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TP n.

º 2 | Teoría Política IV | Rivas, Sabrina – Visintin, Ignacio

1- Las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales distaban profundamente entre


Oriente y Occidente; es así que las características del Estado y del ejercicio de la dominación no
podían ser iguales en ambos casos. Como consecuencia, tampoco podía consumarse la misma
estrategia revolucionaria en pos de la eliminación del Estado clasista opresor.
Siguiendo a Thwaites Rey, quien realiza una lectura de la propuesta gramsciana, en Occidente, cuna
del capitalismo avanzado, se había logrado desarrollar y reproducir la hegemonía de la clase
dominante burguesa. En Occidente se realizaba la noción de Estado ampliado, de hegemonía
acorazada de coerción. La existencia de mecanismos capaces de generar consenso permitía
complejizar las relaciones de poder en pos de asegurar la permanencia del orden burgués. Es así que
no se opera sólo a través de la coerción (Estado en sentido restringido): también existe una red de
instituciones que reproducen el sistema de dominación, abarcando todo el conjunto de la sociedad
civil. “La existencia del sufragio universal, de partidos de masas, de sindicatos obreros, de variadas
instituciones intermedias, además de la escuela y la iglesia, formas todas en que se expresa la
complejidad de la sociedad civil capitalista de Occidente, hablan del denso entramado de relaciones
sociales que el desarrollo de las fuerzas productivas ha permitido construir” (Thwaites Rey,
2007:140). Se trata de un Estado cualitativamente diferente, que amplía sus habilidades y
estrategias de dominación sobre las clases subalternas. Ya no todo se reduce a mera imposición, a
mera fuerza; se añade un componente consensual y persuasivo que logra presentar al sistema como
uno conveniente para el conjunto de la sociedad. El Estado es sociedad política + sociedad civil. La
sociedad política refiere al Estado en sentido restringido, a partir del aparato estatal de coerción,
mientras que la sociedad civil refiere al Estado en sentido ampliado, a partir del aparato de
hegemonía. Así, en el Estado se conjugan fuerza y consenso.
Es así que la clase dominante podía alcanzar la supremacía hegemónica [hegemonía y dominación],
arraigando una cosmovisión que favorece el reconocimiento de su dominación sin apelar
necesariamente al componente coercitivo sobre las clases subalternas.
Ese denso entramado de relaciones impide el avance revolucionario de la manera en que se dio en
Oriente. Detrás del Estado existe, empleando el lenguaje militar característico del autor italiano,
“una robusta cadena de fortalezas”, una densa estructura de sociedad civil que desarticula la mera
toma del aparato represivo del Estado como condición suficiente para desactivar la dominación
burguesa. Y es en este planteo donde vemos la importancia que se asigna al elemento ideológico y a
la necesidad del desarrollo de una lucha contra-hegemónica para superar al sistema capitalista.
“Ante esta situación, la estrategia de la guerra de posiciones supone un gran despliegue organizativo
y de hombres, de largo aliento, con el fin de desarticular las "trincheras" enemigas (sociedad civil),
que son las que protegen a sus escuadrones de vanguardia (sociedad política). Por ello, Gramsci
resalta que "se trata, por consiguiente, de estudiar en «profundidad» cuáles son los elementos de la
sociedad civil que corresponden a los sistemas de defensa en la guerra de posición"” (Thwaites Rey,
2007:143). Deben desarticularse los bastiones ideológicos que dan sustento al aparato represivo del
Estado, y para ello la batalla es doble: “(…) es política, porque requiere de la praxis social, y es
ideológica, porque es precisamente en el plano de las ideas que los hombres toman conciencia de su
situación social y a partir de ello pueden luchar para transformarla” (Thwaites Rey, 2007:160).
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2- La noción de hegemonía puede presentarse como la dirección política, cultural y moral de una
clase sobre otra; como el consenso que logra la clase dominante para direccionar a la sociedad toda.
Implica la capacidad de convencer al otro de que el interés particular es interés general. Así, una
clase verdaderamente hegemónica debe hacer aparecer sus intereses particulares de clase como los
intereses de la sociedad concebida como un todo. A partir de la acción de los mecanismos de
transmisión ideológica la clase dominante logra imponer su “visión del mundo”, afianzando el
reconocimiento de su dominación por parte de las clases dominadas. Este elemento de consenso
viene a complejizar/dificultar el proceso de superación del Estado clasista, dado que ya no basta con
tomar el aparato represivo como sucedía en “Oriente”, sino que se deben desarticular los bastiones o
pilares ideológicos que lo sostienen y que se encuentran en una multiplicidad de instituciones
diseminadas en el seno de la sociedad civil.
