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El presente ensayo tiene por objeto dar cuenta de los principales

desplazamientos teóricos que han tenido lugar en la sociología


contemporánea, que tienen como referencia al Sistema – Mundo
actual, lo que trasciende las fronteras del Estado – Nación, en base al
cual se estructuró el bagaje teórico de la sociología clásica. En este
contexto, lo problemas se han hecho “globales” y recurrentes,
teniendo su correlato “nacional” en cada uno de nuestros países, lo
que no excluye las especificidades que presentan en cada lugar o
espacio nacional o subnacional. Con este propósito, se realiza una
revisión crítica de los principales aportes teóricos de Immanuel
Wallerstein, Aníbal Quijano, Paul Mason, Thomas Piketty, Jorge
Basadre. Mario Bunge y Boaventura De Sousa Santos, de cara al siglo
XXI. Estos aportes, con diversos matices, permiten reivindicar el
proyecto ilustrado, incluso cuando se cuestiona la visión eurocéntrica
hegemónica, que es el caso de Aníbal Quijano y Boaventura De Sousa
Santos, frente al “populismo teórico” de la postmodernidad y la tesis
neoconservadora del “fin de la historia”, recientemente matizada por
Francis Fukuyama, discursos que son funcionales y sirven para
enmascarar el hipercapitalismo reinante. La sociología peruana,
hasta el momento, ha sido esquiva a estos planteamientos teóricos y,
en el mejor de los casos, se ha refugiado en “teorías de alcance medio”
o en enfoques especializados, cuando no se ha hecho eco del
postmodernismo o ha caído en el empirismo abstracto. Las
transformaciones en el Sistema – Mundo, sin embargo, se siguen
dando y prueba de ello son los “problemas globales”, con los que ya

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lidiamos en la actualidad y tendremos que hacer frente en los años
venideros, si queremos mantenernos vigentes como disciplina
científica.

El Sistema – Mundo como contendor de la sociedad

La sociedad, en el mundo actual, trasciende el Estado – Nación como


entidad política, económica, social y cultural, en base a la cual se
estructura la sociedad. Ulrich Beck es el que con mayor claridad ha
formulado esta idea en el ámbito de la sociología. Para este autor, la
sociología es la ciencia “moderna” de la sociedad “moderna”, esto es,
un “esquema de clasificación del espacio social” –planteado así, en
términos abstractos– que se expresa en una “teoría del contenedor de
la sociedad”1. En la primera modernidad –que Beck identifica con la
sociedad industrial (de clases)–, la reflexión sociológica estaba
centrada en el Estado - Nación y en lo que acontecía al interior de éste.
Todo el aparato conceptual de la sociología, incluso sus conceptos
más generales, estaba marcado por el “dominio estatal del espacio”.
Esta situación cambia en la segunda modernidad o “sociedad del
riesgo” o, más precisamente, “sociedad del riesgo global”. En este
contexto, se cuestiona no sólo el Estado - Nación, sino también el
aparato conceptual de la sociología. “El debate acerca de la
globalización en las ciencias sociales –nos dice Beck- se entiende y
desarrolla como una discusión fructífera sobre qué supuestos
fundamentales, qué imágenes de lo social y qué unidades de análisis
pueden sustituir a la axiomática nacional - estatal”2. La “sociología
de la globalización” viene a ser, en ese sentido, “un conjunto aparte y
contradictorio de disidentes de la sociología del orden nacional -
estatal”3. Los límites del lenguaje sociológico, hasta hace poco, eran

1Ulrich Beck. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la


globalización. Edit. Paidós. Buenos Aires – Argentina, 2008, p. 46 y ss.

2Ibid., p. 49.

3Ibid., p. 48.

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los del Estado – Nación, que coincidían con el de la sociedad, en
términos geográficos y poblacionales. Los límites de la sociedad
actual, en cambio, son los límites del mundo.

Hay dos ideas que, de acuerdo con los enfoques teóricos de la


sociología actual, están quedando en desuso:

1) La idea de que las sociedades -así, en plural- tienen una


delimitación geográfica y/o territorial; y,

2) La idea de que las sociedades se pueden observar desde el exterior,


como agrupamientos de seres humanos o como territorios.

El concepto de mundo no solo se ha hecho “global”, sino que nos


ofrece una nueva mirada de la sociedad y de los problemas sociales
que tienen, además, repercusiones epistemológicas. La mirada del
observador en el sistema – mundo actual no puede ser “externa”,
“objetiva”, ajena al mundo en que vivimos. Siempre estamos
implicados en el mundo y, por tanto, en lo que observamos en él. La
“objetividad” no existe. Lo que hay y define nuestro trabajo científico
es la “actitud objetivadora”, en la que el observador siempre está
implicado en el objeto que observa. Sujeto y objeto se modifican
mutuamente.

Sobre la objetividad y la actitud objetivadora


en la ciencia actual

La objetividad es un uróboros, una serpiente que se come su cola, lo


que simboliza un esfuerzo constante -y en ocasiones inútil- por
independizarse del objeto, lo que conduce siempre a un “volver a
empezar”. “El universo debe expandirse para escapar de los
telescopios a través de los cuales nosotros, que somos él, estamos
tratando de capturarlo a él, que es nosotros. La serpiente se come a sí

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misma, el perro persigue su cola”4. De este modo, lo que se revela será
ocultado y lo que se oculta será de nuevo revelado. Y así
sucesivamente. Esto es lo que se conoce como “actitud objetivadora”,
que opera bajo el presupuesto de reflexividad5.

La ciencia clásica –que en la sociología tiene como principales


exponentes a Marx, Weber y Durkheim– no ponía en cuestión el
trabajo del “observador”. La ciencia contemporánea, en cambio,
supone una “observación de segundo orden”, que apunta a detectar el

4George Spencer - Brown. Laws of Form. The Julian Press, INC Press. Nueva
York – EE. UU., 1972, p. 106.

5Jesús Ibañez distingue el “presupuesto de reflexividad” del “presupuesto de


objetividad” y del “presupuesto de relatividad” como supuestos epistemológicos
de la ciencia. En el “presupuesto de objetividad”, que es propio de la ciencia
clásica, sujeto y objeto son mutuamente independientes. En el “presupuesto de
relatividad”, el sujeto es deformado por el objeto cuando lo observa: sus
parámetros básicos (espacio, tiempo, velocidad, etc.) son alterados al
observar/manipular el objeto. Bajo el “presupuesto de reflexividad”, en cambio,
el objeto es producto de la actividad objetivadora del sujeto que, al construirlo, lo
deforma (al observarlo/manipularlo, lo transforma). El sujeto no ocupa una
posición exterior -ni absoluta ni relativa- al objeto. Sujeto y objeto se constituyen
mutuamente en la relación/operación de observación/manipulación. El sujeto es
un dispositivo de reflexividad del objeto: a través de él, el objeto se
observa/manipula y se hace diferente a sí mismo. La verdad es perseguible, pero
no alcanzable: el objeto, al observarse a sí mismo, se altera y se hace distinto. Las
“propiedades” y los “atributos” del objeto no constituyen sino momentos de un
campo de relaciones: el objeto es constituido en -y por- esas relaciones y no antes
(“en sí” o “por sí” o “para sí”) ni después. El conocimiento es producto de un
consenso intersubjetivo que tiene lugar en la sociedad, a partir del
entrecruzamiento de los diversos "dominios experienciales" del ser humano
(Maturana); pero este consenso no es independiente del objeto que es construido
en y por la experiencia humana. El pensamiento exige pensarse a sí mismo en
relación a su objeto (Observación de segundo orden: la propia actividad
descriptiva del observador es parte constitutiva de lo observado). El pensamiento
científico se construye sobre la base de conceptos relacionales y
autorreferenciales. Jesús Ibañez. "Las posiciones del sujeto". En: Jesús Ibañez
(comp.) Nuevos avances en la investigación social. La investigación social de
segundo orden. Suplemento ANTHROPOS, No. 22, 1990.

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“punto ciego” que interfiere en nuestra labor científica. La distinción
–esto es, trazar una forma, una frontera, y establecer una preferencia,
una indicación, por uno de los lados– es, en opinión de Luhmann, el
“punto ciego” que se presupone en cada observación como su
condición de posibilidad y que no puede ser observada hasta que se
observa a sí misma, es decir, se hace autorreferente6. La “observación
de segundo orden” u “observación de la observación” tiene por objeto
comprender la distinción que se hace en el nivel de la “observación de
primer orden”. Su objeto no son los sistemas observados sino los
sistemas observadores, que incorporan la observación como parte de
su adaptación al entorno. La “observación de segundo orden”, en
lenguaje de Bachelard, es un ejercicio de “vigilancia epistemológica”7,
mediante el cual sometemos a examen nuestras “observaciones de
primer orden” (ciencia clásica).

