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© 2020 Jess González

© 2020 de la presente edición en castellano para todo el mundo


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LISS

El dolor es insoportable, su cuerpo dolorido no puede


reaccionar, su cabeza está a punto de estallar, el humo sale del
capó de su coche y las luces, que alumbran esa carretera
oscura, es lo único que su mirada borrosa alcanza a ver.
—Por favor, no quiero morir aquí, sola— Se repite sin
parar de llorar una y otra vez.
El zumbido en sus oídos cada vez es más agudo, está a
punto de desmayarse, intenta luchar con todas sus fuerzas para
salir de ese amasijo de hierros, pero no lo consigue, le parece
ver una chica que mira alejada como ella intenta luchar por
salir, pero no hace amago de ayudarle.
—Ayúdame, por favor. —Su voz cada vez es más pesada y
en un último esfuerzo por intentar abrir la puerta ya no puede
más, sus ojos se cierran.
Escucha un barullo lejano de voces, siente como la sacan
del coche y la acomodan con cuidado en una camilla portátil,
el sonido de la ambulancia, la voz del personal sanitario
hablando con alguien, pero ella no consigue despertar.
Su vida pasa como fotogramas por su mente, sus padres, su
hermano, la sonrisa de su abuela, los momentos con sus
amigas, Rober, Daniel, Noemí y todo se ilumina con él,
Alberto elegante e impotente el día que lo conoció por primera
vez, Alberto riendo en la puerta de su casa después de burlarse
de ella cuando fue a recoger a Rober aquella mañana, Alberto
y ella besándose desenfrenados en la piscina, la primera vez
que subió con él a su coche, su manera de conducir, su primera
cena en aquel restaurante tan precioso de la isla, ellos dos
enseñándole el culo a la luna, él recorriendo las calles del
puerto con ella a sus espaldas descalza, la primera vez juntos
en el jacuzzi, los maravillosos despertares a su lado, su
sonrisa, su voz, el viaje fugaz a Formentera con toda su gente,
la fiesta que organizó para ella en San Juan, sus discusiones
tontas, sus reconciliaciones llenas de pasión…
Nerea y Miguel, la rabia que siente hacía ellos, el saber que
por su culpa todo se ha acabado. Y por último la sonrisa
malvada de la chica impasible que no ha querido ayudarle en
el accidente.
El dolor de su corazón roto por ese mensaje en su móvil
antes de que su vida se vaya al garete, es mucho más
insoportable que el de sus huesos rotos.
Los calmantes que le inyectan son potentes, su mente se
relaja y duerme profundamente.
ALBERTO

Llega al hospital de Ibiza de madrugada, sale acelerado con la


respiración entrecortada del taxi que le ha llevado hasta allí, el
taxista le ha repetido una y otra vez que iba lo más rápido
posible.
Su teléfono se ha quedado sin batería, está desolado no
sabe que está pasando, solo quiere verla, no necesita nada más,
todo ha pasado a un segundo plano, será capaz de perdonar
todo, no le importa nada más, quiere estar con ella le pese a
quien le pese.
La prensa está en la puerta del hospital ‘¿Cómo cojones se
habrán enterado?’ Se pregunta cegado por los flases, él los
aparta a empujones mientras esquiva a los reporteros que le
preguntan por ella.
Entra como un toro de miura a la sala de espera de
Urgencias y rápidamente localiza con la mirada a Rober y
Noemí, que lloran abrazados, en cuanto lo ven llegar, se
levantan rápidamente y se abrazan a él.
—¿Qué ha pasado? ¿Cómo está? —Pregunta mientras se
deja abrazar por sus amigos.
—Ha sido un accidente de coche, no sabemos más, está en
el quirófano, he tenido que firmar un montón de papeles sin
entender que eran, solo me repetían que era vital para ella
entrar en el quirófano, estamos esperando que salgan a
informarnos. —Le informa Rober destrozado, su mirada
asustada le recuerda a la suya, sabe lo que siente, el
sentimiento de amor de ambos hacia Liss es el mismo, aunque
de diferente manera.
—¿Habéis llamado a Edgar? Sus padres, ¿saben lo que ha
pasado? —Pregunta Alberto
—Le he llamado yo, mientras Rober firmaba los papeles,
están en camino. —Le informa ahora Noemí.
Alberto se lleva las manos a la cabeza y se deja caer en una
de las frías y duras sillas de esa sala de espera, después del
duro día de rodaje y ahora esto, está agotado, su mente no da
más de sí.
Las horas pasan a cámara lenta, los tres están en silencio,
ninguno de ellos puede decir nada. Cada vez que ven como se
abren las puertas del pasillo de quirófano miran esperanzados
esperando que sean buenas noticias, pero nadie sale a hablar
con ellos, les piden calma y les dicen que están haciendo todo
lo posible, los animan a que vayan a descansar y que les
llamaran en cuanto terminen, pero ellos no se piensan mover
de allí, no piensan dejarla sola.
Unos pasos acelerados corren hacia ellos, Alberto levanta
la mirada y ve a Edgar junto a un matrimonio de mediana
edad, son los padres de Liss, Teresa y Manuel.
Se levanta rápidamente y abraza fuerte al hermano de Liss,
mientras Rober hace lo mismo con los padres de ella, consuela
a Teresa que no para de llorar y preguntar por su hija, esa
mujer está al borde del ataque de ansiedad, y Manuel se
mantiene fuerte pero no puede contener las lágrimas que
corren por sus mejillas silenciosas.
—¿Cómo está mi hermana, Alberto? —Pregunta Edgar
muy afectado.
—No sabemos nada, llevan horas con ella en el quirófano,
pero nadie nos dice nada, solo que debemos esperar.
Se dirige ahora hasta los padres de Liss.
—Siento mucho que nos conozcamos en esta situación.
Soy Alberto. —Tiende la mano para saludar al padre de Liss,
pero él la rechaza y le abraza fuerte, ese gesto de cariño le
pilla desprevenido. Una vez que se sueltan, la madre hace lo
mismo.
—Es un placer conocerte, gracias por cuidar de nuestra
pequeña, tanto. Nos ha hablado muchísimo de ti y Edgar nos
ha contado como te volcaste con él y sus amigas cuando
estuvieron aquí. —Dice la madre de Liss mientras coge la
mano de él entre las suyas.
Un doctor sale y se dirige hasta donde están, haciendo que
ellos se acerquen a la vez para escuchar lo que tiene que
decirles.
1
OLVÍDAME

Las noticias sobre el estado de Liss son esperanzadoras, su


pierna izquierda ha sido operada con éxito, con reposo y
rehabilitación no quedaran secuelas. La preocupación está en
su cerebro, tiene un fuerte traumatismo craneoencefálico que
no pinta bien, por ese motivo le han incitado un coma
controlado hasta que la hemorragia interna se disuelva sola.
Antes de someterla de nuevo a ninguna intervención más, es
una chica joven y sana, por ese motivo no han querido correr
riesgos innecesarios, pero llegado el momento si se diera el
caso tendrán que intervenir de nuevo.
Han tenido que dar puntos de sutura a varias heridas
profundas en su rostro, provocadas por el impacto contra la
luna delantera del coche. Ahora solo queda esperar a que
evolucione favorablemente, las primeras cuarenta y ocho horas
después del accidente son las más importantes.
—Mi amor, tienes que despertar, yo me voy a encargar de
cuidarte. Voy a solucionarlo todo, no te preocupes por nada.
Siempre voy a estar aquí, aunque ahora mismo estemos tan
lejos y tan cerca a la vez, como enero y diciembre —Alberto
coge su mano magullada con cuidado de no tocar ninguna de
las vías que mantienen en calma a su Diosa.
Está abatido, lleno de ira por la confusión de todo lo
sucedido en las últimas horas. Pero ha tomado la decisión de
no hacer nada hasta que ella despierte, sigue queriendo
escuchar todo lo que ella quiera contarle, pero tiene claro que
todo será a su debido tiempo.
Después de que su familia, Rober y Noemí puedan verla,
por turnos, allí ya no tienen nada más que hacer por lo que
deciden irse a descansar y volver cuando los horarios de visita
les permitan hacerlo.
Alberto les ofrece con mucho gusto su casa para que pasen
los días que necesiten, a los padres de Liss y a Edgar, ellos
tenían pensado pasar los días en un hotel, pero él se niega en
rotundo y decide instalarse en casa de Liss, tras consultarlo
con sus dos amigos. Él dormirá en su habitación.
Una vez que los dejan instalados y les repiten varias veces
que no se preocupen por nada, se marchan, rumbo al que será
su espacio vital para él, hasta que esta pesadilla termine, allí
podrá sentirla cerca, rodearse de sus cosas y de su olor, eso le
ayudará a llevar mejor las noches separado de ella.
Después de colocar sus cosas, que ha recogido, para poder
instalarse en la que será su nueva guarida, decide salir a correr
para liberar adrenalina.
Su mente y su cuerpo acumulan una tensión que no le dejan
estar quieto, por ese motivo sale a oxigenar el cerebro y así
pensar con claridad.

Conecta sus auriculares inalámbricos al bluetooth de su


teléfono, que ya ha podido recargar sin querer mirar las
notificaciones que se acumulan en él y, la música de Sidecars
comienza a sonar a través de ellos en sus oídos, sube el
volumen al máximo y la canción de Olvídame le acompaña
mientras calienta sus piernas antes de arrancar a correr.
Su teléfono suena insistente mientras él se detiene a
recuperar el aliento, a causa del esfuerzo. El sudor recorre su
rostro y su cuerpo, ha tenido que quitarse la camiseta de
deporte que llevaba al salir de casa y ahora seca con ella su
cara antes de descolgar.
—Alberto ¿Qué ha pasado? —Pregunta preocupado Miguel
al otro lado de la línea.
—Liss ha tenido un grave accidente de coche. No podía
quedarme en Madrid sin estar a su lado. —Su voz se rompe a
causa de los nervios y la impotencia que siente.
—Tranquilo, Alberto. Pero ¿Está bien? Yo no podría… —
Enmudece, afectado, para no delatarse.
—Está en coma, Miguel. —‘A la mierda todo’ piensa
mientras estalla de ira. —Tú no podrías ¿qué? Dime Miguel,
Perdonarte ¿Porque le pasé algo por culpa de la trama que tú y
Nerea teníais para alejarla de mí? Es eso ¿verdad?
—¿Qué estás diciendo? Alberto, eso no es verdad, yo no
tengo nada que ver. Créeme
—Lo sabes perfectamente, no te hagas el imbécil conmigo.
No te atrevas a mentirme
—Te estoy diciendo la verdad, yo no tengo nada que ver
con Nerea y sus locuras. Déjame ayudarte y confía en mí, por
favor, somos amigos desde niños ¿Me crees capaz de hacer
algo así? Vamos, hombre.
Alberto duda no quiere seguir con el tema, no quiere
escuchar mentiras, el agotamiento mental y físico le supera.
—Ya veremos quien dice la verdad. Te aseguro Miguel,
que me voy a enterar de todo y haré lo que sea necesario para
ello. —Amenaza —Ahora quiero que hagas tu trabajo.
Profesionalmente, tengo que contar contigo, así que te pido
que remuevas cielo y tierra para que esas fotos que me hiciste
llegar de ella y su ex no salgan a la luz y que los fotógrafos se
marchen del hospital, tú sabes de lo que te estoy hablando
¿Verdad?
—Está bien, tranquilo. Me encargaré de ello ¿Qué hacemos
con el rodaje?
—Habla con ellos, mañana llamaré yo a quien tenga que
llamar, pero explícales el motivo. Que avancen sin mi todo lo
que sea posible, porque hasta que no despierte no pienso
moverme de su lado ¿Lo has entendido?
—Alto y claro, cuenta con ello. Tengo que dejar cabos
atados por aquí y en cuanto pueda voy a la isla para estar a tu
lado.

—No te preocupes y no se te ocurra presentarte en el


hospital. No quiero verte por allí ¿Me has entendido?
—Está bien, lo haré si es lo que quieres, me gustaría
apoyarte y estar a tu lado en estos momentos, pero acepto tu
decisión. Te repito que voy a hacer lo que me toca, por ti.
—Ya hablaremos en persona. —Concluye, no sin antes
puntualizar. —Por cierto, dile a Nerea que pienso destrozarle
la vida, sé que sois muy buenos amigos y seguramente muchas
cosas más. Me importa una mierda. Pero te juro, Miguel, que
cuando Liss salga de esta, tomaré las medidas necesarias.
—No será necesario, de ella me ocupo yo.
Alberto cuelga el teléfono sin despedirse, sabe
perfectamente que ahora mismo sería capaz de cometer una
locura. Su pasado, que tanto ha intentado olvidar, regresa para
llenarle de nuevo de sombras y malos pensamientos.
Lleva años intentado olvidar sus peores momentos y por
consiguiente las consecuencias de sus actos, pero ahora su
mente recrea el sufrimiento que causó en terceras personas y
no puede evitar venirse abajo. Un pensamiento fugaz recorre
su mente, pero rápidamente decide deshacerlo.
—Es imposible, Alberto. Esto no es culpa tuya, cálmate. —
Se repite en voz alta a él mismo una y otra vez.
Respira profundamente y decide llamar a su madre, ella es
su mejor terapeuta en esos casos.
Su voz le calma y le devuelve al presente, la paz que
desprenden sus palabras y la compresión junto con la
paciencia que siempre ha demostrado con él, fue el motivo
para que Alberto consiguiera salir del pozo en el que se hundía
a diario.
Su madre, ese ser de luz, que siempre ha estado presente en
todo momento, sin juzgarle, sin dejar de quererle incluso
cuando él ya no se quería ni a sí mismo.
Le repite que todo saldrá bien y que en cuanto Liss
despierte tiene que conocerla en persona, se ofrece a viajar
junto a él para estar a su lado, pero él una vez más, ahora más
relajado, a sabiendas de que no será buena idea que ella vuele
hasta allí, le jura y perjura que estará bien y que en cuanto sea
posible irá con Liss a conocerla a ella y a sus queridas
hermanas.
—Gracias por esos ‘discursos’ que nunca quería escuchar,
te amo Mamá. —Se despide después de una larga charla.
Cuando regresa a casa se encuentra a Rober y a Noemí
bebiendo unas cervezas en el exterior de la casa en silencio
mientras contemplan la piscina.
—Ya he llegado. —Les informa.
—¿Cómo estás, tío? —Pregunta Rober.
—Estoy bien, el deporte me ha servido para airear la mente
y soltar adrenalina. —Contesta acercándose a ellos mientras
bebe agua. —Los padres de Liss son increíbles. Tiene una gran
familia que la adora, ahora entiendo de dónde le viene a ella
toda su bondad. —Dice pensativo mientras toma asiento al
lado de Rober.
—Sí, que son increíbles. La adoran, y no quiero ni
imaginar lo que deben estar sintiendo. Me siento tan culpable,
si no le hubiera dicho que viniera conmigo a esta isla, nada de
esto hubiera pasado. —Rober esta cabizbajo pero la ira
retumba en su voz intentado encontrar un culpable sobre el
que descargar su ira. —Voy a ir a por Miguel, si es verdad lo
que creo, no va a encontrar rincón en esta puñetera isla donde
esconderse.
—No es culpa tuya, la culpa es mía por no haberme dado
cuenta de nada antes. —Intenta consolar Alberto a Rober —
Esto no quedará así, confía en mí. Ya he hablado con Miguel.
Esperaremos a que Liss nos cuente que pasó con Daniel y
entonces, haremos lo que tengamos que hacer. Miguel niega
haber tenido nada que ver con nada y yo soy el primero que
quiere poner a cada uno en su sitio.
—Chicos, la culpa no es de ninguno de vosotros dos, ella
no os culparía jamás de nada, sois para ella lo más importante.
Vamos a hacer las cosas bien, lo último que queremos es que
despierte y vosotros estéis en comisaría. —Intenta hacerles
entrar en razón Noemí. —Yo sé lo que escuché, Alberto. Y no
pintaba nada bien, sé que es tu amigo. Pero algo tramaba con
Nerea a tus espaldas.
—Es verdad, ahora lo importante es que despierte y nos
cuente que narices hacía con Daniel y qué es lo que le contó.
Hasta que no llegue ese momento tendremos que mantener la
calma. —Dice Rober mientras se toca la sien con sus dedos
para aliviar el fuerte dolor de cabeza que tiene.
—Si Miguel ha tenido algo que ver en todo esto, su cargo
de conciencia le hará confesar. —Alberto tiene razón, la
conciencia sucia de su amigo, será su baza, aunque jamás
conseguirá que vuelva a confiar en él.

Los días pasan y el estado de Liss va mejorando, no tan


deprisa como Alberto quisiera, pero podría ser peor o al menos
eso le transmiten en cada parte médico diario que los doctores
dan a la familia.
Tras las primeras cuarenta y ocho horas en UCI, la
trasladan por fin a planta, ya que según las pruebas médicas la
hemorragia interna se disuelve de manera favorable por si
sola. Mantiene la sedación para que el cerebro se mantenga en
reposo y así acelerar la recuperación, pero ya no tiene por qué
estar entubada. Una vez acomodada allí, entre todos hacen
turnos para no dejarla sola en ningún momento. Incluso, en
ocasiones, deben ponerse serios con Alberto para que se
marche a descansar a casa y salga de ese hospital.
Su trabajo ha pasado a un segundo plano, y aunque es
consciente de que no podrá alargar más el retraso del rodaje,
pues ya ha pasado una semana desde el accidente, no es capaz
de abandonar a Liss. Se siente protector de ella y su rostro
comienza a dar muestras de ello, las ojeras cada vez son más
evidentes.
La segunda semana empieza como un lunes más. Su móvil
suena en la mesita de noche mientras él sale de la ducha,
camina por la habitación de Liss localizando que ponerse de
ropa. Se acerca a ver quién llama y el nombre de Miguel
aparece en la pantalla.
—Miguel, ¿Qué pasa, tío? —Contesta con un tono seco
pero simpático.
—Alberto, ¿Cómo sigue la cosa?
—Pues parece que todo igual que ayer, hoy se ha quedado
su madre a dormir con ella, ahora estaba vistiéndome para ir a
verla.
—Puedo ir contigo, si quieres. —Se ofrece Miguel,
esperanzado. Desde que todo pasó Alberto no ha permitido
que se acerque al hospital, pese a los intentos de éste por
acompañarle, sabe que si Rober o Edgar le ven aparecer por
allí la cosa no terminará bien para su amigo.
—No, te preocupes. Ya sabes, su familia no quiere que
nadie vaya hasta que no despierte y sea ella misma quién
decida las visitas. —Esa es la excusa que Alberto había
utilizado, desde que Miguel regresara a la isla una vez que
dejó solucionado el tema de Nerea, se empeñaba en ir con él a
visitar a Liss. —¿Qué sabemos del rodaje? —Cambia de tema
para que así no insista más.
—Pues están rodando todas las escenas en las que tú no
apareces, como me dijiste. Adelantan lo máximo posible en tu
ausencia, pero creo que no será posible alargar más esto, han
sido muy compresivos, ya lo sabes.
—Ya lo sé y te prometo que me esforzaré al máximo para
compensar todo lo que me han ayudado, necesito seguir a su
lado y estar con ella cuando despierte.
—Alberto, sabes que te apoyo más que nunca, soy
consciente de lo que estáis sufriendo y estoy a tu lado en todo,
hermano.
—Lo sé, Miguel.
—Esperemos que despierte pronto y todo pueda volver a la
normalidad lo antes posible.
—Créeme, eso es lo que más anhelo ahora mismo. Tengo
que dejarte, hablamos más tarde. —Se despide Alberto.
—Vale amigo, Llámame si tienes noticias nuevas. Todo
saldrá bien. —Se despide ahora Miguel.
Alberto se deja caer en la cama mientras piensa en que
ojalá todo fuera una terrible pesadilla y nada de eso estuviera
pasando, abraza la almohada intentado aspirar el perfume de
Liss, pero su olor ya casi ha desaparecido de entre sus sabanas
y eso es lo que le atormenta cada noche que no pasa en el
hospital, regresando a esa solitaria habitación para dormir lejos
de ella.
Después de desayunar con Rober y Noemí en la terraza, se
marcha para llegar lo antes posible junto a su preciosa ‘Diosa
durmiente’ así es como ha decidido llamarla desde que no
despierta.
Antes de cruzar las puertas del hospital se detiene a
comprar flores, como cada mañana.
Por suerte la prensa ya no hace guardia en la puerta para
atormentarle con preguntas incómodas, si algo ha hecho bien
Miguel es encargarse de que no estén allí.
Saluda a las enfermeras y al personal de planta que ya le
conocen. Se han portado con ellos con gran paciencia y
bondad, han demostrado en todo momento una gran empatía
con la familia de Liss y con él. A ella la cuidan y hablan
cariñosamente cuando entran para controlar la medicación y su
estado, es digno de agradecimiento.

Entra en la habitación sin llamar a la puerta y se detiene al


ver la imagen que ante sus ojos se desarrolla, Teresa acaricia
con dulzura la cara de su hija a la vez que le canta una canción
de sobras conocida por Alberto y que sabe que a Liss le
encanta, Gloria a ti de Rosario Flores, la dulce y melódica voz
de esa maravillosa mujer hacen que Alberto se quede callado
sin ser capaz de interrumpir el momento madre e hija, sonríe
mientras contempla con cariño como su guerrera sigue
dormida, incluso cree ver dibujarse en el rostro de ella una
leve sonrisa, los moratones de su rostro ya casi han
desaparecido y aunque lleve días sin despertar su belleza
angelical está intacta.
Cuando la canción llega a su fin y las lágrimas de Teresa se
derraman silenciosas por su cara, Alberto decide que es el
momento de anunciar su llegada.
—Buenos días ¿Cómo están las chicas más bellas del
mundo entero? —Dice sonriente para intentar alegrar a su
suegra que rápidamente limpia sus ojos y ahora sonríe con
todo el corazón mirándole a él.
—Buenos días, rey. Pues aquí estaba cantándole una
canción a esta niña que no quiere abrir los ojos para decirme lo
pesada que soy con ella, como siempre me decía. —Mira las
flores que lleva en las manos y le regaña con una media
sonrisa dibujada en su rostro —¿Más flores, Alberto? Al final
vamos a tener que montar nosotros la floristería. —Bromea
mientras las coge y se aleja para cambiar las que ya están algo
marchitas por las nuevas.
—Anda si te encantan, así damos vida a esta habitación
gris. —Ríe ahora él mientras se acerca a la cara de Liss para
besar sus labios suaves y cerrados. —Yo sé que a ti te
encantan, también. —Dice en voz baja mirando el relajado
rostro de Liss mientras acaricia sus mejillas con los dedos.
—Ella que va a decir, si con lo que la mimas seguro que se
hace la dormida a posta.
—Bueno en eso vamos a la par, Teresa. Si hasta la
maquillas todas las mañanas.
Ríe mientras mira como ella se acerca hasta Liss de nuevo,
esta vez con el neceser de maquillaje en la mano para empezar
con su ritual mañanero.
‘Son iguales, de tal palo tal astilla’ Piensa Alberto
divertido.
—No, me digas tonterías, que sabemos cómo se las gasta
aquí la bella durmiente. La que me lía si despierta y no está
acicalada, no quiero ni imaginar, la que se me vendría encima.
—Dice mientras aplica colorete en las mejillas de Liss y
finaliza con el brillo de labios rosado que ella tanto utiliza.
—Tienes razón, el sargento de tu hija es de armas tomar.
—Son muchos años ya lidiando con ella y su Matilda
interna, que cosas tiene esta niña. —Se queja Teresa mientras
pone lo ojos en blanco.
—Ya sé de quién me hablas. —Ríe a carcajadas Alberto
recordando el día que Liss le habló de su subconsciente.
‘Lo que daría yo por tener a Matilda de vuelta’ Piensa
mientras se sienta a los pies de la cama y acaricia las piernas
de Liss.
—Siempre ha sido así de espontánea, nos reímos tanto con
ella y sus salidas de tono, no hay quien la controle. —Besa la
frente de Liss y se recompone rápidamente de la tristeza que
su cara ha reflejado al recordar la vitalidad que su hija ha
tenido siempre.
—Cariño mío, tienes que volver ya con nosotros. Te estas
pasando, no sé cuánto tiempo más podré controlar a tu abuela
sin que se cruce el Mediterráneo nadando, con su edad no está
para esas hazañas y amenaza con hacerlo si no despiertas ya.
Tú misma. —Le dice Teresa mientras recuerda a su bendita
madre y lo mayor que está para el disgusto que tiene encima,
por estar lejos de su nieta.
—¿Cómo está tu madre, por cierto? Liss me habla de ella
siempre con una sonrisa en su cara, adora a su ‘yaya’. —
Pregunta Alberto.
—Te aseguro que el sentimiento es mutuo, las dos siempre
han sido tal para cual, parece más hija suya que mía. Está muy
mayor, no queremos hacerla subir a un avión es su estado, no
estaba en su mejor momento cuando esto pasó, y yo —Intenta
reprimir las lágrimas que ya se acumulan en su mirada—
tengo el corazón dividido, mi madre es una persona luchadora
y muy fuerte, mis hermanas están con ella cuidándola, pero yo
sé que hasta que Liss no despierte, ella no estará bien de
nuevo. —La voz y su rostro reflejan el dolor de esa gran
mujer.
—Todo saldrá bien. —Se levanta Alberto para dar un
rápido abrazo de consuelo a Teresa. —Tú lo has dicho son
fuertes las dos, estoy convencido de que pronto volverán a
abrazarse y hacer de las suyas juntas. No llores, ya sabes lo
que nos han dicho —Baja la voz ahora para que Liss no pueda
escuchar— Puede que nos escuche la bella Durmiente, y no
queremos que se ponga triste ella también ¿Verdad?
—Tienes razón, gracias por todo lo que haces por nosotros,
Alberto. Me alegro muchísimo de que mi hija haya encontrado
a un hombre tan maravilloso. Reconozco que al principio
cuando veía tu cara en las revistas y los programas del
corazón, no me hacía ninguna gracia pensar que mi pequeña
anduviera contigo, sabe Dios el disgusto que me lleve —
Confiesa avergonzada mientras agacha la cabeza. —Pero
cuando me contaba su vida junto a ti, estaba tan feliz, y
cuando Edgar regresó de esta isla después de estar con
vosotros, me quedó clarísimo que no debo dejarme llevar por
los prejuicios.
—Te entiendo perfectamente, Teresa. Mi madre también ha
sufrido mucho por lo que han inventado de mí, créeme no soy
como me describen, si hasta ella me ha cuestionado en alguna
ocasión por todo lo que dicen, ¿cómo no lo vas a hacer tú?
Unos golpes en la puerta de la habitación hacen que los dos
dejen de hablar para invitar a pasar a quien espera, cuando la
puerta se abre Alberto se tensa al momento y la madre de Liss
palidece al instante.
—Lo que me faltaba. —Susurra Alberto, mientras aprieta
los puños.
2
HABLAS

Un tímido Daniel entra con una caja de bombones en una


mano y más flores en la otra.
—¿Se puede? —Pregunta serio al ver a la madre de Liss y
a Alberto juntos. —Teresa ¿Cómo estás? Me alegro de verte.
—Se dirige Daniel a ella para darle un rápido abrazo y un beso
en la mejilla.
—Daniel, pero ¿cómo te has enterado? ¿Qué haces tú aquí?
—La madre de Liss no entiende nada, su rostro confundido se
mueve entre uno y otro sin saber que decir.
—Llegué a la isla para trabajar hace un par de semanas,
Teresa. No he podido venir antes y no quería molestar, pero
necesitaba verla y comprobar como estaba antes de regresar a
Barcelona. —Teresa mira boquiabierta a Daniel, ahora mismo
si le pinchan no encuentran sangre. No sabe que contestar.
—Hola, soy Daniel. Tú debes ser Alberto, ¿Verdad? —
Saluda ahora dirigiéndose a un Alberto que ha contenido la
respiración mientras escuchaba a Daniel, la tensión de sus
hombros es visible desde cualquier rincón de esa habitación y
no es capaz de reaccionar.
—Chicos creo que lo mejor será que salgáis a tomar el aire.
Parece que tenéis cosas que aclarar y éste no es el mejor
momento. —Consigue decir Teresa rápidamente al ver el
desafío en las miradas de esos dos grandes titanes mientras
señala a Liss dormida en esa cama de hospital.
—Tranquila Teresa, yo me marcharé en seguida, como te
he dicho solo he venido a verla, no quiero molestar y por
supuesto mi intención no es discutir con nadie. —Aclara
Daniel, mientras se acerca a ver de cerca a Liss, sin importarle
quien esté en esa habitación. —Vaya susto nos has dado
pequeña, jamás te hubiera dejado que te fueras si llego a saber
esto. —Besa la frente de Liss mientras acaricia su mejilla con
una mano.
Alberto contempla como ese sinvergüenza mira a su Diosa
y los celos le consumen por dentro, se da cuenta de que sigue
con las manos apretadas cuando siente que la sangre no llega a
ellas, solo quiere agarrarle del pescuezo y echarlo a ostias de
esa habitación.
Alejarlo de ella es su único propósito, da un paso al frente
decidido con la mirada cubierta de rabia, pero una mano en su
antebrazo le detiene.
—Alberto, mírame. —Teresa llama su atención, él se gira
con la cara desencajada hacia ella, pero sigue sin poder
articular palabra. —Acompáñame a por un café, por favor. —
La mirada de ella no deja lugar a replicas, es de armas tomar y
durante un segundo, duda de si hacer lo que tiene en mente,
respira profundamente y recapacita mientras asiente con la
cabeza.
—Esta bien, vamos. —Ahora se acerca a Daniel —Tú y yo
nos veremos en otro momento, los problemas te los buscas tú
solo juntándote con la loca de Nerea. Ya hablaremos. —Le
dice en voz baja en tono desafiante después se acerca a Liss
mientras Daniel se echa a un lado y besa dulcemente su boca
de nuevo. —Ahora vengo, princesa.
Sale de la habitación con Teresa a su lado, los dos caminan
en silencio hacia el ascensor, pero su mente se queda en esa
habitación.

Daniel acerca una silla a la cama de Liss y se sienta


mientras coge la mano de ella entre las suyas. Los ojos se le
empañan.
—Tu hombre de las cavernas es de armas tomar, pero
tranquila no voy a buscar guerra, pequeña. Pero eso seguro
que tú ya lo sabes, parece que tu madre y él han hecho buenas
migas —Sonríe triste —no me extraña, nunca me esforcé para
caerles en gracia, y no sabes lo que me arrepiento ahora. Sentí
tanto miedo y desesperación en mi cuerpo cuando supe lo que
te pasó esa noche, no me perdonaré jamás no haberte retenido
más tiempo a mi lado, quizás ahora no estarías aquí y yo no
tendría este sentimiento en mi pecho. Perdóname otra vez,
nena. Ojalá estuviera yo en tu lugar. Tienes que despertarte
pronto ¿Me oyes? No puedes seguir dormida, tú nunca has
sido una marmotilla — Sonríe mientras besa su mano. —No
he sido capaz de venir antes. He sido un cobarde. Otra vez.
Pero enfrentarme a este momento me ha dado mucho miedo,
hasta que esta misma mañana he despertado con la certeza de
que no podía irme de esta maldita isla sin venir a verte. Sí, has
oído bien para mi esta isla está maldita, porque llegaste tú y
una nueva vida lejos de mi empezaba, te has enamorado. Joder
y viendo en persona a ese tío… Hasta yo lo haría si me molara
ese rollo, ya me entiendes. Y ahora mírate aquí indefensa y
herida sin poder debatir nada de lo que digo, nena, échame la
bronca, insúltame por imbécil, dime lo que quieras, pero dime
algo…
Calla. Esperando como si por su presencia ella fuera a
despertar, pero eso no sucede. Después de contemplarla en
silencio durante varios minutos. Continúa hablando solo.
—Tengo que irme a Barcelona mañana temprano sale mi
avión, pero una parte de mi corazón se queda contigo para
siempre. Nos volveremos a ver, pequeña. Por cierto, antes de
irme que sepas, que por tu culpa me paso el día escuchando a
Vanesa Martin, anda que… Si me vieras cantando sus
canciones, te descojonarías viva, es más te voy a poner una
canción de ella de las que tanto te gustan. Cada vez que la
escucho no puedo dejar de pensar en ti, menuda brasa me
dabas con que te llevara a un concierto suyo ¿Te acuerdas?
Menudo idiota he sido.
Daniel saca su móvil y busca la canción de Hablas de
Vanesa Martin, una vez que la encuentra sonríe y la música
inunda la habitación, hasta cree ver una sonrisa en el dulce
rostro de Liss mientras la canción avanza y él canta,
desentonando, el estribillo.
Cuando la canción termina, sonríe mientras limpia las
lágrimas de su rostro que han caído sin que él se haya dado
cuenta y decide que ha llegado el momento de irse, da un
rápido beso en la frente de Liss y sale, no sin antes volverse de
nuevo en la puerta para comprobar, una vez más, que ella no
ha despertado, pese a ser lo que más anhela en ese momento.

Un fuerte dolor de cabeza y una sensación de soledad,


mezclada con tristeza, hacen que Liss abra los ojos de repente,
una canción en su mente se repite una y otra vez, aturdida no
sabe dónde se encuentra, mira a su alrededor y a lo lejos
escucha unos pitidos que salen de los monitores a los que está
conectada, comienza a recordar…
Donde está. El accidente. La ansiedad en su pecho. Pero
todo es muy dudoso, está muy confundida y tiene la boca seca,
su lengua es como una lija.
—Agua, agua —Susurra casi sin que se le escuche, su boca
pastosa casi no la deja articular bien las palabras.
Le duele un mundo la garganta, a causa de la sequedad que
siente, y al intentar hablar parece que mil alfileres la recorren
de arriba abajo.
Rápidamente entran en la habitación enfermeras que la
atienden y le preguntan cosas sonrientes y emocionadas.
‘¿Qué narices? necesito agua, por Dios’ Se queja para ella
misma, mientras mira confundida a un lado y al otro intentado
localizar alguna botella para señalar, intenta incorporarse, pero
la retienen al momento.
—Hola bonita, tienes que estar tranquila ¿Me escuchas? —
Le dice una mujer que debe tener la edad de su madre, vestida
de enfermera. Ella asiente con la cabeza una vez. —Eso es
perfecto, hemos avisado a tu médico de guardia está en
camino. Tienes sed, ¿verdad?
‘Menos mal, estoy seca como la mojama’ Se dice ella
mentalmente. Vuelve a asentir ahora más rápidamente.
—Me lo imaginaba. En seguida te vamos a dar agua, pero
tienes que beber muy poco a poco o te atragantaras ¿De
acuerdo?
Esa mujer tiene una mirada dulce que le trasmite una
enorme sensación de calidez a Liss. Le acerca un vaso de
plástico blanco lleno de agua con una cañita para que pueda
beber sin tener que incorporarse, ella sorbe poco a poco
mientras nota como su boca y garganta se hidratan al instante,
cierra los ojos para deleitarse con la sensación tan placentera
‘Madre mía, esto es como levantarse de una noche loca de
desenfreno con una resaca de mil demonios, que maravilla,
que cosa más rica’ Se recrea hidratándose.
Cuando termina de beber ya se siente mucho mejor. Su
mejor amiga, desde ese momento, enfermera (sí, así es ella,
una muestra de cariño y ella se agarra como una garrapata
emocional a la persona que le tiende una mano cuando más la
necesita) sonríe y la felicita por haber despertado.
—Muchas gracias. —Consigue decir por fin. —¿Sabes? Yo
también soy enfermera, sé todo lo que viene a continuación.
Sonríe mientras recuerda con añoranza los años que pasó
trabajando en el Hospital Clínico de Barcelona, en la unidad
de vigilancia intensiva. Vivió momentos muy duros, sobre
todo cuando la gente joven no corría la misma suerte que ella,
y no despertaba. Pero, en ocasiones, añora la felicidad que
inundaba su ser cuando las personas se recuperaban y les
agradecían, a sus compañeras y a ella, el cuidado y la atención
recibida.
—Vaya, qué sorpresa. Entonces ahora me quedo mucho
más tranquila, intenta no hacer movimientos bruscos ¿De
acuerdo? —Sonríe amable la dulce mujer. —Ahora el doctor
te examinará.
—Vale
—Tu familia y tus amigos no se han separado de ti ni un
solo momento. —Le informa de manera cariñosa. —Bueno y
tu chico, que sepas, que has sido el centro de los celos de más
de una compañera, al ver lo enamorado que ese hombre tan
sensible y apuesto está de ti. —Comenta soñadora.
Un hombre de mediana entra en la habitación, vestido de
calle con una bata abierta que le llega hasta las rodillas.
Interrumpe en la habitación sin dejar lugar a que Liss pregunte
donde están ellos ahora.
Se presenta como su doctor y comienza a hacerle preguntas
para comprobar el estado de su memoria. Tras contestar a
todas las preguntas y cerciorarse de que su memoria no ha
sufrido daño ninguno, más allá de la confusión normal que
provoca todo lo acontecido.
Da instrucciones a la enfermera y se despide de ella
informándole de que volverá a pasar tras la hora de la comida.
La enferma se despide, también y sale tras él.
Una vez a solas, contempla la cantidad de flores que
adornan la habitación, sonríe y aspira el dulce aroma que
desprenden, cierra los ojos de nuevo para relajar la mente.
Sigue aturdida pero lo que más le inquieta son los
recuerdos de las voces de sus seres queridos mientras ella
intentaba despertar, no sabe si han sido reales, ni cuándo, ni si
tan siquiera han sucedido o se trata de sueños.
Recuerda canciones en su mente, los llantos de sus padres y
su hermano, conversaciones y revelaciones de sus seres
queridos mientras creían que ella no era consciente de que los
escuchaba.
La voz de Alberto a su lado, el tacto de sus labios sobre los
suyos, la calidez de sus caricias en su cara y también la
desesperación, el desconsuelo y tristeza en su voz.
La rabia de Rober mientras le repite una y otra vez que, por
qué le había mentido.
Noemí sintiéndose culpable mientras llora por haberle
hecho la cobertura el día que fue a ver a Daniel.
Conversaciones entre Alberto y su madre sobre ella.
Inquietud al pensar que pueden haber coincidido en esa
misma habitación Alberto y Daniel, con su madre como
testigo.
La voz de un Daniel abatido mientras le habla y canta.
Todo eso es una locura, seguro que lo ha soñado. Su
corazón se estremece por un sentimiento desolador.
—La que has liado, pollito. —Se dice en voz baja mientras
piensa en todo lo que tiene que explicar ahora a todos y cada
uno de ellos, rezando para que le perdonen y todo pase rápido.
El agobio se apodera de ella, inhala y exhala profundamente
varias veces para relajarse y decide volver a cerrar los ojos
para que su mente descanse de tanto atolondramiento.

Unos pasos rápidos y seguros entran sin llamar a la puerta.


