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CORPORACIÓN MEMORIA Y PATRIMONIO

Personería Jurídica 07707 - Nit.900194894 - 4

Junta Direc tiva .

Principales
Arturo Moneada Rodríguez Presidente
Jorge Edo. Núñez Hernández Secretario
Guillermo Bejarano Mosquero Tesorero
Arnulfo López Ortiz Vocal
Rafael A. Velásquez Rodríguez Vocal
Suplentes
Fernando J. Mosquero Zúñiga
Julio Mejía López
Osear M. Rodao Urrutia.
Pedro A. Saavedra Garavito
Uriel Villalobos Cadena
Fiscal
Jorge E. Quijano Peñuela
Gerente
Fernando Acuña Rodríguez

Junta de patronazgo

INDICON LTDA.
Pedro L. Carreño Gil - Presidente .
SERMOVÍAS LTDA.
Jesús S. Ríos Villegas

~
CORPORACIÓN
MEMORIA Y PATRIMONIO
~
INDICON
Ingeniería de Diseño y Construcción
Nit: 829.000. 736-1
BARRANCABERMEJA:
IMAGEN E IDENTIDAD
Concepto, Producción y Edición:
CUATRO COLECTIVO ARTÍSTICO LTDA.

Dirección General: Carlos Arturo Pulgarín Echavarría

Fotografía: WILSON GÓMEZ MORENO


Curaduría: SAÚL MEZA ARENAS

Agradecimientos:
Saúl Meza Arenas, Fotogrofío página 147.
Renata Monsalve Ramirez, Fotografías páginas 63, 69, 123, 134.
Jesús Antonio Villamizar Rodríguez, Fotografía página 138.

Texto: Rafael Alberto Barragán Gómez


Reservados todos los derechos.
Diseño: Cuatro Colectivo Artístico Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita en titulares del copyrig ht, bajo
Diagramación: Renata Monsalve Ramirez las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por
cualquier medio o procedimiento, com prendidos la reprografía y e l tra tamiento informático,y la
Laboratorio Digital : Renata Monsalve Ramirez distribución de ejemplares de ella mediante a lquiler o préstamo públicos.

Revisión Final: Luis Fernando Bernal Valderrama ISBN :978-958-99278-0-9


BARRANCABERMEJA:
IMAGEN E IDENTIDAD

c~Arno
col~ctivo
art1stico
INTRODUCC IÓN
Rafael Alberto Barragán Gómez

¿Y por qué un libro sobre Borroneo bermejo?

Si esta ciudad no tiene blasones; si ni siquiera llega a la centuria como para reclamar para sí el título de
Noble Villa; si no transpira el humor de la "cepa hispánica" que tanto enorgullece a los hijos de otras tierras,
supuestamente bendecidas con una historia de conquistas y fundaciones en nombre de reyes de ultramar;
si sus hijos no parecen haber heredado una pizca de los genes castellanos; si ni siquiera para los momentos
de jolgorio las mujeres se engalanan como manolas sevillanas y en lugar de la cadencia del pasodoble
retumba la voz estentórea de la tambora, ¿por qué un libro sobre Barrancabermeja? Acá , donde más
que mestizaje hubo zambaje; acá, donde nuestros rostros, cetrinos unos; tostados por el sol implacable de
la ribera , otros, parecen observar desprevenidamente el futuro; ¿por qué un libro? ¿Acaso para explicar
algo tan difícil como nuestro origen en aquel villorrio de comienzos del siglo XX, poblado de unas pocas
casitas de madera y techo pajizo que se arrimaba humildemente a las instalaciones del naciente emporio
industrial y que ya para entonces era una pequeña Babel?
Costeños de agua dulce, nos dicen, y esto demuestra lo complicado que ha resultado la tarea de
etiquetarnos. Simplemente, somos mucho más que eso. Y el asunto parece importarle muy poco al ribereño .
En Barrancabermeja los conceptos de raza, de pueblo, de pasado común y glorioso exigen una nueva
revisión. Ni siquiera el español hablado acá parece una variante de los grandes dialectos del país. ¿Dónde
acomodar ese hablar que remata todas las frases en una especie de lamento cadencioso y que no se
sabe bien si corresponde a una aseveración, a una pregunta o a una expresión de duda?

¿Lo agobia a usted, lector, la pregunta por la esencia de lo Barranqueño? ¿Quiere saber qué define
a un habitante de esta población? ¿Se devana por entender qué cosa es esta ciudad? Pues bien, no
prometemos estas respuestas. No aspiramos a tanto. Si se asume la Identidad como el origen y el destino
comunes o como el vínculo por nacimiento, probablemente esa idea no la encuentre en este recorrido.
Sabido es que casi todo intento, sea nostálgico u obstinado, por asegurar un génesis que nos arrope a
todos suele concluir, por un lado, en la aplicación a rajatabla de "la regla cuius regio, eius natío (el que
gobierna decide la nacionalidad)" señalada por Z. Bauman y, por el otro, unificando lo diverso a fuerza de
lugares comunes y clichés.

Este viaje por Barrancabermeja intentará dar un vistazo a la ciudad tal y como podría verla el ciudadano
de a pie. Es la ciudad habitada. Pero no sólo es la ciudad como espacio físico, es la ciudad soñada,
aquella que, como consecuencia de la convergencia de los anhelos compartidos por sus habitantes,
resulta ser tangible como la misma refinería. Trataremos de mostrarla tal y como la hemos sentido, padecido
y deseado.

Es posible que la Barranca bermeja que aquí se muestre no sea propiamente la de un folleto de promoción
turística pues será la ciudad captada por una lente que oscila entre la realidad y el deseo. Es por esto
que, en la medida de lo posible, usted siempre verá a la gente. Y si en principio este libro parece no tener
mucho que ver con la historia de este municipio, aspiramos a que en estas imágenes y líneas usted alcance
a apreciar las huellas de un pasado que, sin aparecer en ningún poema épico, aún se asoma en medio
de los avatares del ciudadano del común.

