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ASTROLOGIA

DE LA
PERSONALIDAD
ASTRO LOGIA

REFORMULACION DE CONCEPTOS
E IDEALES ASTROLOGICOS
EN FUNCION DE LA PSICOLOGIA
Y LA FILOSOFIA
CONTEMPORANEAS

Otros tltulos del mismo autor


La Astrología y la Psique Moderna +
Planetarización de la Conciencia
Un Mandala Astrológico
Un Estudio Astrológico de los
Complejos Psicológicos
La Práctica de la Astrología
Astrología y Vida Espiritual

+ publicó Editorial Kier, S.A.


DANE RUDHYAR

DE LA
PERSONALIDAD
Traducción castellana de
HECTOR V. MOREL

12 DIBUJOS
10 CUADROS

PRIMERA EDICION

EDITORIAL
KIER. S.A.
Av. Santa Fe 1260 (1059) Buenos Aires
Título original inglés
The Astrology of Personality
Primera edición Lucis Publishing Company, 1936
Reimpreso por Service/Wassemar, Netherland, 1963
Doubleday Paperback, 1970
Copyright 1970, Dane Rudhyar
Printed in the United States of América
Library of Congess Catalog Card Number 70-117387
Ediciones en español
Edltorlal Kler, S.A
Buenos Aires, 1989
Dibujo de tapa:
Jorge Servlcl
Composición tipográfica:
Gráfica Belem
Corrector de pruebas:
Carlos Soler
Libro de edición argentina
ISBN - 950-17-0524-2
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
© 1989 by Editorial Kier, S.A.
Buenos Aires
Libro impreso en la Argentina
Printed in Argentina.
A
ALICE A. BAILEY
CON C AUDO APRECIO
DE NUESTRA CONSTANTE AMISTAD
DEDICO ESTE LIBRO
QUE SU INTER ES POR MI OBRA
PROVOCO
D.R.
PREFACIO A LA TERCERA EDICION (1970)

Cuando fue escrito este libro, a continuación de una serie de artí­


culos que aparecieron en la revista American Astrology, que Paul
Clancy acababa de dar a publicidad, la astrología interesaba a relativa­
mente pocas personas. La mentalidad del público la asociaba con la
adivinación del tipo más superficial, o con rosacruces, teósofos o her­
metistas. Sepharial y Alan Leo, celebérrimos astrólogos ingleses, ha­
bían sido ocultistas y teósofos; y fue en esos círculos en los que por pri­
mera vez conocí y estudié astrología hace cincuenta años.
Diez años después, recibí los primeros cursos mimeografiados so­
bre astrología, de Marc Edmund Janes y, poco después, me interesé
profundamente por la psicología profunda de Carl Jung, y también por
el libro Hollsm and Evolutlon, escrito por Jan Smuts, el gran estadis­
ta, internacionalista y filósofo sudafricano. Entonces se me ocurrió que
a la astrología se la podría usar en estrecha conexión con la psicología
profunda si se la considerara bajo una nueva luz y si muchos de sus con­
ceptos básicos se reformularan para que se ajustaran a la mentalidad
y las experiencias de los hombres y mujeres modernos pertenecientes
a nuestra sociedad posterior a la Primera Guerra Mundial. Mis ideas se
las comuniqué a Paul Clancy con quien me encontré en Nueva York,
luego de mantener correspondencia con él durante un par de años, y
me respondió entusiastamente, ofreciéndome publicar todo lo que yo
quisiera escribir en su revista. Pocos meses después, American As­
trology alcanzó distribución nacional; las ventas aumentaron rápida­
mente, y lo mismo ocurrió con el tamaño de la revista y la solicitud de
Clancy en procura de más artículos. En la revista se puso en marcha
una Sección Psicológica y escribí, por lo menos, dos largos artículos
por mes. Más tarde, Grant Lewi me pidió que colaborara en Horosco-
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pe -también con dos artículos por mes- y, a medida que la astrolo­
gía se popularizó, siguió otra serie de revistas.
La popularización de la astrología tuvo importantes implicancias.
Significó que las revistas, las columnas periodísticas y hasta la mayo­
ría de los libros de texto tuvieron que recalcar el enfoque de los"signos
solares". Como resultado de esto, la gente empezó a decir: "Yo soy de
Leo. ¿Cuál es su signo?" Esto significó que los doce signos del zodía­
co debían recibir características psicológicas generales pero definidas
y que, en un horóscopo, al Sol se lo tendría que considerar como el fac­
tor más dominante o básico.
Sin embargo, no hay una sola clase de psicología; y es por ello que
la interpretación psicológica de los signos y de las características de los
doce Tipos zodiacales de seres humanos pudo desarrollarse en diver­
sos niveles. Muchos astrólogos estuvieron siguiendo simplemente el ti­
po de psicología esbozada en los viejos libros de texto; algunos subra­
yaron un tipo más"social" de psicología. Muy pocos han seguido mi en­
foque en el que traté de combinar la psicología profunda y la filosofía ho­
lística (las que recalcan la integración de la personalidad) junto con al­
gunas de las perspectivas más reveladoras y fecundas del ocultismo y
de la metafísica oriental.
Así fue como este libro, Astrología de la Personalidad, llegó en un
tiempo crucial de la evolución de una astrología moderna, en el que, en
respuesta a la popularización de este "arte" antiguo, no sólo se nece­
sitaba un enfoque psicológico más profundo, sino que era esencial ga­
nar una perspectiva más firme sobre cómo la astrología se relaciona­
ba con los nuevos tipos de pensamiento que se habían desarrollado si­
guiendo los lineamientos de la filosofía y la ciencia. Hoy, treinta y cin­
co años después, cuando este libro está a punto de llegar a un público
más vasto, la astrología se enfrenta con una crisis; podría decirse que
con una crisis de la consciencia. La causa de esta crisis es la vasta ex­
pansión del interés por la astrología, un interés que alcanzó a la nue­
va juventud y también a los intelectuales universitarios.
Los jóvenes han quedado fascinados con las filosofías y prácticas
yóguicas orientales, con las experiencias trascendentes y con todas las
nuevas formas de "entrenamiento de la sensibilidad" y de vida natural.
Ellos confían en hallar en la astrología no sólo respuestas a los punzan­
tes problemas, sino más aún, una suerte de seguridad interior. Muchos
de ellos, luego de desprenderse de sus tradiciones familiares y negar­
se a participar en una cultura dominada cada vez más por un enfoque
deshumanizado y desnaturalizado del conocimiento, de la organiza­
ción social y de las relaciones interpersonales, anhelan descubrir su lu­
gar y su función en un orden praeter-humano, universal o cósmico.
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Quieren saber adónde "pertenecen", qué "son realmente", cuando es­
tán cansados de los juegos del ego. Lamentablemente, los astrólogos,
en su mayoría, están todavía demasiado cerca de la categoría adivina­
toria, demasiado obsesionados por decir "qué ocurrirá", para ser capa­
ces de responder a las necesidades de los jóvenes rebeldes.
Sin embargo, hay otro tipo de jóvenes que están fascinados por la
ciencia y la tecnología, por computadoras y vuelos lunares. Son cons­
cientes de que los científicos están cada vez más interesados por el sis­
tema solar como el "ambiente cósmico" de nuestro planeta, por las ra­
diaciones solares y hasta por las fuerzas galácticas. A menudo, están
familiarizados con técnicas estadísticas y toda clase de pruebas psico­
lógicas. Son intelectualmente curiosos y ambiciosos y, aunque encuen­
tran defectuosa a nuestra sociedad, ansían llegar a la cima de la esca­
la social y económica. Quieren ser progresistas, estar orientados hacia
el futuro, y ser constructores de la gloriosa sociedad tecnológica que
ellos ven surgir. La astrología los intriga o fascina cada vez más; pero
se dan cuenta de que ésta tiene que ser "científica" para que el esta­
blishment intelectual la acepte y se la enseñe oficialmente, con cali­
ficaciones, en nuestros colegios.
Para este grupo científicamente orientado, tiene gran apelación el
enfoque de la astrología promovido por el astrólogo y erudito irlandés,
Cyril Fagan, y popularizado por sus artículos mensuales en American
Astrology durante los últimos veinte años. El señor Fagan sostiene
que es inexacto el zodíaco que ha estado en uso en·Europa desde los
días de la civilización greco-latina: el zodíaco tropical. Afirma que el
único zodíaco verdadero es el zodíaco sideral.
El zodíaco tropical se basa en el movimiento aparente del Sol en el
cielo desde un equinoccio primaveral al siguiente. Se refiere al ciclo
anual de la relación. en constante cambio, del globo terráqueo con el
Sol, fuente de todas las energías de esta Tierra; o sea, al ciclo de las
estaciones. El zodíaco "sideral" se ocupa también del movimiento anual
aparente del Sol, pero con referencia a las constelaciones, o sea, a
las agrupaciones reales de los astros. Debido al fenómeno llamado
"precesión de los equinoccios" -un movimiento de retroceso en la po­
sición de los equinoccios con referencia a las estrellas casi "fijas", es­
tos dos zodíacos ahora no coinciden. Coincidieron en una época,
variablemente estimada desde alrededor del 300 a.c. hasta el 500 d.C.;
y estas diferencias se deben al hecho de que no hay modo astronómico
de definir las fronteras de los grupos heterogéneos de estrellas,
llamados "constelaciones".
En una época en la que se subrayan tanto los signos, no las cons­
telaciones, del zodíaco, en el que el Sol se halla en el nacimiento de
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una persona, los reclamos de los "sideralistas" trastornan la mayoría de
las caracterizaciones de los Tipos zodiacales. Así se crea muchísima
confusión. Pero, en realidad, el problema es más profundo. Lo que es­
tá en juego detrás de la controversia relativa a la validez de un zodía­
co tropical o un zodíaco sideral es la actitud básica que uno asume res­
pecto de la astrología. Los "sideralistas" consideran que la astrología es
una ciencia empírica, cuya función única es la de predecir la probabi­
lidad estadísticamente medible de acontecimientos precisos. Esta
ciencia se supone que se originó hace muchísmo tiempo, tal vez en
Egipto, y que se desarrolló ulteriormente en Caldea; y que de allí fue lle­
vada al mundo helénico. Los sideralistas afirman que nació estricta­
mente como una ciencia de la observación, relacionando la coinciden­
cia entre acontecimientos reales de la Tierra con fenómenos celestes
como lo son las apariciones de estrellas en el horizonte, conjunciones
planetarias, etc. Así se habría construido, gradualmente, de manera
verdaderamente científica, un cuerpo de correlaciones clasificadas y
registradas. Pero la confusión ocurrió en los primeros siglos de nues­
tra era, cuando un cuadro estacional y equinoccial de referencia fue
sustituido por el modelo "verdadero" de constelaciones.
Cuanto se presente de manera tan "científica" está hoy destinado
a atraer a muchas personas. No es este el lugar para discutir la validez
de este cuadro sideralista, pero no parece concordar con el modo en el
que la mentalidad arcaica funcionaba, digamos, antes del 1000 a.c., y
uno debería tener siempre cuidado de no proyectar nuestros procesos
intelectuales de hoy en día sobre la mentalidad que produjo símbolos
y mitos antiguos. La cuestión esencial, como yo la veo, es si, conside­
rando a la astrología como esa clase de antiquísima ciencia empírica
y esencialmente orientada hacia los acontecimientos, satisface la
necesidad psicológica de nuestra humanidad actual: la necesidad
que hizo que hoy en día la astrología sea tan popular.
Porque no creo que este tipo de astrología sea lo que hoy necesi­
tamos, he formado recientemente una Comisión Internacional de Astro­
logía Humanística (I.C.H.A., en inglés) que se propone vincular a quie­
nes se interesen por un diferente enfoque de la astrología, un enfoque
orientado hacia la persona. Es un enfoque "humanístico", no en el sen­
tido de un humanismo tradicional, asociado a menudo con el ateísmo,
sino más bien de acuerdo con el significado que le da a esa palabra
Abraham Maslow, fundador de lo que se conoce como psicología hu­
manística. Este tipo de psicología no es freudiana, conductista ni clíni­
ca. Por esta razón, también se la llama psicología de la Tercera Fuer­
za. Procura ayudar y guiar a los individuos considerados como perso­
nas que, estando en evolución, aspiración y autorrealización pueden,
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en ocasiones, alcanzar momentos de elevada consciencia espiritual en
"experiencias-pico".
De manera parecida, lo que concibo como astrología humanística
es una astrología que ayuda a los individuos en la solución de sus pro­
blemas personales e interpersonales, y especialmente en la concreción
más plena de sus posibilidades natales. En este tipo de astrología, nin­
gún planeta, ningún aspecto es en sí mismo "bueno" o "malo". Cada
mapa natal es tan "bueno" como cualquier otro, en el sentido de que
simboliza lo que la persona potencialmente es y lo que ella está desti­
nada a lograr, si sigue las "instrucciones" que, por así decirlo, están "co­
dificadas" en la pauta del cielo, como se la ve desde el lugar y en la ho­
ra exacta de nacimiento.
Tal astrología no es una ciencia empírica. Es un "lenguaje" que
puede revelar el arquetipo de lo que la persona total (cuerpo, mente,
sentimientos, etc.) esencialmente es: la "Forma" de la individualidad de
él o de ella. Lo que vaga y confusamente llamamos "destino" es, sim­
plemente, el proceso de concreción de las potencialidades formuladas
abstractamente en el mapa natal. El hombre, concebido como un Alma
trascendente, no está fuera del mapa y tiene que "gobernarlo" a fin de
llevar una "buena" vida. El es, como organismo existencial vivo y pen­
sante-sensible, lo que el mapa indica que él podría ser; en realidad, lo
que él debería ser si vive "en armonía con el universo".

Hace treinta y cinco años, cuando escribí Astrología de la Perso­


nalidad, yo no estaba muy al tanto de los problemas con los que podría
enfrentarse la evolución de la astrología; y ciertamente nadie espera­
ba que ésta desarrollase tan vasto atractivo para la mente moderna. Yo
aún aceptaba algunos conceptos tradicionales que hasta la mentalidad
precursora de Marc Jones había dado por sentados. La astrología ha­
bía sido esencialmente geocéntrica, aunque aceptara algunas ideas
pertenecientes al cuadro heliocéntrico del sistema solar. Ahora advier­
to que cuando se ocupa de los seres humanos como Individuos, de­
bería ser "persona-céntrica", pues cada individuo es, en un sentido muy
real, el centro de su propio universo. Lo que importa es el modo con que
él se orienta respecto del universo como una totalidad. En un sentido
más profundo, él es el cielo total enfocado en un punto particular del
espacio-tiempo. Lo que lo diferencia de los otros individuos es esta par­
ticular fórmula espacio-tiempo; lo que lo identifica con todo otro ser es
que el mismo cielo, el mismo Sol, la misma Luna, los mismos planetas
y estrellas son los que constituyen la sustancia de su ser.

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La forma diferencia; la sustancia unifica.

Debido a que mi enfoque filosófico-cósmico y humanístico no esta­


ba todavía claramente definido en 1934-1935, y porque yo estaba in­
fluenciado por creencias e imágenes pertenecientes a la tradición teo­
sófica-ocultista, hay en este libro bastantes interpretaciones y afirma­
ciones que hoy no formularía del mismo modo. Una minuciosa revisión
de este gran volumen consumiría más tiempo y energía que los que ten­
go en esta postrera etapa de mi vida. Empero, la demanda constante
del libro hace imperioso que en esta época crucial de la evolución de la
astrología se lo deba difundir ampliamente a través de una edición en
rústica.
Sin embargo, debo mencionar el cambio de mi enfoque respecto del
carácter fundamental de las Casas natales, y he discutido las razones
de semejante cambio en una cantidad de libros y artículos más recien­
tes. Durante un tiempo, cuando empecé a estudiar cuidadosamente el
significado de todas las herramientas que se usan en astrología, yo
aceptaba la entonces vastamente usada idea según la cual las casas
son producidas por la rotación diaria del globo terráqueo; así, al hori­
zonte natal se lo ve moviéndose cada día alrededor del zodíaco y la ro­
tación del globo en torno de su eje define a las casas, tal como la revo­
lución de laTierra alrededor del Sol define a los signos del zodíaco. To­
do está en movimiento; y la astrología se ocupa de valores temporales
y de ciclos.
Esto es verdad, pero también existe el espacio; y creo que es lo que
permanece constante en todo ser humano. Toda persona es inheren­
temente un yo individual, con un ritmo ("tono") particular del ser, y con
una orientación respecto del universo que define lo que yo llamo su "in­
dividualidad", el "patrón-semilla de su ser individual". Este es su "lugar
en el espacio". Es el modo con que es consciente de su propio yo y de
su capacidad de relación con los otros yoes. Todo ser humano nace en
el centro de su propio espacio; y es a ese espacio al que el ciclo de
las casas se refiere.
Por supuesto, el círculo gira en el tiempo, y podemos hablar de la
"rueda de las casas". Pero hay una orientación espacial fundamental
que permanece como una "imagen" permanente de la personalidad in­
dividual, y este es el factor más importante de una astro-psicología que
se ocupa, no primordialmente de acontecimientos externos, sino del
potencial Innato de la existencia Individual de cada ser humano.
Permítaseme repetir que el propósito de esta astro-psicología es ayu­
dar a la persona a que concrete su potencial innato, a que lo que es só­
lo posible lo lleve a un estado al menos relativamente completo de re-
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alización. Está claro que la vasta mayoría de los seres humanos, no só­
lo no experimentan semejante estado de realización, sino que perma­
necen en una ignorancia casi total de lo que uno puede llamar, usan­
do una frase popularizada por el budismo Zen, su "naturaleza funda­
mental".
En este libro, el lector encontrará expresadas tales ideas, pero tal
vez no tan claramente como debería ser. Ahora concibo a las casas na­
tales muy definidamente como secciones de 30 grados del espacio que
rodea al acto natal de la individualización, o sea, el primer aliento que
establece el ritmo individual del recién nacido. Las casas no están en
el zodíaco; sino que son los signos del zodíaco y todos los cuerpos ce­
lestes los que encuentran su ubicación en ésta o en aquella casa. Co­
mo resultado, el sistema de Plácido sobre la determinación de las ca­
sas, que todavía está principalmente en uso, no encaja con tal enfoque,
pues se basa en un factor temporal. El sistema de Campano, por otra
parte, es un método, basado en el espacio, de calcular la longitud de las
cúspides de la casa, y por eso lo uso y lo encuentro cada vez más re­
velador en la práctica astro-psicológica, aunque ciertamente no sea el
mejor sistema posible.

Antes de concluir este nuevo Prefacio y para que mi actitud hacia


la "astrología como ciencia" no sea mal entendida, permítaseme decir
que tengo muy pocas dudas de que, tarde o temprano, se construirá
una nueva ciencia que se ocupará de los campos cósmicos electro­
magnéticos, de las vibraciones cósmicas y del efecto de éstas sobre la
biósfera de la Tierra. Es posible que algunos de los astrólogos más jó­
venes, que se esfuerzan tanto en pos de lo "científico", estén trabajan­
do en procura de semejante meta, pero no creo que cuando tal ciencia
se establezca sea aún lo que tradicionalmente se conoció como astro­
logía, tal como la química moderna dejó de ser alquimia. Una astrolo­
gía verdaderamente "sideral" y científica sería la que considere a la ga­
laxia entera como su marco de referencia y que, por ejemplo, se ocu­
pe de la relación siempre cambiante entre el plano ecuatorial terreste
y el plano de la galaxia. Al viejo tipo de mitología zodiacal que se apo­
ya únicamente en constelaciones gráficas y simbólicas, de factura hu­
mana, las sustituiría por agrupaciones estelares reales y sus movimien­
tos relativos. Por supuesto, del arcaico pasado de la humanidad pode­
mos aprender: pero debe ser la totalidad de la humanidad, incluyen­
do, por ejemplo, a las culturas china y maya.
Además, creo que cada gran cultura desarrolla inevitablemente su
propio enfoque del universo, su propia cosmología y su propia astrolo­
gía; y no veo por qué nuestra civilización occidental, con sus raíces en
13
las tradiciones greco-latina y hebrea, no debiera haber desarrollado su
propio enfoque de la astrología. Esta civilización occidental muy bien
puede estar acercándose al final de su ciclo, y pienso que tanto los jó­
venes hippies que protestan como los jóvenes recibidos en alguna fa­
cultad y con orientación tecnológica, están contribuyendo a una nueva
civilización. Desde que yo tenía dieciséis años, polarizó mi vida una
irrevocable decisión de servir, de cualquier modo que yo pudiera, a las
fuerzas que construyeran una nueva civilización semejante.
De manera que no disputo para nada cualquier intento que se ha­
ga para desarrollar una "cosmobiología" o una "cosmecología" verda­
dera y realmente nueva sobre la base de recientes descubrimientos
en astronomía, física cósmica y semejantes enfoques científicos. Pe­
ro una "astrología para la persona individual" es un tipo completamen­
te diferente de estudio, aunque, a su tiempo, demuestre estar relacio­
nado con el anterior. Como yo veo esto, el propósito primero e inmedia­
to de la astrología no es el de predecir acontecimientos en términos de
probabilidad estadística sino el de aportar, a las personas confusas, an­
siosas y a menudo distraídas, un mensaje de orden, de "forma", del sig­
nificado de la vida individual y de las luchas individuales en el proceso
de autorrealización. Realmente, vivimos en una nueva selva, tanto so­
cial como psicológica; y, tal como nuestros arcaicos antepasados, fren­
te a los peligros e incertidumbres cotidianos, contemplaban el magní­
fico y ordenado desfile de luminarias reveladas por el cielo nocturno, de
igual forma nosotros, en nuestro modo moderno más abstracto, debe­
ríamos procurar descubrir, en nuestro propio cielo natal individual y en
sus transformaciones progresivas, una paz y una certidumbre verdade­
ramente cósmica, independientemente del caos exterior.
Para terminar, subrayo el hecho de que, en este libro, la palabra
"personalidad" no tiene el significado negativo o de nivel inferior que los
esoteristas y la gente del Nuevo Pensamiento suelen atribuirle. La uso
como la usan el filósofo Jan Smuts y el psicólogo Carl Jung. Tal vez
aclaren esta cuestión las pocas frases siguientes, que fueron incluidas
en los Prefacios de las ediciones primera y segunda de este libro.
"En el sentido más amplio, personalidad es la totalidad orgánica en
la que se integran progresivamente las naturalezas fisiológica y psico­
mental del hombre. En consecuencia, representa a la totalidad del ser
humano como un microcosmos; el hombre como un sistema solar inte­
gral que funciona en el trasfondo de (y en constante relación con) el zo­
díaco o la galaxia. La astrología... es un arte de interpretación de la vi­
da y nos proporciona una técnica para el desarrollo y la realización de
la "personalidad". Su objetivo es transformar a la caótica naturaleza hu­
mana en un microcosmos. Cuando el hombre se convierte verdadera-
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mente en un microcosmos, demuestra personalidad en su plenitud y se
manifiesta como una Persona viva, o como un gran Personaje ... La me­
ta de la astrología es la alquimia de la personalidad. Es transformar al
caos en cosmos, a la naturaleza humana colectiva en personalidad in­
dividual y creadora."
D.R.

15
PROLOGO
PRELUDIO A UNA HISTORIA DE LA ASTROLOGIA

La historia de la astrología es la de las transformaciones sucesivas


de la actitud del hombre hacia la naturaleza: la naturaleza externa, per­
cibida a través de las impresiones de los sentidos; y también la natura­
leza "humana", la suma total de los fenónemos fisiológicos y psicológi­
cos que, de algún modo, el hombre llama suyos propios, diciendo "mi"
cuerpo, "mi" alma, "mi" mente.
Lo que hoy habitualmente se llama astrología es el resultado de una
fase particular de esta relación entre el ego humano con·sciente y la na­
turaleza. Aunque esta fase puede haber durado centenares y millares
de años, fue precedida por otras fases de una importancia tal vez ma­
yor; y el propósito de este libro es mostrar que, precisamente ahora, es­
tá empezando una nueva fase. El género humano está cambiando radi­
calmente su perspectiva de la naturaleza externa: obsérvense los con­
ceptos asombrosamente nuevos de la ciencia moderna, concernientes
al espacio, al tiempo, a la materia y al universo. También se está trans­
formando fundamentalmente la perspectiva psicológica. El hombre se
está encontrando con la "vida", dentro y fuera, en nuevos términos. La
astrología refleja la calidad de este encuentro, lo interpreta en funcio­
nes de comportamiento real, le da importancia tanto de un modo muy
fundamental como muy práctico. La astrología es el índice más signi­
ficativo de la filosofía práctica de la vida humana. La filosofía per se es­
pecula acerca de la vida y del hombre. Pero la astrología, en cada era,
caracteriza, directa o indirectamente, la calidad más profunda de la res­
puesta real del hombre hacia la vida.
Las filosofías se han sucedido unas a otras. De modo parecido, la
astrología que el siglo XIX nos legó es sólo una de las muchas astro­
logías que el hombre proyectó a partir de su necesidad de una compren-
17
sión práctica de la vida y de un ajuste a ésta. Además, así como siem­
pre existieron simultáneamente varios tipos de filosofía en el esfuerzo
del hombre por interpretar la realidad en diversos niveles del pensa­
miento y de la percepción intuitiva, de igual modo en cada período -
en todo caso, durante los tiempos históricos- a la astrología se la di­
vidió en sistemas más exotéricos y más esotéricos. Sin embargo, es­
ta división no debe cegarnos ante el hecho de que "esotérico" y "exo­
térico" representan meramente dos modos de expresar, en cualquier
tiempo, la nota básica clave de una época. Es más importante conocer
cuál es la nota clave para averiguar si se la expresa exotérica o esoté­
ricamente.
La astrología que está hoy en boga se originó casi enteramente en
la obra del astrólogo alejandrino Claudia Tolomeo: el Tetrablblos
(Los Cuatros Libros sobre la Influencia de las Estrellas). Se­
gún Temple Hungad: "Tolomeo nació en Pelusium, Egipto, en el siglo
1 de nuestra era. Reunió las observaciones escritas dejadas por impor­
tantes estudiosos que lo precedieron, y las enriqueció y aumentó des­
pués de muchos años de investigación personal. Estos hechos están
expuestos en su Gran Construcción, que consiste en trece libros que
contienen la suma total del conocimiento sobre los fenómenos del mun­
do y del universo en general. Este fue el primer documento completo y
amplio sobre la economía del mundo, y las ideas allí demostradas se
mencionan a menudo como el "Sistema Tolemaico". Tal como la Gran
Construcción contiene el conocimiento geográfico y astronómico, de
igual modo el Tetrablblos de Tolomeo abarca el conocimiento astro­
lógico que se habría de adquirir; y, aunque escrito en Asia durante el si­
glo 1, esta obra se convirtió en la piedra de toque de la astrología en Eu­
ropa luego que comenzó a aparecer allí la luz intelectual". (A Brlef Hls­
tory of Astrology, de Temple Hungad).
Luego volveremos sobre el tema de la astrología medieval en Eu­
ropa, que, en algunos de sus aspectos, es mucho más profunda que la
derivada de Tolomeo; pero nuestra primera tarea es la de comprender
la posición que quien esto escribe ocupa. A fin de hacer esto, debemos
extender nuestra investigación y sefialar que, en ciertos períodos de la
historia del mundo sobrevienen grandes conmociones que transforman
la esencia misma de la civilización. Podemos llamarlas "Edades Oscu­
ras". En todo caso, son períodos de transición que separan a dos eras
una de la otra. Y es interesante comprender que, en el comienzo mis­
mo de estos períodos, antes de que la "Edad Oscura" comience, apare­
cen siempre hombres que, por decirlo así, sintetizan y concentran el co­
nocimiento, del siglo que a la sazón cocluye, en escritos (o monumen­
tos) que se convierten en la semilla misma, o en el cimiento mismo de
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la cultura que surge más tarde, como la "Edad Oscura" que es ilumina­
da por una nueva vitalidad espiritual-mental.
Tales hombres se convierten entonces en los canales a través de
los cuales lo viejo se transmite a lo nuevo. Sus obras contienen todo lo
que los nuevos probablemente conocerán de los viejos; lo cual -y es­
to es importante- no significa, sin embargo, la sabiduría total de lo an­
tiguo, ni siquiera lo mejor de éstos, sino sólo lo que los nuevos podrán
asimilar de los viejos. Pueden darse numerosos ejemplos. Confucio es
el ejemplo típico, tal como él sintetizó a la China arcaica. A la China ar­
caica se la conoce casi únicamente a través de lo que Confucio preser­
vó de ella. Pero, no olvidemos que es la China arcaica como Confucio
la entendió. De modo parecido, se conoce poquísimo de las ideas mu­
sicales de Pitágoras, salvo como nos las transmitió su lejano seguidor
Boecio, en las postrimerías del Imperio Romano. Durante largo tiempo,
Platón y Aristóteles significaron para Europa casi la totalidad del saber
griego. Los cabalistas españoles de los siglos VIII y IX nos dieron, co­
mo Cábala, lo que ellos conocieron y entendieron del conocimiento de
los misterios pertenecientes a los antiguos hebreos. Y, en todos los ca­
sos, conocemos la sabiduría arcaica y la filosofía viva sólo a través de
las mentes de hombres que, por ser los productos finales de una civi­
lización, perdieron necesariamente el sentimiento de lo que esta filo­
sofía viva y esta sabiduría práctica significaron para los hombres que
fueron los originadores de esta civilización.
No es nuestro propósito discutir tales asuntos extensamente; no
obstante, es imperioso, para quien se preocupe por comprender el sig­
nificado vital de la astrología, que capte los hechos antes mencionados.
Pues sólo así podrá evitarse el trágico error de creer que la astrología
presentada a Europa por un intelectual alejandrino fue la astrología
que medía el pulso mismo de la humanidad antigua. La astrología to­
lemaica, es el producto final de la cultura mediterránea oriental-griega,
y sólo se la podrá entender en función del intelectualismo de esta cul­
tura. Este intelectualismo moldeó la mente de Europa en casi todos sus
aspectos. El aristotelismo y el tolomeísmo son los resultados de esta
era griega después que perdió el contacto vivo con la tradición espiri­
tual del período órfico y hasta de la filosofía pitagórica luego que ésta
se desvió del suelo del que el hombre arcaico extrajo fuerza y sabidu­
ría instintiva. Si queremos entender la esencia viva de la astrología, de­
bemos olvidar a Tolomeo y al tipo de astrología medieval de la que prin­
cipalmente deriva la astrología actual, y llegar a la profundidad vital te­
rrena de la humanidad arcaica.
Una notabilísima serie de artículos de R. Berthelot, L' Astrobiolo­
gie et la Pensée de l'Asie, aparecidos en la Revue de Métaphysique
19
et de Morale, 1932-1933, con los que me encontré hace poco, es, por
lo que sé, el mejor estudio, si no el único que se ha hecho de los oríge­
nes vitales de la astrología. No está hecho desde el punto de vista del
astrólogo, sino desde el del desarrollo de la civilización humana y de las
actitudes humanas hacia la vida en general. De allí su gran importan­
cia; pues es absolutamente inútil tratar de captar el significado de la as­
trología antigua, a menos que uno ubique a la astrología en el centro
mismo de la cultura de los tiempos. Son más bien inútiles las denomi­
nadas "Historias de la astrología" que hoy en día pueden conseguirse
impresas; concretamente, son muy engañosas. Enumeran unos pocos
hechos y nombres inconexos, sin dar idea alguna sobre la realidad vi­
va de la astrología. ¡No es de asombrarse entonces, porque el culto
hombre de hoy se abstenga de considerar seriamente a semejante seu­
do-ciencia!
Las siguientes páginas de ningún modo deben considerarse como
una historia de la astrología, pues serían necesarios años de investiga­
ción por parte de especialistas antes de que los datos escasos que se
hallan dispersos en muchos libros, a menudo no traducidos a ningún
idioma europeo, pudieran ser examinados, comparados y correlacio­
nados críticamente. Lo que deseamos hacer es presentar meramente
una especie de antecedente histórico, muy general en sus esbozos,
que ayude al lector a obtener un nuevo enfoque de la astrología, y de
esta manera estar mejor capacitado para captar el sentido de nuestra
reinterpretación del significado básico de la astrología como una
filosofía viva y práctica de realización e integración psicológicas. Lo que
el astrólogo corriente ofrece a nuestra generación actual dista no sólo
de llegar al nivel mental del pensador inteligente; además, a menudo es
decididamente atroz y psicológicamente desintegrador. Sin embargo,
puede decirse que la astrología viva de todos los tiempos tiene, como
nota clave básica, a la integración. Y sostenemos que cualquier astro­
logía que no aporte al hombre un mensaje de integración es una adul­
teración y una perversión de la verdadera astrología.

La etapa animista

El hombre primitivo vive todavía en el vientre de la naturaleza. Su


vida entera es una experiencia que, al mismo tiempo, es psicológica y
fisiológica, porque todavía es apenas capaz de diferenciar al mundo ex­
terno del mundo interno, a lo objetivo de lo subjetivo. Es tan completa­
mente uno solo con la naturaleza que constantemente se halla disuel­
to en los fenónemos naturales, ora proyectando en ellos su personali­
dad infantil, ora construyéndolos en su psiquis como estados de cons-
20
ciencia que, por un proceso de identificación inconsciente, él llama su­
yos propios. Levy Bruhl usó el término participation mystique para
describir este proceso o un proceso similar de identificación psicológi­
ca con los objetos. 1 Corresponde a una actitud hacia la vida que tam­
bién puede designarse con la palabra animismo.
El animismo convierte en "espíritus" a todos los objetos materiales,
y materializa los hechos psíquicos en entidades objetivas. Todo es ani­
mado por un espíritu, ya se trate de un árbol, una montaña, el sol, una
estrella, o hasta instrumentos fabricados por los hombres, como por
ejemplo una espada o una casa. Por otro lado, todo sentimiento interior
o toda emoción es una entidad "astral', que ingresó en el alma, y que
puede ser expulsada de ésta mediante adecuadas prácticas mágicas.
La naturaleza, tanto interna como externa (pues ambas son una so­
la para los primitivos) es, pues, un caos de entidades, que actúan y re­
accionan en una muy pavorosa confusión. Es una vasta selva en la que
la única ley es la de la propia conservación y la sobrevivencia. Donde
fracasa la fuerza física, aparece la astucia. Sin embargo, en el hombre
surge cierto sentido de la causalidad. Se da cuenta de que ciertos he­
chos siguen siempre a otros. Empieza a "dar nombres" no sólo a las co­
sas, sino también a las relaciones entre las cosas. La única relación que
él conoce personalmente es la del parentesco sanguíneo.
Sin embargo, durante todo ese tiempo, la emoción predominante en
el hombre primitivo es la emoción universal de la selva: el temor. Lo que
uno teme se llama "maligno". A las entidades malignas se las debe pro­
piciar, vencer con astucia, o restringir con magia. El principal principio
de la magia es el de la "acción simpática". Al actuar, comportarse y apa­
recer como un oso, el mago se identifica con el oso; o más bien pone
en foco la identidad que existe psicológicamente entre él mismo y el
oso. Al ser uno solo con el oso, el mago puede así usar el "espíritu de
los osos" para su beneficio y ganar ascendiente (por así decirlo, a tra­
vés de esta transfusión del instinto) sobre cualquier oso. Además, tam­
bién llega a conocer el "nombre" del "espíritu de los osos" y, de esta
manera, ejecuta magia en dos sentidos. Primero, mediante la pronun­
ciación intencional del nombre del oso, logra controlar a éste. Asimismo,
este control aumenta por el hecho de que generaciones de integrantes
de la tribu usaron mágicamente este nombre, y cuando se lo pronuncia,
la fuerza combinada de los miembros de la tribu (muchísimos vivos co­
mo fantasmas o espíritus) respalda, por decirlo así, la fuerza del mago.

1 Les fonctions mentales dans les Sociétés inferieures, Levy Bruhl, París, 1912.
21
En la etapa evolutiva animista, el hombre lo refiere todo a sí mismo
y a sus temores o sus deseos. Proyecta sus reacciones a cosas den­
tro de las cosas mismas, que se convierten en imágenes personifica­
das de sus impresiones. Si se mueve, deberá haber quien cause el mo­
vimiento, y cuya naturaleza misma sea la de moverlo de este modo. Lo
que causa temor deberá ser necesariamente un ser temible; lo que da
alegría deberá ser una entidad generosa. En este sentido, la vida ínte­
gra del hombre es psicológica, pues vive en un mundo poblado por las
proyecciones mismas de sus propias reacciones; pero estas reaccio­
nes son casi solamente fisiológicas y biológicas. De manera que, aquí,
psicología significa una extensión de las reacciones fisiológicas; y la
psiquis es sólo un aura difusa en torno de la entidad humana biológica,
una emanación de ésta.
Al Sol y a la Luna se los conoce como los dadores de luz. Luz y vi­
da se tornan inseparables, pues, demasiado a menudo, oscuridad y no­
che significan muerte. La luz solar disipa el temor, aporta a los sentidos
una más clara percepción de los objetos. Así, el Sol es el gran dador de
vida. En cuanto a la Luna, ella oculta un misterio. Tiene crecientes y
menguantes. Su luz rodea a la selva con un resplandor extraño. Es mu­
dable y misteriosa, como una mujer. Empero, sus fases son pronto re­
gistradas. El sentido de periodicidad y tiempo es suscitado por sus ci­
clos. Bajo su luz, que excita la imaginación del hombre, a los "espíritus"
se los evoca mejor. La Luna se convierte en el poder de la magia, en el
poder de todas las operaciones misteriosas.
Con el Sol y la Luna, y después, probablemente, con las estrellas
brillantes, el hombre también siente una vaga identidad. Las siente, tra­
ta de unificarse más con ellas, trata de imbuirse de su esencia. El Sol,
la Luna y las estrellas son "grandes espíritus". Algunas estrellas brillan
con un extraño fulgor. Parecen ominosas, malignas, cuando salen, co­
mo los ojos de tigres y panteras vistos a través del bosque. Las estre­
llas son como ojos de animales fantásticos en la oscura selva del cie­
lo. Hay hombres que se sienten extrañamente atraídos hacia algunas
estrellas en particular. Tal vez nacieron cuando aquéllas salieron o es­
tuvieron en lo alto sobre sus cabezas. Y llegamos a la antigua Caldea,
o quizá incluso antes, a la Atlántida, en la que los hombres yacen en el
suelo, enfrentando a las estrellas, absorbiendo en sus almas los rayos
de una estrella particular, identificándose con ella, para conocer su
esencia y sentir la elevada vida de aquélla. Este culto de las estrellas(o
más bien, esta identificación con las estrellas) tiene un paralelismo con
el culto de los totems. Los totems son principalmente animales, como
el oso, el águila y el ciervo, pero también pueden ser estrellas, y has­
ta nubes y montañas. El totemismo está todavía vivo entre muchas ra-
22
zas denominadas primitivas, incluso entre los indios norteamericanos,
y debería ayudarnos el comprender algunos significados de la astrolo­
gía arcaica en la etapa animista de su evolución.
A la sazón no se trata, como luego ocurrió, de que los movimientos
de los cuerpos celestes fueran los más importantes, sino de la calidad
de la vida con que cada uno de ellos, individualmente, está dotado. Es­
ta calidad de la vida, la característica particular de la deidad-estrella de­
riva esencialmente de la calidad de la luz de la estrella. Lo que es bas­
tante curioso, no estamos tan lejos de una clasificación de las estrellas
¡sobre la base del análisis del espectro! Sólo que en vez de usar un
prisma para determinar la calidad de la luz, objetiva y analíticamente,
el hombre primitivo experimentaba subjetivamente esta luz, y volvía
a proyectar en la estrella el resultado de esta identificación psíquica.
En cuanto al Sol, la determinación de las características y potencia
de este dador de vida se facilita contemplando los cambios que tienen
lugar en la vegetación. Pero, con esta idea de correspondencia entre
los fenómenos biológicos terrestres y el movimiento del Sol -y también
de la Luna-llegamos a una nueva fase de la astrología que, siguiendo
el ejemplo de Berthelot, podemos caracterizar con el término vitalis­
mo.
La etapa vitalista
Según el concepto vitalista, la Vida está en todo, interpenetra a to­
das las entidades, a todas las sustancias. Es un océano vasto y univer­
sal de energía en el que todo lo que existe "se mueve y tiene su ser".
Este punto de vista mundial origínase en la humanidad cuando de al­
gún modo es vencido el temor a la naturaleza, cuando lo que podemos
llamar simbólicamente la "selva" es dejado atrás, y los hombres se con­
vierten en ganaderos o en agricultores. En otras palabras, la naturale­
za está en la primera etapa de domesticación. Se convierte en un "ho­
gar" y, dentro de este hogar, a la Vida se la ve fluir con el majestuoso
giro de su estación, en crecientes y menguantes como la Luna, en flu­
jos y reflujos como el Nilo y otros grandes ríos cuyas aguas significan
fertilidad.
El animismo revela al hombre como meramente uno entre los millo­
nes de entes que pugnan por subsistir; que tratan desesperadamente
de vencer al temor identificándose con el objeto temido, o con el fuego
y la luz que salvan su vida, aplacando al mal con sacrificios; una cria­
tura caótica, con opacas percepciones, anhelosa de captar alguna es­
pecie de conocimiento que le permita enfrentarse con los millones de
entes hostiles con fuerza equiparada. El hombre debe entender a es­
tos entes uno por uno, debe conocer la naturaleza de ellos y darles
23
un nombre. La consciencia da fuerza. Dar un nombre al enemigo sig­
nifica ya vencerlo... lo cual, de hecho, es, en otro nivel, el principio que
respalda al psicoanálisis freudiano. Por otro lado, el vitalismo presupo­
ne que, por lo menos, una parte de la naturaleza -tanto dentro como
fuera del hombre- sea conquistada y utilizada. Se alcanzó algún gé­
nero de seguridad.
Sin embargo, esta parte domesticada de la naturaleza debe ser ob­
servada cuidadosamente, protegida del mal, convertida en fructífera.
Debe labrarse la tierra y debe cuidarse el ganado. La nota clave no es
ya exclusivamente la defensa sino la producción. Todavía hay enemi­
gos; pero éstos no atacan tanto al hombre mismo como a su propiedad.
Entonces, cobra supremacía el problema de la propiedad. La produc­
ción depende de la propiedad. La vida humana depende del resguar­
do y la fructificación de la propiedad; y pronto, también, de la expansión
continua de la propiedad. Esto se aplica, asimismo, a la naturaleza in­
terior del hombre. Una porción del ser del hombre, y de la "psiquis", ha
sido "domesticada", o sea, se la hizo consciente, prolífica de ideas y co­
nocimiento. A la consciencia se la debe preservar y salvaguardar con­
tra la posible irrupción de las fuerzas malignas provenientes del "in­
consciente" (la selva interior). Se la debe cultivar, tal como se debe cul­
tivar al suelo y atender al ganado.
Cultivo, ganadería, cultura: todas estas cosas significan lo mismo:
trabajar en armonía y, al menos en alguna medida, con el control de los
procesos de vida. La vida en el estado selvático era principalmente una
colección de entes malignos. La vida en la etapa vitalista es una fuer­
za que puede ser buena o mala; una fuerza que impregna todas las
cosas, que está en funcionamiento en todas las cosas. No hay modo de
oponérsele, pues es todopoderosa. Pero, conociendo la ley de sus cre­
cientes y menguantes cíclicos, trabajando en armonía con sus mareas,
el hombre puede utilizar a la Vida. Puede producir medios y disposicio­
nes mágicas que atraigan esta fuerza vital, y a través de los cuales pue­
da hacerse que la naturaleza sea fructífera. Tales disposiciones mági­
cas son "sagradas". Concentran la energía vital difusa para reforzar o
destruir al individuo o a cualquier producto de la naturaleza.
En esta etapa de la evolución humana, la astrología es suprema­
mente importante. Ya no se ocupa exclusivamente de entes celestia­
les como seres separados a los que hay que adorar y aplacar: aunque
esta actitud animista sigue siendo todavía el rasgo principal de la astro­
logía exotérica y popular. La nueva astrología del período vitalista se
ocupa especialmente de comprender la periodicidad de los procesos vi­
tales. Se cree que éstos, experimentados en el crecimiento y en la men­
gua de la vegetación y de los entes naturales en general, son contro-
24
lados por fuerzas divinas que se identifican con el Sol, con la Luna y con
los planetas, y, en alguna medida, con las estrellas.
La astrología se convierte en un estudio del misterio universal de
las transformaciones dinámicas periódicas, que constituyen la esencia
de la Vida misma. Los chinos de la antigüedad simbolizaban a esta ley
de la transformación natural en su serie de hexagramas que constitu­
yen el VI King, el Libro de los Cambios. Sin embargo, esta es, eviden­
temente, una transmutación posterior y más abstracta de la astrología
primitiva. La astrología vitalista puede haber nacido en la antigua Cal­
dea, en la que, primordialmente, estudió todos los fenónemos celestes
asociados con los cambios de las estaciones. Los movimientos del Sol
y de la Luna fueron la base del sistema astrológico. Pero a estos mo­
vimientos no se los considera principalmente como fenómenos celes­
tes en sí mismos, sino como índice de los cambios dinámicos de la fuer­
za vital solar y lunar, como se expresa en la Tierra. Parece que las ra­
zas nómades, que dependían de su ganado, hicieron hincapié en los
períodos lunares, porque éstos corresponden más a los períodos de la
vida animal, y al sexo y la procreación a través del apareamiento. Por
otra parte, las razas agrícolas hacían hincapié en los ciclos solares que
corresponden a los ciclos de la vegetación. De estas correspondencias
solí-lunares básicas derivó, por generalización, la gran "ley de Analo­
gía", que es el cimiento mismo de toda la ciencia oculta.
La Ley de Analogía presupone un agente universal que impregna
al universo entero: una sustancia vital o una fuerza vital que llena todo
el espacio; que colma la cúpula de los cielos, al igual que el domus (el
domicilio, el hogar) en el que el grupo tribal vive, procrea y muere, pe­
ro para renovarse y continuarse mediante la propagación sanguínea. El
hogar tribal es una réplica en pequeño del hogar universal ligado por las
esferas de los astros. La Tierra es el microcosmos; el universo es el ma­
crocosmos. Es sólo más tarde, en Alejandría y en la Edad Media, que
el hombre, el ser individual, es considerado el microcosmos. Entonces,
la astrología se individualiza. En Caldea y China de la antigüedad,
aquélla sólo se refiere a la Tierra y al Estado o a la comunidad. El Es­
tado es el microcosmos, y el Emperador, o el Rey, es su Sol o su cen­
tro de vida.
En tales estados agrícolas, establecidos en vastas planicies, toda
la vida está estructurada sobre el producto de los cuatro grandes mo­
mentos del ciclo de los cambios solares: los equinoccios y los solsticios.
Estos están indisolublemente asociados con los cuatro puntos cardina­
les del espacio. Consideremos a la antigua China, unos 2000 años an­
tes de Cristo. La capital y el palacio del Emperador, dentro de aquélla,
están orientados hacia estos cuatro puntos. El palacio tiene cuatro sec-
25
ciones, correspondiendo cada una a una estación. El Emperador vive
en la sección Este durante la primavera, en la sección Sur durante el ve­
rano, en la sección Oeste durante el otoño, y en la sección Norte duran­
te el invierno. 2
Esta división cuádruple está evidentemente asociada con la idea de
la dualidad y del sexo. Los chinos construyen su ciclo del cambio sobre
el creciente y el menguante alternados de los dos principios Yang y
Yin, el masculino y el femenino. Este dualismo se transfiere, por corres­
pondencia, al dualismo del día y de la noche: al Sol, que ilumina al día,
y a la Luna que ilumina a la noche. El animal hembra tiene períodos de
celo y de indiferencia, tal como la Luna está brillante u oscura. De ma­
nera que la astrología se basa en conceptos puramente blológlcos.
Es dinámica y vital. Explica las causas de todos los fenómenos bioló­
gicos ocurridos en la Tierra: luego, de todos los fenómenos sociales, co­
mo en la civilización china, en la que la organización social, la política,
la música y toda la cultura son regidas por la pauta armónica revelada
por los movimientos de los cuerpos celestes, a los que se considera ve­
hículos de símbolos de las Fuerzas Divinas que, colectivamente, repre­
sentan a la vida universal.
Sin embargo, sobre este cimiento vitalista, a medida que transcu­
rren los siglos, crece progresivamente una superestructura más men­
tal. A los del Sol y la Luna, se suman los ciclos planetarios. Cada vez
más, los sacerdotes que registran, grafican, comparan y estudian los
movimientos de los cuerpos celestes comprenden los valores abstrac­
tos implícitos en sus revoluciones cíclicas. La idea de "relaciones nu­
méricas precisas e inmutables" se apodera de la mente de los hombres
cuya profesión es la de ser símbolos del orden y de la ley para una hu­
manidad aún en las garras del temor hacia las fuerzas de los elemen­
tos. La noción del Orden Celeste pasa a ser un gran resguardo contra
el caos de la naturaleza elemental, todavía tan patente en tormentas,
inundaciones, sequías y cataclismos de toda índole. En los cielos se re­
vela un mundo arquetípico y divino del Orden, en el que cada objeto se
mueve según leyes inmutables. Entonces, la tarea del hombre es, evi­
dentemente, operar de tal modo sobre la "tierra" (el suelo y el ganado,
pero también sobre su propia naturaleza instintiva terrena) que se con­
vierte en una réplica perfecta del Orden Celeste.
De semejantes premisas pueden deducirse dos necesidades bási­
cas: la necesidad de un calendario que determine al principio, única-

2 Le Chine Antique 11, capítulo 1, de Henri Maspero.

26
mente, la época en la que deben realizarse todas las actividades agrí­
colas (siembra, cosecha, etc.) y los días que son favorables y desfavo­
rables para cualquiera de aquellas actividades; luego, la necesidad de
una Ley Etlca que determine cómo el hombre ha de tratar y cultivar a
su propia naturaleza, a su propio ser terreno; cómo el hombre se ha de
comportar en relación con el hombre dentro de la organización del Es­
tado: si este Estado se ha de adecuar a la Ley Celeste. Así, en la an­
tigua China, vemos al Emperador como sumo sacerdote de esta reli­
gión celeste, mediador entre el Orden Celeste centrado en torno de la
Estrella Polar (en la que reside el gran Dios del Orden) y el género hu­
mano. El es secundado por cuatro astrónomos que, junto con él, deter­
minan el Calendario agrícola, además de establecer una ley moral-so­
cial y escalas musicales, porque la música es el medio con que el Es­
tado terreno puede armonizarse con la "Armonía de las Esferas" (que
también es una idea pitagórica). La música incluye tonos y bailes ritua­
les también, pues allí debe reinar nuevamente el principio de la duali­
dad. Movimientos corporales armonizados con tonos y ritmos musica­
les: tal armonía simboliza y requiere mágicamente una armonía co­
rrespondiente entre emociones humanas y emociones celestes.
El Emperador es el punto fijo de referencia para todas las medicio­
nes ético-sociales, como el Polo Norte lo es astronómicamente. Su voz
es un dechado de todos los tonos; su cuerpo, lo es de todas las medi­
das. Todos los caminos se miden desde el centro de su palacio, en el
que él vive; o más bien, porque cíclicamente cambia de residencia, en
la que está la tumba del Gran Antepasado, el origen del Estado. El Em­
perador es el Hombre Unico, el Individuo Unico, el Mediador Unico a tra­
vés del cual el Orden de los Cielos queda imbuido en el Estado. Así, él
es el Astrólogo Supremo. O más bien, él es la Condensación misma de
todas las Virtudes Celestes, y sus cuatro astrólogos, a través de él, pue­
den participar del misterio de los Cielos.
Esto representa una etapa perfeccionada de la civilización astroló­
gica; pero... ¿no se parece asombrosamente a la religión cristiana, en
un plano diferente? ¿No es acaso Jesús el Cristo el Unico Mediador en­
tre el género humano y Dios, el Individuo Espiritual Unico (al ser el Uni­
génito), el dechado de todas las virtudes celestiales, la fuente única de
salvación? ¿ Y Sus Apóstoles, y los Papas de la sucesión apostólica, no
son los dispensadores de la sabiduría de Jesús, los fundadores de una
Iglesia militante, que ha de convertirse en una réplica sobre la Tierra de
la Iglesia triunfante en el Cielo?
El cristianismo llegó en una época de gran caos psicológico, cuan­
do de las ruinas del pasado de Oriente-Mediterráneo nacía un nuevo
mundo, cuando el intelectualismo y el individualismo griegos habían lle-
27
vado a una confusión psicológica cabal. Eñtonces, la Iglesia cristiana
fue el símbolo de un Orden Celestial, el único resguardo en un perío­
do de caos, la única fuerza integradora en un cenagal de pasiones y per­
versiones decadentes. Pero el Estado astrológico de Caldea y de Chi­
na también era el único resguardo contra el caos de los elementos. Los
cursos cíclicos de los cuerpos celestes eran las únicas prendas de un
Orden universal. Sólo el conocimiento de los movimientos del Sol y de
la Luna podía salvar al hombre de que se arruinasen sus cosechas: lo
cual significaba hambre y caos. Lo que este conocimiento astrológico
representaba lo muestra el hecho de que, en la China, se dice que la ca­
ída de la primera Dinastía Hia fue causada porque los astrólogos impe­
riales no lograron anunciar un eclipse. Siempre que, por conocimiento
incompleto de los movimientos celestes, un planeta no aparecía exac­
tamente donde se lo esperaba, esto se consideraba una predicción de
caos y ruina para la casa imperial. Si los gobernantes no llegaban a co­
nocer con exactitud los acontecimientos celestes, se destruía el único
baluarte contra el caos, y los gobernantes tenían que irse. Ellos tenían
que ser los Integradores, los Organizadores, los Custodios del Orden
Universal. Si no loqraban conocer ese Orden, demostraban que eran in­
dignos. Tenían que ser derrocados para salvar al país. 3
En el plano biológico de las actividades agrícolas, y en el plano de
las organizaciones éticas y sociales, la astrología era, a la sazón, el úni­
co Gran Conocimiento que aseguraba un resguardo y la confianza espi­
ritual en una Ley Cósmica sin la cual ninguna civilización es posi­
ble. i Era un conocimiento vital y vivo, pues se filtraba a cada paso en
el accionar de todos los procesos biológicos! Era la Ciencia de la•vl­
da, o, como dice Berthelot, la Astroblología: la ciencia de una vida
concebida como arquetípicamente ordenada y cósmica, funcionando
idénticamente en el microcosmos, la Tierra, como en el macrocosmos,
el universo.

El cambio del siglo VI a. C.


Entonces el hombre empezó a desarrollar una nueva base de vida
y a conocerse como individuo, como ser libre; y surgió una nueva sel­
va, en un nivel superior, en el nivel psico-mental. Esto significó el co-

3 El gran historiador Megástenes (302 a.C.), al describir los deberes del astrólogo brah­
@\�
�,t� mín, añade: "El filósofo que en sus predicciones se equivoca observa silencio durante el res­
Wl to de su vida". Es espantosa una lista de las cualidades que han de esperarse de un astró­
füfü logo, y que se hallan en viejos textos sánscritos.
28
mienzo de un nuevo ciclo de desarrollo humano, que requería una As­
trología Nueva, una nueva comprensión del Orden, del Cosmos, de
Dios.
Este cambio importante ocurrió, por así decirlo, arquetípicamente,
durante el siglo VI a. C.; en la época de Gautama el Buddha, seguido
por Lao-Tse y Confucio, el último Zoroastro y Gushapt, Pitágoras y, des­
pués, Platón: para mencionar solamente a las más destacadas figuras
espirituales de esta época crítica que señaló una inversión potencial de
todos los valores humanos. Dos mil quinientos años después, la huma­
nidad trata de poner en manifestación real y orgánica lo que entonces
era una mera posibilidad.
La principal importancia del cambio, en lo que concierne a este es­
tudio nuestro, es que el hincapié que hasta ahora se había hecho ex­
clusivamente sobre asuntos fisiológicos empezó a ser transferido a
los valores psicológicos. Antes del 600 a. C., todo se basaba en el
"cuerpo" humano. Desde entonces, cada vez más, se alzó un nuevo ci­
miento, y, tarde o temprano, todo se concentraría sobre la "psiquis" hu­
mana, usando este término para representar la naturaleza interior del
hombre: la mente, el alma, y sus diversas actividades y funciones, el
consciente y el inconsciente.
Desde la antigüedad, todo se basaba en el cuerpo: incluida toda la
espiritualidad. Pues entonces el cuerpo no era lo que es para nosotros
los cristianos. Era el vehículo puro de los instintos y del espíritu, pero
sólo potencialmente era el vehículo del espíritu. El espíritu estaba dor­
mido en el cuerpo y tenía que ser despertado, activado, pues esta es
la base de la forma arcaica pura del Hatha Yoga antes del siglo VI a.
C. Este despertar podía ser inducido mediante el control de la fuerza vi­
tal, mediante la respiración, mediante sonidos y posturas o movimien­
tos rituales, pero también en relación con los procesos cósmicos que
abarcan al Sol, a la Luna, a los planetas y a las estrellas. En el Kunda­
lini Yoga, al hombre se lo entiende como un sistema de centros vita­
les o torbellinos de energía que corresponden a estas dínamos celes­
tes, a los planetas, y al Sol y a la Luna. Finalmente, la fuerza vital se
transfiguraba completamente por su unión con el Espíritu y se abre el
loto de los mil pétalos, el Sahasrara chakra; o sea, se trasciende al sis­
tema solar y brillan los millones de estrellas, el crisantemo de los Cie­
los, la Rosa Cósmica, mientras se oye el sonido misterioso, Nada en el
Sahasrara, la Voz del Dios que mora dentro de la Estrella Polar.
En otras palabras, lo que tenía que ser el Estado chino, el Yogi bus­
có realizarlo en sí mismo, como un Individuo. Al Emperador Chino le co­
rrespondía el "lshvara-en-el-cuerpo", la "Gema en el Loto" del saber ti­
betano. Aquí, la astrología significaba desarrollo espiritual práctico, pe-
29
ro desarrollo espiritual a través del cuerpo, a través de la tierra huma­
na que se convertía en perfecta y cósmica a semejanza de la armonía
celeste.
Nos parece un error creer que el antiguo Kundalini Yoga y pareci­
dos métodos de desarrollo se refieran a hechos psicológicos, como C.
G. Jung aparentemente lo cree. Si eso fuera así, lo fue sólo después de
las reformas del Buddha. Pues entonces estaba demostrado que el ca­
os del mundo no podría ser vencido a través de medios que fueran ca­
si enteramente psicológicos y racionales, o suprarracionales. Y pronto
empezó a desarrollarse un nuevo tipo de astrología: la astrología al­
química.
La alquimia, cuando no se la pervierte o materializa, es un intento
de hacer con la psiquis humana lo que se suponía que el Emperador
chino haría como Gobernante Supremo de la Agricultura y Fundador
del Calendario. La finalidad de la alquimia es aumentar las cosechas
psicológicas y domesticar al ganado salvaje de los deseos humanos. El
Yoga de Patanjali y la disciplina mental del Buddha se ocupaban más
específicamente de los procesos mentales. "El Yoga consiste en impe­
dir las modificaciones de la mente", escribía Patanjali. Pero la alquimia
china, según el rumbo seguido por los taoístas, y la alquimia europea,
desde Geber hasta Boehme a través de Paracelso, se ocupan más par­
ticularmente del aspecto energético de la psiquis, o podríamos decir, se
ocupan de la naturaleza del alma del hombre: de su purificación, su re­
dención y su fructificación por la "virtud" de Cristo, o, en otro sentido, del
Tao.
En la alquimia, la "tierra" humana que ha de labrarse y transmutar­
se hasta que dé el "Hijo de Dios" inmaculadamente nacido, el cuerpo
de Cristo, es simbolizada por metales y por planetas. Los procesos de
transmutación son simbolizados por "códigos" que son una serie de
símbolos extraídos de los procesos agrícolas naturales, en la China; o
una interpretación de incidentes de la vida de Jesús, como los registran
los Evangelios, en la alquimia europea (especialmente con Boehme).
El Libro de la Flor Dorada, traducido del chino por Richard Wilhelm,
lo mismo que el arcaico Vi King, mostrarán que son lo primero. Lo úl­
timo puede estudiarse en los escritos de Boehme y en los de alquimis­
tas más antiguos.
El uso que se hace de la astrología en la alquimia es, en gran me­
dida, simbólico. Pero, en un sentido astrológico, es siempre simbólico
cuando se la entiende apropiadamente. Todo depende de lo que se sig­
nifica con "símbolo". El álgebra es también puramente simbólica, pero
el álgebra y la matemática superior hicieron posible la ciencia moder­
na y la era de las máquinas. La astrología es fundamentalmente el
30
álgebra de la vida. Pero sus aplicaciones son tan numerosas como los
· tipos de vida que ella coordina e integra, y a los que les da el significa­
do de Orden.
La antigua astrología caldea se basaba en los principios de las co­
rrespondencias: en principios puramente simbólicos. En verdad, los
caldeos creían que los planetas eran los cuerpos de los dioses, según
cuyos dictados era regido el universo. Pero ésta era meramente una In­
terpretación del simbolismo astrolóQico. A los símbolos se los inter­
pretaba como dioses porque la consciencia del hombre era esencial­
mente fisiológica y biológica, porque sus mundos objetivo y subjetivo
eran todavía muy confusos, y no existía una clara división entre lo que
era fisiológico y lo que era psico-mental; porque el animismo tenía to­
davía raíces muy fuertes en la consciencia del hombre
Cuando la níente se desarrolló independientemente, en especial
después del siglo VI a. C., cuando el pensamiento abstracto empezó a
separar al pensamiento de su base vital concreta, la evaluación bioló­
gica de la "utilidad práctica" pasó a segundo plano, y a la astrología se
le dio la interpretación de "conocimiento puro", de "ciencia pura". Lue­
go llegó la astronomía. Como lo señala Berthelot, esto ocurrió destaca­
damente en Caldea; mientras en Egipto la transformación era más ca­
racterísticamente de la magia ceremonial a la ética espiritual. En la Chi­
na, la vieja interpretación agraria dio lugar a la interpretación ético-so­
cial. En la India, lo que solía referirse al cuerpo y a la fuerza vital den­
tro del cuerpo (evasión del mundo selvático de los sentidos de los hom­
bres mediante un proceso de separación y unificación de energías) lle­
gó a aplicarse a la mente. En Grecia, la antigua religión órfica también
se transmutó en pitagorismo.
En todos los casos, lo que ocurrió fue un cambio de nivel, un cam­
bio de interpretación. El Dios personal pasó a ser (¡sólo teórica y poten­
cialmente!) una Ley impersonal o un impersonal Principio de Orden; tal
como en la original democracia norteamericana vemos que la Idea de
una Monarquía personal da lugar a la de una Constitución inviolable.
"En América, el Rey es la Ley", dijo Thomas Paine. Al mismo tiempo y
por las mismas razones, el principio de consanguineidad, que repre­
sentaba el único vínculo válido con una humanidad concentrada en el
nivel fisiológico, empezó a ser desafiado por un nuevo tipo de relación
humana, la hermandad espiritual que incluía a hombres (y, a veces, a
mujeres) de diferentes sangres y razas. Obsérvese al Sangha budis­
ta, a las cofradías pitagóricas, a las hermandades gnósticas (de donde
derivaron las órdenes monásticas católicas) y, finalmente, a hermanda­
des como las de los drusos, en el Monte Líbano (originariamente com­
puestas por místicos de todas las razas).
31
Lamentablemente, pero de modo muy natural, semejante cambio
tremendo de nivel es posible que no pudiera funcionar entre las masas.
Lo trágico fue que ni siquiera la élite de la humanidad logró vivir según
el ideal potencial abierto para ella por los Grandes Maestros del siglo
VI a. C.; y los cinco o seis siglos siguientes son la historia del relativo
fracaso de la humanidad en ajustarse a un nuevo nivel del ser. Ya se
tratase de la China, de la India, de Grecia o de Persia, el resultado fue
el mismo, y, desde luego, la profundidad alcanzada varió con cada ci­
vilización.
En Grecia, la mente se convirtió en mero intelecto analítico, y la sa­
biduría se convirtió en sofistería. El individualismo se desarrolló de ma­
nera desequilibrada, y la humanidad entró en una fase de caos psico­
lógico en gran escala, con el resultado habitual de desequilibrio fisioló­
gico, sensualidad, perversión, etc. Por reacción, esto condujo al cristia­
nismo popular, y, en la India, al movimiento Bhakti y al budismo Maha­
yana. Sobrevino una reacción psicológica en grande contra la mente,
y las religiones de sentimientos y amor, devotas y compasivas, abarca­
ron el mundo.
Entretanto, la astrología había experimentado una profunda trans­
formación. había cesado de ser vital y necesaria para las colectividades
como un principio de orden, porque el creciente predominio del princi­
pio racional intelectual le permitía al hombre proyectar especulativa­
mente su propio orden en el mundo. Pero (y este es el punto importan­
te) el orden racional del intelecto es de una calidad diferente a la del or­
den biológico. El intelecto es sólo un medio que ayuda al hombre a ele­
var su consciencia desde el nivel fisiológico hacia el nivel psico-mental.
No puede llenar a la vida humana con un significado vital. Crea un in­
dividualismo de índole separativa, basado en el análisis pero no en la
síntesis: y toda la vida es síntesis. A medida que los individuos pasa­
ron a ser, cada vez más, lo importante, la astrología empezó a prove­
erlos y a surtirles sus temores. Entonces, comenzó el largo ciclo de de­
generación externa de la astrología. En la superficie, llegó cada vez
más a ser una mera adivinación, mientras las fases más profundas de
la astrología renacieron, como ya dijimos, al convertirse en el cimien­
to de la alquimia.
El punto decisivo sobrevino probablemente cuando las ideas astro­
lógicas pasaron rápidamente de Caldea hacia el Oeste; primero, "a tra­
vés de Seroso, el sabio babilónico que fundó una escuela hacia el 640
a C. en la Isla de Cos y que tal vez contó a Tales de Mileto (639-548)
entre sus discípulos" (ver "Historia de la Astronomía", en la Enciclo­
pedia Británica); y, más claramente aún, durante la mitad del siglo IV
a. C. (según Bouché-Leclercq y otros). Mientras en Caldea como en la
32
China, la astrología era principalmente un asunto concerniente a la co­
munidad o al Estado, con el rey corno centro y principio guía del Estado,
en Grecia, y tiempo después, en Roma, evolucionó la práctica de efec­
tuar horóscopos Individuales. La astrología cayó pronto en manos
de mercantilistas que rápidamente llegaron a conocerse como charla­
tanes. En Roma, a éstos se los llamó primero "matemáticos", y luego,
"caldeos", y, lo mismo que en tiempos modernos, fueron tantas las
trampas o necedades conectadas con las prácticas de aquéllos que, en
ocasiones, por edictos imperiales, se los obligó a cesar en su comercio.
En la antigua India, a cada comunidad-aldea se le asignaba un as­
trólogo oficial y, aparentemente, una de sus funciones era efectuar el
horóscopo de los recién nacidos de las castas elevadas. Pero, en es­
te caso, la práctica tenía una significación muy ritual, y fisiológica o
biológica; pues a menudo los matrimonios se realizaban mediante la
comparación de mapas natales, y hasta la vida matrimonial era regu­
lada por los astros. En otras palabras, aquí encontramos otra vez un ti­
po biológico de individualismo en actividad. Los cuerpos de los indivi­
duos (de las castas elevadas) tenían que ser "cultivados", o, de hecho,
criados, para que pudieran llegar a ser instrumentos perfectos para la
liberación del espíritu. La pureza racial era otra expresión del mismo
ideal; y era forzada por las circunstancias, pues la sangre aria tenía que
ser preservada cuidadosamente, o la abrumadora masa de gente no
aria de la India habría corrompido al tipo racial. Esto habría significado
caos fisiológico. De manera que aquí, nuevamente, la astrología ser­
vía corno un medio para aportar-o conservar- el orden biológico; con
una defensa contra la naturaleza elemental y corno una técnica de de­
sarrollo de la naturaleza "domesticada", o sea, la naturaleza verdade­
ra del modelo celestial representado por el Man u, el gran Antepasado
divino. Tal problema biológico surge siempre cuando una raza más o
menos nómade, que vive en las montañas, invade las llanuras llenas de
una humanidad decadente.
Sin embargo, no hay evidencias de que la individualización de la as­
trología y su uso con fines personales en Grecia y Roma tuviera una ba­
se fisiológica similar. Puede haber habido un tipo arcaico de astrología
griega conectada con los misterios órficos, corno hubo una astrología
egipcia arcaica conectada con la magia ceremonial; pero, por lo que sa­
bernos, no hay huellas de que haya sido preservada. Sin embargo, es
evidente que Pitágoras usaba a la astrología en relación con la músi­
ca: y tal vez deberíamos buscar el origen de la astrología ético-fisioló­
gico-alquímica de tiempos posteriores.
Tal tipo de astrología -que debió diferenciarse vivamente del tipo
al que Tolomeo se refiere- es un intento de poner alguna clase de or-
33
den psicológico en las naturalezas interiores de los hombres, que se ha­
bían desequilibrado por el nuevo énfasis que la civilización griega (y pa­
recidas manifestaciones en Oriente) habían puesto sobre el intelecto.
Es cierto que la Grecia clásica también había recalcado los elementos
de la belleza física y la forma corporal. Pero el culto griego del cuerpo
era estético, no biológico, u "oculto" en el sentido del primitivo yoga hin­
dú. Los griegos rendían culto a la forma y a la proporción, no a la vida
orgánica que creó (y que canta dentro de) la tierra-cuerpo. Eran ideó­
logos, y, finalmente, esteticistas.
Fue el impacto de este ideologismo anteriormente desconocido,
que se ocupa del orden, de la forma y de la medida como abstraccio­
nes válidas en su propio plano mental sin la necesidad de una base fi­
siológica o siquiera un contexto, el que sacudió al mundo humano, y
destruyó el significado vital de la astrología. La astrología había descu­
bierto el orden que está dentro de la esfera de los fenómenos biológi­
cos. Fue la promesa inherente a la naturaleza -externa o interna- de
que el caos aparente de las energías naturales puede resolverse en un
cosmos; de que, en consecuencia, es posible la previsión basada en la
ley; y de que el futuro vivo puede deducirse del pasado vivo. Ahora los
hombres empezaban a ocuparse de un orden abstracto; no más del
cosmos dentro de la naturaleza -el cosmos vivo- sino de pautas ide­
ológicas, de lógica.
La lógica griega mataba al significado de la astrología fisiológica. Si
el hombre pudiera crear su propio orden abstractamente, y satisfacer
de ese modo su innato anhelo de seguridad, dejaría de existir un valor
vital en el intento de buscar dolorosamente el orden dentro de la natu­
raleza exterior El hombre podría gobernar el orden. Podría proyectar­
lo externamente -lo cual significa esteticismo- fuera de su propio yo,
de su propio yo mental. Podría fabricar al mundo a partir nuevamente
de ideas. ¡Qué revolución increíble! Antes de esa época, las ideas eran
vínculos meramente conectores entre los fenómenos naturales que se
percibían concretamente. Ahora se decía que vivían en su propio mun­
do, en un mundo en el que el hombre también podía morar muy lejos
del dominio del caos natural y del temor biológico. Tal concepto trans­
formaba toda la perspectiva humana de un modo que es dificilísimo que
los modernos lo apreciemos, especialmente porque la mayor parte de
lo que conocimos de las eras arcaicas fue más o menos reescrito, o do­
cumentado por primera vez, después del siglo VI a. C.
Si el orden existía como un mundo arquetípico fuera del mundo de
la naturaleza biológica, entonces lo que había que hacer era, desde lue­
go, dejar a esta última y sus miedos, y entrar en el reino bendito. Los bu­
distas intentaron hacer eso con la meditación, apartándose de la vida
34
fisiológica y mentalizando al cuerpo. Esto era muy diferente del yoga
"arcaico" que era un intento por despertar al espíritu vital en el cuerpo,
por liberarlo de la esclavitud de los sentidos y de la fiebre de la "selva",
y por integrarlo en un punto de unidad perfecta con el "Dios que mora
en la Estrella Polar", como lo sostenían los chinos. Los griegos busca­
ban evadirse del mundo trágico de la naturaleza y de su destino pasio­
nal mediante el pensamiento puro, mediante la contemplación estética
pura y mediante el amor "platónico".
Finalmente, cuando estos tipos de evasiones terminaban en el ra­
ciocinio y la sofistería, o en el egoísmo absoluto de un nirvana falaz, en­
tonces apareció una fuerte reacción psicológica, y surgieron las religio­
nes de los sentimientos: el Bodhlsattva ideal de compasión, o en la In­
dia y Persia la bhakti ideal de un amor, tan personal en su éxtasis co­
mo para expresarse en símbolos tomados de la pasión muy sensual; o
el ideal cristiano de la caridad, del sacrificio y del martirio. Estas religio­
nes también habían liberado a un mundo de los sufrimientos y temores
(que ahora son "pecados") de naturaleza terrena; pero este mundo só­
lo podía alcanzarse después de la muerte. Era el "otro mundo"; y su en­
trada era custodiada por la Iglesia, sin cuyo recurso el hombre se en­
frentaba con un reino aún más horrible de temor y caos: el infierno. Es
cierto que las religiones arcaicas a menudo imaginaron un mundo de
dioses en el que los mortales podrían ser admitidos después de la muer­
te, pero la significación de este mundo era enteramente diferente, en lo
psicológico, de la del "otro mundo" cristiano. Pues este último daba un
significado peyorativo y pecaminoso a todo lo conectado con la natura­
leza fisio-biológica, el cual es el punto importante. Entonces fueron
exaltados la fe, la obediencia ciega y el amor; y se los exaltó contra la
vida biológica natural. Así surgió la larga historia de las represiones, y
empezó el divorcio entre el espíritu y la carne. Los hombres perdieron
el sólido orden de los instintos naturales y fueron entonces incapaces
de alcanzar otra solidez, la de un orden superior de vida en el nivel
psico-mental. En consecuencia, se encontraron habitando en un reino
intermedio, un reino poblado por los resultados de represiones, nega­
ciones, sentimientos frustrados y sofistería intelectual: realmente, en
una selva psicológica.
En esta selva, como en cualquier selva, había temor. En ella se api­
ñaban criaturas monstruosas, íncubos, súcubos, fuerzas malignas; las
criaturas fisiológicas ya no se conectaron con los elementos terrenos,
salvo con los productos de pecados, de autoengaños y de hambre bio­
lógica. De esto surgió un tipo psicológico de animismo. Es verdad que
la Iglesia ofrecía orden y seguridad a quienes entraban en su reino.
¿Pero cuántos monasterios mantenían realmente alejada a la selva?
35
Empero, la Iglesia era un refugio, una muestra de la posibilidad de
un mundo celestial al que ella sola conducía. Y, por tanto, la Iglesia ocu­
pó el lugar de la astrología. Lo hizo con muchas festividades y ceremo­
nias dispuestas con gran orden a lo largo de todo el año: en realidad,
reproduciendo las viejas festividades biológicas basadas en la astrolo­
gía de la era arcaica. Lo hizo para sus hijos consagrados con una se­
rie diaria de misas, plegarias y servicios, que se extendían a través de
la noche y del día. Todas estas ceremonias eclesiásticas representa­
ban al año cristiano, al zodíaco cristiano (ahora habitado por santos y
arcángeles), al orden cósmico cristiano. La observancia de esas cere­
monias mantenía a la selva lejos del alma.
¡Pero la astrología existía todavía bajo diferente vestidura! Era la
astrología sin el nombre. A la rueda del zodíaco se la reemplazó con un
sistema de trueques de los cuatro elementos: caliente, frío, seco, húme­
do, que no difería del Vi Klng chino. A esos trueques correspondían las
muchas festividades del año, alguna liturgia apropiada para aquéllas,
y a ellas se les asignaban, como ilustraciones simbólicas, episodios de
los Evangelios. 4 Boehme iba a extender el mismo sistema, usando la
alquimia como base, que no difería del de los taoístas chinos.

La astrología cabalística

Sin embargo, durante la Edad Media (especialmente, después del


siglo XI) sobrevino una gran renovación de las ideas astrológicas pro­
piamente dichas, las cuales, si bien fueron repudiadas y combatidas por
la Iglesia, aún llegaban a controlar, cada vez más, las mentes de ese
período. Esta astrología fue el resultado del "animismo psicológico" ya
mencionado; y puede caracterizarse, en general, por el término caba­
lística. Estaba muy claramente vinculada con varias formas de magia
ceremonial, y aparentemente llegó a Europa, principalmente, a través
de España y de centros de cultura árabe, especialmente, tal vez, de
Fez, en Marruecos.
El origen de esta tendencia de la astrología, esencialmente mági­
ca, parece haber sido una mezcla de tradiciones egipcias y hebreas.
Los libros de Hermes Trismegisto, compendio del gnosticismo egipcio,
fueron en parte una base de aquélla y, presumiblemente, una gran can­
tidad de tradiciones orales descendientes, posiblemente, de los viejos

4 Esto puede verse especialmente en libros escritos por autores sirios: pues las iglesias
fM
fül sirias habían permanecido más cerca de la base biológica del antiguo Oriente; mientras la
ifl Iglesia Romana se había intelectualizado más bajo la influencia de los neopitagóricos y los
ioú® neoplatónicos. Ver el libro de Bar-Hebraeus, llamado Ethlcon, y muchos otros (siglo XIII).
36
Misterios, babilónicos y griegos. En todo caso, allí encontramos una
mezcla más bien curiosa de elementos, muchos de los cuales no son
completamente afortunados. Lo que otrora fuera una función vital en
la sociedad arcaica aparecía, tras la gran transformación psicológica de
la humanidad, como una función inferior (para usar la terminología de
la psicología de Jung). Era la vieja idea mágica del animismo, traduci­
da al caótico reino "astral" en el que estaba tan claramente centrada la
psiquis colectiva de la Edad Media. De manera que el elemento del te­
mor estaba fuertemente presente. El mago usa una espada para com­
batir a los espíritus malignos, y se protege mediante círculos mágicos.
Pero el temor está a menudo en su corazón, y así se abre la puerta pa­
ra la desintegración psicológica. Obsérvense los horrores de la magia
ceremonial en Europa, incluso hasta hoy.
Tales tipos de magia, pura o impura como podría ser el caso, usa­
ban consiguientemente a la astrología. Según las ideas cabalistas, el
universo consistía en diez esferas concéntricas, y cada esfera estaba
bajo la influencia de uno de los diez Sephlroth, o Emanaciones del Ab­
soluto. Estas esferas eran, en orden:
El prlmum mobile
La esfera del zodíaco
La esfera de Saturno
La esfera de Júptter
La esfera de Marte
La esfera del Sol
La esfera de Venus
La esfera de Mercurio
La esfera de la Luna
La esfera mundana
Cada una de las esferas planetarias presidía cierta sección de los
asuntos humanos, y el hombre que deseaba triunfar en estos asuntos
tenía que conocer los símbolos místicos del planeta que gobernaba y
los nombres y atributos de los genios en actividad (ver Two Kabbalis­
tic Planetary Charms, de E. Y. Pilcher, Sociedad de Arqueología Bí­
blica, 1906). También se usaban cuadrados mágicos, y se fabricaban
talismanes para asegurar los oficios de los espíritus o la influencia de
las esferas planetarias.
Del siguiente extracto podrá verse qué se suponía que eran estos
genios:
"La Creación de la Vida por el Sol es tan continua como la luz de éste; na­
da lo detiene o limtta. En torno de él, como un ejército de Satélites, hay in-
37
numerables coros de genios. Estos habitan en la vecindad de los Inmorta­
les, y desde allí vigilan las cosas humanas. Cumplen la voluntad de los dio­
ses por medio de tormentas, tempestades, transiciones de incendio y te­
rremotos, del mismo modo que mediante el hambre y las guerras para el
castigo de la impiedad... Bajo las órdenes del Sol está el coro de los Ge­
nios, o más bien los coros, pues hay muchos y diversos, y su número co­
rresponde al de las estrellas. Cada estrella tiene sus genios, buenos o ma­
los por naturaleza, o más bien por la acción de aquéllos, pues la acción
es la esencia de los genios... Todos estos genios presiden los asuntos
mundanos, sacuden y abaten la constitución de los Estados y de los indi­
viduos; imprimen su semejanza en nuestras Almas, están presentes en
nuestros nervios, en nuestra médula, en nuestras venas, en nuestras ar­
terias, y en nuestra misma sustancia cerebral. .. Cambian perpetuamente,
no siempre de modo idéntico, sino girando en círculos. Con el cuerpo pe­
netran dos partes del Alma, para que pueda recibir de cada una la impre­
sión de su propia energía. Pero la parte rezonable del Alma no está suje­
ta a los genios. Tiene por designio recibir a Dios, que la ilumina con un ra­
yo resplandeciente. Son escasos en números los ?Sí iluminados, y los ge­
nios se abstienen de ellos; pues ni los genios ni los dioses tiene poder al­
guno en presencia de un solo rayo de Dios. Pero todos los otros hombres,
en alma y cuerpo, son dirigidos por los genios, a los cuales éstos se ape­
gan y cuyo accionar éstos afectan."
(De Hermes Trismegisto, citado en
La Doctrina Secreta, 1, pág. 294, vers. ingl.)

Aquí tenemos una actitud típica, probablemente de linaje brahmá­


nico, según la cual a la naturaleza se la concibe, desde el punto de vis­
ta animista, como algo malo, algo de lo cual (debido a su calidad mu­
dable, inestable, monstruosamente prolífica e inmoral) el hombre debe
escapar. Hay una parte del alma humana a través de la cual el hombre
puede tomar contacto con Lo Que es inmutable, carente de atributos e
ilimitado: el Yo. Cuando se establece permanentemente el contacto, el
hombre alcanza seguridad. La selva se torna inofensiva. Los genios,
buenos o malos, ya no pueden seducir, engañar ni atacar al hombre.
Este es un Iluminado.
El cabalista, por el otro lado, seguía corrientemente otra táctica. Su
tarea era la de dominar a estas fuerzas "astrales". Era el mago de la sel­
va. Mediante propiciaciones (mediante sacrificios fisiológicos o psico­
lógicos) o mediante una orden (usando un conocimiento de los Nom­
bres y las Rúbricas de los genios), el cabalista sometió la naturaleza a
su voluntad. Desde luego, esto es precisamente lo que el ingeniero mo­
derno hace. Tal vez éste último sólo tenga desdén hacia el mago, pe­
ro subsiste el hecho de que las dos actitudes básicas son las mismas;
38
pues las fórmulas de los químicos son las rúbricas de los elementos,
salvo que se llega a ellas mediante un proceso de análisis intelectual,
mientras los jeroglíficos del cabalista son el resultado de un proceso de
identificación psicológica. Pero, lo que es todavía más importante, los
resultados alcanzados por quienes controlan las fuerzas de la natura­
leza son, al final y a menudo, similares. El mago controlaba a los genios,
pero pronto se convertía en esclavo de éstos. Tenía que alimentarlos
con su propia alma. Sus criaturas lo devoraban. Y, hoy en día, esta so­
ciedad nuestra, compuesta por ingenieros reales o potenciales, se con­
viritió evidentemente en la esclava de sus máquinas, de todos los me­
dios y acciones a través de los cuales ella controla a los elementos.
Por supuesto, semejante analogía parecerá, a la mayoría, fuera de
la cuestión e insostenible; pero, si nos damos cuenta de la división que
ocurrió durante tantos siglos entre el mundo físico, gobernado por el in­
telecto, y el mundo de la psiquis, que quedó en un estado caótico que
hace recordar la selva primitiva, a pesar o a causa de sistemas mora­
les y códigos de conducta, entonces, podemos ver todas las cosas en
su relación apropiada. La ciencia moderna pertenece a un lado del abis­
mo; y al otro pertenecen todos los denominados sistemas ocultos o eso­
téricos, más el psicoanálisis moderno y sus derivados.

La astrología alquímica
Si el cabalismo y el tipo de astrología usado en sus prácticas má­
gicas representan una especie de animismo psicológico, la verdadera
clase de alquimia representa lo que podríamos llamar al "vitalismo psi­
cológico". La alquimia no trata de renunciar a la naturaleza y centrar a
la consciencia, por decirlo así, fuera de aquélla, en las altas cimas del
alma; ni trata de controlarla por compulsión y por el ejercicio de una obs­
tinación intelectual. Supone una sustancia vital universal que llena al
universo entero, físico y espiritual. Ve al hombre y al universo como dos
ejemplos de la misma armonía básica de los principios que actúan en
y a través de esta sustancia vital, y apunta a establecer al hombre en
el propio nivel de manifestación de éste como un cosmos perfecto, tal
como el universo, en su nivel, es un cosmos perfecto. El mal se debe
al hecho de que las respectivas esferas del hombre y del universo se
mezclan, cuando el hombre cesa de ser una mera parte de la natura­
leza universal y se convierte, por derecho propio, en una totalidad cós­
mica.
Esto explica por qué, en tiempos arcaicos, la filosofía vitalista consi­
deraba a la Tierra como el microcosmos y, en tiempos modernos, la al­
quimia, su contraparte, considera al hombre como el microcosmos.
39
Antes del siglo VI a. C., el hombre no era realmente un microcosmos
sino, solamente, en un sentido, el goce de la Tierra. Aun así, ¡pocos
hombres son realmente microcosmos! Pero desde que el hombre en­
contró en sí mismo, independientemente de la naturaleza, su propio
principio del Orden, su propia Medida y su propia Proporción, la Idea,
el Dios en lo interior, entonces puede decirse, al menos en sentido ge­
nérico, que el hombre es el microcosmos.

"Para entender correctamente el significado de las palabras alquimia y as­


trología, es necesario entender y percatarse de la relación íntima y la iden­
tidad del Microcosmos y el Macrocosmos, y su interacción mutua. Todas
las fuerzas del universo, están potencialmente contenidas en el hombre y
en el cuerpo físico del hombre, y todos sus órganos no son más que pro­
ductos y representantes de las fuerzas de la naturaleza ... Si tengo maná
en mi constitución, puedo atraer maná del cielo. "Saturno" no sólo está en
el cielo, sino también profundamente en la tierra y en el océano.
¿Qué es "Venus" sino la "Artemisia" que crece en el jardín de usted? ¿Qué
es "hierro" sino "Marte"? Es decir Venus y Artemisia son ambas las mani­
festaciones de la misma causa. ¿Qué es el cuerpo humano sino una cons­
telación de la mismas fuerzas que formaron a las estrellas en el cielo?
Quien sabe qué es el hierro, conoce el atributo de Marte. Quien conoce a
Marte, conoce las cualidades del hierro. ¿Qué sería de nuestro corazón si
no hubiera Sol en el universo? ¿De qué servirían nuestros "vasa spermá­
tica" si no existiera Venus? Captar los elementos invisibles, atraerlos me­
diante sus correspondencias materiales, controlarlos, purificarlos y trans­
formarlos mediante la fuerza viva del Espíritu: esto es verdadera alquimia.
(Paracelso, de Franz Hartmann, págs. 287-288, vers. ingl.)

La cita siguiente muestra, aún más que la anterior, la diferencia en­


tre la astrología vitalista y la astrología animista (en el sentido moder­
no), pues en ella el mismo Paracelso, una de las máximas figuras de la
historia europea, denuncia la actitud popular hacia la astrología, que en
ese entonces era en muy gran medida la misma que la de hoy, y como
lo fue también en el último período del mundo greco-latino:
"Nadie necesita preocuparse por el curso de Saturno: ni acorta ni alarga la
vida de nadie. Si Marte es feroz, no se colige de ello que Marte fuera su hi­
jo: y aunque Marte y Nerón tal vez tuvieran ambos las mismas cualidades,
no las tomaron uno del otro. Hay un viejo dicho en el sentido de que "un sa­
bio puede gobernar las estrellas" y creo en ese dicho, no en el sentido en
que usted lo toma, sino en mi propio sentido. Los astros no nos obligan a
nada que no queramos tomar; no nos inclinan a nada que no deseemos.
Son libres por sí solos, y nosotros somos libres por nosotros solos. Usted
40
cree que un hombre es más acertado en la adquisición de conocimiento,
otro en la adquisición de poder... y usted piensa que esto lo causan los as­
tros; pero yo creo que la causa es que un hombre es más apto que otro pa­
ra adquirir y poseer ciertas cosas, y que esa aptitud proviene del espíritu.
Es absurdo creer que los astros pueden crear a un hombre. Cuanto los as-­
tros puedan hacer, lo podemos hacer nosotros solos, porque la sabiduría
que obtenemos de Dios domina a los cielos y gobierna a los astros... El al­
ma del hombre está compuesta por los mismos elementos que los astros;
pero así como la sabiduría del Supremo guía los movimientos de los astros,
de igual modo la razón del hombre gobierna las influencias que giran y cir­
culan en su alma.
"Las influencias planetarias se extienden a través de toda la Naturaleza, y
el hombre atrae cualidades venenosas de la Luna, de los astros y de otras
cosas; pero la Luna, y las estrellas, y otras cosas también atraen malas in­
fluencias del hombre, y las distribuyen otra vez mediante sus rayos, porque
la Naturaleza es una totalidad indivisa cuyas partes están íntimamente co­
nectadas ... El Sol y las estrellas atraen algo de nosotros, y nosotros atra­
emos algo de ellos, porque nuestros cuerpos astrales están en simpatía
con las estrellas, y las estrellas están en simpatía con nuestros cuerpos as­
trales; pero lo mismo ocurre con los cuerpos astrales de todos los otros ob­
jetos."
(Paracelso, de Franz Hartmann, págs. 309 y sigs., vers. inglesa)

Esto expresa claramente la idea de la correspondencia exacta en­


tre el macrocosmos, cuyo principio de orden es "Dios", y el microcos­
mos, el hombre, cuyo principio de orden es la "razón", o el "Dios den­
tro del hombre". La sustancia vital que circula y se diferencia dentro del
macrocosmos y del microcosmos es una misma. La Luz es la misma,
ya sea que brille como Sol y estrellas o como los centros radiantes den­
tro del organismo psico-mental del hombre, una vez que este últi­
mo es construido mediante un largo proceso de integración psicológi­
ca. Esta es la Gran Obra de los verdaderos alquimistas, el proceso de
"individuación" que es la meta de la obra psicológica de C. G. Jung, el
nacimiento del "Dios Vivo" como Bo Yin Ra, un místico-ocultista con­
temporáneo, habla de esto, siguiendo la tradición de Meister Eckhart y
Boehme.
Entretanto, por supuesto, durante los siglos que llevaron de la Edad
Media al Renacimiento y hasta el día de hoy, la astrología, como el mun­
do greco-latino nos la legó a través de Tolomeo, floreció en las cortes,
entre los mercaderes ávidos de aumentar su riqueza, y dondequiera
que predominó la insaciable curiosidad del hombre por el futuro, ¡como
evadiéndose de cumplir el presente! Siempre que un astrólogo logró
41
predecir una muerte, un nacimiento o una calamidad notables, llegó a
ser famoso, llegó a ser un favorito de los reyes; pero cuando sus pro­
fecías fallaron en algún caso notable, su destino fue desdichado. Nos-
tradamus, médico del rey Enrique II de Francia y, un favorito de Cata­
lina de Médicis, William Lilly, nacido en 1602, y su discípulo John Gad­
bury que murió en 1691, y muchos otros cuyos nombres pueden encon­
trarse en diversas obras modernas sobre astrología, continúan la tra­
dición de Tolomeo, haciendo añadidos aquí y allá, pero sin aportar nin­
gún nuevo elemento de importancia. La astrología "clásica" europea es
un renacimiento espiritualmente sin vida del intelectualismo greco-lati­
no, como lo es prácticamente todo el clasicismo europeo. Todo el pro­
greso de la humanidad se concentra entonces en el puro análisis inte­
lectual y en la experimentación física "científica". La vitalidad que exis­
tía en la astrología se centra ahora en la astronomía. La razón del hom­
bre juega con reconocerse en el mundo externo, que crea según su
propia imagen, tal como la sensibilidad psíquica del hombre se
proyectaba en un mundo hecho según su propia imagen y poblado con
"espíritus" y deidades de talantes humanos. Recientemente, la electri­
cidad y la radiactividad rompieron el hechizo y llevaron al hombre a los
sorprendentes conceptos de la física del siglo XX, a la teoría de la re­
latividad de Einstein, al quantum y al principio de la indeterminación
de Heisenberg. Esto significa el nacimiento de un nuevo mundo del
pensamiento, abierto ampliamente hacia lo Incógnito y lo Incognosci­
ble, que los últimos siglos habían confiado en matar con la espada má­
gica de la Razón. Este mundo nuevo es el que ahora le pide cuentas a
la astrología.
La astrología debe renacer y debe cumplir nuevamente para nues­
tro mundo moderno, caotizado por un individualismo desenfrenado y
falso y por la repentina apertura de los diques psicológicos, la tarea de
una integración práctica que siempre le perteneció. Cada vez que se
usan los correlativos movimientos del Sol, la Luna, los planetas y las es­
trellas para poner orden en la confusión de nuestro mundo cotidiano,
hay astrología. Una era tras otra, cambian el tipo y el alcance de los fe­
nómenos de la naturaleza que la astrología correlaciona, interpreta y
torna significativos en términos de un principio cósmico de Orden. Al
comienzo, fueron fisiológicos y elementales. Ahora han de ser esencial­
mente psicológicos y mentales. Pero el trabajo fundamental de la astro­
logía sigue siendo el mismo. Consiste en revelar la "Armonía de las Es­
feras" en cualquier nivel en que se centre la consciencia del hombre.
Consiste en llevar el símbolo del Orden dondequiera que el hombre en­
cuentre caos. En terminología moderna, consiste en el álgebra de la
vida.
42
PRIMERA PARTE

LA ASTROLOGIA FRENTE AL
PENSAMIENTO MODERNO

¿Podrá la astrología convertirse en una ciencia empírica?


