bolsillos de su sudadera con
capucha para evitar que se balancearan y chocaran con los de Mason.

−¿Por qué regresaste a Gillette Park?

Mason la miró.−Pensé que ya sabías esa respuesta.

−Creo que usaste a tu madre como excusa.

−¿Doctora Jennings? ¿Psicología?

Grace sonrió.−Sí, en realidad.

−¿Tú practicas?

−No. Enseñé, pero esa no era mi vocación. Disfruté poco de la enseñanza.−Se encogió de hombros,
preguntándose si esa era la primera vez que lo había dicho en voz alta a alguien. Se había convencido de
que le encantaría enseñar. Era lo opuesto a encantar. Lo detestaba.−No hizo nada más que pagar las
cuentas. Salí tan pronto como pude. Tomé una cátedra visitante en Nueva Orleans. Esos siempre tienen
una fecha de finalización, así que no estoy encerrada.

−Cuando consulta con el FBI, ¿le pagan una cantidad decente?

−Sí.

−Y el pueblo te está pagando, lo sé. El Tío Alan no dijo cuánto.

No era una pregunta y no sintió la necesidad de decírselo.−Vivo de manera muy simple. Mi salario de
enseñanza se redujo a ahorros. Mi salario de...bueno, de trabajos como este fue para pagar préstamos
estudiantiles al principio. Actualmente no tengo deudas y tengo suficiente dinero ahorrado para pasar
unos años.

−¿Mientras escribes?
−Sí. Entonces, ¿por qué regresaste?−Preguntó ella, cambiando la conversación de nuevo a Mason.

−¿Quieres decir que no lo sabes?

Grace sacudió la cabeza.−Te lo dije, no soy una telépata.

−¿Cómo supiste de mi madre?

−Yo...tuve un sueño sobre ti.

Mason se echó a reír.−Entonces, estás soñando conmigo, ¿eh?

¿Debería sentirme halagada?

Grace se sonrojó, lo que hizo que Mason se riera de nuevo.−Fue en medio de pesadillas...no creo que me
sienta halagado.
−¿Por qué? Pesadillas, quiero decir.

−Entonces, ¿quién está en el sofá de quién en este momento? ¿Pensé que estaba haciendo las preguntas?

Llegaron a un pequeño puente,—una pasarela,—que cruzaba el arroyo. Mason estaba en el medio,


pareciendo inspeccionar su posición. El arroyo, aunque no excepcionalmente ancho, estaba bastante
activo: el agua clara fluía a paso rápido sobre rocas y cantos rodados. Grace se inclinó sobre el costado de
la barandilla, mirando al agua, imaginando peces en los agujeros más profundos.

El agua cristalina se oscureció, el profundo agujero negro como la noche. Vio aparecer un rostro...el de
una niña, no el de Jason Gorman; estaba sonriendo, su cabello rubio recogido a los lados en dos coletas;
¿La pequeña levantó una mano, llamándola? ¿O tal vez saludándola? Luego la sonrisa cambió,—la boca se
abrió y el fuerte grito que brotó del arroyo se convirtió en un chillido de terror y Grace se tapó los oídos.
El agua se puso roja como la sangre cuando la cara de la niña desapareció, como si algo,—alguien,—la
estuviera hundiendo.

−¿Grace?

Sabía que Mason no había escuchado los gritos, sabía que no podía ver la sangre en el agua. Bajó las
manos y respiró hondo varias veces antes de darse la vuelta y encontrarse con los ojos preocupados de
Mason.

−¿Hubo...se encontró a otro aquí? ¿En el arroyo? ¿Una niña?

Mason frunció el ceño.−¿Por qué? ¿Qué viste?

Grace tragó saliva.−Una pequeña estaba en el agua...rubia, coletas, lazo en el pelo.

La cara de Mason se puso blanca y tragó saliva.−Susan...Susie Shackle fue encontrada aquí.−Mason se
volvió para mirar por el costado.−Solían tener tablones al otro lado del arroyo, no un puente; la
encontraron alojada debajo de las tablas.−Volvió a mirar hacia arriba y Grace se dio cuenta de que le
temblaban las manos.−¿Tú… crees que la viste?

−¿Susie fue la primera?

Mason asintió con la cabeza.−Una compañera de clase...una compañera de juegos. Cuando tenía diez
años. Vivíamos en la misma cuadra.

−Sin embargo, no se ahogó.

−No. Abusada sexualmente. Estrangulada.

Grace asintió. Mientras leía el expediente, se había tomado nota de que no todas las niñas habían sido
agredidas sexualmente. Eso la había hecho considerar la existencia de un segundo asesino.

−Volviendo a mi pregunta anterior, ¿podría haber más de un asesino? No todos son agredidos
sexualmente. Por supuesto,eso en si mismo no es definitorio. Ha matado tanto a niños como a niñas. No
creo que la parte sexual sea lo que lo impulse. Pero, ¿por qué alunos y no todos?

Mason cruzó el puente hasta el otro lado.−Tienes que leer los informes de los perfiladores del FBI. Ellos
toman nota de eso, pero no creo que pensaran que fuera relevante.

−Por supuesto que es relevante. Tiene que haber una razón.−Necesitaba volver y leer el archivo de
nuevo, esta vez tomando notas. Antes, solo estaba tratando de atravesarlo sin…bueno, sin tener visiones y
sin que lo que fuera que la atacara le abriera el pecho.

−¿Tienes alguna suposición?

Grace negó con la cabeza.−No soy una perfiladora. Y no soy una psiquiatra en ejercicio.
−¿Pero tienes una suposición?

−No. A decir verdad, no he estudiado el archivo tanto como debería.−Se alejó un poco de Mason,
estudiando el suelo y los árboles, esperando que algo le resultara familiar.−Hay algo que no te dije.−Se
volvió hacia Mason.−Cuando el FBI me pidió que ayudara aquí, les dije que no estaba interesada. Me
enviaron el archivo de todos modos. La primera vez que lo estaba leyendo, algo...algo me atacó. No sabía
que era eso en ese momento. Mi garganta estaba cerrada, mi pecho estaba tan apretado que pensé que
estaba teniendo un ataque al corazón; tenía que...apartarme del presente. Pasó casi una hora antes de que
se levantara el peso. Y pasaron dos días antes de que intentara leer el archivo nuevamente. Cuando sentí
que se avecinaba el ataque, cerré el archivo y esperé. Me tomó,—no sé,—cinco o seis veces superarlo solo
una vez. Así que leí el archivo, pero no tuve la oportunidad de leerlo a fondo, de tomar notas.

−Algo...¿te atacó? ¿En Nueva Orleans?−El tono de Mason indicaba que no le creía.

Grace le dedicó una sonrisa falsa.−Sé que no lo entiende, Oficial Cooper. Como sea...llamémoslo una
fuerza. Cualquiera que sea la fuerza que hay aquí, no puedes verla, oírla o sentirla...todo lo que puedes
ver es un cadáver. El resultado. Tu asesino no es más que una marioneta, creo.−Extendió sus manos.−Por
eso digo que muy bien podría haber más de un asesino. Y por qué es posible que ni siquiera sepan que
están matando.

−Oh, vamos, doc. Esto ha estado sucediendo durante veintitrés años.

Si no saben que están matando...¿cómo pueden no dejar pruebas? ¿Cómo pueden ocultar sus huellas?
¿Cómo puede un automóvil con placas embarradas recoger a un niño después de un partido de fútbol y
nadie lo ve?

−Porque no quiere que nadie lo vea.

Se miraron entre ellas y ella pudo ver la incredulidad en los ojos de Mason. No era nuevo para ella;
siempre había incredulidad. Hasta que no hubo.

Mason finalmente apartó los ojos y les hizo un gesto a su alrededor.−¿Alguna idea de dónde buscar? ¿De
qué lado del arroyo?

−¿Estás pidiendo mi opinión o si tengo una suposición?

−Ambos. Lo que sea.−Mason levantó las manos.−Usa tus poderes.

Grace la miró por un momento, mordiéndose la lengua para no contestar.−Bueno, este lado tiene más
sentido, ya que está más lejos de los campos y el estacionamiento. Sin embargo, no estoy sintiendo nada,
así que es solo una suposición.

Caminaron en silencio entre los árboles, manteniendo el arroyo a la vista. Nada le parecía perturbado.

−Estoy pensando que va a ser Gillette Creek,−dijo Mason, rompiendo el silencio.−Fue secuestrado aquí y
se lo llevaron. No puedo ver al asesino trayéndolo de vuelta aquí para tirar el cuerpo.

−Obviamente no conduciría su auto al estacionamiento. Sería una buena caminata por el bosque, ¿no?

−Sí. A lo largo de los años, sin embargo, se han encontrado cuerpos a millas de distancia.

−Pero, ¿siempre los has encontrado?

−Hay dos cuerpos que nunca fueron encontrados. Ambas mujeres.

Estaban separadas por algunos años. Una fue en 2012, creo; la otra, tal vez 2009 o 2010.

−¿Estás segura de que son parte de esto? Quizás se escaparon.

Mason negó con la cabeza.−No. Demasiado joven, creo. Una tenía catorce años, la otra trece. Buenas
familias, infancias felices. No fugitivos. Se encontraron unos pocos semanas después. Una vez, y esto fue
mientras yo estaba fuera, el niño desapareció en abril. No la encontraron hasta la primavera siguiente.
Algunos esquiadores de fondo la encontraron aquí en el cañón.−Mason gesticuló delante de ellos.−Este
cañón por el que fluye el arroyo se llama Moose Gulch. Solo podemos caminar un poco más de una milla
antes de que se vuelva realmente rocoso y empinado.

−¿Qué año fue este?

−No me acuerdo. Podemos encontrarlo en el archivo con bastante facilidad. Tenía diecisiete años.
Embarazada.

−Okey, sí. Me acuerdo de ese. Realmente fue el único cuerpo que fue gravemente mutilado.
−Sí. Algunos de animales, pero...

−Si.−En otras palabras, sin signos de un bebé. Hizo a un lado ese pensamiento, tratando de pensar en
algo más atractivo para hablar.

−¿Hay alces aquí? El cañón: Moose Gulch.

Mason sacudió la cabeza.−No creo que nadie haya visto uno en años.

No en mi vida.

−¿Tú eres qué? Tenías diez años cuando ocurrió el primer asesinato, así que tienes...¿treinta y tres?

−Los tengo.

Caminaron en silencio, ambas mirando al otro lado del arroyo de vez en cuando. El cañón se estaba
volviendo más empinado, las rocas cada vez más grandes. Miró hacia adelante, preguntándose qué tan
lejos podrían llegar antes de darse por vencidas.

−¿Buscas a caballo? ¿O con perros?

−A caballo y a pie. Perros no.

Antes de que pudiera preguntar por qué no usaban perros, sonó el celular de Mason. Usó el descanso
para recuperar el aliento y se sentó en una roca. El lado de la conversación de Mason fue murmurado,
silenciado, y solo pudo distinguir una palabra aquí o allá; por su lenguaje corporal podía decir que habían
encontrado al chico; Mason guardó su teléfono en el bolsillo y se dio la vuelta para mirarla.

−Lo encontraron. Gillette Creek. Alrededor de una milla adentro.

Asintió, sin saber qué decir.

−Cuchillo esta vez,−continuó Mason.−Dijo que estaba ensangrentado, de pies a cabeza.−Mason se


encontró con su mirada.−Encontraron su balón de fútbol a su lado. Así lo vieron. El balón blanco.

Sí. Sin luna llena...el balón de fútbol. ¿Por qué se molestaría el asesino con el balón? ¿Qué significaba? ¿O
fue para su beneficio?

−El niño que encontramos hace unas semanas,—Donnie Redman,—

había sido estrangulado.−Se aclaró la garganta.−Lo encontré.−Mason le dio la espalda a Grace y pudo
ver que tenía los ojos cerrados.−Fue el primero que encontré.

−Ya veo.−Se dio la vuelta para enfrentar a Mason.−¿Y te afectó de manera diferente?

−Lo hizo. No sé porque. He estado en los otros sitios mientras el cuerpo todavía estaba allí. Esta vez
estaba sola. Lo encontré. Y me senté con él y...−Sus manos se apretaron en puños y Grace extendió la
mano para tocar una de ellas.

−¿Y?−Incitó.

−Y me sentí impotente y malditamente inútil, eso es. ¿Qué estamos haciendo aquí? El niño desaparece. El
niño es asesinado; encontramos niño.

Enjuague, repita. Una y otra vez.

−Mason, me gustaría decirte que esta vez será diferente. De hecho, te lo diré.−Mason la miró a los ojos.
−Será diferente porque estoy aquí. Y si solo estuviéramos tratando con un asesino, estoy segura de que
podría guiarte hasta él.

−¿Pero?

−Hay algo más en juego aquí. Incluso si encuentras al asesino, no creo que se detenga. Solo usará a
alguien más. Por eso creo que puedes tener múltiples asesinos.
Mason dejó caer los hombros.−Ni siquiera sé qué decir a eso.

−No. No espero que lo hagas. Averiguaremos más muy pronto, creo.

Tienes que mantener una mente abierta.

−¿Mente abierta? Doc, estoy tratando de evitar perder la cabeza.


Capítulo Trece
Mason se sentó en la barra, pensativa,—sí, lo admitiría. No escuchaba las conversaciones a su alrededor, no
escuchaba la música country que salía de la máquina de discos, y había pasado por alto a Gary
preguntándole si quería otra cerveza. Trajo una nueva, el vaso helado y frío. Mientras lo miraba vacío, ella
se quedó mirando el vaso, sin recordar haberlo bebido.

Scott Kemp se había marchado del pueblo con apenas un saludo y la promesa de volver "en algún momento
del próximo mes" o antes, si recibía una llamada. Aparentemente, su tarea era poner a la Dra. Jennings al
día y quedarse solo si había algún inconveniente. Supongo que el FBI no pensó que el asesinato de un niño
de doce años fuera un gran problema. Dos chicos. No olvide a Donnie Redman. Cerró los ojos por un
momento y se lo imaginó tendido en el suelo del bosque, con el pelo limpio y suave. Sabía que era suave
porque lo había tocado; también le había tocado la mejilla. Su piel estaba fría, pero suave. Un niño. Un
niño de once años, le arrebataron la vida...¿para qué? ¿Para satisfacer a un loco con la necesidad de
matar? O

peor, si hay que creer en Grace. Fue la parte de "o peor" lo que la hizo tambalear, ¿no?

No importaba. Jason Gorman fue el número dos. Como de costumbre, no hubo nada. Nada en video. Nada
donde lo encontraron; incluso trajeron a Neal Addick,—un guía de caza—para rastrear por la ruta que el
asesino habría utilizado para traer el cuerpo; perdió el rastro después de unos cien metros. Fue "como si
algo lo agarrara donde estaba", dijo. No más huellas.

Sin ramitas rotas. Sin ramas rotas. No nada. Como siempre.

Cuando le había transmitido esa información a Grace, no parecía sorprendida. Lo mejor que podía decir
era que la buena doctora estaba operando bajo la suposición de que quienquiera que estuviera matando
no estaba trabajando solo. Y,—lo mejor que podía decir,—Grace también asumía que el algo que estaba
ayudando no era de este mundo físico. Sí, esa sería la parte "o peor" de este escenario.

Cogió la cerveza nueva y tomó un trago. Sí, eso es lo que pensó Grace.

Y eso, por supuesto, no era algo con lo que estuviera dispuesta a lidiar. No podía entenderlo. No podía,—
con toda seriedad,—ni siquiera contemplarlo.

Ningún policía en su sano juicio consideraría siquiera la idea. Porque era una locura. Una cosa de locos.

Sin embargo, Grace lo creyó. Grace no pensó que fuera tan loco.

−Habla con gente muerta,−murmuró como recordatorio para sí misma. Sí, Grace habla con los muertos.
Grace también vio a la pequeña Susie Shackle en el arroyo, con coletas y todo. Susie siempre usaba
coletas.

Siempre. Y su madre siempre recortaba un lazo enorme en la coleta derecha.

A Susie le encantaban los lazos. Mason recordó las muchas veces que había salido de su casa con un
maldito moño en su propio cabello, solo para arrancarlo tan pronto como estaba fuera de la vista de la
casa—y de su madre. Mason se preguntó cuántos habría "perdido" antes de que su madre dejara de
ponerlos en su cabello. A menudo le daría el lazo ofensivo a Susie, quien con mucho gusto se lo quitaba.
Ese día en particular que había desaparecido, Mason recordó que era un lazo rojo que Susie había estado
usando. Bueno, no sabía si realmente lo recordaba o si pensaba que lo recordaba. Estaba en el
expediente, lo que llevaba puesto, su último paradero...y el lazo rojo; Grace había visto un arco. ¿Era rojo?

−¿Te importa la compañía?

No volvió la cabeza al oír la voz de Grace. De alguna manera, la había estado esperando.−Supongo que
eso depende de si buscas una buena compañía o no.

Grace se sentó en el taburete a su lado.−El Agente Kemp dejó el alquiler conmigo, pero no sé lo suficiente
sobre el pueblo para conseguir una cena decente. Dijo que la comida del bar aquí era bastante buena.

−Gary incluso te dirá que es saludable, pero no le creas,−dijo cuándo Gary se materializó.

−¿Te traigo una cerveza, señora?

Grace sacudió la cabeza.−Si tienes un buen whisky...en las rocas,−dijo, sorprendiendo a Mason.

Mason le dio un golpe en el brazo.−¿Esto significa que no estás trabajando?−Escuchó a Grace suspirar
antes de responder.

−Estoy cansada. No duermo bien.

−Mencionaste que tenías pesadillas. ¿Las tienes a menudo?

Gary regresó con su bebida y colocó el vaso en una servilleta, luego volvió a desaparecer en silencio.
Grace tomó el vaso y agitó el líquido alrededor de los cubitos de hielo antes de tomar un sorbo; volvió a
dejar el vaso antes de volverse hacia ella.

−No, no las tengo a menudo.−Sonrió,—una pequeña y rápida sonrisa,—y Mason se encontró


devolviéndola. Era bonita, atractiva. La hizo olvidar por completo que Grace hablaba con los muertos.
−Algunos podrían decir que mi vida diaria es una pesadilla, entonces, ¿cómo podría tener sueños que me
asusten?

−¿Lo hacen? Asustarte, quiero decir.

Grace asintió.−Estas lo hacen, sí. He estado soñando con los asesinatos, con el pueblo mismo. Como una
película que avanza Página 73 de 318

Al−AnkaMMXX

rápidamente. Tan pronto como me despierto, lo recuerdo con vívidos detalles. Y sí, tengo miedo. Tiemblo.
Pero luego se desvanece tan rápido que solo puedo aferrarme a fragmentos aquí y allá. En una escena,
estoy encerrada en una caja, en un calabozo o algo así. Hay alguien conmigo, pero luego todo se
desvanece.−Volvió a ofrecer la misma pequeña sonrisa.−Entonces no puedo recordar por qué estaba
asustada en primer lugar.−Tomó otro sorbo de su bebida.−Soñé con una niña. Estaba llamando a una
puerta. En la habitación había un hombre...con una mujer más joven, una pelirroja. La niña estaba
llorando.

Mason la miró, sabiendo,—por alguna razón,—que ya no hablaba de los asesinatos.

−El hombre en la cama con la joven...su nombre era Don o John.−Grace la miró con aire de disculpa.
−Cooper. Su apellido era Cooper.

Eras la niñita.

Mason finalmente apartó la mirada de su mirada.−Don. Se llamaba Don. Solo tenía diez años cuando se
fue...en realidad no era una niña pequeña.

−No, eras mucho más joven en mi sueño. Seis, tal vez.

Se encogió de hombros, fingiendo desinterés cuando, en realidad, estaba más que curiosa.−Nunca
escuché rumores de que él tuviera una aventura.

−Quizás el sueño no significó nada. Quizás fue solo simbólico.

−¿Por qué soñarías conmigo?

−No lo sé. ¿Por qué me acuerdo de ese y no de los demás?−Grace miró por encima del hombro a la
multitud reunida en el bar.−¿Ya saben por qué estoy aquí?

−Probablemente no. El Tío Alan y el jefe Danner están tratando de mantenerlo bajo control. No quiero
que la gente mire y señale a la psíquica loca, ¿sabes?−Temporizó sus palabras con una rápida sonrisa.

−Tal vez debería quedarme en mi habitación y cocinar la cena en lugar de salir entonces. Odio que me
miren fijamente.

−Oh, te dejarán en paz. Como dije, la gente realmente no habla de eso.

Y muchos te tendrá más miedo que curiosidad.

−La otra psíquica se fue huyendo del pueblo.

Mason asintió con la cabeza.−En cierto modo, sí. Pero ella fue excesiva. Apareció por todo el pueblo, a
todas horas, incluso en la escuela durante las clases;—no le importaba cuándo.−Mason frunció el ceño, un
recuerdo molestándola. Ella y la psíquica,—la gitana,—conversando.

¿Habían hablado alguna vez? No. Lo habría recordado; se sacudió el recuerdo.−Por supuesto, estaba la
sesión. Ese hizo el truco.

−Quería preguntarte sobre eso.−Grace negó con la cabeza cuando llegó Gary y preguntó en silencio si
quería otro. Mason también negó con la cabeza. Cuando Gary siguió adelante, Grace continuó.−Tu tío dijo
que la sesión era para tratar de hablar con Susie Shackle.

−Sí.

−¿Sabes por qué? Quiero decir, por qué Susie, en particular.

Mason sacudió la cabeza.−No tengo idea.

−¿Quién lo sabría?
−¿Por qué eso importa?

−No lo sé, de verdad. Susie fue la primera. Susie sabría más que los demás.

Mason tuvo que apretar su mano con fuerza alrededor de su jarra de cerveza para evitar echar la cabeza
hacia atrás y gritar. No sabía si etiquetaría a Grace como loca o no, pero definitivamente estaba al borde
de lo espeluznante.−Hablas de ellos como si todavía fueran personas.

−Todavía existen, sí,−dijo Grace fácilmente.−Para mí. Y para su psíquica que estuvo aquí en 2004.−Grace
se inclinó hacia ella.−Probablemente este no sea el mejor lugar para tener una conversación como esta.

−Tienes razón.−No podía pensar en ningún lugar que fuera un buen lugar para esta conversación. En
cualquier lugar o en cualquier momento.

Terminó su cerveza, cambiando de tema.−¿Qué hay en la agenda mañana?

−¿Qué hay en tu agenda?

Mason extendió las manos.−Debo estar a tu disposición durante tu estadía aquí o hasta que me digan lo
contrario.

−Entonces, ¿estás fuera de la investigación?

Ante eso, Mason se echó a reír.−Grace, no hay ninguna investigación.

−Tienes el cuerpo. Forense...

−Seguro. Y pueden encontrar una fibra extraña o dos, una mancha de algo u otro. A veces lo hacen. Una
vez, encontraron jugo de tabaco en la ropa, lo que sugiere que nuestro asesino masticaba o mojaba, pero
no había ADN.

Algunas veces, ha habido fibras que no coincidían con la ropa de la víctima.

−Entonces, ¿la policía no hace nada?

−Esta es la primera vez que tenemos algo en video. Quiero decir, el auto. Continuarán revisando la
vigilancia por video, con la esperanza de echar un vistazo al auto en algún lugar del pueblo. Tal vez ir a
la tienda de comestibles, al banco...a alguna parte.−Hizo un gesto a Gary para que se
acercara.−Hablarán un poco más con sus amigos, verán si alguien ve a un extraño merodeando, cosas así.

−¿Quieres otra cerveza, Mason?

−No. Cena. ¿Qué hay de bueno esta noche?−Preguntó ella, sabiendo que él diría que la hamburguesa con
queso y tocino era excepcional esta noche. Ella, a su vez, ordenaría el pollo.
−La hamburguesa con queso con tocino parece ser un gran éxito esta noche,−dijo en el momento justo.

−Supongo que tendré el sándwich de pollo a la parrilla entonces; sin papas fritas.−Se giró hacia Grace.−
¿Que pasa contigo? ¿Hamburguesa o algo así?

−El pollo a la parrilla suena bien. Aunque tendré las papas fritas.

−¿Otro trago?−Preguntó.

−No, gracias. Tomaré mi cena para llevar, por favor.

−Yo también,−Mason dijo, ignorando la expresión de sorpresa de Gary mientras se alejaba. Siempre
cenaba aquí.−¿Quieres venir a mi casa y hablar en privado?−Las palabras salieron antes de que ella
comprendiera completamente su significado. ¿De verdad invitó a Grace,—la psíquica loca,—a su casa?
Grace vaciló un buen rato antes de responder y Mason se preguntó qué objeciones tenía.

−Okey. Gracias.

Mason se inclinó más cerca.−Eso tomó un tiempo. ¿Cuál es el problema?

Grace sacudió su cabeza.−Ningún problema. Estaba sopesando la sinceridad de tu oferta. No me han


invitado a compartir la cena con nadie en...bueno, hace mucho tiempo.

Mason asintió con la cabeza.−Lo suficientemente justo.−Grace no tuvo que pronunciar las palabras. Un
fenómeno. Maldición...lo difícil que debe haber sido creciendo con esa maldición. No solo crecer;
aparentemente, todavía la siguió hasta el día de hoy.−Para ser sincera, la oferta salió antes de que
realmente tuviera una posibilidad de contemplarla.

−¿Desea rescindir?

¿Qué tan grosero sería decir que sí? Ya se veían bastante tal como estaba. Pero no, ella no retiraría la
oferta. Puede que le tenga un poco de miedo a la Dra. Grace Jennings, claro, pero no recurriría a una
grosería descarada.

−No. Ven a la casa.


Capítulo Catorce
Grace aparcó en el camino de entrada junto a la camioneta de Mason.

Estaban en una de las últimas calles que chocaban contra la montaña, en un barrio pintoresco que se
mezclaba con los árboles. La casa de Mason parecía ser una cabaña rústica construida con piedra y
madera, a juego con el diseño de la mayoría de sus vecinas. Tan al norte, todavía había mucha luz en el
cielo, a pesar de que se acercaba a las ocho. También había un frío en el aire esta noche, lo que le hizo
desear haberse puesto una chaqueta.

−Hogar, dulce hogar,−dijo Mason mientras abría la puerta y encendía una luz interior.−Nada lujoso, me
temo.

−Parece acogedor,− dijo mientras entraba.

No había entrada. La puerta principal se abrió a una gran sala de estar.

A la derecha estaba la cocina con una barra que separaba las habitaciones.

Más allá de la sala de estar había un pasillo donde supuso que estaban los dormitorios. La pared trasera
de la cocina era un rincón de desayuno con grandes ventanales. Una pequeña mesa estaba apoyada
contra las ventanas y solo había dos sillas allí. La cocina se veía impecable, como si se usara poco. Y
quizás no lo fue.

−¿El agua está bien? ¿O algo más fuerte?

−El agua está bien.−Puso su bolso en la mesa junto a la de Mason.−¿Tú vives sola?−No había habido
motivo para que siquiera contemplara la vida personal de Mason, pero sabía la respuesta a la pregunta.
No vio ninguna otra presencia en la casa.
−¿Estás preguntando si estoy soltera o no?

−Ser soltera y vivir sola no son mutuamente excluyentes.−Sacó una silla y se sentó.−Asumo que vives
sola. Yo no supongo que está sola.−Sonrió.−¿Ves?

Había un servilletero sobre la mesa y Mason sacó dos y le entregó una.−¿Tienes curiosidad sobre mi
estado o solo hacer una conversación?

−¿Significa que estoy husmeando en tu vida personal?−Sacó el emparedado y abrió el envoltorio. El olor
le hizo agua la boca.

−Me he dado cuenta de que cada vez que tenemos una conversación, tiendes a mantenerla muy formal.
−Mason mordió su sándwich con un gemido.−Me perdí el almuerzo.

−Sí, lo sé. Estaba contigo.−También le dio un mordisco, saboreando el sabor del jugoso pollo.−¿Y formal?

−Sí. Como...formal. Cortés. Demasiado cortés.

Grace sonrió.−Okey. Entonces, ¿estás soltera o qué?

Mason se echó a reír.−Sí. ¿Ves? No tan formal.

−¿Entonces?

−Un pueblo de este tamaño...y a mi edad, no hay muchas opciones.

Grace se encontró con su mirada.−¿Quieres decir, opciones para una lesbiana?

Mason también sonrió.−¿Ves? Si todavía fueras toda formal y educada, no hubieras hecho esa pregunta.
−Tomó otro bocado de su emparedado.−¿Qué me delató?

−¿Te delató?−Grace sacudió la cabeza.−Nada en realidad.−Entonces frunció el ceño.−¿Por qué? ¿Estás


en el armario?

−No. Sin embargo, desde que regresé, ese no es un tema que surja.

−Eres un poco joven por haber renunciado al amor.−Tan pronto como lo dijo, supo que había invitado
preguntas si Mason estaba dispuesta. Y

aparentemente lo estaba.

−¿Y tú? ¿Tienes un chico esperándote en Nueva Orleans?

−¿Un chico?

−O chica.
Grace mordisqueó una de las rodajas de patata, preguntándose cómo debería responder. La verdad
parecía demasiado deprimente para decirla en voz alta. Pero era demasiado mayor para inventar historias
sobre tener un amante esperándola en casa. ¿No?

−Nueva Orleans no es realmente mi hogar.−No estaba segura de sí se lo estaba reafirmando a sí misma o


solo haciéndole saber a Mason.−Y no, no hay nadie esperándome. Chico o chica.−Volvió a coger su
sándwich.−Dudo que vuelva a Nueva Orleans cuando me vaya de aquí. Octubre o
noviembre...probablemente me iré a Florida.

−¿Crees que llevará tanto tiempo encontrar a nuestro asesino?

−Espero que no. Pero planeo quedarme de todos modos; necesito un lugar tranquilo para escribir. Tengo
mi habitación reservada hasta octubre.

−Guau. ¿Cuánto te va a costar?

−No es barato, aunque Donna me aseguró que me da un respiro en el precio.

Mason apoyó los codos sobre la mesa.−Entonces...¿chico o chica?

Grace reflexionó sobre la pregunta.−¿Necesitas una etiqueta?

−¿Cualquiera? ¿Ambos?

Grace sacudió la cabeza.−Ninguno.−Levantó la mano, deteniendo la siguiente pregunta de Mason.−¿Por


qué te mudaste a Gillette Park?

Mason suspiró, un largo suspiro que Grace sabía que significaba que esta vez no iba a ignorar la
pregunta.

−Estaba esta chica. −Sonrió rápidamente, luego se desvaneció.−Llevamos saliendo un par de años.
Todavía teníamos nuestras propias casas, pero era algo serio. O eso pensé.−Giró la tapa de su botella
de agua y tomó un sorbo.−Yo...le pedí que se casara conmigo.−Volvió a colocar la tapa.−Ella dijo que
no.

−Ay.

−Sí. Ella...ella no estaba lista. Demonios, ni siquiera sé si lo era, de verdad. Pero cambió las cosas.
Teníamos una relación tan buena antes y...bueno, cambió. Sobre todo culpa mía.

−¿Rompiste?

−Supongo que podrías llamarlo así. Estaba herida y avergonzada y...

−¿Por qué avergonzada?

−¿Por qué? Porque tenía un anillo y me arrodillé,—todo el asunto.

Estaba tan segura de que ella diría que sí, no estaba preparada para un "no".

De todos modos, mi madre...eme necesitaba aquí.−Mason le dedicó una media sonrisa.−Y sí, fue una
excusa y la tomé.

−¿Y qué? ¿Así fue como rompiste? ¿Te fuiste?

−Las cosas se habían vuelto incómodas. De nuevo, culpa mía. No pude pasar de ella diciendo que no y
empecé a diseccionar todo sobre nuestra relación, preguntándome hacia dónde nos dirigíamos, si es que
hacia algún lado. Creo que se sintió aliviada cuando me fui.

−¿Le hablas?

Mason negó con la cabeza.−Ya no. Al principio lo hicimos. Luego, eso se redujo a una vez por
semana...luego un par de veces al mes.−Se encogió de hombros.−He vuelto hace más de cinco años. No
hemos hablado en los dos últimos, al menos. Ella tiene una nueva relación, así que...

−Algunas personas no necesitan o quieren casarse. No deberías culparte por eso o pensar que no eras digna—
o lo que sea—que te estés poniendo sobre ti misma.

−Siento que, porque ella dijo que no, yo estaba involucrado en nuestra relación mucho más que ella. Me
encontré cuestionando todo lo que ella decía y hacía, lo cual no era justo. Porque tienes razón. No era que
no quisiera casarse conmigo...solo no quería casarse.−Mason estiró las piernas.−Todavía no me arrepiento,
si eso es lo que estás pensando. Si me hubiera quedado, bueno, si no le hubiera pedido a ella para empezar,
todavía estaríamos viviendo separadas. Nuestra relación nunca habría progresado más allá de donde
estábamos; entonces, estoy bien con todo.
−Entonces, ¿tener un corazón roto no es la razón por la que no sales ahora?
Mason sonrió.−Volviendo a lo que dije originalmente, un pueblo de este tamaño, las opciones son
limitadas.

−Pero, ¿no totalmente seco?−Adivinó.

Mason se rió.−Sí…bastante seco, Grace. Veamos...en los cinco años que he estado de regreso, he estado
en quizás tres citas, si es que lo llaman así.

Hay un grupo en el pueblo, se reúnen una vez al mes. Ya sea en la casa de alguien o en un restaurante.
Una especie de reunión y convivencia. Solía ir a eso e hice algunas amigas, pero...las que tenían alrededor
de mi edad ya estaban emparejadas. La mayoría del grupo son mayores.−Se puso de pie y dobló el
envoltorio de su sándwich.−En el invierno, cuando las cosas van más lentas, me uniré a ellas. En los
veranos, suelo estar ocupada.

Mientras comía el último bocado de su sándwich, se preguntó si esa era una excusa que usaba Mason.
Que los veranos fueran ajetreados, por los asesinatos. Sospechaba que Mason rara vez se les unía en
invierno. Sin embargo, no es de su incumbencia. Solo estaba tratando de llevarse bien con ella lo
suficiente como para trabajar juntas. A ella no le importaba de una manera u otra su vida personal.

−¿Me llevarás al lugar donde encontraron a Jason Gorman?

−Por supuesto. Sin embargo, no estabas interesado en ir hoy,−le recordó Mason.

−Demasiada gente. Trabajo mucho mejor sola, sin público. No espero encontrar nada allí. Solo me
gustaría comparar dónde lo encontraron con la visión que tuve.

−Okey.

−También me gustaría volver al puente...sola.

Las cejas de Mason se arquearon.−¿Sola?

−Sí. Creo que puedo encontrarlo fácilmente. Podrías esperar en el estacionamiento.

−¿Por qué sola?

−Menos distracciones para mí...menos para ellos.

−Ah, sí...ellos.−Mason volvió a sentarse.−No me importa mantener mi distancia, pero quedarme en el


estacionamiento está demasiado lejos. Si te pasa algo, entonces...

Mason dejó el resto sin decir porque obviamente no tenía idea de lo que podría pasarle. El único miedo
que tenía Grace era que desapareciera en otro reino y perdiera la noción del tiempo. Había estado
haciendo esto el tiempo suficiente para que en realidad no le tuviera miedo al otro lado. No físicamente,
de todos modos. Miedos injustificados,—como los que podría tener un niño al ver una película de terror,—
se coló a veces, nublando su juicio, haciéndola cuestionar qué era real y qué no.

−¿Es posible que tenga acceso al archivo policial? O el archivo completo, debería decir.

−Pensé que tenías una copia.

−Los informes del M.E. o del forense faltan en muchos de ellos.

−Sí. Scott debería tener eso también. El FBI hizo una comparación hace unos años. Ten en cuenta que
durante los últimos veintitrés años, ha habido muchos examinadores médicos diferentes involucrados. El
departamento de policía es diferente, el departamento del sheriff es diferente. Diferentes tipos haciendo
los informes. Sin embargo, no hay un patrón, Grace. Algunas de las estrangulaciones se hicieron con
alambre, otras con cuerda, otras a mano. Algunos murieron por asfixia. Incluso las heridas de cuchillo son
diferentes; diferentes cuchillos, diferentes patrones de golpe.

−Todo lo cual sugiere diferentes asesinos.

Mason asintió con la cabeza.−Sabemos que es una posibilidad, pero no probable. Al menos según los
perfiladores del FBI no es probable. Si ese fuera el caso, tendrías que tener asesinos en serie trabajando
sincronizados.

−Sí, durante veintitrés años. Lo entiendo.


−Asesino imitador...eso ha sido lanzado. ¿Pero aquí afuera? Quizás en una gran ciudad, pero ¿aquí en
Gillette Park? No es ese tipo de pueblo. Tasa de criminalidad baja. De hecho, aparte de los asesinatos,
realmente no hay ningún crimen. No con los lugareños; ahora, durante los meses de verano, cuando
vienen los turistas, seguro, habrá algunas cosas insignificantes.

Incluso entonces, no vale la pena mencionarlo.


−¿Drogas?

− Algunos estudiantes de secundaria de vez en cuando se meten en problemas, no mucho más. El pueblo
ha crecido, ha traído gente nueva, nuevos negocios, pero la tasa de criminalidad se ha mantenido igual.
La población es mayor, quizás por eso.

−¿Mayor?

−No hay muchas oportunidades para los chicos después de graduarse de la escuela secundaria. La
mayoría se va a la universidad y no regresa. O si lo hacen, es cuando ya están casados y tienen una familia
—y están regresando a sus raíces y regresando con sus padres y abuelos. Sería difícil encontrar
veinteañeros aquí.

−Pero el pueblo ha crecido. ¿Quién se muda aquí?

−Jubilados jóvenes, en su mayoría. Y mucho de la industria tecnológica, los que trabajan desde casa.
Algunos vienen a atrapar a los turistas. Tengo algunos negocios nuevos en el área del centro antiguo que
se adaptan a ellos.

−¿Y los asesinatos no los espantan?

−Bueno, como dije antes, es más una cosa del casco antiguo.

−Seguramente algunas de las víctimas han sido de la nueva afluencia de personas.

−Seguro. Algunos. No Jason Gorman, aunque sus padres entrarían en el grupo de los que regresaron y se
fueron. El Sr. Gorman tiene un negocio en línea que administra.

Grace sacudió la cabeza.−No estoy segura,—si creciera aquí y supiera de los asesinatos,—de que pudiera
volver con niños pequeños; tiene que ser muy difícil.

−Estoy segura que lo es. Estoy segura de que la culpa también comerá a los Gorman.

−¿Cuántas víctimas hay, Mason?

−Jason Gorman lo convierte en el cincuenta y cinco.

−Dios mío,−murmuró ella.

−Piensa en un pueblo de este tamaño,—quince mil personas ahora,—

un par de asesinatos al año no es tan inusual. Lo inusual es que los asesinatos son aleatorios y les ocurren
a niños pequeños. En una ciudad de este tamaño, si es en cualquier otro lugar, sus asesinatos estarán
relacionados con las drogas o las pandillas o se producirán durante un robo a mano armada, allanamiento
de morada o algún otro crimen violento. No al azar. Esa es la diferencia.

Tantas preguntas, pensó Grace. Su instinto le decía que había más de un asesino, pero podía ver cómo eso
no tenía ningún sentido. El hecho de que hubiera estado sucediendo durante veintitrés años era casi
demasiado para comprender. Agregue que la gente parecía aceptarlo como una forma de vida y que tenía
una película de terror en proceso.

Se apartó de la mesa.−Yo-debería irme. Gracias por la cena y la compañía.

−Es un placer,−dijo Mason con una sonrisa.−¿A qué hora debo recogerte?

−No demasiado temprano. Quiero volver a leer el archivo y prefiero hacerlo a la luz del día,− admitió.−
¿Sobre las nueve?
Mason la acompañó afuera y ambas se detuvieron, mirando por encima de la cabeza a la miríada de
estrellas titilantes en el cielo despejado, su brillo oscurecido un poco por la luna creciente. El aire helado
la hizo temblar.

−¿Las noches son siempre frías?

−Depende de tu definición de frío. La elevación aquí es de más de dos mil doscientos metros. Incluso en
pleno verano, las noches son agradablemente frescas.−Entonces sonrió.−Viniendo de Nueva Orleans, se
podría decir frío. Sin embargo, escuché que se acercaba un frente. Nieve solo en las elevaciones más
altas. Dudo que seas sometida a eso.

−Es hermoso aquí, Mason. Tienes una bonita casa.−Inclinó la cabeza.−Te queda.

−¿Oh?

−Un poco resistente, pero agradable en los bordes.−Se giró y luego gritó sobre su hombro:−Nos vemos
en la mañana.
Capítulo Quince
Lucy oyó llorar al bebé y le recordó,—una vez más,—cuan sola y muy asustada estaba cuando nació Faith.
Stacy había sido evasiva sobre de quién era el bebé. Por el sonido, estaba cerca de su propia habitación.
Eso sugirió que podría ser alguien como ella. Alguien encerrada aquí, contra su voluntad. Si es así,
estaban calladas. Como ella y Faith estaban calladas. A veces podía escuchar la voz de una mujer,
tratando de silenciar al bebé. A veces podía oír a Stacy empujando un carrito. Probablemente un carrito
con una bandeja de comida, como las que les traía dos veces al día.

−Mamá, tengo algo que decirte.

Lucy miró a Faith, que estaba sentada en su lugar habitual en su pequeña mesa. Se apartó de la puerta—y
del sonido del bebé—y se unió a ella. La primera vez que Faith le dijo esas palabras, había salido con una
historia así, Lucy se había quedado sin habla. Luego, por supuesto, lo atribuyó a su situación. Faith no
tenía amigos, así que, por supuesto, inventaría algunos,—alguien con quien hablar, con quien jugar. En
realidad, no se había preocupado. Solo podía entretener a Faith hasta cierto punto.

Estaban limitadas con sus libros. Estaban limitadas con juguetes. Entonces, un día, mientras Faith estaba
en la esquina, jugando con uno de sus

"amigos", Lucy vio el coche moverse por el suelo. Faith se había reído mientras Lucy miraba fijamente,—
muda—mientras el auto regresaba al otro lado nuevamente. Faith se había reído y le había dicho a su
amiga Susie que

"lo hiciera de nuevo" y Lucy se quedó boquiabierta cuando el coche volvió a rodar por el suelo.

Le gustaba mucho más cuando pensaba que Faith tenía amigos imaginarios. Al principio, pensó que tal
vez Faith era como alguien que Lucy había visto en las películas cuando era niña. Movía cosas con su
mente. Sí, preferiría pensar eso que creer que uno de sus "amigos" había movido el coche. Pero luego
pasarían otras cosas. Faith le haría saber con mucha antelación cuándo iba a aparecer Stacy. Y Faith le
dijo que habría un bebé varios días antes de que Lucy escuchara el primer llanto. Sí, Faith parecía saber
cosas. Cosas que le dijeron. Sus amigos.

Con un paciente suspiro, juntó las manos y le dio a su hija toda su atención. Como de costumbre, Faith
pareció leer sus pensamientos y le sonrió para tranquilizarla.

−Está bien, mamá.

Lucy le devolvió la sonrisa.−¿Qué necesitas decirme, cariño?

La expresión de Faith se volvió seria.−Hay alguien en el pueblo, mamá.

−¿En el pueblo?

−Sí.
−¿Sabes qué es un pueblo?

−Por supuesto. Es donde vive la gente. Solías vivir allí.

−Gillette Park?

−Sí. Alguien vino al pueblo. Recuerda, te dije que alguien vendría a ayudarnos.

Se encontró con la mirada de su hija.−¿Ayúdanos a hacer qué, cariño?

Faith se mordió el labio inferior, como si pensara.−Un niño fue asesinado la otra noche. Jason. Y en unos
días, April será asesinada.

Esta no era la primera vez que Faith decía algo así. A lo largo de los años, ella anunciaría,—
Aparentemente de la nada—que una niña o un niño habían sido asesinados. Lucy no sabía qué hacer con
eso. Sabía todo sobre los asesinatos en el pueblo, los niños o niñas que desaparecían. Como ella.

Solo que ella no fue asesinada como el resto de ellos. Los asesinatos todavía continuaban, aparentemente.
El asesino en serie. De eso estaba hablando Faith, estaba segura.

−Esta señora nos va a encontrar aquí,−continuó Faith.−La señora nos va a sacar de aquí.

−¿Cómo?

−Susie la va a ayudar. Pero Rusty está enojado. Rusty quiere matar a esta dama. Grace. Se llama Grace.

Sí, Susie era su amiga, la que mencionaba con más frecuencia. Y sí, había escuchado a Faith mencionar a
Rusty antes. Rusty era malo. A Rusty le gustaban los asesinatos. Hicieron feliz a Rusty.

−¿Quién es esta mujer?−Se escuchó a sí misma preguntando.


−Ella es como yo, mamá.

−¿Como tú?

−Sí. También puede ver a todos mis amigos.

Lucy cerró los ojos por un segundo, preguntándose qué respuesta esperaba Faith de ella. Cuando los
abrió, Faith estaba susurrando, con la cabeza vuelta a la derecha. Lucy miró fijamente el lugar vacío,
sintiendo que los pelos de la nuca se ponían firmes. ¿Quién estaba en la habitación con ellas?

−Sin embargo, Grace necesita ayuda. Hay una oficial de policía que la va a ayudar.

−Ya veo.

−Susie dice que vas a tener que estar lista.

Lucy tragó saliva.−¿Estar lista?−Preguntó débilmente.

−Todavía no, mamá. Aún falta un poco. Las cosas no están del todo listas, dice. Porque Rusty...bueno,
Susie no ha podido hablar con Grace.−Luego asintió con la cabeza, como si Susie le estuviera recordando
algo.−Correcto. Y el bebé y su mamá también necesitarán nuestra ayuda.

−La mamá es...¿cómo dijiste que se llamaba? ¿Abby?

Faith asintió con la cabeza.−Ha estado aquí mucho tiempo también.

−¿Lo hace?

−Aunque no tanto como nosotras. Llamó a su bebé Andrew. Ese era el nombre de su papá,−dijo Faith con
total naturalidad.−Hay otra chica aquí.

Ahora tiene quince años. Su mamá fue asesinada después de que ella nació.

Ahora vive con Stacy. Cree que Stacy es su madre, pero en realidad no lo es.

Lucy sabía que Faith hablaba en serio, pero no estaba segura de sí esta información era real o si Faith
estaba usando su imaginación para llenar los espacios en blanco. Porque...
−Es real, mamá. No es mi imaginación.

Oh querido señor. Lucy se levantó rápidamente y se alejó varios pasos de su hija.

−Lo siento, mamá. No quiero asustarte.

Lucy levantó la mano.−Detente. Solo para. Es suficiente por ahora.−Ella hizo un gesto con la mano.−Ve…
lee un libro o algo.

Faith no se movió de la mesa y Lucy se desanimó al ver que tenía lágrimas en los ojos.

−Lo siento,− murmuró Faith con una voz infantil.

Lucy se apresuró hacia ella.−No cariño. Lo siento.−La abrazó.−A veces, sí, me asustas.

−Susie dice...tienes que confiar en mí. Susie dice que tienes que hacer exactamente lo que yo digo.

Ante eso, Lucy se apartó.−Eso es lo que dice Susie, ¿eh? Recuerdas que soy la madre, ¿verdad?

Faith asintió, pero no sonrió.−Susie dice que tienes que hacer lo que yo digo porque es lo que ella dice.
Dice que tiene un plan.

Lucy se alejó de ella, no queriendo hablar más de eso. Las últimas semanas, el último mes, parecía que
Faith mencionaba a Susie y sus amigos con mucha más frecuencia. Demasiado a menudo. A veces temía,—
atrapada aquí como ellos,—que Faith estuviera perdiendo la cabeza. ¿Quién no se volvería loco aquí? A
veces ella también quería ceder a la locura.

−No me estoy volviendo loca. Tampoco lo hacen ustedes. Vamos a salir de aquí.

Lucy no se volvió para mirarla. No pudo.


Capítulo Dieciséis
−¿Pasaste por el archivo sin incidentes?

−Yo lo hice. Y me muero de hambre. ¿Podemos parar en casa de Dottie?

−Por supuesto. Estamos en su horario, no en el mío,−dijo mientras salía del estacionamiento del Aspen
Resort.−¿Anhelando un panecillo?

−Algo así.

−¿Conseguiste café?

−Sí. El Agente Kemp compró lo esencial ese primer día. Tomé dos tazas mientras leía el archivo.

−¿Descubriste algo nuevo?

−Realmente no. Estoy tratando de familiarizarme más con los asesinatos, eso es todo. Estoy segura de
que el FBI ha puesto todos estos datos en un programa sofisticado, buscando un patrón.

−Ellos lo hicieron. Varias veces, creo.−Se detuvo en un espacio de estacionamiento frente a Dottie y
apagó el motor.−El Tío Alan me llamó esta mañana, quería saber si teníamos una actualización. Le dije lo
que tenías planeado hoy.

−¿Le dijiste sobre el puente? ¿Sobre lo que vi?

−No. Yo iba a hacerlo.−Sonrió un poco disculpándose.−Me pareció un poco loco, así que no dije nada.

−Si quieres que sea yo quien le diga las cosas "locas", lo haré. Sin embargo, no estoy segura de cómo eso
los ayudará.

−Sí, bueno,—nos invitó a cenar esta noche. Pastel de carne y puré de papas de Tía Carol.

−Okey. No puedo prometer que tendré algo que informar, pero una comida casera suena bien.−Salie ron
de la camioneta, pero antes de entrar, Grace la detuvo.−¿Estás más unida de tu tía que de tu madre?

−¿Se nota?

−Un poco. Hay un tono de afecto en tu voz cuando hablas de ellos.

Mason se encogió de hombros.−Cuando mi papá se fue, mi mamá…bueno, ella cambió. Y nos peleamos
por cada pequeña cosa. Y

empezó a beber mucho. Tío Alan y Tía Carol...su casa era un refugio; estaban felices y estables y yo me
llevaba bien con mis primos, todavía lo hago. Pasé más tiempo allí que en mi propia casa.−Abrió la puerta
de Dottie.−Me tratan más como una hija que como una sobrina.

−Es bueno que hayas tenido a alguien.

−Oh, Grace. Lo siento. Yo no...

−No, no te disculpes. Mi vida disfuncional es producto de mi propio hacer. Nada por lo que disculparse.

Grace las condujo al reservado de la esquina y Mason las siguió.−Cuántos años tenías cuando
sabías...bueno, que tú…

−¿Que yo era diferente? Muy joven. Cinco o seis, tal vez.

−Jesús, ¿eso no te asustó?

Grace le dio una risa rápida.−No sabía que no era normal. Y, por supuesto, al principio, mi madre solo
pensó que tenía amigos imaginarios.

−Buenos días, Mason.−Helen miró a Grace.−Lo siento, ¿cómo te llamas de nuevo?

−Grace. Buenos días, Helen.

Helen ya les estaba sirviendo café.−¿Tu habitual?

−Por mí sí.

−¿Qué otro tipo de panecillos tienes?−Grace preguntó.

−Nuestro más popular es la nuez de plátano, con o sin chocolate.

−Sí, tendré uno de esos.−Grace la miró rápidamente y sonrió.−Con chocolate.


Cada una tomó dos tazas de café y terminó sus panecillos. Grace no parecía tener prisa por empezar y
Mason se relajó cuando la conversación pasó de lo personal a lo genérico. Grace parecía genuinamente
interesada en el pueblo y su historia y Mason habló libremente sobre crecer allí, cuando Gillette Park
todavía era un pueblo tranquilo y no el pequeño pueblo en la que se había convertido.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, estaban de vuelta en la camioneta, dirigiéndose al lado sur de la
ciudad donde Gillette Creek atravesó el pueblo y desapareció de regreso a las montañas.

−Esto es diferente al otro día,−observó Grace.

−Estábamos en el lado norte entonces, donde el arroyo desemboca en el pueblo. Aquí es donde fluye de
regreso hacia las montañas nuevamente.

−¿Hay un sendero como el otro?

−No. Los chicos estacionaron y caminaron a lo largo del arroyo, siguiendo el cañón hacia abajo. No estaba
muy lejos. A una milla.

−Entonces, ¿nuestro asesino habría tenido que estacionarse en el mismo lugar?

−No hay evidencia de que lo haya hecho.− Se desvió de la carretera lateral, encontrando la pequeña área
de estacionamiento.−Aquí está. No hay cámaras en este lugar exacto, pero sí en las carreteras que
conducen a él.

Nada en vigilancia indica que alguien había estado aquí esa noche.

−Entonces, ¿cómo llevó el cuerpo al arroyo?

−Tenía que haber pasado por el bosque.

Grace asintió.−Tu chico perdió el rastro. ¿Correcto?

−Si.−Salió, luego sacó su GPS portátil donde ya había enchufado las coordenadas de donde habían
encontrado a Jason Gorman.−No hay rastro, así que ten cuidado.

Como era la norma en esta época del año, el cielo estaba despejado y el aire aún fresco. Al mediodía, sería
cálido y agradable, y luego a las cinco o seis, el frescor volvería de nuevo. Ese patrón se mantendría hasta
mediados de junio, cuando las nubes diarias se acumularían, trayendo lluvias vespertinas que arrojarían
lluvias breves y fuertes y luego desaparecerían tan rápido como habían llegado. Sin embargo, una ruptura
con ese patrón esta semana. El frente frío los golpearía esta noche. Mañana haría mucho más frío.

Le encantaban los veranos y el otoño era lo mejor. Cuando era niña, le encantaba el invierno y la nieve,
esquiar y andar en trineo. Sin embargo, desde que había regresado, hizo poco más que tolerar los meses
de invierno.

Vivir en LA cálida y soleada la arruinó. No extrañaba el tráfico, las hordas de gente, el crimen...pero Dios,
extrañaba los días soleados en la playa en enero.

−¿En qué estás pensando?

Mason miró a Grace mientras sostenía una rama para ella.−¿Estoy reflexionando?

−Sonriendo.

−Sí, estaba pensando lo lindo que es hoy. Qué bonito será todo el verano, de verdad. Y luego pensé en la
temida nieve y en lo grandioso que fue ir a la playa en enero y broncearme.

−No eres una fanática de la nieve, ¿eh?

−Realmente no. Las cosas se ralentizan y, a menos que sea aficionada a los deportes de invierno, la fiebre
de cabaña comienza rápidamente.

−Te ves en forma, atlética. ¿No practica esquí?

−¿Tu si?

Grace se rio.−He visto nieve dos veces en mi vida y ambas fueron tormentas de nieve en el sur.

Ambas se agacharon debajo de una rama sobresaliente cerca del borde del arroyo.−Hago esquí de fondo,
sobre todo como excusa para salir.

Hay muchas colinas alrededor donde se puede andar en trineo y cuando era niña, me encantaba.
−Me imagino que es muy hermoso. Postal perfecta.

−Lo es. Y lo convierte en una hermosa escena en Navidad y las vacaciones. Pero una vez que llega enero,
las semanas parecen pasar lentamente. Días cálidos que provocan la primavera, luego vendrá una
tormenta y arrojará un pie de nieve. Parece interminable, hasta que un día...la nieve deja de llegar.−Hizo
una pausa para comprobar su GPS.−Doscientos pies más.

Se quedaron en silencio mientras caminaban y ella aminoró el paso mientras se acercaban. La cinta de la
escena del crimen había sido retirada, sobre todo para evitar que los curiosos salieran y pisotearan la
zona. Podía ver ramitas rotas y rocas derribadas. Estaban sólo a unos seis metros del borde del arroyo.

Grace la rodeó y Mason retrocedió, dejándola trabajar. Por la expresión del rostro de Grace, asumió que
no estaban solas. Ese pensamiento envió escalofríos por su columna y dio un paso atrás, alejándose de
algo invisible, inaudito. Se encontró conteniendo la respiración cuando vio los labios de Grace moverse,
como si hablara en silencio. Se movió en un amplio círculo y, de nuevo, Mason dio un paso hacia atrás.
Maldita sea, pero esto es una locura, ¿no?

−Es demasiado nuevo...demasiado fresco.

Mason tragó saliva. ¿Eso fue algo bueno?

Grace se acercó a ella.−Quise decir esas palabras para ti, no para él.

−Oh.−se relajó.−Entonces… ¿no hay nada aquí? ¿Cierto?

−Él está aquí, sí.

Sintió que sus músculos se tensaban de nuevo.−Entonces…?

−Vámonos.

−Está bien por mí,−murmuró rápidamente, girando sobre sus talones. Oyó la risa tranquila de Grace
detrás de ella.

−¿Pensé que no creías en esto? Además, él no te hará daño; incluso si quisiera, no podría. No están en
nuestro reino físico, Mason.

−Es fácil para ti decirlo,−murmuró, y luego se detuvo.−Di que sí creía en esto. ¿Por qué él está aquí?
¿Qué opina sobre dónde fue asesinado?

−Aquí es donde estaba su cuerpo. Sin embargo, según mi experiencia, se mueven.

−Genial,−dijo secamente. Solo genial.

−No tienes que tener miedo.

Mason levantó la mano.−Entonces...¿cómo qué? Todos los que mueren...hay este...este espíritu o lo que
sea...¿dando vueltas? ¿Cómo todos?

Grace sacudió la cabeza.−No, Mason. Al menos, no en el sentido de que estás hablando.

−Entonces, ¿a quién ves?

−Los que quieren ser vistos. Incluso los psíquicos,—o médiums,—que prometen llamar a un ser querido
fallecido no siempre pueden cumplir con eso. Se supone,—según mi profesión,—que esos son los que no
quieren ser vistos ni escuchados, por el motivo que sea. Tal vez murieron en paz y no quieren volver.
Quizás están en un lugar del que no quieren irse.−Se encogió de hombros.−Solo suposiciones, por
supuesto. No hay forma de estar seguro.
−Entonces él está aquí, pero no está hablando. ¿Cómo la pequeña del columpio?−Dios, ¿realmente estoy
teniendo esta conversación?

−Se esconde. Como dije, es nuevo. Todavía no sabe qué hacer; este sitio y el que encontraste son
demasiado recientes. Creo que deberíamos concentrarnos en los últimos años.

Volvieron sobre sus pasos, la mente de Mason llena de preguntas que ella no se atrevía a hacer. Tuvo que
detenerse varias veces para no mirar detrás de ellas, temiendo que…que algo los estuviera siguiendo.

La brisa se levantó, haciendo crujir los árboles, y estuvo a punto de saltar cuando una rama le rozó la
cara. Entonces, se volvió y miró hacia atrás. No había nada allí, por supuesto. Pero se detuvo, frunciendo
el ceño.

Podía ver a la mujer gitana en su mente, sus cuentas coloridas—cuatro o cinco collares—todas mezcladas
alrededor de su cuello. Tenía lápiz labial rojo brillante,—recordó esto; sin embargo, un recuerdo, como
anoche, revoloteaba en su mente, pero no podía sacarlo a la superficie.
−¿Qué es?

Miró a Grace, parpadeando para borrar el escurridizo recuerdo; sacudió su cabeza.−Nada.

Grace la miró fijamente por un momento, una ceja se arqueó lo suficiente como para desaparecer en su
flequillo. Mason se preguntó si estaría tratando de leerla, de entrar. Entonces, Grace se dio la vuelta y
siguió caminando. Mason también lo hizo, mirando hacia atrás una vez más.
Por si acaso.
Capítulo Diecisiete
−Estoy segura. Quédate aquí.

Mason se mordió el labio inferior.−Me sentiría mejor si fuera contigo.

Ante eso, se echó a reír.−Oh, Mason, ¿de verdad? Sabes que estás mintiendo. Te sentirías mejor si te
quedaras aquí con las puertas cerradas.

Mason sonrió un poco avergonzado.−Okey, entonces, tienes razón.

Pero, se supone que debo seguirte. Se supone que debo estar contigo. Soy tu contacto, ¿recuerdas?

−Estaré bien.−Hizo una pausa.−¿Estás preocupada por mí o te preocupa que intente una sesión sin el
permiso de tu tío?

−No estoy preocupada por ti. Lo que sea que estés tratando de hacer aquí,−dijo, señalando hacia el
bosque,−no es algo en lo que pueda ayudar.

Como dijiste, no en nuestro ámbito físico. Lo que sea que eso signifique.

¡Ah! Entonces Mason volvió a ser Mason, ella de la secta de los no creyentes. Pensó que Grace estaba
loca. Eso dolió un poco. Después de anoche, pensó que...bueno, no estarían unidas, exactamente. Pero
pensó que habían hablado lo suficiente como para que tal vez Mason pudiera superar los pensamientos de
"está loca".−Aparentemente no.

−Es más probable que me hable si estoy sola.

−¿De verdad? Sabes, cuando éramos niñas, solíamos ser compañeras de juego. Susie y yo.

Grace la miró fijamente, preguntándose por su tono. Un poco sarcástico. ¿Un poco...condescendiente?
Levantó la barbilla desafiante.−Si quieres ir tan mal, vamos entonces. Tal vez Susie y tú puedan ponerse
al día, recordar el pasado y todo eso.

−Okey, ¿ahora te estás burlando de mí?

−¿Burlándome? ¿No era eso lo que me estabas haciendo?


−Oh, mierda,−murmuró Mason mientras se pasaba una mano por el pelo.−Esta mierda me asusta. Eso es
todo lo que digo...¡me asusta!

−Oh por el amor de Dios.−Grace levantó la mano.−Mason, dame veinte minutos. Si no he vuelto, ve a
buscarme. ¿Okey? Veinte minutos.

Se miraron entre ellas y ella pudo ver la indecisión en los ojos de Mason. Mason no quería ir, pero sentía
que necesitaba hacerlo; mientras luchaba consigo misma, Grace se volvió y se dirigió hacia el sendero.

−Okey, así que sí, supongo que me quedaré aquí entonces.

−Pensé que esa sería tu respuesta,−respondió ella sin volverse.

No sabía por qué estaba enojada. Mason no era diferente a los demás.

Tal vez ese era el problema. Quería que ella fuera diferente; tenía la esperanza,—solo por esta vez,—de
haber conocido a una persona que no estuviera "asustada" por ella. ¿Era demasiado pedir? Solo esta vez.
Mason tenía su misma edad, era atractiva. Solo por esta vez, ¿no podría conocer a alguien a quien le
agradara? ¿Quién no la juzgara? ¿Por qué no pudo conocer a alguien como Angelique? Soltó el aliento,
haciendo a un lado sus pensamientos. Estaba aquí trabajando, no buscando a Angelique. Y Mason Cooper
ciertamente no era Angelique.

Hacía suficiente frío que su aliento todavía se congelaba y se subió la capucha por la cabeza. Esta mañana
llevaba puesta su sudadera con capucha y su chaqueta. Caminó por el sendero principal, el ancho sendero
para caminar y andar en bicicleta que rodeaba los campos. Vigilaba el corte que la llevaría a la derecha, a
través de los árboles y al otro sendero menos utilizado que saldría del parque y entraría en el bosque
nacional. No recordaba lo lejos que estaba la pasarela, pero no creía que estuviera lejos.

Cuando llegó al límite, miró hacia la camioneta de Mason antes de tomar el camino hacia los árboles. De
repente tuvo una sensación de inquietud, y casi gesticuló a Mason, haciéndola señas para que viniera
después de todo. Casi.

Pero se dijo a sí misma que estaba siendo tonta. No había nada que temer;

¿no es eso lo que le había dicho a Mason?

Mantuvo la mente despejada, mirando ocasionalmente a su alrededor: los árboles altos, la maleza más
pequeña, las rocas, las ramas caídas...el sonido de las ramas crujiendo cuando la brisa fuerte se filtraba a
través de ellas. Podía oír el arroyo a lo lejos, podía imaginar el agua clara mientras borboteaba sobre y
alrededor de las rocas que abarrotaban el arroyo.

Cuando su mente fue a Susie Shackle, se obligó a regresar a los árboles, el sonido de sus botas en el
camino, el olor del bosque.

Vio la pasarela poco tiempo después y se detuvo un momento, notando lo silencioso que estaba de
repente. La fuerte brisa había desaparecido, las hojas de los temblorosos álamos estaban quietas. Ya no
podía oír el riachuelo, a pesar de que ahora estaba a la vista. Sin embargo, podía escuchar los latidos de
su corazón, escuchar cada respiración que tomaba. Siguió adelante, más cerca del puente ahora; no
estaba sola.

Mason dio unos golpecitos en el volante, sus ojos alternaban entre los árboles donde Grace había
desaparecido y el reloj en su muñeca. Habían pasado nueve minutos. Grace probablemente ni siquiera
estaba en el puente todavía. Golpeó el volante un poco más rápido, un poco más fuerte. Algo no estaba
bien. Algo...no estaba bien; no sabía cómo lo sabía, pero su intuición era muy fuerte. Quizás era la mirada
que Grace le había dado antes de desaparecer entre los árboles.

Abrió la puerta, todavía dudando. Grace pidió veinte minutos; ¿realmente quería salir corriendo al bosque
y encontrarse con Grace y... y Susie Shackle conversando?

−Diablos no.

Cerró la puerta y volvió a tocar mientras pasaban los segundos; después de otro minuto, prácticamente
estaba tocando el volante.

−Oh, que se joda,−murmuró mientras abría la puerta de nuevo y salía al frío.

Los pasos de Grace parecían huecos cuando salió a la pasarela y se detuvo en medio del arroyo. Estaba
nerviosa, lo cual era inusual para ella.

Ahora estaba en su elemento...esto le resultaba familiar; respiró hondo, se quitó la capucha de la cabeza y
se acercó al pasamanos corto, apoyando los muslos contra él mientras miraba el agua. Diez, veinte
segundos después, apareció una cara. Una niña cabello rubio, coletas. La niña le sonrió.

−Regresaste.

−Sí.

−Acércate,−dijo la chica con una risita.−Ven a jugar conmigo.

El otro día, cuando estuvieron aquí, Susie no le habló. Grace había estudiado su foto esta mañana, había
escuchado su voz en su mente. La voz en su mente era la que había escuchado en Nueva Orleans,
rogándole que viniera. No era así. Algo no estaba bien, pero ella no sabía qué.

−¿Cuántos años tienes, Susie?

Más risitas y Grace juraría que eran de más de un niño. Susie ahora se balanceaba en el agua, su rostro y
su cabeza sobre el arroyo que fluía. Su cabello estaba mojado y colgaba flácido sobre sus hombros. El lazo
de su cabello estaba empapado y descolorido. Miró el lazo. Un lazo azul descolorido.

No. Debería ser rojo. Estaba rojo el otro día, estaba segura. Según el expediente,—que había vuelto a leer
esa mañana,—Susie llevaba un lazo rojo el día que desapareció. Antes de que pudiera alejarse un paso de
la barandilla, una mano salió disparada del agua y la agarró por la muñeca.

Grace gritó cuando el brazo, −de dos o tres metros de largo, −retrocedió y tiró de ella. Gritó de nuevo,
agarrándose a la barandilla con la otra mano, pero no era lo suficientemente fuerte para resistir la fuerza
que la tiraba.

−¡Masón! ¡Ayuda! ¡Masón!−Gritó.

La pequeña barandilla de madera cedió y Grace cayó a las frías y heladas aguas de Boulder Creek. El
agarre de su muñeca desapareció y arañó las rocas mientras el agua corría amenazando con arrastrarla
debajo del puente. No era muy profundo y pudo pararse, el agua justo encima de sus muslos. Miró a su
alrededor frenéticamente, tratando de hacerse un hueco.