Sirvan pues estas páginas, como un merecido homenaje a esta ciudad, flanqueada por el Gran Río
Magdalena, cuyo inicio como urbe se debió a la imperiosa necesidad de reclutar obreros para la naciente
industria petrolera . Fue ese el motivo para que confluyeran aquí hombres y mujeres de todos los rincones
del país, sin la idea de crear nada, sólo con la ilusión de la supervivencia . Esta es la única certeza que
tenemos sobre los comienzos de la ciudad: aquello que los historiadores y urbanistas han llamado Ciudad
de Enclave . Y también verá, paciente lector-visor -pues la crónica está escrita con palabras e imágenes-,
que ni siquiera la férrea disciplina anglosajona y ese empecinamiento en que las cosas duren por siempre,
fueron capaces de prever lo que habría de ser ese villorrio que nació, hace más de ochenta años en una
callecita estrecha , curva y bastante ruidosa que se llamó La Campana.

Y es una ciudad . ¡Qué duda cabe! Ahí está su puerto: al fondo , un río caudaloso que se resiste a morir. En
tierra, un hervidero humano que se agita, que vocifera , que retoza, que compra , que vende. Y hacia el
norte la inmensa factoría que parece funcionar sin intervención humana. Hay que mirar con detenimiento
para ver allí algún obrero perdido en medio de la manigua metálica que forman cientos y cientos de
tubería, calderas, tanques y teas incandescentes. Y más atrás, como escondida en medio de unas palmeras
altísimas, la cúpula oscura de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús hecha con el ladrillo donado por la
Troco. Y mucho más atrás, las primeras señales de una urbe en plena expansión que, acostumbrada a este
clima para muchos inhumano, parece no hallar sosiego . Sí. Barrancabermeja vive a un ritmo agitado . Es su
esencia. Sólo la hora después del mediodía , cuando los lugareños se encierran en sus casas, donde cada
vez más el ruido monótono del ventilador es sustituido por el ronquido del aire acondicionado, parece
aletargar a esta ciudad. Es justo en esos instantes, en que las imágenes y la ciudad misma parecen flotar
en el duro pavimento.

LOS ORÍGENES

El Muelle (parte 1)

El Muelle de Barranca bermeja parece experimentar por estos días un inusitado renacimiento que ni siquiera
los más optimistas habrían podido prever. Esta nueva vida se debe a las crecientes del río que volvieron a
poner las cosas en su lugar al embestir con furia los extensos bancos de arena que se habían formado por
la sedimentación.

En efecto, lo que no pudieron hacer las dragas que durante meses eternos intentaron aumentar el calado
del puerto fluvial , lo hizo el río en una inolvidable temporada invernal que, si bien causó estragos a lo
largo de la ribera , también sirvió para confirmar ese viejo dicho de que la naturaleza es sabia. No hay
barranqueño del común que no se haya burlado, con o sin razón , del trabajo de las dragas que a juicio de
todos no iba más allá de "sacar la arena de un lado para ponerla en otro ", pero en el mismo río. "Es como
trapear hacia delante", nos dijo un vendedor de bocachico.

Esta creciente pareció barrer con décadas de abandono durante las cuales el Muelle perdió, no sólo su
encanto, sino también su capacidad para mover la economía local, como consecuencia de un prolongado
periodo de recesión . Los playones extensos que se formaron en el sector del Muelle, no parecían contrariar
tanto a los ciudadanos de la manera en qu$ lo hacía el espectáculo de las dragas quitando aquí, para
poner acá.

Pero el río siempre guarda sus sorpresas y cuando todos daban por muerto ese hilillo marrón que a nadie
impresionaba ya, sin anuncios previos, sin el permiso de nadie, arrasó con todas estas certezas, haciendo
él solo, sin el concurso de las máquinas, el mejor dragado del que los porteños hayan tenido noticia .

¿El resultado? Un puerto como el que muchos conocimos de niños. Con el agua pegadita a las rampas
de concreto y con las embarcaciones de todo tipo, incluso remolcadores - que siempre tienen nombres
masculinos, como el Francisco Estrada- aunque ya sin las famosas lanchas de encomiendas y pasajeros
- que siempre llevaban nombres femeninos, como la Nancy Elvira-, atracando donde lo hicieron durante
décadas . "Solo falta que llegue el Ferry" dijo alguien, al evocar la vieja y enorme embarcación metálica
de cuatro pisos donde los trabajadores y la ciudadanía en general, con bultos, motos, ciclas, carros y buses
incluidos, atravesaban el río, sin costo alguno, para arribar al puerto de Casabe-Yondó en Antioquia.

Incluso se construyó un moderno terminal fiuvial donde los viajeros pueden embarcarse con unas garantías
de seguridad y comodidad. También la Cormagdalena (el ente estatal que fue creado para recuperar
la navegabilidad del río) dispone de un barco llamado "Florentino Ariza" , una réplica de los vapores de
antaño en los que generaciones de colombianos y extranjeros recorrieron el Gran Río desde Barranquilla
hasta Honda pasando, por supuesto, por Barrancabermeja .

Pero todas estas señales que auguran un futuro promisorio para el Puerto Petrolero estarían desprovistas de
sentido sin la agitación tradicional del Muelle, pues no hay un lugar donde se sienta con mayor intensidad
la vibrante cotidianidad de los habitantes de esta población ribereña . La actividad comercial, formal
o informal, es incesante; el bullicio de los quioscos donde se vende comida y toda clase de bebidas se
confunde con los gritos de quienes comercian en este sector. Toda clase de gente va de aquí para allá y
de allá para acá, todo ello enmarcado en la majestad de las aguas parduscas del río.

Al fondo, desde el Muelle, se aprecia Yondó. No parece haber mayor diferencia entre el paisaje de ese
departamento con el de Santander. La misma vegetación , las bandadas de garzas y patos, las gentes que
deambulan sin sentirse distintas, hacen de este sector la síntesis perfecta de esta ciudad variopinta donde
confiuyen y se mezclan tantas identidades. Por eso, bien vale la pena observar con detenimiento un día
en el puerto fiuvial.

