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EL HAMBRE.

LA PANDEMIA
MÁS LETAL Y PROLONGADA DE
LA MODERNIDAD
José Yancarlos Yépez Hurtado
Tania Russián Lúquez

Centro de Estudios Transdisciplinarios


Secundino Urbina, CETSUR.

1
Homenaje póstumo al maestro
Secundino Urbina, en el tercer
aniversario de su desaparición
física.
EL HAMBRE. LA PANDEMIA MÁS LETAL Y
PROLONGADA DE LA MODERNIDAD

Centro de Estudios Transdisciplinarios Secundino


Urbina, CETSUR

Cuadernos Rojos N° 1

José Yancarlos Yépez Hurtado


yepezyancarlos@gmail.com

Tania Russián Lúquez


russiant24@gmail.com

Hecho el Depósito de Ley


Depósito Legal N° FA2020000033
ISBN 978-98-18-1475-7

Noviembre de 2020.

Coro, estado Falcón, República Bolivariana de Venezuela.


Acerca de los autores

José Yancarlos Yépez Hurtado,


Campesino Conuquero.
Abuelo de una nieta maravillosa.
Revolucionario por convicción.
Chavista desde antes de Chávez.
Siempre agradecido de la existencia.
Médico Integral.

Tania Russián Lúquez


Campesina de origen
Creyente de la vida.
Militante de las causas justas
Ingeniero Agrónomo.
Contenido

Introducción. 1

La pandemia sin vacuna. 2

Sociopolítica del hambre. 19

El hambre. Un problema estructural de la sociedad capitalista. 32

Pobreza, hambre y enfermedad. 52

Hambre y cambio climático. 59

Decolonicemos los sistemas de producción agrícola. 64

Literatura Citada. 67
Introducción

En el presente cuaderno se presenta un análisis sucinto del hambre


como un problema de larga data que anualmente cobra la vida de
miles de personas en el mundo y afecta a millones, cifras que se
incrementan día por día. Está estructurado en seis acápites: el
primero, La pandemia sin vacuna, donde se expone las razones por las
que siendo el hambre un problema a nivel planetario es además un
círculo vicioso para mantener el negocio capitalista del alimento. El
segundo, Sociopolítica del hambre, en el cual se compara la agricultura
de las culturas ancestrales con la agricultura a lo largo de la
modernidad. La revolución verde como estrategia para despojar a los
agricultores originarios de sus medios de producción, la tierra, el agua
y las semillas. El tercero, El hambre. Un problema estructural de la
sociedad capitalista, el cuarto, Pobreza, hambre y enfermedad, explica
la relación entre estos tres flagelos como constructos de la
modernidad. El quinto, Hambre y cambio climático, describe los “daños
colaterales” al ambiente promovidos por la actividad depredadora del
capitalismo que en repercuten en la pérdida de las cosechas y en
consecuencia incrementan el hambre sobre todo en los países más
pobres y el sexto, Decolonicemos los sistemas de producción agrícola
hace referencia a la revalorización de los modos de producción
autóctonos como estrategia para conservar el ambiente y reducir o
eliminar el hambre.
La pandemia sin vacuna

El 2020 comienza con una pandemia que al momento de escribir estas


líneas supera, a nivel mundial, el millón de personas fallecidas como
saldo. El Sars-CoV-2 (covid-19) tiene una baja tasa de mortalidad, por
lo general en personas con patologías de base, así que traducido en
palabras de los científicos, el 81% de los contagiados superará le
enfermedad como una “gripe”. En este orden de ideas varios países y
empresas farmacéuticas están abocados a la consecución de la vacuna
que prevenga el contagio a fin de comercializarla con todo aquel que
quiera ser inmunizado y, por supuesto, que pueda pagarla.

No obstante, en cifras de la FAO1 el siglo se inicia con alrededor de 900


millones de personas subnutridas en el mundo, cifras que según
señala este mismo organismo presentan una ligera disminución en los
años subsiguientes para luego incrementar hasta 870 millones de
subnutrición crónica entre 2010 – 2012. Para finales del 2019, se
registraban más de 820 millones de personas en situación de hambre.
En otras palabras, el hambre ha sido un padecimiento que afecta en
grandes proporciones y que ha perdurado por siglos y para el cual, tal
parece que no existe vacuna.

Dice Caparrós (2015) 2 …«Comer es ensolarse. Comer —ingerir


alimentos— es hacerse de energía solar. Fotones diversamente
cargados caen incesantes sobre la superficie del planeta: por ese
proceso sorprendente que llamamos fotosíntesis, las plantas los
atrapan y los transforman en materia digerible» visto así, el hambre
debería ser un problema sencillo que el hombre y su sapiencia ya
debería tener resuelto, sobre todo porque hasta ahora nadie se ha
adueñado de la energía solar.

1 FAOSTAT (2020). Datos sobre alimentación y agricultura. Página web.


http://www.fao.org.faostat/es/
2 Caparrós, M. (2015). El hambre. Anagrama. Barcelona. 632 p.
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 3

El hambre es el gran negocio del capitalismo. Para continuar vivos


tenemos que alimentarnos, entonces el capitalismo convirtió el
alimento en mercancía a fin de producir hambre para vender
alimentos. Desde 1946 la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) hace intentos por lograr, aunque
sea medianamente sus metas que son:

1. La erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y la


malnutrición;
2. La eliminación de la pobreza y el impulso del progreso económico
y social para todos; y
3. La gestión y la utilización sostenibles de los recursos naturales,
incluidos la tierra, el agua, el aire y los recursos genéticos en
beneficio de las generaciones presentes y futuras.

No obstante, como se evidencia en sus propios reportes hasta ahora


cada día es más evidente su fracaso, siendo este mayor en África y en
América Latina. Para el 2019 3 en porcentaje de personas en situación
de inseguridad alimentaria a nivel severo y moderado para África se
ubicó en 51,6 % (19 % a nivel severo y 32,6 % a nivel moderado)
mientras que para América Latina en 31,7 % (con 9,6 % y 21,1%,
respectivamente). Casualmente los dos continentes más saqueados
durante y después de la colonia.

Del mismo modo, a sabiendas que en la modernidad occidente


convirtió el alimento en mercancía y que esta se impuso a todos los
pueblos del mundo, la FAO llega a conclusiones obvias, por decirlo de
un modo comedido, al señalar que …«Por lo general, los países que
padecen inseguridad alimentaria aguda en grado de crisis también
experimentan un caos económico» y que …«Los episodios de
desaceleración y de debilitamiento de la economía a menudo
conllevaron el aumento del nivel de desempleo y oportunidades de
ingresos limitadas, lo que disminuye el poder adquisitivo de los
hogares y agrava la inseguridad alimentaria y malnutrición».

3 FAOSTAT (2020). Ob. Cit.


4

Esto es, los “pobres” carecen de “recursos” para comprar su vida. Al


respecto, dice Rahnema (2001) … «El crecimiento económico
acelerado sigue siendo, para estas campañas, la única forma realista de
satisfacer las necesidades de los pobres. Lo que está totalmente oculto
para este razonamiento es que los modernos sistemas de producción
orientados al beneficio son los principales productores de las
escaseces que sufren los pobres. La economía produce muchos bienes
y servicios sin precedentes para quienes pueden pagar el costo. Pero
todavía crea, para aquellos que no pueden, nuevas escaseces en las
mismas áreas».

Continúa Rahnema …«todos los sistemas modernos de producción


agrícola hacen aumentar la productividad de los alimentos. Sin
embargo, el mismo proceso despoja a los pobres de sus propios
medios y maneras de producir y explotar la tierra. Su entorno natural
y social, sus instrumentos de conocimiento y el conocimiento se
destruyen, junto con sus posibilidades de encontrar sus propias
soluciones a los problemas creados para ellos. La mayoría de los
avances en otros campos de la actividad humana como tecnología,
educación, salud, vivienda, etc., fuerza a sus "desertores" a un mundo
de creciente escasez».

Es así que el modelo agrícola “progresista” es intensivo,


agrotecnológico, totalmente mecanizado, transgénico, altamente
contaminante y destructivo del ambiente. Ese modelo impuesto desde
las grandes potencias del occidente a través de un proceso profundo
de transculturización, oculta de modo premeditado las prácticas
agrícolas ancestrales las cuales promovían, y aun promueven, un
profundo respeto por la naturaleza y todas las formas de vida visibles
e invisibles, técnicamente ajustadas a las necesidades, protectoras del
ambiente y sin consecuencias destructivas a mediano ni largo plazo,
de modo de no poner en riesgo las generaciones futuras.

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 5

Por otro lado, a sabiendas que los muy pobres no tendrán dinero para
comprar alimentos, desde occidente las “soluciones” al hambre
generalmente son deshumanizadas, enmarcadas en el modelo
económico capitalista, como la que propone el control de la natalidad y
el retardo en el crecimiento de la población mundial. Como la tesis
Neomalthusiana que plantea que uno de los grandes problemas para la
humanidad es el crecimiento demográfico lo cual afecta directamente
la disponibilidad de alimentos suficientes para responder a los
requerimientos alimentarios de la población. Es decir, matemos antes
que nazcan los competidores que no puedan pagar por el alimento. A
este nivel de violencia llega el capitalismo. Recuerdan que la guerra y
las epidemias ayudaron a reducirla en otras épocas. Pretendiendo,
endilgar la “pobreza” y sus injusticias, a la explosión demográfica, pero
la explosión demográfica no es la causa, la causa es “el desarrollo”.

El uso de término pobreza, tal como se conoce hoy día, también fue un
invento de la sociedad mercantil. En palabras de Rahnema (1986) «La
pobreza global es un constructo enteramente nuevo y moderno. Los
materiales básicos que han entrado en el constructo son,
esencialmente, la economización de la vida y la vigorosa integración
de las sociedades vernáculas en la economía mundo».

El Banco Mundial la define como “la incapacidad para alcanzar un


nivel de vida mínimo”. […] Por un lado, “el gasto necesario para
acceder a un estándar mínimo de nutrición y otras necesidades muy
básicas”; por el otro, “una cantidad que varía de un país a otro y que
refleja el costo que tiene la participación en la vida diaria de las
sociedades” (Banco Mundial, 1990: 26-27). Hoy día, gracias a la
modernidad la pobreza se mide por el ingreso per cápita en dólares.
Más específicamente, los que su sueldo no alcanza para comprar la
“canasta básica”. Canasta que está predefinida en cuantos y cuales
alimentos debe poseer.

Por otro lado, la modernidad expresa Wallerstein (1992) se


fundamenta en cuatro pilares: el capitalismo, la ciencia, la
6

combinación de capitalismo y ciencia y el sistema de Estados. El modo


de imponer la modernidad fue a través de la colonialidad por eso, no
hay modernidad sin colonialidad. Esta se impuso a través del discurso
del desarrollo y el progreso, menospreciando y ocultando valores
ancestrales en donde cuentan los beneficios comunitarios sobre los
individuales y donde la conservación de la naturaleza es la norma,
además de otros valores humanos como el respeto y la solidaridad
entre otros.

«Es así como, en la cosmovisión de las sociedades indígenas, en la


comprensión del sentido que tiene y debe tener la vida de las personas
no existe el concepto de desarrollo. Es decir, no existe la concepción de
un proceso lineal de la vida que establezca un estado anterior o
posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que
deben transitar las personas para la consecución de una vida deseable,
como ocurre en el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de
riqueza y pobreza determinados por la acumulación o carencia de
bienes materiales. Sino más bien desde los pueblos y nacionalidades
indígenas, existe una visión holística acerca de lo que debe ser el
objetivo o la misión de todo esfuerzo humano, que consiste en buscar
y crear las condiciones materiales y espirituales para construir y
mantener el Sumak o Allí Kawsay (buen vivir), que se define también
como “vida armónica”» (Viteri, 2002).

Esta colonialidad además de violenta, deshumanizada y depredadora


tiene una alta capacidad de mimetizarse. De este modo se impone en el
imaginario colectivo como algo natural, indispensable. Se disfraza con
propuestas atrayentes a sabiendas que lo que cumplirá será los
propósitos no declarados, que son los que favorecen al sistema
capitalista. Así, para llegar a la erradicación del hambre en todas sus
matices, como lo es la principal meta manifiesta visible de la FAO,
tendría que empezar por autodestruirse. Para poner un ejemplo, la
ciencia moderna a través de la revolución verde destruyó los sistemas

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 7

agrícolas tradicionales a fin de favorecer, principalmente, los negocios


de las transnacionales de semillas y fertilizantes, posteriormente
declaran como en el caso Venezolano aludiendo a la pésima situación
de la agricultura, «se tendió a destruir la agricultura tradicional y a
sustituirla por nuevas formas de producción, implantadas desde el
exterior con muy poca relación con la producción tradicional» (FAO,
2005: 16), pero el mal ya está hecho.

En este sentido la FAO promovió la revolución verde que tenía por


lema: «incrementar la producción para acabar el hambre en el
mundo». En ningún momento se consideró la distribución y
ciertamente que incrementaron la producción, pero a costa de acabar
los sistemas agrícolas tradicionales, tal como lo señala más arriba
Rahnema, favoreciendo la concentración de tierras en pocas manos,
imponiendo el monocultivo así como el uso de un paquete tecnológico
que incluía fertilizantes, plaguicidas, sistemas de riego y lo más
importante, despojando al agricultor de la semilla. De modo que se
favoreció la emigración del hombre del campo a la ciudad o, de
quedarse en el campo, su transformación en jornalero, peón y
asalariado el cual ya no cultiva su alimento sino que pasó a ser parte
de la ya amplia población que requiere de un salario para comer,
incrementando al mismo tiempo la mayor acumulación de capital en
pocas manos.

En 2004, diversas organizaciones de campesinos a nivel mundial a


través de una carta pública al Director General de la FAO4, Sr. Jacques
Diouf, publicada como “La FAO declara la guerra a los agricultores, no
al hambre”, le increpa por apoyar la ingeniería genética de cultivos y
una mayor desviación del financiamiento para investigación hacia este
tipo de tecnología, en desmedro de los métodos ecológicamente sanos
desarrollados por los agricultores. En la misma, los firmantes señalan:

4Vía Campesina. (2004). “La FAO declara la guerra a los agricultores, no al hambre”.
Carta abierta al Director General de la FAO. Biodiversidad 41: 37-41 Recuperado de
https://www.grain.org/media/W1siZiIsIjIwMTEvMDcvMjEvMDRfMjNfMDZfNjcwX29
yaWdpbmFsLnBkZiJdXQ
8

«Si algo hemos aprendido de los fracasos de la Revolución Verde, es


que los avances tecnológicos en genética de cultivos para que las
semillas respondan a los insumos externos, van de la mano con el
incremento de la polarización socioeconómica, el empobrecimiento
rural y urbano y una mayor inseguridad alimentaria. La tragedia de la
Revolución Verde reside precisamente en esa estrecha visión
tecnológica, que ignora los factores sociales y estructurales, mucho
más decisivos e importantes para aliviar el hambre. La tecnología, al
contrario, fortaleció las propias estructuras que provocan las
hambrunas. ¿La FAO no ha aprendido nada?».

