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COVID-19 y envejecimiento prematuro en madres

de hijos con TDAH


De todos es sabido el elevado grado de estrés al que se ven sometidas las madres de
hijos que padecen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Más
del 80% de los padres de hijos con TDAH padecen un elevado nivel de estrés y el
confinamiento por CIVID-19 aumenta el nivel de estrés.
Ser padres no es nada fácil ni hay universidad donde se estudie.
Metafóricamente podríamos decir que educar a los hijos es como correr una maratón,
algo largo que conlleva una gran cantidad de esfuerzo continuado. Esto no suele ser
muy complicado cuando los hijos no presentan ningún tipo de dificultad, ni presentan o
generan problemas importantes. Pero cuando a la familia llega un hijo que se le
diagnóstica con TDAH, la educación de este hijo, en el mismo campo metafórico
anterior, sería como hacer un “Ironman” (El Ironman es la prueba más exigente del
triatlón. Consta de 3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie).
Es decir, el reto de la educación de este hijo se torna más arduo, se convierte en algo al
borde de lo inhumano.
El TDAH es un trastorno de origen neurobiológico que se manifiesta a partir de
la edad infantil y puede perdurar hasta la edad adulta, con transmisión genética, y que
se caracteriza por un nivel de impulsividad, actividad y atención no adecuados a la
edad de desarrollo. Es una situación crónica compleja, heterogénea y multifactorial, que
además de cursar con estos tres síntomas nucleares (impulsividad: dificultad a la hora
de inhibir o frenar sus ideas, pensamientos o comportamientos; hiperactividad:
dificultad para regular su nivel de actividad o mantenerse quieto; e inatención:
dificultad a la hora de prestar atención a las acciones que realizan) presenta alteración
de las funciones ejecutivas, dificultades de aprendizaje, inmadurez, labilidad
emocional, alteraciones en el manejo del tiempo, dificultades de sueño, desobediencia,
baja tolerancia de las frustraciones, déficit en las habilidades sociales e importante
número de trastornos comórbidos.
Figura 2.- Niño con TDAH llevado por su impulsividad y madre desesperada.

Las familias deben ser conscientes que cuando se diagnóstica a un hijo con el
TDAH, nos situamos en el punto de partida de un largo proceso, y que no sólo afecta al
niño, sino que también va a afectar al resto de los miembros de su familia y a su
entorno. Empieza con la sorpresa, incredulidad, pánico, desesperación, culpabilización
debida al desconocimiento del TDAH, el saber que nada de lo que hagan podrá hacer
que el trastorno desaparezca, la situación es terrible y dolorosa. Pero a pesar de todo
ello, las familias deben aprender a convivir con el trastorno haciéndolo menos
incómodo, menos doloroso y menos frustrante.
Además y por si fuera poco, las madres se enfrentan también, con la
incomprensión del exterior (parientes, colegio, la calle), donde los niños con TDAH son
percibidos como chicos temibles, insoportables, maleducados; en fin, como un peligro
público.
Todo ello conlleva que estas madres reporten más problemas de depresión, estrés
y más conflictos matrimoniales que las mamás de niños con otros problemas y las
madres de niños sin ningún problema. El 75 por ciento de los padres con niños que
padecen TDAH se sienten impotentes e incapaces de controlar a su hijo, más del 80 por
ciento sufre un elevado nivel de estrés.
Pero ¿qué es el estrés?
Aunque todos hablamos de estrés, a menudo no está claro qué es el estrés
realmente. Muchas personas consideran el estrés como algo que les sucede a ellos, un
acontecimiento tal como una lesión o la pérdida del empleo. Otros piensan que el estrés
es lo que ocurre en nuestro cuerpo, mente y comportamiento en respuesta a un
acontecimiento (por ejemplo el corazón palpitando, la ansiedad, o morderse las uñas).
Aunque el estrés se relaciona con los acontecimientos y nuestra respuesta a ellos, estos
no son los factores más importantes. Nuestros pensamientos acerca de las situaciones
en las que nos encontramos son el factor crítico.
Cuando algo nos sucede, automáticamente evaluamos la situación mentalmente.
Decidimos si es una amenaza para nosotros, cómo tenemos que hacer frente a la
situación, y qué habilidades podemos utilizar. Si decidimos que las demandas de la
situación superan las capacidades que tenemos, a continuación, etiquetamos la
situación como "estresante" y reaccionamos con la clásica "respuesta al estrés". Si
decidimos que nuestras habilidades de afrontamiento son mayores que las exigencias
de la situación, entonces no la vemos como "estresante".
Figura 2.- Esquema básico del estrés. Macías, H., 2007. Tesis Doctoral: “Estudio de los niveles de
estrés del contingente español desplegado en Irak en Misión de Mantenimiento de la Paz”.
Universidad de Granada.

