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Capítulo VI.

-
La vocación trascendente humana
El ser humano se encuentra inmerso en ámbitos trascendentes, tal como se
deriva de las diferentes expresiones y actividades de pensamiento que
indican en esa dirección. En este capítulo se hace honor a la dimensión
trascendente humana, expresada en las variadas formas de expresiones
mitológicas, religiosas, antireligiosas y ateas.

VI.1.- El apego humano a lo trascendente


La dimensión trascendente es uno de los presupuestos humanos que
determinan la esencia humana.
Una verdad acerca del ser humano consiste en la afirmación de que es el
único ser capaz de hacer historia, lo cual lo convierte en un ente procesal,
en camino a través del tiempo y, por lo tanto, es un ser inacabado,
intradistante, en proceso hacia la realización plena de su energía psico-
espiritual.
El ser humano, aunque como ente es siempre un ser concreto y
determinado; sin embargo, es entidad en devenir histórico, en búsqueda de
la plenitud de sí mismo.
El ser humano es presente y proyecto a la vez. Como proyecto, deviene en
un proceso atraído desde adelante, y no empujado desde atrás. 1 En este
sentido, si el humano es el único ser poseedor claro de espíritu; entonces su
futuro consiste en acrecentar su dimensión espiritual hasta devenir uno
consigo mismo.
Según Albert CAMUS, es de vital importancia para la existencia (y como
tarea para la filosofía) tratar el problema del suicidio; pues es primordial
para el ser humano cerciorarse si la vida ofrece una esperanza de sentido
para poder seguir viviendo o si no vale la pena vivir, para terminar de una
vez con el sin-sentido mediante el suicidio.
El mero hecho de vivir atestigua ya una decisión que concibe la vida como
algo valioso, pues se prefiere estar en ella y no en la muerte. Vivir es
afirmar la vida.
El que vive está diciendo que es mejor vivir que morir, ya que de lo
contrario el suicidio sería la consecuencia más coherente.
Quien vive afirma la vida dando una oportunidad a la esperanza. Quien
vive espera algo mejor, aunque no esté consciente de ello.
Ahora bien, toda referencia del ser humano más allá de su existencia
presente (aquí y ahora) es una relación con lo trascendente o lo totalmente
desconocido.
1 Cf. de CHARDIN, Pierre Teilhard: “El fenómeno humano”.
A través del vivir, el ser humano afirma la esperanza y la fe,
trascendiéndose a sí mismo y proyectándose más allá de su situación
presente: desde lo conocido, el ser humano se abre a lo desconocido
superior, esperando que éste se manifieste.
La vida humana y la historia humana son impensables sin la dimensión
trascendente. Si se prescinde de lo trascendente, entonces desaparecen los
diagnósticos futuristas, las utopías socio-políticas, las ideas religiosas y
espirituales; no se construirían ciudades ni edificaciones, pues con nada de
eso se piensa sólo en el presente.
La trascendencia, ya sea en su versión intrahistórica del humanismo socio-
filosófico, o en la forma más generalizada, de ahistoricidad metafórica
(más allá del tiempo y del espacio), es el hogar común de los vivientes que
avanzan hacia la consecución de su ser total.
La trascendencia es tan connatural al ser humano como su propia
racionalidad que le caracteriza; por lo tanto, le es imposible desligarse de
ella; por el contrario, se ve compelido a avanzar hacia ella. De ese modo
definía HEGEL a la raza humana como aquella que camina hacia el infinito.
La persona humana que vive está revelando en cada momento que el
presente no es la estación final de la vida, pues se espera un estadio de
realizaron mayor más adelante: más felicidad, mejor vida, mejor futuro.
No hay vida humana sin trascendencia. El ser humano se encuentra a la
expectativa de una realización superior, de una vida feliz y plena.
La idea de lo trascendente puede ser abordada desde diferentes tópicos:
humanos, religiosos, políticos, entre otros. No obstante, el ámbito de la
religión y su idea sobre Dios han significado para el pensamiento el tópico
principal en el que se ha debatido el tema de lo trascendente.

VI.2.- El mito
El ser humano siempre ha sentido la necesidad de comprender el mundo en
que vive, el mito ha sido una de las variadas formas para explicarlo y
entender lo desconocido.
El concepto griego “mythéomai”, del que procede “mito”, significa tanto
como contar, narrar, decir. En los pueblos antiguos, el mito era una leyenda
de tiempos remotos acerca de dioses y grandes héroes que trataba de
explicar o de dar respuestas a preguntas y problemas del mundo y de la
vida real, y a sus aspiraciones y deseos futuros. El mito así concebido es
una alegoría, una metáfora que se encuentra íntimamente ligada a lo que
describe, a su contenido. Para el ser humano primitivo el mito es la realidad
misma y no sólo un símbolo.2
La mitología es tanto el conjunto de mitos que caracterizan a un pueblo
(mitología griega, hebrea, etc.) como la disciplina que estudia y compara el
origen, contenido, influencia y desarrollo de los mitos.
Hay mitos naturales, los cuales proceden de la observación ingenua de la
naturaleza, por ejemplo, para dar una explicación por qué llueve, por qué se
oscurece, por qué hay sequías, por qué la muerte...
También hay mitos culturales que son reflexiones más tardías para explicar
aspectos tradicionales de la cultura. Por ejemplo, el mito bíblico de la torre
de Babel quiere dar cuenta al pueblo hebreo sobre las diferentes lenguas y
culturas, su origen y su situación presente. El pueblo hebreo había
constatado que existen diferentes lenguas y culturas, por lo tanto, buscaba
comprender ese fenómeno partiendo de su origen.
El mito no tiene que ser en sí religioso, pero puede entremezclarse con
representaciones religiosas como en casi todos los pueblos antiguos.
Según Friedrich NIETZSCHE, el mito es una representación irracional, no
científica del mundo. Mediante los mitos, los seres humanos de tiempos
antiguos procuraban explicar los fenómenos que no podían comprender.
Mezclando el mito con la religión, los seres humanos respondían a las
grandes incógnitas del mundo y de la sociedad. Las respuestas, hechas
leyendas o alegorías, eran transmitidas de generación a generación
anclándose en el sistema educativo de modo acrítico, ingenuo y simple.
En la mitología del pueblo griego aparecen los nombres de algunos dioses
como ZEUS, HERA, APOLO, ATENAS, DIONISIO y demás, mediante los
cuales los griegos daban razón del origen del mundo, de la vida, la muerte,
la guerra, entre otros, con metáforas tenidas por historia genuina.
Veamos un ejemplo de la mitología egipcia para visualizar como el pueblo
egipcio se explicaba las cuestiones de la vida, la bondad, la fertilidad, la
luz, el mal, la vida eterna, y el triunfo del bien sobre el mal.
El Dios bueno para los egipcios antiguos era OSIRIS3, un Dios humano y,
por lo tanto, mortal.
OSIRIS enseñó a los humanos el cultivo del suelo y el arte de hacer pan y
vino. Junto a su hermana y esposa ISIS, OSIRIS civilizó a los humanos,
enseñándoles la moral y la convivencia social tolerante, así también a tallar
estatuas que relacionaron con los misterios de los dioses.
2 Cf. BRUGGER, Walter: „Philosophisches Wörterbuch“. Herder Verlag, Freiburg 1985.
3 Véase al respecto: CAUDET YARZA, Francisco: Diccionario de mitología, pág. 51-54.
Edimat Libros S.A. Ediciones y Distribuciones Mateos. Colección Cosmos, España
1998.
SETH, que era hermano y enemigo de OSIRIS, le tendió una trampa a éste,
encerrándolo en un cofre diseñado a su medida. En una fiesta en honor a
OSIRIS, SETH (o TIFÓN) presentó el cofre para regalarlo a quien tuviera un
cuerpo que se adaptara a él. Cuando OSIRIS entró para medírselo, el cofre
fue sellado con plomo fundido y fue trasladado al río Nilo donde murió.
Al enterarse, ISIS salió llorando a buscar a su marido por todas partes. Los
dioses avisaron a ésta que el cofre se encontraba en la cuidad de Adonis,
Biblos, ya que fue arrastrado por las aguas. Isis reveló su calidad divina a
los gobernantes de esta ciudad, los cuales le entregaron el cofre de OSIRIS
para llevarlo de regreso a Egipto. Al enterarse SETH de los planes de ISIS,
pudo adelantarse y robarse el cadáver de OSIRIS que luego despedazó.
ISIS ahora trata de encontrar los 14 pedazos del cadáver de OSIRIS para
recomponerlo (en honor a esto se establecieron rituales sagrados en Egipto
de reactivación de los difuntos, para lo cual bastaba sólo una parte para
recomponer al todo).
Los egipcios diseñaban un recipiente de barro sobre una camilla, en
representación de OSIRIS, regaban semillas en la tierra que se convertían en
brotes vegetales, así toda la vegetación de los campos se recomponía, según
la creencia.
En la recomposición de OSIRIS, a ISIS le faltaron los genitales, los cuales al
caer al río Nilo fueron devorados por el pez OXIRRINCO. ISIS se vio
precisada a diseñar a su marido un pene hecho de tallos vegetales para
completarlo. De esta manera, Isis pudo tener una relación sexual con su
fenecido marido, y de esta unión nació HORUS, el Dios solar y de los cielos,
simbolizado en un halcón o gavilán. HORUS es el vengador de la muerte de
OSIRIS, su padre, al abatir a su tío SETH, el Dios de las tinieblas.
Así como los egipcios explicaban los orígenes y las realidades naturales y
sociales mediante tales leyendas, los primeros filósofos griegos encontraron
un mundo enigmático maravilloso explicado de manera mitológica y
cuestionaron el poder aclarador del mito, por lo que procuraron un nuevo
método de explicar los fenómenos: aclarar la naturaleza mediante la
naturaleza misma. Así se inauguran los dos caminos de la razón humana; a
saber, la filosofía y la ciencia, comenzando con Tales de Mileto.
HOMERO y HESIODO se dieron a la tarea de escribir una gran parte de los
mitos griegos, alrededor del año 700 a.C. Este paso de la tradición oral a la
escrita va a traer consigo una revolución espiritual. Los primeros filósofos
se dieron cuenta, al reflexionar sobre los mitos, que éstos no bastaban para
explicar la naturaleza, porque se contradecían y no podían verificarse sus
descripciones.
XENÓFANES (cerca del 570 hasta el 475 o 470 a.C.) critica el
antropomorfismo de los dioses de la mitología griega, ya que dichos dioses
son tan egoístas y desconfiables como los humanos mismos. Además, esos
dioses en todo se parecen a los humanos: comen, se pelean, tienen
relaciones sexuales, etc. ¿No serán los dioses un invento humano, en los
que se proyecta la situación humana, así como los deseos y aspiraciones de
los humanos?
XENÓFANES afirma que los mortales se imaginan que los dioses nacen, se
visten, hablan y tienen apariencia humana. En este sentido, los etíopes se
imaginan a sus dioses con color negro y nariz aplastada; los tracios, por el
contrario, piensan que son de ojos azules y pelirrojos…Si las vacas, los
caballos y los leones tuvieran manos y pudieran pintar y realizar obras
como los humanos, entonces el caballo pintaría a sus dioses parecidos a
caballos, las vacas los pintarían parecidos a vacas y crearían tales imágenes
parecidas a ellos mismos.4
Vemos aquí la primera crítica racional a las exageraciones mitológicas que
muestra por qué los primeros filósofos buscaron una comprensión nueva y
natural del cosmos.