Dio un paso y luego la empujaron con fuerza por detrás. Cuando trató de volverse, una mano se enroscó
en su cabello, forzando su cabeza a meterse en el agua. Luchó por liberarse, con los ojos muy abiertos
bajo el agua que corría y los pulmones a punto de estallar.

−¡Ven a jugar! ¡Ven a jugar! ¡Ven a jugar!


Mas siguió corriendo, corriendo lo más rápido que pudo hacia el puente, el grito de Grace aún resonaba
en los árboles. Sin embargo, Grace no estaba en el puente.

−¿Grace?−Gritó, sus ojos recorriendo casi frenéticamente, buscándola.−¿Grace?

Cuando vio la barandilla rota, casi voló a través del puente.−Oh Dios mío.−Grace estaba en el arroyo,
agitando los brazos, la cabeza bajo el agua como si...como si alguien la estuviera sujetando.

−¡No!−Saltó por el costado, hacia el arroyo, levantando a Grace en un solo movimiento. Grace giró
salvajemente con su brazo, su mano se conectó directamente con la mandíbula de Mason.

−Está bien, soy yo,−dijo, deteniendo el próximo intento de Grace de hacer un swing.−Soy yo.

Grace tenía los ojos muy abiertos mientras respiraba profundamente.

Sólo entonces Mason sintió el frío, sintió temblar a Grace. Solo había estado en el agua unos segundos y
sus piernas ya estaban entumecidas. ¿Qué tan fría debía estar Grace?

−Vamos.

Grace tenía un apretón mortal en su brazo.−No me sueltes,−dijo entre dientes.−No me sueltes.

−Te tengo, no te soltare,−dijo justo cuando se resbaló en una roca y casi los llevó a ambos al arroyo de
nuevo.−Lo siento.

−Hace mucho frío, Mason.

−Lo sé. Vamos.

Tropezaron con la orilla del arroyo, a un montón de rocas que estaban bañadas por el sol. La chaqueta
estaba empapada y la sudadera con capucha que llevaba Grace estaba empapada y pegada a ella. Mason
se puso de pie y le indicó que levantara los brazos. Se quitó la chaqueta mojada, luego tomó la parte
inferior de la sudadera y se la subió por la cabeza. Llevaba una camisa de manga larga debajo,—azul
marino,—y también estaba mojada.

Mason se quitó su propia chaqueta,—una que casi había dejado en la camioneta,—y la echó sobre los
hombros de Grace.

−¿Estás bien?

Grace se encontró con su mirada y Mason vio que todavía estaba temblando. Por el frío o el miedo, no
podía discernir cuál. Grace señaló hacia el arroyo.

−Algo...algo...−Sin embargo, no terminó. Miró fijamente el agua, una mirada asustada en sus ojos. Esa
mirada asustada casi hizo que la piel de Mason se erizara.

Tomó la mano de Grace y tiró.−Vámonos. Necesitamos calentarte.

Grace se puso de pie, solo para tropezar.−Mis piernas están entumecidas. No sé si puedo caminar.

−¿Cuánto tiempo estuviste en el agua?

−Yo...no lo sé.−Sacudió su cabeza.−No lo sé.

Mason le apretó el brazo y Grace la miró.−Grace, ¿por qué estabas en el agua?

−Alguien...algo...me atrajo.

Mason miró hacia el puente y vio la barandilla rota. ¿Grace podría haber roto eso por sí misma? Una
ráfaga de viento atravesó los árboles, haciéndolos balancearse sobre sus cabezas. Un gran pájaro negro y
azul aterrizó en un tocón cerca de la orilla del agua, con la cabeza inclinada hacia los lados mientras las
miraba.

−¿Qué es eso?
−El arrendajo de Steller. Parece que nos está mirando.

Grace también miró al pájaro.−Sí, me temo que lo está.

¿Estaba hablando del pájaro? ¿O algo más?

¿O ambos?

−Vamos a salir de aquí.


Capítulo Dieciocho
Grace se sentó en el sofá de Mason, envuelta en una manta. Ya se había dado una ducha de agua caliente,
pero parecía no poder sacar el frío de sus huesos. Llevaba un par de pantalones de chándal de Mason y
una sudadera. Mason había tirado toda su ropa mojada en la secadora.

−Aquí...bebe esto.

Grace no preguntó qué era. Un líquido marrón claro en un vaso de vidrio, le quemó la garganta mientras
lo tragaba, calentándola hasta el centro al instante. Whisky. Tosió una vez, luego le devolvió el vaso a
Mason.

−Gracias.

Mason se sentó a su lado, sorprendiéndola tomando sus manos y frotándolas entre las suyas.

−Todavía sientes frío. Tal vez debería llevarte al hospital,−dijo Mason por tercera vez.

−No tengo hipotermia. Estoy coherente. No estoy mareada, no estoy confundida.

Mason soltó sus manos pero no se alejó de ella.−¿Estás lista para hablar de eso?

Grace le dedicó una sonrisa débil.−Estoy bastante segura de que no me creerás. Mujer psíquica loca, ya
sabes.

Mason ignoró su declaración.−Cuando te vi...fue como si alguien estuviera...te estaba reteniendo.

−Sí. Lo estaban.−Acarició la mano de Mason ligeramente.−Gracias por ir a buscarme. Yo...pensé que me


iba a ahogar. No pude contener la respiración ni un segundo más.

−Te escuché gritar, te escuché gritar por mí.−Mason la sorprendió tomando su mano de nuevo.−Si
hubiera esperado los veinte minutos completos como dijiste…

−Hubieras llegado demasiado tarde, me imagino,−terminó por ella.

Desenredó sus dedos, no queriendo aferrarse a alguien que apenas conocía, con alguien que pensaba que
estaba loca.−Esto nunca me ha pasado antes.

Nada ha sido...ha sido físico conmigo. Así no.

−Dime lo que sucedió.

Se recostó contra el sofá, envolviendo la manta un poco más a su alrededor.−No me vas a creer.

−Dime de todos modos. Y no creo que estés loca.

−Sí, lo haces.

−No, no lo hago. No lo entiendo, eso es todo. Es fácil decir "loco"

cuando no puedes comprender algo. No creo que estés loca, Grace.

−Te asusto.

−Si.−Su expresión se suavizó un poco.−No. La situación me da miedo, no tú. Entonces, dime qué pasó.
Grace respiró hondo, sintiéndose muy cansada de repente.−Tenía esta...esta voz en mi cabeza que cómo
sonaría Susie; había estudiado su foto, leído su parte del archivo varias veces. Cuando llegué al puente,
ella estaba allí, como esperaba. Pero fue diferente; diferente al otro día. Cuando habló, no era como yo
esperaba; realmente no dijo nada. Era como si estuviera...jugando conmigo; jugando, pero no de manera
lúdica.−Giró la cabeza hacia un lado y se encontró con la mirada de Mason.−Fue el lazo.

Debería haber sido rojo; era rojo el otro día. El archivo decía que debería haber sido rojo.−Ella sacudió su
cabeza.−Pero era azul. El lazo era azul hoy.

−¿Qué significa eso?

−Significa que no era ella. Era alguien fingiendo ser ella.

Mason se agarró el puente de la nariz y cerró los ojos brevemente.−Entonces, ¿qué?

−Una mano me agarró...un brazo salió del agua.−Tragó, sabiendo que aquí es donde perdería a Mason.
Aquí es cuando Mason comenzaría a pensar en la palabra "loca" nuevamente.−Un brazo largo; dos…diez
pies. Me tiró hacia adentro. Yo...traté de sujetarme a la barandilla. Fue entonces cuando grité, cuando te
llamé. Podía sentir que la barandilla comenzaba a romperse, sabía que no aguantaría; entonces no lo sé,
estaba bajo el agua, no podía salir. Algo me estaba sujetando, bajo el agua.

−Así fue como te vi. Boca abajo en el agua, algo empujándote, sujetándote. Pero cuando te alcancé, no
hubo resistencia.

−No. Porque no puedes verlos, oírlos ni sentirlos.−Tragó de nuevo.−Pero yo puedo.−Juntó las manos bajo
la manta.−Creo que tengo miedo, Mason.−Soltó una risa nerviosa.−Sé que te dije que no había nada que
temer… pero, creo, para mí… lo hay.

−Ni siquiera puedo comenzar a entender esto.

Grace la miró sin pestañear.−Sí, tú puedes. No quieres decirlo en voz alta, pero entiendes lo que está
sucediendo aquí porque lo viste.

Mason se levantó y se alejó del sofá. Se puso de espaldas a ella, frente a la chimenea apagada.

−¿Qué entiendo, Grace? ¿Que alguna persona muerta te sostenía bajo el agua? ¿Alguien que pretendía ser
Susie Shackle, de diez años, intentaba ahogarte?

Se reclinó contra el cojín y miró al techo.−Veo, escucho…hablo con gente muerta. En sus términos, no en
los míos. No son malvados; no son ni buenos ni malos...simplemente están ahí. Un espíritu, como tú lo
llamas.−Respiró hondo.−Generalmente. Pero hay algo más esta vez; algo que es maligno. Algo que no veo.
Algo que, creo, podría estar impulsando los asesinatos.

Mason se volvió hacia ella, con una mano acariciando nerviosamente su cabello oscuro.−Y aquí es donde
empiezas a asustarme. ¡Cristo, estamos hablando de fantasmas!

−Deja de pensar en ellos como fantasmas.

−¿Debería pensar en ellos como personas?

−Si eso ayuda, sí.

Mason se volvió de nuevo.−Ni siquiera puedo comenzar a comprender esto,−dijo, casi para sí misma. Se
volvió para mirarla de nuevo.−Dime lo que estás diciendo. Sobre esta cosa malvada. ¿Hay algo
sobrenatural aquí? ¿Es eso lo que estás diciendo?

Grace luchó por mantener una sonrisa en su rostro; ¿sobrenatural?

¿Cuál era la definición de sobrenatural de Mason? Fantasmas, obviamente.

¿Las cosas aterradoras se agitan en la noche?

¿Qué podría decir ella que no sonara como tuviera que ser remitida?

¿Qué podía decir que no la hiciera sonar como un maldito fenómeno?

Porque, por alguna razón, no quería que Mason pensara que era un fenómeno. Normalmente ya no lo
pensaba mucho, tenía un supuesto don y lo usó siempre, lo mejor que pudo. Las personas que conocía en el
camino tendían a mantener la distancia y, en el mejor de los casos, la miraban con educada curiosidad.
Nadie quería acercarse demasiado...por si acaso. Por si acaso los muertos con los que estaba hablando
decidieran hablar con ellos.

Con Mason, no quería sentir esa indiferencia. Importaba lo que Mason pensara de ella. Importaba porque
sentía que, si se le daba la oportunidad, ella y Mason podrían hacerse amigas. Por mucho que Mason no
creyera todo lo que decía,—y todavía pensaba que podría estar loca,—podía sentir que se acercaban. Y eso
era algo que le sucedía tan pocas veces, que no quería hacer ni decir nada que pudiera ponerlo en peligro.
Porque algo le decía que ella y Mason necesitaban estar unidas, necesitaban ser una. Algo le dijo que
necesitaban formar un vínculo inquebrantable para derrotar a esto...lo que fuera que esto fuera.

−No puedo estar segura de qué es,−dijo con cuidado.−Todo lo que sé es que lo que sea que esté al otro
lado, es malvado. Tal vez sea algo que está aquí, que ha estado aquí todo el tiempo. Puede que no tenga
nada que ver con los asesinatos.

Mason encontró su mirada, sosteniéndola, sin rehuir por una vez; Grace sabía que estaba tratando de
leerla, tratando de leer entre líneas.−Eso no es lo que tu instinto te dice, ¿verdad?

Grace dejó escapar un largo suspiro.−No. Hubo una advertencia emitida el primer día cuando me sacaste.
Y hoy...bueno, esto fue más que una advertencia. No me quieren aquí.

−Porque puedes acercarte demasiado.

−Sí. Porque creo que tiene todo que ver con los asesinatos. Y puedo acercarme demasiado.
Mason se alejó de la chimenea y volvió a sentarse a su lado con un suspiro cansado.−Okey. ¿Así que, cuál
es el plan?

Grace sonrió ante eso.−¿Plan? No tengo un plan, Mason.−Se puso seria.−Esto no me ha pasado antes.
Estoy...por primera vez desde que era una niña, tengo miedo de lo que veo, lo que escucho.

−¿Quieres decir cuando supiste que tenías un don?

−Sí. Al principio, no pude distinguir la diferencia entre lo que era real y lo que no lo era. Creo que tenía
seis o siete años, tal vez, cuando no podía hacer que mi madre viera a esta dama con la que estaba
hablando. La dama literalmente desapareció en el aire, como dicen, justo ante mis ojos. Esa fue la primera
vez que me di cuenta de que estas personas que vi,—con las que hablé,—no eran reales. Sin embargo,
unos años más tarde me di cuenta de que eran, bueno, personas muertas. Para mi joven mente, eran
fantasmas y sí, me asustó muchísimo. Traté de apagarlo, pero no pude.

−¿Esto es cuando tu familia, tu madre, comenzó a preocuparse por ti?

−¿Preocuparse de que estuviera loca, quieres decir? Sí. Y también es cuando me di cuenta de que estos
fantasmas, como los llamaba entonces, no me estaban haciendo daño. No tenía motivos para tener miedo.
−Hizo una pausa y se encontró con la mirada de Mason.−Se convirtieron en mis amigos,−dijo en voz baja.
−No era un fenómeno con ellos.−Apartó la vista de Mason.−Y sé lo loco que suena.

−No te estoy juzgando, si eso es lo que estás pensando; francamente, creo que me habría vuelto
completamente loca si me estuviera pasando a mí.

−Tu mente adulta dice eso ahora. Los niños tienen una mente mucho más abierta.−Levantó la mano.−El
punto de esto, sin embargo, es que en todos mis años,—tengo treinta y cuatro,—nunca me ha pasado algo
como esto. A veces serán estafadores, pero es divertido; a veces, los trucos se juegan a otras personas,
para mi beneficio. Como una broma entre nosotras. Nada como esto. Esto era… malvado. Sea lo que se,
tenía control sobre mí. Físicamente. −Sacudió su cabeza. −No físicamente, en tu sentido,
−explicó.−Fue a través de la manipulación mental, por lo que fue físico para mí. No para ti. Me viste en
el agua, sola.

−Como si estuvieras tumbada boca abajo en el agua por tu propia voluntad. La única razón por la que
sabía que estabas angustiada,—aparte de que estamos a principios de mayo y el agua todavía está helada,
—es que tus brazos estaban luchando contra lo que sea que te retenía.

−Sí. Y como no es físico para ti, pudiste levantarme sin ningún problema. No tenías que pelear con
esto...esta cosa que me tenía a mí.

−Eso es para nuestra ventaja, ¿no es así? Entonces no puede lastimarte.

−¿Vas a protegerme todo el día?

−Si hace falta.

Grace sonrió.−Dices eso como si creyeras que hay algo ahí afuera.

−Lo creo porque lo vi. Me da miedo, pero sí, creo que lo creo. No tengo otra opción.

No, no hubo elección, ¿o sí? Sus ojos se encontraron y Grace tuvo un breve vistazo al futuro. El cabello
oscuro de Mason estaba salpicado de gris.

Los estaba guiando por un sendero. Había grandes árboles a su alrededor.

Árboles enormes. Había un perro,—un Golden Retriever,—corriendo junto a ellas. El aire estaba fresco.
Las hojas de los álamos se estaban volviendo doradas. Ella estaba...

−¿Grace?

Parpadeó, dejando a regañadientes la visión pacífica. Mason tenía una mirada preocupada en su rostro.

−Tú...entraste en trance o algo así.

−Lo siento. Sí, a veces...−¿Qué? ¿Tienes visiones? ¿Vas a otro lugar y hora? ¿Era verdad? Lo que vio, ¿era
cierto? Miró a Mason nuevamente, viendo ojos que le eran tan familiares como los suyos; ¿cómo era eso
posible?

−Me estás asustando un poco.−Mason soltó una risa temblorosa.−No es que sea la primera vez ni nada.

Grace sonrió ante eso. Dudó solo un segundo antes de tomar la mano de Mason. Toda la familiaridad que
había visto en sus ojos, la sintió multiplicada por diez en su toque. Le trajo tanta paz,—paz a su alma,—
que se le llenaron los ojos de lágrimas.
−¿Qué sucede?

Una pregunta susurrada en voz baja; una pregunta que no pudo responder. Aún no. Se secó una lágrima
de la esquina de un ojo, dejando que se formara una sonrisa. Paz. Eso es lo que ella sintió. Paz.

Y la paz era algo que nunca antes había sentido.


Capítulo Diecinueve
Mason se paseó frente a su escritorio, sin saber cómo decirle lo que había presenciado hoy. Sin embargo,
se alegraba de que estuvieran solos.

Ciertamente, no quería decirlo delante de los demás. Brady y Dalton, en particular. Brady se reiría y
Dalton probablemente le diría que había perdido la maldita cabeza. O que Grace lo hizo.

Finalmente se volvió para mirar a su tío.−Ten en cuenta que traer a una psíquica fue una decisión
conjunta.
Él le dio una sonrisa torcida, una que solía usar con ella cuando era una niña.−¿Quieres volver a emitir tu
voto, Mason? Demasiado tarde, supongo. Ella está aquí ahora. Pero el jefe Danner mencionó la idea por
primera vez en enero. Podemos culparlo, si quieres. Dijo que le había llegado en un sueño. Dijo que una
niña con coletas estaba parada en su puerta.

−¿De verdad?

El Tío Alan se encogió de hombros.−Ahora no hay diferencia. El FBI empujó, el jefe Danner empujó. Lo
seguiste. Tenía que estar de acuerdo con todos, ¿no? No podía ver que traerla fuera a lastimar nada;
siempre que no esté loca, como la anterior.−Levantó ambas manos.−¿Qué tienes en mente, Mason?
¿Descubrió algo hoy? ¿Estamos haciendo algún progreso?

Mason dejó escapar un profundo suspiro. Sabía cómo le sonaría; sabía lo que pensaría. Demonios, había
pensado lo mismo cuando conoció a Grace, empezó a hablar con ella. ¿Pero ahora? Vio las cosas de
manera diferente.

Porque había tenido un asiento de primera fila; sin embargo, el hecho era que lo que presenció no estaba
asociado de ninguna manera con los asesinatos. Al menos en la superficie.

−Sacalo, Mason.

−Regresamos a la pasarela del parque. Bueno, ella lo hizo.−Se sentó, frente a él.−Cuando buscamos por
primera vez a Jason Gorman en el arroyo, en la pasarela, vio...vio a Susie Shackle.−Esa declaración fue
recibida con una mirada en blanco.

−Uh Huh.

−Estaba en el agua. Si recuerdas, el cuerpo de Susie fue encontrado alojado debajo de las viejas tablas
que solían ser la pasarela.

Su tío arqueó una ceja ligeramente.−Entonces, la psíquica la vio flotando bajo el agua o algo así, ¿no?

Mason asintió con la cabeza.−Ella lo hizo. La describió perfectamente.

Coletas. Lazo rojo en el pelo.

−Podría haber obtenido todo eso del archivo.

Mason sacudió la cabeza.−¿Crees que fabricó eso? ¿Por qué? ¿Con qué propósito?

−Hacerla parecer legítima,—no lo sé.

−Es legítima,−dijo con certeza, sorprendiéndose a sí misma.−Yo le creo a ella. Yo estuve ahí. La vi
reaccionar.−Levantó la mano.−Pero eso no es lo que quería decirte. Quería volver hoy. Para ver si...si
Susie hablaría con ella.

Su tío cruzó las manos y las golpeó suavemente sobre su escritorio con un gesto nervioso.−Voy a ser
honesto, Masón...Estoy en el campamento donde los psíquicos son en su mayoría charlatanes, tratando de
ganar dinero con las viudas afligidas desesperadas por hablar con sus maridos muertos.

Todo esto suena un poco...loco.

−Lo sé. Yo también pensé de esa manera. Pero, ¿qué sabemos realmente al respecto?−Lo señaló.−Y tú
eres quien dijo que mantuvieras una mente abierta.

−Así que lo hice. El FBI parece pensar que es legítima. Kemp cree que es legítima. Y tal vez ella lo es.
Pero como la mayoría en este pueblo, soy escéptico. Entonces, decirme que quería hablar con una chica
que ha estado muerta desde 1997 la hace sonar un poco loca.

−Yo sé eso. Pero he estado cerca de ella. Está...no está loca. Al menos no creo que lo este.

−Está bien, Mason. Intentaré mantener una mente abierta, como tú dices. ¿Qué pasó?

−La llevé al parque. Ella quería ir sola a la pasarela.−Se mordió el labio inferior, preguntándose si
debería decirle cómo lo sabía, ¿sabía que no debía dejarla ir sola? ¿Cómo algo la hizo ir por Grace antes
de lo acordado veinte minutos? ¿Debería decirle todo eso? No.

−Yo...ella pensó que Susie podría ser más receptiva si yo no estuviera allí. Así que acordamos veinte
minutos. Me quedé en la camioneta, ella siguió sola.−Ella tragó saliva. Salí un poco más rápido que los
veinte minutos. La escuché gritar, la escuché gritar por mí.−Tragó de nuevo.−Cuando llegué allí, estaba en
el arroyo, en el agua, boca abajo, como si estuviera luchando contra algo,—alguien,—que la sostenía,
tratando de ahogarla.−Lo miró y él solo la miró.−La saqué del agua.

−Entonces, ¿saltó al arroyo para ir tras Susie Shackle?−Preguntó su tío lentamente, con cuidado, aunque
un poco escéptico.

−La barandilla estaba rota. Dijo que alguien,—algo,—la atrajo hacia adentro y la sostuvo bajo el agua.

−¿La sostuvo bajo el agua?−Sacudió la cabeza con incredulidad.−De ninguna manera. Lo fingió.

−¿Qué ganaría ella con la puesta en escena? No. Lo creo. La vi; estaba muy conmocionada…asustada. No
fue un montaje.

−¿Algo la empujó al agua?−La expresión incrédula en su rostro coincidía con el tono de su pregunta.

Se levantó.−Querías una psíquica. Tienes una. Querías que la siguiera.

Yo lo hice. Querías saber lo que ha estado haciendo. Eso es todo. ¡Sí, suena loco! ¿No crees que lo sé?

Él también se levantó y presionó ambas manos sobre su escritorio, apoyándose contra él.−Sí, trajimos a
una psíquica, esperando que ella nos ayudara con los asesinatos. No entiendo todo esto...saltar al arroyo
después de ver a una niña muerta.−Sacudió la cabeza.−¡Desde hace veintitantos años! ¿Cómo nos ayuda
eso?

Mason no dijo nada. ¿Qué debería decir? ¿Qué Grace quería hablar con Susie? Eso era realmente todo lo
que sabía. ¿Qué le iba a preguntar Grace?

¿Sabía Susie quién la mató? Dios, estas preguntas le hacían girar la cabeza.

−Era bastante conveniente que te hiciera esperar veinte minutos,

¿no? Le dio tiempo para romper la barandilla, saltar al agua.

Mason lo miró fijamente.−No es así como sucedió.

−¿Porque le crees?

−Porque no esperé veinte minutos. Apenas diez, luego fui a buscarla.

Si hubiera esperado los veinte años, probablemente estaría muerta.

−Supongo que tengo que aceptar tu palabra. Esperamos que esta psíquica nos lleve al asesino...esperaba
que ella tuviera una visión o algo así.

−Es una médium.

−¿Qué demonios significa eso?

Mason dejó escapar el aliento lentamente.−Ella...ella habla con...a las personas muertas.

−¡Oh por el amor de Dios! ¡Lo sabía! Otra charlatana. El FBI me aseguró...

−Tío Alan, ella no es una charlatana. El hecho de que no comprendamos todo esto,—o lo creamos,—no la
convierte en una charlatana. He estado con ella. La he visto.−Ella asintió.−No me importa decirlo, me
asusta, pero le creo.

−¿Y qué? ¿Va a hacer una maldita sesión como la última que intentó?

¿Quiere hablar con Susie Shackle? Su madre amenazó con una demanda la última vez. ¿Lo sabias?

−No. Yo estaba en bachillerato.

Se sentó de nuevo con un suspiro cansado.−Entonces...tenemos dos niños muertos. Si tenemos suerte, no
tendremos otro hasta octubre.−Él encontró su mirada.−La última vez que tuvimos una psíquica en el pueblo,
tuvimos cinco asesinatos.

−Lo sé. ¿Por qué crees que es así?

−¿Por qué se piensa que es?


−Tal vez porque había una psíquica en el pueblo.

−¿Y nuestro asesino se enteró? ¿Se molestó? ¿Qué?−Él se encogió de hombros.−Uno pensaría que si
tuviera miedo de una psíquica, mataría menos, no más.

Ella y Grace no habían hablado de esto, pero por lo que ella había reunido, lo que sea que estuviera ahí
fuera, fuera del mal que estuviera hablando Grace, estaba más enojado que asustado. Sin embargo, no
compartió esto con su tío.

−Esa dama fue un truco total,−continuó.−Loca. Hablaba cosas locas.

Bufandas y abalorios.

Mason quería decir que no recordaba nada sobre la psíquica más que la forma en que vestía,—como una
gitana. La verdad era que, en la escuela secundaria, le tenía un poco de miedo a la mujer, aunque nunca
se lo dijo a nadie en ese momento. Se rió junto con los demás cuando se burlaban de ella. Pero ahora, ese
recuerdo enterrado durante mucho tiempo estaba tratando de emerger una vez más. Los bordes aún
estaban borrosos, pero podía verlo, escucharlo mientras regresaba lentamente a ella. Había olvidado un
libro en su casillero. Los pasillos estaban vacíos, silenciosos.

Recordó el sonido que hacían sus zapatos mientras corría por el pasillo para recuperar su libro. Sin
embargo, se había detenido en seco. La gitana estaba allí, con las manos extendidas, moviéndose a lo
largo de las filas de casilleros. La gitana se había vuelto para mirarla, casi como si la estuviera esperando.
Los ojos castaños oscuros,—¿negros?—Habían capturado los suyos. Estaba paralizada cuando la mujer se
acercó a ella. Una mano,—

sorprendentemente fuerte,—rodeó su muñeca. Se había sentido mareada, desorientada. Recordó


balancearse, temiendo caer allí mismo a los pies de esta mujer gitana. Sus palabras sonaron claras como
el cristal, como si la mujer estuviera parada a su lado en este mismo momento diciéndolas.

"Eres la indicada. Tú eres quien detendrá el ciclo. Harás un viaje lejos de aquí. Pero volverás,—más vieja,
más sabia. Y cuando lo hagas, encontrarás a tu compañera".

"¿Mi...mi compañera?"

"Tu alma gemela, niña. Ella es una vidente. Es joven, como tú ahora. Tiene su propio viaje para completar.
Te encontrará aquí. Juntas, detendrán el ciclo."

Mason recordó haber soltado una risa temblorosa y nerviosa. "Sí claro." Recordó haber pensado lo loca
que era la mujer, recordó haber pensado que no podía esperar para contarles a Brady y Dalton. Se había
girado para alejarse, pero la voz de la gitana la llamó:

−Tu libro, Mason. No olvides tu libro.

Por lo que ella sabía, después de recuperar su libro, los pensamientos sobre la mujer—y sus palabras—
habían desaparecido en el viento, como si nunca hubiera tenido un encuentro con ella. ¿Olvidado por
todos los años?

Hasta ahora. ¿Por qué las recordaría ahora?

Se apartó de su tío, las palabras de la mujer aún resonaban en su mente. ¿Un vidente? ¿Su alma gemela?
¿Realmente la mujer había dicho esas palabras a su regreso cuando estaba en la escuela secundaria?
Obviamente se refería a Grace pero—oh, diablos no. De ninguna manera ella y Grace lo harían, diablos, ni
siquiera le agradaba Grace. Grace le daba miedo. Grace,—

con su cabello rubio y bonitos ojos azules,—la asustó. De ninguna manera eran malditas almas gemelas.

−¿Estás bien? Estás tan blanca como una sábana, Mason.

Mason negó con la cabeza, tratando de ahuyentar el recuerdo; una gitana loca, una psíquica loca…de
ninguna manera se tomaría sus palabras en serio.−Sí, estoy bien.−Se aclaró la garganta antes de mirarlo.
−¿Entonces?

¿Qué quieres que haga?

−¿Estás segura de que estás bien?

−Bien. Solo intento aferrarme a mi cordura.−Dejó escapar un suspiro rápido.−¿Entonces?

−Supongo que seguir haciendo lo que estás haciendo. ¿Qué más hay ahí?

−Sabía dónde deberíamos buscar a Jason Gorman,−le recordó a ella,—y a sí misma.−No creo que
debamos desacreditarla. Puede que sus métodos no sean lo que estamos acostumbrados...
−Tu defensa de ella es sorprendente. Pensé que serías más como Dalton, lista para patearla hasta la
acera.

Se encogió de hombros.−Supongo que porque estuve allí. Yo lo vi.−Fue hacia la puerta y luego se detuvo.
−Hay algo más. Se aloja en el Aspen Resort. La voy a mudar conmigo.−Las palabras salieron antes de que
se diera cuenta de que tenía la intención de pronunciarlas. Frunció el ceño ligeramente, preguntándose
de dónde vendrían. ¿Mudar a Grace a su casa?

¿Estaba loca?

−¿Por qué? ¿Es por lo que pasó?

−Sí. Si no hubiera estado allí, ella estaría muerta.

Él la estudió.−¿En serio piensas eso? ¿De verdad?

−Sí. Ella también. No entiendo esto mejor que tú, pero sucedió algo.

Algo la atrapó. No quiero ir a buscarla una mañana y descubrir que algo la atrapó allí. Prefiero que se
quede conmigo.−Le dio una media sonrisa.−Todavía no le he dicho nada al respecto. Puede que diga no.
Pero creo que es la mejor manera de asegurarse de que esté a salvo.

−Está bien, tu decisión. Si está de acuerdo, no veo nada malo en ello.

Por cierto, el Jefe Danner recibió una llamada del FBI y nos preguntó si queríamos que enviaran a otro
agente provisional. Dicho Agente Kemp no volvería aquí por unas pocas semanas más.

−¿Qué le dijiste?

−Todavía no les he devuelto la llamada, pero probablemente lo rechacemos. Creo que cuando Kemp
regrese, traerá a alguien con él; uno de sus chicos de la computadora para ejecutar algunos algoritmos o
algo así.

−Sí, eso nos funcionó muy bien en el pasado.

−Creo que este tipo trabajó con la Doctora Jennings en un caso hace un par de años. Algunos secuestros.

Asintió, recordando la historia que Scott Kemp le había contado.−Bueno, tal vez algo saldrá bien esta vez.

−Mantenme informado, Mason. No me importa lo extraño o loco que sea, déjame saber qué está pasando.
−Golpeó su escritorio.−¿Todavía vamos a cenar esta noche?

Asintió.−Pastel de carne de Tía Carol.

−Bueno. Me dará la oportunidad de conocer a esta psíquica un poco mejor. ¿Dónde está ella ahora?

−La dejé fuera de casa. Sandy ha estado aquí más tiempo que nadie.

Creo que Grace la estaba interrogando.

−Grace, ¿eh?

−Sí, Grace. Deja de referirte a ella como "la psíquica", ¿okey?

Cuando entró en el vestíbulo, descubrió que Grace había acercado la silla al escritorio de Sandy y estaba
escuchando absorta mientras Sandy hablaba. Mason hizo una pausa antes de interrumpirlas, tomándose
el tiempo para estudiar el perfil de Grace; su cabello rubio estaba recogido detrás de una oreja, el otro
lado estaba suelto. Su barbilla descansaba en su palma y, sí, era atractiva; bonita. Las palabras de la
gitana todavía resonaban en su mente, y entonces se movió, no queriendo que se repitieran. Sandy dejó
de hablar tan pronto como salió, y Mason se preguntó qué había estado diciendo que era tan privado
que no se podía decir en su presencia.

−¿Lista?

Grace asintió con la cabeza.− Entonces, ¿no tenía preguntas para mí?

Mason sonrió ante eso.−Ninguna que quisiera preguntar en voz alta.

Salieron juntas y sintió que Sandy todavía las miraba.−¿Averiguaste algo?

−Perspectiva diferente.

−¿Diferente a la mía?

−Ella es una madre, una abuela...así que sí, diferente a la tuya.−Se detuvieron junto a su camioneta.−¿Y
tú tío?

−Como esperaba. Sin embargo, no lo culpo. Si no hubiera estado allí, si alguien me contara esa historia,
yo también sería escéptica,−dijo en defensa de él.−Su idea de una psíquica, de lo que pensaba que harías
aquí, era tocar algunos objetos, adivinar quién o dónde estaba el asesino y seguir tu camino.

−Ah. ¿Como si tuviera una bola de cristal?

−Algo como eso.

−¿Una gitana? ¿Una bufanda en mi cabeza, cuentas? ¿Hablando algunas palabras mágicas mientras
llamaba imágenes en mi bola mágica?

−Veo que Sandy describió a nuestra primera psíquica.

Grace sonrió un poco.−Algunos de los mayores se vestían así. Fue más para el marketing que cualquier
otra cosa. Y algunos en realidad eran de esa herencia, así que...

−Se encontró como...bueno, como una charlatana,−dijo sin rodeos, esperando no ofender a Grace
repitiendo las palabras de su tío.

−Sin duda. Algunos usan mucho de eso para mostrar. Algunos sienten la necesidad de ser un poco
exagerados, aunque solo sea para convencer a las personas de que son reales o,—según la multitud con la
que están jugando,—es de esperar. Y algunos, así es como funcionan.

Entraron en la camioneta, pero antes de que arrancara el motor, se volvió hacia Grace.−Quiero que salgas
del Aspen Resort. Empaca tus maletas, en otras palabras.

Los ojos de Grace se abrieron.−¿Qué demonios?

−Quedarte allí va a dificultarme estar contigo todo el día.

Grace levantó una mano y sacudió la cabeza.−Oh, Mason, no. Tu…

−Tengo una habitación libre. No está realmente en discusión, Grace.

Grace la miró con un toque de desafío en los ojos.−No necesito una niñera.

−Algo intentó ahogarte hoy. ¿Lo has olvidado?

−No lo he olvidado. Creo que la única razón por la que pudo llegar a mí fue a través de Susie. Debería
estar a salvo en mi habitación. Debería estar a salvo allí.

−Lo siento.−Puso en marcha el motor.−No estoy dispuesta a arriesgarme. Tú tampoco deberías.

−No quiero imponerme, Mason.

−No estás imponiéndote. Tiene sentido y ahorrará tiempo.


Grace la miró por más tiempo antes de finalmente asentir. Mason pensó que veía alivio en sus ojos, algo
que Grace había tratado de ocultar. Así que todavía tenía un poco de miedo después de todo. Eso hizo dos
de ellas, por supuesto.

Pero las palabras de la gitana seguían allí, fuertes y claras.

Tu alma gemela. Juntas, detendrán el ciclo.

Miró a Grace mientras conducía. Grace miraba al frente. Entonces Grace giró la cabeza y la miró a los
ojos. En ese breve momento, vio el pasado y el futuro colisionando y tuvo que apretar más el volante. Ya
no sabía lo que era real. Ya no sentía que tenía el control.

Si no ella, sin embargo...¿entonces quién tenía el control?


Capítulo Veinte

Grace estaba de pie en la habitación de invitados de Mason, su mirada moviéndose lentamente alrededor
de la habitación,—una cómoda con un espejo, una cama de tamaño estándar con una colcha azul marino,
una mesa auxiliar con una lámpara,—con la sensación de que nadie había dormido allí antes. Puso su
bolso de ropa sobre la cama, luego se giró cuando Mason entró con el otro bolso. Grace tenía el estuche
de su computadora portátil atado al hombro, y también lo puso en la cama.

−Llamé a mi tío. Cuando estaba en su oficina, olvidé preguntarle sobre el archivo. Me lo enviará por
correo electrónico pero también lo imprimirá; podemos tenerlo de él esta noche en la cena.

Grace asintió con la cabeza.−Pues sí. Me había olvidado de la cena; pastel de carne, ¿verdad?

−Sí. Creo que sería bueno para él hablar contigo, verte de otra forma que no sea...ya sabes, como
psíquica.

Grace inclinó la cabeza y la estudió. Le vino a la mente una palabra que Mason usó antes, pero no creía
que fuera una palabra que Mason usaría para describirla. No, pero su tío lo haría.

−Él me llama charlatana a la vista de todos, ¿no es así? ¿Cómo llamaba a la otra psíquica?−Mason se
sonrojó pero no dijo nada.−Hablando de esta otra psíquica, realmente me gustaría hablar con ella. ¿Hay
alguna posibilidad de que alguien todavía tenga su información de contacto?

Las cejas de Mason se juntaron.−¿Por qué quieres hablar con ella?

¿Eso fue lo que? ¿Hace dieciséis años?

Grace abrió una de sus bolsas.−Asumo que la cena es informal.

−Oh, por supuesto. Jeans.

−Bien, porque eso es todo lo que tengo.−Sacó un par de la bolsa.−Quiero tener sus pensamientos al
respecto, eso es todo,−dijo, respondiendo a la pregunta anterior de Mason.−Descubrir lo que vio. ¿Dejó
un informe cuando se fue?

−Lo dudo. Como dijiste, la habían echado del pueblo.

−Entonces, ¿tu tío era el sheriff?

−No. Y Danner tampoco era el jefe de policía.

Grace asintió con la cabeza.−Entonces, sin contar lo que vio, me gustaría hablar con ella directamente.
−No era algo que hubiera considerado antes, pero por alguna razón, ahora tenía ganas de hablar con la
mujer. Más que un impulso, de verdad. Una compulsión por hablar con ella para ser más precisos. Miró
a Mason con las cejas arqueadas.−
¿Puedes por favor tratar de encontrar su información de contacto?

−Claro,− dijo Mason a regañadientes.−Intentaré encontrar algo. Pero dieciséis años, Grace. Si la
encontramos, puede que no se acuerde de nosotros.

−Estoy segura de que lo hará.−Hizo una pausa, frunciendo el ceño.−Nora.


Las cejas de Mason se juntaron.−¿Nora?

Grace se encogió de hombros.−No lo sé. Ese nombre apareció en mi cabeza.−Lo sacudió con desdén,
luego le indicó a Mason que se fuera.−Déjame cambiarme.−Hizo otra pausa.−¿Necesitamos llevar algo?

−¿Para?

−Para la cena. ¿Una botella de vino?

Mason sacudió la cabeza con una sonrisa.−No no. No es ese tipo de cena. Muy informal. Y si mi primo se
entera de que es pastel de carne, él también estará allí.

−¿Y tú primo es quién?

−Brady.

−Ah, sí. Uno de los ayudantes que conocí. ¿Son unidos?

Mason asintió con la cabeza.−Estaba un año por delante de mí en la escuela. Jugamos juntos cuando
éramos niños. Su hermana mayor...bueno, yo era demasiado marimacho para sus gustos.

−¿Ella todavía está cerca?


−No. Ella vive en Boise. Tres niños.

Grace asintió con la cabeza. Niños pequeños, sin duda.

−Por lo general, solo viene en navidad.

−Supongo que es seguro en esa época del año.−Grace la despidió con la mano.−Déjame cambiar,−dijo
una vez más.

Cuando salieron, Mason no fue hacia su camioneta. En cambio, se dirigió a la calle pequeña y tranquila.

−Son solo un par de cuadras. ¿Te importa caminar? ¿O hace demasiado frío?

−Por supuesto no.−Grace se puso a su lado.−El viento se ha calmado;

¿qué tan lejos estaba esto de tu casa cuando eras niña? Sé que dijiste que vivías cerca de la escuela.

−Un viaje rápido en mi bicicleta...quince, veinte minutos, supongo. A través del pueblo.−Mason metió las
manos en los bolsillos mientras caminaba.−Después de que mi papá se fue, mi mamá dejó de cocinar, así
que la Tía Carol solía llevar comidas a la casa. Ella y mi madre tuvieron un desacuerdo sobre eso una vez,
así que, después de la escuela, montaría mi bicicleta por aquí. Cena con ellos y luego iría a casa.

−¿Qué tipo de desacuerdo?

−Mi madre dijo que era perfectamente capaz de abrir una lata de Spaghetti-O's o algo así o preparar una
cena congelada en el microondas.

−¿Tenías diez años?

−Sí. Al principio, pensé que estaba en el paraíso de la comida chatarra,−dijo Mason con una breve
carcajada.−No registraba que mi madre estaba eludiendo sus deberes. No fue hasta más tarde que
descubrí que estaba gastando la mayor parte del dinero en alcohol y no en comida.

−¿Es por eso que estas molesta?

−¿Qué te hace pensar que estoy molesta?

Grace se encogió de hombros.−Una suposición, nada más. Volviste bajo el disfraz de cuidarla, pero por lo
que puedo decir, no la ves ni hablas con ella.

Mason guardó silencio unos pasos, luego Grace la escuchó emitir un suspiro silencioso.−Ella vive en un
departamento en el lado nuevo del pueblo. Es un desastre. Exceso de peso. Diabética, hipertensión
arterial, colesterol. No se cuida sola. En absoluto. No hace nada para combatirlo más que tomar un
puñado de píldoras todos los días. El médico le dijo que dejara de beber, cambiara su dieta, hiciera algo
de ejercicio...no ha hecho nada de eso.

−¿Todavía trabaja?

−A tiempo parcial ahora. Solía administrar la oficina: agencia de seguros. Ha estado allí por siempre y me
imagino que esa es la única razón por la que la mantiene. Por lo que puedo decir, el desayuno es un
Bloody Mary y un huevo revuelto. O donas que recoge en el camino al trabajo; siguen los Screwdrivers y, a
la hora de la cena, hay tónicos de vodka en el menú.

−¿Con qué frecuencia la ves?

Otro suspiro.−No lo suficiente, Grace. La verdad es que dejó de ser mi madre cuando yo tenía diez años.
Cualquier obligación que sienta, es forzada. Voy y la veo todos los domingos, le llevo algo de comida.
Incluso entonces, ella no es muy civilizada. Es casi como si me culpara por su partida.

−Eso debe ser duro.

−Pienso en cómo eran las cosas cuando todavía estaba cerca. Éramos una familia normal. No recuerdo
haberlos oído pelear ni gritar nunca. Su partida fue un shock para todos. Él se fue y ella nunca se
recuperó.

−¿Y tú eres su única cuidadora?

−Sí, si lo llamas así. No es que no pueda cuidarse sola. Solo elige no hacerlo. Tía Carol lo intenta. Toma
una cacerola a veces. Mi madre no es receptiva con ella, apenas le habla. Toda su familia está en Denver.
Dos hermanas, un hermano. Su madre todavía está viva, con buena salud. Se ofrecieron a llevarla, pero se
resistió. Sucederá eventualmente. Su trabajo a tiempo parcial es apenas suficiente para cubrir sus
facturas, mucho menos su hábito de beber. Cuando se le acabe el dinero, tendrá que hacer un cambio.
Entonces, no tendrá otra opción.

−¿Querrá mudarse contigo?

−Esa no es una opción, Grace. Apenas es civilizada conmigo como es.

−Eres un recordatorio de él.

−Supongo.

−¿Por qué se queda aquí? ¿Por qué no vas a estar con su familia?

−¿Mi conjetura? Se aferra a la esperanza de que él vuelva algún día; ha desperdiciado toda su maldita
vida...esperándolo.

Grace asintió con la cabeza. Había sospechado que ese era el caso.−¿Realmente no sabes dónde está?

−Ninguna pista. No me importa. Nos abandonó...a mí. Nunca envió manutención infantil, nunca volvió a
ponerse en contacto conmigo. No le doy mucha importancia.

Grace se preguntó si esa era la verdad o no. Sin embargo, no era asunto suyo, y no sabía por qué la estaba
interrogando. Sin embargo, sentía curiosidad por la relación con el resto de su familia.

−Tu tío es el hermano de tu padre. Sé que estás cerca de ellos. ¿Qué hay de la familia de tu madre? ¿Tu
abuela?

−No, realmente no. Solíamos ir a Denver dos veces al año para verlos; cuando se fue, eso se detuvo.
Vinieron algún tiempo después de eso, pero mi madre no era realmente ella misma y no estoy segura de
que supieran cómo lidiar con eso. Probablemente era una adolescente la última vez que los vi. Me
llaman varias veces al año para ver cómo está.−Mason señaló una casa en el lado opuesto de la calle
desde donde caminaban.−Aquí está.

Cruzaron la calle y cruzaron el césped, que era verde brillante de los pastos de primavera. Dos grandes
árboles, uno solo un poco más pequeño que el otro, dominaban el frente de la casa. Sus ramas llegaron
hasta el suelo.

−¿Qué son?

−Abeto azul.

Su casa no era tan rústica como la de Mason, aunque se ajustaba al tema del vecindario y se mezclaba
bien con los árboles y las montañas que los rodeaban. Mason tocó el timbre de la puerta para anunciar su
presencia, luego entró sin esperar un saludo.

−Soy yo,−gritó Mason.

−En la cocina,−respondió una voz femenina.

Siguió a Mason a través de una sala de estar de aspecto cómodo por un pasillo corto hasta una cocina
grande y bien ventilada. Una mujer estaba en el fregadero, vaciando una olla de papas cocidas. El vapor
se alzó alrededor de su rostro. Era baja y menuda, y les lanzó una sonrisa amistosa.

−Justo a tiempo para hacer puré.

−Esta es la Dra. Grace Jennings,−presentó Mason.−Grace...mi Tía Carol.

Carol Cooper volvió a colocar la olla en la cocina, luego se detuvo para agarrar una toalla para limpiarse
las manos antes de ofrecer una a Grace.

−Encantada de conocerla, Doctora Jennings. Me alegra que pudieras acompañarnos a cenar.

−Por favor...llámame Grace. Y gracias por la invitación. Será bueno comer una comida casera.

−Oh, cuando Alan dijo que te estabas quedando en el Aspen Resort, insistí en que te invitamos. Vivir en
ese pequeño espacio por mucho tiempo me volvería loca. No estoy feliz cuando estoy lejos de mi cocina
por mucho tiempo.
−Cuando estoy en el camino así, echo de menos tener una cocina,−confesó.−Me las arreglo con muchas
papas horneadas en el microondas.

−La salvé de ese lugar,−dijo Mason cuando abrió un cajón y sacó un machacador de papas.−La mudé
conmigo. Tengo la habitación y se supone que debo ser guía turística mientras está aquí. Lo hace más
fácil.
−Estoy segura de que sí, cariño,−dijo Carol con un guiño a Mason, lo que la hizo sonrojarse.

Grace sonrió cuando Mason la miró y puso los ojos en blanco. El escenario era de hecho informal, y en
poco tiempo, Grace se encontró ayudando a poner la mesa y llenando vasos con hielo y agua. Hizo una
pausa en su tarea una vez para probar el puré de papas de Mason, asintiendo con aprobación ante el
sabor a mantequilla.

−Exageraste la mantequilla de nuevo, ¿verdad?−Carol acusó.

−Por supuesto. Es mi única oportunidad de disfrutar.

−¿Qué significa eso?−Grace preguntó.

−No como lácteos,−explicó Mason.−Bueno, no como una regla. Sé que las chispas de chocolate en los
panecillos de arándanos de Dottie tienen leche. Quiero decir, no como queso, bebo leche o uso
mantequilla.−Sonrió y le dio unas palmaditas en el estómago.−Tengo más de treinta años ahora; tengo
que ver lo que como.

−Oh, por favor,−dijo Grace.−Ese panecillo que tienes en el desayuno probablemente tiene seiscientas
calorías y, si tuviera que adivinar, veinticinco o treinta gramos de grasa.

−Así que, ¿estás diciendo que no es saludable? Tiene arándanos. ¿Cómo puede no ser saludable?

−No es más que grasa y azúcar,−intervino Carol.−Si te gustan mucho los arándanos, ponlos sobre la
avena.

−Odia la avena,−dijo Grace sin pensarlo. Mason la miró con las cejas ligeramente arqueadas.−Quiero
decir...supongo que odias la avena.

Mason sonrió rápidamente.−Buen jugado.

−¿Qué significa eso?−Carol preguntó.

−Significa que dice que no puede leer mentes, pero a veces...ella sabe cosas.

Carol las miró a las dos inquisitivamente.−¿Oh?

Fue entonces cuando Grace se dio cuenta de que Carol no tenía idea de cuál era su profesión. Qué
refrescante había sido...aunque solo fuera por unos minutos. Mason también debe haberse dado cuenta y
no dijo nada más para revelar su secreto.

−Sí, estos tipos del FBI piensan que lo saben todo,−bromeó Mason.−Pero estás en lo correcto. Odio la
avena. Bueno, a menos que esté en las galletas.

Grace sonrió y asintió con la cabeza gracias a Mason.−No recuerdo la última vez que comí una galleta de
avena.

−La Tía Carol intenta hacer excelentes galletas. Y como beneficio adicional, pone chips de chocolate en
las suyas.

Carol rio.−Esta y sus chispas de chocolate. Cuando era niña, me hizo poner chipas de chocolate en todo,
−dijo cariñosamente.−Se convirtió en una especie de tradición con mis galletas de avena.−Carol le dio
unas palmaditas en el brazo a Mason.−Tal vez prepararé un lote y podrás compartirlas con Grace.

La puerta trasera de la cocina se abrió y entró Alan Cooper. Él la miró con cautela y asintió en su
dirección.

−Doctora Jennings. Mason,−saludó.−No vi tu camioneta enfrente.


−Caminamos.

Carol lo besó rápidamente.−Estábamos a punto de comenzar sin ti. ¿Dónde está Brady?

−Oh, no lo invité.

−¿Por qué no? Él ama mi pastel de carne.

−Porque quiero hablar con la Doctora Jennings más tarde y prefiero hacerlo en privado.

Carol suspiró.−Me gustaría que dejaras tu negocio policial fuera de la casa, pero es esa época del año,
¿no?−Carol la miró.−Supongo que olvidé por qué estabas en el pueblo. Los agentes del FBI vienen a
menudo, pero tú eres la primera mujer que ha estado aquí.

Grace solo sonrió y asintió, sin saber qué decir a eso. Si el Sheriff Cooper ni siquiera había compartido
con su esposa que el pueblo había contratado a una psíquica, entonces dudaba que alguien en el pueblo lo
supiera todavía. Supuso que estaban tratando de mantenerlo en secreto el mayor tiempo posible,
considerando lo mal que había ido la última vez; 2004. Nora...algo.

La cena parecía un poco tensa, y solo podía atribuírsela al sheriff que estaba allí. Antes de su llegada, no
había habido ninguna incomodidad, lo cual era inusual para ella. La cena en sí estaba deliciosa. El pastel
de carne era divino, algo que su propia madre había hecho a menudo, y había felicitado a Carol. Carol
había explicado las tres opciones de verduras: coles de Bruselas, judías verdes y maíz. Dijo que su marido
se comería toda las coles de Bruselas, ya que nadie más los tocaría. Ella y Mason eran aficionadas a las
judías verdes, y el maíz era para Brady, que, como resultado, no había sido invitado. Se las arregló para
colarse en un par de las coles de Bruselas. No diría que eran su verdura favorita, pero no los detestaba
como aparentemente hicieron Mason y Carol.

−¿Cuánto tiempo planeas quedarte en el pueblo, Grace?

Grace vaciló. ¿Era octubre una respuesta aceptable? ¿Qué tan secreto estaban manteniendo su estancia
aquí?

−Estaré aquí todo el tiempo que sea necesario.−Esa parecía ser una respuesta segura. Sin embargo,
preferiría que le dijeran a Carol la verdad; no quería tener que mirar todo lo que decía.

−Espero que no sea demasiado largo,−intervino el Sheriff Cooper.

−Oh, Alan, cuando lo dices así, es como si no fuera bienvenida aquí.

−No es lo que quise decir en absoluto. Solo esperando que sea más temprano que tarde. Sería bueno
dejar esta pesadilla detrás de nosotros finalmente.

Grace asintió apropiadamente, dirigiendo una rápida mirada a Mason, quien le dirigió la más sutil sonrisa.
Con la falta de conversación, le dio la oportunidad de observar a los demás libremente. Se preguntaba por
el padre de Mason. ¿Favorecía a su hermano? Él debía. Mason se parecía a su tío. ¿Mason vio a su padre
cuando lo miraba? ¿Y qué hay del propio Alan Cooper? Todos esos años atrás, ¿había sentido alguna
responsabilidad por la joven Mason y su madre después de que su hermano los había abandonado?
Preguntas que tenía pero dudaba que encontrara respuestas a ellas. Por un lado, era solo curiosidad.
Ciertamente, no tenía nada que ver con su negocio aquí.

A pesar de la protesta de Carol, ella y Mason ayudaron a limpiar la mesa.−Maravillosa comida, Carol.
Gracias por incluirme.

−El gusto es mío. Mason tendrá que traerte de nuevo.

−Espero que lo haga.

El Sheriff Cooper se aclaró la garganta detrás de ellos.−Si pudiera robarte dos por un minuto...

−Sí, vayan, las dos. Puedo manejar los platos. Ah, e hice unas barritas de limón hoy, si alguien quiere
postre.

Grace asintió con la cabeza.−Gracias. Me encantaría probar una.−Se volvió hacia Mason con una sonrisa.
−Podría estropearme venir aquí.

Ella rió.−¿Por qué crees que vengo tan a menudo?


Siguieron a su tío a la sala de estar, donde él apagó el televisor que había estado reproduciendo en una
habitación vacía. Sus sonrisas se desvanecieron casi simultáneamente.

−Tomen asiento,−dijo, señalando el sofá. Se sentó en un sillón reclinable, pero no sacó el reposapiés.
−Mason me dio un resumen de lo que...bueno, lo que encontraste hoy en el arroyo.

Grace pudo decir por el tono de su voz que él era, como había dicho Mason, escéptico.−Sí. Ella me lo dijo.

−Así que crees que fue...−Él apartó la mirada por un momento y se aclaró la garganta, tal vez para
ordenar sus pensamientos.−¿Susie Shackle?

−No. Era alguien que pretendía ser Susie. El primer día sí. Fue a Susie a quien vi. Hoy no.

Él la miró por un momento, luego se rascó distraídamente la nuca, obviamente deteniéndose por un
momento, tratando de pensar en una respuesta creíble a su declaración.−¿Será este tu plan para el
futuro?

−¿Plan?

−Tener estos...encuentros con...con estos...

−¿Encuentros?−Se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas.−Sheriff Cooper, no soy
una Agente del FBI, no soy Agente de la ley. Soy una psíquica. Mis métodos serán diferentes a los que
estás acostumbrado. Me contrataste para usar mi don−dijo ella, mirando rápidamente a Mason.−Sé que
no entiendes cómo funciona y no espero que lo hagas. Si te hace sentir mejor, no planeo celebrar una
sesión pública, como sugirió que mi predecesora estaba a punto de hacer.−Le dio una pequeña sonrisa.
−Sin embargo, espero hablar con Susie Shackle.

Él la miró sin expresión, sin pestañear. Finalmente asintió.−Okey, tienes razón en eso. No entiendo. Por lo
que te escucho decir, quieres que me mantenga fuera de tu camino.

−Estoy aquí para ayudar. Nada más. Tienes que darme algo de tiempo y espacio. No tengo una bola de
cristal y no hay magia involucrada. Tan pronto como tenga algo útil, serás el primero en saberlo.−Luego
miró a Mason.−Bueno, segundo, supongo.

−Okey. Pero me gustaría saber cuáles son tus planes. ¿Saldrás al pueblo a hablar con la gente? ¿Haciendo
preguntas? Porque no se ha anunciado que estás aquí.

−Sí, dijiste eso cuando llegué aquí. Y por lo que Carol ha dicho, ella tampoco lo sabe.

Él le dedicó una sonrisa de disculpa.−No sabía cómo soltárselo, especialmente porque ella insistió en que
te invitáramos a cenar.

−Lo cual aprecio, como le dije. Mantener mi profesión en secreto para ella no sería mi elección. Me hace
sentir incómoda, en realidad.

−Entonces, ¿deberíamos transmitir que estás en el pueblo?

−Tío Alan, no creo que eso sea lo que ella quiere decir. ¿Pero Tía Carol? Realmente no hay necesidad de
mentirle.

−Tienes razón. La verdad es que el Jefe Danner ha querido traer a un psíquico durante los últimos años.
Siempre me negué. Y le dije que estaba loco y que la idea era una locura...así que ahora debo sancionarlo,
bueno...

Grace asintió con la cabeza.−A pesar de lo que piensas, no soy una charlatana, Sheriff Cooper.−Cuando
miró bruscamente a Mason, Grace sonrió y sacudió la cabeza.−No, Mason no me lo dijo. Ella no tuvo que
hacerlo.

−Nos quemaron una vez, Doctora Jennings. Lo último que quiero es que las buenas personas de este
pueblo vean al departamento de policía y al departamento del sheriff como un chiste de risa. Nadie quiere
que este caso se resuelva más que yo, que es la única razón por la que finalmente acepté la solicitud de
Danner de traerla. El FBI lo había estado presionando durante dos años, al menos.−Extendió las manos.
−Siento que estamos haciendo girar nuestras ruedas aquí. Sí, Mason me lo ha contado todo. Cómo llegaste a
ella antes de que Jason Gorman desapareciera, cómo sabías que estaría junto al arroyo...cómo estaría su
balón de fútbol con él. Todo bien. Fabuloso.−Se inclinó más cerca.−Pero nada realmente nos ayudó. No
evitamos el secuestro o el asesinato, y con el tiempo, habríamos encontrado su cuerpo de todos modos.

−Entiendo. Pero se debe entender que no tengo una bola de cristal; estoy tratando de llevarte al asesino.
−O asesinos, añadió en silencio.−Para hacer eso, tengo que tener algo de tiempo para establecer una
relación con...bueno, con personas como Susie Shackle. Entonces, ¿quieres mi plan? Estoy haciendo que
Mason me lleve a algunos de los sitios donde se encontraron estos cuerpos y ver quién me hablará. Sin
embargo, hay algo que podrías hacer por mí.

−¿Y qué es eso?

−La psíquica que estuvo aquí en 2004. ¿Dejó un informe o algo así? O

mejor aún, ¿tiene su información de contacto?

−¿De verdad? Ya te lo dije, ella era una...

−Charlatana, sí. Me gustaría hablar con ella Estuvo aquí por dos semanas, creo. Me gustaría tener sus
pensamientos al respecto. Podría ser útil.

El Sheriff Cooper estaba sacudiendo la cabeza.−Está bien, no te ofendas, pero ella era un espectáculo
extraño. Pregúntale a Mason. La mitad del pueblo le tenía miedo, la otra mitad se reía de ella. Parecía una
gitana que salía del cine. Era una locura, la forma en que revoloteaba por el pueblo.

−Quizás. Pero si pudieras encontrar algo para mí...

Él suspiró.−Estoy seguro de que todo está en un archivo en alguna parte. Dudo que su información de
contacto siga siendo precisa, pero la encontraré por usted.

−Gracias.−Ella hizo una pausa.−¿Recuerdas su nombre?

Frunció el ceño, como si pensara.−Apellido extraño...como Nightshade o Nightingale o algo así.

Grace lo miró fijamente.−Nora Nightsail.

−¡Sí! ¡Eso es!−Él inclinó la cabeza.−¿Usted la conoce?


−No.−Miró a Mason, que estaba mirando a ella. No, no conocía a Nora Nightsail, pero de alguna manera,
sentía que sí. También sabía que cualquier información de contacto que tuvieran sobre ella seguiría
siendo buena.

Mason fue la primero en moverse.−¿Hemos terminado con el trabajo ahora? Me vendría bien una copa. O
al menos una barra de limón.

Alan también se levantó.−Whisky o barritas de limón...esa es una elección difícil.

Grace tuvo que estar de acuerdo, aunque las barras de limón ganaron con los tres.
Capítulo Veintiuno
Mason estaba de pie junto a la ventana de su cocina, sosteniendo una taza de café en sus manos, su
mirada en un pájaro negro y azul oscuro en el árbol de abeto más cercano a la casa. Su cresta oscura
parecía estar de pie en la atención. Arrendajo de Steller. Cuando era niña,—antes de que su padre se
fuera,—su madre tenía dos comederos para pájaros en el patio trasero; recordó que los arrendajos
perseguirían a los pájaros más pequeños, los comederos se balanceaban salvajemente cuando aterrizaban
sobre ellos; incluso las ardillas se dispersarían cuando sonara la voz aguda de un arrendajo. A ella le
encantaba verlos. Después de que su padre se fue...bueno, los comederos para pájaros eran solo una de
las muchas cosas que su madre descuidaba. Ese primer invierno, cuando la nieve era profunda y el aire
helado, recordó estar parada en la ventana, observando pájaros hambrientos que se acercaban una y otra
vez a los comederos vacíos. Luego echó un vistazo a su mesa interior, donde una vez se compartieron
muchas comidas felices; también estaba desnuda,—vacía. Su madre había salido y dijo que iba a ver a una
amiga. Le dijo a Mason que "encontrara algo para comer" y la había dejado sola. Galletas de animales.
Esa era una de las pocas cosas que había encontrado en la despensa. Había comido la mitad, luego
desmenuzó el resto y las llevó afuera, colocándolas en los comederos de pájaros. Luego había vuelto a su
percha junto a la ventana, observando cómo su escasa ofrenda era engullida en cuestión de minutos.

Después de una última mirada al arrendajo, se apartó de la ventana con un suspiro, luego casi derramó su
café cuando encontró a Grace allí, mirándola. Sus miradas se encontraron, y ella realmente podía sentir a
Grace tratando de meterse dentro de su cabeza, leer sus pensamientos. En lugar de pensarlo, se relajó,
abriéndose, curiosa por lo que Grace podría descubrir; sus miradas estaban juntas, sin parpadear. Vio los
ojos azules de Grace oscurecerse, vio el reconocimiento allí. Grace dejó escapar un suspiro y luego la
soltó. Mason finalmente parpadeó, luego llevó la taza de café a sus labios, su mano temblando
ligeramente.

−Buenos días,−dijo finalmente Grace.

−Buenos días. ¿Cómo has dormido?

−Muy bueno gracias. Sin sueños.−Cogió la taza que Mason había colocado al lado de la cafetera.−Al
menos no creo que sea así.

Mason observó mientras agregaba una cucharadita colmada de azúcar al café, luego lo revolvió
lentamente. Llevaba una camiseta holgada, de un sólido color azul marino. Una camisa de dormir, supuso.
Se había puesto los jeans, pero tenía los pies descalzos. Mason se encontró mirando esos pies...pies
bonitos, notó. No sabía por qué, pero se sorprendió al encontrar esmalte rojo en las uñas.

−Las pedicuras me ayudan a relajarme.

Mason levantó la cabeza, avergonzada por haber estado mirando.−Lo siento.

Grace se apoyó contra el mostrador de forma muy parecida a como estaba haciendo.−No me gustan los
masajes,—algo sobre extraños tocándome, supongo. Entonces, una pedicura es la mejor opción.

Mientras Grace tomaba un sorbo de café, Mason no pudo evitar sentir que la otra mujer la estaba
evaluando, tal vez sopesando si debía hacer preguntas o dejarlo así. Al parecer, Grace decidió dejarlo así.

−Me gustaría visitar algunos de los sitios desde 2004.

−Okey. Has leído el archivo más recientemente que yo. ¿Estaban usando GPS para marcar ubicaciones en
ese entonces?

−Creo que los puntos de referencia todavía se usaban en ese momento. Tantos pies de tal y tal y
marcadores de cuadrícula. Las coordenadas se agregaron al archivo más tarde, así que sí, podemos usar
el GPS.

Mason asintió con la cabeza.−Sí, la tierra pública alrededor del pueblo está dividida en cuadrículas.
¿Puedo preguntar por qué ese año?

−Ahí tenemos cinco asesinatos. ¿Por qué? La psíquica estaba aquí. ¿Esa fue la razón?

−¿Crees que se duplicará este año porque estás aquí?

−Tuviste otro año, 2012, donde hubo cinco asesinatos. Sin psíquica; debe haber algo más.

−Supuse que te quedarías despierta media noche leyendo el archivo que te dio el Tío Alan.

−Lo pensé. Pero había sido un día bastante...lleno de acontecimientos.−Tomó otro sorbo de su café.−Y no
para fastidiar a tu tío, pero si pudieras llamarlo más tarde esta mañana, ver si encuentra la información
de contacto de Nora Nightsail, sería bueno.

Mason asintió con la cabeza.−¿Cómo sabías su nombre?


Grace se encogió de hombros.−Hace mucho que dejé de cuestionar estas cosas o de tratar de explicarlas.
Solo decir que el nombre apareció en mi cabeza no suena tan sexy como decir que soy una telépata, ¿eh?

Mason sonrió ante eso.−Sigues diciendo que no eres una telépata. No te creo.

Grace también sonrió y dejó la taza de café.−¿Por qué no tienes un comedero para

pájaros? Mason se movió incómodo.−¿No lo sabes ya?

−Podría adivinar.

−Oh, vamos, doc...somos solo nosotras aquí. No tienes que fingir.

Grace añadió café a su taza y luego añadió un poco más de azúcar.−Solo puedo escuchar lo que tú me
permites escuchar.−Levantó la vista y se encontró con su mirada.−Te abriste, así que sí, me tomé
libertades; no es algo que me guste hacer. De hecho, me aseguro de no hacerlo. A las personas se les debe
permitir su privacidad, especialmente en su propia mente

¿Qué significaba eso exactamente? ¿Estaba diciendo que podía leer su mente a voluntad, si quería?
Demonios, ¿lo estaba leyendo ahora?

La sonrisa de Grace le dijo que sí.

Pero luego Grace se rió.−Está escrito en todo tu rostro, Mason. No estoy leyendo tu mente.−Agitó una
mano.−De todos modos, no funciona de esa manera. No es como si pudiera mirarte fijamente y capturar
tus pensamientos. Piénsalo. ¿Cuántas cosas están pasando en tu mente? Es un lío revuelto. ¿Cómo podría
darle sentido?

−Entonces, ¿cómo supiste sobre el comedero para pájaros?

−Te lo dije. Te abriste a mí. Me invitaste a entrar.

−¿Y qué descubriste?

−Probablemente sé más sobre ti de lo que tú mismo te conoces.−

¿Y qué diablos significaba eso? ¿Sabía ya lo que le había dicho la gitana allá por 2004? ¿Cuando estaba en
la escuela secundaria? ¿Había leído eso en su mente? Se sacudió eso, no queriendo que ese pensamiento
fuera lo más importante en su mente, en caso de que Grace todavía estuviera husmeando por ahí. Luego,
mentalmente puso los ojos en blanco, sabiendo que estaba siendo ridícula. ¿Así que una extraña mujer
psíquica le contó una historia loca en 2004? No lo hacía realidad. Sí, pensó que Grace Jennings era linda;

¿entonces? No quería decir que fueran almas gemelas. Cristo, deseaba no haber recordado nunca la
maldita cosa en primer lugar.

Tragó y se encontró con la mirada de Grace.−¿Crees en las almas gemelas?

Grace la miró fijamente durante un largo momento antes de negar con la cabeza.−No. Es demasiado
descabellado, ¿no? Miles de millones de personas, ¿cuáles son las posibilidades? Es lo suficientemente
imaginativo como para ser un buen libro de romance, pero es muy improbable en la vida real.−Se
encogió de hombros.−Por otra parte, soy un poco cínica cuando se trata de ese tipo de cosas.