Al abrir los ojos de nuevo, centra la vista en dos personas que
la miran emocionadas, reconoce rápidamente sus caras. Ahora
ella también llora emocionada, el corazón se le va a salir del
pecho de tanto amor que desborda.
Su madre y Alberto se abrazan entre ellos mientras ríen, y
ella sonríe al ver como se procesan cariño, pero siguen sin
acercarse.
—Hola ¿Qué tal? Estoy aquí, no muerdo. —Intenta
bromear para que se acerquen.
—Mi niña, pensaba que nunca volvería a escuchar tu voz.
—Su madre corre a abrazarla con mucho cuidado de no
hacerle daño. —Te quiero muchísimo, hija mía.
—Mama, no sé cómo puedes pensar que no iba a despertar
para seguir dándote dolores de cabeza. —Se deja abrazar por
su madre. —Yo sí que te quiero. ¿Dónde están papá y Edgar?
—Están en casa de Alberto, nos hemos instalado allí, ya te
contaré. Es un gran hombre, no se ha separado de ti ni un solo
día. —Le informa su madre con su dulce voz repleta de
agradecimiento, como si el susodicho no estuviera presente.
Alberto carraspea y agacha la mirada avergonzado,
mientras Liss le mira intensamente con los ojos repletos de
lágrimas.
‘¿Por qué no se acerca a mí? Por favor, necesito sentir su
calor’ Piensa Liss intentando mantener la calma y no saltar
encima de su Adonis, pensaba que después de aquella noche
no volvería a tenerlo tan cerca, jamás.
—Os voy a dejar solos. —Informa Teresa.
La atracción que los ojos de ambos desprenden no pasa
desapercibida ante los ojos de la sabia mujer.
—Voy a esperar a tu padre y a tu hermano en la puerta del
hospital, deben de estar al llegar, ya les he llamado. Mientras
llamaré al resto de la familia y a las locas de tus amigas, me
tienen el móvil ardiendo a diario. Vuelvo en un rato.
Besa de nuevo la frente de su hija y al pasar cerca de
Alberto le da ánimos mientras aprieta su mano.
—Vamos rey, demuéstrale lo mucho que la quieres. —le
susurra antes de salir mientras sonríe abiertamente.
Cuando la puerta se cierra tras la salida de Teresa, ellos
siguen mirándose fijamente como dos tontos sin saber que
decir. Liss intenta incorporarse, pero una punzada de dolor
recorre todo su cuerpo y lanza un quejido provocando que
Alberto, preocupado, se acerque a ella para ayudarle.
—¿Estás bien? ¿Qué te duele? Aviso a la enfermera. —
Pregunta nervioso.
—No, no, tranquilo. Estoy bien, solo tengo que hacerme a
la idea de que no puedo moverme todo lo rápido que me
gustaría. —Le tranquiliza ella.
Él relaja sus hombros y sin poder esperar ni un segundo
más se acerca y besa sus labios, ella se deja besar y cierra los
ojos para sentir esos labios con los que tanto ha soñado
mientras su mente se recuperaba del impacto.
Se abrazan en silencio con sumo cuidado para no dañarla,
nota como el sabor de las lágrimas de ambos se mezclan con
sus besos. Cuando por fin se alejan, Alberto posa su frente
sobre la suya con los ojos aún cerrados.
—Lo siento, nena. Pensaba que me volvía loco sin ti.
—Perdóname tu a mí, debería haberte informado de todo
para que estuvieras al tanto. Creía que no querrías volver a
verme jamás.
—Ya hablaremos de todo cuando llegue el momento, ahora
solo quiero cuidar de ti y protegerte, nada más me importa,
solo tú.
Liss llora ante él sin poder contenerse, todo es demasiado
intenso y sus miedos desaparecen tras las palabras que él
acaba de decir.
—Te quiero muchísimo, Alberto. Jamás te cambiaría por
nadie, esas fotos no son lo que parecen, tienes que confiar en
mí, todo fue un grave malentendido. —Intenta explicarse
mientras llora.
—Te he dicho que ahora no quiero hablar de ello. —Su
gesto refleja aún el dolor que debió sentir al ver esas fotos y
ella lo nota al instante, si hubiera sido al revés no sabía cómo
habría reaccionado.
‘Qué mierda, joder’ Se lamenta mentalmente. Pero asiente
resignada.
—Gracias, por comportarte con mi familia así.
—No hay de qué. Tu harías lo mismo por mí, no me cabe
duda. —sonríe restándole importancia a la gran generosidad
demostrada ya en tantas ocasiones.
—Sí, no lo dudes. Haría cualquier cosa por ti. —Afirma
acomodando su cabeza sobre su pecho, mientras él se recuesta
a un lado en esa diminuta cama de hospital, para envolverla
con su brazo y tenerla a salvo junto a él de nuevo. —Tengo
mucho sueño, Alberto. Quiero escuchar música —Le informa
mientras nota como sus ojos pesados vuelven a cerrarse de
nuevo.
—Qué raro, veo que las viejas costumbres no han
cambiado. —Sonríe él.
—Jamás. ¿Sabes? he escuchado música en mi mente,
mientras estaba inconsciente, ha sido todo muy raro. —Un
bostezo se escapa de su boca.
—Descansa, mi amor. Yo estoy aquí contigo, no pienso
moverme de tu lado. Ya me contarás todo lo que has soñado,
no me cabe duda.
Mientras una sonrisa se dibuja en el rostro de ambos, busca
en su móvil una canción para escuchar junto a ella y los
primeros acordes de Nana triste de Natalia Lacunza hacen que
él comience a tararear en un susurro, mientras ella ronronea
extasiada escuchando el ruidito que su pecho desprende, se
duerme mientras Alberto acaricia el pelo de su Diosa. Atrás
quedó la eterna bella durmiente.
3
LOS ABRAZOS PROHIBIDOS

—Hermanita. Liss, despierta.


La voz cariñosa junto con las caricias en su rostro hace que
Liss abra los ojos lentamente, pestañea varias veces para
enfocar la mirada en el rostro de su mejor amigo, que la mira
emocionado mientras sonríe.
—Rober. —Sonríe ahora ella.
—Vaya tela, nunca pensé que llegaría el día en el que los
sermones te los daría yo a ti. —Intenta bromear con ella, pero
Liss conoce bien a su mejor amigo y sabe el daño que ha
causado en él por su mentira.
—Pues ya ves, nadie es perfecto. Anda, ven y siéntate. —
Palmea el colchón de esa cama de hospital mientras se hace a
un lado agarrándose a la barandilla lateral, para que su amigo
pueda sentarse cerca de ella.
—Ten cuidado, anda. A ver si te vas a romper ahora la otra
pierna. ¿Te duele?
—A ratos, cuando me dopan se me pasa rápido. A ver si
me quitan ya tanta coraza de yeso. —Señala esperanzada su
pierna escayolada. —Parece que está soldando bien, aunque
tendré que hacer rehabilitación cuando salga de aquí.
—Bueno, tranquila. Seguro que no te quedas lisiada de por
vida.
—Ni de coña, ya te lo digo yo. —Ríen ahora los dos. —
Cuéntame que pasa ahí fuera. No sé qué voy a hacer cuando
salga de aquí, llevo un agobio…
—¿En qué sentido, lo dices? Qué yo sepa tienes varios
temas pendientes.
—Lo sé, gracias por la información. —Resopla— Primero
en el tema laboral, Rober. Mis padres seguro que quieren que
me vuelva a Barcelona con ellos y con este panorama, ya me
dirás que voy a hacer aquí sin trabajar.
—Bueno… Puedes quedarte a pasar los meses de verano
con nosotros. Entre Noemí, Alberto y yo podemos
organizarnos para llevarte a rehabilitación cuando salgas, y en
casa estarás mejor que en tu piso de Barcelona. No me
compares. Del alquiler no te preocupes, con la fianza que
dejamos en su día quedará cubierta tu parte y cuando la
devuelvan ya haremos números. Arreglado.
—¿Qué haría yo sin ti? Lo tenéis todo bien pensado ¿eh?
—Si lo dudabas, poco nos conoces. ¿Dónde está Alberto?
Ha dormido aquí contigo ¿no?
—Sí, el pobre está agotado. Ya sabes cómo está. Intenta
compaginar su trabajo con esto, pero el tiempo se agota y tiene
que irse de nuevo a Madrid para seguir rodando la nueva peli.
Se fue esta mañana temprano tenía que ensayar textos con sus
compañeros por videollamada. Vendrá después. ¿Y Noemí?
—Últimamente casi ni coincidimos con él. Tienes razón ya
no da más de sí, se ha volcado contigo en todo momento.
Tienes suerte, hermanita. Noemí, trabajó anoche y ha llegado
casi cuando amanecía, se ha quedado durmiendo. La cosa con
ella no está en su mejor momento.
—¿Y eso? ¿Qué ha pasado?
—Nada y de todo… Se me ha ido de las manos, Liss. No
quería enamorarme ni tener nada estable con ella, pero ya la
conoces, es todo bondad y alegría. Es imposible no caer en sus
encantos. Y yo… Pues soy un inseguro de mierda, la estoy
cagando con mis celos y mi posesión. Cada vez que sale a
trabajar es una discusión, ya no sé cómo manejar la situación.
—Vaya, no tenía ni idea. A ver, Rober. Sabes que con ese
comportamiento solo conseguirás que te mande a la mierda,
¿verdad? Tienes que controlar ese carácter tuyo, te he dicho
mil veces que seas más racional y menos emocional, tus
salidas de tiesto siempre te traen consecuencias. Aparca esas
inseguridades y vuélcate en aceptar lo que sientes. Con cabeza,
sin miedos, déjate llevar y trata a Noemí como se merece,
porque siendo un capullo, tú mismo provocarás que se lance
en brazos del primero que la trate mejor. Acaso ¿piensas qué
ella no sufre cada vez que tú sales para ir a trabajar? Pues claro
que tendrá sus miedos igual que tú. Los dos trabajáis en el
mismo ambiente, y mírate… Eres un pibón de tío, se te
acercan las tías por decenas. Y ella ¿Qué hace? Te deja
evolucionar, te apoya y no te recrimina nada.
—Sí, ya lo sé, Liss. Joder, todo lo que dices lo pienso a
diario, y te juro que lo intento. Intento empatizar con ella,
intento relajarme y disfrutar de lo que tenemos. Pero se me
cruza el cable cuando la veo tan radiante con esa cara preciosa.
Cada vez que sale por la puerta de casa para ir a servir copas u
organizar esos reservados repletos de tíos ricos y famosos que
pueden darle todo lo que yo no puedo, me vengo abajo. Ella se
desquicia conmigo y explotamos como un puto tsunami, en la
peor de las maneras.
—Pues una cosa está clara, el trabajo es importante para los
dos, o lo aprendéis a sobrellevar juntos o lo hacéis por
separado. No es sano estar así para ninguno de los dos. Y por
consecuente o hacéis los dos por mejorar esto o no llegaréis al
final del verano juntos. Os entiendo a los dos perfectamente,
¿Crees que para mí es fácil estar con Alberto? Tampoco lo es,
pero sé que lo quiero y lo que somos cuando estamos juntos,
sé lo que soy para él y él sabe lo que significa para mí. La
confianza en básica para que todo fluya, hermanito. Trabajar
juntos en ello y todo se irá solucionando.
—Cómo te he echado de menos. No sabes la falta que me
hacían tus consejos. —Abraza Rober a Liss —Y ahora,
hablando de confianza y viendo que ya vuelves a ser tú, y estás
en tus cabales. Sabes que desde hace días tenemos una charla
pendiente sobre lo que pasó la noche del accidente. Creo que
ha llegado el momento de que me expliques por qué te fuiste
sin mí y por qué me lo ocultaste.
—Tienes razón, os merecéis una explicación… Daniel solo
quería avisarme de lo que tramaba Nerea, ella contacto con él
por Instagram, le hizo la trama haciéndole creer que quería
algo con él, hasta fue a Barcelona a pasar con él unos días. Le
busco trabajo en Ibiza para que se viniera con ella, él acabó
cayendo en sus redes y quién no lo haría… Pero cuando la
noche del concierto de Ozuna, él descubrió que ella solo
quería que se acercara a mí para que Alberto me dejará…
Todo el pastel se descubrió, Rober. Estaba hecho polvo, por mi
culpa han jugado con él y le han utilizado para hacerme daño.
—Joder, ¿Qué me estás contando? pero esa tía es una zorra
de cuidado.
—Pues sí, por suerte su plan ha fracasado y supongo que
las ganas de seguir tramando se le habrán ido, después de lo
que me ha pasado.
—Seguro que sí. ¿Qué ha dicho Alberto de todo esto?
Habrá flipado.
Liss se queda callada y evita la mirada de Rober.
—No me jodas, Liss. Aún no habéis hablado de esto.
¿Verdad?
—No ha querido hablar del tema, Rober. Cada vez qué
intento hablar de esa noche, él me dice que no es el momento,
que ya hablaremos, no sé qué le pasa… Me sobreprotege o
tiene miedo a descubrir que aún siento algo por Daniel.
Después de esas fotos que me envió, creo que por más que lo
intente nada volverá a ser como antes.
—¿Y qué me dices de las fotos? ¿Por qué te besabas con
Daniel?
—Fue un beso rápido, de despedida. No había nada sexual
en ello. No debería haberlo aceptado, lo sé. Quiero a Alberto
con todo mi corazón y jamás lo cambiaría por nadie. Daniel es
una parte importante de mi pasado, hablamos de todo, me
entendió y me apoyó en mi relación con Alberto. Coño, si
hasta rechazó formar parte de la trampa para que nos separaran
y vino a avisarme. Tú me crees ¿Verdad?
—Claro qué te creo. Ahora sí consigo entenderlo todo. Yo
mismo dudé de lo que esa noche pasó, tengo que ser sincero
contigo. Pero sabía que no eras tonta y que tus sentimientos
hacia Alberto son fuertes y reales. Tienes que explicarle todo,
así se quitará un gran peso de encima y tú también. Seguro que
volveréis a estar como antes. Tú también tienes que trabajar en
reforzar la confianza, hermanita.
—Pues sí, ya ves. Consejos vendo que para mí no tengo. —
Sonríe distraída, hasta que una idea cruza su mente. —¿Crees
que Nerea está detrás de las fotos?
—Podría ser. Sino es ella, Miguel tendrá algo que ver.
Piénsalo, él en Madrid con Alberto, tiene contactos con todos
los paparazis de esta isla, su relación con Nerea es más que
sospechosa, fue él quien recibió las fotos y le faltó tiempo para
compartirlas con él.
—No sé qué pensar, todo esto me supera. Además, hay
algo que me inquieta Rober, promete que no dirás nada. Puede
que fuera un fallo mío, por los nervios, pero juro por Dios, que
los frenos no respondieron, pisaba con todas mis fuerzas
cuando los faros del coche se aproximaban a mí, pero no
reaccionaron. Y luego mientras luchaba por salir del coche,
creí ver la silueta de una mujer que sonreía sin hacer nada por
ayudarme, tengo pesadillas con esa sonrisa malvada. Pero no
sería capaz de reconocerla ¿Crees que estoy loca?
—No creo que estés loca, creo que estás sobrepasada. Si te
quedas más tranquila hablaré con el perito del seguro, él nos
confirmará que fue lo que pasó ¿De acuerdo? Tranquila, seré
lo más discreto posible. Y respecto a esa persona, qué dices
haber visto, seguro que no. Cuando la ambulancia llegó no
había nadie contigo, en el otro coche solo había un matrimonio
mayor que por suerte están bien, pero estaban inconscientes
por el impacto.
—Puede que sean paranoias mías. Gracias, hermanito. No
sabes lo que he echado de menos sincerarme contigo estos días
atrás. Gracias por respetar los tiempos y darme espacio para
contarte todo.
—Sabes que siempre estaré a tu lado para lo que haga falta.
Por cierto, hablando de estar a tu lado. Creo que es la hora de
tu videollamada diaria con las “locas del coño” y yo paso de
estar un día más escuchándolas cotorrear. Voy a ir a buscar a tu
hermano y a tus padres. Te dejo que hables con ellas
tranquilamente.
—Huye cobarde. —Ríe Liss a sabiendas de la razón que su
amigo tiene.
Se coloca los auriculares y se conecta a la aplicación para
empezar esa videollamada grupal que tanta falta le hace con
sus amigas, un día más. Ellas se encargan en la distancia de
mantenerla al día de cotilleos y darle los ánimos y la fuerza
que en ocasiones le faltan. Con ellas no hay secretos y están al
día de todo lo sucedido. Ojalá pudieran estar físicamente junto
a ella en estos momentos, pero cada una tiene su vida y la
distancia junto con las obligaciones diarias de cada una de
ellas lo hacen imposible.

Diez largos días después, por fin, Liss puede abandonar


esas cuatro paredes de la habitación de hospital y volver a su
querido hogar junto a Rober y Noemí.
Mientras sus padres recogen sus pertenencias, ella escucha
atentamente las instrucciones que el médico le da.
‘Me lo habéis repetido por activa y por pasiva como cien
veces, por favor, quiero irme ya de aquí’
Se desquicia mentalmente, mientras asiente con la cabeza.
Su nuevo accesorio son unas muletas, pero no las típicas
metálicas y negras, no. Estás son espaciales, customizadas por
Noemí, que las ha forrado con papel pintado en tonos rosas
pastel con millones de estrellas doradas y plateadas cubiertas
de brilli. Ya qué tiene que pasar mínimo un mes más
ayudándose de ellas, su gran amiga ha decidido utilizar su
talento para que sus pasos dejen destellos por donde pase,
dicho por la propia Noemí.
Cuando el médico por fin termina, le entrega los papeles
del alta médica y sale de la habitación. Ella emocionada se
apoya en sus muletas y sale flechada de la habitación para
abrazar y despedirse de ese maravilloso equipo de enfermeras
y auxiliares a las que tanto cariño ha cogido en tantos días de
ingreso. Como muestra de agradecimiento por toda la empatía
demostrada y la paciencia que han tenido con ella (cuando ni
ella misma se soportaba) les entrega un precioso ramo de rosas
que ella misma ha encargado traer para ellas.
Cuando sale por la puerta del hospital, siente el sol en su
cara y la brisa del mar inunda sus fosas nasales, un suspiro de
placer se escapa de entre sus labios. Su madre le ha ayudado a
vestirse con ese vestido de lunares diminutos en blanco y
negro que se abotona en la parte delantera con grandes botones
en madera, el escote en forma de corazón se asemeja aún corsé
sin tirantes, y de cintura hacia abajo la tela fina llega hasta sus
tobillos, ocultando su escayola. Por suerte su ropa aún le sirve,
no ha engordado demasiado en esas semanas a pesar de no
haberse movido demasiado.
‘Esto es vida, sí señor. No aguantaba ni un día más ahí
dentro. Ya puedes ponerte las pilas, guapa, porque estamos
prolongando esta sequía sexual demasiado tiempo.’ Matilda
como no, ha despertado por completo de su letargo y anda
suelta. Peligro.
‘Madre mía, pues ya puedes calmarte bonita porque nuestro
Adonis no vuelve de Madrid hasta la semana que viene’ Sus
conversaciones mentales han vuelto.
—Liss, vamos hija. Qué mira que solana hace, nos vamos a
asfixiar. —Grita su madre mientras señala el coche que
Alberto les ha prestado para que puedan moverse sin
problemas. Su padre sentado al volante sonríe complacido
como un niño con zapatos nuevos.
—Qué, sí mamá, ya voy. Me he quedado embobada.
Mírame si parezco sacada de Crepúsculo, estoy super blanca.
—Bromea mientras se apaña para entrar en el asiento de
copiloto con la ayuda de Teresa.
—Manuel conduce con cuidado, que te crees que porque
lleves este cochazo eres Vin Diesel en la película esa. Maldita
sea la hora en la que Alberto te dejo este coche. —Se queja su
madre mientras se abrocha el cinturón de seguridad sentada en
la parte trasera.
—A ver, mami. Qué está la niña recién salida del hospital,
te crees que haría alguna locura con ella aquí. —Contesta serio
su padre mirándola por el retrovisor— Esta mujer… —Mira
ahora a Liss mientras sonríe —¿Estás preparada, mi princesa?
—Sí, papi. Llevo días soñando con este momento. —
Contesta emocionada— A casa, por favor. —Suplica.
Su padre arranca con el rugido que ese motor emite, y ella
toquetea los botones para que la música suene a través de los
altavoces. Sonríe mientras su padre conduce.
Maravillada vuelve a contemplar la vida a través de la
ventanilla, todo ha seguido su curso mientras ella se tomaba un
respiro obligatorio. Bueno, mejor dicho, alguien con muy mala
idea le ha obligado a tomárselo.
Rober ha conseguido ver el informe del siniestro del coche
y efectivamente, alguien había manipulado los frenos. No está
loca, su miedo ahora se ha vuelto real. La sensación de estar
expuesta al peligro ahora se acentúa y le inquieta.
‘Y encima Alberto no está aquí para que sepa la verdad’ Se
frustra. Otra vez la sensación de que le está mintiendo invade
su cuerpo, pero esta vez no es intencionada, es algo que no
puede decirle, así sin más, a través del teléfono. Sabe
perfectamente como es con ella, y sin duda la obligaría a viajar
con él y no separase de su lado, jamás.
‘Tampoco sería tan mala idea, piénsalo’ Le anima Matilda.
‘No, eso es inviable. Yo no quiero ser la carga de nadie’
Aleja rápidamente esa opción de su mente mientras el viento
mueve su melena, ella cierra los ojos y decide no darle más
vueltas.
La canción que comienza a sonar le anima un poco y se
deja llevar mientras tararea Muchacha de Gente de zona y
Becky G.

Cuando llegan a la puerta de casa, Liss baja a trompicones


del coche, mientras sus padres le piden calma. Pero ella solo
tiene como objetivo llegar hasta el interior, ponerse un bikini y
tumbarse en la cama balinesa del jardín que tanto ha añorado
durante esos días.
‘Ese será mi único plan hasta que vuelva mi Adonis’ Se
consuela ante la idea de no tener a Alberto cerca.
Lleva tantas semanas sin sexo que la ausencia, con
semejante hombre como novio, no es buena. En el hospital por
supuesto que no han podido hacer nada más que darse mimos
y cuando la cosa se iba de madre, frenaban a tiempo para que
nadie pudiera pillarles infraganti.
‘Tú estás más salida que el pico de una mesa, mona’ Se
descojona de ella Matilda.
‘No, amiga, no. Más quemada que el palo de un churrero y
el cenicero de un bingo juntos’ Se dice mentalmente.
Entra en casa seguida de sus padres que van cargados con
sus cosas, y no se encuentra ni con Rober, ni con Edgar, ni con
Noemí como ella tenía pensado.
‘Joder, qué recibimiento, qué ganas tenían de verme en
casa, serán cabrones. No están aquí para recibirme’ Está que
echa humo del mosqueo, ella jamás estaría fuera de casa si la
cosa hubiera sido a la inversa. Pero rápidamente se reprende
por egoísta, bastante han hecho ya por ella, merecen disfrutar,
ellos que pueden.
Sube directa a su habitación, poco a poco.
—Voy a ponerme cómoda. Coged algo de beber y
esperarme en la piscina. Ahora bajo. —Les dice a sus padres.
Entra en su habitación y se sienta en la cama, el olor de
Alberto está en todas partes. Toda la habitación huele a él,
tantos días haciendo de esa su habitación han dejado huella. Se
tumba en la cama que tanto ha echado de menos, y suspira.
Coge una de las almohadas para inhalar su aroma y cierra los
ojos recreándose en el sensual olor de Alberto.
—Joder, Alberto vuelve ya… No voy a poder aguantar
tantos días sin ti. —Se queja en voz alta.
—Si te fijaras mejor en los detalles, en vez de entrar como
un elefante en una chatarrería, te hubieras percatado de que
estoy aquí.
Se sobresalta al escuchar su voz y se incorpora rápidamente
boquiabierta para mirar de donde viene la voz de su Adonis.
Se muerde el labio inferior al comprobar que es real, Alberto
sonríe de brazos cruzados mientras la mira fijamente apoyado
en el marco de la puerta del baño de su habitación.
—Mi amor, pero tú ¿No estabas en Madrid? —Pregunta
descolocada.
—De verdad ¿Pensabas qué no iba a estar a tu lado cuando
te dieran el alta? Poco conoces a tu Adonis y su poder de
convicción.
—Me habéis engañado y yo he caído como una tonta. ¿Por
eso no están aquí? ¿Para qué tengamos nuestro momento y
recuperemos el tiempo perdido? —Pregunta esperanzada de
que así sea. Por fin puede volver a tenerlo entero dentro de
ella, su boca saliva solo de pensarlo mientras sus pezones
amenazan con romper la fina tela del vestido que lleva puesto.
‘Lo que yo te diga, estás calcinada, mona’ Matilda empieza
a prepararse para el primer asalto. Chica lista.
Alberto se acerca rápidamente a ella mientras la desnuda
con la mirada y con cuidado se coloca sobre ella haciendo que
ella vuelva a tumbarse, sube su largo vestido hasta sus muslos
y sus piernas se abren para permitir que el cuerpo de su
Adonis se acople mejor.
Sus bocas chocan como dos trenes de alta velocidad,
desenfrenados. Las manos de ella recorren la espalda de
Alberto y levanta las caderas para poder sentir el roce de su
miembro en todo su esplendor contra el suyo.
—A tomar por culo, esto va a ser rápido. Qué esperen. —
Se le escapa de entre sus labios en un rugido a Alberto, sin
poder esperar más el momento que tanto ha estado esperando.
—Házmelo ya, Alberto. No aguanto ni un segundo más—
Le apremia Liss mientras comienza a desabrochar los botones
del pantalón de él con prisas.
Las manos de él desabotonan la parte superior del vestido y
los pechos turgentes de Liss le saludan erizados, la boca de
Alberto atrapa uno provocando un gemido de placer en ella,
cuando lo tiene totalmente sensibilizado bajo su boca y sus
dientes, se entretiene con el otro.
En cuestión de segundos los dos están completamente
desnudos, sus miradas se recorren mutuamente y sin tiempo
que perder Alberto dirige su miembro hasta la más que
húmeda entrada de Liss. Se funden en un gemido incontrolado
que no pueden reprimir, entra y sale con cuidado de no hacerle
daño, controlando su peso sobre sus brazos para no lastimar su
cuerpo que aún no está recuperado del todo.
Liss se aferra a su cuello y nota como las lágrimas recorren
sus mejillas. Lágrimas de felicidad, de sentirse de nuevo
repleta de amor, esa mezcla de emociones y sensaciones que
siente al tener a su Adonis de nuevo entrando en ella.
Se deja llevar desbordándose en cuestión de segundos en
un colosal orgasmo mientras él se endurece aún más y controla
sus embestidas para no dejarse llevar tan rápido, provocando
en ella varias réplicas más del mejor orgasmo de su vida.
Alberto no puede reprimirse más viendo cómo ella disfruta
con tanto placer y se derrama por completo dentro de ella.
Sus respiraciones agitadas se acoplan mientras se devoran
las bocas con besos apasionados, hasta que Alberto sale
apresurado de dentro de ella, recordando algo.
—Venga. Date prisa, amor. —La ayuda a levantarse sin que
ella entienda nada.
—No quiero, quiero quedarme todo el día aquí contigo y
repetir muchas veces más. —Se queja ella.
—Mi amor, te prometo que tendrás mucho más y mejor de
esto, antes de que acabe el día, pero ahora tus padres están
abajo. ¿Qué pensaran de mí? ¿Sabes lo qué me ha costado
ganármelos?
—Tranquilo, no sufras por eso. Te aseguro que nada podrá
hacer que ellos cambien su pensamiento respecto a ti. Creo
que te quieren más que a mí. —Ríe ella.
—Tienes pelusilla —Afirma el divertido. —Anda date
prisa, te espero y te bajo yo.
—Qué suerte, mi corcel ha vuelto. —Se burla mientras
entra en el baño para asearse.
Cuando sale busca un bikini para ponerse mientras intenta
controlar las manos de Alberto, avisándole de que si no para
de manosearla no saldrán jamás de la habitación entre risas.
Localiza un blusón playero de tejido fino, que deja ver al
trasluz el bikini que lleva puesto debajo, sin estrenar. Ya que lo
compró antes del accidente. Se enamoró de esa prenda y su
tejido suave nada más verla en el escaparate de una de las
tiendecitas del puerto.
—Pues, ya estaríamos. —Informa a Alberto que está
sentado ahora en la cama distraído mirando su móvil.
—Estás preciosa, mi diosa. Vámonos. —Se levanta y la
coge en brazos como si fuera un peso pluma, para bajar las
escaleras con ella en sus brazos.
Un murmullo alerta a Liss al llegar a la planta baja, pero no
ve a nadie. Salen de la casa y ante sus ojos se dejan ver sus
amigas junto a sus padres, Rober y su hermano.
—No me jodas. —Exclama sin poder controlar su sorpresa
—¿Qué narices?
—¿Ahora entiendes mis prisas, te crees qué te hubiera
dejado salir de la habitación sino estuvieran ellos aquí
esperando? —Susurra Alberto en su oído para que no puedan
escucharle mientras la deja en el suelo con cuidado.
Sus amigas corren a abrazarla, juntas lloran y ríen
emocionadas.
—Pero ¿cómo no se os ha escapado nada a ninguna? Sois
unas mentirosas de mucho cuidado. —las regaña Liss
cariñosamente.
—¿Y perdernos tu cara al vernos aquí? Ni de coña —Dice
Belén.
—A Christian le hemos tenido que mentir hasta el último
momento, no sabía dónde íbamos hasta que ha entrado en el
aeropuerto, no confiábamos en que no se le escapara, ya le
conoces. —Dice ahora Pauli.
—Qué poca fe tenéis en mí. Si yo soy una tumba
guardando secretos. —Se defiende el acusado.
—Tendrás valor, boca chanclas. —Le dice seria ahora
Anita.
Todas rompen a reír a sabiendas de que dicen la verdad, los
secretos bien guardados no son el punto fuerte del mimado del
grupo.
4
LOCURA

—A ver podéis explicarme desde cuándo teníais pensado


venir… —Pregunta Liss, ahora ya más relajada, mientras sus
amigas acomodan para ella la cama balinesa del jardín, tan
ansiada.
—Pues contando que estamos a finales de Julio y que todas
cuadramos vacaciones juntas, como cada año ¿Te pensabas
qué no vendríamos a hacerte compañía y, de paso,
aprovecharnos de tu hospitalidad? Ainss… amiga.
—No ¿En serio? —Ríe ella. —Que suerte tengo de teneros.
—Bueno al menos un par de semanitas, nos tienes a tu
merced.
—Pero tranquila, no pongas esa cara. Sabemos la sequía y
las ganas que tienes de tu amorcito. —Le consuela ahora
mientras bromea Esther.
—Ya me ha dado lo mío hace un rato. No aguantaba más.
—Confiesa Liss traviesa. —Tranquilas, deduzco que el hecho
de que esté aquí, ahora. Significa que tendrá que volver al
rodaje en breve… Pero el tiempo que esté aquí os aseguro que
no pienso desperdiciarlo.
—Hija, bien qué haces. Faltaría más. —Dice a su espalda
Teresa, haciendo que todas rían ante el comentario de su
madre.
—Mamá, podrías avisar. Tú siempre tan sigilosa. —Se
queja Liss muerta de la vergüenza.
—Hija, que pudorosa eres para lo que quieres. A ver si te
piensas que tú naciste por obra del espíritu santo. —Le vacila
su madre en tono jovial.
—Vale, se acabó. Ni una alusión más a lo que papá y tú
hacéis, por favor. —Suplica ella.
La conversación cambia de tema rápidamente y, entre unas
y otras, vuelven a pisarse para contar sus hazañas, con Teresa
incorporada ahora como una tertuliana más, mientras la
música suena por los altavoces al ritmo de la canción Locura
de Cali y el Dandi.
Las horas pasan volando mientras los hombres se dedican a
preparar las brasas y cocinar la carne en la barbacoa que tenían
planeada a escondidas de Liss.
—Chicas, la comida ya está preparada. Todas a comer.
Venga, dejad de cotillear. —Les dice Alberto mientras camina
para coger a Liss en brazos y llevarla a la mesa.
—Amiga, te quejarás… Alberto, procura dejar de mimarla
de esa manera o se hará la lisiada más tiempo del
recomendado. —Dice Raquel mientras camina junto a las
demás.
—Hija, si la envidia fuera tiña de arcoíris, tú serías
multicolor. —Le dice Sara, empezando entre ellas una
discusión infantil, como viene siendo de costumbre.
—Tranquilas. Hoy, porque es el primer día que está en
casa, pero a partir de mañana… La princesa tendrá que valerse
por sí misma, yo tengo que volver al rodaje y entonces ya os
encargáis vosotras de ella. —Informa Alberto.
—No quiero. Mañana ¿ya? —Se queja infantil Liss
mientras se abraza a su cuello.
—Sí, cariño. No sabes lo que me ha costado poder estar
aquí hoy. La única condición era estar de vuelta mañana. Pero
ya queda poco, te lo prometo. Pronto estaré de vuelta y tendré
días libre para estar solos y juntos.
—Qué remedio. No sabes las ganas que tengo. —Contesta
Liss resignada mientras besa a su chico.
Entre risas, mucha comida, cervezas y la ya famosa sangría
que Alberto prepara, Liss está pletórica contemplando a todas
las personas que quiere reunidas mientras lo pasan bien,
despreocupados.
Sus ojos se llenan de lágrimas por la emoción, un golpe de
realidad le pega de frente al pensar que ha estado a punto de
perder todo eso, en un instante. Intenta disimular, pero su
madre (que es muy observadora) sonríe con dulzura y le dice
al oído.
—¿Estás bien, hija?
—Sí, mami. Solo es la emoción de teneros a todos
reunidos, soy muy feliz. Falta la yaya para que mi día sea
perfecto.
—Qué más quisiera ella, estar aquí contigo. Ya sabes cómo
es. Está enfadada como una mona, ya que no la dejamos venir.
Pero es que cada día está más débil. —La tristeza cubre la
mirada de Teresa, y Liss la rodea con sus brazos para darle
valor.
—Mamá, gracias por no dejarme jamás. En cuanto termine
la rehabilitación prometo ir a Barcelona y comérmela a besos,
no te preocupes. Ya sabes que entiendo que tengas que
regresar para estar con ella. Yo ya estoy bien.
—Hija, qué difícil es esto. Quiero estar cerca de las dos,
rezo porque no te haya pasado nada peor y pronto estés de
vuelta junto a nosotros.
—Lo sé, mamá. Estaré bien, en cuanto me recupere no me
queda más remedio que volver a mi vida. Así que tú tranquila.

Después de los cafés, todos van a refrescarse a la piscina


mientras Liss les observa desde una hamaca con mucha
envidia por no poder mojar sus vendajes.
—¿Cómo te encuentras? —Pregunta Alberto que acaba de
salir de la piscina y la mira de pie frente a ella. Salpica su
cuerpo con las gotas de agua que caen sobre ella al sacudir su
pelo corto encima de su cuerpo.
—Bien, con estas vistas… En el paraíso ahora mismo. —
Le dice embobada mientras alarga el brazo para acariciar con
su mano las maravillosas abdominales que se le marcan. —
Cada día estas más buenorro y yo, más blanducha. No es justo.
—Tú, estás perfecta siempre para mí, nena. Lo mío son
gajes del oficio, ya sabes requisitos del personaje, ahora me
toca ponerme fuerte como el vinagre. Quizás el próximo sea
ponerme como una bola. —Dice Alberto.
—Ni se te ocurra, jamás. —Ríe Liss imaginándose el
percal. —Aunque, yo te querría igual.
—Mentirosa. —Bromea ahora él agachándose a su lado
para darle un maravilloso beso de película, con fuegos
artificiales de colores incluidos. —Me muero por llevarte a
casa y dejarte exhausta de tanto placer.
—Yo creo que ha llegado el momento de que nos vayamos
solos. Acabo de salir del hospital, tengo que descansar. —
Aclara con una sonrisa traviesa. —Nadie dudará de que sea
cierto ¿Qué opinas?
—Qué es una gran idea. Voy a vestirme y nos vamos a
casa. Ahora mismo. —Contesta ansioso Alberto.
—Vuela. —Le apremia Liss.
Después de despedirse de su familia y amigas, alegando
que ella necesita descansar de tantas emociones, todos se
quedan en casa disfrutando del maravilloso día que queda por
delante.
Liss y Alberto se marchan a casa de él para pasar lo que
queda de día y noche juntos y, muy pero que muy revueltos.

