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Romina Constantin – Parcial Historia General V - UNICEN

PARCIAL DE HISTORIA GENERALV: 23/10/2020


Tienen cuatro preguntas para responder en UNA SEMANA. La fecha de entrega es el
martes 3 hasta las 24:00 hs. Cada pregunta se le ha asignado 2,50 puntos. Las notas serán
publicadas en el espacio del Aula virtual dentro de las 48 horas
1°) Atendiendo el debate en torno a la revolución
industrial/industrialización/modernización económica analizar
1.1 Reflexionar en torno a los puntos de encuentro y de diferencia entre los enfoques de
Maxime Berg y Pollard respecto a ese proceso de industrialización al que se asistió
desde fines del siglo XVIII
1.2 Según Cameron por qué es posible pensar en alternativas al modelo de
industrialización por el que transitaron algunas regiones de Inglaterra.
2°)Explicar el papel que tuvo el desarrollo de las nuevas esferas de opinión  en la crisis del
Antiguo Régimen  y el proceso de desacralización de la monarquía.  
3°)Según Furet la revolución francesa como proceso condujo a una ruptura de tipo política.
Siguiendo su argumentación, explicar la continuidad entre el Antiguo Régimen y la
Revolución y por qué finalmente se provocó la ruptura.
4°)A partir del análisis de Maurice Agulhon, analizar las razones que condujeron a la
recuperación de un horizonte republicano en la Francia de 1848.
Romina Constantin – Parcial Historia General V - UNICEN

1) 1.1 Desarrollaré las posturas de Berg y Pollard, marcando sus puntos de encuentro y
diferencias, en relación a la industrialización del siglo XVIII.
Tanto Berg como Pollard se apartan del modelo marxista de acumulación originaria:
para Berg se trata de un modelo lineal y teleológico al tiempo que Pollard no cree en un
campesinado despojado de sus medios de producción -posteriormente proletarizado-.
A diferencia de Pollard, Berg trabajó la cuestión social y señala un horizonte al que
no le faltaron tensiones producto de la convergencia de diferentes formas de trabajo –
trabajo de la familia campesina y las primeras fábricas- junto a las nuevas y viejas
manufacturas rurales y urbanas. Se refirió también a la división sexual del trabajo,
considerándola preexistente a la industrialización, y a comportamientos ajenos a la lógica
de mercado –a los que Pollard no se remontó-. Por este motivo, podemos pensar que
aunque no lo dice explícitamente hay una dimensión conflictiva en la lectura que hace Berg
de la industrialización. Pollard, por su parte, piensa en términos regionales y no nacionales,
y observa que hay regiones con ‘ventajas comparativas’ –al igual que Berg-. Es interesante
observar su visión de ‘largo aliento’ donde se trataría de un proceso que abarca el período
1770-1960. Él deliberadamente habla de una ‘conquista pacífica’ y descarta la
conflictividad que algunos atribuyen a la revolución.
Para Pollard, la clave del desarrollo industrial radica en el avance tecnológico, que
no considera que resida en el ferrocarril –Berg por su parte no piensa en la fábrica como
escenario de la innovación tecnológica del período-.

1.2. Cuando el autor menciona que “La historia de la aplicación del vapor a la
mecanización nos revela aún más claramente el lento desarrollo del proceso de
industrialización” (Cameron, 1997: 37) está relativizando no sólo la tesis marxista sino
también la idea de ‘revolución’ en tanto fenómeno disruptivo motivado principalmente por
la emergencia de las fábricas.
Cameron no considera que el modelo inglés haya marcado el camino a seguir por
los demás países. Es real que muchos siguieron un camino similar: se trata de aquellos con
recursos similares –principalmente, carbón y capital humano-. Cuando se piensa en el
modelo inglés se piensa en el desarrollo de la industria algodonera –bienes de consumo- y
del hierro, acero y maquinaria –bienes de producción-. Cameron rescata otros factores
centrales que responden a los recursos de los que dispone el país en cuestión: capital
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humano –educación-, orientación del mercado y obstáculos para la comercialización –