−¿Cínica?

Grace le dio una rápida sonrisa.−Quizás estoy equivocada.−Se alejó, tomando su café con ella.−Voy a
ducharme. Parece otro hermoso día; esperemos que sea más cálido que ayer.

Mason la vio irse, luego sirvió su café frío y volvió a llenar su taza. Así que Grace era cínica sobre las
almas gemelas y sobre el amor, si la escucho bien. No tenía familia, no tenía amigos; era lógico que no
tuviera vida amorosa. Eran similares en ese sentido. Antes de Shauna, realmente no había nadie.
Ciertamente, después de Shauna, después de que regresara aquí, no hubo nadie. La verdad era que ella
nunca pensó en las citas.

Su mirada volvió a salir por la ventana de la cocina. El arrendajo todavía estaba allí, mirándola, inclinando
la cabeza hacia los lados, como si la estudiara.

¿Por qué no compró un comedero para pájaros? Aquí, al pie de la montaña, siempre había pájaros en los
árboles. ¿Por qué no consiguió un alimentador? ¿Por qué no se sentaba más afuera? ¿Por qué no caminó
por los senderos? ¿Por qué no esquiaba más? ¿Por qué no salió? ¿Por qué,—una vez que se mudó de
regreso a Gillette Park,—dejó de vivir?

Se había unido a un club de excursionistas pero no participó. Se había unido a un club de cenas, pero
podía contar con una mano la cantidad de veces que había asistido a una reunión. Incluso Brady y Dalton;
—los vio en Bucky para tomar cerveza y hamburguesas, vinieron a la casa para el fútbol dominical, pero
no hablaron. Eran como extraños familiares, nada más.

¿Por qué? ¿Había estado esperando a alguien? ¿Había sabido desde el principio que llegaría este día? ¿Es
por eso que prácticamente había memorizado los archivos que se remontan a 1997 y al principio? ¿Había
estado esperando su momento, sin saberlo, esperando a alguien? ¿Por Grace?

Apartó ese pensamiento. No. Como Grace, ella no creía eso. ¿No? No claro que no. Hace dieciséis años,
una extraña emitió una declaración profética. No lo hizo real. Cerró los ojos por un momento. ¿Lo creyó?

Fuera de su ventana, el pájaro todavía estaba allí. Se había acercado sin que ella se diera cuenta. Tuvo
una sensación bastante extraña cuando unos diminutos ojos negros la miraron.

¿Qué vio allí? De hecho, ¿qué estaba buscando?


Capítulo Veintidós
Grace estaba junto a Mason, mirando hacia el bosque. Mason dijo que había un rastro, pero que desde
aquí no podía ver uno. En lugar de lanzarse hacia adelante,—como de costumbre,—se tomó el tiempo para
observar su entorno. Había estado en el pueblo el tiempo suficiente para acostumbrarse a las imponentes
coníferas que parecían salpicar cada patio, cada rincón, cada espacio abierto. Los álamos, con sus hojas
temblorosas, se mezclaban en espesos rodales, su corteza blanquecina contrastaba con la oscuridad de los
pinos, árboles y abetos. Respiró hondo, disfrutando de la fragancia del bosque. Escuchó los sonidos a su
alrededor: el viento en las ramas, el más leve canto de los pájaros, la riña de una ardilla. Era un entorno
tranquilo...tranquilo y silencioso. Podía cerrar los ojos y sentir una serena paz envolverla, asentarse
alrededor y sobre ella, envolviéndola en una manta protectora. Casi podía sentir el más mínimo de los
toques mientras giraba a su alrededor...alrededor de ambos.

Más allá de esa paz, sin embargo...había algo más. Podía sentirlo, pero estaba fuera de su alcance, fuera
de la vista. Estaba allí, sin embargo, más allá de la quietud.

−¿Grace?

Abrió los ojos y miró los árboles en lugar de Mason.−Sí, estoy aquí,−dijo, respondiendo la pregunta no
formulada de Mason. Mason soltó una risa incómoda a su lado.

−No estoy segura de lo que quieres que haga.

Grace sonrió ante eso.−Me estaba orientando, eso es todo. Todavía estamos solas.

−Okey, bien. ¿Entonces…?

−Te seguiré. Cuando nos acerquemos, tomaré la delantera. Con suerte, podré encontrarlo sin eso,−dijo,
señalando el dispositivo GPS portátil que llevaba Mason.

Con toda la tecnología que les ofrecían sus teléfonos, tan profundo en el bosque, no había absolutamente
ninguna señal. El viejo y bastante grueso dispositivo parpadeó constantemente, llevándolas hacia su
ubicación objetivo.

Mason llevaba una mochila ligera y una botella de agua metida en cada bolso lateral. Dentro de su
almuerzo—manzanas, galletas de mantequilla de maní y dos barritas energéticas—y un botiquín de
primeros auxilios, junto con otros elementos esenciales que dijo que solía llevar consigo. Mason no
había enumerado todo el contenido, pero Grace asumió que eran artículos de "emergencia ", en
caso de que se perdieran, como una linterna, quizás algunos fósforos, quizás incluso una pistola de
bengalas. Se preguntó si Mason estaría tan preparada si sus teléfonos no fueran inútiles, algo que
dijo Mason era el caso en la mayor parte del bosque que rodeaba el pueblo, salvo el área
alrededor del parque.

−Hay un camino por aquí, pero está mucho más cerca si chocamos; dudo que nuestro asesino haya
seguido el rastro de todos modos.

−¿Sin embargo, el cuerpo fue arrojado cerca del camino?

−Sí. Treinta pies.


−Si el asesino no usó el rastro, eso sugiere que está muy familiarizado con el área.

−Casi todos los que crecieron por aquí conocen la zona. No hay mucho entretenimiento al aire libre,
aparte del bosque,−explicó Mason.−Cuando era niña, ni siquiera teníamos una sala de cine. El parque era
poco más que un patio de recreo. Nuestro entretenimiento consistía en andar en bicicleta por el bosque y
jugar. Para cuando me gradué de la escuela secundaria, había recorrido todos estos senderos, al igual que
mis amigos.

−¿Incluso durante los meses de verano?

−Nunca sola, no. Grupos de cuatro o más, por lo general.

Grace se agachó debajo de una rama que Mason levantó para ella.−Cuando estabas con tus amigos,
¿hablaste de los asesinatos?

−Sí. Algo.

−¿Algo?−Incitó.

−No como grupo, no. Pero a veces, como cuando Dalton, Brady y yo estábamos debajo del puente,
jugando, hablábamos de eso.

−¿Cómo qué?

Mason la miró de nuevo.−Deja de andar por las ramas, Grace; pregunta lo que quieras preguntar.
−Okey. Quiero saber de qué hablaste. Específicamente.

Mason dejó de caminar y se volvió hacia ella.−¿Específicamente?

Grace, yo era una niña. ¿Crees que puedo recordar las conversaciones que tuve en ese entonces?

Grace la miró a los ojos y asintió. −En este caso, sí, lo hago,−la desafió.−Creo que recuerdas exactamente
de lo que hablaste.−Vio a Mason apretar la mandíbula.−¿Tuviste miedo? ¿Tomaste precauciones
adicionales incluso si tus padres no te lo dijeron? ¿Evitaste ciertas áreas?

−Sí, tenía miedo. Todos lo teníamos. Sin embargo, era algo que no decías en voz alta. Al menos, no en un
grupo.

−¿Pero estabas a salvo con ellos? ¿Eran tus amigos más cercanos?

Mason asintió.−Brady estaba un año por delante de nosotros en la escuela, pero siempre salíamos juntos,
especialmente durante el verano.

Grace la estudió por un minuto.−No son tan unidos ahora.−Era una afirmación, no una pregunta. Mason
se encogió de hombros y luego comenzó a caminar de nuevo.

−Me fui después de la secundaria, se quedaron.

−¿No te mantuviste en contacto?

−Algo. Ambos se casaron—y se divorciaron—cuando volví. Nos llevamos bien, pero no, no estamos tan
unidos como en aquel entonces.

−¿No es inusual que ustedes tres,—amigos cercanos que crecieron juntos,—entraran en la aplicación de
la ley?

−Supongo. No tanto Brady como yo...corre en la familia. ¿Dalton? Creo que solo siguió el ejemplo de
Brady.−Mason se detuvo y comprobó el GPS.−Quinientos pies.−Hizo un gesto a su izquierda.−Por aquí.

Grace asintió y la siguió, suprimiendo las preguntas que todavía tenía; quizás esta noche las volvería a
visitar. Ahora, necesitaba concentrarse. Este era el primero de los cinco sitios a los que esperaba que
Mason la llevara hoy. Los estaban visitando en orden. Juliet Bateman. Once años. Desapareció el 9 de
mayo,—un domingo,—y fue encontrada cuatro días después. Los Bateman habían llegado a casa desde la
Primera Iglesia Presbiteriana diez minutos antes del mediodía. Juliet se había quitado la ropa de la iglesia
y fue a la casa de al lado a jugar con la vecina mientras su madre preparaba la comida del domingo. Salió
por la puerta principal y nunca más la volvieron a ver. Bueno, no hasta que encontraron su cuerpo, aquí
en medio del bosque.
Se preguntó si los sitios de caída eran significativos de alguna manera; sólo había mirado a través del
nuevo archivo que el Sheriff Cooper le había dado anoche.

−Mason, ¿ha realizado el FBI algún tipo de análisis en estos sitios de descarga?

−Sí. Varias veces. Completamente al azar. Sin patrón. Sin sitios de repetición.

−¿Bloques?

−Los resultados deben estar en el archivo que dio el Tío Alan.−Mason la miró por encima del hombro.
−Creo que fue hace tres años que ejecutaron algo por última vez.−Mason se detuvo entonces para
comprobar su dispositivo.−Se rumorea que cuando Kemp regrese, traerá a un chico con él.

−¿Un chico?

−Alguien para ejecutar algunos algoritmos y hacer sus análisis, supongo.−Levantó el dispositivo para
mostrárselo.−Estamos cerca; cuarenta y ocho pies.

Grace le tocó el brazo y tiró de ella hacia atrás.−Déjame ir primero.−No creía que necesitaría dirección;—
podía sentir la energía desde aquí.

Miró el suelo del bosque, preguntándose si cambiaría de color como antes. Avanzó lentamente, sintiendo
una carga en el aire. Oyó a Mason detrás de ella, tal vez unos tres metros. Más adelante, las hojas caídas
se agitaban y giraban, como si el más pequeño de los tornados bailara por la superficie. La tormenta en
miniatura pasó y las hojas volvieron a asentarse.

−¿Julieta? ¿Estás aquí?

Se acercó más, levantando la cabeza mientras la risa sonaba en los árboles por encima de ellos. Vio la
forma de algo—¿un niño?—Saltar de rama en rama, entrando y saliendo de las ramas, y luego
desapareció.
−¿Quién eres?

Grace inclinó la cabeza, tratando de determinar de dónde había venido la voz.−Mi nombre es Grace.−Dio
unos pasos, deteniéndose donde había visto moverse las hojas.−¿Julieta?

−¿Por qué estás aquí?

−¿Por qué estás aquí?

La imagen que había visto en los árboles se precipitó detrás del tronco de un gran pino. Se movió para
seguirlo, caminando rápidamente.−¿Julieta?

−Sabes por qué estoy aquí. Me dejó aquí.

Sintió el latido de su corazón latir con fuerza mientras se movía de nuevo rápidamente, dando vueltas
alrededor del árbol. Sin embargo, no había nada allí. La voz provenía de lo alto ahora: había vuelto a
trepar al árbol.

−¿Quién te dejó aquí?

−No puedo decirte.

−¿Por qué no?

−Porque él la lastimará a ella.

Frunció.−¿Ella? ¿Quién?

−No puedo decirte.

Una ráfaga de aire, como si alguien hubiera encendido un ventilador y se lo hubiera acercado a la cara,
fue tan fuerte que se apartó de él. Se fue tan rápido como había llegado y supo que Juliet se había
desvanecido con él. El bosque volvía a ser solo el bosque. Se dio la vuelta lentamente, buscando a Mason.
No se dio cuenta de lo lejos que había caminado. Mason estaba apoyada contra un árbol, el dispositivo
GPS todavía sostenía en su mano. Sus ojos estaban un poco más abiertos de lo normal, su rostro estaba
pálido; Grace se paró frente a ella y la miró a los ojos.

−¿Estás bien?−Preguntó en voz baja.

Mason tragó saliva y asintió.−¿Tú...hablaste con ella?

−Sí.

Mason miró más allá de ella.−¿Y se ha ido ahora?

−Esconderse, probablemente.

−¿Sabía...sabía que estaba aquí?

Grace sonrió y le palmeó el brazo.−No lo sé. No le pregunté a ella.−Pasó junto a Mason y se detuvo.−Sé
que tienes muchas preguntas. Si quieres hablar esta noche, podemos hacerlo. Trataré de explicarlo de
una manera que puedas entender.

Mason guardó silencio mientras volvían sobre sus pasos. Grace también estaba callada, preguntándose si
tal vez debería haber empujado más. No sentía a nadie,—a nada,—a nadie más, excepto a Juliet. Debería
haber presionado, sí, pero Julieta se había ido tan rápido.

−¿La viste?

−¿En el sentido físico? No en realidad no. Había una forma es todo, arriba en los árboles. Luego bajó y se
escondió de mí.

−Realmente no podía escuchar lo que estabas diciendo.

−No se quedó mucho tiempo. No quiso hablar. Dijo que la lastimaría si lo hacía. Y no a ella, es decir, a
Julieta, sino a ella, como en otra persona.

Mason dejó de caminar.−¿Qué significa eso?

−No estoy segura. Podría ser el "él" con el que me enredé ayer y "ella"

podría ser otro espíritu. O podría haberse referido a él, como el asesino y a ella como otra persona.

Mason se pasó una mano por el pelo.−Esto es Loco.

−Sí. Lo sé.
−Deb Meckel, dieciséis años. Primer año en la escuela secundaria,−dijo Mason mientras se detenía en el
comienzo de un sendero cerca de Gillette Creek.

Grace la miró, preguntándose por sus palabras cortadas. Eran las primeras que había hablado desde que
habían salido del bosque.

−¿A qué distancia?

−No lejos. Este sendero sigue el camino. Su cuerpo fue encontrado a un metro y medio de la orilla del
arroyo.

−Estabas en la escuela secundaria en 2004. ¿La conocías?

Mason asintió con la cabeza.−Sí. Deb estaba un año detrás de mí. No éramos amigas, si eso es lo que
estás preguntando.

−Ella estaba en la banda. Toqué el clarinete,−dijo Grace, recordando lo que había leído en el archivo.−
¿Cuántas de las víctimas conocías, Mason?

−En aquel entonces, Gillette Park era un pueblo pequeño. Los conocía a todos, de alguna forma o moda. O
eran el hermano o la hermana de alguien de mi edad o estaban lo suficientemente cerca de mí como para
conocerlos directamente.
−¿Alguno de ellos eran buenos amigos?

Mason sacudió la cabeza.−No. Principalmente salía con Brady y Dalton y algunos otros muchachos. Nadie
de nuestro grupo fue víctima, pero, 2004, sí...Glenn Spiller fue uno de los muchachos en nuestro grupo.
Su hermano pequeño fue una víctima.

−Gary Spiller. Diez años,−dijo ella automáticamente, recordándolo del archivo.

−Sí. Gary.

−¿Cómo lo tomó Glenn?

Mason la miró bruscamente.−¿Cómo diablos crees que se lo tomó?

Grace levantó su mano.−Estoy tratando de entender el pulso de este pueblo, Mason. Dices que no
hablaban de eso. Un amigo de tu grupo perdió a un hermano. ¿Ni siquiera hablaste de eso entonces?

−¿Qué importa eso? ¿Me está poniendo en su sofá otra vez, Doctora Jennings?

Gracia dejó escapar un suspiro.−No. Lo siento. No importa.−Abrió la puerta y salió.−Si pudieras


mostrarme el lugar.

Mason cerró la puerta con demasiada fuerza.−No te quiero dentro de mi maldita cabeza.

−¡No estoy en tu cabeza! Cristo, te lo dije, yo...

−No puedes leer mentes...sí, sí. No te creo.

−¿Qué te hace pensar que incluso quiero leer tu maldita mente?

−¡Eso es lo que quiero saber! ¿Por qué?

Grace levantó las manos.−¿Por qué estamos discutiendo?

−¡Porque esta mierda me asusta!

Dejó escapar un suspiro.−Oh, Mason, lo siento. Déjame entrar sola; puedes…

−No. No después de lo que pasó en el arroyo. No.−Mason también dejó escapar el aliento.−Lo siento,
Grace. Lo estoy intentando. Dios, realmente lo hago.

−Lo sé. Lo estás manejando mejor que la mayoría.

−Tú...solo lo tomas con calma como si no fuera gran cosa y yo...

−Mason, hablaremos de eso esta noche. Puedes preguntarme cualquier cosa que quieras. ¿Okey?

Mason finalmente le dio una media sonrisa.−No estoy segura de querer respuestas a estas preguntas que
tengo.

También sonrió.−Probablemente no.


Capítulo Veintitrés
Después de una discusión bastante acalorada,—llevada a cabo principalmente en voz alta,—Mason
accedió a regañadientes a quedarse atrás mientras Grace continuaba por el camino hasta el lugar donde
se encontró a Deb Meckel en 2004.

Como le había dicho a Grace, no era amiga de Deb, pero la conocía; Deb había vivido en su vecindario y
cuando eran más jóvenes, caminaban por el mismo camino a lo largo de School Road. Deb era bastante
hogareña y tímida, como recordaba. Brady se había graduado el año anterior y ella y Dalton eran
estudiantes de último año. Después de la desaparición de Deb, la Tía Carol había insistido en que se
quedara en su casa unos días. Recordó haber hablado con Brady esa noche, solo ellos dos. Hablando de
Deb Meckel; normalmente, después del primer asesinato, había un período de descanso, donde todos
podían relajarse un poco. Generalmente. El segundo asesinato no ocurriría hasta finales de septiembre o,
más probablemente, octubre; generalmente. Pero 2004 fue diferente. Deb Meckel fue el segundo
asesinato y todavía era mayo, dos semanas antes de que terminaran las clases. Ella y Brady habían
especulado que sería un mal año. No sabía en qué lo basaban; a los diecisiete, ¿había tenido un
presentimiento?

Grace se detuvo y Mason calculó que todavía estaba a tres o seis metros del lugar, según las coordenadas
del archivo. Ya se había guardado el GPS en el bolsillo. Se quedaría atrás, como Grace le había pedido. No
tan lejos. Tal vez treinta metros. Lo suficientemente cerca como para que una carrera rápida pudiera
llevarla allí si algo sucediera. Sí, como si algo tirara de Grace al arroyo de nuevo.

Sacudió la cabeza ante ese pensamiento. ¿De verdad creía que alguna cosa de brazos largos se había
acercado y atraído a Grace? En ese momento, sí. Había visto a Grace en el agua, había visto lo asustada y
conmocionada que estaba. Sí. Quizás eso era lo que la tenía tambaleante. Lo creyó. Si lo hizo.

Las manos de Grace se estaban moviendo ahora. ¿Estaba hablando con alguien? ¿Con Deb Meckel? Mason
sintió una oleada de vergüenza,— vergüenza—invadirla. ¿Deb la reconocería? ¿Deb la recordaría? ¿Deb
recordaría cómo a veces no le hablaba? ¿La ignorarías? ¿Se burlaría de "esas chicas" de la banda?

Estás siendo ridícula, pensó para sí misma. Esta no era Deb Meckel; era—bueno, no era Deb Meckel. De
todos modos, habían sido niñas. Deb había sido un blanco fácil. Dalton y ella se habían juntado con una
multitud diferente: los niños populares. Deb no estaba en su grupo. Deb tocaba el clarinete. Debutante…

Grace se acercó a la orilla del agua y Mason automáticamente dio varios pasos en su dirección,
esperando...mirando. Una vez más, las manos de Grace se movieron. Sí, estaba hablando. Mason había
notado que, incluso con ella, las manos de Grace estaban animadas mientras hablaba. Mason dejó que su
mirada se posara en Grace, su cabello rubio brillando a la luz del sol. Llevaba puesta una camiseta de
manga larga hoy, una que se había dejado fuera de sus jeans y las mangas estaban empujadas hasta los
codos; también era azul marino, algo que había notado en la mayoría de la ropa de Grace. ¿Era ese un
color favorito? La sudadera con capucha que había usado esa mañana la habían dejado en la camioneta.

Saltó cuando un fuerte graznido sonó cerca de su cabeza. Se dio la vuelta y encontró un arrendajo,—el
arrendajo de Steller,—que saltaba sobre las ramas del árbol junto a ella. Se volvió, con la cabeza ladeada
mientras la miraba. Se encontró mirándolo a los ojos oscuros. Saltó más cerca de ella, con las alas
extendidas, el azul profundo contrastaba con el negro de su cabeza y cresta cuando un rayo de sol lo
golpeó. Él se acercó aún más, tan cerca que ella podría,—si deseara,—extender la mano y tocarlo. Sus ojos
no estaban apagados. Eran brillantes y vivos. Abrió la boca pero no salió ningún sonido. Se movió hacia el
borde de la rama, su peso hizo que la punta se doblara, llevándolo al nivel de los ojos hacia ella. Se quedó
allí, paralizada, casi con miedo de respirar, con miedo de asustarlo y hacer que huyera; estiró el
cuello...tan cerca ahora, él...

−¡No!

Mason se encontró empujada bruscamente lejos del pájaro, que chilló ruidosamente antes de volar a
través del arroyo. Apenas mantuvo el equilibrio y cuando se enderezó, vio la expresión asustada en el
rostro de Grace.

−¿Qué está pasando?

Era Grace mirándola ahora, no al pájaro.−¿Qué...qué viste, Mason?

Mason frunció el ceño.

−En el árbol,−aclaró Grace.

−¿El pájaro? Solo un arrendajo. Era prácticamente manso. Podría haberlo tocado si...

−Mason, no era un pájaro.−Grace la tomó de la mano y tiró de ella por el sendero.−Ven. Deberíamos
irnos.

¿No era un pájaro? Por supuesto que era un pájaro. Sabía cómo era un arrendajo. Pero la voz de Grace
tenía urgencia y la mano que sostenía la suya apretaba con fuerza.
¿No era un pájaro? Entonces, ¿qué diablos era? ¿Y por qué diablos estaban tomados de la mano?
Capítulo Veinticuatro
Había algo en picar una cebolla que normalizaba las cosas. Quizás el olor. Quizás el corte rítmico y el
corte en cubitos. Tal vez era solo la perspectiva de cocinar una comida lo que hacía que las cosas
parecieran normales. Grace sabía que Mason de hecho se "asustaría" cuando le dijera lo que había en el
árbol.

Su plan de visitar los cinco sitios había sido un poco ambicioso; después del tercero,—un viaje al parque
para buscar a Fran Frenzil, de diez años,—había interrumpido sus excursiones. Fran Frenzil había sido
bastante conversadora. También se había mostrado a sí misma. Mientras que Juliet Bateman había sido
una mancha oscura de una sombra bailando en los árboles y Deb Meckel no había sido más que una voz,
la pequeña Fran Frenzil—cabello rojo brillante que le caía por los hombros, pantalones cortos verdes y
una camiseta amarilla—había pateado una pelota de fútbol sucia a su lado mientras caminaban. La
pequeña Fran Frenzil solo tenía un zapato, pero eso no pareció disuadirlo.

−Él era grande. Promedio. Pero el otro es el que me lastimó.

−¿Cómo te lastimo?

Fran miró a su alrededor, como si se asegurara de que nadie escuchara.−Allá abajo,−dijo en un susurro.

−¿Cuántos años tenía? ¿El que te hizo daño?

Fran se había detenido, su pie descalzo descansaba sobre la pelota; parecía estar pensando...recordando.
−Escuela secundaria.

−¿Lo conocías?

Ella sacudió su cabeza.−Había otros allí. En el sótano. Los pude escuchar. Escuché a un bebé llorar.

−¿Otros? ¿Un bebé?

−No debería decírtelo. Él podría lastimarlos. Especialmente a Faith.

−¿Faith? ¿Alguien como tú?

−No. Alguien como tú.

−El que te lastimó... ¿fue el que te dejó aquí? ¿O fue el otro? ¿El malo?

Ella pateó la pelota y corrió tras ella, sin decir nada más. Antes de que Grace pudiera alcanzarla, Fran
desapareció en el bosque.

Grace la había llamado, pero no respondió. Por un capricho, se acercó al patio de recreo, consciente de
que Mason la seguía a distancia. En el columpio, llamó a Missy Higgins. La niña,—de nueve años,—había
estado allí, pero no quiso hablar. El columpio comenzó a oscilar, más y más alto, y Grace lo había
observado, de un lado a otro. Pero se detuvo de repente, como si alguien hubiera saltado y otro hubiera
detenido el columpio con la mano; se preguntó,—quizás un poco locamente,—si Missy y Fran jugarían
juntas.

Se había cansado después de eso. Mentalmente cansado. Demasiado cansada para siquiera transmitir la
conversación a Mason. Así que puso fin a sus búsquedas y se ofreció a prepararles la cena. Un viaje
rápido a la tienda de comestibles y luego de regreso a la casa de Mason. Se había duchado y se había
puesto ropa cómoda,—pantalones de chándal y camiseta,—y ahora aquí estaba, cortando una cebolla
como si todo fuera perfectamente normal.

−¿Qué es lo que estamos cocinando?

Grace sonrió.−¿Oh? ¿Estamos cocinando?−Hizo una pausa en su tarea.−¿Te gusta cocinar?

Mason se encogió de hombros.−Sé cómo, si eso es lo que estás preguntando. Bueno, sé lo suficiente para
sobrevivir. Sin embargo, cocinar para una...es más fácil recoger algo o preparar una cena en el
microondas.

−Sí, lo sé. Soy culpable de eso también. Algunas veces. Cocinar es liberar el estrés. A veces lo necesito.
−¿Cómo esta noche?

Asintió con la cabeza, sin molestarse en mentir. Le diría a Mason todo lo que averiguo hoy muy pronto.
Volvió a callar el cuchillo.−Me encantaría una copa de vino. ¿Tienes?

−Sí. ¿Algo en particular?

−No. Solo vino.−Hizo otra pausa.−Un bonito rojo.

Mason sonrió.−No sé si es agradable. Tu agradable y la mía podrían ser completamente diferentes. Tengo
un par de mezclas; hay un merlot que Dalton dejó aquí.−Abrió un armario al final de la cocina.−También
hay un rojo dulce. Brady.

Grace arrugó la nariz y sacudió la cabeza rápidamente ante esa sugerencia.−Una mezcla es buena.

Mientras se salteaban las cebollas, cortó los champiñones portabella en trozos grandes. Ya había
sazonado las pechugas de pollo. Mason puso una copa de vino cerca de ella y se detuvo lo suficiente para
tomar un sorbo, asintiendo rápidamente con la cabeza. Armó el plato, algo que había aprendido a hacer
años atrás. Sencillo pero elegante. Bueno, la albahaca fresca lo habría hecho mejor, pero no había
ninguna en la tienda. Mezcló las cebollas y los champiñones con el pollo y lo metió en el horno. La pasta,
que sazonaría con un aderezo italiano, les serviría de base. Una mezcla de verduras,—había encontrado
una bolsa en la sección de alimentos congelados de la tienda—se estaba calentando y se mezclaba con la
pasta justo antes de servir. Sencillo y rápido, pero lo suficientemente elegante para el vino. Sonrió ante
ese pensamiento mientras tomaba la copa de vino.

−Huele bien.

−Gracias.

−¿Puedo ayudar con algo?

−Tengo un control sobre eso.−Apoyó la cadera contra el mostrador, mirando a Mason. Qué rápido había
cambiado su relación. No era de las que hacen amigos, pero ahora estaban peligrosamente cerca de eso.
No tenía la paciencia para superar la conmoción inicial de la gente y todas las preguntas posteriores. Por
supuesto, una vez que se respondieron esas preguntas, no muchos querían ser amigos de ella. Cuando
conoció a Mason, pensó que sería lo mismo. De alguna manera era diferente. Ahora era diferente. Oh,
Mason tenía preguntas. Pensó que esta noche tendría docenas de ellas. Sin embargo, fue diferente. Se
sentía tan a gusto con la mujer, era como si la conociera desde hacía años. Y Mason estaba lo
suficientemente cómoda a su alrededor como para expresar abiertamente su incredulidad. Y, por
supuesto, estaba la visión que había tenido. Quizás esa fue la razón por la que sintió que algo crecía entre
ellas.

Mason estaba sentada a la mesa, girando lentamente una copa entre sus manos. Una bebida de color
claro esta noche. ¿Gin tonic, quizás? Tenía el ceño fruncido, como si estuviera contemplando una
pregunta. Grace aprovechó la oportunidad para estudiarla. Su cabello oscuro todavía estaba húmedo de la
ducha anterior y Mason lo tenía peinado detrás de ambas orejas. Por primera vez, se dio cuenta de que,—
aunque no llevaba pendientes,—tenía perforaciones en las orejas. Sus cejas eran oscuras y espesas,
haciendo que sus expresiones fueran más pronunciadas. Mason debió haber sentido que ella la miraba
fijamente y miró hacia arriba, sus pestañas bastante largas parpadearon un par de veces mientras sus
miradas se sostenían.

−Yo...vi un arrendajo de Steller. En el árbol. El mismo tipo de pájaro que estaba en el árbol esta mañana.
El pájaro que me hizo pensar en los comederos vacíos de mi madre.

Los comederos en los que puso galletas de animales desmenuzadas, añadió Grace en silencio. Solo que no
era el mismo tipo de pájaro. Grace temió que fuera el mismo pájaro. Con un suspiro, se apartó del
mostrador y se unió a Mason en la mesa.

−El mismo tipo de pájaro que nos estaba mirando en el arroyo, después de que me rescataste.

−Sí. El mismo. Me había olvidado de eso.

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Al−AnkaMMXX

−No vi un pájaro hoy, Mason. Era una...una criatura de algún tipo,−dijo con cuidado.−Parte mono,
parte...no lo sé, exactamente. Tenía el cuerpo de un mono, pero la cara era...era algo con dientes afilados,
como un gato o algo así.−Sacudió su cabeza.−No, no un gato, exactamente. Cambió; solo...una cara
aterradora de demonio. Cara humana. Luego cambió para parecerse un poco a un bebé. Tenía un cuchillo.
Cuando te aparté del camino, estaba balanceando el cuchillo hacia ti.

La mano de Mason temblaba ligeramente cuando tomó un sorbo de su bebida.−Ahora me doy cuenta de
que estaba hipnotizada por el pájaro. No podía apartar la mirada de él. Perdí la noción del tiempo. Perdí
de vista el hecho de que se suponía que debía estar mirándote. No vi nada más que el pájaro.−Mason la
miró entonces.−Si no hubieras estado allí, ¿me habría lastimado?

−No sé,−dijo con sinceridad.−¿Qué estaba haciendo el pájaro?

−Nada en realidad. Me estaba mirando, cada vez más cerca. No me tenía miedo,—manso. Al final, pensé
que me iba a picotear en la cabeza con el pico.

−Y tal vez eso es todo lo que hubiera pasado. No lo sé.

−¿Estaba todo...bien por ahí?


Grace asintió, sabiendo lo que Mason preguntaba.−Sí. Sin problemas; no vi nada fuera de lo normal.
−Luego se rió en silencio ante esa declaración.−Fuera de lo normal para mí,−aclaró.

Mason pareció relajarse un poco.−¿Qué pasó en el último sitio?

−¿Fran? Dijo algo que no esperaba. Algo que me hace cuestionar a quién estamos buscando.−Dejó su
copa de vino.−Cuando le pregunté si sabía quién le hizo esto, dijo que no, que no lo conocía. Pero fueron
dos. Ella lo describió como como grande y malo, pero no fue él quien la lastimó. En sus palabras,
"lastimarla" significaba la agresión sexual, no el asesinato. Y el que la lastimó fue un niño, en edad de
escuela secundaria.

Mason abrió la boca con incredulidad.−¿Escuela secundaria?

−Eso es lo que ella dijo. También dijo que había otros, en el sótano; dijo que podía oírlos. Ahora, lo que
eso significa, no tengo ni idea. Ella no dio más detalles. Y cuando le pregunté quién la había dejado allí, el
grande y malo o el chico de secundaria, se escapó.

Mason se frotó la cara con ambas manos.−Jesús...esto es real, Grace?

−Real en mi mundo, ¿está diciendo la verdad? ¿O real en tu mundo?

−Ambos, supongo.

Grace no se molestó en responder esa pregunta. Asumió que Mason realmente no necesitaba una
respuesta.−Dijo algo más, algo que Juliet también había dicho. Fran dijo que no debería hablar
conmigo porque podría lastimarla. De nuevo, "ella" se refiere a una tercera persona. Faith; dijo
que se llamaba Faith.−Se inclinó más cerca.−Dijo que cuando escuchó a los demás en el sótano,
había un bebé llorando. Entonces, cuando dijo que él podría lastimarla, podría estar refiriéndose
al bebé. Por supuesto, Fran fue asesinada en 2004. El bebé ya habría crecido.

−Oh hombre.−Mason se puso de pie, paseando ahora.−¿Qué diablos se supone que debo hacer con esta
información? ¿Dos chicos? ¿Escuela secundaria? ¿Un bebé? ¿Cómo se supone que le voy a transmitir esto
a mi tío?

−Mason, siéntate.

−No sé cómo procesar esto, Grace.

−Siéntate,−dijo de nuevo.

Mason lo hizo, y esta vez, cuando tomó su bebida, le temblaba mucho la mano. Grace le dio unos
momentos para calmarse, luego decidió cambiar de dirección con su conversación.

−¿Por qué aun no eres cercana con Brady y Dalton?

Mason parecía sorprendida por el cambio de rumbo.−¿Por qué es eso importante?

−No lo es realmente.−Descansó la barbilla en la palma de su mano.−¿Es un producto de este pueblo o


algo más?

−¿Qué quieres decir?


−No estoy segura. Cualquiera que sea el vínculo que tuvieron cuando eras niña, ¿el que te hayas ido unos
años lo borraría? ¿Qué pasa con Brady y Dalton? ¿Están todavía unidos?

−Estuve once años...más que unos pocos.

−¿Sabían de tu vida personal?

−Los chicos sabían que era gay en la escuela secundaria. No es un problema.−Extendió sus manos.−No
estoy segura de por qué, Grace; regresé…sí, y las cosas fueron diferentes. Quiero decir, todavía vamos a
tomar una cerveza en Bucky. Y en la temporada de fútbol, nos reunimos para ver partidos.

−¿Pero?

−No lo sé. Es solo diferente. Nosotros no...hablamos.

−Ah. Superficial.

−Sí. Nada demasiado serio.

−¿Para evitar hablar de los asesinatos? ¿Para evitar hablar de tus sentimientos?

Mason la miró con las cejas arqueadas.−¿Estoy en tu sofá ahora?

−Lo siento. Me fascina es todo. El hecho de que nadie hable entre ustedes sobre los asesinatos. Supongo
que cuando hablas de ello ahora, es sólo en el contexto de la aplicación de la ley.

−Correcto.

−¿Por qué es eso?

−¿Qué se puede decir?

−Creo que todos ustedes tienen miedo de quién podría ser el asesino; tienes miedo de que sea alguien
que conoces, alguien que camina entre ustedes…tal vez un amigo. Así que mantienes la distancia, por si
acaso.

−Oh vamos. Sé que Dalton no es el asesino. Sé que Brady no es el asesino.

−No estoy diciendo que creas que lo son. Hablo en términos generales. Sobre todo el mundo. El pueblo
tiene un secreto y todos lo guardan.−Se puso de pie y fue hacia la cocina, calentando el agua para la
pasta.−¿Vas a la iglesia?

−¿Iglesia?

Grace añadió un poco más de vino a su copa.−No hemos estado en la parte nueva del pueblo, pero aquí,
de este lado, no he visto ninguna iglesia; estoy segura de que hay algunas.

Mason asintió.−Hay una pareja en Old Town, sí. Y los bautistas construyeron una nueva iglesia, oh, hace
cinco o seis años. La terminaron justo cuando me mudé. Está en Nuevo pueblo.

−¿Y tú?

−No. No voy a la iglesia No desde que tenía diez años.−Sacudió su cabeza.−Bueno, eso no es del todo
cierto. Cuando estaba cerca, la Tía Carol me obligaba a ir con ellos. Metodistas.

−¿Tu madre dejó de ir?

−Sí. Y me vino bien. ¿A ti?

Grace negó con la cabeza.−No. A pesar de haber sido criada en el sur, mi madre no asistía a la iglesia. Y
Rich hablaba mucho, pero no, nunca hizo el esfuerzo. Además…−Se detuvo. ¿Quería ella ir allí?

−¿No eres creyente?

Grace se encontró con su mirada. −No sé, de verdad, −dijo con facilidad. −Hablo con personas
muertas. ¿Qué dice eso? ¿Su espíritu −su alma− está atrapado entre aquí y el más allá? Si crees, ¿es eso
posible? Si crees, cuando mueres, tu alma deja tu cuerpo y vas al cielo, ¿verdad? No te quedas atascado
en algún punto intermedio.

−Tal vez lo que ves y oyes no es su alma.

−¿No? ¿Entonces qué es?

−Diablos, no lo sé.

Grace sonrió.−Fran jugaba con una pelota de fútbol. Missy juega en los columpios. ¿Qué hace Susie
Shackle? ¿Qué hace Deb Meckel?

−¿Que ves? ¿Qué es lo que parecen?

−No son todos iguales. Creo que depende de cuánto quieran mostrar de sí mismos. Juliet no era más que
una forma oscura que se movía entre las ramas de los árboles, luego bajaba y volvía a subir. Deb no se
mostraba en absoluto. Fran parecía una niña de diez años, en persona. Lo único fuera de lugar era que
solo tenía un zapato.

Mason asintió con la cabeza.−Sí, creo que eso estaba en el archivo; cuando encontraron su cuerpo, solo
tenía un zapato.

−Todos dijeron una versión de lo mismo. No querían hablar porque temían que la lastimara. Si él es un ser
humano vivo que respira, eso sugiere que tiene un cautivo. También me hace preguntarme cómo sabría
que estaban hablando conmigo. Pero si él es como ellos...otro espíritu o...o peor, entonces...

−¿Qué podría ser peor?

−Peor aún, lo que significa que, en su mayor parte, son inofensivos; los veo en un reino diferente, no en
nuestro mundo físico. Pero hay algo más aquí. Había algo en el arroyo que llegó a mi reino físico. No es
algo suave,—

no amenazante,—como ellos. También es algo más poderoso que ellos. Al menos, supongo.
−Entonces, digamos que "él" es una persona real,−dijo Mason, haciendo citas en el aire.−¿Por qué un
cautivo? ¿Y por qué les importaría?

Ellos, es decir, los...con los que ha hablado.

−Probablemente tengas razón. Si hubiera alguien desaparecido en el pueblo que ahora está cautivo, lo
sabría. ¿Y por qué les importaría? No lo sé; era el tono de su voz. Estaban preocupados por la seguridad
de esta niña; Fran dijo que no era alguien como ella. Era alguien como yo. Humana. Carne y sangre,
supongo.−Se puso de pie rápidamente. Se había olvidado del agua y ya estaba hirviendo. La bajó, luego
añadió la pasta.

−Y todo esto es especulación, Mason. Solo en otra ocasión me encontré con algo que consideraría
malvado.−Permaneció de pie, apoyando una cadera contra el mostrador.−Asistí a una pequeña
universidad en Georgia y estudié parapsicología. Algunos de mis compañeros de clase me
convencieron de ir a un cementerio muy antiguo en Atlanta: el cementerio de Oakland.

−Oh, dios...¿un cementerio?

Grace sonrió.−Un grupo de geeks paranormales en un viaje de campo...sí.

Mason levantó las cejas.−¿Amigos?

Grace negó con la cabeza.−No en realidad no. Tenían ideas afines, aunque siempre fue una competencia.
Mientras que yo podía ver el espíritu en forma humana,—como Fran hoy—otros la verían solo como una
aparición.−Agitó su mano en el aire.−De todos modos, fui con ellos una noche. Entramos después de la
medianoche. Fue una de las pocas veces que tuve miedo.−Se cruzó de brazos, sintiend o escalofríos al
recordar esa noche.−Vi…mucha gente. Vi como colgaban a un hombre de un árbol...un soldado de la
Unión. Vi tiroteos. Era como si todos se levantaran de sus tumbas para recrear cómo fueron asesinados.
Pero había un tipo...era un asesino. Un asesino. Volvió a representar sus asesinatos. Tenía una espada y
era...bueno, mucha sangre y sangre. Veía todo como si estuviera sucediendo, a todo color con sonido.
Sabía que podía verlo. Se reía tanto cada vez que mataba. Luego nos persiguió. Fue tan real—para mí. No
para los demás; vieron una forma o una aparición,—una apariencia de fantasma, como se puede ver en
una película. Lo vi, como si estuviera en la carne y hueso. Podía ver la maldad en sus ojos, podía ver el
sudor en su frente, podía oler su mal aliento, sus dientes podridos. Y la espada. Siguió balanceando la
espada mientras nos perseguía,—la espada que goteaba sangre.−Se sacudió.−Siempre me pregunto si
sus víctimas,—¿es ese su destino? ¿Recrear su asesinato noche tras noche?

−No sé qué decir a eso.

−Puede decir que no me cree. Eso es lo que dijeron todos. Pensaron que un fantasma estaba jugando con
nosotros, bromeando...persiguiéndonos en forma divertida. No podían ver su rostro, leer su expresión, ver
sus asesinatos,—escuchar sus gritos.—Tenía un miedo mortal, no lo estaban. La ignorancia a veces es una
bendición.

−¿Por qué pudiste verlo a él y no a ellos?

Sonrió un poco triste.−Diferentes niveles de talento, diría uno de mis profesores.

−Entonces, ¿todos los psíquicos no son creados iguales?

Grace apuró el agua de la pasta, preguntándose cómo responder a esa pregunta de una manera que
Mason pudiera entender.−Todos los médiums son psíquicos.−Se volvió para mirarla.−Pero todos los
psíquicos no son médiums. Algunos psíquicos pueden leer la mente a voluntad y otros no. Hay diversos
grados de habilidad. Como en todas las profesiones.−Dejó la olla.−Ahora no me malinterpretes. No se
trata de tener que practicar más. Al menos, no para la mayoría. Las habilidades—dones—que tienes son
limitadas.

−Entonces, ¿qué te hace pensar que esta otra psíquica que estuvo aquí en 2004 sabría algo?

−Porque ella quería hablar con Susie Shackle. No sé por qué quería hacerlo en una sesión de espiritismo.
Tal vez esperaba atraerlos a todos a la vez.

Mason levantó la mano.−Okey. Estás empezando a asustarme de nuevo.

Grace la rió ligeramente.−Entonces, ¿qué tal si comemos? El pollo debería estar listo.−Hizo una pausa.
−Gracias por permitirme tener esta conversación contigo. No es frecuente que pueda hablar sobre mi
trabajo con alguien.

−¿Porque no hay amigos?−Mason preguntó en un tono gentil.

Grace asintió con la cabeza.−Otros fenómenos como yo, lo sé por foros en línea y demás. No amigos, sino
conocidos y colegas. Es más un lugar seguro para hacer preguntas y transmitir experiencias. De todos
modos, soy más una acechadora que una participante.

−Deja de llamarte un fenómeno.


−¿Por qué? Soy uno.

Mason abrió el horno y le quitó el plato de pollo.−No lo eres.

−Oh, Mason, sabes que pensabas eso de mí. No mientas.

Mason se echó a reír.−Okey, a riesgo de que me leas la mente, sí, es posible que haya pensado algo en ese
sentido.−Todavía estaba sonriendo mientras la miraba.−No creo que seas un fenómeno, Grace. Eres
especial. No puedo imaginar la carga con la que debes haber vivido...todavía estás viviendo.

Grace le apretó el brazo.−Sí. Gracias por entender. Y por pensar que soy especial.
Capítulo Veinticinco
Mason tomó un sorbo de café, vigilando por la ventana al pájaro. Casi se decepcionó cuando no se mostró.
Bueno, decepcionada no era la palabra correcta. Se había preparado para ello, así que fue un poco
decepcionante cuando los únicos pájaros que vio fueron carboneros.

−¿Por qué galletas de animales?

Se sobresaltó al oír la voz tranquila de Grace detrás de ella. Se dio la vuelta y la encontró como ayer por
la mañana...con la misma camisa de dormir de gran tamaño, pero los pantalones de chándal reemplazaron
a los jeans que tenía ayer.

−¿En el comedero para pájaros? Era lo único en la despensa que podían comer. Un par de latas de sopa,
no mucho más.−Tomó un sorbo de su café.−Siempre había sopa.

−Odias la sopa ahora.

Mason asintió, sin importarle si Grace lo había adivinado o lo sabía por otros medios. Probablemente por
otros medios. Al igual que ella sabía de las galletas de animales.−Si mi madre estaba en casa, no podía ir
a cenar a casa de la Tía Carol. Sabía cómo usar un abrelatas, por lo que generalmente era sopa o alguna
otra forma de cena en lata. Una delicia era una cena helada que podía poner en el microondas.

−¿Fue abusiva contigo de otras maneras? ¿Físicamente?

¿Verbalmente?

−Ella era...ella era crítica conmigo. No era lo suficientemente bonita, no me vestía bien, mis amigos eran
niños y no niñas. Ese tipo de cosas. Cosas importantes para ella. No le preocupaban mis calificaciones,
solo los chicos con los que podía salir.−Se acercó a la cafetera para servir un poco en una taza para
Grace.−Estaba preocupada de que me casara con el chico equivocado y posiblemente terminara como
ella, creo.

−¿Como ella? ¿Significa que se casó con el tipo equivocado?

−Ya no estaba, así que sí.

−¿Consideró la posibilidad de que se casó con la mujer equivocada?

Mason frunció el ceño.−Nos abandonó, Grace. Se fue sin una palabra; si se casaba con la mujer
equivocada, debería haber tenido las pelotas para afrontarlo, no desaparecer como si pudiera borrar esa
parte de su vida. Y sí, todavía estoy amargada.

−Sé que lo estás. Pero tenías diez años. Podría haber habido alguna tensión subyacente en su matrimonio
de la que no estabas al tanto.−Grace levantó la mano.−No tomo partido en absoluto, Mason, solo ofrezco
una alternativa.

Sí, estaba amargada, y sí, se había preguntado si quizás su madre había sido la única razón por la que se
había ido. Parecían felices, normales; no recordaba ningún grito o pelea. Después de que él se fue, su
madre se convirtió en una extraña,—una extraña a quien no le agradaba ni le importaba; ¿había sido tan
extraña para su padre todo el tiempo? ¿Había finalmente tenido suficiente y se fue?

−Él también me dejó, Grace. No solo a ella...él me dejó también, sin decir una palabra, sin un adiós.
−Cuadró los hombros, aferrándose al odio que aún sentía por él.−No hay excusas.

−No, no las hay.−Grace revolvió el azúcar en su café.−¿Cuándo le dijiste que eras gay?

−Oh, una noche durante una pelea. Dalton y yo íbamos al baile de graduación juntos. Ella pensó que
estábamos saliendo. Procedió a enumerar todas las deficiencias de Dalton y estuvo a punto de prohibirme
ir con él.−Miró a Grace.−Su principal defecto fue que sus padres también se divorciaron.−Se encogió de
hombros.−Así que le dije que no estábamos saliendo y por qué.−Entonces, ella sonrió.−Al parecer, las
deficiencias de Dalton no fueron tan pequeñas después de todo, en comparación con mi homosexualidad.
Dijo que no quería escuchar una palabra más al respecto.

−Y conociéndote, nunca lo volviste a mencionar.


−¿Conociéndome?

Grace sonrió y tomó un sorbo de café.−Eres un poco terca, un poco desafiante. Me imagino que te fuiste a
la universidad sin apenas despedirte.

Mason asintió con la cabeza.−Así es más o menos como era. Para entonces, mi madre y yo apenas
coexistíamos. No había amor en ninguno de los lados, créeme.

−¿Cómo lo hiciste financieramente?


−Trabajé en dos trabajos mientras iba a la universidad. Conseguí ayuda económica. Y el Tío Alan me
enviaba dinero de vez en cuando. Me las arreglé. Estaba acostumbrado a comer sopa, ¿sabes?−Se apartó
del mostrador.−Entonces, ¿qué hay en la agenda de hoy? ¿Terminar con los sitios de 2004?−Si Grace se
preguntó por su abrupto cambio de tema, no lo demostró.

−No. Creo que quiero saltar al 2012. Ver si podemos descubrir por qué hubo cinco muertos ese año.

−¿Importa?

−Si hubiera algo que lo desencadenara, sería bueno saberlo; especialmente si mi presencia aquí provoca
una repetición de eso.

−Oh, recibí un mensaje de texto del Tío Alan. Un par de números telefónicos para que intentes con la
psíquica.

−Bueno. Gracias.−Agregó más café a su taza, luego, con una breve sonrisa, se retiró a la habitación libre.

Mason exhaló un suspiro, luego se volvió de nuevo hacia la ventana, con la mirada fija en los árboles sin
verlos realmente. ¿Qué tenía Grace que la hizo abrirse? Nunca le había contado a nadie mucho sobre su
infancia, y mucho menos los detalles íntimos. Años saliendo con Shauna nunca habían producido
conversaciones como esta. Inclinó la cabeza pensativamente. ¿De qué habían hablado ella y Shauna?
Shauna creció en Los Ángeles. Mason se había reunido con ella en ocasiones para cenas familiares. Tenía
dos hermanos mayores que se habían mudado. Sus padres parecían normales; aparte de eso, no sabía
mucho sobre ellos. No sabía qué hacían sus padres para ganarse la vida, no sabía adónde se habían
mudado los hermanos. Y a su vez, Shauna no sabía nada más que sus padres se divorciaron y Mason se
había ido de casa a los dieciocho años. ¿De qué habían hablado?

Un movimiento con el rabillo del ojo le devolvió la atención al presente y sintió que se le cortaba el aliento
cuando el pájaro azul,—un arrendajo de Steller de nuevo,—apareció a la vista. Saltaba de rama en rama
con facilidad, acercándose cada vez más a la ventana. Observó sus movimientos, solo ligeramente
consciente de que su corazón latía un poco más rápido de lo normal. ¿Era solo un pájaro…o era el pájaro?
Voló hacia la rama más cercana a la ventana y lo miró fijamente, su mirada sostuvo la de ella durante más
tiempo, ninguno de los dos parpadeó. Su cabeza se inclinó ligeramente, como si intentara leer su
expresión. Entonces, rápido como un rayo, se abalanzó sobre la ventana, con el pico abierto en un grito
furioso; una ráfaga de azul y negro golpeó el cristal y Mason saltó hacia atrás, avergonzada por el grito de
sorpresa que salió de su boca. El pájaro voló tan rápido como había llegado y lo vio embarcarse más allá
de los árboles y subir por la ladera de la montaña, desapareciendo de la vista.

Su mano estaba temblando cuando dejó la taza de café. Se había derramado la mayor parte en su mano y
estaba francamente sorprendida de no haber dejado caer la maldita cosa. Se apartó apresuradamente de
la ventana y fue en busca de Grace. Oyó correr la ducha en el baño de invitados, vaciló en la puerta
durante uno o dos segundos y luego llamó varias veces.

−¿Grace?

−¿Si?

Giró la perilla y la encontró desbloqueada. Empujó la puerta para abrirla. El espejo estaba empañado por
el vapor. Grace estaba asomando detrás de la cortina de la ducha, sus cejas arqueadas inquisitivamente
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Al−AnkaMMXX

−Lo siento...pero...bueno...

−¿Qué ocurre?

−El pájaro. Regresó. Vo-voló hacia la ventana.−Soltó una risa temblorosa.−Me asustó y no quería estar
allí sola.−Sabía lo ridículo que sonaba eso, pero no podía recuperar las palabras ahora, incluso si quisiera.

Grace asintió, su expresión seria.−Debe sentirse amenazado,−dijo, casi para sí misma. Luego la miró.
−Terminaré en un minuto, entonces podemos…

−Oh, sí, lo siento. No quise irrumpirte.−Retrocedió y cerró la puerta, apoyando la frente contra ella. Eres
policía, por el amor de Dios. ¿Tienes miedo de un maldito pájaro?

−¿Masón?

Miró fijamente la puerta, luego la abrió de nuevo.−¿Sí?

−Esto es lo más cerca que alguien ha estado de verme desnuda en años.

Sonrió al ver la figura detrás de la cortina de la ducha, escuchando el tono burlón en la voz de Grace.
−Bueno, si te hace sentir mejor, esto es lo más cerca que he estado de ver a alguien desnuda en años
también.
Capítulo Veintiséis
A pesar del tono burlón de Mason cuando salió del baño, Grace sabía que la había sacudido. Se apresuró a
tomar la ducha y se vistió rápidamente: jeans y una camiseta. Se miró en el espejo por un segundo,
debatiendo consigo misma si debía molestarse con el maquillaje más simple que solía aplicar. Un
humectante rápido fue todo para lo que se tomó el tiempo.

Sin embargo, Mason no estaba por ningún lado. Dejó su bolso y la sudadera que había agarrado en el
sofá, luego regresó por el pasillo, escuchando movimiento en el dormitorio de Mason. Se detuvo en la
puerta.

−¿Estás bien?

−Sí...entra.

Encontró a Mason sentada en la cama, abrochándose las botas. Era la primera vez que echaba un vistazo
a su dormitorio y miró rápidamente a su alrededor. La parte superior de la cómoda estaba llena de ropa
doblada y reconoció varias de las camisas de uniforme que normalmente usaba Mason, la miró, viendo
una de esas camisas en ella ahora. Su cinturón de seguridad estaba colgado sobre una silla que estaba
contra la pared y una chaqueta fue arrojada casualmente sobre el asiento de la silla. Entró de lleno en la
habitación y se sentó junto a Mason en la cama. Mason la miró y sonrió.

−Estoy bien, de verdad.

Grace asintió con la cabeza.−¿Viste algo más que el pájaro?

−No. Arrendajo de Steller. Igual que antes. Sin embargo, cuando te mira, es como si tuviera ojos
humanos.

Grace quería decirle que definitivamente no era humano, pero ella solo asintió.−Me pregunto por qué se
dirigió a ti. Es decir, tú y no yo.

−Tal vez porque soy un blanco fácil,−dijo Mason con una risa inquieta.−No hace falta mucho para
asustarme.

Grace se inclinó más cerca y golpeó su hombro cariñosamente.−No escuché un grito estridente y
femenino, así que no debió haberte asustado demasiado.

−¿Por qué crees que hizo eso?

−¿Voló por la ventana? No estoy segura. Tal vez como dijiste, tratando de asustarte. Advertirte. Tú eres la
que me arrastra, me muestra los alrededores.−Se encogió de hombros.−Adivinando, por supuesto. No me
he encontrado con algo como esto antes.

Mason tragó saliva.−Bueno, funcionó. Me asustó, a pesar de la falta de un grito femenino.

−Lo sé. Me gustaría saber quién es él, pero...si nadie me habla, será difícil.
−Porque ellos también tienen miedo.

−Sí. Pero por lo que nos enteramos ayer no tienen miedo por sí mismos,—quiero decir, ya están muertos,
¿qué puede hacer él?, sino que tienen miedo por otra persona.−Palmeó la pierna de Mason y luego se
puso de pie.−Deberíamos empezar. Y si me pasa los números de teléfono, intentaré llamar a Nora
Nightsail.

No tuvo suerte con ninguno de los números de teléfono que el Sheriff Cooper le había dado. El primero
estaba desconectado,—tal vez un antiguo número de teléfono fijo. El segundo tenía correo de voz, aunque
era un saludo generado por computadora, por lo que no tenía idea de si era para Nora o no. No quería
asumir que lo era, aunque estaba segura de que estaría en contacto con la mujer de alguna manera. Dejó
un breve mensaje, sin entrar en demasiados detalles, pidiéndole a Nora que la llamara. Había hecho una
búsqueda en Google sobre Nora Nightsail y había encontrado un sitio web que parecía prometedor—
lecturas psíquicas en persona o por teléfono—y también llamó a ese número. También fue al buzón de voz
y ella también dejó un mensaje allí.

Ahora se dirigían hacia el bosque de nuevo, esta vez más allá del lado norte del pueblo donde Gillette
Creek salía de las montañas y entraba en el valle, donde atravesaría el pueblo antes de regresar a las
montañas. Abrió su bolso y sacó la libreta para mirar las notas que había anotado antes. La primera
víctima fue Thomas Houston, de trece años. Desapareció mientras estaba en la biblioteca. La
videovigilancia lo mostró entrando al baño,—solo; nunca salió. Su cuerpo fue encontrado cuatro días
después. La causa de la muerte ahogamiento.

−Cuando regresaste a Gillette Park, ¿tenías alguna aspiración de atrapar a este tipo?

−¿Aspiración? Soy policía, ya sabes.

−Está bien, esa pregunta no salió bien. Claro, sé que todo el mundo quiere atrapar a este tipo, pero
quiero decir, ¿ese era tu objetivo principal, volver a casa y acabar con el terror que era tu pueblo natal?

Mason la miró rápidamente.−¿Como un héroe? ¿Llegar en un caballo blanco para salvar el día?

−Si algo como eso. Por lo que he escuchado y leído, este es realmente el único crimen en el pueblo. Como
policía, tiene que comerte. Asumo, de todos modos.

−Debo admitir, sí, pensé cuando regresé, con mi experiencia en Los Ángeles, que podría manejarlo todo. Y
sí, tal vez atrapar al tipo de inmediato y acabar con el terror, como dijiste.−Encendió la señal de giro y
giró a la izquierda en un pequeño camino sin pavimentar que fue rápidamente engullido por árboles.
−Sabía todo sobre los asesinatos, por supuesto. De Brady, de mi tío. Entonces, cuando regresé, leí el
archivo diez, doce veces, memoricé mucho, visité los sitios. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de
que la única forma en que íbamos a atrapar a este tipo era si la cagaba o si teníamos mucha suerte y nos
tropezábamos con él.

−O quedara atrapado en el acto. Me parece sorprendente que después de todos estos años, nadie haya
visto nada. Casi como si tuviera ayuda, ¿no te parece?

−Supongo que sé a qué te refieres con eso. Y eso no lo puedo comprender del todo.

Mason las condujo más adentro del bosque, deteniéndose finalmente en un pequeño claro que había sido
cortado en el bosque. Era un estacionamiento primitivo, lo suficientemente grande para cinco o seis
autos. Un letrero de madera estaba colgado de un árbol, señalando el camino hacia Old Ponderosa Trail.

−Llamado así por el grupo de pinos alrededor del cual fluye el arroyo,−explicó Mason.−Crecimiento viejo.
Está en una zona muy rocosa y sobrevivieron tanto a la tala como a los incendios. Doce o quince árboles,
creo que hay. Árboles enormes. Los más grandes que he visto en mi vida.

Grace contuvo el aliento. ¿Árboles enormes, como en su visión?

Quizás. Pero hizo a un lado ese pensamiento y su visión a un lado. Quería saber más sobre la joven Mason.

−¿Este sendero estaba aquí cuando eras pequeña? ¿Lo has caminado?

−Era el sendero, pero no era un sendero oficial. Un lugar al que iban los lugareños. Y sí, he estado allí
muchas veces. Una vez que el pueblo comenzó a crecer y los turistas comenzaron a llegar más,
actualizaron el sistema de senderos y crearon estos pequeños recortes para estacionar; durante la
temporada de campamento,—que comenzará muy pronto,—estos lugares de estacionamiento estarán
llenos.

Mason cerró la camioneta y luego comenzaron a subir por el sendero; el cuerpo fue encontrado
relativamente cerca del arroyo, apoyado contra un árbol. Como a veces, se dejaban objetos con el cuerpo,
como el balón de fútbol de Jason Gorman. Para Thomas Houston, sus libros de texto se quedaron con él.

−Cuando no estás trabajando, ¿usas tu tiempo de inactividad para caminar, explorar?

−No tanto como pensé que lo haría. Cuando regresé, pensé que estaría por todos los senderos, como
cuando estaba creciendo.−Mason se encogió de hombros.−Sin embargo, es diferente. El pueblo ha
cambiado, Brady, Dalton...han cambiado. He cambiado.

−¿Tienes amigos, Mason?−Preguntó gentilmente.

−¿Amigos? Por supuesto.−Otro encogimiento de hombros.−Conozco a mucha gente en el pueblo. Hay un


grupo de excursionistas al que pertenezco...simplemente no puedo reunirme mucho con ellos.−Mason
dejó de caminar.−No. Eso es una mentira. Elijo no reunirme con ellos. Voy a Bucky casi todas las noches.
Y Brady y Dalton también vienen la mayoría de las noches. Y tratamos de hablar, como en los viejos
tiempos, pero los asesinatos siempre surgen. Siempre. Es como si no pudiéramos tener una conversación
sobre nada sin que los asesinatos se ciernan sobre nosotros. Y

no queremos hablar de eso, así que terminamos sin hablar en absoluto; otras personas, no hablan de eso.
Está ahí, pero no hablan de eso. Pero para Brady y Dalton, es como si esta investigación de asesinato
estuviera al frente y al centro de sus vidas, tanto en su vida privada como en su trabajo. Nada más
importa.

−Es por eso que ambos están divorciados,−dijo Grace con certeza.

−Sí. Y he caído en la misma trampa. Es en todo lo que pienso, como si fuera mi única existencia.

−Tienes una copia del archivo junto a tu cama.−Mason la miró sorprendido.−La vi esta mañana.

−Solo lo moví allí desde que estuviste en el pueblo. Tratando de repasar los hechos. Pero sí, al principio,
leía la maldita cosa todas las noches; o memoricé.−Comenzó a caminar de nuevo.−Siento que, si no
resolvemos este caso, voy a desaparecer. Siento que ya estoy desapareciendo, Grace; como ellos, ya no
hay nada en mi vida. Nada. Sin alegría, sin risas. Nada me interesa. Nada. Esa es la verdadera razón por
la que no me reúno con el grupo de excursionistas. La razón por la que no tengo amigos.
−Tu tío no parece verse afectado.

−Oh, sí, lo está. Él y Tía Carol montan un espectáculo frente a la gente, pero está ahí. Se retira de ella,
apenas habla. A sus ojos, es un fracaso. Todos lo somos. Veinte y tantos años, cincuenta y tantos niños
asesinados...y no hemos sido más que ineptos.

−Los asesinos en serie son inteligentes. Si no lo fueran, nunca se convertirían en asesinos en serie. Los
atraparían después de uno, tal vez dos; mira al Green River Killer, por ejemplo. ¿No les llevó casi veinte
años atraparlo? En este caso, sin embargo, no creo que estemos tratando simplemente con un asesino
en serie.−Levantó la mano.−Y sé que no quieres escuchar eso.

−No es que no te crea, Grace. ¿Lo sabes bien?−Se detuvo de nuevo.−Me gusta tener el control y ahora
no. Ese maldito pájaro...tú...todo; no tengo el control de nada de eso.

Grace levantó las cejas.−¿Me controlas?−Sonrió.−Soy el fenómeno,

¿recuerdas? No hay control, Mason. Ni siquiera puedo controlarlo.

−Grace, por favor deja de llamarte un fenómeno. Te lo dije, no pienso en ti de esa manera.

−Eso dices.

−No lo hago.−Una rápida sonrisa.−Bueno, antes de conocerte…sí. Tal vez. Y quizás al principio también.
Pero para mí, eres...normal.−Luego inclinó la cabeza.−Excepto cuando...

−Excepto cuando no lo soy.−Comenzó a caminar nuevamente por el sendero.−Lo sé, Mason. Es difícil
para ti. Lo sé. Y si hace alguna diferencia, has sido absolutamente mejor al respecto. Siempre.

−¿Si? ¿Siempre?

−Si.−Giró la cabeza para mirarla.−Al estar cerca de ti, realmente me siento algo normal. Es agradable.
Ha pasado mucho tiempo desde, bueno, desde que alguien me trató como a una amiga. Gracias, Mason.
No agregó que apenas lo reconoció. Había pasado tanto tiempo desde que había tenido conversaciones
prolongadas con alguien, tanto tiempo desde que había estado con alguien en un ambiente relajado e
informal como este. Por supuesto, relajado era un término comparativo, ¿no? Después de todo, estaban
cazando a un asesino en serie.

−Creo que tampoco he tenido una amiga en un tiempo.−Mason comprobó el dispositivo GPS que sostenía
y siguió caminando.−Pensé que me sumergiría en la comunidad cuando regresara y eso me resultó difícil.
La mayoría de las personas con las que fui a la escuela secundaria se han mudado. Además de Brady y
Dalton, los que se quedaron, no era muy cercana a ellos. Así que me guardo para mí.

−¿Aparte de Bucky?

Mason soltó una risa rápida.−Sí, mi segundo hogar.

−Cuando esto termine, ¿crees que eso va a cambiar?

−No lo sé. Es difícil imaginar este pueblo sin esa sombra que se cierne sobre ella.−Mason lo miró.−Como
dije, es casi como si hubiera dos pueblos...el viejo y el nuevo.

−El asesino pertenece al viejo.

−Sí. Y si vuelves a mapear las desapariciones, todas ocurren en Old Town, ya sea en la escuela, el parque,
la biblioteca, donde sea. Nunca en el lado del valle.−Mason volvió a comprobar el GPS.−Estamos llegando
al sitio.

Grace miró a su alrededor, solo ahora notando que el sendero estaba abrazando el arroyo, su agua clara
bajaba hacia el pueblo en ráfagas espumosas.−¿Veremos los grandes árboles?

−No. Están más arriba. El camino se vuelve bastante empinado y rocoso.−Mason la miró.−¿Por qué?
¿Quieres?

Grace sonrió, esperando que no pareciera tan melancólica como parecía.−Sería algo normal. Quizás
después de que todo esto termine, me lo puedas mostrar.

Mason le sonrió.−Algo normal, ¿eh? Sí, eso estaría bien. Disfruto tu compañía.

Grace arqueó una ceja.

−En serio,−dijo Mason con otra sonrisa.−Me gustas.

Grace le devolvió la sonrisa. Dios, ¿cuándo fue la última vez que alguien le dijo esas palabras? Sin
embargo, antes de que pudiera responder, sonó su teléfono. Ambos fruncieron el ceño al mismo tiempo.
−No pensé que teníamos servicio aquí.

−No lo hacemos. Los senderos en el lado este del pueblo son los únicos que reciben una señal y eso si
tienes suerte.

Grace abrió su bolso y sacó su teléfono.−Sí, hola. Este es la Doctora Jennings.

−Hola,−llegó una voz agradable, casi cantarina.−Esta es Nora Nightsail. Has dejado un par de mensajes.
¿Cómo puedo ayudarte? ¿Dijiste algo sobre Gillette Park?

−Oh sí. Gracias por devolverme la llamada.−Miró a Mason y asintió.−Sé que han pasado varios años, pero
esperaba que pudiera recordar algo de su tiempo aquí. El pueblo me ha contratado, tanto como te
contrataron a ti.

−Entonces, ¿finalmente apareciste allí? No pensé que tomaría tantos años para que todo encajara.

Grace frunció el ceño.−¿Qué quieres decir?

−Tú eres la vidente, ¿verdad?

Grace lanzó una mirada a Mason y luego apartó la vista rápidamente.−Sí.