Max Weber, como se sabe, distinguía entre el “político” y el


“científico”, no para hablar de personas diferentes que realizan
funciones distintas en la sociedad, sino para dar cuenta de la actitud
que debemos observar cuando nos desempeñemos en uno u otro rol8.
En esta óptica, el político es el “hombre acción”, que interviene en la
sociedad. El científico, en cambio, es un observador que no
necesariamente interviene o está implicado en el objeto que observa;
lo que, en el marco de la ciencia clásica, era más fácil de establecer en
las ciencias naturales que en las ciencias sociales. Cabe precisar, sin
embargo, que Weber no veía factible desempeñar ambos roles y,

6Niklas Luhmann. "Cómo se puede observar estructuras latentes". En Paul


Watzlawick y Peter Krieg (comps.). El ojo del observador. Contribuciones al
constructivismo. Homenaje a Heinz von Foerster. Edit. Gedisa. Barcelona –
España, 1995.

7GastónBachelard. La formación del espíritu científico. Siglo XXI Editores S.A.


Buenos Aires – Argentina, 1987.

8Max Weber. El político y el científico. El Libro de Bolsillo. Alianza Editorial.


Madrid – España, 1979.

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menos aún, de manera simultánea. Es esta idea de observación
científica, propia de la ciencia clásica, la que ha sido cuestionada.

Desplazamientos teóricos y epistemológicos

Siempre estamos implicados en el mundo en el que vivimos y, por


tanto, nada que ocurra en él nos es ajeno. Del mismo modo en que no
podemos lograr la plena “objetividad” científica, más allá de nuestra
nacionalidad, no somos “extranjeros” o “extraños” al mundo en el que
vivimos. Y no lo somos, entre otras cosas, porque los problemas que
nos afectan a nosotros también afectan a las personas que viven en
otros países. Los problemas sociales (pobreza, destrucción del medio
ambiente, cambio climático, criminalidad organizada, la violencia de
género, las drogas, el sida, los conflictos étnicos, las crisis monetarias,
entre otros), como lo ha señalado Ulrich Beck, son “problemas
globales” o “transnacionales” y requieren de soluciones a ese nivel9.
Beck hace suya la máxima de Timothy Wirth, ex secretario de
exteriores norteamericano, de “pensar globalmente y actuar
localmente”, como criterio de acción en el mundo actual, y que Roland
Robertson resume en el neologismo de glocalización, que expresa
esta nueva realidad en la que globalización y localización confluyen
en un mundo cambiante.

Los cambios que se experimentan en la sociedad actual, que, como ya


ha sido señalado, incluyen un cambio o “giro epistemológico” en el
paradigma científico, se expresa en distintos desplazamientos o
transiciones teóricas desde el paradigma de la simplicidad hacia el
paradigma de la complejidad, entre los que cabe mencionar los
siguientes:

9Ulrich Beck. ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la


globalización. Ob. Cit.

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Paradigma de la simplicidad Paradigma de la complejidad
Principio de disyunción, Principio de distinción, conjunción e
especialización y reducción de los implicación de sistemas de distinta
objetos de estudio. índole en un universo complejo.
Estado – Nación Sistema – Mundo
Teoría Sociológica Teoría Social
Sociedad / Socialización Socialidad
Política / Politización Politicidad
Sociedad de individuos
Sociedad de clases (Individuo = autonomía
dependiente)
Individuación / Autonomía / Individualización compulsiva /
Emancipación Libertad coactiva
Individuo Persona
(Función) (Rol)
La naturaleza es un fenómeno dado, Naturaleza socializada, integrada a
externo a la sociedad. la sociedad.
Modernización reflexiva
Modernización sencilla
(Modernización de las premisas de
(Modernización de la tradición)
la sociedad industrial)
Lógica de producción social de Lógica de producción social de
riqueza riesgos
Identidad nacional Identidad terrenal
Utopía de la igualdad Utopía de la seguridad
Investigación social de segundo
Investigación social de primer orden
orden

No corresponde en esta oportunidad desarrollar de manera detallada


cada uno de estos conceptos que, además, han sido tomados de
manera general de distintas propuestas teóricas, que no
necesariamente son homogéneas y tampoco excluyen la posibilidad
de incorporar otros conceptos dentro de esta matriz de transición
teórica. Cabe precisar que, al igual que lo que ocurre entre la física
newtoniana y la teoría de la relatividad de Einstein, los conceptos que
se enmarcan dentro del “paradigma de la complejidad” no

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necesariamente excluyen o dejan fuera de uso a los conceptos
agrupados dentro del “paradigma de la simplicidad”, sino que los
enmarcan dentro de un horizonte más amplio, que se corresponde
con la sociedad actual, y dejan que la historia se ocupe de la vigencia
o resignificación de los conceptos que provienen del paradigma
anterior.

Wallerstein y Quijano: dos casos de desplazamiento


teórico

Un buen ejemplo de esta transición teórica se da en el terreno de la


caracterización que hacemos de nuestros países. Antes se hablaba de
desarrollo / subdesarrollo, en el que los países del denominado
“primer mundo” eran los modelos a seguir. La “teoría de la
dependencia”, en sus distintas vertientes, cuestionaba esta idea
porque seguíamos siendo económicamente “dependientes” de los
países centrales y lo que había que lograr era una plena independencia
política y económica. Los países del norte, sin embargo, seguían
siendo el “modelo de desarrollo” a seguir. La visión que se tenía era la
del Estado – Nación, que tenía que alcanzar el desarrollo.

Una lectura distinta es la que ofrece Immanuel Wallerstein dentro de


su concepción del “sistema – mundo moderno”, en la que retoma la
distinción entre “centro” / “periferia”, planteada por Raúl Prebisch en
los años sesenta10, complejizándola en “centro” / “periferia” / “semi –
periferia”, para dar cuenta de la “mundialidad” del capitalismo
actual11. Para Wallerstein, el moderno sistema mundial, que tomó la

10Raúl Prebisch. Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano. Fondo de


Cultura Económica. México, 1963. Véase también, del mismo autor: 1) “Critica al
capitalismo periférico”. En: Revista de la CEPAL. Primer semestre de 1976. 2)
Capitalismo periférico. Crisis y transformación. Fondo de Cultura Económica.
México, D. F., 1981.

11Immanuel Wallerstein. El moderno sistema mundial. Siglo XXI Editores.


Madrid – España. Tomo I: 1979 (e. o., en inglés: 1974). Tomo II: 1984 (e. o., en

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forma de una economía – mundo capitalista, tuvo su origen en la
Europa del siglo XVI, cuando se dio inicio a la transformación de lo
que Braudel denominó como el “antiguo régimen económico”,
proceso que se caracteriza: 1) por su expansión geográfica en todo el
globo terráqueo; 2) que sigue un modelo cíclico de expansión y
contracción, con una localización geográfica variable de los papeles
económicos en las distintas regiones; y 3) que ha sufrido un proceso
de transformación secular, que incluye el avance tecnológico, la
industrialización, la proletarización y el surgimiento de una
resistencia política estructurada al propio sistema12. En sus origenes,
el centro europeo utilizaba mano de obra libre; mientras que la
periferia, en Europa oriental y la América española, hacía uso de la
esclavitud y del trabajo forzado en plantaciones y minas, destinadas
al mercado13. Esta situación se mantuvo así hasta el “triunfo del
liberalismo centrista”, en el siglo XIX, que sentó las bases de la
economía – mundo actual14, sin modificar en lo sustancial la
diferencia entre países centrales y países periféricos.

Aníbal Quijano, en la misma línea de Wallerstein, utiliza la matriz


“modernidad / colonialidad”, desde una perspectiva histórica
estructural, que opera dentro del “patrón eurocéntrico de poder”.
Para este autor, “la colonialidad …. es aún el modo más general de
dominación en el mundo actual, una vez que el colonialismo como

inglés: 1980). Tomo III: 1998 (e. o., en inglés: 1989). Tomo IV: 2014 (e. o., en
inglés: 2011).

12Immanuel Wallerstein. El moderno sistema mundial II. El mercantilismo y la


consolidación de la economía-mundo europea, 1600-1750. Siglo XXI Editores.
Madrid - España, 1984.

13Immanuel Wallerstein. El moderno sistema mundial I. La agricultura


capitalista y los origenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Siglo
XXI Editores. Madrid - España, 1979.

14Immanuel Wallerstein. El moderno sistema mundial IV. El triunfo del


liberalismo centrista, 1789 - 1914. Siglo XXI Editores. Madrid - España, 2014.

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orden político explícito fue destruido”15. La colonialidad, de acuerdo
con Quijano, “consiste, en lo fundamental, en la clasificación de la
población del mundo según la idea de ‘raza’ emergida junto con
América, en ‘europeos’ o ‘blancos’ y ‘no-europeos’ (‘indios’, ‘negros’,
etc.) y ‘mestizos’, como el marco y el piso de la distribución de las
gentes en torno de las relaciones de poder, combinándola con las
relaciones en torno del trabajo, según las cambiantes necesidades del
capital, en cada contexto (momento y lugar) histórico”16. Esta
clasificación se ha mantenido invariante, en lo sustancial, en los
países de América Latina y viene a ser la principal fuente de
asignación de poder dentro de la matriz “modernidad / colonialidad”
que rige el sistema - mundo actual.

