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DERECHOS HUMANOS

LA VIOLENCIA GUERRILLERA

Después de seis años de la caída de la revolución los campesinos guatemaltecos


empezaron a sufrir nuevamente, el hambre, la miseria, la explotación y la discriminación.
En 1960 Nace la Guerrilla Guatemalteca (coincidiendo con la teología de liberación de la
iglesia católica), ella se origina del mismo ejército cuando los militares Luis Turcios Lima,
Marco Antonio Yon Sosa y Alejandro de León salen del ejército inspirados por la revolución
cubana y se ubican en el Peten formando el MR-13 (Movimiento Revolucionario 13 de
Noviembre) quienes poco tiempo después se unen con el P.G.T. (Partido Guatemalteco del
Trabajo) para formar el primer grupo guerrillero conocido como F.A.R. (Fuerzas Armadas
Rebeldes).

Los objetivos más importantes son:


La Reforma Agraria, el derecho a la saludad, educación, la vida, organización, el derecho de
los pueblos indígenas (uso del traje típico, idiomas Mayas, religión, cultura, organización,
etc.) y en general el respecto de los Derechos Humanos, especialmente de los pueblos
indígenas.
La organización y el recurso humano de la guerrilla fue principalmente en las áreas rurales y
con población indígena, con la promesa y esperanza de la solución de sus problemas,
económicos, sociales, y culturales.

En los años setenta la organización guerrillera había crecido enormemente integrándose el


O.R.P.A (Organización del Pueblo en Armas) y el E. G. P. (Ejército Guerrillero de los Pobres)
por lo que el gobierno empezó un programa contra ellos, aumentando en gran número al
ejército y poniendo bases militares en cada pueblo especialmente en el altiplano del país,
acusando a cada pueblo, a cada grupo organizado, sindicatos, cooperativas, estudiantes,
iglesia liberal trabajadores etc. de ser guerrilleros lo que era igual a ser comunista.

De 1978 a 1982 especialmente con los gobiernos militares de Fernando Romeo Lucas
García y Efrain Ríos Montt se realizaron programas de matanza selectiva (en la ciudad) y
colectiva (en el área rural) por medio de programas conocidos como "Tierra Arrasada" y
"Frijoles y Fúsiles" dando como resultado el genocidio y etnocidio, desaparición forzosa,
desplazamiento interno y externo.

Las estadísticas son las siguientes:


130,000 asesinatos 
45,000 desaparecidos 
1, 000,000 (un millón) desplazados internos 
500,000 refugiados (en México, Chiapas, Yucatán, Quintana Roo) 
50,000 viudas 
250,000 niños huérfanos 
440 pueblos desaparecidos
Estadísticas confirmadas por la "Comisión de la Verdad" y entregadas a la O.N.U
(Organización de Naciones Unidas) en Marzo de 1999.

DEBILITAMIENTO INSTITUCIONAL
La CEH, estudio los antecedentes del caso, llegó a la convicción de que oficiales y
soldados del Ejército de Guatemala y miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil
ejecutaron a 25 pobladores inermes de la aldea Acul, entre ellos dos niños, generando el
hecho la responsabilidad del Estado por esta grave violación al derecho a la vida.

La colaboración que la población pudo haber brindado a la guerrilla no otorga justificación


alguna, de tipo jurídico o ético, al crimen. La CEH considera asimismo que los militares y
patrulleros responsables de la masacre actuaron con extrema alevosía, obligando a la
población civil a presenciar y participar en actos de violencia en contra de su propia
comunidad y sus mismos familiares.

La actuación del Ejército provocó un indeleble impacto en la comunidad y enfrentó a sus


habitantes, provocando que durante años el miedo por la represión constante sea parte de la
vida cotidiana de los pobladores.

La CEH considera que el presente caso es ilustrativo de la aplicación de la política de “tierra


arrasada” en el área Ixil por parte de las Fuerzas Armadas del Estado, concebida para el
aniquilamiento de todas las poblaciones consideradas afines a la guerrilla, la destrucción de
todos sus cultivos y bienes, provocando el exterminio casi total de comunidades indefensas.

Esta convicción encuentra su confirmación en un informe de la CIA que afirma textualmente:


“A mediados de febrero de 1982 el Ejército de Guatemala reforzó su fuerza existente en la
parte central del Departamento de Quiché y lanzó una operación para barrer el triángulo Ixil.
Los oficiales de mando de las unidades involucradas han sido instruidos para destruir todos
los pueblos y aldeas que cooperan con el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y eliminar
todas fuentes de resistencia”. La masividad y reiteración de actos como el estudiado en
contra de la población de origen Ixil le dan al mismo características genocidas.

Cada una de las violaciones que se cometieron a cada pueblo y la indiferencia a tal situación
del Estado, o también la participación del mismo en cada masacre, fueron debilitando la
credibilidad que una vez tubo la población guatemalteca, los abusos de los militares debilito
aún más el sistema de justicia en este país durante 36 años,

MILITARIZACION

La militarización propugno la intervención y control militar sobre la vida social y política civil.
Esto produjo la subordinación efectiva del poder civil al militar, y la invasión de este a las
diferentes esferas de lo público y social.

El Ixcán comenzó un gradual proceso de militarización desde 1975, año en el cual se


producen las primeras acciones del EGP en la zona. Este proceso desencadenó que el
Ejército comenzara la persecución de la Iglesia Católica pues la identificaba con la guerrilla.
También en 1975 se producen las desapariciones de varios catequistas. En 1976 la
Dirección General de Aeronáutica Civil retiró la licencia para volar al padre Guillermo Woods,
bajo el pretexto que había violado el espacio aéreo mexicano.
Poco tiempo después le fue devuelta, pero el 20 de noviembre de 1976 este religioso fallecía
cerca de San Juan Cotzal, Quiché, al estrellarse la avioneta que pilotaba. Ese mismo año el
Ejército comenzó a jugar un papel más activo en las cooperativas. Ofrecía vuelos en
helicópteros y aviones Araba para trasladar la carga y los enfermos en un intento por ganar
el espacio dejado por la desaparición del padre Woods. Amplió la pista de aterrizaje de San
Luis para usar este lugar como el centro de operaciones en el área y reparó las pistas de
Xalbal y Cuarto Pueblo.
La comunidad de Cuarto Pueblo aceptó sin mayores problemas el apoyo del coronel
Fernando Castillo, coordinador del Instituto Nacional de Cooperativas (INACOP), porque se
veía como algo beneficioso para el pueblo. El Ejército llegó a tener presencia en las cinco
cooperativas.

El primer destacamento militar fue ubicado en Xalbal, y se instalaron después los de


Mayalán, Pueblo Nuevo y Los Ángeles. El pretexto para la ubicación de un destacamento en
Cuarto Pueblo fue brindar seguridad a los aviones y helicópteros, y se construyó en una loma
al norte del centro, entre finales de 1980 y principios de 1981. Pese a este intento del Ejército
de tener injerencia en las cooperativas, en 1982 la represión contra las comunidades del
Ixcán adquiere carácter masivo y forma parte de una política contrainsurgente que utiliza el
exterminio y la destrucción de poblaciones enteras como arma para derrotar a la guerrilla. Es
dentro de esta estrategia, que se ha dado en llamar “política de tierra arrasada”, que se
produce la masacre de Cuarto Pueblo, con seguridad la de mayor impacto en el Ixcán.