El Muelle (parte 11)

Los rayos del sol caen con furia sobre el Muelle fiuvial de Barrancabermeja, pero esto no parece afectar
a los numerosos transeúntes y pasajeros que transitan por allí. Se celebra el Festival del Bocachico, el pez
insignia de la gastronomía porteña , y se han dispuesto un buen número de carpas sobre la vía pública de
lo que, en un futuro , habrá de ser uno de los tramos principales de la Avenida del Río, el proyecto vial que
pretende descongestionar las vías de acceso al centro de la ciudad. Hay afluencia de público y la música
vallenata retumba en los parlantes ubicados estratégicamente para atraer a la clientela .

Comensales de toda condición colman los puestos de comida con la certeza de que disfrutarán del
mejor bocachico de la región y del paisaje que, pese a todos los descuidos contra el río , aún conserva un
aura de inefable majestuosidad . Sí. "El gran río de la patria" , como lo llaman los dignatarios en cualquier
alocución que tenga que ver con el río Magdalena , aún inspira respeto y cariño; y si bien pocos apostarían
por el futuro de las aguas que recalan en el puerto, muchos encuentran bastante romántico el paseo y
el almuerzo en este bullicioso malecón . A fin de cuentas, ribereño que se respete sabe que el mejor - y
único- bocachico es capturado en las ciénagas y caños que rodean al río donde la cosa , como se verá
más adelante, es a otro precio.

En las escalinatas, que aún sirven como embarcadero, es común apreciar un enjambre de trabajadores
que viven del río . Los areneros, con sus torsos desnudos que desafían al sol inclemente, vienen y van
mientras extraen de las entrañas del río unas cantidades de arena , tan grandes pero tan precisas que,
pese al aparente riesgo de que las canoas zozobren, éstas se desplazan con una ligereza asombrosa sobre
las aguas del río. Los coteros suben y bajan mercancías haciendo malabares sobre las tablas de madera
que sirven de puente entre la orilla y las canoas, chalupas y grandes lanchas. Justo en el tramo donde
atracaban grandes embarcaciones como el inolvidable ferry, se encuentran los vendedores de pescado
- bagre y bocachico, en especial- atendiendo a la ávida clientela que sabe que acá encontrará el mejor
pescado de la ciudad .

De otra parte, existen grupos de personas que se han asociado para ofrecer paquetes turísticos con
recorridos que incluyen paseos por los hermosos cuerpos de agua que circundan la ciudad . Sin duda
alguna, una experiencia que ningún visitante debería perderse.

Así, los viajeros del Florentino Ariza, zarpan en medio de versiones remasterizadas de los porros y fandangos
interpretados por la incomparable orquesta de Pedro Laza y sus Pelayeros, con el fin de disfrutar de la
soberbia vista que ofrece esta sección del río. Tanto renombre habrá adquirido el paseo fluvial que ya es
destino obligado de toda personalidad destacada que visite el Puerto . Entre tanto, los turistas que deciden
viajar en las chalupas de las demás empresas de turismo, se acomodan sus chalecos salvavidas para ir en
búsqueda del paisaje agreste de las ciénagas de la ciudad.

La calle La Campana

Hay una calle ernblemática en Barrancabermeja que limita con el caño Cardales y se extiende en forma
de curva prolongada desde un costado del Hotel Pipatón hasta el sector comercial . Los transeúntes
desprevenidos no alcanzan a imaginar el valor histórico de esta callejuela destapada donde sólo hay unas
pocas tienditas, algunas cantinas en las calles aledañas y uno que otro tallercito de mecánica. Las nuevas
generaciones parecen ignorar que este sector conserva los recuerdos más antiguos de la ciudad y que,
pese el empuje imparable de las nuevas construcciones, aún es posible apreciar en ella los vestigios de lo
que fuera el primer sector propiamente urbano en aquel caserío que antes de llamarse Barrancabermeja
se denominó Puerto Santander. Unas pocas casonas de madera y otras de materiales más modernos
mantienen vivo el recuerdo de una vía que muchos asocian con el libertinaje y la vida disipada que, tras el
inicio en firme de la explotación petrolera en la segunda década del siglo XX, alteró la rutina del incipiente
villorrio habitado por " bogas, tagüeros y caucheros" citando a Aprile-Gniset.

En la candidez de algunos historiadores, abrumados por no tener hazañas épicas y gestas heroicas en
la reciente historia del Puerto Petrolero, la intensidad con la que se vivía en La Campana les parece una
mancha que nubla cualquier asomo de un pasado glorioso. Pero no hay tal. La vieja callejuela es la huella
viviente del patrón que condujo a la conformación de la ciudad como asentamiento urbano y en este
sentido, los historiadores y las creencias populares coinciden en que la Calle la Campana albergó la más
extraordinaria diversidad de que se tenga memoria en un país rural que apenas despertaba del letargo de
los confiictos heredados de la guerra de los "mil días". Quiérase o no, esta calle fue la más cosmopolita de
su época y lo mejor es recorrerla sin afanes ni prevenciones.

El visitante con la suficiente curiosidad para pasear por la calle La Campana o por el sector donde se ubica
la Iglesia San Luis Beltrán, ubicada a un costado del parque Bolívar y diagonal al bellísimo Hotel Pipatón,
difícilmente creería que esta zona llena de casas memoriales y con poca actividad fue el centro de la
vida social y comercial de la ciudad. Si se observan con detenimiento las viejas casonas de La Campana
que aún quedan en pie, se evidencia que allí se vivieron tiempos mejores y que este sopor sabatino,
aderezado con el sonido estridente pero lejano de la música de los bares aledaños, en nada se parece a
la agitada vida social y comercial que caracterizó a este primer emplazamiento urbano en sus orígenes en
las primeras décadas del siglo XX .

