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CARLOS SLIM HELU

El empresario más rico de América Latina, con una fortuna estimada en US$
10.800 millones, es un hombre huraño que no usa ni computadora ni
calculadora para contar su fortuna.

Rossana Fuentes
15 de agosto de 2001
Revista Poder

Carlos Slim se queja de que últimamente hay más abogados que ingenieros
trabajando en su empresa. Es el precio que tiene que pagar por su acceso al
litigioso mundo estadounidense de los negocios. No lo disfruta, pero
tampoco lo evade, porque a Slim le gusta pelear hasta el final.

Un capítulo de su más reciente disputa se cerró en febrero pasado con un


fallo adverso y costoso, que él está dispuesto a apelar hasta la última
instancia para demostrar que tiene la razón.

Esta vez el escenario de su batalla es la corte civil 116 de Dallas, Texas.


Allí, un jurado de nueve mujeres y tres hombres comunes y corrientes se
atrevió a multar por 454,5 millones de dólares a Slim, presidente vitalicio
del Grupo Carso, la empresa de telecomunicaciones más importante de
México.

Los abogados de la parte acusadora se las ingeniaron para que el jurado no


se formara una imagen de Slim a partir de su enjuto apellido sino por su
abultada fortuna. Constantemente se referían a él como "el millonario
mexicano''.

El veneno funcionó, pero el juez tejano Carlos López redujo la multa a


121,5 millones de dólares, 31,5 millones en daños reales y otros 90
millones en costos legales a favor de COC Services Ltda., la empresa
demandante.

De acuerdo con la parte acusadora, Slim había aceptado la propuesta de


asociarse con COC Services para operar la franquicia mexicana de
Compusa. Pero, según ellos, Slim no sólo usó la información suministrada
por COC Services para negociar desde una posición de fuerza, sino también
para comprar acciones de la empresa en el mercado abierto.
Slim rechazó la fórmula de asociación original con COC Services y decidió
apoderarse de la empresa.
Dos de los socios de COC Services, Roger Cunningham y Lawrence Mc Bride
denunciaron a Slim por haberse confabulado con un tercer socio, James
Halpin, para sacarlos del negocio.

La defensa de Slim rechaza la acusación y sostiene que la empresa


comercializadora no tenía una buena propuesta y su plan de negocio no era
viable. Ante las deficiencias de la empresa, alega Slim, la mejor solución era
adquirirla y someterla a una reestructuración. Así lo están haciendo, a pesar
de las batallas legales. Slim ha apelado el segundo veredicto.

Mientras pelea en Texas, el empresario se defiende en Ginebra ante la


Organización Mundial del Comercio (OMC) donde lo señalan de actividades
monopolísticas, igual que a su amigo Bill Gates en su país. Dos grandes
telefónicas estadounidenses -AT&T y mci- acusan a Teléfonos de México
(Telmex), de la que Slim es el mayor accionista, de mantener una posición
excluyente en el mercado de telefonía de larga distancia.
Éstas son sólo las más recientes ceremonias del rito de guerrear que
aprendió Slim desde que tenía diez años. Mientras sus hermanos jugaban,
Slim registraba las victorias comerciales propias y las de la tienda familiar
"La Estrella de Oriente", en libros de contabilidad de pasta dura que aún
mantiene.

Hoy, a los 61 años, Carlos Slim -Piscis en la astrología occidental, Dragón


en la china- sigue haciendo cuentas en cuadernos que siempre lleva
consigo. Los saca de repente cuando quiere anotar algo que le ha llamado la
atención o cuando las operaciones son muy complicadas. Las demás, las
hace en su mente. Obtiene márgenes de ganancia, volúmenes de venta y
porcentajes de ingresos sin usar calculadoras ni computadoras.

El hombre que concibió los esquemas de financiamiento que le permitieron


a su empresa vender más de 1.000 computadoras al día en México y que
logró que miles de usuarios mexicanos se suscribieran a Internet a través
de su propio carrier, Prodigy, no tiene nada parecido a una computadora en
su escritorio. Ni laptop, ni Reuters, ni Bloomberg; nada. Slim lleva los
cálculos y las estrategias de su negocio en la cabeza.

Como inversionista en Alfa, uno de los grandes grupos empresariales


mexicanos, Slim sorprendió a Dionisio Garza Medina, su presidente
ejecutivo, al calcular mentalmente los márgenes de ganancia para 1999,
antes de que la tesorería se los presentara al Consejo. Su margen de error
fue de uno por ciento.

Cuando necesita un dato o quiere estar enterado de alguna coyuntura,


levanta el teléfono y pide la información.

La herencia familiar

Carlos Slim, según cuentan sus hermanos, aprendió a leer y a escribir


haciendo sumas mentales y apuntando ideas en su cuaderno. Los
domingos, días de comida familiar, de quipe charola, de tabule, de hojas de
parra rellenas, el niño Carlos ponía una tiendita debajo de la escalera y
vendía dulces a sus primos y hermanos.

Después, hacía las cuentas con su papá, Julián Slim, de las ganancias del
negocio y de lo que se le había entregado en la semana para que invirtiera
o pagara sus pequeños gastos, como el alquiler de las bicicletas en el
Parque México.

Los Slim fueron inmigrantes libaneses católicos que llegaron a "hacer la


América" a principios del siglo xx. Su negocio, "La Estrella de Oriente'',
estaba en la calle sexta de Capuchinas número 3638 y como tantos otros
comercios del centro de la Ciudad de México, se dedicaba a vender
mercería, juguetería y "otros efectos correspondientes'', como consta en
folletos publicitarios de la época.

