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En el reino del amor

En el poema de Juan Ramón Jiménez (págs. 49-50), ¿por qué


crees que la escena amorosa transcurre precisamente en una
«mañana de primavera»? ¿Qué elementos de la naturaleza
aparecen en el poema? ¿Qué relación hay entre el amor, la
naturaleza y la primavera?
Juan Ramón Jiménez sitúa la escena amorosa en una mañana de
primavera porque la mañana se identifica con la ilusión y el optimismo
y la primavera se asocia tradicionalmente al amor.
En el poema encontramos los siguientes elementos de la naturaleza:
alondra, mariposa, rosa, cielo, huerto, luz, cristal.
Tanto el amor como la naturaleza y la primavera se relacionan con
el impulso vital y la gestación de una vida nueva: téngase en cuenta
que en la primavera la naturaleza revive tras el letargo invernal, las
plantas florecen y fructifican y numerosos animales se reproducen.
En las Rimas de Bécquer (pág. 51) encontramos muchos matices
del amor. En la primera rima, ¿qué quiere expresar Bécquer
al asociar la poesía y la amada? ¿Es simplemente un piropo?
En la segunda rima, ¿qué estaría el poeta dispuesto a
dar a cambio de un beso? ¿Qué sentimiento expresa en el último
poema? Indica a qué momento del proceso amoroso corresponde
cada una de las tres rimas.
Cuando Bécquer identifica a su amada con la poesía no se limita a
dedicarle un piropo a una mujer, sino que pone de manifiesto su
particular concepción de la creación artística. Bécquer creía, en efecto,
que la poesía existe en la realidad y al margen de quien la escribe:
vive en la naturaleza y en todo lo bello, y por eso el poeta la
identifica con el amor y la mujer.
En la segunda rima, el poeta estaría dispuesto a dar cualquier cosa
por un beso: estaría dispuesto a dar algo tan grande que ni siquiera
es capaz de definirlo, pero que evidencia la entrega total del amado
a la amada.
La última rima es un poema de desengaño y despecho. El poeta le
reprocha a la amada su frialdad, su falta de sensibilidad y sentimien-
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tos. La identificación del corazón, símbolo habitual de la ternura y el
amor, con una máquina que no sirve más que para hacer ruido roza
el insulto, al tiempo que pone de manifiesto el dolor del poeta al
sentirse rechazado.
Como se observará, cada una de las rimas corresponde a un momento
distinto del proceso amoroso. La primera refleja el enamoramiento,
que determina la felicidad del poeta, y la segunda muestra
el deseo de poseer a la amada, mientras que la tercera refleja el fracaso
del amor, que engendra sufrimiento en el poeta.
«Otoño» (pág. 52) es un poema de amor que rezuma sensualidad.
¿Cuál es la razón del título? ¿Por qué emplea los adjetivos
“goloso” y “largo” referidos al sustantivo “beso”? El ritmo
del poema se crea en parte con palabras agrupadas de
dos en dos. Haz una lista de todos los grupos de palabras.
El poema se titula «Otoño» porque la escena de amor que presenta
se ambienta en el tiempo de las uvas maduras, esto es, a finales del
verano y principios del otoño. En esa época se lleva a cabo la vendimia
o recogida de la uva, que tiene claras connotaciones sensuales.
Por otro lado, la amada califica de «goloso» el beso del muchacho
tanto por el sabor dulce de las uvas que impregnan sus labios como
porque desea gozar del joven (no hay que olvidar que goloso significa
‘deseoso o dominado por el apetito de alguna cosa, generalmente
dulce‘). En cuanto al adjetivo «largo», alude a la duración del beso.
Las palabras que aparecen en el poema agrupadas de dos en dos
son «mirabas, mirabas», «grano a grano», «zumo y risas» y «goloso
y largo».
En el poema «Frutos del amor» (pág. 54), ¿qué metáforas
amorosas se basan en la naturaleza? Sus versos se agrupan de
dos en dos y riman entre sí; ¿qué nombre recibe esta estructura
métrica?