VI.3.- El fenómeno religión


Los datos históricos ponen en evidencia que el ser humano desde siempre
tuvo respeto ante un mundo invisible y trascendente. Esto significa que la
religión pertenece a la raza humana y que no es que ésta se la haya
inventado, sino que aquélla es parte integral de su vida.
El espíritu humano parece estar estructurado de tal manera que tiene que
estar dirigido hacia lo absoluto. Nunca ha existido un pueblo sin
expresiones religiosas.5 Escribía VOLTAIRE:
“Si Dios no existiera, habría que inventarlo, pero todo el mundo nos revela
que él existe.”6

4 GAARDER, Jostein: “Sophies Welt“ (El mundo de Sofía), pág. 36, Hanser Verlag,
München-Wien 1993.
5 Cf. KÖNIG, Kardinal Franz (editor): “Der Glaube der Menschen” (La fe de los
hombres), pág.3, Editora Borromäusverein. Bonn, 1985. También la naciente
“Sociología de la religión” con Emile DURKHEIM en su obra “Definición de los
fenómenos religiosos” (1899) concibió la religión como un fenómeno universal. En el
mismo sentido afirmó Henri BERGSON: “Nunca existió una sociedad sin religión”.
Véase al respecto: MATTHES, Joachim: “Religion und Gesellschaft (Religión y
sociedad) pág. 21. Rowolt Verlag, Hamburg 1967.
6 STÖRIG, Hans Joachim, op.cit. pág. 369.
En el reino animal no se ha podido detectar expresión religiosa alguna. La
religión es una expresión exclusiva de los humanos ligada a los anhelos de
plenitud, de felicidad y de una vida llena de sentido.
Según DOSTOJEWSKIJ, es imposible ser humano sin doblarse ante algo, un
ser humano que no puede doblarse por sí mismo no podría soportarse y no
puede existir tal persona. Quien niega a Dios se dobla ante algo ideal, ya
sea de madera, de oro o simplemente imaginado.7
La religión se refiere a las creencias y comportamientos de individuos y
grupos humanos ante lo que conciben como lo sagrado.8
El concepto “Religión” corresponde a la palabra “religio” en el latín. No
hay seguridad sobre su raíz etimológica, sobre la cual los estudiosos del
tema han señalado tres posibilidades: “religio” puede proceder de
“relegere”, como lo usó Marcos Tulio CICERÓN (106 - 43 a.C.) en su obra
“De natura deorum” (sobre la naturaleza de los dioses), dándole el
significado de “el respeto de algo con cuidado y conciencia”, un concepto
adecuado a la religiosidad de los antiguos romanos. También puede
proceder de “religare”, según la interpretación de LACTANCIO (cerca del
260 -325) quien por primera vez hizo una exposición general de la religión
cristiana en sus “Instituciones Divinas”. “Religare” significa “atar” o
“hacer dependiente”. Este significado se adaptaba a la naciente religión
cristiana. Por último, “religio” puede derivarse de “reeligere”, que
significa “reelegir” la unión perdida con el creador y lo espiritual.9
Sin embargo, para comprender su esencia, la visualización de cómo se
expresa la religión en la realidad y cuáles características son comunes a
todas las religiones tiene más importancia que pleitearse por el origen del
concepto.
Toda religión se basa en la “fe”, es decir en “creer” que viene del latín
“credere” equivalente a “cordare”, lo cual significa entregar el corazón,
que es el centro de la existencia. El que cree entrega toda su persona: sus
sentimientos, voluntad, inteligencia, costumbres, ritos, gestos,
edificaciones, vestimenta, escritos y tiempo. De aquí que la religión juegue
un rol decisivo en el desarrollo de la humanidad por su arropamiento de la
vida total de los creyentes. Entre los elementos comunes a las regiones se
destaca:10

7 Véase KÖNIG, Kardinal Franz, op.cit. pág.4.


8 Meyers Grosses Handlexikon. Meyers Lexikonverlag, Mannheim, 1989.
9 Cf. KÖNIG, Kardinal Franz, op.cit. pág. 12-13
10 Cf. ibid.
 La afirmación de lo trascendente (el monoteísmo acepta la idea de
un sólo Dios y el politeísmo la de varios dioses). El Budhismo se
desempeña sin una idea decidida sobre Dios.
 El mundo y todo lo que en él habita viene de la divinidad (ya sea
Dios o principio de la naturaleza).
 La existencia de escritos (libros) inspirados por la divinidad.
 Un cuerpo sacerdotal, pastores, rabinos, marabutes o monjes que
son salvaguardas de los escritos y de las tradiciones.
 Rituales y ceremonias como punto de unión de lo profano y lo
divino.
 Preceptos morales o mandamientos.
 El mal (energía negativa, demonios, diablos, infierno) juega un rol
de control de los adeptos y es el arma para convertir a los no
creyentes.
 La esperanza de una vida futura mejor como premio para el que
cree y es fiel hasta el final.
 Figuras humanas que sirven de modelo de santidad (fundadores,
santos, mártires).
 Lugares santos (ya sean ciudades, templos, iglesias, mezquitas).
 Tiempos sagrados.
 Vestimentas especiales, ya sea para los sacerdotes, grupos
determinados o para todos los adeptos.
La sociología de la religión de Max WEBER (1864-1920) concibe la
religión (sin definir su esencia) como una forma determinada de “acción
comunitaria” (“Gemein-schaftshandeln”), lo cual comprende tres aspectos:
en primer lugar, es una acción, como toda acción social, con sentido, el
cual sólo puede ser entendido por las vivencias subjetivas, las
representaciones y las finalidades de cada individuo. En segundo lugar, la
acción de orientación religiosa se relaciona con el “más acá” ya que está en
interacción con los problemas y expectativas del contexto en que se
desarrolla; y, en tercer lugar, la acción religiosa es también una acción
racional determinada por medios para conseguir ciertas finalidades. En tal
sentido, aunque la vivencia religiosa es irracional, como cada vivencia, es
por lo tanto incomunicable para quien no ha tenido igual vivencia. No
obstante, la vivencia religiosa es objeto de estudio científico, en la medida
que permanece ligada a la existencia concreta de los seres humanos, a su
contexto y al sentido de dicha existencia.11
El fundamento último de la religión está en la fe en una vida futura mejor,
en una vida después de la muerte que significa la redención o la liberación
para el creyente.
Con relación a la vida después de la muerte existen solamente tres
posiciones fundamentales:
a) La reencarnación del alma: según esta posición, el alma no muere,
sino que se sirve de otro cuerpo, ya sea que pasa a un estado superior
por haberse liberado de manchas ocasionadas por la materia, o que
desciende a estados inferiores por no haberse purificado. La finalidad
consiste en que el alma vaya ascendiendo en purificación para luego
gozar de unidad perfecta con lo trascendente, al liberarse de la cárcel
de los cuerpos materiales.
Según esta versión, todo ser vivo es un alma que busca ascender a
estados superiores mediante la meditación del conocimiento
verdadero y prácticas de las acciones correctas. Las religiones
antiguas y las religiones modernas orientales (como el budismo y el
hinduismo) basan su fe en la reencarnación del alma.
b) La creencia que el ser humano viene de la materia (o del polvo) y a
ella vuelve cuando muera: esta es una posición atea y materialista.
Pero puede ser también una postura teísta, tal como la tuvieron en la
antigüedad los habitantes de las ciudades marítimas fenicias, los
cuales realizaban sacrificios humanos sin ideas explícitas de
ultratumba.
c) La resurrección de los muertos: que es la representada por la
religión cristiana. Antes de Cristo existieron las dos posturas
anteriores, a partir de Cristo surgió esta postura nueva y no ha
surgido otra hasta el día de hoy.
La resurrección es muy diferente a la reencarnación; pues mientras
en ésta el alma humana puede pasar a otro cuerpo superior o inferior,
en la resurrección es la misma persona que sigue viviendo, aunque
sin las limitaciones de la materia. El mismo Jesús que vieron los
apóstoles en vida lo ven después de resucitado, hasta con las mismas
heridas en su cuerpo.
Esas son las tres alternativas disponibles para los humanos con relación a la
vida después de la muerte: o todo termina con la muerte, o reencarnemos o
resucitamos. Entre éstas, es de sano juicio elegir la que mejor se adecue a
