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Aravind Enrique Adyanthaya

Concepción 8
San Germán, Puerto Rico
2010
©2010. Aravind Enrique Adyanthaya

Concepción 8: libros y películas


8 Calle Concepción
San Germán, Puerto Rico 00683
www.concepcion8.com

Diseño de portada: Milton Ramírez Malavé

Corrección: Luis Rafael Pagán

ISBN 978-0-9820404-2-3

Prohibida la reproducción total o parcial de este libro sin permiso del autor.
Todos los derechos reservados. Para información sobre derechos de repre-
sentación teatral, favor de escribir a: editor@concepcion8.com
Nota del autor

Los escritos reunidos en este libro abarcan una producción


regada en tiempo e intención.

“Y la Vampira de la Parguera le dijo a los nenes...” fue


originalmente publicada en la columna “de Trasmano” del
suplemento EN ROJO del periódico Claridad. Fue una de las
pocas narraciones que salieron en mi espacio mensual en ese
semanario antes de que las substituyera por tirillas cómicas
criollo-victorianas de fabricación casera.

“La Mano” tiene una historia más tortuosa. Primero fue cuento
folclórico. Después una estampa u “ora-canción” de la obra
teatral Íconos de vellonera. Aquí finalmente ha tomado la forma de
ficción neopolítica e idólatra.

“Ánima (I)” y “Julia y el fondista de cementerios” son del 1996


cuando empezaba a experimentar con relatos hiperbreves y
hacen referencia a mis años de estudiante de medicina en la
Clínica Mayo de Rochester, Minnesota.

“Agencia hípica” y “Lecturas del Apocalipsis” salen de bocetos


que no llegué a terminar para mi primera antología, Lajas.

“Notas sobre la prospección del Maligno” corresponde a los


años 2005 al 2009, cuando ejercí como profesor universitario.
“Ánima (II)” y “Ánima (III)” son del 2006. La última es escritura
ajena.

“Ourumaru”, “Matadero”, “Disposiciones escénicas para la


taumaturgia, o El retorno del Buque Maldito” y “El guante de
Garuda” son cuentos más recientes que escribo después de
haber editado El Informe Cabrera de Pepe Liboy.

Dos piezas de teatro se incorporaron para facilitar el flujo del


libro.

“El Marqués de Sade le teme a la mar” se escribió inicialmente


como una obra breve que después pasó a formar parte y dar
nombre a una producción más extensa de Casa Cruz de la Luna
presentada en el Teatro Frade, en el Teatro Yagüez y en el Teatro
de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras durante abril y
mayo del 2009. En esa ocasión Limary Ruiz Aponte, Alejandra
Maldonado, Omar Colón Muriel y Geoffrey Lasalle interpretaron
los papeles del episodio. El texto aquí publicado corresponde a
la pieza corta original.

“2 y 11,000” no ha sido representada al momento de esta


edición.

Con las “Tajadas de vida”, algunas de las cuales ya han


aparecido en la revista La secta de los perros y en la página virtual
estruendomudo, anticipo otros ejercicios.
“Y la Vampira de la Parguera
le dijo a los Nenes...”

Y la Vampira de la Parguera le dijo a los nenes, vamos a ver


cómo se empieza. Vamos a ver, después de pencas, pingas y
circunvalaciones, cómo. Y los nenes dijeron ¿CÓÓÓÓÓÓÓÓ-
ÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓMO? Y los nenes dijeron Sí. Y los nenes
dijeron Era una tarde pluvial en la que la lluvia había sido tanta
que había comenzado a compenetrarse con la mar. Haciéndose,
deshaciéndose. Como moco. Como como. Y los nenes dijeron
¿CÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓ
ÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓMÓ? Besándose sucesivamente las entrañas.
Sucesivamente. Yo estaba transitando, dijo la Vampira, por el
salitral. Y los nenes dijeron buscando macho. Y los nenes dijeron
la Vampira era bonita. Y los nenes dijeron buscando nene. Y
los nenes dijeron la Vampira tenía tetas de niebla. Y los nenes
dijeron Sí. Era una inclemencia, dijo la Vampira, una inclemencia
y un huracán y yo estaba transitando sobre un fondo real. Era
también que, dijo la Vampira, yo estaba pasando por una etapa
particularmente difícil [(…)] Era también que al levantarme en
mi caseta de playa Criolla, de mi sarcófago Isleño, aquella mañana
Autóctona me había dado cuenta, en una Palpitación, que de los
monstruos de esta Tierra yo era lo único que Permanecía. Diáfana.
Mala. Capaz. Era también que (y aquí entreabrió su boca) una se