Ambos formulaciones teóricas -en la perspectiva de Wallerstein y de


Quijano- sirven para describir una sociedad que opera dentro de un
sistema – mundo, que trasciende las fronteras del Estado – Nación.
Subyace además a estos planteamientos teóricos un concepto de
poder que engloba diversos tipos de relaciones y que Aníbal Quijano
define en los siguientes términos:

“…tal como lo conocemos históricamente, el poder es un espacio y


una malla de relaciones sociales de explotación / dominación /
conflicto articuladas, básicamente, en función y en torno de la
disputa por el control de los siguientes ámbitos de existencia social:
1) el trabajo y sus productos; 2) en dependencia del anterior, la
“naturaleza” y sus recursos de producción; 3) el sexo, sus productos
y la reproducción de la especie; 4) la subjetividad y sus productos
materiales e intersubjetivos, incluido el conocimiento; 5) la
autoridad y sus instrumentos, de coerción en particular, para

15AníbalQuijano. “Colonialidad y modernidad / racionalidad”. En: Perú


Indígena, No. 29. Lima – Perú, 1992, p. 14.

16Aníbal Quijano. “Estado – Nación, ciudadanía y democracias. Cuestiones


abiertas”. En: Cuestiones y Horizontes, Antología esencial. De la dependencia
histórico – estructural a la colonialidad / descolonialidad del poder. CLACSO.
Buenos Aires- Argentina, 2014, p 611.

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asegurar la reproducción de ese patrón de relaciones sociales y
regular sus cambios”17.

El poder, entonces, se ejerce no sólo en el ámbito político y


económico, sino que alcanza al control de las personas y de la
naturaleza, incluyendo las relaciones de intimidad y, de manera
particular, el control sobre el cuerpo de las mujeres y de la
subjetividad e intersubjetividad, a través de la dominación.

Rita Segato se vale de este concepto de poder de Quijano, que opera


dentro de la matriz “modernidad / colonialidad”, para explicar las
“nuevas formas de guerra” que tienen lugar en el marco del
capitalismo exacerbado y que tienen al cuerpo de las mujeres como
un objetivo central, al que hay que disciplinar mediante la violencia y
el “femigenocidio”18. El patriarcado, que antes operaba en los bordes,
se ha desplazado al centro, desarrollando una “guerra contra las
mujeres” que afecta al conjunto de la sociedad, al tiempo que destruye
sus cuerpos. Nunca antes ha habido tantas leyes de protección de las
mujeres, nunca antes tanta capacidad de denuncia. Sin embargo, la
violencia letal contras las mujeres, en lugar de disminuir, aumenta y
no tiene cuando detenerse. En este contexto, prevalece una
“pedagogía de la crueldad” que promueve la violencia en todas sus
formas y nos acostumbra al espectáculo de rapiña de la vida, hasta
dejar solo restos, lo que va no solo en contra de las mujeres, sino de
todas las niñas y los niños y, en general, amenaza al futuro de la
humanidad.

La violencia en nuestros países, en opinión de Segato, tiene su raíz en


el “mandato de violación”, que se encuentra muy arraigado en nuestra

17Aníbal Quijano. “Colonialidad del poder y clasificación social”. En: Cuestiones


y Horizontes, Antología esencial. De la dependencia histórico – estructural a la
colonialidad / descolonialidad del poder. CLACSO. Buenos Aires- Argentina,
2014, p. 289.

18Rita
Segato. La guerra contra las mujeres. Edición Traficantes de Sueños.
Madrid – España, 2016.

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“larga historia patriarcal”, que se remonta a la conquista. La violación
no es consecuencia de patologías individuales y tampoco un resultado
automático de la dominación masculina, sino que se trata de un
mandato, que emana del orden patriarcal vigente. “Esto quiere decir
que la violación, como exacción forzada y naturalizada de un tributo
sexual, juega un papel necesario en la reproducción de la economía
simbólica del poder cuya marca es el género -o la edad u otros
sustitutos del género en condiciones que así lo inducen, como, por
ejemplo, en instituciones totales-. Se trata de un acto necesario en los
ciclos regulares de restauración de ese poder”19. La Sagato se
introduce de esta manera en la esfera de la intimidad, con el apoyo de
la antropología y del psicoanálisis, para desmontar las estructuras
patriarcales subyacentes, que no son otra cosa que las “estructuras
elementales de la violencia”. Solo una reforma de la sociedad, que
empiece por la transformación de la intimidad, puede desmontar la
violencia societaria que se expresa en las agresiones domésticas, a
nivel microscópico, y por medio de la guerra y las agresiones bélicas,
a nivel macroscópico. La etiología de la violencia, de acuerdo con esta
autora, tiene que ser investigada teniendo en cuenta la tensión
existente entre el eje horizontal o eje de los iguales, aliados pero
competidores, y el eje vertical o eje de los desiguales, dominadores y
dominados, que es en el que se reproduce la violencia patriarcal que
se ejerce contra las mujeres, las niñas y los niños. Demás está señalar
que este es un problema global, que trasciende las fronteras del
Estado – Nación.

Utopía y utopística en Wallerstein

Volviendo a Wallerstein, este autor, que fue un sociólogo de filiación


marxista, se desmarcó de la idea de utopía que, en su opinión,
proyecta una visión ideal, “ilusa”, que él considera fuera de la realidad

19RitaSegato. Las estructuras elementales de la violencia, Ensayos sobre género


entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Editorial Bernal
– Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires – Argentina, 2003, p. 13.

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y carente de utilidad política. La utopía, como se sabe, es el no lugar,
es decir, aquello que opera en el imaginario de las personas, cuando
es una aspiración colectiva, pero que no necesariamente se sostiene
en la realidad presente y futura. Wallerstein, en cambio, propone el
concepto de utopística, que es un ejercicio de proyección en el tiempo,
en base a un análisis realista de los sistemas sociales, teniendo en
cuenta los procesos en curso y las tendencias y alternativas históricas
que emergen de estos procesos. “No es el rostro de un futuro perfecto
(e inevitable), sino el de un futuro alternativo, realmente mejor y
plausible (pero incierto) desde el punto de vista histórico. Es, por lo
tanto, un ejercicio simultáneo en los ámbitos de la ciencia, la política
y la moralidad”20. La utopística trata de reconciliar la ciencia con la
política y la moralidad, al señalarnos cuales son las metas que
debemos perseguir como sociedad, sin que por ello tengamos un
futuro garantizado en ese sentido.

Es precisamente en base a este tipo de análisis que Wallerstein


vaticina el agotamiento histórico del capitalismo, dada las
limitaciones estructurales del proceso de acumulación de capital que
se registra en el mundo actual. Estas limitaciones estructurales
producen una situación caótica en todo el mundo, expresado en las
diversas formas de violencia, que incluyen la violencia de género,
además de la crisis ambiental, la corrupción, etc. De este caos, una vez
cumplido el proceso de transición, saldrá un nuevo sistema - mundo
que, de ser el caso, podría ser el socialismo, que Wallerstein concibe
como un sistema económico y político en el que las decisiones se
toman en base a un criterio de utilidad social y no de beneficio
individual o de grupo, orientado a reducir los diversos tipos de
desigualdades humanas que hay en el mundo actual, que no coacta,

20Immanuel Wallerstein. Utopística o las opciones históricas del siglo XXI, p. 3.


Disponible en:
https://periferiaactiva.files.wordpress.com/2016/04/wallerstein-e-
utopstica.pdf (Existe edición impresa publicada por Siglo XXI Editores. Madrid
– España, 1998).

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sino que amplía las libertades individuales, teniendo como principal
soporte a la sociedad civil y no al estado.

Esta prospección, sin embargo, no está de por sí garantizada, no es


que se vaya a dar “de todas maneras”. En su último artículo, publicado
el 1 de setiembre de 2109, días antes de fallecer, Wallerstein señalaba
que “hay una probabilidad de 50 – 50 de que ocurra un cambio
transformador; pero sólo 50 - 50”21. Nada está garantizado de por sí y
lo que ocurra, en favor o en contra de un “cambio transformador”,
finalmente va a depender de la acción humana, de la capacidad que
tengan las personas para organizarse y actuar colectivamente. “Opino
-nos dice Wallerstein en otra parte- que cuando los sistemas
funcionan normalmente el determinismo estructural pesa más que el
libre albedrío individual y colectivo. Pero en tiempos de crisis y
transición el factor del libre albedrío se vuelve fundamental. El
mundo del 2050 será lo que hagamos de él. Esto nos deja carta blanca
para que nos comprometamos y ejerzamos nuestro juicio moral.
También significa que este periodo será una etapa de terrible lucha
política porque hay más en juego que en la llamada etapa normal”22.
Vivimos, según este autor, una época de transición, en la que nuestra
voluntad y libre albedrío, que ejercemos a nivel individual y en
colectivo, pueden configurar un mundo mejor.