Astrología: el álgebra de la vida. Tal afirmación exige una explica­
ción; y a fin de proporcionar tal explicación, encontraremos convenien­
te, al principio, examinar brevemente las opiniones de uno de los más
representativos científicos modernos en relación con la evolución ca­
racterística del pensamiento a través de los siglos. Estas opiniones son
particularmente significativas, en la medida en que muestran un nota­
ble paralelismo entre la evolución de la ciencia natural y la evolución del
pensamiento astrológico como lo esbozamos en el último capítulo. So­
bre la base de tal paralelismo, será más fácil comprender los nuevos
progresos de la astrología, progresos que -debido a su carácter sim­
bólico y de relaciones- nos indujo a definir a la astrología, que está en
vías de formación, como el álgebra de la vida.

Escribe Sir James Jeans en The New Background of Science:


"Al examinar la historia de los esfuerzos humanos por entender las activi­
dades del mundo externo, podemos distinguir tres.amplias épocas, cuya
naturaleza puede sugerirse con las palabras animista, mecánica y mate­
mática (La bastardilla es nuestra.)"
"El período animista se caracterizó por el error de suponer que el curso de
la naturaleza era gobernado por los caprichos y las pasiones de seres vi­
vos, más o menos parecidos al hombre mismo. Antes de que nuestro in­
fante pueda distinguir entre objetos animados e inanimados, está destina­
do a atravesar una etapa en que confunde a los dos... Debido a que la per-
43
sonalidad es el concepto del cual él tiene experiencia muy inmediata y di­
recta, empieza personificándolo todo."
"Como la historia del individuo es meramente la historia de la raza escrita
con minúscula, nuestra raza hizo en su infancia lo mismo que los individuos
todavía hacen en la suya ... Entonces, en la Grecia jónica, seis siglos an­
tes de Cristo, la inteligencia humana empezó conscientemente a dedicar­
se al estudio de la naturaleza. Sentía muy pocos deseos de aumentar su
conocimiento concreto de la naturaleza, de modo que la ciencia griega con­
sistía, principalmente, en meras y vagas preguntas y especulaciones so­
bre por qué las cosas llegaban a ser como eran en vez de ser de otro mo­
do."
"No fue hasta la época de Galileo que la ciencia pasó de la cosmología a
la mecánica, y de la especulación al experimento. El modo más sencillo de
afectar a la materia inanimada era impelerla o traccionarla mediante es­
fuerzo muscular. Mientras los hombres sólo pudieron experimentar con ob­
jetos que, en tamaño, eran comparables con sus cuerpos, descubrieron
que la naturaleza Inanimada se comportaba como si sus partes compo­
nentes ejercieran impulsiones y tracciones recíprocas, como las que ejer­
cemos sobre ellas mediante las acciones de nuestros músculos. De este
modo, nació la ciencia de la mecánica. Se suponía que trozos de materia
ejercían 'fuerzas' entre sí, y que estas fuerzas eran las causas de los mo­
vimientos de los cuerpos en cuestión, o más bien de los cambios en su mo­
vimiento. Y se descubrió que el comportamiento de cada objeto era deter­
minado, entera y completamente, por las impulsiones y tracciones a que
era sujeto ... " (págs. 33-34, vers. ingl.)
El autor sigue considerando las implicancias de esta visión meca­
nicista de la naturaleza, cómo abarca un determinismo absoluto, y có­
mo Descartes, a fin de evitar alguna de estas implicancias, "considera­
ba a la mente y la materia como 'sustancias' enteramente independien­
tes, que existían cada una, por derecho propio, aparte de la otra, y de
naturalezas tan esencialmente diferentes que no podrían posiblemen­
te interactuar" Sin embargo, a fin de mostrar la correlación íntima en­
tre nuestros pensamientos y los átomos de nuestro mundo, Descartes
insistía, como lo hiciera de modo diferente Leibnitz en una época pos­
terior, en que, en la primera mañana de la Creación, un Dios suprema­
mente benévolo había dispuesto milagrosamente una sincronización
perfecta y continua entre los acontecimientos corporales y mentales.
Jeans sigue diciendo:
"� lo largo de la era mecánica de la ciencia, los científicos habían proce­
dido según los mismo lineamientos generales que el niño y el salvaje irre-
44
flexivo. A partir de las impresiones registradas a través de sus sentidos,
ellos habían construido un mundo inferencia! de objetos a los que creían
reales, y afectados por acontecimientos de la misma índole que los ocurri­
dos en la experiencia cotidiana. A esto lo describían como la visión cien­
tífica del 'sentido común'; y definían a la ciencia como 'sentido común or­
ganizado' ... Luego, nuevas depuraciones de la técnica experimental apor­
taron nuevo conocimiento producto de la observación, el cual demostró
que la actividad de la naturaleza no podía explicarse en términos de con­
ceptos familiares de la vida cotidiana ... El mecanismo, con sus implican­
cias, había caído del esquema de la ciencia ... Empezamos a ver que el
hombre se liberó del error antropomórfico de imaginar que la actividad de
la naturaleza podía compararse con la de sus propios caprichos y antojos
(animismo), sólo para caer de cabeza en el segundo error antropomórfico
de imaginar que podía compararse con la actividad de sus propios múscu­
los y tendones (mecanismo)."
"Si el determinismo también había sido proscripto de la naturaleza es to­
davía una cuestión por debatir... Pero el hecho de que esas causas par­
ticulares que parecían hasta hace poco obligar al determinismo, habían de­
saparecido, esto difícilmente pueda cuestionarse." (págs. 41-43, vers.
ingl.)

Es fácil ver cómo las tres etapas del conocimiento que Jeans men­
ciona (la animista, la mecánica y la matemática) corresponden a las tres
etapas del pensamiento astrológico, consideradas en el capítulo ante­
rior. El "mecanismo" de la ciencia no es básicamente diferente del "vi­
talismo" de la astrología; la "impulsión y la tracción" del primero corres­
ponde, en términos de actividad material, a los principios del yang y del
yin de las operaciones vitales. En ambos casos, se considera que un
tangible dualismo de fuerzas es el substratum de la realidad; y si el
mecanismo originóse en una generalización de la acción muscular, en­
tonces el vitalismo puede ciertamente rastrearse en una generalización
similar del acto reproductivo: en la unión de los órganos masculino y fe­
menino. En el nuevo tipo de vitalismo astrológico, a las estrellas y a los
planetas se los considera como imanes o aparatos de radio, y la acción
eléctrica, que siempre es de naturaleza constituida por polos, es el nue­
vo nombre que se dio a la "fuerza vital" del pensamiento más antiguo.
Jeans llama "matemática" a la tercera etapa del pensamiento. Su
rasgo principal es que se advierte que la pura especulación matemáti­
ca encaja perfectamente en los resultados de experimentos más com­
plejos y depurados; en realidad, a menudo precede a los experimentos.
Se construyen las teorías matemáticas, y cuando el físico busca un ti­
po de fenómenos
. .
a los que pudiera aplicarse la teoría, encuentra con
45
frecuencia uno, hasta entonces sin explicar, que encaja perfectamen­
te con las fórmulas puramente abstractas. Además, lo notable es que
se advierte que unos pocos símbolos -como lo son todas las letras o
cifras algebraicas o matemáticas- pueden dar orden y sucesión lógi­
ca a la vasta complejidad de los fenómenos naturales. En otras pala­
bras, se advierte que unas pocas relaciones simbólicas (o sea, fórmu­
las) bastan para ordenar los múltiples acontecimientos del mundo en
una pauta, conociendo la cual el hombre ganará un dominio relativo so­
bre los elementos naturales a través de la presciencia.
Citando nuevamente del libro de Jeans:

Einstein escribió (Introducción a Where Is Sclence Golng? pág. 13,


vers. ingl.): "En todo adelanto importante, el físico descubre que las leyes
fundamentales se simplifican cada vez más a medida que avanza la inves­
tigación experimental. Le asombra advertir qué orden sublime emerge de
lo que parecía ser caos. Y esto no puede rastrearse hasta la actividad de
su propia mente sino que se debe a la cualidad que es inherente al mun­
do de la percepción". (Esta conclusión es discutida por muchos
pensadores, D.R.)
Weyl efectuó un comentario parecido, al escribir (The Open World, pág.
41, vers. ingl.): "Lo asombroso no es que existan leyes naturales, sino que
cuanto más avanza el análisis, más sutiles son las minucias, más sutiles
son los elementos a los que los fenómenos se reducen, más sencillas -
y no las más complicadas, corno uno originalmente esperaría-son las re­
laciones fundamentales, y más exactamente describen los hechos reales."
"Hemos tenido amplias pruebas de esta tendencia a la simplicidad en es­
te libro. Hemos visto la sencilla síntesis que Herón hizo de las dos leyes de
Euclides ampliando poco a poco su alcance hasta que abarca todas las ac­
tividades del universo, pero manteniendo a todo lo largo su sencillez origi­
nal de fórmula matemática. Esto guarda referencia con la reciente 'Teoría
del Campo Unitario' de Einstein, que, si resulta completamente lograda,
"seguirá siendo válida cualesquiera que sean los medios físicos en acción,
de modo que podremos combinar todas las operaciones de la naturaleza
en una sola síntesis: tendrán que convertirse en los cursos más cortos en
un espacio curvo cuatri-dimensional" (pág. 126, vers. ingl.). La naturaleza
fenoménica se reduce a un conjunto de acontecimientos en el continuum
cuatri-dimensional, y la disposición de estos acontecimientos demuestra
ser de índole matemática excesivamente simple... Esta simplicidad... pa­
rece admitir una muy simple interpretación matemática y no otra como si
en la frase de Boyle la matemática fuera el alfabeto del idioma en el que se
escribe la naturaleza. Las palabras de este idioma pueden o no pueden ser
mentales en sus significados; la cuestión inmediata es que, ni en el alfabe-
46
to, podemos descubrir una realidad de índole diferente de la que asocia­
mos con un mero concepto mental. Estos conceptos mentales no son de
la índole que asociamos con el trabajo del ingeniero, del poeta o del mo­
ralista, sino con el pensador que trabaja sólo con el pensamiento puro co­
mo su materia prima, con el matemático que trabaja en su gabinete ... Du­
rante tres siglos, la ciencia proyectó ideas mecánicas sobre la naturaleza,
y al hacerlo hizo estragos en gran parte de la naturaleza. La ciencia del si­
glo XX, proyectando las ideas de la matemática pura sobre la naturaleza,
descubre que encajan tan perfecta y singularmente como el zapatito de
baile de Cenicienta encajaba en el pie de ésta.

La frase "proyectando las ideas de la matemática pura sobre la na­


turaleza" es significativa. Muestra que en la ciencia física o en la quími­
ca -y, en general, en todas las ciencias empíricas- han de conside­
rarse tres elementos: 1 ) los fenómenos, o los datos, naturales; 2) las
ideas de la matemática pura; y 3) un sistema de interpretaciones o "le­
yes" que al hombre le permiten profetizar más o menos exactamente fe­
nómenos naturales futuros. Este es un importante factor a considerar;
pues mediante él se muestra que existe una distinción fundamental en­
tre la matemática y las ciencias empíricas. A la matemática se la usa
como el factor integrador en la construcción de las ciencias empíricas.
En un sentido, estas últimas son aplicaciones de ideas matemáticas. La
matemática suministra la forma del conocimiento, y las ciencias
empfrlcas suministran el contenido organizado del conocimiento.
Esta distinción es capital. Pues, al definir a la astrología como el ál­
gebra de la vida, la ubicamos en la categoría del pensamiento mate­
mático, no en la de las ciencias empíricas. Son de largo alcance los re­
sultados de tal concepto.
La palabra "álgebra" deriva del vocablo árabe "al-Jebr" que signifi­
ca: la reducción de las partes a una totalidad. La palabra '1abara", de
la que deriva, significa: atar Juntos (Webster}. Por tanto, el álgebra tie­
ne, como función básica, ligar juntos, o correlacionar, o integrar los
elementos en una totalidad que responda a una fórmula. Puede captar­
se la naturaleza de estos elementos cuando consideramos la definición
que Webster da de la "matemática": "La ciencia que trata sobre las re­
laciones exactas existentes entre cantidades o magnitudes y operacio­
nes, y sobre los métodos mediante los cuales, de acuerdo con estas re­
laciones, las cantidades que se buscan son deducibles de otras que se
piensan o suponen".
En tal definición se destacan dos puntos importantes. El primero,
que a la matemática se la ve como una "ciencia de la correlación pura"
(Bertrand Russell). El segundo, que lo que ella correlaciona son "can-
47
tidades o magnitudes y operaciones". El álgebra es una rama de la ma­
temática, pero además de correlacionar cantidades, también se ocupa
de una categoría de símbolos convencionales a los que se los puede
hacer representar cualquier elemento que se considere o las relaciones
entre cualesquiera grupos de elementos. Según nuestro concepto, la
astrología es una especie de álgebra, en la medida en que se ocupa de
elementos simbólicos (planetas, estrellas, segmentos de espacio geo­
céntrico, Partes astrológicas, Nodos, posiciones progresadas, etc.}
que ella "ata juntos" en una fórmula que describe una totalidad viva: el
nativo. Sin embargo, estos elementos simbólicos no pertenecen al do­
minio de la cantidad. Por el contrario, representan cualidades uni­
versales de la vida. De manera que la astrología es una especie de
álgebra de las cualidades; y estas cualidades no son meras cualidades
sensorias (como blanco, azul, espeso, pesado, doloroso, etc.} sino cua­
lidades que se refieren a procesos vivos, ya sea en el plano fisioló­
gico como en el psicológico y en et superpsicotógico.
Consideraremos paso a paso estas afirmaciones; pero, al principio,
parece necesario recalcar to que la astrología no es, antes de que po­
damos especificar qué es fundamentalmente. En otras palabras, tene­
mos que mostrar brevemente que la astrología no es una ciencia em­
pírica, como lo son, por ejemplo, la física, ta química, o hasta ta biolo­
gía, la zoología y la historia. Estas ciencias empíricas se ocupan de da­
tos experimentales que ellas organizan usando conceptos matemáti­
cos formales. Tales datos experimentales son percibidos sensoriamen­
te, de modo directo o por medio de instrumentos que extienden el cam­
po de la percepción sensoria directa. Luego, mediante un proceso que
se conoce como "inducción científica", se establecen correlaciones en­
tre tos datos que forman la base del conocimiento exacto empírico.
La inducción científica es el postulado básico de tas ciencias exac­
tas. Se la puede formular de varios modos, pero, según Bertrand Rus­
sel (The Analysls of Matter, pág. 167), "debe dar por resultado que una
correlación que se halló cierta en una cantidad de casos, y nunca se ta
halló falsa, tiene, por lo menos, cierto grado asignable de probabilidac
de que sea siempre cierta". Esta definición es de gran importancia pa­
ra nosotros, pues entre los astrólogos ¿quiénes proclamarán que algu­
na correlación astrológica a ta que se le reconoció un claro significadc
"nunca se la halló falsa"?
Pero esto no es todo. El problema de hacer que la astrología sea
"científica" en el sentido de una ciencia empírica -aunque no sea una
ciencia "exacta"- está implícito en la proposición, o más bien en ta cre­
encia, de que los planetas o las estrellas influyen realmente sobre los
seres individuales por el hecho de que envían a la Tierra ondas como
48
las de radio, o rayos, que afectan los procesos biológicos y psicológi­
cos. Ahora bien, aunque estos "rayos" sean descubiertos, y fuera
evidente que actúan sobre los átomos y moléculas de la sustancia te­
rrestre de modos claros y medibles, esto de ninguna manera probaría
los hallazgos habituales de la astrología. Podría desarrollarse un géne­
ro restringido de astrología natal que podría proclamar -luego de si­
glos de investigación- el status de una ciencia experimental; pero es­
to sólo resolvería un fragmento de los problemas involucrados en la su­
ma total de las ideas astrológicas.
La razón de esto es evidente. Admitamos que los rayos estelares
o planetarios producen cambios físicos y químicos en la sustancia de
átomos y células, y de esa manera pueden condicionar estados psico­
lógicos. Además, supongamos que estos cambios está demostrado
que pueden medirse en términos de la relación angular de los planetas
(aspectos astrológicos) y que son afectados por la sección de la órbi­
ta de la Tierra (signo zodiacal) o del espacio geocéntrico en el nacimien­
to (casa) en el que se hallan los planetas o las estrellas. Esto es en sí
un orden enorme, que nunca podrá llenarse. Pero aunque todo esto se
comprobara científicamente, los siguientes factores básicos de la as­
trología seguirían siendo misterios muy incientíficos, hasta donde po­
demos ver.
¿Por qué la primera C...isa debe representar asuntos que afectan al
yo y a la estructura del cuerpo; la segunda casa, a las finanzas; la sép­
tima casa, al matrimonio, etc.? ¿Por qué los signos zodiacales deben
relacionarse con ciertas partes del cuerpo? ¿Por qué ciertos planetas
deben "regir" ciertos signos? Además ¿cómo podrían explicarse
"científicamente" las "progresiones"? ¿Qué podría probar científica­
mente si los primarios son verdaderos, y los secundarios, falsos, o vi­
ceversa; que la distancia en grados entre dos planetas da (habitual­
mente) el número de años entre el nacimiento y un hecho que se carac­
teriza por las naturalezas de los dos planetas?
Y luego, ¿qué ocurre con la astrología horaria, o sea, con la solu­
ción de los problemas de la vida mediante la interpretación de las con­
figuraciones del espacio y de los planetas en el momento en que el pro­
blema surge en la mente de uno? Los astrólogos "científicos" tal vez de­
saprueben a la astrología horaria por ser una mera adivinación. No obs­
tante, es fácil mostrar que la astrología natal (el estudio de los mapas
natales) es un caso especial de astrología horaria; pues, como lo expre­
sara Marc Jones, estudiar un mapa natal es tan sólo responder a esta
pregunta: "¿Cómo ha de resolverse el problema de mi vida?" Al menos,
este es un modo tan lógico de observar la relación entre la astrología
49
horaria y la astrología natal como el que se formula diciendo: "Un ma­
pa horario es el mapa natal de una idea". Uno tal vez prefiera esta úl­
tima interpretación, pero a la primera no se la puede desechar fácilmen­
te, y la verdad de la cuestión deberá incluir, de algún modo, ambos en­
foques.
Es inútil añadir más "porqués" a esta ya larga lista. Confiamos en
que será patente para todos, tras algunas lúcidas reflexiones sobre el
asunto, que los intentos de convertir a la astrología en una ciencia em­
pírica exacta basándola en mediciones de influencias y rayos concre­
tos, si no están condenados al fracaso, al menos están obligados a ex­
plicar o probar sólo un fragmento del cuerpo íntegro de ideas, que cons­
tituye y constituyó siempre a la astrología. Sea lo que fuere lo que la
ciencia descubra sobre las radiaciones cósmicas, no creemos que la fi­
losofía de la astrología pueda ser o deba ser la misma que la de una
ciencia empírica, como la física, la mecánica o la biología.
Sin embargo, hay una categoría algo diferente de ciencias que no
se basan en la inducción científica exacta ni en la causalidad estricta si­
no en el conocimiento estadístico. El doctor A. Ritchie-Scott menciona
como perteneciente a este tipo en el mundo práctico "a toda la teoría de
los seguros, de las pensiones vitalicias, a la moderna teoría del calor,
a la construcción de centrales telefónicas, a la teoría mendeliana de la
herencia, al estudio de las estadísticas demográficas, a las pruebas
sanguíneas, a los muestreos de minerales, etc.... todo esto basado en
la Teoría de la Probabilidad, y no por ello menos válido (American As­
trology, julio de 1934).
Además de estos ejemplos, es ahora bien sabido que la física ató­
mica se está convirtiendo, cada vez más, en una ciencia estadística, es­
pecialmente si se prueba que las teorías de Heisenberg son correctas;
pues "nos dan un cuadro de un átomo estadístico cuyas propiedades
y cualidades son el promedio de las propiedades y cualidades de todos
los átomos reales comprometidos en la emisión de la luz" (Sir James Je­
ans, op.clt. pág. 183). La nueva mecánica de las ondas "sólo se ocu­
pa de probabilidades y conjuntos estadísticos, y su determinismo apa­
rente sólo puede ser otro modo de expresar la ley de los promedios. El
determinismo puede ser de índole puramente estadística, como aquél
en el que se apoyan una compañía de seguros o el Banco de Monte­
cario". Más adelante, Jeans asevera:

"Al ser esto así, no hay razón asignable de por qué el aparente determinis­
mo de la ecuación de las ondas no deba ocultar un completo indeterminis­
mo objetivo. En el problema matemático conocido como la "marcha al
azar", imaginamos que un viajero camina 20 millas por día, pero sin rela-
50
ción causal entre las direcciones de sus marchas en los días sucesivos; po­
demos, por ejemplo, imaginar que lanza su bastón por el aire al azar cada
mañana, y deja que la dirección en que aquél caiga determine la dirección
de su marcha de ese día. Desde luego, puede obtenerse una fórmula ma­
temática que demuestre las posibilidades de que él esté en diversos pun­
tos en los anocheceres sucesivos. Si ahora reducimos la unidad de tiem­
po de un día a un segundo, de modo que cada paso suyo sea indetermi­
nado, descrubrimos que las probabilidades se esparcen en ondas, tal co­
mo la ecuación de SchrOdinger; la dispersión de las ondas corresponden
a un determinismo estricto, aunque la causa física subyacente es un com­
pleto indeterminismo." (Op.clt. pág. 255)
"El único determinismo del que la física moderna está segura es de índo­
le meramente estadística. Aún vemos las acciones de vastas muchedum­
bres de moléculas o partículas que se adecuan a un determinismo; desde
luego, este es el determinismo que observamos en nuestra vida cotidiana,
la base de la denominada ley de la uniformidad de la naturaleza. Pero has­
ta ahora no se ha descubierto determinismo en los movimientos de los in­
dividuos separados; por el contrario, los fenómenos de la radiactividad y la
radiación sugieren más bien que aquellos individuos no se mueven sino
que son impulsados y fraccionados por fuerzas inexorables ... no son con­
trolados por fuerzas predeterminadas, si no sólo por las leyes estadísticas
de la probabilidad." (págs. 275-276)

Estas afirmaciones inciden muy directamente sobre el tema de la


astrología y, además, aportarán alegría al corazón del convencido cre­
yente en el principio del libre albedrío. Si bien el tema es demasiado
vasto como para discutirlo aquí, deben mencionarse dos puntos bási­
cos, pues tiene capital importancia en cualquier sólida filosofía de la as­
trología. El primero es que siempre encontraremos, en cualquier tipo de
pensamiento que se ocupe de la vida, una interpenetración fundamen­
tal entre los valores individuales y los valores colectivos. El individuo
puede ser libre, pero esa libertad está siempre atada por el campo mag­
nético, o el aura de la colectividad a la que pertenece: el "Círculo lntras­
pasable" del ocultismo oriental. Por otro lado, la colectividad es también
Influenciada y fecundada por la actividad creadora de aquellos miem­
bros suyos que actúan como individuos y no meramente como copias
fotostáticas del patrón colectivo, o del alma.
Estos dos elementos, el individuo y el grupo, deben figurar desta­
cadamente en cualquier juicio astrológico; y esto de los diversos modos
con que nos ocuparemos sucintamente a medida que prosigamos
nuestro estudio. Sin embargo, tal vez corresponda ahora expresar que
ningún mapa natal astrológico puede ser juzgado con exactitud, si las
51
condiciones generales del grupo al que el nativo pertenece como indi­
viduo son desconocidas. Esto se refiere al grupo social (familia, raza,
religión) y a esa otra agrupación, en la consciencia, que crea niveles
del ser. El mapa natal revelerá tendencias individuales, pero éstas se
manifestarán realmente en términos de la condición de la familia, la ciu­
dad, la nación y la raza en la que el individuo nació. Uncoolie chino pue­
de tener exactamente el mismo mapa natal que un noble europeo de fa­
milia muy culta, nacido en la misma latitud. Y es evidente que nadie po­
dría inferir exactamente sólo del mapa natal cuál sería la vida del chi­
no, en especial si se lo creyera un noble europeo, pues una vida, y has­
ta el carácter de un individuo, no sólo son determinados por la ecuación
individual (el mapa natal) sino también por el grupo en el que aquéllos
se manifiestan. Los valores grupales pueden estar sugeridos vagamen­
te en un mapa, pero sólo en la medida en que afectarán la formación
prenatal del individuo.
¿Lo antechico invalida a la astrología? No lo creemos; pero sirve
para definir su esfera. Un mapa natal, como una totalidad, se refiere
a un individuo como tal (potencial o realmente) y se ocupa de valores
individuales. Pero cualquier factor astrológico separado (como, por
ejemplo, la posición de cierto planeta o de un aspecto entre dos plane­
tas particulares) sólo tiene un valor estadístico. Y es por esto que nin­
gún factor astrológico funciona necesariamente del mismo modo muy
definido en todos los mapas natales individuales. Es sólo estadística­
mente exacto, o, como ahora lo veremos, simbólicamente significativo.
Las palabras de Bertrand Russell relativas al principio estadístico
añadirán más claridad a las aseveraciones anteriores:

"Podría pensarse que un promedio estadístico no es muy diferente de una


regla con excepciones, pero esto sería un error. Idealmente, las estadís­
ticas son leyes exactas acerca de grandes grupos; sólo difieren de otras le­
yes al ser sobre grupos, no sobre individuos. Las leyes estadísticas se in­
fieren por inducción de particulares estadísticas, tal como otras leyes se in­
fieren de particulares hechos únicos." (op.clt. pág. 191)

En otras palabras, una ciencia no es menos "científica" porque se


ocupe de promedios estadísticos más que de hechos aislados; sólo se
la ha de considerar como una ciencia que se ocupa de grandes grupos
y no de individuos.
Por esto, aparentemente, a la astrología se la podría considerar co­
mo una ciencia empírica de tipo estadístico. Pero tal conclusión no pa­
rece estar plenamente justificada. La astrología puede utilizar el méto­
do estadístico para verificar sus afirmaciones, y hará bien en adoptar
52
semejante técnica, que nunca se usó con grandes niveles de exactitud
científica y en escala bastante grande. Pero decir eso es muy diferen­
te de proclamar a la astrología como una verdadera ciencia estadísti­
ca. Las estadísticas pueden mostrar que, entre personas famosas, el
sextil Sol-Luna sólo ocurre en alrededor de 5 en 100 casos (el ejemplo
lo da el matemático-astrólogo francés Paul Choisnard). Esto podría in­
dicar cierta correlación entre ese aspecto y la "celebridad" (¡Sea lo que
fuere lo que eso signifique!). Pero la inferencia es más bien inconclu­
yente. Y aunque pudiera probarse que el 90 por ciento de los músicos
especialmente dotados tienen una influencia neptuniana dominante, y
que tantos militares destacados tienen al Sol en Aries, etc., eso signi­
ficaría meramente que ciertas afirmaciones astrológicas son corrobo­
radas por la investigación estadística. Eso no indicaría cómo estos he­
chos astrológicos fueron originalmente descubiertos, y tampoco creo
que indicaría el método correcto de descubrir nuevas verdades astro­
lógicas; y menos aún por qué las afirmaciones son correctas. Además,
eso sólo se aplicaría, en astrología, a factores separados aislados y no
al problema enteramente diferente de interpretar todo un mapa natal
como el símbolo de un individuo.
¿Cómo se efectúan los descubrimientos en la física moderna? La
explicación clásica es que un físico observa un hecho que es nuevo, o
reflexiona sobre alguna falla de una vieja teoría, y formula i.Jna nueva
hipótesis que explica el nuevo hecho o resuelve el viejo enigma no re­
suelto. Entonces, la hipótesis es controlada mediante la comprobación
de todas sus consecuencias posibles; y se convierte en una teoría
aceptada si coincide con todos los hechos conocidos y nadie la invali­
da. Podríamos dar por sentado que la astrología se originó de manera
parecida. Algún hecho notable coincidió con una conjunción planetaria
igualmente notable. La hipótesis de que ambos se relacionaban surgió
en la mente de un observador, que la examinó con hechos similares, y
después de unas pocas generaciones de exámenes, a esta conjunción
se la consideró definidamente como productora de cierto hecho, o, al
menos, de cierto tipo de hecho.
Es difícil probar o refutar que la astrología se haya originado de se­
mejante manera o no. Si se originó así, entonces afirmamos que la as­
trología llegó a una época en la que su valor ha de acuñarse en un pla­
no enteramente diferente de la consciencia, en otro nivel mental. En es­
to, seguiría el curso evolutivo emprendido presumiblemente por la ma­
temática y la geometría. Podemos creer que los hombres empezaron
a pensar en guarismos puramente en relación con objetos concretos:
dos manzanas, tres piedras, etc.; o pensaron en un triángulo como una
clase de objeto que tiene cierta figura aparente. Luego, en la mente del
53
hombre se desarrolló la idea abstracta del número, o del triángulo, pe­
ro siempre con una especie de segundo plano concreto, no separado
enteramente de la experiencia sensoria. Finalmente, se llegó a la eta­
pa moderna en la que las geometrías no-euclidianas y las formas su­
periores del álgebra quitaron completamente número y forma geomé­
trica a todos los elementos representativos y los redujeron a símbolos
estrictamente lógicos.
Dice Bertrand Russell (op.cit., pág. 171 ):

"Las proposiciones que forman parte de la lógica, o pueden probarse me­


diante lógica, son todas tautologías, o sea, muestran que ciertos conjun­
tos diferentes de símbolos son diferentes modos de decir lo mismo, o que
un conjunto dice parte de lo que dice el otro... Por tanto, tales proposicio­
nes conciernen realmente a símbolos. Podemos conocer su verdad o su
falsedad sin estudiar el mundo exterior, porque sólo se interesan por ma-
nipulaciones simbólicas... Toda la matemática pura consiste en tautologí-
as en el sentido antedicho... Nuestra certidumbre relativa a las proposicio-
nes matemáticas simples no parece análoga a nuestra certidumbre de que
el sol saldrá mariana. No quiero decir que nos sintamos más seguros de
una que de la otra, aunque tal vez debamos estarlo; quiero decir que nues­
tra seguridad parece tener una fuente diferente ... Es evidente que, siem­
pre que es realmente útil saber que dos conjuntos de símbolos dicen lo mis­
mo, o que uno dice parte de lo que el otro dice, eso debe ser porque tene­
mos algún conocimiento sobre la verdad o la falsedad de lo que uno de los
conjuntos expresa. En consecuencia, el conocimiento lógico no sería muy
importante si estuviera solo; su importancia surge a través de su combina­
ción con el conocimiento de proposiciones que no son puramente lógicas.
"... En una ciencia avanzada como la física, el papel representado por la
matemática pura consiste en conectar diversas generalizaciones empíri­
cas entre sí, de modo que las leyes más generales que las reemplacen se
basen en un número mayor de hechos positivos."

La astrología comparada con la lógica y la matemática

Esta cita contiene diversas comparaciones que son muy importan­


tes en esta etapa de nuestra investigación sobre la naturaleza esencial
de la astrología. Se dice que la matemática concierne a los símbolos,
cuya verdad o falsedad puede conocerse sin estudiar el mundo exterior.
En otro párrafo, Bertrand Russell añade que las proposiciones mate­
máticas son, pues, puramente formales. Más adelante aclara que la
matemática y la lógica son ciencias en un sentido enteramente diferen­
tes del sentido en el que, por ejemplo, la física es una ciencia. Las pri-
54
meras son analíticas y formales; la última es empírica. Pero la física sin
la matemática carecería de la fuerza misma para correlacionar lógica­
mente sus generalizaciones.
Ahora bien, si volvemos a nuestra definición de la astrología como
el álgebra de la vida, pondremos más de manifiesto lo que queremos
decir al expresar que la astrología es respecto de todas las ciencias em­
píricas que se ocupan de la formación, del crecimiento, del comporta­
miento y de la desintegración de las totalidades orgánicas lo que la ma­
temática es respecto de la física y, en general, respecto de las ciencias
de los objetos inanimados. No decimos que se la reconozca como tal,
sino que tal es su verdadera función. Y, en alguna medida, esta es una
afirmación verificable.
Por sí sola, la astrología no significa más que el álgebra. Mide re­
laciones entre símbolos cuya concreción es enteramente una cuestión
convencional y no entra realmente en los problemas involucrados, tal
como los símbolos de álgebra, x, y, n, son meras convenciones. Los as­
trólogos usan términos tales como oposición, conjunción, cuadraturas,
exactamente como el matemático usa signos de suma y multiplicación.
Sus "progresiones" están también, en muy gran medida, en la misma
categoría que los símbolos más complicados del cálculo: el signo de
función, etc. Las revoluciones de los cuerpos celestes constituyen, en
su totalidad, un símbolo vasto y complejo que, de por sí, está sólo cons­
tituido por pautas de relación cíclicamente cambiantes. No im­
porta en lo más mínimo si los que se consideran son planetas o puntos
abstractos derivados de movimientos planetarios, o segmentos de órbi­
tas, o puntos de referencia simbólicos como meridiano, horizonte y si­
milares. Los planetas son vehículos significativos y convenientes de un
significado simbólico porque tienen relaciones relativamente simples
de distancia, velocidad, masa y período, con un punto central de refe­
rencia, el Sol, o más bien con la órbita de la Tierra alrededor del Sol.
En otras palabras, el reino astrológico de los cuerpos celestes mó­
viles se parece al reino de las proposiciones lógicas. Ni uno ni otro tie­
nen contenidos reales. Ambos son puramente formales, simbólicos y
convencionales. Sólo adquieren valor real en función de las experien­
cias vivas reales que sirven para correlacionar. La astrología y la ma­
temática solas carecen de sustancia. Pero invisten con coherencia,
norma, lógica y orden a cuanta realidad sustancial se asocie con ellas.
Así, la matemática asociada con la experimentación física produce la
física moderna. De manera parecida (pero, evidentemente, no idéntica)
la astrología puede y probablemente debe asociarse con la fisiología,
la geología, la medicina, la historia y la sociología; y, sobre todo, con la
psicología.
55
El hecho es que cuando la astrología representaba un papel real­
mente vital en las civilizaciones antiguas merecía tanta consideración,
si no del populacho, al menos, indudablemente, de los astrólogos ini­
ciados. En nuestro primer capítulo vimos que la función de la astrolo­
gía era la de introducir en el caos del mundo natural, en la Tierra, el
orden supremo del que las revoluciones celestes son una manifesta­
ción tan conspicua y psicológicamente sublime. En la Tierra, caos e im­
previsibilidad, y ciego azar; pero arriba, en los cielos, orden perfecto,
previsibilidad y ley. La astrología adquirió su importancia de tal contras­
te. A los cielos se los consideraba como un dispositivo cósmico de
medición, un dechado arquetípico de orden, que podría yuxtaponerse
con cualquier sistema de fenónemos naturales. De esta yuxtaposición
resultaría una nueva visión del sistema de los fenómenos naturales:
una visión ordenada y coherente, que conduciría a la posibilidad de ha­
cer pronósticos sobre la conducta futura del sistema.
Esto no es muy diferente de lo que la ciencia hace cuando mide con
un metro o cronometra con un reloj un fenómeno natural. El conjunto
completo de revoluciones planetarias, solares, lunares y estelares, co­
mo se lo ve desde la Tierra, sirvió siempre en astrología como un
complejo metro multidimensional y como un reloj, a fin de determinar el
comportamiento periódico de los organismos naturales: de hecho, co­
mo ahora veremos, de cualquier totalidad (la Tierra como una totali­
dad, un cuerpo humano, una psiquis humana, una nac_ión, etc.)
La física moderna recalcó correctamente el hecho de que tales me­
diciones implican ciertas dificultades y se relacionan con la posición y
el movimiento del observador. A fin de medir una distancia, uno debe
poner el comienzo del metro, primero, en un punto definido. En astro­
logía, todas las mediciones empiezan con el primer punto de existen­
cia Independiente; en el caso de un destino humano, el primer alien­
to. El zodíaco (que, no lo olvidemos, es sólo la órbita de la Tierra divi­
dida en doce secciones de treinta grados, y que poco o nada tiene que
ver con las constelaciones) se mide como si empezara en el equinoc­
cio de primavera, porque en esa época empieza un nuevo ciclo de ve­
getación en las latitudes del Norte, en las que, aparentemente, la astro­
logía se originó.
En otras palabras, si deseamos investigar las leyes de la periodi­
cidad y de la relación estructural, que se aplicarán a una vida huma­
na que comienza cierto día, proyectamos en un papel el estado de
nuestra vara cósmica de medición (el sistema solar visto desde el lugar
de nacimiento) en ese tiempo, y medimos con ella al organismo de ele­
mentos naturales que acabó de alcanzar el estado de existencia inde­
pendiente. ¿La vara cósmica de medición y el reloj combinados -el
56
mapa natal-significan en sí algo sustancial? En lo mínimo: no más que
cualquier metro o reloj. Se trata meramente de un símbolo de medición.
A menos que conozcamos primero todo lo que queremos medir, nada
práctico sabremos después de haber medido: sólo un conjunto de sím­
bolos algebraicos sobre una rueda. Si no conocemos a la naturaleza
humana, un mapa natal no nos dará indicación alguna sobre la natura­
leza de un ser humano particular. A menos que conozcamos sobre co­
rrientes de aire, presión atmosférica, etc., un mapa astrológico nada
nos dirá del tiempo. Júpiter y Marte no significan nada concreto. Signi­
fican ni más ni memos que 3 y 4, o una línea espiritual y una línea rec­
ta, o m y p. Pero si decimos: He aquí un cuerpo humano recién nacido.
Contiene en sí la fuerza para crecer hasta una estatura completa, las
fuerzas de la circulación sanguínea, del metabolismo de los alimentos,
de la autorreproducción a través del sexo, y muchas otras propiedades
vitales que caracterizan a este cuerpo como perteneciente a la especie
humana, entonces podemos intentar extraer un orden de este caos
aparente de fuerzas, funciones y propiedades vitales, yuxtaponiéndo­
les nuestros símbolos celestes.
Júpiter simbolizará la fuerza de la expansión; Marte, la fuerza de los
impulsos salientes; Venus, la fuerza de las reacciones combinadas ha­
cia estímulos como el juicio consciente y la emoción, etc. Pero, si nos
ocupamos de las condiciones atmosféricas en vez de un ser humano,
Júpiter, Marte y Venus interpretarían, desde luego, cosas enteramen­
te diferentes, como la presión atmosférica y otros factores telúricos. De­
bido a que estos últimos todavía se conocen muy poco y el planeta Tie­
rra todavía no se comprendió ni estudió como una totalidad orgánica,
el simbolismo astrológico no es muy útil para la meteorología y las cien­
cias conexas. En el mejor de los casos, el astrólogo dirá que un Júpi­
ter fuerte puede indicar un estado intenso de expansión. ¿Pero, expan­
sión aplicada a qué? Ese "qué" puede conocerse con exactitud sólo
cuando el comportamiento orgánico de la Tierra se comprenda en su to­
talidad; o sea, cuando se aíslen todas las funciones de este organismo
planetario. Entonces, la astrología puede correlacionar o interpretar es­
tas funciones, tal como la matemática correlaciona e interpreta obser­
vaciones suministradas por el microscopio y los aparatos eléctricos,
con predominio sobre la estructura interior del átomo.
Sin duda, se suscitarán objeciones a lo antedicho. Se mostrarán li­
bros de texto sobre astrología en los que los Planetas, sus posiciones
y aspectos, reciben significados muy definidos y concretos. En reali­
dad, es así; pero estos libros de texto son presentaciones meramente
populares de datos tradicionales relativos a las correlaciones de los
símbolos astrológicos con ciertos dominios de la experiencia que ocu-
57
rrieron para interesar muy particularmente a los hombres. No se ocu­
pan especialmente de la astrología pura, sino de ciertas aplicaciones
particulares del simbolismo astrológico. Estas aplicaciones se basan
en el conocimiento tradicional relativo a cosas tales como la psicología
y el gobierno de tiempos pasados; y sólo son valiosas en la medida en
que es valioso este conocimiento tradicional.
Las interpretaciones de los elementos astrológicos dadas por la
mayoría de nuestros libros de texto sobre astrología son tan valiosas
como el conocimiento tradicional de la psicología y del gobierno huma­
nos lo era en la época de Tolomeo, en Alejandría. En la medida en que
la psicología y la sociología humanas cambiaron desde aquella época,
carecen de valor. Pero como la naturaleza humana es, después de to­
do, muy constante en la totalidad, las aplicaciones del simbolismo as­
trológico efectuadas por Tolomeo y sus predecesores son todavía, en
gran proporción, verdaderas hoy en día, pero evidentemente entera­
mente falsas, o fuera de lugar, o incompletas, en innumerables casos.

Sin embargo, la cuestión fundamental que hay que captar (¡que pa­
ra tantas personas parece difícil!) es que los libros corrientes sobre as­
trología hoy dan meramente la aplicación del simbolismo astrológico a
unos pocos temas tradicionales: carácter, salud, felicidad y asuntos
que afectan al Estado, etc. Estas aplicaciones se basan en una visión
tradicional, de sentido común, de los temas involucrados, y se sostie­
nen o caen en este criterio tradicional. Si caen, eso no implica, en lo más
mínimo, que los principios sobre los que la astrología se basa, como
una ciencia del simbolismo, estén equivocados. No más que la mate­
mática resultó un fracaso cuando el descubrimiento del quantum tras­
tornó todo el edificio de la física moderna. De modo parecido, los des­
cubrimientos del psicoanálisis, lo mismo que las nuevas condiciones
sociales hoy en día prevalecientes, han invalidado muchas afirmacio­
nes tradicionales reproducidas en libros de texto modernos sobre as­
trología, en relación con la psicología y la conducta social y las aptitu­
des profesionales. Pero la astrología propiamente dicha sigue estando
intacta ante tales cambios; pues, como dice Bertrand Russell de la ló­
gica: "Podemos conocer su verdad o su falsedad sin estudiar al mun­
do externo, porque (ella) sólo se interesa por manipulaciones simbóli­
cas". Parafraseándolo más adelante, añadiríamos: Nuestra certidum­
bre concerniente a simples proposiciones astrológicas no parece aná­
loga a nuestra certidumbre concerniente a simples hechos psicológi­
cos, como el hecho de que una muchacha se enamore en alguna épo­
ca de su vida, o cuando sea cuarentona experimente una crisis emocio­
nal. Nuestra seguridad deriva de una fuente diferente.
58
Nuestra próxima tarea es la de tratar de definir o, por lo menos, su­
gerir cuál es esta fuente; tarea esta que es difícil porque involucra un ti­
po de actitud hacia la vida y hacia la consciencia que está muy aparta­
da de la oficial y normal que prevalece en nuestra civilización académi­
ca e intelectual. En primer lugar, enfocaremos el tema estudiando bre­
vemente un tipo de desarrollo del pensamiento moderno que, al mismo
tiempo, es nuevo en su formulación, pero muy antiguo en su estirpe: nos
referimos a la filosofía llamada "Hollsmo".
La filosofía del Holismo
Esta filosofía está expuesta por completo en un libro notable, Ho­
lism and Evolution, escrito en 1926 por un hombre aún más notable,
el general Jan C. Smuts, estadista, filósofo y científico. Un artículo de
la última edición de la Enciclopedia Británica, bajo la denominación
de "Holismo", escrito también por el general Smuts, da un resumen ge­
neral de las ideas desarrolladas en el libro. Citaremos con alguna ex­
tensión este artículo:
"El holismo es la teoría que convierte a la existencia de los "todos" en un
rasgo fundamental del mundo. A los objetos naturales, animados e inani­
mados, los considera como "todos" no meramente como conjuntos de ele­
mentos o partes. A la naturaleza la contempla como consistente en cuer­
pos y cosas separados y concretos, no como un contlnuum difuso y ho­
mogéneo. Y estos cuerpos o cosas no son enteramente reducibles a par­
tes; en un grado u otro, ellos son "todos" que son más que la suma de sus
partes, y el ensamble mecánico de sus partes no lo producirá ni explicará
su carácter y su conducta. Las denominadas partes no son, de hecho, re­
ales, sino, en gran medida, distinciones analíticas abstractas, y no expre­
san apropiada o adecuadamente lo ocurrido con la composición de la co­
sa en conjunto.
"Por tanto, el holismo es un punto de vista adicional y complementario del
de la ciencia, cuyas palabras claves son continuidad y mecanismo... El es­
quema mecanicista (de la ciencia) se aplica hasta a los cuerpos vivos, pues
las estructuras materiales de éstos determinan las funciones que constitu­
yen los caracteres de la vida... A la vida y a la mente se las considera co­
mo derivadas y epifenoménicas respecto de la materia ... El esquema cien­
tífico fue muy gravemente socavado por los muy recientes descubrimien­
tos de la ciencia física y matemática ... 1 El valor del concepto mecanicis-
1 Esto es especialmente cierto respecto de la teoría quántica que es tal vez la base más
W=m
·._i,_. ·, ,�'.·:_
� ::::2

profunda del holismo científico, en la medida en que representa al universo como funcionan-
l do por medio de totalidades de acción: quanta. La teoría se contrapone al criterio del mo­
f=.·:·.; vimiento continuo, dando así, al universo. una apariencia separada. Todavía ha de formu-
larse la filosofía de la teoría quántica. (D.R.)
59
ta para la investigación no es cuestionado, pero ya no puede considerár­
selo un verdadero índice del carácter completo del universo y su conteni­
do. El holismo es un intento de explorar un esquema alternativo que, sin
embargo, evite las trampas del vitalismo.
"¿ Qué está implícito en el concepto de un "todo"? En primer lugar,en la me­
dida en que un ''todo" consiste en partes o elementos, no pueden ser fijos,
constantes o inalterables ... El ''todo" y las partes se influyen mutua y recí­
procamente y se modifican entre sí... Las partes son moldeadas y ajusta­
das por el ''todo" tal como el "todo", a su vez, depende de la cooperación
de sus partes ... El concepto del "todo", como se aplica a los objetos natu­
rales implica, pues, dos grandes desviaciones respecto del esquema cien­
tífico ortodoxo. En primer lugar, la materia, la vida y la mente no consisten
en elementos fijos,constantes e inalterables. Y,en segundo lugar,además
de las partes o de los elementos de las cosas, hay otro factor activo (el "to­
do") que la ciencia no reconoce.
"La evolución es la complejización progresiva de las partes o de los ele­
mentos cooperantes, con un simultáneo aumento de la unidad de la pau­
ta con la que se combinan. Es, pues, una creciente serie de "todos", des­
de los modelos materiales más simples hasta los más avanzados ... El to­
talismo, o el holismo, caracteriza a todo el proceso de la evolución en me­
dida cada vez más creciente. Y el proceso es continuo en el sentido de que
los tipos más viejos de "todos" o pautas no se descartan, sino que se con­
vierten en el punto de partida y en los elementos de las pautas más nue­
vas y•más avanzadas. Así, las pautas químicas materiales se incorporan
en las pautas biológicas, y ambas en las pautas o "todos" psíquicos sub­
siguientes ... Electrones y protones, átomos y moléculas, compuestos inor­
gánicos y orgánicos, coloides, protoplasma, plantas y animales, mentes y
personalidades son sólo algunos pasos en este movimiento del holismo...
"El "todo" es creativo: siempre que las partes conspiran para formar un ''to­
do" surge algo que es más que las partes... El origen de un "todo" a par­
tir de sus partes es un ejemplo de lo más que surge de lo menos, de lo su­
perior que surge de lo inferior,de un modo que no violenta a la razón... por­
que el concepto de un "todo" en relación con sus partes es un producto de
la razón ...
(Enciclopedia Británica: "Holismo")

Más adelante, el general Smuts explica cómo el concepto de una


causalidad puramente mecánica es insatisfactorio y posiblemente una
ficción, pues si el efecto nunca es más que la causa, si la causa es y de­
be necesariamente ser siempre una medida exacta del efecto, éste no
puede ser un universo creativo y progresivo. La causalidad holística (en
la que diversos factores contribuyen a la creación de nuevos "todos")
60
es el proceso real, y hace posible el aumento y el avance que es real­
mente el hecho de la naturaleza. Asimismo, si la causa determina por
completo al efecto, el determinismo es absoluto. En el universo holís­
tico, a la libertad se la reconoce como inherente a la naturaleza.
La unidad orgánica que constituye un "todo" es la base última de la
individualidad. Difícilmente perceptible en el reino inorgánico, la indivi­
dualidad aumenta a lo largo del mundo orgánico hasta que llega a ser
la base del último y máximo "todo" de la evolución, de la personalidad
humana. De la progresiva combinación o integración evolutiva de las
pautas materiales, químicas, biológicas y mentales, nació la persona­
lidad completa, que constituye y explica la unidad y las interrelaciones
existentes entre estos tres conjuntos de pautas.
El "todo", observado desde un punto de vista mecánico externo, es
lo que llamamos partes. Pero desde un punto de vista integral interior,
el "todo" es el yo. La relación del "todo" y las partes se transforma, así,
en la relación del yo con el no-yo, con lo cual estamos familiarizados co­
mo la relación sujeto-objeto, en psicología. La totalidad es la yoidad. El
proceso del mundo tiende desde la materia, a través de la vida, hacia
la mente y el espíritu; desde la necesidad hasta la libertad; desde la ex­
terioridad de los elementos hacia la interioridad y la existencia indepen­
diente de los "todos". La formación de "todos" caracteriza a este proce­
so en cada etapa. Esto se aplica a los procesos psicológicos, en los que
existe un creciente armado de pautas superiores desde pautas inferio­
res. Por ejemplo, la psicología de la Gestalt demostró que la actividad
mental produce pautas o estructuras de experiencia que se comportan
como "todos" y entran en otras experiencias como "todos" indivisos e
indivisibles.
Si bien lo mismo es cierto respecto de las estructuras sociales, re­
ligiosas y políticas, éstas son holoides más que "todos"; y los "todos" re­
ales son siempre las personalidades que construyeron estas estructu­
ras con el fin del crecimiento y del avance espiritual de todos los indi­
viduos humanos. El general Smuts no cree que el individuo exista por
el bien del Estado o de la Iglesia, sino al revés. En cuanto a la posibi­
lidad de que el universo pudiera ser también un "todo", él se rehúsa a
tomar una posición positiva, diciendo solamente que "este no es un uni­
verso completo sino un universo en vías de formación; y puede haber
"todos" grandes y pequeños en vías de formación, más allá de la com­
prensión de nuestras limitadas facultades". Y concluye con estas bellas
palabras:

"Aunque la teoría del holismo acepta francamente la base material del


mundo y reconoce el orden natural corno el idealismo no puede, empero
61
justifica plenamente las demandas de los espíritus en la formación del
mundo ... Estamos constantemente enfrentados con la oposición entre ma­
teria y espíritu, entre lo temporal y lo eterno, entre lo fenoménico y lo real.
El holismo muestra a estos opuestos como reconciliados y armonizados en
el "todo". Muestra al "todo" y a las partes como aspectos recíprocos; lo fi­
nito se identifica con lo infinito, lo particular con lo universal. La eternidad
está contenida en el tiempo, la materia es la vestidura y el vehículo del es­
píritu, la realidad no es un orden trascendente y de otro mundo, sino que
es inmanente en lo fenoménico. Para alcanzar la realidad, no necesitamos
huir de la apariencia: cada pequeño centro y cada pequeño "todo" en el
mundo, por humilde que sea, es un laboratorio en el cual el tiempo se trans­
muta en eternidad, lo fenoménico en real. La verdad prodigiosa está por do­
quier; la plomada que descienda en cualquier sitio llegará a abismos des­
conocidos; cualquier sección transversal del mundo de la apariencia reve­
lará la estructura misma de la realidad. Por doquier, el "todo" hasta el mí­
nimo y más insignificante en apariencia, es el real prodigio, es el milagro
que contiene los secretos que buscamos a tientas con el pensamiento y la
conducta. Existe lo interno que es el más allá. Ser un ''todo" y vivir en el "to­
do" pasa a ser el principio supremo, del que son secuela todas las supre­
mas reglas éticas (como lo es la Regla Dorada). Y vincula a estas reglas
con la naturaleza de las cosas, pues de ella no sólo derivan el bien, el amor
y la justicia sino también la belleza y la verdad, que están arraigadas en el
"todo" y no tienen significado aparte de ésta. El "todo" es realmente la fuen­
te y el principio de explicación de todos nuestros ideales supremos, en no
menor medida que de las antiguas estructuras evolutivas".

La astrología y la lógica holístlca

El "todo" es también "la fuente y el principio de explicación" de la ver­


dadera astrología. Como la entendemos, y como tal vez la entendieron
siempre quienes exploraron su significación más esencial, la verdade­
ra astrología es la matemática de la totalidad. Es la "lógica holística"
en oposición a la "lógica intelectual" de la presente civilización occiden­
tal. Se ocupa del "todo". Estudia la armonía estructural, el crecimiento,
el desarrollo y la desintegración o la transfiguración de los "todos", ya
sean éstos los organismos biológicos habituales o los "todos" menta­
les y espirituales más trascendentes.
La lógica intelectual se ocupa de las "partes"; la lógica holística se
ocupa de los "todos". Como dice Bertrand Russell, todas las proposicio­
nes intelectualmente lógicas son esencialmente tautológicas. Igualan
juicios concernientes al reino de las "partes". Procuran que las partes
encajen bien causalmente, una con las otras. Son 9roposiciones estric­
tamente analíticas y se adaptan perfectamente al concepto mecanicis-
62
ta del mundo, que seguirá siendo siempre un factor esencial en el co­
nocimiento humano. Este concepto tan fuertemente (casi exclusiva­
mente) desarrollado en la civilización europea (y sus prototipos grie­
gos), es un maravilloso instrumento del conocimiento. Pero sólo un ins­
trumento. No nos hace comprender la realidad. Sólo establece una ba­
se de "honradez intelectual" para nuestro enfoque de la realidad. Ayu­
da a eliminar las excrecencias parásitas del emocionalismo subjetivo,
que tan fácilmente corrompen cualquier tipo de conocimiento vital. Por
así decirlo, se filtra en las aguas del ccnocimiento; o, en otro sentido,
en un andamio que eleva al conocimiento a un plano realmente huma­
no. La lógica y la idea de la causalidad estricta (su resultado) son he­
rramientas maravillosas para disciplinar a una mente cristalina, honra­
da, inemocional e indevocional. Sirven para desarraigar el engaño de
lo milagroso, las falacias de la mente religiosa y tribal. Son grandes ca­
tárticos. Pero si bien uno puede suponer cuál será la forma de un edi­
ficio estudiando el andamio que se usó para construirlo, ese andamio
no es el edificio.
El andamio representa la vista externa del mundo, una vista que se
ocupa de las partes como si no fueran componentes integrales y, en un
sentido por lo menos, productos del "todo". Pero en el momento en el
que el "todo" se convierte en una unidad en actividad, las partes ce­
san de ser meramente partes; se convierten en órganos funcionales
del "todo" orgánico. Habitualmente, restringimos el uso de términos ta­
les como organismo, órganos y funciones a lo que ahora se conoce, en
ciencia, como "todos" biológicos . Pero, en el concepto holístico del uni­
verso, extendemos el uso de los términos, potencialmente al menos, a
todas las clases de "todos". El hecho de que haya un "todo" implica la
existencia de partes que son más de lo que, desde el punto de vista me­
canicista, se conoce como meras partes. Nuevamente podemos hacer
una distinción entre partes mecánicas y analizadas intelectualmente, y
partes holísticas; siendo estas últimas, en todos los aspectos, órganos,
células o grupos de células, y agentes del "todo".
En otra parte hablamos extensamente de la filosofía de la Totalidad
Operativa (La Colmena de Vidrio, serie Hamsa de artículos que llevan
este título; 1929 a 1934). Creemos que son muy significativas estas dos
palabras, "Totalidad Operativa", que usábamos años antes de familia­
rizarnos con la obra del general Smuts o con las de otros filósofos in­
gleses. En todo caso, ellas dan la nota clave de una filosofía de la as­
trología. Porque la verdadera astrología se ocupa, exclusiva e integral­
mente, de "todos" operativos. Los trata en el momento preciso en que
emergen a la condición de "todos", cuando son capaces de mantener
una operación independiente como "todos" en su propio nivel del ser;
63
capaces también, al menos potencialmente, de reproducirse a través
de alguna especie de proceso emanativo o multiplicativo.
Aquí nos enfrentamos con dos factores definidos: un factor espa­
cial: la estructura del "todo", su morfología y la suma total de sus carac­
teres específicos; y un factor temporal: el momento de la integración, de
la "holización", cuando lo que sólo era un grupo de elementos empie­
za a operar como un "todo" independiente. Al factor espacial se lo tie­
ne que conocer independientemente de la astrología. Pertenece a
aquellas ciencias que se ocupan del orden o de la estuctura espacial,
como la física, la fisiología y la psicología. Un mapa astrológico nunca
dirá por sí solo si el "todo" caracteriza a un hombre, a un perro, a una
semilla de trigo, o a una idea. Si uno sabe que el mapa ha de referirse
a un ente de la especie horno saplens y , además, a una raza particu­
lar dentro de esa especie (blanca, amarilla, negra, roja), entonces pue­
de tenerse una buena parte de conocimiento inferencia! en cuanto a
la variación individual del tipo que el mapa representa; nada más.
Esta es una de las razones de por qué comparamos a la astrología
con la matemática pura; pues la matemática no da información alguna
respecto de lo que sus ecuaciones refieren. Primero, hemos de tener
conocimiento perceptivo; luego, sólo podremos usar la matemática pa­
ra dar una nueva cualidad a ese conocimiento. De modo parecido, a fin
de usar inteligentemente a la astrología, primero tenemos que saber
qué clase de "todo"el mapa simboliza ¿Es un ser humano? ¿Es un hom­
bre o una mujer? Y, al menos en alguna medida, ¿qué tipo racial y cul­
tural de hombre o mujer es? Conociendo estas cosas, la astrología po­
drá entonces usarse para añadir una nueva cualidad a ese conocimien­
to. Esta cualidad depende casi únicamente de valores que se refieren
a la esencia del tiempo: un factor casi enteramente desconocido en la
ciencia. La astrología arraigada en el misterio del tiempo.
Volvamos a expresar otra vez nuestro paralelismo entre lógica y as­
trología. La lógica es un método de comprobación de la pureza del prin­
cipio causal en cualquier concepto. A su vez, el principio causal es la ba­
se de la teoría mecanicista, que, como se vio anteriormente, se refie­
re a un punto de vista externo desde el cual el universo aparece como
una agrupación de elementos causalmente relacionados en una matriz
abstracta que ahora se llama espacio-tiempo, o el contlnuum. En tal
teoría, la esencia del espacio absorbe completamente a la realidad del
tiempo, que se convierte meramente en una cuarta dimensión del es­
pacio. Como lo señalara Bergson en su gran obra La Evolución Cre­
adora, el tiempo de la ciencia es puramente matemático y no tiene va­
lor vital intrínseco. Luego, aquél trató de aproximarse a la realidad del
tiempo, que expresó con el término "duración".
64
El tiempo y los ciclos
En el universo holístico (hablando en general, y no necesariamen­
te como el general Smuts lo ve) el tiempo es, en verdad, muy real. Y su
realidad ha de identificarse, en muy gran medida, con la realidad de
la totalidad de los "todos". No sólo el tiempo real, o la duración bergso­
niana, pasa a ser una función de la totalidad de los "todos", sino que,
en una especie de modo meta-causal, entra en la "holización" de cual­
quier grupo de elementos. Están involucrados, pues, dos factores: Pri­
mero, el lapso de existencia independiente de cualquier "todo", está
unido íntimamente con el carácter de la totalidad de ese "todo". Segun­
do, la cualidad del momento cuando el grupo se convirtió en un "todo"
operativo determina la cualidad de la totalidad del "todo".
En otras palabras, si un "todo" continúa existiendo como tal duran­
te un minuto, un año o mil millones de años, no es meramente una cues­
tión secundaria. El lapso de la totalidad no puede aislarse de la esen­
cia del "todo". La relación entre ambos no es de causalidad sino de iden­
tidad. Considerando como una entidad particular viva, un hombre es la
longitud de su vida: primera proposición. Un hombre es el momento en
que asume la fuerza de la existencia independiente (primer aliento): se­
gunda proposición. Tales son postulados de una "filosofía del tiempo".
No obstante, éstos no contradicen los hechos de que un hombre es,
en primer lugar, un ente perteneciente a la especie humana, luego a una
raza y a una agrupación fisiológica particulares. Estos hechos deter­
minan las características espaciales de un hombre: su estructura bio­
lógica. Pero un hombre es no sólo una parte de una colectividad (crite­
rio mecanicista). Es un "todo" individual (criterio holístico).¿Qué es lo
que caracteriza a este "todo" individual? El momento de su primer
aliento, y el lapso de su vida: siendo ambos valores conexos en el
tiempo real.
La ciencia moderna nada tiene que decir sobre la cualidad de la to­
talidad de ningún "todo": ni tiene nada vital y real que decir sobre. la
esencia del tiempo. Los "todos" son criaturas del tiempo. Las partes, co­
mo elementos relacionados causalmente, son criaturas del espacio. El
término "criaturas" puede ser algo alegórico: pero la idea general es co­
rrecta, pues la relación del tiempo con los "todos" es de tipo genético.
No es exactamente que el tiempo cree "todos" sino que el tiempo con­
diciona la creación de los "todos". Para volver a nuestra anterior ilustra­
ción, la matemática no crea a la física, sino que la matemática condicio­
na la creación de la física. La matemática hace que la física sea un "to­
do", a través del proceso de la correlación lógica de datos. De modo pa-
65
recido, el tiempo crea "todos" agrupando elementos operativos, a tra­
vés de un proceso de correlación y "holización" de estos elementos. Es­
te último proceso no es lógico. En algunos casos, podemos llamarlo bio­
lógico; pero, en un sentido más general, trasciende lo que corriente­
mente se llama "vida". Podría denominarse clclológico, porque el
tiempo es esencialmente cíclico en sus manifestaciones.
Por tanto, la ciencia de los ciclos (o, más exactamente, la ciencia de
la "ciclicidad"). Laciclología es a la ciencia de los "todos", lo que la ma­
temática es a la ciencia física moderna. La matemática analiza al espa­
cio; la ciclología analiza al tiempo: al tiempo real, al tiempo de lo vivo y
lo total. La primera empieza a partir de un punto de vista causal, inte­
lectual y externo (en el sentido del término del general Smuts) del uni­
verso, concebido como extendido en un contlnuum espacio-tempo­
ral abstracto, en el que el tiempo se interpreta como una coordinada ex­
tra-espacial. La última empieza a partir de un punto de vista sincronís­
tico, holístico e interno del universo, concebido como In-tendido en un
tiempo cíclico psicobiológico, cuya unidad podría llamarse el "quantum
de la duración", o sea, el momento creativo. El momento es creativo en
la medida en que libera la fuerza necesaria para crear "todos". Es una
especie de "fotón", pues representa una unidad de liberación de esa
energía creadora de "todos", que es la realidad recóndita del tiempo.
Si nos referimos nuevamente a las ideas del general Smuts y vemos
con él a la totalidad del "todo" como idéntica al yo o al alma (dependien­
do de las definiciones de estas palabras), entonces podremos com­
prender que el momento es creador de existencia independiente o al­
ma; que un alma puede determinarse en función del momento en el que
el todo, del cual es la totalidad misma, surge como una individualidad
independientemente operativa. Así, el tiempo pasa a ser la matriz uni­
versal de las "almas individuales". Cada alma (o cada "todo") tiene su
momento natal y su ciclo de manifestación, los cuales lo determinan
plenamente como un alma, o sea, como una totalidad de partes, que,
en su ascendencia como partes, se refieren al espacio.
Esto encaja bien con el viejo simbolismo mitológico. Pues Cronos­
Saturno es el creador de las almas individuales, o de los yoes, perso­
nalidades o egos individuales, según el modo con que estos términos
se definan. Es el dios de los ciclos, el que rige la Edad de Oro (o sea,
el comienzo de cualquier ciclo). Es el principio de la limitación, de las
fronteras, de la finitud, de la cristalización y la forma. Y esto porque ca­
da "todo" debe necesariamente ser finito; porque totalidad implica
finitud y existencia independiente implica limitaciones y forma. Pero la
Edad de Oro es la edad de la inocencia y el gozo; pues vivir totalmen­
te dentro de los límites y de las fronteras cíclicas de nuestra propia tota-
66
lidad es inocencia y gozo verdaderos; y el pecado y la tragedia sólo so­
brevienen cuando intentarnos ir más allá de estas fronteras en busca de
lo "infinito".
En una de sus cartas a los estudiantes, Marc Jones escribe:
"No hay engat'lo tan perjudicial para el crecimiento espiritual del buscador
como la idea de que el infinito es algo que hay que buscar, y algo que hay
que ganar... El infinito es un concepto de la mente finita, para llegar a al­
go que no existe, y la finitud es una necesidad de comprensión de la infi­
nitud, por paradójico que esto parezca... El temor es infinito, tal como el
amor es finito. El odio es infinito, pues es una mentira o una rendición de
un alma a lo inmoral o lo bajo; pero la divinidad es finita, es definida, eso
es. Finito significa limitado, infinito indica una falta de delimitación. Lo to­
talmente ilimitado es totalmente desconocido, lo totalmente definido es lo
absolutamente conocido. Dios era finito para Jesús: su "padre". La divini­
dad es finita para el estudioso que conoce a través del lazo espiritual, la li­
mitación iniciática de su ser. Pablo se llama "esclavo" de un amo inmortal,
y en esta "servidumbre" se convierte, de modo parecido, en una persona­
lidad real o inmortal. La realidad es finita, jamás se gana infinitamente. La
búsqueda de lo real es realmente la búsqueda de lo absoluto finito."

Esto nos trae de vuelta, fácilmente, a la revolución que Einstein rea-


lizó en el dominio de la física mundial declarando que el universo es in­
finito pero limitado. A partir de esta afirmación matemática, la ciencia
moderna empezó a tratar al universo como a un "todo", y también al áto­
mo como un "todo" compuesto por partes muy peculiares. Todo lo cual
conduce en dirección al holisrno. Pero cuestionaríamos seriamente al­
gunas ideas filosóficas, implícitas en la teoría generalizada de Einstein.
Por ejemplo, diríamos que el espacio como tal es ilimitado; porque el es­
pacio se ocupa de la extensión causal de los elementos, de las partes
que serán. Y no hay límite para el número posible de elementos y pa­
ra las relaciones entre éstos. Pero el tiempo es limitado; porque es el
dominio de la creación de totalidades; y la totalidad, o la personalidad
independiente es, por definición, limitada. Hablando abstractarnente, el
tiempo es el Ciclo, cualquiera que sea su tamaño aparente. Es el "círcu­
lo de la totalidad"; el Anillo mitológico-astronómico de Saturno. Por tan­
to, lo que hace que el espacio-tiempo sea limitado es el factor tiempo.
El tiempo infinito es un absurdo. La eternidad no es tiempo infinito, si­
no un ciclo inmenso de tiempo o eón. Hablando místicamente, es la to­
talidad de cualquier ciclo.
En filosofía gnóstica, un eón es no sólo un ciclo de tiempo, sino tam­
bién una Consciencia divina o un Ser cósmico: un "Todo" cósmico. Es-
67
to se aplica a todo ciclo, por pequeño que parezca ser. Un momento es
un eón, en el sentido de que es una unidad de tiempo y un alma, o la
matriz formativa de un número de "todos" que alcanzan luego su tota­
lidad. En cuanto a lo que se llama el "Yo universal", no significa un Yo
infinito, sino, por el contrario, lo que alcanza una existencia indepen­
diente perfecta durante cada "quantum de duración", durante cada mo­
mento, o sea, el "todo" que es "todo" en y a través de cada uno de los
momentos más cortos, sin interrupción concebible alguna en la existen­
cia independiente. Puede ser lo más pequeño de lo pequeño, o lo más
vasto de lo vasto. Las dimensiones no cuentan, porque pertenecen al
dominio del espacio. Tampoco importa si un "todo" tiene ésta o aque­
lla cantidad de partes, pequeña o tremendamente grande. El número de
partes y el grado de extensión de las dimensiones no pertenecen al do­
minio de la totalidad, o del tiempo, sino a la ilusión de la espacialidad,
a la ilusión de más y menos, de la lógica intelectual y de la causalidad.
El ser es potencialmente total a cada momento. El Ser supremo es
Quien es realmente total a cada momento, sin conocer la desintegra­
ción que es la muerte; Cuyo lapso está tan lleno de totalidad ininterrum­
pida que es lo más pequeño de lo pequeño y lo más vasto de lo vasto.

El tiempo positivo y negativo

Todo lo cual es indudablemente muy metafísico; ¡pero tan intensa­


mente práctico! Se refiere a uno de los cambios básicos que caracte­
rizan a este período de transición nuestra; un cambio muy complejo en
la medida en que, a veces, parece dirigirse en una dirección, y en otras
ocasiones, en la dirección contraria. Desde el siglo VI a.c., la humani­
dad trató de repolarizarse de acuerdo con un nuevo punto de vista men­
tal y abstracto. Sus mejores filósofos y científicos recalcaron el factor de
la "forma". La forma, que no debe confundirse con el "cuerpo" es me­
ramente el resultado sintético de una relación puramente abstracta. Sin
embargo, la forma, cuando se manifiesta en el ordenamiento de los ele­
mentos materiales en un "cuerpo" (u objeto), implica extensión en el es­
pacio. El espacio, pues, como principio cósmico, ha sido fundamental­
mente enfatizado durante estos últimos veinticinco siglos.
Por otra parte, al tiempo real se lo dejó en segundo plano. Para la
humanidad arcaica, tiempo significa una línea de modificaciones suce­
sivas experimentadas por los cuerpos materiales. Hasta allí el tiempo
era significativo, pues parecía causar la fatal desintegración de cuerpos
y energías. De manera que el tiempo era análogo al destino. Saturno
era el dios del destino y del karma: el gobernante implacable cuyos de-
68
cretos significaban el cese y la muerte. Cese significa emoción; y lo mis­
mo, nacimiento. Todos los grandes cambios, todos los momentos en
los que el tiempo parece actuar con fuerza e importancia particulares,
son causas de emociones intensas. Así, al hombre "natural" los valo­
res temporales le parecen valores emocionales. El tiempo (Saturno)
opera -como después lo veremos- a través de cambios en los sen­
timientos (Luna). Los cambios de la Luna moldean la vida de los sen­
timientos del hombre, como los cambios solares afectan la actividad de
la fuerza vital básica en todos los cuerpos vivos.
El tiempo, así conectado con el cambio, lleva consigo la importan­
cia del cese (ver el simbolismo de Saturno); y, de esta manera, la de la
trágica incapacidad de perpetuar la consciencia, el amor, la juventud y
todos aquellos símbolos de una forma orgánica que funciona perfecta­
mente. En otras palabras, el tiempo, que al principio se asociaba con el
nacimiento de las cosas (la Edad de Oro) y la bienaventuranza, duran­
te muchos siglos parece haber estado esencialmente vinculado con la
idea de la muerte y la fatalidad de no poder mantener la propia identi­
dad (lo cual significa, de retener una forma definida). Al tiempo de Sa­
turno se lo consideró, pues, cada vez más (especialmente a lo largo de
la era cristiana) como la fuerza que se opone a la vida; como una fuer­
za antiholística.
Esto es en sí mismo muy significativo. Lo que realmente genera "to­
dos" y da nacimiento a la almas fue considerado casi exclusivamente
como ¡la causa de toda destrucción! Desde luego, es la causa del na­
cimiento y la causa de la muerte. Pero porque a "este mundo" se lo con­
sideraba malo e ilusorio, el nacimiento no pareció un hecho particular­
mente alegre, y lo que es bastante curioso es que a la muerte incluso
se la temía más; lo cual realmente sería muy ilógico, si no fuera por el
hecho de que se enseñaba que la muerte significaba, en tantos casos,
¡el nacimiento del infierno! La filosofía oculta y los tipos más profundos
de mística recalcaban la enseñanza de que, mientras el hombre co­
rriente, que identificaba a su personalidad independiente con su cuer­
po de materia terrena, se enfrentaba, al morir, con la extinción de la
consciencia personal, el adepto, que lograba transferir su existencia in­
dependiente desde el cuerpo a la forma abstracta (o prototipo astral),
no conocía, al morir, el cese de la personalidad. Su cuerpo material se
desintegraría bajo el imperio de Saturno, pero habiendo establecido su
existencia independiente en una forma abstracta, podía engañar a Sa­
turno. Seguía siendo el mismo yo, menos un vehículo material para ex­
presarse. La totalidad del "todo" permanecía, aunque la fuerza opera­
tiva del "todo" (en términos de actividad terrena) había desaparecido.
Así, mediante el dominio de la forma, fue vencida la fatalidad del ce-
69
se. El hombre, construyendo su "forma de inmortalidad", o extrayéndo­
la de los elementos sustanciales que le dieron cuerpo, era capaz de re­
tener su existencia independiente a pesar de todos los cambios, a pe­
sar del tiempo. Tras haber construido su propia estructura espacial co­
mo una fortaleza inexpugnable, podía desafiar al tiempo. Esto sólo po­
día hacerse con el uso de la mente. Varios niveles de la mente confe­
rirían a uno varios tipos de inmortalidad. Un gran libro recordado a lo
largo de los siglos es una especie de inmortalidad personal para su au­
tor. Sin embargo, el adepto era capaz de ganar un tipo aún más integral
de inmortalidad funcionando más allá de la muerte en su "cuerpo de
Cristo" o "cuerpo de resurrección", o cuerpo nlrmanakaya, etc.
Lamentablemente, la mente de tipo creativo (o sea, la mente con­
siderada en relación con el proceso de crear "todos") pronto fue oscu­
recida por el tremendo progreso de la mente de tipo lógico, o por el in­
telecto analítico. A través del análisis, el espacio perdió su totalidad (o
sea, su conexión con la fuerza holística del tiempo) y pasó a ser meca­
nicista y estrictamente causal. Pasó a ser infinita y, por tanto, sin sen­
tido. Se la concebía como extendiéndose en todas las direcciones, in­
finitamente. La causalidad y el mecanicismo condujeron a la formula­
ción de las leyes de la termodinámica y a la idea de la entropía. Al uni­
verso se lo veía como "agotándose". Aquí también el tiempo se conver­
tía en la fatalidad del cese, en lugar de la fuerza que daba nacimiento
a los "todos".
Sin embargo, ultimamente, el primer plano lo ocupó una tendencia
a replantear la cosmología en términos que no difieren de los antiguos
Días y Noches de Brahma. Al universo no sólo se lo concibe como un
"todo", sino que en vez de representarlo como un "todo" que explota,
adquiere la fuerza para regenerarse, alternando períodos de contrac­
ciones con períodos de expansión (Sir James Jeans; op.clt., pág. 138).
Parece probable que un nuevo modo de ver la esencia del tiempo con­
duzca más lejos a los científicos y hacia teorías más satisfactorias.
Sin embargo, la cuestión principal que tenemos que entender es
que hay dos conceptos fundamentales posibles del tiempo: el tiempo
negativo es el tiempo concebido como la fatalidad del cese. El tiempo
positivo es subjetivo y emocional. Dice: "Aquí estoy, total, vivo, cons­
ciente; iY "todo" va a terminar! Cada cambio es un paso hacia la muer­
te, y todo es, pues, sufrimiento, y todo es en vano". Así habla el indivi­
duo que vio que la existencia independiente individual es un espejismo.
"Todas las cosas compuestas se descomponen", dijo el Buddha. De lo
cual se colige, lógicamente, que la única actitud sabia a tomar es reti­
rar nuestra consciencia de todos los compuestos cambiantes y morar
70
en la "forma abstracta" pura, en la totalidad más allá (o dentro) de to­
dos los "todos". Este es el estado del Nirvana.
El concepto positivo del tiempo ve al tiempo como el nacimiento
eterno de los "todos" que no mueren necesariamente como tales sino
que pueden seguir combinándose entre sí, formando, en ese proceso,
"todos" cada vez mayores. Mediante la participación en la conscien­
cia, el individuo puede llegar a ser una parte orgánica de un "todo" ma­
yor; y así alcanzar la inmortalidad dentro de ese "todo", como un agen­
te funcional de la totalidad del "todo"mayor. Este género de inmortali­
dad difiere, en significado, de la inmortalidad estrictamente personal,
porque no se basa en vencer al tiempo sino en la identificación con la
creadora fuerza de cada momento.
El hombre debe vivir plenamente cada momento y, en primer lugar,
su momento natal fundamental y su Destino íntegro. Como cesa de re­
sistir al tiempo, pero por el contrario acepta el creador mensaje de ca­
da momento, cada momento se aprecia como un nacimiento. Como el
hombre vive creadoramente, vive en un proceso constante de creación
de "todos". No trata de escapar de las limitaciones de cualquier momen­
to lanzándose al espacio sino que él colma el espacio y la forma deter­
minados por la potencia de cada momento; y, al hacerlo, renueva cons­
tantemente su totalidad. Crea, con la misma facilidad y alegría, en los
momentos que definen su totalidad como la de la juventud, como en
aquellos otros momentos que definen su totalidad como la de la madu­
rez, la vejez o la muerte. Todas estas definiciones del tiempo son opor­
tunidades igualmente creadoras para la creación de "todos". A cada
momento, él es un "todo" que se combina con todos los otros "todos"
dentro del "Todo" universal. Cuando la estructura espacial conocida co­
mo su cuerpo ya no puede definir una nueva serie de creación de "to­
dos", la estructura se resuelve en sus elementos, los cuales se recom­
binan dentro del "todo" para introducir la alegría de nacer en otros mo­
dos. Pero, en el momento mismo en que el cuerpo pierde su fuerza ho­
lística y se descompone, en ese mismo momento millones de estructu­
ras nacen en el universo. Puede nacer una estrella, y quien colmó el
tiempo y se identificó con sus mareas cíclicas es llevado allí para un na­
cimiento inmediato según la plenitud de la fuerza creadora de "todos"
que haya desarrollado, entonces dentro de su estructura espacial final
(o sea, especie, raza, familia o agrupaciones de toda clase).

Las intuiciones y los símbolos

El nuevo tipo de astrología, que tratamos en este libro, se funda en


este concepto positivo del tiempo. Y, en consecuencia, implica el uso
71
de una facultad que no tiene cabida en mentes agobiadas por el con­
cepto negativo del tiempo, su determinismo y sus temores. Según el
concepto negativo del tiempo, cada "todo" muere a cada momento en
sus partes. De manera que lo único que el "todo" puede hacer es tra­
tar frenéticamente de obtener nuevas partes, y así dominar las leyes
causales de la relación entre las partes para que, mediante una dies­
tra ingeniería, a la fatídica desintegración se la haga tan lenta como
sea posible, y se preserve la estructura espacial. Tal como en la gue­
rra, la ofensiva es el mejor medio de defensa, de igual modo la auto-
preservación se cumple mejor por medio del autoengrandecimiento. Lo
cual conduce al imperialismo y la codicia, con un trasfondo constante
de temor. En el límite tenemos el símbolo del "mago negro", quien se
alimenta con la muerte de todas las cosas; quien, en un temor absolu­
to, preserva su perfección formal destruyendo todas las cosas y succio­
nándoles su fuerza vital. Tal es la manifestacíon suprema del tiempo
negativo. Abarca el uso de un intelecto poderoso, que reduce todas las
cosas a elementos a fin de asimilarlas, lo cual es absolutamente incre­
ativo porque está absolutamente divorciado de la fuerza holística del
tiempo verdadero.
Este tal vez sea sólo un símbolo, pero indica la consumación del
proceso que ensalza exclusivamente la lógica intelectual, y la actitud
analítica y causalista de la mente. En oposición a esto, vemos el desa­
rrollo de la facultad de la intuición, que es la facultad para identificarse
con la fuerza del tiempo, creadora de "todos". La intuición empieza con
el instinto biológico. 2 Esta última capta cada situación y cada confron­
tación nuevas como un "todo", y reacciona también instantáneamente
como un "todo". Así, existe un ajuste perfecto de un "todo" con otro, y
un cumplimiento perfecto de todas las relaciones involucradas en la
confrontación y del momento mismo.
La intuición es la misma fuerza en el nivel psico-mental C. G. Jung
habla así de la intuición:

2 Bergson define a la intuición como instinto que es consciente de sí, liberado de la es-

r:_lf1, ¡:,i_·.!:1,' �?ftE:�E���;;�j��Iª�iI��!Tu��;r�


, pática entre nosotros y otros seres vivos. La intuición transciende al intelecto, pero es por
medio del intelecto que creció más allá de las limitaciones del mero instinto. Sin la coope-
fü;:;:t ración del intelecto debió -oomo instinto- haber permanecido vinculada con algún obje-
i I i práctica, y haberse gastado en un acto externo (Ver La Creación
�v:��� :, �=p� � ���-
l!i!:;¡¡ t l

72
"La intuición es una especie de captación instintiva, independiente de la na­
turaleza de su contenido ... A través de la intuición, cualquier contenido se
presenta como un "todo" completo ... La cognición intuitiva posee una na­
turaleza intrínseca de certidumbre y convicción que le permitió a Spinoza
apoyar a la "scientia intuitiva" como la forma suprema de cognición."

La mejor definición sería para nosotros, aparentemente, que la In­


tuición es percepción holístlca. También puede definirse como per­
cepción consciente del yo. Es la facultad que nos permite ser cons­
cientes del yo (la totalidad) de cualquier "todo". Así se opone a las sen­
saciones, que siempre son fragmentarias y, por tanto, necesitan la ló­
gica causal del intelecto (o la fuerz a biológica equivalente de la asocia­
ción de las sensaciones) para coordinarlas. La intuición no se basa en
la lógica causal, pero tiene un tipo definido de logicidad, al que nos re­
ferimos como "lógica holística". La certidumbre derivada de las capta­
ciones intuitivas no es del mismo tipo que la derivada de las simples pro­
posiciones matemáticas; empero, la captación intuitiva es, según su
propia modalidad, un género de tautología.
Bertrand Russell definió a la tautología como una proposición que
muestra "que ciertos diferentes conjuntos de símbolos son diferentes
modos de decir lo mismo". En otras palabras , el proceso es el de iden­
tificar dos representaciones simbólicas. La captación intuitiva se pare­
ce a esto porque, a través de ella, un "todo" (ya sea un individuo o una
situación) se identifica con una cualidad. Digamos que uno sabe intui­
tivamente que un hombre es honrado. Esto significa que, de un modo
peculiar, el hombre y la honradez se captaron como idénticos. La cua­
lidad-la honradez- se sobreimpuso al concepto de hombre, y se uni­
ficó con aquél. Creemos que todas las intuiciones pueden explicarse
como identificaciones repentinas de los "todos" particulares con las
cualidades básicas contenidas, por decirlo así, en el inconsciente.
Cuando una persona (o una situación total) se convierte en el tema de
una captación intuitiva, una o varias de estas cualidades básicas son re­
pentinamente arrancadas del inconsciente y se unifican de tal modo
con la imagen mental de la persona (o de la situación) que esta última
se torna completamente significativa en términos de estas cualidades 3.
La astrología se basa en una de estas captaciones intuitivas iden­
tificando el "orden" y "los movimientos celestes de los astros". La cua­
lidad conceptual de "orden" estaba latente en el inconsciente. Fue el re­
sultado psicológico de un anhelo de encontrar una compensación por

Jli 3 Ver los dos capítulos siguientes en cuanto a un ulterior estudio de estas "cualidades"
fü@ e "imágenes primordiales" del inconsciente.

73
el caos aparente de la existencia cotidiana. Además, el hombre obser­
vó que existía una notable regularidad en los movimientos del Sol, la Lu­
na y las estrellas. Luego, el factor psicológico interno y la percepción ex­
terna aparecieron de algún modo como idénticos. Uno se convirtió en
el símbolo de la otra. Todas las intuiciones se basan en símbolos.
¿Qué son los símbolos? Son representaciones de cualidades
que pertenecen a los "todos". Para distinguirlas de los símbolos, las
enumeraciones y categorías pertenecen a las partes. Las partes exis­
ten en un estado de simultaneidad coextensiva, o sea, en el espacio. Se
los ve en yuxtaposición y, básicamente, nos impresionan por sus dife­
rencias: ocupan lugares diferentes, se orientan de modo diferente, se
comportan de distinto modo. Tienen características distintivas, merced
gundo plano de un espacio homogéneo, o en mutua contraposición, por
contraste. Por ello, a las partes se las puede enumerar: pueden recibir
valores cuantitativos y conexiones causales; se las puede clasificar en
categorías, compartimientos, etc. Pero cuando llegamos a los "todos"
(ya sea como entes totales, o como situaciones totales) nos enfrenta­
mos con individualidades verdaderamente indivisibles que deben ser
entendidas y vividas como "todos". A fin de hacerlo, tenemos que es­
tablecer una corriente de "simpatía" entre nosotros mismos (como un
"todo") y ellos. Nuestra totalidad se encuentra y unifica con la totalidad
de ellos. En nosotros, el resultado es un estado psíquico. Este estado
es puramente cualitativo; pues como lo muestra Bergson en su libro
Les Données lnmédlates de la Consclence, 4 los estados psico­
lógicos son, en sí mismos, puramente cualitativos, y la duración pura es
una "sucesión de cambios cualitativos".
De manera que, hablando brevemente y evitando prolongados ar­
gumentos metafísicos, podemos decir que cada "todo" como lo expe­
rimentamos en cualquier momento particular, está imbuido de una cua­
lidad que representa al "genio" de este "todo", el genio de la situación
como un "todo": su significación, su "alma". ¿Cómo puede transmitirse
esta alma o esta significación? No sólo mediante una enumeración de
las partes que constituyen el "todo", sino mediante un "símbolo" que,
como un "signo", revela la significación del "todo".
Los valores del tiempo, los valores del alma, los valores de los "to­
dos" -todos términos similares- no pueden comunicarse directamen­
te. El análisis intelectual y sus operaciones mentales conexas no son
de utilidad alguna para transmitir la totalidad del "todo", el genio de una
situación total, de un momento total. Sólo la intuición, basada en la iden-

!] 4 En traducción al inglés, apareció como Time and Free WIII. Ver capítulos I y 11.

74
tificación y la simpatía perfecta (o la armonía perfecta) puede llevarnos
a la captación de esa totalidad o ese genio.
Pero, ¿cómo podremos despertar este estado de identificación?
Sólo mediante la formulación de una situación o una imagen que, de
una manera dramática activa, exteriorice la cualidad del "todo", y que,
además, tienda a despertar la experiencia de esa cualidad en otros. Su­
pongamos que un hombre vive en una espesa selva, tan tupida que
nunca vio un cielo nocturno lleno de estrellas. En la selva, él experimen­
ta constantemente temor y ataques de cosas vivas hostiles. La vida de
la selva le parece un pavoroso caos de instintos brutales. Después lle­
ga hasta él un ser superior que lo lleva a la cima de una montaña des­
de la que puede observar el ordenado desfile de las estrellas. Le ense­
ña los rudimentos de la astronomía y las ordenadas leyes de los movi­
mientos celestes. Por primera vez, la totalidad de ese hombre se en­
frenta con la totalidad del universo, y experimenta la realidad del orden
y de la armonía. Ahora se da cuenta de que hasta la vida de la selva es
gobernada por alguna armonía vasta y misteriosa.
Luego regresa a su selva, y todo su ser está colmado con esa ex­
periencia. Trata de comunicar el significado del orden a sus compañe­
ros de la selva, pero, por supuesto, no lo consigue porque aquéllos ca­
recen de una experiencia sensoria que pueda darles el "símbolo" del or­
den. Finalmente, el hombre los conduce hasta la copa de altos árboles
y ellos contemplan el despejado cielo nocturno. Una noche tras otra,
ven el desfile de las estrellas. Pueden percibir la realidad del orden uni­
versal, pues a la sazón vieron su "signo". Y después, si no pueden tre­
par a los altos árboles y están oprimidos por el oscuro caos de la sel­
va, siempre que se sienten perdidos en este caos, otro hombre podrá
decirles: "Recordad las estrellas. En el mundo hay orden". Y los hom­
bres desesperados pueden experimentar nuevamente la realidad del
orden mediante la fuerza del simbolismo de las estrellas.
De modo parecido, un tigre se convierte en un símbolo de temor; y
una casa sólidamente construida en un símbolo de protección. En otras
palabras, una situación de vida que, en la experiencia más o menos uni­
versal de la humanidad, es identificable espontáneamente con la cua­
lidad de un estado psicológico particular, se convierte en el símbolo de
ese estado. Ese estado es el que se exterioriza como una imagen sim­
bólica, la cual, más adelante, en una etapa posterior de la evolución, se
abstrae en una palabra, una frase o una obra de arte.
Lo que hace que la imagen o la acción dramática sea un símbolo ap­
to es, en primer lugar, el hecho de que constituye una situación total.
Debe experimentarse como un " 'todo' activo"; de otro modo, no reve­
laría, en otra persona, un estado psicológico totalmente determinado.
75
Entonces, deberá relacionarse con la experiencia pasada de esa per­
sona, directa o al menos indirectamente. Ningún símbolo es realmen­
te significativo para quien no haya experimentado el " 'todo' activo" que
representa. Un tigre no es símbolo de temor para nadie que jamás ha­
ya tenido la experiencia de un tigre, en forma directa, o vicaria, partici­
pando de la experiencia de otras personas. Cuanto más vicaria y remo­
ta es la experiencia, menos significativo es el símbolo, porque tiene me­
nos fuerza para suscitar el estado psicológico que tiene por objeto ser
idéntico.
Dijimos que todas las intuiciones se basan en símbolos. Y también,
de modo diferente, los instintos. Un animal se enfrenta con una situa­
ción y reacciona ante ella instintivamente. Si en el pasado su especie
en conjunto no experimentó situaciones idénticas, tal reacción no exis­
tiría, ciertamente no como para perfeccionar una conducta. El hecho de
que la situación haya sido experimentada antes, muchas veces, convir­
tió en un símbolo a la configuración de los elementos que la constitu­
yen. Se convirtió en un signo de un estado psicológico-biológico que
compelió a una adaptación inmediata. La reacción instintiva es no só­
lo inmediata sino también una adaptación perfecta a la situación por
parte de quien tiene la experiencia. Esto es así porque el símbolo tie­
ne significación absoluta, y por tanto, compele absolutamente, sin re­
servas ni perversiones, a la adecuada conducta vital o biológica.
Por el contrario, en un ser humano moderno, difícilmente situación
alguna de la vida esté dotada de significación absoluta como símbolo,
porque el hombre moderno usa su mente analítica en tal medida que ya
no puede captar una situación (ni puede captarse) como un "todo". No
es total en sus reacciones, a menos que esté bajo la presión de urios
pocos sentimientos biológicos omnicompulsivos. No ve a las personas
o a las situaciones como "todos". Por tanto, no las identifica inmediata­
mente con "cualidades", de las que ellas son símbolos. A causa de que
no se las capta como símbolos de cualidades, plena y totalmente expe­
rimentadas en el pasado, deben ser analizadas, un trozo tras otro. El re­
sultado, en el mejor de los casos, es una reacción demorada; o una re­
acción errónea. Ni el instinto ni la intuición analizan a un hombre o a una
situación trozo tras trozo; sino que los captan en su totalidad y de inme­
diato. Los ven en su totalidad y como identificados con una o varias cua­
lidades, lo cual determina una reacción correcta.
Incluso en la actualidad, el indio norteamericano reacciona habi­
tualmente de inmediato ante una persona con la que nunca se encon­
tró. La voz de esta persona, o la calidad de su silencio, o algo indescrip­
tible llega a ser para el indio un símbolo claro de la personalidad real de
aquélla (o sea, de su totalidad). Y, consiguientemente, actúa con ver-
76
dadero juicio, sobre la base de su intuición. Por el contrario, el hombre
blanco habitualmente no se encuentra con un extraño como un "todo"
que se encuentra con un "todo", intuitivamente, sino que empieza a
analizar éste o aquel rasgo o característica. Y al ver partes más o me­
nos inconexas, en vez de un símbolo total significativo de las cualida­
des, reacciona frecuentemente ante el extraño de un modo que resul­
ta equivocado.
La intuición es, pues, la facultad que permite leer a cada "todo" co­
mo un símbolo de una cualidad básica de la vida. Esto significa real­
mente ver al alma en cada cosa, a la totalidad (a la cualidad) en cada
"todo". A través de sus instintos, el animal vive en un mundo de símbo­
los captados inconscientemente, que obliga a sus funciones biológicas
a reaccionar en perfectos patrones de conducta. El hombre totalmen­
te intuitivo vive en un mundo de símbolos percibidos conscientemente,
en un mundo de almas, lleno de significado. La combinación de todos
estos símbolos a cada momento constituye otro símbolo, el símbolo-se­
milla del momento. Este símbolo-semilla revela la cualidad significati­
va del alma de ese hombre como se ve revelada en la realización del
momento.
Hablando cósmicamente, cada momento del universo puede cap­
tarse, pues, como un símbolo cósmico que revela la cualidad del mo­
mento, y el alma del Cosmos, -Uámeselo Dios, si se lo desea-. Ca­
da momento así captado, sin embargo, es ese momento en relación con
el perceptor en la Tierra, y el límite, para el "todo" de la humanidad.
Como vimos que cada momento es un nacimiento de innumerables
"todos", se desprende que, por ley de herencia cósmica, la cualidad de
ese momento determina la cualidad básica de los "todos" de ella sali­
dos. Y como la revolución ordenada de los cuerpos celestes es el gran
símbolo del orden natural y cósmico, se desprende que el patrón cre­
ado por estos cuerpos celestes en cualquier momento puede tomarse
como el símbolo radical de la totalidad (existencia independiente y des­
tino) de cada "todo" nacido en ese momento. La cualidad revelada por
ese símbolo radical es la cualidad de estos "todos". Pero el símbolo ra­
dical (el mapa natal astrológico) debe considerarse como un "todo" y
a través de la facultad de la intuición. Para el intelecto analítico es en
vano captar símbolos holísticos, y si el mapa natal significa algo vltal
y real, sólo podrá serlo como un símbolo; por tanto, como una con­
figuración total, como un "todo". La totalidad del patrón celeste al na­
cer y la totalidad de la existencia independiente y del destino del nati­
vo son idénticas; y ambas son expresiones de la totalidad del momen­
to. En la lógica intelectual tenemos la fórmula: Si A= B, y B = C, enton­
ces A= C. Sin embargo, la lógica holística da al símbolo = un significa-
77
do diferente al de la lógica intelectual; por así decirlo, le da un
significado genético.
Debemos añadir ahora que las revoluciones del Sol, los planetas y
las estrellas no sólo son material que pueda usarse como símbolos pa­
ra una revelación intuitiva del alma del momento. Teóricamente, todo
puede servir como base del simbolismo, con tal que: 1) el intérprete sea
capaz de encontrarse con cada situación simbólica como un "todo" con
la totalidad de su propia personalidad independiente, de este modo, con
la intuición plenamente desarrollada; 2) esta intuición, si se la ha de co­
municar, opere según los principios de la "lógica holística"; principios
que pueden describirse brevemente como de coherencia funcional.
Es aquí donde el intelecto encuentra su sitio adecuado. En la con­
ducta instintiva, la "coherencia funcional" es inconsciente y biológica.
Por ejemplo, ciertos movimientos y actitudes en el cortejo propio de los
animales son símbolos del impulso biológico que conduce al aparea­
miento. Pero el animal no puede dejar de interpretar correctamente, o
sea, con lógica holística, el significado de estos movimientos y actitu­
des. Su instinto sabe con certeza qué significan la danza del macho o
el vuelo de la hembra en términos de la función biológica de propaga­
ción. Su interpretación inconsciente e inequívoca es "funcionalmente
coherente" porque la "mente" que efectúa la interpretación es absolu­
tamente una sola con el principio vital, con la totalidad del momento. La
primavera, como momento del apareamiento, obliga absolutamente a
la interpretación, por parte del animal, de los símbolos de la danza del
apareamiento. El animal realiza perfectamente el momento. El alma del
momento y el yo del animal son idénticos en su significado. Por lo tan­
to, la interpretación, inconsciente e instintiva, no puede ser falsa.
Pero el problema es más complejo con los intentos del hombre por
obtener una captación intuitiva de su personalidad y destino individua­
les a cada momento; porque tal captación tiene que hallar su base en
la mente consciente. Y la mente consciente (o la función pensante) al
principio no funciona sobre los "todos" sino sobre las partes. El acto de
pensar se desarrolla a partir de sensaciones, que son aisladas y sepa­
rativas. Racionaliza sensaciones o asociaciones de sensaciones; y a
menos que una facultad nueva redinamice a la mente; se ocupa prime­
ro de valores espaciales y valores formales, más que de valores tem­
porales y principios holísticos. Ocuparse de lo primero requiere la co­
laboración de los sentimientos que, como veremos en un capítulo pos­
terior, reaccionan naturalmente ante las situaciones totales.
La unión de las reacciones de los "todos" ante los sentimientos, y
de la lógica de los pensamientos, conduce a la mente hacia una nue­
va actitud o polarización. Entonces, empieza a funcionar en términos
78
más bien de "todos" que de partes; en términos de evaluaciones psico­
lógicas más que en términos de conceptos intelectuales físicos. Se tor­
na más bien holística que mecanicista. Cesa de estar atada a los obje­
tos materiales y a la tarea de enumerarlos y clasificarlos mediante sus
características espaciales. Se vuelve hacia adentro, luego de haber al­
canzado esta liberación, y empieza a "sentir" la fuerza viva del momen­
to. Entonces, la totalidad del momento empieza a hablar; y tales expre­
siones son símbolos.
No importa si tales símbolos son sueños, visiones místicas, agüe­
ros o "rúbricas" ocultas, o cualquiera de las formas de interpretación de
la vida e incluso adivinación que se usaron durante miles de años. La
cuestión es que todos los encuentros con la vida están dotados de sig­
nificado. El hombre pasa a ser, pues, Intérprete y Vidente. Vive en un
mundo de almas, en un mundo de "todos" significativos, porque la to­
talidad, o el holismo, opera a través de su consciencia. En el animal, la
totalidad opera a través del organismo fisiológico. En el hombre de
mente repolarizada, la totalidad opera en el nivel psico-mental; por lo
tanto, conscientemente. Cuando la operación se perfecciona, hay en
las interpretaciones intuitivas de los símbolos del momento la misma
certidumbre que existe en los instintos biológicos; una certidumbre que
el intelecto sólo puede conocer en la lógica y en la matemática pura: la
certidumbre de una tautología; una certidumbre que proviene de una
Identidad evidente. El animal interpreta con certidumbre la danza
del apareamiento porque se identificó con el impulso de apareamien­
to dentro del momento. Sólo que no lo sabe. La intuición perfecta es
también el resultado de una identificación (de "simpatía" absoluta, co­
mo escribió Bergson) entre el "todo" individual perceptor y la situación
total percibida. Esta identificación ocurre dentro del momento, a cuya
energía creadora de "todos" el individuo está ahora plenamente abierto.
A semejante hombre intuitivo perfeccionado no le es necesario sis­
tema particular alguno; y la astrología no es de valor especial. Pero no
puede comunicar sus intuiciones a los demás. La comunicación nece­
sita un sistema de interpretación; un conjunto de símbolos que puedan
servir como "puentes" espaciales-mentales entre la totalidad del mo­
mento y todos los perceptores. Por tanto, necesita un lenguaje. La as­
trología es tal lenguaje, así como la serie de hexagramas del VI Klng
chino es tal lenguaje. Y es en la formación y uso de tal lenguaje que en­
tra en actividad lo que llamamos lógica holística y principio fundamen­
tal de coherencia funcional.
La verdadera base de la astrología es semejante lógica holística; y
como ya se dijo, no es una recopilación de datos o estadísticas, aunque
estas últimas puedan tener gran valor al ayudar a hacer que las inter-
79
pretaciones abstractas sean más concretas y precisas. Esta lógica ho­
lística, basada en la percepción de la totalidad del material usado co­
mo elementos simbólicos, y en la de su coherencia funcional, es, para
el hombre verdaderamente intuitivo, tan lógica como la lógica intelec­
tual. Pero no es tan rígida y fija, al menos en apariencia, porque es cre­
ativa. Es una función de la vida evolutiva cotidiana. Como la lógica de
los instintos, se adapta a nuevas situaciones y a nuevos niveles del ser.
Es proteica, pero de un modo misterioso es inherente, sin cambiar en
su esencia, a todas las variedades de formulaciones.