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cansa. En esta vida. Y un preguntón le interpeló Oye, ¿pero tú
no estás muerta? Era también que (y aquí introdujo un apéndice
violento de su estructura en el ombligo terso, peludo y virgen del
preguntón, chingándoselo, hurgángoselo, babeándoselo, calzándo-
selo, aventándoselo ernú completo en su enteridad y, finalmente,
celebrándoselo), yo soy la única Cosa Decente que queda en este
País. Y los nenes dijeron, postrándose, por favor, Inclúyenos en
Tu Entierro.
Entonces fue. Pasando (coma) (,) transitando(,) (coma) cuando
a la Vampira se le ocurrió poner en práctica cierta noción que ella
tenía sobre los paradigmas, consecuencias y ejercicio de su propia
naturaleza.
Y la Vampira alineó a los nenes.
Y en ellos (mediante ellos) la Vampira puso en práctica esa noción
que ella tenía sobre los...
de la naturaleza.
Seguido una lista de las acciones o eventos terribles de los nenes.
1.25 Nos levantamos temprano.
1.33 Nos lavamos los dientes.
1.39 Nos lavamos las manos.
2.1 Nos limpiamos los cucús.
2.8 Contestamos el e-mail.
3.77 Mamamos largo.
4.11 Matamos criminales.
4.12 Matamos gente.
2.3 Nos desmedimos en la esperanza o visión de otras personas
como víctimas.

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2.5 Rogamos. En la esperanza o visión de otras personas como
víctimas.
3.1 Fuimos al cine.
3.2 Fuimos a las tiendas.
3.3 Fuimos al mall.
5.20 Nos restregamos las pingas y las chochas hasta cumplir
función conyugal.
3.01 Creamos. Obituarios septentrionales. Copias septentrionales
de nosotros mismos.
3.58 Anquilosamos tendones.
2.0 Nos peinamos.
4.6 Disfrutamos de las piraguas y de la playa.
5 Nos carnalizamos.
5.18 Nos transubstanciamos en policías, dueños de negocios,
políticos casados, cantantes cristianos.
6.2 Irrumpimos en una casa donde vivía una persona. Había
adornos, figuras, un catre, un vaso de agua. Fuimos sistemáticos.
Rompimos los adornos, rompimos las figuras. Desnudamos a
la persona. Quemamos la ropa de esta persona y quemamos su
cama. Nos dimos cuenta de que esta persona ya estaba muerta.
Quemamos la piel de esta persona. Abusamos. Quemamos la piel
de esta persona con una marca de alteridá. No le cabe otra palabra.
Pero dejamos el vaso de agua.
7.8 Vomitamos en la mar.
11.0 Nos ahogamos en el vaso de agua.
1.2 Completamos la tesis.
11.59 Nos dimos cuenta que no sólo portábamos la misma