Nada, sin embargo, es seguro. Lo único seguro es el tránsito hacia otro


u otros sistemas mundiales y la posibilidad que tenemos de
configurarlos a través de la acción individual y colectiva, “Estamos
viviendo el tránsito nuestro sistema mundial vigente, la economía –
mundo capitalista, a otro u otros sistemas mundiales. No sabemos si
esto será para bien o para mal. No lo sabremos hasta el final de esta

21Immanuel Wallerstein. Este es el fin, este es el comienzo. Disponible en:


https://billieparkernoticias.com/immanuel-wallerstein-este-es-el-fin-este-es-
el-comienzo-ultima-columna-en-la-jornada/

22Immanuel Wallerstein. Utopística o las opciones históricas del siglo XXI. Ob.
Cit., p. 25.

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etapa, que quizás esté a cincuenta años de distancia. Sabemos con
certeza que el periodo de transición será muy difícil para todos los que
lo vivan. Será difícil para los poderosos y para la gente común. Será
una etapa de conflictos y disturbios graves, y para muchos
representará el colapso de los sistemas morales. No paradójicamente,
también será un periodo en el que el ‘libre albedrío’ alcanzará su
punto máximo, lo que significará que la acción individual y colectiva
pueden tener un impacto mayor en la estructuración futura del
mundo que en tiempos más "normales", es decir, durante la vida
cotidiana de un sistema histórico”23. Se abre, en consecuencia, una
nueva oportunidad para el progreso humano que tiene a la acción
individual y colectiva como sus principales soportes.

El poscapitalismo en el horizonte

Cualquiera que sea el curso que tomen los acontecimientos, el futuro


-y por futuro nos referimos a los próximos 20 o 30 años- parece
anunciar el advenimiento de una sociedad “poscapitalista”, que va
más allá del desarrollo del sector servicios, el megaestado, la
coexistencia de la economía de mercado con la economía del saber y
la ciudadanía social, entre otros aspectos que fueron relevados por
Peter Drucker a inicios de los años noventa24. El poscapitalismo, de
acuerdo con Paul Mason, implica una ruta diferente, que “va más allá
del mercado”, y tiene cinco pilares fundamentales:

1) La caída de las horas de trabajo necesarias para reproducir la vida


humana, como consecuencia de la automatización de la actividad
productiva, que tenderá a incrementarse en el futuro.

23Ibid., p. 15.

24Peter Drucker. La sociedad poscapitalista. Editorial Sudamericana. Buenos


Aires – Argentina, 1999 (e. o., en inglés: 1992).

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2) La emergencia de un “sector no mercantil” en la economía, que
tiene en los diversos tipos de cooperativas, la banca sin fines de
lucro, el proyecto de software de código abierto, el trabajo de
voluntariado, el proyecto cultural subsidiado, entre otras formas
de “economía solidaria”, a sus principales baluartes.

3) La desvinculación entre el trabajo y los salarios, que se sustenta en


la proporción decreciente entre las horas trabajadas a cambio de
un salario y aquellas dedicas a una actividad no remunerada o al
ocio. En este contexto, es importante que los salarios no pierdan su
capacidad adquisitiva, independientemente de la tendencia a la
disminución de las horas de trabajo remuneradas.

4) El potenciamiento del efecto red para generar valor público y


utilidad gratuita, que opere fuera de la lógica mercantil.

5) La democratización de la información que, entre otras cosas,


implica la emisión de leyes que rompan y desalienten los
monopolios tecnológicos en la red25.

En esta perspectiva, el neoliberalismo ya no funciona; pero no sólo es


el neoliberalismo, como ideología reinante, sino el capitalismo, como
sistema complejo y adaptativo, el que ha llegado a sus límites en su
capacidad para adaptarse. El factor clave, que ha llevado este proceso
a sus límites, es la tecnología de la información, que altera por
completo la noción de trabajo y la capacidad que antes tenían los
mercados para autorregularse26. Los mercados están basados en la
noción de escasez. La “economía de la información”, en cambio, está
basada en la abundancia. Bajo estas condiciones, emerge en el

25Paul Mason. “Es tiempo para el poscapitalismo”. En: Nueva Sociedad.


Disponible en: https://nuso.org/articulo/es-tiempo-para-el-
poscapitalismo/?fbclid=IwAR0CoGd-Z7kma3e-CeksYXww_nok-
rJjg_sHMwE1K1DjiPgqPcuUUiZ8jjo

26Paul Mason. Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro. Editorial Paidós.


Barcelona – Buenos Aires – México, 2016.

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Lima – Perú, 2019. 17
horizonte una economía colaborativa, que opera con bienes,
organizaciones y servicios que no se subordinan a los dictados del
mercado, que se irá ampliando en el futuro. Para Mason, el
capitalismo actual, una vez más, está enfrentado a su propia
contradicción, que esta vez parece haber llegado a sus límites. La
automatización no solo demanda menos mano de obra en el proceso
de producción, sino que conduce a lo que Jeremy Rifkin denomina
como “sociedad de coste marginal cero”, en la que, contra la lógica
del mercado, muchos bienes y servicios –como el agua o la
electricidad– serán gratuitos o tendrán un bajo costo. Esto es lo que
Mason denomina como “proyecto cero”, que incluye el uso de
energías renovables, de emisiones cero, y la reducción de las jornadas
laborales en un nivel cercano a cero.

La reivindicación de la idea de progreso

En el mismo sentido se ha manifestado Thomas Piketty en su último


libro “Capital e ideología”27. Para este autor, el gran escándalo de
nuestro tiempo es la desigualdad, que se ha incrementado
estrepitosamente con la llegada del “hipercapitalismo”, luego de la
caída del muro de Berlin, en 1989. La desigualdad, en opinión de
Piketti, no es económica ni tecnológica. Tampoco tiene un origen
natural. La desigualdad es ideológica y política. Se trata de
construcciones sociales e históricas que dependen del sistema legal,
fiscal, educativo y político, que la reproducen. El incremento de las
desigualdades va en contra de la línea del progreso. Piketti reivindica
la idea del progreso para luchar contra las desigualdades. En su
opinión, fue la lucha por la igualdad y la educación, y no la
sacralización de la propiedad privada, de la estabilidad económica y
de la desigualdad, la que permitió el desarrollo económico y el
progreso humano. El progreso, en su opinión, es lo opuesto a la
desigualdad. Son los procesos revolucionarios y las luchas políticas y
sociales de diverso tipo, que se dieron en el siglo XIX y durante el siglo

27Thomas Piketty. Capital et Idéologie. Editorial Seuil. Paris – Francia, 2019.

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Lima – Perú, 2019. 18
XX, los que han permitido reducir y transformar las desigualdades en
el pasado. De la misma manera en que la desigualdad no es económica
ni tecnológica, el progreso tampoco lo es. El progreso no se reduce al
desarrollo económico y tampoco se trata de crecer por crecer,
incrementando las desigualdades económicas y sociales, como ocurre
en el “hipercapitalismo” reinante. El progreso implica una apuesta
política en favor de una mayor igualdad, que tiene que venir
acompañada de una ampliación de las libertades humanas. El
progreso humano no es lineal, es frágil y, en el mundo actual, está
permanentemente amenazado por las “desviaciones” de las
desigualdades y por la “libre competencia”. El progreso, sin embargo,
existe y es un “combate” permanente contra las desigualdades, que
tienen un origen ideológico y político. Esta lucha tiene que apoyarse
en un análisis razonado de las instituciones históricas que reproducen
las desigualdades sociales y que interfieren en la línea del progreso,
tarea que nos corresponde hacer a los científicos sociales.

Es importante llamar la atención sobre esta reivindicación de la idea


del progreso, que viene no sólo de Piketty, sino también de
Wallerstein, como vimos anteriormente. Es oportuno, en ese sentido,
recordar la defensa que nuestro historiador Jorge Basadre tenía de la
idea del progreso y de la libertad del individuo, en el marco del
proyecto socialista. En uno de sus primeros artículos, publicado en
1929, bajo el título de Marx y Pachacútec, Basadre deslindó con las
posturas indigenistas que identificaban el ayllu y el pasado incaico
con el socialismo moderno. “El socialismo -en su opinión- postula la
libertad del individuo para escoger su trabajo pues su ideal de
igualdad se refiere, sobre todo, a la iniciación, al punto de partida; y
en el Imperio incaica el individuo tenía su faena prefijada. El
socialismo es producto esencialmente técnico y científico; y los Incas
ungieron su poderío en base de una mentalidad colectiva…”28. Se
trataba, entonces, de dos fenómenos totalmente distintos, que iban en
sentido contrario, en la historia y por su orientación política. “El

28Jorge
Basadre. “Marx y Pachacútec”. En: Nueva Revista Peruana. Tomo I.
Números 1 a 3. Agosto – Diciembre, 1929, p. 20.

