Elementos de producción crítica

ENTREVISTA (coral) A ANTONIO MARTÍNEZ I FERRER
Por Arturo Borra, Laura Giordani y Víktor Gómez

La irrupción de la escritura poética en tu vida es, desde un punto de vista cronológico, relativamente tardía. ¿Qué factores te llevaron a hacer ese giro hacia la poesía? Como sabéis yo no poseo ninguna formación académica pero las inquietudes hacia la cultura me llevaron a leer en mi primera juventud (entre los dieciséis y los veinte años) a Gustavo Adolfo Becquer, Campoamor, Cervantes y Shakespeare y otros que no recuerdo. Asimismo me relacioné con un médico y poeta alzireño llamado Manuel Just. En esa época escribí algunos poemas, pero pronto me atrajo la política; en concreto el marxismo, como respuesta a la dictadura franquista y la explotación capitalista. Pasé a formar parte de organizaciones revolucionarias, comprometiendo todo mi tiempo a la lucha política y sindical hasta la caída de la dictadura. En ese periodo de tiempo mis lecturas poéticas son autores como Miguel Hernández y Federico García Lorca, entre otros. En el periodo de la transición no encontré sitio en el entorno político-sindical y me aparté de toda actividad, pasando a ocuparme del porvenir de mis hijos montando la empresa de fotocomposición Germanía de donde nació la editorial Germanía, dirigida y construida por mis hijos y tres socios más. Así, en la década de los 90 entré en contacto de nuevo con la poesía de la mano de la colección Hoja por Ojo y leo por primera vez a autores como José Viñals, Antonio Orihuela, Antonio Gamoneda, Eladio Orta, Juan Gelman, y reaparece, de nuevo, mi inquietud por escribir, montando mi primer poemario El rumor del patio en el 2002, a partir de poemas escritos en los años 2000 y2001. Tu biografía está marcada por la militancia partidaria y tu poética parece otra forma de militancia política... ¿Cómo se vinculan estas dimensiones y qué riesgos surgen de este cruce? Yo que profeso el «materialismo dialéctico» como respuesta filosófico-humanista de la vida no entiendo, pero respeto, la actividad poética fuera de la ideología que tenga el autor. Considero que nadie puede soslayar, en el momento de la creación poética, su concepción del mundo, por lo que siempre estará implícita en su obra. Por ello, el poeta se desnuda en cada palabra, en cada verso y ahí está la grandeza: abrir el alma ante quien te lee con el riesgo de ser elogiado o rechazado, radicalmente, según la ideología del lector. Esto puede ocasionar que la calidad de la obra se desdibuje por la influencia de su contenido ideológico, pero en mi caso, acepto este riesgo y procuro que el mensaje sea incisivo y provocador.

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Decía Juan J. Saer que “la infancia es el sólo país, como una lluvia primera, de la que nunca, enteramente, nos secamos”. ¿De qué modo crees que tu propia infancia sigue aún empapando tu escritura? Con certeza mi infancia ha sido determinante en mi posterior visión del mundo. Fui educado en el recuerdo y yo diría la veneración de mi padre Antonio Martínez