Además recalcan el hecho que «Mientras más campesinos se vuelvan


dependientes de la industria biotecnológica, menos opciones tendrán
para apoyar y desarrollar sus propios sistemas agrícolas y sus formas
de vida. Es inaceptable que la FAO respalde la necesidad de propiedad
intelectual de las corporaciones. Esto implica el apoyo de la FAO a la
biopiratería corporativa, puesto que los recursos genéticos que las
corporaciones buscan patentar provienen del trabajo de
mejoramiento que han hecho los agricultores durante miles de años».
No obstante, la FAO por décadas apoyó la conservación genética y
estuvo respaldando proyectos en contra de la erosión genética, o por
lo menos era eso lo que dejaba ver.

En la misma carta manifiestan su malestar por la hipocresía de la


Organización llamada a proteger a los agricultores de menores
recursos:

«Estamos estupefactos de que para prevenir la contaminación


genética (al tiempo que proteger al monopolio corporativo), el
informe apoya la opción absurda de usar Terminator, una tecnología
que impediría que los agricultores guardaran y reutilizaran la semilla
cosechada. Las organizaciones campesinas, de la sociedad civil,
muchos gobiernos e instituciones científicas han proscrito esta
tecnología. Como Director General de la FAO, usted estableció en el
año 2000 que la FAO estaba en contra de la esterilización genética de
semillas. Increíblemente, su informe respalda una tecnología que
pondría en riesgo la alimentación de 1,400 millones de personas en

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El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 9

todo el mundo que dependen de la semilla conservada de su


cosecha».

Es así que hoy tenemos el monopolio de empresas transnacionales que


combinan los sectores farmacéuticos, agroquímicos y de alimentos.
Muchas partiendo del inventario tanto de las tierras sus
potencialidades y clima como de la biodiversidad de los países
“tercermundistas” que se hizo como parte de la ya mencionada
revolución verde.

No habrá vacuna para el hambre, porque no es casualidad que los


países desde donde operan las transnacionales que concentran la
mayor cantidad de negocios sean además de EU, países europeos las
cuales Tahuenca (2004: 63) las clasifica del siguiente modo:

«Estados Unidos tiene 19, Reino Unido 7, Suiza 4, Francia, Alemania y


Japón 3 cada uno, y México 1. A esta concentración por países hay
que añadir la que se produce a nivel empresarial, incluso entre
distintos sectores. De esta forma la empresa Aventis ocupa, en cuanto
a volumen de ingresos por productos biotecnológicos, el primer lugar
en los sectores agroquímicos y medicinas; Novartis el segundo en
agroquímicos, el tercero en semillas y fertilizantes y el cuarto en
medicinas; Monsanto el tercero en agroquímicos y el segundo en
semillas y fertilizantes, está empresa también ha entrado en el sector
medicinas en el año 2000 con su fusión con Pharmacia & Upjohn;
Zeneca/Astra ocupa el cuarto en agroquímicos y el quinto en
medicinas; y Dupont el quinto en agroquímicos y el primero en
semillas y fertilizantes. Queda claro, con estos datos, que la tendencia
es unir estos tres sectores en una misma línea de negocio. En cuanto
al sector alimentos procesados todavía es bastante testimonial la
presencia de estas transnacionales con intereses en los agroquímicos,
semillas, fertilizantes y medicamentos, aunque sí tienen presencia en
él. Norvartis, por ejemplo, produce alimentos para bebés y
deportistas; Astra Zeneca, a través de Marlow Food, hace lo propio
con alimentos alternativos; y Monsanto produce edulcorantes a
través del Aspertama y fue la primera compañía en obtener mayor
volumen de leche de la vaca a través de la hormona bobina
somatrompina (BST)».
10

En 2018 se concretó la fusión de Monsanto, la mayor transnacional del


agronegocio Estadounidense con la Bayer, empresa Alemana de
medicamentos. La Monsanto tiene todo un prontuario de denuncias
por producir el “agente naranja” (utilizado en la guerra de Vietnam), el
refrigerante cancerígeno PCB, la soja transgénica y el agrotóxico
glifosato, principalmente, transformando a Bayer en la mayor empresa
de semillas transgénicas y agrotóxicos del mundo. Señala Aranda
(2018):

«Tres conglomerados, más la alemana BASF, dominan el sector:


Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow (formaron la
nueva empresa Corteva Agriscience). Manejan el 60 por ciento del
mercado global de semillas comerciales, el 100 por ciento del de
semillas transgénicas y el 70 por ciento del mercado de agrotóxicos.
Por su parte la Bayer acumula denuncias de contaminación al medio
ambiente, intoxicación por agrotóxicos, causas judiciales por ensayos
clínicos de productos en la India, afecciones de sus píldoras
anticonceptivas en Estados Unidos, deformidades de pruebas
hormonales en Alemania y Reino Unido. Pero su crimen más
silenciado es el que denuncia Fernando Bejarano González, referido
al acuerdo de la empresa con el nazismo para “desarrollar
experimentos con prisioneros del campo de concentración de
Auschwitz”».

Es por eso que de imponerse la cosmovisión de los pueblos originarios


al planeta, se acabaría un buen porcentaje del “mercado” capitalista,
entre ellos las empresas de alimentos procesados, medicinas,
agroquímicos, semillas y fertilizantes, maquinarias agrícolas,
biotecnología, entre otras. Aunque esto es una mera suposición
romántica que no tiene asidero con la realidad, lo que sí es urgente es
una refundación de la unidad de las naciones, que no tenga el poder
colonialista de Naciones Unidas, una unión que rescate al hombre de
esta “civilización” deshumanizada, individualista, mercantilista,
depredadora de la naturaleza y de su propia especie.

Qué se puede esperar de la ONU cuando la Organización Mundial de la


Salud (OMS) y la FAO aseguraron a través de un comunicado el
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16.05.2016 que «es improbable que el glifosato represente un riesgo


carcinógeno para los humanos” si se ven expuestos a través de la
comida a este producto. Asimismo, dijeron que es poco probable que
este pesticida sea genotóxico para los humanos. En otras palabras, hay
pocas posibilidades de que el producto de Monsanto tenga un efecto
destructivo en el material genético de las células. […] Como tampoco
representan ningún riesgo el diazinón y el malatión». Sobran las
palabras.

Es por esto que la lucha por eliminar la injusticia del sistema


económico internacional existente y establecer el Nuevo Orden
Económico Internacional es parte integrante de la lucha de los pueblos
por la liberación política, económica, cultural y social.

Mientras tanto, la FAO continúa en su discurso que "los progresos


continúan siendo decepcionantemente lentos en relación con los
objetivos de desarrollo a más largo plazo acordados en la Estrategia
Internacional del Desarrollo, en la Declaración y el Programa de
Acción sobre el Establecimiento del Nuevo Orden Económico
Internacional y en la Resolución de la Conferencia Mundial de la
Alimentación y en varias conferencias posteriores". Está lejos de
haberse logrado en la producción agrícola y alimentaria de los países
periféricos, el modesto aumento medio anual del 4% que se planteó
para resolver algunos de los problemas más perentorios del hambre
mundial y acercarnos a niveles todavía reducidos de consumo. Como
consecuencia de ello, las importaciones de alimentos de los países
periféricos, que constituyen ahora mismo un elemento agravante de
sus balanzas de pago deficitarias, alcanzarán muy pronto, según la
FAO, proporciones tales que serán inmanejables. Frente a eso,
disminuyen los compromisos oficiales de ayuda exterior para la
agricultura de los países en vías de desarrollo.

Este panorama no puede ser embellecido. A veces en ciertos


documentos oficiales se reflejan los aumentos circunstanciales de la
producción agrícola en ciertas áreas del mundo “subdesarrollado”, o
12

se destacan las elevaciones coyunturales de los precios de algunos


artículos de la agricultura. Pero se trata de avances transitorios y de
ventajas efímeras. Los ingresos por concepto de exportaciones
agrícolas de los países centro continúan siendo inestables e
insuficientes en relación con sus necesidades de importación de
alimentos, fertilizantes y otros insumos para elevar la propia
producción.

La crisis del sistema económico Mundial no es coyuntural, constituye


un signo estructural que se expresa en un desequilibrio que está en su
propia naturaleza; ese desequilibrio se agrava y magnifica por la
negativa de los países centro de economía de mercado para controlar
sus desequilibrios externos y sus altos niveles de inflación y
desempleo; la inflación se ha generado precisamente en esos países
centro que ahora se resisten a aplicar las únicas medidas que podían
eliminarla, ya que esta crisis es en sí misma el resultado de la
persistente falta de equidad en las relaciones económicas
internacionales, de manera que resolver esa desigualdad, contribuiría
a atenuar y alejar la propia crisis.

Las profundas desigualdades en las relaciones económicas


internacionales, se han hecho, más profundas. Mientras los precios de
la manufactura, los bienes de capital, los productos alimenticios y los
servicios que importamos de los países centro se incrementan de
continuo, en cambio los precios de los productos primarios que se
exportan se estancan y están sometidos a fluctuaciones incesantes. La
relación de intercambio se ha empeorado. Se hace hincapié en que el
proteccionismo, que fue uno de los elementos agravantes de la Gran
Depresión de los años 30-40 del siglo XX, ha vuelto a ser introducido
por los países centro.

Algunos países “desarrollados”, protectores del gran empresariado


trasnacional, intensifican el uso de subsidios internos a determinados

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productos, en detrimento de producciones de mediana y pequeña


escala que son de interés para los países del tercer mundo.

Ahora bien, ya convertido el alimento en mercancía,


transculturalizado los pueblos, fabricado un gran contingente de
“pobres”, haberse apropiado (por dar un término decente) de gran
parte de los bienes minerales, de hidrocarburos y biodiversos, los
países centro atacan la moneda de sus países periféricos de modo de
lograr terminar de asfixiarlos. Denunciaba Fidel Castro ya desde
19795;

«Se viene evidenciando un constante deterioro de la situación


monetaria internacional. La inestabilidad en los tipos de cambio de
las principales monedas de reserva y la inflación, que acentúan el
desequilibrio de la situación económica mundial, crean dificultades
adicionales a los países del tercer mundo, disminuyen el valor real de
sus ingresos de exportación y reducen el de sus reservas de divisas.
Se indica un factor negativo el crecimiento desordenado de los
recursos monetarios internacionales, básicamente mediante el
empleo de dólares devaluados de los Estados Unidos y otras
monedas de reserva. Mientras la desigualdad de las relaciones
económicas internacionales hace incrementar la deuda externa
acumulada de los países en desarrollo hasta más de 300000 millones
de dólares, los organismos financieros internacionales y la banca
privada elevan las tasas de interés, hacen más cortos los plazos de
amortización de los préstamos y ahogan con ello financieramente a
los países en desarrollo, constituyendo todo esto, un elemento
coercitivo en las negociaciones, lo que les permite obtener ventajas
políticas y económicas adicionales a expensas de nuestros países».

El empeño neocolonialista de impedir a los países periféricos ejercer


de manera permanente y efectiva su plena soberanía sobre los
recursos naturales, producción de materias primas, obtener precios
justos y remuneradores para sus exportaciones y mejorar en términos
reales sus ingresos de exportación, obligan a realizar esfuerzos
extraordinarios y en la mayoría de los casos infructuosos. Por lo que,

5 Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado por el comandante en jefe, ante el XXXIV
periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, efectuado en
Nueva York, el 12 de octubre de 1979, "Año 20 de la Victoria".
14

se debe acentuar, ahora más que nunca, la imperiosa necesidad de


fortalecer las relaciones económicas y la transferencia científico-
técnica y tecnológica entre los países del tercer mundo. El concepto de
lo que Fidel Castro6 definió como "autosustentación colectiva" o sea,
apoyo mutuo y colaboración entre los países periféricos de modo que
estos dependan, en primer término, de sus propias fuerzas colectivas.

No se pretendió concebir ésta "autosustentación colectiva", como algo


siquiera parecido a la autarquía, si no como un aspecto de las
relaciones internacionales que ponga en juego todas las posibilidades
y recursos de esta parte considerable e importante de la humanidad,
que somos los países en desarrollo, para incorporarla a la corriente
general de los recursos y de la economía que por su parte puedan
movilizar tanto en el campo capitalista como en los países socialista.

El problema de la disponibilidad energética, solo puede ser examinado


en su contexto histórico, considerando siempre, cómo los modelos
altamente consumidores de algunos países centro llevaron a la
dilapidación de los hidrocarburos, advirtiendo a la vez el papel
expoliador de las empresas transnacionales, beneficiarias hasta fecha
reciente de los suministros de energía barata, que usaron de manera
irresponsable. Las transnacionales explotan indistintamente a los
productores y a los consumidores, obteniendo beneficios “caimánicos”
e injustificados de unos y de otros, a la vez que pretenden
responsabilizar a los países en desarrollo exportadores de petróleo de
la situación actual y de la inestabilidad del mercado.

En la revisión de los principales problemas que afectan a los países


periféricos, los más afectados por la “Pandemia del Hambre”, en el
ámbito económico mundial, no podía faltar el examen del
funcionamiento de las empresas transnacionales. Una vez más se
evidencian como inaceptables sus políticas y sus prácticas. Se acusan

6Fidel Castro Ruz. (1979). Ob. Cit.


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que en busca de beneficios agotan los recursos, trastornan la


economía y violan la soberanía de los países periféricos, menoscaban
los derechos de los pueblos a la libre determinación, interfieren los
principios de no injerencia en los asuntos de los Estados y recurren
con frecuencia al soborno, a la corrupción y a otras prácticas
indeseables, a través de las cuales pretenden subordinar, y
subordinan, los países en desarrollo a los países industrializados.

El primer propósito consistiría en ir paulatinamente disminuyendo,


hasta eliminarlo, el intercambio desigual que hoy prevalece y que
convierte al comercio internacional en un vehículo provechoso para la
expoliación adicional de nuestras riquezas.

Los países en vías de desarrollo, han venido exigiendo que los países
que han generado la inflación y la estimulan con su política, adopten
las medidas necesarias para controlarla, cesando así la agravación de
los resultados del intercambio no equitativo.