La calle La Campana ha albergado desde siempre a esa otra ciudad que se expandió alrededor del mayor
centro de refinación de crudo en el país. Es el símbolo que mejor encarna la cotidianidad de aquellos
primeros pobladores . Un recorrido atento deja ver ante los ojos perplejos del visitante libre de prejuicios las
viejas despensas abandonadas por sus propietarios, quienes las trasladaron a otras zonas ante el progresivo
crecimiento de la ciudad; los bares donde los placeres se ofrecían como un manjar exclusivo y los talleres
como el de Don Cosme Madarriaga , el legendario fabricante de embarcaciones fluviales, que montó en
un espacio reducido uno de los astilleros más reconocidos a lo largo del río Magdalena hasta convertirlo
en un verdadero emporio con base en el tesón e ingenio locales. No hay mejor síntesis de la nostalgia por
los buenos viejos tiempos de La Campana que el astillero abandonado de Don Cosme .

Ajenos a esos sentimientos por el pasado que nunca volverá , los niños juegan con perros y balones en tanto
que algunos adultos los observan sentados en los andenes y guarecidos bajo los árboles que protegen los
frentes de las pocas tienditas de la calle. A esta hora , el sol cae sobre el río y algunos vecinos que hace
poco revoloteaban alrededor de la cámara, se ocupan de otros menesteres; otros, entre tanto, buscan
refugio dentro de sus casas o de los hospedajes que aún existen en buen número. Los niños, probablemente
cansados de tanto posar ante la cámara, se dedican a jugar y nosotros nos dirigimos hacia el puente que
comunica a Barrancabermeja con Yondó.

Cae la tarde en el puente Barrancabermeja - Yondó

Tras veintisiete meses de ejecución, esta impresionante obra civil fue terminada en febrero del año 2006.
El puente Guillermo Gaviria Correa - llamado así en homenaje al inmolado dirigente político antioqueño-
fue construido con el fin de abrir una nueva salida desde el oriente del país hasta la costa por el nordeste
antioqueño y, de paso, permitir la conexión del noroccidente colombiano con Venezuela; con esto se
trataba de romper una tradición que ha hecho los grandes corredores viales de sur a norte.
Las dimensiones del puente son colosales: 217 metros de longitud, una luz libre de 200 metros que no
obstaculizará el paso de las grandes embarcaciones que atraquen en y zarpen desde el puerto multimodal
que se construye sobre la margen oriental, a menos de un kilómetro del puente, muy cerca del histórico
Puerto Galán . Es, según los datos de sus constructores, "el puente de mayor luz en Colombia construido por
el sistema de dovelas o voladizos sucesivos".

La vista del río desde el punto más alto de esta larguísima lengua de concreto resulta impactante. Y
seguramente lo es porque a ~sta hora, lo que durante el día fuera el destello cegador del sol que cae en
un implacable ángulo recto sobre el río, ha dado paso a una luz amarillenta, casi ocre, que se derrama
sobre la superficie, convirtiendo la corriente en un manojo de haces brillantes, multicolores y entrelazados
que reptan perezosamente hacia un mismo destino. Es, en definitiva, la hora en la que el río parece la
criatura más mansa de la tierra.

l. EL DESARROLLO URBANO POSTERIOR

El Sector Comercial y los Barrios Centrales

La vida comercia l de Barrancabermeja nace y se extiende en y alrededor de la calle Novena . Desde su


comienzo, en el muelle, esta importante vía atraviesa la ciudad de occidente a oriente y concentra en su
recorrido gran parte de la actividad mercantil del puerto. En su primer tramo se llama Avenida Santander,
nace en la propia orilla del río, pasa por en medio de los parques Bolívar y Santander quienes, pese a
haberse distanciado en la historia, han quedado irremediablemente unidos en esta urbe de una manera
que ni el historiador más clarividente hubiera podido imaginar: el uno, Santander, de espaldas al otro,
Bolívar. Este gracejo urbanístico sintetiza con exactitud la famosa querella histórica.

La calle del comercio toma la forma de una cuesta levemente inclinada que conduce al sector bancario.
Yendo del río hacia arriba aparece la actividad comercial en todo su esplendor. Al costado izquierdo
están las calles donde tienen su asiento los poderes públicos de la ciudad.

Durante décadas casi toda la vida económica, formal e informal, así como política y religiosa, giró alrededor
de esta calle. En su recorrido cruza por multiplicidad de almacenes, dedicados en su mayoría a la venta
de textiles, casi todos de propiedad de familias sirias y libanesas -llamados familiar y popularmente Turcos-
que llegaron en pequeños grupos. Barrancabermeja no fue ajena a esta ola migratoria y es así como aún
existen algunas de estas familias al frente de sus acostumbradas quincallerías todas ellas abarrotadas con
su variada oferta de ropa y enseres a precio "barato", como suelen anunciar los voceadores a la entrada
de cada local.

Sobre la Novena se encuentran las edificaciones más representativas del Puerto Petrolero, la Plaza de la
Constitución y la Casa de Mercado Central adornan el sector histórico comercial. Un poco más adelante
aparece el primer edificio público que se construyó en la ciudad y que, en un comienzo, funcionó como
Hospital; luego fue sede de los juzgados y, hasta el 2007 dio albergue al Instituto Universitario de la Paz, la
primera institución pública de educación superior en Barrancabermeja. Hoy espera por su restauración y
sería lamentable que ésta nunca se diera pues, debajo de esos muros, arcos y columnas fundidas todas en
un abrazo febril con las enredaderas, se oculta la belleza de un inmueble diseñado con sobriedad y buen
gusto que, sin lugar a dudas, merece un destino más honorable.

La Novena continúa su trayectoria y a los establecimientos comerciales se suman los sitios destinados a
la diversión . Igualmente, se encuentran a su lado los parques Uribe Uribe, Infantil y A la Vida. Este último
construido sobre los terrenos donde funcionó durante décadas el Cementerio Central, hoy por hoy, uno de
los sectores con mayor actividad social en la ciudad.