El estrés puede provenir de cualquier situación o pensamiento que a uno lo haga


sentir frustrado, enojado o ansioso. Todo el mundo ve las situaciones de manera
diferente y tiene diferentes habilidades de afrontamiento. Por esta razón, dos personas
no responderán de la misma manera a una situación dada.
Además, no todas las situaciones que están etiquetadas como "estresantes" son
negativas. El nacimiento de un niño, la promoción en el trabajo, o la mudanza a una
nueva casa tal vez no se perciban como una amenaza. Sin embargo, podemos sentir que
las situaciones son "estresantes" porque no nos sentimos totalmente preparados para
afrontarlas.
El estrés es una parte normal de la vida. En pequeñas cantidades, el estrés es
bueno; puede motivarnos y puede ayudarnos a ser más productivos. Sin embargo,
demasiado estrés o una respuesta fuerte al estrés puede ser perjudicial. Tal y cómo
percibamos un evento generador de estrés y cómo reaccionamos a él, determinará su
impacto en nuestra salud. Podemos sentirnos motivados y fortalecidos por los
acontecimientos en nuestra vida, o podemos ver algunos como "estresantes" y
responder de una manera que puede tener un efecto negativo en nuestro bienestar
físico, mental y social.
Si siempre respondemos de una manera negativa, nuestra salud y felicidad
pueden sufrir. Al entendernos a nosotros mismos y nuestras reacciones a las situaciones
de estrés, podemos aprender a manejar el estrés con mayor eficacia. En el sentido más
exacto, manejar el estrés no se trata de aprender a evitar o escapar de las presiones y las
turbulencias de la vida moderna; se trata de aprender a observar cómo el cuerpo
reacciona a estas presiones, y de aprender a desarrollar habilidades que mejoren la
adaptación. Aprender la regulación del estrés es aprender sobre la conexión mente-
cuerpo y el grado hasta el que podemos controlar nuestra salud en un sentido positivo.
El estrés es una expresión física de nuestro mecanismo de supervivencia de
"lucha o huida". Una situación amenazante desencadena una respuesta de estrés a
través de secreción hormonal, que nos prepara para enfrentar o huir de un posible
peligro. Cuando una gacela corre por salvar tu vida, lo básico es lo que importa. Los
pulmones realizan un sobreesfuerzo para llevar más oxígeno a la sangre , el corazón
late más deprisa para que ese oxígeno llegue cuanto antes a los músculos para
responder de manera inmediata, la presión se eleva para distribuir esa energía de
manera instantánea. Se corta todo lo que no es esencial como el crecimiento, la
ovulación, cicatrización de heridas, e incluso el sistema inmune. Esto ayuda para el
peligro inmediato pero, cuando el peligro deja de estar presente el estrés se desactiva.
Por desgracia, esto no sucede de la misma manera en humanos, activamos la respuesta
al estrés de la misma manera e incluso también se desencadena por situaciones tensas
en las que la acción física no es una opción, como estar delante de un jefe poco
razonable, en un atasco de tráfico, o por problemas financieros, el problema es que no
sabemos desactivar la respuesta de estrés ante estados puramente psicológicos y esto
provoca un baño corrosivo de hormonas. Es decir, nuestra respuesta al estrés se torna
más dañina y peligrosa que la propia situación estresante.
Así, el estrés se convierte en una pesadilla para todos. Atormenta nuestras
mentes, nos priva de un sueño reparador, amenaza nuestro equilibrio… Lo que antes
nos ayudó a sobrevivir, ahora es el azote de nuestras vidas. Los últimos estudios
científicos nos demuestran que el estrés no es un concepto abstracto, sino que se puede
medir y que es muy peligroso. El estrés crónico puede matar algunas de las células
cerebrales, nos encoge el cerebro, añade grasas a nuestros vientres, altera nuestros
cromosomas, puede producir arterioesclerosis, ataques de corazón, e incluso puede
llevarnos hasta la muerte. El estrés de hoy afectará tu salud de mañana y la de años
venideros. Pero la maldición letal del estrés llega más allá, ya que la exposición crónica
a glucocorticoides puede matar algunas células cerebrales del hipocampo (área
relacionada con el aprendizaje y la memoria), y más sorprendente aún es que de los
últimos estudios científicos demuestran que reducen la longitud de los telómeros a lo
largo del tiempo(terminaciones cromosómicas relacionadas con la esperanza de vida).
En el caso del TDAH y para entenderlo algo mejor, sirva el siguiente ejemplo: si
yo cojo un vaso de agua y le pregunto cuanto pesa, probablemente su respuesta podrá
estar comprendida entre 150 y 250 gramos. Pero realmente el peso absoluto no es lo
esencial, depende de cuánto tiempo se sostenga el vaso. Si lo hago un minuto, no hay
problema; si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo un día, mi brazo se
entumecerá y paralizará. El peso objetivo del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo
lo sujeto, más pesado se vuelve. El TDAH es como el vaso de agua, si este se
manifestase por un rato, no pasaría nada. Pero, como es la realidad el TDAH se
manifiesta todo el día (si no está tratado), es decir, es como aguantar el vaso de agua
por días completos.
La doctora Elizabeth Blackburn, líder en el estudio de telómeros, concluye que la
longitud de los telómeros de las madres sometidas a estrés diario y continuado
correlacionan con la cantidad de estrés y el tiempo que lo soportan (a mayor estrés y
mayor tiempo menor longitud de los telómeros), lo que podría producir la muerte a
una edad más temprana.
En esta época de COVID19 que nos ha tocado vivir, dónde en tiempos de
confinamiento, las madres de niños con TDAH no tienen ni el respiro del tiempo de
colegio, alejadas del estrés continuo que es cuidar a un niños de estas características;
estas madres pueden llegar a envejecer el equivalente a seis años de vida por cada año
vivido en esta situación estresante y de pandemia.