Alberto conduce su coche con semblante serio, mientras


Liss tararea distraída la canción de Maluma AMDV que suena
melódica a través de los altavoces.
—Liss, sé que no he querido hablar hasta el momento de lo
que pasó antes del accidente. —Suelta de golpe Alberto a
bocajarro, haciendo que ella enmudezca al momento y fije la
vista en su rostro. —Creo que ha llegado la hora de hablarlo.
‘Ha llegado el momento, amiga. Por fin puedes sacar con él
lo que llevas dentro’ le anima su Matilda.
—He querido hablar sobre ello mil veces y nunca me has
querido escuchar, para ti nunca era el momento, Alberto.
‘A la defensiva no, mal empezamos’ le regaña Matilda.
—No ha sido fácil. —Ahora el que parece enfadado es él.
—¿Crees qué no veía cómo te tensabas, aunque quisieras
hablar de ello?
—Alberto, me tensaba porque tú no estabas preparado para
mis explicaciones. Has hecho como si no te importaran mis
razones y me he callado mucho para no malmeter en tu
amistad con tu querido amigo y la zorra de tu ex. Y ahora que
por fin salgo del hospital y vamos de camino a casa para pasar
lo que iba a ser una gloriosa noche juntos, ¿Tienes qué
sacarlo? ¿En serio? No te entiendo.
—No es mi ex, nunca ha sido mi novia. —Contesta con los
dientes apretados, tajante y elevando la voz
‘Se está calentando, Liss. Frena o esto se nos va de las
manos.’ Le advierte Matilda.
—Vale, lo que tú digas. ¿Podemos hablar sin discutir? Por
favor. —Le intenta relajar Liss mientras se muerde la lengua.
—Tienes razón, no es el momento. Perdóname, no quiero
que nada estropee nuestro momento. No sé qué se me ha
cruzado por la mente para decirlo ahora.
—Pero es que ahora ya está el tema sobre la mesa, y creo
que debes escucharme para poder avanzar juntos. ¿Por qué
tienes tanto miedo a lo que vaya a decirte? Háblame,
pregúntame, deja que te cuente.
—Porque me siento culpable. Porque soy un cobarde.
Porque esto de jugar a ser fuerte ya no es divertido. Porque me
da miedo perder el control y volverme loco. Porque se me
hace un mundo pensar que podría haberte perdido, joder. ¿Me
entiendes ahora? —El esfuerzo de soltar todo a bocajarro le
altera aún más, centra la visión en la carretera intentando
controlar todas las emociones que se desbordan en su cabeza.
—Pero tú no tienes la culpa de nada, mi amor. Estoy bien,
mírame nada ha podido acabar con lo nuestro. No me perderás
jamás ¿Me oyes? Yo no quiero perderte a ti por nada del
mundo. Te lo he dicho de mil miradas distintas. Escúchame,
Alberto. —Ahora ella es la que intenta alejar esos
pensamientos de su mente y empatiza con el miedo que ve
reflejado en él.
—Quedé con Daniel y no te dije nada. Fue un gran error
por mi parte, lo sé y lo acepto. Pero en ningún momento quería
que nada te afectara a ti. Él solo me quiso explicar el motivo
por el que estaba aquí. Nerea y Daniel eran pareja, ella
contactó con él y le utilizó para provocar una ruptura entre tu y
yo, cuando él se dio cuenta de lo que planeaba acudió a mí
para ponerme sobre aviso, hablamos de ti. Le conté mis
sentimientos, lo feliz que era y soy contigo. Le perdoné y pasé
página, me despedí de él con un abrazo y al separarnos, me
besó. Pero no había nada sexual en ese beso, no había
premeditación, fue algo fugaz. Tienes que creerme. Fue un
beso de despedida, inocente, sin ninguna intención más. Me
arrepiento muchísimo de no apartarme, pero te juro que no
siento nada por él, qué tú lo eres todo para mí. Estaba
deseando llegar a casa y contártelo todo, pero entonces me
mandaste esas fotos y yo no entendí nada. Perdí el control del
coche. Los frenos no respondieron por más que yo pisaba el
pedal y el coche que venía de frente me pitaba. Yo no pude
reaccionar a tiempo. Y entonces…
Su voz se quiebra ante el dolor, lo ha soltado sin respirar,
nota la falta de aliento en su garganta y las lágrimas corren
libres por sus mejillas. No ha sido consciente de todo ello
hasta ese momento.
Alberto permanece callado mientras asimila todo lo que
ella acaba de decir, entonces un pensamiento recorre su mente
a toda prisa.
‘No puede ser, joder’ se dice mentalmente ‘Otra vez, no’.
—¿Qué has dicho? ¿Cómo que los frenos no funcionaron?
Maldita sea, Liss, ¿Por qué no me lo has dicho antes? —
Pregunta alterado y nervioso.
—Porque no tenía claro si era cierto o si me había vuelto
loca, pero Rober ha ido a visitar al perito del seguro y
efectivamente. Alguien manipuló los frenos cortando los
cables. Te lo iba a contar, te lo prometo, pero tú estabas en
Madrid y no te lo quería decir por teléfono. Hoy me has
sorprendido con la fiesta de bienvenida y no era el momento
para ensombrecer todo con esto.
—No vuelvas a ocultarme nada, por favor, Liss.
Prométemelo, aunque me duela, me enfade, reaccione mal o
pataleé, pero no lo hagas más ¿vale?
—Te lo prometo. No habrá más secretos.
—Averiguaré que pasó exactamente con tu coche, no te
preocupes por nada ¿De acuerdo?
—De acuerdo. ¿Por qué me da la sensación de que tu
mente va a mil por hora?
—Porque estoy asimilando todo lo que me acabas de decir.
Yo también tengo que ser sincero contigo. De Nerea olvídate
porque está más que acabada. De ella ya no tendrás que
preocuparte nunca más, su padre se ha enterado de todo.
Miguel habló con él después de todo lo sucedido, sabía que su
conciencia no le dejaría descansar. Gracias a él y las pruebas
en su móvil, ha demostrado el desequilibrio mental frente al
padre de ella, ha decidido internarla en un centro de
rehabilitación. Lo que tramaba contigo no ha sido la única
locura que su mente perversa había trazado. Se creía poderosa
y jugó demasiado a ser la malvada intocable. Tú has sido la
gota que ha colmado el vaso. Llevaba tiempo acobardando a
mucha gente y se salía con la suya siempre, alegaba que nadie
creería la otra versión. Pero como te he dicho Miguel ha
conseguido que la gente hable. Confío en ti, me duele que tu
ex haya besado tus labios, pero te creo. Sé que es una buena
persona que ha querido protegerte y se ha retirado a tiempo
ante lo nuestro.
—¿Por qué no me dijiste lo de Nerea? ¿Crees qué ella sería
capaz de hacerme algo así?
—Podría ser. Pero creo que no es tan hábil como para
manipular unos frenos, su locura no llega a ese nivel.
—Sé que todo eso está muy mal, su comportamiento ha
sido de psicópata. Me alegro de que le den ayuda que necesita.
Me da pena, no puedo evitarlo. Espero que puedan ayudarla.
—Pues a mí no me da pena ninguna, qué le jodan. Por mala
persona.
Alberto detiene el coche frente a la puerta de su casa. Liss
está tan absorta escuchando lo que decía que no ha reparado en
que han pasado la verja de la entrada y ya están de nuevo en
esa casa, en la que tan buenos momentos han pasado juntos.
Los temores de Alberto le van a volver un controlador con
ella, lo está viendo venir. El miedo de que puedan hacerle daño
por su culpa no le deja razonar ni ver las cosas claras.
—Espera, te ayudo a bajar. —Dice Alberto mientras cierra
su puerta y corre para ayudarla a bajar.
—Puedo sola, cariño.
—A callar. Déjame a mí, anda. —Dice mientras la ayuda a
levantarse y salir.
La abraza fuerte contra su pecho mientras aspira el aroma
de su pelo.
—Perdóname por no haberte dicho yo tampoco antes nada.
Te quiero muchísimo. Estamos bien ¿Verdad? —Pregunta
Alberto centrando su mirada en la de ella.
—Claro que sí. Yo te quieadoro infinito, ya lo sabes.
Perdóname tú, se acabaron los secretos entre nosotros ¿De
acuerdo?
—Vale. Ahora vamos a recuperar el tiempo perdido, nena.
—La carga en su hombro con cuidado de no dañarla y camina
a grandes zancadas con ella a cuestas. No puede evitar pensar
en que ojalá fuera cierto eso de que no habrá más secretos
entre ellos, pero por su parte sabe muy bien que aún tiene
mucho que revelar. Pero no será hoy.
Ahora solo quiere saciar las ganas que tiene acumuladas y
fundirse con su chica, que por fin está a salvo con él, durante
toda la noche.
5
DE TUS OJOS

El olor de esa casa hace que Liss recuerde todos los buenos
momentos vividos junto a él en ella. Ha echado de menos
todos y cada uno de ellos.
Se deja llevar escaleras arriba mientras repasa con la
mirada todo lo que va viendo.
‘Sin duda se nota que mamá, ha estado aquí, huele a su
limpiador de suelos habitual y esa forma suya de doblar todo
lo que encuentra a su paso’ Se ríe.
—¿De qué te ríes? —Pregunta él.
—Mi madre, qué es una maniática y ya veo que ha hecho
de las suyas por aquí.
—Lo ha hecho con la mejor intención, es una mujer
maravillosa.
—Sí, lo es.
Llegan hasta la habitación de Alberto y éste la deja con
cuidado en el suelo. Liss mira hacia arriba para encontrarse
con sus ojos y observa como el deseo crece apoderándose de
ellos. Liss se muerde el labio inferior con los dientes y esa
simple reacción es el pistoletazo de salida.
—No quiero hacerte daño, mi amor. Pero tengo tantas
ganas acumuladas y hemos sido tan salvajes siempre. No sé si
podré controlarme. —Se preocupa Alberto.
—No vas a lastimarme, estoy bien. Quiero que volvamos a
ser los salvajes que siempre hemos sido. Quiero dejarte marcas
en tu espalda cuando me corra mientras se me escapa la vida
entre nuestros gemidos. Quiero que tus manos marquen mi
culo cuando aprietes tus manos fuertes para fundirte en mí,
más profundamente, antes de correrte y que me hagas
correrme mientras toco el cielo una y mil veces.
Alberto cierra los ojos un instante a causa de la sacudida
que su polla acaba de dar, consecuencia de las palabras de
Liss. Vuele a cargar con ella en brazos, mientras la besa
desenfrenado, la lleva hasta la terraza de su habitación, donde
comienzan a desnudarse con prisas.
Una vez desnudos bajo el sol del atardecer que se refleja en
el agua del maravilloso jacuzzi y el sonido del mar
entremezclado con sus respiraciones agitadas, la sienta en el
borde de este y pulsa el botón para que las burbujas se activen,
provocando que estas salpiquen el trasero de Liss, abre sus
piernas y se coloca entre ellas buscando el roce de sus
entrepiernas.
Roza cada rincón de la húmeda vagina de Liss con su
miembro, aprieta sus nalgas con los dedos y se hunde en ella
en una fuerte y profunda estocada que provoca en Liss un grito
de sorpresa y placer.
Se quedan quietos para que su cuerpo reciba el grosor de su
miembro y una vez que el cuerpo de ella reconoce de nuevo a
su invasor tan añorado, comienzan a moverse como animales
salvajes, sin miramientos. Ella clava sus uñas en el trasero de
acero de su Adonis y él muerde la clavícula de ella mientras
hunde sus dedos aún más en sus caderas marcando el ritmo de
las embestidas.
Se dejan llevar y culminan a la vez en un brutal orgasmo
que tiene que haberse escuchado hasta en el último rincón de
esa mágica isla.
—Creo que he muerto y he vuelto a la vida en segundos. —
consigue decir Liss recuperando el aliento y sintiendo aún
réplicas de placer mientras él sigue en su interior.
—Yo creo morir cada vez que estoy dentro de ti. —besa su
frente perlada de sudor.
—Me muero por entrar en el jacuzzi. —se queja Liss.
—Eso lo arreglamos ahora mismo. —Alberto desaparece
en el interior de la habitación dejando a Liss sentada en el
mismo lugar.
Minutos después aparece con una gran bolsa y saca de ella
una funda impermeable, de silicona en color negro, que se
ajusta como una segunda piel a su pierna vendada impidiendo
que el agua pase a través de ella. Se la coloca mientras ella se
siente cenicienta con su príncipe azul.
—¿En serio? Nunca dejas de sorprenderme. —Mueve la
pierna feliz contemplando su nuevo complemento, ideal para
poder remojarse.
Sin tiempo que perder gira sobre ella misma y se sumerge
en el agua templada suspirando feliz de la vida.
Alberto sonríe mirándola disfrutar como una niña pequeña
del agua que cubre su cuerpo entero, sin poder estar más
tiempo alejado del calor de su piel se une a ella en su interior.
Se sienta en uno de respaldos laterales interiores dejando
los brazos estirados apoyados en los bordes. Liss admira la
belleza de su adonis, la definición perfecta de sus brazos
musculados y los pectorales con ese vello recortado, tan
sensual que los cubre.
‘Es perfecto en todos los sentidos y es tuyo’ Le incita
Matilda para que se recree en esos brazos que la hacen levitar.
Sin pensárselo dos veces se acerca sigilosa a él que reposa la
cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, seguramente
pensando en sus cosas distraído. Liss, que por suerte no lleva
nada de ropa que pueda delatarla en su maniobra silenciosa,
abre sus piernas y se sienta a horcajadas sobre él, coloca su
miembro en su entrada y deja que fluya. Gime cuando lo
siente dentro. Él jadea y ruge con los movimientos de cadera
de su diosa, mientras se la come a besos sin dejar de masajear
sus pechos. Lo sensual del momento y el ambiente que les
rodea, les hace gritar mientras de sus bocas salen todas las
promesas y palabras sucias que os podáis imaginar. Cuando el
orgasmo se apodera de ellos, Alberto se derrama entero en el
interior de Liss mientras el interior de ella convulsiona y se
deja arrastrar con él al borde del delirio más placentero.
Después de mimarse y devorarse mutuamente sin prisas, la
noche cae sobre ellos mientras Vanesa Martin canta De tus
ojos.
Arrugados como pasas deciden salir, pues están
hambrientos. Llaman a Rober para ver qué planes tienen y,
poder así salir a cenar todos juntos a algún lugar tranquilo.
La idea complace a todo el grupo y quedan a las once en un
restaurante italiano de un conocido de Rober para cenar.
La velada transcurre entre risas, magnífica comida y
botellas de buen vino. Cuando terminan de cenar los padres de
Liss, achispados y felices, deciden unirse a la juventud para
quemar la noche ibicenca, por su parte Liss y Alberto regresan
de nuevo a casa para descansar, ya que muy a pesar de ellos, al
día siguiente Alberto debe regresar a Madrid para continuar su
rodaje.
Vuelven a dormir abrazados después de saciarse de nuevo
el uno del otro, varias veces más, sin despegar sus cuerpos en
ningún momento, ya que para desgracia de ellos han sido
muchas noches sin poder hacerlo a causa del accidente, y
vendrán muchas más sin poder repetir.

Liss despierta con el cuerpo de Alberto cubriendo el suyo


como si fuera su prisionera, se gira con cuidado para
contemplar como ese hombre tan bello y protector duerme con
una sonrisa de medio lado.
“Podría pasarme la vida entera mirando como duerme”
Piensa mientras acaricia su mandíbula.
‘Estás enamorada hasta las trancas, amiga. Quién te lo iba a
decir a ti, ¿verdad?’ Le recuerda su Matilda mientras la piensa
con los ojos llenos corazones.
Intenta volver a dormir un rato más, aprovechando la paz
que desprende su chico, pero como le es imposible y no para
de dar vueltas a su mente, decide salir de la cama.
Termina con su ritual mañanero en el baño, y escucha
movimiento en la cocina.
—Seguro que mi padre, ya está preparándose su batido
para desayunar. —se dice mientras sonríe y sale de la
habitación intentado no hacer ruido para no despertar a
Alberto.
Baja las escaleras y se distrae mientras escucha a su padre
tararear.
—Efectivamente, este hombre duerme menos que el niño
del sexto sentido.
Entra en la cocina y se encuentra a su padre con los
auriculares puestos vestido de deporte, mientras bebe un
mejunje de color verde, nada apetecible.
—Buenos días, papi. —Le saluda mientras besa su cara
desde atrás, provocando en Manuel un respingo a causa de
haberle pillado desprevenido.
—Buenos días corazón. ¿Qué haces sin muletas? —Le
regaña.
—Estoy bien. Casi ni me duele la pierna, ya. Me duelen
más los brazos por llevarlas, al final será peor el remedio que
la enfermedad.
—Paciencia, hija mía. Aunque tú de eso gastas poco,
¿Quieres un batido?
—No, gracias. Prefiero mi cafetito o no arranco, ya lo
sabes.
—Esto sí que te hace arrancar. Vitaminas puras, nada mejor
para la resaca.
—Anda… Así que anoche lo diste todo, bribón —Ríe Liss
mientras su padre sonríe travieso.
—A medio gas, cualquiera sigue el ritmo de tus “locas del
coño”. Tu madre se vino arriba y para traerla a casa entre tu
hermano y yo, nos las vimos y nos las deseamos. Estaba de un
gracioso. —Ríe su padre recordando como su mujer bailaba y
bebía con las amigas de su hija, como cuando ellos dos eran
jóvenes. —Se lo pasó tan bien… Y yo de verla a ella disfrutar
de nuevo. Se lo merecía.
Liss asiente con la cabeza mientras sonríe.
—Os lo merecéis los dos. Sé que no debe haber sido fácil
haberme visto así, pero como ves, ya estoy perfecta. Ahora
tenéis que disfrutar la vida, papi. El tiempo vuela y en
cualquier descuido se nos va de las manos. —Afirma
melancólica al recordar su accidente. —Pero a ver, cuéntame
¿dónde estuvisteis?
Después de reír y escuchar todo lo que su padre le cuenta
de la noche vivida junto al resto del grupo, Manuel sube a
ducharse y prepararse para llevar a Alberto al aeropuerto, por
supuesto ella los acompañará para así poder despedirse de él.
Mientras cotillea su teléfono y sus redes sociales, se
sorprende al ver la cantidad de seguidores que acumula.
—¿En qué momento ha pasado esto? —Se pregunta
sorprendida. —Pero qué coño, si quieren que colabore con
marcas y todo. Qué vergüenza.
Se divierte mientras lee los comentarios para todos los
gustos que han aparecido en sus fotos y sonríe embobada
viendo las fotos de ella y Alberto juntos, muchas de ellas
realizadas sin que ellos se hayan percatado.
‘Madre mía, si te tratan como a JLO’ Le recrimina Matilda
muerta de celos.
—Buenos días, pequeña. —Le abraza Alberto por la
espalda pillándola desprevenida. —¿Qué te hace tanta gracia?
—Buenos días, mi amor. Pues, los comentarios de la gente
en fotos nuestras que ni yo misma había visto. Pero ¿Tú has
visto la cantidad de gente que me sigue? Qué locura y qué
vergüenza, si tengo fotos de todo menos glamurosas. Vaya
cuadro. —Se ríe,
—Ya lo sé. Deberías privatizarlo, no todo el mundo es
amable y tiene buenas intenciones. —Murmura recordando el
motivo que él cree que causó el accidente de ella.
—¿Por qué dices eso? ¿Qué van a hacer? Comentar lo
payasas que somos las chicas y yo… Ya ves tú. —Le resta
importancia y bromea— Estás celosillo.
—Yo siempre estoy celosillo por ti, cariño. Ya sabes como
soy, no me gusta que mi intimidad y la tuya estén tan
expuestas. Pero, no hay nada que hacer, mientras respeten los
límites, todo irá bien. —Intenta parecer amable pero la tensión
de su cuerpo no dice lo mismo.
—Cariño, deberías dejar que la gente vea el corazón tan
grande que tienes y lo osito que eres. No me extraña que te
tachen de distante y rancio, mira que cara de matador tienes
aquí. —Le enseña una foto de él con cara de pocos amigos
para que vea la arruga de su entrecejo. —Te dejarás el sueldo
en Botox, sino tiempo a tiempo…
Ante el comentario de Liss, Alberto solo puede reír. La
atrapa al vuelo mientras ella intenta alejarse y comienza a
hacerle cosquillas.
—Así qué piensas que soy un gruñón, muy bonito. A ver
ahora si piensas lo mismo, ahora.
—Para, por favor, Alberto. Sabes que cosquillas no, me
pongo nerviosa y no mido mis fuerzas— Se retuerce Liss sin
poder parar de reír entre forcejeos. —¡Qué me haces daño!
para, para. ¡La pierna!
‘Esa excusa no falla, amiga. Desde pequeña tirando de
cuento para librarte de las temidas cosquillas’ Le recuerda
Matilda.
Al momento Alberto la suelta preocupado y ante la cara de
poema de su chico, ella estalla en carcajadas mientras, se aleja
a la pata coja.
—¡Menuda tramposa eres! Pensaba que te había dañado de
verdad. —Se queja él. Mientras la observa con una sonrisa en
la cara.
—Es mi as en la manga desde pequeña, mi padre siempre
nos despertaba así a Edgar y a mí, era nuestra manera de
librarnos. —Recuerda soñadora. —Voy a vestirme para
acompañaros al aeropuerto.
—Cariño, quédate descansando, no hace falta.
—¿Qué pasa? ¿Qué ya quieres perderme de vista?
—Para nada, lo digo por ti. Yo encantado,
—Pues entonces, no se hable más. Ahora vuelvo.
Alberto corre tras ella y la coge a volandas para subirla a la
habitación, evitando así que pueda dañarse subiendo las
escaleras sola.

Una vez en el aeropuerto, Liss se despide de Alberto con


gran tristeza. Desea que el tiempo pase rápido para volver a
dormir junto a él y no tener que sufrir su ausencia demasiado
tiempo.
6
LA PLAYER

Los días pasan para Liss con la alegría de poder disfrutar


de sus amigas en la isla, aunque echa muchísimo de menos a
Alberto, el hecho de tenerlas a ellas a su lado, le hace no
reparar tanto en su ausencia.
Por las mañanas, entre todas, se turnan para acompañarla a
rehabilitación y el resto del día lo pasan tumbadas al sol,
yendo de compras, visitando mercadillos y disfrutando de las
vacaciones juntas que tanta falta les hacía.
Sus padres regresaron a Barcelona al día siguiente de que
Alberto se marchara de nuevo, ya que ellos tenían los vuelos
comprados para volver y estar pendientes de la abuela de Liss.
El estado de la yaya María no termina de mejorar y aunque
Liss se quedó preocupada, cuando su madre le hizo una
videollamada para informar de que estaban de nuevo en casa,
por fin pudo ver de nuevo a través de la pantalla la sonrisa y
los ojos de su querida abuela. Después de un buen rato
hablando se quedó más tranquila al escucharla mientras
aseguraba que estaba bien y lo mucho que la echaba de menos.
Parecía que la yaya volvía a estar mejor y no tenía de que
preocuparse, eso le aseguraron las dos mujeres de su vida.
Su hermano Edgar se ha quedado en Ibiza. Rober y Noemí
le han conseguido un trabajo de camarero en varios locales de
moda, y ella está encantada de tener a su hermano pequeño
con ella. Edgar por su parte, está pletórico viviendo la loca
vida ibicenca mientras liga cada día con una chica diferente,
cada una más despampanante que la anterior.
Las chicas y Liss deciden mudarse a casa de Alberto. Ya
que ahora está vacía, mientras él esté fuera, así dan intimidad a
Rober y Noemí. Parece que la cosa entre ellos comienza a fluir
mucho mejor después de que Rober se sincerara con Noemí y
la pareja empatiza mucho más el uno con el otro, evitando así
los celos y malentendidos que venían sufriendo últimamente.
La habitación de Liss, la ocupa ahora Edgar. Y como los
tres trabajan a menudo de noche, no tienen que estar
aguantando ruidos y cotorreos que les quiten las pocas horas
de sueño que tanto les cuesta coger una vez que llegan de
trabajar.
Uno de los días en los que no tienen planes de trabajo,
Rober y Noemí deciden organizar en casa una fiesta con
compañeros de trabajo y así estar todos juntos. Cómo Liss no
puede salir de jarana, llevan la fiesta a casa para que así se
relacione con gente y pueda desconectar mientras escucha la
buena música de Rober.
Su carrera como Dj empieza a dar sus frutos. Gracias a
Alberto, ha conseguido colarse en las mejores fiestas de la isla
y sus expectativas laborales se están cumpliendo según lo
previsto.
Entre todas ayudan a preparar la casa para la gran noche,
mientras bailan y cantan La Player de Zion y Lennox, una y
otra vez.
La gran mesa del jardín situada cerca de dónde Rober
pinchará, está a rebosar de todo tipo de bebidas. Decoran la
terraza con lucecitas y farolillos que iluminan todo el jardín,
todo luce esplendido.
Después de dejarlo todo listo, ha llegado el turno de pasar
por chapa y pintura. Entre prisas y risas, se preparan y visten
para la ocasión.
—Cómo echo de menos calzarme unos buenos tacones. —
Se queja Liss mientras ve a sus amigas bellas y esbeltas
subidas a sus maravillosos zapatos.
—Ya te queda menos, piensa en la suerte que tienes de no
tener que soportar el dolor de pies. Además ¿cuánto apuestas a
qué en menos de una hora estamos todas descalzas? —Le
consuela Noemí.
—No me cabe duda. —Ríe Liss. —Gracias por todo,
amiga. Sin ti en esta isla no sé qué hubiera sido de mí.
—Las gracias te las tendría que dar yo a ti, corazón. Has
sido mi salvavidas y, juntas hemos creado una familia
maravillosa.
—Sí, somos una gran familia.
Se abrazan y en ese momento aparece Rober por la puerta
de la habitación.
—Oye, yo también quiero abracitos.
—Anda, celoso. Ven aquí. —Le dice Liss mientras le invita
a que se una a ellas. —Os quiero muchísimo, gracias por
cuidar de mí y de Edgar.
—Aquí todos cuidamos de todos. Sabes de sobras que daría
la vida por ti. —Contesta Rober.
El teléfono de Liss interrumpe el momento. Ella se deshace
del abrazo a sabiendas de que quién llama será su Adonis.
Comprueba su nombre en la pantalla, y antes de descolgar les
dice.
—Mi amor me reclama, nos vemos abajo. —Sale de la
habitación de sus amigos a toda prisa para refugiarse en la
suya.
Cierra la puerta tras ella y descuelga la videollamada.
—Hola, mi amor. —Sonríe abiertamente a la pantalla.
—Hola, mi vida. —Responde él. Está increíblemente
atractivo con una camisa blanca desabotonada y el pelo más
largo de lo que normalmente suele llevar. Ha dejado crecer su
barba, pero la lleva cuidadosamente recortada, cosas del
rodaje. Le queda de vicio.
‘Está para comérselo y no dejar ni mijita’ Afloja Matilda
que tenemos invitados, se recrimina Liss imaginando los
planes calientes de su querido subconsciente.
—¿Cuándo vuelves? Estoy deseando verte en persona. —
Pregunta ella.
—Pues si todo va bien, seguramente para finales de la
semana que viene, estaré de regreso.
—¿Tanto? —Se queja infantil— Qué remedio.
—He pensado que podrías venir a Madrid cuando las
chicas regresen a Barcelona. Podemos pasar unos días juntos
aquí, los dos solos. No conoces esta ciudad y estoy seguro de
que te encantará, es preciosa. Después podemos ir hasta mi
tierra para que conozcas al resto de las mujeres de mi vida,
están como locas por conocerte. ¿Qué te parece?
—Me parece una idea brillante, estoy deseando conocer
Madrid y sobre todo a tu familia, se han preocupado
muchísimo por mí y qué menos poder pasar unos días con
ellas. Si a cambio, después vamos a Barcelona para que tú
conozcas a mi yaya y pueda enseñarte, yo a ti, mi querida
ciudad condal.
—Pues, no se hable más. Ya tenemos planes para las
próximas semanas. —Ese guiño de ojo que le dedica le
carboniza la ropa interior, ipso facto. —¿Cómo te encuentras?
¿Qué tal va la rehabilitación?
—Estoy genial, ya casi he recuperado la movilidad de la
pierna por completo. El fisio me ha felicitado por lo bien que
lo estoy haciendo y el miércoles próximo será mi último día
por fin. Podré despedirme de mis brillimuletas. No sabes las
ganas que tengo de aparcarlas.
—Me alegra muchísimo, cariño. Por cierto, estás preciosa.
¿Ya tenéis organizado todo para la gran noche?
—Gracias, mi amor. Tú sí que estás que rompes. Ya está
todo listo, ha quedado super bonito todo. Sólo faltas tú. —
Sonríe de medio lado. —¿Y tú? ¿Dónde vas tan guapo esta
noche? —Pregunta curiosa al darse cuenta de que sigue
arreglándose y ahora se perfuma.
‘Te churrupeaba ese cuello ahora mismito’ Se martiriza al
recordar su olor y no poder ser ella la que hunde su nariz en el
hueco de su cuello en ese momento para aspirarlo.
—Vamos a cenar a Zielou. La productora ha reservado una
sala para todos los miembros del rodaje, preferiría estar
contigo mil veces. —Continua Alberto relatando ajeno a los
pensamientos sátiros de su chica.
—Qué bien, amor. —Intenta parecer segura, pero los celos
se apoderan de ella, al pensar que otra pueda estar al acecho de
su Adonis, mientras ella está lejos.
‘Chica, qué es normal. No volvamos a tener quince años…
confía en el amor tan grande que os une’ le regaña Matilda
desechando rápidamente cualquier pensamiento de duda hacía
el hombre de sus sueños.
—Pásalo genial, cariño. —Miente como una bellaca.
—Tú también, cariño. Disfruta de la noche. Y sé buena. —
Le advierte con una de sus sonrisas que hacen babear a
cualquier mujer sobre la faz de la tierra.
—Lo mismo te digo. —Sonríe ella mientras lanza un beso
a la pantalla. —Te quieadoro, mi amor.
—Yo infinito más. Cuando llegue de la cena intento
llamarte para darte las buenas noches ¿Vale?
—Genial.
Se despiden y cuelgan como adolescentes con el típico
cuelga tú. No, tú. Venga los dos a la vez…
Liss no puede evitar estar inquieta, pero sabe qué tiene que
convivir con el hecho de que su chico sea uno de los hombres
más sexys y él no se merece que ella desconfíe, nadie jamás
había demostrado tantas cosas por ella de la manera que él lo
hace.
La fiesta es un triunfo, la gente se reúne por todo el jardín y
Liss se divierte mientras bebe con sus amigas. Noemí le va
presentando a las personas que no conoce.
El buen rollo hace que todo marche sobre ruedas. Pero se
siente observada en todo momento, un escalofrío constante en
su nuca, le hace estar alerta.
Sus amigas están al acecho de los chicos más guapos que
acuden a la fiesta, alguna ya ha conseguido que caigan en sus
redes y Liss sonríe mientras ve como se besan desenfrenadas.
‘Qué suerte tienen algunas, esta noche más de una se lleva
lo suyo’ Piensa distraída y un poco envidiosa por no tener a su
Adonis cerca para que a ella también le den lo suyo.
—Tata. —Su hermano Edgar llega junto a ella, con una
preciosa chica, sus ojos son del color del mar más bonito que
ella jamás haya visto en ninguna persona. —Mira, te presento
a Violeta, trabaja conmigo. Ella es mi hermana Liss.
Las presenta mientras se saludan con dos sonoros besos.
—Encantada Violeta, menudos ojazos tienes. ¿Te lo pasas
bien?
—Igualmente. Sí, es una fiesta maravillosa. Gracias por
invitarme.
—Nada, estás en tú casa. ¿De dónde eres?
—Soy de Valencia, estoy aquí haciendo la temporada de
verano. Es mi primer verano en la isla y espero que no sea el
último.
—Vaya, qué bien. Como me alegro. Mi chico también es de
Valencia. Nosotros también estamos aquí sólo por la
temporada de verano. Bueno, supongo que Edgar ya te habrá
puesto al día. —Sonríe mientras mira a su hermano, que
embobado no puede dejar de babear ante su compañera de
trabajo.
‘Aquí hay tema, qué te quema’ Matilda tiene un radar para
detectar la química sexual que hay entre ellos dos.
—Sí, ya la he puesto al día. —Confirma su hermano. —
Voy a enseñarle la casa por dentro. Luego te vemos.
—Pasadlo bien.
‘Madre mía, que mi hermano va a mancillar mi habitación.
Borrar, borrar la imagen mental, Liss’
Sacude su cabeza intentado no pensar en lo que éste va a
enseñarle a la chica de los ojos preciosos.
La fiesta sigue en pleno auge y ya pasan las cinco de la
mañana. Liss se preocupa al comprobar que Alberto no ha
llamado para darle las buenas noches, parece que la noche para
él también ha sido o está siendo animada.
Su pierna comienza a dolerle y las ganas de irse a casa
aumentan, por lo que decide irse a casa de Alberto a descansar.
Belén y Paula quieren irse con ella, ante la sorpresa de Liss
que les insiste para que continúen sin ella, ya que no es
necesario que se marchen por su culpa, pero ellas están
convencidas de irse también.
Como Liss no puede conducir, de momento, y el estado de
sus amigas no es el más adecuado para llevar el coche, deciden
coger un taxi para regresar.
Una vez en la habitación y en la maravillosa cama de
Alberto, decide llamarle para ver si tiene suerte y consigue
hablar con él. Pero su teléfono está apagado o fuera de
cobertura.
—Maldita sea. ¿Dónde estará metido? Y el teléfono sin dar
señal. Apacigua, Liss. Qué no te dé un soponcio pensado cosas
malas. —Intenta relajarse para que su mente no empiece a
divagar entre las diferentes situaciones que puedan haber
provocado que su maravilloso Adonis no dé señales de vida.
Después de dar muchas vueltas en la gran cama, consigue
dormir. Aunque las pesadillas son sus compañeras de viaje
durante toda la noche, la silueta de la mujer que creyó ver la
noche del accidente la acompañan noche tras noche.

Liss despierta sobresaltada. Un mal presentimiento le hace


coger el teléfono para comprobar que no tiene ni una sola
notificación de Alberto. Mira la hora y se angustia al ver que
el reloj marca la una del mediodía y no tiene noticias de él.
—Esto no lo había hecho jamás. Qué raro, todo. —Se
martiriza una y otra vez, ella sola.
—¿Qué hago? Le llamo otra vez, ¿no? —Duda mientras
mira el teléfono como si tuviera poderes y, de esa manera, por
arte de magia el nombre de Alberto inunde la pantalla con una
explicación lógica y normal que la tranquilice. Pero
obviamente, eso no sucede.
‘A la mierda, llama otra vez’ Matilda debe estar sin uñas ya
como consecuencia de los nervios y la falta de noticias.
Ahora da señal, un tono, dos tonos, tres tonos… Y un
pitido le parte en dos, anunciándole que la llamada se ha
cortado.
—Me cago en mi estampa. Encima me cuelga. —La mecha
corta de Liss se activa.
Un mensaje suena, lo lee con la boca abierta.

‘Buenos días, cariño. Estoy en el rodaje, te llamo después.


Me pillas en mal momento estoy a punto de entrar en escena.
Te quiero’

Por un lado, saber que está sano y salvo, eso le tranquiliza.


Pero por el otro, su mente malvada, le impide no pensar en
el motivo por el que no ha sido capaz de ni tan siquiera
mandarle un triste mensaje primero, para que se quede
tranquila. Debe de haber visto sus llamadas al encender el
teléfono, algo no cuadra.
—Sosiega, Liss. Todo tiene una explicación, no
empecemos con las pajas mentales.
Se dice mientras entra en la ducha. Después de que el agua
se lleve parte de su malestar, su mente se ha relajado un poco
más. Se viste con un trikini de flores tropicales a juego con un
pareo del mismo estampado, lo anuda a su cintura, y baja las
escaleras en dirección a la cocina para prepararse un gran café,
más que merecido.
Sus amigas siguen durmiendo, cuenta los pares de zapatos
en la entrada cosa que le hacen saber que todas han vuelto
sanas y salvas, aunque no ha escuchado el timbre ni ningún
ruido escandaloso. A saber, a las horas que han llegado.
—Seguro que Belén ha sido la encargada de abrirles la
puerta. Ella y su sueño ligero. Suerte para ellas porque si no,
habrían dormido a la fresca. —Se dice mientras sale al jardín.
El sol resplandece en el cielo y el calor provoca que su
bigotillo empiece sudar. Se pasa demasiado tiempo sentada en
el exterior, escuchando música, cotilleando las redes sociales y
sin saber cómo “pura casualidad, oye” llega hasta el perfil de
Alberto donde busca pruebas que le den alguna pista de su
noche pasada, pero no ve nada.
Después de su trabajo de investigación frustrado, decide
darse un baño en la piscina. Por suerte su pierna ya no tiene
vendajes que le impidan no poder entrar al agua. Agradece la
sensación placentera que tanto añoraba del agua fría en esos
días tan calurosos de agosto.
Tras un rato pensando en sus cosas, una idea cruza fugaz
por su mente.
“Cómo se me puede haber pasado algo así por alto” Piensa
mientras sale del agua todo lo rápido que puede, resbalando
por las prisas. Por suerte consigue apoyarse en su pierna buena
antes de caer de boca contra el suelo ante el fallo de su pierna
aún resentida.
—Me cago en todo, qué casi me vuelvo a partir la pierna.
Si es que no se puede ser más torpe. —Se regaña ella sola con
la mano en el pecho, por el susto que acaba de llevarse.

Una vez recuperada, consigue llegar a su objetivo.


Desbloquea el teléfono y rápidamente entra de nuevo en
Instagram para revisar las fotos del restaurante donde estuvo
Alberto la noche anterior.
Nunca falla, quién la entienda que la compre, pero así es
ella.
“Nadie se va a enterar, y solo quiero ver lo guapo que iba”
Se consuela ella misma, para evitar sentirse mal ante la
invasión de intimidad que está cometiendo con su chico.
Teclea Zielou en el buscador de la App y al ver el círculo
rojo que rodea la foto de perfil, sabe que ha acertado, los
histories nunca defraudan.
Platos de comida muy minimalistas, gente brindando,
bailarines en directo, cantantes que amenizan la velada de los
comensales, más personas que se etiquetan allí… Ella sigue
rebuscando, mirando una a una. Realmente el sitio parece
espectacular y la gente parece pasarlo en grande allí. Los
videos muestran como esa noche la orquesta canta temas de
salsa mientras los bailarines bailan por parejas en el centro de
la sala.
Todo muy bonito, pero ni rastro de su hombre por ningún
lado.
‘Claro bonita. Te piensas tú que iban a estar con la gente
cenando tan normal, te dijo que tenían un reservado. Sosiega y
espera a escuchar lo que tenga que contarte.’ Como siempre su
Matilda está de parte de Alberto, últimamente parece que se ha
convertido en su parte racional.
Decide abandonar el espionaje y disfrutar del día tan
maravilloso que hace, mientras escucha Y ahora de DNA y
D’Alex.
Anda tan metida en la canción, cantando y moviendo la
cabeza al ritmo de la música con los ojos cerrados, que no
repara en que frente a ella de pie están sus amigas mirándola
con sus caras sonrientes. Su cuerpo da un salto en la gran cama
balinesa donde reposa ante la intrusión de éstas.
—Chicas, qué susto. Entre las caras de zombis y que no os
esperaba, casi me matáis. —Se burla de ellas.
—Mira, bonita. Qué no tengo el chichi para farillos, hazme
un hueco que me desintegro. —Dramatiza Christian mientras
se tumba a su lado.
—Ayer nos bebimos hasta el agua de los floreros, no puedo
con mi vida. —Se queja ahora Sara.
—Pues tú al menos pillaste cacho, puti. Yo acabé abrazada
a la taza del wáter, para variar… Y el vikingo que me esperaba
al verme salir con el rímel corrido, salió por patas. —
Puntualiza Raquel.
—A mí, hoy no me pidáis ir a ningún sitio. Porque os aviso
ya, que de este maravilloso paraíso no me sacáis, mis neuronas
y mi hígado os lo agradecen. Gracias —Les avisa Esther
mientras hace una reverencia.
—Tranquilas chicas, yo tampoco pienso moverme de casa
en todo el día. No hemos parado ni un día desde que llegamos.
—Comenta ahora Anita.
—Pues todas felices, hoy acampada en el jardín. También
podemos bajar a la cala privada por esas escaleras. Es una
maravilla. —Les propone Liss
—Venga, ya. No me jodas, ¿Qué esas escaleras dan a una
cala privada? —Pregunta emocionada Paula mientras sale
corriendo seguida por el resto para asomarse a mirar.
—Tía, que pasada de casa. Por favor, universo concédeme
una así para mi solita y prometo salvar a la humanidad. —
Implora mirando al cielo Christian, ante la mirada divertida de
sus amigas. Más que acostumbradas ya, a la Drama Queen que
lleva dentro.
—Entonces ¿Qué? ¿nos despelotamos y nos bañamos en el
mar? —Sugiere traviesa Raquel.
Todas gritan como locas y asienten, ayudan a bajar a Liss el
gran tramo de escaleras de madera. Hasta llegar a esa pequeña
cala digna de las mejores postales ibicencas.
Disfrutan como niñas, se abrazan, se hacen mil fotos juntas
y por separado, mientras la música suena a todo volumen a
través del altavoz portátil que han cogido antes de bajar.
Saludan de lejos a las embarcaciones privadas que pasan de
largo. Ríen y se sienten las personas más afortunadas del
mundo, por tenerse unas a las otras en la vida. Entre todas, son
una gran piña que ni el tiempo ni nadie ha conseguido separar.
Y de esta manera es como la mente de Liss consigue
aparcar los pensamientos negativos que comenzaban a aflorar
al inicio del día.
7
JAQUE AL REY

ALBERTO.