−Si lo eres. Y he estado esperando tu llamada durante años. ¿Has

encontrado a la joven? Bueno, no tan joven ahora, supongo. La conocí

cuando estuve allí. Ella estaba en la escuela secundaria. Juega un papel en

esto. Debía irse por unos años y luego regresar.−Una pausa.−¿Ya la has

encontrado? No puedes ganar sin ella. Debes encontrarla.

Grace miró a Mason a los ojos, sosteniéndolos. Miró dentro, viendo preguntas,—curiosidad,—y más allá de
eso, una tranquila confianza. Se apartó de Mason y se alejó más.−Sí. La encontré.

−Bueno. Bueno. Entonces tu viaje casi ha terminado. Será un viaje rocoso. Ella tendrá miedo. Miedo a lo
desconocido. Debes ayudarla a superarlo. La necesitas. Ella te necesita. Pronto descubrirán más.

−¿Cómo...cómo sabes todo esto?−Preguntó estúpidamente.−Quiero decir…

Nora Nightsail se rió deliciosamente.−Hay alguien más con quien debes hablar. Déjame pensar; su
nombre vendrá a mí.

Grace esperó, mirando por encima del hombro para encontrar a Mason mirándola. Le dio una rápida
sonrisa y le dio la espalda una vez más; Nora Nightsail era psíquica. A pesar de la afirmación de Alan
Cooper, ella no era un fraude, de eso Grace estaba segura.

−Patricia Brinkman, sí, ese era su nombre. Probablemente ya tenga más de ochenta años.

−¿Quién es ella?

−Fue la bibliotecaria del pueblo durante años. Sabrá la historia. Hablé con ella varias veces.−Nora
Nightsail hizo una pausa.−¿Sabes sobre el incendio?

−¿Qué incendio?

−Habla con la señorita Brinkman. Tendrá la historia que necesitarás; el incendio es importante.

−Me sorprende que aún recuerdes este pueblo. Han pasado varios años.

−Sí, no me di cuenta de que habían pasado dieciséis años hasta que volví y miré mis notas. No he pensado
en ese pequeño pueblo en años, para ser honesta. Después de tu llamada, sin embargo, muchos recuerdos
regresaron, como se suponía que debían hacerlo. No me recibieron exactamente con los brazos abiertos.
Me tenían miedo, creo. No importa. En ese momento supe que solo era una precursora de ti.

La cabeza de Grace daba vueltas y no podía retener un pensamiento lo suficiente como para hacer las
muchas preguntas que tenía.

−Hay algo muy malvado allí, Doctora Jennings.−Esta vez, cuando habló, el tono cantarín había
desaparecido de su voz.−Muy malo. ¿Lo has encontrado ya?

−Sí, así lo creo. Ha habido un par de incidentes.

−Estaba este chico,—asesinado unos años antes de que yo llegara. Paul algo. Creo que tenía doce o trece
años. Hablé con él en el parque que hay junto a la escuela. Fue muy comunicativo, si mal no recuerdo. Uno
de los pocos. La mayoría no me hablaba. Me dijo que buscara a esta chica…−Hizo una pausa, como si
pensara.−Lo siento, el nombre se me escapa. Ella fue una de las primeras en morir.

−¿Susie Shackle?−Adivinó.

−¡Sí! ¡Esa es! Lo intenté varias veces, pero ella no vino a mí. Había planeado salir al parque una noche,
hacer una sesión espiritista adecuada, pero...bueno, eso no fue demasiado bien. Me pidieron que me fuera
del pueblo. Bastante grosero, podría añadir.

Grace asintió con la cabeza.−Sí, eso es lo que escuché.

−No importo de una forma u otra. Susie Shackle no vendría a mí. Ella te estuvo esperando todo el tiempo.
Te avisará cuando sea el momento adecuado.

−¿Por qué yo?

−No sé la respuesta a eso. Quizás Susie arroje algo de luz cuando hables con ella.

−No ha sido receptiva conmigo todavía.


−Entonces, no es la hora.

Hora de qué, quería preguntar, pero no lo hizo.−¿Hay algo en tus notas que pueda ser útil para mí?

−No lo creo, cariño. Este es tu viaje, no el mío. Encuentra a Patricia Brinkman. Arrojará algo de luz, estoy
segura de eso. Tiene algo. Tendrás que encontrarlo.

¿Encuéntralo? Grace dejó escapar un suspiro.−Ya veo,−dijo un poco más abruptamente de lo que
pretendía. Aparentemente, Nora Nightsail no sintió la necesidad de cooperar.

−No necesitas mi ayuda, Doctora Jennings. Las cosas progresarán como deberían.−Grace escuchó una
campana sonando en el fondo.−Lo siento, pero debo irme. Un cliente está aquí para una lectura.

−Entiendo. Gracias Sra. Nightsail. Le agradezco que se haya tomado el tiempo de devolverme la llamada.

−Llámame Nora, por favor. Yo...−Una larga pausa.−¡Espere! No cuelgues. Estoy...estoy viendo...−Otra
larga pausa. Cuando habló, su voz era más suave, tranquila.−Estás encerrada. Encerrada en...una cueva o
una bodega. Está oscuro, húmedo. Hay voces en el fondo. Llorando.

Grace estaba agarrando su teléfono con fuerza, su pecho apretado.−Hay un bebé llorando.

−¡Sí! ¡Un bebé! Están tratando de callarlo.−La voz de Nora bajó a casi un susurro.−No quieren que él
escuche.

Grace cerró los ojos. Fue su sueño.

−Rusty.

Grace frunció el ceño.−¿Rusty?

Oyó que Nora Nightsail dejaba escapar un suspiro frustrado.

−Se ha desvanecido. Lo siento. Debes tener cuidado, Doctora Jennings; muy cuidadosa. Hay secuaces, me
temo. Pueden ser más difíciles de detectar.

−Sí. Creo que tienes razón.

−Ella te ayudará, por supuesto. Masón. Sí, ese era su nombre. Masón; ustedes dos están vinculadas
ahora. Les tomó tantos años encontrarse; juntas romperán el ciclo. Pero ambas deben tener la misma
convicción; deben entrar como una. Sus almas necesitan estar conectadas. Como una. Es la única forma
de derrotarlo.−Eso fue todo. Siguió un silencio mortal.

Le temblaba la mano mientras miraba su teléfono, viendo el mensaje de "Sin servicio" en la parte superior
donde normalmente estarían las barras. Se lo mostró a Mason para que lo viera.

−Sin servicio. La escuché tan claramente como si hubiera estado parada aquí a mi lado.−Volvió a guardar
el teléfono en su bolso. Mason sacó su propio teléfono de su bolsillo y se lo mostró. Ninguno de los dos
tenía servicio celular, pero sonó su teléfono. No solo eso, había mantenido una conversación con una
psíquica sin que hubiera ningún tipo de estática.

−¿Qué dijo que te puso nerviosa?

Grace se cepilló el pelo en la frente.−¿Me veo nerviosa?

−Un poco, sí. Mucho, en realidad.

Grace asintió. Sí, estaba nerviosa. Nora Nightsail sabía demasiado, ¿no es así? ¿Cuánto debería decirle a
Mason? Encontró su mirada. ¿Almas gemelas? ¿Era eso lo que Nora había estado tratando de decir? No,
no podía decirle eso a Mason.−Ella tuvo una visión. Al final, tuvo una visión. Estaba encerrada. Estaba
encerrada en una cueva o un sótano, dijo.

−Tu sueño. Es tu sueño.

−Sí. Mi sueño. Había otros. Un bebé estaba llorando.


−¿Qué significa eso?

−¿El sueño o la visión?−Grace respiró hondo.−Mi futuro, supongo.

−Entonces, ¿esto es como una premonición o algo así?

−Una visión. Visiones como esa,—de un psíquico,—generalmente se hacen realidad. O alguna semblanza
de ellos.

−Oh hombre.

Grace trató de forzar una sonrisa en su rostro, esperando poder hacerlo.−Sí. Algo que espero con
impaciencia.−Hizo un gesto hacia adelante, disipando intencionalmente la visión de su mente.−¿Cuán
lejos?

Mason la miró fijamente durante un largo momento, como si quisiera decir algo. Grace se dio cuenta de
que estaba en guerra consigo misma, y tenía la intención de intentar leerla, para ver qué estaba causando
esa mirada angustiada. Mason lo apartó, asintiendo finalmente.−Cincuenta pies más o menos.

Grace inclinó la cabeza.−¿Estás bien?

−No estoy segura.

No. Ella tampoco estaba segura de estarlo. ¿Cómo supo Nora el nombre de Mason? Mason nunca indicó
que ella y la psíquica hubieran hablado alguna vez. ¿Y por qué lo harían? Mason habría estado en la
escuela secundaria en ese momento. Bueno, Nora Nightsail era psíquica. ¿Por qué no iba a saber esas
cosas? ¿Pero qué hay de su advertencia? ¿Qué hay de su directiva de que tenían que estar vinculadas,
tenían que ser una? ¿Qué significaba todo eso? Apartó esas preguntas. No podía pensar en eso ahora;
necesitaba concentrarse en el aquí y ahora.

Siguieron caminando por el sendero, Grace tratando de buscar señales, tratando de concentrarse,
tratando de quitarse de la mente la imagen de ella en una caja cerrada. Su sueño había sido vago, al
menos lo que recordaba de él. Despertar, salir de la pesadilla, había sido muy vívido, pero lo único que
recordaba ahora era la sensación de fatalidad. La visión—

en sí, el sueño,—se había desvanecido a negro con bastante rapidez.

Más adelante, vio que el suelo del bosque cambiaba, una película oscura que se extendía desde un árbol a
lo largo de la orilla del arroyo; extendió una mano, tocando el estómago de Mason mientras la retenía;
Mason se detuvo y Grace pudo oír su respiración irregular.

−Quédate aquí.

Se acercó y observó cómo las rocas y las ramitas se volvían casi negras. Un árbol, entre el sendero y el
arroyo, estaba en el centro y caminó hacia él. Cuando entró en el círculo de negro, sintió el cambio de
temperatura. No caliente, como esperaba, sino frío. Cerró los ojos por un momento, tratando de aclarar su
mente. Escuchó el riachuelo, el agua produciendo un sonido rítmico, casi musical, mientras viajaba sobre y
alrededor de las rocas, rodando sin obstáculos por la montaña hacia el valle.

Antes de abrir los ojos, supo que ya no estaba sola. Estaba sentado cerca del árbol, con las piernas
cruzadas, un libro húmedo y sucio,—sus páginas gordas e hinchadas por la lluvia o el arroyo—yacía en su
regazo; los jeans tenían manchas de suciedad en las rodillas. Su cabello era más largo que la foto en el
archivo, un poco desgreñado. Entonces él le sonrió y ella se encontró sonriendo de vuelta.

−Hola, Grace.

−Hola. ¿Cómo sabes mi nombre?

Se encogió de hombros pero no respondió.−No recibo muchas visitas,−dijo, con la voz quebrada,
permanentemente atrapada en la pubertad.−No aquí de todos modos. Mi madre vino solo una vez.

−¿Hablaste con ella?

−No...lo intenté. Todo lo que hizo fue llorar.

−¿A dónde va ella?

−Al cementerio. Arriba en Prospect Hill. No me gusta allí.


Asintió.−Los cementerios dan miedo.

Él rió.−¡Tienes razón! Por lo general, nos mantenemos alejados.

−¿Nos?

Se encogió de hombros otra vez.−Demasiadas personas malas allí.−Él miró más allá de ella.−¿Quién es tu
amiga?

Grace se volvió y vio a Mason mirándola.−Su nombre es Mason,−dijo, sin dejar de mirar a Mason. Mason
tragó visiblemente y Grace le sonrió, con la esperanza de tranquilizarla un poco. Se volvió hacia Thomas.−
¿Quién te hirió?−Cualquier sonrisa que aún luciera se desvaneció de inmediato, y sacudió la cabeza, su
cabello peludo cayendo sobre sus ojos.

−Nope. No puedo decirlo.

−¿Por qué no?

Sacudió la cabeza otra vez.−Susie dice que la lastimará.−Miró a su alrededor, como si estuviera viendo si
alguien estaba mirando.−También hay un bebé ahora. Tenemos que tener cuidado.

−¿Quién es él? ¿Es él quien te hizo daño?

−No, no, no. Él es como nosotros. Solo que...solo tratamos de alejarnos de él.

−Entonces, ¿quién es ella? Quien es el bebe. ¿Son como tú también?

Él le dirigió una mirada incrédula.−No tonta. Faith es como tú. Es buena. Me gusta.−Se levantó de
repente, el libro cayó de su regazo.−Deberías irte.−Se inclinó para recoger el libro.−Susie lo sabe todo;
es muy inteligente. Miró más allá de ella hacia Mason.−Tu amiga está asustada.

−Sí, ella lo está.

−Temo por ti,−aclaró.−Escuché sobre lo que sucedió en el arroyo y cómo ella te salvó. Ha sido marcada.

Grace asintió con la cabeza.−El pájaro.

Él rió.−Ese es un viejo truco.−Él dio un paso más cerca de ella.−Ustedes dos son más fuertes juntas.
Deben pegarse como pegamento.

No creo que pueda lastimarte entonces.

−¿El pájaro? O él...

Se echó a reír de nuevo.−Un halcón o un águila...¡ahora eso te asustaría! ¡No un viejo arrendajo ruidoso!
Pero debe gustarle. Siempre se muestra como un arrendajo.−Miró a su alrededor nuevamente, luego dio
otro paso más cerca.−Su nombre es Rusty. Él es...es realmente malo. Intento mantenerme alejado de él.

¿Rusty? Eso había dicho Nora.−¿Cuánto tiempo ha estado aquí? ¿Este Rusty?

−No lo sé. Lo vi por primera vez en la biblioteca.

−¿La biblioteca? Ahí es donde tú...−¿Qué? ¿Te perdiste?

¿Desapareciste?

Thomas asintió.−Todavía me gusta la biblioteca. Voy por la noche.

Hay paz allí.

−¿Por qué de noche? ¿Porque no hay gente allí?

−Porque él no está allí. Él solo va allí cuando hay gente adentro. Le gusta asustarlos.−Thomas levantó la
vista rápidamente, como si estuviera escuchando.−¡Deberías irte ahora! ¡Deprisa!

Antes de que pudiera comentar, él desapareció en el viento. El suelo del bosque volvió a su color natural
casi instantáneamente. No se quedó para mirar. En cambio, se volvió y se apresuró a volver hacia Mason.

−Vámonos.
Mason no la cuestionó. Volvieron sobre sus pasos a paso rápido, sin hablar. A lo lejos, escuchó el graznido
de un pájaro en los árboles. Ambas se volvieron para mirar hacia atrás mientras caminaban. A medida que
el sonido se acercaba, su caminata rápida se convirtió en una carrera. En cuestión de segundos, el pájaro
azul estaba sobre ellas, descendiendo y rozando sus cabezas mientras pasaba volando.

−Hijo de puta,−murmuró Mason mientras se balanceaba hacia el pájaro.

−¡Sigue adelante, Mason!

−¡Me está cabreando!−Mason la agarró del brazo para detenerla; quédate detrás de mí, Grace.

−Masón…

Antes de que ella supiera lo que estaba pasando, Mason sacó su arma y apuntó. Grace se tapó los oídos
instintivamente cuando Mason disparó. Las plumas volaron y, según todos los informes, el pájaro debería
haber caído del cielo. En cambio, saltó sobre una rama, con la cabeza ladeada mientras las miraba.

−Ese fue un golpe directo.−Mason la miró.−Estoy segura de ello. ¿Por qué no está muerto?

Los ojos de Grace se agrandaron cuando el pájaro se transformó en una criatura felina, solo que su rostro
ahora era el de un bebé. Un bebé con dientes. Dientes largos y afilados. Había sangre brotando de su
hombro y vio la herida de bala. Mason no había fallado.

−¿Que ves?−Susurró.

−¡El maldito pájaro!

−Okey, bien. Está herido.

−Debería dispararle de nuevo.

Antes de que Mason pudiera hacer exactamente eso, el gato-bebé gritó, mostrando unos dientes afilados
como navajas. Grace saltó y agarró a Mason del brazo y tiró de ella, caminando rápido. El grito fue fuerte
y estridente y ella apenas se resistió a taparse los oídos. Mason, por otro lado, no mostró ninguna
reacción.

−¿No escuchas el grito?

−No. No hay nada.

Mason se detuvo y miró hacia atrás. Grace también se volvió. El bebé se había ido. Ahora era el pájaro de
nuevo. Un ala caída, colgando bajo contra la rama, la sangre goteaba por sus plumas. Mientras miraba,
una de esas plumas ensangrentadas cayó, flotando perezosamente hacia abajo, atrapada por la brisa. Se
puso de pie, paralizada cuando la pluma, moviéndose de un lado a otro como atada a una cuerda, y se
dirigió lentamente hacia ellas. A tan solo cinco o seis pies de distancia, la pluma se convirtió en un
cuchillo.

−¡Mason!

Empujó a Mason fuera del camino y se agachó cuando el cuchillo voló sobre su cabeza, chocando contra
un árbol detrás de ellas. Se apresuró hacia Mason.

−¿Lo ves?−Preguntó con urgencia.

−No. ¿Mira qué?

−Un cuchillo. Era una pluma. Ahora es un nudo.−Señaló el árbol donde estaba clavado el cuchillo.−Allí.

Mason se levantó y se acercó al árbol. Los ojos de Grace se agrandaron cuando Mason lo alcanzó, su dedo
índice recorrió el borde. Jadeó cuando la sangre brotó de sus dedos. Mason, sin embargo, n o mostró
ninguna reacción.

−Es una pluma.

Grace se levantó y fue hacia ella, tomándola de la mano. La sangre corría por su palma, goteando sobre el
suelo del bosque. Grace la miró y vio las preguntas en los ojos de Mason. Su mano ahora estaba cubierta de
sangre de Mason. Puso su dedo en el corte más profundo, esperando detener el flujo. Apretó su dedo con
fuerza, sosteniendo la mirada de Mason.

−¿Qué sientes, Mason?

Mason tragó saliva.−Estás sosteniendo mi mano.

−¿Qué más?

−Um...se siente un poco bien.


Grace se apretó más fuerte.−¿Duele?

−No. ¿Debería?

Vio movimiento y miró hacia el sendero. El pájaro había caído al suelo, con el ala rota colgando mientras
intentaba volar. Grace dobló la mano herida de Mason dentro de las suyas.

−¡Vete!−Gritó.

El pájaro la miró fijamente por un momento. Luego abrió su pico. Sin embargo, el sonido que escuchó no
era el de un arrendajo. Fue el llanto de un bebé. No, ni un llanto. Un grito. Apretó la mano de Mason con
fuerza.

−Vete,−dijo de nuevo, esta vez más firme, con certeza.−Vete. No puedes hacernos daño.

El pájaro saltó sobre las ramas bajas de un abeto joven, sin dejar de mirarlas. Luego, sin mucha
ceremonia, se metió en el árbol y desapareció sin mirarla. Miró la mano de Mason. La sangre estaba
retrocediendo ahora, desapareciendo como si nunca hubiera estado allí. Los cortes en sus dedos se
cerraron, dejando una piel suave detrás. Con un suspiro de alivio, apartó las manos de las de Mason. Allí,
en el árbol donde había estado el cuchillo, había una pluma azul solitaria, clavada en la corteza.

−Okey...así que eso fue realmente extraño.

Mason inclinó la cabeza.−Explicarás más tarde, supongo.−Comenzó a caminar.−No es que me moleste


que tomes mi mano.

Grace golpeó su hombro con una sonrisa.−Ven. Vamos a salir de aquí.


Capítulo Veintisiete
Mason apoyó la cadera contra la encimera de la cocina y observó cómo Grace hojeaba el archivo. Los
restos de su cena temprana,—el almuerzo muy tardío,—en realidad, todavía estaban sobre la mesa. Grace
tomó el vaso de plástico que estaba a su lado: Coca-Cola aguada. El hielo se había derretido hacía tiempo,
pero Grace no pareció darse cuenta. Los dedos de Mason se apretaron alrededor de su propio vaso, un
vaso de whisky al que había añadido más que un chorrito. Tomó un sorbo ahora, el suave bourbon la
relajó.

Grace no había querido hablar. Había miedo en sus ojos…allá afuera en el bosque. El pájaro con el ala
rota aparentemente no era un pájaro, al menos a los ojos de Grace. Fuera lo que fuera, había hecho más
que cortarle el ala. Tenía su Glock 22 apuntada directamente hacia él. Había disparado y, en
consecuencia, el pájaro debería haberse reducido a nada más que un montón de plumas ensangrentadas.

Sin embargo, ese no fue el caso. Seguro, podría haber errado. Podría haber fallado. Pero no lo hizo.
Confiaba en sus habilidades. Ella no falló. El pájaro no era solo un pájaro, aparentemente. Había visto la
pluma, la había visto flotar hacia ellas. Entonces, Grace la había empujado hacia abajo, como lo había
hecho antes en el camino. Grace se había agachado, se había cubierto la cabeza mientras pasaba la
pluma. Entonces no hubo nada, la pluma quedó atrapada,—inofensivamente,—en la corteza del árbol.

Solo que no era una pluma, ¿no? Lo había sentido. Fue suave. Pero los ojos de Grace se ensancharon,
tomó su mano, la sostuvo con suavidad, como si temiera lastimarla. Mason había temido que le soltara la
mano.
La miró ahora, su cabello rubio recogido detrás de una oreja, no la otra. Su barbilla descansaba en su
palma mientras leía, su ceño algo fruncido. Mason se permitió mirar desvergonzadamente...los labios se
separaron ligeramente, la punta de una lengua rosada salió para mojarlos; desde la distancia, su piel
parecía suave y sin manchas. De cerca, Mason había notado la más pequeña de las cicatrices en su frente,
una pizca de pecas en su nariz y líneas de risa en las esquinas de sus ojos cuando sonrió.

¿Era un fenómeno? Si fuera vieja y poco atractiva, ¿pensaría que Grace era un fenómeno? Es cierto que sí,
no había estado esperando ser el punto de contacto de la psíquica. Y sí, había tenido ideas preconcebidas
de cómo sería Grace...y cómo no sería ella. Aquellos habían demostrado ser falsos. No era como Nora
Nightsail y no era extraña ni peculiar. Ella era...

¿Qué? ¿Normal? ¿Normal comparada con quién? Tomó otro sorbo de su bebida, sin apartar los ojos de
Grace. Está bien, se sentía un poco atraída por ella. Físicamente, sí, ¿por qué no lo estaría? Cabello rubio,
ojos azules…linda. Sin embargo, hay algo más, algo más profundo. ¿La perspectiva de lo desconocido?
¿Peligro? ¿Eso la atrajo? Grace era segura, segura de sí misma. En control. ¿Eso la atrajo? ¿O era como lo
había dicho la gitana hace tantos años?
¿Eran almas gemelas? ¿Era el destino que estuvieran juntas aquí?

−Estás mirando.

Parpadeó varias veces, ahuyentando sus pensamientos. Grace no la había mirado. Todavía parecía absorta
en el archivo. Maldita sea, ¿estaba leyendo su mente? Había una leve sonrisa en los labios de Grace, y
respiró hondo, tratando de disipar cualquier pensamiento sobre Grace de su mente.

−Voy a echar un vistazo a lo que tienes, si no te importa.

Mason se acercó a la mesa y tomó el vaso de Grace para tirarlo. Hizo una pausa, mirando lo que Grace
había estado estudiando. Era una foto de un niño. Una foto de la escuela. Iba vestido de forma elegante,
con el pelo peinado con esmero.

−¿Quién es ese?

−Thomas Houston. El chico con el que hablé hoy.−Grace se volvió para mirarla entonces.−Su cabello era
más largo, peludo. Chico lindo, ¿eh?

−Si.−Tomó un vaso del gabinete y le agregó un poco de whisky.

−¿El nombre "Rusty" significa algo para ti?

−¿Rusty?−Dejó el vaso al lado de Grace.−No.

−Nora lo mencionó. El nombre le llegó, pero no dio más detalles; entonces Thomas lo dijo hoy. Rusty. Y le
tiene miedo. Creo que este Rusty es el que nos ha estado persiguiendo.

−No recuerdo los nombres de todos los niños asesinados, pero no creo que haya habido un Rusty.

−No, revisé todo el archivo. No hay.

−¿Que dijo él?

−Thomas fue muy amable y hablador. La "ella" a quien todos protegen es Faith. No tengo idea de quién es
o cuántos años tiene. Thomas dijo que había un bebé ahora, es decir, recientemente.

−Ese es el bebé que—¿cómo se llamaba? ¿Fran?—¿Hablaste de eso?

−No lo creo, no. Fran dijo que había un bebé allí la noche que la lastimaron. Fran fue asesinado en 2004.
Este tiene que ser otro bebé.

−Esto no tiene sentido.

−Tiene sentido si nuestro asesino tiene una familia y ahora un bebé; Mason, los asesinos en serie viven
dos vidas distintas. Se integran a la sociedad como de costumbre.−Se volvió en su silla.−Creo que eso es
lo que impulsa el miedo en el pueblo. Que el asesino es uno de ustedes, que camina entre ustedes,
compra, sale a comer. Cosas normales.
−Grace, han pasado veintitrés años. Si camina entre nosotros, ¿por qué demonios no podemos
encontrarlo?

−Porque no trabaja solo, Mason. Y no crea que me refiero solo a la otra cosa que está ahí fuera. Fran
indicó que había dos, uno grande y malo y el que la lastimó, el chico de secundaria. Lastimó, es decir,
agredida sexualmente. Al principio, pensé que se refería a dos planos separados: el físico, en ese
entonces, y el espiritual ahora. Quizás ella estuvo hablando de cosas físicas todo el tiempo. Dos chicos.

−Estás haciendo girar mi cabeza,−murmuró.

−Dijo que necesito hablar con Susie. Dijo que Susie era inteligente; Susie lo sabía todo.

−¿Susie Shackle? ¿En el arroyo?−Mason sacudió la cabeza.−No; absolutamente no.

Grace levantó una ceja, haciéndola desaparecer en su flequillo.−¿Absolutamente no? ¿Eso fue como...una
orden?

−Grace, no, no el arroyo de nuevo.

−Bueno, no estoy exactamente ansiosa por hacer otro clavado, si es a eso a lo que te refieres. Sin
embargo, necesito hablar con ella. Fran también lo dijo. Susie es con quien necesito hablar.−Pareció
dudar.−Nora también dijo que Susie era a quien necesitaba encontrar.

Mason la miró fijamente.−Oh no. No. No estás hablando de una...una sesión espiritista, ¿verdad?

Grace le dedicó una sonrisa bastante linda y divertida.−¿Sesión?

¿Cómo sacar mi tabla Ouija?−Entonces ella se rió.−Algunos psíquicos hacen eso para lucirse. Es un gran
teatro. Sin embargo, algunos la usan. Nunca he tenido la necesidad de usar uno.−Una vez más, Grace
pareció vacilar.−Nora dijo algo más. Dijo que había alguien en el pueblo con quien necesitaba hablar. Una
bibliotecaria. Patricia Brinkman. ¿La conoces?

−¿Patty Brinkman? Por supuesto. Ha estado en la biblioteca pública para siempre, al parecer. Una
fanática de las reglas, siempre callando a cualquiera que estaba hablando.

−¿Sigue viva?

−No lo sé, para ser honesta. No he estado en la biblioteca desde que regresé al pueblo. Ella era vieja
cuando yo estaba allí. Dudo seriamente que esté trabajando, si todavía está viva.−Se sentó a la mesa con
ella.−Puedo llamar a mi tío. Él lo sabría.

−Preferiría no. Creo que deberíamos hablar con ella en privado. Nora no dijo eso específicamente, pero
esa fue la impresión que tuve.

Sí, Nora Nightsail, la psíquica gitana. Grace, obviamente, no tenía ninguna preocupación de que no fuera
legítima. Se preguntó qué le habría dicho Nora. Por alguna razón, no creía que Grace le hubiera contado
todo todavía. La llamada la había perturbado visiblemente, pero tal vez fue como ella dijo: la visión de
Nora coincidía con el sueño que había tenido.

Ella miró la foto que todavía estaba frente a ellos. Thomas Houston.

Asesinado en 2012, junto con otros cuatro. Miró a Grace.−Vi una pluma.

−Vi un cuchillo.−Grace extendió la mano y le tocó la mano, dándole la vuelta. Tocó suavemente un punto
en su dedo, frotando de un lado a otro.−Estabas sangrando bastante mal. Hubo un corte profundo aquí.
La sangre goteaba por tu mano, sobre las hojas, lo suficiente como para cubrir mis manos también.

Mason observó sus dedos mientras la tocaban, preguntándose si Grace podría sentir su pulso rápido.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien la tocó así?−¿Fue...fue la misma...creatura? ¿Felino?

−Similar, pero diferente. Esta vez, la cara era la de un bebé. Un bebé con dientes largos.−Grace retiró su
mano y Mason envolvió la suya alrededor de su vaso de whisky.−Fue herido en el hombro.
−Hice un golpe directo.

−Quizás no exista un golpe directo. Obviamente es más que un pájaro.−Grace la miró por un momento,
respirando profundamente.−No te va a gustar lo que voy a sugerir.

−Probablemente no.
−Quiero salir esta noche.

Mason sacudió la cabeza.−Oh diablos, no. Apenas lo manejamos durante el día.

−Creo que estaremos a salvo. Quiero hablar con Thomas un poco más.

−¿Volver al maldito bosque? ¿Por la noche?−Mason sacudió la cabeza con firmeza. De ninguna manera,
Grace. De ninguna manera.

Le sonrió de nuevo, una sonrisa que Mason debía ser tranquilizadora.−No el bosque. La biblioteca.

Mason frunció el ceño.−¿La biblioteca?−Miró de nuevo la foto de Thomas Houston.−¿Es allí donde fue
visto por última vez?

−Sí. El archivo dice que fue al baño y nunca regresó.

−¿Por qué estaría en la biblioteca? Estaba en el bosque.

−Dijo que va allí de noche. El "Rusty" al que se refería, dijo que lo vio por primera vez en la biblioteca.
−Grace levantó la mano cuando hubiera querido hablar.−No, no estoy tratando de encontrar a Rusty. Aún
no; Thomas dijo que Rusty no va allí de noche. Solo va durante el día cuando hay gente. Le gusta
asustarlos.

−¿Asustarlos?−Mason bebió lo último de su bebida, consciente de que su mano temblaba levemente.−A lo


largo de los años, sí, algunas personas han dicho que...bueno, que suceden cosas raras allí, que el lugar
está embrujado. Los libros se caen de los estantes, los papeles se esparcen como por un viento fuerte.
Hablando de Patty Brinkman, solía quejarse de que los libros se reorganizaban, cosas así. Sin embargo,
creo que le echó la culpa a los niños que le hacían bromas.−Se levantó. Quería otro trago, pero dejó el
vaso y tomó una botella de agua de la nevera.−La vieja biblioteca se quemó; mucho antes de que yo
naciera. Construyeron este nueva en el mismo lugar.

−El incendio,−murmuró Grace.

−¿Qué?

−Nora preguntó si ya me había enterado del incendio. Ella dijo que Patricia Brinkman tendría la historia
de ello. Dijo que el incendio era importante. ¿Entonces qué pasó?

Mason sacudió la cabeza.−No es algo sobre lo que la gente habla. Fue una tragedia en todos los sentidos.
El pueblo era muy pequeño en ese entonces, y supongo que sacudió a todos bastante duro. Cinco niños
murieron en el incendio. Niños de secundaria. Incendio provocado.

Grace la miró en estado de shock.−¿Y murieron cinco niños? Si fue un incendio provocado, entonces...

−Los niños asesinados fueron los que comenzaron el incendio, Grace; por lo poco que he escuchado a lo
largo de los años, todos pensaron que recibieron su castigo, por lo que no vieron el punto de hacer pasar
a sus padres por el trauma de una gran investigación.

−¿Me estás tomando el pelo? Seguramente salieron ajustadores de seguros, alguien para investigar.
Quiero decir…

−No conozco todos los detalles. El incendio se atribuyó a un cableado defectuoso, creo. El edificio en sí
era antiguo, por lo que no era difícil vender esa historia.

−Entonces, ¿quién fue asesinado? Uno de ellos podría ser este Rusty.−Grace la agarró del brazo y la
apretó.−Esto podría ser. Este podría ser el vínculo. Debe ser. ¿Por qué otra razón Nora me dirigiría hacia
Patricia Brinkman?

−¿El vínculo con los asesinatos? Los asesinatos comenzaron en 1997; el incendio ocurrió en los años 80,
antes de que yo naciera.

Grace estaba hojeando el archivo, yendo al principio. Mason observó cómo aparecía la foto de Susie
Shackle. El dedo de Grace recorría las palabras, releyendo. Se tocó el dedo.
−Aquí. Fue vista por última vez en la biblioteca.−Grace la miró.−La biblioteca. Y se supone que debo
hablar con Patricia Brinkman. De nuevo, la biblioteca.

Tocó la página como lo había hecho Grace.−Lee más. Ella salió de la biblioteca. Creo que fue vista por
última vez fuera del edificio, dirigiéndose a casa.

−¡No importa! ¡Es la biblioteca, Mason! ¿Dónde podemos averiguar sobre el incendio? ¿Archivos de
periódicos o algo así? O tal vez deberíamos tratar de encontrar a Patricia Brinkman ahora mismo.

−Mi tía y tío. Mi madre. Todos estaban en la escuela secundaria en ese momento, pero no hablan de eso.

−Entonces, ¿estos eran compañeros de clase de ellos?

−Supongo que sí. Mi tía y mi tío nunca me han mencionado el fuego. Y

mi madre solo ha dicho algunas cosas al respecto.

−Así que vamos a hablar con ellos.

−¿Ahora?

Grace inclinó la cabeza.−¿Prefieres ir a la biblioteca?−Entonces la expresión burlona se desvaneció.−Sí,


ahora. Pero creo que también deberíamos ir a la biblioteca después. ¿Tienes una llave?

Mason soltó una risa rápida.−¿Por qué tendría una llave?

−Solo esperaba. ¿Podemos entrar?

−Hay cámaras en todo el lugar. No, no podemos entrar.

−¿Hay cámaras por dentro y por fuera?

−La biblioteca tiene cámaras dentro que funcionan durante el día. El pueblo tiene cámaras afuera que
funcionan todo el tiempo.

−Será difícil escabullirse entonces.

−Bueno, solo porque haya cámaras, no significa que alguien las monitoree. No a menos que...bueno...

−A menos que alguien desaparezca. Esperemos que no seamos nosotras.


Capítulo Veintiocho
La Tía Carol estaba de pie junto a la cocina, removiendo una olla cuando entraron. Aunque Mason había
anunciado su presencia, pudo ver la sorpresa en el rostro de la Tía Carol.

−¿Qué te trae por aquí? Y si es la cena, tengo mucho. Brady debería aparecer en cualquier momento.

−No no. Ya comimos algo,−dijo ella, mirando rápidamente a Grace y luego otra vez a su pecho.−¿Está el
Tío Alan en casa?

−Todavía no, cariño. Llega tarde, supongo.−Tía Carol se volvió hacia Grace.−Me alegra que hayas venido.
Hice esas galletas de avena de las que estábamos hablando.

−Oh que dulce.

Mason se acercó.−En realidad es contigo con quien queríamos hablar.

−¿Conmigo?

−Parece que estás haciendo tu famosa salsa de espagueti. ¿Crees que puede dejala hirviendo por un
momento?

Tía Carol la miró fijamente.−Te ves muy serio, Mason. ¿Está todo bien?

−Si seguro. Sólo…

−¿Sabes por qué estoy aquí, Carol?

Carol se volvió hacia Grace y asintió.−Alan me dijo anoche que...bueno, que no eras exactamente un
agente del FBI.

−Entonces, ¿sabes lo que hago?

−Dijo que eras una...una psíquica.−Tropezó con la última palabra, pero Grace le sonrió cálidamente.

−Te aseguro que no soy una loca. O un fraude.

−Tía Carol, Grace quiere preguntarte sobre el incendio. La biblioteca.

Tía Carol giró la cabeza.−¿El incendio? ¿Por qué?−Puso la tapa de la olla y se limpió las manos con una
toalla.−Trato de no pensar en esa horrible, horrible noche.−Sacudió su cabeza.−Ciertamente no quiero
hablar de eso. No.

−Tía Carol, Grace piensa que la biblioteca podría estar vinculada a los asesinatos.

Tía Carol sacudió la cabeza con firmeza.−No. Eso sucedió cuando estaba en la secundaria. Los asesinatos
no comenzaron hasta mucho después.

−Carol, por favor. Si pudieras contarme un poco de historia. Por favor; es muy importante.

Tía Carol cerró los ojos por un momento, y Mason se dio cuenta de que estaba retrocediendo en el tiempo.
Cuando abrió los ojos, tenía una mirada lejana allí.−Yo...los conocía. Yo era amiga de Judy, especialmente;
buenas amigas.

−¿Cuándo fue el incendio? ¿Qué año?−Grace preguntó gentilmente.

−Fue en otoño, las hojas de álamo temblón ya habían cambiado. Era una noche fresca, nítid a y sin
viento...5 de octubre de 1984. Era viernes.−Tía Carol se sentó pesadamente en la silla de la barra de
desayuno.−Alan era un estudiante de último año. Yo era de primer año.−Ella la miró.−Tu madre también
era estudiante de último año.

Mason asintió con la cabeza. Su padre estaba un grado por delante del Tío Alan y su madre y ya se habría
graduado.

−Cuéntanos que pasó,−le dijo Grace.

−Ese año, oh, apenas había tres mil personas en el pueblo, si acaso; todos conocían los negocios de todos.
−Ella juntó las manos.−Fue una especie de desafío. Todos habíamos oído rumores sobre eso en la escuela.
No creo que nadie pensara que realmente lo harían. Y las chicas,—Judy,—solo estaban acompañando a sus
novios.

−¿Eran solo los cinco?−Mason preguntó.

−Seis. Bruce Shackle salió. Se había quemado en los brazos, pero lo logró. Nadie más lo hizo.
Mason y Grace intercambiaron miradas.−¿Shackle? ¿Alguna relación con Susie Shackle?

−Oh sí. Era su hija. No creo que haya superado el incendio, entonces tener a su hija...bueno, creo que fue
demasiado para él. No ha sido el mismo desde entonces. No ha podido mantener un trabajo. Se volvió a
beber.−Tía Carol la miró rápidamente y luego se alejó.−Sin embargo, su esposa se queda con él.

Grace se inclinó hacia delante.−¿Quién murieron, Carol? ¿Uno de ellos se llamaba Rusty?

Los ojos de Carol se abrieron.−Mark Meyer, sí. ¿Cómo supiste que todos lo llamaban Rusty? Russell era su
segundo nombre, creo.

−Solo...de la investigación,− dijo Grace vagamente.

Sus labios se apretaron.−Rusty era un matón. No puedo decir que nadie haya llorado por él.

−Tía Carol, ¿cómo salió el Sr. Shackle y nadie más lo hizo?

−Bruce nunca habló de eso y no creo que nadie se haya atrevido a preguntarle. Él y Rusty corrieron
juntos en ese entonces. La mayoría de los niños les tenían miedo. Sé que lo hacía. Después del incendio,
Bruce cambió de rumbo, se enderezó.

−Entonces, ¿fue realmente un incendio provocado?−Grace preguntó.

−Oh, sí. Tenían la intención de quemarlo. Tuvieron éxito.

−¿Y no se presentaron cargos contra Bruce?

−Seis niños fueron a la biblioteca esa noche. Uno salió. Los seis deberían haber muerto, oí a la mayoría de
la gente decirlo. ¿De qué habría servido para acusar a Bruce? Tuvo suerte de salir vivo.

−¿Y las familias de los demás? Rusty Meyer, por ejemplo. ¿Siguen en el pueblo?−Grace preguntó.

−No no. Por lo que recuerdo, se mudaron a Montana. Creo que tenían familia allí. La familia de Judy
también se mudó.−Tía Carol miró entre ellas.−¿Por qué preguntas sobre el incendio? Esa es una nube que
se cernió sobre el pueblo durante años...hasta que otra nube tomó su lugar. La tragedia del incendio ha
quedado atrás por los asesinatos ahora. Algunos en Nuevo pueblo probablemente ni siquiera saben del
incendio.

−Estoy tratando de obtener una historia de Gillette Park, eso es todo,−dijo Grace un poco evasiva.−¿Se
construyó una nueva biblioteca en su lugar?

−Sí. Tomó varios años ponerla en funcionamiento nuevamente, pero estamos orgullosos de ello. Aun así,
aquellos de nosotros que estábamos en ese entonces, es difícil incluso conducir por el lugar y no pensar
en esa noche.

−¿Quién era el bibliotecario en ese momento?−Grace preguntó casualmente.

−Oh, Patty Brinkman lo estaba. También puso en funcionamiento la nueva biblioteca. De hecho,
prácticamente tuvieron que obligarla a retirarse.

−¿Sigue viva?−Mason preguntó.

−Sí, pero no tiene buena salud. Frágil, creo. ¿Por qué preguntas?

−Para mí beneficio,−dijo Grace rápidamente.−En caso de que necesite hablar con ella.

−Bueno, por lo que escuché, ya no puede arreglárselas sola. Tiene una de esas enfermeras de salud en el
hogar. La pobre nunca se casó y no tiene familia cerca. Tiene más de noventa años, estoy segura.

−Cuéntale sobre la biblioteca. La parte que estás dejando de lado.

−¿Y qué parte sería esa?

Mason ladeó la cabeza.−Sabes de qué parte.

Tía Carol agitó su mano en el aire.−La biblioteca no está embrujada; no seas tonta.

No estaba siendo tonta y Tía Carol lo sabía.

−Soy una gran creyente en los edificios embrujados,−ofreció Grace.−He visto muchos.

La Tía Carol soltó una risa nerviosa.−La biblioteca de Gillette Park no está embrujada, Grace.−Se puso de
pie rápidamente y miró nerviosamente hacia la puerta trasera como si temiera que el Tío Alan entrara y
los escuchara.−Realmente debería volver a mi salsa.−Hizo una pausa en su camino hacia la cocina.
−Déjame traerte unas galletas de avena antes de que te vayas.
Entonces, se les pidió que se fueran de una manera muy educada,−aquí hay algunas galletas.−Estaba a
punto de protestar,—quizá Grace tenía más preguntas,—pero Grace le indicó que se levantara.

−Gracias por tu tiempo, Carol. Nos saldremos de tu camino.

Tía Carol estaba poniendo galletas en una bolsa de plástico para ellos.−Vas a la biblioteca, ¿no?

−No dijimos eso.

−No es necesario, Mason. Te conozco tan bien como a mis propios hijos. Además, Grace es psíquica. Alan
me dijo lo que está haciendo aquí.−Cerró la bolsa de plástico y Mason notó que le temblaban las manos.−
¿De verdad crees que puedes hablar con ellos?−Antes de que Grace pudiera responder, levantó la mano.
−No. No. No quiero saberlo. Es demasiado loco para siquiera pensar en ello.

−¿Judy era tu mejor amiga?−Grace preguntó gentilmente.

Mason se sorprendió al ver temblar el labio de la Tía Carol.−Si; éramos muy unidas. Sin embargo,
habíamos estado discutiendo. Odiaba a Butch Duckworth. Él era...no era bueno para ella. Siempre estaba
en problemas; siempre. Le había rogado que rompiera con él.−Sacudió su cabeza.−Ese día tuvimos una
terrible discusión en la escuela.−Se secó una lágrima solitaria.−Eso es lo que llevo conmigo. Fui tan fea
con ella, como si tuviera derecho a criticar a su novio.

−¿Entonces sabías lo que habían planeado?

−Si lo sabía. De eso se trataba nuestra discusión. Debería haberle dicho a alguien. Tal vez podría haber
parado...

−Tía Carol, no es tu culpa.

−¡Podría haberlo detenido!

−Algunas cosas están destinadas,−dijo Grace en voz baja.−No deberías soportar el peso de tu culpa,
Carol. También tomaron decisiones.

−¡Yo también!−Dijo con un fuerte golpe en el pecho.−Elegí callarme; y murieron.

Mason la tomó de la mano.−Le dijiste al Tío Alan esa noche, ¿no?

Ante eso, otra lágrima escapó de su ojo.−Sí,−dijo débilmente.

−Y es por eso que ninguno de ustedes habla sobre eso. Finalmente lo entiendo.

−Oh, Mason.. fue un golpe horrible para nosotros. Sí, le dije. Como dije, hubo rumores, pero nadie lo
sabía con certeza y nadie sabía cuándo; pero lo supe. Y le dije a Alan esa noche. Me había recogido y
estábamos haciendo lo que la mayoría de los chicos hacían los viernes por la noche: conducir por el
pueblo para ver quién estaba fuera y quién se reunía en el estacionamiento de Gillette Burger. Estábamos
allí en el estacionamiento con los demás cuando las llamas se dispararon como el 4 de julio. No creo que
ninguno de los dos pudiera creer que realmente lo habían hecho. Todos se quedaron alrededor, esperando
ver a Rusty y su equipo pasar conduciendo, regodeándose y presumiendo.−Le entregó la bolsa de galletas
a Grace.−Y, por supuesto, nunca lo hicieron.
Capítulo Veintinueve
−Así que no tenías ni idea, supongo.

Estaban aparcadas al otro lado de la calle de la biblioteca pública, un edificio de ladrillo de dos pisos que
estaba en la esquina de Miner Street y Ax. Lo que parecía ser una farmacia pasada de moda, anunciaba
bebidas de fuente, estaba al lado y más allá había una tienda de artesanías. Se preguntó si esos edificios
estaban allí cuando se quemó la vieja biblioteca o si eran nuevos o remodelados.

Mason negó con la cabeza a su pregunta.−Ni idea, no. Quiero decir, sabía que tenían una edad similar. Mi
madre mencionó el incendio de vez en cuando, cuando yo era niña, pero sin detalles. Tiene sentido ahora
por qué la Tía Carol y el Tío Alan evitaron totalmente el tema.

−Eso es mucha culpa para llevar.

−Supongo que se lo guardaron todos estos años. Tía Carol diciéndonoslos...esa es probablemente la
primera vez que habla de eso.−Mason se volvió para mirarla.−¿Realmente vas a ir por allí? Está muy
oscuro, Grace.

−Hay una farola.

Mason miró de arriba abajo la calle.−Aún así,—está un poco oscuro.

−No preveo que haya un problema. Según Thomas, Rusty no se queda por aquí de noche,−le recordó.

−¿Quieres saber qué me asusta?


−Creo que ya tengo una idea.

Mason sonrió.−Lo que me asusta es que cuando hablas de ellos, ya no creo que sea extraño que los
discutamos como si fueran personas reales y que hables con ellos como si lo fueran.

−A menudo me pregunto si es solo para ellos. Están atrapados en este reino,—supongo que están
atrapados,—sin nadie con quien hablar, aparte de, ya sabes...

−¿A otros les gustan? ¿Crees que se juntan?

−No lo sé. Me gustaría pensar que sí, pero no, supongo que no. Me imagino que Fran patea su balón de
fútbol sola y Missy se balancea sola. Y

Thomas solo lee libros.−Ella se encogió de hombros.−Y no todos están aquí; algunos pueden no querer
mostrarse. Algunos pueden haberse ido...−Ella agitó la mano en el aire.−Donde quiera que vayan y no
quieran volver.

−Entonces, ¿crees que cuando viene alguien como tú, alguien con quien puedan "hablar",−dijo, haciendo
citas,−es lo más destacado de su día?

−Depende de la situación. A veces, sí, hay quienes son demasiado conversadores y más comunicativos.
Otras veces, son más cautelosos, más retraídos. Por supuesto, tal vez así eran en la vida real.−Abrió la
puerta y salió, mirando a Mason que todavía estaba dentro.−También pueden ver cosas, Mason. En
diferentes reinos, diferentes niveles. Cuando hablo con ellos, a veces creo que saben más sobre mí y mi
forma de pensar que yo misma. Son esos momentos en los que me pregunto quién es el supuesto psíquico
y quién es el sujeto.

Cerró la puerta, dejando que Mason tomara lo que quería de esa declaración. No lo admitiría en voz alta
ante Mason, pero había momentos en que había tenido más amigos muertos que vivos. Cruzó la calle y
oyó a Mason cerrar la puerta de su camioneta. Se volvió hacia ella.

−Quédate ahí. Me mantendré a la vista.

Mason vaciló, obviamente tratando de decidir si era seguro o no, asintió finalmente y se reclinó contra su
camioneta. Grace centró su atención en la biblioteca, mirando a lo largo de los ladrillos en el nivel inferior
y luego en el superior. Sonrió cuando lo vio, sentado en el alféizar de una ventana en el segundo piso,
balanceando sus piernas hacia adelante y hacia atrás como si no le importara nada en el mundo.

−Hola, Grace.

−Te vas a caer,−dijo en broma.

Él rió.−Increíble, pero tengo un gran equilibrio.−Como para probarlo, saltó—flotó—a la ventana a su lado.
Caminó sin cuidado, bailando un poco en el borde.−¿Ves? ¡PAN comido!

−¿Está Rusty aquí?−Preguntó ella, yendo directo al grano.


−¿Por qué? ¿Quieres enredarte con él de nuevo?

¿Enredar? ¿No usó esa palabra con Mason cuando hablaba de Rusty?

¿Thomas lo sabría?−No. Solo asegurándome de que estuviéramos solos.

Quería hablar contigo.−Thomas extendió las manos y luego saltó de nuevo, esta vez aterrizando con un
golpe gracioso a su lado.

−No...realmente quieres hablar con Susie.−Se apartó el pelo de los ojos.−Te enteraste del incendio, ¿eh?

−¿Cómo lo sabes?

Él se encogió de hombros.−Conjetura afortunada.−Luego se echó a reír, la risa risueña de un niño de


trece años.−¡No en realidad no! Alguien te siguió.

−¿Quién?

Sacudió la cabeza.−No no no. No puedo decírtelo.

Grace notó que sostenía sus libros escolares bajo el brazo. Les hizo señas.−¿Van contigo todo el tiempo?

Parecía casi avergonzado.−Me gusta leer.

−¿Qué pasó, Thomas? ¿Qué pasó cuando entraste al baño?−Él la miró y ella notó que su mirada estaba en
Mason. Se giró y vio a Mason todavía apoyada contra su camioneta.

−Él estaba allí,−dijo en voz baja.−Traté de gritar, pero él me tapó la boca con la mano.−Sus palabras
fueron habladas lentamente, con naturalidad, sin mucha emoción, y ella solo asintió y esperó.−Había
alguien en el respiradero. Me subieron al conducto del techo.−Sacudió la cabeza.−Era muy fuerte. El que
me tiró.

−¿A dónde te llevaron?

Su cara se torció.−Susie dice que no debería hablar contigo. Aún no.

−¿Por qué?

−Porque la lastimará si se entera. Intentará lastimarlos a todos.

−¿El bebé?

El asintió.−Sí. Y los otros. Faith y su madre también.

−¿Adónde te llevaron, Thomas? Quizás podamos ayudar al bebé. Tal vez…

−¡No! ¡Susie dice que no es hora!

−Okey. Entonces, ¿quiénes son los demás de los que hablas?

−No. Realmente deberías hablar con Susie.

−¿Ella me hablará?−Miró a su alrededor.−¿Está aquí ahora?

Sacudió la cabeza.−No. A ella no le gusta aquí.

−¿Por el incendio?

Thomas asintió con la cabeza.−Rusty culpa a su papá.

−¿Culparlo por qué?

−Algo salió mal esa noche. El papá de Susie hizo algo mal.−Thomas se acercó a ella.−Rusty estaba
realmente enojado.

−¿Tan enojado que apuntó a Susie?−Adivinó.−¿Quién lastimó a Susie?

Thomas negó con la cabeza.−Él es malo.−Se apartó de ella y dio un salto, aterrizando con facilidad en la
ventana del segundo piso nuevamente.−Algo va a pasar esta noche.−Señaló hacia Mason.−Necesitas
quedarte con ella. No puede lastimarla si estás con ella.

−¿Lastimarla?

−Sabrás si vienen. Alguien te avisará. Te podemos ayudar.−Su mirada se dirigió a Mason nuevamente.
−Intentarán matarla porque ella te protege; con ella desaparecida, Rusty puede llegar a ti. Entonces, no
habrá nadie para ayudar a Faith.
Grace contuvo el aliento. −Luego desapareció, derritiéndose en la ventana, como si se arrastrara dentro
de la biblioteca. Se giró rápidamente y miró a Mason. Todavía estaba apoyada contra su camioneta.
Grace miró hacia la ventana, sorprendida de ver la cara de Thomas en el cristal, mirándola desde el
interior de la biblioteca. Levantó una mano hacia ella y ella asintió con la cabeza hacia él, luego se
volvió para ir hacia Mason.

Se acercó a ella, la agarró del brazo y tiró de ella hacia la puerta.−Entremos.

−¿Que está pasando?

−Entra, Mason. ¡Ahora!

Se apresuró hacia la puerta del pasajero y entró, cerrando la puerta detrás de ella.−Cierra las puertas.

−¿Qué pasa?

−¡Cierra las malditas puertas!

Mason lo hizo, luego se volvió hacia ella.−¿Qué demonios está pasando?

Grace respiró hondo.−Dijo que alguien intentará matarte.

−¿Mátame? Caray...¿qué demonios he hecho para molestarlos?

−Necesitas tomar esto en serio.

Mason puso en marcha la camioneta.−Grace, esas cosas de ahí fuera, ese es tu mundo. Si alguien va a
intentar matarme, no será de tu mundo; estará aquí al aire libre.−Salió a la calle.−No me preocupa que
un tipo intente sacarme. Yo puedo manejar eso. Estoy más preocupada por ti. ¿Qué más dijo él? Pareces
conmocionada.

−¡Por supuesto que estoy conmocionada! Alguien va a por ti. No solo bromean sobre cosas así, Mason.
Alguien intentará matarte.

Dobló hacia la calle que las llevaría a casa, pero solo disminuyó un poco la velocidad cuando se acercó a
su casa.−Vamos a hablar con el Tío Alan. Dile lo que descubriste.

−No.−Grace sacudió la cabeza.−No puedo hablar con él sobre eso. Él no me cree. Puede decir que no
cree que soy una charlatana, pero realmente no cree eso.−Grace extendió la mano y le tocó el brazo.
−Vamos a casa, Mason. Te contaré todo. Puedes decidir lo que le dices. Si todavía crees que deberíamos
encontrarnos, lo haremos mañana.

Mason detuvo la camioneta en medio de la calle, a medio camino entre su casa y la de su tío. Sus dedos
golpearon el volante indecisamente.−¿Por qué quieren venir por mí?

−Porque me estás protegiendo.

−Viniendo por mí, llegan a ti.

−Soy la verdadera amenaza para él, no tú. Rusty, quiero decir. Él es quien conduce todo esto. Al menos,
así lo entiendo. Thomas dijo que iban a matarte porque me proteges. Si estás aquí, Rusty no puede
alcanzarme.

Mason dejó escapar un suspiro, luego puso la camioneta en reversa, retrocediendo por la calle hasta que
llegó al camino de entrada. Ambas lo vieron al mismo tiempo. Vestido con ropa oscura, la sudadera con
capucha colocada sobre su cabeza;—las miró mientras ellas le devolvían la mirada. El tiempo se detuvo
por un instante, luego corrió alrededor de los arbustos del vecino y desapareció. Mason abrió la puerta de
golpe, pero Grace la agarró del brazo antes de que pudiera salir.

−¡No, Mason! Tenemos que permanecer juntas.

−Grace…

−¡No! No podemos ser separados.−Le apretó el brazo con fuerza.−Tenemos que permanecer juntas,
Mason.−Encontró su mirada, la luz interior proyectaba sombras en la cara de Mason. La miró a los ojos y
le hizo preguntas.−¿Me entiendes? Debemos permanecer juntas Solo somos fuertes juntas. Ambas
tenemos un propósito ahora. No puede llegar a mí si estás allí. Y el asesino no puede alcanzarla si estoy
allí. Las ruedas están en movimiento ahora. No podemos detenerlos. No podemos detenerlos. Cuando sea
el momento, Susie me lo hará saber.
Mason la miró sin pestañear.−Me estás asustando de nuevo.

Grace tampoco parpadeó e, inconscientemente, sintió que sus dedos se apretaban sobre su brazo.
−Thomas dijo que algo pasaría esta noche. Es una niña pequeña,−se escuchó decir.−No estará en su
cama por la mañana; su madre llamará a la policía. Tiene ocho años. La encontraremos debajo de la
pasarela. Donde se encontró a Susie Shackle. Es un mensaje destinado a nosotras.

−Oh, Grace,−susurró Mason.

Grace podía ver la pasarela, podía oír el agua...la niña llevaba un pijama con los personajes de Winnie
Pooh en ellos. Al igual que Susie Shackle, sería estrangulada. Había algo en la pasarela. Oscuro. ¿Un palo?

¿Una rama? ¿Una serpiente? Sí, se estaba moviendo, deslizándose.

−¿Grace?

Grace parpadeó para alejar la imagen.−Vamos allí ahora.

Mason abrió mucho los ojos.−¿La pasarela? ¿Ahora?

−Ella ya estará allí cuando lleguemos allí,−dijo con certeza.

−Pero tú dijiste…

−Sí. Si dejamos que se desarrolle, entonces sí, su madre llamará a la policía por la mañana. Entonces,
podríamos salir y encontrarla. Pero ella está ahí ahora. Yo...puedo verla. Está en el agua. Ha sido
estrangulada. Lleva un pijama de Winnie Pooh.

−Hijo de puta.−Mason se apartó con un chirrido de sus neumáticos.−Tal vez podamos atrapar al
bastardo,−dijo con entusiasmo.−Tal vez…

−No, Mason. Ella ya está ahí. Él se fue.

−Son las nueve y media.−Ella pisó los frenos en la casa de su tío; tengo que decírselo. No podemos salir
solas.

−Masón…

−No, Grace. Si lo que estás diciendo es cierto, entonces es una escena del crimen. Tengo que correrlo
según el libro.

−Muy bien. Pero no seré interrogado. Se lo que se. No puedo decirle cómo lo sé.−Cuando Mason hubiera
salido, Grace la agarró del brazo.−Permanecemos juntas.

−Correcto.−Ella sacó su teléfono en su lugar.−Permanecemos juntas.


Capítulo Treinta
Mason ni siquiera sintió el agua fría del arroyo mientras caminaba junto a la pasarela, el agua le llegaba
hasta los muslos. Brady estaba a su lado y se resbaló en las rocas, casi hundiéndose. Agarró su brazo para
sostenerlo, casi perdiendo el equilibrio en el proceso.

Su tío y Dalton estaban en tierra, sosteniendo linternas de alta potencia. Grace estaba parada detrás de
ellos, con los brazos cruzados protectoramente a su alrededor.

−Gracias,−le murmuró Brady.−No puedo ver una maldita cosa.

La niña estaba donde Grace dijo que estaría. Su cabello castaño estaba enredado alrededor de su rostro, y
Brady se detuvo, como ella, cuando la encontraron.

−Tres asesinatos y todavía estamos en el maldito mayo. Va a ser un año infernal.

Mason se preguntó si sabía que había mirado a Grace cuando habló, como si fuera su culpa. ¿Es eso lo
que todos pensaron? Una psíquica estaba en el pueblo. La última vez que una psíquica estuvo aquí, cinco
niños fueron asesinados.
La niña estaba alojada entre el banco y las vigas transversales de la pasarela, muy probablemente
imaginando que Susie Shackle había estado todos esos años atrás. Significaba algo, por supuesto. Como
Grace le había recordado en el camino hasta aquí, nunca antes habían recuperado un cuerpo en el mismo
lugar.

−¿Estás segura de que está muerta?−Preguntó Dalton.

−Está bajo el agua, hombre...sí, está muerta.

−Trátelo como la escena del crimen,−les recordó el Tío Alan.

−Pásame una luz.−Mason le tendió la mano.−Creo que está atada. Se habría colado río abajo si no fuera
así.

−Parece un cable,−intervino Brady.−No es una soga.

Les llevó varios minutos liberarla; el cable estaba atado alrededor de la muñeca de la niña y uno de los
pilones en el agua. Mason la agarró del brazo cuando le quitaron el cable y la abrazó con fuerza. Ya no
podía sentir sus piernas o pies y se preguntó si serían capaces de sacar a la niña sin ayuda.

−Sólo una niña,−murmuró Brady por lo bajo.−Solo una maldita niña.

La empujaron contra la corriente, hacia donde Dalton estaba esperando. Mason le entregó la linterna
mientras ella se aferraba a una roca; dio un par de pasos en el arroyo, alcanzando a la niña mientras el
Tío Alan sostenía la otra luz. Ella y Brady también se apresuraron, ambos luchando por encontrar el
equilibrio en las rocas resbaladizas.

−No puedo sentir mis pies,−dijo.−¿Y tú?

−No.−Sus dientes comenzaban a chasquear y tan pronto como salió, Grace estaba allí, ayudándola a
levantarse.

−¡Oh Dios mío! La conozco,−dijo Dalton.

Ella y Grace se giraron para mirar, siguiendo el haz de luz que sostenían en su rostro. Las marcas de
estrangulamiento alrededor de su cuello eran prominentes. Y sí, como había dicho Grace, llevaba un
pijama de Winnie Pooh.

−Es April Trombley. Cristo, ese es la hija de mi prima.−Los miró con la boca abierta en estado de shock.
−Derrick Trombley. Se casó con mi prima, Jennifer.

Mason asintió con la cabeza. Derrick Trombley solía salir con la hermana de Brady cuando regresó.
Derrick Trombley solía molestarlos y burlarse de ellos. Derrick Trombley era un imbécil. Ahora la hija de
ocho años de Derrick Trombley estaba muerta, víctima del asesino en serie de Gillette Park. Víctima
número tres este año.

−¿Cómo supiste que ella estaba aquí?−Dalton preguntó sin rodeos, de cara a Grace.

−Dalton...−advirtió Mason.

−¡No! Quiero saber. No había estado en el agua por más de una hora. ¿Cómo supiste?

Grace dio un paso hacia él, sin rehuir.−Sabes por qué me contrataron, Oficial Wilcox. Así que no te hagas
el tonto y actúes como si no supieras cómo lo supe.
−Sí...supongo que usaste tu bola de cristal. No podría haberlo usado un poco antes, ¿eh? ¿Tal vez detener
este asesinato antes de que sucediera?

−Dalton, es suficiente,−dijo el Tío Alan con firmeza.

−¡No! ¿Qué demonios es ella? ¡No sé cuánto le estás pagando, pero es demasiado!−Se apartó del cuerpo.
−¡Cristo! ¡La hija de mi prima!−Se dio la vuelta para enfrentar a Grace una vez más.−¿Por qué no lo
detuviste?

¡Sabías lo que estaba pasando!

Brady le puso una mano en el brazo, pero Dalton la apartó. Mason caminó frente a él, protegiendo a
Grace.

−Has vivido aquí toda tu vida, Dalton. Ya sabes cómo se desarrolla esto. No trates de echarle la culpa.

Tío Alan se adelantó también.−Camina de regreso a la camioneta, Dalton. Vamos a reportarlo. Saque a
Neal Addick aquí de nuevo. A ver si puede encontrar las huellas de donde vino nuestro asesino.

−¿Para qué demonios? ¡Hacemos lo mismo cada vez! ¡No sirve de nada!

−Oficial Wilcox, haga su maldito trabajo.−El Tío Alan lo empujó hacia el puente.−Ya sabes que hacer.

Los hombros de Dalton se desplomaron al pisar el puente, luego se volvió y señaló con el dedo a Grace.−
¡Eres una inútil! ¡Inútil!

La expresión del rostro de Grace,—incluso cuando las sombras intentaron ocultarlo,—hizo que Mason
quisiera acercarla y abrazarla; aplastado era una palabra demasiado pasiva para describirlo. Grace
parecía tanto devastada como avergonzada.

−Mejor sácala de aquí, Mason. Conociendo a Dalton como hacemos, cuando lleguen los otros, no será el
único que la señale con el dedo.

Grace no necesitó ninguna indicación, y giró sobre sus talones, cruzando la pasarela en la oscuridad.
Mason encendió su pequeña luz y la siguió; el frío que había alejado durante unos momentos golpeó con
toda su fuerza. Su ropa mojada se le pegaba. Dio varios pasos arrastrando los pies, sus pies todavía se
sentían como bloques de hielo.

−Grace, espera.

−No quiero hablar,−dijo Grace con brusquedad.

−¿Puedes al menos reducir la velocidad? Mis pies están entumecidos.

Ante eso, Grace se detuvo y se dio la vuelta, mostrando preocupación en su rostro.−Lo siento. Sí, debes
estar congelándote.−Grace la sorprendió tomando su mano libre y envolviéndola en dos cálidas.−Dios,
eres como hielo. Ven.

Grace le quitó la linterna y las condujo por el camino, todavía agarrando su mano. Cuando llegaron a la
bifurcación donde se enganchaba con el cuidado sendero para caminar y andar en bicicleta, los dientes de
Mason rechinaban y sintió temblores recorrer su cuerpo, de pies a cabeza.

−Necesitamos sacarte de esta ropa.

Mason intentó sonreír.−No he tenido esa oferta en mucho tiempo.

Grace le apretó la mano pero no dijo nada. Dalton estaba de pie junto a su camioneta, con el teléfono
pegado al oído. Grace le dio sólo una mirada superficial mientras conducía a Mason al lado del pasajero
de su camioneta; Mason no protestó cuando entró. Solo hacía un poco más de calor.

Grace encendió la calefacción al máximo y Mason levantó las manos hacia el respiradero para calentarlas.
No hablaron y solo tuvo que darle direcciones a Grace una vez mientras los recorría por el pueblo. Oyeron
varias sirenas en el camino y supo que otros se dirigían al parque. Sí, las ruedas estaban en movimiento.
Todos conocían la rutina como la palma de su mano.

Y el pueblo estaba a punto de saber sobre Grace. Incluso si Dalton no lo transmitiera, la gente sentiría
curiosidad por saber cómo habían encontrado a April Trombley cuando su propia madre no sabía que
había desaparecido de su cama. Los veteranos recordarían 2004; recordarían a la peculiar Nora Nightsail
que deambulaba por las calles ataviada con bufandas y abalorios. La gente se reía a sus espaldas, pero en
realidad la mayoría tenía miedo. Quizás no tanto de ella, sino más bien de lo que podría estar haciendo. La
idea de una sesión de espiritismo en el parque para llamar a la pequeña Susie Shackle, asesinada en la
primavera del 97, probablemente causó pesadillas a algunos.

Tan pronto como entró a la casa, comenzó a quitarse la ropa mojada.


Grace la precedió a su dormitorio y fue inmediatamente al baño.

−Deberías sumergirte en agua caliente,−dijo Grace mientras comenzaba a llenar la bañera.−Una ducha
caliente es agradable, pero debes sumergirte.

Mason no discutió, a pesar de que ella nunca tomaba baños. Cuando se quitó los jeans mojados, Grace se
levantó bruscamente.

−¿Quieres café o té caliente?

−Whisky.