La base del slmbollsmo astrológico

Estos pensamientos poco comunes pueden ser más claros cuan­


do indiquemos brevemente la manera con que puede llegarse al sim­
bolismo astrológico.
El problema del simbolismo astrológico es el de identificar correc­
tamente (o sea, significativamente) el orden manifiesto en los ciclos de
los cuerpos celestes en relación con el observador que está en tierra,
y el orden que habitualmente no está manifiesto en la naturaleza huma­
na y en la vida humana, pero que el hombre anhela psicológicamente;
y que se convierte en una realidad interior concreta para el individuo es­
piritualmente despierto. El hombre que está enredado en la continua
guerra de los elementos primordiales y naturales no halla en la vida si­
no caos y azar, cuyo resultado es el temor. El hombre que ve estos ele­
mentos como partes funcionales de un "todo" cósmico, armonizado por
leyes, exteriormente complejas pero inherentemente simples, de "co­
herencia funcional", vence al temor. Tras concebir y comprender al uni­
verso como un "todo", a su vida como un "todo", a su psiquis y su cuer­
po como un "todo", él es capaz, en última instancia, de identificarse con
la totalidad de estos "todos"; y de mantenerse en la relación abstracta
y "misteriosa" de la totalidad con el "todo". Esto no significa quedarse
fuera de la naturaleza del "todo", o encima de ésta. No significa exac­
tamente lo que, considerando nuestra naturaleza y nuestro destino, se
llama objetivamente. Significa retener una posición o un estado cons­
tante de equilibrio en el "centro de gravedad" de esta naturaleza del "to­
do" y de este destino. Significa no ser sacado del equilibrio por (o sea,
no involucrarse en) la intensificación de ninguna parte funcional de es­
te "todo". No significa apartarse de tal función intensificada.
Aquí bien puede referirse al concepto científico de "energía" que se
determina en términos de aceleración del impulso, más que en términos
de una "fuerza" misteriosa que reside en el objeto. De modo parecido,
la energía psíquica es producida por la intensificación de una función
80
psíquico-orgánica; por el hecho de que la "cualidad" que representa au­
menta de tal modo su significación en relación con el equilibrio orgáni­
co íntegro que se convierte en un factor dominante en la consciencia.
Por ejemplo, la función de sentir puede asumir tal valor abrumador que
la consciencia esté casi enteramente llena con un sentimiento de odio.
En tal caso, el yo, el "YO SOY", habitualmente se involucra, sacado, por
este odio, del centro psíquico de gravedad. Y todo el ser grita: "Yo odio",
lo cual significa: "Yo soy odio".
El hombre que permanece equilibrado puede sentir que surge el
odio pero no dirá: "Yo soy odio", sino: "En mi "todo", hay una intensifi­
cación del odio". A causa de eso, no se amputará de la función de sen­
tir, pues eso sería una autoamputación. Pero, por decirlo así, dirigirá to­
das sus otras funciones y equilibrará con ellas la intensificada función
de sentir. Si logra hacer esto, él, el yo y la totalidad del "todo", retendrá
su posición de equilibrio en el centro de gravedad de su naturaleza del
"todo". Así se las habrá arreglado para que no lo arrastre de este cen­
tro de gravedad la energía generada por la intensificación (la "acelera­
ción") de una de sus funciones parciales, pero sin apartarse de esta fun­
ción y aceptar así una mutilación.
Es muy probable que uno no pueda hablar de "energía psíquica" a
menos que, por lo tanto, se intensifiquen una o más funciones. El yo po­
deroso depende, para su fuerza, de tal intensificación; y, por tanto, su
equilibrio es siempre inestable y dinámico. Hay un aumento y una dis­
minución constantes y alternados de la intensidad de todas las funcio­
nes. Pero el yo permanece siempre en el centro de gravedad del "todo",
actuando sobre las partes cuyas relaciones son constantemente alte­
radas, pero cuyo equilibrio total nunca se pierde.
La armonía de la naturaleza del "todo" puede describirse, por tan­
to, en términos de relación dinámica entre las partes. El hombre como
un "todo" es una relación compleja y dinámica entre partes funcionales.
Por tanto, de hecho, es cada "todo" orgánico. Por ello, en cada "todo"
orgánico hay un orden dinámico que puede establecerse en términos
de ciclos de intensificación e inhibición alternadas de la función. Pero
tal cuadro puede relacionarse fácilmente con el del sistema solar como
un "todo", si la intensificación de la función se conecta con varios con­
juntos de características derivadas de los diversos tipos de relaciones
planetarias (relaciones de posición en el espacio, de distancia respec­
to del Sol, de masa, de velocidad, de etapa de evolución cósmica, etc.)
La cuestión importante que hay que comprender es que estas co­
nexiones simbólicas deben basarse siempre en una interpretación
de los dos "todos" relacionados, que es funcionalmente coheren­
te y se basa en hechos concretos e incontrovertibles de la expe-
81
riencia. En otras palabras, cualquier correlación establecida, por ejem­
plo, entre Saturno y una función psicológica particular, debe derivar de
una interpretación coherente de: 1) el sistema solar como un "todo"; 2)
la psiquis humana como un "todo". Si se establece un principio de co­
rrelación que da a un planeta una significación simbólica en términos de
su distancia respecto del Sol, entonces todos los planetas deberán re­
cibir, del mismo modo, su significación simbólica respectiva. Si se toma
una actitud estrictamente geocéntrica, entonces todas las interpreta­
ciones simbólicas deberán derivar de aquélla. Jamás debe existir mez­
cla alguna de los planos de interpretación. Muchos de esos planos de
interpretación pueden usarse sucesivamente, cada uno en relación con
un correspondiente nivel del ser. Pero no debe haber confusión algu­
na entre los tipos de datos concretos usados como base para los diver­
sos conjuntos de interpretación. Cada conjunto de Interpretación de­
be usar su propio tipo de datos concretos, y éste exclusivamente.
El siguiente puede tomarse como un ejemplo muy significativo: en
épocas arcaicas, la experiencia concreta y significativa de los hombres
sobre los cuerpos celestes era sólo en términos de la luz que éstos da­
ban. Los datos concretos a disposición de los astrólogos eran que el Sol
era, en toda apariencia, la fuente de vida, lo mismo que de luz y calor.
La vida del hombre se dividía en períodos con experiencia de Sol (dí­
as) y períodos sin experiencia de Sol (noches). Las noches de la selva
están llenas de temores, tragedias y muertes. De inmediato la vida que­
dó sujeta a dos interpretaciones, que dependían de la presencia o la au­
sencia del Sol y de su luz. Luego, en los climas templados, pronto de­
bió haberse observado que las estaciones y los correspondientes cam­
bios de la vegetación y de las características biológicas de los anima­
les y de los hombres estaban todos correlacionados y eran funciones
de los diversos ángulos en los que los rayos solares daban sobre la tie­
rra, ángulos éstos que parecían regular la intensidad de la luz y del ca­
lor, lo mismo que la relación aún más evidente entre las longitudes de
los días y las noches; por lo tanto, los cuatro puntos básicos del cam­
bio solar, los equinoccios y los solsticios.
A la Luna se la experimentaba como una misteriosa compañera del
Sol al dar luz. También presumiblemente se advirtió muy pronto que sus
ciclos correspondían al del cambio fisiológico en las mujeres, etc. A par­
tir de éstos y otros datos concretos y significativos conexos, correspon­
dientes a la experiencia, la Luna asumió un significado simbólico muy
definido. A todos los cuerpos celestes se los vio como puntos exactos
de luz, y se los llamó "estrellas"; pero algunos retienen una relación
constante entre sí, y se los llamó "estrellas fijas". Su relación constan­
te, o sea, los patrones que ellos crearon en la oscuridad del espacio, es-
82
tuvieron dotados de significación precisamente porque, casi exclusiva­
mente de todas las cosas de la naturaleza, ellas se mantenían constan­
tes. Por lo tanto, se convirtieron en cualidades de vida constantes, de
Ideas de organización o Arquetipos, como constelaciones.
A las estrellas que, como el Sol y la Luna, cambiaban su posición
periódicamente con referencia a las constelaciones, se las llamó "pla­
netas". Actuaban como el Sol, con respecto a su movimiento periódico;
pero sólo emitían una pequeñita cantidad de luz. En consecuencia, de
modo natural y lógico, adquirieron el significado de "séquito del Sol".
Como tales recibieron atributos simbolizados por la intensidad de su
luz, por la distancia promedio que conservaban respecto del Sol, y por
la manera en que aparecían. Por ejemplo, Venus, que era la estrella del
anochecer y la estrella del amanecer a la vez, recibía un doble signifi­
cado. Desde otro punto de vista, el color de las estrellas fijas y de los
planetas servía para convertirlos en símbolos de cualidades: como el
color rojo de Marte y Antares, etc.
Todos estos hechos eran datos de la experiencia, concretos y sig­
nificativos. El hombre intuitivo, al contemplar a los cielos como un "to­
do" cósmico, distribuía significados a sus partes componentes en tér­
minos de hechos experimentados. Cada parte pasaba a ser el vehícu­
lo de una función orgánica dentro del "todo" cósmico de los cielos, arri­
ba y abajo. Desde luego, todos estos hechos experimentados se basa­
ban en una interpretación geocéntrica del cosmos. El Sol simbolizaba
la función más importante: la de ser la fuente misma de la fuerza de vi­
da, no porque era el centro del sistema solar (una noción incongruen­
te con el punto de vista geocéntrico), sino porque era la fuente de luz
y de calor, y el ciclo de la vida sobre la Tierra parecía seguir exactamen­
te su ciclo de cambio. La Luna no tenía entonces significación como el
satélite de la Tierra, porque eso también era enteramente impropio en
un sistema geocéntrico. Además, los planetas como Urano y Neptuno,
imperceptibles para el ojo, difícilmente podían entrar en semejante sis­
tema basado en la experiencia real.
No obstante, en la astrología moderna, los puntos de vista geocén­
tricos y heliocéntricos están irremediablemente mezclados, y se pierde
de vista la base del simbolismo. El resultado es una completa confusión
filosófica. Subsiste la mayoría de los conceptos de la astrología geo­
céntrica; al Sol y a la Luna se los llama las "luminarias"; el término "es­
trellas fijas" se usa sin razones válidas, y éstas estrellas fijas reciben un
significado arcaico en términos del viejo concepto geocéntrico de la
"constelación".
Si deseamos usar una base heliocéntrica para nuestro simbolismo
astrológico, entonces, deberán irse por la borda muchos conceptos,
83
frases y denominaciones tradicionales de la antigua astrología geocén­
trica, pues son Ilógicos en términos de nuestro conocimiento heliocén­
trico. Sin embargo, lo que complica las cosas es, desde luego, que no
experimentamos, concreta y sensoriamente, el hecho de que el Sol es
el centro de un sistema del que la Tierra es sólo un planeta. Al menos,
la mayoría de nosotros no lo experimenta. Los científicos que efectúan
experimentos para probar el sistema heliocéntrico tal vez estén cerca
de experimentarlo; pero los mortales corrientes lo dan por supuesto so­
bre meras bases intelectuales. Sólo una pequeña minoría entre los
hombres está bastante desarrollada intelectualmente para decirse que
experimenta mentalmente los hechos del sistema heliocéntrico. 5
Por lo tanto, nos encontramos frente a dos tipos definidos de inter­
pretación del cosmos, cada uno de los cuales puede tomarse como ba­
se de simbolismo. Si deseamos usar ambos, deberemos tener cuida­
do de usarlos separadamente, haciendo corresponder a cada uno con
un distinto nivel de la consciencia humana: digamos, el nivel vitalista y
el nivel mental (o ideal, o abstracto). Cuán diferentes serán los resul­
tados obtenidos cambiando nuestra base del simbolismo se verá fácil­
mente cuando saquemos conclusiones lógicas (o sea, holísticamente
lógicas) de los datos derivados del punto de vista heliocéntrico. Tales
datos, digámoslo de una vez, tienen poquísimo que ver con lo que al­
gunas personas hoy llaman "astrología heliocéntrica". Con el punto de
vista geocéntrico no significamos lo que relaciona a todos los movi­
mientos celestes con un observador de la Tierra, pues, en todos los ca­
sos, evidentemente, deberemos hacer esa misma cosa. Significamos
la actitud que interpreta a los fenómenos celestes en términos de sus
apariencias sensorias reales. El punto de vista heliocéntrico es el
de la astronomía científica moderna, que interpreta los movimientos
aparentes de los cuerpos celestes de acuerdo con una teoría probada
por la experimentación científica, o sea, de acuerdo con un tipo intelec­
tual de conocimiento.
Desde el punto de vista heliocéntrico, el sistema solar ha de consi­
derarse, evidentemente, como un "todo", y no existe la más remota po­
sibilidad de que la estrella más cercana pertenezca al "todo" del siste­
ma. En otras palabras, el sistema solar aparece como una unidad ce­
rrada; siendo los cometas los únicos vínculos entre él y el mundo exte­
rior. Este "todo" cósmico, el sistema solar, es también, aparentemen­
te, una parte de algún "todo" cósmico mayor, que es la Vía Láctea de
nuestra galaxia, o un fragmento de esta galaxia, o un grupo de tales ga-
5 Esto fue escrito en 1935, antes de que comenzara la exploración del espacio alrede-
;,;:,;_;_;
Ill dor de la Tierra. (El Editor).

84
laxias, estando esta cuestión todavía más o menos en duda, sobre ba­
ses estrictamente científicas (hasta donde sabemos). Sea esto como
fuere tenemos un conocimiento algo preciso del sistema solar como
una unidad física (con la posibilidad de planetas todavía desconocidos,
probablemente muy remotos); y ese conocimiento debe ser la base de
nuestro simbolismo. No deben conservarse elementos extraños, como
se colegiría de un punto de vista puramente geocéntrico.
El Sol, como el centro del sistema y la fuente de todos los planetas,
ha de considerarse evidentemente como el origen de la vida, la fuen­
te principal de la fuerza vital. "Sabemos" científicamente que nosotros,
la Tierra y sus habitantes, giramos alrededor de él. Estamos subordina­
dos a él, y su fuerza (gravitacional u otra) es la causa de nuestro mo­
vimiento cíclico, como consecuencia del cual estamos obligados a ver
al universo desde una serie de puntos de vista sucesivos. Esta serie de
puntos de vista constituye la realidad (o la consciencia) psicológica de
lo que la ciencia física llama la órbita de la Tierra. Esta órbita, como
una serie constante de puntos de vista, es lo que nosotros, en el
simbolismo heliocéntrico, llamamos el zodíaco. En tal simbolismo, las
constelaciones carecen enteramente de sentido en sí mismas. "Sabe­
mos" científicamente que no corresponden a nada real. La distancia de
las estrellas es tal que difícilmente pueden tener significado alguno pa­
ra nosotros, salvo en lo que concierne a la galaxia a la cual nuestro sis­
tema solar pertenece. Pero las antiguas constelaciones nada tienen
que ver con nuestra galaxia. En el mejor de los casos, pueden simbo­
lizar los diversos puntos de vista que obtenemos de nuestras sucesivas
estaciones orbitales en nuestra revolución anual alrededor del Sol. Pa­
ra ser más exactos, simbolizan vistas del espacio universal que la Tie­
rra y el hombre experimentan como resultado de su relación siempre
cambiante con el Sol. Son símbolos del espacio creados por la revolu­
ción de la Tierra alrededor del Sol.
Los planetas del sistema solar tienen significado, en la simbología
heliocéntrica, en términos de su relación de posición, distancia, masa,
velocidad, densidad, etc., con la Tierra y el Sol. En primer lugar, se los
ha de dividir en planetas interiores y planetas exteriores de la órbita te­
rrestre. Como esta órbita introduce, desde luego en lo que concierne a
nosotros, una línea divisoria entre lo interno y lo externo, podemos es­
perar una especie de equilibrio o simetría entre los planetas internos y
externos. Por tanto, asociamos a Venus y Marte, Mercurio y Júpiter, y,
en un sentido algo diferente, al Sol y Saturno. Puede ser que haya re­
almente un planeta Vulcano intramercurial, que debería asociarse con
Saturno; en cuyo caso, tendría necesariamente una parte de la signi­
ficación que ahora se da al Sol. A Vulcano también se lo puede enten-
85
der corno la fotósfera del Sol, pues la fotósfera, en lógica simbólica,
equilibraría muy exactamente a Saturno. El interior del Sol equilibraría
simbólicamente a todos los planetas que pudieran hallarse fuera de la
órbita de Saturno.
A la Luna, corno el único satélite de la Tierra, se la pondría en una
interesante posición. ¡Tal vez el simbolismo bíblico de la creación de
Eva a partir de la costilla de Adán pueda ayudarnos a comprender su
significado! Además de los planetas, todos los otros símbolos usados
en astrología, desde este verdadero punto de vista heliocéntrico, han
de interpretarse también de acuerdo con los hechos de la teoría helio­
céntrica. La revolución de la Tierra sobre su eje crea el horizonte siem­
pre cambiante; este eje crea un Polo Norte, una Estrella Polar, y otros
puntos de interés. Los símbolos se combinan con símbolos, para dar
símbolos de "segundo grado", por decirlo así, y así sucesivamente, ad
lnflnltum teóricamente. Pero cualquier símbolo cuyo significado no es­
té justificado, sobre la base de la lógica holística, mediante los datos
concretos que ella sintetiza, deberá desecharse corno impropio.
Esta impropiedad nada tiene que ver con las estadísticas y las ta­
blas de casos que "prueban o refutan" el significado del símbolo. Se
apoya en una base lógica, aunque no sea la lógica del análisis intelec­
tual y matemático. La persona verdaderamente intuitiva reconocerá lo
absoluto de esta lógica por la evidencia Interna. Pero son pocos los
hombres que, en la actualidad, poseen semejante facultad perfecta­
mente desarrollada: la facultad de la percepción holística, la fuerza pa­
ra identificarse con la totalidad de los "todos", y revelar el significado de
estos "todos" en términos de símbolos verdaderos y precisos. Por su­
puesto, los grandes artistas creadores tienen semejante facultad, pe­
ro sólo desarrollada en cierta dirección. Cuando el artista creativo em­
pieza a crear con la vida, entonces empieza a vivir en un mundo de sig­
nificado incesante y ubicuo, pues, por decirlo así, "está conectado con
el momento". Entonces, sus experiencias se arraigan en el significado
universal, en las imágenes mismas del momento. Pletóricos con la fuer­
za de la vida misma, tales Artistas Creativos fueron Buddha, Lao-Tse
y Jesús.

86
11
LA ASTROLOGIA Y LA PSICOLOGIA ANALITICA

El principio slncronístlco
C. G. Jung formuló estas significativas declaraciones en un discur­
so que pronunció en Munich, el 1 O de mayo de 1930, en memoria de Ri­
chard Wilhelm, gran representante de la sabiduría china e iniciado en
la psicología del Yoga chino: 1
"Para mí, el logro máximo de Wilhelm es la traducción del VI Klng y su co­
mentario .... Esta obra encarna, tal vez como ninguna otra, el espíritu de la
cultura china. Las mejores mentes de la China colaboraron en ella y con­
tribuyeron a ella durante miles de af'los. A pesar de su antigüedad fabulo­
sa, jamás envejeció y vive y todavía está en actividad, al menos para quie­
nes entienden su significado.... Alguien como yo, que ha tenido la extraor­
dinaria buena suerte de experimentar en un intercambio espiritual con Wil­
helm el poder adivinatorio del VI King, no puede permanecer por largo
tiempo ignorante del hecho de que aquí hemos tocado un punto de Arquí­
medes a partir del cual nuestra actitud mental occidental puede ser sacu­
dida hasta sus cimientos.
"... La función sobre la cual se basa el uso del Vi Klng, si puedo expresar­
me así, está aparentemente en aguda contradicción con nuestro modo oc­
cidental, científicamente causal, Weltanschauung (de considerar al mun­

1
do). En otras palabras, es extremadamente incientífico, de hecho tabú, y,

1 Reproducido en el libro El Secreto de la Flor de Oro, traducción del chino por Richard
Wilhelm, con comentario de C. G. Jung. En esta cita hemos usado la ortografía •y¡ Klng·
en vez de "I Ching" para que concuerde con el uso anterior del término por parte nuestra.
87
por lo tanto, fuera del alcance de nuestro juicio científico, e incomprensible
para éste.
"Hace algunos años, el entonces presidente de la Sociedad Antropológi­
ca Británica me preguntó cómo podría yo explicar el hecho de que gente
tan elevadamente intelectual corno la china no hubiera producido ciencia.
Le repliqué que esta debía ser realmente una "ilusión óptica", porque los
chinos tenían ciertamente una ciencia cuya "obra estándar" era el Vi King,
pero que el principio de esta ciencia, como tantas otras cosas de la China,
era completamente diferente de nuestro principio científico.
"La ciencia del VI Klng no se basa en el principio de la causalidad, sino en
un principio (hasta ahora innominado porque entre nosotros no se lo en­
cuentra) al que llamé tentativamente el principio slncronfstico. Mi ocupa­
ción con la psicología del inconsciente me exigió hace mucho tiempo que
yo buscara otro principio explicativo, porque el principio de la causalidad
me parecía inadecuado para explicar ciertos fenómenos notables de la psi­
cología del inconsciente. Así, descubrí que hay paralelismos psíquicos que
no pueden relacionarse causalmente entre sí, sino que deben conectarse
a través de otra secuencia de hechos. Esta conexión me parecía esencial­
mente provista en el hecho de la simultaneidad relativa, de allí la expresión
"sincronística". Realmente parece corno si el tiempo, lejos de ser una abs­
tracción, es un contlnuum concreto que contiene cualidades o condi­
ciones básicas que se manifiestan simultáneamente en varios lugares de
un modo que los paralelismos causales no explicarán, como por ejemplo,
en casos de aparición coincidente de pensamientos, símbolos o condicio­
nes psíquicas idénticos. Otro ejemplo sería la simultaneidad de los perío­
dos chino y europeo de estilo, un hecho seflalado por Wilhelm."

Esta es la expresión misma de las ideas básicas que formulamos


en nuestro capítulo anterior. El tiempo como un "continuum concreto"
es lo que Bergson llama "duración real". El hecho de que contenga "cua­
lidades o condiciones básicas" que se exterioricen en ideas, culturas y
condiciones psíquicas (individuales o colectivas) es prueba de la fuer­
za generativa del momento. Cada momento es un "todo" que engendra
"todos" concretos. Cada momento ha de considerarse, además, como
el ciclo de la unidad, o la unidad temporal, tal como el quantum o el fo­
tón es la unidad de liberación de la energía. La energía es puesta en li­
bertad por los fotones. El significado o la existencia independiente son
revelados por los momentos. El tiempo es la matriz de las almas; tal co­
mo la "Luz" (en el sentido más general de la palabra) es la matriz de to­
das las energías físicas. Como diría el ocultista hindú, Daivi prakriti (o
sea, la Luz del Logos) es la fuente de todas las energías (o shakti). To­
das las energías de la Tierra pueden rastrearse hacia el origen pater-
88
no de éstas, el Sol, cuyas radiaciones totales se describen generalmen­
te con el término Luz.
Por lo tanto, en un sentido tenemos un dualismo de Luz y Tiempo,
de fotones y momentos. Estos dos elementos, a los que deberíamos
añadir el Espacio, son el cimiento de la astrología, que puede basarse
en el énfasis de uno u otro de ellos. La Luz y el Tiempo son simboliza­
dos por la fotósfera del Sol(¿ Vulcano?) y Saturno, que, como ya vimos,
se equilibran uno al otro en uno u otro lado de la Tierra, en el sistema
solar. Sin entrar en prolongadas disquisiciones metafísicas podemos
expresar, sin embargo, que aquí la Luz es la emanación de la totalidad
del "todo" (teóricamente, de cualquier "todo" perfectamente integrado;
por lo tanto, la "luz" emanó, si la tradición es correcta, por la existencia
misma de grandes santos y místicos). Por otra parte, el Tiempo es la
cualidad significativa de cada "todo"; o sea, la característica definitoria
del "todo".
Cada "todo" como un "todo" irradia teóricamente Luz (algún grado
o tipo de ésta, no necesariamente, por supuesto, lo que habitualmen­
te llamamos "luz", y que es la radiación de ese todo cósmico: el Sol). Ca­
da "todo" como un "todo" representa o siboliza una cualidad que es la
manifestación de un momento particular del Tiempo. El Tiempo gene­
ra particularidades; y cada "todo", como ya vimos, debe necesariamen­
te definirse y limitarse. Es, pues, una particularidad. La Luz es la mani­
festación de la totalidad de estas particularidades. Al fotón se lo descri­
be con la fórmula hv, en la que la letra v representa la particularidad(la
velocidad o la frecuencia particular, o la "nota clave" del "todo"), y la h
simboliza universalidad (el hecho universal de la totalidad exterioriza­
da como Luz; "totalidad operativa"). 2
Podríamos decir que cualquier ciclo, como un quantum de dura­
ción, es también definible por la fórmula hv, en la que h representa a la
potencia universal del Tiempo (o sea, a la Fuerza Creadora universal,
o Dios), y val valor particular de la duración del ciclo. Tal como no hay

2 El espacio es la base matemática abstracta de referencia para medir la relación del


"todo" con el "todo" dentro del "Todo" universal. Esta relación opera a través del intercambio
de la "Luz·, o de energías, y, por lo tanto, es medible en términos de la velocidad de la luz,
'
como en la ciencia moderna. El espacio, en un sentido, es "creado", pues, por la Luz.
Después veremos que corresponde a lo colectivo; el Tiempo, a lo individual. El espacio es
el sistema para que la totalidad esté en actividad, el campo creado por la exteriorización,
como Luz, de la totalidad. En otras palabras, la Totalidad se exterioriza como Luz. El Tiem­
po se exterioriza como Espacio. Por tanto, las relaciones espaciales de los cuerpos celes­
tes son exteriorizaciones o símbolos de las cualidades de momentos y ciclos.

89
liberación de energía salvo mediante quanta totales, de igual modo no
hay progreso en la personalidad independiente o en la totalidad, salvo
a través de ciclos totales. La existencia independiente progresa de un
ciclo a otro, y sólo a través del cumplimiento perfecto de estos ciclos (ya
sea que duren un minuto o un eón). Quien no cumple el más pequeño
momento, nunca podrá cumplir el ciclo mayor: doctrina esta que está
implícita en la última parte de los aforismos de Patanjali sobre Yoga.
Esta es filosofía holística y astrológica; pues la astrología no tiene
valor real a menos que nos permita más plena y significativamente vi­
vir el momento, o cualquier ciclo durante el cual progresamos. Vivir ple­
namente cada momento es encontrar en cada momento Luz, y ser ilu­
minado por esta Luz. La oscuridad es siempre el resultado del incum­
plimiento. Los momentos o ciclos incumplidos proyectan su sombra so­
bre los momentos futuros: esto es karma, o lo que antes llamamos
"tiempo negativo", tiempo no iluminado.
La existencia independiente progresa mediante el cumplimiento de
los momentos; y cada momento o cada ciclo nos presenta una nueva
cualidad que ha de cumplirse. Cada nacimiento es, por lo tanto, para el
"todo" universal, un problema de cumplimiento. El "todo" encuentra en
cada nacimiento una cualidad, un nuevo dharma (en terminología hin­
dú) que ha de cumplirse. Es no sólo que "cuanto nazca o se haga en
este momento del tiempo, tiene las cualidades de este momento
del tiempo" (Jung, op. cit., pág. 143) sino que cada momento crea pa­
ra cada "todo" el deber de cumplir la cualidad del momento. Este prin­
cipio tiene un significado tanto explicativo como dirigido a un fin. Y es­
to le aporta un valor psicológico cada vez mayor. Como después vere­
mos, la función de la astrología no es decirnos qué ocurrirá, o más bien
qué puede ocurrir en el futuro, sino qué significado hay en cada mo­
mento o ciclo vivido o a punto de ser vivido. Revela la cualidad de mo­
mentos particulares y de los ciclos mayores arraigados en esos mo­
mentos.
Aparentemente, esto se entiende bien con lo que dijo C. G. Jung en
el mismo discurso recordatorio:
"La astrología sería un ejemplo, en gran escala de sincronismo, si tuviera
a su disposición descubrimientos completamente comprobados.... En
cuanto a que hay algunas deducciones astrológicas realmente correctas,
ellas no se deben a los efectos de las constelaciones, sino a nuestros ca­
racteres temporales hipotéticos. En otras palabras, cuanto nazca o se ha­
ga en este momento, tiene las cualidades de este momento del tiempo.
"Esta es también la fórmula fundamental para usar el Vi King. Como es sa­
bido, uno obtiene conocimiento del hexagrama que caracteriza el momen-
90
to mediante un método en el que se manejan varitas de milenrama, o mo­
nedas, método éste que depende del más puro azar. Tal como es el mo­
mento, así caen las varitas rúnicas...
"El tipo de pensamiento construido sobre el principio sincronístico, que al­
canza su punto elevado en el Vi King, es la expresión más pura del pen­
samiento chino en general. Entre nosotros, este pensamiento ha estado
ausente de la filosofía desde la época de Heráclito, y sólo reaparece como
un débil eco en Leibnitz. Sin embargo, interín, no se extinguió sino que con­
tinuó viviendo en el crepúsculo de la especulación astrológica, y hoy en día
sigue estando en el mismo nivel." 3

La astrología y su aplicaclón a la psicología

Para nosotros, el gran valor de las citas anteriores es el hecho de


que provienen del psicólogo probablemente más grande de nuestra
época. El hecho es realmente significativo si el doctor Jung, primero
científico y psiquiatra profesional, luego discípulo de Freud y, finalmen­
te, representante de sus propios descubrimientos e interpretaciones
como fundador de la escuela de psicología analítica de Zurich, descu­
brió este principio "sincronístico" como resultado de su práctica psico­
lógica, pues eso muestra que si bien el causalismo y el mecanicismo re­
sultaron valiosísimos en el estudio de los fenómenos físicos, no logra­
ron explicar muchos fenómenos de los más característicos entre los de
tipo psicológico. Por lo tanto, en un sentido, la tesis de Bergson está jus­
tificada. Los valores espaciales se refieren a la materia; pero todo lo psi­
cológico necesita, para explicarse, valores que se basen en el tiempo:
en el tiempo real que dura. Por tanto, el principio sincronístico encaja

1
3 En este y en otros párrafos no citados, Jung no da un cuadro completamente correcto
de la base del simbolismo del VI Klng. Los hexagramas chinos se basan en una fórmula
cósmica de cambio. Del Principio Desconocido surgen dos principios, el Yang y el Yin, lo
¡¡ positivo y lo negativo, lo expansivo y lo contractivo; y a todos los ciclos se los considera como
M los símbolos temporales de la interacción de estos dos principios. Se relacionan particu­
(;::--i larmente con los ciclos del año: Yang domina al solsticio del verano, y Yin, al solsticio de
invierno. A Yang se lo representa con una línea recta, y a Yin con una línea partida en dos.
Los hexagramas constituyen las 64 combinaciones posibles, efectuadas mediante la séxtupla
superposición de estas líneas. Por tanto, cada una se refiere a una sección del ciclo anual,
y tiene un símbolo con un significado según los términos de esa sección. Por ello, cada
hexagrama es una especie de signo zodiacal, o punto de vista cósmico, medido sobre la
circunferencia de la órbita de la T10rra. Los símbolos mismos fueron apuntados, aparente­
mente por King Wen entre el año 1100 ó el 1200 a.c., pero indudablemente podría demos-
:::•
trarse que su simbolismo se base en la "lógica holística", igual que el simbolismo astrológico.
-?:
Parece que Jung es demasiado experimentalista como para darse cuenta de este hecho.
91
en el cuadro psicológico, pues representa una evaluación del tiempo.
Se basa en la potencia formativa del momento. Por ello, la astrología
y la psicología están íntimamente vinculadas. De hecho, el doctor Jung
dice:

"La astrología tiene asegurado el reconocimiento por parte de la psicolo­


gía, sin ulteriores restricciones, porque la astrología representa la suma de
todo el conocimiento psicológico de la antigüedad." (op.clt., pág.143)

Aunque esta afirmación es indudablemente importante y valiosa,


sin embargo debemos decir que implica un concepto acerca de la na­
turaleza de la astrología que, como hemos mostrado, es, hablando es­
trictamente, incorrecto. La astrología, hasta como tradicionalmente la
transmitió Tolomeo, no es la suma de la psicología antigua. Primero,
porque se refiere a muchas cosas además de la psicología, desde
asuntos de gobierno hasta el estado del tiempo y el de las cosechas.
Segundo, porque, como vimos en la primera parte del capítulo anterior,
la astrología no ha de identificarse, en su esencia, con ciencia experi­
mental o empírica alguna, puesto que más bien es el principio orga­
nizador de las ciencias que tratan sobre la vida y el significado en re­
lación con '"todos' orgánicos", tal como la matemática es el principio or­
ganizador de las ciencias que se ocupan de la materia inanimada y del
dominio de las "partes"
Es verdad que la colección de conceptos, juicios y opiniones que
Tolomeo y los astrólogos árabes nos transmitieron puede darnos una
idea excelente sobre lo que fue la psicología de la antigüedad. Pero es­
to es porque los libros que tenemos sobre astrología son colecclones
de aplicaciones particulares de los principios del simbolismo as­
trológico. Son textos que dicen cómo aplicar la astrología a diversos
asuntos, siendo los principales de éstos la psicología y la naturaleza hu­
mana. Directa y coherentemente, no son libros de texto de astrología
estricta. Debemos insistir sobre esta cuestión, porque es básica. Ante
la falta de este conocimiento, se torcieron sustancialmente las ideas de
la enorme mayoría de la gente respecto del valor de la astrología.
Un libro de texto de astrología estricta debería tratar sobre:

1) un estudio de los principios de lo que llamamos "lógica holística";


2) un estudio de los datos concretos y las implicancias simbólicas de la as­
tronomía geocéntrica y heliocéntrica;
3) un estudio de todos los elementos usados por la astrología, no en tér­
minos de aplicaciones particulares de ellos, sino en términos de la lógi­
ca inherente a sus definiciones y correlaciones mutuas; y
92
4) un estudio general de los campos concretos (o ciencias empíricas) a los
que estos elementos simbólicos pueden aplicarse, y de la técnica par­
ticular de aplicación, que deberán variar algo en cada uno de estos cam­
pos. Desde luego, esto incluiría ejemplos característicos de aplicación.

En vez de encarar semejante programa de estudios, la astrología


tradicional se contenta con expresar el modo en que ha de levantarse
un mapa natal (u horario, o un mapa progresado), y con tabular los sig­
nificados tradicionales atribuidos a cada aspecto y cada posición, mez­
clando más bien conceptos irremediablemente psicológicos, fisiológi­
cos y puramente adivinatorios. Muy poco se dice habitualmente de la
exposición razonada de los elementos que se usan al emitir juicio (po­
siciones, aspectos, etc.). Sólo en los últimos veinte años, más o menos,
los libros de astrología intentaron estudiar el "porqué" de los símbolos
astrológicos; y sólo en el caso de los cursos recientemente dictados por
Marc Jones la astrología se enseñó como un vasto sistema de simbo­
lización en todos los dominios del ser en sus triples correlaciones, co­
mo forma, sustancia y actividad.
Este libro no intenta cubrir adecuadamente los tipos de estudio an­
tes enumerados. Su finalidad es abrir camino para un nuevo tipo de as­
trología que sea filosóficamente sólida y cuya aplicación a la filosofía
moderna ayude a los hombres a llevar una vida más significativa y, por
tanto, más espiritual.
La "solidez" filosófica se apoya en la coherencia absoluta de las ide­
as y en la consistencia en el desarrollo y la aplicación de los principios
y símbolos básicos que se usen. En cuanto a la "utilidad" psicológica,
esto dependería, evidentemente, en gran medida del tipo de materia­
les psicológicos que se correlacionen con los símbolos astrológicos.
Como ya lo dijimos, la mayoría de los libros de texto sobre astrología só­
lo se ocupa de una especie de psicología del "sentido común", de ca­
rácter más bien superficial; otros libros tratan sobre una psicología in­
fluida por ideas teosóficas más o menos válidas, no siempre filosófica­
mente coherentes ni arraigadas en la experiencia del occidental moder­
no. Nuestro objetivo ha sido el de interpretar los símbolos astrológicos
en términos de una psicología occidental "actualizada", respaldada co­
herentemente, por decirlo así, por una filosofía que ponga claramente
de relieve algunos de los conceptos más recientes y vitales de este si­
glo.
Por sobre todo, recalcamos los valores y usamos una terminología
que se halla en las obras de C. G. Jung, porque estamos profundamen­
te convencidos de su validez inherente, y también porque se ajustan tan
notablemente a la disposición general del simbolismo astrológico. Por
93
lo tanto, nuestra primera tarea es familiarizar al lector con los principios
generales de la "psicología analítica" de Jung, una psicología cuyas ra­
íces pueden afirmarse en el psicoanálisis freudiano pero cuyo tronco y
floración viven en estratos del ser casi tan apartados del pensamiento
freudiano como la visión de un Lao-Tse o un Platón se aparta de la de
un viviseccionista de laboratorio.

Los tres tipos básicos de psicología


A fin de aclarar algunos asuntos que son fuente de constante con­
fusión es necesario reconocer que el término "psicología" se usa para
significar diversas ramas y tipos diferentes de conocimiento. Probable­
mente sea de gran ayuda dar por supuesta, por ahora, la antigua divi­
sión del ser humano en espíritu, alma y cuerpo, y decir que la psicolo­
gía puede ser considerada, y lo fue, desde tres puntos de vista básicos.
Por lo tanto, existe:
1) una psicología esplrltual, que es una rama de la filosofía o de la
religión, y contempla todos los valores humanos, introspectiva e intui­
tivamente, en términos de creencias, intuiciones o percepciones tras­
cendentales.
2) una psicología flslológlca, que considera todos los procesos ha­
bitualmente clasificados como "psicológicos" (sensación, atención,
sentimientos, pensamientos, etc.) desde el punto de vista de las funcio­
nes psicológicas; y
3) una psicología analítica, que se ocupa primordialmente, y de mo­
do directo, de los hechos de la consciencia y de la relación estructural
existente entre las diversas funciones de la psiquis per se.
El tipo espiritual de psicología considera que el hombre es esencial­
mente y en realidad un ser espiritual que usa un cuerpo con el fin de ad­
quirir experiencias concretas y ciertas facultades que sólo pueden ge­
nerarse en contacto con la materia. Sin embargo, a la existencia corpo­
ral se la considera el resultado de una "caída" y, como tal, tiene una con­
notación peyorativa. El alma es inmortal en cuanto se asimiló a la esen­
cia espiritual, y la meta es la liberación respecto de la esclavitud de las
energías naturales. Tal psicología, que es ejemplificada particularmen­
te por las ideas de los Padres cristianos y, en muy gran medida, por la
psico-filosofía platónica, está vinculada con la ética. El mundo físico es
el mundo de las sombras, si no lo es del pecado; y 1a·verdad, la bondad
y la realidad moran en un mundo arquetípico, que es, en un sentido, un
reino espiritual concreto (o, por lo menos, sustancial). La psicología es,
en gran medida, cuestión de comprender cómo estas realidades arque-
94
típicas y el alma humana (que esencialmente pertenece a este reino)
reaccionan ante las ilusiones e imposturas del mundo natural; y me­
diante qué proceso el alma, perdida en la red del cuerpo, podrá desen­
marañarse y recuperar su estado primordial, más una "consciencia de
la relación" que es el goce del estado encarnado.
Este tipo de psicología predomina en Oriente (pero de ningún mo­
do se la tiene allí como verdadera exclusivamente}, y siempre se recal­
can evaluaciones religiosas, ético-espirituales y alquímicas a expensas
de las físicas o materialistas. Se lo encuentra en muy variadas manifes­
taciones, y cada sistema filosófico o religioso da una formulación par­
ticular. Es la base habitual del ocultismo tradicional. pero allí lo encon­
tramos fuertemente asociado con un tipo de psicología estructural que
diferencia a la psicología oculta del tipo puramente religioso. Pero la di­
ferenciación no es aguda, y, al menos en apariencia, es mera cuestión
de énfasis relativo.
El tipo fisiológico de psicología es aquel en el que las reacciones
psíquicas (como sensaciones, ideaciones y voliciones) se consideran
como si emergieran de procesos fisiológicos y fueran condicionadas
estrictamente por éstos. El método de tal tipo de psicología rigurosa­
mente empírica y experimental es el método puramente científico, y es
a esa sola psicología a la que los científicos se refieren habitualmente
como "psicología". Excluyendo cuanto pueda haber existido en la India
que pudiera referirse a esa clase de estudio psicológico, podemos re­
montar el comienzo de semejante tipo de astrología a Aristóteles. An­
tes de él hubo, desde luego, un largo período de psicología arcaica, que
podría llamarse "fisiológica" en el sentido de que, en el pensamiento ar­
caico, el alma no se diferenciaba del cuerpo del modo con que llegó a
distinguírsela después de Pitágoras. Como lo vimos en el capítulo an­
terior, la unidad de la naturaleza viva y del hombre vivo irrumpió cierta­
mente en el reino físico y psico-mental tan sólo hacia el siglo VI a.c. y,
en consecuencia, el cuidado del cuerpo (la medicina) incluía, en algu­
na medida, asuntos pertenecientes a la psiquis.
Sin embargo, de hecho, las consideraciones pertenecientes a cuer­
po y psiquis unidos pertenecían a la naciente jurisdicción de la alquimia.
La alquimia es la ciencia del ser humano considerado como un com­
puesto de procesos fisio-psicológicos. La doctrina de los cuatro humo­
res del cuerpo (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla) que correspon­
den a los cuatro elementos de astrología (fuego, tierra, aire y agua), y
que conducen hacia la enumeración árabe de los cuatro temperamen­
tos (sanguíneo, flemático, melancólico y colérico), es una doctrina al­
química. En la alquimia arcaica (que se relaciona estrechamente con
las formas originales del Hatha Yoga hindú, y aún más con el taoísmo
95
posterior), el concepto del alma no está muy bien definido, porque al
espíritu y la materia se los ve como una adunación. El cuerpo vital (o
cuerpo neumático) está dentro del organismo fisiológico, como las fi­
bras del mango están dentro del fruto mismo, y el objeto de las antiguas
aplicaciones prácticas de la alquimia es desenredar al primero del se­
gundo, poniendo en libertad, para su uso, a un cuerpo espiritual, libre
de la cualidad terrena del cuerpo físico, y sede de una nueva conscien­
cia, que entonces podrá llamarse el Alma.
En otras palabras, la psicología arcaica sólo se la ha de relacionar
muy superficialmente con el tipo científico de psicología fisiológica, tal
como la química se relaciona con la alquimia. Desde Aristóteles, el li­
naje de la moderna psicología científica pasa a través de Galeno y los
fisiólogos medievales, a través de Francis Bacon, Thomas Hobbes,
Malebranche, James Mill, Johannes Müller, Lotze, Wundt y William
James, llegando finalmente a los conductistas, al grupo "Gestalt" y a un
endocrino-psicólogo como el doctor Berman (Glándulas Reguladoras
de la Personalidad). Este último recalca lo que él llama el "cuerpo­
mente", o sea, la unidad de los procesos fisiológicos y psicológicos, de
un modo que es parecido, aunque diametralmente opuesto en sus mé­
todos prácticos, a la alquimia arcaica. El doctor Berman apunta a la pro­
ducción del ser humano perfecto a través de un generalizado tratamien­
to glandular y al establecimiento de una armonía funcional perfecta. Los
verdaderos alquimistas tenían el mismo propósito, pero sobre bases di­
ferentes, y trataban de alcanzarlo mediante métodos diferentes.
El tercer tipo básico de enfoque de la psicología, al que llamamos
el tipo analítico, 4 se ocupa directa e inmediatamente de los hechos de
la vida mental, o más bien de lo que ella llama "contenidos psíquicos".
No pone énfasis alguno sobre el problema del origen exacto de es­
tos contenidos; lo cual equivale a decir que no estudia particularmen­
te el proceso mediante el cual una impresión nerviosa o una serie de im­
presiones se convierte en una sensación verdaderamente psíquica
que, a su vez, se transforma en hábito, pensamiento, instinto, etc. Con­
sidera a la vida psíquica del hombre como un dominio en sí mismo, y
se preocupa principalmente por el estudio de lo que ocurre en este rei-

4 El t rmino
é "Psicología Analítica" fue usado como el título de un libro de G. F. Stout
(1896). A su tipo de psicología, C. G. Jung lo llama "Psicología Analítica".
[En inglés, en el primer caso, Analytlc; y en el segundo, Analytlcal.)
Aquí usamos el término en su sentido más amplio, pero específicamente en la dirección
de la interpretación de Jung, aunque el doctor Jung presumiblemente discreparía en mucho
de lo que decimos en este capítulo.

96
no considerado como un reino más o menos autosuficiente y autóno­
mo.
Sin embargo, esto no debe interpretarse como si significara que el
psicólogo analista considera a la psiquis como esencialmente diferen­
te del cuerpo. Por el contrario, Freud y Jung iniciaron su trabajo psico­
lógico como médicos; y hasta en las últimas formulaciones ofrecidas
por Jung, es muy fuerte el elemento terapéutico. Pero se recalca la sa­
lud psíquica. El punto de enfoque de la psicología analítica es realmen­
te desde el cuerpo a lo que ella llama la psiqué. Pero si bien el conduc­
tista y el psicólogo estrictamente "científico" han de compararse con in­
vestigadores de laboratorio en su estudio de la química y la física de los
elementos psíquicos separados, el "analista" -Bspecialmente Jung­
es esencialmente el médico o el que cura, que se ocupa del equilibrio
funcional del organismo psíquico en su totalidad.
En otras palabras, el analista estudia los hechos del funcionamien­
to psíquico, el patrón estructural creado por la interrelación de todos es­
tos hechos, la conducta de la psiquis total. Lo que también diferencia a
la psicología analítica del tipo "fisiológico" antes mencionado es el he­
cho de que tiene un propósito. No analiza por el mero hecho de inves­
tigar, sino con el objeto definido de sanar, de curar. Lo que en primer lu­
gar intenta sanar es la psiquis. Pero no sólo reconoce la interdependen­
cia de cuerpo y psiquis. También postula la identidad de éstos. Jung es­
cribe en El Hombre Moderno en Busca de un Alma (pág.85,
vers.ingl.):
"La distinción entre mente y cuerpo es una dicotomía artificial, una discri­
minación que se basa incuestionablemente mucho más en la peculiaridad
de la comprensión intelectual que en la naturaleza de las cosas. De hecho,
es tan íntima la combinación de los rasgos corporales y psíquicos que no
sólo podemos sacar inferencias de largo alcance en cuanto a la constitu­
ción de la psiquis a partir de la constitución del cuerpo, sino que también
. podemos inferir de peculiaridades psíquicas las correspondientes caracte­
rísticas corporales."
El mismo pensamiento está formulado con más vigor aún en su Co­
mentario de El Secreto de la Flor de Oro (pág. 131, vers. ingl.):

"Es característico del occidental que, a los fines del conocimiento dividió los
lados físico y espiritual de la vida; pero estos opuestos están juntos en la
psiquis, y la psicología deberá reconocer el hecho. Lo 'psíquico' es físico
y mental."

97
En otro lugar, escribe:

"La psiquis es un sistema autorregulador que se mantiene en equilibrio co­


mo lo hace el cuerpo. Todo cuerpo que va demasiado lejos, provoca inme­
diata e inevitablemente una actividad compensatoria. Sin tales ajustes, no
existiría un metabolismo normal, ni existiría la psiquis normal. A la idea de
la compensación, así entendida, podernos considerarla como una ley del
acontecer psíquico. Demasiado poco de un lado da por resultado demasia­
do del otro. La relación entre consciente e inconsciente es compensatoria."
(El Hombre Moderno en Busca de un Alma, pág. 20)

Un breve estudio sobre el significado que Jung atribuye a los térmi­


nos consciente e inconsciente tal vez ayude al lector a obtener un
cuadro más claro de lo que Jung se propone transmitir con la palabra
psiquis.

El consciente y el Inconsciente
Según Freud, todos los procesos mentales (independientemente
de la recepción de estímulos externos) derivan de la combinación de
tuerzas que originalmente son de la naturaleza de los instintos; lo cual
equivale a decir que tienen un origen orgánico. Sin embargo, en la men­
te hay una tuerza que puede excluir de la consciencia y de cualquier in­
fluencia sobre la acción todas las tendencias que, por alguna razón, no
son aceptables para ella. Tales tendencias están "reprimidas". Caen
debajo del umbral de la consciencia y son contenidos inconscientes.
Sin embargo, a estos impulsos instintivos reprimidos no se los hace im­
potentes; actúan indirectamente, causando trastornos psicológicos y fi­
siológicos.
Jung admite la existencia de estos contenidos reprimidos que, en
su suma total, constituyen lo que él llama lo "consciente personal"; pe­
ro también habla de un "inconsciente colectivo" que tiene un origen y un
significado enteramente diferentes:

"Tal como el cuerpo humano muestra una anatomía común por encima de
todas las diferencias raciales, de igual modo también la psiquis posee un
substratum común. A lo último lo llamé el inconsciente colectivo. Como
herencia humana común, trasciende todas las diferencias de la cultura y la
consciencia y no consiste meramente en contenidos capaces de ser cons­
cientes sino también en disposiciones latentes hacia reacciones idénticas.
98
Por lo tanto, el hecho del inconsciente colectivo es simplemente la expre­
sión psíquica de la identidad de la estructura cerebral independientemen­
te de todas las diferencias rac iales. Por medio de él puede explicarse la
analogía, llegándose hasta a la identidad entre varios temas míticos y sím­
bolos, y la posibilidad del conocimiento humano en general. Las diversas
líneas del desarrollo psíquico comienzan desde un tronco común, cuyas
raíces se alargan hacia atrás en el pasado.
"Considerado de modo puramente psicológico esto significa que tenemos
comunes instintos de ideación (imaginación), y de acción. Toda la imagi­
nación y toda la acción consciente emergieron de estos prototipos incons­
cientes y permanecen ligados a ellos."
(Comentario sobre El Secreto de la Flor de Oro, pág. 83)

La relación de consciente con inconsciente es descrita con más am-


plitud en las siguientes afirmaciones:

"Sin duda, la consciencia deriva del inconsciente. Esto es algo que recor­
damos demasiado poco y, por tanto, siempre intentamos identificar a la psi­
quis como la consciencia; o, por lo menos, intentamos representar al in­
consciente como un derivado, o un efecto del consciente (como, por ejem­
plo, en la teoría freudiana de la represión)."
(Comentario sobre El Secreto de la Flor de Oro, pág. 119)

"El inconsciente tiene contenidos peculiares para sí, los cuales, creciendo
lentamente hacia arriba desde las profundidades, finalmente penetran en
la consciencia.
(El Hambre Moderno en Busca de un Alma, pág. 37)

Tales contenidos, que surgen desde las profundidades del incons­


ciente colectivo, reciben habitualmente la denominación de "arqueti­
pos" o de "imágenes primordiales". También se dice que los "instintos
son arquetipos" y que "los contenidos del inconsciente colectivo no son
meramente los residuos arcaicos de modos específicamente humanos
de funcionar, sino también los residuos de funciones de la estirpe ani­
mal de la humanidad". Ellos...

"pueden encontrarse en todas las mentes. Las imágenes primordiales son


los pensamientos más profundos, más antiguos y más universales de la
humanidad. Son tanto sentimientos como pensamientos, y tienen realmen­
te una existencia individual e independiente, algo parecida a las de las "al­
mas parciales" que podemos discernir fácilmente en todos los sistemas fi­
losóficos o gnósticos que se basan en la apercepción del inconsciente co-
99
mo la fuente del conocimiento, como por ejemplo, el Geisteswissenschaft
antroposófico de Steiner. El concepto de ángeles, arcángeles, "principa­
dos y poderes", de san Pablo, de los arcontes y los reinos de luz de los
gnósticos, de las jerarquías celestiales de Dionisio el Areopagita, deriva en
su totalidad de la percepción de la relativa independencia de los arquetipos
del inconsciente colectivo."
(Dos Ensayos sobre Psicología Analítica, pág. 68)

No intentaremos discutir aquí las muy debatibles afirmaciones con­


tenidas en la última parte de esta cita, pues nuestro propósito actual es
el de meramente presentar algunos conceptos básicos de la psicología
analítica, a los que haremos frecuentes referencias en el resto de es­
te libro. Sin embargo, puesto que el problema de la existencia "real" de
"dioses" y "seres ocultos" es de gran interés para la mayoría de los es­
tudiosos de la astrología, lo mencionaremos nuevamente en el capítu­
lo titulado "Los procesos individual, colectivo, creativo y cíclico", y tra­
taremos de mostrar qué relación existe entre las "imágenes primordia­
les" de Jung y, por lo menos, ciertas clases de seres cósmicos mencio­
nados por las religiones y el ocultismo.
La principal cuestión a considerar es que, si bien Freud da al incons­
ciente un carácter puramente secundario y negativo, Jung lo ve como
un factor positivo y primordial; de hecho, como la matriz misma de la
que, por diferenciación, crece el inconsciente. Sin embargo, él recono­
ce la existencia de un "inconsciente personal" que es el resultado de in­
hibiciones de Freud. Pero, aunque es un factor básico en la psicotera­
pia de Jung, cede al "inconsciente colectivo" el sitio de principal impor­
tancia en su filosofía general y en su actitud hacia la vida.
En Freud y Adler, la psicología es casi enteramente una cuestión de
curación psicológica. El primero recalca la cura de los trastornos psíqui­
cos que casi estrictamente se consideran como enfermedades, y, lue­
go de haber tentativamente quitado las causas del estado, se deja que
la "naturaleza" maneje más o menos la situación. Por el otro lado, Ad­
ler se ocupa más particularmente del problema de reajustar las condi­
ciones sociales y valores colectivos al individuo que, por alguna razón,
fue incapaz de efectuar un ajuste social correcto en su juventud o des­
pués de ésta. Adler comienza desde el individuo y su ineptitud como in­
dividuo para funcionar en la colectividad; mientras Freud intenta más
bien eliminar de las partes sumergidas de la psiquis individual los resul­
tados de las mentiras y perversiones impuestas al individuo por lo co­
lectivo (los hábitos familiares y raciales, las tendencias heredadas, las
influencias ambientales, etc.).
100
Jung intenta no sólo sintetizar los dos enfoques en su práctica te­
rapéutica, sino que llega mucho más allá. Tiende a convertirse en un
"sanador de almas" de una manera que recuerda a los maestros espi­
rituales y a los gurús orientales, especialmente tal vez los maestros de
las escuelas zen del Japón. Sólo dijimos que "recuerda", pues eviden­
temente la técnica de Jung es muy diferente de las de los antiguos "ma­
estros espirituales". No obstante, la cuestión es que Jung sostiene de­
cididamente un ideal de consumación humana ante sus clientes y an­
te la humanidad en general. Su trabajo tiene un fin determinado y es in­
tegrador. Jung anhela el ser humano completo. Contempla no exacta­
mente un "superhombre" sino un "hombre íntegro". E intenta conducir
al hombre hacia el cumplimiento de esta visión, hacia la meta de lo que
él llama la Individuación.

La individuación

Para entender el significado pleno de este término es necesario


captar primero la situación creada, filosófica y prácticamente, por la di­
visión que Jung efectuó respecto de la psiquis, en dos dominios posi­
tivos: el consciente y el inconsciente. El inconsciente de Freud no ofre­
cia problemas especiales, salvo el de librarse de él. Era una sombra ne­
gativa y cuasi-patológica que la luz de la consciencia acrecentada y nor­
malizada disipaba al menos teóricamente. Pero el inconsciente de Jung
no ha de disiparse sino asimilarse. Es el mar del que emerge el ego
consciente; un mar que puede ahogar a este ego, pero que, por el otro
lado, una vez que funciona dentro de la estructura de un ser conscien­
te orgánico y completo, dentro de un Yo, pasa a ser como su sangre:
la sangre que es el agua marina individualizada.
Por supuesto, este es un símbolo. Pero contiene alguna verdad en
cuanto a la naturaleza de la relación del consciente con el gran incons­
ciente. Este último ha de integrarse al primero, y este proceso de inte­
gración que reúne a las dos polaridades de la psiquis es un proceso de
asimilación constante de los contenidos inconscientes por parte del
consciente. Mediante este proceso, que también es el de un "matrimo­
nio" psicológico dentro del hombre individual, el ego -el centro del
consciente-por así decirlo crece más allá de sí y se convierte en el Yo
plenamente integrado, en el centro de la totalidad del ser plenamente
desarrollado del hombre. Esta consumación (que, en un sentido, nun­
ca es final, pues puede concebirse o postularse la existencia de esfe­
ras dentro de esferas del inconsciente colectivo) es la Individuación:
la "totalización" o el "perfeccionamiento" de los más viejos sistemas de
101
desarrollo espiritual, pero con una diferencia debida al nuevo nivel men­
tal alcanzado por la humanidad.
Jung tiene cuidado al distinguir entre el ideal del individualismo (es­
pecialmente, ¡el "escabroso individualismo"!) y el de la individuación.
Escribe:

"Individuación significa llegar a ser un ser aislado y separado, y, en cuan­


to el concepto individualidad abarca esa unicidad recóndita, última e in­
comparable de nuestro ser, también incluye la idea de llegar a ser el pro­
pio yo real de uno. De allí que la individuación podría también traducirse co­
mo "llegar a la 'existencia independiente' o a la "'autorrealización "' ... El in­
dividualismo es un intento deliberado de recalcar y volver conspicua algu­
na peculiaridad ostensible, en oposición a consideraciones y obligaciones
colectivas. Pero la individuación significa percisamente un cumplimiento
mejor y más completo de las disposiciones colectivas de la humanidad,
puesto que una consideración adecuada de la peculiaridad del individuo es
más conducente a una mejor realización social que cuando a la peculiari­
dad se la descuida o reprime. Pues la unicidad de un individuo no debe en­
tenderse como mera rareza o singularidad de su sustancia o componen­
tes, sino más bien como una peculiar combinación de elementos, o como
una diferenciación gradual de funciones y capacidades que, en sí mismas,
son universales... Individuación sólo puede significar un proceso psicoló­
gico evolutivo que cumple la disposición individual dada. En otras palabras,
es un proceso por el cual un hombre puede crear de sí mismo el ser defi­
nido y único que él mismo siente que, en el fondo, él es. Al hacerlo, no se
convierte en "egocéntrico" en el sentido corriente de la palabra; meramen­
te cumple la particularidad de su naturaleza, algo vastamente diferente del
egoísmo del individualismo.
"En cuanto al individuo humano, como una unidad viva, está compuesto
por factores universales, esta unidad es totalmente colectiva y, por lo tan­
to, en ningún sentido opuesta a la colectividad... La individuación apunta
a una cooperación esencial de todos los factores."
(Dos Ensayos sobre Psicología Analítica)

Estética versus ética


Antes de que señalemos brevemente los rasgos principales de la
técnica que Jung usa para lograr la meta de la individuación, parece im­
portante que establezcamos de una vez cómo el ideal de la individua­
ción, de "una cooperación esencial de todos los factores" dentro del ser
humano total, conduce a una revisión de nuestro concepto tradicional
102
de la ética y la moral. Desde luego, este es un tema delicadísimo que
admite graves malos entendidos, y por ello pedimos a nuestros lecto­
res que, de lo que diremos, no infieran conclusiones que de ningún mo­
do estuvieran justificadas.
Como veremos al comienzo de nuestra segunda parte, el acto mis­
mo de vivir implica dos direcciones básicas de una operación funcional
que puede caracterizarse por los términos consciencia y experiencia.
En un sentido, la división no difiere de la de estímulo y respuesta, pe­
ro atribuyéndosele un significado mucho más general. Somos "cons­
cientes" de hecho tanto internos como externos, tanto del sujeto, o yo
interior, como del objeto, o mundo exterior. La consciencia, siguiendo
un proceso bien definido, conduce a una reacción más o menos concre­
ta, o, por lo menos, formada , en la que el ego y aquello de lo cual él fue
consciente se interpenetran. El resultado de esta interpenetración es lo
que, en el sentido filosófico del término, llamamos una experiencia, o
sea, "un momento vivenciado".
Toda clase de "vivencia" implica una especie de juicio pronunciado
sobre: 1) aquello de lo que uno fue consciente; y 2) la relación de uno
mismo con esa cosa o esa cualidad. Pero el juicio puede ser fundamen­
talmente de dos clases. En un caso, se manifiesta como sentimiento,
en el otro, como pensamiento. Jung describe así al sentimiento:

"El sentimiento es primordialmente un proceso que tiene lugar entre el ego


y un contenido dado, proceso que, además, imparte al contenido un valor
definido en el sentido de aceptación o rechazo ('gusto' o 'disgusto'); pero
también puede aparecer, por así decirlo, aislado en la forma de 'disposición
anímica' enteramente independiente de los contenidos momentáneos de
la consciencia o de las sensaciones momentáneas... Pero hasta la dispo­
sición anímica... significa una valoración; sin embargo, no una valoración
de un contenido consciente definido e individual, sino de la situación cons­
ciente total en el momento ... El sentimiento es también una especie de ac­
to de juzgar que, sin embargo, difiere de un juicio intelectual, en que no
apunta a establecer una conexión intelectual sino que sólo se interesa por
la organización de un criterio subjetivo de aceptación o rechazo".

(Tipos Psicológicos, pág. 544)

Sin entrar más allá en el asunto, estará claro que todas las valora­
ciones puramente morales o éticas, se relacionan con los sentimientos,
lo que equivale a decir que son juicios inmediatos pronunciados sobre
el valor de un contenido de la psiquis o de una situación integral. La ima­
gen que entró en la consciencia o la situación en la que uno se encuen-
103
tra en relación con otros objetos o personas es "buena" o "mala". El ego
la acepta o la rechaza de manera directa e inmediata y sobre la base
de un instinto profundamente arraigado o de una actitud colectiva tra­
dicional, también profundamente arraigada. La moral está constituida
por un conjunto de juicios tradicionales concernientes a situaciones o
relaciones más o menos claramente definidas, algunas de las cuales se
basan en lo que aparece como instinto biológico, mientras otras son los
resultados de una actitud hacia la vida, recalcados consciente y delibe­
radamente por un código religioso, social o filosófico de valores.
Los juicios que tienen por base al sentimiento, y más específica­
mente los juicios éticos sobre lo que es "bueno" o "malo", son valiosos
porque consideran la totalidad de la situación y su conexión con el or­
ganismo total de quien tiene la experiencia. No se pierde tiempo en aná­
lisis intelectual probabilístico. Por otra parte, salvo los juicios que tie­
nen como base el sentimiento, que son reacciones realmente instinti­
vas y atinentes a necesidades biológicas, las valoraciones éticas son
determinadas por un "juicio previo", y, a menudo por un prejuicio, y por
la cualidad y las limitaciones del ego consciente o de alguna poderosa
imagen racial del inconsciente. En otras palabras, dan las cosas por su­
puestas.
Mientras la intuición real surge de una adaptación inmediata de la
totalidad del experimentador a una situación total -incluyendo todas
sus implicancias nuevas y nunca comprendidas antes- un juicio basa­
do en el sentimiento valora cada nueva situación en términos de esti­
maciones tradicionales fijas. Por lo tanto, la moral cambia periódica­
mente sus dictados, y si bien puede ser la expresión de reales intuicio­
nes colectivas cuando es "nueva", pronto pierde su real significación,
tan pronto y en la medida en que en la naturaleza humana se manifies­
ta un nuevo esquema de factores básicos.
Sin embargo, la cuestión principal que tenemos que entender es
que todos los juicios éticos dividen a la suma total de experiencias en
dos categorías: una que es aceptable, y la otra, que debe ser rechaza­
da. Si bien esta puede ser una necesidad de vivir en un mundo en el que
la ley de los opuestos es la que rige y desde fuera e incluso desde den­
tro, cada "todo vivo" afronta la destrucción, subsiste el hecho de que vi­
viendo casi exclusivamente de acuerdo con normas éticas o juicios ba­
sados en el sentimiento, el hombre evita experimentar la mitad de sus
contenidos de vida:
Un vivir ético es un vivir en el que "la seguridad es lo primero". Es
un vivir basado en el temor. En la selva, el temor es una cosa real, y es
realmente el resultado del instinto de preservación. En la mayoría de los
casos, la ley básica es correr o morir. La otra solución es encerrarse
104
dentro de muros que definan una zona de seguridad (el hogar) y una zo­
na de peligro (el exterior).
Ahora bien, si recordamos lo que se dijo en un capítulo anterior, la
humanidad está actualmente, y estuvo durante muchos siglos, en una
especie de selva psico-mental, que la seguridad relativa de nuestro ci­
vilizado mundo físico no hace que sea más segura; precisamente, lo
contrario. Hablando mentalmente, podemos decir que el énfasis euro­
peo sobre la lógica intelectual y el escolasticismo tenía como objeto la
construcción de una zona de seguridad mental en la selva del reino de
la ideación en el que se acababa de ingresar. La lógica y la disciplina
matemática nos enseñan a construir un hogar intelectual dentro de cu­
yos confines pueda funcionar con seguridad la fuerza de la ideación.
Las fórmulas matemáticas constituyen un sistema de seguridad opera­
tiva. Mientras nos mantengamos dentro de ella podremos confiar en los
resultados de nuestras ideas; pero si salimos, entonces nuestra imagi­
nación caótica puede conducirnos al descarrío.
Psicológicamente hablando, lo mismo ha sido cierto. La ética y la fi­
losofía europeas nos enseñaron a construir un hogar fuerte y bien guar­
dado (o más bien, un castillo fortificado): el consciente, sobre el cual go­
bernaba omnipotentemente el señor feudal: el ego. La mujer era escla­
vizada por el señor, y a los niños se los acobardaba hasta someterlos.
A los campesinos que trabajaban la tierra alrededor del castillo (los con­
tenidos instintivos de la psiquis) se los admitía en el castillo bajo la es­
tricta supervisión de un guardia armado, cuando el enemigo amenaza­
ba los portones, seguramente cerrados con cerrojos. Desde luego,
dentro de la fortaleza se construía una hermosa capilla en 1� que era
adorado un Dios autocrático, camuflado como Salvador compasivo.
Todo el cuadro de la civilización feudal es un símbolo exacto ( como ocu­
rre siempre) de lo que ocurría entonces dentro de la psiquis del hom­
bre.
También la música, expresión directa de la psiquis, dio, como siem­
pre ocurre, un cuadro simbólico de este mundo feudal; y el formalismo
y la tonalidad son espléndidas ilustraciones de este predominio del
principio ético de exclusión. Toda la civilización europea cristiana se
basa en ese principio. Se basa en el temor psíquico y mental; y en el­
a veces necesario, pero siempre frustrante- ideal de "primero está la
seguridad". Alcanzó grandeza dentro de las estrictas fronteras de lo
que había encerrado dentro de su fortaleza; y en ese sentido, la civili­
zación europea significa un superenfoque que lanzó una luz grande y
penetrante sobre lo que ella había admitido como valioso y seguro. Por
lo tanto, sus frutos constituyen un tesoro de gran precio.
105
Pero... ¡qué terrible revoltijo se hizo con lo que quedó fuera de los
muros! ¡Qué caro está pagando la humanidad por un Descartes y un
Bach! ¡Qué enconados y destructivos son los contenidos del subcons­
ciente, la suma total de las represiones, condenas morales y temores
que heredamos! Cada enfoque significa limitación, y, por lo tanto, ex­
clusión de experiencias y contenidos psiquicos. Y eso debe pagarse.
Cuanto más excluimos, cuanto más juicios éticos controlan la conduc­
ta externa e interna, las generaciones futuras (o en una vida individual,
después de los 40 años) más tendrán que sufrir las consecuencias. Por
el otro lado, no enfocar, no construir una casa fortificada (o conscien­
te) puede significar una vida de dispersión y de esquives constantes de
los enemigos (de adentro y de afuera); una vida en la que no se cum­
ple ningún logro sólido y duradero, salvo tal vez el de nuestra propia
existencia independiente y libre ... ¡el cual puede ser, después de todo,
el más grande de todos los logros!
¡ Pero no deseamos juzgar en base a sentimientos a los juicios de
igual índole o a las valoraciones éticas. Por el contrario, nos propone­
mos mostrar que hay otra actitud que, si bien no niega la validez de los
juicios basados en sentimientos, orgánicamente arraigados e instinti­
vos-intuitivos, recalca un principio de conducta diferente: el principio de
la estética.
La estética (en el sentido filosófico estricto del término) se opone
muchísimo a la ética (también en el sentido estricto de esta palabra) co­
mo pensar se opone a sentir. Jung define al pensar como:
"la función psicológica que, de acuerdo con sus propias leyes, pone a pre­
sentaciones dadas en una conexión conceptual...
El término 'pensar' debería limitarse a la vinculación de representaciones
por medio de un concepto, en el que, en otras palabras, prevalece un ac­
to de juicio, ya sea tal acto el producto de nuestra intención o no.·

Lo que caracteriza al pensar es el hecho de que es un eslabona­


miento de factores. En otras palabras, establece "conexiones concep­
tuales", o, en general, relaciones bien definidas. Es el clímax del pro­
ceso de la consciencia de la relación. Trae la luz a la forma inheren­
te (la estructura o la configuración inherente) de las cosas y las situa­
ciones. El juicio de pensar no es sobre si una cosa es en sí "buena" o
"mala", sino sobre si la forma de una presentación establece un conjun­
to válido de relaciones o no. No dice :"Esta cosa es mala", significan­
do siempre: "para mí". Dice si la disposición de los factores en la situa­
ción establecida por la relación es, primero, coherente, y luego, signi­
ficativa. Tras analizar esta disposición de los factores, es capaz, ade-
106
más, de emitir juicio sobre si, recalcando o restringiendo algunos de es­
tos factores, puede establecerse una nueva configuración que sea más
coherente y más significativa.
El pensar establece o analiza conexiones que, en su configuración
total, constituyen una forma. La forma es coherente y significativa, o no
lo es. En este proceso, encontramos la base de la estética. El juicio es­
tético se opone al juicio ético en que no excluye grupo alguno de ele­
mentos; sino que, a lo más, subordina algunos a otros de mayor signi­
ficación. Dícese que el proceso estético es de selección. Pero selección
no significa condenación de lo que no se selecciona. Si un pintor pin­
ta sólo los perfiles de un cuerpo con su pincel, esto no significa que con­
dene los elementos de carne, etc., dentro de este esbozo. No emite jui­
cio ético contra ellos. Los transforma en valores implícitos. Seleccio­
na ciertos factores y recalca ciertos elementos o fases de la configura­
ción total presentada por la experiencia de vida (por ejemplo, por la es­
cena que sus ojos contemplan). Pero este énfasis debe producirse tam­
bién como para dar la sugestión de todos los elementos que queda­
ron evidentemente sin ser representados. En una obra de arte que sea
realmente grande, están contenidos todos los elementos de una situa­
ción de vida; pero algunos son representados por la presencia real, y
otros están implícitos en la configuración total.
Esto, traducido en términos de vivir cotidiano, puede ilustrarse con
el siguiente ejemplo. Un hombre determina, mediante juicio ético o
juicio basado en sentimientos, que las experiencias sexuales son
"malas", y actuando sobre tal juicio, se castra (como, por ejemplo,
Orígenes). Este es un caso extremo en cuanto implica una acción física
violenta; pero, en una forma menos acentuada, toda ascética compul­
siva es del mismo tipo. Por el otro lado, podemos pensar en una
persona espiritual que normalmente trascendió el deseo de tener una
experiencia sexual. La fuerza sexual está en él activa, pero transfor­
mada. Está "implícita", pero no representada realmente. No existen
juicios éticos emitidos contra ella; mas, en la configuración estética de
todo su ser, el sexo es sugerido, pero no recalcado, ni siquiera
representado concretamente; mientras en el hombre automutilado, el
sexo está siempre presente, pero en forma negativa, o sea, como
una sombra positiva: por lo tanto, como "malo".
Los juicios éticos crean el mal. Los juicios estéticos producen
tensiones, énfasis, alivio, contrastres, luz y sombra, representación
real e implícita, gradaciones y sugestiones. Equilibran opuestos, y
nunca condenan absolutamente. Armonizan; nunca descartan. Se
ocupan de relaciones totales, que estiman en la totalidad de sus
elementos. Ningún elemento puede ser cancelado sin estropear la
107
relación. De hecho, ningún elemento, en ninguna relación,
puede ser cancelado. Uno sólo puede transformarlo, me­
diante cancelaclón aparente, en una fuerza mala. Pero, para
quien actúa según el verdadero principio de la estética, no existe el
"mal"; y tampoco existe el "bien". Sólo hay forma o relación, que vincula
a todos los elementos en una totalidad que incluye luz y sombra, cresta
y depresión, énfasis y mera implicancia: todo Igualmente significa­
tivo; pero, cada uno con su particular significación;una significación
que puede marcarse con un signo menos o un signo más. En la
estética, el único mal es la falta de significación; pero no reside en la
cosa o en la situación, pues todas las cosas y todas las situaciones, al
ser expresiones del momento de su manifestación, son inherentemente
significativas. La taita de significación se debe solamente a la ineptitud
del hombre para percibir la significación. Por lo tanto, no hay mal, salvo
ignorancia.
El resultado es que el hombre puede ser educado en la percepción
de significaciones. La compulsión ética, basada en el temor, conduce
al mal. La educación estética, basada en la percepción de una relación
coherente y significativa, destruye la oscura fantasía que es el mal.
Hace de todo lo vivo una actividad estética, una actividad creadora.
Destruye -o debería destruir- todas las valoraciones basadas en
juicios pasados y en la compulsión de la tradición, pues estos son
obstáculos para que se viva plenamente la totalidad del momento. La
totalidad del momento es el Alma del momento. Y el Alma del momento
es el alma de usted y la mía, siempre nueva, siempre joven, siempre
arraigada en la significación, siempre arraigada en la "cualidad" que es
nuestra propia, el gran tema que la "vida" desarrolla haciendo que se
integre y transfigure en significación individual la plenitud de nuestro
propio horizonte siempre en retroceso.
Por ello, educar al hombre es la tarea de la nueva psicología y de
la nueva astrología esbozadas en este libro.

El análisis de los sueños y la asimilación de


los contenidos inconscientes
Nos referiremos luego a la relación que la astrología, como se la
reformula en este libro, tiene con la actitud estética hacia la vida.
Particularmente, veremos cómo esta actitud invalida todas las no­
ciones de aspectos "malos" y planetas "malignos", al menos en
astrología natal. Pero, en primer lugar, deseamos concluir nuestro
breve estudio de la psicología analítica de Jung esbozando el método
que él defiende para fomentar el proceso de la individuación. En
108
realidad, será un muy incompleto perfil y debemos remitir al lector a los
libros de Jung, especialmente Dos Ensayos sobre Psicología
Analítica, El hombre Moderno en Busca de un Alma y el Comentario
sobre El Secreto de la Flor de Oro.
Podríamos decir que el primer paso en el camino hacia la
individuación es eliminar los impedimentos que la obstruyen. El
proceso de individuación no es una acción misteriosa o sagrada. Es
vivir en plenitud una vida que no esté castrada ni ética ni socialmente.
Como dice Jung: "La vida, ... si se la vive con completa devoción, aporta
una intuición del yo, del ser individual" Por desgracia, vivir con completa
devoción es dificultado por la herencia de la humanidad que se hace
sentir en la influencia del ambiente, la tradición y la educación. Los
elementos colectivos presionan sobre los tiernos brotes de la planta de
la personalidad; y por ello, el fluir natural de la vida se perturba y
obstruye y se envenenan las aguas mismas del alma. Las tendencias
y energías reprimidas se acumulan en el inconsciente personal, y
desde allí afectan, de modos subterráneos, la conducta externa y la
salud fisiológica. El análisis psicológico, en su primera etapa, debe, por
tanto, poner en libertad estas represiones; a los deseos reprimidos se
los debe hacer conscientes.
El análisis de los sueños nos ayuda a llegar a estas represrones y
hacerlas entrar en la luz de la consciencia, despojándolas así de su
fuerza.

"Los suef'los dan información sobre los secretos de la vida interior, y a quien
suef'la le revelan los factores ocultos de su personalidad. Mientras éstos no
sean descubiertos, perturban su vida vigil y sólo se delatan en forma de
síntomas. Esto significa que no podemos tratar efectivamente al paciente
sólo desde el lado de la consciencia, sólo que debemos producir un cambio
en y a través del subconsciente. En cuanto al conocimiento actual, sólo hay
un modo de hacer esto: debe haber una asimilación consciente y completa
de los contenidos inconscientes. Con 'asimilación' significo una inter­
penetración mutua de los contenidos conscientes e inconscientes, y no -
como se piensa demasiado corrientemente- una valoración, una inter­
pretación y una deformación unilaterales de los contenidos inconscientes
por parte de la mente consciente ...
La relación entre el consciente y el inconsciente es compensatoria. Este
hecho, que es fácilmente verificable, suministra una regla para la
interpretación de los sueños. Siempres es útil, cuando nos ponemos a
interpretar un sueño, preguntar: ¿Qué actitud consciente compensa? .. .
Cada sueño es una fuente de información y un medio de autorregulación.. .
109
(Los sueños) son nuestros más eficaces auxiliares en la tarea de construir
la personalidad."
(El Hombre Moderno en Bu.ca de un Alma, págs. 18-20)

"El sueño habla en imágenes, y da expresión a instintos que derivan de los


niveles más primitivos de la naturaleza. Con demasiada facilidad la
consciencia se aparta de la ley de la naturaleza; pero puede ser puesta
nuevamente en armonía con esta última mediante la asimilación de los
contenidos inconscientes. Fomentando este proceso, conducimos al
paciente hacia el redescubrimiento de la ley de su propio ser. .. Yo no
podría poner junto (en tan breve espacio) ante sus ojos, piedra tras piedra,
el edificio que se alza en todo análisis a partir de los materiales del
inconsciente y que halla su plenitud en la restauración de la personalidad
total. El método de las asimilaciones sucesivas llega mucho más allá de los
resultados curativos que conciernen específicamente al médico. Al final,
conduce hacia esa meta distante (que tal vez haya sido el primer deseo de
vida), la de introducir en la realidad al ser humano total, o sea, la
individuación."
(El Hombre Moderno en Busca de un Alma, pág. 30)

Sin embargo, los sueños no son solamente proyecciones del


inconsciente que puedan asimilarse. Hay otro campo de la actividad
psicológica, que Jung denomina "fantasía", y que está arraigado mucho
más en el inconsciente que en el consciente. El reino de la fantasía
creadora se extiende desde la quimera menos notable hasta la
"inspiración" repentina más significativa, propia del artista creador, del
científico o del filósofo. La fantasía creadora es el puente entre el
sentimiento y el pensamiento. No nace de uno ni de otro, pues es la
madre de ambos; más aún, mejor dicho, está grávida con el hijo, esa
meta final que reconcilia a los opuestos ... ¿Qué cosa grande nació sin
ser primero fantasía? (Tipos Psicológicos)
La fantasía opera, como los sueños, a través de la proyección de
símbolos. Conociendo estos símbolos podemos explorar los niveles
más profundos del inconsciente, y asimilar la sabiduría profunda de los
siglos, que está depositada en aquellos niveles.

"El inconsciente puede darnos todo el fomento y toda la ayuda que la


naturaleza generosa tiene almacenados para el hombre con una abundan­
cia que fluye eternamente. El inconsciente ... no sólo controla todos los
contenidos psíquicos subliminales, todo lo olvidado y descuidado, sino
también la sabiduría y la experiencia de siglos sin cuento, una sabiduría
que está depositada y yace potencialmente en el cerebro humano. El
110
inconsciente está continuamente activo, creando a partir de sus com­
binaciones materiales que sirven a las necesidades del futuro. Crea
combinaciones subliminales prospectivas tal como lo hace el consciente,
sólo que son marcadam ente superiores a las combinaciones conscientes,
en depuración y extensión.Por lo tanto. el inconsciente sólo pu ede s er para
el hombre una guía sin igual."
(Dos Ensayos sobre Psicología Analítica, págs. 118-119)

El uso de lo que se llama "material de la fantasía" es uno de los rasgos más


significativos de la técnica de Jung, quien escribe: "Debemos ser capaces
de dejar que las cosas ocurrao en la psiquis... La consciencia está
eternamente interfiriendo, ayudando, corrigiendo y negando, sin dejar
jamás en paz el simple crecimiento del proceso psíquico". Debemos "poner
en libertad la traba del consciente". Ha de crearse una nueva actitud, "una
actitud que acepta lo irracional y lo increíble, simplemente porque es lo que
está ocurriendo. Esta actitud sería un veneno para una persona que ya fue
abrumada por cosas que sólo ocurren, pero es de valor supremo para
quien, con una crítica exclusivamente consciente, elige de las cosas que
ocurren sólo las apropiadas para su consciencia, y, por lo tanto, se aparta
gradualmente de la corriente de la vida.que se interna en un remanso
estancado."
(Comentario sobre El Secreto de la Flor de Oro, pág. 91)

El "Comentario" sobre El Secreto de la Flor de Oro da muchísima


información sobre el significado de esta fantasía creadora y la manera
con que puede despejarse el camino que conduce hacia el estado de
integración e individuación. Además, muestra cómo el método moder­
no encaja con algunos de los conceptos antiquísimos de la sabiduría
China, cuando se los ve en relación con los procesos psicológicos: con
la integración y el nacimiento de una personalidad superior, cuya cons­
ciencia, separada del mundo, que ella contiene sin estar esclavizada a
él, se convirtió en visión pura.
El motivo filosófico que subyace en todos los conceptos de Jung es
el de la reconciliación de los opuestos: un motivo viejo y universal que
caracterizaran las civilizaciones china e indo-aria, cada una de modo
algo diferente, cada cual recalcando uno de los opuestos. El sistema
chino es particularmente claro, y hay poca duda de que, en una
formulación renovada, ganará un ascendiente cada vez mayor en la
nueva era. A través de Richard Wilhelm, Jung se familiarizó íntima­
mente con ese sistema y con el VI King, el gran libro en el que la antigua
China representaba simbólicamente una síntesis maravillosa de todas
111
las actividades de vida, abarcando todo el conocimiento y todos las
ejecuciones de la acción en una fórmula vasta.la Fórmula del Cambio.
Es notable la aplicación del principio detrás de la fórmula en
conexión con la psicología y el proceso de individuación, y, en un
sentido profundo, constituye el trasfondo de los conceptos y la técnica
de Jung, consciente o inconscientemente para él. Como se presenta en
El Secreto de la Flor de Oro, encontramos el siguiente cuadro
metafísico:

"El Tao indiviso, el Gran Uno, da nacimiento a dos principios opuestos de


la realidad, la Oscuridad y la Luz, yin y yang. Al comienzo, se piensa en
ellos sólo como fuerzas de la naturaleza, independientemente del hombre.
Después, de ellos derivan las polaridades sexuales, al igual que otras. De
yin proviene mlng, la vida; de yang, hslng o la esencia."
Tao es "lo que existe a través de sí mismo", guardando un parale­
lismo, por tanto, con lo "Auto-Existente" (Svayambhuva) del budismo
indio. Pero también es el Gran Número Entero y el Proceso de
Integración. El signo chino de Tao está compuesto por dos signos; uno
significa "cabeza"; el otro, "ir". Wilhelm traduce Tao como "Significado";
pero habitualmente se lo tradujo como "el Camino". En un sentido al
menos, es el Camino, o más bien el Proceso, en la cabeza. Jung,
refiriendo la "Cabeza" a la consciencia, llega al significado: el camino
consciente. Tao es la síntesis de ming, la vida, y hslng, la esencia. La
esencia y la vida, originalmente una sola en Tao, se separan en la
concepción del hijo. La meta del desarrollo psicológico es volver a
unirlas. Por lo tanto, Tao es "el método o el modo consciente mediante
el cual se une lo que está separado", o sea, la esencia (que es
intercambiable con la consciencia) y la vida. La consciencia separada
de la vida se refiere al estado que Jung describe como "la deflexión, o
el desarraigo de la consciencia". Asimismo, "la cuestión de hacer
conscientes a los opuestos significa la reunión con las leyes de la vida
representadas en el inconsciente". Vivir conscientemente es producir
Tao. Hacer esto plenamente es integrar a la consciencia (la esencia) y
a las energías del inconsciente colectivo (la vida). Esto llega como
resultado de un "proceso psíquico de desarrollo que se expresa en
símbolos". El gran símbolo de la individuación es el mandala; o sea, un
círculo mágico que contiene una cruz o alguna otra estructura
básicamente cuádruple.
Tal símbolo es el zodíaco, y la cuadratura típica de un mapa astral
(los cuatro ángulos). Toda la astrología natal es la aplicación práctica
de esta "cuadratura del círculo", el Camino consciente: Tao. El T-A-0
112
cuádruple da los 12 signos o casas de la astrología (3 x 4 = 12). Cada
mapa natal es el mandala de una vida individual. Es el croquis del
proceso de individuación para este individuo particular. Seguirlo inte­
ligentemente es seguir el "camino consciente", el camino de la
"totalidad operativa", o sea, el camino de la ejecución activa de la
totalidad del ser que es el Yo.

113
111
LOS PROCESOS INDIVIDUA L, COLECTIVO,
CREATIVO V CICLICO

Al final del capítulo anterior nos referimos al VI King de la antigua


China y a su "Fórmula del Cambio", basada en la combinación de las
dos polaridades cósmicas, Yang y Yin. Como ya lo mencionamos, tal
fórmula es de especial interés para nosotros porque tuvo orígenes as­
trológicos evidentes. Además, es una expresión característica de una
filosofía de la época, como la que postulamos en un capítulo anterior co­
mo el antecedende necesario para todo pensamiento astrológico cohe­
rente y válido. La astrología carece filosóficamente de significado a me­
nos que se apoye en un conocimiento cabal de los ciclos y de la poten­
cia creativa de cada momento, especialmente los "momentos semillas"
que, en razón de su existencia, pasan a ser los puntos de partida de los
ciclos. La "Fórmula del Cambio" del Vi King es una fórmula cíclica, que
se propone determinar simbólicamente la estructura universal y esen­
cial de todos los ciclos; mejor aún, del Ciclo o de la cicllcldad. Como
todos los procesos de vida son cíclicos -en esencia, si no en aparien­
cia externa- tal fórmula es la ley básica de todos los procesos de vi­
da. Por tanto, se alcanza una síntesis verdaderamente universal del ser
y del devenir, una síntesis probablemente más grandiosa y absoluta, en
su aplicabilidad simbólica, que la contemplada por Einstein a través de
su "teoría del campo unificado" que reduce a todos los fenónemos na­
turales a una ley simple.
La fórmula china no es única en la historia del pensamiento huma­
no. Ahora veremos que la vieja civilización india también concibió una
síntesis universal del conocimiento que podría expresarse en términos
de una fórmula cíclica que definiera al proceso universal de la vida, cu­
yos polos son el ser y el devenir. Y afirmamos que la nueva civilización,
actualmente en proceso de elaboración, también hará evolucionar se-
115
mejante fórmula sobre una nueva base de análisis de la vida y en un
nuevo nivel de funcionamiento mental.
La discusión de tales temas va evidentemente mucho más allá del
alcance de este libro; pero nos hallamos obligados a esbozarlos breve­
mente, porque los valores sobre los cuales se basa la nueva fórmula del
ciclo son, -según nuestra estimación- los factores mismos de los que
dependerán nuestra clasificación y nuestra interpretación de los ele­
mentos astrológicos. El viejo dualismo chino de las polaridades cósmi­
cas no basta para interpretar nuestro enfoque moderno del ser y del de­
venir. Como ya dijimos, la humanidad está estableciendo su conscien­
cia, lenta pero firmemente, en un nuevo nivel mental; y, en consecuen­
cia, contempla el proceso universal de la vida desde otro punto. Por eso,
deberán determinarse nuevos valores: sin embargo, valores que no
nieguen los viejos valores chino o indio, sino que los complementen y
suplementen: valores occidentales que presumiblemente florecerán en
el continente americano, sede de una civilización que surge.
Al esbozar la nueva fórmula cíclica, tendremos meramente que
enunciar ideas más que discutirlas en relación con otros puntos de vis­
ta más tradicionales. Nuestro objeto no es escribir un tratado filosófico
sino meramente establecer un antecedente filosófico de la astrología.
Todavía tiene que escribirse la nueva filosofía del Tiempo, o del Ciclo.
Lo que sigue será una mera sugerencia de su existencia y un mero es­
bozo de aquellos aspectos suyos que se refieren más especialmente a
la psicología y la astrología.