Los países periféricos exigen —y mantendrán su lucha por obtenerlo—


que los artículos industriales de sus incipientes economías tengan el
acceso a los mercados de los países centro; que se elimine el vicioso
proteccionismo reintroducido en la economía internacional y que
amenaza con conducirnos a una guerra económica nefasta; que se
apliquen de manera general y sin ficciones engañosas las preferencias
arancelarias generalizadas y no recíprocas, como manera de permitir
el desenvolvimiento de sus industrias jóvenes, sin que las aplasten en
el mercado mundial los recursos tecnológicos superiores de las
economías desarrolladas.

La deuda de los países “subdesarrollados” ha alcanzado la cifra de 7,8


billones de dólares para el 2018. Se calcula que el pago total por
concepto de servicios de la deuda externa asciende a más de 40.000
millones de dólares cada año, lo que representa más del 20% de sus
exportaciones anuales. Por otro lado, el ingreso per cápita promedio
16

de los países desarrollados es ahora catorce veces superior al de los


países “subdesarrollados”.

Pero la paradoja más grande de toda la humanidad a lo largo y ancho


de su existencia es que le debemos a nuestros ladrones. Todavía no es
suficiente los ríos de sangre derramada salvaje e impunemente, el
saqueo del oro, la plata, los diamantes, las perlas, el carbón, el guano,
el hierro, y cualquier otro elemento al que la ciencia moderna le haya
asignado algún interés, por mencionar algunos ejemplos. Desde la
corriente decolonial se ha explicado hasta el cansancio que Europa y
posteriormente Norte América alcanzaron su “desarrollo” a través de
la expoliación de América Latina, principalmente. Cuestión que explica
muy bien Eduardo Galeano en su obra “Las venas abiertas de América
Latina”.

Al respecto, en una entrevista concedida al congresista Mervin


Dymally y al académico Jeffrey Elliot–ambos estadounidenses– el 29
de marzo de 1985, Fidel Castro7 explicaba que “no hay otra
alternativa: La cancelación de la deuda o la muerte política de los
procesos democráticos en América Latina”. Pero Fidel iba más allá.
Insistía en que la deuda externa ya había sido pagada. En la propia
entrevista señalaba:

«Permítame decirle una cosa: Que el oro y la plata extraídos de las


minas de América Latina fueron realmente los recursos que
financiaron gran parte del desarrollo de Europa. Esa es una realidad
reconocida por historiadores y economistas. En aquella época no
existía el actual sistema financiero, el oro y la plata salieron de aquí.
De los recursos aportados por las colonias, que incluye también
África y Asia, se financió en gran parte el desarrollo de Europa y del

7 Fidel Castro Ruz. Nada podrá detener la marcha de la Historia: Entrevista con los
congresistas Dymally Mervin y Elliot, Jeffrey. Lugar: Ciudad de la Habana
Fecha: 27/03/1985. Recuperado de
http://www.fidelcastro.cu/es/entrevistas/nada-podra-detener-la-marcha-de-la-
historia-entrevista-con-los-congresistas-dymally-y

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 17

sistema capitalista mundial. Las antiguas metrópolis tienen una


responsabilidad con el subdesarrollo y tienen, por lo tanto, un deber
y una obligación moral con los pueblos cuyas riquezas succionaron
durante siglos».

Fidel no se refiere únicamente a las más grandes economías…«Yo


pienso que esta obligación no es solo de las antiguas metrópolis, creo
que todos los países que de una u otra forma alcanzaron el privilegio
del desarrollo industrial, sin excepción, tienen un elemental deber de
solidaridad hacia esta enorme área de pobreza y subdesarrollo. Este es
un principio humano y un principio moral».

Los países periféricos demandan que una parte importante de los


inmensos recursos que la humanidad hoy dilapida en la carrera
armamentista sean dedicados al desarrollo, lo que contribuirá,
simultáneamente, a alejar el peligro de guerra y facilitar el
mejoramiento de la situación internacional. Además, demandan un
nuevo sistema monetario internacional, que impida las fluctuaciones
desastrosas que hoy sufren las monedas que prevalecen en la
economía internacional, en particular el dólar norteamericano. El
desorden financiero golpea adicionalmente a los países en vías de
desarrollo, los cuales aspiran a que en la elaboración del nuevo
sistema monetario mundial ellos tengan palabra y decisión como
representantes del mayor número de países de la comunidad
internacional y de más de 1.500 millones de hombres y mujeres.

Los países centro absorben hoy más del 85% de la producción


manufacturera mundial, entre ellas la producción industrial de más
alta tecnología. Controlan también más del 83% de las exportaciones
industriales. El 26% de esas exportaciones va hacia los países
periféricos, cuyos mercados monopolizan. Lo más grave de esa
estructura dependiente es que aquello que se importa, es decir, no
solo los bienes de capital sino también los artículos de consumo, está
elaborado según las exigencias, necesidades y la tecnología de los
países de mayor desarrollo industrial y los patrones de la sociedad de
consumo, que de ese modo se introduce por los resquicios de nuestro
18

comercio, infecta nuestras propias sociedades y añade así un nuevo


elemento a la ya permanente crisis estructural del modelo existente.

Como resultado de todo esto, la brecha existente entre los países


centro y los países periféricos no solo subsiste sino que se ha ampliado
sustancialmente. La participación relativa de los países periféricos en
la producción mundial descendió considerablemente durante las dos
últimas décadas, lo que tiene consecuencias más desastrosas en
fenómenos como la malnutrición, el analfabetismo y la insalubridad.

La situación de retraso agrícola e industrial, de la cual no acaban de


desprenderse los países periféricos es, sin duda, el resultado de
relaciones internacionales injustas y desiguales y de la aplicación de
modelos de explotación no cónsonos con la cultura local.

A la luz de lo antes expuesto, se puede decir que la problemática


mundial del hambre es verdaderamente compleja, muy entramada y
toca muchos intereses de los países desarrollados, colonialistas e
imperialistas representados en diferentes y muy variados organismos
internacionales, por lo que el abordaje a dicha problemática requiere
medidas salvadoras y complejas, pasando por la implementación de un
nuevo orden económico mundial.

Cuadernos Rojos N° 1
Sociopolítica del hambre

Algunos aspectos referidos a éste tema ya fueron tocados en el


capítulo anterior, sin embargo es necesario, dada la complejidad del
tema, abordar aristas relacionadas con aspectos históricos y
escrudiñar analíticamente, los intereses económicos de las grandes
trasnacionales de la producción agrícola y de la comercialización de
los alimentos, que hacen del Hambre un negocio, un arma de guerra y
un problema insoluto dentro de éste modelo económico hegemónico
capitalista neoliberal.

La ciencia moderna califica como de “subsistencia”, muchas veces en


tono peyorativo, a los sistemas agrícolas que solo abastecen la familia
o el entorno local, es decir a los que no aportan al “mercado
capitalista”. Sin embargo, para alguien medianamente inteligente en
un mundo individualizado, carente de lazos sociales debería ser un
modo muy loable de asegurarse el alimento. Pero señala Lander
(2000: 10) las ciencias sociales, han sido estructuradas separadas en
pasado y presente, todo lo que no se parezca a la sociedad industrial
liberal, definida como moderna que “es la expresión más avanzada de
ese proceso histórico están destinados a desaparecer”.

Bajo esta premisa, los sistemas agrícolas que no tengan las


características de la modernidad son obsoletos y “deben” desaparecer.
Así se ha ido sustituyendo la agricultura tradicional por la agricultura
industrial que se encuentra en manos de los capitalistas. De este modo
se garantiza la adquisición del alimento incluso por parte de quienes
siempre habían cultivado la tierra, lo cual se logró como bien lo explica
Meiksin (2016) en el siguiente párrafo:

«Solo en el capitalismo el modo prevaleciente de apropiación de


excedentes se basa en la desposesión de los productores directos,
cuyo trabajo excedente es objeto de apropiación por medios
20

puramente «económicos». Porque, en el capitalismo completamente


desarrollado, los productores directos carecen de propiedades y
porque el único acceso que tienen a los medios de producción, a la
satisfacción de sus propias necesidades de reproducción e incluso a
los medios para su propio trabajo consiste en la venta de su fuerza de
trabajo a cambio de un salario, los capitalistas pueden apropiarse del
excedente de los trabajadores sin coerción directa».

En relación a la eficiencia de los modos de producción diferentes al


modo de producción capitalista, se puede mencionar que en 1889 el
científico agrícola de la Royal Society de Inglaterra, Voelcker fue
comisionado por el gobierno inglés a explorar la agricultura en la
India, un año después publicó un detallado informe (1893) de su
experiencia, donde enfatizó las destrezas de la agricultura campesina
sin lograr llamar la atención de los organismos responsables de la
agricultura de su país; posteriormente, en 1911, F. H. King director de
la División de Suelos del Departamento de Agricultura de los Estados
Unidos, publicó Farmers of forty Centuries: permanent agricultura in
China, Korea and Japan. King, descriptor detallista y acucioso
conocedor de la agricultura norteamericana para su tiempo, quedó
sorprendido e impresionado por el manejo de las técnicas de
producción asiática, donde los sistemas no industrializados poseían
suficiente capacidad para producir alimentos para cerca de 500
millones de seres humanos sobre una superficie mucho menor a la de
toda la superficie agrícola estadounidense y sobre suelos usados
durante más de 4.000 años. De acuerdo a sus observaciones, King
asevera que los campesinos chinos producían tres veces más cereales
que los agricultores norteamericanos por unidad de superficie y algo
semejante ocurría en Korea y Japón.

Del mismo modo en lo que hoy es América Latina existen muchos


ejemplos de sistemas alimentarios no solo eficientes en producción
sino también en distribución utilizando métodos no destructivos del
ambiente. Al respecto, cabe destacar las prácticas agrícolas en el
otrora Abya Yala, como se sabe, Mesoamérica, junto con el Cercano
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 21

Oriente y el norte de China, es uno de los tres centros primarios de


domesticación en el mundo. En esta región plantas como el maíz, los
frijoles, las calabazas, los chiles, los tomates, los nopales y los agaves
fueron domesticadas e integradas a un sistema agroalimentario
denominado milpa, que fue la base para el desarrollo de altas culturas
en el Nuevo Mundo, gracias a su complementariedad ecológica y
nutricional (Harlan; Smith; Han Cock, citado por Zizumbo y García,
2008).

En la América prehispánica existían diferentes técnicas de manejo del


agua, que incluía pozos, canales permanentes de riego, canales
temporales, riego temporal por inundación o avenidas; riego a brazo;
riego permanente tipo chinampas y campos drenados; depósitos
fluviales en cimas; galerías filtrantes), con los cuales se alcanzaba la
obtención de más de una cosecha anual de plantas en el mismo
terreno, se lograba cultivar perennemente plantas que requerían de
humedad constante, se aseguraba las cosechas antes de las
precipitaciones y se obtenía hasta más de una cosecha anual en
regiones secas (Chonchol, 996: 29-30). Los métodos agrarios de las
poblaciones amerindias incluían abonos naturales (estiércol humano,
guano de murciélago, etc.), sistemas de fertilización, métodos de
siembra variados (siembras múltiples de un mismo producto,
siembras en almácigo y trasplante, rotación de cultivos) e
instrumentos de siembra simples (bastones plantadores, hachas,
punzones) (Sanoja, 1981: 37).

Esto les permitió alimentar a toda su población de la cual para el caso


de la cultura Inca, algunos estiman entre 3 y 32 millones, pero la
mayoría de los autores ha dado cifras que varían entre 10 y 16
millones. Un exhaustivo estudio realizado en 1955 calcula que a fines
del siglo xv la población del imperio era de 12 millones. Su economía,
básicamente agrícola, se fundaba en un "comunismo agrario
rigurosamente aplicado, que regulaba el derecho de los indios a las
22

tierras, así como sus faenas e impuestos; por medio de una


colonización metódica se conseguía que se cultivaran comarcas
anteriormente eriales" (Gligo y Morellos, 1979: 117).

Además, en todos los grupos humanos de estas tierras el alimento


tenía una connotación diferente a un mero “producto del mercado”,
según Huanacuni (citado por Delgado y Delgado, 2016), “el alimento
es fuente de energía física, mental, emocional y espiritual, por lo tanto,
alimento digno es alimento natural y sano, es producto de frutos no
producidos sólo para el mercado, sino para la vida, pues emergen
desde el afecto, desde la espiritualidad, generando así frutos que
tienen chama (fuerza física) y kama (fuerza espiritual), pues desde el
acopio de la semilla se cuida que estas sean sanas. Todo el proceso de
producción, desde la siembra hasta la cosecha, se basa en el profundo
respeto a la vida y a los ciclos naturales de la Madre Tierra y el Padre
Cosmos, así como la práctica de los multicultivos rotativos que
permiten que el alimento guarde todos los nutrientes de la Madre
Tierra”.

En resumen, la gran variedad de estrategias y técnicas ancestrales


usadas por los campesinos, en sus cultivos llamaba poderosamente la
atención; los sistemas de canalización de las aguas, sistemas de riego,
uso de fertilizantes orgánicos y una gran variedad de especies bien
adaptados a las condiciones locales. Esta fascinación efímera fue
sepultada en el olvido durante varias décadas y los avances logrados
en el manejo de la naturaleza en su modalidad Neo-lítica o
preindustrial fueron desechados y rápidamente sustituidos por una
agricultura donde la fascinación por las nuevas tecnologías,
fertilizantes químicos y la manipulación genética, además del uso de
combustibles fósiles, dio al traste con el manejo natural; lo cual
obedeció ciegamente a la lógica expansionista del capital, al desarrollo
de la economía del mercado y al incremento de la productividad para
satisfacer a una creciente población urbana no ligada a la producción

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 23

rural, lo cual logró su culmen en el modelo de industrialización


agrícola representada en la “Revolución Verde”.

Esta cautivación tecnológica ha caracterizado al “desarrollo científico”


en los últimos tiempos, al punto de pretender constituirse en una
forma superior de conocimiento humano (Lander, 2006), y en una de
las principales aliadas del modelo de vida impuesto por el poder
imperial.

Gracias a esto hoy día los trabajadores de la agricultura son un tercio


de la población trabajadora del mundo. Los campesinos producen
80% de la comida en el mundo en desarrollo. A pesar de ello, son los
más propensos a sufrir hambre, de acuerdo a datos de la ONU. En el
mundo se produce suficiente comida para alimentar hasta 10.000
millones de personas, cuando hay solo unos 7.500 millones (BBC
New, 2019) 8.

Por ello De Castro (1961), alertaba que en lo que respecta al hambre


prevalecen un conjunto de intereses económicos de las minorías
dominantes y privilegiadas que obcecadas por el lucro expresan su
denodado interés en que la producción, la distribución y el consumo
de los productos alimentarios mantengan sus procesos como
fenómenos puramente económicos, dirigidos en el sentido financiero y
crematísticos y no como fenómenos del más alto interés social.