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marca, sino también que ésta era irrestrictamente acomodaticia
(adaptable).
No creo, dijo la Vampira, ya casi al borde del solsticio, que las
cosas sean lo que son. No creo, que yo sea la llamada (enraizada en
un marasmo de sensaciones). No creo, en definitiva, volviendo en
sus propios pasos a cosas de siempre, lo sincopado, lo sanguíneo,
a la excreta, lo movedizo, la sanguaza, a la mierda, la mostranza, al
Espíritu, al temporal, que Las Cosas vayan a salir.
Y los nenes dijeron ¿CÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓÓ-
ÓÓÓÓÓÓÓÓMO?
Y la Vampira dijo no creo, pausa, que dicha pregunta esté
justificada.
Y los nenes dijeron vente.
Y la Vampira dijo Síganme, si se atreven.
Y los nenes la siguieron.
Al maremoto. A lo temporal.
Hasta una casita de las antiguas parcelas de la Parguera donde
la Vampira sacó de una lata de galletas Sultana sus joyas de fantasía
y se las puso. Es de notar que en esta casa también había adornos,
figuras, un catre y un vaso de agua. Y la Vampira señaló la puerta
y dijo, por esa puerta un día entraron un chorro de policías
blanquitos con los pezones mofolongos paraos en destacamento
y me los chupé, por esa puerta un día entró el dueño de una
estación de radio de rap cristiano con su esposa que era candidata
primarista por acumulación por el Partido Popular Democrático
por el Distrito del Carajo (y por Mayagüez) y me los chupé, por
esa puerta un día entró el profesor en meteorología y fenómenos

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el Dr. D. Clay McDowell (¿acaso alguien lo ha visto después de la
década del setenta?), por esa puerta un día entraron los nenes...
(puntitos suspensivos) En ciertas bodas, Jesucristo Nuestro Señor
Que Dios Lo Tenga en Su Santa Gloria (Y lo tiene que tener,
porque Si No) y Me Lo Haga Un Santito, multiplicó el vino, en
otra ocasión fueron los panes y los peces. Pero, ¿qué se le olvidó
multiplicar? A ver, ¿qué se le olvidó multiplicar a Jesú? ¿Qué se le
olvidó multiplicar a Chú? Salud. Gracias.
Los nenes no dicen nada.
Y nada es la respuesta correcta. Porque el que nada no se ahoga.
Y la Vampira de la Parguera empezó a multiplicar el agua. Y
los nenes a acogerla. Agua que la Vampira le adjudicaba por pa-
langanas folclóricas, por drones municipales, QUÉ FELICIDAD,
QUÉ FELIZ ME SIENTO, por pailas galvanizadas. Que los
ensanchaba, los erotizaba, los gozaba mucho aparentemente y
la Vampira vio PERO QUÉ SENSACIÓN DE BIENESTAR
que esas boquitas de nene no eran suficiente. Y empezó a
meterle fuete ENCANDÍLAME, DIÁLISIS CASERA!! agua
ENCANDÍLENME por los rotitos de las narices, de las orejas, los
cucús y otros rotitos que encontró. TOMEN MAR SANTORAL
DE BELLACOS Y los nenes se pusieron fuchas PERO Y QUÉ
SE ME HABRÁN HECHO LOS NENES? y dilataron los poritos
y se le salieron los pelitos. Y echaron un vientecito que decía ¡Qué
es esto en el aire! Y la Vampira decía esto (,) (coma) esto... (tres
puntitos) Y la Vampira se reía mucho JAJAJAJAJAJAJAJA y se
hacía micción de la risa. ja Y decía Ay es que estoy esquizofrénica
FURIOSA. ESTOY MUERTA, CARAJO. Ay, estoy bien buena.