Cabe destacar que <consenso> debe concebirse como forma de dominación, no como de
participación igualitaria. El mismo debe lograrse mediante el trabajo ideológico. El posicionamiento
gramsciano parte en vinculación a la cultura. Gramsci piensa estratégicamente a través de la cultura,
y dentro de ella, de la ideología. Piensa transformaciones en base material desde la dimensión de las
superestructuras.
La subalternidad aparece como una configuración social dominada que debe construir dominación.
El espacio de la cultura y de la configuración de la visión del mundo (sentido común) son elementos
fundamentales para que la acción colectiva transforme las relaciones materiales. La cultura no es
efecto de relaciones de clase, sino que es un espacio de construcción. Es el sujeto el que construye
en una acción colectiva una visión del mundo. Y para construir una nueva sociedad justamente es
necesario construir una nueva visión del mundo, un nuevo sentido común.
En este sentido, Gramsci es revolucionario: busca la transformación de las relaciones materiales.
Para alcanzar la revolución, se debe construir un proceso colectivo de transformación. El autor
desarrolla una teoría subjetiva de la revolución socialista (teoría del consenso). Sin acuerdo de la
sociedad, no se puede realizar con éxito la revolución. Este consenso debe lograrse mediante el
trabajo ideológico. La filosofía de la praxis (lucha en práctica para imponer imaginario del mundo)
debe problematizar el sentido común, entendido como un saber inmediato que por su cercanía a lo
mundano, obstruye la reflexión profunda, crítica, trascendente; debe operar refinadamente sobre el
mismo ya que es un espacio donde actúa la ideología dominante. Debe sutilmente invertir el
sentido; difundir una visión del mundo opuesta al sentido común dominante. Y de esto se trata la
base de la lucha contra-hegemónica.

3a) La reproducción de las relaciones de producción está asegurada en gran parte por el ejercicio del
poder del Estado en los aparatos del Estado, por un lado el Aparato Represivo del Estado (ARE) y
por otro los ideológicos del Estado (AIE).
El ARE garantiza a través de la fuerza, de la coerción, las condiciones de reproducción de las
relaciones de producción. La máquina represiva permite a las clases gobernantes asegurar su
dominio sobre la clase obrera. A su vez, los AIE se escudan tras el ARE para llevar adelante la
misma función, pero fundamentalmente a través de la ideología. Nuestro autor afirma que el aparato
ideológico dominante asume un rol muy importante en esta tarea, y que esa posición está ocupada
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en el MP capitalista por el aparato ideológico educativo. Éste inculca “(…) habilidades recubiertas
por la ideología dominante (el idioma, el cálculo, la historia natural, las ciencias, la literatura) o,
más directamente, la ideología dominante en estado puro (moral, instrucción cívica, filosofía)”
(Althusser, 1988:14). Además, tiene un papel crucial en la división del trabajo.
De esta manera, las instituciones educativas moldean a los individuos, dotándolos de elementos que
permitan insertarlos más fácilmente en la estructura de clase. Desarrollan habilidades,
características, hábitos vinculados a los diferentes roles: explotados, agentes de explotación, agentes
de represión y agentes intelectuales. Es así que “(…) con el aprendizaje de algunas habilidades
recubiertas en la inculcación masiva de la ideología de la clase dominante, se reproduce gran parte
de las relaciones de producción de una formación social capitalista, es decir, las relaciones de
explotados a explotadores y de explotadores a explotados” (Althusser, 1988:15).
3b) Althusser pretende ver cómo juega la ideología en un modo de producción concreto, en este
caso el capitalista, dado que su función central es la reproducción de las relaciones de producción.
Retomando su definición, la ideología “(…) es una representación de la relación imaginaria de
individuos con sus verdaderas condiciones de existencia” (Althusser, 1988:43). Así, reproduce las
relaciones de producción ya que los hombres se representan de manera imaginaria (y deformada) el
mundo donde se encuentran y las relaciones de producción, que no son las relaciones reales que
gobiernan su existencia. Además, la ideología también adquiere existencia material: esa relación
imaginaria del individuo con sus condiciones de existencia, existe en un aparato y en sus prácticas.