Volviendo a Mesoamérica, en el Imperio Incaico del siglo XV no existió


la brecha que en nuestros días se encuentra de grupos
sobrealimentados y desnutridos. Es posible que las castas
privilegiadas tuvieran mayor acceso a las delicadezas como al chiche,
amuca, etc., pero es indudable que en el imperio no existieron los
casos colectivos de marasmo o kwashiorkor, como consecuencia de

8 BBC New. (2019). Día mundial de la alimentación: ¿por qué quienes producen
comida son los que más hambre padecen?. 16 octubre 2019. Recuperado de
https://www.bbc.com/mundo/noticias-50064563
24

falta de acceso a nutrientes, pues esto no era posible que sucediera,


debido a la estructura misma del Estado, a la división del trabajo, al
criterio del topo como unidad de alimentación, la igualdad de
derechos y deberes de las grandes mayorías, el sistema de seguridad
social, la existencia de los depósitos estatales y comunales, etc., los que
fueron condición suficiente para que no existiera desnutrición como
consecuencia de un desbalance de nutrientes o carencia de alimentos
(Antúnez de Mayolo, s/f).

El modelo civilizatorio eurocentrista/imperial/colonial/cristiano-


céntrico que describe Grosfoguel (2007) que alcanzó su expresión
producto de la expansión geográfica del siglo XVI y por su economía
colonial en consecuencia, no podía manchar su estatura imperial, con
la terrible tragedia del hambre, producto del inhumano manejo de la
explotación de las riquezas coloniales por el monocultivo y el
latifundio que permitían la obtención de productos a precios írritos, de
materias primas indispensable para el industrialismo próspero en los
inicios del capitalismo.

Han sido factores impuestos de naturaleza económica, desde la visión


hegemónica-imperial los responsables ante los ojos del mundo del
holocausto causado por el hambre en China durante el siglo XIX,
donde murieron cerca de 100 millones de personas por falta de
semilla de arroz o como en la India cuando 20 millones de vidas
humanas fueron destruidas por el hambre en los últimos treinta años
de ese mismo siglo; por su parte la ciencia occidental,
indisolublemente vinculada al modelo civilizatorio y a sus intereses se
encargó de sepultar y ocultar ante los ojos del mundo la verdadera
situación de “enormes masas humanas debatiéndose dentro del
círculo del hambre” (De Castro, 1969).

La ciencia y la técnica occidental engolada con sus logros sobre el


dominio de la naturaleza no se atrevió nunca a confesar su casi
absoluto fracaso en mejorar las condiciones de vida, en general, de esa
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 25

población famélica y excluida, no fue hasta 1945 cuando la realidad


social toca “las puertas” de los ostentosos laboratorios científicos, para
desnudar la gran tragedia de los campos de concentración.

Las primeras investigaciones realizadas metódicamente en distintas


regiones del planeta, eran más que elocuentes, mostrando que más de
dos tercios de la tierra vivían en permanente estado de hambre (de
Castro, 1969). En 1943, se realizó la primera conferencia convocada
por las Naciones Unidas, donde cuarenta y cuatro (44) naciones
presentaron sus informes técnicos y confesaron las verdaderas
condiciones de la alimentación de sus pueblos y se planteó ampliar e
intensificar los estudios sobre alimentación en el mundo entero.

Una vez impuesto a todos los países capitalistas que el alimento es una
mercancía, los Estados deben aceptar los costos para ponerla a
disposición de quienes puedan pagar, razón por la que millones de
seres humanos en el mundo se encuentran en situación crítica de
hambre, aparte de los que se encuentran en inseguridad alimentaria
grave o moderada que suman otros millones de personas. Pero esto
también va a tener sus propias características según sea el Estado
puesto que el comportamiento del capitalismo no es igual en todas
partes, pues como se dijo anteriormente parafraseando a Wallerstein
cuando se conformó el sistema de Estados unos nacieron centro y
otros periferia. Este mismo sistema provoca las diferencias de
desarrollo entre un país y otro las cuales González (2006: 221-222)
describe del siguiente modo:

«El imperialismo, lejos de provocar un estancamiento en las colonias y


semicolonias provoca un desarrollo sui generis de éstas, una de cuyas
resultantes es el nacimiento del capitalismo nativo. […] El
imperialismo influye en el desarrollo del capitalismo nativo porque
pone en juego varios factores: la especialización de regiones y sectores
de las economías coloniales y semicoloniales; las inversiones en la
estructura de la economía (particularmente en los transportes); el
incremento de la demanda de la metrópoli por encima de su capacidad
26

de producción (particularmente en las guerras interimperialistas),


todo lo cual provoca una inversión nativa inducida, en el comercio y las
manufacturas, y da lugar al nacimiento de una burguesía nativa
mercantil, burocrática e incluso industrial».

«El imperialismo no es sólo una forma de explotación de unas naciones


por otras, sino también una forma de desarrollo de las fuerzas de
producción en las colonias y semicolonias; es la forma de desarrollo
que se da por la desigualdad original en el desarrollo de la técnica
militar y productiva. Conduce al dominio y control de unas naciones
por otras, a la explotación de unas naciones por otras, y también al
desarrollo de unas naciones por otras, a la expansión de la revolución
industrial y a la expansión del capitalismo en el mundo».

En este orden de ideas, de modo ingenuo la FAO en su informe del


estado de la seguridad alimentaria de 2019, señalaba que «Las
fluctuaciones de los precios internacionales de los productos básicos
también pueden tener efectos en la economía a través de los ajustes al
tipo de cambio. Las grandes depreciaciones se relacionan con el
aumento de los precios nacionales y las grandes devaluaciones suelen
guardar relación con una notable reducción de la producción, el
consumo y la importación. La transmisión de los cambios de los
precios internacionales a los precios nacionales locales varía según el
producto, el país y el momento. Sin embargo, esto puede ser
especialmente problemático para la seguridad alimentaria y la
nutrición, puesto que puede afectar al acceso de las personas a los
alimentos, la asistencia sanitaria y la alimentación, así como al acceso
a los servicios sanitarios, a menos que imperen condiciones
excepcionales que compensen estos efectos, como parece haber
sucedido durante las crisis alimentaria y financiera mundiales».

De modo que el problema de la disposición de alimentos y de la


alimentación en particular, es apenas uno dentro de la cadena de
penurias sociales estructurales que caracterizan al modelo
civilizatorio impuesto, es el caso del analfabetismo, desempleo y falta
de viviendas. Para resumir: “El país colonizador vive del
Colonizado”.
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 27

La expresión de la crisis económica catastrófica que viven los países


“tercer mundistas” tienen su expresión cuantitativa en la desigual
distribución de la renta y en su muy baja participación de la misma.
Las Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE), la FAO y diversos organismos
“multilaterales” han realizado innumerables publicaciones en
diferentes épocas, sobre cálculos y estimaciones referentes a la
distribución de la renta a nivel mundial, con la consabida conclusión
de que “se halla distribuida muy desigualmente y el 25% de la
población mundial que vive en las regiones menos desarrolladas, solo
dispone del 2 al 3% de la renta mundial y que más de los dos tercios
(2/3) de la población mundial vive en los países del tercer mundo”.

Estos informes expresan anualmente este rosario de penurias e


injusticias mundiales y este innumerable grupo de organismos
“multilaterales” repiten año a año cifras que confirman los efectos
deletéreos del “Orden económico mundial” impuesto desde las
grandes potencias imperiales.

De proporciones similares a las diferencias de distribución de la renta


mundial entre los distintos países, son las diferencias dentro de un
mismo país, en la distribución regional y personal de la renta, dichas
diferencias son notablemente mayores entre los estratos sociales de
mayor capacidad adquisitiva y el resto de la población.

Durante todo el siglo XX, exceptuando los países subdesarrollados


pertenecientes al bloque socialista, muy pocas regiones de África y de
América Latina lograron una tasa de crecimiento de la renta per capita
que se encontrase por encima del promedio mundial, de los países del
tercer mundo.

Ahora bien, independientemente de que la renta per capita media sea


sumamente baja, una parte considerable de la renta nacional se
acumula y las diferencias e injusticias en la distribución de la renta
28

hacen que unos muy pocos, amasen grandes fortunas y en la mayoría


de los países del planeta, los pobres son cada vez más pobres y los
ricos más ricos, a causa de la forma de repartición del botín de la renta
donde algunos grupos humanos con “apellidos de alcurnia”, parecieran
predestinados al atesoramiento de grandes capitales.

El Informe Social de las Naciones Unidas del año 1967 (Report on the
World Social Situation, 1967: 33) dice textualmente: «En una serie de
países se ha comprobado que el comportamiento económico efectivo
de quienes obtienen la mayor ventaja de las grandes diferencias de
renta, no confirma la suposición de que mostrarían una mejor
disposición a ahorrar y a invertir[…] Muchos perceptores de rentas
altas son culpables en gran medida de evasión fiscal, y las rentas en
parte desmesurada, se emplean más para consumo de artículos de
lujo, para la especulación y para el atesoramiento en países
económicamente desarrollados, que para inversiones útiles en su
propio país». Estos grupos económicos actúan como lo que realmente
son: usureros y esquilmadores de la renta y atentan contra la
economía de sus respectivos países.

La Comisión Económica de las Naciones Unidas (Presbisch, 1968)


plantea textualmente lo siguiente, «La capa social superior (5% de la
población) a la que corresponden casi tres décimas partes del
consumo total de América Latina, tiene por término medio un
consumo medio quince veces mayor que las capas sociales inferiores
(50% de la población). Si se redujera esta proporción hasta la de 11 a
1, y se limitase el consumo para aumentar la inversión, la tasa de
crecimiento de la renta per cápita podría aumentar del 1% al 3%. Y si
la disminución del consumo llegara hasta la proporción de 9 a 1, la
tasa de crecimiento anual podría llegar al 4% ó más».

Se trata solo de estimaciones estadísticas, que caracterizan el discurso


del modelo económico; estimaciones cuyos resultados calculados

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 29

siempre benefician a las minorías dueños del capital y a los países


colonizadores desde la visión macroeconómica.

En América Latina, particularmente el 1,5% de los terratenientes


posee más del 65% de las tierras cultivadas, mientras que más del
70% de los propietarios se han de repartir el 4% del suelo, lo que
conduce a que solo un 5% del suelo esté cultivado, aunque en verdad
la raíz de la problemática del hambre no se centra en la cantidad de
suelos cultivados, en la propiedad de dichos suelos ni en el tipo de
cultivos usados; la problemática es mucho más compleja e integral
incapaz de resolverse abordando solo una de las aristas. Mientras la
visión sea superflua y no se toquen los intereses de las trasnacionales
de los alimentos, mientras los alimentos sean una mercancía
generadora de grandes ganancias de capital, esta compleja y antigua
problemática, verá su solución cada vez más lejos pero muy lejos. Se
continuará colocando pañitos calientes pero la problemática
continuará intacta, incólume y sin abordaje concreto que permitiera
visualizar un horizonte más optimista.

Como ya se mencionó, hay quienes consideran el hambre como un


fenómeno natural consecuencia de la capacidad reproductiva del
hombre y de su manejo irresponsable, lo cual genera una
superpoblación trayendo consigo escasez de alimentos disponibles
para solventar esa necesidad básica y fundamental. Esta corriente
Neomalthusiana se ha encargado de vivificar al economista Inglés
Tomas Robert Malthus quien propuso a finales del siglo XVIII, época
de la primera “Revolución Industrial” y auge del capitalismo, que la
máquina podía sustituir la mano de obra humana y por lo tanto
convendría ir disminuyendo la reproducción humana, dado que el
naciente avance industrial no permitiría espacios para la
participación de su mano de obra, por lo que generaría una gran
problemática para la imberbe industria.
30

En procura de mantener y afianzar su hipótesis, Malthus continúa


insistiendo que «el aumento de la población mundial crece en
progresión geométrica, mientras la producción de alimentos lo hace
en progresión aritmética; resultando de allí un verdadero callejón sin
salida de una producción irremediablemente insuficiente para las
necesidades crecientes de una población cada vez mayor».

La propia historia se encargó de sepultar la hipótesis de Malthus, los


primeros años que siguieron a la publicación de su propuesta, el
crecimiento de la población mundial tendía a la confirmación de su
hipótesis, pero antes de finalizar el siglo el ritmo inicial comenzó a
decrecer con tendencias a estabilizarse.

Otro aspecto también traído a colación, es el referente a que la


producción de alimentos no puede incrementarse por “encontrarnos
en los límites de aprovechamiento del suelo”, esta es otra idea alarmista,
sin asidero ni fundamentación. El comité especial de la FAO que
redactó el informe de la encuesta mundial de alimentos concluyó:

 Es posible en los próximos diez años incrementar la producción de


trigo por hectárea en la India en 30% mediante controles de plagas
e introduciendo nuevas variedades de éste cereal.
 La fuerza de la necesidad es capaz de promover una expansión
agrícola más allá de lo previsto en condiciones normales de vida.
 La producción agrícola tiene una gran capacidad de expansión
además todavía no se han tocado los límites de sus capacidades.
 La erosión hasta ahora no se ha constituido en un factor universal
de hambre y de miseria pero hay que tomar medidas protectoras
contra su acción.
 El cambio climático producto del efecto invernadero por el
calentamiento global, constituye uno de los factores más complejos
para determinar sus efectos destructivos sobre los cultivos y los
suelos dado su gran impacto deletéreo sobre el ambiente y por lo
tanto sobre la vida en el planeta.
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 31

A modo de conclusión se puede decir que el hambre y la pobreza, son


categorías que se impusieron con el sistema eurocentrista
denominado modernidad. El hambre se fue fomentando a fin de
aumentar el endeudamiento y la colonización de los países
“subbdesarrollados” por parte de los países “desarrollados”, teniendo
como consecuencia el enorme contingente de hambrientos en el
mundo.
El hambre. Un problema estructural
de la sociedad capitalista
El hambre es un flagelo acrecentado por la crisis estructural del
capitalismo, al respecto Rubio (2014) explica que,
«La crisis financiera del 2007 generó una crisis alimentaria global,
toda vez que la caída de la rentabilidad del capital financiero en el
mercado inmobiliario provocó que los fondos de inversión emigraran
con gran fuerza hacia los mercado de futuros y de derivados de
productos agrícolas como una fuente de nuevas ganancias,
convirtiendo a los alimentos en objetos de especulación. Este
proceso, junto con otros factores provocaron el aumento estructural
de los precios internacionales de los alimentos, generando elevadas
ganancias a un conjunto de empresas capitalistas de distintos rubros,
a la vez que golpea fuertemente a los países deficitarios en alimentos
y sus pequeños productores rurales, profundizando los procesos de
pobreza y desnutrición en un amplio grupo de países».