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Estoy diagnosticá. Ay (,) (coma) coño (punto). Es que estos nenes
me recuerdan tanto a las personas de estatura dESAVENTAJADA
de Blanca Nieves. Y es menester hidratarlos bien MALDITA SEA
pa’ que rebajen. ¿DÓNDE ESTÁRA lA SEMIOSIS? Hay que
meterle mucha enema. ¿Dónde SE HABRÁ metío? Yo quiero
ser incluida en el Índice de Manrique Cabrera. ¡!!!!!!!CHORRO
‘E SECRECIONES CRICA En las filas. AY; SANTÍSIMO.
FUÑETA. En los censos. MAYÚSCULAS. ¡Que se me salen las
galletas Sultana! ¡!!!!!!SE ME SALAN!!!! ⅔ partes de la superficie
del mundo 80% del cuerpo Y me han roto las figuras, AGUA
MANSA ¿¿ QUE TU QUIERES DE MI? ¿CORREXIÓN
ORTOGRÁFICA? Me han achicharrao la tota y los voy a explotar
a tós como boriles (que son unos peces bien feos que hay en la
Parguera) NO HAY REFORMA Ay que bellos son los adornos
NO HAY REFORMA !!! Los organismos, ¿pueden ser entéricos
o pueden ser cutáneos? QUE NO ME HE VESTÍO TANTO
Y TAN BIEN PA’ LLEGAR HOSTIA TARDE A LO SITIOS
¡ Qué bueno es vivir. NO HAY REFORMA Qué asquerosidad.
¡!!!!NO HAY REFORMA!!!! (Ay, pero a la verdad que de los nenes
hoy ha habido como que lucimiento.) Abro paréntesis
No hay ( abro paréntesis ((
Y se fue. Una y la misma. Ida. Oceánica. Recordada. De ella,
evangélicamente, crearíamos una retórica. Para volver a volver
marcada por negociados del tiempo, para volver a volver en
vaticinios apocalípticos de ondas de radio cristiana, en bohiques,
fosforescencias y en el árbol de violetas de la India, para volver
cuando vuelva la edad de oro de los pescadores y los ocultistas

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de la Parguera, cuando los cadáveres de tres policías que una
mujer, no se sabe cómo, acribilló y descuartizó cuando intentaron
metérsele en su casita de las parcelas y después arrojó a la mar,
vuelvan, comiéndose la lata de galletas Sultana, besando agua. Y la
Vampira convidó a los nenes. Y los nenes le pidieron perdón con
sus manos y sus macanas (que eran como pipís, partidos o patrias
bien grandes) llorando, escamoteándosele, al fin, viniéndose
capados completos contra la lluvia, quien lo diría, lagrimeando. Y
la Vampira dijo ¡AY! (pero ahora es que esto está se está poniendo
bueno...) [...] Y los nenes dijeron Sí.

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Agencia hípica

Las agencias hípicas han ido escaseando en los pueblos. Hoy


son códigos para otras cosas, para otras gestiones. Alopáticas,
matizadas por cierto sabor típico y cierto orden de oficina de
médico. Sudorosas. Familiares. Son casi chinas.
En Lajas, la agencia hípica de la 65 de Infantería pertenecía a
mi abuelo quien también manejaba el alquiler de las máquinas de
pinball del pueblo. Hoy voy a la Agencia Hípica 671 en la Calle
Rama de San Germán. Juego a un caballo al azar. Y sale. Juego
a otros tres en la trifecta de la cuarta carrera. Y salen. Y al día
siguiente, a la quiniela. Hablo con la Señora de la botánica del lado
quien quiere saber de dónde viene mi poder. Yo le digo que oigo
un programa de caballos por la radio. Escucho: “a un pescuezo del
ejemplar”, “a sólo un cuerpo de la lucha”, “cerrada la compuerta
delantera en breve”, y “furlong” (un octavo de milla).
Que de allí me vienen algunos términos. Después lo apago,
pero lo sigo oyendo en la mente. La Señora le sacrifica a un Indio
de talla natural detrás de la puerta. Me hace comprar una medallita
de San Francisco de Asís. Vende plasma en bolsitas de plástico
zip lock y estampitas de fotos polaroid del pueblo. Salgo, pero
vuelvo para preguntarle si sabe por qué a mí no se me ha dado
pareja. Ella despliega varios concentrados para baños hechos de
agüita y mucho bejuco en el mostrador. La Caridad está dentro de