El clclo: de una semilla a la otra


Cada ciclo puede interpretarse estructuralmente como compuesto
por comienzo, medio y final. Sin embargo, estos tres términos han de
entenderse más bien en un sentido metafísico que en el sentido de los
valores del tiempo. Representan tres factores o principios esenciales
que, en su trinidad, constituyen la totalidad del ciclo. El modo más sim­
ple de enfocar un tema complejo será examinar sucesivamente cada
uno de estos tres términos y determinar a qué se refiere, en un senti­
do general.

EL COMIENZO. El comienzo de cada ciclo es un Uno: una mónada. Por


definición diremos que una mónada es el punto inicial de emanación de
cada ciclo de vida. Es la simiente germinadora, o el punto dentro de la
semilla de donde salen la raíz y el tallo. El comienzo del ciclo es el mo­
mento de la unidad, el momento que revela la presencia real del Uno.
116
La unidad absoluta es un postulado, un desideratum, una meta abs­
tracta, un concepto metafísico. Es incompatible con la vida o con la ma­
nifestación. Pero el Uno-que-está-en-el-comienzo es una representa­
ción de esta unidad abstracta y metafísica: un avatar de ella. En la cons­
ciencia, a la unidad se la puede alcanzar mediante devoción a este Uno:
el Padre-Madre del ciclo total. La devoción es concentración sobre el
Uno, como si este Uno existiera.
En realidad, el Uno no "existe" más que como un Padre manifies­
to; pero el Uno es, como realidad psicológica, en la memoria de aque­
llos hijos Suyos que se convirtieron en portadores de Su fuerza integra­
dora: las hipóstasis, o los avatares, de esta fuerza. Esta fuerza es Tao,
y, en otro sentido, es el AUM de los hindúes. Es la fuerza integradora
que es la Vida misma; y que es la única que hace posible el proceso
de integración o de individuación del que hablamos en nuestro último
capítulo. En el organismo fisiológico humano, esta fuerza es la de la cir­
culación sanguínea arraigada en el corazón: en la psiquis humana, es­
ta fuerza está menos bien definida, pues, en la mayoría de las perso­
nas, la psiquis dista de ser aún un "organismo". Pero es la fuerza a la
que puede llamarse la voluntad orientada hacia la totalidad o la volun­
tad orientada hacia la cordura y la salud, de la que el psicólogo debe­
rá ocuparse si su análisis ha de conducir al paciente hacia la salud psi­
cológica y, eventualmente, hacia la individuación.
Por lo tanto, quien adora al Uno como una forma o una entidad, co­
mo el Padre de Todos, adora realmente un recuerdo, a la más primor­
dial de todas las "imágenes primordiales". Esta adoración mantiene vi­
vo el recuerdo y ofrece canales a través de los cuales puede fluir la ener­
gía de este Uno. El Uno ya no está allí, como la semilla ya no existe en
el árbol que crece. Pero la fuerza del crecimiento, que estaba en la se­
milla, está activa a lo largo del ciclo de manifestación de la planta. Es­
ta fuerza es una fuerza integradora que constantemente "da testimonio"
de la Semilla única.
En otras palabras, una vez que termina el período de germinación,
la semilla desaparece, habiéndose sacrificado para que la planta pudie­
ra ser. Pero la energía que estaba en la semilla sigue en actividad. Es
la fuerza de la totalidad operativa. Una vez que el Uno cesó de ser una
entidad manifiesta, ahora tiene que convertirse en un proceso.

EL MEDIO. Este "proceso" es la realidad fundamental del "medio" del


ciclo. Sin embargo, con el término "medio" debe entenderse la totali­
dad del devenir: la serie íntegra de momentos que ocurren entre el mo­
mento inicial de la emanación y el momento final de la consumación. Es­
tos dos momentos (de emanación y consumación) son, en un sentido,
117
únicos; constituyen el alfa y la omega de la manifestación, o más bien
representan los dos aspectos del ser, los dos aspectos del Uno. Como
escribiera una vez D. H. Lawrence en un inspirado artículo, son el Dios­
del-comienzo y el Dios-del-final. En La Doctrina Secreta, H. P. Bla­
vatsky hace referencia a estos dos "Dioses" -que son uno solo en
esencia- respectivamente como el Manu-Raíz y el Manu-Semilla.
Fuera de ellos, todo lo demás pertenece al proceso del cambio, al fluir
del devenir; o sea, a lo que los hombres hoy llaman "vida": la serie de
actividades que constituyen el vivir.
Sin embargo, a lo largo de este proceso de cambio, es más o me­
nos evidente una fuerza de integración: una fuerza que da cohesión y
dirección a las multitudinarias transformaciones del devenir. Esta fuer­
za es la energía del Padre, el Espíritu Santo, el Consolador. Es la fuer­
za de la Vida que integra toda la multiplicidad de las partes en "todos"
orgánicos. Es la fuerza del "holismo".

EL FINAL. El momento de la consumación del ciclo es un monento de


concentración, de conclusión y de cosecha de los frutos del proceso de
manifestación. Es el "Día-esté-con-Nosotros" de los ocultistas, el Sép­
timo-Día. Cuando se llega a este momento de consumación, todas las
fuerzas que eran las corrientes diferenciadas que salían de la Fuente
(o Mónada) Original y que animaban a los muchos Hijos del Padre úni­
co, se juntan en un torbellino de fuerza y luz que constituye la realidad
creativa del Dios-del-final: creativa porque este Dios, a su vez, al refle­
jarse, se convierte en el Creador de los "arquetipos" o Formas genéri­
cas del nuevo Ciclo.
Aunque semejante caracterización de los tres términos básicos del
ciclo sea muy incompleta, de todos modos nos ayudará a definir los tres
puntos de vista del mundo fundamentales que dieron origen y han de
dar origen a las tres fórmulas igualmente fundamentales del ser y del
devenir. Cada punto de vista del mundo y su fórmula recalca uno de los
tres términos del Ciclo: énfasis que, desde luego, no niega los otros dos
términos sino que los deja en segundo plano o les da una valoración
más o menos subalterna, negativa o ilusoria. Los dos primeros tipos de
énfasis que recalcan el "comienzo" y el "medio" del Ciclo -el Uno ori­
ginal y el proceso del devenir- son bien conocidos por la humanidad.
El primero es típico de la vieja civilización india y de todos los movimien­
tos religiosos y espirituales que dependen más o menos de la vieja tra­
dición aria. El último recibió una formulación característica en la vieja ci­
vilización china, y es también ejemplificado por el muy gran papel del
pensamiento filosófico-psicológico y científico del siglo XX. Un tercer ti-
118
po de énfasis -recalcando el valor de la consumación y el término fi­
nal del ciclo- está surgiendo lentamente del cuerpo general del pen­
samiento moderno. A tal tipo de énfasis intentaremos caracterizarlo en
una nueva fórmula cíclica.

La fórmula indo-arla
La India representa típicamente (pero, desde luego, no exclusiva­
mente) la actitud de la devoción; o sea, la dependencia del Uno-que-es­
tá-en-el-comienzo. Recalca -de muchos modos- el Primer Principio,
el alfa de la evolución y el anhelo de Unidad absoluta. No siempre se
reconoce el hecho de que en la India existió una síntesis general del co­
nocimiento; pero, se lo puede descubrir en los grandes días de la an­
tigua Aryavarta, la civilización aria, bajo los muchos agregados y per­
versiones que estropearon la belleza y la sencillez puras del antiguo sis­
tema, mucho antes del budismo, tal como el VI Klng es muy anterior al
confucianismo. Este sistema parece haber sido redescubierto, al me­
nos en parte, de modo algo misterioso, por Bhagavan Das, y remitimos
al estudioso a su gran obra, el Pranava Veda.
La integración de la India, que se basa en el Uno original, es esen­
cialmente jerárquica, mucho más que la de la China, que es equlllbra­
dora. A todas las actividades y a todos los conocimientos se los ve en
su relación radical con el Uno triuno, que es el AUM, el proceso dél mun­
do derivado de la Unidad incognoscible e incomprensible. En AUM, A
significa la mónada universal, U, el mundo de la ilusión, y M la relación
entre las dos. Esta relación es una relación de negación, pues la vieja
sabiduría hindú, basada en el Uno, niega a los Muchos, excepto como
una oscura objetivización de este Uno.
Por lo tanto, la fórmula del proceso del mundo se da como: "El Yo
-no es- el No-Yo". La fórmula del conocimiento es que el objeto (No­
Yo) debe conocerse para que el sujeto (Yo) comprenda, viendo el ca­
rácter ilusorio de aquél, que no hay nada salvo el sujeto. La integración
se alcanza mediante negación y renunciamiento. Al proceso del mun­
do se lo ve como una ilusión (maya). La personalidad y el cambio son
ilusiones; y, al final del ciclo, el Uno original se encuentra nuevamente
en lo que él era originalmente: incorrupto por el cambio. ¿ Qué ganó me­
diante el proceso del cambio? Esto: que ahora sabe conscientemente
que "Yo soy que yo soy". Por lo tanto, la consciencia es el final del pro­
ceso, pero una consciencia que se identifica completamente con el su­
jeto y retira del objeto toda realidad. Sin embargo, tras el fuego siem­
pre quedan cenizas, y por eso es necesario un nuevo ciclo para reincor-
119
porar estas cenizas en un árbol nuevo, vivo y en crecimiento. Por eso,
el proceso del mundo sigue incesantemente a través de una encarna­
ción tras otra del mismo Yo. Así, el tiempo se convierte en la fatalidad
de ser: en la trama y la urdimbre del karma y la aflicción.
Esta actitud básica hacia la vida sigue a un fuerte énfasis sobre el
Uno-que-está-en-el-comienzo. Para este Uno, el "proceso" del ciclo
medio significa desmembramiento, tragedia o sacrificio. El final signifi­
ca retorno a la integridad del comienzo. De allí el AUM; que ha de re­
petirse en sucesión; pues la Mes cese, liberación. Pero aporta nueva­
mente el renacimiento. Y el verdadero AUM es el inaudible; y la verdad
reside en el retiro y la abstracción. A y U también se hacen sonar co­
mo O para mostrar que la distinción entre yo y no-yo es un mero con­
cepto, una mera ilusión. Por lo tanto, OM es el tono integrado: el soni­
do vocal más simple, exhalando el aire y cerrando los labios. Un verda­
dero símbolo del Uno sin segundo.
A tales conceptos los siguió la síntesis del conocimiento y la activi­
dad universal. Del OM emanó el Gayatrl, la invocación sagrada al Sol
y a la unidad de toda la vida. Del Gayatrl, y de 3lqunos otros mantrams
básicos, salieron los cuatro Vedas; de los Vedas pre>vinieron los Vedan­
tas; de ellos, que representan a la ciencias básicas del yo, se origina­
ron las seis escuelas de la filosofía sintetizadas finalmente en la sépti­
ma secreta -�tma-Vldya- la consciencia del "final" que conducen a
la re-pronunciación del AUM de un modo universal. Esto es sólo un muy
leve esbozo de uno de los sistemas básicos de la consciencia de la hu­
manidad, un sistema que aún es la base de la mayoría de las religiones
y de la mayoría de los tipos de filosofías ocultas.

La fórmula china

Este sistema es, por supuesto, fundamentalmente diferente del sis­


tema chino, que recalca la realidad del "proceso" y el dualismo en él im­
plícito. A Yang y Yin, las dos polaridades cósmicas, se los ve en su in­
teracción cíclica. El tiempo ya no es la fatalidad que fuerza al espíritu
a reencarnarse, sino que es la realidad básica del proceso del cambio.
Toda la vida es un rito de cambio, un drama que representa las activi­
dades conexas de Yang y Yin, y que caracteriza sus trueques sucesi­
vos. Estos trueques son simbolizados geométricamente, primero en un
esquema triple de manifestación arquetípica (pues cada relación entre
dos elementos implica acción, reacción e interacción); luego, en un rei­
no séxtuple de actividad, que es el del drama real o de la representa­
ción externa. Por ello, se forman 64 hexagramas, que representan to-
120
das las fases posibles de interacción entre los dos principios en el rei­
no séxtuple de la actividad. Estos hexagramas se distribuyen luego en
un círculo, en muy gran medida como los signos del zodíaco en la as­
trología moderna.
Lo que esta serie cíclica de hexagramas representa es el drama uni­
versal de la vida, el patrón cósmico de toda actividad y de toda reacción
ante la actividad (que es lo que llamamos conocimiento). Más especí­
ficamente, es como el diagrama de la cambiante relación del Sol con la
Tierra durante el ciclo del año. Pero esta relación, que se curva a lo lar­
go del curso de la órbita de la Tierra, es de hecho el origen mismo del
principio vital en todo. La vida no proviene del Sol. La vida es el resul­
tado de la relación que se establece entre el Sol y la Tierra, entre la ener­
gía y la sustancia, entre la Luz y la Oscuridad.
En el solsticio del verano, domina el Yang; en el solsticio del invier­
no, el Yin; en los equinoccios, se hallan en un estado de equilibrio di­
námico. Pero en el otoño, el Yin aumenta; mientras en la primavera, au­
menta el Yang y el Yin disminuye en intensidad. Por lo tanto, los cua­
tro puntos cruciales, la Cruz de la actividad, los Cuatro Actos del dra­
ma, que un Quinto Acto puede sintetizar o no. El Quinto Acto es la "Quin­
taesencia" del saber alquímico. Es el Quinto Miembro, la casa de lo Cre­
ativo, ya sea arriba o abajo. Es el sitio sagrado en el que mora Tao, el
Gran Significado, el ápice de la pirámide basada en los cuatro puntos
cruciales del año, el Símbolo de todos los símbolos. Tao es ia solución
de todos los conflictos; y, por tanto, no es una cosa, ni siquiera una
esencia, sino un proceso. Es el Proceso en la Cabeza; la marcha del Ini­
ciado al ascender los escalones que lo conducen hacia la cima de la pi­
rámide: originalmente, una cima chata, pues el ápice mismo sólo podría
ser el Fuego Místico que se eleva desde el altar sublime; el altar en el
que los Cuatro Errores (que en realidad son los puntos de vista limita­
dos) se queman, disuelven, resuelven e integran en el Significado Uni­
co.
Este Significado Unico, que resuelve todos los conflictos equilibrán­
dolos y trascendiéndolos, está encarnado en el Emperador Chino. El es
el punto neutro en el que se equilibran todas las energías cósmicas, el
Gran Vacío, el eje de la rueda. Esto, dentro del Estado. Pero, para el
místico, había potencialmente en cada hombre un "palacio imperial".
Allí, dentro de la cabeza, Tao llegaba a su plenitud como un proceso,
el proceso de "circulación de la Luz", y nacía el "Cuerpo de Diamante":
el Emperador, el Dios-del-final, la Semilla-de-Luz.
La palabra Tao puede analizarse simbólicamente de modo que ca­
da una de sus tres letras se refiera a un término del Ciclo. A se refiere
al Uno-que-está-en-el-comienzo, la mónada; O connota la consuma-
121
ción última que en el hombre significa Personalidad integrada centrada
en torno del Yo (y no sólo el ego meramente consciente), y, en una pos­
terior etapa de abstracción, la quintaesencia de la Individualidad; y T
significa el proceso mundial del cambio: en el hombre, para el estado
del ser que es un fluir constante de pensamientos, sentimientos, intui­
ciones y sensaciones; el estado de la personalidad evolutiva siempre
cambiante. En esta palabra sagrada de la China, la letra T llegó prime­
ro porque la civilización china recalcaba el elemento del "proceso"; y la
letra T, en la simbología universal, significa la fuerza de vida que fluye
a través del proceso del devenir, la fuerza nacida de la "crucifixión" del
Uno en el reino de la dualidad. Sin embargo, esta fuerza de vida, cuan­
do el hombre la controla en el equilibrio de la acción, se convierte en la
energía que conduce hacia adentro, a lo largo del "camino Conscien­
te" que es Tao.
Por ello, la meta del Sabio era equilibrar dentro de sí a las polarida­
des opuestas, para llegar a un punto de equilibrio desde el cual todos
los conflictos pudieran resolverse simbólicamente, objetivizándolos y
trascendiéndolos, y llevar, al interior del centro creativo de su persona­
lidad independiente última, la quintaesencia del proceso íntegro del
cambio para construir allí el vehículo espiritual para un tipo relativo de
inmortalidad individual como la de los verdaderos "Celestiales", o sea,
como la manifestación de uno de los Principios arquetípicos dentro del
reino de los Universales.

La fórmula del "mundo nuevo"


Por tanto, los Weltanschauungen, o puntos de vista del mundo,
chino e indio. Sostenemos que es posible un tercer tipo de integración
universal, que no haría hincapié sobre el Uno-en-el-comienzo ni sobre
el "proceso" que llamamos "vida", sino sobre la suma total última, so­
bre la suma conjunta, sobre la recolección de todos los elementos den­
tro del "círculo de la totalidad". Tal sistema integraría evidentemente al­
gunos rasgos de las filosofías típicas de los chinos y los hindúes. Ade­
más, incorporaría el particular énfasis puesto por el cristianismo sobre
la "personalidad" y sobre el proceso de la crucifixión, énfasis que apa­
rentemente está ausente del sistema chino. Finalmente, tendría que
dar hospitalidad a la nueva mentalidad científica, en cuanto abarca un
enfoque crítico y analítico del mundo de los fenómenos naturales, y un
intento para profundizar, en consecuencia, el conocimiento deLproce­
so del cambio.
Tal sistema, tal actitud hacia la vida, se está elaborando lentamen­
te ante nuestros mismos ojos. Sólo carece de algunos factores básicos
122
de coordinación, de una visión mayor, libre de los prejuicios europeos,
de un temperamento verdaderamente estético y creativo, y de un impul­
so espiritual colectivo que incluso ahora puede estar reuniendo su ím­
petu a partir del colapso de la vieja civilización europea. Precursores de
prácticamente todas las esferas de la actividad humana están contribu­
yendo a la construcción de semejante nuevo punto de vista del mundo.
Tal vez el término "Holismo" sea tan bueno como cualquiera para ca­
racterizar esta nueva actitud hacia la vida, si el significado del término
se amplía más allá de la definición del general Smuts. En nuestro últi­
mo capítulo definimos el enfoque verdaderamente "estético" de la vida
y su relación con la nueva psicología, especialmente como la formuló
Jung. En un capítulo anterior nos referimos a la nueva actitud de la cien­
cia, cuyos descubrimientos harán tal vez más que cualquier otro factor
en procura de establecer la nueva filosofía de vivir y ser. No sólo debe­
mos mencionar a los movimientos en el campo de la organización so­
cial, la política y la jurisprudencia, que balbucean las primeras frases del
nuevo lenguaje humano, sino sobre todo, la trascendental presión de
los factores económicos, la influencia de nuestras máquinas y nuestra
tecnología, que serán factor determinante práctico de los cambios ma­
teriales.
Luego, está la nueva consciencia religiosa y la fuerza de los movi­
mientos que se ocupan del ocultismo y de la mística, incluido el espiri­
tismo. En los libros de Alice A. Bailey, se expresan con claridad intacha­
ble las características del nuevo tipo de consciencia, que surge aquí y
allá por doquier, y las vastísimas implicancias de la idea del trabajo gru­
pal sobre una base mundial. Su estudio de las actividades de lo que ella
llama el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, aunque efectuado so­
bre la base de ideas ocultistas que pueden desconcertar a no pocas
personas, es una expresión magistral de una visión que abarca a la hu­
manidad entera.
Sin embargo, lo que se necesita es una simple presentación simbó­
lica de principios de vida como los que encontramos en el viejo YI Klng:
una fórmula general que relaciona, centra y cristaliza todas las ideas y
todos los ideales nuevos; que llega a formular de manera nueva y sig­
nificativa las fuerzas básicas que en cada campo buscan un nuevo ti­
po de ajuste. Comprendiendo la magnitud evidente de la tarea, sería
presuntuoso siquiera intentarlo. Pero, ¿qué es más simple que los prin­
cipios básicos del Yi King? Nuestra civilización está abrumada por
complejidades. Lo que necesita son unas pocas ideas simples y sinte­
tizadoras, que finalmente puedan coordinar estructuralmente el pas­
moso laberinto de nuestro conocimiento intelectual. Necesita uno, o
unos pocos símbolos significativos para integrar la masa total de
123
materias, datos y ciencias que atestan nuestras enciclopedias. ¿En el
momento actual podrá encontrarse eso? Es difícil decirlo. Pero, en to­
do caso, podemos aportar una sugerencia en procura de la eventual so­
lución. Por el otro lado, los conceptos siguientes serán de esencial va­
lor para nosotros en la determinación de las bases del simbolismo as­
trológico. Y no olvidemos que el simbolismo astrológico, como sim­
bolismo, puede aún representar un papel importantísimo en hacer que
sean concretas e inteligibles algunas de las ideas más profundas abar­
cadas en la filosofía de la nueva civilización.

Lo Individual y lo colectivo
Todas las manifestaciones de la vida pueden observarse abarcan­
do un dualismo de elementos o tendencias. Donde los chinos hablaban
de Yang y Yin, usaremos los términos: "individual" o "colectivo"; y aho­
ra veremos que este dualismo se resuelve a través del accionar de un
tercer principio: el "creativo". Por supuesto, las palabras mismas no son
nuevas. Se usaron especialmente en psicología y en relación con la or­
ganización social y política, e incluso, últimamente, estuvieron implíci­
tas en las recientes teorías de la física moderna (especialmente, en el
dualismo de "partícula" y "onda"). Sin embargo, lo que todavía no se hi­
zo, por lo que sabemos, es usar estos conceptos básicos en un inten­
to por integrar el conocimiento humano total y ofrecer una interpretación
coherente del ser y del devenir. Nuevamente, debemos repetir que aquí
estamos sugiriendo meramente cómo podría efectuarse tal intento, y
esto a fin de establecer nuestra reinterpretación de símbolos astrológi­
cos sobre una base verdaderamente omniinclusiva en sus alcances.
La filosofía del Holismo, a la que el general Smuts le diera una for­
mulación muy interesante, aunque de ningún modo completa, nos ayu­
dará grandemente a mostrar cómo el proceso evolutivo de la vida y sus
factores contributivos pueden reinterpretarse de un modo que sea ver­
dadero para el espíritu de la civilización futura. Al "todo" y a las partes
se los presenta como los dos términos del proceso de vida. Y la intro­
ducción de estos dos términos como realidades cósmicas últimas es un
paso tremendo, aunque el general Smuts aparezca algo recatado en
cuanto a generalizaciones verdaderamente metafísicas y cósmicas.
Sin embargo, caracteriza así a la naturaleza del proceso del Mundo:
"Este es un universo de totalización ... La realidad última del universo no es
materia ni espíritu sino 'todos· ... El holismo como un proceso creador ac­
tivo significa el movimiento del universo hacia una totalidad cada vez más
124
profunda. Este es el proceso esencial, y todas las actividades y relaciones
orgánicas y psíquicas han de entenderse como elementos y formas de es­
te proceso ... EI surgimiento y la autoprotección de los 'todos' en el Todo es
el proceso y la meta lentos pero infalibles de este universo holístico."
(Hollsm and Evolutlon, 1926)

Semejante cuadro, cuando es completado por la idea de que el al­


ma o el yo debe entenderse como la totalidad de los "todos' (ver capí­
tulo 11), constituye una revalorización revolucionaria de la actitud del
hombre hacia la vida. El dualismo de espíritu y materia, que era otra for­
ma de dualismo fisiológico, pues originalmente significaba el de movi­
miento y materia, es reemplazado por el de la totalidad y las partes. Y
la unidad del proceso se recalca en que el "holismo es un proceso de
síntesis creadora ... el movimiento del universo hacia una totalidad ca­
da vez más profunda".
Aquí no podemos tratar completamente las implicancias metafísi­
cas y algunas de las debilidades metafísicas del cuadro que el general
Smuts presenta. Todo lo que podemos decir es que, en semejante idea
de progresión infinita, aparentemente desde el caos hasta la totalidad
perfecta, lo mismo que en la idea opuesta, sostenida por muchos cien­
tíficos contemporáneos, de un universo que acaba en un nivel neutro,
encontramos que falta un concepto de la naturaleza cíclica del tiempo,
y de la relación del tiempo con la totalidad. No vemos cómo una fórmu­
la de integración universal puede tener validez real, a menos que sea
cíclica, a menos que el comienzo y el final, por decirlo así, se encuen­
tren; y ese punto de encuentro podrá considerarse como absoluto e in­
temporal: como el Ahora Eterno.
En otras palabras: 1) el proceso de la vida no es una mera progre­
sión ascendente; 2) implica dos movimientos complementarios que,
vistos separadamente, operan en direcciones opuestas; pero que pue­
den integrarse en un tercer término. Este término no es un movimien­
to: En él no hay progreso.
El primer movimiento puede denominarse "individuación", siempre
que la palabra se tome en un sentido mucho más general que el que le
da Jung.
El segundo movimiento puede denominarse "colectivización".
El tercer término es "lo creativo". El quid de toda la cuestión radi­
ca en la comprensión correcta de este tercer término. Para captar el sig­
nificado algo difícil de éste, tendremos que ver cómo operan los dos mo­
vimientos que él sintetiza y equilibra.
Individuación. Este es el proceso a través del cual los elementos,
que están relativamente irrelacionados (la irrelación absoluta es incon-
125
cebible), se juntan o son juntados, y constituyen un todo. Así definido,
el término es sinónimo de "integración".
Colectivización. Este es el proceso a través del cual los rasgos, fa­
cultades o energías características que los individuos adquirieron co­
mo individuos pasan a ser, por transmisión directa o indirecta, propie­
dad de grupos.
A fin de captar claramente estas definiciones será necesario ana­
lizar filosóficamente los dos conceptos: Individual y colectivo, y, por
lo tanto, obtener un cuadro bien definido de lo que estos términos, a me­
nudo usados vagamente, significan.
Un Individuo es un ente en el que se integran, de manera única,
una cantidad de elementos. Estos elementos se heredan de los ante­
pasados lineales de ese individuo, o son asimilados por él de un modo
u otro, desde que empezó a existir en un estado de relativa independen­
cia. Lo que constituye la individualidad es el hecho de que es única la
manera en la que esos elementos heredados y asimilados se combi­
nan.
Sin embargo, esta unicidad puede no ser absoluta. Puede ser rela­
tiva respecto de ciertas agrupaciones fortuitas de estas, o respecto de
la posesión de características fortuitas singularizadas. Por ejemplo, si
en medio de un grupo de peces que van en una dirección en el río, ve­
mos un pez que nada en dirección contraria, este pez actúa como un
individuo. Su conducta tiene una característica que es única. Si tres pe­
ces se comportan de un modo, y miles de peces se comportan de otro
modo, todavía puede decirse que los tres peces tienen una conducta re­
lativamente individual. Pero, considerados como entes en sí mismos,
probablemente sean peces del mismo modo que los demás peces, y
por tanto no pueda decirse que sean "individuos".
Luego, si miramos una pared de ladrillos, podemos decir que todos
los ladrillos son parecidos. Pero podemos decir que ocupan sitios indi­
viduales, pues cada ladrillo, en términos del hecho de que ocupa un lu­
gar definido, es único. Dos ladrillos no ocupan el mismo lugar.
Por el otro lado, la palabra "colectivo" se refiere a agregados que,
al menos hablando relativamente, no tienen una característica o una
base únicamente definida en el tiempo y el espacio; o a atributos que
se descubre que muchos entes los poseen en común. Los ojos azules
son factores colectivos; pero los ojos de mi amigo el señor X son indi­
viduales, pues son únicos, y una de las características de la constela­
ción única de factores humanos que se conoce como el señor X. En
otras palabras, la relación entre individual y colectivo es algo análoga
a la existente entre particular y universal; sólo que la palabra "univer­
sal" tiene varias connotaciones y un sentido etimológico que están fue-
126
ra de la cuestión respecto de lo que ahora estamos considerando. Tam­
bién debe añadirse que el significado estricto de individual y colectivo
varía según el tipo de entes a los que se apliquen. Sin embargo, el sig­
nificado general sigue siendo el mismo.
Puede decirse que cada ente vivo posee elementos individuales y
colectivos. Como ocurre con todo dualismo básico de principios, los dos
nunca están separados. Lo que cuenta y lo que puede ser medido es
la proporción relativa en la que los dos coexisten. En el ciclo anual chi­
no de transformación, no se encontraba día alguno en el que no estu­
vieran en actividad Yang o Yin. Pero si aumentaba la potencia de Yang,
decrecía la de Yin; y viceversa. De modo parecido, desde el punto de
vista del holismo, no hay un "todo" que no pueda considerarse como
parte de un "todo" mayor (al menos potencialmente), y no existe parte
que no sea el "todo" para las partes menores de las que es la suma to­
tal y la síntesis.
Cuando tratamos sobre seres complejos, con organismos que con­
gregan millones de células y vidas mediante un ordenamiento estruc­
tural más o menos bien definido, nos encontramos frente a la necesi­
dad de usar los términos individual y colectivo como adjetivos que ca­
lifican los elementos constitutivos de estos "todos" complejos. Indivi­
dual y colectivo califican siempre todo lo que existe. Todo lo que es eter­
namente traccionado por las dos fuerzas poderosas hacia la califica­
ción individual o hacia la calificación colectiva. Este es el gran drama
universal del ser.
Naturalmente, en el hombre el drama es el más significativo y com­
pleto, ¡al menos, para los hombres! Por lo tanto, observándolo funcio­
nar dentro de nuestro ser total, podremos verlo mejor funcionando de
modos más simples o más grandiosos, en átomos o galaxias.

La fórmula de la transformación cíclica


La fórmula cíclica siguiente es, evidentemente, el género más sim­
ple de sistema que tiene que suplementarse, en cada caso particular,
con una mucho más completa; pero guarda paralelismos con la fórmu­
la igualmente simple del Yang-Yin de la China, y sostenemos que tie­
ne la misma validez universal. Su valor radica en que nos da una nue­
va perspectiva de los factores psicológicos (conscientes e inconscien­
tes) y nos permite interpretar todos los procesos de vida en el nivel psi­
co-mental.

127
Comenzamos el ciclo con el individuo, o sea, con un ente único en
el que se integra una cantidad de elementos colectivos. De este indivi­
duo emanan, a través de una actividad que ahora estudiaremos, nue­
vos elementos que son la exteriorización de su personalidad individual.
Estos elementos, una vez puestos en libertad por el individuo, se
convierten en elementos colectivos. Se registran sobre las mentes de
otros individuos que pueden asimilarlos o no; se convierten en propie­
dad común de todos los hombres. Tales elementos colectivos, que los
individuos emanan, se suman todos al depósito de experiencia colec­
tiva y conocimiento colectivo. Acumulan y constituyen la memoria ra­
cial, de la que emerge una cultura, o en general, una civilización.
La civilización, en su sentido supremo (no como la representa
Spengler, que sólo ve su sombra) es realmente un proceso. Es el pro­
ceso de integración de elementos colectivos. Cada generación de hom­
bres empuja ese proceso un paso más adelante, en cuanto los indivi­
duos dentro de esta generación emanan, de su propia personalidad in­
dividual, nuevos elementos. La civilización, como proceso, culmina en
la formación de lo que los místicos llamaron la "Ciudad Santa", la "Nue­
va Jerusalén", y en un sentido, al menos, la "Logia Blanca". Es decir, ter­
mina en la construcción de una forma o ente individual -en el nlvel
pslco-mental-que, con H. P. Blavatsky, podemos llamar el "Manu­
Semilla". Es la semilla de la planta psicológica de la civilización.
Esta semilla, como un Individuo psico-mental y, en un sentido, cós­
mico, emana, al comienzo de un nuevo ciclo, elementos colectivos. Es­
tos elementos colectivos constituyen las "imágenes primordiales del in­
consciente" de las que habla Jung. Asimismo, son la "prístina revela­
ción" de la teosofía, la "suma total de las ideas innatas" de otros siste­
mas filosóficos. Estas, combinándose con una tierra nueva, o hablan­
do en general, nuevos materiales sustanciales, constituyen a su vez las
estructuras arquetípicas ("los yoes astrales") de un nuevo tipo racial.
De la matriz, que este nuevo tipo racial constituye, emergerán, por el
proceso de evolución o individuación, los individuos. Y el ciclo empie­
za nuevamente.
La fase de colectivización es la fase del proceso cíclico durante la
cual el individuo emana elementos que se convierten en la "sustancia"
colectiva psico-mental de la civilización. La fase de la individuación es
la fase durante la cual esta "sustancia" se integra en el "Manu-Semilla"
o en la "Ciudad Santa". Reproduce en mayor escala el proceso a con­
tinuación del cual un hombre particular integra todas las energías psi­
co-mentales de su ser y se "individua", en el sentido del término de
Jung. Un proceso parecido es el que la ciencia moderna llama "evolu-
128
ción", desde la ameba hasta el hombre; pero este proceso, en vez de
ser una línea progresiva recta, es cíclico.

Lo que probablemente confunda al lector es el desarrollo simultá­


neo del hombre como especie y de una multitud de hombres como per­
sonalidades relativamente "individuadas". Por lo tanto, debemos distin­
guir entre hombre genérico y hombre personal, entre el "individuo
menor" y el "Individuo Mayor". El hombre genérico es la imagen ema­
nada (o la "sombra") del "Manu-Semilla" del precedente ciclo cósmico;
y este Manu-Semilla representa al "Individuo Mayor" que es un "Todo
emergente" compuesto por la quintaesencia de "individuos menores",
o sea, personalidades humanas. Este "Individuo Mayor" del final del ci­
clo se manifiesta como el "Creador" del comienzo del ciclo. El "crea" una
especie nueva: su propia imagen. Por lo tanto, "Dios" creó al hombre a
su propia imagen; pero "Dios" es la suma total "individuada" de todos
los elementos colectivos psico-mentales emanados por los individuos
del ciclo anterior. Los individuos entre los hombres de hoy están ema­
nando "ideas" y "energías" que, una vez "individuadas" en algún tiem­
po distante en la síntesis final de todas las civilizaciones humanas, se­
rá el "Dios" que "creará" algunas especies nuevas de "hombres" en el
comienzo del futuro ciclo cósmico de la Tierra (o tal vez de otra parte).
Sin embargo, no debemos olvidar que el hombre genérico, al ser,
pues, la creación o la emanación del "Individuo Mayor", es originalmen­
te una masa de elementos colectivos. El hombre genérico no es un in­
dividuo sino la matriz de la que surgirá el individuo después de un lar­
go proceso de individuación. Lo que es tal vez más importante, debe­
mos comprender que este proceso tiene lugar, primero en el nlvel
fisiológico, y después en el nivel psico-mental. Por eso, las mitolo­
gías antiguas hablan de varias "Creaciones"; por eso, La Doctrina Se­
creta menciona primero la proyección de las "sombras astrales" (o sea
las formas arquetípicas) de los hombres, luego, la de las "chispas de la
Mente": los núcleos de los que germina y se desarrolla el ser psico-men­
tal del hombre. En un sentido, los dos son uno, pero funcionan en dis­
tintos niveles del ser, y organizando un género diferente de "sustancia".
Sin entrar a debatir las difíciles cuestiones de la cosmogonía "ocul­
ta", podemos decir, sin embargo, que ninguna creación nace de su
creador, o es emanada por éste, como un Individuo: sólo nace con
una potencialidad (más o menos compulsiva) de personalidad indivi­
dual. Por eso tenemos que diferenciar en todo hombre entre el yo ra­
cial y el yo-individual (potencial o cumplido). El primero es de naturale­
za colectiva; el último, es de naturaleza individual. En otras palabras, el
129
tipo genérico de hombre (horno sapiens) alcanza primero cierto pun­
to de cristalización, que es una individuación genérica; luego, el proce­
so de integración personal comienza a partir de tal base genérica.
La individuación genérica es un proceso que afecta a la suma total
de los seres humanos que pertenecen a un grupo más o menos clara­
mente determinado. Actúa juntando en un ambiente geográfico defini­
do a seres humanos que fueron proyectados (como "emigrantes") de
los diversos grupos relativamente "individuados" y que, por tanto, se
convirtieron, desde el punto de vista de la raza, en "elementos colecti­
vos". Estos elementos colectivos de varias descripciones se vuelven
lentamente homogéneos. Lo que los vuelve homogéneos en un tipo ge­
nérico (o después, en una "cultura") es una serie de experiencias comu­
nes y la asimilación común de ciertas ideas y "creaciones" emanadas
por los individuos que en el grupo son creativos. Y con los términos "in­
dividuos creativos" no significamos sólo a los "artistas creativos". Es un
creador quienquiera que tenga una idea nueva y descubra un significa­
do en alguna experiencia, o relacione juntos ciertos hechos de la expe­
riencia de un modo nuevo, y especialmente simbólico. Por lo tanto,
cuando lo que creó es asimilado por varios hombres de un grupo, se da
un paso hacia la integración grupal o la individuación genérica.
Precisamente, de este modo fueron construidos nuestros cuerpos
y fueron fijados su tipo y sus funciones, pero a través de millones de
años de individuación genérica. La herencia común de la humanidad se
acumuló durante miles de milenios. Esta herencia común es el "incons­
ciente colectivo" formulado por Jung. Tiene una fuerza formativa tre­
menda. Y sus formaciones fijaron el tipo genérico de nuestros cuerpos
y nuestras psiquis. Pero no olvidemos que estas formaciones de ener­
gías del inconsciente colectivo son no sólo el resultado de la asimilación
de las creaciones de los "individuos menores" (como los definimos an­
teriormente); también están conectadas causalmente con las "imáge­
nes primordiales" o las "ideas innatas" que emanaron al comienzo del
ciclo de nuestra humanidad actual a partir del "Individuo Mayor", a tra­
vés del "Manu-Semilla" del ciclo precedente.
Nuevamente, lo que hace que los asuntos sean más bien comple­
jos es que la individuación y la colectivización operan en distintos nive­
les y se ensamblan entre sí. Pero si captamos la fórmula siguiente, un
hilo de Ariadna puede conducirnos a salvo a través del laberinto del cí­
clico proceso de la vida: este proceso de la vida es de lo colectivo a
lo colectivo a través de lo Individual. Pero también podríamos decir:
de cualquier nivel de Individuación hasta el próximo nivel superior
a través de lo creativo. La primera formulación es desde el punto de
vista de la sustancia; la segunda, desde el del espíritu, o de la unidad.
130
Si consideramos la formulación según el espíritu, tenemos la fórmu­
la cíclica mencionada al comienzo de este capítulo; comienzo-medio­
final; o Dios-del-comienzo -el proceso dualista- Dios-del-final; o Se­
milla-planta-semilla; o mónada-personalidad-Yo, hablando psicológi­
camente. Usando el simbolismo del alfa y la omega, podríamos simbo­
lizar a la fórmula con la palabra amo, que en latín significa "yo amo".
Comparándola con el Amen latino, el Aum sánscrito y el 0ml chino,
puede resultar interesante para el estudioso del simbolismo. Según
nuestro alfabeto actual, la formación simbólica debe ser Amz; M sig­
nifica lo colectivo, que, desde luego, es análogo al elemento-madre ma,
y al mar (mar, en latín); A y Z representan las dos etapas de la Semi­
lla o del Individuo, la inicial y la culminante o sintética. A significa sim­
bólicamente la mónada; M, la personalidad (en nuestro sentido del tér­
mino, el equivalente del manas sánscrito); Z significa lo que llamamos,
con Jung, el Yo (en sánscrito, Sva; S es el equivalente sánscrito de Z;
raíz que se encuentra con leve diferencia prácticamente en todas las
lenguas indo-europeas).
Sin embargo, si aceptamos la fórmula: de lo colectivo a lo colecti­
vo a través de lo individual, planteamos como primordial un proceso
mundial de cambio, el vasto mar de los elementos cósmicos, que se for­
man en "todos" más o menos individuales que nuevamente se dividen
en partes. Entonces, el individuo es meramente el florecimiento mo­
mentáneo de un proceso, la cresta de las olas de un océano eternamen­
te inquieto.

La cualidad, la estructura y la sustancia

Los elementos colectivos (ya sean cósmicos o humanos) represen­


tan siempre el polo de la sustancia, en oposición a lo individual que sig­
nifica el espíritu. Como hay elementos de todas clases y en todos los
niveles del ser, la sustancia puede ser de muchos tipos. Por ello, habla­
mos de sustancia física y de sustancia psico-mental. La sustancia es el
resultado del proceso de colectivización (ya sea como desintegración
o como creación). La sustancia que resulta de la desintegración es el
humus creado por las hojas descompuestas que proveerán de ele­
mentos químicos a la nueva vegetación primaveral. La sustancia que
resulta de la creación es, simbólicamente, propia de la sustancia de la
semilla.
En su valiosísimo libro, intentando efectuar una reconciliación en­
tre las psicologías oriental y occidental, Alice A. Bailey escribe: "La pa­
labra clave ·sustancia', con su sugerencia de materialidad, es una de-
131
nominación inapropiada. Sin embargo, es útil reducir esta palabra a sus
raíces latinas: "sub", debajo, y "stare", estar. Por ello, la sustancia es
lo que está debajo, o lo que subyace". Sustancia, en su sentido filosó­
fico, significa substratum. En el diccionario Webster se la define como
"Lo que subyace en todas las manifestaciones externas; aquello en lo
que son inherentes las propiedades". Sobre bases filisóficas de cohe­
rencia lógica, tenemos que postular una "sustancia psico-mental" como
un substratum de las actividades psico-mentales del espíritu (o en el
hombre, la "cualidad" individual que es su realidad espiritual}. Cada rei­
no de manifestación del espíritu debe tener un tipo correspondiente de
sustancia, estando el espíritu y la materia absolutamente correlaciona­
dos. La sustancia psico-mental puede considerarse una emanación•, y
un producto depurado de la sustancia física. O puede ser que la sustan­
cia física sea la condensación de una "sustancia mental" universal.
Si semejante argumento ha de desecharse debido a que es "meta­
físico" y no se basa en la experiencia, entonces desechemos toda la
nueva física atómica. El éter, o la curvatura del espacio, o los electro­
nes y los protones, son todos postulados como sustratos de actividades
registradas. Las actividades se registran, pero ningún ojo puede ver
jamás al éter, o al electrón, y mucho menos al "espacio curvo". Existe
tanta evidencia, de hecho mucha más, para la existencia de una sus­
tancia "psico-mental" como para la existencia de electrones, que son
sólo necesidades lógicas. Además, todo concepto de sobrevivencia
de la consciencia, o de la inmortalidad -concepto que Jung conside­
ra requisito normal para la salud psicológica- requiere, desde luego,
una sustancia psico-mental. Pues una vez que la sustancia física desa­
parece, evidentemente debe haber algún otro género que sirva de
substratum para la consciencia. Si se niega esto, entonces la negación
es meramente un juego de palabras, y un apego arcaico de la conscien­
cia a la "imagen primordial" de una sustancia tangible.
Sin embargo, debe añadirse que la cuestión de si tal sustancia psi­
co-mental postulada, puede ser realmente experimentada o no por el
hombre depende de si el hombre es susceptible o no de desarrollar sen­
tidos superfísicos, u órganos de percepción directa. Aunque no pueda,
existe algo como la "evidencia inferencia!".
En oposición a la sustancia lo que llamamos "cualidad" representa
la identidad espiritual del "todo" vivo. Cuando debatimos la filosofía del
tiempo en el capítulo II y en el comienzo del 111, vimos que cada momen­
to del tiempo es creador de una cualidad particular que, figuradamen­
te, se estampa sobre cualquier "todo", alcanzando el estado de existen­
cia independiente en ese momento. La cualidad del momento y la cua­
lidad de la totalidad del "todo" son idénticas. Esta cualidad como se
132
proyecta del tiempo, por decirlo así, es la mónada del "todo" particular
considerado. Es el Uno-en-el-comienzo. Representa al polo individual.
La cualidad, o la mónada, puede referirse a una especie, o a una
persona humana aislada. Esto debería ser evidente por lo que ya diji­
mos sobre que en el nivel flslológlco, la cualidad es genérica, no
personal. En otras palabras, hablando fisiológicamente, hay sólo una
mónada para toda la humanidad, tal como hay sólo una mónada para
la especie o el género de los gatos o los perros. La individualidad resi­
de en la especie o en la subespecie, no en su espécimen particular, un
gato en particular o un perro en particular. Sin embargo, hay una can­
tidad infinita de graduaciones. La individualización, la diferenciación
respecto de la norma, tiene alguna cabida en el nivel fisiológico. Pero,
y este es el punto importante, sólo en cuanto procura una base (punto
de vista sustancial), o es la expresión (punto de vista espiritual) de fac­
tores psico-mentales.
Lo que mejor podría decirse es que la individuación fisiológica es de
un orden interior que la individuación psico-mental. La primera repre­
senta un énfasis colectivo; la última, un éntasis individual. Esto estará
claro si recordamos que el comienzo del ciclo de la humanidad (de he­
cho, de cualquier ciclo) es un acto creativo que pone en libertad ele­
mentos colectivos, que sólo tienen la potencialidad de la personalidad
individual. Para repetirnos: El ser-Semilla del final del ciclo preceden­
te emana creativamente, al comienzo del ciclo humano, una forma (o
una estructura) prototípica. Esta forma, más la energía de la que está
dotada, es la exteriorización de la cualidad o la Idea que, dentro del ser­
Semilla, condicionó el acto creador. Esta cualidad es la mónada del ge­
nus horno: su noúmenon-arquetipo. Se exterioriza en el acto creador
como energía y estructura. La estructura permanece inmutable, como
el plano durante la ejecución de una construcción. Pero la energía ex­
perimenta un proceso de diferenciación y transformación; o sea, que el
dinero (la energía social) separado para la construcción al comienzo de
las actividades, se convierte en la madera, los ladrillos, la plomería y
el salario de quienes realizan las obras.
En otras palabras, la idea del edificio es el arquetipo. Condiciona las
actividades de construcción: el acto creador. Este último implica la ex­
teriorización de la "idea del edificio" como un plano; y también la pues­
ta en circulación de una suma de dinero --de energía- para pagar la
construcción. Una vez completadas las actividades de construcción, el
plano se sustanció en un cuerpo concreto. La energía se transformó
en trabajo y en el acto de reunir los materiales; pero, cuando el edificio
(digamos un departamento) es alquilado, el dinero que se gastó en la
133
construcción, al final del ciclo del negocio, volverá a su fuente, con un
beneficio (¡si todo marcha bien!).
Esta ilustración muestra que el "acto creador" pone en circulación
elementos colectivos (o sea, dinero: un valor estrictamente colectivo),
pero con la potencialidad de la individualidad (el plano, como una ex­
teriorización de la "idea"). El departamento terminado tendrá cierta can­
tidad de personalidad genérica. Tendrá cierta cualidad, en términos de
la cantidad de dinero (energía) que se gastó, lo mismo que de su estruc­
tura. Por lo tanto, recibirá a cierta clase de personas como inquilinos.
Estos inquilinos, por el hecho de vivir juntos e interactuar, (si se nos per­
mite forzar la cosa) erigirán una comunidad de intereses, de pensa­
mientos y de conducta, que podría describirse como el ente psico-men­
tal del departamento. Dentro de la estructura genérica de la casa se de­
sarrollará una estructura individual psico-mental. Por supuesto, ésta
será moldeada, en alguna medida, por la primera. Pero esta estructu­
ra de la casa habrá sido "creada� por el arquitecto-dueño con vistas a
atraer, mediante rasgos especiales, a cierta clase de personas.
Si añadiéramos que el arquitecto-dueño puede ser una cooperati­
va de personas que construyeron la casa para vivir en ella, podríamos
tener un cuadro más completo, desde el punto de vista espiritual. Esa
cooperativa representa ahora el ser-Semilla del ciclo precedente. Es su
propio dinero-energía el que se gasta para la casa en la que, como gru­
po, vivirá, y de la que extraerá nuevos beneficios y un ulterior sentido
de integración. Puede decirse que la casa se construirá durante el ve­
rano, cuando la cooperativa se toma vacaciones de la ciudad; o tal vez
todo el grupo esté todavía viviendo en otra ciudad, mientras se está
construyendo la casa en la nueva ciudad. En todo caso, el hecho es que
el grupo no se muda a la casa, como inquilinos, hasta que esté comple­
tada, aunque luego de tomar posesión de los departamentos exista la
secuela de cambios menores y el amoblamiento interior de los diversos
departamentos.
La ilustración es, evidentemente, sólo una ilustración, para que no
se la tome demasiado literaln1ente; pero tal vez ayude a enfocar (con­
fiamos que no a cristalizar) algunas de las ideas abstractas anterior­
mente expuestas. Podemos continuar más adelante, considerando la
conducta de la cooperativa en su carácter de inquilinos. La estructura
de la casa, o sea, el modo con que se proyectaron los departamentos,
determina muchísimas actividades diarias en ellos, como dirigirse de la
cama al baño, y del baño a la sala del desayuno, etc. Estas actividades
son inconscientes: dependen de la estructura genérica de la casa. Son
poderosas y fijas, determinadas por una estructura inmutable por "imá-
134
genes primordiales", o sea, por el plano original de la casa (prototipo del
genus horno) que, a su vez, fue la exteriorización de la "idea" del edi­
ficio, que a la vez fue condicionado por los hábitos, la consciencia y la
riqueza anteriores de la cooperativa que proyectó esta "idea". En otras
palabras, son los resultados finales de un pasado excesivamente lar­
go.
Por el otro lado, el tipo de pensamientos que los hombres ejecutan
en sus escritorios durante sus estudios y todas las actividades emocio­
nales que prosiguen entre los inquilinos en sus respectivos departa­
mentos, o cuando se visitan entre sí, no están muy vinculados o con­
dicionados por el plano de la casa. En el living o en el gabinete se pue­
den hacer muchas cosas diferentes: desde galantear hasta servir el té
y jugar al bridge o tener un recital. Las actividades más psicológicas y
conscientes de los inquilinos están relativamente libres de la estructu­
ra de la casa; mientras sus movimientos fisiológicos y cuasi-inconscien­
tes son más regulados por aquélla.
A esta altura, la ilustración resulta muy torpe, pero aún puede ser­
vir a algún propósito. Lo que intenta transmitir es la diferencia entre es­
tructuras permanentes que son genéricas, en el hombre, y estructuras
impermanentes que son más personales. Las primeras se refieren al in­
consciente; las últimas, al consciente. Lo genérico es lo colectivo en la
medida en que representa rasgos y atributos que son propiedades co­
munes de la mayoría. Por el otro lado, estos rasgos genéricos pueden
rastrearse no sólo hasta experiencias y reacciones comunes bajo las
mismas condiciones geográficas y ambientales prolongadas ( como lo
sostiene Jung, que es un científico moderno); pero debe decirse, des­
de el punto de vista espiritual, que tienen su origen en el acto creativo
de un "Individuo Mayor", del "Dios-en-el-final del capítulo precedente.
Por lo tanto, "inconsciente genérico" sería un término mejor en lo
concerniente a elementos que impliquen estructuras básicas comunes,
como lo son las "imágenes primordiales". Por otro lado, el término "in­
consciente colectivo" significaría más específicamente los resultados
del proceso de civilización, en el plano psico-mental: las ideas de la hu­
manidad, que se forman lentamente, las cuales, paso a paso, integran
las almas o las mentes de todos los hombres en el ser-Semilla del final
del ciclo: en el nivel psico-mental. "Genérico" se refiere más a lo que re­
sulta de estructuras fisiológicas comunes a todos los hombres; mien­
tras "colectivo" se aplica más estrictamente a los elementos psico-men­
tales que, en el curso de la evolución humana, son puestos en circula­
ción por individuos creativos, y, después de ser asimilados por muchas
generaciones, se convierten en la herencia de toda la humanidad.
135
Las estructuras genérica e Individual en el cuerpo
Para que no se nos acuse demasiado severamente de separar lo
fisiológico de lo psico-mental, y el cuerpo de la psiquis, diferenciaremos
dentro del cuerpo a las estructuras genérica e individual, y mostraremos
brevemente su relación, que guarda paralelismo, en el nivel fisiológico,
con la relación psicológica entre el consciente y el inconsciente sobre
los que se funda el método psicológico de Jung.
Por supuesto, tal diferenciación es relativa, no absoluta. Cualquier
parte del cuerpo puede presentar rasgos que son característicos de un
individuo particular y no de otro. Todas las funciones fisiológicas son
básicamente genéricas, pero el funcionamiento total de cada cuerpo
podría describirse mediante una fórmula que presentaría un carácter
ciertamente único. Aquí llegamos nuevamente a la idea fundamental de
que los elementos son colectivos, pero combinándose de modos com­
plejos, cada uno de los cuales es, en alguna medida, individual. En to­
do dualismo básico de esa índole --como Yang y Yin, positivo y nega­
tivo, individual y colectivo-- presenciamos siempre un proceso de com­
binación de las dos polaridades. Este proceso puede significar un cruel
conflicto, o puede significar un ajuste armonioso, basado en la ley de la
compensación y del trueque cíclico.
Considerando el dualismo de lo colectivo y lo individual, encontra­
mos un cambio constante de énfasis entre: 1) la fidelidad al tipo gené­
rico; y 2) el énfasis sobre las variaciones individuales. Entre estas dos
actitudes, el péndulo de la vida oscila constantemente, como evidente­
mente lo muestra un estudio de las civilizaciones pasadas. La oscila­
ción se manifiesta, primero, en relación con la naturaleza fisiológica del
hombre. Cuando esta naturaleza del cuerpo se fija relativamente, y se
produce un tipo racial que exterioriza en cuerpos físicos la "idea" arque­
típica "creativa" en un grado de relativa perfección, aumenta la fuerza,
el principio de individualización (o sea, el énfasis de las diferencias in­
dividuales). Entonces, es como si la "Vida" intentara extraer de las más
pequeñas variaciones individuales, en la estructura fisiológica genéri­
ca, todas las posibilidades que pondrían en libertad a la individualidad
en otra dirección, o en otro nivel. Por ejemplo, si bien la estructura del
cráneo era realmente fija, racialmente, sobrevino la posibilidad de de­
sarrollar cincunvoluciones cerebrales en profundidad, o interiormen­
te. El cerebro creció en importancia dentro de la estructura ósea rela­
tivamente fija; el cerebro, el instrumento a través del cual podrían recal­
carse las diferencias individuales, contra la conformidad estructural ó­
sea al tipo genérico. Por lo tanto, los elementos conscientes, basados
en el cerebro y en el sistema nervioso cerebro-espinal fueron enfatiza-
136
dos cada vez más; mientras se dejó un poco en segundo plano a los e­
lementos inconscientes, basados en los ganglios del sistema nervioso
simpático (el plexo solar, principalmente) y el cerebelo.
El sistema del Gran Simpático, con sus plexos nerviosos, es esen­
cialmente la sede de la conducta fisiológica genérica (el instinto) y de
las imágenes o impulsos inconscientes colectivos. Es la matriz de la
que, o a través de la que, están en actividad las "imágenes primordia­
les" del inconsciente. Esto lo expresó, ya en 1904 (antes de las obras
importantes de Jung), Edward Carpenter en su libro El Arte de la Cre­
ación (capítulos VI a XI). Carpenter, extrayendo su información, en par­
te al menos, de la psicología del Sur de la India, describe la formación
progresiva de imágenes raciales a través de la experiencia de inconta­
bles generaciones, y sostiene que estas imágenes raciales se asocian
con el plexo nervioso que gobierna las actividades y los correspondien­
tes sentimientos instintivos del cuerpo humano. Considera a estos ple­
xos nerviosos como las fuentes de grandes emociones colectivas ins­
tintivas. Al sistema del Gran Simpático se lo contempla entonces como
"una especie de órgano de las Emociones; en un sentido, algo así co­
mo el Cerebro es considerado como el órgano del Pensamiento". Es­
te criterio lo asumieron muchos psicólogos; sin embargo, nosotros usa­
ríamos aquí más bien el término "sentimientos" que el término "emocio­
nes".
Como ya vimos, los juicios basados en los sentimientos son como
instintos, información inmediata sobre el valor vital de una situación o
una relación. Los sentimientos, en el hombre más o menos individua­
lizado, se relacionan fuertemente con los pensamientos, pero son, i­
gualmente, desarrollos muy evidentes de los instintos colectivos. Por e­
so, a los sentimientos se los puede llamar instintos individualizados. Se
individualizan en proporción a cómo el sistema cerebro-espinal domi­
na al Gran Simpático; especialmente cómo el cerebro domina al plexo
solar, que es el cerebro, o centro del sistema del Gran Simpático, y, por
lo tanto, es la puerta para los "mensajes" del inconsciente colectivo y
sus imágenes primordiales más o menos individualizadas. 1
El sistema cerebro-espinal y el cerebro son las sedes o los órganos
del ego consciente: el factor individual per se en el hombre. Según
Jung, el ego es "un complejo de representaciones que constituyen el

@i 1 Par eso, la concentración sobre el plexo solar se practica donde el hombre quiere ser

!H
� un agente más o menos pasivo de una "imagen primordial" o un "dios·. El plexo solar es go­
bernado astrológicamente por Júpiter, el cual simboliza el culto religioso, el contacto con los
ti¡ "dioses· y, en general, es el reflejo de lo universalmente colectivo: Parabrahman o el esta­
'-it
-- do Para de la consciencia en la filosofía hindú. 137
centro de mi campo de la consciencia y parece poseer un altísimo gra­
do de continuidad e identidad. De allí que yo hable de un complejo del
ego (Tipos Psicológicos). S. Radhakrishnan (citado por Alice Bailey
en El Alma y Su Mecanismo) lo define como "la unidad psicológica de
la corriente de la experiencia consciente que constituye lo que conoce­
mos como la vida interior del yo empírico".
El ego es el "principio de la separación", simbolizado en la astrolo­
gía por Saturno. Es lo que dice: "Yo soy esta entidad particularmente
única, y no otra". Es el órgano de variabilidad respecto del tipo genéri­
co. Gobierna la primera fase del proceso de individuación. Hablando en
general, podemos dividir al proceso de individuación en dos fases: La
fase de la diferenciación durante la cual el individuo potencial hace
hincapié sobre sus propias diferencias respecto de la norma genérica,
y la fase de la asimilación durante la cual el individuo diferenciado a­
simila los contenidos del inconsciente colectivo, en muy gran medida
como el cuerpo crece asimilando la sustancia alimenticia suministrada
por la tierra "colectiva". Estos dos procesos operan en alguna medida
sincronizadamente, pero el énfasis sobre uno u otro caracteriza la "e­
dad" de la personalidad individual. La etapa de asimilación presupone
un desarrollo avanzado de la naturaleza psico-mental del hombre, o
sea, de hecho, una vasta memoria colectiva en la raza humana, la
memoria heredada, correspondiente a todos los logros de muchas y
variadas civilizaciones.
Aquí encontramos nuevamente una razón para diferenciar entre los
factores colectivos genéricos y los atributos psico-mentales que son los
productos acumulados de una civilización tras otra, y constituyen la he­
rencia colectiva de la humanidad posterior. De paso, puede decirse,
que los plexos nerviosos del sistema del Gran Simpático (y del cerebe­
lo) son las puertas o los medios para el influjo de las energías genéri­
cas (los instintos y lo más primordial de las "imágenes primordiales");
m_ientras los lóbulos del cerebro (que son los cotiledones de esa semi­
lla humana: la cabeza) son depósitos potenciales de los frutos colecti­
vos de civilizaciones pasadas. En otras palabras, lo que en su totalidad
se llama el cerebro tiene que subdividirse en dos conjuntos básicos de
partes: los que (figuradamente hablando) son depósitos del pasado, y
los que de estos depósitos retiran los elementos colectivos, y los recom­
binan en formaciones individuales. Puede incluso mencionarse un ter­
cer conjunto (según las tradiciones orientales), que se refiere a la eta­
pa posterior de individuación y a la integración final de todos los facto­
res de vida. En la China, a esto se lo llamó "La Casa de la Creación",
y parece referirse a partes tales como las glándulas pituitarias y pine­
al y el Cuarto Ventrículo, y otras "cavidades". El libro titulado El Secre-
138
to de la Flor de Oro se ocupa de algunos procesos "ocultos" que se di­
ce que ocurren en el centro mismo de la cabeza y detrás de la base de
la nariz. De modo parecido lo hacen libros que tratan sobre el Kunda­
lini Yoga indio.
El Kundalini Yoga es un sistema de integración de lo colectivo y lo
individual en el nivel fisiológico. Al menos, así lo era indudablemente en
tiempos arcaicos, como parte del sistema tántrico, en la época en la
que la humanidad apenas funcionaba en el nivel psico-mental. Por lo
tanto, la integración no podía ser un proceso realmente psicológico, y
menos aún, un proceso mental. Pero era, igualmente, una realidad. Las
energías de lo colectivo (encerradas en los chakras o centros del sis­
tema del Gran Simpático) fueron asimiladas progresivamente, median­
te especiales ejercicios respiratorios y posturas, por el centro de la vo­
luntad individual en el hombre (presumiblemente, en el centro de la ca­
beza, o "entre las cejas"). Todas las energías y todos los instintos ge­
néricos de los cuerpos eran traídos a la cabeza y sometidos a la volun­
tad individual del ego (o tal vez aún más, de la mónada). A esto se lo lla­
mó el "proceso de retroceso"; las energías monádicas diferenciadas se
reunificaban, por así decirlo, mediante un acto de la voluntad.
El tipo más reciente de Kundalini Yoga, desde el 600 a.c. o más
tarde, hace hincapié sobre la integración psicológica de los elementos
colectivos por parte del ego individual. Pero mucho depende aún de los
factores fisiológicos. Sin embargo, en la India, esto está todavía impreg­
nado por la actitud devocional que, mediante voluntad espiritual y con­
centración sobre la unidad absoluta, preserva la viva imagen de la me­
moria del Dios-del-comienzo. Pero parece que se está desarrollando (o
está a punto de desarrollarse en Occidente, en preparación para la
"nueva era") una nueva técnica de integración que al proceso lo recal­
cará casi por completo en el nivel psico-mental. En una serie de confe­
rencias pronunciadas por Jung en clases dirigidas a estudiosos sobre
Kundalini Yoga, se efectúo evidentemente un intento para interpretar
estrictamente al sistema como una técnica de individuación psicológi­
ca, o como un sistema de simbolismo. En La Doctrina Secreta, de Bla­
vatsky, y aún más en los libros de Alice Bailey sobre meditación y en los
tratados sobre El Fuego Cósmico y Magia Blanca, se da mucha infor­
mación valiosísima sobre la nueva ubicación de los chakras (ahora co­
nectados con la columna vertebral, debido al nuevo individuo y al én­
fasis psico-mental); y también sobre nuevos métodos de desarrollo de
lo que podría llamarse la psicología "oculta".
Ya sea que hablemos de la viejísima forma de la Tantrika fisiológi­
ca, del tipo más psicológico de Kundalini Yoga, del proceso de indivi­
duación de la psicología de Jung, o de nuevas formas de meditación u-
139
sadas en varias "escuelas esotéricas", en todos los casos nos ocupa­
mos de interpretaciones y técnicas de integración, que habitualmente
significan la misma cosa en diferentes niveles: la asimilación de los e­
lementos colectivos por el individuo, hacia la construcción del Yo per­
fecto, o del cuerpo del Alma, el "Templo de Salomón", o el "Cuerpo de
Cristo", o el "Cuerpo de Diamante". Por lo tanto, siempre el proceso de
individuación, la elaboración de la relación esencial entre lo individual
y lo colectivo.
Este proceso consiste en un cambio gradual del centro de gravedad
de la "personalidad" humana. Kundalini se eleva desde el plexo sacro
más bajo (Muladhara chakra) hasta el centro entre las cejas (Í\jna
chakra): la sede del ego consciente. Cada chakra representa una eta­
pa del proceso. Por intermedio del corazón, se integran el plexo solar
(y los plexos inferiores que éste sintetiza) y el centro consciente propio
de la cabeza. Este es el "matrimonio místico"; no tanto del "hombre" y
de la "mujer" dentro de cada persona, sino más bien de lo "individual"
(el ego) y lo "colectivo" (el yo genérico en el plexo solar).
En El Secreto de la Flor de Oro chino, la unión es entre la "esen­
cia" (lo individual) y la "vida" (lo colectivo). La esencia sin la vida es abs­
tracción pura: el "yo" vacío de cualidades. La vida sin la esencia es me­
ro instinto, o conducta genérica perfectamente adecuada. Por lo tanto,
la esencia debe asimilar a la vida. El Vacío debe ser llenado por las A­
guas de la Vida. Esta es la síntesis. El verdadero individuo no está con­
tra lo colectivo, como un ego consciente que, con su voluntad, se opo­
ne a las energías genéricas. El individuo verdadero es la floración y el
goce de lo colectivo, que se encuentra cumplido en y a trav$s de él. Él
es la colectividad que se vuelve consciente y significativa. El es la go­
ta que asimiló la totalidad del ser característico del océano, y, por lo tan­
to, es un perfecto dechado de "agua-marinidad".
Esta es la "totalidad operativa", la totalidad que está en actividad co­
mo y a través de un todo particular. Un hombre individual que actúa co­
mo el agente del Hombre-el-todo; que, sin embargo, actúa según su
propio destino particular como individuo. La senda de la totalidad ope­
rativa es Tao. Es la senda de la relación; el "sendero medio" que inte­
gra lo individual y lo colectivo, el pensar y el sentir, la estética y la éti­
ca. Es el sendero de Kundalinl, que es "serpentino", porque es cícli­
co. Es la Vla dolorosa de la mística cristiana, de la que cada estación
es uno de los chakras de la columna vertebral, hasta el "Monte de la
Calavera", el Gólgota. En los chakras inferiores, domina lo colectivo
(como en el sexo); en los superiores, lo individual, hasta que se llega a
la Cruz, en la base del cráneo (donde los nervios se cruzan realmente).
Entonces, Jesús es crucificado entre los dos ladrones, en el centro de
140
la cabeza. Pero tras el Tercer Día (o ventrículo), El resucita y se lo ve
en su "Cuerpo Resucitado", en la gloria que es el Loto de los Mil Péta­
los, sobre la coronilla, el Sahasrilra chakra, el "halo" de los santos
occidentales y también de los Buddhas orientales; el resplandor de la
Totalidad operativa.

La naturaleza de la personalidad

Ahora podemos preguntar: ¿Cuál es la diferencia fundamental en­


tre el enfoque "oculto" y el enfoque "psicológico" (en el sentido de
Jung)? Consiste en que el último se ocupa solamente del "proceso de
la vida", con el desarrollo de la "personalidad"; mientras el primero se
ocupa de este "proceso" principalmente en términos de que es un inter­
ludio creativo (o desintegrativo) entre el "comienzo" y el "final" del ciclo,
del cual el "proceso" es el medio, como vimos en la primera parte de es­
te capítulo.
Definiremos el término "personalidad" como la exteriorización del
patrón siempre cambiante producido por la interacción de lo colectivo
y lo individual en todo ente humano (cuerpo y psiquis). Representa el
"balance" diario del "proceso" de vivir, ¡un balance que, en muchos de
nosotros, muy insistentemente sigue en rojo! Por lo tanto, la persona­
lidad es el ser humano como aparece un día tras otro, con su conduc­
ta, sus pensamientos y sus sentimientos. Es el "frente" que el hombre
total presenta al mundo exterior. Detrás de él están las numerosas co­
rrientes y conflictos del inconsciente y del consciente, tanto las tenden­
cias corporales como psicológicas; todo lo cual está más o menos amal­
gamado en ese complejo de representaciones que es la personalidad.
Muchos casos son posibles según el énfasis que se ponga sobre este
o aquel factor en el proceso de vida del ser total. El centro o el regen­
te de la personalidad puede ser el ego consciente, siempre y cuando do­
minen los valores individuales; pero también puede ser una "imagen pri­
mordial" del inconsciente, o un instinto poderoso. El temor o el sexo
pueden gobernar, y a menudo gobiernan nuestra personalidad; o el an­
helo de sometimiento total a una "imagen primordial", o a un "dios", o
a un espectro.
La personalidad, cerca del final del verdadero proceso de individua­
ción, es integrada plenamente por el Yo y se centra en torno de éste.
En la alborada misma del proceso, la personalidad se divide normal­
mente en dos partes: la parte fisiológica gobernada por los instintos y
los impulsos heredados (o la fuerza del ambiente), y la parte psico-men­
tal, que es más bien potencial que real, y una sola con la mónada y las
141
"imágenes primordiales". Esta etapa es la del hombre primordial, un a­
nimal corporal y una psiquis "espiritual". Por tanto, encontramos en él
las más depuradas aspiraciones devocionales y las pasiones instinti­
vas más violentas: pasiones naturales, no individualizadas, o neutrali­
zadas. En una etapa posterior, y por varias razones, la personalidad
puede dividirse en "almas parciales": tenemos casos de personalidad
doble o múltiple que está en actividad en y a través del cuerpo.
El proceso de desarrollo de la personalidad es análogo al proceso
de Kundalinl, en cuanto en ambos casos nos ocupamos del cambio
progresivo del equilibrio de las fuerzas individuales y colectivas, hacia
la integración o la desintegración. Pero hablando estrictamente, el "as­
censo de la Kundalinl" es un proceso oculto; en un sentido, es un pro­
ceso forzado; de allí el gran peligro en él implícito. En el nuevo sentido
psicológico, el proceso es el de individuación (en el sentido de Jung);
y presupone, al comienzo, un desarrollo consciente de la psiquis, un én­
fasis relativamente fuerte sobre el ego individual, pues este ego es el
punto focal para la asimilación de las energías colectivas. Sin tal pun­
to focal, y sin un punto focal fuerte, el influjo de las energías colectivas
abrumaría a la consciencia, y ocurriría indudablemente la división de la
personalidad. Sería como si al motor de un automóvil poco sólido le e­
charan gasolina con potencia de dinamita. El motor explotaría. Por e­
so es necesario construir, en primer lugar, un motor individual fuerte, de
resistencia y elasticidad parecidas al acero, antes de echarle energías
colectivas. En otras palabras: ¡a los bebés no se los alimenta con car­
ne!
Esto lo interpretaremos astrológicamente cuando estudiemos los e­
fectos de planetas como Urano, Neptuno y Plutón, que simbolizan fuer­
zas colectivas o inconscientes. A menos que el ego individual del na­
tivo sea fuerte, estas fuerzas serán necesariamente destructivas de la
unidad de la personalidad. De lo contrario, actúan como gasolina de al­
ta potencia en motores Rolls-Royce. El funcionamiento se acrecienta
formidablemente. También veremos que el patrón constituido por todos
los planetas representa la personalidad: el balance de la relación colec­
tivo-individual. Este balance no es estático: de allí la idea de las "pro­
gresiones"; en este caso, progresiones secundarlas. Éstas miden los
movimientos del balance a lo largo de la vida. La progresión de los e­
jes del mapa se refiere al desarrollo de los factores individuales; los
"tránsitos" planetarios se refieren a los factores estrictamente colecti­
vos. Pero de esto hablaremos más tarde.
Los complejos y, en general, lo que Jung llama "el inconsciente per­
sonal" (también el "inconsciente" freudiano) son las manifestaciones de
un equilibrio, al menos temporariamente, del "rojo", los resultados de la
142
ineptitud para relacionar integradoramente y ajustar apropiadamente lo
colectivo y lo individual. En los planetas retrógrados se muestran las
tendencias heredadas hacia tales malos ajustes. La relación entre el
patrón planetario -especialmente el Sol-y los dos ejes del mapa na­
tal indican posibilidades futuras de un ajuste acertado o desacertado.
El ajuste de lo colectivo a lo individual, y viceversa, es el "matrimo­
nio" psicológico. El individuo per se es sólo una estructura abstracta:
una fórmula. Debe llenarse con vida y luz: con elementos colectivos. En
la primera etapa del proceso de desarrollo de la personalidad, la "vida"
afluye; o sea, las energías genéricas de la naturaleza fisiológica. Cuan­
do comienza realmente el crecimiento psico-mental y el ego conscien­
te se afianza, es la "luz" la que debe fluir dentro de la estructura abstrac­
ta de la personalidad individual. Con "luz" significamos la esencia de la
civilización: en el sentido espiritual del término; la síntesis de ofrenda de
todos los individuos verdaderamente creativos a la humanidad en con­
junto.
Con esta "luz" se construye el organismo psico-mental permanen­
te del ser humano individual: la síntesis y la Semilla de todo un ciclo de
desarrollo de la vida: el "Cuerpo de Diamante". Este cuerpo estricta­
mente individual (que presumiblemente es lo que las enseñanzas teo­
sóficas llaman el "Cuerpo Causal") es lo que llamaríamos el "Alma". La
vasta mayoría de los hombres son sólo Almas potenciales. La es­
tructura o la forma existen en tanto y en cuanto funcionen como "indi­
viduos"; pero habitualmente hay muy poco en esta estructura; y por e­
llo diríamos que el Alma es sólo potencial. No funciona como un "orga­
nismo". En ella no hay vitalidad concreta real. La Luz no brilla, porque
todavía no está en actividad la "Circulación" mística "de la Luz" (ver El
Secreto de la Flor de Oro).
Sólo cuando la mónada (el Dios-en-el-comienzo)-que, en un sen­
tido, se convirtió en el proceso de vida (o en la personalidad)- renace
dentro de la estructura del ego consciente individual, el Alma empieza
a funcionar como un organismo real. Antes de eso, sólo existía la reme­
moración o la reminiscencia de la mónada - el Arquetipo antiguo y pri­
mordial, que, por decirlo así, "vigila" desde lo más profundo del interior
o desde las alturas supremas- que parecía ser el Alma. Pero sólo cuan­
do la Mónada-del-comienzo renace dentro del ego como el Yo-del-final,
el Alma se convierte en un organismo real de sustancia psico-mental,
que vibra con la luz, como el organismo fisiológico palpita con la san­
gre.
Cuando ocurre esto, el ego "se pierde" en el Yo. Pero esta no es e­
videntemente una pérdida. El ego era meramente el centro de la fase
de la diferenciación individual: algo parecido a un andamio. Cuando el
143
Yo asimila plenamente las energías colectivas, se convierte en el "to­
do" de la psiquis. Cesa la distinción entre inconsciente y consciente (al
menos, en lo que a este ciclo concierne). El hombre se convirtió en to­
talmente consciente: en un Despierto, en un buddha (hablando figura­
damente). No necesita entregarse al inconsciente en el sueño, ni si­
quiera en la muerte. El cuerpo puede desintegrarse; pero como el indi­
viduo ahora construyó su "cuerpo de inmortalidad", compuesto por sus­
tancia psico-mental, no perderá su personalidad individual, mientras la
humanidad viva, porque hemos de recordar que esta sustancia psico­
mental está compuesta por la esencia de la civilización humana; está
compuesta por la "luz del "Hombre-el-'todo"' y sólo podrá durar mien­
tras dure el Hombre-el-"todo".
Por lo tanto, el ego meramente-individual pasa a ser el Yo indivi­
dual-más-colectivo, una expresión concentrada y un medio del Hom­
bre-el-"todo". La luz del Hombre-el-"todo" es la sustancia misma de su
ser, e incluso puede irradiarse como una vibración particular descen­
diendo al cuerpo físico y saliendo de éste. Pero esta luz se diferencia
según el tipo de personalidad individual que la condicione y concentre
estructuralmente, lo cual, a su vez, depende de la mónada original. Por
ello, el ocultista habla de los "Siete Rayos": siete grandes grupos de mó­
nadas en el comienzo (y Almas o Yoes después de la individuación) que
son respecto de la realidad espiritual del Hombre-el-"todo" lo que los co­
lores son respecto de la luz blanca.
Lo que debe recalcarse en primer lugar es que la estructura fun­
damental de la personalidad individual no se modifica cuando el ego se
convierte en el Yo y se alcanza la individuación. Se llena de luz. Lue­
go, debemos captar la diferencia, por una parte, entre la personalidad
que pasa a ser gobernada por una "imagen primordial" o "dios" con ca­
rácter de ente, y que actúa como mero instrumento y por la otra parte,
el ser individuado que, como un Yo, se convierte en un foco Individual
del Hombre-el-"todo": un medio operativo con un trabajo que cumplir
en términos de la actividad y la necesidad del "todo". La sabiduría del
primero es siempre más o menos separativa (incluso donde parezca
unificar); la sabiduría del segundo es una expresión concentrada de la
sabiduría y la civilización del "todo" de la humanidad pasada y presen­
te, diferenciada sólo por un uso particular y consciente. El reino del
consciente es el de las opiniones y las teorías. El reino del inconscien­
te es el de los instintos, el de la aprehensión inmediata e incontrover­
tible de las necesidades a través de los sentimientos. El reino del Yo es
el de las verdades conscientemente autoevidentes, percibidas unáni­
memente por todos los que son plenamente uno solo con el "Todo" úl­
timo: �los hombres-Semillas (en sánscrito, Shistas) que, en su suma
144
total, constituyen el Dios-del-final; no un ente aislado, sino una multitud
unánime, a la que hace unos cincuenta años le dimos el nombre de Si­
nantropía.

Resumen

A esta altura, sería conveniente volver a recorrer lo hasta ahora an­


dado; luego de lo cual será más fácil concluir este capítulo con un muy
breve esbozo de algunas de las posibilidades de extensión y aplicación
de nuestra Fórmula cíclica.
En primer lugar, inferimos que, como la filosofía del Tiempo, que es
el antecedente necesario para una presentación vital y holística de la
astrología, halla su expresión esencialmente en dos factores: a saber,
el Momento y el Ciclo; y como, además, ya debatimos en los dos capí­
tulos anteriores la esencia creativa del momento, por ello nuestra tarea
era estudiar el Ciclo. Luego expresamos que, en civilizaciones pasa­
das, se habían producido fórmulas que definían la esencia y la estruc­
tura del Ciclo; y que tales fórmulas, basadas como estaban sobre los
respectivos puntos de vista mundiales característicos de las civilizacio­
nes consideradas, servían de medios cuasi-algebraicos de integración
de todo el conocimiento que tales civilizaciones poseían. Analizamos
brevemente la esencia del Ciclo, y aislamos los tres términos que, en
su trinidad, constituyen su totalidad: comienzo, medio y final, o el Uno­
que-está-en-el-comienzo, el proceso del devenir, la Síntesis-Semilla
del Final. Hallamos que podían determinarse tres tipos básicos de pun­
tos de vista del mundo, cada uno de los cuales hace hincapié sobre uno
de los tres componentes del Ciclo, y estudiamos brevemente las Fór­
mulas cíclicas que expresaban el típico punto de vista del mundo per­
teneciente a la civilización india con su énfasis devocional sobre la mó­
nada y el Uno original, y el perteneciente a la civilización china, con su
énfasis ético sobre el proceso dualista del devenir que, bajo la condición
de equilibrio, se convierte en el "Camino consciente" que es Tao, el Ca­
mino que conduce hacia la realización en y a través de la Armonía per­
fecta.
Luego definimos los tres términos de la nueva Fórmula cíclica: el in­
dividual, el colectivo y el creativo; y su interrelación en las diversas
etapas del ciclo. Recalcamos especialmente el criterio que considera al
Ciclo como un proceso que conduce del "individuo menor" al "Individuo
Mayor" a través de la actividad de lo creativo, poniendo en circulación
elementos colectivos que se integran en la síntesis mayor que es la ba-
145
se sustancial del "Individuo Mayor", que a su vez proyecta creativamen­
te las estructuras monádicas de los "individuos menores" futuros.
La complejidad surge porque lo creativo funciona de varios modos,
según se considere ésta o aquella fase del Ciclo total. Por ello, puede
refererirse a varios factores subsiguientes, que al principio tal vez no pa­
rezcan ser análogos. A fin de ubicar el tema de lo creativo en un enfo­
que psicológico, debatimos varios tipos de "integración creativa", a tra­
vés de los cuales se resuelve el conflicto entre lo individual y lo colec­
tivo. El concepto de "personalidad" como el balance de las tendencias
individuales y colectivas, y también como el todo creativo del ser huma­
no armonizado; el concepto de Kundalinl como el proceso fisio-psico­
lógico a través del cual se integran los centros genéricos o colectivos
del cuerpo y los centros individuales o conscientes del sistema cerebro­
espinal; el concepto de "individuación" como lo presenta Jung, o sea,
como una serie de asimilaciones, por parte del ego consciente, de con­
tenidos inconscientes de la vida... estos y muchos otros conceptos se
refieren al término básico: lo creativo.
Puesto que hablamos del final del ciclo como el momento de suma
y síntesis, debemos comprender también que es la fase de la máxima
manifestación de lo creativo. En otro sentido, lo creativo es el factor que
vincula el final y el comienzo de todos los ciclos. Y como los ciclos es­
tán dentro de ciclos, cada momento puede considerarse como el
momento creativo en el que el final de un ciclo da nacimiento al co­
mienzo de un nuevo clclo. Este es el Ahora Creativo: cuando el
hombre vive en este último se torna cuasi-divino, se convierte en un me­
dio para la creatividad del "Individuo Mayor" que, en el límite, es el Dios
universal: la Totalidad Suprema del "Todo" absoluto.

Podemos cerrar este capítulo añadiendo que los tres términos de


la Fórmula Cíclica (individual, colectivo, creativo), lo mismo que las tres
fases del Ciclo (comienzo, medio y final), pueden correlacionarse fácil­
mente con tres tipos básicos de seres humanos, y también con tres ti­
pos fundamentales de actitud hacia el universo y sus problemas, o sea,
tres tipos fundamentales de conocimiento.
El devoto típico rememora al Uno-que-está-en-el-comienzo. Anhe­
la la unidad; pero este anhelo toma la forma de una añoranza del pa­
sado glorioso y espiritual, de la Edad de Oro que es el primer período
del ciclo, cuando los "primogénitos" -los Antepasados divinos- viví­
an, y todavía se bañaban en la resplandeciente rememoración del Uno.
Mediante adoración y concentración, el devoto preserva la Imagen de
este Uno.
146
De esta manera, él mantiene vivo no sólo el recuerdo de la Fuen­
te Original sino, como resultado, también el hecho del proceso de vida
que es un proceso monística porque está arraigado-en-un-Uno.
El científico y el psicólogo (también el filósofo del tipo bergsonia­
no) estudian el proceso e intentan poner orden en su aparente confu­
sión o ayudar a los hombres a atravesarlo seguramente hasta que se
llegue al final, y cuya naturaleza ellos sólo conjeturan por inferencia ge­
neral. El ocultista, si es un verdadero ocultista, es una combinación de
devoto y cientítico. Porque conoce en diversos grados la realidad y la
forma del Uno-en-el-comienzo o la Mónada, también puede conocer el
resultado del proceso que tendrá, para su consumación, la suma total
integrada que une en una síntesis orgánica los frutos satisfactorios del
proceso íntegro.
El artista y el filósofo, de diferentes modos, operan en términos de
este ideal de consumación; el primero, produciendo obras de arte que
son símbolos proféticos de la síntesis orgánica del Ultimo Día; el último,
presentando a los hombres los cuadros de la meta, el propósito y el sig­
nificado del proceso total de vida.
El devoto se funde con el Uno original, que es el "Individuo Mayor",
su Creador, su Padre-Madre; esta fusión, cuando no es directa, se cum­
ple por intermedio del gurú, del maestro espiritual, del sacerdote o del
hierofante, que se supone que realizaron semejante identificación con
el Uno original. El científico, de modo positivo y analítico, y el trabaja­
dor corriente, de modo pasivo y desvalido, se ocupan del proceso de de­
venir; el trabajador está verdaderamente inmerso en aquél y es su he­
rramienta. En cuanto a la personalidad creativa -ya sea creativa de
formas o creativa de significados-, reúne en sí y dentro de sí las ne­
cesidades y los anhelos de lo colectivo y los realiza creativamente, ex­
presando de modo profético lo que llegará a ser la semilla y el arque­
tipo de la próxima fase del ciclo: la próxima "Dispensación".

Los tres grandes enfoques del conocimiento


Un análisis similar puede hacerse respecto de los tres enfoques bá­
sicos del conocimiento. Habitualmente tales enfoques se definirían pro­
bablemente como religión, ciencia y filosofía. Sin embargo, creemos
que, en el futuro, la clasificación nueva -e indudablemente muy enig­
mática para la mayoría- debería ser: los enfoques astrológico, psi­
cológico y estético. Definiremos así estos términos:
El enfoque astrológico se ocupa del comienzo. de todas las cosas
y de todos los ciclos. El enfoque psicológico se refiere al estudio del pro-
147
ceso de vida: al denominado "medio" de todos los ciclos, al mundo del
cambio. El enfoque estético se ocupa del significado último y de la sín­
tesis última de todo lo que existe.
Tal nueva clasificación puede justificarse por el hecho de que du­
rante los últimos treinta años, la religión, la ciencia y la filosofía expe­
rimentaban transformaciones profundas y vitales. La religión, en cuan­
to es un enfoque práctico de la vida basado en la unidad y en la iden­
tificación con la vida de "Dios", debe referirse a la Mónada, al comien­
zo y al principio de todas las cosas. Desde luego, la ciencia está inten­
tando analizar y descubir las leyes del proceso de cambio propias del
mundo, de la vida universal y de sus millones de transformaciones. Sos­
tenemos, aunque no es este el sitio para tratar de concretar semejan­
te aseveración, que la ciencia tendrá que usar cada vez más los méto­
dos psicológicos cuando descubra que los átomos y los universos se
comportan cada vez más como personalidades. La psicología, por el
uso de métodos científicos, se prepara para la tarea de "asimilar" los da­
tos colectivos de la ciencia moderna. En cuanto a la filosofía,
"'
creemos
que su función real es revelar el significado último de todas las cosas
y todos los procesos, y conducir hacia la gran síntesis del final del ciclo:
hacia la Sabiduría que es la suma total, la quintaesencia y el perfume
de toda civilización: hacia lo Bello, pues la Belleza es el supremo "cuer­
po de significado", el cuerpo de gloria y perfección.
Con lo anterior no significamos que la astrología se convertirá en
una "religión de los astros" ¡Lejos de ello, esperamos! Lo que queremos
decir es que, en su busca de la "Causa primera" (o sea, del Dios-del­
comienzo o de la Mónada universal), la religión usará un método y una
base del pensamiento que no diferirá de aquellos en los que se funda­
rá una astrología revalorizada. El mapa natal de la humanidad puede
ser, a su tiempo, un hecho conocido; y cuando se estudien realmente
los ciclos de precesión de los equinoccios, y otros grandes ciclos, el
hombre puede ser capaz de contemplar el símbolo de su ser y destino
genéricos: el Arquetipo del hombre. Siempre se ha sostenido que con­
templar a este Arquetipo es una de las experiencias de aquel proceso
misterioso que los ocultistas verdaderos llamaban "iniciación". Pero
hasta la iniciación puede llegar a ser una experiencia del Hombre-el"to­
do"; y cuando esto ocurra, "la religión anticuada" será evidentemente
sin valor. Entonces tal vez sea posible una Intuición simbólica de la
realidad y del destino del Hombre, y quizá de todo nuestro sistema so­
lar (al menos desde el punto de vista humano). Esto sería "religión", y,
al mismo tiempo, la forma suprema posible de la astrología. Nuestro tra­
bajo se polariza hacia esta meta lejana. Primero, debemos aprender a
conocer el símbolo arquetípico de cada ser y cada destino humanos.
148
Luego, nuestros hijos y nuestros bisniestos tal vez vislumbren algún día
al Arquetipo del Hombre-el-"todo", no en éxtasis místico o a través de
iniciaciones ocultas, sino en la consciencia clara e individual de una
mente plenamente despierta a la realidad de los símbolos, y una sola
con el Yo. Una mente "transparente como el cristal", la mente de las Per­
sonalidades plenamente "individuadas" de los Hombres-Semillas.

Para terminar, añadiremos que el dualismo lo individual y lo colec­


tivo -y su principio operativo reconciliador, lo creativo- puede rastre­
arse hasta las raíces de la mayoría y, posiblemente, de todos los pro­
blemas filosóficos y psicológicos. Nuestra afirmación es que podría ser­
vir como una fórmula básica subyacente en las fórmulas más especia­
lizadas de todas las ramas del conocimiento, y, por lo tanto, como la pie­
dra angular de un intento de integración universal.
La relación del individuo con lo colectivo es evidentemente la base
de todas las ramas de la ciencia y del arte de la organización social, in­
cluidas la política, la sociología, la jurisprudencia, y, nosotros añadire­
mos, la economía. En todos estos campos, la meta es un ajuste satis­
factorio de individuo y colectividad, de los respectivos derechos y del
deber del individuo y del Estado. En economía, el dualismo especiali­
zado básico es el de producción y consumo; pero la distribución es un
factor igualmente importante. El consumo es una especie de individua­
ción; la distribución, es un especie de colectivización; y aquí la produc­
ción significa lo creativo. Todos los males económicos derivan del re­
lativo destaque indebido de uno o de dos de estos factores; en algunos
casos, como en el presente, una crisis es causada realmente por una
sobreestimulación de los tres factores en total, y de su actividad en un
nuevo nivel. El advenimiento de las máquinas causó un cambio profun­
do en el significado vital de la "producción", o del trabajo. Por lo tan­
to, la humanidad tiene que reajustarse a un nuevo concepto del signi­
ficado del trabajo, desde el nivel fisiológico-muscular hasta el nivel
mental. Creemos que captar esto es captar la pauta total de los cam­
bios sociales desde el siglo XVIII.
Desde luego, la democracia fue un énfasis bisoño sobre el factor in­
dividual en la sociedad humana; pero a causa de que el deber y la res­
ponsabilidad creativos del individuo no fueron recalcados apropiada­
mente, el factor individual dominó indebidamente en la actitud de un
"áspero individualismo" y un provecho individual a expensas de una
adecuada colectivización (distribución de bienes}; por lo tanto, nacieron
los trusts y los monopolios. Como reacción contra el predomino del in-
149
dividuo vemos que, en el comunismo, el fascismo y el nazismo, se hi­
zo hincapié sobre lo colectivo y los factores genéricos.
El énfasis sobre lo creativo, se encuentra en lo que promueve el uso
del tiempo libre, de la música comunitaria y de las actividades que re­
concilian al individuo con la comunidad. La legislación moderna se fun­
da también en un nuevo concepto de la relación del individuo con lo co­
lectivo, trasladando a la colectividad gran parte de la culpa que otrora
perteneció exclusivamente al individuo, y haciendo hincapié en el va­
lor de lo creativo, hasta en la cárcel.
En el estudio de la historia, es reconocible claramente el mismo
traslado, y los héroes individuales dan paso a las tendencias colectivas,
a la economía y a la significación de éste o aquel tipo de trabajo y pro­
ducción. Por el otro lado, las colectivizadoras tendencias de años pos­
teriores reaccionan en la psicología de masas haciendo que, entre los
libros, las biografías sean los más populares. El estudio de las culturas
del pasado muestra una alternancia del énfasis individual y colectivo.
Alejandría sigue a Atenas, y el cristianismo a la cultura griega. Desde
el punto de vista más amplio posible, podríamos decir que en la antigua
Asia, India representa el enfoque de lo individual; China, el de lo
colectivo; e Indochina (sobre todo la civilización Khmer), el de lo
creativo.
Tales generalizaciones son evidentemente peligrosas; pero pue­
den aportar al hombre un sentido de orden y una vasta visión que son
psicológicamente de gran valor, y que se necesitan para compensar la
actitud y la mentalidad del hombre, perdido en el análisis de fenómenos
menudos dentros de la marea del cambio que es interminable y aparen­
temente amorfa. La forma sólo proviene de la percepción de los co­
mienzos de los ciclos, y de la intuición de su meta y su significado úl­
timos.
Sin embargo, en la nueva física tal vez se encuentre el ejemplo más
fascinante de la aplicación del principio de la relación inherente a la tri­
nidad de lo individual, lo creativo y lo colectivo. Nos referimos especial­
mente al dualismo de la onda y la partícula que parece ser la esencia
de la luz lo mismo que de la materia (los fotones y los electrones). A la
luz la consideramos representando a lo creativo. Tiempo-Espacio-Luz
guardan paralelismo con Individual-Colectivo-Creativo, como ya vi­
mos. La unidad de luz, el fotón, actúa bajo ciertas condiciones como on­
da, y bajo otras condiciones, como partícula. El fotón es la unidad de li­
beración de energía, que evidentemente se refiere a lo creativo. Lo que
es bastante interesante es que todas las filosofías ocultas hablan de la
Luz primordial, y de las mónadas humanas como chispas dentro de es-
150
ta Luz. De allí los fotones. Fohat, en el Tíbet, es el nombre de lo Cre­
ativo universal, cuya emanación primordial es la Luz.
El átomo está constituido por un núcleo y por electrones que giran.
Al principio se pensaba que el núcleo era estrictamente positivo, y que
los electrones eran negativos. Pero este viejo dualismo del Yang y el
Yin, está dando paso a un nuevo género: el núcleo representa lo colec­
tivo; el electrón, lo individual. El fotón es lo creativo, y el quantum es la
ley de emanación creativa. Una vez liberada, la unidad de energía se
deteriora en varios tipos de rayos, tal como la imagen emanada, o la
idea emanada, pasa a ser un elemento colectivo asimilado por otras
unidades. Puede ser que semejante formulación no sea la correcta, y
que la física intra-atómica sea aún, en gran medida, terra Incógnita.
Pero creemos que el dualismo básico que presentamos podrá hallar ca­
bida como una interpretación filosófica (última} de la estructura ató­
mica.
Otro punto importante es que la nueva física parece conducirnos,
al menos, a que infiramos que no es posible una ciencia de lo individual,
sino sólo una ciencia estadística de los grupos. Incluso, y quizá sea me­
jor decir, la ciencia de la interacción del individuo y del grupo, que es lo
que llamábamos et proceso de vida. Creemos que toda la ciencia em­
pírica trata únicamente sobre el proceso de vida, y la esencia de es­
te proceso es el ajuste constante de lo individual y lo colectivo. En es­
te sentido, el proceso de vida se ocupa siempre de "personalidades",
o sea, de balances. Nuestro universo es un universo a crédito. La muer­
te es la bancarrota. La entropía y el "desgaste del universo", ¡son con­
ceptos de la Depresión!
Podríamos seguir ocupándonos de parecidas interpretaciones filo­
sóficas; pero el espacio (¡la preocupación colectiva!} nos prohibe este
placer (individual}. Como último pensamiento, y como adecuado final
de un estudio que primordialmente se ocupó del establecimiento de una
Fórmula universal del Ciclo, remitiremos al lector a la bella invocación
arcaica que se oye en todo el Tíbet: OM MANI PADME HUM. Esta "fór­
mula mágica" es una fórmula del proceso de vida total, como lo esbo­
zamos en este capítulo. OM es la mónada del comienzo: el Impulso Ori­
ginal del ciclo. MANI se refiere a la mente creativa, a la "gema" central
que es el principio creativo. PADME significa "loto", y simboliza pleni­
tud, síntesis, individuación, la hermandad del final del que emana el
"perfume" o la quintaesencia del proceso de vida: en un sentido, la
consciencia. HUM es el perfume emanado, el retiro del cuerpo comple­
tado dentro de la quintaesencia y de lo abstracto. En todas las 14, o dos
veces 7 letras, 7 es el número del proceso de vida, el cual es doble.
151
Por lo tanto: ¡OM, la Gema dentro del Loto, HUM! O sea: En
el Uno surge lo Creativo; y a través del accionar de lo Creativo, lo co­
lectivo se junta en la síntesis; y de la síntesis, emana la quintaesencia,
la Idea, cuya energía es nuevamente el Uno.

