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¿Qué es el Liberalismo?

El liberalismo o pensamiento liberal es una doctrina de filosofía política cuyo aspecto


fundamental es la defensa de la libertad individual y de las iniciativas privadas,
limitando así las potestades del Estado y sus poderes públicos en el ejercicio social,
económico y cultural de las sociedades.
El liberalismo es un modelo de pensamiento opuesto a los
absolutismos, conservadurismos y despotismos ilustrados, defendiendo las libertades
civiles y económicas como fundamento del Estado de derecho y del pacto de
convivencia social. En ese sentido, fue indispensable para la formación del pensamiento
democrático y para la separación de poderes, fundamentales hoy en día en el orden
republicano.
Las democracias inspiradas en los ideales liberales predominaron en Occidente desde
sus inicios en el siglo XVIII, cuando se puso un coto al absolutismo heredado de las
épocas feudales y se supeditó el poder del Estado a las leyes de una Constitución.
Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XX las corrientes liberales abogaron
por el libre mercado económico y por el ascenso del capitalismo, por lo que han sido
normalmente asociadas a los sectores derechistas (conservadores) de la sociedad.
No obstante, existen liberalismos de diverso signo político y distintas aspiraciones
económicas y sociales.

Origen
En los inicios, el fundador del pensamiento liberal como una ideología nueva y
diferente, y a menudo identificado como el "padre del liberalismo", fue John Locke, un
médico y filósofo inglés cuyas palabras, más tarde, inspiraron revoluciones. Locke
debatía sobre controversias políticas con algunos de los intelectuales más famosos de la
época, pero su mayor rival fue Thomas Hobbes. El liberalismo se origina en una disputa
entre Hobbes y Locke analizando la política de la época y discrepando en varias
cuestiones sustanciales cuyos argumento inspiraron las teorías del contrato social que
resumía la relación entre las personas y sus gobiernos. Sus respectivas simpatías
políticas y afiliaciones sin duda inspiraron sus ideas. Hobbes apoyó la monarquía y
Locke respaldaba al Parlamento. Hobbes era partidario de la autoridad centralizada y
dictatorial. Locke prefería la legislatura porque entendía que el Parlamento encarnaba la
voluntad del pueblo. Locke desarrolló una doctrina política relativamente radical que le
valió la asignación de la paternidad liberal, argumentando que el gobierno requiere el
consentimiento de los gobernados. En su influyente obra Dos tratados sobre el gobierno
civil (en inglés:Two Treatises of Government) de 1660, texto fundacional de la
ideología liberal, dio una idea general de sus principales ideas. Una vez que los
humanos salieron de su estado natural y las sociedades formadas, Locke alegó lo
siguiente: "Lo que comienza y, de hecho, constituye toda sociedad política no es más
que el consentimiento de cualquier número de hombres libres capaces de alcanzar una
mayoría para unirse e integrarse en una sociedad. Y esto es lo único que hizo o pudo dar
inicio a cualquier gobierno legítimo en el mundo". La insistencia estricta en que el
gobierno legítimo no tiene una base sobrenatural era una clara ruptura con la mayoría de
las tradiciones de gobierno anteriores. Un científico político describió esta nueva forma
de pensar de la siguiente manera: "En la concepción liberal, no hay ciudadanos en el
régimen que puede pretender gobernar por derecho natural o sobrenatural, sin el
consentimiento de los gobernados".
Locke tenía otros oponentes intelectuales, además de Hobbes. En el primer tratado,
Locke dirigió sus armas en primer lugar contra uno de los decanos ingleses del siglo
XVII de la filosofía conservadora: Robert Filmer. La obra Patriarcha de Filmer (1680)
abogó por el Derecho divino de los reyes, apelando a la enseñanza bíblica, afirmando
que el poder otorgado a Adán por Dios dio a los sucesores de Adán en la línea
masculina de descendencia de un derecho de dominio sobre todos los otros seres
humanos y criaturas en el mundo. Sin embargo, Locke estaba en desacuerdo muy a
fondo y obsesivamente con Filmer, tanto que el "Primer Tratado" es casi una refutación
frase por frase del Patriarcha. Reforzando su respeto por el consenso, Locke
argumentaba que "la sociedad conyugal se compone por un pacto voluntario entre
hombres y mujeres". Locke sostenía que la concesión de dominio en el Génesis no era
el de los hombres sobre las mujeres, como Filmer creía, sino de los seres humanos sobre
los animales. Locke no era ciertamente un feminista para los estándares modernos, pero