intervienen comportamientos demográficos, políticos, entre otros-. De esta manera, cada
país industrializado tuvo una industrialización acorde a la particular forma en que se
combinaron los recursos disponibles –retomamos los básicos: carbón y capital humano-
junto a cuatro grandes factores –población, recursos, tecnología e instituciones-. Esta
postura la sustenta mostrando diferentes ejemplos, en apariencia similares u opuestos, y
donde la distinta proporción entre unos y otros factores decantó en un proceso particular.
Su postura es compartida con otros autores: “Pollard aseguró que “la industrialización
europea no debe verse como la repetición de un modelo, sino como un solo y complejo
proceso.” (Cameron, 1997: 41)
El autor compara un grupo de países, mostrando a Suiza como ejemplo
paradigmático de la importancia del capital humano: Suiza no poseía recursos naturales –a
diferencia de Suecia-, tierras arables –a diferencia de Dinamarca y Países Bajos- o
facilidades para el transporte –a diferencia de los Países Bajos-. Sin embargo, tuvo un
mejor desempeño industrial gracias a su fuerza de trabajo y empresarios. A principios del
siglo XX, fue el segundo productor mundial en industrias de química orgánica.

2) A lo largo del siglo XVIII se advierte un desgaste de la relación entre el rey y los
súbditos. Al mismo tiempo, se produce un desapego y cuestionamiento de las vocaciones
religiosas, los clérigos y la Iglesia. La materialización de la desacralización de la sociedad
la representa la Enciclopedia; que implica un conocimiento que prescinde de todo
componente divino, es decir, una ruptura epistemológica.
Este complejo proceso se enmarca en un contexto por demás adverso: hacia la mitad
del siglo XVIII, Francia sufre un aumento de las pestes y malas cosechas producto de los
cambios climáticos, un aumento del precio del cereal y el pan, y retraso en los salarios. Esta
crisis financiera y económica se ve motorizada por conflictos internacionales –Guerra de
los Siete Años, entre otros-.
Retomando: lo que está claro es que en el siglo XVIII se genera la esfera de opinión
pública1. Esta esfera no careció de limitaciones: es un espacio de inclusión y exclusión a la

1
Van Horn Melton menciona que en principio nuclea ideas literarias, artísticas, entre otras, pero que con el
tiempo, también difunde ideas políticas –Chartier concuerda-. Sería un error decir tanto que esas ideas son
producto de la revolución francesa como la causa; ya que en este último caso sería simplista al no atender a
la cuestión social de fondo que propiciaba ese derrotero mental. Por otro lado, ambos autores mencionan
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vez ya que las mujeres son las grandes excluidas de este proceso –Delia Gutman refutará
esta idea en tanto considera que las mujeres son las que pululan mayoritariamente por los
salones-.
Hasta el momento las cuestiones políticas se restringían al ámbito privado de la
corte del rey. La desacralización de la sociedad se hace presente cuando, mediante la
emergencia de la opinión pública, grandes sectores accedieron al debate y crítica de asuntos
que hasta el momento les estaban vedados2. Incluso el monopolio de la escritura/lectura
deja de ser un impedimento puesto que en los salones de lectura se podía escuchar a otros
leer o discutir así como tampoco los ingresos eran un obstáculo ya que en las sociedades
literarias los libros podían tomarse prestados sin necesidad de comprarlos. Otro factor
interesante lo representa el rumor que garantiza una vez más que analfabetos accedan a la
opinión pública en entornos como el mercado mismo era.

