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La extravagancia y el hecho social

31 octubre 2012

La extravagancia y el hecho social

Inestimables lectores,

Entremos en harina sociológica apostando algo. Si ahora mismo bajo a los


bares y con mi mejor disfraz de camuflaje escucho las conversaciones,
encontraré muchísimas más que versen sobre la “prima de riesgo” que de
“¿cuáles han sido las influencias más importantes de tu vida?”. Y eso,
que la mayoría de personas sabemos responder mejor a la segunda
pregunta, e incluso nos lo pasaríamos mejor haciéndolo que hablando de
la primera. También sospecho que si me pongo a buscar parejas que
acaban de quedar por primera vez, encontraré a muchas más tomando un
café, que haciendo un picnic en un parque. A pesar de que hacer un picnic
con la comida, lugar, y tiempo adecuados puede ser mucho más
inolvidable que un café.
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• 3 razones por las que no ligas

Si “extravagamos” nos aventuramos, buscamos con valentía
modos nuevos de llegar donde queremos.

En este serie de artículos no quiero sugerir de qué podemos hablar (este tema
lo tocó Yago con mucho acierto) ni qué debemos hacer en una primera cita
(Helio y Pau tienen interesantes escritos al respecto). Lo que pretendo en estas
líneas es que nos preguntemos por qué si en mi próxima conversación en
la calle pregunto “¿cuáles han sido las influencias más importantes de tu
vida?” me mirarán más raro que si comento que “¡qué calor sigue
haciendo!”.
Los casos son infinitos, pero la cuestión es que si Marta está hablando con
un compañero interesante que ha conocido al pedirle los apuntes de la
primera
clase de Textología (por ejemplo), proponerle que vayan a la playa
pasando antes por la pastelería más cercana se le hará más raro que
proponerle tomar una cerveza en la cafetería. Y no sé vosotros, pero el
plan pastelería-playa a mi mientras no venga el frío me mola más. Lo que
sucede, es que Marta estará cometiendo lo que aquí denominaremos una
extravagancia.
¿Qué es extravagancia?

Extravagancia. Una de mis palabras favoritas. A pesar de que en español


posee cierta connotación negativa, comencé a ver la extravagancia con
muy buenos ojos el día que encontré su origen latino. A riesgo de que
alguna profesora de latín me lance un diccionario a la cabeza mientras
cruzo un paso de peatones, extra vagari sugiere que extra vagar es andar
por donde no se ha andado antes, caminar por caminos no trillados. Si
“extravagamos” nos aventuramos, buscamos con valentía modos nuevos de
llegar donde queremos. Y en ocasiones, incluso, de llegar a lugares tan
nuevos que no podríamos haber sospechado que queríamos llegar, por lo
que nos alegramos de haber “vagado”. Así que hacedme un favor, y dadle
una segunda oportunidad a la extravagancia ahora que conocéis su
etimología.
DISFRUTA DE NUESTRO PODCAST RESPECTO A LA EXTRAVAGANCIA
[POWERPRESS URL=»HTTPS://WWW.EGOLANDSEDUCCION.COM/WP-
CONTENT/UPLOADS/PODCAST/SECCIONES/OCTUBRE2012/PODCAST-EGOLAND-
SEDUCCION-OCTUBRE2012-SOCIOLOGIA-LIBERTAD.MP3″]

La resistencia social

Como el que avanza por un lugar nuevo o se adentra en una selva virgen,
el que “extravaga”, no tiene el camino hecho, por lo que
encontrará resistencia. Y es aquí donde debo introducir un concepto y un
autor tan enorme que probablemente hablemos de él en el futuro. A
finales del Siglo XIX, Émile Durkheim, uno de los padres de la sociología,
definía el hecho social:
Los hechos sociales son formas de actuar, pensar o sentir
externas a los individuos y que están dotados de un poder de
coacción en virtud del cual se le imponen”.