El almacén era de Julián y de su hermano mayor. Pero en 1914 disolvieron


su sociedad y Julián se quedó con el negocio después de comprar las
acciones de su hermano. El padre de Carlos sabía su oficio al derecho y al
revés. Y tenía normas muy claras: "vender mucho y a bajos precios",
"contar con efectivo para aprovechar oportunidades", "no dividir las
comisiones", "invertir a largo plazo''.

Carlos Slim heredó la forma de hacer negocios de su padre. "A los 15 años
ya tenía 44 acciones de Banamex (Banco Nacional de México) y una cartera
total de 5.523 pesos", me dijo en una conversación que tuvimos en 1998.

Años después, una tarde en su despacho de la calle de Palmas, en la zona


poniente de la Ciudad de México, me enseñó algunos de los cuadernos de
pastas negras con los registros que conservaba de sus inversiones de
juventud. No pasaba un día sin que el joven Slim anotara algún movimiento
en su cartera. En 1957, antes de ingresar a la Universidad Autónoma de
México (UNAM) donde se recibió de ingeniero civil, su cartera era de 31.900
pesos con 26 centavos.

Pero la precocidad financiera no implicó una infancia o adolescencia


dedicadas a la acumulación. De hecho, aún ahora, con una fortuna que
según la última lista de la revista Forbes, puede llegar a 10.800 millones de
dólares (lo que lo convierte en el hombre más rico de América Latina y el
número 25 en el mundo), Carlos Slim ha tenido y tiene otros intereses.

"No recuerdo en qué año lo conocí pero fue en su casa de bolsa, cuando
alguien le regaló un códice hermoso y Carlos dijo, 'si muy hermoso, pero no
sé que dice'. Yo te lo puedo descifrar, le contesté, y ahí comenzó la
amistad", contó hace algunos años Fernando Benítez, historiador,
periodista, pionero de suplementos culturales y uno de los hombres que
conoció mejor que nadie la cultura indígena mexicana.

Amigo entrañable de Slim, el maestro Benítez, fallecido en marzo del 2000,


viajó con él en largas excursiones para admirar las ciudades mayas del
sureste de México.
Y Slim no sólo aprecia el arte; lo colecciona. Desde 1994, con la
inauguración del Museo Soumaya, abrió al público la exhibición de todo tipo
de piezas que había ido coleccionado desde aquel primer códice.

Soumaya es el nombre de su difunta esposa y de su hija, quien actualmente


dirige la institución, en la que se cuenta con la mayor colección de piezas
del escultor francés Augusto Rodin, superada sólo por la del museo parisino
que lleva el nombre del artista.

Soumy, Soumaya, viene de Ouma en árabe, que quiere decir cielo en


español. Soumy y Carlos estuvieron casados más de cuarenta años, hasta
que ella falleció en sus brazos en un avión camino a la Ciudad de México por
un problema de insuficiencia renal en marzo de 2000. El Grupo Carso deriva
su nombre precisamente de la unión de Carlos y Soumaya.

Casados bajo la tradición libanesa, los muchachos recibieron de sus padres,


como patrimonio para hacer pie de cría para la nueva familia, un terreno en
la colonia Polanco, y algo de dinero. A los 26 años, el sexto hijo de Julián
Slim registró la Inmobiliaria Carso. El Ingeniero Slim no le construyó a
Soumi una casa lujosa, como el resto de las parejas de su generación, sino
que la hizo socia de un edificio de apartamentos en el terreno recibido. La
familia vivía en uno de ellos y rentaba cuatro. Los otros 15 fueron vendidos.

A mediados de los años sesenta, Slim tenía levantados los dos pilares sobre
los que construyó su futuro: la Inmobiliaria Carso y la casa de bolsa
Inbursa.

Durante una década combinó el negocio inmobiliario y el de la construcción


con exitosas incursiones en la bolsa de valores. Su estilo informal y
despreocupado contrastaba con el ambiente elitista y glamoroso de la bolsa.
Un viejo amigo suyo recordó que en 1973, Slim fue invitado a salir del
edificio de la bolsa por no llevar corbata.

Los comienzos

En los años 70 la carrera del inversionista tomó un gran impulso. En 1976


compró Galas, imprenta que manufacturaba envolturas para los paquetes
de Cigarrera la Moderna. Este negocio le abrió las puertas para la primera
gran inversión de su vida: la adquisición de Citagam, la empresa cigarrera
más importante de México.

No era una época que invitaba a grandes inversiones. El gobierno de José


López Portillo culminaba en medio de una gran crisis petrolera, fuga de
capitales y debacle financiera.

¿Por qué compró? La respuesta de Slim es una constante en su vida


empresarial: "Aquí vivo, aquí nací, de aquí soy, es el lugar donde murieron
mis padres, viven mis hijos, éste es el país de donde soy. ¿Por qué habría
de ir a otro lado?'' Esa especie de chovinismo empresarial es una filosofía de
negocios que se pasa de generación en generación en los Slim.

Este es un principio que aprendió de niño, pues a pesar de que "La Estrella
de Oriente" tenía proveedores internacionales, el negocio se manejaba con
cartas de crédito y no tuvo una cuenta corriente en el extranjero sino hasta
la década de los sesenta.

En otro ejemplo de su espíritu nacionalista, Slim cuenta que unas semanas


antes de cerrar su oferta en la licitación de Telmex se reunió con sus hijos
Carlos, Marco Antonio, Patrick, Soumaya, Vanesa y Johanna, para sellar el
compromiso de que, en caso de ganar, Telmex se quedaría en manos de la
familia Slim Domit -apellidos de los hijos de Carlos y Soumaya- cuando
menos durante dos generaciones.