La militarización ha sido determinante en el debilitamiento de la institucionalidad estatal; ha


sido un soporte de la impunidad e incidido en la falta de confianza que la población en
general siente con respecto a las instituciones.

Ruptura del Tejido Social

La estigmatización de las organizaciones y sus líderes ha dejado a la sociedad con


dificultad para definir opciones de representación. A pesar de que en distintos momentos se
abordaron procesos importantes de reorganización, no se ha logrado reconstruir aun
plenamente los espacios de participación, imprescindible para el ejercicio pleno de los
derechos democráticos.
Las operaciones contra insurgentes produjeron miles de desplazados, refugiados y exiliados,
quienes vieron violentadas y transgredidas sus vidas como individuos, familias, comunidades
y organizaciones.
La vida comunitaria y la identidad de las personas sufrieron embates de tal magnitud que
marca definitivamente un punto de inflexión en las historias personales, locales y regionales,
y en la historia del país.
El futuro del país será construido por hombres y mujeres que fueron niños durante el
enfrentamiento y que innumerables casos perdieron a padres, madres, abuelos y hermanos.
Por otro lado, el intervencionismo de la insurgencia en algunas organizaciones sociales,
especialmente desde los años 70, limito su autonomía y las desnaturalizo convirtiéndolas en
las receptoras de las directrices insurgentes. El involucramiento llevo a conflictos intestinos
que desembocaron en devienes y propiciaron la fragilidad del movimiento social.
Desplazamiento y Refugio

El desplazamiento de la población civil en Guatemala se destaca en la historia del


enfrentamiento armado interno por su carácter masivo y su efecto destructor. Encarna la
ruptura del tejido social en su forma más directa y desgarradora. Implica el
desmembramiento de familias y comunidades, a la vez que se alternaron los lazos culturales
que conformaban su cohesión.

El terror sin precedentes, provocado por las masacres y el arrasamiento de poblaciones


enteras, desencadenó la huida masiva de gentes diversas, cuya mayoría estaba constituida
por comunidades mayas, pero que también incluía un importante número de familias ladinas,
en especial en el caso de las zonas de colonización cercanas a la frontera con México. Esta
población, campesina pro lo común, huyó hacia una diversidad de lugares que parecían
ofrecer refugio de la muerte.

La estimación de desplazados oscila entre 500 mil y un millón y medio de personas en el


período de mayor afectación (1981-1983), sumando las que se desplazaron internamente y
también aquellas que se vieron obligadas a buscar refugio fuera del país. La variabilidad de
estas cifras refleja la naturaleza cambiante del fenómeno del desarraigo y la dificultad de
establecer el grado de su contundencia según su prolongación en el tiempo.

Para algunas familias el desplazamiento no duró más que algunas semanas; otras
permanecieron fuera de su comunidad durante años. No obstante el grado de destrucción y
las secuelas que tuvieron lugar durante su ausencia fueron con frecuencia semejantes.
El despliegue constante les imposibilitaba erigir vivienda para protegerse del frío y la lluvia.
Con tremendo esfuerzo se construían precarias champitas temporales de hojas y ramas que
no proveían la protección adecuada. Cuando debían permanecer en alerta durante días y
noches enteras su único abrigo eran los árboles, o los pequeños nichos y las cuevas que
tenían la suerte de encontrar. Como los cultivos, cualquier albergue que encontrara el
Ejército en sus rastreos era destruido, por rústico que fuera:

"[En el refugio en la montaña] la población decía [que] va a construir su casita. Construyó


y entre cuatro días el Ejército lo quema. Entre siete días la población construye otra casa. En
tres días el Ejército quema".

Creo que con estos datos identificamos plenamente documentada, una de las formas en que
puede ejecutarse el genocidio.

Comunidades del Pueblo Maya

En su informe, la CEH estima que el saldo en muertos y desaparecidos del enfrentamiento


armado llegó a más de 200 mil personas. Así, la comisión también estima que en el periodo
crítico de la campaña de violencia masiva entre los años 1981 y 1983, entre 500 mil a un
millón y medio de personas tuvieron que refugiarse en campamentos, desplazarse
internamente o buscar refugio en el extranjero, y esto en un país que en 1981 contaba,
según cifras oficiales, con seis millones de habitantes.”
Según la investigación, se determinó que el Estado identificó en una fase del enfrentamiento
armado, que se puede describir como su exacerbación (1978-1983), a la población maya en
su conjunto bajo el concepto del enemigo interno. De tal forma, se definió este concepto más
allá de los combatientes de la insurgencia, incluyendo a personas civiles de la población
maya.

Este esquema de percepción, según las conclusiones de la CEH, producto de "la innegable
realidad del racismo como doctrina de superioridad expresada permanentemente por el
Estado", contribuyó a incrementar y agravar las violaciones de derechos humanos contra
personas del pueblo maya, llegando en el marco de las denominadas operaciones de tierra
arrasada a masacres y al exterminio masivo de comunidades mayas indefensas, incluyendo
niños, mujeres y ancianos, aplicando métodos cuya crueldad llegó a tales niveles que llevó al
ex-coordinador de la comisión a manifestar su dificultad en "eternizarlas sobre papel", y a
afirmar que:

Ante tales orgías de matanzas, que no tenían nada más que ver con una lógica militar, la
Comisión tenía que llegar al resultado, que el motivo determinante en esto era la intención de
exterminar el grupo de seres humanos afectado a causa de su característica étnica y que se
había cometido genocidio de acuerdo a la Convención del año 1948.”
También es relevante, mencionar que el genocidio no ocurrió solamente en el área de
población ixil:

“En este sentido, la CEH concluyó luego de realizar un examen de cuatro regiones
geográficas seleccionadas que "gentes del Estado de Guatemala, en el marco de
operaciones contrainsurgentes realizadas entre los años 1981 y 1983, ejecutaron actos de
genocidio en contra de grupos del pueblo maya en las cuatro regiones analizadas".

Sobre esta conclusión fundamental, la comisión además determinó que existe una
responsabilidad del Estado de Guatemala, debido a que estos actos fueron obra de una
política preestablecida por un comando superior a sus autores materiales, conclusión que se
ve confirmada, principalmente, por la falta de investigación y sanción de estos actos.

Además de la responsabilidad en términos históricos, como la CEH lo formuló con relación al


elemento de contexto de crímenes de lesa humanidad, según la CEH, esto implica la
violación por parte del Estado de Guatemala de su obligación internacional de castigar estos
actos según los artículos IV y VI de la Convención contra el Genocidio, y en consecuencia, la
responsabilidad internacional del Estado de Guatemala tanto por un hecho internacional
ilícito, es decir, por acción, violando la prohibición del genocidio, como por omisión, violando
la obligación -en este caso primaria- de castigar actos genocidas.”