Dos tipos de estrés


- Agudo - El estrés agudo nos prepara para luchar o huir, y es generalmente de corta
duración.
- Crónico - El estrés crónico es a largo plazo y es la principal causa de los problemas
de salud relacionados con el estrés.
El estrés produce cambios químicos en el cuerpo que, si no se controlan, pueden tener
efectos negativos sobre la salud mental y física. Los altos niveles de estrés contribuyen a
problemas de salud tan diversos como depresión, insomnio, enfermedades del corazón,
trastornos de la piel y dolores de cabeza.
A) El estrés agudo
El estrés agudo es una respuesta a corto plazo del sistema nervioso simpático del cuerpo.
El tiempo que dura el estrés agudo puede variar, la respuesta puede durar unos pocos
minutos o unas pocas semanas. Durante una respuesta al estrés agudo, la médula
suprarrenal (parte de las glándulas suprarrenales, dos pequeñas glándulas situadas en la
parte superior de cada riñón) empieza a liberar las hormonas catecolaminas (adrenalina y
noradrenalina). En total, más de diecisiete hormonas diferentes se liberan durante la
respuesta a un estrés agudo.
Las respuestas físicas
- se elevan los niveles de azúcar en la sangre
- se liberan glóbulos rojos adicionales (para transportar oxígeno extra)
- los vasos sanguíneos periféricos se constriñen
- el pulso se acelera
- la presión arterial se eleva
- la digestión se para
B) El estrés crónico
El estrés crónico se produce cuando las respuestas continuas al estrés agudo mantienen el
cuerpo en estado de alerta continuamente, afectando negativamente a la salud. La
respuesta al estrés continuo hace que el hipotálamo y la glándula pituitaria (partes del
cerebro) liberen una sustancia química conocida como ACTH (hormona
adrenocorticotrópica). La ACTH, conocida como la "hormona del estrés" estimula la glándula
suprarrenal para producir y liberar cortisol. El cortisol es una de las hormonas asociadas
con el sueño y la vigilia. Los niveles de cortisol naturalmente fluctúan durante el día, siendo
estos más altos por la mañana y más bajos por la noche. Los niveles más altos de cortisol
por la mañana nos ayudan a despertarnos. Cuando el estrés crónico estimula la producción
de cortisol, el ciclo diario de los niveles de cortisol se interrumpe. Los niveles altos de
cortisol pueden ocurrir por la noche. Esto puede provocar el tan popular insomnio.
Estrés y salud
Los desequilibrios de cortisol y otras hormonas relacionadas con el estrés debilitan la salud
a través del tiempo y los efectos no se ven inmediatamente. Practicar técnicas de control
del estrés pueden ayudar a minimizar los efectos del estrés en nuestra salud.
La respuesta al estrés comienza en el cerebro (ver ilustración). Cuando alguien se enfrenta
a un peligro, los ojos o los oídos (o ambos) envían la información a la amígdala, un área del
cerebro que contribuye al procesamiento emocional. La amígdala interpreta las imágenes y
los sonidos.