152
IV
CLAVE DEL SIMBOLISMO ASTROLOGICO

Cuando lleguemos a considerar más específica y prácticamente el


campo del simbolismo astrológico, y cuando estudiemos la significa­
ción de sus muchos elementos, descubriremos que los conceptos pre­
sentados en los capítulos precedentes nos permitirán interpretar, de
manera coherente, lógica y natural, la secuencia de los factores astro­
lógicos. Descubriremos especialmente que la oposición entre lo indivi­
dual y lo colectivo es la clave más maravillosa de la comprensión vital
y práctica de los elementos astrológicos, que habitualmente se produ­
cen en pares de polaridades opuestas. Al principio, la astrología pue­
de aparecer como un sistema cabalmente dualista, muy parecido al sis­
tema chino del VI Klng. Pero no será fácil señalar que, detrás de este
dualismo evidente, se encontrará siempre un tercer sistema, que inte­
gra los opuestos. Y este es tal vez el punto más importante en esta re­
formulación de la astrología: revela coherentemente un camino hacia
la integración, un factor de significación individual que, si se lo usa cre­
ativamente, puede llevarnos a ver la totalidad de cualquier "todo"; el
destello de la luz creativa que es la única que puede integrar los opues­
tos, y, por tanto, hacerlos significativos.

Rúbricas y hechos significativos


"Hacer significativo" es concebir mentalmente todas y cada una de
las situaciones, o todos y cada uno de los entes, que encontramos co­
mo signos de la actividad del Espíritu. En cada una de las menudísimas
minucias de la pauta mundial, podemos ver, en actividad, a la Totalidad
del "todo"; podemos sentir todas las fuerzas básicas que son la trama
y la urdimbre del ciclo de vida, de cualquier ciclo de vida. En cualquier
situación, en cualquier ente orgánico, todas estas fuerzas están en ac­
tividad; tal como cada momento es la síntesis de todos los momentos
153
pasados y la fuente de todos los momentos futuros. El "todo" está ac­
tivo por doquier.
Pero, ¿cómo ver esta acción? ¿Cómo penetrar el "velo de la ilusión"
que cubre a cada ente separado y parece hacer de éste algo inconexo
de todo el resto? ¿Cómo llegar al patrón interior, al ordenamiento de
los elementos universales que es el ser "real"? Lo que aquí está im­
plícito es la facultad de ocuparse de situaciones o entes vivos como "to­
dos"; una facultad a la que ya nos hemos referido. Está imbuida en el
nivel inconsciente. Es intuición, o percepción holística, o "clari-visión"
(¡no la clarividencia corriente!), en el nivel consciente. Es la facultad pa­
ra ver los patrones de vida universales, en actividad, en el funciona­
miento de particulares organismos o procesos.
En todo hombre -por ejemplo- están en actividad lo individual, lo
colectivo y lo creativo, pero, desde luego, en proporciones muy varia­
das. Un espectador corriente es atraído por el resultado exterior apa­
rentemente único de esa mezcla. Es incapaz de analizar las fuerzas en
actividad, de captar el significado de su combinación. El hombre es só­
lo el señor Fulano de Tal. El "vidente" ve en este hombre una especial
concentración de una cantidad de principios básicos de vida, y es ca­
paz de "ubicar" cada principio de vida donde éste pertenece, rastrean­
do su ascendencia mediante implicancias, captando de inmediato la
suma total de las conexiones del hombre con el "todo" universal. Por lo
tanto, ve el significado del hombre; y, además, ve también el significa­
do de la relación del hombre con él.
El instinto da todo este conocimiento al animal que consiguiente­
mente actúa pero no sabe por qué actúa. Para el animal, todo tiene un
significado de vida, es señal de algún hecho básico de la vida. Estos he­
chos son pocos, pero a su respecto, el animal tiene una "clari-visión" de
ellos. Cada rasgo de una situación o de una persona se lee como una
"Rúbrica" de la vida que se concentra en y a través de ella.
Los alquimistas medievales ponían gran énfasis sobre esta teoría
de las Rúbricas, siguiendo en eso a la antigua tradición china, si no a
la tradición universal de la humanidad arcaica. A la forma y a los rasgos
de una planta, una roca, un árbol, un animal, una cara, etc., se los con­
sideraba como una Rúbrica del espíritu que en aquéllos moraba. Se su­
ponía que el alquimista era un experto grafólogo que descifraba de in­
mediato la Rúbrica; y desde el Signo iba directamente hacia la vida; y
del símbolo hacia la realidad.
La firma de un hombre no es habitualmente legal a menos que con­
tenga el nombre (Individua!) y el apellido (colectivo). También contie­
ne habitualmente otra característica o línea que se refiere al ritmo del
individuo, o sea, al factor creativo que en él existe.
154
Por supuesto, este es sólo un símbolo divertido, dirán muchos. Es
cierto, pero ¿por qué "solamente" un símbolo? A la vida se la hace sig­
nificativa mediante la percepción del valor de tales símbolos. Cada ob­
jeto y cada situación son signos de la suma total de conexiones que re­
lacionan al objeto y a la situación con el "todo" universal. La atención
que un hombre da a un objeto concentra de inmediato en éste todo el
proceso de vida. El drama de la vida universal se ve representado en
ese minúsculo escenario, que así se convierte en un microcosmos, en
una imagen del "todo".
Asimismo, igual ocurre en una acción verdaderamente instintiva.
Quien actúa no es meramente un animalito diminuto. Es la especie ani­
mal "toda", y detrás de él todo el ser planetario que actúa. El "todo" de
la vida se concentra en un desempeño instintivo: hondura y profundidad
de significado, pero sin consciencia para verlo como significativo. Es
natural, pero no significativo, hasta que el hombre sube al escenario y
"ve" en él la Rúbrica de los principios eternos y universales.
Como veremos, una vez tras otra, un mapa natal astrológico es una
verdadera Rúbrica, y debe leerse como tal. Uno debe encontrar en ella
los nombres individuales y colectivos, más el signo de lo creativo. Pe­
ro todavía no llegamos al punto de considerar la interpretación del ma­
pa. Antes de que lleguemos a este punto, hay que descifrar otra Rúbri­
ca: la Rúbrica del ser terreno.
La Tierra es la Rúbrica del "Todo" planetario en el que los hombres
"viven y tiene su ser" como meras células de un vasto cuerpo. Todos los
valores colectivos, o más bien genéricos del hombre, provienen de la
Tierra. Puede ser que la Tierra sea el cuerpo de una entidad Espiritual
cósmica, el Logos Planetario (como Le llaman los ocultistas}. Pero, por
todo lo que sabemos y hasta donde podemos determinar los hechos,
la Tierra ha de considerarse como la vasta matriz del Hombre-el-"todo".
La humanidad se esparce por todo el globo. Entender a la Tierra es en­
tender a la humanidad. Como cada ser humano aislado es un represen­
tante de la humanidad, entonces lo primero que tenemos que hacer, an­
tes de que podamos esperar que entenderemos a un hombre en par­
ticular en términos de conexiones y principios universales, es entender
a la Tierra. La Tierra como una Rúbrica. Debemos leer cada letra de los
nombres y entender todos los hechos de la Tierra. Deben llegar a ser
significativos para nosotros. Cómo se mueve la Tierra, sus posiciones,
su velocidad, sus conexiones con todo lo que se mueve alrededor de
ella, su relación con el Sol del que aparentemente provino: todas estas
cosas deberán ser Rúbricas. La astrología tendrá que estar compues­
ta por todos estos hechos significativos de la Tierra. No puede dejar
a la Tierra, pues eso sería dejar el reino de los hechos. Y la astrología
155
sólo se ocupa de hechos, pero hechos que se ven como Rúbricas de
la vida de la Tierra.
Evidentemente, hay muchas clases de hechos. El astrólogo, que
originalmente es un "vidente", podrá ver claramente qué hechos tie­
nen significación de vida, y qué hechos son puramente superficiales.
Además, como la astrología es sólo uno de los muchos sistemas posi­
bles de simbolismo de la vida, sólo puede actuar a través de cierta ca­
tegoría de hechos. Estos hechos son, en primer lugar, los que afectan
a (o son experimentables por) los seres humanos que viven en la su­
perficie del globo. Ningún hecho es susceptible de ser una Rúbrica pa­
ra el hombre, a menos que el hombre pueda experimentarlo y realmen­
te verlo, de modo directo o indirecto. Por ejemplo, Urano y Neptuno no
tendrían valor como Rúbricas hasta que los hombres los vieran. Si hay
planetas además de los que ahora conocemos, no tienen significado
para nosotros, mientras no sean hechos que se experimentan a simple
vista o a través de un telescopio. Nada podrá ser un símbolo, a menos
que se convierta en el objeto de una experiencia significativa.
Entendiendo esto, empezaremos a estudiar la categoría de los he­
chos de la vida terrestre que son los más significativos para la huma­
nidad. Todos estos hechos -como lo son las estaciones, los climas,
etc.- son resultados de los diversos movimientos de la Tierra. Estos
movimientos demostrarán ser el material del que la astrología saca su
simbolismo. Cada movimiento se verá como la Rúbrica de uno de los
principios más fundamentales de la vida y del ser.

El movimiento subjetivo y objetivo

Hemos planteado repetidas veces la proposición de que la astrolo­


gía es el álgebra de la vida. Lo que tal vez no recibió todavía bastante
atención es el hecho de que, esencialmente, la vida es movimiento cí­
clico. En capítulos anteriores hablamos de la trinidad de tiempo, espa­
cio y luz; y bajo el término "luz" incluimos todas las energías que cons­
tituyen esencialmente la "vida". Tanto filosófica como prácticamente,
luz y vida son sinónimos. Debajo de ambas podemos percibir, median­
te un ulterior proceso de abstracción, el elemento del movimiento. El
movimiento, el espacio y el tiempo constituyen una vieja trinidad meta­
física, que es tan fundamental como la podamos concebir. El "ser" es
la síntesis de los tres en total. Pero lo que más particularmente llama­
mos "vida" es simbolizado por el elemento del movimiento. En el sim­
bolismo antiguo, a este movimiento, que es la Vida, se hacía referen­
cia como al "Gran Aliento", la inhalación y la exhalación de Brahma, el
156
Creador. Pero, en nuestro simbolismo astrológico actual, nos ocupa­
mos de otra clase de dualismo del movimiento.
Todos los movimientos necesitan realmente espacio y tiempo. Pe­
ro, hablando filosóficamente, es necesario distinguir entre dos tipos de
movimiento: el movimiento que no implica desplazamiento del centro
del ser, y el movimiento que implica tal desplazamiento. Estos dos tipos
son sencillos de reconocer, cuando se los describe así, como los encon­
tramos ejemplificados muy evidentemente en la conducta de los cuer­
pos celestes. Cada planeta gira alrededor de su eje (primer tipo} y da
vueltas alrededor del Sol (segundo tipo}. Estos dos tipos nos dan un
nuevo dualismo de la dirección de la vida, encajan muy lógicamente
con nuestro dualismo de lo individual y lo colectivo.
El primer tipo de movimiento puede llamarse "movimiento en el
tiempo" o "movimiento subjetivo", pues no crea cambios de ubica­
ción del cuerpo en su conjunto. Es un movimiento dentro de los confi­
nes del yo; por tanto, por extensión, es un movimiento interior o subje­
tivo. Simboliza cambios internos, y lo que Bergson llama tiempo real o
duración: la serie de modificaciones de estados interiores de la cons­
ciencia. Se refiere al ser subjetivo, al individuo.
El segundo tipo de movimiento, por el otro lado, es definidamente
el "movimiento en el espacio" o el "movimiento objetivo", pues pro­
duce el cambio en la ubicación y el desplazamiento del centro del ser.
Es el movimiento visible y tangible a través del espacio. El espacio, co­
mo lo vimos en un capítulo anterior, es un sistema para la interacción
de las relaciones de las partes dentro de un "todo". Es el substratum
de todas las relaciones, de todos los intercambios. A través del movi­
miento en el espacio, a través del desplazamiento real de nuestro pro­
pio centro, uno se relaciona con otros, uno gana experiencias concre­
tas y objetivas de los otros, uno es también consciente de la realidad del
todo colectivo mayor del que uno es sólo una parte.
Por ello, en los principales movimientos de los cuerpos celestes he­
mos ejemplificado nuestro dualismo de lo individual y lo colectivo.
Nuestra "álgebra de la vida" usará estos dos tipos de movimientos co­
mo la base misma de su simbolismo. La rotación axil y la revolución or­
bital serán las dos columnas sobre las que descansará el templo del
simbolismo astrológico: un templo de sencillez dórica, una vez que se
lo comprenda en su totalidad equilibrada y en la lógica de su construc­
ción. La astrología es un estudio del movimiento significativo. Inter­
preta simbólicamente los movimientos de los cuerpos celestes y los re­
laciona con los movimientos de la fuerza de vida dentro de todos los or­
ganismos y todos los ciclos. Estos movimientos de la fuerza de vida son
representados por una serie de estados de consciencia y por una se-
157
rie de acontecimientos orgánicos; por lo que ocurre dentro del individuo,
y por los sucesos que tienen significación en términos de lo colectivo.
La base de este estudio del movimiento significativo es, desde lue­
go, la Tierra; la Tierra no tanto como un objeto material, sino más bien
como el símbolo del Hombre, el intérprete y el simbolizador. La astro­
logía, como la presentamos, es necesariamente "antropocéntrica", o
sea, centrada en torno del Hombre. Es un esfuerzo hecho por el Hom­
bre para reducir el pasmoso laberinto de las apariencias de vida en una
serie compleja de movimientos ordenados y cíclicos. La astrología, en
su aspecto más profundo, es el esfuerzo del Hombre para darle a la Na­
turaleza, tanto dentro como fuera, el significado de orden, de cosmos.
Por supuesto, todas las ciencias trabajan hacia esta meta. Pero la as­
trología, que es muy probable que las anteceda a todas, persigue la me­
ta de un modo más vasto y más estructural que cualquier otro método
de pensamiento, porque no es una mera ciencia, tabuladora de hechos;
sino que también es una filosofía que interpreta estos hechos en térmi­
nos de ideas, y un arte que aplica las interpretaciones a casos individua­
les.
Cada tipo de interpretación creativa debe centrarse en torno del in­
térprete. El individuo es la base de toda interpretación creativa. En la as­
trología, todo se refiere consiguientemente al punto, en tiempo y espa­
cio, del observador, o del nativo. Un mapa natal es el universo visto des­
de el punto, en tiempo y espacio, del acontecimiento natal. El nativo, cu­
yo mapa natal es interpretado, es visto en el centro de su propio uni­
verso. El hecho del nacimiento, de su posición en el espacio y de su mo­
mento en el tiempo, crea un universo alrededor de sí mismo. Cada fac­
tor de interpretación gira en torno de este hecho natal.
Como los hombres viven en la superficie total de la Tierra, y no me­
ramente en un sitio del globo, la Tierra en su conjunto tiene que consi­
derarse el símbolo del Hombre. Los ritmos de los movimientos de la Tie­
rra se usarán para simbolizar los ritmos del ser humano genérico. Por
el otro lado, un hombre Individua! nace en un punto particular de la
superficie de la Tierra; y, por lo tanto, si bien la humanidad genérica no
es afectada por la rotación axil de la Tierra, la personalidad individual
de un hombre particular será determinada en función de esta misma ro­
tación axil. En otras palabras, no hay día ni noche (los resultados de la
rotación axil) para la humanidad en su conjunto, pues siempre es de día
para una mitad de la humanidad y es de noche para la otra mitad. Pe­
ro hay día y noche para un hombre particular que ocupa un lugar par­
ticular en la superficie del globo. Por el otro lado, la relación (los aspec­
tos) de la Tierra con los otros planetas del sistema tiene exactamente
la misma significación para el Hombre colectivo y para cualquier hom-
158
bre individual, salvo que la de la posición del hombre individual en la su­
perficie del globo concentrará estos aspectos en una sección de sus
propios cielos debajo o arriba del horizonte, y más precisamente en lo
que la astrología llama una de las "casas".
Por lo tanto, todos los valores que se ocupan del individuo y sus pro­
blemas de la consciencia como individuo se referirán simbólicamente
a la rotación axil de la Tierra y a los factores astrológicos creados por
aquélla, principalmente el círculo de las casas y sus dos ejes, el verti­
cal y el horizontal. Por otra parte, los valores colectivos que pertenecen
a la conducta del hombre como un ser racial y genérico se referirán a
la revolución orbital anual de la Tierra alrededor del Sol. Esta revolución
orbital es la que altera constantemente la relación de la Tierra con el Sol
y con los planetas. Como estos también dan vueltas alrededor del Sol,
se produce un complejo patrón de movimientos planetarios y de rela­
ciones consiguientes. Con el fin de graficar ese patrón constantemen-
te cambiante se originó la idea del "zodíaco", o, por lo menos, se lo ha
de usar en una astrología reformulada en un nivel abstracto y simbóli­
co. Así, el zodíaco se convierte en una serie de puntos de referencia que
nos permite trazar con exactitud la posición de todos los planetas y del
Sol en relación con el movimiento orbital de la Tierra. Este movi­
miento es el que crea el ciclo anual.

El día y el afio Individuales y colectivos

El significado colectivo del ciclo anual será más evidente si com­


prendemos que, debido a la inclinación del eje de la Tierra (que no es
perpendicular a la órbita de la Tierra), el ángulo de incidencia de los ra­
yos del Sol varía a lo largo del año, causando el cambio de las estacio­
nes. Las estaciones y los climas afectan al ser y a la consciencia colec­
tivos de las razas y grupos humanos. Afectan el crecimiento y el desa­
rrollo de los cuerpos y de todos los elementos fisiológicos, que perte­
necen al reino colectivo.
El ciclo anual es verdaderamente de gran importancia en el desa­
rrollo del individuo; pero lo es principalmente en términos del crecimien­
to o de la descomposición fisiológicos del cuerpo terreno, en términos
de modificaciones periódicas de las fuerzas vitales del cuerpo. A él es­
tán sujetas las energías vegetales y animales del hombre, especial­
mente las primeras, pues las últimas tal vez estén conectadas más fuer­
temente aún con las mareas lunares. El Gran sistema nervioso Simpá­
tico, dominado por el plexo solar, es fuertemente influido por este ritmo
159
anual, que también afecta la afluencia de las energías del "inconscien­
te colectivo" dentro del consciente.
Podría añadirse que, como dice la Biblia, un día del Señor es como
un año humano. Esto significa que el Señor (el colectivo espíritu de la
Raza: Jehová) encuentra su ciclo unitario de personalidad individual en
el año. Para la consciencia colectiva del Hombre-el-"todo", la revolución
orbital de la Tierra alrededor del Sol significa un "día". El "día" es siem­
pre la unidad de la personalidad. El yo del Hombre colectivo actúa a tra­
vés de una unidad básica: el ciclo orbital. El yo de un hombre individual
actúa a través de una unidad básica: el ciclo de rotación axil.

El Gran Ciclo Polar

Además de éstos, hay otro ciclo básico: el ciclo de la precesión de


los equinoccios. Más bien debería llamarse el "Gran Ciclo Polar". Es
creado por un peculiar movimiento giratorio del eje de la Tierra, que pue­
de compararse con el movimiento del trompo de un escolar. Este mo­
vimiento giratorio cambia muy lentamente la dirección del eje polar, y
consiguientemente los puntos en los que el ecuador de la Tierra corta
el plano de la eclíptica (el sendero aparentemente anual del Sol). Por
tanto, por un lado, el Polo Norte apunta sucesivamente hacia una se­
rie de estrellas, describiendo un ciclo completo de unos 25.868 af'ios;
por el otro, el punto vernal (el Equinoccio de Primavera) se mueve ha­
cia atrás entre las constelaciones (de allí el término "precesión de los
equinoccios") a lo largo del círculo de la eclíptica.
Sin embargo, el hecho importante es que el eje polar de la Tierra
apunta a una estrella después de otra. La Estrella Polar cambia: aho­
ra es Polarls en la constelación de la Osa Menor, pero en 5000 af'ios
será Alpha Centaurl. Según los hechos astronómicos-telúricos, los
polos Norte y Sur representan, respectivamente, el ingreso y el egreso
de las energías magnéticas cósmicas. Interpretando esto, la tradición
esotérica se refirió siempre al Polo Norte como las puertas a través de
las cuales la Energía cósmica fluía dentro de la Tierra, y como el sím­
bolo de la Consciencia divina. Es muy probable que en esto se estable­
ció una similitud entre el eje polar de la Tierra y la columna vertebral del
hombre, que es la "vara de poder" a través de la cual la energía del es­
píritu actúa dentro del hombre. El Polo Norte corresponde entonces a
la coronilla, al centro misterioso que, cuando funciona plenamente en
160
los hombres perfeccionados, está rodeada con una especie de halo,
que, en su mejor expresión, no difiere de las auroras boreales.
Decir que esta "vara de poder" de la Tierra altera su dirección es de­
cir que la cualidad de la energía cósmica recibida por la Tierra cambia
cíclicamente, siguiendo el movimiento giratorio del eje de la Tierra. Per­
tenece, pues, a nuestra primera categoría del "movimiento en el tiem­
po" o del "movimiento subjetivo". Pero el "sujeto" aquí abarcado es el
Individuo cuyo centro físico es uno solo con el centro de la Tierra, lo que
equivale a decir, el gran "Todo" planetario del que ya hablamos. El eje
polar, al menos simbólicamente, es el "YO SOY" de este gran "Todo"
planetario. Al desplazarse, cambia su relación con los astros con los
que parece conectarse. En otras palabras, la personalidad misma del
"Todo" planetario se modifica, se armoniza con los diferentes tonos cós­
micos. Estos cambios de la personalidad planetaria constituyen la re­
alidad de lo que llamamos la "Era de Piscis", la "Era de Acuario", etc.,
por inferencia de la precesión de los equinoccios: un efecto secunda­
rio, no una causa.
Por lo tanto, el "día" es el ciclo unitario del hombre individual, habi­
tante de la superficie de este globo que debe girar para tener todos sus
puntos iluminados diariamente por el Sol en su cenit (salvo las regiones
polares). El "año" es el ciclo unitario del Hombre colectivo, un conjun­
to de seres dispersos todos alrededor de la superficie del globo. El
"Gran Ciclo Polar" es el ciclo unitario del Individuo planetario, cuyo cen­
tro es uno solo con el centro de la Tierra. 1
Con este último ciclo nos ocupamos de lo que podría llamarse lo
cósmicamente Creativo. Cada "Era", como la Era de Piscis, empieza
con una puesta en circulación de energías creativas cósmicas que se
convierten en los materiales colectivizados que los hombres usarán pa­
ra la construcción de las civilizaciones. Es considerando esto que po-

1 La siguiente es una clara enunciación científica de las causas de la precesión (y del


giro polar):
"Esta peculiar conducta del ecuador de la Tierra (precesión) se debe a la gravitación
del Sol y la Luna sobre el protuberante cinturón o zona ecuatorial de la Tierra, combinada
con la fuerza centrifuga en el ecuador de la Tierra. Como el ecuador está en una inclina­
ción hacia la eclíptica, esta atracción tiende, en su conjunto, a atraer su protuberante ani­
llo hacia el plano de la eclíptica misma. Pero el giro de la Tierra sobre su eje impide esto,
y el efecto resultante es un movimiento muy lento de precesión en ángulos rectos en direc­
ción a la fuerza de atracción, parecido al ejemplificado por el hecho de agregar un peque­
ño peso al anillo exterior de un giróscopo. Tres causas contribuyen a producir la precesión:
si la Tierra fuera una esfera perfecta, o si su ecuador estuviera en el mismo plano con su
trayectoria alrededor del Sol (y con la órbita lunar), o si la Tierra no tuviera rotación sobre
su eje, no habría precesión."
A New Astronomy, por David P. Todd.
161
demos comprender mejor los dos modos en que actúa este giro del eje
de la Tierra. Cambiar la Estrella Polar es cambiar la dirección del eje pro­
piamente dicho, lo cual es una cosa. Otra cosa es cambiar la ubicación
zodiacal de los equinoccios. Lo primero se refiere al eje polar, al eje de
la integración espiritual; lo último se refiere al ecuador, al círculo o al cin­
turón de la vitalización fisiológica. Este dualismo del eje polar y del
ecuador es importantísimo, y ahora lo estudiaremos.
Estos dos factores por lo común no se separan claramente, y esto
puede explicar mucha confusión relativa al comienzo de la "Era de
Acuario". Puede ser que el eje polar en su movimiento ya se haya co­
nectado con la "nueva estrella" (iO sea lo que fuere!) que simboliza el
Impulso creativo espiritual de la nueva era. Empero, el Sol tal vez to­
davía no llegó, por el movimiento precesional de los equinoccios, a la
constelación de Acuario, la cual se referiría a la vltallzaclón y a la ma­
nifestación fisiológicas del creativo impulso de la nueva era. En otras
palabras, si bien el impulso espiritualmente creativo ya está sobre no­
sotros, tal vez tome un poco más de tiempo antes de que entren plena­
mente en actividad las fuerzas vitales que construyen las estructuras
externas de la nueva era.
Por una razón peculiar (pero enteramente representativa del desa­
rrollo de la humanidad actual) recalcamos plenamente el aspecto de la
manifestación fisiológica, el que se ocupa de la relación del ecuador con
la eclíptica, y olvidamos el aspecto creativo espiritual que se ocupa del
movimiento del eje polar. Lo que deberíamos estudiar y lo que la futu­
ra astrología oculta estudiará, es el círculo descrito por los polos duran­
te el período de 25.868 años: nuestro "Gran Ciclo Polar".

Los centros del movimiento

En lo precedente tratamos brevemente los tres tipos fundamenta­


les del movimiento de la Tierra. Deberá aclararse un punto más impor­
tante, y es el de que todos los movimientos cíclicos (los únicos consi­
derados en el simbolismo de la vida) deberán obtener su significado del
sentido atribuido al centro de tales movimientos. La rotación diaria de
la Tierra tiene al eje polar de la Tierra como su "centro". La revolución
anual de la Tierra se centra en torno del Sol. 2 En cuanto al movimien-

1iti
2 La órbita de la Tierra es ellptica. Por tanto. el Sol es sólo uno de los dos focos de la
elipse. Podrlamos atribuir un significado simbólioo al otro foco, aunque allí no se encuentre
ente flsico alguno. Pero esto sería demasiado abstracto para nuestra actual oonsideración.

162
to giratorio del eje de la Tierra, realmente se centra en torno del polo de
la eclíptica;lo cual equivale a decir que es el exactamente perpendicu­
lar al plano de la órbita terrestre: una abstracción, pero significativa.
La línea abstracta que conecta a los dos polos de la Tierra es el eje
de rotación de nuestro planeta. Por ello, a este eje se lo ha de conside­
rar como el "centro" del ciclo de rotación diaria. Como ya lo menciona­
mos, este eje polar simboliza la línea de energía del planeta, tal como
la columna vertebral humana representa la línea de energía del ser hu­
mano. Esta "energía" es la energía para ser un yo individual, un "yo".
El eje polar es la línea de manifestación del YO SOY del planeta, con­
siderado como un ser cósmico. A través de esta línea fluye la energía
para ser un yo individual. En un sentido general, se refiere al sistema
nervioso cerebro-espinal. Por tanto, el movimiento cíclico del globo te­
rráqueo en torno de este eje debe referirse al desarrollo cíclico de la
personalidad individual de todos los seres que viven en la superficie te­
rrestre, o dentro del globo terrestre, y susceptibles de ser "individuos".
Esto es necesario que sea así debido al principio mismo de la "lógica
holística" -la lógica del simbolismo- que consideramos en nuestro
capítulo sobre "La astrología frente al pensamiento moderno".
En el simbolismo astrológico, esta rotación axil de la Tierra se gra­
fica por medio del círculo o la rueda de las casas. Las doce casas son
doce fases de este movimiento diario de la Tierra. Como dijimos que tal
movimiento debe considerarse como "movimiento subjetivo" o "movi­
miento en el tiempo", se desprende que el círculo de las casas deben
entenderse más específicamente como el cuadrante de un reloj. Este
"cuadrante de las casas" refiérese, por tanto, más particularmente, a un
desarrollo secuencial: al desarrollo de la personalidad individual del
hombre a lo largo de su vida.
Debemos tener presente que, hablando filosóficamente, lo que ha­
ce que esta rotación diaria sea necesaria es el hecho de que la Tierra
es un vasto globo de sustancia sólida y opaca. Como los hombres vi­
ven en la superficie de este globo, encuentran su percepción conscien­
te del universo (y de la vida general) restringida a una mitad de su to­
talidad. La Tierra sólida cierra a sus ojos la mitad del mundo del ser. Es­
te hecho se intepreta de inmediato, simbólicamente, como la necesi­
dad, para el hombre físico normal, de experimentar alternadamente un
período de manifestación y un período de no-manifestación. En térmi­
nos de vida diaria, esto significa consciencia vigil y sueño.
Debido a que la Tierra tapa al yo del hombre la mitad del universo,
la Tierra tiene que rotar a fin de aportar a cada criatura que viva en su
superficie, cada día, una visión total del mundo. Por ello, en el momen­
to del nacimiento, la rueda del horóscopo representará una proyección
163
de este hecho básico de la consciencia. La mitad inferior de la rueda se
referirá a lo que está debajo de la superficie de la Tierra, y la parte su­
perior a lo que está arriba. El eje horizontal del mapa es entonces, re­
almente, el horizonte, que divide al mundo de lo viviente en dos reinos:
el visible y el invisible; y, por extensión, el objetivo y el subjetivo, el ex­
terior y el interior.
Esta línea horizontal del mapa natal representa, pues, el hecho de
una división necesaria de la consciencia en dos reinos, para cualquier
individuo que viva en la superficie de la Tierra. Pero también hay algo
que hay que tomar en consideración. La personalidad y la consciencia
individuales dependen, para su existencia misma, de la vida y de la luz.
Es cierto que el universo está lleno de estrellas cuyos rayos penetran
en la Tierra. Pero, a menos que una de estas estrellas sea un centro
concentrado de vida y luz para la Tierra -a menos que sea un Sol-,
no podría haber sobre la Tierra una personalidad o una consciencia in­
dividuales.
Por ello, debe estar en claro que, si bien el horizonte y la línea ho­
rizontal en el mapa son expresiones del dualismo de la consciencia, de­
be haber un punto que se referirá al hecho de la concentración de la vi­
da y la luz a través del Sol; pues la vida y la luz son el sustento nece­
sario de la consciencia. Este punto es, evidentemente, el punto cenital.
Si la Tierra rota alrededor de su eje, esto (desde el punto de vista an­
tropocéntrico) es no sólo así para que cada día el hombre pueda ser
consciente del "todo" del universo sino también para que, cada medio­
día, pueda energetizarse mediante la afluencia directa de la vida y la luz
solares. Como la Tierra rota, el mediodía llega a cada punto del globo,
que de esta manera se vitaliza e ilumina.
Desde este punto de vista, uno podría decir que lo que está implí­
cito en el hecho de la rotación axil es la imposibilidad, para cualquier to­
do, de tener todas sus partes energetizadas a un mismo tiempo por la
fuerza de vida. Por tanto, hay necesidad de sucesión o de tiempo. Una
ilustración podría concretar más esto. A la sangre le lleva tiempo circu­
lar a lo largo del cuerpo, vitalizando todas las funciones fisiológicas y
sus órganos. Tal analogía entre el ciclo de la circulación sanguínea y la
rotación axil de la Tierra no ha de tomarse demasiado literalmente, pe­
ro tiene gran significación, pues así como por medio de la circulación
sanguínea la fuerza de la vida se distribuye a todas las partes del or­
ganismo total, de igual modo por medio de la rotación axil la fuerza de
vida que emana del Sol (símbolo del "corazón") se distribuye cada día
sobre toda la Tierra.
Luego captaremos la plena significación de esta expresión "se dis­
tribuye", pero por ahora sólo deseamos establecer el significado bási-
164
co de los dos ejes del círculo de las casas: el horizontal, que represen­
ta al dualismo de la consciencia (lo subjetivo y lo objetivo, el yo y los
otros), y el vertical, cuyo ápice significa el punto cenital, el punto del sus­
tento solar; asimismo, el punto en el que el individuo particular se en­
cuentra en la más plena conexión posible con las vitalizadoras fuerzas
del ser universal simbolizado por el Sol.
En el horizonte, el hombre se ve como un ser puramente particu­
lar; pero cuando se relaciona con el Sol, absorbe vida y se convierte en
un partícipe del ser universal. El horizonte {y especialmente el horizon­
te oriental: el Ascendente del mapa natal) define, limita y particulariza.
El meridiano o cenit {el Medio Cielo del mapa natal) vitaliza, colectivi­
za y universaliza.
Esto nos lleva al estudio del segundo movimiento de la Tierra, a su
revolución anual alrededor del Sol. Este movimiento es el que da naci­
miento a lo que se llama el zodíaco. Como cada movimiento cíclico asu­
me la significación del centro alrededor del cual ocurre, se verá que el
zodíaco tiene el mismo significado fundamental que el Sol, tal como el
círculo de las casas tiene el mismo significado fundamental que el eje
polar de la Tierra. La significación del Sol puede formularse de diferen­
tes modos, según el nivel de interpretación. Sin embargo, ha de basar­
se en estos hechos esenciales: es la fuente de vida y luz para el hom­
bre; es el padre-madre del sistema solar en su conjunto, cuyo centro él
ocupa.
En el primer caso, el Sol representa a la fuerza de la vida. Es la ener­
gía vitalizadora e integradora que totaliza al hombre, en cada plano del
ser; que hace que todo fructifique y lleva a todo organismo vivo a un pun­
to de realización creadora. En el segundo caso, el Sol representa la
fuerza que mantiene junto al sistema solar íntegro. Todas las relaciones
interplanetarias se tornan, pues, orgánicas y significativas en función
del Sol; tal como, de otro modo, las relaciones mutuas entre hermanos
y hermanas son esencialmente significativas en función de su origen
común: la madre y el padre. También podríamos decir que, así como el
complejo patrón de interrelación que vincula a todas las glándulas y to­
dos los órganos del cuerpo se torna significativo en función de la co­
rriente sanguínea, de igual modo el complejo patrón de relaciones pla­
netarias se vuelve significativo en función de la circulación de la fuer­
za solar, y por referencia al Sol, centro del sistema y señor de la fuer­
za de gravedad.
Por tanto, el zodíaco nos da, en primer lugar, un cuadro del desen­
volvimiento cíclico de la fuerza de la vida, en la naturaleza y en el hom­
bre; luego, también nos suministra un antecedente para el desarrollo
165
del complejo patrón de relaciones interplanetarias o intrasistémicas. En
el primer caso, representa el flujo y el reflujo de la fuerza vital universal
a lo largo del ciclo anual. En el segundo caso, constituye un sistema de
coordinadas que nos permite formular, a cada momento, la configura­
ción de todos los elementos del sistema solar... pero siempre, por su­
puesto, desde el punto de vista del Intérprete, del hombre que está
en esta nerra: cuestión ésta cuya importancia capital se revelará en el
próximo capítulo.
En tiempos primitivos, como ya lo vimos en nuestro capítulo prime­
ro, el zodíaco era simplemente una especie de calendario agrícola tra­
zado solemnemente por Sacerdotes-Iniciados por orden del rey o del
emperador, graficando los cambios de estación. El movimiento aparen­
te del Sol se graficaba cotejándolo con el patrón permanente de refe­
rencia provisto por las constelaciones. Como la calidad y la intensidad
de los rayos solares cambiaban a lo largo del año, y parecía que estos
cambios correspondían a las sucesivas conjunciones del Sol con las
estrellas o los grupos de estrellas, los astrólogos probablemente llega­
ron a creer que las estrellas le hacían algo al Sol que lo hacía alterar
la calidad y la intensidad de sus rayos. Por eso, cuando el sol "entraba"
en una constelación del zodíaco, sus energías asumían algo de la na­
turaleza de la constelación. Al Sol se lo llegó a ver como una lente a tra­
vés de la cual se concentraba la energía misteriosa de las constelacio­
nes. Describíanse, pues, doce grandes tipos de energías cósmicas, y
la fuerza vital solar participaba de las características de cada una de és­
tas sucesivamente, un mes tras otro.
Sin embargo, para la mentalidad moderna está claro que la fuerza
solar misma no cambia debido a la "influencia" de las constelaciones
que, en sí mismas, son meras configuraciones visuales que vinculan a
estrellas cuyas distancias y características son a menudo tan variadas
como para excluir cualquier posibilidad de que exista una significación
grupal de la constelación como tal. El zodíaco es sólo un dibujo sim­
bólico para definir y medir el desarrollo cíclico de la fuerza de la vida
cuando ésta fluye desde el Sol hacia la nerra a lo largo del ciclo de la
revolución orbital. Lo que ayuda a graficarlo son las modificaciones cí­
clicas de la relación del Sol con la nerra (o sea, de lo particular con lo
universal, de lo individual con lo colectivo). La si gnificación del zodía­
co es la significación del movimiento orbital. Como ya dijimos, el movi­
miento orbital, en el sistema solar, representa el tipo de movimiento que
exige desplazamiento dei centro; el movimiento objetivo, el movimien­
to que implica cambio de relación en el espacio. Es el movimiento de las
partes dentro de un "todo" orgánico. Cada "todo" está compuesto por
partes que se mueven en relación recíproca y, en los sistemas muy per-
166
fectos (como los sistemas solares y los átomos), en órbitas alrededor
de un centro común.
El movimiento orbital es, pues, el movimiento rítmico de relación,
mientras la rotación axil representa el ciclo de autodesarrollo. El desa­
rrollo de la relación exige desplazamiento del centro. Pero el desarro­
llo de la personalidad individual exige per se un proceso, digamos, de
meditación o introspección. Hace un rato, comparamos la rotación axil
de laTierra con el ciclo de la circulación sanguínea. La circulación de la
sangre no implica desplazamiento en el espacio del organismo huma­
no en su conjunto. Pero todas las actividades de un hombre cuando pa­
sa su vida en su pueblo natal implican desplazamiento en el espacio,
porque se refieren a la ejecución de sus relaciones con sus semejan­
tes. Estas relaciones hacen que se desplace, acuda a su oficina, a su
club, a casa de sus padres, etc.; y todos estos desplazamientos podrí­
an graficarse en el trasfondo más o menos permanente de las calles y
los edificios de la ciudad.
De modo parecido, la revolución de la Tierra alrededor del Sol pue­
de decirse que es motivada por la necesidad de llevar a cabo variadas
relaciones entre la Tierra y el Sol, y la Tierra y otros planetas. Tal revo­
lución puede graficarse en el trasfondo más o menos permanente de las
estrellas fijas, representadas como constelaciones (¡los bloques de ciu­
dades y calles del universo!). Cuando un astrólogo dice que el Sol es­
tá en Aries, quiere decir que la relación del Sol con la Tierra puede ubi­
carse en referencia a ciertos puntos de los cielos. Esta ubicación da a
la relación características conocidas con más o menos exactitud; como,
por ejemplo, el hecho de que dos comerciantes se encuentren en su ofi­
cina define su contacto en función de transacciones comerciales, mien­
tras que si ese contacto ocurriera en un salón de baile, tendría otro sig­
nificado.
Por tanto, las estrellas son puntos de referencia que al astrólogo le
permiten graficar la curva de la cambiante relación del Sol con la Tie­
rra, y de todas las relaciones planetarias. En el caso de la relación del
Sol con la Tierra, las estaciones podrían servir para definir las fases de
la relación; pero la posición del Sol en relación con las estrellas es un
modo mucho más preciso de determinación, siempre que se tenga en
cuenta el fenómeno de la precesión de los equinoccios. Este fenóme­
no muestra que no sólo los hombres se desplazan dentro de la ciudad,
sino que la ciudad misma altera su topografía: por ejemplo, un distrito
residencial se convierte en centro comercial, los barrios bajos dan pa­
so a los barrios residenciales, o viceversa.

167
Evidentemente, esta ilustración dista de ser perfecta; pero si no se
la toma demasiado literalmente, pone de manifiesto algo de los valores
relativos de los tres tipos de movimiento terrestre que hemos estudia­
do. Sin embargo, para completar esta parte de nuestra obra, nos que­
da por indicar la naturaleza y el significado del "centro" del movimien­
to giratorio del eje terrestre: la causa del "Gran Ciclo Polar", o ciclo de
la precesión de los equinoccios.
Todo lo que será necesario decir es que el eje de la Tierra gira al­
rededor del eje Ideal de la Tierra: la línea de los polos de la eclíptica,
o sea, una perpendicular al plano de la órbita terrestre. Los ejes de los
planetas se inclinan en el plano de su órbita, y todos deben girar más
o menos como lo hacen los ejes de la Tierra. Cuando nos ocupamos de
los ejes de los planetas, tratamos sobre algo que es de polaridad opues­
ta al Sol. El Sol es el centro colectivo del sistema. Hace que todos los
planetas se relacionen juntos. Y la energía del Sol se siente especial­
mente en el Ecuador. El plano del Ecuador es el plano de la acción má­
xima del Sol; por tanto, el plano a lo largo del cual las integradoras fuer­
zas del Sol penetran en la Tierra. Representa la intensidad máxima de
las energías colectivas de la vida. En el hombre, se refiere al sistema
del Gran Simpático dominado por el plexo solar, el centro de los instin­
tos raciales, y, en gran medida, de las emociones.
Por otra parte, el eje polar representa las energías muy individua­
les de la vida planetaria. El plano ecuatorial y el eje polar simbolizan,
pues, opuestos. Tal vez la razón significativa de porqué el plano ecua­
torial de la narra no coincide con el plano de la órbita {eclíptica) de la
Tierra sea a fin de que la energía colectiva del Sol no sea excesivamen­
te concentrada y excesivamente fuerte. Pero como resultado de esto,
el eje polar deja de ser perpendicular al plano de la órbita, y, por tanto,
{en un sentido filosófico) debe girar. Debe dirigirse sucesivamente ha­
cia varias estrellas; y puede ser que, al hacerlo, las individualizadoras
fuerzas cósmicas conectadas con el eje polar se fortalezcan y sean más
capaces de equilibrar la tracción colectiva del Sol. 3

3 El ángulo formado por el plano del ecuador de la Tierra y el plano de la eclíptica no


es constante. Varia en unos 2 1/2 grados límites, y el ciclo de las variaciones parece abar­
car aproximadamente 40.000 años. Por supuesto, esto también significa un cambio en la
inclinación del eje terrestre; lo cual también modifica el círculo trazado por el giro de dicho
eje. Hay aún otros movimientos cíclicos de la Tierra y cambios cíclicos de la órbita terres­
tre. La excentricidad y la posición de las líneas de los ápsides de esta última son suscep­
tibles de variaciones cíclicas de unos 250.000 y 21.000 años, respectivamente. Todos es­
tos movimientos lentos se refieren al Ser planetario en conjunto y al desarrollo progresi­
vo del Hombre como un reino de la vida.
168
La tracción del Sol es respecto de la Tierra como la tracción de la
consciencia sanguínea y del yo racial respecto del individuo que inten­
ta funcionar como tal. Es como el amor de madre que ata, y que a me­
nudo desbarata el desarrollo de los factores individuales en los hijos.
Por eso, la Tierra tal vez oriente su eje de individualización hacia las es­
trellas, como el individuo joven se orienta hacia los maestros más allá
del círculo de su familia y su hogar. Luego, como ya no existe la única
y dominante tracción de la madre, sobrevienen, en sucesión, varios ma­
estros e inspiradores quienes, uno por vez, despiertan una cualidad o
una fase particulares de la personalidad individual. Y este puede ser el
significado, en función del desarrollo del "Hombre-el-Todo", del "Gran
Ciclo Polar". El giro polar no implica desplazamiento del centro de la Tie­
rra. Es, pues, un movimiento subjetivo, pero "subjetivo" en un sentido
planetario.
Antes de dejar esta fase fascinante de la astrología, deseamos, sin
embargo, considerar brevemente el problema de la división de este Ci­
clo Polar. Aquí tenemos un ciclo completo del movimiento del eje terres­
tre, y se suscita esta pregunta: ¿Pensaremos en él como si estuviese
dividido en dos secciones, como si fuera una especie de "zodíaco po­
lar" (o sea, creativo espiritual)? Con toda probabilidad, no debe dividir­
se así.
Lo más probable es que deba dividirse en siete o setenta secciones.
La razón concreta de semejante fragmentación es que existe una divi­
sión natural del curso de los polos, debido a lo cual se llama "nutación".
La nutación es una oscilación o vibración pequeña y periódica de los po­
los Norte y Sur de la Tierra, cuando se desplazan alrededor de los po­
los de la eclíptica. Esto se debe a los cambios periódicos de posición
de la Luna, que alteran levemente la dirección de la atracción de la Lu­
na sobre la protuberancia ecuatorial de la Tierra. Estos cambios perió­
dicos corresponden a los de los nodos de la Luna, que completan un ci­
clo en un promedio de 18,6 años. Por tanto, hay cerca de 1400 oscila­
ciones polares debidas a la nutación dentro de cada Gran Ciclo Polar.
El círculo del movimiento polar no es una simple curva sino un movi­
miento ondeado. Como hay un promedio de cerca de 1.400 de tales on­
das, este hecho tal vez nos ayude a establecer una segmentación na­
tural del círculo del movimiento polar.
Catorce es dos veces siete, y los ocultistas se refieren reiterada­
mente a los siete Rayos o fases de la manifestación cósmica; asimis­
mo, a las siete Razas, subrazas, razas-familias, y ciclos planetarios si­
milares. Parece entonces lógico proponer una división del Gran Ciclo
Polar en siete períodos (y tal vez setenta subperíodos) para que sirvan
169
de antecedente de tales ciclos septenarios, que se refieren a la diferen­
ciación creativa de tipos o cualidades planetarios y genéricos.
Por tanto, al Gran Ciclo Polar lo dividiríamos en siete períodos de
cerca de 3.700 años cada uno. Cada uno de estos períodos abarcaría
200 nutaciones y 200 ciclos completos de los nodos de la Luna. Sin em­
bargo, hay también otra opción, que está sugerida en La Doctrina Se­
creta, de H.P. Blavatsky, y que se refiere a la Cábala. En El Libro de
los Misterios Ocultos (Slphra Dlzenloutha), que es la base de la
Cábala, leemos lo siguiente (sección V):
"31. El árbol que es mitigado reside dentro. En sus ramas los pájaros (al­
mas y ángeles) se albergan y construyen sus nidos. Debajo de él, los ani­
males que tienen poder (personalldades humanas) buscan la sombra."
"32. Este es el árbol que tiene dos senderos para el mismo fin. Y alrededor
tiene siete columnas (o palacios) y los cuatro esplendores giran alrededor
de él en sus cuatro lados."
"33. La serpiente que se abalanza con 370 saltos. 'El salta sobre las mon­
tanas y se abalanza sobre las colinas', como está escrito (en la Biblia). El
sujeta su cola en su boca, entre los dientes. El está atravesado en cada la­
do."
Blavatsky comenta la última estrofa diciendo que:
"Cuando se menciona a la cósmica 'serpiente que corre con 370 saltos',
eso significa los períodos cíclicos del gran Ano Tropical de 25.868 anos, di­
vididos en el cálculo esotérico en 370 períodos o ciclos, como un ano so­
lar se divide en 365 días."
La Doctrina Secreta, 11, pág. 531 (vers. ingl) 31 ed.

El "árbol", al que se hizo referencia antes, es el eje de la Tierra­


al menos, según un nivel de interpretación- sus ramas son corrientes
de magnetismo planetario que, podríamos decir, constituyen, en con­
junto, el "cuerpo vital" o el "aura" del planeta. Las •7 columnas o pala­
cios" se referirían a las siete mansiones del Polo, o sea, a las siete di­
visiones del gran ciclo polar de giro. Los "cuatro esplendores" podrí­
an referirse a las cuatro estrellas más brillantes del curso cíclico (Po­
laris y Vega; Alpha Cephei y Alpha Draconis). El Polo Norte
apuntaba y apuntará hacia estas estrellas, aproximadamente, alrede­
dor del 2700 a. C. (Alpha Draconis), 2100 d. C. (Polarls), 7500 d. C.
(Alpha Cephei), y 13.000 d. c. (Vega).
En cuanto a la "serpiente", se refiere a la gran onda planetaria de vi­
da, a la energía ascendente y descendente que atraviesa la "columna
vertebral planetaria", el "Yo soy" planetario: el eje terrestre. Podría lla­
marse la "kundalini planetaria". Es difícil decir si la Cábala trata de
170
transmitir la idea de que el ciclo total del movimiento polar (que natural­
mente controlaría al movimiento serpentino de la kundalini) ha de di­
vidirse en 370 períodos de unos 70 años cada uno (como lo sugiere Bla­
vatsky), o que cada una de las siete "columnas o palacios" ha de divi­
dirse en 370 períodos de 1O años cada uno. A la mente se le ocurren
varias posibilidades de división, pero de algún modo los números 7 (ó
70) y 370 (ó 3.700) parecen ser los básicos.
Sin embargo, queda el punto importante: que el curso del polo, de­
bido al movimiento secundario de nutación, es realmente un curso ser­
pentino � que da vueltas con su "cola en su boca" (o aproxima­
damente así, pues el polo nunca regresa exactamente al mismo sitio de
la esfera celeste, tan completo es realmente el movimiento). Parecería
entonces lógico tener un número exacto de las curvas más pequeñas,
al menos en cada gran división del ciclo total, lo cual daría, como resul­
tado, siete grandes eras, cada una dividida en 370 períodos de diez
años; o mejor aún, 70 y 700 subperíodos de 370 y 37 años cada uno,
respectivamente. Esta división en 7, 70 y 700 períodos puede ser la cla­
ve planetaria del "Misterio de las 777 encarnaciones" a la que se refie­
re Blavatsky; y también Alice Bailey en su Tratado sobre el Fuego
Cósmlco. 4
Sin embargo, queda el gran problema de cómo elegir un comienzo
para el Gran Ciclo Polar. Dos posibilidades nos parecen particularmen­
te atractivas. La primera es empezar el ciclo cuando el eje polar de la
Tierra llega exactamente a señalar a la Estrella Polar actual, Polaris en
la constelación de la Osa Menor, que debe tener lugar entre el 2000 y
el 2100 d. C. La segunda es empezar el ciclo cuando el eje polar seña­
le tan cerca como sea posible a la gran estrella Vega, en la constelación
de Lira.

·
I
4 En un libro curioso y célebre, Un Habitante de dos Planetas, supuestamente es­
crito bajo el dictado de un ente invisible llamado Phylos el Tibetano (alrededor de 1886), se
-�;.
-::.- reproduce un diagrama (pág. 382 de esa obra en su versión en inglés, A Dweller on Two
•¡� • Planets) que pretende ser una imagen simbólica del "Santo Lugar" en el que uno llega a es-
tar frente a frente con el Cristo vivo (el YO SOY perfeccionado). Esto sería simbólicamente
el "Polo Norte", la "Tierra Imperecedera" de cada ser humano. La figura representa un am­
plio circulo en el que aparecen 7 estrellas de siete puntas, mientras a cada lado de este círcu­
lo se ve una hilera de estrellas más pequeñas que describen un curso el cual representa o
al menos sugiere el curso de nutación del Polo Norte. Cortando el circulo diametralmente
hay una vara de poder cuya inclinación es casi exactamente la inclinación del polo de la
eclíptica. Dentro del circulo hay cuatro grandes símbolos (un Ojo, una Estrella, una Hoja y
{ un Libro). En las dos páginas del libro abierto se dan 10 palabras claves (Orden, Justicia,
Verdad, Misericordia, Sabiduría; Belleza, Amor, Fraternidad, Poder, Uso). La imagen toda
es típicamente cabalística y muy sugestiva.
171
La primera solución se recomienda por dos motivos: 1) la Estrella
Polar es probablemente la estrella más brillante exactamente en el
círculo descrito por la prolongación del eje de la Tierra; y 2) creemos que
siempre llegan a aceptarse ideas hacia la época en la que está ocu­
rriendo un punto crucial en la ejecución de aquello a lo que la idea se
refiere. En otras palabras, la inminencia de un suceso concita su ade­
cuada interpretación.
La segunda solución es atractiva por cuanto Vega siempre fue con­
siderada una estrella de especial signficado, y posiblemente esté cer­
ca del punto hacia el cual el sistema solar en su conjunto se está mo­
viendo.
Sin embargo, el hecho significativo es que el arco cubierto por el mo­
vimiento del Polo Norte entre Vega y la Estrella Polar es alrededor de
cuatro veces 51º 43', es decir, el espacio entre 4 puntos de una estre­
lla de siete puntas, que representa un intervalo de unos 14.800 años (4
x 3.700). Podríamos anotar las siguientes fechas y correspondencias,
no como un cómputo definitivo sino como una sugerencia para un es­
tudio ulterior:
1. Polaris -Estrella Polar- 23.800 a. C.
2. Cefeo -constelación polar- 20.100 a. C.
3. Atta del Cisne -Estrella Polar- 16.400 a. C.
4. Vega -Estrella Polar- 12.700 a. C.
5. Hércules ---<;onstelación polar- 9.000 a. C.
6. Dragón ---<;onstelación polar- 5.300 a. C.
7. Dragón ---<;onstelación polar- 1.600 a. C.
luego, nuevamente Polaris -Estrella Polar- 2.100 d. C.

Sin embargo, nunca deberíamos olvidar que estas fechas son, a lo


más, aproximadas, y que los otros movimientos polares (como el ciclo
de variaciones en la inclinación del eje de la Tierra) introducen altera­
ciones rítmicas. También puede ser que luego de un par de miles de
años de observaciones científicas y precisas podamos descubrir facto­
res actualmente inesperados. Por ejemplo, si un electrón parece saltar
de una órbita a otra cuando da vueltas alrededor del núcleo del átomo,
según la ley quántica, ¿por qué un planeta no podría tener repentinos
cambios de órbita, súbitas variaciones de ritmo, que podrían obedecer
a leyes todavía no descubiertas? H.P. Blavatsky se refiere a eso en una
de sus cartas dirigidas a Sinnett, cuando observa que las duraciones de
las vidas de los Patriarcas de la Biblia simbolizaban las duraciones del
año, pues cambiaban en vastos períodos temporales. Según esto, la
Tierra se movería regularmente más cerca del Sol, y, por ello, la dura-
172
ción del año disminuiría. Esto puede explicar los enormes períodos
dados a la historia del planeta en las crónicas brahmánicas.
Sin embargo, lo importante, simbólica y filosóficamente, es para no­
sotros pensar en este movimiento polar como la manifestación esencial
del factor creativo en astrología, tal como pensamos en el eje axil co­
mo una expresión del factor individual, y en la revolución orbital como
una expresión del factor colectivo. Pero con el término "creativo" nos re­
ferimos aquí a una creatividad cósmica, al cíclico efluvio de arquetipos
e ideas primordiales que marcan el comienzo de todos los nuevos ci­
clos planetarios. Luego veremos que hay otro factor astrológico que
también significa lo "creativo" pero en un sentido más personal. Este
factor es el "Grado del zodíaco", el producto de una combinación y una
integración de la rotación axil (individual) y de la revolución orbital (co­
lectiva).
Lo creativo es siempre el resultado de una síntesis y una integración
de elementos. Por ello, el giro del eje terrestre es la síntesis de varios
factores que involucran, por un lado, la tracción gravitacional del Sol y
de la Luna sobre el cinturón ecuatorial de la Tierra ( siendo la gravitación
la fuerza responsable de la revolución orbital y, por tanto, estando re­
lacionada con lo colectivo), y por el otro, la rotación axil de la Tierra (ver
nota 1, página 161 ).

173
V
CLASIFICACION DE LOS PUNTOS DE VISTA ASTROLOGICOS

Tres tipos de astrología


El estudio precedente de los tres tipos básicos de movimiento pla­
netario y de sus significados correspondientes en función de simbolis­
mo astrológico nos permitirán poner orden en una situación confusa
que perturba las mentes de la mayoría de los que estudian astrología.
La razón de esta confusión es el hecho de que la astrología se halla en
un punto crítico; que se efectúa un intento generalizado para reformur­
larla en función de valores aceptables para la mente moderna; y que en
tal intento no se ha establecido una línea demarcatoria entre puntos de
vista normalmente conflictivos.
Cada fase de la vida y cada tipo de conocimiento puede entorcar­
se, por lo menos, desde tres direcciones básicas, recalcando, respec­
tivamente la actitud individual, la colectiva y la creativa: esta última es,
a su vez, susceptible de una interpretación doble, por lo menos. Cada
una de estas actitudes, correspondiente a tipos humanos claros (en lo
psicológico y en lo fisiológico), hace hincapié sobre su propio punto de
vista particular, y se olvida de los demás, o les niega validez. En espe­
cial, cuando entramos en la esfera de tipos heterodoxos de conocimien­
to, como lo es la astrología, y, podríamos decir en general, como el ocul­
tismo o la filosofía esotérica, los puntos de vista conflictivos parecerán
aún más irreductibles, porque hay menos experiencia común y eviden­
cia común para transformar las ideas en hechos, y las hipótesis en le­
yes. Por tanto, es particularmente necesario si ha de evitarse el caos,
tener que recurrir a algún género de clasificación de los puntos de vis­
ta que dé cabida a todo el mundo y, de algún modo, relacione a todos
los esfuerzos individuales o grupales en función de un patrón omniabar­
cante, inherente a la naturaleza de las cosas estudiadas.
175
El conocimiento de que la astrología se ocupa esencialmente de los
movimientos de los cuerpos celestes nos ayudará a hacer que seme­
jante clasificación evolucione. Si reconocemos tres tipos básicos de
movimiento planetario, entonces podemos extender de tal modo sus
respectivos significados, como para poder caracterizar, en función de
tales movimientos, tres enfoques esenciales de la astrología. Un tipo de
astrología funcionará primordialmente en términos de movimiento axil,
y recalcará el factor individual en un hombre (astrología natal) o en una
situación (astrología horaria). Otro tipo recalcará cada elemento conec­
tado con la revolución orbital, con el Sol y la eclíptica, y recalcará el fac­
tor colectivo en la conducta del hombre y en la influencia que determi­
na esta conducta. Otro tipo, a su vez -todavía muy poco desarrolla­
do- será de carácter más oculto y se ocupará de vastos factores pla­
netarios, de la influencia cósmica (espiritual y creativa) de las estrellas
y las Jerarquías Divinas, o de símbolos percibidos ocultamente que re­
velen el significado creativo de cada factor astrológico.
Cada tipo debe hacer evolucionar, normal y lógicamente, su propia
técnica de interpretación, su procedimiento en la aplicación de princi­
pios generales a casos particulares, sus tablas de datos; y naturalmen­
te recalcaría sus propios factores básicos, incluso al punto de no reco­
nocer prácticamente significado alguno a los factores especiales que
son estrictamente los productos de énfasis de otros tipos. En tal enfo­
que no hay nada que esté absolutamente equivocado. No obstante, al­
guien debe tener bastante conocimiento filosófico y una visión bastan­
te amplia como para captar la situación total, y como para expresar, pa­
ra beneficio de todos, el correspondiente significado de los diversos
métodos, técnicas y énfasis o exclusiones de índole teórica.
No podemos esperar que lograremos este resultado de una mane­
ra completa y plenamente satisfactoria, tal como en nuestro desdicha­
damente breve estudio de los antecedentes históricos de la astrología
(capítulo 1) no pudimos producir un cuadro adecuado del crecimiento y
de la evolución de la astrología en el pasado. Al mismo tiempo, espe­
ramos poder transmitir, en lo que sigue, una idea fragmentaria pero am­
plia de las características más fundamentales de las ramas de la astro­
logía de la actualidad, que parecen coherentes, fructíferas y válidas.

1. La astrología de lo Individual

Esto incluye especialmente a la astrología del ser humano indivi­


dual (astrología natal) y a la astrología de la situación individual (astro­
logía horaria).
176
En un sentido, este es el tipo más amplio, al menos potencialmen­
te. Como "astrología horaria", puede aplicarse a cualquier tipo de situa­
ción, y como "astrología natal" puede referirse al "nacimiento" de cual­
quier ente, atómico, humano o cósmico. Pero, más específicamente, lo
que significamos con "astrología de lo individual" es un tipo de enfoque
que recalca características individuales y su interpretación individual.
Recalcará valores que se relacionan con el movimiento axil de laTierra.
La "astrología horaria" es el tipo de práctica astrológica en la que el
astrólogo juzga los elementos de una situación particular, su desarro­
llo probable en el futuro cercano y, por tanto es capaz de aconsejar a
su cliente sobre cuál es la mejor solución de algún problema implícito
en la situación entre manos. Significa levantar un horóscopo para la ho­
ra en que la situación es puesta en consideración del astrólogo. El ma­
pa se interpreta primordialmente desde el punto de vista de las "casas"
(productos de la rotación axil de la Tierra), y de su regente planetario,
y principalmente según una técnica individual. Es importantísimo el fac­
tor de la interpretación individual. La astrología horaria, para que sea
válida, depende enteramente de la "ecuación personal" del astrólogo.
Es el tipo de astrología más estrictamente individualista, aunque obe­
dezca más bien a rigurosas normas interpretativas.
La "astrología natal", en el sentido más estricto del término, se re­
fiere a momentos natales individuales. Como requisito previo, exige
precisión absoluta en el conocimiento del momento del "primer aliento",
el momento en el que el ser humano llega al estado de individuo o, al
menos, de existencia independiente. Semejante precisión absoluta es
necesaria para establecer, más allá de toda duda, el sistema de las ca­
sas, el sistema mismo de la personalidad Individual y del destino
único del nativo. Desde luego, es cierto que se usan factores colecti­
vos, derivados de la posición del Sol, de los planetas, de los signos zo­
diacales, etc., pero incluso aquéllos se relacionan específicamente con
el desarrollo de una situación individual: la vida del nativo. Además, la
astrología natal presupone, en gran medida, un conocimiento del am­
biente colectivo y de la naturaleza del individuo estudiado (tal como la
astrología horaria presupone una "cuestión" que establezca la situa­
ción genérica en consideración), pues sin semejante conocimiento, el
astrólogo no tiene modo de decir si el mapa natal se refiere a un hom­
bre o a un animal, a una criatura de los bajos fondos o a un aristócra­
ta muy culto. Por lo tanto, sin un conocimiento general de la especie, la
raza y la clase del nativo, la astrología natal sólo podrá ser muy vaga,
y no cumple su función, que es la de poner en libertad y acrecentar
el significado de un destino Individual y de una personalidad úni­
ca, mejorando su Individualidad y su unicidad.
177
Tal astrología natal verdadera se basa, por tanto, esencialmente, en
el conocimiento psicológico. Se ocupa de la interpretación subjetiva de
los hechos objetivos. Es un sistema de creativa interpretación de la vi­
da y de simbolismo creativo aplicado a una personalidad individual. Te­
óricamente, recalca factores derivados de la rotación de la Tierra alre­
dedor del eje polar, tal como estudia a un ser humano como un comple­
jo de atributos y tendencias centrados más o menos adecuadamente al­
rededor de un eje individual, el "Yo soy", o el ego, la columna vertebral
y el sistema cerebro-espinal de este ser humano.
Este tipo de astrología es el que estudiaremos especialmente en el
resto de este libro.

2. La astrología de lo colectivo

Esta es, hablando en general, "astrología mundana" o "natural", el


tipo que se asociaba con el nacimiento de la culturización humana. Dio
nacimiento a un Calendario Agrícola, basado en un estudio de las mo­
dificaciones de la energía vital, especialmente de las influencias del Sol
y de la Luna. Luego se convirtió en el símbolo de una Ley ética y espi­
ritual. Como astrología "natural", se refiere a cambios de estaciones, de
clima y de tiempo meteorológico; como astrología "mundana", se ocu­
pa del surgimiento y de la caída de reinos y naciones, y de la determi­
nación de vastas influencias que modelan el carácter de grupos y co­
lectividades.
En una evaluación de tal tipo de astrología se destacan dos puntos:
1) se ocupa de influencias reales, de rayos y corrientes magnéticas que
se dice que emanan del Sol, de las estrellas y de los planetas, y que pro­
ducen cambios en todos los seres terrestres. Estos cambios son, al
principio, fisiológicos, pero reaccionan de inmediato sobre la psiquis,
principalmente sobre las emociones; 2) su enfoque es, pues, esencial­
mente objetivo, lo cual lo sujeta a un tratamiento "científico". Es decir,
en gran medida es experimental. Se desarrolla por medio de juicios es­
tadísticos, y puede controlarse mediante tests objetivos y mediciones.
Su modalidad operativa no es esencialmente diferente de la de las cien­
cias que se ocupan de fuerzas telúricas, terremotos, tiempo meteoro­
lógico y todos los cambios más o menos cíclicos de condiciones que
afectan a todas las especies biológicas de la Tierra. Se ocupa de la dis­
posición anímica colectiva de hombres y naciones, como otras ciencias
se ocupan del crecimiento secular de árboles, rocas y continentes. Se
ocupa de colectividades humanas, o de cambios psicológicos humanos
en lo colectivo.
178
Como ya lo mencionamos, la manifestación más definida de seme­
jante astrología se ve en la obra de T. O. McGrath, en sus estudios de
los ciclos del comercio en correspondencia con los ciclos de manchas
solares (11,2 años), con el ciclo de nodos de la Luna (18,6 años), y con
otros dos ciclos de 40 meses y de 56 años, respectivamente. A su tra­
bajo no lo llama "astrología", porque se ocupa de las posiciones helio­
céntricas de los planetas, que en gran medida se ven como "dispara­
dores" de la actividad solar y porque, en general, el enfoque es pura­
mente estadístico y concreto. El Sol, las estrellas y los planetas son ima­
nes enormes; sus movimientos ponen en libertad fuerzas eléctricas. El
sistema solar en conjunto, y los alrededores de cada planeta en parti­
cular, se ven como campos magnéticos vastos, de acción recíproca. La
ciencia toda es la de "electrodinámica cósmica".
Edward Johndro, ingeniero radioeléctrico, fue tal vez el primero en
desarrollar este enfoque hasta un punto de gran complejidad. No aban­
dona enteramente el campo de la astrología natal. Pero, aunque se
ocupa de horóscopos individuales, recalca evidentemente, de modo
casi exclusivo el juego de los factores colectivos y concretos dentro del
individuo. Por ejemplo, a la ubicación geográfica -al lugar en el que la
persona reside- se la considera de suprema importancia; al hombre
se lo ve casi completamente como producto de un ambiente, como una
mera unidad en un vasto sistema de relaciones planetarias y celestes,
como un particular ejemplo del género horno sapiens. Otro cabalista
y astrólogo, Paul Counsil, sigue la misma línea de enfoque; y muchos
otros que trabajan en ese campo la están desarrollando con firmeza.
Sin embargo, se especializan en problemas mundanos: en la deter­
minación de terremotos, en los "mapas natales" de ciudades y nacio­
nes, y en todos los asuntos que afectan a colectividades humanas. Ha­
bitualmente, están muy orgullosos de ser "científicos" o "matemáticos",
aunque, concretamente, no son "matemáticos" en el sentido más pro­
fundo del término sino más bien exponentes de un extendido sistema
de electrodinámica, que considera la impulsión y la tracción de los pla­
netas entre sí como muy reales y concretos, aunque más bien se las ex­
prese en función de energías eléctricas que como fuerza de gravedad
newtoniana. No se ocupan de "símbolos", como el muy reciente tipo de
físicos atómicos está acostumbrado a hacerlo -sino de las "fuerzas vi­
tales" que emanan de las estrellas y del Sol.
En tal tipo de astrología, el Sol ocupa normalmente una posición
destacadísima como fuente de la energía vital de todo el sistema. En la
mayoría de los casos, el enfoque es lógicamente heliocéntrico. En pri­
mer lugar, se estudia a las emanaciones,solares; y los planetas actúan,
en gran medida, como reflectores o estimulantes de las decargas so-
179
lares. En la antigua astrología tolemaica, al Sol se lo veía como el pun­
to focal del zodíaco, como una banda de los cielos que se extendía so­
bre 23 grados a cado lado de la eclíptica. El zodíaco era el reino del Sol.
Todos los planetas parecían moverse dentro de las fronteras de aquél.
Proyectado en el globo terrestre, estaba el cinturón ecuatorial, también
el reino del Sol. Por tanto, mientras la "astrología de lo individual" se re­
fiere más especialmente al eje polar, la "astrología de lo colectivo" se
ocupa primordialmente de las fuerzas ecuatoriales. En el hombre, es­
tas fuerzas son las que actúan a través del sistema del Gran Simpáti­
co y, principalmente, del plexo solar (y otros centros). En el yoga hin­
dú, estos centros son los "lotos" o chakras. Pero, han de diferenciar­
se dos sistemas: el sistema que se ocupa de estos "lotos" que son fo­
cos de consciencia y ser colectivos; y el sistema que se ocupa de los
centros existentes en la columna vertebral. Dentro de la cabeza, tam­
bién puede encontrarse claramente un tercer sistema de "centros", lo
cual, a su vez, nos da nuestros tres términos básicos: colectivo, Indi­
vidual y creativo.
En el nuevo tipo de "astrología de lo colectivo" el problema es más
complejo. El Sol es aún más el punto focal del estudio; pero ha de usar­
se evidentemente un zodíaco planetario y un zodíaco solar a fin de que
los asuntos sean lógicos y coherentes, definiendo, respectivamente, el
campo magnético de la Tierra que envuelve a ésta, y el del Sol, que
abarca a todo el sistema solar. No obstante, la astrología tolemaica to­
davía domina a la astrología actual común, y es evidente que debe ha­
cerlo por consideraciones prácticas lo mismo que por el nivel en el que
los seres humanos viven todavía en su mayoría; en un nivel fisiológico,
ecuatorial y colectivo. En primer lugar, para una interpretación astroló­
gica rápida y profesionalmente barata, es evidente que no puede ofre­
cerse nada más que "lecturas de los signos solares"; lecturas del ple­
xo solar, emocionales-vitales y ecuatoriales que se ocupan de doce ti­
pos básicos de Instintos raciales y de concentraciones colectivas
de la energía. Luego, poquísimas personas conocen su momento
exacto de nacimiento, lo cual hace que sea imposible una lectura exac­
ta en función de factores de rotación axil (Casas, Ascendente, Partes,
etc.). Por ello, queda en la duda el factor estrictamente individual; muy
a menudo, es una mera posibilidad, y sólo se lo puede ver en términos
del "patrón de circunstancias predestinadas". La astrología colectiva­
ecuatorial es la única que se adecua a personas que viven una vida pu­
ramente colectiva.
La vida colectiva, en nuestra era de desintegración racial y cultural,
significa corrientemente una vida caótica y agitada, bajo el ritmo frené­
tico y la conducta propia de las ciudades. Pero en la antigüedad signi-
180
ficaba el crecimiento terrestre armónico, un crecimiento que no difería
del de plantas y árboles. El gran hombre era flor y nata de su tribu o su
raza, era una expresión colectiva llevada al punto de la perfección es­
tructural. Era un hombre perfecto en cuanto manifestaba perfectamen­
te las cualidades de su colectividad racial. Cuando manifestaba eso, se
lo veía como la concentración consciente de una colectividad superior:
la colectividad de los antepasados perfeccionados, en un sentido; una
vasta Jerarquía Celestial, en un sentido más remoto aún (pero también
"ancestral"). Tal hombre se convirtió en un Mediador entre el cielo y la
Tierra. Lo cual nos conduce a un tercer tipo de enfoque de la astrología.

3. La astrología oculta
A la astrología oculta no se la debe considerar enteramente inde­
pendiente de los dos tipos anteriores, tal como nunca podremos con­
siderar a lo creativo independientemente de lo individual y lo colectivo.
Hemos visto que el giro de los Polos es determinado por una combina­
ción de factores: principalmente, por la rotación del planeta alrededor
de su eje y la atracción gravitacional del Sol (y la Luna) sobre el protu­
berante cinturón ecuatorial (cuya protuberancia es nuevamente el re­
sultado de la rotación axil y de las fuerzas centrífugas que genera). De
modo parecido, el enfoque oculto de la astrología -iO a este respec­
to, el enfoque oculto de cualquier cosa!-es determinado por la calidad
del enfoque de lo individual, y por el nivel de los instintos colectivos (vi­
talidad heredada) que el invididuo concentra.
En la antigüedad, la consciencia de los hombres se centraba esen­
cialmente en el nivel fisiológico. Entonces, la inteligencia era instinto or­
gánico que se volvía consciente, y que luego se abstraía progresiva­
mente de condiciones particulares y se dotaba de significado universal.
Este proceso era lo que realmente se significaba con la Iniciación. Co­
mo resultado de la Iniciación, el hombre podía proyectar su conscien­
cia y sus instintos universalizados sobre la esfera celestial: el Cuerpo
de Dios (el Macrocosmos y el Macroprosopus de la Cábala). Pero tam­
bién podía recibir al Cuerpo de Dios dentro de su propio organismo te­
rreno. En otras palabras, lo universal se volvía particular, tal como lo
particular se había convertido en universal. Y también se creía cierto lo
contrario: porque lo universal (Dios y las Jerarquías Celestiales de los
Constructores) se había proyectado sobre la Tierra, y de esta Tierra ha­
bía evolucionado una criatura hecha a semejanza del mundo arquetí­
pico celestial y de sus Jerarquías, a semejanza del mismo Dios; un mi­
crocosmos, sin embargo en potencialidad, no en concretez, hasta que
181
siguiendo el primer proceso mencionado de iniciación, la potencial "se­
majanza de Dios" fue energetizada por la voluntad creativa del "Yo soy";
latente en cada hombre, y apareció como un hecho espiritual real: el de­
nominado cuerpo de Cristo.
Explicar plenamente este doble proceso exigiría todo un tomo, lo
cual de hecho significaría muy poco hasta que el proceso mismo hubie­
ra sido experimentado; pero lo principal que hay que captar abarca: 1)
una concentración estructural de lo universal como un prototipo la­
tente dentro del cuerpo terrestre del hombre; y 2) una expansión de la
consciencia desde la particular consciencia del ego, dentro de una
consciencia universal orgánica. Estos dos procesos pueden llamarse
Involución y Evolución. Involución significa aquí la construcción, por
parte de las Jerarquías Celestiales, de un prototipo "astral" dentro del
hombre terreno, como forma potencial de la divinidad del hombre. Por
el otro lado, la evolución se refiere a la expansión y a la universalización
de la consciencia del hombre, a través de los esfuerzos de su propio "Yo
soy" individual, hasta que este "Yo soy", habiendo asimilado la energía
de todas las "virtudes" o Rayos divinos, se autoidentifica con un ava­
tar de Dios y es un avatar de Dios.
La astrología oculta (¡cuando se la entiende apropiadamente!) es­
clarece mucho lo que, en estos dos procesos, es confuso e intrincado.
El proceso lnvolutlvo se refiere al reino ecuatorial y al zodíaco; el
proceso evolutivo, al eje polar y sus movimientos. Hasta aquí, prác­
ticamente no se mencionó en ninguna parte a los factores astrológicos
implícitos en este proceso evolutivo oculto. Todo lo que se mencionó fue
el cambio de nivel Instintivo de la humanidad, que coincide con la en­
trada del Sol, por la precesión de los equinoccios, en las constelacio­
nes zodiacales. Sin embargo, esta es sólo una mitad de la historia, más
bien una consecuencia que una causa. Repitamos otra vez que la cau­
sa de la precesión de los equinoccios es el giro del eje polar.
En el sistema tolemaico, el zodíaco es un cinturón de fuego crea­
tivo que rodea a la Tierra, el disco solar concentra este fuego sobre
nuestro planeta: el Sol es una mera lente a través de la cual el "Todo"
zodiacal concentra su energía dodécupla sobre la Tierra. Las Jerarquí­
as zodiacales son jerarquías de los Constructores: de los Cosmocre­
atores, como se los llama. Juntas constituyen la Energía Formativa
Cósmica (Mahat, en sánscrito). En música, son simbolizadas por el Ci­
clo de los 12 Quintos, que rige sobre la secuencia de las "tonalidades",
el ciclo de los 12 "lyus" que constituyen la base de la música china. Son
la serie de los Grandes Antepasados, de los Patriarcas de la Biblia y de
la cosmogonía hindú, las Doce Puertas de la "Ciudad Santa" dentro del
"cuerpo de Cristo" del hombre, etc. Se refieren al sistema del Gran Sim-
182
pático y sus "lotos" (dos Jerarquías para cada "loto", lo mismo que dos
signos zodiacales regidos por cada planeta, siendo Sol-Luna, simbóli­
camente, un solo planeta). Muy particularmente se refieren al plexo so­
lar y al diafragma: al cinturón ecuatorial que las pasiones "tropicales",
arriba (el corazón) y abajo (el sexo), centralizan. En y a través del zo­
díaco, la sustancia terrestre se convierte en Hombre. Pero a lo largo del
curso del eje polar, el "árbol" del "Yo soy", el Hombre, se polariza a su
vez en los siete grandes Rayos del Lagos o Dios. Se identifica con los
siete Rayos y los siete Avatares del Cristo Cósmico (o Vishnú), y se
convierte en el octavo, Krishna, el Cristo humano, el Dios Vivo, lsh­
vara-en-el-cuerpo.
Por tanto, mientras las Jerarquías zodiacales son, en simbología
cósmica, los Constructores de los cuerpos o vehículos humanos (repre­
sentados alegóricamente en la Biblia por el "Tabernáculo en el Desier­
to" y por el "Templo de Salomón") 1, las Estrellas de la Morada Eterna
(Polo Norte) simbolizan a los Maestros Espirituales y Avatares quienes,
uno por uno, según el principio del Trueque de los Rayos, despier­
tan y energetizan al "Yo soy" del Hombre. Son ellos quienes personifi­
can a las grandes energías ocultas del Dragón de la Sabiduría (la cons­
telación Dragón) cuya cabeza apunta hacia Vega, cuya cola separa la
Osa Mayor de la Osa Menor, y cuya parte delantera del cuerpo se cur­
va en torno del polo de la eclíptica: el Gran Vacío. Este es el "Palacio
Central" de la cosmogonía china, Tlen-kl, cuyo color es el púrpura.
En este tema de los Rayos, que los esoteristas han maltratado tan­
to, permítasenos hacer una cita de La Doctrina Secreta, en la que,
evidentemente, esa enseñanza apareció por primera vez en su moder­
na forma teosófica:
"Dice la ensel'lanza oculta que la estrella bajo la cual un Ente humano na­
ce seguirá siendo eternamente su estrella, a lo largo de todo el ciclo de sus
encamaciones en un Manvantara. Pero esta no es su estrella as­
trológica. Esta última concierne y está conectada con la personalidad;
la primera, con la INDIVIDUALIDAD. El 'Angel' de esa Estrella, o el Dhya­
nl-Buddha, será el 'Angel' que guía, o simplemente el 'Angel' que preside,
por así decirlo, todo nuevo renacimiento de la mónada, que es pane de
su propia esencia, aunque su vehículo, el hombre, siga ignorando eter­
namente este hecho. Cada uno de los adeptos tiene su Dhyanl-Buddha,
su 'alma gemela' mayor, y la conoce, llamándola 'Padre-Alma' y 'Padre-

1 1 Ver Tratado sobre el Fuego Cósmico, de Alice A. Bailey, págs. 934 y en otras par­
tes (versión en inglés).
183
Fuego'. Sin embargo, es sólo en la iniciación última y suprema que los
adeptos la aprenden cuando se ubican cara a cara con la 'Imagen' brillan­
te... Hay siete grandes grupos principales de tales Dhayan Chohans, los
cuales grupos se hallarán y reconocerán en cada religión, pues son los SIE­
TE Rayos prístinos ... De allí los siete planetas principales, las esferas de
los siete espíritus residentes, bajo cada uno de los cuales nace uno de los
(siete) grupos humanos que es guiado e influido por ellos."
La Doctrina Secreta, Tomo 1, pág. 572, Primera Edición, versión ingl.

Los siete "Rlshls de la Osa Mayor" también se relacionan a menu­


do con los siete Rayos cósmicos y los siete Planetas "sagrados"; pero
es digno de notar que la constelación de la Osa Mayor está fuera del
círculo descrito por el Polo Norte. La simbología de estas constelacio­
nes, alrededor y parcialmente dentro de este círculo, es en sí misma un
tema fascinante de estudio. De todas, Dragón es presumiblemente la
más sagrada y misteriosa. El cuerpo del Dragón corta el círculo del gi­
ro polar alrededor del sitio en el que el Polo Norte estaba en el 3.102 a.
C., el comienzo del gran ciclo de Kall Yuga, en la cosmogonía hindú.
Por ello, tal vez haya que considerar esto, si no como el comienzo de
todo el ciclo polar, al menos como el de una de sus principales divisio­
nes.
En el Tratado sobre el Fuego Cósmico, escrito por Alice Bailey,
mucho es lo que se divulga sobre el enfoque oculto de la astrología. Sin
embargo, al tema no se lo estudia en su conjunto, y sólo se dan suge­
rencias algo confusas sobre constelaciones y estrellas como la Osa
Mayor, Sirio, las Pléyades, etc. Confiamos en que lo anteriormente di­
cho arroje alguna luz sobre un campo del simbolismo, prácticamente no
abordado todavía.
Empero, debe añadirse una cosa. Para el ocultista, estas constela­
ciones y estrellas aparentemente no son símbolos sino las manifesta­
ciones de Seres cósmicos, que influyen sobre nuestro planeta y sobre
la humanidad. Por tanto, en esto la astrología oculta está vinculada con
la astrología mundana y vitalista, que se ocupa de la fuerza de la vida,
de los Rayos cósmicos y solares, y cosas parecidas. Al mismo tiempo,
el Tratado sobre el Fuego Cósmico se basa enteramente en la Ley de
Correspondencias, como todas las obras ocultistas incluidas la Cába­
la y La Doctrina Secreta. i Pero, usar la Ley de Correspondencias es
otro modo de usar el simbolismo! Si hay una "Correspondencia" entre
macrocosmos y microcosmos, entre el cabello del hombre y el cabello
del Gran Hombre de los Cielos (como en la Cábala), entonces a uno o
al otro de los "correspondientes" objetos se lo puede considerar como
un "símbolo" del otro; o puede decirse que ambos son igualmente sim-
184
bélicos de una realidad puramente subjetiva e informulable. En conse­
cuencia, la "astrología oculta", real y especialmente para todos los es­
tudiosos con inclinaciones filosóficas, es un sistema de simbolismo cós­
mico que vincula las naturalezas ecuatorial y polar del Hombre con zo­
nas conexas de los cielos alrededor de la Tierra.
Otra forma de astrología oculta, esta vez simbólica de manera dra­
mática o activa, es la que produjo series de imágenes simbólicas, una
para cada grado del zodíaco. En un capítulo posterior, estudiaremos ex­
tensamente esta fase de la astrología. Baste decir aquí que aquélla si­
gue las pisadas del VI Klng y de todo el esoterismo chino y tibetano; y
antes de éstos, de lo que a menudo se expresa como la Revelación
Prístina de la humanidad. Ya hemos considerado este asunto en el ca­
pítulo sobre el "Proceso Cíclico" cuando hablamos de las Imágenes Pri­
mordiales y de los Arquetipos. Todas estas son manifestaciones de lo
Creativo cósmico, como lo es la astrología oculta, pues todo el Cielo
mismo es sólo una de las Imágenes Primordiales primeras y más po­
tentes. Y puede considerársela como la Creación del Individuo Unico a
quien algunos llaman el Gran Arquitecto del Universo, y otros adoran
como Dios.

Los elementos básicos de la "astrología armónica"


Luego de considerar la base "lógica" del simbolismo astrológico, y
de aislar los tres grandes enfoques de la interpretación astrológica; los
tres tipos básicos de astrología, estudiaremos ahora este simbolismo
astrológico en relación con la '"astrología del individuo". Más particular­
mente, cómo los elementos de la astrología aceptados universalmen­
te -como las casas, los signos zodiacales y los planetas- se los ha
de interpretar en un tipo de astrología que hace hincapié sobre los va­
lores psicológicos. A tal tipo de astrología la hemos llamado a menudo
Astrología Armónica porque suministra una base para la armoniza­
ción y la integración de la psiquis humana. Al mapa natal lo considera
como la cuerda vital del ser y del destino Individuales que él sim­
boliza; y también podríamos decir: como el Nombre verdadero de es­
te ser individual. Comprende que los seres humanos, en su mayoría,
sólo viven en partes de sí mismos, y llevan vidas fragmentarias, incom­
pletas y tristemente incumplidas. La totalidad que ellos esencialmente
son, como Individuos completos, está allí: potencial, arquetípica, pero
expresada o manifestada sólo en pequeñas porciones. Esta totalidad
es la verdadera cuerda de su personalidad individual; pero sólo suenan
por vez unas pocas notas de la cuerda, algunas nunca vibran y, en su
total desempeño vital, no hay intensidad o plenitud.
185
Ayudar al hombre a que cumpla la totalidad de su ser, y a que cum­
pla con el motivo total de su Destino: tal es la finalidad de la Astrología
Armónica. El mapa natal es la clave de la totalidad de un individuo y de
su manifestación externa: su Destino. Es la orquestación de la sinfonía
que un hombre vivo es. Es el patrón arquetípico, la fórmula simbólica,
la Rúbrica del ser total. Es el mapa del edificio que es su personalidad
perfeccionada; y también contiene el cronograma según el cual las di­
versas fases de la construcción seguirán en ordenada secuencia: lo
que llamamos el Destino del hombre.
La astrología no es meramente el estudio de un sistema interesan­
te de simbolismo; ni es esencialmente adivinación para satisfacer la cu­
riosidad personal. Es estudio práctico con una finalidad muy definida,
aunque habitualmente no se la entienda. Una finalidad vital. Al menos
potencialmente, es la base de una nueva técnica de vida, de un nuevo
principio de conducta (o, podríamos decir, de un nuevo yoga), ya más
o menos implícito en la técnica de la psicología analítica (la técnica de
Jung) y sugerido en un capítulo anterior cuando estudiamos el dualis­
mo de los ideales caracterizados por los términos ético y estético.
Entonces, cuando asumimos semejante actitud hacia la astrología,
tenemos que reducirnos, en gran medida, al dominio de los valores psi­
cológicos. Es cierto que no podemos separar realmente a la psiquis del
cuerpo. La fisiología y la psicología están estrechamente interrelacio­
nadas. Los antiguos conocían este hecho, pero la correlación la elabo­
raban en función de cuerpos más sutiles (vitales y astrales, principal­
mente). La ciencia moderna tiende a aceptar la idea del "campo mag­
nético" y de las "emanaciones magnéticas" que, cuando se los traba­
ja plenamente, es probable que cumplan exactamente la misma fun­
ción -una función de correlación- como la que dio valor a los concep­
tos arcaicos u "ocultos".
Sin embargo, en la actualidad, y considerando la dificultad práctica
que existe en aplicar la astrología a la fisiología y la medicina, parece
mucho más sabio concentrar la interpretación astrológica en el nivel
psicológico, indicando meramente la posibilidad de correlaciones psi­
co-orgánicas, cuando éstas parezcan particularmente evidentes y de
máxima influencia sobre el desarrollo psicológico.
Por tanto, al ser humano lo encaramos a través de su mapa natal
principalmente como un ente psicológico. Es un ser particular y único.
No hay otro ser exactamente como él. Empero, también advertimos
que este ser único es un compuesto de elementos que no sólo se ha­
llan en él, sino en una multitud de otros seres, especialmente los que
colectivamente constituyen su ambiente espacio-temporal, o sea, sus
entornos y sus antepasados. Este ser único es una cuerda particular,
186
o una combinación particular de elementos colectivos. Por tanto, lo que
es individual es el sistema estructural dentro del cual los elementos
colectivos se organizan más o menos adecuadamente. Es la forma del
yo. La sustancia, por el otro lado, es de naturaleza colectiva. El cuerpo
del hombre está compuesto por moléculas que son partes del vasto de­
pósito de esta Tierra. De modo parecido, a la psiquis del hombre pue­
de vérsela como compuesta por elementos psíquicos -¿podemos lla­
marlos psicones?- que son partes del vasto reservorio formado por
el inconsciente colectivo de la humanidad en su conjunto o por grupos
definidos dentro de la humanidad (razas, tribus, naciones, familias, igle­
sias, etc.)
En el último capítulo vimos que las casas del mapa natal, y todos
los elementos que se originaron en la rotación axil de la Tierra, se re­
fieren al factor individual existente en el hombre, a la estructura de su
personalidad individual. Por el otro lado, los signos del zodíaco, y to­
dos los elementos que se originaron en la revolución orbital de la Tie­
rra, se refieren al factor colectivo, a la sustancia de su ser. Ahora aña­
diremos que los planetas se refieren a las energías que son generadas
por la relación constantemente cambiante de factores colectivos a fac­
tores individuales.
El zodíaco es el dominio del Sol y de sus planetas. Es el símbolo ge­
neral de las relaciones vitales, que pueden expresarse como fuerza de
gravedad. Este es el símbolo de la relación, de las atracciones y recha­
zos entre miembros de un grupo. Es un factor que pertenece simbóli­
camente a la categoría de "ecuatorial", pues, como ya vimos, los térmi­
nos ecuatorial, orbital y solar se refieren al mismo factor básico: lo co­
lectivo. El zodíaco es, pues, verdaderamente un trasfondo y una expre­
sión de los diversos movimientos orbitales de los planetas. Es un mo­
do conveniente de pautar y registrar las complejas interrelaciones en­
tre planetas y Sol, y planetas y planetas.
Por tanto, en términos de sus posiciones zodiacales, los planetas
son puntos focales de energías colectivas. Por otro lado, representan
en términos de sus posiciones de casas (o sea, por referencia al hori­
zonte y al meridiano) centros de actividades dentro de la estructura in­
dividual del ser (y del destino) íntegros. Por tanto, como pueden inter­
pretarse según dos conjuntos básicos de referencia (signos y casas),
representan los centros de fuerzas y de actividad, cuyo carácter, inten­
sidad y modo de accionar son determinados por el equilibrio constan­
temente cambiante de lo colectivo a lo individual: o sea, la personalidad.
Por ejemplo, Júpiter en Aries se refiere a un tipo determinado de
energetización y activación del tipo de sustancia orgánica y función or­
gánica representadas por el signo zodiacal Aries. Júpiter en la séptima
187
casa se refiere al hecho de que cuanto en la consciencia y en el des­
tino del individuo sea simbolizado por la séptima casa será afectado por
un tipo jupiteriano de actividad. Como la séptima casa se refiere a las
relaciones y sensaciones, éstas funcionarán según un ritmo jupiteria­
no expansivo; y el nativo tendrá socios y compañeros que expandirán
su punto de vista y su esfera de acción.
Lo que hoy día llamamos "personalidad" es una síntesis de pautas
de conducta. Es la suma total de todos los movimientos externos y emo­
ciones del ser humano: el ritmo total de sus actividades vitales, desde
el modo en que camina y contrae sus labios, hasta su conducta en el
campo de batalla o en la ejecución de un concierto. Es un complejo de
actividades. Sin actividad no podría haber "personalidad". Y la conduc­
ta en la personalidad es evidentemente una combinación de influencias
heredadas y ambientales que actúan dentro de una estructura abstrac­
ta de la personalidad: el factor individual. De modo parecido, los plane­
tas se caracterizan, en cuanto a su naturaleza, por sus posiciones zo­
diacales, y funcionan de modos particulares según sus posiciones en
la estructura de las casas. La suma total de los planetas incluidos el Sol
y la Luna -el patrón planetario, como nosotros lo llamamos- repre­
senta, pues, a la personalidad en conjunto.
Probablemente, el lector inferirá de lo precedente que el patrón pla­
netario representa, en consecuencia, nuestro tercer término básico: lo
creativo. Así es, pero sólo potencialmente. Representa, en primer lugar,
la actividad. Pero la actividad no es menester que tenga el significado
de creatividad. Todo el mundo está activo, ¿pero, cuántos son creati­
vos? La creatividad es la actividad significativa de una personali­
dad relativamente "Individuada". Ha de hacerse hincapié sobre el
elemento del significado; y como ahora veremos, este elemento ha de
ser revelado por los símbolos de los grados que son energetizados y
puestos de manifiesto por la actividad de los planetas allí ubicados. Sin
embargo, no es menester que el planeta ponga de manifiesto -y muy
a menudo no lo hace- el significado simbólico del grado, en cuyo ca­
so el tipo de actividad representado por el planeta no es creativo. La
personalidad humana no alcanzó el punto de individuación siquiera re­
lativa, y el individuo todavía no tiene la fuerza como para dar a su vida
y a su destino un significado creativo. 2

2 Ya no mencionamos el giro de los polos y los factores asociados con aquello, pues
füW
f{·!.Ifi se refieren a lo Creativo planetario y a los cambios genéricos que afectan al Hombre-en-
_ ,
.,.. el-"todo", no a una personalidad particular.
188
SEGUNDA PARTE

VI
EL CUADRANTE DE LAS CASAS

Para comenzar, tal vez convenga tratar de aclarar una cuestión


que ha dejado perplejos a los estudiosos de la astrología. Si observa­
mos un mapa natal corriente, en su etapa más sencilla (pág.203), ha­
llamos una rueda dividida por doce rayos en doce secciones, geomé­
tricamente iguales, de 30 grados de arco. Luego vemos que, en la cir­
cunsferencia, donde los rayos terminan, están escritos signos y gra­
dos del zodíaco -que dan la longitud de estos rayos- o sea, su po­
sición eclíptica o zodiacal.Entonces, la cuestión es ésta:¿Qué ha de
considerarse exactamente como una casa?
Dijimos que las casas se referían a los factores individuales, pe­
ro, cada mapa tiene estas mismas doce divisiones angulares, la mis­
ma estructura evidente. Tal vez el astrólogo considere que esta cues­
tión es de escaso significado; pero tiene un aspecto filosófico que
ahonda el significado del término: "individuo". Dicho brevemente, to­
dos los seres humanos son como variaciones sobre un solo tema: EL
HOMBRE. La estructura generica de todos los individuos humanos
es fundamentalmente la misma. Esto es lo que está implícito en el he­
cho de que, aunque la estructura de las casas es el símbolo de la per­
sonalidad individual, esta estructura es geométricamente la misma
para todos los individuos. Lo que da una relativa unicidad a un indivi­
duo es el modo con que esta estructura dodécupla se correlaciona con
el zodíaco. Y esta correlación es indicada por los grados y los signos
del zodíaco, escritos al comienzo (o en la cúspide) de cada casa. La
inclinación del eje terrestre sobre el plano de la órbita de la Tierra in­
troduce mayores variaciones según la latitud del lugar de nacimiento.
Como resultado, habitualmente más o menos de 30 grados del zodí­
aco están inscritos dentro de cada casa.
Aun así, evidentemente hay una limitada cantidad de posibilida­
des, y, por lo tanto, cada individuo no es único en sus denominadas
189
características individuales de casa. Esto se refiere nuevamente al
hecho de que hay una cantidad limitada de tipos individuales de pau­
tas. Pero la cuestión es que cada tipo de pauta actúa como un factor
lndlvlduallzador. Cuando hablamos de "individuo" no significamos lo
"absolutamente único"; nos referimos a lo que asume la posición y el
significado de unicidad. Podría concebirse que existiera otro ente
exactamente parecido; pero en las casas veremos aún lo que, en ca­
da uno de estos "únicos" idénticos, fuerza sobre ellos la consciencia
y la captación interior de lo que, para ellos, es su propio "Yo soy" úni­
co. Y, psicológicamente, esto es lo que importa.