La Niñez en el conflicto armado interno

Los conflictos armados y la violencia afectan gravemente las vidas de los niños en
muchas partes del mundo. Además de padecer las consecuencias directas de la guerra y la
violencia armada (reclutamiento en las fuerzas armadas o en grupos armados, lesiones
físicas, muerte), también se ven indirectamente afectados por el desplazamiento, la pérdida
de familiares y los traumas causados por los actos de violencia de que son testigos.
Los testimonios sobre la captura de niños indican que los militares no discriminaron entre
adultos y menores. Según un testigo de referencia: “íbamos en camiones. La orden era
sacar información, a los niños darles con garrote en la cabeza, matarlos con garrote, capturar
a algunos y traerlos al destacamento de Chupol. Hay muchos enterrados allá”.279 Unos 40
niños fueron retenidos, para ser entregados en adopción o venta a extranjeros.

Con el estallido del enfrentamiento armado interno, Guatemala entró en una etapa
sumamente trágica y devastadora de su historia, de enormes costos en términos humanos,
materiales, institucionales y morales. En su labor de documentación de las violaciones de los
derechos humanos y hechos de violencia vinculados al enfrentamiento armado, la Comisión
para el Esclarecimiento Histórico (CEH) registró un total de 42.275 víctimas hombres,
mujeres y niños. Combinando estos datos con otros estudios realizados sobre la violencia
política en Guatemala, la CEH estima que el saldo de muertos y desaparecidos del
enfrentamiento fratricida llegó a más de doscientas mil personas.

Con gran consternación, la CEH concluye que, en el marco de las operaciones


contrainsurgentes realizadas entre 1981 y 1983, en ciertas regiones del país, agentes del
Estado de Guatemala cometieron actos de genocidio en contra de grupos del pueblo maya.
La estrategia contrainsurgente no sólo dio lugar a la violación de los derechos humanos
esenciales, sino a que la ejecución de dichos crímenes se realizara mediante actos crueles
cuyo arquetipo son las masacres. En la mayoría de las masacres se han evidenciado
múltiples actos de ferocidad que antecedieron, acompañaron o siguieron a la muerte de las
víctimas.

La investigación de la CEH permitió determinar que aproximadamente una de cada cuatro


víctimas directas de las violaciones de los derechos humanos y hechos de violencia fueron
mujeres. Murieron, fueron desaparecidas, torturadas y violadas sexualmente, a veces por sus
ideales y su participación política y social; otras fueron víctimas de masacres y otras
acciones indiscriminadas.

Los costos Económicos

La desaparición de personas, familias y aldeas completas, así como el trastrocamiento


de las estructuras sociales, sobre todo en las comunidades, ha tenido efectos económicos.

A parte de los efectos directos sobre la población, el conflicto armado tuvo altos costos, entre
los cuales: El incremento del gasto militar, desvió las necesarias inversiones en salud y
educación como destino de los recursos públicos, con el siguiente abandono de la atención
al desarrollo social.

El enfrentamiento armado exacerbó también la tradicional debilidad del Estado al encarar la


recaudación tributaria e intensificó la oposición del sector privado a las necesarias reformas
fiscales. Los efectos fueron decisivos: aumentó la brecha entre ingresos y gastos,
encadenando una serie de desequilibrios macroeconómicos y debilitando aún más la
capacidad del Estado para impulsar el desarrollo.

La estimación de los costos de la violencia en el sector salud, está íntimamente relacionada


con las lesiones que sufren las personas que son objeto de actos violentos y que obliga a la
atención hospitalaria para su curación y rehabilitación, en los casos en los que todavía se
logra salvar la vida, pues en otros, el ingreso al hospital es demasiado tarde y es poco lo que
los médicos pueden hacer.

En el segundo caso se refiere al costo indirecto que representa para el país, en términos
productivos, una vida perdida por homicidio, sea culposo o no, así como la menor
productividad asociada a las víctimas de las lesiones y violaciones.
Se trata de medir esta última, asociada con eventos como el dejar de trabajar, la
discapacidad temporal y obviamente la mortalidad prematura.

En el tercer caso se hace referencia a los costos asociados al daño emocional o psicológico
que sufren las víctimas de lesiones y/o los familiares en el caso de los homicidios. Se trata
pues, de medir el dolor y el sufrimiento que acompaña el deterioro de la calidad de vida de
las víctimas de la violencia.

El empobrecimiento de las personas y las familias fue con frecuencia perceptible a simple
vista; en el caso de las familias que tuvieron que desplazarse, al empobrecimiento inmediato
habrían de sumar las grandes dificultades de recuperación debido a la pérdida del
patrimonio. Este impacto en la capacidad de reproducción material y social se materializo en
una importante pérdida de capacidad a nivel nacional.
DERECHOS DE SOLIDARIDAD

Los Derechos de Tercera Generación también conocidos como Derechos de


Solidaridad o de los Pueblos contemplan cuestiones de carácter supranacional como el
derecho a la paz y a un medio ambiente sano.
El contenido de estos derechos no está totalmente determinado. Los Derechos de los
Pueblos se encuentran en proceso de definición y están consagrados en diversas
disposiciones de algunas convenciones internacionales.

Derechos de Tercera generación o Derechos de Los Pueblos


 Derecho a la autodeterminación
 Derecho a la independencia económica y política
 Derecho a la identidad nacional y cultural
 Derecho a la paz
 Derecho a la coexistencia pacífica
 Derecho a el entendimiento y confianza
 La cooperación internacional y regional
 La justicia internacional
 El uso de los avances de las ciencias y la tecnología
 La solución de los problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos
 El medio ambiente
 El patrimonio común de la humanidad
 El desarrollo que permita una vida digna

¿QUÉ ES EL DDHH A LA SOLIDARIDAD?

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló la
dependencia mutua entre los Estados y otros agentes internacionales y definió
la solidaridad internacional como la unión de intereses entre los países del mundo y la
cohesión social entre ellos, con el fin de preservar el orden y la supervivencia misma de la
sociedad internacional y de alcanzar objetivos colectivos que requieren la cooperación
internacional y una acción conjunta. Consideró que esta definición no se limitaba a la acción
de los Estados y destacó que la expresión “solidaridad global” era más
amplia, abarcando también la relación de solidaridad entre los Estados y otros agentes,
como las organizaciones internacionales y la sociedad civil.

La noción de solidaridad se corresponde con la noción de cooperación, ya que


sólo se coopera en un acto de solidaridad. La solidaridad es uno de los valores más
importantes en la construcción de los derechos humanos.[1]

¿QUÉ IMPLICA EL DERECHO A LA SOLIDARIDAD?


El derecho a la solidaridad no se limita a la asistencia y la cooperación, la ayuda, la
caridad o la asistencia humanitaria internacional. Incluye la sostenibilidad de las relaciones
internacionales, especialmente las económicas, la coexistencia pacífica de todos los
miembros de la comunidad internacional, las asociaciones en condiciones de igualdad y la
distribución equitativa de beneficios y cargas, el derecho de los pueblos a la paz y la
preservación de los sistemas ecológicos.