A diferencia de otros miembros de la alta burguesía mexicana,


especialmente la de Monterrey, ni el propio Slim ni sus hijos obtuvieron
grados académicos en universidades de prestigio americanas como Harvard
o Stanford, donde se graduaron Lorenzo Zambrano de Cemex y varios sino
todos los primos Garza Sada.

Slim habla inglés, pero muy pocas veces lo hace en público y sus críticas
respecto a la veneración de algunos tecnócratas mexicanos por los modelos
estadounidenses son públicas: "Ya estamos grandes para andar copiando
modelos", apuntó en relación con el afán de alinear las políticas económicas
mexicanas con las de Estados Unidos.

En junio de 2001 ironizó respecto a la desconfianza que muestran algunos


políticos mexicanos sobre la posibilidad de que inversionistas nacionales
puedan salir adelante con grandes negocios. Estamos, dijo, no frente a
"globalifóbicos" sino ante "nacionalifóbicos", los que creen que los
empresarios mexicanos no pueden hacer bien las cosas.

Ese desafío retórico fue hecho, nada más ni nada menos, por quien es hoy
por hoy el hombre más rico de América Latina. Sus empresas venden en
conjunto 22.100 millones de dólares, con utilidades cercanas a los 1.000
millones de dólares.

La expansión
Entre 1981 y 1986, Slim se lanzó a una febril jornada de adquisiciones y
agregó al portafolio de Carso nueve empresas, entre las cuales se
encontraba Seguros de México, comprada por 55 millones de dólares.

Hasta ese momento actuaba audazmente, como lo hizo su padre cuando en


plena revolución mexicana compraba bienes inmuebles. Pero nada
comparado con la audacia que mostró durante la privatización de Telmex en
1990.

En la víspera de su venta, la empresa presentaba rezagos técnicos y


humanos. Teléfonos de México era una empresa paraestatal enorme, cuyo
director general era designado por el Presidente de la República desde
1971. Los sismos de la Ciudad de México en 1985 dañaron gravemente las
centrales telefónicas de larga distancia y en 1989 los potenciales usuarios
tenían que esperar meses para tener una línea telefónica.

Contagiado por la fiebre neoliberal de despojarse de activos herrumbrosos,


el gobierno de Carlos Salinas de Gortari puso en venta la empresa a través
de una controvertida subasta que generó uno de los mayores escándalos de
su gobierno. En noviembre de 1990, el ganador de la subasta fue un
consorcio encabezado por Carso junto con Bell International Holding Co. y
France Cable & Radio.

Como finalistas quedaron el grupo Acciones y Valores -representado por


Roberto Hernández- que presentó una oferta conjunta con Controladora
Mextel, Accitel de México, Telefónica de México y GTE Mexican Telephone
Inc., y otro grupo encabezado por la empresa Gentor y representado por
Humberto Acosta Campillo y Salvador Benítez Lozano. La propuesta del
consorcio de Carso era la más alta, pues ofrecía 80 centavos de dólar por
acción, mientras que los restantes ofrecieron 78 y 63 centavos
respectivamente. La oferta de Carso fue de 1.757 millones de dólares.

La principal acusación contra el gobierno radicaba en que el consorcio de


Carso "fue ostensiblemente favorecido al aceptar que una parte de la oferta
fuera pagada a plazos con dinero proveniente de las ganancias que Slim
obtuviera con Telmex en su poder'', escribió el periodista Rafael Rodríguez
Castañeda, director de Proceso.

Slim fue acusado de ser un prestanombres del presidente, quien


supuestamente estaría detrás del negocio, a cambio de convertirlo a él en el
hombre más rico de América Latina. Slim salió a defenderse. Aseguró que
todos los participantes de la subasta tuvieron acceso a la misma
información y que su propuesta superaba en 608 millones de dólares el
valor que Telmex tenía en 1990. "Por si esto no fuera suficiente'', explicó a
la revista Proceso, "además de esta clara y contundente diferencia, las
características de este grupo resultan a todas luces definitivas''.

Según sus palabras, la empresa France Cable & Radio es una de las
empresas más destacatadas en comunicaciones en el mundo, y
Southwestern Bell una de las prestadoras de servicio regional más eficiente
de Estados Unidos.

Sobre Carso, Slim se extendió en un largo historial de experiencia


empresarial. De 1965 a 1969 adquirió condominios y terrenos en diversas
partes de la Ciudad de México con una superficie de más de un millón de
metros cuadrados; en 1970 compró la refresquera Jarritos del Sur; en
1976, la imprenta Galas de México; entre 1981 y 1982, Cigatam; entre
1982 y 1983, Hulera el Centenario y Sanborns; en 1985, Porcelanite,
Euskady y las fábricas de papel Loreto y Pena Pobre; en 1986, la Compañía
Minera Frisco y Nacional de Cobre; en 1989, Bicicletas de México.

Pero la pregunta seguía en el aire. ¿Era Carlos Slim el prestanombres del


Presidente Salinas de Gortari?

Slim ha rechazado siempre estas insinuaciones. "¿Para qué iba a ser


prestanombres y manejarle su dinero a un político? No lo he hecho nunca,
ni con mis hermanos, nunca", señaló cuando Salinas de Gortari regresó a
México brevemente en el segundo semestre del año 2000 para presentar su
libro de memorias en el que no menciona ni una sola vez a Carlos Slim.
A diez años de la licitación, y con una sociedad que desnudó los abusos del
gobierno salinista, encarceló al "hermano incómodo", y sacó a su partido, el
PRI, de la silla presidencial, es verdad jurídica que la compra de Telmex no
ha sido objetada en ninguna corte del país.