Grace asintió con la cabeza y se fue, pero no cerró la puerta. Mason se quitó la camisa y la arrojó sobre
sus jeans mojados, luego rápidamente se deshizo del sostén y la ropa interior y se metió en la tina de agua
caliente; cerró los ojos y dejó escapar un suspiro silencioso, el escalofrío finalmente comenzó a dejar su
cuerpo. Oyó que Grace regresaba, oyó que colocaban el vaso en el borde de la bañera...pudo sentir que
Grace dudaba,— ¿observándola, tal vez?—Antes de irse de nuevo. Entonces, abrió los ojos y encontró el
whisky a su alcance. Tomó el vaso, tomó un gran sorbo y lo tragó lentamente. Escuchó movimiento en la
casa, escuchó agua correr. Supuso que Grace se estaba duchando, tratando de borrar los eventos del día,
tal vez.

Deberían hablar. Sin duda, las palabras de Dalton habían tocado un nervio. Grace necesitaba saber que
Dalton realmente no la culpaba. ¿O lo hacía? Quizás lo hizo. Ella y Dalton no habían hablado mucho desde
que Grace llegó allí. No había dejado en secreto que no estaba encantado de tenerla en el pueblo. Así que
tal vez él la culpó. Este asesinato golpeó cerca de casa. Estarían buscando a alguien a quien culpar. ¿Y por
qué no? Pones a tu hijo a dormir, en tu propia casa; debería haber algo de seguridad, ¿no? No querrás que la
policía te despierte durante la noche y te diga que tu hija de ocho años no duerme profundamente en su
cama después de todo; no...siempre estará durmiendo bajo el puente peatonal en Boulder Creek con su
pijama de Winnie Pooh.

Mason volvió a cerrar los ojos, agradecida de que estuviera oscuro cuando la encontraron. Sus rasgos se
habían oscurecido, ensombrecidos. No como Donnie Redman. Todavía podía imaginarse su rostro, la
brillante luz del sol besando sus mejillas por última vez.

Entonces abrió los ojos. Iba a terminar, ¿no? Este era el año en que terminaría. El ciclo terminaría, como
la gitana,—Nora Nightsail,—le había dicho en 2004. Ella era parte de él. Grace era parte de eso. Juntas
terminarían el ciclo. No sin pelea, al parecer. ¿Cuántos morirían? Una premonición,—o tal vez un
presentimiento,—le dijo que no todos saldrían ilesos. ¿Quién soportaría la peor parte? ¿Sería Grace,
encerrada en una caja oscura en alguna parte? O tal vez ella sería la indicada. Era la que aparentemente
estaba marcada. Tal vez ambas. Quizás ninguna de las dos saldría viva. Sin embargo, eso parecía
incorrecto, ya que,—según Nora Nightsail,—eran almas gemelas, destinadas a encontrarse aquí en
Gillette Park. Destinadas a encontrarse. Quizás destinadas a morir juntas también.

Entonces se puso de pie y vació el agua, luego abrió la ducha. No quería pensar más en eso.
Capítulo Treinta Y Uno
Grace se sentó en el sofá, su atención se dividió entre Mason,—que todavía estaba en el baño,—y las
palabras que Dalton había dicho. Tenía un vaso en la mano, pero había tomado poco más que un sorbo de
whisky que había servido. Decir que sus palabras habían picado era un eufemismo. Las había escuchado
antes, así que no eran una mierda, pero por alguna razón, dolían más esta vez. Sabía por qué. Porque
Mason también las había escuchado. Era una inútil. Una fracasada. Ya debería estar acostumbrada, pero
aún así dolían. Inútil.

Sin embargo, necesitaba superarlo y rápido. No había tiempo; que había pasado muchos, muchos años
desde que se permitió una fiesta de lástima. Ciertamente no iba a disfrutar de una ahora. No delante de
Mason.

Mason era la única persona en mucho tiempo que la trató como a una amiga,—que no la miró con disgusto
o, lo que es más, repugnancia. O lo contrario: burlas, ironía. Puso los ojos en blanco. ¿Qué? ¿Iba a
regresar a la escuela primaria en esta fiesta de lástima?

No. Mason le recordó a Angelique, ¿no? Angelique, la diosa del mar, nunca se burló de ella, nunca la miró
con asco. No. Dijo que Grace tenía un don y que debía abrazarlo, no huir de él. Podría haber ido a la
universidad y estudiar cualquier cosa, haber sido cualquier cosa. Pero tenía un don; muchas noches
solitarias, las palabras de Angelique le llegaron.
Y muchas noches solitarias, los recuerdos de Angelique bajo una luz diferente volvieron a ella. Había
alcanzado la mayoría de edad en las playas de Hawái. Había sido temerosa y tímida,—ingenua,—de quince
años cuando conoció a Angelique. Había sido una mujer sensual y sexual cuando dejó la isla a los
diecisiete años. Angelique le había enseñado muchas cosas,—sobre la vida y sobre el amor. Mientras ella
había seguido con su vida—

profesionalmente, al menos—su vida amorosa seguía sin resolverse. Nadie la tocó como Angelique lo
había hecho. La mayoría temía que su…repulsión asomara la cabeza. Así que se retiró y se aisló en su
propio pequeño mundo hasta que se separó de todas las relaciones excepto las más profesionales.

Se había atrevido, solo una vez, a hablar con otra psíquica sobre sus supuestos problemas con el
desarrollo,—cuidado,—de las relaciones personales. Esta mujer, que había sido mucho mayor que Grace
en ese momento, dijo que se necesitaba una persona especial con suficiente confianza para ir más allá de
las capas...para encontrar el corazón y el alma que yacían debajo. "¿Por qué crees que muchos de
nosotras estamos solas? Podemos ver cosas, Grace. Podemos ver las almas."

Esas palabras también se quedaron con ella. Tenía un don. Un don que no podía rechazar y que no podía
devolver. Era una parte de ella, una de las muchas capas. Así que se había sumergido en el trabajo,
enseñando, incursionando con la policía local y luego con el FBI. Había sido gratificante; suficiente. Había
podido ignorar la soledad, alejarla, fingir que no estaba allí; tenía que recordarse que gran parte de su
soledad era de su elección. Era lo suficientemente atractiva como para atraer miradas e incluso algo de
interés. Aceptó citas para cenar. Fue solo cuando su "don" salió a la luz que su interés cambió. Algunos
corrieron. Algunos se rieron. Algunos pensaron que ella era una loca. Algunos la miraron con lástima.

Esos fueron los peores. Lástima. Dejó escapar un profundo suspiro y echó la cabeza hacia atrás. Sí, esos
fueron las peores absoluto. Cerró los ojos y se limpió la lágrima con impaciencia. Los dedos de la soledad
rodeaban su corazón, apretando con fuerza...amenazando—como a veces lo hacían—para estrangularla. A
veces podía escapar de sus garras. A veces no.

−¿Grace?

Su nombre se pronunció en voz baja, casi como si Mason tuviera miedo de molestarla. Giró la cabeza
hacia un lado y abrió los ojos, encontrando a Mason observándola.

−¿Quieres hablar?

La miró por un segundo, luego se aclaró la garganta.−¿Hablar? No hay necesidad. Es lo que es, Mason.

Mason se sentó a su lado y tomó el vaso de sus manos. Se sorprendió de que estuviera vacío. No
recordaba haberlo bebido.

−¿Escuchas esas palabras a menudo?

−Sí,−dijo sin dudarlo.−Entonces, debería estar acostumbrada, ¿no?

−Lo que dijo...no era necesario, Grace, pero no puedo disculparme por él.

−No tienes que disculparte por él. Necesitaba a alguien para atacar; soy el objetivo obvio.

−Oh, Grace...lo siento mucho.

Las palabras eran apenas más que un susurro en la casa tranquila y parecían colgar en el aire. Se
hablaron sinceramente, desde el corazón, y la rompieron por completo. Sintió que su labio inferior
temblaba mientras trataba de controlar sus emociones, trataba de evitar que las lágrimas se derramaran,
intentaba mantener una cierta pretensión de fuerza. Fue un fracaso épico.

−Soy...soy un fenómeno. No tengo amigos...y nadie...nadie me ama,−se las arregló antes de que sus
lágrimas la estrangularan.

No protestó cuando Mason se acercó, no luchó contra los brazos que la acercaban, y no se apartó cuando
se encontró en un fuerte abrazo. Se aferró a Mason de buena gana, casi cayendo contra ella mientras sus
lágrimas caían. ¿Desconcertada? Sí, lo sería más tarde. Pero no ahora. En este momento, ella necesitaba
la fuerza de Mason, necesitaba su consuelo; necesitaba este contacto humano que fuera familiar y extraño
al mismo tiempo. ¿Familiar? Sí, algo sobre Mason era familiar, ¿no? ¿Nora había dicho la verdad? Estaban
destinadas a encontrarse? ¿Se suponía que todo esto sucedería?

Unas cálidas manos le acariciaron la espalda, las palabras susurradas la calmaron y,—para su sorpresa,—
unos suaves labios rozaron su mejilla; cuando sus lágrimas disminuyeron, algo más creció. Se dio cuenta de
cada toque, cada respiración, cada roce sutil de los labios de Mason. Oh, solo quería soltarse, hundirse
contra Mason, girar ligeramente la cabeza para encontrarse con esos labios. Había pasado tanto tiempo.
El beso le sería familiar, lo sabía. El beso la llevaría de regreso al único momento en su vida en que se
había conectado con alguien. Sin embargo, Angelique no era su destino. Lo supo en aquel entonces. Tal
como lo sabía ahora que sí, Mason era su destino. Solo que no era el momento. No esta noche. Algo le dijo
que aún no era la hora.

Entonces se apartó,—gentilmente,—tratando de desenredarse de Mason; Mason aflojó su agarre pero no


la dejó ir por completo.

−Duerme conmigo esta noche.

Lo que sea que haya estado esperando que Mason dijera, esas palabras no lo eran. La miró fijamente,
tratando de leerla, tratando de entrar para que ella supiera lo que Mason realmente quería decir con
ellas, lo que Mason estaba pensando. Si ella estaba demasiado gastada para leer o si Mason mantenía las
cosas encerradas, no lo sabía. Las palabras le hicieron pensar en un revoltijo revuelto, lo sabía.

−Por favor, Grace.

−¿Por qué?

−Porque no eres un fenómeno o una fracasada. No eres poco atractiva ni desagradable.−Mason se inclinó
más cerca y rozó sus labios ligeramente.−Y porque, por primera vez en mucho, mucho tiempo, me dan
ganas de acercarme a alguien—a ti.

−Oh, Mason.−Tocó la mejilla de Mason con los dedos, dejándolos correr por la mandíbula hasta los labios.
−Solo complicará las cosas, ¿no crees?

−¿Pueden ser más complicados, Grace?

Sí, ellos podrían. Probablemente lo harían. Seguramente. Se aseguró de no tener nunca ideas
preconcebidas de cómo se desarrollarían estas asignaciones: todas eran diferentes. Sin embargo, nunca
había pensado que una mujer atractiva le haría una oferta como esta. No mientras trabajaba, en el campo.
Fue expuesta entonces. Todas sus rarezas y "dones" estaban en plena exhibición cuando trabajaba. Nadie
se sentiría,—podría—sentirse atraído por eso. Por lo general, era todo lo contrario. Por lo general, todos la
mantenían a distancia. Esta vez fue diferente. Mason también debe sentirlo. Destino. ¿Era eso lo que
pensaba Mason? ¿Tenía alguna idea de lo unidas que estaban?

Sin embargo, la mirada en el rostro de Mason era gentil y sincera, y Grace estuvo tentada a acercarse,
besarla, para ver a dónde podría conducir; a ella le gustaba Mason. Le gustaba mucho. Mason la trataba
diferente a la mayoría. Sería bueno olvidarse de la vida por unas horas,—tal vez toda la noche. Sería tan
fácil. Inclinarse más cerca. Besarla Tocarla. Podrían retirarse a la habitación, cerrar el mundo por un
tiempo. Pero no era el momento. Al igual que Susie aún no había acudido a ella porque no era el momento.
Ella y Mason,—aún no era la hora. Entonces, ella dejó caer su mano, aterrizando en el muslo de Mason.
Antes de que ella pudiera decir algo, intenta explicar, Mason se levantó y la levantó.

−Estás bien. No debemos complicar las cosas. Sin embargo, me sentiría mejor si pudieras dormir en mi
habitación. Tengo una cama king.−Mason levantó la mano cuando habría protestado.−Había un tipo
husmeando por la casa antes. Tu amigo Thomas te dio una advertencia. Creo que deberíamos prestarle
atención.

Sí, Mason tenía razón en esa cuenta. Estarían más seguras juntas. Casi se había olvidado del chico de la
sudadera con capucha oscura.

−Muy bien.−Cuando Mason se volvió para irse, Grace la detuvo con un ligero toque en su brazo.−Gracias,
Mason. No me siento tan fenómeno—o sola—contigo.
−Eres quien eres, Grace. Creo que eres bastante notable, en realidad.−Le dio una sonrisa vacilante.
¿Debería disculparme por lo de antes? Estaba siendo demasiado directa, supongo. Apenas nos conocemos;
yo fui…

−No.−No demasiado atrevido, no. ¿Mason sintió lo que ella ya sabía? ¿Qué era su destino? Sin embargo,
decirlo de esa manera le quitó todo el romance.−Me gustas, Mason. Mucho.

Había pasado mucho tiempo desde que Grace había compartido una cama con alguien. Temía que fuera
incómodo, pero en realidad no estaba sorprendida de que no fuera así. Era Mason, una mujer que conocía
una semana, pero había sido una semana repleta, ¿no? Habían pasado casi cada Página 191 de 318

Al−AnkaMMXX

hora juntas, en silencio tratando de conocerse. No había nada incómodo en sus interacciones diarias y no
había nada ahora. Solo entró al lado de Mason, quien ya había apagado la luz. La king grande les dio un
amplio espacio, y ella admitió que se sentía mejor,—más segura,—estar en la cama de Mason en lugar de
estar sola en la habitación libre.

−Gracias.

−De nada.

Grace sonrió. ¿Sabía Mason por qué le estaba agradeciendo?

Probablemente.−A menudo no me asustan este tipo de casos. En realidad, nunca, realmente.−Se giró a su
lado, mirando a Mason.−Hubo un caso, donde se encontró la sangre de la víctima en su casa, pero esa fue
la única señal de asesinato. Sin entrada forzada, nada falta excepto ella. Su auto todavía estaba en el
garaje. Sospechaban del marido, pero no había evidencia alguna. Cuando me llamaron, habían pasado
cuatro o cinco semanas desde que desapareció. Tan pronto como entré, supe que ella todavía estaba allí.
Quiero decir, no en el sentido físico, pero ella estaba allí; al principio, ella no vendría a mí. Me hizo falta
tres visitas antes de que ella se mostrara.

−El esposo lo hizo.

−Oh sí. Pero ella no quería que lo arrestaran.

−¿Incluso después de la muerte ella todavía lo amaba?

−Todo lo contrario. Parece que ella lo había estado atormentando, volviéndolo loco.−Recordó la pequeña
risa loca que la mujer usaba cuando hablaban.−El pobre hombre tenía miedo de quedarse en la casa, pero
no podía irse porque sabía que la policía estaba observando cada uno de sus movimientos. De todos
modos, pensé que era extraño lo que estaba haciendo. No era algo que hubiera visto antes. Resulta que
ella no estaba actuando sola. Había otra presencia en la casa, una que se negaba a ir a mí. Pero esta
segunda presencia estaba controlando a la mujer. Continuaron hostigando al marido hasta que se puso
una pistola en la cabeza.

−¿Y cayó como culpa o pena?

−Sí. Quiero decir, confirme que la mató. Usó uno de sus cuchillos de cocina, que se encontró con el
cuerpo. Enterró el cuerpo a unas seis millas de donde vivían. Entonces, fue encontrada y todo quedó atado
bien y ordenado; pero la mujer y esta otra presencia esencialmente cometieron asesinato; recuerdo el
sonido de la risa...risa malvada. Regresé después de que se llevaron el cuerpo del esposo. La mujer ya no
estaba allí. Solo esta otra presencia...y se estaba riendo.−Tragó saliva, recordando lo asustada que había
estado.−Todo el tiempo, nunca se mostró, nunca me habló. Hasta ese día. Dijo: "No puedo ser detenido"
con esta voz grave y ronca.

−Los mató a ambos,−supuso Mason.

−Sí. Condujo al marido a matar a su esposa,—y según todos los relatos, tenían una relación muy amorosa,
—luego usó a la mujer para volverlo loco.

−Entonces, ¿esta...esta presencia vivía en esa casa?

−No lo creo. Era una casa más nueva en una subdivisión. Creo que eligió la casa al azar.

−Okey, entonces eso es un poco inquietante. ¿Como si hiciera ese tipo de cosas mucho? ¿Otros como él?

−No lo sé. Una mujer de repente enloquece y ahoga a sus tres hijos; un adolescente mata a sus padres y
hermanos menores. Un hombre conduce su automóvil contra una multitud de peatones. Alguien toma un
rifle de asalto y mata a sus compañeros de trabajo. ¿Actuaron todos solos?
−Siempre parece haber una razón para explicarlo.

−Sí, la hay. Como sociedad, necesitamos tener una razón para estos actos, ¿no?

−Estás describiendo un caos puro, Grace.

−¿Cuántas veces has detenido a un criminal que no sabe por qué hicieron lo que hicieron?

−Sí pero…

−Así que lo atribuyes a que no quieren asumir la responsabilidad o quieren plantar alguna semilla de
duda o tal vez quieren ir con una locura temporal.

Mason rodó a su lado también y se enfrentaron en la oscuridad de la habitación. Grace apenas podía
distinguir sus rasgos, pero sabía que estaba a solo unos metros de distancia.

−¿Por qué más departamentos de policía no te usan a ti ni a otros como tú?

−Porque a menudo no podemos presentar pruebas que se mantengan en los tribunales. Y a veces, si
estamos involucrados aunque sea un poco, la defensa lo usará como...bueno, como si todo fuera para
mostrar. Teatral.

−Háblame de tu vida.

−¿Mi vida?

−Sí. Cuando no estás haciendo esto. Dijiste que eres de Nueva Orleans.

Háblame de tu vida.

Grace curvó un poco las piernas y golpeó las rodillas con Mason. En lugar de moverlas, se relajó,
disfrutando el contacto.

−No diría que soy de Nueva Orleans. Fui profesora asistente visitante y enseñé durante un semestre.
Cuando terminó, no me fui, pensando que me quedaría allí e investigaría más sobre mi libro. Nueva
Orleans es una ciudad maravillosamente antigua con mucha historia.

−¿Y lugares embrujados?

Sonrió, reconociendo el tono burlón en la voz de Mason.−Oh sí. Es muy activa. El paraíso de un psíquico.

−¿Hiciste amigos allí?

−No, realmente no. Cené ocasionalmente con otros profesores, pero creo que fue principalmente
curiosidad de su parte.

−No confías en mucha gente, ¿verdad?

−No. La gente tampoco suele confiar en mí.−Extendió la mano debajo de las mantas, encontrando la
mano de Mason.−Confío en ti, Mason.−Sintió que los dedos de Mason apretaban los suyos.

−Cuando estaba en Los Ángeles, tenía muchos amigos. Luego conocí a Shauna y ella tenía un montón de
amigos. Y me mudé de regreso aquí y...y es como si todos hubieran desaparecido. No me mantengo en
contacto, ellos no se mantienen en contacto.

−¿Era Shauna con quien te querías casar?

−Sí. Eso fue una estupidez.

−¿Estupidez porque ella dijo que no?

Mason se rio en voz baja.−Me alegra que ella dijo que no. Al menos una de nosotras estaba pensando con
claridad.

−¿Te arrepientes de haber regresado aquí? ¿Perder a tus amigos?

−No. Quiero decir, me gustó allí, se convirtió en mi hogar...por un tiempo. Entonces no fue así. Era casi
como si este lugar me volviera a llamar; creo que siempre supe que terminaría aquí de nuevo. En el fondo
de mi mente, sabía que volvería.
−Sin embargo, era diferente cuando llegaste aquí.

−Sí. Mi relación con mi madre fue diferente. Brady y Dalton...diferentes. Incluso el Tío Alan...es un poco,
no sé, diferente de alguna manera. Ahora Tía Carol, no. Ella es igual. Me trata como a uno de su familia;
siempre lo ha hecho.
Se movió un poco, estirando las piernas.−¿Cuándo vas a ver a tu madre?

Mason suspiró.−Domingo, mañana. A menos que tenga una excusa para no ir.

−¿Necesitas una excusa?

−No. No sé por qué me molesto, en realidad. Por lo general, le llevo algo de comida.−Podía ver a Mason
sonreír en la oscuridad.−Sopa. Comida enlatada.

−¿Devolución?

Mason se echó a reír.−Sí. Un poco infantil, lo sé. No me quedo mucho; el lugar suele ser un desastre y me
encuentro deseando limpiar.

−¿Puedo ir contigo?

−¿Por qué demonios querrías hacer eso?

−¿Por qué crees que soñé contigo? ¿Tú y tu padre?−Sus manos todavía estaban juntas y ella sintió que
Mason se encogía de hombros.−Solo nos encontramos una vez, pero tuve un sueño contigo. Hay una
razón para todo. Y algo me dice que debería conocer a tu madre.

Ambas estaban de lado, una frente a la otra, a solo un pie de distancia; todavía estaban tomados de la
mano. La habitación estaba oscura, sombría; si quisiera, podría invadir la privacidad de Mason, pero no
haría eso. Estaba contenta de descubrir cosas en los términos de Mason. Cerró los ojos, disfrutando de la
cercanía, la familiaridad que sentía con esta mujer. La paz que sentía.

−Okey. Puedes venir conmigo.

−Gracias,−murmuró ella tranquilamente.

−¿Cuál es el plan entonces? Mañana. Para nosotras.

Grace mantuvo los ojos cerrados.−No quiero pensar en eso. Patricia Brinkman. Ese es un plan. Pero lo
pensaremos mañana.

Estuvieron calladas durante mucho tiempo, sus manos aún juntas, sus pies tocándose, sus ojos aún
cerrados. Entonces los dedos de Mason se apretaron contra los suyos.

−Buenas noches, Grace.

Abrió los ojos por un segundo, luego los volvió a cerrar.−Buenas noches, Mason.

Sintió sueño tratando de reclamarla y no trató de luchar contra eso; sabía que estaba a salvo. También
sabía que soñaría.

Pero Mason estaba aquí. Estaba a salvo.


Capítulo Treinta Y Dos
Mason tenía el sueño profundo. No se sacudió y giró mucho más que pasar de un lado a la espalda.
Cuando abrió los ojos, se sorprendió al ver que ella estaba casi enredada con Grace, brazos y piernas.
Sonrió y apartó el pelo rubio de la nariz. Su brazo estaba agarrado por las dos de Grace y una de las
piernas de Grace estaba entre las suyas. Movió la cabeza lentamente, descubriendo que Grace todavía
dormía, sus párpados temblaban mientras soñaba.

¿Qué tipo de sueño estaba teniendo? Su mano tembló ligeramente, su boca se movió como si formara
palabras. Mientras la observaba, la expresión de Grace cambió y se apretó,—dolorosamente apretado—
contra su brazo; Mason apenas contuvo un grito agudo cuando Grace se sentó abruptamente, con los ojos
muy abiertos.

−Está bien,−susurró Mason en voz baja.−Soy yo.

Grace parpadeó varias veces, sus ojos nadaban aterrorizados, luego,— como si accionara un interruptor,—
su expresión cambió y Mason supo que cualquier sueño que había tenido se estaba desvaneciendo más
rápido de lo que Grace podía aferrarse a él. Grace dejó escapar un suspiro y luego se pasó la mano por el
pelo. Mason pudo ver temblar la mano.

−Estaba en una caja. Estaba oscuro. Negro oscuro. Su voz todavía era ronca por el sueño, y cerró los ojos
por un momento, luego los abrió.−Un bebé estaba llorando.−Se recostó.−No pude salir de la caja.−Giró
la cabeza para mirarla.−Estabas tratando de encontrarme.−Debajo de las mantas, la mano de Grace
volvió a engancharse alrededor de su brazo.−Está oscuro, mohoso. Un sótano sin terminar, una
bodega...algo así.

−¿Estaba el bebé allí contigo?−se escuchó preguntar.

−No. Está cerca, pero en otro lugar.−El agarre de su brazo se relajó un poco.−La caja está cerrada.
Necesitarás una llave para sacarme.

−Entonces, ¿esto es algo que va a suceder?

−Sí. Lo he soñado algunas veces y coincide con la visión de Nora Nightsail. Tendrás que encontrarme.
Estará oscuro.−Volvió a cerrar los ojos.−Un túnel. Hay...grandes cestas o carros que empujas o algo así.

Mason arqueó una ceja.−¿Cómo un pozo de mina? Usaron carros para sacar el oro. Al principio eran de
madera, luego de metal. Corrieron como...como en una vía de mini-tren.

Grace asintió con la cabeza.−Sí. Algo como eso. ¿Hay túneles allí?

−Sí. Hay minas antiguas por todo el lugar alrededor del parque Gillette. Están cerrados, las entradas
cerradas, pero eso no significa que alguien no los haya abierto nuevamente.

−¿Están en tierras públicas?

−Muchos de ellos, sí. También hay terrenos privados, especialmente en el lado oeste.

−¿Alguna de nuestras víctimas ha sido encontrada en tierras privadas?

−No lo sé. Cincuenta y tantos sitios ahora, puede ser. El FBI realizó un mapeo electrónico de los sitios
cuando buscaban un patrón. Esa sería la forma más rápida de saberlo.

−No es que importe, de verdad. Dudo que nuestro asesino arroje un cuerpo cerca de casa.

−Tal vez el patrón es donde no se han tirado.

Grace se sentó.−Tienes razón.−Entonces sacudió la cabeza.−No. El FBI habría explicado eso. Habría una
brecha obvia.

−Miremos de todos modos. Tal vez no sea una brecha para ellos, pero sería para un local.−Salió de debajo
de las sábanas.−¿Cómo has dormido?

−Bien, yo creo. No recuerdo haberme despertado.

−Yo tampoco.−Se detuvo camino al baño.−¿Desayuno en casa de Dottie?

−Sí. Desayuno para llevar.−Ante las cejas arqueadas de Mason, ella explicó.−Tenemos que ir a casa de tu
madre. Necesitamos encontrar a Patricia Brinkman. Y me gustaría ir al parque. Nora mencionó a Paul con
quien habló. Me gustaría encontrarlo. Dijo que lo mataron unos años antes de que ella llegara allí.

−Okey. Lo que quieras.

No tenía prisa por ver a su madre. No es como si fuera todos los domingos. Sin embargo, temía un viaje al
parque, podría hacer que volvieran a la pasarela para tratar de encontrar a Susie Shackle. Por alguna
razón, la idea de la pasarela trajo una sensación de...¿qué? ¿Miedo? Tal vez intuición, pero ella pensó que
deberían mantenerse alejadas de la pasarela.

−¿Masón?
Levantó la vista, dándose cuenta de que todavía estaba parada en su lugar, perdida en sus pensamientos.
Sonrió brevemente.−¿Si?

−La pasarela también me da miedo. Y deberías hacer tiempo para tu madre.

Sus ojos se encontraron y Mason asintió. ¿Qué más había podido leer Grace? Se dio la vuelta,
preguntándose si Grace sabía cuán adorable se veía a primera hora de la mañana, cabello despeinado y
ojos soñolientos. Estaba sonriendo mientras cerraba la puerta de su baño, los pensamientos sobre la
pasarela se desvanecían, reemplazados por pensamientos cálidos y confusos sobre Grace.

Se rió en silencio ante su reflejo en el espejo. ¿Cálido y difuso? Sí; Grace la hizo sentir...cálida. Grace la
hizo querer acercarse, abrazarse, besarse y tocarse. No había tenido esos sentimientos desde siempre. Se
preguntó cuánto tiempo había pasado desde que Grace había tenido intimidad con alguien. ¿Se sentiría
tan nuevo para Grace como para ella?

Nuevo, pero no. Había una familiaridad con Grace, algo justo debajo de la superficie, algo que le decía
que se conocían bien.

Estaban conectadas de alguna manera...en formas que ninguna de ellas sabía, muy probablemente.

En cierto modo, temía que estuvieran a punto de descubrirlo.


Capítulo Treinta Y Tres
Grace mordió su desayuno—había optado por un huevo frito y un sándwich de galletas—y emitió un
gemido de satisfacción mientras masticaba. Al igual que los panecillos, la galleta era enorme e imaginó
que se habían necesitado dos huevos para llenarla. Era ligera y esponjosa y rezumaba mantequilla.

−Esto es pecaminoso,−dijo con la boca llena.−No me dejes ordenar esto de nuevo.

Mason se echó a reír y le entregó una servilleta.−Mantequilla en la barbilla.

Conducían hacia el parque. Era otra mañana soleada de cielo azul. Las nubes hinchadas se reunirían al
mediodía, lo averiguo, pero hasta ahora, no habían llovido. Todavía hacía frío—apenas pasaban de las
ocho—y llevaba una sudadera sobre la camiseta de manga larga. Cuando compró su viaje hasta las
montañas, encontró una tienda de deportes que vendía ropa, pero la primavera en Nueva Orleans no era
el momento de comprar artículos para el clima frío. Terminó comprando la mayoría de sus cosas en línea.
Sin embargo, las camisetas de manga larga habían estado en un estante de venta, y había agarrado seis
de ellas.

−Sabes, nunca te dije todo lo que dijo Thomas.

−No. Y tampoco le conté al Tío Alan sobre el tipo que vimos huir de la casa. Todo está relacionado,
supongo.

−Sí, estoy segura. Y si estamos ofreciendo suposiciones, supongo que Susie Shackle fue atacada por su
padre. Thomas dijo que Rusty lo culpa por el fuego. Bueno, supongo que lo culpa por lo que sucedió
durante el incendio o por lo que salió mal y no lo lograron. Por qué esperó tantos años, no lo sé; y por qué
los asesinatos han continuado durante tanto tiempo,—¿quién sabe?

−¿Estás diciendo que Rusty es el asesino?

−No, no. Nuestro asesino es de carne y hueso. Rusty es lo que impulsa los asesinatos. Cómo, no lo sé.
Thomas dijo que necesito hablar con Susie.

Dijo que Susie lo sabe todo. Por lo que entiendo, todo el mundo se remite a Susie, a pesar de que ella
tenía... ¿Qué? ¿Diez cuando la mataron?

−Cuando estuvimos en el arroyo anoche,—la pasarela,—¿había alguien cerca?

−No,−murmuró alrededor de otro bocado de su sándwich de galletas.−Estábamos solas.

−¿Cuál es el simbolismo de poner a la niña,—April,—en el mismo lugar que Susie Shackle?

−Para nosotras, supongo. Para hacernos saber que él sabe que ahora sabemos quién es.−Se giró hacia
Mason.−Thomas dice que fue sacado de la biblioteca, del baño, a través del sistema de ventilación.

Mason asintió con la cabeza.−Sí, esa fue la suposición, creo. Eso fue unos años antes de que volviera.

−Él dice que había dos de ellos. Uno estaba en el baño y el otro en el respiradero. Es lógico que uno de
ellos haya entrado por la puerta principal.

−Todavía tienen el video de vigilancia de ese día. Sin embargo, ha sido visto mil veces.

−Okey, así que esto va a sonar loco, pero qué pasaría si Thomas lo mirara.

−Oh, Grace...¡claro! Déjame llamar al Tío Alan ahora mismo. ¡Thomas Houston puede verlo! Eso no será
un problema,−bromeó Mason sarcásticamente.

−Dije que era una locura,−murmuró mientras golpeaba juguetonamente el brazo de Mason.−Sin
embargo, estoy segura de que podría señalarlo.

−Digamos que es una posibilidad. ¿Cómo llevamos a Thomas a la estación para mirarlo? ¿Invitándolo a
entrar?

Grace trató de reprimir su risa porque Mason estaba hablando muy en serio.−No es una película de
vampiros, Mason.

Mason se rió de buena gana.−Lo siento. Solo adivinando el protocolo.

−Thomas puede mostrarse en cualquier lugar, si lo llamo. Puede que no elija hacerlo. Pero si pudiéramos
conseguir una copia del video, llevar una computadora portátil a la biblioteca esta noche...entonces tal vez
estaría dispuesto a mirarlo.

−Entonces, él señala al tipo. Eso fue de 2012. Incluso si pudiéramos identificarlo, ¿cuál es nuestra causa
probable para conseguir una orden judicial? No creo que el Juez Sinclair lo apruebe.
−Ahí radica el problema con el uso de psíquicos,−dijo.−No se pudo conseguir una orden judicial. Pero
sabrías a quién vigilar. Puedes investigarlo sin una orden judicial, ¿no?

−Hasta cierto punto, sí. Podemos ir a interrogarlo, revisar su casa,—al menos desde el exterior—y ver si
algo parece sospechoso.−Mason giró hacia el parque y redujo la velocidad.−Si todo eso resulta, solo el
hecho de que lo estemos mirando podría ponerlo demasiado nervioso como para volver a matar.

−Solo si Rusty está de acuerdo. Rusty conduce esto, recuerda. Al igual que la historia que te conté
anoche, nuestro asesino probablemente no tiene libre albedrío. O no lo hizo al principio. Rusty puede
haberlo vuelto completamente loco ahora.

Mason sacudió lentamente la cabeza mientras conducía por el estacionamiento.−Mark Russell Meyer,
murió en 1984. Y lo estamos buscando.

−No compartamos eso con tu tío todavía, ¿de acuerdo? No quiero que piense que estoy totalmente loca.

Había tanto una patrulla de la policía como un coche del sheriff en el estacionamiento, junto con otros
tres vehículos. Supuso que todavía estaban en la pasarela, buscando evidencia ahora que era de día.
Reconoció a uno de las camionetas como la de Neal Addick, el guía de caza. Mason pasó junto a ellos y se
acercó a los campos de fútbol. Paul Whitman, de doce años, fue encontrado en el bosque más allá del
primer campo, tres días después de su desaparición en 2002...dos años antes de que Nora Nightsail
llegara al pueblo. Paul, como el joven Jason Gorman, había desaparecido aquí en los campos después de
un partido tan cercano. A diferencia de Jason, su cuerpo había sido encontrado muy cerca de donde lo
habían visto por última vez. Su bicicleta,—la que había estado manejando ese fatídico día,—nunca fue
recuperada.

Aparte de ellos y la presencia policial, el parque parecía estar vacío; sin duda se había corrido la voz sobre
la última víctima. Aún así, era un hermoso domingo por la mañana. ¿No debería alguien estar en el
parque?

El teléfono de Mason sonó tan pronto como ella se detuvo en un lugar de estacionamiento. Apagó el motor
antes de responder.

−Cooper.−Su voz era todo negocios, haciendo que Grace le sonriera; Mason estaba asintiendo mientras
escuchaba a la persona que llamaba.−Dile que tardará un poco. Acabamos de llegar al parque.−Una
pausa.−No no; Grace quiere ver algo más,−dijo Mason, moviendo su mirada hacia ella.−Entendido.

Grace levantó las cejas inquisitivamente.

−El Tío Alan quiere que vayas a la casa de April Trombley, entres en su habitación y veas si puedes
encontrar algo. No había signos de entrada forzada. La ventana estaba abierta, el monitor estaba en su
lugar. La madre dijo que la ventana estaba cerrada cuando April se acostó.

−Entonces, volvieron a encender el monitor después de sacar a la chica.

−Sin huellas.−Salieron y comenzaron a caminar alrededor de la cerca que rodeaba el campo.−¿Cómo


atraen a los niños?

−Quizás Rusty juega un papel en eso. Se mostró ante ti como el arrendajo de Steller. Thomas dice que a
menudo usa el arrendajo. Tal vez se muestra a estos niños como algo que es significativo para ellos. Tal
vez a April le gustan los cachorros. Entonces, ella ve un cachorro fuera de su ventana. La abre, quita la
pantalla. Tal vez incluso salió a jugar con el cachorro.

−Ella tenía ocho años. ¿Podría quitar la pantalla?

Grace se encogió de hombros.−¿Por qué está vacío el parque?

Mason miró a su alrededor, como si en ese momento notara la ausencia de automóviles.−Es domingo, ¿no
es así? Supongo que es un poco temprano. La gente está en la iglesia, tal vez.

−¿O la gente lo está evitando?

−Tercer asesinato y todavía es mayo. Recuerdo el ambiente en el pueblo en 2004. Después de la tercera
muerte, todo el mundo estaba en vilo; luego el cuarto. El parque estaba completamente vacío. No hay
niños en la biblioteca. Nadie andando en bicicleta por el pueblo. Fue un largo verano; como si todos
estuvieran encerrados a puertas cerradas, conteniendo la respiración, esperando...

−¿Incluyéndote?

−Estaba en el último año de secundaria. A mi madre no le importaba mucho lo que hacía. Tía Carol fue
quien se aseguró de que me quedara cerca de Brady. Ella nos vigilaba. Tenía reglas y las seguimos. Sin
embargo, me fui del pueblo en agosto.

−¿Y te alejaste?
−Sí, más o menos.

−¿Tú también volviste a la deriva?

−¿Qué quieres decir? ¿Regresé al pueblo sin mucha fanfarria?

−¿Lo hiciste?

Mason se encogió de hombros.−El Tío Alan sabía que iba a venir,—me ofreció un trabajo. Me quedé con
ellos durante un par de meses hasta que compré mi casa.−Miró el dispositivo GPS, luego señaló hacia
adelante.−Nos estamos acercando. No lo dejaron mucho más allá de los campos. Pregúntele qué pasó con
su bicicleta.

−¿Crees que el asesino se lo llevó?

−Ha habido cosas extrañas. Deb Meckel y su clarinete. La bicicleta de Paul nunca fue encontrada. Lo
contrario para Lucy Hines. Su bicicleta fue encontrada en el camino a lo largo de School Road. Nunca fue
encontrada, sin embargo.

−Así es. Ella fue una de las dos que nunca hemos encontrado. ¿Qué año? −Lucy desapareció en mayo de
2009. La otra, Abigail Lawrence,— Abby,—la llamaban, desapareció en 2012. Tenía dieciséis años. Era una
de las que parecían desaparecer en el aire. En un momento estaba allí, al siguiente...—Grace extendió su
brazo, presionándolo contra el estómago de Mason, deteniendo su progreso.−Veo el lugar.

Al igual que en otras ocasiones, el suelo del bosque estaba descolorido donde ella imaginaba que Paul
Whitman había yacido. Se quedó quieta, observando cómo se oscurecía, las hojas se volvieron negras
como si alguien hubiera vertido alquitrán sobre la superficie, cubriéndolas.

−Eres Grace, ¿verdad?

Levantó la vista y vio al niño sentado en la rama de un árbol, casi escondido en las ramas.

−¿Cómo sabes mi nombre?

−Thomas me lo dijo. Y Susie dijo que te está buscando.

Dio un paso más cerca.−¿Entonces Susie sabe que estoy aquí?

Él sonrió ante eso.−Por supuesto. Susie lo sabe todo.

Se deslizó fuera del árbol, aterrizando unos cuatro pies delante de ella; llevaba gafas y ella notó que
faltaba el lente correcto.−¿Qué le pasó a tu bicicleta?

Golpeó su puño sobre su muslo.−¡Me encantó esa bicicleta! La tomó y la escondió en el bosque. Luego,
unos meses después, vino y la consiguió; salió del parque como si fuera el dueño de la cosa.

−¿Quién es él?

Paul sonrió y sacudió la cabeza.−Susie dice que no puedo decírtelo; no es hora.

−¿Hora?

−Ella tiene un plan. No quiere que le pase nada a Faith.−Se acercó, bajando la voz casi como un susurro.
−A Rusty no le gusta Faith.

−¿Quién es Faith?

−Faith es como tú.

−Como yo, ¿cómo?

−Ella nos habla. Vamos a visitarla. Juega con ella. Es muy inteligente; Susie le ha enseñado mucho.

−¿Ella puede verte?

−Uh huh. Pero no su mamá. Su mamá cree que está loca.

Grace tragó saliva.−¿Quién es su madre?

−Lucy.

Los ojos de Grace se abrieron.−¿Lucy?

−Sí. Tú y tu amiga solo estaban hablando de ella. Y de Abby. Ella también está allí, pero ambas no lo
saben.−Luego sacudió la cabeza.−Bueno, Faith lo sabe, pero Lucy no. Abby acaba de tener un bebé.−Él
sonrió.−Andrés.
Grace lo miró fijamente, tratando de mantener sus pensamientos fuera de control.−¿Dónde están?

−¡No puedo decirte eso! ¡No es hora!

−¿Por qué no se van?

−¿Irse? ¡Están encerradas! No pueden irse.−Él se alejó unos pasos de ella.−Susie dice que hablo
demasiado.

Grace miró a su alrededor con entusiasmo.−¿Esta aquí?


−No, no. Ella no.

−¡Soy yo!−Llegó una voz familiar desde los árboles.

Levantó la vista y vio a Thomas sentado en la rama donde había estado Paul.−Hola, Thomas.

−Hola, Grace. Susie me dijo que te vigilara. Susie dice que no podemos permitir que te pase nada.

Señaló dónde estaba Mason y Grace siguió su mirada. Los ojos de Mason estaban fijos en ella, y Grace
asintió, tratando de hacerle saber que todo estaba bien.

−Mason, me gusta,−dijo Thomas antes de saltar al suelo junto a Paul.−Ella te va a proteger.

−Sí. Creo que sí.

−Sin embargo, está un poco asustada, ¿eh?

Grace sonrió.−Sí un poco.

Paul rio.−Más que un poco. Sin embargo, no tiene que tener miedo de Rusty. Sí, pero ella no. Solo tiene
que preocuparse por Johnny y...

Sus palabras se interrumpieron cuando Thomas se tapó la boca con la mano.−¡Paul! ¡No! ¡Susie dijo que
no se lo dijeras todavía!

Grace les sonrió a estos dos muchachos,—uno de doce y el otro de trece años,—separados por una
década. ¿Se había equivocado todo el tiempo? ¿Interactuaron? ¿Jugar juntos? ¿Tienen un club social?
¿Fran y Missy jugaron juntas? ¿Susie Shackle celebró reuniones en el pueblo a las que asistieron
todos?

−Olvida todo lo que dijo,−le decía Thomas.−Susie dice que hablará contigo muy pronto.

−¿En la pasarela?

−No, no. Deberías mantenerte alejada de allí. Rusty controla la pasarela ahora. Pero una noche. Muy
pronto.

−¿Cómo sabré cuándo?

Thomas se encogió de hombros.−Ella no dijo.

Vio que Thomas casi arrastraba a Paul junto con él, escuchando solo un "Hablas demasiado" murmuró de
parte de Thomas mientras volvían al árbol.

−Hay que ir a ver a la madre de Mason. Hay una foto allí de su padre; recógela. Entonces lo sabrás.

Grace arqueó una ceja.−¿Saber qué?

−Por qué se fue. Lo sabrás todo con la foto.

−¿Sabes por qué se fue?

−Sí.

−Dime.

−No, no puedo. Pero ve a ver la foto.

Antes de que pudiera preguntar más, se desvanecieron, desapareciendo entre las hojas. Solo entonces
notó que Thomas no tenía sus libros con él. Soltó un suspiro y luego se volvió hacia Mason.−Se fueron.

Mason se acercó a ella, con las cejas arqueadas inquisitivamente.

−Paul y Thomas. Paul hablaba mucho, como dijo Nora. Thomas vino para asegurarse de que no dijera
demasiado. No sé por qué están siendo tan reservados al respecto, pero lo son.−Debatió si decirle todo a
Mason. Quizás Mason sabía quién era este Johnny. Pero incluso si lo hiciera, no habría diferencia. No
pudieron interrogarlo. No tenían evidencia de nada; además...Susie tenía un plan.

−Vamos a ver a tu madre.


−¿Eso es todo? Hablaste bastante tiempo. ¿Eso es todo lo que conseguiste?

Grace volvió sobre sus pasos y regresó a los campos. Cuando Mason se acercó a ella, decidió compartir
algo de lo que sabía.−Lucy Hines y Abby Lawrence aparentemente están en cautiverio. Lucy tiene una
hija,—Faith; todavía no sé cuántos años tiene. Lucy ha estado allí desde el 2009, ¿verdad?

Entonces Faith pudo haber nacido en cualquier momento después de eso; Abby tiene un bebé. Un niño.
Andrés.

−¿El bebé en tus sueños?

−Me lo imagino.−Ella dejó de caminar.−Faith es como yo, dijeron; puede verlos, hablar con ellos.

Mason tragó saliva nerviosamente.−¿Eso es algo bueno?

Grace sonrió.−Sí. Eso es algo muy bueno. Ahora solo tenemos que esperar.

−¿Esperar para qué?

−Espera a que Susie Shackle se ponga en contacto conmigo.−La golpeó el hombro.−Tomemos un


descanso de todo esto. Vamos a ver a tu madre.

−No puedo.

−¿No puedes?

−Se supone que debo llevarte primero a la casa de April Trombley.

Grace suspiró.−Oh, sí. Olvidé.

−¿Y qué hay de Patricia Brinkman?

Grace asintió con la cabeza.−Sí. Pero después de tu madre.


Capítulo Treinta Y Cuatro

Lucy notó que Stacy se veía más cansada de lo habitual hoy mientras empujaba el carrito hacia su
habitación. Cuando Stacy llegó más temprano ese día,—dudó en llamarlo mañana o desayuno porque a
veces era comida de desayuno y otras veces sándwiches y nunca confiaba realmente en la hora en el reloj
de cuerda que Stacy le había dado...tenía bolsas hinchadas debajo de los ojos como si no hubiera dormido
en un tiempo. Ahora, sus pies se arrastraban mientras tomaba los platos de la bandeja y los colocaba
sobre la mesa.

−¿Te sientes bien?

Stacy la miró y asintió.−Traje algunas revistas para Faith.

Parecía que había tres, y Stacy también los puso sobre la pequeña mesa.

−¿De quién bebé oímos llorar?

Stacy la miró fijamente por un momento y cuando sus miradas se encontraron, Lucy pensó que tal vez
podría responderle. Pero no. Stacy apartó la mirada y empezó a salir de la habitación. La puerta chocó
contra el carrito, pero Lucy sabía que era mejor no ayudarla. Ni a ella ni a Faith se le permitió acercarse a
la puerta cuando Stacy estaba allí. Había cometido ese error años atrás y había pasado cuatro días sin
comer como castigo. Tan pronto como se cerró la puerta, escuchó cómo las tres cerraduras se cerraban de
nuevo. Luego asintió con la cabeza a Faith, que había estado esperando pacientemente para echar un
vistazo a las revistas.

−¿Qué tipo conseguiste esta vez?

Faith hizo una mueca.−Una revista de caza de nuevo.−Entonces ella sonrió.−Jardinería del patio trasero.
Eso será útil, mamá.

Lucy se rió y Faith se unió. Se sentaron a comer arroz y frijoles con chile. Mientras tanto, Faith pasaba las
páginas de la revista de jardinería, mirando las coloridas imágenes.

−Cuando salgamos, ¿podemos tener flores, mamá?

−Claro, cariño,−dijo ella automáticamente.

Faith la miró.−No crees que vamos a salir, ¿verdad?

−No quiero que estés decepcionada, Faith.

−Grace viene a ayudarnos. Sé que ella lo hará. Thomas dijo que habló con ella justo hoy. Y el nombre de la
persona de la policía es Mason. Dice que está asustada.−Faith sonrió.−Miedo de que Grace hable con él y
miedo de Rusty.

Lucy cenó, sin saber si Faith esperaba que contestara o no; últimamente, había estado más animada que
nunca cuando hablaba de sus amigos especiales.

−Hay algo que necesito decirte, mamá.

¿De nuevo? Lucy suspiro.−¿Qué es?

−Vamos a tener que ayudar a Mason a conseguir las llaves.

−¿Las llaves?

−Sí. Las que tiene Stacy. Todas las llaves que necesitamos estarán allí.

−¿Y cómo haremos eso?

−Susie dice que tendrás que encontrar un camino. Dice que quizás tengas que noquear a Stacy.

−¿Noquearla?

−Sí. Toma sus llaves y luego encerrarla aquí.

−¿Y qué? ¿Estamos ahí afuera?−Preguntó, señalando la puerta. Ni siquiera sabemos qué hay ahí fuera.
No sabemos quién está ahí fuera, Faith.

Faith parpadeó hacia ella.−Tenemos que hacer lo que dice Susie.

−¿Susie?−Lucy golpeó la mesa con fuerza con el puño.−¿Quién es Susie? ¿Uno de tus supuestos amigos?

−Ella es mi amiga. Es mi mejor amiga.


−Oh, Faith. ¿Quién es Susie? ¿Quién es Thomas? ¿Quiénes son todas esas personas con las que hablas?

De nuevo, Faith la miró, parpadeando varias veces. Su voz ya era casi adulta.−¿No lo sabes, mamá? ¿No
sabes quiénes son?

¿Ella lo sabía? ¿Se atrevió a decirlo en voz alta?

−Sí, mamá.

Lucy bajó la cuchara y se frotó las sienes.−¿Quién es Susie?−Preguntó en voz baja.

−Se llama Susie Shackle. Fue asesinada en 1997. Fue la primera que mató al hombre malo. Thomas fue
asesinado en 2012. Sin embargo, el hombre malo no te mató, mamá. ¿Sabes por qué?

El estómago de Lucy se revolvió y temió perder la cena que acababa de comer. ¿No sería bonito? Frijoles y
arroz arrojados por toda su pequeña mesa. Oh, Lucy...¿por qué vomitaste? Bueno, ya ves, porque mi hija
habla con personas muertas.

−Sé por qué, mamá.

Lucy tragó la bilis que amenazaba.−¿Por qué?−Preguntó con voz ronca.

−Porque tuvo dos hijos y uno murió. Su hijo hizo algo que no debía hacer, así que el hombre lo encerró en
la caja. Murió allí porque se olvidó de él. Entonces, el hombre quería otro hijo. Se suponía que le darías un
hijo; solo que yo era una niña.

−Y...¿y quién es Stacy?

−Stacy es su hija, pero él se enojó cuando ella no era un niño, así que mató a su madre.

−Oh, querido Señor,−murmuró ella.

−Pero ahora Abby tuvo un hijo. Abby no lo sabe, pero el hombre malo se va a llevar a Andrew lejos de ella.
Por eso tenemos que hacer lo que dice Susie. Así que todos podemos salir de aquí antes de que se lleve a
Andrew.

−Faith, todo esto es una locura.−Agitó su mano en el aire.−¿Cómo puedes esperar que crea esto? ¿Cómo
puede una persona cuerda creer todo esto?

Faith bajó la cabeza y Lucy pudo ver la frustración en su rostro; cuando levantó la vista, Faith encontró su
mirada.

−Mamá, sabes que estoy diciendo la verdad. Solo nos quedan unos días. Entonces será el momento. Susie
tiene un plan.

Sí, seria hora de golpear a Stacy en la cabeza y robarle las llaves. Hora de abandonar los confines seguros
de su pequeña prisión y salir donde vive el hombre malo. Porque Susie Shackle, muerta desde 1997, tiene
un plan.

−Va a estar bien, mamá.

¿Lo hará?

Faith la miró y asintió.−Sí, lo hará.


Capítulo Treinta Y Cinco
Mason estaba fuera de la puerta del apartamento de su madre. Podía escuchar la televisión a todo
volumen desde el interior. Miró a Grace, deseando haber encontrado algo en la casa de Trombley, algo en
lo que hubiera ocupado el resto del día. Lo único que encontró fue una pluma,—

una pluma azul—debajo de la cama. No podía decirle exactamente a su tío que Rusty Meyer,—disfrazado
como un arrendajo de Steller—había estado en la habitación, ¿verdad? Te acuerdas de Rusty Meyer, ¿no
es así, Tío Alan?

Murió en el incendio en 1984. No, no podía decirle eso.

También sugirió que fueran a la casa de Patricia Brinkman, pero Grace había insistido en que fueran a ver
a su madre. Se estaba haciendo demasiado tarde en esta tarde nublada de domingo para hacer una visita
a una mujer de noventa y tantos años, supuso. Lo guardarían para mañana.

La verdad era que no quería que Grace conociera a su madre. Estaba avergonzada de ella y no quería que
Grace la juzgara o hiciera suposiciones sobre ella basándose en su madre.

Demasiado tarde para todo eso también, porque aquí estaban, cada una con una bolsa de comestibles que
había recogido en su camino; normalmente solo traía una bolsa. La mayoría de las latas de verduras que
trajo terminaron acumulando polvo en las mesas. Grace había sugerido latas de atún y pollo y una barra
de pan. El complejo de apartamentos, aunque empezaba a mostrar su edad, estaba limpio y ordenado. Un
pequeño patio cerrado estaba adyacente a la puerta principal y Mason miró por encima de la cerca y vio
la gran figura de su madre en el sillón reclinable.

−No quiero quedarme mucho tiempo.

Grace asintió pero no dijo nada.

Mason finalmente llamó a la puerta. Después de hacerlo, volvió a mirar a través de la cerca. Su madre
estaba luchando por levantarse de la silla.

−Ella es un desastre. Me da vergüenza que la veas.

−Mason, por lo que me has dicho, dejó de ser tu madre cuando tenías diez años. En lo que sea que se
haya convertido, eso no es un reflejo de ti. Y en lo que te has convertido...eso no es gracias a ella.

Mason le dio un rápido asentimiento mientras oía que la cerradura giraba.

Su madre abrió la puerta con el ceño fruncido.−No pensé que ibas a molestarte en venir.

−Hola mamá.−Mason hizo un gesto con la cabeza.−Esta es una amiga mío. Grace.

La mirada de su madre se posó en Grace, y se sorprendió de cuánto tiempo la miró fijamente. El tiempo
suficiente para resultar incómodo. Miró a Grace, que no parecía perturbada por ello.

−Trajiste a una amiga, ¿verdad? ¿Pensaste que necesitabas presumirme?−Dio un paso atrás, abriendo la
puerta más.−Bueno, adelante.

Su madre maniobró de regreso por la pequeña entrada y entró en la sala de estar. El desorden habitual
estaba allí: los periódicos y los envoltorios de McDonald's estaban en la mesa auxiliar. Sobre la mesa de
café había una canasta de ropa que tenía que doblarse. No dos, sino tres tazas de café al lado. Y el vodka
y el gin-tonic de anoche. Aparte de eso, no fue demasiado complicado. Lo había visto mucho peor. Cuando
su madre volvió a sentarse, se dirigió a la cocina. Grace la siguió, luego se detuvo en seco.

−Caramba.

−Sí. No saca mucho la basura.−El olor era peor de lo normal, y no sabía si eso se debía a las semanas de
platos sucios esparcidos por el mostrador o a la basura de las semanas. Grace empezó a despejar un lugar
para poner las bolsas,—apartando tres botellas de vodka vacías,—pero Mason la detuvo.−No lo hagas.
Una vez que comiences, nunca te detendrás.

Mason dejó caer su bolsa en el suelo, señalando a Grace que hiciera lo mismo.

−No he tenido la oportunidad de limpiar,−gritó su madre desde la otra habitación.

Mason miró a Grace y puso los ojos en blanco.−Correcto. Ha estado muy ocupada.

Grace le sonrió.−¿Es por eso que eres una fanática de la limpieza?

−¿Lo soy?

−Tu cocina está impecable.


Mason se rio en voz baja.−Tal vez porque como en Bucky más a menudo. Ven. Acabemos con esto de una
vez.

Regresaron a la sala de estar donde la televisión todavía estaba a todo volumen. Su madre tuvo la gracia
de silenciarlo finalmente.

−¿Todo va bien?

−¿Comparado con qué?−La mirada de su madre se deslizó hacia Grace.−¿Eres esa extraña mujer
psíquica que está en el pueblo? Escuché rumores sobre ti. Encontrar a esa pequeña Trombley antes que
su propia madre incluso se diera cuenta.

−Sí. Soy esa psíquica rara.−Grace la sorprendió moviéndose frente a su madre.−¿Quieres una lectura?

−¡Ciertamente no! ¡Algunos tontos pueden caer en esa mierda, pero no lo haré!

Grace miró alrededor de la habitación como si buscara algo. Se trasladó al centro de entretenimiento
donde se colocaron al azar un grupo de marcos de fotos. Mason observó mientras Grace cogía uno. Era el
de su padre. Estaba en la casa del Tío Alan en el patio trasero. Hubo una parrillada; era un bebé en ese
momento. Él estaba sonriendo. Parecía feliz. Volvió la mirada hacia su madre. Los ojos de su madre nunca
abandonaron a Grace; de hecho, estaba siguiendo todos sus movimientos.

−No te le pareces.

−No, no lo hago.
Grace volvió a colocar el marco, luego se dio la vuelta y volvió a mirar a su madre. Mason sabía con
certeza que Grace estaba tratando de leer a su madre, tratando de entrar. Por qué razón, no lo sabía.
Pasaron varios segundos y su madre se removió incómoda en su silla. Mason finalmente se aclaró la
garganta. Grace sonrió. Su madre volvió a poner el sonido de la televisión.

−Sí, así que nos vamos, supongo.

−Bien.

−Intentaré volver el próximo fin de semana.

−Traiga algo que no sean verduras y sopa. Estoy harta de la sopa.

−Sí, uno se aburre, ¿no?

Grace se detuvo junto a su silla.−Encantada de conocerla, Sra. Cooper.

Su madre la miró, no a Grace.−No necesitas traerla de vuelta. No quiero que los vecinos piensen que soy
amiga de una psíquica, de todas las personas.

Grace no parecía molesta por su rudeza. Solo se encogió levemente de hombros antes de dirigirse a la
puerta. Mason negó con la cabeza. ¿Por qué se molestó siquiera? ¿Cuándo fue la última vez que su madre
le agradeció por traer comida? ¿Lo había hecho alguna vez? No. Era como si su madre lo esperara solo
porque la había dado a luz. Y Mason supuso que esa era la razón por la que lo hizo. Porque se esperaba.
Salió sin despedirse.

Se miraron a través del capó de su camioneta. El cielo se estaba nublando, el sol se ocultaba. Se
pronosticaba lluvia para las primeras horas de la noche. Lluvia y clima más frío. Incluso ahora, la brisa
insinuaba el frente frío que se acercaba. Grace también lo sintió. Se cruzó de brazos como para
calentarse.

−Te dije que era un desastre.

−Sí, lo hiciste. Y te dije, sea lo que sea en lo que se haya convertido,—

sea lo que sea que haya hecho de su vida—no es un reflejo de ti, Mason. Así que no tienes que disculparte
por ella.

Entraron en la camioneta y ella miró solo una vez a la puerta de su madre antes de alejarse. ¿Por qué
seguía viniendo? No logró ninguna alegría, ninguna sensación de logro, ninguna satisfacción al brindarle
algo de ayuda; se preguntó cuánto dinero gastaba su madre en alcohol. No había necesidad de que
guardara algo cuando sabía que Mason vendría con comida. ¿Eso la convirtió en un facilitadora?

−¿Te preguntas por qué lo haces?−Grace levantó una mano.−Y no, no estoy dentro de tu cabeza.

−Yo debería parar.

−¿Por qué?

−Porque no la estoy ayudando. Ella gasta su efectivo en vodka. Yo proporciono la comida.


−No es que suene grosero ni nada, pero debe comer mucho más de lo que traes.

−Ella es obesa, sí, lo sé. Come hamburguesas de comida rápida, pizza congelada, basura. Bloody Mary.
Ese es su desayuno. Si tuviera huevos en la casa, podría tomarse el tiempo para revolver un par. Si no,
come rosquillas o algún otro pastel.

−¿Y es diabética?

−Lo es, entre otras cosas. Toma pastillas para todas sus dolencias, así que cree que está bien.−Golpeó el
volante.−Debería dejar de venir. Es deprimente. No saco nada de esto, y estoy bastante segura de que ella
no saca nada de esto. No hablamos. No estamos involucrados en la vida de la otra. Solo existe esta cuerda
invisible que nos une.

−Así que, corta la cuerda.

Mason la miró.−Pensé que ibas a decir algo como que era admirable de mi parte seguir viniendo, sin
importar el abuso.
−¿Abuso cuando eras una niña? ¿Fue abuso o negligencia?

−Abuso verbal. Negligencia, ciertamente.

−Sí. Y ahora el abuso es emocional, ¿no es así?−Grace se inclinó sobre la consola y apoyó los dedos en su
brazo.−La gente no puede hacerte sentir culpable a menos que tú lo permitas. Sea cual sea el juego que
juegue contigo emocionalmente,—se necesitan dos para jugarlo, Mason.

−Entonces, ¿estás diciendo que debería dejar de ir allí?

−Si solo lo hace por un sentido de obligación,—porque ella es su madre y necesita ayuda,—entonces creo
que lo está haciendo de manera incorrecta; le traes comida, pero no necesita comida, Mason. No está
desamparada. Elige gastar su dinero en otras cosas además de la comida. Eso es asunto suyo. No puedes
hacer que coma mejor, no puedes hacer que deje de beber. No puedes hacer que te trate de manera
diferente. En otras palabras, no puedes controlarla. No dejes que ella te controle.

−Tienes razón, por supuesto. No disfruto venir aquí. Me paso los días temiéndolo. Luego, después de
verla, paso los siguientes días disgustada por eso. Porque ella no cambia. No cambiará. No escucha a su
médico y ciertamente no me escucha a mí.

−Entonces desiste. Haz las paces con eso. No eres responsable de ella; es una mujer adulta que toma sus
propias decisiones. Solo puede haber una intervención si alguien te permite intervenir. Ella, claramente,
no está en ese punto.

Mason la miró rápidamente mientras los conducía de vuelta por el pueblo.−¿Qué viste allí?

−¿Ver?

−Vamos, Grace. He estado cerca de ti lo suficiente como para reconocer los signos.

−Creo que sabes todos mis trucos, ¿verdad?

Mason le sonrió.−Unos pocos. Intentaste leerla.

−Tu madre no tiene defensas, ni escudo.

−¿Estás diciendo que fue fácil?

−Tienes razón sobre una cosa. Ella todavía vive en el pasado. Se ve a sí misma como joven, delgada,
bonita. Deseable.

−Cuando era niña, ella era...bueno, yo no diría que delgada, pero ciertamente no es lo que es ahora.

−No no. Más allá de eso. Escuela secundaria. La imagen que tiene de sí misma es cuando estaba en la
escuela secundaria.

Mason arqueó una ceja.−¿Por qué la escuela secundaria?

−Porque fue durante esos años que ella fue realmente feliz.

−¿Qué estás diciendo? ¿No era feliz cuando estaba casada? Grace, te lo dije. Después de que él se fue, su
mundo se vino abajo. Y por lo tanto, también lo hizo el mío.−Grace no dijo nada y Mason la miró de nuevo.
−¿Qué es lo que no me estás diciendo?

−No es mi lugar, Mason.

−¡Oh vamos! No puedes hacer eso.


−Puedo y lo haré. Fin de la discusión.

Ninguna cantidad de insistencia de su parte podría hacer que Grace se moviera. Finalmente se rindió.
Para cuando entraron en su camino de entrada, el frente estaba sobre ellas. Enormes y frías gotas de
lluvia los cayeron mientras corrían desde la camioneta hasta la casa. Se pararon bajo el porche cubierto,
mirando la lluvia por un momento.
−La temperatura bajó drásticamente, ¿no?−Grace se inclinó más cerca de ella como para calentarse.−
¿Hay alguna posibilidad de nieve?

−Lo preguntas con un poco de emoción en tu voz.

Grace sonrió cuando entraron.−Culpable. Te lo dije, solo he visto nieve dos veces. Sería divertido.

−La nieve en mayo no es infrecuente, aunque no creo que este frente lo haga. Las elevaciones más altas
nievan en junio algunos años.

Fue a la cocina y dejó la bolsa que llevaba sobre la mesa. Grace se había ofrecido a cocinar de nuevo, pero
Mason la llevó a Adler Barbeque; obtuvieron sándwiches de carne en rodajas y ensalada de papas y una
tina de salsa que a Mason le encantaba tanto que, cuando terminó de agregarla, los bollos estaban
empapados y empapados.

Cuando se dio la vuelta, Grace no estaba detrás de ella. Entró en pánico por un segundo y luego encontró
a Grace en la sala de estar. Mason hizo una pausa, mirándola. Sus labios se movían. Ella estaba hablando
con alguien.

Dios...¿quién estaba en su casa?


Capítulo Treinta Y Seis

Grace asintió con aprobación después de tomar su primer bocado del sándwich de barbacoa.−Muy bien.
Tienes razón. La salsa es excelente.

−Sí, pero no ahogaste el tuyo como se supone que debes hacerlo.

Grace sonrió cuando la salsa pasó por la esquina de la boca de Mason y llegó a su barbilla. Sin pensarlo,
extendió la mano y la limpió con la servilleta.−Si no tienes cuidado, necesitarás un babero.

−Podría beber estas cosas.

−Al crecer, vivimos por todas partes, como sabes. También en el extranjero. Pero tengo recuerdos
tempranos de mi madre recogiendo barbacoa—costillas y salchichas y sándwiches de puerco
desmenuzado que estaban tan apilados que no podía rodearlos con las manos—y estaría envuelto en lo
que ella llama papel de carnicero. Se empapaba en grasa y salsa y nos sentábamos para un banquete de
eso con ensalada de col y guisantes de ojo negro. No teníamos mucho dinero,—esto era antes de que ella
se casara,—por lo que siempre era un placer cuando derrochaba en una gran cena como esa.

−¿Tú y tu madre estaban más unidas entonces? ¿Antes de casarse?

−Éramos solo nosotros dos, así que sí. Sin embargo, estaba empezando a haber tensión. Cuando tenía seis
o siete años, estaba...hablando con la gente,−dijo con una sonrisa.−Sabes, gente que mi madre no podía
ver; cuando ella se casó, yo tenía nueve años. Rich—mi padrastro—no tenía mucha paciencia—o tolerancia
—para todo.

−¿Entonces aprendiste a ocultarlo?

−Sí. Lo mejor que pude. Temía que me enviaran a un psiquiátrico.

Mason dejó su sándwich y se limpió la boca con su propia servilleta esta vez.−¿Tu madre realmente
habría hecho eso?

−Sinceramente, no lo sé. No quería correr el riesgo. Una vez dijiste que yo era la olvidado. Es verdad. Lo
llamé invisible, pero olvidado podría encajar mejor. Desaparecí en las sombras de su pequeña familia.
Escondida en los rincones y observada desde lejos.

−Oh, Grace. Eso es horrible. Solo eras una niña. No hiciste...

−Fui una niña. Sin embargo, no lo estaba. Sabía cosas que los niños de mi edad no deberían saber.
Aprendí muchos secretos sucios y oscuros que una niña de diez o doce años no tenía por qué conocer.
−Dejó su sándwich y tomó un trago de agua.−Lo admito, no era una niña feliz. Y me sentí excluida; pero
algo de eso fue obra mía. Elegí quedarme en las sombras. Fue más fácil de esa manera.
−Sonrió levemente.−Fuera de la vista, fuera de la mente. Eso fue muy útil cuando era adolescente.
−Volvió a coger su sándwich, preguntándose por qué estaba compartiendo estos pequeños detalles de su
vida con Mason. Se encontró con su mirada y vio compasión en los ojos de Mason. Una vez más, los
recuerdos de Angelique le vinieron a la mente cuando miró a Mason.

−Cuando tenía quince años, nos mudamos a Hawái.−Hizo una pausa para tomar un bocado de su
sándwich. ¿Debería compartir eso con Mason?