Siendo los Estados Unidos de Norteamérica el país imperialista con


mayor fuerza bélica, como estrategia para proteger su capital nacional
refuerza la dominación y colonización sobre sus países periféricos. Al
respecto, Cortés Torres (2016) refiere cómo este país utilizó el control
de los precios de los alimentos para el logro de sus objetivos…«La
reestructuración de la estrategia norteamericana, tuvo como
mecanismo fundamental, el control de los precios de los alimentos a
nivel global. Dicha estrategia estuvo dirigida en un inicio, contra sus
principales países rivales europeos y contra Japón; pero al no poder
tener control sobre ellos dado su alta protección agrícola, la estrategia
se redirigió hacia los países periféricos en particular los
latinoamericanos». Este mismo autor señala que…«el mecanismo
fundamental para colocar los productos agroalimentarios
estadounidenses lo constituyeron las Agroindustrias Transnacionales
(AT), principalmente en los países periféricos ante la eliminación de
las barreras arancelarias y la promoción de Tratados de Libre
Comercio».
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 33

Hoy, el costo de la canasta básica alimentaria resulta inaccesible para


la gran mayoría de la población, aspecto relevante al determinar y
evaluar las condiciones de vida de los grupos vulnerables llámese
población infantil, escolar, madres en período gestacional o lactantes,
y ancianos. La FAO en 2019 denuncia la existencia de 154 millones de
niños menores de cinco años con retraso del crecimiento los cuales
viven en países de ingresos bajos y medianos: de éstos, alrededor de
381 millones y 73 millones, respectivamente, vivían en países muy
dependientes de productos básicos.

Antes de la entronización del capitalismo el producto agrícola que


llegaba a los mercados, provenía principalmente de las cosechas
locales y regionales. Posteriormente, ocurrieron modificaciones
importantes de los hábitos alimentarios inclinando la balanza hacia los
productos industrializados, además de otros cambios no menos
importantes como la incorporación de energía fósil en forma de
fertilizante y combustible, la migración del campo a la ciudad y sobre
todo la transnacionalización de las empresas que monopolizan el
negocio del alimento y sus derivados.

Cabe destacar que uno de los grupos alimenticios que se consumen en


mayor cantidad son los cereales, pues bien la tasa de crecimiento de la
producción de cereales en el mundo del 2000 al 2018 fue de 30,5 %
mientras que la tasa de crecimiento de la población mundial para este
mismo periodo fue de 19,5 % (FAOSTAT, 2020)9, con lo que queremos
resaltar que la producción de alimentos aumenta a un ritmo mayor
que la población, lo cual obviamente nos lleva a pensar que el
problema es de distribución y acceso, problema que es de larga data y
cuya estructura se configuró con la modernidad. Ya en el primer
capítulo se mencionó que Wallerstein (1992) identifica que esta está
conformada principalmente por el capitalismo, la ciencia, su
combinación y el sistema de Estados. Ahora bien la forma de

9 FAOSTAT 2020. Cálculos propios. Página web. http://www.fao.org.faostat/es/


34

operacionalizar este sistema es a través del discurso de progreso y


desarrollo.

En pos del progreso el modelo del sistema agrícola tradicional de los


países periféricos se fue cambiando hacia un modelo industrial, con
énfasis en la exportación, simultáneamente a los pequeños
productores se les fue expropiando de sus tierras ya sea usando la
coerción o por cantos de sirena que el salario en las ciudades
“elevaría” su nivel de vida. Es así como las grandes empresas se
apropian de la mayor parte de la tierra y con su capital financian la
agricultura tecnificada y generalmente de exportación. Hoy, cuatro
transnacionales de Estados Unidos manejan el 75 % del mercado
mundial de los cereales; Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis
Dreyfus, las ABCD.

La actividad básica de las ABCD se centra en la comercialización


internacional de granos y materias primas, dominando los mercados
de exportación de numerosos países, sobre todo en América. Sin
embargo, su ámbito de actividad presenta una integración vertical
rápidamente creciente. Además de las actividades de comercio,
transporte y almacenamiento de granos, participan en el
aprovisionamiento de insumos agrícolas, como semillas, fertilizantes y
agroquímicos; almacenan en instalaciones propias; transportan en sus
propios ferrocarriles y barcos; producen alimentos para animales; son
productores ganaderos y avícolas; son propietarias o arrendatarias de
tierras; y son entidades financieras. Tienen ya una gran importancia
en los mercados de biocombustibles, los cuales utilizan insumos de
materias primas, en cuyos mercados estas empresas tienen fuerte
incidencia, como en la soya, el maíz o el azúcar. Su proceso de
integración vertical no se limita a las cadenas agroalimentarias;
también incursionan en la elaboración de productos industriales;
están participando crecientemente en la producción y

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 35

comercialización de plásticos, tintes o almidones (Gómez y Granados,


2016).

Está claro que desde el punto de vista del discurso eurocéntrico, la


modernidad involucró la dominación y destrucción de pueblos e
involucró el desarrollo como una nueva visión del mundo y encarnó la
dominación y una forma de producir conocimiento que se
universalizaba a la vez de que la conquista llevaba a la subordinación y
destrucción de los conocimientos originarios de América Latina.

Visto así, la modernidad podría describirse en base a las siguientes


características:

 La modernidad vista como civilización, se considera como


altamente desarrollada y superior.
 Ese desarrollo y superioridad impone la obligatoriedad de “ayudar”
en su desarrollo a los pueblos considerados primitivos y bárbaros,
para ello es necesario acabar con todo rasgo de cultura diferente a
los modernos.
 Los caminos de dicho proceso de desarrollo deben ser el trazados
por Occidente.
 Cuando este “salvaje bárbaro” se resiste al “proceso civilizador,” la
praxis moderna ejerce la violencia en el plano físico con el objeto de
minar la resistencia a la tal modernización, expresada literalmente
en la “guerra justa colonial”.
 Dicha violencia es interpretada desde la hegemonía y visualización
del dominador, conquistador como inevitable y con un sentido de
sacrificio. Este “sacrificio” convierte al “civilizador-conquistador”
en un héroe que transforma a sus víctimas en producto de un
holocausto salvador.
 Para el “Moderno-civilizador-conquistador” el salvaje-bárbaro
arrastra la responsabilidad de oponerse al proceso indetenible e
inexorable de la civilización y la modernidad hace su aparición
como redentora y liberadora de la culpabilidad de las víctimas.
36

 El carácter civilizatorio de la modernidad plantea como inevitable


los sufrimientos, sacrificios de la modernización por los pueblos
“atrasados y esclavizados”.

Por ello si se plantea superar la modernidad será indispensable “negar


la negación del mito de la Modernidad”, por lo que debe descubrirse
como “inocente” a la víctima del sacrificio - ritual que al descubrirse
como tal juzga a la Modernidad como culpable de la violencia
sacrificadora, conquistadora originaria. Al afirmarse la existencia del
otro, negado antes como víctima culpable, permite descubrir la cara
oculta de la Modernidad: el mundo periférico colonial, el negro y el
indio mutilado, esclavizado, la mujer oprimida, el niño despojado de
sus derechos, víctimas de la irracionalidad, el hambre y su compañera
inseparable la miseria como contradicción irreconciliable de la idea
racional de la Modernidad.

La complejidad del concepto “desarrollo” se oculta en un


enraizamiento que se precisa escudriñar en las profundidades con el
objeto de aproximarse a su entendimiento; se puede advertir, tal como
se precisó en líneas anteriores que detrás del concepto desarrollo se
encuentran los de progreso, producción, planificación y confiriendo
una base sostenible las ideas de ciencia, tecnología y necesidad, es
decir todo lo que trasmite una visión de la “realidad” desde el
Renacimiento hasta construir la modernidad. Pero de manera
contradictoria la vinculación operativa de estas categorías junto al
capitalismo se relacionan y vinculan directamente a la gran tragedia
humanitaria del hambre.

La teoría de la modernización sostiene que el desarrollo es un proceso


sistemático, evolutivo, progresivo, transformador, homogeneizador y
de americanización inminente. La teoría de la modernización sostiene
que el desarrollo social y político de los pueblos ocurre en el cambio
de racionalidad de una sociedad basada en los afectos a una sociedad
basada en los logros individuales (Vargas 2007: 129).
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 37

La era del desarrollo, como período histórico se puede ubicar el 20 de


enero de 1949 cuando Truman en su discurso de posesión como
presidente de los Estados Unidos señaló «Debemos emprender un
nuevo programa audaz que permita que los beneficios de nuestros
avances científicos y nuestro progreso industrial sirvan para la
mejoría y el crecimiento de las áreas subdesarrolladas». Ese día, dice
Esteva (1996: 52) «dos mil millones de personas se volvieron
subdesarrolladas. En realidad, desde entonces dejaron de ser lo que
eran, en toda su diversidad, y se convirtieron en un espejo invertido de
la realidad de otros». Además, consecuentemente aportó las bases
cognitivas para el intervencionismo arrogante del Norte y para la
autocompasión patética del Sur. La era del desarrollo está en pleno
declive, porque sus premisas se han convertido obsoletas por la
historia.

En el discurso de Truman, “desarrollo” tiene como significado de


“evolución hacia el bienestar y perfeccionamiento del género humano
según su visión racista”, en la que Estados Unidos y los demás países
industrializados ocupan la cumbre de la escala “evolutiva”. Según este
discurso los países del Sur podrían salir del subdesarrollo si imitan y
enmiendan su ruta para seguir a los países del Norte, claro está para
ello se constituirá la “Alianza para el Progreso”, la “Ayuda para el
Desarrollo” y otros organismos internacionales. La fórmula secreta se
resume en “aumento de la producción y el crecimiento económico”.

Esta propuesta del desarrollo fue construida luego de la segunda


guerra mundial; posterior al colapso de las potencias europeas, EEUU
lanzó un llamado a todas las naciones a seguir sus pasos y desde allí
las relaciones Norte-Sur se acuñaron en el molde del desarrollo, donde
se estableció una mezcolanza de generosidad, soborno y opresión
condimentos resaltantes de las políticas hacia el Sur. Durante más de
medio siglo las “buenas relaciones” en el planeta (signadas por la
amenaza y la coacción) han sido concebidas a la luz del “desarrollo”.
38

Para Truman, los EEUU junto a otras naciones industrializadas


estaban muy por encima de la escala social evolutiva, premisa esta
(superioridad) que ha sido derrotada por la crisis ecológica; en el
supuesto que se acepte que los EEUU pueden aún sentir que avanzan
por encima de otros países, es evidente que dicho avance conduce
hacia un abismo. Por cerca de un siglo, la tecnología ha sido la
promesa de redención a la condición humana, pero hoy en especial en
los países ricos, esta esperanza se convirtió en un vuelo de fantasía.
Ahora se consume en un año lo que llevó a la tierra un millón de años
almacenar. Gran parte de la esplendorosa productividad es alimentada
por el dantesco consumo de energía fósil, es obvio que las
denominadas sociedades avanzadas no constituyen modelo para nada
ni para nadie, más bien podrían percibirse como una aberración en el
curso de la historia.

No obstante, desde principios del siglo XVIl la humanidad ha existido


bajo el velo de la modernidad, como una sombra que impregna de muy
buenas intenciones el avance de las sociedades, pero que en realidad
no logran concretarse en hechos que permitan percibirlo tangible para
la mayoría de los pueblos, muy por el contrario una mirada
retrospectiva mostrará las distorsiones y ruinas dejadas en ese
camino emprendido por la consecución del “desarrollo”. Pues…«el
subdesarrollo de la periferia mundial es parte esencial de la
combinación neocapitalista» […] una de estas medidas son «las
guerras, que provocan el auge económico del sistema, y hacen que
funcione la combinación de explotación y desigualdades regionales
frente a aquella en que predominan la explotación y las desigualdades
de clase» (González, 2007: 179).

Desde entonces no existe soberanía plena para ningún país periférico


y mucho menos en el aspecto agroalimentario, pues más
recientemente este está permeado en su totalidad por los procesos
productivos capitalistas y su agricultura que en muchos casos forma

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 39

parte del negocio transnacional. Para poner un ejemplo tomado de


Braun et al. (2012: 10) …«Cuando se habla de la participación de los
países africanos en la producción mundial de cacao, debe tenerse
presente que Archer Daniels Midland es la mayor procesadora de
semillas de cacao, a partir del abastecimiento proveniente de
Camerún, Costa de Marfil, Ghana e indonesia. Algo semejante habría de
considerarse con la participación de Cargill respecto del aceite de
palma de Indonesia, algodón en Uzbequistán o cacao en Ghana».

Por ello Escobar (1991) plantea que el desarrollo, como obra mágica
actuó generando y creando un conjunto de anormalidades: pobres,
analfabetos, desnutridos, los sin tierra, anormalidades que luego
trataba de reformar o eliminar llegando al extremo de multiplicarlos,
concretándose un sinfín de instituciones y estructuras cuyo impacto
social se traduce en las relaciones sociales, las formas de pensar, hacer
y la visión de futuro. En este marco “creador”, el Tercer Mundo debe
su existencia al “desarrollo”.

Por otro lado, Heidegger (citado por Sachs, 1996) señala que «en el
hombre moderno ha desaparecido una virtud: la paciencia. Somos
cada vez menos capaces de comprender al prójimo y de percibir los
peligros que se ciernen en rededor. Se precisa, de manera inmediata
revisar categorías, modos de pensar que de alguna forma orienten
nuestro actuar cotidiano, que permitan deslastrarnos de cosas que
desde hace tiempo no tienen vigencia» y es que como modo de acabar
las culturas ancestrales, el capitalismo fomenta sus antivalores; la
individualización por encima de los valores comunitarios, el egoísmo
en sustitución de la solidaridad, la violencia por la humanización,
antivalores que sirven a su vez para consolidar el sistema de clases.

Hoy, la idea del desarrollo se erige como ruinas en el panorama


intelectual; el engaño y la desilusión, los reiterados fracasos y los
incontables crímenes se muestran como compañeros inseparables del
desarrollo; así mismo, el momento histórico que catapultó esta idea ha
40

desaparecido y el desarrollo luce anticuado y obsoleto. A pesar de lo


cual, esa ruina todavía está allí, domina la escena e impregna el
lenguaje cotidiano de todos los sectores poblacionales, constituyendo
así una férrea estructura mental que necesariamente hay que
desmantelar con la finalidad de aclarar nuestras mentes para dar a luz
nuevos descubrimientos.

Sachs Wolfan (1996), recrea nuestra imaginación al expresar: “como


un majestuoso faro que guía a los marineros hacia la costa, el
desarrollo fue la idea que orientó a las naciones emergentes en su
jornada a lo largo de la postguerra”; los países del Sur proclamaron el
desarrollo como su aspiración primaria, luego de haber sido liberados
del yugo colonial. Pero han pasado más de siete décadas y todavía
gobiernos y ciudadanos permanecen con sus ojos fijos en esa luz
centellante, tan lejos como siempre, donde todo esfuerzo y sacrificio es
justificado para cruzar la meta, pero la luz continúa alejándose
dejando una estela gigantesca de oscuridad.