Requiere de la completa eliminación de todas las formas de discriminación, como


la discriminación contra los pueblos indígenas, las minorías, los trabajadores migrantes, los
niños, las personas de edad y las personas con discapacidad, y en particular la
discriminación contra las mujeres, así como la igualdad de género en todos los aspectos de
la actividad humana.

Solo será posible con el comportamiento ético de todos: gobiernos, políticos,


empresas y personas en general. Es necesario, por tanto, movilizar a la opinión pública,
a nivel tanto nacional como internacional, en apoyo de los principios y normas del
derecho a la solidaridad, principalmente mediante la educación y la enseñanza de los
derechos humanos.
El derecho a la solidaridad implica que los países cumplan plenamente sus obligaciones
internacionales en las que están comprometidos con las Naciones Unidas, apliquen los
convenios y tratados ratificados, se comprometan en el desarme, las políticas de energía
limpia, fortalecimiento de los sistemas sanitarios, etc.

OBLIGACIONES DE LOS ESTADOS Y PUEBLOS


La promoción de la solidaridad internacional es una obligación común de todos los pueblos y
Estados. Como todo derecho, la solidaridad genera a los Estados diferentes obligaciones:

OBLIGACIONES POSITIVAS:
 la adopción de medidas concretas para regular los mercados financieros;
 la cooperación para regular las migraciones sobre la base de la solidaridad;
 la garantía del acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones,
especialmente para los grupos marginados y desfavorecidos;
 la aplicación de medidas que garanticen la participación en la adopción de decisiones;
 y la lucha contra las violaciones sistémicas de los derechos humanos.

OBLIGACIONES NEGATIVAS:
 no adoptar acuerdos de libre comercio que menoscaben los medios de vida u otros
derechos de las personas;
 no fomentar ni contribuir al aumento del calentamiento del planeta;
 no causar el agotamiento de los recursos naturales y la biodiversidad ni dañarlos de
manera irreparable;
 no participar en el comercio ilícito de armas;
 y no impedir el acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones

Como todos los derechos, la solidaridad es interdependiente e indivisible en su relación


con los derechos humanos. Con relación al derecho al desarrollo, este necesita para su
ejercicio de una aplicación normativa del derecho a la solidaridad. Esta alternativa
internacional implica el apoyo y creación de una cultura común que favorezca la realización
de los derechos humanos.
Reconocimiento Derechos de Solidaridad en la Constitución Política de la República
de Guatemala
Marco Institucional
La Constitución Política de la República (en su parte dogmática) regula en su artículo 66 que
“el Estado reconoce, respeta y promueve las formas de vida, costumbres, tradiciones y
formas de organización social de los pueblos indígenas”; el respeto, la promoción de las
costumbres y formas de organización social a la que se refiere este artículo constitucional
abre la posibilidad del reconocimiento de las formas propias e históricas de organización
social y que hoy se conocen como alcaldías indígenas. Estas instituciones son política y
jurídicamente representativas de los pueblos indígenas y las comunidades en casos
concretos. Asimismo, el artículo 58 indica que “se reconoce el derecho de las personas y de
las comunidades a su identidad cultural de acuerdo a sus valores, su lengua y sus
costumbres”.

Situación jurídica de los pueblos indígenas en Guatemala


El pluralismo Jurídico implica la aceptación de que varios ordenes pueden convivir en un
mismo espacio y tiempo, negando la exclusividad en la producción de normas jurídicas. En
Guatemala, coexisten por lo menos dos sistemas jurídicos, el llamado derecho formal u
ordinario y el denominado sistema jurídico propio de los pueblos indígenas. Históricamente
los pueblos indígenas se han desarrollado por sus propios sistemas jurídico y político, pero
han sido invisibilizados, en virtud que la imposición cultural occidental, de esa cuenta los
pueblos indígenas desarrollan lo que se denomina una fuerte resistencia cultural, por medio
de la cual han sobrevivido sus sistemas propios con una propia lógica y forma de ver el
mundo. Dicho en otros términos desde su propia visión filosófica.
Los Acuerdos de Paz, retoman estos postulados, la vigencia del Convenio 169 de la OIT, así
como la vigencia de mandatos constitucionales, contenidos en los artículos 66, 44 y 46 de la
Constitución Política de la República de Guatemala complementado con la vigencia de
tratados internacionales en materia de derechos humanos, reconfiguran el llamado sistema
formal, estatal u oficial; dos el sistema jurídico propio de los pueblos indígenas y tres, los
mecanismos de resolución de los conflictos.
La Constitución Política de la República de Guatemala reconoce los derechos sociales o
colectivos, es decir los derechos humanos ya no en forma individual sino a los seres
humanos como miembros de la sociedad. A la vez como el conjunto de obligaciones que la
misma Constitución impone al Estado, con el fin de que tanto esos derechos como las
obligaciones protejan efectivamente a los diferentes sectores de la población, quienes debido
a
Derechos de los Pueblos Indígenas en la legislación vigente
El derecho de los pueblos pretende ser un derecho humano fundamental, que es parte
constituyente del orden jurídico de los estados y del marco legal con el objeto de respetar,
proteger y promover los derechos individuales y colectivos con plena representación con
dignidad e igualdad frente a la ley, ello incluirá la aplicación del sistema jurídico y costumbre
de los pueblos indígenas.
CONSTITUCION POLITICA Y LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
La Constitución Política de la República de Guatemala, establece en su Capitulo Segundo,
sección Tercera, lo relativo a “Comunidades Indígenas” artículos del 66 al 70, en el cual se
recoge el reconocimiento a la existencia y reconocimiento de los grupos étnicos, en cuanto a
respetar y promover sus formas de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización
social, protección a la tierras que les pertenecen para su desarrollo, protección a su actividad
laboral y la existencia de una ley específica. Los fundamental es, sin embargo, lo establecido
en el artículo 66 constitucional, en el que se destaca lo relativo al respeto a las formas de
vida, y con ello lo relativo a la organización social al ejercicio propio para resolver sus
conflictos, entre otras cosas, lo cual es en resumen lo que integra la “forma” de vida social
del pueblo Maya de Guatemala.
Derechos Individuales y Colectivos de los Pueblos Indígenas de Guatemala
En el pensamiento liberal hay una idea bastante extendida: los llamados derechos colectivos
o de solidaridad, son una ilusión; crean un sujeto de derecho inexistente, porque el único real
es el individuo; en nombre de la comunidad, coartan derechos individuales. El llamado
derecho de los pueblos, por lo tanto, entra en oposición con los derechos de los individuos.
Esta concepción se basa en un malentendido. Si el derecho de los pueblos se considera un
derecho humano fundamental, en el mismo plano que los derechos individuales, no puede
haber contradicción entre ellos. Si el derecho de los pueblos ha de entenderse como un
derecho humano básico, tienen que fundarse en necesidades y valores supuestos en
cualquier sociedad política y que no deriven de ella.
El conjunto de Derechos individuales y colectivos que están contenidos en los distintos
instrumentos jurídicos que están en vigencia en una nuestra legislación son considerados
derechos inherentes a la persona humana e inherente a los pueblos. Los derechos colectivos
de los pueblos aún tienen dificultades de desarrollarse adecuadamente y con claridad en las
legislaciones puesto que también son considerados derechos difusos.
CASOS REALES VIOLACIÓN DERECHOS DE SOLIDARIDAD
LA LIBRE AUTODETERMINACIÓN
https://www.plazapublica.com.gt/content/no-es-necesaria-ninguna-reglamentacion-porque-el-
convenio-169-ya-la-establece