Es así que la victoria de la clase gobernante sobre los AIE permite instalar su ideología (dominante)
en los aparatos del Estado.
La ideología interpela a los individuos como sujetos: tiene por función la constitución de individuos
concretos en sujetos subyugados a la ideología imperante para garantizar que reconozcan lo que son
y se comporten a consecuencia de ello. Los individuos son portadores, soportes de las relaciones
estructurales en las que están situados. Se internaliza la ideología y es insertada en las prácticas
gobernadas por “los rituales” de los AIE.

4) La autonomía relativa es entendida como unidad propia del poder político institucionalizado,
afirmando Poulanzas que “por unidad propia del poder político institucionalizado entiendo ese
carácter particular del Estado capitalista que hace que las instituciones de poder de Estado presenten
una cohesión interna específica” (Poulantzas, 1984:332). Tiene que ver con la posibilidad de
distinguir la lucha económica, los intereses económicos, de la lucha política y los intereses
políticos.
La burguesía cuenta con una incapacidad de erigirse en el nivel político debido a su lucha interna de
facciones. De esta forma, el Estado toma a su cargo el interés político de la burguesía, realiza la
función de hegemonía política que la burguesía por sí sola no puede desempeñar; es decir, se
atribuye la función de crear “la unidad burguesa de la nación”, lo cual implica una organización
propiamente política de las clases, por lo que la lucha económica está ausente en sus instituciones.
El Estado a su vez, puede tener ciertos compromisos con las clases dominadas (por ejemplo
funciones sociales en el Bonapartismo), sin embargo, a la larga resultan útiles para los intereses
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económicos de la clase dominante, logrando de esta forma la aceptación de las clases dominadas
hacia ese tipo de Estado. Incluso actúa como factor de desorganización política de la clase obrera a
través del “efecto aislamiento”.
La autonomía relativa del Estado no implica de ningún modo una participación efectiva de las
clases dominadas en el poder político. Sin embargo, en el poder político hay una coexistencia de
varias clases constituidas en el bloque de poder (terratenientes, burguesía comercial, industrial,
financiera) que constituyen una unidad contradictoria, dominada por la fracción hegemónica (juego
interno de las instituciones del Estado). El Estado es, de esta forma, un factor de unidad política
centralizada.
En resumidas cuentas, la clase capitalista no es un todo homogéneo. Necesita del Estado para
unificarse políticamente, pero bajo la hegemonía de una de sus facciones. De esta manera, sus
intereses económicos son contradictorios. Pero apela a intereses políticos para unificar la clase
dominante. Su fin político es mantener la dominación política, la explotación económica, garantizar
la persistencia del sistema.
La unidad es contradictoria. Para que sea dominante políticamente hay una relación de dominación
dentro de las facciones. Hay una facción que ejerce rol dominante, el cual puede variar en el tiempo.
Pero los intereses económicos de la facción dominante aparecerán como intereses de todo el bloque.
Siguiendo con esta cuestión, la clase capitalista es una unidad de intereses antagónicos. La fracción
hegemónica del bloque en el poder se constituye en representante del interés general del bloque.
Intereses general que consiste en explotación económica y dominio político.
La autonomía relativa aparece entonces como resultado del rol de constructor de esa unidad bajo
ciertos escenarios específicos. Sin embargo, esta imagen “(…) es insuficiente si eso nos hace perder
de vista el papel complejo del Estado respecto del bloque en el poder y su relación con la clase o
fracción hegemónica” (Poulantzas, 1984:395). La autonomía por lo tanto no refiere a un equilibrio
de fuerzas sociales, sino a una separación entre lo político y lo económico.
Ahora bien, podemos preguntarnos cómo el Estado actúa en pos de la explotación económica y del
dominio político burgués. Y la respuesta es fundamentalmente a través de la ideología. Ésta se
transforma en una serie de prácticas materiales, costumbres y morales, que actúan para mantener la
cohesión en el conjunto de las relaciones sociales, políticas y económicas. Legitima la existencia y
el funcionamiento de un Estado clasista. Se incorpora a los aparatos del Estado para reproducir la
división social del trabajo, las clases sociales y la dominación de la sociedad por una clase
particular. Pretende constituir los intereses políticos de los capitalistas como representativos del
pueblo-nación. De esta forma, oculta las relaciones de clase, las relaciones de explotación.