En la primera estrofa, Carvajal se refiere al amor aludiendo a la caída
de los limones y las naranjas, frutos a los que la lírica, tanto la
popular como la culta, suele atribuir connotaciones eróticas («Naranjitas
me tira la niña / en Valencia por Navidad…», dice un poema
de Lope de Vega; «Me tiraste un limón, y tan amargo…», dice un
soneto de Miguel Hernández). Más adelante, el poeta se refiere al
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cuerpo de la amada con la metáfora «los frutos de tu huerto», y al
deseo amoroso del amante aludiendo al rocío que moja los sueños,
a las palomas que surcan el cielo y a la sed de fruta.
Por lo que se refiere a la métrica, el poema está formado por cinco
pareados que riman en asonante.
En la poesía de tipo tradicional o popular abundan las estrofas
breves. La copla, la seguidilla o la soleá son tres de las más
comunes. Con ayuda de la profesora o del profesor, anota en
la libreta la estructura de esas estrofas y di en cuál de ellas están
compuestos los poemitas de Manuel Machado (pág. 55) y
los de la lírica tradicional (pág. 62) ¿Cuáles de esos poemas
expresan el enamoramiento y cuáles el sufrimiento por el desamor
y la melancolía? ¿Qué dos poemas te han gustado más?
Aclaremos, para empezar, las diferencias entre los distintos tipos de
estrofa mencionados en el enunciado de la pregunta. Conviene recordar
que la copla está formada por cuatro versos de arte menor,
generalmente octosílabos, con rima asonante en los versos pares y
sin rima en los impares; la seguidilla es también una combinación de
cuatro versos, el primero y el tercero heptasílabos sin rima, y el segundo
y el cuarto pentasílabos con rima asonante (una variante es
la llamada seguidilla gitana, en la que los versos primero, segundo y
cuarto son hexasílabos y el tercero endecasílabo o dodecasílabo); la
soleá está formada por tres versos octosílabos, de los que riman en
asonante el primero y el tercero.
La estructura del primer poema de Manuel Machado es 8a, 8-, 8a:
se trata, por tanto, de una soleá. La del segundo poema es 8a, 8b,
8a, 8b: es una copla o cuarteta asonantada. La del tercer poema es
6-, 6a, 12-, 6a: se trata de una seguidilla gitana. La del cuarto poemita
es 8-, 8a, 8-, 8a: estamos ante una copla.
La estructura del primer poema de la lírica tradicional es 6a, 4b,
6a, 8b; la del segundo es 9-, 8a, 8-, 9a; la del tercero es 6-, 6a, 6-, 6a;
y la del cuarto es 6-, 6a, 6-, 6a. Todos ellos tienen en común el hecho
de ser estrofas de cuatro versos con rima asonante en los versos pares.
Se trata de distintas variaciones de la copla o cantar de tipo popular
o tradicional.
De todos los poemas mencionados, los que expresan el enamoramiento
son «Cuando a tu cara me acerco…», «Cuéntame tus pe-
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nas…» y «Vuestros son mis ojos…». En cambio, expresan sufrimiento
o tristeza «Cuando me miras, me matas…» (amor no correspondido,
indiferencia del ser amado), «El cariño y la salud…» (nostalgia
del amor perdido), «Madre mía, aquel pajarillo…» (queja por dejar
de ser amado), «Pasas por mi calle…» (queja por la indiferencia del
ser amado), «Diga quien dijere…» (imposibilidad de olvidar el primer
amor).
El romance es también una estrofa de tipo tradicional, y en él
están compuestos los poemas de las páginas 56, 60 y 63. ¿Qué
estructura tienen?
Los romances están formados por una serie no determinada de versos
octosílabos, que riman en asonante los pares y quedan sueltos
los impares. El romance «Amor más poderoso que la muerte» está
formado por 52 versos octosílabos con rima asonante aguda en los
versos pares (mar, San Juan, cantar, escuchar…); la rima de Bécquer
es un romance con rima asonante en -aa (enlazadas, llama, arranca,
abrazan…) que presenta la particularidad de agrupar los octosílabos
en estrofas de cuatro versos; por último, el «Romance de la condesita
» consta de 134 versos octosílabos con rima asonante aguda en los
versos pares (mar, general, consolar, apartar…).
En el romance «Amor más poderoso que la muerte» (pág. 56),
¿qué consigue el conde Niño con su canto? ¿Qué les ocurre a
los amantes después de morir? ¿En qué podrían seguir transformándose
la garza y el gavilán cuando murieran? Memorizad
y recitad este poema entre tres alumnos y alumnas. Buscad
una música adecuada y hacedla sonar como fondo.