"Quienes se niegan a cumplir con el Convenio 169, incurren en incumplimiento de deberes"


Lucía Inés Xiloj Cuin, abogada defensora de comunidades indígenas
“No es necesaria ninguna reglamentación, porque el Convenio 169 ya la establece”

Desde la perspectiva de las comunidades indígenas y sus asesores jurídicos, reglamentar las
consultas comunitarias establecidas en el Convenio 169 de la OIT, ya sea de manera
administrativa o legislativa —como ha ordenado la Corte de Constitucionalidad y como lo
promueve el sector empresarial—, no sólo es innecesario si no que incongruente con el
espíritu del tratado internacional. El Convenio, explica Xiloj Cuin en esta entrevista, establece
con claridad el cómo, el cuándo, el dónde y el quién.
Carlos Arrazola
Fotografía
Simone Dalmasso
Entrevista
14 06 17

Lucía Inés Xiloj Cuin es cliente frecuente de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de
Constitucionalidad. En los últimos cinco años, ha presentado más de 25 amparos en
representación de las comunidades indígenas que reclaman al Estado conceder licencias de
operación a hidroeléctricas y mineras sin cumplir con la consulta previa a la que le obliga
el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas
y Tribales. La batalla de fondo en este asunto, más que la realización o no de las consultas y
la reglamentación local de éstas, dice, es la vinculación del resultado en las decisiones del
Estado.

Es precisamente a los efectos jurídicos de esa acción, vincular, a lo que temen los
empresarios, los funcionarios y todos aquellos que se oponen a que las comunidades
indígenas participen en las decisiones políticas y administrativas sobre sus territorios. De ahí
que juristas como Xiloj Cuin, hayan asumido la causa de los pueblos indígenas y librar las
batallas por el respeto de sus derechos en las cortes.

Como investigadora, el año pasado hizo una consultoría para la organización internacional


Oxfam, en la que sistematizo el proceso de implementación del derecho de consulta.

Las autoconsultas comunitarias que decenas de comunidades han realizado, explica la


abogada en esta entrevista, han sido las acciones políticas que han dado paso a las
acciones jurídicas. Los resultados de las autoconsultas han sido desoídos por el gobierno y
los empresarios, pero han permitido a los comunitarios acudir a la justicia a denunciar la
violación de sus derechos, y las cortes lo han reconocido, y en algunos casos, ha restituido el
derecho violado con la suspensión de los proyectos.

¿A qué le atribuye la negativa del Estado guatemalteco al cumplimiento del Convenio


169?

A falta de voluntad política, al racismo y la negativa histórica de reconocerle y otorgarle


derechos a los pueblos indígenas. Hay un principio en derecho internacional, respecto a los
tratados internaciones de derechos humanos, que establece que antes de la aplicación de
éstos se debe conocer el espíritu con el cual fue aprobado. En el caso de Guatemala, antes
de que el Convenio fuera ratificado, el Congreso solicitó a la Corte de Constitucionalidad
(CC) una opinión consultiva. Y en la resolución 199-95, la CC respondió al Congreso que
ninguna de las disposiciones del Convenio 169 contraviene la Constitución. A partir de esa
resolución y de los artículos 44 y 46 que dan un rango superior a los tratados internacionales
en materia de derechos humanos, el cumplimiento de este convenio debería de ser
inmediato, sin la necesidad de que haya ningún tipo de reglamento administrativo o ley para
darle cumplimiento. Pero lamentablemente, el Estado no ha cumplido con esto.

¿Incurrieron en algún delito las autoridades del Estado a las que les ha correspondido
hacer cumplir este Convenio?

Desde mi punto de vista sí. Más en la actualidad, en donde de manera reiterada la CC, en
más de 25 sentencias, ha indicado que la autoridad encargada de realizar las consultas es el
Ministerio de Energía y Minas, y éste se niega bajo el argumento de que su ley específica no
le obliga a cumplir con ello. Hay un principio que establece que el ordenamiento jurídico de
un Estado es uno solo, y que todos los funcionarios públicos tienen que velar por el
cumplimiento de los tratados internacionales y de las leyes específicas. En este caso,
quienes se niegan a cumplir con el Convenio 169 y con las resoluciones de la CC, incurren
en el delito de incumplimiento de deberes.
¿Qué entidades o funcionarios del Estado están obligados a hacer cumplir el Convenio
169?

Hay otro principio que se llama el control de convencionalidad, que no aplica sólo a los
jueces sino también a los funcionarios públicos. La Constitución establece que todos los
funcionarios están sujetos a las leyes, y el Convenio 169 forma parte de las leyes de
Guatemala. Ello implica que todos los funcionarios deben aplicar en lo que les corresponda,
sin que se les ordene, el Convenio 169. Y eso lo deben saber todos los funcionarios porque
no pueden argumentar desconocimiento de las leyes.

Los empresarios "no deben imponer sus proyectos a las comunidades".

El Convenio 169 establece que el Estado, de buena fe y de manera previa, debe realizar
consultas con las comunidades indígenas donde se pretenda realizar un proyecto que
pueda afectar sus intereses. ¿Bajo qué marco reglamentario deben realizarse esas
consultas?

No es necesaria ninguna reglamentación, porque el Convenio 169 ya la establece. No sólo


dispone que la consulta comunitaria debe de hacerse de buena fe. También establece que
deben realizarse a través de las autoridades indígenas, por medio de sus procedimientos
propios, con pertinencia cultural, en el idioma que hablan los integrantes de la comunidad,
con información clara y precisa, y sin que haya ningún tipo de coerción hacia las
comunidades. Una reglamentación específica, ya sea administrativa o legislativa, lo que
generaría es una restricción del convenio, principalmente por los intereses que hay alrededor
de las consultas.
En al menos diez sentencias la CC ha fijado las pautas sobre cómo deben llevarse a cabo
estas consultas, y eso viola el convenio porque recoge una fase de pre-consulta en las que
incluye a otros actores como los Consejos de Desarrollo Municipales, a las Municipalidades,
a organización no gubernamentales, a las mismas empresas, y eso contradice el espíritu del
convenio. El Convenio 169 establece que la consulta la debe realizar el Estado con las
comunidades indígenas, no con otros actores. Entonces, el Ministerio de Energía y Minas, en
el caso de proyectos de minería o hidroeléctricas, debe acudir a las comunidades que
puedan estar directa e indirectamente afectadas, y garantizando que se cumplan los
principios que establece el convenio, realizar las consultas.