Visto así, el desarrollo no constituye una realización técnica, ni mucho


menos un conflicto de clases, sino más bien un molde mental
particular, ya que éste es mucho más que un mero esfuerzo socio-
económico; constituye una percepción que moldea la realidad, un mito
que conforta a la sociedad y una vil fantasía generadora de pasiones.

Toda esta estructura se construyó con el apoyo de la ciencia, para


Lander (2006) «la ciencia y la tecnología fueron concebidas como la
base del progreso material y como la fuente de dirección y sentido del
“desarrollo”, por lo que solo determinadas formas de conocimiento
son consideradas apropiadas para los programas de “desarrollo”». El
conocimiento de los otros, el conocimiento tradicional de los pueblos
ancestrales, de los campesinos fue considerado impertinente y como
obstáculo a la tarea transformadora del desarrollo.

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 41

En el pensamiento modernista de acuerdo a Alain Touraine (1994)…


«los seres humanos pertenecen a un mundo gobernado por leyes que
la razón descubre y a las cuales la razón misma está sometida. Y ese
pensamiento identifica al pueblo, la nación, el conjunto de los hombres
con un cuerpo social que funciona también él de conformidad con
leyes naturales y que debe liberarse de las formas de organización y
de dominación irracionales que fraudulentamente tratan de hacerse
legitimar recurriendo a una revelación o a una decisión
sobrehumana”. Para Weber “la modernidad no es la eliminación de lo
sagrado, es el reemplazo de un ascetismo fuera del mundo por un
ascetismo en el mundo que no tendría ningún sentido si no apelara en
una forma u otra a lo divino, a lo sagrado, al tiempo que el mundo de
los fenómenos se separa del mundo de la revelación o del ser en sí».

Se percibe así que la idea impuesta de desarrollo, junto con las


categorías íntimamente relacionadas, se diluyen en el tiempo y el
espacio, pero nos aferramos a ellas como la única alternativa de
salvación y que de alguna manera se dibujan en la propuesta de
“desarrollo sustentable”, sin que concienticemos que esta expresión ya
no signifique lo que el desarrollo significó para el Presidente Truman
en su discurso de Enero de 1949.

Truman impone la idea del desarrollo con la finalidad de difundir una


visión de consolación del orden mundial en que los EEUU se ubicarían
de primero, dada la influencia de la Unión Soviética, primer país
industrializado fuera del capitalismo, lo que lo forzó a presentar una
visión que comprometería la lealtad de los países que “salían” de la
colonización con el propósito de mantener su lucha contra el
comunismo. Por lo que el desarrollo es considerado un arma de
competencia entre sistemas sociopolíticos. A continuación se
muestran algunas cifras elocuentes que hacen visualizar algunas
“esperanzas del desarrollo”:
42

Escobar (2007: 356) presenta algunas cifras que describen las


consecuencias del desarrollo …«Para la década de los 80 del siglo
pasado los países industrializados o del Primer Mundo el 26% de su
población responde por el 78% de la producción mundial de bienes y
servicios, 81% del consumo de energía, 70% de los fertilizantes
químicos y 87% del armamento mundial. Un habitante de los Estados
Unidos gasta tanta energía como 7 mexicanos, 55 hindúes, 168
tanzanianos y 900 nepaleses. En Brasil, el consumo del 20% más rico
es 33 veces mayor que el del 20% más pobre de la población y la
brecha entre ricos y pobres siguen ampliándose. 47% de la producción
de cereales en el mundo se usa para alimento animal. Esa misma
cantidad de granos podría alimentar a más de 2 mil millones de
personas. En Brasil, el área sembrada de soya podría alimentar a 40
millones de habitantes si se sembrara de maíz y frijol. Los seis
principales mercaderes mundiales de granos controlan 90% de su
comercio. La selva tropical húmeda suministra cerca de 42% de la
biomasa vegetal y de oxígeno del planeta; 600 mil hectáreas de bosque
se destruyen cada año en México, y otras 600 mil corren la misma
suerte en Colombia. Los trabajadores de la industria textil y
electrónica del tercer mundo ganan hasta veinte veces menos que sus
homólogos de Europa occidental, EEUU o Japón por el mismo trabajo
con igual productividad. Desde la crisis latinoamericana de la deuda
externa de 1982, los deudores del Tercer mundo han abonado a sus
acreedores un promedio de US$ 30 mil millones más cada año de lo
que han recibido en nuevos préstamos. En el mismo período, el
alimento disponible para los pobres del Tercer Mundo ha disminuido
en cerca del 30%. La gran mayoría de las más de 150 guerras sufridas
por el mundo desde 1945 han tenido lugar en el Tercer Mundo, como
reflejo de las confrontaciones entre las superpotencias».

Desde el ensamblaje de las Naciones Unidas (ONU), cuya conferencia


inaugural se realizó en San Francisco en 1945 el rumbo de los países
no industrializados ya estaba negociado, de allí nacen las
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 43

denominaciones de “países subdesarrollados o del tercer mundo,


términos éstos inexistentes y que hacen su aparición dentro del
proceso en el cual occidente se redefinió a sí mismo y al resto del
mundo”. A comienzos de los años cincuenta (siglo XX) el imaginario de
tres mundos copan la escena geopolítica mundial: Naciones
industrializadas libres, naciones comunistas industrializadas y
naciones pobres no industrializadas que conformaban el primer,
segundo y tercer mundo respectivamente (Wallerstein, 1984, Binder,
1986).

El gran interés de los Estados Unidos consistió en realizar todos los


esfuerzos económicos para recuperar o restaurar a Europa con el
propósito fundamental de desempolvar y defender el sistema colonial
para continuar el usufructo de las “potencias europeas” de las
materias primas de sus colonias, recursos vitales para alcanzar sus
objetivos; por otra parte, los Estados Unidos en cuanto a América
Latina enfrentaba como enemigo a vencer, el creciente nacionalismo
que desde la gran depresión económica mundial, iniciaron una
reconstrucción de sus economías de manera independiente,
fomentando un proceso de industrialización local y propio.

Previo a lo antes expuesto, los Estados Unidos reconocían la necesidad


de mantener la cohesión continental, para lo cual estableció un “plan
económico de ayuda a las naciones latinoamericanas” para
enfrentar el período de inestabilidad generada por la guerra, para
orientar toda la producción latinoamericana hacia el mercado
estadounidense por lo que se creó la Comisión Interamericana para el
Desarrollo (1940), el Export-Import Bank y la Corporación Financiera
de Reconstrucción, estos últimos con la finalidad de financiar
programas para producción y adquisición de materiales estratégicos.

Todas estas estrategias establecidas por el Gobierno Imperial de los


Estados Unidos empezaron a dar sus frutos para 1945 cuando ya se
reconoce su indiscutible preeminencia militar y económica, poniendo
44

bajo su tutela todo el sistema occidental y consolidándose su


hegemonía en el sistema capitalista mundial, viéndose en la creciente
necesidad de expandir su economía de mercado por lo que necesitaba
acceder a materia prima de bajo costo y respaldar su capacidad
industrial, por lo que crearon las corporaciones multinacionales, que
apuntaló con un giro en la producción industrial hacia la producción
de alimentos y materias primas.

Otro aspecto a considerar y evaluar como estrategia de control


implementada por los Estados Unidos fue el “Plan Marshall”, que para
Bataille (1991) «es un acontecimiento histórico de importancia
excepcional”, debido a que por vez primera en la historia del
capitalismo el interés general de la sociedad pareciera haber primado
sobre el interés de los inversionistas, dado que la movilización de
recursos que acompañó al plan se encontraba exenta de la ley de
lucro; lo que indica que por lo menos, los Estados Unidos se eximió de
aplicar una de las reglas que prima en el mercado capitalista
“regalando” el producto del trabajo, entregando los bienes sin recibir
pago».

En lo referente a los países del tercer mundo, no recibieron igual


tratamiento, se les asignó menos del 2% del total de la ayuda y se le
pidió que privilegiara el capital privado, doméstico y foráneo, lo que
obligaba a la creación de un “clima adecuado” que incluía un
compromiso tácito con el desarrollo del capitalismo y control del
nacionalismo, la izquierda, la clase trabajadora y el campesinado. Ya
Truman había referido en 1947 “que los problemas de los países
Americano son de naturaleza diferente por lo que no pueden ser
aliviados con los mismos medios e iguales enfoques que los
contemplados para Europa” (López Maya, 1993). Es innegable que
Estados Unidos no tenía otra vía que la de activar la economía europea
o su propia economía se vendría a menos por falta de socios
comerciales.

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 45

Todo este discurso histórico es uno de los entramados estructurales y


operativos desarrollados estratégicamente que sirvió y ha servido a
los Estados Unidos para presentarse ante el resto del mundo como el
gran salvador de la Europa postguerra posibilitando así el
mantenimiento de su dominio sobre sus colonias, su recuperación
económica e impulsar a los Estados Unidos a la consecución de su
hegemonía universal.

La historia nos ha enseñado que el acceso a la independencia para un


pueblo que se libera del sistema colonial o neocolonial es, a la vez, el
último acto de una larga lucha y el primero de una nueva y difícil
batalla. Porque la independencia, la soberanía y la libertad de nuestros
pueblos, aparentemente libres, están de continuo amenazadas por el
control externo de sus recursos naturales, por la imposición financiera
de organismos internacionales oficiales y por la precaria situación de
sus economías que les merma la plenitud soberana.

"La lucha por eliminar la injusticia del sistema económico


internacional existente y establecer el Nuevo Orden Económico
Internacional es parte integrante de la lucha del pueblo por la
liberación política, económica, cultural y social".

No es necesario demostrar aquí hasta qué punto el sistema económico


internacional existente, es profundamente injusto e incompatible con
el desarrollo de los países subdesarrollados. Las cifras están ya tan
popularizadas que son innecesarias para nosotros. Se discute si el
número de los seres desnutridos de nuestro planeta es solo de 800
millones o ha vuelto a ser de 850, según se consigna en ciertos
documentos internacionales. Ochocientos millones de hombres y
mujeres hambrientos es ya una cantidad demasiado acusatoria.

Se ha reconocido por el Director General del Consejo de la FAO que


"los progresos continúan siendo decepcionantemente lentos en
relación con los objetivos de desarrollo a más largo plazo acordados
46

en la Estrategia Internacional del Desarrollo, en la Declaración y el


Programa de Acción sobre el Establecimiento del Nuevo Orden
Económico Internacional y en la Resolución de la Conferencia Mundial
de la Alimentación y en varias conferencias posteriores". Está lejos de
haberse logrado en la producción agrícola y alimentaria de los países
en desarrollo, en estos últimos 10 años, el modesto aumento medio
anual del 4% que se planteó para resolver algunos de los problemas
más perentorios del hambre mundial y acercarnos a niveles todavía
reducidos de consumo. Como consecuencia de ello, las importaciones
de alimentos de los países en desarrollo, que constituyen ahora mismo
un elemento agravante de sus balanzas de pago deficitarias,
alcanzarán muy pronto, según la FAO, proporciones tales que serán
inmanejables. Frente a eso, disminuyen los compromisos oficiales de
ayuda exterior para la agricultura de los países en vías de desarrollo.

Este panorama no puede ser embellecido. A veces en ciertos


documentos oficiales se reflejan los aumentos circunstanciales de la
producción agrícola en ciertas áreas del mundo subdesarrollado, o se
destacan las elevaciones coyunturales de los precios de algunos
artículos de la agricultura. Pero se trata de avances transitorios y de
ventajas efímeras. Los ingresos por concepto de exportaciones
agrícolas de los países en desarrollo continúan siendo inestables e
insuficientes en relación con sus necesidades de importación de
alimentos, fertilizantes y otros insumos para elevar la propia
producción. Y es que al convertir el alimento en mercancía una
mercancía, por demás, indispensable para todos, el hambre es una
estrategia comercial, de guerra y de dominación. Al respecto señala
Cortéz (2016: 621-622) «La crisis alimentaria global como una
estrategia de dominio comandada por el capital monopólico-
financiero, abrió el cauce para que las principales agroindustrias
transnacionales incrementaran sus ganancias». Además, […] se
posicionó como una estrategia de dominio impulsado por los E.U.A,
ante la alta dependencia de los países periféricos en el ámbito
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 47

agroalimentario mundial. Los alimentos se convierten en objetos de


especulación y agrocombustibles, como una respuesta ante la crisis
financiera y la crisis energética global.

La dependencia se expresa entre otras cosas, en el hecho de que los


países de Asia, África y América Latina importamos el 26,1% de los
productos manufacturados que entran en el comercio internacional y
exportamos solo el 6,3. Se dirá que hay un cierto proceso de expansión
industrial, pero no se produce ni al ritmo necesario ni en las industrias
claves de la economía industrial. La Conferencia de La Habana lo ha
señalado. La redistribución mundial de la industria, el llamado
redespliegue industrial, no puede consistir en una nueva confirmación
de las profundas desigualdades económicas originadas en la época
colonial del siglo XIX. Entonces se condenó los países del tercer
mundo a ser productores de materias primas y productos agrícolas
baratos basada en las necesidades de los países colonizadores. Ahora
se quiere utilizar la mano de obra abundante y los salarios de miseria
de los países en vías de desarrollo para transferirles las industrias de
menor tecnología, de más baja productividad y que más polucionan el
ambiente. Ese es el nuevo disfraz que se desea imponer.

Los países desarrollados de economía de mercado absorben hoy más


del 85% de la producción manufacturera mundial, entre ella la
producción industrial de más alta tecnología. Controlan también más
del 83% de las exportaciones industriales. El 26% de esas
exportaciones va hacia los países en vías de desarrollo, cuyos
mercados monopolizan. Lo más grave de esa estructura dependiente
es que aquello que importamos, es decir, no solo los bienes de capital
sino también los artículos de consumo, está elaborado según las
exigencias, las necesidades y la tecnología de los países de mayor
desarrollo industrial y los patrones de la sociedad de consumo, que de
ese modo se introduce por los resquicios del comercio del tercer
48

mundo, infecta nuestras propias sociedades y añade así un nuevo


elemento a la ya permanente crisis estructural.

«Los pequeños y medianos productores rurales de los países


periféricos se ven fuertemente afectados, toda vez que se profundiza
la desarticulación productiva, ante un escenario de bajos precios y
elevados costos de producción. Se transita por tanto hacía una crisis
productiva; que pone en alta vulnerabilidad a los países periféricos, ya
que como lo señaló la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio
y Desarrollo (UNCTAD) en su informe 2015 sobre los pequeños
agricultores y el desarrollo sostenible de productos básicos, en
conjunto, los campesinos concentran apenas 12% de todas las tierras
agrícolas pero generan 80% de los alimentos del planeta» (Cortéz,
2016: 624).