Aunque es claro también que algunos analistas económicos, como Celso


Garrido de la Universidad Autónoma de México, la perciben como una
operación ventajosa, pues "cualquiera que hubiera comprado se convertía
en monopolio".

El anuncio de la concesión, publicado el 10 de diciembre de 1990 en el


Diario Oficial estableció el marco en el que debía operar la empresa. Pero
diez años después sus competidores -AT&T y MCI- siguen quejándose de
que las condiciones de competencia para los prestadores de servicios no son
justas. Las empresas, sin embargo, ya han llegado a arreglos respecto a los
precios de interconexión y las inversiones para prestar este servicio.

Hacia el futuro

La incursión de Carso en la telefonía abrió una nueva avenida de negocios


para Slim, quien hoy es accionista importante en otras compañías de
telecomunicaciones en Brasil, Guatemala y Colombia.

Para él, El Camino que Sigue -título del libro de Bill Gates, su socio en el
portal T1MSN-, es claramente el de la supercarretera de la información. Uno
de los proyectos más importantes de Carso acercará al Laboratorio de
Medios del MIT (Media Lab) con América Latina.

Durante cinco años, a través de Javier Elguea, otro de los hombres de


confianza de Slim, el centro de investigaciones que inició el gurú de la era
digital, Nicholas Negroponte, buscará además de desarrollar nuevas
tecnologías de información adecuadas para Latinoamérica, la formación de
especialistas en el desarrollo de esas tecnologías, la transferencia de
conocimientos y el combate a la pobreza. Porque, igual que Gates con su
fundación para ayudar a combatir la poliomielitis en el mundo, Slim tiene
ambiciones que trascienden al mundo de los negocios.

¿Estaremos frente a un Berlusconi Latinoamericano? ¿Llegarán sus


ambiciones al campo de la política? No lo creo.

En febrero de 1995 me tocó presenciar un momento insólito en la sala de


juntas del Grupo Carso, donde entrevistaba a Slim respecto al devaluado
peso mexicano. Allí llegó Arnulfo, uno de sus asistentes personales, con una
tarjeta que anunciaba la noticia sobre el arresto de Raúl Salinas de Gortari.

La entrevista se interrumpió. Fuimos hacia un televisor que Slim no pudo


hacer funcionar, hasta que Arnulfo entró al rescate y sintonizó una escena
nunca antes vista en México: el arresto del hermano de un ex presidente.

"Mister 10 percent", como se conocía a Raúl en los círculos de negocios, de


traje, con las manos en la espalda pero no esposado, era introducido en un
coche mientras policías armados se mantenían vigilantes.
Slim rompió el silencio con una reflexión en voz alta: "Por eso siempre les
digo a mis hijos que se mantengan lejos de los políticos".
¿Quien es Carlos Slim, el hombre más rico de
América y propietario de Telmex?
Por María Cristina Caballero
San Salvador - El Salvador
La Prensa
economia@laprensa.com.sv
Newsweek (c) 2003, Newsweek Inc.

"Los modelos existentes para el desarrollo económico han hecho quebrar a


América Latina y ha llegado el momento de pensar un nuevo paradigma de
desarrollo para los países de la región, ineficientes y abrumados por la
deuda" , dijo este magnate a Newsweek. Publicamos a continuación la
semblanza que esta revista publicó sobre Carlos Slim y que nos muestra la
evolución que ha seguido en su carrera empresarial.

Carlos Slim es un magnate. A sus 63 años, está pensando a lo grande. Está


comprando compañías de telecomunicaciones en toda América. El Salvador
no es la excepción, acaba de adquirir el 51% de las acciones de la francesa
CTE Telecom.

La lista de invitados parecía una guía de los magnates más ricos de Estados
Unidos, y algunos de los participantes de la cumbre empresaria de cuatro
días provenían de lugares tan lejanos como Buenos Aires y Sao Paulo. Entre
los capitanes de la industria que se reunieron en la Ciudad de México en
mayo, se contaban Gustavo Cisneros, de Venezuela, y Julio Mario
Santodomingo, de Colombia. Pero su cortés anfitrión, el magnate mexicano
de las telecomunicaciones Carlos Slim Helu, tenía en mente cuestiones de
mayor gravedad que obtener ganancias.

En su galería privada, adornada con obras maestras de Monet, Degas y Van


Gogh, Slim expresó ante la asamblea congregada que los modelos
existentes para el desarrollo económico habían hecho quebrar a América
Latina "y que había llegado el momento de pensar un nuevo paradigma de
desarrollo para los países de la región, ineficientes y abrumados por la
deuda". "Desde que empezamos a aplicar el modelo impuesto por el Fondo
Monetario Internacional, hemos tenido (en México) dos décadas sin
crecimiento per cápita", dijo el hombre más rico de América Latina a
"Newsweek" en una entrevista exclusiva realizada este mes. "No fue bueno
para nuestros países y prueba que algo está profundamente equivocado."

Slim, de 63 años, está pensando a lo grande en este momento. En julio


causó revuelo cuando exhortó públicamente al presidente mexicano, Vicente
Fox, a invertir más en proyectos de infraestructura y a preocuparse menos
por la inflación y los superávit presupuestarios. Slim también se ha hecho
muy amigo del intendente izquierdista de la ciudad de México, Andrés
Manuel López Obrador, inicial favorito para suceder a Fox en las elecciones
presidenciales de 2006. El industrial está ansioso por analizar nuevas ideas
tendentes a generar la prosperidad y los empleos necesarios para una
América Latina estable. "Uno no puede esperar hasta morir para dejar un
legado", dijo Slim a "Newsweek". "Tiene que hacer todo lo que puede
mientras está vivo."