Cuando alguien experimenta un riesgo, un acontecimiento estresante o peligroso, la


amígdala, envía una señal de peligro al hipotálamo. Esta área del cerebro funciona como un
centro de mando, que se comunica con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso
para que la persona tenga la energía para luchar o huir.
El hipotálamo se comunica con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso autónomo
que controla funciones como la respiración, la presión arterial, ritmo cardíaco, y la
dilatación o constricción de los vasos sanguíneos y las pequeñas vías aéreas en los pulmones
llamados bronquiolos. El sistema nervioso autónomo tiene dos componentes, el sistema
nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. Las funciones del sistema nervioso
simpático desencadenan la respuesta de lucha o huida, proporcionando al cuerpo una oleada
de energía de manera que pueda responder a los peligros percibidos. El sistema nervioso
parasimpático actúa como un freno. Promueve la respuesta "descansar y digerir" que calma
el cuerpo después de que el peligro ha pasado.
Después de que la amígdala envíe una señal de peligro, el hipotálamo activa el sistema
nervioso simpático mediante el envío de señales a través de los nervios autónomos a las
glándulas suprarrenales. Estas glándulas responden mediante el bombeo de adrenalina en el
torrente sanguíneo. Cuando la adrenalina circula por el cuerpo se producen una serie de
cambios fisiológicos. El corazón late más rápido de lo normal, empujando la sangre a los
músculos y otros órganos vitales. El pulso y la presión arterial suben. La persona sometida a
estos cambios también comienza a respirar más rápidamente. Las pequeñas vías aéreas en
los pulmones se abren, de esta manera, los pulmones pueden tomar la mayor cantidad de
oxígeno posible con cada respiración. Oxígeno adicional se envía al cerebro, aumentando el
estado de alerta. La vista, el oído, y el resto de los sentidos se agudizan. Mientras tanto, la
adrenalina provoca la liberación desde los lugares de almacenamiento temporal en el cuerpo
de azúcar (glucosa) y grasas a la sangre. Estos nutrientes inundan el torrente sanguíneo,
aportando el suministro de energía a todas las partes del cuerpo. Todos estos cambios
suceden tan rápidamente que las personas no son conscientes de ellos. De hecho, el
cableado es tan eficiente que la amígdala y el hipotálamo comienzan esta cascada, incluso
antes de que los centros visuales del cerebro hayan tenido la oportunidad de procesar
completamente lo que está sucediendo. Es por eso que la gente es capaz de saltar fuera de
la trayectoria de un auto que viene incluso antes de pensar en lo que están haciendo.
A medida que el aumento inicial de adrenalina disminuye, el hipotálamo activa el segundo
componente del sistema de respuesta al estrés - conocido como el eje HPA (eje
Hipotalámico- Pituitario- Adrenal). Esta red consiste en el hipotálamo, la glándula pituitaria
y las glándulas suprarrenales.
El eje HPA se basa en una serie de señales hormonales para mantener el sistema nervioso
simpático -el "acelerador"- activado. Si el cerebro continúa percibiendo algo tan peligroso,
el hipotálamo libera hormona liberadora de corticotropina (CRH), que viaja a la glándula
pituitaria, provocando la liberación de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH). Esta
hormona viaja a las glándulas suprarrenales, lo que conduce a la liberación de cortisol. El
cuerpo, de este modo, se mantiene acelerado y en alerta máxima. Cuando pasa la amenaza,
los niveles de cortisol caen. El sistema nervioso parasimpático - el "freno" - luego amortigua
la respuesta al estrés.