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García, asesinado por el franquismo en el año 1940. Su figura era ensalzada por mis abuelos y mi madre e inclusive por mi padre Lorenzo Llinares Crespo casado en segundas nupcias con mi madre. La idea del carácter criminal del franquismo fue conformando y aun persiste en mi pensamiento. Si a ello añadimos los sufrimientos que en aquellos tiempos pasaban las familias para poder comer y vestirse puede entenderse mi obsesión por la naturaleza injusta del sistema capitalista que propicia las enormes diferencias sociales y el sufrimiento de gran parte de la humanidad. ¿Crees que la poesía es capaz de revitalizar un lenguaje saqueado, casi extenuado, en el presente? En caso positivo, ¿de qué manera podría intervenir lo poético en esa revitalización? La estructura del lenguaje coloquial y culto que predomina en las relaciones entre los seres humanos en esta sociedad burguesa se asienta sobre la construcción de paradigmas que en la actual estructura sociopolítica inciden profundamente en anular cualquier actitud crítica frente a los problemas económicosociales que genera la organización política del sistema. La poesía es una forma de expresión que por su naturaleza minoritaria no parece peligrosa para el pensamiento dominante, por lo que se mueve en un contexto de libertad superior al de otras formas de comunicación. Es muy corriente ante algo que se considera fuera de la lógica dominante decir con un tono peyorativo: “eso es poesía”, por lo que a través de ella se puede profundizar en la difusión de nuevos paradigmas que propongan un nuevo lenguaje crítico-humanista en los diferentes espacios culturales. Yo pienso que es posible llegar a todos los niveles culturales a través de la poesía, por ejemplo, entre los niveles más preparados intelectualmente con poetas de la línea expresiva de Antonio Gamoneda y Antonio Méndez, entre otros, y también a las clases populares en la poesía de Antonio Orihuela y David González y otros más, y la poesía de Quique Falcón, Jorge Riechmann y otros, que puede llegar a todos los niveles de la cultura. Tanto en Corre, corre niño de arena, El grito del oasis, Vuelo oscuronoche o Aquellos lugares, por mencionar algunos de tus libros, la guerra imperial aparece como un objeto privilegiado de tu decir poético. En general, hay una constancia de esta problemática en toda tu producción poética. ¿A qué se debe esta reincidencia crítica? Los imperios han sido en todas las etapas históricas la manifestación más elevada del despotismo, sojuzgando los pueblos según sus intereses imperiales. En nuestra época el imperialismo U.S.A. representa el mayor peligro para el desarrollo de las sociedades civiles de forma solidaria y justa y, asimismo, el mayor peligro para la paz por cuanto su política es depredadora y agresiva con unos resultados catastróficos para la humanidad. Las intervenciones armadas de los Estados Unidos en el último siglo han sido alrededor de 130, muy superiores a cualquier otro país y también mantiene bases o destacamentos militares en cerca de 120 países de los 192 que conforman las Naciones Unidas. Es por ello que en mi poesía soy reiterativo, con la ilusión de que pueda influir en el pensamiento hacia la creación de una resistencia hacia todo lo que sean imperios o poderes despóticos. La historia deja a su paso una oscura estela de crímenes y muertes. Tu poesía vuelve continuamente el rostro hacia esas fosas comunes, lo que hace pensar en un vínculo entre poesía y memoria. ¿Cómo describirías ese vínculo? Teniendo en cuenta que mi padre fue enterrado en una fosa común y que durante mi niñez todos los años me desplazaba con mi madre al cementeDetalle fachada Noreste

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rio de Paterna (Valencia) en donde estaba mi padre enterrado, me familiaricé con las grandes fosas comunes donde había docenas de republicanos asesinados por la represión franquista. Está cuestión siempre es recurrente por cuanto cada día estamos presenciando ese criminal espectáculo en muchas partes del mundo -piénsese en algunos países sudamericanos-. Las fuerzas fascistas siempre recurren a ese criminal método con la intención de esconder sus crímenes. A propósito de Cicatrices, ¿qué cicatriz podría cerrar un poema? O más todavía: ¿es lícito pretender hacerlo? Todas las cicatrices son perversas. Me sería muy difícil fijar un dolor concreto que pudiese cerrar el círculo. De todos los que sufrimos nunca podemos saber cuál es mayor o si en el camino nos esperan otros que sean más dolientes. En mi caso, la muerte de mis padres y la separación en 1975 de mi familia por la persecución de la policía franquista han sido los acontecimientos familiares más dolorosos. Ahora, en el día a día, la brutal represión del imperio y sus lacayos, contra pueblos indefensos, asesinando poblaciones enteras sin discriminar niños ni viejos, es lo que me aturde de dolor y me convence de que la vida nos puede producir un dolor mayor de los que ya hemos sufrido. Hay una obsesiva insistencia en tu escritura que pregunta: ¿será este escribir la última batalla contra la desaparición? Cuando se tiene una convicción firme del pensamiento dialéctico la duda forma parte de la afirmación, conocedor de que las verdades absolutas no existen (pues de existir serían ajenas a la naturaleza humana). Siempre deambulo por la línea de la inseguridad aún en mis posiciones más firmes, siempre estoy abierto a la revisión y reformulación de mi pensamiento. Por lo que mi última batalla estará en el último aliento antes de morir. En Efectos secundarios reaparece la memoria del estrago, un testimonio sangrante de nuestra historia contemporánea. Ahora bien, ¿cómo se gestiona la desesperación en tu poética? ¿qué nos pueden decir tus poemas al respecto? La poesía para mí es como una descarga de todas las emociones y tensiones provocadas por el dolor propio y el ajeno, gritar ese dolor y hacer partícipe del mismo a los demás me ayuda a soportarlo. Yo creo que si no pudiese comunicarlo me rompería por dentro y caería en la autodestrucción síquica. ¿Crees que existe entre la pasión y la política, entre la poesía y el hecho amoroso, una manera específica de ser en la palabra del poeta, en tu escritura que se diferencia de los posicionamientos canónicos-consensuados de las poéticas primorosas y tan egocéntricas, como la poesía de la experiencia de los años 80 y 90 o el realismo sucio que reaparece a finales del siglo XX con fuerza en España? No es que yo piense en transgredir ciertas concepciones preestablecidas en la composición poética. El caso es que tal como les he indicado en la primera pregunta mi falta de una preparación académica me hace difícil tener un conocimiento de los estilos o corrientes de la poesía que me permitan adoptar esta o aquella forma de composición o transgredirla conscientemente. Yo siempre digo que me he enseñado a escribir leyendo y que al escribir sólo afloran las emociones más profundas provocadas por el dolor, el amor,