La calle Novena fue por años el escenario del empleo informal, pues fue el lugar donde cientos de vendedores
se instalaron sobre los andenes del costado derecho . Fueron tantos los años que permanecieron allí que
sus innumerables caseticas color naranja , podrían haber parecido parte del paisaje natural de la agitada
vía. Tras un exitoso acuerdo los vendedores fueron trasladados al Centro Comercial Popular, aledaño a la
Novena y construido con el propósito de ofrecerles mejores condiciones laborales.

El Centro Comercial Popular, una espaciosa construcción de cuatro pisos, fue construido en el mismo sitio
donde otrora funcionaron las instalaciones de servicios y recreativas , los campamentos para los obreros
solteros y las viviendas familiares del personal que laboraba para la Troco y después Ecopetrol. Entre tanto,
al otro lado, el bullicioso comercio no da tregua, pese a que la temperatura es extremadamente alta y el
sol castiga con dureza la humanidad de los transeúntes.
Sobre el exterior de la nave central del Sagrado Corazón de Jesús

No hay edificación más bella en Barrancabermeja que la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. La primera
piedra de este patrimonio arquitectónico fue bendecida el 1O de marzo de 1935. Designada inicialmente
como catedral , la iglesia hecha con el ladrillo de la Troco y consagrada el 31 de octubre de 1952 por
Bernardo Arango Henao, a la sazón Vicario Apostólico de la ciudad, es un referente histórico obligado
para el puerto.

Constituida por tres naves, una central y dos laterales, en una típica estructura basilical, en su interior se
aprovecha con suma eficiencia la luz solar que atraviesa el conjunto de vitrales laterales y el inmenso
rosetón multicolor ubicado en la pared frontal. A este caleidoscopio celestial contribuye la luz que se filtra
por los pequeños vitrales de la bóveda central con lo cual el templo parece encarnar la presencia divina,
no ya en un hijo hecho hombre, sino en unas estructuras arquitectónicas a base de ladrillos rojo oscuros
y vitrales coloridos e intensos. En efecto, la luz solar se transforma en una mixtura de rayos tenues que
producen una extraña sensación de frescura que contrasta con las altas temperaturas que se registran
fuera.

En las naves laterales hay pequeños oratorios dedicados generalmente a la virgen y a los santos. En uno
de ellos, situado en el centro de la nave lateral derecha, se erige una imagen de la Virgen del Carmen
y a su alrededor decenas de lápidas de mármol gris. Allí, en la penumbra, inmutable pese a los destellos
intermitentes de las veladoras eléctricas, reposan los restos óseos de antiguos habitantes de la ciudad.
La diversidad de apellidos inscritos en las lozas: Mohamed, Buelvas, Maffiold, Bersinger, Restrepo, Reinel,
Basanta y Rueda , por mencionar algunos, es una muestra la heterogeneidad que caracterizó a esta
población en sus comienzos . Toda una galería constituida por los apellidos más prototípicos de distintas
regiones del país y algunos del exterior.

Ascender por las escaleras que dan acceso al campanario constituye un auténtico golpe de suerte si se
tiene en cuenta que muy pocos han podido hacerlo. Cual Cuasimodos en esta versión en pequeña escala
de Notre Dame, ascendimos con cuidado por las estrechas escaleras de ladrillo que conducen al corazón
del campanario . ¡Qué privilegio estar aquí! La vista es soberbia, no tanto por lo que a esta altura puede
apreciarse de la ciudad, sino por el significado del lugar donde nos encontramos .

Las palmeras que se mecen a lado y lado de la edificación, como si abanicaran el templo, contrastan
vivamente con el rojo profundo de los ladrillos exteriores. El sol aún calienta con fuerza y si se mira con
cuidado por un costado de la nave derecha, puede apreciarse una porción de prado donde estuvo
el primer cementerio de Barrancabermeja . También puede observarse la parte posterior de la antigua
sede de la Escuela Normal de Señoritas, regentada por la comunidad de Hijas de Cristo Rey. Restaurarla y
conservarla es otro reto para los porteños que desean preservar una auténtica joya arquitectónica.

Al subir por un costado de la nave, tras abrir una pequeña puerta de madera, se ingresa al cuarto de las
campanas . Son tres. Y son enormes. En la base llevan inscritos los nombres de los tres benefactores que
las donaron: Máximo Gómez, Efraím Gómez y Pedro Julio Acevedo . La fecha: 13 de agosto de 1953. La
industria petrolera dio los ladrillos y el comercio, las campanas, con lo cual la Iglesia del Sagrado Corazón
de Jesús sintetiza cabalmente la solidaridad histórica entre los poderes terrenales y espirituales en nuestro
país .
Dos barrios petroleros muy distintos: El Parnaso y El Rosario

En la década de los sesentas, Ecopetrol construyó soluciones de vivienda para sus empleados. De este
modo, nacieron los barrios El Parnaso, en 1963 y Galán, en 1968. Estos dos barrios estuvieron destinados a
los trabajadores convencionales . El barrio El Rosario, por el contrario , fue construido en la década de los
cincuentas para que allí habitara el personal extranjero y posteriormente el personal directivo de Ecopetrol .

El Parnaso es un barrio de casas de diseño sencillo, construidas en niveles y con dos rasgos muy particulares:
el extremo superior que remata en una inusual forma de triángulo escaleno y una especie de bloques de
concreto en la pared posterior dispuestos transversalmente con el fin de aprovechar al máximo las escasas
corrientes de aire de la ciudad . En general, las casas son cómodas, espaciosas.

Pocas viviendas conservan la estructura original aunque el diseño de las manzanas permanece intacto,
con una porción de zona verde distribuida simétricamente en cada cuadra y unos callejones estrechos
que atraviesan las secciones posteriores de las casas esquineras para conectar las calles entre sí. Estos
pasadizos en medio de las paredes de ladrillo deben haber visto tantos romances furtivos y tantas huídas
apresuradas, que es imposible no experimentar una sensación extraña de nostalgia.