Cabe mencionar además el papel relevante del derecho burgués, de la ley. El Estado redefine a los
individuos a través de la estructura política-jurídica: los aísla (apelando a nociones como las de
derechos individuales, como la de un ciudadano = un voto), oculta su identidad de clase, y luego los
re-colectiviza/homogeiniza en una nación/pueblo. Por más que puedan darse concesiones, nunca se
pone en cuestión la propiedad privada de los medios de producción. Se oculta dominación incluso
otorgando derechos.
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5a) El Estado en Gramsci aparece no como un mero instrumento, sino como un espacio de
constitución y unificación de la clase dominante. Es un aparato cultural, político, social. A este autor
debemos la noción de Estado ampliado: el Estado es sociedad política + sociedad civil. Por Estado
se debe entender no sólo aparato gubernamental, sino al mismo tiempo el equipo particular de
hegemonía o sociedad civil. Se da fusión del momento fuerza y de consensualidad para la
dominación. La clase dominante domina no sólo por la fuerza y la coerción, sino que también debe
consensuar la dirección política. Este consenso otorga bases más sólidas a la dominación. La
existencia del sufragio universal, de los partidos de masa, de sindicatos obreros, de la escuela, de la
iglesia, etc., es decir, de mecanismos de transmisión ideológica, tiene como objetivo articular el
consenso integrando a las clases subalternas.
Antonio Gramsci otorga un papel fundamental a la superestructura para la perpetuación de las
relaciones capitalistas de producción y el impedimento del desarrollo de una conciencia de clase.
Ésta es concebida como un complejo entramado de relaciones ideológicas, culturales, la vida
espiritual e intelectual y expresión política de dichas relaciones. Al respecto, Gramsci sitúa en el
plano superestructural a la sociedad civil y a la sociedad política, pues ambas se corresponden a la
función de hegemonía ejercida por el grupo dominante en la sociedad y al dominio directo ejercido
por el Estado. Se podría decir que -siguiendo a Bobbio (en Carnoy, 1984: 92)- Gramsci invirtió la
teoría marxista tradicional al subrayar la supremacía de la superestructura ideológica por sobre la
económica y la supremacía de la sociedad civil como consenso sobre la fuerza de la sociedad
política. No obstante, también afirmó que la sociedad política o Estado es más que coerción ya que
promueve la hegemonía burguesa en la superestructura al señalar un concepto burgués de la
realidad que permite un pensamiento predominante y un orden del modo de vida que perpetúa la
reproducción de relaciones de producción.
Sin lugar a dudas, esta reflexión contrasta con la tradición marxista que colocaba la fuerza del
régimen burgués en el aspecto coercitivo de la sociedad política. Para Marx y Engels, la sociedad
civil y el Estado como sociedad política eran antítesis: el Estado está subordinado a una sociedad
civil que, en tanto estructura económica, trasciende y constituye al Estado. La sociedad civil define
al Estado, fija su organización y objetivos conforme a relaciones materiales de producción. Esto no
quiere decir que Gramsci separe la estructura de la superestructura en entidades autónomas; al
contrario: se trata de una “relación dialéctica entre las dos” (íbid.: 90) que están conectadas debido a
que la hegemonía “necesariamente debe estar basada en la función decisiva ejercida por el núcleo
dirigente en el núcleo decisivo de la actividad económica” (íbid: 9).
5b) En Althusser se da un rechazo parcial al determinismo económico. El modo de producción
incluye tres niveles o estructuras: el económico, el político y el ideológico. Sin embargo, la
determinación está condicionada por la estructura: si bien en cualquier modo de producción lo
político o lo ideológico pueden ser niveles dominantes, lo van a ser en tanto la estructura económica
lo determine o permita. Sobre la infraestructura económica se erige una superestructura jurídico-
política e ideológica. La base económica sostiene, determina, la importancia de los otros niveles.
Sin embargo, se da una autonomía relativa de la superestructura respecto a la base: existe reacción
de la superestructura sobre base económica. Cualquier nivel puede ser predominante en un MP, pero
en última instancia ese nivel de relevancia está determinado por base económica.
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Nuestro autor afirma que para el marxismo clásico: a) el Estado es aparato represivo de Estado; b)
debe distinguirse entre poder de Estado y aparato de Estado; c) el objetivo de la lucha de clases
concierne al poder del Estado; d) el proletariado debe tomar el poder del Estado y elaborar un
proceso radical de destrucción del Estado. Para hacer progresar esta “teoría del Estado”, debe
añadirse la noción de Aparatos Ideológicos del Estado.