¿Debería hablarle de Angelique?−La vi en la playa. Había estado surfeando con un grupo de chicos. Se
estaba poniendo el sol. Los colores eran vibrantes,—rojo y naranja,—y ella se levantó del mar con la piel
bronceada y empapada.−Le sonrió a Mason.−Estoy bastante segura de que me enamoré en ese mismo
momento.

−Dime.

−Tenía diecisiete años. Angelique. Me tomó semanas levantar el ánimo para hablar con ella. Todo fue tan
enfermizo romántico cuando pienso en ello. Perdí mi virginidad en mi decimosexto cumpleaños. Ella
conocía todos mis secretos y nunca se burló de mí. Es la que me animó a aceptar mi don, no huir de ellos.
−Suspiró.−Y lloré cuando salimos de la isla un año después.

−¿Tú tenías qué? ¿Diecisiete entonces? ¿Por qué no te quedaste?

−Esa nunca fue una opción. Tenía un año más de secundaria. Ambas sabíamos que era temporal desde el
principio. Tal vez por eso fue tan intenso.

−¿Nunca la volviste a ver?

−No. Nos despedimos y eso fue todo.

−¿Tu madre lo sabía?


−No. Yo era invisible, ¿recuerdas? El punto es que tenía diecisiete años cuando me fui y Angelique sigue
siendo la única persona con la que he tenido una conexión. Tengo treinta y cuatro años y solo he tenido un
puñado de amantes.−Ella sonrió.−En realidad, menos de un puñado.

−¿Porque?

−Porque descubren quién soy, qué hago y corren. Por lo general, una cita para cenar es suficiente para la
mayoría. Y creo que los que se quedaron por más lo hicieron sólo por curiosidad.

−Oh vamos. Eres atractiva, eres simpática. ¿Quién no querría quedarse?

Grace apoyó la barbilla en la palma de la mano y miró a Mason. ¿Fue sólo anoche que Mason había
querido acostarse con ella? Nunca pensó que Mason lo sugiriera por alguna razón que no fuera la de
sentirse atraída por ella. Nunca tuvo la sensación de que se había apiadado de ella o estaba tratando de
compensar la forma en que Dalton la había tratado. Sonrió ante ese pensamiento. ¿Ofrecería sexo cada
vez que alguien le hablara así?

−¿Qué pasa con la sonrisa?

−¿No puedo sonreír?−Tomó su sándwich nuevamente y le dio un mordisco. El bollo se estaba empapando
de la salsa y parte de él se cayó. Lo recogió con los dedos y también se lo comió.

Mason se reclinó en su silla.−¿Entonces? ¿Cuándo me vas a contar lo de antes? ¿Quién estaba en la casa?

Grace se sorprendió de que Mason hubiera tardado tanto en preguntar. Tomó un trago de agua,
preguntándose qué decirle a Mason. Miró por el grupo de ventanas junto a la mesa, notando que el
anochecer estaba sobre ellas y las sombras eran pesadas afuera. Había sido un día largo y una noche
igualmente larga antes de eso. Se sentía cansada, tanto mental como físicamente. Sabía que alguien
vendría esta noche. Thomas se lo había dicho; debería decirle eso a Mason, al menos. Venían solo para
asustarlas, había dicho. Nada más. Aun así, estaba cansada y no estaba realmente preparada; pensó que
tal vez sería más tarde, después de que se hubieran acostado por la noche. No en ese momento, no solo
una hora después de que Thomas se fuera. No estaba preparada y la asustó lo suficiente como para
hacerla jadear. También sorprendió a Mason.

Grace casi deja caer su botella de agua cuando Mason se levantó de un salto, golpeando la mesa en el
proceso. Una ráfaga de plumas azules bailó a través de los protectores de las ventanas antes de que el
pájaro volara. Pero era el hombre que corría por el patio trasero—hombre o niño—el que ahora tenía la
atención de ambas. Cuando Mason iba a salir por la puerta para perseguirlo, Grace la agarró del brazo.

−¡No! Eso es lo que quieren, Mason. Para separarnos. Tenemos que permanecer juntas.

−¿Viste el maldito pájaro? ¡Dios, odio esa cosa!

−Yo lo vi. Y el tipo,—no puede ser el hombre grande y malo que todos describen. Parecía demasiado
ligero, sugiriendo un adolescente o tal vez un adulto joven.

Mason rodeó la mesa y cerró las cortinas, cerrando la oscuridad que había caído. Grace se dio cuenta de
que le temblaba la mano. Sostuvo la suya; sí, igual que el de ella. Aparentemente, la había asustado más
de lo que pensaba.

−¿Qué está pasando, Grace? ¿Con quién estabas hablando antes?

−Fue Thomas. Vino a advertirme que vendría alguien esta noche,—

para asustarnos. Supuse que se refería más tarde, como después de la medianoche.

−¿Por qué no me lo dijiste?−Exigió.

−Iba a hacerlo. Después de comer.−Miró lo que quedaba de su emparedado, su apetito había


desaparecido.−Pensé que podríamos tener una cena normal con una conversación normal.−Agitó su mano
en el aire.−Sin todo esto. Por una vez.

Mason dejó escapar el aliento.−Lo siento.−Luego señaló a la ventana.−La próxima vez que lo vea, le
dispararé al maldito pájaro.−En lugar de sentarse, abrió un armario y sacó la botella de whisky. Sirvió un
poco en dos vasos y deslizó uno sobre la mesa hacia ella.

−Gracias.

Mason se apoyó contra el mostrador y tomó el vaso con ambas manos; todavía tenía que tomar un trago.

−¿Te preocupa terminar como tu madre?

Mason la miró inquisitivamente.−¿Te refieres a la bebida?


−Sí.

Mason se sentó con un suspiro.−Solía preocuparme si pudiera; después de que me mudé, eso es. Mientras
me fui, no lo pensé mucho. Bebía en cenas y reuniones. Bebí cuando salíamos a los clubes. Sin embargo,
nunca guardé nada en casa. Cuando regresé, cuando vi lo mal que se había puesto con ella, sí, lo pensé.
−Tomó un sorbo entonces.−Tengo una cerveza o dos en Bucky. Esta botella,−dijo, señalando el mostrador
donde estaba.−Es para esas noches cuando el viento aúlla y la nieve se acumula. O esas noches después
de haber encontrado un cuerpo y no puedo dormir.

−¿Liberar el estrés?

−Vas a decir que es un momento terrible para beber, ¿no?

Grace tocó su copa con la de Mason, sonriendo ante el suave tintineo que hicieron cuando se tocaron.−No
creo que haya nada malo en calmar nuestros nervios con un trago de whisky.−Tomó un sorbo de la suya.−
¿Tu padre bebía?

−Solía guardar cerveza en la nevera. Los fines de semana, lo veía beber uno o dos. Nunca vino. Nunca
esto,−dijo ella, sosteniendo su vaso.−Mi madre solía tomar vino en la casa, pero era raro que abriera una
botella.

−¿Por qué crees que se volvió al alcohol entonces?

−No lo sé. Tal vez la adormecía lo suficiente cuando nada más lo hacía. La comida la consolaba, pero no la
adormecía como lo hacía el alcohol; ahora, obviamente, necesita ambos.−Puso su vaso sobre la mesa y lo
hizo girar.−Cuando me fui, había aumentado de peso, pero nada como esto. Apenas la reconocí cuando la
volví a ver.

−¿Estás diciendo que una vez que te fuiste, nunca volviste a visitar?
−No. Y tampoco hablamos por teléfono.

−Guau. No pensé que alguien pudiera superarme a mí y a la relación de mi madre.

−Tía Carol era más una madre para mí que ella.

−¿Y tú tío era la figura paterna?

−Si.−Mason volvió a tomar su vaso.−¿Por qué estamos hablando de esto?−Encontró su mirada y la


sostuvo.−¿Qué sabes que no me estás diciendo?

Grace sabía que Mason volvería a eso tarde o temprano. Y suponía que con el giro que había tomado su
conversación, había estado esperando la pregunta. ¿Pero era su lugar? ¿Debería ser ella quien se lo diga?
Quizás había una razón. Una razón por la que Thomas le había dicho que mirara la foto; tal vez era hora
de que Mason supiera la verdad. Tal vez tenía una relación con este caso, una relación con el resultado.
No podía imaginar por qué, pero Thomas la dirigió allí por una razón.

−Dime.−El pedido de Mason era tranquila, pero firme.

−Ya lo sabes, Mason.

−Dime de todos modos. Grace...necesito escucharlo. ¿Por favor?

Mason susurró la última palabra, y cuando sus ojos se sostuvieron, ella supo que sí, que Mason ya
sospechaba la verdad. ¿Cómo podría ella no?

No se parecía en nada a su padre. Se parecía exactamente a Alan Cooper: su sonrisa, sus ojos. Ella y
Brady se parecían demasiado para ser solo primos; Grace deslizó su mano sobre la mesa y tomó una de
las de Mason. La apretó suavemente.

−Tu padre,—cuando descubrió que no eras realmente su hija, se fue.

La expresión de Mason no cambió mucho, pero su rostro perdió algo de su color. Asintió y bebió el último
whisky de un solo trago.

−¿Lo sabe la Tía Carol?

−No lo sé, Mason. Si tuviera que adivinar, diría que no.

Mason se puso de pie y volvió a la botella. Pero en lugar de verter más, solo la guardó en el gabinete.−Por
eso mi madre nunca presionó para que él pagara la manutención de los hijos. Sabía que si lo hacía, la
verdad saldría a la luz.−Sus puños se apretaron.−Y es por eso que el Tío Alan se sintió obligado a
enviarme dinero cuando me fui a la universidad.

−Mason, no...
−¿No qué?−Se pasó una mano por el pelo.−Maldición. Durante mucho tiempo pensé que ese podría ser el
caso, pero...pero escuchándolo en voz alta, seguro.−Mason le dio la espalda y se apoyó contra el
mostrador.−Es como...nadie me quería.

Grace fue hacia ella y le dio la vuelta.−Oh, Mason, no te hagas esto a ti misma. Eso no es cierto.

−¿No es así? Ella ciertamente no me quería. Lo dejó bastante claro después de que él se fue. Sabía que
ella me culpaba.−Mason se tocó el pecho.−Siempre me culpó por su partida y no sabía por qué. Nunca
supe por qué estaba tan enojada conmigo.

−Mason, eres la única parte inocente en esto. Eres la única que no tuvo elección.

Mason cruzó los brazos a la defensiva sobre su pecho.−¿Cuándo lo supiste? ¿Cuándo recogiste la foto de
él?

−Sí. Y tu madre realmente lo amaba. Es por eso que te culpó por su partida. Es por eso que ella todavía te
culpa.

Mason sacudió la cabeza.−No puedo ver a mi madre y al Tío Alan teniendo una aventura. Quiero decir,
¡mírala! Y Tía Carol, es la persona más amable y dulce que jamás hayas conocido.

−Me dio la impresión de que se trataba de una aventura de corta duración. Las circunstancias de lo que lo
causó, no lo sé.
−¿Pero podrías averiguarlo?

Grace sacudió la cabeza.−No. Quiero decir, sí, podría. Pero no voy a hacerlo. Si quieres saber, debes
preguntar.−Grace tomó su mano y desplegó sus brazos.−No tienes la culpa, Mason. Sé que realmente lo
sabes. Estás enojada y con razón. Lo que haya ocurrido entre los tres, has sufrido más porque eres
inocente en todo. Desde que tenías diez años, te han culpado por algo en lo que no participaste.

Mason cerró el puño y cuando Grace pensó que golpearía la encimera, solo abrió la mano y a poyó la
palma suavemente en su lugar.−No sé si estoy más herida o enojada. Me siento traicionada. Y realmente,
mi padre también es inocente en esto. No puedo culparlo por irse.−Se encontró con los ojos de Grace y
Grace vio un indicio de lágrimas allí.−Lo amaba. Fue un buen padre; por eso no podía creer que se
hubiera ido sin decir una palabra.−Su labio inferior tembló.−Sin decirme adiós. Sé que él también debe
haberme amado.

−Oh cariño.−Grace abrazó a Mason y la abrazó con fuerza.−Lo siento mucho. No debería haberte dicho
nada.−Mason casi se quedó sin fuerzas en sus brazos y Grace la abrazó con fuerza.−Lo siento. No debería
haber dicho nada. No era mi lugar...

−Lo sospeché todo el tiempo.−Mason se apartó de sus brazos y se limpió los ojos llorosos.−Me parezco
más al Tío Alan que Brady. Más que Amanda también. Ella se ve exactamente como la Tía Carol. Brady y
yo...−Ella respiró hondo y se limpió otra lágrima por el rabillo del ojo.−Nada de eso importa más,
supongo.

−Importa, Mason. Creo que mantener este secreto de ti también les ha pasado factura. No digo que tu tía
necesite saber,—¿para qué serviría eso?

Pero deberías hablar con tu madre al respecto. Y tu tío. Sacarlo a la afuera.

−No puedo hacerle eso a él. Como dijiste antes, él ha sido una figura paterna para mí. No quiero hacer
nada para cambiar eso.−Mason fue a la nevera y sacó una botella de agua.−No te disculpes por
decírmelo, Grace. Me alegro de finalmente saber la verdad. En cuanto a lo que voy a hacer ahora, no lo
sé.−Se acercó a la ventana.−Y tenemos un maldito pájaro acechándonos y un tipo estaba en mi patio
trasero. Todavía no le he dicho al Tío Alan sobre el chico de la otra noche. Probablemente el mismo tipo.

−Probablemente sí.

−¿Cómo funciona, Grace? ¿Este chico ve el pájaro? ¿O ve lo que tú ves?

−¿Quieres decir cómo los controla Rusty? No me imagino que puedan ver o escuchar cosas como yo.−Se
encogió de hombros.−Realmente no sé cómo lo hace. Como el esposo y la esposa que se mataron entre
ellos. ¿Los vuelve locos? ¿Puede manipularlos una vez que lo hace? ¿Es subliminal? ¿Se les muestra de
manera que puedan verlo, oírlo?−Se encogió de hombros una vez más.−No lo sé. Solo puedo adivinar.

Mason inclinó la cabeza.−¿Estás tan agotada como yo?

−Sí,− dijo sin dudarlo.−Han pasado un par de días largos. Solo espero que pasemos la noche sin más
visitantes.

−Mañana a primera hora, tendré que avisarle al Tío Alan.

−Sí estoy de acuerdo. Mientras hablas con él, revisaré el archivo nuevamente. Quiero leer sobre las dos
chicas desaparecidas: Lucy y Abby. Y
no nos olvidemos de Patricia Brinkman.−Se acercó y tocó el brazo de Mason, apretándolo ligeramente.−
¿Estás bien?

Mason asintió con cansancio e intentó sonreír.−Estoy bien, Grace; como dije, es lo que sospechaba. El
único shock es tenerlo confirmado.

Grace apretó su agarre por un momento, luego lo soltó. Le dio la más pequeña de las sonrisas a cambio.
−Vamos a la cama, ¿eh?
Capítulo Treinta Y Siete
Mason no estaba segura de cómo se sentía. Entumecida, tal vez. Sí, había sospechado durante mucho
tiempo que su tío era realmente su padre.

Pero no fue sino hasta que regresó que lo hizo. Cuando se alejó de Gillette Park a los dieciocho años,
realmente no lo había pensado mucho. Su padre se había ido cuando ella tenía diez años y lo odiaba por
eso. Gracias a él, su madre se había convertido en una extraña y Mason no tenía a quién recurrir excepto
al Tío Alan y la Tía Carol. Una vez que estuvo en Los Ángeles, encontró nuevos amigos, una nueva vida, y
Gillette Park había retrocedido en el fondo de su mente. Cuando regresó, sin embargo, las cosas se
aclararon. Había mirado esa foto de su padre que tenía Grace. No había mucho parecido, en realidad. Su
padre y su Tío Alan no se parecían en absoluto. Al igual que Brady y Amanda eran opuestos—Amanda
parecía una copia de la Tía Carol,—también lo eran. Sin embargo, no solo se parecía al Tío Alan y parecía
más un gemelo para Brady. Era la forma en que el Tío Alan la trataba, la forma en que la miraba a veces.
La forma en que trataba de cuidarla. Siempre. Entonces sí, ella había sospechado. Solo que no tuvo el
descaro de preguntarle...pregúntale a él o a su madre.

Una mano cálida encontró la suya debajo de las sábanas y sonrió en la oscuridad. Ya sea por intuición u
otros medios, Grace parecía conocer la confusión en su mente. Ese simple toque pareció relajarla. Apretó
los dedos, luego cruzó la mano, manteniendo los dedos de Grace entrelazados.

−Estoy bien.

−Sé que lo estás. Eres fuerte, Mason.

−¿Lo soy?

−Sí. Más fuerte de lo que piensas.

−Espero que tengas razón.−Ella rodó a su lado, frente a Grace.−Cuando esto termine, todavía vas a
quedarte hasta octubre, ¿verdad?

−Lo hare

−Bien.

−¿Porque bien?

−Me gustaría llegar a conocerte mejor sin que todo esto cuelgue sobre nuestras cabezas. Llevarte a los
grandes árboles. Hacer un picnic. Llegar a conocerte,−agregó en voz baja.−Ir a una cita o algo así.
−Sintió los dedos de Grace apretarse contra los suyos.

−Yo...no me he acostado con nadie en años, Mason. Estoy un poco asustada por la perspectiva. A veces
me siento parte de un espectáculo de fenómenos y esa es la única razón...

−Grace, ¿no sabes lo atractiva que eres?

−Siento que tengo esta gran mancha en mí. No importa lo que haga, no desaparecerá.

−Es lo que te hace quien eres. No es una mancha. Me gustas, Grace.−No podía ver la cara de Grace
claramente en la oscuridad, pero podía decir que estaba sonriendo.

−También me gustas, Mason. Me recuerdas mucho a Angelique.−Grace sacó la mano de debajo de las
mantas y le tocó la cara ligeramente.−Eres honesta, verdadera.−Su dedo trazó su labio inferior.−Segura.

Mason cerró los ojos, amando el ligero toque en su piel.−No me he acostado con nadie desde que me fui
de Los Ángeles,−admitió en voz baja.−Apenas lo pensé, de verdad. Te lo dije, me alejé de todo y de todos.

−Y temías que tú también desaparecieras,−dijo Grace, su voz tranquila, casi un susurro.−Sin embargo,
todo habrá terminado este verano; más pronto que tarde, creo.

−¿Sientes eso? ¿O lo sabes?

−No lo sé. Ambas, tal vez.

Grace movió su otra mano debajo de las sábanas, tocándola. La lluvia todavía salpicaba el cristal de la
ventana.

−Yo...recordé algo el otro día. Fue algo que creo que debía olvidar, y lo hice. Algo que Nora me dijo
cuando estaba en la escuela secundaria.
−Entonces, ¿Hablaste con ella?

−Yo lo hice. Solo que no lo recordaba. Luego, el otro día, tuve este...este recuerdo fugaz, pero no se me
ocurrió. No entonces. Pero más tarde, cuando estaba hablando con el Tío Alan, sí, lo recordé. Lo recordé
todo. Estábamos solas en el pasillo de la escuela. Había olvidado un libro en mi casillero. Ella sabía mi
nombre. Dijo que yo era la elegida. Dijo que iría de viaje, pero que volvería a Gillette Park. Y cuando lo
hiciera, me encontraría con mi...mi compañera. Una vidente.−Sintió que Grace apretaba los dedos con los
suyos, pero no dijo nada.−Ella dijo que terminaríamos el ciclo; juntas.

Grace asintió en la oscuridad.−Sí. Ella dijo algo muy similar a mí por teléfono. Necesitamos ser una:
mente, cuerpo...alma.

−Tú eres la vidente.

−Sí, lo soy.

−¿Crees todo eso?

−¿Qué? ¿Que este es nuestro destino? ¿Y tú?

−Si alguien me hubiera preguntado eso hace una semana,—no. Sin embargo, tiene sentido. ¿Por qué volví
aquí? Era casi como si me obligara a regresar a Gillette Park. Y cuando lo hice, no fue con la intención de
conocer a alguien, salir. Regresé a...para esperar. Ahora sé que te estaba esperando.

−No quería tomar este trabajo. Te lo dije. De hecho, le dije al FBI que no la tomaría.

−Dijiste que sentías que algo te estaba atacando cuando leíste el archivo.

−Sí. Lo que no te dije fue que escuché una voz,—la voz de una niña,—

rogándome que viniera. Ahora sé que lo que sentía era una guerra entre Rusty y Susie. Rusty quería que
me mantuviera alejada. Susie quería que viniera. Y así, ahora aquí estamos.

−Y ahora aquí estamos.−Sonrió en la oscuridad, pensando que estaba tan tranquila al respecto. Aquí
estaban, cogidas de la mano debajo de las sábanas con una mujer que había conocido hace siete días. Una
mujer que, según todos los informes, era su alma gemela. Dios, ¿realmente creía eso?

Una mujer a la que había etiquetado como gitana se lo dijo en 2004. ¿Lo creía? Sin embargo, allí estaban,
acostadas en su cama, tomadas de la mano.

−¿Masón?

−¿Hmm?

−Destino o no, todavía estoy un poco asustada.

−¿Lo estás?

−Mi sueño...y la visión de Nora Nightsail. La caja. La oscuridad. Ahí es donde mi sueño siempre termina.
Ahí es donde también terminó su visión; nunca hay nada más.

−¿Qué estás diciendo?

−Estoy diciendo que temo que así es como voy a terminar. Encerrada en una caja. No podrás
encontrarme. Me temo que yo...

−¡No! Te encontraré. No dejare de buscar, Grace. Yo no voy a dejar de buscar.

−¿Por qué? ¿Por qué no dejaras?

Mason frunció el ceño. ¿Por qué? No sabía por qué, realmente, solo sabía que no lo haría.−No dejaré de
buscarte, Grace. Cuando llegue el momento,—si llega,—no me detendré hasta que te encuentre.

Extendió su brazo y atrajo a Grace hacia ella, sus cuerpos al ras debajo de las sábanas. Se sentía bien
estar tan cerca y saboreó el momento. Grace también se relajó contra ella.
−Pase lo que pase, te encontraré. Porque se supone que debo encontrarte. Se suponía que nos
encontraríamos aquí, ¿no? No creo que debiéramos encontrarnos solo para que uno de nosotras no supere
esta prueba; entonces no dejaré de buscarte. Porque tenemos cosas que hacer.

Vamos a hacer una caminata a los grandes árboles. Vamos a hacer un picnic.−Se acercó, su frente tocó la
de Grace.−Caminaremos a algunas aguas termales; te mostraré cómo es vivir aquí en las montañas.
−Sintió que el brazo de Grace la rodeaba, acercándola aún más.

−Sí. Los grandes árboles. Creo que tienes razón sobre ellos.

−¿Qué hay de ellos?

−Nos vi. En el futuro. Te estabas poniendo cansa, nosotras éramos mayores. Me estabas mostrando los
grandes árboles,−terminó adormilada.

Mason sonrió cuando Grace enterró su rostro contra su cuello, su aliento cálido. Cerró lo s ojos, una
sensación de paz se asentó sobre ella como una manta. Una manta protectora. Y en el ojo de su mente,
apretó esa manta alrededor de ellas, sabiendo que estarían a salvo esta noche.

¿Pero quién sabía qué traería el mañana?


Capítulo Treinta Y Ocho
Grace era consciente de solo dos cosas cuando sus ojos se abrieron al amanecer. Uno, todavía la sostenían
protectoramente en los brazos de Mason. Y dos, por primera vez desde que había leído el archivo cuando
todavía estaba en Nueva Orleans, no se había despertado con una pesadilla; no había detalles
horripilantes de asesinatos corriendo por su mente, ni una imagen persistente de ella encerrada en una
caja oscura y sombría, sus puños golpeando desesperadamente la puerta. Y no hubo sonidos de
desvanecimiento del llanto de un bebé.

Solo había una luz de la mañana que se asomaba a través de las cortinas. Estaba quieto y silencioso, el
único sonido que respiraba incluso Mason. Cerró los ojos nuevamente, disfrutando de la cercanía por unos
momentos más. Se sentía tan familiar, pero no debería, ¿verdad? Solo una vez en su vida había sentido
esta cercanía, solo una vez se había despertado con un amante, mucho antes, cuando ella y Angelique se
despedían. Ni una sola vez desde entonces había pasado una noche entera con alguien.

Ella y Mason no eran amantes. Aún no. Lo serían, lo sabía. Pronto; podía sentir eso, ver eso. ¿Era solo su
destino? Por mucho que diera crédito a las visiones y profecías, siempre pertenecía a alguien más, no a
ella. Era raro que presagiara su propio futuro. Sin embargo, podría verse claramente, treinta o cuarenta
años más adelante, caminando entre los árboles, una mujer de cabello gris a su lado, Mason. Las canas en
su visión anterior eran totalmente grises ahora. Se permitió mirar más de cerca, nuevamente disfrutando
de la sensación de paz que sintió ante la visión. Cada una sostenía palos de senderismo mientras
maniobraban por el sendero, deteniéndose para mirar la vista, deteniéndose para observar un pájaro;
había dos perros caminando con ellas. Golden retrievers nuevamente. Uno se mantenía cerca, el otro,—un
cachorro,—se lanzaba entre los árboles y les hacía señas para que se apuraran y se pusieran al día.

−Estás sonriendo.

Grace abrió los ojos y vio a Mason observándola. La miró a los ojos adormilados, sabiendo con certeza que
se enamorarían, sabiendo con certeza que dentro de cuarenta años caminarían juntas por un sendero de
montaña.

−Me vas a encontrar.

−Sí. Te encontraré.

Volvió a cerrar los ojos y apoyó la cara en el pecho de Mason.−Vamos a conseguir un perro,−murmuró.−O
dos.

−Okey.
Capítulo Treinta Y Nueve

Mason vaciló, preguntándose si ahora miraría a su tío de la misma manera. Grace le sonrió
tranquilizadoramente y asintió.

−Puedes hacerlo. Es el mismo hombre que era antes.

−Sin embargo, tienes razón. Necesito hablar con él al respecto; después de todo esto ha terminado.
Hablaré con él y mi madre. Sacarlo afuera.

Grace volvió a asentir con la cabeza.−Sí. Después. Todo saldrá bien, Mason.

−Llegar al "después" será difícil. Nunca te va a creer.

−Pero él te creerá. Ve. Dile. Estaré bien aquí afuera.

Su tío estaba de pie detrás de su escritorio, mirando por la ventana. Se giró cuando oyó que su luz tocaba
el marco de la puerta.

−¿Tienes alguna noticia?

Mason se sentó en la silla frente a su escritorio. La miró por un momento y luego él también se sentó. Sus
ojos tenían cautela sobre ellos y Mason se preguntó para qué se estaba preparando.

−Un par de cosas que quería contarte. La otra noche, cuando encontramos a April Trombley, había un
chico en mi casa. Estaba en el patio delantero, vistiendo una sudadera con capucha oscura, ropa oscura;
estábamos en mi camioneta. Salió corriendo cuando lo vimos.

Su tío se inclinó hacia delante.−¿Joven, viejo? ¿Bajo, alto?

−Medianamente pequeño. Joven, diría yo. No fui tras él. No quería separarme de Grace.−Ante las cejas
arqueadas de su tío, se encogió de hombros.−Porque Thomas Houston dijo que no deberíamos
separarnos.

Su boca se abrió ligeramente.−Ya veo. Thomas Houston.−Se recostó de nuevo.−Fue asesinado en...

−En 2012.

Su tío golpeó su escritorio con ambas manos.−Oh, vamos, Mason; esperas que crea...

−De todos modos, este mismo tipo volvió a la casa, ayer por la noche, justo antes del anochecer. En el
patio trasero. El tipo solo nos miró a través de las ventanas de la cocina, y luego salió corriendo cuesta
arriba detrás de la casa.

−¿Y qué crees que eso significa?

−Grace está bastante segura,—y tiendo a estar de acuerdo,—en que este tipo es uno de los asesinos o uno
de los que trabaja con él.

Tío Alan sacudió la cabeza rápidamente.−El FBI insiste en que solo hay un asesino. Veintitrés años,
Mason. Dicen que no hay forma de que haya múltiples asesinos. De ninguna manera.

−Había dos tipos involucrados en el asesinato de Thomas Houston; cuando entró al baño, había un tipo
esperándolo allí. El segundo tipo estaba en los conductos de ventilación.

Su tío la miró sin comprender.−¿Y tú como sabes esto?−Levantó la mano.−No me digas. Thomas Houston
l dijo.

−Sí, lo hizo.

Su tío se levantó bruscamente, su silla golpeó contra la pared.−¿Y tú crees esto?−Le preguntó a ella.

Mason asintió con la cabeza.−Sí.

−¡Jesucristo, Mason! ¿Un niño muerto le está diciendo quién lo mató?

Qué loco es...

−¡Ella es una psíquica! Por el amor de Dios, ¿qué más esperabas cuando la contrataste?
−¡No esperaba una mierda loca como esta! ¿Qué se supone que debo hacer con esta información?

−Dijiste que querías que te mantuviera al día. Eso hago.

−Oh, Mason. ¿Qué demonios estamos haciendo aquí? Esto es como 2004 de nuevo. ¡Tenemos a una
maldita psíquica loca corriendo por el pueblo escupiendo tonterías!

Era el turno de Mason de golpear su puño sobre su escritorio.−¡Ella no está loca!

Él entrecerró los ojos hacia ella.−Está hablando con personas muertas, Mason. ¿Cómo lo llamas, si no
loco?

También se puso de pie.−¿Por qué estás siendo tan malditamente cerrado de mente sobre esto? Es una
psíquica. Eso es lo que hacen los psíquicos. ¡Los malditos hablan con los muertos!−Señaló su silla.−Ahora
siéntate y escucha lo que tengo que decir. Se pone mucho más loco que solo Thomas Houston.

Pensó que su mano temblaba mientras la sostenía en el escritorio cuando se sentó. Respiró hondo varias
veces y luego se sentó también.

−¿Te dijo Tía Carol que fuimos a preguntar por el incendio?

El asintió.−La sacudió bastante mal.

Se encontró con su mirada.−Solo escucha lo que digo. No tienes que comentar. Sólo escucha.−Se inclinó
hacia adelante y apoyó los brazos sobre los muslos.−Uno de los niños muertos en el incendio, Rusty
Meyer, él es el que está conduciendo los asesinatos.−Ignoró la expresión de su tío cuando sus ojos se
abrieron.−Susie Shackle fue la primera en morir para vengarse de Bruce Shackle. Grace no sabe quién
está matando, pero está segura de que hay más de un hombre. Este tipo tiene dos cautivas: Lucy Hines y
Abby Lawrence. Lucy desapareció en 2009. Abby en 2012.

Entonces se levantó, paseándose, preguntándose si debería contarle sobre el pájaro. Ni siquiera sabría
por dónde empezar. Grace lo vio como algo completamente diferente. No. No podía explicarle todo eso a
él; pensaría que ella había perdido la cabeza. Si no lo hace ya.

−Hay un bebé. Grace dice que es el bebé de Abby. Un niño. También hay una niña. Se llama Faith. Ella
es...ella es como Grace.

−¿Cómo Grace?

−Como...como una psíquica, supongo.

−Oh, Jesús,−susurró.

−Grace dice que es algo bueno.

−Por supuesto que sí.

Se giró para mirar a su tío.−Grace está esperando hablar con Susie Shackle. Dice que Susie es la que...

−¡Jesucristo, Mason! ¿Una sesión espiritista? ¡Detente!−Levantó la mano hacia ella.−¡Solo para!

−Te dije que escucharas. Sólo escucha.

−¡Esto es una locura!

−Sí. Es una locura. También es real.

Su cabeza se sacudió rápidamente de lado a lado.−No puede ser real; no puedo obligarme a creerlo.

Lo miró fijamente, las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.−¿Sabes lo que no puede ser
real? Que tu hermano, Don Cooper, sea mi padre. Ahora eso no puede ser real. ¿Puede?− Él no sostendría
su mirada, por más que lo intentara. Juró que vio temblar su labio inferior cuando se apartó de ella.
Caminó alrededor de su escritorio, junto a él; sabía que este no era el momento. Grace le había dicho que
no era el momento.

Pero…

−Sé que eres mi padre,−dijo en voz baja.−Sé que por eso se fue. Y sé que es por eso que mi madre me
odia tanto. Sé todo eso.

Entonces se volvió hacia ella, y sí, su labio temblaba.−Mason...no sé qué decir.

−No tienes que decir nada. Solo quería que supieras que yo sé.−Ella se alejó de él. ¿Lo sabe la Tía Carol?

Se aclaró la garganta.−No. Al menos, no lo creo.−Extendió las manos.−Mason...fue una aventura de una


noche, una noche…
−Error. Un error de una noche. Y sin embargo, aquí estoy, el resultado de tu error. Un poco me hace el
error, ¿no?−Se sentó de nuevo en la silla, un suspiro pesado la dejó.−¿A dónde fue él? ¿Realmente
desapareció?

Tío Alan también se sentó.−No he hablado con él desde ese día que lo encontré en Boise.
Tuvimos...tuvimos unas palabras, sí. Me culpó y con toda la razón.−Él encontró su mirada entonces.−Te
amaba, Mason. Le rompió el corazón dejarte.

−Sí. No debió romperse demasiado. Nunca se molestó en contactarme desde entonces.

−Lo mejor que puedo decir es que se fue a la costa oeste. Dejé de tratar de contactarlo hace años. No
quería tener nada que ver conmigo, así que lo dejé estar.−Juntó las manos sobre el escritorio.−Lo siento
mucho, Mason. Ni siquiera sé qué decirte.

Entonces se puso de pie y sacudió la cabeza.−Yo tampoco lo sé. No sé lo que quiero que digas. Yo...todavía
no lo he procesado todo.

−¿Cómo lo descubriste?

−Grace...Grace lo confirmó. Yo...sospechaba durante años, supongo. En el fondo, creo que lo supe todo el
tiempo.−Se alejó de él, no queriendo que hubiera algún abrazo incómodo entre ellos.−Tan pronto como
Grace hable con Susie Shackle, te lo haré saber.−Levantó la mano.−No quise decir eso con tanta
naturalidad. Sé que no entiendes...o crees. Pero confía en mí, es muy real. Lo he visto de cerca y
personalmente.−Se dirigió hacia la puerta.−Creo que todo terminará muy pronto.

−¿Masón?

Se volvió para mirarlo con las cejas arqueadas.

−Lo siento, Mason. No pensamos que alguna vez lo descubrirías. Por eso nunca te dijimos na da.

−Sin embargo, la verdad es de oro, ¿no?−Se encogió de hombros.−No necesito una disculpa, Tío Alan.
Sinceramente, todavía no estoy segura de cómo me siento acerca de todo el asunto.−Caminó hacia la
puerta, luego se detuvo.−No sé si te odio o te amo. Solo no lo sé en este momento.
Capítulo Cuarenta
Grace podía sentir la tensión permeando, podía sentir la retirada de Mason. No necesitaba leerla para
saber que había hablado con su tío sobre...bueno, sobre eso. Entonces no dijo nada. Mason hablaría si
quisiera; Grace no iba a presionarla. En cambio, miró por la ventana y observó los árboles que pasaban
sin verlos realmente.

−No creo que él creyera mucho de lo que dije.−Mason la miró rápidamente mientras conducían por el
pueblo.−Sin embargo, esperabas eso.

−Sí. Lo creerá pronto, supongo. No tendrá otra opción.

Mason pareció exhalar...y relajarse.−Entonces, ¿qué planeas preguntarle a Patricia Brinkman?

−No tengo idea. Creo que comenzaré con el incendio.

−¿Crees que pueda tener alguna información privilegiada o algo así?

−Nora parecía pensar eso.−No pudo evitarlo cuando extendió la mano y tocó el brazo de Mason,
apretando suavemente.−¿Estás bien?

−Sinceramente, no estoy segura. Y no quise mencionarlo. Solo salió durante un intercambio acalorado.
−¿Un intercambio acalorado porque no te creyó?

Mason sonrió.−¿Lo harías? De todos modos, realmente no hablamos mucho al respecto. Estaba bastante
sorprendido, creo. Hablaré con él nuevamente después de que todo esto termine.

El vecindario por el que conducían estaba mezclado con casas antiguas bien mantenidas y algunas casas
más nuevas que se habían construido. Aquí y allá había casas más viejas y destartaladas, algunas de las
cuales parecían más allá del rescate. La casa frente a la que estacionó Mason era una de esas casas.

−¿Es aquí?

−Sí, esta es la dirección que apareció de ella.

−Parece que se está cayendo a su alrededor.

La acera estaba agrietada y doblada en lugares con maleza creciendo; el escalón inferior estaba podrido,
faltaba la tabla en una esquina. La pintura vieja y blanca estaba descascarada y descolorida, la mayoría se
había caído, dejando un revestimiento gris opaco.

Subieron con cautela los tambaleantes escalones y Mason llamó varias veces a la vieja puerta principal.
−No hay coche por aquí. Supongo que el que viene a verla todavía no está aquí.

−Entonces, no me imagino que Patty pueda abrir la puerta, si esta tan frágil como dice tu tía.

Mason llamó de nuevo.−¿Señorita Brinkman?−Llamó.−Es Mason Cooper, con el departamento del sheriff.
−Llamó de nuevo.−¿Podemos entrar?−Cuando no hubo respuesta, ella se encogió de hombros.−Su pongo
que esperamos.

Grace hizo una pausa, su cabeza inclinada. No estaba percibiendo una presencia aquí. La casa estaba
vacía, de eso estaba segura.

−No creo que ella esté aquí.

−Ella no conduce. No tiene familia. ¿Dónde estaría ella?

−Prueba la puerta.

−Grace, no podemos entrar.

−Prueba la puerta, Mason.

Con un suspiro, Mason giró la perilla y la encontró desbloqueada; empujó la puerta para abrirla. Las
paredes de la entrada estaban desnudas y colgaban telarañas donde tal vez había estado un retrato
enmarcado. El aire estaba viciado y cuando la luz del sol se filtraba dentro, pudo ver un polvo espeso
flotando.

−¿Señorita Brinkman? ¿Patty?

Grace quería decirle a Mason que no estaba aquí, pero dejó que la llamara. Cuando Mason entró en otra
habitación,—¿la cocina?—Grace miró las escaleras destartaladas. En lugar de subir, fue a la parte trasera
de la casa; un olor dulce y pútrido llenó el aire y no se sorprendió por lo que encontró.

Las cortinas estaban corridas, dejando la habitación en sombras. Un edredón grueso y esponjoso
adornaba la cama, cubriendo las sábanas opacas, el blanco se había desvanecido a un amarillo lúgubre
hace mucho tiempo. Una mano huesuda y artrítica se aferró a la sábana superior y los dedos se agarraron
para siempre a la ropa sucia. La mirada en el rostro de Patricia Brinkman era todo menos pacífica. Era
una mirada de terror.

−¿Grace?

No se volvió cuando Mason apareció detrás de ella. No podía apartar los ojos de la cara de Patty.

−Jesús,−susurró Mason.
−Mason en la almohada. Por su cabello. Mason dio un paso más cerca, luego se detuvo abruptamente.
−Oh Dios mío. −Giró la cabeza. −Él estuvo aquí.

−Sí.

La pluma azul yacía junto a la cabeza de Patty Brinkman, descansando sobre la almohada, la pluma
escondida en su pelo blanco pálido. Sí, Rusty había estado allí. ¿La había matado? No, no es probable. No,
a menos que la hubiera asustado y le hubiera dado un infarto. Sin embargo, algo la había aterrorizado.
Eso estaba permanentemente grabado en su rostro.

−Necesito...necesito reportarlo, Grace.

−Sí. Okey. Voy a mirar alrededor.

−No toques nada. En caso…

−Lo sé.

Mason salió al pasillo y Grace rodeó la cama, asumiendo que era allí donde Patty Brinkman pasaba la
mayor parte, si no todo, de su tiempo; había un televisor montado en una esquina y un control remoto
estaba en su mesita de noche. Había un vaso de agua con una pajita adentro, algo que puede encontrar en
una habitación de hospital. Una bandeja en su tocador estaba llena de frascos de recetas, ocho o diez,
supuso a primera vista.

Lo que faltaba en la habitación eran cosas personales. Sin fotos, sin baratijas, sin recuerdos. Parecía más
una habitación de invitados, lo que la llevó a creer que el dormitorio natural de Patty estaba arriba;
probablemente ya no podía soportar las escaleras y se había mudado aquí, sin todas sus cosas.

Miró hacia el techo y se preguntó dónde estaba su habitación. Allí arriba, estaba segura. Se apartó de la
cama y escuchó distraídamente a Mason hablar por teléfono mientras se dirigía a las escaleras. La
barandilla parecía inestable, así que se abrazó al lado de la pared de la escalera mientras subía. Los
escalones crujieron con su peso y, a juzgar por el polvo que se había posado sobre la madera, no
imaginaba que nadie hubiera estado allí en meses.

Años, corrigió, mientras su rostro se enredaba con telarañas en el rellano del segundo piso. Las apartó,
luego hizo una pausa, mirando tanto a su izquierda como a su derecha. Había tres puertas. Supuso dos
dormitorios y un baño. Fue a su derecha, pero cuando alcanzó el pomo de la puerta, se detuvo. Mason
había dicho que no tocara nada. Sintiéndose un poco tonta, se bajó la manga lo suficiente como para
cubrir su mano, luego giró el pomo y abrió la puerta. Las cortinas estaban cerradas y olía a humedad…ya
viejo; encendió la luz y miró a su alrededor rápidamente. La cama estaba hecha con esmero, pero no
había otros muebles en la habitación. Volvió al pasillo y abrió la segunda puerta. Era un baño, y también
parecía que no se había usado en años.

La tercera puerta era de hecho el dormitorio de Patty Brinkman. Esta habitación estaba llena de vida. En
las paredes colgaban varios grabados bonitos,—escenas de la naturaleza.—El tocador estaba abarrotado
de figuritas de búhos, algo que ella coleccionó,—quizás. En un rincón había una silla de gran tamaño con
una lámpara y una mesa pequeña. Había varios libros apilados allí y lentes de lectura junto a ellos. Las
cortinas se dejaron entreabiertas, dejando entrar el sol de la mañana.

Se quedó quieta, en silencio, dejando que su mente se quedara en blanco mientras buscaba. Aunque,
buscado lo que no sabía. Nora Nightsail dijo que Patricia Brinkman conocería la historia. Cerró los ojos.
No. Nora dijo que Patricia Brinkman tendría la historia.

−Ella tendrá la historia que necesitas.

Deslizó su mirada hacia la mesita de noche junto a la cama. La parte superior estaba cubierta con lo que
una vez fue un tapete blanco inmaculado. Fue hacia él, extendiendo la mano para tocar el cordón
alrededor de los bordes. Se preguntó si quizás Patty lo habría hecho ella misma.

Encima había una pequeña lámpara con una cuerda para tirar y ella tiró de la cadena, la luz iluminaba la
mesita de noche y la cama. En lugar de abrir el cajón superior, sacó el segundo. No había nada en el cajón
excepto un cuaderno en espiral, como la que solían usar los niños en la escuela. Era verde. En negrita,
letras negras, escritas a mano en la parte superior: La Historia De Gillet e Park.

Grace notó que le temblaba la mano cuando alcanzó el cuaderno; ¿debería solo tomarla? ¿Mason la dejaría
sacar algo de la casa? La mujer estaba muerta. ¿Era esto ahora una escena de crimen? Escuchó una sirena
en la distancia, escuchó voces afuera. Se acercó a la ventana y vio a Mason en el frente hablando con un
hombre mayor. Un vecino, tal vez.

Volvió y sacó el cuaderno de su escondite, deteniéndose para cerrar el cajón y apagar la lámpara. Dejó la
puerta del dormitorio como la había encontrado: entreabierta. Se apresuró a bajar los escalones,
metiendo el cuaderno debajo de su camisa mientras caminaba.

Para cuando regresó a la puerta principal, varias personas estaban afuera. Un coche de la policía ya
estaba allí y escuchó la voz de Mason, un poco más fuerte que una conversación normal. Salió al porche y
la vio hablando con un oficial. Grace lo reconoció como uno de los que había conocido el primer día, pero
no recordaba su nombre.

−No necesitas saberlo,−dijo Mason, mirándola mientras se acercaba.

−Esta es nuestra jurisdicción.

−No te respondo, Sheffield. Tiene un problema con eso, hable con el Sheriff Cooper.−Ella apuntó.−De
hecho, él está aquí ahora.

−No tenías por qué entrar.−El hombre,—el Oficial Sheffield—se volvió hacia ella.−Vamos a necesitar
interrogarla, señora.

Mason se echó a reír.−Vamos hombre. Sabes por qué está en el pueblo. No habrá un interrogatorio.
Además, Patty Brinkman era vieja y tenía mala salud. Probablemente causas naturales.

Alan Cooper se acercó.−Mason, ustedes dos salgan de aquí. Yo lo manejaré.

−Sheriff Cooper, creo que...

−¿Crees qué, Sheffield? Murió una anciana. Como dijo Mason, todos sabíamos que Patty estaba mal de
salud. Si hay algo de qué preocuparse, sería del por qué su enfermera no estaba aquí. Quizás deberías
comprobarlo.

−El vecino dijo que la enfermera llega a las nueve en punto,−agregó Mason.

−Entonces, ¿llega tarde?

Mason se encogió de hombros.

Él asintió con la cabeza hacia ella, luego les indicó que se alejaran.−Sigan. Te diré lo que descubrimos.

Grace sintió que Mason la tomaba del brazo y caminaron bastante rápido de regreso a la camioneta de
Mason mientras el Oficial Sheffield abogaba por la jurisdicción de su caso. No hablaron hasta que
estuvieron a una o dos cuadras de distancia.

−¿Qué le dijiste a tu tío?

−Nada en realidad. Solo que querías hablar con ella y cuando no abrió la puerta, entramos.−Mason metió
la mano en el bolsillo de su camisa y sacó una pluma azul.−Yo tome esto. No sabía cómo podríamos
explicar que una maldita pluma estuviera allí.

−Y tomé esto.−Grace sacó el cuaderno de debajo de su camisa.


Capítulo Cuarenta Y Uno

Lo primero que hizo Mason cuando llegó a casa fue rodear todas las ventanas y cerrar bien las persianas y
cortinas. Era temprano en la tarde y se estaban formando algunas nubes, pero el sol aún brillaba.
Normalmente, en un día como hoy, tenía la mayoría de las ventanas abiertas, dejando entrar la brisa, el
olor de finales de primavera, el toque de verano que estaba a la vuelta de la esquina. Pero no hoy. No. Hoy
se estaban escondiendo. Ventanas cerradas y bloqueadas. Puertas cerradas también.

−Me muero de hambre, por cierto.

−No hay mucho aquí, me temo.


Grace arrojó el cuaderno que había robado sobre la mesa.−Pizza; pediremos pizza.−Fue al armario y sacó
la botella de bourbon.−Estás bien con la pizza, ¿verdad?

Mason notó el nerviosismo en su voz.−Estás tan asustada como yo, ¿eh?

Grace asintió mientras agregaba whisky a dos vasos.−Sí, más o menos.−Levantó la botella.−Podría
necesitar reponer esto. Creo que podríamos drenar esto esta noche.

Sacó la pluma azul de su bolsillo y la colocó sobre el cuaderno. ¿Había estado realmente el maldito pájaro
en la casa de Patty Brinkman? ¿Qué significaba?

Grace tomó la pluma, sujetándola por la punta mientras la retorcía entre los dedos. Mason la miró, viendo
la concentración en su rostro; entonces Grace volvió a dejar la pluma.

−No siento nada de esto. Es solo una pluma.

−Entonces, tal vez no fue…

−Oh, sí lo fue.

−¿Crees que asesinada?

Grace tomó un trago bastante grande de su bebida, luego la miró.−No creo que ella muriera
naturalmente, no. Ciertamente no pacíficamente. Si fue asesinada de la manera tradicional, no estoy
segura. Tenía un agarre mortal en las sábanas. Tal vez estaba muerta de miedo.

−Tanto la puerta delantera como la trasera estaban desbloqueadas. El vecino con el que hablé no había
visto a nadie alrededor. Sin embargo, podría haber sucedido anoche.

−¿Dónde estaba la enfermera?

−Sí, el vecino dijo que era inusual que ella no estuviera allí. Si no podía hacerlo, tenía un sustituto que
venía por ella, o eso dijo él.

−Patty parecía estar postrada en cama. ¿Me pregunto por qué todavía vivía allí y no en un hogar de
ancianos o en una casa de asistencia o algo así?

Mason finalmente tomó su vaso y lo sostuvo antes de beber.−La Tía Carol dijo que no tenía familia. Tal vez
no había nadie para obligarla a irse.

−Tener una enfermera en el hogar no puede ser barato.−Grace se sentó y movió la carpeta hacia ella.−
¿Crees que deberíamos decirle a tu tío que tenemos esto?

−Vamos a leerlo primero. Puede ser exactamente lo que dice: una historia de Gillette Park.

Grace respiró hondo.−Sólo hay una forma de averiguarlo.

Los relatos manuscritos de la bibliotecaria de toda la vida comenzaron con el incendio en 1984. No hubo
mucha prosa involucrada,—ciertamente no hubo elaboración,—solo los hechos. No fue hasta la página
cuatro que Patty ofreció una reflexión. "¿Por qué no estaba Johnny Herchek con ellos?"

Mason vio que Grace se detenía sobre las palabras.

−¿Quién es Johnny Herchek?

−Vive en el bosque. Fuera de la red. Supongo que lo llamarías un preparador del fin del mundo.

−¿Uno de los hombres de la montaña de los que me hablaba el Agente Kemp?

−Sí. Hay algunas familias así.

−Entonces, ¿tiene una familia?


−Creo que sí. Por lo que sé, él solo viene al pueblo por suministros un puñado de veces al año.

−¿Alguna vez fue sospechoso?

Mason sacudió la cabeza.−Nadie ha sido sospechoso, Grace. Pero sí, lo revisaron. Todos fueron revisados.
−Ella frunció el ceño.−¿Por qué?

Grace no le respondió. En cambio, hojeó las páginas, sin apenas mirar las palabras. El resto del cuaderno
estaba lleno de relatos de los asesinatos; como bibliotecaria, Patty Brinkman debe haber conocido a la
mayoría, si no a todas, las víctimas. Grace se detuvo en 2004 y ahora leyó más lento. Dio unos golpecitos
con el dedo, llamando la atención de Mason.

Nora Nightsail era un poco peculiar, pero no tengo ninguna duda de que sabe de lo que está hablando.
Dice que debo esperar, que vendrá una mujer,—años a partir de ahora—que necesitará mi diario. No estoy
segura de cómo mi pequeño diario puede ayudar a detener los asesinatos, pero haré lo que ella dice. La
policía es tan inepta que no puedo imaginar que los asesinatos se detengan pronto.

−Y aquí.

Nora vino a verme de nuevo hoy. Preguntó por el incendio. Parece pensar que pudo haber desencadenado
algo en el pueblo, algo que inició los asesinatos. Le dije que no lo creía. El incendio ocurrió en 1984. La
joven Susie Shackle fue la primera en morir en 1997. No sé qué pensar de eso. Su papá también debería
haber muerto en el incendio. Odio hablar mal del hombre ya que ha pasado por tantas cosas, pero Bruce
Shackle era tan malo como el resto de ellos. Rusty Meyer no era más que un matón y el cabecilla, pero
Bruce, Butch y Johnny eran matones que lo acompañaban. Por supuesto, Rusty y Butch ya no aterrorizan a
nadie y Bruce,—ahora un borracho,—es solo un caparazón de sí mismo. Y Johnny,—por lo que escuché,—
tocó fondo después del incendio y vive como un ermitaño en el bosque. Nunca sabré cómo consiguió una
esposa para vivir allí con él.

−Si todos corrían juntos, ¿por qué no estaba ese Johnny con ellos en la biblioteca esa noche?

Mason asumió que Grace no esperaba una respuesta mientras continuaba hojeando las páginas. Hizo una
pausa en 2012 y Mason notó que estaba leyendo el relato de Patty sobre Thomas Houston. Grace tenía
una sonrisa triste en su rostro, y Mason miró las palabras, sonriendo también cuando Patty lo describió
como un parlanchín inteligente y estudioso que nunca aprendió a susurrar en la biblioteca.

Entonces, Grace volteó hasta el final del cuaderno, mirando las últimas páginas.−Oh, Dios mío, mira esto.

Lo más extraño sucedió ayer. Un bonito arrendajo de Steller vino de visita. Se sentó en el alféizar de la
ventana afuera, mirándome. Pensé que debía haber tenido hambre. Han pasado años desde que mantuve
comederos. No es que tuviera nada para alimentarlo. Encontré algunas galletas viejas en el estante.
Viejas, estaban, pero las saqué y las tiré al suelo; el pájaro no mostró ningún interés en las galletas, solo
me miró desde el alféizar de la ventana. Cuando llegué a mi habitación, abrí las cortinas y, ¡he aquí, el
pájaro voló hasta la ventana del segundo piso! Se quedó allí hasta el anochecer. Cuando me levanté hoy,
se había ido. Tal vez regrese.

−¿Cuándo fue esto?


−Hace cuatro años.

−No hay mucho después de eso.

−No.

Supongo que Nora Nightsail se equivocó. Ninguna mujer ha venido a verme todavía y los asesinatos
continúan. Temo que mi tiempo aquí en la tierra llegue a su fin pronto. Es todo lo que puedo hacer para
subir las escaleras hasta este dormitorio; el médico dice que mi corazón me está fallando y me ha
recetado otra pastilla para que la tome. ¡Tengo suficiente medicación aquí para abrir mi propia farmacia!
Oh bien. No puedo quejarme de mi vida. Cumpliré noventa la semana que viene. He tenido una vida buena
y plena, aunque desearía haberme casado con ese Michael Cole cuando me lo pidió.

Ah, y un arrendajo de Steller volvió a visitarnos hoy. Al igual que la última vez, se quedó en el alféizar de
la ventana. ¿Era el mismo pájaro? Un poco espeluznante; parecía estar mirando a través de mí. Quizás sea
una señal. Solo espero que no sea un presagio de malas noticias. Quizás lo sea. Quizás ha venido a
sacarme de este mundo; estoy muy cansada. Supongo que estoy lista para irme, si él ha venido a
buscarme. Lo que lamento es no haber podido darle este diario a nadie. ¿Quién lo leerá ahora?

−Eso es.

Mason se apoyó contra el mostrador y observó a Grace.−¿Por qué crees que Nora Nightsail quería que
leyeras esto? Sé que no hemos leído palabra por palabra, pero no es mucho más de lo que Patty Brinkman
se dijo, es solo un diario.

Grace cerró el cuaderno con un suspiro.−Cuando hablé con Paul, cuando Thomas vino para asegurarse de
no decir demasiado, dejó escapar un nombre. Dijo que no tendrías que preocuparte por Rusty, que Rusty
solo podía lastimarme. Dijo que solo tendrías que preocuparte por Johnny.−Grace deslizó su vaso vacío
hacia ella.−Johnny Herchek es tu asesino en serie.
Capítulo Cuarenta Y Dos

−Creo que sería mejor que vinieras aquí.

Mason estaba hablando por teléfono con su tío. Decidieron que sería más seguro,—para ellas,—no salir de
casa. Estaba oscuro. Y estaba tranquilo; había intentado,—sin éxito,—que Thomas fuera a ella. Tenía un
sentimiento molesto sobre su salida y Mason había estado de acuerdo.

¿Sabía Rusty ahora cuánto sabían? ¿Sabía que iban a ir a la casa de Patricia Brinkman? ¿Por eso la
mataron? Porque sí, pensaba que Patty Brinkman fue asesinada; pero si él sabía todo eso, ¿por qué no
sabía sobre el diario? Quizás lo hizo; quizás no pudo encontrarlo.

Se trasladó a la cocina, poniendo sus vasos en el fregadero. ¿Por qué no pudo encontrarlo? Sabía
exactamente dónde estaría. Como le había dicho a Mason, no sabía cómo lo sabía, solo lo sabía. Y después
de leer el diario, el pájaro,—el maldito pájaro, como diría Mason,—había estado en la ventana del segundo
piso de Patty, mirando. ¿Por qué no habría sabido dónde había puesto el diario?

Sin embargo, nada de eso tenía sentido. ¿Realmente el diario había estado guardado en ese cajón durante
dos años? Y si Nora sabía del incendio, sabía que el diario las ayudaría, ¿por qué no había pedido verlo
ella misma?

Bueno, como que la echaron del pueblo, se recordó. Quizás nunca tuvo la oportunidad de verlo.

−¿Grace?

Se volvió y encontró a Mason mirándola. Dejó escapar un suspiro.−Si, lo siento. Solo repasando las cosas
en mi mente.−Se acercó a ella y le tocó el brazo ligeramente.−¿Él va a venir?

−Lo hará. Tengo noticias sobre la enfermera. Se detuvo justo cuando el Tío Alan se iba. Dos de sus
neumáticos fueron cortados, probablemente durante la noche.

−Oh, qué conveniente,−dijo secamente.

−Sí. Ella también llamó a la policía esta mañana. Luego tuvo que conseguir un servicio de auxilio para
reemplazar los neumáticos. Dijo que había intentado llamar a Patty para avisarle que llegaría tarde.

−Y ahora se siente terrible,—culpable,—de que Patty muriera cuando ha estado fuera de su control todo el
tiempo.−Grace negó con la cabeza.−Todo el mundo es un actor secundario en todo esto. Yo tú. Todos.

−Suenas frustrada.

−Estoy frustrada,−dijo un poco más fuerte de lo que pretendía.−Siento que tengo las manos atadas.
¿Cuánto tiempo me siento y espero a Susie Shackle? ¿O esperamos? ¿Es este diario suficiente para que su
tío le haga una visita a Johnny Herchek? ¿Para lograr una orden judicial?

Mason se encogió de hombros.−Depende de cuánta credibilidad le den a lo que dices. Quiero decir,
contrataron a una psíquica. Si les dices que este es quien crees que es el asesino en serie, seguramente lo
seguirán. ¿Por qué más te contrataron?−Un golpe en la puerta principal interrumpió su conversación.
−Ese será él. ¿Estás lista?

Grace asintió con la cabeza, deseando que Thomas o Susie acudieran a ella para confirmar lo que estaba a
punto de decirle al Sheriff Cooper. Pero como antes, estaba silencioso. Estaba demasiado silencioso.

Luego, el silencio desapareció en una ráfaga de disparos y el chirriar de neumáticos.

Sacudió la cabeza, sus ojos se agrandaron mientras su respiración la dejaba.

−¡Masón!

El nombre fue arrancado de su garganta mientras corría hacia la puerta.

−¡Masón!
Capítulo Cuarenta Y Tres

−Mamá, ven y siéntate.

Lucy respiró hondo. Faith había estado comprometida con sus

"amigos" durante los últimos dos días, hablándole solo cuando Lucy le hizo una pregunta directa. Incluso
entonces, Faith parecía molesta por la interrupción. Finalmente la dejaría en paz. Faith había pasado la
mayor parte de ese tiempo en la esquina de su habitación, de espaldas a ella, sus palabras susurradas o
murmuradas, demasiado para que Lucy entendiera lo que estaba diciendo. Estaba realmente agradecida.
Porque Faith la asustaba; últimamente...Faith la asustaba mucho.

Realmente no quería sentarse ahora. No quería escuchar lo que Faith estaba a punto de decirle. Algo
estaba pasando, lo sabía. Sentía eso. Incluso Stacy había estado inusualmente nerviosa, sus ojos se
movían rápidamente cada vez que les llevaba la comida. Cuando Stacy había llegado antes, su rostro
estaba amoratado. Su ojo derecho parecía descolorido y había una hendidura en su labio inferior. Cuando
Lucy le preguntó al respecto, Stacy casi salió corriendo de su habitación.

−¿Mamá?

−Sí, está bien, ya voy.−Sintió que sus pies se movían a través del barro espeso mientras se dirigía a la
pequeña mesa para sentarse frente a Faith. La mesa estaba rota en una esquina y sus dedos encontraron
la imperfección, preocupándose por ella mientras Faith la miraba.

−Mamá, sé que el hombre malo viene a buscarte algunas noches. Sé lo que te hace.

Lucy jadeó, el sonido salió antes de que pudiera detenerlo. De todas las cosas que esperaba que Faith
dijera, no era ésa. Había sido tan cuidadosa, tan callada. Lo había bloqueado intencionalmente de su
mente, esperando que Faith nunca lo supiera. Faith tenía diez años. ¿Cuántos años más tenía Faith antes
de que él viniera a llevársela? Soportó lo que hizo, esperando que fuera suficiente. Nunca quiso que Faith
tuviera que pasar por lo que había sido sometida.

−¿Cómo...cómo lo sabes?

−A veces me despierto cuando viene. Finjo dormir porque le tengo miedo. Pero Susie me dijo lo que te
estaba haciendo.

Lucy bajó la cabeza, sintiendo lágrimas en sus ojos.−Oh, Faith...lo siento,−se las arregló.

La pequeña mano de Faith encontró su camino a través de la mesa para sostener la suya.−Susie dice que
a veces también saca a Abby.−La voz de Faith era tranquila, seria.−Él y su hijo van a cazar esta noche.
Charles es su nombre. Van a encontrar una niña, mamá. La van a traer aquí, como a los demás. Van a
hacer con ella lo que te hacen a ti. Mañana, cuando hayan terminado con ella, la van a matar.−La pequeña
mano apretó la de ella.−Cuando Stacy venga con nuestra primera comida mañana, será cuando tendrás
que conseguir sus llaves.

Lucy levantó la cabeza y se encontró con la mirada de Faith.−No puedo. Yo…

−¡Sí tú puedes! ¡Tienes que! Susie dice que es hora. Susie dice...

−¡Para!−Lucy apartó la mano de un tirón, casi volcando la silla mientras se apartaba de la mesa.−¡Para!
−Envolvió sus brazos alrededor de sí misma, de espaldas a Faith.−No sabemos qué hay ahí fuera, Faith.
No sabemos quién está ahí fuera. Si lo volvemos loco, si nosotras...

−Grace está llegando. Ella nos va a ayudar.−Oyó a Faith levantarse y acercarse a ella.−Mamá,
escúchame. Susie dice que es hora. Esta será nuestra única oportunidad.

Lucy negó con la cabeza.−No puedo,−susurró.−Faith, tengo miedo; me das miedo. Tengo miedo de con
quién hablas. Me da miedo que creas que hablas con muertos.−Respiró temblorosa.−Tengo miedo de que
esperes que intente escapar de aquí.−Miró alrededor de su habitación: su pequeña y lúgubre habitación
cuadrada con el inodoro y la bañera expuestos, la cama individual que compartían, la pila de revistas y
libros que servía como escuela de Faith. Se volvió para mirar la puerta, sabiendo que había tres cerrojos,
cada uno con una llave diferente.

Sí, había pensado en escapar. Al principio. Entonces llegó Faith y Lucy no se atrevió a arriesgarse. Si la
mataban, ¿qué le pasaría a Faith? ¿Quién cuidaría de ella? No, no podía arriesgarse.

−Puedes arriesgarte.

Lucy se cubrió la cara con las manos, como si eso fuera a mantener a Faith fuera de su mente. Sus
lágrimas fluían ahora, filtrándose entre sus dedos. Su hija habló con gente muerta. Su hija podía leer su
mente. Su hija la asustó muchísimo.

Bajó las manos y se encontró con la mirada de Faith con ojos llorosos; los ojos de Faith no eran los de un
loco. Eran los mismos ojos cálidos y gentiles a los que estaba acostumbrada. Ojos color avellana que
coincidían con los de Barry Shepherd. Ojos confiados. Eso era algo que había visto en Barry. Él había
estado tan asustado como ella, todos esos años atrás. Pero sus ojos habían ayudado a calmarla.

−Ellos lo mataron. Barry. Habría sido mi papá.

Lucy cerró los ojos.−Deja de leer mi mente.

−No puedo evitarlo, mamá.

Respiró hondo y se secó las lágrimas de la cara. Finalmente se aclaró la garganta.−Okey. Dime qué
quieres que haga.
Capítulo Cuarenta Y Cuatro
−¡Masón!

Grace corrió a través de la puerta abierta, su corazón se atoraba en su garganta por miedo a lo que
pudiera encontrar. Mason estaba arrodillada en el porche, con las manos ensangrentadas mientras
presionaba el pecho de su tío. Ojos salvajes y asustados se encontraron con los de ella.
−¡Le dispararon! ¡Llama al 911!

Grace hizo lo que le pidió, le temblaban las manos mientras buscaba a tientas su teléfono. Su voz era
sorprendentemente tranquila cuando solicitó la policía y una ambulancia, pero sus ojos estaban pegados a
Mason y Alan Cooper.

Alan no se movía y Grace podía ver varios disparos en su torso. Se arrodilló frente a Mason, sin saber qué
hacer.

−Los disparos fueron para mí. Él...él se puso delante de mí, protegiéndome.−Las lágrimas cayeron por
sus mejillas.−Maldita sea, Grace; estaban destinados a mí.

Grace estaba de pie en un rincón de la sala de espera, escuchando distraídamente las diversas
conversaciones que tenían lugar a su alrededor.

La sala se estaba llenando, tanto de la familia como de la policía. Algunos amigos también, se imaginó.
Brady Cooper tenía una expresión de incredulidad en su rostro mientras trataba de consolar a su madre.
Carol estaba tan blanca como una sábana, e incluso desde aquí, Grace podía ver sus manos temblando
mientras apretaban y aflojaban la correa de su bolso.

Mason estaba teniendo una animada discusión con el jefe Danner, quien negaba con la cabeza ante lo que
fuera que Mason le estaba diciendo. Grace estaba a punto de acercarse a ellos cuando una voz familiar
sonó en su oído.

−Ven afuera.

Se volvió, pero Thomas no se mostró. Volvió a mirar a Mason, pero estaba de espaldas a ella. Con un
asentimiento, salió de la habitación y las puertas automáticas se cerraron detrás de ella con un zumbido
casi silencioso. Caminó por el pasillo brillantemente iluminado hasta el vestíbulo y luego salió por otro par
de puertas automáticas. El hospital era más grande de lo que hubiera esperado para un pueblo de este
tamaño e incluso tenían una unidad de trauma. Se preguntó si esta era la primera víctima de bala que
tenían.

−Por aquí.

Thomas estaba apoyado contra un árbol junto a un banco. Para no ser vista hablando con un árbol,—lo
que probablemente la etiquetaría como la mujer psíquica loca,—se sentó en el banco. El aire era fresco y
una brisa le hizo desear haber pensado en agarrar su chaqueta. Pero había sido un torbellino de actividad,
con todos los vecinos viniendo, Carol Cooper corriendo por la calle desde dos cuadras de distancia y el
sonido de las sirenas rompiendo la quietud de la noche. Mason estaba en estado de shock y se había
quedado en silencio mientras Grace la limpiaba, lavándose las manos de la sangre de Alan. Las había
llevado al hospital en silencio. Tan pronto como aparcaron, Mason se volvió hacia ella.

−Era el mismo auto. Sedán oscuro. En el que se metió Jason Gorman.

Entonces se tomaron de las manos, sentadas en silencio en la camioneta de Mason.

−Ese debería haber sido yo.

−No. Ya sea que lo llamemos destino o suerte, no, se suponía que no fueras tú. Puede que hayan querido
que seas tú, pero ahora hay otras fuerzas trabajando, Mason. Para ser sincera, no lo entiendo mucho más
que tú.