11 Véase MATTHES, Joachim, op. cit. pág. 26-27. Con relación a la sociología de la
religión de Max WEBER, véase su obra: “Economía y sociedad”, tomo 1, pág. 328-492.
Fondo de cultura económica, México 1977.
las aspiraciones humanas. ¿Aspira el ser humano a quedarse por siempre
hecho polvo o desea vida eterna? ¿Es una idea satisfactoria la posibilidad
de que una persona pueda después ser un mosquito, un perro, un árbol...?
¿No sería el sueño de cada persona el poder eternizarse, es decir, el poder
seguir siendo ella misma más allá de la muerte, sin límites materiales?
La religión ha sido, y parece ser, un fenómeno insustituible, que siempre de
nuevo encuentra los caminos para renovarse y así responder a las
necesidades interiores del ser humano. Sin embargo, a pesar del
remozamiento religioso en la humanidad, varios pensadores han osado
predecir el ocaso de la religión en la sociedad del futuro. MARX y ENGELS,
por ejemplo, concibieron que la religión desaparecería en el Comunismo
por ser algo superfluo supra-estructural, sin ningún tipo de función. De
hecho, sucedió lo contrario, tanto en los países comunistas de Europa
Oriental como en el régimen nacionalsocialista alemán se trató de sustituir
a la religión, pero el resultado fue la introducción de otra religiosidad. En
efecto, los Nazis introdujeron nuevos mitos religiosos y en el Comunismo
Real se dio carácter religioso-trascendente a muchos rituales civiles para
sustituir a la religión cristiana.
Marie Jean GUYAU (1856-1939) escribió una obra sobre “La irreligión del
futuro”, Sigmund FREUD (1856-1939) escribió otra sobre “El porvenir de
una ilusión” y Emile DURKHEIM (1858-1917) predijo la disolución de lo
religioso mediante la ciencia.
La religión se ha visto precisada a resistir las críticas severas lanzadas
desde diferentes tópicos: económico, psicológico, filosófico….
No obstante, la idea de Dios sigue siendo aún el único horizonte capaz de
tranquilizar el insaciable corazón humano.
Es preciso aclarar ahora el concepto “secularización”.12 La palabra
“saeculum” o “saecularis” fue definida por SAN AGUSTÍN como “mundo”
o “mundano”. Más tarde fue definido su antónimo como “espiritual o
“eclesiástico”.
Desde los comienzos de la modernidad, algunas corrientes han ido
polarizando la civilización moderna poniendo a la ciencia, a la tecnología y
sus construcciones culturales en contra de su origen cristiano.
Además de DURKHEIM, Max WEBER y August COMTE, los propulsores del
secularismo son el político social inglés G.J. HOLYOAKE y el filósofo
alemán Ernst TROELTSCH.
HOLYOAKE fundó en Londres en el 1846 la “Secular Society”, entendiendo
por secularismo una “filosofía popular práctica” que asume los principios
12 Véase: “Säkularisierung“. En: Praktisches Bibel Lexikon, pág. 987. Editado por
GRABNER-HAIDER. Herder Verlag, Freiburg, Alemania 1983.
éticos del cristianismo en la medida que se correspondan con el bien
común. Sus predecesores convirtieron dicha sociedad en el sustituto de la
Iglesia con una actitud atea agresiva que acentuaba el libre pensamiento.
Así el cristianismo y el secularismo devinieron en dos polos antinómicos.
Amplios grupos de la sociedad inglesa reclamaron la liberación del ser
humano de la religión y defendieron la escuela secular, tanto en la
educación como en la enseñanza.
TROELTSCH interpreta el secularismo como la disolución de la religión
mediante ideas racionales resultantes de la secularización del Estado.
Concibe la separación del Estado y de la Iglesia, así también el
advenimiento de la idea de “tolerancia” como los dos hechos más
importantes del mundo moderno.
Según algunos teólogos, la secularización es el resultado de la misma
enseñanza cristiana, manifestando así el poder de las ideas cristianas en la
conformación de una especie humana y un mundo emancipados.
En otro tenor, el cristianismo, lejos de estar ante su época final, se
encuentra en una etapa profunda de transición cuya próxima estación es
aún imprevisible. El catolicismo ha ido perdiendo parte de sus adeptos, los
cuales van siendo captados por religiones protestantes, mientras otros se
quedan simplemente fuera del ámbito religioso. Sin lugar a dudas, ese
proceso de transición es un desafío para la Iglesia Católica, heredera
histórica de la predicación de los Apóstoles de JESÚS; lo cual podría
llevarla a una revisión interna para renovarse espiritualmente o para
apegarse más a los poderes del mundo, renunciando así a su misión
primigenia.
Las sectas protestantes, por su lado, han lanzado una cruzada agresiva para
ganar más adeptos y aumentar su influencia económica y social. Esta
actitud puede conducirlas a un proceso de degeneración espiritual (actitud
muy criticada por éstas a los católicos) que pone más empeño en los
privilegios temporales que en los bienes eternos.
Al referirnos a las sectas cristianas, o sectas religiosas, en sentido general,
las diferenciamos sociológicamente de lo que es una iglesia. Siguiendo la
sociología de la religión de Max WEBER, una iglesia es un grupo religioso
numeroso, establecido, fortalecido y reconocido en una sociedad
determinada. La iglesia influye en la vida general y está presente en toda la
cultura de una sociedad.
Las sectas son grupos religiosos minoritarios, que no se han podido
establecer definitivamente y que no disfrutan del reconocimiento general.
Por tratarse de grupos minoritarios, las sectas se esfuerzan para no
desaparecer, por lo que imponen reglas muy estrictas a sus adeptos. Dichas
reglas buscan diferenciar a estos creyentes de los de la iglesia, para que no
se confundan y se mantengan cohesionados en su grupo. Es así que vestirán
diferente, romperán con tradiciones que procedan de la iglesia y hasta su
cuerpo deberá ser signo de la diferencia: no usar prendas, no maquillarse...
La secta tiene control cercano y constante de sus seguidores, mientras que
en la iglesia, al ser tan amplia, el control es menor: cada cual entra y sale
cuando le place; no se notará si alguien no asiste al culto. En la secta se
notará si alguien no asiste y, “para que no se pierda”, será buscado
enseguida. Así la secta se cuida para no desaparecer.
La secta tiene un control total de la persona, lo cual puede en casos
extremos conducir a la neurosis colectiva que ha llevado a grupos
religiosos al suicidio colectivo.
La sociedad basada en el derecho civil y en el régimen democrático, la cual
toma como principios los derechos humanos, permite libertad de creencias,
pero debe cerciorarse de los grupos religiosos que en ella se debaten y debe
velar para que ningún grupo religioso atente contra la dignidad y la libertad
de las personas; de igual manera, debe velar para que las agrupaciones
religiosas no desconozcan el orden social democrático ni las obligaciones y
derechos ciudadanos, pues las sectas tienden a hacer dependientes a las
personas como la heroína a quien la usa. Los adeptos necesitan a su gurú
como el adicto a su droga.13
Por último, la sociedad democrática globalizada promueve la convivencia
entre las religiones. Partiendo desde la Santa Sede en la Ciudad del
Vaticano, se ha venido gestando el diálogo entre las grandes religiones del
mundo para la convivencia y la oración y para acciones conjuntas que
tiendan a mejorar al mundo. En Europa se desarrollan ritos y actividades
ecuménicas entre la Iglesia Católica y la Iglesia Protestante.
En este sentido, se ha podido evitar pleitos entre las confesiones cristianas
alrededor de la tumba de Jesús, ya que desde el Siglo VII hasta nuestros
días, la familia NUSSEIBAH (que es mahometana) es la encargada de esos
lugares y es la que abre las puertas a las tres de la mañana y las cierra a las
cinco de la tarde todos los días.
Esos hechos prueban que las regiones pueden convivir y accionar
pacíficamente cuando se lo proponen.14
Una advertencia final: la religión puede ser estudiada de dos maneras:
observándola y así se detecta todo el horror que contiene y uno se siente
asqueado, o estudiándola para encontrar el germen de verdad que se