logra convertirse en el primer pensador liberal importante en la historia de una
igualmente importante tarea en el camino de hacer el mundo más plural: la integración
de la mujer en la teoría social.
La historia del liberalismo continuó después de Locke. El filósofo francés René
Descartes cuestionó en el siglo XVII si hubiera creencia alguna que uno podría sostener
a priori. Concluyó que la propia existencia "pienso, luego existo" y la existencia de una
deidad sobrenatural fueron tales dos creencias.
Las colonias estadounidenses habían sido leales súbditos británicos durante décadas,
pero las tensiones entre ambas partes se exacerbaron en la Guerra de los Siete Años, que
duró entre 1756 y 1763. La guerra vació las arcas públicas británicas y forzó a la
monarquía a exprimir más y más recursos de sus reclacitrantes colonias. Las colonias
resintieron estos impuestos sin representación y decidieron, después de una miríada de
discusiones internas y peticiones al gobierno británico, que declararían la independencia
y encararían las consecuencias. La Declaración de Independencia, escrita por Thomas
Jefferson, se hizo eco convincentemente de John Locke: Sostenemos como evidentes
por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son
dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad.1 Los enfrentamientos militares en la Guerra de
Independencias de los Estados Unidos empezaron en 1775 y acabaron en 1781, cuando
el ejército franco-estadounidense combinado con la flota francesa embotelló miles de
tropas británicas en la Batalla de Yorktown. La Revolución estadounidense acabó en
1783 con el Tratado de París, en el cual los británicos reconocían la independencia de
las colonias en América.
Después de la guerra, las colonias debatieron sobre cómo seguir adelante. El primer
intento de cooperación apareció en los Artículos de la Confederación, los cuales fueron
finalmente vistos como demasiados inadecuados para proveer seguridad o incluso un
gobierno funcional. Las colonias decidieron en la Convención Constitucional en 1787
resolver los problemas derivados de los Artículos de la Confederación. La resultante
Constitución de los Estados Unidos fue un documento monumental en la historia de los
Estados Unidos así como en la mundial. En el contexto de la época, la Constitución era
un documento extremadamente revolucionario y liberal. Los estadounidenses evitaron el
sistema monárquico y establecieron una república, sentando las bases para más de dos
siglos de expansión democrática liberal a lo largo del globo. La Constitución reveló el
grado en el que la Ilustración había influido en las colonias estadounidenses. La fábrica
básica del nuevo gobierno estadounidense se levantó desde las páginas de un filósofo
francés, el Barón de Montesquieu, cuyo libro El espíritu de las leyes (1748) sentó las
bases para una república con tres ramas de gobierno: el poder ejecutivo, el legislativo y
el judicial.2Los políticos y teoricistas estadounidenses que crearon la Constitución
también tenían una gran influencia de las ideas de Locke. Como un historiador escribió:
"La adopción estadounidense de la teoría democrática que todos los gobiernos derivan
sus justos poderes del consentimiento de los gobernados, como ya había sido puesto en
la Declaración de Independencia, fue histórica". La Revolución estadounidense fue una
lucha importante en la historia liberal, y fue rápidamente seguida por la más importante:
la Revolución Francesa.
Un grabado que muestra mujeres armadas con picas y otras armas marchando
La marcha de las mujeres de Versalles en octubre de 1789, uno de los ejemplos más
famosos de la participación política popular durante la Revolución Francesa, obligó a la
corte real a volver a París. Se quedaría allí hasta la proclamación de la Primera
República en 1792.
Tres años después de comienzo de la Revolución Francesa, el escritor alemán Johann
von Goethe, según se dice, dijo a los prusianos derrotados después de la Batalla de
Valmy que "desde este lugar y desde esta época en adelante comienzo una nueva era en
la historia del mundo, y todos vosotros podéis decir que estabais presentes en su
nacimiento". Los historiadores ven ampliamente la Revolución como uno de los eventos
más importantes en la historia de la humanidad, y el final de la Edad Moderna es
atribuido al comienzo de la Revolución de 1789.5 La Revolución suele ser vista como el
punto de inicio de la era moderna," y sus convulsiones son ampliamente asociadas con
"el triunfo del liberalismo".

Al describir la política de participación de la Revolución Francesa, un historiador