Las ganas de estar junto a Liss en Ibiza se acentúan cada


vez que habla con ella.
Mientras termina de arreglarse para ir a la cena, que han
organizado los compañeros de rodaje, hace videollamada con
ella.
Ella también está preparada para la fiesta que tienen
organizada en la casa que comparte con Rober y Noemi. A él
le encantaría poder estar ahora mismo allí, para así poder
mantener a raya a los tíos que quieran acercarse a ella con
intenciones lascivas. No puede evitar el sentimiento de
protección y los celos que ella, sin saberlo, provoca en él.
La inseguridad siempre fue su punto débil, pero a base de
palos se construyó una coraza que hasta el día en que la
conoció, lucía con gran orgullo.
Pero llegó ella, y su caparazón se fue desquebrajando poco
a poco, sin darse cuenta, con la luz que desprendía se lo había
jugado todo a una mano, como en las partidas de póker, o todo
o nada. Esa mujer le había desbaratado la vida en poco tiempo,
para bien.
Se despide de ella, y le hace gracia como ella sin querer
evitarlo muestra también sus celos hacia él.
—Si tú supieras que lo que me haces sentir, jamás dudarías.
—Se dice en voz alta una vez que finaliza la videollamada.
Unos golpes en la puerta de su habitación le hacen volver
al presente.
Miguel, su amigo, está al otro lado de la puerta para ir
juntos hasta Zielou, ese maravilloso restaurante de Madrid
situado en la estación de Chamartín donde tienen un salón
reservado solo para ellos.
Esperan a su Uber en la puerta del hotel mientras charlan
animadamente de lo bien que están saliendo las cosas. Miguel
ha demostrado que ha cambiado. Después de ver las
consecuencias de sus celos hacía su amigo ha comprendido
que quiere lo mejor para él, y eso, aunque le haya costado
aceptarlo, es Liss.
No dudó ni un solo segundo en arreglar todo lo que Nerea
había provocado. Sabía que había muchas cosas en juego, una
de ellas, perder de por vida la confianza de su mejor amigo,
por ese motivo no dudó en hacer lo que debía para que la
neurótica de Nerea no intentará de nuevo destruir la felicidad
de Alberto. Poco a poco parecía que la cosa volvía a la
normalidad entre ellos dos.
—¿Qué tal sigue Liss? ¿Cuándo termina rehabilitación? —
Se interesa Miguel entrando en el coche que acaba de llegar.
—Bien, gracias. La semana que viene por fin parece que
podrá dejar de ir. Le he dicho que venga a final de semana
para que conozca Madrid y cuando termine el rodaje, nos
iremos a Valencia. Mis mujercitas están deseando conocerla y
yo me muero por tener juntas a las chicas de mi vida, aunque
sean solo unos días. Después toca ir a Barcelona, para conocer
a su abuela, ella la adora.
—Vaya, tío. Como me alegro, por fin vas a presentarle a tu
madre a una chica. Me alegro de que seáis tan felices. Os lo
merecéis.
—Pues ya ves, me han echado bien el lazo. —Ríe Alberto.
—Gracias, me alegro de poder contar contigo de nuevo. Te
echaba de menos, colega.
—He sido muy imbécil, lo sé. Pero no dudes, que haré lo
que esté en mi mano, a partir de ahora, para no volver a
traicionar tu confianza. Tú me salvaste y confiaste en mí, me
sacaste del pueblo y me diste una buena vida. Tu fama llegó de
la noche a la mañana y yo, no supe gestionarlo todo. Gracias a
ti, por no darme la patada en el culo. Aunque me la merecía.
—Ganas no me faltaron. —Confiesa Alberto. —Todos
merecemos una segunda oportunidad. Mírame a mí. Tú mejor
que nadie sabe mi pasado y todo el odio que llegué a acumular
en el pueblo.
—No te atormentes más, Alberto. Fueron tiempos difíciles
y no fue culpa tuya. Sólo fuiste la cabeza de turco para poder
buscar a un culpable. Ya sabes cómo son las viejas del visillo,
pero tu familia y tus amigos sabemos que no fue culpa tuya.
Su mente viaja hasta aquel fatídico día en el que un golpe
de realidad le hizo despertar de la mala vida que llevaba
entonces.
Recuerda perfectamente lo alterado y eufórico que estaba
como consecuencia de las drogas y el alcohol que había
tomado, cómo se creía invencible y como se desarrolló todo lo
que casi le arruina su futuro.
Hace ocho años de aquel trágico accidente. En el que, por
desgracia, su socio y la persona que consideraba su hermano
perdía la vida en aquel accidente de coche y cómo la persona
que conducía el otro coche quedó postrada de por vida en una
silla de ruedas.
Ángel, su mejor amigo, conducía a toda velocidad por las
curvas de aquella carretera, comenzaba a amanecer y ellos
volvían borrachos de aquella fiesta en la que habían vendido
todas las drogas con las que trapicheaban. Los bolsillos
rebosaban de dinero. Ellos bebían a morro y seguían esnifando
cocaína mientras la música retumbaba en el interior de aquel
coche. Su amigo invadió el carril contrario mientras intentaba
sujetar la carpeta con las rayas hechas que Alberto le pasaba.
No le vieron venir hasta que el coche impactó de frente contra
el otro vehículo, su amigo murió en el acto y él pasó meses en
el hospital recuperándose de sus lesiones. Pero nada dolía más
que la pérdida de su mejor amigo y la vida truncada del otro
conductor, al que tuvieron que amputar una pierna y la otra
sufría la inmovilidad causada por las lesiones en su médula.
La muerte de Ángel conmovió a todo el pueblo, era un
buen chico, noble, trabajador y muy influenciable. Admiraba a
Alberto y se dejaba llevar por él donde mandara. Por ese
motivo todo el pueblo culpaba a Alberto. Por suerte, de
aquello, hacía ya demasiado tiempo y había demostrado a
todos ellos que las personas pueden cambiar y volverse
mejores.
La muerte de su amigo y la ayuda de su familia le hicieron
salir de aquella vida de autodestrucción y ahora su vida tenía
otro sentido.
Nunca había vuelto a hablar de ello con nadie, sólo Miguel
sabía por todo lo que había tenido que pasar. Por ese motivo
cuando Liss sufrió el accidente él recordó todo lo que había
pasado. Y el miedo a volver a perder a alguien en esas
circunstancias y más a su querida Diosa, le han hecho
arriesgarse a todo con ella y querer protegerla de por vida.
—Miguel. —Rompe ahora el silencio. —Tengo que
contarte algo.
—Tú dirás.
—Liss me contó que los frenos de su coche se manipularon
antes del accidente. Desde entonces mi mente está alerta.
¿Crees qué puede ser posible que la familia de aquel hombre
tenga algo que ver? No hemos recibido más amenazas después
de todo el dinero que pagué a sus hijas ¿verdad?
—No me jodas, tío. ¿Por qué no me lo has dicho antes? —
Se preocupa y rápidamente busca algo en su móvil. —Pagaste
mucho dinero para que te dejaran vivir en paz. Esas chicas lo
hicieron todo a espaldas de su padre y el buen hombre se
encargó de que sus hijas no siguieran con la obsesión que
tenían contigo. De todas maneras, déjame que haga un par de
llamadas, para asegurarme de que siguen en el pueblo. Si han
sido ellas tienen que estar en Ibiza, para poder haberlo hecho.
—No tenemos ni idea de cómo son ahora, que deben tener
¿veinte años?
—No deben pasar de los veintidós. Tranquilo, si
descubrimos que no están allí, conseguiremos ponerles cara y
localizarlas. Podemos conseguir fotos suyas recientes, eso no
será problema.
—Gracias de nuevo. Estaba a punto de volverme loco
pensando y no encontraba el camino para averiguar. Mi mente
está bloqueada.
—Para eso me tienes a mí. Anda salgamos, ya hemos
llegado, esta noche vamos a pasarlo bien. Hace mucho tiempo
que no nos divertimos juntos y nos lo merecemos. Mañana
será otro día y me pondré manos a la obra.
—Tienes razón, amigo.

Entran en el restaurante y son guiados directamente hasta el


salón donde les esperan el resto del equipo y los compañeros
de rodaje. La cena se anima y todos achispados deciden una
vez que allí no tienen nada más que hacer, continuar la noche
en ‘Medias Puri’. El nombre descoloca a Alberto, pero varios
chicos de la capital aseguran que es el mejor garito de Madrid.
Se distribuyen en varios coches que los llevan hasta Tirso
Molina, donde se encuentra la discoteca. Entran directamente,
a pesar de las colas que hay para poder acceder al local.
Alberto queda alucinado por la decoración y el ambiente
que allí dentro hay. Sin duda, la originalidad y la buena música
hacen de esa discoteca un referente de la noche madrileña.
Los porteros los acompañan hasta los reservados VIP, y
rápidamente el encargado de la sala, al ver al actor de moda en
su sala, prepara unas mesas con botellas de alcohol que corren
a cargo del local.
Alberto se asegura de dejarles una buena propina tanto a
los porteros como a las personas que trabajan allí y se
encargan de que todos pasen una magnífica noche.
Por supuesto nadie del personal de sala, permite que las
pocas personas que se percatan de la presencia de Alberto se
acerquen ni tomen fotos. Esta noche no están como para que
se dejen ver. El alcohol les desinhibe, bailan y ríen sin
descanso mientras las botellas vuelan, parecen vikingos,
celebrando la conquista de nuevas tierras, y chocando sus
copas mientras gritan ‘Skol’.
La noche parece no tener fin y, efectivamente, descubren
poco después que no tienen fin. La hora de rodar se les echa
encima y todos los que hoy tienen que estar allí, salen
escopetados hasta el lugar de grabación.
Por suerte para ellos, el equipo de maquillaje consigue
camuflar el desfase de la cara de Alberto y sus compañeros de
reparto.
Mientras el director consigue sin problemas que el personal
sanitario, que los acompañan a diario durante todo el rodaje, se
encargue de suministrar inyecciones de vitamina B12 a todos
para que los efectos de la resaca no arruinen el día de trabajo.
El día por fin llega a su fin y Alberto decide llamar a Liss.
—Madre mía, el rebote que debe llevar encima. Solo le he
mandado un simple mensaje en todo el día. Veamos qué nos
encontramos.
Marca el número de su chica, y después de varios tonos.
No hay manera de que conteste. Lo vuelve a intentar varias
veces más.
—Serás orgullosa, nena. —sonríe de medio lado, al
imaginársela mirando el móvil con cara de pocos amigos y
hablando sola para no cogerle la llamada. —Te conoceré yo a
ti.
El cansancio y las horas sin dormir hacen mella en él. En el
trayecto de vuelta, que traslada a los compañeros de reparto al
hotel en coche, el sueño le vence y da cabezadas mientras en la
radio suena la canción Jaque al Rey de Belén Aguilera.
Cuando entra en su habitación, se va directo a la ducha
mientras espera que le suban algo de cenar por parte del
servicio de habitaciones.
Envía un mensaje a Liss antes de que la cena llegue.
< Mi amor, perdóname por no decirte nada anoche. Pero no
te voy a mentir, la cena se nos alargó y acabamos en Medias
Puri, no te asustes. Es un garito de moda en Madrid, lo
pasamos tan bien… El caso es que me muero por verte, no
sabes cuánto te echo de menos. Dime que no te enfadas con tu
maravilloso novio. TE QUIERO NENA
P.D.: Levántame el castigo y déjame verte. Por favor>

Una vez termina de cenar, comprueba WhatsApp y


empieza a enfadarse al ver que ni siquiera tiene el doble clic
azul.
—Mierda, Liss. ¡Ostia, con el orgullo! Mañana, será otro
día.

El sueño le vence y cae rendido sobre el colchón, sin hacer


caso a las tantas notificaciones pendientes de leer en redes
sociales. Quizás si no estuviera tan destruido, su sueño no
sería tan profundo… Y podría ver lo que alguien le ha hecho
llegar.
8
ANTÍDOTO

Liss y las chicas están viendo la película de ‘Sexo en NYC’ en


una sala inmensa con un gran proyector que hay en la planta
del sótano de casa de Alberto. Todas están tiradas por los
suelos sobre grandes y mullidos cojines, mientras comen
palomitas y cantidades indecentes de chucherías,
Mira de nuevo el mensaje que ha recibido de él, desde
entonces no ha podido seguir prestando atención a la película,
a pesar de ser una de sus favoritas.
Ha intentado ignorar la notificación del mensaje, pero si se
muerde la lengua se envenena.
—Menudo caradura estás hecho— Resopla indignada.
—No es para tanto. Ya sabemos cómo acaba la peli, tía. —
Le dice Paula, sin apartar la vista de la gran pantalla mientras
se lleva otro puñado de palomitas a la boca.
—¿Qué dices, Pauli? No estoy hablando de eso.
—¿Qué dices tú, entonces?
‘Menuda conversación de besugos’ Le ridiculiza Matilda.
Liss le da el móvil a su amiga, con la aplicación de
mensajería abierta, para que lea el mensaje que ha recibido.
Esperando así encontrar apoyo en ella.
‘Pobre ilusa. Cuando no tienes razón, no la tienes y punto.’
Matilda se ha propuesto darle la noche, también.
—Y ¿Qué pasa? No te ha dicho nada malo. Ni que hubiera
matado a alguien, el chico. Se ha liado de juerga y encima ha
tenido que estar todo el día rodando. No seas histérica, amiga.
—Os podéis callar, un poquito. Qué esta es la mejor parte.
—Se queja Raquel.
—Vamos a la cocina, anda. —Le dice Paula, mientras tira
de ella para que se levante.
Salen de la sala de proyección y suben las escaleras hasta
llegar a la cocina.
—En serio ¿Le defiendes? —Pregunta Liss boquiabierta.
—Ni un mensaje para avisarme en toda la noche, ni esta
mañana. Dejándome preocupada desde que hablamos por
última vez. Y ahora me viene con que ha estado de festival y
se ha ido sin dormir a trabajar. ¿Debo creerme qué es verdad y
qué no ha estado con nadie?
—¿En serio, Liss? —Su amiga imita el tono que ella acaba
de utilizar— ¿En ese punto estamos? Aterriza, amiga. Lo que
no entiendo es cómo tú puedes montarte tantas películas en tu
cabeza después de todo lo que te ha demostrado. ¿Tú te
escuchas cuando hablas?
Liss se queda callada, pensativa. El sentimiento del ridículo
se apodera de ella y niega con la cabeza mientras una tímida
sonrisa comienza a dibujarse en su rostro.
—Joder, tienes razón. Pero después de todo lo que pase con
Daniel. Entiéndeme, Pauli. La inseguridad me está matando.
No sé gestionar todo esto que siento. Cuanto más tiempo llevo
con él, más miedo tengo de perderlo. ¿Qué me pasa?
Liss se deja caer en uno de los taburetes y se lleva las
manos a la cabeza. Sabe que no tiene motivos para desconfiar
de Alberto, ni siquiera entiende el origen de su desconfianza.
Le ha demostrado en todo momento lo que valora su relación
con ella, la manera de tratarla, la forma en que la mira como si
ella fuera su mundo entero.
—Anda, ven aquí. —Paula la abraza para consolarla. —
Estás enamorada hasta las trancas y estás viviendo algo que se
te escapa de las manos. Es normal, cariño. Han pasado
demasiadas cosas en poco tiempo. Pero tienes que vivir el
momento, tienes al hombre más deseado de la tierra, sólo para
ti. Te cuida, te venera, te mima, te mira como si el mundo
acabara en tus ojos para él. Y sabes ¿Por qué?
—¿Por qué?
—Porque te lo mereces. Porque la historia de amor que te
ha llegado es digna de ti. Nadie sabe cómo acabara esto, mi
amor. No tenemos la bola de cristal para ver el futuro, pero sé
que tu presente es maravilloso. Y debes relajarte o conseguirás
tu solita estropearlo todo.
—Le quiero demasiado, se me hace un mundo tenerle lejos.
Me siento desprotegida sin él. No quiero sentirme así, porque
esta es la vida que él ha elegido, con la que yo le he conocido
y siempre será así. Viajes, fama, dinero, lujos… Y yo no
pertenezco a ese mundo, Pauli. Estoy acojonada.
—Tú tienes la última palabra ahora mismo. O te subes al
tren o te bajas, pero tienes que hacerlo con todo. Yo sin duda
me subía y no lo dejaba escapar, ni un solo segundo por mis
inseguridades.
—Tú eres una valiente. —Ríe Liss.
Su mejor amiga tiene razón, ella siempre fue valiente. Liss
la admira, ojalá fuera como ella.
—El cementerio está lleno de valientes. Pero prefiero morir
como una valiente que vivir como una cobarde, dejándome lo
que podía haber sido escondido en un cajón.
—Tienes razón. Voy a ser valiente. Le quiero, joder. No
quiero perderle por nada del mundo y voy a disfrutar de la
vida que quiere darme, voy a hacer lo que me salga del
corazón en todo momento. No voy a volver a hacer las cosas
porque sea lo que debería, me voy a dejar llevar.
—Brava, amiga. —Aplaude Pauli. —Y si se le ocurre
hacerte daño, cosa que dudo, sinceramente. Acabaremos con
él. —Añade mientras le guiña cómplice el ojo.
Regresan entre risas con el resto del grupo y contemplan
como todas lloran de alegría ante el final de la película que
acaba de terminar.
Una vez en la cama Liss decide contestar por fin al mensaje
de su Adonis.

< Soy una rencorosa, por eso no te he contestado antes. No


tengo motivos para ponerme así… Pero no me vuelvas a tener
en vilo tanto tiempo. Si esto va a ser el pan nuestro de cada día
en nuestra relación (por tu trabajo) no estoy segura de querer
acostumbrarme a ello. No te pido un informe detallado cada
vez que estés lejos de mí. Pero sí que no me preocupes con tus
ausencias. Me he puesto celosa, lo reconozco, y mucho. En
fin, ya se me ha pasado (un poquito) y quiero que sepas: Qué
te amo con toda mi alma. No soporto tenerte lejos tanto
tiempo, te echo demasiado de menos. Buenas noches, mi
vida.>

El hecho de enviar ese mensaje, la pone tontorrona y


muerta de vergüenza suelta un grito mientras patalea nerviosa.
Abre su lista de Spotify y decide escuchar música antes de
dormir. DOSIS de Dvicio y Reik comienza a sonar y ella
tararea la letra de la canción.
‘Ya está hecho, amiga. Ahora a ser consecuente. A por
todas’ Le anima Matilda triunfante, mientras el sueño
comienza a adueñarse de Liss.

El timbre de la puerta suena insistente en la planta baja.


Liss entreabre los ojos cegada por el sol que se cuela a través
de los ventanales de la habitación.
—¿Quién será? —Se queja mientras se levanta y decide
bajar a abrir la puerta, ya que ninguna de sus amigas ha salido
para abrir.
—No os hagáis las sordas, putillas. Qué lo habéis oído
como yo— Grita mientras pasa por la puerta de las
habitaciones que ocupan sus amigas. —La lisiada es la que
tiene que levantarse ¿No? —Bromea.
Se escuchan risitas, pero se hacen las sordas.
Cuando por fin llega a la puerta principal y abre, se
encuentra con su hermano Edgar y la chica que le acompañaba
la otra noche en la fiesta.
‘Vaya, parece que la cosa va en serio. Está repitiendo de
nuevo con la misma’ dice Matilda mientras sonríe a su
hermano.
—Vosotros ¿No dormís o qué? —Regaña a su hermano
medio en broma, medio en serio —Adelante.
—Buenos días, a ti también. —Saluda su hermano cuando
pasa por su lado cargado con bolsas de supermercado y le da
un rápido beso en la mejilla. —Tienes que trabajar ese
malhumor que tienes recién levantada o Alberto saldrá por
patas el día menos pensado.
—No me toques las palmas, anda. Cuando él duerme
conmigo te aseguro que me da los mejores despertares.
—Voy a hacer como si no lo hubiera escuchado. —Edgar
intenta disimular el malestar que le genera saber que su
hermana mayor también disfruta del sexo al igual que él y
cambia de tema. —Anoche no trabajamos y hemos decidido
venir a haceros compañía, a Violeta le hacía ilusión venir a ver
la casa de Alberto.
—Cállate. Qué vergüenza —Se sonroja la aludida mientras
agacha la mirada. —Lo siento, Liss. Le dije que te llamara
primero para avisar, pero no me hizo caso.
—Tranquila, muñeca. No pasa nada. Sois bienvenidos.
Pasa, no te quedes ahí. —Sonríe Liss a la tímida chica.
—Gracias. —Le dice mientras entra en la gran casa y
contempla todo como si nunca hubiera visto nada igual. A ella
le pasó exactamente lo mismo la primera vez que entró allí. —
Vaya, qué pasada. Esto es increíble.
—Sí que lo es, sí. —Contesta Liss. —Así me quedé yo la
primera vez que entré aquí, también. Necesito café ¿Me
acompañas a la cocina?
—Sí, por supuesto.
Van hasta la cocina, donde está Edgar llenando la nevera
con todo lo que ha traído
—¿Qué traes, loco? —Pregunta a ver la cantidad de cosas
que saca de las bolsas.
—Pues hemos traído comida para todos y bebidas. Si tenéis
planes podemos dejarlo aquí para otro día, no pasa nada.
—Ayer ya pasamos el día en casa, no creo que hoy quieran
repetir. Podemos ir a pasar el día fuera. —De repente cae en la
cuenta de que no ha mirado la hora— Mierda, ¿Qué hora es?
—Las once y media. ¿Por qué? —Pregunta Edgar.
—Joder, joder. Qué tengo que estar en una hora en
rehabilitación, estoy a punto de terminar y si no tendré que
hacer un día de más. Ni de coña. —Explica nerviosa al pensar
que por su culpa tenga que estar un día más separada de su
Adonis, con el que tiene planes que está deseando llevar a
cabo.
—No te preocupes, yo puedo llevarte sin problemas.
Conduzco bien. —Se ofrece Violeta sonriente.
—¿De verdad? Me harías un favor. —Aplaude Liss. —Así
mientras las chicas se acicalan nos da tiempo de ir y volver.
Eres un encanto, corazón. No la dejes escapar, hermanito. —
Sale lo más rápido que puede flechada a la habitación para
ducharse y vestirse en tiempo récord, dejando a Edgar con cara
de póker ante el comentario que su hermana acaba de hacer
delante de su nueva amiga.

Media hora después Liss está montando en el coche de


Violeta junto a ella.
—Tendrás que guiarme porque no me conozco aún
demasiado bien la isla. —Dice Violeta.
—Tranquila, te harás rápido con ella. Yo te guío.
Mientras Violeta conduce concentrada en la carretera
siguiendo las indicaciones de Liss para llegar hasta el
ambulatorio donde hace la rehabilitación. En la radio del
coche comienza a sonar el nuevo tema de Antonio José,
Antídoto
—Me encanta esta canción. ¿Puedo subirla? —Pregunta
Liss
—Y a mí. Dale caña. —Contesta Violeta.
Juntas empiezan a cantar la preciosa canción sonrientes.
‘Me cae bien esta chica, mi hermano sería capaz de sentar
la cabeza junto a ella. A ver si se centra por fin, y nos da una
alegría a mis padres y a todos’ Se dice mientras sonríe a la
preciosa chica de mirada transparente.
Su móvil comienza a sonar, es una videollamada de
Alberto, feliz de la vida acepta la llamada para ver la cara de
su chico que tanto ha echado de menos.
—Buenos días, mi amor. —La voz ronca de su chico la
hace ponerse tontorrona al instante.
—Buenos días, mi vida. —Contesta ella y le lanza un beso
al aire.
—¿Ya me has perdonado?
—Claro que sí. ¿Lo dudabas? Soy de mecha corta, pero un
trocito de pan, en el fondo. —Ríe Liss, se percata de que casi
han llegado al ambulatorio, desvía la atención de su pantalla
para avisar a Violeta de que ya puede parar el coche.
—Dame un segundo, amor. —Dice a Alberto. —Para por
aquí, ya hemos llegado. Espérame si quieres por la zona, no
dejan que nadie entre conmigo. Las chicas siempre me esperan
en ese bar mientras toman algo, en media hora más o menos
terminan conmigo. —Le dice a Violeta.
—OK, tranquila. Busco sitio para aparcar y te espero allí.
—Dice ella en voz baja para no ser escuchada.
Liss baja del coche y retoma la conversación con Alberto.
—Ya está, cariño. No te vas a creer lo que te cuento. Mi
hermano está sentando la cabeza ha conocido a una chica
encantadora, se llama Violeta y es preciosa, me ha traído ella a
rehabilitación, parece un amor de nena. —Informa a Alberto.
—Vaya, eso sí que no me lo esperaba. Qué alegría. —
Contesta Alberto sorprendido. —Ibiza. La isla de la fiesta y
del amor, parece que este verano acabamos todos felices y
enamorados.
—Pues sí, eso parece. Quién nos lo iba a decir. —Afirma
ella. —Cariño, tengo que dejarte porque entro ya. ¿Hablamos
después?
—Claro que sí, princesa. Que vaya super bien. Estoy
deseando tenerte aquí conmigo. Ya cuento las horas.
—Y yo. Créeme, me muero por estar a tu lado. Te quiero.
—Y yo a ti, nena. Hasta luego.
Se despiden sonrientes y Liss entra en la sala donde ya la
esperan para darle caña a su pierna ya casi recuperada.

Media hora después, termina sus ejercicios. Se despide de


su fisio hasta el día siguiente y sale para encontrarse con
Violeta en la cafetería donde han quedado.
La encuentra de espaldas, mientras chafardea su móvil, Se
acerca a ella y ésta se asusta, rápidamente guarda su teléfono
en el bolso.
—Perdón. Casi te mato de un infarto. —Se disculpa Liss.
—Ya he terminado, ¿ha sido muy larga la espera?
—Tranquila, para nada. Ya sabes con las redes sociales se
pasa el tiempo volando.
—Tienes razón. ¿Nos vamos?
—Por supuesto, ya he pagado. Así que, regresemos. He
aparcado cerca. Vámonos.

Caminan juntas hasta el coche, y Liss se interesa un poco


más por la vida de Violeta.
—Cuéntame cosas de ti. —Le anima
Violeta desvía la mirada un instante, y se pone nerviosa. No
se esperaba tener que hablar de su vida con Liss, tan pronto.
—Pues hay poco que contar. —Duda sobre qué decir. —
Soy de Valencia, llevo dos meses en la isla por trabajo, mi
familia está allí. Terminé la carrera de Enfermería este año y
decidí venirme aquí a disfrutar del verano y ganar pasta, antes
de ponerme a trabajar de lo mío. Mi vida es un poco aburrida,
cuéntame tú de la tuya.
—Vaya, qué casualidad. Yo también soy enfermera, pero
me dedico al sector de la cirugía plástica y la medicina
estética, trabajé durante años en UCI del Hospital Clínico de
Barcelona, pero soy demasiado aprensiva. No sabía separar el
trabajo de mi vida personal. Me llevaba los problemas
conmigo y me afectaba muchísimo perder a algún paciente.
Por eso decidí cambiar de rama y, desde entonces me va muy
bien. Echo de menos la vida de hospital, pero no es lo mío.
—Yo espero poder trabajar en la rama de pediatría, me
encantan los niños. Sé que debe ser muy duro verlos sufrir,
pero que se recuperen y ver sus caras sonrientes, me motiva
más. Ellos no tienen maldad, son pura inocencia.
—Tienes razón, es muy gratificante ver como se recuperan
cuando están malitos. Espero que tengas suerte y consigas
trabajar en ello.
Suben al coche y emprenden el camino de regreso a casa.
—¿Cómo conociste a Alberto? —Pregunta Violeta.
Liss pasa todo el camino contándole la fiesta de
presentación donde conoció a su adonis con una sonrisa
dibujada en su cara, recuerda aquella noche con añoranza.
Si hace meses, en aquel ferry, mientras dejaba atrás su
antigua vida en Barcelona, le hubieran hecho un spoiler de lo
que vendría a partir de ese momento, seguramente hubiera
tirado por la borda a esa persona por enajenación mental. Sin
embargo, desde aquella noche, aunque no todo hubiera sido de
color rosa, su vida es plena y está repleta de personas nuevas y
maravillosas que se han convertido en familia. Ha descubierto
el verdadero sentido de la palabra amor incondicional y está
aprendiendo a ser alguien segura de sí misma, aún tiene
muchas cosas que mejorar, pero está convencida de que va por
el buen camino.
Violeta escucha atenta todo lo que Liss relata en silencio.
Llegan a casa de Alberto y allí están esperando el resto del
grupo mientras toman el sol y se refrescan en la piscina.
Liss sube directa a la habitación después de saludar a todas
sus chicas, se ha puesto tontorrona después de recordar
mientras hablaba con Violeta, y ahora su prioridad es hablar a
solas con Alberto.
Se mira en el espejo y se retoca el pelo y el rostro para estar
guapa antes de hacer videollamada. Se siente como una
quinceañera sentada en la gran cama, nerviosa por ver de
nuevo a su chico, aunque sea en la distancia y a través de la
pantalla de su teléfono.
Alberto descuelga al segundo toque y el amor que se
procesan inunda la habitación durante más de una hora. Los
dos necesitan su momento juntos y solos para aclarar la rabieta
de Liss y para deleitarse con sus ojos y sus cuerpos ardientes
mientras hacen las paces, como si estuvieran en la misma
habitación juntos sin tantos kilómetros de distancia entre ellos.
9
UN PLANETA LLAMADO
NOSOTROS

Los días pasan rápido junto a sus amigas, y las vacaciones de


éstas llegan a su fin.
Tienen que regresar a Barcelona para continuar con sus
vidas. Aunque si por ellas fuera se quedarían allí eternamente,
el trabajo las reclama.
Liss, ya ha terminado por fin sus sesiones de rehabilitación
y aunque debe continuar con sus ejercicios diarios, puede
hacerlos ella sola en cualquier lugar. Y por ese motivo y, otros
más, como por ejemplo las ganas de disfrutar de su Adonis
para ella solita. Ella también está camino del aeropuerto junto
a sus amigas, aunque ella con un destino diferente: Madrid.
Rober y Edgar han sido los encargados de llevar a las
chicas hasta allí, como buenos protectores complacientes que
son, y ahora se despiden de Liss y las chicas sonrientes.
—Rober, cuídame al enano. —Le dice al oído refiriéndose
a su hermano. —Qué no me la líe en mi ausencia.
—Tranquila, hermanita. Estará en buenas manos. Disfruta
de Alberto y dale un abrazo enorme de mi parte. Volved pronto
—Se despide Rober de Liss mientras besa su frente.
—Bueno, tampoco tenemos prisa. —Le sonríe Liss
mientras le guiña cómplice el ojo.
Se despiden entre risas y vuelve a advertir a Edgar de que
se ande con ojo, por milésima vez.
‘Hija mía, que cansina puedes llegar a ser a veces. Tú como
madre tienes que ser un martirio’ Le reprocha Matilda.
Facturan sus maletas con destinos diferentes y como tienen
tiempo hasta que sus vuelos salgan se dan juntas una vuelta
por las tiendas del aeropuerto.
Después de hacer varias compras para sus familiares. Liss
se despide de sus “locas del coño”, con la ilusión de que en
pocos días volverá a estar junto a ellas y Alberto en Barcelona.
Se dirige hasta su puerta de embarque que ya está abierta,
para poder subir a ese avión que le llevará directo hasta
Madrid donde su chico la espera para enseñarle esa preciosa
ciudad. Espera en la cola a que llegue su turno mientras a
través de sus auriculares suena Un planeta llamado nosotros
de Maldita Nerea
‘Más personas como tú y menos miedo’ Canta en voz baja
y sonriente Liss. Una notificación en su móvil la hace aterrizar
de nuevo en el mundo donde ella estaba aislada soñando
despierta mientras andaba metida en la canción.
Un selfi de Alberto lanzándole un beso acompaña el texto
que lee enchochada perdida:

<Cuento los minutos para tenerte entre mis brazos, no


pienso separarme de ti en lo que me queda de vida. Te prometo
que vamos a disfrutar como niños pequeños de estas
vacaciones juntos. Serán cortas pero intensas, mi amor. Las
primeras del resto de nuestras vidas. Te veo ya, de ya. TE
QUIERO>

—Yo sí que te quiero, mi amor. Ojalá sea verdad. —Se dice


en voz baja esperanzada, mientras hace una foto del panel de
la puerta de embarque y escribe rápidamente.

<Espérame que voy volando a tus brazos, mi amor. Las


primeras de muchas juntos. Me muero por llegar ya a tu lado.
TE QUIEADORO.>
Envía el mensaje a la vez que llega a la tripulante de cabina
que comprueba su documentación, todo está correcto. Le
desea un buen vuelo y Liss sube a ese gran pájaro de acero que
la llevará directa a Madrid y como ya bien dice el dicho: “De
Madrid al cielo”.
El vuelo hasta Madrid es tranquilo y se le hace corto
mientras lee la última novela de Nina Minina que ha comprado
en el aeropuerto antes de embarcar. Ríe con las ocurrencias de
las autoras, le encantan sus novelas y el toque de humor que
saben meter en sus libros.
Cuando le permiten salir por fin del avión, las mariposas
revolotean en su interior, ante la expectativa de ver en minutos
de nuevo a su chico.
Anda lo más rápido que sus zapatos de cuña le permiten. Es
la primera vez que vuelve a subirse a unas después de tanto
tiempo y para evitar disgustos por los malos tropiezos debe
andarse con cuidado.
Avanza entre la gente hasta llegar a la cinta de recogida de
equipajes, espera histérica ver aparecer su maleta con todas
sus cosas, los segundos parecen horas. Por fin ve pasar su
anhelado equipaje y con ayuda de un amable señor, que espera
junto a ella, consigue atraparla.
—Mil gracias, pesa demasiado. —Agradece su ayuda.
‘Menos mal que queda gente amable en este mundo, ya te
veía yo a ti a gatas por encima de la cinta corredera’ Su
Matilda está graciosa hoy, mira tú por dónde.
Cuando por fin consigue salir de la puerta de llegadas
nacionales, está más perdida que el barco del arroz. Mira su
reloj de muñeca para comprobar la hora, son las dos del
mediodía, él ya debería estar allí.
—Vale, Liss. ¿Y ahora qué? —Se dice en voz baja —¿Para
dónde voy yo? Madre mía, qué me da un parraque, esto es
inmenso ¿Qué hago?
La gente pasa por su lado empujándola y quejándose por
quedarse parada en medio cortando el paso.
—Perdón, perdón. —Se disculpa con cada persona que
choca con ella.
‘Tía, sal de aquí, qué te hacen puré.’ Matilda sigue erre que
erre.
—Me juego el cuello a que está mirándome desde alguna
esquina muerto de la risa. No será capaz. —Se dice ella muy
digna mientras avanza lentamente intentando encontrar a su
hombre entre la multitud.
Efectivamente lo divisa apoyado en una de las columnas
sin poder contener la risa con los ojos divertidos. Al darse
cuenta de la mirada asesina que Liss le lanza, en su boca puede
ver como gesticula un “perdón”, y ella sin poder enfadarse con
su adonis, sonríe abiertamente mientras le contesta con sus
labios “Te mato” a la vez que avanza arrastrando su maleta
hasta él.
Rápidamente Alberto echa a correr hasta ella y la levanta
en brazos para besarla con pasión delante de cualquiera que
pase cerca de ellos. Liss rodea su cuello con los brazos y se
entrega al pasional beso que éste le regala.
—No sabes las ganas que tenía de tenerte aquí conmigo,
nena. —Dice Alberto por fin cuando separa sus labios unos
centímetros sin dejarla en el suelo.
Ni las cámaras que inmortalizan el reencuentro pueden
romper la magia del momento.
—Te aseguro que yo tenía muchas más. —Le dice Liss
mientras atrapa el labio inferior de su chico con sus dientes
para que no deje de besarla.
—Ya hemos dado el espectáculo bastante. Vámonos ya o
no seré capaz de tener las manos quietas.
Los dos ríen cómplices y caminan cogidos de la mano hasta
el coche que les espera en la puerta del aeropuerto de Madrid.
Alberto arrastra la maleta de Liss avanzando con sus
andares seguros y chulescos un paso por delante de ella, sin
soltarla de la mano. Intenta protegerla al máximo de los
periodistas que lanzan preguntas sobre el rodaje de su nueva
película, si tienen planes de boda e incluso se atreven a
preguntar si ya ha perdonado la infidelidad de Liss.
Ella intenta mantener la boca cerrada, pero cree estar a
punto de saltar a la yugular de algún que otro impertinente que
se está pasando de listo con esas preguntas envenenadas. La
mano de Alberto le aprieta transmitiéndole calma, se gira en
varias ocasiones pidiéndole con la mirada y con esa sonrisa
ladeada prudencia. Y ¿Qué no es capaz de conseguir él de
quién quiera, con esos encantos que el Universo le ha dado?
Por suerte el camino hasta el coche que espera con la
puerta abierta es corto. Rápidamente agradecen a los
periodistas su atención y se despiden entrando en el coche.
—Por fin, a salvo. —Murmura Alberto mientras atrae a
Liss para besarla de nuevo.
—Pero, qué descarados son. Yo no te he sido infiel, ¿Por
qué dicen eso? —Liss pregunta entristecida. No se esperaba
tener que lidiar con ese tipo de comentarios.
—Tranquila, mi amor. Ya sabes cómo corren los rumores.
Miguel intento silenciarlos y consiguió destruir las fotos que
os hicieron, pero las malas lenguas no se callan. No vamos a
darle importancia ¿De acuerdo? —le tranquiliza. —Estamos
juntos y dentro de nada de vacaciones. Vamos a pasarlo de
miedo, nadie enturbiará nuestro momento.
—Tienes razón, mi vida. Solo con estar contigo yo ya me
conformo. —Se acurruca a su lado en el asiento trasero,
mientras el chofer se incorpora a la carretera y conduce hasta
el hotel.
—¿Cómo lo has pasado con las chicas? ¿Qué tal todo por
la isla?
—Genial, han sido dos semanas maravillosas. Hemos
amortizado tu casa de lo lindo. —Sonríe traviesa.
—Ya me imagino, ya. Disfrutonas. ¿Y la pierna? ¿Qué te
han dicho en rehabilitación?
—Ya casi recuperada, tengo que hacer ejercicios diarios,
pero nada complicado. Dentro de poco podré salir corriendo
detrás de ti sin problemas. —Bromea, mientras él ríe y niega
con la cabeza ante sus salidas de tono.
—¿Y qué me cuentas tú? El rodaje llega a su fin, ¿Estás
contento?
—Mucho, todo ha salido a la perfección, parecía que estaba
gafado. Creía que no sería capaz de terminar. Pero, por fin se
acaba y ahora toca descansar con la mejor compañía, la tuya.
Cuando llegue la promo y el estreno, será de locos.
—Pues entonces vamos a disfrutar de la vida juntos, hasta
que llegue el temido día.
—En eso estamos, princesa. Verás, qué sorpresas te tengo
preparadas. —Alberto besa su boca para callarla, sabe a la
perfección que no debería haber dicho eso. Ahora le
interrogará a diario. A cotilla, no le gana nadie.
El coche se introduce en el centro de la ciudad, Liss admira
maravillada por la ventanilla toda la historia que ante sus ojos
se despliega. Alberto le va explicando lo que están viendo
mientras ella asiente embobada.
Le parece increíble ver el Palacio y el Teatro Real y la
preciosa Catedral de la Almudena.
—Dios, pero qué bonito es todo. Yo pensaba que Barcelona
no tenía comparación, pero Madrid es una maravilla. —Dice
soñadora.
—Sí que lo es. La primera vez que yo pisé esta ciudad
también pensé lo mismo que tú. Y verás cuando cae la noche
como se ve de bonito todo iluminado.
—Soy tan feliz, Alberto. —Liss se encarama a su cuello y
le besa apasionadamente.
—Vivo por que seas feliz, Liss. Siempre haré lo que sea
necesario por tu felicidad, no lo olvides, pequeña.
Un fugaz presentimiento de miedo cruza por la mente de
Liss, pero rápidamente lo deshecha de su cabeza.
“Paranoias tuyas. No estropees el momento, por favor”
Matilda no está por la labor de arruinar su reencuentro con su
Adonis.
El coche se detiene frente al hotel Gran Meliá Palacio de
los Duques. Liss baja guiada de la mano de Alberto y
contempla boquiabierta la magnífica fachada isabelina
inspirada en la obra del gran maestro Velázquez. Realmente se
asimila a un majestuoso palacio del siglo XIX.
—Alberto, este hotel es un lujazo. Es increíble.
—Sí, amor. Es precioso. Verás por dentro, te va a encantar.
Entran de la mano y el interior de ese majestuoso hotel la
atrapa, haciendo que Liss se sienta una damisela de otro siglo
entre tanta historia y el arte que desprenden esas paredes,
suben hasta la suite presidencial y al abrir la puerta sigue
alucinando con la decoración del lugar. Un gran salón en tonos
beiges y blancos la recibe nada más entrar, admira las grandes
cortinas que cubren los ventanales, caminan juntos hasta llegar
a la habitación principal y salen a una espectacular terraza con
las mejores vistas de una Madrid majestuosa, le hacen
quedarse embobada.
—¿Te gusta? —Pregunta Alberto mientras la abraza por la
espalda contemplando las vistas.
—Esto es un sueño. Una vez más nunca dejas de
sorprenderme.
Gira sobre su cuerpo y se inclina de puntillas para llegar
hasta la boca de Alberto, se besan apasionadamente. Las
manos de Alberto recorren su cuerpo ansiosas por explorar
cada rincón.
La coge en brazos y Liss enreda sus piernas en su cintura
por inercia, es pura magia como sus cuerpos se acoplan a la
perfección. Entran de nuevo en la habitación con ella a
cuestas, se sienta en la gran cama con el cuerpo de Liss
acoplado al suyo y sin tiempo que perder empieza a
desnudarla sin dejar de devorarse las bocas.
Liss se deshace de la camiseta que él lleva puerta y
contempla extasiada los duros pectorales de su chico. Empuja
con sus manos el torso de este para que quede tumbado con
ella encima, comienza a besar y lamer con su lengua cada
centímetro de piel y continúa bajando mientras se desprende
de los pantalones y la ropa interior.
Su glorioso pene aparece ante ella haciéndola salivar. Sin
contemplaciones rodea con su boca su ansiado manjar
provocando en él un gruñido de placer, que para ella suena a
música celestial y le hace recrearse en hacer disfrutar a su
Adonis.
Cuando las sacudidas en su boca le anuncian de que él está
a punto de llegar al clímax, lo libera de la presión de su boca y
ansiosa por sentirle dentro, por fin, se deshace de su diminuta
ropa interior y sube hasta su boca para devorarle mientras con
la mano que queda libre sujeta la verga de Alberto que sin
resistencia alguna se cuela hasta lo más profundo en el interior
de Liss.
Se miran fijamente sintiendo como el calor abrasador se
abre paso recorriendo los cuerpos de ambos, hasta que ella se
mece rítmicamente sobre él.
—Me vas a matar de placer. No pares. —Le suplica
Alberto mientras atrapa el culo de Liss entre sus grandes
manos, para así acompasar los movimientos de su diosa con
sus caderas.
—No pienso parar nunca de darte placer, mi amor.
Liss acelera sus movimientos provocando en ella una
sacudida de placer que crece desde sus pies hasta lo más
profundo de su ser, Alberto se hunde más en ella y juntos
estallan en un grito de placer que ensordece el caluroso
ambiente de la capital.