Es decir que, según su criterio, el mismo Convenio establece el marco reglamentario


para su cumplimiento: el cómo, el cuándo, el dónde, el quiénes…

Efectivamente. El principio jurídico de autoejecutabilidad de los instrumentos internacionales,


señala que no se necesita ningún reglamento para cumplirlo, sino que con los principios que
incluye el convenio sobre cómo debe llevarse a cabo, es suficiente para que el Estado
cumpla con su contenido.

Hay algunas interpretaciones como la de la Corte Interamericana de Derechos Humanos,


que indica que en el deber de garantía que tienen los Estados, debería adoptarse la
legislación para hacer efectivos los derechos que se recogen en los instrumentos
internacionales. El derecho de garantía se refiere a que los Estados deben eliminar las leyes
que obstaculizan el cumplimiento de tratado internacional o modificar el ordenamiento
jurídico para que se pueda cumplir. Pero en este caso no es necesario, porque no hay
ninguna ley que prohíba llevar a cabo las consultas.

¿Es vinculante el resultado de la consulta? ¿Debe el Estado respetar la oposición de


los pobladores, en caso el resultado de la consulta fuera negativa, y negar las
autorizaciones de los proyectos que puedan beneficiar a la comunidad?

El principio de la supremacía del texto del tratado internacional, establece que tiene que
cumplirse con el objetivo para el cual fue adoptado. ¿Y para que se adoptó? Se adoptó para
equilibrar la exclusión histórica que han sufrido los pueblos indígenas en la toma de
decisiones. Ese es el marco del convenio, y su fin es llegar a acuerdos o lograr el
consentimiento de las comunidades. Y para lograr acuerdos, las comunidades deben estar
en igualdad de condiciones para tomar las mejores decisiones; y el consentimiento es otorgar
la voluntad para que se lleve a cabo una medida administrativa. El sentido del convenio es
que la comunidad diga si está de acuerdo o no en la iniciativa, y esa voluntad se debe
respetar.

También debe tomarse en cuenta el principio del efecto útil, el cual establece que señala que
se debe adoptar y cumplir con un instrumento internacional y cada una de sus disposiciones,
para lograr que se cumpla con el objetivo para el cual fue adoptado. El Convenio 169 fue
adoptado para equilibrar la igualdad por medio de la consulta, entonces el resultado de la
consulta debe respetarse.

El sector empresarial interpreta el Convenio de otra manera. La consulta, dice, no debe


ser vinculante porque eso sería tanto como que el Estado cede su soberanía a la
comunidad, en lo relacionado con la administración de los recursos naturales, al
acatar una disposición de esa naturaleza.

Pero no se trata solo de una discusión civilista respecto a la disposición y administración


patrimonial de los bienes y recursos naturales, sobre su negociación y concesión a una
empresa con objetivos de explotación. Es mucho más complejo, pasa por la espiritualidad y
la relación de los pueblos con el territorio y todos sus elementos. Por eso es que el Convenio
da la facultad a los pueblos de decidir, porque pueden ser afectados en su forma de vivir y en
la esencia misma de su vida y naturaleza. Ha habido sentencias, que no se han analizado lo
suficiente, que han tomado en cuenta estas situaciones. Sentencias en las que se evidencia
que una violación del Convenio no solo porque no se consultó a los pobladores, sino porque
lo que se pretende hacer en la comunidad afecta la vida de las personas.

El estudio realizado por Xiloj para Oxfam sobre el derecho de consulta.

Las consultas no deben verse solo desde la perspectiva jurídica, sino también desde la
política. Lo que no se ha discutido es quiénes son los más beneficiados con la explotación de
los recursos naturales y quienes los más perjudicados. Es decir: los empresarios y las
comunidades. Esa situación es en parte la causa del rechazo de las comunidades, porque
hay explotación de minerales, no le queda nada a la comunidad, solo la destrucción, y eso
está comprobado.

Pero eso está legislado en el país. La Ley de Minería permite la explotación minera y
obliga a las empresas a pagar una regalía al Estado del 1% de las ganancias obtenidas
por esa práctica, y esos recursos deben ser utilizados por el Estado para promover el
desarrollo en las comunidades.
Las empresas también deben de cumplir con el respeto de los derechos humanos de las
comunidades. Aunque el marco jurídico que el Estado les impone sea permisible, las
empresas deben cumplir con los principios rectores de protección ambiental y de derechos
humanos, así como las dinámicas culturales y sociales de las comunidades.

Si una empresa inicia una inversión en una comunidad sin que el Estado haya realizado la
consulta previa, también está incumpliendo la ley. Las empresas deben ser responsables y
antes de iniciar cualquier proyecto, deben averiguar si existe algún conflicto, si la comunidad
está de acuerdo o no con ese proyecto. No deben imponer sus proyectos a las comunidades,
aunque cuenten con la complicidad del Estado. Y en el momento en que se realicen las
consultas, si el resultado es de rechazo, deben aceptar la voluntad de la comunidad y
retirarse.

Si las empresas, previo a iniciar sus proyectos, se acercaran a la comunidad,


explicaran sus objetivos, buscaran el apoyo de los pobladores, aceptaran reparar
cualquier afectación que pudiera ocasionar, y exigieran al Estado la realización de las
consultas, ¿disminuiría la conflictividad?

Todos esos aspectos están contenidos en el Convenio 169. Hay que lograr un clima de
confianza por medio del diálogo, pero fundamentalmente con el cumplimiento de los
acuerdos y compromisos que asuman las empresas.

¿A quién corresponde asumir el pago de las afectaciones o resarcimientos a las


comunidades, al Estado o a las empresas?

Depende de qué ley sea la aplicable. En la Ley de Minería se establece que las empresas
deben reparar los daños causados. El problema es que el Estado no ha querido obligar a las
empresas para que cumplan con esas obligaciones.

En la resolución que la Corte de Constitucionalidad (CC) emitió la semana pasada


respecto al caso de Oxec, ordenó al Ministerio de Energía y Minas que realice la
consulta a las comunidades afectadas, pero aclara que el resultado de la misma no
será vinculante…

Con esa sentencia la CC vulnera el ordenamiento jurídico en relación a los derechos de los
pueblos indígenas. El amparo sirve para establecer que se ha violentado un derecho, y
cuando se demuestra que ha sido violado, busca que sea restituido. En las 114 páginas de
esa sentencia, establece que sí hubo violación al derecho de consulta, y esa violación se
materializa a través de las licencias de funcionamiento que fueron otorgadas a favor de la
hidroeléctrica. Entonces, para restituir el derecho violado se debió suspender esas
autorizaciones. La CC reconoce la violación, pero no suspende las autorizaciones; es decir
que permiten la continuación de la violación. Esa es una burla para las comunidades. A mi
criterio, los magistrados incurrieron en prevaricato porque desvirtuaron la naturaleza del
amparo.
Doña Tomasa Cuin, madre de Lucía, cuida al nieto recién nacido, a la par de su hija.