Un sábado por la mañana , la idea que un extraño se llevaría de El Parnaso podría ser la de un barrio muy
tradicional y adusto . En realidad es un sector bastante dinámico y alegre. A esto contribuye la presencia
de tres magníficas escuelas donde se forman los hijos de los trabajadores de la Empresa petrolera y la
cercanía del Club Infantas, que se encuentra a pocos metros con sólo cruzar la Avenida Circunvalar.
Ya en El Rosario, en medio de un aguacero inesperado, la primera impresión que causa este conjunto
armónico y simétricamente distribuido de espaciosas casas de ladrillo es la sorprendente tranquilidad que
se respira allí, pese a la vecindad con la refinería .

Es un barrio hermoso, sin duda alguna. Y es, definitivamente, un mundo aparte, aislado, que incluso da la
sensación de pertenecer a otro país. La sensación de paz se incrementa por el efecto que causa en los
sentidos la llovizna intermitente que ha seguido a un violento chubasco. Una brisa suave y fría transforma
repentinamente el clima de la ciudad y hace que los enormes árboles de mango, la especie vegetal que
predomina en el sector, se mezan en medio de un murmullo de hojas. Los gigantes verdes , hace poco
abatidos sin clemencia por la ventisca , parecen adormilarse lentamente sin perder por ello su impertérrita
majestad.

En el interior de las casas de El Rosario no se desvanecen las expectativas que ya se ha formado el visitante
desde el momento mismo en que ingresa : es una combinación perfecta de austeridad, funcionalidad y
buen gusto que ha sido preservada y catalogada como bien de interés cultural y patrimonio urbanístico
de la ciudad.
Un zoológico de bronce y poliéster en la Avenida del Ferrocarril

Un lunes festivo es un día perfecto para transitar a lo largo de la Avenida del Ferrocarril. Hace muchos años
que el ferrocarril construido por La Troco para unir la refinería con El corregimiento de El Centro dejó de
circular por esta vía, pero una buena cantidad de habitantes insiste en llamarla así en lugar de Avenida de
los Fundadores, como se le bautizó posteriormente.

La amplitud y extensión de la Avenida muestran lo que en algún momento fue el proyecto vial más osado
y futurista de la ciudad . Esta vía permite el acceso y la salida de gran parte de los vehículos desde y
hacia el centro de la ciudad . Ha sido y es tramo obligado de etapas de la Vuelta a Colombia, marchas,
protestas, desfiles, bienvenidas a toda clase de celebridades o personajes públicos. Es la Avenida . Así, con
mayúscula.

En puntos equidistantes ubicados sobre el separador central, hay unas esculturas que representan a
especies animales típicas de la región . Este pintoresco zoo lógico inmóvil hecho de bronce y poliéster
apostado a lo largo de la vía, tiene tanto de evocación nostálgica por lo que se ha perdido como de
clamor angustioso por la preservación de lo que queda. La observación detenida de estas esculturas de
intenso realismo produce en el observador el deseo inmediato de que ojalá no queden para la posteridad ,
y sólo como tema de leyendas, canciones o afiches, las iguanas, las tortugas, los caimanes , las dantas y,
en fin, tantas especies que se fueron con la expansión de la urbe y que hoy se asolean imperturbables en
la populosa Avenida del Ferrocarril.
Vida y muerte en un solo escenario

El Parque a la Vida fue construido sobre el terreno donde funcionó durante décadas el Cementerio Central.
Fueron tantos los años que permaneció allí, que los vecinos del sector se adaptaron a la dinámica propia
de este sector que, especialmente los lunes por ser día de visita a los difuntos, era un auténtico hervidero
humano que colmaba los negocios ubicados a su alrededor. Ese día eran infaltables la misa del Padre
Plata, la romería a la fosa común , donde se rogaba por las ánimas del purgatorio y la visita a la tumba de
una niña de la que se decía realizaba milagros a todo aquel que le rezara fervorosamente .

El Parque congrega tanta gente como el viejo cementerio. Es decir, el espacio sigue favoreciendo el
encuentro entre los ciudadanos y aunque entre semana no congrega la muchedumbre que acostumbra
visitarlo los fines de semana, siempre hay pequeños grupos engarzados en discusiones ligeras y parejas que
aprovechan el receso del mediodía para encontrarse en cualquier banco que esté a la sombra de algún
árbol.

Dentro de los variados objetos que sirven de mobiliario, llama la atención una escultura , la cual representa
a una figura femenina de rasgos mestizos incrustada dentro de una vasija . En la parte inferior aparece
la transcripción de un poema escrito por una mujer que probablemente ha sido víctima del conflicto en
el Medio Oriente. Este pequeño montículo llama la atención pues, hasta donde se sabe, la única mujer
exaltada en monumentos ha sido Yarima, una de las esposas del aguerrido cacique Pipatón. He ahí su
peculiaridad .
La ofrenda ha sido hecha por la Organización Femenina Popular (OFP), agrupación de mujeres tenaces y
emprendedoras que han hecho visibles a las mujeres barranqueñas.

11. UN PUENTE Y DOS BARRANCAS

El Puente Elevado

Si no fuera porque tenemos plena certeza de hallarnos en el Puente Elevado de Barrancabermeja,


Santander, probablemente pensaríamos que en este momento nos encontramos en alguna de esas
ciudades del sudeste asiático donde las motos y ciclas son el medio de transporte más común.

El Puente Elevado, quizás la primera obra vial de importancia en la Barranca bermeja moderna, fue construido
para unir el centro de la ciudad con los barrios nororientales. De esta manera, al ser una prolongación de
la Avenida del Ferrocarril, se buscaba reducir y agilizar el trayecto entre los dos sectores, evitando con ello
la necesidad de ir hasta el viejo cruce del paso a nivel sobre la línea del Ferrocarril del Atlántico, que era el
límite reconocido entre norte y sur y es la salida hacia El Llanito y Puerto Wilches.

Con el tiempo, el Puente pasó de ser un vínculo a ser un límite o borde que estableció un límite muy claro
entre dos ciudades. En dirección hacia el Nororiente, estaba lo que, de forma odiosa se denominaba
"periferia", un apelativo que siempre causó molestia entre los habitantes este sector, nacido como resultado
de un particularísimo proceso de urbanización. Los residentes, a pesar de su condición humilde, lograron
consolidar proyectos comunitarios que elevan en forma notable el nivel de vida de estos barrios y son un
ejemplo del tesón y dinamismo de estas comunidades.