El significado de las doce casas

Ahora bien, considerando la estructura dodécupla de las casas,


recordaremos lo escrito en el último capítulo sobre el significado de los
ejes horizontal y vertical del mapa natal: horizonte y meridiano. Lo que
está debajo del eje horizontal se hace invisible por la Tierra. Cuanto
hay debajo de la Tierra debe llegar a nosotros a través de la Tierra.
Es el reino subjetivo interior. Lo que está arriba, llega a nosotros a tra­
vés del aire. Es el reino objetivo externo. Si hay emanaciones, en el
primer caso llegan a nosotros a través de los pies, en el segundo ca­
so, en gran medida a través de la cabeza (un hecho ocultistamente im­
portante). Esto explica por qué el signo zodiacal que simboliza a la ca­
beza, Aries, se ocupa del comienzo de la actividad; mientras Piscis,
que simboliza los pies, se refiere a la consciencia interior subjetiva.
La génesis de los significados de las casas podemos entenderla
de dos modos. En el primero, a toda la rueda se la considera como una
estructura estática que funciona toda al mismo tiempo. Los dos ejes
antes mencionados representan la estructura del espacio: del espa­
cio particular del ente recién nacido. Forman su cruz de encarnación.
Ese Ente es la Vida universal dividida en el Espacio y que, en conse­
cuencia, toma forma como un ser particular. Dentro y a través de es­
te sistema, la naturaleza humana colectiva actúa de un modo particu­
lar que caracteriza al hombre como un ser individual. Los dos ejes di­
viden el mapa en cuatro partes iguales, llamados tradicionalmente los
cuartos Este-Norte, Norte-Oeste, Oeste-Sur y Sur-Este. Estos deter­
minan,respectivamente,el significado del Ascendente.del lmum Co­
ell (Nadir}, del Descendente y del Medio Cielo, porque en astrología
cada división del espacio o del tiempo tiene el significado de su pun-
190
to de origen. Por tanto, el cuarto Este-Norte (primeras tres casas) tie­
ne el significado del Ascendente, el cuarto Sur-Este, el del Medio Cie­
lo, etc. Cada cuarto se divide en tres "casas" secundarias, pues cada
operación de vida es básicamente triple, incluyendo la acción, la re­
acción y el resultado de ambas (la consciencia o la desintegración):
asimismo, el yo, el no-yo y su relación intermedia. Para el hombre, la
cruz de la personalidad particular genera cuatro modos básicos de
ser, cuatro operaciones fundamentales en el proceso de vivir como in­
dividuo. Estas pueden describirse (usando la nomenclatura de C. G.
Jung) como: Intuición, Sentimiento, Sensación y Pensar.
Pero más lógicamente deberíamos considerar a las casas como
al cuadrante de un reloj; una mera proyección, en el espacio, de un
conjunto de agujas (o números) que registran un movimiento periódi­
co que ocurre realmente en el tiempo. En este caso, debemos imagi­
nar la línea del horizonte que se mueve en sentido contrario al reloj,
como la aguja de éste. Las cúspides de las casas primera y séptima
representan la posición del horizonte como es realmente a la hora del
primer aliento. La línea de las cúspides de las casas segunda y octa­
va representa la posición del horizonte dos horas después; la línea
de las cúspides de las casas tercera y novena, la posición del horizon­
te cuatro horas después. Cada casa representa un intervalo de dos
horas. Las cúspides de las casas dan las sucesivas posiciones del As­
cendente (la mitad oriental del horizonte) cada dos horas; tal como uno
puede ver por las cifras de un reloj los puntos a los que la manecilla
apuntará sucesivamente durante un período de 12 horas. El "cuadran­
te de casas" astrológico es un cuadrante de 24 horas con una aguja
sola.
Veremos el significado de este concepto cuando estudiemos el ci­
clo de 28 años de desarrollo del yo individual. Por el momento, será
más sencillo considerar a las casas como una segmentación del es­
pacio, alrededor de la criatura recién nacida, en 12 secciones de 30
grados generados por dos ejes fundamentales: el horizonte y el me­
ridiano. Los que aquí deben recalcarse son estos dos ejes. Las cús­
pides de las casas intermedias pueden calcularse de diversos modos,
pero con el horizonte y el meridiano tenemos dos factores básicos del
ser individual de los que deriva cada uno de los otros elementos se­
cundarios. Los dos ejes representan entonces lo que puede denomi­
narse la cuadratura del espacio: el cruce de la existencia individual.
El horizonte es la línea de la percepción consciente. Lo es se­
gún la muy obvia lógica del significado simbólico; pues diferencia los
191
dos tipos muy fundamentales de percepción consciente. Arriba del ho­
rizonte está todo lo que los sentidos pueden percibir; debajo del ho­
rizonte está el reino de esta percepción consciente interior, que Jung
llama correctamente "intuición". La intuición es la facultad de la per­
cepción consciente a través de la cual percibimos los hechos interio­
res. La sensación es la percepción consciente del no-yo, de los de­
más. Como el Ascendente es el punto-semilla del hemisferio inferior,
necesariamente asume el significado de auto-percepción-cons­
ciente pura; y como el Descendente es el punto-semilla del hemisfe­
rio superior, es el símbolo de la percepción consciente de los otros.
Por tanto, a la intuición y a la sensación se las ve como dos factores
complementarios, relacionados respectivamente con el Este y con el
Oeste.
Uno percibe conscientemente su propia existencia como un "yo"
mediante un proceso interior que es la intuición, mientras la sensación
es el resultado de una percepción consciente de causas externas atri­
buidas a las impresiones de los sentidos. Una sensación verdadera no
es una mera impresión, sino más bien el resultado de la combinación
de una impresión de los sentidos y de un particular sentido del yo. Una
placa fotográfica recibe impresiones parecidas a las que recibe nues­
tra retina; pero las sensaciones visuales que corresponden a estas im­
presiones contienen, además de lo último, nuestra propia capacidad
particular para reaccionar ante los estímulos. Por lo tanto, todas las
sensaciones abarcan una relación entre objeto y sujeto. Por ello, la
sensación es verdaderamente atribuible al Descendente que, tradi­
cionalmente, gobierna los asuntos de relación, asociación, matrimo­
nio, etc.
A través de la intuición, percibimos conscientemente lo que somos
esencialmente. Sobre la base de esa percepción consciente -"Yo
soy esto y esto"- empezamos a formular juicios inmediatos sobre los
cambios que experimentamos dentro de nuestra psiquis. De modo es­
pontáneo e instintivo, nos sentimos a favor o en contra de estos cam­
bios. Por eso surge un nuevo modo de acción: el sentimiento. De mo­
do parecido, de las sensaciones y de sus correlaciones nace un nue­
vo proceso: el pensar. El pensamiento es el resultado de la sensación,
tal como el sentimiento es el resultado de la intuición. Lo que era abs­
tracto como percepción consciente intuitiva se convierte en concreto
como sentimiento. Lo que era vago, fugaz, impermanente como sen­
sación, se vuelve estable y relativamente permanente como pensa­
miento. Más que esto, lo que era mera cuestión de percepción cons-
192
ciente se convierte en una experiencia concreta y real, que tiene for­
ma y finalidad, y, por tanto, significado. El sentimiento implica expe­
riencia, y la experiencia se manifiesta como sentimiento (si su base es
subjetiva) o como pensamiento (si su base es objetiva). Experimen­
tar no es meramente recibir una impresión o ser perceptor conscien­
te de algo. Es salir al encuentro de la cosa (o del yo) y establecer su
significado, a través del acto de sentir o a través del acto de pensar.
Por ello, captamos el significado del eje vertical, que se refiere a
la experiencia concreta. La percepción consciente horizontal se con­
centra en los puntos verticales como experiencia concreta. Lo recep­
tivo se convierte en lo activo, como el horizonte se convierte en el me­
ridiano. El eje horizontal que se refiere a la percepción consciente es,
para usar el término de Jung, el eje Irracional; mientras el eje verti­
cal se relaciona con las actividades racionales del yo. La percepción
consciente, ya sea del yo o de los otros, no abarca la racionalización.
Es un hecho directo de la vida. Una impresión no es racional de por
sí. Sólo es. Luego, empezamos a racionalizarla. Si es una experien­
cia interna, emitimos juicio inmediato sobre ella, al principio median­
te el sentimiento. El sentimiento no es racional del mismo modo que
lo es el acto de pensar; pero ambos tienen valor como juicios, sobre
cuya base actuamos subsiguientemente como conferidores de signi­
ficado. Por eso, podemos llamarnos racionales, debido a la particular
actividad que en la consciencia implican. Sin embargo, debemos re­
calcar el hecho de que estos términos se usan según su estricto sen­
tido psicológico, y no como se los usa comúnmente en el lenguaje co­
tidiano.
Luego, si deseamos interpretar psicológicamente un mapa natal
en el que encontramos a Escorpio en ascendente, a Tauro en descen­
dente, a Leo en el Medio Cielo y a Acuario en el lmum Coell, empe­
zaremos a sacar así nuestras conclusiones: La intuición actúa sobre
una base de Escorpio. El nativo "se encontrará" naturalmente, usan­
do métodos adecuados a las características de Escorpio. Estas carac­
terísticas de Escorpio le suministrarán el curso mejor -porque para
él es el más natural- que lo llevará hacia la percepción consciente
plena de lo que él es esencialmente. A través del sexo, mediante el uso
y el control de las energías vitales, y mediante una firme liberación de
energía, alcanzará una plena percepción consciente de sí. El mismo
tipo de razonamiento se aplicaría a los cuatro ángulos.
La meta de la astrología Armónica es conducir a los hombres ha­
cia la realización de su naturaleza y su ser totales; hacia la realización,
193
la correlación y la integración, y, por tanto, hacia la sublimación. En­
tonces, lo necesario es permitir que la persona cuyo mapa se analiza
haga las cosas que, si su Instinto no fue frustado por la familia o la so­
ciedad, ella habría hecho de modo puramente espontáneo. El signo
(y el grado) del zodíaco en los cuatro ángulos indican, pues, la senda
natural hacia la realización de la actividad simbolizada, el mejor mo­
do de funcionar intuitivamente o a través de sentimientos o pensa­
mientos, según sea el caso. Representa lo que esencialmente es, pe­
ro, en muchos casos, lo que fue borrado por la vida social e intelectual;
por eso, indica cómo dirigirse, por debajo de las características super­
ficiales y adquiridas, hacia las cualidades básicas que realmente nos
pertenecen.
Los signos del zodíaco nos proporcionan un conjunto de doce sus­
tancias vitales características, o cualidades del ser, o actitudes hacia
la vida, como deseemos considerarlas. Donde aparecen en el siste­
ma de la personalidad de cualquier persona en particular, muestran
las cualidades que congénitamente se han de atribuir a las diversas
facultades y modalidades de actividades de la persona. Indican, pa­
ra usar un término oriental, el dharma de esta persona. El dharma del
fuego es quemar; el del tigre, ser feroz; el de un hombre nacido con
temperamento artístico, es crear, etc. Leer los ángulos de un mapa es,
pues, leer el dharma total del nativo.
Esto se complementará con una interpretación de los signos so­
bre las cúspides de las otras casas. Las casas "sucedentes" (segun­
da, quinta, octava, undécima) significan la reacción ante la acción ex­
presada en las casas "angulares" (primera, cuarta, séptima, décima).
Esto puede referirse a una reacción positiva o a una reacción nega­
tiva. Si la reacción es positiva, lo que es significado en la casa "angu­
lar" se consolida y concentra por medio de limitaciones y contras­
tes. Si la primera casa significa percepción consciente del yo, esta per­
cepción consciente es consolidada por las limitaciones impuestas so­
bre ella por la herencia pasada (fisiológica y psíquica); o en una eta­
pa posterior, por propiedades de toda clase. Pero si la reacción es ne­
gativa, entonces esta herencia o estas propiedades sofocan la per­
cepción consciente del yo, y agobian a la intuición del yo "espiritual"
con toda la inercia del materialismo.
De modo parecido, la quinta casa puede consolidar las experien­
cias y los sentimientos representados por la cuarta casa, como por
ejemplo el hogar (cuarta casa); o su contenido puede significar la pér­
dida de los asuntos de la cuarta casa, como el goce y la especulación
194
pueden conducir a la pérdida del hogar. Demasiado goce y necia rei­
vindicación de derechos embota los sentimientos; pero la enseñanza
y la expresión artística acrecientan y concentran estos sentimientos
forzándolos a encarar y dar forma a los elementos implícitos (hijos o
elementos estéticos: quinta casa). La misma línea de pensamiento se
aplica a la interpretación de la octava casa (consolidación o pérdida
de la fuerza de la relación) y de la undécima casa (consolidación o pér­
dida de la vida profesional y pública; amigos o esperanzas quiméricas
que nos alejan de la realidad).
Con las casas "cadentes" encaramos el resultado de la pérdida im­
plícita en las casas sucedentes, o el funcionamiento y la expresión de
la modalidad psicológica de operación (angular) después que esta se
concentró (sucedente). Por ello, la tercera casa simboliza asuntos que
tratan sobre el funcionamiento fuera de una herencia psico-fisiológi­
ca heredada. La sustancia de nuestro cuerpo pasa a ser realmente
nuestra a a través del sistema nervioso, relacionando al yo abstracto
con las células racialmente heredades. Estas influencias atávicas de
la segunda casa se manifiestan en la tercera como hermanos y her­
manas, o más bien como nuestra modalidad de relación con ellos. Ca­
da tipo posible de conexiones íntimas (en nuestro cuerpo, en nuestro
círculo familiar, o en el ámbito alcanzado por pequel'ios viajes) está
aquí caracterizado. Por el otro lado, si la segunda casa significara la
pérdida del yo en nuestra naturaleza atávica (o en bienes adquiridos,
en los ciclos posteriores de la vida), entonces la tercera significa neu­
rosis, celos familiares, envidia, y tal vez locura.
En la sexta casa cosechamos de los otros, como servicio, las con­
secuencias de una quinta casa constructiva, o enfermedad y la obli­
gación de servir a los demás son secuela de nuestros derroches y de­
senfreno en asuntos de expresión individual, de educación en el ho­
gar, etc. En la novena casa, la pérdida de sensaciones o de la fuerza
de la relación (muerte, bancarrota, etc.) nos obliga a emprender un
"largo viaje" sobre la frontera... de nuestro país o de este plano de la
existencia. Pero si la casa de la relación y del matrimonio resultó po­
sitiva, la nueva energía que sacamos de la consolidación de las opor­
tunidades provenientes de los contactos humanos nos permite exten­
der nuestras actividades mediante viajes físicos o mediante la expan­
sión mental de la consciencia. En el descendente, encontramos el ín­
dice de nuestra fuerza de sensación. Las sensaciones concentradas
y consolidadas mediante la fuerza que fluye ascendentemente a tra­
vés de la columna vertebral (Escorpio-Kundalini) se convierten, en úl-
195
tima instancia, en pensamientos abstractos y unificación religiosa con
ideas universales (Sagitario, novena casa).
La duodécima casa significa negativamente la desaparición de
nuestros ideales sociales y de nuestras esperanzas: un cuestiona­
miento personal sobre el significado de la vida. Nuestros sueños e ilu­
siones, encarcelados, nos mantienen confinados hasta que surgimos
con una nueva visión, o somos obligados a retroceder, a oscuras, en­
trando en un nuevo ciclo de esclavitud. O significa el capítulo final de
un período bien vivido y la transición hacia un nuevo nacimiento en un
nivel superior de la personalidad, cuyos cimientos habrán sido nues­
tra labor altruista en favor de la sociedad y de nuesros amigos, inspi­
rada como estaba por ideales nobles y magnánimos.
A fin de que lo precedente sea más vívido, tal vez le sea de utili­
dad al estudioso el diagrama siguiente que establece un paralelismo
entre los significados convencionales y psicológicos-filosóficos de las
casas:
DIAGRAMA
CASA INTERPRETACION INTERPRETACION FILOSOFICA
TRADICIONAL

l. Forma corporal: apa­ Percepción consciente del yo; punto


riencia personal y acti­ de vista subjetivo. "El Sembrador".
tud personal respecto El principio de la forma. El destino
de la vida. particular.

1
Se ha discutido muchísimo la atribución del padre a la cuarta casa, y de la madre
a la décima. En la Edad Media, el hijo seguía casi siempre la profesión de su padre; por
ello, como la profesión se relacionaba siempre con la décima casa, la idea del padre pa­
recla conectarse también con la décima casa, que concierne especialmente a los hijos.
Asimismo muchos astrólogos relacionan así los signos del zodiaco con las casas: Aries,
corresponde a la primera casa; Cáncer, a la cuarta; Capricornio, a la décima. Como Cán­
cer es "regido" por la Luna (que simboliza a la madre) y Capricornio es "regido" por Sa­
turno (que simboliza al padre), pareció lógico relacionar a la madre con la cuarta casa y
al padre con la décima casa. Nosotros nos inclinaríamos a creer que estas correlaciones
son intercambiables, según el nivel del ser en el que uno se establece. Una correlación
que es verdadera fisiológicamente, tal vez haya que invertirla en el nivel psicológico. La
madre puede dominar el hogar físico (cuarta casa); pero el padre puede formar el hogar
., psicológico: el alma.
196
CASA INTERPRETACION INTERPRETACION FILOSOFICA
TRADICIONAL

11. Salud; bienes; ganan- La sustancia vital que el yo ha de usar;


cia o pérdida. el material que ha de ser redimido. "El
Suelo". La herencia. La sustancia so-
cial disponible para elaborar el desti-
no (salud, propiedad). La sustancia
química del cuerpo. Comida. Metabo-
lismo.
111 Hermanos, vecinos, La relación del yo personal con la sus-
viajes cortos, cartas; tancia física, del Sembrador con el
mente inferior. Suelo: la Semilla. El intelecto formati-
vo que sintetiza impresiones senso-
rias y une al destino individual con los
elementos sociales. El ambiente.
IV. El hogar y los padres; Concretización del yo; el Alma. Su ba-
el padre; el final de la se de operación. El padre cuya semi-
vida. Asuntos relati- lla lleva el patrón astral, el plano del
vos a la tierra y a las cuerpo.
propiedades.
v. Descendencia, hijos, Exteriorización del yo. Actividad crea-
creaciones artísticas; tiva y procreativa. Recreaciones.
especulación, diver-
siones.
VI. Enfermedad. Sirvien- Conflictos resultantes de la exteriori-
tes y dependientes. zación del yo. Enemistad de otros yo-
Enemigos particula- es personales, incluidas las células
res de nuestro propio cuerpo. Enferme-
dad. Relación entre amo y esclavo,
entre patrón y empleado.
VII. Matrimonio y asocia- El sentido de la relación humana so-
ción. bre una base de dar y recibir. lnter-
cambio de energías vitales y de ideas.
197
CASA INTERPRETACION INTERPRETACION FILOSOFICA
TRADICIONAL

VIII. Muerte y herencias. Destrucción de limitaciones persona-


les como resultado de intercambio
humano. Ampliación del punto de vis-
ta. Regeneración y muerte. Ocultis-
mo práctico; asimismo, comercio mo-
derno sobre la base de compras por
contrato y a plazos.

IX. Religión, filosofía. La mente abstracta y el sentido de re-


Ciencia, escritos, via- lación entre relaciones. Contactos de
jes lejanos. carácter mundial; ajuste mental a ide-
as raciales y necesidades colectivas.

X. Honor, preferencia, Concretización de relaciones. Base


fama; posición públi- de actividad en la sociedad humana.
ca; asimismo, la ma- Comercio, asuntos de estado. Lama-
dre. dre en quien se concretizan la cons-
ciencia racial y el Alma nacional.

XI. Amigos; deseos y es- Exteriorización de posición social. El


paranzas. Adulado- círculo de conocidos y los amigos.
res. Nuevos ideales de relación humana y
social. Los suef'íos y esfuerzos del re-
formador.

XII. Enemigos ocultos. Conflicto con las fuerzas inerciales de


Destino. Encarcela- la sociedad. El !imitador poder del ni-
miento. vel de consciencia de la raza; y el sur-
gimiento sobre él mediante esfuerzos
individuales de la voluntad, ejecuta-
dos ocultamente. El Karma, y la fata-
lidad del renacimiento en una forma li-
mitada de personalidad, para neutra-
lizar los fracasos, o en sacrificio com-
pasivo. Fuerzas que introducen al yo
en la encarnación. El triunfo sobre el
Karma. La liberación.
198
Sin embargo, este cuadro sinóptico sobre el sentido de las casas
no agota los significados posibles. Estas posibilidades son, de hecho,
infinitas, tal como las posibilidades de aplicaciones de cualquier fór­
mula algebraica compleja son prácticamente infinitas. Todo aquel que
realmente comprenda el significado de graficar las doce actividades
básicas de la personalidad verá fácilmente que surgirán nuevos con­
juntos de significados cada vez que consideremos un nuevo nivel de
la personalidad. La rueda de las casas es una fórmula universal. Siem­
pre que se apliquen las oposiciones polares de yo y no-yo, de percep­
ción consciente y experiencia, de abstracto y concreto, allí la rueda de
las cosas podrá usarse muy eficazmente al introducir una pauta de or­
den en la conducción evidente de los fenómenos, cualesquiera que
éstos sean. Siempre que cualquier aglomeración de elementos sus­
tanciales puede considerarse como un ente orgánico, como un circui­
to relativamente cerrado de energía vitales, allí se aplican la rueda de
las casas y su diferenciación cuádruple y dodécupla de puntos de
vista. Esto es así porque el hecho de que las energías vitales se mue­
van en un circuito cerrado (acción metabólica) crea un organismo con
las células colectivas que estas energías vitalizan. En alguna medida,
cada organismo es un ente individual. En cuanto es un ente individual,
surgirá en él un tipo determinado de percepción consciente (del yo y
de otros yoes) y un tipo determinado de experiencia concreta (subje­
tiva, como sentimiento o instinto; objetiva, como agrupaciones adqui­
ridas de sensaciones, o pensamientos).
Es verdad que en todos los reinos debajo del hombre hay muy po­
ca percepción consciente del yo, si la hay; y muy poco sentido de un
particular ego formado como base de autoexpresión individual. En
otras palabras, lo subjetivo, el reino debajo-del-horizonte, pertene­
ciente a la personalidad, no está desarrollado en el ente individual se­
parado. Pero tal vez queramos decir que tal reino está desarrollado en
las especies vegetales o animales en conjunto, constituyendo lo que
Bergson llama el "Genio de la Especie".
Hasta donde sabemos, sólo en el hombre cada espécimen de la
especie humana es, al menos potencialmente, un individuo comple­
to. El "Genio de la Especie", o sea, la realidad arquetípica del HOM­
BRE (lo que el hindú llama "Manu"), puede convertirse en el centro de
la personalidad cuando ésta está debidamente "individuada". Cuan­
do se "individua", se convierte en el Cristo vivo, en el Dios interior. En
otras palabras, un hombre cesa de ser una criatura de la superficie te­
rrestre, un animal. Empieza a vivir encima y debajo del horizonte, ob-
199
jetiva y subjetivamente. Su propio centro se identifica con el centro de
la Tierra. Por tanto, se convierte en un ser planetario, en un microcos­
mos.
El hemisferio inferior del mapa natal se refiere, por tanto, a la for­
mación y a la expresión potenciales del Dios interior. Allí, en el punto
del nadir (en el "Sol de Medianoche" de la masonería}, el ego cons­
ciente del hombre nace en el pesebre de los "sentimientos". Entonces,
luego de regenerarse mediante las pruebas implícitas en toda relación
humana y en la vida social, este ego se torna, a su tiempo, cada vez
más vasto. ¡ El centro del ser colectivo, que es simbolizado por el ce­
nit y el punto del mediodía, es asimilado por el ego individual! Esto, a
su vez, alimenta una percepción más profunda del yo y de los otros.
En última instancia, los cuatro "ángulos" del mapa se integran en el
centro de éste, o en otro sentido, en una tercera dimensión, como el
ápice de una pirámide construida sobre estos cuatro "ángulos". El
punto de integración -o individuación- es lo que Jung llama el Yo.
En la simbología rosacruz, el Yo es la Rosa que se abre en el cen­
tro de la cruz. También es el fuego que surge desde el centro girato­
rio de la esvástica. Es el ápice de la pirámide egipcia, que era una cá­
mara de iniciación.

El desarrollo del yo Individua!


De lo anterior, al estudioso de la astrología le resultará evidente
que la rueda de las casas ha de ser inherentemente interpretada más
bien en términos de devenir que de ser estático. Es un patrón tempo­
ral; un patrón de desarrollo, que registra esencialmente un proceso.
Y este proceso es el gran proceso psicológico de la individuación: la
"Gran Obra" alquímica, la bíblica "construcción del Templo". EL HOM­
BRE -el Arquetipo universal o "Manu"- está crucificado en el ente
fisiológico (el animal humano perfeccionado), y después de tres días
resucita como el Cristo: el "Individuo" humano perfeccionado. El sim­
bolismo de estos "tres días· es susceptible de una infinita cantidad de
aplicaciones, tal como lo es el simbolismo de los "siete días" de la cre­
ación. Lo último se refiere a la construcción del ente fisiológico; y en
un sentido más amplio, a la del Ser planetario (por tanto, a la división
séptupla del Gran Ciclo Polar). Lo primero se refiere a la construcción
del "individuo" humano, como un ser psico-mental. Astrológicamente
hablando, podemos usar la rueda de las casas para graficar esta
200
construcción del individuo humano. Veremos que cada "día" es en re­
alidad un ciclo de 28 años. Por tanto, todo el proceso durará teórica­
mente 84 años, que es el ciclo de revolución de Urano alrededor del
Sol, un hecho significativo que, cuando estudiemos el símbolo de Ura­
no, asumirá un significado más.
Los dos procesos (fisiológicos y psico-mental; o genérico e indivi­
dual) están estrechamente relacionados; y esto es curiosamente evi­
dente cuando uno estudia "cabalísticamente" el número 7. Si uno su­
ma todos los dígitos hasta llegar a este número (proceso de suma ca­
balística) uno tiene el número 28; pues 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 = 28.
Pero si uno lleva el proceso a cada número hasta 7, tenemos como su­
ma total el número 84. O sea, que tenemos las siguientes cifras:

1 que cabalísticamente da 1
2 que cabalísticamente da 1+2= 3
3 que cabalísticamente da 1+2+3= 6
4 que cabalísticamente da 1+2+3+4=10
5 que cabalísticamente da 1+2+3+4+5=15
6 que cabalísticamente da 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6=21
7 que cabalísticamente da 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7=28
28 84

El significado de la "suma cabalística" puede tal vez intuirse de una


ilustración geométrica del proceso, que tiene en este caso un particu­
lar significado.
De esta figura compuesta por 28 círculos iguales y tangentes, es­
tá claro que el número 28 revela, mediante tal análisis, que se refie­
re a tres reinos del ser.

1
2
3
4
5
6
7
28
201
El reino externo está marcado por los 18 círculos externos; el medio,
por los 9 círculos medios; y el interno, por el círculo central 1.
El único número precedente para dar una figura simétrica centra­
da en torno de un círculo es el número 4: cabalísticamente igual a 1O.
El número 1O se refiere a lo cósmico; pero el número 28 es el núme­
ro del Hombre triuno; el Hombre como espíritu, alma y cuerpo.El Es­
píritu es 1; el Alma es 4; el Cuerpo es 7. El número del individuo per­
feccionado es, por tanto, el 28. Pero el proceso de individuación ple­
namente ejecutado exige que cada factor (o número} componente es­
té también plenamente desarrollado; y, por tanto, su duración es de 84
anos. Mediante el desarrollo solamente de los número básicos (1, 4
y 7) tenemos un total de 29; o sea, 1+ 1O+ 28. A la edad de 39 anos,
el hombre alcanza un estado particularmente significativo en su desa­
rrollo espiritual: y el ano 40º es también el año-semilla de la década 40
a 50, que es la quinta década. EL HOMBRE es también simboliza­
do como una estrella de cinco puntas. La quinta sección de la estre­
lla es la cabeza; el órgano de lo creativo. Durante esta quinta década,
un hombre halla su trabajo del destino. En realidad, en este sentido,
¡"la vida empieza a los cuarenta"! 2
Luego de esta breve excursión en el reino del simbolismo numé­
rico o cabalístico, volvemos ahora al análisis astrológico del ciclo de
28 años. Tal ciclo, entonces, es uno de los "días" de los que hablara
Jesús cuando dijo: "Destruid este templo y yo lo alzaré de nuevo en
tres días". Cada día representa, no un ciclo literal de rotación de la Tie­
rra alrededor de su eje, sino un ciclo de rotación del yo individual del
hombre en torno de su eje espiritual, su "Yo soy" real eclipsado por la

2 La fórmula implícita en estos párrafos puede usarse para determinar el significa­


do arquetipico de todos los principales puntos criticos en el ciclo de la vida humana; pe­
ro es menester aplicarla con cuidado y conocimiento. Podrlamos dar más ejemplos pa­
ra aclarar el asunto.
Si consideramos 15 circulos dispuestos del modo arriba descrito, vemos que
constituyen dos series: un triángulo externo de 12, un triángulo interno de 3. El núme­
ro 15 es la "suma cabalística" de 5; pero si se desarrolla completamente esta suma, si­
guiendo el proceso arriba mencionado, da el número 35. Como ahora veremos, 35 es
el punto en la vida que aporta simbólicamente el Matrimonio del Cielo y de la Tierra. Es
la ejecución del número 5, el número del Gran Iniciador. La figura de 15 clrculos es si­
métrica, pero sólo contiene dos series: todavia falta el circulo espiritual interior. Este
circulo interior aparecerá en la figura desarrollada desde el número 6, dando los años
22 y 56 (ver columnas izquierda y derecha de las figuras arriba). Estos son años de des­
pertar espiritual; pero la figura carece de base con sólo 22 círculos. Adquirirá esta ba­
se y será simétrica con 28 círculos: el número completo de la individuación.
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(1)

Hemisferio Norte - Subjetividad


Interpretación simbólica del cuadrante de las casas

Estrella Polar espiritual, la mónada o el "Padre en el Cielo" que vela


por cada ser humano.
Este ciclo de 28 años puede trazarse en el mapa natal. En otras
palabras, el mapa natal no sólo ha de usarse como un patrón espacial
que revele el croquis de la personalidad completa, sino que la secuen­
cia temporal de las actividades de la construcción puede también des­
cubrirse empezando desde el Ascendente, la iniciación del edificio, y
siguiendo a lo largo de la circunferencia del mapa en movimiento con­
trario al del reloj. Cuando se alcanza el Ascendente, nuevamente se
cierra el primer ciclo de veintiocho años, y empieza el segundo, que
temina con el año 56 º, sigue el tercer ciclo de 28 años, llegando a un
término a la edad de 84, que marca el completamiento teórico y sim­
bólico del templo Interior del hombre. Este es el final del proceso de
Individuación.
203
Sin embargo, el templo tal vez nunca se complete y en casi todos
los casos actualmente no se completa. De igual modo, se realice o no,
la curva del desarrollo está allí en potencia. Junto con los planos, el
Gran Arquitecto (el Dios que habita en la Estrella Polar, según los chi­
nos) da al hombre un cronograma de actividad. La estructura es­
pacial ha de completarse dentro de cierto lapso, y las actividades de
construcción han de avanzar en un orden definido; esta parte del pla­
no en primer lugar, luego aquélla, después la siguiente, etc. El ci­
miento, el primer piso y el segundo piso, incluyendo la gran Cúpula
que lo cubre todo. Por tanto, tres períodos: desde el nacimiento físi­
co hasta la edad de veintiocho años; luego, desde lo que debe ser el
nacimiento psico-mental (28) hasta los 56; finalmente; desde el tercer
nacimiento potencial, o nacimiento espiritual, hasta el final (84).
Esto corresponde nuevamente a la antigua tradición de que la na­
turaleza del hombre es triple: cuerpo, alma y espíritu. Además, los tres
grandes ciclos de 28 af'ios forman la verdadera base de la antigua idea
de nacido por primera vez, nacido dos veces, y nacido tres veces. Pe­
ro el brahmanismo popular aceleraba la ocasión del segundo naci­
miento para que fuera fácilmente comprensible, por fines prácticos.
Durante los primeros 28 af'ios, el hombre perfecciona (siempre teóri­
camente) su cuerpo fisio-psicológico, o mejor, su yo raclal. Realiza su
linaje y el pasado de su familia y su raza. Luego emerge como un yo
Individua! recién nacido. Luego de haber discriminado, selecciona­
do, rechazado y escogido, de lo que el pasado de la humanidad le ofre­
ció, el cimiento de su propia individualidad, él construye sobre la ba­
se de este pasado (pues todo templo debe tener un cimiento) la estruc­
tura de su personalidad individual.
Finalmente, si esta estructura está completa en todo, él llega a la
edad de 56 años, punto en el cual dentro de él nace el Espíritu univer­
sal: el tercer nacimiento, o nacimiento espiritual. Esto es simbolizado
por la construcción de la cúpula del templo: una réplica de la bóveda
del cielo, que a su vez es símbolo del Yo Universal, o Dios. Cuando eso
también está completo, el hombre pasa a otras esferas; consciente­
mente y sin pérdida de la identidad personal, si construyó para sí un
"vehículo de inmortalidad". El primer ciclo ve potencialmente la pleni­
tud del cuerpo de la tierra; el segundo ciclo, la del cuerpo del sonido;
el tercero, la del cuerpo de la luz. Del vientre de la madre física nace
un organismo de carne y hueso. En el segundo nacimiento, resuena
un Tono, el lshwara o Logos, la Voz del Dios Interior. En el tercer na-
204
cimiento, la Luz se derrama sobre el Yo consagrado, como lo simbo­
liza Wagner en la consagración del Grial, del último acto de Parslfal.
Cada ciclo representa una revolución completa de todo el "patrón
de la personalidad individual", o sea, del eje del mapa natal. Esta re­
volución simbólica está de tal manera cronometrada que cada siete
años, un brazo de la cruz llega a la posición que el que lo sucede ocu­
paba originalmente. En otras palabras, a la edad de 7 años, el Ascen­
dente llega a la posición ocupada al nacer por el lmum Coell, el últi­
mo a la del Descendente natal, etc. A los 14 años, el Ascendente lle­
ga a la posición natal del Descendente; a los 21 años, a la del Medio
Cielo. A los 28, llega a su propia posición natal; y empieza un segun­
do ciclo, del mismo modo.
Teóricamente, es toda la cruz axil la que rota en 28 años. A los fi­
nes prácticos, la revolución del Ascendente es habitualmente la más
valiosa para estudiar, pues el Ascendente simboliza la esencia misma
del yo, la actitud y la orientación del hombre para consigo mismo. Re­
presenta aquel particular punto de vista respecto de la vida, aquella
particular cualidad de la vida de la que el hombre, como identidad in­
dividual, ha de ser representante. Es la norma de valores, del hombre,
como un yo individual. Por tanto, es el centro mismo de la conscien­
cia toda. Cuando se ve que gira a lo largo del ciclo de 28 años, uno tie­
ne un gráfico valiosísimo del desarrollo secuencial de la actitud origi­
nal o central del hombre hacia la vida.
De la misma manera, uno puede también rastrear muy valiosa­
mente las sucesivas transformaciones de los otros tres puntos bási­
cos de la consciencia. El cambio en la actitud del hombre hacia los de­
más, hacia el mundo exterior en general, será graficado por la revo­
lución del Descendente. Su actitud fundamental al pensar y sentir po­
drá deducirse del movimiento simbólico del eje vertical del mapa na­
tal. En cada caso se darán explicaciones extremadamente valiosas,
siempre que uno no espere encontrar precisión exacta en cuanto a
que ocurran hechos concretos. En toda esta exposición no nos ocu­
pamos de graficar los acontecimientos externos de la vida, sino de los
cambios en la actividad interna del yo individual; o sea, de los cambios
de los puntos de vista psicológicos y de las actitudes internas hacia to­
da la vida, subjetiva y objetiva. Esto puede relacionarse con aconte­
cimientos externos; pero, incluso entonces, lo que importa es la direc­
ción de los cambios subjetivos más que cualquier fecha exacta que
uno pudiera atribuir. El tipo de enfoque que encaje con un análisis de
estos ciclos de desarrollo es puramente psicológico.
205
Semejante análisis sirve también para controlar e interpretar ma­
temáticamente los descubrimientos generales de la psicología res­
pecto del desarrollo progresivo de la psiquis humana y de sus funcio­
nes o modalidades de actividad. También verifica la antigua idea "ocul­
tista" de la división de la vida humana en ciclos de 7 años, cada uno
de los cuales marca el desarrollo de un aspecto particular del carác­
ter y medios de autoexpresión del individuo. Los primeros siete años
ven el desarrollo de la facultad de autoconsciencia, o intuición, como
la entendiera C. G. Jung. El niñito lo ve todo en términos de persona­
lidad. Le es difícil diferenciar entre objetivo y subjetivo, inanimado y
animado, porque vive tan completamente en un mundo subjetivo. Tie­
ne una "intuición" de las cosas, más que percepciones objetivas. To­
davía no sucumbió a la "herejía de la separación" que crea un abismo
entre sujeto y objeto (u otro sujeto), entre Yo y Tú. Por tanto, el mís­
tico, que se empeña en alcanzar una completa unificación con el "To­
do", siente la urgencia de ser nuevamente como "un niñito", etapa que
se relaciona teóricamente con el período posterior al tercer nacimien­
to, entre los 56 y los 63 años. Este primer septenato corresponde tam­
bién a la infancia de la humanidad, cuando la pared entre lo invisible
(lo subjetivo) y lo que se ve (lo objetivo) era casi inexistente. En un sen­
tido general, representa el tipo de enfoque de la vida que se llama ani­
mismo.
Desde los 7 hasta los 14 anos de edad, los sentimientos maduran.
Con "sentimientos" significamos -lo debemos repetir una vez más­
los juicios directos aplicados a experiencias basadas en la percepción
consciente de sí, anteriormente desarrollada. El yo abstracto, apre­
hendido intuitivamente, hacia los 7 años se convierte en un alma con­
creta, o ego. Este ego le permite al niño tener experiencias fuertemen­
te subjetivas. Es la edad de la autoexpresión creativa, como lo dirá to­
do educador progresista (el período de la quinta casa, alrededor de los
9 y los 1 O anos de edad). El resultado de esto es, a menudo, enferme­
dad, y en todo caso, la crisis de la pubertad (período de la sexta ca­
sa).
A los catorce años, empiezan verdaderos contactos con el mun­
do exterior. El mundo objetivo se vuelve claramente separado del
mundo subjetivo. Esto significa desarrollo sexual: se enfrenta al otro
sexo, al enemigo y al compañero. Esto significa temor, no saber có­
mo "encajar", no sentirse seguro en un mundo que a uno lo confron­
ta peligrosamente y en el cual de algún modo -¿pero cómo?- uno
deberá ajustarse. A los 21, la mente, que ha estado madurando a par-
206
tir del juego (o del drama) de la relación objetiva, se consolida median­
te la vida pública, mediante la experiencia extrema basada en la res­
ponsabilidad social. El hombre llega a la mayoría de edad.
Luego, la mente tiene que probarse y encontrar sus propios ide­
ales, sus propios amigos. Esta es la etapa de la casa duodécima. En
el punto medio de este ciclo de 7 años, o sea, a la edad de 24 años y
medio (al menos, teóricamente), el hombre afronta la gran crisis de la
discriminación entre varios tipos de ideales y compañeros. Tiene que
"decidirse" sobre lo que va a ser. Habitualmente, esto determina la na­
turaleza y el caracter del "segundo nacimiento" a los 28 años; sin em­
bargo, no antes de que se atraviese un período de reajuste, tal vez a
costa de profundo sufrimiento, la etapa de la duodécima casa (alrede­
dor de los 26 y los 27 años).
Lo que este nacimiento será depende de los resultados de todo el
primer ciclo de 28 años. El nuevo ciclo verá, como su predecesor, una
diferenciación y un desarrollo progresivos de las cuatro facultades bá­
sicas del Yo y sus subdivisiones; pero ahora, en el nivel de la perso­
nalidad verdaderamente individual: si tal nivel puede alcanzarse, lo
cual depende, desde luego, de lo que ocurrió durante el primer ciclo
(el de la personalidad racial). Personalidad racial, individual, univer­
sal: tres ciclos; una certidumbre, y dos potencialidades. Si no se al­
canza el nivel de la personalidad individual, al menos en semilla, a los
28 años, entonces el ser humano meramente se conforma al patrón
racial de la consciencia, y sigue viviendo como uno entre incontables
miles. Es una de las miles de semillas que caen en el suelo, pero no
echan raíces.
Esto no significa que un joven de 28 años se convertirá en un in­
dividuo real sino que él luego empieza la etapa del desarrollo verda­
deramente individual. Antes, él realizó el pasado (de su raza, y de su
propio Yo, si se acepta la reencarnación). Ahora, está construyendo el
presente. Después de los 56 años, madurará y será las semillas del
futuro (de su raza y de su propio Yo)... si puede. El año 35º ve al As­
cendente que gira en el lmum Coeli. Esto corresponde a un nivel su­
perior (si el segundo nacimiento es un triunfo) a lo que ocurrió a los 7
años de edad. Desde alrededor de los 37 hasta los 40, es nuevamen­
te la etapa de la autoexpresión (etapa de la quinta casa) en este nivel
psico-mental. Nacen nuevas ideas, se inician nuevas partidas; se
aclara el trabajo verdaderamente individual del Destino. Se manifes­
tará objetivamente alrededor de los 42 años, cuando el hombre se en­
cuentra de nuevo con el mundo externo y su trabajo. Esta es otra vez
207
una crisis: se exige un nuevo tipo de ajuste, a menudo muy difícil de
hacer. El psicoanalista recluta la mayoría de sus pacientes de este pe­
ríodo de la vida, porque entonces es imperiosa una clara orientación
psicológica mental. Es el "cambio de vida", la segunda pubertad, un
tiempo interesantísimo, ¡al menos para el psicólogo!
Luego llegan los 49 años a menudo la época de máxima actividad
social. El hombre se convierte en una potencia en la sociedad huma­
na, sobre la base de cuanta realización individual puede producir. A los
56 años empieza el tercer ciclo. Para el hombre, es el tiempo para que
afronte al Espíritu, y tal vez sea transfigurado por el Espíritu, o por su
Obra. El hombre se orienta hacia la muerte o hacia la inmortalidad. La
muerte, si él no acertó. La inmortalidad, si acertó. ¿Acertar en qué? En
construir su propio vehículo de la inmortalidad. Lo cual significa una
o más de tres cosas:
1) Acertar al construir una familia y haberse convertido en un "antepasa­
do" que su posteridad perpetuará física y psicológicamente. Por ejem­
plo, el descendiente directo de Confucio, por descendencia masculi­
na, vive ahora, es un joven, después de casi ochenta generaciones, si
no estamos equivocados. Esta es la inmortalidad fisio-psicológica.
2) Acertar al construir una Obra, que será recordada una generación tras
otra. Este es el caso de todos los grandes genios en religión, arte, li­
teratura, ciencia, política.
3) Acertar al construir un "cuerpo espiritual" en el que el Yo continúe fun­
cionando conscientemente después de la muerte. Esta es la inmorta­
lidad espiritual.

A los 63 años, vemos la culminación combinada de los ciclos de


7 y de 9 años. En su sentido al menos, el espíritu y la materia, o lo in­
dividual y lo colectivo (7 y 9) pueden entonces armonizarse plenamen­
te. A los 7, 35 y 63 años, una nueva vida incita al ego consciente a que
se profundice. Luego, los 70 ven la "tercera pubertad" con la entrada
en la nueva relación, que a menudo significa la muerte. Por ello, la tra­
dición habla de la vida del hombre como normalmente "tres veces
veinte más diez". Lo que se significa es que a los 70 años de edad co­
mienza la última etapa, cuando el hombre se relaciona con una vida
nueva. Habitualmente, el cuerpo no puede soportar el esfuerzo de es­
te nuevo tipo de relación, y esto significa la muerte. Pero si el organis­
mo (fisiológico y psicológico) puede repolarizarse según un nuevo rit­
mo de contactos vitales, entonces el mundo interior real puede abrir-
208
se; y el hombre aprende a familiarizarse con el ritmo del "otro mundo",
con entidades o energía del "más allá", sea lo que fuere lo que se sig­
nifique exactamente con ese término. El hombre pasa a ser el viejo Sa­
bio en quien lo colectivo actúa de un modo nuevo, trayendo a la Tierra
visiones de un mundo de significado puro y sereno. Si ocurre esto,
ocurre otro cambio de magnetismo a los 77 (7 veces 11 ), porque 11 es
el número del Sol y de la circulación de la energía solar a lo largo del
sistema solar. Luego, a los 84, ocurre un "cuarto nacimiento", que in­
troduce al hombre completamente en un nuevo reino de significado y
destino: lo cual significa desintegración de la personalidad o inmorta­
lidad (relativa).
Hasta aquí el ciclo del destino individual, como es arquetípica­
mente. Cada personalidad entreteje sus particulares patrones dentro
de este sistema, a menudo borrando externamente los grandes per­
files estructurales. Pero, cuanto más significativo es el destino, más
cierto es respecto del ciclo esencial como aquí lo esbozamos: de mo­
do parecido, cuando más significativo es el individuo, más cierto es él
respecto de la forma arquetípica del Hombre dentro de una particular
era planeteria. Esta es la gran paradoja. La personalidad suprema­
mente individuada revela perfectísimamente en su perfil de carácter,
consciencia y destino la forma del Hombre genérico. Lo individualísi­
mo se torna universalismo precisamente a causa de ser individualísi­
mo. Esto es porque él se convierte en la manifestación absoluta de lo
creativo. Llega a ser un Héroe solar: un Dechado o Avatar, cuyos ac­
tos y cuya personalidad son universalmente significativos.

209
VI 1
LOS SIGNOS DEL ZODIACO

¿Qué es realmente el zodíaco?

Podríamos proseguir fácilmente con nuestro estudio del significa­


do atribuido a los signos del zodíaco, aisladamente y en sus agrupa­
mientos tradicionales; pero hacerlo sería dar por supuestas las cosas
y, de hecho, rehuir enfrentar graves problemas concernientes al zodí­
aco y al sitio que éste ocupa en cualquier sistema coherente y "holís­
ticamente" lóglco de interpretación astrológica. Por tanto, deberemos
volver otra vez a los cimientos y tratar de sondear cuáles son realmen­
te los hechos involucrados al crearse el zodíaco.
Al zodíaco tolemaico ya lo describimos como un cinturón de fuego
creador que rodea a la Tierra, y concentrado sobre la Tierra principal
mente por el Sol y secundariamente por los planetas. El centro de es­
te cinturón de fuego es la eclíptica, el curso aparente del Sol. Los signos
del zodíaco se identifican con las constelaciones (al menos en la astro­
logía pre-tolemaica) y también con las jerarquías celestiales de los
Constructores Cósmicos. Estas jerarquías constituyen colectivamente
a la Mente Universal, a la energía creativa operativa del macrocosmos.
El zodíaco en conjunto es una vasta lente cósmica que concentra sobre
la Tierra las energías combinadas de las jerarquías, haciendo con las
de la Tierra en conjunto, o del Hombre-en-el-"todo", un microcosmos.
Cuando el Sol pasa, a su vez, frente a las doce constelaciones zo­
diacales, se ponen en marcha los procesos operativos de la vida sobre
la Tierra, y se los impulsa hasta que se completen. La primavera y el oto­
ño son puntos lógicos de partida pues, en la zona templada, marcan de­
finidos cambios de estación y alteran la fisonomía de la superficie te­
rrestre a través del efecto de la estación sobre la vegetación. Este he­
cho evidente se torna más preciso midiendo los cambios de ubicación
de las salidas y puestas de Sol. El Sol se pone en su punto más meri-
210
dional en el solsticio de invierno; luego "se desplaza hacia el Norte" (y
también se acerca más al cenit} hasta que alcanza su punto más sep­
tentrional en el solsticio de verano. Por ello, el ano solar se divide nor­
malmente en dos mitades: "cuando el Sol se desplaza hacia el Norte"
y "cuando el Sol se desplaza hacia el Sur". La primera mitad es espiri­
tual; la segunda, material, en la mayoría de los sistemas oculto-mitoló­
gicos. Por otro lado, los puntos equinoccionales, por ser el tiempo en el
que el Sol parece mantenerse quieto, representan los puntos de equi­
librio.
En estos sistemas antiguos, a todo el año se lo ve como un gran
drama sinfónico de Integración bajo la conducción suprema del Sol,
y con una labor secundaria cumplida por los solistas celestes: los pla­
netas. Es un drama de integración colectiva, que afecta a la raza en
conjunto, al planeta en conjunto. No hay una real integración individual
astrológica. La integración individual se reserva luego a la iniciación
secreta; y, en un sentido, no es "integración" individual sino más bien
el hecho de que un cuerpo terrestre es asumido por un ente superterres­
tre: por una Estrella. Por ello, la iniciación se relaciona luego con los ci­
clos estelares; como podrá verse estudiando lo que queda del proce­
so de iniciación egipcio, que tenía lugar en la pirámide, con orificios te­
lescópicos que apuntaban a determinadas estrellas conectadas con el
proceso iniciático.
No existe, pues, astrología de lo Individual ni conocimiento pú­
blico del hecho de la rotación axll de la Tierra. El definido descubri­
miento público de la rotación de la Tierra concuerda con el comienzo de
la era del individualismo, con el Renacimiento: iOtra prueba de lo correc­
to de nuestro simbolismo! En Grecia, los pitagóricos sabían de la rota­
ción de la Tierra, pero entre ellos era un asunto más o menos sagrado
y secreto, tal como lo era el proceso de la individuación, a la sazón un
asunto puramente de iniciación secreta.
Ahora bien, este hecho del descubrimiento público de la rotación de
la Tierra alrededor del eje polar y de su revolución alrededor del Sol tras­
tornó por completo la base del simbolismo astrológico. En todo caso,
produjo una brecha entre la naciente astronomía y la astrología tradi­
cional. Lo que los astrólogos no vieron, y ni siquiera ven ahora plena­
mente todavía, es que la esfericidad de la Tierra y el hecho de su rota­
ción introducían un sentido cabalmente nuevo del espacio, que exigía
una revalorización del zodíaco. En la astrología tolemaica no había una
diferencia fundamental entre el movimiento giratorio de la esfera de
las estrellas fijas y el de varios cielos planetarios. Pero ahora que la Tie­
rra gira alrededor de su eje, se hace evidente un dualismo del movi­
miento: el dualismo de la rotación axil que, como vimos, da nacimien-
211
to a todos los factores individuales, y el de la revolución orbital de la que
participan todos los planetas.
En otras palabras, se quiebra la unidad del zodíaco: lo que era sím­
bolo de la actividad simple de la vida, pues construye formas, cuerpos
y almas, se convierte en un complejo sistema de movimientos con dos
tipos básicos de significado por lo menos. Y ese hecho debemos
afrontarlo. Debemos adherir a un mundo tolemaico y decir que nos
ocupamos puramente de un sistema de simbolismo de la vida basado
en el movimiento manifiesto y en datos concretos dados por nuestros
sentidos, o deberemos aportar nuevas pruebas y nuevas teorías pa­
ra explicar al zodíaco de un modo intelectual y científico. La diferencia
entre el sistema tolemaico y el sistema moderno es la diferencia entre
percepción sensoria directa y conocimiento intelectual. La astrología
deberá elegir lo que desee seguir.
Nuestro punto de vista es que, si adoptamos nuestra moderna ac­
titud astronómica, debemos cesar de considerar al zodíaco tolemaico
como el factor básico en astrología; y, en lugar de ello, tenemos que ha­
cer hincapié sobre el círculo, o el cuadrante, de las casas, puesto que
con lo último estamos haciendo, según nuestra nueva modalidad, lo
que los antiguos hacían cuando hablaban del zodíaco como el símbo­
lo del drama anual de la integración, colectiva y planetaria.
Como escribimos hace un momento, no existía un concepto de un
tipo real de Integración Individual, salvo en lo que concernía al pro­
ceso secreto de iniciación. La integración individual es lo que C.G. Jung
llama "individuación". Y lo que nosotros debemos comprender es que
este proceso de individuación ocupará, a su tiempo, el lugar del proce­
so de iniciación. Ya no es el Sol el que da vueltas, concentrando los es­
pacios estelares de vida ilimitada sobre la Tierra colectiva. La que aho­
ra da vueltas es la Tierra, y esta rotación tiene un significado individual
para el hombre individual. En un sentido más amplio es el símbolo del
proceso de individuación.
Este proceso lo estudiamos realmente cuando nos ocupamos de
los tres ciclos de 28 años de la vida humana, medidos a lo largo del cua­
drante de las casas. Por eso, este cuadrante de las casas puede con­
siderarse ahora como el factor básico, en vez del zodíaco solar; como
un patrón de integración o de realización de la vida. El individuo puede
experimentar sus propios ciclos de consciencia a través de tales ciclos
simbólicos de rotación terrestre: pues ahora está centrado, al menos
potencialmente, en su propia Estrella Polar, y ya no es una criatura del
Sol, con un plexo solar abierto a través del cual se derraman las ener­
gías formativas de la vida.
212
Por supuesto, el zodíaco sigue siendo el patrón del desarrollo co­
lectivo y del funcionamiento universal de la vida; pero así como hace­
mos hincapié sobre el proceso psicológico de individuación, de igual
modo también debemos hacer hincapié sobre las casas como un con­
junto de puntos de referencia, o sea, como determinando los ciclos bá­
sicos de la personalidad individual. Empero, la belleza del simbolismo
se muestra en esto: que realmente nada cambia, salvo el punto de
vista. Esto lo aclararemos a continuación.
"El año es el día del Señor." ¿Pero quién es el Señor, astrológica­
mente? Es el Polo Norte, el final integrativo o la cabeza del "Yo soy" pla­
netario (el eje polar). Y todos sabemos que, al menos teóricamente, en
el Polo Norte el año se divide en ¡ un tiempo diario de 6 meses y un
tiempo nocturno de 6 meses! Verdaderamente, el año del Polo Nor­
te es un "día"; y por tanto descubrimos que aquí nuestro cuadrante de
las casas se aplica de manera modificada: 6 meses, el Sol está deba­
jo del horizonte; 6 meses, arriba del horizonte: un ciclo planetario de día­
y-noche, y por ello ¡la posibilidad de un cuadrante de las casas que mi­
da el dodécuplo proceso de consciencia durante este "día" del Señor!
Esto es muy lógico, si comprendemos que el año solar es original­
mente un registro de los cambios de estación. Pero estos cambios de
estación se deben al hecho de la inclinación del eje terrestre, que tam­
bién es la causa del tiempo diario de 6 meses, y del tiempo nocturno de
6 meses experimentados (de nuevo hablando relativamente) en los po­
los. Esto muestra que lo que es un ciclo anual (colectivo) en relación
con las zonas templadas, es un ciclo diario (lndlvldual) en relación con
los polos. Podemos interpretar esto diciendo que lo que es colectivo pa­
ra las células dentro de un organismo íntegro, es individual en referen­
cia a este organismo en conjunto. Individual y colectivo son términos re­
lativos. ¿Relativos a qué? Al punto de vista que se tome.
Como la Biblia y todos los libros ocultistas lo dicen, los hombres son
células en el cuerpo del Señor. La astrología polar se ocupa del Indivi­
duo planetario (el "Señor"), y su ciclo de individuación es el año. Fun­
ciona solamente a través del eje polar, y los hechos concernientes a es­
te eje polar (inclinación, giro, etc.) son las bases del simbolismo de una
astrología planetaria-solar. El hecho de la inclinación, unido con el de
la revolución de todo el planeta alrededor del Sol, constituye la base del
"día" polar, tal como el hecho de la rotación de la superficie del globo al­
rededor de su eje causa el "día" de nosotros, los hombres ... células del
cuerpo planetario.
Sin embargo, al ser células, nos relacionamos uno con otro cons­
tantemente, y esta relación, este intercambio colectivo, es el que se
describe simbólicamente en el zodíaco. En este caso podemos consi-
213
derar a la Tierra como un cuerpo enorme en el que los hombres-célu­
las "se mueven y tienen su ser". Si el zodíaco es una imagen de los mo­
vimientos y relaciones de estos hombres-células dentro del cuerpo te­
rrestre, entonces se desprende lógicamente que los signos del zodí­
aco representan divisiones anatómicas del cuerpo terrestre. Sin
embargo, no es el planeta material el que ha de considerarse, sino el
planeta como un campo de relaciones. Este campo es creado real­
mente por la rotación de la Tierra y por las corrientes magnéticas gene­
radas por los Polos. También está conectado con la Ionosfera (arriba
de la estratosfera), influida por los rayos ultravioletas del Sol. En pocas
palabras, el zodíaco es lo que los astrólogos-científicos llaman el "cam­
po magnético" de la Tierra, lo que los ocultistas llaman el "aura de la Tie­
rra", o el huevo áurico del Ser planetario.
Aosm:H,1amente, es el reino en el que todas las relaciones entre to­
dos los seres vivos de la Tierra están entralazadas. Es la gran matriz de
lo colectivo, energetizada y estimulada rítmicamente por las radiacio­
nes solares, y presumiblemente también por los rayos cósmicos y de­
más. Es un campo magnético, pero se lo puede representar menos
científicamente como una envoltura de fuego o electricidad dentro del
cual la Tierra gira, pero que permanece constantemente polariza­
do en la misma dirección: hacia el polo de la eclíptica.
Esta línea de los polos de la eclíptica es el eje ideal de la Tierra al­
rededor del cual el eje real gira en 25.868 días. Por tanto, al zodíaco se
lo puede concebir como la Tierra Ideal, el cuerpo arquetípico del "To­
do" planetario en el que los hombres viven como células y grupos de cé­
lulas.
Es probable que tal afirmación parezca estar en conflicto con nues­
tras afirmaciones anteriores que indicaban que el zodíaco era el resul­
tado de la revolución orbital de la Tierra alrededor del Sol y un antece­
dente para los movimientos orbitales de todos los planetas. Pero tam­
bién debemos recordar lo que añadíamos: ¡Siempre en relación con la
Tierra!
Recordando esto, podemos decir que el zodíaco es el sistema so-
lar en relación con la Tierra. Un paso más adelante: es la totalidad de
la relación planetaria-solar proyectada sobre la envoltura solar o espi­
ritual de la Tierra. O, asimismo, es la zona alrededor de la Tierra en la
que las emanaciones colectivas de ésta se integran con las emanacio­
nes colectivas provenientes del Sol y de los planetas. Y muy bien pue­
de ser que esta zona corresponda realmente, en las regiones que ro­
dean a la Tierra, al cinturón ecuatorial sobre la superficie del globo. Con­
cretamente, desde nuestro punto de vista, no importa cuál definición o
cuál formulación uno adopte.
214
El zodíaco, como la astrología occidental lo entiende, es una idea
y un hecho. Como una Idea, es una expresión de los movimientos com­
binados del Sol, la Luna, los planetas y la Tierra, y de las relaciones en­
tre éstos. Es una expresión del ser colectivo y de la relación entre las
partes o los órganos que juntos constituyen un "todo" orgánico. Es la ex­
presión de la totalidad orgánica. Como todo tiene que relacionarse con
el observador en la Tierra, podemos proyectar esta "expresión" alrede­
dor de la Tierra y llamarla "huevo áurico" o "Tierra ideal", sea lo que fuere
lo que indique la totalidad de la vida en actividad dinámica. Incluso po­
demos proyectar la idea del zodíaco sobre la superficie de la Tierra y así
determinar qué lugar pertenece a determinado signo del zodíaco, co­
mo lo hicieran Johndro y Counsil, cada uno a partir de una particular "ba­
se en el mundo" para la proyección. En todos los casos, lo que se ha­
ce es graticar los elementos colectivos y el intercambio orgánico.
Esto resulta más evidente todavía con la proyección tradicional del
zodíaco sobre el cuerpo humano, o, lo que es menos habitual pero me­
jor, sobre el "aura" humana o el huevo áurico. Aquí vemos un signo par­
ticular del zodíaco asignado a cada parte del cuerpo. En realidad, el zo­
díaco es entonces una pauta de intercambio orgánico, un relevamien­
to de los circuitos de la fuerza vital (el Sol) cuando energetiza las diver­
sas partes y los diversos órganos de la colectividad integrada de célu­
las, que llamamos cuerpo. Al zodíaco, pues, se lo ve como la pauta ide­
al y el molde formativo de cada "cuerpo".
Como un hecho de aplicación astrológica práctica, el zodíaco,
como ahora lo usamos en el mundo occidental, tiene que considerar­
se como el "campo magnético" de la Tierra, siendo éste el único modo
de justificar nuestras mediciones astrológicas desde el punto de vista
de un sistema solar científico heliocéntrico. Esto es explicado muy lú­
cidamente en Casting the Horoscope, de Alan Leo, del que citare­
mos lo siguiente:
"El zodíaco que usamos es realmente el Aura de la Tierra. Es una esfera
o un ovoide, cuyos polos coinciden con los polos de la eclíptica, y su pla­
no medio o ecuatorial es la Eclíptica .... Por alguna razpn actualmente inex­
plicada, esta esfera está polarizada en una dirección; es decir, permane­
ce siempre en una posición, cualquiera que sea el lugar de la Tierra en su
órbita, siendo comparable en este aspecto con la brújula corriente del ma­
rino, cuyo indicador circular flota siempre con su Polo Norte apuntando en
una dirección. Esta esfera se divide en doce partes como los gajos de una
naranja, y estas secciones son las que constituyen los "signos" del zodía­
co. Sin embargo, lo que principalmente nos interesa es su plano ecuatorial,
215
pues es esto lo que medimos en signos o grados, y lo que determina la po­
sición zodiacal de un planeta.
"Ahora bien, está claro que, puesto que esta esfera o aura pennanece 'flo­
tando' constantemente en una posición mientras la Tierra viaja alrededor
del Sol, los rayos del Sol pasarán sucesivamente a través de cada uno de
los signos. Si usted pone un farol en medio de una mesa, y camina una vez
alrededor de ésta, dando frente siempre a un rincón particular de la habi­
tación, los rayos de la luz habrán brillado sobre cada parte de la cabeza por
vez: la nariz, la mejilla izquierda.detrás de la cabeza.la mejilla derecha,
y así sucesivamente.
"Apenas es menester mencionar que esta 'aura' no da vuelta cada día con
la rotación de la Tierra en su eje, sino que la Tierra da vueltas dentro de ella,
como la rueda del giróscopo."

En otras palabras, esta "aura" representa a la colectividad de todo


el sistema solar en relación con la Tierra. La Tierra da vueltas dentro de
aquél, tal como cualquier Individuo se mueve dentro de su propio
medio ambiente, el cual representa para el individuo lo colectivo, o
sea, la suma total de las relaciones que este individuo puede experi­
mentar. El zodíaco es el medio ambiente colectivo de la Tierra, y, por
tanto, de la humanidad en conjunto. Todas las relaciones cósmicas en
la que la Tierra pueda entrar alguna vez, todas las radiaciones externas
que alguna vez puedan penetrar en la atmósfera de la Tierra, y por ello,
los pulmones y la sangre de cada organismo que respira sobre la Tie­
rra: todo esto deberá pasar a través del zodíaco. En otro sentido, enton­
ces, el zodíaco es la placenta del cuerpo terrestre embrional. Todas las
energías constructivas que producen el crecimiento del embrión debe­
rán pasar a través de la placenta. La placenta es la zona formativa, la
zona en la que (y desde la que} las energías y sustancias constructivas
pertenecientes al macrocosmos vitalizan al microcosmos, tal como las
energías de la madre vitalizan al embrión.
Como los rayos solares y planetarios pasan sucesivamente a tra­
vés de cada uno de los signos zodiacales, el microsmos en crecimien­
to recibe subsiguientemente "alimento" o estímulo, hasta que, a su
tiempo, alcanza el estado de desarrollo perfecto. La Tierra no está de­
sarrollada perfectamente, y tampoco la raza humana. Por ello, un año
tras otro, la Tierra, la raza humana y todas las otras especies vivas de
este globo reciben más "sustancia cósmica", más "alimento macrocós­
mico": la sustancia misma de las Jerarquías Celestiales, según el sim­
bolismo ocultista; el Pan y las Aguas celestiales de la Vida universal.
El lector que haya leído íntegramente lo anterior verá entonces fá­
cilmente que no interesa en lo mínimo si se dice que la Tierra gira
216
alrededor del Sol, o el Sol alrededor de la Tierra. Lo que en astrolo­
gía tratamos son tres factores: el microcosmos, el macrocosmos, y la
relación entre los dos. En otras palabras, esto significa lo particular, lo
universal y la suma total de elementos por medio de los cuales lo uni­
versal se concentra como un "todo" orgánico particular. La suma total
de estos elementos constituye el zodíaco.

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Y en lo concerniente a nosotros, los hombres, todo el universo gi­


ra alrededor de nosotros, tal como la vida de la madre gira alrededor
del hijo. ¿Egoísmo? Para nada; tan sólo sentido común. La ciencia mo­
derna, al tratar de ser muy impersonal y objetiva, no se da cuenta toda­
vía de que, cuando se dice y se hace todo, sólo es impersonal y objetiva
en lo concerniente a los seres humanos Individuales. Todo lo que
la ciencia hace es darnos un conocimiento válido para todos los hom­
bres en esta Tierra. Filosóficamente, o mejor dicho, incluso hablando
prácticamente, el conocimiento científico está cabalmente condiciona­
do y limitado por las fronteras de la Tierra. La Tierra es como un embrión
dentro de la placenta. El embrión sólo puede conocer directamente lo
que le ocurre a él y lo que ocurre alrededor de él, y esto en términos de
la vida dentro del vientre materno. Por ello, el zodíaco es realmente lo
que los teósofos llaman el "Círculo lntraspasable" de la Tierra.
En terminología científica, el punto de vista y el conocimiento de to­
dos los habitantes de la Tierra están absolutamente limitados a lo que
ocurre dentro del campo magnético de la Tierra. Pueden conocer lo ex­
terno sólo a través de las perturbaciones de este campo magnético. Del
Sol, de los planetas y de las estrellas sólo conocemos sus efectos so­
bre el campo magnético de la Tierra. No tenemos absolutamente mo-
217
do alguno de conocer si los rayos de las estrellas no son desviados re­
gularmente por el campo magnético de la Tierra. Todo lo que podemos
hacer es medir con exactitud las perturbaciones en este campo mag­
nético o "aura de la Tierra". No hay posibilidad filosófica ni teórica de co­
nocer jamás, directamente, lo que en realidad está más allá de las fron­
teras de este campo. Sólo conocemos "por inferencia". En otras pala­
bras, para usar términos que la nueva escuela de idealistas especial­
mente entre los físicos ingleses popularizara, nuestro conocimiento só­
lo es válido en términos del "sistema intelectual" que hemos adoptado.
Este "sistema", que tal vez sea la máxima creación objetiva del hombre,
es relativo al hombre. La ciencia moderna reconoce el hecho de que es­
tá "centrada en el hombre", de que es una interpretación de hechos ex­
perimentados colectivamente, válidos colectivamente para la humani­
dad sobre la Tierra.
El zodíaco simboliza al sistema al que cada fenómeno astrológico
debe referirse. Por ello, está centrado en el hombre y está centrado en
la Tierra. Es una abstracción y un símbolo, tal como la Ciudad Santa con
sus doce puertas-€n la alegoría bíblica-es una abstracción y un sím­
bolo. El zodíaco es el Muro que separa a todos los habitantes de la su­
perficie terrestre respecto del universo. Simbólicamente, este Muro tie­
ne doce puertas, doce signos del zodíaco, doce canales a través de los
cuales fluyen las energías universales. Hablamos de "muro" de un áto­
mo, pero sólo significamos los límites de un campo magnético; y aho­
ra disparamos partículas potentísimas a través de este muro, y así po­
nemos en libertad, desde la "Ciudad Santa" del átomo, uno o más fo­
tones.
¿Por qué hablamos de "puertas" en un "muro"? ¿Por qué no un
campo abierto? Tal vez porque: 1) las fronteras de un campo magné­
tico diferencian bastante agudamente lo interno de lo externo para apa­
recer como un muro sólido, tal como la superficie de una mesa apare­
ce tan sólida como un muro, aunque es nada más que un campo mag­
nético; y 2) la energía, que proviene del exterior y sale del interior, só­
lo puede entrar o salir en porciones llamadas quanta en física moder­
na. Y tal vez el modo en que estos quanta se comportan se exprese
con exactitud, pero por supuesto simbólicamente, con el concepto de
"puertas" que se abren y se cierran rítmicamente como las válvulas
del corazón.
Sea esto como fuere, el hecho es que al zodíaco que usamos en
astrología moderna se lo ha de considerar como rodeando a la Tierra,
pero no una creación del de la Tierra, como un globo que da vueltas. Es
la expresión de la relación de la Tierra con el universo, y, más particu­
larmente, de la Tierra con el Sol. Esto lo evidencia el hecho de que es-
218
ta esfera postulada o simbólica alrededor de la Tierra se orienta hacia
la eclíptica y hacia el polo de la eclíptica. No participa de la rotación axil
de la Tierra, ni de la inclinación del eje de la Tierra. Por ello, ¡en todo sen­
tido es igual que el zodíaco tolemaico!, sólo que visto a través de las len­
tes de la astronomía moderna. Es la "esfera celeste" de los astrónomos,
pero limitada a la vecindad de la Tierra, usando el término "vecindad"
como en la física moderna.
Sin embargo, muchos astrólogos, a menudo para simplificar la co­
sa, y con más frecuencia aún porque no consideran atentamente las ba­
ses lógicas del sistema que usan, se refieren al zodíaco como si fuera
una vasta esfera centrada en el Sol y que abarca a todo el sistema so­
lar. Entonces, hay algunos que deliberadamente hablan de esto como
el "campo magnético del Sol". Desde luego, nada hay de malo respec­
to de esta última idea, sólo que no concuerda con la realidad concreta
y práctica ni con la idea filosófica del zodíaco, como hoy aplicamos el
término "zodíaco".
La más sencilla explicación de esto está contenida en el hecho si­
guiente: si los signos del zodíaco son una segmentación dodécupla del
espacio alrededor del Sol, y la Tierra pasa a través de uno de estos seg­
mentos cada mes cuando gira alrededor del Sol, entonces permanece,
digamos, durante abril en el signo de Libra (el Sol parece estar por ello
en Aries). Pero si esto es así, la Luna que gira cerca de la Tierra perma­
nece en este signo de Libra más o menos como permanece la Tierra,
o sea, ¡un mes entero! En otras palabras, todo el edificio de la astrolo­
gía, como hoy la usamos, en muy gran medida se cae a pedazos. Te­
nemos que pensar en un zodíaco de la Tierra a través del cual se mue­
ve la Luna (¿tal vez el zodíaco lunar del pasado?); tenemos que renun­
ciar a la idea de los planetas retrógrados. En otras palabras, hemos de
tener un cuadro astrológico de referencia enteramente nuevo. Sin em­
bargo, la idea es atractiva para el astrólogo de tipo científico. Desde
nuestro punto de vista, no encaja con los principios básicos del simbo­
lismo astrológico, pues implica la idea de que legítimamente podemos
imaginarnos en el Sol y de que podemos interpretar la vida y las rela­
ciones planetarias desde allí. Para nosotros esto no es filosóficamen­
te aceptable. Como dijimos, estamos tratando la astrología con una in­
terpretación de los hechos de la experiencia. Por ello, mientras expe­
rimentemos en y a través de cuerpos nacidos.en la Tierra y condiciona­
dos por la Tierra, no podremos asumir el punto de vista imaginario de
un ser con un cuerpo real nacido en el Sol y condicionado por el Sol. En
realidad, nada sabemos acerca del Sol, excepto como un centro de ra­
diaciones que nos afectan. A este centro lo llamamos "Sol". Y simbóli­
ca y teóricamente todo funciona como si el Sol fuera lo que hacemos
219
que él sea. Pero no experimentamos al Sol desde el punto de vista del
Sol. Lo experimentamos solamente desde el punto de vista de la Tie­
rra. Y, como ya dijimos, la astrología -o cualquier tipo de interpretación
de la vida- se ocupa de hechos experimentados que se tornan sig­
nificativos.
En esto no estamos contradiciendo afirmaciones anteriores. Bien
podemos aceptar la interpretación de la ciencia moderna sobre los mo­
vimientos relativos del Sol y de los planetas, y sin embargo tomar la ac­
titud que acabamos de definir. El concepto astronómico del sistema so­
lar es un sistema de interpretación de hechos observados, un sistema
muy conveniente y maravillosamente intelectual. Pero, para nosotros,
los que cuentan son los hechos. Sobre la base de estos hechos, la as­
tronomía establece un modelo del sistema solar. Sobre la base de es­
tos mismos hechos, la astrología establece un simbolismo de interpre­
tación de la vida. Ambos son igualmente lógicos. Y si lo primero pare­
ce funcionar más exactamente que lo segundo, es probablemente por­
que lo segundo se ocupa de una esfera del ser que es más exacta en
función de significado que en función de acontecimientos; una esfera
en la que está fuertemente activo el "principio de la indeterminancia".

El significado y la clasificación de los signos del zodíaco

En la astrología antigua, basada en el concepto tolemaico del uni­


verso, las casas eran divisiones estáticas del espacio arriba y debajo de
la Tierra plana. Como no eran una expresión del movimiento planeta­
rio, no podían ser una expresión de la Vida. Por tanto, se ocupaban pu­
ramente de circunstancias externas, estableciendo departamentos fi­
jos para las actividades de la Vida. Por ello, la base de toda clasifica­
ción de las actividades de la vida era el zodíaco y el curso cíclico del Sol
a través de sus signos. Los equinoccios y solsticios servían muy natu­
ralmente para efectuar una división del zodíaco en cuatro grandes sec­
tores correspondientes a las estaciones. Esta división se basa precisa­
mente en la relación del plano ecuatorial de la Tierra con la eclíptica, el
curso manifiesto del Sol. Los equinoccios están donde estos dos pla­
nos se intersectan; y los solsticios donde están más separados. Esto
nos da los cuatro signos cardinales del zodíaco; Aries y Libra, en los
equinoccios de primavera y otoño; Cáncer y Capricornio, en los solsti­
cios de verano e invierno.
A estos cuatro signos se los veía como los tiempos cruciales del
año, como períodos de especial actividad de la fuerza vital y de la es­
pecial liberación de energía. Sin embargo, estaba claro que los tipos de
220
liberación que ocurrían durante estos cuatro períodos cruciales eran de
naturalezas diferentes. En los equinoccios, llegaban los tiempos de má­
ximo impulso biológico; en los solsticios, de mínimo impulso; tal como
si observamos las oscilaciones de un péndulo, vemos su movimiento
que es más veloz cuando cruza el punto de equilibrio, y es más lento
cuando llega a sus posiciones terminales.
Para los antiguos, la eclíptica parecía oscilar hacia el Sur y hacia el
Norte en relación con la Tierra, completando una oscilación plena ca­
da año. Para nosotros, los modernos, son los polos de la Tierra los que
realizan el movimiento oscilante en relación con el Sol, volviéndose ha­
cia el Sol y apartándose de éste. Cuando el Polo Norte se ubica dan­
do frente al Sol, esto es verano en el hemisferio Norte; cuando oculta
su faz del Sol, es invierno. La misma oscilación pendular, pero obser­
vada desde el punto de vista de la relación ecuador-eclíptica, o desde
el de la relación polo-Sol.
En ambos casos, el resultado es que los signos equinocciales del
zodíaco.Aries yLibra, son signos de gran impulso positivo; mientras los
signos solsticiales, Cáncer yCapricornio, son signos de impulso nega­
tivo. Por otro lado, en los puntos solsticiales, las polaridades de la vida
(el Yang y el Yin de la filosofía china) han de experimentarse, respec­
tivamente, en su cualidad más pura. El Yang más puro (con la mínima
mezcla de Yin) es experimentado por la Tierra en el solsticio de vera­
no; el Yin más puro (con la mínima mezcla de Yang) es experimenta­
do por la Tierra en el solsticio de invierno; mientras que los equinoccios,
las dos polaridades se combinan por igual.
Por tanto, tenemos dos conjuntos de factores. En los equinoccios
el impulso de la vida es máximo. En los solsticios, las cualidades de las
polaridades de la vida han de sentirse del modo más puro. Esto nos da
el significado de la caracterización de los cuatro períodos cruciales del
año en términos de cuatro "elementos": Fuego y Aire, Agua y Tierra.
Fuego (Aries) yAire (Libra) son expresiones del impulso; Agua (Cáncer)
y Tierra (Capricornio) son expresiones de cualidades de la vida, o po­
laridades. En los equinoccios, tenemos extremos de movimiento yac­
tividad (hacia el Sol o lejos de éste, de dirección positiva o negativa); en
los solsticios, encontramos potencialmente extremos de realización
(de las polaridades del Yang o del Yin).
Los términos Yang y Yin no deben, sin embargo, confundirnos. Re­
almente significan, a este respecto, objetivo ysubjetivo, externo e inter­
no; por tanto, según costumbres antiguas, se referían al hombre y a la
mujer. De Aries a Libra: este es el período de vida objetiva, el período
en el que la vegetación se manifiesta. Es el reino de la hoja. De Libra
a Aries: este es el período de vida subjetiva, el período en el que la ve-
221
getación está latente, oculta debajo de la corteza de la Tierra. Es el rei­
no de la semilla. Hoja y semilla son dos grandes símbolos de lo exter­
no y lo interno, de la objetividad y la subjetividad.
Por tanto, Aries representa lo extremo del impulso hacia la condi­
ción de hoja, hacia lo extremo de la realización en y a través de la re­
alidad objetiva, que es Cáncer; la planta realizada en el fruto: la madu­
rez objetiva.
Por otro lado, Libra representa lo extremo del impulso hacia la con­
dición de semilla, hacia lo extremo de la realización en y a través de la
realidad subjetiva, que es Capricornio; el nacimiento de la consciencia
erística en lo interior: la madurez subjetiva.
Por tanto, el Fuego (Aries) es movimiento hacia la manifestación ob­
jetiva: el deseo primordial de manifestación, la sed de vida en un cuer­
po: Tanha, la voluntad de vivir como un yo separado, en la filosofía bu­
dista. El Fuego se realiza en el Agua (Cáncer): el deseo-de-ser se re­
aliza en la savia de las plantas, en la linfa y en la leche, que sustentan
toda la vida animal: también en el alma personal.
El Aire (libra) es movimiento hacia la realización subjetiva, el anhe­
lo del Dios interior, la sed de "Liberación", o de Nirvana. ¿ Liberación de
qué? De la esclavitud del cuerpo y de la responsabilidad separada. Es
movimiento lejos del Sol físico y hacia el más allá. El Aire se realiza en
la Tierra (Capricornio): El anhelo de Dios se satisface en el nacimien­
to del cuerpo erístico en lo interior: la tierra espiritual, la Nueva Jerusa­
lem.
Según nuestra nomenclatura anterior -individual, colectivo y cre­
ativo- tenemos el siguiente diagrama:

CREATIVO

\d8( ·- ....
.._ a. �
INDIVIDUAL
--A-rie- s-
! j\ -l•ibra
• __.� COLECTIVO

J
Fuego Aire
.

/:R:ATIVO

Esto podría parecer que está en conflicto con lo que dijimos del zo­
díaco refiriéndolo como un "todo" en relación con lo colectivo. Pero de-
222
bemos comprender que individual y colectivo son términos puramente
relativos. El cuerpo es "colectivo" respecto del yo individual; pero es un
"todo", y, por tanto, es un organismo individual. Cuando hablamos así
de "individual" con referencia al zodíaco, hablamos de estas energías
cósmicas que están construyendo la totalidad de cualquier "todo". To­
talidad y personalidad individual son casi sinónimos, el mismo hecho
observado desde dos puntos de vista diferentes.
El Fuego es individual, porque es el principio animador de toda per­
sonalidad individual. Es lo que surge de la nerra hacia el Sol. Es el fue­
go de la germinación que impulsa al núcleo de la semilla hacia el Sol,
hacia el Dios-que-está-en-todas-partes.
El Aire es "colectivo", porque es lo que pone, a cada individuo y cuer­
po separados, en la sutil comunión del aliento. El aire vincula a los pul­
mones y a la sangre de cada ente que respira. Es lo que se eleva del
Agua hacia el Espacio omniabarcante. Es la emanación de todos los
cuerpos, el perfume de todas las vidas. En, y a través de él, todas las
vidas alcanzan la unidad en la semilla omniabarcante que es el Dios­
del-Misterio: el ESPACIO.
El Agua es la manifestación "creativa" del deseo de ser un individuo
separado. La Tierra es la manifestación "creativa" del deseo de alcan­
zar una etapa de absoluta solldarldad esplrltual. La solidaridad es al
espíritu lo que la solidez es a la materia. En ambos casos, eso signifi­
ca Tierra. Dentro del alcance de la vida de un hombre particular, la so­
lidaridad tiene que establecerse entre todos los centros de vida, orgá­
nicos y magnéticos, antes de que el cuerpo Crístico tome forma: sím­
bolo o signo de esta solidaridad perfecta.
El lector tal vez se confunda por la manera con que hacemos que
la oposición de lo individual y lo colectivo coincida con los equinoccios,
mientras encontramos que la oposición de Yang y Yin coincide con los
solsticios. La contradicción es más aparente que real. La cualidad chi­
na de los principios o las polaridades se refería a hechos concretos,
mientras nosotros, cuando hablamos de lo individual y lo colectivo, nos
ocupamos de principios de movimiento, o, digamos, de tendencias
de la consciencia. En otras palabras, nos ubicamos en un nivel abstrac­
to que, evidentemente, cambia nuestro enfoque. Hablando práctica­
mente, hay muy poca diferencia. Tradicionalmente, Cáncer gobierna el
"hogar", y Capricornio, la "vida pública" o la "profesión": verdaderamen­
te, la esfera de la creatividad individual y de la creatividad colectiva.
Hay mucha confusión en la aplicación del simbolismo astrológico
porque los diversos puntos de vista de la interpretación no se diferen­
cian demasiado claramente. Cuando el libro de texto corriente enuncia
todas las cosas que se supone que Cáncer representa, de hecho está
223
amontonando un conjunto de "significados" que son los resultados de
diversos tipos de interpretación. Cáncer significa una cosa desde un
punto de vista, y otra cosa desde otro punto de vista. Este hecho jus­
tifica nuestra actual actitud que apunta a una aclaración y una clasifica­
ción de los significados. Uno puede tratar de interpretar los signos del
zodíaco desde diversos puntos de vista, dando cada uno un conjunto
particular de significados; pero, a menos que uno comprenda el modo
en que cada conjunto se produce y la lógica de su producción, nece­
sariamente sobrevendrá mucha confusión.
Hasta ahora, nos hemos ocupado de la base muy general y arque­
típica de la interpretación zodiacal, considerando los cuatro momentos
básicos del ciclo del año. Evidentemente, es aconsejable una ulterior di­
ferenciación, y de hecho es necesaria, y hay dos modos esenciales con
los que esto puede hacerse. La estructura cuádruple de los signos "car­
dinales" (Aries-Libra; Cáncer-Capricornio) nos da cuatro secciones de
90 grados cada una. Cada sección puede dividirse en dos subseccio­
nes de 45 grados cada una; o en tres subsecciones de 30 grados ca­
da una. El último procedimiento es el habitual; pero pierde gran parte
de su significado cuando no se correlaciona con el primero, al que, des­
dichadamente, se entiende muy poco.

Diferenciación de las energías: La división cuádruple del zodía­


co que hasta ahora hemos estudiado nos da cuatro tipos básicos de
sustancia cósmica: Fuego-Aire; Agua-Tierra. Esta es la diferenciación
zodiacal más fundamental en cuanto el zodíaco, en su conjunto, sim­
boliza, como ya dijimos, la construcción de un microcosmos. La sustan­
cia es la cosa más fundamental de cualquier construcción. Pero la
"energía" y la "forma" son importantes por igual. Por ello, veremos que
el zodíaco es, muy lógicamente, susceptible de otros dos tipos de dife­
renciación, refiriéndose respectivamente a la energía y a la forma.
La energía no es muy diferente de la sustancia. Es sustancia acti­
vada y liberada, como la física moderna lo demostró muy claramente.
Por tanto, podemos esperar que el principio de "diferenciación de la
energía" sea similar al de "diferenciación de la sustancia". Ambos se ba­
san en el principio del dualismo polar; de la acción y de la reacción. Por
ello, el zodíaco de la energía será óctuple, mientras el zodíaco de la
sustancia será cuádruple.
Según T.O. McGrath (Timing Business Activity and the Sun, pág. 12):

"Es sabido que todos los cuerpos, como el Sol y sus satélites, son cuerpos
cargados y están rodeados por un campo magnético; que en cualquier
cuerpo magnético que tiene dos polos ( el Sol y sus satélites son tales cuer-
224
pos), las corrientes magnéticas circulan desde el polo Norte hasta el polo
Sur, se neutralizan cada 90 grados, y alcanzan una intensidad máxima ca­
da 45 grados."

Si tal es el caso, es evidente que los puntos de máxima liberación


de energía se encontrarán a mitad de camino entre los equinoccios y
los solsticios. Estos puntos están, pues, en los siguientes grados del
círculo: 45-135-225-315; o en función de la nomenclatura zodiacal ha­
bitual: Tauro 15; Leo 15; Escorpio 15; Acuario 15. Algunos ocultistas no
Capricornio O

Acuario 15 Escorpio 15
270 225 /,.
/
/
/
'x/
'' rno
Aries O Libra O
/

'
/
45 / ,135
/
Tauro 15 Leo 15

Cáncer O

conocen estos puntos. Corresponden a lo que se ha llamado: las Cua­


tro Puertas del Descenso Avatárico. Como un "Avatar" en la terminolo­
gía antigua es, de hecho, una liberación de energía cósmica, el sig­
nificado de la frase es muy evidente. Estas Cuatro Puertas son simbo­
lizadas por las cuatro criaturas simbólicas: el Toro, el León, el Aguila y
el Angel. Cada una de ellas representa un tipo particular de liberación
dinámica, un tipo particular o un Rayo particular de Energía, y de una
"iniciación" liberadora de energía.
El Toro y el León representan a la energía "individuadora", a la
energía arraigada en el planeta, o sea, en la personalidad concreta. Por
otro lado, el Aguila y el Angel simbolizan a la energía "colectivizado­
ra"; la energía que expande lo individual en lo colectivo y en lo univer­
sal. Podríamos añadir que el Toro es la energía hacia la formación del
ser individual, mientras el León es la energía que emana del ser indivi­
dual. El Aguila es la energía hacia la formación del ser universal, mien­
tra el Angel es la energía que emana del ser universal.
225
En el ciclo del año, los cuatro puntos "avatáricos" ocurren aproxima­
damente el 6 de mayo, el 8 de agosto, el 8 de noviembre y el 5 de fe­
brero. En estas épocas, se liberan y efectivizan las energías o realiza­
ciones que se juntan en los equinoccios y los solsticios. Al numerólogo
podría interesarle considerar el hecho de que las cifras en el número de
cada una de estas ocho posiciones del círculo se suman hasta el dígi­
to 9: (45, 90, 135, etc.). Baha'u'llah, el gran profeta persa, a quien mu­
chos consideran como el Avatar de la nueva Era de Acuario, nació el 12
de noviembre, muy cerca del punto del Aguila: una época muy adecua­
da para quien predicaba el evangelio de una "religión universal", y, en
general, de una síntesis planetaria omniabarcante. El tomaba al núme­
ro 9 como el símbolo de su mensaje.
La diferenciación de las formas: La energía opera en un ritmo
polar de acción y reacción; por ello, cualquier tipo de diferenciación de
la energía se basa en divisiones y subdivisiones teóricamente iguales:
2--4--8. En la simbología antigua, el 8 es el número del Sol, 888, el nú­
mero del Cristo, el Sol triuno. El número 9 representa, pues, a Quien do­
mina la energía óctuple. ¿Pero cómo dominará uno la energía, a me­
nos que tenga una forma-de-energía -un motor- en el que conten­
ga y desde el cual libere energía a voluntad? No podemos ponernos a
debatir íntegramente el significado del término "forma-de-energía". 1
Baste decir que no puede haber una liberación controlada y rítmica de
la energía, a menos que haya alguna especie de "motor" a través del
cual se efectivice esta liberación. Todos los motores son "formas-de­
energía", o sea, formas que controlan la generación, la concentración
y la distribución de la energía.
Siempre tres operaciones: generación, concentración y distribu­
ción. Por tanto, el número básico de todas las formas-de-energía (y pro­
bablemente podríamos decir de todos los tipos de ingeniería) es el 3.
El ingeniero "usa" impulsión y tracción. Impulsión y tracción son dos co­
sas; pero "usa" implica un tercer principio. Acción y reacción: tal es el
ritmo energético puro. Pero es necesario un tercer término: interacción,
si la energía ha de construir un cuerpo orgánico. Un cuerpo no es un ca­
ño cuyas corrientes de energía tienen su flujo y su reflujo. Asimila sus­
tancia. Retiene energía. Usa el flujo y el reflujo para subir hasta el nivel
o el potencial de la energía. Y esto es "vida orgánica", la cual implica
siempre tres facultades básicas: automantenimiento, autorreproduc­
ción y autorrealización.

mfj 1 Este punto lo consideramos en nuestro libro Art as Release of Power ( 1929)

226
Podríamos seguir casi indefinidamente enumerando trinidades de
principios en los dominios del ser y del devenir. Pero aquí, con el zodí­
aco y con todos los elementos "ecuatoriales", principalmente nos ocu­
pamos de la energía, de la energía que construye y regenera organis­
mos y cuerpos. Y la formulación más satisfactoria de la trinidad de los
elementos que entra en esta actividad constructora es la ya menciona­
da: generación, concentración y distribución.
Vimos (;!.:e, en los cuatro puntos cruciales del ciclo del año, había
una generación de energía. Los resultados de esta generación son cua­
tro tipos básicos de "sustancias": Fuego-Aire, Agua-Tierra. A través de
estas cuatro "sustancias", o elementos químicos, la energía operará se­
gún el ritmo triple antes mencionado. Esto nos dará el siguiente esque­
ma operativo:

En el equinoccio de se genera la energía de Arles


primavera: Fuego, luego se concentra, Tauro
por último se distribuye. Géminis
En el solsticio de se genera la energía de Cáncer
verano: Agua, luego se concentra, Leo
por último se distribuye. Virgo
En el equinoccio de se genera la energía de Ai- Libra
otoño: re, luego se concentra, por Escorpio
último se distribuye. Sagitario
En el equinoccio de se genera la energía de Tie- Capricornio
invierno: rra, luego se concentra, por Acuario
último se distribuye. Piscis

Los signos zodiacales de la generación de energía se llaman: sig­


nos Cardinales.
Los signos zodiacales de la concentración de energía se llaman:
signos Fijos.
Los signos zodiacales de la distribución de energía se llaman: sig­
nos Mutables.
Pueden referirse, respectivamente, al espíritu, al alma y a la men­
te: Los tres operan dentro del "cuerpo" total, o del "huevo áurico":
el microcosmos. A este microcosmos también se lo puede llamar,
usando el término en su significado más vasto: personalidad. La perso­
nalidad, o tal vez, mejor aún, la Persona Viva, es la síntesis de espíri-
227
tu, alma y mente en actividad dentro de un cuerpo (o cuerpos, si uno
acepta el concepto ocultista de varios vehículos distintos para las ener­
gías espiritual, anímica y mental, centradas en torno de la estructura fí­
sica visible.).
El espíritu -o la Vida- genera. El alma concentra. La mente dis­
tribuye. La personalidad manifiesta, iU oculta! La labor de desarrollo de
la vida es para cada ser humano la de revelar, en la actividad de la per­
sonalidad, las generaciones del espíritu, las concentraciones del alma
y las distribuciones de la mente.
A fin de completar la imagen simbólica, sólo tenemos que relacio­
nar a las clasificaciones cuádruple y triple. Entonces trataremos de
comprender cómo:

La energía de Fuego se concentra a través de Tierra (Tauro),


(Aries) se distribuye a través de Aire (Géminis).

