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Si tuviera que quedarme con un único destino de Puente Club, sin duda lo

haría con el País Vasco.


Tuve la suerte de conocerlo hace veinticinco años, como turista, y luego,
tras viajar durante una década como guía, he de decir que ha experimentado
un cambio asombroso.
Del País Vasco destacaría muchísimas cosas. La primera de ellas que es
una comunidad pequeña en tamaño, pero riquísima en todos los sentidos.
Tiene playas preciosas y poco explotadas, una naturaleza que recuerda a la
de los países del norte, y un patrimonio muy estimable que, abarca desde
edificios medievales a contemporáneos.
Sus ciudades son limpias, funcionales y sostenibles, y sorprende su alta
calidad de vida. De hecho, de la mezcla de las tres capitales, Vitoria, Bilbao
y San Sebastián, saldría la ciudad perfecta.
Aunque el verdadero Euskadi se localiza en sus pueblos: Gernika, Bermeo,
Zumárraga, Azpeitia, Oñate, Hondarribia.
Otro de sus fuertes es la gastronomía. Siempre he dicho que no existe un
restaurante malo en el País Vasco. Son buenos sus pescados, su carne y sus
verduras. Y los pintxos son imposibles de describir.
De los vascos me gusta su cultura, sus raíces y lo mucho que defienden su
tierra. Parecen poco abiertos, a priori, pero cuando los conoces de cerca son
gente noble, sencilla y con un gran corazón. Yo tengo la suerte de tener
muchos amigos vascos, y son como de mi familia.
Por eso quiero recomendaros esta maravillosa tierra.