Y ella no lo hizo. Sí, probablemente, Mason era el objetivo previsto; eso dejaría a Grace vulnerable
entonces, ¿no? Si Mason estaba fuera del camino, no había nadie más en el pueblo que le creyera. No
habría nadie dispuesto a ir a casa de Johnny Herchek con ella. Porque sabía que ese era el viaje en el que
estaba. Sabía que Thomas se lo iba a decir. Y sabía que lo más probable es que finalmente conociera a
Susie Shackle.

−Eso estuvo cerca. Para Mason, quiero decir,−dijo Thomas.

−¿Quién fue? ¿Fue Johnny?

−No. Su hijo. Charles.

−¿Johnny tiene qué? ¿En sus cincuenta años ahora? ¿Entonces su hijo debe tener unos treinta años?
−No lo sé. Él es el más joven. El otro murió.−Thomas la sorprendió sentándose a su lado.−Lo encerró en
una caja. Murió allí dentro.

Grace sintió que su corazón se tensaba en el pecho.−¿En la caja en la que me va a meter?

−Sí. Stacy tiene la llave. Stacy tiene todas las llaves.

Grace cerró los ojos, sin saber quién era Stacy.−¿Por qué me van a poner en una caja, Thomas?

−Porque te atrapará. Es la distracción que se necesita. Lucharás contra él. La caja está en el túnel.
Mientras él está allí, Faith y Lucy pueden abrir la habitación de Abby y sacarla a ella y al bebé. Se supone
que deben robarle las llaves a Stacy.

−¿Y Mason?

−Mason tendrá que rescatar a Ginny de Charles. Virginia es su verdadero nombre.

−¿Quién es Ginny?

−Están fuera de caza por ella esta noche. Rusty recoge a las víctimas; es a quien eligió.

−¿Cómo se comunica Rusty con Johnny?

−Johnny tiene esta muñeca que habla.−Thomas arrugó la nariz y su voz se convirtió en un ronco susurro.
−Una muñeca hinchable. La usa para...sexo.

Grace sacudió la cabeza lentamente.−¿Y...habla?

−Sí. Y Rusty se hizo cargo de la muñeca. Johnny está loco como un murciélago, sin duda. Charles le tiene
miedo y hace lo que dice. Pero Charles está a punto de perder la cabeza también. La pobre Stacy está
aterrorizada por los dos. Johnny la golpea mucho. No le gusta ella.

−¿Y Stacy es quién?−Preguntó débilmente.

−Esa es la hija de Johnny. También hay otra chica que piensa que es la hija de Stacy, pero no lo es. Su
madre fue asesinada después de que ella nació. Johnny hace...bueno, cosas malas con ella.

Grace se mordió el labio inferior.−¿Y la mató? ¿Cómo a ti? ¿Ella fue una de las v íctimas del pueblo?
−Grace recordó una. Ella tenía diecisiete años. Su cuerpo fue encontrado la primavera siguiente.

−Sí. Sin embargo, ella no anda por ahí. Se queda en el cañón.

Grace cerró los ojos por un segundo, tratando de mantener la compostura.−Ok ey. ¿Y Susie?

−Susie va a estar contigo en la casa. Susie te mostrará cómo superar las trampas explosivas.

−¿Trampas explosivas?

−Oh, sí. Johnny tiene todo su lugar con trampas explosivas. Se cavaron hoyos, trampas, cables de
tropiezo, clavos y flechas. Algunas pequeñas bombas. Incluso tiene un par de escopetas instaladas. Y
algunas lanzas también.−Thomas sonrió.−Todo tipo de cosas geniales.

−Entonces, si alguien entra por su cuenta...

−Nunca lo lograrían.

−Entonces, ¿si hubiéramos conseguido una orden judicial y la policía hubiera salido...?

−Oh, sí. Eso es lo que no podía pasar. Tiene la mina armada con dinamita. Volaría la ladera de la montaña
y mataría a todos, incluidos Faith y los demás.

−Ya veo. Así que solo Mason y yo iremos.−Se agarró el puente de la nariz.−¿A quién estamos rescatando?

−Faith y su mamá, Lucy. Y a Abby y al bebé Andrew.

−¿Qué pasa con Stacy y la otra chica?

−Stacy la llama Rebecca. Ya no es una niña. Creo que tiene unos quince años. Pero ella es lenta, ¿sabes? Y
como dije, Johnny es malo con ella.

Pero ella nunca ha ido a la escuela. Nunca ha salido de casa. Por supuesto, tampoco Faith. Pero Faith es
muy inteligente. Su mamá le enseñó mucho.

−Entonces, ¿vamos a buscar a Stacy y Rebecca también?

−Susie solo dijo Faith y Lucy, y Abby y el bebé.


Decir que su cabeza daba vueltas era un eufemismo. Se puso de pie, alejándose, tratando de ordenar sus
pensamientos.

−No tengas miedo, Grace.

−Es fácil decirlo.−Se dio la vuelta para mirarlo.−Soy una psíquica. Te veo. Te escucho. Eso es todo lo que
Hago. No me enfrento a gente como Johnny Herchek. Porque es real. No estoy hecho para rescatar...

−Eres más fuerte de lo que piensas, Grace. Susie dice que eres a quien hemos estado esperando. Susie
dice que nos va a liberar a todos.

Sus ojos se abrieron.−¿Qué demonios significa eso?

Se alejó de ella, flotando en la noche. Lo miró fijamente, pensando que volvería, pensando que diría más.
Pero desapareció de la vista y ella dejó escapar un suspiro. Sí, ¿qué diablos significa eso? ¿Liberarlos?
¿Significaba eso que estaban atrapados aquí?

Se movió de nuevo al banco, se sentó y apoyó los codos en las rodillas;

¿ahora qué? ¿Se dirigieron ella y Mason a la casa de Johnny Herchek, esperando que la pequeña Susie
Shackle apareciera para guiarlas a través de las trampas explosivas? Inclinó la cabeza hacia atrás,
mirando hacia el cielo oscuro, el cielo lleno de estrellas. ¿Qué significaba todo?

−Ve por Mason.

Ella sacudió la cabeza hacia atrás. Era la voz de Thomas, pero no se mostraba. Se levantó, buscándolo a
su alrededor.−¿Thomas? Por favor; tengo más preguntas.

−Ve con Mason. Llevala a su casa. Estarás a salvo allí. Mañana. A primera luz. Ya será hora.

−No sé si puedo hacer esto,−dijo, su voz sonaba nerviosa para sus propios oídos.

−Susie se reunirá contigo mañana en Old Mine Road. Mason sabrá el lugar; dile que traiga cortadores de
pernos.

Grace sintió el más mínimo de los toques en su mejilla, luego desapareció. La pasarela fuera del hospital
estaba bordeada de álamos. Las hojas de la que estaba frente a ella crujieron como si un viento fuerte las
hubiera arrastrado.

−Vete ahora. Ella no querrá ir, pero debes obligarla.

−¿Voy a salir de la caja?−se escuchó susurrar.

No hubo respuesta. Se quedó mirando el álamo temblón durante más tiempo, y finalmente dejó escapar
un profundo suspiro. Tenía que creer que saldría de la caja, ¿no es así? Había tenido una visión. Pero, ¿y si
esa visión estaba mal? Había soñado con la caja. Y en sus sueños, nunca salió.

¿Creía en su visión o en su sueño?

Se dio la vuelta y regresó al interior. Haría lo que le dijo. Llevaría a Mason a casa. Se levantarían antes del
amanecer. Irían a Old Mine Road,—

dondequiera que estuviera,—al amanecer. Esperarían a Susie Shackle.

Mañana terminaría. De una manera u otra.


Capítulo Cuarenta Y Cinco
−No puedo irme, Grace.

Grace le apretó el brazo con fuerza.−Tienes que.−Se inclinó más cerca.−Es la hora. Thomas dijo: bueno,
es hora. Vamos a casa. Lo explicaré.

Mason miró a su alrededor, preguntándose quién estaba escuchando su conversación. Tomó la mano de
Grace y la alejó del grupo.−Grace, no está fuera de cirugía. Ni siquiera sé si va a vivir o morir. No puedo
solo irme.

−Una niña será secuestrada esta noche. Virginia. La llaman Ginny. No planean matarla hasta mañana.
Podemos detener este.

−Cristo,−murmuró ella.−El jefe Danner no creyó ni la mitad de lo que le estaba diciendo. ¿Qué se supone
que debo decirle sobre esto?

−Nada. Tenemos que entrar solas. Solo nosotras dos. Te lo explicaré más tarde.

Mason la miró a los ojos, notando la seriedad allí. También se dio cuenta de que no tenía otra opción.
Confió en lo que vio en esos ojos azules; y recordó las palabras de Nora Nightsail, las que se dirigieron a
una adolescente inocente y con los ojos muy abiertos hace tantos años.

−Tú eres la indicada. Ella te encontrará aquí. Juntas, detendrán el ciclo.

El ciclo del asesinato.

No, ella no tenía otra opción, ¿verdad? Así que asintió, aunque un poco débilmente.−Okey.−Miró a la Tía
Carol, que se secaba los ojos con un pañuelo de papel.−¿Cómo les explico mi ausencia?

Grace sostuvo su mirada y Mason vio un poco de desafío allí.−Vamos a perseguir al hombre que le
disparó. Diles lo que quieres. Pero debemos irnos.

Eran las once cuando cerró la puerta y echó el cerrojo detrás de ella; la cinta de la escena del crimen
ondeaba con la brisa y la mancha de sangre en el porche, bajo el resplandor de la luz, aún era prominente.
Grace la tomó del brazo y la instó a que pasara, apresurándolas a subir los escalones y cruzar la puerta.

La Tía Carol no entendía por qué se había ido. Mason podía ver eso en sus ojos. Brady también. Les dijo
que tenía que comprobar algo…ella y Grace; Dalton también estaba allí y tanto él como Brady habían
mirado a Grace con recelo. Cerró los ojos por un momento. Debería estar allí con ellos; esperando. No
debería haberse ido. Respiró hondo, luego abrió los ojos y se encontró con que Grace la miraba.

−¿Lo va a lograr?

Grace se encontró con su mirada, inquebrantable.−No lo sé, Mason.

−¿Por qué no lo sabes?

−Lo siento. Desearía poder decirte algo, pero...

−Sí, no te contrataron como adivina, ¿verdad?−Abrió el armario donde estaba su botella de whisky, pero
Grace la detuvo cuando habría servido un poco.

−No lo hagas.

Mason se apartó de ella.−¿No?

−Sé que estás enojada.

−¿Enojada? ¡Ni siquiera sé qué diablos está pasando! Abro la puerta de mi casa y veo un coche que pasa a
toda velocidad, una maldita arma automática colgando de su ventana. ¡Vi al bastardo! Y el Tío Alan me
apartó y luego…−Dio un puñetazo en el mostrador.−¡Maldita sea! ¡Sí! ¡Estoy enojada!−Ella se dio la
vuelta.−Debería estar en el hospital. Debería estar allí con ellos.

−Mason, tienes un trabajo que hacer.

−¿Qué trabajo?−Exigió.−No sé qué creer, Grace. Ya no sé qué pensar.

¡Ni siquiera sé qué demonios está pasando!−Dijo de nuevo en voz alta.

−Mason, para.

−¡No!
Pasó rozando a Grace mientras entraba en la sala de estar. Ella se iría; eso es lo que haría. Regresaría al
hospital. Ahí es donde debería estar. La Tía Carol podría necesitarla. Demonios, Brady podría necesitarla.
Recogió sus llaves solo para que Grace llegara antes que ella hasta la puerta principal. Se apoyó contra él,
bloqueando su camino.

−No, Mason.

−Sal de mi camino, Grace.

−No,−dijo ella con un firme movimiento de cabeza.

La ira de Mason burbujeó y agarró los brazos de Grace, con la intención de alejarla de la puerta. Sin
embargo, Grace se mantuvo firme, la mirada en sus ojos le decía a Mason que no iba a ceder.

Maldita sea, Grace. ¡Me estás haciendo enojar!

−¡No me importa! Quieres desahogarte conmigo...bien. Pero no te vas; nos quedamos aquí.

Mason la miró fijamente. Los ojos de Grace lanzaban un desafío. No, Mason no sabía lo que estaba
pasando. Todo parecía desordenado. Todo; ella no tenía el control y odiaba no tener el control.
−Nadie tiene el control en este momento, Mason.

Mason cerró los ojos.−Sal de mi cabeza, Grace.

Se sorprendió al sentir que Grace se acercaba a ella, lo suficientemente cerca como para que sus cuerpos
se tocaran.

−Lo siento, Mason,−dijo en voz baja.−Sé que quieres estar allí con ellos.

Mason abrió los ojos y encontró a Grace a solo unos centímetros de distancia. Sus ojos azules le
resultaban tan familiares como los suyos. Eso era imposible, por supuesto, todavía...

Se inclinó más cerca,—casi como si la estuvieran acercando,—tocando los labios de Grace. El deseo se
apoderó de ella entonces, el deseo mezclado con su rabia persistente. Su boca ya no era gentil cuando
presionó a Grace contra la puerta. Manos,—manos desesperadas,—se aferraron a ella, y la boca de Grace
se abrió por completo para ella, un gemido quejumbroso se elevó, alrededor y entre ellas. Era el gemido
de Grace, pero podría haber sido el suyo. Estaba envuelta en fuego,—un fuego dulce, caliente y delicioso
que abrasaba sus sentidos y sofocaba todos los pensamientos a los que intentaba aferrarse.

Su beso enojado se suavizó, provocando otro gemido de Grace. Sus brazos atrajeron a Grace hacia ella,
abrazándola con fuerza, sus bocas se fusionaron cuando su beso se volvió caliente y ardiente de nuevo.
Pareció perder todo el sentido del tiempo cuando presionó a Grace contra la puerta; su mente estaba
vacía, en blanco.—Nada en absoluto que desplazara su deseo.

Respiraba con dificultad,—también Grace. Se apartó del beso lo suficiente para mirar a Grace a los ojos.
Sí, Grace también lo sintió. Ellas no tenían el control. Ninguna de ellas. Y ambas lo sabían.

−Hazme el amor.

Mason asintió aturdida ante la petición de Grace. No, ella no tenía el control. Este fuego que había estado
hirviendo se encendió ahora. No había pensamientos sobre el hospital. Sin pensamientos de nadie. Solo ella
y Grace; Grace fue quien apagó la luz. Grace fue quien tomó su mano. Grace fue la que las condujo por el
pasillo hasta su dormitorio.

Quizás Grace tenía el control después de todo.


Capítulo Cuarenta Y Seis
Grace no estaba del todo segura de que la poseía para ser tan atrevida; su cuerpo solo había cobrado vida,
el beso feroz y enojado de Mason se volvió apasionado en cuestión de segundos. Su piel parecía
electrificada con cada toque y cada beso la enviaba en espiral cada vez más hacia el olvido, hasta que su
mente estaba vacía de todo excepto de Mason.

Giró la cabeza ahora, mirando a Mason dormir. La lámpara todavía estaba encendida, sin embargo,
supuso que serían las tres o las cuatro de la mañana. Bajó la mirada a los labios de Mason,—su boca—
reviviendo la anticipación que había sentido cuando esa boca se movió por su piel, soltando gemidos
mientras los labios rozaban sus pezones antes de que una lengua húmeda los bañara. Estaba aturdida,—
mareada,—cuando Mason la besó en el estómago y las caderas, deteniéndose en el hueco de su muslo,
mordisqueando su piel, haciéndola retorcerse debajo de ella. Cuando Mason abrió las piernas, la miró, sus
ojos se mantuvieron firmes durante un largo momento. Lo que se transmitió entre ellas fue más profundo
que las palabras, y Grace solo asintió, reconociendo el vínculo que estaban formando, reconociendo la
conexión de dos almas y aceptando lo que significaba. La intensidad de su mirada la hizo temblar. Era casi
como si Mason se hubiera metido dentro de ella y ella dentro de Mason.

Su mundo dio vueltas entonces cuando Mason bajó la cabeza, terminando su viaje. Grace recordó el
sonido que había hecho cuando la lengua de Mason se deslizó a través de su humedad, acariciando su
clítoris con fuertes golpes antes de que su boca se posara sobre ella. Sus ojos se cerraron de golpe
entonces y todo se había desvanecido a negro. Pero solo por unos gloriosos segundos. Las luces brillantes,
—rojo y amarillo y azul—la cegaron cuando se levantó de la cama, sus caderas se movieron
incontrolablemente mientras alcanzaba el clímax. Había sentido lágrimas en sus mejillas, y luego Mason
susurró palabras que no podía oír, no podía comprender mientras viajaba de regreso a su cuerpo,
haciendo una pausa para mojar su pezón antes de encontrar su boca una vez más. El beso fue tan suave,
tan dulce, e incluso cuando Grace sonrió, cayeron más lágrimas.
Mason no cuestionó sus lágrimas y Grace no ofreció ninguna explicación. ¿Qué podía decir ella? ¿Debería
haberle dicho que se sentía completa,—completa,—por primera vez en su vida? Eso parecía una tontería.
O tal vez debería haberle dicho que se sentía renacida,—nueva; para estrenar. Eso también parecía trivial.

En cambio, había ahuecado la cara de Mason, volviendo sus suaves besos apasionados de nuevo. Los
había dado la vuelta, había encontrado la humedad de Mason y la había llevado al orgasmo rápidamente
con la mano; luego, su boca había reemplazado a sus dedos, y se sintió fortalecida cuando Mason tembló
debajo de ella, sus fuertes gemidos perturbaron el silencio mientras Grace le hacía el amor, llevándola al
orgasmo una vez más con su boca.

No hablaron. Habían dormido un poco, de vez en cuando. Y se habían tocado. Se habían besado: besos
largos y lánguidos y besos breves y ardientes. Y se habían unido: mente, cuerpo y alma. Habían hecho
todo eso sin palabras.

Se puso de costado, amando la sensación de las frías sábanas contra su desnudez, amando la sensación de
la piel de Mason contra la de ella, Mason no se movió y Grace continuó mirándola, dejando que sus
pensamientos se dirigieran a Angelique. Angelique había sido, sí, una diosa del mar. Joven, vibrante y
llena de vida. Y amor. Según todos los informes, ella y Angelique no deberían haber sido amigas, mucho
menos amantes; Grace había sido tímida, retraída y todavía una adolescente incómoda; Angelique era
mayor, serena y segura. ¿Qué atrajo a Angelique hacia ella, se preguntó? Independientemente, ella había
puesto el listón muy alto para los futuros amantes. Tan alto que nadie se había acercado a alcanzarlo.
¿Ese fue el punto desde el principio? ¿Dejar a Grace buscando a alguien, sin conformarse nunca con
menos? Los sentimientos que Angelique despertó en ella habían desaparecido hacía mucho tiempo, pero
su memoria permanecía; quizás los sentimientos no habían desaparecido después de todo. Quizás habían
estado durmiendo, durmiendo a cubierto, esperando. Esperando que alguien los despierte.

Mason los había despertado, ¿no es así? Grace sonrió entonces y deslizó su brazo por el estómago de
Mason, cerrando los ojos con un suspiro de satisfacción. Necesitaba dormir. En unas pocas horas, estarían
en Old Mine Road. En unas horas, Susie Shackle las conduciría hasta Johnny Herchek. Tenía la sensación
de que,—en unas pocas horas,—se iba a desatar el infierno.

Entonces, ella necesitaba dormir.


Capítulo Cuarenta Y Siete
Mason miró el texto que había llegado durante la noche. De Brady. Su tío había tomado cinco disparos,
dos de ellos en el pecho. Había sobrevivido a la cirugía, había dicho Brady.

−Ahora esperamos.

Ahora esperamos

No había "va a estar bien" o "el doctor dice que lo peor ha pasado" o cualquier otra migaja de esperanza a
la que pudieran aferrarse. No. Sólo

"esperamos " y verás.

Soltó el aliento y luego se dirigió a la cafetera. Grace todavía estaba profundamente dormida cuando se
despertó y se arrastró fuera de la cama tan silenciosamente como pudo. Estuvo muy cerca de despertarla.
No habría hecho falta mucho, lo sabía. Un beso o dos en sus pechos—Grace tenía pezones muy sensibles—
lo habría logrado. Pero no. Se había resistido. Esa vez, al menos. Durante la noche, no. No se había
resistido al tirón.

Y eso es lo que era, ¿no? Un tirón, un tirón...un maldito tirón. Había sido impotente, sí. No es que hubiera
intentado luchar contra eso, no. Fue de buena gana porque lo quería. Y ella no se arrepintió. Había sido
demasiado íntimo, demasiado especial. Trató de recordar la primera vez que ella y Shauna se acostaron
juntas. Se le ocurrieron imágenes fugaces, pero nada concreto, nada específico. No tenía recuerdos claros
de eso. Ciertamente no fue como anoche. Anoche se sintió como si estuviera destinado a ser, como si fuera
algo que había estado esperando toda su vida.

Lo cual, por supuesto, era una locura. Tomó un sorbo de su café. Si, locura. Sin embargo, Nora Nightsail,
—la gitana,—no pensó que fuera una locura. No. Ella casi lo había profetizado. Demonios, lo había
predicho, ¿no?
−¿Masón?

Se volvió y vio que Grace la miraba. Grace, con su cabello revuelto y ojos somnolientos. Cabello
despeinado, sí, porque recordaba pasar las manos por él más de un par de veces. ¿Y ojos somnolientos?
¿Grace había dormido siquiera un puñado de horas? Sin embargo, se veía hermosa con su camiseta
arrugada y pantalones de chándal holgados.

−Te ves cansada.

Grace asintió pero no se movió.−Yo lo estoy. Bien cansada, sin embargo.−Inclinó la cabeza ligeramente.−
¿Tenemos que hablar?

Mason sonrió y negó con la cabeza. Grace también sonrió y finalmente se acercó. Mason la sostuvo en sus
brazos como si lo hubiera hecho cientos de veces antes. El beso que compartieron fue tranquilo, suave,
casi tímido; sonrió contra los labios de Grace ante ese pensamiento. Habían hecho demasiado para ser
tímidas. Cuando se separaron, Grace todavía tenía una sonrisa mientras se dirigía a la cafetera.

−Ojalá pudiéramos tener un día perezoso aquí.−Grace la miró de nuevo con una mirada tímida en los
ojos.−Anoche fue fantástico, Mason.

Mason asintió con la cabeza.−Sí, lo fue. Un día agradable sería bueno. ¿Qué tal mañana?

Grace se rio ligeramente.−Seguro de que vamos a terminar esto hoy,

¿verdad?

Mason vio el vapor saliendo de la parte superior de la taza de Grace mientras tomaba un sorbo.−Anoche
estaba destinado a ser, ¿no?

Grace se encontró con su mirada y asintió lentamente.−Sí, así lo creo.−Ella bajó su taza.−Me viene a la
mente la cita de Rumi: "Lo que buscas es buscarte a ti". No sabía que estaba buscando a alguien. No
conscientemente. ¿Lo hiciste?

Mason sacudió la cabeza.−Sinceramente, ya no pensaba mucho en mi vida personal. Tal vez porque no
quería saturarlo con un asunto sin sentido, cuando,—tal vez inconscientemente,—estaba esperando.

−Sí, creo que eso también lo describe perfectamente para mí.−Grace le dio una rápida sonrisa.−No estoy
segura de si eso es tan romántico o si le quita el romance por completo.

−No lo hace menos especial, Grace. Anoche, quiero decir. Sentí que estábamos tan completamente,—
perfectamente,—conectadas.

Grace asintió con la cabeza.−Sí. Yo también lo sentí. Estábamos.−Se acercó, su mano rozando
ligeramente su mejilla, su pulgar frotando su labio inferior.−Fue perfecto, Mason. Natural. Familiar.
−Grace la miró a los ojos y Mason se preguntó qué estaba tratando de leer allí.−Me hiciste sentir amada
anoche. No me he sentido amada en tantos años.

Mason tomó su mano y la besó, luego la atrajo a sus brazos, abrazándola con fuerza durante unos
segundos. No dijo nada. Sabía que Grace no necesitaba palabras.

Cuando se separaron, Grace volvió a tomar su taza y se aclaró la garganta antes de hablar.−¿Entonces?
¿Alguna noticia sobre Alan?

Mason asintió con la cabeza.−Solo un mensaje de texto de Brady. La cirugía salió bien, supongo. Solo
están esperando, como él dice.

La expresión de Grace se suavizó.−Lo siento, Mason. Sé que quieres estar ahí para él. Para Carol.
−Aunque ella negó con la cabeza.−No podemos ir allí. Lo siento. Nos encontraremos con Susie en Old
Mine Road al amanecer. Nos llevará a la casa de Johnny Herchek. Thomas dice que hay trampas
explosivas en el camino.

−¿Trampas explosivas?

−Hoyos cavados, trampas, flechas de tiro, ese tipo de cosas. Explosivos.

−Maldición. Entonces, ¿tiene su lugar asegurado como un complejo o algo así?

−Parece que sí.

−¿Cómo vamos a superarlo todo?

−Susie.

Mason se mordió el labio inferior. Sí. Iban a confiar en la pequeña Susie Shackle, la niña a la que Mason
solía entregar sus lazos desechados, para guiarlas a través de un laberinto de trampas explosivas. La niña
que murió en 1997. La primera víctima del asesino en serie.

−Cristo, Grace.

−Sé lo que estás pensando.

−Sí, usualmente lo haces. Pero aún…

−Quiero decir, puedo decir lo que estás pensando. Tienes que confiar en mí.

−Necesito...necesito que Brady lo sepa. Jefe Danner también; necesito…

−Lo sé. Pero no pueden venir con nosotras. Solo nosotras. Solo seremos tú y yo.

−Necesitamos respaldo,−insistió.

−No pueden salir por ahí. Thomas dice que no lo lograrán. Además de las trampas explosivas, hay
dinamita. Tiene la mina preparada para explotar.−Grace sostuvo su mirada.−Por lo que dijo Thomas, la
caja,—mi caja,—está en el túnel de la mina.

−Oh Jesús. Gracia…

−Y me encontrarás a tiempo. Voy a ser una distracción para él; tendrás que sacar a Faith y a su madre.
Lucy. Y Abby y su bebé. Y hay otra chica allí, pero no sabe que la retienen. Cree que Stacy es su madre y
no estoy segura de sí deberíamos intentar rescatarlas o no. Y por supuesto, la chica de anoche.
Virginia: Ginny. Sin embargo, tendrás que lidiar con el hijo; creo que Charles es su nombre.

Mason sacudió la cabeza mientras se alejaba de Grace, levantando la mano.−Okey. Sobrecarga.

−Lo sé. Me siento igual. No tuve la oportunidad de hacerle preguntas a Thomas y algunas de las que le
hice, él no respondió.

−Entonces, ¿solo vamos a confiar? Cristo, Grace...

−Tenemos que.

−No, no lo tenemos. Podemos…

−Mason, para. Esto es lo que se supone que debemos hacer.

−¿Se supone que debemos hacer? ¿Ir tras un asesino en serie solas?

¡Esta no es una maldita película! Eres una civil. No deberías estar cerca de este tipo.−Pasó una mano por
su cabello.−Deberíamos llamar a Kemp; deberíamos traer al FBI aquí. Una unidad táctica. Una...

−Sí, estoy de acuerdo. Lo llamaremos. Pero legalmente, ¿hay suficiente para seguir adelante con Johnny
Herchek?

−El FBI te contrató. Creerá lo que dices. Quiero decir, ¿no era ese el propósito de que estuvieras aquí?

−Podemos contarle todo lo que sabemos. Incluso si me cree, no hay tiempo. No podemos esperar a que
consiga una orden judicial. No podemos esperar a que tenga un equipo táctico aquí. Una niña fue
secuestrada anoche; hoy la matarán. Esta mañana. Entonces, no hay tiempo para todo eso.

−Oh, Grace...

−Thomas dice que Johnny tiene suficiente dinamita para derribar la mitad de la montaña. Si el FBI entra, si
pasan sus trampas explosivas, si lo acorralan, las activará. Todos serán asesinados.−Grace la tomó del
brazo y lo apretó con fuerza.−Tu y yo. Tenemos que estar ahí arriba antes de que lleguen los refuerzos. Es
la única forma.

Quería creerle. Realmente lo hizo. Quería creer lo que Nora Nightsail le había dicho. Quería pensar que
ella y Grace entrarían, terminarían el ciclo, salvarían el día. Quería creer todo eso. Pero su mente adulta y
lógica le decía que nunca funcionaría. Ella o Grace o el infierno, ambas, podrían terminar muertas. Era
policía. Había procedimientos a seguir. Deberían esperar a Kemp. Ellas deberían...

−Sé que no es lógico. Y sé que eres policía. Pero esta es la única forma, Mason. Tú y yo.

Dejó escapar un aliento derrotado. No iba a ganar esta discusión,

¿verdad?

Grace le dedicó una breve y breve sonrisa.−No.

Maldición. Asintió.−Okey. Tú y yo.

−Okey. Y necesitaremos cortadores de pernos.

Levantó las cejas.

Grace se encogió de hombros.−Thomas dijo que trajera cortadores de pernos.


Capítulo Cuarenta Y Ocho
Todavía faltaban diez o quince minutos para el amanecer, pero había suficiente luz en el cielo para que
pudiera ver claramente entre los árboles; Mason las conducía por un camino de grava lleno de baches,—
Old Mine Road,—que conducía a la montaña.

−Grace,—anoche, necesitábamos esa intimidad, ¿no? Para que tuviéramos éxito hoy, la necesitábamos.

Se giró, mirándola mientras conducía. Podía escuchar el nerviosismo en su voz.−¿Quieres hablar acerca
de ello?

−No lo sé.

−¿Tienes dudas?

−¿Anoche solo fuimos tú y yo? ¿O dormimos juntas por alguna maldita profecía?

−Ah. ¿Estábamos cumpliendo la visión de Nora Nightsail?

−Sí. Esa.

−No sé si podemos separar a los dos, Mason. Tenemos esta atracción entre nosotras, pero no creo que sea
forzada solo porque Nora dijo que era así. El momento oportuno,—bueno, como dijiste, necesitábamos esa
intimidad anoche.

−No hablamos.

−No, no lo hicimos. No creo que debamos hacerlo.

Mason tenía un firme agarre en el volante.−Te encontraré en la caja, Grace. Te sacaré.−Entonces la miró.
−Porque no me importa cuál sea la visión de Nora o cuál sea tu sueño. Me sentí más cerca de ti anoche de
lo que nunca me he sentido a nadie. Y quiero sentir eso de nuevo. Y otra vez.

Grace sonrió ante la sinceridad de sus palabras.−Creo que lo harás, Mason. Todavía tengo miedo, pero
creo,—en mi corazón,—que me encontrarás; porque se supone que debemos enamorarnos.

Mason la miró entonces, ahora con una sonrisa en los labios.−Se supone que debemos enamorarnos, ¿eh?

Grace encontró su mirada.−Sí. Nos vamos a enamorar.

−Por lo que sé sobre el lugar de Herchek, usan el camino que pasa por la escuela para llegar. Creek Road.
Sigue el arroyo un poco, luego sube. Su tierra está en la siguiente loma. Hay muchas minas antiguas ahí
atrás. No mucha gente usa este camino.

La verdad era que no sabía cuánta propiedad poseía Herchek o qué minas antiguas había en ella.
Esperaba que el Agente Kemp pudiera averiguarlo. Se sorprendió,—cuando lo llamaron,—de que él ya
estuviera en Denver. Habían recitado todo lo que sabían en rápida sucesión hasta casi el silencio de su
parte. Pero no había cuestionado nada de eso. "Te dije que sería uno de esos locos montañeses". Dijo que
tomaría un helicóptero hasta Gillette Park, que le daría un par de horas. Pero no, no tenían un par de
horas. Luego llamó a Dalton y le dijo adónde iba. Él le dijo que Johnny Herchek era un o de esos
"preparadores del fin del mundo loco" y que estaba loca por salir sola. De hecho, se había ofrecido a
acompañarla, pero Grace negó con la cabeza con firmeza,—no. Así que accedió a esperar a Kemp; terminó
la llamada con una advertencia de explosivos colocados a lo largo del camino y él le había dicho que si
Johnny Herchek tuviera explosivos, ya se habría hecho estallar.

−Thomas dijo que había una entrada trasera a su propiedad desde aquí. Por eso necesitábamos
cortadores de pernos.

−Y alguien va a...¿sabes, mostrarnos el camino?

Grace asintió con la cabeza.−O eso dijo.

Mason la miró rápidamente.−Sabes cómo usar un arma, ¿verdad?

−No me siento cómoda con las armas, no, pero sé cómo disparar.

−Campo de tiro o…

−Si.−Le dio una sonrisa rápida.−Han pasado algunos años, lo admito; y ya ni siquiera tengo una pistola.

−Bueno, espero…

−¡Masón!

Mason saltó al grito cercano de Grace de su nombre.


−¡Para...para el camión!−Su voz era temblorosa y Mason vio que le temblaban las manos.

−¿Qué diablos está mal?

Grace se llevó una mano al pecho.−Golpeaste...golpeaste a una chica.−Grace levantó la mano.−Vi a una
chica, obviamente no lo hiciste; supongo que es Susie.

Abrió la puerta y salió antes de que Mason pudiera comentar; entonces, ¿había atropellado a Susie
Shackle? Mason agarró el volante con ambas manos y miró al frente. Realmente iba a suceder, ¿no? ¿Era
lo suficientemente fuerte como para poner su fe en Grace y en una chica muerta?

Cerró los ojos y dejó caer la cabeza sobre su pecho. Debería haber dejado que viniera Dalton. Brady.
Alguien más. No solo ella. No solo ella y Grace. Demonios, ellas…

−¿Masón?

Sacudió la cabeza hacia arriba, sus ojos encontraron los de Grace. La mirada le dijo que no entrara en
pánico. Grace parecía tener mucha más confianza que ella. Asintió con la cabeza, luego miró más allá de
Grace como si pudiera ver a Susie, la joven con la que Mason solía jugar.

−Yo...yo nos guiaré desde aquí.−Grace cerró la puerta.−A unos cientos de yardas todavía.

Mason se aclaró la garganta antes de continuar.−¿Estamos,—estamos solas?

−No.

Oh hombre.
−Susie dice que probablemente no lo recuerdes, pero el lazo rojo que llevaba ese día fue uno que le diste.

Mason pudo ver el blanco de sus nudillos mientras sus manos se apretaban involuntariamente sobre el
volante.−No, no lo hago.−Tosió nerviosamente.−Le di un puñado de lazos, supongo.−Literalmente dejó
escapar un grito cuando una mano tocó su brazo.

Grace se rió en voz baja.−Relájate.

−Oh sí. Relájate−murmuró con un poco más de sarcasmo del que pretendía.

−Ve más despacio. El camino forestal se acerca.

A su izquierda había un oscuro recorte y si no sabías que estaba allí, lo más probable es que te lo
perdieras. Mason se volvió y se dio cuenta de lo adultos que estaban los árboles. No parecía que tuviera
mucho uso. Después de otros cincuenta metros más o menos, Grace le tocó el brazo.

−A la derecha.

Una entrada era apenas perceptible ya que los abetos habían crecido casi por completo a través de la
abertura. Más allá de las ramas, vio la cadena.

−Susie dice que es una entrada trasera,−explicó Grace.

Mason se detuvo donde la gruesa y pesada cadena cruzaba la carretera. Se sentó en silencio en la
camioneta antes de salir.−No hay como.. una bomba o algo así. ¿Correcto?

Grace le dio unas palmaditas en el brazo.−Susie nos hará saber dónde están los explosivos.

Mason se volvió hacia ella y se encontró con su mirada.−Estoy poniendo toda mi confianza en ti, ya sabes.

Grace asintió con la cabeza.−Va en ambos sentidos, Mason. Yo seré la que esté en la caja.

Aparcaron donde había dicho Susie, bajo un dosel de abetos viejos. El sol había salido ahora, la
madrugada sobre ellas. Escuchó pájaros en los árboles y miró hacia arriba, esperando ver plumas azules
entre las ramas, pero no había ninguna.

−Trepatroncos,−suministró Mason. Entonces se volvió hacia ella.−Pregúntale a Susie si sabe lo que le


pasó a Patty Brinkman.

Grace se sorprendió de que Mason participara activamente en esto, aceptando que Susie Shackle estaba
allí con ellas. Grace se volvió hacia Susie, sabiendo que Susie podía oír a Mason. La joven se parecía
mucho a la foto del expediente policial: coletas y moño rojo. Llevaba vaqueros desteñidos y una blusa roja
y azul.

−Rusty y Johnny la visitaron esa noche. Rusty había estado yendo allí todas las noches durante semanas.
−¿La mataron?

−En cierto sentido. La volvía completamente loca. Creo que murió de miedo.

−Ella dice que Rusty v la visitó todas las noches durante semanas. La volvió loca. Dice que tanto Johnny
como Rusty fueron allí esa noche.−Se volvió hacia Susie.−¿Por qué no encontraron el diario?

Susie se rio.−Rusty no puede hablar con Johnny excepto cuando está en esa estúpida muñeca. Y Johnny
ha perdido la mayor parte de su mente. Es Charles a quien Rusty controla ahora.

−¿Charles fue el que intentó dispararle a Mason?

−Sí. No podíamos dejar que eso sucediera. Pero ese hombre debería estar bien. Ella no debería
preocuparse.

Grace miró a Mason, sabiendo que solo estaba escuchando un lado de la conversación.−Dice que Alan
debería estar bien y que no debes preocuparte.−A Susie le preguntó:−¿Cómo se comunica Rusty con
Charles?

−A través de los altavoces.−Susie le hizo señas.−Tenemos que darnos prisa. Cuando Charles se despierte,
querrá deshacerse de Ginny.

Grace estaba a punto de preguntar qué quería decir con altavoces—¿a qué altavoces?—Cuando sonó el
móvil de Mason. Le sorprendió que tuvieran servicio, pero supuso que todavía estaban lo suficientemente
cerca del pueblo. Mason lo agarró, su voz enérgica, seria mientras respondía; Grace la miró, notando su
expresión. La niña,—Ginny,—había sido reportada como desaparecida.

−Sigue el protocolo, Brady. Sabes qué hacer. No puedo ayudar.−Mason miró a Grace a los ojos.−No.
Porque estamos haciendo un seguimiento de algo. Y mantén a Danner al tanto también.−Una pausa.−Sí,
Grace y yo.−Asintió.−Lo sé. Dalton me advirtió.−Otra pausa.−Te llamare. Lo prometo.−Se guardó el
teléfono en el bolsillo.−Supongo que sabes de qué se trataba.

−¿Por qué Brady y no la policía?

−Viven fuera de los límites del pueblo. Fue igual que con April Trombley. Chica se fue a la cama. No
estaba en su habitación esta mañana; entonces, vamos a buscarla, ¿de acuerdo?
Grace asintió, amando la confianza de Mason. −Sí.

Vámonos.−Comenzó a caminar, luego se volvió, esperando a Susie. Susie le sonrió y luego le hizo señas.−
¿Qué altavoces?−Preguntó después de un rato.

−¿Huh?−Mason la miró con las cejas arqueadas.

Grace sacudió la cabeza.−No. Le estaba preguntando a Susie.−Susie dijo que Rusty se comunica con
Charles a través de los altavoces.

−Oh.

Susie se acercó a ella.−El estéreo en su habitación. Los altavoces. Él piensa que es el diablo hablando con
él.−Susie se rio.−Es tan estúpido.

Susie tenía diez años cuando murió, pero parecía,—sonaba,—mucho mayor. Grace estaba a punto de
preguntarle cuando Susie se volvió para mirarla.

−Siempre he sido mayor que mis años. Mi mamá solía decir que yo era una anciana en el cuerpo de una
niña.

Grace no estaba acostumbrada a estar en el extremo receptor de la lectura mental y sonrió casi
disculpándose.

−Fuiste la venganza. Por el incendio. Y tú padre.

−Sí. Mi papá encendió la gasolina demasiado pronto. Los otros todavía estaban adentro. Intentó
ayudarlos, pero...

−¿Quién es Faith?−Preguntó ella, cambiando de tema.

Susie sonrió ante la mención de Faith.−Ella es mi mejor amiga. Es como tú. Puede verme y hablarme.
Cuando Stacy les traiga la comida esta mañana, se supone que Lucy cogerá sus llaves.−La expresión de
Susie cambió.−Ella es la que me preocupa. Faith dice que Lucy está asustada.

−¿Las llaves?

−Stacy tiene un llavero. Tiene llaves para todo. Todas las puertas. Las habitaciones. Los candados a la
mina.−Ella hizo una pausa.−Y la caja.

Grace asintió con la cabeza. Sí, la caja. Su caja

−Hay un rastro aquí arriba. Aquí es donde deberás tener cuidado; señalaré todas las trampas y esas
cosas.

−Mason, el rastro comienza aquí.−Se encontró con la mirada de Mason.−Y las trampas explosivas.
Empiezan ahora también. Yo iré primero.

−Grace, debería ir primero. Soy…

−Mason, Susie realmente va primero. Yo no.

Mason la miró un poco avergonzado.−Oh sí. Buena idea.


Capítulo Cuarenta Y Nueve
Lucy miró el reloj de cuerda, escuchando el tic, tic, tic que hacía mientras pasaban los segundos. Antes,
incapaz de dormir, había estado escuchando y el tiempo parecía pasar lentamente, haciendo que cada
respiración que tomaba temblara de nerviosismo. Faith, por otro lado, había dormido profundamente, y la
perspectiva de lo que les esperaba hoy aparentemente no la afectaba en lo más mínimo.

−Estará bien, mamá.

Lucy apartó la mirada del reloj y se fijó en Faith, viendo una tranquila confianza allí, una confianza que
contradecía su corta edad. Se acercó a la mesa, sabiendo que tenían al menos una hora antes de que
Stacy apareciera con su comida. Incluso si llegara temprano o tarde, todavía lo sabrían. Faith dijo que
Thomas la alertaría cuando Stacy viniera con el carrito.
Sí, Thomas. Uno de los amigos de Faith. Suspiró. ¿Podría hacer esto?

Había dormido irregularmente, más despierta que dormida. ¿Estaba lo suficientemente alerta para hacer
esto? ¿Realmente iba a pelear con Stacy, golpearla en la cabeza con la pata que habían logrado romper de
una de las sillas desvencijadas que hacían juego con la mesa igualmente desvencijada?

Su mesa. Sus sillas.

Llevaba más de diez años aquí. Encerrada en esta pequeña habitación; diez años. Era su casa. La de ella y
la de Faith. Si salieran, ¿entonces qué?

¿Todavía estaban sus padres por aquí? ¿Y si hubieran muerto? ¿Y si se hubieran mudado? Entonces, ¿qué
harían ella y Faith? ¿Cómo vivirían?

¿Cómo comerían?

−Mamá, todo estará bien.

−¿Cómo lo sabes? Si logramos salir de aquí, lo cual dudo mucho, ¿qué haremos? ¿A dónde iremos? Y si
nos atrapan, si no lo conseguimos, se enfadará tanto, Faith. Nos hará daño.−Se puso de pie rápidamente.
−Él te hará daño. ¡Puede estar tan enojado que nos mate! ¿Es eso lo que quieres?−Preguntó, su voz más
fuerte de lo que pretendía.

−Quiero salir de aquí, mamá. Esta será nuestra única oportunidad; hoy.−Faith, que parecía tan adulta y
madura de repente, tomó su mano y la apretó con fuerza.−Mi nombre es Faith. Me pusiste así por una
razón, ¿no es así?−Sus ojos se sostuvieron.−Hoy, mamá, debes tener fe.

−Estoy tan asustada,−dijo ella, amenazando con las lágrimas.−Y si…

−¿Qué pasa si estamos atrapadas aquí para siempre?

Lucy se tragó las lágrimas. Sí. ¿Y si lo estaban? Faith eventualmente sufriría el mismo destino que ella.
Vendrían a buscarla por la noche. La llevarían a la pequeña habitación, no mucho más grande que un
armario. La amarrarían a la cama sucia. Ellos...

¡No! Lucy apretó los puños. No. Ella misma lucharía contra él. No lo permitiría. Pero entonces no la
necesitaría más, no si tuviera a Faith. La mataría. Entonces, Faith estaría completamente sola. Atascada
aquí; para siempre.

Respiró hondo, encontrando coraje donde pensaba que no lo había. Se encontró con los ojos de Faith de
nuevo, sosteniéndolos. Asintió finalmente.

−Okey. Vamos a salir de aquí.


Capítulo Cincuenta
Mason podía oír la respiración dificultosa de Grace mientras caminaba delante de ella. Había estado en
las montañas durante más de una semana, pero dudaba que estuviera lo suficientemente aclimatada a la
altitud para una caminata como esta. Ya no estaban en el camino en bruto que no parecía que se hubiera
usado en un tiempo. Habría pensado que habría sido más seguro. Seguramente no había trampas
explosivas allí y lo había dicho, pero Grace,—y Susie Shackle,—las habían conducido hacia los árboles sin
responder a su comentario.

−¿Estás bien?

Grace se dio la vuelta y le ofreció una rápida sonrisa.−Mis pulmones están a punto de explotar.−Entonces,
Grace se detuvo.−Susie dice que estamos cerca.

−¿Cerca de la casa?

Grace se inclinó y apoyó las manos sobre sus muslos.−Dios mío, estoy fuera de forma.

−Bueno, pasaremos el resto del verano trabajando en eso. ¿Trato?

Grace encontró su mirada entonces, sus ojos tiernos.−Trato.−Se enderezó de nuevo.−Cerca de donde
comienzan las trampas explosivas; Susie dice que debemos tener mucho cuidado a partir de ahora. Dice que
no podíamos quedarnos en el sendero. Lo han arreglado con explosivos. Por aquí es más seguro.

¿Explosivos en sendero? Era lógico que también tuvieran explosivos en sendero principal hasta la casa.
Mason miró a su alrededor, preguntándose si sería capaz de detectar una trampa. Las trampas de alambre
serían los más fáciles de ocultar. Y lo más mortal si estuvieran equipados con objetos voladores afilados.
Grace dijo—según Thomas—que había flechas y cuchillos y cosas así para estar atentos.

−Mason...aquí.

Mason miró hacia donde Grace señalaba. Efectivamente, una trampa de alambre se extendía por el
sendero. Observó a Grace pasar por encima.

−Me pregunto con qué frecuencia se activan. Los ciervos o cualquier cosa podrían tropezar con ellos.

−Susie dice que Johnny y su hijo son muy paranoicos y los revisan casi a diario. Y sí, ha habido algunos
encuentros desafortunados con la vida silvestre.−Grace la miró de nuevo.−Desafortunada para la vida
salvaje, quiero decir.

Después de otros cien metros más o menos, Grace se detuvo abruptamente. Luego dio un paso atrás.
Mason hizo lo mismo. Vio la trampa antes de que Grace pudiera señalarla.

−¿Cómo lo solucionamos?−No parecía haber una escalada fácil a ambos lados. La trampa estaba entre
dos rocas grandes, demasiado grandes para escalar.

−Susie dice que la tropieces.

Mason asintió. Miró a su alrededor, preguntándose cómo podría alcanzar el gatillo sin quedar atrapada en
la red.

−Vuelve a bajar. Debería haber una rama larga de árbol en el suelo.−Grace señaló.−A la izquierda allá
abajo.−Grace sonrió ante su pregunta no formulada.−Sí, ayuda tener un navegador.

Mason encontró la rama, pero era muy pesada. No estaba segura de poder suspenderla por la red para
hacer saltar el alambre.

−Ella dice que lo arrojes al alambre si no puedes alcanzarlo.

Grace retrocedió mientras Mason se acercaba al borde de la trampa; la rama era aproximadamente un pie
demasiado corta. Se agachó y luego la arrojó con suficiente fuerza para golpear el alambre. La trampa
estaba levantada en las cuatro esquinas, llevándose su rama con ella mientras estaba suspendida sobre
ellas, balanceándose hacia adelante y hacia atrás a cinco o seis pies sobre el suelo.

−Guau. Ese es un sistema de poleas que han preparado aquí.−Ella asintió con confianza.−Tenemos esto.
Guíanos.

A pesar de toda la confianza que Lucy había emanado antes, el corazón le martilleaba en el pecho. Faith
dijo que Stacy estaba en camino; Faith se sentó a la mesa, hojeando ociosamente una revista, pero Lucy
vio que le temblaba la mano. Sí, ella también estaba asustada. Lucy estaba de pie detrás de la puerta, su
mano agarrando con fuerza la pata de la silla de madera. Un golpe. Le daría un golpe. Tan duro como
pudiera. Cuando Stacy cayera, Faith le quitaría las llaves del cinturón. Ya habían rasgado las sábanas. Le
atarían las manos y los pies. Le cubrirían la boca para que no pudiera gritar. Lo tenían todo planeado.
Pero estaba temblando tanto, el miedo le hacía latir la sangre en los oídos, que apenas podía oír el
chirrido de las ruedas del carrito de comida, apenas podía distinguir el tintineo de las llaves cuando Stacy
estaba al otro lado de la puerta.

Oh, ella no quería hacer esto. No quería lastimar a Stacy. Stacy había sido amable con ellas. Stacy les
trajo comida. Traje libros y revistas para Faith. Stacy...

−Mamá, mírame.

Lucy se volvió hacia Faith y se encontró con su mirada.

−Te amo, mamá. Nos vamos de aquí ahora. Ahora mismo.

Lucy se tragó el miedo.−Sí. Yo también te amo.

Respiró hondo cuando la puerta se abrió y el carrito chirriante precedió a Stacy en la habitación.
Colocaron almohadas debajo de la colcha gastada y descolorida. Las esponjó para que pareciera que había
alguien allí; tenían un plan.

−Mamá no se siente bien,−dijo Faith cuando entró Stacy.

La mirada de Stacy se dirigió a la cama,—como habían anticipado. Dio un paso hacia ella, dejando que la
puerta se cerrara detrás de ella. Lucy balanceó la pata tan fuerte como pudo, casi gritando por el sonido
que hizo cuando golpeó a Stacy en un lado de la cabeza. Aturdida, Stacy se volvió con los ojos muy
abiertos por la sorpresa.

−¡No! No puedes...

Lucy la golpeó de nuevo y la sangre brotó de su frente mientras caía al suelo. Se quedó allí, congelada en
su lugar mientras Faith buscaba a tientas las llaves, tratando de desabrochar el broche que estaba sujeto
a los jeans de Stacy.

−¡Mamá! ¡Las sabanas!

Lucy se movió entonces, dejando caer la pata de la silla y agarrando las tiras de tela que habían rasgado
anoche. Tiró de los brazos de Stacy detrás de su espalda. Stacy no ofreció resistencia y Lucy temió estar
muerta.

−¡Oh Dios mío! ¿La maté? La ma…

−¡Mamá, átala! ¡Tenemos que irnos!

Mientras Lucy le ataba los pies, Faith envolvió una tira alrededor de la boca de Stacy. Lucy todavía no
estaba segura de sí Stacy estaba viva o no; Faith sostuvo los extremos hacia arriba y Lucy los tomó,
haciendo un nudo detrás de su cabeza. Entonces, Faith tomó su mano y la instó a levantarse.

Se quedaron en la puerta, mirándose entre ellas. Faith fue quien la abrió. Entonces, se dio cuenta de que
Faith nunca había puesto un pie fuera de esas cuatro paredes. Lucy, en las noches que él vino a
reclamarla, solo había llegado hasta la pequeña habitación, dos puertas más abajo.

−Tenemos que encontrar a Abby. Thomas nos va a guiar.

Lucy solo asintió. Su parte en su escape había terminado. Ahora, seguiría a Faith. Y cualquiera de los
amigos de Faith que las estuviera ayudando. Miró hacia atrás cuando la puerta se cerró detrás de ellas y
vio el cuerpo inerte de Stacy en el suelo.
Capítulo Cincuenta Y Uno
Grace escuchó al pájaro incluso antes de que Susie pudiera advertirle; sacudió la cabeza, pero Mason
también lo había oído. Sacó su arma de su funda.

−¡No! Ella no debe disparar! ¡Lo oirán!

−Mason, no!

−¡El maldito pájaro...

−¡No! Estamos tratando de acercarnos sigilosamente, ¿recuerdas? No puedes dispararle.

Las palabras apenas habían salido de su boca cuando el pájaro salió volando de los árboles, zumbando sus
cabezas. Mason se balanceó inútilmente mientras chillaba junto a ellas. El arrendajo aterrizó delante de
ellas, chillando desde su posición, sus ojos negros mirándolas hacia abajo.

−No lo mires. Sigue caminando.

Grace tomó a Mason de la mano y la arrastró con ellas. Mientras caminaban cerca de la rama, Grace
dirigió su mirada hacia el pájaro. Ya no era un arrendajo de Steller. Era un bebe. El mismo que había visto
antes: colmillos largos y afilados, sangre goteando de ellos. La boca se abrió y se cerró como si la
mordiera.

−¡Grace! Él no puede lastimarte. ¡Ignoralo!

Grace apretó la mano de Mason con fuerza cuando pasaron por debajo del árbol. Gotas de sangre cayeron
de la boca del bebé y aterrizaron en su brazo. Mason se apartó bruscamente cuando el bebé,—no, ahora
un pájaro de nuevo—aterrizó en su cabeza, sus garras tratando de clavarse en su cuero cabelludo. Sin
pensarlo, Grace tomó un palo y golpeó al pájaro con un revés. La tiró y cayó al suelo como si estuviera
aturdido. Mason tomó una gran piedra, con la intención de arrojarla al pájaro, pero el arrendajo se fue
volando, lanzándose hacia las gruesas ramas de un abeto y desapareciendo de la vista.

−¿Estás bien?

Mason le tocó la cabeza, luego miró sus dedos. Había sangre en cada uno de ellos.−Quiero dispararle a
ese bastardo.

−¡Vamos! Intentará advertirles.

−Tenemos que irnos. ¡Deprisa!

Habían pasado de cinco trampas explosivas hasta ahora. Susie dijo que solo había una más. No habían
tenido ningún problema para maniobrar a su alrededor y solo habían tenido que hacer caer al que tenía la
trampa.

−Esta última tiene una red de malla a través del camino. Tiene cuchillos. Tendrán que tener mucho
cuidado.

Grace miró a Mason.−Se acercan los cuchillos.. Malla de red.

−¿Podemos evitarlo?

−No.

−No,−transmitió Grace. Se detuvo cuando Susie levantó la mano.

−Aquí.−Susie se hizo a un lado, señalando los cuchillos que estaban casi camuflados en los árboles. Cada
uno parecía estar incrustado en un tablero.

−Yo lo veo.−Mason la rodeó, inspeccionando la malla.

−¿Cómo disparan?

−No tengo idea.−Mason caminó hacia el árbol.


−Ten cuidado.

−Ella dice que tenga cuidado.

−¡Ah! Cuerdas de bungee. Muchas de ellas.−Se volvió hacia la malla.−Creo que puedo arrojar algo a la
malla,—como hicimos con la trampa—y hacer que se dispare. Entonces, podemos rodearla.−Arqueó las
cejas.−A menos que alguien más tenga otra idea.

Grace miró a Susie.−¿Qué piensas?


−Creo que es la única forma. Pero deberías quedarte atrás. Por si acaso.

Grace se volvió hacia Mason.−Sí. Pero desde lo más atrás que puedas.

La piedra que Mason seleccionó no era muy grande, y se paró cerca de Grace, lanzando un tiro duro y
discreto a la malla. La roca se deslizó sin siquiera tocar la red.

−No podría haber hecho eso si lo hubiera intentado,−murmuró Mason mientras seleccionaba otra roca,
está más grande.

El lanzamiento esta vez golpeó la malla en el medio y con un zumbido, las tablas verticales gemelas
salieron volando, ambas con seis cuchillos incrustados en ellas. Dio un paso hacia atrás involuntariamente
a pesar de que estaban bastante lejos del peligro.

Mason fue a inspeccionar los cuchillos, sacudiendo la cabeza mientras lo hacía.−Me pregunto cuántos
ciervos han quedado atrapados en esta cosa; sangre seca en las hojas.

−¿Podemos pasar?

Mason caminó alrededor de los cuchillos hacia la malla, sosteniéndola lo suficientemente alta como para
que se arrastraran debajo.−Vamos.

−La casa está justo más allá de los árboles. Paul está ahí. Está vigilando a Charles. Thomas está con Faith.

−¿Y dónde está Johnny?

−Charles está con la chica. Ginny. Johnny se sienta afuera. En guardia; con su escopeta.

Grace tragó saliva.−Soy la distracción.

−Sí.

−¿Qué ocurre?−Mason preguntó.

Grace respiró hondo y se encontró con su mirada.−Tiempo de la función.

Lucy tomó las llaves de los torpes dedos de Faith, tratando de adivinar cuál podría abrir la puerta.

−Mamá, él dice esta.−Faith señaló una llave con una gorra roja de plástico. Había tal vez doce o quince
llaves. La mayoría fueron codificados con tapas de diferentes colores.

Faith lo puso en el pestillo y se volvió, oyendo el clic cuando la cerradura se soltó. Se preguntó por qué
aquí solo había una cerradura mientras que su habitación tenía tres. Cuando abrió la puerta, vio los ojos
muy abiertos mirándola. La joven levantó a su bebé de manera protectora, abrazándolo con fuerza.

−¿Quién eres tú?

−¿Abby?

La mujer asintió.−¿Quién eres tú?

−Lucy. Lucy Hines.

Ante eso, la boca de la mujer se abrió.−¿Lucy? Yo...te recuerdo de la escuela. Pero tú...tenías...

−Sí. Tenía catorce años. He estado aquí desde entonces. Como tú; encerrada.

−Mamá, debemos irnos.

−Nos vamos de aquí. Ven con nosotros.

Abby sacudió la cabeza.−No. No...no puedo. El bebé. Stacy vendrá pronto. Y...y el hombre...

−Mi nombre es Faith. Stacy no vendrá. Y hay dos personas del pueblo que vienen a ayudarnos a escapar.
Tienes que venir con nosotras.

−Ella es mi hija,−explicó Lucy.

Todas parecían saltar de golpe cuando una ráfaga de escopeta rompió el silencio. Lucy miró a Faith sin
saber qué hacer. ¿Deberían volver corriendo a su habitación? Deberían ellas…

−Grace está aquí.

Faith cerró la puerta y Lucy se sorprendió de su calma mientras cerraba el cerrojo con la llave. Se llevó un
dedo a los labios, indicándoles que se callaran. Abby se había alejado de ellas, acurrucada en un rincón
con su bebé. Un bebé que comenzaba a inquietarse.
Capítulo Cincuenta Y Dos
−Esta fue una maldita idea estúpida.

Mason se agachó detrás del árbol, con el corazón todavía alojado en su garganta por el disparo de la
escopeta. El hombre,—Johnny Herchek,—no había emitido una advertencia verbal cuando Grace se
acercó. No. Él había movido la escopeta en su dirección y había disparado su advertencia por encima de
su cabeza. Grace se había agachado hasta el suelo, lo que le hacía presa fácil a Johnny, que estaba
sentado en una silla en el porche delantero, con la escopeta apoyada en su regazo. Se veía sucio, su
camisa colgando abierta, revelando una camiseta igualmente sucia. No sabía si estaba borracho o medio
loco. Un cabello espeso sobresalía de debajo de una gorra azul descolorida y una barba abundante cubría
su rostro. Borracho, supuso, a juzgar por la botella que se le había caído del regazo. Botella transparente;
sin etiquetas. Líquido ambarino. Whisky Moonshine, sin duda.

A pesar de eso, se quedó quieta. Ese era el plan. Grace le había hecho prometerlo. Grace y Susie le habían
hecho prometerlo. Así que se aferró con fuerza a la rama y observó cómo Johnny ponía de pie a Grace y le
apuntaba con la pistola a la cara. Podía escuchar sus voces pero no distinguir sus palabras. Grace estaba
ofreciendo una explicación por su presencia. Habían discutido qué decirle. Susie sugirió que le dijeran la
verdad,—que Grace sabía que tenía rehenes allí. Mason y Grace habían rechazado esa idea. Algo más
dócil, menos amenazante. Tenía miedo de que Johnny se asustara y disparara a Grace allí mismo donde
estaba.

Entonces, Grace se perdió. Viajaba sola y se perdió. Johnny no se sentiría amenazado por eso. Pero él
querría abrazarla. Susie dijo que la llevaría al túnel. Y probablemente en la caja. Y mientras lo hacía,
Mason corría hacia la casa. Su trabajo era encontrar a Charles, inhabilitarlo, rescatar a Ginny y los
demás. Y luego, encontrar a Grace antes de que el loco Johnny Herchek derribara toda la montaña con su
dinamita.

−Nunca funcionará.

Por un lado, ¿cómo se las habría arreglado Grace para llegar a su casa sin tropezar con una de sus
trampas explosivas? Pero hasta ahora, parecía estar funcionando. Johnny estaba arrastrando a Grace que
luchaba con él, dentro de la casa. Le estaba gritando a Charles que "Ven a ver lo que encontré" y Mason
hizo todo lo que pudo para no sacar su arma y derribarlo antes de que desaparecieran dentro.

No obstante, desaparecieron. Esperó, escudriñando las ventanas que estaban frente a ella. No vio ningún
movimiento. Respiró hondo, luego salió disparada de detrás del árbol, corriendo tan rápido como pudo
hacia la misma puerta por la que él había hecho pasar a Grace.

−¡Charles! ¡Maldita sea! ¡Despierta! ¡Tengo un intruso!

Grace trató de alejarse y Johnny la abofeteó con el dorso de su mano; sus orejas resonaban por el golpe.

−Está bien, Grace. Charles se desmayó. No lo escuchará.

Grace continuó luchando mientras Johnny la empujaba a través de la casa. Todo parecía borroso: las
sucias paredes blancas, el desorden, el olor a cigarrillos. Lo que no fue un borrón fue el pájaro que golpeó
la ventana. Las plumas azules golpean contra el cristal. Johnny no pareció darse cuenta.

−Maldito intrusa, eso es lo que tengo aquí,−murmuró. Luego se detuvo y la levantó bruscamente.−¿Qué
demonios estás haciendo husmeando por aquí, niña?

−Te lo dije…

−¿El auto se descompuso? ¿Se perdió? ¿Acaso tropezó con mi casa?−Cuando sonrió, Grace vio su boca
llena de dientes sucios y manchados y olió su mal aliento.−Tengo trampas explosivas instaladas. No hay
forma de que las hayas pasado.

−Supongo que lo hice. Estoy aquí, ¿no?−Trató de alejarse de él.−Si pudiera, por favor, solo llamar a
alguien. Un servicio de auxilio o algo así; saldré de su pelo. Me iré ahora mismo. Desgracia...

−¿Irte?−Él le dio una risa sin humor.−¿Por qué iba a dejarte ir?

−No quiero hacer daño, señor. Me perdí. No debería haber venido aquí.

−Así es. Eso fue un error de tu parte.−Se apartó de ella.−¡Charles!

¡Despierta el culo!

−Yo…

−¡Cállate! ¡Ya entiendo!−La atrajo hacia sí.−Me gustaría divertirme un poco contigo, pero eres un poco
mayor para mi gusto. Sin embargo, Charles podría querer jugar contigo. Tal vez podrías enseñarle una o
dos cosas.

−Por favor. Yo no…

−Sé exactamente dónde ponerte.−Él rió.−Nadie te va a encontrar allí.

−Susie...tengo miedo.

−Estoy aquí contigo.

La sacó por una puerta trasera que estaba a sólo doce o quince metros del lado de la pared rocosa de la
montaña. Podía ver el enorme agujero negro que era la boca de un túnel. Saltó cuando el arrendajo de
Steller voló hacia ella y le picoteo la cabeza.

−¡Maldito pájaro!−Él bramó. Giró su escopeta hacia arriba, disparando una ronda, y Grace miró con
incredulidad mientras las plumas azules llenaban el aire y el pájaro caía al suelo, sus alas moviéndose sin
poder hacer nada. Pero luego ya no era un pájaro. Fue el bebé. Un bebé herido y ensangrentado, gritando
de dolor. No sabe que es Rusty, pensó. No; Susie había dicho que Rusty solo se comunicaba con él a través
de la muñeca.

−Maldito pájaro,−murmuró de nuevo.−Volando por aquí todo el tiempo. Lo arregló, ¿verdad?−Él tiró de
su brazo, sus dedos carnosos se apretaron fuertemente alrededor de su muñeca.−Ven.

−¿A dónde me llevas?−Clavó los talones mientras él la arrastraba.

−Te llevaré al infierno.−Casi gritó de risa.−Dile hola a mi hijo cuando llegues.−Rió de nuevo.−Sí, dile que
su viejo lamenta haberse olvidado de él en la caja.−Otra carcajada.−No, ¡estoy mintiendo! Era un bueno
para nada bastardo.

Estaban parados a la entrada del túnel. Por dentro parecía tan negro como la noche. Se dio la vuelta
cuando los gritos del bebé cesaron. Era el pájaro de nuevo. Aparentemente, incluso rociarlo con
perdigones de escopeta no fue suficiente para matarlo. Había sangre en las plumas, pero las agitó, sus
ojos oscuros y pequeños se encontraron con los de ella por un segundo. Abrió la boca, pero no salió
ningún sonido. En cambio, voló hacia la casa, aterrizando en la esquina del techo, viendo como Johnny la
empujaba hacia el interior del túnel. No encendió una luz y se preguntó cómo podía ver algo. Dejó de
luchar, temiendo a la oscuridad más que a él en ese momento; los sintió girar a la izquierda. El aire
estaba húmedo, fresco...y tranquilo; chocó con algo y murmuró un rápido "Maldita sea", luego continuó.
De nuevo giraron, esta vez a la derecha. Se sintió como si estuvieran en un laberinto mientras él las
maniobraba más profundamente en la montaña.

Soltó un grito ahogado cuando una mano fuerte y callosa la agarró por el cuello y la empujó contra la
pared.

−Te romperé el cuello como una ramita si te mueves.−Luego se echó a reír.−Sin embargo, podría ser un
final más rápido para ti.

Escuchó el chirrido de las bisagras oxidadas y supo que estaba abriendo una puerta.−¿Susie? ¿Estás
aquí?

−Estoy aquí. Pero no puedo entrar contigo.

−¿Por qué no?

−La caja le pertenece a Nathan. No dejará entrar a nadie.

La pregunta obvia—¿quién era Nathan?—Nunca se hizo mientras la empujaban dentro de la caja, lo


suficientemente fuerte como para caer al suelo. Luego, las bisagras chirriantes le dijeron que la puerta se
estaba cerrando, y escuchó el sonido inconfundible de un candado al encajar en su lugar.

Estaba más tenebroso que oscuro. Sí, si eso fuera tal cosa. En realidad, nunca antes había temido a la
oscuridad. Pero lo hizo ahora. Porque ella no estaba sola.

−¿Cómo te llamas?

Tragó saliva.−Gra...Grace.

−Soy Nathan.
Capítulo Cincuenta Y Tres
Mason sintió gotas de sudor en su frente mientras se apoyaba contra la pared, escuchando. Grace le había
dicho que Charles estaría en su habitación en la parte trasera de la casa. Los demás estarían en el sótano.
La niña,—Ginny,—estaba atada a la cama de Charles. Dios, deberían haber asaltado el lugar. Debería
haber sacado a Johnny cuando tuvo la oportunidad. Por supuesto, su mente lógica, la parte que recordaba
que todavía era policía, le preguntó por qué podría haber disparado a Johnny Herchek.