comentó que "miles de hombres, e incluso muchas mujeres ganaron experiencia de
primera mano en la arena política: se habló, leyó y escuchó en nuevas formas, votaron,
se unieron a nuevas organizaciones, y marcharon por sus objetivos políticos. La
Revolución se convirtió en una tradición, y el republicanismo en una opción duradera".8
Para los liberales, la Revolución era su momento de definición, y más tarde los liberales
aprobaron la Revolución Francesa, casi en su totalidad, "no sólo sus resultados sino el
acto en sí mismo", como dos historiadores señalaron.9
La Revolución Francesa empezó en 1789 con la convocación de los Estados Generales
en mayo. El primer año de la ´Revolución fue testigo de como los miembros del Tercer
Estado proclamaron el Juramento del Juego de Pelota en junio, la Toma de la Bastilla en
julio, la aprobación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en
agosto, y la épica marcha sobre Versalles, que forzó a la corte real a volver a París en
octubre. Los años siguientes estuvieron dominados por tensiones entre varios
asamblearios liberales y conservadores monárquicos intentando frustrar las principales
reformas. Se proclamó la república en septiembre de 1792 y el rey Luis XVI fue
ejecutado al año siguiente. Eventos externos también tuvieron un papel dominante en el
desarrollo de la Revolución. Las Guerras Napoleónicas empezaron en 1792 y dieron
lugar a una serie de espectaculares victorias francesas: la conquista de la península
Italiana, los Países Bajos, y la mayor parte de los territorios al oeste del Rin -logros que
fueron eludidos por los anteriores gobiernos franceses durante siglos. Internamente, los
sentimientos populares radicalizaron la Revolución, culminando en el brutal Reinado
del Terror entre 1793 y 1794. Después de la caída de Robespierre y de los jacobinos, el
Directorio asumió el control del estado en 1795 y mantuvo el poder hasta 1799, cuando
fue sustituido por el Consulado bajo Napoleón Bonaparte.
Napoleón gobernó como Primer Cónsul durante unos cinco años, centralizando el poder
y racionalizando la burocracia en el camino. Las Guerras Napoleónicas, que enfrentaron
a los herederos de un estado revolucionario en contra de las viejas monarquías de
Europa, empezaron en 1805 y se prolongaron durante una década. Junto con sus botas y
fusiles Charleville, los soldados franceses llevaron al resto del continente europeo, la
liquidación del sistema feudal, la liberalización de las leyes de propiedad, el final de los
derechos señoriales, la abolición de los gremios, la legalización del divorcio, la
desintegración de guetos judíos, el colapso de la Inquisición, la destrucción permanente
del Sacro Imperio Romano, la eliminación de los tribunales de la iglesia y la autoridad
religiosa, el establecimiento del sistema métrico decimal, y la igualdad ante la ley para
todos los hombres. Napoleón escribió que "los pueblos de Alemania, de Francia, Italia y
España, desean ideas de igualdad y liberales". Algunos historiadores sugieren que pudo
haber sido la primera persona en utilizar la palabra "liberal" en un sentido político.
También gobernó a través de un método que un historiador describió como "dictadura
civil", que "atrajo su legitimidad de la consulta directa con el pueblo, en la forma de un
plebiscito". Sin embargo, Napoleón no estaba siempre a la altura de los ideales liberales
que defendía. Su logro más duradero, el Código Civil, fue "un objeto de emulación en
todo el mundo" pero también perpetuó una mayor discriminación contra las mujeres
bajo la bandera del "orden natural".

Las persistentes ambiciones francesas en combinación con un largo conflicto contra


Gran Bretaña, el fracaso del sistema continental, y la catástrofe en Rusia condujo a la
caída del Primer Imperio en 1815, en los campos de Waterloo, donde la Guardia
Imperial hizo su última parada en el marco del ritmo de la Marsellesa, que fue prohibida
en la Restauración borbónica. Klemens von Metternich, el canciller de Austria,
construyó las bases de las décadas conservadores que se prolongaron hasta mediados del
siglo XIX. Este periodo sin precedentes de caos y revolución, sin embargo, había
introducido en el mundo un nuevo movimiento e ideología que no tardarían en recorrer
el globo.

Pilares Fundamentales
Los preceptos fundamentales del liberalismo son:

 Los seres humanos son entes racionales. Y como tal poseen derechos
inalienables y la capacidad de elegir por sí mismos. Esto se traduce en el
derecho de llevar la vida privada tal y como lo prefieran, amparados en los tres
“derechos naturales” de Locke: vida, libertad y propiedad privada.
 Los gobernados deben consentir el mando. Es decir, los ciudadanos tienen el
derecho a decidir cómo son gobernados sin que ello influya en sus asuntos
privados, y la autoridad política no será sino el consenso mayoritario al respecto.
 El estado de derecho. Garantiza la igualdad ante la ley tanto de gobernantes
como gobernados, de manera que nadie pueda usar el poder para violentar las
reglas del juego político.
Libertades individuales
Para el liberalismo la libertad es uno de los ejes primordiales de la vida política, lo cual
implica diversos aspectos sociales y culturales, como la libertad de culto, la libertad de
pensamiento, de expresión, de asociación y de prensa, cuyos límites han de ser,
justamente, las libertades ajenas al individuo. Es decir: somos libres de hacer lo que
queramos sin violentar los derechos de los demás.

El individualismo
El liberalismo antepone los derechos y libertades individuales por encima de los
colectivos, dado que considera al individuo como persona única, primordial y en pleno
ejercicio de sus libertades propias.