Fuentes de estrés
Podemos experimentar estrés de cuatro fuentes básicas:
- Medio Ambiente- el medio ambiente puede bombardearnos con demandas exageradas
que debemos ajustar. Ejemplos de factores de estrés ambientales incluyen el clima, el
ruido, el hacinamiento, la contaminación, el tráfico, viviendas inseguras y deficientes, y
el crimen.
- Estresores Sociales- podemos experimentar múltiples factores de estrés que surgen de
las demandas de los diferentes roles sociales que ocupamos, como padres, cónyuges,
cuidadores y trabajadores. Algunos ejemplos de estos factores son los plazos, los
problemas financieros, las entrevistas de trabajo, las presentaciones, los desacuerdos,
las demandas de tiempo y atención, la pérdida de un ser querido, el divorcio, y la crianza
de los hijos.
- Fisiológicas- situaciones y circunstancias que afectan a nuestro cuerpo pueden ser
experimentados como estresores fisiológicos. Ejemplos de factores de estrés
fisiológicos incluyen la adolescencia, la menopausia, las enfermedades, el
envejecimiento, el parto, los accidentes, la falta de ejercicio, la mala alimentación, y los
trastornos del sueño.
- Pensamientos- el cerebro interpreta y percibe situaciones como estresantes, difíciles,
dolorosas o agradables. Algunas situaciones en la vida provocan estrés, pero son
nuestros pensamientos los que determinan si son un problema para nosotros.

Tipos de estresores
Las situaciones que se consideran que provocan estrés son conocidas como factores de
estrés o estresores. El estrés no es siempre algo negativo. El estrés es simplemente la
respuesta del cuerpo a los cambios que crean demandas exageradas. Muchos profesionales
sugieren que hay una diferencia entre lo que percibimos como estrés positivo y el distrés,
que se refiere al estrés negativo. En la vida cotidiana, a menudo utilizamos el término
"estrés" para describir situaciones negativas. Esto lleva a muchas personas a creer que
todo el estrés es negativo, lo que no es cierto.
El estrés positivo tiene las siguientes características:
- Motiva, la energía se centra
- Es de corto plazo
- Se percibe como dentro de nuestras habilidades de afrontamiento
- Se siente emocionante
- Mejora el rendimiento
Por el contrario, el estrés negativo tiene las siguientes características:
- Provoca ansiedad o preocupación
- Puede ser de corto o largo plazo
- Se percibe como fuera de nuestras habilidades de afrontamiento
- Se siente como desagradable
- Disminuye el rendimiento
- Puede conducir a problemas físicos y mentales

Fuentes internas de estrés y ansiedad


Los factores de estrés no siempre se limitan a escenarios en los que alguna situación
externa crea un problema. Los eventos internos, como sentimientos, pensamientos y
comportamientos habituales, también pueden causar estrés negativo.
Las fuentes internas de estrés más comunes son:
- Temores (por ejemplo, el temor a volar, a la altura, a hablar en público o con extraños
en una fiesta)
- Patrón de pensamiento repetitivo
- Preocuparse por eventos futuros (por ejemplo, a la espera de los resultados de un
examen médico o de una reestructuración en el trabajo)
- Las expectativas poco realistas o perfeccionistas
Patrones habituales de comportamiento que pueden conducir al estrés incluyen:
- Una programación excesiva (más tareas de las posibles)
- El no saber ser asertivo
- No establecer y mantener límites saludables
- Diferir y / o no saber planificar