3) La ruptura referida por Furet se trata de un quiebre en el plano ideológico y político


a partir de la política democrática3. Esta ruptura se asentó en un lento despojo de los
antiguos privilegios que tenía la nobleza. Tocqueville ve una continuidad –motivo por el
cual trabaja un período de tiempo amplio- ya que con Napoleón se termina el proceso de
despojo y se llega a un proceso de perfeccionamiento. Esto hace que se consoliden en el
poder sectores de la burguesía lo que conllevaría al advenimiento del capitalismo. Otro
aspecto en que se observa la continuidad es en el hecho de que la Revolución amplía,
consolida y perfecciona tanto la administración estatal como la sociedad igualitaria “cuyo
desarrollo es el producto característico de la antigua monarquía” (Furet, 1980: 36)
¿Por qué se llegó a 1789, es decir la ruptura, si todo iba a llevar supuestamente a
una continuidad? Tocqueville no lo explica por lo que nos remontamos a Cochin que sí lo
hace. A diferencia de Tocqueville –basado en la continuidad-, Cochin trabaja la ruptura. Da

que los lugares por donde circulaban estas ideas eran los salones de lectura, logias masónicas, entre otras.
2
Así como anteriormente planteé que la Enciclopedia era la materialización de la desacralización de la
sociedad, considero que el surgimiento de la esfera de opinión pública –más difícil de fechar- puede
considerarse la materialización de la desacralización de la monarquía. Esto último en tanto propició un doble
proceso: por un lado, el acceso de grandes masas a la participación y discusión sobre temas que hasta el
momento le eran ajenos; y por otro, la pérdida de control total del monopolio por parte del Estado.
Asimismo, representa otra dificultad para éste en tanto no hay publicaciones a censurar o libros a quemar:
la esfera de opinión pública y el rumor son incontrolables.
3
Sistema de creencias que constituye la nueva legitimidad nacida de la Revolución y según la cual el
«pueblo» para instaurar la libertad y la igualdad, finalidades de la acción colectiva, debe destruir la
resistencia de sus enemigos. (Furet, 1980: 41)
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visibilidad a la nueva legitimidad que se construye: más allá de que es una opinión pública
no popular –sectaria; universo de letrados al que sólo acceden quienes hacen uso público de
la razón-, se constituye ese espacio de sociabilidad que se legitima en la opinión pública
ilustrada. Analiza la ruptura de la trama política, la ausencia de poder, el reinado sustitutivo
de la palabra democrática, la dominación de las sociedades en nombre del «pueblo». (Furet,
1980: 43)
Hay dos legitimidades que coexisten: la monarquía absoluta y la que se conforma en
el siglo XVIII con la opinión pública. Lo curioso es que continuaron a lo largo del siglo
XIX.
Cochin explica cómo se fue vaciando de contenido legitimador la monarquía
absoluta -que se sostenía en la soberanía divina del monarca- para llenar de contenido a esta
nueva legitimidad política.
La idea de la continuidad está muy presente en Furet al punto de plantear que la
historia del siglo XIX francés se resume en una ‘lucha’ entre Restauración y Revolución.
Furet trabaja el lenguaje de los Cuadernos del Tercer Estado y abona a la idea de
continuidad: no utilizan el lenguaje de la democracia de la Revolución sino el de los
legistas de Antiguo Régimen4. Los Cuadernos no expresan la Revolución sino un
testamento reformador de la antigua monarquía escrito en su propia lengua. (Furet, 1980:
58)
Finalmente, Tocqueville sitúa en septiembre de 1788 la aparición del “verdadero
espíritu de la Revolución”; lo que reafirma lo que dijimos inicialmente de su mirada de
largo aliento de la Revolución francesa así como su concepción de continuidad ya que
recién luego de esta fecha es que estaríamos en presencia de la ruptura con la convocatoria
a los Estados Generales. El vacío de poder provocado propicia la guerra de las clases por
alcanzar ese mismo poder en torno al tipo de representación de los Estados, abriendo así un
campo ilimitado al movimiento de las ideas y de las pasiones sociales. En este contexto es
cuando se desarrolla la idea de Democracia a la que referimos anteriormente. (Furet, 1980:
64)