−Debería haber esperado a Kemp,−murmuró para sí misma. Debería haber traído a Dalton. O Brady
¡Cristo!

Se arrastró por el pasillo, mirando las puertas. Última puerta, le había dicho Susie a Grace. Sacó su arma
de servicio, agarrada con fuerza en su mano derecha mientras estiraba la mano para girar la perilla con la
izquierda. Saltó hacia atrás, sorprendida, cuando escuchó el disparo de la escopeta.

¡Grace!

Dio un paso atrás. Grace le había dicho "pase lo que pase" que no debía cambiar el plan. Encargarte de
Charles. Saca a las chicas, pase lo que pase. Cerró los ojos por un segundo, sacando imágenes de Grace
de su mente. Respiró hondo y volvió a concentrarse en la puerta. Giró el pomo, luego empujó la puerta
para abrirla lentamente, el olor fétido de la habitación cerrada hizo que arrugara la nariz. Un cenicero
rebosante fue lo primero que vio. Eso y una botella vacía de licor. Una joven con ojos asustados la miró y
jadeó. Mason se llevó un dedo a los labios para indicarle que se quedara callada. Un hombre yacía tendido
en la cama, sus ronquidos eran lo único que indicaba que todavía estaba vivo. Una mano colgaba flácida
de un lado, la otra estaba junto a su almohada. Tenía las piernas dobladas en un ángulo extraño, como si
solo se hubiera caído en la cama y se hubiera desmayado.
Primero fue con la chica. Tenía las manos atadas a la cabecera y estaba desnuda. Mason vio manchas de
sangre en la cama y apartó eso de su mente; si insistía demasiado en ello, podría dispararle a Charles
donde yacía. Volvió a llevarse un dedo a los labios y la chica asintió. Alargó la mano para desatar la
cuerda, sin apartar la vista de Charles mientras lo hacía. Cuando la pequeña estuvo libre, Mason levantó
la mano y le dijo que se quedara.

−No te muevas,−articuló.

En silencio, se quitó las esposas del cinturón y se arrastró alrededor de la cama hacia Charles. Cuando se
acercó, una tabla del suelo crujió bajo su peso y se detuvo, apenas respirando cuando cesaron sus
ronquidos. Sus párpados se agitaron pero no se abrieron. Volvió a mirar a la chica, que también parecía
estar conteniendo la respiración. Sus labios estaban temblando y las lágrimas comenzaron a caer de sus
ojos, pero no emitió ningún sonido. Mason asintió con la cabeza, luego volvió su atención a Charles.

Pensó que su mejor opción era esposar la muñeca más cercana a la cabecera y asegurarla a uno de los
listones de madera. Eso todavía le dejaría una mano libre, pero tendría que arriesgarse. Tragó saliva y su
garganta estaba seca cuando extendió la mano, la esposa a solo centímetros de su muñeca.

Un fuerte golpe en la ventana la hizo saltar y se giró, encontrando un pájaro,—el maldito arrendajo azul
de Steller,—aferrado a la pantalla. Dejó escapar un grito estridente y luego golpeó el cristal con el pico.

La joven dejó escapar un grito y Mason giró la cabeza hacia atrás, sorprendida al encontrar a Charles con
los ojos abiertos.

−¿Qué demonios?

Le puso las esposas alrededor de la muñeca luego fue arrojada contra la pared mientras él estaba de pie.
Su única gracia salvadora fueron sus piernas temblorosas, y lo pateó con fuerza en una rodilla,
doblándolo. Él gritó de dolor cuando ella tiró de su brazo hacia arriba, finalmente asegurando la esposa
alrededor de una de las tablillas de la cabecera. Saltó hacia atrás cuando él la pateó, agitando el brazo
alrededor de él mientras ella estaba fuera de su alcance.

−Estas

bajo

arresto.−Entonces

sonrió.−Aguanta.

Vuelvo

enseguida.−Le tendió la mano a la chica.−¡Ven!

Charles se sacudió con fuerza contra el marco de la cama, y ella se preguntó cuánto le tomaría romperlo.
No importaba. Si no le disparaba, no podría acercarse lo suficiente para atarle el otro brazo.
−¡Deja que me suelte, perra!−Se acostó en la cama, pateando la cabecera.−¡Papi! ¡Papi! ¡Ayúdame!
¡Alguna perra está en la casa! ¡Papi!

El pájaro continuó golpeando contra la ventana, y apenas se resistió a dispararle a la maldita cosa. Se
apresuró a salir de la habitación, arrastrando a Ginny con ella. Cerró la puerta en la cadena de blasfemia
de Charles mientras él alternativamente arremetía y llamaba a su padre.

La chica estaba llorando en voz alta ahora y Mason la atrajo a un abrazo rápido y fuerte.−Voy a sacarte de
aquí, Ginny, pero hay algunas otras que necesitamos rescatar primero. Necesito que me ayudes, ¿okey?

La chica estaba allí desnuda y magullada y aún le caían las lágrimas, pero asintió con valentía.

De regreso a la casa principal, se apresuraron a atravesar la sala de estar, que estaba desordenada y
sucia,—y entraron en la cocina. Se detuvo en seco. Estaba sorprendentemente limpia, incluso con la
evidencia de que acababan de cocinar el desayuno. Pared interior, le había dicho Susie a Grace. Había dos
puertas y abrió una de golpe, solo para encontrar una despensa. Fue hacia la otra, sorprendida de que
estuviera cerrada.
Dos, tres patadas contra la puerta le dijeron que no iba a poder romperla,—era un sólido trozo de madera.
Disparar la cerradura probablemente no era la mejor opción, pero no le quedaba nada por hacer; se sentía
como si ya hubiera estado en la casa una eternidad.

−Voy a tener que disparar a la cerradura. Quedate atrás.

Se alejó unos pasos, luego apuntó a la cerradura, disparó dos veces y astilló la madera a lo largo del
marco de la puerta. Esta vez, cuando pateó, la puerta se abrió de golpe, revelando unos escalones que se
dirigían a un sótano. La luz estaba encendida y avanzó lo más rápido que pudo, aterrizando en el medio de
una gran habitación. Ginny estaba cerca de ella, sujetando su cinturón de servicio. Cuatro puertas,—todas
cerradas,—las recibieron.

Fue a la primera. Estaba bloqueada. Sí. Todas estarían bloqueadas; llaves. Necesitaba las llaves.

−¿Faith?−Fue a cada puerta, golpeando ruidosamente.−¿Faith? Susie me envió. Necesito las llaves.
Vamos. Vamos.−¡Faith! ¿Dónde estás?

Oyó llorar a un bebé, y se volvió, tratando de determinar de qué puerta provenía. Se dirigió hacia él y
volvió a llamar.

−¿Quién está allí? Estoy con el departamento del sheriff. ¿Faith?

Oyó girar el cerrojo y dio un paso atrás, esperando que la puerta se abriera lentamente. Una niña miraba
hacia ella.

−¿Eres Mason?

No se molestó en preguntar cómo sabía su nombre.−Sí, soy Mason. ¿Eres Faith?

La niña asintió y abrió la puerta un poco más. Mason entró y encontró a dos mujeres, una con un bebé
protectoramente. Ambas la miraron desconfiadamente. ¿Y por qué no? Habían sido encarceladas aquí
durante una década o más.

−Soy Mason Cooper con el departamento del sheriff,−dijo con calma.−Las voy a sacar de aquí. ¿Tienes
llaves?

−Las tengo.

−¿Eres Lucy?

La mujer asintió.

−Okey. Esta es Ginny.

Faith asintió con la cabeza.−Ginny. Sí. Te trajeron aquí anoche.

La mujer con el bebé,—Abby,—sacudió la cabeza con firmeza.−No. No puedo irme Él lastimará a Andrew.
Infierno…

Fue Faith, la niña de diez años, quien habló.−Hará daño a Andrew si te quedas. Él te lo quitará. Lo criará
como su hijo. Debes venir con nosotras, Abby.

Oyó cristales rompiéndose arriba. Asumió que Charles había arrojado algo a la ventana.−Encuentra algo
para que Ginny se ponga. ¡Tenemos que darnos prisa!
Capítulo Cincuenta Y Cuatro
Grace sintió una mano rozar su mejilla y cerró los ojos, tratando de concentrarse en su interior. Nunca
había tenido más miedo en su vida, pero sabía que no debería tenerle miedo a Nathan. Sin embargo, lo
hacía; necesitaba recuperar la compostura. Necesitaba tener el control, no él. Abrió los ojos y no vio nada
más que oscuridad.

−¿Cuánto tiempo has estado aquí?−Su voz sonaba extraña, nerviosa, a sus propios oídos y se preguntó si
él podría decirlo.
−Mucho tiempo. Se olvidó de mí.

¿Se olvidó de él? ¿Lo encerró aquí y se olvidó de él?−¿Por qué no te vas?

−Rusty no me deja. No dejará que nadie se cruce.

Recordó algo que Thomas había dicho. Que no solo estaban salvando a Faith y Lucy. Ella los liberaría a
todos. Eso debe ser lo que quiso decir.

−No dejas que nadie entre aquí, ¿verdad?

−No. Es mi caja. Sin embargo, creo que tendré que compartirla contigo ahora.

Sacudió su cabeza.−Voy a salir.

Él rió.−Pero volverás. Rusty te hará volver aquí, supongo.

−No. Quiero decir, voy a salir, en mi forma actual.

Otra risa−No lo creo. No va a volver por ti.

No. Pero Mason sí. Cerró los ojos de nuevo. ¿No es cierto? Se apoyó contra la puerta y luego se deslizó
hasta el suelo. Su pie chocó con algo e imaginó que era el cuerpo de Nathan. Echó el pie hacia atrás,
subiendo las rodillas hasta el pecho y rodeándolas con los brazos.

−¿Quieres jugar un juego o algo así?

−No.

−¡Tenemos que darnos prisa! ¡Susie dice que el hombre viene!

Mason se detuvo al pie de las escaleras.−¿Susie está aquí? ¿Por qué no está con Grace? Pregúntale si
Grace está bien.

−Susie dice que Grace está en la caja. Susie dice que debes apurarte. El hombre regresará.

Faith la estaba empujando literalmente por las escaleras. Mason se volvió para mirar. Los otros estaban al
pie de los escalones del sótano: Lucy, ahora sosteniendo la mano de Ginny, y Abby y su bebé inquieto.
Todas tenían miradas idénticas en sus ojos: miedo. Faith fue todo lo contrario. Ella irradiaba confianza.

Voces fuertes bajaron por las escaleras y supo que Johnny estaba tratando de liberar a Charles de las
esposas. Se volvió para mirar a Lucy.

−Cuando lleguemos a la cima, iré tras Johnny. Sacas a las demás afuera. Al frente, no atrás.−Miró a Faith.
−Susie te ayudará.

−Sí. Susie dice que sí.

Casi corrió hasta la parte superior de las escaleras, escuchando a las demás arrastrarse detrás de ella. El
bebé estaba llorando fuerte ahora, y podía escuchar a Abby tratando sin éxito de silenciarlo.

Cuando empujó la puerta para abrirla, no se sorprendió al ver al arrendajo de Steller volando en la cocina,
graznando ruidosamente mientras volaba de ventana en ventana. Podía ver sangre en sus plumas y él
parecía favorecer un ala. La sartén que había estado en la cocina de repente salió volando por el aire, y
los ojos de Mason se abrieron como platos cuando se estrelló contra la ventana, sin apenas perder al
pájaro. El pájaro voló hacia la cocina, chillando, luchando con una fuerza invisible.

¿Qué demonios? ¿Fue Susie? ¿Alguien más? ¿Thomas quizás?

Entonces la puerta exterior se abrió de golpe y Johnny Herchek se quedó allí, escopeta en mano. Mason
no sabía si estaba más sorprendido de encontrarla allí o al pájaro. Consiguió su respuesta cuando él
levantó su escopeta, disparando una ronda hacia el pájaro.

−¡Maldito pájaro! ¡Estoy harto de ese pájaro!


−¡Corran!−Les gritó a las demás mientras disparaba, golpeando a Johnny de vuelta por la puerta.−
¡Sigan! ¡Corran!

Se arrastró hacia la puerta trasera con su Glock preparada. Johnny se sentó y le disparó con su escopeta.
Se tiró al suelo, oyendo el rociado de perdigones que se incrustaban en la pared detrás de ella. Volvió a
disparar, pero Johnny estaba huyendo de ella. Podía ver sangre en su camisa y sabía que lo había
golpeado, sin embargo, él mostró pocas señales de ello. Se puso de pie, solo para volver a sumergirse
cuando el pájaro, —el maldito pájaro,—la atacó. Se balanceó salvajemente, tirándolo fuera de su cabeza.
Se le acercó de nuevo y lo agarró, arrojándolo contra la pared. Apuntó, disparando dos veces. El pájaro
explotó, las plumas mezcladas con sangre salpicaron la pared en docenas de pedazos. No se tomó el
tiempo para saborear su victoria.

Salió corriendo detrás de Johnny. Desde adentro, podía escuchar a Charles gritarle a alguien que "quitame
estas malditas esposas". Se detuvo en la boca del túnel,—estaba tan oscuro como la medianoche adentro.
Grace estaba ahí. Algún lado. Johnny estaba allí, seguramente. Con una escopeta.

Dio un paso vacilante dentro y luego escuchó un estruendo. Miró detrás de ella, sintiendo la tierra
temblar bajo sus pies. El estruendo se convirtió en una explosión. Luego otra, está un poco más cerca.
Luego otra; luego otra.

−¡Mierda! Está activando las cargas.

Corrió a ciegas por el túnel, extendiendo las manos frente a ella. Tenía que encontrar a Grace. Tenía que
encontrarla antes de que él derribara toda la montaña...y antes de que el túnel de la mina colapsara.
Palpó la pared, luego se apretó contra ella, escuchando. No escuchó nada desde adentro. Buscó a ciegas
su linterna, desabrochó la funda de cuero de su cinturón y la sacó. La encendió y miró a su alrededor. La
boca del túnel era ancha, luego se estrechó mientras cortaba más profundamente en las rocas. Más allá
de la entrada principal, el túnel se dividió, uno virando a la izquierda y el otro ligeramente a la derecha.
¿Debería intentar encontrar a Grace? ¿O debería buscar a Johnny y detenerlo antes de que los volara a
todos por las nubes?

Grace. Tenía que encontrar a Grace. Hizo una pausa en la división, escuchando. No escuchó nada en
ninguna dirección. El túnel principal estaba enfrente. El de la izquierda parecía ser un túnel más nuevo,
aunque asumió que ambos fueron excavados durante el apogeo de la minería hace más de un siglo.

Otra explosión del exterior hizo que cayeran piedras sueltas del techo y sintió crecer su aprensión. Si
eligió el túnel equivocado…
Capítulo Cincuenta Y Cinco
Lucy,—como Faith y Abby,—se protegía los ojos del sol. El sol brillante, glorioso y maravilloso. La explosión
fue suficiente para sacudir el suelo donde estaban, pero no fue suficiente para sacudir la pura alegría y
júbilo que sentía al estar afuera. Estaban escondidas en los árboles, a unos treinta metros de la casa.
Andrew, el bebé, lloraba fuerte ahora, y ella asumió que aún no había sido alimentado esta mañana. Abby
lo mecía en sus brazos, tratando de calmarlo. Faith estaba al lado de la joven, sosteniendo su mano.

−¿Deberíamos continuar?

Faith se volvió hacia ella y Lucy notó la sonrisa en su rostro.−El sol, mamá. Es el sol.

Faith tenía lágrimas en los ojos y Lucy sintió que las suyas corrían por su rostro. Se abrazaron
fuertemente, ambas llorando libremente ahora. En realidad estaban fuera de la casa, fuera de su pequeña
prisión. Entonces Faith se apartó de ella, secándose las lágrimas.

−Necesitamos estar cerca. En caso de que Grace o Mason necesiten ayuda.

−Pero…

−Somos libres, mamá. Susie dice que solo tenemos que esperar hasta que Grace salga de la caja.

−¿Quién es Susie?−Preguntó Abby.

Lucy dio una media sonrisa.−No preguntes.−Entonces fue a ver a Ginny. La chica no podía tener más de
doce años, trece tal vez. Cuando extendió una mano hacia ella, la niña se estremeció.−No te haré daño,
−dijo en voz baja.−Mi nombre es Lucy. Esta es Faith. Y Abby. Y el bebé es Andrew.

−¿Dónde...dónde estamos?

−Realmente no sé,−respondió Lucy con sinceridad.−Pero estamos fuera de casa.−Respiró hondo el aire
fresco y perfumado de pino.−Y

estamos a salvo.

Otra explosión sacudió el suelo. ¿A salvo? ¿Lo estaban realmente?

−¿Sentiste eso?

−Es dinamita. Tiene mucha de eso.

Se puso de pie, con las manos en la puerta.−Va a volar la ladera de la montaña,−murmuró, recordando las
palabras de Susie. Dios, entonces realmente estaré atrapada aquí con Nathan, pensó. Golpeó la puerta
con el puño. Solo entonces se dio cuenta de que era una puerta de metal. No de madera. La golpeó de
nuevo.

¡No! No se supone que sea así. Se supone que Mason la encontrará; ellas van a conseguir un perro. Se
van a enamorar. Ellas van a…

Se dio la vuelta.−¿Nathan?

−Uh huh.

−Tienes que ayudarme.

−¿Ayudarte cómo?

−Salir afuera. Tienes que…

−No me gusta dejar la caja. Rusty está afuera. Él es malo. Me gusta quedarme aquí. Toda para mí. Nadie
me molesta aquí.

−Por favor, Nathan. Ayúdame. Fuera. Hay alguien tratando de encontrarme. Una mujer. Masón. No sé
cómo, pero debes mostrarle el camino.

−Pero Rusty…

−Rusty está herido. Rusty no te hará daño. De hecho, si salimos de aquí, tal vez tú, y todos los demás,
puedan irse. Rusty no puede detenerte.−Se apoyó contra la puerta.−¿Por favor?−El miedo había trepado
por su cuerpo, ahogándola.−¿Por favor?−Susurró. Hubo una larga pausa antes de que respondiera.

−De acuerdo. Pero si Rusty está por ahí, vuelvo enseguida.

−Gracias.−Cerró los ojos con fuerza.−Gracias.


Se deslizó por la puerta, sintiendo otro estruendo sacudir la caja,

¿cuánto tiempo tenía? Apoyó pesadamente la cabeza contra la puerta. Este fue un plan estúpido, ¿no? ¿Así
que había tenido un sueño? ¿Nora Nightsail había tenido una visión? ¿Y si Susie Shackle dijo que
necesitaba distraerlo?

¿No podrían haber ideado un plan mejor? Prácticamente se había ofrecido en bandeja de plata. Y había
hecho lo que le habían dicho que haría; la pondría en la caja. Sin embargo, lo había distraído, con suerte
lo suficiente para que Mason sacara a las demás.

Sí, la pondría en la caja. Esta caja. Su caja. La misma caja donde había puesto a su hijo, Nathan. Y se
olvidó de él. Qué horrible debe haber sido eso;

¿cuántos días, semanas, había podido sobrevivir en esta caja oscura, oscura?

No, la oscuridad no podría describirlo. Era más oscuro que oscuro, más negro que negro.

Y quería como el infierno marcharse.

Ahora.
Capítulo Cincuenta Y Seis
Mason hizo brillar su luz a lo largo del suelo del túnel, luego casi perdió el equilibrio cuando la tierra
tembló por otra explosión. ¿Qué tan cerca estaban las explosiones ahora? ¿Casi a la casa? ¿Podrían oírlas
en el pueblo? Seguramente. ¿Sabrían Dalton y Brady de dónde venían? ¿Scott Kemp ya estaba de vuelta
en el pueblo? Tal vez sea así. Quizás ya estaban de camino hacia aquí. Si no llegaban muy pronto, sería
demasiado tarde.

Sentía la Glock pesada en sus manos y sus palmas estaban húmedas de sudor. Por el nerviosismo, lo sabía.
Hacía frío y estaba húmedo en el pozo de la mina. Hizo una pausa y alumbró con la luz lo que parecía un
túnel sin fin. Creyó oír algo. Sí. Ahí estaba de nuevo. La risa.

Qué diablos

Siguió el sonido, sus pasos crujiendo en las rocas mientras caminaba; sí, definitivamente risa. Ahora podía
ver el brillo de una luz.

−¡Vamos, hijo de puta!

¡Bam!

Era Johnny. Se movió rápidamente, encontrándolo en una pequeña habitación parecida a una cueva, tal
vez el comienzo de un pozo que había sido abandonado hacía mucho tiempo. Estaba acurrucado sobre una
mesa que estaba abarrotada de lo que ella supuso eran materiales para fabricar bombas y cartuchos de
dinamita. La sangre manchaba su camisa y un brazo colgaba inerte a su lado. En su otra mano, sostenía
un dispositivo del tamaño de un teléfono celular. Con el pulgar lo golpeaba frenéticamente.

¡Bam!

Entró completamente en la habitación.−¿Dónde está?

Se dio la vuelta, mostrando sorpresa en su rostro. Soltó el dispositivo y tomó su escopeta. Disparó,
golpeándolo en su hombro bueno. Incluso entonces se aferró a la escopeta.

−¿Donde esta ella?

Una risa enfermiza y dulce salió de su boca y supo entonces, con certeza, que había perdido la cordura a
la que se había aferrado.

−¡Bombas! ¡Las bombas estallan! ¡Sabía que funcionaría! ¡Le dije que funcionaría! ¡Bombas!

−¿Dónde diablos está ella?−Gritó.

Otra risa.−La puse en el infierno. Con Nathan. El mismo lugar al que iras.

Cuando la escopeta se levantó, disparó tres balas en su pecho, dejándolo donde estaba parado.

−Maldita sea,−murmuró ella. Se dio la vuelta.−¡Grace! ¡Grace!

De vuelta en el pozo, siguió corriendo, sintiendo que efectivamente estaba corriendo hacia las entrañas
del infierno.−¡Grace!

Pero no. Se había equivocado de túnel. Este terminó. Tablas viejas y desgastadas bloquearon su camino,
clavadas hace mucho tiempo para sellar el túnel. Se dio la vuelta, corriendo de regreso por el túnel, su
linterna destellando al azar mientras corría. Cuando llegó a la bifurcación, miró hacia la entrada de la
mina. Una forma se paró allí y apagó su linterna.

−¿Papi? Papi, ¿estás aquí?

Charles. Mierda.

−Papi, ¿dónde estás? ¡Se han ido todos! No sé qué hacer. ¡Las bombas estallan!−Él entró en el pozo de
minas, pero dudaba que él tuviera una linterna; ya la habría tenido puesta si lo hubiera hecho.−¡Papi!
−Grito.

Grita todo lo que quieras, pero papi no te va a escuchar. Se movió lentamente a lo largo de la pared,
deslizándose hacia el otro túnel. Usó sus manos para seguir su camino hasta que estuvo lo suficientemente
adentro como para volver a encender la linterna. Se apresuró ahora, casi corriendo, pero llegó a otra
división.

−Oh, Jesús...¿me estás tomando el pelo?

Dio un paso atrás y examinó el suelo, buscando huellas o alguna otra evidencia de cuál tomar. Sin huellas.
Nada más que rocas y escombros; entonces sus ojos se abrieron cuando las rocas se movieron. Una al
principio, luego otra...luego más. Las siguió con la mirada mientras giraban hacia el túnel de la derecha.
No lo cuestionó. No, no después de todo lo que había visto, no lo cuestionó. No se preguntó si estaba
viendo cosas. Solo siguió las rocas en movimiento, sin importarle quién—o qué—era lo que la estaba
ayudando.

Grace nunca supo que era claustrofóbica hasta ese mismo momento; la oscuridad prácticamente se la
había tragado, envolviéndola con tanta fuerza que sintió que ya no podía respirar. Estaba temblando
mientras se acurrucaba contra la puerta, con las rodillas pegadas al pecho. Respiró hondo, preguntándose
si una de las explosiones había cerrado el túnel y la había sellado aquí...sin aire. Las paredes de la caja se
estaban cerrando,—

casi podía sentir cómo se movían hacia ella. Siéntelas, sí, pero no viéndolas; no había nada que ver. No
importaba cuánto entrecerrara los ojos, cuánto mirara frente a ella, no había absolutamente nada que ver.
Estaba en un agujero negro y le estaba chupando la vida. Eso, podía verlo.

Cerró los ojos contra la oscuridad, esperando acallarla. Se meció lentamente, viendo la luz del sol, los
árboles. Sí, y cielo azul, nubes blancas hinchadas. Una brisa. Una brisa fresca. Mason le tomó la mano y
se la apretó; Grace la miró a los ojos y vio amor allí. Grace se acercó, sonriendo mientras se besaban. Un
perro se movía entre ellas, pidiendo atención. Mason se rió y alborotó el pelaje del perro, luego ella se
inclinó para darle otro beso. "Te amo."

Grace abrió los ojos, sintiéndose tranquila ahora. Sí, Mason la encontraría. La sacaría de esta caja. Porque
se iban a enamorar.

−Hola, Grace.

Saltó.−¿Thomas?

−Hombre, está oscuro aquí.

Sonrió.−No hay mierda.−Entonces su sonrisa se desvaneció.−¿Dónde está Mason?

−Está cerca. Deberías golpear la puerta. Creo que te escuchará ahora.

Se puso de pie de inmediato y golpeó sus puños contra la puerta.

−¡Masón! ¡Aquí! ¡Masón!−Golpeó de nuevo, ambos puños golpearon la puerta al unísono.−¡Mason!


Capítulo Cincuenta Y Siete
Las explosiones se acercaban y Mason podía escuchar pedazos de roca cayendo desde los lados y el techo
del túnel. Lo que sea que Johnny hubiera hecho, aparentemente había desencadenado una reacción en
cadena. ¿Qué tenía? ¿Veinte o treinta cargas? ¿Más? Llegó a otra bifurcación en el túnel; como antes,
esperó. Esperó a que las rocas se movieran. Y lo hicieron. Corrió hacia la derecha, corriendo rápido.
Encontraría a Grace. Lo sabía. Solo que no tenía idea de cómo encontrarían el camino de regreso de aquí.
Era como un maldito laberinto.

−¡Masón!

Su corazón saltó a su garganta ante el débil sonido de la voz apagada de Grace.−¡Grace! ¿Dónde estás?
−Corrió por el túnel.−¡Grace!

−¡Masón! ¡Aquí dentro!

Siguió corriendo, su linterna rebotando en el túnel negro oscuro.−¡Grace!

−¡Aquí, Mason! ¡Aquí dentro!

El túnel seguía adelante, pero a la derecha había otro corte, muy parecido al que había encontrado a
Johnny. Hizo brillar su linterna alrededor, viendo el candado. Un candado gigante. Corrió hacia la puerta,
tocándola.

−¿Grace?

−¡Oh Dios! ¡Masón!


−Estoy aquí ahora. ¿Estás bien?

−¡Sácame de aquí!

Buscó a tientas las llaves y le temblaron las manos.−Hay como una docena de llaves aquí.−Probó una. No
encajaba. Probó con otra.−Maldición.

−Tiene una gorra azul.

−¿Qué?

−Thomas dice que es una gorra azul.

Hizo una pausa.−¿Thomas está aquí?

−¡Jesús, Mason! ¡Gorra azul!

Se metió la linterna debajo de la axila y buscó entre las llaves una gorra azul. Había dos. La primera,—por
supuesto,—no funcionó. La segunda giró fácilmente y la cerradura se abrió con un clic de satisfacción. Dejó
caer el candado al suelo y abrió la puerta. Grace se arrojó a sus brazos, lo suficientemente fuerte como
para empujarla hacia atrás, y cayeron al suelo.

−¡Oh Dios mío! ¡Me encontraste!

Mason se echó a reír de alegría mientras atraía a Grace hacia ella, sin importarle las rocas que le
cortaban la espalda.−¿Estabas preocupada?

−Sí, lo estaba.−Grace se sentó.−Vamos. Nathan dice que debemos apurarnos.

−¿Quién demonios es Nathan?

Grace se levantó y la levantó.−Te lo explicaré más tarde. Vámonos.

−Sí, bueno, ese es el problema. Realmente no sé cómo sacarnos de aquí.

Grace le apretó la mano.−Sígueme.

Mason no discutió. Corrió al lado de Grace, su luz brillando en el oscuro túnel. En cada bifurcación, Grace
continuó sin vacilar. Mason estaba casi mareada cuando salieron de la tierra. Pero Grace se detuvo en
seco y Mason casi la atropelló.

−Thomas dice que Charles está en el túnel,−susurró Grace.

Mason movió a Grace detrás de ella, arrastrándose ahora a lo largo de la pared. Pudo distinguir la tenue
luz en la entrada del túnel. Apagó su propia linterna, dejando que sus ojos se adaptaran antes de moverse
lentamente de nuevo.
Estaba sentado en el suelo del túnel, de espaldas a la pared. Una escopeta descansaba en su regazo.
Había una forma enorme a su lado y ella asumió que había encontrado a Johnny y había sacado su cuerpo.
Su cuerpo y su escopeta. No había oído ni sentido una explosión en un tiempo y asumió que había
detenido a Johnny antes de que él tuviera la oportunidad de detonarlas a todas.

Sin embargo, ese optimismo duró poco. Cuando se acercó, vio que Charles sostenía el mismo dispositivo
que tenía Johnny. Se pateó mentalmente a sí misma por no agarrarlo cuando había tenido la oportunidad.
Se volvió lentamente, poniendo su boca en la oreja de Grace.

−Tiene el detonador.

Sintió que Grace asentía ante sus palabras susurradas. Desabrochó su funda,—lenta y silenciosamente,—
sacando su Glock.

−Sé que estás allí,−gritó.−Tienes que salir tarde o temprano.−Su voz sonaba ronca, tal vez por llorar.−
¡Vamos, perra!−Apoyó la cabeza contra la pared.−Lo mataste. Pagarás ahora, oh, sí, lo harás.

Sintió que Grace le apretaba la mano y se volvió hacia ella. Esta vez, Grace se inclinó más cerca.
−Thomas dice que está totalmente loco.

−Obviamente.

−¿Qué vamos a hacer?

Antes de que pudiera responder, les gritó de nuevo.−¡Vamos! ¡Me pica el dedo en el gatillo!−Levantó el
detonador, agitándolo de un lado a otro.−No hay otra salida.

Grace tiró de su brazo.−Nathan dice que hay una sala de suministros; donde guardan armas.

Levantó las cejas.−¿Y quién es Nathan?

−El hermano de Charles. Tienen fusiles de asalto allí.

Asintió.−Okey. Lidera el camino.

Volvieron sobre sus pasos y en la primera bifurcación del túnel, se dirigieron a la izquierda. Después de
todo, no era otro túnel, sino una gran habitación similar a una caverna, más grande que en la que había
encontrado a Johnny. Hizo brillar su linterna y aterrizó en varias cajas de madera; apiladas contra la pared
lateral había cajas y cajas de municiones; fue hasta una de las cajas más largas del suelo y levantó la tapa.
Dentro había tres rifles, ensamblados y listos. Negro, elegante. Le entregó la linterna a Grace, luego tomó
una y la sostuvo firmemente en sus manos. AR-15. No había tenido uno de estos desde que se fue de Los
Ángeles. Dio un paso atrás, mirando las cajas. Cuatro cajas. Tres rifles por caja. Maldición.

Agarró una de los cargadores: treinta rondas. Lo cerró de golpe en su lugar, luego tomó otro, por si acaso.
Asintió con la cabeza hacia Grace.

−Vámonos. Quédate detrás de mí.


Capítulo Cincuenta Y Ocho
Grace intentaba mantener la calma. No le había contado a Mason lo que tanto Thomas como Nathan le
habían dicho. La mina estaba preparada para explotar,—al igual que la casa, —y todo lo que se necesitaría
sería presionar el detonador y el túnel colapsaría a su alrededor.−Y está totalmente loco,−había dicho
Nathan. Eso fue evidente, pero aún así...

Mason extendió su mano contra el estómago de Grace, deteniendo su movimiento.−Quédate aquí.

Grace se apoyó contra la pared del túnel, tratando de ver alrededor de la curva. Podía distinguir el tenue
resplandor de luz de la entrada.

−Thomas? Nathan? ¿Están aquí?

−Sí,−dijeron al unísono.

−Creo que uno de ustedes debería ir con Mason.

−Iré,−se ofreció Nathan.

−Claro, ahora que está fuera de la caja, piensa que puede hacer lo que sea,−murmuró Thomas.

Grace sonrió ante eso, luego se puso seria. Todavía no estaban fuera de la mina. Todavía no estaban a
salvo.

−¡Charles! ¿Qué haces, Charles?

−Muéstrate.−Él se puso de pie y ella oyó el ruido de una botella en las rocas.−Estoy a punto de volar toda
esta maldita montaña. Eso es lo que mi papá dijo que hiciera.

−Se ha ido ahora, Charles. Ya no tienes que matar.

Él rió.−Nunca maté a nadie. Me divertí un poco con algunas de esas chicas, pero nunca maté a una. Ese
era su trato.

−Muy bien. Entonces estoy segura de que el juez será indulgente contigo. Ahora baja la escopeta.

Rió de nuevo.−¿Escopeta? No tienes que preocuparte por esta escopeta. Porque tengo el gatillo. Papá dijo
que si le pasaba algo, lo haría volar todo. Ya detonó los explosivos a lo largo del sendero. Nadie va a subir
aquí ahora. El sendero está arruinado. Solo somos tú y yo.

Grace vio a Mason moverse a lo largo de la pared y ella también lo hizo. Ahora podía distinguir a Charles.
Estaba parado cerca de la entrada, la escopeta en una mano y el detonador en la otra. Algo colgaba de
una muñeca y supuso que eran las esposas de Mason. Sus cejas se alzaron cuando Charles giró la cabeza,
balanceándose ante la nada.

Thomas se rió.−Nathan está chasqueando los oídos.

−¡Para!

−¿Qué pasa, Charles?

−Nada. Sal ahora.−Agachó la cabeza.−¡Dije que pares!

Mason dio unos pasos más cerca, con el rifle en posición de disparo.−¿Charles? ¿Estás bien, hombre?

−Algo es...algo está aquí.−Se dio la vuelta, disparando su escopeta hacia la entrada.−¡Para!

Grace saltó al oír el sonido del arma y luego vio a Mason correr hacia él. Se dio la vuelta y Mason disparó
cuatro o cinco veces, enviándolo a toda velocidad contra la pared. Su escopeta volvió a dispararse por el
impacto y vio a Mason caer al suelo.

−¡Masón!

−Estoy bien. Ven.

Grace corrió hacia ella, deteniéndose para mirar solo brevemente el cuerpo de Johnny, luego el de su hijo.
No tuvo tiempo de contemplar nada; una explosión en el exterior,—la casa estalló en mil pedazos,—los
envió a ambos fuera del túnel.

−¡Corre! ¡Corre!

Grace agarró la mano de Mason.−¡Corre!

Los pedazos del techo de la casa caían a su alrededor mientras avanzaban a lo largo de la ladera de la
montaña entre la casa y el pozo de minas.

−¡Por aquí!

Grace tiró de la mano de Mason.−Por aquí. Thomas dice por aquí.−Las palabras apenas salieron de su
boca cuando una explosión arrojó rocas y escombros por la entrada del túnel. Ambas fueron derribadas al
suelo. Mason se puso de pie primero, tirándola hacia arriba y animándola.

−¡Grace! Ven.

Grace miró por encima de ellas y vio rocas,—rocas tan grandes como coches,—que comenzaban a caer de
la montaña y se deslizaban hacia ellas, se sentía como si estuviera en una película de acción de Hollywood
mientras se balanceaban y se movían entre los árboles, protegiéndose la cabeza y corriendo tan rápido
como podían. Todo parecía borroso: los árboles, las rocas, los sonidos. El corazón le latía con fuerza en los
oídos y sentía que sus pulmones estaban a punto de explotar. Finalmente, Mason redujo la velocidad y
miró hacia atrás. Se detuvo por completo, inclinándose por la cintura para recuperar el aliento. Grace
hizo lo mismo, tomando bocanadas de aire. Cayó de rodillas, incapaz de pararse.

−Pensé que…estábamos…perdidas,−dijo Mason entre respiraciones.

Grace asintió, aún incapaz de hablar.

−¿Crees que las otras están a salvo?

Grace sonrió y señaló su pecho.−Si aire,−logró decir.−No hablar.

Mason se echó a reír, luego se arrodilló a su lado.−Corriste bastante rápido.

−Es sorprendente cómo...tener miedo a la muerte...te convertirá en un...velocista olímpico.−Puso su mano


sobre el brazo de Mason y la apretó con fuerza.−Gracias. Por rescatarme.

−Tuve ayuda.

−Sí. Nathan.−Miró a su alrededor, preguntándose si él se mostraría.

Para el caso, ¿dónde estaba Thomas?−Estaba en la caja conmigo. El hijo de Johnny. Lo encerró allí. Lo
dejo morir.

−Maldición.

−Estaba asustada, Mason.

−Lo sé. Yo también.

−¿Pero las sacaste?

−Sí. Les dije que salieran al frente, hacia los árboles. Faith estaba...bueno, Susie estaba hablando con
ella.

−Estoy segura de que Susie las llevó lo suficientemente lejos.−Se inclinó hacia ella, envolvió sus brazos
alrededor del cuello de Mason y la abrazó con fuerza, relajándose por primera vez en lo que parecieron
horas.−Estoy tan lista para ir a casa.

Mason retrocedió un poco.−¿Casa? ¿Nueva Orleans?

Grace sacudió la cabeza.−No, no Nueva Orleans.−Acercó a Mason y la besó, un beso lento que la hizo
sonreír. No. Definitivamente no Nueva Orleans.−Vamos. Encontremos a los demás.
Capítulo Cincuenta Y Nueve

Lucy vio como Abby y Ginny miraban a Faith con los ojos muy abiertos. Faith no les prestó atención
mientras seguía hablando en voz baja; para ellas, parecía que Faith estaba hablando con los árboles. Sólo
unos momentos antes, Faith les había dicho, con urgencia,—que Susie había dicho que "corrieran" y Lucy
no se había detenido a cuestionarlo. Agarró la mano de Abby y Faith tomó la de Ginny y se precipitaron
hacia los árboles. Cuando la casa explotó, estaban a una distancia segura, pero la explosión fue lo
suficientemente poderosa como para hacer que la tierra se balanceara bajo sus pies. Se había aferrado a
la rama de un árbol para mantener el equilibrio; Faith y Ginny se habían agachado detrás de la base de un
gran árbol, y Abby se había quedado allí, indecisa, protegiendo a su bebé de los escombros que volaban.
Lucy la había agarrado y tirándola hacia las ramas de los árboles para protegerle. Todo había terminado
en cuestión de segundos. El bebé había estado gritando fuerte después de todo eso y Abby finalmente
logró que se calmara.

−¿Amamantas?

−Sí, pero…

−Alimenta al pequeño amigo. Creo que ahora estamos a salvo ahora; Faith nos lo hará saber si no.

Abby dirigió su mirada a Faith.−¿Se encuentra ella bien? Quiero decir…

Lucy asintió con la cabeza.−Sí. Ella...ella ve las cosas antes de que sucedan.

−¿Cómo...como un psíquico?

−Sí. Algo como eso.−¿Cómo podría explicar? Todavía no estaba segura de creerlo ella misma. Se acercó a
donde estaba Faith, y se sorprendió al ver lágrimas en sus ojos.

−¿Qué pasa?

Faith parecía avergonzada mientras se limpiaba una lágrima.−Susie se va. Todos mis amigos se van
ahora.

−¿Se van?

−Ya no están pegados aquí. Rusty no tiene control sobre ellos ahora.

−Ya veo,−dijo, aunque claramente no lo hizo.

−Necesitamos volver a subir. Grace y Mason nos están buscando.−Faith hizo un gesto por el sendero.
−Susie dice que no podemos ir por ese sendero. Hay trampas explosivas y más.

−Okey.−Lucy miró a Ginny, que estaba parada allí con los brazos cruzados, acurrucada en la bata que
Abby le había dado. Entonces se dio cuenta de que todo en la casa se había ido. Todas sus escasas
posesiones y ropa,—tres conjuntos cada una, ardían ahora en los restos de la explosión; ese pensamiento
le provocó una oleada de culpa. Stacy había estado en la casa. Stacy,—que era lo más parecido que tenían
a una amiga,—estaba muerta; Stacy había sido noqueada y atada. Por ella. En cierto sentido, la había
matado.

−Mamá, no. Stacy no era nuestra amiga.

Lucy se encontró con su mirada.−Deberíamos haberla sacado.

Faith sacudió la cabeza lentamente.−No hicimos estallar las bombas, mamá.

−¿Y la otra chica? Dijiste que había...

Faith le apretó la mano.−Mamá, estamos fuera. Estamos a salvo ahora.

−Entonces, ¿ella también está muerta?

−No de la bomba, no. Él la mató. También mató a Stacy.

−¿Él?

Pero Faith miró más allá de ella y se formó una sonrisa. Lucy siguió su mirada y vio a la ayudante del
sheriff,—Mason Cooper,—caminando hacia ellas; una mujer estaba a su lado.

−Es Grace.−Faith los saludó con la mano.

Grace apretó la mano de Mason y luego le indicó que fuera con las demás. La joven la miró expectante.

−Debes ser Faith.


−Y tú debes ser Grace.

Grace sonrió y asintió.−¿Estás bien?

−Si.−Luego miró hacia arriba y entrecerró los ojos.−Es la primera vez que estoy afuera. Solo había visto
fotos. No sabía que sería tan...tan brillante.

Grace miró a su alrededor.−¿Dónde está Susie?

La expresión de Faith cambió.−Ella se fue. Todos lo hicieron. Susie dijo que ahora eran libres.

−Sí. Me hubiera gustado haber dicho adiós. Especialmente a Thomas.

−Thomas me dio un mensaje para ti. No lo entiendo, pero tal vez lo harás. Dijo que deberías comprarle a
Mason un comedero para pájaros para su patio trasero y que todos los arrendajos serán amigables esta
vez.−Faith levantó las cejas de una manera bastante adulta.−¿Qué significa eso?

−Rusty se mostró a mí y a Mason como el arrendajo de Steller. Un arrendajo muy malo de Steller.

Faith asintió entonces.−El pájaro azul en la cocina. Era un arrendajo de Steller. Mason le disparó. Pero no
fue solo a ti a quien se mostró. Mi mamá también vio el arrendajo de un Steller. Cuando se fue al bosque.
Había un gato. Pero cuando entró, solo estaba el pájaro. Y el hombre malo.

−¿Quieres decir cuándo fue secuestrada?

−Sí.

−¿Qué le pasó a Rusty?

−Susie dijo que perdió su poder cuando Mason mató al pájaro.

−Entonces, ¿todavía está por aquí?

Faith se encogió de hombros.−No lo sé. Pero Thomas dijo que te dijera algo más. Dijo que cuando tengas
a tu cachorro, deberías llamarlo Tommy.−Faith sonrió.−Se rió cuando lo dijo, pero creo que hablaba en
serio.

Grace se rió en voz baja. Deseó haber tenido la oportunidad de verlo, de agradecerle. Luego, una ráfaga
de viento los golpeó, lo suficientemente feroz como para hacer que ella diera un paso hacia atrás. Las
hojas del álamo temblón se agitaron con la brisa, y miró dentro del árbol, vislumbrando a alguien.

−Nos vemos, Grace.

Sonrió cariñosamente.−Adiós, Thomas.

Faith estaba saludando cuando la imagen se desvaneció y la brisa se calmó.

La sonrisa de Faith desapareció cuando sus ojos se encontraron.−Eran mis amigos. Los voy a extrañar.

−Harás nuevos amigos. Podrás ir a la escuela. Estoy segura…

Faith sacudió la cabeza con fiereza.−Todos pensarán que estoy loca.−Miró hacia donde estaban las
demás.−Ya lo hacen.

Grace asintió con la cabeza.−Sí. Lo sé. Tendrás que aprender a ocultarlo. Y cuando necesites hablar con
alguien sobre eso, puedes hablar conmigo.

Sus ojos se abrieron.−¿Te vas a quedar? Susie dijo que viniste al pueblo solo para ayudarnos.
−Sí, sí. Pero he llegado a amar aquí.−Miró hacia donde estaba Mason, mirándola.−Se siente como en
casa.

Faith la tomó de la mano y la condujo de regreso a las demás.−Bien, entonces seremos amigas.
Capítulo Sesenta
−Así que, volando por los aires, ¿eh?

Mason se rió cuando Scott Kemp la abrazó.−Si, lo hice. Te tomo bastante tiempo.

−Sí, pero traje a la caballería. Sopló el infierno fuera del sendero; hubo un par de lugares en los que no
estaba seguro si íbamos a atravesar.

−¿Qué? ¿Dalton estaba presumiendo en su Jeep?

−Digamos que me alegro de no haber viajado con él.−Kemp caminó hacia la casa.−¿Cuántas bajas?

−Johnny y Charles Herchek seguro. Stacy Herchek, la hija, estaba en la casa. Según la joven cautiva,—
Faith—había otra mujer en la casa. Eso no ha sido confirmado.

−¿Y estás segura de que Johnny y Charles están muertos?

−Además del hecho de que les disparé, están enterrados en el pozo de la mina. E imagino que ahí es
donde se quedarán. La mitad de la montaña se derrumbó sobre ellos.

−Tienes mucha suerte de haber salido a tiempo.

Quería decirle que la suerte no tenía nada que ver con eso, pero sabía que nunca sería capaz de explicar
cómo habían tenido ayuda. De todos modos, todo era bastante borroso. Buscó a Grace a su alrededor y la
encontró hablando con un hombre de traje, otro agente que Kemp había traído con él. Dalton también
estaba allí, entrevistando a Lucy. Faith y Ginny estaban sentadas en la parte trasera del Jeep de Dalton.
Otros ayudantes,—

diez o más,—se movieron entre los escombros de la casa. El jefe Danner también haba llegado. Caminó
hacia donde estaba él.

−¿Tienes al bastardo, Mason?

Asintió.−Sí. Se acabó. Finalmente.

−Johnny Herchek. El hombre vino al pueblo tan raramente que probablemente nunca pensamos en él. Era
un alborotador cuando era más joven, lo sé. Estaba con la gente equivocada.

−¿Estabas en el pueblo cuando ocurrió el incendio?

Sacudió la cabeza.−Ya me había ido a la universidad. Escuché sobre eso, por supuesto. No me sorprendió
saber quiénes estaban involucrados; realmente me sorprendió de que Johnny no estuviera allí con ellos.
−El jefe Danner arqueó las cejas.−¿Qué hizo que comenzara a matar, crees?

¿Le digo que el fantasma de Rusty Meyer lo volvió loco? ¿Le digo que era una venganza? ¿Qué Susie
Shackle fue la primera por ser su padre? ¿Le cuento todo eso?

−Algunas personas son solo malvadas. El mal y la locura no funcionan.

−¿Crees que estaba loco?

−¿El hombre que encontré aquí hoy? Sí, se había vuelto loco.

−Todavía no puedo entender cómo fue tan meticuloso como para evadirnos todos estos años.−Hizo un
gesto hacia el otro lado de la casa donde todavía estaba un gran cobertizo.−Encontraron el auto.
¿Escuchaste?

−Sí.
−Bueno, hiciste un muy buen trabajo, Mason. Tu tío estará muy orgulloso de ti.

−¿Cómo está él? ¿Has oído algo?

−Sí, pasé por allí esta mañana. Todavía está drogado, pero tu Tía Carol parecía un poco más segura de lo
que había estado anoche.

−Todos estaban en shock anoche.

Se rascó la nuca.−Saliste del hospital a toda prisa.

Asintió.−Sabía que vendríamos aquí.

−¿Entonces la psíquica, era legítima?


−Sí.

−Supongo que ella se irá del pueblo, junto con Kemp.

−Creo que había planeado quedarse hasta octubre,−dijo tan despreocupadamente como pudo.−Está
escribiendo un libro.

−¿Sobre nuestro pueblo?

−No. Al menos no lo creo.−Grace se dirigía hacia ellos ahora.−¿Por qué no le preguntas?

Grace levantó las cejas.−¿Pregúntame qué?

−Mason dice que te quedarás hasta octubre, dice que estás escribiendo un libro.

Grace se encontró con su mirada y sonrió.−Sí, me voy a quedar por un tiempo.

−¿Vas a escribir sobre el pueblo? ¿Los asesinos?

Grace se encogió de hombros.−No sé si escribiré un libro con seguridad. Solo quiero tomar un descanso y
relajarme. Tal vez hacer algo de senderismo.−Grace le sonrió.−Cosas normales.

Mason le devolvió la sonrisa.−¿Cómo están las otras?

−Lucy y Faith van a estar bien. Abby está en estado de shock, creo; Ginny está traumatizada, por
supuesto. ¿Alguien ha llamado a sus padres?

El jefe Danner asintió.−Yo mismo hablé con ellos. También llamé a los padres de Lucy Hines. Estaban
sorprendidos sin palabras. Pensaron que les estaba jugando una broma mala o algo así.

−¿Y los padres de Abby?

−No, ya no viven aquí. Se mudaron un par de años después de su desaparición. Pero los encontraremos.
−Le tendió la mano a Grace.−Gracias por terminar con esta pesadilla, Doctora Jennings.

−Tuve ayuda, Jefe Danner. Estoy agradecida de que haya terminado.

Cuando se alejó, Mason se inclinó más cerca, dejando que sus hombros se tocaran.−¿Estás lista para salir
de aquí?

−Estoy lista para una ducha. Y almuerzo. Y una cama.−Ella sonrió.−En ese orden.

−Estoy lista para salir de este uniforme.

Grace sonrió y golpeó su hombro.−Yo te puedo ayudar con eso.


Capítulo Sesenta Y Uno
Mason se estiró bajo las sábanas, pero no abrió los ojos. Grace se había ido, eso lo sabía. Grace había
intentado salir de la cama al amanecer, pero Mason se despertó. Grace sonrió y la besó, diciéndole que
volviera a dormir; y ella lo hizo. Sólidamente.
Ahora se puso de costado y acercó la almohada de Grace. Entonces abrió los ojos y vio la luz del sol
asomándose a través de las persianas; estaba demasiado cómoda para querer volverse y mirar el reloj.
Supuso que ya eran más de las ocho. Realmente no importaba. Hoy no iba a tomar su turno. Se estaba
tomando un tiempo libre. Unos pocos días. Es hora de pensar en todo lo que había sucedido.

Cuando bajaron de la montaña, pasaron por el hospital. La Tía Carol estaba dormida en la silla junto a la
cama del Tío Alan. Hablaron un poco, lo suficiente como para saber que había estado despierto de vez en
cuando; Brady había estado allí y le había contado la noticia, dijo. Luego pasaron por Bucky y compraron
algunas hamburguesas. Grace se duchó. Habían comido; y habían caído en la cama.

No hablaron. Se habían abrazado, se habían tocado...y se habían dormido. Todavía era de día cuando
apagaron la luz y, a medianoche, se despertó con una boca cálida mordisqueando su pecho.

Sonrió ahora, pensando en su relación sexual. Había sido diferente a la primera vez, pero igual. Diferente
en que era más lento, sin prisas. Lo mismo en cuanto a que fue intenso, apasionado. Diferentes porque
estaban relajadas. Lo mismo porque se estaban enamorando.

No recordaba mucho de su tiempo en la cama con Shauna. Al principio, lo había rechazado


intencionalmente, sin querer ningún recordatorio. Realmente, no quería que le recordaran que había sido
rechazada. Sin embargo, con el paso del tiempo, esos recuerdos comenzaron a desvanecerse y no trató de
aferrarse a ellos. Sin embargo, no recordaba que fuera así. No recordaba que se sintiera así.

Rodó sobre su espalda cuando escuchó la puerta abrirse. Grace estaba parada allí, sonriéndole.

−Estas despierta. Bueno.

−¿Bueno?

−El desayuno está listo.−Fue a la ventana y abrió las persianas.

−¿Entonces has estado cocinando?

−Entre otras cosas.

Mason miró el reloj. Eran las nueve menos cuarto.−No me di cuenta de que había dormido tanto tiempo.
¿A qué hora te levantaste?

Grace se acercó y se sentó a un lado de la cama a su lado.−Eran más de las seis. Tenía algunas compras
que hacer. Espero que no te importe, pero usé tu camioneta.

−Por supuesto no.−Se acercó para darle más espacio a Grace.−Tienes ropa puesta.

Grace sonrió y la besó, un beso lento que hizo que Mason deseara no estar vestida.

−Tenía miedo de que me arrestaran si iba de compras desnuda. ¿Y

sabías que la ferretería abre a las siete?

−Yo hice. ¿Pero qué demonios necesitabas en ferretería?

−Te traje un regalo. Dos, en realidad. Y los muchachos allí fueron muy amables y amables conmigo.

−Hice un centenar de preguntas, ¿eh?

Rió.−Sí. Querían saber todos los detalles. Les dije que el FBI me habían prohibido discutirlo y me dejaron
solo después de eso.−Grace señaló la ventana.−Allí. ¿Puedes verlo?

Mason se inclinó un poco sobre la cama, sus ojos se abrieron al verlo.−¿Un comedero pa ra pájaros?

−Dos de ellos. Y ya tenemos clientes.

Mason se estremeció cuando el arrendajo azul de Steller pasó volando por la ventana y aterrizó
pesadamente en el comedero, haciéndolo balancearse.

−Está bien,−dijo Grace suavemente.−Hemos tenido varios. Parecen todos amigables. Bueno, no tanto
para las aves más pequeñas. Los han perseguido.

−¿Qué provocó eso?


−Thomas. Dijo que necesitaba conseguirte uno. Creo que, en parte, es para superar nuestra historia con
los arrendajos. Y también por tu infancia.−Grace la miró a los ojos.−Tienes dos recuerdos de los
comederos; uno fue durante los tiempos más felices y los comederos se mantuvieron llenos. El otro,—
bueno, ya sabes. Galletas de animales.

−Entonces, ¿se supone que esto debe ahuyentar ese segundo recuerdo?woeidj

−No ahuyentarlo, no. Ponerlo en control.

−Ah. Puedo mantener los comederos llenos ahora.

−Sí. Tú tienes el control. No tu madre.

Mason se reclinó contra la almohada, pero mantuvo la mirada en los comederos. El arrendajo de Steller
siguió adelante y un trepador azul ocupó su lugar. Pronto, un pequeño carbonero de montaña aterrizó,
robó una semilla de girasol y volvió a despegar.

−No he pensado en mi madre en días,−admitió.−No es que haya habido tiempo de inactividad esta
semana. Pero creo que tienes razón. He dejado que ella me controle. Y creo que he terminado.−Apartó la
mirada de los comederos y aterrizó en Grace.−Quiero hablar con ella sobre el tío Alan y mi padre. Quiero
cerrar eso de alguna manera.

−Sí, deberías. Y deberíamos pasar por el hospital después del desayuno. Hice una cazuela. Tomaremos lo
que queda para Carol. Estoy segura de que ya está harta de la comida de la cafetería.

−No puedo creer que le dispararon.

−Se suponía que serias tú.

−¿Quién lo empujó?

Grace la miró a los ojos.−Thomas. Tenía que protegerte.

−Si el Tío Alan hubiera muerto, yo...

−Pero no lo hizo. Todos estamos a salvo, Mason. Y se acabó; finalmente ha terminado.


Capítulo Sesenta Y Dos
Mason levantó su plato, sonriendo mientras Tía Carol le ponía un gran trozo de lasaña. Brady puso un
pedazo de ajo empanizado al lado.

−¿Primera comida en casa, papá, y eliges lasaña?

−Tu madre hace una lasaña mala.

−Podría haber tenido albóndigas.

Tío Alan apuntó con su tenedor a Brady.−Esa es tu comida favorita, no la mía.

−Fue muy buen pastel de carne, sin embargo,−intervino Grace.

Brady frunció el ceño.−¿Cuándo tuviste su pastel de carne?

−Oh. Así es. No fuiste invitado.−Grace se rio.−Más para nosotros.

−¿En serio, mamá? ¿Tenías pastel de carne y no me invitaste?

−Tu padre tenía algunos asuntos policiales que discutir con Grace. Él es el que no te invitó.

Brady sacudió la cabeza.−Todavía no puedo creer que haya terminado. Creo que la gente del pueblo tiene
miedo de creerlo.

−Fue agradable de parte de los Hines acoger a Abby y su bebé, ¿no?−Tía Carol reflexionó.−Escuché que
Cheryl Hines casi se desmayó cuando vieron a Lucy y a la joven Faith. ¿Puedes imaginar? ¡Pasar todos estos
años pensando que tu hija está muerta, solo para recuperarla y una nieta también!

−¿Dónde están los padres de Abby?−Grace preguntó.

−¿Oh, no escuchaste? Se habían mudado a Salt Lake City. Ambos murieron en un accidente
automovilístico hace menos de un año. Han localizado a sus hijos. Tuvieron otros tres hijos, todos menores
que Abby.

−Dos están en la universidad. La otra está casada y acaba de tener un bebé,−dijo Brady.−Yo mismo le
hablé a ella. Hará el viaje hasta aquí en las próximas dos semanas. Abby va a volver con ella.

Tía Carol asintió con la cabeza.−Estoy segura de que estaban encantados de escuchar las noticias.

−Debería pasar y ver a Faith otra vez,−dijo Grace mientras mordía la lasaña.−Ver cómo se está
adaptando.−Levantó la vista y sonrió.−Oh, esto es delicioso, Carol.

−Me alegra que te guste. Enviaré las sobras a casa contigo.−Hizo una pausa.−¿Todavía te quedarás con
Mason, supongo?

Mason notó un ligero sonrojo en la cara de Grace.−Lo hace.

−¿Todavía te preocupa su seguridad?−Preguntó inocentemente.

Ante eso, Brady se echó a reír.−Sí, claro.

Grace la sorprendió al hablar.−Limpiemos el aire, ¿de acuerdo?

Ahórrate toda la especulación que está sucediendo.−Entonces sonrió.−¿Masón?

−Oh, por supuesto. Tíralo en mi regazo.

−Si crees que es un gran secreto que ustedes dos son pareja, ahorra saliva,−dijo Brady.−Te he conocido
toda mi vida, Mason. Si hay una persona que puedo leer, eres tú.

Tía Carol asintió con la cabeza.−Sí, solo estaba bromeando. Es obvio que ustedes dos son, bueno, más que
amigas.−Les sonrió.−Creo que es dulce. Mason siempre fue tan privada sobre su vida personal. Creo que
eres buena para ella, Grace.

−Yo también,−agregó el Tío Alan.−Me gusta Grace.

−Me llamaste charlatana,−le recordó Grace.

−Entonces, lo hice. Aparentemente, estaba equivocado.−Él le dio una sonrisa genuina.−Me alegra que te
quedes, Grace. Espero poder llegar a conocerte mejor.

−Gracias. Les agradezco a todos por darme la bienvenida a su familia.−Grace miró a Mason y le dirigió
una dulce sonrisa.−No conoces mi historia, pero nunca antes había tenido un hogar. Gillette Park, Mason,
todos ustedes,—esto se siente como en casa finalmente.
−Oh, cariño, por supuesto que eres bienvenida aquí,−dijo Tía Carol mientras se acercaba y apretaba la
mano de Grace.−Mason siempre ha sido parte de nuestra familia y ahora tú también lo eres.

−Gracias Carol. Eso es dulce de tu parte.

Mason miró y se encontró con la mirada de su tío. Él asintió con la cabeza hacia ella.

−Sí. Siempre has sido parte de nuestra familia, Mason. Siempre te hemos amado como nuestra propia
hija. Feliz de tener a Grace aquí también.

Mason sabía que era sincera. También la Tía Carol. Porque sí, siempre la habían tratado como a una hija.
Sostuvo su mirada un segundo más, viendo el amor que sentía por ella. Le devolvió el saludo.

−Yo también te amo.


Capitulo sesenta y tres
−¡Estás yendo demasiado rápido! ¡Todo es cuesta arriba!

Grace se derrumbó cerca de una roca y se apoyó contra ella, tratando de recuperar el aliento. El cachorro
saltó inmediatamente a su regazo, su pequeña lengua rosada le hizo cosquillas en el cuello. Se rió y lo
apartó.−Basta de besos.

Mason se sentó a su lado y el cachorro,—Tommy,—se movió de inmediato a su regazo, moviendo toda su


parte trasera mientras meneaba la cola.−Deberíamos haber conseguido dos cachorros.

−¿Dos? ¡Apenas podemos manejar uno de ellos!

−Sí, pero dos, podría entretener al otro.−Mason tomó un palo y lo arrojó. Tommy se lanzó tras él.

Se inclinó más cerca, apoyando su hombro contra el de Mason mientras observaban a Tommy devolverles
el palo. Mason lo arrojó de nuevo.

−¿Tu eres feliz?

Grace le sonrió.−Mucho. ¿Y tú?

−Sí. Más que, bueno, más de lo que creía posible.

Grace asintió, sabiendo exactamente a qué se refería. Al igual que Grace, Mason había pasado por la vida
sin esperar encontrar el amor, sin esperar encontrar esta satisfacción y paz en su vida.

−¿No estás aburrida?−Mason preguntó ahora.

−Por supuesto no. Ha sido un verano maravilloso.

−¿Cómo esta Faith? ¿Fuiste a verla esta mañana?

−Lo hice.−Tommy se dejó caer a sus pies y alternó entre masticar el palo y la bota de Mason.−Se siente
sola. Lo cual, para ti, probablemente suena extraño, ya que solo fueron Faith y Lucy todos esos años. Pero
Susie, Thomas, Paul, eran sus amigos. Entonces, se siente sola ahora.−Tomó el palo y juguetonamente
luchó con Tommy por él.−He convencido a Lucy de que la eduque en casa.

−¿De verdad? Pensé que habías dicho que necesitaba estar cerca de niños.

−Ella lo hace. Pero está atrasada, en cuanto a la escuela. Lucy hizo un gran trabajo con ella, considerando
lo limitados que eran sus materiales; Lucy era la primera de su clase en la escuela, probablemente se
habría graduado como mejor estudiante.

−¿Y vas a ayudar?−Mason lo adivinó.

−Sí, aunque estoy acostumbrada a enseñar a estudiantes en edad universitaria.

−Estoy segura de que será bueno para Faith, tenerte cerca. Quiero decir, puedes relacionarte con...bueno,
con...

Grace se rio.−No creo que Faith quiera ser llamada psíquica.−Su sonrisa se desvaneció un poco.−No creo
que yo tampoco. Tengo un don, sí. Y

le he dado un buen uso. Pero estoy feliz aquí arriba, contigo.−Apretó su mano.−Creo que la próxima vez
que llame el FBI, los rechazaré.

−¿Lista para una vida normal?

−Estoy. Sólo que no sé lo que voy a hacer. He invertido mucho tiempo en la investigación, así que puedo
escribir ese libro que había imaginado. O podría enseñar aquí en la escuela secundaria.

−Creo que deberías escribir sobre los asesinatos.

Grace levantó las cejas, sorprendida por las palabras de Mason.−¿De verdad? Pensé que el pueblo lo
olvidaría rápidamente.

−Mientras sucedía, sí, creo que querían alejarlo y fingir que no había un asesino en serie por ahí. Pero
ahora que ha terminado, creo que una historia del Asesino de Gillette Park sería un buen mecanismo de
curación. Y

sería una forma de mantener vivos los recuerdos de los asesinados.

−¿No crees que sería difícil para las familias?

−No lo sé. Algunos todavía viven en el pueblo. ¿Por qué no hablas con ellos? Ve cómo se sentirían al
respecto.

Asintió.−Puedo hacer eso.−Se inclinó más cerca, besando a Mason en los labios.−Me gustas mucho, ya
sabes.

−Me gustas mucho también.

Grace le sonrió con los ojos y vio el amor allí, un amor del que no habían hablado. Aún no. Durante los
últimos meses, su relación se había fortalecido. Habían caído en una rutina fácil y simple y sus vidas se
habían mezclado sin esfuerzo. En los días libres de Mason,—como hoy,—caminaban por las montañas,
trayendo el almuerzo en sus mochilas para disfrutar en el camino. Tenían una cita para cenar con Carol y
Alan una vez a la semana.

La relación de Mason con su madre seguía siendo un trabajo en progreso. Después de que Mason la
confrontara por su padre, su madre se negó a hablar con ella durante semanas. Mason se lo había tomado
todo con calma y no había estado plagada de culpa. Cuando su madre llamó, diciendo que estaba lista para
hablar, Mason la invitó a cenar. Era un asunto tenso y Grace se había retirado al dormitorio para darles algo
de privacidad. Sin embargo, fue un punto de inflexión.

Mason le dio un codazo en el hombro.−¿Lista?

Tommy se sentó en cuclillas, moviendo la cola en el suelo mientras las miraba. Mason se puso de pie y
luego le ofreció una mano. Grace se ajustó la mochila y siguió a Mason y Tommy abriendo el camino por el
sendero. Hoy iban a ir a los árboles grandes,—un lugar favorito para almorzar. La caminata fue agotadora,
pero la vista fue espectacular. Se sentaban en un lecho de agujas de pino, acurrucadas entre los árboles
gigantes, mirando hacia el cañón que había sido tallado por Gillette Creek. No se lo dijo a Mason, pero
cada vez que caminaban por este sendero, vigilaba a Thomas, esperando que él se mostrara a ella
nuevamente. Nunca lo hizo. Supuso que él, como Susie y los demás, no tenía motivos para regresar. Se
preguntó si siempre pensaría en él cuando estuvieran en este camino.

Mason y Tommy se estaban adelantando más a ella y ella se detuvo, mirándolos. Mason tenía un bastón de
senderismo y se abría paso con cuidado por las rocas. Tommy, con su pelaje dorado brillando al sol, se
volvía para mirarla, instándola en silencio a seguir. Mientras miraba, las cosas cambiaron. Mason era
mayor ahora, su cabello estaba salpicado de gris; Tommy trabajaba a su lado y un cachorro corría delante
de ellos. La versión más vieja de Mason se volvió, sonriéndole, invitándola a unirse a ellos; parpadeó para
alejar esa visión, volviendo al aquí y ahora. Mason,—la verdadero Mason,—se volvió entonces y la miró.

−¿Vienes?

Asintió y dio unos pasos, luego se detuvo.−¿Masón?

Mason la miró de nuevo con las cejas arqueadas.

−Te amo.

Mason la miró por un segundo o dos, luego dejó caer su bastón y regresó por el sendero hacia ella. Se
quedaron allí, a medio metro de distancia, mirándose una a la otra. Entonces, Mason sonrió y asintió.

−Cuando hicimos el amor anoche, quería decírtelo.−Mason dio un paso más cerca.−Sentí que mi corazón
iba a estallar, pero tenía miedo de decir las palabras.

−No tengas miedo.

Mason la miró a los ojos y se formó una lenta sonrisa.−Te amo, Grace.

Se abrazaron fuertemente, ambas sintiéndose aliviadas de haber dicho las palabras finalmente. La
empujaron hacia atrás lo suficiente como para besarse,—un beso lento y dulce que le puso la piel de
gallina. Entonces Tommy se movió entre ellas, exigiendo atención, y se separaron con una carcajada.

Se tomaron de las manos mientras regresaban por el sendero. Mason se agachó para recuperar su bastón,
y luego continuaron sin decir una palabra más.

Grace respiró hondo y sonrió con satisfacción. Sí, contenta. Feliz; bendecida.

Había encontrado su amor. Y había encontrado su hogar.

Finalmente.
FIN