Aspectos cognitivos del estrés y la ansiedad


La ansiedad es un sentimiento que comúnmente experimentamos ante eventos estresantes
de la vida. La ansiedad puede ser una de las emociones más angustiosas que las personas
pueden sentir. A veces es llamado "miedo o nerviosismo". Las reacciones comunes a la
ansiedad incluyen:
Síntomas físicos:
- Palmas de las manos sudorosas
- Tensión muscular
- Corazón latiendo rápido
- Mejillas encendidas
- Mareo
Comportamientos:
- Evitar las situaciones en las que pueda aparecer la ansiedad
- Irse de las situaciones en las que las sensaciones de ansiedad comienzan a aparecer
- Tratar de hacer las cosas perfectamente o tratar de controlar los acontecimientos
para evitar peligros
Estados de ánimo:
- Nervioso
- Irritable
- Ansioso
- Alarmado (lleno de pánico)
Pensamientos:
- Sobreestimación del peligro
- Subestimación de la capacidad para hacer frente
- Subestimación de la ayuda disponible
- Preocupaciones y pensamientos catastróficos
Los estresores pueden contribuir a nuestros sentimientos de ansiedad. Ejemplos de estos
factores estresantes son: traumas (haber recibido abusos, tener un accidente, guerra);
enfermedad o muerte; cosas que nos enseñan ("las serpientes te muerden"); cosas que
observamos (un artículo en el periódico acerca de un accidente de avión); y experiencias
que parecen muy difícil de controlar (dar una charla, un despido, tener un bebé).
Los pensamientos que acompañan a la ansiedad incluyen la percepción de que estamos en
peligro o de que, de alguna manera, somos amenazados o vulnerables. La amenaza puede ser
física, mental, o social. Una amenaza física ocurre cuando creemos que vamos a ser
lastimados físicamente (por ejemplo, una mordedura de serpiente, un ataque al corazón).
Una amenaza social se produce cuando creemos que vamos a ser rechazados, humillados,
avergonzados o dejados. Una amenaza mental se produce cuando algo hace que pensemos
que nos estamos volviendo locos o perdiendo la cabeza.
La percepción de las amenazas varía de persona a persona. Algunas personas, debido a sus
experiencias vitales previas, pueden sentirse amenazados con mucha facilidad y con
frecuencia se sienten ansiosos. Otras personas pueden sentir una mayor sensación de
seguridad. Ciertas experiencias, tales como crecer en un hogar caótico con un entorno
cambiante, pueden llevar a una persona a la conclusión de que el mundo y las personas son
peligrosos.
La percepción del peligro y la sensación de vulnerabilidad puede haber ayudado a una
persona a sobrevivir cuando era niño. Ser capaz de reconocer el peligro y los signos
precoces de alerta son fundamentales para la propia supervivencia emocional y física.
Algunas personas pueden haber desarrollado una muy buena capacidad de detectar y
responder a situaciones de peligro.
Como adulto, puede llegar a ser importante evaluar si se está o no respondiendo
exageradamente al peligro y la amenaza. Como adulto podríamos considerar si nuestros
recursos y habilidades para afrontar los acontecimientos pueden abrir maneras nuevas y
creativas de responder a la amenaza y la ansiedad.

Pensamientos ansiosos
Los pensamientos ansiosos están orientados al futuro y a menudo predicen la catástrofe.
Los pensamientos ansiosos a menudo empiezan así: "¿Qué pasaría si ..." y terminan con un
resultado desastroso. Estos pensamientos con frecuencia incluyen imágenes de peligro
también. Por ejemplo, un hombre con un miedo a hablar en público puede pensar, antes de
una charla: "¿Qué pasará si me atasco? ¿Qué pasa si me olvido de mis notas? ¿Y si el
público piensa que soy tonto y que no sé de lo que estoy hablando?" El orador puede incluso
tener una imagen de sí mismo de pie congelado en frente de la multitud. Estos
pensamientos son sobre el futuro y predicen un resultado calamitoso.