Este nuevo papel de activista más bien público es poco familiar para este
hombre al que llaman "el Ingeniero". Cuando estaba amasando su fortuna
de $7,400 millones en las décadas de 1980 y 1990, Slim mantuvo un perfil
bajo y cultivó silenciosamente sus contactos dentro del "establishment"
político mexicano. "Slim solía ser muy enigmático y se mostraba poco", dice
un editor de revistas de Ciudad de México. Pero en los últimos meses el
magnate ha mantenido conferencias de prensa y ha pronunciado una serie
de charlas para promover sus planes destinados a revitalizar el centro
histórico de Ciudad de México, donde creció cuando era niño. Convocó a Bill
Clinton como orador clave de una reciente ceremonia de entrega de becas
para estudiantes patrocinada por su fundación Telmex. Puede darse el lujo
de dedicar más tiempo a las candilejas porque sus tres hijos, junto con un
par de yernos, manejan en gran medida su extenso imperio.

Slim se inició en los negocios a los ocho años, cuando su padre, Julián, le
pidió que lo ayudara en la Orient Star, la tienda de la familia así llamada en
honor de sus raíces en Medio Oriente. Después de recibirse de ingeniero
civil en la Universidad Autónoma Nacional de México, heredó importantes
bienes raíces de sus padres e hizo una serie de inversiones audaces a
comienzos de la década de 1980. Slim desafió la opinión convencional
cuando se zambulló en un frenesí de adquisiciones; rápidamente adquirió la
principal compañía tabacalera de México, una fábrica rentable de autopartes
y la popular cadena de restaurantes y negocios de regalos Sanborns.
"Estaban muy baratos", dice simplemente.

Hizo su golazo en 1990 cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari puso


en venta el monopolio de la compañía estatal Teléfonos de México. Un
consorcio liderado por Slim pagó $1,760 millones por Telmex, precio
excepcionalmente bajo que desató gritos de protesta de la oposición política
izquierdista del momento. Slim y sus socios torearon el temporal y la
empresa tiene ahora una capitalización de mercado de más de $20 mil
millones. Telmex, de lejos la empresa privada más grande del país, es la
joya de la corona de un imperio empresarial que emplea a más de 250 mil
trabajadores y representa más del 40% de la capitalización total de la Bolsa
de México. América Móvil, el operador de telefonía inalámbrica que Slim
creó a partir de Telmex, utilizó las adquisiciones en todo el hemisferio para
convertirse en el operador de telefonía celular más grande de América
Latina.

Las empresas extranjeras que han tratado de quebrar el dominio de Slim en


el mercado mexicano de las telecomunicaciones salieron derrotadas. Telmex
sigue controlando más del 90% de las líneas telefónicas fijas de México. Dos
de los competidores de líneas fijas de Telmex, una empresa que es
propiedad de AT&T en un 49% y la otra, 45% propiedad de Worldcom,
tienen serios problemas financieros. En el área de telefonía inalámbrica,
Verizon y Vodafone vendieron su participación en el proveedor de
celulares Iusacell, que salió del mercado mexicano. Cada empresa perdió
aproximadamente $1 mil millones en su inversión mexicana. Las tasas de
llamadas de México siguen duplicando las de Estados Unidos, y según un
informe de Merrill Lynch, las llamadas tasas de interconexión de Telmex,
tarifas que cobra a otros transportadores (inalámbricos y fijos) para acceder
a su red, se ubican entre las más altas del mundo. (Subieron hasta alcanzar
14% de los ingresos de Telmex en 2002.)

Desde hace tiempo, Slim y sus hijos están prestando más atención a las
oportunidades de inversión en Estados Unidos. En los últimos años, la
familia adquirió acciones en Philip Morris (ahora llamada Altria),
OfficeMax y Saks Incorporated. En 1999, Telmex compró una
participación mayoritaria en una firma de comunicaciones inalámbricas
prepagadas de Miami llamada TOPPTelecom (TT) por $57.5 millones.

El Carso Grupo Telecom (CGT), el grupo de telecomunicaciones de Slim,


apunta a consumidores de bajos ingresos, principalmente hispanos en
Estados Unidos, que tienen muy poco o ningún acceso al crédito. La familia
también se asoció con Bill Gates para crear un exitoso portal de internet
destinado a los hispanos llamado T1MSN.

No todas las incursiones de Slim en Estados Unidos fueron exitosas. La


compra de la cadena minorista CompUSA por $800 millones se realizó
justo cuando la burbuja de internet estaba por estallar. El grupo industrial y
minorista Carso está tratando de reanimar la empresa en este momento.

Slim también quiere comprar Circuit City, la cadena estadounidense de


tiendas de productos electrónicos para el hogar, pero algunos analistas
consideran que le convendría limitarse a los mercados latinoamericanos.
"En América Latina hay montones de vendedores y muy pocos compradores
y eso le permite a Slim hacer lo que mejor hace - comprar activos baratos",
dice Whitney Johnson, de Merrill Lynch. "Cualquier inversor que busque
exposición en las telecomunicaciones puede encontrar mejores
oportunidades (fuera de Estados Unidos), y en el caso de Slim, es su patio
de atrás."

Al acercarse a sus años dorados, Carlos Slim parece menos obsesionado con
balances y beneficios. La muerte en 1999 de Soumaya Domit, con quien
estuvo casado durante 32 años, lo dejó viudo y Slim reserva las noches del
lunes a una cena familiar con sus seis hijos, sus cónyuges e hijos.

Al mismo tiempo, está más absorbido por el panorama general. "Debemos


integrarnos para combatir la pobreza", sostiene Slim. "Es hora de pasar de
un modelo dedicado a la estabilización a un modelo de desarrollo y de
generación de empleo y crecimiento."