13 Véase CLÉMENT, Catherine: “Le voyage de Théo” (Los viajes de Theo). Editora du
Senil, Paris 1997. Traducción al alemán en Hanser Verlag (Theos Reise), pág. 51,
München 1998.
14 Cf. ibidem, pág. 101.
esconde en medio de las exageraciones y uno puede comprenderla. 15 La
forma a elegir dependerá del tipo de persona que se es.
Es importante promover la convivencia y la paz religiosa, porque de ello
depende también la paz del mundo.16

VI.4.- Crítica a la religión y ateismo


Las tesis que niegan la existencia de Dios y las que niegan la religión han
tenido su desarrollo histórico, mostrando un proceso progresivo de
reflexión que ha versado esencialmente sobre los siguientes tópicos: Dios
no existe, porque lo único que existe es la eternidad de la materia. No hay
pruebas respecto a la existencia de Dios, por lo tanto, hay que callar. Lo
único que cuenta es lo que la ciencia verifica empíricamente. No puede
existir un Dios porque el mundo está lleno de sufrimientos e injusticias. Las
representaciones religiosas son productos humanos, pues el ser humano
proyecta en otro mundo sus deseos y la solución de sus problemas,
recibiendo así una compensación ideal para la vida del más allá. El papel
de la religión consiste en adormecer al pueblo para que no se haga
consciente de las causas de su miseria. La religión es la que justifica el
orden injusto establecido y se encarga de perpetuarlo. La religión no tiene
futuro porque es una ilusión.
Desde la antigua filosofía griega se encuentran tópicos de relativismo con
respecto a las creencias religiosas, por ejemplo, en XENÓFANES y en los
sofistas, en especial PROTÁGORAS que puso al ser humano como “medida
de todas las cosas, de las que son, en cuanto a que son y de las que no son,
en cuanto a que no son”.
En la filosofía de DEMÓCRITO se desvela a un materialista genuino, con su
teoría sobre los átomos; es decir, la reducción a átomos de toda realidad y
su hipótesis de la eternidad del movimiento de la materia en el espacio
vacío.
Esa actitud atomista materialista fue corroborada por EPICURO, aunque para
éste, los dioses puede ser que existan, pero no tienen nada que ver con este
mundo y no puede haber relación alguna entre los humanos y los dioses, de
modo que la religión es una estafa clerical.
El poeta latino, Tito LUCRECIO CARO (nacido entre 99 y 94 a.C. y fenecido
el año 55 a.C.) presentó en poesía punto por punto la doctrina hedonista y
15 Cf. CLÉMENT, Catherine, op. cit. pág. 115-116.
16 Cf. KÜNG, Hans/Dieter SENGHAAS (Ed.): „Friedenspolitik. Ethische Grundlagen
internationaler Beziehungen”, (Política de paz. Fundamentos éticos de las relaciones
internacionales), Editora Piper, München 2003. Hans KÜNG/Karl-Josef KUSCHEL (Ed.):
„Wissenschaft und Weltethos“ (Ciencia y ética mundial). Editora Piper, München 1998.
materialista de EPICURO, criticando a la religión (romana antigua) como un
poder malvado y terrible que hay que pisotear, puesto que esa religión trae
a los seres humanos los dos males capitales: el miedo a los dioses y el
miedo a la muerte. Así en su obra “De rerum natura” (sobre la naturaleza
de las cosas).
Como EPICURO, LUCRECIO propone una vida según el placer y afirma que
este mundo ni es creado por dioses ni puede terminar, porque responde a
sus propias leyes.
Este ataque a la idea de Dios como una supra-instancia de miedo, que quita
a los seres humanos la alegría de vivir, fue sugerida también con
anterioridad por los sofistas, en especial, por CRITIAS y PRÓDIGOS.
Con los nombres citados se observa que el ateismo antiguo estaba reducido
a unos cuantos intelectuales de manera excepcional.
El ateismo (de la palabra griega “atheioi”) como fenómeno en si, de
amplia influencia social, es un producto de la modernidad.17
Durante el período de transición de la Edad Media a la Modernidad gana
espacio la separación entre la fe y la razón. La observación directa de los
hechos y la experimentación se convierten en el nuevo credo de las
ciencias, cuyos resultados se expresarían en el lenguaje, no de la Biblia,
sino de las matemáticas.
La primacía de las ciencias de la naturaleza conllevó a un distanciamiento
entre la razón y la teología, así también al predominio de la idea de que
Dios no es accesible mediante el pensamiento. Se pone al ser humano y a la
concepción utilitaria del mundo en el lugar que ocupaba Dios durante el
período medieval.
Los pensadores de la Ilustración, en el Siglo XVIII,18 creyeron a la razón
humana capaz de aclarar cualquier enigma, incluyendo el de la religión.
Muchos ilustrados se sintieron asqueados de la religión, tanto por
injusticias y abusos que percibían como por las divisiones y las guerras
religiosas.
François Marie VOLTAIRE (1694-1778) era teísta; no obstante, criticó
duramente a la religión organizada, la cual definió como superstición y
como construcción humana. Según él, las religiones trabajan para su auto-
destrucción, mediante sus injusticias, divisiones y guerras.
“Ecrasez L’Infame!” (¡Extermina al infame!) Fue el slogan favorito de
VOLTAIRE, con el cual se refería a todas las confesiones religiosas 19 y
17 Véase respecto a la Modernidad: capítulo VIII.6.
18 Véase al respecto de la Ilustración: capítulo VIII.6.2.
19 Cf. STÖRIG, Hans Joachim, op. cit. pág. 369.
sostenía que a Dios sólo se le adora de verdad haciendo el bien y
practicando la justicia.
Se observa en la postura de VOLTAIRE que se puede ser creyente en Dios y
anti-religioso a la vez. A esta actitud se le denomina teismo o deísmo: se
acepta y se defiende la existencia de Dios, a la vez que se ataca tanto a la
religión organizada como al ateismo. En el año 2008 se cuenta a un 12% de
la población mundial en el deísmo: aceptan ideas trascendentes, pero sin
adepción religiosa.
Otros pensadores deístas fueron los ilustrados ingleses Jeremy BENTHAM,
el conde SHAFTESBURY y el alemán Hermann Samuel REIMARUS (1694-
1768).
Relativo a las posturas materialistas: el francés Julián Offray de
LAMETTRIE (1709-1751) fundamentó de manera frívola y cínica el
materialismo, en su obra “El hombre como máquina”, negando así la
existencia de Dios.
El materialismo rechaza un principio espiritual y afirma que todo lo que
existe es materia en movimiento. Los cambios y movimientos en la materia
ocurren por si y desde si misma. Por lo tanto, no es necesaria una sustancia
pensante, un espíritu o un alma en el ser humano. El pensamiento es tan
sólo una función corporal.
La religión es, para LAMETTRIE, algo superfluo que sólo intranquiliza la
vida personal y la de los pueblos, hasta que se establezca un Estado Ateo
que la prohíba. Según él, la religión es el peor de los vicios, de modo que
los sentimientos de culpa y de arrepentimiento deben perecer porque son
auto-torturas inservibles. Recomienda la búsqueda de felicidad en el más
acá, en el disfrute del placer que viene por los sentidos.
Paul Henri THIRY DE HOLBACH (1723-1789) publicó en el año 1770 su
obra principal “Sistema de la naturaleza” la cual se convertiría en la
referencia para los ateos y materialistas franceses. Para DE HOLBACH, el
pensamiento es sólo una forma determinada del movimiento de la materia.
De aquí que la moral deba tener un fundamento natural y razonable.
En la introducción de su obra, destaca DE HOLBACH que el ser humano es
sólo infeliz porque desconoce la naturaleza. Por lo tanto, se propuso revelar
la verdadera relación que debe existir entre el ser humano y las cosas. En
este tenor, arremete contra todo tipo de religión como un mal, porque toda
fe carece de fundamentos empíricos.
DE HOLBACH cree que los afectos humanos son en sí neutral y pueden ser
sometidos a un control racional dirigido a la construcción positiva de la
sociedad, derivando así una ética inmanente al mundo, la cual debe
fundamentarse empíricamente igual que las leyes físicas. En tal sentido, el
instinto de conservación es el regulador de la vida social: la virtud es lo que
ayuda al desarrollo del ser humano en la sociedad a lo largo del tiempo y el
vicio es lo dañino.20
DE HOLBACH cree que el ser humano, en cuanto que es racional, puede
dominar sus pasiones y puede tener en cuenta las necesidades de
sobrevivencia de sus semejantes, aportando así a la felicidad colectiva.
Ese optimismo y esa confianza en la razón humana, que pone su esperanza
en el poder de la educación sobre la base del movimiento mecánico y
determinista de la materia, fue rechazado por los lectores contemporáneos a
DE HOLBACH, calificándolo como una forma de juego nihilista, sin
fundamento empírico.
Claude Adrien HELVÉTIUS (1715-1771) concibe que la materia es la única
sustancia del mundo (monismo materialista) y se esfuerza por fundamentar
una ética experimental como en la Física.
En su explicación del fenómeno religioso, lo presenta como ilusión y como
un engaño por parte del cuerpo sacerdotal que promete a los creyentes la
felicidad humana que anhelan.
HELVÉTIUS propone la liberación del error religioso y demás prejuicios de
la ciencia y de la educación para inaugurar una nueva era del progreso de la
humanidad, bajo las directrices de la razón.
Ludwig FEUERBACH (1804-1872) presentó a la religión como una forma de
auto alienación humana (Selbstentfremdung). Su esencia es puramente
humana, pues la esencia divina es lo mismo que la esencia humana. Lo
divino no es más que la proyección de lo humano en otro mundo. El
espíritu divino es el espíritu del ser humano, pero desprendido de él. La
razón de esta alienación está en los deseos y los esfuerzos humanos por
liberarse de las limitaciones y los problemas de este mundo. El ser humano
deposita sus pesadas cargas y todo lo que le limita y le molesta en la
religión. Así deviene Dios en el sentimiento del ser humano liberado de
todo lo que le asquea, un sentimiento que puede dar a los humanos lo que
desean tener, pero que no tienen, a la vez que los libera de todo lo que no
desean tener.
Sin embargo, esa proyección en lo divino le roba al ser humano su ser
concreto, convirtiéndolo en una especie de ilusión que vive fuera de si.
La religión impide que el ser humano se haga consciente de su alienación,
por el contrario, la fomenta evitando que los humanos descubran su propia
esencia en la esencia divina, a la cual tienen como si fuera otra esencia
diferente a la propia.

20 Cf. Metzler Philosophen Lexikon, pág. 369.


FEUERBACH prevé la disolución futura de la religión como una forma de
regreso del ser humano al estado natural que viviera antes de existir la
religión, pero ahora en un peldaño superior: Dios tiene que ser situado en el
ser humano para que éste recupere de nuevo su energía creativa originaria.
Karl MARX (1818-1883) resume lo que sería su concepción sobre la
religión en la introducción a su obra “Sobre la crítica de la filosofía del
derecho de HEGEL”:
“La religión es la teoría general de este mundo, su compendio
enciclopédico, su lógica en sentido popular, su punto de honor
espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento festivo, su
consuelo general y su fundamento justificante.
Ella es la realización fantástica de la esencia humana, porque la esencia
humana no posee verdadera realidad. La lucha contra la religión es, desde
luego, la lucha indirecta contra aquel mundo, cuyo aroma espiritual es la
religión. La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria
real y, por otra parte, la protesta contra la miseria real. (…) Ella es el opio
del pueblo.”21
MARX sostiene que la crítica a la religión es el presupuesto para toda
crítica. Al saber que la religión es creada por el ser humano, se precisa
entonces abolir la situación que crea esa ilusión. Es así que la crítica del
cielo se convierte en crítica a la tierra y la crítica a la religión en crítica al
derecho, a la teología y a la política.22
MARX reconoce la crítica de FEUERBACH a la religión, pero le critica que se
centra en los individuos, olvidando que el ser humano es una amalgama de
relaciones sociales, es decir, un producto social que habita en una forma de
sociedad determinada.
Para MARX, la religión es una categoría estrictamente histórica,
determinada y condicionada, en su origen, por contextos históricos
concretos. De aquí que para MARX la religión se corresponda con la
conciencia de una etapa determinada que tiende a disolverse mediante la
acción humana, cuando termine dicha etapa histórica. La crítica a la
religión es así sólo el preludio de una revolución de las relaciones sociales,
en las que tiene sus raíces la religión: la transformación del orden social, en
el que la religión desarrolla su función, ha de eliminar el fundamento que
hace posible a la religión. La etapa histórica final, a saber, el Comunismo,
en el que el ser humano se libera de todas las esclavitudes sociales y de la
miseria, ha de implicar el final definitivo de la ilusión religiosa.23

21 Cf. MARX, Karl: „Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie.” (Sobre la critica
de la filosofía del derecho de HEGEL). Introducción en: “Die Frühschriften” (Escritos
tempranos). Edición S. Landshut, Stuttgart 1953, pág. 208.
22Ibidem. pág. 207
El ateismo cientista24 se centra de tal manera en la observación del mundo
objetivo, que todo lo demás no juega papel alguno.
El cientista cree que con la ciencia y la técnica se pueda aclarar todo
enigma y manejar todo ser. Con esa absolutización queda sin importancia
la pregunta respecto a Dios. Realmente no se afirma que Dios no exista,
sino que sobre esa temática no hay nada que decir: Dios queda fuera, ya sea
porque no tengamos qué hablar de él, o porque no es innecesario para
comprender la realidad (así en el neopositivista Bertrand RUSSEL y en el
racionalista crítico Hans ALBERT), o sencillamente porque la ciencia ha de
sustituir a la religión en el futuro (así August COMTE, Emile DURKHEIM y
Max WEBER). En este sentido, la fe y la religión son tenidas por propias de
la etapa de niñez de la humanidad. La etapa madura sería el tecno-
cientismo que aclara los enigmas, organiza al mundo y maneja las energías
a favor del desarrollo de la humanidad.
En la estructura del ateismo cientista se destacan dos momentos: uno
consistente en la orientación en el ser, en su disponibilidad y en el poder
humano para captarlo empíricamente. De hecho, la ciencia procede como si
no hubiera Dios. El otro momento totaliza y absolutiza los principios de la
ciencia y la técnica, ya que se piensa que todo se puede conocer y explicar
empíricamente, o que lo existente sea únicamente lo que la ciencia pueda
conocer. Debemos observar que esta postura es más una fe y una voluntad
que un conocimiento empírico.
En la misma perspectiva, el profesor Richard DAWKINS, catedrático en
Oxford (año 2009), ha revivido el evolucionismo ateo en su obra “The god
delusion” (el espejismo de Dios), siguiendo las investigaciones realizadas,
pero inconclusas, de Stephen Jay GOULD, un biólogo de la Universidad de
Harvard, fenecido en el año 2002.
DAWKINS había antes descubierto que la vida se debe a genes que pueden
realizar cualquier maniobra para permanecer y sobrevivir (“gen egoista”).25