Es imposible calcular el número de motocicletas que circulan por este lugar. Ellas, sumadas al desfile
interminable de bicicletas y vehículos que estremecen con una fuerza aterradora la sencilla estructura
de concreto, forman un paisaje multicolor en el que aparece como trasfondo la antigua y casi derruida
estación del ferrocarril donde, en una escena macondiana, una motocicleta transporta personas y trastos
por la carrilera que se pierde en el horizonte.

111. BARRANCABERMEJA: POTENCIA AMBIENTAL

La Ciénaga de San Rafael de Chucurí

Cuando se habla de los cuerpos de agua o ciénagas que rodean a Barrancabermeja, es probable que el
común de los pobladores haga una lista que, con toda seguridad, incluye la Ciénaga San Silvestre, la de El
Llanito y, si la memoria no lo traiciona, quizás a la de Juan Esteban que, por ser el límite natural de algunos
barrios del suroriente, ya es considerada una parte del paisaje urbano. Pocos, muy pocos, le dirán que
existe la ciénaga de San Rafael de Chucurí o la del Opón .
En esta época, una planta acuática denominada taruya abunda en la superficie del río, es la señal más
clara de que el río está crecido. Rumbo a la Ciénaga, el viajero se adentra en la inmensidad del río, en
dirección sur, como quien va para Puerto Berrío. En este punto, las aguas aún son oscuras, producto de
la gran carga de sedimentos que arrastran y puede apreciarse con claridad la forma en que la corriente
ha horadado con laboriosidad, y a veces con furia, la orilla situada en la margen oriental. Es parte de ese
proceso natural que lleva al río a buscar sus cauces originales.

A diez o quince minutos del puerto de Barrancabermeja, la distancia entre una orilla y otra aumenta
considerablemente. Las aguas dejan su coloración oscura y fangosa para dar paso a una extensa lámina
plateada que hace del Gran Río un manantial de aguas cristalinas.

El paisaje a lado y lado pese a ser espléndido, se repite sin mayores variaciones : allí, una casita con techo
de zinc; más allá, una pequeña platanera. Y como evaporándose en la lejanía, la planicie extensa poblada
de árboles de mediana altura; algunas vacas bebiendo agua de la orilla y los guarumos como amos y
señores de la fiora regional. Es notable el marcado contraste entre el verde más intenso de la margen
occidental y el verde amarillento de la oriental.

A veinte minutos de iniciado el viaje, una serie de pequeños promontorios y collados de poca altura en el
lado antioqueño anuncian la boca de la ciénaga Sardinata. Justo al frente de esta entrada emerge de
las profundidades del río, como la lanza del Dios Neptuno la punta de una varilla de perforación que por
esos devaneos del río, quedó atrapada para siempre en una inundación. En adelante, y en la medida en
que el bote toma la dirección este, a lado y lado sólo se aprecian playones, bancos de arena donde se
'asolean las bandadas de patos y las entradas a los múltiples brazos creados por el río y que forman una
intricada red de ramales.

Transcurridos unos cuarenta minutos de viaje, puede observarse que la orilla de la margen oriental está
conformada por una escarpada de altura considerable, pedregosa y de un color bermejo pálido. Son estos
kilómetros de Barrancas Bermejas las encargadas de anunciar que el viajero ha llegado al corregimiento
del San Rafael de Chucurí.

En el puerto, que cuenta con un planchón atado a los troncos enterrados en la orilla , los pescadores
se reúnen para reparar sus mallones o redes para pescar bagre. Las casas del poblado están hechas
mayoritariamente de madera y techadas con zinc y en la orilla algunas de ellas han sido destinadas para
servir de estaderos donde se ofrecen bebidas refrescantes.

Como todos los caños, el que permite el acceso a la ciénaga está inmerso en una atmósfera sombría y
silenciosa. Si la inmensidad del río hace caer al viajero en una especie de sopor; en el Caño, la sombra
formada por los árboles, que de una orilla a otra se abalanzan para unirse en un abrazo vegetal , produce
un arrobamiento extraño, acrecentado por la disminución del ruido de los motores de los botes. Sólo los
gañidos de los micos y el canto de las variadas especies de aves que pululan en este paraje, pueden sacar
a los viajeros de esa especie de trance momentáneo, de esa comunión impensada con la naturaleza.

Los botes deben vadear sigilosamente para evitar los troncos que bajan de la ciénaga hacia el río. En este
punto la temperatura puede descender notoriamente. Muy pronto, la alta vegetación de las orillas cede
paso a una alfombra verde de hojas largas que se mece a lado y lado del ramal . Al poco tiempo se entra
a la Ciénaga: el refiejo de la luz solar sobre la superficie acuática hiere la vista que ya venía acostumbrada
a la penumbra del caño. Cuando los ojos se reacomodan se encuentran frente a uno de los paisajes
más soberbios de esta región. Está claro por qué llaman a estas ciénagas espejos de agua. Si en el caño
se imponían las garzas, en especial las blancas que parecen acostumbradas al lente de la cámara, y
algunas garzas morenas, que son ariscas y levantan el vuelo en cuanto sienten la cercanía de los humanos,
la ciénaga es el reino de los patos. Éstos se posan en grandes bandadas y, al sentir la ruidosa presencia
humana , levantan vuelo en un frenético aleteo de largo aliento a pocos centímetros de la superficie.

Las orillas son playas de suelo arcilloso, con el mismo color bermejo amarillento de toda la zona y una
vegetación constituida por arbustos de mediana altura. Es la hora en que los grupos de pescadores regresan
con el producto de la faena matutina . Hay buena pesca en esta ciénaga y, ante la belleza contundente
de este paraje, no deja uno de pensar en el enorme potencial turístico que duerme allí, tranquilo, en las
aguas de San Rafael de Chucurí.