La energía de Agua se concentra a través de Fuego (Leo),


(Cáncer) se distribuye a través de Tierra (Virgo).

La energía de Aire se concentra a través de Agua (Escorpio),


(Libra) se distribuye a través de Fuego (Sagitario).

La energía de Tierra se concentra a través de Aire (Acuario},


(Capricornio) se distribuye a través de Agua (Piscis).

Esto tal vez parezca más bien enredado y desconcertante; y por eso
quizá ensayemos otro modo de expresar la "fórmula" zodiacal:

Espíritu-Fuego (Aries) es Fuego generador: Fuego Eléctrico.


Alma-Fuego (Leo) es Fuego concentrador: Fuego Solar.
Mente-Fuego (Sagitario) es Fuego distribuidor: Fuego por fricción.

Esto significa que:

Cuando Fuego genera, está operando en función de espíritu.


Cuando Fuego concentra, está operando en función de alma.
Cuando Fuego distribuye, está operando en función de mente.

En otras palabras:
Fuego generador es el punto de partida de la personalidad indivi­
dual (Aries).
228
Fuego concentrador se refiere a la creativa liberación del yo, por
medio de la cual el alma se conoce total y de apariencia divina (Leo).
Fuego distributivo es el fuego que combina, sintetiza y universaliza
todos los elementos y energías antes del nacimiento Crístico: el naci­
miento del ser universal (Sagitario). 2
El mismo procedimiento pondrá de manifiesto más claramente el
significado de los otros elementos:
Agua generadora (Cáncer) opera en función del espíritu. Es la ener­
gía que da nacimiento a la personalidad concreta, que crea una base
operativa concreta -un hogar- para el yo individual.
Agua concentradora (Escorpio) opera en función del alma. Concen­
tra y sostiene el deseo colectivizador del espíritu-Aire (Libra), el impul­
so hacia el "re-nacimiento en Cristo".
Agua distribuidora (Piscis) opera en función de la mente. Efectúa la
síntesis de las energías que fueron llevadas a una concentración cre­
ativa en Capricornio, y se vitalizaron en Acuario.

Aire generador (Libra) opera en función del espíritu. Es la energía


que junta y "comuniza" las emanaciones de los individuos.
Aire concentrador (Acuario) opera en función del alma. Da vitalidad
e impulso a la Tierra espiritual (Capricornio). Es el aliento del alma co­
lectiva.
Aire distribuidor (Géminis) opera en función de la mente. Exteriori­
za e interpreta la impulsión individual de Aries, una vez que se concen­
tró y sustanció en Tauro.

Tierra generadora (Capricornio) opera en función del espíritu. Es la


energía de la encarnación, la energía para asumir un cuerpo, desde el
punto de vista del espíritu envolvente.
Tierra concentradora (Tauro) opera en función del alma. Da sustan­

l
cia y profundidad a los impulsos de Aries.

�J No intentaremos explicar aquí pormenorizadamente lo que estos tres Fuegos repre­


li sentan; pero en La Doctrina Secreta, de H.P. Blavatsky, y en Tratado sobre el Fuego Cós­
2

% mico, de Alice Bailey, mucho es lo que se dice sobre estos tres Fuegos que operan en y a
,fl través de todos los organismos vivos. Será relativamente fácil elaborar las correspondencias
g¡ si une;> está dotado con el tipo de mentalidad necesaria para comprender eso. Si no, podrá
@@ usarse la formulación astrológica aceptada o la formulación que ahora presentaremos y en
f:j�j��l la que l�s signos del zodíaco se interpretan en términos del patrón de casas anteriormen­
·=·=·=·:-:❖ te estudiado.
229
Tierra distribuidora (Virgo) opera en función de la mente. Esparce
la creativa liberación del yo de Leo a través del espacio, en el que se la
ve como un conjunto de energías polares (La Virgen de la Luz). En la
mente se despierta la discriminación cuando se suscita el problema de
tratar las polaridades, la luz y la sombra.

De esto podemos ver cómo cada elemento cósmico es susceptible


de asumir tres funciones distintas, algo así como un hombre puede ac­
tuar, sentir y pensar al mismo tiempo: 1) como un padre hacia su hijo;
2) como un esposo hacia su esposa; y 3) como un camarada y colabo­
rador con sus socios y amigos; por tanto, (hablando a grandes rasgos},
generando, concentrando y distribuyendo las energías de su propio ser.

El zodíaco como el ciclo del Individuo planetario.


Hasta ahora hemos considerado a los signos del zodíaco principal­
mente desde el punto de vista de que son una serie de energías cós­
micas proyectadas, por decirlo así, por el Macrocosmos (las Doce Je­
rarquías) sobre el microcosmos; en otras palabras, como una serie de
actividades formativas, o fases de la construcción de este microcos­
mos. Este es el punto de vista ecuatorial-colectivo. Pero también pode­
mos pensar en el zodíaco como el ciclo de las casas del Individuo pla­
netario que "habita en el Polo Norte", y para quien un año es un día, con
seis meses de luz solar (Aries a Libra) y seis meses de oscuridad (Li­
bra a Aries), al menos teóricamente hablando. De tal punto de vista, el
zodíaco se interpreta en términos de consciencia más que en términos
de energía.
Tal interpretación basada en la consciencia es valiosísima, pues po­
ne a los signos del zodíaco en relación con las casas, y así se mues­
tra una interpretación da los significados que nos ayuda a comprender
muchas afirmaciones tradicionales confusas sobre el significado de ca­
sas y signos. Además, así se desarrolla una especie de fórmula alge­
braica que puede fácilmente demostrarse que es la subestructura de to­
das las interpretaciones dramáticas y mitológicas del zodíaco que los
estudiosos de la astrología y del ocultismo conocen. La más notable de
estas interpretaciones es indudablemente la pormenorizada en el libro
de Sampson, The Zodiac. Alice Bailey dio otra interpretación tradicio­
nal al relatar, en una serie de disertaciones, la historia de los Doce Tra­
bajos de Hércules. Hércules es el Sol, y sus Doce Trabajos son las do-
230
ce actividades cósmicas del zodíaco, vistas más bien desde un punto
de vista regenerativo que formativo.
En las obras astrológicas corrientes, los signos del zodíaco se pre­
sentan como los factores básicos del significado, y las casas modelan
sus significados según aquéllos. Pero desde nuestro punto de vista, en
la pauta dodécupla del cuadrante de las casas encontramos una fórmu­
la básica de desarrollo individual; y esta pauta -puramente abstrac­
ta- es la que establece la muy universal serie de significados. Desde
luego, es una pauta puramente numerológica que trata sobre el signi­
ficado de los números 1 al 12 inclusive; pero los números se vuelven
significativos al proyectarlos, por decirlo así, geométricamente. Esta
proyección es la rueda o el cuadrante de las casas. Aries se vuelve,
pues, singnificativo debido a que es una proyección ecuatorial-orgáni­
ca del N º 1; Tauro, del N º 2, etc. hasta Piscis, como N º 12.EI eje 1-6 re­
presenta el dualismo de la experiencia: experiencia subjetiva y expe­
riencia objetiva, o de conducta privada y pública. Confiamos en que la
siguiente tabla aclare esta cuestión. Se la debe estudiar en conexión
con la tabla de significados de las casas, en pág. 196. Los libros de tex-
to de astrología moderna, como los escritos por Alan Leo, e.E.O. Car­
ter,3 A.G. Libra, Parker, etc., están llenos de valiosas referencias com­
plementarias sobre el significado de los signos del zodíaco, aislada­
mente y en grupos. Como escribe Carter:

"La tarea de interpretar el argumento zodiacal fue intentada por muchos es­
critores, enfocando cada uno la labor desde su propio punto de vista. Le­
jos está mi deseo de diferir siquiera tácitamente de sus conclusiones o de
buscar reemplazar algo anteriomente escrito. El contenido del Círculo de
la Sabiduría Zodiacal es inagotable, y presenta aspectos totalmente varia­
dos de la integridad de la Verdad."
The Zodlac and the Soul, pág. 14

La última frase de esta cita nos da la clave de lo mucho que podría


desarrollarse extensamente; en especial, el término "contenido". Diji­
mos que el zodíaco representa el elemento de la "sustancia". Pero "sus­
tancia" significa también "contenido". El zodíaco nos da un conocimien­
to del contenido vital de cada ente vivo. Las casas nos dicen la mane­
ra en que este contenido se distribuye en forma de personalidad y des­
tino. Los planetas son puntos focales para todas las actividades vitales,

r,:t
....-,
3 Especialmente, léase en The Zodiac and the Soul, el capítulo titulado "Los
y los planetas como ideales cósmicos".
signos

231
y símbolos de éstas. Los Grados nos dan una clave del significado cre­
ativo inherente de todas las actividades y todas las concentraciones.
LA FORMULA ZODIACAL
Signos Significado Significado Partes del
del zodiaco Abstracto Concreto y Cuerpo que
Tradicional Gobiernan

ARIES La idea del yo. La estruc­ Deseo, actitud precurso­ La cabeza: El siste­
tura arquetípica primor­ ra, iniciativa, valentía. ma cerebro-espinal.
1 dial del individuo. La Vo­ Entrada enérgica en las
lun !ad-de-ser-manifies­ cosas. Temeridad e im­
to. pulsividad. Energía mas­
culina.

TAURO La sustancia primordial Inercia, practicidad, con­ Cuello: Cerebelo y


de la manifestación para cretez, esclavitud a la tie­ oídos.
2 el yo. La síntesis del pa­ rra. Determi nación,
sado, como tendencias E nergía, Fertilidad.
heredadas. Todas las Energía femenina.
posesiones básicas.

GEMINIS La relación entre yo y Intelecto, sensación y Nervios, pulmones.


3 sustancia. La función de actividad nerviosa. Mu­ Manos, brazos y
enlace y el deseo de inte­ tabilidad, Dualidad, In­ hombros.
grarse a través del ritmo quietud, Destreza, habi­
y la forma. lidad literaria y artística.
Pericia.

CANCER La base concreta de la El hogar y todos los sen­ La cavidad pectoral;


expresión del YO SOY. timientos domésticos. El los senos y el estó­
4 El organismo vivo y su alma y todos los senti­ mago; las membra­
fuerza de crecimiento. mientos psíquicos. Re­ nas mucosas.
ceptividad. Sensibilidad.
Mediumnidad. Suges­
tión.

LEO La fuerza para expresar Autoexpresión imperio­ El corazón y la co­


el YO SOY. Todos los sa. Asunción de autori­ lumna vertebral.
5 modos de autoexpre­ dad. Amor por el placer y
sión y actividad creado­ los lujos. Especulación.
ra. El Hombre, el Actor y Las Artes. Parto. Intui­
Ejecutor. ción. Intensidad dinámi­
ca.

VIRGO El juicio del yo y de la vi­ Discriminación crítica de Intestino delgado y


da sobre todas las activi­ la mente. Facultades metabolismo gene­
6 dades creativas. Discri­ analíticas. Susceptibili­ ral de los alimentos.
minación a través de un dad. Buena disposición El plexo solar. El ba­
análisis crítico de los fru­ para servir y ser servido. zo.
tos de la acción. Ajuste. Egoísmo. Orden. Melin­
drosidad. Actitud utilita­
ria.
232
Signos Significado Significado Partes del

J
del zodíaco Abstracto Concreto y Cuerpo que
Tradicional Gobiernan_ _

LIBRA La captación del No-Yo. Consciencia social. Afa­ Los riñones y tal vez
El encuentro con "los bilidad. Amor por la be­ el hígado.
7
otros". La objetivación lleza. Anhelo de camara­
de la consciencia a tra­ dería. Simpatía. Equili­
vés de la asociación y el brio. Justicia. Devoción
compañerismo. espiritual. Totalidad ope­
rativa.

ESCORPIO La sustancia de la aso­ Sexo. Ocultismo. Todos Los órganos sexua­


ciación y del matrimonio. los tipos de poder y ope­ les. El intestino
8
Manifestación del deseo ración mágica. Función grueso. La vejiga.
de unirse con otros. Re­ regenerativa. Voluntad.
generación de la actitud Obstinación. Vengativi­
de egocentrismo. dad. Celos. Fuerza con­
ductora.

SAGITARIO Expansión de la rela­ Razonabilidad. Visión. Los muslos y la re­


ción. La relación entre Honestidad. Tendencia gión pélvica. Los
9
relaciones. Enlace e in­ a generalizar. Compa­ ovarios. El nervio
terpretación abstractos a sión. Pasión por las ide­ ciático. El sistema
través de la perspectiva. as. Amor por el aire libre muscular.
y los viajes.

CAPRICORNIO La base concreta de las Ambición, perseveran­ El esqueleto. Las


relaciones. La vida en el cia, genio político. Re­ rodillas y todas las
10 organismo social. El sos­ serva. Fuerte confianza articulaciones.
tén del matrimonio. en los factores sociales y
todas las estructuras
permanentes: incluidas
las espirituales. Laborio­
sidad. Estabilidad.

ACUARIO La fuerza para expresar Idealismo. Humanitaris- Las piernas y los to­
ideales y crear en térmi­ mo. Autoexpresión a tra- billos. El sistema
11
nos de conducta social. vés de movimientos co- sanguíneo.
La creatividad de la rela­ lectivos, fraternidades.
ción y del matrimonio. Sentimientos grupales.
Sensacionalismo. Senti-
do dramático. Genio cre-
ador, como un vocero de
la raza.

PISCIS El juicio de la sociedad Actitud abierta hacia la Los pies. El sistema


sobre los ideales y sus vida. Resignación. Psi- linfático.
12
modos de operación. La quismo. Misticismo. Me-
relación juzgándose y moria. Convencionali-
'los dos" retirándose, ca­ dad. Devoción. Intros-
da cual en su propia au­ pección. Abnegación.
tomeditación. Complejo de inferiori-
dad. Ultramundanidad.
233
VIII
LOS PLANETAS V LA PERSONALIDAD

A la "personalidad" la definimos como "una síntesis de pautas de


conducta; como la suma de todos los movimientos y emociones exter­
nos del ser humano; el ritmo total de sus actividades vitales: desde el
modo en que camina y contrae sus labios hasta su conducta en el cam­
po de batalla o en la ejecución de un concierto". Dijimos que, como sin
actividad no podría haber "personalidad", podemos hablar de ella co­
mo un complejo de actividades. Tales afirmaciones son prueba suficien­
te de que al término no le damos el significado más bien peyorativo que
corrientemente le ponen los teósofos y estudiosos de la filosofía eso­
térica.
No consideramos que la personalidad represente lo "externo" en
contradicción con la denominada individualidad o ser "interno". Cree­
mos que esta oposición o este dualismo no es particularmente fructífe­
ro en nuestra actual etapa de desarrollo humano. Más bien, tiende a
concentrar la conducta humana de un modo que es más devocional-éti­
co que integrativo y estético, usando este último término como antes lo
definiéramos. Para nosotros, y presumiblemente para hombres como
el general Smuts y la mayoría de los psicólogos modernos, la persona­
lidad es el ser humano total en actividad. No es el ser humano total
en esencia o abstractamente, sino en manifestación real y en la medi­
da en que es perceptible para otras personalidades que funcionen en
el mismo nivel de actividad.
Ningún astrólogo -y tampoco ningún psicoanalista- puede inter­
pretar la vida y el destino en un nivel superior a aquel en el que él mis­
mo funciona. Un apocado empleado de una oficina pueblerina no pue­
de conocer la personalidad de un gran santo o de un gran genio. Des­
de luego, emitirá juicio sobre ella o posiblemente la adorará, pero no es­
tá en condiciones de conocerla y evaluarla como una personalidad,
aunque reaccione muy vivazmente ante algunos rasgos de ésta. Per­
sonalidad significa totalidad in actu. Y no hay perfección real, o, en to-
234
do caso, no hay comprensión, de la personalidad a menos que se apre­
henda la totalidad de sus componentes, conscientemente o a través de
sentimientos intuitivos. Y nadie podrá aprehender esta totalidad a me­
nos que esté en el mismo nivel del desarrollo humano, o, si está en un
nivel superior, que sea todavía capaz de ponerse temporariamente en
el nivel inferior.
Estas observaciones son necesarias porque la gente habla a menu­
do de la personalidad como si fuera una cosa absolutamente obvia que
todos pudieran captar de modo parecido. Reaccionar ante algunas fa­
ses de la personalidad, y comprender o incluso ser consciente de la re­
alidad, o sea, de la totalidad humana, que es la personalidad misma,
son dos actividades muy diferentes. La personalidad, como una sínte­
sis de pautas de conducta, puede abarcar muchas fases de actividades
muy difíciles de captar. No nos referimos aquí a un exagerado dédou­
blement de la personalidad que produce dos tipos absolutamente dis­
tintos de conducta en relación con un organismo físico, sino meramen­
te al hecho de que la personalidad puede involucrar series de activida­
des que trascienden el desarrollo consciente normal de la humanidad
como ésta es hoy. La personalidad es un "balance" que muestra la re­
lación siempre cambiante de los factores conscientes con los incons­
cientes, y de los factores individuales con los colectivos, en el ser hu­
mano total. Los hombres cuyos seres interiores están inundados con
proyecciones provenientes de las capas más profundas del "incons­
ciente colectivo" son, como personalidades, complejos y difíciles de
sondear. Sólo sus pares pueden conocerlos, pueden conocer la pauta
total de su conducta en todos los niveles. Pues, como escribiera Walt
Whitman, con críptica belleza expresiva:
"Sólo ellos mismos se entienden a sí mismos y (entienden) a los se­
mejantes a ellos mismos,
Y las almas sólo entienden a las almas."
Indudablemente, uno de los máximos logros de la técnica astroló­
gica es la fuerza que uno adquiere, mediante su dominio, para ver en
un mapa natal el croquis de una personalidad total. Ya hemos visto có­
mo uno puede aislar e interpretar los factores individuales y colectivos
que constituyen, por decirlo así, la trama y la urdimbre de la persona­
lidad. Pero el modelo del tapiz sólo será captado estudiando aquellas
entidades astrológicas que son focos de color, focos de actividad, focos
de significado. Estas entidades, consideradas en sus correlaciones in­
finitas y no como puntos aislados, constituyen todas juntas el dibujo del
tapiz de la vida. Revelan la personalidad como una pauta de conduc­
ta variada, simbolizando desdes las modalidades más positivistas has­
ta las más elevadas o trascendentes de actividad fisio-psicológica.
235
Estas entidades astrológicas encuadran en dos categorías genera­
les. La primera, los planetas mismos, incluidos el Sol y la Luna; la se­
gunda, puntos abstractos derivados de las relaciones entre las órbitas
de los planetas (nodos) o las posiciones de dichos planetas en referen­
cia al horizonte y al meridiano (partes). Este capítulo estará consagra­
do a un breve análisis del significado básico de los planetas en función
del análisis de la personalidad; el próximo, a un estudio de los nodos y
de lo más importante entre las partes.
Sin embargo, una vez más tendremos que dividir nuestro campo de
estudio, y clasificar a los planetas, por lo menos, de dos maneras esen­
ciales. El primer tipo de clasificación trata sobre la fuerza motivadora y
la fuente de las actividades simbolizadas por los planetas. Distinguire­
mos entre planetas que se refieren al consciente y planetas que se
refieren al Inconsciente, usando los términos "consciente" e "incons­
ciente" como los usa C.G. Jung, y como se los define en un capítulo an­
terior (ver pág 98), La Astrología y la Psicología Analítica. Fuera
de estas dos categorías pondremos al Sol como el símbolo de las inte­
gradoras energías del Yo, que Jung describe como el "centro de la to­
talidad de la psiquis". La psiquis incluye contenidos inconscientes y
conscientes. Integrar estos contenidos, o sea, asimilar conscientemen­
te los contenidos del inconsciente, es la esencia del proceso de "indi­
viduación", del cual el Sol es el símbolo activo.

El Sol como Integrador

Al ser la astrología un sistema de interpretación simbólica de he­


chos astronómicos significativos, deberá evidentemente diferenciar
con vigor entre el Sol -una vida- y la estrella dadora de vida que es
el centro del sistema astrológico al que pertenecemos, y los planetas
que son meramente reflectores o transmisores de la luz, y de los cua­
les la Tierra misma es uno. Si nos referimos al ego como "un comple­
jo de representaciones, que constituye el centro de mi campo de con­
tinuidad e identidad", está claro que su símbolo astrológico es la Tierra
misma como se la ve desde el lugar natal del nativo. El campo con­
tinuo de la consciencia de cualquier hombre es lo que está contenido
dentro de las fronteras de su horizonte, y por implicancias lo que, aun­
que debajo del horizonte, emergerá en el campo de su consciencia.
En otras palabras, la cuadratura del mapa astrológico (horizonte y
meridiano, y especialmente Ascendente y Medio Cielo) representa la
forma del campo de la consciencia. El ego puede considerarse como el
punto natal mismo, el centro del mapa, o en una simbolización más pre-
236
cisa todavía, el ápice de la pirámide construida sobre los cuatro ángu­
los del mapa. El ego no es el integrador, porque es sólo un punto abs­
tracto. Tampoco el Ascendente ni el Medio Cielo son factores integra­
dores, pues también tienen solamente implicancias estructurales. De­
terminan la forma que el proceso de integración tendrá que tomar. No
simbolizan la calidad de la energía mediante cuya liberación este pro­
ceso se completará o puede completarse en última instancia.
Construir el campo de la consciencia como una estructura clara­
mente formada, centrada exactamente en el ego, se parece a cons­
truir un ojo perfecto, con la fuerza de un enfoque preciso, a través de las
lentes y de los músculos del ojo, de modo que la imagen reflejada so­
bre la retina caiga exactamente sobre el "punto amarillo" de la retina que
es el único dotado con plena sensibilidad hacia la luz. Es lo que el gran
oftalmólogo y filósofo, doctor Bates, llamaba "fijación central" y esta
operación exige práctica muscular y práctica en la formación visual de
imágenes, incluyendo relajación.
En un sentido psicológico, "fijación central" se refiere al uso del in­
telecto -del mecanismo de focalización consciente- según las leyes
de la lógica y del pensamiento formal. Gran parte, si no toda la filoso­
fía griega clásica y post-clásica (especialmente desde Aristóteles) y to­
da la ciencia occidental (especialmente desde el Renacimiento) y la fi­
losofía científica moderna (por ejemplo, Bertrand Russell) constituye­
ron y todavía constituyen una vasta disciplina colectiva de "fijación cen­
tral" mental. En el dominio psíquico-espiritual, determinados tipos de
prácticas esotéricas, algunas derivadas del punto de vista budista en
Oriente, otras de la filosofía pitagórica, apuntaban a una parecida "fija­
ción central" de las energías del alma dentro de la estructura formal del
"Yo Soy". Como ya dijimos, fue alrededor del siglo VI a.c. que este pro­
blema de la focalización mental empezó a dominar la actitud de la éli­
te de la humanidad. Este proceso de "fijación mental" en el campo del
consciente prosiguió a lo largo del ciclo europeo (especialmente des­
de Abelardo) y produjo en el hombre occidental lo que Jung llamó tan
gráficamente su "calambre de lo consciente".
Así como el doctor W.H. Bates pedía a sus pacientes que relajaran
sus ojos imaginando un punto perfectamente negro, de igual modo el
doctor Jung pide a los suyos que relajen su intelectualismo conscien­
te "dejando que las cosas ocurran" y mediante prácticas de relajación
psíquica, como el uso de la "fantasía" creativa espontánea.
Por tanto, si los ejes del mapa representan la estructura del campo
de la consciencia, (la estructura del "ojo", simbólicamente), el Sol repre­
senta a la "luz" que libera la energía (los fotones) por medio de los cua­
les se hace posible la visión. En un sentido real, el ojo como órgano de
237
visión es moldeado estructuralmente por la naturaleza de la luz. De mo­
do parecido el ego -el "yo" consciente- es moldeado por la fuerza que
emana del Yo. Por tanto, se dice adecuadamente que el Ascendente y
los otros "ángulos" del mapa distribuyen la energía del Sol, como lo ve­
remos en el próximo capítulo. El Sol es la energía de la vida. Los ejes
del mapa son canales para la distribución y la "transformación" de es­
ta energía solar dentro del campo de la consciencia.
Sin embargo, al Sol no se lo debe considerar como el símbolo del
Yo. Representa la energía del Yo; pero el Yo mismo no es sólo energía.
Es energía en relación con la forma. Es energía que opera a través de
una forma y una sustancia regeneradora. En otras palabras, el Yo, si su
naturaleza puede ser verificada astrológicamente, es la relación entre
el Sol y los ejes, entre el horizonte y el meridiano. Más exactamente
aún, es la relación entre el significado de las posiciones zodiacales ocu-

Albert Einstein
14 de marzo de 1879
(hora local: 11,26 a.m.)
Los planetas en círculo exterior son progresados para principios
de abril de 1935.
238
padas por el Sol y los cuatro ángulos; significado en función de signos
zodiacales (o subdivisiones de los signos), del grado, y de la relación
angular entre estas posiciones. Lo último se refiere a los aspectos en­
tre el Sol, el Ascendente, y el Medio Cielo; pero más aún a la posición
de casas del Sol.

Reina Victoria
nacida el 24 de mayo de 1819
4,15 a.m.

(Este mapa es como lo da "Thousand and One Notable


Natlvltles". En cuanto a uno levemente diferente, ver American
Astrology: "La era victoriana como se la ve a través del mapa
natal de la Reina Victoria", por D. Rudhyar.)

Esta posición de casas del Sol denota la fase de la personalidad in­


dividual y el período de la vida en y a través del cual la fuerza integra­
tiva del Yo estará en muy vigorosa actividad. En conexión con nuestro
anterior diagrama de los significados de las casas, y el enunciado del
ciclo de 28 años, podrá evaluarse fácilmente estos dos elementos de
239
clo de 28 años, podrá evaluarse fácilmente estos dos elementos de la
personalidad y del destino, por supuesto, siempre que se conozca el
momento exacto de nacimiento. La posición zodiacal del Sol (y su po­
sición en grados) mostrará la calidad de esta integradora energía en sí
misma.
Tomemos por ejemplo el mapa de Einstein. El Sol está en el grado
24 de Piscis, en la décima casa. Por tanto, la calidad de la integrado­
ra energía de su Yo será: síntesis, consumación, meditación e intros­
pección. Pero como el Sol está en la décima casa de la actividad públi­
ca, de la profesión y del pensamiento (como una función de la perso­
nalidad individual), esta energía operará a través de estas caracterís­
ticas de la décima casa. La posición del Sol indica también que ocurrió
una intensificación de la energía significativa de su destino cuando
Einstein tenía 22 años, o sea, en 1901. Entonces fue inspector de pa­
tentes en Berna, Suiza; y probablemente para esa época, poco des­
pués de publicarse los escritos de Planck sobre la teoría quántica, fue­
ron desarrollados al menos los rudimentos de la teoría de la relatividad.
Aquélla concitó la atención del mundo científico en 1905, cuando el
"punto del yo" de Einstein entró en conjunción con Plutón. Además, el
grado del Sol, que, como ya dijimos, "da una clave del significado cre­
ativo inherente a todas las actividades y todas las focalizaciones", lle­
va este símbolo muy adecuado: "Una pequeña isla en medio del océ­
ano; sus felices habitantes crearon su propio mundo". ¡Qué podría ser
más significativo en el mapa del hombre que hasta escribió sobre "uni­
versos insulares" y creó nuevos panoramas cósmicos!
Como otro ejemplo, podemos dar el mapa de la reina Victoria, que
no sólo simboliza una personalidad sino, al menos por implicancia, tam­
bién la era que lleva su nombre. El Sol acababa de salir al nacer ella y
fue alrededor de una hora después de la Luna nueva en Géminis. Aquí
tenemos una personalidad de extraordinarias dotes intelectuales (Gé­
minis), una era que tuvo toda la rigidez y todos los estrechos puntos de
vista de un intelectualismo sobre el que se hacía excesivo hincapié;
que, además, vio el pasmoso crecimiento de medios de transporte y de
viaje, y de trastornos nerviosos. El significado de la casa duodécima se
muestra en el hecho de que, tras la muerte de su esposo, la reina Vic­
toria vivió prácticamente recluida durante la mayor parte de su larga vi­
da, y que actuó mejor entre bastidores y a través de algún gran Primer
Ministro, como por ejemplo, Disraeli. El símbolo del grado del Sol da el
significado de aristocracia y eficiente fuerza de la individualidad. Pode­
mos decir que toda la era victoriana es una manifestación típica de la
casa duodécima, un resumen, un período de precipitación kármica, lo
último de un ciclo anterior a un comienzo notablemente nuevo, tal vez
240
a punto de manifestarse ahora.
El momento más significativo de su vida llegó cuando, a la edad de
56 años, se efectuaron claramente planes para la consagración del Im­
perio Británico y, como un gesto inicial, su hijo fue enviado a la India. En­
tonces, su "punto del yo" había llegado a su Sol, y su personalidad se
había convertido verdaderamente en un símbolo mundial, manifestan­
do plenamente la fuerza de su destino; por tanto, de su verdadero Yo.
Su consagración como "Emperatriz de la India" sobrevino un año más
tarde, cuando el "punto del yo" estaba en trígono con Júpiter, y en su pri­
mera casa. Esto y el Jubileo de Diamante, de 1897, (cuando el "punto
del yo" llegó a estar en conjunción con Júpiter en la casa décima} fue­
ron los gestos externos del poder. Pero la verdadera personalidad de
la reina no se encontrará en ellos, sino en los más ocultos movimien­
tos "entre bastidores" que tan adecuadamente simboliza la lunación en
la casa duodécima.

Los planetas que se refieren al consciente


Ahora estamos considerando el campo del ego particular, que es el
de la consciencia centrada en torno de este concepto: "Yo soy esto o
aquello". El primer factor básico en la vida consciente es esta captación,
por el "yo consciente", de que él es ese ser particular, y no otro. Cada
ente vivo debe, primero, ser él mismo como una forma exclusiva defi­
nida. Este es el aspecto de Saturno. Luego, debe mantenerse, y tal fac­
tor de automantenimiento actúa a través del principio de la acción com­
pensatoria que es la base de toda vida orgánica. Este es el aspecto de
Júpiter. Finalmente, debe reproducirse a través de alguna clase de
acción creadora, lo cual se refiere astrológicamente a Marte.
Estos tres planetas (Saturno, Júpiter y Marte} han de considerarse
como los tres planetas positivos o "masculinos", y por razones que lue­
go consideraremos, se los iguala con otros tres planetas a los que se
considera negativos o "femeninos ": Luna, Mercurio y Venus. Los tér­
minos "masculino" y "femenino" no son particularmente afortunados.
Mejor sería decir que Saturno, Júpiter y Marte inician procesos de vida.
Actúan como agentes causales; mientras la Luna, Mercurio y Venus
establecen o vivifican, completan o hacen gozar estos mismos proce­
sos. Por tanto, a estos seis "planetas del consciente" los considerare­
mos como tres parejas, estando cada pareja conectada con una de las
tres operaciones vitales básicas antes mencionadas. La razón de es­
te procedimiento la explicaremos luego de modo más completo, pues
hacerlo ahora complicaría innecesariamente los temas.
241
Saturno-Luna. En la mitología griega, Saturno es quien gobierna
la Edad de Oro, la primera edad de la niñez y la inocencia.. Se refiere al
primer proceso por el que la fuerza vital universal se diferencia, limita
y particulariza como una célula viva, como la semilla inicial. Tal proce­
so de diferenciación es la condición absolutamente necesaria para la
existencia individual, o sea, la existencia como un ente separado y au­
tosuficiente. Psicológicamente hablando, Saturno simboliza, en conse­
cuencia, el proceso que conduce a esta captación: "Yo soy". Sin embar­
go, esta tal vez no sea una captación tan sencilla como quizá le parez­
ca y le pareció a muchos. Por ello, el psicólogo moderno habla del "com­
plejo del ego", como ya se lo definiera: "Un complejo de representacio­
nes que constituye el centro de mi campo de la consciencia". 1
Dentro del "campo de la consciencia" la vida fluye; en otras pala­
bras, tienen lugar cambios, la energía se libera en acciones y reaccio­
nes. Esta "energía psíquica" que está contenida y opera en el campo
de mi consciencia (dentro de las fronteras de mi ego, fijadas simbólica­
mente por Saturno) es representada astrológicamente por la Luna. La
Luna es la porción del Sol que está encerrada por Saturno, si se permi­
tiera semejante frase astronómicamente peculiar. Es esa porción de la
energía vital del ser total del que soy consciente como yo mismo, como
el ego consciente que yo soy. Saturno se refiere a la estructura abstrac­
ta de este ego. La Luna derrama, dentro de esta estructura, "energía
psíquica", y el resultado es un ente consciente, un ente particular vivo.
La relación Saturno-Luna es, por tanto, la relación de forma con ener­
gía. La forma condiciona a la energía, aunque realmente hay una pro­
funda acción recíproca, que sería demasiado largo considerar en tan
breve estudio.
Júpiter-Mercurio. Júpiter es un símbolo mucho más misterioso
que lo que la mayoría de los astrólogos parece creer. Su reputación co­
mo signo de buena suerte pura no parece resistir la prueba del análisis
psicológico, aunque, en un sentido abstracto y en última instancia, el
proceso que él simboliza conduce siempre a un aumento y una expan­
sión de la consciencia, pero, a veces, a través de pruebas horrendas.
Por lo común, Júpiter se opone a Saturno, como la expansión se opo­
ne a la contracción. Saturno diferencia al ente particular respecto de la
matriz universal de la vida. Júpiter aporta el ego confinado lo que com­
pensará su unilateralidad, y, en consecuencia, una vez más lo hará to­
tal y universal.
La función de Júpiter puede expresarse mejor, en psicología prác­
tica o analítica, con el término "compensación". El carácter autocom-

fü] , Tipos Pslcológlcos, pág. 540 (vers. ingl.)


242
pensatorio de la psiquis, como organismo, fue mencionado en nuestro
capítulo que trata sobre la psicología analítica. Júpiter se refiere, pues,
al ánima y al ánimus de la teoría de Jung. Pero significa más. Es la fun­
ción de compensación en todos sus aspectos posibles. Marc Jones de­
fine a Júpiter como "el punto de la precipitación del alma, desde ella mis­
ma, dentro de la vida tangible y del ser definido". Muestra "el punto de
expresión de la verdadera personalidad, del propósito de la encarna­
ción". Esto también significa "compensación" en un sentido metafísico.
Porque el alma puede considerarse como la que se empeña constan­
temente en procura de la armonización y la integración, y del "propósi­
to de la encarnación", como la neutralización de las desarmonías y los
fracasos pasados: hacia el establecimiento de la armonía en un nivel
plenamente consciente.
Júpiter es, pues, en nosotros, la fuerza de la acción correcta, la voz
de nuestro verdadero Destino. Nuestro ego consciente (Saturno-Luna)
es el resultado de nuestro pasado, la síntesis de nuestras limitaciones
y de nuestro linaje. Es el presente como la suma total del pasado. Pe­
ro Júpiter es el futuro, que impulsa a este presente hacia adelante. Es
el destino que ha de ser nuestro, el destino que equilibrará nuestras ina­
decuaciones pasadas, y, cumpliendo el cual, seremos totales. El alma
y el ego son los dos polos de una relación que opera por compensación.
Por eso, para una consciencia masculina, el alma, si se proyecta como
una imagen, es normalmente una mujer: la Musa, el Eterno Femenino
que nos lleva hacia adelante, etc. Para una consciencia femenina, el al­
ma es el héroe, la imagen Crística, el Adonai, Sigfrido el victorioso, etc.
Es siempre lo que nos completa, lo que nos totaliza. Para el devoto, es
también el Dios encarnado, el salvador, el maestro espiritual o gurú: el
personaje divino que llega a nosotros como representante del "Todo",
sea como fuere que imaginemos esta totalidad. Por tanto, Júpiter es el
sendero de Dios hacia los hombres. Es la religión. También es el rey, co­
mo símbolo de la totalidad del estado; aquél cuya justicia y fuerza (ide­
almente) compensan la debilidad y los fracasos del ciudadano. En un
estado democrático, es la Constitución.
Mercurio pone en actividad la función de Júpiter. Y por ello es la in­
teligencia, el vehículo del alma. Pero, lamentablemente, es un vehícu­
lo que a menudo tira el Personaje divino que él lleva y corre a lo loco,
acicateado por los caprichos de la Luna, o dominado por la cristaliza­
dora fuerza separativa, propia de Saturno. Mercurio, como quien go­
bierna el sistema nervioso, aporta al ego sensación, para que el ego
aprenda la lección de la relación con los objetos del mundo externo. Uni­
fica las reacciones del cuerpo. Es servidor de Zeus-Júpiter, pero bas­
tante a menudo es un mensajero indigno y un ladrón. La Luna, el polo
243
femenino de Saturno, tiene caprichos y está siempre constantemente
inquieta y modelándose sobre el objeto de la sensación o del pensa­
miento. El yoga hindú es, en gran medida, un sistema de concentración
por medio del cual la función de Júpiter sojuzga a la función de Mercu­
rio.
Si Júpiter asume la posición de un Dios vengador -si no hay otro
modo de contrarrestar las cristalizaciones de Saturno- es probable
que Mercurio se vuelva igualmente destructivo y haga pedazos las ma­
reas de la Luna; pues Mercurio es más o menos hostil a la Luna, a me­
nos que Saturno se haya puesto a servir las funciones del inconscien­
te que aquí estudiaremos.
Marte-Venus. Con esta pareja nos ocuparemos de las fuerzas cen­
trífuga y centrípeta de la experiencia. Marte "muestra la tendencia de
la vida al expresarse, moverse desde sí hacia afuera, sin consideración
particular por las condiciones externas". Es "el primer impulso del ser
en toda la revelación exterior del yo" (Marc Janes). En otras palabras,
es el deseo de alejarse del centro, el Eros primordial, la líbido, cuan­
do fluye hacia afuera a través de la psiquis. Simboliza todos los comien­
zos, todos los impulsos de iniciación; la autoproyección como una libe­
ración de energía pura.
Lo que de la psiquis sale como Marte, regresa a ella como Venus.
Venus es el efecto experimentado como resultado del modo en que el
mundo externo reacciona ante nuestra salida marciana. El impulso
marciano regresa a casa lleno de experiencias, probablemente con ma­
gulladuras y posiblemente con sabiduría. Venus es el final de la expe­
riencia y lo que reunimos como resultado de ella; por ello, es el que pro­
vee la consciencia, el conocimiento y la sabiduría del ego. Es simboli­
zado por abejas, porque éstas traen, de regreso a la colmena, la miel
sacada de las flores que también son el producto último de la planta. Por
ello, es el símbolo de todas las artes, de toda sabiduría social, de todo
lo que se madura a partir de la experiencia. También significa emocio­
nes; porque logramos emociones, o efectos, como resultado de nues­
tros contactos externos. De la relación surgen la alegría o el dolor, can­
tos o desesperación, arte o sensualidad. El alma de la relación es el
amor. El amor marciano es el amor que es deseo, autoproyección, fuer­
za bruta en pos de la autorreproducción en y a través de otros, pero sin
consideración hacia los otros. El amor venusino es el amor sabio, el
amor que surge del intercambio verdadero, del compañerismo altruis­
ta: la sabiduría amorosa.
Este es entonces el perfil de la trinidad consciente de las fuerzas vi­
tales básicas, cada una activa y reactiva, que la astrología simboliza co­
mo Saturno-Luna, Júpiter-Mercurio, y Marte-Venus. Cada ente vivo de-
244
be, primero, ser él mismo como una forma definida (Saturno); luego,
debe mantenerse como un sistema autocompensador (Júpiter); final­
mente debe reproducirse a través de la acción creadora (Marte). "Ser"
se manifiesta a través de sentimientos (Luna): "mantenimiento" opera
a través de inteligencia o instinto (Mercurio); "autorreproducción" se de­
muestra en la fuerza para dar a luz hijos o ideas (Venus).
Esta es, pues, la esfera del consciente. Llegamos ahora al proce­
so mediante el cual el consciente se trasciende o destruye.

Los planetas que se refieren al inconsciente


A. EL INCONSCIENTE PERSONAL

El modo en que los planetas Neptuno y Plutón fueron descubiertos


sirve como ejemplo simbólico de la relación entre el consciente y el in­
consciente. Se descubrió que determinadas anomalías en la conduc­
ta de Urano sólo podrían explicarse postulando la influencia de otro pla­
neta más allá de su órbita. Tal influencia fue cuidadosamente medida,
y se determinó aproximadamente el lugar de Neptuno; después de lo
cual los astrónomos pudieron encontrar a este planeta en el sitio así
descubierto analíticamente.
La existencia de muchas anomalías psicológicas, neurosis y esta­
dos supernormales indujeron de modo parecido a algunos psicólogos
a intentar graficar un reino psicológico desconocido del cual lo que has­
ta ahora hemos captado fue principalmente por el modo en que altera
la conducta consciente. Es evidente que nuestro ego consciente no es
siempre dueño de su casa, que a veces abruman nuestra consciencia
fuerzas que parecen brotar de ninguna parte o de alguna niebla ances­
tral. Nuestras pequeñas categorías y barreras desaparecen; olvidamos
nuestro sentido de conservación y nuestra disciplina social, y andamos
azorados, mandados por órdenes profundas, voceadas por fuerzas
que no reconocemos.
C.G. Jung fue tal vez el primero de los psicólogos modernos en re­
conocer que el reino de estas fuerzas desconocidas era realmente un
reino doble. En esto él seguía meramente (quizá, de modo inconscien­
te) a la antigua tradición cabalista que habla de la "memoria de la Na­
turaleza", de una "luz astral" que también es doble, inferior y superior,
engañosa e insidiosa en sus porciones inferiores, celestial y pura en sus
porciones superiores. La interpretación de Jung sobre el inconsciente
personal y el inconsciente colectivo es naturalmente muy diferente, en
lo externo, de la enseñanza ocultista concerniente a la luz astral; pero
245
la última tal vez algún día resulte necesaria para sostener y ahondar a
la primera.
Como ya vimos, el inconsciente personal es la suma total de con­
tenidos reprimidos o sumergidos, de la psiquis de un hombre. Freud
empezó un estudio de este reino en el que están ocultas las semillas de
la neurosis, y al cual relegamos todos los sentimientos, pensamientos
e impresionesque nos negamos a admitir en el santuario de nuestro ser
consciente, y del que nos apartamos con temor, asco u odio reprimido.
La vida nos trajo estos hechos psíquicos y los llenó con energía vital;
pero en vez de permitir que esta energía vital se gaste en correlación
con nuestro ego, dentro de la esfera de nuestro pensamiento, nuestro
sentimiento y nuestra conducta conscientes, hacemos retroceder, por
decirlo así, la corriente de esta energía y empujamos los pensamientos
o sentimientos, impresiones o intuiciones que perturban dentro de os­
curas cuevas en las que la memoria ya no puede llamarlos a la luz del
consciente. Allí pueden supurar y descomponerse, enviando emana­
ciones venenosas dentro del consciente; o la presión subterránea que
ejercen puede inducirnos, sin que nos demos cuenta, a actos y pensa­
mientos que dejan pasmado a nuestro ego consciente.
La astrología probablemente no tenga modo de controlar estos con­
tenidos ocultos y reprimidos del inconsciente personal, pero contiene
en su simbolismo determinados factores que nos permiten discernir y
analizar la acción de las tendencias represivas que tuercen y estancan
la corriente normal de las funciones psicológicas. En otras palabras,
puede descubrir el agua echada hacia atrás por la energía psíquica
desde el consciente hacia el inconsciente cuando se produce en la psi­
quis. Puede determinar la polaridad de las funciones psicológicas, al­
gunas de las cuales actúan en dirección represiva y hacia adentro, y
otras que operan del modo normal, desde el centro hacia afuera.
Aquí llegamos al factor de la retrogresión planetaria. Debido al he­
cho deque, en la Tierra, vemos al sistema solar desde un punto algo pe­
riférico y no desde el centro, los otros planetas del sistema se mueven
de manera aparentemente regular. A veces parecen estar quietos, en
otras ocasiones se mueven hacia atrás en la dirección opuesta al de su
curso normal alrededor del Sol. En el primer caso, hablamos de un pla­
neta estacionario; en el segundo caso, de un planeta retrógrado. De lo
contrario, el movimiento del planeta es directo. Estas características
geocéntricas de los planetas (el Sol y la Luna no están incluidos, pues
son siempre directos) son de gran importancia psicológicamente. Di­
recto, retrógrado, estacionario: esta trinidad de modos de movimiento
planetario corresponde a algunos elementos muy básicos de lo que po­
demos llamar dinámica psicológica. Detrás de estos tipos de movi-
246
miento encontramos el factor aún más general de la velocidad plane­
taria (velocidad aparente, en este caso). Desde el punto de vista del ob­
servador terrestre, la velocidad en la que los planetas se mueven a tra­
vés del cielo cambia constantemente. Estas variaciones de velocidad
corresponden a variaciones en la intensidad funcional de los factores
psicológicos simbolizados por los planetas. La intensidad funcional va­
ría como resultado de muchas causas; pero las variaciones de la velo­
cidad son, por lo menos, una de estas causas, simbólicamente hablan­
do. Esto es científicamente demostrable cuando consideramos las va­
riaciones de velocidad de Mercurio y de la Luna, pero se aplica a todos
los planetas.
Cuanto mayor es la velocidad, más rápida es la corriente de ener­
gía psíquica en y a través de la función considerada. Cuando el plane­
ta se vuelve estacionario, la velocidad, por supuesto, se iguala a cero.
La función simbolizada está demostrado que tiene estabilidad extrema.
Un género peculiar de terquedad bien puede describir esta condición.
Ese particular factor en el conjunto consciente de la persona no solta­
rá. Resistirá el cambio. Ofrecerá una tremenda fuerza de inercia. Tal co­
mo fue al comienzo, así será siempre después. Las personas nacidas
con planetas estacionarios presentarán siempre una característica de
esta naturaleza. Desde luego, esto estará recalcado si el planeta esta­
cionario es también el que gobierna el mapa, o está fuertemente ubica­
do. El factor psicológico correspondiente, tranquila pero tercamente,
retendrá lo suyo dentro de la consciencia, sea lo que fuere lo que
suceda.
Podrían darse muchos ejemplos, pero la dificultad es que, habitual­
mente, las características psicológicas descritas por un planeta esta­
cionario no son evidentes, salvo desde el punto de vista del análisis psi­
cológico. El Saturno estacionario en el mapa de Richard Strauss es un
buen ejemplo de fuerte egocentrismo y de igualmente fuerte sentido de
la forma. Al estar en Libra da un significado artístico complementario.
Se dice que un planeta estacionario es "estacionario directo" o "es­
tacionario retrógrado" según la dirección de su movimiento subsiguien­
te. En análisis psico-astrológico, un planeta puede considerarse esta­
cionario dentro de unos pocos minutos del punto exacto en el que cam­
bia la dirección de su curso. Aquí, el factor velocidad implícito es pura­
mente relativo, y prácticamente todo lo que es necesario o útil conside­
rar es si la velocidad del planeta está por encima del promedio (en cu­
yo caso se mueve rápidamente) o debajo del promedio (se mueve len­
tamente).
Los planetas retrógrados simbolizan el retorno de la líbldo (la ener­
gía psíquica o la fuerza vital) del consciente dentro del inconsciente. Si
247
un planeta es retrógrado, la función que representa no es activada pa­
ra una actividad consciente. Los contenidos psíquicos relacionados
con esta función, en vez de emerger directamente en el consciente, in­
fluyendo directamente sobre nuestra conducta, son arrojados detrás,
temporariamente, dentro del inconsciente. Esto no significa necesaria­
mente que se despojen de su energía. Se funden con otros contenidos
inconscientes, y después reaparecen en la consciencia a través de una
de estas funciones del inconsciente que aquí estudiaremos. Lo último
corresponde a los planetas Urano, Neptuno y Plutón.
Al principio podemos considerar a Saturno, constructor del comple­
jo del ego. Mediante diferenciación y aislamiento, Saturno separa cier­
ta cantidad de energía vital y la liga en una forma. Construye paredes
para proteger y diferenciar al ente particular así condicionado y aisla­
do de su entorno. En otras palabras, Saturno alza un sistema de defen­
sa contra el mundo exterior, haciendo hincapié sobre las separadas ca­
racterísticas del ego. "Yo soy este atributo particular, y nadie más lo es,
ni puede tocarlo."
Si Saturno es retrógrado en el nacimiento, el nativo no experimen­
tará esto natural y espontáneamente. No sentirá que es cierto, especial­
mente en relación con el mundo externo. Su mecanismo de defensa sa­
turnino no se dirigirá contra las intrusiones del mundo externo; al me­
nos, no de modo inmediato y espontáneo. No se sentirá fortalecido con­
tra el mundo externo, porque la pauta de su ser consciente no es muy
rígida. Cederá fácilmente a las influencias externas que constantemen­
te tenderán a borronear esta pauta de su consciencia. Estará algo in­
defenso respecto de los contactos externos, y aparecerá tímido, intro­
vertido, inquieto, falto de confianza en sí mismo, o asumirá una actitud
arrogante en la que escudará su débil posición. Sus modales pueden
parecer bruscos y explosivos.
Saturno retrógrado dirigirá hacia adentro esta fuerza que cristaliza
pautas y fabrica paredes. Sus demandas personales serán contra in­
fluencias interiores. La persona cederá externamente, pero mostrará
gran fuerza de resistencia contra las sugerencias inconscientes inter­
nas. Se fortalecerá espontáneamente contra los impactos que provie­
nen del inconsciente colectivo, de la tradición racial y de las normas co­
lectivas. Desarrollará un sentido del destino, que lo separa interiormen­
te de sus semejantes, mientras a menudo será incapaz de resistir la pre­
sión de las demandas que sobre él efectúan sus amigos y enemigos por
igual. Obstinadamente, se autocentrará en su yo recóndito, mientras tal
vez sea incapaz de resistir a cualquiera que le pida favores o regalos.
También puede ser que un hombre con Saturno retrógrado se en­
cuentre principalmente preocupado en construir o fortalecer su indivi-
248
dualidad en crecimiento. Entonces, la función diferenciadora trabaja
hacia adentro, fortaleciendo el campo magnético del Yo y cristalizando
sus contenidos en una forma todavía inconsciente. Cederá en lo exte­
rior, sólo para poder resistir mejor en lo interior. Tal factor astrológico se
encuentra en personas que tienen que vigilar su individualidad contra
influencias psíquicas, religiosas o raciales que son particularmente
fuertes en su ambiente familiar inmediato. El enemigo está rm el incons­
ciente, presionando desde dentro. El pasado está amenazando al pre­
sente. La primera tarea psicológica es, por tanto, la de autoprotección
y autoafirmación Interiores. Por tanto, la función de Saturno opera ha­
cia adentro, y su efecto se sentirá habitualmente sólo de modo indirec­
to en la consciencia y en la conducta, combinado con otros elementos
inconscientes. Nicolás 11, el último Zar de Rusia, tenía a Saturno retró­
grado. Ramakrishna, el gran místico hindú, y Swedenborg, el vidente,
proporcionan otros ejemplos.
En tales casos, la Luna (opuesto polar de Saturno) se encuentra,
por decirlo así, desprotegida. La Luna nunca puede ser retrógrada; pe­
ro debido a que se mueve alrededor de la Tierra, la Luna está dentro
o fuera de la órbita de la Tierra. Cuando está dentro (más cerca de una
conjunción solar), opera más en conexión con la energía solar del Yo.
Cuando está afuera (más cerca de una oposición solar), los sentimien­
tos son más "extravertidos" o dominados por la mente objetiva. Podría
decirse también que fuera de la órbita de la Tierra, la Luna sigue al im­
pulso centrífugo de Marte, el planeta de todos los comienzos; cuando
está dentro, cede a las atracciones centrípetas de Venus, el planeta de
la consumación y la realización. Si la Luna está dentro de la órbita de
la Tierra y Saturno es retrógrado, los sentimientos se dirigen hacia
adentro; tenemos un caso claro de introversión. El amor se dirige más
bien a una imagen interna que a personas concretas y reales. En todo
caso, los sentimientos están algo desprotegidos cuando Saturno es re­
trógrado. No están firmemente anclados en el ego consciente, o pue­
den causarle mucho trastorno.
Cuando Júpiter es retrógrado, la función de compensación del al­
ma se vuelve hacia adentro, afectando casi exclusivamente a la cons­
ciencia a través del inconsciente, o sea, por medio de sueños y proyec­
ciones similares. Al mismo tiempo, si Urano es fuerte, estas proyeccio­
nes desde el inconsciente pueden llegar a ser extraordinariamente ví­
vidas. Si Júpiter es débil por posición de signo esto puede significar que
la función de compensación está dotada de poca energía; pero, al mis­
mo tiempo, si es fuerte por posición de casa, la compensación, aunque
débil, es puesta de manifiesto constantemente a la consciencia por la
fuerza de las circunstancias. Esta observación se aplica más o menos
249
a todos los planetas. Sin embargo, los aspectos en cuanto a otros pla­
netas introducen otros factores contrarios. Júpiter en una casa angular
(primera, cuarta, séptima y décima) es típico de fuerza por posición de
casa. Si es directo, el nativo es gobernado conscientemente por su
Destino, habitualmente para un propósito grupal. Puede experimentar
esta fuerza interior en la forma de alguna gran Personalidad que lo di­
rija hacia fines asignados. Esto puede ser así especialmente si Júpiter
es retrógrado. Si está estacionario, el nativo está casi totalmente suje­
to a esta fuerza que lo gobierna. El emperador de Austria, Francisco Jo­
sé, cuyo gobierno parece haber sido el centro mismo de precipitación
del karma de Europa, tenía, según Alan Leo, a Júpiter retrógrado en la
cuarta casa, en cuadratura con Marte en el Descendente. El suyo era,
por completo, un mapa extraordinario. Bismarck también tenía a Júpi­
ter retrógrado. Arístides Briand, el famoso primer ministro francés, tenía
a Júpiter y Saturno retrógrados en conjunción con su cuarta casa.
Mercurio retrógrado simboliza una mente volcada hacia el interior,
debido a una tendencia mística, o debido a una congénita lentitud de
percepción y a una incapacidad para proyectar hacia afuera los pensa­
mientos. Según Marc Jones, la posición de Mercurio antes y después
del Sol representa, respectivamente, avidez mental y premeditación.
La "química mental" puede mostrarse vinculando estas posiciones de
Mercurio junto con la velocidad del movimiento de la Luna. Paul Clancy
trazó un paralelismo entre celeridad de la mente y velocidad del movi­
miento de Mercurio. Externamente, un Mercurio retrógrado puede dar
una mente lenta; pero de ningún modo necesariamente así. También
puede ser una mente principalmente preocupada por el inconsciente
colectivo, la mente de un vidente.Abdul Baha, a quien los bahai consi­
deran un Personaje divino, tenía a Mercurio y Saturno retrógrados y en
trígono. Mercurio estaba en Géminis seis grados delante del Sol; la Lu­
na, en conjunción con la gran estrella de Persia, Régulo, también en trí­
gono con Neptuno en Acuario. En otros casos, tenemos la base de pe­
culiares complejos mentales. Un ejemplo de mente vacilante lo da Luis
XIV, el rey francés ejecutado por los revolucionarios. Tenía a Mercurio
retrógrado en conjunción exacta con el Sol, y también Saturno y Ura­
no retrógrados.
Marte retrógrado indica que los impulsos hacia la acción no corren
hacia afuera, desde el ego, expresándose espontáneamente, sino que
se mueven hacia atrás, rumbo al inconsciente, en el que se unen con
algunos contenidos inconscientes (a menudo, imágenes colectivas).
La fuerza inherente a esto último es la que realmente empuja al nativo
a la acción. Por tanto, la acción no surge de impulsos espontáneos y cla­
ramente conscientes, sino de una motivación más o menos inconscien-
250
te. Entre los diversos planetas retrógrados en el mapa de Annie Besant,
fallecida dirigente de la Sociedad Teosófica, encontramos a Marte. Sus
actos surgían a menudo de motivos ocultos en el inconsciente, ora per­
sonales, ora colectivos.
Tal condición puede afectar a las fuerzas sexuales. Pueden ser és­
tas arrojadas detrás en el inconsciente, formando complejos y neuro­
sis. Por otro lado, podemos tratar un intento claro de sublimar la natu­
raleza del deseo, como en las diversas disciplinas yóguicas. En el ca­
so de Annie Besant, advertimos también que, primero, se la llegó a co­
nocer como una apóstol del control de la natalidad.
Con Venus retrógrado tenemos una condición en la que los frutos
de la experiencia no son llevados al ego consciente y normalmente son
asimilados o liberados a través de varios tipos de emociones. A menu­
do hay una fuerte falta de ajuste a las condiciones de la vida externa.
La vida emocional está insatisfecha, y los contenidos inconscientes
perturban la corriente natural de la consciencia y del amor. En ocasio­
nes, se descubre un fuerte énfasis sobre la creación artística, pero és­
ta es habitualmente matizada por sentimientos anormales. Con esto
puede conectarse una propensión alcohólica. El poeta romántico Alfre­
do de Musset tenía a Venus estacionario retrógrado.
A los planetas retrógrados no debe pedírseles que digan demasia­
do, en razón de que sólo indican la dirección en la que algunas funcio­
nes psicológicas operan, pero no lo que ocurre como resultado de es­
te movimiento que fluye hacia atrás, que ha de ser juzgado sobre la ba­
se del mapa en conjunto. Un muchacho y una muchacha, en vez de ir
a trabajar a la fábrica, toman el tren y se van a la ciudad. Podemos sa­
ber que se fueron a la ciudad; pero eso no nos dirá cómo se compor­
tarán y por qué se encontrarán en esta ciudad. De modo parecido, sa­
bemos que, cuando un planeta es retrógrado, la función que éste sim­
boliza no opera del modo que se llama normal. La energía psíquica usa­
da por esta función va.en dirección al inconsciente. Lo que le ocurrirá
a ella depende de todos los factores del mapa.

B. EL INCONSCIENTE COLECTIVO

En los planetas hasta ahora estudiados hemos encontrado un me­


dio para analizar el conjunto y la constitución del ser humano individual
como funciona en medio de la colectividad de la que es parte. Familia,
nación, raza, grupo religioso, club, sindicato y fábrica son varios tipos
de colectividad. El individuo actúa en medio de aquéllos y quizás ayu­
de a crearlos o transformarlos. Si rehúye los contactos y experiencias
dentro de la colectividad, se inhibe y adquiere complejos o actitudes es-
251
peciales que los planetas retrógrados, junto con otros elementos astro­
lógicos, nos ayudan a analizar.
Si el individuo se enfrenta normalmente con su grupo a la sociedad
en general, entonces la sociedad influye sobre él. Lo colectivo que hay
en él, que es idéntico en todos los hombres de su grupo, impone al in­
dividuo sus antiquísimas normas. La sociedad controla al individuo a
través de sus instintos y tradiciones. La imágenes primordiales golpe­
an las paredes interiores de su consciencia, pidiendo que las dejen en­
trar. Estas imágenes pueden ser divinas o pueden ser demoníacas. Son
la voz de la totalidad que compelen a las partes individuales del todo a
prestar atención. Las tendencias latentes de esta voz colectiva son os­
curas y posesivas; sus tendencias patentes son vibraciones luminosas,
cantos de almas liberadas que pujan hacia arriba, rumbo a la meta fi­
nal del Hombre.
Esta voz de lo colectivo, en cuanto actúa sobre los individuos, es
simbolizada por la trinidad de planetas lejanos: Urano, Neptuno y Plu­
tón. Es significativo que éstos hayan sido conocidos públicamente en
una época en la que la humanidad se está abriendo paso a través de
las aisladoras barreras de los credos y los dogmas, y, materialmente si
es que espiritualmente todavía no, todos los hombres fluyen dentro del
océano de una humanidad común. Urano llegó a conocerse cuando las
revoluciones norteamericana y francesa rompieron con el agobio del
feudalismo y del medievalismo; Neptuno, cuando el humanitarismo y un
renacimiento del espíritu religioso (o de su polo opuesto, el materialis­
mo) dominaron al mundo; Plutón, cuando la humanidad sigue su cami­
no hacia nuevas estructuras de relaciones sociales.
En la vida del individuo, estos planetas actúan de diversos modos
y en grados de intensidad ampliamente variables. Cuanto más univer­
sal o "enderezada hacia la totalidad" sea la consciencia, más construc­
tiva y eficaz es la acción de estos agentes planetarios de la totalidad.
En lo irregenerado, pueden seguir siendo individualmente ineficaces, o
convertirse en símbolos de destrucción del ego encerrado en su cásca­
ra. En todo caso, llegan al ego individual como fuerzas procedentes de
más allá de la consciencia, que traen mensajes, asestan golpes, o en
aquél a quien los dioses condenaron causan ceguera espiritual y locu­
ra. Pueden simbolizar el ápice espiritual de la humanidad colectiva, ya
sea que se llame la Iglesia Triunfante, la asamblea de los Bienaventu­
rados, o la Logia Blanca de los Adeptos Iniciados. También pueden re­
presentar lo que los diarios llaman "la sociedad", o asimismo el poder
de la plebe. Pueden ser los agentes de aquellas fuerzas colectivas que
los hombres aprenden a conocer bajo el nombre de religión. Incluso
pueden hablar de hechos cósmicos de más allá de nuestro sistema so-
252
lar, y traerles a los iniciados nuevas de nuestra galaxia y presagios pro­
cedentes de los espacios que están más allá. En todo caso, son la to­
talidad que habla a las partículas individuales.
Si nos limitamos al enfoque psicológico y a la relación del incons­
ciente colectivo con el ego particular, decimos que Urano es la fuerza
proyectiva del Neptuno inconsciente, su fuerza disolvente, y Plutón,
su fuerza regeneradora. Urano trae al consciente representaciones
simbólicas e impulsos. Esto puede ocurrir en sueños o en consciencia
vigil. Bajo Urano, llegan las inspiraciones al poeta, al artista, al inven­
tor, al científico, al estadista, al reformador religioso. Urano se caracte­
riza por su fuerza para formar imágenes. Regenera al consciente tra­
yéndole panoramas del "todo", imágenes e ideas de la Mente universal.
Estrictamente hablando, no "regenera". En lugar de ello, proyecta imá­
genes e ideas que tienen fuerza para transformar, que son semillas de
la nueva consciencia. La transformación y la creación son palabras cla­
ves de este planeta revolucionario que derrama constantemente nue­
vos quanta dinámicos dentro del corazón del ego, alterando, estimu­
lando, agitando, desgarrando, el alma divinamente descontenta, la lo­
cura del anarquista y del forajido. Genio o locura; inspiración o perver­
sión.
Neptuno actúa de modos más sutiles y misteriosos. Como un fuer­
te ácido, come las cristalizaciones del ego, convocando siempre a lo
particular y lo limitado hacia el estado ilimitado de lo universal. Es el in­
sistente, compasivo y rebosante amor del "todo" hacia la parte separa­
da que tal vez ni siquiera sepa que es una "parte": un amor que puede
ser muy tierno, pero que habitualmente está lleno de horizontes cósmi­
cos y desapasionamiento universal que nuestros sentimientos limita­
dos y estrechos retroceden ante él con temor reverente. Neptuno es el
hombre transfigurado por el Cristo interior; pero también puede ser el
hombre perdido en un "paraíso artificial", pidiendo drogas que lo con­
duzcan más allá de la cárcel de la percepción normal y de la rutina dia­
ria, introduciéndolo en el reino de los sueños y las visiones.
Al símbolo de Neptuno pertenecen todas las fuerzas que niegan las
limitaciones y tienden a totalizamos, que minan la fuerza del punto de
vista particular, e inyectan en este fluido de los deseos que no son de
esta Tierra; todos los medios que disuelven las cristalizaciones y ponen
fuera de foco las lentes del ego, que nos incitan con anhelos divinos a
través de los días de la segunda pubertad y nos arrebatan lejos de la
familia y del hogar, introduciéndonos en la nívea paz de los conventos
o en la fermentación viva de la selva.
Fisiológicamente hablando, la parte corporal gobernada por el sig­
no zodiacal en el que está ubicado Neptuno carece de diferenciación y
253
de crecimiento focalizado. Parece que no está desarrollada. La energía
vital no logró hacerse bastante concreta. Por el contrario, donde Ura­
no está ubicado encontramos a menudo crecimiento normal, cierta cla­
se de excesiva abundancia; no tanto una abundancia de fuerza vital co­
mo una peculiar tensión de energía que crea genios o "fenómenos".
Neptuno es el símbolo del mar, de la materia indiferenciada, de la ma­
teria cósmica en la etapa prenatal, o del nirvana y de la compasión in­
finita. Muestra cómo la sociedad actúa sobre el individuo; mientras Ura­
no indica más la fuerza fecundante del individuo, cómo éste actúa so­
bre la sociedad, constructiva o destructivamente. Las notas claves de
Neptuno son la redención, la universalización o la ausencia de
focalización.
Plutón es el planeta del segundo nacimiento, el que gobierna los
Misterios, todos los tipos de reuniones grupales, de organizaciones
parlamentarias en las que se deciden nuevas políticas sobre la colec­
tividad, o de ceremoniales a través de los cuales el individuo y la socie­
dad se reajustan según los avances de una nueva ley del ser. Júpiter
trata también sobre los organismos gubernamentales y las ceremonias
religiosas, pero dentro de los límites fijados por Saturno. En otras
palabras, Júpiter simboliza dioses raciales y religión basada en paren­
tesco y consanguineidad. Representa a la jerarquía y a la autocracia -
política o religiosa-, y esto porque Saturno, en primer lugar, puso al
ego, al Uno, como un gobernante dentro de ciertas fronteras. Júpiter ac­
túa dentro de estas fronteras. El gobierno de Zeus sigue al de Cronos­
Saturno. Júpiter, como el gurú, el maestro espiritual o el guía religio­
so, abarca elementos de relación personal.
Por otro lado, Plutón es estrictamente impersonal y no reconoce
Dios o Rey personales; sólo un presidente electo, por decirlo así. Su
Rey es la Ley. Es despiadado y absolutamente justo, pero sólo en tér­
minos de una Ley que a menudo trasciende nuestro limitado intelecto,
y puede parecer cruel. Plutón relaciona al ego con un centro mayor del
ser, en parte consciente, en parte inconsciente. Conduce hacia lo que
C.G. Jung llama el Yo, la totalidad del ser. Simboliza la etapa final del
proceso de "individuación", el segundo nacimiento, el "perfecciona­
miento", la iniciación, el "nacimiento del Dios Vivo", pues Plutón es Dios­
en-las-profundidades, Dios que se hace concreto y real dentro y en el
centro de la personalidad. Por ello, la personalidad se transfigura en
una Persona Viva. En este sentido, Plutón es el símbolo de la Encarna­
ción de Dios, de la Fraternidad Apostólica, reflejo del orden zodiacal
cósmico; de la Logia Blanca sobre la Tierra.
Plutón representa la Ley del Yo-"todo" en oposición a la ley del ego
particular (Saturno-Júpiter). Su reino llega después que este ego se im-
254
pregnó con ideas-semillas y arquetipos uranianos, y después que per­
dió toda su resistencia y su orgullo a través del bautismo neptuniano.
Entonces Plutón, habiendo juzgado al ego en las balanzas en las que
se equilibran el consciente y el inconsciente, lo concreto y lo abstrac­
to, lo particular y lo universal, lo inicia en la Compañía de los Perfectos.
Su nota clave es, por tanto, renacimiento; asimismo, la concretización
del Todo en el Uno universal.
De todos los signos astrológicos que sugerimos como símbolos (o
causas) de la Primera Guerra Mundial, sólo uno parece válido. Plutón
estaba en conjunción con el solsticio de verano en junio de 1914, yapa­
rentemente había llegado a su primera conjunción, durante breve tiem­
po, en setiembre de 1912, época en la que se estaba planeando la gue­
rra de los Balcanes. El solsticio de verano es el punto de la fecundación
cósmica. La vida se concreta en el vientre. El misterio del "derrama­
miento de sangre" puede también acompañar a vastas fecundaciones,
o iniciaciones cósmicas.
Plutón entraba en Capricornio en 1761-1762. Estaba cerca del
tiempo que Swedenborg mencionaba como el del descenso a la Tierra
de la "Nueva Jerusalem". Desde esta época en adelante, tomaba for­
ma la revolución norteamericana. En 1938, Plutón entrará en Leo. Es­
to podría marcar el comienzo de una nueva era. Según el simbolismo
numérico de la Pirámide, esta era empezó el 16 de setiembre de 1936.
Es interesante el hecho de que el ingreso en el escenario astroló­
gico de Neptuno y Plutón correspondiera al tiempo en el que.diferentes
aspectos del inconsciente ganaron el reconocimiento público. Plutón
fue descubierto exactamente 84 años (el ciclo de Urano) después de
Neptuno (1846). En 1848, Europa presenció un gran levantamiento re­
volucionario. Es la fecha del Manifiesto Comunista de Marx. Marca el
comienzo de la difusión del espiritismo. El gran movimiento espiritual,
el bahaismo, se inició en 1844. En todo sentido, fue un tiempo de entu­
siasmo religioso y de ideales humanitarios: verdaderamente, un tiem­
po neptuniano. De modo parecido, Urano se conoció en la mitad de la
era revolucionaria que despertó a todo el mundo occidental a un cono­
cimiento de nuevos arquetipos de relación social. Plutón fue avistado
el 21 de enero de 1930, cuando el Sol entraba en el signo de Acuario.
La década anunciaba, pues, promesas que rivalizarían en importancia
con las que hicieran conocidos a Urano y Neptuno. Los ideales del New
Deal son típicamente plutónicos, en cuanto en este New Deal tene­
mos un intento de incluir a todas las clases sociales en un tipo integra­
tivo de organización en el que los dos factores del individualismo y del
colectivismo se armonizarán. Neptuno totaliza, pero también conduce
hacia lo amorfo. Plutón trae el mensaje de la forma concreta, de la or-
255
ganización. Si a menudo lo vemos como desorganización, es porque
sólo podemos descubrir la primera etapa del proceso. La Gran Guerra
significó desorganización; pero puso a prueba la fuerza organizativa
humana en una escala jamás soñada. Enseñó eficiencia y precisión.
Creó la maquinaria que el hombre puede usar constructivamente si así
lo desea.
No es del todo improbable que, bajo el régimen de Plutón, como lo
sugiere Paul Clancy, aparezcan pruebas concretas y científicas de in­
mortalidad humana. Alice Bailey anuncia lo mismo; y no hay duda de
que Plutón se ocupa de todas las manifestaciones concretas del nue­
vo orden.
Urano, Neptuno y Plutón simbolizan procesos que traen al incons­
ciente y sus fuerzas subliminales hasta el umbral de la consciencia y del
ego. Por tanto, son intermediarios entre el sistema solar propiamente
dicho y la galaxia. Los cometas son también intermediarios, pero de ca­
lidad más fugaz. Podemos concebir al inconsciente en términos de una
acumulación de contenidos conscientes personales y colectivos; de he­
cho, debemos hacerlo así, si consideramos a la consciencia como liga­
da a organismos físicos. Pero el ocultista, desde luego, afirmará que el
inconsciente colectivo es el producto tanto de los Seres superhumanos
y superterrestres como de las generaciones pasadas de hombres. Con­
sideraremos a las estrellas fijas astrológicamente como símbolos de ta­
les entidades cósmicas cuando la intuición despierta pueda percibir
opacadamente más allá de los reinos que las mentes humanas cono­
cen. Urano, Neptuno y Plutón son, pues, eslabones entre las estrellas
y los planetas intrasaturninos, entre los "dioses" y los hombres.
Queda por tocar un punto más: ¿Cuál es el significado de los tres
planetas lejanos cuando son retrógados? Es probable que lo que se in­
dique sea una acción de retorno del elemento colectivo a la colectivi­
dad, pero con la fuerza complementaria del individuo para hacerlo efec­
tivo de un modo nuevo. Para expresar esto más claramente: tarde o
temprano, las razas y los grupos degeneran siempre. Los individuos
que componen estas colectividades no logran actuar con los instintos
más profundos y las verdades arquetípicas que pertenecen a la huma­
nidad, biológica o espiritualmente. De la suma total de estos fracasos
particulares deriva una perversión o una decadencia general de la co­
lectividad. Una raza, una nación o un grupo religioso cae en perversos
comportamientos, se cristaliza o se desintegra. Lo que los individuos
causaron, los individuos deberán reajustarlo. Surgen los reformadores
que proclaman las antiguas verdades olvidadas, probablemente bajo
una nueva apariencia exterior. Estos hombres son conducidos por el
espíritu vivo de la humanidad colectiva para reformar al cuerpo enfer-
256
mo de las colectividades de las que ellos son parte. Esta acción refor­
mista de la colectividad por la colectividad, a través del individuo, es
simbolizada por los movimientos retrógrados de Urano, Neptuno y
Plutón.
Urano "directo" reforma o más bien transforma al ego consciente;
cuando es "retrógrado", lo que se simboliza es la reforma del incons­
ciente, de las profundidades ocultas de las que el ego emerge. En al­
gunos casos, puede significar que se ventilan todos los roperos oscu­
ros y se tiran los esqueletos familiares; en otros casos, significa que el
hombre es realmente el agente de alguna clase de impulso reformador
que ha de cambiar la mente de su raza o de su grupo. Las imágenes
neptunianas que él proyecta están impregnadas, en primer lugar, de
una energía iconoclasta. No sólo desafiarán al consciente de la raza si­
no que generarán tormentas en el inconsciente. A Neptuno retrógrado
se lo encuentra a menudo donde se desentierran y denuncian impos­
turas religiosas; donde el orgullo subconsciente interior es sutilmente
aniquilado. Con frecuencia, son los místicos los que tienen semejante
factor destacado en sus mapas, especialmente si abogan positivamen­
te contra las creencias de su época. En cuanto a Plutón retrógrado, uno
sólo puede suponer que tendería a hacer viable una destrucción orga­
nizada: esto, en un mapa individual, podría conectarse con una pecu­
liar protesta contra el orden social establecido.

El sistema solar como personalidad


Hasta ahora, nuestro enfoque se ocupó de factores puramente psi­
cológicos, y a los planetas los consideramos como símbolos de lo que
nos permitiría graficar los tres tipos principales de actividad, caracterís­
ticos de cualquier organismo vital: actividades que determinan lo que el
organismo es, cómo se mantiene y cómo se reproduce. Luego estudia­
mos los problemas que surgen de la represión de las actividades orgá­
nicas como están simbolizadas en los planetas retrógrados. Por último,
analizamos los tres modos de actividad por medio de los cuales el ego
particular puede trascenderse y participar del carácter de la universa­
lidad. La imagen de Saturno que es la base del yoísmo particular, se
desvanece luego en un tipo de representación de carácter plutónico. El
modo jupiteriano de actividad compensatoria da paso a un proceso
neptuniano de sublimación. El tipo marciano de autorreproducción es
reemplazado por la creatividad uraniana.
Sin embargo, si enfocamos el tema desde una dirección inversa, o
sea, a partir de un análisis del sistema solar en conjunto y proyectan­
do su resultado en nuestra experiencia fisio-psicológica, obtenemos un
257
cuadro más lógico y más ordenado. Nuestro concepto de la persona­
lidad se amplía y asume perspectivas cósmicas. Todo el sistema solar,
visto como un complejo organismo vital, se convierte en una persona­
lidad cósmica. Sin embargo, debemos evitar con cuidado el error de
perder nuestra base de operación: la Tierra. Aunque "cósmicos", siem­
pre y eternamente estamos arraigados en la Tierra. El único sistema so­
lar que conocemos es el que se ve a través de la atmósfera terrestre,
y por medio de sentidos e instrumentos terrestres. De hecho, nada co­
nocemos más allá de la Tierra y de las reacciones que la Tierra expe­
rimenta desde afuera. Debemos permanecer siempre centrados en la
Tierra, porque mientras operemos a través de vehículos de la conscien­
cia nacidos en la Tierra, por depurados que aquéllos sean, todas nues­
tras experiencias están condicionadas por la calidad de nuestro plane­
ta, y todos los símbolos vitales que podamos concebir, siendo necesa­
riamente interpretaciones y extensiones de estas experiencias, debe­
rán apoyarse en el punto de vista de la Tierra y del Hombre como un ser
planetario.
Por lo tanto, si hablamos del sistema solar, es como éste aparece
ante el investigador científico, extendiéndose a cada lado del curso des­
crito anualmente por la Tierra. Hay cuerpos celestes dentro de los con­
fines de la órbita de la Tierra, y hay algunos fuera de ella. Es cierto que
el Sol es demostrablemente uno de los focos de esta órbita terrestre
elíptica, y también de todas las otras órbitas planetarias. Pero todo es­
to significa que nosotros, como observadores humanos, no estamos en
el centro del sistema al que -bastante sabemos ahora para darnos
cuenta de ello- pertenecemos como un mero planeta. Este hecho de
que sepamos que el Sol es el centro del sistema, y no la Tierra, no ha­
ce que sea legitimo un punto de vista verdaderamente heliocéntrico.
Conocemos este hecho intelectualmente, pero todas nuestras expe­
riencias tiene como centro, necesariamente, a la Tierra. En otras pala­
bras, yo, el ego, sé ahora que el campo de mi consciencia (mi propia Tie­
rra) no es el centro de mi ser total. Supongo que hay un Yo que, como
el Sol, es el centro de este ser total. Pero no experimento como un Yo
sino sólo como un ego. Mas si yo experimentara realmente tal identi­
ficación, yo ya no sería una personalidad que tuviera al ego como su
centro. Yo sería un Personaje divino -con un vehículo solar de cons­
ciencia- sea lo que fuere lo que esto signifique. Puede ser que haya
Personajes divinos que operen a través de un cuerpo nacido en la Tie­
rra, pero si esto es así, la personalidad enraizada en ese cuerpo y per­
cibida por el hombre corriente no es su personalidad verdadera. Y por
tanto, no podemos discutir provechosamente una "Personalidad Solar"
que nosotros como seres de la Tierra nunca experimentaremos plena-
258
mente; ni hay validez alguna al suponer un punto de vista centrado en
el Sol como la base de un sistema de interpretación simbólica de la vi­
da. Nuestros vuelos cósmicos deben empezar y terminar en la Tierra,
o deberán seguir siendo sueños y especulaciones sin significado vital.
Por ello, consideremos al sistema solar, desde el punto de vista de
la nerra y del Hombre, como un "todo" planetario. Dividiremos al siste­
ma solar en la parte que está contenida dentro de la órbita terrestre y
la parte que está fuera de la órbita terrestre. Dentro de la órbita terres­
tre encontramos los planetas interiores Marte-Júpiter-Saturno y Urano­
Neptuno-Plutón. Las posiciones relativas de estos planetas dentro de
estos dos reinos celestes darán a cada planeta su significado simbóli­
co esencial; pues, repitamos una y otra vez, los significados básicos de
los planetas les pertenecen por la lógica de sus posiciones en rela­
ción con la Tierra y en virtud de sus características astronómicas,
como la velocidad de revolución y rotación, la masa, el color, el núme­
ro de satélites, etc. En otras palabras, Venus tiene un determinado sig­
nificado básico simplemente porque es el primer planeta entre la Tierra
y el Sol. De modo parecido, no puede haber duda en cuanto al signifi­
cado básico de Plutón, porque este significado deriva de su posición.
Características orbitales, etc. Por supuesto, tal significado es muy bá­
sico o muy abstracto o general, tan abstracto o general casi como los
significados de los números 2 y 3. Por tanto, al aplicar este significado
a la interpretación de natividades particulares, las estadísti.cas y la ex­
periencia acumulada son absolutamente invalorables. Sin embargo, no
dan nacimiento al significado básico.
Esto es particularmente importante cuando consideramos a la Lu­
na como un factor astrológico. Para los antiguos, la Luna era la criada
del Sol, la "luz" secundaria que brillaba de noche. Todo el simbolismo
del Sol y de la Luna se construyó sobre estos datos de la experiencia,
concernientes a la luz del Sol y de la Luna, y sobre las correlaciones fi­
sio-psicológicas establecidas entre la luz solar (día, calor, etc.) y la luz
lunar (noche, misterio, temor, etc.).
Tales correlaciones dejaron de ser las principales generadoras de
significado en función del conocimiento científico y de la conducta mo­
derna, por una cosa: la luz artificial convirtió a la noche en día, y la vi­
da de las ciudades modernas convirtió a los días de oficina en una es­
pecie de noche. Pero, más profundamente que esto, la atribución de
significado a los planetas (y a todos los factores astrológicos) debe es­
tablecerse ahora sobre lo que, para nosotros que somos hombres mo­
dernos, es nuestro conocimiento básico: conocimiento científico e inte­
lectual.
259
Desde este punto de vista astronómico, la Luna ocupa un lugar es­
pecial realmente como el satélite de la Tierra. Girando mensualmente
alrededor de la Tierra, la mitad del tiempo se halla dentro de la órbita te­
rrestre, y la mitad fuera de ella. Como resultado de esto, la Luna es el
eslabón entre los reinos interno y externo del sistema solar; entre los
planetas internos y externos. Debido a esta función de enlace, apare­
ce cambiando constantemente en su aspecto. Tiene fases, crecientes
y menguantes; un claro ritmo dualista. En Luna Nueva, la Luna está en
su punto más recóndito dentro de la órbita terrestre. En Luna Llena, está
en su punto más externo fuera de la órbita terrestre. Subjetividad y ob­
jetividad.
Anteriormente, cuando estudiábamos los planetas por parejas, di­
jimos que la Luna era la contraparte femenina de Saturno. Pero tal afir­
mación, aunque verdadera en determinado sentido, no debe tomarse
como definitiva. Hay un "misterio" conectado con la Luna, y tiene que
ver con el cambio que tuvo lugar (al menos potencialmente) al término
de las eras arcaicas (alrededor del 600 a.C.). Si ahora estudiamos al
sistema solar desde el punto de vista de la órbita terrestre, y si proce­
demos a poner por parejas los planetas exteriores e interiores, tendre­
mos el siguiente resultado:
Marte y Venus, que están a cada lado de la Tierra, son opuestos po­
lares; igual, Júpiter y Mercurio; luego Saturno y... el Sol. Antes de que
consideremos lo que el Sol significa aquí, repitamos que los planetas
exteriores son positivos en el sentido de referirse a las causas de las
actividades representadas por las parejas; mientras los planetas inte­
riores se refieren a los resultados, y por ello se los llama negativos. Mar­
te simboliza la fuerza iniciadora e impulsora que pone en movimiento
todas las actividades vitales; Venus, la energía consumadora, finaliza­
dora y fructífera que culmina todos los ciclos de actividad. Júpiter sim­
boliza la fuerza de la circulación dentro de cada "todo" orgánico y lo que
los expande desde dentro y los totaliza. Mercurio es el sistema nervio­
so, y luego, la fuerza del pensamiento que consolida y se convierte en
el vehículo de la fuerza jupiteriana. Saturno es la fuerza original que po­
ne en movimiento toda manifestación de vida, aislando, del indiferen­
ciado océano de la vida, un particular fragmento de éste, y que, cons­
truyendo una pared alrededor de este fragmento, le permite ser un en­
te independiente y separado.
Entonces, ¿qué ocurre con el opuesto polar de Saturno? Lógica­
mente, debe ser el Sol. Pero también ha existido mucha charla al res­
pecto, y hasta una efemérides de un planeta intramercurial: Vulcano.
No sabemos si Vulcano existe o no. Pero uno no puede basar el signi­
ficado astrológico en hechos astronómicos meramente posibles. Vulca-
260
no puede existir. Pero, si existe o no, lo que representa, como significa­
do, puede atribuirse mucho más satisfactoriamente a la fotósfera del
Sol. Los ocultistas han dicho que no conocemos al Sol real, que lo que
vemos es sólo, por decirlo así, la luz que llega a través de una venta­
na abierta. Esta luz constituye lo que puede llamarse la superficie del
Sol, la parte activamente radiante del Sol. En realidad, eso es todo lo
que sabemos del Sol, sensorial y físicamente. Es la fuente de "vibracio­
nes solares"; y éstas significan, para nosotros, vida y luz. Saturno fija
las fronteras de cada organismo vivo particular, y así ayuda a concen­
trar dentro de estas fronteras, como si fuera a través de una lente, la luz
difusa del espacio interestelar o galáctico. El Sol es, en un sentido, la
lente misma. La fotósfera es la totalidad de los rayos luminosos y caló­
ricos que están concentrados y que llenan las fronteras del organismo
vivo. Saturno diferencia. La fotósfera vivifica al ente diferenciado.
Por tanto, tenemos una trinidad doble de planetas internos-exter­
nos. Cada uno de estos planetas representa una polaridad de vida triu­
na; tres positivos y tres negativos. ¿Cuál es el "séptimo"; pues, en to­
das las filosofías se nos dice que el gran número de todas las manifes­
taciones de vida es el 7. El séptimo es lo que correlaciona a las pola­
ridades opuestas. Además, es lo que reúne a estas energías polares y,
a través de un proceso cíclico de mareas, las distribuye al organismo
vivo. Es la luna.
Sin la Luna, no habría intercambio, no habría relación entre los pla­
netas externos e internos. No habría corriente de energías dentro y a
través de la Tierra. A cada lado de la Tierra, están los planetas. Pero es
la Luna la que reúne las energías cuando se lanza hacia atrás y hacia
adelante entre lo más recóndito y lo más externo. Tras recogerlas y
combinarlas, las distribuye en la Tierra. Alimenta a la Tierra con estas
energías.
Por tanto, la Luna es el vientre y la madre de la Tierra. Es el fluido
linfático. Es el flujo acuoso, la savia dentro de la planta. Recoge todas
las fuerzas cósmicas y las distribuye en embrión dentro de su vientre.
Recoge todas las sales minerales del suelo y las distribuye en toda la
planta. Es la placenta que rodea orbitalmente a la Tierra, como la pla­
centa rodea al embrión. A la Luna puede llamársela realmente "ella": la
madre. Ella es la fuerza-madre, las aguas de la vida. Pero ella es tam­
bién el posesivo amor de madre que sofoca y mantiene al hijo en su
vientre, volviéndolo psicológicamente a la cuna: el complejo de madre,
la esclavitud de sentimientos y sentimentalismo.
Pero hemos tocado sólo el borde del vestido. ¿Sólo hay un plane­
ta interior y un planeta exterior? Aquí empieza a abrirse el "misterio de
la Luna". Pues, desde luego, debe haber una "Luna", un elemento vin-
261
culante, para cada dualidad polar. Vimos que hay tres parejas de pla­
netas, tres fuerzas básicas de la vida (ser un yo; mantenerse; reprodu­
cirse) en cada organismo vivo. Luego, debe haber tres "Lunas", y nues­
tra Luna física es sólo el medio que une a la pareja planetaria más cer­
cana, la de Marte y Venus. Porque es la más cercana, es la más visi­
ble, la más evidente, la más externa y conscientemente compulsiva; la
fuente de nuestros deseos y sentimientos muy patentes. Pero también
debe haber una "Luna" para correlacionar la pareja Júpiter-Mercurio y
distribuir en la Tierra sus energías armonizadas; y, asimismo, una "Lu­
na" para distribuirnos las correlacionadas energías de Saturno y la fo­
tósfera.
Pero, ¿dónde están aquellas "Lunas"?, puede preguntar el lector.
Tal vez no haya reales masas celestes físicas de sustancia que cum­
plan el oficio de las dos "Lunas superiores" antes mencionadas. Tal vez
existan en un estado invisible, reflejando la luz demasiado hacia lo in­
frarrojo o lo ultravioleta como para que sea visible. Tal vez sean estas
"Lunas superiores" las que los "clarividentes" vieron y confundieron con
planetas que giran alrededor del Sol. Tal vez el "planeta misterioso" de­
trás de la Luna sea la próxima "Luna superior". Hay muchos "tal vez".
¿Y qué hay con ello?
De lo que estamos hablando es de clclos de movimiento y de dis­
tribución de energía. Uno de estos ciclos está operando con o a tra­
vés de nuestra Luna visible, y es un ciclo de aproximadamente 28 dí­
as. Otro de estos ciclos está empezando a conocerse como un ciclo de
40 meses, que afecta los cambios financieros y el calor del Sol. Otro ci­
clo es el célebre "ciclo de manchas solares" de once años más. Todos
esos ciclos son realmente cursos cíclicos de energía circulante (o co­
rrelaciones abstractas del movimiento, si uno prefiere ser más abstrac­
to). Ya sea que operen por medio de un cuerpo físico como nuestra Lu­
na, o a través de alguna corriente de partículas magnéticas, de efectos
periódicos, no hay diferencia en lo que concierne al simbolismo as­
trológico. Lo que en la actividad cíclica cuenta es la corriente de "algo"
que el astrólogo puede relacionar simbólicamente con una función vi­
tal (tanto colectiva y social como individual). Lo que el "algo" es, ya se
trate de un planeta sólido o de un flujo de partículas eléctricas, o inclu­
so una abstracción pura y simple, esto debe ser sólo de ligera importan­
cia para el astrólogo. Corresponde al astrónomo averiguar todos los he­
chos científicos al respecto.
El siguiente dibujo puede ayudar a aclarar cómo y dónde -por su­
puesto, esquemáticamente- las "Lunas" operan. La primera (nuestra
Luna física) une los orbes de Marte y Venus, y tiene un período de apro­
ximadamente 28 días. Se refiere al reino de la acción física y de la pro-
262
creación fisiológica. Representa todos los "sentimientos" conectados
con ese reino. Vitaliza todas las cosas, hasta las muy lejanamente co­
nectadas con el sexo, y toda actividad creadora en cuanto tal actividad
tiene una base material concreta de manifestación a través de movi­
mientos corporales (todas las bellas artes, pues abarcan actividad mus­
cular de una clase u otra). Por tanto, vitaliza casi exclusivamente al
hombre y a la mujer que funcionan en una etapa instintiva y fisiológica.
Además opera en y a través del ciclo de crecimiento y descomposición
de todos los organismos biológicos.
La segunda "Luna" une a los orbes de Júpiter y Mercurio y reúne y
distribuye sus energías a la Tierra. El período de esta actividad es pro­
bablemente de 40 meses. El número es significativo y vincula al ciclo
con el ciclo de gestación, de 40 semanas. Este número 40 se halla muy
frecuentemente en el simbolismo bíblico, y se refiere a un período de
tribulación y formación interior (como lo es el período de gestación, por
supuesto). Incluso recientemente, se dice que Abdul Baha, que dirige
la causa Bahai, fue encarcelado en Akka (que significa "vientre") duran­
te 40 años: un símbolo de la formación de la nueva era espiritual en la
que se entró después de su muerte, o al nacer él.