Al respecto, sostiene que “hay otra realidad que se manifiesta junto con el aparato represivo del
estado, pero no se confunde con él” (Althusser, 1988:26) y llama a esa realidad Aparatos
Ideológicos de Estado (AIE): quien quiera tener en sus manos el poder, debe ejercer su hegemonía
en y sobre los AIE. Ninguna clase puede detentar el poder del Estado por un largo período de
tiempo sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre los AIE y en ellos. Los AIE aparecen como
la sede de la lucha de clases.
Los AIE pueden ser introducidos como el número de realidades que se presentan al observador
inmediato bajo la forma de instituciones distintas y especializadas. Gran parte de ellas son privadas
y funcionan primariamente por ideología y secundariamente por represión. La unidad de los AIE
está dada por la ideología imperante.
Los puntos significativos de Althusser son, claramente, sus aportes a la ideología que enriquecieron
el pensamiento marxista. Para él la ideología reproduce relaciones capitalistas de producción al
funcionar mediante una ideología de la clase dominante unificada bajo una forma dominante. La
victoria de la clase gobernante sobre los AIE permite instalar su ideología en los aparatos y, de esta
manera, ésta toma atributos generales: se presenta como una realidad ahistórica, inmutable, que
trasciende contextos y la historia de formaciones sociales. Es una construcción teórica que no está
arraigada a ningún contexto empírico particular.
5c) Nicos Poulantzas, en su obra “Poder político y clases sociales en el Estado capitalista”, sostiene
que la frase del Manifiesto comunista según la cual “el poder ejecutivo del Estado moderno no es
más que un comité para gerenciar los asuntos comunes de toda la clase burguesa” (Marx y Engels
[1848] 1994:249) es a un tiempo exacta e insuficiente. Es insuficiente en el sentido de que no
permite ver con claridad el papel complejo del Estado respecto del bloque en el poder, así como su
relación particular con la clase o fracción hegemónica.
Para respaldar esta afirmación, el autor se basa en dos características principales propias del Estado
moderno, ya analizadas por Marx y Engels: la “unidad propia” del poder político institucionalizado
y su “autonomía relativa”, sobre las cuales realiza algunas aclaraciones, ya que considera que estos
autores utilizan explícitamente nociones que no bastan para explicar realidades históricas,
tornándose así en ambigüedades.
En sus estudios acerca del Estado moderno, Marx y Engels consideran al bonapartismo como un
rasgo teórico constitutivo del tipo capitalista de Estado, arguyendo que la burguesía es incapaz de
gobernar directamente. Marx, en el 18 Brumario supone al bonapartismo como la forma política de
la lucha moderna de clases en general. De este modo, una de las propiedades esenciales del
bonapartismo entendido como característica constitutiva del tipo capitalista de Estado es la
autonomía relativa del Estado respecto de las clases o fracciones dominantes.
Sin embargo, al momento de explicar el bonapartismo, Marx y Engels recurren a la explicación
general de una autonomía del Estado, cuando las clases en lucha están “prestas a equilibrarse”, es
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decir, un momento en el cual “la burguesía había ya perdido, y la clase obrera aún no había
adquirido, la facultad de gobernar a la nación”. Mientras que, con respecto a esto, Poulantzas
considera que se trata de una explicación insuficiente, ya que una interpretación profunda de los
textos de Marx muestra que éste no llega a admitir una situación de equilibrio entre la clase
burguesa y la clase obrera, sino que, tras los acontecimientos de 1848, la contradicción principal se
sitúa y concentra entre la burguesía, por un lado y la pequeña burguesía y el campesinado por el
otro, aunque tampoco entre estas fuerzas puede observarse un equilibrio. Poulantzas, por su parte,
considera que la explicación de la autonomía relativa del Estado bonapartista reside en que esa
autonomía es un rasgo constitutivo de su concepto, que se remonta a su relación con las
características específicas de la lucha de clases en el modo de producción capitalista y en una
formación capitalista, relación que marca los límites que circunscriben la acción concreta de esa
lucha sobre el Estado, y que no puede considerarse a la manera de un arbitraje.