Con estos antecedentes, Slim y el intendente de México, López Obrador, tal


vez no sean socios políticos tan extraños. El empresario aceptó la invitación
del intendente de centro izquierda para presidir una comisión a cargo de
supervisar la renovación del centro de la Ciudad de México. Oficialmente,
Slim niega tener ambiciones políticas o secretas lealtades partidarias. "No
pertenezco a ningún partido político. Yo doy dinero a cualquier candidato
que me lo pide porque apoyo incondicionalmente el proceso democrático",
dice.
Siendo un hombre que estuvo al borde de la muerte durante una operación
de corazón abierto hace seis años y que no necesita trabajar ni un día más
por el resto de su vida, bien se le puede perdonar a Slim que piense cada
tanto en retirarse.

Pero insiste en que siente el mismo llamado de la vocación que inspiró a los
maestros del siglo XIX cuyas obras de arte colecciona tan vívidamente.
"Usted no le pide a un artista que se retire porque ya terminó determinado
número de pinturas", dice "el Ingeniero". "Es su vocación, y para mí
trabajar es no sólo una responsabilidad social y empresaria, sino también
una necesidad emocional."

Si continúa sintiendo ese impulso, Carlos Slim desempeñará sin duda un


papel crucial en los asuntos de la región en los próximos años.
Columna: Contrapuntos

El poder de Carlos Slim; el imperio del rey Midas


Un mensaje al gobierno

Por José Martínez M.

La conferencia de Carlos Slim acaparó los titulares de la prensa. En realidad se


trató de un mensaje del hombre más rico de México al gobierno del presidente
Vicente Fox por algunas diferencias en la percepción de los problemas del
país. Cumplido el objetivo, el magnate aprovechó la ocasión para dar una
cátedra de economía a los periodistas que terminaron deslumbrados por el
moderno rey Midas. Aunque les pasó por alto que el mensaje de Slim era
recalcar que su imperio es un contrapoder. Y se comprobó una vez más que
cuando Carlos Slim habla se impone el silencio.

Pero de vuelta al interés que el empresario despierta entre los medios habría
que recordar a Shakespeare, quien decía que el dinero garantiza amigos y
neutraliza enemigos. Bajo esa premisa para el magnate el dinero ha sido
factotum de poder. El dinero le ha otorgado influencia sobre unos y poder sobre
otros.

Aunque se ha discutido que en política los empresarios no tienen derecho de


veto, Slim como algunos de sus pares ha hecho valer su voz para imponerse.
Su inconmensurable poder económico le ha conferido un halo muy especial.
Muchos lo ven como un gurú de las finanzas, otros lo juzgan como un líder
empresarial mediático que con el dinero cree resolverlo todo. Slim es de esos
personajes que rehuyen a los medios y sólo aparece ante ellos cuando quiere
dejarse escuchar o neutralizar algún asunto. Hay quienes interpretan esa
actitud en un hecho irrefutable: Cuando el dinero habla, suele imponerse el
silencio.

Lagunas legales

En México, los empresarios han aprovechado las lagunas legales del sistema
financiero y político para acrecentar sus negocios, Slim no ha sido la
excepción, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari salió de la
opacidad y fue señalado de ser un beneficiario del salinismo. Siempre ha
rechazado su vinculación con los políticos, pero él mismo llegó a reconocer que
aportó recursos para algunas campañas presidenciales. En todo caso, Slim
llegó a congratularse de hacer un empleo eficaz de su poder económico.

En privado y en público se jacta de saber nadar contra la corriente, afirma que


así construyó su imperio. En el lapso de la década de los noventas se proyectó
como el hombre más rico de México y de toda América Latina. Sostiene que “el
mejor negocio para el empresario es que no haya pobreza”. Sin embargo, hizo
su fortuna en un país de pobres en el que 5% de la población concentra más
del 60% de la riqueza.
Encabeza la lista

Con sus empresas ocupa el primer lugar con mayores ganancias, encabeza la
lista de los principales generadores de empleo (Telmex, Grupo Carso e Inbursa
dan trabajo a más de 200 mil personas) y sus activos junto con los 100
principales empresarios equivalen al 60% del Producto Interno Bruto, además
de controlar él sólo con su grupo empresarial un poco más del 40% del
mercado de valores y de contribuir al fisco con más de 5 mil millones de
dólares al año.

Por su poderío económico la revista Time incluyó a Slim uno de los 12


“jugadores claves” de la globalización en el mundo de los negocios. Time ha
elogiado a Slim por su decisión de “no achicarse” ante las grandes
corporaciones estadounidenses y de ponérseles al “tú por tú” al retar a los
gigantes de la comunicación en Estados Unidos como AT&T y MCI en su
propio terreno de juego.

Desde que ingresó a la lista internacional de la revista Forbes, Slim se ha


mantenido dentro del grupo de los ricos más ricos del mundo, su fortuna es
estimada en más de 10 mil 800 millones de dólares.

A diferencia de otras publicaciones como Forbes que llamaron a Carlos Slim “El
Conquistador” –es un apodo apropiado, argumentaron los editores de la revista
de los multimillonarios– por su creciente imperio empresarial, Businessweek –la
influyente revista de negocios de Wall Street– hizo un retrato crítico de Slim al
que ubicó dentro de la “plutocracia protegida” por el gobierno del presidente
Carlos Salinas de Gortari a quien señalaron de poner en las manos del
magnate una auténtica “mina de oro” al adjudicarle la propiedad de Teléfonos
de México.