Signos y síntomas de sobrecarga de estrés


Es importante aprender a reconocer cuando los niveles de estrés están "fuera de control" o
provocando un efecto adverso. Los signos y síntomas de sobrecarga de estrés pueden ser
casi cualquier cosa. El estrés afecta de muchas maneras a la mente, al cuerpo y al
comportamiento, y todo el mundo experimenta estrés de manera diferente.
Tres formas habituales de responder cuando nos sentimos abrumados por el estrés son:
1. Respuesta de enojo o agitación. Podemos sentirnos enfadados, "hirviendo", con el
motor a todo gas, excesivamente emocionales, e incapaces de quedarnos quietos.
2. Respuesta de retraimiento o depresión. " Nos apagamos", con la cabeza ida, y
mostramos muy poca energía o emoción.
3. Respuesta de tensión y congelación. "Congelado" bajo la presión, sintiendo que no
podemos hacer nada. Nos mostramos paralizados, pero bajo la superficie podemos
sentirnos extremadamente agitados.
A continuación, se enumeran algunas de las señales de advertencia y síntomas de estrés
más comunes. Cuantas más señales y síntomas notes, más próximo estás a sentir sobrecarga
de estrés.
Síntomas Cognitivos:
- Problemas de memoria
- Incapacidad o dificultad para concentrarse
- Falta de juicio
- Ver sólo lo negativo
- Pensamientos ansiosos, acelerados, o de rumiación
- Constante preocupación
Síntomas emocionales:
- Cambios de humor
- Irritabilidad o malhumor
- Agitación, incapacidad de relajarse
- Sentirse abrumado
- Sensación de soledad o aislamiento
- Depresión o infelicidad general
Síntomas físicos:
- Dolores, tensión muscular
- Diarrea o estreñimiento
- Náuseas, mareos o mariposas en el estómago
- Dolor en el pecho o pulso cardiaco rápido
- Pérdida del apetito sexual
- Resfriados frecuentes
- Respiración superficial y sudoración
Síntomas de Comportamiento:
- Comer más o menos
- Dormir demasiado o muy poco
- Aislarse de los demás
- Postergar o descuidar responsabilidades
- Uso de alcohol, tabaco o drogas para relajarse
- Hábitos nerviosos (morderse las uñas, pasear de un lado a otro)
Hay que tener en cuenta que los signos y síntomas de estrés también pueden ser causados
por otros problemas psicológicos y médicos. Si estamos experimentando cualquiera de las
señales de advertencia de estrés, es importante visitar a un profesional para una
evaluación. El especialista puede ayudarnos a determinar si los síntomas están relacionados
con el estrés.

Lista de 50 signos y síntomas comunes del estrés.


1. Dolores de cabeza frecuentes, apretar la mandíbula o sentir dolor en la misma
2. Apretar o rechinar los dientes
3. Tartamudeo o balbuceo
4. Temblores, temblor de los labios, de las manos
5. Dolor de cuello, dolor de espalda, espasmos musculares
6. Mareos, sensación de desmayo/debilidad, vértigos
7. Zumbidos en los oídos
8. Rubor, sudoración frecuente
9. Boca seca, problemas para tragar
10. Manos, pies, fríos o sudorosos
11. Resfriados frecuentes, infecciones
12. Erupciones, picores, urticaria, "piel de gallina"
13. Ataques de alergia inexplicables o frecuentes
14. Ardor de estómago, dolor de estómago, náuseas
15. Eructos excesivos, flatulencia
16. Estreñimiento, diarrea
17. Dificultad para respirar, suspiros
18. Ataques repentinos de pánico
19. Dolor en el pecho, palpitaciones
20. Micción frecuente
21. Deseo sexual disminuido
22. Ansiedad excesiva, preocupación, culpa o nerviosismo
23. Ira excesiva, frustración u hostilidad
24. Depresión, frecuentes o intensos cambios de estado de ánimo
25. Aumento o disminución del apetito
26. Insomnio, pesadillas, sueños perturbadores
27. Dificultad para concentrarse, pensamientos acelerados
28. Dificultad para aprender nueva información
29. Olvidos, desorganización, confusión
30. Dificultad en la toma de decisiones
31. Sentirse abrumado
32. Episodios frecuentes de llanto o pensamientos suicidas
33. Sentimientos de soledad o inutilidad
34. Escaso interés en la apariencia, puntualidad excesiva
35. Hábitos nerviosos: zapatear, moverse constantemente
36. Sentirse frustrado a menudo, irritabilidad
37. Reacción exagerada a pequeñas molestias
38. Aumento del número de accidentes leves
39. Comportamientos obsesivos / compulsivos
40. Disminución de la productividad en el trabajo
41. Mentiras o excusas para encubrir el escaso trabajo
42. Hablar rápido o mascullar
43. Reacción defensiva o suspicacia excesivas
44. Problemas de comunicación
45. Aislamiento social o soledad
46. Constante cansancio, debilidad, fatiga
47. Uso frecuente de sustancias que no necesitan receta
48. Ganancia o pérdida de peso sin dieta
49. Aumento de consumo de tabaco, alcohol, o drogas
50. Jugar excesivamente o comprar impulsivamente

Fuente: Macías H., 2007. Tesis Doctoral: “Estudio de los niveles de estrés del contingente español
desplegado en Irak en Misión de Mantenimiento de la Paz”. Universidad de Granada.
coSi piensas más, empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas
sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada. Es importante acordarse de dejar las
tensiones tan pronto como puedas. Al llegar a casa suelta todas tus cargas. No las
acarrees días y días. ¡Acuérdate de soltar el vaso!”.
Todos tenemos nuestro correspondiente “vaso de agua”. Alguien me dirá: “lo
mío, más que un vaso es una botella o… hasta una garrafa”. Mayor motivo para andarte
con cuidado.