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Lima – Perú, 2019. 19
incario fue una expansión política y militar; el socialismo debe ser
conciencia, convicción, idea”29. Nótese que para Basadre el socialismo
perseguía la “libertad del individuo”. Es por eso que, en el balance,
“muy poco o nada tiene que hacer el socialismo doctrinario de
nuestros días -o mejor dicho de los días del futuro- con el socialismo
peruano prehispánico”30. Para Basadre, entonces, el socialismo no
solo defendía la libertad del individuo, sino que además era tributario
de la ilustración y de la idea del progreso.

La ilustración, en opinión de Basadre, más que un iluminismo


renovado, tenía que ver con un ideal humanista, secular, que apunta
a transformar la sociedad y librarla de la miseria y de la superstición.

“La palabra ‘Ilustración’ en este caso no quiere decir alumbramiento,


iluminación. Alude a un humanismo intelectualista completamente
secularizado que pone, al servicio de su afán renovador, un hondo
afán pedagógico y político, Estimula la existencia de un clima
espiritual con variantes diversas y contradictorias dentro del que se
pretendió, por espíritus selectos, llegar a tener una mente clara, libre
de prejuicios, por encima de las tinieblas del error. En esta mente
coexistían: un optimismo basado en la alta valoración de la
naturaleza humana y un individualismo conexo con un
universalismo por la creencia de que, cualesquiera que sean sus
diferencias externas, hay una unidad profunda entre los individuos,
regidos esencialmente por la razón. De este racionalismo provienen
el ansia de organizar una sociedad exenta del error, de la miseria y
de la superstición mediante un cambio súbito al que tenía que seguir
un estado indefinido de bienestar a través de leyes y de
reglamentos”31.

29Ibid., p. 21.

30Ibid., p. 21.

31JorgeBasadre. El azar en la historia y sus límites. Con un apéndice: la serie de


probabilidades dentro de la emancipación peruana. Ediciones P. L. Villanueva.
Lima – Perú, 1973, pp. 50 y 51.

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Lima – Perú, 2019. 20
Para Basadre, tanto los liberales como los marxistas eran tributarios
de la ilustración y sus legítimos herederos. “El interés histórico
implícito en la Ilustración se ha derivado de que tanto los liberales
como los marxistas creen ser legatarios de dicha época. Pasada la
primera mitad del Siglo XX, éste ha perdido sus paraísos artificiales
en las dos grandes guerras, y, más allá de la Europa burguesa de 1914,
de la América de la neurosis, las autoflagelaciones y los asesinatos y
de la Unión Soviética de Stalin, las sombras del llamado ‘siglo de las
luces’ parecen resplandecer”32. El proyecto ilustrado, entonces, pese a
las sombras que impuso la guerra, parecía resplandecer de cara al
futuro.

En la “Reconsideraciones” que hizo a Perú: Problema y Posibilidad,


meses antes de morir, Basadre se ratificó en su defensa del socialismo
como ideal de libertad y como propuesta de desarrollo, en el marco
del proyecto ilustrado, lo que además era compatible con la iniciativa
individual.

“Entendemos como socialismo, por encima de las rigideces


ideológicas, la mezcla de dos ideales. De un lado, el ideal de libertad
propio del liberalismo que tiene raíces cristiano-judeo-greco-latinas
y se prolonga en el derecho natural y las grandes revoluciones del
mundo occidental. Por otra parte, el ideal del desarrollo surgido
como consecuencia de las transformaciones que emanan de la
tecnología contemporánea y también por el contraste entre los
mundos pobres y el mundo rico en los tiempos que corren. El
socialismo aparece así como un movimiento que va a la construcción
de una sociedad donde los intereses relacionados con la comunidad
estén siempre por encima de los intereses particulares sin cortar el
estímulo de la libre iniciativa legítima y donde las actividades de
todos estén enmarcadas dentro del interés general. Lo que importa
esencialmente en el socialismo ‘con rostro humano’ es la función que
cumple la administración de los bienes. ¿En beneficio de quién? Es
posible una buena gestión de los bienes en manos privadas bajo la
vigilancia de un Estado exigente, así como cabe el funcionamiento de

32Ibid., p. 51.

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Lima – Perú, 2019. 21
una mala gestión social en organismos estatales trabados por la
ineficiencia, la lentitud burocrática o la corrupción” 33.

Para Basadre, lo relevante en el socialismo era la función que cumplía


en la gestión de los bienes (¿para quién o en beneficio de quién se
gestiona?), que podía incluso recaer en manos privadas, con una
adecuada supervisión por parte del Estado y de la sociedad. Lo que
definía el socialismo, en su opinión, no era la propiedad de los medios
de producción ni la gestión de los bienes por parte del Estado, sino su
finalidad pública, que es “irreductible”, no negociable. El socialismo
es libertad individual y desarrollo colectivo. No un “régimen de
economía planificada” que se ordena desde arriba. Y tampoco se
reduce a lo económico. El desarrollo económico es el medio para
alcanzar la “dignidad y libertad humanas” y reducir la pobreza, el
desempleo y las desigualdades sociales, que es hacia donde apunta el
socialismo, en el marco del proyecto ilustrado.

La postmodernidad o el hipercapitalismo reinante

Son evidentes las afinidades que hay entre el concepto de socialismo


de Basadre y su reivindicación de la idea del progreso con la lectura y
la prospección histórica que realizan Wallerstein y Piketty de la
sociedad contemporánea. Al finalizar los años ochenta, sin embargo,
ganó hegemonía el pensamiento postmodernista (Lyotard, Foucault,
Derrida, Vattimo, Lipovestky, Castoriadis, Bauman, entre otros),
individualista, nihilista, que, con su crítica a los llamados
“metarrelatos” (o macrorrelatos) y en nombre del “pensamiento
débil”, proclamó el fin de la modernidad y de la idea de progreso, lo
que, junto a la caída del Muro de Berlín y el ocaso del bloque
socialista, condicionaron la llegada de lo que Piketty ha denominado
como el “hipercapitalismo”, frente al cual el postmodernismo, en sus

33Jorge Basadre. Perú: Problema y Posibilidad (Ensayo de una síntesis de la


evolución histórica del Perú, con algunas reconsideraciones, cuarentisiete años
después). Fundación M. J. Bustamante de la Fuente. Lima – Perú, 1994, p. 365.

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Lima – Perú, 2019. 22
distintas variantes, no ofrece ninguna alternativa. El “pensamiento
débil” hizo, además, que cada uno de sus representantes construyera
su propio “relato” del mundo en el que vivía, que, en la mayoría de los
casos, resultó más engorroso y “elitista” que los “metarrelatos” que
pretendía destronar.

Un buen ejemplo de lo que acabamos de afirmar es el que ofrece José


Ángel Bergua, en su libro Postpolítica. Elogio del gentío, en el que
hace una apología de lo social frente a la Sociedad y, partiendo de ahí,
cuestiona el vínculo aparentemente indisoluble que, según él, hay
entre las ideologías y las teorías sociales.

“Si lo social es lo que se hace a la vez y al mismo tiempo que lo que se


piensa, lo que ha fallado es el modo elitista de hacer y pensar lo social
que ha dado lugar a la Sociedad. En ese modo la política hacía o
actuaba inspirándose en ideologías y las Ciencias Sociales conocían
o investigaban inspirándose en teorías. La coherencia estaba
garantizada porque las ideologías y las teorías eran dos caras de una
misma moneda, fragmentos culturales de doble uso. Esto valía tanto
para las que habían logrado incorporarse al control de la trama
institucional como para las que estaban a la espera de poder hacerlo
e introducir cambios de distinto alcance. Aunque las primeras fueran
conversas y las segundas se vieran obligadas a mostrarse críticas,
ambas tenían en común el tener un carácter elitista”34.

Partiendo de este argumento, hay un vínculo aparentemente


indisoluble entre el feminismo, como expresión ideológica y política,
y la teoría de género, como ciencia social, lo que pone a ambas bajo
sospecha. Este autor, sin embargo, va más allá y, al igual que sus
colegas postmodernistas, sentencia la obsolescencia de los
“metarrelatos” que anunciaban el progreso, el crecimiento y el
desarrollo económico.

34José
Ángel Bergua. Postpolítica. Elogio del gentío. Editorial Biblioteca Nueva.
Madrid – España, 2015, p. 232.

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Lima – Perú, 2019. 23
“De hecho los términos ‘progreso’, ‘crecimiento’ y ‘desarrollo’,
compartidos casi unánimemente por todo el espectro de políticos y
científicos institucionales, no tienen ya ningún sentido. Los tuvieron
con los viejos metarrelatos, cuando eran creíbles y el deseo de las
gentes cargó en ellos insuflándoles vida. Tras la retirada de las gentes
y también tras su progresivo aggiornamiento, los metarrelatos ya no
significan nada y el discurso político se ha vuelto demagógico” 35.

Todo este desmontaje teórico se hace no desde una posición


“metateórica”, sino que, apelando a la coherencia (lo que es una
concesión al modernismo), se asume desde una posición
“sobrenatural”, “mágica”, que se hace explícita en expresiones
delirantes como las siguientes:

– “Nosotros, los brujos, vemos lo social en términos que cualquier


ciencia calificaría de borrosos”36.