23 Véase con relación a la filosofía marxista el acápite VIII.6.3.2. “El materialismo


dialéctico e histórico.”
24 El concepto “ateismo cientista” recoge dos formas de ateismo propuestas por el
alemán Bernhard WELTE, las cuales denomina “ateismo negativo” (Der negative
Atheismus) y “ateismo crítico” (Der kritische Atheismus). En el primer caso, el
cuestionarse sobre Dios queda fuera de agenda y, en el segundo caso, Dios es
desplazado por razonamientos “científicos” críticos que se presentan como razonables.
Cf. WELTE, Bernhard: “Der Atheismus: Rätsel, Schmerz, Ärgernis” (El ateismo:
enigma, dolor, escándalo). En: Antwort des Glaubens 1, Informationszentrum Berufe
der Kirche. Freiburg, Alemania 1978, pág. 6-11.
25 Cf. MARTÍNEZ, Tomás Eloy: “El Dios del Siglo XXI.” En: “La Nación”, sábado, 1 de
septiembre del 2007, Argentina.
Para DAWKINS el mundo es resultado del azar y de la contingencia, y la
vida que conocemos sólo es imaginable en este lugar del mundo y en esta
situación determinada, pues las condiciones que permiten la creación de
algo se dan sólo una vez. El ser humano es descendiente de la historia.
DAWKINS piensa que es plausible la explicación hecha por GOULD sobre el
picaia:
“Desde 1979 empezó a observar con atención una criatura de cinco
centímetros encontrada décadas antes en una fosa del monte Pika, al sur
del territorio de Yukan, en Canadá. El fósil se mantenía intacto desde el
período cámbrico, hace 520 millones de años, y había sido clasificado como
un gusano. El picaia gracilens – así se llamó – es la primera criatura
conocida que tiene algo semejante a una columna vertebral (…) GOULD la
vislumbró como la Eva-Adán de la humanidad futura.” 26
Se observa que aunque DAWKINS fundamenta su ateismo en dichos
hallazgos, éste no resulta necesario, pues si bien la evolución del mundo es
un hecho, ese dato se ofrece igualmente para la fe en Dios, como afirma
Theilhard DE CHARDIN, que la creación divina es la evolución misma: Dios
crea siempre.
El evolucionismo, dado que los datos sean correctos, puede competir con
una determinada versión de Dios, pero no con Dios mismo, de modo que se
puede ser evolucionista y creyente en Dios a la vez. Nada razonable lo
impide. La fe misma también está sujeta a la exégesis, es decir, a la
aclaración, explicación e interpretación. Lo que importa es buscar el
equilibrio entre la razón y la fe, ya que ni para ésta ni para el ateismo existe
una evidencia empírica.
Los presupuestos del ateismo cientista no son científicos, ya que no pueden
ser demostrados ni mostrados, pues no es demostrable que toda realidad sea
demostrable.
Aún hechos cotidianos son hoy científicamente inexplicables, como, por
ejemplo, el embarazo que se realiza a pesar de un perfecto sistema de
defensa del cuerpo para atacar a cuerpos extraños: ¿Por qué no identifica al
feto como un cuerpo extraño? ¿Por qué ese cuerpo extraño creciente no
reacciona agresivamente como lo hace un tumor, auque ambos son
composiciones celulares en aumento?
Además, cada conocimiento nuevo induce a tantos enigmas nuevos que, en
vez de disminuir, se acrecienta cada vez más el misterio del universo y la
inseguridad del conocimiento. La fe en Dios es posible.
El ateismo nihilista, cuyo profeta y máximo representante es Friedrich
NIETZSCHE, aparece como una voluntad que pretende saber toda la realidad
y someterla bajo su dominio. No se detiene ante ninguna barrera del
26 Ibidem.
conocimiento ni del poder. Es una voluntad insaciable que rompe cualquier
barrera para cruzar sus límites. Se concibe como una entidad totalmente
libre y acoge con pasión su libertad para destruir las fronteras y a todos los
valores reinantes, los cuales sustituirá por “anti-valores”.
El aumento de la pasión de esa voluntad termina chocando con Dios, del
que se dice que existe como frontera del ser, como amenaza o como juez.
Finalmente echará por tierra los últimos pensamientos vivos que queden
acerca de ese Dios, en caso de que aún los haya, al cual se presenta como
algo molestoso y pesado, y como algo tonto que no se puede probar
científicamente.
No obstante, NIETZSCHE necesita la religión, pero sólo para combatirla, ya
que él mismo se define en su autobiografía como un destructor por
excelencia. Con la muerte de Dios nace el ser humano auténtico que vive
sólo en el momento presente de sus instintos e impulsos vitales.
Es una voluntad que aspira a todo o a nada. El ser humano quiere ser él
mismo Dios: absoluto, omnisapiente y todopoderoso. Así se presenta un
ateismo libre y sin máscaras, polémico, militante y combativo.
NIETZSCHE es el primero en visualizar la conexión existente entre la muerte
de Dios y la voluntad de poder; y caracteriza al ser humano moderno en
esta actitud que hasta la modernidad había permanecido ausente.27
El ateismo del psicoanálisis tiene su punto de partida y su representante
principal en Sigmund FREUD (1856-1939), el fundador del psicoanálisis. El
texto principal de referencia es “El porvenir de una ilusión.”
FREUD enfrenta a la religión sobre la base de su función social. En este
sentido, toda la cultura, incluida la religión, es un invento humano. La
religión sólo existe como una forma determinada de interacción social.
Pero la sociedad exige a las masas el apego o amor al trabajo
(Arbeitsdrang) y la renuncia a los impulsos vitales o instintos
(Triebverzicht)28.
La sociedad impone prohibiciones para proteger a la cultura frente a las
tendencias destructivas y antisociales de las masas. Dichas prohibiciones
alejan a los seres humanos de su estado natural primitivo. No obstante, la
sociedad se inventa también mecanismos de compensación por dicha
renuncia, tales son la interiorización de las normas culturales, la creación y
el disfrute del arte, y la satisfacción que se obtiene en la participación de
los beneficios de la cultura, mediante la identificación con la clase
privilegiada. Así, la miseria recibe su falsa compensación.
27 Cf. WELTE, Bernhard, op.cit. pág. 11-13.
28 FREUD, Sigmund: „Massenpsychologie und Ich-Analyse – die Zukunft einer
Illusion.” (Psicología de las masas y análisis del Yo – el porvenir de una ilusión).
Fischer Taschenbuch Verlag, Frankfurt/Main, 2005. pág. 110 ss.
La religión viene a ser el elemento primordial para estabilizar la cultura,
puesto que ella se encarga de garantizar la renuncia a los instintos naturales
caóticos que pueden amenazarla.
Según FREUD, los dioses, en su versión más primitiva, crean la naturaleza y
le imponen un destino, a la vez que compensan el sufrimiento. La
evolución religiosa condujo entonces a la idea de “Dios como padre”, la
cual proviene del propio desamparo durante la niñez. El ser humano,
aunque le teme a Dios Padre, le ama a la vez y le confía su protección. 29 Es
así pues que la religión se desarrolla del sentimiento de debilidad y
desamparo que se tiene frente a un padre, ante el cual se mantiene una
relación bipolar de amor y miedo a la vez. Esta situación es caracterizada
por FREUD como neurosis (Zwangsneurose): la fe en Dios es un estado
emotivo de expresiones neuróticas.
FREUD destaca lo negativo que es el fundamento emotivo (religioso) de
nuestros juicios y valores, y el potencial de peligro que esto representa para
la sociedad mediante la masa de ignorantes creyentes: cuando la religión se
desestabilice, cosa que ya está en proceso – así FREUD – y cuando las
masas no tengan un sustituto, entonces peligra la convivencia social.
No sería un problema, piensa FREUD, si ya no se cree en Dios y las masas
no lo saben. No obstante, afirma, ellas lo sabrán de todos modos.30
FREUD propone como solución la búsqueda de fundamentos racionales para
las normas de la cultura, como también la revisión general de los
fundamentos que existen, lo cual ha de conducir a la disolución de muchos
de éstos.
El ateismo “sufriente”31 es el que argumenta contra Dios y la religión
tomando como punto de partida las injusticias y el sufrimiento en el
mundo.
¿Podemos creer en un Dios, si el mundo que supuestamente creó está
repleto de dolor, miseria e injusticias?
“No puedo creer en un Dios que deja sufrir al inocente”, escribía Albert
CAMUS, el literato y pensador francés. De igual manera pensaba su
compatriota Jean Paul SARTRE. Ambos son pensadores existencialistas,
interesados en la existencia del ser humano concreto aquí y ahora.
De este modo rechazan el consuelo que aporta la religión para la otra vida,
pues eso sólo sirve para adormecer a la gente, como había escrito Karl
MARX. Con la idea de Dios se tapa y se justifica el mal y la miseria
humana.
29 Cf. ibidem, pág. 127.
30 Cf. ibidem, pág. 142.
31 Véase WELTE, Bernhard: op.cit. pág. 13-15.
En esta línea de pensamiento se encuentra tambien la obra de Christopher
HITCHENS “Dios no es grande. Cómo la religión envenena todo.”32
HITCHENS comparte con todo ateismo, en especial, con el del biólogo
Richard DAWKINS; no obstante, se centra en la crítica político- social de la
religión, de la cual afirma que lleva a las peores atrocidades, en nombre de
una fe en Dios sin fundamentos. Dicha fe, cruel y estúpida, es capaz de
quemar seres humanos en las hogueras de la inquisición, en algunas
regiones africanas comete asesinatos de millones de personas y cambia
negativamente el rumbo de la historia derribando las torres gemelas de
New York. La esencia de la religión es corrupción.
HITCHENS cuestiona el apego metafísico de la religión, denominándolo
falso. Llama pesadilla a la revelación del Antiguo Testamento y afirma que
el Nuevo Testamento excede en males al Antiguo. Asimismo, critica al
Corán, hecho de los mitos de ambos testamentos.
Este ateismo “sufriente” parte de una idea definida de lo humano y de Dios
y su justicia. Se comporta como si Dios debiera ser del todo entendible para
el ser humano.
Esta posición no considera que Dios es y será un misterio para el ser
humano y que sus caminos no son comprensibles del todo. Dios será
siempre un problema irresuelto. De este modo el problema acerca de Dios
no se resuelve con simple fe irracional, pero tampoco con el extremo
contrario del ateismo o con la ignorancia de la problemática. La fe ciega y
el ateismo son dos creencias contrapuestas, ambas sin un fundamento
racional. Ignorar la problemática no es una actitud ni ilustrada ni científica.
Con el problema de Dios es de sano juicio aspirar a una síntesis del
conocimiento y de la fe que coadyuve al crecimiento humano.
Entonces, es posible creer en Dios, a pesar del dolor y de las injusticias,
que no tienen una solución concreta tampoco fuera del ámbito de la
religión. El creyente debe soportar el silencio de Dios, manteniendo viva la
esperanza y esperando que al sufrimiento, que no comprende del todo, se le
tenga algún sentido reservado.
¿Pero es correcto creer en Dios sólo porque él resuelve los problemas y en
cuanto a que se corresponda con nuestras expectativas? ¿No es también
parte de la fe el aceptar las oscuridades que no entendemos y depositar en
Dios confianza plena a cualquier precio?
El ateismo, como fenómeno general es tanto una realidad (que comprende
un 2% de la población mundial) como una posibilidad que, en parte, hay

32 HITCHENS, Christopher: “God is not great. How religion poison everything.” Allen &
Unwin publisher, Crows Nest, N.S.W. 2007. Publicación digital: Questia Media
America, INC. www. questia.com
que entender, pero no es un fenómeno necesario. Todos los hechos que
posibilitan el ateismo permanecen escondidos en el misterio.
Ante la pregunta: ¿Cómo es posible que surjan valores absolutos de modo
incondicional? El teólogo alemán Hans KÜNG refería: “Hay algo que el
ateo no puede hacer, aun cuando acepte normas morales absolutas:
fundamentar la incondicionalidad del deber.”33
El creyente debe conformarse a convivir, no sólo con diferentes credos
religiosos, sino, en especial, con diferentes formas de negación de Dios. No
obstante, en la historia, así como vienen tiempos, modas, corrientes,
movimientos y tendencias, asimismo desaparecen. Por eso, la fe verdadera
nunca negocia su esperanza.