12 pautas para que no te rompa el estrés


“¿Cuánto pesa este vaso de agua?”, preguntó una psicóloga mientras lo
mostraba al público en una charla de gestión de estrés.
Las respuestas variaban: para unos el vaso podía pesar 200 gramos, hubo quien llegó a
los 250…
La psicóloga sorprendió a todos al afirmar: “El peso absoluto no es lo esencial,  depende
de cuánto tiempo se sostenga el vaso. Si lo hago un minuto, no hay problema; si lo
sostengo una hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y
paralizará. El peso objetivo del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más
pesado se vuelve”.
Y concluyó: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato,
no pasa nada. Si piensas más, empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas
sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada. Es importante acordarse de dejar las
tensiones tan pronto como puedas. Al llegar a casa suelta todas tus cargas. No las
acarrees días y días. ¡Acuérdate de soltar el vaso!”.
Todos tenemos nuestro correspondiente “vaso de agua”. Alguien me dirá: “lo
mío, más que un vaso es una botella o… hasta una garrafa”. Mayor motivo para andarte
con cuidado.
No quiero referirme ahora a lo que ya señalé en una entrada anterior (“No te
tomes tan en serio“) pero sí quiero compartir contigo algunas ideas que nos pueden
ayudar a vivir mejor, sin tanta “presión”. 
Ahí van doce pautas para que no te “rompa” el estrés
1. Cuando pretendas abordar el trabajo “no comas más con los ojos que con
la boca”. Recuerda que “el que mucho abarca, poco aprieta”. Prioriza. Y aprende a
delegar, si es el caso.
2. Ten un horario y un plan. Y cúmplelos. “Con orden y tiempo se encuentra
el secreto de hacerlo todo y de hacerlo bien”, decía Pitágoras. Matemático, oye.
3. Aborda los problemas de uno en uno, como las uvas de Nochevieja. No
te atragantes.
4. Relativiza si te ves superado o fallas. Intenta ver el lado positivo: lo que
aprendes del error. Recuerda lo de que no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo
resista). Y cuando caigas (todos caemos), levántate como la corredora de la que te hablé
en la entrada titulada “Persevera: es excelente“; porque lo es.
5. Todas las personas cometemos errores. ¿Te creías Superman? Recuerda el
chiste del cartel a la puerta de un quirófano: “Errare humanum est”.
6. No te agobies, ni angusties, ni imagines necesariamente lo peor. Mantén
la calma, el temple. Si te pones nervioso ¿mejoras la situación?
7. Ríe (hasta de ti, o sobre todo de ti).  Y no te “me” pongas “solemne”.
Acéptate. Más: quiérete. Eso no está reñido con el necesario espíritu de
superación. Acuérdate también de transmitir optimismo a tu equipo, a tu entorno. Y
recuerda: uno no puede dar lo que no tiene.
8. Sé flexible en tus actitudes, en tu vida. El junco no se rompe ante el
vendaval.
9. Date, de vez en cuando, caprichos o compensaciones. Y dáselas a los
demás. No son un gasto; son avituallamiento e inversión.
10. Necesitas ocio, además de “negocio”: descansos, vacaciones, a su debido
tiempo, hobbies. Reserva espacios para ti y los tuyos. Desconecta.
11. Duerme suficientemente. ¡Hay que recargar las pilas! No te lleves las
preocupaciones a la almohada. Déjalas, si acaso, en una nota para el día siguiente.
12. Comparte tus preocupaciones, ¡pero también tus alegrías! Escribe Rita
Schiano que “hablar de nuestros problemas es nuestra gran adicción”. Y
añade: “Rompe el hábito: habla de tus alegrías”.
Vuelvo al inicio: suelta el vaso en cuanto puedas y olvídate de él. ¡No te pesará!