REINO DE LOS PARTICULARES


CORAZON
DEL
SOL

REINO DE LOS UNIVERSALES



Parece que el ciclo de 40 meses tiene dos significados, tal como Jú­
piter tiene dos significados: 1) espiritual, en referencia a los procesos
del crecimiento del Sol y del desarrollo psicomental o "iniciación"; y 2)
263
financiero, como un ciclo medio de 20 meses arriba y 20 meses aba­
jo, explicando los movimientos de los precios y el volumen de las tran­
sacciones (ver "La radiación solar y la actividad comercial", por T.O. Me
Grath, en Bulletina, abril-mayo-junio de 1934). Lo aue es bastante in­
teresante es que el símbolo de Júpiter, '4,, es realmente la figura de un
número 4. También podría añadirse que los asteroides entre Marte y Jú­
piter podrían ser el resultado de la explosión de la Luna a la que algu­
nas tradiciones tal vez se refieran como "Lucífero".
La tercera "Luna" une al orbe de Saturno y a la fotósfera del Sol. Se
refiere al "ciclo de manchas solares" de 11,2 años. Según H.P. Bla­
vatsky, este ciclo mide los latidos cardíacos del sistema solar, su "cir­
culación sanguínea". Esta sangre cósmico-magnética fluye desde la fo­
tósfera hacia Saturno (el límite del sistema solar considerado como una
unidad estricta) en cinco años; regresa a la fotósfera en cinco años más
y circula dentro del Sol mismo durante un año mas. El ciclo de 11 anos
se refiere a cambios magnéticos definidos en el cuerpo humano, a es­
tados dentro de la columna vertebral. Probablemente se refiera tam­
bién al proceso de integración espiritual dinámica, conocido en el ocul­
tismo occidental como "el proceso de la Kundalinl". Une el centro de
Saturno en la base de la columna vertebral con el "loto" de muchos pé­
talos en la coronilla-el "halo" de santos y buddhas-, verdaderamen­
te una fotósfera o corona del "sol espiritual" dentro de la cabeza.
Ahora debemos llegar a considerar a los planetas más exteriores,
Urano, Neptuno y Plutón. Si todavía tomamos a la órbita terrestre co­
mo un gozne, veremos que estos planetas universalistas sólo se equi­
libran dentro del "corazón" mismo "del Sol".
En nuestras anteriores consideraciones, "El Sol como integrador",
escribimos que el Sol representa la fuerza del Yo, no el Yo mismo. Es­
ta integradora fuerza del Yo opera, en primer lugar, durante el desarro­
llo de la psiquis del Hombre, dentro de las fronteras del consciente, de­
finidos por Saturno. Saturno más la fuerza solar (la fotósfera) constitu­
yen el "Yo soy": Saturno es "yo", y la fuerza solar es "soy", consideran­
do siempre a nuestro sistema solar, centrado en la Tierra, como una
"personalidad cósmica".
Entonces, el "yo" saturnino se trasciende a través del proceso triu­
no de la vida, simbolizado por Urano-Neptuno-Plutón. Estos tres plane­
tas representan lo que Jung llama "No-Yo", lo que el "yo" debe asimi­
lar. Cuando tiene lugar esta asimilación, la "personalidad cósmica" se
expande; mejor aún, experimenta una repolarización o una "conver­
sión". Dentro del "corazón del Sol" surge un "Yo" transfigurado, y este
"yo" encuentra su "soy" en la fuerza de la trinidad Urano-Neptuno-Plu­
tón. Esta trinidad planetaria constituye el proceso por medio del cual la
264
"personalidad cósmica" se encuentra eslabonada con el todo astronó­
mico más vasto, digamos, con la galaxia.
Uno podría preguntar: Pero, ¿qué quiere decir realmente el "cora­
zón del Sol"? Es el Yo. Y el Yo es la totalidad de la personalidad reali­
zada e integrada: una abstracción. Empero, hasta esta abstracción es
susceptible de estar concretamente simbolizada en función del próxi­
mo "todo" más vasto. Por tanto, podríamos decir que el "corazón del
Sol", en función del "todo" galáctico (centrado en la Tierra) es la estre­
lla que (dentro de nuestra galaxia) está ubicado exactamente detrás del
Sol. Sin embargo, ¡esto difícilmente tiene algún significado práctico pa­
ra nosotros, hombres corrientes!
Empero, lo que tiene significado es la idea de que hay un ciclo de
eslabonamiento entre el orbe de Urano y el "corazón del Sol", una cuar­
ta "Luna". Este ciclo es el ciclo de 28 años de la personalidad individual,
que, repetido tres veces (una vez por cada uno de los tres planetas más
exteriores), da el tiempo de la simbólica "construcción del Templo de
Sol-o-Mon" (el sol del Hombre): 84 años, el período de la revolución de
Urano alrededor del Sol. Dos ciclos de 28 años (uno de 56 años) cons­
tituyen, según el señor McGrath, el mayor ciclo comercial. Este ciclo es
igual a tres ciclos nodales de 18,6 años cada uno, y cinco ciclos de man­
chas solares de 11 ,2 años cada uno. Tales correspondencias arrojan luz
sobre el significado de Neptuno, cuando se lo entiende plenamente;
pues el período sideral de Neptuno es igual a tres períodos de 56 años.
Todos estos ciclos, que pueden considerarse como "Lunas" supe­
riores son importantísimos en el estudio de la "personalidad cósmica",
pues simbolizan "funciones de eslabonamiento" entre las energías del
alma, que cuando están plenamente integradas, son la sustancia de es­
ta "personalidad cósmica", tan convenientemente simbolizadas para
nosotros por el complejo patrón del sistema solar como se lo entiende
desde la Tierra. Tales "funciones de eslabonamiento" fueron tenidas co­
mo esotéricas y misteriosamente sagradas en la cosmo-psicología ar­
caica. Este es, pues, el "misterio de la Luna".
Este misterio, para los antiguos, residía en la atribución de la Luna
como un opuesto polar de Saturno. Cuando la humanidad funcionaba
puramente en el nivel fisiológico, y la mente era apenas un factor Inde­
pendiente o una base para la concentración de las energías vitales, en­
tonces era la Luna la que, como la fuerza-Madre, animaba a los egos
(las fronteras saturninas) de los hombres. Los hombres todavía están,
psicológicamente, dentro del vientre de la Madre, y esto en el nivel de
actividad fisiológico-instintiva (Marte-Venus). Pero cuando los hombres
se polarizan mentalmente y salieron del vientre psicológico de la Madre
para entrar en el reino de la energía pura y del pensamiento indepen-
265
diente, entonces se llenaron progresivamente con la fuerza de la fotós­
fera solar. Sus egos saturninos se iluminaron, y la "Luna superior", Lu­
cífero (o sea, Portador de la Luz), les "da luz", la luz del Júpiter y del Mer­
curio correlacionados. Otro paso en el desarrollo espiritual hará que se­
an iluminados por la fuerza de la Kundattnl Luna (¿lsis?) que eslabo­
na a Saturno y a la fotósfera solar; otro paso los verá vitalizados por la
correlación de Urano-Sol (¿Osiris?). Creemos que el "planeta misterio­
roso detrás de la Luna" no era planeta, sino esta segunda "Luna" que
llamamos Lucífero, el eslabón de Júpiter-Mercurio. Los asteroides son
los restos -¿o no son más bien la condición prenatal?- de este Lu­
cífero. ¿Los millones de asteorides no son un símbolo del disperso es­
tado de las energías psico-mentales, o de las fuerzas anímicas, de los
hombres? La Gran Obra del espíritu es la integración de estas disper­
sas fuerzas anímicas dentro de un organismo espiritual, un "templo del
Dios vivo". Por tanto, cada hombre debe integrar dentro de sí estos "as­
teroides" e introducirlos en una "Luna" a través de la cual la fuerza del
alma (Júpiter) y la fuerza de la mente (Mercurio) se correlacionarán y
se tornarán cíclicamente operativa.
Luego de este trabajo preliminar de integración psico-mental, de
concentración, o de yoga, vendrá una etapa ulterior, simbolizada por
Kundattnl: lsis. El velo de lsis ha de ser alzado luego por el candida­
to a la iniciación. El hombre se encuentra rodeado por el halo del Dios
vivo, por la irradiación multiflamígera de la Corona. Finalmente, el hom­
bre mismo se convierte en un Sol. Su corazón late al unísono con el "co­
razón del Sol".
La luna física representa hoy a la humanidad normal. Las tres "Lu­
nas superiores" representan las tres etapas de la iniciación masónica:
Aprendiz, Compañero y Maestro. Estas etapas simbolizan ritualmente
las tres fases básicas del proceso de integración de la personalidad, de
la gestación del "Dios Vivo", del Cristo-niño, dentro de la psiquis.

266
IX
LOS ENTRELAZAMIENTOS PLANETARIOS

El estudio de las "Lunas" superiores y de las "funciones de eslabo­


namiento" que aquéllas simbolizan nos prepararon para ulteriores con­
sideraciones siguiendo la misma línea de pensamiento. En este capí­
tulo reinterpretaremos los elementos astrológicos tradicionales que se
conocen como "nodos" y "partes". Los primeros fueron usados duran­
te siglos en la India, especialmente en relación con la Luna. Las últimas
parecen haber sido el rasgo especial de la astrología árabe.
Estos dos factores sirven para establecer puntos de relación entre
los planetas y la Tierra. Se refieren a la operación de la personalidad co­
mo un "todo" unificado y como una unidad en los entrelazamientos in­
finitamente complejos de la relación social.

Los nodos planetarios


Los nodos de un planeta son dos puntos opuestos en los que el pla­
no de la órbita del planeta intersecta a la eclíptica. Como la eclíptica es
no sólo el curs.o aparente descrito por el Sol en la esfera celeste (o sea,
entre las constelaciones) sino también "un plano a través del centro del
Sol, a través del cual está la órbita promedio de la Tierra", se despren­
de que los nodos planetarios representan los puntos en los que la línea
de intersección del plano de la órbita de un planeta y el plano de la ór­
bita de la Tierra se encuentran en la esfera celeste (o sea, la "cúpula de
los cielos"). El Sol está naturalmente en el punto medio de esta línea de
intersección.
Por tanto, lo que está implícito en la idea de los nodos es un tipo de
relación existente entre los planos de las órbitas planetarias y el plano
267
de la órbita de la Tierra. Las dimensiones de los diversos ángulos de in­
clinaciones de las órbitas de los planetas respecto de la eclíptica podrí­
an tomarse como representaciones de estas relaciones orbitales; pe­
ro esto sólo nos daría valores numéricos como símbolos, lo cual podría
encajar en un sistema de simbolismo astro-numérico, pero no en astro­
logía; pues todas las mediciones de relación astrológica deben referir­
se siempre al factor de la posición zodiacal. La línea de los nodos pla­
netarios termina en dos puntos en la esfera celeste, que tienen longi­
tud zodiacal; por tanto, estos puntos se toman como símbolos de la re­
lación entre las órbitas del planeta y de la Tierra.
La razón de por qué las órbitas de los planetas se consideran impor­
tantes es que, con la órbita, estamos tratando sobre valores del movi­
miento. El plano de una órbita es el plano del movimiento periódico. Y,
como ya vimos, todos los verdaderos factores astrológicos pueden abs­
traerse en factores de movimiento. La astrología es un álgebra que usa
los movimientos cíclicos como sus símbolos (Ver el capítulo titulado:
"La clave del simbolismo astrológico", pág. 153). Por tanto, los planos
de los movimientos orbitales pueden considerarse realmente como sig­
nificativos, y el significado nos lo revela la posición zodiacal de su línea
de intersección.
La órbita de un planeta representa el ciclo total de la actividad diná­
mica de este planeta en relación con el Sol. El Sol está allí como el in­
tegrador de todo el sistema, lo que lo mantiene junto y representa su sig­
nificado total último. El planeta, de por sí, simboliza un modo particular,
y en alguna medida independiente, de la actividad vital. Pero su órbita
es una representación de esta actividad característica, no como una co­
sa en sí, sino más bien en relación con el Sol. La órbita significa, por tan­
to, el aspecto integrativo de la actividad planetaria, o sea, esta actividad
como opera definidamente dentro del "todo" orgánico y para la realiza­
ción del objeto central de integración de la personalidad.
Lo que la relación de la órbita del planeta con la órbita de la Tierra
indicará es la parte que la actividad vital representada por el planeta
ocupa, en cualquier tiempo, en el esquema de desarrollo de la huma­
nidad nacida en la Tierra. Si Urano simboliza la fuerza regenerativa que
tiende a traer a la humanidad en conjunto imágenes universales que re­
emplazarán a la estereotipada fórmula saturnina del egoísmo separa­
tivo, entonces los nodos de Urano nos dirán la manera en la que esta
fuerza regeneradora está operando en la actualidad. La indicación da­
da será amplia, y cubre un gran lapso de años o siglos pues los nodos
planetarios se mueven muy lentamente a lo largo del zodíaco, aparen­
temente con movimiento alternadamente directo o retrógrado. En la ac­
tualidad, la línea de los nodos de Urano se extiende desde Géminis
268
13,40 hasta Sagitario 13,40; y lo que, por tanto, recalca es el hecho de
que la regeneradora fuerza de Urano está operando, y ha estado ope­
rando durante siglos, a través de la mente del hombre.
Un análisis más atento del significado de los nodos atribuirá signi­
ficados opuestos y complementarios a las dos terminales de las líneas
de los nodos, al Nodo Norte y al Nodo Sur. Este dualismo nodal es ló­
gico, pues cada tipo de actividad vital en relación con el centro de inte­
gración del sistema orgánico puede asumir un valor positivo o negati­
vo. Integración y desintegración marchan siempre de la mano. Cada
elemento vital puede operar como elemento destructivo o constructivo,
pues tal es la ley universal de la vida.
El Nodo Norte es el polo positivo de la integración; el Nodo Sur es
el polo negativo en el que tiene lugar alguna clase de desintegración
{sin embargo, no puede ser "mala"). El primero es un punto de inges­
tión y asimilación; el último, un punto de liberación y evacuación. Estu­
diaremos esta polarización de las actividades vitales más pormenoriza­
damente cuando consideremos los nodos de la Luna. Entretanto, estas
breves observaciones indicarán la posición general de los significados
manifiestos en los dos nodos.
Por lo tanto, si nos referimos nuevamente a la posición presente de
los nodos de Urano, veremos que su Nodo Norte, al estar en el grado
14º de Géminis, significa que en la actualidad la regeneración positiva
llega a la humanidad mediante el uso del intelecto concreto, y median­
te el establecimiento de conexiones espaciales, las cuales son dos de
las características esenciales de Géminis; asimismo, que hay un énfa­
sis integrativo en el desarrollo del sistema nervioso, de las comunica­
ciones postales, etc.
Por el otro lado, las cualidades sagitarianas del idealismo religioso,
de la obediencia a la autoridad, etc. -incluso, de la abstracción meta­
física- se ven como una forma negativa, desde el punto de vista de la
acción planetaria de Urano. Constituyen la "línea de mínima resisten­
cia"; en gran medida, son resultado de hábitos pasados de integración,
y constituyen, por tanto, muy frecuentemente, "mecanismos de eva­
sión", desde el punto de vista psicológico. No obstante, descargas po­
derosamente creativas y uranianas pueden acompañar los lineamien­
tos sagitarianos a través de individuos que actúan como la culminación
de impulsos tradicionales ante la actividad, como la "última palabra" en
el dominio de la realización que, habiéndose desarrollado cabalmente
durante miles de años, tal vez no tenga nada compulsivamente vital que
ofrecer, pero sea capaz de producir una perfección formal absoluta.
El símbolo de la presente posición por grado del Nodo Norte de Ura-

269
no es: "Dos personas, muy separadas, se comunican telepáticamen­
te"1.
Esto es muy significativo, si hemos de dar crédito a la afirmación re­
petida a menudo en los libros de Alice Bailey en el sentido de que el de­
sarrollo de la facultad telepática es la muy importante tarea con la que
ahora se enfrentan los precursores espirituales de la raza. Por el otro
lado, el Nodo Sur de Urano está en un grado simbolizado por: "La Es­
finge y las Pirámides son vestigios gloriosos del pasado", lo cual hace
hincapié sobre el-hecho de que ahora todo el pasado glorioso de la hu­
manidad está siendo sintetizado, registrado y llevado a una culmina­
ción a través de muchos tipos de actividades humanas, desde la arque­
ología hasta la metafísica oculta. Empero, esto también sugiere que el
hecho de depender de estas glorias pasadas, nacionales o religiosas,
es muy a menudo el resultado de rehuir la tarea del futuro, y es una for­
ma de evasión basada en el temor.
La tabla siguiente da las posiciones zodiacales de los nodos de los
planetas para 1935. La variación anual es, en todos los casos, menos
de un minuto:
Nodos Norte Nodos Sur
Mercurio Tauro 17º 33' Escorpio 17º 33'
Marte Tauro 19 º 3' Escorpio 19 º 3'
Urano Géminis 13º 40' Sagitario 13º 40'
Venus Géminis 16 º 5' Sagitario 16 º 5'
Júpiter Cáncer 9 º 47' Capricornio 9 º 47'
Plutón Cáncer 19 º 25' Capricornio 19 º 25'
Saturno Cáncer 23 º 5' Capricornio 23º 5'
Neptuno Leo 11º 3' Acuario 11º 3'
Es muy interesante el modo en que los nodos se distribuyen aho­
ra en el zodíaco, pues abarcan un área de menos de 90 grados Norte
o Sur; de hecho, 84 grados, lo cual recuerda al ciclo de Urano y al de
la "construcción del Templo". Es especialmente interesante ver que el
solsticio de verano es actualmente casi exacto en el centro de la con­
figuración. Este solsticio es el tiempo de manifestación solar muy inten­
sa (en la filosofía china, predominio del principio activo de Yang); mien­
tras el solsticio de invierno es el punto de más baja vitalidad solar (pre­
dominio del principio pasivo Yin). Las posiciones de los nodos plane­
tarios combinados concuerdan, pues, con puntos del dinamismo solar

f.@ 1 En cuanto a un estudio del significado de los símbolos de los Grados, ver el capítu-
füi lo siguiente.
270
exactamente análogos. Esto tendería a mostrar que la integrativa fuer­
za del sistema solar en conjunto, sobre la Tierra, está ahora en su ápi­
ce (o cerca de éste); pues la actividad integrativa máxima de los plane­
tas es, por decirlo así, sincrónica con la actividad máxima del Sol, el in­
tegrador. Un estudio de los símbolos de los grados en los que se hallan
los nodos planetarios, como lo esbozamos en nuestro ejemplo anterior
(Urano}, será de profundo interés para el estudioso de las tendencias
planetarias contemporáneas.
A lo precedente debemos añadir que cuando los planetas, en su
curso mensual o diario, alcanzan los grados del zodíaco en los que sus
nodos están ubicados, se patentiza un claro énfasis de sus caracterís­
ticas positivas. Cuando los planetas pasan su Nodo Norte, operan po­
sitivamente, activamente; mientras que, en su Nodo Sur, son recepti­
vos y pasivos, o sea, la cualidad o la función, que ellos significan, ope­
ra de manera pasiva (pero fuerte). En un mapa individual, un planeta si­
tuado sobre su Nodo Norte es psicológicamente muy dominante; su
efecto agita la consciencia, en el sentido de que toda la integradora ten­
dencia vital recibida por el nativo tiene una tendencia a relacionarse con
la particular cualidad expresada por el planeta. Por otro lado, un plane­
ta situado sobre su Nodo Sur puede referirse a un tipo definido de eva­
sión psicológica. El nativo puede tender a evadirse del problema repre­
sentado por el planeta, o ser pasivo y "dejar que las cosas ocurran" en
la esfera de actividad que el planeta denota.
También ha de advertirse habitualmente un resultado muy claro
(probablemente más claro en el tipo más desarrollado de personalidad)
cuando importantes planetas de un mapa están ubicados en grados
que son los puntos nodales de otros planetas. Las características de es­
tos últimos connotan latentemente, por decirlo así, las actividades de
los primeros. El extinto rey Jorge V de Inglaterra, por ejemplo, tenía su
Sol sobre el Nodo Norte de Urano. Sin duda, su reinado estuvo lleno de
acontecimientos uranianos. El mapa de Franklin D. Rooseveit es tam­
bién característico a este respecto. Su Júpiter en el Nodo Norte de Mer­
curio y el Nodo Norte de Urano corresponde a su Medio Cielo. Además,
su Sol está en el Nodo Sur de Neptuno. Si Neptuno representa la fuer­
za de las colectividades, el Nodo Sur de Neptuno simbolizaría la fuer­
za desintegrada y a la que se dejó seguir la línea de mínima resisten­
cia. El Sol de Roosevelt brillaría entonces en medio de tal condición, y
añadiría fuerza solar al elemento neptuniano. Su propio Neptuno ubi­
cado entre Saturno y Júpiter (más cerca de este último) está simbólica­
mente , por un lado, entre la oscuridad y el "rudo individualismo" satur­
nino (que ha de regenerarse, cuando está en la octava casa), y, por el
otro, Júpiter y la fuerza de la expansión y la circulación de la energía.
271
Puede esperarse un efecto aún más fuerte donde la línea de los no­
dos de un planeta coincide con el horizonte o el meridiano en un mapa
natal; o incluso con la línea de las cúspides de dos casas opuestas. En
estos casos, la cualidad del planeta está influyendo, fuerte pero sutil­
mente, sobre todos los asuntos relacionados con las dos casas opues­
tas (y complementarias).

Los nodos de la Luna


Si bien los nodos de la Luna son también producidos por la intersec-
. ción de la órbita lunar y la eclíptica, y si bien, debido a este hecho bá­
sico, el significado de la línea de los nodos, y de los dos nodos, sigue
el principio general ya expresado, no obstante difieren de los nodos pla­
netarios en muchos sentidos. En primer lugar, son puramente geo­
céntricos, y no heliocéntricos, siendo los nodos de un satélite y no los
de un planeta-compañero de la Tierra. Los nodos de la Luna son, en re­
alidad, los puntos en los que la Luna, como un cuerpo celeste, se ve
desde la Tierra, pasando de una latitud Norte a una latitud Sur, y vice­
versa. En otras palabras, son puntos críticos en la relación del planeta
con el satélite, tan críticos, digamos, como los puntos equinocciales so­
bre la Tierra, los cuales-por analogía- podrían llamarse los "nodos
del Sol" (en relación con el ecuador celeste y no con la eclíptica) y que
son definidos momentos de cambio en la relación del Sol con la Tierra.
Otros momentos críticos en la relación de la Luna con la Tierra son
los que marcan la entrada de la Luna y su salida del reino del espacio
figuradamente limitado por la órbita terrestre; momentos que corres­
ponden aproximadamente a los cuartos último y primero de la Luna.
Pero éstos se refieren más particularmente al tema general de los "as­
pectos " entre los cuerpos celestes, tema que sólo podremos tocar es­
casamente en esta obra; o al tema de las "funciones de eslabonamien­
to" que integran las actividades de los factores astrológicos dentro y
fuera de la órbita de la Tierra, como lo mencionamos en el capítulo an­
terior.
Cuando estudiamos los nodos de la Luna, consideramos una rela­
ción establecida entre el plano de la órbita de la Luna y el de la órbita
de la Tierra. La última se centra alrededor del Sol, como todas las ór­
bitas planetarias. Pero la primera se centra alrededor de la Tierra. Por
ello, la relación de órbita lunar con órbita terrestre traducida en térmi­
nos de la relación entre los centros de estas dos órbitas ¡se convierte
en la relación de la Tierra con el Sol! Pero este es un nuevo tipo de re­
lación de la Tierra con el Sol, el que se refiere al significado recóndito
272
de la posibilidad de ajuste, por un lado, entre el ego centrado en la Tie­
rra y su voluntad, y, por el otro, el Yo solar y Su voluntad.
Por tanto, lo que se ve a través de los nodos de la Luna es la rela­
ción entre la voluntad "humana" y la voluntad "divina", entre los esfuer­
zos conscientes para integrar una personalidad centrada en el ego y la
guía superconsciente o el deseo motivador que opera mediante la con­
creción de la Personalidad "cósmica" o divina total. La primera es, en
gran medida, el resultado del condicionamiento del individuo por la he­
rencia y el ambiente; la última es el verdadero factor del Destino. Con
Destino significamos el plan ordenado mediante cuya concreción, co­
mo una personalidad perfecta, puede llegar a ser un hecho de la vida
como estaba potencialmente contenida en el momento-semilla del na­
cimiento del individuo, o sea, en la "mónada".
En el Nodo Norte de la Luna, vemos al Destino en actividad; en el
Nodo Sur, vemos a la voluntad humana. Las líneas de los nodos nos
muestran las directivas del Destino, el propósito del Destino, y lo que es­
tá detrás de ese propósito, en el pasado. Más que todo lo demás, dice
el "Por qué" de la vida individual. Por qué el ego particular fue proyec­
tado fuera del oceáno de la Vida universal, por qué nacemos y para qué.
La línea de los nodos es una especie de "línea de división" que repre­
senta la primera polarización del ser. En un extremo de esta línea ve­
mos al pasado (Nodo Sur); en el otro, al futuro; de lo que la personali­
dad emergió, lo que se ha de cumplir; estas cosas no serán determina­
bles en términos de hechos concretos, pero quedará en claro una direc­
ción general, en cuanto la línea de los nodos apunte a dos casas en un
mapa y, por tanto, a dos fases definidas de la personalidad. Se deter­
minará un polo positivo y un polo negativo del Destino.
El modo en que el individuo se orientará a lo largo de esta línea del
Destino determinará, en gran medida, si su vida será un triunfo o un fra­
caso; o más correctamente, si sus logros podrán tabularse como posi­
tivos o como negativos. Con logros negativos significo los que pertene­
cen realmente al pasado del alma, los cuales son una repetición de co­
sas aprendidas de tal modo que pasaron a ser casi automáticas, o el
desmoronamiento de las cristalizaciones psico-mentales. Los logros,
por el contrario, son cosas que constituyen un paso constructivo hacia
adelante, el nacimiento de una nueva facultad.
Este problema de la orientación a lo largo de líneas divisorias toca
las raíces mismas del simbolismo astrológico. Nunca podremos enten­
der un mapa astrológico, salvo sobre la base de las relaciones diame­
trales que vinculan casas opuestas, y, en menor medida, signos. La
cuadratura esencial de un mapa, las líneas vertical y horizontal forma­
das por el horizonte y el meridiano, son la clave de todos los tipos más
273
profundos de interpretación astrológica; pues aquí tratamos sobre el
proceso muy primordial oe la segmentación y la multiplicación de las cé­
lulas. Cada crecimiento, cada manifestación de la vida, tiene lugar a tra­
vés de determinados ejes; y mientras los ejes convencionales del es­
pacio (Norte, Sur, Este, Oeste, Cenit, Nadir) forman la estructura del de­
sarrollo de la personalidad individual, los ejes nodales (o las línea de los
nodos) nos dan las fuerzas direccionales del Destino.
Esto es cierto, sobre todo, respecto del eje de los nodos de la Lu­
na; pero también, de modo menos evidente, respecto de todos los no­
dos planetarios. Cada planeta representa una cualidad particular de to­
do el proceso vital, y por tanto una función psicológica. El eje nodal del
planeta representa la principal línea de tensión en el desarrollo de la
cualidad. En términos más triviales, ocurrirán cosas que sigan esa lí­
nea, en lo que concierne a esta cualidad. Las características de las dos
casas afectadas por esta "línea de tensión" indicarán qué departamen­
tos de la vida, qué fases de la personalidad individual, experimentarán
la tensión.
El eje constituido por los nodos de la Luna trata muy directamente
sobre el proceso mismo de la Individuación. Aquí vemos en actividad
las fuerzas que procuran integrar al "yo" particular y al Yo mayor; la fa­
cultad de asimilar nueva sustancia de vida y de rechazar los valores que
ya no son útiles porque se los despojó de todo lo que era de vital nece­
sidad para la personalidad individual. Podemos incluso llegar tan lejos
como para decir que allí tenemos una línea de acción metabólica, que
no difiere del canal tubular que se extiende desde la boca hasta el ano.
En el Nodo Norte, la vida es absorbida, la sustancia de la experiencia
es ingerida y reducida a material asimilable; y en el Nodo Sur, asimila­
mos los contenidos de la vida, de modo automático y sin esfuerzo, y eli­
minamos el desecho.
En este ejemplo fisiológico, la Tierra representa el diafragma. Enci­
ma del diafragma está el reino del Nodo Norte;oebajo, el reino del No­
do Sur. El primero representa los nuevos alimentos y el proceso activo
de la digestión; el segundo, la vieja comida que ahora se digiere y es­
tá siendo asimilada, convertida en actividad instintiva automática, más
el rechazo del residuo inasimilable. Marc Jones llama, al eje de los no­
dos de la Luna, el "eje del destino". Pero indudablemente, el eje diges­
tivo, incluidos el estómago, los intestinos, etc., es el "eje del destino" de
nuestro cuerpo ¡una real fatalidad para la mayoría de nosotros!
Sin embargo, este ejemplo no es completamente perfecto. En un
sentido más general, el Nodo Norte representa el punto en el que un en­
te particular absorbe o recibe la sustancia de la vida. Es el canal a tra­
vés del cual la fuerza de la integración (que es la Vida) entra en la Tie-
274
rra y en sus habitantes; pues allí la Luna se convierte en un vaso en el
que esta fuerza se derrama y desde el cual fluye hacia todos los plane­
tas. Por el contrario, el Nodo Sur es el punto en el que la Luna se con­
vierte en la distribuidora (y la eyectora) automática de la fuerza asimi­
lada por la Tierra, que fuera una vez solar. En el Nodo Sur, el Sol y la
Luna están absolutamente irrelacionados. La Luna se expande en el
Nodo Sur y se concentra en el Nodo Norte. Por tanto, integración (en
el polo Norte del eje) y desintegración (en el polo Sur): o absorción y dis­
tribución. El progreso se efectúa en el Nodo Norte a través del esfuer­
zo. El hábito se establece en el Nodo Sur a través del automatismo, ba­
sado en la repetición.
Si debemos permanecer a lo largo del eje nodal, miraríamos den­
tro del futuro enfrentando al Norte, y aceptaríamos el pasado enfrentan­
do al Sur. El Nodo Norte trata, por tanto, sobre el trabajo a realizar, so­
bre la nueva realización, la nueva facultad a desarrollar; y si queremos
esforzarnos en esa dirección, de él recibiremos fuerza en abundancia.
El Nodo Sur representa el trabajo que se realizó, la realización célebre,
el desempeño rutinario por el que tal vez se pasó varias veces: la sa­
lida fácil. Por tanto, la oposición, por un lado, entre autointegración, in­
dividuación, esfuerzo, la línea de máxima conexión a través del esfuer­
zo; y, por el otro, la autodestrucción, el automatismo, la inercia, la línea
de mínima resistencia.
El Nodo Sur es siempre, en cualquier mapa, un índice maravilloso
de la línea de mínima resistencia, especialmente a través de su posi­
ción de casas. ¿Pues que queremos decir con línea de mínima resis­
tencia, sino la de fácil ejecución? La facilidad, a su vez, depende de una
anterior repetición de ejecuciones parecidas, repetición ésta que se
construye como hábito, o sobre el instinto. Lo que es fácil hacer es lo
que nosotros, como almas individuales que reencarnan, o como el pun­
to final de una larga cadena de transmisión hereditaria, hemos hecho
antes. Representa, por tanto, una realización pasada. Indica que, en el
. pasado, se construyó un medio adecuado y eficiente, que al nacer se
heredó una facultad o una tendencia, para cuya adquisición no hemos
tenido que luchar conscientemente.
Debe quedar en claro que semejante don o instinto heredado no es
malo, y, por tanto, que el Nodo Sur de un mapa no tiene, por sí solo, un
significado malo o destructivo. Si lo llamamos el punto de "autodestruc­
ción" es porque tan a menudo tenemos un modo de seguir la línea de
mínima resistencia que ya es bien conocida, en cuya ejecución nos ne­
gamos a avanzar, a proseguir hacia nuevos logros. Nos convertimos en
esclavos de nuestro gran don natural. En vez de usar esta habilidad na­
tural en función de un nuevo tipo de desarrollo, aquélla "se desboca con
275
nosotros" y nos conduce a nuestra propia destrucción. Si somos con­
trolados por nuestras habilidades innatas en vez de controlarlas, malo­
gramos el propósito principal de nuestra vida.
Si el Nodo Norte es un punto de recepción de fuerza espiritual, el
Nodo Sur no es, de modo alguno, un símbolo de impotencia. Sin em­
bargo, es un símbolo de inadaptación a las nuevas condiciones. Signi­
fica una facultad innata, pero habitualmente encontramos que la vida,
en alguna medida, nos prohibe usar esa facultad. Pertenece, en algún
sentido, al pasado, y a menos que la sometamos a un nuevo propósi­
to y la controlemos más bien rigurosamente, estorbará el crecimiento
correcto de una nueva facultad vital, la que representa nuestro próximo
paso.
Por el otro lado, cuando consideramos el tipo de facultad caracte­
rizada por la posición del Nodo Norte, descubrimos que la vida nos obli­
ga constantemente, de muchos modos, a desarrollarla. La vida exige
esa fuerza, y quiere derramarla en abundancia sobre nosotros, si nos
esforzamos en esta dirección, si abrimos un canal. Cada esfuerzo he­
cho en esa dirección será habitualmente bien retribuido, a menos que
todo el tiempo nos apeguemos tercamente a la actitud representada por
el Nodo Sur. Podemos hacerlo inconscientemente, si tenemos cuida­
do de no hacerlo conscientemente En tal caso, se desarrollará un com­
plejo psicológico. El presente se desgarrará, sin remedio, entre el pa­
sado y el futuro. Luego, el resultado será la impotencia. Y experimen­
taremos la tragedia del "destino". El pasado tendrá que morir antes de
que el futuro pueda vivir. Y nos encontraremos privados de nuestro don
innato por algún golpe del Destino, porque nos identificamos con éste,
nos perdimos en éste, fuimos "destruidos" por éste. Esta es, verdadera­
mente, nuestra "autodestrucción". 2
Uno de los ejemplos más simples que podríamos dar es el de los no­
dos en las casas cuarta y décima. Aquí tenemos una oposición entre ca­
sa y profesión, vida privada y vida pública. Si el Nodo Norte está en la
décima, la vida pública y la profesión serán el canal hacia la autointe­
gración. El Nodo Sur en la cuarta casa indicará que el nativo tiene una
influencia congénita hacia la construcción de una casa, y esto tal vez lo

t,=1= ':l 2 El Nodo Sur puede refe rirs e también a lo que Jung llama la "persona•, que e s el re -
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tanto, asume un papel, que él mantiene por fuerza egocéntrica de la voluntad o bajo la com-
pulsión de tradiciones sociale s o ne cesidad social. Esta "persona· es una personalidad tal-
f_,'/_ :, :, .:= \=:_ , [i sa, porqu e e l De stino total del individuo no puede operar en y a través de ella.
276
haga rehuir la vida pública. Si rehúye demasiado, su vida hogareña se
volverá destructiva. Se desintegrará en sus manos aunque vuelva a ella
corriendo anhelosa y desesperadamente. Por el contrario, si trabaja
asiduamente en su ideal profesional, tal vez pueda hacer de su hogar
(en el sentido más amplio del término), y de su propia base concreta de
la personalidad, el cimiento verdadero de su vida pública.
Sin embargo, hay otra interpretación posible, según la cual la acti­
vidad pública y los esfuerzos profesionales se ven como generadores
de la energía que luego se pone en clrculaclón en la esfera del hogar
o del alma (cuarta casa) del Nodo Sur. Esta segunda interpretación es
la más positiva y espiritual. Explica, por ejemplo, por qué un gran genio
como Wagner tenía al Nodo Sur en su décima casa. Mediante su cre­
ación, él ponía en circulación la energía generada a través de sus sen­
timientos y de su vida hogareña o interior (cuarta casa).
La operación de los nodos no siempre es fácil de descubrir por el
mero hecho de familiarizarse con el nativo. La mayoría de nosotros
oculta cuidadosamente el hecho de que seguimos la línea de mínina re­
sistencia. Eso principalmente nos lo ocultamos. Y la facilidad aparen­
te con que tal vez realicemos ciertos tipos de acciones puede inducir­
nos a creer que deberíamos seguir realizándolas. En algunos casos,
deberíamos; pero entonces el significado que les atribuimos tendría
que ser diferente. Aquí, como en cada caso que se ocupe de la apre­
ciación espiritual de la conducta, lo que cuenta no es el acto mismo, si­
no el motivo o la voluntad que está detrás o dentro del acto.
Un estudio de los nodos de la Luna nos ayuda muchísimo a explo­
rar tanto nuestros motivos como los de los demás, pues, confrontados
con muchas situaciones, podemos someter nuestras acciones y reac­
ciones a la prueba rigurosa y decisiva de las polaridades nodales. ¿En
esta situación seguimos la línea de mínima resistencia o la línea de má­
xima integración? Los nodos nos dirán cuándo tenemos el mayor nú­
mero de posibilidades de "chasqueamos". Y hasta es posible que, en
los mapas horarios, seamos capaces de encontrar muy adecuadamen­
te la que es nuestra verdadera motivación en un caso particular. Pero
la lectura de los mapas horarios, de modo tan psicológico, es realmen­
te un arte fuera de lo común, que sólo poquísimos podrán dominar al­
guna vez.

Los "Ascendentes" de los planetas


Este tema a menudo confuso, que nos introduce en el concepto aún
más general de las "Partes", podrá entenderse fácilmente si reexpresa-
277
mos, de manera ligeramente diferente, las ideas repetidas frecuente­
mente en este libro. Sabemos que el Sol representa a la fuerza "indivi­
duadora", integradora y vitalizadora, que totaliza al hombre en cada pla­
no del ser. En cuanto a la cruz espacial formada por la línea del horizon­
te y la línea Cenit-Nadir en el nacimiento, vimos que constituía un sis­
tema simbólico para todas las operaciones de nuestro ser individual,
dentro y a través del cual la naturaleza humana opera de un modo par­
ticular que nos caracteriza como ser individual. Esta cruz representa, en
otras palabras, la exteriorización -en un patrón estructural y funcio­
nal- de la "cualidad" espiritual que es la esencia suprema de la perso­
nalidad individual del hombre. Define el modo particular en el que ope­
ra la fuerza vital del Sol.
Esto se comprende fácilmente una vez que advertimos que la po­
sición zodiacal del Sol en el momento del primer aliento representa el
punto exacto de la órbita terrestre alrededor del Sol, en el que el nati­
vo nació; mientras la Cruz del mapa natal determina el momento exac­
to del día en que ocurrió el nacimiento; por tanto, la etapa exacta de la
rotación diaria de la Tierra alrededor de su eje.
El Sol en una natividad representa la emanación dinámica de la cua­
lidad esencial de la personalidad individual del hombre, porque es el
movimiento de la Tierra alrededor del Sol, que implica un desplaza­
miento real en el espacio, el cual, simbólicamente, genera tales "cua­
lidades esenciales". Cada una de estas "cualidades" representa un as­
pecto particular de la vida, una relación particular entre la naturaleza hu­
mana y la fuente de toda vida en el sistema solar. La órbita de la Tie­
rra (el zodíaco) es la suma total de todas las relaciones posibles de esa
índole, y, por tanto, de todos los tipos (o Rayos) diferentes de individua­
lidades humanas.
Pero mientras la Tierra se mueve alrededor de un grado en su órbi­
ta, rota alrededor de su eje, presentando sucesivamente todas las par­
tes de su esfera a la luz del Sol; en otras palabras, vitalizando todas las
partes de sí misma, haciendo que sean fecundadas por el significado
de esa relación particular del Sol con la Tierra. Así se verá que cualquier
punto de la esfera (a menos que esté demasiado cerca de los polos) re­
cibe este impacto fecundante del Sol alrededor de 365 veces por año.
Esto constituye (con una ligera discrepancia, cuyo significado conside­
raremos después) la realidad espiritual del grado como una división del
zodíaco.
La cuestión que queremos transmitir es que sólo hay 365 (6 360) ti­
pos básicos de personalidad individual sobre la Tierra; cada una es re­
sultado de una relación particular y plena entre la Tierra y el Sol, sim­
bolizada por el grado zodiacal del Sol natal. Esta relación plena no es
278
instantánea, porque exige, a fin de ser total, una rotación completa de
la Tierra alrededor de su eje. Esta rotación pone a todas las partes de
la Tierra, sucesivamente, en contacto directo con la emanación del Sol
(al mediodía). La Cruz axil en un mapa natal define una fase particular
de este movimiento que distribuye la fuerza del Sol a través de to­
do el ser (psiquis y cuerpo) del nativo. En otras palabras, muestra la
hora y el minuto del día en que el nacimiento ocurrió. Además, deter­
mina la estructura de todo este ser; pues lo que constituye al ser indi­
vidual particular es el modo particular en que esta fuerza vital solar se
distribuye a través de todo su organismo. Este "modo particular" se ma­
nifiesta como la estructura del organismo.
Los dos ejes del mapa -y especialmente el Ascendente, que sim­
boliza más precisamente la "unicidad" del individuo- determinan,
pues, la estructura esencial del cuerpo y de la psiquis por igual. Ade­
más, la relación del Sol con el Ascendente representa la relación de la
fuerza vital e "individuadora" del hombre con el tipo estructural de ac­
tividad que caracteriza su personalidad individual. Esta relación no só­
lo puede estimarse por la posición del Sol en las casas sino también,
más precisamente, por la distancia, medida en longitud zodiacal, entre
el Ascendente y el Sol. Cuando esta distancia mide valores especial­
mente significativos (como por ejemplo, la mitad, el tercio, el cuarto, el
quinto, el sexto o el octavo de los 360 grados completos de la circun­
ferencia), la astrología dice que ciertos "aspectos" se forman entre los
dos factores considerados: tema éste que consideraremos brevemen­
te en otro capítulo.
Podemos extender este principio de la relación del Ascendente con
el Sol a otros planetas, porque los planetas simbolizan modos diferen­
ciados de actividad vital. La fuerza planetaria es distribuida por la rota­
ción axil de la Tierra respecto de toda su superficie, tal como es la fuer­
za vital solar. La posición de casas de los planetas tiene referencia a la
manera en que se efectúa esta distribución. Pero si deseamos conocer
más precisa y significativamente el carácter único de esta distribu­
ción como factor de la personalidad Individual del nativo, tendre­
mos que determinar puntos que muestren en el planeta en considera­
ción, la misma relación que el Ascendente muestra respecto del Sol. En
otras palabras, tendremos que determinar, por inferencia analógica o
por una suerte de simbolización del "segundo grado", los "Ascenden­
tes de los planetas".
Ya veremos a qué conduce este procedimiento cuando se lo gene­
raliza, pero por ahora esto lo daremos por supuesto y veremos cómo
opéra en el caso más importante: el de la Luna. Nuestro objeto será de­
finir la manera en que la fuerza de la Luna se distribuye a través del or-
279
ganismo. A fin de hacer eso, levantaremos entonces la "Cruz" simbó­
lica, que estará en relación con el sitio zodiacal de la Luna como la cruz
formada por el horizonte y el meridiano está en relación con el Sol. Es­
pecialmente, calcularemos el punto del zodíaco que está en relación
con la Luna como el Ascendente lo está con el Sol. Podemos referirnos
a tal punto abstracto como al "Ascendente de la Luna". Este punto se
usó largo tiempo en astrología bajo el nombre de Pars Fortunae: la Par­
te de la Fortuna. Se lo encuentra sumando las longitudes del Ascenden­
te y de la Luna, y restando de la suma la longitud del Sol.
Si el Ascendente representa la actividad característica de la perso­
nalidad individual, la Parte de la Fortuna simbolizará, pues, la actividad
característica de la personalidad egocéntrica corriente, condicionada
en gran medida por las reacciones de los sentimientos y las disposicio­
nes anímicas "lunares". En el "Sistema sabiano", "la Parte de la Fortu­
na indica en cualquier mapa el departamento de la vida en el que (o a
través del que) el nativo se expresa con óptimo beneficio, o la vida en
conjunto lo obliga a expresarse". 3 Al término "nativo" sólo le agregarí­
amos: "como un ego consciente". La Parte de la Fortuna representa la
actividad congénita de un hombre, como un ego meramente conscien­
te, y descontando todas sus intuiciones y motivaciones inconscientes
o superconscientes más profundas. Trata sobre su reacción estricta­
mente personal ante la vida, sobre las reacciones espontáneas de la
personalidad consciente que él construyó, o que la vida le impuso.
En la astrología medieval, se decía que la Parte de la Fortuna repre­
sentaba la "riqueza" del nativo. Según E. Parker, donde se halla la Par­
te, en ese departamento de la vida el nativo hallará su felicidad; esto es­
pecialmente en términos de posición de casas. Las tres interpretacio­
nes están muy claramente relacionadas, pues el hombre es feliz al fun­
cionar según sus reacciones personales espontáneas, y la felicidad y
la espontaneidad de las reacciones personales están habitualmente
muy involucradas en el dinero, o, al menos, en la cooperación social y
el crédito (del cual el dinero es el símbolo).
El valor de la Parte de la Fortuna será clarísimo, por ejemplo, para
cualquiera que haya observado a individuos que la tengan en conjun­
ción con Júpiter o con Saturno. Aquí tenemos dos tipos de reacciones
conscientes básicas ante la vida: el optimismo y el pesimismo, modifi­
cadas, como pueden estarlo, por otros factores. Aquí también tenemos,

1 3 Professlonal Astrology, lecx:i6n XII, por Marc Jones.

280
por un lado, una tendencia a obtener crédito y cooperación social pa­
ra cualquier riesgo personal; por el otro, una tendencia a que el nativo
sienta sobre sí un rechazo constante, como si estuviera en un país ex­
tranjero, cuyas reacciones naturales conscientes hacia la vida tal vez
sean poco familiares y pasmosas para la colectividad en la que él vive.
El mismo procedimiento descrito en relación con la vida, puede se­
guirse en relación con todos los planetas. Los "Ascendentes" de todos
los planetas son significativos y dignos de estudiar en un tipo depura­
do de análisis astrológico. Uno de los más valiosos, prácticamente ha­
blando, es el "Ascendente" de Urano, al que dimos el nombre de "Par­
te de la Proyección de Imágenes". Indica cómo la fuerza proyectara de
imágenes del inconsciente opera dentro del ser y del Destino del indi­
viduo. Simboliza al genio creador propio del individuo, su modalidad de
contacto con las fuentes profundísimas de su ser, y sus reacciones an­
te tal contacto. El "Ascendente" de la Luna revela reacciones conscien­
tes ante situaciones externas condicionadas por la herencia y el am­
biente. El "Ascendente" de Urano caracteriza las reacciones inscons­
cientes y creativas ante situaciones que afectan todo el campo de la
consciencia.

La teoría general de las "Partes" astrológlcas

Los "Ascendentes" de los planetas se determinan calculando los


"arcos" (o las diferencias de longitud) entre el Sol y los planetas y su­
mando el valor de estos arcos a la longitud del Ascendente real. Este
procedimiento puede seguirse en el caso de dos planetas cualesquie­
ra, o incluso de dos puntos astrológicos cualesquiera, anteriormente
determinados. Como resultado de tal procedimiento, si se lo lleva ade­
lante hasta sus límites, podremos ubicar en el zodíaco un número ca­
si infinito de puntos simbólicos. Estos son las "Partes", usadas tan ex­
tensamente por los astrólogos árabes.
El procedimiento implica dos factores: primero, el factor de la dis­
tancia entre dos planetas, medida en términos de longitud zodiacal. Tal
distancia se considera que establece una significativa relación entre
dos planetas, o entre dos puntos cualesquiera, astrológicamente váli­
dos, de referencia. Este es el factor en el que se fundan todos los "as­
pectos" astrológicos. Sin embargo, los "aspectos" son constituidos por
sólo unos pocos valores significativos de distancia, que se determinan
dividiendo toda la circunsferencia mediante el uso de simples denomi­
nadores (2, 3, 4, 5, 6, 8, 10, 12, principalmente), como 1802, 120 2, 90 2,
722, 60 2, etc. Empero, teóricamente, cualquier distancia es significati-
281
va, y este factor de la distancia resulta más significativo aún si está co­
nectado con el Ascendente. 4
Esto es precisamente lo que constituye la realidad de las Partes.
Una Parte es la distancia entre dos planetas, referida por su signi­
ficado al Ascendente. El Ascendente es el punto de la percepción
consciente individual. Por tanto, una Parte da significado a la relación
entre dos modos particulares de actividad vital (planetas}, en función de
la percepción intuitiva del individuo respecto de la vida y del Destino.
Por tanto, la Parte de la Fortuna muestra cómo la relación entre las
energías solares y lunares opera al determinar la actitud del individuo
ante sí mismo y ante su Destino. La Parte de la Proyección de Imáge­
nes indica la manera en la que los factores integrativos (Sol) y regene­
radores-transformadores (Urano) de su ser cooperan en el acrecenta-­
miento de la individualidad creativa, de la unicidad, propia del nativo.
Póngase cualquier otro planeta en el lugar del Soi, y estará en eje­
cución el mismo principio. Se ponen en circulación significados espe­
ciales cuando los dos planetas considerados forman una parte positiva­
negativa: Saturno-Luna, Júpiter-Mercurio, Marte-Venus. Otros, en lo
concerniente a actividades vitales antagónicas; siendo el más significa­
tivo el caso de Júpiter y Saturno. No sólo los planetas, sino también
puntos astrológicos como la "Luna Nueva antes del nacimiento", pue­
den ponerse en parejas, y relacionarse su distancia con el Ascenden­
te, constituyéndose así las Partes. Las Partes revelan significados en
términos de su casa, primero y principalísimamente, y también, de su
posición de signo y grado, en términos de sus conjunciones con otros
planetas. Son "puntos sensibles" en un mapa. Sólo que tantos de ellos
son posibles que su número desmerece su significado.
Su número aumenta tremendamente por el hecho de que la distan­
cia entre dos planetas puede no sólo relacionarse con (sumarse al) As­
cendente, sino también con el Medio Cielo, el Descendente y el Nadir
(o lmum Coeli). Cada uno de estos cuatro puntos representa una fun­
ción de la personalidad, y, por lo tanto, tiene derecho a ser un centro de
referencia para combinaciones de actividades planetarias. ¡ Y esto no
es todo! Cuando se considera la distancia entre dos puntos de la circun­
ferencia zodiacal, uno puede, evidentemente, obtener dos arcos de

4 Marc Jones usó este factor de la distancia de manera muy original en un sistema de
�j'i);]li
interpretación estudiado bajo el nombre de "Astrología Pitagórica" que se ocupa, en parte,

il del grado de plenitud o aproximación de los ·aspectos•. Ver el capítulo sobre "La forma y el
..�,:$ patrón de los aspectos planetarios•. (pág. 335)
282
medición. Suponiendo que midamos la distancia en la dirección en la
que los signos del zodíaco aumentan (en sentido contrario al del reloj),
entonces podremos medir la distancia desde el Sol hasta la Luna; pe­
ro también la distancia desde la Luna hasta el Sol. En la siguiente ilus­
tración contamos 25 grados desde el Sol a la Luna, y por tanto 335 gra­
dos desde la Luna hasta el Sol. Si sumamos estos 335 grados a la lon­
gitud del Ascendente (o, lo que es lo mismo, si restamos 25 grados de
su longitud), obtenemos una nueva Parte de la Fortuna, tan arriba del
horizonte como la Parte original estaba debajo del horizonte. Y si ope­
ramos de modo parecido respecto de los cuatro ángulos, ¡encontramos
ocho puntos simbólicos creados por la relación del Sol con la Luna!

Los ocho puntos posibles que interpretan como "Partes" la relaci .:m
del Sol con la Luna: en dos direcciones y aplicados a cada
uno de los cuatro ángulos.

La astrología de las Partes es realmente un género de "álgebra de


los grupos" que ejecuta correlaciones y trueques casi interminables en­
tre los elementos originales de la fórmula del nacimiento. Su compleji­
dad, por supuesto, la torna muy difícil de manejar; pero no hay duda de
que representa el tipo último y más abstracto de pensamiento astroló­
gico: aquél por medio del cual nos acercamos muchísimo a la vida mis-
283
maya su red múltiple de relaciones. Pensemos por un momento en los
millones de canales nerviosos de un cuerpo humano, estableciendo ca­
da uno una senda eslabonada entre células de varias clases. Las sen­
saciones, las reacciones, las voliciones, los sentimientos, los instintos,
todos viajan a lo largo de esta red increíblemente compleja de hilos de
la vida. El resultado es la personalidad. Y si hemos de aproximarnos con
nuestras herramientas de análisis a la variedad infinita de conexiones
a analizar, es evidente que nada escaso en las multitudes de Partes po­
drá realizar esa labor. Los panoramas que se abren son vastos y casi
más allá de lo comprensible, pues la personalidad es ubicua. La astro­
logía estudia la personalidad de cada minuto de vida, de cada situación;
tanto de la naciones como de los individuos. Es, realmente, el álgebra
de la Vida multitudinaria y proteica.

284
X
LOS GRADOS DEL ZODIACO
Y LOS SIMBOLOS "SABIANOS"

El Grado no es meramente una subdivisión del signo zodiacal, o de


todo el zodíaco. Como elemento astrológico, se detaca singularmente,
de modo muy significativo (aunque poco comprendido). El Grado es el
elemento más misterioso de la astrología, y realmente es la clave de to­
da interpretación astrológica más profunda, pues en el Grado llegan a
un punto de síntesis los dos movimientos de la Tierra, y, simbólicamen­
te, los dos grandes principios de toda vida: lo colectivo y lo individual,
lo universal y lo particular. En el Grado, presenciamos la actividad de lo
creativo dentro de una personalidad individual, o de una situación par­
ticular. Aquí "el significado" se revela para quienquiera que sepa leer los
símbolos.
Ignorando por ahora la discrepancia numérica existente entre los
365 días y los 360 grados, vemos que el Grado es el espacio cubierto
por la Tierra en su revolución orbital mientras efectúa una rotación axil
completa. El Grado es, pues, la proyección, en el espacio, de la unidad
temporal, el día. En el Grado, el valor temporal y el valor espacial se in­
tegran, y los dos movimientos de la Tierra se combinan. Cada rotación
axil completa distribuye sobre toda la Tierra alguna fase de la función
de Vida relacionada con el signo zodiacal (o segmento de la órbita te­
rrestre) en el que esta rotación particular ocurre. Porque la Tierra se
mueve en su órbita mientra rota alrededor de su eje, sólo puede haber
un número limitado de rotaciones dentro de la revolución anual alrede­
dor del Sol. Cada rotación genera, pues, orbitalmente, un Grado. Estos
Grados no son meras subdivisiones del zodíaco; pues el hecho de su
existencia no depende de diferenciación intrínseca alguna, causada
por la naturaleza del zodíaco mismo, o de la fuerza universal de Vida.
285
Sólo depende de la rotación axil de la Tierra. El Grado participa, pues,
de dos naturalezas. Es un elemento orbital condicionado por la rotación
axil. Por tanto, debe representar el factor de la vida que "reconcilia a los
opuestos".
Lo que esta función de reconciliación de los opuestos es, puede ve­
rificarse con nuestro anterior estudio de la psicología analítica de Jung,
lo mismo que con el contenido de nuestro capítulo titulado "Los proce­
sos individual, colectivo, creativo y cíclico". En el "día" vemos en acti­
vidad, sucesivamente, todas las fases de la consciencia, desde el es­
tado de vigilia hasta el sueño más profundo. Teóricamente, están pre­
sentes todas las etapas desde la conciencia clara hasta la inconscien­
cia más profunda. Pero si un "día" es un ciclo básico del ser, debe ha­
ber algo que integre todas estas etapas, una función de relación entre
el consciente y el inconsciente. Esta función se manifiesta de varios mo­
dos: principalmente, por un lado, en los sueños; por el otro, en la fan­
tasía creadora. En los primeros, predomina el inconsciente; en la últi­
ma, el consciente. Pero, en ambos casos, encontramos un proceso
vinculante o integrador de actividad; y este proceso se manifiesta me­
diante la proyección de imágenes, que son símbolos. Los suenos, o las
máximas inspiraciones del genio, se parecen a los productos de un pro­
ceso integrador que une al consciente con el inconsciente. En un sen­
tido. son condicionados más a menudo, en cuanto a la forma, por el es­
tado del consciente -como el Grado es condicionado por la rotación
axil de la Tierra- pero la energía con la que están dotados proviene del
inconsciente -el Grado es una parte del zodíaco.
Podría decirse que el planeta Urano (y, en otro sentido, también Jú­
piter) simboliza esta actividad del inconsciente en relación con el cons­
ciente; pero lo que un planeta representa es actividad pura. Ya sea que
el individuo extraiga o no de la actividad la "gema del significado", el pla­
neta por sí solo no lo revela; tampoco indica la cualidad particular del
significado que el individuo, en el mejor de los casos, podría extraer de
la plenitud de está actividad; o sea, la naturaleza de la "gema del sig­
nificado".
Lo que se ve en el Grado es la "cualidad" arquetípica de cuanto ocu­
rre dentro de sus fronteras; la personalidad potencial de cualquier ma­
nifestación de vida allí concentrada. El zodíaco, considerado como una
serie cíclica completa de Grados, es mucho más que una representa­
ción de energías colectivas. Es el vientre universal de los significados.
Es el tiempo en su sentido supremo: una serie cíclica de momentos cre.:­
ativos que son "vientres de las almas", cada uno de los cuales pone en
libertad una "cualidad" que se convierte en las "mónada" de cada ente
que alcanza existencia independiente dentro de ese momento.El tiem-
286
po, así entendido, es idéntico al gran concepto chino de Tao. 1 Los Gra­
dos son unidades del Tiempo creador. Revelan las fronteras de los
grandes "momentos" creativos a los seres humanos de esta Tierra.
El hecho de que haya 360 de tales Grados significa que, desde un
punto de vista planetario, hay tantos tipos o modalidades básicos de
personalidad individual sobre la Tierra, tantos "significados" encarna­
dos como "grupos de seres humanos". Es un número planetario. Hay
un número diferente para cada planeta, y es determinado (como vere­
mos, más bien arquetípicamente que fenoménicamente), por la rela­
ción entre las duraciones de la revolución del planeta y de su rotación
axil. Esta rotación entre las dos duraciones es el significado místico y
creativo del Tiempo, como entendemos el término. Es el número ope­
rativo de Tao sobre la Tierra, podríamos decir, en muy gran medida co­
mo, por ejemplo, el número PI (3, 14159) es el número operativo de la
vida, universalmente considerado.
De lo anterior podemos tener en claro que la realidad del Grado, al
ser de naturaleza tan trascendente, puede considerarse y estudiarse
sólo en términos de una particular representación simbólica atribuida a
ella. Cada Grado del zodíaco deberá, por tanto, llevar un símbolo; y es­
te símbolo revelará el significado -la personalidad potencial- de
cuanto se halle ubicado en este Grado; ya sea un planeta, una cúspi­
de o cualquier otro punto abstracto.
¿Cómo podemos percibir o representar vívidamente en la mente
estos símbolos? La respuesta no es tan fácil de dar. Para percibir los
símbolos que son "vientres del significado" uno debe tener una facul­
tad de percepción espiritual; además, la facultad de hacer que sean ex­
plícitas y autorreveladoras las imágenes representadas vívidamente
en la mente. El término "clarividencia" no aclara mucho, pero debemos
usarlo conectado con esto. El espacio nos veda explicar a qué tipo de
"clarividencia" nos referimos. Ciertamente, es más afín a la intuición re­
al que a meros dones "psíquicos". Puede decirse que es un tipo espe­
cial de "percepción holística", pero que es de alcance planetario. Tam­
bién debemos añadir que la revelación de los símbolos sólo puede al­
canzar al público a través de varias etapas de transmisión. Quienes re­
almente tengan tal "percepción holística" planetaria pueden transmitir
los símbolos a los discípulos, quienes, a su vez, registran aquéllos pa­
ra uso general.
Sea esto como fuere, descubrimos que, en la serie de Manuales As­
trológicos de Alan Leo, el opúsculo titulado Los Grados del zodíaco

� · 1 Estas ideas fueron desarrolladas en la primera parte de este libro: ver págs. 112 y 121.
287
simbolizados da dos conjuntos de interpretaciones simbólicas de los
Grados.
El primero, de Charubel, es valiosísimo; el segundo, de una fuen­
te medieval, parece completamente inútil. Marc Edmund Janes dio otro
que es muchísmo mejor, cuya práctica concreta demostró que, de he­
cho, es absolutamente inestimable para quienes saben usar los símbo­
los. Los símbolos se presentan como imágenes modernísimas, y por
tanto, con una apariencia más significativa para el estudioso promedio
de hoy en día; pero se dice que derivan de antiquísimas fuentes egip­
cias. Con la autorización especial de quien lo documentó, añadimos a
este capítulo nuestra propia formulación condensada de estos símbo­
los. Creemos que constituyen una importante revelación astrológica,
cuyo significado y valor se destacarán cada vez más a medida que pa­
sen los años.
En este ciclo "sabiano" de los símbolos tenemos algo parecido al ci­
clo del VI Klng como lo interpretara el rey Wen hace unos 3000 años.
El vidente chino usó imágenes y escenas tomadas de la naturaleza y
de la sencilla vida agrícola de su época, a fin de transmitir, por medio
de imágenes, significados de otro modo inexpresables. Tuvo que usar
tales imágenes y escenas porque, a menos que fueran familiares y fácil­
mente experimentadas por los hombres de su tiempo, estos hombres
no habrían podido extraer el significado vital en aquéllas encerrado. Lo
mismo es verdad hoy. Por tanto, los símbolos "sabianos", documenta­
dos por Marc Janes, nos ofrecen imágenes y escenas modernas que
son relativamente familiares o que, al menos, están al alcance de nues­
tras experiencias vicarias. Es posible que la formulación de estos 360
símbolos no sea perfecta todavía; que en algunos casos las escenas re­
presentadas como símbolos no estén arraigadas con suficiente profun­
didad en la experiencia común de la humanidad, y que no sean univer­
sal o vitalmente precisas. Pero, en lo principal, creemos que tal serie de
símbolos se dirige a la raíz misma del significado planetario para nues­
tra era actual, y que, luego de ser depurada aquí y allá, y luego de acla­
rarse su ritmo estructural mediante estudios interpretativos en varios
niveles, perdurará con un significado comparable al de los 64 símbolos
de la serie del VI Klng. En todo caso, su valor práctico en la práctica
astrológica está, para nosotros, absolutamente más allá de toda duda.
Fue demostrado en centenares de casos; de hecho, prácticamente
siempre que se lo puso a prueba, tanto en mapas natales como en im­
portantes mapas horarios.
Podríamos añadir, para que se comprenda de modo más completo
el asunto, que existen razones muy plausibles como para que diversos
símbolos válidos, registrados más o menos del mismo modo por per-
288
sonas de diferentes "cualidades" espirituales, pudieran atribuirse a ca­
da Grado. Debemos comprender que en el reino del significado puro los
valores son muy diferentes de los que se encuentran en el reino del aná­
lisis intelectual o científico. Primero, el elemento individual es principa­
lísimo; segundo, está conectado con el factor tiempo. Un símbolo pue­
de ser válido ahora, y pocos siglos después puede carecer de valor. Es­
ta no es una cuestión de lo que es verdadero o lo que es correcto, si­
no una cuestión de valor. Y los valores cambian cíclicamente. Un con­
junto de valores puede ser "verdadero" o más bien vitalmente significa­
tivo ahora; también puede haber sido tan significativo hace 5.000 años.
Empero, tal vez haya tenido poquísima validez, o ninguna, hace 1.000
años. Por las mismas razones, las culturas y las expresiones artísticas
cambian periódicamente. Dentro de los ciclos, hay ciclos significativos.
Cada raza, cada ciclo, es la imagen simbólica de algún vasto significa­
do planetario o cósmico. Algunos hombres que se esfuerzan en pos de
valores espirituales reales depuran su percepción consciente interior
hasta que pueden convertirse en los recipientes, en los "griales", den­
tro de los cuales fluye, y dentro de los cuales sólo puede fluir, el "vino
del significado". Son los "videntes", los genios creativos de la raza, los
avatares del Tiempo, y ellos mismos son las semillas del significado pa­
ra el grupo monádico al que pertenecen por derecho espiritual.
Estos grupos monádicos pueden descubrirse por medio del análi­
sis astrológico. En un sentido, están ocultos detrás del zodíaco. Pero no
el zodíaco de los signos que se entiende corrientemente; más bien,
el más misterioso clclo de 360 Grados. El número clave de tal ciclo no
es el 12 sino el 6. El ciclo es el de la percepción consciente, y la percep­
ción consciente es el ciclo del significado. Como tal, su primera división
es la que corresponde al concepto del horizonte; y también a la división
teórica entre el día y la noche; la cual se refiere a la división entre el
consciente y el inconsciente, lo externo y lo interno, el hombre y la mu­
jer, el pensamiento basado en la sensación y el sentimiento basado en
la intuición. Por el otro lado, el concepto de meridiano se refiere al ele­
mento de "fuerza". El mapa natal del individuo usa ambos ejes, porque
nacimiento significa crucifixión en el espacio, y el número 4 es el núme­
ro de la formación. El zodíaco corriente, que también simboliza en con­
junto a la universal "fuerza de formación", tuvo que dividirse, por tanto,
en 4 secciones, que por trisección, dieron la división dodécupla, o por
bisección, la división óctuple.
El significado se basa en el tipo de actividad espiritual que constan­
temente "reconcilia los opuestos". En un sentido absoluto, es la fuen­
te de esta actividad; en un sentido relativo y concreto, es su resultado.
Su nota clave es, pues, 2 multiplicado por 3; refiriéndose el número 3
289
al principio de la manifestación esencial, o de la "individuación". En
otras palabras, en términos de significado, hallamos al ciclo dividido en
6 fases. Cada fase es la realidad espiritual de lo que el ocultista-teóso­
fo llama un "Rayo". Cada Rayo, cuando se manifiesta concretamen­
te, tiene que subdividirse en 4 partes: la crucifixión del Rayo. Por tan­
to, tenemos a los 24 Ancianos de la Biblia, de pie en torno del trono de
Dios. En la antigüedad, como la manifestación era más potencial y
enérgica que concreta y realmente encarnada, cada Rayo estaba más
bien triseccionado, dando el número 18: los 18 capítulos del Bhagavad
Glta. Krishna era el décimo noveno, tal como, en la primera fase del mo­
vimiento Bahai, el Bab (el Heraldo del Avatar futuro) y sus compal'íeros
más cercanos formaban las 19 "Letras de lo Viviente", porque consti­
tuían el grupo ante la manifestación concreta de la "Gloria de Dios", Ba­
h a 'u'llah.
Los 24 Ancianos representan las 24 horas del día, pues el día es la
unidad del Tiempo y la realidad del Grado que, a su vez, es la unidad
del significado. Cada "hora", por tanto, representa, en el completo zo­
díaco del significado, a los 15 grados; tal como cada Rayo represen­
ta un período de dos meses, o dos signos sucesivos del zodíaco (a los
que tradicionalmente se hace referencia como una pareja masculina­
femenina; por ejemplo, la pareja Aries-Tauro).
En su interpretación del ciclo "Sabiano" de los símbolos, Marc Jo­
nes se refiere a estas "horas" como "lapsos", y a cada una de ellas las
divide en tres secciones de cinco grados: "En cada hora, los primeros
cinco grados expresan el factor concerniente al hábito del hombre; los
segundos cinco grados, a lo emocional; los terceros cinco, a lo mental:
el orden de toda trisección... la evolución desde la materia hacia arriba,
rumbo al espíritu." (Astrología Slmbóllca: Lección 11.)
Sin embargo, a esta altura parece necesario responder a dos pre­
guntas que probablemente se hayan presentado muchas veces a la
mente del lector al leer los últimos párrafos. La primera es ésta: Si hay
más de 365 días en el año, ¿por qué sólo 360 grados? La segunda: ¿No
hay siete Rayos, en vez de seis?
Estas dos preguntas pueden responderse simultáneamente, pues
ambas contestaciones derivan del mismo principio. Este principio lo po­
demos expresar brevemente diciendo que siempre hay en la Naturale­
za un valor de indeterminancia en el que dos polaridades fundamenta­
les han de interpretarse en función de una con la otra. La rotación axil
de la Tierra es un factor temporal cósmicamente subjetivo e individua­
lista. La revolución orbital es un factor espacial objetivo y universalista.
Y lo primero no puede servir como unidad exacta de medición para de­
terminar lo segundo. No podemos medir un conjunto de valores por una
290
unidad perteneciente a otro reino del valor. La colectividad no es una su­
ma total exacta de individuos. En un grupo puede haber 360 individuos;
pero el valor del grupo no es la suma exacta de los valores de cada in­
dividuo. En cualquier colectividad hay un incremento de crecimiento, un
plus; una cantidad misteriosa que, en un sentido, no es una cantidad:
o en todo caso nunca es un número racional.
El proceso puede invertirse, y uno puede decir que el individuo no
es una fracción exacta del valor del grupo. La vida no es tan matemá­
tica como podríamos pensarlo; y la física moderna descubrió esto al in­
vestigar la conducta de los electrones. El resultado fue el principio de
la indeterminancia, de Heisenberg: usted no puede conocer exacta­
mente y al mismo tiempo la posición y la velocidad de un electrón. De
modo parecido, dos movimientos planetarios de órdenes diferentes no
pueden relacionarse cuantitativamente mediante números racionales.
Tal vez el símbolo más universal de esta ley de la relación cósmica se
hallen en el valor de Pi que mide la relación de la circunferencia con el
diámetro: 3,14159. Parecería lógico que la circunferencia contuviera 3
diámetros o 6 radios. Pero contiene más que 6 radios, tal como el ano
contiene más de 6 x 60 días.
El "más" representa el coeficiente de indeterminancia en todos los
procesos integrativos. Representa la libertad del Alma, el Séptimo Día
de la Creación, el Atman de la filosofía hindú: Lo Imprevisible. Los ocul­
tistas hablan de los Siete Rayos. Pero el séptimo no es realmente un
Rayo; es un puente entre dos escalas séxtuplas del ser. Es el valor irra­
cional por el cual la longitud de la circunferencia es más que la suma de
las longitudes de los seis radios; o sea, .14159... Representa la libertad
de todos los Rayos; aquello por lo cual pueden ser más de los que son.
De modo parecido, si uno divide 365 1/4 por 360, se obtiene un valor de­
cimal que representa simbólicamente aquello por lo cual, cada año, el
individuo puede crecer hacia un estado superior de la personalidad. Lo
bastante curioso es que este valor da nuevamente el número 14: que
es .014 + . 2

·.
En otro sentido, los días extra significan también que la órbita de la
Tierra no es perfecta ni es firme la marcha de la Tierra. Esto podría re­
ferirse a la inclinación del eje polar sobre el plano de la eclíptica. De

I
2 El número 365 1/4 se refiere al dla solar, pero en un año solar hay 366 1/4 días si-
• derales. Se puede tomar uno u otro de estos dos valores según se considere (1) el movi-
• miento de la Tierra a lo largo de su órbita, o sea, en relación con el Sol; o 2 ( ) el ciclo de ro-

tación axil de la Tierra en relación con las estrellas fijas ( dla sideral). La diferencia es sutil,
ti·1osófi?ª '!l� nte habland� · El dla side ral se refi��e al in�ivi 'du� como un individuo; el dla so-
:,.· 1 ar, a 1 1n d,vi duo en re 1act ón con su f uente espmtua 1 ( s1mb ól1camente, e 1 5 o 1 ).
291
cualquier modo que observemos el tema, 360 debe tomarse como el
número arquetípico que mide la relación del individuo con lo colectivo
en la Tierra: el número creativo, propio de la Tierra, como un arquetipo
de significado. El reino del significado es el reino arquetípico; y ningu­
na manifestación concreta es jamás una réplica perfecta de su arque­
tipo. De modo parecido, ningún ciclo astronómico puede calcularse en
números enteros; y, podríamos atíadir, ninguna vida real es jamás ab­
soluta y rigurosamente cierta respecto del patrón ofrecido por el mapa
natal; ningún grupo de pronosticadores podrá jamás ser absolutamen­
te exacto. En algún lugar, en algún tiempo, ocurrirá siempre alguna
discrepancia. De lo contrario, el universo ya habría alcanzado un pun­
to de perfección estática. El hecho de que la vida existe es la indicación
más segura de que el espíritu y la materia, el significado y la forma, nun­
ca podrán ajustarse perfectamente, y que sus énfasis opuestos nunca
se reconciliarán perfectamente. Por lo tanto, deberá haber siempre
destrucción y regeneración. De lo "indeterminado", surge la creadora li­
bertad de Shiva: el símbolo de todas las transiciones, el dios del "Pri­
mer Rayo". Toda creación que sea absolutamente significativa es im­
previsible, porque surge de una imperfección relativa, de la necesidad
perpetua de hallar una nueva forma de integrar lo inintegrable.
Hay una gran verdad simbólica en la tradición de que en los atíos
bisiestos las mujeres pueden declararse a los hombres, pues ese día
extra simboliza la parte incumplida de cualquier ciclo; y en esa parte el
llamado de la sustancia que no se unió al espíritu se eleva hacia el es­
píritu. Y se la debe oír. Y la respuesta es el Avatar, el ser erístico, el Sép­
timo que es el Primero.

Damos ahora la serie "sabiana" de los símbolos de los Grados en


nuestra versión condensada. Sólo añadiremos estas pocas observa­
ciones que tomamos del curso de Marc Jones:
"La astrología simbólica es un arte vivo y se la debe estudiar como tal. Los
símbolos conectados con los grados del zodíaco raras veces han de tomar­
se literalmente. Son más bien catalizadores del conocimiento superior del
astrólogo, cuyo desarrollo le permite anadir contenido e implicancia a ca­
da factor de la vida."

Marc Jones da una interpretación positiva y una interpretación ne­


gativa de cada símbolo. En la presente versión, sólo damos habitual­
mente el significado positivo, aunque, ocasionalmente, mencionamos
ambos significados. Este dualismo de significados es la expresión del
hecho de que todo ser puede orientarse hacia el espíritu o hacia la ma-
292
teria, y todo condicionamiento es susceptible de dos tipos de interpre­
tación, que, a su vez, pueden relacionarse con uno de los diversos ni­
veles (al menos, tres) de la consciencia. De allí que la aplicación de los
símbolos a casos individuales exija una técnica, basada en el conoci­
miento superior.
Cualquier fracción de un grado ha de considerarse como un grado
entero.Aries 15º 0' ha de leerse como Aries 15º ; peroAries 15º 1 ', lo mis­
mo que Aries 15º 59', representa a Aries 16 º . Los símbolos son la ex­
presión exacta de un lapso de actividad, un ciclo, cuyo significado se re­
vela de inmediato, en el momento en que empieza.*

Los símbolos sablanos de los grados del zodíaco


ARIES.1 º : Una mujer que acaba de salir del océano.
Una foca la abraza.
Emergencia de formas nuevas y de la consciencia individual; pero
el pasado colectivo tiene gran poder aún. Regresión todavía posible.

Un comediante revela por su Juego los rasgos de


2º :
la naturaleza humana.
Capacidad de observarse objetivamente y de emprender una
autocrítica. Humor. Sentido de los contrastes.

: El perfil de un hombre tallado en un camafeo evoca
la forma geográfica de su país.
Al identificarse con su grupo étnico y su cultura, posibilidad de con­
vertirse en un portavoz ( o "avatar") de su comunidad, y de ser sosteni­
do por sus fuerzas colectivas y psíquicas.

4º : Dos enamorados se pasean lentamente por


un camino apartado.
Polarización progresiva de las energías necesarias para el perfec­
to funcionamiento de su ser y su destino.

1 •

N. del T.: La versión aquí presentada no corresponde al texto inglés original. El mis-
mo Dane Rudhyar ajustó, directamente en francés, su propia versión para esta edición. A
ella, pues, nos atenemos en su traducción castellana.
293
5 2 : Un Triángulo en el que están fijas alas.
Posibilidad evidente, pero no necesariamente explotada, de supe­
rarse en las espiritualidad. Aspiración a las cimas de la consciencia.
62 : Un cuadrado: uno de sus lados está brillantemente
Iluminado.
Esfuerzo primordial hacia la diferenciación individual, pero sobre to­
do en el plano de las emociones y de los potentes deseos personales.
Estabilización del carácter.
72 : Un hombre se expresa simultáneamente en
dos caminos diferentes con gran acierto.
Tendencia a manifestar energías creadoras de su ser en dos planos
de actividad. Una vida doble que da independencia a las fuerzas del es­
píritu, pero se limita a ser práctica.
82 : Un gran sombrero de mujer, de largas cintas
agitadas por el viento del Este.
Presencia de fuerzas superiores que protegen y dirigen la evolución
de todo ser consciente de sí mismo.
92 : Un vidente concentra su mirada sobre una bola
de cristal.
Adquisición de una visión de conjunto sobre todos los aconteci­
mientos, inscribiéndolos en un todo orgánico y significativo.
102 : Un educador presenta Imágenes tradicionales
bajo una nueva forma simbólica.
Capacidad de dar una forma nueva a tradiciones antiguas de su en­
torno. Enseñanza creativa.
11 2 : El soberano de una nación.
Potencia centralizadora de los grandes símbolos que rigen la vida
de las colectividades. Poder ejecutivo.
12 2 : Una bandada de pájaros salvajes dibuja un trlángulo.
Espíritu visionario tal vez demasiado idealista sobre el orden univer­
sal. Necesidad de ser práctico y preciso.
132 : Una bomba descebada Indica la desgracia de
un movimiento revolucionarlo.
Un deseo prematuro de efectuar un cambio radical que las circuns­
tancias todavía no justifican.
294
14 º : Una serpiente se enrosca alrededor de
una pareja abrazada.
La profunda importancia de dar un sentido ritual y "más que perso­
nal" a las relaciones íntimas. Evocación de un amor trascendente.
15 2: Un Plel Roja teje una vestidura de ceremonia.
Ampliación de la consciencia personal mediante una acción pro­
ductiva fundada en una cultura tradicional.
16 º : Los espíritus de la naturaleza, Jugando bajo la
luz de un bello ocaso.
Posibilidad de cultivar poderes trascendentes que polaricen la ate­
nuación de las fuerzas vitales. Apertura hacia las fuerzas espirituales.
17 P. : Dos doncellas entradas en anos se enfrentan
en sllenclo.
Retorno de las fuerzas vitales sobre sí mismas. Resignarse calma
y dignamente a su destino.
1 S P. : Una hamaca vacía entre dos árboles.
Necesidad de hacer alternar períodos de actividad y de descanso,
y de una existencia rítmica.

19 º : Una alfombra voladora flota en el aire.


Importancia de la imaginación creadora y de una visión de las co­
sas que trascienda la rutina cotidiana.
20 º : Un día de Invierno, una muchacha tira migajas a
los pájaros.
Necesidad de sostener en sí los valores espirituales durante un pe­
ríodo de inercia mental o de crisis emocional.
21 º: Un boxeador sube al rlng.
Glorificación de la agresividad social cuando sigue los canales que
la cultura le impone.
22º : La entrada de un Jardín mágico en el que se
satisface todo deseo.
Abundancia que se torna posible por la cooperación de todos los se­
res y el arranque de valores sociales y espirituales.
23 º : Una mujer embarazada, con vestidos de verano.
Símbolo de fecundidad y de fructificación. Productividad merced a
la integración del individuo en la colectividad.
295
24º : Bajo el efecto de una ráfaga de viento, la cortina
de una ventana abierta toma la forma de un cuerno
de la abundancia.
Irrupción de fuerzas espirituales en el espíritu listo para consagrar­
se a una vida "transpersonal", como agente de la evolución de la huma­
nidad.
Una persona consciente de la posibilidad de una
25º :
experiencia que cabalga en dos niveles del
ser humano.
La característica esencial del estado humano es la de poder actuar
sobre dos planos de la existencia diferentes: por tanto, de superarse.
Una persona que posee más dones que los
26 º :
que pueda realizar.
Necesidad de proceder gradualmente en el desarrollo de las facul­
tades supranormales, y de no confudir lo "potencial" con lo "real".
27 2:Una Imaginación creadora permite recobrar una
oportunidad otrora perdida.
Siempre se puede recomenzar, pero primero es necesario tener la
fuerza para imaginar claramente una meta otrora olvidada porque era
imprecisa.
282 : Una gran audiencia vitupera a un ejecutante que
la decepcionó.
La necesidad de asumir la plena responsabilidad de todo lo que se
hace; pues toda acción tiene consecuencias sociales inevitables.
29 º : La música de las esferas celestes.
Todo ser que actúa representa un papel en la armonía del univer­
so. Debería permitir a este papel -a su destino esencial- que contro­
le sus deseos personales.
302 : Un lago con patos.
La necesidad de tomar conciencia de lo que nos limita, y, haciéndo­
lo, nos define y nos da nuestra propia forma, lo mismo que un campo
de acción particular.
TAURO 1 º: Un arroyo de montana, límpido y puro.
Una naturaleza que se manifiesta en lo que ella tiene de más esen­
cial y más característico: su destino, o dharma.
296
2 º : Una tempestad y sus relámpagos espectaculares.
El descenso de las fuerzas cósmicas susceptibles de fecundar o
destruir. Una transformadora aparición sobrenatural.

3 º : Una escalera rocosa que conduce a un campo de


tréboles totalmente florecidos.
El trébol simboliza la naturaleza triple del ser humano. Son necesa­
rios esfuerzos para ganar el nivel de consciencia en el que esta natu­
raleza esencial florece.
4 º : El vaso de oro lnaprehenslble al ple del arco Iris.
El arco iris simboliza la Alianza entre Dios y el hombre: por tanto, la
posibilidad de comunicación y acuerdo entre la esencia espiritual y la
personalidad pasajera. El contacto es, sin embargo, intangible: nada
puede formularlo o localizarlo exactamente.
5 º : Una viuda se Inclina sobre la tumba todavía abierta.
La gravísima importancia del modo con que se aparta de su pasa­
do o en el que queda prisionero. Una profunda crisis de conciencia.

6 º : Un punto suspendido encima de una abismal


garganta.
La posibilidad de vencer, con inteligencia y audacia, todos los obs­
táculos que separan a los grupos y las culturas humanas.

7 º : La Mujer de Samaria se encuentra con Jesús


cerca del pozo ancestral.
El encuentro entre el pasado, cimiento de lo cotidiano y la manifes­
tación de un futuro todavía misterioso, pero también revelador. Cone­
xión entre tradición y transformación.

8 º : Un trineo sobre un suelo todavía virgen de nieve.


La importancia de prepararse para las experiencias futuras, merced
a una anticipación concreta y eficaz.
9 º : Un árbol de Navidad enteramente adornado.
El tradicional retorno a la unidad y a las raíces familiares con un es­
píritu de regocijo y buena voluntad.
1 O º : Una enfermera de la Cruz Roja.
Fraternidad tan útil en las tragedias colectivas. Compasíón que po­
lariza al odio.
297
11 2: Una mujer que riega las flores de su Jardín.
La necesidad de cultivar asidua y esmeradamente las facultades de
lo "mental-espiritual".

122: Una Joven pareja fascinada por los escaparates


de un gran comercio.
Los deseos de un ego todavía inmaduro, que procura ponerse en
el nivel de la élite intelectual de su medio.

13 2: Un mozo de cordel cargado con pesados equipajes.


La importancia de cumplir la función social que da su valor a la exis­
tencia personal.

142: Juegos de nlnos en una playa; cangrejos que


se agitan al borde del agua.
Vivir y dejar vivir: cada categoría de seres vivos en su propio sitio en
el panorama de la evolución.

15 2 : Cubierto con un sombrero de forma alta,


y arrebujado en un chal, un hombre desafía
una tormenta de nieve.
El coraje y la audacia necesarios para superar una crisis precipita­
da por la ambición social.

16 2: Un educador anciano se esfuerza vanamente en


Interesar a sus alumnos en Ideas tradicionales.
La insuficiencia de un saber tradicional pero anticuado para hacer
frente a las nuevas condiciones de vida.

172 : Un combate simbólico entre "sables" y "antorchas".


Necesidad de tomar conciencifi de la inevitable oposición entre las
fuerzas cósmicas y psíquicas, y de comprometerse en su duelo cons­
tante.

18 2: Una sirvienta sacude por su ventana una bolsa


llena de polvo.
Necesidad de purificar su "yo" de las consecuencias de una activi­
dad inarmónica o demasiado apegada a la materia.

19 11 : Un continente nuevo emerge del océano.


Confrontados con posibilidades totalmente nuevas, la grave cues­
tión es siempre ésta: ¿qué haremos?
298
202 : Nubes ligeras, en forma de alas, sobre un
clelo despejado.
Las fuerzas espirituales operan en nosotros; ¿seremos capaces de
comprenderlas, permaneciendo abiertos hacia lo que ellas parecen co­
municar?
21 2 : Un dedo que apunta a una línea de la página en la
que un llbro está abierto.
La importancia de prestar gran atención a los "signos" o "rúbricas
ocultas", susceptibles de ser mensajes que indican un camino.
222 : Una paloma blanca vuela encima de un lago agitado
por la tempestad.
Inspiración espiritual que nos podría conducir a la salvación, si
nuestra fe es viva y pura.
23 2 : Una Joyería llena de Joyas raras.
La confirmación que la sociedad da a quienes cultivan sus valores
a la perfección.
242 : Un guerrero Plel Roja a caballo. De su montura
cuelgan cueros cabelludos.
Agresividad violenta, tal vez necesaria, para sobrevivir, pero factor
de reacciones deprimentes o funestas.
25 2 : Un gran parque abierto al público.
La domesticación de las energías salvajes de la naturaleza, pues­
tas al servicio de la comunidad. La cultura como fuerza colectiva de re­
gocijo.
26 2 : Un Joven espanol da una serenata a su blenamada.
La importancia de dar a las emociones y a los impulsos vitales una
forma ritual los mantienen en un orden colectivo.
27 2 : Una vieja Plel Roja vende a los traseúntes
la artesanía de su aldea.
El sostén que las formas de una vieja cultura dan a quienes están
arraigados en ella. Dependencia del pasado.
28 2 : Una mujer que frisa en los cincuenta anos,
conmovida por un amor nuevo.
La posibilidad para todo ser humano de liberarse de compulsiones
biológicas y rehacer su vida.
299
29 2 : Dos zapateros trabajando en la misma mesa.
El calzado simboliza, a menudo, el modo con que se comprende to­
do lo que sostiene nuestra marcha: nuestra evolución personal. Todo
puede verse desde dos puntos de vista intelectuales.
302 : Un pavo real se pavonea sobre la terraza de
un castillo.
La coronación de una línea de esfuerzos ancestrales en la obra o
la personalidad de un individuo moderno.
GEMINIS. 1 2 : El fondo de vidrio de un barco permite contemplar
las maravillas de la vida submarina.
El descubrimiento de una nueva dimensión de lo real en el interior
de un campo psíquico. La Meditación y sus resultados posibles.
22 : El Papá Noel llena de regalos los zapatos de los nlflos.
La importancia de conservar una fe simple y pura en la posibilidad
de comunicarse con lo divino.
32 :El Jardín de las Tullerías.
La unión necesaria de las fuerzas vitales y de la razón en el arran­
que de una cultura sólida y bella.
42 : Una guirnalda de acebo y muérdago hacen revivir
un recuerdo de la navidad.
La nostalgia del pasado y el peligroso encanto de un retorno a la in­
fancia frente a las dificultades.
52 : Una revista predica el activismo revolucionarlo.
La presión explosiva de emociones comprimidas demasiado tiem­
po, que se transforma en ideas subversivas.
62 : Obreros sobre una plataforma de perforación.
El esfuerzo y la concentración necesarios para hacer uso de los re­
cursos psíquicos largo tiempo enterrados en el inconsciente colectivo.
El atractivo de grandes beneficios.
72 : Un pozo rodeado de árboles majestuosos.
Los retornos a las fuentes vitales todavía abiertas y disponibles pa­
ra la comunidad de los hombres.
a2: Obreros en huelga ocupan su fábrica.
Una justa revuelta contra los privilegios, susceptible de alterar el
equilibrio de las funciones sociales.
300
9 º : Un carcaj lleno de flechas.
Actividad mental que sondea las dificultades interiores y mina los
obstáculos exteriores que se le oponen. Voluntad de conquista.

1 O º : Un avión efectúa una picada.


El hombre superior desafiando a la naturaleza y sus leyes. El poder
de lo mental sobre la materia.

11 º: Un terreno virgen recientemente marchito se torna


disponible para la construcción.
Las oportunidades que se presentan sin cesar al espíritu, y la volun­
tad de quienes buscan una actividad nueva en todo nivel, y a todo pre­
cio.

12 º : Una joven negra lucha por sus derechos cívicos.


La necesidad de rechazar y superar las reliquias de un pasado ne­
fasto. Voluntad de independencia.

13º : Un gran pianista encanta a su auditorio.


El poder de inspirar y conmover a las masas humanas, o menos re­
ceptivas. El peligro psicológico de un triunfo sensacional.

14º : Dos personas en comunicación telepática.


La capacidad, latente, en todo ser humano, de triunfar sobre la dis­
tancia y el tiempo que dividen lo que esencialmente es, de hecho, una
sola unidad.

15º : Dos nlnos holandeses Intercambian de viva


voz sus opiniones.
El valor que se debe atribuir a la discusión libre y espontánea de las
ideas, y a un pensamiento claro y racional.

16º : Un activista lanza una apelación ferviente a


la acción social.
El poder de movilizar a la muchedumbre. Las pasiones desenfrena­
das por un espíritu que las domina.

17º : Un bello rostro adolescente se transforma, revelando


una gran madurez recién adquirida.
La posibilidad de una metamorfosis interior, la potencia psíquica
transformándose en poder mental.

301
1811 : Dos chinos, recientemente emigrados a América,
conversan en su lengua natal.
La gran fuerza de las raíces psicológicas afirmándose en circuns­
tancias que parecen negarlas. La posibilidad de permanecer indepen­
diente del medio social.
1911 : Un manuscrito muy antiguo, rico en sabiduría antigua.
La importancia de las ideas-semillas que crean las bases de toda
cultura, y la necesidad de correlacionarlas sin cesar.
2011 : Un restaurante que ofrece numerosos platos
regionales.
La síntesis admisible de los productos del espíritu nacidos de diver­
sas culturas, que exigen una facultad de asimilación demasiado fuera
de lo común.
21 11 : Una multltud de trabajadores reivindica
tumultuosamente lo que les parece debido.
El peligro de habituarse a la abundancia y a las ideas igualitarias
susceptibles de contrariar el equilibrio funcional de la existencia no só­
lo social sino también biológica.
2211 : La fiesta de la vendimia. Dos parejas se unen bailando.
En contraste con la revuelta social, es decir ideológica, he aquí aho­
ra un símbolo de alegría espontánea, debida al cumplimiento de un tra­
bajo natural. El campo por oposición a la ciudad.
2311 : Tres pajaritos en su nido.
La posibilidad de un arranque gradual de las facultades mentales
superiores. Las que exigen aún una protección constante.
2411 : Nlfios que patinan sobre un estanque.
Cada estación (o condición de vida) ofrece sus posibilidades pro­
pias de actividad; es importante reconocerlas y aprovecharlas inteli­
gentemente.
25 11 : Un Jardinero está podando una gran palmera.
No permitir a lo mental y a sus actividades centrífugas que se dis­
persen. Necesidad de disciplina intelectual.
26 11 : Las ramas de los árboles cubiertas de escarcha se des­
tacan sobre un clelo despejado.
El descubrimiento de la belleza y de la pureza de los arquetipos des­
pués que las pasiones vitales y los deseos personales se disiparon.
302
27 2 : Una gitana abandona el bosque en el que su
tribu levantó el campamento.
El esfuerzo consciente necesario para superar la inercia de una tra­
dición social y aventurarse a un estado espiritual que la traspase.
28 º : La bancarrota ofrece a una persona abrumada por
los acontecimientos sociales una nueva
posibilidad de rehacer su vida.
Los negocios modernos son tan complejos y aleatorios que la so­
ciedad no puede autorizar ninguna quiebra definitiva. Todo ser hones­
to debe tener la posibilidad de renovar enteramente su campo de ac­
ción. La compasión debe equilibrar al Karma.
29 º : Posado en una rama, un mirlo burlón anuncia
la primavera.
El pájaro capaz de imitar lo que oye simboliza aquí al músico de ta­
lento que transfigura el repertorio popular. Virtuosismo.
302 : Un concurso de belleza hace desfllar a muchachas
bellas ante la multitud.
La belleza física y la inteligencia en su sentido corriente como sím­
bolos de superioridad biológica y social. La ambición de representar un
papel especial en su medio.
CANCER 1 2 : En pleno mar, los marineros de un navío
modifican el pabellón y cambian la bandera.
Una crisis de autoridad que tiende a someter al yo personal y hacer­
lo centrar de nuevo en su campo de experiencia en función de una fi­
nalidad propia.
22 : Un hombre sentado en una alfombra voladora
contempla las vastas extensiones que desfilan ante él.
Por contraste con el símbolo anterior, éste sugiere las vastas pers­
pectivas abiertas a lo mental superior, capaz de traspasar los límites de
una existencia rutinaria.
3 2 : Un explorador cubierto de espesas pleles conduce un
ciervo enjaezado a través del hlelo.
Necesidad de estar preparado para soportar un aislamiento total en
un medio hostil. Una prueba de resistencia y determinación.
4 º : Un gato rlne con un ratón.
La facultad de racionalizar un comportamiento instintivo o estricta­
mente personal para darle una apariencia mejor.
303
5 íl : Un automóvil aplastado por un tren yace cerca
de un paso a nivel.
La probabilidad de desastre cuando un deseo irracional viene a con­
trariar el curso impersonal y casi ineluctable de los usos colectivos.
6 2 : Los pájaros, presas futuras de los cazadores,
preparan sus nidos.
La relación misteriosa entre la naturaleza eternamente fecunda y la
especie humana siempre dispuesta a aprovechar esta fecundidad, in­
cluso para su propio placer.
7 2 : Dos espíritus de la naturaleza bailan bajo el claro
de luna.
Las fuerzas naturales interpretadas en el plano psíquico por la ima­
ginación creadora. La trama invisible, fundamento de toda existencia.
8 º : Dos conejos disfrazados se adelantan como para
un desfile oflclal.
La necesidad de toda conciencia de imitar las formas de vida más
evolucionadas. El poder de un ejemplo que nos sirve de modelo y de es­
tímulo.

9 º : Una muchacha desnuda, Inclinada sobre una


fuente, trata de atrapar un pez.
Un estadio primitivo, pero puro, del desarrollo de la consciencia in­
telectual. Una curiosidad ingenua y, muy a menudo, decepcionada.

102 : Un gran diamante que un obrero diestro extrae


de su ganga.
Un sentido profundo y simbólico puede extraerse de toda experien­
cia si el espíritu aprendió a hacerlo. El valor del oficio en el estado de
la cultura.
11 Q : Un payaso parodiando a celebridades.
El valor del humor y de la ironía para librarnos de la fascinación de­
bida a los grandes hombres o a los acontecimientos oficiales.
12Q : Una china alimentando a un Infante cuya
aura revela que éste es un adepto reencarnado.
La posibilidad de ser sensible a las realidades espirituales disimu­
ladas bajo formas todavía inmaduras, incluso en un medio en el que
normalmente no se las puede esperar.
304
13º : Una mano con un pulgar prominente.
Un carácter templado por una voluntad firme; la necesidad de afir­
marse cuando las circunstancias lo exigen.
14º : Un hombre muy viejo, los ojos vueltos hacia
el noreste, perfora las tlnleblas con su mirada.
La potencia de una sabiduría capaz de descubrir la esencia de las
cosas, tanto de las más ocultas como del fundamento de la vida.
15 º : Después de un banquete suntuoso, los Invitados
charlan entre ellos.
Una visión de abundancia material y de lujo polariza el símbolo pre­
cedente. Los extremos se tocan y las visiones espirituales tienden
siempre a materializarse.
16 º : Un pslcólogo estudia con cuidado un mandala
ayudándose con un manuscrito antiguo.
El valor de tomar conciencia del proceso de "individuación" y de
aplicar toda experiencia, y particularmente todos los contrarios a un
centro activo -el Yo- que los integra.
17 º : Poslbllldades múltlples que evolucionan en
muchos niveles de un germen lnlclal.
El fenómeno de crecimiento, y, en su origen, la crucifixión del gra­
no. La actualización del potencial de nacimiento.
18 º : Una galllna escarba el suelo en busca de pitanza
para sus polluelos.
La necesidad de abordar de modo enteramente concreto y prácti­
co los problemas básicos de la existencia.
19 º : Un sacerdote celebra un matrimonio.
La sanción que la religión aporta a las relaciones interpersonales
sobre las que se apoya una sociedad sólida. La importancia de los ritos.
20º : Gondoleros, en Venecia, tocan una serenata.
Los principales ritos biológicos hallan una expresión social parale­
lamente al emerger del deseo y de la conciencia fuera del inconscien­
te colectivo.
21 º : Una prima donna expresa su virtuosismo en la opera
El valor que la sociedad atribuye a la distinción personal en un mar­
co relativamente oficial.