De momento lo que nos interesa saber, es que el modo más evidente de


identificar un hecho social es por lo que sucede si no lo sigues: recibirás
resistencia social.

EJEMPLO DE RESISTENCIA SOCIAL:


Pongamos que en 1950, Carmen, que acaba de cumplir los 25, no ha
encontrado un chico con quien quiere tener ninguna relación, y además
tampoco está muy preocupada por ello por
motivos que ahora no vienen al caso. Pues
sea cual sea la conciencia y voluntad de
Carmen, se encontrará con bromas de su
entorno (“se te va a pasar el arroz”), con que
los personajes de las películas o novelas
que ella ve ya han encontrado el amor de
su vida a su edad, que en su entorno la mayoría de mujeres de su edad no
solo están casadas sino que esperan su segundo hijo… y ella incluso
bromea aceptando la anormalidad de su situación diciéndole a su
madre: “¡me voy a quedar para vestir santos!”.
Ella además se ha enterado que su tía abuela va diciendo que si sigue así
será una solterona. Esto le sienta como un tiro. Y en su interior, le molestan
mucho más esos comentarios y el hecho de empezar a no sentirse cómoda
en ciertos ambientes por no estar casada, que el hecho mismo de no
estarlo. Carmen, por actuar como actúa, e independientemente de su
voluntad y conciencia, recibe resistencia social constante.

EJEMPLO 2
¿Qué pasa si Marcos, año 2011, ha decidido casarse con 19 años? Algo
muy similar. Recibirá resistencia social manifiesta, cuando su primo le diga
“Marcos no te cases, disfruta de la vida que eres muy joven”. Y resistencia
social latente, al sentir cierta incomodidad cuando se vea a sí mismo de
botellón con su mujer y la presente a todos: “esta es Ángela, mi esposa.
Trae los hielos”. Nos suena raro, ¿no? Deliberadamente estoy usando el
verbo “recibir” resistencia social. Y evitando usar “percibir”. ¿Por qué?
En primer lugar porque el hecho social es de difícil percepción. Lo que es
más perceptible son sus efectos: desde una mirada sutil de reproche o
incomprensión hasta un duro castigo (en el caso de un delito, por
ejemplo), pasando por sentir que debemos dar explicaciones por actuar de
cierto modo. Y en segundo lugar porque en general, y si no estamos
educados para ello, las personas aceptamos los hechos sociales, los
naturalizamos, y consideramos que actuamos por nuestra propia
voluntad. Mucha gente afirmará simplemente que es más natural hablar
del tiempo con un desconocido que hablar sobre lo emocionado que te
encuentras hoy por haber aprendido algo nuevo. Que la coerción o
resistencia social no sean aparentes o sean latentes no le resta
contundencia, sino todo lo contrario.
En muchas ocasiones, esta coacción está directamente vinculada al miedo.
El miedo al qué dirán, qué pensarán y otros “qué” nada significativos pero
que terminan condicionando la conducta individual en pro de los
condicionamientos colectivos. Un miedo que paraliza y nos hace
retroceder a la fila, que nos hace tragarnos esa pregunta tan esencial
porque tal vez es una tontería y que nos inhibe de sonreír a esa persona
que nos gusta, porque lo más seguro es que ya sale con alguien.
[bctt tweet=»Si “extravagamos” nos aventuramos, buscamos con valentía
modos nuevos de llegar donde queremos.»]
Es tal vez por ese miedo que hay pocos aventureros reales en nuestro
mundo y que la aventura (otra maravillosa palabra del latín ad + venire,
algo así como “enfrentar lo que está por llegar”) sea una especie de
falsedad disfrazada que se reduce hoy en día a excursiones muy bien
protegidas y planificadas, con un margen de riesgo casi nulo.
Un hecho social necesita casi siempre prescindir de dichos riesgos. Esa
resistencia social condena a todo el que se resiste a someterse o
amoldarse a conductas “aceptadas” como comprarse una casa, un coche,
terminar una carrera universitaria, o hacerse un seguro de vida (nada más
paradójico en una sociedad donde hasta donde yo sé, la muerte es
infalible). Muy bien, concepto explicado. ¿Y esto para qué nos sirve? Para
aprender, y de modo gratuito, ¿qué más queréis? Algo útil para vuestros
propósitos mandangueros eh…