El rodaje de Alberto llega a su fin dos días después de la


llegada de Liss. Días en los que ella ha disfrutado paseando a
solas por la famosa milla de oro admirando escaparates,
obviamente de comprar en esas lujosas tiendas, poco o más
bien, nada. En Chueca y Huertas es otro cantar en esas calles
sí que ha encontrado trapitos y complementos que le han
vuelto loca, ha arrasado con todo lo que caía en sus manos, ha
callejeado por el barrio de las letras y las musas dejándose
hechizar por todo lo que sus ojos descubrían.
—Como disfrutarían mis chicas conmigo en Madrid. Sin
duda seríamos la Caña de España en esta ciudad. No sé por
qué no hemos venido juntas antes…
El teléfono vibra en su bolso sacándola de sus mundos de
Yuppie y contesta sonriente al mirar el nombre en la pantalla.
—Noemí, cariño ¿Qué tal?
—Hombre, si estás viva. Ya no te acuerdas de los pobres.
—Hija mía. Qué exagerada eres, si solo llevas sin verme
unos días.
—Y no sabes lo que te echo de menos ya. ¿Cómo me dejas
sola con estos dos neandertales? —Se queja su amiga
haciéndose la mártir, muy sobreactuada ella.
—Anda ya, no me vas a hacer sentir mal. Qué lo sepas. Sé
que eres la reina de la casa y que no te tose nadie. —Ríe Liss.
—No ha colado, tienes razón. Es mentira. Son unos soles
conmigo, los dos me tienen entre algodones. Pero es que esto
no es lo mismo sin ti. ¿Por qué no volvéis ya? Porfa, porfa —
Le suplica su amiga.
—Ni de coña, hoy termina el rodaje de Alberto y por fin va
a ser solo para mí, única y exclusivamente. Así que ya puede
estar ardiendo la casa que, si los bomberos llegan y se
encargan de ello, ni se os ocurra llamar para hacernos volver.
—Eres una mala amiga. Pero sabes que yo haría lo mismo
que tú, no te culpo.
Las dos ríen y rápidamente se ponen al día de los últimos
sucesos sucedidos desde que no se ven. Noemí le cuenta a Liss
que Edgar está inlove con Violeta y que duermen juntos cada
noche en la habitación de Liss.
—Pues sí que le ha dado fuerte al melón de mi hermano.
—No lo sabes bien. Yo creo que es brujería o algo así,
porque de verdad… Rober está flipando. Y mira que la chica
es un amor, no se despega de mí y me ayuda muchísimo en
todo. Pero aquí tu hermanito postizo no termina de fiarse de
ella, dice que sus ojos le dan grima.
—Está fatal de la cabeza. Dile que se relaje un poquito que
siempre está igual con las personas que entran en su círculo de
confianza por primera vez.
Liss sabe perfectamente la conducta de Rober ante las
personas nuevas que entran en la vida de alguien a quien él
aprecia mucho. Primero se mantiene al margen no da
demasiadas confianzas, después poco a poco cuando ve el
progreso es cuando las acepta, pero todo a su tiempo. Tiene
unos filtros muy marcados.
Después de cotillear un ratito más se despiden con millones
de ñoñerías típicas de amigas y cuelgan.
Liss llega al hotel para prepararse antes de que su Adonis
llegue a recogerla para salir a cenar juntos. Se toma su tiempo
para prepararse a conciencia, la ocasión así lo requiere porque
a partir de esa noche tendrán todo el tiempo del mundo para
estar solos por las calles de Madrid.
A la hora de vestirse se decanta por un vestido negro y
corto de una lycra de mucha calidad de Sauvage Mamma una
marca joven que recién ve la luz. Creada por una conocida de
Liss en Barcelona. Sabe perfectamente la reacción que busca
en Alberto con ese diseño tan sexy.
‘Menuda estás tú hecha, ya sabías tú qué con semejante
modelito no podrá quitarte los ojos (ni las manos) de encima’
le dice su Matilda juguetona.
Hoy estrena el modelo Madonna, fue verlo en redes
sociales y automáticamente enamorarse de él. Se amolda a su
silueta y el fruncido de la zona del glúteo hacen un cuerpazo
de escándalo a cualquiera que se atreva a llevarlo. Su espalda
totalmente descubierta por la que cruzan unas finas tiras que
sirven de sujeción, hacen que el pecho quede firme y sujeto, ya
que por supuesto ropa interior la mínima con ese modelito.
Termina de retocar su maquillaje y una llamada de
recepción le hace saber que su Adonis la está esperando abajo.
Se calza sus sandalias de tacón negro con tiras transparentes,
dando el toque final al conjunto, y baja decidida a quemar la
noche madrileña de la mano del hombre más maravilloso que
la vida le ha puesto en bandeja.
La reacción de Alberto al verla recorrer la recepción del
lujoso hotel es la esperada. Su boca se abre al momento, sus
pupilas se dilatan y sus ojos brillan con más fuerza aún de lo
que ya por sí solos suelen hacer.
—Perdona, pero… Eres tú la mujer que está dispuesta a
pasar el resto de sus días conmigo ¿Verdad? Eres un sueño
hecho realidad, mi amor. —Le dice nada más tenerla a escaso
milímetros de su boca.
—Sí, toda tuya. En primicia y exclusiva. He conseguido mi
propósito con el modelito, dejarte con la boca abierta ¿Te
gusta? —Dice después de besarle dando una vuelta sobre si
misma para que él pueda ver bien lo que tiene entre sus manos.
—Estás increíble, nena. Estoy por cancelar la reserva y
llevarte de vuelta arriba para no tener que compartirte con
nadie esta noche.
—Ni lo sueñes, está noche quiero jarana. Tú ya tendrás lo
tuyo después. —Sonríe traviesa Liss.
El coche se pone en marcha y los lleva directos al barrio de
Salamanca, donde se encuentra el restaurante Amazónico. La
decoración del local, su maravillosa terraza ajardinada y su
maravillosa cocina hacen de la noche la cita ideal.
Disfrutan de una veraniega velada junto. Recorren las
calles de la ciudad hasta altas horas de la madrugada, bebiendo
y bailando por los diferentes locales que se van encontrando a
su paso entre risas y carreras cogidos de la mano, comiéndose
a besos en cualquier portal. Hasta que no pueden contenerse
más y regresan al hotel para darse la guerra que se han
prometido. En el buen sentido de la palabra, ya me
entendéis…
Despiertan tarde y el hecho de no tener horarios que
cumplir ni obligaciones, cosa inaudita en ellos, les permite
disfrutar de esa gloriosa cama, de la que no salen ni para
comer. El servicio de habitaciones sube todo lo que Alberto
pide para comer y cuando por fin deciden salir de ella. Ese
Adonis sabe perfectamente cuál será el destino de esa tarde.
Alberto la lleva a Madrid Río cuando está cayendo el sol y,
con los últimos rayos de luz reflejados en el Manzanares
disfrutan de las espectaculares vistas de los puentes de Segovia
y de Toledo o de la Ermita de la Virgen del Puerto, llegan
caminando hasta Matadero Madrid.
Una vez allí, se reúnen con la pareja de amigos de Alberto,
Macarena y Leiva. Para sorpresa de Liss, que desde la gran
noche de San Juan ha seguido en contacto con ella, conectaron
en seguida y ella se ha preocupado en todo momento por su
estado durante su estancia en el hospital. Se funden en un gran
abrazo y rápidamente se ponen al día de todo sin parar de
hablar de proyectos nuevos.
Las dos parejas se sientan en su terraza y disfrutan, gin—
tonic en mano, de una gran variedad de música alternativa en
vivo y espectáculos creativos de todo tipo.
—Me encanta este sitio, Alberto.
—¿Por qué te piensas que te he traído aquí, precisamente?
Algo te voy conociendo.
—Yo diría que me conoces demasiado, ya. Miedo me das.
—¿Yo? ¿A ti? Qué valor tienes, pequeña.
Pasan una tarde maravillosa y se despiden de sus amigos
después de cenar juntos.
Reanudan el paseo de vuelta al hotel acaramelados. El
ambiente que la rodea, Alberto y esos gin—tonics, le han
bajado las defensas y ahora mismo lo único interesante que
Madrid puede ofrecerle es a ese hombre en posición
horizontal, desnudo y muy caliente debajo de ella. Así se lo
hace saber sin ningún tipo de vergüenza.
—Cariño, me encanta lo que veo, pero como
comprenderás…No puedo, ahora mismo, concentrarme en otra
cosa que no sea tu cuerpo desnudo ante mí. Y lo quiero ahora
mismo, ya. Taxi. por favor.
Alberto se rasca la nuca como si no entendiera lo que acaba
de decir Liss, menudo pillín. Antes de decir.
—Tus deseos son órdenes. Estamos tardando en irnos.
La carga sobre su hombro sin problema alguno, ante la
mirada divertida de los allí presentes y entre carcajadas llegan
hasta la parada de taxis más cercana para regresar a su ansiado
hotel. Un taxi libre se acerca a ellos, sube e indican la
dirección, divirtiéndose como niños pequeños, entre promesas
de noche de desenfreno y comerse enteros el uno al otro. Salen
apresurados despidiéndose del buen hombre que los mira con
gesto divertido y ni siquiera esperan el cambio por el coste de
la carrera.
‘Piernas, para qué os quiero. Vuela, Alberto’ Matilda baila
la danza de la lluvia implorando seguir regando esa sequía tan
poco agradable que han tenido que pasar las dos.
Entran en la habitación como un huracán arrasando con
todo lo que encuentran a su paso, chocan mientras se devoran
de pared en pared, hasta llegar a la mesa central de la suite que
ocupan.
—‘Mujer desatendida, mujer perdida’ Eso es lo que mi
madre me ha recalcado a fuego en la mente desde bien
pequeño. —Le dice Alberto con ese tono de voz que te hace
humedecerte ipso facto.
—Pues, qué sabía es Rosa. De todas maneras, te diré que
tienes el refrán bien aprendido y llevado a la práctica con
sobresaliente. Aunque ahora mismo me tienes desatendida
totalmente. Deberías estar ya dentro de mí.
Liss sonríe traviesa y eleva las cejas esperando a que su
Adonis vuelva a darle lo suyo.
Alberto entra al juego de Liss y, rápidamente la coloca
contra la pared con su cuerpo pegado al de ella, aspira el
aroma dulce de su cuello antes de lamerlo y con su rodilla
separa las piernas de ella a la par que sus manos comienzan a
descender peligrosamente por sus curvas.
—Prepárate —le dice— porque voy a hacer que te corras
mucho y muy fuerte. Para que no tengas quejas jamás de mi
atención hacía ti.
Y ella simple y llanamente, asiente deseosa con la cabeza, a
sabiendas de que eso que dice se convierte en realidad,
siempre.

Sus dedos comienzan a acariciar el sexo de Liss por encima


de la ropa interior, sus labios vuelven a poseer los suyos e
intensifica el beso a la vez que sus hábiles manos apartan la
fina tela que le impide rozar su piel ardiente.
—¿Te gusta? —Pregunta mientras la penetra con un dedo.
—Muchísimo. —Responde ella jadeante.
Se agacha frente a ella observándola desde abajo y se
deshace de su ropa interior lentamente, atento a las reacciones
que provoca en el cuerpo de su Diosa. Los gemidos salen de la
boca de Liss sin control, él la observa desde abajo
relamiéndose, quedando justo a la altura de lo que ahora
mismo se le antoja su divino manjar, coloca su rodilla sobre su
hombro.
Acaricia su pierna con dulzura mientras su boca se pierde
en el centro de ella, ese que no deja de palpitar de hace
demasiados minutos.
La mira desde su posición y sonríe antes de controlar por
completo su piel, sus gemidos y sus espasmos.
—¡Dios mío!
Liss baja las manos para aferrarse a la cabeza de su Adonis
al creer que sus piernas no podrán soportar tanto placer.
Alberto la observa sin despegar su boca. Lame largo, profundo
y abre sus piernas más facilitándose así el acceso de su lengua
a su sexo empapado. Sus dedos juegan con su entrada,
moviéndose rápidos entrando y saliendo mientras su lengua
marca el compás en su inflamado clítoris. La está volviendo
completamente loca y necesita fundirse con él, su interior
reclama a su querido invasor.
—Te necesito dentro de mí, por favor. Alberto. —Suplica.
—¡Joder! —Masculla ahora él. —No puedo más.
Se levanta y baja sus calzoncillos rápidamente.
La hace girar y la coloca de espaldas a él. Sujeta su pelo
con fuerza y lo enreda entre sus manos, tirando de él. Gime de
nuevo. Fuerte. Ronco. Profundo.
—¿Qué quieres? —pregunta Alberto, mientras su dedo se
pasea peligrosamente entre sus nalgas.
—A ti. —Liss ladea la cabeza lo justo para que la penetre.
Rudo, tal y como le había advertido.
Sólo él es capaz de arrancarle gemido tras gemido, de que
su pulso no deje de acelerarse cada vez que la toca, de que la
roce con deseo, cada vez que sus labios se unen, cada vez que
su polla choca con fuerza contra su vagina o la embiste sin
cesar; más fuerte, más duro, más profundo.
Y eso es justamente lo que Alberto hace.
—Tócate —le pide, mientras se mueve con esa maestría
que a ella le hace levitar.
—¡Joder!
Es todo lo que consigue decir, mientras su dedo insiste en
su zona «no descubierta, de momento». Su polla
embistiéndola, su dedo recorriendo su ano sin llegar a
penetrarlo, el dedo índice de ella jugando con su clítoris. Es
una puñetera enajenación mental para Liss. La folla con
dureza, con ganas, con pura necesidad.
—Alberto, me muero. No aguanto más, córrete conmigo.
—le ordena extasiada. —Ahora.
Un latigazo de placer la sacude cuando éste lleva la mano a
su hombro para así penetrarle con mayor profundidad. Los
espasmos de ambos se hacen eco en la habitación y estallan en
el mismo instante. Alberto gime con fuerza y ella corresponde
de la misma manera. Ninguno de los dos puede articular
palabra mientras sus respiraciones agitadas vuelven a la
normalidad. Una vez recuperados Alberto la eleva en brazos y
como si de la escena de El Guardaespaldas se tratará, la lleva
hasta la cama donde se acurrucan entre sonrisas y besos dulces
hasta que el sueño les vence.
Al día siguiente despiertan temprano y después de
desayunar unas grasientas y riquísimas porras con chocolate
van al Parque del Retiro recorren el Paseo de las Estatuas,
contemplan las esculturas dedicadas a varios reyes y reinas de
España, y Liss se queda embobada con la Fuente del Ángel
Caído, dedicada al diablo. Bueno y con La Rosaleda, el
Palacio de Cristal y el Lago artificial, le flipa todo lo que
descubre de la mano del maravilloso hombre que tiene al lado.
Paran cada dos por tres para hacerse mil fotos juntos con sus
móviles.
‘Como pierdas el móvil te da un parraque. Ya puedes hacer
copia de seguridad de todo, bonita.’ Matilda está al loro de
todo, sabe perfectamente que, si Liss pierde el móvil con esos
tesoros en él, se cae muerta matada.
Cuando comienza a atardecer suben al Círculo de Bellas
Artes para tomar algo en su terraza chill out mientras
contemplan los edificios señoriales de Madrid. Sacian el
hambre en la cafetería del Corte Inglés de Callao y
comprueban que están en el sitio con las mejores vistas de la
Gran vía.
La mañana de domingo como no puede ser de otra manera
pasean cogidos de la mano por el Rastro, Alberto le explica
que es el mercado al aire libre más importante de Madrid y
uno de los lugares más típicos que visitar desde hace más de
250 años en el barrio de Lavapiés.
Pasean hasta llegar a La Latina donde se ponen hasta las
cejas de cañas y tapas deliciosas, y con el tonto subido Alberto
la lleva a descubrir jardines escondidos, alquilan unas
bicicletas entre risas por las ocurrencias de éste.
Recorren rincones secretos de la ciudad en los que reina la
calma como el jardín del Príncipe de Anglona o el Huerto de
las Monjas, mientras a través del móvil de él suena una y otra
vez, puesta a conciencia, la canción de Lady Madrid de
Pereza.
Horas después Liss está agotada y, pide clemencia, se baja
de su bicicleta y descansa sentada en uno de los bancos que
decoran el lugar. Alberto se sienta junto a ella y rodea con su
brazo el hombro de ella.
—¿Sabes qué podrías ganarte la vida como guía turístico?
Si algún día te quedas sin talento en la interpretación, ya tienes
trabajo. —Le dice Liss. —Serías la envidia del lugar y la gente
se pelearía por dejarse guiar por ti.
—Ahora que lo dices, qué cojones. Me voy a dedicar a ello.
—contesta serio y pensativo Alberto como si acabara de
descubrir el secreto del universo.
Liss no puede creer que sea verdad lo que acaba de decir
‘Maldita sea, tía. Qué le acabas de empujar al vacío con lo
bueno que es en lo suyo. Boca chanclas’ colleja mental de
esas que te hacen mover la cabeza y todo, la que le acaba de
dar Matilda en el cogote por listilla.
—Mmmm, Cariño, no lo estarás diciendo en serio ¿no? —
Liss no da crédito.
Alberto estalla en una varonil carcajada que le hace saltar
hasta las lágrimas. Liss ríe junto a él al entender que era
mentira, ‘Anda hija, qué ilusa eres. Una vez más se ha vuelto a
quedar contigo’ Ahora Matilda también se descojona de ella,
será trepa la tía si ella ha caído primero.
—Eres tonto, me lo había creído y todo. Ya me veía
vendiendo souvenirs y refrescos en un puesto ambulante de
esos que van con bicicleta incluida, detrás de ti a los turistas.
¿te imaginas? compinchados como si no nos conociéramos y
tú haciendo parada obligatoria para que yo venda todos los
cachivaches.
Los dos lloran de la risa, mientras la película que se montan
en la cabeza va a más y más. Ni Spielberg les gana a esos dos
en lo que a crear películas mentales se refiere.
Esa noche después de una buena siesta juntos, Alberto la
lleva a cenar por el barrio de Malasaña, donde después de
hacerle un tour culinario por los diferentes restaurantes de la
zona, acaban la noche bailando y riendo en los bares musicales
míticos de la que fue la movida madrileña.
—Definitivamente, si me muero y vuelvo a nacer, quiero
que sea en Malasaña. —Grita borracha como una cuba
mientras andan por las callejuelas de ese animado barrio
madrileño.
—Cariño, el último chupito nos ha tumbado a los dos. —
intenta vocalizar Alberto mientras esperan al Uber que los
llevará a dormir la mona al hotel.
—¿Yo? Qué va… —Arrastra las palabras. —Eso tú, qué
eres una nenaza… Te tumbo bebiendo y lo sabes.
—¿A que volvemos dentro del local y te demuestro lo
nenaza que soy?
—Atrás Satanás. —Pone las manos frente a la cara de
Alberto para frenarle. —Otro día ¿Vale?
‘Cobardica, gallina… te lo acabas de hacer todo encima por
el miedito’ Se burla Matilda de ella.
El coche llega y ellos suben rápidamente. Alberto le indica
la dirección al conductor.
—Matilda. Como te había echado de menos. —dice
mientras sonríe divertido al ver como Liss se ha quedado
dormida en un cuestión de segundos babeándole el hombro
nada más apoyar la cabeza en él.
10
COMIÉNDOTE A BESOS

Los días en Madrid han llegado a su fin, siguiente parada:


Valencia.
Alberto conduce un coche de alquiler dirección a su ciudad
natal junto a Liss. La música de Rozalén cantando Comiéndote
a besos, suena por los altavoces y ellos felices ríen y hacen el
tonto, ajenos a todo lo que esté lejos de una vida juntos.
—Qué eres tú quien me revuelve, que eres tú quien me
enamora, tú quien me convierte en mejor persona…
Alberto canta con la mirada oculta tras sus gafas de sol y
una gran sonrisa dibujada en su cara, mientras Liss le graba
muerta de la risa.
—¿Soy yo esa persona a la qué te refieres cuando cantas?
—Pregunta Liss divertida sin soltar el móvil para dejar
grabado el recuerdo para siempre.
—¿Todavía, lo dudas? ¿Te lo canto de nuevo?
—Sí, por favor.
Los dos estallan en carcajadas mientras Liss se acerca
enfocándose ahora a ella también y besa su gloriosa boca.
—Te quiero muchísimo. Has sido el mejor guía turístico
para enseñarme Madrid, mi amor.
—Pues prepárate porque pienso enseñarte el mundo entero,
nena.
El teléfono de Alberto comienza a sonar a través del
bluetooth conectado a los altavoces del coche y el nombre de
Miguel se refleja en el ordenador de a bordo. Alberto activa el
botón para que la llamada suene en el interior del coche.
—¿Qué pasa, tío? Ya me echas de menos. —Afirma
Alberto jovial.
—Alberto, tenemos un problema. —La voz de Miguel
refleja preocupación.
—¿Qué pasa, Miguel? —El tono de Alberto se torna serio
al instante. —Estoy en el coche con Liss. Está conectado el
altavoz. —Le informa Alberto antes de que pueda decir algo
que comprometa la situación que ella aún desconoce.
Liss mira a Alberto con los ojos achinados ante la sospecha
de que algo oculta. Pero se mantiene callada rezando porque a
Miguel se le escape algo.
‘Alerta, Houston tenemos un problema’ Matilda se ha
puesto en modo Gossip Girl.
—Hola, Liss, ¿Qué tal estás? —Disimula Miguel.
—Hola, Miguel. Bien muy bien, de camino a vuestro
pueblo. —Disimula ahora su desconcierto Liss.
—Está bien. Aquí os esperan con ganas, está el pueblo
revolucionado ante la llegada de la gran estrella, no te extrañes
de que formen una verbena y todo.
Alberto se imagina como su madre y sus hermanas deben
haber corrido la voz por todas las vecinas, incluidas sus
adoradas tías, para informar de que está en camino. Se
imaginaba perfectamente la que se iba a liar con su llegada.
Sonríe agradecido con la certeza de saber el cariño que van
a recibir tanto él como Liss. Pero la preocupación no le dejara
disfrutar al cien por cien hasta que no sepa que pasa con el
tema que se trae entre manos con Miguel.
—Ya me lo esperaba yo. Pronto estarían al tanto de nuestra
llegada.
—Eso, eso. Vosotros ponedme más nerviosa. Estoy a
menos que canta un gallo de saltar del coche en marcha,
chicos.
—Anda ya, exagerada. Te vas a sentir como en casa, ya
verás— Le informa cómplice Miguel. —Está bien parejita, os
dejo, que no quiero distraer al conductor. Aquí os esperamos.
—Vale. Te llamo cuando llegue a casa y me cuentas. —le
dice ahora Alberto.
—Sí, es importante. Hasta dentro de un rato. Id con
cuidado —Se despide Miguel antes de colgar.
La música vuelve a sonar, pero ahora Liss se ha quedado
con una sensación agridulce, no quiere malpensarse, pero su
instinto le dice que algo no va bien del todo.
‘Qué instinto ni leches, blanco y en botella, amiga’ Matilda
no le da tregua.
—¿Hay algo qué deba saber? —Se atreve a preguntar por
fin.
—De momento, no. Confía en mí, pequeña. Te prometo
que te lo contaré todo ¿De acuerdo?
—Algo me inquieta, Alberto. Mi instinto de brujilla me
dice que no debo relajarme demasiado. Prometiste que no
tendríamos más secretos el uno con el otro.
—Lo sé, mi amor. Pero he de decirte que necesito más
información para poder ponerte al día. Dame tiempo, por
favor.
—De acuerdo, confío en ti. Pero tienes fecha límite o me
saldrá la Matilda y tendremos serios problemas.
—Ostia, qué mal rollo. —Ríe Alberto. —No será
necesario. Te lo prometo.
‘Por la cuenta que te trae’ Matilda está en modo sospecha,
a tope. Y eso no es nada bueno.
Continúan disfrutando juntos del viaje en coche mientras la
música suena, la voz de Morat canta Nunca te olvidé y distrae
sus mentes de nuevo.
El sol de mediodía brilla alto en el cielo despejado cuando
el coche se adentra en la carretera secundaria que anuncia la
llegada al parque Natural de la Albufera.
Los paisajes de los arrozales que Liss va descubriendo a
medida que se acercan a esa zona desconocida por ella, hasta
el momento. Las aves acuáticas como las garzas y los
flamencos levantan el vuelo a su paso, tanta naturaleza en vivo
es un auténtico regalo para la vista.
—Es precioso, Alberto. Qué maravilla haber crecido en un
lugar así. —Afirma emocionada.
—Sí que lo fue. Yo nací en Cullera, que está al Sur de la
Albufera. Cuando mi padre murió y yo comencé a ganar
dinero, buscamos algo más tranquilo. De pequeño mi padre
siempre nos traía a mis hermanas y a mí a La Albufera,
dábamos largos paseos en bici entre los arrozales y siempre
encontrábamos playas desiertas en las que refrescarnos y jugar
mientras él nos miraba jugar, después nos íbamos al mirador a
contemplar el atardecer. Los colores más maravillosos que
jamás hayas visto se ven reflejados en el cielo y el agua en ese
momento. —Su voz vibra de emoción al recordar los buenos
momentos vividos en esas tierras. —He sido muy feliz en mi
infancia. Las hermanas de mi madre viven en el Palmar, mi
abuelo era pescador y aquí se formó mi familia materna. Mis
padres se conocieron en Cullera, allí es donde está la vidilla
nocturna, se instalaron y formaron nuestra familia allí.
Liss escucha atenta sin querer interrumpir el momento que
Alberto está reviviendo, le emociona ver su lado más familiar
y el cariño que su voz desprende cuando habla de su tierra y su
infancia.
—¿Estás preparada para conocer a tu competencia?
Respecto a lo que mujeres que ocupan mi corazón se refiere —
Pregunta divertido Alberto.
—Para nada, estoy hecha un flan. ¿Crees qué les voy a caer
bien?
—No te llevo a un aquelarre, mi amor. —Ríe Alberto. —
Sois iguales, no te miento si te digo que te van a adorar.
Alberto aparca el coche frente a una urbanización de casas
adosadas a dos calles de los canales de los arrozales, sin duda
ese lugar es una preciosidad.
Se acerca a Liss y la besa apasionadamente para darle valor
y tranquilidad, la mira fijamente sonriendo con los ojos y ella
se derrite al instante. El amor desborda su pecho.
—Soy el hombre más feliz del mundo en este momento.
No sabes lo importante que es para mí el que estés aquí. —
Confiesa.
—Permíteme decirte que la descripción de felicidad ahora
mismo tiene mi foto al lado en cualquier diccionario. Tú eres
mi felicidad entera.
Se sonríen como dos bobos enamorados, hasta que unos
golpecitos en la ventanilla de Alberto les hacen volver a la
realidad.
Una mujer con la misma mirada penetrante y expresiva que
Alberto, sonríe cariñosamente a través del cristal. Es delgada,
elegante y bellísima, su largo pelo oscuro y su tez morena, le
recuerdan a la actriz Angela Molina.
—Mamá, qué susto. —Sonríe Alberto mientras baja del
coche y estrecha entre sus brazos a la menuda mujer, la coge
en brazos y la besa mientras ella ríe con su risa infantil
dejándose querer por su hijo. —Estás cada día más joven y
guapa. Debes tener locos a todos los hombres del pueblo.
—Alberto, no empieces. —Ríe ella. —Vas a partirme las
costillas, bruto. Estás muy fuerte hijo mío, si pareces un toro.
Mírate.
Liss sonríe vergonzosa ante la situación que madre e hijo
viven, sin querer molestar.
—¿Qué modales te he dado yo a ti, hijo? —Le reprocha su
madre a Alberto, minutos después, mientras mira
cariñosamente a Liss. —Preséntame de una vez a esta belleza
de chica.
Alberto coge la mano de su madre y recorre la corta
distancia que les separa de Liss.
—Mamá, ella es la famosa Liss en persona. Ya os habéis
conocido por videollamada. Cariño ella es mi madre, Rosa.
Las dos se funden en un abrazo al saludarse, ante la mirada
complacida de Alberto.
—Qué alegría conocerte en persona, por fin. ¿Cómo te
encuentras, cariño? —Pregunta Rosa.
—La alegría es mía, Rosa. Ya estoy recuperadísima.
Gracias por haberte preocupado tanto por mí todo este tiempo.
—Ya eres parte de nuestra familia, te sufro como a una hija
más. —Rosa acaricia el pelo de Liss con esa mirada que
refleja puro amor. —Vamos dentro, qué nos vamos a derretir
bajo este sol.
Alberto saca el equipaje de ambos del maletero del coche
mientras Rosa y Liss entran en una de las bonitas casas
adosadas.
La casa de Rosa transmite nada más cruzar la puerta de
entrada, ese ambiente acogedor que solo la casa de una madre
desprende. Las fotos familiares recorren las paredes a su paso.
Y un olor a comida recién hecha provoca un rugido en el
estómago de Liss.
—Vaya tienes hambre ¿Eh? —Ríe Rosa al escuchar el rugir
de las tripas de Liss.
—Es que huele delicioso. Qué vergüenza. —Contesta Liss
más roja que un tomate.
—Mis hijas están al caer, vamos a preparar el aperitivo en
la terraza. ¿Te apetece una cerveza fresquita?
—Sí, por favor.
Alberto se une a ella después de dejar el equipaje en su
antigua habitación donde dormirán Liss y él, ya con otra
cerveza en la mano.
Su madre encantada de tener a su hijo de nuevo junto a él
no puede disimular la felicidad que siente. Hablan entre los
tres de todo lo que les ha pasado en los últimos meses. Liss se
siente como en casa. Rosa es una mujer sabia y cariñosa que se
desvive por complacer a los suyos. Es adorable.
El timbre de la puerta suena y Alberto se levanta veloz para
ir a abrir. Unas joviales voces femeninas gritan de alegría.
Instantes después dos chicas morenas, preciosas y menudas,
que se asemejan a la versión veinteañera de Rosa, entran
abrazadas de la cintura de Alberto mientras ríen cómplices.
—Liss, aquí están las locas de mis hermanas. Chicas
mantened la calma no me la hagáis salir corriendo. —Les
advierte Alberto, bromeando. —Azucena, Daniela. Ella es
Liss.
—Hermanito, sino ha salido corriendo al conocerte a ti…
Liss no puede evitar reír ante la cara de Alberto y,
rápidamente deduce que entre esos tres hermanos la batalla
siempre la ganaran ellas, ya sea porque se deje vencer o
porque realmente sea una victoria merecida.
Las dos se apresuran a saludar a Liss. Y el buen rollo se
respira al instante. Cuando terminan con los aperitivos que
Rosa no para de sacar de la cocina, llega el turno de la
especialidad de la magnífica cocinera que es ella.
Liss se sorprende al descubrir el típico plato de la región, el
All i pebre. Un espectacular guiso de anguilas frescas, ajo,
pimentón, guindillas y patatas. Al principio, para ser sinceros,
a Liss no parecía que fuera a serle santo de su devoción…
Pero haciendo talante de la buena educación que siempre su
abuela le ha dado (sobre todo en lo que a comida en casas
ajenas se refiere) decide probar el plato ante la atenta y
divertida mirada de Alberto. Sorprendida ante lo sabroso que
está ese guiso desconocido por ella hasta el momento, incluso
repite cuando termina con su ración.
Cuando el sol comienza a bajar, Miguel llega para tomar el
café con la familia. Liss y las chicas se tumban al sol en la
piscina comunitaria del recinto de adosados, después de que
Rosa se haya negado por activa y por pasiva a que la ayuden a
fregar y recoger la cocina.
Miguel y Alberto se excusan diciendo que van a hablar de
sus cosas, ante la mirada sospechosa y cotilla de Liss, que
desearía poder mirar por un agujerito lo que esos dos hablan a
escondidas.
—Qué pedante es Miguel cuando quiere. —Se queja
Daniela con los ojos en blanco.
—A ti lo que te pasa es que estás por sus huesos desde que
llevabas pañales, guapa. —Le recrimina Azucena.
—Anda ya, más quisiera él. No ha llovido nada desde
entonces… Ahora soy más de pescado que de carne,
hermanita. —Afirma muy segura Daniela.
Las tres ríen y Liss se despreocupa por un rato de todo
mientras las hermanas de Alberto la entretienen a base de
chismes y confidencias. Realmente no se puede estar más a
gusto con esa compañía y en ese lugar.
Alberto regresa más pensativo y preocupado de lo normal.
Por más que intenta disimular la tensión de sus hombros tienen
a Liss escamada. No suelta ni prenda y ella tampoco quiere
insistir demasiado, sabe que cuando llegue el momento ya le
contará, pero no quiere verle así de preocupado.
El plan para esa noche es salir a cenar a uno de los
restaurantes locales donde se reunirán con la familia de Rosa.
Liss se viste con un vestido largo con tirantes anchos, de
punto fino en color blanco, muy sencillo, pero con los
complementos adecuados, saca de un apuro en cualquier
situación. Las rajas laterales que llegan hasta la mitad de sus
muslos le permiten andan con soltura. Para darle un toque
divertido, lo acompaña con un bolso cruzado redondo de
mimbre en tonos pastel y unas sandalias de cuña del mismo
tono. El pelo está indomable a causa de la humedad de la zona
por lo que después de secarlo al aire tira de espuma
moldeadora para darle el efecto ondulado que tanto le gusta en
las noches calurosas.
Mientras termina de maquillarse en el baño, Alberto entra
para ver qué le queda.
—¿Puedes decirme porqué te hagas o te pongas lo que sea,
siempre estás tan radiante? Me encanta como te queda el pelo
así. —Dice Alberto mientras rodea su cintura con los abrazos
desde atrás y besa su hombro descubierto.
—Sencillo. Porque la luz que me faltaba me la das tú, con
tu presencia. —Sonríe ella a través del espejo. —¿Te gusta mi
pelo a lo leona, entonces?
—Me flipa muchísimo.
Liss termina de maquillarse bajo la atenta mirada de su
Adonis, que por mucho que intente disimular, su mirada
refleja la preocupación que se apodera de su mente.
—Amor, sabes que conmigo no tienes que disimular
¿Verdad? —Se anima Liss a indagar en el tema que tiene a
Alberto preocupado.
—Cariño, te prometí que no te guardaría más secretos, y
pienso cumplir con ello. Pero ahora no podemos hacer esperar
a la familia. Mañana te pondré al día de todo. Ahora nos
vamos.
Alberto sabe que ha llegado el momento de sincerarse con
Liss de una vez por todas, el miedo al rechazo le supera, pero
sabe que ella no es de las que tiran la toalla, así como así. O al
menos eso es lo que él quiere creer.
Después de la cena con la familia de Alberto llega la
verbena que, como bien predijo Miguel, la gente del pueblo
tenían planeada para el querido actor.
Todos se desinhiben bailando, bebiendo y riendo de lo
lindo. La gente es amable y cariñosa con ellos dos, Liss se
siente como en casa rodeada del ambiente familiar que se
respira.
—¿Cómo te lo estás pasando, mi amor? —Le pregunta
Alberto cada dos por tres.
Lleva una caraja importante, aunque ella no se queda
corta.
—Estoy a las mil maravillas, deja de preocuparte. —Le
responde melosa Liss, por enésima vez. Se cuelga de su cuello,
arrima las caderas a su cuerpo y mueve los hombros al ritmo
de la música para bailar con su Adonis.
‘Llévatelo a los matorrales y dale lo suyo y lo de sus
primas. Dale duro’ Matilda está on fire, mientras hace la conga
borracha como una cuba.
Se besan apasionadamente durante un buen rato, hasta que
las hermanas de Alberto (también más achispadas de lo
normal) les cortan el rollo llevándose a Liss a bailar con ellas
y sus amigas.
—Cuñi, deja ya al sátiro de mi hermano, te va a dejar seca.
—Ríe Azucena mientras se la lleva.
—Un respeto que soy tu hermano mayor.
—Vete a beber chupitos con tus amigos y déjanos a
nosotras, cansino. —Le reta ahora divertida Daniela.
—El rollo de hermano mayor ya no cuela, Albertito. —Le
pica de nuevo Azucena.
—Tantos arrumacos y aquí hay demasiada sequia sexual
para que deis tanta envidia.
—Vale chicas, que me muero de la vergüenza. Stop— Les
suplica Liss.
‘Qué exageradas, son. Porque me viene bien quemar tanto
alcohol en sangre bailando, que si no… les iba a dar yo
arrumacos en público’ Matilda está esa noche en modo mecha
corta, no sabes por donde te va a salir.
La música suena a todo volumen mientras ellas beben
chupitos de tequila, y cuando la canción de Se iluminaba de
Fred de Palma y Ana Mena comienza a sonar, ellas gritan
eufóricas para salir disparadas al centro de la pista de baile
improvisada para bailar al ritmo de la canción.
Alberto y Miguel observan divertidos como las chicas se
divierten.
—Parece que encaja a la perfección con tus hermanas y tu
madre. —Comenta Miguel.
—Sí, amigo mío. No puedo ser más feliz. —Alberto está
hasta las trancas por Liss, aún más si se puede, desde que han
llegado a su pueblo. Su sonrisa de bobalicón le delata.
—Tu madre la adora, solo hay que verla. —Señala con la
cabeza en dirección a Rosa que cogida de las manos de Liss da
vueltas mientras bailan y ríen.
—Es un espectáculo para mi corazón verlas juntas y
felices. Pensé que nunca en la vida podría encontrar la
felicidad plena después del accidente. Y mírame, hermano. —
Se señala a él mismo. —Lo tengo todo, y no pienso perderlo.
Voy a luchar por esto cueste lo que cueste.
—Hacía mucho tiempo que no me llamabas hermano. —
Ahora es Miguel el que se emociona. —Te lo mereces, tú solo
has llegado donde estás. Nunca te has rendido ni te has dejado
vencer. Y no me cabe duda de que vas a mantener todo lo
bueno que ahora tienes. No te quepa duda de que yo voy a
luchar a tu lado, hermanito. —Brindan con sus copas en alto
mientras se agradecen con la mirada sin llegar a pronunciar
nada más, entre ellos dos siempre han sabido entenderse sin
necesidad de palabras.