– “Nosotros, los brujos, sabemos encabalgarnos a los flujos del


devenir y somos capaces de cualquier cosa”37.

– “La magia tampoco tiene que ver con el hacer violento de la


política, que necesita crear enemigos y que, de ese modo, genera
saberes prejuiciados, desconfiados y estigmatizadores que
empobrecen al mundo. Al contrario, el saber – hacer de nuestra
magia, puesto que parte de la religancia de todo, tiene un carácter
erótico y fecundo”38.

– “Los magos y brujos sabemos que el mundo es las gentes. Pero no


las gentes congregadas en torno al don o principio de reciprocidad,

35Ibid., p. 233.

36Ibid., p. 234.

37Ibid., p. 234.

38Ibid., p. 235.

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Lima – Perú, 2019. 24
que para los científicos, clásicos o no, forma la materia prima de lo
social, Para nosotros, el mundo pertenece a algo más elemental que
hay en el gentío: lo Común, el «con» del ser-uno-con-otro”39.

Esta apología del “gentío” que, en el mejor de los casos, es una suerte
de populismo teórico, no nos dice nada sobre el acontecer histórico y
sobre el curso que sigue la sociedad. La historia “grande”, la que sigue
ya no un Estado – Nación, sino el Sistema – Mundo, es un
“metarrelato” que “no significa nada”. Lo que cuentan son las
historias del “gentío”, así en plural, ese “saber - hacer” ahistórico,
atemporal, que se recoge y se procesa individualmente, al margen de
cualquier “metarrelato” colectivo.

Fukuyama o la historia que se mueve


y no llega a su fin

Una vez más, por argucia de “brujo”, estamos ante el “fin de la


historia”, tal como Francis Fukuyama, del lado del pensamiento
neoconservador, lo anunciara al mundo a finales de los años ochenta,
valiéndose de la filosofía de la historia de Hegel40. Para este autor, el
liberalismo económico y político y la idea de “Occidente”, como
horizonte cultural, finalmente se habían impuesto al concluir la
guerra fría. La historia de “Occidente”, de acuerdo con Fukuyama, no
avanzaba hacia una meta prefijada de antemano; pero tampoco había
vuelta atrás. En este marco, el mundo se dividía en una parte
“poshistórica”, cuyo eje principal de interacción es económico, y el
mundo “histórico”, atravesado por conflictos religiosos, nacionales e
ideológicos, que registran un serio atraso económico y son reacios a
“Occidente”. Posteriormente, Fukuyama profundizó en estas ideas, en

39Ibid., p. 235.

40Francis
Fukuyama. “The end of History?”. En: The National Interest, N° 16,
Summer, 1989, pp. 3 - 18.

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Lima – Perú, 2019. 25
su libro El fin de la historia y el último hombre41, que tuvo una gran
acogida en nuestro medio. El punto central de su argumento era que,
con el liberalismo económico, habíamos llegado al “punto final de la
evolución ideológica de la humanidad”, que tenía como correlato la
“universalización de la democracia liberal occidental” como forma de
gobierno humano al que deberían dirigirse todos los países.

La existencia del mundo “histórico”, sin embargo, evidenciaba que


esta universalización no era tal y que, en todo caso, no pasaba de ser
una afirmación ideológica inspirada en la dialéctica hegeliana. Lo
ocurrido en los años posteriores hizo que Fukuyama, poco a poco,
fuera matizando su punto de vista y se desvinculara del pensamiento
neoconservador, aun cuando se ratificará en su tesis central.

En su último libro, publicado recientemente, Fukuyama se ocupa del


tema de la identidad y ofrece una crítica del “orden mundial liberal”
que, en su opinión, no beneficio a todos y, además, produjo un
incremento significativo de las desigualdades sociales, incluso en las
“democracias desarrolladas”, beneficiando a una minoría de la
población, principalmente aquella que registra un mayor nivel de
educación. Plantea, asimismo, una diferencia significativa entre la
política del siglo XX y la del siglo XXI, en base a los temas priorizados
por la derecha y la izquierda, que evidencia un desplazamiento desde
el tema económico hacia el tema de la identidad. “La política del siglo
XX se organizaba a lo largo de un espectro de izquierda a derecha
definido por los problemas económicos: la izquierda quería más
igualdad y la derecha exigía mayor libertad. La política progresista se
centraba en los trabajadores, sus sindicatos y los partidos
socialdemócratas que buscaban más protección social y más
redistribución económica. En cambio, la derecha estaba sobre todo
interesada en reducir el tamaño del gobierno y promover el sector
privado. En la segunda década del siglo XXI, ese espectro parece estar
cediendo en muchas regiones a una definida por la identidad. La

41FrancisFukuyama. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta


De Agostini. Barcelona – España, 1992 (e. o., en inglés: 1992).

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Lima – Perú, 2019. 26
izquierda se ha concentrado menos en una amplia igualdad
económica y más en promover los intereses de una amplia variedad
de grupos percibidos como marginados: negros, inmigrantes,
mujeres, hispanos, la comunidad LGBT, refugiados y otros. Mientras
tanto, la derecha se redefine como patriotas que buscan proteger la
identidad nacional tradicional, una identidad que a menudo está
explícitamente relacionada con la raza, el origen étnico o la
religión”42. En este marco, se ha producido también un
desplazamiento de un individualismo utilitario, que es el que
priorizaba El fin de la historia, hacia un individualismo expresivo,
vinculado a los temas de identidad43.

Fukuyama se ratifica en su tesis original, pero es claro, a la luz de la


información que analiza, que se ha producido un cambio no solo en el
mundo “histórico”, sino también en el “poshistórico”, que se ha hecho
evidente en los temas de identidad, pero que va más allá, aun cuando
tomará tiempo configurar un nuevo orden mundial, que supere el
neoliberalismo reinante y deje atrás la visión eurocéntrica, que es aún
hegemónica.

La historia no se desplaza de oriente hacia occidente, como sostenía


Hegel en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, sino
que sigue la línea del tiempo, en términos de pasado, presente y futuro

42Francis Fukuyama. Identidad. La demanda de dignidad y las políticas de


resentimiento. Ediciones Deusto. Barcelona – España, 2019, pp. 22 y 23 (e. o., en
inglés: 2018).

43El concepto de individualismo expresivo fue propuesto originalmente por


Robert Bellah, a finales de los años ochenta, para diferenciarlo del individualismo
utilitarista, que se había hecho predominante en la cultura norteamericana. El
individualismo expresivo considera que cada persona tiene un núcleo único de
sentimiento e intuición que debe ser desarrollado o expresado para que la
individualidad sea alcanzada. El individualismo utilitarista, por el contrario,
concibe la existencia como algo que deriva de un contrato en el que los individuos
participan con el único fin de alcanzar su propio interés. Véase: Robert Bellah.
Hábitos del corazón. Alianza Universidad – Alianza Editorial. Madrid – España,
1989 (e. o., en inglés: 1985).

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Lima – Perú, 2019. 27
y, en este marco, el progreso siempre es posible, aun cuando esté
permanentemente en riesgo y sea una lucha constante contra las
fuerzas conservadoras que, lejos de reducirlas, buscan ampliar las
desigualdades humanas. El socialismo sigue estando en el horizonte,
aunque es evidente que el modelo estatista, seguido por la URSS y los
países de la órbita soviética, es inviable y ha quedado obsoleto.

Mario Bunge y su defensa de un socialismo ilustrado

A este respecto, cabe mencionar la defensa que hace Mario Bunge del
socialismo, desde una perspectiva no marxista, que tiene sus raíces en
la ilustración. Para este autor, hay dos “socialismos que realmente
han existido”: el socialismo reformista o parlamentario de Lassalle y
el socialismo autoritario y dictatorial de la ex URSS y sus satélites44.
El primero, que no tiene una inspiración marxista, triunfó y sigue
estando vigente en los países escandinavos, tales como Suecia,
Dinamarca, Noruega y, en menor medida, en Finlandia. El segundo,
claramente fracasó en la ex Unión Soviética y, en el caso de China y la
Rusia actual, es evidente que hay un vuelco hacia un capitalismo de
Estado.

Bunge marca distancia del socialismo de Estado, no solo por sus


resultados desastrosos, sino también por la experiencia, que él vivió
en carne propia, de los populismos latinoamericanos. "El socialismo -
nos dice- no tiene nada que ver con el populismo, que ofrece dádivas
de arriba. Y el socialismo se construye de abajo hacia arriba.
Comienza con cooperativas y con organizaciones no
gubernamentales; el socialismo auténtico no es estatista. Le deja
libertad al individuo"45. El populismo de izquierda, que hoy se vende

44Mario Bunge. “El socialismo como democracia integral”. En: Anuario


Facultad de Derecho - Universidad de Alcalá, No. VII, 2014, pp. 291 – 300.