 Por otro lado, dan lineamientos de cómo debe llevarse a cabo la consulta, en total violación
a los principios del Convenio 169 y de los estándares internacionales que recogen en esa
sentencia, porque involucran a otros actores en ese proceso, incluso a la empresa, cuando la
consulta debe ser Estado-comunidad. Además, indica que la consulta que realice el
Ministerio de Energía y Minas debe ser para instaurar un proceso de diálogo, y que la
finalidad es llegar a acuerdos. En ningún momento habla de consentimientos.

También resuelve sobre escenarios supuestos al indicar qué hacer en caso la consulta
no pueda realizarse por responsabilidad de la comunidad, del Estado o de la
empresa…

Y eso no lo puede hacer. Lo hace porque no encontraron justificaciones para argumentar la


sentencia, para evitar que las licencias sean suspendidas. Es una sentencia no
fundamentada, violatoria del ordenamiento jurídico.

Esa sentencia también ordena al Congreso aprobar una ley para reglamentar las
consultas comunitarias. ¿Realmente es necesaria una ley específica para obligar a que
se cumpla con el Convenio 169?

El tema es la vinculación de las consultas. Puede haber una ley que recoja los principios del
Convenio, pero si no es vinculante no servirá, no será legitima y no será acatada. En Chile y
Perú, donde se han normado las consultas, se han restringido esos derechos. Ese es el
temor de que se legisle en Guatemala, sobre todo porque es el sector privado el que está
promoviendo su aprobación, y su contenido puede llegar a ser muy limitado.
¿A qué atribuye el cambio de posición del sector privado respecto al Convenio 169:
hasta hace unos años se oponían rotundamente a su implementación, y ahora piden
que se reglamente?

Por una parte, al efecto político de las autoconsultas que se han realizado, que han
fortalecido la posición de las comunidades. Aunque no se quiera reconocer, eso ha detenido
la implementación de más proyectos. Por otro lado, a que las comunidades han accionado
jurídicamente por la imposición de los proyectos, y en más de 30 sentencias se ha
reconocido la violación de sus derechos, y en varias se ha suspendido las licencias. Eso es
lo que ha generado el cambio de posición del sector privado, y por eso es que promueven la
aprobación de una ley limitativa.

¿Qué debe hacer el Estado para detener la conflictividad social que genera el
incumplimiento del Convenio 169?

Generar un clima de confianza con las comunidades, y respetar las decisiones de las
decisiones de los pobladores.
La Minería en Guatemala: Derechos en Peligro
En los últimos años, los conflictos en torno a la minería han sido generalizados en
Guatemala. En todo el país, comunidades indígenas y no indígenas han protestado
contra el emplazamiento de minas en sus tierras y cerca de sus casas. El temor a que las
actividades mineras contaminen su entorno o afecten negativamente a sus medios de vida y
al disfrute de sus derechos humanos ha provocado el estallido de conflictos y protestas. El
resultado: años de amenazas y violencia, con personas heridas y muertas, y una situación
de división y resentimiento dentro de las comunidades. Los dirigentes comunitarios que
protestan contra las actividades mineras se convierten a menudo en blanco de amenazas,
intimidación o ataques. En la mayoría de los casos, los responsables de esos actos no han
rendido aún cuentas.

La minería industrial de metales en Guatemala se lleva a cabo principalmente en zonas


rurales. A consecuencia de ello, tiene un impacto desproporcionado sobre los pueblos
indígenas, que tienden a vivir en zonas rurales, y sobre sus tierras. Históricamente, los
pueblos indígenas han sufrido discriminación, y hoy día su proporción sigue siendo excesiva
en los sectores de población que viven en la pobreza extrema y que ven limitado su acceso a
la educación y la salud, entre otros derechos. Muchas veces, los pueblos indígenas han
sufrido las consecuencias de mecanismos inadecuados de resolución de conflictos en torno a
la tenencia de la tierra, conflictos que, con frecuencia, se derivan, entre otros factores, de
la extrema desigualdad en cuanto a la distribución de la tierra existente en Guatemala.

Los pueblos indígenas también han sufrido los peores excesos del conflicto armado interno
que concluyó en 1996 y que se cobró las vidas de más de 200.000 personas. Tal como
expone este informe, las comunidades preocupadas por el impacto que la minería
puede tener en sus derechos humanos han denunciado repetidamente que no se las
consulta de manera adecuada cuando se proponen esos proyectos. Según las normas
internacionales de derechos humanos, Guatemala debe garantizar que se consulta con la
población potencialmente afectada y que se la informa adecuadamente de las posibles
repercusiones tanto positivas como negativas.

El marco jurídico existente que regula el proceso de solicitud de licencias de minería no


garantiza la oportunidad de una consulta significativa con la población afectada. Además, las
normas internacionales de derechos humanos establecen que esos proyectos sólo deben
llevarse a cabo con el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos
indígenas.

Es fundamental que, en todo proyecto de desarrollo, los derechos humanos estén protegidos,
sin excepción. Esto se aplica sin duda a los proyectos del sector extractivo. El hecho de que
puedan surgir conflictos en torno a los proyectos mineros no justifica el
incumplimiento de las obligaciones en materia de derechos humanos. En 2013, el
gobierno declaró el estado de emergencia en algunas zonas afectadas por las protestas
contra proyectos de minería e hidroeléctricos, una medida utilizada normalmente en tiempos
de guerra o cuando se producen catástrofes naturales.

El actual gobierno de Guatemala ha reconocido que existen problemas en el marco jurídico


vigente y, por tanto, en julio de 2013, propuso una suspensión de dos años en la concesión
de nuevas licencias de minería para la extracción de metales. Además, en 2012 propuso
una serie de reformas a la Ley de Minería, actualmente ante el Congreso. La suspensión
propuesta y la intención de reformar las leyes vigentes brinda al gobierno una oportunidad de
reforzar las protecciones en materia de derechos humanos a la vez que se modifican las
actuales normativas sobre minería para que cumplan las obligaciones internacionales
contraídas por Guatemala.

Con este informe, Amnistía Internacional insta a las autoridades de Guatemala a garantizar


que el nuevo marco normativo se basa en salvaguardias de derechos humanos.

El informe expone el contexto general en el que se encuadran los conflictos y las disputas en
torno a la minería, y después examina casos específicos de conflictos, para a continuación
estudiar algunas de las obligaciones internacionales en materia de derechos humanos que
Guatemala debe cumplir respecto a las comunidades indígenas y no indígenas antes de
conceder licencias de minería.

Muchas de las empresas mineras más destacadas que operan actualmente en Guatemala
son filiales de empresas canadienses. Amnistía Internacional pide a todas las empresas
que cumplan con su deber de respetar los derechos humanos en el contexto de sus
operaciones, e insta específicamente al gobierno canadiense a promulgar legislación que
establezca normas obligatorias de responsabilidad empresarial para las empresas extractivas
canadienses que operan en el extranjero, así como remedios legales, en Canadá, para
personas de ciudadanía extranjera que se vean afectadas por empresas extractivas
canadienses.
Mina Marlin – San Marcos
El cierre de la minera, ubicada en San Marcos, también la compromete a desarrollar un plan
de recuperación ambiental del lugar.