33 Küng, Hans: “¿Existe Dios?” Pág. 787, Madrid 1979


VI.5.- La energía espiritual como dimensión
de la sustancia del mundo
(Siguiendo a Pierre Teilhard DE CHARDIN)

Somos subjetivamente punto central del campo de vista que nos concierne.
La realidad depende de nosotros. Estamos expuestos al medio circundante
y lo influimos. Nuestras observaciones objetivas están acompañadas de
nuestras suposiciones, formas de pensar y costumbres de pensamiento
formadas en el transcurrir del tiempo. Los científicos no pueden estar
seguros si sus conclusiones reflejan la estructura del ser o de su propio
pensamiento. Están imbuidos y atrapados en su propia red.
Es por eso que el ser humano tiene el privilegio de autodescubrirse y de
observarse en todo lo que ve. Por su naturaleza y sus cualidades biológicas
del proceso del conocimiento, el ser humano está en un lugar único y
céntrico en la construcción del universo.

VI.5.1.- La sustancia del mundo


La materia del mundo se presenta en su inicio como dividida – aunque
esencialmente unida, activa y diversa, en correspondencia con la estructura
del átomo. En cada grado más profundo de su conocimiento van perdiendo
sentido las cualidades más íntimas de nuestro cuerpo (luz, color, calor,
impenetrabilidad).
En realidad, es nuestra percepción que crea la complejidad. La cantidad
hacia abajo y la pequeñez disuelven el substrato del universo que no tiene
fronteras hacia arriba.
Por otro lado, la materia es una unidad: mientras más dividimos, más
unidad se muestra. Los elementos encontrados (moléculas, átomos,
electrones) muestran igualdad en sus comportamientos. Parece que la
sustancia de la materia se deja deducir de una unidad material homogénea.
Cada corpúsculo se define según su medio circundante. Cada elemento del
mundo en cualquier espacio llena con sus radiaciones todo el volumen de
ese espacio. El Centro de un átomo influye en el espacio del otro. Ese
comportamiento se encuentra hasta en la molécula “ser humano”.
Algo une a los elementos de la materia y los hace solidarios, mostrando
unidad colectiva. Sencillamente juntando átomos no se adquiere materia
determinada. Lo que une y conecta a unos con otros es una misteriosa
igualdad. Algo superior se indica, que va más allá de los centros y los
cubre. Le damos el nombre común de energía, principio fundamental de la
ciencia.
Energía expresa la potestad de actuar o de poder interactuar. La energía es
la medida de lo que pasa de un átomo a otro durante un proceso o
transformación. Es fuerza concentrada que une y es valor constitutivo,
porque el átomo en ese intercambio da o recibe.

VI.5.2.- La materia total y su evolución


La materia total es una forma de átomo gigante, en su totalidad indivisible.
Forma un sistema, y un quantum: un sistema, debido a su unidad
(imposible separar un solo átomo de la materia sin que ésta decaiga) y un
quantum (o todo) debido a su energía: es un conjunto que va de lo más
pequeño a lo más grande (galaxias). Las variadas zonas del mundo están
encerradas, sin imitarse. No hay repetición del mismo motivo en diferentes
peldaños. El orden y la forma se nos presentan sólo en la totalidad. La masa
del universo es el universo mismo. El universo es un todo, que en ningún
punto se repite.
El átomo no es un mundo para si. Es el centro infinitesimal del mundo
mismo. El quantum sólo tiene sentido si logramos establecer su relación
con el movimiento natural en la duración.
El mundo se nos presenta como una masa en transformación. En sus
profundidades está lo muy sencillo y borroso, formalmente indefinible y es
de la naturaleza de la luz. Luego, de repente, un hervidero de elementos
positivos y negativos: protones, electrones, neutrones, fotones... Luego la
lista armónica de los elementos desde el hidrógeno hasta el uranio en
expansión. Luego la inmensurable variedad de combinaciones, en las que la
masa de moléculas prepara el paso a la vida.
Todos los elementos provienen del orden de un único tipo primigenio de
átomo. Es la forma de entender el universo en su evolución. A su manera,
la materia obedece a la ley de “creciente complejificación”, en cuyo
respecto se observa dos caracteres del devenir material: en el inicio tiene
una etapa crítica de granulación que de repente deja resurgir los elementos
del átomo o al átomo como tal; luego se continúa en la molécula como
resultado de una creciente complejidad.
Nada en el universo sucede lineal ni en cualquier momento, tampoco
sucede todo en cualquier lugar. La metamorfosis hacia la molécula solo
sucedió en el corazón y en la superficie de las estrellas.
La relación que une átomo y estrella se verá también con relación a la
evolución del espíritu. La producción de conexiones materiales cada vez
superiores se debe a anteriores concentraciones de la materia en nebulosas
y soles. La materia del mundo se organizó concentrándose en formas más
elevadas.
No importa lo que sea la forma general del mundo, la función química de
los mundos tiene un sentido determinado. Las estrellas son los laboratorios
en los que ocurre la evolución de la materia, según reglas cualitativas, en
dirección hacia las grandes moléculas.
De la parte biológica del devenir se infiere dos principios. Primero, en el
proceso de transformaciones físico-químicas la energía se mantiene
constante. Cada síntesis tiene su precio, aún en las esferas espirituales del
ser. El desarrollo requiere de trabajo, de fuerza. La energía necesaria para
una síntesis es tomada del forraje interno. Lo que se gana de un lado, se
pierde de otro. Todo desarrollo conlleva una pérdida. El universo se
presenta como un todo cerrado, dentro del cual el progreso sólo se da en el
intercambio de lo ya dado.
Segundo, en el proceso de transformaciones materiales, una parte de
energía se entropia irreversiblemente, dada en forma de calor. Cada síntesis
lleva a una quema de energía. Parece entonces que la materia del mundo no
puede continuar su curso ad infinitum. De modo que la parte exterior del
mundo está entre las realidades que nacen, crecen y mueren.

VI.5.3.- La parte interior de las cosas


Para continuar la evolución hacia el ser humano hay que contemplar la
parte interior de la materia. Las cosas tienen su interior, su “en si”, que está
en relación cuantitativa y cualitativa con el desarrollo de la energía
cósmica. Veamos tres aspectos.
a) Existencia: cada masa del mundo evoluciona según su velocidad,
aunque rocas y montañas nos parezcan firmes. Lo mismo sucede al interior
de las cosas. El físico solo ve lo exterior. Eso se puede permitir quizá aún al
bacteriólogo. Sin embargo, tal posición es difícil ya con relación al mundo
vegetal. Con relación a los insectos es arriesgado y con relación a los
vertebrados ya no tiene valor. Finalmente se desploma con relación al ser
humano, en el que obviamente resalta su interior.
Hay que tener en cuenta el pensamiento – o la conciencia, como parte de
las cosas, si se quiere dar una visión total de la materia cósmica. A esa tarea
le huimos, pues por lo común se quiere describir lo general detrás de las
excepciones. Pero si se observa un fenómeno, aunque sea en un solo punto,
tiene seguro, en consecuencia de la unidad del mundo, en todas partes su
significado y sus raíces.
La conciencia aparece evidentemente en el ser humano, por lo tanto, tiene
una extensión cósmica y por eso posee el aura de una continuación espacio
temporal.
Basta observar la realidad del interior en el ser humano para suponer la
existencia de un interior, en este o aquel grado, en todas partes y desde
siempre en la naturaleza.
La materia posee entonces una estructura doble, en todo espacio y tiempo:
una parte exterior y una interior. En este sentido, es razonable deducir que,
si tomamos el comienzo de la materia en su peldaño más primitivo,
entonces es algo más que un hervidero de partículas analizadas por la física
moderna. Hay que suponer sobre esa capa mecánica una capa “biológica”,
quizás muy fina, si pretendemos aclarar los tiempos posteriores. Esa capa
es un interior, conciencia o espontaneidad.
En una visión del mundo conexa, la vida presupone la pre-vida.
b) Leyes cualitativas del crecimiento: Tres observaciones
complementarias. Primero: en su estadio pre-vital, la parte interior no se
presenta como una capa homogénea y conexa, sino con una estructura
granulada, como lo es la materia. La estructura atómica es común al
interior y al exterior de las cosas. Segundo: los elementos de la conciencia,
igual que los de la parte exterior, devienen a través del tiempo en más
complejos y diferenciados. La conciencia es una dimensión cósmica de
intensidad cambiable, sometida a una evolución global que asciende hasta
el pensamiento. Tercero: al tomar de dos áreas diferentes dos partecitas de
conciencia que pertenezcan a dos peldaños distintos de la evolución, se
verá que cada una de ellas pertenece a un grupo de materia del cual forman
su interior. De éstas tendrá un forraje mejor equipado la que tenga un grado
mayor de conciencia.
Ese grado de complejidad se verifica si partiendo de los protozoos se
avanza al orden de los metazoos. A este fenómeno se debe la disposición
de una medida fáctica que permite captar las dos partes del mundo, en su
quietud y movimiento.
El nivel de perfección de la conciencia se da según la riqueza y
organización de su exterior. Perfeccionamiento espiritual y síntesis material
(o complejidad) son las dos partes del mismo fenómeno. Pero lo interior
gana cada vez más peso sobre lo exterior. Este mundo, en apariencia
mecánico, desarrolla crecientes libertades.
La energía espiritual se evidencia en nuestro diario accionar, pero es tan
imperceptible que toda la mecánica se desarrolla sin tenerla en cuenta. La
persona de ciencia ha evadido el problema.
Hay algo que permite interactuar a ambas energías y ser una la
continuación de la otra. De alguna manera hay en el mundo sólo una
energía actuante. Sendas energías muestran el mismo cuadro: aparecen
siempre juntas y se penetran mutuamente. Pero parece imposible que se
confunda la una con la otra. Ellas parecen ser expresables solo mediante un
simbolismo complejo, con conceptos de diferentes órdenes.
La posibilidad de solución propuesta por De Chardin: Supongamos que
toda energía es de orden psíquico y que se divide en dos partes elementales,
una energía tangencial (la que conoce la ciencia) que hace solidarios a
todos los elementos del cosmos de un mismo orden y una energía radial
que empuja hacia situaciones cada vez más complejas y centradas. La
partecilla así constituida está apta para aumentar su complejidad interior a
un valor determinado. Se asocia a la partecilla vecina y aumenta así
sucesivamente su energía radial.
La energía cósmica se encuentra en desarrollo constante por la tensión
entre los elementos con su “centridad”. El crecimiento es sólo palpable si
se trata de valores radiales muy elevados (por ejemplo, al analizar al ser
humano y las tensiones sociales).