Desde que Miguel llamó esa misma mañana para decirle


que había algo importante que debía saber, una preocupación
se apoderó de Alberto. Y no es para menos.
Al terminar de comer se fue a solas con Miguel para que le
pusiera al día, el tema se complica ahora. Al correo electrónico
del contacto de Miguel como representante de Alberto, han
llegado unas fotos realizadas por la misma persona que
provocó el accidente, de la habitación de Liss. Esas mismas
fotos ya le habían llegado a través de mensaje directo, por
Instagram, la noche en la que estando en él Madrid y ella en
Ibiza, celebraron la fiesta en casa de Liss.
Pero hasta hoy no lo sabían ya que él nunca presta atención
a todas las notificaciones que recibe a través de redes sociales.
Por lo que la persona que está detrás de todo está o ha
estado al acecho en Ibiza, ya que ha pisado esa casa. No sabe
cómo tratar el tema con Liss, tiene que contarle demasiadas
cosas y ahora además añadir que hay alguien que va tras ellos
y que incluso ha violado la intimidad de su espacio personal.
Además de las fotos había un mensaje claro y amenazante:
< No pienso parar hasta arruinarte la vida, como tú hiciste
con la mía. Creías que con dinero lo solucionarías todo, pero
no es así ¿Sabe tú querida novia lo que hiciste en el pasado?
¿Estás dispuesto a que ella pague también las consecuencias
de tus actos? Déjala o la perderás para siempre… Ella se
merece algo mejor que un asesino y traficante de drogas como
tú, por más que hayas lavado tu imagen, siempre serás el
mismo desgraciado que salió huyendo de Valencia
acobardado. Pagarás con creces, no te quepa duda.>

—¿Qué tienes pensado hacer con la información que


tenemos? ¿Has hablado ya con ella? —Se interesa Miguel
haciéndole volver al presente.
—Mañana. Le he prometido contarle todo, no quiero más
secretos con ella.
—Haces bien, colega. No te preocupes, todo se va a
solucionar. ¿Has hablado con Edgar o Rober para saber quién
puede habernos enviado las fotos?
—Sí, no he podido esperar más. Rober está al corriente de
todo, Edgar estaba con su nueva novia fuera, pero Rober
prefiere mantenerle al margen de todo esto. Las únicas
personas con acceso a mi casa son ellos dos, pero a casa de
Liss con las fiestas que organizan podría haber sido cualquiera
que hayan invitado. —Alberto no para de dar vueltas en su
cabeza a ese mensaje y esas fotos. —Si pudiéramos ponerle
cara de una vez, sería todo más fácil.
—Esa niña sabe lo que se hace, Alberto. Si ya se quedó
trastocada con lo de su padre, imagínate ahora que ha perdido
a su hermana.
Alberto se queda pensativo de nuevo, realmente lo que esa
chica debe haber sufrido no se lo desea ni a su peor enemigo.
Hasta dónde han podido averiguar Miguel y él, las chicas
se quedaron junto a sus padres. Con el dinero que Alberto
había desembolsado a cambio de que le dejaran vivir en paz,
podían vivir sin problemas. Al llegar a la mayoría de edad, las
hermanas se marcharon a Valencia para estudiar en la
universidad, y desde entonces nadie más les volvió a seguir la
pista.
Los padres de las chicas han hablado con Miguel y le han
informado de que la vida les había vuelto a jugar una mala
pasada, perdieron a una de ellas ese mismo año, por una
repentina enfermedad. Juntas eran una piña y desde entonces
no veían a su otra hija que no había superado la muerte de su
hermana. Temen las consecuencias de su mente enferma. No
hay fotos de ella recientes, habla con sus padres por teléfono
una vez por semana, pero lo que sí saben seguro es, qué no
está en Valencia.
—Lo sé, haremos todo lo posible por encontrarla y
averiguar su paradero. No pienso parar hasta llegar al final. —
Alberto no quiere ni imaginar lo que una mente tan dañada
sería capaz de hacer. A pesar de que él no tenga nada que ver
con todo lo acontecido últimamente, en su desgraciada vida.
Sabe que es el objetivo de su venganza.
—Alberto. La encontraremos. Ahora vamos con las chicas
o sospecharán más de lo que ya hacen.
Se funden en un abrazo de machotes y cuando terminan de
demostrarse todo su afecto se unen al baile de las chicas
mientras Mil tequilas de Chema Rivas les hace desinhibirse.

Cuando deciden retirarse a dormir, el sol ya empieza a salir


entre los arrozales. Liss y Alberto se suben sigilosos hasta la
habitación procurando no hacer ruido para no despertar a
Rosa, que debe llevar un buen rato durmiendo. La borrachera
que ambos llevan no les permite ser todo lo sigilosos que ellos
quisieran, y entre risas torpes se desvisten, eso si nada más
tocar cabeza con almohada, caen sumidos en los brazos de
Morfeo. Esa noche no tienen fuerzas ni cuerpo para más
fiestecitas.

Liss abre los ojos e instintivamente se lleva una mano a la


cabeza, un brutal dolor de cabeza atraviesa su cerebro y su
boca pastosa le hacen maldecir la cantidad de chupitos que
cayeron anoche.
—Me quiero morir. —Se queja entre susurros. Intenta
levantarse, pero el brazo y la pierna de Alberto con su peso no
le permiten hacerlo.
Intenta torpemente desprenderse de la llave del candado
que su chico le ha hecho mientras dormían, pero le resulta
imposible entre la resaca y el dolor de cabeza que tiene.
Admira su rostro sereno al dormir y sabe que podría pasarse la
vida entera observándole en ese estado de paz absoluta.
Alberto comienza a revolverse en sueños, susurra cosas que
Liss no consigue entender. Ella intenta agudizar el oído, pero
solo consigue escucharle suplicar, se revuelve nervioso y
parece estar pasándolo realmente mal.
—Amor, despierta. —Le dice suavemente para hacerle salir
de donde su mente se halle, que no parece que sea muy buen
lugar.
Él entreabre los ojos un instante y, rápidamente la abraza
aliviado, como si hubiera estado a punto de perder a su tesoro
más preciado.
—Tenías una pesadilla. —Liss se deja abrazar y besa su
hombro con dulzura. —Ya pasó, me tienes aquí contigo.
—Qué suerte tenerte, mi vida. No pienso dejar que te hagan
daño. —Parece que aún no haya despertado del todo. Liss no
entiende porque dice eso. La cosa ya empieza preocuparle, se
siente vulnerable.
—¿Qué quieres decir con eso? —se interesa con la
esperanza de que su somnoliento Adonis se vaya de la lengua.
—Esa niñata no va a tocarte ni un pelo, te lo juro. —
Alberto sigue medio dormido, pero ella sabe muy bien lo que
acaba de escuchar. Se queda helada al instante.
—¿Quién? ¿Por qué me van a querer hacer daño a mí?
—Haré lo que sea necesario para protegerte. —Alberto
vuelve a dormir profundamente y ahora Liss consigue
desprenderse de su abrazo.
Su mente va a mil por hora, no puede creer lo que acaba de
decirle sin ser consciente. Le prometió que no habría más
secretos entre ellos, y ahora sus sospechas cobran sentido.
Seguro que es Nerea, que vuelve a estar tras su pista. No
puede ser, como no le ha dicho nada antes.
No sabe que pensar, el dolor de cabeza no le permite
razonar, pero lo que tiene más claro que el agua es que en
cuanto Alberto despierte, ya puede estar cantando por esa
boquita lo que tenga que confesar o la cosa se va a poner fea.
Se encierra en el cuarto de baño para comenzar con su
ritual mañanero y al salir comprueba que Alberto sigue
durmiendo a pierna suelta, decide vestirse con ropa de deporte
y salir a buscar un bar donde puedan darle de desayunar, no
quiere hacer ruido y ella se muere de vergüenza si tiene que
rebuscar en casa ajena. Eso es algo que siempre le ha
superado, la gente que en casa ajena toquetea todo como si
fuera suya, ella no era capaz ni de abrir una nevera por
respeto.
Baja las escaleras y cuando está a punto de cruzar el
umbral de la puerta, Rosa le saluda con ese característico
cariño que desprende.
—Buenos días, Liss. Qué pronto te has despertado, ¿Has
dormido bien?
Liss recuerda la noche anterior y la cogorza que llevaba.
‘Ahora sí que te arrepientes de beber como un pirata, ¿eh,
amiga? Pero te bebiste hasta el agua de los floreros y bailaste
hasta el paquito el chocolatero’ Matilda parece que tampoco
tiene el día muy fino.
—Buenos días, Rosa. No podía seguir durmiendo, mi
cabeza me estalla y necesito un café antes de pasar al
ibuprofeno. —Contesta Liss vergonzosa.
Rosa estalla en carcajadas. Liss automáticamente se lleva
las manos a la cabeza.
—Perdona cariño, pero me hace mucha gracia cuando os
veo a la juventud, con resaca. Anda siéntate que te preparo un
cafelito y algo de desayunar.
—No quiero abusar de tu hospitalidad.
—Anda ya, ven. Así me haces compañía, para mí es un lujo
desayunar acompañada por un día.
Juntas preparan un magnifico desayuno. Después de tomar
su ansiado ibuprofeno ya se sabe, “Noches de desenfreno,
mañanas de ibuprofeno”, se sientan a degustar todo lo
preparado: tostadas de pan con tomate untado, aceite de oliva,
aguacate y pavo con zumo de naranja natural, para Liss. Y
café con leche y tostadas con mermelada, para Rosa. Hablan
alegres sobre las anécdotas de la noche pasada, Rosa la pone al
día rápidamente de los cotilleos de las vecinas y lo que ha
tenido que aguantar ella desde que Alberto se hiciera famoso
de la noche a la mañana.
—No ha sido fácil, Liss. Ya conoces a mi hijo, es un sol,
pero tiene un carácter reservado y no pensaba que tendría tanta
paciencia con todo lo que han llegado a inventar de él. Por
suerte has llegado tú y yo soy tan feliz de veros juntos y saber
que por fin puede hace su trabajo sin rumores ni líos de faldas.
—Tampoco debe haber sido fácil para ti, Rosa. Pero has
hecho un gran trabajo con él, has sacado adelante a una familia
maravillosa. Y puedes estar orgullosa del pedazo de hombre en
el que se ha convertido tu hijo.
—Sí que lo estoy, cariño. Gracias. No siempre ha sido fácil.
Ya sabrás lo que tuvimos que pasar con Alberto cuando su
padre murió. Solo Dios sabe las noches en vela que pasé
pensando y rezando para que regresara sano y salvo a casa. El
día del accidente de Ángel, pensé que estaba todo perdido con
él. Tocó fondo y no creía que fuera capaz de salir del pozo.
Pero a pesar de la desgracia él lucho con todas sus fuerzas para
resurgir. Y vaya si lo consiguió. —Rosa se sincera con Liss, a
pesar de no saber que ella no estaba al corriente de la
información que acaba de revelar.
‘¿Ha dicho accidente? ¿Ángel? ¿Quién es Ángel? Qué
cojones está pasando aquí.’ Matilda no entiende nada y Liss se
ha quedado muda ante tal revelación.
—Liss por favor, no me digas que no sabías nada. Soy una
bocazas. Deja que él te explique todo.
—Tranquila Rosa, no te preocupes. Sé que algo de su
pasado le atormenta, pero hasta el momento no ha querido
hablar de ello. Tiene pesadillas y habla en sueños. Ahora
empiezo a entender muchas cosas. Confía en mí, no le diré que
se te ha escapado nada. —Liss necesita pensar y salir de allí,
tiene que compartir esa información con Rober. Quizás él sepa
algo y pueda hacerla entender que pasó.
—Voy a salir a pasear antes de que el bello durmiente
despierte, ¿De acuerdo? —Dice intentando aparentar calma.
—Claro que sí, mi niña. —Rosa ha captado a la perfección
lo que Liss necesita. —No saques conclusiones precipitadas,
deja que se explique. ¿Lo harás?
—Sí, claro que sí. Enseguida estoy de vuelta.

Liss se levanta y sale rápido de esa casa. Comienza a


caminar sin saber bien a donde dirigirse, pero eso ahora le da
lo mismo. Su mente necesita tiempo para asimilar lo que acaba
de escuchar, sabe que no tiene toda la información y que debe
esperar a que sea él quien le aclare que pasó y si ese es el
motivo de su tensión y nerviosismo desde que han llegado a
ese lugar.
—¿Por qué cojones no me ha contado nada? No quiero ser
entrometida, pero… Joder, dijimos que no más secretos y, esto
tiene que haber sido muy importante por lo que cuenta su
madre. Y encima sabiendo lo que he pasado después del
accidente, ¿Por qué no me lo contó entonces?
Habla sola mientras camina y se aleja por esos canales
rodeados de tanta naturaleza, ojalá su mente no estuviera tan
colapsada y pudiera disfrutar del espectáculo de la naturaleza
que tiene ante sus ojos.
Llega hasta un playa virgen y natural donde decide entrar,
se acerca hasta la orilla hipnotizada por tanta belleza y
descalza sus pies para sumergirlos en el agua. Cierra los ojos y
aspira el aroma a sal. Mira su reloj de muñeca y decide que es
buena hora para poder llamar a Rober. Pero antes bajo el sol
que brilla alto y aprovechando que está completamente sola se
desviste y se deja abrazar por el agua del mar. Su cabeza se
despeja y decide que tiene que hablar con su mejor amigo
antes de regresar. Sale del agua y al recordar que no ha traído
toalla, se sienta en la arena a esperar que el sol seque su
cuerpo mojado, por suerte rápidamente está seca de nuevo y se
viste antes de nadie pueda descubrirla como Dios la trajo al
mundo.
Después de varios tonos, la voz somnolienta de Rober hace
que ella sonría.
—Buenos días, marmotilla. ¿Estabas durmiendo? —
Pregunta Liss.
—Buenos días, hermanita. No. Te hablo en sueños, no te
jode. ¿Qué te pasa para que me llames tan temprano?
—Porque tenía que pasarme nada. —Miente como una
bellaca. —Solo quería saber cómo estáis. Tampoco es tan
temprano, quejica.
—Siempre se te ha dado muy mal disimular, Liss. No
hemos hablado casi nada desde que te fuiste y ahora a estas
horas tan tempranas, a sabiendas de que trabajo todas las
noches, me llamas… Algo te pasa para no poder esperar a
llamarme. Dispara.
‘Qué listo es el tío.’ Matilda se enorgullece de su mejor
amigo, también.
—Rober, a veces me acojonas me conoces demasiado.
Bueno ante todo que sepas que la familia de Alberto es
encantadora conmigo, tanto sus hermanas como su madre me
están tratando como a una reina. Anoche bebimos y bailamos
sin parar y hoy tengo una resaca de mil demonios. El caso es
que está mañana me he levantado pronto y me he encontrado
con Rosa, la madre de Alberto, hemos desayunado juntas
mientras me contaba cosas de este pueblo y su gente. Pero es
que lo más fuerte viene ahora, se le ha escapado, pensando que
yo era conocedora de esta información. Qué Alberto tocó
fondo a causa de un accidente hace años y desde que hemos
llegado aquí está… No sé… Tenso, preocupado. Ayer Miguel
y él tenían un semblante serio, y este le llamó cuando
veníamos de camino a Valencia para contarte algo. Habla en
sueños, tiene pesadillas y está inquieto. Algo le pasa y me ha
dicho que me tiene que contar el porqué. ¿Tú sabes algo? —
Suelta de un tirón sin apenas respirar.
—Para no pasarte nada, has cogido carrerilla, madre mía.
Esto es sencillo, te ha dicho que te va a poner al día ¿No? Pues
espera a escucharle, y después que Matilda saque sus
conclusiones.
—Joder, qué fácil lo veis todo, los hombres. Deja a mi
“yo”” perverso en el rincón de mi subconsciente tranquila. Y
¿si no me gusta lo qué me tiene que contar? Tengo la
sensación de que todo este sueño se esfuma.
—Eso será solo sí tú quieres, Liss. Deja que te explique,
ese es mi consejo gratuito del día. No te vuelvas loca antes de
tiempo.
—Tú sabes algo, Rober. —Liss sabe perfectamente que su
mejor amigo está al corriente de todo, sino no estaría tan
tranquilo.
—Yo solo sé, que se merece tu compresión y que le
escuches sin prejuzgarle, como él hizo con contigo. En eso se
basa una relación, hermanita. Soltar el lastre del pasado para
avanzar juntos hacia lo que la vida os tenga preparado.
—¿Quién eres tú? ¿Qué has hecho con mi mejor amigo? —
Pregunta Liss divertida.
—Oye, guapa. Qué aquí todos maduramos, no eres la única
que sabe psicoanalizar a las personas. —Ríe ahora Rober.
—Tienes razón, no voy a prejuzgar nada. Escucharé lo qué
tenga que decirme y después ya veremos qué pasa.
Después de una larga charla con Rober sobre todo lo bien
que le está yendo como DJ en la isla, su relación con Noemí y
como su hermano está loquito por los huesos de su última
conquista.
—Liss, todo va a salir bien ¿De acuerdo? Confía en mí,
nada malo va a pasaros. Yo me encargo. Te quiero, hermanita.
Rober cuelga el teléfono y un sentimiento de amor
fraternal, recorre el corazón de ella. Con él a su lado todo irá
bien, seguro. Liss decide que ha llegado el momento de
regresar junto a su Adonis.
‘Fuerza y al lío’ Matilda, ya está preparada para todo lo que
tenga que pasar.
11
TUS MONSTRUOS

Liss llega hasta el portal de casa de Rosa, escuchando a través


de sus auriculares la canción de Belén Aguilera Tus monstruos.
Han pasado un par horas desde que salió. El paseo, el baño
en el mar y la conversación con Rober le han sentado
realmente bien. Tiene la mente más despejada y está dispuesta
a escuchar todo lo que Alberto tenga que contarle. Se merecen
ser felices juntos, sin más secretos. Y como dice esa canción
piensa disparar a todos los monstruos de Alberto y quedarse a
su lado, sin escapar nunca más.
Mientras tanto, Alberto ya ha despertado y espera a que
Liss regrese sentado en los escalones de entrada de la casa. Su
gesto delata la preocupación ante la reacción de Liss cuando
sepa toda la verdad. Su madre, que de tonta no tiene un pelo,
le ha advertido de la conversación que ha mantenido con ella.
Nada más bajar de la habitación y poner un pie en la cocina
para buscar a Liss. Ella se ha disculpado con él por su
metedura de pata y aunque está molesto porque no haya sido él
quien le haya informado de lo sucedido, se siente un tanto
liberado al tener que compartir con ella por fin ese secreto que
aún guarda y le atormenta.
Está cabizbajo, con los codos apoyados en sus rodillas
sostiene su cabeza entre ambas manos. Piensa en la manera de
destapar ante su chica el pasado y la parte de culpa que
arrastra a su espalda tras el accidente que Liss sufrió. Está en
su mundo, por lo que no la ve llegar.
—Buenos días, bombón. —Saluda Liss pillándole
desprevenido.
Se arrodilla frente a él para quedar a la altura de sus ojos y
cuando sus miradas se encuentran, le sonríe.
—Buenos días, cariño. Te estaba esperado, tenemos que
hablar. Sé lo que te ha “medio” contado mi madre y, quiero
explicarme. —Su mirada refleja angustia, claramente puede
notarse el miedo al rechazo que sus ojos reflejan.
—No te lo voy a negar, me ha pillado por sorpresa. Si algo
malo te pasó y te está preocupando ahora, deberías compartirlo
conmigo ¿No crees? —Acaricia su mentón con los dedos y
rodea con sus manos su cara. —Estamos juntos en las buenas,
las malas y las peores, no voy a juzgarte. Cuéntame que te
pasó. Y porqué desde que hemos llegado a este mágico lugar
no seas él mismo, por más que quieras disimularlo. Tienes
pesadillas cuando duermes, hablas en sueños ¿Lo sabías?
Besa su mejilla con ternura. Alberto ante la cercanía del
momento cierra los ojos para armarse de valor y acaricia la
mano que Liss tiene sobre su mejilla.
—Antes de nada, debes saber que te quiero y voy a
protegerte de todo con uñas y dientes. Sé que te lo he dicho
mil veces, pero ahora entenderás el motivo de mi protección
contigo.
Ella asiente en silencio, incitándole a que hable de una vez
por todas. Las piernas le tiemblan de la tensión y, aunque está
disimulando una calma que ni ella misma se cree, se mantiene
en su postura para que él pueda sacar todo lo que lleva dentro.
Alberto se sincera con Liss, por fin. Le cuenta todo su
pasado, a lo que se dedicaba, como se sentía de invencible
cuando consumía y trapicheaba con drogas, como la noche del
accidente iba más pasado de vueltas de lo normal, el accidente,
la muerte de su mejor amigo, el padre de familia que pagó las
consecuencias de dos niñatos irresponsables al volante de un
veloz coche, el linchamiento hacia su persona, su recuperación
física, como gracias a su madre y sus hermanas consiguió
enderezar su futuro, las amenazas cuando empezó a darse a
conocer, como las hijas de ese buen hombre se obsesionaron
con él y la certeza de saber que por su culpa ella sufrió ese
accidente.
La cara de ella se transforma conforme va descubriendo
detalles por lo que, de momento, Alberto decide ocultar las
fotos que ayer mismo le llegaron y las amenazas. Tras mucho
meditarlo sabe que ocultarle algo así es la mejor manera de
protegerla ya que con su carácter seguro que no se daría por
vencida y movería cielo y tierra para localizar a la chica y se
expondría demasiado.
Liss no es capaz de retener las lágrimas ante todo lo que
acaba de descubrir. Pena, rabia, miedo, compasión, recelos,
angustia, repulsión, desilusión, ira, ganas de correr y no mirar
atrás, amor incondicional hacia él… Todos esos sentimientos
se mezclan en su interior. No es capaz de decir nada, solo un
fuerte nudo en el estómago le hacen no poder casi ni respirar.
Las ganas de vomitar el desayuno se apoderan de ella, aunque
consigue controlar sus ganas. Es tan fuerte todo lo que está
intentando asimilar que hasta Matilda se ha quedado en modo
MUTE.
Alberto está expectante a la reacción de su chica.
—Amor, dime algo por favor. —Le suplica después del
incomodo silencio que se ha prolongado más de lo deseado.
—¿Cómo has podido ocultarme todo eso? Todos tenemos
un pasado, Alberto. Sin duda el tuyo es mucho más
complicado que el mío. No estoy aquí para machacarte por las
inconsciencias que hiciste y las trágicas consecuencias de tus
actos. Bastante tortura debes llevar tú encima a raíz de ese día.
Pero sí creo y, eso es lo que más rabia me da, qué en el
momento en el que yo entré en esta ecuación y he sufrido las
consecuencias de la obsesión que una tarada tiene contigo,
debería estar al tanto. —Hasta ese momento ha intentado
mantener las formas, pero no puede evitar alzar la voz. —
Alberto ha intentado matarme, joder.
“Con lo bien que ibas, Liss” Se acabó el silencio de su
subconsciente.
—Lo sé, y tienes razón, Liss. No me lo perdono. No sabes
las veces que he estado a punto de alejarme de ti para que estés
a salvo. No puedo hacerlo, no puedo vivir sin ti, pero sobre
todo no me perdonaría que por mi culpa te pasara algo malo.
“¿What’s? Eso sí que no, si se va él. Me voy yo’ Eso ha
dolido y mucho, Matilda no da crédito a lo que acaba de
escuchar.
—¿Cómo que has querido alejarte de mí? Muy maduro por
tu parte, si hubieras llegado a hacerlo. Me quedo mucho más
tranquila. —Liss, está dolida. Pensar que, si después de todo le
hubiera visto alejarse sin que ella supiera el motivo,
seguramente su corazón no se recuperaría de ese palazo,
jamás.
—¿No entiendes nada o qué? —Alberto se levanta y se
pasea nervioso frente a ella. —Lo quise hacer por ti, por
salvarte. No sabemos dónde está, qué aspecto tiene. Pensé por
un momento que alejarte de mí era la única manera de ponerte
a salvo. Pero no fui capaz. Si quieres saltar del barco ahora, lo
entenderé. Estás en tu derecho, me dolerá, pero soy capaz de
aguantarlo por ti. Para salvarte. Tú eres todo lo bueno que la
vida me puede dar. No te merezco, no puedo retenerte a mi
lado.
—¿De verdad? piensas que puedo alejarme de ti y seguir
con mi vida como si nada. Él que no entiende nada eres tú,
Alberto Santos. Nadie. Escúchame bien. Nadie, podrá ser
capaz de alejarme de ti. ¿Me oyes? Aquí somos dos, tú y yo.
Estamos juntos en esto y no pienso dejar que consigan su
propósito. Has cambiado, no eres nada de lo que me has
contado que eras en el pasado. Y de ti es de quien estoy
enamorada, con tus monstruos, tus sombras y tus glorias, no
pienso dejarte solo. No voy a abandonarte.
“Hemos dicho” Aplaude Matilda presa de la emoción.
Alberto no puede evitar emocionarse ante lo que Liss acaba
de declararle, sus lágrimas recorren su preciosa cara. La coge
en brazos y se funden en un abrazo interminable.
—Eres la luz de mis días, Liss. Algo muy bueno tengo que
haber hecho en otra vida para que hayas llegado tú a mí.
—Te aseguro que tú no te quedas corto, mi amor. Te
quieadoro.

Después de la confesión de Alberto, la pareja entra en casa


ante la atenta mirada de Rosa, que no puede evitar sentirse
responsable de que Liss y su hijo hayan discutido por su culpa.
Respira aliviada a verlos entrar cogidos de la mano y
acaramelados. Sonríe a Liss con la mirada cargada de
emoción.
—Qué bonita pareja hacéis. —Dice. —Hijo, tengo que salir
a hacer unos recados, voy a Cullera. Tus hermanas me llevan y
me traen de regreso mañana después de comer. Tenéis de todo
en la nevera. Liss, no hace falta que te diga que estás en tu
casa.
—Gracias, Rosa. —Le sonríe Liss con vergüenza.
Se acerca a ellos y los besa en las mejillas, a modo de
despedida sin perder la sonrisa traviesa.
—Haced las paces como Dios manda. Tiempo de sobras
tenéis —Les guiña un ojo de manera traviesa antes de cerrar la
puerta.
‘Será posible, me declaro fan absoluta ahora mismo de esta
mujer’ Matilda se está colocando ya el salto de cama para lo
que tiene pensado hacerle a su Adonis.
Sin tiempo que perder Alberto corre escaleras arriba
tirando de la mano de Liss. Llegan a la puerta de la habitación
que ambos ocupan y Liss frena a Alberto antes de entrar.
—¿En serio tú madre acaba de dejarnos la casa vacía para
que podamos reconciliarnos a nuestra manera? —Liss aún no
sale de su asombro.
—Sí, pequeña. Eso parece, y no vamos a desperdiciar la
oportunidad ¿Verdad?
—No, cariño. Por supuesto que no. —Dice antes de saltar
encima de su hombre como un mono y rodear con sus piernas
la cintura de él. —Dime una cosa.
—Lo que tú quieras. —Dice entrecerrando los ojos a
sabiendas de que puede soltar cualquier cosa por esa boquita.
—¿Cuántas veces te has corrido entre estas cuatro paredes?
—¿De verdad quieres saberlo? —Pregunta ahora él
sorprendido.
—Sí, rotundamente. Sí.
—No tantas como las que pienso hacerlo contigo.
—Eres un zalamero. Eso no contesta a mi pregunta, pero
me vale.
Se besan desenfrenados mientras Alberto la sujeta con sus
fuertes brazos sin dejar de apretar sus nalgas. Entra con ella a
cuestas en la habitación y sin dejar de besarla se tumba en la
cama con ella quedando al mando de la situación colocada a
horcajadas encima de su entrepierna.
Liss se roza sin poder parar contra su Adonis mientras besa
su cuello y deja que su erótico aroma le invada las fosas
nasales. Las manos de Alberto tocan con desespero cada curva
del cuerpo de su Diosa y la ropa rápidamente comienza a ser
un estorbo.
Se desnudan con prisas y una vez despojados de cualquier
prenda que pueda entorpecer el objetivo de ellos dos, se miran
con deseo. Liss admira el cuerpo de su hombre sin evitar
morderse el labio inferior ante la imagen que tiene debajo de
ella. Él sonríe travieso mientras le recorre los pechos y su
cintura con las manos hasta llegar a sus caderas admirándola
desde abajo.
—Nunca me cansaré de verte así, desnuda para mí. —Se
incorpora y atrapa con su boca uno de los turgentes y
generosos pechos de ella. Un gemido se escapa de entre sus
labios mientras sostiene la cabeza de él entre sus manos y echa
la cabeza hacia atrás.
—Yo nunca me cansaré de desnudarme para ti. Si mi
recompensa es siempre el placer que sabes darme— Contesta
ella con la voz agitada.
Rápidamente los fuertes brazos de su Adonis la hacen girar
quedando ella ahora a merced de él. Alberto se coloca entre
sus piernas sin perder la conexión de sus miradas y se relame
de gusto antes de comenzar a descender por su cuerpo besando
cada centímetro de piel del cuerpo de su diosa. Llega hasta su
ombligo y continua con la tortura mientras ella cree estar a
punto de perder la cordura por la tortura de querer más, eleva
sus caderas y él sonríe travieso ante el ofrecimiento de su
manjar más preciado.
Con su boca en descenso separa aún más sus piernas
ayudándose de las manos y dejándola a ella totalmente abierta
y preparada para la invasión que su boca y sus dedos están a
punto de experimentar.
Recorre su húmeda vagina con su fuerte lengua y cuela
entre sus pliegues dos dedos que se adentran sin problemas en
su interior, provocando en ella un gemido de placer que se
escapa de forma inconsciente mientras cierra los ojos.
Alberto saca sus dedos empapados de su interior y sin dejar
de observarla se los lleva a su boca para saborearlos.
—Me encanta tu sabor, Liss. Eres adictiva, una puñetera
droga.
Dicho esto, se pierde entre sus pliegues besando,
devorando y colando su fuerte y ancha lengua dentro de ella.
Acompaña ese baile con sus dedos hábiles que tan bien sabe
manejarse dentro y fuera de ella. Liss jadea, se retuerce, gime
y suelta todo tipo de obscenidades por su boca, está más
mojada de lo que jamás haya podido estar, tanto que hasta se
asombra al notar su trasero empapando las sabanas bajo su
cuerpo.
—Me corro.
Es todo lo que logra articular justo antes de volverse
completamente loca.
Un orgasmo de placer la hace estallar sin poder reprimirse
en la boca de su Adonis. Mientras aún convulsiona, Alberto
asciende de nuevo hasta su boca para besarle ahora con las
mismas ganas, compartiendo con ella el sabor de su brutal
orgasmo.
—Me pasaría el día entre tus piernas alimentándome solo
de tu cuerpo.
—Qué vida más dura. —Bromea ella traviesa.
Se miran intensamente y las caderas de Liss se elevan para
reclamar lo que ahora quiere, sin más demora.
La polla de Alberto se cuela de una estocada profunda
dentro de ella fácilmente debido lo lubricada que está.
El Adonis empotrador, que tiene por novio se mueve sobre
ella con una maestría y un saber hacer que la transportan
directa al séptimo cielo, más veces de las que nunca nadie fue
capaz de hacerla llegar jamás. Empuja con los brazos sus
hombros y con sus piernas se ayuda a cambiar de posición, sin
objeción ninguna él queda tumbado ahora bajo ella. Los
fluidos de Liss empapan ahora el cuerpo de Alberto.
—Estás muy mojada mi amor, no sabes lo cachondo que
me pones. No pares, muévete para mí, mi Diosa.
Liss se incorpora dejando sus pechos a la vista de él que
rápidamente con sus manos los cubre sin dejar de empujar
fuerte y duro dentro de ella. Liss deja llevar su cuerpo hacia
atrás y apoya las manos en las rodillas de él sin dejar de
cabalgar acompasada junto a su hombre.
Culminan a la vez en un colosal orgasmo, que les deja
agotados y sudados como si acabaran de hacer una maratón.
Se deja caer sobre el torso de él y acaricia son sus delicados
dedos sus definidos pectorales mientras sus ojos se cierran con
una sonrisa dibujada en su rostro, el sueño les vence y sin salir
de su interior, se quedan dormidos.
El teléfono de Alberto suena insistente en la mesita de
noche, el sol de media tarde entra potente a través del ventanal
de la habitación y Liss abre los ojos, mira el reloj de pared y
comprueba la hora. El sonido no para, pero él ni se inmuta.
—Qué manera de dormir tiene mi hombretón. —Sonríe
mientras se levanta para ir al baño corriendo. —Me meo viva.
Después de hacer sus aguas menores como Dios la trajo al
mundo, el sonido por fin ha cesado. Se da una ducha rápida
para quitar el sudor pegado de su cuerpo.
—Qué calor hace, madre mía. Tengo que cambiar las
sabanas antes de que llegue Rosa. Lo de hoy no ha sido ni
medio normal. Menudo squirting me he marcado, Dios mío—
Ella sigue con su monólogo mientras se aclara el jabón con el
agua fría que le sabe a gloria bendita. —Verás cuando se lo
cuente a las chicas. Tanto tiempo escuchando como a ellas les
había pasado y yo sin catarlo hasta hoy.
Con una sonrisa bobalicona en la cara, termina de secarse
el cuerpo y enrolla su melena en la toalla, saliendo del baño
totalmente desnuda.
Alberto está sentado en su cama cuando ella entra de nuevo
en la habitación, su semblante es serio mientras habla por el
teléfono móvil, pero no puede evitar distraerse de la
conversación al mirar los movimientos de Liss mientras se
pasea desnuda por la habitación, buscando algo que ponerse
para cubrir su cuerpo.
Ella se viste rápidamente ajena a la conversación que él
mantiene. Su mente solo piensa en llenar su estómago y
rápido, a poder ser. Se acerca a Alberto que sigue al teléfono,
le da un corto beso en los labios y le hace señas con las manos
de que va a comer algo, a lo que él sonríe y asiente.
Una vez en la cocina y sabiendas que su intromisión está
permitida y más que justificada, sobre todo porque Rosa le ha
dado el permiso que ella tanto necesita para moverse a sus
anchas por allí.
“Puñeteras manías las tuyas, huevona” Le reprende Matilda
por sus eternas manías.
Se siente como una niña pequeña en una tienda de juguetes,
al abrir la nevera que muestra frente a ella, fiambreras a
rebosar de comida casera.
—Aleluya, comida casera. Voy a llorar de la emoción y
todo. —Dice con la voz cargada de emoción. —Ensaladilla
Rusa, Dios. Croquetas…
Los ojos le hacen chiribitas y su intestino ruge alto, nunca
había sentido tanta necesidad de comer. Eso solo quiere decir
una cosa.
“Prepárate porque tu amiga viene a visitarte, ya te toca la
visita mensual” Le avisa Matilda, conocedora de su hambre
voraz cada mes antes de menstruar.
Se sienta en la mesa y comienza a prepararlo todo para
cuando Alberto decida bajar a hacerle compañía para comer.
Minutos después con todo preparado, enciende el televisor
que Rosa tiene en la cocina y se entretiene viendo los
programas del corazón. Su boca toca el suelo cuando frente a
ella imágenes de ella y Alberto por Madrid borrachos como
cubas, se apoderan de la pantalla. Recuerda esa noche a la
perfección y, aunque no le guste el rollo de salir en esos
programas, recordar esa noche le hace reír a carcajadas a pesar
de que los tertulianos no opinen lo mismo, para ella fue una
noche inolvidable.
“Todas tus noches con Alberto y agua con misterio son
inolvidables, no te engañes” Matilda tampoco tiene vergüenza
alguna.
—¿De qué te ríes tú, así? —Alberto la pilla desprevenida,
mientras casi se atraganta con una de las deliciosas croquetas.
Tose mucho y fuerte. Rápidamente él corre a socorrerla “Si es
que vale para todo, este hombre”
—Cariño, muerte a causa de atragantamiento por croqueta
no quedaría nada bien en tu esquela. —Bromea una vez ha
conseguido que la croqueta atravesada salga disparada por la
boca de Liss.
—Sería de todo menos glamuroso. —Consigue decir ella
después de beber agua. La tos aún persiste y las lagrimillas se
le escapan por los laterales de sus ojos.
—Si no llega a ser por mí… Te acabo de salvar la vida.
Quiero mi recompensa. —Sugiere juguetón.
—No puede ser verdad. —Ríe ella. —¿Nunca tienes
bastante?
—Contigo, nunca. ¿Y tú?
—Para nada. Tampoco.
Liss hace que se siente en la silla vacía y acaricia su torso
desnudo mientras atrapa su labio inferior entre sus dientes. Se
arrodilla frente a él y eleva la cabeza para mirarle a los ojos
desde esa posición. Sonríe.
—¿Recuerdas en Madrid, cuando me dijiste lo que tu
madre te aconsejaba? —Pregunta sensualmente mientras
recorre con su dedo su ya abultada entrepierna oculta solo por
un fino pantalón corto de futbol.
—Como voy a olvidarlo. Mujer desatendida, mujer
perdida. —Las palabras salen de su boca sensuales mientras
atrapa su pelo con una mano y con la otra acaricia su labio y
recorre con sus dedos la delgada línea de su mentón.
Alberto disfruta viendo el gesto de placer absoluto
reflejado en la cara de ella. Juntos y desnudos todo se
convierten en necesidad.
Liss asume de nuevo el control y lleva las riendas de
nuevo, Alberto obnubilado por la pasión que les arrolla y las
ganas de que ella le devore se deja llevar, disfrutando al ver
como Liss la sujeta con fuerza para posteriormente llevarse
por completo su polla a la boca, hasta engullirla por completo
y tragarla como si se fuese a terminar el mundo si no lo hace.
—Joder, nena. Haces magia con tu boca. Me vuelves loco.
Ella sonríe mientras busca la mirada de él desde su
posición y se entrega aún más en la tarea de darle placer a su
hombre.
Está desesperada por él, por su sabor, por su cuerpo, por
esa polla que la vuelve completamente loca.
—Necesito más —le pide, mientras coge aire. Succiona
con fuerza y sus gemidos son casi tan altos como los de ella
minutos antes.
Reprime una arcada mientras la lleva hasta lo más hondo
de su boca mientras ejerce presión con los labios, su enorme
miembro le roza la campanilla y cuando cree que va a hacerle
llegar hasta el séptimo cielo. Alberto se separa de ella
haciéndola notar de inmediato ese vacío que le deja. Sabe que
quiere, estar dentro de ella y ella quiere exactamente lo
mismo, es algo irrefrenable, lo quiere dentro, pero a su vez lo
necesita al completo. Porque ya sabe a ciencia cierta que su
mundo empieza y acaba donde esté él.
Y se deja llevar. Pierde la razón y solo siente cómo se
contrae todo dentro de ella…
12
MEDIA TINTA