45Mario Bunge. “El socialismo no tienen nada que ver con el populismo”.
Entrevista disponible en: https://www.lt10.com.ar/noticia/99195--Bunge-El-
socialismo-no-tiene-nada-que-ver-con-el-populismo

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Lima – Perú, 2019. 28
como el “socialismo del siglo XXI” en Venezuela, es una clara muestra
de ello. Bunge, por el contrario, apuesta por un “socialismo
cooperativista”, que marca distancia con el modelo estatista, y se
aproxime al modelo escandinavo. En este marco, propone construir
una “sociedad de socios”, que no coacte la libertad individual y
suprima toda forma de explotación, con amplia participación de los
ciudadanos. “La única forma justa de socialismo es la que se propone
construir sociedades de socios, no sociedades compuestas por
explotadores y explotados, por ‘mandamases’ y mandados, sino
sociedades justas y juntas, sociedades de socios, en las que cada uno
de los componentes tenga voz y voto, así como participación activa.
Sin participación no hay socialismo”46. Este tipo de socialismo no es
incompatible con la construcción de una sociedad democrática y con
el desarrollo de las libertades individuales, sino todo lo contrario.

Para Bunge, “la construcción del socialismo no requiere la restricción


de la democracia, sino, muy por el contrario, su ampliación, del
terreno político a todos los demás. Esto es lo que llamo ‘democracia
integral’: ambiental, biológica, económica, cultural y política.
Semejante sociedad sería inclusiva: no habría excluidos por sexo ni
por raza, ni por explotación económica, ni cultura exclusivista, ni
opresión política”47. El embrión de este tipo de sociedad, de acuerdo
con este autor, ya existe. Nació al finalizar el siglo XIX, cuando se
constituyeron las primeras cooperativas de producción y trabajo en
Italia, sobre la base de empresas capitalistas fallidas. No se trata,
entonces, de una utopía, sino de un proceso en curso, que
probablemente tardará algunos años o varios siglos en realizarse,
pero que tiene un curso definido.

“La cooperativa ofrece a sus miembros ventajas inigualables:


seguridad del empleo, satisfacción en el trabajo y orgullo de
pertenecer a una empresa común inspirada en ideales nobles:

46Mario Bunge. “El socialismo como democracia integral”. Ob. Cit., p. 299.

47Mario Bunge. “¿Existió el socialismo alguna vez, y tiene porvenir?” En:


Lecciones y ensayos, No. 88, 2010, p. 38.

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Lima – Perú, 2019. 29
igualdad, democracia participativa, y solidaridad dentro de la
empresa y con empresas similares. Es imaginable que una sociedad
en que todas las empresas fuesen cooperativas, como lo son de hecho
las empresas familiares, sería menos imperfecta que las sociedades
actuales, las que no ofrecen seguridad económica ni tampoco, por lo
tanto, política”48.

En el Perú contamos con una valiosa experiencia en los diversos tipos


de empresas cooperativas que existen, varias de las cuales surgieron
sobre la base de antiguos latifundios agrarios, que en algunos casos
están actualmente corroídas y amenazadas por la corrupción y otros
ilícitos.

Bunge enmarca su propuesta dentro del proyecto ilustrado, que él


defiende en toda su amplitud, siendo muy crítico además con el
postmodernismo. Los postmodernos, en su opinión, ignoran la
ciencia e incluso la atacan, pero sin entenderla. “A los
pseudoizquierdistas, que son posmodernistas, les dan asco las
estadísticas, no las manejan, por eso son totalmente incapaces de
tomarle el pulso a la sociedad de su tiempo”49. Bunge, en cambio,
defiende el proyecto ilustrado en su integridad.

“Yo no creo en la libertad sin igualdad ni fraternidad. La revolución


francesa la pegó, los tres van juntos. Si subraya la libertad, lleva al
desinterés por el bien social, si subraya la igualdad, disminuye la
responsabilidad, la iniciativa y el liderazgo individual, y si subraya la
fraternidad, está predicando que los zorros confraternicen con las
gallinas, y eso no es posible. Las tres cosas juntas, sí. Lo mismo pasa
con la educación, no basta con clamar por mejores escuelas, los
chicos tienen que ir sanos e integrar familias en las que por lo menos
un miembro trabajes. Trabajo, educación y salud van juntos. Los

48Ibid., p. 35.

49Mario Bunge. “Para mí el socialismo es democracia pura”. Entrevista


disponible en: https://redaccion.lamula.pe/2013/11/05/mario-bunge-para-mi-
el-socialismo-es-democracia-pura/paulocp/

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Lima – Perú, 2019. 30
valores siempre se dan en paquetes, no funcionan individualmente.
La visión sistémica es el componente esencial de mi filosofía”50.

“Liberté, Egalité, Fraternité” van las tres juntas y no por separado.


Bunge es crítico con aquellos “socialistas” que enfatizan el tema de la
igualdad. “La igualdad literal nivela por abajo”. Él, en cambio,
propone un “socialismo meritocrático”, en base a una “igualdad
calificada”, que haga realidad el principio de “proporcionalidad”
propuesta por Louis Blanc en 1839: “A cada cual conforme a sus
necesidades, y de cada cual según sus capacidades”51. Esta fórmula,
en opinión de Bunge, se complementa con la divisa de la Primera
Internacional Socialista: “Ni deberes sin derechos, ni derechos sin
deberes”52. Esta “igualdad calificada”, obviamente, no anula la
diferencia y, menos aún, restringe la libertad ni socava la fraternidad.

El tema de la igualdad, sin embargo, sigue siendo central. “No puede


haber socialismo auténtico, o sea, igualdad, allí donde el poder
económico, político y cultural están concentrados en manos de una
pequeña minoría”53. Esta propuesta es coherente con la idea de
“ampliar la democracia”, incorporando las esferas ambiental,
biológica, económica, cultural y política.

“La democracia parcial, aunque posible, no es plena, justa ni


sostenible. En particular, la democracia política no puede ser plena
mientras haya individuos que puedan comprar votos y puestos
públicos; la democracia económica no es plena bajo una dictadura
que imponga el gobierno sin consulta popular; la democracia cultural

50Ibid.

51Louis Blanc. L’organisation du travail, Société de l’Industrie Fraternelle, París,


1839.

52Mario Bunge. “¿Existió el socialismo alguna vez, y tiene porvenir?”. Ob. Cit., p.
19.

53Ibid., p. 30.

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no es plena mientras el acceso a la cultura se limite a los privilegiados
económicos o políticos; la democracia biológica no será plena
mientras los hombres no compartan las tareas domésticas con sus
mujeres; y la democracia ambiental no se cumplirá mientras haya
empresas, ya sea privadas, cooperativas o estatales, que extraigan
recursos naturales o los contaminen con toda libertad. En síntesis, el
ideal sería combinar democracia con socialismo. Esta combinación
podría llamarse ‘democracia socialista’, que debe distinguirse de la
socialdemocracia o socialismo débil, que, de hecho, no es sino
capitalismo con red de seguridad, también llamado socialismo
estatal o de arriba”54.

Bajo estas condiciones, el socialismo tiene porvenir dentro del


proyecto ilustrado, en la medida en que vaya “socializando
gradualmente” a todos los sectores de la sociedad. Bunge, que es
reacio a vaticinar el futuro. amplía la consigna de la Ilustración en el
marco del socialismo que él propone: Libertad, igualdad,
fraternidad, participación e idoneidad.

La sociología de las emergencias o el futuro que viene

La propuesta de Bunge, que merecía ser descrita con detalle, es


compatible con lo antes señalado por Wallerstein, Quijano, Mason,
Piketty y Basadre. Todas estas propuestas tienen como norte, además,
la sociedad del siglo XXI. Se trata de prospecciones bien fundadas del
futuro que se nos viene en el sistema – mundo en el que vivimos. Este
ejercicio, sin embargo, debe ser complementado con un análisis
empírico de los procesos que se encuentran en curso. La prospección
va de la mano del análisis de los procesos. En este marco, cobra
relevancia la “sociología de las ausencias” y la “sociología de las

54Ibid., p. 20.

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emergencias” que propone Boaventura de Sousa Santos en el marco
de su proyecto de “descolonización del sur”55.

La sociología de las ausencias, en opinión de este autor, tiene por


objeto mostrar que lo que no existe es, de hecho, activamente
producido como no existente, es decir, como una alternativa no
creíble -ni viable- de lo existente. Su objeto empírico, de acuerdo con
esta formulación, es un imposible desde el punto de vista de las
ciencias sociales convencionales. La sociología de las emergencias,
por el contrario, explora las posibilidades existentes que se van
construyendo desde el presente. Se ocupa del “todavía no”, término
propuesto por Ernst Bloch para dar cuenta de la latencia de los
procesos sociales que existen como posibilidad y que, debido a su
opacidad, requieren de ser anticipados y visibilizados como
alternativas de cambio que operan en el horizonte de las posibilidades
concretas. Las “epistemologías del sur”, precisamente, tienen por
objeto desarrollar esas posibilidades latentes, que apunten a una
descolonización efectiva del saber dominante.