Fachada principal o Sur

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la solidaridad, entre otros sentimientos, esforzándome en que los poemas posean un ritmo enérgico, que sean incisivos y que con el mínimo de palabras expresen lo que deseo comunicar; todo ello intentando que posean el tono musical que los hagan agradables al oído y que se claven en la conciencia de quien los oye o lee. ¿Cuáles son las lecturas (escucha y reflexión) que crees que más han influido en la formación de tu sensibilidad poética y crítica? ¿Con qué visiones del mundo, con qué poemas o poetas dialogan tus textos? ¿En qué relecturas encuentras afinidad y estímulo creativo? Es evidente que la concepción del mundo que profeso es la derivada del materialismo dialéctico, lo que me hace tener una profunda concepción crítica de cuanto soy y me rodea, siempre con una actitud constructiva. Esto me sitúa entre los poetas que denuncian las injusticias desde cualquier posición ideológica, por lo que de todos ellos me alimento. La lista sería larga, lo cual me complace. De la generación del 27, Miguel Hernández y Federico García Lorca; poetas sudamericanos, Cesar Vallejo, Juan Gelman entre otros y de los poetas contemporáneos Antonio Orihuela, Enrique Falcón, Antonio Méndez, David González, Jorge Reichmann, entre otros. En todos ellos su relectura siempre es enriquecedora y una fuente de descubrimiento de nuevos matices en sus mensajes de carácter revolucionario. En el terreno lírico quiero resaltar la hermosa poesía de mi amigo José Viñals, por la belleza de su lenguaje y su gran riqueza cromática. Asimismo la poesía de Eladio Orta por su valentía para romper esquemas y también por su profundidad lírica en alguno de sus poemarios. He de señalar que a mi alrededor también siento como propios algunos poetas hermanados conmigo, con los que tengo una profunda relación de amistad y complicidad que conforman un esplendido paisaje de donde también me alimento, Antonio Crespo Massieu, Matías Escalera, Ana María Espinosa, Ana Pérez Cañamares, Laura Giordani, Arturo Borra, Vicent Camps, Víctor M. Gómez, José Garés, entre otros que, de seguro, se me olvidará mencionar y a los que pido disculpas. Por último, ¿qué devenir cabe esperar de tu poética? ¿Qué desafíos consideras que tienes por delante? Difícil respuesta mis queridos amigos, a mis 69 años mis proyectos son muchos, dada la naturaleza de mi carácter, pero si quiero ser realista me conformo con ese día a día y el deseo de que mi voz no pierda fuerza y continué en el plano de la denuncia. Mantener vínculos con aquellos que, como ustedes, denunciamos con la palabra tanta insolidaridad e injusticia y construir, junto a al resto de amigos, ese mundo mejor que tanto deseamos.

Enrique Falcón y compañera, Víctor González y Antonio Martínez

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