Un mal sueño hace que Liss despierte asustada y llorosa. El


aire no llega a sus pulmones y necesita sentarse en la cama
para poder calmarse y volver a respirar. A su lado Alberto
duerme a pierna suelta sin percatarse de lo que ella está
viviendo. Un mal presentimiento no la deja centrarse. Busca su
móvil en la mesita de noche situada a su lado de la cama y lo
localiza sin batería. Se levanta y busca el cargador procurando
no hacer ruido, cuando lo encuentra lo conecta al enchufe y
espera ansiosa a poder encenderlo, necesita comprobar que
todo va bien en casa.
Sus ojos se inundan en lágrimas al ver las llamadas de sus
padres a diferentes horas durante toda la noche. El reloj marca
las siete de la mañana y sin pensárselo dos veces devuelve la
llamada a su madre. Ella no contesta y eso la hace ponerse más
nerviosa aún. Ahora llama a su padre, que al segundo tono
contesta.
—Liss, cariño. Te hemos llamado mil veces. Tienes que
venir a casa. —Su padre está serio y su voz no deja lugar a
dudas, algo grave ha pasado.
—Papa ¿Qué ha pasado? —Las lágrimas silenciosas
recorren su cara sin control. Solo quien sabe lo que es no estar
cerca de los tuyos, puede comprender lo que una llamada con
esas palabras al otro lado de la línea puede significar. El
corazón se te para, la bilis sube hasta tu garganta, tus oídos se
ensordecen y el aire no entra por ningún poro de tu cuerpo, los
ojos dejan de ver con nitidez porque las lágrimas cubren por
completo tu rostro y tu vista. Es una puta locura.
—Cariño, ven rápido. Tu hermano está en camino también.
Es la yaya.
Sus peores temores se hacen realidad, no puede esperar.
¿Sabéis cuando tenéis la necesidad de pedir un solo deseo al
genio de la lámpara mágica? Pues ella en ese momento, solo
pediría teletransportarse. Solo eso. Poder estar en casa en un
segundo con los suyos.
—Voy para allí. Por favor, dile que me espere. No quiero
que se vaya sin despedirme de ella en persona. Júrame que no
llego tarde, papa. Por favor.
—No, cariño. Llegarás a tiempo. Sabes que te va a esperar.
La llamada se corta y ella no puede reaccionar, su llanto
infantil ha hecho que Alberto despierte y está junto a ella de
cuclillas sin dejar de acariciar sus rodillas. Ella levanta la
mirada hasta su rostro. Solo consigue decir.
—Llévame a casa Alberto. Mi yaya, algo ha pasado y no
puedo dejar que se vaya sin verla por última vez.
Alberto la levanta entre sus brazos sin tiempo que perder y
no deja de repetir que llegaran a tiempo. Que no se preocupe
por nada. Que no piensa dejarla sola. Que lo tiene a él y que
todo saldrá bien.
Rosa que también se ha despertado a causa del llanto
incontrolado de Liss, se encarga de recoger todas las cosas de
ambos, se ofrece a conducir ella y acompañarlos, pero Alberto
le asegura que no hace falta que llegarán a salvo. Ella asiente y
abraza fuerte a Liss dándole esas fuerzas que no tiene en esos
momentos. Se despiden con prisas y salen hacía Barcelona
como bala que lleva el viento.
La música penetra en los oídos de Liss mientras ve pasar
todos los recuerdos desde su infancia junto a su querida
abuela. Los abuelos deberían ser eternos, nunca deberían
marcharse. Son los padres que consienten y cuidan de esos
nietos, dándoles todos los caprichos que a sus hijos no
pudieron dar. Y no solo en lo material, sentimentalmente toda
persona que ha crecido junto a sus abuelos sabe lo
imprescindibles que pueden llegar a ser en la vida de sus
nietos.
Alberto conduce en silencio, a toda velocidad. La carretera
por suerte está vacía y se lo permite. De vez en cuando mira
hacia el asiento de copiloto y le destroza el alma ver la tristeza
y la pena que Liss tiene, no puede hacer nada por ella. Y en
ese momento, es aún más consciente que nunca de que por ella
daría su vida entera, ojalá pudiera cambiarse por ella para que
eso que ella siente ahora mismo lo sufriera él.
Su mano descansa en el muslo de ella, para que le sienta
cerca, de vez en cuando aprieta su mano sobre la pierna para
que ella se dé cuenta. Ella solo puede mirarle con ojos más
brillantes que nunca y posar su mano sobre la suya para
aferrarse a él y su fuerza.
Llegan a Barcelona temprano, después de que Liss hable
con Edgar y le diga en que hospital está María, acuden
directos hasta allí. En la puerta del hospital están sus tías y
primos, al verla llegar de la mano de Alberto, la abrazan y
besan mientras lloran. Le indican el número de habitación y
ella se disculpa mientras echa a correr en dirección al ascensor
que al está lleno de personas esperando su turno para subir, sin
pensarlo dos veces decide subir corriendo por las escaleras.
Alberto la sigue de cerca y al llegar a la puerta de la
habitación se detiene en seco, ese momento es de ellas. Él no
tiene derecho a irrumpir en esa intimidad por más que no
quiera separarse de ella. Liss entra sin mirar atrás y cierra tras
ella. Minutos después la puerta se abre y una desolada Teresa
sale abrazada a Edgar que al verle se lanza a darle un gran
abrazo con lágrimas en los ojos.

Liss después de abrazar a su madre y a su hermano que


están junto a la cama de su yaya, se acerca a ella con una
tierna sonrisa en su cara. Besa su cara con ternura y ella abre
los ojos lentamente, al ver a su nieta llorar acaricia su rostro
con esas suaves yemas de sus dedos que tanto Liss ha
acariciado desde niña y le limpia las lágrimas mientras mueve
la cabeza de un lado a otro despacio, diciendo que no.
Teresa no puede soportar tanto dolor al ver a su hija y su
madre, y coge la mano de su hijo para dejarlas solas. Ellas
necesitan ese momento juntas y solas.
—Yaya, no puedes irte. —Consigue decir Liss.
—Hija mía, ya he vivido bastante. Estoy cansada. Dios
sabe que no me iría jamás de vuestro lado, pero ha llegado mi
momento. —Dice sin perder la sonrisa de su rostro.
—Tienes que estar aún en muchos momentos de mi vida.
Yaya, tú no puedes faltar. Nos queda mucho por vivir juntas.
—Liss llora abrazada al cuello de su querida abuela mientras
besa su arrugado cuello.
—Mírame, Elisabeth. —Le pide ahora la anciana mujer.
Ella obedece y hace lo que su abuela le pide. Se incorpora
y queda sentada al lado de la cama frente a ella.
—Yo siempre estaré a tu lado, aunque no puedas verme.
Podrás sentirme, te lo prometo.
—Yaya no me asustes. —Sonríe Liss como puede.
—Venga, mi niña. No te hagas la tonta. Qué ya sabes lo
que te quiero decir. —Intenta sonreír, pero el dolor que debe
sentir en su interior no le permite hacerlo como a ella le
gustaría. —Escúchame con las orejas.
Liss asiente con la cabeza sin perder la conexión de sus
miradas. Y ella prosigue con lo que tiene que decir.
—Sabes lo orgullosa que estoy de ti, has sido mi alegría
después de mis hijos. Toda mi familia para mí ha sido lo mejor
que me ha pasado en la vida. No me arrepiento de nada de lo
que he vivido, porque gracias a todo lo bueno y lo malo os he
tenido a todos junto a mí. Te quiero muchísimo, cariño mío.
No te permitas llorar más de la cuenta cuando yo no esté, vive
la vida que quieras vivir. No dejes que nadie jamás apague tu
preciosa sonrisa y la luz de tu mirada. Tienes que ser fuerte y
no solo por ti. Pronto descubrirás cosas nuevas y yo estaré
siempre contigo para que mi fuerza te llegue cuando creas que
no puedes más. —Su voz se va apagando conforme habla. Liss
aprieta fuerte la mano de su abuela.
—Yaya, te lo prometo. Lo haré. No me dejes nunca. Te
quiero muchísimo. —Besa su mejilla y un último suspiro
profundo le hace saber que María, su querida yaya. Se ha
marchado, eso sí con una sonrisa dibujada en su rostro y entre
los brazos de su consentida.
Las enfermeras entran en la habitación, y separan a Liss del
cuerpo sin vida de María, ella se levanta sin fuerzas y los
fuertes abrazos de Alberto la atrapan antes de que se desmaye.
Su voz es lo único que escucha entre los llantos de sus seres
más queridos por la pérdida de la matriarca de la familia.

Liss despierta en la habitación de su infancia, en casa de


sus padres. Alberto descansa sentado en el sillón orejero que
hay situado a un lado de su cama.
—Por favor, qué haya sido una pesadilla— Suplica al
techo. Deseando que todo haya sido un mal sueño.
Los pies de su cama se hunden y al mirar puede ver los
ojos de Alberto que la miran fijamente con una leve sonrisa en
el rostro.
—¿Cómo te encuentras, princesa? —le pregunta con
dulzura.
—No ha sido una pesadilla ¿Verdad? —Pregunta
esperanzada.
Él niega con la cabeza, se incorpora y se sitúa al lado de
ella.
—Hazme un hueco, acaparadora.
Se acopla al lado de Liss y la estrecha entre sus brazos. Ella
se acopla entre su pecho y abraza su cintura mientras pasa una
pierna por encima de la suya.
—No puedo creer que ya no pueda escucharla ni abrazarla
nunca más. ¿Por qué la gente buena tiene que morir? —
Pregunta en voz alta.
—Cariño, te entiendo tanto. Cuando mi padre murió sentí
todo lo que tú estás sintiendo ahora mismo. Ojalá pudiera
ponerme en tu lugar y aliviar tu fatiga. Pero hazme caso, el
tiempo pasará y el dolor también. Ahora sientes que no puedes
vivir sin ella, pero tienes muchas cosas más por las que seguir
adelante. Y seguro que ella no querría verte así.
—Eso mismo me ha dicho antes de morir. Le he prometido
que solo lloraré lo justo y necesario. Y que seguiré siendo
fuerte por ella, como ella me enseñó, a seguir su ejemplo. De
tu padre ya sé todo lo que tuviste que sufrir y te admiro tanto
por ello, mi amor. Te convertiste en el hombre de la casa. Pero
porqué nunca me has hablado de tu amigo, se llamaba ¿Ángel?
Alberto respira profundo y asiente mientras acaricia el
brazo de Liss.
—Ángel era una persona maravillosa, bondadoso, el mejor
amigo que nadie pueda tener. Yo para él era como su hermano
mayor. Solo con mirarnos nos leíamos la mente, crecimos
juntos, nuestras madres eran íntimas amigas y nacimos con
pocos meses de diferencia. Él era, como su nombre indica, un
ángel caído del cielo. Yo le arrastré a la mala vida, él solo
quería hacerme ver lo mal encaminado que estaba y mi mala
cabeza acabó con su vida. Me costó mucho aprender a vivir
sin él y con esta carga que llevo a mis espaldas. Pero el dolor
pasa y aprendes a malvivir con ello. Ojalá pudiera ver en lo
que me he convertido ahora y le hubieras conocido. Habrías
sido fan incondicional de su persona.
—Las personas no mueren, siempre siguen vivas en
nuestros recuerdos. Por eso hay que nombrarles y hablar
bonito de ellas. Al final solo somos el recuerdo que dejamos
en nuestros seres queridos, todo lo demás se esfuma.
—Pues sí, señorita. Tienes razón. Y ahora qué te parece si
nos levantamos y comes algo. Tus padres están preocupados,
sobre todo tu madre. Bastante tiene encima.
—Si, vamos. Dame un segundo, enseguida salgo.
Cuando Alberto sale de la habitación, Liss se queda sentada
mirándose frente al espejo de su tocador. La foto enmarcada de
ella de niña vestida de flamenca junto a su abuela, le hace
sonreír. Sus caras reflejan la felicidad plena, recuerda ese día
como si fuera ayer. Su primer certamen de baile tenía cinco
años y sabía que quería ser profesora de flamenco como su tía.
Se vistió en casa para salir con tacones y su falda larga a la
calle, no como el resto de las niñas de su clase que se vestían
en los vestuarios del recinto. Ella quería que la vieran, se
sentía orgullosa y aún a riesgo de llegar tarde pasó primero por
casa de su yaya para que la viera vestida antes de que saliera a
bailar. Y allí en su salón su madre les hizo la foto. Después
toda la familia fue a verla bailar y ella desde lo alto del
escenario solo tenía ojos para ver el orgullo de su abuela
mientras aplaudía al verla taconear, tan pequeña, tan dispuesta,
tan artista.
—Voy a ser fuerte, yaya. Te lo prometo. Vas a estar
orgullosa de mí, siempre. Estés donde estés.
Cierra los ojos y siente un escalofrío recorrer su mejilla. Se
lleva la mano a la mejilla y juraría que eso ha sido un beso de
su ángel de la guarda. Sonríe y sale a reunirse con su familia.
Al día siguiente es el tanatorio y todas sus amigas incluidos
Rober y Noemi, acompañan a la familia en ese día que parece
que nunca va a terminar. Alberto no se despega de su lado y
ella agradece todas las muestras de cariño recibidas, una y otra
vez. Sin soltarse de su mano o de su brazo. Las fuerzas que su
Adonis le está dando son lo que más necesita en ese momento.
El entierro pasa más rápido, después de despedirse de ella y
antes de ver como entierran su ataúd, es cuándo como ha
prometido: dejará de llorar. Y sabe que así será. Mañana
despertará con las ganas de vivir que ella siempre ha tenido y
el recuerdo de ella siempre vivirá eterno en su interior. Ahora
tiene que dejar que descanse en paz. Porque se lo ha ganado a
pulso.
13
MIL TEQUILAS

Liss y Alberto se instalan en el piso de ella, después del


entierro de María.
Ella le muestra orgullosa su humilde morada, su hermano
se ha comportado el tiempo que estuvo disfrutando de su casa.
Todo está en orden, aunque se juega el cuello de que eso ha
sido más bien obra de sus padres que de él.
—No me esperaba tu casa de otra manera, mi amor. Es tan,
tú. —Le dice Alberto una vez ha visto todo lo que tenía que
ver, que es más bien poco en comparación de la casa que tiene
él en Ibiza, sentados en la terraza, ese lugar tan especial para
Liss de su pequeño pero acogedor piso.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿te parece cursi? —Ríe al
ver como él pone los ojos en blanco y afirma con la cabeza,
ella le da un suave manotazo en el brazo, ante el cual él
reacciona como si le hubiera dolido la vida. —Serás Drama
King
—¿Qué me has llamado? —Se carcajea Alberto. —Tú
tienes más salidas que la M-30 y la M-40 juntas.
—Están las Drama Queen, como las chicas y yo. Y los
Drama King como tú, por ejemplo.
Los dos estallan en carcajadas.
—Ven aquí mi Drama Girl, que te voy a quitar los dramas
a base de gemidos.
Y tras cargarla como un saco de patatas sobre su hombro.
Se adentra con ella en el interior del piso cumpliendo con
creces la promesa de quitarle todos los dramas a base de
empellones y gemidos de placer, porque si una cosa sabe hacer
bien ese hombre es quitarle las tonterías de la cabeza como
nadie.
‘Demasiado tranquilos estaban los vecinos, últimamente.
Sí, señores. Hemos vuelto y por la puerta grande’ Grita su
Matilda que también andaba de capa caída los anteriores días.
Pero poco a poco vuelve a hacer acto de presencia.
Edgar junto a sus amigos, Rober y Noemí quedan con ellos
antes de regresar al día siguiente a la isla. Sus vidas deben
continuar y más ahora que están a las puertas de que los
cierres de temporada lleguen y la isla es un fluir constante de
fiestas y gente que viene y va. Liss por su parte ha llegado a la
conclusión de regresar días después junto a Alberto y
reincorporarse a trabajar de nuevo con el tema de los eventos.
Los dueños de la empresa están deseando que se reincorpore,
por suerte, siguen contando con ella.
Deciden llevar a Alberto a pasar el día por Sitges, ese
pueblecito costero que ellos tantos adoran. Pasean entre sus
calles, se hacen mil fotos, se ponen las botas comiendo en el
Café de la Plata, situado en el Port de Aiguadolç y al caer la
tarde se animan a ir al chiringuito de Beso Beach, que ya
conocen de sobras, donde el ambiente y la música hacen del
lugar el mejor ambiente para disfrutar de unos buenos cócteles
y ver el atardecer en sus camas balinesas de madera.
El hermano de Liss está como ausente durante todo el día,
intenta aparentar normalidad, pero ella que lo conoce de
sobras y de tonta no tiene un pelo, sabe que algo le preocupa.
Aprovecha que el resto de la banda se han ausentado para ir a
por copas y ve el momento perfecto para acercarse a él y
averiguar el por qué.
—¿Qué pasa, enano? Te veo preocupado. ¿Todo bien?
—Sí, tata. —Contesta sin mirarle a la cara, hecho que
provoca que las alertas de Liss se disparen más todavía.
—No te he preguntado por Violeta, con todo lo de la yaya.
Ni me acordaba de ella. ¿Seguís juntos? ¿Cómo está?
—Ya, no te preocupes es normal. Ella está bien, en Ibiza
trabajando. Nosotros bien.
—Sabes que puedes confiar en mí ¿verdad? Te conozco
demasiado y no estás como siempre. Estás demasiado callado
y ni siquiera tus amigos saben qué te pasa.
—No pararás hasta que me lo saques ¿verdad?
—Soy tu hermana mayor. Ya me conoces. Confiesa.
—Sí, es por Violeta. Tiene unos puntos un poco raros que
a veces me cuesta pillar. Pero nos estamos conociendo, de eso
se trata ¿no? De conocer todas las versiones de la persona con
la que quieres estar.
—Vaya, tenían razón Rober y Noemi, estás hasta las
trancas por esa chica. Te ha calado fondo, hermanito. —Rodea
sus hombros con su brazo y apoya la cabeza en él. Sonríe llena
de paz por compartir con él sus inquietudes.
—Parece que sí. —Ríe ahora él. —Pero algo me dice que
no debo dejarme llevar por este. Sino por lo que está de aquí
me intenta frenar. —Ahora señala su corazón y después su
cabeza.
—¿Por qué dices eso? ¿Qué me he perdido? ¿No será que
tienes miedo a lo que sientes por ella?
—Es que a veces pienso que está conmigo solo por ser tu
hermano, no sé si me entiendes. Alberto y tú, sois monotema
cuando estamos solos. Intenta sacarme toda la información
posible de como os va, de dónde estáis… Quizás son paranoias
mías, pero me pone de muy mala leche lo cotilla que llega a
ser. Y cuando me enfado solo me dice que, si estoy loco, que
solo se interesa por las personas que quiero, me da la vuelta a
la tortilla y me siento mal por ello.
Liss se escama al momento ante el comentario que su
hermano acaba de hacerle y su mente comienza a trabajar
veloz.
“A ver, mantengamos la calma. Sosiega, Liss. Que como
abras la boca la puedes liar y gorda. Cállate, cállate” Matilda
ha pulsado el botón rojo de emergencias para alertarla de que
mantenga silencio y averigüe en silencio.
—¿Has hablado con Rober o Alberto de esto?
—No, ellos bastante tienen con sus cosas ¿por qué? —
Ahora se pone a la defensiva. —Ya te he dicho qué son
puntazos que me dan. No será para tanto. Trabajo demasiado y
me faltan horas de sueño. Seguro que es por eso.
—Por nada, mejor no digas nada. Ya sabes cómo son, si lo
vuestro va en serio… Mejor que no le hagan la cruz por
cotilla. Ya sabes lo desconfiados que son esos dos. —Intenta
bromear para relajar la tensión de su hermano pequeño, pero
ahora la que se queda con la mosca detrás de la oreja es ella.
La conversación se queda en ese punto debido a que el
resto regresan junto a ellos, con las copas en las manos. Los
amigos de Edgar siguen a lo suyo sin percatarse de nada, pero
ella cree que Alberto y Rober también parece que ocultan algo.
“Podemos dejar de pensar que todo el mundo trama algo a
escondidas de ti de una vez” Suplica Matilda ante la
desconfianza que Liss siente.
Ella entrecierra los ojos, sospechando. Tiene que averiguar
demasiadas cosas. Algo no pinta bien del todo.

Mientras Liss y Edgar se quedaban solos hablando de sus


cosas. Alberto pide a Rober que le acompañe a la barra del
interior del chiringuito a pedir unas copas, necesita hablar con
él. Noemí se ofrece a acompañarlos, ya que ella también está
al tanto de lo que pasa con la persona que acosa a Alberto y
quiere ayudar en lo que sea posible. Los tres se encaminan
alejándose de los amigos de Edgar y, de este y Liss, que
charlan ajenos a los últimos acontecimientos.
—¿Por qué Edgar no sabe nada de las fotos y la amenaza?
—Pregunta nervioso Alberto a la pareja.
—Porque hemos pensado que será la mejor opción hasta
que todo se solucione.
—Créeme, le conozco desde pequeño. Y su temperamento
puede estropearlo todo más que ayudar. —Le tranquiliza
Rober. —Puede ser un buen cebo para que nosotros estemos
en alerta de quién entra y sale de casa sin que sospechen.
—No le hará ninguna gracia. Pero tenéis razón toda
precaución es poca.
—¿Sabéis algo más de la niñata esa? —Pregunta ahora
Noemí. —Os juro que si sé de quién se trata la dejo calva.
Rober la abraza por el hombro y besa su frente. Sabe que
Noemí está asustada por todo lo acontecido y esa es su manera
de reaccionar ante los nervios que está pasando, también es su
casa y esa persona ha estado allí. No han sido unos días fáciles
desde que supieron de la existencia de esa persona y casi ni
salen de casa ni entra nadie ajeno por la seguridad de todos.
—Nada. Miguel ha dado parte a la guardia civil de todo.
Pero por su nombre solo, no pueden hacer nada más. La
dirección de correo que usó para enviar el email no existe y no
queremos que todo esto trascienda y pueda huir. Estamos
jodidos.
Los tres se sienten impotentes. Ninguno de ellos consigue
dar con la luz al final del túnel.
—Cuando regresemos todos a casa, será más sencillo.
Verás como todo se soluciona rápido. —Rober es optimista, y
eso es lo que necesitan en esa familia que han creado.
Cuando regresan con Liss y Edgar, intentan obviar cada
uno sus propias cábalas mentales. Pero a la vista está, de que
pronto todo saldrá a la luz. Y esperemos que todo salga según
lo planeado, pero mientras tanto brindan juntos y disfrutan de
la tarde/noche entre risas mientras cantan y bailan la canción
de Mil Tequilas de Chema Rivas.

Días después de la partida de Rober, Noemí y Edgar, ellos


también regresan a Ibiza después de pasar unos bonitos días en
Barcelona. Ha sido un sin parar de quedadas con sus amigos
de toda la vida, presentaciones en sociedad de Alberto, salidas
nocturnas por la ciudad condal, comidas familiares y visitas
guiadas por los rincones más bonitos de su querida ciudad
natal.
Alberto ya conocía la ciudad, no como le pasó a Liss con
Madrid. Pero pasear por las calles de la mano de ella le hacen
verla mucho más bonita de lo que la recordaba.
Septiembre llega y el bochornoso calor parece que empieza
remitir, el final del verano llegará en menos de un mes y con el
otoño la vuelta a la normalidad de las vidas de todos ellos. Liss
tiene claro que quiere vivir cada momento que la vida le regale
junto a Alberto, pero su mente trama todas las maneras
posibles de poder seguir su ritmo de vida sin ser una
mantenida. Qué sí, qué lo de ser mujer florero está muy bien,
pero en las series de televisión. Para eso tienes que valer y
oye, muy lícito quien tenga esa suerte de poder llevar esa vida.
Pero para ella no está hecha para ello.
Cuando aterrizan de nuevo en la isla, Liss siente de
inmediato esa conexión mágica que tiene con ese lugar. No
puede evitar recordar que cuando marchó de allí, semanas
atrás, su vida era totalmente distinta de lo que es hoy. Sin duda
regresa con la mejor compañía que puede tener, su Adonis.
Pero la pérdida de su abuela sigue estando reciente y cada día
que pasa la echa más de menos. Desde el día posterior al
entierro no se ha vuelto a permitir llorar, solo sonríe
emocionada al recordarla y siente su fuerza y su presencia en
todo momento.
“Yaya, dame fuerzas para encontrar la solución a todo lo
que está pasando. Sé que tú me harás encontrar las respuestas
con tus señales” Piensa mientras mira al cielo y sonríe.
—Cariño, ¿Dónde vamos primero? —Pregunta Alberto
mientras caminan cogidos de la mano a la salida del
aeropuerto.
Miguel les espera fuera con el coche para llevarlos a casa.
—Quiero pasar primero por mi casa, para ver cómo está la
cosa por allí. Mi hermano me dejó un poco preocupada cuando
estuvo en Barcelona.
—¿Y eso? —Se interesa Alberto.
—Problemas de pareja. Supongo que no sabe gestionar sus
sentimientos hacía Violeta y estaba un poco rallado. —Miente
para no levantar sospechas y poder seguir ella sola con sus
investigaciones.
—Pues vamos para allí. Ya es hora de que le ponga cara a
mi futura cuñada. Tendré que darle mi aprobación como buen
cuñado protector que soy. —Bromea.
Llegan hasta el coche y saludan con besos y abrazos a
Miguel.
El camino en el coche pasa rápido, mientras Liss contempla
el paisaje de su querida isla sentada en la parte trasera. Miguel
y Alberto hablan de trabajo y viajes promocionales que en
breve tendrán que realizar.
Una vez aparcan en la puerta de casa, entran en ella donde
reina el silencio, pasan las doce del mediodía y ellos sabían
que regresaban a esa hora. A Liss le parece extraño que no
haya nadie en casa, por lo que sube en silencio a la planta
superior y entra en su habitación sin avisar. Violeta y Edgar
duermen abrazados, al verlos dormir plácidamente cierra sin
molestar y hace lo mismo, pero llamando antes de entrar, en la
habitación de Rober. Pero esta vez no encuentra a nadie.
Regresa junto a Miguel y Alberto que esperan en la cocina.
—Mi hermano y Violeta están dormidos y Rober y Noemí,
no están en su habitación. Voy a llamarles. —Les informa
Liss.
Marca el número de Noemí, y al segundo tono descuelga.
Se pone loca de alegría de volver a tener a su amiga en la
isla junto a ella, le informa de que han salido a hacer la
compra y le dice que esperen en casa para que coman todos
juntos allí. Después de consultarlo con Alberto y de invitar a
Miguel, aceptan y se relajan en el jardín de casa de Liss
mientras preparan un vermut.
Charlan animadamente, pero Liss no puede dejar de desviar
la mirada hacia la puerta de la terraza que da acceso al interior
de la vivienda. Se muere por ver aparecer a Violeta y ver la
cara que pone al encontrarse allí a toda la banda, si sus
sospechas son ciertas Miguel y Alberto la reconocerán y saldrá
de dudas, si ella es quién sospecha. No debe haber cambiado
demasiado.
Rober y Noemí llegan poco después de que hayan hablado
por teléfono. Liss decide compartir sus sospechas con Noemí
antes que, con nadie, sabe que ella puede ayudarle a averiguar
lo que a ella se le escapa.
Se acerca a ella por la espalda cuando está colocando las
cosas en la nevera.
—Amiga, acompáñame a tú habitación y disimula. Tengo
algo que contarte. —Susurra disimuladamente para que los
chicos no puedan escucharla.
—Vamos. —Sin pensárselo dos veces suben cogidas de la
mano hasta el cuarto de Noemí. Antes de cerrar la puerta de la
habitación Liss vuelve a mirar hacia donde duerme la pareja
de tortolitos para cerciorarse de que siguen dentro.
—¿Qué pasa, amor? ¿Qué es tanto misterio? —Pregunta
intrigada Noemí.
—Prométeme que no pondrás el grito en el cielo y harás
todo lo que yo te pida.
—Ya estamos, otra vez. No me asustes, que la última vez
mira como acabó la cosa.
—No, tranquila. Te juro que está vez es diferente. Quiero
que seas mis ojos y cubras mis espaldas cuando yo no esté
aquí. —Noemí la mira dubitativa, no entiende nada. —A
ver… ¿Por dónde empiezo?
Liss comienza a relatar todas sus sospechas, le cuenta que
el día del accidente vio una silueta de chica desde el interior
del coche que no se inmutó en moverse, los frenos
manipulados, lo que descubrió de Alberto en Valencia, que no
saben cómo dar con la chica de los chantajes, la extraña
aparición de Violeta en sus vidas, concretamente en la de
Edgar, como su hermano le explicó en Sitges que tenía ciertas
dudas sobre su chica por las preguntas que siempre hacía sobre
ella y Alberto, la casualidad de que también sea de Valencia y
ese escalofrío que siente en su nuca que le hace pensar que
está en lo cierto. Noemí la mira boquiabierta y no sabe qué
decir.
—De verdad ¿crees qué ella es la persona que está detrás
de todo esto? —Se queda pensativa y sin pensar continúa. —
Todo me cuadra claro ella además tiene acceso a casa y ha
podido ser perfectamente la que envió la amenaza y las fotos
de tu habitación al correo de Miguel y al Instagram de Alberto.
—¿Qué fotos? ¿Qué amenazas? —Liss eleva la voz ante la
mirada culpable de Noemí, que se lleva las manos a la boca
por bocazas. —¿Qué me he perdido Noemí?
—Liss, por favor. No te enfades con nosotros. Alberto
recibió una amenaza y unas fotos de tu habitación de la niñata
loca en su Instagram, bueno lo descubrieron cuando llegaron
al email de Miguel, porque él antes ni se había parado a abrir
los privados que recibe. El caso es que, esa persona le
aconsejaba que se alejara de ti o sufrirías las consecuencias. La
guardia civil no ha podido hacer nada porque por su nombre
no aparece en la isla y sin fotos de ella que puedan identificar,
no hay mucho que hacer. No queríamos ponerte más nerviosa
con lo de tu abuela y todo lo que has pasado estos últimos
meses. Alberto y Rober pensaron que sería la mejor manera
para protegerte y yo creía que también sería lo correcto.
Liss se queda perpleja ¿cómo puede ser que sigan jugando
de esa manera con los secretos hacía ella? todo el mundo sabe
cosas que ella no. Encima en su habitación, esa loca ha estado
tocando sus cosas y a saber qué otras cosas más. Esto se ha
acabado, la ira le nubla la vista y sale como un miura de la
habitación, mientras Noemí corre tras ella, sin poder frenarla.
Abre la puerta de su habitación sin miramientos y entra de
malas maneras. La paciencia se le agota. Su hermano despierta
asustado ante la cara desencajada de Liss, sin entender qué
pasa y Violeta se queda inmóvil con la mirada fija en ella.
Sube las persianas para que entre la claridad y le pide a su
hermano que salga de la habitación de inmediato. Esto lo va a
solucionar ella a su manera. Si algo esconde esa chica Liss se
encargará de averiguarlo.
—¿Estás loca o qué te pasa? —Le grita su hermano
encarándose a ella.
—Te he dicho qué salgas de mi habitación. ¡Ahora!
La tensión entre ellos dos va en aumento, Noemí
consciente de que la se puede liar corre escaleras abajo para
avisar a los chicos. Ante lo que Violeta, sin mediar palabra,
sale corriendo de la habitación cogiendo la mochila que
descansa junto a la puerta a su paso.
—Es ella Edgar, todo cuadra. Mira como huye. —Liss
intenta correr tras Violeta, pero Edgar la detiene.
—¿Qué estás diciendo? Ella, ¿qué pasa con ella? —Edgar
no entiende nada. Mira a Liss como si hubiera perdido el
norte.
—Por favor, Edgar no puede escapar. Déjame salir. —Le
empuja con todas sus fuerzas y sale tras ella.
Alberto y el resto suben corriendo las escaleras para acudir
al encuentro de Liss, que hecha una furia llora y grita
maldiciendo.
—Es ella, Alberto. Se ha delatado sola al salir corriendo, lo
he visto en su mirada. Violeta es la hija del hombre, ella es la
culpable de todo.
La puerta de la casa se cierra y el motor de su coche se
escucha mientras sale derrapando en la gravilla de la entrada.

Alberto se queda paralizado ante lo que Liss acaba de decir.


Reacciona rápido y sale corriendo escaleras abajo seguido de
Miguel, la puerta se cierra tras ellos y el potente coche de
Alberto ruge al ponerse en marcha.
Liss se queda abrazada a Noemí y Rober, que la consuelan
diciéndole que esté tranquila que todo irá bien, pero ella solo
puede pensar en que esa loca está suelta y ahora es más
peligrosa aún, saben que la han pillado y los animales
acorralados cuando se sienten indefensos, atacan sin
miramientos.
Edgar intenta asimilar todo lo que entre Rober, Noemí y
Liss le explican. Le han mantenido al margen de las amenazas
y de todo lo que Alberto ha sufrido en los últimos años. Su
mirada refleja el dolor que siente, la culpabilidad de haber
puesto a su hermana en peligro, la desilusión que siente al
haber creído que Violeta le quería de verdad y lo imbécil que
se siente al haberse dejado engatusar por las armas de mujer de
ella. Pero una parte de él sabe que lo que han sentido ha sido
verdadero lo ha visto día tras día en esos ojos transparentes, en
sus caricias, en su apoyo incondicional cuando ha estado mal y
sobre todo en su manera de demostrarle lo mucho que lo ha
querido. Sin duda, ha sido una gran actriz.
Liss pide que la dejen a solas con Edgar. Noemí y Rober
salen de la cocina donde están reunidos.
—Por favor, localiza a Alberto. Necesito saber que está
bien. —Liss mira con los ojos bañados en lágrimas a Rober.
—Estará bien, hermanita. No te preocupes. —Dice antes de
salir con el móvil en la oreja.
Edgar cabizbajo intenta contener las lágrimas con los codos
apoyados en la mesa sostiene su cabeza entre ambas manos.
—Lo siento, tata. Yo no sabía nada, he sido un imbécil. —
Dice sin levantar la cara para mirar a Liss.
Ella siente ese sentimiento que solo las hermanas mayores
sufren al ver a su protegido desolado. Se sitúa a su espalda y le
abraza sin poder contener la emoción tampoco.
—Tú no tienes la culpa de nada, cariño. ¿Cómo ibas a
saber que tramaba? nadie hubiera sospechado.
—Pero si yo hubiera sido informado de lo de las fotos y las
amenazas, con esa forma de comportarse que me crispaba al
preguntar por vosotros, hubiera podido delatarla antes.
—No, hermanito. Te hubieras puesto en peligro, está
desequilibrada de la cabeza ¿quién sabe de lo que habría sido
capaz de hacerte?
—De verdad, Liss. ¿Soy un incrédulo al pensar que de
verdad sentíamos los dos lo mismo uno por el otro? Yo sé lo
que he vivido con ella, me cuesta mucho creer que no haya
sido real.