Como resultado de todo esto, según lo constataron los Jefes de Estado


o de Gobierno en La Habana, la brecha existente entre los países
desarrollados y los países en desarrollo no solo subsisten sino se ha
ampliado sustancialmente. La participación relativa de los países en
desarrollo en la producción mundial descendió considerablemente
durante las dos últimas décadas, lo que tiene consecuencias aún más
desastrosas en fenómenos como la malnutrición, el analfabetismo y la
insalubridad.

La situación de retraso agrícola e industrial, de la cual no acaban de


desprenderse los países en vías de desarrollo es, sin duda, como lo
señaló la Sexta Cumbre, el resultado de relaciones internacionales
injustas y desiguales. Pero a éstas se añade ahora, como también se
señala en la Declaración de La Habana, la crisis prolongada de la
economía internacional.

Hay que considerar que la crisis del sistema económico internacional


no es coyuntural sino que constituye un signo de desajuste estructural
y de un desequilibrio que están en su propia esencia; que ese
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 49

desequilibrio ha sido agravado por la negativa de los países


desarrollados de economía de mercado a controlar sus desequilibrios
externos y sus altos niveles de inflación y desempleo; que la inflación
se ha generado precisamente en esos países desarrollados que ahora
se resisten a aplicar las únicas medidas que podían eliminarla. Y
señalemos además, porque es algo a lo cual hemos de referirnos
después y que también está registrado en la Declaración de La Habana,
que esta crisis es asimismo el resultado de la persistente falta de
equidad en las relaciones económicas internacionales, de manera que
resolver esa desigualdad, contribuirá a atenuar y alejar la propia crisis.

Comprobamos que el intercambio desigual en las relaciones


económicas internacionales, enunciado como característica esencial
del sistema, se ha hecho, si cabe, aún más desigual. Mientras los
precios de la manufactura, los bienes de capital, los productos
alimenticios y los servicios que importamos de los países
desarrollados se incrementan de continuo, se estancan en cambio y
están sometidos a fluctuaciones incesantes los precios de los
productos primarios que exportamos. La relación de intercambio se ha
empeorado. Se ha hecho hincapié en que el proteccionismo, que fue
uno de los elementos agravantes de la Gran Depresión de los años 30,
ha vuelto a ser introducido por ciertos países desarrollados. La
Conferencia lamentó que en las negociaciones del GATT los países
desarrollados que pertenecen al mismo no tuvieran en cuenta los
intereses y las preocupaciones de los países en desarrollo, y en
particular de los menos desarrollados.

Por otra parte, se manifiesta preocupación por el constante deterioro


de la situación monetaria internacional. La inestabilidad en los tipos
de cambio de las principales monedas de reserva y la inflación, que
acentúan el desequilibrio de la situación económica mundial, crean
dificultades adicionales a los países en desarrollo, disminuyen el valor
real de sus ingresos de exportación y reducen el de sus reservas de
50

divisas. Se señala como un factor negativo el crecimiento desordenado


de los recursos monetarios internacionales, básicamente mediante el
empleo de dólares devaluados de los Estados Unidos y otras monedas
de reserva. Es evidente que, mientras la desigualdad de las relaciones
económicas internacionales hace incrementar la deuda externa
acumulada de los países en desarrollo hasta más de 300 000 millones
de dólares, los organismos financieros internacionales y la banca
privada elevan las tasas de intereses, hacen más cortos los plazos de
amortización de los préstamos y ahogan con ello financieramente a los
países en desarrollo, constituyendo todo esto, como se denunció por la
Conferencia, un elemento coercitivo en las negociaciones, lo que les
permite obtener ventajas políticas y económicas adicionales a
expensas de nuestros países.

Preocupa el empeño neocolonialista de impedir a los países en


desarrollo ejercer de manera permanente y efectiva su plena
soberanía sobre los recursos naturales. Por ello mismo, se suman los
esfuerzos de los países en desarrollo productores de materias primas
por obtener precios justos y remuneradores para sus exportaciones y
mejorar en términos reales sus ingresos de exportación.

Por otra parte, se debe centrar más atención que nunca al


fortalecimiento de las relaciones económicas y a la transferencia
científico-técnica y tecnológica de los países en vías de desarrollo
entre sí. El concepto de lo que se podría definir como
"autosustentación colectiva", o sea, el apoyo mutuo y la colaboración
entre los países en vías de desarrollo de modo que estos dependen, en
primer término, de sus propias fuerzas colectivas, una fuerza que no
tuvo nunca antes, se propone realizar todos los esfuerzos necesarios
para impulsar programas de cooperación económica.

Claro está que los países en vías de desarrollo no pueden esperar, ni


esperan, que las transformaciones a que aspiran y los financiamientos
que requieren puedan llegarles como una dádiva derivada de meros
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 51

análisis sobre los problemas económicos internacionales. En este


proceso, que implica contradicciones, lucha y negociaciones, los países
No Alineados tienen que depender, en primer término, de sus propias
decisiones y esfuerzos. Es indispensable que los países periféricos,
consoliden sistemas agrícolas con sus propias tecnologías incluida,
claro está, su semilla propia, además que se generen las políticas
públicas que permitan una producción de calidad y autosuficiente
para toda su población.
Pobreza, hambre y enfermedad

Ya dijimos que el hambre tal como se conoce hoy día, con su carga de
violencia y deshumanización son un constructo del capitalismo. Desde
esta perspectiva el hambre está asociado a pobreza y a enfermedad y
las tres son armas de dominación y comercialización. Al respecto,
Ziegler (2012: 11) denuncia que «La destrucción anual de decenas de
millones de hombres, mujeres y niños por inanición es el escándalo de
nuestro siglo. Cada cinco segundos muere un niño menor de diez años.
En un planeta que, sin embargo, desborda de riquezas [...] En su estado
actual, la agricultura mundial podría alimentar sin problemas a doce
mil millones de seres humanos, es decir, casi el doble de la población
actual. En este sentido, pues, no hay ninguna fatalidad. Un niño que
muere de hambre es un niño asesinado».

Con relación a la pobreza, dice Rahnema (1996: 251 y 255) …«La


indigencia, o la pobreza impuesta, sin duda lastima, degrada y lleva a
la gente a la desesperación. En muchos lugares, el hambre y la miseria
claman al cielo. De hecho, pocos conceptos desarrollistas encuentran
su prueba en una realidad tan evidente. Y aún así, la pobreza es
también un mito, un constructo y la invención de una civilización
particular». […] «La pobreza global es un constructo enteramente
nuevo y moderno. Los materiales básicos que han entrado en el
constructo son, esencialmente, la economización de la vida y la
vigorosa integración de las sociedades vernáculas en la economía
mundo».

Por otro lado, el hambre y la subalimentación ocasionan


enfermedades puesto que el cuerpo fisiológicamente no dispone de los
componentes químicos necesarios para su buen funcionamiento físico
y mental que «puede conducir a daños neurológicos irreversibles, que
se acompañan a trastornos en las áreas cognitivas y emocionales.
Debilitado física y mentalmente, el ser humano malnutrido se vuelve
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 53

vulnerable y sus funciones orgánicas y habilidades para realizar un


trabajo regular están perjudicadas (Zeigler, 2012). En esta
complejidad funcional y fisiológica, se cree que el “dolor del hambre”
sea incomprensible para aquellos que no la padecen, que presencian
sin sufrirla (Filla et al., 2015).

Los estragos fisiológicos y estructurales generados por el hambre en el


cuerpo humano han sido descritos exhaustivamente por la fisiología
clásica en innumerables tratados desde hace por lo menos un siglo. El
deterioro progresivo de la respuesta inmune, la incapacidad de hacer
resistencia a un gran número de enfermedades infecciosas prevenibles
por vacuna, retardo en el crecimiento y en el desarrollo, trastornos
críticos en el desarrollo mental, incremento en la mortalidad infantil,
incremento en la mortalidad materna entre otros son algunas de las
consecuencias devastadoras del hambre en la población humana.

A este respecto es importante considerar que al “medir los niveles de


salud”, haciendo uso de los indicadores tradicionales, positivistas y
misantrópicos (tasa de Morbilidad, tasa de Mortalidad, tasa de
mortalidad infantil, mortalidad materna), que en el mejor de los casos,
tienen la virtud de esconder y desdibujar las realidades y que
diferencian los grupos poblacionales, se ocultan brechas sociales
frente a la salud, la enfermedad y la muerte.

Internalizar, que la humanidad transita un cambio de época, ya no es


exigencia de teóricos, lo contrario es intentar ocultar el sol con un
dedo, todos esos cambios económicos, sociales, culturales, éticos,
psicológicos, entre otros, impactan directa e indirectamente la vida de
los habitantes del planeta. No existen estructuras sociales, políticas,
religiosas, académicas que pueda mostrar blindaje para no sentir
afectación en todo este desenfrenado proceso de cambio.

La crisis del modelo de atención a la enfermedad en el sistema


neoliberal capitalista, se expresa en los altísimos costos de servicio,
54

en el disconfort e insatisfacción de la ´población ante la necesidad


creciente de atención médica; este modelo decadente se caracteriza
fundamentalmente, entre otras cosas, por ser altamente medicalizado,
impositivo, burocratizado, desigualmente distribuido tanto en la
cobertura geográfica como en los grupos sociales e ineficaz y centrado
en la enfermedad; todo lo cual explica que las desigualdades o
inequidad en la enfermedad es un espejo de las desigualdades sociales
generadas por la globalización impuesta del modelo neoliberal
capitalista o mejor dicho, la imposición de un modelo civilizatorio
regido por la desigual distribución del poder político y económico.

A finales del siglo XVIII ocurre la Revolución Industrial y durante todo


siglo XIX ocurren una serie de aportes al conocimiento médico
científico, entre los más resaltantes tenemos el desarrollo de la
corriente filosófica positivista teniendo entre los principales
seguidores a Claudio Bernard quien escribe el libro: Introducción al
Estudio de la Medicina Experimental el cual se transformó en un
verdadero catecismo de la ciencia y donde se evidencian los aportes
de Pasteur al descubrir la naturaleza infecciosa de un gran grupo de
enfermedades creando la Teoría de los Gérmenes, de igual manera crea
los principios de la cura aséptica y una serie incalculable de nuevos
conocimientos que se mantienen vigentes hasta nuestros días. En ese
mismo período, resaltan los trabajos de Koch y Virchow; el primero
continúa las investigaciones basadas en la teoría de los gérmenes y el
segundo, a pesar de concentrarse en el estudio de las enfermedades
infecciosas, hizo novedosos aportes en la epidemiología y en la
medicina social; término éste popularizado por Virchow a nivel
mundial. Este pertinaz investigador y político demostró que eran las
condiciones de vida, la forma en que vivían los seres humanos, los
hábitos, las costumbres y la alimentación lo que determina la
presencia de enfermedades. La causalidad no era exclusiva de los
gérmenes, por lo tanto, el único objetivo no era buscar el microbio y
destruirlo, la estrategia planteada estaba centrada en modificar las
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 55

condiciones de vida, luchando por mejores salarios, mejores viviendas


y condiciones de vida, condiciones de higiene, lo cual permitirá a la
gente mejorar sus niveles de salud.

Indudablemente que este personaje y eminente hombre de ciencia del


siglo XIX define de manera clara y tajante un concepto muy amplio de
salud; en el desglosa componentes fundamentales del nivel de vida,
tiene una visión integral de la problemática de salud y por primera
vez, a través de toda la revisión realizada, se establecen criterios
definitorios y determinantes de salud. Esto evidencia la magnitud del
pensamiento revolucionario de Virchow. Este hombre de ciencias nos
aporta una reveladora expresión: “La medicina es una ciencia social; y
la política no es más que una medicina a gran escala” (Urbina, 2002).

Esta confabulación estructural, operativa y organizativa del aparato


económico del capitalismo neoliberal hacen de la triada Pobreza-
Hambre-Enfermedad todo un andamiaje comercial alrededor del cual
se invierten cuantiosas e inimaginables capitales que engordan cada
vez más las arcas de los grandes capitalistas ampliando sus dominios y
controlando flujos de alimentos, medicamentos, combustibles y otros
a los países pobres.

En palabras de Vivas (2008)…«Actualmente, el sistema alimentario ya


no responde a las necesidades alimenticias de las personas, ni a la
producción sostenible basada en el respeto al medio ambiente, sino
que se trata de un modelo enraizado en una lógica capitalista: de
búsqueda del máximo beneficio, de optimización de costes y de
explotación de la mano de obra en cada uno sus tramos productivos.
Aquellos bienes comunes como el agua, las semillas, la tierra..., que
durante siglos habían pertenecido a las comunidades, han sido
privatizados, expoliados de manos de los pueblos y convertidos en
moneda de cambio a merced del mejor postor».
56

En materia de alimentos, las grandes compañías comercializadoras de


estos no solo controlan en gran medida la materia prima directa, sino
que también influyen en la tenencia de la tierra, la soberanía
alimentaria, el uso del agua, el equilibrio de los ecosistemas, los
patrones alimenticios, el calentamiento global. Y además sus alcances
comerciales van más allá de la materia prima puesto que también
participan del negocio de los productos elaborados o de otras ramas
vinculadas al alimento formando grandes monopolios de alcance
planetario. Esto es, «A diferencia de la empresa que buscaba integrar
un conjunto de actividades a su interior, la nueva organización
industrial en la actividad agroalimentaria lleva a cabo una “integración
vertical externa” centrada en formar complejos agroindustriales por
medio de la operación vertical de empresas productoras de semillas,
biotecnológicas, agroquímicos, agroindustriales y alimentarias. Estos
grandes consorcios resultan del establecimiento de alianzas
estratégicas, propiedades conjuntas, capital de riesgo y fusiones»
(Chauvet y González, 2001 citado por Rendón y Morales, 2008: 92).

Durante más de cien años, las empresas de alimentación y bebidas


más poderosas se han servido de tierras y mano de obra baratas para
elaborar productos a bajo coste y obtener enormes beneficios. Sin
embargo, en la mayoría de los casos estos beneficios se han generado
a expensas del medio ambiente y del bienestar de comunidades de
todo el mundo, y han contribuido a la crisis del sistema alimentario
(Oxfam, 2013).

Por otra parte y en este orden de ideas, el aparataje científico-técnico


puesto de marcha durante ésta era ha orientado todas sus
herramientas para producción alimentaria, es el caso de la ingeniería
genética con la cual se ha logrado mejorar ostensiblemente el
rendimiento de la gran mayoría de especies vegetales, la producción
de semillas transgénicas que apuntan de igual forma al incremento en
la productividad, el uso de fertilizantes e insecticidas químicos

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 57

altamente contaminantes y un largo etc.; todo lo cual se ha convertido


en cuantiosas inversiones de capital para apuntalar el gran negocio
transnacional del hambre en el mundo a expensas del ambiente y los
bienes naturales.