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una pecera con agua. Le alimentan bolitas de azul añil. El plasma
se consolida en sangre. Yo me tomo el agua, el añil. Entonces
hablo.
En Lajas, la Agencia Hípica de la 65 de Infantería pertenecía a
mi abuelo, quien también manejaba el alquiler de las máquinas de
pinball del pueblo. Había un cristal espeso, verdoso en sus bordes
biselados, con un hueco semilunar para las transacciones. En un
segundo cuarto, detrás de una división de madera ranulada, se
guardaban las piezas y los cuerpos de las máquinas. Este almacén
contenía desorden y también una pica muy antigua. De niño
los caballos de madera de la pica llamaban mi atención por su
color carne, lo compacto de la pose de los jinetes y los numeritos
pintados. Cada uno estaba ensartado en una vara mohosa que los
unía en mecanismo. Hoy me doy cuenta que constituían obras de
arte. Pensaba que la gente que apostaba en la agencia no lo hacía
a caballos de carne y hueso, sino a estos de madera, de erosión.
[Estaba en la edad en la que tal efecto tenían los objetos.] De igual
forma, concebía a los apostadores por sus prendas: el Señor del
reloj Bulova; el de la medalla con la cara de Cristo con espinas y
guayaberas filipinas tejidas, filigranadas; el Señor de los cigarrillos.
A veces entraba a un sitio y las personas se tornaban dispensables,
opacas.
Entonces era la belleza de las cosas reales. Gavetas, banqui-
tos y muebles de metal brillosos, abundantes para aquel tiempo.
Esquematicé la agencia hípica como esquematicé mi casa. Era
coronado (poseso) regular, metódicamente, por emblemas de
marcas de sodas y gasolinas. Los dioramas dinámicos y sonidos

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de campanas convexas del pinball me sostenían por días (meses).
También, los enseres
Estos modos o efectos de las cosas inanimadas, persistentes
por años, lograron ejercer una escisión entre el pueblo y yo. Esto
es, un aislamiento en relación a la gente. Se me estimaba taciturno.
Casi no hablaba (no interaccionaba) y en algún momento se pensó
que podía tener un defecto de cognición. Esto porque dudaba
que las personas tuvieran realidades sostenibles. En las losetas, las
pinceladas blancas sobre rosa (en casa), sobre verde (en la agencia)
eran como filamentos quemados de caña porque aunque claras,
terminaban en pizcas de un verdigris muy oscuro.
No salí de esta etapa hasta la adolescencia tardía, cuando
me aficioné a las manos y a los antebrazos e intenté formar
una agrupación. La vida entonces, hasta cierta medida, se me
desplegó.
Ahora, a los 55 años siento que vuelvo a tomar la inmersión
en los objetos de mi modo de ser anterior.
En la agencia de San Germán, un Señor de anillos de coco
y platificaciones me pregunta la edad. Yo le digo, pero sólo lo
veo en sus platificaciones. Él me dice que no la aparento. Pasa
una Señora por la acera y los Señores le gritan las carnes, pero yo
sólo la concibo como un par de aretes redondos, gigantes, como
órbitas de ciencia ficción. Sé que estoy involucionando.
De esta forma, las cánulas e instrumentación de escamar, las
cañafístulas (la pulpa), las figas (o manos de Fátima), devendrán
cirujanos (restauradoras) en mi futuro. Podré estar enjuntado
sin tener persona (sólo su parafernalia). Y las sociedades

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podrán continuar siendo las esquelas; los gobiernos, las fuentes
estilográficas (los escritorios) que ya son.
Antes en el Hipódromo El Comandante corría un caballo
llamado Camarero y le decían: “Camarero, Camarero en el puntero,
Camarero.” Pero ahora el nombre del caballo ha devenido el
nombre del hipódromo.
Un Señor de gafas de carey juega a la exacta y le comento lo
mucho que me place su selección:
“¿Por qué?”
“Es una proyección de vida útil”, le contesto. “A pesar de su
senectud, muy pronto cursará una carrera tecnológica. Su sobrina
le presentará a una amiga. Y tendrán dos hijos. Uno de ellos le
saldrá ausente, pero el otro lo cuidará hasta el final, hasta su último
respiro; será aficionado a carreras de carritos Hot Wheels y lo
acariciará mucho.”
“¿En la frente?”
“Sí. Lo acariciará en la frente.”
“Le prendo incienso”, me dice él.
Pienso que en cuanto vengan las fiestas patronales marcho a
las picas para ver cómo deben de haber crecido los caballitos.
“No”, le digo, “ahora soy yo quien voy a jugar una combinación
y usted me dice”.

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