El canto del conde Niño es tan dulce y hermoso que atrae de una
forma irresistible a cuantos lo oyen. Es más, parece tener un poder
mágico, pues las aves detienen su vuelo para escucharlo, los caminantes
se paran y los navegantes dirigen sus naves hacia él; por eso
la reina madre confunde el canto del conde con el de una sirena. Su
poder de atracción, sin embargo, se debe al amor profundo que el
conde Niño siente por la princesa y que, como vemos en el desenlace
del poema, es más poderoso que la muerte. Gracias a su fuerza,
la reina no logra separar a los enamorados a pesar de darles muerte,
pues el Amor mantiene unidos a los amantes mediante una serie
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de transformaciones o metamorfosis. Primero, el conde se transforma
en un espino albar y la princesa en un rosal blanco, después, él
se convierte en gavilán y ella en garza. Esta serie podría continuarse
con otros ejemplos de plantas, animales o elementos que se buscan
mutuamente: la yedra y el muro, la tierra y el agua, el río y la mar,
el león y la gacela…
La rima de Bécquer (pág. 60) exalta también el amor de dos
personas y la fusión que se produce entre ellas. Esta unión íntima
se expresa mediante metáforas, como cuando el poeta
nos dice que las almas de los amantes son “dos rojas lenguas
de fuego”. Identifica las metáforas que hay en el poema y comenta
cuáles te parecen más acertadas para expresar la unión
de dos enamorados.
La unión de las almas de los enamorados se expresa mediante siete
metáforas del tipo B (término metafórico) es A (término real), con la
particularidad de que el término real no se cita hasta el último verso:
«eso son nuestras dos almas». Las metáforas abarcan, por tanto,
los diecinueve versos restantes, y se estructuran en torno a los siguientes
conceptos:
—«Dos rojas lenguas de fuego, / que…» (versos 1-4)
—«dos notas que del laúd…» (versos 5-8)
—«dos olas que vienen juntas…» (versos 9-12)
—«dos jirones de vapor / que…» (versos 13-16)
—«dos ideas que…» (verso 17)
—«dos besos que…» (verso 18)
—«dos ecos que…» (verso 19)
Las cuatro primeras metáforas, que giran en torno al fuego, la música,
el mar o las nubes, están más elaboradas que las tres restantes,
y en ellas alcanza el poema su mayor intensidad lírica, que culmina
en el último verso. La segunda y la cuarta estrofas son sin duda las
más «becquerianas» (la música, lo «vaporoso» o inmaterial es una
constante en su poesía); en cambio, la comparación con el fuego o
con las olas es más tópica.
El poema de Bécquer tiene una estructura paralelística y repetitiva.
¿Qué palabras se repiten? ¿En qué se diferencia la
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última estrofa de las cuatro anteriores? ¿Podría ampliarse el
poema? Escribe otras metáforas que sugieran la unión de los
amantes. ¿Qué importancia tiene el último verso? Se trata de
una afirmación que podría ir al comienzo del poema, pero
entonces el efecto poético sería diferente: ¿por qué?
En el poema de Bécquer se repite ocho veces el determinante
«dos», siete el relativo «que» y cinco la conjunción copulativa «y»,
lo que da lugar a siete estructuras sintácticas semejantes: «Dos…
que… y…» (en las cuatro primeras estrofas) y «Dos… que…» (en las
tres restantes). Cada una de estas estructuras desarrolla una metáfora
distinta.
La estrofa final se diferencia de las cuatro anteriores en que contiene
las tres últimas metáforas, que abarcan ahora un verso cada
una en vez de una estrofa completa, y la conclusión, en la que se expresa
el término real de todas las metáforas enumeradas.
Por supuesto, el texto, como todos los poemas de estructura paralelística
y repetitiva, podría ampliarse indefinidamente añadiendo
nuevas estructuras semejantes a las creadas por Bécquer que incorporarán
metáforas relacionadas con la unión de los amantes: dos
gotas de rocío que…, dos relámpagos que…, dos hojas secas que el
viento…, dos perfumes que en el aire… De hecho, practicar con estructuras
paralelísticas imitando poemas como el de Bécquer es un
eficaz ejercicio de creación poética, que se puede llevar a cabo asimismo
con otros poemas de la antología, como «El desayuno» (pág.
74), «Distinto» (pág. 87), «Anoche cuando dormía» (pág. 128), «Nostalgia
» (pág. 130), etc.