Ahora bien la “pobreza” de los países periféricos, en muchos casos


nada tiene que ver con la carencia de bienes ya sea minerales o
agroalimentarios. Está más relacionada a la dominación y
colonización. La primera que en la mayoría de los casos se impone a
través del Banco Mundial, el FMI, la OMC y los Tratados de Libre
Comercio. Mientras que la segunda se fomenta a través de todo el
entramado social que acarrea la modernidad. Para poner un ejemplo,
América Latina y el Caribe el pasado año la FAO10 reportaba 42,5
millones de personas subalimentadas pero ya desde 2014 el Banco
Interamericano del Desarrollo, determinaba que “América Latina y el
Caribe serían la próxima despensa global, debido a que posee un tercio
de los recursos de agua dulce del planeta y cuenta con cerca del 28%
de la tierra del mundo identificada con potencial mediano a alto para
la expansión sostenible de área cultivada y una participación del 36%
de la tierra que está dentro de un tiempo de viaje de seis horas hasta
un mercado”. Eso sin contar las reservas minerales y de hidrocarburos
con que aun cuenta la región, si se quiere medir la pobreza en
términos de riqueza material. La región tiene los mayores yacimientos
de litio, cobre, y níquel, pero también cuenta con otros minerales en
proporciones importantes como níquel, estaño, zinc, molibdeno,
bauxita, hierro, plomo y oro. Además de los yacimientos de petróleo y
gas que continúan siendo la principal fuente de energía.

El modelo económico capitalista se sustenta en el acaparamiento de


riquezas materiales obteniéndolas de cualquier modo, pero siempre al
menor precio posible y de preferencia gratis, para ello debe crear toda
una estructura de colonización y dependencia en los países de donde

10 FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS. 2019. Ob. Cit. p. 14


58

puede obtenerla. Es así que en el caso de América Latina, hay una


relación directa entre colonización, conflictos, dependencia y riqueza;
los países donde existe mayor agrobiodiversidad, importantes
reservas de agua dulce, minerales e hidrocarburos son los más
dependientes en materia de alimentos, porque las grandes
transnacionales establecen alianzas estratégicas con los Estados
Nacionales y acaparando los productos y desplazando a los pequeños
productores del mercado y de sus tierras.

Cuadernos Rojos N° 1
Hambre y cambio climático

En Junio de 1972, se lleva a cabo en Estocolmo una Conferencia de las


Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en la ocasión en que la
problemática ambiental llega a la agenda internacional propuesta por
Suecia debido a la gran preocupación por la lluvia ácida, la
contaminación en el Báltico y los altísimos niveles de pesticidas y
metales pesados en peces y aves; esta iniciativa abre las puertas a la
internacionalización de una problemática debido a que los desechos
industriales no se presentan en las aduanas ni viajan con pasaportes,
descubriéndose así una gran vulnerabilidad a las acciones tomadas
por otros.

Esta conferencia constituyó el abre boca para un conjunto secuencial


de grandes reuniones a lo largo de la década de los 70 donde se
abordaron temas como sobrepoblación, alimentación, asentamientos
humanos, el agua, la desertificación, ciencia y tecnología, energía
renovable y desde allí tomo impulso el concepto del sistema mundial
interrelacionado cuya operatividad está limitado por restricciones
comunes (Millet y Toussaint, 2009).

Este enfoque de ecosistemas globales cuyas perspectivas biocéntricas


y humanistas no habían sido, aparentemente evidenciadas por la élite
internacional del desarrollo, ya que nunca atribuyeron un valor
absoluto a la naturaleza como signo de la supremacía del desarrollo
tecnológico sobre las personas y sus vidas. Este enfoque recorrería
todavía un largo sendero donde privó el silencio de los distintos países
del mundo ante el deterioro progresivo e irreversible del ambiente
sobre todo en aquellos países que emprendieron veloz carrera tras el
mito del progreso y el desarrollo, impuesto por la hegemonía
capitalista.
60

Luego de un largo silencio, en 1987 el informe Brundtland (p. 118)11


desnuda finalmente la íntima vinculación entre el desarrollo y el
deterioro progresivo del medio ambiente y concluye que el afán de
incrementar el PNB convierte a muchos en “joviales enemigos de la
naturaleza”.

En 1997, la dirigencia mundial plantea, ante el calentamiento global,


una disminución generalizada de la “Emisión de gases con efecto
invernadero” mediante el protocolo de Kioto; lo cual fue un fracaso
dada la negativa de los Estados Unidos de adherirse a dicho acuerdo;
posteriormente en la Cumbre de Bali en el 2007 Estados Unidos
continuó negándose a firmar cualquier acuerdo relacionado con éste
aspecto. A finales del 2006 Stern, consejero económico del gobierno
británico, envió al primer ministro Tony Blair un informe sobre los
efectos del cambio climático y los medios para combatirlo; en el
mismo afirmaba “El cambio climático deteriorará las condiciones
elementales de vida de la población en todo el planeta acceso al agua,
producción de alimentos, salud y ambiente” (Millet y Toussaint, 2009).

En el presente siglo XXI la actividad extractivista y sus efectos


destructores del ambiente, han venido incrementándose
vertiginosamente; su práctica fue instaurada desde la conquista y la
colonización como respuesta a la lógica del capital (Ulloa, 2017); sin
embargo vale decir, que estas cambios climático-ambientales son
parte constituyente intrínsecamente ligadas a la modernidad que
promovió y dio inicios a la dicotomía naturaleza-cultura y a la lógica
económica impositiva de relaciones desiguales donde se manifiesta el
despojo territorial y de la naturaleza.

Distintos análisis e interpretaciones surgen de la realidad del cambio


climático y el deterioro ambiental al igual que las múltiples
interpretaciones culturales de los fenómenos derivados de la

11
Informe Brundland. ONU, Nueva York, 1987.
Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 61

variabilidad climática, lo cual se relaciona con las maneras en que las


distintas culturas interactúan con la naturaleza, esta biodiversidad
natural pide a gritos protección y control para ser usada con una
visión de servicio ecosistémico dada la actual e irreversible crisis
ambiental y climática.

Riechmann (2011) refiere «En 1992, en Rio de Janeiro, la comunidad


internacional aprobó la Convención de NN.UU. sobre Cambio
Climático: al menos desde esa fecha, seguir negando el problema es
imposible. Sin embargo, entre 1990 (año de referencia para las
negociaciones internacionales) y 2010, es decir, durante dos decenios
de confrontaciones contra el calentamiento global, las emisiones
planetarias de Gases Efecto Invernadero (GEI) aumentaron más del
40%».

Las afirmaciones precedentes evidencian claramente el daño


infringido al planeta y el peligro al que nos expone e impone el modelo
civilizatorio existente, como hilo conductor de la humanidad a un
verdadero holocausto sin precedente histórico; el sistema económico
impuesto e imperante.

Aunque el cambio climático no implica per se la desaparición física del


planeta es importante resaltar que sí afecta a una buena parte de las
especies que lo habitan al punto de ponerlas en peligro de extinción.

El informe Sterm12 que trata fundamentalmente sobre los efectos del


cambio climático en la economía, alerta que “la caída anual del PIB
podría alcanzar el 20%, lo cual implica una verdadera catástrofe de
magnitud desconocida y consecuencias irreparables en la calidad de
vida y seguridad alimentaria. Los informes de la Organización Mundial
de la Salud apuntan a que las muertes anuales asociadas al cambio

12Stern, N. 2006. Stern Review on the Economics of Climate Change.


Disponible en www.sternreview.org.uk.
62

climático se aproximan a las cien mil, pero serán millones si no


detenemos esta irracional anticultura. El Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo Humano (PNUD) afirma que entre los años
2000-2004 se produjeron un promedio anual de 326 desastres
climáticos que de alguna manera afectaron cerca de 262 millones de
personas, cifra que duplica lo ocurrido en la primera mitad del decenio
de 1980 y quintuplica los damnificados en el último lustro de los
setenta”.

Estas alarmantes y preocupantes cifras son evidencia ineludible que


obligan a determinar acciones contra el incremento del hambre y la
desnutrición como consecuencia del cambio climático además de
encender las alarmas con la finalidad de adaptarse a épocas más
difíciles y circunstancias más inciertas generadas por decisiones
unilaterales de los imperios occidentales en su incansable e irracional
carrera de persistir en apuntalar un modelo de desarrollo que
multiplica el capital mientras destruye, de manera inclemente y
progresiva el ambiente hasta poner en peligro la existencia humana en
el planeta.

Es obvio que en las circunstancias descritas y las tendencias


evidenciadas hacia la negación de tomar medidas correctivas para
detener los efectos destructores e irreparables del medio ambiente
urge, sin lugar a dudas, el accionar colectivo de la conciencia
generadora de transformaciones que conlleven a posesionar el
instinto conservador de la existencia.

El cambio climático acelerado por el modelo capitalista ha afectado de


un modo exacerbado la naturaleza; suelo, ecosistemas, agua, aire,
ciclos de lluvia y la capa de ozono, afectando de este modo la
producción de alimentos. Por otro lado, si ya además ésta es
controlada en gran medida por empresas trasnacionales se avecina un
incremento de las hambrunas en los países más pobres. El modelo

Cuadernos Rojos N° 1
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 63

capitalista no tiene en cuenta que los bienes naturales son finitos y


requieren además muchos, a veces millones de años para recuperarse.
Decolonicemos los sistemas de
producción agrícola

Lo expuesto hasta el momento expresa la imposibilidad de abordar y


superar la problemática del hambre en las circunstancias actuales
caracterizada por:

 Producción agrícola que duplica las necesidades de alimento de


la población mundial.
 Producción de semilla, fertilizantes químicos e insecticidas en
manos de trasnacionales que manejan fortunas mil millonarias.
 La producción de alimentos es un negocio muy rentable en el
mercado mundial y responde a las “leyes” del mercado.
 El sistema de producción imperante es el extensivo, monocultivo,
altamente intervenido tecnológicamente y contaminante, basado
en agroquímicos y transgénicos.
 Este modelo impuesto es altamente contaminante, destructivo de
la naturaleza y favorecedor del calentamiento global.
 Este modelo impuesto es excluyente por naturaleza de nuestro
modelo ancestral que se caracteriza entre otras bondades por ser
ecológicamente seguro, no mercantilizado, autosustentable y
socio-productivo.

A juzgar por las características del modelo productivo impuesto por el


modelo capitalista, es obvia la imposibilidad de superar la tragedia
humanitaria de la pandemia del hambre, la cual se encuentra
claramente delimitada a los países pobres, del tercer mundo o del Sur,
que se encuentra condenados a ser colonias de los “grandes” imperios,
de los cuales depende, en gran parte la procedencia de las fuentes
básicas del sustento poblacional; se hace urgente, dada la progresión
de la pandemia, retomar nuestra cultura ancestral y avanzar en la
búsqueda de la independencia alimentaria redescubriendo
potencialidades que se encuentran subsumidas y que pujan por
El hambre. La pandemia más letal y prolongada de la humanidad 65

resurgir después de más de quinientos años de opresión y negación


existencial.

No se pretende volver al pasado y vengarnos de estos quinientos años


de transculturización y saqueo, el propósito fundamental es la
concreción de la decolonización en un aspecto tan relevante como es
la producción de alimentos básicos, fundamental insumo para
garantizar la supervivencia humana y avanzar en soluciones concretas
para superar esta pandemia del hambre, generada desde el “modelo
civilizatorio” impuesto.

El giro decolonial, de acuerdo a Castro-Gómez (2005) «es la apertura y


la libertad del pensamiento y de formas de vida (economías otras,
teorías políticas otras), la limpieza de la colonialidad del ser y del
saber; el desprendimiento del encantamiento de la retórica de la
modernidad, de su imaginario imperial articulado en la retórica de la
democracia». El pensamiento decolonial tiene como objetivo
fundamental y razón existencial la decolonialidad de la matriz colonial
del poder.

Para Quijano (1992), se hace imperiosa «la decolonización


epistemológica, desprenderse de las vinculaciones de la racionalidad-
modernidad con la colonialidad y en definitiva con todo poder no
constituido en la decisión libre de gentes libres». Este proceso
decolonial debe abrir caminos que conduzcan a otro tipo de verdades
y prácticas que permitan la visualización del otro y su cultura
ancestral que en todo caso es nuestra cultura “bárbara” visualizada
por el “civilizado-imperial”.

Ante el modelo civilizatorio impuesto, que lleva consigo distintas


formas de visualizar y abordar las problemáticas creadas incluso por
ese mismo modelo, todas en desencuentro con el hombre mismo y su
ambiente, léase modelo agro-industrial, de “desarrollo” industrial,
concentración de la población urbana, modelo de construcción
66

habitacional entre otros, se impone de manera inmediata, la búsqueda


de una vez por todas, de nuevas formas que permitan la salida de ese
modelo impuesto y por lo tanto la reingeniería que apunte al
constructo de formas y creatividades que garanticen un
desprendimiento o ruptura con la colonialidad.

No se pretende la asunción del nihilismo ante los aportes realizados


por la modernidad, pero sí de un análisis crítico que permita
dimensionar los impactos desastrosos generados por ese modelo
civilizatorio, en función de los intereses del capital en contraposición
al deterioro progresivo e irreversible del medio ambiente que pone en
peligro la existencia de la vida en el planeta.

Cuadernos Rojos N° 1
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Los Cuadernos Rojos son un homenaje a la memoria del
camarada, maestro y entrañable amigo Secundino
Urbina en el tercer aniversario de su siembra.

Urbina, hombre de letras, incansable lector y escritor de


amplio espectro de problemáticas complejas,
polémicas y de actualidad, donde evidenciaba de
manera transparente su posición
ideológica. Robinsoniano y Mirandino por convicción
como producto de sus investigaciones Históricas y a
quienes dedicó gran parte de su trabajo intelectual,
además de ser epidemiólogo y gran médico de la
ruralidad Venezolana que la encarnó en su diario
trajinar por estas calles de la Corianidad hasta el final
de su ciclo vital.

El Maestro fue creador y productor, con dinero de su


propio peculio de los cuadernos azules y de los
cuadernos amarillos donde abordó temas de gran
interés social.

Se pretende desde el Centro de Estudios


Transdisciplinarios Secundino Urbina (CETSUR) mantener
vivo el legado de éste extraordinario luchador social
que construyó caminos al andar.

En tu memoria, respetado y amado maestro,


presentamos los cuadernos rojos esperando que estén
a la altura de tu producción intelectual.

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