VI.5.4.- La joven tierra


Según la ciencia, se despegó del sol una franja de materia (¿por que?). Se
alejó y al haber alcanzado cierta distancia comenzó a girar a su alrededor.
Nace un nuevo planeta que contendría el misterio del futuro humano. Es el
único lugar del mundo en el que es posible indagar la evolución de la
materia hasta su estadio humano.
Relativo al interior de la tierra, la materia se enrolló y cambió sus
condiciones. Ciertos científicos creen que sólo gérmenes de otras estrellas
podrían fructificar a una estrella apagada. Esa hipótesis no aclara nada, es
infructífera. La tierra misma en su totalidad porta sus propios gérmenes
gracias a su composición química. Ella porta desde el inicio lo pre-vital, en
cantidad precisa.
La energía espiritual crece sin fronteras hacia arriba, según la complejidad
química de los elementos que exteriormente le corresponden. De ahí que de
repente comenzara a crecer en la tierra joven la tensión de sus libertades
interiores.
El crecimiento interior se desata debido al movimiento doble de
enrollamiento de la molécula y del planeta. El quantum de conciencia de la
tierra representa una masa solidaria de infinitos centros que están
estrechamente ligados por sus condiciones primigenias y por su evolución.
En el transcurrir del tiempo se colorea aún más el panorama: la vida
irrumpe en la joven tierra para luego extenderse y ramificarse hasta que se
desarrolla el pensamiento.
Sin embargo, el 90% de los biólogos negaría la planificación de ese
proceso. ¿Pero con qué criterios y medidas se podría afirmar que el
mamífero o el ser humano es más avanzado y más perfecto que la abeja o la
rosa? Hay una línea del progreso.

VI.5.5.- Surgimiento de la conciencia


El origen espontáneo de las células pudo ocurrir sólo una vez, pues la
primera formación del protoplasma estuvo ligada a una situación, en la que
la evolución química de la tierra sólo sucedió una vez.
De una capa zoológica a la otra hay un crecimiento en saltos que dirige sin
cesar en la misma dirección. La materia tuvo muchas transformaciones
antes de llegar a la vida: evolución radioactiva de los elementos, separación
de la masa de granito de los continentes – quizá separación de las capas
interiores de la tierra. Pero desde que surge la vida, pierden en importancia
los demás acontecimientos.
El fenómeno tierra se ha centrado en la capa, aparentemente poco
importante, que es la biosfera. El eje de la geogénesis dirige por la
biogénesis y se prolonga por ésta, presentándose últimamente como una
“psicogénesis”.
Visto desde el interior, las cosas se ordenan cada vez más armónicas.
Según el nivel de importancia, la vida con su subdimensión de lo psíquico
se encuentra en lo más alto. En el centro de la vida está la creciente
conciencia.
La biología ha errado al querer captar el principio de la vida mediante un
método de análisis exterior de determinismo estadístico, tal como la lucha
por la vida y la selección natural. Visto así, el mundo animado sólo se
levanta (en caso que se levante) mediante una suma automática de sus
ensayos, para permanecer como es.
Hay que dar al proceso material sólo su parte correspondiente, pues ¿Qué
fuéramos sin nuestros enemigos? Pero eso no lo es todo.
Con los colectivos parece suceder lo mismo que con los átomos. ¿Qué
fuera de las energías mecánicas si no tuvieran un interior del que se
alimentan? Detrás de lo tangencial, lo radial. El “ímpetu” del mundo hacia
formas psíquicas más elevadas se entiende sólo desde la existencia de un
principio interior en el movimiento. De hecho, la vida avanza mediante
casos fortuitos, pero casos fortuitos psíquicamente seleccionados. Si el tigre
prolongó sus colmillos y afiló sus garras, sucedió porque en consecuencia
de su procedencia heredó un “alma de rapiña”, la cual desarrolló.
Privilegios y faltas se notan con el tiempo en los individuos. Las hormigas
guerreras son provistas de un exterior correspondiente a sus instintos
interiores. ¿Acaso no hay personas violentas? El mundo está compuesto por
conciencia interior, cubierta de exterior. Y es una ley general que ningún
volumen puede crecer sin alcanzar un punto crítico o un estadio de
transformación. Hay una medida máxima de rapidez y de temperatura que
no se puede sobrepasar. Si aceleramos un cuerpo hasta la velocidad de la
luz, entonces crece su masa sobremanera hasta el reposo. Si lo calentamos
se derrite y se evapora.
En la historia se han formado órganos con tendencia creciente. Los
cerebros han crecido en cantidad y calidad. Es un fenómeno que se corona
en el ser humano.
En los primates la evolución ha trabajado directamente en el cerebro. La
evolución del cerebro ha seguido la dirección de la vida, por lo que es
ilimitada.
Los primates, seres de cerebros y manos, son la cúspide de esa rama y los
antropoides son el brote de esa cúspide. ¡El pensamiento está aquí!

VI.5.6.- El pensamiento y los inicios de la reflexión.


En las descripciones antropológicas, el ser humano es un animal más. Así
la ciencia es injusta con el mundo al omitir una dimensión esencial del
universo. Tener en cuenta el interior humano es tanto justicia como
dignificación de la vida.
Para resolver el enigma de la superioridad del humano sobre el animal, hay
que dirigir la mirada hacia la conciencia del yo, es decir, la capacidad que
posee una conciencia de retirarse hacia sí misma con valor propio. En este
tenor, no se trata sólo de conocer, sino de conocerse; no sólo de saber, sino
de saber que se sabe. Con esta individualización de sí mismo, el elemento
viviente se encuentra por primera vez como el centro de carácter puntual,
donde se cruzan las experiencias y se solidifican en una organización
general consciente.
Como consecuencia, el ser reflexivo es capaz de desarrollar una vida
interior expresada en abstracción, lógica, matemática, arte, religión,
invención, decisiones conscientes, desesperación amorosa y sueños de
amor.
El animal conoce, pero no conoce que conoce, pues tendría inventos y una
estructura espiritual observable. Hay un área de la realidad que le es
inaccesible.
Cada grupo zoológico tiene una capa psíquica, que son sus instintos. El
instinto es una dimensión transformable. Hay inmensidad de instintos que
varían según la posición de cada animal en el árbol de la vida. También los
instintos forman un sistema de complejidad creciente, desde menos
complejos hasta más complejos y mejor coordinados por un centro. La vida
interior de un perro es superior a la de un insecto y la inteligencia de los
monos grandes se acerca más a la humana.
Si calentamos el agua a 1000 Celsius y más, se evaporan las moléculas
liberadas. Al final del periodo terciario subió la temperatura psíquica de la
célula. Los sistemas nerviosos se concentraron y se complejificaron. Al
antropoide le subió la energía espiritual. Lo que era una periferia centrada
se convirtió en centro. Como por efecto mariposa, un mínimo de
crecimiento tangencial y lo radial dio un giro cualitativo. En los órganos no
pareció cambiar mucho, pero en el fondo sucedió una revolución: la
conciencia.
El mismo proceso que giró del átomo a la célula dirigió de la célula al
pensamiento y continúa aún en la misma dirección como concentración de
lo psíquico.
El cerebro pudo crecer gracias a la bipedalidad que libera las manos. A eso
se debe también que los ojos se acercaran en el pequeño espacio de la cara,
comenzando a convergir y a concentrarse sobre lo que agarran las manos.
Es la reflexión misma traducida en un gesto exterior.
La vida trabaja mediante repeticiones. El ser humano nace mediante la
misma ley material de lo surgido anterior a él, no sólo su sistema nervioso,
sino todo su ser.
El “yo” sólo tiene sentido si cada vez hay más identidad consigo mismo, la
personalidad en y mediante la personalización.
Después del grano de la materia se formó el grano de la vida, luego surge el
grano del pensamiento.
La vida es una realidad que sobrepasa las vidas individuales. La aparición
de la conciencia reflexiva conduce a la individuación o “personalización”
con posibilidades infinitas de desarrollo. El ser humano deviene en
portador de las promesas de futuro. La célula devino en “alguien”.
Las líneas humanas son diversas (razas, naciones, etc.) y cada día chispea
el pensamiento en todos los seres humanos. En el recorrer histórico cambia
nuestro mundo.
Si asignamos el lugar merecido a lo psíquico en la totalidad de la vida
orgánica, entonces la conciencia no será menos que la sustancia y la sangre
de la vida en evolución, que se extiende a lo total humano. El individuo no
consume todas las formas diferentes de vida de su especie; la humanidad se
muestra a través de los seres humanos: la rama “humano” surge en la
filogénesis humana.
Conservamos aún la esencia del florecimiento humano como grupo
zoológico: la atracción sexual y las leyes de la reproducción, la tendencia
hacia la lucha y la competencia, necesidad de alimentación y el deseo de
atrapar, la curiosidad del mirar, la atracción para la vida comunitaria. Cada
una de esas fibras nos atraviesa, proceden de profundidades debajo de
nosotros y suben a alturas por encima de nosotros. De cada una de ellas
podemos hacer una historia de su evolución: la evolución del amor, de la
guerra, de la investigación, de la sociabilidad. Pero cada una se transforma
cuando llega a la conciencia. Elige otros caminos, cambia de forma
cambiando el espacio y las dimensiones. Se trata de la discontinuidad en la
continuidad, la mutación en la evolución.
La especie humana sólo puede progresar si desarrolla la esencia y la
totalidad del universo que le sirve de base: eso es la "hominización", es un
paso momentáneo del instinto al pensamiento y la espiritualización de las
fuerzas animalezcas hacia la civilización. Eso nos lleva a centrar nuestra
vista en la especie y sobre la capa de conocimiento que se desarrolla sobre
la biosfera: la noosfera, o la capa pensante.
El brote de la reflexión es el más importante en la evolución zoológica. Ese
ser que somete a las demás formas de vida, esa ola de cultivos y fábricas,
esa monstruosa construcción de materia e ideas anuncian que en la tierra se
gesta un cambio planetario. Para un ser extraterrestre, ese chispear sería lo
característico del planeta.
Lo más importante es saber que el brote de la biosfera deviene de una larga
preparación universal. Calladamente entró el ser humano al mundo. Para
entender la naturaleza humana hay que centrarse en los productos del
pensamiento y en los que éste anuncia para el futuro.
El ser humano no es el centro del universo, sino que es más que eso: la
cima de la gran síntesis biológica. Es la más joven, más rica y variada capa
de la vida. La evolución alcanza en él una conciencia de sí misma, ganando
así la libertad.