[youtube
https://www.youtube.com/watch?v=3L5MLW7SXyg?rel=0&showinfo=0]

Claves de Seductor – Potenciar el carisma con la extravagancia

El hecho social parece actuar en ocasiones como una fuerza hacia la homogeneidad
social: “no te salgas del camino, y así no tendrás que dar tantas explicaciones”.

¿Cómo resolver el dilema, si queremos hacer las cosas de un modo


distinto y no sentirnos incómodos por ello? Amigos, el dilema se resuelve
del siguiente modo:
Si pensamos un poco, admiramos a aquellas personas que han logrado
andar por caminos por los que nadie había caminado, que se han atrevido
a abrir nuevas sendas, que a pesar de obstáculos y críticas fueron
valientes para llegar donde querían sin pasar por donde se supone se ha
de pasar. Si al igual que yo, sois devotos de San Ejemplo, veamos un par
de casos de resistencia social que se convierte en disfrute por saborear la
libertad de comportarse de un modo extraordinario.

ESTRUCTURA BÁSICA DE LA HERRAMIENTA YA SÉ QUE NO ES NORMAL


PERO…
YA SÉ QUE ESTO NO ES LO NORMAL PERO + HERRAMIENTA 2
(Narrador, espectador película subtitulada, Qué por qué y para qué,
Comunicación emocional, etc.)
1.- Desvelar que sé que me he saltado lo habitual, lo normal, el hecho
social: YA SE QUE ESTO NO ES LO NORMAL PERO…
2.- Generar el valor añadido por hacerlo: Información u otra herramienta
EJEMPLO DE LA HERRAMIENTA
EXTRAVAGANCIA PARA CHICOS
Estoy leyendo en la playa pero he
comenzado la misma página
doscientas veinte veces porque mi
mirada se escapa continuamente haciala pequeña mariposa tatuada en
una espalda grácil y morena de una chica bronceada escasos metros a mi
derecha. Inspirado por este artículo, decido cometer la extravagancia de
comprar un par de Daiquiris, y acercarme a ella para presentarme.
– Hola… mira estaba tomando el Sol, como tú, disfrutando de la playa, como tú, y he
pensado que esto sólo podría mejorar si una chica encantadora se acercara a mi y
me ofreciese algo bueno y fresquito. Pues eso viene a ser lo que te está pasando a
ti. Por cierto, soy Javi, ¿tú?
No tengo mucho tiempo así que tras una breve pero hilarante
conversación sobre mi interés por encontrar una compañera para
convertirme en campeón mundial de jugar a las palas, pido el número de
teléfono y lo consigo. La conversación me ha gustado, tengo ganas de
volver a verla, así que antes de irme comunico lo siguiente (¡atención!):
“Paula, normalmente no se conoce a alguien ofreciéndole un Daiquiri en
medio de la playa… Pero a veces uno se alegra de no haber hecho las
cosas como las hace la mayoría de la gente. Que sepas que espero que
sea una de esas ocasiones”.
[bctt tweet=»Saborea la libertad de comportarte de un modo
extraordinario.»]
Et voilà! He legitimado la extravagancia.

Analicemos la estructura de lo comunicado:


“Paula, normalmente no se conoce a alguien ofreciéndole un Daiquiri en
medio de la playa” (= Soy consciente del Hecho Social, he “extravagado”)
“Pero a veces uno se alegra de no haber hecho las cosas como las hace la
mayoría de gente” (= legitimo mi extravagancia porque eso me acerca
más a lo que realmente deseo)

Y además estoy dando ejemplo y generando un sentimiento de


complicidad para que Paula no tenga miedo por ser diferente, por saltarse
hechos sociales.