Alfredo Gálvez, gerente de Goldcorp en el país, propietaria de la operación, explicó que el


proceso de cierre llevaría entre cuatro y cincos meses.

En la actualidad, la mina procesa más de dos mil toneladas diarias de material producto de la
extracción.

La mina sobrepasó las expectativas de producción y en los estudios emitidos en el 2003 se


calculó un potencial para producir 200 mil onzas de oro en 10 años, y en 12 años se llegará a
una producción acumulada de 250 mil onzas.

l ejecutivo informó que en el 2006 se exportaron 160 mil 934 onzas troy de oro y un millón
598 mil 516.9 onzas troy de plata. El 2011 fue el año en que reportó mayor facturación, con
382 mil 521.08 onzas troy de oro y ocho millones 769 mil 794.47 onzas troy de plata.

Debate

Rafael Maldonado, asesor jurídico del Centro de Acción Legal, Social y Ambiental, aseguró
que antes de que los ministerios de Energía y Minas y de Ambiente aprueben el cierre, se
deben resolver algunas acciones legales como esclarecer responsabilidades en el colapso
de uno de los túneles, a causa del cual murió una persona.

Además, en el 2012 un grupo de líderes comunitarios presentó una denuncia penal contra la
empresa, por contaminación industrial de agua en ríos y alrededores, y aunque el Ministerio
Público investigó, no se ha concluido el caso, según Maldonado.

etiro del cianuro

En el proceso de extracción de minerales de metal se usa cianuro, y bajo los estándares


mundiales, es requerimiento eliminarlo de las instalaciones, y para ello se necesita lavado y
neutralización.

“Lo que se hará es utilizar el agua que actualmente se usa para extraer los metales y se va a
pasar por la planta de destrucción de cianuro”, expuso Gálvez. Un sistema de tubería cerrada
y un equipo especial destruirá las moléculas de cianuro a través de reacción química.

El proyecto Marlin llegó a contratar a tres mil trabajadores y en la actualidad tiene mil 200,
entre ellos 900 mineros y otras personas que prestan servicios con otras empresas.
La operación minera en el país tuvo su auge, según el Banco de Guatemala, en 2014,
cuando registró una tasa de crecimiento del 46.7%; sin embargo, en 2015 se desaceleró
hasta llegar a 8.4%.

Para 2016 experimentó una caída de 8.5%, y para este año se prevé una baja más
pronunciada, de 10.7%.

El Ministerio de Ambiente refirió que aún está a la espera del informe de la empresa, donde
indique las medidas de mitigación.

LA FIEBRE DEL ORO


Marlin tuvo ingresos por 
Q32 mil 787.6 millones durante los 11 años de operación, lo que representa casi tres veces
el presupuesto aprobado en 2017 para el ministerio de Educación, o siete veces el gasto de
Salud.

Para Guatemala, la fiebre del oro en San Marcos representó ingresos por Q705.29 millones,
en concepto de regalías impuestas y voluntarias, casi nueve veces el presupuesto anual del
Ministerio de Energía y Minas. 

A través de la fundación Sierra Madre, la empresa invirtió, según sus propios registros hasta
diciembre de 2016, Q426 millones 601 mil 644.25 en desarrollo sostenible para más de una
decena de comunidades de los dos municipios donde comparte territorio.

Aunque se tiene planificado el cierre de operaciones de extracción en mayo, los trabajos de


recuperación ambiental y el desmantelamiento de toda la infraestructura se extenderá hasta
2020.
El incómodo vecino

“Yo nunca ofrecí mi terreno a la empresa minera. Yo aquí nací, aquí vivo y aquí me voy a
morir”, dice Gregoria Pérez. “El dinero lo puedo recibir, pero mañana ya no lo puedo tener”.

Con 46 años, Gregoria se empeñó en convivir con Marlin, en la aldea Agel, una de las tres
más cercanas al proyecto. Desde su casa de adobe y lámina se ve pasar la maquinaria que
trabaja en la extracción de oro y plata, 24 horas 7 días de la semana.
Gregoria,

a diferencia de su padre que sí vendió su terreno por Q3 mil la cuerda, se resistió a ceder su
tierra. “Cuando quisieron –sus padres— comprar en otro lugar no les alcanzó el dinero, el
precio era el doble”, dice.

Gregoria para 2004 era parte de unas 150 familias que vivían en Agel que junto a San José
Nueva Esperanza y San José Ixcaniche, estaban sobre una veta de oro en la que se interesó
Montana Exploradora.
El área de interés de la empresa canadiense se delimitó en 20 kilómetros. Al igual que los
padres de Gregoria, mucha gente vendió sus tierras y se mudaron, otro grupo, además, tocó
las puertas de Marlin y consiguió un empleo.

La construcción de la mina Marlin terminó en 2005 y comenzó la extracción de oro a cielo


abierto y mina subterránea. Una montaña completa cedió a la maquinaria pesada que hizo
un tajo de 800 metros de longitud y 100 metros de profundidad.
Según reportes de la empresa, de 2005 al 2016 se extrajeron 2 millones 229 mil 246 onzas
de oro, lo que es igual a 63.2 toneladas, que bien podrían compararse al peso de un avión
Boeing 737, cargado con unos 130 pasajeros. 

Entre enero y mayo de 2017, cuando se tiene planificado el cierre de operaciones, se


proyecta una producción adicional de 40 mil 869 onzas de oro y 1 millón 846 mil 933 onzas
de plata.
Pueblo dividido

Unos vendieron, otros buscaron trabajo y otros se mantuvieron reacios al proyecto. Para
Gregoria, 11 años después de la llegada de Marlin, no existen diferencias significativas y se
aferra a su convicción, lo que hizo fue lo mejor.

“Las personas que trabajaron para la mina viven igual que nosotros”, dice Gregoria. “Algunos
en lugar de estar mejor comenzaron a gastarse el dinero en licor”.
El precio del desarrollo

En San Miguel Ixtahuacán predominan los terrenos áridos y rocosos, con una incipiente
agricultura de subsistencia y la crianza de animales de patio para el consumo.

Las dos vías principales de acceso a Ixtahuacán fueron asfaltadas por Marlin. Antes de 2004
eran carreteras rurales, de terracería.

Aunque el comercio nunca fue bastión de la economía de Ixtahuacán, sus ingresos lo


posicionan como la segunda economía más fuerte del departamento, con Q1 mil 157
millones 163 mil 638 de recursos recibidos en la última década.
“Las mineras deberían pagar más” dice Ovidio Domingo, actual diputado al Congreso por
San Marcos y alcalde de San Miguel Ixtahuacán entre 2007 y 2015. “Luchamos por eso pero
no se logró”.

Registros del Ministerio de Finanzas dan cuenta que el municipio recibió entre 2005 y 2015
Q335.5 millones de regalías mineras, recursos que según Domingo, durante su gestión se
invirtieron en proyectos de salud, educación y productividad.

“Todavía estamos investigando cuáles fueron los proyectos que se hicieron con el dinero
entregado por la mina”, dice Federico Pérez, actual concejal de San Miguel Ixtahuacán.