Recompensa

Los editores de Businessweek fueron directos sobre las recompensas de


Salinas a sus amigos: “Rumores y alegatos de amiguismos rondan por todo el
proceso de privatización. En respuesta, el gobierno hace lo imposible por crear
una impresión de imparcialidad. Por ejemplo, en la junta de gabinete que
decidió quiénes serían los nuevos dueños de Telmex, los tres postores fueron
nombrados A, B y C. Pero todos sabían quién era quién...”

Slim quien sacó provecho al boom del mercado de valores en los ochentas,
gracias a sus habilidades y contactos multiplicó su inconmensurable fortuna en
los noventas. Adquirió la cuarta parte de las acciones de Televisa –la principal
cadena de televisión en español en el mundo– invirtió en empresas de
telecomunicaciones en Sudamérica y en Estados Unidos se hizo de CompUSA
y obtuvo acciones de las empresas Office Max, Circuit City, Borders y
recientemente invirtió 385 millones de dólares en la compra de 1,750 millones
de bonos al 22% de su valor nominal de la telefónica estadounidense
WorldCom consolidando con ello a su poderoso imperio que abarca intereses
en las telecomunicaciones, la industria minera, hulera y el sector financiero.

Varita mágica

Hombre de mente fría y calculadora, sin afanes protagónicos, Slim, entre los
hombres del poder y el dinero ha buscado incesantemente en transfigurarse en
una personalidad carismática. En las últimas dos décadas simplemente se
transformó en un moderno rey Midas gracias a la varita mágica de la
especulación y el olfato para saber a dónde hay dinero.

Asociado con Bill Gates, el hombre más rico del mundo, Slim tiene de su lado
en los negocios a dos de los más reconocidos futurólogos, Alvin Toffler y
Nicholas Negroponte, no en balde Time lo ubicó como uno de los hombres
claves de la globalización.

De cara al futuro Slim y Bill Gates se asociaron para poner en marcha un


programa de telecomunicaciones en español a través de T1msn para dominar
el mercado de América Latina, sólo como el principio de un imperio que ya se
extiende a Europa y Estados Unidos.

Por ejemplo, Forrester Research estima que la audiencia hispana de internet


llegará a 77 millones en el año 2007. Por lo menos 10% por ciento de eso que
espera ya lo cubre T1msn, tan sólo en México es utilizado por ocho de cada
diez personas que entran a internet.
LA IMPORTANTE DECLARACIÓN DE CARLOS SLIM HELÚ
por Francisco Helguera
Articulista de El Financiero/30 de abril 1999

Como abrir la ventana y recibir en la cara el aire fresco... las declaraciones de


Don Carlos Slim Helú, en relación con la supuesta venta del control de
Telmex a una empresa extranjera, dio pábulo a algunas declaraciones muy
importantes. Destacan dos de ellas; la posición racionalmente nacionalista con
relación al control de las empresas básicas de la economía mexicana y la
opinión sobre la dolarización; con la inteligencia y lucidez que le caracterizan,
calificó la pretendida dolarización como "una barbaridad".

Agregó que Eugenio Clariond y Eduardo Bours no representan el sentir de


todos los empresarios mexicanos. Yo añadiría, de los empresarios mexicanos
inteligentes.

La reconocida calidad personal y empresarial de quien hace estas


declaraciones, le confieren un valor muy especial. Puede decirse que es una de
las más importantes manifestaciones que se han hecho en relación a la
dolarización. Es un lúcido reconocimiento de un hecho evidente.

Como coincidencia afortunada, el mismo día en que Don Carlos Slim hace su
importante declaración, "Excélsior" publica, en su sección financiera, unas
declaraciones del Sr. William McDonough, presidente del Banco de la
Reserva Federal de Nueva York, exponiendo la situación en que quedarían los
países que optaran por la dolarización y la posición de la Reserva Federal.

Quienes opten por la dolarización, están dejando en manos de los Estados


Unidos su política monetaria y "los Estados Unidos no tienen interés en
manejar la política monetaria de otros países". Y más adelante la nota agrega: "
No vamos a tomar en consideración el efecto de nuestra política monetaria
sobre otras monedas cuando nuestra meta es manejar la nuestra".

En pocas palabras, las implicaciones son claras: Dice la Reserva Federal "Si lo
que hagamos lesiona a otro país, es SU problema". Además, dijo que la
dolarización está lejana; "ninguno de los presentes vivirá lo suficiente para
verla", dijo en la reunión en donde hablaba.

Como si el Sr. McDonough hubiera sabido lo que Don Carlos Slim Helú estaba
declarando, ratifica la lógica de su posición. Le da la razón y expresa, desde su
perspectiva, cual sería la consecuencia de la dolarización para efectos de la
soberanía. Se afectaría gravemente.

Esta página electrónica nació por el afán patriótico de encontrar una solución a
un problema que ha estado desgastando a nuestro país hace muchos años,
una moneda que ha ido destruyendo el ahorro y el capital de empresarios y
personas físicas. No nos hemos dedicado a la crítica irracional y destructiva,
hemos planteado una solución concreta: el uso de una moneda de plata sin
valor nominal, sabiendo de antemano que sus benéficos efectos sobre las
tasas de interés, sobre la conservación del ahorro, sobre la minería y el
precio de un recurso natural no renovable y en general sobre el país,
compensarían ampliamente los problemas que pudieran surgir.

Concedemos que todo mundo tiene derecho a expresar sus ideas y manifestar
su voluntad; no podemos coincidir con quienes consideran el patriotismo y la
soberanía "conceptos anticuados", pero, repetimos, tienen el derecho a dar su
opinión. Es válido que renuncien a su nacionalidad y aspiren a integrarse a la
comunidad "Greaser", "Chicana", o como los vayan a llamar sus admirados
vecinos. Pero por favor, "Dollar Boys", háganlo a título personal, no pretendan
incluirnos a todos en su proyecto. Yo intento seguir siendo mexicano, igual que
Don Carlos Slim Helú.