Para explicar la aparente paradoja según la cual “el poder del Estado se organiza en unidad propia,
unidad de poder de clase, a la vez que presenta, y precisamente en la medida que presenta una
autonomía relativa respecto de la clase o clases dominantes” (Poulantzas, 1984:366) , Poulantzas se
vale de la, a menudo mal interpretada, relación establecida por Marx entre el Estado capitalista y las
formas precisas de lucha política de las clases dominantes en una formación dominada por el modo
de producción capitalista. Precisamente, explica el autor, Marx considera al bonapartismo, como
tipo de Estado (“religión de la burguesía”), como forma de correspondencia específica de la
superestructura jurídico - política y de las relaciones de producción en el modo de producción
capitalista. La relación del Estado y el interés político de las clases dominantes se da en función de
la autonomía relativa respecto de estos actores, por la cual se observa que la lucha económica se
ausenta de las instituciones estatales.
Así, el Estado se refiere a la organización propiamente política de las clases o fracciones
dominantes en su lucha política de clase con las clases dominadas. En este punto cabe realizar la
aclaración de que el bloque en el poder se encuentra constituido por diversas fracciones de las
clases dominantes, pero el poder definitivo es detentado por una sola clase o fracción hegemónica
con autonomía de la lucha económica y la lucha política, que erige sus intereses económicos en
intereses políticos para poder dominar efectivamente. Precisamente en esto consiste el papel del
Estado capitalista respecto de las clases dominantes, en mantener el estado de las relaciones sociales
existentes a través de compromisos con las clases dominadas, y mediante intervenciones contra los
intereses económicos a largo plazo de diversas fracciones de la clase dominante. Intervenciones
estas que mantendrán un equilibrio inestable de las clases enfrentadas, y a la larga serán de utilidad
a los intereses de las clases y fracciones dominantes, con el objeto de presentarse como
representantes del interés general del pueblo y como encarnación de la unidad de la nación.
La razón principal por la cual la unidad propia del poder institucionalizado aparece como poder
unívoco de las clases dominantes sólo puede establecerse partiendo de una autonomía relativa del
Estado capitalista respecto de ellas; es la incapacidad de la clase burguesa de erigirse, por sus
propios partidos políticos, en el nivel hegemónico de organización.
A su vez, esto se debe a la impotencia de esta clase para realizar su unidad interna, como
consecuencia tanto de las luchas entre fracciones como de la lucha entre la burguesía contra las
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clases dominadas. Por lo que el Estado tiene, a su vez, la función de desorganizar políticamente a la
clase obrera, de impedir la formación de un partido político “autónomo”.
Continuando con los análisis respecto del bloque en el poder, Poulantzas considera que ciertas
nociones que utiliza Marx para referirse a las relaciones de las clases o fracciones de clase que lo
conforman, tales como la de fusión o síntesis, deberían ser reemplazas por la de “unidad
contradictoria” de las clases o fracciones dominantes, unidad dominada por la clase o fracción
hegemónica y sus intereses específicos.
Por otro lado, Poulantzas se diferencia de la visión determinista-instrumentalista acerca del Estado.
Éste no es un “apéndice del poder” de la burguesía; no es un instrumento al servicio de los intereses
de clase. El Estado aparece como una relación, como una condensación material de las relaciones
de fuerza. Siguiendo a Carnoy: “es un lugar para que la clase dominante se organice
estratégicamente en relación con las clases dominadas. Es un lugar y un centro de ejercicio de
poder, pero no posee poder propio” (Carnoy, 1984:57). El Estado no es un mero instrumento o
reflejo, aunque está determinado por última instancia por lo económico y su función es garantizar la
reproducción del sistema. Se inserta y queda definido por las relaciones de clase y al mismo tiempo
es factor de cohesión y regulación del sistema social en el cual funciona.

Bibliografía
ALTHUSSER, Louis (1988) Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Freud y Lacan. Nueva
Visión. Buenos Aires.
CARNOY, Martín (1984) El Estado y la teoría política. Capítulo IV. Alianza Editorial.
México. Págs. 115 a 190.
POULANTZAS, Nicos (1984) Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. Siglo
XXI. México. Págs: 1 a 30 y 331 a 402.
THWAITES REY, Mabel. (2007) “El Estado "ampliado" en el pensamiento gramsciano”; en
Thwaites Rey, Mabel(comp.) Estado y Marxismo: un siglo y medio de debates. Editorial
Prometeo. Buenos Aires. Págs. 129-160.