VI.5.7.- La moderna tierra


Desde finales del Siglo 18, observamos un cambio de época: época de las
masas, de la industria, del petróleo, de la electricidad, del átomo y de
nuevas energías e invenciones tecnológicas. A pesar de los temores,
tenemos el privilegio de observar una mutación de la noosfera sin
precedentes. La tierra se llena del humo de las fábricas y cambia la
dirección del pensamiento. Estamos concientes del cambio y eso da miedo,
creándose así un problema para la acción.
Una conciencia moderna que se socializa cada vez más está poseída más
que nunca de intranquilidad. Algo nos falta o nos amenaza sin saberlo.
Circunda el miedo de vernos cerrados sin posible salida. ¿Se puede vivir
sin la seguridad del mañana?
El mal “espacio-tiempo” da el sentimiento de pequeñez ante el inmenso
cosmos. La inmensidad de la duración incambiable desespera como en un
abismo. La infinitud de números confunde al espíritu… ¿Cómo asumir
conscientemente nuestro lugar entre miles de millones de seres humanos?
Si la modernidad quiere superar la inquietud lo único que puede hacer es
llevar sus intuiciones, sin titubeos, hasta el final. El espíritu encuentra
fuerzas en sí mismo para comenzar.
Lo molesto es la inseguridad de una meta final satisfactoria de la evolución.
Pero existe una exigencia de futuro, pues sabemos que en este juego
iniciado somos los jugadores, las cartas y la apuesta a la vez. Abandono de
mesa cierra el juego.
Consumo exagerado, huelgas y revoluciones muestran en la modernidad
una crisis orgánica de la evolución. ¿Cuál es el precio de restablecer el
orden? Ese es el problema.
Sólo se puede asumir la tarea de continuar el desarrollo de la noogénesis si
tiene algún sentido, si hay salida de realización o un horizonte. La idea de
la aniquilación no se corresponde con el mecanismo consciente de la
acción. Mientras más conciencia tenga el ser humano, más exigirá en su
actuar un “absoluto” indestructible. La humanidad sin amor a la vida no
crearía ni inventaría nada. Si el progreso fuera un mito, decaeríamos.
¿Está el camino cerrado o abierto? No hay evidencias de nada, por lo tanto,
hay que decidirse por una dirección. El fundamento de la energía
consciente (como el amor) es la esperanza. Se puede confiar que la vida
nos conduzca a la meta, como lo hizo desde el inicio, pero se precisa creer
que hay una vida superior futura.
La tierra, por ser un espacio limitado, está abocada a su unidad. Desde el
paleolítico, el ser humano ha tenido que interactuar en el limitado espacio,
deviniendo paulatinamente en una masa o sustancia humana.
Mediante el acercamiento y las telecomunicaciones, la tierra se ha vuelto
cada vez más pequeña. Las ondas electromagnéticas ya tienen una
extensión global. Eso crea una presión sobre todos. Las fuerzas cósmicas
impulsan, mediante la conciencia, a una nueva forma de la filogénesis: la
“planetización” del ser humano.
A pesar de los intentos de separación, se da la convergencia desde el inicio.
Se gesta un “orden superior” o mega-síntesis, cada vez más compleja, por
lo tanto, cada vez más consciente. Un futuro egoísta es falso y antinatural.
Sólo se abre la puerta mediante la unidad solidaria y responsable de todos
los seres humanos para renovar el espíritu de la tierra.

VI.5.8.- Lo supra-personal
Hay que vencer el pesimismo de no poder avanzar. Cada sistema tiene su
ritmo. Aunque no nos parezca así, la humanidad avanza casi
imperceptiblemente. En ninguna época estuvo la humanidad mejor
organizada que hoy con los “movimientos de masas”, que no son manadas,
aunque haya tendencias hacia el enjambre, como en el comunismo o el
nacionalsocialismo. Son errores que nos enseñan, sin embargo, que la
máquina de la humanidad está llamada a funcionar, rebosando su espíritu.
Si no funciona, sólo produce materia en dirección falsa.
El universo dirige hacia un punto de atracción delante de nosotros –
OMEGA – que asume dentro de sí totalidades, en o más allá del tiempo. Es
el punto de convergencia de lo personal y lo universal.
Lo universal futuro debe ser supra-personal. En el punto OMEGA se unen
las conciencias y convergen en un mismo centro, permaneciendo cada cual
en si, pero creando un mundo psíquicamente unido y concentrado.
El error del egoísmo consiste en confundir individualidad con personalidad.
Nuestro ser final es la persona, no el individuo. Puesto que la unidad es
dada por la estructura de la evolución, el individuo se eterniza,
entregándose a lo que es superior a él, a lo universal que es atraído por el
punto OMEGA.
Para llegar a la síntesis de los centros, la evolución dirige de centro a centro
mediante el contacto mutuo para asumir y reconocer las energías del
mundo y así apoyar la evolución. Aquí se nos presenta la realidad del
AMOR.
El amor es atracción de un ser para con otro, no limitado al ser humano.
En los mamíferos, por ejemplo, hay pasión sexual, instinto paterno y
materno, solidaridad social, etc. Si la tendencia de unidad no hubiera estado
en la molécula, tampoco fuera posible en la esfera superior de lo psíquico.
El amor acompaña la evolución.
La energía del amor procura unir los fragmentos para perfeccionar al
mundo. La modernidad ha procurado la unidad mediante intereses
mediocres, poco nobles, que esclavizan la conciencia en pro de fines
meramente materiales conducentes a la mecanización animal. Lo que
emerge así es una unidad indirecta y no libre. Sólo el amor puede de verdad
unir y dar perfección en lo profundo del ser.
Lo que observamos en pequeño en una pareja que se ama o en una
comunidad solidaria ¿Por qué no podría darse en grande? El amor universal
es posible porque lo llevamos en nosotros como un instinto: un sentimiento
para la totalidad, como se expresa en la nostalgia que nos inducen la
belleza y la música, haciéndonos suponer un gran presente. El amor
universal es la más alta expresión del amor.
El punto OMEGA es ajeno a la lejanía y a la inconsistencia por razones del
amor y de la continuidad de la vida. El amor muere con lo impersonal y
anónimo, también con la distancia espacial y temporal.
El amor exige la unidad y la cercanía de la raza humana, para lo cual no
basta erigir un centro ideal o virtual. La noosfera precisa de un centro real
de atracción que pueda accionar, pues sería absurdo que el ser humano
pereciera sin alcanzar su meta. El fracaso no compagina con una conciencia
del “Yo”. El positivismo, que tanta influencia ha ejercido, es incapaz de
excluir la muerte y el sinsentido porque propone contingencias que se van
con la tierra misma, retrasando así el problema.
El punto OMEGA es la trascendente coronación y fin de la evolución, más
allá del espacio y del tiempo, que en él se unen. Sólo en apariencia
desaparece el ser humano como el animal, después de la vida. No fuera
explicable la presencia de la conciencia del “Yo” en el mundo, si no
hubiera habido un acuerdo entre lo más pequeño y lo más grande de apoyo
incondicional. Ese acuerdo es la carta que jugamos. El ser humano es
insustituible, debe alcanzar la meta, pero en libertad.
Desde la aparición de la especie humana parece haberse paralizado la
evolución de los otros seres. Los cambios van e irán a través de nuestro
control técnico. Es posible que el cerebro haya alcanzado su dimensión.
Pero su actividad no se tranquilizará. En todo el mundo trabaja el espíritu
de la evolución construyendo, con los espíritus, el espíritu síntesis de la
humanidad: la hominización – en vez de globalización.
Por último, De Chardin distingue tres líneas que marcan la evolución:
a) La organización de la investigación: la ciencia no encontrará
tranquilidad. El ser humano descubrirá que la ciencia le es esencial y
destinará fondos para investigaciones. Habrá más admiración de los
grandes telescopios y reactores atómicos que de las armas. Será una tierra
más al servicio del ser que del tener.
b) El descubrimiento del ser humano: un día no habrá petróleo ni minas,
pero nada va a satisfacer el deseo de saber, ni se agota la fuerza para la
invención, que tocará siempre por donde haya menos resistencia para la
conquista y el dominio de todo. Las ciencias humanas se verán como la
llave de la ciencia, porque el ser humano, que se extiende por doquier,
tendrá que ser objeto de estudio, ya que es el elemento más dinámico del
mundo. Se precisará conocer su pasado, presente y futuro.
c) Unión ciencia-religión: éstas han de encontrar su punto medio de
equilibrio. La fe tiene que estar al servicio del progreso y de la unidad. Una
ciencia de avanzada crece por encima de sí misma, se transforma
libremente y ora. Pues si miramos hacia el futuro, entonces estamos
obligados a tener religión para alcanzarlo con máxima vitalidad.
Hay que destacar que con el descubrimiento de las tres familias de mini
partículas denominadas Quarks, por la física de hoy, la posición de
TEILHARD DE CHARDIN con relación a la constitución energética del mundo
queda intocada. Por otra parte, los descubrimientos de la biología actual
limitan la concepción mecánica de la adaptación darwinista, confirmando
cada vez más las reflexiones realizadas por Teilhard de Chardin sobre el
proceso evolutivo de la vida.
En ese sentido, resumiendo un artículo escrito por Máximo PIATELLI-
PALMARINI, el filósofo estadounidense, Jerry FODOR, demuestra que el
neodarwinismo ortodoxo está socavado desde adentro, pues sus partidarios
presuponen aquello mismo que pretenden explicar.
Muchos estudios biológicos actuales presentan procesos evolutivos en la
línea de la selección natural, pero eso es sólo una fuente marginal de la
arquitectura biológica.
Existen “genes maestros” que son básicamente idénticos desde el mosquito
hasta el ser humano, organizados en redes complejas, que controlan el
desarrollo y el funcionamiento de muy variados órganos en el mismo
individuo (en los mamíferos: la corteza cerebral, hígado, riñones, oídos,
ojos, cresta neural y columna vertebral). Una selección cualquiera de una
de estas funciones repercute en todas las demás, pues se trata de un todo
armónico.
Por otro lado, la mutación de un órgano produce efectos en otros órganos y
en otras conexiones. En estudios realizados al pinzón, se ha descubierto que
una mutación que altera la mitad superior del pico trae consigo otros
cambios congruentes en los huesos del cráneo, la parte inferior del pico, los
músculos del cuello y los nervios.
Marc KIRSCHNER, director del Departamento de Biología Sistémica de
Harvard, confirma que existe una coordinación entre las diversas partes de
un organismo viviente, llamándola “diálogo entre los tejidos vivos”.
Hay factores comunes de optimización entre diversas especies. En este
tenor, Christopher CHERNIAK, de la Universidad de Maryland, examinó la
densidad de las conexiones nerviosas y la distribución de los ganglios
nerviosos catalogándola óptima tanto en el ser humano como en la lombriz
de tierra y el mono. Según él, esta conectividad es mejor que la del
microchip más perfeccionado y se trata de procesos innatos de
optimización, pero no determinados por los genes en cuanto tales.
Otra optimización natural demostrada matemáticamente por WEST, BROWN
Y ENQUIST, del Santa Fe Institute, es la de los casi cien mil kilómetros de
venas, arterias y capilares que contiene el cuerpo humano. La organización
de estos vasos de transporte sigue la ley particular de los llamados fractales
perfectos, no sólo en el ser humano, sino también en todos los mamíferos:
la red minimiza el costo del transporte y optimiza los cambios. Estas
soluciones no han sido seleccionadas a partir de muchos intentos
fracasados.
Según Antonio COUTINHO, inmunólogo del Instituto Pasteur de París, las
piedras caen a tierra por la fuerza de la gravedad, no porque la selección
natural haya eliminado todo lo que tendía a ascender.
Es entonces falso tratar de explicar el desarrollo evolutivo de cada una de
las partes biológicas mediante el juego ciego de adaptación de la naturaleza
por separado. Se trata de algún modo de casos fortuitos pero, como dice
TEILHARD, dirigidos o psíquicamente seleccionados para conducir a una
meta determinada: la manifestación plena del Amor.

En conclusión, el ser humano está abocado a lo trascendente. El


conocimiento de nuestra vocación trascendente nos orienta y da más
sentido a la vida, de modo que asumiéndola con plena conciencia se
puede caminar al paso de los sabios.

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