V. EL CENTRO, SURAMÉRICA

El Centro, entre machines, mangos y kilómetros de tubería

Comemango es el apodo con el cual se han identificado los habitantes del corregimiento de El Centro.
Debe resultarles muy difícil a las nuevas generaciones encontrarle un sentido exacto al apodo de marras
pues es probable que no hayan vivido la experiencia de ir a cosechar mangos en el famoso distrito petrolero,
en las épocas cuando estas frutas eran tan abundantes que sólo bastaba con alargar el brazo y tomarlas
de las ramas que, como consecuencia del peso enorme de su jugosa carga, se inclinaban a los pies del
glotón de turno.

En El Centro la industria del petróleo se desarrolló en el contexto de un país que aún habitaba
mayoritariamente en el campo, de tal manera que en la memoria colectiva de los nativos, este lugar
parece haber sido siempre un enclave petrolero. Esto quizás se debe a que allí la naturaleza ha convivido
históricamente con los emblemáticos Machines, las torres de perforación y esos tendidos infinitos de tubería
que de repente surgen de las entrañas de la tierra rojiza para volver a hundirse en ella .

En El Centro no existe un solo metro cuadrado sin la huella de la industria del petróleo. De hecho, ya no son
sus árboles de mango - el producto insignia de esta tierra dura pero agradecida -, ni sus veredas perdidas
en medio de las torres de perforación y estaciones de bombeo, lo que caracteriza a este corregimiento
sino más bien, las obras civiles construidas por las petroleras: el Teatro Unión, el Hospital, el centenar de
casas de madera que componen el Barrio Staff, la espléndida Casa Loma - lugar en el cual se firmó el acta
de la Reversión de la Concesión De Mares-, el viejo cementerio donde, según se dice, sepultaban a los
norteamericanos que practicaban la masonería, lugar envuelto en un halo de misterio con cruces blancas
de metal, sin inscripciones y perfectamente alineadas en una desconcertante representación geométrica
de un descanso eterno en el anonimato.

Incluso la memoria de El Centro lleva la marca oficial de Ecopetrol y se expone a todos los visitantes en las
instalaciones del Museo Nacional del Petróleo. En este sitio puede observarse la manera como se representa,
paso a paso, la labor de extracción, transporte y refinación del crudo a lo largo de la historia. Sin duda toda
una proeza, si se tienen en cuenta las condiciones adversas del territorio. Es El Centro, Suramérica - como
se escribían las cartas que llegaban a este lugar-, donde ya no hay tantos mangos como antaño pero
abundan, de nuevo, la maquinaria pesada y los trabajadores enfundados en overoles verdes.

VI. EPÍLOGO : LA CIUDAD DESDE ARRIBA Y DESDE ABAJO

Durante nuestro último recorrido por esta ciudad fascinante y compleja, tuvimos la oportunidad de ingresar
a la Casa de Mercado Central. Su diseño peculiar y su ubicación estratégica la convierten en todo un hito
dentro de la configuración urbana del Puerto.

La Casa de mercado Central data de 1945. Concentra buena parte del comercio de productos agrícolas
en la ciudad y, para los años de servicio que tiene , se conserva en buenas condiciones . Una fotografía
de la cubierta exterior de la Plaza debe hacerse desde el edificio más alto de cuantos se han construido
en Barrancabermeja, Desde la terraza de este edificio, la imagen roza lo sublime. No hay palabras para
describir esta vista privilegiada de la Capital Petrolera de Colombia .

Al fondo, el Gran Río, siempre presente, recordándoles que sus hijos, los "hombres lcotea" como los llamó
Fals Borda, han sido tallados a su medida en una relación que va del amor al odio y de la necesidad
al desdén. Justo al lado, la otra ciudad , la siempre presente Refinería que le dio forma definitiva a este
territorio y a sus gentes. Al otro extremo , la ciudad pujante que solo detiene levemente su ritmo a la hora
de la obligada siesta de todo aquel que se llame a sí mismo barranqueño. Y allá, a lo lejos, como una visión
verde y borrosa, las ciénagas y caños que circundan la ciudad. ¿O será que la ciudad es una isla en medio
de esas aguas?

Desde esta terraza puede apreciarse la materialización del nuevo panorama de esta pequeña-gran
ciudad. Las nuevas construcciones auguran buenos tiempos para la actividad hotelera; para el comercio,
con la aparición de los grandes supermercados; para la oferta de bienes y servicios. Todo esto parece
indicar que la ciudad le apuesta a otras alternativas que le aseguren un futuro promisorio .

¿Quién pudo imaginar que aquel poblado de una sola callecita recostada sobre el Caño Cardales, que
sólo servía como puerto para el cargue y descargue de mercancías que iban y venían de otras tierras sería,
en unas pocas y agitadísimas décadas, el germen de la urbe que se divisa desde estas alturas?

Desprovistos de miedos, los Barranqueños le apuestan a un futuro donde todos encuentren su lugar; a fin
de cuentas, en su génesis, esta ciudad ha estado marcada por la diversidad, por la acogida sin distingos
del foráneo, por el ritmo incesante de la modernización y por la búsqueda permanente de la paz. Sumado
al fuerte aroma de las factorías, hay un olor que se enreda en la brisa cálida que trae el río. Es la exultante
y ruidosa esperanza con la que sus gentes enfrentan el porvenir.
!'
-· . .. (_~)



1'
/
1/
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·•
Concepto, Producción y Edición:
CUATRO COLECTIVO ARTÍSTICO LTDA.
Calle 28A #28-45 Casco Antiguo Girón
Santander, Colombia

www.cuatrocolectivoartistico.com
e-mail: info@cuatrocolectivoartistico.com
2009
Se terminó de imprimir en los talleres de
Panamericana Formas e Impresos S.A.
2009
BARRANCABERMEJA:
IMAGEN E IDENTIDAD
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CORPORACION INDICON
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MEMORIA y PATRIMONIO Y Construcción
Ingeniería de Diseilo
Nit; 829.000.736-1
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