Finalmente, cabe señalar que el último verso del poema es esencial
para su comprensión, pues revela el término real («nuestras dos
almas») de la serie de metáforas que forman el texto. Obsérvese que
el lector no sabe a qué se refiere Bécquer hasta que culmina la lectura:
solo entonces adquiere sentido el poema. Se trata de un recurso
frecuente en la poesía del autor, repetido en la conocida rima
«Volverán las oscuras golondrinas…». Como es obvio, si pusiéramos
el último verso al comienzo, las metáforas se convertirían en una
reiteración monótona del motivo del poema —la unión de los
amantes—, con lo que la rima quedaría despojada de su halo misterioso,
tan típicamente becqueriano.
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Muchos romances son poemas narrativos, esto es, que cuentan
una historia con diferentes personajes y acontecimientos.
El «Romance de la condesita» (págs. 63-71) es un buen ejemplo.
Convierte este romance en un cuento tradicional: “Érase
una vez una condesita recién casada…”. Puedes emplear palabras
del romance, pero recuerda que en la prosa no hay rimas.
¿Qué está dispuesta a hacer la condesita por su marido?
¿Cómo calificarías su amor? ¿Y el del conde? ¿Qué fragmento
del poema te ha gustado más y por qué?
Convencida de que su marido no ha muerto, la condesita decide ir a
buscarlo disfrazada de romera, sin hacer cuenta de que su viaje la
llevará a tierras extrañas en que habrá de afrontar un sinfín de peligros.
Por eso su amor puede calificarse de sincero, profundo y constante,
en tanto que el del conde es inconstante. De hecho, las palabras
de su novia («que en viendo una buena moza, / luego la vas a
abrazar») dejan traslucir que el conde es un mujeriego. Sin embargo,
el amor de la condesita lo devuelve al buen camino del amor
primero.
El poema tiene momentos muy emotivos y de gran eficacia narrativa:
la pena de la condesita al separarse de su marido, el arrojo de
la joven al decidir ir en busca del conde, el encuentro con el vaquero,
el momento en que se da a conocer a su marido, el triunfo final
de su amor, etc.
El poema «La reina» (pág. 72) nos describe una experiencia
muy común: cuando estamos enamorados, vemos el mundo
con otros ojos. ¿Crees tú también que la persona amada es
siempre la mejor y la más hermosa para el enamorado o la
enamorada? ¿Qué sensación experimenta el enamorado del
poema cuando aparece su amada? (vv. 12-16)
Cuando amamos, idealizamos a la persona amada, así que nos volvemos
incapaces de juzgarla con ecuanimidad y tendemos a magnificar
sus virtudes y a quitarle importancia a sus defectos. Eso es lo
que nos explica «La reina», en la que el enamorado experimenta
una sensación de exaltación y bienestar corporal, júbilo, dicha y alegría
al estar junto a su amada.
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En «El desayuno» (pág. 74) el poeta utiliza un lenguaje coloquial
para describir situaciones y sensaciones cotidianas que
avivan la pasión del enamorado. ¿Qué acciones cotidianas de
la amada le gustan sorprendentemente al amante? ¿Qué otras
acciones sencillas le gustan todavía más? ¿Qué es lo que le
gusta por encima de todo?
Sorprendentemente, el amante dice que le gustan de su amada una
serie de cosas que solemos juzgar negativas (vv. 1-4), como decir
tonterías, meter la pata, mentir o llegar tarde. Sin embargo, de esa
manera demuestra que acepta a su amada tal cual es, con sus defectos
y manías. Ahora bien, al poeta todavía le gustan más las cosas
buenas de su amada (vv. 5-11), como que recuerde siempre su cumpleaños
y le muestre afecto, que exteriorice su felicidad y la comunique
a los demás, que sea brillante y genial en sus frases, alegre y
comprensiva, que sepa perdonar. Esto es, al poeta le gusta que su
pareja sea una persona vitalista, generosa, inteligente, alegre y tolerante.
Pero, en gradación ascendente, el enamorado acaba confesando
qué es lo que más le gusta en su pareja (vv. 12-17): su vitalidad
y pasión, el «hambre feroz» que muestra en la cama nada más
despertarse y el «desayuno» con el que empieza la mañana (nótese
el doble sentido, literal y erótico, de la frase final).
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