Gracias por su declaración, Don Carlos.


SLIM CONTRA LOS FANTASMAS
Rolando Cordera Campos
Marzo de 2004

Aparte de la catarata de banalidades que desató en su contra, la


conferencia del ingeniero Carlos Slim propició una inopinada
declaración del presidente Fox que sonó a rezongo, más que a intención
pedagógica. Para el presidente, la crítica de Slim no se ubica en el debate
casi inexistente debate sobre la economía nacional y sus dolencias,
porque es sabido que las cuentas de las empresas del millonario le han
salido bien. Según nota de Elvira Vargas, “el mandatario admitió no
entender muy bien a qué se refirió (Slim) al expresar que no funciona el
modelo económico, pues, las empresas del señor Slim tuvieron un muy
importante crecimiento el año pasado. Además se refirió a la Bolsa
Mexicana de Valores que de acuerdo con el mandatario refleja que el
modelo económico sí funciona, pues las empresas han tenido ganancias
muy importantes y entre ellas figuran las del señor Slim” (La Jornada,
25/03/04, p. 7).

¿De qué te quejas Carlos?, pudo haber sido el reclamo privado, en corto,
del empresario metido a presidente al empresario metido a poderoso,
pero en vez de ello se optó por otro tobogán mediático del que emerge
una visión presidencial sobre el país, su economía a y su política , que
más allá del inmediato bochorno provoca azoro y preocupación. Para el
gobierno, voceado por su jefe, los graves problemas de la economía sólo
tienen sentido a través del estado de resultados de las empresas
ganadoras y si estos son positivos no hay de qué preocuparse. Todo va,
debe ir, viento en popa.

El optimismo del que diario hace gala el presidente no se compadece con


los datos duros que producen las agencias estatales encargadas de
documentar el pesimismo necio de la realidad nacional. INEGI nos
advierte de la persistencia del mal empleo y el Banco de México y su
gobernador no pierden oportunidad para recordarnos que el crecimiento
será mediocre, en el mejor de los casos. Desde fuera, de donde venían las
señales de aliento, lo que prevalece es el síndrome de China que para
nosotros poco tiene qué ver con Jane Fonda: lo que se nos transmite es
pérdida de espacios en el mercado americano y una constante caída en
los índices más socorridos para medir la famosa y esquiva
competitividad.
De esa realidad se quiso hablar el martes pasado en el Club de
Industriales, más que nada para llamar la atención de los poderosos que
se dieron cita ahí para escuchar a Slim y los comentarios del rector de la
UNAM. Debemos suponer que se quería igualmente invitar a una
reflexión mayor a los que gobiernan, pero al mutismo de los
directamente responsables de los asuntos económicos lo suplió desde
Centro América el bote pronto presidencial que sólo revela la
indisposición del gobierno para registrar llamadas de atención
impertinentes aunque tengan sustento.

No propuso Slim cambiar de “modelo”, mucho menos poner en cuestión


el “modelo” de Fox. No es modelandia lo que está en cuestión. El
ingeniero puso en power point los números centrales de la economía
para llevar a su auditorio a concluir que lo que está en falta es una
política económica que poco tiene que ver con la situación que viven las
empresas mexicanas y, con ellas, el resto de los mexicanos afectados por
el subempleo y el desaliento y la falta de expectativas. De esta
presentación, el empresario deriva unas conclusiones que se sostienen en
el sentido común, empresarial y plebeyo, pero que por lo visto no
resisten el ozono de Los Pinos o de los corredores siempre misteriosos
de la Secretaría de Hacienda.

Lo que hay que dejar atrás, propone Slim, es una mitología perniciosa
que ve en el déficit fiscal el Santo Grial de la buena economía. La salud
financiera de una país no puede medirse con cargo a un solo parámetro,
mucho menos si éste es un resultado contable mal concebido como lo es
el célebre déficit público. De lo que se trata, añade, es de revisar nuestra
manera de hacer las cuentas y, sobre todo, de preguntarnos si se puede
juntar para esos efectos lo que es una inversión productiva, necesaria y
lucrativa, como la que debía hacerse en energía y, en particular, en
petróleo y gas, con lo que se llama comúnmente gasto corriente y que
tiene que ver con el mantenimiento cotidiano de las tareas elementales
de las empresas o los gobiernos. Aferrarse al mito del déficit “cero”, sin
revisar esa contabilidad, lleva al sacrificio de las empresas en manos del
Estado y aquí sí a entorpecer hasta lo grotesco las posibilidades de
recuperar el crecimiento y entrar en una fase de desarrollo alto y
sostenido. No se trata de revivir el absurdo debate entre “gastistas” y
“austeros” sino de admitir que el país está al borde de acontecimientos
sociales que podrían llevarlo a cambios políticos indeseables que los
organizadores de la conferencia, con poca imaginación, resumieron bajo
el vocablo del populismo.
Slim añadió que con el populismo podría venir un nuevo autoritarismo y
a ello opuso su insistencia en el crecimiento con base en la inversión
pública y privada, sin renunciar a las ganancias del comercio exterior
pero reconociendo que sin una potente fábrica doméstica de consumo y
producción, no hay mercado mundial que nos ofrezca estabilidad y
progreso económico. Cosas simples de la vida que algunos empresarios
empiezan a reconocer y a tratar de traducir en decisiones públicas que
enderecen la nave. Lástima que el timonel oiga otras voces.