Liss ante esa incertidumbre decide guardar silencio y


esperar a que esa desilusión que su niño ha sufrido se le cure
pronto. Los dos lloran en silencio ante la ostia de realidad que
la vida acaba de darles. Edgar por lo que podía haber sucedido
si Liss no hubiera descubierto la trama y Liss porque su
hermano sin que ellos fueran conscientes dormía y metía en
casa a un peligroso enemigo, que podía haber sido capaz de
cualquier locura para llegar hasta Alberto y hacerle sufrir.
Ellos dos han sido las víctimas colaterales del pasado de
Alberto.
“Alberto, por favor. Vuelve, te necesito a mi lado. Yaya,
por favor. Haz que regrese sano y salvo, que todo esto acabe
pronto.” Suplica Liss con los ojos cerrados mientras las
lágrimas recorren su rostro.
14
SARGENTO DE HIERRO

Alberto, está sentado junto a Miguel y Rober, mientras charlan


y ríen con las locuras que Rober cuenta de sus noches
trabajando como DJ. Su amigo está loco de la cabeza, pero
tiene un corazón que no le cabe en el pecho.
Noemí entra corriendo fuera de sí por la puerta de la terraza
hasta donde ellos están sentados.
—Chicos, es Liss. Subid, por favor. Es Violeta.
Todos se quedan callados al momento y se miran unos a
otros sin entender que quiere decir.
—¿Qué dices, amor? —Pregunta Rober —Dejaros de
bromas, qué bastante tiempo lleváis las dos perdidas. Será que
no os conocemos, ya.
Ríen inocentes, pensado que quieren gastarles una broma
de las suyas.
—Anda, dile a mi mujercita. Qué no vamos a caer en la
trampa. —Afirma ahora Alberto divertido.
Los gritos de Liss y Edgar en la planta superior les alertan
de que Noemí no miente, algo está pasando allí arriba.
Los tres se levantan rápidamente provocando que las sillas
caigan tras ellos. Echan a correr hacia el interior de la casa.
Escuchan la puerta de entrada cerrarse a sus espaldas y se
encuentran con una Liss al borde del ataque de nervios en lo
alto de la escalera y a un Edgar furioso con cara de no
entender nada.
—Es ella, Alberto. Se ha delatado sola al salir corriendo, lo
he visto en su mirada. Violeta es la hija del hombre, ella es la
culpable de todo.
Alberto se queda paralizado, pero solo unos segundos. Su
amigo Miguel reacciona antes que él, al mirarle a los ojos sabe
perfectamente qué tienen que hacer. Corren hacia la puerta y el
coche de Alberto aparcado en la puerta es lo primero que ven,
a la vez que un coche que no conocen se aleja por el camino
de entrada a toda velocidad.
Suben al coche y Alberto sin dudar arranca el motor, por
suerte cuenta con el sistema Perfectly Keyless y no es
necesario que tenga que buscar la llave perdiendo el tiempo.
Sale veloz tras el coche que conduce la persona que ha
intentado truncarle la vida en demasiadas ocasiones. Necesita
ponerle cara, quiere tenerla frente a él y explicarle todo lo que
sea necesario. No quiere hacerle daño, solo quiere hacerla
razonar y demostrarle que ha cambiado que ya no es la
persona que arruinó la vida de su familia. Ganas de hacerla
entrar en razón para que por fin le deje vivir su vida en paz y
por supuesto que la justicia se encargue de ella.
Su primera intención, claro está es esa. Pero las ganas de
que sufra por todo lo que le ha hecho a Liss también hacen
acto de presencia, su cabeza es una olla exprés a punto de
explotar. Sentimientos encontrados se reflejan en su gélida
mirada y la tensión de su mandíbula seguro que le pasará
factura, después.
Acelera y rápidamente localiza el coche, conducen rápido
los dos. Miguel permanece en silencio, los nervios no les dejan
articular palabra a ninguno de los dos.
—Alberto, acelera. Casi la alcanzamos. —Grita Miguel.
El coche en una rápida maniobra se echa a un lado de la
carretera y frena en seco, Alberto que no lo esperaba no tiene
tiempo de reacción y lo sobrepasa.
—Mierda. —Murmura al ver por el espejo retrovisor como
ella baja del coche sin cerrar la puerta y sale corriendo
acantilado abajo a través de un camino de arena entre la
arboleda.
Él también frena y con cuidado comienza a dar marcha
atrás, hasta llegar a la altura del coche abandonado.
Bajan del coche y se acercan al camino por el que Violeta
ha desaparecido.
Se adentran en él corriendo mientras con las manos apartan
las ramas de los árboles en su busca.
Llegan hasta el final del camino y frente a ellos al filo del
acantilado la encuentran. Es ella, reconoce esa cara al instante.
Ahora es toda una mujer, pero esa mirada la recuerda
perfectamente. En las visitas que realizó a aquella familia
coincidió con ella y su hermana en muchas ocasiones, dos
niñas introvertidas y pudorosas que se mantenían distantes con
él. Violeta está serena y los mira con una triste sonrisa en la
cara.
Frenan en seco e intentan acercarse. Pero ella se lo impide
con la mano.
—No os acerquéis a mí. Voy a saltar.
Miguel va a decir algo, pero Alberto le detiene con el
brazo. Ha llegado el momento de quitarse de encima la pesada
mochila que lleva a sus espaldas desde hace demasiado
tiempo.
—Violeta, tranquilízate. Por favor. No queremos hacerte
daño. —Comienza a decir Alberto. —Por favor aléjate del
precipicio, hablemos.
Le tiende una mano a lo lejos, pero ella la rechaza con un
gesto de negación con la cabeza.
—No, no me llamo Violeta. Si ni siquiera recuerdas mi
nombre. Has arruinado mi vida mucho antes de que fuera
consciente de ello, y ni siquiera sabes mi nombre. Me llamo
Alba, me cambié el nombre antes de venir a esta isla, para que
nadie me relacionara con mi pasado. —Las lágrimas corren
por sus mejillas.
Alberto no puede evitar sentir pena, está indefensa, tiene
miedo y en su mirada puede ver el odio que le procesa. Eso le
duele.
—Lo he intentado todo, Alberto Santos. Yo era una niña
feliz, éramos una familia feliz. Mi padre trabajaba para sacar
adelante a nuestra pequeña familia. Mi madre cuidaba de
nosotras y no necesitaba trabajar. Crecíamos sanas y felices.
Mis padres nos lo dieron todo, nunca nos faltó de nada, cariño
y amor, sobre todo. Éramos afortunadas.
Se detiene y seca con el dorso de su mano sus ojos. Alberto
intenta acortar distancias sin que ella se dé cuenta y Miguel
solo aguarda en silencio sin querer estropear el momento, se
mantiene alerta en todo momento. Ella continúa con su
historia.
—Hasta que una mañana de sábado, mi padre salió a
terminar una faena con su furgoneta de empresa. Era nuestro
cumpleaños ¿Lo sabías? —Él niega con la cabeza triste ante lo
que ella relata. —Pues sí, lo era. Cumplíamos quince años. Él
prometió que regresaría pronto para celebrarlo, tenía una
sorpresa preparada para nosotras. Pero no llegó. Los gritos de
dolor de mi madre cuando descolgó ese teléfono se quedaron
grabados a fuego en mi mente. Su llanto desgarrador al saber
que su marido estaba grave por un accidente de coche,
provocado por dos hijos de puta, qué venían colocados de
fiesta y uno de ellos eras tú.
—Lo siento. —Alberto siente como el sabor salado de sus
lágrimas llega hasta la comisura de sus labios. —Lo siento,
muchísimo. Yo también perdí mucho ese maldito día. —
Contesta en voz baja.
—¿Tú? Tienes el valor de decir que tú perdiste. —Alba
grita encolerizada y está demasiado cerca del acantilado, su
cuerpo se tambalea, pero rápidamente recobra el equilibrio.
—Sí, Alba. Perdí a mi hermano, mi mejor amigo. Yo
acababa de perder a mi padre, no tengo perdón, lo sé. Mi vida
era un infierno, en el que yo solo me adentré. Deseé haber sido
yo el que murió aquel día, pero algo quiso que así no fuera. He
llorado mucho por tu padre, llevo años arrastrando la pesada
losa sobre mi persona y la culpabilidad. Ya he sanado mis
errores. He cambiado, no queda nada de aquella persona que
fui… En cambio, tú. Intento entender porque arruinas tu vida
intentando hacerme daño a mí o a la gente que quiero. Pero no
consigo entenderlo, eres demasiado joven y bonita. Joder, ¿por
qué no avanzas y vives la vida sin tanta maldad?
—Porqué después de todo lo que sufrimos… hace un año
mi hermana también murió, me sentí sola y un día mientras
lloraba su ausencia al volver de su entierro, en la tele descubrí
que, tú vivías ajeno a tanto dolor, qué ibas de fiesta en fiesta,
de cama en cama, engañando a todo el mundo con tu
maravillosa sonrisa de niño bueno. Pero yo creía que no lo
eras, me obsesioné con delatarte y hacerte sufrir, quería
arruinarte la vida.
—Todo eso es mentira, yo no soy como la prensa quería
hacer creer. Eso era puro marketing organizado por mi
representante. Díselo, Miguel.
—Es verdad, yo me encargaba de correr los bulos sobre sus
fiestas, que yo mismo organizaba a sus espaldas y los líos de
faldas. Era la imagen de galán malote que quería vender de él.
Pero créeme, Alba. Alberto no es así, es la mejor persona y el
mejor amigo que puedas encontrar. Doy fe.
Ella niega con la cabeza, abatida. Mira primero a Miguel y
después vuelve a clavar la mirada en Alberto. Sin saber qué
decir.
Alberto aprovecha para acercarse más. Mientras continúa
hablando.
—Siento de veras, lo de tu hermana. ¡Alba, mírame! ¿por
qué no vienes hacía mí? hablemos tranquilamente. —Alberto
empieza a ponerse más nervioso al ver como ella intenta
retroceder —Tu vida puede cambiar a mejor, necesitas ayuda y
yo estoy aquí para ello. Déjame ayudarte, por favor.
—Nadie puede ayudarme, Alberto. Mi mente está
demasiado tocada y hundida, ya. Mi único objetivo era hacerte
sufrir, no tenía otro fin en mi vida. Pero hasta eso me has
arrebatado. Después del accidente de Liss, no podía dormir, no
quería que pasara lo que pasó con mi padre, yo era buena
persona. No la ayudé, pasé por allí, vi su coche estrellado y
bajé para ver si seguía viva, pero no fui capaz de ayudarla, no
me salía ¿Entiendes hasta dónde llega mi maldad? Solo quería
verte sufrir y ella era el camino fácil. Después me acerqué a
Edgar, pero todo se fue evaporando descubrí que son una
buena familia, que se adoran, están unidos, se protegen y se
cuidan. Como lo hacíamos nosotros antes. Edgar hablaba
maravillas de ti y de Liss, como la cuidas, como les ayudas,
como te involucras y entonces comprendí que las personas si
pueden cambiar, pero ¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? Estoy
perdida, estoy sola. Nadie me quiere y no pienso ir a la cárcel
por todo lo que he provocado. Edgar. —Un abismo de sonrisa
se dibuja en su rostro al recordarle y solloza. —le quiero tanto,
no podrá perdonarme jamás y sin él no podré superar todo
esto. Lo siento de veras, Alberto. Cuida de ellos, por favor.
Y sin esperar respuesta se lanza al vacío.
Alberto y Miguel gritan desesperados echando a correr para
intentar alcanzarla, pero ya es demasiado tarde. El cuerpo sin
vida, seguramente, de Alba es absorbido por las olas que
rompen contra el acantilado.
Alberto llora de rodillas mientras Miguel le abraza
consolándole.
—Ya está, hermano. Ya pasó. Te ha perdonado, tú no tienes
la culpa de nada.
—Miguel, no puedo más. Sé que no es culpa mía, pero
podría haberla ayudado, si ella se hubiera dejado.

Minutos después llega la Guardia Civil hasta ellos, tras la


llamada que Miguel realiza.
Les interrogan y ante las pruebas evidentes que Alba
ocultaba en su coche se demuestra el chantaje que Alberto ha
sufrido y el desequilibrio mental que la pobre muchacha
arrastraba.
El teléfono de Alberto no para de sonar. Pero él no es capaz
de articular palabra desde que las preguntas de los agentes han
cesado.
Escucha a Miguel hablar con alguien, está explicando lo
sucedido y dice que mantengan la calma que ellos están bien.
Cuando termina de hablar se acerca hasta él y se sienta a su
lado en la gran roca que Alberto ocupa.
—¿Nos vamos? —Le pregunta.
—Dame solo un rato más, por favor. Necesito ordenar mi
mente. ¿Qué le voy a decir a Edgar? ¿Cómo se sobrelleva algo
así?
—No lo sé, pero el tiempo es el único que tiene las claves
para todo. Al principio le costará asimilar todo lo sufrido, pero
es joven. Su vida continuará y las nuestras también. Estamos
juntos en las buenas, las malas y las peores. Como siempre,
hermano.
Se abrazan y Alberto le agradece todo el apoyo recibido.

Todo se ha solucionado, o eso es lo que parece. Ahora por


fin Alberto empezará a vivir la vida sin sombras, ni cargas del
pasado, ni miedos, ni chantajes. Una vida acaba, pero una
nueva empieza.

Cuando regresan a casa de Liss la noche cae sobre la isla.


Edgar está solo sentando en la entrada de la casa con el móvil
en las manos. Levanta la cabeza y centra la vista en su cuñado.
Los ojos enrojecidos de haber llorado le delatan, a pesar de
ello intenta disimular con un amago de sonrisa. Se levanta y
acorta el camino que le separa de Alberto, para abrazarle con
cariño.
—Lo siento mucho. Yo no sabía…
—Ni se te ocurra disculparte por nada, Yo sí que siento
todo lo que te hemos ocultado y créeme que lamento todo lo
que ha acontecido después.
Miguel entra en la casa y les deja solos, sabe que tienen
cosas que hablar.
—¿Por qué no me dijiste nunca nada de las amenazas? Me
lo han explicado por activa y por pasiva, pero yo creía que
podíamos confiar el uno en el otro. —Le pregunta triste Edgar.
—Claro que confío en ti. No quería poneros en peligro a ti
y a tu hermana. Después del accidente y luego lo de vuestra
abuela. Jamás pensé que tu chica sería quien ha resultado ser.
Lo siento de verdad.
—Es verdad ¿no? Se ha suicidado, jamás pensé que alguien
como ella, fuera tan cobarde. Que engañado he estado, solo se
aprovechó de mi para llegar a vosotros.
—No, eso no es así. Antes de saltar su última voluntad ha
sido declarar lo mucho que te quería y que cuide de ti. Ella
solo ha sido un juguete roto, su mente estaba enferma, pero yo
quería ayudarla, su miedo al rechazo y todo lo que ha sufrido,
la han vencido. Aprenderás a convivir con ello. Va a ser duro,
pero yo estaré siempre a tu lado.
Edgar no contiene más las lágrimas y asiente con la cabeza.
Y le muestra su móvil a Alberto.
—Me lo hizo llegar por WhatsApp, supongo que mientras
conducía.
Alberto coge el teléfono y visiona lo que Alba le ha
enviado, un enlace de YouTube con una canción que hasta el
momento él desconocía y un mensaje de despedida pidiéndole
perdón por todo, que no la odie y que nunca dude de que lo
que han tenido ha sido real.
Los primeros acordes suenan y la letra de la canción
subtitulada le hace estremecer. Escuchan la preciosa balada en
silencio, Alberto sabe que ahora mismo Edgar está destrozado.
Sargento de Hierro de Morgan es lo único que se escucha en
la cerrada y rara noche que cubre con su manto el cielo, en ese
momento.
15
SUPERPODERES

Un año después…

—Liss, cariño. Llegaremos tarde ¿quieres darte prisa?


Ella se mira de nuevo en el espejo y respira profundamente
varias veces para coger fuerzas.
—Vale, yaya. No se te ocurra dejarme sola en un día como
hoy.
Sonríe al reflejo de su espejo. Se pellizca las mejillas, se
atusa el pelo y sale decidida de la suite de hotel que ocupa en
Madrid.
En el salón de la gran habitación del majestuoso hotel
donde ya son asiduos Alberto y ella, desde que pisaron juntos
por primera vez aquella maravillosa habitación, la esperan sus
padres y su suegra Rosa que sonríen emocionados al verla
aparecer.
Su cuerpo está cubierto por un vestido negro de encaje que
bien se podría comparar con una obra de arte maestra, un
Dolce Gabbana la cubre casi por completo con unas entalladas
mangas cortas, dejando entrever parte de sus pechos, con la
espalda por completo al descubierto, largo hasta los tobillos
sin llegar a cubrir los preciosos zapatos del mismo color.
Su pelo recogido en un moño italiano a un lado de su
cabeza y los mechones al aire que enmarcan su rostro. Está
realmente espectacular.
Hoy es la gran noche de Alberto, y la suya. Porque si todo
sale bien después de esa noche el compromiso entre ellos será
oficial.
Tras la muerte de Alba, hace ya más de un año, su vida en
pareja pasó por diferentes momentos, no todos han sido
buenos. Para que nos vamos a engañar. Pero la fuerza de un
amor tan grande puede con todo, si las dos personas están
dispuestas a luchar por un camino unidos.
Alberto pasó por momentos realmente duros, y ella siempre
estuvo a su lado. Porque ellos están y estarán juntos en las
buenas, en las malas y en las peores. Frase ya mítica en el
grupo de amigos o más bien familia que han formado.
Miguel ha caído rendido en los brazos de su amiga Paula,
quién se lo iba a decir a ellos, después de todo lo vivido…
Pero se les ve felices y Pauli, como ella la llama
cariñosamente, por fin ha sentado la cabeza como Dios manda,
en todos los sentidos. Pero eso ya os lo contaré, quizás en otra
ocasión, quién sabe…
Rober y Noemí, ellos son un mundo aparte… Siguen con
su tira y afloja, pero se entienden a la perfección y más les
vale, porque ahora están en pleno desarrollo empresarial.
Juntos se han lanzado con una productora musical, Noemí es
Área Manager de nuevos talentos musicales y Rober está
llegando lejos con su música. Viajan muchísimo, pero en un
día como hoy no podían faltar.
Edgar, él ha sufrido en silencio, pasó meses hasta que
volvió a dejarse llevar por el corazón. El recuerdo de Violeta
le seguía atormentando y le dejó realmente tocado, hasta que
un día se presentó en casa de Alberto y Liss de la mano de una
encantadora joven que con paciencia y mucho tacto ha
conseguido volver a ilusionarle.
Las “locas del coño” siguen siendo sus locas del coño y así
serán por siempre jamás. Siguen siendo una piña, unidas ante
las adversidades, a pesar de que Liss ya no viva en Barcelona,
no hay mes que no pasen juntas un fin de semana como
mínimo. Ya sea en Ibiza, en Barcelona o en cualquier ciudad
que encarte.
Sí, habéis acertado… Como no podía ser de otra manera,
ella y Alberto viven en Ibiza. Esa isla les unió y ellos no
piensan abandonarla jamás. Liss regenta su propio negocio en
el puerto, gracias a los contactos de Alberto y a su gran
experiencia en el sector. Tiene su propia clínica de Medicina
estética en la isla, donde la jet set reserva con antelación para
ponerse en las manos de los mejores profesionales que
colaboran con ella. El éxito ha sido descomunal.
Alberto sigue en pleno auge como actor, los papeles como
protagonista se acumulan y ha tenido que rechazar grandes
producciones por no disponer de tiempo. Porque, aunque su
trabajo le encanta… Su diosa y el poder estar junto a ella, le
encanta más.
Su gran noche ha llegado y con ella el reconocimiento a su
gran papel como actor en la última película que ha
protagonizado. Sí, esa que se rodó en la misma ciudad donde
están ahora durante la recuperación de Liss tras el accidente.
Esta noche recibe el premio a Actor Revelación. Por ese
motivo él ya la espera en el Teatro Lope de Vega de Gran Vía,
donde debía estar pronto para las entrevistas de rigor antes de
que dé comienzo la gala.
Sale acompañada de sus padres, Teresa y las hermanas de
Alberto del hotel, donde una gran limusina les espera para
llevarlos hasta la puerta del teatro.
El gentío de las calles de la gran ciudad le hacen sentir
añoranza, en ocasiones, a lo que era vivir en una gran ciudad.
Pero rápidamente su mente viaja hasta su querida isla y sabe
que por nada del mundo cambiaría ahora su presente por
volver a vivir en la península.
El tráfico lento se hace más ameno mientras brindan en el
interior de la limusina con champagne, desde luego la
academia de actores no repara en gastos.
“Anda que te quejarás, bonita. Quién te ha visto y quién te
ve” Matilda como podéis comprobar sigue vivita y coleando.
Aunque sin que ella se entere, os diré, que también está
madurando o al menos, eso nos hace pensar.
La limusina se detiene por fin frente a la alfombra roja, el
bullicio de la gente al salir del coche le hacen sonrojarse, los
focos y las preguntas de los periodistas siguen incomodándola,
esa vida no es para ella. Ella solo agradece y sonríe
educadamente mientras los encargados de seguridad les
ayudan a entrar al interior del precioso teatro.
Cuando por fin entra en el gigantesco Hall, busca con la
mirada a su Adonis, apenas hace un par de horas que estaba
desnuda encima de él, pero su piel ya le necesita cerca de
nuevo. Eso es algo que jamás podrá controlar, las ganas y la
ansiedad de sentirlo cerca a cada instante.
Levanta la mirada y en lo alto de la gran escalinata central
lo encuentra, con su mirada iluminada, su sonrisa de infarto
ladeada tan jodidamente sexy sin apartar la vista de ella. Está
imponente, completamente vestido de negro, traje a medida,
camisa entallada, corbata fina negra y zapatos relucientes
negros a juego también, todo él vestido de Armani.
“Menos mal que no llevas ropa interior con tanto encaje y
trasparencias, porque estoy segura de que ahora mismo saldría
humo de ella. Eso sí, amiga. Cuidado al andar porque has
dejado charco, seguro” Matilda y su incontinencia verbal
cuando él anda cerca, para variar.
Liss sonríe y muerde su labio inferior como acto reflejo,
ante lo que él niega disimuladamente con la cabeza y
pronuncia con sus labios “Luego verás”
—Sí —Murmura ella en voz baja mientras asiente con la
cabeza para que él sepa que está dispuesta a cumplir su
penitencia tantas veces como sea necesario, a solas, desnudos
y muy juntitos.
Alberto llega hasta ellos y besa su boca.
—Estás preciosa, mi amor. —Le dice al oído mientras
aspira su dulce aroma. —Espero que esto termine prontito.
—Tú sí que estás tremendo, mi Adonis. Relájate, cariño,
hoy es tu noche. —Le regaña cariñosamente.
Después de saludar a las dos familias, la gala está a punto
de empezar y entran cogidos de la mano hasta sus asientos,
donde espera Miguel. En uno de los palcos superiores del
teatro: sus padres, sus amigos y las hermanas de Alberto junto
a Edgar les sonríen emocionadas.
La gala comienza y la diversión con ella. Llega el turno de
que Alberto recoja su merecido premio y las imágenes de él en
diferentes escenas inundan la gran pantalla, su ronca voz es lo
único que se escucha entre los leves murmullos de los
centenares de personas presentes. La luz se apaga y un foco
deslumbrante se sitúa sobre él. Besa a Liss primero, antes de
levantarse y después la mejilla de su madre que emocionada
coge su mano sentada al otro lado de su hijo.
Camina con su maestría y chulería hasta el escenario ante
la gran aclamación de sus compañeros de reparto y amigos. Y
tras sonreír de esa manera tan suya capaz de derretir hasta el
corazón más frío. Comienza su gran discurso:
—Gracias de corazón por este premio. Yo jamás soñé con
llegar a estar aquí, rodeado de tantos grandes que me hacen
sentir tan pequeño. Mi lista de agradecimientos es
interminable. Pero intentaré ser breve.
> Mamá, gracias por confiar siempre en mí, incluso cuando
yo no daba nada por mí mismo. Te quiero.
> Miguel, mi amigo, mi compañero, mi confidente, la
persona que siempre ha estado a mi lado. Te has merecido
muchas collejas y bien sabes que hemos andado durante algún
tiempo en la cuerda floja de nuestra amistad. Pero nunca nos
hemos dejado caer, gracias por estar incondicionalmente.
> Mis amigos. Mi familia “postiza”. Mis hermanas a las
que adoro y cuido esté donde esté y a esas “locas del coño”
que deben andar por ahí. —Señala el palco donde están y
saluda cubriéndose con la mano a modo de visera para poder
verlos y sonríe. —Sí, las que gritan tanto. Entre esas personas
tan importantes para mí están mis hermanos, Edgar y Rober.
Vosotros, mis cuñados ante los ojos de todo el mundo. Habéis
demostrado ser y estar siempre a la altura de todo, aunque en
ocasiones hayamos dudado de que seríais capaces de sentar la
cabeza. Os habéis superado siempre ante las adversidades.
Gracias
> Y sobre todo a ti. Liss, mi pequeña. Te quieadoro, lo
sabes. Tú has sido la luz al final del túnel de mis miedos y
juntos estaremos eternamente en las buenas, en las malas y en
las peores. Gracias de corazón sin ti y tu manera de luchar a
mi lado, nada de esto sería posible.

La gente aplaude y él baja sonriente. Liss llora de emoción


mientras Rosa aprieta su mano dándole el cariño que
desprende en cada gesto. Cuando Alberto regresa junto a ella,
Liss se abraza a cuello.
—Te voy a matar a base de bien, me he muerto de la
vergüenza. Ha sido precioso, mi amor.
En el escenario aparece ahora Vanessa Martin. Liss da un
pequeño grito de emoción al ver a la banda tras ella.
—Canta ella. Va a cantar, amor. Sabes qué me encanta, por
Dios. Me da un parraque.

Alberto asiente y sonríe canalla, en silencio.


—Felicidades amigo por el premio que tanto mereces. Y
como no podía ser de otra manera, esta canción es para ti y
para ella.
Alberto le lanza un beso a la cantante desde su posición y
sonríe mientras la canción De tus ojos comienza a sonar.
Liss está flipando en colores, ante la dedicatoria que ella ha
lanzado para ellos dos, esa canción es un antes y un después
para ellos dos juntos, además de ser una de las canciones de la
B.S.O de la película Alberto.

Cuando la gala finaliza, Liss está ansiosa por la sorpresa


que tiene preparada para su Adonis. Se lo va a jugar todo a una
sola mano, y espera que todo salga según lo previsto. Pauli ha
sido la encargada de organizar junto a Miguel la gran fiesta, en
homenaje a Alberto, que ella misma ha supervisado desde
Ibiza. No ha sido fácil mantenerlo en secreto, pero seguro que
la cara de él, bien lo merece.
Los invitados han salido los primeros, se han despedido
fugazmente de ellos ante la mirada de asombro de Alberto que
esperaba salir a celebrar su noche, pero no le importa si piensa
que en breve estará a solas con su chica de nuevo.
Se despiden de la prensa, después de responder unas
cuantas preguntas, agradece las felicitaciones por el premio
recibido y suben a la limusina. Alberto está convencido de que
van al hotel, y allí es donde se dirigen, pero no a la habitación
como él seguro que cree.
—Ha sido una gran noche. Pensé que no nos dejarían
dormir hasta altas horas de la madrugada. Se me hace raro que
se hayan retirado tan pronto. —Comenta Alberto distraído.
—Puedo no dejarte dormir yo, si es lo que te preocupa. —
Le dice melosa Liss mientras besa su cuello.
“Cómo te gusta jugar al despiste, lianta… Muajajajaja” Ríe
malvada Matilda,
—No me cabe duda, amor. No me preocupa en absoluto. —
Contesta Alberto dejándose mimar por su Diosa con gusto.
Echa la cabeza hacia atrás mientras un leve gemido se escapa
de sus labios.
El camino de regreso al hotel lo pasan entre besos y
caricias, por suerte el hotel está cerca o sus ropas iban a llegar
echas un moñigo.
Entran corriendo en el hotel y llegan hasta el ascensor. Liss
sonríe traviesa, entran en él y sin pensárselo dos veces, pulsa
el botón del ático donde se sitúa la piscina y la coctelería, ante
la cara de desconcierto de Alberto.
—¿Dónde vamos? —Pregunta curioso.
—Una copa en la terraza antes de irnos a la habitación. Me
apetece mucho.
Él resopla resignado, mira su entrepierna que ya está
preparada para la fiesta y asiente llevándose la mano a la cara.
—Me vas a matar, Mira cómo me tienes.
Liss ríe y se disculpa.
—Cariño, te cuesta bien poco ponerte a tono. Ya no me
manipulas con tus generosos atributos. Valdrá la pena, confía
en mí. Después solucionamos este tema.
Palpa su paquete por encima del pantalón sutilmente antes
de coger su mano y tirar de él cuando las puertas del ascensor
se abren.
Caminan entre la oscuridad, la única iluminación son los
reflejos de las luces de la ciudad que conforman el Palacio
Real, la Catedral de la Almudena y el famoso barrio de los
Austrias, como si de una postal se tratara.
Llegan hasta la zona de los sillones que rodean la
panorámica piscina y las luces se iluminan de repente,
mientras todos sus amigos y familiares gritan “Sorpresa”
—Joder, ¿En serio, Liss? —Sonríe divertido.
—En serio, Alberto —Imita su tono. —Te la debía por
cuando salí del hospital. Yo también sé guardar secretos, cara
guapa.
Se besan mientras sonríen.

La fiesta se anima, la música y el alcohol están muy


presentes durante toda la noche. Un escenario improvisado con
música en directo ambienta la terraza reservada solo para
ellos.
—¿Estás preparada, amiga? —Sus amigas saben
perfectamente que ha llegado el momento.
Liss coge aire en sus pulmones y lo expulsa, asiente con la
cabeza y se encamina decidida al escenario. Sube ante los ojos
de todos los presentes y la música deja de sonar. Ella está
realmente nerviosa.
“Vamos campeona, es nuestro momento. A por todas”
Matilda le da fuerzas. Agarra el micrófono y comienza a
hablar.
—Gracias por formar parte de esta noche mágica para
Alberto y para mí. Sois la leche y me habéis ayudado todos a
mantener la sorpresa hasta el último momento. —Centra su
mirada en Alberto y continúa sin importarle todos los ojos que
la observan, como si solo estuvieran ellos dos, sigue hablando
y le señala.
—Tú, que llegaste a mi vida cuando menos lo esperaba,
mientras yo cabalgaba, según el día, entre grises o entre brillos
de personas que aportaban y de otras que tenía que apartar. Así
te encontré, sin ganas de buscarte porque seguía esperando que
mi pasado me perdonara y me diera razones para llegar hasta
ti… —Contiene la emoción que su voz refleja al ver el brillo
de los oscuros ojos de Alberto iluminar toda la estancia.
>Desconfiaba de todo por miedo a perder, pero entonces
recordé, que yo nunca he sido de las que no lo hacen por
miedo, qué si no me arriesgo ni gano, ni vivo, ni sumo, ni
aprendo… Qué yo me tiro de cabeza si veo o creo que la
profundidad es la correcta. Y en tus ojos, la profundidad. Por
más que lo evite o me reprima, tu mirada me invita a saltar sin
paracaídas en ella, porque tu mirada es pura sonrisa y la quiero
mía, siempre.
>Y entre sonrisas sinceras, carcajadas imparables y ganas
reprimidas por el respeto que tú me das y yo merezco, aunque
yo me moría por devorar tu preciosa sonrisa desde que te vi
aquella primera noche. Se nos fue la cordura, pero no la mente
sensata, porque el tiempo nos daría más. Quizás todo o quizás
nada, pero por suerte fue más de todo que de nada, y qué
maravilloso descubrirte y volver a vivir primeras veces a tu
lado. Desde ese día, ahora solo pienso en que una y mil veces
más me volvería a lanzar si tú me esperas debajo para
recogerme… Porque qué suerte encontrarte y poder mirar cada
día la sonrisa de tus ojos, solo mía. Ojalá siempre, mi Adonis.
¿Te casas conmigo?
Alberto boquea sin saber que decir, su cara se descompone
y por un momento Liss tiene ganas de saltar por la azotea.
Todo el mundo espera una respuesta y el gran actor se acaba
de quedar mudo.

“Vale, amiga. Encantada de conocerte, en otra vida quizás


tengamos más suerte, pero elige otro subconsciente, porque yo
abandono el barco de tu cabeza” Matilda ha hecho las maletas
decidida a abandonarla.
Alberto camina hasta ella y le tiende la mano para ayudarla
a bajar, ella la acepta y una vez en el suelo frente a él.
—Tú, y tu bendita manera de adelantarte a mis planes. —le
hace un gesto a Miguel para que se acerque y este le da una
pequeña caja de terciopelo negra. Liss se lleva las manos a la
boca emocionada.
“Quizás me quedo un rato más” Recapacita Matilda.
Alberto hinca rodilla frente a ella y abre la cajita, un
maravilloso solitario de oro blanco con un diamante de
medidas considerables brilla en su interior a la vez que todos
vitorean y aplauden.
—¿De verdad, creías que no sabía lo que me tenías
preparado? —Le guiña un ojo. —Reconozco que me has
dejado sin palabras, porque la intención de formular esa
pregunta era mía. Pero ya que me has reventado la sorpresa…
—Señala con la cabeza de nuevo al escenario para que ella se
gire, y sobre el escenario de nuevo Vanesa Martin junto a su
amigo Leiva los miran sonrientes.
>Pequeña, tú siempre. Llegué a ti dispuesto a todo, aunque
tus ojos me advirtieran en el primer cruce de miradas con un
cartel luminoso, que anunciaba “OLVIDAME” Yo que soy así
de chulo, pasé de las señales y pensé “HABLA de más, no te
rindas, Alberto” te arrastré conmigo a base de “ABRAZOS
PROHIBIDOS” para ti, porque para mí eran pura vida. No
venías sola, no. Cargabas a cuestas un pasado que yo debía
borrar con mucho tacto y a una Matilda que me alertaba de tu
“LOCURA” pero cada día a tu lado me enamoraba más y más,
y yo me volvía loco de remate a tu lado. Con la ayuda “DE
TUS OJOS” aprendí a manejar a “LA PLAYER” que llevas
dentro, venciste mis miedos, me hiciste un “JAQUE AL REY”
en toda regla cuando pensé que te perdía en aquel accidente.
Pero juntos encontramos el “ANTÍDOTO” y “LA DOSIS”
correcta para empezar a crear “UN PLANETA LLAMADO
NOSOTROS” Pasaba los días de rodaje alejado de ti soñando
con estar “COMIENDOTE A BESOS” y pensaba que cuanto
más lejos te tenía más “SE ILUMINABA” para que otro se
diera cuenta de tu luz. Te armaste de valor, al ver mis sombras
y me dijiste: Yo voy a matar a todos “TUS MONSTRUOS” y
yo caí más rendido aun a tus pies brindado con “MIL
TEQUILAS” y lo que hiciera falta… A “MEDIA TINTA” me
enamoraste mi “SARGENTO DE HIERRO” porque contigo
tengo “SUPERPODERES” y gracias a ellos pienso pasarme el
tiempo que haga falta de rodillas hasta que respondas con un
SI, a mi pregunta ¿Te casas con tu Adonis?
Sus amigos y familiares enloquecen mientras Liss grita un
SI que debe haber dejado eco en toda la capital. Se besan
apasionadamente, antes de que Alberto de un salto suba al
escenario, se deshaga de la corbata para tirársela a Liss junto
con la chaqueta del traje. Remanga sus mangas de camisa
hasta los codos, desabotona los dos botones superiores de su
camisa y micrófono en mano. Da la señal para que la música
comience a sonar y junto a sus amigos canta la canción de
Superpoderes de Leiva mientras Liss babea sin perder detalle
de como su futuro marido se mueve sobre el escenario como
un bailarín profesional. Y es que su Adonis es capaz de
moverse con maestría y mucho saber hacer en todos los
lugares de la tierra habidos y por haber.

Todo lo bueno llega si sabes esperar, y eso es lo que ellos


han cosechado a base de palos han sabido construir una
maravillosa cabaña en la que resguardarse de todas las
tormentas que han pasado y, las que llegarán… Pero también
han construido un precioso porche donde salir cuando pasa la
tormenta a ver la calma llegar y disfrutar de ella. Porque juntos
son y siempre serán, más.
Hace más de un año me despedí de mi pequeña y desde
entonces siempre he velado por ella. Le prometí que jamás la
abandonaría mientras me necesitara, que mi presencia siempre
estaría junto a ella. Y eso es lo que pienso hacer por ella y por
la maravillosa criatura que se está formando en su interior.
Porque los abuelos, aunque no nos veáis… Somos eternos
y siempre seguiremos estando presentes mientras nuestro
recuerdo viva en vosotros.
Agradecimientos

Gracias y mil gracias a todas las personas que habéis confiado


en mí.

A mis padres y mi hermano, por estar siempre en las


buenas, las malas y las peores. Por hacerme ser tan constante y
enseñarme siempre a luchar por mis sueños. Sin vosotros no
sería capaz de lograrlo. Gracias, por tanto.

A mi pequeña y a la vez enorme hija. Por estar conmigo


siempre, por animarme a seguir escribiendo día tras día, por
ser paciente con este desastre de madre que te ha tocado tener.
Todo lo que hago y lucho es por ti, mi pequeña. Te quieadoro,
nunca te rindas y entiende que cuando seas mayor podrás leer
esta novela. No me odies por tener esta mente caliente cuando
la vergüenza se apodere de ti.

A mis amigas, mis compañeras y a mi Rober particular,


siempre estáis conmigo, levantándome cuando ya no puedo
más, desde que esta idea se me metió en la cabeza en aquel
maravilloso viaje a Croacia. Allí empezó todo y dos años
después he conseguido rematar esta locura. Me habéis
apoyado incondicionalmente, me ayudáis día a día y me leéis
dándole luz a esta historia inventada. Gracias por la
inspiración y vuestras tan necesarias vivencias.

Gracias a todas y cada una de las persona que habéis


echado de menos a estos personajes y me habéis dado la
ilusión, las fuerzas y las ganas para dar por finalizada esta
historia.
Gracias a mis Nina Minina por los consejos, la portada tan
maravillosa y por esta maquetación tan ideal. Gracias a mi
cuchi, por ayudarme a corregir esta historia. Anita de mi alma,
por más años que pasen siempre sabemos encontrarnos de
nuevo en nuestro camino.

Yo he cumplido mi sueño y pienso seguir haciéndolo


durante mucho tiempo. Nadie adivinó que el camino fuera
fácil pero no voy a rendirme, jamás.

No os rindáis nunca, la constancia es algo valioso que hay


que desarrollar. Sácate el máximo siempre y nunca te
arrepientas de los pasos que has dado, porque seguro que el
lugar al que llegarás valdrá la pena. Lo importante es
intentarlo.
Nos vemos pronto. Siempre vuestra…

Jess González.

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¿Y ahora qué? By Jess Gc

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