Existe un vínculo claro entre la utopística de Wallerstein y la


sociología de las ausencias y la sociología de las emergencias de
Boaventura de Sousa Santos. En ambos casos, de lo que se trata
finalmente es de explorar la sociedad que se nos viene y que la nueva
generación de sociólogos, que actualmente se está formando, tendrá
que enfrentar como parte de su ejercicio profesional, pero también
como ciudadanos del siglo XXI. Ya hemos mencionado la prospección
que hace Bunge sobre las cooperativas y, en general, de todo lo que
actualmente se denomina como el “sector de economía solidaria”, que
sigue creciendo en todo el mundo. Como este tema, hay muchos otros
que pueden ser mencionados, cuya relevancia va ir creciendo en los
siguientes años, por lo que deberían merecer nuestra atención.

55Boaventura de Sousa Santos. Renovar la teoría crítica y reinventar la


emancipación social (encuentros en Buenos Aires). Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales – CLACSO. Buenos Aires – Argentina, 2006.

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Hacia una agenda de investigación para el siglo XXI

Hay muchos problemas que están latentes, además otros que ya


tenemos en curso, que debemos estudiar como sociólogos y proponer
soluciones a nivel nacional e internacional. Entre estos problemas, sin
pretender agotar la agenda, cabe mencionar los siguientes:

1) La pobreza global, que sigue siendo un problema


multidimensional, pese a la reducción de la pobreza monetaria
que se ha experimentado en los últimos años en nuestra región.
Las fronteras entre los “ricos que se globalizan” y los “pobres que
se localizan”, igualmente, tiende a diluirse, lo que constituye un
problema tanto en los países del norte como en los países del sur.

2) El problema de la desigualdad social, económica, educativa, de


género, étnica, religiosa, geográfica, entre otros, que se ha
incrementado en los países del Norte y del Sur y entre países y
mantiene una tendencia creciente, lo que se ve reflejado en el
desplazamiento y exclusión social de amplios sectores de la
población en todo el mundo.

3) El problema del desempleo, que tenderá a incrementarse con el


cambio tecnológico y el desplazamiento de amplios sectores de la
población del mercado de trabajo.

4) La migración internacional, que antes operaba en el eje Norte –


Sur y que ahora incluye el eje Sur – Sur, teniendo como ejemplo
a la migración venezolana, en nuestro caso.

5) El cambio climático, que es un problema global, cuyos efectos


cada vez causan mayores estragos en la población, sin que haya
visos de solución en el mediano y largo plazo.

6) El deterioro del medioambiente (contaminación, deforestación,


degradación del suelo, pérdida de biodiversidad, entre otros),

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como consecuencia de la proliferación de las industrias
extractivas y de actividades delictivas, como la tala ilegal, la
minería ilegal, el narcotráfico, entre otros problemas.

7) El incremento de los desastres provocados por la actividad


humana en la naturaleza, vinculado al cambio climático, al
deterioro del medioambiente y a la falta de previsión, que no sólo
destruye hogares y vidas, sino que afecta principalmente a las
poblaciones más pobres y a los más vulnerables (mujeres, niñas
y niños, población indígena, etc.), que sufren desplazamiento y
recaen en la pobreza, cuando logran salir de ella.

8) La crisis de los alimentos y los problemas de inseguridad


alimentaria, que afecta de manera cíclica o en forma permanente
a amplios sectores de la población, sobre todo en las zonas
rurales y las más alejadas de los centros urbanos, afectando
principalmente a las niñas y niños, mujeres rurales y poblaciones
indígenas.

9) La “triple informalidad”, en sus distintos componentes, que


incluye la informalidad habitacional o de la vivienda, la
informalidad de los medios de transporte y la informalidad
laboral (que incluye al comercio informal, al por mayor y al por
menor), problema que afecta por lo menos a dos tercios de la
población y que, entre otras cosas, sirve para camuflar la
economía ilegal, delictiva, que tiende a crecer en el ámbito
nacional e internacional.

10) Los problemas de urbanización y metropolización, que alcanzan


a Lima Metropolitana y a otras ciudades del interior del país, que
incluye el problema de la vivienda, el acceso a la vivienda social,
el crecimiento vertical de las ciudades, el transporte urbano, la
inseguridad ciudadana, entre otros problemas, que requieren de
soluciones imaginativas y tenderán a agudizarse en el futuro.

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11) El crimen organizado transnacional, que incluye al narcotráfico,
la minería ilegal, la tala ilegal, la prostitución, el lavado de
activos, entre otros ilícitos, que corroe los Estados y controla a
importantes sectores de la población, sobre todo, en los países
del Sur.

12) La corrupción, que se ha hecho sistémica, ya sea porque es


recurrente o porque controla amplios sectores del Estado,
habiendo dejado de ser un problema de “funcionarios públicos”
para involucrar a un número creciente de actores privados, lo que
incluye a los más importantes gremios empresariales, que son los
que más lucran con el problema.

13) La violencia social, en todas sus formas, que incluye a la


delincuencia común, la criminalidad organizada y la corrupción
policial y judicial, que ha incrementado los niveles de
inseguridad en la población, problema que es común a la mayoría
de los países latinoamericanos. Este problema está vinculado,
además, al incremento de la industria de la seguridad que, lejos
de reducir su incidencia, tiende a incrementar el problema, sobre
todo, cuando son los poderes mafiosos los que lucran con ella,

14) La violencia de género, que afecta a un número creciente de


mujeres, niñas y niños, que son sus principales víctimas. Este
problema ha crecido en los últimos años, en la mayoría de los
países del mundo, pese a los avances que se han registrado en las
legislaciones y sistemas de protección, lo que se hace evidente en
el incremento de los feminicidios. La existencia de iniciativas
transnacionales, del tipo “Con mis hijos no te metas”, que
pretenden deslegitimar la lucha por la igualdad entre mujeres y
hombres, evidencia que este problema tenderá a incrementarse
en el futuro, tanto en los países del Norte como en los países del
Sur.

15) Los vínculos que hay entre la corrupción, la violencia social y la


violencia de género, que tienden a retroalimentarse y que, sin

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embargo, son problemas que se abordan de manera aislada,
independiente, sin establecer los vínculos que tienen entre sí, lo
que tiende a incrementar su incidencia en la sociedad y pone en
riesgo a las nuevas generaciones, entre cuyos integrantes se
encuentran los principales perpetradores y también el mayor
número de víctimas.

16) La creciente transnacionalización de la economía, que sigue en


aumento, desborda a los estados nacionales, debilita su
capacidad de control y desencadena una creciente desintegración
social en distintos países y regiones del mundo.

17) El creciente poder que tienen los organismos internacionales,


caso Banco Mundial, FMI, Unión Europea, entre otros, que no
sólo condicionan a los Estados – Nación, sino que, en muchos
casos, tienen un control efectivo de los Ministerios de Economía
y Bancos Centrales, como ocurre en varios países de nuestra
región, incluyendo el Perú.

18) La nueva política mundial, posinternacional y policéntrica, en la


que convergen distintos actores, no sólo Estados, sino también
organismos multinacionales, bloques económicos, ONG, etc. Un
ejemplo claro de esto son la Cumbre del Clima o la Cumbre del
Milenio, en las que participan actores de diverso tipo, además de
los Estados del todo el mundo,

19) La exigencia y aceptación universal del respeto a los derechos


humanos, como base de toda convivencia democrática, que resta
soberanía y capacidad de control de los Estados sobre los
ciudadanos.

20) El alargamiento de la esperanza de vida de las generaciones que


actualmente ya han nacido y el envejecimiento demográfico,
problema que ya afecta a nuestra todavía minoritaria población
de adultos mayores, pero que será masivo en las siguientes

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décadas, no sólo para el caso de la población peruana, sino en
todos los países de occidente.

Podemos seguir alargando la lista de problemas, poniendo, por


ejemplo, la crisis hídrica, la crisis energética, que incrementan los
problemas de inseguridad humana, los problemas vinculados al
acceso a los servicios de educación y salud, la “nueva ruralidad”, el
extractivismo, entre otros problemas “globales”. Lo señalado, sin
embargo, es suficiente para mostrar los grandes retos que tiene la
sociología por delante, de cara al siglo XXI. La sociología, es bueno
recordarlo, nació de la mano de la política social. Esa fue una de las
principales lecciones que nos dejó Max Weber en sus diversos
escritos. No hay que olvidar eso. “El conocimiento –nos dice Edgard
Morin– es navegar en un océano de incertidumbres a través de un
archipiélago de certezas”56. Se trata, en palabras del mismo autor, de
“una aventura incierta que conlleva en sí misma y permanentemente
el riesgo de ilusión y de error”57. Eso es lo que hace apasionante la
sociología, lo que nos coloca siempre en el punto de partida, como el
uróboros, que incansablemente reinicia el viaje de la aventura del
conocimiento.

10 / 10 / 2019

56Edgard
Morin. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.
UNESCO, 1999, p. 47.

57Ibid., p. 47.

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