Dicho de otro modo: no ha actuado raro, ¡he actuado extraordinario! Y a la


mayoría, inestimables lectores, nos gusta lo extraordinario. Con un
principio así, es mucho más fácil que cuando queden por segunda vez
decidan ir a tirarse en paracaídas que a tomar café en un bar (con todos
mis respetos para quienes adoren tomar café en un bar… en todo caso en
Egoland desaconsejamos enérgicamente tomar café mientras saltamos en
paracaídas. O una cosa, o la otra).

EJEMPLO PARA CHICAS


Permitidme ahora explotar mi faceta femenina con otro ejemplo desde la
perspectiva del sexo opuesto:
Voy en el metro y he cruzado varias miradas con un chico alto, con pelo
largo, gafas y perilla con una pinta de artista del recopetín. Bajo del metro
y cuál es mi sorpresa que él baja conmigo. Mientras caminamos juntos
hacia la salida, pienso: “Amanda, esta es la tuya. El chico de aquel artículo
que leí en Egoland era un poco rollero pero tenía más razón que un santo:
a mi me apetece conocer a ese chico y me da igual que “se suponga” que
la iniciativa la tiene que tener el hombre, estamos en el Siglo XXI. Ahora
deja de pensar y actúa, que se nos escapa”.
– Disculpa, igual tengo mala memoria pero no recuerdo haber visto nunca un chico
con tan buen gusto para la ropa. Si odias el programa “Hombres, Mujeres y
Viceversa”, tienes muchos puntos para que me apetezca conocerte.
Nos reímos, nos damos el número, el chico ha estado a la altura de las
circunstancias y me quedo muy tranquila escribiendo:
– Luis, no tengo ni idea de lo que se hace cuando un chico con tan buen gusto te
llama la atención a la salida del metro. Muchas chicas ni se acercarían a un hombre
ni mucho menos le escribirían tranquilamente el mismo día como si le conociesen de
toda la vida. Ojalá que a los dos nos guste ser excepcionales.
¿Cómo lo veis? ¿Identificáis el reconocimiento de estar saltándose el
hecho social, y la posterior legitimidad de la extravagancia? ¿Le vamos
dando una segunda oportunidad a extravagar, a caminar por donde otros
no caminan? Cread vuestros propios ejemplos, y veréis que no estamos
hablando sólo de seducción.
La lista de “extravagantes” de la civilización humana (por lo menos de sus
personajes más significativos) es
asombrosa. Incluye entre otros a un
joven que creía que las leyes de la
física mecánica no encajaban muy
bien con las de un campo
electromagnético y desarrolló una
nueva teoría sobre la relatividad; a
cuatro chicos sin formación musical
académica para los que la música
tenía mucho de improvisación y
mestizaje, y que revolucionaron para
siempre la música popular; a un grupo de pintores muy extravagantes que
rompieron con la exactitud anatómica de los clásicos y lo redujeron todo a
formas y colores básicos, y, casi me olvidaba, a un ambicioso navegante
que insistió en que se podía llegar a las Indias por el oeste y se encontró
con un continente desconocido, cambiando para siempre el mundo.
En conclusión: extravagad malditos, extravagad. Lo que os venga en gana,
y más cuando creáis que eso os va a hacer sonreír o va a hacer que
alguien sonría. No olvidemos que si existe un recurso que es infinito, es la
creatividad. Siendo este recurso infinito, siempre será poco lo que
extravaguemos.
En el futuro, además de otros temas, procuraré seguir trayendo ejemplos
de extravagancia útil y positiva. Por cierto, no dudéis que nada me hará
más feliz que cometáis y comentéis vuestras propias extravagancias.

Contento por escribir.