4
Furet hace una observación interesante: estos Cuadernos no rechazan la representación ciudadana sino
que “la fundamentan sobre la vieja idea de derechos originarios colectivos, anteriores a la monarquía
misma; adaptan los materiales de la historiografía «germanista» o de la igualdad «natural» a una teoría
moderna de los poderes, siguiendo el mismo impulso que los lleva a transformar la estructura de los estados
generales en sistema representativo.” (Furet, 1980: 61)
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La monarquía absoluta se había ido cerrando en sí misma y cerrando los canales de


participación política que el propio régimen había provocado. El Antiguo Régimen tenía
previsto el sufragio -muy restringido: varones mayores de 25 años propietarios-. Comenzó
a resurgir una prensa política, clubes políticos, folletos donde se canaliza la esfera de
opinión pública que había visto la luz durante el Antiguo Régimen: comienzan a
movilizarse con el propósito de ganar adeptos y poder ser elegidos como representantes.

4) Agulhon menciona las experiencias republicanas que habían tenido lugar hasta el
momento, destacando que el hecho de que los hombres de 1848 reivindicaran la república
de 1792-1794 era querer algo más que ser filósofo, libera y patriota. “la República del año
II (1792) había impulsado la democracia hasta la dictadura popular, y el radicalismo hasta
el Terror. Ser republicano era ser el hombre de la guillotina.” (Agulhon, 1973: 3) Ahora
bien, esta visión de la república se matiza hacia 1815 cuando comienza a organizarse una
valoración positiva de la experiencia jacobina así como los adeptos en torno a ella. Estos
dos aspectos propiciarán el renacimiento de esta idea hacia 1830 y su triunfo en 1848.
Agulhon encuentra una de las causas de la Revolución de 1848 en el avance de la idea
republicana en los reinos de la Restauración y el Orleanismo.
Agulhon encuentra otra causa de los sucesos de 1848: la Historia, que permitió
forjar una memoria colectiva y ganar adeptos. Destaca “Historia de la Revolución” de
Michelet, “Historia de los Girondinos” de Lamartine, “Historia de la Revolución” de Blanc
e “Historia de los Montañeses” de Esquiros. En el mismo sentido, Luis Felipe construyó en
la plaza de la Bastilla un obelisco que homenajeaba tanto los combates populares de 1830
como los de 1789; de modo que en el corazón del ‘París obrero’ la tradición de tomar las
armas era oficialmente recordada. En la cima de los Campos Elíseos se decoró el Arco del
Triunfo, que exaltaba el impulso nacional de 1792. Agulhon piensa que la mujer que
domina la tropa en marcha podría ser vista como una alegoría de la República. “Era muy
difícil homenajear a la Revolución militante sin exaltar la República.” (Agulhon, 1973: 6)
Las esperanzas que contenía la Revolución de 1848, como dije anteriormente, eran
más que liberales y patrióticas: eran sociales. No se limitaba a corregir el funcionamiento
de la máquina política: también el de la sociedad humana.
Se suma a esta serie de factores la cuestión social –revelada a la opinión pública
entre 1830 y 1840-. El proletariado era insignificante así como el movimiento obrero pero
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el problema campesino sí era una realidad. Lo cierto es que la abolición del feudalismo no
estaba completa: elementos como un código rural estaban aún ausentes.
Abocándonos al plano intelectual, el clima de época era humanitario; y como es de
esperar, es uno de los componentes de la Revolución. En línea con esto, el ‘descubrimiento
de Francia’ es uno de los mejores elementos de la élite intelectual, que ayudó a desembocar
en un difuso populismo.
“Muchas grandes corrientes políticas o espirituales parecen conducir hacia la
República de 1848: el progreso de la idea republicana, la aspiración de mejoramiento
social, la apertura del espíritu; […] la disponibilidad, la generosidad, que son el real aporte
del romanticismo a la vida colectiva.” (Agulhon, 1973: 14)